Las Noticias de hoy 7 Enero 2021

Enviado por adminideas el Jue, 07/01/2021 - 12:57

La "pobreza cero" prometida por Macri subió casi al 30 %

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 07 de enero de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

Misa del Papa: "Levantar la vista, ponerse en camino y ver", claves para adorar a Dios

Ángelus, Epifanía del Señor: "Como los magos, dejemos que la luz de Cristo nos guíe"

Hombres de esperanza

LA HUIDA A EGIPTO. VIRTUDES DE SAN JOSÉ: Francisco Fernandez Carbajal

“La riqueza de la fe”: San Josemaria

 EPIFANÍA DEL SEÑOR.:    + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

Diez maneras de conocer mejor a San Josemaría

San Josemaría, el santo de lo ordinario

La otra parte de la historia: muerte y resurrección: Santiago Sanz

Bienes del alma en la vida popular: Plinio Corrêa de Oliveira

Qué personas queremos ser con el uso de la marihuana: Ana Teresa López de Llergo

Una segunda oportunidad en tu pareja: Lucía Legorreta

¿Puedo leer todo lo que me dé la gana?: Nemesio Rodríguez Lois

Cerebro, mente, alma, espíritu: Mario Arroyo.

 Los orígenes de la fiesta de la Epifanía: primeros cristianos

 Nochevieja de sombras y luces: con ladrones y gente buena: José Antonio García-Prieto Segura

 Coronavirus y abortos: Juan Moya

 Soul, la película: Mario Arroyo.

Pastorelas o Pastoradas navideñas: Josefa Romo

La ley de Educación: Domingo Martínez Madrid

​ Quieren olvidar el misterio del amor del Niño: Jesús Domingo Martínez

Año nuevo con pésimos augurios  : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Misa del Papa: "Levantar la vista, ponerse en camino y ver", claves para adorar a Dios

En la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa presidió la Misa en la Basílica de San Pedro. En su homilía, el Pontífice invitó a los fieles a seguir la "escuela de adoración" de los magos llegados de Oriente a Belén para adorar al Hijo de Dios recién nacido. Y para ello Francisco ofreció tres claves que pueden ayudarnos en "nuestro viaje" hacia el crecimiento espiritual: "Levantar la vista, ponerse en camino y ver más allá de las apariencias".

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

El 6 de enero, Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa Francisco presidió la Santa Misa a las 10 de la mañana, hora local de Roma, en la Basílica de San Pedro. 

En su homilía, el Pontífice reflexionó sobre el pasaje del Evangelio según san Mateo que narra el encuentro de los tres magos de Oriente que llegaron a Belén para adorar al Hijo de Dios, recién nacido: «Vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron» (Mt 2,11).

En este sentido, el Santo Padre señaló que adorar al Señor "no es fácil", ya que "no es un hecho inmediato":

“Exige una cierta madurez espiritual, y es el punto de llegada de un camino interior, a veces largo. La actitud de adorar a Dios no es espontánea en nosotros. Sí, el ser humano necesita adorar, pero corre el riesgo de equivocar el objetivo. En efecto, si no adora a Dios adorará a los ídolos, y en vez de creyente se volverá idólatra”

Asimismo, el Papa recordó que precisamente por esto resulta fundamental "que en nuestra época dediquemos más tiempo a la adoración", tanto individual como comunitariamente, "aprendiendo a contemplar al Señor cada vez mejor".

"Hoy, por lo tanto, pongámonos en la escuela de los magos, para aprender de ellos algunas enseñanzas útiles: como ellos, queremos ponernos de rodillas y adorar al Señor", añadió el Obispo de Roma.

Levantar la vista

Profundizando sobre la liturgia hodierna, Francisco destacó tres expresiones que pueden ayudarnos a comprender mejor lo que significa ser adoradores del Señor: “levantar la vista”, “ponerse en camino” y “ver”. 

“La primera expresión, levantar la vista, nos la ofrece el profeta Isaías. A la comunidad de Jerusalén, que acababa de volver del exilio y estaba abatida a causa de tantas dificultades, el profeta les dirige este fuerte llamado: «Levanta la vista en torno, mira» (60,4). Es una invitación a dejar de lado el cansancio y las quejas, a salir de las limitaciones de una perspectiva estrecha, a liberarse de la dictadura del propio yo, siempre inclinado a replegarse sobre sí mismo y sus propias preocupaciones. Para adorar al Señor es necesario ante todo «levantar la vista», es decir, no dejarse atrapar por los fantasmas interiores que apagan la esperanza, y no hacer de los problemas y las dificultades el centro de nuestra existencia. Eso no significa que neguemos la realidad, fingiendo o creyendo que todo está bien. Se trata más bien de mirar de un modo nuevo los problemas y las angustias, sabiendo que el Señor conoce nuestras situaciones difíciles, escucha atentamente nuestras súplicas y no es indiferente a las lágrimas que derramamos”

Ponerse en camino

En cuanto a la segunda expresión que nos puede ayudar, "ponerse en camino", el Papa puntualizó que antes de poder adorar al Niño nacido en Belén, los magos tuvieron que hacer un largo viaje siguiendo la estrella en el firmamento. "Un viaje que implica siempre una transformación, un cambio", dijo.

“No se llega a adorar al Señor sin pasar antes a través de la maduración interior que nos da el ponernos en camino. Llegamos a ser adoradores del Señor mediante un camino gradual. La experiencia nos enseña, por ejemplo, que una persona con cincuenta años vive la adoración con un espíritu distinto respecto a cuando tenía treinta. Quien se deja modelar por la gracia, normalmente, con el pasar del tiempo, mejora. Como los magos, también nosotros debemos dejarnos instruir por el camino de la vida, marcado por las inevitables dificultades del viaje. No permitamos que los cansancios, las caídas y los fracasos nos empujen hacia el desaliento. Por el contrario, reconociéndolos con humildad, nos deben servir para avanzar hacia el Señor Jesús”

Ver más allá de las apariencias

Finalmente, la tercera expresión, "ver": El evangelista escribe «entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron» (Mt 2,11).

 

 

 

Ángelus, Epifanía del Señor: "Como los magos, dejemos que la luz de Cristo nos guíe"

En este contexto, el Papa explicó que la adoración "era el homenaje reservado a los soberanos, a los grandes dignatarios. Los magos, en efecto, adoraron a Aquel que sabían que era el rey de los judíos" (cf. Mt 2,2).

Pero, de hecho, ¿qué fue lo que vieron?

"Vieron a un niño pobre con su madre -continuó explicando el Santo Padre- y sin embargo estos sabios, llegados desde países lejanos, supieron trascender aquella escena tan humilde y corriente, reconociendo en aquel Niño la presencia de un soberano".

Igualmente, el Pontífice hizo hincapié en que los magos fueron capaces de «ver» más allá de la apariencia: "Arrodillándose ante el Niño nacido en Belén, expresaron una adoración que era sobre todo interior: abrir los cofres que llevaban como regalo fue signo del ofrecimiento de sus corazones".

Trascender lo visible para poder adorar a Dios

"Para adorar al Señor es necesario ver más allá del velo de lo visible, que frecuentemente se revela engañoso", manifestó Francisco.

Finalmente, el Santo Padre subrayó que este modo de “ver” que trasciende lo visible, "hace que nosotros adoremos al Señor, a menudo escondido en las situaciones sencillas, en las personas humildes y marginales. Se trata pues de una mirada que, sin dejarse deslumbrar por los fuegos artificiales del exhibicionismo, busca en cada ocasión lo que no es fugaz".

"Que el Señor Jesús nos haga verdaderos adoradores suyos, capaces de manifestar con la vida su designio de amor, que abraza a toda la humanidad", concluyó el Papa.

 

 

Hombres de esperanza

Siempre, en el inicio de cada año, sentimos renovada la esperanza, esperando que en el futuro las cosas vayan mejor que en el pasado. La segunda virtud teológica siempre ha sido celebrada y "acariciada" por los pontífices de la modernidad de diferentes maneras y en diferentes contextos, pero siempre con análoga intensidad espiritual.

Laura De Luca - Ciudad del Vaticano

En su segunda encíclica del 30 de noviembre de 2007, el Papa Benedicto XVI escribe sobre la esperanza cristiana que no es individualista, sino comunitaria, que confía siempre y en todo caso en la ayuda de Dios:

"En la encíclica Spe salvi puse de relieve que la oración y el sufrimiento, juntamente con el obrar y el juicio, son «lugares de aprendizaje y de ejercicio de la esperanza». Por tanto, podríamos afirmar que el tiempo cuaresmal, precisamente porque invita a la oración, a la penitencia y al ayuno, constituye una ocasión providencial para hacer más viva y firme nuestra esperanza”.

Así es como el mismo Papa resume el significado de la esperanza cristiana, durante la misa del miércoles de ceniza del año 2008, el 6 de febrero. La oración alimenta la esperanza, entonces cuando rezamos estamos siempre y en todo caso ejercitando y aplicando la esperanza. Y no podríamos vivir sin esperar que nuestras oraciones sean respondidas. Nochebuena del año 1989. Ángelus al mediodía. Juan Pablo II le da a la esperanza un sentido "activo", de participación.

En esta vigilia de Navidad, un sentido de espera llena el corazón de los cristianos y de toda la Iglesia. Es una espera llena de esperanza. Nos preparamos para acoger a Cristo que viene a nosotros como Salvador del mundo. Sabemos que viene con un poder espiritual capaz de transformar y renovar el universo. Por esto, tenemos la certeza de que nuestra esperanza no quedará defraudada: Cristo mismo se hace garante de su definitivo cumplimiento. Sin embargo, quiere hacernos participar activamente en la obra emprendida con su venida al mundo: quiere que en la redención colaboremos también nosotros. El creyente espera todo de Cristo, y a pesar de ello se esfuerza como si todo dependiese de sí mismo. Esta es la esperanza que debe animar al cristiano en el esfuerzo diario de adhesión a los valores evangélicos. El mundo está sediento de esperanza. Se siente oprimido por muchos males y afligido por numerosas pruebas. Por todas partes se encuentran los dramas de la miseria y las tragedias provocadas por las pasiones humanas. A los deseos de paz se oponen las rivalidades, las guerras y los conflictos de todo tipo. Las peticiones de una justa repartición de las riquezas hallan la resistencia de la prepotencia y del egoísmo. El sacerdote; hombre de la esperanza, estimulará todos los esfuerzos de buena voluntad, pero tenderá sobre todo a desarrollar en torno a sí la esperanza que no falla (Rm 5, 5), es decir, la que se dirige a Cristo y lo espera todo de él.

La esperanza que se dirige a Cristo y confía en él pasa a través de sus heraldos, hombres de Dios que dan testimonio de esa esperanza que es el mismo Cristo. En los turbulentos años 70, dirigiéndose a las jóvenes generaciones sedientas de esperanza en un mundo mejor, el Papa Pablo VI habló de Jesús como el verdadero "hombre de esperanza". Era el Domingo de Ramos del año 1972, el 26 de marzo. El Pontífice recordó la duda que se agitaba en el pueblo de Galilea: ¿era Cristo realmente el Mesías o no? …

Si leen el Evangelio, verán que el drama de Jesús se desarrolla en torno a esta alternativa. No sólo de Jesús, sino del Pueblo; y no sólo de ese Pueblo, sino de toda la humanidad; nuestro propio drama, el de nosotros que estamos aquí; el del mundo de hoy y de mañana; porque en este drama se decide si Jesús es verdaderamente el enviado de Dios, si Él es el Salvador del mundo, si es el nudo en el que se concentran y resuelven todas las cuestiones vitales del hombre, de cada hombre de nuestro planeta. Pues bien, recuerden la escena de Jesús entrando, en ese día, que conmemoramos y revivimos hoy, en Jerusalén, rebosante de gente que viene de todas partes de esa fatídica tierra, y con los gritos del pueblo, primeros y más animados el de los jóvenes, es reconocido  y proclamado, Sí, es el Mesías, el hijo de David, el hombre de la esperanza pasada y futura, el hombre central, el hombre fundamental, el hombre que totaliza en sí mismo el destino de la historia humana, el que revela y cumple las profecías del pasado y del futuro; el hombre-Dios de nuestra salvación.

Pero el magisterio de la Iglesia también ha visto y cultivado la esperanza en los acontecimientos terrenales. Era la sexta Navidad de la guerra cuando el Papa Pío XII, en su radiomensaje de Navidad de 1944, habló de una aurora de esperanza, que le llevó a vislumbrar el final del conflicto...

¡Bendito sea el Señor! De los lúgubres gemidos de dolor, del mismo seno de la angustia desgarradora de los individuos y países oprimidos, surge una aurora de esperanza. En una creciente multitud de nobles espíritus, surge un pensamiento, una voluntad cada vez más clara y firme: hacer de esta guerra mundial, de esta conmoción universal, el punto a partir del cual se iniciará una nueva era de profunda renovación, el reordenamiento total del mundo. Así, mientras los ejércitos siguen esforzándose en batallas mortales, con medios de combate cada vez más crueles, los hombres de gobierno, los representantes responsables de las naciones, se reúnen en conversaciones, en conferencias, para determinar los derechos y deberes fundamentales, sobre los que debe reconstruirse una comunidad de Estados, para trazar el camino hacia un futuro mejor, más seguro, más digno de la humanidad.

¿Y qué, si no la esperanza de un futuro más seguro, más digno y más brillante para la humanidad y para la propia Iglesia, impregnó las palabras de Juan XXIII en la apertura del Concilio? Una esperanza de futuro que filtraba de la misma voz del pontífice, en la que se podía "oír" su sonrisa, la esperanza del amanecer de nuevos tiempos... 11 de octubre de 1962:

Queridos hijos, escucho vuestras voces. La mía es una voz sola, pero resume la voz de todo el mundo; el mundo entero está representado aquí. Se diría que incluso la luna se ha apurado esta noche - ¡obsérvenla en lo alto! - que mira este espectáculo.  Nosotros cerramos un gran día de paz; de paz: "Gloria a Dios, y paz a los hombres de buena voluntad". Repetimos a menudo este deseo y cuando podemos decir que el rayo, la dulzura de la paz del Señor nos une verdaderamente y se apodera de nosotros, decimos: "He aquí una muestra de cómo debería ser la vida, siempre, durante todos los siglos, y de la vida que nos espera para la eternidad" (...) Continuemos, pues, amándonos, amándonos así, amándonos así, mirándonos así en el encuentro, para captar lo que nos une, dejando de lado eso -si es que lo hay- eso que nos puede tener en dificultad.  Nada: ¡Fratres sumus! La luz que brilla sobre nosotros, que está en nuestros corazones, que está en nuestras conciencias, es la luz de Cristo, que verdaderamente quiere dominar todas las almas con su gracia. (...) Pertenecemos, por lo tanto, a una época en la que somos sensibles a las voces de lo Alto: y queremos ser fieles y mantener la dirección que el bendito Cristo nos ha dado.

Y sin embargo, a pesar de esa esperanza, que se limitaba ciertamente a un optimismo fácil, el mundo actual, probado en particular por la dura experiencia de la pandemia, parece desprovisto de horizontes, definitivamente sin esperanza. Fue de nuevo el Papa Benedicto XVI, en la apertura de la asamblea eclesial de la diócesis de Roma dedicada al tema "Educar en la esperanza", quien indicó el problema y también la solución. Basílica de San Juan de Letrán, 9 de junio de 2008:

En la sociedad y en la cultura de hoy, y por consiguiente también en nuestra amada ciudad de Roma, no es fácil vivir bajo el signo de la esperanza cristiana. En efecto, por una parte, prevalecen actitudes de desconfianza, desilusión y resignación, que no sólo contradicen la "gran esperanza" de la fe, sino también las "pequeñas esperanzas" que normalmente nos confortan en el esfuerzo de alcanzar los objetivos de la vida diaria. Hay una sensación generalizada de que han pasado ya los mejores años tanto para Italia como para Europa, y que a las nuevas generaciones les espera un destino de precariedad e incertidumbre.  Por otra parte, las expectativas de grandes novedades y mejoras se concentran en las ciencias y las tecnologías, y por consiguiente en las fuerzas y los descubrimientos del hombre, como si sólo de ellas pudiera venir la solución de los problemas. Sería insensato negar o minimizar la enorme aportación de las ciencias y tecnologías a la transformación del mundo y de nuestras condiciones concretas de vida, pero asimismo sería miope ignorar que sus progresos también ponen en manos del hombre enormes posibilidades de mal y que, en cualquier caso, no son las ciencias y las tecnologías las que pueden dar un sentido a nuestra vida y las que pueden enseñarnos a distinguir el bien del mal. Por eso, como escribí en la encíclica Spe salvi, no es la ciencia sino el amor lo que redime al hombre y esto vale también en el ámbito terreno e intramundano (cf. n. 26).  Así nos acercamos al motivo más profundo y decisivo de la debilidad de la esperanza en el mundo en que vivimos. En definitiva, este motivo no es diverso del que indica el apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso, cuando les recuerda que, antes de encontrarse con Cristo, estaban "sin esperanza y sin Dios en el mundo" (Ef 2, 12). Nuestra civilización y nuestra cultura, que también se encontraron con Cristo ya desde hace dos mil años y, especialmente aquí en Roma, serían irreconocibles sin su presencia, sin embargo, con demasiada frecuencia tienden a poner a Dios entre paréntesis, a organizar la vida personal y social sin él, y también a considerar que de Dios no se puede conocer nada, o incluso a negar su existencia.  Pero, cuando se excluye a Dios, ninguna de las cosas que de verdad nos apremian puede encontrar una colocación estable, todas nuestras grandes y pequeñas esperanzas se apoyan en el vacío. Por consiguiente, a fin de "educar en la esperanza", como nos proponemos en esta Asamblea y en el próximo año pastoral, es necesario ante todo abrir a Dios nuestro corazón, nuestra inteligencia y toda nuestra vida, para ser así, en medio de nuestros hermanos, sus testigos creíbles.

 

 

LA HUIDA A EGIPTO. VIRTUDES DE SAN JOSÉ

— Un viaje duro y difícil. Obediencia y fortaleza de José. Confianza en Dios.

— En Egipto. Otras virtudes que hemos de imitar del Santo Patriarca.

— Fortaleza en nuestra vida ordinaria.

I. Los Magos se habían marchado. La Virgen y San José comentarían gozosos los acontecimientos de aquella jornada. Después, en medio de la noche, se despertó María a la llamada de José. Este le comunicó la orden del Ángel: Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo1. Era la señal de la Cruz al término de un día repleto de felicidad.

María y José salieron de Belén apresuradamente, abandonando muchas cosas necesarias que no podían llevar consigo en un largo y difícil viaje, con el sobresalto además de una huida ante la amenaza de muerte. Es un profundo misterio, asombrosamente real, que el Hijo de Dios hecho hombre buscó refugio, lloró y durmió en brazos de María y de José.

No pudo ser cómodo el viaje: varias jornadas de andadura por caminos inhóspitos, con el temor de ser alcanzados en la fuga, y el cansancio y la sed. La frontera de Egipto, tras la cual Herodes ya nada podía hacer, estaba aproximadamente a una semana de distancia al paso que ellos podían avanzar, sobre todo si siguieron, como es lo más seguro, los caminos menos frecuentados. Fue un viaje extenuante, a través de regiones desérticas. Dios Padre no quiso ahorrar fatigas a los seres que más quería. Quizá, para que también nosotros entendiéramos que de las dificultades podemos sacar mucho bien. Y para que supiéramos que estar cerca de Dios no significa ausencia de dolor y de dificultades. Dios solo nos ha prometido serenidad y fortaleza para afrontarlas.

Con prisa siguieron el camino que el Ángel les había indicado, cumpliendo en todas las circunstancias la voluntad de Dios. «José no se escandalizó ni dijo: eso parece un enigma. Tú mismo hacías saber no ha mucho que Él salvaría a su pueblo, y ahora no es capaz ni de salvarse a sí mismo, sino que tenemos necesidad de huir, de emprender un viaje y sufrir un largo desplazamiento: eso es contrario a tu promesa. José no discurre de este modo, porque es un varón fiel»2.

Obedeció sin más, con fortaleza para hacerse cargo de la situación y para poner los medios a su alcance, confiando plenamente en que Dios no le dejaría solo. Así hemos de hacer nosotros en situaciones difíciles, quizá extremas, cuando nos cueste ver la mano providente de Dios Padre en nuestra vida o en la de quienes más apreciamos. O se nos pide algo que pensamos que no somos capaces de dar. Al día siguiente de su elección como Papa, decía Juan Pablo I: «Ayer por la mañana yo fui a la Sixtina a votar tranquilamente. Jamás hubiera imaginado lo que iba a suceder. Apenas había comenzado el peligro para mí, los dos colegas que estaban a mi lado me susurraron palabras de aliento. Uno dijo: “¡Animo!, si el Señor da un peso, da también la ayuda para llevarlo”»3.

II. Tras una larga y penosa travesía llegaron María y José con el Niño a su nuevo país. Por aquel tiempo residían en Egipto muchos israelitas, formando pequeñas comunidades; se dedicaban principalmente al comercio. Es de suponer que José se incorporó con su Familia a una de estas comunidades, dispuesto a rehacer una vez más su vida con lo poco que había podido traer desde Belén. Con todo, llevaba consigo lo más importante: a Jesús, a María, y su laboriosidad y empeño por sacarles adelante a costa de todos los sacrificios del mundo. Aunque aquellos judíos fueran de su patria, nunca llegaron a saber la inmensa suerte que habían tenido. Estaba con ellos el soberano de la casa de Israel, el verdadero Redentor, que libertaba no solo de la esclavitud de Egipto, sino también de algo inmensamente peor que toda esclavitud humana: el pecado. En Él confluía toda la historia de su pueblo.

San José es para nosotros ejemplo de muchas virtudes: de obediencia inteligente y rápida, de fe, de esperanza, de laboriosidad... También de fortaleza, tanto en medio de grandes dificultades como en situaciones ordinarias por las que pasa un buen padre de familia. En Egipto comenzó como pudo, pasando estrecheces, realizando al principio todo tipo de trabajos, procurando a María y a Jesús un hogar y sosteniéndolos, como siempre, con el trabajo de sus manos, con una laboriosidad incansable.

Ante las contrariedades que podamos padecer, si el Señor las permite, hemos de contemplar la figura llena de fortaleza de San José y encomendarnos a Él como han hecho muchos santos. De su intercesión eficaz dice Santa Teresa: «No me acuerdo hasta ahora haberle encomendado cosa alguna que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, ansí de cuerpo como de alma; que a otros santos parece le dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas y que quiere el Señor darnos a entender que ansí como le fue sujeto en tierra –que como tenía nombre de padre siendo ayo, le podía mandar– ansí en el cielo hace cuanto le pide. Esto han visto otras algunas personas –a quien yo decía se encomendasen a él– también por experiencia, y ansí muchas que le son devotas, de nuevo han experimentado esta verdad»4.

III. Después de un tiempo, pasado el peligro, nada retenía ya a José en aquella tierra extraña, pero allí permaneció todo el tiempo sin otra razón que el cumplimiento fiel del mandato del Ángel: Estate allí hasta que yo te diga5. Y en Egipto permaneció sin disgusto ni protestas, paciente, realizando su trabajo como si jamás hubiera de salir de aquel lugar. ¡Qué importante es saber estar, permanecer donde se debe, ocupado en lo que a cada uno le compete, sin ceder a la tentación de cambiar continuamente de sitio! Para esto también se requiere fortaleza, que «nos conduce a saborear esa virtud humana y divina de la paciencia»6. «Es fuerte el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los demás»7.

Hemos de pedir a San José que nos enseñe a ser fuertes no solo en casos extraordinarios y difíciles, como son la persecución, el martirio, o una gravísima y dolorosa enfermedad, sino también en los asuntos ordinarios de cada día: en la constancia en el trabajo, al sonreír cuando estamos serios, o en tener una palabra amable y cordial para todos. Necesitamos echar mano de la fortaleza para no ceder ante el cansancio, o la comodidad o la tranquilidad, para vencer el miedo a cumplir deberes que cuestan, etcétera.

«El hombre por naturaleza teme el peligro, las molestias, el sufrimiento. Por ello es necesario buscar hombres valientes no solamente en los campos de batalla, sino también en los pasillos de los hospitales o junto al lecho del dolor»8, en la tarea de cada día.

Un aspecto importante de esta virtud de la fortaleza es la firmeza interior para superar obstáculos más sutiles, como son la vanidad, la impaciencia, la timidez y los respetos humanos. También son manifestaciones de fortaleza: el olvido de sí, el no dar excesivas vueltas a los problemas personales para no desorbitarlos, el pasar ocultos y el servir a los demás sin hacerse notar.

En el apostolado esta virtud tiene muchas manifestaciones: hablar de Dios sin miedo al qué dirán, a cómo quedaré ante esas personas; comportarse siempre de modo cristiano, aunque choque con un ambiente paganizado; correr el riesgo de tener iniciativas para llegar a más gente, y esforzarse por llevarlas a la práctica.

Las madres de familia deberán ejercitar con frecuencia esta fortaleza de modo discreto y ordinariamente amable y paciente. Serán entonces la verdadera roca firme en la que se apoya toda la casa. «La Biblia no alaba a la mujer débil, sino a la mujer fuerte, cuando dice en el libro de los Proverbios: La ley de la dulzura está en su lengua (31, 6). Porque la dulzura es el punto más alto de la fortaleza.

»La mujer maternal tiene por privilegio esta función discreta y capital: saber atender, saber callarse, ser capaz, ante una injusticia o una debilidad, de cerrar los ojos, de excusar, de cubrir –obra de misericordia no menos bienhechora que cubrir la desnudez del cuerpo– (...)»9.

Aprendamos hoy de San José a sacar adelante, con reciedumbre y fortaleza, todo lo que, de modo ordinario, el Señor nos encomienda: familia, trabajo, apostolado, etc., contando con que lo habitual será que encontremos obstáculos, superables siempre con la ayuda de la gracia.

1 Mt 2, 13. — 2 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 8, 3. — 3 Juan Pablo I, Angelus, 27-VIII-1978. — 4 Santa Teresa, Vida, 6. — 5 Cfr. Mt 2, 13. — 6 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 78. — 7 Ibídem, 77. — 8 Juan Pablo II, Sobre la fortaleza, 15-XI-1978. — 9 Gertrud von le Fort, La mujer eterna, p. 128.

 

 

“La riqueza de la fe”

No seas pesimista. -¿No sabes que todo cuanto sucede o puede suceder es para bien? -Tu optimismo será necesaria consecuencia de tu Fe. (Camino, 378)

7 de enero

En medio de las limitaciones inseparables de nuestra situación presente, porque el pecado habita todavía de algún modo en nosotros, el cristiano percibe con claridad nueva toda la riqueza de su filiación divina, cuando se reconoce plenamente libre porque trabaja en las cosas de su Padre, cuando su alegría se hace constante porque nada es capaz de destruir su esperanza.

Es en esa hora, además y al mismo tiempo, cuando es capaz de admirar todas las bellezas y maravillas de la tierra, de apreciar toda la riqueza y toda la bondad, de amar con toda la entereza y toda la pureza para las que está hecho el corazón humano. Cuando el dolor ante el pecado no degenera nunca en un gesto amargo, desesperado o altanero, porque la compunción y el conocimiento de la humana flaqueza le encaminan a identificarse de nuevo con las ansias redentoras de Cristo, y a sentir más hondamente la solidaridad con todos los hombres. 

Cuando, en fin, el cristiano experimenta en sí con seguridad la fuerza del Espíritu Santo, de manera que las propias caídas no le abaten: porque son una invitación a recomenzar, y a continuar siendo testigo fiel de Cristo en todas las encrucijadas de la tierra, a pesar de las miserias personales, que en estos casos suelen ser faltas leves, que enturbian apenas el alma; y, aunque fuesen graves, acudiendo al Sacramento de la Penitencia con compunción, se vuelve a la paz de Dios y a ser de nuevo un buen testigo de sus misericordias.

Tal es, en un resumen breve, que apenas consigue traducir en pobres palabras humanas, la riqueza de la fe, la vida del cristiano, si se deja guiar por el Espíritu Santo. (Es Cristo que pasa, 138)

 

 

 EPIFANÍA DEL SEÑOR.

 

Mt 2,1. 12

 

Meditar el evangelio con tres puntos.

 

Todo es mensaje del Amor de Dios. Todo es manifestación de su cercanía, ternura…, todo es Epifanía.

 

1.     Los Magos vienen de lejos siguiendo la estrella. Es la estrella de la fe, de la búsqueda sencilla en la noche de todo corazón humano.

 

2.     Sortean obstáculos y contemplan admirados, pero no decepcionados, que en aquella familia humilde, en aquel lugar tan pobre, se manifieste el Amor de Dios. No dudan de la preferencia de Dios por los pobres, ellos que vienen del lujo de Oriente.

 

3.     Le adoran y le ofrecen sus presentes incienso, oro y mirra... Reconocen desde la fe al Niño Dios nacido de María  junto a San José, el esposo de la Inmaculada.

  

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

Diez maneras de conocer mejor a San Josemaría

Biografías, aplicaciones, vídeos que inspiran a miles de personas, lugares relacionados con la vida de san Josemaría —nacido el 9 de enero de 1902 en Barbastro (España)— que se pueden recorrer con el móvil, decenas de podcast con sus homilías, etc.

NOTICIAS07/01/2021

1. Biografía gratuita de San Josemaría

“Que solo Jesús se luzca” es una biografía del fundador del Opus Dei ilustrada con más de 300 fotos (varias inéditas), mapas, infografías y textos autógrafos. Se puede descargar gratuitamente en versión digital para smartphones y tablets en diversas plataformas o directamente. También puede adquirirse en papel. Y se han preparado cuatro concursos en la plataforma Kahoot.

2. eScrivaLite: el Evangelio del día con comentarios de San Josemaría

Una app que combina el evangelio del día con los escritos publicados de San Josemaría. Es gratis, fácil de usar y está disponible en siete idiomas. Descárgala en Google PlayApple Store y para Android.

3. San Josemaría, en las redes sociales

• Cuenta oficial de Twitter.

• Página en Facebook San Josemaría Escrivá de Balaguer.

4. Vídeos breves de San Josemaría

La sección “Vídeos breves del fundador” recoge 52 vídeos agrupados en varios temas: la familia, los sacramentos, el dolor y la enfermedad, la vida ordinaria, etc. Se trata de extractos breves de las tertulias que mantuvo San Josemaría con muchos grupos durante los viajes que hizo a la Península Ibérica y Sudamérica en 1972 y 1974.

5. Escuchar a San Josemaría

El Fundador del Opus Dei escribió numerosas homilías y realizó largos viajes de catequesis por diversos países del mundo. Hemos agrupado más de 50 archivos en audio: las homilías de Amigos de Dios, de Es Cristo que pasaDentro del EvangelioVía CrucisTextos y audios de San Josemaría sobre los misterios del Rosario y San Josemaría en los viajes de catequesis.

También se pueden escuchar varios consejos breves de san Josemaría en nuestro canal de Soundcloud.

6. Libros del Fundador del Opus Dei

Los libros publicados de Josemaría Escrivá se pueden consultar en varios idiomas. La dirección www.escrivaobras.org permite el acceso a ‘Camino’ y a otros libros: ‘Surco’, ‘Forja’, ‘Es Cristo que pasa’, ‘Amigos de Dios’, ‘Santo Rosario’, ‘Via Crucis’, ‘Amar a la Iglesia’ y ‘Conversaciones’.

Por otra parte, la editorial Rialp ha puesto a la venta la primera edición de “En diálogo con el Señor”. Se recogen en este volumen veinticinco textos procedentes de la predicación de san Josemaría entre los años 1954 y 1975.

Y, por último, Ediciones Rialp editó las obras de san Josemaría en un libro digital -San Josemaría. Sus libros-, que incluye un índice general por materias y un índice de búsqueda de comentarios a textos del Antiguo y Nuevo Testamento en todos sus libros. Puede adquirirse en versión KindleiTunes y en Google Play.

 

​San Josemaría abraza a la madre de una chica del Opus Dei.

 

7. Galerías de imágenes e iconografía

• Galería fotográfica de San Josemaría en alta calidad (Flickr).

• Iconografía de san Josemaría.

8. Mapa interactivo sobre los primeros años del Opus Dei

La aplicación Google maps ha servido para preparar un mapa sobre los primeros años del Opus Dei, y así ilustrar mejor la biografía de San Josemaría. Se ha dividido la actividad de San Josemaría y los comienzos del Opus Dei en cinco apartados: Primeros meses en Madrid, fundación del Opus Dei, atención de enfermos, primeros pasos de la Obra y refugios en la guerra civil española.

 

Mapa interactivo sobre los primeros años del Opus Dei

 

9. 30 cuestiones históricas: Los primeros años del Opus Dei

Con el asesoramiento del Centro de Documentación y Estudios Josemaria Escrivá de Balaguer (CEDEJ), respondemos a una serie de cuestiones históricas sobre la vida del Fundador del Opus Dei y de su familia, el origen del Opus Dei, el contexto político y social en el que comenzó a desarrollarse el Opus Dei, la actitud de Josemaría Escrivá ante la guerra civil de España, Franco y otras muchas preguntas.

 

​San Josemaría con Isidoro Zorzano, uno de los primeros miembros del Opus Dei.

 

Historia del Opus Dei y de san Josemaría Escrivá de Balaguer

Gracias a Studia et Documenta, la revista del Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer (ISJE), están disponibles treinta artículos sobre la historia del Opus Dei y de San Josemaría, descargables en formato PDF.

10. Un homenaje al “santo de la vida ordinaria”

En 2019 los monjes benedictinos del monasterio de Leyre, en Navarra, quisieron celebrar al “santo de la vida ordinaria”, al que tanto quieren, con la especialidad de la casa: el canto gregoriano del Oficio Divino.


Y para rezar a Dios a través de su intercesión

Estampa de San Josemaría (audio y texto)

Estampa de San Josemaría para niños, y varios juegos y anécdotas.

San Josemaría, el santo de lo ordinario

Vida de san Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), fundador del Opus Dei.

BIOGRAFÍA


Una familia cristiana (1902 – 1914)

Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro (Huesca, España) el 9 de enero de 1902. Sus padres se llamaban José y Dolores. Tuvo cinco hermanos: Carmen (1899-1957), Santiago (1919-1994) y otras tres hermanas menores que él, que murieron cuando eran niñas. El matrimonio Escrivá dio a sus hijos una profunda educación cristiana. [+información]

Vocación de San Josemaría (1914 – 1918)

En 1915 quebró el negocio del padre, comerciante de tejidos, y la familia hubo de trasladarse a Logroño, donde el padre encontró otro trabajo. En esa ciudad, Josemaría, después de ver unas huellas en la nieve de los pies descalzos de un religioso, intuye que Dios desea algo de él, aunque no sabe exactamente qué es. Piensa que podrá descubrirlo más fácilmente si se hace sacerdote, y comienza a prepararse primero en Logroño y más tarde en el seminario de Zaragoza. [+información]

Ordenación sacerdotal (1918 - 1925)

Siguiendo un consejo de su padre, en la Universidad de Zaragoza estudia también la carrera civil de Derecho como alumno libre. D. José Escrivá muere en 1924, y Josemaría queda como cabeza de familia. Recibe la ordenación sacerdotal el 28 de marzo de 1925 y comienza a ejercer el ministerio primero en una parroquia rural y luego en Zaragoza. [+información]

Fundación del Opus Dei y dedicación a los pobres y enfermos (1928 - 1936)

En 1927 se traslada a Madrid, con permiso de su obispo, para obtener el doctorado en Derecho. En Madrid, el 2 de octubre de 1928, Dios le hace ver lo que espera de él, y funda el Opus Dei. Desde ese día trabaja con todas sus fuerzas en el desarrollo de la fundación que Dios le pide, al tiempo que continúa con el ministerio pastoral que tiene encomendado en aquellos años, que le pone diariamente en contacto con la enfermedad y la pobreza en hospitales y barriadas populares de Madrid. [+información]

Guerra Civil Española y Paso de los Pirineos (1936 - 1939)

Al estallar la guerra civil, en 1936, Josemaría Escrivá se encuentra en Madrid. La persecución religiosa le obliga a refugiarse en diferentes lugares. Ejerce su ministerio sacerdotal clandestinamente, hasta que logra salir de Madrid. Después de una travesía por los Pirineos hasta el sur de Francia, se traslada a Burgos. [+información]

Intenso trabajo pastoral (1939 - 1945)

Cuando acaba la guerra, en 1939, regresa a Madrid. En los años siguientes dirige numerosos ejercicios espirituales para laicos, para sacerdotes y para religiosos. En el mismo año 1939 termina sus estudios de doctorado en Derecho. [+información]

Roma y el Concilio Vaticano II (1946 - 1965)

En 1946 fija su residencia en Roma. Obtiene el doctorado en Teología por la Universidad Lateranense. Es nombrado consultor de dos Congregaciones vaticanas, miembro honorario de la Pontificia Academia de Teología y prelado de honor de Su Santidad. Sigue con atención los preparativos y las sesiones del Concilio Vaticano II (1962-1965), y mantiene un trato intenso con muchos de los padres conciliares. [+información]

Expansión del Opus Dei y viajes de catequesis (1970 - 1975)

Desde Roma viaja en numerosas ocasiones a distintos países de Europa, para impulsar el establecimiento y la consolidación del trabajo apostólico del Opus Dei. Con el mismo objeto, entre 1970 y 1975 hace largos viajes por México, la Península Ibérica, América del Sur y Guatemala, donde además tiene reuniones de catequesis con grupos numerosos de hombres y mujeres. [+información]

Fallecimiento y fama de santidad

Fallece en Roma el 26 de junio de 1975. Varios miles de personas, entre ellas numerosos obispos de distintos países —en conjunto, un tercio del episcopado mundial—, solicitan a la Santa Sede la apertura de su causa de canonización. [+información]

Canonización de san Josemaría

El 17 de mayo de 1992, Juan Pablo II beatifica a Josemaría Escrivá de Balaguer. Lo proclama santo diez años después, el 6 de octubre de 2002, en la plaza de San Pedro, en Roma, ante una gran multitud. «Siguiendo sus huellas —dijo en esa ocasión el Papa en su homilía—, difundid en la sociedad, sin distinción de raza, clase, cultura o edad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad». [+información]

Si quiere rezar ante los restos de san Josemaría, puede acudir a Santa María de la Paz (Roma)O bien descargue el folleto informativo en formato pdf.


Más recursos sobre el fundador del Opus Dei

• 70 vídeos de san Josemaría, en YouTube.

• Escuchar a san Josemaría.

• Fotos de san Josemaría, en alta calidad (Flickr).

• Libros sobre san Josemaría.

Otras páginas web sobre san Josemaría

• Centro de Documentación y Estudios Josemaría Escrivá de Balaguer

• Biografía de San Josemaría (Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer)

• Bibliografía básica sobre san Josemaría Escrivá de Balaguer y el Opus Dei

 

 

La otra parte de la historia: muerte y resurrección

¿Qué tiene que ver la muerte y resurrección de Cristo con la plenitud de la vida que tanto deseamos? ¿Es la muerte el único límite al progreso?¿Por qué es tan decisiva la resurrección de Jesús? ¿En qué consiste un cielo nuevo y una tierra nueva?

LA LUZ DE LA FE04/05/2019

Es posible que hayamos visto alguna película, leído algún libro o incluso jugado a algún videojuego en que aparezca el elixir de la vida. Con esta expresión, acuñada hace siglos, se trataba de describir la búsqueda por parte de los alquimistas de un medicamento, también llamado "panacea", que permitiera al ser humano vivir para siempre. En nuestra época, existe una corriente de pensamiento –llamada Transhumanismo que constituye una versión actualizada de esta pretensión, y que se caracteriza por el seguimiento de tres grandes objetivos para la aparición de una humanidad perfecta: la súper longevidad, el súper conocimiento y el súper bienestar; en otras palabras, la búsqueda de una vida en plenitud.

Progreso vs. muerte: ¿límite o punto de partida?

¿Por qué, después de tantos siglos de progreso, buscamos todavía unos fines que siguen sin ser alcanzados? Es evidente que el hombre es un ser insatisfecho. Es alguien que, aunque consiga un nivel de vida y de felicidad que se pueda considerar satisfactorio, nunca se siente del todo satisfecho: quiere conocer siempre más, vivir cada vez mejor y hacerlo para siempre. Con el desarrollo científico y tecnológico, los conocimientos se han ampliado notablemente, y también la capacidad de evitar el dolor o de combatirlo. Sin embargo, antes o después, la existencia terrena se topa con un obstáculo que hasta el momento ningún ser humano ha conseguido saltar: la muerte.

JESUCRISTO NO SOLO HA SUPERADO EL LÍMITE DE LA MUERTE, TAMBIÉN NOS INVITA A PARTICIPAR A LOS HOMBRES DE SU VICTORIA

Esta se presenta como algo profundamente injusto, como aquello que nunca debiera ocurrir. Y, sin embargo, si algo sabemos con seguridad en esta vida, es que un día moriremos. Nuestro ser está abierto a una perfección que queda truncada con la muerte. Por eso, los pueblos de todo tiempo y cultura han desarrollado modos de enfrentarse con aquello que trasciende esta vida, desplegando el sentido religioso que está anclado en la naturaleza humana. Las representaciones sobre la existencia de un más allá son variadas en el panorama religioso de la humanidad, y dan testimonio de ese deseo humano de infinito; a la vez que ninguna de ellas logra demostrar que es la única realmente verdadera.

En este vasto horizonte, el cristianismo irrumpe con una fuerza inusitada: afirma que ha habido un hombre que ha superado la muerte como límite; que, venciendo a la muerte, ha obtenido una vida que dura para siempre. Ese hombre es Jesucristo. Pero no se queda ahí, sino que además afirma que Jesús ha prometido, a quienes vivan de él y sigan su ejemplo, el poder participar de esa nueva existencia que vence a la muerte.

Ante la muerte de una persona querida, con frecuencia se escucha una frase como esta: «su desaparición constituye una pérdida». La muerte de un ser humano es injusta, pues cada uno es un ejemplar irrepetible, y por tanto su desaparición del mundo supone un auténtico empobrecimiento. Si esto es así para nosotros, se puede decir que la muerte de Cristo fue el acontecimiento más injusto de la historia, pues su vida, según nos ha llegado a través de los testimonios de su época, muestra una ejemplaridad fuera de lo común, que ha sido reconocida incluso por aquellos que tienen del cristianismo una opinión negativa.

Volver a las raíces

Algunas piezas literarias describen esta búsqueda humana como el intento de volver a un paraíso perdido, como sugiere el título de la famosa obra de John Milton. Con ello hacen referencia a diversas tradiciones que hablan de una idílica época inicial de la humanidad, que fue quebrada por algún acontecimiento que hizo perder al hombre su inmortalidad y su bondad. La historia de algunos personajes de la mitología griega, como Aquiles, sugiere que el precio que el hombre ha de pagar para ser él mismo y no un ser indiferenciado en el mundo divino es la aceptación de la propia mortalidad. En el pensamiento ilustrado, es frecuente encontrarse con la idea de que el ser humano, para poder ser él mismo, necesita emanciparse de su origen, de su dependencia de un Dios o de un entorno familiar que hasta entonces lo ha protegido. Valerse por sí mismo significa perder el miedo a enfrentarse a la muerte. Las promesas de vida después de la muerte serían, pues, una vuelta a los orígenes felices. Recuérdese que algunos clásicos literarios de muy diversas épocas, desde La odisea hasta El Señor de los anillos, se plantean como la vuelta del héroe a casa.

Se ha hablado previamente de la búsqueda de una existencia duradera, de un bienestar y de un conocimiento supremo. Pues bien, en realidad, la fe cristiana dice que exactamente eso era lo que el ser humano tenía en sus orígenes remotos, cuando fue creado por Dios en un estado de inocencia, que la doctrina de la Iglesia llama «justicia original»[1]: además de la amistad con Dios, el hombre gozaba de los dones de integridad, conocimiento, impasibilidad e inmortalidad. Fue el pecado, la desobediencia a Dios (cfr. Gn 3,6), lo que provocó la expulsión del paraíso, y por consiguiente la pérdida del acceso al árbol de la vida (cfr. Gn 3,22-24). La Biblia precisa en seguida que la historia primordial no concluye así, de modo trágico, sino que Dios mismo se ocupa de los humanos cubriendo su desnudez con unos vestidos improvisados (cfr. Gn 3,21), y prometiéndoles un futuro redentor (cfr. Gn 3,15). En efecto, Jesucristo, que se presenta como «el último Adán» (1Cor 15,45), nuevo inicio de la humanidad, permaneciendo a la vez en su condición divina, toma sobre sí la condición humana (cfr. Flp 2,5-11), con esos efectos de mortalidad, sufrimiento y exposición a la tentación, y realiza en su vida el proyecto de Dios, en plena obediencia al Padre hasta la entrega de su propia vida. Y gracias a ese acto supremo de amor, vence la muerte con su resurrección, reabriendo las puertas del paraíso a los hombres, que ahora pueden acceder de nuevo al árbol de la vida: los sacramentos, cuya fuente y cima es el alimento eucarístico[2]. En Él, de alguna manera, el Cielo de Dios, el Paraíso, se une a la tierra que habitamos, mientras esperamos su prometida manifestación gloriosa al final de los tiempos[3].

La resurrección: el misterio de Dios en el mundo

La fe cristiana habla, por tanto, de un más allá que se hace presente en nuestro más acá, de un Cielo que, siendo promesa de algo completamente nuevo, no asimilable a las categorías espacio temporales de nuestro mundo, a la vez será algo que responde a un deseo profundamente arraigado en nuestro ser. Es verdad que Jesús, después de su resurrección, ascendió a los Cielos, desde donde volverá; esos mismos Cielos que acogieron a María, que fue concebida sin pecado y por tanto participa de modo eminente del misterio de su Hijo; pero es también cierto, que esos Cielos no son otra cosa que el misterio de Dios que, a la vez que es trascendente a este mundo, está por completo dentro de él, de modo que, paradójicamente, ahora Jesús se encuentra más cerca de nosotros que cuando recorría los caminos de Palestina[4].

EL CIELO ES EL MISTERIO DE DIOS: A LA VEZ QUE TRASCIENDEEL MUNDO, SE HALLA DENTRO DE ÉL.

Con su resurrección y su promesa, Jesús ha introducido en el mundo de nuestra experiencia, muchas veces negativa por estar marcada por las consecuencias del pecado en nuestras vidas (ignorancia, dolor, muerte, etc.), una esperanza nueva, real, pues la existencia y resurrección de Jesús se han dado en nuestra historia y, a la vez, de algún modo la superan, porque la abren a lo que está más allá de ella, en la otra parte de la historia. Esa esperanza es creíble porque Jesús ha dado su vida, y no hay nada más creíble en este mundo que el ejemplo, que siendo de santidad –es decir, de caridad–, es simplemente incontestable. «Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Por eso, el martirio, desde los inicios del cristianismo hasta hoy, constituye la mayor muestra de la credibilidad y veracidad de una fe por la que se es capaz de dar la vida.

De este modo, se entiende que la vida eterna prometida por Jesús, de una parte ya ha comenzado en este mundo para el que cree y, a la vez, recibirá una plenitud transfiguradora que no podemos todavía soñar. «Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por el corazón del hombre, las cosas que preparó Dios para los que le aman» (1Cor 2,9). Si la imaginamos con las categorías de este mundo, nos podría entrar la sospecha del aburrimiento de una vida que consistiría en «un continuo sucederse de días del calendario»[5]. Pero no se trata de un reduplicado de esta vida sino, más bien, de un don sorprendente, por el que vale la pena dejarse la vida, pues amamos y nos fiamos de quien dice que nos hará felices: «Muy bien, siervo bueno y fiel, […] entra en la alegría de tu Señor» (Mt 25,21.23). Cuando dos personas forman un proyecto común de vida, se dicen mutuamente que se harán felices, no porque piensen que la otra persona será un medio para alcanzar la felicidad, sino porque ocuparse de su felicidad será lo que les haga felices. Ciertamente, Dios es ya feliz en cuanto comunión trinitaria de Personas; pero, a la vez, quiere hacernos participar de su felicidad de la que, ya esta existencia terrena, vivida por amor, es un anticipo. Por eso, decía san Agustín que «amando al prójimo purgas el ojo para ver a Dios»[6].

Un cielo nuevo y una tierra nueva

Ver a Dios requiere seguir siendo criaturas de alma y cuerpo, y por tanto, que haya una resurrección final, que consiste en que, siendo Dios creador de todo, también la materia, el cosmos y nuestros cuerpos, transfigurados, puedan participar de la gloria divina, como de hecho participa ya la humanidad de Jesucristo, que existe para siempre en Dios. Se trata de algo muy importante para una correcta interpretación de las implicaciones del cristianismo en la sociedad, en la historia y en la cultura: el «cielo nuevo y la tierra nueva» (Ap 21,1) no serán algo completamente diferente, sino que, de alguna manera, el empeño por construir un mundo mejor acompañará al hombre en la eternidad.

LA VIDA ETERNA PROMETIDA POR JESÚS, DE UNA PARTE YA HA COMENZADO PARA EL QUE CREE

Por tanto, el hombre es padre de sí mismo[7], pues sus decisiones le configuran, y eso quiere decir que se construye la eternidad con su actuar en este mundo, pues sus acciones le conforman. Por eso, resucitará no solo un cuerpo en un sentido puramente material, sino todo su ser con el bagaje de toda su historia[8]. De ahí que resulte tan certera la invitación a «vivir cada instante con vibración de eternidad»[9].

Ninguna otra doctrina como la de la resurrección suscitó las ironías de los paganos en los primeros siglos, como ya le ocurriera a san Pablo: «te escucharemos sobre eso en otra ocasión»; «las muchas letras te han hecho perder el juicio» (Hch 17,32; 26,24). Sin embargo, el dualismo entre materia y espíritu, que caracterizaba la cosmovisión griega, no ofrecía perspectivas de salvación de la dimensión material, considerada como fuente del mal. Tampoco las teorías, antiguas y nuevas, que prometen una reencarnación satisfacen, pues aunque parecen valorar la necesidad de que la materia esté presente en el destino del hombre, no parecen respetar la identidad real del hombre en la indisoluble unión de cuerpo y alma.

Mirando a Cristo se puede comprender que es razonable la promesa de la resurrección, si bien no está en la mano del Hombre alcanzarla, pues se trata de un puro don. Por eso, el cristianismo es una propuesta de sentido que, sin resolver del todo en esta vida los enigmas que rodean la existencia, ofrece una esperanza razonable de una vida imperecedera, por la que vale la pena seguir a Jesucristo y dar la vida por él.

Santiago Sanz


[1] Cfr. San Juan Pablo II, El pecado del hombre y el estado de justicia original, Audiencia general, 3-IX-1986.

[2] Cfr. J. Ratzinger, Escatología. La muerte y la vida eterna, Herder, Barcelona 1992, p. 150.

[3] Cfr. S. Hahn, La cena del Cordero. La Misa, el cielo en la tierra, Rialp, Madrid 2016.

[4] Cfr. J. Ratzinger / Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, Encuentro, Madrid 2011, pp. 323-339.

[5] Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 30-XI-2007, n. 12.

[6] San Agustín, In Evangelium Ioannis Tractatus, 17,8.

[7] Cfr. San Gregorio de Nisa, De vita Moysis, 2,3.

[8] Cfr. R. Guardini, El tránsito a la eternidad, PPC, Madrid 2003.

[9] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 239.


Lecturas recomendadas:

Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 30-XI-2007.

R. Guardini, El tránsito a la eternidad, PPC, Madrid 2003.

J. Ratzinger, Escatología. La muerte y la vida eterna, Herder, Barcelona 1992.

P. O’Callaghan – J.J. Alviar, Breve y sencillo curso de escatología, en www.collationes.org, Roma 2013.

Bienes del alma en la vida popular

El Museo Nacional de Arte Antiguo, de Portugal, guarda entre otras preciosidades el Pesebre de San Vicente de Fora, del escultor Joaquín Machado de Castro, del Siglo XVII. Presentamos en nuestra fotografía un pormenor de ese Pesebre: los pastores que vienen a adorar al Niño Dios.

Si bien la intención del autor haya sido la de representar a gente de campo de Judea, en el tiempo del nacimiento de Nuestro Señor, andrajosa, como muchas veces lo eran los pastores en Oriente, no obstante los tipos humanos, las fisonomías, los gestos, los modos de ser que plasmó en su obra corresponden a personas del ambiente que rodeaba al artista, esto es, el del buen pueblo campesino y sencillo de Portugal, en el siglo XVII.

* * *

Al considerar a primera vista esta escena, uno u otro observador experimentará una sensación de desorden.

Estamos habituados a las masas disciplinadas y sin alma de las grandes ciudades modernas, que vemos llenar silenciosamente los cines, o atravesar sombría y apresuradamente los cruces de las calles, cuando el silbato de un guardia o una señal luminosa detiene el tránsito de los vehículos para dejarlas pasar.

Esas multitudes sin alma y patronizadas, incluso cuando aplauden unánimes en grandes manifestaciones colectivas, parecen un solo ente inmenso, en que se habrían disuelto las personas, como gotas de agua en el mar.

En esa perspectiva, ese montón de gente causa extrañeza. Todos, habiendo escuchado el mensaje angélico, corren al encuentro del Pesebre. Hasta el perro del primer plano, está apresurado. Pero en cada figura la nota personal es tan peculiar, que el grupo en su conjunto tiene algo de efervescente y caótico.

Y en efecto cada rostro, cada modo de andar o de correr, expresa una reacción enteramente personal en relación a la Buena Nueva.

Los dos muchachos que aparecen al frente, parecen simplemente movidos por la curiosidad. Es la despreocupación real y muchas veces excesiva de su edad.

Un campesino, ya más maduro, con ojos dilatados y brillantes por la alegría y fisonomía inteligente parece intuir con mucho discernimiento el alcance del gran acontecimiento.

Más atrás, un viejo con un sombrero de ala grande levantada, grita y llora de emoción. Al fondo un personaje con un capuchón y barba blanca, a un tiempo veloz y meditativo, se muestra profundamente impresionado.

* * *

Cada alma, en este grupo de lúcidos analfabetos, da muestras de un mundo interior del cual surge la expresión de una personalidad pujante.

Ignorantes, iletrados, ellos no fueron sometidos a los terribles procesos de patronización de la civilización mecánica del siglo XX. no tienen el pensamiento impuesto por los mismos periódicos, la sensibilidad modelada por el mismo cine, la atención subyugada todo el día, por al atracción magnética de la radio y de la televisión.

Y esto nos hace recordar el trecho admirable y nunca suficientemente citado de Pío XII, sobre “pueblo y masa”.

Pueblo y multitud amorfa, o como se suele decir, masa, son dos conceptos diferentes. El pueblo vive y se mueve con vida propia; la masa es de suyo inerte, y no puede moverse sino por la acción de un agente externo. El pueblo vive de la plenitud de la vida de los hombres que lo componen, cada uno de los cuales  ‘en su propio lugar y a su propio modo’ es una persona consciente de sus propias responsabilidades y de sus propias convicciones.

“La masa, por el contrario, espera una influencia externa, juguete fácil en las manos de quien quiera que juegue con sus instintos o impresiones, presta a seguir, según el turno, hoy esta y mañana aquella bandera. De la exuberancia de la vida de un verdadero pueblo, la vida se difunde abundante y rica, en el Estado y en todos sus órganos, infundiendo en ellos con vigor incesantemente renovado, la conciencia de la propia responsabilidad y el verdadero sentido del bien común”. (Radiomensaje de Navidad de 1944)

Plinio Corrêa de Oliveira

Qué personas queremos ser con el uso de la marihuana

Ana Teresa López de Llergo

Urge proteger a los adolescentes y a los jóvenes del consumo de la marihuana, pues pueden ser los más vulnerables.

Los políticos han aprobado el uso lúdico de la marihuana. Con esta decisión manifiestan que esto beneficia a las personas. Opiniones contrarias son las de muchos médicos que aseguran que el uso frecuente de la marihuana lleva a las personas al deterioro en la memoria y a reacciones descontroladas.

Algo está sucediendo en nuestra sociedad que traerá grandes desajustes sociales porque los políticos opinan sobre asuntos que no les competen y no acuden a los expertos para tomar después las medidas que beneficien a los habitantes.

Y previo al desorden de opinar de todo aunque no se tengan conocimientos, está la gran superficialidad manifiesta en la incapacidad de ordenar los asuntos y dar primacía a los básicos y generales, a los básicos y específicos, a los complementarios necesarios, a los complementarios sustituibles, a los opcionales.

Con frecuencia existen prejuicios ante la religión que se profesa, me parece que los máximos prejuicios se dan ante la religión católica. En este sentido pido una disculpa por generalizar, pero es producto de mi experiencia. Incontables veces me han dicho: claro, eso no lo haces porque lo prohíbe tu religión. La irritación que tal comentario me produce es muy efímero porque me gozo en la seguridad de que tales advertencias son una auténtica protección vital.

El consumo de la marihuana es básicamente asunto de ética humana, se trata de la salud. Después puede importar a la religión, porque influye en la conducta humana, y concretamente a la religión católica pues afecta a la libertad e impide la conducta virtuosa, propia de un hijo de Dios. Pero como el tema es sobre la salud, tampoco se trata de un asunto democrático, no se resuelve por mayorías sino por lo que dice la ciencia auténtica.

En México se han encontrado los siguientes datos: 58% de los mexicanos, mayores de 40 años, está en contra de legalizar la marihuana. Los menores de 40 años están a favor. En este asunto encontramos un desfase en las generaciones recientes.

El jueves 19 de noviembre, el Senado de la República aprobó legalizar el uso recreativo y la comercialización del cannabis, del cáñamo y de sus derivados. Esto pasa ahora a la Cámara de Diputados. No perder de vista que la aprobación de la marihuana para uso medicinal ya estaba desde mucho antes, ahora se busca el uso recreativo.

La aprobación en el Senado para despenalizar el uso lúdico de la marihuana se da en un momento en que la mayoría de la opinión pública se ha manifestado en contra de la legalización.

Según las encuestas, en febrero y junio de 2019, el 47 por ciento de los entrevistados a nivel nacional estaba de acuerdo con que “la ley permita el consumo de marihuana”, mientras que entre el 49 y 51 por ciento de entrevistados estuvo en desacuerdo. Casi había un empate.

A partir de febrero de 2020 las respuestas se inclinaron a la desaprobación del uso lúdico y en julio los resultados mostraron que solamente el 38 por ciento estaba de acuerdo con permitir el consumo, y 58 por ciento en desacuerdo. No hay datos de encuestas más recientes, pero la tendencia señala que el Senado cuenta con un apoyo minoritario.

Cabe insistir en que el asunto debatido es de ética, no de mayorías o minorías. La respuesta de los Senadores muestra seria irresponsabilidad en la toma de decisiones, y mucha indiferencia para mejorar la ciudadanía.

En este caso a quienes hemos de escuchar es a los profesionales de la salud y a personas de buena voluntad que han dejado de consumir la marihuana u otros derivados del cannabis. Ellos afirman que su uso, en cualquier cantidad y presentación, reduce significativamente el dominio sobre las propias acciones, y hace al consumidor causa de riesgos personales y sociales.

Por lo tanto, esta aprobación provocará daños a la salud de los consumidores, incrementará los problemas familiares y aumentará la delincuencia.

Como la ciudadanía cada vez es más participativa y responsable, conviene que pidan a los diputados que escuchen a los expertos en el tema del uso de las drogas y pongan en primer lugar la salud personal y social por encima de los intereses mercantilistas. Deben reconocer que una actitud laxa en este tema agravará la inseguridad, la inmoralidad y la violencia. A la sociedad le urge una reconstrucción del tejido social.

Si hay algunos indecisos, se les aconseja informarse sobre las adicciones y el auténtico calvario que sufren las familias cuando un pariente cae en esa situación.

De aprobarse el consumo lúdico, la oferta de la marihuana se intensificará y la publicidad incitará al consumo. Ante estas circunstancias, los padres de familia y los maestros deberán hablar con la verdad y mostrar argumentos convincentes para fortalecer a quienes puedan sucumbir ante la presión de los mensajes publicitarios o ante el deterioro permisivo de las costumbres.

Urge proteger a los adolescentes y a los jóvenes, pues pueden ser los más vulnerables. Serán muy agresivas las presiones de la propaganda, de la permisividad y de la superficialidad, Estamos frente a un problema muy grave.

Todos podemos hacer algo, si alguien se excluye, que no se queje cuando lo agobien los problemas.

Una segunda oportunidad en tu pareja

Lucía Legorreta

Vale la pena luchar por tu matrimonio, y si necesitan una segunda oportunidad, no lo pienses y lucha por seguir adelante con quien hace pocos o muchos años iniciaste un proyecto de vida común.

Quienes estamos casados hace pocos o muchos años, sabemos que la monotonía, los conflictos, las inseguridades y los problemas nos pueden separar. Hay amores que se terminan, pero la mayoría de ellos pueden tener una segunda oportunidad con algo de colaboración y deseo de continuar unidos.

Los datos de divorcios y separaciones en nuestro país y el mundo entero siguen creciendo exponencialmente. ¿Por qué se rompen tantas parejas?

Hay quien dice que se han perdido los valores o que las parejas de hoy ya no aguantan lo mismo que antes, ya no hay compromiso; otros que las personas se han vuelto egoístas y piensan sólo en ellas; que la incorporación de la mujer al mercado laboral ha hecho que tenga independencia económica; que las personas quieren vivir felices y no solo soportarse, y así podemos seguir y seguir. Hay muchos motivos y todos respetables.

Lo cierto es que un rompimiento no es siempre el mejor camino, pareciera una solución, pero es realmente el inicio de una vida con muchos cambios, la mayoría de ellos negativos.

Toda relación debe cultivarse, y lo más importante, no dejar que se deteriore poco a poco. Muchas de las parejas buscan ayuda profesional cuando ya es demasiado tarde.

La convivencia conlleva obligaciones, buenos y malos momentos, cansancio, responsabilidades, ceder, priorizar, negociar. Para que no se marchite, comparto contigo los siguientes consejos de la editorialista Patricia Ramírez, partiendo de cero, no echándose nada en cara y deseando estar bien: una segunda oportunidad.

1. No estás en guerra, solo en pareja: hazte esta pregunta antes de iniciar un reproche: ¿Qué buscas, herir o que el otro cambie algo que te molesta y afecta el buen funcionamiento de la pareja? Pon más atención a lo que te llevó a enamorarte de él o de ella, qué te atrajo. Dirige tu atención a los que los une, a lo que deseas, en lugar de lo que te molesta o aleja. Son los mismos desde hace años, lo que ha cambiado es la actitud entre ustedes.

2. Hagan cosas en común: realicen actividades juntos, que ambos disfruten y se diviertan. Deben de estar unidos, tanto en las obligaciones y la rutina, como en el ocio. No significa hacer todo juntos, pero si compartir momentos, reírse, disfrutar de un poco de calma, conversaciones relajadas, recuerdos. Aprende a relajarte con tu pareja.

3. Pide: muchas personas en pareja se sienten insatisfechas y desdichadas porque su compañero no es capaz de satisfacer sus necesidades. ¡Pero cómo te vas a sentir satisfecho/a, si no pides lo que necesitas! Nadie tiene capacidad de adivinar. Si quieres algo de tu pareja, como que ayude más en casa o que esté más tiempo contigo: díselo. Para eso es la confianza en un matrimonio, no solo para compartir habitación.

4. Se generoso/a: si existe el interés por romper con la dinámica negativa, tienes que estar abierto a las solicitudes de cambio del otro. No implica que cedas a algo que vaya contra tus valores o convicciones, pero muchas veces basta con poner un poco de atención a las necesidades del otro y complacerle. Y por favor, no compares lo que das con lo que recibes.

5. Piensa en lo que te agrada y aprecias: oblígate a buscar cosas que le gusten: los detalles, la sonrisa, un gesto de complicidad, un momento agradable.

Vale la pena luchar por tu matrimonio, y si necesitan una segunda oportunidad, no lo pienses y lucha por seguir adelante con quien hace pocos o muchos años iniciaste un proyecto de vida común.

¿Puedo leer todo lo que me dé la gana?

Nemesio Rodríguez Lois

Un mal libro no solamente debemos alejarlo de nuestros hogares, sino incluso destruirlo.

Aunque es bien cierto aquello de que “el saber no ocupa lugar” y, por lo tanto, “vale más quien más sabe y sabe más quien más lee”; hay que ser muy cuidadosos en el momento de elegir nuestras lecturas.

Efectivamente, así como no todos los alimentos son buenos para el organismo, de igual manera no todos los libros contribuyen a nuestra formación.

Y es que existen obras de tan baja calidad moral que, en lugar de elevarnos, nos degradan.

La degradación que proviene de las malas lecturas puede darse de dos maneras:

*Cuando su lenguaje es tan vulgar que acaba por contagiarnos.

*Cuando la tesis que difunden –aunque sea por medio de un bello lenguaje– son perversas y envenenan el alma de los lectores.

Esa es la razón por la cual debemos ser muy cuidadosos a la hora de escoger nuestras lecturas. Jamás debemos dejarnos llevar por la propaganda que las recomiendan porque están de moda, porque su autor obtuvo algún premio literario o porque son las más vendidas.

Aquí lo más prudente será solicitar la opinión de personas cultas y prudentes que nos ayuden a distinguir si un autor ofrece mensajes de superación o si –por el contrario– lo único que hace es crear confusión.

Aparte de solicitar el consejo de los prudentes, será necesario tratar de conocer la vida e ideología del autor para saber por dónde camina, de que pie cojea y –lo más importante– hacia donde pretende llevarnos.

Una vez expuesto lo anterior, habrá quien nos replique diciendo que existen personas de tan buena formación que pueden leer tranquilamente todo tipo de obras sin sufrir el más leve daño.

¿Puedo leer todo lo que me dé la gana? Con esta pregunta titulamos el presente comentario y a la misma respondemos que son cinco las razones por las cuales no debemos molestarnos siquiera en echarle un vistazo a la página de tal o cual libro.

1) Porque hago coraje. Si un autor se complace en atacar mis creencias y manera de comportarme… ¿Qué gano con leer majaderías? ¿Vale la pena seguir adelante? Ahorrémonos disgustos que, tarde o temprano, acabarán afectando nuestra salud.

2) Porque pierdo tiempo. El tiempo perdido los santos lo lloran, razón por la cual los días o semanas invertidos en un autor indeseable bien podrían aprovecharse leyendo autores que ayuden a superarnos, atendiendo mejor a nuestras familias, conviviendo sanamente con los amigos, visitando enfermos, etc. ¿Vale la pena perder el tiempo?

3) Porque tiro mi dinero a la basura. Efectivamente, leer uno de esos bodrios es una pésima inversión puesto que es algo que ni siquiera sirve para regalar… ¿Acaso deseamos que un amigo muy querido haga también coraje y pierda su tiempo? No quieras para otro lo que no quieras para ti. ¿Me van a devolver el dinero que pagué? ¿Acaso se lo devuelven a quien, asqueado, se sale a mitad de una pésima obra de teatro?

4) Porque ayudo a los enemigos. Es muy importante tener esto presente: Siempre que compramos libros que promueven los enemigos de nuestra patria, costumbres, familia y religión; es evidente que estamos dándole recursos económicos a esos autores y editores que desearían vernos confundidos mentalmente y que se frotarían las manos de gusto viendo como nuestra patria, familia y religión arden por los cuatro costados.

5) Porque siempre queda algo malo. No seamos ingenuos. A fin de cuentas, la carne es flaca y –querámoslo o no– las ideas perversas acaban contaminándonos si les abrimos la puerta. Y esa contaminación –por muy fuertes que nos creamos– acabará cambiando nuestras creencias y costumbres.

Un mal libro –y no digamos una revista pornográfica– no solamente debemos alejarlo de nuestros hogares sino incluso destruirlo.

Aquí resulta inválido el argumento de que basta con tenerlo oculto y fuera del alcance de nuestros hijos. Sería el caso de quien esconde una serpiente de cascabel sin saber cuándo el reptil puede escaparse y a quien puede picar.
Conclusión: No porque me lo prohíban, sino por conveniencia y salud mental mía y de quienes me rodean NO PUEDO LEER TODO LO QUE ME DE LA GANA.

Cerebro, mente, alma, espíritu

Escrito por Mario Arroyo.

La antropología bíblica, en concreto la de san Pablo, habla de una división tripartita en el hombre: cuerpo, alma y espíritu.

¿Es lo mismo mente, alma y espíritu?, ¿qué relación tienen con el cerebro? ¿Dice algo la Biblia al respecto? La antropología bíblica, en concreto la de san Pablo, habla de una división tripartita en el hombre: cuerpo, alma y espíritu. Por ejemplo, 1 Tesalonicenses 5, 23 dice: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” Por su parte, la Epístola a los hebreos 4, 12 afirma: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón”.

Sin embargo, esta estructura no ha pasado a formar parte de la antropología cristiana posterior, que la simplifica, diciendo que el hombre está compuesto de cuerpo material y alma espiritual. Con la recepción y sucesiva “cristianización” de Aristóteles en la Edad Media se abandonó el esquema tripartito para expresarse en dos polos: cuerpo y alma, los cuales forman una “unidad sustancial”, es decir, son principios de una misma realidad. El cerebro designa la parte material, el alma la parte espiritual.

El cerebro es la parte corporal, el sustrato físico de toda actividad espiritual en el hombre. Con la palabra “mente” se designa el funcionamiento de ese cerebro, la actividad a la que da lugar: percepción, memoria, imaginación, conocimiento, afectividad. El gran tema con la mente es si se puede reducir toda su actividad al entrelazamiento de intercambios neuronales a nivel cerebral, o si hay un plus. La mente designa al sujeto o protagonista de esas actividades, es decir, al "yo", la conciencia, la interioridad, la intimidad. No son procesos que se realizan anónimamente por un cerebro impersonal, sino por un sujeto que tiene conciencia, por la persona, el “yo”.

La dificultad que plantea el funcionamiento de la mente, es que algunas de sus actividades claramente pueden describirse expresando exclusivamente funciones cerebrales (por ejemplo, la memoria o la vida afectiva), mientras que, para otras, la actividad cerebral resulta incompleta o insuficiente (la conciencia y la percepción de las cualidades subjetivas de las experiencias individuales o qualia). La raíz de ello es la unidad de cuerpo y alma, de lo material y lo espiritual en el hombre; unidad que es profunda, no se puede separar con bisturí hasta donde llega el cuerpo y donde comienza el alma.

Entonces, cuando hablas de mente, no te refieres sólo a la dimensión espiritual, pues esta se encuentra “corporalizada” en procesos cerebrales (memoria, sentimientos, etc.). Ahora bien, la mente realiza algunas funciones que son propias de un ser espiritual, fundamentalmente el conocimiento intelectual. El cerebro como órgano, lo es de los sentidos internos, es decir, de la imaginación, memoria e instinto y del conocimiento sensible (como el de los animales). El conocimiento intelectual supone el plus propio de la mente, aunque requiere del cerebro como sustrato para poder realizarse.

Por su parte, el alma es el principio vital del hombre, que tiene una naturaleza metafísica o modo de ser espiritual, radicalmente diferente de todo el universo físico que conocemos, y que le capacita para realizar operaciones intelectuales. El espíritu designa a la naturaleza metafísica de esa alma. El alma humana es espiritual. Con lo espiritual nos referimos a un modo de ser diferente e irreductible a lo material. Ahí radica nuestra imagen y semejanza con Dios, que es Espíritu. El alma espiritual está en la raíz del “yo”, de la conciencia, de la interioridad de la persona. Indica el sujeto de todos esos actos (aunque como tal, el sujeto tiene también una dimensión corporal, pues no somos espíritus encerrados en un cuerpo). En cuanto designa al "yo", al sujeto libre (la libertad es una consecuencia de la espiritualidad), en ella se puede dar el pecado.

Cuando digo: “el alma está mal", me refiero a la dimensión moral. El sujeto hace mal uso de su libertad, dañando a su aspecto espiritual. Cuando digo "la mente está mal", señalo un mal funcionamiento, ya sea en los procesos cerebrales (y para eso tomas pastillas), o en el modo de procesar las experiencias mentales (y para eso vas a una terapia psicológica). No tiene una dimensión moral. Una “mente enferma” designa una patología, que puede estar a nivel cerebral, a nivel psicológico –modo de vivir los eventos mentales–, o una mezcla de ambos (vas al Psicólogo y al Psiquiatra al mismo tiempo). “Espíritu enfermo” en cambio se refiere a la libertad, al pecado y tiene relevancia moral, para remediarlo acudes al sacerdote.

 Los orígenes de la fiesta de la Epifanía

Desde tiempos muy remotos, tanto en Oriente como en Occidente la Iglesia celebró el día 6 de enero la manifestación de Dios al mundo.

La Epifanía (del griego epi-faneia: manifestación) es la primera manifestación al mundo pagano del Hijo de Dios hecho hombre, que tuvo lugar con la adoración de los Magos referida por S. Mateo 2,1-12. El pasaje, con la cita del profeta Miqueas, es uno de los cinco episodios que constituyen el llamado Evangelio de la Infancia en S. Mateo (cap. 1 y 2). El Evangelio de la Infancia en Lucas 1-2 no lo menciona.

Para entender adecuadamente este relato y percibir su contenido teológico es necesario precisar de antemano el alcance de la cita de Miqueas, quiénes eran los Magos y qué era la estrella que se dice haberlos guiado hasta la cuna del Niño.

 

El texto de Miqueas

El centro del episodio de los Magos es la cita del profeta Miqueas, que en el relato aducen los sacerdotes y escribas consultados por Herodes acerca del lugar donde había de nacer el Cristo. «Ellos le dijeron: En Belén de Judá, porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que será pastor de mi pueblo Israel» (Mt 2,5 ss.).

El pasaje profético es ciertamente mesiánico. Miqueas consuela a su pueblo, frente a la amenaza de Asiria, con la promesa de un futuro Libertador, descendiente de David. Del simple texto no deriva que fuese necesario que el Mesías naciera materialmente en Belén; bastaba con que fuera oriundo de allí por su ascendencia davídica.

 

El texto de Miqueas en labios de los escribas y en lá pluma del evangelista significa que para los primeros el Mesías debía nacer en Belén de la descendencia de David, y el segundo hace constar que Jesús cumplía estos requisitos.

 

¿Quiénes eran los magos?

El evangelista presenta a los protagonistas del relato como «unos Magos que venían del Oriente». No dice cuántos eran, ni cómo se llamaban, ni de dónde procedían exactamente. La tradición antigua navega por todos esos mares, pero sin rumbo cierto. En cuanto al número, los monumentos arqueológicos fluctúan considerablemente; un fresco del cementerio de S. Pedro y S. Marcelino en Roma representa a dos; tres muestra un sarcófago que se conserva en el Museo de Letrán; cuatro aparecen en el cementerio de Santa Domitila, y hasta ocho en un vaso del Museo Kircheriano. En las tradiciones orales sirias y armenias llega a hablarse de doce.

Ha prevalecido, no obstante, el número de tres acaso por correlación con los tres dones que ofrecieron -oro incienso y mirra- o porque se los creyó representantes de las tres razas: Sem, Cam y Jafet.

Los nombres que se les dan (Melchor, Gaspar, Baltasar) son relativamente recientes. Aparecen en un manuscrito anónimo italiano del s. IX, y poco antes, en otro parisino de fines del s. VII, bajo la forma de Bithisarea, Melichior y Guthaspa.

En otros autores y regiones se los conoce con nombres totalmente distintos. Su condición de reyes, que carece absolutamente de fundamento histórico, parece haberse introducido por una interpretación demasiado literal del Salmo 72,10: «Los reyes de Tarsis y las islas le ofrecerán dones; los reyes de Arabia y Sabá le traerán regalos». Nunca en las antiguas representaciones del arte cristiano aparecen con atributos regios, sino simplemente con gorro frigio y hábitos de nobles persas.

 

También sobre el lugar de su origen discrepan los testimonios antiguos. Unos los hacen proceder de Persia, otros de Babilonia o de Arabia, y hasta de lugares tan poco situados al oriente de Palestina como Egipto y Etiopía. Sin embargo, un precioso dato arqueológico del tiempo de Constantino muestra la antigüedad de la tradición que parece interpretar mejor la intención del evangelista, haciéndolos oriundos de Persia. Refiere una carta sinodal delConc. de Jerusalén del año 836 que en el 614, cuando los soldados persas de Cosroas II destruyeron todos los santuarios de Palestina, respetaron la basílica constantiniana de la Natividad en Belén, porque, al ver el mosaico del frontispicio que representaba la Adoración de los Magos, los creyeron por la indumentaria compatriotas suyos.

 

La estrella de los magos

En el relato de S. Mateo la estrella juega un papel importante. Es una estrella que los magos vieron en Oriente, pero que luego no volvieron a ver hasta que salieron de Jerusalén camino de Belén; entoncesse mueve delante de ellos en dirección norte-sur y, finalmente, se para sobre la casa donde estaba el Niño.

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Los magos dicen haberla reconocido como la estrella de Jesús («Hemos visto su estrella en Oriente y hemos venido a adorarle»; Mt 2,2). Supuesto el carácter preternatural de la estrella, que al parecer sólo habría sido visible para los magos, quedaría por explicar por qué entendieron ellos que era la estrella de Jesús y se sintieron obligados a desplazarse para adorarle.

Nada tendría, en ese supuesto, de extraño que persas piadosos se hubieran ido interesando por las Escrituras de los judíos y participaran de algún modo en su esperanza en un Mesías Rey, de manera que, al percibir un fenómeno estelar, lo relacionaran con él. Sea de ello lo que fuere, lo que podemos decir es que, de una manera u otra, Dios los movió a ponerse en camino y dirigirse a Israel en espera de un gran rey.

 

La celebración de la fiesta de la Epifanía del Señor

Desde tiempos muy remotos, tanto en Oriente como en Occidente –a excepción de la ciudad de Roma y, probablemente, de las provincias de África–  la Iglesia celebró el día 6 de enero la manifestación de Dios al mundo, fiesta posteriormente conocida como Epifanía. En efecto, ya en el siglo II se encuentran referencias acerca de una conmemoración del bautismo de  Jesús, por parte de algunas sectas gnósticas. De todos modos, habrá que esperar hasta la segunda mitad del siglo IV para recoger los primeros testimonios procedentes de ámbitos ortodoxos.

El origen de la solemnidad de Epifanía es bastante oscuro. Una tras otra se han sucedido las más variadas hipótesis, si bien, en cualquier caso, parece que la fiesta surgió dentro del proceso de inculturación de la fe, como cristianización de una celebración pagana del Sol naciente, de gran arraigo en la región oriental del Imperio.

Muy pronto, en Occidente, la fiesta de Epifanía revistió un triple contenido teológico, como celebración de la manifestación a los gentiles del Dios encarnado –adoración de los Reyes Magos–, manifestación de la filiación divina de Jesús –bautismo en el Jordán– y manifestación del poder divino del Señor – milagro de las bodas de Caná–. En Oriente, con la introducción de la fiesta de la Navidad, el 25 de diciembre, la solemnidad de Epifanía perdió su carácter de celebración del nacimiento de Cristo, y se centró en la conmemoración del Bautismo en el Jordán.

En la Iglesia romana, la celebración litúrgica de la Epifanía gira hoy día en torno a la universalidad del designio salvífico divino. Así, las lecturas refieren la vocación salvífica de los gentiles, ya anunciada por los profetas (IS 60: 1-6) y realizada plenamente en Cristo (Ef 3:2-3. 5-6 y Mt 2: 1-12). Esta misma perspectiva puede advertirse en los textos eucológicos.

BIBL.: J. ENCISO VIANA, La estrella de Jesús, en Por los senderos de la Biblia, t. II, Madrid-Buenos Aires 1957, 155-160; J, RACETTE, L’Évangile de 1′Enfance selon S. Matthieu, «Sciences Ecclésiastiques» 9 (1957) 77-82; S. MUÑOZ IGLESIAS, El género literario del Evang. de la Infancia en S. Mateo, «Estudios Bíblicos» 17 (1958) 245-273, especialmente 264-268; ÍD, Venez, adorons-le, en Assemblés du Seigneur, 13,31-44; A. M. DENIS, L’adoration des Mages vue par Saint Matthieu, «Nouvelle Revue Théologique» 82 (1960) 32-39; G. D. GORDINI, A. M. RAGGI, Magi, en Bibl. Sanct. 8,494-528 (con abundante bibl.).

 Nochevieja de sombras y luces: con ladrones y gente buena

José Antonio García-Prieto Segura

 

Portal de Belén.

Jamás hubiera imaginado que el año 2020 se cerraría para mí como lo hizo. Terminado mi trabajo, regresaba a casa con tiempo para celebrar la Nochevieja. A pocos metros del portal, vi a dos personas que me parecieron jóvenes, cubiertas sus cabezas con sendos gorros y, por supuesto, embozados en sus mascarillas.  Al detenerme ante el portal se me habían aproximado. En el momento de introducir la llave en la cerradura de la puerta, noté algo extraño: imposible describir lo que sucedió en el tiempo de un relámpago. Lo cierto es que, en un instante de lucidez, solté las llaves y me llevé la mano al bolsillo donde llevo siempre el móvil: había desaparecido. Pocos minutos antes había comprobado que lo tenía. Los dos individuos, ya a pocos metros de mí, iniciaron una carrera delatora del robo perpetrado.

Me lancé en su seguimiento, a pesar de mi desventaja en metros y... también mi hándicap en años, respecto a los jóvenes ladrones. En el curso de la persecución, vi algunos grupos de jóvenes festejando el fin de año. Surgió espontáneo un grito: ¡Al ladrón, al ladrón…! La ayuda de los transeúntes no se hizo esperar. Con todo, a pesar de su colaboración, nada pudo hacerse.

Acudió pronto una pareja policial: me aconsejó denunciar el robo. Menos de media hora después, salía ya de una Comisaría cercana, con el certificado de haber presentado la denuncia. Si todo hubiera quedado ahí, en el hecho sombrío de la privación del móvil, estas líneas no habrían visto la luz. Un robo así, pese a las consiguientes perturbaciones, no da para público lamento. Pero, tan inesperado como el robo, ocurrió un suceso que convirtió las sombras en luz.

Visto lo ocurrido, algunos de los presentes se me acercaron deseosos de darme ánimos y acompañarme en la desgracia. Entre ellos, dos chicas se interesaron de modo especial. Una de ellas, en un lance de generosidad, me dijo: ¡Mire, no se preocupe por el móvil…! Mis padres me acaban de regalar 250 euros por mi cumpleaños y estoy dispuesta a darle lo que necesite para que se compre un móvil nuevo. Me llamo Alba.

Me quedé conmovido ante semejante desprendimiento. Tanto que, después de contarlo en casa, me sentí impulsado a escribir estas líneas. Sin embargo, no me asombró porque sé muy bien que la generosidad es virtud de gente joven. Como el lector sabe, “alba” significa amanecer, "aurora", la que despierta y pasa de la noche, de la oscuridad, a la luz: las sombras del robo se disiparon con las palabras de Alba, llenas de magnanimidad.

Los dos sucesos unidos -robo y generosidad juvenil-, con sus sombras y luces, se me antojaban viva representación del funesto año 2020 que estábamos a punto de terminar. Aclaro enseguida: sería un colosal desatino pretender igualar ambos sucesos: el mío y el universal. Un móvil robado, comparado con la pandemia, es menos que una gota de agua perdida en la inmensidad de mil océanos. Pero la “entraña” de lo ocurrido en ambos casos, sí que ofrecen una lección e imagen  válidas para la reflexión. Permítame el lector exponer la mía.

Desde el pasado marzo se han sucedido muchas sombras: una continua sustracción -que no robo, en este caso- de vidas humanas, e innumerables desgracias. Hasta la antevíspera de Navidad, el Covid-19 había provocado alrededor de dos millones de muertes en todo el mundo. Pero también apareció el otro extremo: las luces. Las sombras -sean materiales o espirituales- llegan siempre después de la luz: no la preceden sino que, por desgracia, pueden luego acompañarla y, de hecho, muchas veces la acompañan. Sucede que luces ocultas -aparentemente dormidas- se hacen visibles precisamente cuando surgen las desdichadas sombras. Lo hemos visto este año: llegar la pandemia y salir a la luz la generosidad de tantas personas, volcadas en hospitales, residencias de ancianos, servicios sociales de cualquier tipo, etc., todo fue uno. El reconocimiento de su entrega quedó materializado en “los aplausos de las ocho de la tarde” hacia el mundo sanitario, pero otros muchos profesionales fueron igualmente merecedores de ellos.

Ahora, la vida continúa en este Nuevo año 2021. La experiencia nos dice que en nuestro peregrinar terreno siempre habrá luces y sombras. Olvidarlo sería tanto como vivir en otro mundo y, a ese, aún no hemos llegado. Oiga, ¿habla en serio, podría preguntarse algún lector, o va de metáfora con eso de “otro mundo” al que llegar? Va en serio, porque si no completase estas líneas con una visión trascendente de la vida, y por tanto de los hechos aquí narrados, el generoso impulso de Alba no habría sido suficiente para empezar a escribirlas.

Lo visto y experimentado en el 2020 tiene, como toda realidad humana, doble lectura: natural una, de la que vengo hablando, con sus sombras y luces a la vista. Y trascendente, otra, con su correlato sobre-natural, procedente al menos de una visión completa del sentido de la vida. Es lo que expresaba san Josemaría en el punto 279 de Camino: “La gente tiene una visión plana, pegada a la tierra, de dos dimensiones. —Cuando vivas vida sobrenatural obtendrás de Dios la tercera dimensión: la altura, y, con ella, el relieve, el peso y el volumen”. Me gusta decir que “la gente” somos todos, también los santos: por eso, no es negativo decir que la gente tiene una visión “pegada a la tierra”; si no fuera así, viviríamos en las nubes…

 Pero a la vez, se quedaría en visión incompleta y plana, si faltara la tercera dimensión: la que nos dice que las sombras de este mundo -robos, pandemias y cuanto se quiera-, así como sus luces -quedémonos en la generosidad de Alba-, tienen siempre un “correlato” superior, trascendente. Sin este sentido trascedente de la vida, sólo queda la visión plana y chata, insuficiente. Entonces, aparecen inexplicables lagunas en nuestros razonables “porqués”; y quedan insatisfechos los anhelos últimos del corazón, deseosos de ir de la mano de la razón.    

Para el creyente, las luces que nos dan las personas con sus deseos de ayuda y cercanía, tienen sus raíces en el amor de Dios que, en Cristo, nos ha dicho: “Yo soy la Luz de este mundo”. Y las sombras, ya sean de un robo, de la muerte provocada de un niño en el seno de su madre, etc., tienen sus raíces en Lucifer que, según el Diccionario de la lengua española, sólo es “portador de la luz”, engañosa en este caso; y “príncipe de los ángeles rebelados”: el mismo del “seréis como dioses” y, por eso, “padre de la mentira” según el Evangelio. Pero sin necesidad de llegar tan alto en esa visión trascendente, “toda la gente” que esté en su sano juicio reconocerá que el robo, la calumnia, una ley contraria al bien común, etc., siempre serán cosa mala y oscuridad. Y cualquier acción como la de Alba, todo lo contrario.

Esta es, al fin, la lección que volví a repasar con los dos sucesos de Nochevieja: no faltarán sombras a lo largo de toda la vida; las peores, las que oscurezcan nuestro corazón por falta de amor a Dios y a los hermanos. Dispongámonos  a luchar contra ellas. Y como la mejor defensa es un buen ataque, estemos prestos a hacernos cercanía, a compartir y acompañar a otros; en una palabra, a ser luz para cuantos nos rodean. Los cristianos contamos, además, con la ayuda de Dios, en Cristo-Eucaristía. Y con el contagio de su Luz, dispuestos a compartirla, como también nos pide: “Brille vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos” (Mt. 5, 16)                                                                                                   

¡Ah…!, para satisfacer la lógica curiosidad de algún lector: agradecí sentidamente a la joven su ayuda económica, pero sin pasar de ahí; el regalo de sus padres quedó enteramente para ella.

jagp103@gmail.com

 

 Coronavirus y abortos

Juan Moya

 

​ No nacido en el vientre materno.

Toda persona normal está consternada con los 50.000 ó 70.000 muertos de la pandemia en España, por limitarnos a nuestro país. Confiemos que por un mínimo de dignidad profesional de las autoridades sanitarias, por la obligación de informar de hechos graves y por respeto a las víctimas y a sus familias, acabemos sabiendo de modo creíble el número de fallecidos.

A la vez, estos días hemos conocido la cifra de abortos en España en este año: unos 95.000, es decir bastantes más que los fallecidos por la pandemia. Y a estos hay que sumar los de los años anteriores, en una cifra semejante e incluso superior. Redondeando, podemos decir que en 10 años han sido abortados un millón de niños. Y por ahora, no se ha encontrado la "vacuna" que evite esta masacre, por lo que de momento parece que seguirá siendo así en los próximos años.

La "vacuna" la constituyen leyes adecuadas que protejan la vida, leyes que ayuden a madres solteras, planes de estudio que formen en el sentido correcto de la sexualidad (unida al amor y al matrimonio), programas de TV que no inciten a una sexualidad irresponsable, como puro divertimento, etc. Ese conjunto de medidas contribuirá a valorar adecuadamente la dignidad de la persona humana y la importancia de la sexualidad bien vivida para la fidelidad y el verdadero amor. Al contrario, la sexualidad entendida como mero placer lleva inevitablemente a la infidelidad, a la falta de compromiso, a embarazos no deseados y al aborto. Si además la sexualidad se desliga del sexo biológico, el destrozo psicológico y moral de la persona es aún mayor.

Estas cifras de abortos no puedan caer en el olvido, como si no existiesen, como si no hubiera posibilidad de hacer nada. Un país en el que los gobernantes no hacen nada por proteger la vida del no nacido -y a la vez facilita la muerte de los mayores, los enfermos y en último término todos quedamos expuestos a que se nos aplique esa ley inhumana - puede ser un gobierno legal, pero deslegitimado moralmente para gobernar.

También los ciudadanos tenemos mucho que decir. Cada persona tiene el grave deber de formar su conciencia y no dejarse llevar por conveniencias ideológicas o prejuicios de  partido a la hora de votar. Debe buscar personas íntegras, que hayan demostrado su competencia y su honradez, su respeto a la libertad ajena, que vayan a la política con deseos de servir y no para servirse de ella, personas que no necesitan el cargo político para poder vivir, personas sinceras que aman la verdad y tienen la valentía de reconocer sus errores...  Es posible que no existan muchas personas así en la vida pública..., pero hay que descubrirlas y animar a otros y a otras -hombres y mujeres valiosos- a que den ese paso, sin ir a buscar su propia vanagloria sino el servicio sincero y leal a su propio país.  A la vez, se puede pedir a los ciudadanos que no voten un partido que no se comprometa expresamente a derogar la ley vigente del aborto, si llegan a gobernar. Y por supuesto lo mismo con la ley de la eutanasia (y la de la señora Celaá). 

Es importante también la resolución pendiente del Tribunal Constitucional: si la Constitución respeta y protege la vida humana, sin recortar periodos de esa vida que obviamente comienza con la concepción, como no puede ser de otra manera. Es necesario que los que tienen el grave deber de pronunciarse se atengan a la letra y al espíritu del texto, independientemente de la opinión personal que sobre el aborto pueda tener cada magistrado.

Y en fin, se pueden diseñar estrategias de apoyo a todos los médicos para que presenten objeción de conciencia acerca del valor de la vida humana y se nieguen a practicar abortos, porque "eso" no es un acto médico sino quitar la vida a un inocente que tiene derecho a vivir. Aunque sus padres lo hayan concebido "por error", no pueden tener derecho a disponer de la vida del hijo engendrado: es una tremenda y cruel injusticia de la que tendrán que dar cuenta a Dios.

Está en juego la vida de miles de niños -de millones- y el futuro de nuestro país.

 Soul, la película

Escrito por Mario Arroyo.

Soul, producción de Disney-Pixar, aborda un tema difícil y oportuno: el alma, y con ella, la realidad espiritual en el hombre y en el mundo.

Soul, la reciente producción de Disney-Pixar, estrenada durante la navidad aborda un tema difícil y oportuno: el alma, y con ella, la realidad espiritual en el hombre y en el mundo. Lo hace desde unos presupuestos intelectuales curiosos, pues se apoya en una mezcla de platonismo y esoterismo para abordarlo. En efecto, de Platón toma la preexistencia de las almas, y del esoterismo la forma en tomar contacto con la realidad espiritual. Incorpora en su desarrollo bastantes temas consolidados de la psicología contemporánea, como pueden ser las predisposiciones temperamentales o las patologías psíquicas.

El mensaje de la película resulta muy positivo y actual, si bien no está exento de importantes limitaciones. ¿Dónde radica su actualidad? En relanzar la realidad del alma, y por ende la dimensión espiritual de la vida, en medio de un mundo fuertemente tentado por el materialismo. En efecto, cuando una parte importante del mainstream científico contemporáneo, particularmente acentuado en el marco de las neurociencias, se decanta por considerar la noción del alma humana como superada, si no superflua, resulta audaz replantearla decididamente como lo hace la producción de Disney. Ya sólo este hecho merece reconocimiento, pues otorga carta de legitimidad en la cultura popular a una importante noción –la del alma– descalificada por algunos especialistas, para quienes todo su contenido se reduciría intercambios electroquímicos dentro del cerebro.

¿Dónde estriba su limitación? Aunque resulta pintoresca y amena, la elección del esoterismo como vía de contacto con la realidad espiritual resulta cuestionable; es decir, le quita seriedad y quizá legitimidad a esta dimensión de la realidad. Es verdad que, por definición, la realidad espiritual es impermeable al conocimiento científico, y en una cultura donde el prestigio de la ciencia resulta enorme, muchas veces como única garantía de conocimiento auténtico, ello supone un duro hándicap para la fundamentación de la realidad espiritual. Desde una perspectiva filosófica basta decir que, siendo impresionantes los aportes de la ciencia, esta no lo puede conocer todo. Hay otro tipo de realidades, como la espiritual, que escapan a su ámbito de estudio.

En este sentido, el filme dejó pasar una maravillosa oportunidad de aportar culturalmente un importante contenido, pues al elegir lo esotérico como forma de acceso a lo espiritual, ignora en cambio la principal forma que ha tenido la cultura humana para acceder a esa realidad, me refiero a la dimensión religiosa de la existencia. La vertiente esotérica le quita seriedad a la realidad espiritual, aunque le confiere un carácter pintoresco, todo hay que decirlo. En realidad, la principal vía de acceso al mundo espiritual en la humanidad ha sido la religiosa, la cual goza de plena legitimidad, incluso en el actual mundo desarrollado científica y tecnológicamente. Dejó pasar, en consecuencia, una magnífica ocasión para presentar cómo la religión es el necesario complemento sapiencial del hombre, que completa así su visión puramente científico-tecnológica, por ser un portal de acceso a ese otro ámbito de lo real que es la espiritualidad y con ella el alma humana. Hubiera sido un invaluable aporte para la cultura popular mostrar cómo la dimensión religiosa completa la imagen del hombre y del mundo proporcionada por la ciencia, legitimando así su carácter sapiencial y ampliando de esa forma el espectro de la razón humana más allá de lo científico-material.

Por lo demás, en esta línea, el filme ahonda oportunamente en el misterio del hombre: Redescubre la faceta espiritual del arte y la inspiración, así como su importancia para la vida de la persona y la sociedad en su conjunto. Propone de una manera atractiva la idea de vocación y de sentido en la vida de las personas. Replantea el papel del sacrificio en la vida personal, y cómo el sentido de la vida es trascendente, y puede requerir sacrificio y renuncia. Pone en valor la vida ordinaria y sus placeres sencillos, desenmascara propuestas de felicidad cimentadas exclusivamente en el éxito. Hace una sugestiva presentación de las patologías psíquicas: “las almas perdidas”, envueltas en un torbellino de pensamientos obsesivos, como plástica y original imagen de un drama frecuente en nuestra sociedad. Y todo ello de una forma ágil y entretenida; por ello, ¿qué duda cabe?, se trata de una película para disfrutar, reflexionar y, ¿por qué no?, examinar la faceta espiritual de nuestra existencia.

Pastorelas o Pastoradas navideñas

El Coronavirus no ha sido óbice para la celebración de las tradicionales “Pastoradas” en algunos lugares, aunque tuvieran que reducir el número de actores. Por la Opinión de Zamora se supo que, en Benegiles (Zamora), la misa del 25 con su tradicional Pastorada se hizo en el espacioso salón multiusos Prieto, e incluso apareció el Rey Melchor.

El anuncio del Ángel a los Pastores ha inspirado escenificaciones o autos navideños populares que se han expandidos por nuestra geografía; en especial, en pueblos de Castilla y León, de Cataluña y Aragón; también, de Extremadura por influencia de la trashumancia.  

La noticia inmediata del nacimiento e Cristo a unos pastores que velaban sus ganados al raso, hace pensar. El Ángel del Señor les dijo: “Os anuncio una gran alegría, que lo es para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor.  Lo encontraréis envuelto en pañales sobre un pesebre…” ( para proteger a los corderillos y a sus madres, los pastores aguardaban la “pareira” al raso; de manera natural, ocurre en invierno).

Llama, la atención, el Niño Jesús sobre las pajas de un pesebre. Dios nos habla por símbolos: en la aparición e invitación a los pastores, se conocen los gustos de Dios, que se decanta por los sencillos y busca a los pecadores (los pastores, por allí, eran despreciados, no tenían buen nombre). El Dios Hecho Hombre, el Amo del Mundo, nace en extrema pobreza, y nos advierte del peligro del ansia de riquezas ( “ ¡Qué difícil es que los ricos entren el Cielo”). El pesebre, en donde se coloca el pienso y come el ganado, puede considerarse como símbolo del altar, en donde se consagra el pan eucarístico para alimento del alma ( “Quien come mi cuerpo tendrá vida eterna”). ¿Cómo comulgar? Con humildad y en gracia ( limpieza de alma), con fervor y decoro, no como si se tratara de ir por una pasta, pues ¡ES DIOS! (un esfuerzo de memoria). Me admiraba mucho un sacerdote durante la Consagración. Se lo dije y me respondió: en el Seminario nos decían: “Tratadle bien, que es hijo de buena Madre”. Lope de Vega escribió:  “Nació de una pura Virgen;/buscadle, pues sabéis dónde,/que en sus brazos le hallaréis/ envuelto en mantillas pobres» (Lope de Vega).

Josefa Romo

 

La ley de Educación

La llamada Ley Celáa ha pasado el trámite parlamentario en las Cortes, sin consenso, sin consulta, y en el Congreso por un solo voto de mayoría. Su determinación es establecer la escuela pública y laica. Pero esto va contra la legislación y las recomendaciones internacionales que defienden la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos, rechazan el adoctrinamiento, y defienden el pluralismo como un valor social.

El artículo 27 de la Constitución española señala que todos tienen derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza. Y añade: “Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

Impulsar la educación requiere avanzar en el aumento de la autonomía pedagógica, organizativa y de gestión de los centros educativos; una autonomía que se debe mostrar en la toma de decisiones sobre recursos humanos, materiales y financieros, y naturalmente en su proyecto educativo.

Domingo Martínez Madrid

 

Quieren olvidar el misterio del amor del Niño

Hoy, desgraciadamente, no pocos hombres y mujeres que han conocido lo ocurrido aquella noche en Belén, que han vivido en la Iglesia que ese Niño fundó y estableció en la tierra, cierran los ojos, los oídos, la lengua y el corazón para no descubrir la Luz, que apenas parpadea en la oscuridad de una cueva, en la oscuridad del mundo; y cierran su inteligencia para no recibir la Verdad, para no vivir en el Camino que el Niño nos enseñó.

¿Por qué? El inquisidor imaginado por Dostoyesky echa en cara a Jesús la carga que ha puesto sobre los que creen en Él; demasiada carga, demasiada confianza en una criatura tan frágil como los seres humanos. “Sueñas demasiado, amas demasiado a estos pobres desgraciados”, viene a decirle; y añade: “Yo les daré pan, les dejaré que se enfanguen en sus miserias y vicios, que se hundan libremente en todos los charcos de su vida; y me seguirán”.

Hoy, los “inquisidores” de turno quieren olvidar el misterio del amor del Niño, de Jesucristo, Dios y hombre verdadero; anhelan manipularle, abandonar y manipular sus mandamientos, convertir su Santa Iglesia, de ser la única religión verdadera y revelada por el mismo Dios, en poco más que una organización solidaria, más que caritativa, con los árboles, con los osos polares y todos los animales, con el clima, con una deletérea “paz mundial”, que nunca existirá por el pecado de los hombres, a la vez que animan a los hombres y a las mujeres a enfangarse en el sexo vivido contra la naturaleza, egoístamente, sin la más mínima relación a una nueva vida, fruto del amor humano-divino entre un hombre y una mujer. Este año además, en este país, tienen dos situaciones que les favorece el olvido del amor del Niño: la pandemia y la eutanasia.

Jesús Domingo Martínez

 

Año nuevo con pésimos augurios  

 

                                Vuelvo “al tajo, no a la lucha”; al tajo, por cuanto va para medio siglo en que decidí, “salir a la palestra”; y en mis recorridos como vendedor o representante, inicié aquella labor de decir, lo que no me gustaba de la dictadura de Franco, ni de este perro mundo y “sus monos humanos”; cosa que había que hacer con sumo cuidado, pues “Franco, sus acólitos y su partido único”, no permitían que se dijera muy claro, salvo los tres gritos de rigor… ¡Franco, Franco, Franco! Pero a pesar de ello había mucha rebeldía y sobre todo, en las universidades, aquellos estudiantes (¿dónde están hoy”?, “le tomaban el pelo a Franco y su régimen; y traían locos a “los grises”, que eran algo así como “los perros de presa para vigilar a la chusma, la masa o la plebe”, ya que intocables “los amos” y lo mismo que hoy los hay, entonces los había mucho más engreídos, ya que “habían ganado una guerra”, que en realidad perdimos casi todos los españoles de la época; algunos mucho más, puesto que fuimos señalados en inmensos archivos y fichas, donde se hacía constar, que aquel individuo, “era no adepto al régimen, y era personal indeseable y a quien hay que vigilar”, aunque aquel individuo, fuese nacido en 1938 y por tanto “era un bebé”, cuando aquellos desgraciados y miserables españoles, se asesinaban en ambos bandos, en la peor de las guerras, “entre monos humanos”, cuál es la denominada “civil”, que sarcásticamente es, “la menos civil de las guerras”. Dentro de tanta miseria, hay que decir también, que; “no metiéndose en política” (que es lo que decía hacer él astuto Franco) aquel dictador, sin dejar de edificar pantanos y muchas otras obras (en casi toda España es que ni había alcantarillas o “madres comunes”, para que la mierda que cagábamos circulara sanitariamente, bajo el subsuelo de aquellas, miserables viviendas donde vivíamos la mayor parte de aquella terrible España de antes y después de la maldita guerra citada… reitero, mientras el dictador y sus gobiernos se dedicaban a esos “enormes menesteres” (sin por ello dejar de darse palizas en los cuarteles de “las fuerzas del orden”) aquel régimen, dejó infinidad de caminos, para dentro de las leyes, también empleando “la vista gorda” y cobrando ínfimos impuestos; muchos españoles de los de la clase, “indeseable y a quien hay que vigilar”, nos pudimos hacer ricos; y sin ni una sola vez, ser llamados ante un juez de instrucción, por cuanto no había delitos a juzgar… “Sí son los milagros de aquel diablo infernal que fuera Franco, que lo fue, en “sus hechos negros”, protagonizados más por sus sicarios que por él mismo, pero que hay que cargarle con ellos, puesto que él; “no se metía en política”; y mejor se dedicaba a cazar la perdiz; y otras piezas mayores, que se las ponían como, “le ponían las bolas de villar y no sé si algunos clítoris también, a un rey Borbón de cuyo nombre no me acuerdo o no quiero acordarme”, puesto que aquel rey no jugaba bien a ese juego elegante, pero sí “con lo otro”, por lo que algunos o muchos de aquellos reyes, dejaron bastardos y bastardas, de cuya existencia de algunos, nos hemos enterado.

                                Luego y tras muerto (“en la cama”) el dictador, dicen que pasamos a una “transición”; donde “el cortijo que siempre fue España”, se lo repartieron, los de Franco, los contrarios a Franco, y resto de la inmensa “bandada de buitres carroñeros que se “han comido” hasta “los huesos”, de la inmensidad de bienes tangibles, que bajo la batuta (“o látigo si quieren”) de aquel fenecido Franco, los españoles atesoramos, hasta llegar a ser aquella España, la octava potencia social y económica, del “mundo de aquellos monos humanos”; y de lo que hoy apenas habla nadie y sólo se quiere hablar de los muertos por causas o a cargo de Franco y los franquistas; que es indudablemente una forma efectiva, de tapar las inmensas inutilidades de los herederos del cortijo Español y que hoy hasta eliminan, el idioma Español (segundo idioma de ámbito mundial al uso actual) y que hoy el día en que escribo, presumen de haber aprobado, nada más y nada menos, que, “la octava ley de educación”, de la nueva época, lo que es algo así, como para que, “se les cayera la cara de vergüenza por lo que significa ello ante la inteligencia de alguien medianamente rico en caletre”; pues sólo ello denota el desorden en un país incalificable ya por la acumulación de desastres de todo tipo y condición una nación enormemente rica, la han llevado a la miseria indigente.

                                Y vuelvo de nuevo al nuevo año, que no es nuevo físicamente, ya que es un ciclo igual a los infinitos que marca el tiempo, desde que se conformara, el “padre Sol y su sistema, al que pertenece este miserable planeta que habitamos”.

                                Y es que la rémora “o rémoras” que traemos, y el negro-negrísimo porvenir que nos presenta la cruda realidad a que ha llegado, la pésima administración del “virus chino”, no da para otras alegrías futuras; ya que los remedios que los inútiles y cobardes políticos, nos han impuesto, sigue siendo lo que ya escribí al principio de la misma… “El remedio es mucho peor que la enfermedad”. Pero para nuestra desgracia, estos amorales, han sabido emplearlo como arma política para tener bien controlados a los que no somos otra cosa que, “borregos en inmensas manadas, listas y al servicio de estos amorales amos, que nos llevarán hasta el matadero sin escrúpulos algunos”, sino al tiempo. Y digo y mantengo lo de “amos” por cuanto sigue.

La política hoy: La política ha logrado el máximo de lo que quería, que no es otra cosa que “la satrapía”, de los sátrapas de hace milenios; pero con la mayor perfección; ya no necesitan apalear, encarcelar o incluso matar “al individuo díscolo”; ya han logrado, “la red tan perfecta como la de la araña”, en ella “nos envuelven y nos comen mediante la indefensión, el empobrecimiento y el total aislamiento, para que aún en vida no existas ni cuentes para nada, salvo para pagar impuestos”; y como es la táctica general, ya no hay partido que defienda al pueblo, “todos van a los mismos intereses y a los mismos medios, para controlar el dinero público y adueñarse del mismo, para con él, comprar todo lo comprable y que por lo que ocurre, todo está en venta”…¿Democracia esto? Es la mayor mentira política que se ha dicho en todos los tiempos. 

Abusos y tiranías en gran parte del actual mundo: El mundo ha retrocedido a los tiempos medievales de los "señores de horca y cuchillo", que como tales, hacen en sus feudos, lo que les da la gana, ya que son "dueños de vidas y haciendas"; y como ello se ha extendido tanto y a tantos, unos se tapan a los otros y esto no tiene solución, puesto que el siervo (que no pueblo) está sujeto al capricho de los nuevos señores feudales; todo lo demás es mentira. “La mierda tapa a la mierda y así todo latrocinio, robo o abusos mil, son tapados y consentidos por todos los que dicen gobernar esta ya mierda de mundo”, que nos dicen ha progresado; pero ¿en qué?

                                Triste o ya desesperadamente, el mundo “del mono humano”, sigue siendo igual o casi igual, en lo fundamental del verdadero progreso humano; siempre son minorías perversas, las que dominan los Estados, explotan sin piedad a “los borregos”, y como las malas yerbas en el campo, crecen ininterrumpidamente y no hay forma de eliminarlas; por ello la humanidad se estanca o decae a grados que muy pocos aprecian; y lo que es decadencia manifiesta y tangible, los dominantes y con todas las fuerzas del poder que dominan, quieren hacer ver que son progreso, cosa que no se la creen ni ellos mismos, por brutos que sean.

                                ¿Qué hubo sabios que indicaron los caminos a seguir? De sobras, pero sus enseñanzas fueron enterradas, aunque no olvidadas; y aún se puede hablar de ellas, como yo hoy recuerdo, algo de los sabios chinos, que fueron al parecer, de los primeros sabios que “el animal humano”, generó, supongo que por la “ayuda de los dioses”. Vean la muestra.

HACE 2700 AÑOS EN LA CIVILIZACIÓN CHINA: (Nota para copiar, difundir y leer de vez en cuando, con detenimiento y meditando cada una de las frases)

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“Cuando cada ciudadano cuente como parte de la sociedad, y la sociedad pertenezca a todos por igual, los virtuosos y capaces serán elegidos para la acción pública. Los adultos dedicarán sus esfuerzos a las tareas usuales y la infancia será educada correctamente. Todos participarán en la responsabilidad social. Los recursos naturales serán utilizados para el bien común y no serán usurpados con fines egoístas. La gente procurará aplicar su habilidad en provecho público antes que en ganancias privadas. Será la Era del Gran Estado de Paz y Prosperidad”.

                                Pongamos un piadoso “amén” a este sueño y prosigamos, en este maldito caminar, donde lastrados “por las cadenas de siempre”, apenas si nos dejan o dejarán andar.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

 

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