Las Noticias de hoy 21 Noviembre 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 21/11/2020 - 12:57

Blog Católico Gotitas Espirituales ®: ESTAMPAS CON ORACIONES A CRISTO REY

Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 21 de noviembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Cardenal Turkson: Mensaje por el Día Mundial de la Pesca

Cardenal Bassetti: Nueva llamada telefónica del Papa Francisco

PRESENTACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN: Francisco Fernandez Carbajal

“Es tiempo de esperanza”: San Josemaria

En torno al buen samaritano: Ana Marta González

Como en una película: Al borde del camino: Juan Carlos Ossandón

Tiempo de Adviento: Preparar la venida del Señor: Juan José Silvestre

Solemnidad de Cristo Rey

Acto de consagración y desagravio al Sagrado Corazón de Jesús

Evangelio del domingo: Solemnidad de Cristo Rey

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO.: + Francisco Cerro Chaves  Arzobispo de Toledo  Primado de España

Lo que pasa, Alejandro Llano: Daniel Tirapu

 La digitalización de la vida cotidiana: Silvia del Valle Márquez

¿Qué es la libertad?:

Vacuna, prudencia y agradecimiento: Ana Teresa López de Llergo

 Lotería de Navidad: "Compartir como siempre. Compartir como nunca": Alfonso Mendiz

La tecnología en nuestra vida diaria: Lucía Legorreta

“La vacunación es un acto de solidaridad: mientras haya población que no esté protegida, habrá un nicho donde el virus podrá infectar”: María Salanova

Pompeo reza todos los días: Jesús D Mez Madrid

La placidez de la muerte: Juan García.

Que los gobiernos no diluyan la institución matrimonial: Pedro García

El tribunal del alma : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Cardenal Turkson: Mensaje por el Día Mundial de la Pesca

Proteger derechos humanos y laborales

NOVIEMBRE 20, 2020 13:59GABRIEL SALES TRIGUEROCIUDAD DEL VATICANO

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(zenit – 20 nov. 2020).- El prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede, el cardenal Peter Turkson, ha enviado un mensaje con motivo del Día Mundial de la Pesca que se celebrará el sábado 21 de noviembre de 2020.

“El camino hacia la plena protección de los derechos humanos y laborales de todas las categorías de pescadores sigue siendo un camino largo y sinuoso”, señala el purpurado, “una vez más, alzamos nuestra voz para pedir que las organizaciones internacionales y los gobiernos redoblen sus esfuerzos por aplicar la legislación, para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los pescadores y de sus familias y endurezcan su lucha contra el trabajo forzoso y la trata de personas”.

Al comienzo de su mensaje, el prefecto expone que esta celebración llega cada año para “destacar la importancia del sector laboral marítimo”, un ámbito mercantil con gran incisión en recursos económicos y humanos: más de 59 millones de personas viven de la pesca, uno de cada dos trabajadores es mujer, y Asia consta del 85% de la fuerza laboral mundial y más de tres millones de buques (casi el 70% de la flota pesquera del planeta).

La pesca y la COVID-19

El prelado ghanés afirma que el acto de este año coincide con un momento “particularmente excepcional” por las consecuencias “dramáticas” generadas por la COVID-19 para la economía mundial, con especial impacto en el sector “tan vulnerable” como el de la pesca.

En esta línea, indica que las consecuencias del coronavirus en la industria tienen que ver con la respuesta estratégica de los gobiernos: distanciamiento social, cierre de mercados de pescado, poca afluencia de clientes a hoteles y restaurantes…Todo esto ha supuesto un “grave problema” para la venta de pescado por la caída de su precio dada la baja demanda.

Retos de la industria

El cardenal apunta que la COVID-19 es un obstáculo añadido a los otros “problemas crónicos” del sector, como son la sobrepesca y la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR), prácticas que todavía suceden, “bajo cualquier pabellón”, y que son realizadas por grupos que cuentan con más recursos y “violan las leyes y las normativas internacionales y nacionales”.

Para el prelado, esta realidad penaliza a los “verdaderos pescadores y a las comunidades pesqueras” que se enfrentan a una “competencia desleal” y ven cómo la población de peces se agota a un ritmo de difícil regeneración.

“Se trata de una práctica que no es sostenible y que implica una disminución de las reservas pesqueras y una reducción de la capacidad de producción en el futuro”, explica. “El daño ocasionado por la INDNR y por la sobrepesca no afecta solamente a la población costera”, aclara, pues son miles de millones de personas las que viven de la fuente de proteína del pescado como “principal medio de vida y la pesca representa el principal medio de vida para millones de personas en todo el mundo”.

Condiciones de los pescadores

Turkson resalta en su mensaje las dificultades que están atravesando los trabajadores pesqueros: condiciones de trabajo y seguridad empobrecidas, riesgo de coger el virus y fallecimiento por la no asistencia sanitaria a tiempo, pescadores migrantes privados de la oportunidad de trabajar… Esto provoca que muchos no puedan mantener a sus familias y puedan ser víctimas de la trata o trabajo forzoso, además de vivir en campamentos de refugiados en condiciones higiénicas “deplorables”.

El purpurado también expresa que la mayoría de pescadores fueron excluidos de la “protección social básica” de algunos gobiernos, lo que les lleva a depender de la generosidad de las organizaciones caritativas o de la ayuda comunitaria local.

También transmite su preocupación por el aumento del trabajo forzoso y la trata de personas provocado por el incremento del empobrecimiento de la población, en parte gracias a la pandemia, lo que ha desencadenado “nuevas oleadas de personas desesperadas que han perdido sus trabajos, como los pescadores, procedentes de zonas rurales. Estos desplazados tienden a ser engañados y son obligados por intermediarios y agencias de contratación a trabajar a bordo de buques, bajo la amenaza del uso de la fuerza o mediante la servidumbre por deudas”.

Voz de la Iglesia

El pastor realiza un llamamiento a una “mayor solidaridad con las personas más marginadas”, tal y como explica el Papa Francisco en Fratelli Tutti al decir que la “solidaridad se expresa concretamente en el servicio, que puede asumir formas muy diversas de hacerse cargo de los demás (…), el servicio es ‘en gran parte, cuidar la fragilidad’ (…), servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo”.

Asimismo, Turkson sostiene que el tiempo de hablar pasó y toca actuar. Cita de nuevo al Santo Padre (2014) para remarcar que “cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio, y la personalidad humana puede desplegar sus múltiples iniciativas en favor del bien común”.

Pescadores de Sicilia

Para concluir, el cardenal declara su cercanía a “todos los pescadores del mundo que sufren y atraviesan una situación difícil”, en particular a los 18 procedentes de Sicilia que permanecen retenidos en Libia desde principios de septiembre: “Sus familias aguardan con ansia recibir información sobre su paradero y la oportunidad de hablar con sus seres queridos. Sobre todo, anhelan reunirse con ellos”.

Por esta “sencilla razón humanitaria”, concluye, “apelo a los gobiernos y a las correspondientes autoridades nacionales, para que resuelvan esta grave situación y encuentren una solución positiva a través de un diálogo abierto y sincero”.

A continuación, sigue el mensaje completo del prefecto.

***

Mensaje de Peter Turkson

El Día Mundial de la Pesca se celebra cada año para destacar la importancia de este sector laboral marítimo, que supone una fuente sustancial de empleo para unos 59.5 millones de personas. Sorprendentemente, uno de cada dos trabajadores es una mujer. Asia cuenta con el mayor número de trabajadores en este ámbito, con aproximadamente el 85 por ciento de la fuerza laboral mundial y dispone de 3.1 millones de buques, que representan el 68 por ciento de la flota pesquera mundial.

La celebración de este año coincide con un momento particularmente excepcional, dado que los efectos de la pandemia del COVID-19 se han propagado rápidamente por todo el mundo, con consecuencias dramáticas para las economías de muchos países y un grave impacto en sectores tan vulnerables como el de la pesca.

La industria pesquera y el COVID-19

El impacto del COVID-19 en la industria pesquera atañe principalmente al ámbito de las respuestas estratégicas que han adoptado los gobiernos frente a la pandemia, como el distanciamiento social, el cierre de mercados de pescado, la escasa afluencia de clientes a hoteles y restaurantes. Esto supone un grave problema para la venta de pescado fresco y otros productos pesqueros, sobre todo en lo que se refiere a la disminución de la demanda y a la caída del precio del pescado, razón por la cual, en la situación actual, la pesca, el procesamiento de pescado, el consumo y el comercio han disminuido de manera constante.

Los retos de la industria pesquera

Además de los efectos de la pandemia, el sector de la pesca tiene que afrontar problemas crónicos que la atormentan y ante los cuales, los retos planteados por el COVID-19 palidecen. Estos problemas crónicos, que representan el “crimen pesquero”, son la sobrepesca y la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR), prácticas que todavía se llevan a cabo en distintos lugares del mundo, bajo cualquier pabellón, y que son perpetradas, con frecuencia, por grupos que cuentan con poderosas flotas y mejores recursos. Violan las leyes y las normativas internacionales y nacionales. Esto penaliza a los verdaderos pescadores y a las comunidades pesqueras, que tienen que hacer frente a una competencia desleal y ver como se agotan las poblaciones de peces a un ritmo que provoca que éstas no tengan tiempo de regenerarse. Se trata de una práctica que no es sostenible y que implica una disminución de las reservas pesqueras y una reducción de la capacidad de producción en el futuro. El daño ocasionado por la INDNR y por la sobrepesca no afecta solamente a la población costera, porque para miles de millones de personas el pescado constituye su principal fuente de proteína y la pesca representa el principal medio de vida para millones de personas en todo el mundo.

Las condiciones de los pescadores y el COVID-19

Las condiciones de trabajo y de seguridad de los pescadores embarcados se han visto afectadas por el cierre de los puertos pesqueros debido a la pandemia y a la imposibilidad de realizar cambios en las tripulaciones. Además, la falta de equipos de protección personal ha aumentado el riesgo de transmisión del virus, puesto que los pescadores trabajan en espacios reducidos y ambientes cerrados.

Como consecuencia directa, varios miembros de tripulaciones pesqueras contrajeron el virus a bordo de un cierto número de pesqueros y, al no poder recibir asistencia médica inmediata, fallecieron y fueron rápidamente sepultados en el mar por sus compañeros preocupados. A menudo, sin que las familias conocieran el destino de sus seres queridos.

Otros pescadores migrantes se ven privados de la oportunidad de trabajar. Sin la posibilidad de generar ingresos para mantener a sus familias y pagar sus deudas, están cada vez más expuestos al riesgo de convertirse en víctimas de la trata de personas o del trabajo forzoso. Además, pueden también permanecer largos períodos de tiempo varados en un país extranjero y obligados a vivir en campamentos de refugiados/migrantes, en una situación de hacinamiento y en condiciones higiénicas deplorables.

Por añadidura, la gran mayoría de los pescadores del mundo se vieron excluidos, por diferentes razones, de la “protección social” básica que algunos gobiernos nacionales habían proporcionado, y para sobrevivir se vieron obligados a depender de la generosidad de las organizaciones caritativas o de la ayuda de la comunidad local.

Los problemas del trabajo forzoso y de la trata de personas han atormentado desde siempre al sector pesquero y siguen siendo particularmente graves. En algunos países, estos problemas han
empeorado debido a las condiciones de extrema pobreza originadas por la pandemia del COVID-19 y que desencadenan nuevas oleadas de personas desesperadas que han perdido sus trabajos, como los pescadores, procedentes de zonas rurales. Estos desplazados tienden a ser engañados y son obligados por intermediarios y agencias de contratación a trabajar a bordo de buques, bajo la
amenaza del uso de la fuerza o mediante la servidumbre por deudas.

La voz de la Iglesia

En este tiempo de pandemia, quisiera hacer un llamamiento a una mayor solidaridad con las personas más marginadas, como se explica en Fratelli Tutti del Papa Francisco: “La solidaridad se expresa concretamente en el servicio, que puede asumir formas muy diversas de hacerse cargo de los demás. El servicio es «en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles
de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo»” (#115).

El camino hacia la plena protección de los derechos humanos y laborales de todas las categorías de pescadores sigue siendo un camino largo y sinuoso. Una vez más, alzamos nuestra voz para pedir que las organizaciones internacionales y los gobiernos redoblen sus esfuerzos por aplicar la legislación, para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de los pescadores y de sus familias y endurezcan su lucha contra el trabajo forzoso y la trata de personas.

Ya pasó el momento de hablar. ¡Ha llegado el de actuar! “Cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio, y la personalidad humana puede desplegar sus múltiples iniciativas en favor del bien común” (Papa Francisco, Discurso a las autoridades civiles, Tirana, Albania, 21 de septiembre de 2014).

Por último, en este Día Mundial de la Pesca, mis pensamientos están con todos los pescadores del mundo que sufren y atraviesan una situación difícil. En particular, me gustaría mencionar a los dieciocho pescadores de diferentes nacionalidades, procedentes de Mazara del Vallo, Sicilia, que permanecen retenidos en Libia, desde el pasado 2 de septiembre.

Sus familias aguardan con ansia recibir información sobre su paradero y la oportunidad de hablar con sus seres queridos. Sobre todo, anhelan reunirse con ellos.

Por esta sencilla razón humanitaria, apelo a los gobiernos y a las correspondientes autoridades nacionales, para que resuelvan esta grave situación y encuentren una solución positiva a través de un diálogo abierto y sincero.

© Librería Editora Vaticana

 

 

Cardenal Bassetti: Nueva llamada telefónica del Papa Francisco

Para conocer su estado de salud

NOVIEMBRE 20, 2020 11:17ANITA BOURDINPAPA FRANCISCO

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(zenit – 20 nov. 2020).- El Papa Francisco llamó de nuevo por teléfono al obispo auxiliar de Perugia, Italia, monseñor Salvi, para conocer el estado de salud del cardenal Gualtiero Bassetti, según ha informado el diario La Voce el miércoles 18 de noviembre de 2020. El purpurado ya no está en cuidados intensivos y será trasladado a Roma para su convalecencia.

El pastor Bassetti, cardenal arzobispo de Perugia y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, nombrado por el Santo Padre, fue hospitalizado por coronavirus en cuidados intensivos a principios del mes de noviembre.

El obispo auxiliar Salvi, que había estado estado aislado en cuarentena desde el 29 de octubre, ha pasado a ser “negativo” desde el 17 de noviembre, después de haber dado “positivo” de manera asintomática.

Llamada de de Francisco

Poco después de las 11:30 horas de la mañana del miércoles, tras la audiencia general, el prelado recibió una llamada telefónica de un “número privado”: era la segunda llamada directa del Pontífice en menos de diez días, después de la que hiciera el pasado 10 de noviembre.

Salvi dijo al periódico diocesano: “El Papa Francisco me preguntó cómo me sentía después de que el indeseado ‘huésped’ (coronavirus) abandonara mi cuerpo. Me preguntó sobre el estado de salud de nuestro obispo, Gualtiero, y le tranquilicé diciendo que ‘todo va bien con la ayuda de Dios y los trabajadores de la salud que lo están tratando’. Anuncié al Papa que el cardenal sería dado de alta pronto del hospital Santa Maria della Misericordia de Perugia y que luego iría al policlínico Gemelli de Roma para un período de convalecencia y rehabilitación”.

“Allí nuestro cardenal se sentirá en casa y animado por la cercanía de Su Santidad. El Papa me pidió que enviara a Su Eminencia un mensaje personal”, que Mons. Salvi comunicó rápidamente al prelado, quien lo acogió, dijo el obispo auxiliar, “quedando muy conmovido por la constante atención y preocupación del Santo Padre por él”.

El cardenal Bassetti esperaba inicialmente volver a la archidiócesis, como había confiado a ciertos colaboradores, contactados por él 24 horas después de salir de cuidados intensivos. Los colaboradores se sorprendieron por su gesto y al oír su voz, pero les tranquilizó sobre su estado de salud.

El purpurado dijo a uno de los colaboradores, según la misma fuente: “Quería compartir con los demás enfermos quince días de esta difícil prueba. Nos consolamos mutuamente, sin perder nunca la esperanza de ser curados con la ayuda del Señor y de la Santísima Virgen María. En mi sufrimiento viví en el ambiente de una familia, la del hospital de nuestro pueblo, esa familia que Dios me dio ayudándome a vivir con serenidad esta grave enfermedad. En esta familia recibí los cuidados adecuados y agradezco a todos los que me ayudaron. No he hecho otra elección y antes de volver a casa pasaré un período de convalecencia lejos de mi comunidad diocesana, pero con la certeza de que siempre la tendré en mi corazón como siempre lo tengo en el suyo”.

 

 

PRESENTACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN*

Memoria

— El sentido de la fiesta. La entrega de María.

— Nuestra entrega. Correspondencia a la gracia.

— Imitar a Nuestra Señora. Renovar la entrega.

I. Nada sabemos de la vida de Nuestra Señora hasta el momento en que se le aparece el Arcángel para anunciarle que ha sido elegida para ser Madre de Dios. Llena de gracia desde el primer momento de su Concepción Inmaculada, la existencia de María es completamente singular Dios la miró y la custodió en cada instante con un amor único e irrepetible y a la vez fue una Niña normal, que llenó de gozo a todos cuantos la trataron en la vida corriente de un pueblo no demasiado grande.

San Lucas, tan diligente en examinar todas las fuentes que le pudieran aportar noticias y datos, omite cualquier referencia a María Niña. Muy probablemente, Nuestra Señora nada dijo de sus años primeros porque poco había que contar: todo transcurrió en la intimidad de su alma, y en un diálogo continuo con su Padre Dios, que esperaba, sin prisas, el momento inefable y único de la Encarnación. «¡Madre! ¿Por qué ocultaste los años de tu primera juventud? Luego vendrán los Evangelios apócrifos e inventarán mentiras; mentiras piadosas, sí, pero al fin y al cabo imágenes falsas de tu ser verdadero. Y nos dirán que vivías en el Templo, que los ángeles te traían de comer y hablaban contigo... Y así te alejan de nosotros»1, ¡cuando estás tan cerca de nuestro vivir cotidiano!

La fiesta que hoy celebramos no tiene su origen en el Evangelio, sino en una antigua tradición. La Iglesia no ha querido aceptar las narraciones apócrifas que suponían a Nuestra Madre en el Templo, desde la edad de tres años, consagrada a Dios con un voto de virginidad. Pero sí acepta el núcleo esencial de la fiesta2, la dedicación que la Virgen hizo de sí misma al Señor, ya desde su infancia, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena desde el primer instante de su concepción. Esta entrega plena de María a Dios conforme va creciendo sí que es real y ejemplar para nosotros, pues nos mueve a no reservarnos nada.

Hoy es la fiesta de la absoluta pertenencia de la Virgen a Dios y de su plena entrega a los planes divinos. Por esta plena pertenencia, que incluye la dedicación virginal, Nuestra Señora podrá decir al Ángel: no conozco varón3. Desvela delicadamente una historia de entrega que había tenido lugar en la intimidad de su alma. María es ya una primicia del Nuevo Testamento, en el que la excelencia de la virginidad sobre el matrimonio cobrará todo su valor, sin menguar la santidad de la unión conyugal, que Cristo mismo elevará a la dignidad de sacramento4.

Hoy le pedimos a Ella que nos ayude a hacer realidad cada día esa entrega del corazón que Dios nos pide, según nuestra peculiar vocación recibida de Dios. «Ponte en coloquio con Santa María, y confíale: ¡oh, Señora!, para vivir el ideal que Dios ha metido en mi corazón, necesito volar... muy alto, ¡muy alto!

»No basta despegarte, con la ayuda divina, de las cosas de este mundo, sabiendo que son tierra. Más incluso: aunque el universo entero lo coloques en un montón bajo tus pies, para estar más cerca del Cielo... ¡no basta!

»Necesitas volar, sin apoyarte en nada de aquí, pendiente de la voz y del soplo del Espíritu. Pero, me dices, ¡mis alas están manchadas!: barro de años, sucio, pegadizo...

»Y te he insistido: acude a la Virgen. Señora repíteselo: ¡que apenas logro remontar el vuelo!, ¡que la tierra me atrae como un imán maldito! Señora; Tú puedes hacer que mi alma se lance al vuelo definitivo y glorioso, que tiene su fin en el Corazón de Dios.

»-Confía, que Ella te escucha»5.

II. La Virgen María ha sido la criatura que ha tenido la intimidad más grande con Dios, la que ha recibido más amor de Él, la llena de gracia6. Nunca negó a Dios nada, y su correspondencia a las gracias y mociones del Espíritu Santo fue siempre plena. De Ella debemos aprender a darnos por entero al Señor, con plenitud de correspondencia generosa, en el estado y en la vocación que Dios nos ha dado, en el quehacer concreto que tenemos encomendado en el mundo. Ella es el ejemplo a imitar. «Tal fue María -enseña a este respecto San Ambrosio, que su vida, por sí misma, es para todos una enseñanza». Y concluía: «Tened, pues, ante los ojos, pintadas como una imagen, la virginidad y la vida de la Bienaventurada Virgen, en la que se refleja como en un espejo el brillo de la pureza y la fuerza misma de la virtud»7.

Nuestra Madre Santa María correspondía y crecía en santidad y gracia. Habiendo estado llena de los dones divinos desde el primer instante, en la medida en que era fidelísima a las mociones que el Espíritu Santo le otorgaba, alcanzaba una nueva plenitud. Solo en Nuestro Señor no existió aumento o progreso de la gracia y de la caridad, porque Él tenía la plenitud absoluta en el momento de la Encarnación8; como enseña el II Concilio de Constantinopla, sería falsa y herética la afirmación: Jesucristo se hizo mejor por el progreso de las buenas obras9. María, por el contrario, fue creciendo en santidad en el curso de su vida terrena. Más aún, existió en su vida un progreso espiritual siempre creciente, que fue aumentando en la medida en que se acercaban los grandes acontecimientos de su vida aquí en la tierra: Encarnación de su Hijo, Corredención en el Calvario... Asunción a los Cielos.

Así ha ocurrido en el alma de los santos: cuanto más cerca van estando de Dios, más fieles son a las gracias recibidas y más rápidos caminan hacia Él. «Es el movimiento uniformemente acelerado, símbolo del progreso espiritual de la caridad en un alma que en nada se retrasa, y que camina cada vez más rápido hacia Dios cuanto más se le acerca, cuanto más es atraída por Él»10. Así ha de ser nuestra vida, pues el Señor nos llama a la santidad allí donde nos encontramos. Y serán precisamente las alegrías y las penas de la vida las que nos sirvan para ir cada vez más de prisa a Dios, correspondiendo a las gracias que recibimos. Las dificultades normales del trabajo, el trato con las personas que vemos todos los días, los pequeños servicios de la convivencia, las noticias que recibimos... han de ser motivos para amar cada día más al Señor. La Virgen nos invita hoy a no dejar nada escondido en el fondo del corazón que no sea de Dios por entero: «Señor, quita la soberbia de mi vida; quebranta mi amor propio, este querer afirmarme yo e imponerme a los demás. Haz que el fundamento de mi personalidad sea la identificación contigo»11, que cada día esté un poco más cerca de Ti. Dame esa prisa de los santos por crecer en tu Amor.

III. Nuestra Señora se dedicó por entero a Dios movida por el Espíritu Santo, y quizá lo hizo a esa edad en que los niños comienzan a tener uso de razón, que en Ella, llena de gracia, debió de ser de una particular luminosidad; o quizá desde siempre... sin que mediara ningún acto formal. «Sobrado conocido tenía afirma San Alfonso M.ª de Ligorio, la niña María, que Dios no acepta corazones divididos, sino que los quiere por completo consagrados a su amor en conformidad con el precepto divino: Amarás a Yahvé, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (cfr. Dt 6, 5), por lo que, desde el momento en que empezó a vivir, comenzó a amar a Dios con todas sus fuerzas y se le entregó por completo»12. María siempre perteneció a Dios; y esta pertenencia cada vez debió de ser más consciente, con un amor que alcanzaba en toda ocasión y circunstancia una nueva plenitud.

Hoy puede ser una buena oportunidad todos los días lo son para que, meditando en esta fiesta de María, en la que se pone de manifiesto su completa dedicación al Señor, renovemos nosotros nuestra entrega a Dios en medio de los normales quehaceres cotidianos, en el lugar en el que nos ha puesto el Señor. Pero hemos de tener en cuenta que todo paso adelante en nuestra unión con Dios ha de pasar necesariamente por un trato más frecuente con el Espíritu Santo, Huésped de nuestra alma, a quien Nuestra Señora fue tan dócil a lo largo de su vida. Hoy, para pedir esta gracia, nos puede ayudar la oración que compuso para su devoción personal San Josemaría Escrivá: «Ven, ¡oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos; fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo; inflama mi voluntad... He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después... mañana. Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

»¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras...»13.

Pidamos también a Nuestra Señora que haya mucha gente que, dócil al Espíritu Santo, se dé por entero al Señor, como Ella, desde su primera juventud.

1 S. Muñoz Iglesias, El Evangelio de María, Palabra, 2.ª ed., Madrid 1973, p. 22. — 2 Cfr. Pablo VI, Exhort. Apost. Marialis cultus, 2-II-1974, 8. — 3 Cfr. Lc 1, 34. — 4 Cfr. Conc. Vat. II. Const. Gaudium et spes, 48. — 5 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 994. — 6 Oración colecta de la Misa. — 7 San Ambrosio, Sobre las vírgenes, II, 2. — 8 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, La Madre del Salvador, p. 100. — 9 Cfr. Conc. Constantinopolitano II, Dz. 224. — 10 Ibídem, 103. — 11 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 31. — 12 San Alfonso M.ª de Ligorio, las glorias de María, II, 3. — 13 San Josemaría Escrivá, Postulación para su Causa de Beatificación y Canonización. Registro Histórico del fundador, 20172, p. 145.

En este día se recuerda la consagración de la iglesia de Santa María la Nueva, construida cerca del Templo de Jerusalén, para conmemorar la dedicación que la Virgen -según una piadosa tradición- hizo de sí misma al Señor, ya desde su infancia, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena desde su Concepción Inmaculada. En el siglo xiv se introdujo la fiesta en Occidente.

 

 

“Es tiempo de esperanza”

“Es tiempo de esperanza, y vivo de este tesoro. No es una frase, Padre –me dices–, es una realidad”. Entonces..., el mundo entero, todos los valores humanos que te atraen con una fuerza enorme –amistad, arte, ciencia, filosofía, teología, deporte, naturaleza, cultura, almas...–, todo eso deposítalo en la esperanza: en la esperanza de Cristo. (Surco, 293)

21 de noviembre

Allí donde nos encontremos, nos exhorta el Señor: ¡vela! Alimentemos en nuestras conciencias, ante esa petición de Dios, los deseos esperanzados de santidad, con obras. Dame, hijo mío, tu corazón, nos sugiere al oído. Déjate de construir castillos con la fantasía, decídete a abrir tu alma a Dios, pues exclusivamente en el Señor hallarás fundamento real para tu esperanza y para hacer el bien a los demás. Cuando no se lucha consigo mismo, cuando no se rechazan terminantemente los enemigos que están dentro de la ciudadela interior -el orgullo, la envidia, la concupiscencia de la carne y de los ojos, la autosuficiencia, la alocada avidez de libertinaje-, cuando no existe esa pelea interior, los más nobles ideales se agostan como la flor del heno, que al salir el sol ardiente, se seca la hierba, cae la flor, y se acaba su vistosa hermosura. Después, en el menor resquicio brotarán el desaliento y la tristeza, como una planta dañina e invasora.

No se conforma Jesús con un asentimiento titubeante. Pretende, tiene derecho a que caminemos con entereza, sin concesiones ante las dificultades. Exige pasos firmes, concretos; pues, de ordinario, los propósitos generales sirven para poco. Esos propósitos tan poco delineados me parecen ilusiones falaces, que intentan acallar las llamadas divinas que percibe el corazón; fuegos fatuos, que no queman ni dan calor, y que desaparecen con la misma fugacidad con que han surgido.

Por eso, me convenceré de que tus intenciones para alcanzar la meta son sinceras, si te veo marchar con determinación. Obra el bien, revisando tus actitudes ordinarias ante la ocupación de cada instante; practica la justicia, precisamente en los ámbitos que frecuentas, aunque te dobles por la fatiga; fomenta la felicidad de los que te rodean, sirviendo a los otros con alegría en el lugar de tu trabajo, con esfuerzo para acabarlo con la mayor perfección posible, con tu comprensión, con tu sonrisa, con tu actitud cristiana. Y todo, por Dios, con el pensamiento en su gloria, con la mirada alta, anhelando la Patria definitiva, que sólo ese fin merece la pena. (Amigos de Dios, 211)

En torno al buen samaritano

El Papa Francisco ha publicado recientemente la encíclica "Fratelli tutti" sobre la fraternidad universal y la amistad social. En este texto se profundiza en el segundo capítulo: un comentario a la parábola del buen samaritano.

VIDA ESPIRITUAL20/11/2020

El Papa Francisco ha publicado recientemente la encíclica Fratelli tutti sobre la fraternidad universal y la amistad social. El segundo capítulo es un comentario a la parábola del buen samaritano que, como afirma el pontífice, «se expresa de tal manera que cualquiera de nosotros puede dejarse interpelar por ella»[1] y que emerge como clave de lectura de todo el documento.

Las siguientes líneas son un resumen de un estudio[2] publicado en el número de diciembre de 2018 de la revista Scripta Theologica, donde la filósofa Ana Marta González comenta la parábola a la luz de dos textos: la Salvifici Doloris de san Juan Pablo II y una carta del beato Álvaro dirigida a los fieles del Opus Dei, escrita en enero de 1993.

Una pregunta decisiva

La parábola está recogida en el capítulo 10 del evangelio según san Lucas. El escritor sagrado nos presenta a un maestro de la ley que, puesto en pie, dirige a Jesús una pregunta decisiva: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?”[3]. No deja de ser llamativo que, en vez de ofrecerle una contestación rápida o convencional, el Rabí de Nazaret invita a su interlocutor al diálogo, proponiendo a su vez otro interrogante: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?” El levita citó unas palabras tomadas del libro del Deuteronomio: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo.” Jesús le dijo: “–Has respondido bien: haz esto y vivirás”. Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: –¿Y quién es mi prójimo?”»[4].

Lo que sigue entonces es el relato cuya fecundidad silenciosa llega hasta nuestros días. En su aparente sencillez, la parábola del buen samaritano transmite un mensaje inusualmente profundo, que ha golpeado de modo efectivo las conciencias y suscitado auténticas movilizaciones espirituales, en las que la experiencia religiosa ha cristalizado en expresiones éticas, personales e institucionales, sin las que no comprenderíamos nuestra cultura.

La asombrosa fecundidad de este relato difícilmente podría explicarse con una interpretación unilateral, que incidiese únicamente en los aspectos éticos, desligados de los religiosos, o en los aspectos religiosos, desligados de los éticos. Sin embargo, para apreciar esto es preciso ir más allá de una visión puramente ritualista de la religión y advertir el modo en que la ética se hace presente en el núcleo mismo de la experiencia religiosa, lo cual no rara vez supone advertir también la dimensión religiosa implícita en la experiencia ética.

En este sentido, la parábola vale como piedra de toque de una religiosidad auténtica, capaz de reconocer la huella del Dios trascendente en el otro que me sale al encuentro, antes que en el cumplimiento de ciertos formalismos rituales.

Es significativo que el pasaje venga precedido de una pregunta por parte del doctor de la ley, con la que éste, al menos aparentemente, persigue comprender mejor el mandato del amor al prójimo prescrito en la ley de Dios (v. 27). “¿Y quién es mi prójimo?”. Ésta es, en efecto, la pregunta que, según resalta Juan Pablo II, da origen al relato (Salvifici Doloris, n. 28), y que, como él mismo apunta, no debe desvincularse de aquel otro pasaje donde, refiriéndose al juicio final, Jesús mismo se identifica con cualquiera que pasa hambre, sed, está desnudo, encarcelado o enfermo. Igualmente podría citarse a san Juan: «Si alguno dice “amo a Dios” y aborrece a su hermano, es un mentiroso, pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Jn 4, 20).

Cambio de perspectiva

Jesús contesta de un modo singular al interrogante que plantea el doctor de la ley pues, más que ofrecer una respuesta cerrada, lo traslada de nuevo, como una cuestión abierta, a su interlocutor, quien se ve directamente interpelado. Así, tras describir las diversas reacciones del sacerdote, el levita y el samaritano ante el hombre apaleado, Jesús se dirige de nuevo al doctor de la ley y le pregunta: “¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?”[5]. Es su interlocutor quien debe responder de manera personal, tras haber escuchado y comprendido, también de manera personal, el mensaje implícito en el relato. Y así lo hace: «Él dijo: “El que practicó la misericordia con él”. Díjole Jesús: “Vete y haz tú lo mismo”»[6].

Ahí vemos que la respuesta a una cuestión aparentemente sencilla, como quién es el prójimo, no discurre por los cauces habituales. Jesús no permite que su interlocutor se convierta en un simple espectador, tal vez juez, de su respuesta, porque la respuesta a la cuestión del prójimo no es compatible con una actitud teórica de ese estilo, sino que reclama un compromiso previo de parte de quien formula la pregunta, un compromiso que comienza con el reconocimiento de que el relato impone un cambio de perspectiva, un abandono de la posición teórica, de puro espectador.

Compasión y acción

En la Salvifici Doloris, Juan Pablo II subrayaba en primer lugar este aspecto: «Buen Samaritano es todo hombre, que se para junto al sufrimiento de otro hombre de cualquier género que ése sea. Esta parada no significa curiosidad, sino más bien disponibilidad. Es como el abrirse de una determinada disposición interior del corazón, que tiene también su expresión emotiva. Buen Samaritano es todo hombre sensible al sufrimiento ajeno, el hombre que “se conmueve” ante la desgracia del prójimo. Si Cristo, conocedor del interior del hombre, subraya esta conmoción, quiere decir que es importante para toda nuestra actitud frente al sufrimiento ajeno. Por lo tanto, es necesario cultivar en sí mismo esta sensibilidad del corazón, que testimonia la compasión hacia el que sufre» (JP II, SD, n. 28).

El Papa resaltaba la necesidad de cultivar la sensibilidad del corazón. Pero eso solo tampoco es suficiente. Tal capacidad no es inerte, sino que moviliza a la acción. Así –seguía diciendo Juan Pablo II– forma parte del amor, de la solidaridad auténtica, el ir, en lo posible, más allá de la simple conmoción, procurando prestar una ayuda eficaz: «El buen Samaritano de la parábola de Cristo no se queda en la mera conmoción y compasión. Éstas se convierten para él en estímulo a la acción que tiende a ayudar al hombre herido. Por consiguiente, es en definitiva buen Samaritano el que ofrece ayuda en el sufrimiento, de cualquier clase que sea. Ayuda, dentro de lo posible, eficaz. En ella pone todo su corazón y no ahorra ni siquiera medios materiales. Se puede afirmar que se da a sí mismo, su propio “yo”, abriendo este “yo” al otro. Tocamos aquí uno de los puntos clave de toda la antropología cristiana. El hombre no puede “encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”. Buen Samaritano es el hombre capaz precisamente de ese don de sí mismo» (JPII, SD, n. 28).

Desde el mismo momento en que se formula, la pregunta por el prójimo –quién es mi prójimo– impone una tarea tan gozosa como inacabable: la tarea de hacerse permeable a las necesidades ajenas y aliviarlas, en lo que esté de nuestra parte, de manera eficaz. Por eso no nos extrañan las palabras con las que Jesús cierra el episodio: “Vete y haz tú lo mismo” (Lc 10,37). De este modo la parábola invita a revisar lo que consideramos, tal vez con buena intención, nuestras prioridades; nos invita a examinar si acaso puede haber algo más importante que dejarse conmover y detenerse, entonces, en ese lugar, a curar las heridas de la persona maltratada.

La cuestión es que, sin grandes artificios, poniendo al descubierto el contraste entre la conducta del sacerdote, del levita, y del samaritano, la parábola nos interpela sin rodeos, precisamente como personas que se sienten de repente implicadas e interpeladas por la situación en que se encuentran otras personas: ¿Con quién te identificas? ¿Con el levita? ¿Con el sacerdote? ¿Con el samaritano? Enseguida nos preguntamos qué ocurre en el corazón de cada uno, para que pase de largo o, por el contrario, se detenga ante el hombre maltratado; qué ocurre en el nuestro. De este modo la parábola invita a revisar lo que consideramos, tal vez con buena intención, nuestras prioridades; el otro, que me sale al encuentro, desafía mis conceptos y sacude mis inercias, también mis inercias morales.

«Un mandamiento nuevo os doy»

En el rostro del otro cabe advertir la huella de Dios, de un modo que vuelve pertinente no sólo el lenguaje de la compasión y la empatía, sino también el del mandato: no sin cierta paradoja, el otro puede exigir esa clase de atención que cuenta como amor, y que solo puede dispensarse libremente.

Existe un deber de amar pues, como dice san Pablo, “el que ama al prójimo, ha cumplido la ley” (Rm 13, 8). Sin embargo, como observa Benedicto XVI, «el mandamiento del amor es posible sólo porque no es una mera exigencia: el amor puede ser “mandado” porque antes es dado»[7]. San Juan es muy claro al respecto: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros» (1 Jn 4,10-11). Lo interesante es que la recíproca de «si Dios nos ha amado así», se convierte en «debemos nosotros amarnos unos a otros». Con otras palabras: el amor recibido de Dios debe hacerse llegar al prójimo.

Alma sacerdotal y mentalidad laical

En una carta escrita a los fieles del Opus Dei en enero de 1993, el beato Álvaro del Portillo glosaba la parábola del buen samaritano, con el fin de ilustrar el modo concreto en que “alma sacerdotal” y “mentalidad laical” –dos expresiones con las que san Josemaría definía la condición del fiel que desarrolla su vocación en medio del mundo– confluyen en la actuación ordinaria del cristiano.

El beato Álvaro invita a reconocer la imagen de Cristo en el hombre maltratado, y que sigue haciéndose presente en todos los que sufren, con quienes se identifica. Pero precisamente por eso, observa, no sólo el que padece, sino también el que se compadece de manera operativa, es imagen de Cristo. En efecto: meditando en la conducta del samaritano, que «detuvo su viaje, cambió sus planes, le dedicó su tiempo, empleó los medios a su disposición», el beato Álvaro insistía: «también el samaritano es imagen de Cristo, modelo de alma sacerdotal, porque el dolor no es sólo medio de santificación en quien lo padece, sino en quien se compadece del que sufre y se sacrifica por atenderle...» (I.93, n. 19). Al subrayar que «el dolor no es sólo medio de santificación en quien lo padece, sino en quien se compadece», don Álvaro da a entender que el protagonismo no está en el que se hace prójimo del que sufre, sino ante todo en el que sufre. Es con éste con quien se identifica Cristo en primera instancia. Él es quien marca la pauta, el criterio, frente al cual los personajes que pasan a su lado adquirirán o no su condición de prójimos, en última instancia, actualizando su alma sacerdotal.

Una inflexión significativa

No reconoceríamos a Dios en el prójimo si no nos acercáramos a él en su sufrimiento, si no nos dejáramos conmover por sus necesidades, de forma que modificaran nuestros planes. Esta disposición es parte esencial, constitutiva, de la compasión que exhibe el samaritano. Don Álvaro, al igual que Juan Pablo II, no se limita a destacar la necesidad de una actitud compasiva, sino que subraya la necesidad de que tal actitud vaya acompañada de obras eficaces. En este contexto, introduce una inflexión significativa: «Después, una vez que ha trasladado personalmente el enfermo a la posada, ¿qué hace el samaritano? Sacando dos denarios, se los dio al mesonero y le dijo: cuida de él, y lo que gastes de más te lo daré a mi vuelta (Lc 10,25): prosigue su camino, porque le incumben otros deberes que no puede descuidar. No es una disculpa, no es una evasión, no haría bien si permaneciera más tiempo: sería sentimentalismo, desatendería otras obligaciones. La misma caridad que le ha impulsado a detenerse, le mueve a continuar su viaje. Es Cristo quien nos ofrece el ejemplo» (I.93, n. 19)

En este texto don Álvaro recuerda el horizonte microscópico y macroscópico de la caridad cuando, por un lado, señala que «un cristiano nunca puede cerrar los ojos ante la indigencia del prójimo, sea moral o material», pues «precisamente, el amor a Dios, en el que consiste primariamente la caridad, dilata las pupilas de nuestros ojos, permitiéndonos reconocer a Cristo en los que sufren, y enciende en nuestros corazones el deseo de volcarnos en obras de misericordia, silenciosamente, sin aparato» (I.93, n. 19), llevando a «inculcar este afán en quienes nos rodean, para que no se conduzcan de modo egoísta, de espaldas al dolor, a la soledad o a la miseria» (I.93, n. 19). Pero, por otro lado, y con la misma energía, no deja de invitar a reconocer la proyección de la caridad en las relaciones sociales, económicas, políticas, en las que se desenvuelve de hecho nuestra vida ordinaria: no sólo en los encuentros inesperados, donde las necesidades del otro se nos presentan de forma clamorosa, sino en los encuentros cotidianos, que componen el tejido acostumbrado de la vida, debe hacerse abrirse paso la caridad, debe –por emplear su mismo lenguaje– ponerse en ejercicio el alma sacerdotal: «El afán de atender y remediar en lo posible las necesidades materiales del prójimo, sin descuidar las demás obligaciones propias de cada uno, como el buen samaritano, es algo característico de la fusión entre alma sacerdotal y mentalidad laical. Lo que Dios nos pide, en primer término, es que santifiquemos el trabajo profesional y los deberes ordinarios. En medio de esas actividades, permite que os encontréis con la indigencia y el dolor de otras personas; entonces, señal clara de que realizáis vuestras tareas con alma sacerdotal, es que no pasáis de largo, indiferentes; y señal no menos clara es que lo hacéis sin abandonar los demás deberes que tenéis que santificar» (I.93, n. 20).

Caridad desde el propio lugar en el mundo

Haciéndose eco fiel del mensaje de san Josemaría, quien había acuñado la expresión «mentalidad laical» para referirse a la naturalidad con la que cristianos corrientes, ciudadanos y trabajadores entre sus iguales, con quienes comparten un modo de ver el mundo y unos mismos afanes, infunden la luz de la fe y de la caridad en esas realidades humanas, el beato Álvaro insiste sobre el valor santificador de las realidades ordinarias: el espíritu cristiano no se transparenta sólo en los casos extraordinarios, sino también en la vida cotidiana.

«Dios quiere que permanezcáis en vuestro lugar. Desde ahí, podéis realizar –estáis realizando– una labor colosal en beneficio de los pobres e indigentes, de los que padecen ignorancia, soledad y dolor –en tantas ocasiones a causa de la injusticia de los hombres–, porque al buscar la santidad con todas vuestras fuerzas, santificando el trabajo profesional y las relaciones familiares y sociales, contribuís a informar la sociedad con el espíritu cristiano» (I.93, n. 20).

Con el fin de dejar claro que el mensaje anterior no se dirige a unos pocos, sino a todos, sea cual sea el lugar que ocupe en el mundo, puntualiza: «No me refiero sólo a quienes ocupáis puestos de relieve en los ambientes económicos, políticos y sociales; pienso en todas las hijas y en todos los hijos de nuestro Padre, que, al convertir en oración su trabajo y su jornada entera –quizá tareas sin brillo, como la labor y la vida de la Virgen y de san José–, estáis poniendo a Cristo en la cima de las actividades humanas, y Él –no lo dudéis– atraerá todas las cosas hacia sí, saciando vuestra hambre y sed de justicia» (I.93, n. 20).

Es toda la teología del valor santificador del trabajo y la vida ordinaria, que san Josemaría puso de relieve remitiendo a los años de vida oculta de Jesús en Nazaret, la que se pone en juego en esas palabras. El hecho de que la adecuada interpretación del pasaje requiera adoptar una perspectiva teológica no debe impedirnos reconocer la estructura ética que presupone, ya destacada por la Doctrina Social de la Iglesia cuando sitúa el trabajo humano en el corazón de toda la cuestión social. Pues, en último término, lo que la glosa de don Álvaro a esta parábola pone de relieve es la dimensión intrínsecamente solidaria de todo trabajo humano, y, en esa medida, que la solidaridad expresada por el buen samaritano no debe reservarse exclusivamente para situaciones extraordinarias, sino actualizarse en el ejercicio cotidiano de la profesión.

El ejemplo del mesonero

Es este aspecto, precisamente, el que queda singularmente resaltado en la parte final de su comentario, que, no por hacerse eco de la predicación del Fundador del Opus Dei deja de ser original: «Meditemos también el final de la parábola. Para ocuparse del herido, el samaritano recurrió también al mesonero. ¿Cómo se hubiera desenvuelto sin él? Nuestro Padre admiraba la figura de este hombre –el dueño de la posada– que pasó inadvertido, hizo la mayor parte del trabajo y actuó profesionalmente. Al contemplar su conducta, entended, por una parte, que todos podéis actuar como él, en el ejercicio de vuestro trabajo, porque cualquier tarea profesional ofrece de un modo más o menos directo la ocasión de ayudar a las personas necesitadas. Ciertamente lo permite la tarea de un médico, de un abogado, o de un empresario que no cierra los ojos ante las necesidades materiales que la ley no le obliga a atender, porque sabe que le obligan la justicia y el amor; pero también la de un oficinista, un trabajador manual o un agricultor que encuentra el modo de servir a los demás, quizá en medio de grandes estrecheces personales. Sin olvidar –insisto de nuevo– que el fiel desempeño del oficio profesional ya es ejercicio de la caridad con las personas y con la sociedad» (I.93, n. 21).

El mesonero, a quien el samaritano le encomienda “cuidar” del hombre malherido, realiza una tarea profesional impregnada de caridad. Con su actuación, actualiza los vínculos éticos de solidaridad a los que nos convoca la vida social y los eleva a una nueva dimensión. Me atrevo a decir que especialmente en una sociedad en la que las interdependencias son cada vez más manifiestas, advertir la intrínseca dimensión ética de los lazos profesionales reviste particular trascendencia. En este sentido, cualquier trabajo, desempeñado fielmente, y con los ojos atentos a las necesidades de las personas implicadas, puede y debe considerarse un auténtico ejercicio de solidaridad y caridad. Más aún: la ayuda eficaz que, según veíamos, caracteriza la auténtica compasión, reclama con frecuencia una solución profesional, informada por el mismo principio. Por eso mismo –sigue diciendo don Álvaro– «la preocupación por los pobres y enfermos... ha de impulsar a promover o a participar en labores asistenciales, con las que se trate de remediar, de modo profesional, esas necesidades humanas y muchas otras» (I.93, n. 21).

En efecto: la caridad no sólo abre los ojos a las necesidades ajenas, sino que, como decíamos arriba, con palabras de san Juan Pablo II, mueve a remediarlas de manera eficaz, de un modo que no pierda de vista el bien de la persona. El beato Álvaro expresa esto mismo sirviéndose del par de conceptos acuñados por san Josemaría: el alma sacerdotal, que alienta en todo fiel cristiano que vive en medio del mundo y en él desempeña un trabajo profesional, debe moverle a reconocer las necesidades del prójimo y contribuir a su solución con la mentalidad laical y profesional que le es propia: impulsando escuelas, colegios, centros de formación profesional, hospitales, centros asistenciales, centros de investigación, etc.

Sobre esta misma idea incidió años más tarde Juan Pablo II en su libro Levantaos Vamos, para referirse al modo en que los laicos realizan su vocación en el mundo: «Los laicos pueden realizar su vocación en el mundo y alcanzar la santidad no solamente comprometiéndose activamente a favor de los pobres y los necesitados, sino también animando con espíritu cristiano la sociedad mediante el cumplimiento de sus deberes profesionales y con el testimonio de una vida familiar ejemplar. No pienso sólo en los que ocupan puestos de primer plano en la vida de la sociedad, sino en todos los que saben transformar en oración su vida cotidiana, poniendo a Cristo en el centro de su actividad. Él será quien atraiga a todos así, saciando su hambre y sed de justicia» (Mt 5,6). Y añadía: «¿No es ésta la lección que se desprende del final de la parábola del Buen Samaritano (Lc 10,34-35)? Después de los primeros cuidados de asistencia al herido, el buen samaritano se dirige al posadero. ¿Qué hubiera podido hacer sin él? De hecho, el posadero, permaneciendo en el anonimato, realizó la mayor parte del trabajo. Todos pueden actuar como él cumpliendo sus propias tareas con espíritu de servicio. Toda ocupación ofrece la oportunidad, más o menos directa, de ayudar a quien lo necesita. (...) El cumplimiento fiel de los propios deberes profesionales es practicar ya el amor por las personas y la sociedad»[8].

Ana Marta González


[1] Papa Francisco, encíclica Fratelli Tutti, n. 56.

[2] Ana Marta González, En torno al Buen Samaritano. Lecturas del siglo XX, 50, 3, pp. 533-559, Scripta Theologica, 2018. https://doi.org/10.15581/006.50.3.533-559

[3] Lc 15, 25.

[4] Lc 15, 26-29.

[5] Lc 10, 36.

[6] Lc 10, 37.

[7] Benedicto XVI, Deus caritas est, n. 14.

[8] San Juan Pablo II, Levantaos, Vamos, pp. 107-108.

Como en una película: Al borde del camino

Nos metemos en la piel del ciego Bartimeo en el día que supuso un antes y un después en su vida.

COMO EN UNA PELÍCULA27/10/2020

Entre los muchos recursos técnicos a disposición del director de una película, se encuentra el de adoptar el punto de vista de un personaje, es decir, presentar las escenas poniéndose en su lugar e imitando su percepción. Por ejemplo, si se filma un diálogo entre dos personas, la cámara puede limitarse a ofrecer una perspectiva externa, mostrando a los dos interlocutores desde una cierta distancia, o alternar un primer plano de uno u otro, para ver sus reacciones, o concentrarse en uno solo, mostrando sus gestos y dejando que se oiga lo que está pensando.

Análogamente, el escritor de un relato puede narrarlo de una manera externa, sin adoptar la posición de ningún personaje, o puede presentarnos las cosas tal como las ve u oye uno de ellos. Cuando san Josemaría aconsejaba meterse en el evangelio «como un personaje más», nos estaba animando a leer los textos como si estuviéramos dentro de la escena. En ocasiones, el relato mismo nos ayuda a entrar en él, precisamente cuando se narra la acción adoptando el punto de vista de uno de los personajes.

Hay pasajes del evangelio que se prestan a considerarlos bajo estas técnicas cinematográficas. Nos podemos imaginar la curación de Bartimeo (cfr. Mc 10,46–52) preguntándonos: ¿Dónde estaría situada la cámara? ¿Qué tipo de plano utilizaría? ¿A quién estaría enfocando? ¿Qué recorrido haría? De este modo, considerando esta escena como una película, quizá descubriremos algunos aspectos en los que antes no habíamos reparado.

Saliendo de Jericó

San Marcos introduce el episodio diciendo que Jesús y sus discípulos «llegan a Jericó», ciudad situada en el valle del río Jordán y a veinticinco kilómetros de Jerusalén, que es hacia donde se dirige Jesús. Sin contarnos nada de lo que haría dentro de esta ciudad, el evangelista añade inmediatamente: «Y cuando salía él de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, un ciego, Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al lado del camino pidiendo limosna» (Mc 10,46). Podemos imaginar esta situación como si fuera una escena filmada desde algunas decenas de metros de distancia, de tal manera que consigue encuadrar a dos personas que no están juntas: por un lado se ve al Señor saliendo de la ciudad, rodeado de mucha gente; por el otro, se distingue a un ciego que pide limosna junto al camino. Jesús se encuentra en movimiento; el ciego, en cambio, está sentado. También se puede pensar en una sucesión de imágenes: primero vemos al Maestro y a la muchedumbre; después la cámara se mueve a lo largo del camino hasta detenerse para ofrecer un primer plano del ciego. La indicación de su nombre –Bartimeo– seguida de su traducción –hijo de Timeo– acentúa su singularidad. Quizá hay también un toque de ironía, pues Timeo significa honradoestimado.

A continuación, la cámara adopta un primer plano del ciego. Poco a poco se va acercando hacia él, hasta que resulta posible distinguir su voz: «Y al oír que era Jesús Nazareno, comenzó a decir a gritos: “¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!”» (Mc 10,47). Tras enterarse de quién es el causante de la agitación que percibe, Bartimeo reacciona con un clamor que no solo es una petición de misericordia, sino también una confesión: él oyó “Jesús Nazareno”, pero lo proclama como “Hijo de David”, adelantándose a las aclamaciones de la gente cuando el Señor entraría en Jerusalén.

Bartimeo sigue en el centro de la escena. La narración nos ha metido en la piel de nuestro personaje, de manera que ahora no solo lo vemos de cerca, sino que también oímos lo mismo que él. Ajetreo. El tumulto de la muchedumbre que se acerca. Las pisadas en la arena del camino. Comenzamos a escuchar también los gritos de los que tratan de silenciarlo. «¡Cállate! ¡Deja de molestar al Maestro! ¡Sigue a lo tuyo!».

No terminamos de entender por qué la gente no quería que Bartimeo abriese la boca. Pero él no se echa para atrás, y repite el mismo clamor con más fuerza si cabe: «¡Hijo de David, ten piedad de mí!» (Mc 10,48).

Desconocemos qué es exactamente lo que quiere de Jesús, aunque lo podemos intuir. Tampoco sabemos por qué lo reconoce como Mesías. En cualquier caso, su modo de actuar muestra a un hombre que no es pusilánime ni cobarde. No se deja arrastrar por el ambiente. Sabe que el Mesías esperado está pasando por delante de él, y no puede dejar que escape esta oportunidad. «¿La gente me dice que me calle? ¡No puedo!». A Bartimeo le pudieron más las ganas de gritar que las de callar por miedo al qué dirán. «¿No te entran ganas de gritar a ti, que estás también parado a la vera del camino, de ese camino de la vida, que es tan corta; a ti, que te faltan luces; a ti, que necesitas más gracias para decidirte a buscar la santidad? ¿No sientes la urgencia de clamar: ”Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí?” ¡Qué hermosa jaculatoria, para que la repitas con frecuencia!» [1].

 

Un temblor del corazón

La cámara hace un rápido movimiento para mostrarnos al Señor, que ha oído los gritos y detiene su caminar: «Se paró Jesús y dijo: “Llamadle”» (Mc 10,49). El Maestro había oído esa súplica llena de fe y lo manda traer: quiere hablar con él, escucharle, saber qué es lo que quiere. Cuando la reacción de las personas que le rodeaban era la de hacer callar al ciego, Jesús responde llamándole. A Él no le molesta que le pidamos ayuda, porque ha venido precisamente para salvarnos.

Con otro veloz cambio de plano, volvemos de nuevo al lugar donde se encuentra sentado Bartimeo y escuchamos con él la invitación a ir a Jesús: «Llamaron al ciego diciéndole: “¡Ánimo!, levántate, te llama”» (Mc 10,49). El Papa nos ayuda a imaginar lo que sentiría en ese momento Bartimeo: «Un temblor se apodera del corazón, porque se da cuenta de que es mirado por la Luz, por esa luz cálida que nos invita a no permanecer encerrados en nuestra oscura ceguera. La presencia cercana de Jesús permite sentir que, lejos de él, nos falta algo importante. Nos hace sentir necesitados de salvación, y esto es el inicio de la curación del corazón»[2] .

Tras la llamada de Jesús, la vivacidad del relato aumenta y el ritmo de la acción se acelera aún más: Bartimeo –se nos dice–, «arrojando su manto, dio un salto y se acercó a Jesús» (Mc 10,50). Para comprender la magnitud de este gesto, conviene traer a la memoria un precepto de la ley de Moisés sobre los préstamos: «Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de que el sol se ponga, porque es su única ropa y con ella abriga su piel; si no, ¿con qué va a dormir?» (Éx 22,25–26). El manto era la casa de este ciego, el lugar donde se acostaría para pasar la noche. Sin embargo, ante la llamada del Señor, no duda en prescindir de lo único que tiene. «No olvides que, para llegar hasta Cristo, se precisa el sacrificio; tirar todo lo que estorbe»,[3] comenta san Josemaría. Este detalle del manto, pequeño en apariencia, nos invita a pensar: ¿cómo reacciono cuando noto que Jesús me pide algo?

Cara a cara

No vemos el recorrido hecho por Bartimeo desde que se levanta hasta que llega al Señor. Su movimiento ha sido tan rápido que la cámara nos lo muestra enseguida junto a Cristo. Jesús le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?» (Mc 10,51). La pregunta es idéntica a la que le había dirigido a Santiago y Juan en el episodio inmediatamente anterior (cfr. Mc 10,36). En esa ocasión, la petición de los dos hermanos –sentarse a la derecha y a la izquierda en su reino– no había sido aceptada, porque no sabían lo que pedían. ¿Cómo reaccionará el Maestro esta vez?

«”Rabboni, que vea”, le respondió el ciego». No pide dinero, como solía hacer junto al camino, sino un don mucho más grande y difícil. La petición de Bartimeo, la misericordia que pedía a gritos al Hijo de David, consiste en volver a ver. De nuevo le sale espontáneo dirigirse al Señor, hablar con Él, decir lo que piensa sin tapujos, con sencillez. Con esas mismas palabras san Josemaría rezó en varias ocasiones. «¿No te ha sucedido, en alguna ocasión, lo mismo que a ese ciego de Jericó? Yo no puedo dejar de recordar que, al meditar este pasaje muchos años atrás, al comprobar que Jesús esperaba algo de mí –¡algo que yo no sabía qué era!–, hice mis jaculatorias. Señor, ¿qué quieres?, ¿qué me pides? Presentía que me buscaba para algo nuevo y el Rabboni, ut videam –Maestro, que vea– me movió a suplicar a Cristo, en una continua oración: Señor, que eso que Tú quieres, se cumpla».[4]

Un antes y un después

Jesucristo escucha la petición del ciego y no la rechaza: «Entonces le dijo: “Anda, tu fe te ha salvado”. Y al instante recobró la vista» (Mc 10,52). La declaración de Jesús nos revela el punto más importante del episodio, porque interpreta con autoridad la conducta de Bartimeo. Su perseverancia en la oración, su prontitud para obedecer la llamada y su desprendimiento de todo lo que posee no eran consecuencia de un carácter irreflexivo, de ambiciones personales o de afán de protagonismo, sino de su fe. Por eso, no sorprende la frase con la que san Marcos concluye el relato: «Y le seguía por el camino» (Mc 10,52). La fe que movió a Bartimeo a pedir con insistencia y a superar las dificultades lo lleva finalmente a transformarse en un discípulo, que se pone en marcha detrás de Jesús en el camino que sube de Jericó a Jerusalén, el camino que lleva a la cruz.

«Seguirle en el camino. Tú has conocido lo que el Señor te proponía, y has decidido acompañarle en el camino. Tú intentas pisar sobre sus pisadas, vestirte de la vestidura de Cristo, ser el mismo Cristo: pues tu fe, fe en esa luz que el Señor te va dando, ha de ser operativa y sacrificada. No te hagas ilusiones, no pienses en descubrir modos nuevos. La fe que Él nos reclama es así: hemos de andar a su ritmo con obras llenas de generosidad, arrancando y soltando lo que estorba».[5]

¡Cómo sería la vida de Bartimeo después de este encuentro! El evangelio no nos vuelve a hablar de él, pero podemos imaginar que habrá sido un antes y un después. Ya no estaría al borde del camino pidiendo limosnas, sino que saldría al paso de la gente para contarles lo que había significado en su vida ese momento con Jesús. Si antes no podía callar cuando sabía que el Mesías estaba cerca, ¿qué no haría después de haber sido llamado y curado por el Maestro? «También nosotros –dice el Papa–, cuando nos acercamos a Jesús, vemos de nuevo la luz para mirar el futuro con confianza, reencontramos la fuerza y el valor para ponernos en camino»[6] .

Juan Carlos Ossandón // Photo: Egor Myznik - Unsplash


[1] Amigos de Dios, n.195.

[2] Francisco, Homilía, 4-III-2016.

[3] Amigos de Dios, n. 196.

[4] Ibid., n.197.

[5] Ibid., n.198.

[6] Francisco, Homilía, 4-III-2016.

Tiempo de Adviento: Preparar la venida del Señor

El Señor no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. El Adviento es un tiempo en el que la Iglesia llama a sus hijos a vigilar, a estar despiertos para recibir a Cristo que pasa, a Cristo que viene. Editorial sobre este tiempo del año litúrgico.

AÑO LITÚRGICO26/11/2015

Tiempo de Adviento: Preparar la venida del Señor (Descarga en formato PDF)

«Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno». Estas palabras de la oración colecta del primer domingo de Adviento iluminan con gran eficacia el peculiar carácter de este tiempo, con el que se da inicio al Año litúrgico. Haciéndose eco de la actitud de las vírgenes prudentes de la parábola evangélica, que supieron tener a punto el aceite para las bodas del Esposo[1], la Iglesia llama a sus hijos a vigilar, a estar despiertos para recibir a Cristo que pasa, a Cristo que viene.

Tiempo de presencia

AL DECIR ADVENTUS, LOS CRISTIANOS AFIRMABAN, SENCILLAMENTE, QUE DIOS ESTÁ AQUÍ: EL SEÑOR NO SE HA RETIRADO DEL MUNDO, NO NOS HA DEJADO SOLOS.

El deseo de salir al encuentro, de preparar la venida del Señor[2], nos pone ante el término griego parusía, que el latín traduce como adventus, de donde surge la palabra Adviento. De hecho, adventus se puede traducir como “presencia”, “llegada”, “venida”. No se trata, por lo demás, de una palabra acuñada por los cristianos: en la Antigüedad se usaba en ámbito profano para designar la primera visita oficial de un personaje importante -el rey, el emperador o uno de sus funcionarios- con motivo de su toma de posesión. También podía indicar la venida de la divinidad, que sale de su ocultamiento para manifestarse con fuerza, o que se celebra en el culto. Los cristianos adoptaron el término para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey que ha entrado en esta pobre “provincia”, nuestra tierra, para visitar a todos; un Rey que invita a participar en la fiesta de su Adviento a todos los que creen en Él, a todos los que están seguros de su presencia entre nosotros.

Al decir adventus, los cristianos afirmaban, sencillamente, que Dios está aquí: el Señor no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no podamos verlo o tocarlo, como sucede con las realidades sensibles, Él está aquí y viene a visitarnos de muchos modos: en la lectura de la Sagrada Escritura; en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía; en el año litúrgico; en la vida de los santos; en tantos episodios, más o menos prosaicos, de la vida cotidiana; en la belleza de la creación... Dios nos ama, conoce nuestro nombre, todo lo nuestro le interesa y está siempre presente junto a nosotros. Esta seguridad de su presencia, que la liturgia del Adviento nos sugiere discretamente, pero con constancia a lo largo de estas semanas, ¿no esboza una imagen nueva del mundo ante nuestros ojos? "Esta certeza que nos da la fe hace que miremos lo que nos rodea con una luz nueva, y que, permaneciendo todo igual, advirtamos que todo es distinto, porque todo es expresión del amor de Dios"[3]

Una memoria agradecida

El Adviento nos invita a detenernos, en silencio, para captar la presencia de Dios. Son días en los que volver a considerar, con palabras de san Josemaría, que "Dios está junto a nosotros de continuo. -Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado. Y está como un Padre amoroso -a cada uno de nosotros nos quiere más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos-, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo... y perdonando"[4].

Si nos empapamos de esta realidad, si la consideramos con frecuencia en el tiempo de Adviento, nos sentiremos animados a dirigirle la palabra con confianza en la oración, y muchas veces durante el día; le presentaremos los sufrimientos que nos entristecen, la impaciencia y las preguntas que brotan de nuestro corazón. Es este un momento oportuno para que crezca en nosotros la seguridad de que Él nos escucha siempre. «A ti, Señor, levanto mi alma: Dios mío, en ti confío; no quede yo defraudado»[5].

Comprenderemos también cómo los giros a veces inesperados que toma cada día son gestos personalísimos que Dios nos dirige, signos de su mirada atenta sobre cada uno de nosotros. Sucede que solemos estar muy atentos a los problemas, a las dificultades, y a veces apenas nos quedan fuerzas para percibir tantas cosas hermosas y buenas que vienen del Señor. El Adviento es un tiempo para considerar, con más frecuencia, cómo Él nos ha protegido, guiado y ayudado en las vicisitudes de nuestra vida; para alabarlo por todo lo que ha hecho y sigue haciendo por nosotros.

Ese estar despiertos y vigilantes ante los detalles de nuestro Padre del cielo, cuaja en acciones de gracias. Se crea así en nosotros una memoria del bien que nos ayuda incluso en la hora oscura de las dificultades, de los problemas, de la enfermedad, del dolor. «La alegría evangelizadora -escribe el Papa- siempre brilla sobre el trasfondo de la memoria agradecida: es una gracia que necesitamos pedir»[6]. El Adviento nos invita a escribir, por decirlo así, un diario interior de este amor de Dios por nosotros. "Me figuro -decía san Josemaría- que vosotros como yo, al pensar en las circunstancias que han acompañado vuestra decisión de esforzaros para vivir enteramente la fe, daréis muchas gracias al Señor, tendréis el convencimiento sincero -sin falsas humildades- de que no hay mérito alguno por vuestra parte" [7]

Dios viene

LA ALEGRÍA EVANGELIZADORA SIEMPRE BRILLA SOBRE EL TRASFONDO DE LA MEMORIA AGRADECIDA: ES UNA GRACIA QUE NECESITAMOS PEDIR (PAPA FRANCISCO)

Dominus veniet![8] ¡Dios viene! Esta breve exclamación abre el tiempo de Adviento y resuena especialmente a lo largo de estas semanas, y después, durante todo el año litúrgico. ¡Dios viene! No se trata simplemente de que Dios haya venido, de algo del pasado; ni tampoco es un simple anuncio de que Dios vendrá, en un futuro que podría no tener excesiva trascendencia para nuestro hoy y ahora. Dios viene: se trata de una acción siempre en marcha; está ocurriendo, ocurre ahora y seguirá ocurriendo conforme trascurra el tiempo. En todo momento, “Dios viene”: en cada instante de la historia, sigue diciendo el Señor: «mi Padre no deja de trabajar, y yo también trabajo»[9]

El Adviento nos invita a tomar conciencia de esta verdad y a actuar de acuerdo con ella. «Ya es hora de que despertéis del sueño»; «estad siempre despiertos»; «lo que a vosotros os digo, a todos lo digo: ¡velad!»[10] Son llamadas de la Sagrada Escritura en las lecturas del primer domingo de Adviento que nos recuerdan estas constantes venidas, adventus, del Señor. No ayer, no mañana, sino hoy, ahora. Dios no está solo en el cielo, desinteresado de nosotros y de nuestra historia; en realidad, Él es el Dios que viene. La meditación atenta de los textos de la liturgia del Adviento nos ayuda a prepararnos, para que su presencia no nos pase desapercibida.

Para los Padres de la Iglesia, la “venida” de Dios -continua y, por decirlo así, connatural con su mismo ser- se concentra en las dos principales venidas de Cristo: la de su encarnación y la de su vuelta gloriosa al fin de la historia[11] El tiempo de Adviento se desarrolla entre estos dos polos. En los primeros días se subraya la espera de la última venida del Señor al final de los tiempos. Y, a medida que se acerca la Navidad, va abriéndose camino la memoria del acontecimiento de Belén, en el que se reconoce la plenitud del tiempo. «Por estas dos razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre»[12].

El prefacio I de Adviento sintetiza este doble motivo: «al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, [el Señor] realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar»[13].

Días de espera y esperanza

DIOS NO ESTÁ SOLO EN EL CIELO, DESINTERESADO DE NOSOTROS Y DE NUESTRA HISTORIA; EN REALIDAD, ÉL ES EL DIOS QUE VIENE.

Una nota fundamental del Adviento es, por tanto, la de la espera; pero una espera que el Señor viene a convertir en esperanza. La experiencia nos muestra que nos pasamos la vida esperando: cuando somos niños queremos crecer; en la juventud aspiramos a un amor grande, que nos llene; cuando somos adultos buscamos la realización en la profesión, el éxito determinante para el resto de nuestra vida; cuando llegamos a la edad avanzada aspiramos al merecido descanso. Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, o también cuando naufragan, percibimos que esto, en realidad, no lo era todo. Necesitamos una esperanza que vaya más allá de lo que podemos imaginar, que nos sorprenda. Así, aunque existen esperanzas más o menos pequeñas que día a día nos mantienen en camino, en realidad, sin la gran esperanza -la que nace del Amor que el Espíritu Santo ha puesto en nuestro corazón[14] y aspira a ese Amor-, todas las demás no bastan.

El Adviento nos anima a preguntarnos ¿qué esperamos? ¿cuál es nuestra esperanza? O, más en profundidad, ¿qué sentido tiene mi presente, mi hoy y ahora? «Si el tiempo no está lleno de un presente cargado de sentido -decía Benedicto XVI- la espera puede resultar insoportable; si se espera algo, pero en este momento no hay nada, es decir, si el presente está vacío, cada instante que pasa parece exageradamente largo, y la espera se transforma en un peso demasiado grande, porque el futuro es del todo incierto. En cambio, cuando el tiempo está cargado de sentido, y en cada instante percibimos algo específico y positivo, entonces la alegría de la espera hace más valioso el presente»[15].

Un Belén para nuestro Dios

 

EL TIEMPO DE ADVIENTO NOS DEVUELVE EL HORIZONTE DE LA ESPERANZA, UNA ESPERANZA QUE NO DECEPCIONA PORQUE EL SEÑOR NO DECEPCIONA JAMÁS (PAPA FRANCISCO)

Nuestro tiempo presente tiene un sentido porque el Mesías, esperado durante siglos, nace en Belén. Junto a María y José, con la asistencia de nuestros Ángeles Custodios, le esperamos con renovada ilusión. Al venir Cristo entre nosotros, nos ofrece el don de su amor y de su salvación. Para los cristianos la esperanza está animada por una certeza: el Señor está presente a lo largo de toda nuestra vida, en el trabajo y en los afanes cotidianos; nos acompaña y un día enjugará también nuestras lágrimas. Un día, no demasiado lejano, todo encontrará su cumplimiento en el reino de Dios, reino de justicia y de paz. «El tiempo de Adviento nos devuelve el horizonte de la esperanza, una esperanza que no decepciona porque está fundada en la Palabra de Dios. Una esperanza que no decepciona, sencillamente porque el Señor no decepciona jamás»[16]

El Adviento es un tiempo de presencia y de espera de lo eterno; un tiempo de alegría, de una alegría íntima que nada puede eliminar: «os volveré a ver, promete Jesús a sus discípulos, y se os alegrará el corazón, y nadie os quitará vuestra alegría»[17] El gozo en el momento de la espera es una actitud profundamente cristiana, que vemos plasmada en la Santísima Virgen: Ella, desde el momento de la Anunciación, «esperó con inefable amor de madre»[18] la venida de su Hijo, Jesucristo Por eso, Ella también nos enseña a aguardar sin ansia la llegada el Señor, al mismo tiempo que nos preparamos interiormente para ese encuentro, con la ilusión de "construir con el corazón un Belén para nuestro Dios"[19].

Juan José Silvestre


[1] Cfr. Mt 25, 1ss.

[2] Cfr. Ts 5, 23.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 144.

[4] San Josemaría, Camino, n. 267.

[5] Misal Romano, I Domingo de Adviento, Antífona de entrada. Cf. Sal 24 (25) 1-2.

[6] Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 24-XI-2013, n. 13.

[7] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 1.

[8] Cfr. Misal Romano, Feria III de las semanas I-III de Adviento, Antífona de entrada. Cfr. Za 14, 5.

[9] Jn 5, 17.

[10] Rm 13, 11; Lc 21, 36; Mc 13, 37.

[11] Cfr. San Cirilo de Jerusalén, Catequesis 15, 1: PG 33, 870 (II Lectura del Oficio de Lecturas del I Domingo de Adviento).

[12] Calendario Romano, Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario, n. 39.

[13] Misal Romano, Prefacio I de Adviento.

[14] Cfr. Rm 5, 5

[15] Benedicto XVI, Homilía I Vísperas del I Domingo de Adviento, 28-XI-2009.

[16] Francisco, Angelus, 1-XII-2013.

[17] Jn 16, 22.

[18] Misal Romano, Prefacio II de Adviento.

[19] Notas de una meditación, 25-XII-1973 (AGP, biblioteca, P09, p. 199). Publicado en Álvaro del Portillo, Caminar con Jesús. Al compás del año litúrgico, Ed. Cristiandad, Madrid 2014, p. 21.

Solemnidad de Cristo Rey

“Qué responderíamos, si Él preguntase: tú, ¿cómo me dejas reinar en ti?”, pregunta san Josemaría con ocasión de esta solemnidad. Ofrecemos recursos para meditar sobre Jesucristo como Rey del Universo.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA20/11/2020

​Recursos para meditar en la solemnidad de Jesucristo como Rey del Universo.

• Cristo Rey: En el último domingo del año litúrgico se celebra la Solemnidad de Cristo Rey. Ofrecemos el texto y el audio de la homilía que San Josemaría predicó el 22 de noviembre de 1970.

• ¿Qué es y en qué consistirá el reino de los Cielos? Textos breves del fundador del Opus Dei.


Lecturas y liturgia de la fiesta de Cristo Rey

• Comentario al evangelio: Cristo Rey. Evangelio del 34º domingo del Tiempo ordinario (Ciclo A) y comentario al evangelio.

• Cristo Rey del Universo. Breve texto para meditar sobre esta fiesta en el año litúrgico.


Textos del Papa y del prelado del Opus Dei

• Jesús hoy nos pide que dejemos que Él se convierta en nuestro rey: Ángelus del Papa Francisco en la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo (2018)

• Mons. Fernando Ocáriz: «Cristo reina dándonos su vida»(2017): algunas anotaciones de la predicación realizada por el prelado del Opus Dei con ocasión de la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.


• Consagración del Opus Dei al Corazón de Jesús: Año 1952. Se acercaba la fiesta de Cristo Rey y san Josemaría decidió consagrar el Opus Dei, con sus miembros y apostolados, al Sagrado Corazón de Jesús. En este artículo se explica ese momento de la historia de la Obra.

• Omnia traham ad meipsum (Jn 12,32 Todo lo atraeré hacia mí): Estudio de Pedro Rodríguez, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, publicado en Romana, nº 13 (1991).

Acto de consagración y desagravio al Sagrado Corazón de Jesús

 

¡Oh Corazón de Jesús! Yo quiero consagrarme a ti con todo el fervor de mi espíritu. Sobre el ara del altar en que te inmolas por mi amor, deposito todo mi ser; mi cuerpo que respetaré como templo en que tú habitas; mi alma que cultivaré como jardín en que te recreas; mis sentidos, que guardaré como puertas de tentación; mis potencias, que abriré a las inspiraciones de tu gracia; mis pensamientos, que apartaré de las ilusiones del mundo; mis deseos, que pondré en la felicidad del Paraíso; mis virtudes que florecerán a la sombra de tu protección; mis pasiones, que se someterán al freno de tus mandamientos; y hasta mis pecados, que detestaré mientras haya odio en mi pecho, y que lloraré sin cesar mientras haya lágrimas en mis ojos. Mi corazón quiere desde hoy ser para siempre todo tuyo, así como tú, ¡oh Corazón divino! has querido ser siempre todo mío. Tuyo todo, tuyo siempre; no más culpas, no más tibieza. Yo te serviré por los que te ofenden; pensaré en ti por los que te olvidan; te amaré por los que te odian; y rogaré y gemiré, y me sacrificaré por los que te blasfeman sin conocerte. Tú, que penetras los corazones, y sabes la sinceridad de mi deseo, comunícame aquella gracia que hace al débil omnipotente, dame el triunfo del valor en las batallas de la tierra, y cíñeme la oliva de la paz en las mansiones de la gloria.
 Amén.

Recopilado por José Gálvez Krüger

Evangelio del domingo: Solemnidad de Cristo Rey

Evangelio del domingo de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo (Ciclo A) y comentario al evangelio.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Mt 25,31-46)

Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las gentes; y separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha, los cabritos en cambio a su izquierda.

Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.

Entonces le responderán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos peregrino y te acogimos, o desnudo y te vestimos?, o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a verte?”

Y el Rey, en respuesta, les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”.

Entonces dirá a los que estén a la izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles: porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; era peregrino y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”.

Entonces le replicarán también ellos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, peregrino o desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos?”

Entonces les responderá: “En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también dejasteis de hacerlo conmigo. Y éstos irán al suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna”.


Comentario

La enseñanza de Jesús que escuchamos en este pasaje del Evangelio es muy consoladora ante las situaciones de injusticia personal y social que abundan en la sociedad en que vivimos.

En efecto, somos testigos de una lucha diaria entre el bien y el mal. A veces nos puede parecer que en el mundo se imponen los que tienen más fuerza y más medios para oprimir a los demás, pero Jesús deja claro que el mal no tiene la última palabra. Dios es justo y triunfará la justicia.

En el Credo confesamos que Jesucristo “subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos”. Ahí reside nuestra certeza de que el triunfo definitivo está de parte del bien.

“Frente a Cristo, que es la Verdad, será puesta al desnudo definitivamente la verdad de la relación de cada hombre con Dios -nos recuerda el Catecismo-. El Juicio final revelará hasta sus últimas consecuencias lo que cada uno haya hecho de bien o haya dejado de hacer durante su vida terrena”[1]. Unos serán condenados y otros serán salvados.

El Catecismo explica el infierno recordando unas palabras de la primera carta de san Juan: “ ‘Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él’ (1Jn 3, 15). Nuestro Señor nos advierte de que estaremos separados de Él si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños que son sus hermanos.”[2].

Pero también, y esto es lo más gozoso, nos recuerda que existe el cielo. “Por su muerte y su Resurrección Jesucristo nos ha ‘abierto’ el cielo -enseña también el Catecismo-. La vida de los bienaventurados consiste en la plena posesión de los frutos de la redención realizada por Cristo quien asocia a su glorificación celestial a aquellos que han creído en Él y que han permanecido fieles a su voluntad. El cielo es la comunidad bienaventurada de todos los que están perfectamente incorporados a Él”[3].

El Hijo del hombre se identifica en el momento del juicio con los hambrientos y los sedientos, con los forasteros, los desnudos, los enfermos y los encarcelados, con todos los que sufren en este mundo, y considera el comportamiento que se ha tenido con ellos como si se hubiera tenido con Él mismo.

Por eso nos recuerda san Josemaría que “hay que reconocer a Cristo, que nos sale al encuentro, en nuestros hermanos los hombres. Ninguna vida humana es una vida aislada, sino que se entrelaza con otras vidas. Ninguna persona es un verso suelto, sino que formamos todos parte de un mismo poema divino, que Dios escribe con el concurso de nuestra libertad”[4].

Esto no es un simple modo hermoso de hablar, sino que alude a la más profunda realidad de Jesús. El Hijo de Dios, al hacerse hombre en Jesucristo se ha hecho uno de nosotros, pobre, conocedor del dolor, el hambre, la sed, la persecución, hasta el punto de morir desnudo en la Cruz.

El Juez universal será el mismo que padeció todo esto, y tiene bien experimentado cuánto duele el desprecio presuntuoso del que sólo va a lo suyo, y cuánto consuela el amor de las personas generosas que no pasan de largo ante las necesidades de los hermanos.


[1] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1039.

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1033.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1026.

[4] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 111.

 

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO.

 

Mt 25,31.46.

 

Con esta solemnidad concluye el tiempo ordinario. El próximo domingo con el Adviento se inicia un nuevo año litúrgico, año del Señor.

 

Este texto de Mateo no es solo la carta magna de la caridad al atardecer de nuestra vida, es claramente un texto donde se refleja la profunda identidad de Cristo cien por cien divino y cien por cien humano.

 

1.     Jesús presenta el Juicio final de la humanidad cuando vuelva entre las nubes como Juez misericordioso. Dividirá a la humanidad entre las ovejas y las cabras. Todas le pertenecen. Sin embargo la diferencia es abismal. Seremos todos examinados en el amor concreto y real. Nadie quedará al margen. Nuestra vida nos la jugamos en el Amor a Dios que aterriza en los que viven en todas las intemperie en todas las periferias.

 

2.     La clave está en la pregunta de unos y otros ante el Señor que viene como Juez misericordioso... Señor cuándo te vimos hambriento, sediento, en la cárcel, enfermo...Sería terrible que pasemos de largo ante los que son el rostro preferido del Señor, los que sufren.

 

3.     Aquí está el argumento principal que tiene a Jesús como centro en el juicio final de la historia. Tener un corazón que descubre la carne de Jesús en todos los empobrecidos de la historia, de la vida. Descubrir el latido de su corazón en cada persona que nos encontramos en el camino de la vida y que tenemos que ver al Señor. Sería terrible que Jesús nos dijese que la prueba de algodón de nuestra santidad es la caridad... y que no podemos vivir con Él toda la eternidad porque no hemos tenido nunca los sentimientos de su Corazón.

  

+ Francisco Cerro Chaves  Arzobispo de Toledo  Primado de España

 

 

Lo que pasa, Alejandro Llano

Daniel Tirapu

Alejandro Llano.

Catedrático de metafísica en Valencia y la Autónoma de Madrid. Rector de la Universidad de Navarra entre 1991 y 1996. Un maestro, de los pocos que hay en España.

Para Llano el gran problema es que en España no hay pensamiento serio, ni de izquierdas, ni de derechas. Hay medios de comunicación, televisión, sexo y libertad no entendida, ni asumida, sin responsabilidad.

Aquí nos preocupa el Madrid de fútbol o el que sea y mucha manipulación. La guerra fue una cosa de buenos y malos, claro a los "buenos" les toca mandar como sea por lo menos 50 años, ya llevan 22.

¿Qué debate hemos tenido con el llamado matrimonio homo, con el aborto? cero patatero. Niños y educación seria; no tenemos niños y la educación está muy mal.

La Universidad acoge un plan Bolonia acrítico. Somos demasiado pragmáticos y solucionamos todo a corto plazo. Demasiada improvisación. España, enigma histórico, en los años 50 no éramos nada y en el 75, cuando murió Franco entre las doce potencias industriales del mundo.

¿Tenía algo que decir ZP de la crisis mundial? Nada, pero es que nadie ha dicho nada. Derecha e izquierda apuestan por la economía, en el fondo economicistas, marxistas fracasados. No hay ideas y la Universidad se lanza a ofrecer másteres y pensar más bien poquito.

 

 

 La digitalización de la vida cotidiana

Silvia del Valle Márquez

Las reglas también deben aplicar para nosotros los papás, así seremos coherentes y estaremos educando con el ejemplo.

Las circunstancias actuales nos han cambiado las costumbres y la forma de vida, provocando que la dinámica familiar se vea afectada y haciendo que todo gire alrededor de lo digital, es decir, de lo virtual, lo que tiene que ver con las redes sociales y las plataformas digitales.

Esto es algo que ya venía avanzando, pero que la pandemia ha acelerado de forma intempestiva y que no tiene vuelta atrás.

Nuestros hijos no están exentos de esto, ya que deben tomar clases virtuales, algunos en sofisticadas plataformas y otros por medio de las redes sociales y los medios masivos de comunicación, pero todos han entrado en una dinámica especial y diferente a lo que estábamos acostumbrados y a veces no ha sido tan fácil, por lo que te dejo mis 5 tips para ayudarles a la digitalización y cuidado de la vida cotidiana.

PRIMERO. Es indispensable poner reglas claras y precisas.
Ya que a pesar de que es un deber tomar clases virtuales y hacer tareas digitales, es necesario que haya también horarios de uso de los dispositivos, horario de juegos, lineamientos de uso y que, en caso de ser necesario, estén previstas sanciones o consecuencias para el mal uso de los mismos.

Si nuestros hijos están pequeños, podemos hacerles dibujos para que comprendan el reglamento y si ya son más grandes, ellos pueden participar en la elaboración del reglamento, así lo sentirán propio y lo asumirán con gusto.

Deben ser cuando mucho diez puntos muy concretos y claros. De esta forma serán fáciles de recordar y se podrán llevar a la práctica rápidamente.

También debemos recordar que todo esto es un proceso y que no se puede implementar de la noche a la mañana, pero que en algún momento debemos comenzar.

Por cierto, las reglas también deben aplicar para nosotros los papás, así seremos coherentes y estaremos educando con el ejemplo.

SEGUNDO. Establece un lugar fijo para el uso de los dispositivos.
La portabilidad de los equipos hace muy difícil el control de ellos, pero es muy necesario que pongamos todo en claro y que delimitemos los espacios donde sí se pueden usar los dispositivos.

Si se trata de las clases, es necesario tener orden y dignidad en el espacio, en cuanto a las tareas es necesario tener espacio para otros materiales que complementen la realización de los trabajos.

Por último, es necesario considerar los requerimientos de uso de los dispositivos para planear los espacios adecuados.

Es importante que estos lugares sean públicos para que podamos ver lo que nuestros hijos están haciendo y viendo. Esto siempre nos ayuda a que todo sea transparente y que nuestros hijos no tengan la tentación de ver cosas que no corresponden a la actividad en tiempo.

Otro punto que debemos tener en cuenta es que este lugar debe estar bien iluminado y ventilado para lograr una oxigenación adecuada y que el aprendizaje sea óptimo.

TERCERO. Vigila que hagan pausas cada hora mientras usan los dispositivos.
En el mundo digital, el paso del tiempo no se siente y muchas veces pasa que al entrar en una red social o al buscador de internet perdemos la idea de lo que buscamos y nos perdamos en las mil opciones que nos presentan, es por esto que debemos establecer alertas o alarmas que nos indiquen que el tiempo ha pasado y es necesario hacer un cambio de actividad.

En este tiempo podemos ir al baño, tomar agua, levantarnos para estirarnos o simplemente cerrar los ojos para descansarlos.

Con nuestros hijos puede ser necesario que salgan a correr o que den de brincos para reactivar su vitalidad y que su circulación sea adecuada.

CUARTO. Prepara actividades que les permitan dejar las pantallas por algo de tiempo.
En medio de tantas actividades digitales es necesario recurrir a actividades que fomenten el desarrollo motriz, la reactivación de los músculos y el desarrollo de su coordinación.

Estos pueden ser juegos, manualidades, canto, deporte dentro de casa o en el patio, repostería, etc. La idea es que provoquemos que nuestros hijos dejen de lado los dispositivos y vuelvan a lo que antes era lo normal en la niñez, los juegos y convivencia.

Si tenemos la oportunidad de designar espacios para estas actividades, será más fácil que sean actividades constantes que les aporten orden dentro de estas situaciones tan diversas que se nos están presentando a diario.

Y QUINTO. Fomenta la buena comunicación para evitar que se aíslen en el mundo digital.
Es paradójico que en la época de la comunicación digital la familia esté más incomunicada que nunca.

Y es nuestra labor como padres hacer que nuestros hijos aprendan a comunicarse adecuadamente y que tengan la capacidad de expresar sus ideas o necesidades de la forma más eficaz.

Para esto es necesario que sepan que estamos siempre disponibles para escucharlos y que estamos dispuestos a ayudarles.

Cuando competimos con las aplicaciones y redes sociales, estamos de perder, ya que estas generan grandes expectativas en nuestros hijos, pero es necesario que en nosotros tengan una opción real de apoyo, consejo y escucha activa.

Es por esto que debemos ser muy creativos y propiciar lugares y espacios de diálogo y recapitulación de lo que va sucediendo día a día.

A veces, el ambiente y la híper información provocan algo de temor y psicosis en nuestros hijos y debemos ser muy hábiles para detectar estas conductas en los miembros de nuestra familia.

En caso de que estemos en este punto, debemos provocar el diálogo y que expresen sus temores y angustias para que después podamos establecer procesos de mejora y logremos hacer un uso adecuado de los dispositivos y de las redes sociales.

Lo mejor es el equilibrio y hacer frente a los retos que la situación actual nos va presentando.

 

¿Qué es la libertad?

El hombre contemporáneo piensa que la libertad es hacer lo que pasa por la cabeza, en el momento que apetece. El rechaza cualquier análisis de sus apetencias porque esto quita el gusto de actuar arbitrariamente. La Moral, ni siquiera es considerada.

Esta libertad equivale a la libertad que podría tener un hombre que guiase un automóvil sin volante: para él lo importante es que se siente libre.

¿Dónde irá a parar? No importa.

Este parece el rumbo que van tomando nuestras sociedades.

¿En qué consiste, entonces, la libertad?

El Papa León XIII, en su famosa Encíclica «Libertas Praestantissimum», define la doctrina católica sobre la verdadera libertad.

«Existe el derecho de propagar en la sociedad, con libertad y prudencia, todo lo verdadero y todo lo virtuoso para que pueda participar de las ventajas de la verdad y del bien el mayor número posible de ciudadanos. Pero las opiniones falsas, máxima dolencia mortal del entendimiento humano, y los vicios corruptores del espíritu y de la moral pública deben ser reprimidos por el poder público para impedir su paulatina propagación, dañosa en extremo para la misma sociedad. Los errores de los intelectuales depravados ejercen sobre las masas una verdadera tiranía y deben ser reprimidos por la ley con la misma energía que otro cualquier delito inferido con violencia a los débiles. Esta represión es aún más necesaria, porque la inmensa mayoría de los ciudadanos no puede en modo alguno, o a lo sumo con mucha dificultad, prevenirse contra los artificios del estilo y las sutilezas de la dialéctica sobre todo cuando éstas y aquéllos son utilizados para halagar las pasiones».

«Respecto a la llamada libertad de enseñanza, el juicio que hay que dar es muy parecido. – Solamente la verdad debe penetrar en el entendimiento, porque en la verdad encuentran las naturalezas racionales su bien, su fin y su perfección; por esta razón la doctrina dada tanto a los ignorantes como a los sabios debe tener por objeto exclusivo la verdad, para dirigir a los primeros hacia el conocimiento de la verdad y para conservar a los segundos en la posesión de la verdad. Este es el fundamento de la obligación principal de los que enseñan: – extirpar el error de los entendimientos y bloquear con eficacia el camino a las teorías falsas. Es evidente, por tanto, que la libertad de que tratamos, al pretender arrogarse el derecho de enseñarlo todo a su capricho, está en contradicción flagrante con la razón y tiende por su propia naturaleza a la perversión más completa de los espíritus. El poder público no puede conceder a la sociedad esta libertad de enseñanza sin quebrantar sus propios deberes»

(Encíclica «Libertas Praestantíssimum», B.A.C., Doctrina Pontificia, vol. II, Documentos Políticos, págs. 246-248).

 

Vacuna, prudencia y agradecimiento

Ana Teresa López de Llergo

Lo cierto es que este virus llegó para quedarse y las medidas de higiene tampoco son transitorias porque seguramente la inmunidad no será duradera.

La actitud óptima de quienes esperamos la vacuna protectora de COVID-19 es la del agradecimiento amplio y profundo.

Agradecimiento amplio porque, aunque lo primero es pensar en los científicos, también hemos de incluir a otros trabajadores no menos importantes. Los técnicos que diseñan los envases; los distribuidores a quienes compete seguir las indicaciones de los científicos para mantener las condiciones del buen estado del producto: temperatura, humedad, caducidad, etcétera.

Agradecimiento profundo porque esos trabajadores practican con especial esmero su responsabilidad y su moralidad al servicio de los imprescindibles requisitos para mantener la salud de las personas. Sea quien sea el usuario depende totalmente de la honestidad de los trabajadores.

También agradecimiento a los voluntarios en quienes se experimentan las pruebas iniciales y hacen posible ser la generación que vive los pasos de un nuevo descubrimiento y enlaza con los anteriores. Aquí va el elenco: la adopción de la primera vacuna fue en el año de 1796 para la viruela. En el siglo XIX, en1879, la vacuna para la diarrea intestinal grave; en1881 para el ántrax; en 1882 para la rabia; en 1884 para el cólera; en 1890 para el tétanos; en 1890 para la difteria; en 1897 para la peste.

En el siglo pasado: en 1926 para tos ferina; en 1927 para la tuberculosis; en 1937 para la fiebre amarilla; en 1937 para el tifus; en 1945 para la gripe; en 1952 para la poliomielitis; en 1954 para la encefalitis japonesa; en 1962 la vacuna oral para la poliomielitis; en 1964 para el sarampión; en 1967 para las paperas; en 1970 para la rubéola; en 1974 para la varicela; en 1977 para la neumonía (Streptococcus pneumoniae); en 1978 para la meningitis (Neisseria meningitidis); en 1981 para la hepatitis B; en 1985 la haemophilus influenzae tipo B (HiB); en 1992 para la hepatitis A; en 1998 para la enfermedad de Lyme.

En este siglo, en 2005 para el virus del papiloma humano, principal factor de riesgo del cáncer cervical; en 2008 para prevenir la adicción a la heroína y a la cocaína, aunque se sigue investigando para asegurar su efectividad. En 2009 para la gripe A (H1N1) y aún no se determina la efectividad de la vacuna contra la hepatitis C.

El asunto de la prudencia se empieza a perfilar al darnos cuenta de datos que tardan en llegar. Como sucede con la hepatitis C. Pero hay mucho más sobre la prudencia porque no podemos asegurar todo sobre las vacunas si estamos todavía en etapa experimental. Faltan resultados y hay varias vacunas, no sabemos cuál es mejor.

El día 12 de este mes llegaron a México 7 mil unidades de la vacuna de la firma china CanSino Biologics para aplicarse de inmediato. Para probarla hay 15 mil voluntarios y se hará en diversos estados de la República.

La vacuna de la farmacéutica estadounidense Pfizer asegura su eficacia en un 90 por ciento contra COVID-19. Planean traerla a México en diciembre aunque tal vez no se pueda porque se necesita mantenerla a 70 grados centígrados bajo cero y sólo cinco días antes de su uso se puede descongelar. Ahora la están probando en humanos. No se sabe cuánta protección ofrece, a quién y durante cuánto tiempo.

Rusia anunció que su vacuna Sputnik V, tiene una eficacia del 92 por ciento, y la aplicarán en ese país de forma masiva en pocas semanas más. La investigación se hizo en 16 mil voluntarios. Han aparecido efectos secundarios esperados. También se lleva a cabo el experimento en personas mayores.

En el Reino Unido hay personas que se infectarán deliberadamente con coronavirus para comprobar su vacuna AstraZeneca.

A principios del mes de noviembre Israel comenzó los ensayos de su vacuna BriLife en humanos. Después, durante tres semanas, los investigadores probarán si los voluntarios vacunados desarrollaron anticuerpos. En diciembre, harán pruebas de seguridad en 960 voluntarios. Seis meses después probarán la eficacia de la vacuna en aproximadamente 30 mil voluntarios.

Como vemos, los procedimientos de los científicos también varían, por ejemplo, la vacuna BioNTech de Alemania, consiste en instrucciones moleculares. Pero, la creación de una vacuna lleva varios años, primero se prueba en adultos y luego en niños y ancianos. También han de transcurrir varios años para comprobar sus efectos y, más adelante es necesaria la regulación adecuada.

La prudencia en estas circunstancias la hemos de manifestar en frenar todo tipo de comentarios no fundamentados. Es necesario esperar, las críticas o los comentarios negativos solamente deterioran el psiquismo y fomentan la desinformación y el malestar social.

La vacuna se espera como el medio para inmunizarnos y así recuperar la movilidad segura. De todos modos, aún hay muchas incógnitas ante la posibilidad de que el virus mute; o la manera de proteger a personas con evidente vulnerabilidad por edad, sobrepeso o afecciones pulmonares; la periodicidad para volverse a vacunar; si impide el contagio de personas enfermas pero asintomáticas. Y todos los efectos secundarios que ahora se desconocen e irán apareciendo en lapsos de tiempo también desconocidos.

Lo cierto es que este virus llegó para quedarse y las medidas de higiene tampoco son transitorias porque seguramente la inmunidad no será duradera.

Las personas que se presten a la experimentación también deben ser muy prudentes para tomar la decisión que garantice mayoría de efectos positivos frente a los negativos que seguramente aparecerán.

Tanto los investigadores como quienes se presten a las pruebas han de saber que las personas no son material de laboratorio. Libremente se ofrecen para el beneficio propio y el de los demás, y el trato durante el proceso tiene que realizarse con la delicadeza adecuada a la dignidad humana.

 Lotería de Navidad: "Compartir como siempre. Compartir como nunca"

Todos los años, el anuncio de Lotería de Navidad marca el comienzo de los spots navideños. Con él empieza una temporada mágica, en la que los anuncios sacan lo mejor de nosotros. Sin duda, el spot de la Lotería es uno de los más esperados. Y esta vez, se presenta en una doble versión: “Hermanos” y “Vecinas”. Ambos actualizan su claim habitual, que invita a compartir felicidad, en un doble lema publicitario: “Compartir como siempre. Compartir como nunca”.

Como siempre. Porque En ambos spots, Lotería de Navidad cuenta varias historias que se entrelazan en el tiempo. Esas historias conforman una gran retrospectiva histórica que hace ver como este sorteo –tan esperado el 22 de diciembre– ha estado siempre presente en la vida de los españoles y ha marcado los momentos clave de muchas familias.  Como nunca, porque ambos anuncios aluden a la necesidad de compartir cuando, como ahora, nos vemos abocados a la separación.

En el spot “Vecinas” se alude a escenas entrañables que hemos vivido en estos meses de confinamiento, como esa vecina a la que no conocíamos y con la que hemos charlado de balcón a balcón con total confianza. En “Hermanos”, se visualiza la distancia de dos hermanos separados a raíz de la pandemia y que se reconcilian compartiendo un décimo de Navidad.

Los dos anuncios comienzan en una estación de tren de los años 40, cuando un padre se despide de su hijo en el andén de una pequeña aldea. Ese tren, que durante décadas ha permitido a las familias reunirse por Navidad, es aquí el símbolo de la separación, porque el hijo se marcha a la gran ciudad y ya no volverá en décadas. Poco después, dos novios se encuentran por Navidad, y él muestra un décimo a ella soñando con poder casarse. Ya en los 50, un trabajador de una fábrica recibe un décimo de lotería en la carta que le escribe su mujer desde el pueblo: de nuevo la separación, metáfora de nuestro confinamiento

En los 60, una madre regala un décimo a su hija embarazada: “¿Y esto?”, pregunta. “Para el bebé”, sonríe la madre. Y más, más historias: varias compañeras de trabajo en los 70, un hijo y su madre en los 80, un tendero y su cliente en los 90...,  ¡hasta un guiño al famoso Calvo de los anuncios de Lotería a final del siglo pasado! Todos comparten un décimo al felicitarse por Navidad.

Así hasta el momento presente, marcado por la pandemia. No quiero hacer un spoiler, pero sin duda el final de cada historia te emocionará. Aunque aún falta mes y medio para celebrarlo, ¡qué bueno es que empecemos a descubrir –gracias a la publicidad con valores– lo hermoso, entrañable e inspirador que es para todos la Navidad.

 

La tecnología en nuestra vida diaria

Lucía Legorreta

Recuerda que la tecnología debe ser una herramienta útil en tu vida, nunca un obstáculo que te impida vivirla plenamente.

Hemos tenido cambios significativos en cuanto a los equipos de telecomunicación en nuestras vidas: pasamos del telégrafo al WhatsApp, de la televisión en blanco y negro a las tabletas de alta resolución; de los teléfonos fijos a los celulares.

Es por ello que vale la pena reflexionar qué tanto influye esta tecnología en tu vida diaria, la forma en que la utilizamos, por qué y para qué.

Nuestra mente:

Pasamos más de ocho horas al día interactuando con algún aparato electrónico conectado a internet. Esto tiene implicaciones positivas y también negativas.

Nos ayuda a organizarnos mejor, aprender cosas nuevas, a llevar registro de nuestras metas y avances personales, o a acortar distancias con amigos y familiares, entre otras muchas ventajas.

Sin embargo, podemos llenarnos de información dañina, estresante o buscar situaciones en las que estemos expuestos o en riesgo.

Nuestro trabajo:

Por un lado, la tecnología ha hecho que los trabajos sean más flexibles y que el home office (trabajo en casa) o el remote office (oficina remota) sean posibles. Con esto se evitan factores estresantes como el tráfico, se eliminan las barreras de horarios, distancias y contribuyen a crear un sentimiento de productividad y manejo de horarios. Permite también un mejor balance entre la vida familiar y la laboral.

Sin embargo, el utilizar las redes sociales dentro del ámbito laboral hace que muchos trabajadores pierdan tiempo en asuntos no relacionados con el trabajo.

Nuestra familia:

Sin duda la tecnología ha presentado nuevos retos y oportunidades para las familias actuales. Sus integrantes están más comunicados mediante las redes sociales, pero tristemente más alejados en la comunicación de persona a persona. Como papás tenemos la responsabilidad de que la tecnología sea una herramienta para el crecimiento integral de nuestros hijos y NO una forma de vida.

¿Cómo darle el lugar a la tecnología en nuestras vidas?
-Reconoce el problema, cuestiónate qué papel tiene en tu vida, qué puedes o quieres cambiar, o bien mejorar.

-Audita y evalúa tus fuentes de información (noticias, perfiles, amistades). Responde las preguntas: ¿Me ofrecen contenido de calidad?, ¿cómo me hacen sentir conmigo mismo?, ¿me aporta información útil y necesaria en mi vida?

-Cuida mucho lo que recibes: el filtrar las redes sociales y fuentes de noticias es esencial para que recibamos los mensajes que queremos y que construyen. En la vida si una persona te lastima o te hace daño, la evitas; si un periódico o revista te parece de baja calidad no lo compras. ¿Por qué en las redes no habríamos de hacer lo mismo?

-Modela un buen comportamiento: no hagas lo que no quieres que te hagan y piensa muy bien antes de enviar algo. Estas deben ser dos reglas de oro en las redes sociales. Piensa, ¿qué imagen estoy dando?, ¿cómo estoy contribuyendo al diálogo o a la interacción con mis aportaciones?

Recuerda, la tecnología debe ser una herramienta útil en tu vida, nunca un obstáculo que te impida vivirla plenamente.

“La vacunación es un acto de solidaridad: mientras haya población que no esté protegida, habrá un nicho donde el virus podrá infectar”

Pablo Sarobe, investigador del Cima Universidad de Navarra, es optimista ante los anuncios de Pfizer, Moderna y Janssen: “Han superado los mismos requisitos de seguridad y eficacia que otras vacunas”

 María Salanova

El investigador del Cima Universidad de Navarra Pablo Sarobe se muestra optimista ante los anuncios de efectividad de las vacunas de Pfizer, Moderna y Janssen. “Se trata de vacunas innovadoras, con tecnología similar. Por los datos publicados, que en breve deberíamos ver confirmados en revistas científicas, tienen una buena actividad inmunológica”, señala. El científico ha participado en una conferencia sobre “Vacunas COVID19: presente y futuro”, enmarcada en las actividades de la Semana de la Ciencia organizadas por el Museo de Ciencias Universidad de Navarra.

Sobre las reticencias de parte de la población a administrárselas, asegura que “la vacunación es un acto de solidaridad y lo ideal es que existiera una conciencia general de su necesidad y de los beneficios que aporta a toda la sociedad”. Frente al caso de los fármacos tradicionales, donde el principal afectado es el que recibe el tratamiento, “en la vacunación el beneficio es global”, indica el experto. “De hecho -afirma-, hay personas a las que les gustaría vacunarse, pero por factores como la edad u otras enfermedades concomitantes, esta medida no es tan eficaz, y la mejor manera de protegerlos es proteger a la sociedad en su conjunto”.

El investigador del Programa de Inmunología e Inmunoterapia del Cima añade: “En primavera todo el mundo estaba muy orgulloso de la solidaridad que suponía quedarse en casa por el bien de todos. Pues bien, la vacunación sería lo mismo a partir de ahora”.

Ante la afirmación de Ugur Sahin, creador de la vacuna de Pfizer, sobre la posible recuperación de una “vida normal” a mediados de 2021, confirma que si la eficacia de la vacuna y la tasa de vacunación son lo suficientemente elevadas para alcanzar la inmunidad de grupo, estaríamos protegidos. “Pero mientras exista un porcentaje de la población que no esté protegido por la vacuna, ahí siempre habrá un nicho donde el virus podrá infectar y diseminarse”, subraya. 

Efectos secundarios similares a los de otras vacunas

Al preguntarle si él se vacunaría, el científico no duda: “No tengo por qué ser reticente a ponerme una vacuna que ha sido aprobada tras superar las diferentes fases y con los datos de eficacia que se están haciendo públicos”. A su juicio, la desconfianza de la gente podría deberse a la falta de conocimiento sobre los procesos de aprobación: “Aunque haya salido en tan poco tiempo, la vacuna ha superado los mismos requisitos de seguridad y eficacia que cualquier otra, y ha sido aprobada por los comités correspondientes”.

Esta aprobación supone que ha demostrado unos niveles de seguridad y que los efectos secundarios generados en las miles de personas que han participado en los ensayos clínicos previos están dentro de lo aceptable, explica el experto. Hasta el momento, los efectos secundarios notificados en los ensayos de Pfizer, Moderna y Janssen concuerdan con lo que habitualmente se observa en otras vacunas. “Son signos como enrojecimiento e inflamación de la zona de inyección, algún proceso febril más o menos leve, etc., que en la mayoría de los casos son de muy corta duración”.

Asimismo, subraya que estas vacunas pueden ser las primeras, pero no serán las únicas, puesto que existen otras que también han mostrado resultados prometedores: “Desde el punto de vista de la eficacia, no tienen por qué ser las mejores y también hay cuestiones prácticas, como la estabilidad del producto y los requisitos de almacenamiento y distribución, que podrían hacer más adecuadas unas vacunas que otras”, afirma.

De hecho, en la Universidad de Navarra el equipo de Pablo Sarobe investiga en una de ellas. “Nuestra vacuna está basada en la administración de fragmentos de zonas muy concretas del virus, lo que requiere la identificación de esas zonas y qué propiedades inmunitarias tienen. Esto hace que el proceso sea más lento que las vacunas basadas en virus o proteínas completas”. Hasta el momento han identificado algunas de esas zonas y están caracterizando el efecto de la administración en modelos animales. “Alcanzado este objetivo la idea es diseñar una vacuna con las mejores propiedades de eficacia y seguridad”, termina.

 

Pompeo reza todos los días

Pompeo, el aún secretario de Estado de Estados Unidos, dijo: "Estamos utilizando todos los elementos de la ley federal para prohibir el uso de los fondos del Departamento de Estado para presionar a favor del aborto". Cabe señalar que casi todo el aporte de Estados Unidos a Naciones Unidas se destina a agencias que promueven el aborto, financiación que permanece intacta.

Pompeo y Alex Azar, Secretario de Salud y Servicios Humanos, encabezaron una declaración conjunta de 20 países que condenaban el lenguaje pro-aborto en los documentos de la ONU, un tema en el que los grupos pro-vida han trabajado durante un cuarto de siglo.

“Dijimos claramente; ‘No existe el derecho internacional al aborto’. Es lo que exige el liderazgo del presidente Trump ".

Un líder africano pro-vida dijo: "Nunca pensé que Estados Unidos usaría su gran poder para hablar por la protección de los no nacidos en los términos más inequívocos y sin remordimientos".

Como comparación, fue durante la administración de George W. Bush cuando el lenguaje del aborto entró en un tratado de ley dura por primera vez. El Departamento de Estado de Trump ha ordenado a todas las delegaciones estadounidenses que luchen contra todo lenguaje relacionado con el aborto en los documentos de la ONU, incluidos eufemismos como "salud reproductiva".

El discurso no llegó sin críticas. Don Fox, un ex burócrata vinculado a la Oficina de Ética Gubernamental de EE. UU., sugirió que Pompeo había violado "una disposición en las regulaciones federales que prohíbe a los empleados de la rama ejecutiva hacer mal uso de su oficina para beneficio privado, y que incluye el beneficio privado de cualquier otra entidad para incluir una organización sin fines de lucro". Fox también se preguntó cómo el Consejo de Política Familiar de Florida podría tener interés en la política exterior de Estados Unidos.

Pompeo también ha sido criticado por cenas privadas que organiza en el Departamento de Estado para las partes interesadas. Lo acusan de hacer política para su propio beneficio político futuro.

Los conservadores sociales, sin embargo, elogian uniformemente a Pompeo como quizás el Secretario de Estado más pro-vida y pro-familia en la historia de Estados Unidos.

Jesús D Mez Madrid

 

 

La placidez de la muerte 

Cuando reviso mi experiencia ante el final de la vida se mezclan dos emociones extremas: la placidez y el dolor. Lo del dolor se entiende, estoy seguro. Lo de la placidez resulta extraño, lo sé. 

La placidez de la muerte está íntimamente relacionada con su certeza: sabemos que no hay nada más natural que morir. Bueno, nacer, que es la condición sine qua non para morir. La muerte forma parte de la vida, como la vida de la muerte: desde que existimos llevamos impresa una fecha de caducidad, como los yogures, con la pega añadida de que no podemos pasar de puntillas -como a veces hacemos durante unos días con los yogures- porque la muerte afecta de manera escandalosa a nuestro envase.

Detrás de estas consideraciones se agazapa la dignidad del ser humano; a pesar del tinte trágico que acompaña a todo luto, ante la muerte de los míos he experimentado una belleza secreta al ver fortalecida esa dignidad a pesar de su debilidad extrema, mediante la compañía y los cuidados (que en este trance son una gigantesca bomba de amor). En cada caso, hubo un momento en el que, perdida su última fuerza, me dieron la sensación de que se les mitigaba el dolor y el miedo, de igual manera que su conciencia aceptaba con serenidad la naturalidad de morir, al tiempo que su espíritu parecía dirigirse hacia un destino imperecedero.

 

Juan García.

 

 

Que los gobiernos no diluyan la institución matrimonial

El pronunciamiento del Papa, durante una entrevista grabada para un documental, ha sido presentado por muchos como un giro doctrinal en la Iglesia, interpretación carente de base. El Papa hablaba del respeto a la dignidad de cualquier ser humano y de la necesidad de tutelar sus derechos civiles. Esto no pone de ningún modo en cuestión la enseñanza constante de la Iglesia sobre la sexualidad y sobre el matrimonio, que se basa en la unión fiel entre un hombre y una mujer.

Francisco ha sido constante en esta enseñanza, y en reclamar que los gobiernos no diluyan la institución matrimonial, pilar esencial de cualquier sociedad, al equipararla a efectos prácticos con otras formas de convivencia.

En nuestra sociedad hay diversas situaciones de convivencia, y lógicamente algunas no coinciden con la enseñanza de la Iglesia. Se trata de que todas las personas encuentren tutelados sus derechos sin pretender igualar lo que exige un tratamiento diferente.

Pedro García

 

 

El tribunal del alma 

 

            Todos llevamos dentro de nuestro “yo” un tribunal durísimo y el que siempre saldrá a juzgarnos, hagamos lo que hagamos; eso de “sin conciencia”, no me lo creo en absoluto, y esa conciencia o consciencia, saldrá y se plantará ante nosotros, cuando menos la esperemos, puede que “duerma” alguna vez, pero siempre saldrá para hacernos ver lo mal hecho; puede considerarse como un complemento de la “ley del Karma o de Causa y Efecto”, que castiga o premia, según obremos en la vida que se nos tenga asignada en “éste perro mundo”; dónde un misterio terrible, encierra el devenir de cada “mono humano”, muchos de los cuales realizan atrocidades, las que al parecer quedan impunes, para desamparo, amargura o desesperación, de los que no comprendemos el qué y el porqué, de lo que ocurre y que en la actualidad es tan hediondo; aunque analizado a fondo, la Historia; en todas las épocas ocurrieron cosas similares o incluso peores, y las que en mayoría no fueron juzgadas por los jueces de su tiempo; y da la sensación de que las impunidades de entonces, simplemente se repiten hoy como siempre y eso meditándolo, resulta horroroso.

            Las religiones, algunas, dejan estos asuntos a resolver, por lo que nos dicen es o será, “la justicia divina”, pero “la divinidad no se deja ver y yo creo que nunca la vio ningún “mono humano”; si bien hay una filosofía que resuelve esa justicia divina, como tribunal justo y que aplica, lo que Cristo y con sus metáforas ya dejara dicho… “Quién a hierro mata a hierro muere”; y lo que concuerda con la antes dicha, “ley del Karma o de Causa y efecto”; pero ¿cómo y cuándo se juzgaría a estos delincuentes y cómo pagarían sus latrocinios, sobre todo los grandes asesinos, destructores incluso de pueblos y grandes áreas del mundo?

            La respuesta única que hay, la dan los, “espíritas o espiritistas con su filosofía o religión sin templos ni sacerdotes”; cosa que hay que aclarar, que no es una verdad que se pueda demostrar, pero que sí que nos apunta “indicios”, más que suficientes, de que si no todo, algo o mucho, ya se paga en esta vida, puesto que el resto, y según esta filosofía, se pagará “hasta la última partícula o gota”, en las sucesivas reencarnaciones que el depravado en esta vida, habrá que afrontar y en ellas; vivir, existencias inimaginables, porque tiene que pagar a tenor con lo que hizo en ésta; y en algunos o muchos casos, “eso no se paga en una sóla reencarnación, veamos.

            De la literatura europea destaco dos personajes famosos; uno fue Enrique VIII de Inglaterra, del que se nos relata una vida de excesos y tiranía, no sólo por cuanto manda matar a su esposa más famosa (Ana Bolena) sino que por sus lujurias, se enemista incluso con el Papa de Roma, rompe con él y “se crea su propia religión”, para lograr el divorcio que “el romano no le da”; y se convierte en el máximo heredero de la denominada “Anglicana”, que igualmente hereda su familia. Para lograr sus fines, incluso condena a muerte nada menos que a Tomás Moro, posiblemente el hombre más íntegro de su reinado y que hoy, “lo declaran santo las religiones anglicana y católica”; amén de todos cuantos latrocinios cometió o mandó cometer. Pues bien, tras tan larga vida de déspota, muere de enfermedad larga y horrible, como demuestran sus historiadores, asegurando, que antes de morir, “ya su carne era una piltrafa putrefacta y que despedía hediondos hedores, amén de dolores atroces”;  lo que ya demuestra que, “en esta vida ya pagó bastante por sus excesos”.

            El segundo personaje es o fue, Oscar Wilde, que junto a su mujer fueron espiritistas; y este intelectual nos deja entre otras, su gran obra; “El retrato de Dorian Gray”, en la que demuestra ese sentir del “otro mundo”, para lo cual imagina, un cuadro pintado y que representa la belleza material del retratado en el mismo, pero cuyo cuadro y a medida que el personaje del cuadro se va depravando, el cuadro se va transformando en lo que el autor imagina son las realidades de su infame alma; lo que de alguna manera indica, “los castigos” que le esperan al protagonista aquí en este mundo y en el otro tras la muerte.

            Otros personajes tiránicos y famosos fueron Nerón, que al final y tras tantos excesos como se le asignan, tiene que morir cobardemente, “suicidado” por un esclavo que la da muerte ante la súplica del tirano, ya sólo y abandonado. Igualmente le ocurre al   el emperador Yongle, que volvió a establecer su capital en Pekín y allí comenzó en 1406 la construcción de lo que se convertiría en la Ciudad Prohibida. La construcción duró quince años, requirió la participación de más de un millón de trabajadores, amén de la esclavización del inmenso país y sus recursos, para “gloria” del “hijo del cielo”, que entre sus caprichos, se reservó el color amarillo para sus vestidos, condenando a muerte a cualquiera de sus súbditos que osara vestir de igual color. Curiosamente fue ahorcado con el cinturón amarillo de su último vestido, con el que hubo de huir, acompañado de uno de sus miles de eunucos, que “le ayudó” a ahorcarse con tan valiosísimo cinturón o faja del traje imperial; hecho que ocurre ya en un descampado y fuera de, “su ciudad prohibida”, la que ya conquistaban los que le derrocaron. En España podemos señalar a un indeseable rey moderno y que pasó a la historia, como, “el rey felón” (Fernando VII) por su falta de escrúpulos y bajezas, amén de los asesinatos que mandó cometer; y cómo dejó al pueblo español en su nefasto reinado. Y así podríamos señalar a tantos otros, “coronados o sin corona”, y que la lista sería interminable; y en todos ellos, aparentemente no se arrepintieron de nada, pero seguro que “la procesión y por tiempos que sólo ellos sabrían, la llevaron por dentro”.

            Y digo esto último, por cuanto, la mayoría de “monos humanos”, cuándo hemos realizado algo contrario a lo que debiéramos haber hecho, siempre hay, “una voz interior” que nos avisa y remuerde la conciencia, recordándonos el hecho, sin que sea de la índole de lo que relato de estos, “grandes monos coronados y llenos de privilegios”; por ello y con más motivo, cito esto último, y me creo, lo de “ese tribunal interior o universal”, que juzga y condena sin perdón alguno, los males que se hacen, los que si bien tienen perdón (así lo dice la filosofía citada) pero antes de ello, hay que pagar hasta la última consecuencia, de “los delitos o pecados cometidos anti natura y en perjuicio de inocentes, que en su momento sufrieron sus consecuencias”. ¿Qué esto no se puede demostrar? Bien; pero observemos que muchos empiezan a pagarlo en su propia vida y antes de pasar a la que nos dicen existe tras la muerte; “cuyo tribunal no tiene prisa alguna, pero que siempre ajustará cuentas finales”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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