Las Noticias de hoy 4 Enero 2021

Enviado por adminideas el Lun, 04/01/2021 - 11:59

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 04 de enero de 2021       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus del Papa: "Dios desea comunicarse con nosotros, contémosle todo"

Francisco desea un buen 2021 "trabajando por el bien común"

Francisco pide que se encuentren soluciones para la paz en Yemen

Primera Misa del Año: "María enséñanos a encontrar tiempo para Dios y los demás"

NATURALIDAD Y SENCILLEZ: Francisco Fernandez Carbajal

“Debemos santificar todas las realidades”: San Josemaria

Meditaciones: 4 de enero

«Nosotros predicamos a un Cristo crucificado»: Juan Rego

Para el Año que comienza | ¿Soy agradecido?: José Martínez Colín

Defender a la familia: ASOCIACIÓN DE EDUCADORES FAMILIARES

Intelectuales cristianos y Cristianos intelectuales (II): Ernesto Juliá

El viaje de los Reyes Magos®: Irene Mercedes Aguirre

Ley educativa, religión e ideología: José Manuel Fidalgo

¿Dónde están los intelectuales cristianos?

Tiempo de Dios y del hombre: + César Franco  Obispo de Segovia

Decir la verdad no alarma a los ciudadanos: Xus D Madrid

Dios viene a nuestra historia: Domingo Martínez Madrid

Aires de esperanza:  Pedro García

La agenda LGBT en las Naciones Unidas: Jaume Catalán Díaz

El discurso del rey y los otros: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Ángelus del Papa: "Dios desea comunicarse con nosotros, contémosle todo"

A la hora del rezo del Ángelus el Papa reflexionó acerca de las palabras del evangelista San Juan sobre la encarnación de Dios..."El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros". El Pontífice explicó que con este gesto, Dios desea comunicarse con la humanidad, establecer con nosotros una gran intimidad: "Quiere que compartamos con Él alegrías y penas, deseos y temores, esperanzas y tristezas, personas y situaciones. Hagámoslo, abrámosle nuestro corazón, contémosle todo", exhortó Francisco.

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

El tres de enero del nuevo año 2021 y II domingo después de Navidad, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus desde la Biblioteca del Palacio Apostólico del Vaticano, sin presencia de fieles a causa de la pandemia.

El Santo Padre reflexionó sobre el Evangelio del día según San Juan (1,1-18) que no narra un episodio de la vida de Jesús, sino que nos habla de Él antes de que naciera:

Desde el principio Dios quiere comunicar con nosotros

"Nos retrotrae para revelar algo sobre Jesús antes de que viniera entre nosotros", dijo el Papa recordando que el Evangelio hodierno dice que Aquel que hemos contemplado en su Natividad, Jesús, existía antes: «Antes del comienzo de las cosas, antes del universo. Él está antes del espacio y el tiempo. "En Él estaba la vida" (Jn 1:4) antes de que apareciera la vida».

Al respecto, el Pontífice puntualizó que San Juan lo llama Verbo, es decir, Palabra. Pero... ¿Qué quiere decirnos?

"La Palabra sirve para comunicar: no se habla solo, se habla con alguien. Así pues, el hecho de que Jesús sea desde el principio la Palabra significa que desde el principio Dios se quiere comunicar con nosotros, quiere hablarnos", afirmó el Papa subrayando que el Hijo unigénito del Padre "quiere decirnos la belleza de ser hijos de Dios"; es "la luz verdadera" y quiere alejarnos de las tinieblas del mal; es "la vida que conoce nuestras vidas y quiere decirnos que las ama desde siempre".

"El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros"

Asimismo, Francisco señaló que este es el mensaje maravilloso de hoy: "Jesús es la Palabra eterna de Dios, que desde siempre piensa en nosotros y desea comunicar con nosotros" y para hacerlo "fue más allá de las palabras" ya que "se hizo carne y habitó entre nosotros" (v. 14).

La expresión "se hizo carne" hace referencia al hecho de que "Dios se hizo fragilidad para tocar de cerca nuestras fragilidades" -continuó explicando el Papa- por lo tanto, desde el momento en que el Señor se hizo carne, nada en nuestra vida le es ajeno: "Fue una decisión audaz la de Dios, la de hacerse carne", argumentó Francisco profundizando sobre el deseo de nuestro Creador de unirse eternamente con la humanidad:

“No hay nada que Él desdeñe; podemos compartir todo con Él porque Dios se hizo carne para decirte que te ama precisamente allí, en tus fragilidades; precisamente allí donde más te avergüenzas. Se hizo carne y no se volvió atrás. No asumió nuestra humanidad como un vestido, que se pone y se quita. No, nunca se separó de nuestra carne. Y jamás se separará de ella: ahora y por siempre está en el cielo con su cuerpo de carne humana. Se unió para siempre a nuestra humanidad”

"Abrir el corazón a Dios: contémosle todo"

Igualmente, San Juan dice en el Evangelio que Jesús vino a habitar entre nosotros: "No vino de visita, vino a vivir con nosotros, a estar con nosotros", aseveró el Obispo de Roma, haciendo hincapié en que, lo qué el Hijo de Dios desea de nosotros, es una gran intimidad: "Quiere que compartamos con Él alegrías y penas, deseos y temores, esperanzas y tristezas, personas y situaciones".

"Hagámoslo, abrámosle nuestro corazón, contémosle todo", concluyó Francisco, compartiendo una intención de oración especial:

“Detengámonos en silencio ante el belén para saborear la ternura de Dios que se hizo cercano, que se hizo carne. Y sin miedo, invitémosle a nuestra casa, a nuestra familia, a nuestras fragilidades. Vendrá y la vida cambiará. La Santa Madre de Dios, en quien el Verbo se hizo carne, nos ayude a acoger a Jesús, que llama a la puerta del corazón para vivir con nosotros”

 

 

Francisco desea un buen 2021 "trabajando por el bien común"

Tras rezar la oración mariana del Ángelus, este domingo 3 de enero, el Papa deseó a todos los fieles un buen año 2021 "trabajando por el bien común". El Pontífice también puso en guardia sobre la tentación de "cuidar solo de los propios intereses, de seguir haciendo la guerra - por ejemplo - de concentrarse solo en el perfil económico o vivir de un modo hedonista, es decir, buscando únicamente satisfacer el propio placer".

Ciudad del Vaticano

Tras rezar a la Madre de Dios, el 3 de enero, II Domingo de Natividad, el Papa Francisco renovó sus mejores deseos para el año que acaba de empezar y alentó a los fieles a alejarse, como cristianos, de una mentalidad fatalista o mágica:

“Sabemos que las cosas mejorarán en la medida en que, con la ayuda de Dios, trabajemos juntos por el bien común, poniendo en el centro a los más débiles y desfavorecidos. No sabemos lo que traerá el 2021, pero lo que cada uno de nosotros y todos juntos, podemos hacer es comprometernos un poco más en el cuidado de los demás y de la Creación, nuestra casa común”

Asimismo, el Pontífice puso en guardia sobre la tentación de "cuidar solo de los propios intereses, de seguir haciendo la guerra - por ejemplo - de concentrarse solo en el perfil económico, o vivir de un modo hedonista, es decir, buscando solo satisfacer el propio placer".

Además, el Santo Padre compartió la tristeza que sintió al leer la noticia de que en un determinado país (no precisó el nombre), para escapar del confinamiento y tener unas buenas vacaciones, más de 40 aviones salieron esa misma tarde.

 

Ángelus del Papa: "Dios desea comunicarse con nosotros, contémosle todo"

"Pero esas personas, que son buenas personas, ¿no pensaron en los que se quedaron en casa, en los problemas económicos de tanta gente que el confinamiento ha acentuado, o en los enfermos? Solamente, pensaron en las vacaciones y en hacer sus propias cosas. Eso me apenó mucho", dijo Francisco.

Finalmente, el Pontífice dirigió un saludo especial a los que empiezan el Año Nuevo con mayor dificultad: los enfermos, los desempleados, los que viven en situaciones de opresión o explotación. 

"Con afecto, deseo saludar a todas las familias, especialmente a aquellas en las que hay niños pequeños o que están esperando un nacimiento. Un nacimiento es siempre una promesa de esperanza: estoy cerca de estas familias. Que el Señor los bendiga", añadió.

Antes de despedirse, Francisco deseó a todos un buen domingo, "pensando siempre en Jesús que se hizo carne precisamente para habitar con nosotros en las cosas buenas y malas, siempre", y pidió como es habitual, que no se olviden de rezar por él. "Buen almuerzo y hasta pronto", concluyó.

Francisco pide que se encuentren soluciones para la paz en Yemen

Tras rezar el Ángelus en el primer día del año 2021, el Papa lanzó un llamamiento de paz ante la trágica situación que vive Yemen. El Pontífice también dirigió un pensamiento especial por Nigeria y las personas que allí han sido secuestradas, deseando con esperanza que pronto pueda lograrse la concordia entre los pueblos.

 Ciudad del Vaticano

En este primer día del año, los pensamientos del Papa, en sus saludos tras rezar la oración mariana del Ángelus, fueron dirigidos a la población de Yemen, un país azotado por años de conflicto:

 

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01/01/2021

Los deseos del Papa para un 2021 solidario y de paz

Yemen: nueva oleada de violencia

"Expreso mi pesar y preocupación por la nueva oleada de violencia en el Yemen, que está causando numerosas víctimas inocentes, y rezo para que se hagan esfuerzos para encontrar soluciones que permitan el retorno de la paz a esas poblaciones atormentadas", dijo Francisco.

"Hermanos y hermanas, pensemos en los niños de Yemen, sin educación, sin medicina, hambrientos. Recemos juntos por Yemen", añadió el Pontífice.

Oración por los secuestrados en Nigeria

Igualmente, Francisco invitó a todos los fieles a unirse en la oración por la arquidiócesis nigeriana de Owerri donde, el pasado 27 de diciembre, hombres armados secuestraron al obispo, Monseñor Moses Chikwe y su conductor de automóvil.

"Pedimos al Señor que todos los que son víctimas de tales actos, en Nigeria, puedan regresar ilesos y en libertad y que ese querido país pueda recuperar la seguridad, la concordia y la paz".

Primera Misa del Año: "María enséñanos a encontrar tiempo para Dios y los demás"

Con motivo de la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, durante la primera Misa del Año, el cardenal Pietro Parolin presidió la celebración eucarística en la Basílica de San Pedro sustituyendo al Papa Francisco quien no pudo estar presente debido a molestias de la ciática. El purpurado pronunció la homilía del Pontífice reflexionando sobre tres verbos que resaltan las lecturas de la liturgia del día y que se cumplen en la Madre de Dios: "bendecir, nacer y encontrar".

Sofía Lobos - Ciudad del Vaticano

El 1 de enero de 2021, con ocasión de la solemnidad de Santa María Madre de Dios y Jornada Mundial de la Paz; el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, fue el encargado de presidir la Santa Misa en la Basílica Vaticana a las 10 de la mañana hora local de Roma, sustituyendo al Papa Francisco quien no pudo participar debido a unas molestias de ciática.

El cardenal Parolin leyó la homilía del Pontífice que subraya tres verbos destacados en las lecturas del día y que se cumplen en la Madre de Dios: bendecir, nacer y encontrar.

Bendecir

En cuando al primer verbo, bendecir, el Papa indica que hoy celebramos al Hijo de Dios, el Bendito por naturaleza, "que viene a nosotros a través de la Madre, la bendita por gracia":

“María nos trae de ese modo la bendición de Dios. Donde está ella llega Jesús. Por eso necesitamos acogerla, como santa Isabel, que la hizo entrar en su casa, inmediatamente reconoció la bendición y dijo: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!» (Lc 1,42), que son las palabras que repetimos en el Avemaría”

En este sentido, el Santo Padre explica que también nosotros estamos llamados a bendecir, "a decir bien en nombre de Dios".

“El mundo está gravemente contaminado por el decir mal y por el pensar mal de los demás, de la sociedad, de sí mismos. Pero la maldición corrompe, hace que todo degenere, mientras que la bendición regenera, da fuerza para comenzar de nuevo. Pidamos a la Madre de Dios la gracia de ser para los demás portadores gozosos de la bendición de Dios, como ella lo es para nosotros”

Nacer

El segundo verbo destacado en la homilía es nacer.

“San Pablo remarca que el Hijo de Dios ha «nacido de una mujer» (Gal 4,4). En pocas palabras nos dice una cosa maravillosa: que el Señor nació como nosotros. No apareció ya adulto, sino niño; no vino al mundo él solo, sino de una mujer, después de nueve meses en el seno de la Madre, a quien dejó que formara su propia humanidad. El corazón del Señor comenzó a latir en María, el Dios de la vida tomó el oxígeno de ella. Desde entonces María nos une a Dios, porque en ella Dios se unió a nuestra carne para siempre. María —le gustaba decir a san Francisco— «ha convertido en hermano nuestro al Señor de la majestad» (San Buenaventura, Legenda major, 9,3)”

En este sentido, el Papa puntualiza que a través de María encontramos a Dios como Él quiere: "en la ternura, en la intimidad, en la carne. Sí, porque Jesús no es una idea abstracta, es concreto, encarnado, nació de mujer y creció pacientemente". Asimismo, la Santa Madre de Dios nos enseña que el primer paso para dar vida a lo que nos rodea es amarlo en nuestro interior:

“Este año, mientras esperamos una recuperación y nuevos tratamientos, no dejemos de lado el cuidado. Porque, además de la vacuna para el cuerpo se necesita la vacuna para el corazón, que es el cuidado. Será un buen año si cuidamos a los otros, como hace la Virgen con nosotros”

Encontrar

El tercer verbo es encontrar.

 

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31/12/2020

Te deum por el fin de año: la alabanza que Dios aprecia es el amor fraterno

Al igual que los pastores encontraron al Hijo de Dios recién nacido porque fueron llamados por un ángel, también nosotros podemos encontrar a Dios porque hemos sido llamados por su gracia.

En este punto, Francisco hace hincapié en que aunque hayamos ya encontrado a Dios, no debemos perderlo de vista: "El Señor, de hecho, no se encuentra una vez para siempre: hemos de encontrarlo cada día".

Antes de finalizar, el Pontífice lanza una cuestión sobre la cual reflexionar...Y nosotros ¿qué debemos encontrar al inicio de este año?

"Sería hermoso encontrar tiempo para alguien", asevera el Santo Padre, indicando que el tiempo es una riqueza que todos tenemos, pero de la que somos celosos, porque queremos usarla solo para nosotros.

"Hemos de pedir la gracia de encontrar tiempo para Dios y para el prójimo: para el que está solo, para el que sufre, para el que necesita ser escuchado y cuidado. Si encontramos tiempo para regalar, nos sorprenderemos y seremos felices, como los pastores", concluye el Papa, pidiendo a la Virgen, (que ha llevado a Dios en el tiempo), que nos ayude ser más generosos y consagrando a Ella el nuevo año: "Tú, que sabes custodiar en el corazón, cuídanos".

NATURALIDAD Y SENCILLEZ

— Sencillez y naturalidad de la Sagrada Familia. La sencillez, manifestación externa de la humildad.

— Sencillez y rectitud de intención. Consecuencias de la «infancia espiritual». Sencillos en el trato con Dios, y en el trato con los demás y en la dirección espiritual.

— Lo que se opone a la sencillez. Frutos de esta virtud. Medios para alcanzarla.

I. El Mesías llegó al Templo en brazos de su Madre. Nadie debió reparar en aquel matrimonio joven que llevaba a un niño pequeño para presentarlo al Señor.

Las madres tenían que esperar al sacerdote en la puerta oriental. Allá se fue María, junto con otras mujeres, y aguardó a que le llegara el turno para que el sacerdote tomara en sus brazos al Hijo. A su lado estaba José, dispuesto para pagar el rescate. La ceremonia de la purificación de María y del rescate del Niño del servicio del Templo en nada se diferenciaron exteriormente de lo que solía ocurrir en estas ocasiones.

Toda la vida de María está penetrada de una profunda sencillez. Su vocación de Madre del Redentor se realizó siempre con naturalidad. Aparece en casa de su prima Isabel para ayudarla, para servirla durante aquellos meses; prepara para su Hijo los pañales y la ropa; vive treinta años junto a Jesús, sin cansarse de mirarlo, con un trato amabilísimo, pero con toda sencillez. Cuando en Caná alcanza de su Hijo el primer milagro, lo hace con tal naturalidad que ni siquiera los novios se dan cuenta del hecho portentoso. En ningún momento alardea de especiales privilegios: «María Santísima, Madre de Dios, pasa inadvertida, como una más entre las mujeres de su pueblo.

»—Aprende de Ella a vivir con “naturalidad”»1. La sencillez y la naturalidad hicieron de la Virgen, en lo humano, una mujer especialmente atrayente y acogedora. Su Hijo, Jesús, es el modelo de la sencillez perfecta, durante treinta años de la vida oculta y en todo momento: cuando comienza a predicar la Buena Nueva no despliega una actividad ruidosa, llamativa, espectacular. Jesús es la misma sencillez cuando nace o es presentado en el Templo, o cuando manifiesta su divinidad por medio de milagros que solo Dios puede hacer.

El Salvador huye del espectáculo y de la vanagloria, de los gestos falsos y teatrales; se hace asequible a todos: a los enfermos desahuciados y a los más desamparados, que acuden confiadamente a Él para implorarle el remedio de sus dolencias; a los Apóstoles que le preguntan sobre el sentido de las parábolas; a niños que le abrazan con confianza.

La sencillez es una manifestación de la humildad. Se opone radicalmente a todo lo que es postizo, artificial, engañoso. Y es una virtud especialmente necesaria para el trato con Dios, para la dirección espiritual, para el apostolado y la convivencia con las personas con las que cada día hemos de relacionarnos.

«Naturalidad. —Que vuestra vida de caballeros cristianos, de mujeres cristianas –vuestra sal y vuestra luz– fluya espontáneamente, sin rarezas ni ñoñerías: llevad siempre con vosotros nuestro espíritu de sencillez»2.

II. Si tu ojo fuera sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado3. La sencillez exige claridad, transparencia y rectitud de intención, que nos preserva de tener una doble vida, de servir a dos señores: a Dios, y a uno mismo. La sencillez, además, requiere una voluntad fuerte, que nos lleve a escoger el bien, y que se imponga a las tendencias desordenadas de una vida exclusivamente sensitiva, y domine lo turbio y complicado que hay en todo hombre. El alma sencilla juzga de las cosas, de las personas y de los acontecimientos según un juicio recto iluminado por la fe, y no por las impresiones del momento4.

La sencillez es una consecuencia y una característica de la llamada «infancia espiritual», a la que nos invita el Señor especialmente en estos días en que estamos contemplando su Nacimiento y su vida oculta: En verdad os digo que si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños –en la sencillez y en la inocencia– no entraréis en el Reino de los Cielos5. Nos dirigimos al Señor como niños, sin actitudes rebuscadas ni ficticias, porque sabemos que Él no se fija tanto en la apariencia externa, sino que mira el corazón6. Sentimos sobre nosotros la mirada amable del Señor, que es una invitación a la autenticidad, a comportarnos con sencillez en su presencia, a tratarle en una oración personal, directa, confiada. Por eso hemos de huir de cualquier formalismo en el trato con Dios, aunque hay una «urbanidad de la piedad»7, que nos lleva a mostrarnos delicados, especialmente en el culto, en la liturgia; pero el respeto no es convencionalismo ni pura actitud externa, sino que hunde sus raíces en una auténtica piedad del corazón.

En la lucha ascética hemos de reconocernos como en realidad somos y aceptar las propias limitaciones, comprender que Dios las abarca con su mirada y cuenta con ellas. Y esto, lejos de inquietarnos, nos llevará a confiar más en Él, a pedirle su ayuda para vencer los defectos y para alcanzar las metas que vemos necesarias en nuestra vida interior en este momento, aquellos puntos que más estamos siguiendo en nuestro examen particular y en nuestro examen general de conciencia.

Si somos sencillos con Dios sabremos serlo con quienes tratamos cada día, con nuestros parientes, amigos y compañeros. Y es sencillo quien actúa y habla en íntima armonía con lo que piensa y desea; quien se muestra a los demás tal como es, sin aparentar lo que no es o lo que no posee. Produce siempre una gran alegría encontrar un alma llana, sin pliegues ni recovecos, en quien se puede confiar, como Natanael, que mereció el elogio del Señor: he aquí un verdadero israelita, en quien no hay doblez ni engaño8. Por el contrario, en otro lugar el Señor nos pone en guardia contra los falsos profetas que van a vosotros disfrazados9, contra los que piensan de un modo y actúan de otro.

En la convivencia diaria, toda complicación pone obstáculos entre nosotros y los demás, y nos aleja de Dios: «Ese énfasis y ese engolamiento te sientan mal: se ve que son postizos. —Prueba, al menos, a no emplearlos ni con tu Dios, ni con tu director, ni con tus hermanos: y habrá, entre ellos y tú, una barrera menos»10.

De modo especial, hemos de mostrarnos con una sencillez plena en la oración, en la dirección espiritual y en la Confesión, hablando con claridad y transparencia, con el deseo de que nos conozcan bien, huyendo de las generalidades, de los circunloquios y medias verdades, sin ocultar nada. El Señor quiere que manifestemos con llaneza lo que nos pasa, las alegrías y las preocupaciones, los motivos de nuestra conducta.

III. La sencillez y la naturalidad son virtudes extraordinariamente atrayentes: para comprenderlo, basta mirar a Jesús, a María y a José. Pero hemos de saber que son virtudes difíciles, a causa de la soberbia, que nos lleva a tener una idea desmesurada sobre nosotros mismos, y a querer aparentar ante los demás por encima de lo que somos o tenemos. Nos sentimos humillados tantas veces por desear ser el centro de la atención y de la estima de quienes nos rodean; por no reconocer que, en ocasiones, actuamos mal; por no conformarnos con hacer y desaparecer, sin buscar la recompensa de una palabra de alabanza o de gratitud. Muchas veces nos complicamos la vida por no aceptar las propias limitaciones, por tomarnos demasiado en serio. La soberbia puede inducirnos a hablar demasiado sobre nosotros mismos, a pensar casi exclusivamente en nuestros problemas personales, o a procurar llamar la atención por caminos a veces complejos y enrevesados: hasta puede hacernos simular enfermedades inexistentes, o alegrías y tristezas que no se corresponden con nuestro estado de ánimo.

La pedantería, la afectación, la jactancia, la hipocresía y la mentira se oponen a la sencillez y, por tanto, a la amistad; también dificultan una convivencia amable. Son un verdadero obstáculo para la vida de familia.

Pero la sencillez que nos enseña el Señor no es ingenuidad: Mirad, nos dice, que os envío como ovejas en medio de lobos. Por tanto, habéis de ser prudentes como serpientes, y sencillos como palomas11. Los cristianos hemos de ir por el mundo con estas dos virtudes –la sencillez y la prudencia–, que se perfeccionan mutuamente.

Para ser sencillos es preciso cuidar la rectitud de intención en nuestras acciones, que deben estar dirigidas a Dios. Solo así podrán prevalecer sobre nuestros complejos sentimientos, sobre las impresiones del momento o la confusa vida de los sentidos. Y junto a la rectitud de intención, la sinceridad clara, escueta –ruda, si fuese necesario– para exponer nuestras propias flaquezas, sin tratar de disimularlas o negarlas: «Mira: los apóstoles, con todas sus miserias patentes e innegables, eran sinceros, sencillos..., transparentes.

»Tú también tienes miserias patentes e innegables. —Ojalá no te falte sencillez»12.

Para aprender a ser sencillos contemplemos a Jesús, a María y a José en todas las escenas de la infancia del Señor, en medio de su vida corriente. Pidámosles que nos hagan como niños delante de Dios, para tratarle personalmente, sin anonimato, sin miedo.

1 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 499. — 2 Ibídem, n. 379. — 3 Mt 6, 22. — 4 Cfr. I. Celaya, voz Sencillez, en Gran Enciclopedia Rialp, Madrid 1971, vol. 21 pp. 173-174. — 5 Mt 18, 2-3. — 6 1 Sam 16, 7. — 7 Cfr. San Josemaría Escrivá, o. c., n. 541. — 8 Jn 1, 47. — 9 Mt 7, 15. — 10 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 47. — 11 Mt 10, 16. — 12 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 932.

 

 

“Debemos santificar todas las realidades”

Tu tarea de apóstol es grande y hermosa. Estás en el punto de confluencia de la gracia con la libertad de las almas; y asistes al momento solemnísimo de la vida de algunos hombres: su encuentro con Cristo. (Surco, 219)

4 de enero

Estamos en Navidad. Los diversos hechos y circunstancias que rodearon el nacimiento del Hijo de Dios acuden a nuestro recuerdo, y la mirada se detiene en la gruta de Belén, en el hogar de Nazareth. María, José, Jesús Niño, ocupan de un modo muy especial el centro de nuestro corazón. ¿Qué nos dice, qué nos enseña la vida a la vez sencilla y admirable de esa Sagrada Familia?

Entre las muchas consideraciones que podríamos hacer, una sobre todo quiero comentar ahora. El nacimiento de Jesús significa, como refiere la Escritura, la inauguración de la plenitud de los tiempos, el momento escogido por Dios para manifestar por entero su amor a los hombres, entregándonos a su propio Hijo. Esa voluntad divina se cumple en medio de las circunstancias más normales y ordinarias: una mujer que da a luz, una familia, una casa. La Omnipotencia divina, el esplendor de Dios, pasan a través de lo humano, se unen a lo humano. Desde entonces los cristianos sabemos que, con la gracia del Señor, podemos y debemos santificar todas las realidades limpias de nuestra vida. No hay situación terrena, por pequeña y corriente que parezca, que no pueda ser ocasión de un encuentro con Cristo y etapa de nuestro caminar hacia el Reino de los cielos.

No es por eso extraño que la Iglesia se alegre, que se recree, contemplando la morada modesta de Jesús, María y José. (Es Cristo que pasa, 22)

 

 

Meditaciones: 4 de enero

Reflexión para meditar el 4 de enero. Los temas propuestos son: somos verdaderamente hijos de Dios; la experiencia del encuentro con Jesús; oración de agradecimiento y petición.

MEDITACIONES04/01/2021

– Somos verdaderamente hijos de Dios

– La experiencia del encuentro con Jesús

– Oración de agradecimiento y petición


EN LA LITURGIA de la Palabra leemos, durante estos primeros días del nuevo año, la primera carta del apóstol Juan, escrita en Éfeso a la vuelta de su destierro en Patmos. El tema central de la carta, sobre el que san Juan vuelve una y otra vez, es la comunión del cristiano con Dios, que se da a través de la fe en Jesucristo y la caridad fraterna.

«Dios es amor», dice varias veces el apóstol a lo largo de la carta. También señala que Dios es es fuente de todo lo que existe y que el cristiano es constituido hijo de Dios por el amor. Somos sus hijos realmente y no en sentido figurado o poético (cfr. 1Jn 3,1). Y a raíz de esta filiación, podemos ser llamados propiamente nacidos de Dios. Así lo leemos hoy en la primera lectura: «Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él, y no puede pecar, porque ha nacido de Dios. En esto se reconocen los hijos de Dios» (1Jn 3,9-10).

«Nos sabemos hijos de Dios, hijos muy queridos de Dios», decía san Josemaría en la Nochebuena de 1967. «Esta noche el Señor, por su Madre, nos mandará tantas gracias nuevas: para que aumentemos en el amor y en la filiación divina (...). Mirad, hijos míos, mirad qué agradecimiento debemos rendir a ese Hermano nuestro, que nos hizo hijos del Padre. ¿Habéis visto a esos hermanitos vuestros, a esas pequeñas criaturas, hijas de vuestros parientes, que necesitan de todo y de todos? Así es el Niño Jesús. Es bueno considerarle así, inerme. Siendo el todopoderoso, siendo Dios, se ha hecho Niño desvalido, desamparado, necesitado de nuestro amor. Pero en aquella fría soledad, con su Madre y San José, lo que Jesús quiere, lo que le dará calor, es nuestro corazón. Por lo tanto ¡arranca del corazón todo lo que estorbe! Tú y yo, hijo mío, vamos a ver todo aquello que estorba en nuestro corazón... ¡Fuera! Pero de verdad. Lo repite San Juan en el capítulo primero: Quotquot autem receperunt eum dedit eis potestatem filios Dei fieri (Jn 1,12). Nos ha dado la potestad de ser hijos de Dios. Ha querido Dios que seamos hijos suyos»[1].


DOS PESCADORES de Cafarnaún, Juan y Andrés, seguían a Juan Bautista, al que consideraban un gran profeta. Un día pasó Jesús a su lado y el Bautista afirmó: «Este es el Cordero de Dios» (Jn 1,36). Sus discípulos, «al oírle hablar así, siguieron a Jesús» (Jn 1,37). A partir de ese encuentro, nada volverá a ser como antes. «Llenos de curiosidad, decidieron seguirle a distancia, casi tímidos y sin saber qué hacer, hasta que Él mismo, volviéndose, preguntó: “¿Qué buscáis?”, suscitando aquel diálogo que dio inicio a la aventura»[2]. Juan y Andrés siguieron a Jesús, le hicieron preguntas, «vieron dónde vivía y se quedaron con Él» (Jn 1,39): aquel día se convirtieron en apóstoles para siempre.

«Es Jesús quien toma la iniciativa. Cuando Él está en medio, la pregunta siempre se da la vuelta: de interrogantes se pasa a ser interrogados, de “buscadores” nos descubrimos “encontrados”; es Él, de hecho, quien desde siempre nos ha amado primero (cfr. 1Jn 4,10). Ésta es la dimensión fundamental del encuentro: no hay que tratar con algo, sino con Alguien, con “el que Vive”. Los cristianos no son discípulos de un sistema filosófico: son los hombres y las mujeres que han hecho, en la fe, la experiencia del encuentro con Cristo (cfr. 1Jn 1,1-4)»[3].

Los dos amigos, Juan y Andrés, no sabían con claridad quién era realmente Jesús. Necesitarán tiempo –años de convivencia y de escucha– para comprender el misterio del Hijo de Dios. Sin miedo, también nosotros atravesamos el umbral de su casa para hablar con el Maestro cara a cara, para escuchar y meditar su Palabra, para abrir nuestro corazón como se hace con un amigo. En el silencio de la oración aprendemos a conocer al Señor. La misma pregunta de los discípulos, insistente y audaz –«Maestro, ¿dónde vives?»– surge también en nuestra alma. «Aprended a escuchar de nuevo, en el silencio de la oración, la respuesta de Jesús: “Venid y veréis”»[4].


«HAGAMOS, por tanto, una oración de hijos y una oración continua –alentaba san Josemaría durante una Navidad–. “Oro coram te, hodie, nocte et die” (Ne 1,6); oro delante de ti noche y día. ¿No me lo habéis oído decir tantas veces: que somos contemplativos, de noche y de día, incluso durmiendo; que el sueño forma parte de la oración? Lo dijo el Señor: “Oportet semper orare, et non deficere” (Lc 18,1). Hemos de orar siempre, siempre. Hemos de sentir la necesidad de acudir a Dios, después de cada éxito y de cada fracaso en la vida interior. Especialmente en estos casos, volvamos con humildad, a decir al Señor: ¡a pesar de todo, soy hijo tuyo! Hagamos el papel del hijo pródigo.Como dice en otra parte la Escritura: orando siempre, no con largas oraciones vocales (cfr. Mt 6,7), sino con oración mental sin ruido de palabras, sin gesto externo. ¿Dónde oramos? “In angulis platearum…” (Mt 6,5). Cuando andamos por medio de las calles y de las plazas, debemos estar orando constantemente»[5].

Aquel día, san Josemaría sugería elevar acciones de gracias por la Navidad y alentaba a quienes le escuchaban a soñar en la oración, a pensar en grande, a pedir que se hiciera la voluntad de Dios en tantas almas. «¿Y cómo vamos a orar? Orar con acción de gracias. Demos gracias a Dios Padre, demos gracias a Jesús, que se hizo niño por nuestros pecados; que se abandonó, sufriendo en Belén y en la Cruz con los brazos abiertos, extendidos, con gesto de Sacerdote Eterno (...). Y también la petición. ¿Qué hemos de pedir? ¿Qué pide un niño a su padre? Papá..., ¡la luna!: cosas absurdas. Pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá (Mt 7,7). ¿Qué no podemos pedir a Dios? A nuestros padres les hemos pedido todo. Pedid la luna y os la dará; pedidle sin miedo todo lo que queráis. Él siempre os lo dará, de una manera o de otra. Pedid con confianza»[6].

En la casa donde vive Jesús encontramos también la presencia dulce de María. A ella le pedimos que sepamos vivir como hijos nacidos de Dios e ir al encuentro de Jesús para habitar en su casa.


[1] San Josemaría, En diálogo con el Señor, meditación “Rezar sin interrupción, 1a-2b.

[2] San Juan Pablo II, Mensaje para la XII Jornada Mundial de la Juventud (París, 1997), 15-VIII-1996.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] San Josemaría, En diálogo con el Señor, meditación “Rezar sin interrupción”, 2c-2d.

[6] Ibíd., 3b-3c.

 

«Nosotros predicamos a un Cristo crucificado»

¿Qué significa que con su muerte en la Cruz y con su Resurrección Cristo ha obtenido el perdón para todos los hombres? ¿A quién ha ofrecido su vida y por qué? ¿Qué significa que la muerte de Cristo es vida del mundo, que entrando en la muerte ha ganado para todos la vida? Cuatro imágenes nos ayudan a profundizar en el misterio.

LA LUZ DE LA FE19/02/2019

«Mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1Cor 1,22-23)

No es fácil aceptar el misterio de la Cruz. La perspectiva de un Mesías que, después de haber sido humillado, termina sus días sobre una Cruz, escandalizaba la imaginación de Pedro (cfr. Mt 16,21-23) y los Doce simplemente no la comprendían (cfr. Lc 18,30-34). Era tan doloroso este sufrimiento que Jesús pidió a su Padre que pasase ese cáliz (cfr. Mt 26,39) y el corazón de María, identificado con el de su Hijo, conoció igualmente la reticencia natural ante el padecimiento.

Es tan natural el rechazo de un Dios que termina en un patíbulo, que su misma representación pictórica tardó siglos en abrirse camino en el imaginario de la cultura cristiana, tanto en un contexto hebraico como greco-romano. Este no entender es tan natural, que nosotros mismos lo seguimos experimentando cuando la Cruz nos visita, no en la conmoción artística o en la teoría de un discurso, sino en la acerba concreción de la vida real.

LA CONTEMPLACIÓN DEL MISTERIO DE LA CRUZ ES FUENTE INAGOTABLE DE VIDA, A CONDICIÓN DE QUE CADA UNO RECORRA SU PROPIO CAMINO ESPIRITUAL Y PERSONAL

A pesar de la dureza de la Cruz, la confianza en que los planes de Dios, su misterio de salvación, responden a una lógica que Él mismo nos ha querido revelar, impulsó a los primeros cristianos a defender lo indefendible, hasta el punto de que hoy, cualquier niño que aprende el catecismo, recita de memoria: «¿cuál es la señal del cristiano? La señal del cristiano es la santa Cruz»[1]. El sencillo gesto de persignarnos contiene una fuerza simbólica única: confiesa con el alma y con el cuerpo todo el misterio de la creación y de la redención, todo lo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han hecho y harán por cada uno de nosotros.

«Todas las cosas son fatigosas, el hombre no puede expresarlas. No se sacia el ojo de ver, ni se cansa el oído de oír» (Ecl 1,8). La contemplación del misterio de la Cruz es fuente inagotable de vida, a condición de que cada uno recorra su propio camino intelectual y espiritual. Esa ha sido la experiencia de los grandes maestros de la tradición cristiana, que han subido el camino de la Cruz con su predicación y con su vida. Más que una explicación, las reflexiones que siguen quieren presentar cuatro imágenes capaces de generar luz y serenidad cuando parece que la tiniebla de la Cruz nos envuelve.

Primera imagen: el Trono de la Misericordia

La primera imagen es la del Trono de la misericordia. Se trata de una iconografía desarrollada especialmente en la Edad Media. Existen numerosas variaciones, pero el motivo es siempre el mismo: Dios Padre sostiene con sus manos a su Hijo en la Cruz, mientras que el Espíritu Santo, representado como una paloma, aparece entre los rostros del Padre y del Hijo. La fuerza de esta imagen consiste en presentar la auto-donación del Hijo como la misma donación del Padre, gracias a la acción del Espíritu Santo. De esta forma queda manifiesto, en primer lugar, que el Padre revela su misericordia por cada una de sus criaturas no a pesar de, sino a través de la Pasión de su Hijo. Esto no significa que el amor de Dios tenga en la Cruz una manifestación eminente por el dolor que conllevó, sino porque constituye, de hecho, la última y la más elocuente predicación de Jesús sobre el amor con el que Padre respeta y promueve el bien y la libertad de todos sus hijos.

Esa imagen nos dice que Dios está dispuesto a cargar con el peso de la Cruz antes que forzar a nadie a amarle. Por eso, si miramos bien a través de las llagas del Resucitado, no veremos la imagen de un Dios tan radicalmente trascendente que considera indigno de su pureza relacionarse con quienes son polvo y vanidad (cfr. Gn 2,7; Sal 144,4). La imagen del Dios cristiano manifiesta, de modo sorprendente y nuevo, la unidad de la justicia y la misericordia; el amor de Dios, que siempre se pone del lado de sus criaturas, y su capacidad de llevar a cumplimiento el designio originario de la creación. Precisamente la Cruz de Cristo hace evidente el peso de esos pesares, es decir, lo que le ha costado a la Trinidad ser fiel a su proyecto, a esa locura de amor que es la creación de seres personales que llaman de  a Dios por toda la eternidad, ya sea bajo la forma de un apasionado Te amo, ya sea con un amargo Te odio. Nuestro Padre decía muchas veces que precisamente el que ama sufre, «si en amor estoy ducho / es por fuerza del dolor»[2].

Segunda imagen: el grito de Jesús

La segunda imagen es el grito de Jesús: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46). Como todo en la vida de Jesús, este gemido que sale de las profundidades de un cuerpo exhausto tiene función de revelación. Si miramos a nuestro alrededor sin ingenuidades, veremos que frecuentemente los justos son los que salen perdiendo. Es la constante verdad del salmo 73: «a los impíos les va aparentemente bien, a los que quieren vivir cara a Dios les va aparentemente mal». En este sentido, Jesús en la Cruz se solidariza con todos los inocentes que sufren injustamente y que no ven escuchados sus gritos en este mundo.

La Pasión del Crucificado es un acto de la compassio redentora del Padre en Cristo con todas las víctimas que, de un modo u otro, han sufrido por defender la verdad de Dios y la verdad del hombre. Sus quejas, sus clamores tantas veces silenciados, encuentran un lugar en Dios gracias al grito de Jesús. En Él no se extinguen, sino que encuentran resonancia divina. En el por qué de Jesús nuestras preguntas más crispadas por el dolor o la soledad, no son olvidadas, sino que alcanzan la seguridad de una respuesta llena de amor por parte de la Trinidad. Como en el caso de Jesús, esta respuesta solo será plena cuando llegue la Resurrección. Sin embargo, si aprendemos a gritar en Él, nuestra angustia se transforma progresivamente en paz y serenidad de victoria[3].

CON SU GRITO EN LA CRUZ, JESÚS SE SOLIDARIZA CON LOS INOCENTES QUE SUFREN Y QUE NO VEN ESCUCHADOS SUS GRITOS EN ESTE MUNDO

Si es verdad aquello de que los malvados, en el banquete eterno, no se sentarán indistintamente a la mesa junto a las víctimas, como si no hubiera pasado nada[4], es fácil entender por qué la Cruz es indisociable de la Resurrección y del Juicio Final. Una predicación que de hecho solo insista en una de esas tres realidades hace una caricatura del misterio de Cristo y hace todavía menos aceptable el rostro de Cristo a nuestros contemporáneos. El Juicio Final es indisociable de la Cruz y de la Resurrección. Es el último acto de la constitución del Reino que Jesús predicó desde el inicio; el acto en el que las intenciones del corazón serán manifestadas y el sufrimiento inocente de todos los justos, comenzando desde Abel, recibirán el reconocimiento público que merecen.

La tercera imagen: el buen ladrón

La tercera imagen es la conversión del buen ladrón (cfr. Lc 23,40-43). Colgado de la Cruz, Jesús no solo se solidariza con los inocentes, sino que sondea las profundidades de los corazones que rechazan a Dios. El Espíritu Santo mueve a Jesús a no abandonar a ninguno, ni siquiera a los que se levantan contra Él. Jesús no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mc 2,17). A lo largo de su vida no solo habló del perdón y del amor a los enemigos (Mt 5,44), sino que murió perdonando y bendiciendo a uno de los malhechores que estaba crucificado con Él (cfr. Lc 23,43). El buen ladrón pasó de la maldición a la bendición en pocos minutos. El éxodo por el que le condujo Jesús es una metáfora de nuestra vida, pues todos hemos pecado y hemos vivido privados de la gloria de Dios (cfr. Rm 3,23).

Hay una condición, sin embargo, para poder entrar en la bendición, pues en la relación con Jesús no hay nada de mágico o de automático: nadie, ni siquiera Jesús, puede sustituir nuestra conciencia. Al final de su vida Jesús continúa con su programa iniciado en el Jordán (cfr. Mc 1,14). Busca y se solidariza con los pecadores, pero para llamarlos a la conversión y a la penitencia (cfr. Lc 5,32). La novedad de la revelación de la Cruz consiste en que a Dios le basta un verdadero acto de contrición para donar la bendición. El buen ladrón no tuvo oportunidad para reparar lo que había robado y, sin embargo, goza ya de la vida eterna. Como en nuestro Bautismo, resuena aquí la escandalosa generosidad de la parábola del hijo pródigo: el Padre no exige el cumplimiento material de una reparación imposible. Él sondea la verdad del corazón y por eso le basta que reconozcamos sin ambages nuestro pecado, que nos arrepintamos de corazón y que nos abracemos a Jesús con la fe que obra lo que puede por la caridad (Gal 5,6). El buen ladrón es una buena imagen para entender la absoluta gratuidad de la justificación y de aquel mínimo que el Padre exige para poder perdonarnos. El Espíritu Santo que obra en Jesús y en su Cuerpo, que es la Iglesia, se encargará de sanar las secuelas que hemos causado en nuestro entorno con nuestros pecados.

Desde la Cruz, Jesús nos mira. Su oración de intercesión, «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34), es oración eficaz: nos pone, como a aquel ladrón, en condiciones de reconocer la propia culpa, de aceptar la propia responsabilidad y de abrirnos a la necesidad del perdón. Si la mirada de Jesús no fuese misericordiosa, el espectáculo de nuestros pecados nos llevaría fácilmente a la desesperación. Pero su mirada es diferente: no nos reduce a nuestros actos, sino que abre un espacio donde el dolor que experimentamos al palpar la mezquindad de nuestras decisiones no termina en un gesto amargo. El Hijo de Dios es objeto de una violencia absurda; la misma que continúa activa en nuestro interior cuando la envidia, la superficialidad o simplemente la indiferencia ante el mal y el pecado nos transforman en culpables. Pero el Amor de Dios es más fuerte que cualquier necedad de sus criaturas. La paciencia con que soporta la debilidad de quien no tiene báculo (la im-becillitas) revela que el Padre tiene en Cristo sus manos siempre abiertas para acogernos, si de verdad queremos hacer el esfuerzo de dejarnos abrazar por Él.

La cuarta imagen: el Cordero degollado ante el Trono de Dios

La cuarta imagen es la del Cordero degollado que está en pie delante del Trono de Dios (cfr. Ap 5,1-14). El profeta Isaías había usado la imagen del cordero para hablar del Siervo sufriente (cfr. Is 53,7). El Bautista emplea la misma imagen para referirse a Jesús «que quita los pecados del mundo» (Jn 1,29). El evangelio de san Juan hace coincidir la muerte de Cristo con el momento del sacrificio ritual en el templo, quizá para subrayar así que la sangre de un cordero había librado a los primogénitos de Israel de la muerte en Egipto (cfr. Ex 12). El libro del Apocalipsis presenta a Cristo como el Cordero que vence a los potentes de la tierra, pues Él es el Rey de reyes y Señor de señores (cfr. Ap 17,14). Para quien no esté familiarizado con el mundo bíblico puede resultar difícil entender la insistencia –hasta veintinueve veces– con que el Apocalipsis usa esta imagen. Pero para los primeros cristianos hebreos era tan natural, que muy pronto se desarrolló la potente imagen del Cordero degollado y victorioso, síntesis admirable de lo que la tradición cristiana posterior denominará la exaltación gloriosa de Cristo en la Cruz. Esta tradición, de origen joanéo, contempla la cruz como anticipación de la Gloria de la Resurrección. En muchos crucifijos vemos todavía las llamadas potencias, es decir, los rayos de la gloria del Resucitado que se expanden desde la Cruz al mundo entero. San Josemaría, como tantos otros santos, contemplaba habitualmente la Cruz desde este punto de vista[5].

LA IMAGEN DEL CORDERO DEGOLLADO, DESARROLLADA SOBRE TODO POR SAN JUAN, CONTEMPLA LA CRUZ COMO ANTICIPACIÓN DE LA GLORIA DE LA RESURRECCIÓN

El capítulo 5 del Apocalipsis contiene un guiño característico del estilo de san Juan. El autor presenta con gran dramatismo la escena de un libro sellado que nadie es capaz de abrir. Un ángel grita a grandes voces, preguntando si hay alguien digno de abrir los siete sellos. Pero nadie responde. Ante aquel silencio desolador, «Juan prorrumpe en llanto» (v. 4). Uno de los Ancianos le tranquiliza y le dice: «No llores, mira que ha vencido el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, y que puede abrir el libro» (Ap 5, 5). La paradoja es que cuando ese León hace acto de presencia para abrir el libro, lo hace bajo la forma de un cordero (cfr. Ap 5,6).

«Victor, quia victima»[6]Venció no porque fue violento, sino porque fue víctima de la violencia. La victoria del Padre en Cristo revela algo de esa divina pasividad y mansedumbre que la imagen del Cordero traduce en lenguaje humano. Ni el Padre exigió a su Hijo el dolor como satisfacción, ni Cristo eliminó el pecado destruyendo a nadie. El Padre pidió a su Hijo que revelase su amor de Padre por cada uno, arriesgándose a que los hombres diesen el curso que quisieran al amor de Dios. Le pidió que confesase siempre y sin ambages que el Padre no retira sus dones, que la libertad es real y que Él no quiere esclavos sino hijos. Por eso, toda la vida de Jesús fue desenmascarar la lógica de los corazones que, aún cumpliendo externamente, viven esclavizados en su interior por el miedo, la envidia o el resentimiento.

Jesús vino a librarnos de la esclavitud del pecado anunciando que «el Padre os ama» (Jn 16,27) y unió su voluntad de hombre a ese deseo divino de modo tan perfecto, que se dejó colgar en un madero antes que obligar a nadie a rendirse ante Dios. La paradoja de ese Cordero «manso y humilde» (Mt 11, 29), que vino «para destruir las obras del diablo» (1 Jn 3,8), es que las venció soportando hasta el final la tentación de la desconfianza en el amor del Padre. De este modo demostró la grandeza del corazón humano según el diseño creador de Dios: un corazón que, con la fuerza del Espíritu Santo, puede dejarse modelar por todo, puede abrazar a todos y es capaz de introducir, en las tinieblas más densas del rechazo de Dios, la luz de la confianza filial.

Nuestra libertad es real, y la Trinidad la ama tanto, que ha querido que también nosotros demos forma a la relación que Él inició en la creación. Ni Jesús, ni los que le crucificaron, ni María, ni Pedro, ni Judas eran meros ejecutores de un guión ya escrito desde la eternidad. Es verdad que Dios que nos primerea y que él ha establecido las reglas y el sentido de ese juego, que es nuestra vida. Pero una regla fundamental es que nosotros decidimos y construimos con Él el modo de vivir en la eternidad. «El Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti»[7] Él está siempre de nuestra parte y nos tiende su mano, pero no ejercerá violencia alguna contra ninguno de nosotros porque sabe que el don de una relación vivida en libertad ilumina nuestra historia.

Juan Rego


[1] Cfr. Catecismo de la Iglesia católica, n. 617.

[2] Amigos de Dios, n. 68.

[3] Sal 22, 25-35: «De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen. Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!» Le recordarán y volverán a Yahveh todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas las familias de las gentes. Que es de Yahveh el imperio, del señor de las naciones. Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al polvo. Y para aquél que ya no viva, le servirá su descendencia: ella hablará del Señor a la edad venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él».

[4] Cfr. Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 30.XI.2007, n. 44.

[5] Cfr. Camino, n. 969.

[6] San Agustín, Confesiones X, 43.

[7] Cfr. San Agustín, Sermo 169, 11, PL 38,923.

Para el Año que comienza | ¿Soy agradecido?

Pbro. José Martínez Colín

  • Para saber

Llegar a un nuevo año es un don para agradecer. El Papa Francisco comenta que el mundo puede dividirse en dos: quien no da las gracias y quien da las gracias; quien toma todo como si se le debiera, y quien acoge todo como don. Para ejemplificarlo el Papa recordó un pasaje del Evangelio.

Se nos relata que a Jesús se le acercan diez leprosos que le imploran que los cure. Su situación era lamentable, pues además del sufrimiento físico, se le unía la marginación social y religiosa. Pero Jesús no rehúye, sino escucha su oración y les invita a presentarse donde los sacerdotes para que certifiquen su sanación. Se fían de Jesús y van enseguida.

Mientras están yendo se curan los diez. Aquí viene el punto más importante, dice el Papa: de ese grupo, solo uno vuelve atrás a dar las gracias a Jesús y alabar a Dios por la gracia recibida. Solo uno. Jesús lamenta que sólo él regresara. ¡Es conmovedora la historia!

  • Para pensar

Marcel Marceau (1923-2007) fue un mimo y actor francés muy afamado. Junto con su hermano salvaron a unos 350 niños judíos de los campos de concentración. Fue condecorado oficial de la Legión de honor francesa. De este hecho se ha filmado recientemente una película.

En una ocasión, Marcel había concluido su espectáculo entre interminables ovaciones. Ya en su camerino, intentó eliminar el maquillaje del rostro. Fuera aguardaban una multitud de admiradores y periodistas. Uno de estos relata que vieron cómo de pronto una viejecita avanzó lentamente con la ayuda de su bastón. Pasando en medio de todos llegó hasta el camerino y, sin preocuparse de llamar, penetró en su interior. Frente al artista sorprendido, se limitó a decirle:

—Gracias, Marcel, por existir.

Y declarando eso, dio media vuelta y abandonó el camerino con la misma parsimonia con la que había aparecido.

Las palabras de la anciana coinciden con la definición del amor del célebre filósofo, Joseph Pieper: “Amar es exclamar continuamente ante el ser amado: ¡Qué bueno que existas!”

El primer don que hemos de agradecer a Dios es el de existir, sin Él no seríamos. La existencia es un don grandioso que nos permite disfrutar de todos los demás. Pensemos si solemos agradecerlo.

  • Para vivir

La oración de acción de gracias es consecuencia de haber recibido un bien, de haber sido amados. Nos han amado antes de que aprendiéramos a amar. Por ello, el leproso agradecido añade a la alegría de la curación, la alegría de ser amado por Jesús. Cuando damos gracias, experimentamos esa certeza de ser amados. Vemos el mundo como un don amoroso de Dios, y así aparece infinitamente más bello. Somos hijos de su amor.

Por ello nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica: «Todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias» (n. 2638).

Si somos portadores de gratitud, también el mundo se vuelve mejor. El mundo necesita esperanza, y con la gratitud nosotros la transmitimos. El camino de la felicidad lo describe San Pablo: «Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros» (1Ts 5,17-19). Que este año nuevo vivamos la gratitud.

(articulosdog@gmail.com)

 

Defender a la familia

Abundan los motivos para pensar que la sociedad está socavando los cimientos de la familia o al menos debilitándolos de modo alarmante.

ASOCIACIÓN DE EDUCADORES FAMILIARES

Jesús Prieto , Presidente,
Eusebio González, Vicepresidente,
Abilio Gregorio, Vicepresidente.

El académico y catedrático José Luis Pinillos, ha hablado y escrito acerca de la esperanza, pero también del riesgo que se cierne sobre la familia. «Se ha repetido hasta la saciedad, y espero que pueda seguir repitiéndose por los siglos de los siglos -aunque muchos lo dudan-, que hay que cuidar de la familia porque es la unidad básica de la sociedad, la más importante y fundamental de todas las instituciones sociales (…).

Sin embargo -advierte el ilustre académico-, «abundan los motivos para pensar que la sociedad industrial, o posindustrial, está socavando los cimientos de la familia, o al menos debilitándolos de un modo alarmante. Es más: no faltan personas y grupos influyentes que opinan que la familia ha pasado a ser ya una polvorienta reliquia del pasado, una institución anacrónica, que en realidad constituye una rémora, un estorbo, un peso muerto para la marcha ascendente del progreso y que, en consecuencia, debe desaparecer, o poco menos (…) Y no sólo eso, sino que lo que hay que hacer es acabar de una vez por todas con la familia: Delenda est familia!. Está claro, nos dicen, que la realización personal pasa por la superación de las constricciones familiares; por la emancipación de los hijos, por que tanto éstos como la mujer se liberen finalmente de la tiranía del cabeza de familia; por terminar con la esclavitud de los hijos (…) Dicho de otra forma, la familia sería una más de las cosas que se hunden en el naufragio de la sociedad insdustrial o de la modernidad para dar paso a la posfamilia».

El profesor Pinillos no está de acuerdo con los agoreros de turno: «yo no opino así, dice. La familia es una de las formas permanentes de la vida humana, cimiento de la sociedad, crisol donde se forjan las líneas maestras del carácter, lugar de las relaciones sexuales plenas y de la realización espiritual de la pareja. La familia es una forma consustancial de la vida humana, cuyo fallecimiento se ha exgerarado en los últimos tiempos, igual que la muerte de Mark Twain.

«A pesar de los agoreros, la familia superará esta crisis, está superándola ya, porque la historia nos enseña que siempre renace de sus cenizas, que es la institución que ha sobrevivido al mayor número de calamidades posibles.

Cuando no queden ni los ecos de las voces que anuncian su destrucción, la familia seguirá intentando hacer personas libres de los niños que trajo al mundo» (1)

MOTIVOS DE ESPERANZA

Estamos convencidos: a pesar del grito de guerra – delenda est familia!- que, como advierte José Luis Pinillos, no pocos lanzan al viento, con hechos y palabras disolventes, procurando arrasar hasta los más fundamentales valores éticos, la familia seguirá siendo la célula primera y vital de la sociedad (2). Así lo creemos, ante todo porque se trata de una institución que obedece a un designio divino. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y «nuestro Dios -como enseña Juan Pablo II-, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor» (3) .

SIGNOS DE PREOCUPANTE DEGRADACIÓN

No obstante, no puede ocultarse que la batalla contra la familia está causando estragos, en una pluralidad de frentes realmente impresionante. No faltan en el seno mismo de bastantes familias «signos de preocupante degradación de algunos valores fundamentales: una equivocada concepción teórica y práctica de la independencia de los cónyuges entre sí; las graves ambigüedades acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos; las dificultades concretas que con frecuencia experimenta la familia en la transmisión de los valores; el número cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, el recurso cada vez más frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera y propia mentalidad anticoncepcional» (4).

JUSTA, GRAVE Y AUTORIZADA VOZ DE ALARMA

Estas palabras de Juan Pablo II, son una justa y grave voz de alarma ante una enfermedad maligna que amenaza a toda una sociedad; más aún, a toda una civilización, famélica de valores éticos, que se bambolea sobre cimientos carcomidos por un subjetivismo relativista que prolifera en toda suerte de -sutiles y agresivas- especies.

Muchos padecen la enfermedad letal sin sentirla, sin advertir su gravedad, o asumiéndola con actitud fatalista, como si no tuviese remedio o como si la enfermedad fuese el estado normal de una persona sana; como si la carencia de brújula y de sentido de la orientación, la niebla y la noche fuesen las condiciones ideales, ¡liberadoras!, del caminante. Como si lo normal fuese andar a tientas, dando tumbos, sin norte ni guía, hacia los abismos, la angustia, la náusea, el vértigo de una existencia que viaja en el vacío, sin nada firme donde aferrarse, sin una verdad que sea un punto cierto de referencia; como si Dios no existiera, como si no existiese naturaleza humana: il n»hi ha pas de nature humane!, han dicho no sólo existencialistas ateos, sino moralistas cristianos, desde ediciones de nombre católico.

El relativismo subjetivista se ha infiltrado hasta en inteligencias encumbradas por títulos académicos e incluso en cátedras de Universidades o Escuelas de título católico. La Santa Sede ha tenido que emanar dolorosos documentos y medidas para impedir que se propague la epidemia del error desde sus mismas instituciones.

El hombre suplanta a Dios, se erige absurdamente en señor del bien y del mal, de la vida y de la muerte, como si en ello conquistara su libertad y plenitud existencial. Pero al desconectar su inteligencia de la verdad divina, su libertad pierde el norte, se sustrae al dominio de la razón, y los sentidos y las más bajas pasiones se rebelan frente al señorío del intelecto. El hombre sin Dios se convierte en el animalis homo, de que habla San Pablo. Sin Dios, sin piedad, sin corazón, sin familia, solo. Se cumple de nuevo lo acontecido en la sociedad pagana del tiempo de Pablo: «habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se ofuscaron en sus vanos razonamientos y se oscureció su corazón insensato. Presumiendo de sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen semejante a la de hombre corruptible, de aves, cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual, Dios los entregó a pasiones deshonrosas; pues sus mujeres invirtieron el uso natural por el que es contra la naturaleza. Igualmente, también los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se inflamaron en deseos de unos por los otros, hombres con hombres, praticando la infamia y recibiendo en sí mismos el pago merecido por su extravío. Y como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, Dios los entregó a su réprobo sentir para hacer lo que no se debe: repletos de toda injusticia, perversidad, codicia, maldad; rebosantes de envidia, de homicidio, de contienda, de engaño, de malignidad; chismosos, calumniadores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, soberbios, vanidosos, inventores de maldades, desobedientes a sus padres, insensatos, desleales, sin compasión y sin piedad» (5).

ABRIR LOS OJOS

Este impresionante relato de hace veinte siglos es actual. Lo sobrenatural es suplantado por lo meramente humano; lo humano por lo animal; lo espiritual por lo material. Lo económico se pone en lo más alto de la escala de valores. El placer sensible se erige en criterio de felicidad: «nada hay mejor que la sensualidad», se ha llegado a leer en anuncios cinematográficos. Su dios es el vientre, el sexo y el dinero.

Todo esto incide en los más jóvenes: el abuso del sexo desde la pubertad, el uso frecuente de drogas blandas; el miedo a todo lo que conlleva sacrificio, por bello y grande o necesario que sea, están ahí. No sólo hay cizaña, sino abundancia de cizaña. No sólo en una familia, sino prácticamente en todas las familias. Esta es la realidad que los padres ven con justa preocupación; y si algunos no lo ven, están ciegos, han de abrir los ojos, despertar, porque está en juego la felicidad temporal y la eterna de sus hijos, y la de tantos otros. No cabe huir de responsabilidad tan seria.

Algunos aspectos del síndrome de vacuidad personal:

1. Tener de todo. Muchos niños, desde pequeños ya tienen de todo, incluso repetido. Toda suerte de juguetes, televisión, videos, tocadiscos, ordenador personal, trajes, zapatos, chandals, etcétera. De este modo pierden hasta la ilusión por las cosas materiales. Los juguetes más sofisticados ya no les dicen nada (o los absorben hasta el embotamiento mental).

2. Hipnosis televisiva. El uso indiscriminado de la televisión impide ver la realidad tal como es. Excita los sentidos y la parte menos creadora de la imaginación. Deforma fácilmente la conciencia de los niños. Impide la auténtica vida de familia. Por eso, la destruye.

3. La desvergüenza, es decir, la falta del sentido del pudor, que es la salvaguarda de la pureza. Minifaldas extremosas, vestidos ceñidos hasta la asfixia, top-less y hasta nudismo en las playas: son, obviamente, ocasión próxima y voluntaria de pecar, caída del espíritu a la altura de la planta de los pies. Lenguaje pobre y soez.

4. Nevera superllena. La nevera «cargada», al alcance de los hijos en cualquier momento, fomenta la gula, el egoísmo, la destemplanza, la pérdida del sentido del orden y la disciplina.

PATERNIDAD RESPONSABLE

«En la base de estos fenómenos negativos está muchas veces una corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de realizar la verdad del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta» (6).

A los padres de familia, especialmente, se dirigen hoy, quizá con mayor urgencia que nunca, las palabras del Espíritu Santo: Custos, quid de nocte! (7): ¡Centinela, alerta!¿te das cuenta de la situación?¿tienes los ojos abiertos? ¿te preparas para el combate como un verdadero soldado de Cristo?

FORMAR PARA SER LIBRES

No se puede abandonar a los hijos, no se les puede dejar a la intemperie. «Si alguno no se cuida de los suyos, principalmente de los de su casa, ha renegado de la fe y es peor que un infiel» (8). Tampoco se les puede meter en un «invernadero», ni negarles la libertad que Dios les ha dado, ni es buen sistema la discusión acalorada. Es preciso formarles para que puedan ejercer cuanto antes -gradualmente, sin prisas, pero sin demoras- del modo más pleno posible la libertad.

Y para fomarles, formarse. Para exigir amablemente, exigirse reciamente. Si se puede adquirir una preparación profunda, incluso científica para realizar la más importante de las tareas humanas en las que cabe pensar -formar hombres y mujeres sanos y cristianos-, no es posible conformarse con menos.

MEJORAR LA CALIDAD DE VIDA FAMILIAR

Los tiempos reclaman mejorar la calidad de vida familiar, para que los hijos encuentren en el seno del hogar el alimento nutricio que necesitan para crecerse ante las amenazas contra su salud espiritual. Por eso ha surgido la necesidad de una nueva ciencia: la que se refiere a la Educación Familiar.

Por eso también, en esta sección de ESCRITOS ARVO -y de otras publicaciones-, nos proponemos sumar nuestro esfuerzo al de todas las personas e instituciones de buena voluntad, para aportar o difundir ideas que favorezcan el mejoramiento de la calidad de vida familiar y el arte -siempre arriesgado, pero también gozoso y apasionante-, de la educación de los hijos.

En el número correspondiente a los meses de agosto y septiembre próximos, publicaremos una interesante conversación con la doctora Ana María Navarro, investigadora de larga experiencia en estos asuntos, que tratará de la educación que los mismos cónyuges deben prestarse entre sí. Nos parece un buen punto de partida. Para mejorar la educación activa, nada mejor que mejorar las disposiciones para una fecunda y continua educación pasiva. Ninguno estamos en este mundo suficientemente formados. Siempre podemos mejorar nuestra conducta, nuestro trabajo y nuestras relaciones familiares. Mejorar la familia es, indiscutiblemente, mejorar la sociedad. Tanto más cuanto que no estamos solos. Somos muchos los que nos damos cuenta de la gravedad de la situación y que -lejos de lamentarnos estérilmente- estamos dispuestos a trabajar en la vida personal, en la familiar y en la social para restaurar los valores quebrantados, recuperar los perdidos y pontenciar los muchos que, afortunadamente, tenemos en buen estado.


ASOCIACIÓN DE EDUCADORES FAMILIARES

Jesús Prieto , Presidente,
Eusebio González, Vicepresidente,
Abilio Gregorio, Vicepresidente.

(1) JOSE LUIS PINILLOS, El eterno retorno de la familia, en «YA», 15 de enero de 1989; Cfr. (2) ID., El mito del fin de la familia, en «NUESTRO TIEMPO», octubre de 1986, págs. 74-79;

(3) JUAN PABLO II, Homilía, 28-I-1979;

(4) JUAN PABLO II, Familiaris Consortio, n. 6;

(5) Rom 1, 21-32;

(6) Familiaris Consortio, n. 6;

(7) Isaías 21, 11;

(8) 1 Tim 5, 8;

 

Intelectuales cristianos y Cristianos intelectuales (II)

Ernesto Juliá

Vaticano.

Un cristiano intelectual, un cristiano cualquiera, sabe que nadie es “cualquiera” ante Dios, y sabe también con meridiana claridad que la Fe y la Razón dan un sentido pleno a nuestro vivir. La historia del hombre no es construir una ciudad terrena definitiva y eterna, que el tiempo acabaría convirtiendo en ruinas, en polvo del desierto; y así lo recuerda Javier Paredes: “El fin de la historia -lo he escrito muchas veces y no he enseñado cosa distinta a mis alumnos durante cuarenta años- es que el hombre sea plenamente hombre, que vuelva a Dios, que sea santo”.

Ya no son pocos los que se dan cuenta de que todas las ideologías –comunismo, liberalismo ateo, consumismo, ideología de género, etc.-, que han pretendido dar un sentido al vivir del hombre, apartándolo de Dios, de Cristo, han fracasado rotundamente, y han dejado, están dejando, además de millones de muertos entre asesinatos políticos, mártires, abortos, suicidios, un vacío inmenso en el espíritu del hombre. Por desgracia, no pocos pretenden colmar ese vacío derramando su vivir en puro desorden sexual: lgtbi.

En este contexto, anclados en la fe, -la Doctrina- el cristiano que piensa y profundiza en el contenido de la doctrina, dogma y moral, que la Iglesia ha anunciado en nombre de Cristo a lo largo de los siglos, abrirá su alma al anhelo de vivir en la tierra con esa perspectiva, y anunciar la Pastoral en nombre del Señor, no solo persona a persona, sino también en el ámbito de su profesión, en su trabajo, en su familia, en la sociedad, incluso también en el actuar de la función de gobierno del Estado, que debe mirar siempre al bien común del pueblo.

Y también sabe ese cristiano que piensa, y que conoce, aunque solo sea un poco de la historia de la Iglesia, que el cristianismo ha influido en todas las culturas con las que se ha encontrado; y lo ha hecho, no a base de encuentros con  intelectuales de esas culturas, como si se tratara de un enfrentamiento entre culturas; sino hablando con quienes le rodeaban, con amigos, familiares, compañeros de profesión, etc., etc., en una labor callada y paso a paso, llevándoles con el trato personal a descubrir las semillas divinas que Dios Creador ha depositado en lo hondo de cada criatura suya, y que la Fe en Cristo, Dios y hombre verdadero, va ayudando a descubrir, a revitalizar, hasta llegar a una verdadera unión entre Fe y Razón, fundamento de la cultura del occidente cristiano, como con tanta claridad señaló en su momento Christopher Dawson.

El cristiano intelectual no impone nunca la Fe: la Proclama, y la Predica, porque sabe que todo hombre está viviendo a la espera de Jesucristo; y sabe también que la Luz sobrenatural del Cielo que trae Cristo puede iluminar a todo ser humano a descubrir las luces naturales que, unidas a las sobrenatural, le ayudan a descubrir el sentido de su vivir.

Convencido, como todo cristiano, de que el hombre no es un ser autónomo que se “construye” a sí mismo, sino un ser creado que se realiza plenamente en la relación unitiva con su Creador, Ricardo Calleja para su atención muy especialmente en esta tarea de los cristianos intelectualmente cristianos, sin mencionar posibles encuentros, diálogos, con las ideologías reinantes, sencillamente porque las “ideologías” no quieren dialogar con nadie: se encierran en si mismas para proclamar su “verdad”. El cristiano anuncia la Verdad.

Escribe Calleja: “Junto a las verdades naturales y reveladas, existe otro tipo de verdades que son cristianas en un sentido específico: las verdades desveladas. Estas no requieren la fe personal, pues por sí mismas son asequibles a la razón y a la experiencia humana. Pero sólo están “disponibles” a la humanidad una vez que han sido reveladas y mientras configuran la experiencia humana”.

“Me refiero fundamentalmente –aunque no solo- a la vivencia cristiana del alma humana: La visión radical de la libertad y la responsabilidad personales que implica la noción de pecado, frente al fatum trágico; la  posibilidad de dar sentido al sufrimiento; la misericordia de Dios y la llamada a la compasión, que no se disuelven en un sentimentalismo optimista, porque no se contraponen a la verdad y la justicia; la posibilidad del perdón divino y la invitación a perdonar, que permiten volver a empezar, y da lugar a tantos relatos de redención; etc. La luz que Jesucristo arrojó sobre la existencia humana ha dado lugar a una cultura inédita y fecunda, en el pensamiento, en las artes, en la música, en la narrativa, y en la vida personal, familiar y social. “Cristo, el nuevo Adán –dice el Concilio Vaticano II- manifiesta plenamente al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación”-

El intelectual cristiano quizá llegue a cerrar el horizonte de su misión en alcanzar una “cultura cristiana”. El cristiano intelectual no caerá en ese error, porque sabe que su Fe, el dogma y la moral cristiana, son verdadera luz para todo hombre, -y, por tanto, para toda cultura que el hombre pueda llegar a crear y a establecer-; y para cada hombre, en su caminar en la tierra con Dios, con Cristo, hasta el Cielo.

“Lo que falta es que la maduración en la fe vaya acompañada de la correspondiente profundización existencial e intelectual, es decir, ayudar a los jóvenes a vivir y a pensar por sí mismos. Esperar que la catequesis de primera comunión sirva para toda la vida sería como pretender que un ingeniero pueda manejarse sabiendo poco más que la tabla de multiplicar” (Torralba).

Cristiano intelectual, y después, intelectual cristiano; porque la misión de la Iglesia no es la de construir una ciudad terrena, ni un orden social –político-económico determinado; sino la de hacer posible, con la Doctrina y la Pastoral, con las Verdades de Fe, y las normas de la Moral, que la Fe se una a la Razón, e ilumine el caminar histórico del hombre en cualquier cultura que se encuentre, a la que con su vida y sus palabras, purificará de cualquier afirmación contraria a la Ley de Dios, contraria a la Verdad, la liberará del ateísmo, y  le mostrará el camino de su vivir al recordarle el Bien de la Moral que rechaza abortos, eutanasias, desordenes sexuales desde la homosexualidad hasta el incesto, adulterio, y demás variantes de las lgtbiq… Le llevará a descubrir que “la Verdad os hará libres”, con esa Libertad, don precioso que sólo el hombre ha podido recibir de un Dios Creador, Padre, Amor.

Un buen ejemplo de la labor de un cristiano intelectual que da testimonio de su Fe, y prepara la presencia de un intelectual cristiano es esta carta que recoge Paredes, y que ha recibido un profesor amigo suyo.

“Estimado profesor: Quería felicitarle estas fiestas, ahora que no tengo ninguna asignatura pendiente con usted, para que la sinceridad no se confunda con peloteo, me abrió los ojos respecto a la Iglesia y hasta me estoy pensando el sacerdocio, en fin, que estas fechas las pase rodeado de su familia y amigos, y que el año que viene sea mejor”.

Cristianos intelectuales” y “Intelectuales cristianos”; apoyándose mutuamente en la gran misión cristiana que mira al Cielo y a la tierra, sin separarlos nunca.

ernesto.julia@gmail.com

 

El viaje de los Reyes Magos®

Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina

Enero  2021

 

Vienen  desde el Oriente, sin pausas y  sin prisa,

y cruzan  los espacios, la estrella como guía.

Bajo el hondo silencio ronda la profecía:

¡”Jesucristo ha nacido”!,les  susurra la brisa.

 

Otean en el cielo las celestes grafías

de las constelaciones. Uno de ellos revisa

el  rumbo  en lontananza… Sostiene la premisa

de  descansar un poco y cargar energías.

 

Con estoica paciencia el dromedario pisa

la arena del desierto . Diagrama simetrías

sobre el ardiente suelo de manera precisa.

 

¿No es el momento justo para alzar la utopía

de viajar con los magos por las rutas sin visa

de la imaginación , los sueños, la alegría?

 

 

 

Ley educativa, religión e ideología

Escrito por José Manuel Fidalgo

«Necesitamos educar con referencias espirituales y con valores transcendentes Diseñar la educación a bandazos, al albur del viento político que más sople, es un verdadero despropósito»

Con la llamada “ley Celaá” se anuncia la enésima reforma educativa en este país. Cuándo llegará un consenso educativo estable que, dejando a un lado la injerencia continua de las ideologías políticas de turno, otorgue a las familias y a los educadores el verdadero protagonismo que deberían tener en la educación. Diseñar la educación a bandazos, al albur del viento político que más sople, es un verdadero despropósito. No se puede jugar con lo más valioso que tenemos: las personas que crecen, maduran y proyectan su vida y el futuro de la sociedad.

La “ley Celaá” plantea unas medidas tácticamente pensadas para dificultar en lo posible la educación de la religión en las aulas. Históricamente, A. Comte, padre del positivismo moderno, teorizó la necesidad de anular la religión transcendente para construir una sociedad avanzada. Él mismo, sin embargo, intuyó el peligro. Entendió, no sin lucidez, que tal cancelación dejaría un vacío de valores absolutamente necesarios para configurar consistentemente la vida social. Y promovió −oh paradoja de la historia− una especie de “religión civil”, unos valores laicos sin referencia a Dios, con sus propias ceremonias, normativa moral, funcionarios del culto, etc.

En otros momentos de la historia, con un similar perfil paradójico y artificial, se ha pretendido sustituir la religión transcendente por otra, ya no una “civil” como pretendía Comte, sino otra más ideológica. Pero siempre resurge la necesidad de que la persona crezca con la referencia a Dioscon unos valores religiosos enriquecedores y liberadores de esclavitudes y dependencias.

El Evangelio, más allá de una creencia particular, es patrimonio de la humanidad. Del impulso evangélico, razonado y hecho cultura, han nacido los principales valores y las más grandes obras del ingenio humano. ¿Cómo vamos a renunciar a ese saber? ¿Cómo entenderemos las catedrales, las universidades, las obras innumerables de literatura, pensamiento y ciencia que atesora la cultura humana, sin enseñar la fe que las ha originado e impulsado?

Nadie puede entender con seriedad nuestra cultura al margen de la formación cristiana. La mayor parte de los valores humanos, morales, estéticos, educativos, sociales, etc., de los que hacemos gala, tienen una profunda raíz cristiana. Vivimos de esa herencia recibida. Conocerla, lejos de ser una catequesis privada, es llave de acceso a un saber extraordinario, cultura, arte… Los santos, modelos de vida, nos ha hecho crecer como personas y como sociedad; son creadores de bondad, justicia, misericordia, desarrollo humano y social. Los errores que hayan podido cometer instituciones y personas cristianas, no son consecuencia de la fe, sino de haberla dejado de lado.

El valor de la educación religiosa es bien visible salvo para el que no quiera verlo. El reciente ‘Informe 2020 Panorama de la Religión en la Escuela’, revela con abundantes datos la amplísima satisfacción de alumnos, profesores y familias sobre la enseñanza de la religión en escuelas concertadas y públicas. Para la elaboración de este informe, se encuestaron a 18.000 personas entre alumnos, antiguos alumnos, familias que escogían esta enseñanza, así como a profesores y futuros profesores de esta asignatura.

Entre las conclusiones que se obtienen resaltan estos datos: un 86% de los encuestados considera que esta asignatura ayuda a “comprender otras culturas”, un 85% afirma que contribuye a “construir la diversidad social y religiosa en las sociedades actuales”, un 83% opina que esta formación ayuda al “pleno desarrollo de la personalidad de los alumnos”, así como un 84% añade que “facilita una educación de la interioridad que contribuye a la autonomía personal y la responsabilidad social”.

En suma, a través de este informe observamos que una gran parte de los participantes de esta encuesta coinciden en que la enseñanza de religión ayuda a ser más tolerantes y mejores personas, y que aporta a una formación ética y a la ciudadanía global. La gran mayoría de las familias considera que “es necesaria en la educación de sus hijos” y que “es buena por los valores que enseña, y porque aumenta la cultura general”. Asimismo, los antiguos alumnos que participaron en este informe señalan que les ayudó en su vida profesional y personal, que la volverían a cursar, y que la elegirían para sus hijos.

Necesitamos educar a nuestros alumnos con referencias espirituales y con valores transcendentes, que liberan y levantan la mirada más allá de este mundo. La religión nos da libertad, cultura, profundidad, valores eternos, promoción de la persona… nos hace mirar y crecer hacia lo importante y permanente. Y nos libera, por tanto, de las cadenas de las ideologías de turno, pasajeras por antonomasia.

José Manuel Fidalgo

 

 

¿Dónde están los intelectuales cristianos?

Escrito por conlospiesenelaguablog.wordpress.com

Como cristianos debemos decidir si pelear, cierto, pero puede que sean maneras distintas de batallar. Mi pregunta es, ¿buscáis un cristiano solo, que los hay, o sólo queréis un general?

Una reflexión desde el pozo de Samaria

Acabo de leer el artículo del filósofo Miguel Ángel Quintana Paz en The Objetive, en el que reflexiona sobre la tribuna escrita en El Mundo, por el también filósofo, Diego S. Garrocho, textos en los que ambos se preguntan, cada uno en su espacio, dónde están los intelectuales cristianos porque no los ven. Y no los ven, no por ser intelectuales discretos sino porque las ideas y batallas cristianas no están en el debate público, que es lo peor. Garrocho se pregunta por las ideas que no están y Quintana Paz por qué no están las ideas, teniendo medios.

Miguel Ángel Quintana termina su incitante artículo en la conversación de Jesús en el pozo de Samaria, y al borde de ese pozo me voy a sentar a pegar la hebra yo ahora, que también me ronda la sed.

La primera percepción, común a los dos autores, es la manifestación de la no presencia de voces cristianas en nuestros debates públicos. No hay ninguna que se manifieste, así reclaman, con «el vigor filosófico del Evangelio de San Juan… o la revolución moral de las epístolas de San Pablo». Casi me entran ganas de abrazarlos a cada uno y darles la bienvenida a mi mundo. No lo hago porque mantengo la distancia de seguridad en esta situación especial que vivimos, que si no fuera por la pandemia, no se libraban.

No hay, efectivamente, voces cristianas en los debates públicos. Fueron anuladas hace mucho tiempo por los mismos que dijeron defenderlas. Y estos fueron tres grupos principales, a saber: los políticos que pescaban votos en la charca conservadora sin defender de manera efectiva, esto es, en su labor legislativa y de gobernanza, ninguno de estos valores; los cristianos opinadores oficiales, que optaron por la oficialidad con el nihil obstat episcopal para poder participar en las tertulias como cuota autorizada; y la Conferencia Episcopal, que primó sus acuerdos con los distintos gobiernos a la defensa de los valores cristianos en sus medios y en sus centros de formación. Estos son los tres grandes grupos que han sumido a muchos cristianos españoles en el oscurantismo y la sombra.

Algunos podrán pensar que su medio es aplaudido y su discurso sostenido por quienes deben (sus guías espirituales o sus jefes laborales) y, por tanto, es correcto. Lamento decir que hace mucho tiempo que según qué apoyos no hacen prueba de argumento correcto. Ahí tenemos la triste historia de la iglesia vasca, que hoy parece estar cambiando, por ejemplo, o la iglesia oficial catalana, entregada al proceso independentista sin reclamo de ninguna voz autorizada.

Es curioso cómo afloran comentarios a las leyes aprobadas pero ni una sola batalla prestada con anterioridad si no viene un general al frente.

Sobre la labor de algunos políticos que se han erigido como defensores de algunos intereses en campaña electoral podríamos analizar serenamente, sólo a la luz del diario de sesiones, lo sucedido hasta ahora, viendo lo votado y lo promovido. Se preguntaba Garrocho por las ideas cristianas en el debate público, qué idea más básica para el cristianismo que el aborto y políticas provida, por citar un bloque. ¿Cuántas veces no se han apropiado de tales ideas algunos políticos con el único resultado real de la supresión del debate? Llevo más de una década escuchando que el aborto no es tema a debatir, que me expliquen por qué, habiendo personas para hacerlo. Y justo en años donde se ha legislado al respecto, además. Un asunto, por cierto, del que han expulsado a cualquier provida no cristiano, que los hay y muchos. Puedo entender que España sea en su mayoría, hoy por hoy, abortista, pero no aceptar que sea sólo abortista. Llegó un partido que defendía la vida en todos sus estadios, nunca se identificó como católico, pero los medios oficiales católicos lo menospreciaron porque no eran perfectos (Un tema interesante del que hablar otro día es por qué algunas ideas son aceptables en algunos políticos durante la campaña pero se exige no mantenerlas en el ejercicio de la labor para la que fueron elegidos).

Resulta llamativo que unas autoridades eclesiásticas que no han querido llevar al límite la doctrina para condenar a los políticos a los que apoyan, hayan querido estirar el Evangelio, prescindiendo de los doctores de la iglesia en temas sociales, para condenar a otros. Esto puede no ser visto por el común, pero el cristiano que se levanta por la mañana y ante el espejo tiene que elegir entre ponerse la camiseta de cristiano y la aceptada por todos, ese que no es importante, lo ve.

En cuanto al grupo de opinadores oficialmente católicos encontramos a muchos para los que todo vale porque «el consenso». Cierto es que muchos han sido criados así, en el mantra del “no te señales”, “no des ruido”, apoya a una causa mayor. Cuando uno ha crecido en un ambiente así, cuando ha sido educado espiritualmente por personas a las que se les ha dado el trabajo más por pertenencia a un grupo que por su vocación para la enseñanza, el alumno aprende. Aprende que la lealtad al grupo sitúa una carrera profesional más rápidamente que el talento. Y si, además, tiene talento, puede despegar muy rápido. El método lo aprendió antes de empezar bachillerato. Ahora sólo le queda elegir grupo al que ser leal, y a opinar y a influir.

Este inmenso número de alumnos deriva en dos grupos generales, los que honestamente apreciaron la formación y siguieron su propio camino ideológico, chapó, y los que aprendieron el método de moverse de perfil dentro de las instituciones y sus favores. Una lacra formada generalmente por la misma universidad que pare activistas comunistas y promotores de la pobreza de otros con titulaciones cum laude en cátedras católicas, modernas, cuquis y fratellis. Esta situación nunca generó un problema real en la iglesia española, siempre y cuando no tocara sus colegios y sus acuerdos. Y así llevamos décadas, vendiendo valores por derechos, perdiendo razones por tantos por ciento y aceptando culpas por dispensas laicas. Ay, pero ahora, ahora sus abonos son nuestro problema.

Habla Quintana Paz de los medios de comunicación propios de la institución, la Cope y La Trece. Es curioso porque hoy he leído en Twitter, de personas oficialmente “autorizadas”, que el Espíritu Santo inspira a los obispos sobre los medios de comunicación que gestionan. Tened todos tranquilidad. Es falso. El Espíritu Santo inspira a obispos y cardenales en elección colegiada del Papa y en asuntos de doctrina, siempre y cuando señalen a la doctrina. La gestión empresarial va por otro carril.

Es interesante la diferencia de programación entre tv2000, La Trece italiana, para entendernos, y la de aquí. Nada que ver. Empieza con la misa del Papa a en Santa Marta, tres rosarios durante el día, generalmente desde Lourdes, audiencia, cuando la hay, corona de la divina misericordia, misa por la tarde las siete o siete y media, desde diferentes lugares de Italia, telediarios, programas de entrevistas, educación y actualidad, series y películas clásicas de la bbc, por ejemplo. Sus programas son programas en relación al cristianismo hoy, o la dureza de hoy, y cómo puede ayudar un cristiano hoy. Sus celebraciones eucarísticas durante la pandemia han conectado con el fiel más que cualquier pelea sobre católicos españoles buenos o malos ante tal angustia mundial.

La pregunta original del artículo es dónde están (escondidos) los intelectuales cristianos. En España, los cristianos que no se ciñen a la corriente principal de pensamiento eclesial están aguantando la pelea y siendo humillados por otros en las sacristías y en las redes. Y luego están los elegidos que decidieron hace tiempo, como Enrique García Máiquez y José María Nieto, que revalidan su cristianismo cada día en su trabajo.

¿Se buscan pensadores o generales?

Muchas veces, muchos cristianos están ahí, donde no les quieren. La pregunta es, si hay un cristiano, ¿se le oye? Quizá buscáis cristianos pero sólo esperáis generales, y ahí radica parte del problema. Porque como cristianos debemos decidir si pelear, cierto, pero puede que sean maneras distintas de batallar. Mi pregunta es, ¿buscáis un cristiano solo, que los hay, o sólo queréis un general?

Una parte de la riqueza del pensamiento es dar cabida a aires menos académicos que también trabajan con honestidad desde la Tradición en el mundo de hoy. Pero como grupo compacto, reconocido y respetado que esté desarrollando una línea de pensamiento enriquecedora y crítica dentro de la Doctrina, lamentablemente, y sólo hoy por hoy, grupo de intelectuales cristianos no parece que haya. Precisamente porque por la naturaleza de lo que se necesita, no puede ser autorizado a priori. El pensamiento se ha de desarrollar, asumir el riesgo de algunas contradicciones para mejorarlo, hay que formular una idea para poderla reformular más perfecta y completa después. Y da la sensación de que los académicos que tratan estos temas no quieren correr el riesgo de no contar con el beneplácito siempre y en todo momento. Quizá sea este justo el punto de encuentro adecuado, un pozo en el camino de Samaria.

 

 

Tiempo de Dios y del hombre

Al comenzar un nuevo año todos nos felicitamos avivando la esperanza ante el tiempo que se nos ofrece como posibilidad de ser felices o, al menos, más felices de lo que fuimos en el año que expira. Este deseo de plenitud que el hombre abriga en su corazón solo es posible si acepta como condición que el tiempo no le pertenece. El hombre es un «ser en el tiempo», mas no es «señor del tiempo». El tiempo es siempre una incógnita que se desvela mientras suceden las estaciones, los años, los meses y los días. Si acaso, como dice el Papa Francisco, somos dueños del momento presente, porque determinamos lo que queremos hacer y programamos nuestra agenda, aunque también sabemos la facilidad con que, inevitablemente, se desprograma. Cuentan las circunstancias.

El hombre tiene, además, experiencia de que el tiempo le devora. Sin apenas advertirlo, nos hacemos viejos, y contamos el tiempo no como posibilidad de vivir sino como disminución ante la muerte que se intuye próxima. No comulgo con la definición de que «el hombre es un ser para la muerte», pero ahí está la muerte, en cada encrucijada, y el tiempo la avecina inevitablemente.

En la revelación judeo-cristiana, Dios es el Señor del tiempo y de la historia. Suyo es el tiempo y la eternidad y rige la historia hacia la plenitud, aunque en ocasiones parezca que el tiempo y la historia se le ha ido de las manos porque no entendemos la lógica de cuanto sucede. La historia de Israel provocó en el pueblo elegido profundas crisis de fe en el Dios revelado a Abrahán, que parecía olvidar sus promesas de paz, prosperidad y justicia. El tiempo parecía ir en contra de la providencia divina, que se ocultaba en lo que Israel consideraba infortunio, fracaso, ruina y desolación. También la Iglesia pasó por esa misma prueba, como atestigua la segunda carta de Pedro: «para el Señor un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no retrasa su promesa, como piensan algunos, sino que tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda sino que todos accedan a la conversión» (3,8-9). El secreto es la paciencia: el tiempo se dilata para hacer posible la conversión de los hombres.

Con el nacimiento de Cristo en nuestra carne, el tiempo empieza a ser, además, una dimensión de Dios. Un prefacio de Navidad dice expresamente de Cristo: «engendrado antes de todo tiempo, comenzó a existir en el tiempo para devolver su perfección a la creación entera». Se explica que san Pablo afirme que «cuando legó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo» (Gál 4,4). El tiempo llega a su plenitud con la entrada de Dios en la historia de los hombres. Dios se limita a sí mismo asumiendo el devenir de las horas, los días, meses y años. Se limita, sobre todo, en la muerte que, como hombre, debía padecer para hacerse semejante a los hijos de Adán. Pero, al hacerlo, el límite se hace trascendente y ofrece explicación al sentido último de la historia, que no va a la deriva, sino hacia la plena consumación. De ahí que Cristo ha sido llamado el «éschaton» de Dios, lo último, lo definitivo, lo que da sentido a cada momento del vivir humano. Como dice Gaudium et Spes, «el Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre […], semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado» (GS 22). Aquí está la clave para entender el misterio del tiempo: si el Hijo de Dios se ha hecho «contemporáneo» de cada hombre, quiere decir que vive con nosotros el tiempo de nuestra vida y podemos desearnos la felicidad en cada año que comienza.

+ César Franco  Obispo de Segovia

 

 

Decir la verdad no alarma a los ciudadanos

No deseo extenderme en esa retahíla de mentiras, datos escondidos e incompletos, ni en las excusas del Ministerio de Sanidad para no manifestar ante el Consejo de que es un derecho de los ciudadanos estar informados, sobre todo en situaciones excepcionales.

Es cierto que también abundan en las redes sociales, pero a veces ha sido el mecanismo ciudadano para obligar a que se supiera con qué equipos atendían los sanitarios a los pacientes de Covid-19, y exigir responsabilidades, por poner un ejemplo: fotos en que se veía fabricarse los propios sanitarios un “traje” de protección con bolsas de basura. Y sobre las residencias de ancianos.

Decir la verdad no alarma a los ciudadanos, porque somos adultos. Lo que alarma es la mentira continuada, que nos lleva a no tener confianza en las autoridades.

Me preocupa el trabajo de los periodistas. La dura situación económica está conduciendo a más despidos, en estos días, en diversos medios de comunicación. Cae la publicidad, caen los ingresos, y por tanto las empresas periodísticas toman sus decisiones, que una vez más suponen despidos o no renovación de contrato.

Con dificultades en los medios de comunicación, un periodista ahora se encuentra con la dificultad de falta de información, datos sesgados, análisis comparativos con referencias variables y con frecuencia una opacidad que se pretende enmascarar dando multitud de datos mareantes. 

Son tiempos difíciles para el periodismo, y a la vez es más necesario. La honradez no sólo incumbe al Gobierno, también a los medios de comunicación,  a los periodistas, sin ceder a la facilonería o a la versión oficial de cuanto sucede, cosa de la que algunos medios parece que abusan. Y encima hay que luchar contra el desprestigio social de la profesión periodística.

Xus D Madrid

 

 

Dios viene a nuestra historia

Días de Navidad. Días de Reyes Magos con sus cabalgatas, este año no. Tradiciones cristianas en la vida de tantos países que, hoy, no pocas personas pretenden arrancar de sus orígenes, de su realidad histórica, de su más profundo significado; y convertirlas en una simple ocasión para unas vacaciones laborales aprovechando también el cambio de año, y enterrar su recuerdo entre comidas, cenas, regalos, entretenimientos.

El portal de Belén, que en tantas almas hace renacer una luz de amor familiar, de comprensión, de caridad, de esperanza, de Fe en el amor de Dios; para otros supone una realidad de la que se quieren olvidar a toda costa: que estos días pasen lo antes posible y se vuelva a la rutina de cada día que no invita a pensar.

¿Por qué? El Eterno nace hombre mortal; no quiere dejar solo al hombre en el cabalgar de la historia. Quiere atraer hacia Sí a todas las criaturas, a todas las religiones, a todas las civilizaciones, judías, musulmanas, budistas, agnósticos, Dios, que nos ha creado, y ha querido que seamos verdaderamente hijos suyos, no simplemente criaturas, quiere comenzar a vivir con cada uno de nosotros y en cada uno de nosotros. Quiere que su Luz ilumine nuestras tinieblas.

Dios que desde que el ser humano abandonó del paraíso, los hombres han tratado de encontrar entre las nubes del cielo, en tormentas y tempestades, en los frutos de la naturaleza, en los animales; se hace niño y nos invita a que lo busquemos, y lo encontremos, en medio de la calle, en la iglesia más cercana, entre los hombres y las mujeres de nuestro barrio.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Aires de esperanza

Son variadas, y más numerosas de lo debido, las voces que se alzan clamando por cambios en la Iglesia: aperturas a no sé qué horizontes, a acomodarse a las prácticas de los “jóvenes”, de los divorciados, de los homosexuales, de los sinodales, al parecer del “pueblo”, etc., que dan origen a no poco desconcierto en los fieles hijos de la santa Iglesia, a los creyentes en Jesucristo.

Pio XI en los primeros párrafos de la encíclica “Ad salutem humani generis”, escrita en 1930 con ocasión del 15 centenario de la muerte de san Agustín, señaló la providencia del Señor sobre su santa Iglesia, con palabras que podemos aplicar a nuestros tiempos, casi cien años después.

Recuerda que en cada edad, y de formas muy variadas, Dios tiene sus planes para favorecer los progresos de su Institución perenne: la Iglesia. Y lo hace enviando hombres insignes que, con su inteligencia y con obras muy oportunas, según la variedad de los tiempos y de las circunstancias, venciendo el poder de las tinieblas confortan y fortalecen la fe del pueblo cristiano. San Agustín, en su momento, en sus luchas con Pelagio y otros herejes, fue uno de ellos, y lo será a lo largo de los siglos: sus obras, su vida, será siempre una ayuda para sostener en la fe a los creyentes, y abrir a la fe la mente de ateos, agnósticos, etc.

Pedro García

 

 

La agenda LGBT en las Naciones Unidas

Convertir la orientación sexual y la identidad de género en categorías estadísticas de la ONU legitimará el trabajo del sistema de la ONU para incorporar las cuestiones LGBT en la agenda 2030. Y se traducirá en la presión de las agencias de la ONU y los donantes internacionales para establecer oficinas para rastrear datos LGBT y promover políticas LGBT en todos los países.

La resolución sobre la protección de los niños del acoso escolar patrocinada por México sorprendió a muchos delegados este año. Los delegados están tensos por los métodos de trabajo inusuales y las negociaciones virtuales debido a la pandemia de COVID-19. Y se adoptó por última vez en 2018, en el entendido de que se trataba de una resolución única que no se volvería a presentar.

Desde la primera vez que se presentó, muchos países pensaron que el acoso no era un tema que mereciera una resolución independiente. Otros lo vieron como un intento de promover temas LGBT. La Asamblea General rechazó la inclusión de lenguaje sobre orientación sexual e identidad de género en la resolución sobre el acoso en las tres ocasiones anteriores que se negoció en 2014, 2016 y 2018.

Además, este año, Alemania y Brasil, patrocinadores de la resolución sobre el derecho a la privacidad, agregaron lenguaje sobre “orientación sexual e identidad de género”. Esto también fue una sorpresa dado que Brasil, cuyo presidente, Jair Bolsnaro de Brasil, ha sido franco en contra de la agenda LGBT, incluso en la Asamblea General de la ONU. 

Hasta ahora, la única resolución de la Asamblea General que incorpora la orientación sexual y la identidad de género es una resolución sobre ejecuciones extrajudiciales. La inclusión de la categoría es impugnada por más de 50 países y que incluso esa resolución es apoyada por menos de la mitad de la Asamblea General.

Estos debates serán una medida de cuánto margen de maniobra recibe la agenda LGBT en las Naciones Unidas en el futuro. No existe ningún tratado internacional que defina los derechos humanos o su aplicación en función de la orientación sexual y la identidad de género. Cuantas más resoluciones coloniza la nueva categoría, más legitimidad gana. Con más legitimidad, es probable que los términos se expandan rápidamente a otras áreas de la política de la ONU.

Jaume Catalán Díaz

 

 

El discurso del rey y los otros

 

                                Inicio el 2021 con este artículo y tras mi descanso de 10 días.

                                En uno de mis últimos artículos, ya dije que estos discursos “navideños”, los inició Franco en 1937; que los continuó de por vida, salvo en aquellos años terribles y denominados como “los del hambre”, en que los suspendió, puesto que aquella España de la pos guerra,  no se prestaba en absoluto, a “hacernos tragar” tanta miseria existente y que no taparían, las mentiras del gobernante, por lo que inteligentemente Franco, permaneció callado durante unos cuantos años, hasta que pasado el durísimo período  de “las cartillas de racionamiento” (guardo la mía como algo valioso); empezamos a medio comer bien y entonces, “el caudillo”, reanudó aquellos discursos paternalistas y con más mentiras que verdades, puesto que y como yo acuñé… “La verdad es la herida que más duele… y no cicatriza”. Pero aquellos discursos franquistas, siguieron hasta 1974 que fue el último, ya que Franco murió antes de que llegase la siguiente Navidad, que por ello mismo, no hubo discurso¸ hasta que luego al siguiente año, los continuara el nuevo rey Juan Carlos I, que los continuó con los mismos “tintes” que empleaba Franco; o sea, siempre pintando una irrealidad con vistosas “vestiduras”, para que pareciese una realidad de “sueños”, que es como siempre nos la han pintado no solo los que decían y dicen gobernarnos, sino incluso entonces, como la iglesia y sus curas, nos consolaban, asegurándonos, “en la otra vida”, la felicidad que ni “olíamos”, en la cruda realidad de la actual y terrestre.

                                 Vino la transición, y con ella “la gran ruina de las diecinueve “autonosuyas”(1) (Calificación muy veraz con que la definió el agudo escritor Fernando Vizcaíno Casas, el que incluso inspiró una cruda película con ese título (“Las Autonosuyas”) y la que desnudó el desastre del hecho); Y entonces, los discursos se “contagiaron” en las autonomías; y así cada dos por tres, aparte del discurso navideño, “los virreyes de las nuevas taifas hispanas”, nos obsequian con, “sus mejores y más almibarados discursos del estado de sus virreinatos, en los que solo o en inmensa mayoría, sólo viven bien la enormidad de empleados oficiales y que viven del dinero público, amén de “lo que distraen y se llevan muchos de ellos”; y de lo que hay abundancia en los juzgados españoles, por lo que no es posible puntualizar tanto “distraimiento”. Que igualmente afecta al resto del ya “angustioso” aparato nacional e igualmente estatal, que está poblado “a reventar”, como si una plaga de “oficial langosta humana, devorase, todos los recursos que esos Estados bien administrados necesitan vitalmente para marchar bien.

                                Y así año tras año y tras cuarenta y cinco desde que fuera sepultado el cadáver de Franco, en lugar no elegido por él, y cuya guerra posterior, para sacarlo de aquella sepultura, nos habrá costado, “lo que ni sabemos”… aparece el nuevo rey Felipe VI y nos “regala el discurso relativo al terrible año 2020, de horrible recuerdo para mientras vivamos, los que lo hemos padecido, que somos la inmensa mayoría de los españoles vivos, salvo “los más vivos” políticos en ejercicio, y a los que nos obligan a pagarles sueldos y prebendas que no merecen, y que además, se los han subido, sin que se les caiga la cara de vergüenza, debido a la situación de quiebra y miserias en que ya se encuentra España; mientras ellos, se pelean más o menos, como lo hacen los buitres que acuden a comerse el botín de “la res muerta”; y la que con saña, se disputan hasta la última piltrafa de la misma, como hemos visto en innumerables documentales, que nos dicen la vida de estas carroñeras y necrófagas aves pero necesarias en la Naturaleza.

                                Y de ahí parte el titular que he elegido hoy para este artículo, puesto que el monarca (que no escribe el discurso sino que tiene que tragar con el que le dan escrito los políticos encargados de confeccionarlo y los que luego lo aprueban) me dio pena, al ir viéndole leer el discurso, puesto que le supongo lo suficientemente inteligente e informado, como para saber por sus propios medios, la situación real de la actual España; y lo que no se puede detallar en un artículo, puesto que para ese detalle serían necesarias una o varias enciclopedias, de la acreditada marca “Espasa”; pues la cara y semblante del rostro del rey, era para mí, “un poema de difícil traducción o interpretación por lo doloroso del mismo”; y que como ser humano que tiene “su alma en su almario”, supongo sus sentimientos rebeldes para soportar “ese duro trabajo”, de presentar a España, casi como un país idílico o de Jauja, habitado o poblado, por seres de una preparación casi “arcangelical” y no la realidad, que con las palabras de… “vaya tropa”, los calificar un viejo y famoso político, cuyo nombre no recuerdo o no quiero acordarme del mismo.

                                Y al propio tiempo de que fui escuchando con atención ese discurso, me acordé del que con sumo desprecio, dedicó Amadeo I de Saboya, “a la tropa que tuvo que soportar en su corto reinado y en especial, a los que se sentaban en el parlamento a que se dirigió (2); y tras el discurso, “mandó a la mierda a toda aquella tropa, desde al general al cabo furriel; y se marchó a sus lares italianos decepcionado de lo que era la España de su tiempo, que con las variantes que quieran, es igual o parecida a la que hoy nos hacen padecer, “tropas parecidas o incluso peores a las ya mentadas”; por lo que, “la maldición de estas tierras ibéricas sigue en su eterna pandemia”, que es infinitamente peor que la que, nos “han regalado los chinos con su maldito virus” Amén.

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(1) Son 19 puesto que las ciudades de Ceuta y Melilla, también “gozan del invento”.

(2) Este discurso está en la red, lo pueden buscar, leer y luego… “llorar”.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)