Las Noticias de hoy 7 Diciembre 2020

Enviado por adminideas el Lun, 07/12/2020 - 12:48

Inmaculada Concepción - Wikipedia, la enciclopedia libre

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 07 de diciembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: Pedir a Dios la gracia de la conversión

Ángelus: Árbol de Navidad y Belén, signos de esperanza

APOSTOLADO DE LA CONFESIÓN: Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del lunes: Jesús, médico de los pecadores

“Una oración continua”: San Josemaria

Conferencia internacional sobre la centralidad de Jesucristo

Tiempo de Adviento: Preparar la venida del Señor: Juan José Silvestre

 Fomentar la unidad, aquí y ahora: Ramiro Pellitero

Vida de María (I): la Inmaculada Concepción: J.A. Loarte

8 de diciembre: Solemnidad de la Inmaculada Concepción.

CARF ¿POR QUÉ IMPULSAMOS LA FORMACIÓN DE SACERDOTES?

La economía del cuidado: Nuria Chinchilla

La Inmaculada Concepción y Día del Seminario: + César Franco Obispo de Segovia

Apostar por el optimismo: Enrique Rojas es catedrático de Psiquiatría.

El dolor y el sufrimiento en familia; una oportunidad: Psicología Clínica

El relativismo intolerante: Aceprensa.

Estreno de "Rocca cambia el mundo": Mejor Película Infantil en Alemania: Alfonso Mendiz

La Constitución: Jorge Hernández Mollar

El papel de los que acompañan:  Jesús Martínez Madrid

Violencia ciega: JD Mez Madrid

El Papa sueña: Domingo Martínez Madrid

 MARRUECOS Y SU... ‘MACABRO NEGOCIO’: Antonio García Fuentes  (Escritor y filósofo)

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Ángelus: Pedir a Dios la gracia de la conversión

Palabras del Papa antes del Ángelus

DICIEMBRE 06, 2020 13:20RAQUEL ANILLOANGELUS

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(zenit – 6 dic. 2020).- En el Ángelus de este domingo, 6 de diciembre de 2020, el Papa nos invitó en este tiempo de Adviento a la conversión. Un camino de conversión. ¿Qué significa la palabra “conversión”? “En la Biblia quiere decir, ante todo, cambiar de dirección y orientación; y, por tanto, cambiar nuestra manera de pensar”.

“La conversión implica el dolor de los pecados cometidos, el deseo de liberarse de ellos, el propósito de excluirlos para siempre de la propia vida”.

“No nos podemos convertir con nuestras propias fuerzas”, dijo, y nos invitó a “pedir a Dios que nos convierta”

A continuación, siguen las palabras de Francisco en el Ángelus, según la traducción oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (Mc 1,1-8) presenta la figura y la obra de Juan el Bautista, que señaló a sus contemporáneos un itinerario de fe similar al que el Adviento nos propone a nosotros, que nos preparamos para recibir al Señor en Navidad. Este itinerario de fe es un itinerario de conversión. ¿Qué significa la palabra “conversión”? En la Biblia quiere decir, ante todo, cambiar de dirección y orientación; y, por tanto, cambiar nuestra manera de pensar. En la vida moral y espiritual, convertirse significa pasar del mal al bien, del pecado al amor de Dios. Esto es lo que enseñaba el Bautista, que en el desierto de Judea proclamaba “un bautismo de conversión para perdón de los pecados” (v. 4). Recibir el bautismo era un signo externo y visible de la conversión de quienes escuchaban su predicación y decidían hacer penitencia. Ese bautismo tenía lugar con la inmersión en el Jordán, en el agua, pero resultaba inútil, era solamente un signo y resultaba inútil sin la voluntad de arrepentirse y cambiar de vida.

La conversión implica el dolor de los pecados cometidos, el deseo de liberarse de ellos, el propósito de excluirlos para siempre de la propia vida. Para excluir el pecado, hay que rechazar también todo lo que está relacionado con él, las cosas que están ligadas al pecado y, esto es, hay que rechazar la mentalidad mundana, el apego excesivo a las comodidades, el apego excesivo al placer, al bienestar, a las riquezas. El ejemplo de este desapego nos lo ofrece una vez más el Evangelio de hoy en la figura de Juan el Bautista: un hombre austero, que renuncia a lo superfluo y busca lo esencial. Este es el primer aspecto de la conversión: desapego del pecado y de la mundanidad. Comenzar un camino de desapego hacia estas cosas.

El otro aspecto de la conversión es el fin del camino, es decir, la búsqueda de Dios y de su reino. Desapego de las cosas mundanas y búsqueda de Dios y de su reino. El abandono de las comodidades y la mentalidad mundana no es un fin en sí mismo, no es una ascesis solo para hacer penitencia; el cristiano no hace “el faquir”. Es otra cosa. El desapego no es un fin en sí mismo, sino que tiene como objetivo lograr algo más grande, es decir, el reino de Dios, la comunión con Dios, la amistad con Dios. Pero esto no es fácil, porque son muchas las ataduras que nos mantienen cerca del pecado, y no es fácil… La tentación siempre te tira hacia abajo, te abate, y así las ataduras que nos mantienen cercanos al pecado: inconstancia, desánimo, malicia, mal ambiente y malos ejemplos. A veces el impulso que sentimos hacia el Señor es demasiado débil y parece casi como si Dios callara; nos parecen lejanas e irreales sus promesas de consolación, como la imagen del pastor diligente y solícito, que resuena hoy en la lectura de Isaías (cf. Is 40,1.11). Y entonces sentimos la tentación de decir que es imposible convertirse de verdad. ¿Cuántas veces hemos sentido este desánimo? “¡No, no puedo hacerlo! Lo empiezo un poco y luego vuelvo atrás”. Y esto es malo. Pero es posible, es posible. Cuando tengas esa idea de desanimarte, no te quedes ahí, porque son arenas movedizas: son arenas movedizas: las arenas movedizas de una existencia mediocre. La mediocridad es esto. ¿Qué se puede hacer en estos casos, cuando quisieras seguir pero sientes que no puedes? En primer lugar, recordar que la conversión es una gracia: nadie puede convertirse con sus propias fuerzas. Es una gracia que te da el Señor, y que, por tanto, hay que pedir a Dios con fuerza, pedirle a Dios que nos convierta Él, que verdaderamente podamos convertirnos, en la medida en que nos abrimos a la belleza, la bondad, la ternura de Dios. Pensad en la ternura de Dios. Dios no es un padre terrible, un padre malo, no. Es tierno, nos ama tanto, como el Buen Pastor, que busca la última de su rebaño. Es amor, y la conversión es esto: una gracia de Dios. Tú empieza a caminar, porque es Él quien te mueve a caminar, y verás cómo llega. Reza, camina y siempre darás un paso adelante.

Que María Santísima, a quien pasado mañana celebraremos como la Inmaculada Concepción, nos ayude a desprendernos cada vez más del pecado y de la mundanidad, para abrirnos a Dios, a su palabra, a su amor que regenera y salva.

 

Ángelus: Árbol de Navidad y Belén, signos de esperanza

Palabras después del Ángelus

DICIEMBRE 06, 2020 16:02RAQUEL ANILLOANGELUS

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(zenit – 6 nov. 2020).-  Después de la oración del Ángelus de este domingo 6 de diciembre de 2020, el Papa ha saludado a los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.

“Los signos navideños presentes en muchos hogares, son signos de esperanza”, dijo el Papa después de la oración mariana, “especialmente en este momento difícil”.

A continuación, siguen las palabras de Francisco, según la traducción oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Saludo cordialmente a todos los presentes —con este mal tiempo, ¡que valientes!—, romanos y peregrinos, y todos los que están conectados a través de los medios de comunicación.

Como se puede ver, el árbol de Navidad se ha colocado en la plaza y el belén está en construcción. En estos días, estos dos signos navideños también se están preparando en muchos hogares, para el deleite de los niños… ¡y también de los adultos! Son signos de esperanza, especialmente en este momento difícil. Tratemos de no quedarnos en el signo, sino que vayamos al significado, es decir, a Jesús, al amor de Dios que Él nos ha revelado, vayamos a la bondad infinita que hizo brillar sobre el mundo. No hay pandemia, no hay crisis que pueda apagar esta luz. Dejemos que entre en nuestros corazones y tendamos la mano a los más necesitados. Así Dios nacerá de nuevo en nosotros y entre nosotros.

Os deseo a todos un buen domingo. Y por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

[Respondiendo a las aclamaciones de la Plaza] ¡Son muy buenos los de la Inmaculada!

 

APOSTOLADO DE LA CONFESIÓN

— El bien más grande que podemos hacer a nuestros amigos: acercarlos al sacramento de la Penitencia.

— Fe y confianza en el Señor. El paralítico de Cafarnaúm.

— La Confesión. El poder de perdonar los pecados. Respeto, agradecimiento y veneración al acercarnos a este sacramento.

I. Despierta, Señor, nuestros corazones y muévelos a preparar los caminos de tu Hijo; que tu amor y tu perdón apresuren la salvación que retardan nuestros pecados1. Esa oración litúrgica, con la que iniciamos nuestra conversación con Dios, nos habla de pregonar la venida de Jesús pidiendo perdón por los pecados.

Confortad las manos flojas y robusteced las rodillas débiles. Decid a los apocados de corazón: Alentaos y no temáis (...), el mismo Dios vendrá y os salvará. Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos. El lisiado saltará como el ciervo y la lengua de los mudos se soltará, brotarán aguas en el desierto y torrentes en la soledad. Y lo que era seco se mudará en estanque y la tierra sedienta en fuentes de agua2. Con el Señor nos han llegado todos los bienes.

El Mesías está muy cerca de nosotros, y en estos días del Adviento nos preparamos para recibirle de una manera nueva cuando llegue la Navidad. Jesús dice especialmente en estos días: Confortad las manos flojas y robusteced las rodillas débiles. Decid a los apocados de corazón: Alentaos y no temáis... Y nos encontramos cada día con más amigos, colegas, parientes, desorientados en lo más esencial de su existencia. Se sienten incapacitados para ir hasta el Señor, y andan como paralíticos por los caminos de la vida porque han perdido la esperanza. Nosotros hemos de guiarlos hasta la humilde cueva de Belén; allí encontrarán el sentido de sus vidas. Para eso, hemos de conocer el camino; tener vida interior, trato con Jesús, adelantarnos en mejorar en aquellas cosas que nuestros amigos deban mejorar, y tener una esperanza inquebrantable en los medios sobrenaturales.

La oración, la mortificación y el ejemplo estarán siempre en la base de todo apostolado cristiano. La petición por los demás es tanto más oída cuanto más amparada está por la santidad del que pide. El apostolado nace de un gran amor a Cristo.

En muchos casos, acercar a nuestros amigos a Cristo es llevarles a que reciban el sacramento de la Penitencia, uno de los mayores bienes que el Señor ha dejado a su Iglesia. Pocas ayudas tan grandes, quizá ninguna, podemos prestarles como la de facilitarles que se acerquen a la Confesión. En alguna ocasión, con delicadeza, tendremos que ayudarles para que hagan un buen examen de conciencia; en otras, los acompañaremos a donde se han de confesar; otras veces bastará una palabra de aliento y de cariño junto a una breve y acomodada catequesis sobre la naturaleza y los bienes de este sacramento. ¡Qué alegría cada vez que acercamos a un pariente, a un colega, a un amigo al sacramento de la misericordia divina! Esta misma alegría es compartida en el Cielo3 por nuestro Padre Dios y por todos los bienaventurados.

II. En el Evangelio de la Misa de hoy San Marcos nos dice que llegó Jesús a Cafarnaúm y enseguida se supo que estaba en casa, y se juntaron tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio4.

También cuatro amigos se dirigieron a la casa llevando a un paralítico; pero no pudieron llegar hasta Jesús por causa del gentío. Entonces, valiéndose quizá de una escalera posterior, llegaron hasta el tejado con el paralítico; levantaron la techumbre por el sitio donde se encontraba el Señor y, después de hacer un agujero, descolgaron la camilla en la que yacía el paralítico. Dejaron la camilla en medio, delante de Jesús5.

El apostolado, y de modo singular el de la Confesión, es algo parecido: poner a las personas delante de Jesús; a pesar de las dificultades que esto puede llevar consigo. Dejaron al amigo delante de Jesús. Después el Señor hizo el resto; Él es quien hace realmente lo importante.

Los cuatro amigos conocían ya al Maestro, y su esperanza era tan grande que el milagro tendrá lugar gracias a su confianza en Jesús. Y su fe suple o completa la del paralítico. El Evangelio nos dice que al ver Jesús la fe de ellos, de los amigos, realizó el milagro. No se menciona explícitamente la fe del enfermo, se insiste en la de los amigos. Vencieron obstáculos que parecían insuperables: debieron convencer al enfermo. Mucha debió de ser su confianza en Jesús, pues solo el que está convencido, convence. Cuando llegaron a la casa, estaba tan repleta de gente que, al parecer, ya nada se podía hacer en aquella ocasión. Pero no se arredran. Superaron esta barrera con su decisión, con su ingenio, con su interés. Lo importante era el encuentro entre Jesús y su amigo, y para que se realice ese encuentro ponen todos los medios a su alcance.

¡Qué gran lección para el apostolado que como cristianos hemos de hacer! También nosotros encontraremos, sin duda, resistencias más o menos grandes. Nuestra misión consiste fundamentalmente en poner a nuestros amigos frente a frente con Cristo, dejarles junto a Jesús... y desaparecer. ¿Quién puede transformar la interioridad de una persona sino el Señor, y solo Él? El apostolado está en el orden de la gracia, de lo sobrenatural.

Quizá en ocasiones seamos culpables de que otros no se acerquen a Dios, porque se encuentran como incapacitados para ir hasta el Señor. «Este paralítico –explica Santo Tomás– simboliza al pecador que yace en el pecado; lo mismo que el paralítico no puede moverse, tampoco el pecador puede valerse por sí mismo. Los que llevan al paralítico representan a los que con sus consejos conducen al pecador hacia Dios»6.

Si tenemos confianza y trato frecuente con Cristo, podremos superar, con iniciativas también humanas, los obstáculos que se presentan siempre, de un modo u otro, en toda labor apostólica.

El Señor se sintió gratamente impresionado por la audacia, fruto de una gran esperanza apostólica, de estos cuatro amigos que no se echaron atrás ante las primeras dificultades ni lo dejaron para otra ocasión más oportuna, pues no sabían cuándo pasaría Jesús otra vez por allí, tan cerca.

Podemos preguntarnos hoy en nuestra meditación personal si hacemos así con nuestros amigos, parientes y conocidos: ¿nos hemos detenido en las primeras dificultades, cuando habíamos decidido ayudarles para que se acercaran a la Confesión? Allí les estaba esperando el Señor.

III. El Señor miró al enfermo con inmensa piedad: Ten confianza, hijo, le dice. Y, a continuación, unas palabras que asombraron a todos: tus pecados te son perdonados.

Cuando David pecó y acudió a postrarse a los pies de Natán, este le dijo: Yahvé te ha perdonado7. Era Dios quien le había perdonado, Natán se limitaba a transmitir el mensaje que devolvió a David la alegría y el sentido a su vida. Pero Jesús perdona en nombre propio. Esto escandalizó a los escribas presentes: Este blasfema. ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?

Y es muy posible que el paralítico experimentara con especial lucidez toda su indignidad, quizá comprendió en ese momento, como nunca hasta entonces lo había hecho, la necesidad de estar limpio ante la mirada purísima de Jesús, que le penetraba hasta el fondo del alma con honda misericordia. Recibió entonces la gracia de un perdón tan grande: era el premio por haberse dejado ayudar. Y, enseguida, una alegría como nunca antes había imaginado. Es la alegría de toda Confesión contrita y sincera. Ya poco le importaba su parálisis. Su alma estaba limpia y había encontrado a Jesús.

El Señor lee los pensamientos de todos, y quiso dejar bien sentado, también para quienes al cabo de los siglos meditaríamos esta escena, que tiene todo el poder en el cielo y en la tierra, porque es Dios; también el poder de perdonar los pecados. Y lo demuestra con el milagro de la curación completa de este hombre.

Este poder de perdonar los pecados fue transmitido por el Señor a su Iglesia en la persona de los Apóstoles, para que Ella, por medio de los sacerdotes, lo pudiera ejercer hasta el fin de los tiempos: Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos8.

Los sacerdotes ejercitan el poder del perdón de los pecados no en virtud propia, sino en nombre de Cristo –in persona Christi–, como instrumentos en manos del Señor. Solo Dios puede perdonar los pecados, y ha querido hacerlo en el sacramento de la Penitencia, a través de sus ministros los sacerdotes. Esto es tema de urgente catequesis entre quienes nos rodean, que les facilitará acercarse con más amor a este sacramento.

Aprovechemos nuestra oración de hoy para agradecer al Señor el que haya dejado a su Iglesia, nuestra Madre, tan inmenso poder: ¡Gracias, Señor, por poner tan a nuestro alcance y tan fácilmente un don tan grande!

También nos puede ayudar este rato de oración para examinar junto al Señor cómo van nuestras confesiones: Si las preparamos con un detenido examen de conciencia, si fomentamos la contrición en cada una de ellas, si nos confesamos con la frecuencia que hemos previsto, si somos radicalmente sinceros con el confesor, si nos esforzamos en llevar a la práctica los consejos recibidos. Hoy puede ser un buen momento para ver en la presencia de Dios a quiénes de nuestros parientes, amigos o colegas podemos ayudar a preparar un buen examen de conciencia, o quiénes están más necesitados de una palabra de aliento que les anime para disponerse a recibir este sacramento como preparación de la Navidad. Ellos lo esperan en lo más profundo de su alma, y el Señor también espera que acudan a esta fuente de su misericordia. No fallemos nosotros. Es el regalo más grande que podemos hacerles.

Nuestra Madre Santa María, Refugium peccatorum, tendrá compasión de ellos y de nosotros.

1 Oración del Jueves de la 1ª Semana de Adviento. — 2 Primera lectura, cfr. Is 35, 1-10. — 3 Cfr. Lc 15, 7. — 4 Mc 2, 1-13. — 5 Lc 5, 19. — 6 Santo Tomás, Comentarios sobre San Mateo, 9, 2. — 7 2 Sam 12, 13. — 8 Jn 20, 22-23.

 

 

Evangelio del lunes: Jesús, médico de los pecadores

Comentario del lunes de la 2º semana de Adviento.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Lc 5,17-26)

Estaba Jesús un día enseñando. Y estaban sentados algunos fariseos y doctores de la Ley, que habían venido de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén. Y la fuerza del Señor le impulsaba a curar. Entonces, unos hombres, que traían en una camilla a un paralítico, intentaban meterlo dentro y colocarlo delante de él. Y como no encontraban por dónde introducirlo a causa del gentío, subieron al terrado, y por entre las tejas lo descolgaron en la camilla hasta ponerlo en medio, delante de Jesús. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo:

—Hombre, tus pecados te son perdonados.

Entonces los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?»

Pero conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo:

—¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate, y anda»? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados —se dirigió al paralítico—, a ti te digo: levántate, toma tu camilla y marcha a tu casa.

Y al instante se levantó en presencia de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa glorificando a Dios.

El asombro se apoderó de todos y glorificaban a Dios. Y llenos de temor decían:

—Hoy hemos visto cosas maravillosas.


Comentario

Justo de después de haber leído en la sinagoga de Nazaret ese texto de Isaías que habla de la redención de los cautivos, la curación de los ciegos y la liberación de los oprimidos (Is 61,1-2), auténtico programa de su propio ministerio, el Señor comienza a realizar curaciones.

En el evangelio de la misa de hoy leemos estas palabras: la fuerza del Señor le impulsaba a curar. Todo en Jesús es vida, y de esa plenitud está deseando hacernos partícipes. El Señor no se queda indiferente ante la ausencia de vida, ya sea física, ya sea espiritual. Y nos invita una y otra vez a compartir ese mismo sentir.

Ese halo de vida atrae a numerosas personas que buscan ser curadas. Se trata ahora de un paralítico, al que traen en camilla. Pero los hombres que lo traen no se conforman con acercarse todo lo que pueden. No. Quieren poner al enfermo ante Cristo. Ante su rostro. Al alcance de sus manos. Y no escatiman esfuerzos para poder hacerlo.

También su ejemplo llama a nuestro corazón y nos instruye. Todo estamos ante Dios, nada nuestro le permanece oculto. Pero hay entre Él y nosotros una especie de cortina o velo que somos invitados a descorrer. Y eso lo hacemos buscándole, encontrándole y amándole. Con fe en su Presencia transformadora.

Ante las enfermedades, lo que Jesús otorga es la semilla de la salud de toda la persona. Jesús abre la puerta a la vida eterna. Lo único que nos impide atravesarla es el pecado, pecado que nos tiene esclavos y que hasta puede llegar a hacernos no desear el cielo.

San Pablo nos diría que en el origen de toda enfermedad del cuerpo está la muerte que entró en el mundo cuando Adán le abrió su corazón. Esa muerte se quiere afincar en nosotros. Y de esa enfermedad es de la que en primer lugar debemos curarnos.

Porque sanos en el espíritu nos haremos acreedores de la transformación de nuestro cuerpo mortal en glorioso. Toda carencia física de ahora es pasajera. Y aunque desear suplirla es una cosa buena, Jesús nos dice que solo un corazón limpio de pecado es garantía de una existencia eterna sin carencias.

 

“Una oración continua”

Padre, me has comentado: yo tengo muchas equivocaciones, muchos errores. Ya lo sé, te he respondido. Pero Dios Nuestro Señor, que también lo sabe y cuenta con eso, sólo te pide la humildad de reconocerlo, y la lucha para rectificar, para servirle cada día mejor, con más vida interior, con una oración continua, con la piedad y con el empleo de los medios adecuados para santificar tu trabajo. (Forja, 379)

7 de diciembre

Vida interior, en primer lugar. ¡Qué pocos entienden todavía esto! Piensan, al oír hablar de vida interior, en la oscuridad del templo, cuando no en los ambientes enrarecidos de algunas sacristías. Llevo más de un cuarto de siglo diciendo que no es eso. Describo la vida interior de cristianos corrientes, que habitualmente se encuentran en plena calle, al aire libre; y que, en la calle, en el trabajo, en la familia y en los ratos de diversión están pendientes de Jesús todo el día. ¿Y qué es esto sino vida de oración continua? ¿No es verdad que tú has visto la necesidad de ser alma de oración, con un trato con Dios que te lleva a endiosarte? Esa es la fe cristiana y así lo han comprendido siempre las almas de oración: se hace Dios aquel hombre, escribe Clemente de Alejandría, porque quiere lo mismo que quiere Dios.

Al principio costará; hay que esforzarse en dirigirse al Señor, en agradecer su piedad paterna y concreta con nosotros. Poco a poco el amor de Dios se palpa ‑aunque no es cosa de sentimientos‑, como un zarpazo en el alma. Es Cristo, que nos persigue amorosamente: he aquí que estoy a tu puerta, y llamo(Es Cristo que pasa, 8)

 

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Conferencia internacional sobre la centralidad de Jesucristo

Poner a Jesucristo en el centro de la propia vida y de la sociedad: es el tema de una conferencia internacional online (5-8 diciembre 2020). La iniciativa está promovida, entre otras organizaciones, por la “Parents for Education Foundation” (Filipinas), que se inspira en las enseñanzas de san Josemaría. El prelado del Opus Dei intervendrá con un mensaje en la clausura.

INICIATIVAS03/12/2020

Parents for Education Foundation (Filipinas), junto con Smart Catholics (EEUU) y Parousia Media (Australia) son tres organizaciones que promueven la conferencia internacional “Jesus-Centered Life: An International Family Conference”, que se celebrará online del 5 al 8 de diciembre de 2020.

La centralidad de Jesucristo ha sido un tema recurrente en los mensajes de los pontífices más recientes: san Juan Pablo II pidió a la Iglesia Católica “empezar de nuevo desde Cristo”; Benedicto XVI enseñó que “todo depende de la amistad íntima con Jesús”; y las primeras palabras del Papa Francisco después de su elección fueron: “Todos juntos, pastores y fieles, nos esforzaremos por responder fielmente a la misión eterna: llevar a la humanidad a un encuentro con Jesucristo”.

La conferencia contará con más de 70 oradores. Algunos son: Jason Evert, Harold Burke-Sivers y Sonja Corbitt de EEUU; Jack Valero y Georgia Clarke, del Reino Unido; Theresa Okafor de Nigeria; Jacques Philippe de Francia; o Andrew Mullins y Madeleine Carrington, de Australia.

El prelado del Opus Dei dirigirá un mensaje a los participantes el 8 de diciembre, día de la clausura. Mons. Fernando Ocáriz ha invitado a los fieles de la prelatura a poner a Jesucristo en el centro de sus vidas: “Nos ilusiona –ha dicho recientemente- que en esta gran catequesis, que es la Obra, todo gire cada vez más en torno a su Persona”.

La “Parents for Education Foundation” (PAREF), organizadora de la conferencia, es un grupo de 14 escuelas de Filipinas, en las que la formación espiritual está encomendada a la Prelatura del Opus Dei. PAREF ha publicado recientemente un libro, en cuyo título se basa el título de la conferencia: Jesus-Centered: Guide to the Happiest Life, un manual de oración y vida cristiana. PAREF pretende así contribuir a la difusión del deseo expresado por los papas y por el prelado del Opus Dei.

La Comisión Episcopal para la Catequesis y la Educación Católica de la Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas ha invitado a los fieles a participar en esta conferencia internacional en las redes sociales: “Únete a esta extraordinaria oportunidad proporcionada por la Divina Providencia, como una forma de agradecer al Señor el 500 aniversario del cristianismo en el país”.

La conferencia, accesible en línea para cualquier persona en el mundo, ofrece sesiones para todos los grupos de edad y sectores: padres, maestros, jóvenes, estudiantes y niños en edad preescolar. Es posible registrarse gratuitamente en Internet, desde este enlace.

Tiempo de Adviento: Preparar la venida del Señor

El Señor no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. El Adviento es un tiempo en el que la Iglesia llama a sus hijos a vigilar, a estar despiertos para recibir a Cristo que pasa, a Cristo que viene. Editorial sobre este tiempo del año litúrgico.

AÑO LITÚRGICO26/11/2015

Tiempo de Adviento: Preparar la venida del Señor (Descarga en formato PDF)

«Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno». Estas palabras de la oración colecta del primer domingo de Adviento iluminan con gran eficacia el peculiar carácter de este tiempo, con el que se da inicio al Año litúrgico. Haciéndose eco de la actitud de las vírgenes prudentes de la parábola evangélica, que supieron tener a punto el aceite para las bodas del Esposo[1], la Iglesia llama a sus hijos a vigilar, a estar despiertos para recibir a Cristo que pasa, a Cristo que viene.

Tiempo de presencia

AL DECIR ADVENTUS, LOS CRISTIANOS AFIRMABAN, SENCILLAMENTE, QUE DIOS ESTÁ AQUÍ: EL SEÑOR NO SE HA RETIRADO DEL MUNDO, NO NOS HA DEJADO SOLOS.

El deseo de salir al encuentro, de preparar la venida del Señor[2], nos pone ante el término griego parusía, que el latín traduce como adventus, de donde surge la palabra Adviento. De hecho, adventus se puede traducir como “presencia”, “llegada”, “venida”. No se trata, por lo demás, de una palabra acuñada por los cristianos: en la Antigüedad se usaba en ámbito profano para designar la primera visita oficial de un personaje importante -el rey, el emperador o uno de sus funcionarios- con motivo de su toma de posesión. También podía indicar la venida de la divinidad, que sale de su ocultamiento para manifestarse con fuerza, o que se celebra en el culto. Los cristianos adoptaron el término para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey que ha entrado en esta pobre “provincia”, nuestra tierra, para visitar a todos; un Rey que invita a participar en la fiesta de su Adviento a todos los que creen en Él, a todos los que están seguros de su presencia entre nosotros.

Al decir adventus, los cristianos afirmaban, sencillamente, que Dios está aquí: el Señor no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no podamos verlo o tocarlo, como sucede con las realidades sensibles, Él está aquí y viene a visitarnos de muchos modos: en la lectura de la Sagrada Escritura; en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía; en el año litúrgico; en la vida de los santos; en tantos episodios, más o menos prosaicos, de la vida cotidiana; en la belleza de la creación... Dios nos ama, conoce nuestro nombre, todo lo nuestro le interesa y está siempre presente junto a nosotros. Esta seguridad de su presencia, que la liturgia del Adviento nos sugiere discretamente, pero con constancia a lo largo de estas semanas, ¿no esboza una imagen nueva del mundo ante nuestros ojos? "Esta certeza que nos da la fe hace que miremos lo que nos rodea con una luz nueva, y que, permaneciendo todo igual, advirtamos que todo es distinto, porque todo es expresión del amor de Dios"[3]

Una memoria agradecida

El Adviento nos invita a detenernos, en silencio, para captar la presencia de Dios. Son días en los que volver a considerar, con palabras de san Josemaría, que "Dios está junto a nosotros de continuo. -Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado. Y está como un Padre amoroso -a cada uno de nosotros nos quiere más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos-, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo... y perdonando"[4].

Si nos empapamos de esta realidad, si la consideramos con frecuencia en el tiempo de Adviento, nos sentiremos animados a dirigirle la palabra con confianza en la oración, y muchas veces durante el día; le presentaremos los sufrimientos que nos entristecen, la impaciencia y las preguntas que brotan de nuestro corazón. Es este un momento oportuno para que crezca en nosotros la seguridad de que Él nos escucha siempre. «A ti, Señor, levanto mi alma: Dios mío, en ti confío; no quede yo defraudado»[5].

Comprenderemos también cómo los giros a veces inesperados que toma cada día son gestos personalísimos que Dios nos dirige, signos de su mirada atenta sobre cada uno de nosotros. Sucede que solemos estar muy atentos a los problemas, a las dificultades, y a veces apenas nos quedan fuerzas para percibir tantas cosas hermosas y buenas que vienen del Señor. El Adviento es un tiempo para considerar, con más frecuencia, cómo Él nos ha protegido, guiado y ayudado en las vicisitudes de nuestra vida; para alabarlo por todo lo que ha hecho y sigue haciendo por nosotros.

Ese estar despiertos y vigilantes ante los detalles de nuestro Padre del cielo, cuaja en acciones de gracias. Se crea así en nosotros una memoria del bien que nos ayuda incluso en la hora oscura de las dificultades, de los problemas, de la enfermedad, del dolor. «La alegría evangelizadora -escribe el Papa- siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida: es una gracia que necesitamos pedir»[6]. El Adviento nos invita a escribir, por decirlo así, un diario interior de este amor de Dios por nosotros. "Me figuro -decía san Josemaría- que vosotros como yo, al pensar en las circunstancias que han acompañado vuestra decisión de esforzaros para vivir enteramente la fe, daréis muchas gracias al Señor, tendréis el convencimiento sincero -sin falsas humildades- de que no hay mérito alguno por vuestra parte" [7]

Dios viene

LA ALEGRÍA EVANGELIZADORA SIEMPRE BRILLA SOBRE EL TRASFONDO DE LA MEMORIA AGRADECIDA: ES UNA GRACIA QUE NECESITAMOS PEDIR (PAPA FRANCISCO)

Dominus veniet![8] ¡Dios viene! Esta breve exclamación abre el tiempo de Adviento y resuena especialmente a lo largo de estas semanas, y después, durante todo el año litúrgico. ¡Dios viene! No se trata simplemente de que Dios haya venido, de algo del pasado; ni tampoco es un simple anuncio de que Dios vendrá, en un futuro que podría no tener excesiva trascendencia para nuestro hoy y ahora. Dios viene: se trata de una acción siempre en marcha; está ocurriendo, ocurre ahora y seguirá ocurriendo conforme trascurra el tiempo. En todo momento, “Dios viene”: en cada instante de la historia, sigue diciendo el Señor: «mi Padre no deja de trabajar, y yo también trabajo»[9]

El Adviento nos invita a tomar conciencia de esta verdad y a actuar de acuerdo con ella. «Ya es hora de que despertéis del sueño»; «estad siempre despiertos»; «lo que a vosotros os digo, a todos lo digo: ¡velad!»[10] Son llamadas de la Sagrada Escritura en las lecturas del primer domingo de Adviento que nos recuerdan estas constantes venidas, adventus, del Señor. No ayer, no mañana, sino hoy, ahora. Dios no está solo en el cielo, desinteresado de nosotros y de nuestra historia; en realidad, Él es el Dios que viene. La meditación atenta de los textos de la liturgia del Adviento nos ayuda a prepararnos, para que su presencia no nos pase desapercibida.

Para los Padres de la Iglesia, la “venida” de Dios -continua y, por decirlo así, connatural con su mismo ser- se concentra en las dos principales venidas de Cristo: la de su encarnación y la de su vuelta gloriosa al fin de la historia[11] El tiempo de Adviento se desarrolla entre estos dos polos. En los primeros días se subraya la espera de la última venida del Señor al final de los tiempos. Y, a medida que se acerca la Navidad, va abriéndose camino la memoria del acontecimiento de Belén, en el que se reconoce la plenitud del tiempo. «Por estas dos razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre»[12].

El prefacio I de Adviento sintetiza este doble motivo: «al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, [el Señor] realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar»[13].

Días de espera y esperanza

DIOS NO ESTÁ SOLO EN EL CIELO, DESINTERESADO DE NOSOTROS Y DE NUESTRA HISTORIA; EN REALIDAD, ÉL ES EL DIOS QUE VIENE.

Una nota fundamental del Adviento es, por tanto, la de la espera; pero una espera que el Señor viene a convertir en esperanza. La experiencia nos muestra que nos pasamos la vida esperando: cuando somos niños queremos crecer; en la juventud aspiramos a un amor grande, que nos llene; cuando somos adultos buscamos la realización en la profesión, el éxito determinante para el resto de nuestra vida; cuando llegamos a la edad avanzada aspiramos al merecido descanso. Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, o también cuando naufragan, percibimos que esto, en realidad, no lo era todo. Necesitamos una esperanza que vaya más allá de lo que podemos imaginar, que nos sorprenda. Así, aunque existen esperanzas más o menos pequeñas que día a día nos mantienen en camino, en realidad, sin la gran esperanza -la que nace del Amor que el Espíritu Santo ha puesto en nuestro corazón[14] y aspira a ese Amor-, todas las demás no bastan.

El Adviento nos anima a preguntarnos ¿qué esperamos? ¿cuál es nuestra esperanza? O, más en profundidad, ¿qué sentido tiene mi presente, mi hoy y ahora? «Si el tiempo no está lleno de un presente cargado de sentido -decía Benedicto XVI- la espera puede resultar insoportable; si se espera algo, pero en este momento no hay nada, es decir, si el presente está vacío, cada instante que pasa parece exageradamente largo, y la espera se transforma en un peso demasiado grande, porque el futuro es del todo incierto. En cambio, cuando el tiempo está cargado de sentido, y en cada instante percibimos algo específico y positivo, entonces la alegría de la espera hace más valioso el presente»[15].

Un Belén para nuestro Dios

 

EL TIEMPO DE ADVIENTO NOS DEVUELVE EL HORIZONTE DE LA ESPERANZA, UNA ESPERANZA QUE NO DECEPCIONA PORQUE EL SEÑOR NO DECEPCIONA JAMÁS (PAPA FRANCISCO)

Nuestro tiempo presente tiene un sentido porque el Mesías, esperado durante siglos, nace en Belén. Junto a María y José, con la asistencia de nuestros Ángeles Custodios, le esperamos con renovada ilusión. Al venir Cristo entre nosotros, nos ofrece el don de su amor y de su salvación. Para los cristianos la esperanza está animada por una certeza: el Señor está presente a lo largo de toda nuestra vida, en el trabajo y en los afanes cotidianos; nos acompaña y un día enjugará también nuestras lágrimas. Un día, no demasiado lejano, todo encontrará su cumplimiento en el reino de Dios, reino de justicia y de paz. «El tiempo de Adviento nos devuelve el horizonte de la esperanza, una esperanza que no decepciona porque está fundada en la Palabra de Dios. Una esperanza que no decepciona, sencillamente porque el Señor no decepciona jamás»[16]

El Adviento es un tiempo de presencia y de espera de lo eterno; un tiempo de alegría, de una alegría íntima que nada puede eliminar: «os volveré a ver, promete Jesús a sus discípulos, y se os alegrará el corazón, y nadie os quitará vuestra alegría»[17] El gozo en el momento de la espera es una actitud profundamente cristiana, que vemos plasmada en la Santísima Virgen: Ella, desde el momento de la Anunciación, «esperó con inefable amor de madre»[18] la venida de su Hijo, Jesucristo Por eso, Ella también nos enseña a aguardar sin ansia la llegada el Señor, al mismo tiempo que nos preparamos interiormente para ese encuentro, con la ilusión de "construir con el corazón un Belén para nuestro Dios"[19].

Juan José Silvestre


[1] Cfr. Mt 25, 1ss.

[2] Cfr. Ts 5, 23.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 144.

[4] San Josemaría, Camino, n. 267.

[5] Misal Romano, I Domingo de Adviento, Antífona de entrada. Cf. Sal 24 (25) 1-2.

[6] Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 24-XI-2013, n. 13.

[7] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 1.

[8] Cfr. Misal Romano, Feria III de las semanas I-III de Adviento, Antífona de entrada. Cfr. Za 14, 5.

[9] Jn 5, 17.

[10] Rm 13, 11; Lc 21, 36; Mc 13, 37.

[11] Cfr. San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 15, 1: PG 33, 870 (II Lectura del Oficio de Lecturas del I Domingo de Adviento).

[12] Calendario Romano, Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n. 39.

[13] Misal Romano, Prefacio I de Adviento.

[14] Cfr. Rm 5, 5

[15] Benedicto XVI, Homilía I Vísperas del I Domingo de Adviento, 28-XI-2009.

[16] Francisco, Angelus, 1-XII-2013.

[17] Jn 16, 22.

[18] Misal Romano, Prefacio II de Adviento.

[19] Notas de una meditación, 25-XII-1973 (AGP, biblioteca, P09, p. 199). Publicado en Álvaro del Portillo, Caminar con Jesús. Al compás del año litúrgico, Ed. Cristiandad, Madrid 2014, p. 21.

 

 Fomentar la unidad, aquí y ahora

Posted: 06 Dec 2020 06:52 AM PST

¿Qué es el ecumenismo y por qué es importante? ¿Quienes son los responsables de llevarlo adelante? ¿Cómo se participa en el ecumenismo? ¿Qué podemos hacer nosotros, las comunidades cristianas, las familias, cada uno y cada una personalmente, en nuestra situación concreta?

Con motivo de la publicación del Vademecum ecuménico “El obispo y la unidad de los cristianos” por parte del Pontificio consejo para la unidad de los cristianos (4 de diciembre de 2020), cabe en primer lugar señalar los orígenes del movimiento ecuménico. A continuación, la importancia del ecumenismo y otros aspectos de la participación de los fieles católicos en la tarea ecuménica. Y finalmente, presentar a grandes rasgos el presente documento.


El movimiento ecuménico

1. Los orígenes del movimiento ecuménico. El comienzo del Movimiento ecuménico tuvo lugar en el ámbito protestante. Fue en Edimburgo (Escocia) donde se reunieron en 1910 los delegados de sociedades misioneras, anglicanas y protestantes. Quienes las integraban tenían una indudable preo­cupación misionera y social, que se venía manifestando desde el siglo anterior.

Pues bien, en aquella asamblea un delegado de las jóvenes igle­sias (los recién convertidos al cristianismo) del Extremo Oriente, se alzó para expresar una súplica:

«Vosotros nos habéis mandado misioneros que nos han dado a conocer a Jesucristo, por lo que os estamos agradecidos. Pero al mismo tiempo, nos habéis traído vuestras distinciones y divisiones: unos nos predican el metodismo, otros el luteranismo, otros el con­gregacionalismo o el episcopalismo. Nosotros os suplicamos que nos prediquéis el Evangelio y dejéis a Jesucristo suscitar en el seno de nuestros pueblos, por la acción del Espíritu Santo, la Iglesia»

A partir de ahí se dio una fuerte toma de conciencia del drama y escándalo de la separación de los cristianos, precisamente en el ámbito de la misión y de la evangelización: Cristo predicó el Evan­gelio y las Iglesias cristianas no deberían predicar cada una «un» evangelio distinto ni fragmentario.

La Iglesia católica se unió plenamente a ese movimiento a par­tir del concilio Vaticano II, pero ya en las décadas anteriores había reconocido que se trataba de una inspiración del Espíritu Santo.

Hagamos un inciso para señalar cuáles son las principales divisiones entre los cristianos antes de nues­tro tiempo. Son dos: la producida en el siglo XI entre Occidente y Oriente (con los ortodoxos), y la crisis de los llamdos en general Reformadores (de doctrina protestante) en el siglo XVI. En relación con estos, los reformadores o protestantes, hoy hablamos de “cuatro reformas”:

– primera reforma, la de los luteranos, (comenzada por Lutero a principios del s. XVI);

– segunda reforma, la de los llamados reformados (en sentido estricto) o calvinistas : nacida en la misma época en Suiza, protagonizada inicialmente por Zwinglio y Calvino, y que luego se extendió a Francia y Holanda, Escocia y Estados Unidos con el nombre de presbiterianos;

– una tercera forma, la anglicana, desencadenada, también el el s. XVI, por Enrique VIII al autoproclamarse cabeza de la Iglesia en Inglaterra;

– y una cuarta reforma, que abarca diversos movimientos espirituales y comunitarios surgidos en el seno del protestantismo a partir del siglo XVII. Comprende a los Congregacionalistas, los Baptistas, los Cuáqueros, los Metodistas, los Adventistas, los Veterocatólicos, los Evangélicos y los Pentecostales.
 

Fundamentos del ecumenismo

2. El concilio Vaticano II sentó las bases teológicas para la tarea ecuménica a nivel universal, es decir la promoción de la unidad de los cristianos en toda la Iglesia. Se puede decir que son las siguientes:

a) El bautismo, don que hemos recibido todos los cristianos, y los “elementos de verdad y bien” que poseen las Iglesias y comu­nidades eclesiales que no están en plena comunión con la Iglesia católica (por ejemplo, el amor la liturgia, la veneración y el estudio de la Sagrada Escritura, etc.).

b) La integración de esta tarea (la promoción de la unidad de los cris­tianos) en la grande y única “Misión” de la Iglesia (llevar la humanidad a Dios) porque Cristo así lo quiso expresa­mente.

Cristo afirmó que, en el cumplimiento de esa Misión, era condición necesaria la unidad de los cristianos, y por eso rezó por ella en su “oración sacerdotal”, justo antes de su pasión: “Que todos sean uno; como Tú, Padre en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17, 21).

c) La convicción de que la unidad de los cristianos es don del Espíritu Santo antes que tarea nuestra. Tiene un modelo profundo y supremo en la unidad de la Trinidad. Y tiene una finalidad durante la historia: “para que el mundo crea”; es decir, la finalidad de la misión.

d) Todos los cristianos somos responsables de extender el Evange­lio, cada uno según sus circunstancias. Por tanto, todos tenemos, especialmente los católicos, responsabilidad por la unidad de los cristianos y por eso debemos participar en la tarea ecuménica, que es una parte importante de la evangelización.

Al escribir sobre esa oración de Jesús, señalaba Juan Pablo II:

“La invocación que sean uno es, a la vez, imperativo que nos obliga, fuerza que nos sostiene y saludable reproche por nuestra des­idia y estrechez de corazón. La confianza de poder alcanzar, incluso en la historia, la comunión plena y visible de todos los cristianos se apoya en la plegaria de Jesús, no en nuestras capacidades” (Carta Novo millennio ineunte, 2001, n. 48).

Imperativo, fuerza y reproche son esas palabras del Señor. Y ya con anterioridad, el santo Papa Wojtyla había señalado que “la Iglesia debe respirar con sus pulmones”, el occidental y el oriental (encíclica Ut unum sint, 25-V-1995).

Hoy es claro que el testimonio fundamental que hemos de dar los cristianos para llevar adelante nuestra misión evangelizadora es, ante todo el de nuestra unidad. Por eso esta unidad es urgente y afecta a todos los cristia­nos (*). 

El presente vadecum ecuménico

3. Este vademécum ecuménico se sitúa, por tanto, en relación con la encíclica Ut unum sint, de Juan Pablo II (1993). En ella confirmaba el compromiso ecuménico que la Iglesia católica ha adquirido en el Vaticano II de modo irreversible. Con motivo de los 25 años de esa encíclica, el Papa Francisco había anunciado ya este “vademecum para obispos” en una carta al Pontificio consejo para la unidad de los cristianos, el 24 de junio de este año.

En esa carta se alegraba el Papa del camino recorrido en estos 25 años de esfuerzo por fomentar la unidad de los cristianos, por lo que daba gracias a Dios. Así, señalaba: “Se han dado muchos pasos en estas décadas para sanar heridas seculares y milenarias; ha crecido el conocimiento y la estima mutua, favoreciendo la superación de prejuicios arraigados; se ha desarrollado el diálogo teológico y el de la caridad, así como diversas formas de colaboración en el diálogo de la vida, en el ámbito de la pastoral y cultural”.

Y a la vez escribía: “Yo también comparto la sana impaciencia de aquellos que a veces piensan que podríamos y deberíamos esforzarnos más”.

Para todo ello nos puede ayudar el siguiente planteamiento. Se trata ahora de impulsar la misma tarea ecuménica que ya se veía imprescindible a nivel universal, en el conjunto de la Iglesia, ahora “en y desde” las Iglesias locales y particulares. Podríamos decir: impulsar el “aquí y ahora” del ecumenismo, donde nosotros en concreto, cada uno según su condición, podemos y debemos participar. Esto implica la propia cultura: el arte, las costumbres y tradiciones, la historia, el modo de ser y de pensar, de sentir y de actuar de nuestras gentes, y las características de nuestra tierra. Y también la forma de expresar la fe, celebrarla y vivirla. Dicho brevemente, la situación concreta en la que puede darse cierta diversidad de cristianos, la situación propia de cada pueblo, país, región, diócesis, incluso de cualquier pequeño grupo eclesial o familia cristiana, dentro de ese “misterio de la Iglesia en un lugar”, que es la Iglesia particular, siempre abierta a los afanes y necesidades de todas las demás Iglesias en la comunión de la Iglesia universal.

En este vademécum se recuerda el deber y la obligación por parte de los obispos, de promover la unidad de los cristianos desde su propia Iglesia y también entre todos los bautizados (pues el obispo, por pertenecer al colegio episcopal, participa también en la “solicitud por todas las Iglesias”).

El documento quiere ser, decía Francisco, “estímulo y guía” para el ejercicio de las responsabilidades ecuménicas de los obispos. Pues, si bien la unidad de los cristianos no es principalmente el resultado de nuestra acción, sino que es don del Espíritu Santo, también es cierto que la unidad “no vendrá como un milagro al final: la unidad viene en el camino, la construye el Espíritu Santo en el camino”. Es decir, contando con nosotros, con nuestra oración y nuestro trabajo.

Y nos daba el Papa una indicación para “recibir” adecuadamente este documento: “invoquemos al Espíritu (Santo) con confianza, para que guíe nuestros pasos y cada uno escuche con renovado vigor la llamada a trabajar por la causa ecuménica; que Él inspire nuevos gestos proféticos y fortalezca la caridad fraterna entre todos los discípulos de Cristo.

Pasemos ya a describir los contenidos del vademécum (una introducción y dos partes). 

 

Desde dentro de las Iglesias particulares

En la introducción se subrayan los siguientes aspectos: la búsqueda de la unidad es esencial a la naturaleza de la Iglesia; la fe en que los demás cristianos tienen con los fieles católicos una comunión real, aunque incompleta; la convicción de que la unidad de los cristianos es vocación de toda la Iglesia (atañe también a las Iglesias locales o particulares, que son principalmente las diócesis y, por tanto, a los obispos como principios visibles de unidad; el servicio que desea prestar este vademécum como guía para el obispo en su función de discernimiento.

La primera parte muestra la promoción del ecumenismo "dentro" de la Iglesia católica, en su propia vida y estructuras, como un desafío ante todo para los católicos. Los obispos deben promover el diálogo con los otros cristianos, orientando y dirigiendo las iniciativas ecuménicas que tienen lugar dentro de las comunidades católicas. Para ello deben organizar las estructuras ecuménicas locales y cuidar de la formación ecuménica de todos los fieles (laicos, seminaristas y clérigos), así como de los medios de comunicación en relación con este tema. 

Modalidades de la tarea ecuménica

La segunda parte profundiza en las relaciones de la Iglesia catolica con los otros cristianos. Concretamente explica las diversas modalidades de la tarea ecuménica en este compromiso con otras comunidades cristianas. Hay que tener en cuenta que en la práctica gran parte de la actividad ecuménica implicará varias de estas modalidades simultáneamente.

1) El “ecumenismo espiritual” (basado en la oración, la conversión y la santidad por parte de todos).

2) El “diálogo de la caridad”, basado en la fraternidad humana y ante todo en el bautismo. Aquí se enmarca la “cultura del encuentro” promovida por Francisco.

3) El “diálogo de la verdad” (sobre todo a nivel teológico, pero también a nivel personal) como intercambio de los dones que todos pueden aportar, para conducir al restablecimiento de la unidad de la fe. Es un diálogo que no pretende un mínimo común denominador, sino que “deberá realizarse con la aceptación de toda la verdad” (enc. Ut unum sint, 36).

4) El “diálogo de la vida”, en el ámbito de la misión evangelizadora y pastoral, en el servicio al mundo y a través de la cultura, con paciencia y perseverancia.

Como ya se ve, y se ha subrayado estos días, el ecumenismo tiene mucho que ver con el diálogo. Por eso los obispos han de ser personas de diálogo, han de promoverlo como método de evangelización, y fomentar la existencia de espacios de diálogo a todos los niveles. Ciertamente, el diálogo ha sido considerado como un icono del ecumenismo. El diálogo no sustituye al anuncio de la fe, sino que es un modo y un camino que Jesús mismo recorrió, para llevarnos a la verdad y la vida plenas.

El presente vademécum ofrece orientaciones y “recomendaciones prácticas” para el ejercicio del ecumenismo en las Iglesias locales y particulares. Por eso es lógico que los obispos puedan contar con la buena disposición y las iniciativas de los fieles católicos (laicos, ministros ordenados, miembros de la vida consagrada, seminaristas, etc.) para esta tarea. Algunos de ellos podrán ayudar de modo más intenso por su mejor formacion en este ámbito. Pero es tarea de todos. Y la publicación de este vademecum es buena ocasión para reavivar la fe y la oración, el compromiso y esa responsabilidad de todos.
 

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(*) Entre otros textos fundamentales para orientarse en materias de ecumenismo, hay que destacar: el decreto Unitatis Redintegratio (1964), del concilio Vaticano II; el Código de los canones de las Iglesias orientales (1990); el Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el ecumenismo(1993); la encíclica de Juan Pablo II, Ut unum sint (1995); La dimensión ecuménica en la formación de quienes trabajan en el ministerio pastoral (1997).

Vida de María (I): la Inmaculada Concepción

La Redención del mundo estaba en marcha ya desde el primer momento. Luego, poco a poco, inspirados por el Espíritu Santo, los profetas fueron desvelando los rasgos de esa hija de Adán.

LA VIRGEN25/11/2020

La Inmaculada Concepción (Descarga en PDF) | Novena a la Inmaculada Concepción | Vida de María (I): Magisterio, Padres, santos, poetas

La historia del hombre sobre la tierra es la historia de la misericordia de Dios. Desde la eternidad, antes de la creación del mundo, nos eligió para que fuéramos santos y sin mancha en su presencia, por el amor (Ef 1, 4).

Sin embargo, por instigación del demonio, Adán y Eva se rebelaron contra el plan divino: seréis como Dios, conocedores del bien y del mal (Gn 3, 5), les había susurrado el príncipe de la mentira. Y le escucharon. No quisieron deber nada al amor de Dios. Trataron de conseguir, por sus solas fuerzas, la felicidad a la que habían sido llamados.

Pero Dios no se echó atrás. Desde la eternidad, en su Sabiduría y en su Amor infinitos, previendo el mal uso de la libertad por parte de los hombres, había decidido hacerse uno de nosotros mediante la Encarnación del Verbo, segunda Persona de la Trinidad.

Por eso, dirigiéndose a Satanás, que bajo figura de serpiente había tentado a Adán y a Eva, le conminó: Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo (Gn 3, 15). Es el primer anuncio de la Redención, en el que se entrevé ya la figura de una Mujer, descendiente de Eva, que será la Madre del Redentor y, con Él y bajo Él, aplastará la cabeza de la infernal serpiente. Una luz de esperanza se enciende ante el género humano desde el instante mismo en que pecamos.

"TRATARON DE CONSEGUIR, POR SUS SOLAS FUERZAS, LA FELICIDAD A LA QUE HABÍAN SIDO LLAMADOS"

Comenzaban así a cumplirse las palabras inspiradas —escritas muchos siglos antes de que la Virgen viniera al mundo— que la liturgia pone en labios de María de Nazaret. El Señor me tuvo al principio de sus caminos, antes de que hiciera cosa alguna... Desde la eternidad fui formada, desde el comienzo, antes que la tierra. Cuando no existían los océanos fui dada a luz, cuando no había fuentes repletas de agua. Antes que se asentaran los montes, antes que las colinas fui dada a luz. Aún no había hecho la tierra ni los campos, ni el polvo primero del mundo (Prv 8, 22-26).

La Redención del mundo estaba en marcha ya desde el primer momento. Luego, poco a poco, inspirados por el Espíritu Santo, los profetas fueron desvelando los rasgos de esa hija de Adán a la que Dios —en previsión de los méritos de Cristo, Redentor universal del género humano— preservaría del pecado original y de todos los pecados personales, y llenaría de gracia, para hacer de Ella la digna Madre del Verbo encarnado.

"ALCANZÓ VICTORIA CONTRA UN ENEMIGO IMPONENTE, HASTA EL PUNTO DE QUE A ELLA, MÁS QUE A NADIE, SE DIRIGEN AQUELLAS ALABANZAS".

Ella es la virgen que concebirá y dará a luz un Hijo, que se llamará Enmanuel (Is 7, 14); está significada en Judit, la heroína del pueblo hebreo que alcanzó victoria contra un enemigo imponente, hasta el punto de que a Ella, más que a nadie, se dirigen aquellas alabanzas: Tú eres la exaltación de Jerusalén, la gran gloria de Israel, el gran honor de nuestra gente... Bendita seas tú de parte del Señor todopoderoso por siempre jamás (Jdt 15, 9-10).

Extasiados ante la belleza de María, los cristianos le han dirigido siempre toda clase de alabanzas, que la Iglesia recoge en la liturgia: huerto cerrado, lirio entre espinas, fuente sellada, puerta del cielo, torre victoriosa contra el dragón infernal, paraíso de delicias plantado por Dios, estrella amiga de los náufragos, Madre purísima...

J.A. Loarte

 

8 de diciembre: Solemnidad de la Inmaculada Concepción.

Comentario del martes de la 2º semana de Adviento

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Evangelio (Lc 1,26-38)

En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David. La virgen se llamaba María.

Y entró donde ella estaba y le dijo:

— Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo.

Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué podía significar este saludo. Y el ángel le dijo:

— No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin.

María le dijo al ángel:

— ¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?

Respondió el ángel y le dijo:

— El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios. Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que llamaban estéril está ya en el sexto mes, porque para Dios no hay nada imposible.

Dijo entonces María:

 

— He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró de su presencia.


Comentario

En la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María la liturgia de la Iglesia nos invita a meditar la conmovedora escena la Anunciación. San Josemaría gustaba de entrar en ella, como en todas las de Evangelio, para vivirla desde dentro, como un personaje más: “No olvides, amigo mío, que somos niños. La Señora del dulce nombre, María, está recogida en oración. Tú eres, en aquella casa, lo que quieras ser: un amigo, un criado, un curioso, un vecino... –Yo ahora no me atrevo a ser nada. Me escondo detrás de ti y, pasmado, contemplo la escena…”.

El ángel Gabriel se dirige a María: Jaire, kejaritoméne! –dice el texto griego. El término jaire es un saludo que literalmente significa: “alégrate”. En efecto, siempre que Dios está cerca, una alegría serena invade el alma. “La misma palabra –hace notar Benedicto XVI– reaparece en la Noche Santa [del nacimiento de Jesús] en labios del ángel, que dijo a los pastores: ‘Os anuncio una gran alegría’ (cf. Lc 2, 10). Vuelve a aparecer en Juan con ocasión del encuentro con el Resucitado: ‘Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor’ (Jn 20, 20). En los discursos de despedida en Juan hay una teología de la alegría que ilumina, por decirlo así, la hondura de esta palabra: ‘Volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará vuestra alegría’ (Jn 16, 22)”.

La palabra jaire está relacionada en griego con járis (que significa “gracia”), porque la alegría es inseparable de la gracia. María “ha sido abundantemente objeto de la gracia” (v. 28), que eso significa literalmente el término kejaritoméne, traducido por “llena de gracia”. Dios la había escogido para ser madre de su Hijo hecho hombre y, por eso, en atención a los méritos de Cristo, había sido preservada del pecado original desde el momento en que fue concebida por sus padres.

El Señor le anuncia que concebirá y dará a luz un niño, que llevará el nombre de Jesús (es decir, Salvador). Será el Mesías prometido, aquel que recibirá “el trono de David”, y, aún más, el “Hijo del Altísimo”, el “Hijo de Dios” verdadero.

Lo concebirá virginalmente, sin concurso de varón, por obra y gracia del Espíritu Santo: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” (v. 35). Durante la peregrinación del pueblo de Dios por el desierto camino de la tierra prometida, la presencia del Señor se manifestaba a través de la nube que cubría el santuario, ahora será el Espíritu Santo el que cubrirá con su sombra ese Santuario de la presencia de Dios que es el cuerpo de María.

Por eso, sigue diciendo el ángel, “el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios” (v. 35). El adjetivo “santo”, por la posición en la que aparece en el texto griego original y en esta traducción, va calificando el modo de nacer: “nacerá santo”, en posible alusión a su nacimiento virginal.

María, diciendo sencillamente que “sí” se convierte en la madre del Hijo de Dios hecho hombre. Benedicto XVI observa que “los Padres de la Iglesia han expresado a veces todo esto diciendo que María habría concebido por el oído, es decir, mediante su escucha. A través de su obediencia la palabra ha entrado en ella, y ella se ha hecho fecunda”.

 

“El misterio de la Inmaculada Concepción es fuente de luz interior, de esperanza y de consuelo –comentaba también Benedicto XVI, en otra ocasión–. En medio de las pruebas de la vida, y especialmente de las contradicciones que experimenta el hombre en su interior y a su alrededor, María, Madre de Cristo, nos dice que la Gracia es más grande que el pecado, que la misericordia de Dios es más poderosa que el mal y sabe transformarlo en bien. (…) Esta mujer, la Virgen María, se benefició anticipadamente de la muerte redentora de su Hijo y desde la concepción fue preservada del contagio de la culpa. Por eso, con su corazón inmaculado, nos dice: confiad en Jesús, él os salvará”.

CARF ¿POR QUÉ IMPULSAMOS LA FORMACIÓN DE SACERDOTES?

Ante el descenso del número de vocaciones en todos los países del mundo, el compromiso de los cristianos tiene que ser mayor con los candidatos que desean completar su formación sacerdotal adecuadamente. Debemos ayudarles en su formación sacerdotal para que asistan mejor a todas las personas que se encuentren en el ejercicio de su labor pastoral.

Papa Francisco: “ser sacerdote es jugarse la vida por el Señor”

La vocación al sacerdocio, infundida por Dios en el corazón de algunos hombres, llama a la reflexión de todos los cristianos sobre la necesidad de proponer los medios para que ninguna vocación se pierda.

Como recordó el Papa Francisco en su discurso en la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Clero (3 de octubre de 2014): «Se trata de custodiar y cultivar las vocaciones, para que den frutos maduros. Ellas son un “diamante en bruto”, que hay que trabajar con cuidado, paciencia y respeto a la conciencia de las personas, para que brillen en medio del pueblo de Dios».

CARF Y EL DESAFÍO DE LA FORMACIÓN SACERDOTAL

El Centro Académico Romano Fundación, CARF, nació en 1989 y desde entonces actúa de enlace entre miles de almas generosas, dispuestas a contribuir económicamente con becas de estudio para que sacerdotes y seminaristas de todo el mundo reciban una sólida preparación teológica, humana y espiritual. 

Más de 800 obispos de los cinco continentes solicitan anualmente plazas en las diferentes facultades y ayudas al estudio para sus candidatos.

Cada año académico (septiembre – junio), más de 200 seminaristas y aproximadamente 1.000 sacerdotes diocesanos, además de religiosos de más de 100 órdenes, reciben becas directas o indirectas para cursar sus estudios sacerdotales en las prestigiosas instituciones.  

Formación de sacerdotes: Sacerdotes estudiantes de licenciatura en Roma

¿Te sumas a este desafío?

DONA

https://carfundacion.org/dona/

La economía del cuidado

No puede ser más oportuno en estos momentos de pandemia que hablemos del cuidado, tanto de nuestros familiares dependientes (hijos, ancianos) como de nuestros colaboradores en el ámbito profesional, y de los que nos rodean en general. Como dice nuestro ponente de este nuevo I-WiL Online, al menos diciendo a aquellos con los que nos cruzamos «¡cuídate!».
Recientemente he hablado de este tema con mi colega el prof. Antonio Argandoña, profesor emérito del IESE en economía y ética, director de varios departamentos de la casa  y que fue titular de la Cátedra Responsabilidad Social Corporativa-Caixa.

Como veréis en el vídeo de la sesión, hablaremos del (invisible) impacto económico de los cuidados en España, así como del ser humano (animal que cuida) y de la ética de los cuidados.

Os dejo con la grabación de la sesión. ¡Cuidaos!

 

La Inmaculada Concepción y Día del Seminario

Con motivo de la pandemia, la Iglesia no pudo celebrar el 19 de marzo el Día del Seminario. Se trasladó al 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción. Todo quedó en casa, porque del patriarca de la Iglesia universal pasó a manos de María, Madre de la Iglesia. El seminario no puede estar en mejores manos ni bajo mejores protectores. María y José dedicaron su vida a criar, educar y proteger al Hijo de Dios. Es natural que la Iglesia les confíe también la tarea de cuidar y educar a quienes un día recibirán el carisma de representar a Jesús, sacerdote eterno.

¿Es posible representar a Jesús? ¿No es una pretensión inalcanzable? Naturalmente que es posible, pero no por invento de la teología ni por decreto de la mal llamada Iglesia-institución, sino por voluntad expresa y directa de Jesucristo. Él eligió de entre todos sus discípulos a Doce, a quienes constituyó apóstoles, es decir, enviados. Los educó personalmente conviviendo con ellos estrechamente en una comunidad itinerante, donde todo lo hacían en común. Jesús, enseñaba, corregía, alentaba, enviaba a predicar; y después comentaba con ellos sus experiencias. La sobriedad de los Evangelios no impide percibir este modo de preparar a los Doce hasta el momento de recibir del mismo Cristo la autoridad para representarlo como mediadores de su salvación. La teología ha recogido esta misión con una fórmula clara que no deja ninguna duda sobre la voluntad de Cristo: los apóstoles y quienes continúan su misión como obispos y sacerdotes actúan «en la persona de Cristo Cabeza». Jesús, en la Última Cena, lo dijo de manera inconfundible: «Haced esto en mi memoria». Se trata de hacer lo que hizo Jesús, que en la última cena funda la nueva alianza en su cuerpo y en su sangre y hace posible una relación indestructible entre Dios y los hombres, en la que sus sacerdotes harán visible su persona hasta el fin de los tiempos.

El seminario es el lugar donde los que se sienten llamados por Cristo van conformando su vida con la suya. Si la Iglesia los acepta como idóneos, llegará un día en que, mediante el sacramento del orden, serán «otros cristos», enviados al mundo con la misión del Hijo de Dios: evangelizar, celebrar la Eucaristía, perdonar los pecados, edificar la Iglesia, sanar, cuidar de los pobres y guiar al Pueblo de Dios. Los cristianos, y las diócesis en general, no pueden permanecer indiferentes ante el seminario, porque sería permanecer indiferentes ante Cristo. Como si no nos importara su salvación, su palabra, sus sacramentos, su presencia en medio del pueblo. Tal indiferencia indicaría que damos por vano lo que Cristo hizo al elegir y constituir a los Doce. Una diócesis viva cuida su seminario, ora por las vocaciones, trabaja para que la misión del sacerdote se presente a niños y jóvenes, cuando se plantean su vocación. A pesar de sus fragilidades, el sacerdote representa a Cristo y toda la Iglesia debe trabajar para que nunca falten los sacerdotes que necesitamos, no a cualquier precio, puesto que el hombre ha sido rescatado por la sangre de Cristo. No queremos vocaciones a cualquier precio, porque la vida de los hombres no se pone a subasta, ni es objeto de mercado. Queremos vocaciones auténticas, que se conformen al estilo de vida de Cristo, que aspiren a la santidad y que se entreguen plenamente al servicio de los hombres. Vocaciones como las de María y de José, que, sin ser sacerdotes ordenados, se conformaron a Cristo y tuvieron la dicha de educar a quien se sometió a ellos con obediencia y fue creciendo en edad, sabiduría y gracia ante Dios y los hombres. Quiera Dios que crezcan así nuestros seminaristas para el bien de la Iglesia y del mundo.

+ César Franco Obispo de Segovia

 

 

Apostar por el optimismo

Escrito por Enrique Rojas

«La felicidad no depende de la realidad, sino de la interpretación de la realidad que uno hace (…). Donde otros ven sombras y malos presagios, yo veo oportunidades y retos por cumplir»

Leo el periódico y todo son malas noticias, una detrás de otra. Aquí y allí y en la otra parte del mundo. Los periodistas se recrean relatando los hechos y cunde de entrada una mezcla de indiferencia y agotamiento que nos deja anestesiados. La mejor manera de funcionar es tener perspectiva, altura de miras, poner las luces largas y relativizar hechos, comentarios y afirmaciones. No perdamos de vista que en el mundo de las noticias existe una verdadera bulimia, unas se comen a las otras y en unos días se desdibujan, pierden su fuerza, se volatilizan.

El optimismo es una forma positiva de interpretar la realidad. La mejor de las vidas está llena de derrotas. Cualquier circunstancia histórica tiene muchos matices negativos. Por eso es importante aprender a interpretar la realidad con una visión panorámica. Hoy en día, el coro de plañideras negativas está rebosante de noticias malas, duras, terribles, apocalípticas.

Hay un optimismo personal y otro, general o colectivo. Quiero espigar cuáles son los principales componentes a la hora de evaluar lo que está pasando, a nivel global (política, economía, sociedad, etcétera) y a nivel personal. Paseo la mirada por ellos y me deslizo en su interior:

Apostar por el optimismo

El primer eslabón reside en nuestro sistema de creencias. Las ideas se tienen, en las creencias se está. Son el subsuelo nuestro. La tierra firme sobre la que cada uno se sostiene. El mundo se ha ido alejando de lo espiritual y se ha vuelto cada vez más materialista. Y esto es malo, porque se prescinde de uno de los ingredientes más importantes de la vida, que da respuesta a las grandes preguntas: ¿de dónde venimos, a dónde vamos, cuál es el sentido de la vida, qué importancia tiene el amor, qué hay después de la muerte? Y un largo etcétera de cuestiones que parpadean cuando nos interrogamos por las cuestiones esenciales.

El segundo ingrediente es nuestro estado de ánimo. Que podemos definirlo así: es un sentimiento que deambula por nuestro interior, es el tono afectivo de ese momento en el que convergen y se hospedan elementos físicos, psicológicos, sociales y culturales. Y que da lugar a un modo de estar de hoy y ahora, pero que tiene una cierta permanencia en el tiempo. Yo le pregunto con mucha frecuencia a mis pacientes: ¿Cómo estás de ánimo, cómo te sientes por dentro? Estoy buceando en su paisaje interior. La palabra latina animus significa «aquello que anima o da vida al cuerpo». El tono anímico positivo tiene un inmenso poder reparador y nos ayuda a descubrir siempre el ángulo mejor de lo que está sucediendo, sin dejar de ver la parte mala o dura. Esto descansa, de alguna manera, en estar contento con uno mismo a pesar de las mil y una circunstancias difíciles que todos atravesamos. El optimismo consiste en una educación de la mirada que sabe descubrir lo mejor y lo bueno, que escondido asoma y se esconde. Y esto depende, en buena medida, del significado y valoración que demos a la actualidad.

Martin Seligman, padre del llamado pensamiento positivo, nos explica los procesos que regulan el funcionamiento del cerebro y la toma de decisiones; se ha llegado a la conclusión de que los sentimientos desempeñan un papel fundamental en la forma de pensar y de interpretar lo que nos pasa (el hipotálamo, la amígdala cerebral y el sistema reticular activador ascendente, son sus principales responsables y al activarse hace que te fijes más en vivencias buenas).

En tercer lugar está nuestro equipaje genético: el enorme valor de la herencia, que nos marca. Hay un trastorno de la personalidad que se llama depresiva y que consiste en la tendencia crónica, anclada en la biología familiar a centrarse más en lo malo que en lo bueno, en lo negativo que en lo positivo, en las adversidades y minimizar las situaciones satisfactorias. Eso nos lleva de la mano a una óptica concreta. No confundir la depresión como enfermedad: que es algo transitorio, presidido por la tristeza y el hundimiento psicológico.

Hay que considerar también nuestra historia personal. En una palabra: la biografía. No hay árbol que no haya sido fuertemente azotado por el viento.

La vida está ajedrezada de dos tipos de traumas. Los macrotraumas que son impactos de gran alcance, históricos por la magnitud e importancia de los hechos. Y los microtraumas que son vivencias negativas pequeñas, de mucha menos intensidad, pero que forman un glosario, un sumatorio de adversidades. Es la experiencia de la vida. Se trata de ser capaces de tener altura de miras, perspectiva, visión larga de los acontecimientos… y saber relativizar y valorar las cosas con moderación y justeza de juicio. Este es un arte en donde se mezcla sabiduría e inteligencia. Todo está en nuestra cabeza: la felicidad y el desencanto. El optimista otea el horizonte y ve el lado bueno y propone soluciones y busca alternativas. Levanta la mirada, deja lo inmediato y apuesta por lo mediato, por lo lejano.

Optimismo personal y colectivo

España está pasando una etapa mala: el coronavirus ha puesto de manifiesto que los que nos gobiernan no saben hacerlo y que han ido a la táctica de abrir las dos Españas. ¿Qué pasa en España que hay tantos enfermos de odio? ¿No vamos a ser capaces de cerrar las heridas del pasado y tener la sabiduría de acercarnos unos a otros? «Me duele España», decía Unamuno.

El pesimismo goza de un prestigio intelectual que no merece. La felicidad no depende de la realidad, sino de la interpretación de la realidad que uno hace. España tiene una historia grande, con muchas cosas de las que puede estar orgullosa y una unidad conquistada con esfuerzo de años y generaciones. Donde otros ven sombras y malos presagios, yo veo oportunidades y retos por cumplir. Sabiduría e inteligencia. La sabiduría es experiencia de la vida y cambiar lo que se puede modificar y aceptar lo que no es posible hacerlo. La inteligencia es la nitidez de la razón.

Enrique Rojas es catedrático de Psiquiatría.

 

El dolor y el sufrimiento en familia; una oportunidad

En medio de la pandemia habría querido escribir de varios temas que pudieran llegar a tu corazón, que te hicieran pensar, reflexionar, sentir, luchar… y pensando en ello, me di cuenta que todos sentimos dolor, preocupación, estrés, algunos angustia, otros desesperación… Emociones que podemos tratar de evadir o de enfrentar de muchas maneras, algunas adecuadas, otras no tanto y otras más totalmente inadecuadas e incluso perjudiciales… Eso me ha llevado a hablarte hoy del dolor y del sufrimiento.

Se agolpan de pronto las ideas, y debo decirte querido lector, que sin saberlo, hoy, la vida me pondría a prueba y no solo a mí sino a toda mi familia.

La medida del amor es el amor sin medida, decía San Agustín…

Una persona a la que amo con toda el alma tiene covid y lo contrajo no por irresponsabilidad o inconsciencia, sino por dar su vida a los demás y entregarse a la vocación a la que fue llamada, médico para salvar vidas, para llevar vida, aliento y esperanza, cuidados, aliento y respuestas a sus pacientes y a sus familias. Investigadora incansable, capaz, fuerte, resiliente, alegre y generosa; que ha renunciado a tanto, que ha decidido ofrendar su vida diaria procurando un mundo mejor y más humano, porque como afirmaba San Juan de Dios «Nada de lo humano le es ajeno»

El dolor llegó más cerca, sabíamos que había riesgo, para todos, pero ella, Doctora, decidiendo amar al extremo, no abandonó a sus pacientes, sino que, con todas las medidas de protección cumplía con gran dedicación su vocación atendiéndolos, a ellos y a sus familiares. No se sabe cómo es que se ha contagiado, este virus es tan pequeño y tan poderoso a la vez… Lejos de casa, sin poder verle y cuidarle, nos ha hecho una videollamada familiar… «Me he contagiado» nos ha dicho, las lágrimas brotaron de inmediato, la voz se nos ha cortado… ante el peligro inminente…

Hoy, en mi familia, como a muchas otras personas en el mundo, nos acompaña el dolor, la incertidumbre, el pesar, la preocupación, nos damos cuenta en carne propia lo vulnerables que somos y nos enfrentamos a la realidad de nuestra finitud en la tierra…

¿Cómo debemos enfrentar esta realidad que nos afecta tan de cerca? Poniendo todo en manos de Dios, tener Esperanza en que se recuperará, encomendándola en nuestras oraciones, confiando que Nuestro Señor le concederá la vida y la salud.

Tristísimo lo que hemos vivido en el mundo con esta pandemia, aunque no solo con esta, cabe aclarar que hay muchas pandemias que atentan contra el ser humano, algunas causadas por él mismo… sin embargo, ha sido un golpe para la humanidad fuerte, catastrófico durante algunos… y si, la economía, el turismo, la vida social, la vida normal se ha detenido… nuestras vidas han tenido que cambiar de formato… hay problemas nuevos, graves,  y otros, que venían ya de tiempo que se han acentuado en la mayoría de los países, sino es que en todos.

Nos enfrentamos a lo desconocido… esto genera miedo, tristeza, ira… cuidado, no nos perdamos… No debemos vivir con estos sentimientos en el corazón, los pensamientos que se detonaran serían dañinos para nosotros y los que nos rodean… pero las personas enferman, muchas mueren… ¿Qué hacer?

Aceptar el dolor en nuestras vidas como parte de nuestra naturaleza y el sentido del sufrimiento, para enseñarlo a los hijos y vivir reconciliados con la realidad, no queriendo taparla o maquillarla para evitar el sufrimiento a toda costa, pues sería una vida inhumana, irreal, falsa y hasta psicótica, en el sentido de que estaríamos alejados de la verdad y nos quita la posibilidad de ser sensibles al dolor propio y del prójimo, la responsabilidad social, la justicia, la caridad…

¿Cómo hablar del dolor como una oportunidad en la familia?

Enseñar a los hijos a que en la vida el sufrimiento humano es algo inherente a nuestra naturaleza, ocultar esa verdad por no verles tristes jamás, sería injusto y no crecerían mentalmente saludables. Además, el sufrimiento nos acerca al amor… ¿No decía la Madre Teresa de Calcuta: Ama hasta que duela? Pues así es, la entrega duele, el amor conlleva sacrificios y renuncias, la mayor felicidad es un estado presente de vivir en el amor de Dios, Único Dios, que experimentó el dolor, el sufrimiento y la muerte por ti y por mí y si unes tu sufrimiento al de Él, resucitarás junto con Él. Resistirse a la realidad por no sentir dolor, por no sufrir, solo nos traerá mayor dolor, sufrimiento y enfermedad.

La misión de la familia es ser maestra de amor, de cobijo, ahí podemos ser, ahí podemos conectar con los más amados, es el mejor lugar para el encuentro con Dios, con uno mismo y con los demás, es ahí donde aprendemos a vivir con amor el dolor y llenar de vida el sufrimiento; responsabilidad, fortaleza, resiliencia, caridad…

¡Este tiempo es maravilloso para desprenderse de todos los apegos del mundo… y es que hemos sido creados para la eternidad! Enseñemos eso a los hijos, aferrémonos a la vida que no muere, la vida eterna y enseñemos a los nuestros, con nuestro ejemplo, que esta vida es solo un camino, que es transitoria, temporal y que los dolores y el sufrimiento nos ayudan a purificar la vida, la mente, el corazón para ser verdaderamente libres y eternamente felices.

La enfermedad, la muerte, los problemas económicos y todo tipo de dolor, es preciso vivirlo desde lo humano, pero no quedarnos ahí, sino trascender, y sufrirlo con amor transformador y reparador, purificador.

Todo tiene remedio menos la muerte dice un dicho por ahí… pero aún la muerte tiene remedio y este es nada más ni nada menos que el Cielo Prometido. 

            No nos gusta hablar del dolor, pero hemos de trabajar en ello, el dolor estará independientemente de nuestra voluntad, pero el sufrimiento nos hará trascender si buscamos el para qué ¿Para ser más fuerte, más paciente, para ser resiliente? Todo esto es bueno, pero lo que no debemos perder de vista, es que el dolor, aunque no lo comprendamos, aceptado por amor y con amor, es nuestro camino al Cielo

El dolor y el sufrimiento en la familia, no es deseable, pero es algo natural y es preciso aprender con sencillez, docilidad y nobleza a tratar esta realidad, no sólo es una oportunidad para encontrarnos y crecer, sino también una bendición si sabemos abrazarlo y transformarlo en un bien que nos permitirá trascender de la manera más hermosa… para toda la eternidad.

Te invito a que eleves tus oraciones por el mundo entero, por la humanidad, los gobiernos y especialmente por todas las familias y si me permites, querido lector el atrevimiento, ora también por mi familia, mi hermana y su esposo, para que Dios nos permita cumplir con amor siempre Su Voluntad, que sea lo que Él quiera, cuando Él quiera y como Él quiera.

MTF Rosario Prieto
Psicología Clínica

 

 

El relativismo intolerante

A primera vista, puede parecer que el relativismo moral y político, opuesto a toda postura fundamentalista, es una garantía de libertad en las sociedades modernas, caracterizadas por la diversidad de convicciones y modos de vida. En realidad, advierte Robert Spaemann, eso es una falsa solución al pluralismo, que engendra nuevas formas de intolerancia y avasalla derechos en nombre de valores. El filósofo alemán Spaemann, profesor de filosofía en las universidades de Munich y Salzburgo, expuso estas ideas en una reciente conferencia (1) de la que ofrecemos un extracto.

Nadie con aspiraciones intelectuales habla ya del bien y del mal. Hoy día todo el mundo habla de valores.

El discurso sobre los valores lleva consigo una profunda ambigüedad. Es trivial y peligroso a la vez. Es peligroso por su ambigüedad; es trivial en cuanto cualquier sociedad comparte determinadas valoraciones. El número de cosas que apreciamos y que aborrecemos en común en las sociedades modernas y desarrolladas ha descendido, en relación con formas de vida más antiguas. También puede expresarse positivamente el mismo hecho, diciendo que ha aumentado la diversidad de las formas de vida, de las convicciones y valoraciones. En estas circunstancias, se habla de pluralismo, un concepto que posee más bien connotaciones positivas.

Pero también en las sociedades pluralistas existe un contingente irrenunciable de aspectos comunes, un repertorio de asociaciones vinculado a conceptos públicamente importantes. La comunidad de asociaciones se fundamenta sobre una base común de recuerdos. En la familia existe el "¿Te acuerdas todavía de…?" que reúne a todos en una conversación común. También las naciones poseen un patrimonio de esta índole. En él se basan por ejemplo las fiestas oficiales. Una sociedad radicalmente pluralista no puede celebrar fiestas comunes. Esto es una gran pérdida.

Hay que ser consciente de esto: el pluralismo tiene un precio. Y el precio que exige el pluralismo total es demasiado elevado. Destruiría cualquier cultura desarrollada y haría imposible la convivencia de los hombres.

Existen, con todo, determinadas valoraciones cuya aceptación general resulta irrenunciable en una sociedad pluralista. A ellas pertenece la estimación de la tolerancia, es decir, de la disposición de respetar a los hombres y de no intervenir en la esfera de su libertad personal incluso en el caso de que sus convicciones, valoraciones y formas de vida discrepen de las propias.

El fundamento de la tolerancia

Tolerancia significa admitir la alteridad étnica, cultural, sexual o de convicción. La tolerancia es un valor elevado porque se fundamenta en la dignidad humana del individuo. Puedo exigir respeto frente a mi convicción, también de aquel que la considera equivocada, porque el respeto no se dirige al contenido de mi convicción sino a mí mismo que me identifico con ella. Si el otro considera mala la convicción intentará disuadirme, si me quiere bien. Discutiremos, pero a la vez nos toleramos. La fundamentación de la tolerancia en la convicción de la dignidad de la persona constituye una fundamentación sólida. Ahora bien, allí donde la tolerancia se eleva a valor supremo, allí donde ella misma se coloca en el lugar de las convicciones que hay que respetar, se vuelve infundada y se anula a sí misma.

El postulado de respetar otras convicciones se convierte entonces en exigencia de no tener convicciones que hagan posible considerar equivocadas las opuestas; convicciones que uno no esté dispuesto a convertir en hipótesis. Por tanto, convicciones que uno intenta llevar a otros y con ayuda de las cuales uno intenta disuadir a otros de las suyas. Tener convicciones entonces ya se considera intolerancia. El postulado de tolerancia se transforma en una dogmatización intolerante del relativismo como cosmovisión predominante, que convierte al hombre en un ser irrestrictamente disponible para cualquier tipo de imposiciones colectivas. La consigna que se ostenta para las convicciones es la de "fundamentalismo".

Las conquistas duramente adquiridas del Estado de derecho liberal se vuelven a perder si el Estado se comprende como comunidad de valores; incluso cuando es una comunidad "liberal" de valores que entiende el liberalismo como cosmovisión en vez de como ordenamiento jurídico.

Aceprensa.

Estreno de "Rocca cambia el mundo": Mejor Película Infantil en Alemania

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Un título rotundo para una de las mejores películas familiares europeas de la última década, que se estrena en nuestro país el próximo 4 de diciembre. Reconocida como Mejor Película Infantil en los Premios del Cine Alemán 2019 y segunda más votada en los Premios del Público Joven de la Academia del Cine Europeo 2020, Rocca cambia el mundo es uno de esos filmes que muchos profesores desearían que viesen sus alumnos… con sus padres. Una cinta que atesora abundantes elementos didácticos y educativos, con un enfoque enormemente positivo, llena de acción y muy divertida. 

Pero, ¿quién es Rocca? Pues una niña de 11 años valiente y alegre, con una trayectoria algo peculiar. Ha vivido con su padre, astronauta, en el espacio exterior y ahora debe trasladarse a la casa de su abuela en Hamburgo para acudir a un colegio normal por primera vez en su vida. Rocca destaca enseguida por su inteligencia, su simpatía y su actitud despreocupada e inconformista. Pero a la vez es una chica sensible y responsable, respetuosa con la naturaleza, que sabe hacerse amiga de los ‘sin techo’ a los que trata de ayudar, y que no teme enfrentarse a los acosadores de la clase, porque defiende la justicia contra viento y marea. 

El guion pone sobre el tapete una serie de sugestivas cuestiones que nos pueden afectar a todos, niños jóvenes y adultos: la presencia-ausencia de los padres en el hogar; el bullying y el ciberacoso; la soledad y la incomunicación; los miedos, los prejuicios y los remordimientos; las desigualdades sociales; el uso-abuso de las redes sociales… Pero también el valor de la amistad y de la sinceridad, la alegría de rectificar, la generosidad para ocuparse de los más desfavorecidos o la responsabilidad en el cuidado del medio ambiente. Chapó por la directora, Katja Benrath, que ha sabido presentar este mosaico vital de una forma accesible, emocionante y entretenida, y regarlo con un contagioso entusiasmo y grandes dosis de buen humor. 

El reparto infantil cumple con creces y la expresiva Luna Maxeiner se transforma en una Rocca encantadora. Estupendos también los secundarios adultos, con la veterana Barbara Sukowa (la protagonista de Hannah Arendt, 2012) en el papel de abuela. Un montaje rítmico y el moderno envoltorio musical completan el notable nivel técnico del filme. 

Rocca, la niña, no es ni repipi ni perfecta, pero sí una luchadora rebosante de optimismo. Ella no lo sabe pero, con sus amigos, está cambiando el mundo. La película propone un realismo idealista, tan necesario en la cinematografía actual. Porque, ¿no cumple el cine también su misión cuando nos hace soñar con un mundo mejor?

 

 

La Constitución

“El español pertenece a muchos millones de seres que no son españoles, porque es nuestro patrimonio común más consistente y porque si se rompe, todos quedamos rotos”

Desde el final de nuestra guerra civil hasta la proclamación de nuestra Constitución de 1978, España atravesó un largo desierto político en el que muchas generaciones transitamos conducidos por un general acaudillado desde una victoria fratricida que le coronó con todos los poderes absolutos del Estado.

El aislamiento de nuestra nación en el contexto internacional, reforzó aún más el liderazgo del general Franco que rodeado de un gobierno monolítico reconstruyó una España devastada, rota económica y socialmente. El régimen franquista renegó de cualquier tipo de participación política a través del sistema de partidos y formulando la democracia como “orgánica”, instituyó la familia, el municipio y el sindicato como los únicos  cauces de representación de la sociedad.

El sufragio universal, el parlamentarismo y la participación de los ciudadanos a través de los partidos políticos, estaban anatematizados. El socialismo y el comunismo, los grandes derrotados de la contienda junto a la república, no podían ni debían coexistir con un régimen esencialmente militar y de partido único. Estaban proscritos del lenguaje, de la educación y de la vida ordinaria de los españoles.

Durante casi cuarenta años, millones de españoles nos educamos, trabajamos y convivimos en una paz, si se quiere impuesta pero real, hasta la muerte del dictador que ocultó durante su largo mandato la persecución y el hostigamiento a quienes osaban discrepar de su dictatorial forma de gobernar el país.

Después de su muerte su frágil castillo de naipes se desmoronó y aquellos que  aplaudieron y aprobaron sus leyes fundamentales u ordinarias se autoinmolaron ejemplarmente ante una inevitable presión de la lógica política y democrática : el caudillismo fascista y comunista era incompatible con una Europa que día a día iba forjando un proyecto de construcción común de intereses económicos y políticos sobre los principios de las libertades y los derechos fundamentales de los ciudadanos.

El Rey Juan Carlos junto al comunista Santiago Carrillo y el socialista Felipe González facilitaron con el conservador Manuel Fraga y el centrista Adolfo Suárez, el transitar hacia una España donde el espíritu de concordia y de convivencia pacífica ayudara a superar la fractura social y política que había provocado un régimen agotado y desaparecido con  la persona de su fundador.

La Constitución de 1978 nos ha proporcionado a los españoles el período más largo de entendimiento, paz y desarrollo. El esfuerzo y la laboriosidad de los españoles junto al ingreso en la Unión Europea, ha contribuido de una manera inimaginable a la modernización y construcción de nuestras infraestructuras de comunicaciones, del urbanismo, medio ambiente y de nuestra producción agrícola o pesquera. 

La movilidad sin fronteras en todo el territorio europeo ha sido un espacio de seguridad y libertad  inimaginable para que nuestros jóvenes disfrutaran de grandes oportunidades de formación cultural, profesional y empleo. Por otra parte el correcto funcionamiento de las instituciones del Estado sobre el principio de la separación de poderes como la Corona, las Cortes Generales y el Poder Judicial han garantizado durante todos estos años un largo período de prosperidad y de estabilidad social y política.

Esta nueva conmemoración de nuestra Carta Magna, cumplidos ya   cuarenta y dos años desde  su nacimiento, se aleja del oropel que la rodeaba en el Congreso de los Diputados. La gestión de la pandemia por un lado y por otro el desorden constitucional que rodea a la acción política, económica y sanitara del gobierno filocomunista de Pedro Sánchez están poniendo en serio riesgo de involución los principios que la animaban y los fundamentos que la han hecho perdurar.

La Corona cuestionada desde el propio Gobierno, las Cortes Generales en hibernación y limitada su capacidad de representar la voluntad popular y el Poder Judicial cada vez más mediatizado en su independencia han dejado de ser la garantía del buen gobierno y administración de los intereses de la sociedad española.

Si a esto le añadimos el  caos y descoordinación por parte del Gobierno y de las Autonomías en el funcionamiento de las competencias sanitarias ante una emergencia nacional y el rechazo social que está originando la nueva Ley Celaá, amén de las permanentes declaraciones y amenazas para enterrar la Constitución, existen motivos más que suficientes para que la sociedad civil exija que las instituciones del Estado reaccionen y eviten no ya la ruptura del mismo sino el restablecimiento del orden constitucional hoy en peligro.

“Escribo contra el uso ignorante de nuestro idioma, porque el español pertenece a muchos millones de seres que no son españoles, porque es nuestro patrimonio común más consistente y porque si se rompe, todos quedamos rotos y sin la fuerza que algún día podemos tener juntos”

Esta clarividente reflexión de Fernando Lázaro Carreter, que en su día fue Director de la Real Academia Española, profetiza nuestra ruptura constitucional si al menos no somos capaces de garantizar nuestro patrimonio común más querido y reconocido mundialmente: la lengua española, ¿seremos capaces de evitarlo? España y su Constitución lo merecen.

Jorge Hernández Mollar

 

 

El papel de los que acompañan

Un papel importante tienen la familia y los amigos que acompañan al que padece en la cama: "Aquellos que están alrededor del enfermo no son solo testigos, sino que son signo viviente de aquellos afectos, de aquellas relaciones, de aquella íntima disponibilidad al amor, que permiten al que sufre reconocer sobre él una mirada humana capaz de volver a dar sentido al tiempo de la enfermedad".

Esa mirada que se tiene sobre la persona enferma, dice la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) con palabras' del Papa Francisco, debe partir de un corazón compasivo: "Muchas veces los que miran no ven. ¿Por qué? Porque falta compasión. Sin compasión, el que mira no se involucra en lo que observa y pasa de largo; en cambio, el que tiene un corazón compasivo se conmueve y se involucra, se detiene y se ocupa de lo que sucede". En cambio, la eutanasia puede ser como lavarse las manos: "Suprimir un enfermo que pide la eutanasia -dice la CDF- no significa en absoluto reconocer su autonomía y apreciarla, sino al contrario: significa desconocer el valor de su libertad, fuertemente condicionada por la enfermedad y el dolor, y el valor de su vida, negándole cualquier otra posibilidad de relación humana, de sentido de la existencia y de crecimiento en la vida teologal".

Al examinar las circunstancias en las que se pide la eutanasia, la carta, "Samaritanus bonos”, hace notar la influencia que puede tener el mal cuidado que se presta al enfermo. "Desde la perspectiva clínica, los factores que más determinan la petición de eutanasia y suicidio asistido son: el dolor no gestionado y la falta de esperanza, humana y teologal, inducida también por una atención, humana, psicológica y espiritual a menudo inadecuada por parte de quien se hace cargo del enfermo".

Jesús Martínez Madrid

 

 

Violencia ciega

Algunos políticos tienen cierta tendencia a tratar a la gente como si fueran menores de edad. ‘No te lo cuento todo porque no lo entenderías’, piensan cuando callan y mienten. ‘Si te dijera la verdad, te hundirías’. Como si fueran gente superior que trata con displicencia a los demás. La raíz de la violencia callejera nace de ese descontento, de no saber bien lo que está pasando, de que parece que te toman el pelo con medidas desproporcionadas.

Cuando no se explican las cosas bien, a veces porque no las sabe ni el que tenía que estar al frente de las soluciones, la gente tiene una tendencia mayor a encabritarse, a pedir respuestas ya, ¿o vamos a seguir así toda la vida hasta que a usted le apetezca levantar las restricciones?

Es razonable manifestarse dolorido por la falta de información. Y se está viendo cómo algunos grupos violentos aprovechan esa desazón para romper con todo, lo que era la ‘kale borroka’, el afán por destruir lo que no se entiende, lo que parece una imposición que se vuelve inaceptable.

JD Mez Madrid

 

 

El Papa sueña

Del texto que Francisco, el Papa, pasó Pietro Parolin para que lo expusiera, me parece oportuno destacar los sueños del pontífice, que va desgranando en párrafos sucesivos.

El papa sueña con “una Europa amiga de la persona y de las personas”. Se entiende que desde seno materno hasta su fin natural, así como la protección de los más frágiles y débiles...

Sueña “una Europa que sea una familia y una comunidad. Un lugar que sepa valorar las peculiaridades de todas las personas y los pueblos, sin olvidar que estos están unidos por responsabilidades comunes”.

Sueña “una Europa solidaria y generosa. Un lugar acogedor y hospitalario, donde la caridad —que es la mayor virtud cristiana— venza toda forma de indiferencia y egoísmo”.

Sueña, en fin, “una Europa sanamente laica, donde Dios y el César sean distintos pero no contrapuestos. Una tierra abierta a la trascendencia, donde el que es creyente sea libre de profesar públicamente la fe y de proponer el propio punto de vista en la sociedad. Han terminado los tiempos de los confesionalismos, pero —se espera— también el de un cierto laicismo que cierra las puertas a los demás y sobre todo a Dios, porque es evidente que una cultura o un sistema político que no respete la apertura a la trascendencia, no respeta adecuadamente a la persona humana”.

Domingo Martínez Madrid

 

 

MARRUECOS Y SU... ‘MACABRO NEGOCIO’

            Tras cuanto se sabe de antes y después de la muerte del padre... del actual rey, Mohamed VI y de los problemas de ambos con su pueblo (‘nunca mejor dicho lo de su pueblo’) no tiene uno, más remedio que pensar, que el triste, bochornoso, inexplicable y criminal trasiego de africanos en esos ‘cascarones’ denominados pateras, sometidas a todo cuanto de horrible y perverso podamos imaginar... está plena y totalmente consentido e incluso fomentado, por el monarca actual, el que joven y puede que en principio lleno de buena voluntad... ve que lo mejor es seguir como ‘su padre’  y ‘salga es sol por Argelia... que es por donde se le puede meter el fundamentalismo’ que lo destrone y mande ‘a paseo’.

            Y como de reformas eficaces, nada de nada y de invertir lo mucho que tienen (los que tienen en Marruecos) evadido en el extranjero; de lo que sólo a la familia real ya se les asignan capitales fabulosos en cantidad (se ha publicado en ABC) de decenas y decenas de miles de millones en dólares... pues, nada... ‘a mandar marroquíes y todo tipo de otros africanos, al estrecho y caiga quien caiga, puesto que... al final todo son ganancias para el Gobierno de Marruecos y todos cuantos el mismo... consiente para tan criminal hecho’.

            Si comparamos ello, con la forzada emigración de trabajadores españoles, efectuada o fomentada...  por los gobiernos de Franco a otros países europeos... ‘Franco nos aparece como un ángel de la guarda... comparado con los gobernantes marroquíes’ y no se asusten (que no trato de glorificar a Franco, sí el darle su justo valor a un hecho histórico y que se puede constatar en los archivos nacionales hoy mismo)... que voy a decir, los motivos que existen para que esa ‘moderna invasión’ siga y siga y que nadie va a parar o detener, aunque los muertos en ese paso, se den por miles y miles... si no al tiempo, puesto que cuando escribo esto, ha aparecido en prensa, el que ya y como en los grandes almacenes de la denominada ‘sociedad opulenta o de consumo’... esos desgraciados están ya, recibiendo ofertas especiales para su paso por el estrecho de Gibraltar... ‘Les están ofreciendo un tres por uno... pagan un viaje y si falla y no mueren, son deportados o devueltos a África... los organizados fletadores de pateras y otros frágiles barquitos... les dan dos posibilidades más’. Suponemos que las ofertas no se cierran y si el desgraciado puede cubrir los tres pasajes y aún quedar con vida y con dinero... seguro que le admiten otra oferta y así... hasta que muera en el intento o pase de la forma que sea, a la tan añorada orilla española y europea.

            ¿Por qué se fomenta todo ello?: es claro y sencillo para cualquiera que piense y deduzca, siendo medianamente inteligente pues no se necesita más; veamos:

Cada marroquí que pasa a España, es un problema que el Rey de Marruecos y sus gobiernos se quitan de encima.

Cada marroquí (igual es si es de otro cualquier país) que pasa y logra encontrar donde trabajar, lo primero que hace es ahorrar el máximo de lo que gana y mandar a su familia el resto; más o menos lo que hicieron los españoles en la época que antes cito, de Franco y que fue el motivo de ‘uno de sus milagros’ (el otro fue el Turismo).

Esas remesas de dinero internacional admitido en todo el mundo, pasan de momento a enriquecer el Tesoro marroquí... no hablemos si luego, se hacen remesas clandestinas desde éste al extranjero... ‘cómo siguen engordando’ los capitales evadidos y a los que antes me he referido.

Si el africano sigue mandando dinero, con él vive la familia y otros problemas que se quitan los gobiernos de turno... y si por fin, el africano se sitúa definitivamente en España u otro país europeo, igualmente los gobiernos africanos, se han quitado de encima... una familia más.

En el intervalo y como esos desgraciados, aún tienen que pagar por su cuenta y riesgo cantidades fabulosas (para ellos) y por simplemente ser pasados a la otra orilla... imaginemos las cantidades que ello representa, para corromper a todo tipo de funcionarios (o no funcionarios) y para fomentar ese horrible e incalificable (ya) ‘mercado de esclavos en que se ha convertido todo ese infernal tinglado.

Si analizamos todo ello, no nos explicamos ‘las contemplaciones que guarda’ primero el Gobierno de España, con su Presidente a la cabeza... tampoco cómo callan y otorgan, el ‘otro gobierno superior’ compuesto por un enjambre de representantes (‘pagados a peso de oro’) y que cacarean en Bruselas o Luxemburgo... tampoco las actuaciones de ‘los buenos samaritanos’, que en cierto modo, con sus ayudas (que también) lo que deben es pedir y exigir, el que todo este enorme tinglado, se regularice en su totalidad y simplemente que se haga, lo que se hacía en esos tiempos de los gobiernos de Franco... o sea, que desde origen y previo reconocimiento médico de cada individuo (lo que no es discriminación, sino una simple prevención sanitaria o epidémica) se contraten legalmente a aquellos trabajadores, que de verdad... vengan a trabajar y necesitemos para ello, los que y eso sin excusa ni pretexto alguno... a partir de ese momento, tienen que tener todos y cada uno de los derechos de cualquier trabajador español o europeo... ‘no nos la cojamos con papel de fumar’... las cosas son como son (o debiera ser) todo lo demás son demagogias, cuando no... ‘complicidades criminales y encubiertas’.

            Trate usted de entrar en Marruecos u otro país musulmán ‘organizado’ y vea cuanto les exigen... yo puedo decir que para bajar en el puerto de Agadir, al Sur de Marruecos, en un crucero turístico compuesto por gente acomodada y para visitar aquella parte de Marruecos, subiendo luego hasta Marraquech... nos retuvieron los pasaportes a todos y cada uno de los pasajeros de aquel trasatlántico y sin consideración alguna a nadie... ¿Qué peligro podíamos representar unos cientos de personas que simplemente fuimos a Marruecos... a gastar dinero?... Y ni se les ocurra, propagar algo de cualquier otra religión que no sea la musulmana, pues en algunos países y ahora mismo... ello les puede costar años de cárcel e incluso la vida... ‘ello se ha publicado en prensa y muy recientemente’.

            A la vista de todo ello, que cada cual piense, medite y tome la postura que mejor le venga en gana, pero... ‘ayudar si y todo cuanto se pueda... bajarse los pantalones no desde luego’... ‘al prójimo como a ti mismo, pero mirando al tipo de prójimo que sea’... con ello, simplemente nos evitaremos problemas insolubles y que ya están padeciendo en otros países occidentales y si ello no lo ven quienes nos gobierna... simplemente es que son idiotas en grado muy preocupante.

         LO ESCRIBÍ EL 23 DE AGOSTO DEL 2001 HAN PASADO PUES MÁS DE DIECISNUEVE AÑOS Y FUE AMPLIAMENTE DIFUNDIDO… NO SIRVIÓ PARA NADA Y A LA VISTA ESTÁ, LA TRAGEDIA SIGUE Y CADA VEZ PEOR. La política de ladrones y bandidos, sigue instaurada en el mundo y de ahí todos los desastres que padecemos.

Antonio García Fuentes  (Escritor y filósofo)

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