Las Noticias de hoy 30 Noviembre 2020

Enviado por adminideas el Lun, 30/11/2020 - 13:22

 

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 30 de noviembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: Nuestro Dios es el Dios que viene

Ángelus: Cercanía con los países golpeados por los fuertes huracanes

Semanas sociales de Francia: “Sanando el mundo”, mensaje del Papa Francisco

SAN ANDRÉS, APÓSTOL: Francisco Fernandez Carbajal

“Dios suele buscar instrumentos flacos”: San Josemaria

 Novena a la Inmaculada Concepción

 Meditaciones: ​lunes de la 1ª semana de Adviento

El Amor que abraza el mundo (La creación, II): Marco Vanzini / Carlos Ayxelá

Las manifestaciones dualistas y el ser humano

¿Democracia sin valores? Un totalitarismo evidente: Pedro Beteta

Murmuración, mal negocio: ALEJO FERNANADEZ PEREZ

 La pandemia y la Eucaristía: Ernesto Juliá

Fratelli Tutti (4). Un derecho humano en peligro.: José Martínez Colín.

Cuidado con la ansiedad en nuestros hijos: Silvia del Valle Márquez

Vacunas y aspectos morales: Ana Teresa López de Llergo

Saber pedir “ayuda”: Lucía Legorreta

Simón: Suso do Madrid

El Consenso de Ginebra: JD Mez Madrid

La sociedad del conocimiento necesita también la mano y el corazón: Juan García. 

En la España de siempre: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Ángelus: Nuestro Dios es el Dios que viene

Palabras antes del Ángelus

NOVIEMBRE 29, 2020 12:43RAQUEL ANILLOANGELUS

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(zenit – 29 nov. 2020).- “Hoy, primer domingo de Adviento, empieza un nuevo año litúrgico. En él la Iglesia marca el curso del tiempo con la celebración de los principales acontecimientos de la vida de Jesús y de la historia de la salvación”. Con estas palabras comienza el Papa Francisco en este domingo 29 de noviembre de 2020, la introducción al Ángelus.

También nos recuerda, “El Adviento es una llamada incesante a la esperanza: nos recuerda que Dios está presente en la historia para conducirla a su fin último y a su plenitud, que es el Señor Jesucristo. Dios está presente en la historia de la humanidad, es el “Dios con nosotros”, camina a nuestro lado para sostenernos”.

A continuación, siguen las palabras de Francisco en el Ángelus, según la traducción oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, primer domingo de Adviento, empieza un nuevo año litúrgico. En él la Iglesia marca el curso del tiempo con la celebración de los principales acontecimientos de la vida de Jesús y de la historia de la salvación. Al hacerlo, como Madre, ilumina el camino de nuestra existencia, nos sostiene en las ocupaciones cotidianas y nos orienta hacia el encuentro final con Cristo. La liturgia de hoy nos invita a vivir el primer “tiempo fuerte” que es este del Adviento, el primero del año litúrgico, el Adviento, que nos prepara a la Navidad, y para esta preparación es un tiempo de espera, es un tiempo de esperanza. Espera y esperanza.

San Pablo (cfr. 1 Cor 1,3-9) indica el objeto de la espera. ¿Cuál es? La “Revelación de nuestro Señor” (v. 7). El Apóstol invita a los cristianos de Corinto, y también a nosotros, a concentrar la atención en el encuentro con la persona de Jesús. Para un cristiano lo más importante es el encuentro continuo con el Señor, estar con el Señor. Y así, acostumbrados a estar con el Señor de la vida, nos preparamos al encuentro, a estar con el Señor en la eternidad. Y este encuentro definitivo vendrá al final del mundo. Pero el Señor viene cada día, para que, con su gracia, podamos cumplir el bien en nuestra vida y en la de los otros. Nuestro Dios es un Dios-que-viene —no os olvidéis esto: Dios es un Dios que viene, viene continuamente— : ¡Él no decepciona nuestra espera! El Señor no decepciona nunca.

Nos hará esperar quizá, nos hará esperar algún momento en la oscuridad para hacer madurar nuestra esperanza, pero nunca decepciona. El Señor siempre viene, siempre está junto a nosotros. A veces no se deja ver, pero siempre viene.

Ha venido en un preciso momento histórico y se ha hecho hombre para tomar sobre sí nuestros pecados —la festividad de Navidad conmemora esta primera venida de Jesús en el momento histórico—; vendrá al final de los tiempos como juez universal; y viene también una tercera vez, en una tercera modalidad: viene cada día a visitar a su pueblo, a visitar a cada hombre y mujer que lo acoge en la Palabra, en los Sacramentos, en los hermanos y en las hermanas. Jesús, nos dice la Biblia, está a la puerta y llama.

Cada día. Está a la puerta de nuestro corazón. Llama. ¿Tú sabes escuchar al Señor que llama, que ha venido hoy para visitarte, que llama a tu corazón con una inquietud, con una idea, con una inspiración? Vino a Belén, vendrá al final del mundo, pero cada día viene a nosotros. Estad atentos, mirad qué sentís en el corazón cuando el Señor llama.

Sabemos bien que la vida está hecha de altos y bajos, de luces y sombras. Cada uno de nosotros experimenta momentos de desilusión, de fracaso y de pérdida. Además, la situación que estamos viviendo, marcada por la pandemia, en muchos genera preocupaciones, miedo y malestar; se corre el riesgo de caer en el pesimismo, el riesgo de caer en ese cierre y en la apatía.

¿Cómo debemos reaccionar frente a todo esto? Nos lo sugiere el Salmo de hoy: “Nuestra alma en Yahveh espera, él es nuestro socorro y nuestro escudo; en él se alegra nuestro corazón, y en su santo nombre confiamos” (Sal 32, 20-21). Es decir, el alma en espera, una espera confiada del Señor hace encontrar consuelo y valentía en los momentos oscuros de la existencia. ¿Y de qué nace esta valentía y esta apuesta confiada? ¿De dónde nace? Nace de la esperanza. Y la esperanza no decepciona, esa virtud que nos lleva adelante mirando al encuentro con el Señor.

El Adviento es una llamada incesante a la esperanza: nos recuerda que Dios está presente en la historia para conducirla a su fin último para conducirla a su plenitud, que es el Señor, el Señor Jesucristo.

Dios está presente en la historia de la humanidad, es el “Dios con nosotros”, Dios no está lejos, siempre está con nosotros, hasta el punto que muchas veces llama a las puertas de nuestro corazón. Dios camina a nuestro lado para sostenernos.

El Señor no nos abandona; nos acompaña en nuestros eventos existenciales para ayudarnos a descubrir el sentido del camino, el significado del cotidiano, para infundirnos valentía en las pruebas y en el dolor. En medio de las tempestades de la vida, Dios siempre nos tiende la mano y nos libra de las amenazas.

¡Esto es bonito! En el libro del Deuteronomio hay un pasaje muy bonito, que el profeta dice al pueblo: “Pensad, ¿qué pueblo tiene a sus dioses cerca de sí como tú me tienes a mí cerca?”. Ninguno, solamente nosotros tenemos esta gracia de tener a Dios cerca de nosotros. Nosotros esperamos a Dios, esperamos que se manifieste, ¡pero también Él espera que nosotros nos manifestemos a Él!

María Santísima, mujer de la espera, acompañe nuestros pasos en este nuevo año litúrgico que empezamos, y nos ayude a realizar la tarea de los discípulos de Jesús, indicada por el apóstol Pedro. ¿Y cuál es esta tarea? Dar razones de la esperanza que hay en nosotros (cfr. 1 P 3,15).

 

 

Ángelus: Cercanía con los países golpeados por los fuertes huracanes

Palabras después después de la oración mariana

NOVIEMBRE 29, 2020 15:22RAQUEL ANILLOANGELUS

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(zenit – 29 nov. 2020).- Después de la oración del Ángelus de este domingo 29 de noviembre de 2020, el Papa ha saludado a los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro y ha expresado su cercanía con los países de América latina golpeados por los fuertes huracanes.

Recordando la creación de nuevos cardenales  que tuvo lugar ayer por la tarde.

A continuación, siguen las palabras de Francisco, según la traducción oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras después del Ángelus

 ¡Queridos hermanos y hermanas!

Deseo expresar nuevamente mi cercanía a las poblaciones de América Central golpeadas por fuertes huracanes, en particular recuerdo a las Islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, como también la costa pacífica del norte de Colombia. Rezo por todos los países que sufren a causa de estas calamidades.

Dirijo mi cordial saludo a vosotros, fieles de Roma y peregrinos de diferentes países. Saludo en particular a los que —lamentablemente en número muy limitado— han venido con ocasión de la creación de los nuevos cardenales, que tuvo lugar ayer por la tarde. Rezamos por los trece nuevos miembros del Colegio Cardenalicio.

Os deseo a todos vosotros un buen domingo y un buen camino de Adviento. Tratamos de sacar el bien también en la difícil situación que la pandemia nos impone: mayor sobriedad, atención discreta y respetuosa a quienes estén cerca que pueden tener necesidad, algún momento de oración hecho en familia con sencillez. Estas tres cosas nos ayudarán mucho: mayor sobriedad, atención discreta y respetuosa a quienes estén cerca que puedan tener necesidad y después, muy importante, algún momento de oración hecho en familia con sencillez. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.

 

 

Semanas sociales de Francia: “Sanando el mundo”, mensaje del Papa Francisco

Por “un mundo más justo, más unido, más humano, más fraterno, más evangélico”

NOVIEMBRE 29, 2020 11:19ANITA BOURDINPAPA FRANCISCO

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(zenit – 29 nov. 2020).-  “Vuestro trabajo será de gran importancia en la medida en que animará a los cristianos a ocupar el lugar insustituible que les corresponde en el diálogo social, para que surja un mundo más justo, más unido, más humano, más fraterno en suma, más evangélico”, dice un mensaje del cardenal Pietro Parolin, dirigido en nombre del Papa Francisco a Dominique Quinio, presidente de las Semanas Sociales de Francia, cuya sesión 2020 comenzó este viernes 27 de noviembre de 2020, 100% online.

El mensaje del Papa Francisco fue leído por el nuncio apostólico en Francia, monseñor Celestino Migliore, al comienzo de la obra.

“Es una responsabilidad que brota de la fe, como un don de Dios para ser puesto al servicio de toda la humanidad”, insiste el cardenal Parolin.

“Todo cristiano”, continúa diciendo el mensaje, “y en particular si tiene alguna responsabilidad en la sociedad, tiene por su bautismo los medios para curar el mundo”.

AB

Mensaje del Papa Francisco

Sra. Dominique QUINIO

Presidente de las Semanas Sociales de Francia PARIS

Su Santidad el Papa Francisco se complace en unirse a usted en pensamiento y oración, así como a todos los participantes en la sesión 2020 de las Semanas Sociales de Francia. La pandemia de la COVID-19 lo está obligando a vivir este encuentro a distancia, a través de videoconferencia. Esta dura privación del contacto humano directo, que todos conocemos en estos días, tiene al menos la ventaja de hacernos percibir mejor la riqueza y el valor insustituibles del encuentro interpersonal. Sólo ella hace posible vivir el calor humano y la espontaneidad de los intercambios, sólo ella permite crear lazos de amistad y fraternidad. El Santo Padre afirma que “las relaciones virtuales, que prescinden del esfuerzo de cultivar la amistad, son sólo de apariencia social; no construyen un verdadero “nosotros” (Fratelli tutti , n. 43).

El proyecto “sociedad por reconstruir” sobre el que quieren reflexionar – tema de vuestra sesión anual – sin duda tendrá que tener en cuenta este punto de atención porque “la conexión digital no basta para tender puentes, no basta para unir humanidad” (Ibid.). Creados a imagen y semejanza de Dios, somos personas de relación, personas amadas y capaces de amar. (cf. Catequesis sobre el tema “curar el mundo”, Audiencia general 12 de agosto de 2020). Por tanto, una mirada renovada debe centrarse en el hombre revestido de la dignidad que Dios le confiere. “Esta conciencia renovada de la dignidad de todo ser humano tiene graves implicaciones sociales, económicas y políticas. […] El creyente, al contemplar al prójimo como un hermano y no como un extraño, lo mira con compasión y empatía, y no con desprecio ni enemistad” (Ibid.).

Sobre la base de estas convicciones, todo cristiano, y en particular si tiene alguna responsabilidad en la sociedad, tiene por su bautismo el medio de “curar el mundo”; y el Papa Francisco también ha subrayado de qué manera las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad estaban involucradas en esta curación del mundo (cf. Audiencias generales del 5 de agosto al 30 de septiembre de 2020). Vuestro trabajo será de gran importancia en la medida en que animará a los cristianos a ocupar su lugar insustituible en el diálogo social, para que pueda surgir un mundo más justo, más unido, más humano, más fraterno. más evangélico. Es una responsabilidad que brota de la fe, como un don de Dios para ser puesto al servicio de toda la humanidad (cf. Catequesis12 de agosto de 2020). El Papa Francisco confía la fecundidad de su trabajo a la intercesión de la Virgen María y le asegura, señora Presidenta, así como a los participantes, sus oraciones.

 

+ Cardenal Pietro Parolin

Secretario de Estado de Su Santidad

Vaticano, 13 de noviembre de 2020

 

SAN ANDRÉS, APÓSTOL*

Fiesta

— El primer encuentro con Jesús.

— Apostolado de la amistad,

— La llamada definitiva. Desprendimiento y prontitud para seguir al Señor.

I. Fueron y vieran dónde vivía, y permanecieron aquel día con Él. Era alrededor de la hora décima1.

Andrés y Juan fueron los primeros Apóstoles llamados por Jesús, según nos relata el Evangelio. El Maestro ha comenzado su ministerio público y enseguida, al día siguiente, comienza a llamar a los que estarán más cercanos a su Persona. Se encontraba el Bautista con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dijo: He aquí el Cordero de Dios2. Y los dos se fueron detrás del Señor. Se volvió Jesús y, viendo que le seguían, les preguntó: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives? Les respondió: Venid y veréis. Era en realidad una amable invitación a que le acompañaran. Durante aquel día Jesús les hablaría de mil cosas con sabiduría divina y encanto humano, y quedaron ya para siempre unidos a su Persona. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y le siguieron. Juan, después de muchos años, pudo anotar en su Evangelio la hora del encuentro: Era alrededor de la hora décima, hacia las cuatro de la tarde. Jamás olvidó aquel momento en que Jesús les dijo: ¿Qué buscáis? Andrés también recordaría siempre aquel día definitivo.

Nunca se olvida el encuentro decisivo con Jesús. Aceptar la llamada del Señor, ser recibido en el círculo de sus más íntimos, es la mayor gracia que se puede recibir en este mundo. Representa ese día feliz, inolvidable, en el que somos invadidos por la clara invitación del Maestro, ese don inmerecido, tanto más valioso por cuanto viene de Dios, que da sentido a la vida e ilumina el futuro. Hay llamadas de Dios que son como una invitación dulce y silenciosa; otras, como la de San Pablo, fulminantes como un rayo que rasga la oscuridad, y también hay llamadas en las que el Maestro pone sencillamente la mano sobre el hombro, mientras dice: ¡Tú eres mío! ¡Sígueme! Entonces, el hombre, lleno de alegría, va, vende cuanto tiene y compra aquel Campo3, porque en él está su tesoro. Ha descubierto, entre los muchos dones de la vida, como un experto que busca perlas finas4, la de mayor valor5.

Venid y veréis. Es en el trato personal con el Señor donde Andrés y Juan conocieron, por experiencia personal, aquello que con las solas palabras no hubieran entendido, del todo6. Es en la oración personal, en la intimidad con Cristo, donde conocemos sus múltiples invitaciones y llamadas a seguirle más de cerca. Ahora, mientras hablamos con Él, nos podríamos preguntar si tenemos el oído atento a su voz inconfundible, si estamos respondiendo hasta el fondo a lo que nos pide, porque Cristo pasa junto a nosotros y llama. Él sigue presente en el mundo, con la misma realidad de hace veinte siglos, y busca colaboradores que le ayuden a salvar almas. Vale la pena decir que sí a esta empresa divina.

II. Dijo Andrés a su hermano Simón: ¡Hemos encontrado al Mesías! (que significa Cristo). Y lo llevó a Jesús7.

El encuentro con Jesús dejó a Andrés con el alma llena de felicidad y de gozo; una alegría nueva que era necesario comunicar enseguida. Parece como si no pudiera retener tanta dicha. Al primero que encontró fue a su hermano Pedro. Y comenta San Juan Crisóstomo que, después de haber estado con Jesús, después de haberle tratado durante aquel día, «no guardó para sí este tesoro, sino que se apresuró a acudir a su hermano, para hacerle partícipe de su dicha»8. Andrés debió hablar a Pedro con entusiasmo de su descubrimiento: ¡Hemos encontrado al Mesías!, le dice con ese tono especial del que está convencido, pues logra que Pedro, quizá cansado después de una jornada de trabajo, vaya hasta el Maestro, que ya le esperaba: Y lo llevó hasta Jesús. Esa es nuestra tarea: llevar a Cristo a nuestros parientes, amigos y conocidos, hablándoles con ese convencimiento que persuade. Este anuncio es propio del alma que «se llena de gozo con su aparición y que se apresura a anunciar a los demás algo tan grande. Esta es la prueba del verdadero y sincero amor fraternal, el mutuo intercambio de bienes espirituales»9. Verdaderamente, quien encuentra a Cristo lo encuentra para todos y, en primer lugar, para los más cercanos: parientes, amigos, colegas...

Nosotros hemos tratado con intimidad ¡quizá desde hace no pocos años! a Cristo, que pasó cerca de nuestra vida: «como Andrés, también nosotros, por la gracia de Dios, hemos descubierto al Mesías y el significado de la esperanza que hay que transmitir a nuestro pueblo»10. El Señor se vale con frecuencia de los lazos de la sangre, de la amistad... para llamar a otras almas a seguirle. Esos vínculos pueden abrir la puerta del corazón de nuestros parientes y amigos a Jesús, que a veces no puede entrar debido a los prejuicios, los miedos, la ignorancia, la reserva mental o la pereza. Cuando la amistad es verdadera no son necesarios grandes esfuerzos para hablar de Cristo: la confidencia surgirá como algo normal. Entre amigos es fácil intercambiar puntos de vista, comunicar hallazgos... ¡Sería tan poco natural que no habláramos de Cristo, siendo lo más importante que hemos descubierto y el motor de nuestro actuar!

La amistad, con la gracia de Dios, puede ser el cauce natural y divino a un mismo tiempo para un apostolado hondo, capilar, hecho uno a uno. Muchos descubrirán por nuestras palabras llenas de esperanza y de alegría a Jesús cercano, como lo encontró Pedro, como quizá lo hallamos en otro tiempo nosotros. «Un día no quiero generalizar, abre tu corazón al Señor y cuéntale tu historia, quizá un amigo, un cristiano corriente igual a ti, te descubrió un panorama profundo y nuevo, siendo al mismo tiempo viejo como el Evangelio. Te sugirió la posibilidad de empeñarte seriamente en seguir a Cristo, en ser apóstol de apóstoles. Tal vez perdiste entonces la tranquilidad y no la recuperaste, convertida en paz, hasta que libremente, porque te dio la gana que es la razón más sobrenatural-, respondiste que sí a Dios. Y vino la alegría, recia, constante, que solo desaparece cuando te apartas de Él»11. Esa alegría que solo hemos encontrado al seguir los pasos del Maestro, y que deseamos que muchos participen.

III. Un tiempo más tarde, mientras caminaban junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón el llamado Pedro y Andrés su hermano, que echaban la red al mar, pues eran pescadores. Y les dijo Jesús: Seguidme y os haré pescadores de hombres. Ellos, al instante dejaron las redes y le siguieron12. Es la llamada definitiva, culminación de aquel primer encuentro con el Maestro. Andrés, como los demás Apóstoles, respondió al instante, con prontitud. San Gregorio Magno, al comentar esta llamada definitiva de Jesús y el desprendimiento de todo lo que poseían con que respondieron aquellos pescadores, enseña que el reino de los cielos «vale tanto cuanto tienes»13. Ante Jesús que pasa no podemos reservarnos nada. Mucho dejaron Pedro y Andrés, «puesto que ambos dejaron los deseos de poseer»14. El Señor necesita corazones limpios y desprendidos. Y cada cristiano que sigue a Cristo ha de vivir, según su peculiar vocación, este espíritu de entrega. No puede haber algo en nuestra vida que no sea de Dios. ¿Qué nos vamos a reservar cuando el Maestro está tan cerca, cuando le vemos y le tratamos todos los días?

Este desprendimiento nos permitirá acompañar a Jesús que continúa su camino con paso rápido, que no sería posible seguir con demasiados fardos. El paso de Dios puede ser ligero, y sería triste que nos quedásemos atrás por cuatro cosas que no valen la pena. Él, de una forma u otra, pasa siempre cerca de nosotros y nos llama. Una veces lo hace a una edad temprana, otras en la madurez, y también cuando ya falta un trayecto más corto para llegar hasta Él, como se desprende de aquella parábola de los jornaleros que fueron contratados a diversas horas del día15. En cualquier caso, es necesario responder a esa llamada con la alegría estremecida que nos han dejado los Evangelistas cuando recuerdan su llamada. Es el mismo Jesús el que pasa ahora, el que nos ha invitado a seguirle.

Cuenta la tradición que San Andrés murió alabando la cruz, pues le acercaba definitivamente a su Maestro: «Oh cruz buena, que has sido glorificada por causa de los miembros del Señor, cruz por largo tiempo deseada, ardientemente amada, buscada sin descanso y ofrecida a mis ardientes deseos (...), devuélveme a mi Maestro, para que por ti me reciba el que por ti me redimió»16. No nos importarán los mayores sacrificios si vemos a Jesús detrás de ellos.

1 Jn 1, 39. — 2 Jn 1, 37. — 3 Mt 13, 44. — 4 Mt 13, 45. — 5 J. L. Sánchez de Alba, El Evangelio de San Juan, Palabra, 3.ª ed., Madrid 1987, nota a Jn 1, 35-51. — 6 Santo Tomás, Comentario al Evangelio de San Juan, in loc. — 7 Antífona de comunión. Jn 1, 41-42. — 8 Liturgia de las Horas, Segunda lectura, San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Juan 19, 1. — 9 Ibídem. — 10 Juan Pablo II, Homilía 30-XI-1982. — 11 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 1. — 12 Mt 4, 18-20. — 13 San gregorio Magno, Homilías sobre Evangelios, I, 5, 2. — 14 Ibídem. — 15 Cfr. Mt 20, 1 ss. — 16 Pasión de San Andrés.

San Andrés Apóstol era natural de Betsaida, hermano de Simón y pescador como él. Fue al principio discípulo de Juan el Bautista, y luego uno de los primeros que conoció a Jesús, y quien llevó a Pedro al encuentro con el Maestro. En la multiplicación de los panes, Andrés es quien dice a Jesús que había un muchacho con unos panes y unos peces. Según la tradición, predicó el Evangelio en Grecia y murió crucificado en Acaya en una cruz en forma de aspa.

 

“Dios suele buscar instrumentos flacos”

Estamos, Señor, gustosamente en tu mano llagada. ¡Apriétanos fuerte!, ¡estrújanos!, ¡que perdamos toda la miseria terrena!, ¡que nos purifiquemos, que nos encendamos, que nos sintamos empapados en tu Sangre! –Y luego, ¡lánzanos lejos!, lejos, con hambres de mies, a una siembra cada día más fecunda, por Amor a Ti. (Forja, 5)

30 de noviembre

Sin gran dificultad podríamos encontrar en nuestra familia, entre nuestros amigos y compañeros, por no referirme al inmenso panorama del mundo, tantas otras personas más dignas que nosotros para recibir la llamada de Cristo. Más sencillos, más sabios, más influyentes, más importantes, más agradecidos, más generosos.

Yo, al pensar en estos puntos, me avergüenzo. Pero me doy cuenta también de que nuestra lógica humana no sirve para explicar las realidades de la gracia. Dios suele buscar instrumentos flacos, para que aparezca con clara evidencia que la obra es suya. (…) Sin que haya mediado mérito alguno por nuestra parte, os decía: porque en la base de la vocación están el conocimiento de nuestra miseria, la conciencia de que las luces que iluminan el alma ‑la fe‑, el amor con el que amamos ‑la caridad‑ y el deseo por el que nos sostenemos ‑la esperanza‑, son dones gratuitos de Dios. Por eso, no crecer en humildad significa perder de vista el objetivo de la elección divina: ut essemus sancti, la santidad personal.

Ahora, desde esa humildad, podemos comprender toda la maravilla de la llamada divina. La mano de Cristo nos ha cogido de un trigal: el sembrador aprieta en su mano llagada el puñado de trigo. La sangre de Cristo baña la simiente, la empapa. Luego, el Señor echa al aire ese trigo, para que muriendo, sea vida y, hundiéndose en la tierra, sea capaz de multiplicarse en espigas de oro. (Es Cristo que pasa, 3)

 

 

 Novena a la Inmaculada Concepción

El 8 de diciembre se celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción. Para preparar esta fiesta ofrecemos algunos textos y audios.

ÚLTIMAS NOTICIAS28/11/2020

• Descarga la Novena a la Inmaculada con textos de san Josemaría y el Papa Francisco (PDF). ¿Qué es la novena a la Inmaculada? El 8 de diciembre celebramos la belleza de la Virgen María y, como es una fiesta tan importante, la preparamos con nueve días de antelación. Te proponemos meditar diariamente el Evangelio, con ayuda de algunas ideas surgidas del cariño de san Josemaría y del Papa Francisco a la Virgen. Descarga disponible también en slideshare.

 

​Novena a la Inmaculada con textos de san Josemaría y el Papa Francisco.

 


El Evangelio, sobre la Inmaculada Concepción

• Audio: La Encarnación del Hijo de Dios: En el capítulo 1 de San Lucas se relata la Encarnación del Hijo de Dios, que comienza con la Anunciación del Arcángel San Gabriel a la Virgen María.

• Audio: La Anunciación: textos de San Josemaría sobre esta escena del Evangelio.

• Comentario al Evangelio: Llena de gracia


Para contemplar y rezar a la Virgen María durante la Novena

• Vida de María (I): la Inmaculada Concepción: Textos sobre la vida de la Virgen, con los comentarios del Magisterio y de los Padres de la Iglesia.

• Oración del Papa Francisco a la Inmaculada Concepción (8.XII.2017)

• Textos de san Josemaría sobre la Inmaculada Concepción (disponible en PDFePub y en formato para Kindle).

• 150 aniversario del Dogma de la Inmaculada Concepción (2004) El 8 de diciembre se celebra la Inmaculada Concepción de María, patrona de España. En 1854, el Papa Pío IX proclamó que Dios había preservado inmune a la Virgen de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción.

 

 Meditaciones: ​lunes de la 1ª semana de Adviento

Reflexión para meditar en el lunes de la primera semana de Adviento. Los temas propuestos son: Jesús viene a estar en medio de nosotros; siempre nos podemos acercar a Él; crecer en amistad con Jesús mediante la oración

MEDITACIONES30/11/2020

– Jesús viene a estar en medio de nosotros

– Siempre nos podemos acercar a Él

– Crecer en amistad con Jesús mediante la oración


COMIENZA el ciclo litúrgico y recorreremos nuevamente los misterios de la vida de Cristo, sus gozos, sus dolores y su gloria. Empezaremos estos días con la expectación de su Nacimiento, pasaremos después por su Vida, Muerte, Resurrección y Ascensión, hasta que llegaremos finalmente a Pentecostés, momento en que nos envía su Espíritu Santo para así acompañarnos «todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

Sabemos que esta repetición anual de los misterios es mucho más que un recuerdo piadoso: «No es una representación fría e inerte de cosas que pertenecen a tiempos pasados, ni la simple conmemoración de una edad pretérita: es más bien Cristo mismo que vive en su Iglesia»[1]. Cada tiempo litúrgico de la Iglesia nos inserta personalmente en un momento o aspecto concreto de la vida del mismo Jesús que pisó las calles de Galilea. Porque «Iesus Christus heri et hodie, Ipse et in saecula» (Hb 13,8): Jesucristo continúa vivo en la tierra y nosotros podemos conocerlo y amarlo; incluso más: podemos vivir en Él.

En estos días de Adviento, en concreto, vivimos realmente la expectación del Mesías. «Ya está a punto de llegar su hora, sus días no tardarán»[2], repite la Iglesia. Una vez más, Jesús viene a nuestro mundo, se hace presente en nuestras vidas. Viene con el deseo de caminar junto a nosotros por los senderos de la Historia. Él quiere que le hagamos partícipe de nuestras alegrías, que le confiemos nuestras penas; desea poder consolarnos y darnos la fuerza necesaria para llevar adelante la misión de cada día. Podemos agradecerle este aspecto de su vida que viviremos estos días: que Dios se haya hecho hombre para que nosotros podamos a ser hijos de Dios y para contar con su compañía.


ALGUNAS PERSONAS que estuvieron con Jesús cuando Él pasó haciendo el bien por nuestro mundo nos pueden enseñar cómo tratar al Maestro. «Al entrar [Jesús] en Cafarnaún se le acercó un centurión que le rogó: –Señor, mi criado yace paralítico en casa con dolores muy fuertes» (Mt 8,5-6). La liturgia de hoy nos ofrece este episodio de la vida del Señor para nuestra consideración. Aquel buen hombre, un gentil, sufre por la enfermedad de un criado a quien estima de verdad. Ante la amarga impotencia de no ser capaz de ayudarlo, reacciona en manera sabia y humilde, llena de fe: va en busca de Jesús y con sinceridad le expone su tristeza. No es necesario que pida nada, le basta con contarle su situación, con abrir su alma.

Nosotros también tenemos nuestras dificultades y tristezas; tenemos también amigos que queremos que sean curados y queremos nosotros mismos sentir cerca la mano del Señor Por eso reaccionamos confiadamente, como lo hizo este centurión, y acudimos a Jesús. Es bueno recordar cuánto le necesitamos y cómo desea ardientemente ayudarnos. Es muy consolador saber que, en cualquier momento, podemos dirigirnos a Él con total sencillez: Jesús, tengo unas cuantas cosas que no sé cómo resolver y que me quitan la paz. Tengo fe, pero reconozco que a veces me falta confiar más en ti; todavía tengo que aprender a poner más plenamente mi vida en tus manos.

Hoy queremos imitar al centurión del evangelio y abrir al Señor nuestro corazón. Permaneciendo en silencio, en diálogo con Jesús, le presentamos nuestra vida y nuestras necesidades. Y nos quedamos tranquilos, sabiendo que ahora él también se ocupa de ellas.


«SEÑOR, no soy digno de que entres en mi casa, pero basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano». ¡Cómo nos conmueve siempre volver a contemplar la fe del centurión! Una fe que dejó admirado a Jesús mismo, quien la alabó: «En verdad os digo que en nadie de Israel he encontrado una fe tan grande» (Mt 8,6). Una fe grande y, a la vez, humilde y sencilla, expresada en unas palabras que la liturgia pone cada día en nuestros labios antes de recibir la sagrada Comunión.

Nosotros podemos acercarnos diariamente a Jesús en la Eucaristía, y nos gustaría hacerlo con la misma confianza en el poder del Señor y con la misma humildad que observamos en este personaje del evangelio. «No comprendo –decía san Josemaría– cómo se puede vivir cristianamente sin sentir la necesidad de una amistad constante con Jesús en la Palabra y en el Pan, en la oración y en la Eucaristía. Y entiendo muy bien que, a lo largo de los siglos, las sucesivas generaciones de fieles hayan ido concretando esa piedad eucarística. Unas veces, con prácticas multitudinarias, profesando públicamente su fe; otras, con gestos silenciosos y callados, en la sacra paz del templo o en la intimidad del corazón»[3].

En la Eucaristía y en la intimidad del corazón podemos alimentar nuestra amistad con Jesús. Él está siempre a nuestro lado para ayudarnos con su gracia, alegrarnos con su presencia y darnos a conocer su amor por nosotros. Aunque a veces no podamos acercarnos físicamente a Jesús Sacramentado, siempre podemos encontrarnos con Dios al recogernos en el silencio de nuestro corazón, como lo hizo tantas veces nuestra Madre, santa María (cfr. Lc 2,19). En el umbral de este año litúrgico que comienza, podemos pedirle a Ella su compañía para adentrarnos en cada momento de la vida de su Hijo.


[1] Pío XII, encíclica Mediator Dei, n. 205.

[2] Liturgia de las Horas, lunes de la I semana de Adviento, hora nona, lectura breve (cfr. Is 14,1).

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 154.

El Amor que abraza el mundo (La creación, II)

Tras haber reflexionado sobre los relatos de la creación, podemos preguntarnos una vez más: ¿en qué sentido es racional hablar hoy de creación?

LA LUZ DE LA FE14/08/2017

Que el amor tiene un lugar central en la realidad resulta una idea hermosa e inspiradora para muchas personas. Pero se trata quizá a menudo de una convicción nostálgica: el mundo, se dicen, sería un lugar mejor si todos nos guiásemos por este principio. La experiencia del mal, de las injusticias, de lo imperfecto del mundo, parecen hacer del amor más un ideal al que tender que la base sobre la que se levantaría el edificio mismo de la realidad. «En efecto, el hombre moderno cree que la cuestión del amor tiene poco que ver con la verdad. El amor se concibe hoy como una experiencia que pertenece al mundo de los sentimientos volubles y no a la verdad»[1].

«NADA HAY MÁS OCULTO Y NADA MÁS PRESENTE QUE ÉL; DIFÍCILMENTE SE HALLA DÓNDE ESTÁ Y MÁS DIFÍCILMENTE DÓNDE NO ESTÁ» (SAN AGUSTÍN)

Por contraste, la fe cristiana reconoce en el origen del universo un Amor personal e infinitamente creativo, que ha llegado hasta el punto de entrar como uno más en su creación, para salvarla. «Con amor eterno te amé; por eso prolongué mi misericordia para contigo» (Jr 31,3). Muchas personas que trabajan con ilusión por mejorar el mundo reconocen la grandeza de esta visión de la realidad, pero no pueden dejar de ver la idea de un ser personal y eterno –un ser que precede el mundo– como algo que a fin de cuentas responde a un modo de pensar «mítico y contrario al sistema»[2]: algo ajeno al entramado racional que podemos compartir, en la medida en que se basa en nuestra experiencia común del mundo. Tras haber reflexionado sobre los relatos de la creación en el Génesis, podemos preguntarnos ahora, una vez más: ¿en qué sentido es racional hablar hoy de creación?

¿Dónde está Dios?

Es frecuente oír, incluso entre gente con fe, la consideración de que, mientras la ciencia basa sus afirmaciones en pruebas seguras, la idea de Dios se basaría en tradiciones o suposiciones no verificables. A primera vista, parece difícil objetar nada a esta idea. Sin embargo, si se tiene en cuenta que «pruebas seguras» significa aquí «evidencias empíricas», se comprende que esa seguridad tiene un alcance acotado por la misma ciencia, que deliberadamente se concentra en los aspectos empíricos y mensurables de la realidad. Esta decisión estratégica ha permitido a la ciencia crecer exponencialmente, pero implica también que su estudio no puede abarcar todo el espectro de la realidad, o no puede al menos descartar que este espectro sea más amplio. Por otro lado, como toda disciplina –y esto incluye también a la teología–, la ciencia experimental tiene presupuestos que ella misma no puede demostrar. Uno de ellos es la existencia de la realidad que estudia, que requiere necesariamente una reflexión racional de otro tipo. Se entiende así que la revelación cristiana no venga a cuestionar el método de la ciencia ni sus evidentes éxitos: en realidad, lo precede y le abre horizontes más amplios.

Ciertamente, el modo peculiar en que Dios se hace presente en el mundo puede hacerle aparecer a veces como un gran ausente. Escribía san Agustín: «Nada hay más oculto y nada más presente que Él; difícilmente se halla dónde está y más difícilmente dónde no está»[3]. Esta paradoja, este cruce de sí y no, que parece indicar un cortocircuito, habla en cambio de la necesidad de abrir la racionalidad a otro nivel[4]. Dios no es una realidad como otras en este mundo, ni interviene necesariamente en los procesos naturales de modos empíricamente verificables. Dios actúa en un nivel mucho más profundo, sosteniendo el ser mismo de todas las cosas, haciendo que las cosas sean. Al hablar de Él, incluso para negar su existencia, el lenguaje va siempre más allá del marco de rigor propio de la ciencia experimental, y se inserta en un lenguaje distinto, que la ciencia misma presupone, y que tiene también un rigor propio: el lenguaje filosófico o metafísico. Por eso, el dios al que se querría obligar a revelarse a través de instrumentos de observación científica no sería el verdadero Dios, sino una caricatura suya. Y el verdadero Dios no viene a interferir en la ciencia, porque se sitúa en un nivel de realidad anterior a la ciencia misma. Dios no cabe en las leyes de la física, porque son más bien las leyes de la física las que «caben» en Él[5].

UNA CIENCIA SIN DIOS NO LIBERARÍA AL MUNDO DE LOS MITOS, PORQUE SIEMPRE QUEDARÍAN INEVITABLEMENTE RENDIJAS QUE SE LLENARÍAN CON OTRAS EXPLICACIONES

La aportación de la ciencia ha sido determinante para hacer al hombre consciente de la inmensidad del universo, de su evolución dinámica; para comprender sus leyes, así como la trayectoria evolutiva, que forma una especie de prehistoria biológica de aparición del homo sapiens sobre la tierra. Sin embargo, la ciencia no puede explicar hasta el final el origen del universo, porque este evento no enlaza dos «estados» de la misma realidad. Explicar la «ley» con la que se ha pasado de la nada a la primera forma embrionaria del universo está más allá de las posibilidades de la ciencia, porque la nada escapa a cualquier representación científica. Toda teoría cosmológica asume una estructura espacio-temporal como punto de partida; y la nada en sentido radical, es decir, el no-ser, cae siempre fuera de esta estructura: el umbral que separa el ser y la nada es metafísico[6]. Se entiende por eso que el diálogo entre la ciencia y la teología no sea solo deseable sino necesario, y que requiera la mediación de la filosofía, más que como un árbitro para poner paz entre partes en litigio, como un interlocutor capaz de comprender el alcance y las posibilidades de ambas disciplinas.

En el corazón de lo real

Incluso aproximándose hasta el origen mismo del universo, pues, la ciencia se queda siempre de este lado de la realidad, dentro del ser. Son muchos los científicos que, al identificar ese umbral, se dan cuenta de la necesidad de emprender una reflexión filosófica, desde la que es posible llegar a comprender la necesidad de un Creador en el origen del universo. «Es, sin duda, un gran libro la misma hermosura de la creación. Contempla, mira, lee su parte superior y su parte inferior. Dios no hizo letras de tinta, mediante las cuales pudieras conocerle: puso ante tus ojos esas mismas cosas que hizo. ¿Por qué buscas una voz más potente? A ti claman el cielo y la tierra: “Dios me hizo”»[7].

Sin embargo, la filosofía misma topa también con preguntas límite: ¿Por qué el ser y no más bien la nada? ¿Por qué existo? En este sentido, la fe cristiana viene a aportar «una imagen de Dios nueva, más elevada que la que pudiera nunca forjarse y pensar la razón filosófica. Pero la fe tampoco contradice la doctrina filosófica de Dios; (…) la fe cristiana en Dios acepta en sí la doctrina filosófica de Dios y la consuma»[8]. Ante la pregunta acerca del porqué, del sentido último de la existencia –pregunta que en algún momento de la vida se vuelve decisiva para todos–, se hace el silencio. Se alza entonces la fe cristiana, y responde serenamente: Dios estaba ahí antes del mundo, pensó en él, y lo creó con amor.

Esta sencilla afirmación produce, en realidad, lo contrario de lo que a veces se achaca a la noción de creación: desmitifica el universo. La comprensión del mundo como creación de Dios es «la “Ilustración” decisiva de la historia (…), la ruptura con los temores que habían reprimido a los hombres. Significa la liberación del Universo por la razón, el reconocimiento de su racionalidad y de su libertad»[9]. Aunque la ciencia es capaz de leer una parte importante de la lógica interna de la naturaleza, una ciencia sin Dios no liberaría al mundo de los mitos, porque siempre quedarían inevitablemente rendijas que se llenarían con otras explicaciones[10]. No es posible, por la autolimitación de la ciencia a lo empírico, que ella misma cubra algún día todas esas rendijas; y el hombre tampoco va a dejar de preguntarse por ellas, porque el hecho mismo de hacerlo –como, por lo demás, el ejercicio mismo de la ciencia– muestra que trasciende el orden de lo empírico. El espíritu humano, que se manifiesta entre otras cosas en el hecho de que cada uno de nosotros percibe su identidad frente al mundo, en el hecho de que nos preguntemos por esas rendijas, e incluso de que alguien pueda considerar estúpido preguntarse por ellas… todo ello pone de manifiesto, incluso a una reflexión meramente filosófica, que nosotros mismos –aun siendo un microcosmos, que comparte con el universo sus mismos elementos– somos algo más que simple mundo.

La libertad personal y la autoconciencia, por las que uno se percibe distinto del mundo, son por eso también grandes rendijas a través de las cuales el hombre puede asomarse a la trascendencia: hablan del Dios personal que es aún más radicalmente distinto del mundo, y que lo crea libremente. Y viceversa, en el reconocimiento de que la realidad tiene su origen en esa Libertad creadora se juega el reconocimiento mismo de la libertad humana, y por tanto de la dignidad de cada persona[11]. Este es uno de los sentidos fundamentales en los que el Génesis dice que «creó Dios al hombre a su imagen» (Gn 1,27): nosotros mismos somos un espejo en el que se puede entrever a Dios. Por eso el beato John Henry Newman identificaba en la conciencia «nuestro gran maestro interior de religión»[12], un «principio de conexión entre la criatura y el creador»[13].

La fe en la creación, pues, no viene a añadir desde fuera el «mundo del espíritu» al mundo material: más bien afirma decididamente que Dios abraza el entero universo material. La intuición poética de Dante lo expresó de modo inmortal: «Dios es el amor que mueve el sol y las demás estrellas»[14]. En el corazón de lo real está Dios, y Dios quiere el mundo, y a cada uno: «abierta su mano con la llave del amor, surgieron las criaturas»[15]. Tiene gran profundidad teológica, en este sentido, un pensamiento recurrente en san Josemaría; a la hora de actuar, solía decir, esta es «la razón más sobrenatural: porque nos da la gana»[16]. La libertad y el amor, como la racionalidad del mundo, hablan de Dios. Por eso, si san Agustín reconocía a Dios en el libro de la naturaleza, le encontraba también en la intimidad de su alma: «he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te andaba buscando (…). Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y ahuyentaste mi ceguera»[17].

El milagro del mundo

La realidad de los milagros responde a esta misma prioridad respecto al mundo de la libertad, el amor y la sabiduría de Dios. Con su peculiar estilo paradójico, decía Chesterton: «Si un hombre cree en la inalterabilidad de las leyes de la naturaleza, no puede creer en ningún milagro de ninguna época. Si un hombre cree en una voluntad anterior a las leyes, puede creer en cualquier milagro de cualquier época»[18]. Los tres evangelios sinópticos hablan de un leproso que se acerca a Jesús, pidiéndole su curación. Jesús responde: «Quiero, queda limpio» (Mt 8,3). Dios cura a aquel hombre porque quiere, del mismo modo que creó el mundo, y ha creado a cada uno, porque quiere, por amor. Comentando el relato de otro milagro, la curación de un ciego, observaba Benedicto XVI: «No es casualidad que el comentario conclusivo de la gente después del milagro recuerde la valoración de la creación al comienzo del Génesis: “Todo lo ha hecho bien” (Mc 7,37). En la acción sanadora de Jesús entra claramente la oración, con su mirada hacia el cielo. La fuerza que curó al sordomudo fue provocada ciertamente por la compasión hacia él, pero proviene del hecho de que recurre al Padre. Se entrecruzan estas dos relaciones: la relación humana de compasión hacia el hombre, que entra en la relación con Dios, y así se convierte en curación»[19].

VIVIMOS DE MILAGRO: CADA INSTANTE DE NUESTRA VIDA ORDINARIA SE DESENVUELVE EN MEDIO DEL MILAGRO DE UN MUNDO QUE EXISTE POR AMOR

Los milagros, pues, no son excepciones que ponen en cuestión la solidez y la racionalidad del mundo, sino que apuntan a la raíz misma de esa solidez: ponen de manifiesto el verdadero milagro, que es la existencia misma del universo y de la vida; el verdadero milagro –miraculum, algo ante lo que solo cabe admirarse– es la creación de Dios. La apertura de la razón a este inicio de los inicios no solo hace razonables los milagros, sino que hace razonable, sobre todo, el mundo mismo. «La uniformidad y la generalidad de las leyes naturales (…) llevan a pensar que la naturaleza se basta a sí misma. Y sin embargo, no hay solución de continuidad entre la creación y el acontecimiento más habitual y banal. El milagro interviene para convencernos de ello»[20].

Se dice a veces que «vivimos de milagro», para referirse a los modos sorprendentes en que se resuelven ciertos problemas o peligros. En realidad, la expresión recoge una verdad radical: cada instante de nuestra vida ordinaria se desenvuelve en medio del milagro de un mundo que existe por amor. «Cada uno de nosotros, cada hombre y cada mujer, es un milagro de Dios, es querido por él y es conocido personalmente por él»[21]. Como decía san Pablo a quienes le escuchaban en el Areópago de Atenas, «en él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17,28). Por eso, «para la tradición judío-cristiana, decir “creación” es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado»[22].

***

«Te doy gracias porque me has hecho como un prodigio» (Sal 139,14): la fe en la creación se cifra en una profunda actitud de agradecimiento. A pesar del dolor y del mal presentes en el mundo, la realidad entera –y en especial la propia existencia y la de quienes nos rodean– aparece como una promesa de felicidad: «¡Todos los sedientos, venid a las aguas! Y los que no tengáis dinero, ¡venid! (…) Comprad, sin dinero y sin nada a cambio, vino y leche» (Is 55,1). El hombre se sabe inerme –porque realmente lo es–, pero destinatario de una generosidad infinita que le llama a vivir, y a vivir para siempre. San Ireneo lo sintetizó en una máxima célebre: «La gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre es la visión de Dios»[23]. Desde esta mirada, la vida no es una simple lucha por el éxito o por la supervivencia, ni siquiera en las condiciones más extremas: es espacio para el agradecimiento, para la adoración, en la que el hombre encuentra su verdadero descanso[24]. «¡Qué maravillosa certeza es que la vida de cada persona no se pierde en un desesperante caos, en un mundo regido por la pura casualidad o por ciclos que se repiten sin sentido! El Creador puede decir a cada uno de nosotros: “Antes que te formaras en el seno de tu madre, yo te conocía” (Jr 1,5). Fuimos concebidos en el corazón de Dios, y por eso “cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario”»[25].

Marco Vanzini / Carlos Ayxelá

 


Lecturas para profundizar

Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 279-324.

Francisco, Enc. Laudato si’, capítulo II, “El evangelio de la creación” (nn. 62-100)

Benedicto XVI, Audiencia, 6-II-2013; Audiencia, 9-XI-2005

– Homilía en la Vigilia Pascual, 23-IV-2011; Homilía en la Vigilia Pascual, 7-IV-2012.

– Mensaje al Meeting de Rimini, 10-VIII-2012.

– Discurso a la Pontificia Academia de las Ciencias, 31-X-2008.

– Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12-IX-2006.

Juan Pablo II, Catequesis sobre la creación, 8-I-1986 – 23-IV-1986.

– Memoria e identidad, Planeta, Barcelona 2005.


Artigas, M.; Turbón, D. Origen del hombre. Ciencia, filosofía y religión, Eunsa, Pamplona 2007.

Chesterton, G. K. Santo Tomás de Aquino, Rialp, Madrid 2016 (On Saint Thomas Aquinas).

Guardini, R. El principio de las cosas: Meditaciones sobre los tres primeros capítulos del Génesis, publicado en Meditaciones Teológicas, Cristiandad, Madrid, 1965, 13-113. (Der Anfang der Dinge [Meditationen über Genesis, Kapitel 1-3]).

– “El ojo y el conocimiento religioso”, en Los sentidos y el conocimiento religioso, Cristiandad, Madrid, 1965, 21-48. (“Das Auge und die religiöse Erkenntnis”).

– La aceptación de sí mismo. Lumen, Buenos Aires 2016; Cristiandad, Madrid 1962 (Die Annahme seiner selbst).

Kehl, M. La creación, Sal Terrae, Bilbao 2011 (Schöpfung: Warum es uns gibt).

Marmelada, C.; Palafox, E.; Llano, A. En busca de nuestros orígenes. Biología y trascendencia del hombre a la luz de los últimos descubrimientos, Rialp, Madrid 2017.

Maspero, G.; O’Callaghan, P. Creatore perché Padre. Introduzione all’ontologia del dono, Cantagalli, Siena 2012.

Polkinghorne, J. Science and Theology, Parallelisms, en Tanzella-Nitti, G. y Strumia, A. (eds.), Interdisciplinary Encyclopedia of Religion and Science, www.inters.org.

Ratzinger, J. Progetto di Dio. Meditazioni sulla creazione e la Chiesa, Marcianum Press, Venecia 2012 (Gottes Projekt. Nachdenken über Schöpfung und Kirche).

– Creación y pecado, Eunsa, Pamplona 2005 = En el principio creó Dios [incluye la conferencia Consecuencias de la fe en la creación], Edicep, Valencia 2008 (Im Anfang schuf Gott. Vier Münchener Fastenpredigten über Schöpfung und Fall. Konsequenzen des Schöpfungsglaubens).

– Dios y el mundo. Creer y vivir en nuestra época, Random House Mondadori, Barcelona 2002, pp. 106-136 (Gott und die Welt. Glauben und Leben in unserer Zeit).

Sanz, S. La creación, en www.opusdei.org.

Tanzella-Nitti, G. Creation, en Tanzella-Nitti, G. y Strumia, A. (eds.), Interdisciplinary Encyclopedia of Religion and Sciencewww.inters.org.


[1] Francisco, Enc. Lumen Fidei (29-VI-2013), 27.

[2] J. Ratzinger, La fiesta de la fe, Desclée, Bilbao 1999, 25.

[3] San Agustín, De quantitate animae, 34, 77.

[4] Es en este sentido que Benedicto XVI habló de «la valentía para abrirse a la amplitud de la razón» (Discurso en la Universidad de Ratisbona, 12-IX-2006).

[5] «Albert Einstein dijo que en las leyes de la naturaleza “se revela una razón tan superior que toda la racionalidad del pensamiento y de los ordenamientos humanos es, en comparación, un reflejo absolutamente insignificante” (…). Un primer camino, por lo tanto, que conduce al descubrimiento de Dios es contemplar la creación con ojos atentos» (Benedicto XVI, Audiencia, 14-XI-2012).

[6] En ese sentido, explica Santo Tomás de Aquino que para sacar el ser de la nada es necesaria una «potencia infinita» (cfr. Summa Theologica I, q. 45, 5, ad 3): una capacidad que no puede ser comunicada a ninguna criatura, precisamente porque –como podemos percibir en nuestra existencia misma– las criaturas son contingentes, es decir, podrían no haber sido nunca (Summa Theologica I, q. 104, 1)

[7] San Agustín, Sermón 68, 6.

[8] J. Ratzinger, El Dios de la fe y el Dios de los filósofos, Encuentro, Barcelona 2007, 13.

[9] J. Ratzinger, Creación y pecado, Eunsa, Pamplona 2005, 37.

[10] Son muchos los científicos que así lo entienden; baste con mencionar a Einstein, que, desde una idea peculiar de Dios llegó a decir que «la ciencia sin la religión está coja; la religión sin la ciencia es ciega» (Pensieri, idee, opinioni [1934-1950], Newton Compton, Roma 1996, p. 29); y a Georges Lemaître, sacerdote y físico, que puso las bases de lo que más adelante se llamaría, al principio con ironía, y luego más seriamente, el Big Bang.

[11] Cfr. J. Ratzinger, La fiesta de la fe, 25-26: «Si, partiendo de la realidad, la personalidad no es posible o no existe, tampoco puede existir en ningún otro sitio. La libertad o es posible partiendo del fundamento de la realidad o bien no existe».

[12] Beato John Henry Newman, An Essay in Aid of a Grammar of Assent, Longmans Green and Co, Londres 1903, 389.

[13] Ibidem, 117.

[14] «L’amor che move il sole e l’altre stelle» (Dante, Commedia. Paradiso, XXXIII, 145).

[15] Santo Tomás de Aquino, Commentum in secundum librum Sententiarum, Prologus (citado en Catecismo de la Iglesia Católica, 293).

[16] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 184.

[17] San Agustín, Confesiones, X, 27, 38.

[18] G. K. Chesterton, Orthodoxy, New York, Dover 2012, 67.

[19] Benedicto XVI, Audiencia general, 14-XII-2011.

[20] J. Guitton, Le temps et l’éternité chez Plotin et saint Augustin, Aubier, Paris 1955, 176-177.

[21] Benedicto XVI, Audiencia general, 23-V-2012.

[22] Francisco, Laudato si’, 76.

[23] San Ireneo, Adversus haereses, 4, 20, 7 (citado en Catecismo de la Iglesia Católica, 294).

[24] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 347. Creación, milagro, adoración, agradecimiento… No es casual que estos motivos converjan en el misterio eucarístico: «La Eucaristía une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado. El mundo que salió de las manos de Dios vuelve a él en feliz y plena adoración» (Francisco, Laudato si’, 236).

[25] Francisco, Laudato si’, 65; cfr. Benedicto XVI, Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino (24-IV-2005).

 

Las manifestaciones dualistas y el ser humano

El ser humano es una realidad compleja, que se manifiesta en diversas dualidades como son el cuerpo y el alma, la voluntad y la inteligencia, la interioridad y la exterioridad, el sujeto y el objeto, el individuo y la sociedad. Sin embargo, la vida del hombre es una tarea personal a realizar, que tiene su origen tanto en la generación de los padres, tanto en la acción creadora de su alma individual por parte de Dios, convirtiéndose en co-causas de un único principio de la persona.

Las diversas ciencias al tratar sobre los seres humanos solo abarcan un aspecto de su compleja realidad que le rebasa, cada una es verdadera, pero insuficiente para explicar lo que es la persona humana a la que no se le puede reducir solo a alguno de esos aspectos, ya sea físico, emocional o espiritual.

Un ejemplo de una visión dualista del hombre es el maniqueísmo. Surgido en Oriente fuera del ámbito bíblico y originado por el dualismo mazdeísta, individuaba la fuente del mal en la materia, en el cuerpo, y proclamaba la condena de todo lo que en el hombre la corporeidad se manifiesta sobre todo a través del sexo, y extendía la condena al matrimonio y a la convivencia conyugal, además, de las esferas del ser y del actuar en las que se expresa la corporeidad.

Actualmente se tiende a tener visiones reduccionistas de la persona humana. Hay quien realza su naturaleza corporal, relegando sus facultades superiores (Inteligencia y Voluntad) a segundo término. Se da una mentalidad materialista o conductista según la cual todos los estados humanos pueden ser provocados, controlados o corregidos a través de intervenciones corporales. Como consecuencia vivimos una cultura donde se busca la comodidad, el sentimentalismo, la espontaneidad, y se evita el malestar, el compromiso, el dolor, etc. Y se da un culto al cuerpo.

Otros opinan que nos reducimos a un determinismo genético. Es cierto que la genética determina una serie de predisposiciones o factores innatos, pero no por eso estamos determinados por la genética, ya que la personalidad es producto de lo dado, de lo aprendido, de lo ganado, de lo vivido. Es decir, somos producto de una vida biográfica que posee una intimidad diferente a la de todos los demás, aunque compartamos una vida biológica semejante.

Así tenemos los que quieren reducir los estados mentales a procesos fisiológicos, aunque están íntimamente relacionados y se afectan mutuamente, el ser humano es más que químicos, también tiene problemas emocionales, que se sitúan por encima de lo puramente fisiológico.

También se da el opuesto donde se considera al cuerpo malo y algo que hay que soportar y se da primacía a lo espiritual, independiente del cuerpo, que es algo añadido. Deja la afectividad como pasión irracional, y las relaciones y experiencias personales como subjetivas y emotivas. Su consecuencia es una primacía de los sentimientos donde el amor verdadero y la entrega generosa son subjetivos. Se afirma que hay que tener la voluntad espiritual para dominar y aplastar las fuerzas inferiores de la sensibilidad, dejando al hombre sin sentimientos; que son un gran bien para la persona humana.

Sin embargo, para los cristianos, el ser humano se distingue del resto de los seres de la creación por ser un ser personal encarnado, que posee una dignidad particular por ser el único amado por Dios por sí mismo y por estar destinado a la apertura a un diálogo con su Creador y con sus iguales, a través de un don de sí. Esto es que independientemente de la naturaleza heredada por nuestros padres (cuerpo), también gozamos de un ser espiritual que Dios nos comparte voluntariamente para que seamos el cúlmen de la creación e imagen suya (alma). Estas dos realidades constituyen una unidad indivisible, donde la espiritualidad da al cuerpo su dignidad, sentido y unidad.

La doctrina cristiana es la única que explica al ser humano como una unidad funcional de cuerpo y alma. Donde el cuerpo se adecua a la condición de persona humana a través de la evolución, y que llegado el momento Dios crea a la pareja primigenia Adán y Eva, como personas humanas, desde su concepción. Creados con una conciencia e intimidad propias, que les permite distinguirse de los demás seres, auto poseerse y tener la posibilidad libre de auto donarse por amor. En la naturaleza (genética) Dios ha inscrito su voluntad sobre lo que ha de ser el hombre.

 

 

¿Democracia sin valores? Un totalitarismo evidente

 

Con la dictadura que hoy sufren tantos países del viejo Continente, pretenden poner una mordaza al ciudadano y conseguir así callar también la boca a los cristianos. La verdad y la libertad no se pueden encerrar porque trasciende el mundo material, el único que conocen algunos gobiernos. Desean, como en el holocausto judío, poner un brazalete de ciudadano de segunda categoría al católico y encerrarlo en un gueto. El concepto de estado laico nada tiene que ver con la verdadera independencia que debe existir entre Iglesia y Estado en la que se respetan sus autónomas competencias. El viaje de su Santidad al país más demócrata ha respetado siempre estas dos esferas. Aquí todavía no sabemos amar la libertad ni descubrir la verdad.

 

“Ante el creciente laicismo, que pretende reducir la vida religiosa de los ciudadanos a la esfera privada, sin ninguna manifestación social y pública, la Iglesia sabe muy bien que el mensaje cristiano refuerza e ilumina los principios básicos de toda convivencia, como el don sagrado de la vida, la dignidad de la persona junto con la igualdad e inviolabilidad de sus derechos, el valor irrenunciable del matrimonio y de la familia, que no se puede equiparar ni confundir con otras formas de uniones humanas”[1].

No es en absoluto nociva una legítima y sana laicidad del Estado, “en virtud de la cual las realidades temporales se rigen según sus normas propias, pero sin excluir las referencias éticas que tienen su fundamento último en la religión”[2]. Cada cosa en su sitio es lo propio del orden y cuando no es así el desorden o “caos” levanta una nube de polvo que ciega, asfixia, ensucia, etc.

 

Ante la actuación del gobierno actual, y diría lo mismo si otro de distinta enseña hiciera igual: ¿tiene sentido arreglar todos los problemas a base de subvenciones, y peor todavía, indiscriminadas? ¿Es que es igual ayudar a una ONG que atiende enfermos de Parkinson que subvencionar un colectivo que prostituye a la infancia con libros que informan sobre cómo ser homosexuales? ¿O es que acaso las familias de nuestros gobernantes enseñan eso a sus hijos? Recuerdo un programa de televisión en que varios contertulios defendían briosamente la “libertad” de la prostitución como una profesión más y uno de los presente, silencioso, sólo hizo esta pregunta: ¿Qué le parece a usted si ahora cuando llegue a sus casa le dijera su hija emocionada: “papá, he decidido dejar Derecho y ser prostituta? Se quedó helado.

 

Hace varios siglos, cuando comenzó hacer estragos el racionalismo a ultranza de la Ilustración, la población –católicos o no– aunque no compartiesen la misma fe, pensaban que debían conservar los valores morales comunes, aceptando vivir como si Dios no existiese. Era como un modo de salvaguardar una ética mínima de valores para convivir pensando en otras muchas cosas de modo diverso y hasta opuesto. Hoy nos encontramos en una situación opuesta; se ha invertido la situación. Y todo porque justamente “la autonomía de la esfera temporal no excluye una íntima armonía con las exigencias superiores y complejas que derivan de una visión integral del hombre y de su destino eterno”[3]. Pero la sociedad se ha empobrecido al hilo de la corrupción y ya no resultan evidentes los valores morales. No son evidentes porque si se pierde el sentido de Dios se pierde el sentido del pecado, situación en la que estamos. ¿Cómo salvaguardar los valores que hagan posible una convivencia sin desmanes: abortos, eutanasia, comercio de los cuerpos, corrupción, rapiña y todo ese espectro de desmanes que asolan al país? Actuando al revés que antes, no como si Dios no existiera sino: piensa por un momento que Dios existe, ¿cómo lo ves? “Y, a mi parecer –dice Benedicto XVI– este sería un primer paso para acercarse a la fe. En muchos contactos veo que, gracias a Dios, aumenta el diálogo al menos con parte del laicismo”[4].

 

En un Estado laico, donde la normalidad es su bandera, son los propios ciudadanos quienes al ejercitar su libertad, dan un determinado sentido religioso a la vida social.  “Un Estado democrático laico es aquel que protege la práctica de religiosa de sus ciudadanos, sin preferencias ni rechazos”[5]. Por su parte, la Iglesia entiende bien que en las sociedades modernas y democráticas, puede y debe haber plena libertad religiosa. Además, un Estado moderno ha de servir y proteger la libertad de los ciudadanos y también la práctica religiosa que ellos elijan, sin ningún tipo de restricción o coacción. No se trata de un derecho de la Iglesia como institución, se trata de un derecho de cada persona, de cada pueblo y de cada nación.

 

En la encíclica Centesimus annus Juan Pablo II advertía que “una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia”, puesto que, sin una verdad última que guíe y oriente la acción política, “las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder”. En el Discurso al Cuerpo Diplomático, el 12 de mayo de 2005 el Papa expuso con claridad que “la Iglesia proclama y defiende sin cesar los derechos fundamentales, por desgracia violados aún en diferentes partes de la tierra, y se esfuerza por lograr que se reconozcan los derechos de toda persona humana a la vida desde su concepción, a la alimentación, a una casa, al trabajo, a la asistencia sanitaria, a la protección de la familia y a la promoción del desarrollo social, en el pleno respeto de la dignidad del hombre y de la mujer, creados a imagen de Dios”.

 

Asustan los gobernantes, que habiendo recibido el encargo de proteger y difundir estos mismos derechos, los ignoran y no sólo no se esfuerzan por superar las dificultades que supone superarlas sino que añaden con su ideología más escollos en contra de la dignidad de las personas que forman su nación.

Pedro Beteta

Doctor en Teología y escritor

 


[1] Benedicto XVI, Alocución, 23-IX-2005

[2] Benedicto XVI, Discurso al Presidente de Italia, 24-VI-2005

[3] Ibídem.

[4] Discurso a los sacerdotes de la diócesis de Aosta, 25-VII-2005.

[5] Alocución, 23-IX-2005

 

 

Murmuración, mal negocio     

 por ALEJO FERNANADEZ PEREZ

Hay personas que si no están hablando mal de algo o de alguien dan la sensación de ser mudos o estar muertos.

Por murmuración entenderemos aquí la conversación un poco denigrante, en voz baja , en ausencia del sujeto denigrado y con un tanto de regodeo o recochineo sobre el ausente . Se corroe la buena fama de personas o cosas, sin razones y con cierta mala voluntad sobre ellas. La murmuración tiene muchos nombres: maledicencia , trapisonda, enredos, chismes, calumnias, despellejar, poner como hoja de perejil,… todas ellas son primas entre si y de la mentira y el engaño.

Generalmente, la murmuración no produce graves daños; pero en ocasiones puede causar verdaderas tragedias. Extender las ideas de que : “Me han dicho que tal empresa está arruinada… Me acabo de enterar que la mujer de X se entiende con Y… Se de buena tinta que Z le está robando a su empresa,…” y otras análogas, sin pruebas de ningún tipo, pueden causar por desprestigio la ruina de esa empresa, que X se separe de su esposa o que Z sea expulsado de su empresa sin que los afectados sepan ni por qué.

¿ Por qué se murmura? Por envidia, por odio, por intereses, por vanidad,…Es muy corriente que cuando varias personas empiezan a hablar mal de alguien, este alguien no importe a ninguno ni un comino. Solo les importa el propio YO a cada uno. Si decimos que Fulano es feo, torpe, necio, pobre,…en el fondo estamos dando a entender que nosotros somos guapos, ágiles, inteligentes y ricos. Algo que nos alegra y llena de satisfacción. Con frecuencia, la causa es un complejo de inferioridad, adobado con la cobardía de quien es incapaz de dar la cara.

En la costumbre de murmurar interviene en buena medida la aquiescencia de quienes les escuchan y jalean con agrado por miedo a ir contracorriente. A Jesús le condenaron los mismos que unas horas antes le aclamaban. Bastó que una mayoría pidiese la muerte de Cristo para que, incapaces de oponerse, gritaran como “todos” : ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!

De vez en cuando surge una de esas personas a quienes desagrada el trapicheo y termina encarándose con el chismoso. Resultado: se expone a perder las amistades con él o , si no lo hace, se convertirá en un cómplice. Mal embrollo moral “tío”. Todas las cosas se pueden decir sin empeorar las situaciones, pero cuando hay algo que decir, ¡ se dice claramente y sin pamplinas!. Y si hay que perder a ciertos amigos, no perderíamos gran cosa. Hay una forma de quedar siempre mal ante los demás: andar con subterfugios y medias tintas.

Cuando iniciamos ciertos comentarios, sin importancia aparente ¿Sabemos el daño y los perjuicios que podemos ocasionar? La mentira tiene muchas facetas: reticencia, cabildeo, murmuración... Pero es siempre arma de cobardes. Son los mismo que tras despellejar a Don Fulano corren a decirle: Oye se dice por ahí que tu…Te lo digo para que estés sobre aviso. Al final todo termina sabiéndose, pero ¿y mientras tanto? Pues ese final puede tardar años y los perjuicios familiares, sociales y económicos pueden ser irreversibles

¿Y que puede hacer el ofendido? Más bien poco, pues suele ser el último que se entera de lo que se dice y de quien lo dice. Y si se entera, carecerá de pruebas para ir a juicio. Si además es un alma noble, de prestigio y con autoridad habrá encontrado una dura cruz que sobrellevar. Es el momento de recurrir a Cristo, el único amigo que nunca falla.

¡Ay, esos medios de comunicación! Vendidos al poder político, empresarial o social a los que sirven contra sus rivales a base de susurraciones, murmuraciones, trapisondas, enredos, chismes, cuentos, insidias, calumnias,…, envileciéndose hasta grados animalescos. No hay que preocuparse, como son muy listos : Todo lo justificarán muy bien y en todos los casos.

No hablar mal, no es suficiente. Las personas queremos ser amadas.

Los jefes no deberían consentir jamás la murmuración, que debería ser castigada severamente y con rapidez. Muchas veces, es suficiente la presencia de un solo hombre o mujer “decente” para cambiar un ambiente bajuno. A la larga, la murmuración es un negocio donde todo son pérdidas.

En el campo del catolicismo la murmuración, los chismes, la maledicencia, la calumnia,… están bien definidas, se las considera siempre de más o menos gravedad, según los casos, pero todo el mundo sabe, o debería saber, a que atenerse.

El Catecismo de la Iglesia Católica no deja dudas al respecto, y los confesores no deberían ser transigentes con los aparentes casos leves, que por su continua repetición, abren la puerta a más graves situaciones. Supuesto que se confiesen de esos “casos leves”.

En el terreno de la política, los políticos saben los daños que causan las murmuraciones y calumnias; sin embargo, los utilizan descaradamente como armas de combate contra los rivales políticos. Aprovechando los medios de comunicación afines se puede incidir en el voto de los ciudadanos y modificar así el rumbo de cualquier política. Se juega en estos casos con la vida y el porvenir de millones de personas.

Los políticos carentes de toda moral, los seguidores de la Nueva Era, del Relativismo Moral y de cualquiera de las sociedades secretas o sectas conocidas como perjudiciales no deberían ser votados ¡jamás!

Son como el caballo de Atila, por donde pasan no crece la hierba. No es difícil detectarlos: “Por sus hechos los conoceréis” Un buen político ha sido primero un buen hombre, lo que antes se llamaba un hombre cabal, un hombre en el que se puede confiar. Si lleva estas virtudes a la política será un buen político; si no, se quedará como otros muchos en políticos de rastrojera, cuando no terminan en simples alimañas.

La murmuración es una roña que ensucia y entorpece el engranaje social, resta fuerzas, quita la paz, y hace perder la amistad entre las personas. Es difícil de eliminar; pero, como a la malas hierbas, podemos reducirla a dimensiones soportables.

El sucio ambiente de la murmuración se transforma radicalmente cuando nos acostumbramos a hablar de forma cordial de todo y de todos. Todos tenemos algo bueno. Si no fuera posible, callémonos, así no tendremos que arrepentirnos.

Hagamos una prueba durante una semana: Empecemos a hablar bien de todos nuestros conocidos, con naturalidad, sin coba – la falta de sinceridad se nota rápidamente-, sonriamos levemente con agrado, pocas palabras, consideremos como hermanos a los que nos rodean – en realidad lo son-.

Hagamos un esfuerzo por comprenderlos y quererlos. Algo así como lo que hacía la hermana Teresa de Calcuta o como lo hacen las madres con sus niños pequeños.

¿Es difícil ? Naturalmente, y mucho más de lo que nos imaginamos. Hablar bien de lo bueno que tengan nuestros amigos es algo que a algunos les cuesta muchísimo trabajo. Si a ellos los elevamos, parece como si nosotros bajásemos. Por lo menos, intentémoslo.

Sin olvidar que para hacer el bien hay que entrenarse diariamente, no menos que para meter goles. El principio físico de “Toda acción tiene una reacción igual y contraria” , también se da en las relaciones humanas: Sonría y le sonreirán; ame y le amarán, de y le darán; gruña, y le gruñirán;…

Bastaría ser un poco inteligente para comprobar que nos “conviene” cambiar seriamente y de verdad nuestra actitud para con los que nos rodean. Si se nos ocurriese utilizar la “coba” nos pasaríamos de listos y caeríamos en un repugnante fariseísmo.

La única arma válida es la del amor, la que nos recordó Jesús: “Amar al prójimo como a sí mismo”. Aun no se ha inventado nada mejor. Solución : Jamás hablemos mal de nadie, pues como cuando escupimos al cielo, antes o después la saliva nos caerá en la cara.

No hablar mal, no es suficiente. Las personas queremos, necesitamos ser amados, estimados y que alguien hable bien de nosotros y reconozca lo poco o mucho bueno que tenemos. Deseamos ser alguien , no algo.

Reconozcamos con sinceridad lo guapa que está María, lo buen trabajador que es nuestro amigo Juan, lo elegante que va y lo bien que guisa nuestra mujer o madre, lo bien que juega al fútbol nuestro hijo…

Podríamos asegurar que muy pronto subiremos varios puntos sobre el concepto que tenían de nosotros. Hasta nos mirarán con un poquito más de cariño. Y todo, por un precio bastante módico.

 

 La pandemia y la Eucaristía

Ernesto Juliá

El Papa Francisco dando la comunión.

Un buen número de personas, hombres y mujeres, mujeres y hombres, me han transmitido su pena de no haber podido vivir con la frecuencia y la normalidad que les hubiera gustado la gracia sacramental, en estos meses pandemia. No han encontrado confesores; no han podido vivir la Santa Misa por encontrar iglesias cerradas o cubierto ya el aforo previsto; no han encontrado sacerdote para poder acompañar a un anciano de la familia en el camino de bien morir en las manos de Dios, etc. Han vivido, en pocas palabras, como una cierta lejanía de la presencia de Dios, Cristo, en este mundo.

¿Nostalgia de Dios? ¿Nostalgia de Jesucristo?

Con el recuerdo de esos hechos en la cabeza y en el corazón, me he encontrado estos días con las palabras de un eclesiástico que me han movido a escribir estas líneas. Quejándose de que alguien hubiera sentido esa “lejanía”, escribió:

 “En la situación que impedía la celebración de los sacramentos no hemos visto que hay otros modos a través de los cuales hemos podido hacer experiencia de Dios”.

“Es innegable que la Eucaristía es la fuente y el culmen de la vida cristiana (---) pero la Eucaristía no es la única posibilidad que tiene el cristiano de hacer la experiencia del misterio y para encontrarse con el Señor Jesús”.

Y concluye señalando que “esto no solamente indica que existe un cierto analfabetismo espiritual, sino que es también una prueba de lo inadecuado de nuestra actividad pastoral. Con mucha probabilidad en el reciente pasado nuestra actividad pastoral ha tratado de iniciar a los sacramentos y no de iniciar – a través de los sacramentos- a la vida cristiana”.

 "Sin el Domingo, no podemos vivir”, dijeron los mártires de Abitene a sus perseguidores. Con los mártires han dicho estas palabras millones de cristianos a lo largo de los siglos, y lo siguen diciendo hoy día.  Y sabían lo que decían, y saben lo que dicen. ¿Tuvieron también analfabetismo espiritual? ¿Dejaron de iniciarse a la vida cristiana con los sacramentos?

No. ¿En qué queda esa “experiencia del misterio” sin la realidad sacramental de la presencia de Cristo vivo, en su Cuerpo y en su Sangre, en su Alma y en su Divinidad, en la Eucaristía?

La Eucaristía no es una simple experiencia de Dios; no es simplemente una sensación de cercanía, un ambiente de fraternidad. No. Es la realidad de un encuentro humano y divino; es vivir con Cristo su muerte y su resurrección cuando está ofreciendo a Dios Padre toda su vida. El cristiano ofrece toda su vida en unión con la de Cristo.

Una “experiencia” es algo muy subjetivo, depende de la situación psíquica, nerviosa, sentimental, etc., de quien la vive, y se puede agostar en sí misma apenas nacida.

 El cristiano que se alimenta del Pan de Vida Eterna, sabe que la resurrección de Cristo ha comenzado ya en él, y que ya está viviendo, en la tierra, la realidad de la Vida Eterna.

Unamuno, en un momento de paz en medio de su sentir trágico del vivir, lo supo expresar con estas palabras:

“Amor de Ti nos quema, blanco cuerpo; / amor que es hambre, amor de las entrañas; / hambre de la Palabra creadora /que se hizo carne; fiero amor de vida / que no se sacia con abrazos, besos/…/ Sólo comerte me apaga el ansia, / pan de inmortalidad, carne divina. /…/ ¡Venid, comed, tomad: éste es mi Cuerpo!” / Carne de Dios, Verbo encarnado, encarna / nuestra divina hambre carnal en Ti”.

Decían muy bien los mártires. La Eucaristía, recibida en gracia de Dios, llena nuestro espíritu de amor a Dios y a todos los hombres; y un hombre, una mujer que ama a Dios, a Cristo, anhela vivir un encuentro real, y no una simple y subjetiva “experiencia”, con el Ser Amado.

ernesto.julia@gmail.com

 

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Fratelli Tutti (4). Un derecho humano en peligro.

Escrito por José Martínez Colín.

Las personas tenemos un valor privilegiado sobre la creación, pues fuimos creadas a imagen y semejanza de Dios y nos ha dado libertad para participar en la vida.

1) Para saber

Las personas humanas tenemos un valor privilegiado sobre toda la creación, pues además de que somos creados a imagen y semejanza de Dios, nos ha creado libres para hacernos partícipes de su vida bienaventurada en el Cielo. De aquí provienen los derechos que tenemos y que han de ser respetados.

Un derecho que en los últimos años, con motivo de la proliferación de la transmisión de la información, se ha atentado contra él es el derecho a la intimidad. El papa Francisco lo advierte en su encíclica “Fratelli Tutti”: “Todo se convierte en una especie de espectáculo que puede ser espiado, vigilado, y la vida se expone a un control constante. En la comunicación digital se quiere mostrar todo y cada individuo se convierte en objeto de miradas que hurgan, desnudan y divulgan, frecuentemente de manera anónima” (n.42).

Es necesario mantener el respeto que se merece cada uno, sin pretender ser dueño de su información para manipularla y divulgarla al antojo.

2) Para pensar

Respetar a la persona implica respetar sus creencias. Sin embargo, a veces la intolerancia ha conducido a la violencia sin respetar los derechos que tienen las personas. Eso acontece, por ejemplo, en las persecuciones donde no se respeta la libertad de culto. Hace días fue beatificado en la Basílica de la Sagrada Familia, en Barcelona, un joven que murió a los 19 años a causa de la intolerancia religiosa. Se trata de Joan Roig Diggle que murió mártir por su fe cristiana.

Joan Roig fue un joven laico que fue asesinado a los inicios de la Guerra Civil española. La noche del 11 de septiembre de 1936, unos milicianos golpearon la puerta de la casa de Joan. Por permiso especial, guardaban Sagradas Formas en su casa, por lo que, presintiendo lo que iba a pasar, para que no se fuera a cometer una profanación, consumió todas las Sagradas Formas y se despidió de su madre diciéndole “Dios está conmigo”. Joan Roig fue asesinado de cinco tiros dirigidos a su corazón y uno de gracia en la nuca. Las últimas palabras que salieron de sus labios fueron: “Que Dios os perdone como yo os perdono”.

Uno de sus biógrafos aseguró que el único motivo por el cual lo mataron fue porque era católico, y murió porque no tenía miedo de defender a Cristo.

3) Para vivir

Es preciso saber respetar la dignidad de cada persona y sus derechos. Un peligro de los dispositivos digitales, como los celulares, es que al perder la cercanía personal, se hace fácil caer en la transgresión con una frase o una burla. Señala el papa que esto favorece la ebullición de formas insólitas de agresividad, de insultos, maltratos, descalificaciones, latigazos verbales hasta destrozar la figura del otro. Lo que no haríamos si tuviéramos a la persona enfrente, sí se hace anónimamente, haciendo pedazos el respeto al otro. La agresividad social encuentra en los dispositivos móviles y ordenadores un espacio de ampliación sin igual.

Se requiere contrarrestar esa ola de violencia. Decía san Josemaría Escrivá que “hay que ahogar el mal en abundancia de bien”. Así seremos sembradores de la paz de Cristo.

Cuidado con la ansiedad en nuestros hijos

Silvia del Valle Márquez

Nuestros hijos necesitan de nuestro apoyo y comprensión y no que les tratemos de solucionar las cosas de forma agresiva y hasta violenta.

En estos tiempos tan difíciles que estamos viviendo es muy común que nuestros hijos muestren síntomas de ansiedad.

¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es un sentimiento de miedo, temor e inquietud. Puede hacer que sude, se sienta inquieto y tenso, y tener palpitaciones. Puede ser una reacción normal al estrés.

Por ejemplo, puede sentirse ansioso cuando se enfrenta a un problema difícil en el trabajo, antes de tomar un examen o antes de tomar una decisión importante.

En la época que estamos viviendo el mantenerse en casa y con las variaciones en la rutina que hemos tenido, pueden provocar en nuestros hijos o en nosotros mismos ansiedad. Es por esto que debemos estar atentos y detectar si nuestros hijos están viviendo periodos de ansiedad y buscar la forma de solucionarlos, por eso aquí te dejo mis 5 Tips para lograrlo.

PRIMERO. Investiga más sobre el tema.

Es importante profundizar sobre el tema, ya que existen varios tipos de ansiedad y sus síntomas son diferentes así como su tratamiento.

Aquí te los menciono de forma general:

Ansiedad generalizada: las personas con este trastorno se preocupan por problemas comunes como la salud, el dinero, el trabajo y la familia. Pero sus preocupaciones son excesivas y las tienen casi todos los días durante al menos 6 meses.

Pánico: las personas con trastorno de pánico sufren de ataques de pánico. Estos son repentinos y repetidos momentos de miedo intenso sin haber un peligro aparente. Los ataques se producen rápidamente y pueden durar varios minutos o más.

Fobias: las personas con fobias tienen un miedo intenso a algo que representa poco o ningún peligro real. Su miedo puede ser por arañas, volar, ir a lugares concurridos o estar en situaciones sociales (conocida como ansiedad social).

Algunos de los síntomas más comunes son:

Pensamientos o creencias ansiosos difíciles de controlar: le hacen sentir inquieto y tenso e interfieren con su vida diaria. No desaparecen y pueden empeorar con el tiempo.

Síntomas físicos como latidos cardíacos fuertes o rápidos, dolores y molestias inexplicables, mareos y falta de aire.

Cambios en el comportamiento como evitar las actividades cotidianas que solía hacer.

Morderse las uñas o los labios, chuparse el cabello frecuentemente al grado de lastimarse, etc.

Hacerse pipi en la cama.

Son sólo los más generales, pero cada quien puede presentar otros muy variados síntomas dependiendo de la edad de nuestros hijos.

SEGUNDO. Busca ayuda de los profesionales.

Si detectamos que algo se está saliendo de control con nuestros hijos, es importante que busquemos ayuda, sobre todo para que nos oriente en cómo debemos ayudar a nuestro hijo en especial, ya que dependiendo de las características familiares, personales y del entorno, pueden variar las soluciones.

Es necesario darnos cuenta que no siempre podemos solos con las situaciones que se van presentando.

TERCERO. Es necesario tocar fondo para salir adelante.

Es necesario vencernos y reconocer que tenemos un problema para que desde una visión realista, propongamos soluciones realistas y podamos ayudar a nuestros hijos de forma adecuada.

En estos casos suele ser muy común decir que nuestro hijo está exagerando o que se ha vuelto muy sensible, pero es necesario poner atención a su desenvolvimiento general y sobre todo al tiempo que le duran estos episodios de ansiedad para evitar que se vuelvan crónicos.

También es necesario hacer conciencia en nuestro hijo de que está viviendo algo fuera de lo normal y que estamos tratando de ayudarlo, pero que necesita ser muy obediente para lograr salir adelante.

CUARTO. No es bueno forzarlo a enfrentar sus miedos sin ayuda profesional.

A veces pensamos que el enfrentar los miedos es la mejor solución para cortar de raíz con el problema, pero no siempre es el mejor camino, por eso es necesaria la asesoría profesional.

Por ejemplo, hay ocasiones que sirve mucho enfrentar a los niños con algún tipo de insecto al que le tienen miedo y les produce ansiedad para lograr que se den cuenta de que no les hace daño, pero hay ocasiones en que esto puede provocar una fobia y un episodio de ansiedad crónica.

En este tiempo que estamos viviendo, podemos sentir temor de acercarnos a las personas, sentir temor de enfermarnos y morir, podemos sentir ansiedad por no poder salir y hacer la vida normal, etc. y es muy necesario estar atentos para ver que tanto está afectando este miedo a la vida cotidiana de nuestros hijos.

Y QUINTO. El mejor remedio es el amor.

La paciencia y el amor son lo que nuestros hijos necesitan para salir adelante de esta situación, ya que la solución a estos problemas es lenta y lleva su tiempo.

Nuestros hijos necesitan de nuestro apoyo y comprensión y no que les tratemos de solucionar las cosas de forma agresiva y hasta violenta.

La ternura debe acompañar este proceso y la familia completa debe estar enterada de la estrategia que se va a seguir para lograr sacar adelante a quien está sufriendo a causa de la ansiedad.

Seamos quienes contengamos la ansiedad de nuestros hijos con ternura, paciencia y amor.

Vacunas y aspectos morales

Ana Teresa López de Llergo

Con la pandemia por COVID-19 hemos aprendido que cuidar la propia salud no es solamente en beneficio propio, sino también en beneficio de los demás.

La vacuna en sí no es un asunto de moralidad. La moral es una dimensión propia del ser humano que tiene relación con la vinculación al bien. Por lo tanto, el asunto de la moral abarca todos los aspectos de las acciones humanas, como la rectitud de los investigadores, de los distribuidores, de quienes aplican la vacuna, de quienes se prestan para recibirla. También de la recta información de los sucesos alrededor de su aparición, distribución y aplicación.

Cuando iniciaron las investigaciones en los países con laboratorios y científicos capacitados, surgieron noticias de interferencias, espionajes y hasta robo de información. Todo ello muestra falta de solidaridad, competencia desleal e injusticia institucionalizada. Porque los espionajes, con frecuencia, estaban avalados por los gobiernos. Esto es falta de moral a los más altos niveles.

Obviamente, quienes se prestaron a espiar y a sacar datos dieron pruebas patentes de corrupción. Aunque esto es muy distinto a lo que puede suceder con ciertos laboratorios que esperan los resultados de la investigación de otros para iniciar las suyas evitando los contratiempos de los antecesores.

Podría ser el caso de la vacuna de Moderna, con sede en Cambridge, Massachusetts, que salió una semana después de la de Pfizer y asegura una efectividad de 94.5%.

Las actividades humanas también tienen una jerarquía vinculada a los fines que se buscan. En el caso de una vacuna, su fin principal es la preservación de la vida, por medio del ataque a un elemento que vulnera la salud. Otros fines pueden ser una consecuencia de este trabajo, como el prestigio del investigador y de los laboratorios en donde se efectúa el hallazgo. También hay consecuencias económicas, pues ni estas ni las especulaciones deben ser el fin principal.

Sobre este tema tenemos el ejemplo claro del deterioro moral que incluso sucede sin que alguien lo frene. Cuando se encontró la vacuna de Pfizer se desencadenó el furor bursátil y las acciones subieron de valor. El CEO inmediatamente vendió las suyas e hizo un negocio redondo a costa de su información privilegiada. Acto deplorable.

Además, la distribución de ganancias debe estar bien regulada. En el caso de la vacuna de Pfizer, la ganancia descomunal del CEO seguramente es desproporcional al sueldo de los descubridores de la vacuna, el matrimonio de los turcos Ugur Sahin y Ozlem Tureci e incluso del sueldo del director ejecutivo y jefe de ellos, el también migrante griego Albert Bourla.

Grecia y Turquí son países rivales, pero Bourla, el griego, dijo de su amigo turco Ugur: es una persona muy especial, los negocios no son su prioridad, es un científico y es un hombre de principios. Confío cien por ciento en él.

Ángela Merkel ante este suceso insistió en ver el lado positivo de la migración y en apoyar con recursos a las empresas privadas para la investigación científica.

El número de vacunas realmente administradas ha aumentado en las últimas décadas, especialmente aquellas suministradas a los niños en los primeros años de vida. Esto se debe al impulso de gobiernos, de las ONG, de agencias internacionales, de universidades. La dimensión moral ha de vigilar los precios, los impuestos, los convenios que puedan asegurar la retribución a las empresas que exitosamente consigan una vacuna. Además de la distribución para poner la vacuna al alcance de todos los estratos de la sociedad.

Durante el proceso de experimentación, los investigadores deben ser profundamente sinceros con los pacientes que se prestan a la prueba de las incipientes vacunas, dándoles a conocer los posibles efectos secundarios. Y los cuidados que tendrán que vivir después del proceso al que se han ofrecido.

Otro asunto importante es el de descubrir la periodicidad de la aplicación de la vacuna, y darlo a conocer con la suficiente antelación para que los usuarios lo tengan en cuenta. Advertir cuándo se recomienda que los niños sean vacunados porque ya tienen capacidad de responder a la inmunización artificial. También explicar a todos, cuándo se deben aplicar las dosis de refuerzo, necesarias para conseguir la mejor protección.

También está por descubrir cuándo será contraindicada la vacuna, por ejemplo, con las mujeres embarazadas, con las personas de edad avanzada o con personas con algunas enfermedades crónicas, etcétera.

Otro aspecto que se ha de considerar es la distribución de la vacuna en países o en poblados de muy escasos recursos, porque este virus se propaga en todas partes y la interconexión de la salud o de la enfermedad es muy elevada. La distribución ha de ser a nivel global, sin excepción. Además, porque las condiciones de vida de personas sin recursos no garantizan las medidas para evitar los contagios. Por eso, con ellos es indispensable la vacunación.

Es importante reducir los movimientos antivacunas porque definitivamente atentan contra la salud. Y, en el caso del COVID-19 hemos aprendido que cuidar la propia salud no es solamente en beneficio propio sino también en beneficio de los demás.

Saber pedir “ayuda”

Lucía Legorreta

Para mantener relaciones saludables, es necesario solicitar ayuda con claridad, dignidad y abiertos al diálogo.

Pedir no es un signo de debilidad, ni tampoco los demás tienen que adivinar lo que necesitamos. Solicitar apoyo a alguien significa decirle lo importante que es para nosotros. Entonces ¿por qué nos cuesta tanto trabajo pedir ayuda?

Hay muchas personas que tienen dificultad en demandar algo, les es más fácil ofrecer que pedir. ¿Eres una de ellas?

Antes de insinuar y solicitar algo, escuchamos a los demás. Antes de solicitar tiempo para nosotros, dedicamos tiempo a otros. Antes de pedir lo que nos conviene, intentamos satisfacer al otro; y si no, nos sentimos culpables. Y terminamos realizando actividades que no queríamos o que nos son importantes.

La actitud de excesiva responsabilidad puede esconder un miedo al que la relación se vea afectada, a sentirnos rechazados: con nuestro cónyuge, hijos, amigos y nietos. Como consecuencia, llevamos una sobrecarga de trabajo, nos sentimos víctimas de la situación y empiezan los resentimientos.

O bien, tenemos la expectativa de que la otra persona adivine lo que queremos, y se lo pedimos de forma encubierta o imprecisa, las famosas “indirectas”. No entiende nuestras demandas, y cuando no se cumplen, nos sentimos frustrados en la relación y surgen los reproches.

Es más normal solicitar ayuda cuando nos sentimos vulnerables o enfermos, y es entonces cuando damos la oportunidad a otras personas para que se acerquen a nosotros y nos acompañen. ¡Qué grave error! ¿Por qué no lo hacemos en circunstancias normales?

Pedir es un derecho que tenemos como seres humanos. No se trata de hacerlo como víctimas, sino desde nuestro autorespeto, sabiendo que nos lo merecemos.

Pedir es un acto de humildad. Es reconocer nuestra fragilidad y no sentirnos mal por ello. No somos más débiles por hacerlo, sino todo lo contrario, cuando uno manifiesta lo que necesita y lo reclama en voz alta, es un acto de valentía. Debemos atrevernos a decir que no y a decir que sí con asertividad.

Ahora bien, es importante la forma en que realizamos nuestra solicitud de ayuda, de ella dependerá que tan bien recibida es.

El autor Joan Quintana define nueve patrones de pedir:
- El que pide cuando lo necesita, de forma clara y sin complejos.
- El que lo hace sin manifestarlo, mantiene expectativas y espera que otros le ofrezcan lo que necesita.
- Le cuesta solicitar ayuda, realiza las tareas porque lo hace más rápido y se sobrecarga de trabajo.
- Seduce y es muy convincente cuando tiene que demandar algo, de forma que al otro le es difícil decir que no.
- Todo lo que reclama es urgente, lo hace de forma compulsiva y sin criterio ni prioridades claras.
- Sus requerimientos se transforman en ruego, obliga al otro a decir que sí.
- Cuando pide, impone; sus peticiones son como órdenes.
- Reclama cuando no ha expresado de forma clara lo que quiere. Reclamar es volver a pedir.
- Cuando sólo pide para demostrar que el otro no es capaz.

Para mantener relaciones saludables, es necesario solicitar ayuda con claridad, dignidad y abiertos al diálogo. Recuerda: el pedir no es un signo de debilidad, sino de saberse importante como persona.

Simón

Todas las críticas y los reproches a la gestión de Simón, tienen un cierto carácter vicario y se hacen como un corolario de las que se dirigen a Sánchez y a Illa. Pero ya va siendo hora, de “individualizar” la trayectoria de Simón, su bobaliconería verbal, su escasito bagaje científico y profesional, su inmoral “viaje” a la política y su proclividad a hacer chistes de mal gusto.

Desde aquellas lejanas declaraciones en las que afirmó que en España no habría más de uno o dos casos aislados de coranavirus, hasta la octava fórmula de dar las cifras de fallecidos y contagiados, pasando por el sainete de las mascarillas, las mentiras, la vergonzosa lista de expertos, las comparecencias tan repetidas como inútiles y la guerra absurda e injusta contra Madrid, la gestión de Simón no ha podido ser más nefasta ni más perjudicial para la lucha contra la pandemia. No es que lo haga mal, es que lo que hace contribuye al desorden, a la confusión y al desconcierto de los ciudadanos.

Si en estas circunstancias hay algo que debería atesorar un hombre público, responsable de la lucha contra algo tan grave en materia sanitaria es la credibilidad, y eso es precisamente algo que Simón jamás ha tenido y si alguna vez se acercó a la posibilidad de que alguien le creyera, inmediatamente tiraba esa posibilidad por la borda.

Suso do Madrid

 

El Consenso de Ginebra

El pasado 22 de octubre, los gobiernos de 33 países, representantes de 1.600 millones de personas, firmaron un documento verdaderamente histórico en el que se rechaza que el aborto pueda considerarse un derecho humano. La resolución va dirigida especialmente contra los intentos de la ONU y sus agencias de promover en todo el mundo el aborto como parte de sus programas de salud y de condicionar la ayuda al desarrollo de los países pobres a la aceptación de estas políticas. El Secretario de Servicios Humanos y de Salud de Estados Unidos, Alex Azar, declaró: "Las agencias de la ONU ya no pueden reinterpretar y malinterpretar el lenguaje acordado sin rendir cuentas... Afirmamos que los gobiernos tienen el derecho soberano de hacer sus propias leyes para proteger la vida de inocentes y redactar sus regulaciones sobre el aborto".

Es de señalar que muchos de los firmantes poseen leyes permisivas de aborto, no se trata de un frente abolicionista. El asunto es más complejo y revela hasta qué punto los organismos internacionales se han convertido en agentes de intereses ideológicos y económicos sin la aprobación de los estados miembros y al margen de cualquier control democrático.

Esto alcanza niveles inaceptables en las cuestiones referidas a la eufemísticamente llamada "salud sexual", que incluye el derecho al aborto como plato fuerte del menú a expensas de las verdaderas necesidades sanitarias de la maternidad. Por ello, Azar, tras afirmar con rotundidad que no existe el derecho internacional al aborto, abundó en la necesidad de poner "la salud de la mujer en primer lugar en cada etapa de la vida" 

Quizá lo más esperanzador es, como señalara el Secretario de Estado Mike Pompeo, que por primera vez existe una gran coalición internacional en torno al tema de defensa de la vida. Algo, por supuesto, sin la menor repercusión en España gracias a los medios que pretenden ser faro y guía de la opinión pública.

 

JD Mez Madrid

La sociedad del conocimiento necesita también la mano y el corazón

 

En Head, Hand, Heart, David Good hart reflexiona sobre la evolución del trabajo en la sociedad del conocimiento, hasta afirmárn una entrevista de Laetitia Strauch-Bonart para Le Point (10-10-2020)- que tenemos demasiados trabajadores sobrecualificados Podría ser una de las causas de la alienación que experimentan muchos, porque la sociedad concede un valor y prestigio excesivos a la inteligencia, es decir, a las capacidades cognitivas y analíticas: se privilegia la "cabeza" sobre la "mano" y el "corazón".

 

Se trataría de un efecto no deseado del incremento de la población universitaria, que en la OCDE alcanza ya a un 40% de las personas de 25-34 años: un movimiento positivo desde un punto de vista democrático o igualitario, pero que comienza a provocar exclusión. Crecen las frustraciones, porque no se alcanza el esperado ascenso social. Unos años después de su titulación, un tercio de los graduados sufre el desajuste de no encontrar trabajos propios de su nivel de conocimientos. Además, "la inteligencia artificial puede infligir a la clase intelectual lo que la automatización ha hecho a las profesiones manuales: automatizará mucho 'pensamiento', sustituido por algoritmos".

 

Esto invita a replantearse la división entre distintos tipos de trabajo. "Si preguntas a un economista –señala Goodhart- por qué están mal pagados los trabajos en las residencias de ancianos medicalizadas, responderá que porque cualquiera puede hacerlos. No hace falta una cualificación intelectual especial para estas tareas. Pero sabemos muy bien que no todo el mundo las desempeña correctamente. No hacemos una selección meritocrática para esos empleos, en parte porque no tenemos las herramientas para evaluar objetivamente estas competencias: es muy difícil cuantificar el talento emocional para ocuparse de los demás".

 

La dignidad de la "mano" y del "corazón" no puede reducirse a dinero ni a estatus. Normalmente, el estatus depende del dinero, pero no siempre: trabajos de gran cualificación están mal pagados, como los artistas, dice Goodhart. Y lo contrario: un buen fontanero puede ganar más de 100.000 euros al año. Pero las cosas están cambiando. "Cuando los electricistas y los fontaneros se ganan la vida mejor que los universitarios, los jóvenes empiezan a elegir este camino". Poco a popo "se irá atribuyendo más prestigio al corazón y a la mano".

 

De hecho, en la sociedad actual cunde "una especie dé nostalgia por algunos oficios manuales, como se ve, por ejemplo, en la obsesión por los programas televisivos de cocina". Goodhart lo explica así: "Esos oficios exigen concentración y humildad, y son encarnados. Es una relación con el mundo muy sana".

 

Juan García. 

 

En la España de siempre

 

                           Aun cuando nacer en este planeta ya es una desgracia, hacerlo en España, es una desgracia mayor; y por cuanto la injusticia aquí se ha desarrollado mucho más que en la mayoría de los otros “penales”, que ha conquistado parte del “mono humano”; culpable en definitiva de todas las tragedias terrícolas, que llegan hasta la destrucción del medio ambiente, como ya es notorio y casi sin solución; y lo que demuestra que en conjunto somos el peor bicho que nació aquí.

                           Y si afirmo ello con tan “negro” preámbulo, es por cuanto según la filosofía “Espírita o Espiritista”; y que ya su “más moderno” difusor o precursor, dejó ampliamente escrita, va para dos siglos, “Allan Kardec”, condensada en su obra base, “El libro de los espíritus”; este minúsculo planeta, es en el espacio estelar, no es otra cosa que, “un penal de condenados por múltiples delitos cometidos”, para que en él y en sucesivas y múltiples reencarnaciones, “los penados” tengamos opción a ascender en la durísima evolución de las “almas humanas”, puesto que caso de no regenerarnos aquí, habría que seguir naciendo “en este basurero”, infinidad de veces. O sea, algo similar a lo que preconizó para las especies animales, el famoso naturalista inglés, Charles Darwin (1). Si esas teorías son la verdad; la terrible pregunta o preguntas, serían; ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Ese es el terrible destino del mono humano?

                           Como ya soy bastante viejo, he vivido una vida muy rica en sabores; “la mayoría amargos”; he leído cantidad grande de los hechos del “mono humano”, no sólo en la España que en boceto describo, sino en muchísimos más territorios; y como nacido en 1938 y en familia, que vamos a sufrir todos los rigores de una “guerra civil que en realidad perdimos todos o la gran mayoría de los monos humanos, habitantes de aquella miserable España, regida (como hoy mismo) por miserables políticos, que en realidad fueron y son los culpables de todo o casi todo; he vivido, “las colas inmensas para recibir las miserables limosnas que nos dieron, no a todos; unido al más denigrante de los tratos que esos miserables monos humanos dieron y dan a los que reconocen son sus semejantes”. Llego a lo que por lógica será el final de mi vida, y me encuentro “preso”, por una plaga o pandemia, creada, por “miserabilísimos monos humanos”, que la han difundido por todo el planeta; y consecuencia de ello, esos inútiles políticos que presumen de gobernarnos (sin que ellos mismos sepan gobernarse a sí mismos) y sin tener conocimientos o seguridad en ello (pues la plaga sigue y mata o contamina a minorías muy minorías, lo que da a pensar que no es el motivo para tan radicales medidas de encarcelamientos masivos) veo en TV y leo en diferentes publicaciones; las actuales y terribles colas de hambrientos, o carentes ya de ingresos suficientes, que tienen que recurrir a las nuevas “colas del hambre”, en esta España maldita, que no sabe administrar sus muchas riquezas, para hacer mucho más llevadera la vida a sus no muchos habitantes; por lo que se repite otro nuevo ciclo o época de miserias que ni sabemos sus consecuencias, puesto que metafóricamente, “nos han metido en un tubo obscuro y dónde no se ve el final del mismo y por tanto la salida, como tampoco podemos imaginar que habrá allí en ese final no definido”; o sea terrorífico todo; y nos lo digan de la forma que quieran, estos nuevos “falsos profetas y peores administradores que padecemos, que tan campantes y contentos, cobran cada mes lo que no merecen en absoluto, pero que seguirán cobrando, por cuanto como dueños del dinero público, siempre y por poco que recauden, habrá de sobra para todos los parásitos que nos hacen mantener, del primero al último”; y esa; “es mi españa(adrede con minúsculas) y como yo la aprecio, tras una larga vida productiva, puesto que me pusieron a trabajar a los siete años de edad; a mí como a tantos otros… ¿Para qué ha servido tanto sacrificio? ¿Para llegar al terrible presente que hay en realidad? ¿Cuántos suicidios estarán teniendo lugar en este día en que escribo y cuántas tragedias individuales más?

Antonio García Fuentes

Escritor y filósofo

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

 

NOTAS: (1)  Evolución de las especies. La hipótesis de que las especies se transforman continuamente fue postulada por numerosos científicos de los siglos XVIII y XIX, a los cuales Charles Darwin citó en el primer capítulo de su libro El origen de las especies. Sin embargo, fue el propio Darwin, en 1859, quien sintetizó un cuerpo coherente de observaciones que consolidaron el concepto de la evolución biológica en una verdadera teoría científica.