Las Noticias de hoy 14 Diciembre 2020

Enviado por adminideas el Lun, 14/12/2020 - 12:35

100 Frases de Navidad | Siente la ilusión de esta época [Con Imágenes]

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 14 de diciembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: “La espera que vivimos es alegre” porque “el Señor está cerca”

Ángelus: Bendición de las figuras del Niño Jesús

Clima: El Papa indica objetivo de “cero emisiones” para 2050

LIMPIEZA DE CORAZÓN: Francisco Fernandez Carbajal

"El Señor se sirve de nosotros como antorchas": San Josemaria

Cuatro años sin don Javier

«Tu rostro, Señor, buscaré»: la fe en el Dios personal: Lucas Buch - Carlos Ayxelá

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO.: + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

MORENITA…¡MÉXICO ES TUYO!: Magui del Mar

Fratelli Tutti (VI). La “Ley del éxtasis”: José Martínez.

 Mientras más tiempo le doy a Dios, Dios me da más tiempo: Silvia del Valle Márquez. 

 Feminismo Sinérgico: Mujeres-Brújula: Nuria Chinchilla

 NOS: "Esta Navidad nada nos puede separar": Alfonso Mendiz

Los vuelos patera: Jorge Hernández Mollar

Noticias sobre nuestro proyecto en Monkole: Enrique Barrio García

Muerte de un cristiano creyente: Jaume Catalán Díaz

Los segundos tiempos de la Ley Celaá: José Morales Martín

“Auméntame la Fe, la Esperanza y la Caridad”: Xus D Madrid

  Bandera negra: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

Ángelus: “La espera que vivimos es alegre” porque “el Señor está cerca”

Palabras antes del Ángelus

DICIEMBRE 13, 2020 13:26RAQUEL ANILLOANGELUS

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(zenit – 13 dic. 2020).- “La invitación a la alegría es característica del tiempo de Adviento: la espera que vivimos es alegre”, con estas palabras el Papa introduce la oración del Ángelus de este tercer domingo de Adviento.

Y esta dimensión de la alegría emerge especialmente hoy, el tercer domingo, que se abre con la exhortación de San Pablo: “Alegraos siempre en el Señor”. ¿Y cuál es el motivo? Que “el Señor está cerca”, añadió.

A continuación, siguen las palabras de Francisco en el Ángelus, según la traducción oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La invitación a la alegría es característica del tiempo de Adviento: la espera del nacimiento de Jesús, la espera que vivimos es alegre, un poco como cuando esperamos la visita de una persona a la que queremos mucho, por ejemplo, un amigo al que no vemos desde hace tiempo, un pariente… Estamos en una espera alegre. Y esta dimensión de la alegría emerge especialmente hoy, el tercer domingo, que se abre con la exhortación de San Pablo: “Alegraos siempre en el Señor” (Antífona de ingreso; cfr. Fil 4,4.5). “¡Alegraos!” La alegría cristiana. ¿Y cuál es el motivo de esta alegría? Que “el Señor está cerca” (v. 5). Cuanto más cerca de nosotros está el Señor, más estamos en la alegría; cuanto más lejos está, más estamos en la tristeza. Esta es una regla para los cristianos.

Una vez, un filósofo decía más o menos esto: “No comprendo cómo se puede creer hoy, porque aquellos que dicen que creen tienen cara de funeral. No dan testimonio de la alegría de la resurrección de Jesucristo”. Hay muchos cristianos con esa cara, sí, cara de funeral, cara de tristeza… ¡Pero Cristo ha resucitado! ¡Cristo te ama! ¿Y tú no tienes alegría? Pensemos un poco en esto y preguntémonos: ¿Yo estoy alegre porque el Señor está cerca de mí, porque el Señor me ama, porque el Señor me ha redimido?

El Evangelio según Juan nos presenta hoy al personaje bíblico que -exceptuando a la Virgen y a San José- vivió el primero y mayormente la espera del Mesías y la alegría de verlo llegar: hablamos, naturalmente, de Juan el Bautista (cfr Jn 1,6-8.19-28).

El evangelista lo introduce de modo solemne: “Hubo un hombre enviado por Dios […]. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz” (vv. 6-7). El Bautista es el primer testigo de Jesús, con la palabra y con el don de la vida. Todos los Evangelios concuerdan en mostrar cómo realizó su misión indicando a Jesús como el Cristo, el Enviado de Dios prometido por los profetas.  Juan era un líder de su tiempo. Su fama se había difundido en toda Judea y más allá, hasta Galilea. Pero él no cedió ni siquiera por un instante a la tentación de atraer la atención sobre sí mismo: siempre la orientaba hacia Aquel que debía venir. Decía: “Él es el que viene después de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de la sandalia” (v. 27). Siempre señalando al Señor. Como la Virgen, que siempre señala al Señor: “Haced lo que Él os diga”. El Señor siempre en el centro. Los santos alrededor, señalando al Señor. ¡Y quien no señala al Señor no es santo!

He aquí la primera condición de la alegría cristiana: descentrarse de uno mismo y poner en el centro a Jesús. Esto no es alienación, porque Jesús es efectivamente el centro, es la luz que da pleno sentido a la vida de cada hombre y cada mujer que vienen a este mundo. Es un dinamismo como el del amor, que me lleva a salir de mí mismo no para perderme, sino para reencontrarme mientras me dono, mientras busco el bien del otro.

Juan el Bautista recorrió un largo camino para llegar a testimoniar a Jesús. El camino de la alegría no es fácil, no es un paseo. Se necesita trabajo para estar siempre en la alegría. Juan dejó todo, desde joven, para poner a Dios en primer lugar, para escuchar con todo su corazón y con todas sus fuerzas la Palabra. Juan se retiró al desierto, despojándose de todo lo superfluo, para ser más libre de seguir el viento del Espíritu Santo. Cierto, algunos rasgos de su personalidad son únicos, irrepetibles, no se pueden proponer a todos. Pero su testimonio es paradigmático para todo aquel que quiera buscar el sentido de su propia vida y encontrar la verdadera alegría. De manera especial, el Bautista es un modelo para cuantos están llamados en la Iglesia a anunciar a Cristo a los demás: pueden hacerlo solo despegándose de sí mismos y de la mundanidad, no atrayendo a las personas hacia sí sino orientándolas hacia Jesús.

La alegría es esto: orientar a Jesús. Y la alegría debe ser la característica de nuestra fe. También en los momentos oscuros, esa alegría interior de saber que el Señor está conmigo, que el Señor está con nosotros, que el Señor ha resucitado. ¡El Señor! ¡El Señor! ¡El Señor! Este es el centro de nuestra vida, este es el centro de nuestra alegría. Pensad bien hoy: ¿Cómo me comporto yo? ¿Soy una persona alegre que sabe transmitir la alegría de ser cristiano, o soy siempre como esas personas tristes que, como he dicho antes, parece que estén en un funeral? Si yo no tengo la alegría de mi fe, no podré dar testimonio y los demás dirán: “Si la fe es así de triste, mejor no tenerla”.

Rezando ahora el Ángelus, vemos todo esto realizado plenamente en la Virgen María: ella esperó en el silencio la Palabra de salvación de Dios; la escuchó, la acogió, la concibió. En ella, Dios se hizo cercano. Por eso la Iglesia llama a María “Causa de nuestra alegría”.

 

Ángelus: Bendición de las figuras del Niño Jesús

Palabras después del Ángelus

DICIEMBRE 13, 2020 14:59RAQUEL ANILLOANGELUS

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(zenit – 13 dic. 2020).- Después de la oración del Ángelus de este domingo 13 de diciembre de 2020, el Papa ha saludado a los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro y bendijo como cada año las figuras del Niño Jesús.

A continuación, siguen las palabras de Francisco, según la traducción oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos. De manera especial, saludo al grupo que ha venido en representación de las familias y de los niños de Roma con ocasión de la bendición de las figuras del Niño Jesús, evento organizado por el Centro Oratorios Romanos. Este año, a causa de la pandemia, sois pocos los que estáis aquí; pero sé que muchos niños y muchachos están reunidos en los oratorios y en sus casas y nos siguen a través de los medios de comunicación. Saludo a todos y cada uno, y bendigo las figuritas de Jesús que se colocarán en el belén, signo de esperanza y alegría.

En silencio, hacemos la bendición de las figuras del Niño Jesús: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Cuando recéis en casa delante del belén con vuestros familiares, dejad que os atraiga la ternura del Niño Jesús, nacido pobre y frágil en medio de nosotros para darnos su amor.

¡Os deseo a todos un feliz domingo! No os olvidéis de la alegría. El cristiano es alegre en el corazón, incluso en las pruebas; es alegre porque está cerca de Jesús. Él es quien nos da la alegría. No os olvidéis, por favor, de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

 

 

Clima: El Papa indica objetivo de “cero emisiones” para 2050

Mensaje a la Cumbre Virtual sobre Retos Climáticos

DICIEMBRE 13, 2020 12:10REDACCIÓN ZENITECOLOGÍAPAPA FRANCISCO

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(zenit – 13 dic. 2020).- La Ciudad del Vaticano y la Santa Sede se comprometen a lograr “cero emisiones” para 2050, anuncia el Papa Francisco en un mensaje en video, en español, dirigido a la cumbre virtual de alto nivel sobre retos climáticos, este sábado 12 de Diciembre de 2020.

“Ha llegado el momento de cambiar de rumbo. No robemos a las nuevas generaciones la esperanza de un futuro mejor”, declara el Papa Francisco, quien anuncia las medidas en el plan concreto de la lucha energética y por el reciclaje y a nivel de educación para una ecología humana integral, en todo el mundo, gracias al “Pacto Educativo Global”.

Esta es nuestra traducción rápida del mensaje del Papa Francisco.

AB

Mensaje del Papa Francisco

La actual pandemia y el cambio climático, que tienen una relevancia no sólo ambiental, sino también ética, social, económica y política, inciden, sobre todo, en la vida de los más pobres y frágiles. De este modo apelan a nuestra responsabilidad de promover, con un compromiso colectivo y solidario, una cultura del cuidado, que ponga en el centro la dignidad humana y el bien común.

Además de adoptar algunas medidas que no pueden aplazarse más, es necesaria una estrategia que reduzca a cero las emisiones netas (net-zero emissions).

La Santa Sede se asocia a este objetivo, moviéndose en dos planos:

  1. Por una parte, el Estado de la Ciudad del Vaticano se compromete a reducir a cero las emisiones netas antes de 2050, intensificando los esfuerzos de gestión ambiental, ya en curso desde hace algunos años, que posibiliten el uso racional de recursos naturales como el agua y la energía, la eficacia energética, la movilidad sostenible, la reforestación, y la economía circular también en la gestión de los desechos.
  2. Por otra parte, la Santa Sede se compromete a promover una educación para la ecología integral. Las medidas políticas y técnicas deben unirse con un proceso educativo que favorezca un modelo cultural de desarrollo y de sostenibilidad centrado en la fraternidad y en la alianza entre el ser humano y el ambiente. En esta perspectiva he inaugurado el Pacto educativo global, para acompañar a las escuelas y universidades católicas, frecuentadas por más de 70 millones de estudiantes en todos los continentes; y he apoyado la Economía de Francisco, a través de la cual jóvenes economistas, empresarios, expertos en finanzas y en el mundo del trabajo, promueven nuevos caminos que superen la pobreza energética, que pongan el cuidado de los bienes comunes en el centro de las políticas nacionales e internacionales, y que favorezcan la producción sostenible también en países con baja renta compartiendo tecnologías avanzadas apropiadas.

Ha llegado el momento de un cambio de rumbo. No robemos a las nuevas generaciones la esperanza en un futuro mejor. Gracias.

 

 

LIMPIEZA DE CORAZÓN

— La Navidad nos llama a una mayor pureza interior. Frutos de la pureza de corazón. Los actos internos.

— La guarda del corazón.

— Los limpios de corazón verán a Dios ya en esta vida, y con plenitud en la vida eterna.

I. Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad la victoria. Ábrase la tierra y brote la salvación1.

La Navidad es una luz en la noche, y esta luz no se extinguirá jamás. Todo el que mire hacia Belén podrá contemplar a Jesús Niño, acompañado de María y de José; todo el que mire con corazón puro, porque Dios solo se manifiesta a los limpios de corazón2.

La Navidad es una llamada a la pureza interior. Muchos hombres quizá no vean nada cuando llegue esta fiesta, porque están ciegos para lo esencial: tienen el corazón lleno de cosas materiales o de suciedad y de miseria. La impureza de corazón es la que provoca la insensibilidad para las cosas de Dios, y también para muchas cosas humanas rectas, entre ellas la compasión por las desgracias de los hombres.

De un corazón puro nace la alegría, una mirada penetrante para lo divino, la confianza en Dios, el arrepentimiento sincero, el conocimiento de nosotros mismos y de nuestros pecados, la verdadera humildad, y un gran amor a Dios y a los demás.

En cierta ocasión, unos escribas y fariseos preguntaron a Jesús: ¿Por qué motivo tus discípulos incumplen la tradición de los antiguos no lavándose las manos cuando comen? El Señor aprovecha para hacerles ver que ellos descuidan preceptos importantísimos. Y les dice: ¡Hipócritas! Con razón profetizó de vosotros Isaías diciendo: Este pueblo me honra con los labios; pero su corazón está lejos de mí3.

Jesús convocó entonces al pueblo, porque va a declarar algo importante. No se trata de una interpretación más de un punto de la Ley, sino de algo fundamental. El Señor señala lo que verdaderamente hace a una persona pura o impura ante Dios.

Y llamando al pueblo les dijo: —Escuchadme y atended. Lo que entra por la boca no es lo que mancha al hombre, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre4. Y un poco más tarde explicará aparte a sus discípulos: Lo que sale de la boca, sale del corazón, y eso es lo que mancha al hombre; porque del corazón es de donde salen los malos pensamientos, los homicidios, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias; estas cosas sí que manchan al hombre, pero comer sin lavarse las manos, eso no le mancha5. Lo que sale de la boca, del corazón sale. El hombre entero queda manchado por lo que ocurre en su corazón: malos deseos, despropósitos, envidias, rencores... Los mismos pecados externos que nombra el Señor, antes que en la misma acción externa, se han cometido ya en el interior del hombre. Ahí es donde se ama o se ofende a Dios.

A veces, sin embargo, la acción externa aumenta la bondad o la malicia del acto interno, por una mayor intensidad en la voluntariedad, por la ejemplaridad o escándalo que se siguen de dicha acción, por los bienes o daños causados al prójimo, etcétera. Pero es el interior del hombre lo que hay que conservar sano y limpio, y todo lo demás será puro y agradable a Dios.

El Señor llama bienaventurados y felices a quienes guardan su corazón. Y esta es tarea de cada día.

II. Guarda tu corazón, porque de él procede la vida6, dice el Libro de los Proverbios; y también proceden de él, la alegría y la paz, y la capacidad de amar, y la de hacer apostolado... ¡Con qué cuidado hemos de guardar el corazón! Porque, por otra parte, el corazón tiende a apegarse desordenadamente a personas y cosas.

Entre todos los fines de nuestra vida uno solo es verdaderamente necesario: llegar hasta la meta que Dios nos ha propuesto; alcanzar el Cielo, habiendo realizado nuestra propia vocación. Con tal de alcanzarlo, hay que estar dispuesto a perder cualquier cosa, a apartar todo lo que se interponga en el camino. Todo debe ser medio para alcanzar a Dios; y, si en vez de ser medio es un obstáculo, entonces habremos de rectificarlo o quitarlo. Las palabras del Señor son claras: Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y tíralo... Y si tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala de ti; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo el cuerpo sea arrojado al infierno7.

Con la expresión ojo derecho y mano derecha expresa el Señor lo que en un momento dado puede presentarse como algo muy estimado y valioso. Sin embargo, la santidad, la salvación –la propia y la del prójimo– es lo primero.

«Si tu ojo derecho te escandalizare..., ¡arráncalo y tíralo lejos! —¡Pobre corazón, que es el que te escandaliza!

»Apriétalo, estrújalo entre tus manos: no le des consuelos. —Y, lleno de una noble compasión, cuando los pida, dile despacio, como en confidencia: “Corazón, ¡corazón en la Cruz!, ¡corazón en la Cruz!”»8.

Las cosas que habremos de quitar o cortar en nuestra vida pueden ser de naturaleza muy diversa. Unas veces pueden ser cosas buenas en sí mismas, pero que se tornan desordenadas por egoísmo o falta de rectitud de intención.

Muchas veces no se tratará de cosas importantes, sino de pequeños caprichos, faltas habituales de templanza, falta de dominio del carácter, excesiva preocupación por las cosas materiales, etcétera. Cosas que hay que cortar y tirar, porque, casi siempre, son esos detalles que parecen pequeños los que dejan al alma sumida en la mediocridad. «Mira –dice San Agustín– cómo el agua del mar se filtra por las rendijas del casco y poco a poco llena las bodegas del barco, y, si no se la saca, sumerge la nave... Imitad a los navegantes: sus manos no cesan hasta secar el hondón del barco; no cesen las vuestras de obrar el bien. Sin embargo, a pesar de todo, volverá a llenarse otra vez el fondo de la nave, porque persisten las rendijas de la flaqueza humana; y de nuevo será necesario achicar el agua»9. Esos obstáculos y tendencias que no se arrancan de una sola vez, sino que exigen una disposición de lucha alegre, nos ayudan, en gran medida, a ser más humildes.

El amor a la Confesión frecuente y el examen diario de conciencia nos ayudan a mantener el alma más limpia y dispuesta para contemplar a Jesús en la gruta de Belén, a pesar de nuestras patentes flaquezas diarias.

III. Los limpios de corazón verán a Dios. «Con toda razón se promete a los limpios de corazón la bienaventuranza de la visión divina. Nunca una vida manchada podrá contemplar el esplendor de la luz verdadera, pues aquello mismo que constituirá el gozo de las almas limpias será el castigo de las que estén manchadas»10.

Si está limpio el corazón sabremos reconocer a Cristo en la intimidad de la oración, en medio del trabajo, en los acontecimientos de nuestra vida ordinaria. Él vive y sigue actuando en nosotros. Un cristiano que busca al Señor con sinceridad, lo encuentra; porque es el mismo Señor quien nos busca.

Si faltara pureza interior, los signos más claros no nos dirán nada y los interpretaríamos torcidamente, como hicieron los fariseos, e incluso podrían escandalizarnos. Las buenas disposiciones son necesarias para ver a Dios y las obras de Dios en el mundo.

La contemplación de Dios en esta vida nos obliga dichosamente a vivir hacia dentro, a guardar los sentidos, a no dejar las pequeñas mortificaciones que cada día ofrecemos al Señor. Este recogimiento interior es compatible con el trabajo intenso y con las relaciones sociales de una persona que ha de vivir en medio del mundo.

«¿Cómo va ese corazón? —No te me inquietes: los santos –que eran seres conformados y normales, como tú y como yo– sentían también esas “naturales” inclinaciones. Y si no las hubieran sentido, su reacción “sobrenatural” de guardar su corazón –alma y cuerpo– para Dios, en vez de entregarlo a una criatura, poco mérito habría tenido.

»Por eso, visto el camino, creo que la flaqueza del corazón no debe ser obstáculo para un alma decidida y “bien enamorada”»11.

Esta vida contemplativa está al alcance de todo cristiano, pero es necesaria una decisión firme y seria de buscar a Dios en todas las cosas, de purificarse y de reparar por las faltas y pecados cometidos. Es siempre una gracia de Dios, que no niega a quien la pide con humildad. Es un don para pedir especialmente durante el Adviento.

Después, si hemos sido fieles, vendrá el conocimiento perfecto de Dios, inmediato, claro y total, siempre dentro de las posibilidades de la naturaleza creada y finita del hombre. Lo veremos cuando llegue el fin, quizá para nosotros dentro de poco tiempo. Conoceremos a Dios como Él nos conoce a nosotros, directamente y cara a cara: Sabemos que, cuando aparezca, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es12. El hombre podrá entonces mirar a Dios, sin cegarse y sin morir. Podremos contemplar a Dios, a quien hemos procurado servir toda nuestra vida.

Contemplaremos a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo. Y, muy cerca de la Trinidad Beatísima, a Santa María, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo.

1 Is 45, 8. — 2 Cfr. Mt 5, 8. — 3 Mt 15, 7-8. — 4 Mt 15, 10.  5 Mt 15, 18-20. — 6 Prov 4, 23. — 7 Mt 5, 29-30. — 8 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 163.  9 San Agustín, Sermón 16, 7. — 10 San León Magno, Sermón 95, Sobre las bienaventuranzas. — 11 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 164. — 12 1 Jn 3, 3.

 

"El Señor se sirve de nosotros como antorchas"

Hijos de Dios. –Portadores de la única llama capaz de iluminar los caminos terrenos de las almas, del único fulgor, en el que nunca podrán darse oscuridades, penumbras ni sombras. –El Señor se sirve de nosotros como antorchas, para que esa luz ilumine... De nosotros depende que muchos no permanezcan en tinieblas, sino que anden por senderos que llevan hasta la vida eterna. (Forja, 1)

14 de diciembre

Iesus Christus, Deus Homo, Jesucristo Dios‑Hombre. Una de las magnalia Dei, de las maravillas de Dios, que hemos de meditar y que hemos de agradecer a este Señor que ha venido a traer la paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. A todos los hombres que quieren unir su voluntad a la Voluntad buena de Dios: ¡No sólo a los ricos, ni sólo a los pobres!, ¡a todos los hombres, a todos los hermanos! Que hermanos somos todos en Jesús, hijos de Dios, hermanos de Cristo: su Madre es nuestra Madre.

No hay más que una raza en la tierra: la raza de los hijos de Dios. Todos hemos de hablar la misma lengua, la que nos enseña nuestro Padre que está en los cielos: la lengua del diálogo de Jesús con su Padre, la lengua que se habla con el corazón y con la cabeza, la que empleáis ahora vosotros en vuestra oración. La lengua de las almas contemplativas, la de los hombres que son espirituales, porque se han dado cuenta de su filiación divina. Una lengua que se manifiesta en mil mociones de la voluntad, en luces claras del entendimiento, en afectos del corazón, en decisiones de vida recta, de bien, de contento, de paz. (Es Cristo que pasa, 13)

 

 

Cuatro años sin don Javier

El periodista Jesús Fonseca escribe este artículo con motivo del aniversario del fallecimiento de Mons. Javier Echevarría: “Sabía lo que había que decir, o no decir, para ayudarte a doblar la vida por donde más te convenía; quería a todo el mundo y vivía instalado en la esperanza y la gratitud”.

REVISTA DE PRENSA12/12/2020

La Razón Cuatro años sin don Javier

De Javier Echevarría se ha escrito bastante, pero queda todavía mucho por contar sobre uno de esos «santos de la puerta de al lado», en expresión del Papa Francisco. Tal día como hoy, hace cuatro años, moría en Roma, a los 83, el obispo prelado del Opus Dei. Lo hacía con las botas puestas: metido en faena hasta el final. De hecho, la última carta suya que recibí, de su puño y letra, tiene matasellos del día en que fue ingresado. En ella se despide recordándome que es «imposible no caminar contigo y unirme a todos tus pasos». ¡Le quería tanto!

DON JAVIER ERA UNO DE ESOS HOMBRES QUE SE PONEN EN LA PIEL DEL OTRO

Don Javier era uno de esos hombres que se ponen en la piel del otro: sabía escuchar y sabía querer. Fuimos amigos, pese a no pertenecer yo al Opus ni abrigar intención alguna de serlo. Pero puedo decir que, cuando estábamos juntos, nos contábamos nuestras cosas, nuestras alegrías y anhelos; vamos, que hablábamos de la letra menuda del vivir, que es la que cuenta. A él, lo que más le gustaba era escuchar, mientras te seguía con una mirada encendida de gozo.

Don Javier sabía lo que había que decir, o no decir, para ayudarte a doblar la vida por donde más te convenía. Estuvo a mi lado en momentos muy duros y me ayudó inmensamente. Mi deuda con él es incancelable. No solo era buena gente, era remajo. La sencillez, el empeño en no hacer ruido, marcaron una vida apurada, pero fecunda.

La aportación a la Iglesia, de este movimiento universal de fieles, no se entiende sin la abnegación y lealtad de este madrileño al que vi sonreír siempre; incluso aquella vez que le avisé, en Burgos, que iban a por ellos. Se rió con ganas y encontró sobrados motivos para excusar cualquier animadversión. Don Javier quería a todo el mundo; vivía instalado en la esperanza y la gratitud. Además estaba convencido de que, en el Opus Dei, metían también la pata y eran tan imperfectos como el que más, por más que intentaran hacer las cosas bien. Don Javier encarna, como el Papa Francisco ahora mismo, en un mundo roto, el Evangelio en carne viva.

CUANDO LO VEÍA SALÍA CONVENCIDO DE QUE NADA MALO PODRÍA PASARME DESPUÉS DE ESTAR CON ÉL

La segunda vez que lo vi, en Roma, me recordó a Teresa de Calcuta, a cuyo encuentro me había mandado Ansón para entrevistarla. Tenían los dos un algo indescriptible; la misma ternura y espontaneidad. Tal vez fuera «ese no sé qué que se halla por ventura», del que hablaba aquel «frailecillo de risa», más conocido como San Juan de la Cruz.

Las carticas de don Javier me daban paz; me removía su cariño y confianza. Cuando lo veía salía convencido de que nada malo podría pasarme después de estar con él. Hablábamos de Esther, mi querida mujer como si estuviera viva y me pedía la última hora sobre nuestra hija Aitana. Ese era don Javier. «De monseñor Echevarría me llamó la atención que no llamaba la atención. Que era una de esas personas con la que te apetece tomarte un café y contarle tus cosas». ¡Cómo me gusta esta definición del genial Álvarez Sánchez León! El escritor que mejor ha mostrado la vida de don Javier, su tamaño espiritual y su riqueza humana.

Hace cuatro años, tal día como hoy, este gacetillero estaba en Roma para despedir al amigo. Le di un beso en la frente y sentí de nuevo que aquellos ojos sin vida me miraban y me decían: «Jesús, imposible no caminar juntos».


Más información:

Libros y cartas pastorales de Mons. Javier Echevarría.

Recursos sobre Mons. Javier Echevarría.

 

 

«Tu rostro, Señor, buscaré»: la fe en el Dios personal

La fe cristiana es una fe con Rostro, una fe que dice: no estás solo en el mundo… hay Alguien que ha querido que existas, que te ha dicho «¡vive!».

LA LUZ DE LA FE13/02/2018

«De ti piensa mi corazón: “Busca su rostro”. Tu rostro, Señor, buscaré» (Sal 27,8). Este verso del salmista responde a un motivo que recorre la Sagrada Escritura, desde el Génesis hasta el Apocalipsis[1]: toda la historia de Dios con los hombres, que sigue hoy su curso, entre los pliegues de sus páginas. En este anhelo se expresa, pues, algo que late también —de un modo más o menos explícito— en el corazón de los hombres y mujeres del siglo XXI. Porque si durante años podía parecer que el declive de la religión en el mundo occidental era imparable, que la fe en Dios era ya poco más que un mueble obsoleto frente a la cultura moderna y el mundo científico, de hecho sigue viva la búsqueda de Dios y de un sentido trascendente para la propia existencia.

HOY SE HA VUELTO MÁS DIFÍCIL RECONOCER EL ROSTRO DE UN DIOS PERSONAL, O ADVERTIR DE MODO VITAL SU CERCANÍA

En esta búsqueda de lo sagrado, no obstante, se ha dado un notable cambio cualitativo. El cuadro de las creencias es hoy más complejo y fragmentado que en el pasado. En la Iglesia católica ha caído la práctica y han aumentado quienes se declaran cristianos, pero no aceptan algunos aspectos de la doctrina de fe o de la moral. También se da una tendencia a mezclar libremente creencias diversas (por ejemplo, el cristianismo y el budismo). Ha aumentado el número de personas que dicen creer en una fuerza impersonal y no en el Dios de la fe cristiana, así como el de los miembros de las religiones no cristianas, especialmente orientales, o movimientos New Age. Para muchos, la imagen de lo divino se difumina en los contornos de una fuerza cósmica, de una fuente de energía espiritual o de un ser distante e indiferente. En definitiva, se puede decir que en la presente atmósfera cultural se ha vuelto más difícil reconocer el rostro de un Dios personal, considerar verdaderamente creíble el mensaje cristiano sobre el Dios que se ha hecho visible en Jesucristo, o advertir de modo vital su cercanía.

Si hay culturas en las que la visión impersonal de Dios se debe a que la fe cristiana ha tenido poco influjo sobre ellas, en el mundo occidental se trata más bien de un fenómeno cultural complejo: «un extraño olvido de Dios» por el que «parece que todo marche igualmente sin él»[2]. Este olvido, que no puede evitar un cierto «sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos»[3], se manifiesta entre otras cosas en la tendencia a concebir la religión desde una óptica individual, como un “consumo” de experiencias religiosas, en función de las propias necesidades espirituales. Aunque desde esta óptica es difícil comprender que Dios nos llama a una relación personal, tampoco lo facilitaba una concepción bastante extendida tiempo atrás, que veía la práctica religiosa fundamentalmente como una “obligación” o un mero deber exterior hacia Dios. Resulta iluminante en ese sentido la mirada penetrante del beato John Henry Newman sobre la historia: «cada siglo es como los demás, aunque a quienes viven en él les parece peor que cualquiera de los anteriores»[4].

El contexto en el que la fe cristiana se desenvuelve en la actualidad reviste, ciertamente, una nueva complejidad. Pero también hoy ―como ayer― es posible redescubrir la fuerza arrolladora de una fe con Rostro, una fe que nos dice: no estás solo en el mundo; hay Alguien que ha querido que existas, que te ha dicho «¡vive!» (cfr. Ez 16,6) y que te quiere feliz para siempre. El Dios de Jesucristo, al que se ha criticado de «haber rebajado la existencia humana, quitando novedad y aventura a la vida»[5], quiere realmente que tengamos vida, y vida en abundancia (cfr. Jn 10,10), es decir, una felicidad que nadie ni nada nos podrá quitar (cfr. Jn 16,22).

El misterio de un Rostro y los ídolos sin rostro

De modo especial en Occidente, algunas personas perciben hoy la espiritualidad y la religión como antagónicas: mientras en la “espiritualidad” perciben autenticidad y cercanía ―se trata de sus experiencias, de sus sentimientos―, en la religión ven sobre todo un cuerpo de normas y creencias que les resulta ajeno. La religión aparece así, quizá, como un objeto de interés histórico y cultural, pero no como una realidad esencial para la vida personal y social. Junto a otros factores, esto puede deberse a ciertas carencias en la catequesis, porque, de hecho, la fe cristiana está llamada a hacerse experiencia en la vida de cada uno, como lo son los encuentros interpersonales, la amistad, etc. «La vida interior ―escribía san Josemaría― si no es un encuentro personal con Dios, no existirá»[6]. En esa misma línea, ha escrito el Papa Francisco: «invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él»[7].

EL ENCUENTRO CON DIOS NO RESPONDE A LA LÓGICA INMEDIATA DE LO AUTOMÁTICO: NO SE ACCEDE A UNA PERSONA COMO SE ACCEDE A UNA WEB, SIGUIENDO SENCILLAMENTE UN LINK

Este encuentro, sin embargo, no responde a la lógica inmediata de lo automático. No se accede a una persona como se accede a una web, siguiendo sencillamente un link; ni se descubre verdaderamente a una persona como se encuentra un objeto cualquiera. Incluso cuando parece que el hallazgo de Dios ha sido repentino, como sucede con algunas conversiones, los relatos de los conversos suelen mostrar cómo aquel paso se había venido preparando desde mucho tiempo antes, a fuego lento. El camino hacia la fe, y la vida misma del creyente, tiene mucho de espera paciente. «¡Debemos vivir a la espera de este encuentro!»[8]. Los vaivenes de la historia de la salvación ―tanto los que se relatan en la Escritura como los que vemos en la actualidad― muestran cómo Dios sabe esperar. Dios espera porque trata con personas. Pero también por eso, porque Él es Persona, el hombre debe aprender a esperar. «La fe, por su propia naturaleza, requiere renunciar a la posesión inmediata que parece ofrecer la visión; es una invitación a abrirse a la fuente de la luz, respetando el misterio propio de un Rostro, que quiere revelarse personalmente y en el momento oportuno»[9].

El episodio del becerro de oro en el desierto (Cfr. Ex 32,1-8) es una imagen perenne de esa impaciencia de los hombres con Dios. «Mientras Moisés habla con Dios en el Sinaí, el pueblo no soporta el misterio del rostro oculto de Dios, no aguanta el tiempo de espera»[10]. Se entienden así las advertencias insistentes de los profetas del Antiguo Testamento acerca de la idolatría[11], que atraviesan los siglos hasta hoy. Ciertamente, a nadie le gusta que le llamen idólatra: la palabra tiene una connotación de sumisión y de irracionalidad que la hace poco conciliadora. Sin embargo, es interesante observar que los profetas dirigían el término sobre todo a un pueblo creyente. Porque la idolatría no es solo ni principalmente un problema de «las gentes» que no invocan el Nombre de Dios (cfr. Jr 10,25): tiende a hacerse un lugar también en la vida del creyente, como una “reserva” por si Dios no fuera a llenar las expectativas del corazón, como si Dios no fuera suficiente. «Ante el ídolo, no hay riesgo de una llamada que haga salir de las propias seguridades, porque los ídolos «tienen boca y no hablan» (Sal 115,5). Vemos entonces que el ídolo es un pretexto para ponerse a sí mismo en el centro de la realidad, adorando la obra de las propias manos»[12]. Esta es, pues, la tentación: asegurarse un rostro, aunque no sea más que el nuestro, como en un espejo. «En lugar de tener fe en Dios, se prefiere adorar al ídolo, cuyo rostro se puede mirar, cuyo origen es conocido, porque lo hemos hecho nosotros»[13]. Se deja por imposible la búsqueda del Dios personal, del Rostro que quiere ser acogido, y se opta por rostros que elegimos nosotros: dioses “personalizados” ―con el sabor agridulce que a veces deja este adjetivo―; dioses «de plata y oro, de bronce y hierro, de madera y piedra, que ni ven, ni oyen, ni conocen» (Dn 5,23), pero que se prestan a nuestros deseos.

DIOS ESPERA PORQUE TRATA CON PERSONAS; PERO TAMBIÉN POR ESO, PORQUE ÉL ES PERSONA, EL HOMBRE DEBE APRENDER A ESPERAR

Podemos vivir aferrados a esas seguridades durante un tiempo, más o menos largo. Pero es fácil que un revés profesional, una crisis familiar, un hijo problemático o una enfermedad grave hagan derrumbarse esa seguridad. «¿Dónde están los dioses que te hiciste? Que se levanten, si es que pueden salvarte» (Jr 2,28). El hombre se da cuenta entonces de que está solo en el mundo; como Adán y Eva en el paraíso tras el pecado, cae en la cuenta de que está desnudo, suspendido en el vacío (cfr. Gn 3,7). «Llega siempre un momento en el que el alma no puede más, no le bastan las explicaciones habituales, no le satisfacen las mentiras de los falsos profetas. Y, aunque no lo admitan entonces, esas personas sienten hambre de saciar su inquietud con la enseñanza del Señor»[14].

 

El Dios personal

¿En qué sentido el cristianismo puede superar las insuficiencias de los ídolos y saciar esa inquietud? Mientras para otras religiones o espiritualidades «Dios queda muy lejos, parece que no se da a conocer, no se hace amar»[15], el Dios cristiano «se ha dejado ver: en el rostro de Cristo vemos a Dios, Dios se ha hecho “conocido”»[16]. El Dios cristiano es el Alguien por quien suspira el corazón humano. Y Él mismo ha venido a mostrarnos su rostro: «lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han palpado nuestras manos a propósito del Verbo de la vida (…) os lo anunciamos» (1 Jn 1,3). Cuando todas las seguridades humanas fallan, cuando la vida y su sentido se vuelven inciertos, entra en escena el «Verbo de la vida». Quien le rechaza queda como prisionero de su necesidad de amor[17]; quien le abre las puertas, y decide no agarrarse a sus propias seguridades o a su desesperación, quien se reconoce ante Él como un pobre enfermo, un pobre ciego, puede descubrir su rostro personal.

Ahora bien, ¿qué significa que Dios es persona, que tiene rostro? Y sobre todo, ¿tiene sentido esta pregunta? Cuando Felipe pide a Jesús que les muestre al Padre, responde el Señor: «El que me ha visto a mí ha visto al Padre» (Jn 14,9). El hecho de que Dios se haya hecho hombre en Jesús, de que a través de su humanidad se haya manifestado Dios en persona ―evento que es el centro mismo de la fe cristiana―, muestra que esta pregunta no designa una quimera sino que tiene una meta real.

Sin embargo, si Dios tiene rostro personal, si se ha revelado en Jesucristo, ¿por qué se esconde a nuestra mirada? «¿No lo daría uno todo con tal de que se le permitiera verlo andar por la calle, oír el timbre de su voz, penetrar su mirada, sentir su “poder”, percibir con la experiencia más íntima quién es él?»[18] ¿Por qué, si Dios vino al mundo, ha vuelto ahora a esconderse en su misterio? En realidad, el Génesis ―que no solo versa sobre los orígenes, sino también sobre los ejes mismos de la historia― muestra que es más bien el hombre quien se esconde de Dios por el pecado (cf. Gn 3,9-10).

Con todo, imaginando que Jesús se hubiera quedado en la tierra, ¿verdaderamente sería más personal la relación con Él? Cada uno dispondría, en el mejor de los casos, de unos pocos instantes en la vida para estar con Él. Unas palabritas, y una foto, como con los famosos... Admitiendo, pues, que Dios «se esconda»... se puede decir que lo hace precisamente porque quiere entablar una relación personal con cada hombre y cada mujer: de tú a tú, de corazón a corazón. En la relación con Dios sucede, en el modo más intenso posible, algo que es propio todas las relaciones personales: que nunca acabamos de conocer al otro del todo; que es necesario buscarle. «Sí, por detrás de las gentes te busco. / No en tu nombre, si lo dicen, / no en tu imagen, si la pintan. / Detrás, detrás, más allá»[19].

«El que me ha visto a mí ha visto al Padre» (Jn 14,9). La Encarnación de Dios hace de la personalidad humana un camino apto para acercarse al misterio del Dios personal. De hecho se trata del único camino, porque no conocemos de modo directo ningún otro modo de existencia personal. Al recorrerlo, sin embargo, es necesario evitar el antropomorfismo: la tendencia a describir un Dios a la medida del hombre, algo así como un ser humano agrandado, perfeccionado. Ya el hecho mismo de que Dios sea una Trinidad de personas muestra cómo su Ser personal desborda los marcos de nuestra propia experiencia; pero no la hace por eso inútil para intentar acercarnos a su Misterio, con las alas de la fe y de la razón[20].

Retomemos, pues, la pregunta: ¿Qué significa ser persona? Una persona se distingue de los seres no personales en que «se posee a sí misma por la voluntad y se comprende perfectamente por la inteligencia: es la trascendencia de un ser que puede decir “yo”»[21]. Trascendencia, porque el “yo” de cada persona ―incluso de quienes no pueden decir “yo”― hace de ella una realidad irreductible al resto del universo; por así decir, cada persona es un abismo. «Un abismo llama a otro abismo» (Sal 42,8), dice el verso de un salmo, en el que san Agustín reconoce el misterio de la persona humana[22]. Pues bien, decir que Dios es persona significa que se trata de un “Yo” que es dueño de sí y que es distinto de mí, pero que a la vez no está junto a mí como cualquier otra persona humana. Dios es, como decía también san Agustín en una expresión de una profundidad y belleza difíciles de superar, interior intimo meo: Él está más profundamente dentro de mí que yo mismo[23], porque se encuentra en el origen más profundo de mi ser. Es Él quien ha pensado en mí, y quien ya nunca dejará de hacerlo.

DIOS ESTÁ MÁS PROFUNDAMENTE DENTRO DE MÍ QUE YO MISMO, PORQUE SE ENCUENTRA EN EL ORIGEN MÁS PROFUNDO DE MI SER

Precisamente aquí se dibuja una frontera decisiva entre nuestro ser personal y el de Dios. Nuestra existencia es radicalmente dependiente de Dios: somos porque Él ha querido; nuestro ser está en sus manos. «En el comienzo de la filosofía occidental aparece repetidamente la cuestión del arjé, el principio de todas las cosas, y se le dan variadas y profundas respuestas. Pero hay solo una respuesta que responda realmente: darse cuenta religiosamente de que mi principio está en Dios. Digámoslo mejor: en la voluntad de Dios, dirigida hacia mí, de que he de ser, y ser el que soy»[24]. Dios ha decidido que yo exista, y sea precisamente tal como soy; por eso puedo aceptarme y considerarme un bien. Es lo que sucede cada vez que el hijo se descubre amado por sus padres, cada vez que una mirada, una sonrisa, un gesto le dice: «¡Para mí es bueno que existas!»[25]: se reconoce enteramente dependiente… y al mismo tiempo querido sin reservas.

«Él nos hizo y somos suyos» (Sal 100,3). Esta dependencia radical ¿supone una forma de dominio? Para responder afirmativamente haría falta decir que, cuando una madre sonríe a su hijo pequeño, lo hace con afán de dominarlo. ¿Es el dominio el único modo de relación entre personas? Más aún, ¿es el principal? Frente a la lógica del dominio se nos presenta enseguida otra más poderosa: la lógica del amor. Frente a la posición de quien dice a otro: «Tienes que ser como digo yo», se alza el grito más hondamente personal: «¡Es bueno que existas… como eres!». Esa es la palabra que se dirige a la persona amada, al hijo enfermo, al padre anciano, cuando se le afirma tal como es… y se le quiere.

Reconocer que yo no soy mi origen, pues, no supone sin más aceptar mi finitud: esa es una conclusión que se queda en la superficie de las cosas. En realidad, significa abrirme a la infinitud de Dios; significa reconocer que «en cuanto yo existo, somos dos. Mi existencia es en su misma esencia, relación. Solo subsisto porque soy pronunciado por otro. Reconocer esa absoluta dependencia es simplemente ratificar lo que soy. Solo existo porque soy amado. Y existir será para mí amar a mi vez, responder a la gracia con la acción de gracias»[26]. La Revelación cristiana nos da a conocer a un Dios que se rige por esta lógica. Un Dios que crea por Amor, por una sobreabundancia de Amor. Más: un Dios que es Amor. Y precisamente en el encuentro con él descubrimos nuestro rostro personal: descubrimos quiénes somos.

 

El rostro de Dios

«No somos el producto casual y sin sentido de la evolución ―apuntaba Benedicto XVI al ser elegido para la sede de Pedro―. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario»[27]. Esta realidad no es simplemente objeto de una captación intelectual. En otras palabras, no basta decir: «De acuerdo, ya lo entiendo». Es una chispa que enciende la vida entera: da una visión del cristianismo que supera en mucho la de un sistema intelectual y transforma la existencia desde su raíz.

RECONOCER QUE YO NO SOY MI ORIGEN SIGNIFICA ABRIRME A LA INFINITUD DE DIOS; RECONOCER QUE SOLO EXISTO PORQUE SOY AMADO

Desde esta nueva visión, la oración adquiere un lugar central en la existencia, tal como vemos en la vida de Jesús[28]. Lejos de algunas concepciones que desfiguran su sentido, la oración no consiste en un vaciamiento de sí, ni en un servil acatamiento de una voluntad ajena. Lo ilustra bien el Papa Francisco, al describir cómo reza: «siento como si estuviera en manos de otro, como si Dios me estuviese tomando la mano. Creo que hay que llegar a la alteridad trascendente del Señor, que es Señor de todo, pero que respeta siempre nuestra libertad»[29]. La oración es, entonces, en primer lugar, descubrir que estamos con Dios: Alguien vivo, real, que no soy yo mismo; Alguien en quien descubro realmente quién soy, en quien descubro mi verdadero rostro.

Al reconocernos creados por Dios, pues, no nos sentimos negados, sino precisamente afirmados. Alguien nos ha dicho: «¡Es bueno que existas!». Y ese Alguien, además, lo ha ratificado y lo ha definido para siempre al dar su vida por cada uno de nosotros. La alternativa ante Dios no es someterse o rebelarse, sino cerrarse al amor o, sencillamente, dejarse amar para responder amando. Nuestro Origen es el Amor, y para el Amor hemos sido elegidos y llamados por Dios. Por eso, cuando en el cielo «veamos el rostro de Dios, sabremos que siempre lo hemos conocido. Ha formado parte, ha hecho, sostenido y movido, momento a momento, desde dentro, todas nuestras experiencias terrenas de amor puro. Todo lo que era en ellas amor verdadero, aun en la tierra era mucho más Suyo que nuestro, y solo era nuestro por ser Suyo»[30].

Lucas Buch - Carlos Ayxelá

* * * *

Lecturas para profundizar

Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium, 24-11-2013, nn. 264-267: “El encuentro personal con el amor de Jesús que nos salva”).

Francisco, Enc. Lumen Fidei, 29-6-2013, nn. 8-39.

Benedicto XVI, Audiencia, 16-1-2013.

Consejo Pontificio para la Cultura, Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso (2003), Jesucristo, portador de agua viva. Una reflexión cristiana sobre la «Nueva Era» (acerca del cristianismo, ante el auge del New Age y otras espiritualidades).

Congregación para la doctrina de la fe (1989) Orationis Formas. Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana (acerca de la relación personal con Dios, como aspecto esencial de la oración cristiana)


Borghello, U. Liberare l’amoreLa comune idolatria, l’angoscia in agguato, la salvezza cristiana, (caps. 2-4), Ares, 2009.

Burggraf, J. “La libertad, don y tarea” (disponible on-line), en Burggraf, J. La transmisión de la fe en la sociedad postmoderna y otros escritos, Eunsa, 2015.

Daniélou, J. Dios y nosotros, Cristiandad, Madrid 2003, cap. 2, “El Dios de los filósofos” (orig. Dieu et nous).

Guardini, R. La aceptación de sí mismo – Las edades de la vida, Guadarrama, Madrid 1962 (orig. Die Annahme seiner selbst).

― Mundo y persona. Ensayos para una teoría cristiana del hombre, Encuentro, 2000. (orig. Welt und Person. Versuche zur christlichen Lehre vom Menschen)

Ratzinger, J. Introducción al cristianismo (I.4.2 “El Dios personal”) Sígueme, 2016 (orig. Einführung in das Christentum)

― El Dios de los cristianos (I.1 “Dios tiene nombre”), Sígueme, 2009 (orig. Der Gott Jesu Christi. Betrachtungen über den Dreieinigen Gott).

― Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y las religiones del mundo (I.1. “La unidad y la pluralidad de las religiones. El lugar de la fe cristiana en la historia de las religiones”) Sígueme, 2005 (orig. Glaube, Wahrheit, Toleranz. Das Christentum und die Weltreligionen)

― “Sobre el concepto de persona en teología”, en Ratzinger, J. Palabra en la Iglesia, Sígueme, 1976 pp. 165-180 (orig. “Zum Personverständnis in Theologie”). Disponible on-line en inglés.

 

Cuadro del editorial: Pedro y Juan corriendo al sepulcro, de Eugène Burnand.


[1] «Tendré que ocultarme de tu rostro, vivir errante y vagabundo por la tierra» (Gn 4,14); «No podrás ver mi rostro, pues ningún ser humano puede verlo y seguir viviendo» (Ex 33,20); «El Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su gracia» (Nm 6,25); ¿Por qué me escondes tu rostro y me tratas como a tu enemigo? (Jb 13,24); «¿Cuándo podré ir a ver el rostro de Dios?» (Sal 42,3); «No apartaré de vosotros mi rostro, porque soy misericordioso» (Jr 3,12); «Verán su rostro y llevarán su nombre grabado en la frente» (Ap 22,4).

[2] Benedicto XVI, Homilía, 21-VIII-2005.

[3] Ibídem.

[4] J.-H. Newman, Lectures on the Prophetical Office of the Church, Londres 1838, p. 429.

[5] Francisco, Enc. Lumen Fidei, 29-VI-2013, n. 2.

[6] Es Cristo que pasa, n. 174.

[7] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium, 24-XI-2013, n. 3.

[8] Francisco, Audiencia general, 11-X-2017.

[9] Francisco, Lumen Fidei, n. 13.

[10] Ibídem.

[11] Cfr. por ejemplo Ba 6,45-51; Jr 2,28; Is 2,8; 37,19.

[12] Francisco, Lumen Fidei, n. 13.

[13] Ibídem.

[14] Amigos de Dios, n. 260

[15] Benedicto XVI, Lectio divina, 12-II-2010.

[16] Ibidem.

[17] Cfr. U. Borghello. Liberare l’amore, Milano, Ares 2009, p. 34.

[18] R. Guardini, El Señor, IV.6, “Revelación y misterio”.

[19] P. Salinas, La voz a ti debida en Poesías Completas, Barral 1971, p. 223.

[20] Con la imagen de las “alas” se refiere san Juan Pablo II a la fe y la razón, al inicio de su encíclica Fides et Ratio (14-IX-1998).

[21] J. Daniélou, Dios y nosotros, Cristiandad, Madrid 2003, p. 95 (el subrayado es nuestro).

[22] Cfr. San Agustín, Enarrationes in Psalmos, 41, nn. 13-14.

[23] San Agustín, Confesiones III.6.11.

[24] R. Guardini, La aceptación de sí mismo – Las edades de la vida, Guadarrama, Madrid 1962, p. 29.

[25] Esta es la definición que da del amor J. Pieper en su conocida obra Las Virtudes fundamentales, Rialp, Madrid 2012, pp. 435-444.

[26] J. Daniélou, Dios y nosotros, p. 108.

[27] Benedicto XVI, Homilía en la Misa de inicio del pontificado, 24-IV-2005.

[28] Cfr. Benedicto XVI, Audiencia, 30-XI-2011.

[29] S. Rubin, F. Ambrogetti, El Papa Francisco, 54.

[30] C. S. Lewis, Los cuatro amores, Rialp, Madrid 1991, p. 153.

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO.

 

Jn 1,6.8.18.28

 

 

Meditar el evangelio con tres puntos.

 

La versión del evangelista Juan nos presenta la profunda identidad del Bautista, que prepara los caminos del Señor.

 

1.     Su profunda humildad. No disimula lo que es y lo que no es. Podía Instalarse en la ambigüedad. Su grandeza es su transparencia que conmueve el corazón del Señor.

 

2.     Es su vida entregada y su deseo de que el Señor sea conocido, pues anunciará que está entre nosotros el que no conocéis.

 

3.     La grandeza del Bautista es que en su bautismo de conversión, de pecadores, acepta a Jesús en la cola de todos los pecadores del mundo y le dice que no es digno de desatarle ni la correa de la sandalia. No hay santidad sin humildad y sin ponerse de rodillas ante el Dios que nace pobre en Belén.

  

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

 

MORENITA…¡MÉXICO ES TUYO!

Autora: Magui del Mar

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

Poeta Mexicana.

 

De nuevo aquí, ante tus plantas, me encuentro Virgen Morena,

mi alma de esperanza llena, sabiendo que Tú me escuchas…

Mis peticiones son muchas. Sé bien que nunca me olvidas,

vas curando mis heridas y apoyándome en mis luchas.

 

Por México yo te pido con fervor, mi Virgencita.

¡Es tu tierra, Morenita!, con amor Tú la adoptaste

y tu Imagen le dejaste, diciéndole con ternura:

¿NO ESTOY YO AQUÍ, POR VENTURA? Y en tus brazos lo estrechaste.

 

No dejes que los rencores y las luchas fratricidas

vayan apagando vidas…sembrando desolación…

Hay mucha desilusión viendo a la Patria querida

que va perdiendo la vida, sumida en la corrupción.

 

¡Levántala, Reina mía!, ¡Protégela con tu manto!

Ya ha llorado tanto…tanto…mas Tú la puedes salvar.

Te lo vengo a suplicar…no olvides ¡MÉXICO ES TUYO!,

eres nuestro GRAN ORGULLO, y siempre te hemos de amar.

 

En el alma van grabadas tus palabras amorosas

envueltas en bellas rosas: ¿NO SOY YO TU MADRE, ACASO?

Y percibiendo tu abrazo, se borra toda agonía.

Descansamos, Madre mía, confiados…en tu regazo.

 

Derechos Reservados.

 

 

MAGUI DEL MAR 

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

ruizrmagui@gmail.com

 

 

Fratelli Tutti (VI). La “Ley del éxtasis”

Escrito por José Martínez.

El Papa nos señala que fuimos hechos para el amor. Por ello, hay en nosotros la “ley de éxtasis”, que nos invita a salir de uno mismo para hallar en el otro un crecimiento de su ser.

1) Para saber

“Tu actitud, no tu aptitud, determinará tu altitud”. Esta frase del escritor y vendedor Zig Ziglar concuerda con lo explicado por el Papa Francisco en la tercera parte de su encíclica “Fratelli Tutti”.

En la medida en que se ama, se crece como persona. El Papa recuerda el Concilio Vaticano II que en breves palabras resume esa altitud a la que todos estamos llamados: “Un ser humano está hecho de tal manera que no se realiza, no se desarrolla ni puede encontrar su plenitud, si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás” (n. 87).

Aquí se encuentra una gran paradoja, que quien la entiende y vive, resuelve su vida. Ya fue dicha de manera clara por Jesús: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mt 16, 25). Así se entiende por qué los mártires que han dado su vida por amor a Cristo.

2) Para pensar

Georges Bernanos fue un renombrado novelista y dramaturgo francés de la primera mitad del siglo XX. En sus obras ahonda en la psicología del hombre donde tiene lugar el enfrentamiento entre el bien y el mal, la fe y la desesperación. Una obra suya, titulada “Diálogo de carmelitas”, narra la historia de dieciséis carmelitas asesinadas en tiempo de la revolución francesa, el 4 de agosto 1790, y declaradas beatas por san Pío X. Entre ellas había una hermana jovencísima, que por nacer cuando su madre tuvo un terrible susto, creció con mucho miedo. Ingresó a la orden religiosa y como monja tomó el nombre de sor Blanca de la Agonía de Jesús.

Cuando los revolucionarios, odiando la fe, arrestan a las hermanas, sor Blanca aterrorizada, huye y se esconde. Sus hermanas en religión son procesadas, condenadas y conducidas a la guillotina. Las quince van pasando para morir, mientras todas cantan a coro un himno al Espíritu Santo, el llamado “Veni creator”. A medida que cada una sucumbe bajo la guillotina, el coro se va haciendo más y más débil. Ya sólo quedan dos voces; después, una sola, llegando a la penúltima estrofa. Luego el silencio sin haberlo terminado. Pero he aquí que se levanta una voz nítida, resoluta, casi infantil en medio de la muchedumbre. Es sor Blanca, que con todo y miedo, se da valor y sube sobre el palco cantando la última estrofa inacabada y presenta su cabeza a la guillotina. El miedo ha hecho que su martirio sea más puro y de más valor.

El miedo no puede encerrarnos en nosotros mismos impidiéndonos vivir la caridad.

3) Para vivir

Los mártires han dado su vida directamente por amor a Cristo. Y son un ejemplo para dar la vida también, por amor a Cristo, en los demás. Es olvidarse de uno mismo para buscar el bien del prójimo: sea la esposa, la madre, un amigo, una hija, un hermano…

El Papa Francisco, recordando a San Juan Pablo II, nos señala que fuimos hechos para el amor. Por ello, hay en cada uno de nosotros la “ley de éxtasis”, que nos invita a salir de uno mismo para hallar en el otro un crecimiento de su ser. La santidad, a la que somos llamados, es precisamente alcanzar la plenitud del amor.

Te puede interesar: Fratelli Tutti (V). ¿Sé dar mi tiempo?

 Mientras más tiempo le doy a Dios, Dios me da más tiempo

Escrito por Silvia del Valle Márquez. 

A veces me agobia todo lo que tengo que hacer a diario, entre mi familia, Flor y Canto, mi parroquia y los servicios a los diferentes ministerios en los que sirvo, pareciera que no me da tiempo de hacer todo, pero me he dado cuenta de que pasa algo muy especial.

Mientras más tiempo le dedico a Dios y a sus cosas, más tiempo me regala Él para hacerlo todo.

Yo creo que a muchos nos ha pasado esto de sentirnos agobiados por las muchas cosas que hay que hacer, ahora en casa, las clases de los hijos, el trabajo, la propia casa, etc. y debemos estar conscientes de que si mamá está tranquila, la familia entera está organizada y tranquila; pero si mamá está agobiada e irritable, la dinámica familiar se vuelve incomoda y por lo mismo los hijos se ponen irritables y nada puede hacerse bien.

Por eso hoy te quiero compartir mis 5Tips para lograr darle nuestro tiempo a Dios y que Él nos regale el tiempo para cada cosa.

PRIMERO. Haz un plan de oración personal y familiar.
Muchas veces nos perdemos en los deberes y tareas cotidianas y no nos damos cuenta de que, para quien tiene fe, la oración debe ser como la gasolina porque sin ella perdemos las fuerzas y dejamos que las tareas cotidianas nos agobien y nos hagan pasar malos momentos.

El tiempo que le dediquemos a la oración es tiempo invertido, no perdido, ya que Dios nos lo toma en cuenta y nos ayuda con nuestros deberes, quizá no físicamente, pero sí nos auxilia dándonos ánimo y fortaleza o nos manda una mano que no teníamos en cuenta para ayudarnos o nos da la solución a un problema que no podíamos resolver, etc.

Es importante que dediquemos un tiempo a la oración, tanto personal, como familiar.

Sé que al principio será difícil de creer esto que les estoy diciendo, pero es muy real y podemos comenzar con poco y poco a poco ir adecuando los tiempos de oración.

Además no se trata de hacer mucha oración sin sentido, se trata de hacer un plan de oración que vaya de acuerdo con nuestro plan de vida personal y familiar, así la oración será complementaria y le dará apoyo a nuestras actividades propias de nuestro estado de vida.

SEGUNDO. Haz una lista de todo lo que debes hacer a diario y clasifica.
Ahora pasamos al plano de las actividades, es necesario tener claro qué es lo que debemos hacer a diario para dimensionar el tiempo que nos lleva al día cada actividad.

En este tiempo que nos ha tocado vivir, las cosas se han vuelto algo revueltas, ya que la dinámica familiar y en general de la sociedad se ha modificado al no poder asistir a la escuela presencialmente nuestros hijos y esto nos ha modificado nuestra dinámica cotidiana.

Como no sabemos cuánto va a tardar esta situación, es muy bueno comenzar a organizarnos mejor para que todo vaya cada vez más acorde a nuestras necesidades y lo hagamos de la mejor manera.

TERCERO. Asigna un tiempo adecuado para cada actividad.
Debemos ser realistas y darle el tiempo adecuado a cada actividad.

A veces queremos estar en dos cosas a la vez y terminamos por no hacer ninguna. Es importante también enseñar a nuestros hijos que somos limitados y que debemos dar prioridades y darle tiempo a cada actividad para realizarla lo mejor posible.

En la lista que hicimos de actividades ahora hay que ponerle cuánto tiempo nos lleva cada una.

CUARTO. Haz un horario familiar donde incluyas la oración y los trabajos.
Ya que tenemos estas dos listas, ha llegado el tiempo de hacer un horario familiar y personal.

En este debemos poner los momentos de oración y los momentos de actividades y sería muy bueno que a medio día programemos alguna oración como el Ángelus, que nos pueda recordar que Dios siempre está con nosotros y que debemos recargar pilas para realizar nuestras actividades llenos de la gracia de Dios y con alegría.

Si nos sirve, podemos imprimir ese horario para que lo tengamos gráfico y nos sirva de guía o brújula a lo largo del día y podamos ver qué actividad nos toca a cada momento.

Al principio será difícil y quizá no podamos seguirlo al pie de la letra, pero poco a poco nos organizaremos mejor y podremos hacer más a lo largo del día.

Y QUINTO. Cuando sientas que el tiempo no te va a alcanzar, haz un momento de oración y verás que el tiempo se estira.
Es muy normal que de pronto salgan imprevistos que nos alteren nuestro horario y que nos generen agobio, pero debemos tener siempre un plan B.
Es necesario saber que si las actividades nos agobian, debemos detenernos y hacer un momento de oración.

La oración es hablar con quién sabemos que os ama y que sólo busca nuestro bien, es ese tiempo de diálogo con Dios. En él podemos decirle lo que nos pasa, lo que nos agobia, lo que nos ilusiona, lo que nos preocupa y ponerle todo en sus manos y pedirle que nos ayude a realizar todo de la mejor manera y conforme a su Voluntad.

Después de esta oración, se ven las cosas mejor. Y debemos tener la certeza de que Dios, que es Amor y que busca siempre nuestro bien, nos dará la gracia de estriar el tiempo, de mandarnos recursos, de apoyarnos con equipo, etc, es decir, hará que nuestro tiempo se alargue para alcanzar a hacer todo bien y con alegría.

Un santo decía que hay que hacer a diario media hora de oración excepto cuando tengas mucho que hacer, entonces hay que hacer una hora de oración.

Y principalmente aprender a confiar tu tiempo a Dios, nadie sabe mejor que te conviene. Adquiramos la virtud de la confianza y la esperanza, pero de esto hablaremos la próxima vez.

 

 Feminismo Sinérgico: Mujeres-Brújula

Esta semana hemos tenido el placer y el honor de contar con Isabel Sánchez, Secretaria Central del Opus Dei, en nuestro I-WiL Online de diciembre. Isabel ha presentado su reciente libro, Mujeres Brújula en un Bosque de Retos, que podéis comprar pinchando en el título o en la foto de la portada que podéis ver junto a estas palabras.

Aunque al final de este post podéis ver el vídeo de la sesión íntegra, quisiera resaltar algunas de sus palabras. En este mundo de individualismo y sentimentalismo centrado en uno mismo y en el instante presente, Isabel recordó la célebre frase de Emerson, «ve donde no hay camino y deja huella«. La primera huella será siempre la que deje cada uno de nosotros si estamos ennortados, si nuestra brújula está orientada al norte y sirve de guía a los que nos rodean. La segunda huella será contribuir a que llegue la sociedad de los cuidados, aprender a contar con las debilidades de nuestros semejantes, más ancianos, más solos, más desvalidos que nunca.

Durante la sesión, Isabel cuenta el proceso de gestación del libro, y nos abre el apetito para leer más, ofreciéndonos  tan solo tres de las casi 80 historias de mujeres-brújula: Tiziana, Carla, Kike. Al final, algunas de las asistentes, conectadas desde diversos continentes, empezaron el turno de preguntas. Isabel contestó preguntas sobre solidaridad (saber distinguir entre la que causa un bien de la que causa un mal, y que tener buenos sentimientos no nos hace buenos); sobre los amores que nos impulsan, si amamos más la propia libertad (mejor dicho, libertinaje) que nos satisface hoy, ahora, y que rompe los vínculos verdaderos, o nos comprometemos de verdad con lo único que nos hace grandes, las relaciones comprometidas, donde hay esfuerzo, sí, y paciencia. También nos dijo que nuestras hijas necesitan de madres (y padres) que las hayan cuidado con generosidad, fidelidad, disponibilidad, para que ellas sean también algún día mujeres brújula en la nueva generación.

A las mujeres del IESE nos recordó nuestra doble misión de amor a la libertad y a la responsabilidad personal, y el compromiso con la persona y su valor singular, cuidándola sea como sea. Porque entendemos el paradigma del cuidado, como ya intuyó el inspirador del IESE, San Josemaría Escrivá de Balaguer, como el paradigma de todos los trabajos.

Terminó su presentación con esta hermosísisma frase de Rilke:

La gran revolución del mundo consistirá, quizá, en que el hombre y la mujer, liberados de todos los sentimientos erróneos y de todas las desganas, no se buscarán como opuestos sino como hermanos y vecinos, y se realizarán juntos como personas.

Es la propuesta de un feminismo que no es nuevo, pero sí el único posible: hombre y mujer de la mano, en un feminismo sinérgico desde las diferencias, donde 2+2 son 5.

 NOS: "Esta Navidad nada nos puede separar"

El tiempo de Navidad es una época mágica que invita al encuentro, al recuerdo de los seres queridos y a renovar la ilusión. Por eso nos ayuda a sacar lo mejor de nosotros mismos y nos invita a darnos, como regalo, a los demás. Por eso es una época en que los anuncios se embellecen de ternura y afecto. 

Este año en particular, por todo lo que hemos pasado, es natural que las emociones estén más presentes que nunca en la publicidad. Por eso la campaña lanzada por NOS, una empresa portuguesa de telecomunicaciones, ha tenido muchísimo impacto en su país: porque nos recuerda a los seres queridos que están lejos y nos transmite el deseo de estar muy unidos. Una campaña muy emotiva que tiene por lema: "Esta Navidad, nada nos puede separar”. 

El spot cuenta la tierna relación entre un abuelo y su nieta en la época navideña, aunque marcada por la distancia social. Están separados, pero ellos descubren una manera de estar unidos gracias a la tecnología y a un oso de peluche que la niña olvidó en la casa del abuelo. Éste decide tratar al peluche como si fuera su nieta y así los dos se imaginan cómo habrían sido las Navidades si estuviesen estado juntos. Con ingenio, la relación se hace viva mediante fotos, mensajes y videollamadas, pero llega la víspera de la Navidad y el abuelo comprende que debe devolver el osito a su legítima dueña, y decide enviárselo como regalo... 

La campaña de NOS, que ha conmovido tanto a los portugueses, nos recuerda que muchos no pasarán la Navidad con sus seres queridos, por las restricciones y el riesgo de contagio del virus, sobre todo en el caso de los abuelos. Y nos invita, de manera especial, a tenerlos muy presentes en nuestro recuerdo, en nuestras llamadas y en nuestro afecto. Un bello anuncio con valores que nos ayuda a prepararnos para la Navidad 2020.

 

Los vuelos patera

¿Recibiremos de nuevo una reprimenda de nuestros socios comunitarios por los vuelos patera?

Todo lo que viene ocurriendo en el mundo alrededor de los movimientos migratorios por razones, políticas, económicas o incluso religiosas representa uno de los fenómenos humanitarios más complejos y dificultosos de afrontar para cualquier gobierno.

 Desde hace ya demasiados años cientos de miles de hombres, mujeres y niños subsaharianos y del Magreb se aventuran a sufrir largas travesías por el desierto que terminan en un dramático o trágico viaje en pateras o cayucos, que las mafias se encargan de abarrotar, para alcanzar  el destino dorado que representa el suelo europeo.

Miles de ellos también alcanzan nuestras fronteras terrestres de Ceuta y Melilla con Marruecos, dejándose a veces la piel en sus muros de alambres en un espectáculo dantesco y humillante. Lo normal viene siendo que cuando el Estrecho se cierra para los negreros traficantes de seres humanos, los reconducen hacia  los cayucos, que reciben la “mercancía” de barcos nodrizas para transportarlos desde las costas africanas hasta la proximidad de las Islas Canarias.

En esta ocasión el desbordamiento y la avalancha se ha producido en el municipio canario de Arguineguin, donde hemos podido contemplar el hacinamiento en el propio muelle de 8.000 inmigrantes que han superado ampliamente su capacidad de acogida, motivando la desesperación de las propias autoridades locales encabezadas por su alcaldesa, que pedía desesperada e inútilmente la atención del gobierno de Pedro Sánchez para que afrontara también la grave situación humanitaria que se había originado.

Pero la reacción de este gobierno que padecemos no ha podido ser más torpe y en cierto modo original por la forma inusual de proceder por parte de un Estado miembro de la Unión Europea. En la ceremonia de la confusión a la que ya nos tiene habituados esta charanga gubernamental, tal parece que han  inventado un nuevo modelo de transporte en forma de “vuelos pateras” que en este caso trasladan a los inmigrantes desde Canarias a distintos aeropuertos nacionales.

¿Quién paga los billetes de estos pasajeros “atípicos” en vuelos comerciales? ¿Quién los provee de documentación falsa para viajar? ¿Quién les autoriza a saltarse los confinamientos impunemente? ¿Quién controla su movilidad transfronteriza? ¿Qué reacción tienen las instituciones europeas ante estos “vuelos pateras” en el territorio de la Unión?, estas y más preguntas deberían hacerlas quienes tienen la obligación de controlar al gobierno, porque nos las hacemos millones de ciudadanos españoles.

Que, por ejemplo, el gobierno de la Junta de Andalucía no haya tenido conocimiento del traslado por vía aérea de 200 inmigrantes  ilegales a la capital granadina y que el propio Alcalde de Granada haya manifestado públicamente que “Marlaska ha soltado a los inmigrantes sin estructura ni aviso” y que no tiene “ni idea” de donde están los inmigrantes, sin  que ni siquiera se les ha hecho los PCR, es un hecho de tal gravedad que no se puede mitigar solamente con la petición de dimisión del Ministro del Interior. ¿Por qué no la del Ministro de las Migraciones o la del revolucionario Vicepresidente de Asuntos Sociales?

¿Qué diferencia hay entre llegar en pateras, dirigidos por las mafias, a nuestras costas y luego abandonarlos para que residan y transiten en territorio español o europeo con  que se les traslade en uno o varios vuelos fantasmas desde Canarias hasta un aeropuerto peninsular como los de Granada, Valencia o Alicante para dejarles después circular libremente sin ningún tipo de control sanitario o policial?

¿Es normal que en estos dramáticos momentos por los que estamos atravesando, en los que el ciudadano español de a pie está sufriendo severas restricciones de confinamiento y de movilidad y en los que cientos de miles de compatriotas están padeciendo agobios económicos, incluso alimentarios, que vean al mismo tiempo en los medios de comunicación y en las redes sociales como, a quienes entran irregularmente en España, se les provee de alimentos, dinero, ropa y dicen que hasta de móviles? ¿No es normal que produzca alarma social el oscurantismo y la confusión que origina el propio gobierno?

 Estamos padeciendo ya los irresponsables y peligrosos desencuentros con Marruecos como consecuencia de las inoportunas y torpes declaraciones del vicepresidente chavista Iglesias sobre el delicado asunto del Sahara antes de un viaje oficial de  nuestro gobierno a aquel país. ¿No es Marruecos quién tiene tradicionalmente la capacidad de presionar política y económicamente las fronteras de Ceuta y Melilla? ¿Acaso no es Marruecos quién trata de solapar el límite de las aguas territoriales del sur de Canarias con claras intenciones expansionistas?

 Este gobierno pro republicano y filochavista está demostrando una absoluta incapacidad para enfrentarse al difícil problema de la inmigración ilegal y ese mismo desasosiego que padecemos se eleva a nivel internacional, ya que a nivel europeo, es la constatación de que el Estado español no tiene ninguna política definida en este ámbito y lo que es peor aún, encrespa las relaciones con un  país que como Marruecos, es una pieza clave para la defensa de los intereses españoles y europeos en el campo de las migraciones procedentes de África. ¿Recibiremos de nuevo una reprimenda de nuestros socios comunitarios por los “vuelos patera”?

Jorge Hernández Mollar

 

 

Noticias sobre nuestro proyecto en Monkole

 

Estimado amigo: como sabes llevo más de 12 años impulsando la labor sanitaria de un hospital del Congo, Monkole. Este año hemos tenido el reto de seguir con nuestras actividades y de apoyar a Monkole también en el COVID. Creo que lo hemos hecho bastante bien, gracias a la generosidad de mucha gente.

 

Ahora que acaba el año, nos falta un poco para cumplir nuestros objetivos y que todos nuestros proyectos puedan salir adelante

 

Si no lo has hecho ya, y te parece interesante, puedes ayudarnos adquiriendo el calendario u otros productos solidarios en este enlace

 

Una forma sencilla de ayudar es apoyando este proyecto: Atención a 3 niños prematuros en la Neonatología de Monkole (RD Congo) en la plataforma HelpUP. 

Como sabes, este año aún es mayor la desgravación por donativos a fundaciones. Es una buena oportunidad de colaborar y por poco dinero ayudar mucho: por un donativo de 150 €, se pueden recuperar 120 en la declaración de la renta (puedes verlo en nuestra calculadora)

 

Mil gracias por todo.

Espero que pases una feliz Navidad y que nos veamos pronto.

 

Un cordial saludo

 

 

Muerte de un cristiano creyente

Consciente de la creación, del pecado y de la vida eterna, al preparase a morir el cristiano creyente se sitúa  ante tres hechos con los  que necesariamente, lo quiera o no, se tiene que enfrentar y recapacitar, aunque siempre tenga la posibilidad de encerrarse completamente en sí mismo, y no dar alimento a ese palpitar de la eternidad que, cercano ya el fin terrenal, rebrota en el corazón de todo ser humano, aunque durante muchos años de la vida el hombre haya querido enterrarlo, ahogarlo, erradicarlo, del fondo del alma: esas heridas no se cierran jamás.

Estos tres hechos son: la conciencia de su límite radical y existencial; además del límite, la sombra de la muerte reverdece en el espíritu la conciencia del juicio sobre sí mismo: ¿qué sentido ha tenido mi vida?, ¿ha valido la pena vivir?; y en tercer lugar, la muerte, de una forma u otra, coloca al hombre ante su propia soledad: la muerte la vive cada ser en soledad, consigo mismo o con Dios. 

¿Cómo reacciona el hombre ante la conciencia viva de esos tres hechos? La diferencia de reacción puede ser muy grande entre el creyente cristiano y el no creyente -y los creyentes de otras religiones-, y los que se declaran ateos.

Jaume Catalán Díaz

 

 

Los segundos tiempos de la Ley Celaá

Se atribuye a Romanones aquello de “ustedes hagan la ley que yo haré el reglamento”. Ahora, con esto de las leyes-trágala que nos coloca Sánchez, mientras no acabamos de despertar del sopor pandémico, los reglamentos no tienen importancia porque ya vienen incluidos en la ley que “democráticamente” se vota en las Cortes.

Y la Ley Celaá no podía ser menos. Pero es que además -y por el mismo precio (o sea las claudicaciones ante nacionalistas, comunistas y separatistas)- se incluyen los segundos tiempos que son los que de verdad importan a quienes quieren apropiarse –como tan sinceramente dijo Celaá- de las mentes, de la cultura y de la forma de pensar de nuestros niños y jóvenes.

Son leyes que enmascaran sus verdaderos objetivos, en las brumas de los primeros impactos, y que son fines camuflados, entre otros, en la defensa de los derechos de los padres, en el rescate de lenguas y culturas, en la supuesta discriminación entre niños y niñas o en una espuria educación sexual. 

Se trata de unos miserables segundos tiempos con toda una carga ideológica, propia del sectarismo de Sánchez en materia de educación y de la propia Celaá que ya apuntaba maneras en su etapa como consejera en el País Vasco.

José Morales Martín

 

 

“Auméntame la Fe, la Esperanza y la Caridad”

Aunque el recuerdo de que hemos de morir es más propio de noviembre que de Navidad, este año que vamos a vivir una Navidad diferente, en la que muchos van a experimentar la soledad, y que el Gobierno Central nos está preparando una ley de eutanasia me parece no estar fuera de lugar que tengamos un recuerdo de que hemos de morir. El creyente sabe que durante toda su vida está caminando hacia la vida eterna. Ve la muerte no como un final, no piensa en ese momento solamente como un límite sino como una `puerta abierta a la eternidad. Lógicamente, es natural que en su espíritu surja alguna oscuridad sobre si su relación con ese Dios que anhela acogerle, y con Quien ha caminado ya durante sus años en la tierra, ha sido la que ese Dios se esperaba.

“Auméntame la Fe, la Esperanza y la Caridad”, son las palabras con las que muchos hombres y mujeres que han dejado una aureola de santidad en la tierra, se han acercado a esos momentos de su propia muerte. La oscuridad por la que puede pasar su espíritu no les quita la confianza en Dios Padre que les ha creado y les ha sostenido a lo largo de sus días y les ha perdonado en el sacramento de la Penitencia; pero puede hacer tambalearse un poco su fe, su esperanza, su amor.

Es una triple petición que hacen al Señor para vencer, en Él y con Él, las tentaciones que pueden disturbar más hondamente la paz de su alma en esos momentos.

En la vivencia de la resurrección, el creyente vence la muerte, independientemente de que las reacciones nerviosas, psíquicas, puedan llevar consigo angustias y tribulaciones. No está solo. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo está con él dándole la seguridad de que la vida no acaba, de que la muerte, en realidad, no existe para la persona en sí misma. El saber que acaba un modo de vivir, pero no el vivir en sí mismo, le fortalece y le lleva a vivir en lo hondo de su espíritu el arrepentimiento y el amor de Dios. Y la Virgen le acompaña maternalmente.

Xus D Madrid

 

 

  Bandera negra

 

                                La bandera negra se ha empleado en el mundo con diferentes significados que no voy a señalar aquí, el interesado que entre en Internet y vea por ejemplo que los separatistas catalanes ya la emplearon con una cruz blanca y los piratas ya lo hemos visto en múltiples películas con huesos y calavera incluida, con lo que ya indicaban lo que harían si capturaban lo que atacaban. Pero no, la  bandera negra a que me refiero es la que ayer once de diciembre, colocó en el mástil que hay instalado en el tejado del edificio y que se instaló para señalar que son españoles, fue para que allí luciera la “enseña nacional y constitucional”, de una nación donde abundan los traidores, renegados, separatistas y otros indeseables bichos, que aparte de pagarles de los impuestos que pagamos, sueldos y prebendas que no merecen; hasta tuvieron bandas asesinas, que en las últimas décadas de la violenta historia de España, han ocasionado un millar o más de asesinatos, el cuarenta por ciento sin aclarar aún; bandas que hay que decir que “aparentemente desaparecidas, seguro que sus organizaciones están latentes y guardadas, por si en un más o menos, próximo o lejano futuro, tuvieran que ponerlas en marcha y seguir asesinando lo que sus creadores y mantenedores ordenen; y que van, desde niños a ancianos y desde mujeres embarazadas a soldados o números de la Guardia civil sin grado alguno, aparte de grados superiores, o políticos de cualquier grado”; o sea una plaga en toda regla y que jugaron y juegan con los endebles gobiernos que siempre gobiernan España, nutridos además por traidores, renegados, o apátridas, cuyos ideales son simplemente, sus panzas y sus bolsillos.

                                Pero no, esta bandera la ha instalado la propiedad del Hotel Europa, de mi ciudad (JAÉN); y de forma ya angustiosa o desesperada, por cuanto la situación creada en base a la epidemia, que transformada en pandemia, que nace en China con un virus que los intereses de este país, aíslan y sacan desde “donde sea”; y lo lanzan contaminando al mundo actual; lo que yo interpreto como un criminal acto de guerra, cuyas consecuencias (puede o no) que las supiesen o previeran el gobierno chino, que como es natural en este hipócrita y criminal mundo político, que de siempre mangonea la política que maneja el “mono humano”, mal denominado sapiens-sapiens, para con ello, ocultar su supina ignorancia de sus propias miserias y las que crea a su alrededor o lejanías y de forma totalmente inmune e irresponsable.

                                Y sí, reitero, esa ya “angustiosa y desesperada situación económica y social”, está MATANDO ese negocio familiar y que con fatigas inimaginables y pagando a todo el mundo (incluidos los ya confiscatorios impuestos) sus obligaciones empresariales, nació en 1972 y pudo mantenerse tras todas las crisis, que ha sufrido este inestable país, siempre mal gobernado; e incluso y tras varias reformas, hoy luce como uno de los mejores y de mejores precios al consumidor, por sus instalaciones, continuado por la segunda generación, que varios de sus miembros y contra “trancas y barrancas”, siguen trabajando y manteniendo; pagando puntualmente como al principio a proveedores, empleados; y a voraces y pésimas administraciones políticas que como sanguijuelas, apenas hacen otra cosa que chupar “la sangre económica”, que produce la iniciativa privada, que es la que en general, crea riqueza en España; y que es la que mantiene aún con vida a este pobre y miserable país denominado España.

                                Yo entiendo con este acto de protesta silenciosa, no sólo el grito empresarial e individual de sus propietarios, sino igualmente, la declaración escrita y a tenor con todas las leyes que atan a los pueblos, en idioma ESPAÑOL, pero conteniendo una descomunal bofetada simbólica, hacia unos gobernantes que no saben gobernar y que han encarcelado a todo un pueblo (o pueblos porque esto se ha extendido por todo el mundo) para que la mayoría “muera igualmente atacados por la peor de las plagas de este tiempo y que ya he dicho es la plaga política”; veamos como confirmación de ello, lo que han dicho dos destacados individuos, uno hace siglos y el otro, “hace sólo días”.

                                Martín Rees: Cosmólogo, científico espacial y Director del Instituto de Astronomía de Cambrige (uno de los 21 individuos que por sus conocimientos y personalidad, ha elegido la revista XLSEMANAL,       que considerada la más leída de España, goza de gran prestigio y la que a través de esos 21 seleccionados nos va a informar de la realidad del virus chino). Este científico dice… “La tasa de mortalidad el virus chino es inferior al dos por ciento  y que incluso durante la Peste Negra siguió funcionando”. A la vista de todo ello, hoy se presume de una altísima tecnología que no las miserias de aquella Edad Media. ¿Por qué se paraliza de la brutal forma que que se ha hecho, la marcha social y económica de todo el mundo? Aun pensando en que en toda guerra hay víctimas; pero hay que cargar con ellas, puesto que de la forma que nos llevan, las mayores víctimas van a ser los suicidios “y derivados” que ya deben estar sucediendo, y de los que no se nos dice nada, como tampoco de las muertes, por cáncer, alcohol, tabaco, drogas, diabetes y el “sin fin” de otras causas mortíferas que hay aquí, igualmente nos deben decir “los que nacen y mueren cada día” y sobre todo; QUE DEJEN VIVIR A LA GENTE EN LA VIDA NORMAL QUE CADA CUAL HA ELEGIDO LIBREMENTE… y el que muera o muramos, simplemente es porque nos ha llegado la hora… o sea lo de siempre que la ha ocurrido, “al mono humano”; no necesitamos más miedos que los que ya naturalmente “nos echó encima La Creación”. Y el segundo pensador que indico es el siguiente.

                                MONESQUIEU Y EL VIRUS CHINO: Lo que están haciendo los políticos bajo “la cortina de la pandemia”, ya lo denunció Montesquieu, hace cientos  de años, con esta sentencia: “NO EXISTE TIRANÍA PEOR QUE LA EJERCIDA A LA SOMBRA DE LAS LEYES CON APARIENCIA DE JUSTICIA”… “Y es por lo que los españoles aún seguimos en la cárcel que nos impusieron, para “salvarnos la vida”; y aún siguen”.

 

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

 

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

 

 

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