Las Noticias de hoy 31 Diciembre 2020

Enviado por adminideas el Jue, 31/12/2020 - 12:13

Frases de regreso a clases: grandes educadores

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 31 de diciembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Audiencia General: Hemos sido amados antes de aprender a amar

El 2020 del Papa Francisco: la fuerza de la oración en tiempos de pandemia

RECUPERAR EL TIEMPO PERDIDO: Francisco Fernandez Carbajal

“Un año que termina”: San Josemaria

La cultura del cuidado como camino de paz

Madre de Dios, Madre nuestra: San Josemaria

Un año para redescubrir el valor educativo del núcleo familiar

Meditaciones: 31 de diciembre

 1 DE ENERO. SANTA MARIA MADRE DE DIOS.: Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

¿Qué tiene de grande alguien tan corriente como san José?

La expansión de la pandemia invita a soñar con un mundo nuevo: Salvador Bernal

Rechazo de la Ley Celáa: Jesús Ortiz López

Objetivos, iniciativas e itinerarios del «Año Familia Amoris Laetitia»: Conferencia Episcopal Española

Balance del 2020: Ana Teresa López de Llergo

Las oportunidades pasan: Lucía Legorreta

Paganismo antiguo y neopaganismo moderno: Gregorio Vivanco Lopes

Dios en la familia: Juan José Corazón

La persecución a los cristianos aumentará en India y China – Durante 2021: Primeros Cristianos

"Animal digitalis": JD Mez Madrid

Igualdad real: Domingo Martínez Madrid

La protección de los niños del acoso escolar y temas LGBT:  Enric Barrull Casals

Dios en la historia: José Morales Martín

El alcohol, la Navidad “el virus chino” y otros excesos: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Audiencia General: Hemos sido amados antes de aprender a amar

El Papa Francisco ha dedicado la catequesis al tema de la oración de acción de gracias. “La oración de acción de gracias comienza siempre desde aquí: del reconocerse precedidos por la gracia”, afirma el Obispo de Roma.

Ciudad del Vaticano

Roma goza este 30 de diciembre de 2020 de una soleada mañana de invierno. El Papa Francisco ha tenido la acostumbrada Audiencia General en la Biblioteca del Palacio Apostólico. En la catequesis se ha centrado en el tema de la oración de acción de gracias, para ello ha citado el texto del evangelista Lucas: mientras Jesús estaba en camino, se le acercaron diez leprosos que imploran: «¡Jesús, ¡Maestro, ten compasión de nosotros!» (17,13)”.

La lepra: sufrimiento físico y marginación social y religiosa

“Sabemos que, para los enfermos de lepra, al sufrimiento físico se le unía la marginación social y la marginación religiosa. Jesús no rehúye al encuentro con ellos”, afirma el Papa; y aunque en este pasaje no hay contacto físico, Jesús les invita a presentarse donde los sacerdotes (v. 14). A continuación, subraya: “Jesús no dice otra cosa. Ha escuchado su oración, su grito de piedad, y les manda enseguida donde los sacerdotes”.

Lo que ocurre en el camino

Francisco pone en evidencia las situaciones que se dan cuando ellos van en busca de los sacerdotes: lo primero que ocurre: “Los diez se fían, no se quedan hasta el momento de estar curados, no: se fían y van enseguida, y mientras están yendo se curan, los diez”. Segundo, “de ese grupo, solo uno, antes de ir donde los sacerdotes, vuelve atrás a dar las gracias a Jesús y alabar a Dios por la gracia recibida”. En seguida, Jesús hace notar: “ese hombre era un samaritano, una especie de “hereje” para los judíos de la época. Jesús comenta: «¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» (17,18)”.

El Papa muestra que este pasaje, por decirlo de alguna manera, “divide el mundo en dos: quien no da las gracias y quien da las gracias; quien toma todo como si se le debe, y quien acoge todo como don, como gracia”.

Toda situación puede convertirse en acción de gracias

Citando al Catecismo, Francisco dice: «Todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias» (n. 2638). Y añade: “La oración de acción de gracias comienza siempre desde aquí: del reconocerse precedidos por la gracia. Hemos sido pensados antes de que aprendiéramos a pensar; hemos sido amados antes de que aprendiéramos a amar; hemos sido deseados antes de que en nuestro corazón surgiera un deseo. Si miramos la vida así, entonces el “gracias” se convierte en el motivo conductor de nuestras jornadas”.

La Eucaristía

“Para nosotros cristianos el dar las gracias ha dado nombre al Sacramento más esencial que hay: la Eucaristía” afirma Francisco, quien añade: “Los cristianos, como todos los creyentes, bendicen a Dios por el don de la vida. Vivir es ante todo haber recibido. Todos nacemos porque alguien ha deseado para nosotros la vida”. Durante la vida, subraya Francisco, “hay personas que nos han mirado con ojos puros, gratuitamente (…) y han hecho surgir en nosotros la gratitud. También la amistad es un don del que estar siempre agradecidos”.

La gratitud crece en el encuentro con Jesús

“Los Evangelios testifican que el paso de Jesús suscita a menudo alegría y alabanza a Dios en aquellos que lo encontraban”, dice Francisco, quien recordando el pasaje de los diez leprosos afirma: “todos estaban felices por haber recuperado la salud, pudiendo así salir de esa interminable cuarentena forzada que les excluía de la comunidad. Pero entre ellos hay uno que a la alegría añade alegría: además de la sanación, se alegra por el encuentro sucedido con Jesús. No solo está libre del mal, sino que ahora también posee la certeza de ser amado”.

Estar en la alegría del encuentro con Jesús

“Cultivemos la alegría (…) tratemos de estar siempre en la alegría del encuentro con Jesús (…) Si estamos en Cristo, ningún pecado y ninguna amenaza nos podrán impedir nunca continuar con alegría el camino, junto a tantos compañeros de viaje” afirma el Papa.

Al final de la catequesis, Francisco pone en evidencia los frutos de la alegría:

“No dejemos de agradecer: si somos portadores de gratitud, también el mundo se vuelve mejor, quizá solo un poco, pero es lo que basta para transmitirle un poco de esperanza. El mundo tiene necesidad de esperanza y con gratitud, con esta actitud de decir gracias, transmitimos algo de esperanza. Todo está unido y conectado, y cada uno puede hacer su parte allá donde se encuentra. El camino de la felicidad es el que San Pablo ha descrito al final de una de sus cartas: «Oren constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de ustedes. No extingan el Espíritu» (1 Ts 5,17-19)”.

 

El 2020 del Papa Francisco: la fuerza de la oración en tiempos de pandemia

La emergencia sanitaria mundial del Covid-19 ha detenido, este año, los Viajes Internacionales, pero el Pontífice ha estado siempre al lado de los fieles gracias a la fuerza de la oración.

Isabella Piro – Ciudad del Vaticano

Domingo 8 de marzo de 2020: la línea divisoria que separa el "antes" y el "después" pasa por esta fecha. Es el día del primer Ángelus del Papa Francisco recitado, en vivo y en video, desde la Biblioteca del Palacio Apostólico. El cierre impuesto por la pandemia del Covid-19 es inminente. "Es un poco extraña esta oración del Ángelus de hoy, con el Papa 'enjaulado' en la Biblioteca, pero yo los veo, y les estoy cercano", dice Francisco, al inicio de la conexión. Luego, al final, el fuera de programa: el Papa sale a ver por la ventana del Palacio Apostólico para bendecir la Plaza de San Pedro. Aún no se sabe, pero esa Plaza, en el curso de los meses, se volverá vacía y silenciosa; se llenará con la oración del Pontífice y las esperanzas del mundo. Es allí, en efecto, donde solo, bajo la lluvia, Francisco preside, la tarde del 27 de marzo, viernes de Cuaresma, el Momento Extraordinario de Oración en tiempos de pandemia para invitar a la humanidad a no tener miedo y a encomendarse al Señor: "Tenemos una esperanza – dice – en su cruz hemos sido sanados y abrazados para que nada ni nadie nos separe de su amor redentor". 

Las Audiencias Generales: oración, curación y Bienaventuranzas

La oración y la emergencia sanitaria vuelven también en las catequesis de las Audiencias Generales de 2020: en la primera, de hecho, el Papa dedica un ciclo entero que comienza el 6 de mayo y se reanuda el 7 de octubre. Sobre el tema "Sanar el mundo", el Pontífice reflexiona a partir de agosto, recordando en particular, el miércoles 19, la importancia del acceso universal a las vacunas. Un tercer ciclo de catequesis, de enero a finales de abril, está dedicado en cambio a las Bienaventuranzas.

LEA TAMBIÉN

 

29/12/2020

En el año del distanciamiento, la proximidad del Papa

Los Ángelus y llamamientos por la paz

Hasta el próximo 31 de diciembre, habrá un total de 46 audiencias generales este año y 58 veces el Papa recitará el Ángelus y el Regina Coeli, encontrando la ocasión para lanzar numerosos llamamientos por la paz. Sobre todo prevalece la exhortación del 19 de julio: "Renuevo el llamamiento a un alto el fuego mundial e inmediato, que permita la paz y la seguridad indispensables para prestar la asistencia humanitaria necesaria".

Las directas de la Misa en Casa Santa Marta

Del 9 de marzo al 18 de mayo, además, dado que en Italia está prohibido celebrar en las iglesias con concurrencia de personas, el Pontífice autorizó la transmisión audio-video en vivo de la Misa que presidía todas las mañanas a las 7:00 a.m. en la Casa Santa Marta. La última transmisión en vivo se llevará a cabo desde la Basílica Vaticana en la mañana del 18 de mayo, el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II.

“Fratelli tutti” y “Querida Amazonia”

2020 es también el año de la tercera Encíclica del Papa Francisco: el 4 de octubre se publica "Fratelli tutti", en la que el Pontífice indica la fraternidad y la amistad social como formas primarias para construir un mundo mejor. Anteriormente, el 12 de febrero, se publica la Exhortación Apostólica "Querida Amazonia", fruto del Sínodo Especial para la Región Panamazónica celebrado en octubre de 2019. El texto representa el deseo de Francisco de una Iglesia con rostro amazónico y traza nuevos caminos de evangelización y cuidado del medio ambiente.

Aniversario de la “Laudato si” y compromiso por el cuidado de la Creación

No es casualidad que este año se celebre también el quinto aniversario de la segunda Encíclica del Papa Francisco, "Laudato si'", celebrada el 18 de junio con el documento "En camino para cuidar la Casa común", preparado por la Mesa Interdicasterial de la Santa Sede sobre la Ecología Integral y destinado a desafiar a cada cristiano a una relación sana con la Creación. Luego, el 24 de mayo, se lanza un especial "Año de la Laudato si'", mientras que el 12 de diciembre el Papa Francisco envía un mensaje de video a los participantes de la "Cumbre Virtual de Alto Nivel de Ambición Climática", la video conferencia de la ONU sobre el clima, para reiterar el compromiso del Vaticano de reducir las emisiones netas a cero antes de 2050.

El Año Especial para la Familia “Amoris Laetitia”

Entre las Cartas Apostólicas de 2020, destaca la "Patris corde", emitida el 8 de diciembre, 150 años después de la declaración de San José como Patrón de la Iglesia Católica por el Beato Pío IX. Para la ocasión, la Penitenciaría Apostólica anuncia también un "Año de San José" especial, que concluirá el 8 de diciembre de 2021.

En el Ángelus del 27 de diciembre, Francisco anunció que el "Año de la Familia Amoris Laetitia" se inaugurará el 19 de marzo de 2021 y concluirá el 26 de junio de 2022 con el 10º Encuentro Mundial de las Familias, previsto en Roma. El año que está llegando a su fin también ve algunas celebraciones especiales presididas por el Pontífice: el 26 de enero, en la Basílica Vaticana, se celebra la Misa del primer domingo de la Palabra de Dios, instituida por el Papa en 2019. En la tarde del 10 de abril, la Plaza de San Pedro es el escenario del Vía Crucis, escrito por los reclusos de la prisión "Due Palazzi" de Padua. Al final del rito, el Papa no hace ningún discurso, pero su silencio orante es más fuerte que cualquier palabra. El mismo silencio, lleno de fe, lo acompañó, meses después, en la Plaza de España, en Roma: amaneció el 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, y el Papa se reunió en oración a los pies de la estatua de la Virgen.

Urbi et Orbi de Pascua y Cabo Delgado en el mapa del mundo

El 12 de abril, Pascua de Resurrección, la Basílica Vaticana está vacía de fieles: el Papa preside la Misa en presencia de muy pocas personas y pronuncia el Urbi et Orbi ante el Altar de la Confesión. Ese día, el drama de Cabo Delgado, Mozambique, llamó la atención internacional. Entre los diversos llamamientos a la paz que Francisco lanza en su Mensaje a la ciudad y al mundo, de hecho, también hay uno para la provincia nororiental del país africano, escenario de tres años de violentos conflictos. Y en ese momento, es como si el Papa pusiera a Cabo Delgado en el mapa del mundo. El 22 de noviembre, Solemnidad de Cristo Rey, la Basílica Vaticana acogerá también la ceremonia de entrega de la Cruz y el Icono Mariano, símbolos de la Jornada Mundial de la Juventud, entre los jóvenes de Panamá, país anfitrión de la JMJ 2019, y los jóvenes de Lisboa, ciudad que acogerá el evento en 2023. Para la ocasión, el Papa establece que la celebración diocesana de la JMJ se transfiera del Domingo de Ramos al Domingo de Cristo Rey.

Las reformas en ámbito judicial y económico

En marzo, promulgó la ley CCCLI sobre el sistema judicial del Estado de la Ciudad del Vaticano, que sustituyó a la que estaba en vigor desde 1987, dando mayor independencia a los magistrados. El 1 de junio le tocó el turno al Motu proprio "Normas de transparencia, control y competencia en los contratos públicos de la Santa Sede y la Ciudad del Vaticano", seguido, el 5 de diciembre, por el nuevo Estatuto de la Autoridad de Información Financiera, que se convierte así en la Autoridad de Supervisión e Información Financiera. Por último, el 28 de diciembre, con el Motu proprio "Relativo a algunas competencias en materia económico-financiera", se transfirió al APSA la gestión de los fondos y propiedades de la Secretaría de Estado, incluido el Óbolo de San Pedro. Al mismo tiempo, se refuerza la función de supervisión de la Secretaría de Economía, que tendrá la función de Secretaría Papal de asuntos económicos y financieros.

El Informe McCarrick y la cercanía del Papa a las víctimas de abusos

También es significativa la renovación, el 22 de octubre, del Acuerdo Provisional entre la Santa Sede y la República Popular China, firmado en Beijing en 2018 y relativo al nombramiento de Obispos. A la ampliación le siguió, el 24 de noviembre, el nombramiento de un nuevo Prelado, Monseñor Thomas Chen Tianhao, que dirigirá la diócesis de Qingdao.

También en noviembre, el martes 10, se publicó el "Informe sobre el conocimiento institucional y el proceso de toma de decisiones de la Santa Sede en relación con el ex Cardenal Theodore Edgar McCarrick". Reconocido como responsable de abusos sexuales a menores y reducido del estado clerical en 2019, el ex cardenal es objeto de un extenso expediente que la Secretaría de Estado está preparando a instancias del Papa. El propio Pontífice habla de ello en la Audiencia General del 11 de noviembre: "Ayer se publicó el Informe sobre el doloroso caso del ex cardenal Theodore McCarrick", dice, "renuevo mi cercanía a las víctimas de todos los abusos y el compromiso de la Iglesia para erradicar este mal".

Los cambios en el Colegio Cardenalicio

Hacia finales de 2020, entonces, la composición del Colegio Cardenalicio cambia: el 28 de noviembre, en el séptimo Consistorio de su Pontificado, Francisco crea 13 nuevos Cardenales, llamándolos a su nuevo cargo desde las periferias del mundo: países como Brunei y Ruanda pasan a formar parte de la "geografía" del Colegio Cardenalicio por primera vez.

Los Viajes en Italia

2020, además, es el año sin Viajes Internacionales del Papa, que sólo se traslada a Italia. El 23 de febrero fue a Bari para el encuentro de reflexión y espiritualidad "Mediterráneo, frontera de la paz": aquí el Pontífice invocó la paz y la fraternidad, porque la guerra "es una locura a la que no podemos resignarnos. Nunca". El 3 de octubre, en cambio, Francisco fue a Asís, en visita privada, y allí, en la tumba del Santo Poverello, firmó la Encíclica "Fratelli tutti", que sería publicada al día siguiente.

Los Video mensajes, signos de proximidad a los fieles

Durante estos 12 meses, el Pontífice graba numerosos mensajes de video, incluyendo los del 25 de septiembre y el 10 de diciembre. En el primero, Francisco se dirige a la 75ª Asamblea General de las Naciones Unidas y lanza una enérgica advertencia a la comunidad internacional para que ponga fin a la carrera de armamentos, proteja los derechos de los migrantes y reconsidere los sistemas económicos y financieros. También condenó enérgicamente el aborto como un servicio humanitario "esencial". El segundo mensaje en vídeo está dirigido a los participantes en la reunión, promovida en línea por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, sobre la crisis en Siria e Iraq. "Es necesario asegurar," subraya Francisco, "que la presencia cristiana, en estas tierras, siga siendo lo que siempre ha sido: un signo de paz, progreso, desarrollo y reconciliación.

Anuncio de su Viaje a Irak, puente para el futuro

Y es precisamente Irak el que proyectará el Pontificado de Francisco hacia el 2021: el 7 de diciembre se anunció el viaje del Papa a suelo iraquí del 5 al 8 de marzo próximo. Una visita que Francisco desea vivamente, hasta el punto de haber expresado la intención de realizarla ya en junio de 2019, en la audiencia a los participantes en la Reunión de las Obras de Ayuda a las Iglesias Orientales (Róaco). Y una señal en esta dirección llegó el 25 de enero de 2020, cuando el Pontífice recibió en el Vaticano a Barham Salih, Presidente de la República de Irak.  Por lo tanto, le corresponde a este país construir un puente entre un año que se va y otro que llega, presagio de nuevas esperanzas.

 

RECUPERAR EL TIEMPO PERDIDO

— Un día de balance. Nuestro tiempo es breve. Es parte muy importante de la herencia recibida de Dios.

— Actos de contrición por nuestros errores y pecados cometidos en este año que termina. Acciones de gracias por los muchos beneficios recibidos.

— Propósitos para el año que comienza.

I. Hoy, es un buen momento para hacer balance del año que ha pasado y propósitos para el que comienza. Buena oportunidad para pedir perdón por lo que no hicimos, por el amor que faltó; buena ocasión para dar gracias por todos los beneficios del Señor.

La Iglesia nos recuerda que somos peregrinos. Ella misma está «presente en el mundo y, sin embargo, es peregrina»1. Se dirige hacia su Señor «peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios»2.

Nuestra vida es también un camino lleno de tribulaciones y de «consuelos de Dios». Tenemos una vida en el tiempo, en la cual nos encontramos ahora, y otra más allá del tiempo, en la eternidad, hacia la cual se dirige nuestra peregrinación. El tiempo de cada uno es una parte importante de la herencia recibida de Dios; es la distancia que nos separa de ese momento en el que nos presentaremos ante nuestro Señor con las manos llenas o vacías. Solo ahora, aquí, en esta vida, podemos merecer para la otra. En realidad, cada día nuestro es «un tiempo» que Dios nos regala para llenarlo de amor a Él, de caridad con quienes nos rodean, de trabajo bien hecho, de ejercitar las virtudes..., de obras agradables a los ojos de Dios. Ahora es el momento de hacer el «tesoro que no envejece». Este es, para cada uno, el tiempo propicio, este es el día de la salud3. Pasado este tiempo, ya no habrá otro.

El tiempo del que cada uno de nosotros dispone es corto, pero suficiente para decirle a Dios que le amamos y para dejar terminada la obra que el Señor nos haya encargado a cada uno. Por eso nos advierte San Pablo: andad con prudencia, no como necios, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo4, pues pronto viene la noche, cuando ya nadie puede trabajar5. «Verdaderamente es corto nuestro tiempo para amar, para dar, para desagraviar. No es justo, por tanto, que lo malgastemos, ni que tiremos ese tesoro irresponsablemente por la ventana: no podemos desbaratar esta etapa del mundo que Dios confía a cada uno»6.

San Pablo, considerando la brevedad de nuestro paso por la tierra y la insignificancia que tienen las cosas en sí mismas, dice: pasa la sombra de este mundo7. Esta vida, en comparación de la que nos espera, es como su sombra.

La brevedad del tiempo es una llamada continua a sacarle el máximo rendimiento de cara a Dios. Hoy, en nuestra oración, podríamos preguntarnos si Dios está contento con la forma en que hemos vivido el año que ha pasado. Si ha sido bien aprovechado o, por el contrario, ha sido un año de ocasiones perdidas en el trabajo, en el apostolado, en la vida de familia; si hemos abandonado con frecuencia la Cruz, porque nos hemos quejado con facilidad al encontrarnos con la contradicción y con lo inesperado.

Cada año que pasa es una llamada para santificar nuestra vida ordinaria y un aviso de que estamos un poco más cerca del momento definitivo con Dios.

No nos cansemos de hacer el bien, que a su tiempo cosecharemos, si no desfallecemos. Por consiguiente, mientras hay tiempo hagamos el bien a todos8.

II. Al hacer examen es fácil que encontremos, en este año que termina, omisiones en la caridad, escasa laboriosidad en el trabajo profesional, mediocridad espiritual aceptada, poca limosna, egoísmo, vanidad, faltas de mortificación en las comidas, gracias del Espíritu Santo no correspondidas, intemperancia, malhumor, mal carácter, distracciones más o menos voluntarias en nuestras prácticas de piedad... Son innumerables los motivos para terminar el año pidiendo perdón al Señor, haciendo actos de contrición y de desagravio. Miramos cada uno de los días del año y «cada día hemos de pedir perdón, porque cada día hemos ofendido»9. Ni un solo día se escapa a esta realidad: han sido muchas nuestras faltas y nuestros errores. Sin embargo, son incomparablemente mayores los motivos de agradecimiento, en lo humano y en lo sobrenatural. Son incontables las mociones del Espíritu Santo, las gracias recibidas en el sacramento de la Penitencia y en la Comunión eucarística, los cuidados de nuestro Ángel Custodio, los méritos alcanzados al ofrecer nuestro trabajo o nuestro dolor por los demás, las numerosas ayudas que de otros hemos recibido. No importa que de esta realidad solo percibamos ahora una parte muy pequeña. Demos gracias a Dios por todos los beneficios recibidos durante el año.

«Es menester sacar fuerzas de nuevo para servir y procurar no ser ingratos, porque con esa condición las da el Señor; que si no usamos bien del tesoro y del gran estado en que nos pone, nos lo tornará a tomar y nos quedaremos muy más pobres, y dará Su Majestad las joyas a quien luzca y aproveche con ellas a sí y a los otros. Pues, ¿cómo aprovechará y gastará con largueza el que no entiende que está rico? Es imposible, conforme a nuestra naturaleza, a mi parecer, tener ánimo para cosas grandes quien no entiende está favorecido de Dios, porque somos tan miserables y tan inclinados a cosas de tierra, que mal podrá aborrecer todo lo de acá de hecho con gran desasimiento, quien no entiende tiene alguna prenda de lo de allá»10.

Terminar el año pidiendo perdón por tantas faltas de correspondencia a la gracia, por tantas veces como Jesús se puso a nuestro lado y no hicimos nada por verle y le dejamos pasar; a la vez, terminar el año agradeciendo al Señor la gran misericordia que ha tenido con nosotros y los innumerables beneficios, muchos de ellos desconocidos por nosotros mismos, que nos ha dado el Señor.

Y junto a la contrición y el agradecimiento, el propósito de amar a Dios y de luchar por adquirir las virtudes y desarraigar nuestros defectos, como si fuera el último año que el Señor nos concede.

III. En estos últimos días del año que termina y en los comienzos del que empieza nos desearemos unos a otros que tengamos un buen año. Al portero, a la farmacéutica, a los vecinos..., les diremos ¡Feliz año nuevo! o algo semejante. Un número parecido de personas nos desearán a nosotros lo mismo, y les daremos las gracias.

Pero, ¿qué es lo que entienden muchas gentes por «un año bueno», «un año lleno de felicidad», etcétera? «Es, a no dudarlo, que no sufráis en este año ninguna enfermedad, ninguna pena, ninguna contrariedad, ninguna preocupación, sino al contrario, que todo os sonría y os sea propicio, que ganéis bastante dinero y que el recaudador no os reclame demasiado, que los salarios se vean incrementados y el precio de los artículos disminuya, que la radio os comunique cada mañana buenas noticias. En pocas palabras, que no experimentéis ningún contratiempo»11.

Es bueno desear estos bienes humanos para nosotros y para los demás, si no nos separan de nuestro fin último. El año nuevo nos traerá, en proporciones desconocidas, alegrías y contrariedades. Un año bueno, para un cristiano, es aquel en el que unas y otras nos han servido para amar un poco más a Dios. Un año bueno, para un cristiano, no es aquel que viene cargado, en el supuesto de que fuera posible, de una felicidad natural al margen de Dios. Un año bueno es aquel en el que hemos servido mejor a Dios y a los demás, aunque en el plano humano haya sido un completo desastre. Puede ser, por ejemplo, un buen año aquel en el que apareció la grave enfermedad, tantos años latente y desconocida, si supimos santificarnos con ella y santificar a quienes estaban a nuestro alrededor.

Cualquier año puede ser «el mejor año» si aprovechamos las gracias que Dios nos tiene reservadas y que pueden convertir en bien la mayor de las desgracias. Para este año que comienza Dios nos ha preparado todas las ayudas que necesitamos para que sea «un buen año». No desperdiciemos ni un solo día. Y cuando llegue la caída, el error o el desánimo, recomenzar enseguida. En muchas ocasiones, a través del sacramento de la Penitencia.

¡Que tengamos todos «un buen año»! Que podamos presentarnos delante del Señor, una vez concluido, con las manos llenas de horas de trabajo ofrecidas a Dios, apostolado con nuestros amigos, incontables muestras de caridad con quienes nos rodean, muchos pequeños vencimientos, encuentros irrepetibles en la Comunión...

Hagamos el propósito de convertir las derrotas en victorias, acudiendo al Señor y recomenzando de nuevo.

Pidamos a la Virgen la gracia de vivir este año que comienza luchando como si fuera el último que el Señor nos concede.

1 Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum concilium, 2. — 2 ídem, Const. Lumen gentium, 8. — 3 2 Cor 6, 2. — 4 Ef 5, 15-16. — 5 Jn 9, 4. — 6 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 39. — 7 1 Cor 7, 31. — 8 Gal 6, 9-10. — 9 San Agustín, Sermón 256. — 10 Santa Teresa, Vida, 10, 3. — 11 G. Chevrot, El Evangelio al aire libre, p. 102.

 

 

“Un año que termina”

Cuando recuerdes tu vida pasada, pasada sin pena ni gloria, considera cuánto tiempo has perdido y cómo lo puedes recuperar: con penitencia y con mayor entrega. (Surco, 996)

31 de diciembre

Un año que termina –se ha dicho de mil modos, más o menos poéticos–, con la gracia y la misericordia de Dios, es un paso más que nos acerca al Cielo, nuestra definitiva Patria.

Al pensar en esta realidad, entiendo muy bien aquella exclamación que San Pablo escribe a los de Corinto: tempus breve est! (1 Cor VII, 29.), ¡qué breve es la duración de nuestro paso por la tierra! Estas palabras, para un cristiano coherente, suenan en lo más íntimo de su corazón como un reproche ante la falta de generosidad, y como una invitación constante para ser leal. Verdaderamente es corto nuestro tiempo para amar, para dar, para desagraviar. No es justo, por tanto, que lo malgastemos, ni que tiremos ese tesoro irresponsablemente por la ventana: no podemos desbaratar esta etapa del mundo que Dios confía a cada uno.

Pensemos valientemente en nuestra vida. ¿Por qué no encontramos a veces esos minutos, para terminar amorosamente el trabajo que nos atañe y que es el medio de nuestra santificación? ¿Por qué descuidamos las obligaciones familiares? ¿Por qué se mete la precipitación en el momento de rezar, de asistir al Santo Sacrificio de la Misa? ¿Por qué nos faltan la serenidad y la calma, para cumplir los deberes del propio estado, y nos entretenemos sin ninguna prisa en ir detrás de los caprichos personales? Me podéis responder: son pequeñeces. Sí, verdaderamente: pero esas pequeñeces son el aceite, nuestro aceite, que mantiene viva la llama y encendida la luz. (Amigos de Dios, 39-41)

 

 

La cultura del cuidado como camino de paz

Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz 2021 (1 de enero).

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA30/12/2020

1. En el umbral del Año Nuevo, deseo presentar mi más respetuoso saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los responsables de las organizaciones internacionales, a los líderes espirituales y a los fieles de diversas religiones, y a los hombres y mujeres de buena voluntad. A todos les hago llegar mis mejores deseos para que la humanidad pueda progresar en este año por el camino de la fraternidad, la justicia y la paz entre las personas, las comunidades, los pueblos y los Estados.

El año 2020 se caracterizó por la gran crisis sanitaria de COVID-19, que se ha convertido en un fenómeno multisectorial y mundial, que agrava las crisis fuertemente interrelacionadas, como la climática, alimentaria, económica y migratoria, y causa grandes sufrimientos y penurias. Pienso en primer lugar en los que han perdido a un familiar o un ser querido, pero también en los que se han quedado sin trabajo. Recuerdo especialmente a los médicos, enfermeros, farmacéuticos, investigadores, voluntarios, capellanes y personal de los hospitales y centros de salud, que se han esforzado y siguen haciéndolo, con gran dedicación y sacrificio, hasta el punto de que algunos de ellos han fallecido procurando estar cerca de los enfermos, aliviar su sufrimiento o salvar sus vidas. Al rendir homenaje a estas personas, renuevo mi llamamiento a los responsables políticos y al sector privado para que adopten las medidas adecuadas a fin de garantizar el acceso a las vacunas contra el COVID-19 y a las tecnologías esenciales necesarias para prestar asistencia a los enfermos y a los más pobres y frágiles[1].

Es doloroso constatar que, lamentablemente, junto a numerosos testimonios de caridad y solidaridad, están cobrando un nuevo impulso diversas formas de nacionalismo, racismo, xenofobia e incluso guerras y conflictos que siembran muerte y destrucción.

Estos y otros eventos, que han marcado el camino de la humanidad en el último año, nos enseñan la importancia de hacernos cargo los unos de los otros y también de la creación, para construir una sociedad basada en relaciones de fraternidad. Por eso he elegido como tema de este mensaje: La cultura del cuidado como camino de paz. Cultura del cuidado para erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontación, que suele prevalecer hoy en día.

2. Dios Creador, origen de la vocación humana al cuidado

En muchas tradiciones religiosas, hay narraciones que se refieren al origen del hombre, a su relación con el Creador, con la naturaleza y con sus semejantes. En la Biblia, el Libro del Génesis revela, desde el principio, la importancia del cuidado o de la custodia en el proyecto de Dios por la humanidad, poniendo en evidencia la relación entre el hombre (’adam) y la tierra (’adamah), y entre los hermanos. En el relato bíblico de la creación, Dios confía el jardín “plantado en el Edén” (cf. Gn 2,8) a las manos de Adán con la tarea de “cultivarlo y cuidarlo” (cf. Gn 2,15). Esto significa, por un lado, hacer que la tierra sea productiva y, por otro, protegerla y hacer que mantenga su capacidad para sostener la vida[2]. Los verbos “cultivar” y “cuidar” describen la relación de Adán con su casa-jardín e indican también la confianza que Dios deposita en él al constituirlo señor y guardián de toda la creación.

El nacimiento de Caín y Abel dio origen a una historia de hermanos, cuya relación sería interpretada —negativamente— por Caín en términos de protección o custodia. Caín, después de matar a su hermano Abel, respondió así a la pregunta de Dios: «¿Acaso yo soy guardián de mi hermano?» (Gn 4,9)[3]. Sí, ciertamente. Caín era el “guardián” de su hermano. «En estos relatos tan antiguos, cargados de profundo simbolismo, ya estaba contenida una convicción actual: que todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás»[4].

3. Dios Creador, modelo del cuidado

La Sagrada Escritura presenta a Dios no sólo como Creador, sino también como Aquel que cuida de sus criaturas, especialmente de Adán, de Eva y de sus hijos. El mismo Caín, aunque cayera sobre él el peso de la maldición por el crimen que cometió, recibió como don del Creador una señal de protección para que su vida fuera salvaguardada (cf. Gn 4,15). Este hecho, si bien confirma la dignidad inviolable de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios, también manifiesta el plan divino de preservar la armonía de la creación, porque «la paz y la violencia no pueden habitar juntas»[5].

Precisamente el cuidado de la creación está en la base de la institución del Shabbat que, además de regular el culto divino, tenía como objetivo restablecer el orden social y el cuidado de los pobres (cf. Gn 1,1-3; Lv 25,4). La celebración del Jubileo, con ocasión del séptimo año sabático, permitía una tregua a la tierra, a los esclavos y a los endeudados. En ese año de gracia, se protegía a los más débiles, ofreciéndoles una nueva perspectiva de la vida, para que no hubiera personas necesitadas en la comunidad (cf. Dt 15,4).

También es digna de mención la tradición profética, donde la cumbre de la comprensión bíblica de la justicia se manifestaba en la forma en que una comunidad trataba a los más débiles que estaban en ella. Por eso Amós (2,6-8; 8) e Isaías (58), en particular, hacían oír continuamente su voz en favor de la justicia para los pobres, quienes, por su vulnerabilidad y falta de poder, eran escuchados sólo por Dios, que los cuidaba (cf. Sal 34,7; 113,7-8).

4. El cuidado en el ministerio de Jesús

La vida y el ministerio de Jesús encarnan el punto culminante de la revelación del amor del Padre por la humanidad (cf. Jn 3,16). En la sinagoga de Nazaret, Jesús se manifestó como Aquel a quien el Señor ungió «para anunciar la buena noticia a los pobres, ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dejar en libertad a los oprimidos» (Lc 4,18). Estas acciones mesiánicas, típicas de los jubileos, constituyen el testimonio más elocuente de la misión que le confió el Padre. En su compasión, Cristo se acercaba a los enfermos del cuerpo y del espíritu y los curaba; perdonaba a los pecadores y les daba una vida nueva. Jesús era el Buen Pastor que cuidaba de las ovejas (cf. Jn 10,11-18; Ez 34,1-31); era el Buen Samaritano que se inclinaba sobre el hombre herido, vendaba sus heridas y se ocupaba de él (cf. Lc 10,30-37).

En la cúspide de su misión, Jesús selló su cuidado hacia nosotros ofreciéndose a sí mismo en la cruz y liberándonos de la esclavitud del pecado y de la muerte. Así, con el don de su vida y su sacrificio, nos abrió el camino del amor y dice a cada uno: “Sígueme y haz lo mismo” (cf. Lc 10,37).

5. La cultura del cuidado en la vida de los seguidores de Jesús

Las obras de misericordia espirituales y corporales constituyen el núcleo del servicio de caridad de la Iglesia primitiva. Los cristianos de la primera generación compartían lo que tenían para que nadie entre ellos pasara necesidad (cf. Hch 4,34-35) y se esforzaban por hacer de la comunidad un hogar acogedor, abierto a todas las situaciones humanas, listo para hacerse cargo de los más frágiles. Así, se hizo costumbre realizar ofrendas voluntarias para dar de comer a los pobres, enterrar a los muertos y sustentar a los huérfanos, a los ancianos y a las víctimas de desastres, como los náufragos. Y cuando, en períodos posteriores, la generosidad de los cristianos perdió un poco de dinamismo, algunos Padres de la Iglesia insistieron en que la propiedad es querida por Dios para el bien común. Ambrosio sostenía que «la naturaleza ha vertido todas las cosas para el bien común. [...] Por lo tanto, la naturaleza ha producido un derecho común para todos, pero la codicia lo ha convertido en un derecho para unos pocos»[6]. Habiendo superado las persecuciones de los primeros siglos, la Iglesia aprovechó la libertad para inspirar a la sociedad y su cultura. «Las necesidades de la época exigían nuevos compromisos al servicio de la caridad cristiana. Las crónicas de la historia reportan innumerables ejemplos de obras de misericordia. De esos esfuerzos concertados han surgido numerosas instituciones para el alivio de todas las necesidades humanas: hospitales, hospicios para los pobres, orfanatos, hogares para niños, refugios para peregrinos, entre otras»[7].

6. Los principios de la doctrina social de la Iglesia como fundamento de la cultura del cuidado

La diakonia de los orígenes, enriquecida por la reflexión de los Padres y animada, a lo largo de los siglos, por la caridad activa de tantos testigos elocuentes de la fe, se ha convertido en el corazón palpitante de la doctrina social de la Iglesia, ofreciéndose a todos los hombres de buena voluntad como un rico patrimonio de principios, criterios e indicaciones, del que extraer la “gramática” del cuidado: la promoción de la dignidad de toda persona humana, la solidaridad con los pobres y los indefensos, la preocupación por el bien común y la salvaguardia de la creación.

* El cuidado como promoción de la dignidad y de los derechos de la persona.

«El concepto de persona, nacido y madurado en el cristianismo, ayuda a perseguir un desarrollo plenamente humano. Porque persona significa siempre relación, no individualismo, afirma la inclusión y no la exclusión, la dignidad única e inviolable y no la explotación»[8]. Cada persona humana es un fin en sí misma, nunca un simple instrumento que se aprecia sólo por su utilidad, y ha sido creada para convivir en la familia, en la comunidad, en la sociedad, donde todos los miembros tienen la misma dignidad. De esta dignidad derivan los derechos humanos, así como los deberes, que recuerdan, por ejemplo, la responsabilidad de acoger y ayudar a los pobres, a los enfermos, a los marginados, a cada uno de nuestros «prójimos, cercanos o lejanos en el tiempo o en el espacio»[9].

* El cuidado del bien común.

Cada aspecto de la vida social, política y económica encuentra su realización cuando está al servicio del bien común, es decir del «conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección»[10]. Por lo tanto, nuestros planes y esfuerzos siempre deben tener en cuenta sus efectos sobre toda la familia humana, sopesando las consecuencias para el momento presente y para las generaciones futuras. La pandemia de Covid-19 nos muestra cuán cierto y actual es esto, puesto que «nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos»[11], porque «nadie se salva solo»[12] y ningún Estado nacional aislado puede asegurar el bien común de la propia población[13].

* El cuidado mediante la solidaridad.

La solidaridad expresa concretamente el amor por el otro, no como un sentimiento vago, sino como «determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos»[14]. La solidaridad nos ayuda a ver al otro —entendido como persona o, en sentido más amplio, como pueblo o nación— no como una estadística, o un medio para ser explotado y luego desechado cuando ya no es útil, sino como nuestro prójimo, compañero de camino, llamado a participar, como nosotros, en el banquete de la vida al que todos están invitados igualmente por Dios.

* El cuidado y la protección de la creación.

La encíclica Laudato si’ constata plenamente la interconexión de toda la realidad creada y destaca la necesidad de escuchar al mismo tiempo el clamor de los necesitados y el de la creación. De esta escucha atenta y constante puede surgir un cuidado eficaz de la tierra, nuestra casa común, y de los pobres. A este respecto, deseo reafirmar que «no puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos»[15]. «Paz, justicia y conservación de la creación son tres temas absolutamente ligados, que no podrán apartarse para ser tratados individualmente so pena de caer nuevamente en el reduccionismo»[16].

7. La brújula para un rumbo común

En una época dominada por la cultura del descarte, frente al agravamiento de las desigualdades dentro de las naciones y entre ellas[17], quisiera por tanto invitar a los responsables de las organizaciones internacionales y de los gobiernos, del sector económico y del científico, de la comunicación social y de las instituciones educativas a tomar en mano la “brújula” de los principios anteriormente mencionados, para dar un rumbo común al proceso de globalización, «un rumbo realmente humano»[18]. Esta permitiría apreciar el valor y la dignidad de cada persona, actuar juntos y en solidaridad por el bien común, aliviando a los que sufren a causa de la pobreza, la enfermedad, la esclavitud, la discriminación y los conflictos. A través de esta brújula, animo a todos a convertirse en profetas y testigos de la cultura del cuidado, para superar tantas desigualdades sociales. Y esto será posible sólo con un fuerte y amplio protagonismo de las mujeres, en la familia y en todos los ámbitos sociales, políticos e institucionales.

La brújula de los principios sociales, necesaria para promover la cultura del cuidado, es también indicativa para las relaciones entre las naciones, que deberían inspirarse en la fraternidad, el respeto mutuo, la solidaridad y el cumplimiento del derecho internacional. A este respecto, debe reafirmarse la protección y la promoción de los derechos humanos fundamentales, que son inalienables, universales e indivisibles[19].

También cabe mencionar el respeto del derecho humanitario, especialmente en este tiempo en que los conflictos y las guerras se suceden sin interrupción. Lamentablemente, muchas regiones y comunidades ya no recuerdan una época en la que vivían en paz y seguridad. Muchas ciudades se han convertido en epicentros de inseguridad: sus habitantes luchan por mantener sus ritmos normales porque son atacados y bombardeados indiscriminadamente por explosivos, artillería y armas ligeras. Los niños no pueden estudiar. Los hombres y las mujeres no pueden trabajar para mantener a sus familias. La hambruna echa raíces donde antes era desconocida. Las personas se ven obligadas a huir, dejando atrás no sólo sus hogares, sino también la historia familiar y las raíces culturales.

Las causas del conflicto son muchas, pero el resultado es siempre el mismo: destrucción y crisis humanitaria. Debemos detenernos y preguntarnos: ¿qué ha llevado a la normalización de los conflictos en el mundo? Y, sobre todo, ¿cómo podemos convertir nuestro corazón y cambiar nuestra mentalidad para buscar verdaderamente la paz en solidaridad y fraternidad?

Cuánto derroche de recursos hay para las armas, en particular para las nucleares[20], recursos que podrían utilizarse para prioridades más importantes a fin de garantizar la seguridad de las personas, como la promoción de la paz y del desarrollo humano integral, la lucha contra la pobreza y la satisfacción de las necesidades de salud. Además, esto se manifiesta a causa de los problemas mundiales como la actual pandemia de Covid-19 y el cambio climático. Qué valiente decisión sería «constituir con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares “un Fondo mundial” para poder derrotar definitivamente el hambre y ayudar al desarrollo de los países más pobres»[21].

8. Para educar a la cultura del cuidado

La promoción de la cultura del cuidado requiere un proceso educativo y la brújula de los principios sociales se plantea con esta finalidad, como un instrumento fiable para diferentes contextos relacionados entre sí. Me gustaría ofrecer algunos ejemplos al respecto.

— La educación para el cuidado nace en la familia, núcleo natural y fundamental de la sociedad, donde se aprende a vivir en relación y en respeto mutuo. Sin embargo, es necesario poner a la familia en condiciones de cumplir esta tarea vital e indispensable.

— Siempre en colaboración con la familia, otros sujetos encargados de la educación son la escuela y la universidad y, de igual manera, en ciertos aspectos, los agentes de la comunicación social[22]. Dichos sujetos están llamados a transmitir un sistema de valores basado en el reconocimiento de la dignidad de cada persona, de cada comunidad lingüística, étnica y religiosa, de cada pueblo y de los derechos fundamentales que derivan de estos. La educación constituye uno de los pilares más justos y solidarios de la sociedad.

— Las religiones en general, y los líderes religiosos en particular, pueden desempeñar un papel insustituible en la transmisión a los fieles y a la sociedad de los valores de la solidaridad, el respeto a las diferencias, la acogida y el cuidado de los hermanos y hermanas más frágiles. A este respecto, recuerdo las palabras del Papa Pablo VI dirigidas al Parlamento ugandés en 1969: «No temáis a la Iglesia. Ella os honra, os forma ciudadanos honrados y leales, no fomenta rivalidades ni divisiones, trata de promover la sana libertad, la justicia social, la paz; si tiene alguna preferencia es para los pobres, para la educación de los pequeños y del pueblo, para la asistencia a los abandonados y a cuantos sufren»[23].

— A todos los que están comprometidos al servicio de las poblaciones, en las organizaciones internacionales gubernamentales y no gubernamentales, que desempeñan una misión educativa, y a todos los que, de diversas maneras, trabajan en el campo de la educación y la investigación, los animo nuevamente, para que se logre el objetivo de una educación «más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión»[24]. Espero que esta invitación, hecha en el contexto del Pacto educativo global, reciba un amplio y renovado apoyo.

9. No hay paz sin la cultura del cuidado

La cultura del cuidado, como compromiso común, solidario y participativo para proteger y promover la dignidad y el bien de todos, como una disposición al cuidado, a la atención, a la compasión, a la reconciliación y a la recuperación, al respeto y a la aceptación mutuos, es un camino privilegiado para construir la paz. «En muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar las heridas, se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia»[25].

En este tiempo, en el que la barca de la humanidad, sacudida por la tempestad de la crisis, avanza con dificultad en busca de un horizonte más tranquilo y sereno, el timón de la dignidad de la persona humana y la “brújula” de los principios sociales fundamentales pueden permitirnos navegar con un rumbo seguro y común. Como cristianos, fijemos nuestra mirada en la Virgen María, Estrella del Mar y Madre de la Esperanza. Trabajemos todos juntos para avanzar hacia un nuevo horizonte de amor y paz, de fraternidad y solidaridad, de apoyo mutuo y acogida. No cedamos a la tentación de desinteresarnos de los demás, especialmente de los más débiles; no nos acostumbremos a desviar la mirada[26], sino comprometámonos cada día concretamente para «formar una comunidad compuesta de hermanos que se acogen recíprocamente y se preocupan los unos de los otros»[27].

Vaticano, 8 de diciembre de 2020

Francisco


[1] Cf. Videomensaje con motivo de la 75.ª Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, 25 septiembre 2020.

[2] Cf. Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 67.

[3] Cf. La fraternidad, fundamento y camino para la paz”. Mensaje para la celebración de la 47.a Jornada Mundial de la Paz1 enero 2014 (8 diciembre 2013), 2.

[4] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 70.

[5] Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 488.

[6] De officiis, 1, 28, 132: PL 16, 67.

[7] K. Bihlmeyer - H. Tüchle, Church History, vol.1, Westminster, The Newman Press, 1958, pp. 373-374.

[8] Discurso a los participantes en el Congreso organizado por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral en el 50.o aniversario de la Carta encíclica “Populorum progressio (4 abril 2017).

[9] Mensaje a la 22.ª Sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (COP22), 10 noviembre 2016. Cf. Grupo de Trabajo interdicasterial de la Santa Sede sobre la Ecología Integral, En camino para el cuidado de la casa común. A cinco años de la Laudato si’, LEV, 31 mayo 2020.

[10] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 26.

[11] Momento extraordinario de oración en tiempos de pandemia, 27 marzo 2020.

[12] Ibíd.

[13] Cf. Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 8153.

[14] S. Juan Pablo II, Carta. enc. Sollicitudo rei socialis (30 diciembre 1987), 38.

[15] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 91.

[16] Conferencia del Episcopado Dominicano, Carta pastoral Sobre la relación del hombre con la naturaleza (21 enero 1987); cf. Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 92.

[17] Cf. Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 125.

[18] Ibíd., 29.

[19] Cf. Mensaje a los participantes en la Conferencia internacional “Los derechos humanos en el mundo contemporáneo: conquistas, omisiones, negaciones”, Roma, 10-11 diciembre 2018.

[20] Cf. Mensaje a la Conferencia de la ONU para la negociación de un instrumento jurídicamente vinculante sobre la prohibición de las armas nucleares que conduzca a su total eliminación, 23 marzo 2017.

[21] Videomensaje para la Jornada Mundial de la Alimentación, 16 octubre 2020.

[22] Cf. Benedicto XVI, “Educar a los jóvenes en la justicia y la paz”. Mensaje para la celebración de la 45.a Jornada Mundial de la Paz, 1 enero 2012 (8 diciembre 2011), 2; “Vence la indiferencia y conquista la paz”. Mensaje para la celebración de la 49.a Jornada Mundial de la Paz, 1 enero 2016 (8 diciembre 2015), 6.

[23] Discurso a los Diputados y Senadores de UgandaKampala, 1 agosto 1969.

[24] Mensaje para el lanzamiento del Pacto Educativo, 12 septiembre 2019.

[25] Carta. enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 225.

[26] Cf. Ibíd., 64.

[27] Ibíd., 96; cf. “La fraternidad, fundamento y camino para la paz”. Mensaje para la 47.ª Jornada Mundial de la Paz1 enero 2014 (8 diciembre 2013), 1.

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Madre de Dios, Madre nuestra

Homilía de san Josemaría, pronunciada el 11 de octubre de 1964, fiesta entonces de la Maternidad de la Santísima Virgen, y publicada en 'Amigos de Dios'.

HOMILÍAS EN AUDIO30/12/2020

Todas las fiestas de Nuestra Señora son grandes, porque constituyen ocasiones que la Iglesia nos brinda para demostrar con hechos nuestro amor a Santa María. Pero si tuviera que escoger una, entre esas festividades, prefiero la de hoy: la Maternidad divina de la Santísima Virgen.

Esta celebración nos lleva a considerar algunos de los misterios centrales de nuestra fe: a meditar en la Encarnación del Verbo, obra de las tres Personas de la Trinidad Santísima. María, Hija de Dios Padre, por la Encarnación del Señor en sus entrañas inmaculadas es Esposa de Dios Espíritu Santo y Madre de Dios Hijo.

Cuando la Virgen respondió que sí, libremente, a aquellos designios que el Creador le revelaba, el Verbo divino asumió la naturaleza humana: el alma racional y el cuerpo formado en el seno purísimo de María. La naturaleza divina y la humana se unían en una única Persona: Jesucristo, verdadero Dios y, desde entonces, verdadero Hombre; Unigénito eterno del Padre y, a partir de aquel momento, como Hombre, hijo verdadero de María: por eso Nuestra Señora es Madre del Verbo encarnado, de la segunda Persona de la Santísima Trinidad que ha unido a sí para siempre —sin confusión— la naturaleza humana. Podemos decir bien alto a la Virgen Santa, como la mejor alabanza, esas palabras que expresan su más alta dignidad: Madre de Dios.

Fe del pueblo cristiano

Esa ha sido siempre la fe segura. Contra los que la negaron, el Concilio de Efeso proclamó que si alguno no confiesa que el Emmanuel es verdaderamente Dios, y que por eso la Santísima Virgen es Madre de Dios, puesto que engendró según la carne al Verbo de Dios encarnado, sea anatema.

La historia nos ha conservado testimonios de la alegría de los cristianos ante estas decisiones claras, netas, que reafirmaban lo que todos creían: el pueblo entero de la ciudad de Efeso, desde las primeras horas de la mañana hasta la noche, permaneció ansioso en espera de la resolución... Cuando se supo que el autor de las blasfemias había sido depuesto, todos a una voz comenzaron a glorificar a Dios y a aclamar al Sínodo, porque había caído el enemigo de la fe. Apenas salidos de la iglesia, fuimos acompañados con antorchas a nuestras casas. Era de noche: toda la ciudad estaba alegre e iluminada. Así escribe San Cirilo, y no puedo negar que, aun a distancia de dieciséis siglos, aquella reacción de piedad me impresiona hondamente.

Quiera Dios Nuestro Señor que esta misma fe arda en nuestros corazones, y que se alce de nuestros labios un canto de acción de gracias: porque la Trinidad Santísima, al haber elegido a María como Madre de Cristo, Hombre como nosotros, nos ha puesto a cada uno bajo su manto maternal. Es Madre de Dios y Madre nuestra.

La Maternidad divina de María es la raíz de todas las perfecciones y privilegios que la adornan. Por ese título, fue concebida inmaculada y está llena de gracia, es siempre virgen, subió en cuerpo y alma a los cielos, ha sido coronada como Reina de la creación entera, por encima de los ángeles y de los santos. Más que Ella, sólo Dios. La Santísima Virgen, por ser Madre de Dios, posee una dignidad en cierto modo infinita, del bien infinito que es Dios. No hay peligro de exagerar. Nunca profundizaremos bastante en este misterio inefable; nunca podremos agradecer suficientemente a Nuestra Madre esta familiaridad que nos ha dado con la Trinidad Beatísima.

Eramos pecadores y enemigos de Dios. La Redención no sólo nos libra del pecado y nos reconcilia con el Señor: nos convierte en hijos, nos entrega una Madre, la misma que engendró al Verbo, según la Humanidad. ¿Cabe más derroche, más exceso de amor? Dios ansiaba redimirnos, disponía de muchos modos para ejecutar su Voluntad Santísima, según su infinita sabiduría. Escogió uno, que disipa todas las posibles dudas sobre nuestra salvación y glorificación. Como el primer Adán no nació de hombre y de mujer, sino que fue plasmado en la tierra, así también el último Adán, que había de curar la herida del primero, tomó un cuerpo plasmado en el seno de Virgen, para ser, en cuanto a la carne, igual a la carne de los que pecaron.

Madre del Amor Hermoso

Ego quasi vitis fructificavi...: como vid eché hermosos sarmientos y mis flores dieron sabrosos y ricos frutos. Así hemos leído en la Epístola. Que esa suavidad de olor que es la devoción a la Madre nuestra, abunde en nuestra alma y en el alma de todos los cristianos, y nos lleve a la confianza más completa en quien vela siempre por nosotros.

Yo soy la Madre del amor hermoso, del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. Lecciones que nos recuerda hoy Santa María. Lección de amor hermoso, de vida limpia, de un corazón sensible y apasionado, para que aprendamos a ser fieles al servicio de la Iglesia. No es un amor cualquiera éste: es el Amor. Aquí no se dan traiciones, ni cálculos, ni olvidos. Un amor hermoso, porque tiene como principio y como fin el Dios tres veces Santo, que es toda la Hermosura y toda la Bondad y toda la Grandeza.

Pero se habla también de temor. No me imagino más temor que el de apartarse del Amor. Porque Dios Nuestro Señor no nos quiere apocados, timoratos, o con una entrega anodina. Nos necesita audaces, valientes, delicados. El temor que nos recuerda el texto sagrado nos trae a la cabeza aquella otra queja de la Escritura: busqué al amado de mi alma; lo busqué y no lo hallé.

Esto puede ocurrir, si el hombre no ha comprendido hasta el fondo lo que significa amar a Dios. Sucede entonces que el corazón se deja arrastrar por cosas que no conducen al Señor. Y, como consecuencia, lo perdemos de vista. Otras veces quizá es el Señor el que se esconde: El sabe por qué. Nos anima entonces a buscarle con más ardor y, cuando lo descubrimos, exclamamos gozosos: le así y ya no lo soltaré.

El Evangelio de la Santa Misa nos ha recordado aquella escena conmovedora de Jesús, que se queda en Jerusalén enseñando en el templo. María y José anduvieron la jornada entera, preguntando a los parientes y conocidos. Pero, como no lo hallasen, volvieron a Jerusalén en su busca. La Madre de Dios, que buscó afanosamente a su hijo, perdido sin culpa de Ella, que experimentó la mayor alegría al encontrarle, nos ayudará a desandar lo andado, a rectificar lo que sea preciso cuando por nuestras ligerezas o pecados no acertemos a distinguir a Cristo. Alcanzaremos así la alegría de abrazarnos de nuevo a El, para decirle que no lo perderemos más.

Madre de la ciencia es María, porque con Ella se aprende la lección que más importa: que nada vale la pena, si no estamos junto al Señor; que de nada sirven todas las maravillas de la tierra, todas las ambiciones colmadas, si en nuestro pecho no arde la llama de amor vivo, la luz de la santa esperanza que es un anticipo del amor interminable en nuestra definitiva Patria.

En mí se encuentra toda gracia de doctrina y de verdad, toda esperanza de vida y de virtud. ¡Con cuánta sabiduría la Iglesia ha puesto esas palabras en boca de nuestra Madre, para que los cristianos no las olvidemos! Ella es la seguridad, el Amor que nunca abandona, el refugio constantemente abierto, la mano que acaricia y consuela siempre.

Un antiguo Padre de la Iglesia escribe que hemos de procurar conservar en nuestra mente y en nuestra memoria un ordenado resumen de la vida de la Madre de Dios. Habréis ojeado en tantas ocasiones esos prontuarios, de medicina, de matemáticas o de otras materias. Allí se enumeran, para cuando se requieren con urgencia, los remedios inmediatos, las medidas que se deben adoptar con el fin de no descaminarse en esas ciencias.

Meditemos frecuentemente todo lo que hemos oído de Nuestra Madre, en una oración sosegada y tranquila. Y, como poso, se irá grabando en nuestra alma ese compendio, para acudir sin vacilar a Ella, especialmente cuando no tengamos otro asidero. ¿No es esto interés personal, por nuestra parte? Ciertamente lo es. Pero ¿acaso las madres ignoran que los hijos somos de ordinario un poco interesados, y que a menudo nos dirigimos a ellas como al último remedio? Están convencidas y no les importa: por eso son madres, y su amor desinteresado percibe —en nuestro aparente egoísmo— nuestro afecto filial y nuestra confianza segura.

No pretendo —ni para mí, ni para vosotros— que nuestra devoción a Santa María se limite a estas llamadas apremiantes. Pienso —sin embargo— que no debe humillarnos, si nos ocurre eso en algún momento. Las madres no contabilizan los detalles de cariño que sus hijos les demuestran; no pesan ni miden con criterios mezquinos. Una pequeña muestra de amor la saborean como miel, y se vuelcan concediendo mucho más de lo que reciben. Si así reaccionan las madres buenas de la tierra, imaginaos lo que podremos esperar de Nuestra Madre Santa María.

Madre de la Iglesia

Me gusta volver con la imaginación a aquellos años en los que Jesús permaneció junto a su Madre, que abarcan casi toda la vida de Nuestro Señor en este mundo. Verle pequeño, cuando María lo cuida y lo besa y lo entretiene. Verle crecer, ante los ojos enamorados de su Madre y de José, su padre en la tierra. Con cuánta ternura y con cuánta delicadeza María y el Santo Patriarca se preocuparían de Jesús durante su infancia y, en silencio, aprenderían mucho y constantemente de El. Sus almas se irían haciendo al alma de aquel Hijo, Hombre y Dios. Por eso la Madre —y, después de Ella, José— conoce como nadie los sentimientos del Corazón de Cristo, y los dos son el camino mejor, afirmaría que el único, para llegar al Salvador.

Que en cada uno de vosotros, escribía San Ambrosio, esté el alma de María, para alabar al Señor; que en cada uno esté el espíritu de María, para gozarse en Dios. Y este Padre de la iglesia añade unas consideraciones que a primera vista resultan atrevidas, pero que tienen un sentido espiritual claro para la vida del cristiano. Según la carne, una sola es la Madre de Cristo; según la fe, Cristo es fruto de todos nosotros.

Si nos identificamos con María, si imitamos sus virtudes, podremos lograr que Cristo nazca, por la gracia, en el alma de muchos que se identificarán con El por la acción del Espíritu Santo. Si imitamos a María, de alguna manera participaremos en su maternidad espiritual. En silencio, como Nuestra Señora; sin que se note, casi sin palabras, con el testimonio íntegro y coherente de una conducta cristiana, con la generosidad de repetir sin cesar un fiat que se renueva como algo íntimo entre nosotros y Dios.

Su mucho amor a Nuestra Señora y su falta de cultura teológica llevó, a un buen cristiano, a hacerme conocer cierta anécdota que voy a narraros, porque —con toda su ingenuidad— es lógica en persona de pocas letras.

Tómelo —me decía— como un desahogo: comprenda mi tristeza ante algunas cosas que suceden en estos tiempos. Durante la preparación y el desarrollo del actual Concilio, se ha propuesto incluir el tema de la Virgen. Así: el tema. ¿Hablan de ese modo los hijos? ¿Es ésa la fe que han profesado siempre los fieles? ¿Desde cuándo el amor a la Virgen es un tema, sobre el que se admita entablar una disputa a propósito de su conveniencia?

Si algo está reñido con el amor, es la cicatería. No me importa ser muy claro; si no lo fuera —continuaba— me parecería una ofensa a Nuestra Madre Santa. Se ha discutido si era o no oportuno llamar a María Madre de la Iglesia. Me molesta descender a más detalles. Pero la Madre de Dios y, por eso, Madre de todos los cristianos, ¿no será Madre de la Iglesia, que es la reunión de los que han sido bautizados y han renacido en Cristo, hijo de María?

No me explico —seguía— de dónde nace la mezquindad de escatimar ese título en alabanza de Nuestra Señora. ¡Qué diferente es la fe de la Iglesia! El tema de la Virgen. ¿Pretenden los hijos plantear el tema del amor a su madre? La quieren y basta. La querrán mucho, si son buenos hijos. Del tema —o del esquema— hablan los extraños, los que estudian el caso con la frialdad del enunciado de un problema. Hasta aquí el desahogo recto y piadoso, pero injusto, de aquella alma simple y devotísima.

Sigamos nosotros ahora considerando este misterio de la Maternidad divina de María, en una oración callada, afirmando desde el fondo del alma: Virgen, Madre de Dios: Aquel a quien los Cielos no pueden contener, se ha encerrado en tu seno para tomar la carne de hombre.

Mirad lo que nos hace recitar hoy la liturgia: bienaventuradas sean las entrañas de la Virgen María, que acogieron al Hijo del Padre eterno. Una exclamación vieja y nueva, humana y divina. Es decir al Señor, como se usa en algunos sitios para ensalzar a una persona: ¡bendita sea la madre que te trajo al mundo!

Maestra de fe, de esperanza y de caridad

María cooperó con su caridad para que nacieran en la Iglesia los fieles, miembros de aquella Cabeza de la que es efectivamente madre según el cuerpo. Como Madre, enseña; y, también como Madre, sus lecciones no son ruidosas. Es preciso tener en el alma una base de finura, un toque de delicadeza, para comprender lo que nos manifiesta, más que con promesas, con obras.

Maestra de fe. ¡Bienaventurada tú, que has creído!, así la saluda Isabel, su prima, cuando Nuestra Señora sube a la montaña para visitarla. Había sido maravilloso aquel acto de fe de Santa María: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. En el Nacimiento de su Hijo contempla las grandezas de Dios en la tierra: hay un coro de ángeles, y tanto los pastores como los poderosos de la tierra vienen a adorar al Niño. Pero después la Sagrada Familia ha de huir a Egipto, para escapar de los intentos criminales de Herodes. Luego, el silencio: treinta largos años de vida sencilla, ordinaria, como la de un hogar más de un pequeño pueblo de Galilea.

El Santo Evangelio, brevemente, nos facilita el camino para entender el ejemplo de Nuestra Madre: María conservaba todas estas cosas dentro de sí, ponderándolas en su corazón. Procuremos nosotros imitarla, tratando con el Señor, en un diálogo enamorado, de todo lo que nos pasa, hasta de los acontecimientos más menudos. No olvidemos que hemos de pesarlos, valorarlos, verlos con ojos de fe, para descubrir la Voluntad de Dios.

Si nuestra fe es débil, acudamos a María. Cuenta San Juan que por el milagro de las bodas de Caná, que Cristo realizó a ruegos de su Madre, creyeron en El sus discípulos. Nuestra Madre intercede siempre ante su Hijo para que nos atienda y se nos muestre, de tal modo, que podamos confesar: Tú eres el Hijo de Dios.

Maestra de esperanza. María proclama que la llamarán bienaventurada todas las generaciones. Humanamente hablando, ¿en qué motivos se apoyaba esa esperanza? ¿Quién era Ella, para los hombres y mujeres de entonces? Las grandes heroínas del Viejo Testamento —Judit, Ester, Débora— consiguieron ya en la tierra una gloria humana, fueron aclamadas por el pueblo, ensalzadas. El trono de María, como el de su Hijo, es la Cruz. Y durante el resto de su existencia, hasta que subió en cuerpo y alma a los Cielos, es su callada presencia lo que nos impresiona. San Lucas, que la conocía bien, anota que está junto a los primeros discípulos, en oración. Así termina sus días terrenos, la que habría de ser alabada por las criaturas hasta la eternidad.

¡Cómo contrasta la esperanza de Nuestra Señora con nuestra impaciencia! Con frecuencia reclamamos a Dios que nos pague enseguida el poco bien que hemos efectuado. Apenas aflora la primera dificultad, nos quejamos. Somos, muchas veces, incapaces de sostener el esfuerzo, de mantener la esperanza. Porque nos falta fe: ¡bienaventurada tú, que has creído! Porque se cumplirán las cosas que se te han declarado de parte del Señor.

Maestra de caridad. Recordad aquella escena de la presentación de Jesús en el templo. El anciano Simeón aseguró a María, su Madre: mira, este niño está destinado para ruina y para resurrección de muchos en Israel y para ser el blanco de la contradicción; lo que será para ti misma una espada que traspasará tu alma, a fin de que sean descubiertos los pensamientos ocultos en los corazones de muchos. La inmensa caridad de María por la humanidad hace que se cumpla, también en Ella, la afirmación de Cristo: nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos.

Con razón los Romanos Pontífices han llamado a María Corredentora: de tal modo, juntamente con su Hijo paciente y muriente, padeció y casi murió; y de tal modo, por la salvación de los hombres, abdicó de los derechos maternos sobre su Hijo, y le inmoló, en cuanto de Ella dependía, para aplacar la justicia de Dios, que puede con razón decirse que Ella redimió al género humano juntamente con Cristo. Así entendemos mejor aquel momento de la Pasión de Nuestro Señor, que nunca nos cansaremos de meditar: stabat autem iuxta crucem Iesu mater eius, estaba junto a la cruz de Jesús su Madre.

Habréis observado cómo algunas madres, movidas de un legítimo orgullo, se apresuran a ponerse al lado de sus hijos cuando éstos triunfan, cuando reciben un público reconocimiento. Otras, en cambio, incluso en esos momentos permanecen en segundo plano, amando en silencio. María era así, y Jesús lo sabía.

Ahora, en cambio, en el escándalo del Sacrificio de la Cruz, Santa María estaba presente, oyendo con tristeza a los que pasaban por allí, y blasfemaban meneando la cabeza y gritando: ¡Tú, que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo!; si eres el hijo de Dios, desciende de la Cruz. Nuestra Señora escuchaba las palabras de su Hijo, uniéndose a su dolor: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?. ¿Qué podía hacer Ella? Fundirse con el amor redentor de su Hijo, ofrecer al Padre el dolor inmenso —como una espada afilada— que traspasaba su Corazón puro.

De nuevo Jesús se siente confortado, con esa presencia discreta y amorosa de su Madre. No grita María, no corre de un lado a otro. Stabat: está en pie, junto al Hijo. Es entonces cuando Jesús la mira, dirigiendo después la vista a Juan. Y exclama: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: ahí tienes a tu Madre. En Juan, Cristo confía a su Madre todos los hombres y especialmente sus discípulos: los que habían de creer en El.

Felix culpa, canta la Iglesia, feliz culpa, porque ha alcanzado tener tal y tan grande Redentor. Feliz culpa, podemos añadir también, que nos ha merecido recibir por Madre a Santa María. Ya estamos seguros, ya nada debe preocuparnos: porque Nuestra Señora, coronada Reina de cielos y tierra, es la omnipotencia suplicante delante de Dios. Jesús no puede negar nada a María, ni tampoco a nosotros, hijos de su misma Madre.

Madre nuestra

Los hijos, especialmente cuando son aún pequeños, tienden a preguntarse qué han de realizar por ellos sus padres, olvidando en cambio las obligaciones de piedad filial. Somos los hijos, de ordinario, muy interesados, aunque esa conducta —ya lo hemos hecho notar—, no parece importar mucho a las madres, porque tienen suficiente amor en sus corazones y quieren con el mejor cariño: el que se da sin esperar correspondencia.

Así ocurre también con Santa María. Pero hoy, en la fiesta de su Maternidad divina, hemos de esforzarnos en una observación más detenida. Han de dolernos, si las encontramos, nuestras faltas de delicadeza con esta Madre buena. Os pregunto —y me pregunto yo—, ¿cómo la honramos?

Volvemos de nuevo a la experiencia de cada día, al trato con nuestras madres en la tierra. Por encima de todo, ¿qué desean, de sus hijos, que son carne de su carne y sangre de su sangre? Su mayor ilusión es tenerlos cerca. Cuando los hijos crecen y no es posible que continúen a su lado, aguardan con impaciencia sus noticias, les emociona todo lo que les ocurre: desde una ligera enfermedad hasta los sucesos más importantes.

Mirad: para nuestra Madre Santa María jamás dejamos de ser pequeños, porque Ella nos abre el camino hacia el Reino de los Cielos, que será dado a los que se hacen niños. De Nuestra Señora no debemos apartarnos nunca. ¿Cómo la honraremos? Tratándola, hablándole, manifestándole nuestro cariño, ponderando en nuestro corazón las escenas de su vida en la tierra, contándole nuestras luchas, nuestros éxitos y nuestro fracasos.

Descubrimos así —como si las recitáramos por vez primera— el sentido de las oraciones marianas, que se han rezado siempre en la Iglesia. ¿Qué son el Ave Maria y el Ángelus sino alabanzas encendidas a la Maternidad divina? Y en el Santo Rosario —esa maravillosa devoción, que nunca me cansaré de aconsejar a todos los cristianos— pasan por nuestra cabeza y por nuestro corazón los misterios de la conducta admirable de María, que son los mismos misterios fundamentales de la fe.

El año litúrgico aparece jalonado de fiestas en honor a Santa María. El fundamento de este culto es la Maternidad divina de Nuestra Señora, origen de la plenitud de dones de naturaleza y de gracia con que la Trinidad Beatísima la ha adornado. Demostraría escasa formación cristiana —y muy poco amor de hijo— quien temiese que el culto a la Santísima Virgen pudiera disminuir la adoración que se debe a Dios. Nuestra Madre, modelo de humildad, cantó: me llamarán bienaventurada todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes aquel que es Todopoderoso, cuyo nombre es santo, y cuya misericordia se derrama de generación en generación para los que le temen.

En las fiestas de Nuestra Señora no escatimemos las muestras de cariño; levantemos con más frecuencia el corazón pidiéndole lo que necesitemos, agradeciéndole su solicitud maternal y constante, encomendándole las personas que estimamos. Pero, si pretendemos comportarnos como hijos, todos los días serán ocasión propicia de amor a María, como lo son todos los días para los que se quieren de verdad.

Quizá ahora alguno de vosotros puede pensar que la jornada ordinaria, el habitual ir y venir de nuestra vida, no se presta mucho a mantener el corazón en una criatura tan pura como Nuestra Señora. Yo os invitaría a reflexionar un poco. ¿Qué buscamos siempre, aun sin especial atención, en todo lo que hacemos? Cuando nos mueve el amor de Dios y trabajamos con rectitud de intención, buscamos lo bueno, lo limpio, lo que trae paz a la conciencia y felicidad al alma. ¿Que no nos faltan las equivocaciones? Sí; pero precisamente, reconocer esos errores, es descubrir con mayor claridad que nuestra meta es ésa: una felicidad no pasajera, sino honda, serena, humana y sobrenatural.

Una criatura existe que logró en esta tierra esa felicidad, porque es la obra maestra de Dios: Nuestra Madre Santísima, María. Ella vive y nos protege; está junto al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, en cuerpo y alma. Es la misma que nació en Palestina, que se entregó al Señor desde niña, que recibió el anuncio del Arcángel Gabriel, que dio a luz a Nuestro Salvador, que estuvo junto a El al pie de la Cruz.

En Ella adquieren realidad todos los ideales; pero no debemos concluir que su sublimidad y grandeza nos la presentan inaccesible y distante. Es la llena de gracia, la suma de todas las perfecciones: y es Madre. Con su poder delante de Dios, nos alcanzará lo que le pedimos; como Madre quiere concedérnoslo. Y también como Madre entiende y comprende nuestras flaquezas, alienta, excusa, facilita el camino, tiene siempre preparado el remedio, aun cuando parezca que ya nada es posible.

¡Cuánto crecerían en nosotros las virtudes sobrenaturales, si lográsemos tratar de verdad a María, que es Madre Nuestra! Que no nos importe repetirle durante el día —con el corazón, sin necesidad de palabras— pequeñas oraciones, jaculatorias. La devoción cristiana ha reunido muchos de esos elogios encendidos en las Letanías que acompañan al Santo Rosario. Pero cada uno es libre de aumentarlas, dirigiéndole nuevas alabanzas, diciéndole lo que —por un santo pudor que Ella entiende y aprueba— no nos atreveríamos a pronunciar en voz alta.

Te aconsejo —para terminar— que hagas, si no lo has hecho todavía, tu experiencia particular del amor materno de María. No basta saber que Ella es Madre, considerarla de este modo, hablar así de Ella. Es tu Madre y tú eres su hijo; te quiere como si fueras el hijo único suyo en este mundo. Trátala en consecuencia: cuéntale todo lo que te pasa, hónrala, quiérela. Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces.

Te aseguro que, si emprendes este camino, encontrarás enseguida todo el amor de Cristo: y te verás metido en esa vida inefable de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Sacarás fuerzas para cumplir acabadamente la Voluntad de Dios, te llenarás de deseos de servir a todos los hombres. Serás el cristiano que a veces sueñas ser: lleno de obras de caridad y de justicia, alegre y fuerte, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo.

Ese, y no otro, es el temple de nuestra fe. Acudamos a Santa María, que Ella nos acompañará con un andar firme y constante.

 

 

Un año para redescubrir el valor educativo del núcleo familiar

El 19 de marzo de 2021, 5º aniversario de la publicación de la Exhortación Apostólica ‘Amoris Laetitia‘ sobre la belleza y la alegría del amor familiar, el Papa Francisco inaugurará el “​Año Familia Amoris Laetitia”​, que concluirá el 26 de junio de 2022 en el 10º Encuentro Mundial de las Familias en Roma.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA28/12/2020

“La experiencia de la pandemia –se lee en el comunicado del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida– ha puesto de relieve el papel central de la familia como Iglesia doméstica y ha subrayado la importancia de los vínculos entre las familias”.

A través de las diversas iniciativas de carácter espiritual, pastoral y cultural previstas en el Año Familia Amoris Laetitia” -simultáneo con Año de San José-, el Papa Francisco se dirige a todas las comunidades eclesiales del mundo, exhortando a cada persona a ser testigo del amor familiar.

“A imitación de la Sagrada Familia -decía ayer el Santo Padre-, estamos llamados a redescubrir el valor educativo del núcleo familiar, que debe fundamentarse en el amor que siempre regenera las relaciones abriendo horizontes de esperanza. En la familia se podrá experimentar una comunión sincera cuando sea una casa de oración, cuando los afectos sean serios, profundos, puros, cuando el perdón prevalezca sobre las discordias, cuando la dureza cotidiana del vivir sea suavizada por la ternura mutua y por la serena adhesión a la voluntad de Dios.

De esta manera -continuó durante el Ángelus-, la familia se abre a la alegría que Dios da a todos aquellos que saben dar con alegría. Al mismo tiempo, halla la energía espiritual para abrirse al exterior, a los demás, al servicio de sus hermanos, a la colaboración para la construcción de un mundo siempre nuevo y mejor; capaz, por tanto, de ser portadora de estímulos positivos; la familia evangeliza con el ejemplo de vida”.

Más información en el sitio web del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.


Objetivos del “Año Familia Amoris Laetitia

1. Difundir el contenido de la exhortación apostólica “Amoris Laetitia”, para “hacer experimentar que el Evangelio de la familia es alegría que llena el corazón y la vida entera” (AL 200). Una familia que descubre y experimenta la alegría de tener un don y ser a su vez un don para la Iglesia y la sociedad, “puede llegar a ser una luz en la oscuridad del mundo” (AL 66). ¡Y el mundo de hoy necesita esta luz!

2. Anunciar que el sacramento del matrimonio es un don y tiene en sí mismo una fuerza transformadora del amor humano. Para ello es necesario que los pastores y las familias caminen juntos en una corresponsabilidad y complementariedad pastoral, entre las diferentes vocaciones en la Iglesia (cf. AL 203).

3. Hacer a las familias protagonistas de la pastoral familiar. Para ello se requiere “un esfuerzo evangelizador y catequético dirigido a la familia” (AL 200), ya que una familia discípula se convierte también en una familia misionera.

4. Concientizar los jóvenes de la importancia de la formación en la verdad del amor y el don de sí mismos, con iniciativas dedicadas a ellos.

5. Ampliar la mirada y la acción de la pastoral familiar para que se convierta en transversal, para incluir a los esposos, a los niños, a los jóvenes, a las personas mayores y las situaciones de fragilidad familiar.


Diez recursos para el Año Familia Amoris Laetitia.

1. Libro electrónico “Amoris laetitia” (“La alegría del amor”), en ePub, Mobi y PDF.

2. La catequesis del Papa Francisco sobre la Familia, en un único volumen, electrónico y gratuito.

3. Oración por la familia, del Papa Francisco.

4. 100 consejos de papa Francisco a las familias.

5. 30 consejos de san Josemaría #JuneForFamilies.

6. Novena a san Josemaría por la familia.

7. Documental: «Construir la familia», 10 años después.

8. Libro electrónico: "Amor humano y vida cristiana"

9. Una oportunidad para ser felices. En este documental ("Una oportunidad para ser felices") se muestran imágenes de la predicación de san Josemaría y testimonios de matrimonios ingleses, escoceses e irlandeses que hablan sobre sus desafíos en la vida familiar.

10. Libro electrónico: «La educación en familia». 21 textos sobre la educación de los hijos.

 

 

Meditaciones: 31 de diciembre

Reflexión para meditar el 31 de diciembre. Los temas propuestos son: ​el fin de año, ocasión para hacer balance; llevar al Señor lo que somos; gracias, perdón, ayúdame más.

MEDITACIONES31/12/2020

– El fin de año, ocasión para hacer balance

– Llevar al Señor lo que somos

– Gracias, perdón, ayúdame más


EL PRÓLOGO del evangelio de san Juan que leemos en la Misa es como un resumen de la Navidad. Nos dice que mientras unas personas reciben al Hijo de Dios y se convierten en hijos adoptivos, otras le ignoran y se quedan en las tinieblas. Hoy, último día del año, queremos poner toda nuestra vida ante ese Niño que nos ha nacido, nuestro Salvador. Es un buen momento para recapitular, para hacer balance y, sobre todo, para agradecer a Dios que ha querido estar al lado nuestro en todo momento.

Cada año que pasa, nos aproxima un poco más al cielo. Podemos pedir al Espíritu Santo que nos ilumine para hacer un examen de conjunto de este tiempo que se fue y que nos acerca a Dios. Hemos podido crecer, como Jesús, «en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres» (Lc 2,52). Un años más en el que el Señor, en este último día, quiere decirnos a cada uno aquellas palabras del Evangelio: «Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor» (Mt 25,21).

Eso nos gustaría hoy: pasar nuestros días en Belén, con Jesús, María y José, para ver nuestra vida desde Dios; entrar en sus sentimientos, en su pensamiento y en su voluntad, y así llenar nuestro corazón de un agradecimiento sin fin. Deseamos poder decir, con palabras del evangelio de la Misa, que «el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (...). De su plenitud todos hemos recibido, gracia por gracia» (Jn 1,14.16).


«EL VERBO se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Queremos acercarnos al portal como lo hicieron los pastores, con el corazón rendido ante la maravilla que tenían de frente a sus ojos: «Acerquémonos a Dios que se hace cercano, detengámonos a mirar el belén, imaginemos el nacimiento de Jesús: la luz y la paz, la pobreza absoluta y el rechazo. Entremos en la verdadera Navidad con los pastores, llevemos a Jesús lo que somos, nuestras marginaciones, nuestras heridas no curadas, nuestros pecados. Así, en Jesús, saborearemos el verdadero espíritu de Navidad: la belleza de ser amados por Dios. Con María y José quedémonos ante el pesebre, ante Jesús que nace como pan para mi vida. Contemplando su amor humilde e infinito, digámosle sencillamente gracias: gracias, porque has hecho todo esto por mí»[1].

Como los pastores, queremos llevar hoy a Belén todo lo que somos: todo lo que hemos hecho y dejado de hacer en este año que acaba. Seguramente habrá muchas cosas buenas y también otras que no lo son. Quizá nos hemos acercado un poco más a Dios, aunque de una manera poco medible. En todo caso, estamos seguros de que «todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28). Por eso nos llenamos de agradecimiento. Dios nos ha cuidado; ha estado con nosotros y nos ha acompañado. Te Deum laudamus. Te alabamos, Señor, desde el fondo de nuestra alma, te damos gracias porque eres bueno. Y todos los días te bendecimos. Y alabamos tu nombre por los siglos de los siglos[2].


«GRACIAS, perdón y ayúdame más». Quizá esta jaculatoria, que repetía el beato Álvaro del Portillo, puede servirnos hoy para encauzar nuestro diálogo íntimo con Jesús. San Agustín recomendaba una actitud constante de gratitud como la mejor forma de vivir: «¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón, pronunciar con la boca, escribir con la pluma, que estas palabras, “Gracias a Dios”? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oír con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad»[3].

«Hoy es el día adecuado para acercarse al sagrario, al belén, al pesebre, para agradecer. Acojamos el don que es Jesús, para luego transformarnos en don como Jesús. Convertirse en don es dar sentido a la vida y es la mejor manera de cambiar el mundo: cambiamos nosotros, cambia la Iglesia, cambia la historia cuando comenzamos a no querer cambiar a los otros, sino a nosotros mismos, haciendo de nuestra vida un don»[4].Tantos regalos de Dios, tantos dones, tantos motivos para hacer de nuestra vida un don… y, por contraste, vemos también en nuestra vida la falta de correspondencia. Podemos acompañar nuestra gratitud con una petición de perdón a Dios por las veces en que no hemos sido generosos o por tantas ocasiones en las que hemos estado, simplemente, distraídos. Sabemos bien que si nos llenamos de buenos deseos no nos faltará nunca su gracia, porque «a cuantos lo recibieron les dio poder de ser hijos de Dios» (Jn 1,12).

Un buen objetivo para este año que comienza puede ser el de dejarnos ayudar más por Dios. No queremos hacer las cosas solos. Quizá el año que termina ha sido testigo de muchos intentos nuestros de contar únicamente con nuestras fuerzas y hemos comprobado que esa fórmula no funciona. «¡Gracias, perdón, ayúdame! En estas palabras se expresa la tensión de una existencia centrada en Dios. De alguien que ha sido tocado por el Amor más grande y vive totalmente de ese amor»[5]. Con la ayuda de la Virgen, nuestra madre, nos ilusiona durante este año que comienza apoyarnos más y más en la gracia de su Hijo.


[1] Francisco, Homilía, 24-XII-2016.

[2] Cfr. Himno Te Deum.

[3] San Agustín, Epistola 72.

[4] Francisco, Homilía, 24-XII-2019.

[5] Francisco, Carta con motivo de la beatificación de Álvaro del Portillo, 16-VI-2014.

 

 

 1 DE ENERO. SANTA MARIA MADRE DE DIOS.

 

Lc 2,16.21.

 

Meditar el evangelio con tres puntos.

 

El año comienza con la theotokos, la fiesta más importante de la Virgen María  porque toda su grandeza, Inmaculada, siempre virgen, asunta al cielo... Arranca y viene de aquí, de ser Madre de Dios.

 

1.     Lucas nos dice que a Jesús siempre lo encontramos en brazos de María. ofreciéndolo a una humanidad que se muere de tristeza cuanto más se aleja de Dios.

 

2.     En medio de la noche nació la Palabra y todos los que le buscan deben tener el corazón sencillo como los pastores que buscan en la noche la luz que los ilumine.

 

3.     El nombre de Jesús significa Yahvé salva. La profunda salvación, la total salvación del ser humano, solo se realiza con Jesús, nacido en Belén de la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra.

  

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

¿Qué tiene de grande alguien tan corriente como san José?

Era José un artesano de Galilea, un hombre como tantos otros. ¿Qué puede esperar de la vida un habitante de una aldea perdida, como era Nazaret? Sólo trabajo, todos los días, siempre con el mismo esfuerzo. Y, al acabar la jornada, una casa pobre y pequeña, para reponer las fuerzas y recomenzar...

TEXTOS PARA ORAR11/03/2019

San José artesano

Tanto San Mateo como San Lucas nos hablan de San José como de un varón que descendía de una estirpe ilustre: la de David y Salomón, reyes de Israel. Los detalles de esta ascendencia son históricamente algo confusos: no sabemos cuál de las dos genealogías, que traen los evangelistas, corresponde a María —Madre de Jesús según la carne— y cuál a San José, que era su padre según la ley judía. Ni sabemos si la ciudad natal de San José fue Belén, a donde se dirigió a empadronarse, o Nazaret, donde vivía y trabajaba.

Sabemos, en cambio, que no era una persona rica: era un trabajador, como millones de otros hombres en todo el mundo; ejercía el oficio fatigoso y humilde que Dios había escogido para sí, al tomar nuestra carne y al querer vivir treinta años como uno más entre nosotros. Es Cristo que pasa, 40


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Era José, decíamos, un artesano de Galilea, un hombre como tantos otros. Y ¿qué puede esperar de la vida un habitante de una aldea perdida, como era Nazaret? Sólo trabajo, todos los días, siempre con el mismo esfuerzo. Y, al acabar la jornada, una casa pobre y pequeña, para reponer las fuerzas y recomenzar al día siguiente la tarea.

José = "Dios añadirá"

Pero el nombre de José significa, en hebreo, Dios añadirá. Dios añade, a la vida santa de los que cumplen su voluntad, dimensiones insospechadas: lo importante, lo que da su valor a todo, lo divino. Dios, a la vida humilde y santa de José, añadió —si se me permite hablar así— la vida de la Virgen María y la de Jesús, Señor Nuestro. Dios no se deja nunca ganar en generosidad. José podía hacer suyas las palabras que pronunció Santa María, su esposa: Quia fecit mihi magna qui potens est, ha hecho en mi cosas grandes Aquel que es todopoderoso, quia respexit humilitatem, porque se fijó en mi pequeñez.

José era efectivamente un hombre corriente, en el que Dios se confió para obrar cosas grandes. Supo vivir, tal y como el Señor quería, todos y cada uno de los acontecimientos que compusieron su vida. Por eso, la Escritura Santa alaba a José, afirmando que era justo. Y, en el lenguaje hebreo, justo quiere decir piadoso, servidor irreprochable de Dios, cumplidor de la voluntad divina; otras veces significa bueno y caritativo con el prójimo. En una palabra, el justo es el que ama a Dios y demuestra ese amor, cumpliendo sus mandamientos y orientando toda su vida en servicio de sus hermanos, los demás hombres. Es Cristo que pasa, 40

Enseñó su oficio a Jesús

Pero si José ha aprendido de Jesús a vivir de un modo divino, me atrevería a decir que, en lo humano, ha enseñado muchas cosas al Hijo de Dios. Hay algo que no me acaba de gustar en el título de padre putativo, con el que a veces se designa a José, porque tiene el peligro de hacer pensar que las relaciones entre José y Jesús eran frías y exteriores. Ciertamente nuestra fe nos dice que no era padre según la carne, pero no es ésa la única paternidad.

A José —leemos en un sermón de San Agustín— no sólo se le debe el nombre de padre, sino que se le debe más que a otro alguno. Y luego añade: ¿cómo era padre? Tanto más profundamente padre, cuanto más casta fue su paternidad. Algunos pensaban que era padre de Nuestro Señor Jesucristo, de la misma forma que son padres los demás, que engendran según la carne, y no sólo reciben a sus hijos como fruto de su afecto espiritual. Por eso dice San Lucas: se pensaba que era padre de Jesús. ¿Por qué dice sólo se pensaba? Porque el pensamiento y el juicio humanos se refieren a lo que suele suceder entre los hombres. Y el Señor no nació del germen de José. Sin embargo, a la piedad y a la caridad de José, le nació un hijo de la Virgen María, que era Hijo de Dios.

Jesús tenía el aire de José

José amó a Jesús como un padre ama a su hijo, le trató dándole todo lo mejor que tenía. José, cuidando de aquel Niño, como le había sido ordenado, hizo de Jesús un artesano: le transmitió su oficio. Por eso los vecinos de Nazaret hablarán de Jesús, llamándole indistintamente faber y fabri filius: artesano e hijo del artesano. Jesús trabajó en el taller de José y junto a José. ¿Cómo sería José, cómo habría obrado en él la gracia, para ser capaz de llevar a cabo la tarea de sacar adelante en lo humano al Hijo de Dios?

Porque Jesús debía parecerse a José: en el modo de trabajar, en rasgos de su carácter, en la manera de hablar. En el realismo de Jesús, en su espíritu de observación, en su modo de sentarse a la mesa y de partir el pan, en su gusto por exponer la doctrina de una manera concreta, tomando ejemplo de las cosas de la vida ordinaria, se refleja lo que ha sido la infancia y la juventud de Jesús y, por tanto, su trato con José.

No es posible desconocer la sublimidad del misterio. Ese Jesús que es hombre, que habla con el acento de una región determinada de Israel, que se parece a un artesano llamado José, ése es el Hijo de Dios. Y ¿quién puede enseñar algo a Dios? Pero es realmente hombre, y vive normalmente: primero como niño, luego como muchacho, que ayuda en el taller de José; finalmente como un hombre maduro, en la plenitud de su edad. Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres. Es Cristo que pasa, 55

La expansión de la pandemia invita a soñar con un mundo nuevo

Salvador Bernal

photo_cameraDiscurso del Papa Francisco a la Curia.

Han pasado más de cincuenta años desde que Pablo VI tuvo la feliz iniciativa de instituir la Jornada Mundial de la Paz el día primero de cada año. A lo largo de este tiempo, el romano pontífice no ha dejado de enviar al mundo un mensaje de esperanza, subrayando aspectos necesarios para encauzar el anhelo de paz que, a pesar de tanto conflicto, constituye uno de los rasgos definitivos de la cultura posmoderna.

Estos días, de la mano del papa Francisco, resulta inevitable meditar sobre las consecuencias positivas que podrían derivarse de la actual coyuntura. No se puede olvidar la lógica cristiana, tantas veces subrayada por Benedicto XVI: un acto violento –la muerte de Cristo en la cruz- se transforma sacramentalmente en eucaristía, acción de gracias, fraternidad.

La pandemia ha servido, al menos, para rescatar del olvido situaciones de indiferencia, rechazo, soledad, confrontación y dolor que paradójicamente sufren tantas personas en los países más desarrollados. El papa Francisco, que tantas veces se ha referido a la “cultura del descarte”, centra su mensaje anual en “la cultura del cuidado como camino de paz”: una faceta importante para construir una vida social basada en esa relación radical de fraternidad a la que dedicó su última encíclica.

La fraternidad cristiana ofrece un rasgo exclusivo diferencial, porque resulta inseparable de la común condición de ser hijos de Dios. Por eso, es perfectamente compatible con la existencia de múltiples identidades personales dentro de la radical identidad cristiana. Lejos de disminuir la libertad, como un posible paternalismo arcaico, el cuidado de los demás asegura la libre personalidad de cada uno. Está a años de luz del gran riesgo que significa la habitual y asfixiante intromisión de las autoridades públicas y de las grandes plataformas informáticas en la intimidad, en la vida privada de los ciudadanos.

Se comprende la continua referencia en los medios de comunicación al Leviatán, o al más próximo Gran Hermano de Aldous Huxley. Al contrario, como recuerda el papa Francisco en su mensaje, “la Sagrada Escritura presenta a Dios no sólo como Creador, sino también como Aquel que cuida de sus criaturas, especialmente de Adán, de Eva y de sus hijos”. Esa solicitud es a la vez previa e inseparable del mandato divino de cultivar y cuidar el jardín plantado en el Edén: “Esto significa, por un lado, hacer que la tierra sea productiva y, por otro, protegerla y hacer que mantenga su capacidad para sostener la vida”.

Con el nacimiento de Caín y Abel, nace una “historia de hermanos”, que confirmaría a juicio del papa, que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás”. No significa ignorar los problemas, porque de la diferente perspectiva de uno y otro respecto del cultivo más grato a Dios, surgirá el primer gran conflicto que acaba en la muerte, y exigirá de la divinidad nuevas intervenciones a través de sus alianzas con Israel. Incluyen la tradición proclamada por los profetas y subrayada hoy por Francisco: “la cumbre de la comprensión bíblica de la justicia se manifestaba en la forma en que una comunidad trataba a los más débiles que estaban en ella”.

Francisco nos invita a releer y repasar los principios de la doctrina social de la Iglesia que fundamentan la cultura del cuidado. Al cabo, el eje de ese capítulo de la teología moral católica es la primacía de la dignidad humana, hacia la que confluye todo, porque Dios confirió a cada persona un inefable estatuto al crearla a su imagen y semejanza. Me limitaré a señalar los puntos que recuerda el pontífice, y se añaden a la ya larga tradición de los mensajes de paz al comienzo del año:

* El cuidado como promoción de la dignidad y de los derechos de la persona.

* El cuidado del bien común.

* El cuidado mediante la solidaridad.

* El cuidado y la protección de la creación.

 

Rechazo de la Ley Celáa

Jesús Ortiz López

Paremos la Ley Celaá.
 

Termina un año difícil en el que el nivel de libertad ha descendido en aspectos importantes. Uno de ellos decisivo para el futuro de los jóvenes es la limitación de la libertad de enseñanza debida a la Lomloe más conocida como ley Celáa.

Se ha consumado el atentado contra los padres y la comunidad educativa, con un descaro nunca visto rechazando cualquier diálogo, sin escuchar a los expertos, y a una velocidad supersónica en medio del estado de alarma.

Como ha señalado el profesor José Antonio Marina la iniciativa del Gobierno de Sánchez siembra el desconcierto: «Diez comunidades autónomas no piensan aplicarla este año (la ley aprobada), y probablemente tengan derecho a hacerlo. La oposición en bloque se ha comprometido a cambiarla. Los docentes están confusos, los padres están hartos, a los editores de libros de textos el agua les llega al cuello, y los alumnos tampoco saben a qué atenerse… [porque] el cambio educativo no se hace en el BOE, sino en las aulas»

Rechazo

Caravanas con cientos de coches, globos y banderas naranja carteles «Stop ley Celáa» mientras suenan las bocinas, repetidas en cincuentas ciudades; continuas declaraciones de los agentes educativos contrarias a esa Ley; protestas innumerables en las redes sociales; casi dos millones de alumnos en peligro de abandonar sus colegios concertados o especiales, y un largo etcétera, todo eso no significa nada para Isabel Celáa, la ministra encargada por el Gobierno de Sánchez - Iglesias. Ella se ha permitido la ofensa añadida de colocar una rueda a la misma hora en la sede del PSOE en la que acusa a «la derecha que prostituye el verdadero sentido de la palabra libertad». Palabras fuertes en verdad.

La peor hipocresía no es la quien disimula sus malas acciones sino la de quien pretende la desfachatez de presentar el vicio como virtud, siempre con la mentira por delante. Para Celáa disentir de sus dogmas profanos es prostituir la libertad, mientras que su ley contra la libertad de los padres es un prodigio de defensa de la libertad, pues ya se sabe que los hijos no son propiedad de los padres, afirmó ladinamente para omitir que sí son propiedad del Estado socialista.

Menos libertad, menos igualdad

Esta ley Celáa no mejora para nada la libertad ni la igualdad, como bien recuerda el catedrático de Derecho Constitucional, Ángel J.Gómez Montoro: «Creo honestamente que todos saben que los problemas de la educación pública no se arreglan poniendo trabas a la concertada. Desde luego esta debe colaborar -y así se le debe exigir- en la integración de alumnos con más problemas; y si existen abusos en el cobro de cuotas, procederá adoptar las medidas que sean necesarias para cortarlos. Pero atacar a los centros concertados no solo no ayudará en nada a la mejora del sistema educativo sino que se traducirá en una menor libertad y en una menor igualdad».

No pedimos coherencia a Celáa perteneciente a la burguesía de Bilbao, que en su juventud estudió en un colegio de monjas católicas, y su carrera en Deusto, la universidad de los jesuitas, y que ha llevado a sus hijas también a un colegio católico. No pedimos coherencia a este Gobierno de mentirosos compulsivos porque les trae sin cuidado: ellos funcionan con otros moldes mentales alejados de la realidad y de la vergüenza.

Atentado a la pluralidad

La política, en el peor sentido de la palabra y la ideología sectaria se ha impuesto por encima de los expertos, de la calidad de educación, de la pluralidad y del servicio a los alumnos. Increíble pero cierto, y son hechos reales, no ficción. El nombre de Isabel Celáa quedará unido a esa Ley y no podrá quitarse el estigma de sectaria que ella misma ha cultivado.

No nos engañemos, el propósito final de esta Ley es avanzar en la descristianización de la sociedad española, fabricando una generación de iletrados subvencionados que tendrán atrofiado el sentido cristiano de la vida y estarán mutilados para orientarse según los valores humanos trascendentes .

 

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Objetivos, iniciativas e itinerarios del «Año Familia Amoris Laetitia»

El papa Francisco convoca el Año especial dedicado a la familia, que se inaugurará el 19 de marzo de 2021, quinto aniversario de la publicación de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia. Precisamente a partir de la celebración de este aniversario, y hasta el 26 de junio de 2022, el Santo Padre ofrecerá a la Iglesia la oportunidad de reflexionar y profundizar en el riquísimo contenido de la Exhortación Apostólica, fruto de un intenso camino sinodal, que aún continúa a nivel pastoral.

La iniciativa, que lleva el nombre de Año “Familia Amoris Laetitia” (www.amorislaetitia.va) y que estará marcada por propuestas e instrumentos pastorales que se pondrán a disposición de las realidades eclesiales y de las familias, concluirá con la celebración del X Encuentro Mundial de las Familias en Roma, en junio de 2022.

Descargar información del proyecto en PDF

El año de la “Familia Amoris Laetitia” es una iniciativa del papa Francisco que se propone llegar a todas las familias del mundo a través de propuestas espirituales, pastorales y culturales que se podrán llevar a cabo en las parroquias, diócesis, universidades, movimientos eclesiales y asociaciones familiares. El objetivo es ofrecer a la Iglesia oportunidades de reflexión y profundización para vivir concretamente la riqueza de la exhortación apostólica Amoris Laetitia.

La experiencia de la pandemia ha puesto de relieve el papel central de la familia como Iglesia doméstica y la importancia de los lazos comunitarios entre las familias, que hacen de la Iglesia una “familia de familias” (AL 87).

Esta merece un año de celebraciones para que sea puesta en el centro del compromiso y del cuidado de cada realidad pastoral y eclesial

 

Los objetivos

  • Difundir el contenido de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, para hacer experimentar que el Evangelio de la familia es alegría que “llena el corazón y la vida entera” (AL 200).
  • Anunciar que el sacramento del matrimonio es un don y tiene en sí mismo una fuerza transformadora del amor humano. Para ello es necesario que los pastores y las familias caminen juntos en una corresponsabilidad y complementariedad pastoral entre las diferentes vocaciones en la Iglesia (Cf. AL 203).
  • Hacer a las familias protagonistas de la pastoral familia. Para ello se requiere “un esfuerzo evangelizador y catequístico dirigido a la familia” (AL 200), ya que una familia discípula se convierte también en una familia misionera.
  • Concienciar a los jóvenes de la importancia de la formación en la verdad del amor y el don de sí mismos, con iniciativas dedicadas a ellos.
  • Ampliar la mirada y la acción de la pastoral familiar para que se convierta en transversal, para incluir a los esposos, a los niños, a los jóvenes, a las personas mayores y las situaciones de fragilidad familiar.

 

Iniciativas y recursos

Aquí se describen algunas de las iniciativas. La invitación, dirigida a todas las comunidades, es a participar, y a  convertirse en protagonistas con otras propuestas a implementar en la propia Iglesia local (diócesis, parroquias, comunidades eclesiales).

  • Fórum “¿Dónde estamos con Amoris Laetitia? Estrategias para la aplicación de la exhortación apostólica del   papa Francisco”, del 9 al 12 de junio de 2021, con los responsables de las delegaciones de pastoral familiar de las conferencias episcopales, movimientos y asociaciones familiares internacionales.
  • Proyecto “10 Videos Amoris Laetitia”: el Santo Padre explicará los capítulos de la exhortación apostólica, junto con las familias que darán testimonio de algunos aspectos de su vida cotidiana. Cada mes se difundirá un vídeo para despertar el interés pastoral por la familia en las diócesis y parroquias de todo el mundo.
  • # lamChurch: difusión de algunos videos testimoniales sobre el protagonismo eclesial y la fe de las personas con discapacidad.
  • “En camino con las familias”: 72 propuestas pastorales concretas para caminar con las familias inspirándose en Amoris Laetitia. Con vistas al X Encuentro Mundial de las Familias en Roma 2022, se invitan a las diócesis y a las familias de todo el mundo a difundir y profundizar las catequesis que serán distribuidas por la diócesis de  Roma y a comprometerse con iniciativas pastorales en este sentido.

 

En camino con las familias: 12 itinerarios

Doce itinerarios con las familias para poner en práctica Amoris Laetitia.

  1. Reforzar la pastoral de preparación al matrimonio con nuevos itinerarios catecumenales a nivel de diócesis y parroquias (cf. AL 205-222) para ofrecer una preparación remota, próxima e inmediata al matrimonio y un acompañamiento de las parejas en los primeros años de matrimonio. Un compromiso confiado de manera especial a los matrimonios que, junto con los pastores, se convierten en compañeros de viaje de los prometidos y de las parejas de recién casados.
  2. Potenciar la pastoral de acompañamiento de los matrimonios con encuentros de profundización y momentos de espiritualidad y oración dedicados a ellos para adquirir conciencia del don y de la gracia del sacramento nupcial {cf. AL 58 ss. y 223-230).
  3. Organizar encuentros para los padres sobre la educación de sus hijos y sobre los desafíos más actuales (cf. AL172 ss. y 259-290). Respondiendo a las indicaciones del papa Francisco a los padres para tratar de comprender “dónde están sus hijos en su camino” (cf. AL 261).
  4. Promover encuentros de reflexión e intercambio sobre la belleza y las dificultades de la vida familiar (cf. AL 32 ss. y 89 ss.), para impulsar el reconocimiento del valor social de la familia, y la realización de una red de pastores y familias capaces de hacerse cercanos en las situaciones de dificultad a través del anuncio, el compartir y el testimonio.
  5. Intensificar el acompañamiento de las parejas en crisis (cf. AL 232 ss.) para sostener y formar en una actitud resiliente que les lleve a ver las dificultades como oportunidades, para crecer en el amor y hacerse más fuertes.
  6. Insertar a los matrimonios en las estructuras diocesanas y parroquiales para potenciar la pastoral familiar (cf. AL 86-88) y la formación de los agentes de pastoral, de los seminaristas y sacerdotes para que estén a la altura de los desafíos actuales (cf. AL 202 ss.) y colaboren con las familias. Para ello será importante hacer funcionar la reciprocidad entre la “familia-Iglesia doméstica” y la Iglesia {AL 200), para que se descubran y valoren como un don insustituible la una para la otra.
  7. Promover en las familias su natural vocación misionera (cf. AL 201, 230 y 324) creando momentos de formación para la evangelización e iniciativas misioneras (p. ej. con ocasión de la formación para los sacramentos de los hijos, matrimonios, aniversarios o momentos litúrgicos importantes).
  8. Desarrollar una pastoral de las personas mayores (cf. AL 191-193) que tenga como objetivo superar la cultura del descarte y la indiferencia y promover propuestas transversales en relación con las diferentes edades de la vida, haciendo que las personas mayores sean también protagonistas de la pastoral comunitaria.
  9. Involucrar a la pastoral juvenil con iniciativas para reflexionar y confrontarse con temas sobre la familia, el matrimonio, la castidad, la apertura a la vida, el uso de los medios de comunicación social, la pobreza, el respeto por la creación (cf. AL 40). Es necesario poder despertar el entusiasmo y mejorar la capacidad de los jóvenes para comprometerse plenamente con los grandes ideales y los desafíos que éstos implican. Este año se debe prestar especial atención a los niños para que conozcan el Año de la “Familia Amoris Laetitia” y las iniciativas propuestas.
  10. Promover la preparación del X Encuentro Mundial de las Familias con las catequesis y caminos formativos que, a través de diversas etapas y experiencias, acompañen a las familias hacia el Encuentro con el Santo Padre.
  11. Lanzar iniciativas de acompañamiento y discernimiento para las familias heridas (cf. AL 50 ss., 241 ss. y 291 ss.) para ayudarlas a descubrir y poner en práctica la misión que tienen en su familia y en su comunidad, a partir del Bautismo.
  12. Organizar grupos en las parroquias y comunidades para reuniones de profundización sobre “Amoris Laetitia”, con el fin de sensibilizar sobre las oportunidades pastorales concretas que se presentan en las distintas comunidades eclesiales (cf. AL 199 ss.).

Conferencia Episcopal Española

 

Balance del 2020

Ana Teresa López de Llergo

El 2020 estuvo lleno de enfermedad, dolor, muerte, crisis económica, desempleo, incertidumbre, pero también es un año para obtener un aprendizaje extraordinario.

 

Los últimos días del año ocupan buena parte en hacer balance para revisar cómo van los

asuntos, no solamente en un negocio sino en la vida personal, porque queremos subsanar errores y apresurarnos a poner medios para no reproducirlos y para hacer lo propio del mejor modo. Hay buenos deseos y proyectos. Los buenos deseos ya están, los proyectos son para cada día del siguiente año, y aquí es donde podemos fallar porque depende de nuestra constancia.

Naturalmente lo primero que aparece es la pandemia. Pero ¡atención! Tras ello hay algo sumamente importante, el suceso nos habla de una experiencia común a nivel mundial. Eso nos expone la similitud con todos los pueblos, sufrimos lo mismo, buscamos lo mismo. Sobresale nuestra dimensión social con todos, sin restricción de raza, edad o estrato social. Se impone la fraternidad por sobre todo lo demás, concretamente la salud personal está totalmente vinculada a la de los demás.

La lección es clara: hagamos lo que hagamos, afectamos a los demás. El proyecto deseado será que hagamos el bien. Obviamente no basta el deseo, es necesario ver cómo lo hemos de hacer, día con día. Este suceso da un fuerte golpe al individualismo y nos deja muy claro la importancia de los vínculos y lo tremendo de la soledad.

Con toda espontaneidad las personas han buscado a los demás, sobre todo, en esa búsqueda han tratado de alegrar. En muchas partes del mundo, quienes sabían manejar un instrumento o tenían buena voz, congregaron a los vecinos. Fue a una determinada hora y aquello se volvió una cita muy esperada, bien correspondida.

Otro golpe a la suficiencia del individualismo lo asesta la evidencia de que necesitamos y disfrutamos de los productos del trabajo que otros realizan. Todos los recursos electrónicos han minimizado el aislamiento y han prestado un apoyo al trabajo, al estudio, al entretenimiento y también han sido el soporte para adquirir productos básicos para satisfacer las necesidades. Esta realidad es una llamada a la toma de conciencia de compartir con los demás los logros de nuestro trabajo.

Estábamos acostumbrándonos a conseguir los satisfactores de modo inmediato. Satisfactores que muchas veces nos saturaban de caprichos y no de aspectos más incisivos, más formativos, más esenciales. Ahora estamos redescubriendo el valor de la vida y la importancia de cuidarla. También redescubrimos que la salud es precaria y cuesta conservarla.

Palpamos la enfermedad y la muerte porque los casos cada vez están más cerca. Soñábamos con llegar a ser superhombres y las pérdidas que estamos experimentando nos hablan de revalorar al ser humano. No caben las evasiones, nos costará reconocer los desvaríos que estábamos soñando, pero la sacudida nos ha puesto nuevamente en un camino más real, más fructífero. Habíamos tomado derroteros que conducían a desfiladeros. Hemos de reflexionar sobre todo lo ocurrido.

Otra actitud que se ha venido por tierra es la de una autosuficiencia de tenerlo todo bajo control. La Tierra nos parecía insuficiente, pensábamos habilitar otro planeta, estábamos seguros de estar dando pasos para lograrlo. Pensábamos modificar el ADN para evitar las enfermedades, para conseguir las aptitudes propias de los triunfadores, de los inmortales.

Y, nos hemos visto mortales, lo estamos palpando, no tenemos bajo control los decesos. La muerte, la enfermedad, el dolor, el sufrimiento, son condimentos de la vida humana. Hieren pero forjan.

Todavía más penoso es comprobar que hay males mucho más dolorosos. Son los que unos seres humanos provocan a otros. Como la mentira, el robo, el asesinato, la explotación, el engaño.

Lógicamente todo lo sucedido nos parece inaudito. Lo es porque nos toca sufrirlo, pero la historia de la humanidad nos enseña que el recorrido de la vida humana sobre la Tierra ha transcurrido entrelazando épocas de bonanza con otras de desolación. Todas han propiciado retos, aprendizajes, adelantos y también retrocesos.

Podemos estar seguros de que de los males se pueden sacar bienes, pero eso depende de la actitud de cada uno, del empuje y del sentido de colaboración de todos. El primer bien lo tendremos si desterramos el individualismo, si aprendemos a convivir y a sumar las aportaciones que brindan los demás. No es lógico despreciar a alguien.

Aún queda un aspecto más delicado respecto a la integración de los demás. Es la integración de quienes causan males. Es ardua la tarea, pero vale la pena intentar la rectificación y la reinserción de esas personas. El proceso es arduo, requiere fortaleza y prudencia para no dejarse engañar. Requiere de un acompañamiento con avances y retrocesos. Pero todo eso consigue un bien mayor, porque se rescata a una persona y ésta podrá hacer unas aportaciones más ricas.

Tal vez no veamos los resultados, pero otros los disfrutarán. Esto produce una solidaridad que rebasa el corto plazo, pero producirá un bien mayor. Nosotros solamente veremos una parte de la historia.

Ante la pandemia, podemos asumir los hechos como camino para buscar el bien o aislarnos egoístamente para no complicarnos. También podemos referirnos al año 2020 como un tiempo para olvidar, lleno de enfermedad, dolor, muerte, crisis económica, desempleo, incertidumbre. Y perder la oportunidad de aprender una lección extrema de la que podemos obtener un aprendizaje también extraordinario.

Cada uno que decida. Esta decisión es una oportunidad si la asumimos.

Las oportunidades pasan

Lucía Legorreta

La vida está llena de oportunidades que no vemos por estar ocupados o porque no queremos salir de nuestra zona de confort y arriesgarnos para probar algo nuevo.

Podemos fácilmente caer en una rutina de vida, en la cual realizamos nuestras actividades por inercia, sin pensar, pero sobre todo sin ser conscientes de que como seres humanos tenemos un abanico de caminos.

Nos sentimos tan agobiados por nuestras obligaciones y miedos, nos aferramos a lo que tenemos sin contemplar otras alternativas.

Nuestra vida está llena de oportunidades que pasamos por alto, que no vemos por estar ocupados, o bien, no nos conviene verlas, porque implican salir de nuestra zona de confort y arriesgar para probar algo nuevo.

Incluso en tiempos de crisis, como las que estamos viviendo, surgen las oportunidades. Pero para poder verlas, hay que dejar de pensar en clave de limitaciones para empezar a pensar en clave de posibilidades.

Winston Churchill afirmaba: “Una persona optimista es aquella que ve una oportunidad en toda calamidad; una persona pesimista es quien ve una calamidad en toda oportunidad”.

Si solo te resignas a lo conocido y no te atreves a poner en marcha tus sueños, estás limitando tus posibilidades. En cualquier momento puede presentarse una oportunidad que cambie tu vida.

Algo muy cierto: pasan delante de nosotros, pero no vuelven, Si no las aprovechaste, las perdiste. Considero que el verbo hubiera, no debía existir. Los verbos: hubiera, podría, tendría… no nos llevan absolutamente a nada, más que a justificarnos por no haber aprovechado una buena oportunidad.

Si revisamos las biografías de los grandes inventores, veremos que muchos de ellos no tuvieron una vida fácil. Tal vez fueron las mismas dificultades que padecieron lo que les hizo especialmente soñadores, empujados a imaginar una realidad mejor que la que habían conocido.

Todos los hombres y mujeres que han logrado grandes cosas… han sido grandes soñadores.

Te platico de un caso muy significativo. Graham Bell que en 1876 patentaría un aparato tan insólito como revolucionario: el teléfono. Su infancia estuvo marcada por la temprana sordera de su madre, para quien la familia inventó un lenguaje de signos. El interés por la comunicación hizo que Graham estudiara acústica y fuera un experto ventrílocuo, además de aprender a tocar solo el piano.

Sus dos hermanos ya habían muerto de tuberculosis cuando Bell se centró en la experimentación con la electricidad para transmitir el sonido.

Todos sabemos adónde condujeron sus esfuerzos, puesto que utilizamos diariamente el teléfono de una forma u otra. En un primer momento fueron muchos los que dudaron de la utilidad del invento. Hubo quien incluso lo calificó como un aparato sin valor con el que nadie desearía comunicarse, pues ¿quién querría hablar con alguien a quien no veía?

Te invito a que no te quedes en tu zona de confort, en tu rutina diaria. Mejor atrévete a soñar alto, siempre con los pies en la tierra, y cuando se te presente una buena oportunidad: no dejes pasarla.

Y si te equivocas, no pasa nada, aprenderás y no lo volverás a repetir. De lo que si estoy segura es que podrás arrepentirte de grandes posibilidades que has dejado pasar.

Paganismo antiguo y neopaganismo moderno

Con su habitual perspicacia y profundidad de pensamiento, escribió Plinio Corrêa de Oliveira:

“Los frutos de la apostasía son peores que los del paganismo. Porque puede no haber culpa en ignorar la verdad: hay siempre culpa en repudiarla.” (Catholic Magazine, Julio 1952).

​ Belleza del arte pagano antiguo

Encontré una ilustración adecuada de esta verdad en un rico catálogo de la famosa casa de subastas de arte Christie, que me fue enviado por un amigo que reside en Francia.

Entre las muchas obras que ofrece el catálogo, dos son especialmente destacadas.

La primera es un joyero hermoso procedente de la antigua China hecha, por lo tanto, sin la influencia del cristianismo.

La otra es una pintura al óleo, de arte moderno, de un pintor español del siglo XX.

La cajita se describe en el catálogo así: “Cubierta de bronce dorado, con esmaltes esculpidos y con compartimentos, constituye una obra de arte rara”.

Agrada a primera vista el contraste armónico entre los tonos dorados del bronce y los azules y rojos de la laca. Es de un gusto aristocrático que llama la atención.

Por otra parte, el bronce está finamente trabajado. Aunque las figuras representadas en la caja son de inspiración pagana, el conjunto revela delicadeza de expresión y arte precisa.

Se trata de un trabajo realizado en la época del emperador Qianlong de la dinastía Qing, que sucedió a la dinastía Ming en el siglo XVIII. Dos de estas cajas se hicieron para las celebraciones del cumpleaños del emperador o fueron encargadas por él para ser donadas en esa ocasión.

Sería muy deseable que, convertida al Catolicismo y purificada de los paganismos antiguos y modernos, China respetara e hiciera florecer aún más sentimientos de alma tan elevados como los que se revelan en esta obra de arte.

Cuando el esperado triunfo del Inmaculado Corazón de María se extienda también a ella, tales deseos podrán convertirse en realidad.

* * *

​ Horror del arte neo-pagano moderno

Pasemos ahora al neopaganismo moderno. La horrenda figura presentada aquí como arte se titula “Delo”. Su autor es Antonio Saura (1930-1998).

El cuadro carece de todos los elementos de proporcionalidad, belleza y elevación que encontramos en el joyero de la dinastía Qing.

Es propiamente lo que se podría llamar un monstruo.

Sólo con dificultad se disciernen rasgos humanos allí.

Además de los dos ojos completamente deformados, parece existir un tercero en la frente. Lo que sería el arco dental sugiere la existencia de hierros retorcidos; y en la ausencia de la nariz, dos tubos se cruzan de modo innoble.

Doctrina y arte: nexo que los comunistas comprendieron

La expresión –porque este monstruo tiene expresión– es la de un ser profundamente deprimido, por una desgracia sin nombre que se abatió sobre él y lo transformó en una especie de demonio.

¿A quién le gustaría encontrarse repentinamente con un monstruo así, si por la noche tuviera necesidad de encender la luz en su habitación? Tendría la impresión de que el infierno se abrió y vomitó a ese condenado en la habitación. Para quitarse el susto sería necesario recurrir a un exorcismo.

Es un ejemplo adecuado de cómo el neopaganismo moderno conduce a estados de espíritu mucho peores que los del paganismo antiguo.

Una civilización que rechazó a Jesucristo cae mucho más bajo que otra que no Lo conoció.

Gregorio Vivanco Lopes

Dios en la familia

Juan José Corazón

La Sagrada Familia

Inmediatamente después de la celebración de la fiesta más grande que celebramos todos los cristianos y la mayor parte de los hombres en el mundo entero, la Navidad (el nacimiento de Cristo, Niño, que es Dios hecho Hombre) celebramos la fiesta de la Sagrada Familia.

Se trata de la presencia de Jesús, ese Dios hecho Hombre, realizando la redención en el mundo cobijado en la compañía y el hogar formado por sus padres, María y José; y así, ni más ni menos, durante aproximadamente treinta años.

Su vida duró, parece ser, treinta y tres. Es cierto que su redención culminó con su Pasión y su Muerte en la Cruz, pero su redención la realizó compartiendo todo con nosotros.

Igual que nosotros, con sus fortalezas y sus debilidades, en casa, con su familia. Porque si estuvo cansado, sintió hambre y estuvo triste, en su vida pública, como nos dicen los evangelios, también en su vida oculta.

Es normal, como le ocurre a cualquier ser humano.

Lo impresionante es considerar que allí, con su Madre, María, y con su Padre, José, todas sus debilidades las manifestaba con absoluta naturalidad y sencillez, para así manifestar su amor y ser amado.

Por eso, cuando en casa y en la familia nos vemos débiles y poca cosa, Jesús se acuerda de Él en Nazareth y nos sonríe, a la vez que nos dice con su mirada: ¡sigue adelante que vas muy bien!

 

La persecución a los cristianos aumentará en India y China – Durante 2021

La persecución en 2021 aumentará en India y China

La persecución cristiana en 2021 aumentará en China e India según las previsiones de Release International, que acaba de publicar su encuesta anual de Tendencias de persecución.

 

Release International apoya a los cristianos perseguidos en todo el mundo. “Nuestros socios nos dicen que los ataques están aumentando bajo el comunismo en China, el islam en Irán y Malasia, y bajo el hinduismo militante en India”, dice el director ejecutivo de Release, Paul Robinson.

“Sin embargo, a pesar de la persecución y la pandemia, vemos una clara evidencia de la audacia, el valor y la confianza en Dios de los cristianos bajo presión en todo el mundo”.

 

China

La persecución está prosperando en la China comunista  , que ha comprado el silencio de la comunidad internacional a través de una mayor dependencia del comercio, según el informe.

Los socios de Release International advierten: ‘El gobierno del presidente Xi Jinping está aumentando su’ limpieza ‘de cualquier cosa que no avance en la agenda comunista. Parece que creen que pueden lograrlo mediante una oposición sistemática ”.

Se han impuesto nuevas y duras leyes que controlan la religión. Las iglesias no registradas han sido allanadas y cerradas en 2020, y se ha hecho que un número creciente de iglesias registradas instalen cámaras de circuito cerrado de televisión y coloquen carteles que proclaman los ideales y creencias comunistas.

Según los socios de Release International, las autoridades chinas “se han librado de la censura debido al comercio con China”. Muchos países consideran ahora este comercio como esencial para sus propias economías ‘.

 

 

 

COVID-19

Al igual que varias naciones perseguidoras, China ha estado explotando la pandemia de Covid-19 para endurecer las restricciones a los creyentes clandestinos.

“El gobierno chino está haciendo todo lo posible para aprovechar el virus aumentando la represión contra las iglesias cristianas”, dice Bob Fu, socio de Release, de ChinaAid. “Ha acelerado campañas particulares, como la remoción forzada de cruces”.

El trabajo de Bob Fu ha estado bajo presión directa como resultado de una extraña campaña dirigida a los exiliados chinos en muchos países. Incluso en los Estados Unidos ha enfrentado amenazas de bomba y se ha visto obligado a buscar protección policial, pero dice que el trabajo de ChinaAid no se detendrá.

 

Malasia

Covid también se ha utilizado como tapadera para la creciente persecución en  Malasia , creen los socios de Release que trabajan en ese país.

‘El gobierno recién formado está utilizando el brote de Covid para sus propósitos. Han cerrado iglesias en todo el país, donde la persecución definitivamente está aumentando ‘.

Release International solicita a las autoridades malasias que liberen al pastor Raymond Koh, quien fue secuestrado en la calle en una operación de estilo militar.

Los cristianos malasios de origen musulmán han experimentado la persecución más aguda, que probablemente aumentará en 2021.

Sin embargo, el coronavirus también ha presentado oportunidades para la iglesia clandestina en naciones hostiles a la fe cristiana.

 

Corea del Norte

En  Corea del Norte , uno de los entornos más duros del mundo para los cristianos, los creyentes han visto el coronavirus como un acto de Dios que les abre nuevas oportunidades, afirma el socio de Release International.

“Este ha sido el año más creativo que hemos presenciado en la iglesia clandestina hasta la fecha”.

Durante 2020, a pesar de las restricciones de Covid, los socios de Release pudieron duplicar su distribución de Biblias a los cristianos en Corea del Norte.

 

Iran

Y en  Irán , donde la iglesia está creciendo, un número creciente de cristianos pudo evitar la vigilancia del gobierno reuniéndose en línea.

‘La persecución va en aumento en Irán porque las autoridades son conscientes del aumento en el número de conversos e iglesias en las casas. Están decididos a detener esto a toda costa ”, dicen los socios de Release International.

“No hay duda de que al gobierno le preocupa que los musulmanes desilusionados se estén convirtiendo en cristianos”.

Es probable que la presión sobre los cristianos en Irán continúe, lo que provocará un mayor éxodo de cristianos del país en 2021.

 

Pakistán

Otra nación islámica donde la persecución es una gran preocupación para el próximo año es  Pakistán .

Los socios de la liberación dicen que las leyes de blasfemia continuaron usándose ampliamente contra los cristianos y otras minorías, a menudo para ajustar cuentas personales. Además, la comunidad cristiana se enfrenta al secuestro, la violación y la conversión y el matrimonio forzados de niñas cristianas.

 

Egipto

Esta tendencia también se ha observado en  Egipto,  hogar de la mayor población cristiana del mundo árabe. Una vez más, son los cristianos de origen musulmán los que soportan la peor parte de la persecución.

Los conversos enfrentan la expulsión de sus familias, el divorcio, el alejamiento de sus hijos y la pérdida del empleo.

Otros países de interés para Release International para 2021 incluyen Nigeria e India.

 

Nigeria

En  Nigeria , donde los cristianos han estado en peligro durante mucho tiempo por el grupo terrorista islamista Boko Haram, se enfrentan a una creciente amenaza de militantes fulani fuertemente armados.

Los socios de liberación creen que estos ataques adquieren cada vez más la característica de una jihad, a la que la comunidad internacional está haciendo la vista gorda.

‘Hemos visto ataques sistemáticos, bien planificados y bien orquestados contra comunidades cristianas que no tienen nada que ver con la lucha por el pastoreo tierras ‘, dijo el socio de Release Rev Hassan John. ‘Estos ataques están impulsados ​​por una ideología islamista, cuyo objetivo es destruir a “los infieles” y, en muchos lugares, desplazarlos de sus comunidades, mientrasel gobierno, por diseño u omisión, hace la vista gorda ante la carnicería ”.

Otro socio de Release en Nigeria, Mark Lipdo, agrega: “El fracaso de la gobernanza ha llevado a un aumento de la criminalidad con impunidad”.

Como resultado, los cristianos han sufrido cada vez más ataques, incluidos robos y secuestros para pedir rescate. A menos que las autoridades responsabilicen a los perpetradores y tomen medidas para proteger a las comunidades vulnerables, la violencia contra los cristianos continuará durante 2021.

 

India

En  India , los cristianos y otras minorías temen que la intolerancia religiosa continúe creciendo durante 2021, en gran parte debido al creciente nacionalismo hindú.

Los extremistas hindúes atacaron iglesias y creyentes individuales a lo largo de 2020. Según la Alianza para la Defensa de la Libertad de la India (ADF), los cristianos sufrieron 225 incidentes de violencia por motivos religiosos durante los primeros diez meses de 2020, en comparación con 218 incidentes en el mismo período en 2019. Muchos de estos ataques fueron cometidos por turbas de justicieros.

En septiembre de 2020, los extremistas hindúes incitaron a multitudes de hasta 3.000 personas a atacar a los cristianos en tres aldeas del estado de Chhattisgarh.

La creciente intolerancia hacia el cristianismo se ha marcado desde la llegada al poder del BJP (Partido Bharatiya Janata) en 2014. Según los socios de Release, ha habido un aumento significativo en el número de ataques contra cristianos tras la posterior victoria aplastante de BJP Prime. Ministro Narendra Modi en mayo de 2019.  La encuesta Persecution Trends se publica en la última edición de la  revista Voice de Release International  , disponible en breve.

A través de su red internacional de misiones, Release International está activo en unos 25 países alrededor del mundo, apoyando a pastores, prisioneros cristianos y sus familias; suministrando literatura cristiana y Biblias, y trabajando por la justicia. 

"Animal digitalis"

Para lograr que las tecnologías de la reputación y búsqueda sean eficaces es necesario reducir al ser humano a la condición de “animal digitalis”. Se trata de diluir los rasgos propios del ser humano, particularmente su capacidad de recogerse sobre sí mismo y proyectar su existencia en el tiempo, y potenciar los procesos más mecánicos de la mente humana: la adicción, la trasparencia, la emoción, y la clausura del sujeto en el presente y en la soledad. La tecnología digital es el medio para lograrlo.

Primero, la tecnología digital está diseñada para resultar adictiva. Se ha probado que el smartphone imita con gran éxito las máquinas tragaperras de Las Vegas (Natasha Schüll).

Segundo, la tecnología digital prima la emoción sobre el sentimiento porque la primera es efímera y promueve la comunicación, mientras que el sentimiento puede ser más duradero y forja la comunidad. Así sucede con el sentimiento de duelo, que no lleva necesariamente a comunicar, pero sí a crear una comunión en el sentimiento. Por el contrario, la emoción es efímera y, lo más importante, performativa. Lleva a actuar, a compartir, a exhibirse, a comunicarse digitalmente (Byung-Chul Han).

Tercero, la tecnología digital convierte al ser humano en transparente. Liquida la distinción entre lo privado y lo público. Despojado de su singularidad, el ser humano queda reducido a su crédito reputacional. El panóptico de Bentham, ese centro penitenciario donde el vigilante puede observar ocultamente a todos los prisioneros, es sustituido por el panóptico digital, en el que cada uno se expone libremente a la mirada panóptica. Es, a la vez, la víctima vigilada y el agente que se exhibe (Byung-Chul Han).

Cuarto, la tecnología digital nos coloca en una "soledad ocupada". La soledad es fundamental en la vida humana, para encontrarse con uno mismo y con los demás. El problema de la "soledad digital" es que nos priva de los demás, y también de nosotros mismos. Es "soledad", pero no como ausencia de ocupaciones, sino una soledad permanentemente entretenida, que no permite la reflexión ni tomar conciencia del otro.

JD Mez Madrid

 

Igualdad real

Compete al Estado garantizar que los derechos a la educación puedan ser ejercidos por todos, independientemente de su nivel económico; si no, sería solo una libertad para los ricos. Ahí es donde entran los conciertos. A veces "las familias con recursos, que no necesitan de la ayuda del Estado, ven el tema de los conciertos como algo menor"; pero "la educación no se puede dejar a las leyes del mercado. Solo con las leyes del mercado, seguiríamos en una situación de analfabetismo generalizado".

La enseñanza concertada garantiza que el derecho a la educación conjugue la libertad, la pluralidad y la equidad, los tres-pilares sobre los que debe sostenerse cualquier sistema educativo; mas para ello debe estar suficientemente financiada. No se puede pedir a una institución (sea una ONG o un colegio) que contribuya a un fin social a base de perder dinero o no pagar lo justo a sus empleados. La escuela pública no lo pierde, porque se financia con los impuestos de todos, incluidos los que pagan las familias que luego matriculan a sus hijos en otros centros y por tanto no se benefician - directamente de esa prestación.

El Estado sí puede —y debe— exigir eficiencia en el gasto y rendición de cuentas a los centros que reciben un concierto. A este respecto, comenta Aguiló que "pocos euros del presupuesto nacional están tan controlados como los que se destinan a este fin". También puede reclamar que se apliquen medidas concretas para favorecer la equidad. El sector de la concertada está abierto a la discusión de cuáles son las más efectivas, pero pide a cambio un trato de igualdad respecto de la red pública en cuanto a la financiación.

Domingo Martínez Madrid

 

 

La protección de los niños del acoso escolar y temas LGBT

La resolución de la ONU sobre la protección de los niños del acoso escolar patrocinada por México sorprendió a muchos delegados este año. Los delegados están tensos por los métodos de trabajo inusuales y las negociaciones virtuales debido a la pandemia de COVID-19. Y se adoptó por última vez en 2018, en el entendido de que se trataba de una resolución única que no se volvería a presentar.

Desde la primera vez que se presentó, muchos países pensaron que el acoso no era un tema que mereciera una resolución independiente. Otros lo vieron como un intento de promover temas LGBT. La Asamblea General rechazó la inclusión de lenguaje sobre orientación sexual e identidad de género en la resolución sobre el acoso en las tres ocasiones anteriores que se negoció en 2014, 2016 y 2018.

Además, este año, Alemania y Brasil, patrocinadores de la resolución sobre el derecho a la privacidad, agregaron términos sobre “orientación sexual e identidad de género”. Esto también fue una sorpresa dado que Brasil, cuyo presidente, Jair Bolsnaro, ha sido franco en contra de la agenda LGBT, incluso en la Asamblea General de la ONU.

Hasta ahora, la única resolución de la Asamblea General que incorpora la orientación sexual y la identidad de género es una resolución sobre ejecuciones extrajudiciales. La inclusión de la categoría es impugnada por más de 50 países y que incluso es apoyada por menos de la mitad de la Asamblea General.

Estos debates serán una medida de cuánto margen de maniobra recibe la agenda LGBT en las Naciones Unidas en el futuro. No existe ningún tratado internacional que defina los derechos humanos o su aplicación en función de la orientación sexual y la identidad de género. Cuantas más resoluciones incluyan la nueva categoría, más legitimidad gana. Con más legitimidad, es probable que los términos se expandan rápidamente a otras áreas de la política de la ONU.

Enric Barrull Casals

 

 

Dios en la historia

¿Cómo se le ha podido ocurrir a Dios, Creador, Padre, Todopoderoso, Eterno, después de la alianza con Abraham y con Moisés, enviar a su Hijo a este muladar que es toda la tierra? “No había lugar en la posada”, dice el Evangelio. ¿Hay acaso un lugar digno sobre toda la faz de la tierra, para recibir al Niño Jesús, para que nazca el Hijo de Dios, que quiere hacer de todos los seres humamos una única familia de Dios?

De tal modo el pecado nos ha herido la inteligencia, el corazón, que desconfiamos del Amor de Dios, que nos matamos los unos a los otros, como Caín a Abel; que corrompemos nuestras sociedades y prostituimos hasta lo que un día hemos amado, que no queremos que venga Dios a “salvarnos” de nuestras miserias y de nuestras mezquindades. Oscurecida así nuestra capacidad de ver la realidad, ansiamos suicidarnos sin arrepentirnos de nuestro pecado; y podemos rechazar el perdón y el amor que nos ofrece el Niño Jesús, y su misericordia. Podemos no querer ser perdonados, ni salvados. Nos podemos enterrar en nosotros mismos.

Dios en la historia, para liberarnos del pecado y de la ceguera. Las naciones desaparecen una detrás de la otra; Los imperios se desvanecen siglos tras siglos. Del paso del hombre sobre la tierra nada quedará al final de los tiempos, y podemos estar bien seguros de que también se acabará el tiempo.

José Morales Martín

 

 

El alcohol, la Navidad “el virus chino” y otros excesos

 

            Pienso que “quizá Dios compadecido de los pobres seres humanos”; les permitió fermentar diferentes frutos y mediante la fermentación, de los mismos; que obtuvieran bebidas alcohólicas para “alegrarse la vida”; pues resulta curioso el imaginar aquellos primeros seres que por casualidad (no creo en otra cosa) vieran una fermentación espontánea de algo con azúcares y apartando las costras de la misma (no es grata la vista de lo que hay siempre encima del recipiente donde fermenta algo); decidieran beber de aquel líquido que y de forma natural... “ni los perros lo quieren”. Pero es curioso, que la mayoría de pueblos consiguieron la bebida alcohólica, por incivilizados que fueren.

 

            Buscando datos para un librito que realicé sobre la gastronomía y los vinos; encontré una leyenda sobre “el nacimiento del primer vino”; leyenda de la cultura hindú y que se basa en el repudio de un rey, de su esposa favorita; y que ésta desesperada, buscando remedios para su amargura, encuentra aquella fermentación de uvas, en las despensas de palacio... desesperada bebe de aquello, “queriendo morir envenenada”... y ¡Oh sorpresa! Lo que encuentra es un estado de embriaguez que le alegra aquellos momentos. Maravillada de ello, lleva del brebaje a su insatisfecho esposo; logra que de él beba y es a través de ello, como vuelve a encontrar al marido perdido.

 

            Leyenda al fin y al cabo, puesto que sabido es que, el alcohol pasado un mínimo grado de alegría, es peligroso y además produce más impotencia que otra cosa; por tanto los que busquen ardor o virilidad en el alcohol, han de andarse con cuidado, mucho cuidado.

 

            Sin embargo en nuestra cultura, el vino es algo de primera necesidad y hasta los antiguos encontraron un dios para el vino y al que le dedicaban sus fiestas, jolgorios e incluso bacanales, donde “se ponían morados y terminaban algunos como piltrafas”.

 

            Es incluso Cristo, el que empieza su vida pública con un milagro, convirtiendo el agua en vino, para que aquella boda siguiese en sus jolgorios, animados por el “zumo fermentado, de la uva que da la vid” (planta igualmente muy señalada en la religión cristiana). Y también es Cristo el que en el último acto de su vida en compañía de sus discípulos, lo celebra bebiendo vino fraternalmente con todos ellos; lo que da lugar a esa ceremonia principal de la religión que encabezó y que conocemos como la Santa Misa; donde el sacerdote ha de bendecir el pan y el vino, rememorando aquella cena inicial de lo que podemos considerar como la primera comunidad cristiana.

 

            Y ahora que Viene Navidad, que se celebra con iguales o incluso mayores derroches (hoy hay muchísimo más donde elegir para hartarse y embriagarse) que aquellos antiguos arriba citados; hay que andarse con cuidado, con sumo cuidado; para no pasarse hasta grados que en algunos casos... hasta pueden ser mortales. Hoy son comunes los comas etílicos y que tristemente protagoniza una juventud dislocada, desorientada; y que busca “nuevas sensaciones”, acudiendo en masa a esos aberrantes “botellones”. Fruto de todo ello es el alcoholismo incluso en niños de ambos sexos y que han empezado a beber sin miedo y han terminado “como cosacos” y ya sin remedio. Temerariamente se mezclan con el alcohol otras drogas peligrosas.

            Conviene pues leer y copiar lo que abajo yo he copiado de un periódico extranjero y que advierte de que el alcohol ya está considerado como la peor de las drogas. Dice así:

            “Un nuevo estudio publicado en la revista médica británica Lancet determinó que el alcohol es una droga más peligrosa que el crack y la heroína cuando se evalúan los daños al consumidor y a los demás en conjunto. Los científicos colocaron al alcohol como el más dañino en general y consideraron que es casi tres veces más dañino que la cocaína y el tabaco. La Organización Mundial de la Salud calcula que los riesgos asociados al alcohol provocan 2,5 millones de muertes por año a causa de enfermedades cardíacas y hepáticas, accidentes de tránsito, suicidios y cáncer. Los científicos evaluaron el daño según nueve criterios sobre el perjuicio al consumidor y siete criterios sobre el perjuicio a los demás. Luego se les otorgó un puntaje que iba hasta el cien, siendo cien la droga más peligrosa y cero la que no hacía ningún daño. Los científicos descubrieron que el alcohol era la más dañina, con un puntaje de 72, seguido por la heroína con 55 puntos y el crack con 54. La marihuana recibió 20 puntos.

http://www.democracynow.org/es/2010/11/1/titulares#12

            Por otra parte, si esta Navidad que celebra el “Occidente cristiano”, está basado en Cristo y el Cristianismo; yo no encuentro nada parecido en las prédicas del Galileo; el que fue austero... “hasta no poder más”; por tanto, huelgan comentarios; moderación en grado razonable, lo que no quiere decir... “disciplina espartana”; pero...? Lean en el Evangelio de San Mateo, “el Sermón del Monte” y entonces pueden comprender mejor lo que digo y “lo que quiero decir”.

 

SOBRE EL VIRUS CHINO Y EL TERROR QUE NOS HAN IBUIDO:

En todo el mundo. El pasado 28 de septiembre la cantidad de muertes por la enfermedad llegó al triste hito del millón con América Latina y el Caribe a la cabeza.https://www.bbc.com/mundo/noticias-51705060 A la vista de ello, ¿Por qué tanto miedo y tanto abuso de los inútiles políticos que nos manejan y que no nos quieren dejar vivir? Matará más el cierre criminal que nos han impuesto donde la economía colapsada es el peor virus y el que se llevará muchas más víctimas que el tan temido virus, que al final es “una enfermedad más”.

 

         ¡Y con mis mejores deseos de futuro... feliz Navidad!

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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