Las Noticias de hoy 14 Noviembre 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 14/11/2020 - 12:51

La Ministra Isabel Celaá dice los hijos no pertenecen a los padres - YouTube

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 14 de noviembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Estados Unidos: El Papa habla con Joe Biden por teléfono

El Papa presidirá la Misa de la IV Jornada Mundial de los Pobres

LA ORACIÓN DE PETICIÓN Y LA MISERICORDIA DIVINA: Francisco Fernandez Carbajal

“Queremos mirar con ojos limpios”: San Josemaria

Un sí para toda la vida (1)

“Omnia traham ad meipsum”: Pedro Rodríguez

 Un millón y medio de españoles firman contra la Ley Celaá: "Recorta libertades fundamentales": Alfonso Aguilo

El derecho de los padres a la educación de sus hijos (I): J.A. Araña J.C. Errázuriz

 Corresponsabilidad. Hacer hogar: una tarea común que da sentido al trabajo: Teresa Díez-Antoñanzas González y Alfonso Basallo Fuentes

 Evangelio del domingo: Al que tiene se le dará

XXXIII Domingo del tiempo ordinario: + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 Una siesta de 30 minutos, andar media hora o juntarse con los amigos, tres de los diez factores que reducen el riesgo de mortalidad prematura

 Sociedad sacerdotal de la Santa Cruz: Daniel Tirapu

EN  DEFENSA  DE  LA  MUJER  Y  DE  LA  VIDA.: JuanA   LLech

¡Mamá, por favor no lo hagas o la igualdad al derecho a la vida!: hijo de María y de Juan A.

 La colaboración en familia: Silvia del Valle Márquez

 El matrimonio, camino de santidad cristiana: Juan José Corazón Corazón

Propuesta educativa de la Iglesia : Jesús Domingo Martínez

Estar junto al enfermo,: Enric Barrull Casals

Agencias de la ONU presionan a Malawi: Domingo Martínez Madrid

EL TESÓN DE LAS HORMIGAS: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Estados Unidos: El Papa habla con Joe Biden por teléfono

Tras ser elegido presidente

NOVIEMBRE 13, 2020 10:40GABRIEL SALES TRIGUEROPAPA FRANCISCO

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(zenit – 13 nov. 2020).- El Papa Francisco conversó por teléfono con el nuevo presidente de los Estados Unidos de América, Joe Biden, el jueves 12 de noviembre de 2020, tal y como ha confirmado el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni.

La Santa Sede no pudo confirmar el contenido de la llamada ni quién llamó a quién.

Declaración de los obispos

Monseñor José H. Gómez, arzobispo de Los Ángeles y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCBB), en nombre de todos los miembros del episcopado, trasladó sus saludos y felicitaciones al nuevo mandatario norteamericano a través de una declaración: “Damos las gracias a Dios por la bendición de la libertad”.

El prelado indicó que el pueblo estadounidense había “hablado en esta elección” y que es el momento de que “nuestros líderes se reúnan con espíritu de unidad nacional y se dispongan a dialogar y a comprometerse por el bienestar común”.

El arzobispo explicó que es ahora cuando “los católicos tienen el deber especial de ser pacificadores, de promover la fraternidad y la confianza mutua y de rezar por un renovado espíritu de verdadero patriotismo” en Estados Unidos.

Elecciones presidenciales

El candidato demócrata Joe Biden, de 77 años de edad, venció en unas igualadas elecciones contra su oponente, el republicano y expresidente Donald Trump.

Según informó la agencia de noticias Europa Press, el exvicepresidente de Barack Obama conquistó las urnas con 290 votos electorales, cuyo punto de inflexión fue su victoria en el estado de Arizona, donde su partido no ganaba desde el año 1996.

En su primer mensaje como dirigente electo difundido en su cuenta de Twitterafirmó estar “honrado” por que los ciudadanos le escogieran en las urnas, y prometió que sería un presidente para todos los estadounidenses y un “acreedor de la fe” que habían depositado en él.

 

 

El Papa presidirá la Misa de la IV Jornada Mundial de los Pobres

A las 10 de la mañana

NOVIEMBRE 13, 2020 13:10GABRIEL SALES TRIGUEROPAPA FRANCISCO

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(zenit- 13 nov. 2020).- El próximo domingo, 15 de noviembre de 2020, a las 10 horas, el Papa Francisco presidirá la Santa Misa dominical en la basílica de San Pedro con motivo de la IV Jornada Mundial de los Pobres.

La Eucaristía será transmitida en vivo con comentarios en español por la página de Facebook de zeniten el portal de Vatican News y en el canal de YouTube del medio vaticano.

Representación simbólica

Ayer, jueves 12 de noviembre, tuvo lugar la conferencia de prensa de presentación de la IV Jornada Mundial de los Pobres, cuyo tema es “Tiende tu mano al pobre”.

En ella monseñor Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización anunció que participarán “solo 100 personas” en la Misa dominical, como representación simbólica de todos los pobres del mundo que “necesitan especialmente la atención y la solidaridad de la comunidad cristiana, además de los voluntarios y benefactores”.

Las lecturas serán proclamadas por algunas personas que son asistidas cada día por diferentes asociaciones caritativas.

 

 

LA ORACIÓN DE PETICIÓN Y LA MISERICORDIA DIVINA

— Nuestra confianza en la petición tiene su fundamento en la infinita bondad de Dios.

— Acudir siempre a la misericordia divina.

— La intercesión de la Virgen.

I. El Señor nos enseñó de muchas maneras la necesidad de la oración y la alegría con que acoge nuestras peticiones. Él mismo ruega al Padre para darnos ejemplo de lo que habíamos de hacer nosotros. Bien sabe Dios que cada instante de nuestra existencia es fruto de su bondad, que carecemos de todo, que nada tenemos. Y, precisamente porque nos ama con amor infinito, quiere que reconozcamos nuestra dependencia, pues esta conciencia de nuestra nada es para nosotros un gran bien, que nos lleva a no separarnos un solo instante de su protección.

Para alentarnos a esta oración de súplica, Jesús quiso darnos todas las garantías posibles, al mismo tiempo que nos mostraba las condiciones que ha de tener siempre la petición. Y daba argumentos, ponía ejemplos para que lo entendiéramos bien. El Evangelio de la Misa nos presenta a la viuda que clama sin cesar ante un juez inicuo que se resiste a atenderla1, pero que, por la insistencia de la mujer, acabará escuchándola. Dios aparece en la parábola en contraste con el juez. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar? Si el que es injusto e inicuo decide al final hacer justicia, ¿qué no hará el que es infinitamente bueno, justo y misericordioso? Si la postura del juez es desde el principio de resistencia a la viuda, la de Dios, por el contrario, es siempre paternal y acogedora. Este es el tema central de la parábola: la misericordia divina ante la indigencia de los hombres.

Las razones que da el juez de la parábola para atender a la viuda son superficiales y de poca consistencia. Al final se dijo a sí mismo: aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, ya que esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme. La «razón» de Dios, por el contrario, es su infinito amor. Jesús concluye así la parábola: Prestad atención a lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, y les hará esperar? Y comenta San Agustín: «Por tanto, deben estar bien seguros los que ruegan a Dios con perseverancia, porque Él es la fuente de la justicia y de la misericordia»2. Si la constancia ablanda al juez «capaz de todos los crímenes, ¿con cuánta más razón debemos postrarnos y rogar al Padre de las misericordias, que es Dios?»3.

El amor de los hijos de Dios debe expresarse en la constancia y en la confianza, pues «si a veces tarda en dar, encarece sus dones, no los niega. La consecución de algo largamente esperado es más dulce... Pide, busca, insiste. Pidiendo y buscando obtienes el crecimiento necesario para obtener el don. Dios te reserva lo que no te quiere dar de inmediato, para que aprendas a desear vivamente las cosas grandes. Por tanto, conviene orar y no desfallecer»4. No debemos desalentarnos jamás en nuestras súplicas a Dios. «¡Dios mío, enséñame a amar! —¡Dios mío, enséñame a orar!»5. Ambas cosas coinciden.

II. Mucho vale la oración perseverante del justo6. Y tiene tanto poder porque pedimos en nombre de Jesús7. Él encabeza nuestra petición y actúa de Mediador ante Dios Padre8. El Espíritu Santo suscita en nuestra alma la súplica, cuando ni siquiera sabemos lo que debemos pedir. Quien ha de conceder pide con nosotros que nos sea concedido, ¿qué más seguridad podemos desear? Solamente nuestra incapacidad de recibir limita los dones de Dios. Como cuando se va a una fuente con una vasija pequeña o agujereada.

El Señor es compasivo y misericordioso9 con nuestras deficiencias y con nuestros males. La Sagrada Escritura presenta con frecuencia al Señor como Dios de misericordia, utilizando para ello expresiones conmovedoras: tiene entrañas de misericordia, ama con amor entrañable10, como las madres... Santo Tomás, que insiste frecuentemente en que la omnipotencia divina resplandece de manera especial en la misericordia11, enseña cómo en Dios esta es abundante e infinita: «Decir de alguien que es misericordioso –enseña el Santo– es como decir que tiene el corazón lleno de miserias, o sea, que ante la miseria de otro experimenta la misma sensación de tristeza que experimentaría si fuese suya; de donde proviene que se esfuerce en remediar la tristeza ajena como si se tratase de la propia, y este es el efecto de la misericordia. Pues bien, a Dios no le compete entristecerse por la miseria de otro; pero remediar las miserias, entendiendo por miseria un defecto cualquiera, es lo que más compete a Dios»12.

En Cristo, enseña el Papa Juan Pablo II, se hace particularmente visible la misericordia de Dios. «Él mismo la encarna y personifica. Él mismo es, en cierto sentido, la misericordia»13. Él nos conoce bien y se compadece de la enfermedad, de la mala situación económica que atravesamos quizá..., de las penas que la vida lleva a veces consigo. «Nosotros –cada uno– somos siempre muy interesados; pero a Dios Nuestro Señor no le importa que, en la Santa Misa, pongamos delante de Él todas nuestras necesidades. ¿Quién no tiene cosas que pedir? Señor, esa enfermedad... Señor, esta tristeza... Señor, aquella humillación que no sé soportar por tu amor... Queremos el bien, la felicidad y la alegría de las personas de nuestra casa; nos oprime el corazón la suerte de los que padecen hambre y sed de pan y de justicia; de los que experimentan la amargura de la soledad; de los que, al término de sus días, no reciben una mirada de cariño ni un gesto de ayuda.

»Pero la gran miseria que nos hace sufrir, la gran necesidad a la que queremos poner remedio es el pecado, el alejamiento de Dios, el riesgo de que las almas se pierdan para toda la eternidad»14. El estado del alma de quienes tratamos más frecuentemente debe ser nuestra primera solicitud, la petición más urgente que elevamos cada día al Señor.

III. El pueblo cristiano se ha sentido movido a lo largo de los siglos a presentar sus peticiones a Dios a través de su Madre, María, y a la vez Madre nuestra. En Caná de Galilea puso de manifiesto su poder de intercesión ante una necesidad material de unos novios que quizá se encontraron con una afluencia de amigos y conocidos mayor de la prevista. El Señor había determinado que su hora fuera adelantada por la petición de su Madre. «En la vida pública de Jesús –señala el Concilio Vaticano II– aparece significativamente su Madre ya desde el principio, cuando en las bodas de Caná de Galilea, movida por la misericordia, suscitó con su intercesión el comienzo de los milagros del Mesías»15. Desde el principio, la obra redentora de Jesús está acompañada por la presencia de María. En aquella ocasión, no solo se remedió, con abundancia, la carencia del vino en la fiesta de bodas, sino que, como el Evangelista indica expresamente, el milagro confirmó la fe de aquellos que seguían más de cerca a Jesús. Así en Caná de Galilea hizo Jesús el primero de sus milagros con el que manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él16.

La Virgen Santa María, siempre atenta a las dificultades y carencias de sus hijos, será el cauce por el que llegarán con prontitud nuestras peticiones hasta su Hijo. Y las enderezará si van algo torcidas. «¿Por qué tendrán tanta eficacia los ruegos de María ante Dios?», se pregunta San Alfonso Mª de Ligorio. Y responde el Santo: «Las oraciones de los santos son oraciones de siervos, en tanto que las de María son oraciones de Madre, de donde procede su eficacia y carácter de autoridad; y como Jesús ama inmensamente a su Madre, no puede rogar sin ser atendida (...).

»Para conocer bien la gran bondad de María recordemos lo que refiere el Evangelio (...). Faltaba el vino, con el consiguiente apuro de los esposos. Nadie pide a la Santísima Virgen que interceda ante su Hijo en favor de los consternados esposos. Con todo, el corazón de María, que no puede menos de compadecer a los desgraciados (...), la impulsó a encargarse por sí misma del oficio de intercesora y pedir al Hijo el milagro, a pesar de que nadie se lo pidiera (...). Si la Señora obró así sin que se lo pidieran, ¿qué hubiera sido si le rogaran?»17.

Hoy, un sábado que procuramos dedicar especialmente a Nuestra Señora, es una buena ocasión para acudir a Ella con más frecuencia y con más amor. «A tu Madre María, a San José, a tu Ángel Custodio..., ruégales que hablen al Señor, diciéndole lo que, por tu torpeza, tú no sabes expresar»18.

1 Lc 18, 1-8. — 2 San Agustín, en Catena Aurea, vol. VI, p. 295. — 3 Teofilacto, en Catena Aurea, vol. VI, p, 296. — 4 San Agustín, Sermón 61, 6-7. — 5 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 66. — 6 Sant 5, 16. — 7 Cfr. Jn 15, 16; 16, 26. — 8 Cfr. San Cirilo de Jerusalén, Comentario al Evangelio de San Juan, 16, 23-24. — 9 Sant 5, 11. — 10 Cfr. Ex 34, 6; Ioel 2, 13; Lc 1, 78. — 11 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 1, q, 21, a. 4; 2-2, q. 30, a. 4. — 12 ídem, o. c., 1, q. 21, a. 3. — 13 Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 30-XI-1980, 2. — 14 San Josemaría Escrivá, Amar a la Iglesia, Palabra, 2ª ed., Madrid 1986, pp. 77-78. — 15 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 58. — 16 Jn 2, 11. — 17 San Alfonso Mª de Ligorio, Sermones abreviados, 48. — 18 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 272.

 

 

Queremos mirar con ojos limpios”

¡Qué hermosa es la santa pureza! Pero no es santa, ni agradable a Dios, si la separamos de la caridad. La caridad es la semilla que crecerá y dará frutos sabrosísimos con el riego, que es la pureza. Sin caridad, la pureza es infecunda, y sus aguas estériles convierten las almas en un lodazal, en una charca inmunda, de donde salen vaharadas de soberbia. (Camino, 119)

 

Ciertamente, la caridad teologal se nos muestra como la virtud más alta; pero la castidad resulta el medio sine qua non, una condición imprescindible para lograr ese diálogo íntimo con Dios; y cuando no se guarda, si no se lucha, se acaba ciego; no se ve nada, porque el hombre animal no puede percibir las cosas que son del Espíritu de Dios.

Nosotros queremos mirar con ojos limpios, animados por la predicación del Maestro: bienaventurados los que tienen puro su corazón, porque ellos verán a Dios. La Iglesia ha presentado siempre estas palabras como una invitación a la castidad. Guardan un corazón sano, escribe San Juan Crisóstomo, los que poseen una conciencia completamente limpia o los que aman la castidad. Ninguna virtud es tan necesaria como ésta para ver a Dios(Amigos de Dios, 175)

 

 

Un sí para toda la vida (1)

Cuatro parejas portuguesas relatan algunas de sus decisiones sobre el matrimonio: cuándo y cómo eligieron el momento de casarse, los problemas y alegrías que se están encontrando, qué lugar ocupa Dios en su vida y el papel de los hijos, entre otras cuestiones. La serie consta de cinco capítulos.

 

Omnia traham ad meipsum”

Estudio de Pedro Rodríguez, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, publicado en 'Romana', nº 13 (1991).

TRABAJO06/06/2015

El sentido de Juan 12, 32 en la experiencia espiritual de Mons. Escrivá de Balaguer

El 7 de agosto de 1931, en la Santa Misa, al alzar la Sagrada Hostia después de la consagración eucarística, las palabras de San Juan, cap. 12, v. 32 quedaron grabadas a fuego en el alma de Josemaría Escrivá de Balaguer. Vinieron «a mi pensamiento —escribió aquella misma tarde— con fuerza y claridad extraordinarias». Las "oyó" en el tenor latino de la Vulgata: Et ego, si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum. Tenía entonces 29 años y todavía no hacía tres que había fundado el Opus Dei. Fue la de aquella mañana una experiencia mística de su espíritu, semejante a otras que se habían dado —y se seguirían dando— en la vida del Siervo de Dios. Me refiero a la irrupción de lo divino en su alma bajo la forma de loquela o locutio divina[1]. A un primer movimiento de temor ante la Majestad de Dios, siguió la paz del "Ne timeas!", soy Yo. «Y comprendí que serán los hombres y mujeres de Dios, quienes levantarán la Cruz con las doctrinas de Cristo sobre el pináculo de toda actividad humana... Y vi triunfar al Señor, atrayendo a Sí todas las cosas»[2].

Josemaría Escrivá vivió esta experiencia sobrenatural, y así lo explicó numerosas veces, en un horizonte claramente fundacional, es decir, en estricta relación con el espíritu de la Obra que el Señor le había confiado. El 2 de octubre de 1928 había "visto" el Opus Dei[3] y el 14 de febrero de 1930 supo que el Señor quería en él también a las mujeres[4]. Ahora, en aquella mañana de agosto de 1931, Dios le hizo entender con insospechada hondura el sentido santificador y salvífico de la tarea de esos «hombres y mujeres de Dios». La comprensión de esas palabras de Cristo —que el Espíritu Santo le concedió— aparecía a sus ojos como definitoria del espíritu y de la misión del Opus Dei. Puede decirse, en consecuencia, que esa inteligencia del texto bíblico —que predicó continuamente desde entonces— contribuyó de manera decisiva a configurar su concepción de la vida cristiana en el mundo y a conferirle su peculiar significado en el patrimonio espiritual de la Iglesia. Por otra parte, se constituye —la comprensión de que hablamos— en una aportación del Fundador del Opus Dei a la incesante búsqueda eclesial del sensus plenior del texto joánico.

La experiencia del 7 de agosto se ofrece a la reflexión teológica en un doble momento: por una parte, aparece la palabra misma de la Escritura, pronunciada por Dios en el alma del Siervo de Dios (vino «a mi pensamiento»), y, a la vez, «entendida» por él con una rara profundidad («y comprendí»). Por otra parte, le fue concedido no sólo oír y comprender —la misión que el Señor le encargaba— a la luz del texto de San Juan, sino ver el triunfo de Cristo y el misterioso realizarse de la tractio salvífica desde la Cruz. Ambos momentos aparecen, obviamente, unidos en aquel evento espiritual. Son, sin embargo, de naturaleza teológica diversa. Este segundo momento, de honda naturaleza mística, orienta la reflexión en una línea que escapa, al menos de manera inmediata, a la tematización teológica. El primero, en cambio, que fue objeto por el propio Fundador de sucesivas meditaciones, es el que se ofrece directamente al discurso propiamente teológico y el que ahora nos interesa considerar, también en su doble aspecto: la palabra oída y, con ella, su comprensión —que es igualmente sobrenatural—, fruto de aquella irrupción de Dios.

Quiere esto decir que una reflexión sobre la experiencia del 7 de agosto de 1931 ha de ser básicamente una meditación teológico-bíblica, al hilo de la inteligencia del misterio de Cristo que le fue concedida al discípulo amado: a Juan, "el Teólogo", como le llama la Tradición. En esa línea se mueve, a mi parecer, la mística comprensión que Mons. Escrivá alcanzó de estas palabras evangélicas. Veamos, pues, primero, el texto bíblico y su contexto; después, los textos en los que el Siervo de Dios expresó su comprensión; finalmente, lo que "comprendió", tematizado teológicamente.

I. El texto de San Juan y su contexto[5]

1. El texto de Juan 12, 32

El versículo que nos ocupa se encuentra dentro de una célebre sección del Evangelio joánico: Juan 12, 20-36. Con ella concluye San Juan el ministerio público de Jesús y se dispone a narrar, a partir del capítulo 13, lo que ocurrió a partir de aquella "noche memorable": el misterio de la muerte y resurrección del Señor. La citada sección anticipa el sentido salvífico de ese misterio, ofreciéndonos la teología joánica de la Cruz. la ocasión de estos desarrollos vino dada por aquellos griegos que querían ver a Jesús (vv. 20-22). Pero, inmediatamente, estos hombres van a quedar como mero trasfondo: no se vuelve a hablar de ellos. La respuesta de Jesús va más allá: «Ha llegado la hora en la que el Hijo del hombre va a ser glorificado» (v. 23). Toda la sección es como un desarrollo del sentido de estas palabras. «Con gran fuerza creadora ha encontrado el evangelista una conclusión adecuada al ministerio público de Jesús: es una mirada a su muerte en cruz (vv. 24.33), pero que él considera como la hora de la «exaltación» del Hijo del hombre (vv. 23.32) y, por ende, de la glorificación y triunfo de Jesús (vv. 31s). De la muerte brotará la vida, como lo evidencia la imagen del grano de trigo (v. 24); y no sólo para Jesús, sino para todos cuantos le siguen y «sirven» (v. 26). La «glorificación» de Jesús se contempla aquí sobre todo en su fecundidad universal, en la atracción que ejerce sobre todos los hombres dispuestos a creer. La victoria sobre el adversario de Dios, el "señor de este mundo" (v. 31), se convierte en una victoria misionera en el mundo humano, como lo subraya el evangelista contemplando su propio tiempo. El enfrentamiento con el judaísmo persiste hasta la última frase (vv. 34-36); pero la llamada a la fe está formulada de tal modo que pasa a ser un requerimiento actual a todos los hombres que entre las tinieblas del mundo suspiran por la luz verdadera»[6].

En esta secuencia de ideas el v. 32 tiene una fuerza reveladora culminante: «Y yo, cuando sea levantado (exaltatus fuero) de la tierra, atraeré a todos hacia mí». Es, en efecto, uno de los textos más representativos de algo característico del Cuarto Evangelio, subrayado por toda la Tradición[7], a saber, que es precisamente en la Cruz donde comienza a revelarse la gloria y el triunfo de Cristo[8]. La exaltación, en nuestro versículo, se refiere, pues, de manera inmediata a la elevación de Cristo en la Cruz. Pero esa cruz alzada sobre la tierra, aunque no es todavía formalmente la glorificación de Jesús[9], apunta cristológicamente a la resurrección y ascensión de Jesús al Padre, es decir, a la glorificación de Cristo en sentido estricto; pues la Cruz, al ser el lugar eminente de la obediencia de Cristo al Padre, se constituye por ello mismo en el camino de la glorificación de Jesús, anticipando la gloria de Cristo a los ojos de la fe[10]. Esta consideración cristológica comporta esta otra soteriológica: esta Cruz es gloriosa porque en ella se revela con la máxima intensidad el misterio del infinito amor de Dios a la humanidad y a toda la creación: «Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo Unigénito» (Jn 3, 16); en la Cruz el Padre glorifica al Hijo proclamándole Salvador del mundo. La salvación alcanzará al hombre —y en él a toda criatura— a través de la "atracción" que ejerce el Salvador Crucificado, atracción que demuestra la (exousía), el poder de Cristo crucificado y glorioso, y que no es otra cosa que la "expansión" de su amor infinito, de la caridad del Padre y del Hijo[11]. La Cruz es gloriosa porque el enemigo ha sido vencido en ella de manera total, y la tractio divina de la Cruz no tiene otro límite, por decirlo con la expresión de Schnackenburg, que «la resistencia de la incredulidad»[12].

El Fundador del Opus Dei "oyó" el versículo de Juan —ya lo hemos dicho— en el tenor literal de la Vulgata, tal como la leía y meditaba entonces la Iglesia. Según el texto griego que leyó San Jerónimo, la tractio divina se ejerce sobre "tá pánta", omnia, todas las cosas (aspecto cósmico de la redención). La lección crítica hoy más aceptada —acogida en la Neovulgata— lee "pántas", omnes, todos los hombres (aspecto antropológico). En realidad las dos lecturas, que están sólidamente testificadas, son complementarias: la una incluye a la otra. Según los exégetas, el sentido teológico de las dos lecturas es el mismo[13].

2. Juan 3, 14 como contexto remoto

La doctrina de Juan 12, 32 está en íntima relación con los otros lugares del Evangelio de San Juan que desarrollan el tema "exaltación del Hijo del hombre", especialmente, con Juan 3, 14s: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él». La proximidad temática y espiritual de los dos pasajes es tan acusada, que su estudio conjunto nos parece fundamental para la comprensión de la experiencia del 7 de agosto. La meditación cristiana a lo largo de los siglos ha captado cómo ambos textos se iluminan mutuamente, y se recubren el uno al otro para revelarnos el misterio de la exaltación soteriológica de Cristo. El texto de Juan 3 alude primeramente al episodio de Num 21, 4-9, donde se nos cuenta cómo los israelitas, que habían sido castigados con una plaga de serpientes venenosas, quedaban curados al mirar la serpiente de bronce que el Señor mandó a Moisés levantar. San Juan —como dice San Cirilo de Alejandría— pasa a continuación «de la historia a la tipología»[14] y se sirve del episodio —usado aquí por primera y única vez en el Nuevo Testamento— para explicar el misterio de la Cruz de Cristo.

Jesús no dice, en ninguno de los dos pasajes, en qué consiste la exaltación de la que habla. El discípulo amado lo "supo" después y lo hizo constar en Juan 12, 33: Jesús, cuando hablaba de su exaltación, se refería a la muerte con la que había de morir. Pero es el mismo Jesús el que nos dice explícitamente en Juan 3, 15 la finalidad última de su exaltación en la Cruz: la salvación, la vida eterna. Por otra parte, cada uno de los dos pasajes sitúa, entre el hecho de la exaltación —la Cruz— y la finalidad última —la vida eterna—, una realidad intermedia, que aparece como la finalidad próxima de la exaltación. En Juan 12, 32 esa realidad es la tractio de la Cruz. La exaltación es el camino por el que Jesús atrae hacia sí a todos y a todas las cosas: esa atracción que Cristo ejerce desde la Cruz es lo que lleva al hombre a la salvación, a la vida eterna. En Juan 3, 14, en cambio, Cristo es exaltado a la Cruz, puesto en alto, precisamente para que pueda ser mirado y visto por los hombres. Se entiende que se trata del mirar que lleva a ver, es decir, de la mirada de la fe, como lo dice expresamente Jesús en el versículo siguiente: «para que todo el que crea en él no perezca». El hombre se salva en esta mirada (fe y amor: «fe que obra por la caridad», Gal 5, 6) al Crucificado. Juan 12 subraya, pues, la potencia redentora de los actos de Cristo: la tractio divina de la Cruz. Juan 3, por su parte, pone en primer plano la necesidad de la colaboración del hombre: que el hombre "mire" a su Salvador (que le atrae). Pero las dos dimensiones o realidades intermedias se encuentran en ambos textos con sus contextos. No olvidemos, por ejemplo, que Juan 12, 32 es la culminación de las palabras de Cristo en respuesta a la demanda de aquellos prosélitos griegos que dijeron a los discípulos: «Queremos ver a Jesús». Aquellos hombres querían "verle", pero de una manera terrena, aunque llena de calor humano y simpatía. Por eso la sección que comentamos va a ser en realidad una detenida explicación de en qué consiste verdaderamente "ver a Jesús": dónde, cómo y cuándo puede "verse" a Jesús. Jesús viene a decir: Todos podrán verme cuando sea exaltado a la Cruz y les atraiga.

El tema "ver", "mirar", nos lleva necesariamente a Juan 19, 34-37. Cristo ya está en la Cruz y ha recibido aquella lanzada en el costado, del que brotó sangre y agua (v. 34). Juan mismo nos asegura que él lo vio y que dice la verdad (v. 35), y que esto sucedió para que se cumpliese la Escritura, que dice (Zac 12, 10): «Mirarán al que traspasaron» (v. 37). Es difícil exagerar la importancia de este verso de Zacarías en la meditación joánica de la Cruz, que es como el desarrollo de lo que él vio en Jesús, traspasado por la lanza. Esta es la mirada humana que "ve" a Cristo. La palabra griega para videbunt no significa un simple mirar, un mirar superficial, sino un mirar penetrante, que "ve" la realidad: en nuestro caso, que llega por el costado abierto hasta el corazón de Jesús, que alcanza el misterio y descubre, por tanto, la paradójica gloria de Cristo en la Cruz. En lograr "verle" va la vida del hombre, nos va la vida (en el sentido de Juan: vida eterna). Pero sólo ve el que mira con la mirada de la fe[15]. El paradigma de esta mirada que conoce y salva la ofrece en el mismo Calvario el Centurión, «que vio lo que había sucedido» y creyó (cfr. Lc 23, 47) y, sobre todo, el Buen Ladrón, que "reconoce" en el Crucificado al Rey del universo: «Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino» (Lc 23, 39-43). Esta teología es la que está detrás de la liturgia del Viernes Santo, en la que la Iglesia canta: «Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo».

Pero el tema de la mirada se abre a nuevos horizontes. Porque junto a la mirada del hombre a Jesús, y precediéndola, está la mirada de Jesús a los hombres. Jesús "mira" desde la Cruz, nos mira[16]: «Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba...» (Jn 19, 26). El encuentro salvífico con Cristo en la Cruz se expresa en el Evangelio de Juan en la antropología de la mirada: Cristo mirando (con el amor infinito de Dios) y siendo mirado (con fe). Nuevamente da luz sobre el tema la tipología de la serpiente que Moisés alzó en el desierto. La tradición cultural semita (y humana en general) —dicen los antropólogos— ha reparado en la fascinación que, ya desde el primer capítulo del Génesis, ejerce la serpiente sobre quienes la miran. El evangelista, al poner en relación a la serpiente de bronce con Cristo y con la tractio divina de Juan 12, piensa sin duda en el influjo fascinante —en la tractio— que Cristo va a ejercer sobre los que le "miren". Para San Juan, Cristo —más aún, Cristo en la Cruz— es fascinante para el hombre[17]. Por eso «es necesario»[18] que Cristo sea levantado en alto, para que pueda ser visto y atraer a todos los que le "miren" con la mirada de que hablamos[19].

3. Otros textos complementarios

Debemos traer a colación otro texto del mismo Evangelio: Juan 11, 52. El Evangelista, después de narrar que Caifás profetizó que Jesús iba a morir por toda la nación (v. 51), agrega: «y no sólo por la nación, sino para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos» (v. 52). Toda la Escritura, y San Juan muy especialmente, ve el efecto del pecado en la ruptura, en la separación, en la dispersión: el hombre, al separarse de Dios, rompe su propia e interna unidad y se enfrenta a los demás hombres y a la Creación, se pierde y se dispersa. La exaltación de Cristo en la Cruz, al atraer a los hombres, provoca la unidad de los que estaban separados. «Congregavit nos in unum Christi amor», canta la Iglesia. La tractio divina que procede de la Cruz forja la unidad de los hombres. La recomposición de la unidad, en todos sus aspectos —unidad del hombre en su ser y de los hombres entre sí; Iglesia, congregatio fidelium— es fruto de esa divina atracción que procede del Crucificado[20].

Un último texto para comprender bíblicamente la experiencia del 7 de agosto. San Juan 19, 30 describe la muerte de Cristo en la Cruz con estas palabras: «E inclinando la cabeza entregó el espíritu», aludiendo —es su sentido más obvio e inmediato— a la separación del alma y el cuerpo. Pero la tradición ha "leído" muchas veces espíritu con mayúscula: el Espíritu, que el Hijo envía de parte del Padre (cfr. Jn 15, 26). El último suspiro de Jesús, sobre todo en la teología joánica (cfr. Jn 7, 37-39), es el preludio de la efusión del Espíritu. Mons. Escrivá de Balaguer parece tener presente este texto y esta teología cuando dice: «El Espíritu Santo es fruto de la Cruz»[21]. Porque siendo la exaltación de Cristo su encaminamiento a la gloria del Padre —misteriosamente anticipada en la Cruz— es, por ello, el camino para la misión del Espíritu, fructifica en el Espíritu, por medio del cual Cristo y el Padre nos atraen desde dentro de cada uno de nosotros. «Les da el Espíritu Santo —ha escrito Juan Pablo II[22]- como a través de las heridas de su crucifixión: "Les mostró las manos y el costado". En virtud de esta crucifixión, les dice: "Recibid el Espíritu Santo". Se establece así una relación profunda entre el envío del Hijo y el del Espíritu Santo. No se da el envío del Espíritu Santo (después del pecado original) sin la cruz y la resurrección: "Si no me voy, no vendrá a vosotros" el Paráclito (Jn 16, 7)».

4. La atracción de Cristo

A partir de los textos bíblicos que hemos expuesto, se hace posible indagar la naturaleza de esa tractio divina que Cristo ejerce desde la Cruz. Hablando teológicamente, Cristo es "atractivo", "atrayente", de una doble manera: primero, ofreciéndose como objeto al espíritu del hombre, y, además, transformando la interioridad del sujeto humano. Desde fuera y desde dentro, podríamos decir, si no fuera tan pobre el lenguaje:

a) El primer modo es el sentido habitual, conversacional, de la expresión, que alcanza aquí inaudita profundidad. De una persona se dice que es atrayente cuando, al mirarla y ver sus cualidades, etc., sentimos que ella, sus valores y su manera de vivir, lo que representa y propone, es algo que se mete dentro y nos influye. A veces hablamos de una atracción "irresistible". La atracción suscita en quien se siente atraído un conjunto de actos personales encaminados a compartir el destino personal con la persona "atractiva". Cristo —éste es el mensaje de San Juan—, en la objetividad de su muerte redentora, atrae porque en El se revela el misterio del amor infinito de Dios, que transparenta su gloria; es decir, los que miran a Jesús "exaltado" se encuentran "objetivamente" atraídos por la fuerza de ese amor divino que ven glorioso al mirar la Cruz. Esta comprensión de la Pasión del Señor parece contradictoria con lo que "objetivamente" veían no sólo los que pasaban por el camino y se mofaban de Jesús, sino los mismos discípulos: el fracaso y el hundimiento de todo triunfo y de toda belleza. Por eso, para San Juan esta primera forma de la tractio de Cristo en la Cruz sólo puede darse en el seno de la segunda.

b) En efecto, sólo si Cristo nos hace ver, vemos al mirar. Cristo, decíamos, "atrae" desde la Cruz por lo que El objetivamente es y por lo que vale su vida y su muerte. Objetividad ésta, sin embargo, que el hombre no puede descubrir por sus solas fuerzas; sólo la alcanza si está movido por el Espíritu Santo. Pero es Cristo precisamente el que, al morir, nos mereció y nos entregó el Espíritu, como vimos. Mediante el Espíritu, Cristo nos hace ver (en el sentido joánico: reconocer y ser atraído) el misterio de su Cruz. Si al mirar al Crucificado vemos el amor del Padre, ello es porque el Espíritu ha venido a nosotros y, por tanto, Cristo ha comenzado a atraernos. Ciertamente es el hombre, el sujeto humano, el que ve; pero ve porque el Espíritu Santo, "desde dentro", le hace ver. Esta es la acción del Espíritu en nosotros: abrirnos los ojos para ver a Cristo (hacernos "comprender" que el Crucificado es el Salvador, que en El está el Camino, la Verdad y la Vida) e impulsarnos a seguirle, uniendo nuestra vida a la suya[23].

De esta manera oteamos algo sobre cómo Cristo es el que atrae —porque «nadie conoce al Padre sino el Hijo, y a quien el Hijo quisiere revelárselo» (Mt 11, 27)— y por qué a la vez el mismo Cristo puede decirnos: «Nadie puede venir a mí si el Padre que me ha enviado no lo atrae» (Jn 6, 44). El Padre —«principium sine principio»— es el que atrae de manera fontal[24]: atrae haciendo "atractivo" a Cristo y enviando per Christum el Espíritu Santo para que podamos verle (a Cristo) y, en El, al Padre.

II. Los textos de Mons. Escrivá de Balaguer sobre Juan 12, 32

Son numerosos. Ofrecemos los principales agrupados con un cierto orden:

1. El texto originario y su eco en la Instrucción del 1-IV-1934

a) El texto originario. En sus Apuntes íntimos, el Fundador del Opus Dei ha dejado escrito, como ya dijimos, el relato de esa intervención de Dios en su alma, escrito y fechado el mismo 7 de agosto de 1931. Ese día la diócesis de Madrid-Alcalá celebraba la fiesta de la Transfiguración del Señor[25]. Alude Mons. Escrivá de Balaguer, con agradecimiento a Dios, al profundo cambio interior que se había obrado en su alma desde que llegó a Madrid en 1927. Y a continuación, refiriéndose a la celebración de la Santa Misa de ese día, escribe:

«Creo que renové el propósito de dirigir mi vida entera al cumplimiento de la Voluntad divina: la Obra de Dios. (Propósito que, en este instante, renuevo también con toda mi alma). Llegó la hora de la Consagración: en el momento de alzar la Sagrada Hostia, sin perder el debido recogimiento, sin distraerme —acababa de hacer in mente la ofrenda al Amor misericordioso—, vino a mi pensamiento, con fuerza y claridad extraordinarias, aquello de la Escritura: et si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum (Jn 12, 32). Ordinariamente, ante lo sobrenatural, tengo miedo. Después viene el ne timeas!, soy Yo. Y comprendí que serían los hombres y mujeres de Dios, quienes levantarán la Cruz con las doctrinas de Cristo sobre el pináculo de toda actividad humana... Y vi triunfar al Señor, atrayendo a Sí todas las cosas»[26].

b) En la Instrucción del 1 de abril de 1934, el Fundador del Opus Dei ofrece ya su comprensión "operativa" del pasaje joánico. El texto —que se sitúa en el inicio mismo de la Instrucción, dedicada a explicar a los miembros del Opus Dei la misión apostólica de la Obra y la necesidad de suscitar por todas partes hombres y mujeres que se entreguen a ella— es determinante de todo el horizonte apostólico que en ella se describe, que adquiere un carácter programático y de urgencia:

«Carísimos: Jesús nos urge. Quiere que se le alce de nuevo, no en la Cruz, sino en la gloria de todas las actividades humanas, para atraer a sí todas las cosas (Jn 12, 32)»[27]. Continúa hablando del reinado de Jesucristo[28], para proseguir en clave eucarística: «Mas, para cumplir esta voluntad de nuestro Rey Cristo, es menester que tengáis mucha vida interior: que seáis almas de Eucaristía, ¡viriles!, almas de oración...». Y prosigue describiendo a los hombres y a las mujeres que vivan así como "otros" Cristos: «... haciendo que se repita muchas veces por quienes os tratan en el ejercicio de vuestras profesiones y en vuestra actuación social, aquel comentario de Cleofás y de su compañero de Emaús: nonne cor nostrum ardens erat in nobis dum loqueretur in via? ¿acaso nuestro corazón no ardía en nosotros, cuando nos hablaba en el camino? (Luc 24, 32)»[29].

2. Rememoraciones del 7 de agosto

Se trata de dos textos de estructura muy semejante, en los que Mons. Escrivá de Balaguer rememora y explicita formalmente la experiencia de 1931, reflexionando sobre el sentido de la comprensión de Juan 12, 32 que entonces alcanzó:

a) El primero dice así: «Aquel día de la Transfiguración, celebrando la Santa Misa en el Patronato de enfermos, en un altar lateral, mientras alzaba la Hostia, hubo otra voz sin ruido de palabras. Una voz, como siempre, perfecta, clara: et ego, si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum! (Jn 12, 32). Y el concepto preciso: no es en el sentido en que lo dice la Escritura; te lo digo en el sentido de que me pongáis en lo alto de todas las actividades humanas; que, en todos los lugares del mundo, haya cristianos, con una dedicación personal y libérrima, que sean otros Cristos»[30].

b) El otro corresponde a la predicación de 1963: «... cuando un día, en la quietud de una iglesia madrileña, yo me sentía ¡nada! —no poca cosa, poca cosa hubiera sido aún algo—, pensaba: ¿tú quieres, Señor, que haga toda esta maravilla? (...). Y allá, en el fondo del alma, entendí con un sentido nuevo, pleno, aquellas palabras de la Escritura: et ego, si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum (Jn 12, 32). Lo entendí perfectamente. El Señor nos decía: si vosotros me ponéis en la entraña de todas las actividades de la tierra, cumpliendo el deber de cada momento, siendo mi testimonio en lo que parece grande y en lo que parece pequeño..., entonces omnia traham ad meipsum! ¡Mi reino entre vosotros será una realidad!»[31].

3. Exposiciones desarrolladas

a) Homilía "Cristo presente en los cristianos"[32]. El n. 105 sigue un iter idearum paralelo al de la Instrucción de 1-IV-1934 arriba citada, pasando, como allí, del texto de San Juan al tema del Reinado de Cristo y glosando también el encuentro con los discípulos de Emaús. Mons. Escrivá de Balaguer hace una extensa exposición del tema: primero, el texto: «Informar el mundo con el espíritu de Jesús; colocar a Cristo en la entraña de todas las cosas. Si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum, cuando sea levantado sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí». Después, su sentido cristológico abarcante: viene a decirnos que la "exaltación sobre la tierra" comprende toda la vida de Cristo, desde la Encarnación a la Resurrección. Finalmente, el mensaje que comprendió el 7 de agosto: proclamar la realeza de Cristo en todas las encrucijadas de la tierra, llevando «a Cristo a todos los ámbitos donde se desarrollan las tareas humanas: a la fábrica, al laboratorio, al trabajo de la tierra, al taller del artesano, a las calles de las grandes ciudades y a los senderos de montaña». El pasaje de Emaús en este contexto se prolonga en el tema del cristiano ipse Christus: Cristo que atrae a través de quienes viven así la vida ordinaria —los corazones de quienes les encuentren (les miren) deben arder al tratarlos—, pues el cristiano ha de ser el bonus odor Christi, el buen olor de Cristo, que atrae. La inserción en Cristo es tema del nº 106. El esquema es: Cristo, exaltado en la Cruz, nos ha "mirado", y, por la fe y los sacramentos —sobre todo la Eucaristía—, el cristiano "mira" a Cristo y se siente continuamente atraído por él e introducido en la unidad de la Iglesia. «Por eso, como Cristo, ha de vivir de cara a los hombres, mirando con amor a todos y cada uno de los que le rodean, y a la humanidad entera». Tema del n. 107: «Pero para ser ipse Christus hay que mirarse en Él» .

b) Homilía en la fiesta de Cristo Rey[33]. Es tal vez el lugar donde Mons. Escrivá de Balaguer se expresa más formalmente acerca de nuestro asunto. El texto es demasiado extenso para reproducirlo aquí. La secuencia de ideas es fundamentalmente idéntica a la de la Instrucción del 1934: el texto de Juan, su significado para la misión apostólica[34], el Reinado de Cristo, el cristiano ipse Christus («abrazar la fe cristiana es comprometerse a continuar entre las criaturas la misión de Jesús»). Hay en este número una hermosa y profunda síntesis de doctrina joánica y paulina[35].

c) Entrevista publicada en "L'Osservatore della Domenica", 19-V-1968[36]. Texto y comprensión en forma definitoria. «Desde hace muchísimos años, desde la misma fecha fundacional del Opus Dei, he meditado y he hecho meditar unas palabras de Cristo que nos relata San Juan: Et ego, si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum. Cristo, muriendo en la Cruz, atrae a Sí la Creación entera, y, en su nombre, los cristianos, trabajando en medio del mundo, han de reconciliar todas las cosas con Dios, colocando a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas». Es interesante este pasaje por muchas razones, empezando por la implícita declaración fundacional. El texto de San Juan, es evidente, no aparecía de improviso en la vida de Mons. Escrivá de Balaguer, sino que había sido objeto de su meditación —según él mismo dice— desde la fundación misma del Opus Dei. Pero el 7 de agosto hay una irrupción de luz de Dios que trasciende a la vez que corrobora aquella repetida meditación.

d) Homilía en la fiesta del Corpus Christi[37]. El versículo de San Juan aparece aquí en contexto eucarístico. Prolonga las afirmaciones eucarísticas que hace Mons. Escrivá de Balaguer en el citado texto inicial de la Instrucción de 1934. Ambos son fundamentales para este aspecto de Juan 12, 32, como veremos más adelante. Es interesante observar que el Fundador del Opus Dei no parte aquí del texto de Juan, sino que llega a él desde la Eucaristía. Está predicando, como decíamos, el día del Corpus Christi, y describe la procesión que tiene lugar en esa jornada. De ahí pasa a la procesión «de todos los días», que ha de ser el paso del cristiano (coherente con su fe) en las actividades de la vida ordinaria. El cristiano, en sus actividades seculares santificadas, «es Cristo que pasa», y por eso desprende el bonus odor Christi. He aquí el texto: «Vamos, pues, a pedir al Señor que nos conceda ser almas de Eucaristía, que nuestro trato personal con El se exprese en alegría, en serenidad, en afán de justicia. Y facilitaremos a los demás la tarea de reconocer a Cristo, contribuiremos a ponerlo en la cumbre de todas las actividades humanas. Se cumplirá la promesa de Jesús: Yo, cuando sea exaltado sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí».

4. Formulaciones breves de la "comprensión"

Junto a estos textos mayores, apoyados explícitamente en el verso joánico, se encuentran en las obras de Mons. Escrivá de Balaguer textos breves, muy condensados, en los que ya no se cita ni se referencia el texto de Juan, para ir directamente a la "comprensión" del texto adquirida aquel 7 de agosto. Son pasajes que muestran cómo aquella experiencia caló hondo y configuró su concepción de la existencia cristiana.

a) «Dios quiere un puñado de hombres "suyos" en cada actividad humana. —Después... "pax Christi in regno Christi" —la paz de Cristo en el reino de Cristo»[38]. La tractio divina genera el reinado de Cristo y la paz propia de ese reino.

b) «Dios nos ha llamado a todos para que le imitemos; y a vosotros y a mí para que, viviendo en medio del mundo —¡siendo personas de la calle!—, sepamos colocar a Cristo Señor Nuestro en la cumbre de todas las actividades humanas honestas»[39].

c) «Trabaja siempre, y en todo, con sacrificio, para poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades de los hombres»[40].

d) «Por la enseñanza paulina, sabemos que hemos de renovar el mundo con el espíritu de Jesucristo, que hemos de colocar a Señor en lo alto y en la entraña de todas las cosas. —¿Piensas tú que lo estás cumpliendo en tu oficio, en tu tarea profesional?»[41]. Aquí aparece de nuevo el interesante desarrollo de la fórmula —"en lo alto y en la entraña"— que ya habíamos encontrado en la homilía pascual de 1963: «Instaurare omnia in Christo, da como lema San Pablo a los de Éfeso (Ef 1, 10); informar el mundo entero con el espíritu de Jesús, colocar a Cristo en la entraña de todas las cosas. Si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum, cuando sea levantado en alto sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí»[42].

5. Textos que dilatan la cristología de Juan 12, 32

Incluimos bajo este epígrafe algunos pasajes de las obras de Mons. Escrivá en los que la perspectiva de aquel 7 de agosto, ligada a Juan 12, 32, se proyecta a la consideración de la entera vida histórica de Cristo:

a) Jesús en su vida oculta: «Y era Dios, y estaba realizando la redención del género humano, y estaba atrayendo a Sí todas las cosas»[43].

b) «Sus brazos —lo admiramos de nuevo en el pesebre— son los de un Niño: pero son los mismos que se extenderán en la Cruz, atrayendo a todos los hombres»[44].

c) En la sección ya referida de la homilía pascual[45], después de transcribir Juan 12, 32 y como explicando su sentido espiritual, se lee: «Cristo con su Encarnación, con su vida de trabajo en Nazareth, con su predicación y milagros por las tierras de Judea y Galilea, con su muerte en la Cruz, con su Resurrección, es el centro de la Creación, Primogénito y Señor de toda criatura». Centro, se entiende, de atracción e irradiación.

III. El sentido espiritual de Juan 12, 32 según Mons. Escrivá de Balaguer

Recogidos los textos sobre nuestro tema, tratemos ahora de penetrar un poco más en ellos[46]. La comprensión del versículo que le fue concedida al Fundador del Opus Dei es, sencillamente, la que él mismo explica: desde el texto de los Apuntes íntimos, donde narra la experiencia sobrenatural que nos ocupa, hasta los numerosos comentarios al versículo de San Juan que hemos transcrito.

En las notas a pie de página que Mons. del Portillo preparó para la citada Instrucción de abril del 34 se contiene un comentario e interpretación del correspondiente pasaje que nos parece interesante por muchas razones, entre otras —y no es la menor de ellas—, porque demuestra la "recepción" que ya los primeros miembros del Opus Dei hicieron del sentido espiritual del texto que les proponía el Fundador.

«El Señor, con esas palabras que nos ha conservado San Juan en su Evangelio, afirmaba que cuando muriera en lo alto de la Cruz, se haría la obra de la Redención: éste es el sentido literal. La luz nueva que el Padre vio en ese anuncio del Señor fue: hemos de poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas honestas, trabajando en medio del mundo, en la calle —somos gentes de la calle— para corredimir con Jesús, para reconciliar las cosas del mundo con Dios, para que el Señor atraiga a sí todo. ¿Y cómo pondremos a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas? Haciendo nuestro trabajo ordinario —cada uno el suyo— lo mejor que podamos, incluso humanamente, por amor de Dios: ahí está la entraña de la Obra. Es la santificación de todas las actividades humanas: es convertir los quehaceres del mundo —todos, escribe el Padre: nuestro apostolado no conoce límites— en cosa santa, y en medio de santificación propia y ajena».

Siguiendo el texto de Mons. Escrivá de 1947, se distingue entre el sentido literal y el sentido espiritual del texto, y se describe este último —la "comprensión" del 7 de agosto de 1931— de la manera más rigurosa. En esta línea podemos continuar indagando las implicaciones teológicas de lo entonces "comprendido".

1. Redención objetiva y subjetiva

Cristo es el Redentor del hombre, de toda la humanidad. La palabra Redención, en su sentido teológico más abarcante —como cuando decimos la "obra de la Redención", la "economía de la Redención"—, designa los actos redentores de Cristo y la acción santificadora del Espíritu para la salvación de cada hombre (economía "sacramental" y eclesiológica). La teología clásica ha llamado "redención objetiva" a la que Cristo hizo de una vez por todas ("efápax", semelHeb 7, 27) en su vida, muerte y resurrección: desde Belén a la gloria del Padre; o dicho de manera concentrada, al estilo joánico, la que realizó en su histórica —datada en tiempo y espacio— exaltación en la Cruz. La "redención subjetiva" vendría a ser el despliegue espacial y temporal de esa "redención objetiva" —merecida y obtenida por Cristo en la Cruz— en los hombres y mujeres concretos; nuclearmente se identifica con la tractio de Cristo en la Cruz, que alcanza al hombre concreto; se realiza en el mundo por la misión del Espíritu y la mediación de la Iglesia (orden de la sacramentalidad) y se finaliza en el Dios Trino a través de la Iglesia misma en cuanto que es comunión de los hombres con Dios, incoada in terris, consumada in patria. Hermosamente ha expresado esta teología Juan Pablo II en su encíclica sobre el Espíritu Santo: «La redención es realizada totalmente por el Hijo, el Ungido, que ha venido y actuado con el poder del Espíritu Santo, ofreciéndose finalmente en sacrificio supremo sobre el madero de la Cruz. Y esta Redención, al mismo tiempo, es realizada constantemente en los corazones y en las conciencias humanas —en la historia del mundo— por el Espíritu Santo, que es el "otro Paráclito"»[47].

Lo que Dios le hizo comprender y ver a Mons. Escrivá se mueve, sobre todo, en el orden de la "redención subjetiva", en el plano de la acción del "otro Paráclito": el Señor le hizo entender a lo divino cómo entraba en su plan salvífico que Cristo hiciera en el mundo esa tractio para conseguir la cual Cristo fue exaltatus en la Cruz. Mons. Escrivá expresó esa comprensión suya de la "redención subjetiva" con la terminología misma del texto de Juan 12, 32, concretamente con el término exaltatus, que se refiere de manera inmediata a la dimensión objetiva de la obra redentora; lo cual pide precisión en el análisis para identificar plenamente el mensaje que Dios le hizo entender. Veamos, pues, en primer lugar qué es la exaltatio de que habla el Fundador del Opus Dei.

2. Alzar de nuevo a Cristo

La terminología, ya lo hemos visto, es: levantar (la Cruz), ser alzado (Cristo); colocar, poner a Cristo en la cumbre, en lo alto, en la entraña. Todos los términos se refieren a una "nueva" exaltación de Cristo: «quiere que se le alce de nuevo». Teniendo en cuenta la unicidad, irrepetibilidad y perfecta suficiencia del Sacrificio de Cristo en la Cruz, es evidente que Mons. Escrivá hablaba en el que hoy llamamos "orden de la sacramentalidad", es decir, de la presencia en la historia de los actos históricos redentores de Cristo. Mons. Escrivá está respondiendo a la cuestión: ¿cómo alcanza al hombre hoy la redención que Cristo hizo de una vez por todas en la Cruz? Su respuesta se enmarca en la de la Tradición: Cristo alcanza al hombre a través de la Iglesia, que es el sacramento universal de la salvación. La Iglesia —tanto en su dimensión institucional y jerárquica, como a través del testimonio personal y comunitario de los fieles—, al ejercer la misión que Cristo mismo le confió, es el signo y el instrumento por el que Cristo y su acción redentora se hacen presentes en el mundo. Con palabras de Juan Pablo II: «El Espíritu Santo viene después de Cristo y gracias a El, para continuar en el mundo, por medio de la Iglesia, la obra de la Buena Nueva de salvación»[48].

Esto último hay que subrayarlo: es Cristo el que salva, no la Iglesia; la Iglesia, por la presencia en ella del Espíritu Santo, es instrumento de la acción salvífica de Cristo. Así se comprende en toda su fuerza que Mons. Escrivá utilizara, para expresar la que hemos llamado "redención subjetiva", el término joánico que designa el acto cumbre de la "redención objetiva": la exaltación en la Cruz.

Es la de Mons. Escrivá una manera sencilla, profunda, inmediata de declarar que la colaboración de la Iglesia en la aplicación de la obra redentora de Cristo —también por tanto esa acción eclesial de «los hombres y las mujeres de Dios», según la expresión del relato originario— es "sacramental" en el riguroso sentido teológico de la palabra. Es decir, no es un "plus" que se agrega a la Cruz de Cristo, sino la presencia misma (sacramental) de la Cruz de Cristo, Cristo que se hace presente por el camino que el mismo Jesús señaló: los cristianos y su vida, es decir, la Iglesia. Ese levantar, colocar, poner, alzar de nuevo la Cruz, que hacen «los hombres y las mujeres de Dios» es, pues, la forma gráfica e intuitiva que Mons. Escrivá tenía —en estos textos— de decir que Cristo con su Cruz (gloriosa) ha entrado en las vidas de los hombres (bautismo, vocación) y que a través de éstos, en consecuencia, se "manifiesta" (signo) la Cruz de Cristo y se "realiza" (instrumento) la tractio divina que de ella emana. Es aquello de San Pablo: «Mihi autem absit gloriari, nisi in cruce Domini Nostri Iesu Christi: per quem mihi mundus crucifixus est, et ego mundo» (Gal 6, 14). Et ego mundo: el cristiano es —ha de ser— Cristo crucificado (y glorioso) ante el mundo.

3. La novedad del 7 de agosto de 1931

Las consideraciones precedentes se refieren al "clima" de meditación joánica en que se enmarca lo que Mons. Escrivá comprendió y vio aquel 7 de agosto. Esas consideraciones están en la base teológica y eclesiológica del modo de la "exaltación" de Cristo que comprendió entonces. Pero son sólo el comienzo de la comprensión misma, que avanza más allá, hasta la determinante "novedad" de aquella jornada. Por eso, para situar el significado de aquel 7 de agosto, hay que pensar que la teología joánica de la Redención por la "exaltación", tanto en su dimensión objetiva como subjetiva, pertenece a la revelación misma del misterio de Cristo. Puede, por tanto, y debe alimentar toda vida cristiana, cualquiera que sea su estilo y su posición estructural en la pluriforme variedad de vocaciones que se dan en la Iglesia; y, en consecuencia, puede y debe ser entendida —con toda legitimidad— en la perspectiva de cada una de ellas.

Lo "nuevo" de la comprensión que Dios concedió a Mons. Escrivá de Balaguer es, precisamente, una nueva perspectiva del misterio único de Cristo, que le llevaba a la comprensión cristiana y eclesial de la secularidad. El Fundador del Opus Dei lo indica, en los textos que comentamos, con otra serie de expresiones, más o menos equivalentes entre sí: (poner a Cristo, o la Cruz de Cristo) sobre el pináculo de toda actividad humana, en la gloria de todas las actividades humanas, en la entraña de todas las cosas, en la cumbre de todas las actividades de la tierra, en la cumbre de todas las actividades humanas, en lo alto y en la entraña de todas las cosas. Lo que Mons. Escrivá comprendió «con fuerza y claridad extraordinarias» es que el cristiano, también y precisamente en cuanto unido a Cristo en la actividad secular —santificación del trabajo—, es Cristo en la Cruz, Cristo "levantado" ante el mundo, ante los compañeros de profesión; es Cristo —exaltado en medio de la historia humana—, al que poder "mirar" para "ver" y ser atraído. Hablando teológicamente: comprendió que Dios quería —«quiere que se le alce de nuevo...»— que la actividad secular del cristiano, en su más abarcante extensión, fuese signo e instrumento de la Cruz redentora de Cristo; es decir, que manifestase al mundo el amor salvífico que está en la Cruz de Cristo y fuese a la vez camino, instrumento para que la Cruz del Señor atrayese hacia sí "pántas" y "tá pánta": las personas y las cosas, los ambientes, la vida social, las realidades espirituales y materiales. Mons. Escrivá, en definitiva, "comprendió" el significado salvífico de la secularidad cristiana y, en consecuencia, el camino para santificarla.

4. Poner a Cristo en la cumbre de todas las cosas

Estas consideraciones iluminan el sentido de la expresión más conocida y sintética de todos estos pasajes: «Poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas». ¿Qué se nos dice aquí? Ya se ve por lo dicho que la "exaltación" y la "cumbre" de que habla el Fundador del Opus Dei poco tiene que ver con una realidad similar a la que se designaba bajo el título "reinado social" en la teología, la espiritualidad y la praxis apostólica de buena parte de nuestro siglo. El reinado social de Cristo se presentó con frecuencia, en las categorías y lenguaje ad usum, como un ideal de formas triunfantes, propias de una theologia gloriae, que, sobre la base de un institucionalismo católico, renovaría viejos esquemas de cristiandad. La doctrina de Mons. Escrivá de Balaguer, por el contrario, desde el mismo texto bíblico que se le graba en el alma, es theologia crucis: el señorío de Cristo sobre la humanidad entera (pántas) o sobre la totalidad cósmica ("tá pánta") está esencialmente vinculado a la kénosis de la Cruz.

«Poner la Cruz de Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas» no es un acto "político" o "social". La "cumbre" en la que hay que poner a Cristo (crucificado) no es un edificio, ni un monumento; no es una fachada, ni del municipio, ni de la región, ni del Estado, ni de la organización mundial de las naciones; no es una organización político-religiosa[49]. Según Mons. Escrivá de Balaguer, "la cumbre" no son cosas, sino personas. Con sus propias palabras: poner a Cristo en lo alto de todas las actividades humanas significa «que, en todos los lugares del mundo, haya cristianos, con una dedicación personal y libérrima, que sean otros Cristos»[50]. La cumbre es, pues, la misma vida secular del cristiano en cuanto entregada a Cristo y vivida con Cristo con todas sus consecuencias: trabajo santificado, con la calidad humana y divina que exige, con el prestigio profesional y el fuego apostólico que comporta. Y a través de las personas, y como consecuencia de su identificación personal con Cristo, los efectos sociales de la exaltación de Cristo: «Pax Christi in regno Christi». Porque Cristo es Rey y «regnare Christum volumus». Toda la doctrina contenida en la Homilía sobre Cristo Rey, aparte de ser uno de los lugares en que se expresa sobre Juan 12, 32, es ella misma el desarrollo de nuestro tema.

Poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas. Podríamos decir:

a) las actividades humanas; allí están los hombres y las mujeres por los que Cristo ha muerto (al ser levantado en la Cruz: redención objetiva) y a los que quiere atraer (cuando sea levantado en alto: redención subjetiva);

b) la cumbre en cada actividad humana; el Señor hizo entender al Fundador del Opus Dei que esa cumbre a la que mirar eran «los hombres y las mujeres de Dios», las vidas de esos cristianos comprometidos en la santificación de la actividad humana y entregados realmente a esa tarea, que es su vocación y su misión. Desde esa cumbre Dios quiere que se opere la tractio divina de la Cruz en el horizonte de la secularidad.

Uno de los textos que hemos llamado de comprensión sintética dice exactamente esto: «Dios quiere un puñado de hombres "suyos" en cada actividad humana. —Después... "pax Christi in regno Christi" —la paz de Cristo en el reino de Cristo»[51]. Los hombres "suyos" dentro de cada actividad humana son, siendo iguales entre sus iguales, la "cumbre" (Cristo levantado) a la que los colegas, amigos y compañeros pueden mirar para "ver" la Cruz de Cristo y ser atraídos por El. Ver a Cristo en el seno de la faena cotidiana en el mundo, la redención percibida dentro del mundo y de su hacerse, no fuera del mundo. No es, pues, la cumbre un concepto "triunfalista", como se decía hace unos años. Designa, más bien, al cristiano y su vida secular —vida secular de un estadista o de un zapatero— crucificada con Cristo: triunfo, ciertamente, pero de la Cruz.

5. Juan 12, 32 y el cristiano "ipse Christus". Dimensión eucarística de la "comprensión"

A la luz de Jn 12, 32 se advierte por qué Mons. Escrivá de Balaguer decía con insistencia, refiriéndose al cristiano corriente, cosas que parecían a muchos propias del sacerdote: concretamente, que tenía que ser alter Christus, más aún, ipse Christus. Efectivamente, Dios le hizo entender la existencia secular santificada como la "visibilidad" de Cristo en la Cruz atrayendo a los compañeros del quehacer humano en el mundo. El pasaje de los discípulos de Emaús —en el que precisamente Jesús explica el sentido glorioso de la Cruz y que Mons. Escrivá pone en relación con lo "entendido" el 7 de agosto de 1931— es bajo este aspecto elocuente: habéis de ser Cristo —decía— para «quienes os tratan en el ejercicio de vuestras profesiones y en vuestra actuación social». El texto de Lc 24, 32, al mostrar el corazón de aquellos dos discípulos encendido por la conversación de Cristo en el camino, insinúa el carácter fascinante del Cristo exaltado. Si a un cristiano corriente que lucha por vivir en Cristo su existencia secular, se le "mira", con la gracia de Dios se "ve", en la verdad de su sacrificio y de su entrega (signo), a Cristo que pasa y que atrae. Por eso predicaba: «Manifestad claramente el Cristo que sois»[52]. En cierta ocasión (estaba yo presente: en torno a 1958), Mons. Escrivá conversaba en Roma con un grupo de hijos suyos sobre la misión apostólica y nos decía que, para llevarla a cabo, habíamos de "tratar" a nuestros compañeros. Se interrumpió y agregó: «En realidad, basta con que os dejéis tratar». Como para indicarnos que la potencia de Cristo llena la vida del cristiano (se entiende, si se esfuerza realmente por vivir entregado a Él) y es, por tanto, inevitable que contagie, que fascine, si entra en contacto con los hombres; basta que sea «levantada en alto» —es decir, que entre realmente en la vida de un hombre o de una mujer— para que se perciba la atracción de Cristo.

Pero no debe olvidarse nunca que la gloria y la fascinación de que habla San Juan al presentar a Cristo en la Cruz es siempre la anticipación escatológica de la Resurrección que el evangelista veía ya, místicamente, en el Crucificado. Quiero decir que la Cruz en cuanto cruz es insoslayable, y el camino de los cristianos, viviendo la más plena secularidad, es siempre el camino de la Cruz: la secularidad cristiana —o, sencillamente, la secularidad, pues ésta es un concepto teológico— es siempre una secularidad crucificada con Cristo en la Cruz, y precisamente por eso, por ser esa Cruz la de Cristo, es gloriosa, es fascinante, está atravesada de la alegría de Dios: «Tú has hecho, Señor, que yo entendiera que tener la Cruz es encontrar la felicidad, la alegría. Y la razón —lo veo con más claridad que nunca— es ésta: tener la Cruz es identificarse con Cristo, es ser Cristo, y, por eso, ser hijo de Dios»[53].

Quizá sea éste el momento de considerar lo que podríamos llamar "dimensión eucarística" de la comprensión de Jn 12, 32. El Sacrificio de la Misa es el mismo Sacrificio de la Cruz: identidad de Sacerdote y Víctima. Misteriosamente —sacramentalmente— en la celebración de la Eucaristía se hace presente la "exaltación" de Cristo en la Cruz, y consecuentemente, la tractio del Crucificado. Hay un rito en la liturgia de la Misa que esto lo significa de manera especialísima: el rito de "alzar". Como es sabido, el "alzar" la Hostia y el Cáliz después de la Consagración no es litúrgicamente un rito de "ofrecimiento" al Padre, sino de "presentación" a los fieles. El sacerdote, al alzar, presenta a Cristo a los hombres para que lo "miren", y mirando lo "vean", y viéndolo lo "adoren" y sean "atraídos" hasta identificarse con Él en la comunión. El celebrante, al alzar, es el primero que "mira" asombrado lo que acaba de ocurrir en sus manos. Este es el momento en que Mons Escrivá de Balaguer "comprendió" Juan 12, 32 y "vio" el triunfo de Cristo. Podríamos decir que toda su doctrina sobre la Eucaristía como centrum ac radix de la evangelización y de la vida espiritual es la manera sacramental de expresar la centralidad del misterio de la Cruz revelado en Juan 12, 32.

Esta dimensión eucarística de Jn 12, 32 en la comprensión de Mons. Escrivá de Balaguer apunta muy exactamente a su doctrina del cristiano ipse Christus. Ser «alma de Eucaristía» —expresión muy suya[54]- era para él una manera de intimidad e identificación con Cristo que testimonia y transparenta a Cristo para los demás. En el cristiano los hombres tienen que poder reconocer a Cristo. Por eso decía que los cristianos habíamos de ser "viriles", en el sentido del ostensorio que muestra a Cristo: «Vamos, pues, a pedir al Señor que nos conceda ser almas de Eucaristía, que nuestro trato personal con El se exprese en alegría, en serenidad, en afán de justicia. Y facilitaremos a los demás la tarea de reconocer a Cristo, contribuiremos a ponerlo en la cumbre de todas las actividades humanas. Se cumplirá la promesa de Jesús: Yo, cuando sea exaltado sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí»[55].

6. La "unidad de vida" a la luz del 7 de agosto de 1931

Es éste otro aspecto, a mi parecer esencial, del acontecimiento espiritual que comentamos. Precisamente por ser la que fue la "novedad" entonces entendida —la secularidad del cristiano como camino de redención, de tractio de la Cruz— en su núcleo se encuentra lo que luego Mons. Escrivá de Balaguer llamaría la "unidad de vida" del cristiano. Lo fascinante de esa existencia cristiana secular —lo que la hace camino para la tractio divina— es la interna cristificación de la dimensión secular de la existencia, la integración perfecta de la existencia-en-el-mundo en la existencia cristiana. Esto es lo nuevo.

El tema de la unidad de vida tiene una consistencia teológica propia y aquí sólo debe ser aludido para señalarle su lugar teológico (cristológico) en el pensamiento de Mons. Escrivá de Balaguer. Sólo quiero subrayar dos cosas:

a) Que la unidad de vida, desde el horizonte de Juan 12, 32, aparece como un don divino y a la vez como una tarea. Lo propio del cristiano corriente —del laico— no es la mundanidad como tal, pues ésta es común al hombre en cuanto hombre; ni tampoco la secularidad, si se entiende ésta como dimensión de la Iglesia —lo que se ha llamado secularidad general de la Iglesia—; sino la donación que Dios le hace de esa mundanidad en cuanto inserta en el orden de la Redención y como instrumento de Redención; es decir, se trata de la secularidad o indoles sæcularis, de que habla el Vaticano II[56], que viene dada por Dios en unidad con la vocación cristiana, con el ser y vivir en la Iglesia, pero que es a la vez la tarea a realizar por el cristiano con la lucha ascética y el afán apostólico. Esa tarea, en cuanto realizada y manifestada, es el "alzar a Cristo" en la "gloria" de todas las actividades humanas. La unidad de vida aparece así como condición imprescindible para que se ejerza la tractio de la Cruz en la manera que el Señor se la hizo entender al Fundador del Opus Dei.

b) Pero no sólo es condición para la tractio, sino que ella misma —la unidad de vida del cristiano— ya es fruto de la tractio de Cristo en la Cruz. San Agustín tiene una sugestiva interpretación del omnia traham que apunta en esta dirección. San Juan Crisóstomo[57] lee en Juan 12, 32 "pántas", omnes, pero Agustín ha recibido a través de la Vetus latina el "tá pánta". Para Agustín omnia traham debe ser también referido «a la integridad de la persona humana, hecha de cuerpo, alma y espíritu; es decir, de aquello por lo que pensamos, de aquello por lo que vivimos, de aquello por lo que somos palpables y visibles»[58]. Aquí San Agustín no piensa, pues, en la totalidad cósmica, ni en la totalidad humana, sino en la totalidad del sujeto humano. El ser humano —es lo que está en el fondo de la interpretación del santo obispo de Hipona— está dividido y disperso como consecuencia del pecado, ha perdido la integridad originaria; la tractio divina de la Cruz atrae lo disperso para restituirlo a la unidad.

Cristo, en efecto, nos ha conseguido (don divino) la unidad de nuestro ser, pero mientras estamos en la tierra, hemos de batallar para mantenerla y potenciarla. Podríamos decir que si en la historia de los orígenes encontramos en el hombre, como consecuencia del pecado, el binomio "integridad"/"dispersión", ahora en la Iglesia, como consecuencia de la Redención, se da un nuevo binomio, cuya dinámica es de signo inverso: de la "dispersión" a la "integridad". La plenitud consumada de este segundo miembro es escatológica (cielo). Pero en el tempus Ecclesiae (historia) tiene ya una fase incoativa, que es esa "unidad de vida" del cristiano —a la vez don de Dios y tarea histórica—, que implica sacrificio, sufrimiento, lucha ascética. La unidad de vida en medio de las actividades seculares, que es imposible sin la Cruz, anticipa en la historia la gloria del cielo. Por eso es exaltación, cruz gloriosa, Cristo que atrae y fascina[59].

7. Esquema sintético

Digamos, finalmente, que la tractio de la Cruz, con el estatuto teológico que hemos considerado, responde a este esquema:

1. La tractio divina como sinónimo de la redención "objetiva" realizada de una vez por todas ("efápax", semel), fruto de la misión de Cristo a partir del Padre. Valor redentor de la exaltación de Cristo en la Cruz: radicalmente redimidos ("atraídos") todos los hombres.

2. La tractio divina como presencia en la historia de la exaltación en la Cruz y de la redención obtenida de una vez por todas: redención "subjetiva" o economía eclesial y sacramental realizada por la misión de Espíritu. Se ejerce:

a) estructuralmente, por el ministerio de la palabra, que anuncia la Redención, y sobre todo por los actos sacramentales, que hacen presente sacramentalmente (en sentido estricto: ex opere operato) a Cristo y sus actos redentores;

b) existencialmente, a través de la vida misma del hombre cristiano, ipse Christus, que hace presente (testimonio cristiano, sacramentalidad de la Iglesia en sentido amplio) la exaltación redentora de Cristo; Dios hizo entender a Mons. Escrivá que la existencia en el mundo —la secularidad cristiana santificada— formaba parte esencial de esa economía de la tractio redentora.

3. Los niveles de la tractio de Cristo en la historia aludida en n. 2 serían:

a) nivel antropológico ("pántas"): atracción a todos los hombres, con tres momentos o dimensiones: primera, atracción a la fe ("ver"); segunda, atracción progresiva hasta la plena unión con Cristo: unidad del ser y de la vida del cristiano; tercera, atracción de la vida social, cultural y política.

b) nivel cósmico ("tá pánta"): santificación en sentido último de las realidades terrenas. Dimensión escatológica: «Deus omnia in omnibus» (1 Cor 15, 28).

Pedro Rodríguez. Director del Departamento de Eclesiología. Facultad de Teología (Universidad de Navarra)

[1] Al cabo de los años escribirá recordando esta fecha: «aquel día de la Transfiguración, celebrando la Santa Misa en el Patronato de enfermos, en un altar lateral, mientras alzaba la Hostia, hubo otra voz sin ruido de palabra» (Carta, 29-XII-1947/14-II-1966, n. 89). La obras que utilizamos de Mons. Escrivá de Balaguer son: a) Camino, Valencia ¹ 1939; Surco, Madrid ¹ 1986; Forja, Madrid, ¹ 1988; que se citan por el número correspondiente a cada "punto". b) Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, Madrid ¹ 1969; Es Cristo que pasa, Madrid ¹ 1973; Amigos de Dios, Madrid ¹ 1977; que se referencian por los números marginales de los párrafos. c) Las colecciones de Instrucciones y Cartas, escritos dirigidos a los miembros del Opus Dei, y los Apuntes íntimos, cuadernos ológrafos de Mons. Escrivá escritos en los años treinta; que se referencian también por los números marginales.

[2] El relato de esta intervención de Dios en su alma, al que pertenecen las citas entrecomilladas en el texto, se contiene en Apuntes íntimos, n. 217.

[3] Vid. J. L. ILLANES, Dos de octubre de 1928: alcance y significado de una fecha: AA. VV., "Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer y el Opus Dei", Pamplona 1985, pp. 65ss.

[4] Vid. en ANA SASTRE, Tiempo de caminar. Semblanza de Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, Madrid 1989, el cap. VI de la primera parte, titulado "Mujeres en el Opus Dei".

[5] De entre la inmensa bibliografía sobre el tema remitimos a dos acreditadas obras de la exégesis católica de este siglo: M. J. LAGRANGE, L'Evangile de Saint Jean, París 1927, y R. SCHNACKENBURG, El Evangelio según San Juan, Barcelona 1980. Una breve selección de comentarios patrísticos sobre San Juan: S. BOUQUET, L'Evangile selon Jean expliqué par les Pères, Paris, 1985.

[6] SCHNACKENBURG, II, p. 470.

[7] Un texto entre muchos: «Y ¿cuál es la gloria del Señor? La Cruz, por supuesto, en la que Cristo fue glorificado: el esplendor de la gloria del Padre, como él mismo dijo cuando se acercaba la pasión: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él, y pronto lo glorificará». Texto en el que llama gloria a su propia exaltación en la Cruz. Pues la Cruz de Cristo es efectivamente su gloria y exaltación, por lo que había dicho: «Cuando sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí» (SAN ANDRÉS DE CRETA, Orat. 9 in ramos palmarum, PG 97, 1002).

[8] Juan emplea para la Cruz la misma palabra que Lucas para referirse a la Ascensión (cfr. Act 2, 33): xxxxx, «exaltari», ser levantado; pero en San Juan el vocablo aparece exclusivamente para referirse a la Cruz. Los textos son, a parte de éste: poco después, el v. 34, y antes 3, 14 y 8, 28.

[9] LAGRANGE, p. 81, insiste especialmente en que, también en San Juan, "exaltación" y "glorificación" de Cristo son en rigor temas diversos, aunque en la teología joánica tengan una peculiar proximidad.

[10] Detrás de la doctrina de San Juan sobre el tema —como de la de San Pablo en Fil 2, 5-11, con perspectiva diversa— está, según el sentir de los exégetas, una profunda meditación de la figura del Siervo de Yaveh según Is 52, 13: «Sabed que mi siervo prosperará, será exaltado y engrandecido y llegará a la cumbre misma de la gloria».

[11] San Pablo, desde su perspectiva soteriológica, pone igualmente de relieve la tractio de la Cruz: «Nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los gentiles, más fuerza de Dios y sabiduría de Dios para los llamados, ya judíos, ya griegos» (1 Cor 1, 23s). «¿Por qué es la Cruz la suprema "potencia y sabiduría de Dios"? La respuesta es una sola: porque en la Cruz se ha manifestado el amor: "Dios nos demuestra su amor en que, siendo pecadores, Cristo murió por nosotros" (Rom 5, 8)» (JUAN PABLO II, Alloc. 31-VIII-1988).

[12] SCHNACKENBURG, II, p. 486.

[13] Vid. LAGRANGE, p. 334, y SCHNACKENBURG, II, p. 614, nota 98. San Agustín, que lee xxxxxx, hace una lectura teológica alternativa en la línea antropológica de xxxx: «Si omnia ipsi homines intelligendi sunt... possumus dicere:... omnia hominum genera, sive in linguis omnibus, sive in aetatibus omnibus, sive in gradibus honorum omnibus, sive in diversitatibus ingeniorum omnibus, sive in artium licitarum et utilium professionibus omnibus, et quidquid aliud dici potest secundum innumerabiles differentias quibus inter se praeter sola peccata homines distant, ab excelsissimis usque ad humillimos, a rege usque ad mendicum; omnia, inquit, traham post me, ut sit caput eorum, et illi membra eius» (SAN AGUSTÍN, Tract. in Joannis evangelium, 53, 11: PL 35, 1773).

[14] «Hasta aquí, la historia xxxxxx. Pero ella, en sí misma, describe tipológicamente (xxxxxxx) todo el misterio de la encarnación» (SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, In Joannis Evangelium, lib. 2, III, 14-15: PG 73, 251s). Ya el libro de la Sabiduría (16, 6) había calificado a la serpiente de bronce como «signo de salvación» (xxxxxxxx).

[15] El Señor ya lo había dicho respondiendo precisamente a la pregunta «¿Tú quién eres?»: «Cuando levantéis al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que Yo soy» (Jn 8, 28). Estas palabras de Jesús van dirigidas precisamente a los que le persiguen y le llevarán a la Cruz, lo que suscita la difícil cuestión de su sentido (vid. la detenida exégesis de este versículo en SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, In Joannis Evangelium, lib. 5, VIII, 28: PG 74, 823-832), en la que presenta las diferentes interpretaciones del texto. La primera de esas propuestas exegéticas («cum sublime aliquid sapere de me inceperitis... tunc manifesto cognoscetis me esse lucem mundi») conecta especialmente con la mirada de que aquí hablamos. En todo caso Juan 8, 28 subraya la universalidad de la eficacia de la exaltación de Cristo en la Cruz.

[16] Mons. Escrivá de Balaguer tenía una gran devoción a Cristo vivo en la Cruz —a Cristo antes de la lanzada, solía decir—, que mira con mirada traspasada de amor, con «ojos de mirar amabilísimo» (Camino, n. 422). ¿No tendrá esta manera de devoción a Cristo una íntima relación con el acontecimiento del 7 de agosto?

[17] «La imagen de la serpiente era imagen de la economía de la cruz» (SAN JUAN CRISÓSTOMO, De serpente homilia, 3 PG 56, 503). La serpiente en el Paraíso fue fascinante para inducir al hombre al pecado y Cristo lo será para llevar a los hombres tras de sí —post se, como lee San Agustín Juan 12, 32—, a la felicidad de la gloria. La serpiente de bronce —muerta, inerte, que no puede inocular al hombre el veneno del pecado— significa en esta tipología, según la exégesis patrística, el pecado derrotado y muerto en la cruz al ser crucificado Cristo, que asumió, sin pecado, «la carne de pecado»: «Dios, al enviar a su Hijo, in similitudinem carnis peccati et pro peccato, condenó al pecado en la carne» (Rom 8, 3). Vid. sobre el tema la citada homilía del Crisóstomo, el texto de Teodoro de Mopsuestia que se reproduce en S. BOUQUET, o.c., pp. 64s y el texto de San Cirilo de Alejandría que transcribimos un poco más abajo.

[18] Jn 3, 14; 12, 34. Vid. también 3, 30 y 20, 9.

[19] Dios Verbo se hizo hombre y subió a la Cruz —explica San Cirilo de Alejandría (In Joannis Evangelium, lib. 2, III, 14-15; PG 73, 251)— «para condenar al pecado en la carne, como está escrito (Rom 8, 3), y para ser el que consigue (xxxxxxx, «conciliator») la salud eterna para todos los que le miren con fe intensa (xxxxxxxxxxxxx) o profundizando en las verdades divinas (xxxxxxx). El hecho de que la serpiente fuera colocada en lo alto de un madero significa que Cristo fue puesto en lugar patente y señalado (xxxxx > xxxxxxx), para que a nadie se ocultase que él había sido levantado sobre la tierra, como él mismo dijo en otro lugar (Jn 12, 32), a causa de la pasión que sufrió en la Cruz».

[20] Vid. también Jn 10, 16: «Tengo otras ovejas que no son de este aprisco, y es preciso que yo las traiga, y oirán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor».

[21] Es Cristo que pasa, n. 137.

[22] JUAN PABLO II, Carta encíclica Dominum et vivificantem, 8-V-1986, n. 24.

[23] Juan Pablo II, en sus Catequesis sobre el símbolo de la fe, ha glosado la doctrina de la tractio de la Cruz en este contexto pneumatológico: «Si es verdad que Jesucristo, mediante su «elevación» en la Cruz, debe «atraer todo hacia sí» (cfr. Juan 12, 32), a la luz de las palabras del cenáculo —«si me voy os lo enviaré»— entendemos que ese «atraer» es actuado por Cristo glorioso mediante el envío del Espíritu Santo. Precisamente por esto Cristo tiene que irse. Cristo, saliendo de este mundo, no sólo deja su mensaje salvífico, sino que «da» el Espíritu Santo, al cual está ligada la eficacia del mensaje y de la misma Redención en toda su plenitud» (JUAN PABLO II, Alloc., 26-IV-1989, n. 4).

[24] Vid. CONCILIO VATICANO II, Decr. Ad gentes, n. 2

[25] El día 6, en el que la Iglesia celebra la Transfiguración, estaba dedicado a los Santos Justo y Pastor, Patronos de la diócesis.

[26] Apuntes íntimos, n. 217.

[27] Instrucción, 1-IV-1934, n. 1.

[28] Ibid., n. 2.

[29] Ibid., n. 3.

[30] Carta, 29-XII-1947/14-II-1966, n. 89.

[31] Meditación, 27-X-1963.

[32] Domingo de Resurrección, 26-III-1967; reproducida en Es Cristo que pasa, nn. 102-116. La zona que nos interesa es nn. 105-107.

[33] 22-XI-1970; reproducida en Es Cristo que pasa, nn. 179-187. El pasaje interesante a nuestros efectos es el n. 183. La sección se titula precisamente "Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas".

[34] «Jesucristo recuerda a todos: Et ego, si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum, si vosotros me colocáis en la cumbre de todas las actividades de la tierra, cumpliendo el deber de cada momento, siendo mi testimonio en lo que parece grande y en lo que parece pequeño, omnia traham ad meipsum, todo lo atraeré hacia mí. Mi reino entre vosotros será una realidad».

[35] Vid. sobre el tema P. RODRÍGUEZ, Vocación, trabajo, contemplación, Madrid 1986, pp. 77s, 131-133 y 200-202.

[36] Reproducida en Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, nn. 58-72. El texto que nos interesa es el n. 59.

[37] 28-V-1964; reproducida en Es Cristo que pasa, nn. 150-161. El pasaje sobre nuestro tema está en el n. 156.

[38] Camino, n. 301.

[39] Amigos de Dios, n. 58.

[40] Forja, n. 685.

[41] Forja, n. 678. Tal vez esta inclusión conjunta de "lo alto" y de "la entraña" sea la que explique la alusión —sorprendente al hilo de nuestro discurso— a la enseñanza "paulina". Vid. nota siguiente.

[42] Es Cristo que pasa, n. 105. Mons. Escrivá de Balaguer, al explicar la doctrina que estamos analizando, ponía en estrecha relación, como se ve, el "omnia" de Jn 12, 32 con el de Ef 1, 10 y con el de Col 1, 20, como se ve en este otro texto: «Todas las cosas de la tierra, pues, también las criaturas materiales, también las actividades terrenas y temporales de los hombres, han de ser llevadas a Dios —ya ahora, después del pecado, redimidas, reconciliadas—, cada una según su propia naturaleza, según el fin inmediato que Dios le ha dado, pero sabiendo ver su último destino sobrenatural en Jesucristo: porque quiso el Padre poner en El la plenitud de todo ser y reconciliar por El todas las cosas consigo, restableciendo la paz entre el cielo y la tierra por medio de la sangre que derramó en la cruz (Col 1, 19 y 20). Hemos de poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas» (Carta, 19-III-1954, n. 7).

[43] Es Cristo que pasa, n. 14.

[44] Es Cristo que pasa, n. 38.

[45] Es Cristo que pasa, n. 105.

[46] Un interesante análisis de Jn 12, 32 a partir del texto de Conversaciones, n. 59 puede verse en A. GARCÍA SUÁREZ, Existencia secular cristiana: "Scripta Theologica" 2 (1970) 155-157.

[47] JUAN PABLO II, Litt. enc. Dominum et vivificantem, 8-V-1986, n. 24.

[48] Ibid., n. 3.

[49] VidEs Cristo que pasa, n. 183s.

[50] Carta, 29-XII-1947, 14-II-1966, n. 89.

[51] Camino, n. 301.

[52] El texto continúa: «Por vuestra vida, por vuestro Amor, por vuestro espíritu de servicio, por vuestro afán de trabajo, por vuestra comprensión, por vuestro celo por las almas, por vuestra alegría». Son palabras de una conversación del 13-VI-1974.

[53] Meditación, 28-IV-1963.

[54] Vid., por ejemplo, este otro pasaje: «¡Sé alma de Eucaristía! —Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado!» (Forja, n. 835).

[55] Es Cristo que pasa, n. 156.

[56] Vid. CONCILIO VATICANO II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 31 y la Ex. ap. Christifideles laici, n. 15.

[57] SAN JUAN CRISÓTOMO, In Ioannem homiliae, 67, 3: PG 59, 573.

[58] SAN AGUSTÍN, Tractatus in Joannis Evangelium, 53, 10-14: PL 35, 1773: «Ad creaturae integritatem, id est, spiritum, et animam, et corpus; et illud quo intelligimus, et illud quo vivimus, et illud quo visibiles et contrectabiles sumus».

[59] Jn 12, 32 es texto paradigmático para muchos aspectos de la existencia cristiana que Mons. Escrivá de Balaguer ha subrayado y de los que ahora no podemos ocuparnos. Explicaba, por ejemplo: si tomamos la Cruz de Cristo, entonces la Cruz ya no es cruz, o mejor, es una Cruz sin cruz (cfr. Santo Rosario, IV misterio doloroso), porque está llena de alegría y de gloria. También aquí se enraíza su doctrina sobre las «falsas cruces» que amargan el alma y no unen a Cristo, porque no son la Cruz de Cristo, que es gloriosa. Por lo demás, el nombre mismo de la Obra —Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei— y su sello emblemático —la Cruz en la entraña del mundo y abrazando al mundo—, que es también el escudo episcopal de Mons. del Portillo, tienen detrás la profunda experiencia de la Cruz que el Señor concedió al Fundador del Opus Dei.

 

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 Un millón y medio de españoles firman contra la Ley Celaá: "Recorta libertades fundamentales"

La Plataforma Más Plurales, que impulsa la iniciativa, denuncia que la norma pretende "una modificación constitucional por la puerta de atrás".

12 noviembre, 2020 18:33

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Casi millón y medio de españoles ya han firmado en contra de la Ley Celaá que impulsa el Gobierno de España por entender que atenta, entre otras cosas, contra la escuela concertada, la asignatura de Religión o el español como lengua vehicular en Cataluña.

La recogida de firmas ha sido iniciativa de Más Plurales, una plataforma que aglutina asociaciones de padres y madres de alumnos, sindicatos, empresas y diferentes colectivos en defensa de la educación concertada.

La plataforma denuncia que la Lomloe -conocida popularmente como Ley Celaá- elimina el concepto de "demanda social", desprecia las preferencias de los padres hacia sus hijos y se inventa un derecho a "la educación pública" que no está recogido en la Constitución. También hace hincapié en los "derechos de la infancia" para omitir a los principales garantes de esos derechos, los padres, y sustituirlos por el Estado.

Por estos motivos, los centros privados y concertados llevan tiempo denunciando que la nueva ley educativa que promueve la ministra de Educación, Isabel Celaá, es inconstitucional. Concretamente, atentaría contra el artículo 27 de la Carta Magna, que reconoce "el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones".

Ante la negativa de Isabel Celaá a atender las peticiones de la escuela concertada -pese a que más de cien familias remitieron cartas a la ministra para advertir de la inconstitucionalidad de su ley educativa-, la Plataforma Más Plurales ha decidido recurrir a la sociedad civil.

Y ésta ha respondido con creces: 1.386.646 españoles -cifra de este jueves por la tarde- ya han firmado contra una norma que dejaría en situación de desamparo a los más de dos millones de alumnos que estudian en alguna de las 3.500 escuelas concertadas españolas. Esto es el 28% de la oferta educativa nacional. En ellas dan clase más de 130.000 profesores. 

Manifestación de Más Plurales frente al Congreso de los Diputados. Más Plurales

De este modo, se han superado con creces las 500.000 firmas acreditadas de ciudadanos (debidamente identificados) que necesita una iniciativa legislativa popular para ser debatida en el Congreso. Sin embargo, esa no es la intención de la plataforma impulsora.

"Nuestro objetivo es concienciar a la sociedad de que la Ley Celaá afecta a nuestros marcos democráticos recortando libertades fundamentales", adelanta el portavoz de Más Plurales, Jesús Muñoz de Priego Alvear, en conversación con EL ESPAÑOL.

"La ley se extralimita al hacer una modificación del marco constitucional por la puerta de atrás", explica Muñoz de Priego, que prosigue: "Al no tener una mayoría para hacer modificaciones constitucionales, se está haciendo una modificación de facto de ese marco de libertades a través de leyes orgánicas".

"Deprisa y corriendo"

Este viernes la Comisión de Educación votará el dictamen final de la reforma sin haber escuchado a la comunidad educativa. El próximo jueves, seis días después, se votará nuevamente en el Pleno del Congreso de los Diputados. El Pleno es el último paso antes del salto de la norma al Senado.

Todo se ha realizado a un ritmo endiablado. La Ponencia (grupo de trabajo que analiza las enmiendas antes de presentar el dictamen ante la Comisión de Educación) se reunió sólo cinco veces para analizar 1.162 enmiendas. Cinco reuniones en dos semanas antes de pasar a la Comisión.

El portavoz de Más Plurales denuncia que el Gobierno "tiene prisa por aprobarla" y por ello considera que "no es casual que se haga en periodo de pandemia": "Quieren evitar el debate social y limitar libertades fundamentales por la puerta de atrás".

El abogado de profesión denuncia también que se trata de "la primera vez en la historia democrática reciente en la que se excluye a la comunidad educativa de la tramitación parlamentaria". "No quiere escuchar a las familias", lamenta.

El portavoz de los más de veinte colectivos educativos que componen la Plataforma Más Plurales sostiene que la Ley Celaá supone, en definitiva, "la imposición de un modelo de educación único, estatal y laico que pondrá fin a la pluralidad educativa actual".

Isabel Celaá - conocida por haber llevado a sus hijas al colegio concertado Bienaventurada Virgen María-Irlandesas (Bilbao)- ha manifestado en numerosas ocasiones que "la Lomloe no ataca a las escuelas concertadas".

Unas palabras que no convencen al sector de la educación concertada, que expresa a través de Más Plurales su preocupación por una reforma "que conduce hacia el dominio sistémico del Estado, dotando a las Administraciones con facultades cada vez más amplias en detrimento de las familias como primeras educadoras de sus hijos".

"Es una ley intervencionista en el ámbito educativo. A más intervencionismo, menos libertad. Y a menos libertad, menos democracia. Esta regla no falla nunca", sentencia Muñoz de Priego.

La 'Ley Celaá' y sus polémicas

La Ley Celaá es el nombre popular con el que se conoce el proyecto de Ley Orgánica de Modificación de la LOE (LOMLOE). Una propuesta impulsada por la ministra de Educación y Formación Profesional, Isabel Celaá, y que ahora debe enfrentarse a las enmiendas a la totalidad presentadas por PP, Vox y Ciudadanos.

A las duras críticas de estos tres partidos políticos se unen las de la sociedad civil y, especialmente, la comunidad educativa. Y es que la ley que pretende derogar la LOMCE o Ley Wert está cargada de medidas polémicas, más allá de su ataque frontal a la concertada.

1.- La ley que impulsa el Gobierno de España también plantea la supresión del español como lengua vehicular en Cataluña. El Ejecutivo, gracias a un pacto acordado con ERC, se ha comprometido a blindar y reforzar el sistema de inmersión lingüística en catalán, que margina el español.

De este modo, se elimina la consideración de "lenguas vehiculares" tanto para el catalán como para el castellano. Una manera de dar carta de naturaleza al sistema vigente en Cataluña desde hace décadas y por el que PP y Ciudadanos ya han anunciado recursos. 

2.- Pero la devaluación del castellano en Cataluña no es la única medida polémica acordada por PSOE, Unidas Podemos y ERC. Recientemente, las tres formaciones se pusieron de acuerdo para ampliar la ley Celaá, rebajando la exigencia académica para que los estudiantes de la ESO puedan pasar de curso sin límite de suspensos.

Ahora, cuando un alumno reprueba tres asignaturas, debe repetir. Esto no debería ser así para Esquerra, impulsora de la propuesta. Según los independentistas catalanes, es "anticuado" medir la evolución del alumno en base a sus suspensos. Por ello, los socialistas han apoyado que sean los profesores quienes decidan sobre cada caso atendiendo al "esfuerzo".

3.- También se acabará -por la vía de la asfixia financiera- con los colegios de educación especial en los que se atiende a niños con discapacidades físicas o psíquicas, al privarlos de recursos y de alumnos.

La disposición adicional cuarta de la Ley Celaá obliga a derivar a los niños con discapacidad desde sus centros actuales a colegios ordinarios. De este modo, los usuarios de la educación especial no podrán contar con medios y docentes especializados.

4.- Además, la norma plantea una educación afectivo-sexual para los niños de primaria o la necesidad de estudiar la historia de la democracia en España desde sus orígenes hasta la actualidad "con perspectiva de género".

Por todos estos motivos ya hay casi un millón y medio de españoles con nombre y apellidos que han firmado en contra de la Ley Celaá.

El derecho de los padres a la educación de sus hijos (I)

Aunque pueden acudir a otros colaboradores, los padres son siempre los principales responsables de la educación de sus hijos, como se señala en este artículo.

FAMILIA24/01/2011

Foto: justinwdavis.

En la actual Declaración Universal de Derechos Humanos, el artículo 26 señala el derecho de los padres a elegir la educación que prefieren para sus hijos(1), y es más significativo aún el hecho de que los firmantes incluyan este principio entre los básicos que un Estado no puede negar o manipular.

Pertenece a la naturaleza humana que el hombre sea un ser intrínsecamente social y dependiente, dependencia que se muestra de modo más patente en los años de la infancia; pertenece al ser hombre que todos debamos recibir una educación, crecer en sociedad, adquirir una cultura y unos conocimientos.

Foto: justinwdavis.

Efectivamente, un hijo no es sólo una criatura arrojada al mundo: en la persona humana se da una estrecha relación entre procreación y educación, hasta el punto de que ésta se considera como una prolongación o complemento de la obra generativa. Todo hijo tiene derecho a la educación, necesaria para poder desarrollar sus capacidades; y a este derecho de los hijos corresponde el derecho-deber de los padres a educarlos.

Manifestación del amor de Dios

Esta realidad se puede apreciar en la etimología de la palabra “educación”. El término educare significa primordialmente acción y efecto de alimentar o nutrir la prole. Alimento que, evidentemente, no es sólo material, sino que abarca también el cultivo de las facultades espirituales de los hijos: intelectuales y morales, que incluyen virtudes y normas de urbanidad.

Hijo y padre son, de modo respectivo, el educando y el educador natos, y cualquier otra especie de educación solamente lo es en un sentido análogo: la educación atañe a la persona en tanto que hijo o hija, es decir, en tanto que está en dependencia de sus padres.

Por eso, el derecho a la educación está fundamentado en la naturaleza humana y hunde sus raíces en realidades que son semejantes para todas las personas y, en último término, fundamentan la sociedad misma; por eso, los derechos a educar y ser educados no dependen de que estén recogidos o no en una norma positiva, ni son una concesión de la sociedad o del Estado. Son derechos primarios, en el sentido más fuerte que cupiera dar al término.

Así, el derecho de los padres a educar a sus hijos está en función de aquel que tienen los hijos a recibir una educación adecuada a su dignidad humana y a sus necesidades; es éste último el que fundamenta el primero. Los atentados contra el derecho de los padres constituyen, en definitiva, un atentado contra el derecho del hijo, que en justicia debe ser reconocido y promovido por la sociedad.

Sin embargo, que el derecho del hijo a ser educado sea más básico, no implica que los padres puedan renunciar a ser educadores, tal vez con el pretexto de que otras personas o instituciones puedan educar mejor. El hijo es, ante todo, hijo; y para su crecimiento y maduración resulta fundamental el ser acogido como tal en el seno de una familia.

Es la familia el lugar natural en el que las relaciones de amor, de servicio, de donación mutua que configuran la parte más íntima de la persona se descubren, valoran y aprenden. De ahí que, salvo casos de imposibilidad, toda persona debería ser educada en el seno de una familia por parte de sus padres, con la colaboración –en sus diversos papeles– de otras personas: hermanos, abuelos, tíos...

A la luz de la fe, la generación y la educación adquieren una dimensión nueva: el hijo está llamado a la unión con Dios, y aparece ante los padres como un regalo que es, a la vez, manifestación del propio amor conyugal.

Cuando nace un nuevo hijo, los padres reciben una nueva llamada divina: el Señor espera de ellos que lo eduquen en la libertad y en el amor, que lo lleven poco a poco hacia Él. Espera que el hijo encuentre, en el amor y la atención que recibe de sus padres, un reflejo del amor y la atención que Dios mismo le dedica. De ahí que, para un padre cristiano, el derecho y deber de educar a un hijo sea irrenunciable por motivos que van más allá de un cierto sentido de la responsabilidad: es irrenunciable también porque forma parte de su respeto a la llamada divina recibida con el bautismo.

Ahora bien, si la educación es una actividad primordialmente paterna y materna, cualquier otro agente educativo lo es por delegación de los padres y subordinado a ellos. «Los padres son los primeros y principales educadores de sus propios hijos, y en este campo tienen incluso una competencia fundamental: son educadores por ser padres. Comparten su misión educativa con otras personas e instituciones, como la Iglesia y el Estado. Sin embargo, esto debe hacerse siempre aplicando correctamente el principio de subsidiariedad»(2).

Lógicamente, es legítimo que los padres busquen ayudas para educar a sus hijos: la adquisición de competencias culturales o técnicas, la relación con personas más allá del ámbito familiar, etc., son elementos necesarios para un correcto crecimiento de la persona, que los padres –por sí solos– no pueden atender adecuadamente. De ahí que «cualquier otro colaborador en el proceso educativo debe actuar en nombre de los padres, con su consentimiento y, en cierto modo, incluso por encargo suyo»(3): tales ayudas son buscadas por los padres, que en ningún momento pierden de vista lo que esperan de ellas, y están atentos para que respondan a sus intenciones y expectativas.

Padres y escuelas

La escuela ha de ser vista en este contexto: como una institución destinada a colaborar con los padres en su labor educadora. Cobrar conciencia de esta realidad se hace más acuciante cuando consideramos que, en la actualidad, son numerosos los motivos que pueden llevar a los padres –a veces sin ser enteramente conscientes– a no comprender la amplitud de la maravillosa labor que les corresponde, renunciando en la práctica a su papel de educadores integrales.

La emergencia educativa, tantas veces evidenciada por Benedicto XVI, hunde sus raíces en esta desorientación: la educación se ha reducido a «la transmisión de determinadas habilidades o capacidades de hacer, mientras se busca satisfacer el deseo de felicidad de las nuevas generaciones colmándolas de objetos de consumo y de gratificaciones efímeras»(4), y de este modo los jóvenes quedan «abandonados ante los grandes interrogantes que surgen inevitablemente en su interior»(5), a merced de una sociedad y una cultura que ha hecho del relativismo su propio credo.

Frente a estos posibles inconvenientes, y como consecuencia de su derecho natural, los padres han de sentir que la escuela es, en cierto modo, una prolongación de su hogar: un instrumento de su propia tarea como padres y no sólo un lugar donde se proporciona a los hijos una serie de conocimientos.

Como primer requisito, el Estado debe salvaguardar la libertad de las familias, de modo que éstas puedan elegir con rectitud la escuela o los centros que juzguen más convenientes para la educación de sus hijos. Ciertamente, en su papel de tutelar el bien común, el Estado posee unos derechos y unos deberes sobre la educación: sobre ellos volveremos en un próximo artículo. Pero tal intervención no puede chocar con la legítima pretensión de los padres de educar a sus propios hijos en consonancia con los bienes que ellos sostienen y viven, y que consideran enriquecedores para su descendencia.

Como enseña el Concilio Vaticano II, el poder público –aunque sea por una cuestión de justicia distributiva– debe ofrecer los medios y las condiciones favorables para que los padres puedan «escoger con libertad absoluta, según su propia conciencia, las escuelas para sus hijos»(6). De ahí la importancia de que quienes trabajan en ambientes políticos o relacionados con la opinión pública busquen que tal derecho quede salvaguardado, y en la medida de lo posible se promueva.

El interés de los padres por la educación de los hijos se manifiesta en mil detalles. Independientemente de la institución en la que estudien los hijos, resulta natural interesarse por el ambiente existente y por los contenidos que se transmiten.

Se tutela así la libertad de los alumnos, el derecho a que no se deforme su personalidad y no se anulen sus aptitudes, el derecho a recibir una formación sana, sin que se abuse de su docilidad natural para imponerles opiniones o criterios humanos de parte; así se permite y fomenta que los chicos desarrollen un sano espíritu crítico, a la vez que se les muestra que el interés paterno en este ámbito va más allá de los resultados escolares.

Tan importante como esta comunicación entre los padres y los hijos es la que se da entre los padres y los profesores. Una clara consecuencia de entender la escuela como un instrumento más de la propia labor educadora, es colaborar activamente con las iniciativas o el ideario del colegio.

En este sentido, es importante participar en sus actividades: por fortuna, es cada vez más común que los colegios, independientemente de que sean de iniciativa pública o privada, organicen cada cierto tiempo jornadas de puertas abiertas, encuentros deportivos, o reuniones informativas de corte más académico. Especialmente en este último tipo de encuentros, conviene que acudan –si es posible– los dos cónyuges, aunque requiera cierto sacrificio de tiempo o de organización: de este modo, se transmite al hijo –sin necesidad de palabras– que ambos padres consideran la escuela un elemento relevante en la vida familiar.

En este contexto, implicarse en las asociaciones de padres –colaborando en la organización de eventos, haciendo propuestas positivas, o incluso participando en los órganos de gobierno– abre toda una serie de nuevas posibilidades educativas. Sin duda, desempeñar correctamente una función así requiere un notable espíritu de sacrificio: es necesario dedicar tiempo al trato con otras familias, conocer a los profesores, acudir a reuniones...

Sin embargo, estas dificultades se ven ampliamente compensadas –sobre todo, para el alma enamorada de Dios y ansiosa de servir– por la apertura de un campo apostólico cuya amplitud no se puede medir: aunque las reglamentaciones del colegio no permitan intervenir directamente en algunos aspectos de los programas educativos, se está en condiciones de implicar e impulsar a profesores y directivos para que la enseñanza transmita virtudes, bienes y belleza.

Los demás padres son las primeras personas que agradecen tal esfuerzo, y para ellos un padre implicado en la labor del colegio –ya sea porque tiene ese encargo, ya sea porque por propia iniciativa muestra su preocupación por el ambiente de la clase, etc.– se convierte en un punto de referencia: una persona a cuya experiencia acudir, o cuyo consejo buscar en la educación de los propios hijos.

Se abre así el camino a la amistad personal, y con ella a un apostolado que acaba beneficiando a todas las personas del ámbito educativo en el que se desenvuelven los hijos. Vale aquí plenamente lo que San Josemaría dejó escrito en Camino, sobre la fecundidad del apostolado personal: Eres, entre los tuyos -alma de apóstol-, la piedra caída en el lago. –Produce, con tu ejemplo y tu palabra un primer círculo... y éste, otro... y otro, y otro... Cada vez más ancho. ¿Comprendes ahora la grandeza de tu misión?(7).

J.A. Araña

J.C. Errázuriz


1. Declaración Universal de los Derechos del Hombre, 10-XII-1948, n. 26.

2. Juan Pablo II, Carta a las familias, 2-II-1994, n. 16.

3. Juan Pablo II, Carta a las familias, 2-II-1994, n. 16.

4. Benedicto XVI, Discurso a la Asamblea Diocesana de Roma, 11-VI-2007.

5. Benedicto XVI, Discurso a la Conferencia Episcopal italiana, 28-V-2008.

6. Concilio Vaticano II, decl. Gravissimum educationis, n. 6.

7. San Josemaría. Camino, n. 831.

 

 Corresponsabilidad. Hacer hogar: una tarea común que da sentido al trabajo

El ritmo de vida actual parece plantear un dilema: o trabajo o hijos; o trabajas o cuidas del hogar; las dos cosas a la vez parecen un imposible. Artículo de la serie sobre el amor humano.

AMOR HUMANO23/11/2015

A fin de conocer el plan de Dios para el hombre y la familia es preciso volver al origen. “Ortega y Gasset ha recordado la historia del explorador del Polo que tras apuntar con su brújula hacia el norte, corre con su trineo (…) para comprobar que se encuentra al sur de la posición inicial. Ignora que no viaja por tierra firme, sino sobre un gran iceberg, que navega raudo en dirección opuesta a su marcha. También hoy muchos con buena voluntad ponemos nuestra brújula apuntando al norte para avanzar, ignorando que flotamos sobre el gran iceberg de las ideologías y no sobre la tierra firme de la verdad de la familia”[1]

En la cuna de la humanidad, están las pautas necesarias, la brújula que marcará siempre el norte.

La primera de esas pautas o claves señaladas en el Génesis es que hemos sido creados para amar y ser amados, y esto se realiza en el “seréis una sola carne”[2] de varón y mujer, un don de sí enriquecedor y fecundo, que se abre a nuevas vidas. El matrimonio, configurado como entrega recíproca, como llamada al amor, sería una primera pauta.

La segunda deriva de la anterior, y se concreta en el mandato divino: “Creced, multiplicaos y dominad la tierra”[3]. Aquí aparece la conexión entre familia (“multiplicaos”) y trabajo (“dominad la tierra”), inseparablemente unidos en un mandato único. Es decir, desde que Dios crea al hombre deja clara la obligación de trabajar, y también el sentido profundo del trabajo: no se trata de la mera realización personal, o de un capricho, o de un pasatiempo, sino de transformar la tierra para convertirla en hogar. Desde el origen de la humanidad, trabajo y familia van unidos y el sentido del trabajo no es otro que servir a la familia. Es una forma de entrega –como lo era la de los esposos Adán y Eva–, un don de sí, nunca un don para uno mismo.

 

Pérdida del sentido de la familia, pérdida del sentido del trabajo

 

Sin embargo, en el último siglo y medio se ha producido –al menos en los países más desarrollados– una ruptura, y da la sensación de que familia y trabajo, que en su origen eran inseparables, son ahora irreconciliables; la familia aparece como un obstáculo para el trabajo, y viceversa. Ser madre, por ejemplo, se ha convertido para muchas mujeres en un handicap laboral. Entonces, ¿dónde queda aquel precepto del Génesis? Lo que era un mandato único, y vocación originaria, se ha trasformado, para muchos, en un dilema: o trabajo o hijos; o trabajas o cuidas del hogar; las dos cosas a la vez parecen un imposible.

Resulta significativo que esta contraposición coincida en el tiempo con la crisis de la familia. Lo que puede llevarnos a pensar que una crisis haya llevado a la otra, dado que sus raíces comunican. La pérdida del sentido de la familia conllevaría la pérdida del sentido del trabajo. Pues, de hecho, en bastantes casos, ni se concibe el trabajo como un servicio para la familia, sino como un fin en sí mismo; ni hay hogar, o son hogares rotos, desatendidos, o carentes del calor de familia.

Al producirse esa contraposición, en muchos países de Occidente, se han invertido los términos: la empresa se presenta como una familia, y la familia se reinventa como una empresa, con reparto de funciones y cuotas paritarias, tal como apuntaba Arlie Hochschild en un estudio de elocuente título: “Cuando el trabajo se convierte en la casa y la casa se convierte en trabajo”[4].

Pero sería erróneo pensar que el ambiente de hogar se logra mediante las cuotas paritarias o una especie de división del trabajo. Se logra, más bien, recuperando el sentido genuino de la familia y, a la vez, el sentido genuino del trabajo. La verdadera conciliación no depende –sólo– de las leyes del Estado, sino fundamentalmente de que se concilien marido y mujer. Porque ellos son los verdaderos artífices del hogar. Son libres para trabajar fuera de casa y tener hijos, optando por recuperar el trabajo en el hogar.

Esto resolvería el dilema al que antes nos referíamos.

Vendrá luego el intento por transformar las leyes para que el Estado facilite esa elección al servicio de la familia, y conseguir una cultura empresarial en esta línea. Pero primero han de ser las propias familias, los esposos, los que reconquisten el sentido genuino del trabajo como don de sí y servicio al cónyuge y a los hijos. Habrá madres que optarán por mantener una actividad profesional fuera de casa y otras por dedicarse plenamente al hogar, siendo las dos igualmente legítimas y, además, sabiendo que el trabajo es servicio y no fin en sí mismo.

El hogar, primer paso para superar la crisis de la sociedad

 

Forjado así, el hogar se convertirá en punto de encuentro de las dos realidades: familia y trabajo. El hogar como ámbito del don de sí y del amor de los esposos, y por lo tanto de la verdadera conciliación; y como tarea común que compete a todos los miembros de la familia. La casa no es sólo cobijo para descansar y volver al trabajo, sino el lugar del amor sacrificado, la escuela de virtudes, y la mejor respuesta al mandato de “creced, multiplicaos y dominad la tierra”.

Sin salir de las cuatro paredes del hogar se puede transformar el mundo: “me atrevo a afirmar que, en una buena parte, la triste crisis que padece ahora la sociedad hunde sus raíces en el descuido del hogar”[5].

Si el centro del hogar es el amor de los esposos que transmite vida y se irradia a los hijos, sus ejes son el lecho conyugal y la mesa, entendida ésta como espacio de convivencia entre padres e hijos y entre hermanos, ámbito de acción de gracias a Dios y de diálogo. Es significativo que los ataques más duros que está sufriendo la familia se producen ahí: en el primer caso, desde el hedonismo y la ideología de género, que separan los aspectos unitivo y procreativo del acto conyugal; y en el segundo, a través del ruido generado por el mal uso de la televisión, internet y otras tecnologías que tienden a aislar a los adolescentes, impidiendo su apertura a los demás.

No es casual que una de las primeras medidas que adoptaron algunos regímenes totalitarios fuera prohibir la fabricación de mesas altas, y promover el uso de mesitas bajas o individuales; con ello resultaba muy difícil la reunión familiar en torno a la comida o la cena. En la actualidad, el abuso de la televisión y de la tecnología –unido a otros factores como el trabajo o las largas distancias– están produciendo un efecto parecido en el seno de las familias.

 

La importancia de la mesa: acción de gracias, diálogo, convivencia

 

Devolver su categoría a la mesa es una forma de recuperar el ambiente de hogar. En la mesa confluyen los dos elementos del doble mandato del Génesis: la familia, padres e hijos –“creced y multiplicaos”–, y el fruto del trabajo –“dominad la tierra”–. La mesa brinda la ocasión de agradecer al Creador el don de la vida y de los dones de la tierra: es diálogo con Dios, también a través de la materialidad de los alimentos que recibimos de su bondad; y tiene una decisiva función educativa y comunicativa: los hijos se nutren de la comida, y también de la palabra, de la conversación, del debate de ideas, y hasta de los roces y discusiones, que contribuyen a forjar su carácter.

De ahí la importancia de dedicar un tiempo diario y específico a la mesa. Si no es posible desayunar o almorzar juntos, al menos conviene reservar la cena para propiciar ese espacio de diálogo y convivencia.

Un espacio que se prepara con tiempo e ilusión; que se construye con renuncia y sacrificio; que se inicia con la bendición de los alimentos[6], y que gira en torno a una conversación. Es una ocasión de oro para que los padres eduquen no con discursos, sino con gestos menudos, detalles aparentemente insignificantes; y para que los hermanos aprendan a entenderse, colaborar, renunciar… Tiempos y lugares compartidos que formarán su identidad, recuerdos imborrables que les marcarán indeleblemente.

Una ilusionante tarea que implica a todos, ya que la oración, la acción de gracias y el diálogo, más que la comida, es lo que realmente alimenta y sostiene a la familia.

Apostar por una cultura de la familia supone “bajarse” del iceberg de ideologías engañosas y recuperar el sentido genuino del doble mandato del Génesis. Y se puede conseguir desde un perímetro tan modesto como las cuatro paredes del hogar, contorno paradójico porque siempre es “más grande por dentro que por fuera”, como lo describía Chesterton; rescatando la comunicación, el amor de los esposos, y la participación en la mesa; dejando siempre un plato más…, por si Dios quiere venir a cenar esa noche.

Teresa Díez-Antoñanzas González y Alfonso Basallo Fuentes


[1] J. Granados, Ninguna familia es una isla, Burgos 2013.

[2] Gn 2,24.

[3] Gn 1,28.

[4] A.R. Hochschild, “When work becomes home, and home becomes work”, California Management Review (1997), 79-97.

[5] J. Echevarría, Carta pastoral, 1-06-2015 Carta pastoral, 1-06-2015.

[6] Cfr. Papa Francisco, Carta Encíclica Laudato si’, n. 227.

 Evangelio del domingo: Al que tiene se le dará

Evangelio del XXXIII domingo del Tiempo ordinario (Ciclo A) y comentario al evangelio.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Mt 25, 14-30)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

Un hombre, al marcharse de su tierra, llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno sólo: a cada uno según su capacidad; y se marchó.

El que había recibido cinco talentos fue inmediatamente y se puso a negociar con ellos y llegó a ganar otros cinco. Del mismo modo, el que había recibido dos ganó otros dos. Pero el que había recibido uno fue, cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Después de mucho tiempo, regresó el amo de dichos servidores e hizo cuentas con ellos. Cuando se presentó el que había recibido los cinco talentos, entregó otros cinco diciendo: «Señor, cinco talentos me entregaste; mira, he ganado otros cinco talentos». Le respondió su amo: «Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor». Se presentó también el que había recibido los dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me entregaste; mira, he ganado otros dos talentos». Le respondió su amo: «Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor».

Cuando llegó por fin el que había recibido un talento, dijo: «Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por eso tuve miedo, fui y escondí tu talento en tierra: aquí tienes lo tuyo». Su amo le respondió: «Siervo malo y perezoso, sabías que cosecho donde no he sembrado y que recojo donde no he esparcido; por eso mismo debías haber dado tu dinero a los banqueros, y así, al venir yo, hubiera recibido lo mío junto con los intereses. Por lo tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez.

Porque a todo el que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. En cuanto al siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas de afuera: allí habrá llanto y rechinar de dientes.


Comentario

Hoy la Iglesia celebra el trigésimo tercer domingo del tiempo ordinario, el último antes de la solemnidad de Cristo Rey que cierra el año litúrgico. El evangelio reservado para este domingo recoge la parábola de los talentos, que ilustra la necesidad de aprovechar los dones que se nos dan para servir a Dios y a los demás.

La historia del hombre que se marcha y entrega sus bienes a unos siervos para que negocien hasta su vuelta, tiene dos versiones en los evangelios: la de Lucas (19,11-27) y esta de Mateo. En la versión de Lucas, el amo entrega a sus tres siervos respectivamente 10 minas, 5 y 1. La mina equivalía a 100 dracmas, es decir, medio kilo de plata. En cambio, Mateo menciona otra medida, los talentos, entregados en menor número (5, 3 y 1), pero que representan una cantidad muy superior: en efecto, el talento equivalía a 6000 dracmas (unos 35 kilos de plata). Los tres siervos reciben, por tanto, unos 175 kilos de plata el primero, 105 el segundo y 35 el tercero. Con esta variedad en la distribución, la parábola simboliza la variedad de los dones y carismas que Dios distribuye según su designio providente.

“Después de mucho tiempo” (v. 19), el amo de la parábola regresa. Los dos primeros siervos son premiados por su trabajo. Como explica san Jerónimo, “ambos, pues, reciben igual premio, no debido a la grandeza de la ganancia, sino por la solicitud de su voluntad”[1]. Estos dos siervos emplearon todo lo que recibieron, fuera mucho o poco en apariencia, en beneficio de su amo. Por eso son llamados “siervo bueno y fiel” (v. 21).

En cambio, el tercer siervo no piensa en su amo ni en su prosperidad, sino en la propia seguridad: por eso entierra su talento para devolverlo intacto. El amo lo tacha con dureza de “siervo malo y perezoso” (v. 26). Llama la atención que el señor de la parábola le quite el talento y se lo dé al que ya tenía cinco. Parece un gesto incompatible con la bondad y la misericordia de Dios. Además, el amo se refiere a “los banqueros”, que podrían haber generado intereses. El sentido de la parábola desconcierta a primera vista y exige una reflexión por nuestra parte.

Por un lado, el Papa Francisco subrayaba que el patrimonio que el señor entrega a sus siervos en la parábola representa sobre todo bienes espirituales, es decir, “su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celestial, su perdón”[2]. Quien aprovecha estos dones y los da a conocer, permite a Dios hacer fructuosa la propia vida.

Precisamente porque el contenido principal del patrimonio que se nos da consiste en la gracia de Dios, aquellos que la reciben con buenas disposiciones y generosidad, se habilitan ellos mismos para recibir más gracias aún. En cambio, quien no aprovecha los bienes que Dios le envía y “los entierra”, por pereza y falta de generosidad, quien no ora ni acude a los sacramentos, se hace voluntariamente incapaz de recibir más y de crecer para dar más fruto. Por eso dice el Señor “a todo el que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará” (v. 29).

Por otro lado, cuando nos disponemos generosamente para el servicio de Dios, en nuestra oración personal y, en especial, en el sacrificio del altar, sería como poner nuestros talentos en manos de “banqueros” que garantizan el fruto de nuestros dones. En cambio, quien es egoísta y busca siempre el beneficio propio, ahoga su fecundidad.

Como advertía san Josemaría, los talentos representan también nuestras cualidades humanas y capacidades personales. Y en este sentido, no podemos identificarnos con el siervo que entierra su talento: “¡Qué tristeza no sacar partido, auténtico rendimiento de todas las facultades, pocas o muchas, que Dios concede al hombre para que se dedique a servir a las almas y a la sociedad (…) —señalaba san Josemaría— ¡Desentierra ese talento! Hazlo productivo: y saborearás la alegría de que, en este negocio sobrenatural, no importa que el resultado no sea en la tierra una maravilla que los hombres puedan admirar. Lo esencial es entregar todo lo que somos y poseemos, procurar que el talento rinda, y empeñarnos continuamente en producir buen fruto”[3].

Por último, una buena manera de hacer rendir los talentos recibidos es ayudar a los demás a que descubran los suyos, en definitiva, ilusionarnos con ser dinamizadores de los talentos de los demás para que también ellos participen de esta divina fecundidad.


[1] Catena aurea, in loc.

[2] Papa Francisco, Ángelus, 16 de noviembre de 2014.

 

[3] S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, nn. 45-47.

XXXIII Domingo del tiempo ordinario

 

JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES.

 

Mt 25,14.30

 

Una parábola del Señor desconcertante, pero no oscura. Las cosas del Señor son siempre luminosas aunque lo vivamos desde el misterio. ¿Cuál es la moraleja de la famosa parábola de los talentos? La Iglesia en el año litúrgico nos la propone en la jornada de los pobres.

 

1.     El Señor es siempre generoso en sus dones. Son tres tipos de hombres. Uno que recibe cinco, otro dos y finalmente el último recibe uno. Son enseñanzas de la sabiduría de los pobres.

 

2.     Los dos primeros dan fruto. El doble de lo que han recibido. Saben que la vida se nos ha dado y estamos llamados a dar fruto y fruto abundante. Viven la lógica del don, del talento que es siempre poner en valor para que dé fruto lo que hemos recibido. No se puede enterrar los talentos que Dios siempre nos da para el servicio de los sufrientes.

 

3.     En el que recibió uno solo está la gran enseñanza de la parábola. El miedo al riesgo paralizó su corazón. Aunque se las da de que conoce las exigencias del Amo, ni las huele. Su error garrafal está en enterrar lo que Dios nos ha dado, aunque parezca pobre e insignificante. Siempre hay que fructificar partiendo de nuestra pobreza. El miedo al riesgo paraliza el corazón. La confianza nos lanza a dar fruto abundante porque sabemos de quien nos hemos fiado. Al final de la vida seremos juzgados en el Amor confiado que nos llevó a entregar la vida desde lo que somos y tenemos fructificando los dones o denarios que Dios nos entregó.

 

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

 

 Una siesta de 30 minutos, andar media hora o juntarse con los amigos, tres de los diez factores que reducen el riesgo de mortalidad prematura

El proyecto "Seguimiento Universidad de Navarra", premio a la mejor investigación en el Congreso Mundial de Salud Pública

Liz Ruiz-Estigarribia (izquierda) y Maira Bes-Rastrollo, investigadoras del proyecto premiado FOTO: Manuel Castells

10/11/20 11:36 Miguel Ángel Echávarri

Juntarse con los amigos más de una hora al día, realizar una actividad física equivalente a andar diariamente al menos media hora o correr aproximadamente 2 h./semana; y dormir una siesta de 30 minutos reducen el riesgo de mortalidad prematura. Así lo aseguran investigadores del proyecto "Seguimiento Universidad de Navarra" (SUN), galardonados con el premio a la investigación mejor valorada en el XVI Congreso Mundial de Salud Pública 2020.

El trabajo, elegido entre más de 4.000 estudios, analiza conjuntamente diez factores de vida saludable y concluye que, a igualdad de edad, cumplir al menos siete de ellos reduce un 60% el riesgo de mortalidad prematura. Además de estos requisitos, la investigación destaca “no fumar nunca; seguir una dieta mediterránea; poseer un índice de masa corporal menor o igual a 22 kg/m²; tener una baja exposición a la televisión, es decir, de menos de 2 h./día;; y trabajar al menos 40 h./semana”.

También incluye el consumo moderado de alcohol (las mujeres 5 g/día como máximo y los varones 10 g./día como máximo, lo cual equivaldría a medio vaso pequeño de vino para las mujeres y uno para los varones; y evitar esta sustancia en atracón -nunca más de 5 bebidas seguidas. 

La catedrática Maira Bes-Rastrollo defendió el trabajo, basado en la publicación “Lifestyle-Related Factors and Total Mortality in a Mediterranean Prospective Cohort”. En ella, los investigadores de la Universidad de Navarra y el CIBER-OBN del Instituto de Salud Carlos III, dirigidos por el Dr. Miguel A. Martínez-González, analizaron estos diez factores en 22.094 voluntarios.

“Un aspecto interesante del estudio es que muestra que actos tan cotidianos y asequibles como los incluidos en esta escala reducen sustancialmente el riesgo de muertes prematuras, con independencia de otros factores de riesgo, como hipertensión, diabetes, o colesterol alto, entre otros”, resalta Maira Bes-Rastrollo, del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra.

“Esta escala de factores puede ser una herramienta muy práctica y útil para promocionar un estilo de vida saludable y reducir las muertes prematuras en toda la población. Los resultados reflejan la importancia de fomentar estilos de vida saludables como pilares de la atención médica, y la promoción de la salud”, concluye Liz Ruiz-Estigarribia, primera autora de la publicación.

Por último, Maira Bes señala que este premio reconoce el trabajo de todo el equipo del proyecto SUN, y homenajea la continuada perseverancia de sus incondicionales voluntarios, con más de veinte años de participación para los primeros que se incorporaron al estudio. Son quienes nos ayudan a evidenciar que la promoción integral de la salud debe ser una prioridad”.

Diez requisitos para evitar una mortalidad prematura

  1. No fumar nunca.
  2. Realizar una actividad física moderada o intensa, equivalente a andar diariamente al menos media hora, o salir a correr aproximadamente 2 h./semana.
  3. Seguir una dieta mediterránea.
  4. Tener un índice de masa corporal saludable, es decir, menor o igual a 22 kg/m²
  5. Tener un consumo moderado de alcohol (las mujeres 5 g/día como máximo y los varones 10 g./día como máximo, lo cual equivaldría a medio vaso pequeño (de 100ml.) de vino para las mujeres y uno para los varones.
  6. Tener una baja exposición a la televisión, es decir, verla menos de 2 h./día.
  7. Evitar el consumo de alcohol en atracón, es decir, nunca más de 5 bebidas seguidas.
  8. Dormir una siesta de 30 mins./día como máximo.
  9. Salir o encontrarse con los amigos más de 1h./día.
  10. Trabajar al menos 40 h./semana.

 Sociedad sacerdotal de la Santa Cruz

Daniel Tirapu

photo_cameraSacerdotes.

Amablemente invitado por la delegación del clero de Alicante, gracias al Vicario Conesa y la biblioteca sacerdotal Tabarca, pude estar con un buen grupo de sacerdotes de Alicante. Los curas llevan mala temporada, parecen ser culpables hasta de Fukushima.

No es cierto, la vida sin curas sería un infierno. Bautizan perdonan los pecados, preparan, se revisten de Cristo para traernos a Jesús, casan, atienden a los enfermos, a los sanos, a los ateos ( todo buen ateo, tiene un cura amigo), a los descreídos. San Josemaría vio que los sacerdotes diocesanos cabían en el Opus Dei; si el mensaje es santificar el propio trabajo, los curas lo tienen y mucho si quieren. Qué gusto ver sacerdotes fieles, discretos, anónimos, que se forman, que se ayudan, que rezan, que se sienten queridos, que pueden compartir su amor al sacerdocio y a todos los sacerdotes del mundo.

Y que les escuchen los más jóvenes y que escuchen a los más jóvenes. Josemaría sabía de soledades sacerdotales, de desánimos, de enfermedades y estuvo dispuesto a dejar el Opus Dei para dedicarse a los sacerdotes, porque un sacerdote se va al cielo con una pléyade de personas. No hizo falta porque caben en el Opus Dei con todo el cariño, porque quieren ser alfombra para sus hermanos sacerdotes y para todos los cristianos. Ministro de Dios, eso sí que es un Ministerio y no los de ahora. Gracias.

EN  DEFENSA  DE  LA  MUJER  Y  DE  LA  VIDA.

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Mujer quiere decir vida, conversaciones con mi nieta.

Hija mía, siéntete dichosa y afortunada de haber nacido mujer. Nosotras las mujeres, llenamos el mundo de ilusiones vivas y reales, de esperanza y de alegrías. Nosotras, traemos vidas, nuestros hijos a este mundo, porque Dios dio a la mujer y no al hombre esa misión. ¡Fíjate niña mía como Dios nos hizo, nos hizo, para ser el SER más dichoso y afortunado de la creación, sin nosotras la vida en la Tierra no existiría!  ¡Por eso hija mía y por el amor que te tenemos como padres, desde tu más tierna infancia recordarás haber oído a tu madre decirte infinitas veces: Mi vida, mi esperanza, mi alegría, mi tesoro!  

Hija, que nadie intente iniciarte en una sexualidad temprana antes de que tu mente y personalidad estén formadas aunque tu cuerpo esté preparado para trasmitir la vida; todo lo que te preguntes y quieras saber al notar que tu cuerpo va pasando de niña a mujer pregúntaselo a tus padres, que nosotros te diremos siempre la verdad, porque lo único que queremos para ti es tu bien y tu felicidad, no queremos que nadie te mal forme y te lleve al fracaso, a la enfermedad psicológica y física e incluso a la propia muerte. Hija mía, has de saber que la vida es muy linda y maravillosa, máxime, cuando se comparten vivencias, y que está hecha para compartirlas, para amarnos, por eso hemos venido a este mundo como fruto del amor entre un hombre y una mujer que se quieren, como fruto del amor de nuestros padres.

¡No te dejes hija mía, engañar o manejar por personas oportunistas, por personas sin escrúpulos, que por razón de su trabajo o despechadas por los errores cometidos en su vida desordenada, promulgan el aborto como una liberación de la mujer frente al hombre ¡Nada más distante de ello! que harán de ti una mujer siempre enferma, una mujer llena de dolor y tristeza, de angustia, de lamentaciones y desesperación para acabar neurótica, en una palabra, un cadáver viviente, que ese será el continuo presente de la mujer que se somete al aborto!

Estemos pendientes de la educación y formación de nuestros hijos, de los que somos los únicos responsables, para que no los engatusen con el canto de la libertad, para que no sean manejados ni manipulados con el único objetivo de esclavizarlos para privarlos de la auténtica libertad.

Nos miramos siempre en nuestros hijos porque ellos son nuestra proyección, pero nunca en la vida como ahora en la era que unos llaman de las libertades y del conocimiento se ha tratado tan vejatoriamente a la mujer, y no digamos a una jovencita, pues a mi nieta le pasó el caso que voy a contar en el botellón: Un joven se acerca y entabla conversación con el grupo de sus amigos y tan solo pasar un cuarto de hora se dirige a mi niña durante unos minutos y les propone a todos marcharse a otro botellón argumentándoles música en vivo, juegos de participación, relatos literarios, etc., cogen los coches y al pasar por una farmacia se para en su proximidad y le dice ¡lo vamos a pasar cañón ya verás lo que vais a conocer esta noche! Y le sugiere ¡Porque no te compras la píldora del día de después pues, nos vamos a divertir a tope y así cuando nos despidamos no tienes que estar buscando una farmacia y te evitas de complicaciones y preocupaciones! Mi niña abrumada y estupefacta abandonó el coche y no se separó de sus amigos.    

 ¡Hija mía haz de ti una mujer viva, una mujer alegre, una mujer libre, una mujer que porte la vida!  Esta es tu única y auténtica libertad, el aborto te encadenará a la muerte.

No permitamos que hagan de nuestros hijos escoria, basura o simplemente materia en descomposición, esclavizándolos y privándolos de la auténtica libertad, que la píldora del día de después los esclaviza al sexo, mata y frivoliza el nacimiento del amor entre los jóvenes y al igual que el aborto, mata a quien la usa y a la futura vida. ¡Y a la vida nunca la rendirá la muerte!

Los animales, se aparean cuando la hembra está receptiva y es cuando forman una pareja para criar y alimentar a sus crías; los animales racionales, hombre y mujer, se juntan y si ella queda en estado, si te vi no me acuerdo ¡Que lección nos dan los animales y eso que los llamamos irracionales!

Niña mía que a ti no te arrastren estas voces que están proclamando la LIBERTAD como una libertad falsa, una libertad llena de espejismos, una libertad de cantos de sirena, una libertad cimentada en la ESCLAVITUD de la que otras sociedades como la nórdica, la rusa y la americana luchan por abandonarla por nefastas para el desarrollo de la vida.

Aprende niña mía que la familia es la célula embrionaria de la vida sobre la tierra y que hasta el más salvaje de los animales la lleva a la práctica y parece mentira, que la humanidad únicos seres que nos llamamos inteligentes arremetamos contra ella queriéndola destruir.

Observa niña mía a los animales que cuando los progenitores han criado y formado a sus crías para una vida llena de vicisitudes para la supervivencia, estos abandonan la protección de la familia y no antes porque si no, sucumben a una muerte temprana.

Tú niña mía, convives con tus padres y abuelos y ves el amor tan grande, el respeto y la libertad que nos tenemos, pero todo ello es posible porque la vida la hemos cimentado en el amor, en el amor a la familia, en el amor a nosotros mismos, en el amor al prójimo, en el amor que hemos puesto a la libertad, en el amor a lo bello y todo nos es exitoso gracias a que todo lo hemos basado en el amor.

Volvamos otra vez la mirada a los animales que una vez formados tienen tiempo para todo hasta llegar al cenit de sus vidas y en ellos el cenit lo logran por medio de la supervivencia.

Hoy os quieren meter la PRISA para todo y así os arrastran por vuestra poca vida vivida a la confusión, al desorden y al fracaso, fracaso, que es el éxito del que otros sacan partido para vivir ya que en sus corazones no hay amor, solo ambición, así tenemos mala formación en los colegios, desobediencia general en colegios y familia, desinterés en educar y no formar a nuestros hijos, responsabilidad única de los padres que se han de exigir primero a ellos mismos y después a los poderes públicos, juventud no formada que abandona la familia avispados por esos cantos de sirena de una LIBERTAD conducida, manipulada y desordenada con el único objetivo de crispar a la juventud y a la sociedad envuelta con un papel tan frágil como que la vida es corta y hay que vivirla a tope ¿Para qué? ¡Para acabar con ella y sus ilusiones cuanto antes!

Juventud esclava por vivir fuera del hogar paterno antes de formarse, juventud esclava de las subvenciones del alquiler de las viviendas para abandonar a sus padres, juventud esclava del dinero, juventud esclava del consumismo, juventud esclava del pasotismo, juventud esclava de la SUB-LIBERTAD que les ofrecen, juventud esclava del sexo, juventud esclava del quemar la vida cuanto antes, juventud esclava del aborto o del crimen más aberrante de la humanidad ¡Como si eso fuera como tomar un café! juventud esclava de esta forma de vida, juventud tirana de su propia vida, juventud esclava de su tiranía, juventud a veces tirana de los demás.

Niña mía, nunca en la historia de la vida se ha tratado tan vejatoriamente a la mujer como ahora y lo que es más preocupante e inexplicable es que sea la propia mujer quien parece ser se lo quiere imponer, como si fuera ella misma quien se quiere autodestruir despreciándose asi misma para hacerse esclava de estas falsas LIBERTADES, esclava del sexo, esclava del crimen del aborto, destrozando lo más noble e innato de la mujer ¡La maternidad! frustrando la posibilidad de atracción y posterior nacimiento del amor entre un hombre y una mujer, aniquilando la formación de nuevas familias, aniquilando nuevas vidas, en definitiva demoliendo a la humanidad.

La familia no es una pareja de hombres, la familia no es una pareja de mujeres que conviven bajo un mismo techo, la familia es la unión entre un hombre y una mujer que se atraen, se complementan, que se unen por amor y con el deseo de tener hijos, las familias hacen que la sociedad se desarrolle, evolucione y crezca, las parejas del mismo sexo solo son eso, parejas, que se juntan por compartir y evitar la soledad; la familia se la defiende incentivando la natalidad, la familia se la defiende no incentivando a la juventud al abandono del hogar paterno, la familia se la defiende dedicando a ella la educación y parte de la formación de los hijos en el hogar, la familia se la defiende no invitando indirectamente a la juventud al aborto.

Defender a la familia es preservar a la sociedad de una hecatombe y un partido político que no defienda la familia ni la vida, no debe gobernar en ningún país.

Las mujeres abortistas han retirado a los padres de sus hijos y a los hombres de la defensa de la vida vetándoles su opinión contra el aborto ¡Como si estos no tuvieran que ver nada con sus hijos, ni con la natalidad, ni con la humanidad!  No solo ha de retirarse la Ley del aborto si no también ha de retirarse el gobierno que la proponga, máxime, cuando protegen a los animales y pasan de los crímenes contra la humanidad que se cometerán autorizando el aborto donde a los padres se les quita la potestad y salvaguarda sobre los hijos.

¡Cuanto tiempo ha estado en el Ministerio de Sanidad situado en el Paseo de Recoletos frente al Museo del Prado, un tremendo anuncio en el que se veía a un ser humano sobre un fondo de agua que nos decía “Salvar vidas está en tus manos”!  ¡Habrá mayor incongruencia!  ¡Un Ministerio que debe velar por la salud y la vida, que nos pide que salvemos vidas animales y por otro lado permite abortar a jovencitas que más bien son casi adolescentes!  ¡Que cada cual meta la mano en su conciencia y actúe consecuentemente!  

Cedido por su autora:   JuanA   LLech.     a     María López Garrido.    

 

          ¡Mamá, por favor no lo hagas o la igualdad al derecho a la vida!

Mamá por favor no lo hagas, no me abortes, piensa solo en si lo hubiera hecho contigo tu madre.

Mamá no desesperes, no te abrumes, que todo saldrá bien ¿Acaso no has sido feliz hasta el día de ayer víspera de sentirte embarazada?

Mamá, no me niegues tener las vivencias de la vida, ya estoy en tu seno pero soy tan pequeña e indefensa que necesito tu custodia, la custodia en lo más íntimo de tu ser.

Mamá cuando nazca, sino me puedes tener, mis padres adoptivos me acogerán y su felicidad junto con la mía será inenarrable, ellos, nunca olvidarán que le diste este hijo que tanto deseaban.

Mamá, dame la posibilidad de amarte cuando mis padres me hablen de tu proeza, de tu defensa y amor a la vida, de tu coraje para luchar contra todo por mí, yo te querré con locura y nunca recibirás un amor tan agradecido como el mío.

Mamá, que dicha tendré el día que te conozca y ese día, tu corazón se inundará y rebosará de felicidad al verme, ese día mamá, tu vivirás una nueva vida, una vida llena de ilusiones, una vida indescriptible, un renacer constante.

Mamá estate tranquila, no te preocupes ¡Ya se que no me esperabas, ya se que te privo de mucho, mucho, mucho, pero los peques nos presentamos sin avisar! y durante el embarazo, vive con ilusión, deseo y ternura tu gestación en la “Casa de la vida”, esta Institución Estatal de Igualdad al Derecho a la Vida, Casas que está demandando la sociedad en vez de matarnos, “Casas de Igualdad a la vida”, que nos protegerán a las dos, que te ayudarán a seguir con tu vida de trabajo o estudios y te formarán con mucho amor y caridad, Casas, supervisadas y defendidas por la Federación de Asociaciones de Defensa de la Vida, y así mamá yo naceré como un bebé deseado, un bebé querido, un bebé amado, un bebé sin complejos para ser y crecer como una persona feliz.

Mamá, mis padres adoptivos me querrán tanto que me educarán con un amor limpio, de forma, que el día que nos conozcamos yo alabaré tu coraje y tu proeza por tenerme, y ese día, será para mi uno de los días más grandes de mi vida, porque en mi hogar mis padres me han educado con amor y yo podré conocer a la madre que me llevó en su seno, a la madre que me dio la vida, a la madre que me amó y no pudo tenerme con ella pasando mucho dolor.

Después de este día, yo se mamá, que me colmarás de parabienes y os querré con locura a ti porque no me abortaste y a mis padres adoptivos que me dieron todo para ser feliz; te llevaré siempre en mi corazón, te visitaré con gran deseo, serás mi otra madre, mi amiga y recibirás mi amor y mi ayuda en tus años de ancianidad  ¡Porque mamá, esta Sociedad Nueva ha cambiado, esta Sociedad Nueva ya ama y protege la vida, esta Sociedad Nueva está llena de niños, los niños que son la esperanza y la ilusión de la vida y esta Sociedad Nueva convencida, ya ha abandonado el culto a la muerte!

Historia verídica y escalofriante:

Madre que de joven quedó embarazada, embarazo que ocultó hasta el alumbramiento y niña que con inmenso dolor dejó al pie del torno de un convento. Si antes le fue duro desde ese día vivió las amarguras más grandes de la vida al “tener que ocultar y abandonar” un hijo para que otras manos lo sacaran adelante.

Pasan los años y rehace su vida con una pena y desconfianza total, esperando tener otro hijo en el matrimonio, pero unos meses antes en una revisión ginecológica le descubren un mioma; para salvar la vida de su bebé, pospuso la intervención para después del parto pero con la fatalidad que la niña nació asfixiada por el cordón umbilical y en la operación hubo que extirparle la matriz y los ovarios.

Si amargura vivió antes, amargura vivió después y por todos lados buscaba la cara de su hija, la hija que dejó en el torno, la cara de la hija que veía en todas las caras de los niños; años de amargura y búsqueda infructuosa ya que el convento se cerró y fue trasladado por falta de vocaciones y todas las monjitas habían muerto; esta madre solo vivía para poder pedir perdón a su hija, para encontrarla, fundirse en un abrazo con ella y después morir en paz.

Cambiemos la sociedad practicando el amor y respetando la vida, Don gratuito de Dios, y no practicando el aborto haciéndonos creer falsamente que es la demanda que está pidiendo la sociedad. Es función de las familias y en especial de las madres educar y formar a nuestros hijos y exigir al Estado que nos proteja y que fomente la natalidad-maternidad, ya que somos la fuente de la vida.

 

Todo está publicado en Internet desde hace 12 años, solo con poner ¡Tú niña, mamá! ¿Por qué me negaste la vida?  Salen todas las publicaciones, (unos la suben periódicamente, otros desde esos 12 años la mantienen), todos por entidades ajenas a María, Asociaciones de todo tipo, Revista Eclesie (Padre de las Heras) y de todo tipo, Periódicos digitales, Iglesia en sus distintas jerarquías, Vaticano, Hojas Diocesanas, particulares, etc., traducido a 12 idiomas algunas en las versiones reducidas y mandado a medio mundo entre 2006, 2007 y 2008.

El otro gran tema es un somero estudio de la sociedad actual, lo titulé con acierto “El aborto. El holocausto de los inocentes. La cultura de la muerte”, igualmente publicado por esas entidades, pero en especial por el Vaticano y una revista de Bioética de la Universidad de Valencia en distintos años. etc.; luego otro Poema sobre mi nacimiento titulado “¡Hijo mío, como te quiero!”, más unas prosas tituladas. “Mujer quiere decir vida o conversaciones con mi nieta” y por último el ruego del derecho a la vida de una niña a su madre: “¡Mamá por favor no lo hagas, o el derecho a la vida!

Temas tratados con inmensa delicadeza y sensibilidad, las formas de ser de María López Garrido y de Juan A L Lech, y con la intuición de guardar documentación de tertulias de la radio sobre la evolución, algo absurda, de la sociedad a la que hemos llegado. Y es el dolor del aborto producido ocultamente por mi ex esposa y escrito como homenaje a mis padres María y Juan A. donde en miles de horas de búsqueda de correos me he dejado toda mi vista con el ordenador; que Dios me perdone.

Afectuosamente les saluda el hijo de María y de Juan A.

 

 La colaboración en familia

Silvia del Valle Márquez

Nadie somos perfectos, por lo que nuestros hijos deben darse cuenta de que se aprende de nuestros tropiezos y de lo que nos sale mal.

Una prueba de fuego es el tema de la colaboración en la familia, ya que es muy común que no todos los miembros de ella estén dispuestos a participar, pero es una virtud muy necesaria para que la dinámica familiar sea adecuada y para que exista paz.

La colaboración no es exclusiva de algunos miembros de la familia, por el contrario es necesario que todos los miembros participen desde sus capacidades y de acuerdo a su edad y madurez, de tal forma que se genere una dinámica familiar, llena de servicio y amor por la propia familia.

Para eso les quiero compartir mis 5 tips para lograr esta colaboración familiar.

PRIMERO. Establece las necesidades propias de tu familia.
Es importante ubicarlas, ya que esto va a generar la colaboración de los miembros de la familia.

Dependiendo de la edad, podemos incluir a nuestros hijos para que identifiquemos juntos las necesidades reales de nuestra familia.

Sería bueno hacer una lista concreta para ubicarlas y así tenerlas claras todos los miembros de nuestra familia.

SEGUNDO. Define tareas específicas de acuerdo a la edad de cada miembro de la familia.
Ya que tenemos claras las necesidades, ahora si podemos definir tareas, misiones, labores, etc.

Las tareas deben ser muy concretas, muy específicas y deben ser asignadas a cada uno de los miembros de la familia.

Nuestros hijos pequeños pueden apoyar en las tareas más pequeñas, y podemos pedirles que nos ayuden en las más difíciles para que vayan aprendiendo de nosotros todo eso.

También es necesario que seamos conscientes de que de pronto algunos no tendrán ánimo de colaborar y es muy necesario hacer conciencia de que todos debemos colaborar para que la dinámica familiar sea adecuada y que favorezca el apoyo mutuo y el sentido de pertenencia que genera el amor.

TERCERO. Capacita a cada uno para que puedan realizar la misión encomendada.
Es importante que estemos seguros que cada uno está en posibilidad y tiene la capacidad de realizar lo que les estamos pidiendo.

Es común que nuestros pequeños no sepan realizar lo que les pedimos, por lo que es normal que tengamos que enseñarles y que les demos un periodo de práctica para que asimilen lo aprendido.

Debemos estar conscientes de que es necesario ir cambiando de misión o labor para que nuestros hijos aprendan algo nuevo cada vez, pero también debemos estar conscientes de que debemos capacitarlos cada vez que se dé este cambio.

CUARTO. Apoya y acompaña a cada uno para que la colaboración sea eficaz.
Es necesario que alguien coordine esta colaboración, de tal forma que todo esté en armonía y en unidad.

En este sentido nuestra labor no es sólo la de orquestar todo, sino acompañar en lo bueno y en lo malo a cada uno de los miembros de nuestra familia.

Hay ocasiones en las que nos tocará impulsar a que realicen algo en particular y en otras nos tocará corregir lo que no se ha realizado adecuadamente.

Y QUINTO. Impulsa la colaboración aplaudiendo los logros y haciendo que aprendan de los errores.
Es importante que la mayor parte de las veces nuestra labor sea la de reconocer y estimular sus logros y avances, ya que cuando nuestros hijos saben que nos damos cuenta de los esfuerzos que hacen, se sienten felices y colaboran con más alegría y ánimo.

Nadie somos perfectos, por lo que nuestros hijos deben darse cuenta de que se aprende de nuestros tropiezos y de lo que nos sale mal.

Es nuestra labor hacerles ver lo que está mal y cómo pueden colaborar mejor en la familia.

Sobre todo es importante que les hagamos conciencia de que su colaboración física es importante, pero su colaboración en cuanto a una buena actitud, alegre y comprensiva, dispuesta a realizar lo que se les pide, aunque no sea su mayor capacidad; es de vital importancia para que la familia funciones bien y la dinámica sea de colaboración por amor y desde el Amor.

 El matrimonio, camino de santidad cristiana

Juan José Corazón

photo_cameraBoda católica.

Una de las cosas grandes que la Iglesia Católica enseña a los cristianos es que nuestras vidas, la que cada uno ha elegido libremente vivir, tiene un sentido trascendente, más allá de la simple y mejor o peor supervivencia en el mundo material y social

Jesucristo lo resumió haciendo una maravillosa síntesis de la Ley y Los Profetas: “Amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a uno mismo”, proponiéndonos este ideal como recorrido vital que nos llevará a la salvación eterna.

La Iglesia a esto le llama vocación cristiana o vocación a la santidad; y universal, porque es común para todos y, por tanto, adaptable a las circunstancias de la vida de cada uno.

Es obvio que, para la mayoría y para el común de los mortales, estas circunstancias de vida son el matrimonio y la formación de un hogar y una familia. Así ha sido siempre, así es y así seguirá siendo, de tal modo que, para los cristianos que están casados, su matrimonio ya no es simplemente un reconocimiento social de una unión de un varón y una mujer, que además pueden tener hijos. Es algo mucho más grandioso, es camino de santidad; es, por lo tanto, verdadera vocación cristiana y llamada de Dios, que va haciendo de la vida de ese varón, de esa mujer y de esos hijos, “amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo”.

El valor de esa unión como vocación a la santidad de los bautizados es tan grande, que Cristo lo elevó a la dignidad de sacramento, con independencia de que se realice o no su reconocimiento social.

Juan José Corazón Corazón

Propuesta educativa de la Iglesia 

La insistencia del Papa Francisco en la necesidad de un Pacto Educativo Global ha tenido un primer eco con la propuesta que la Conferencia Episcopal Española ha hecho al Gobierno de promover un área de educación en valores morales y cívicos dentro de la nueva ley educativa, que contenga un itinerario en el que esté presente el hecho religioso y moral como base de la convivencia ciudadana según la identidad específica de cada confesión.

En el actual proceso parlamentario existe el riesgo de que la formación religiosa y moral acabe convirtiéndose en un gueto que se imparte como un favor del Estado, porque así lo establecen los Acuerdos. Ante esa posibilidad, los obispos manifiestan su deseo de que pueda alcanzarse un pacto en torno a un área formativa que incluya los aspectos básicos de la convivencia reflejados en la Constitución y que ofrezca itinerarios correspondientes a la identidad religiosa de los alumnos, entre ellos, naturalmente, el de la fe católica, que serían libremente elegidos.

Jesús Domingo Martínez

 

Estar junto al enfermo,

La Iglesia debe proclamar la verdad contra viento y marea, pero conviene que lo haga entendiendo las dificultades que existen para reconocerla y adherirse a ella en cada momento. La secularización radical en Occidente provoca hoy una comprensión de la libertad y del valor de la vida que hace difícil acoger la racionalidad de la propuesta cristiana. La imagen de un individuo radicalmente autónomo que se basta a sí mismo para alcanzar su plenitud es una muralla para el anuncio de la Iglesia, sobre todo si no va acompañado de un testimonio elocuente.

La mayor parte del documento no se ocupa de exponer los criterios del magisterio sobre eutanasia, suicidio asistido, ensañamiento terapéutico, sedación, hidratación… A eso se dedica con eficacia y claridad el capítulo V. Pero la mayor parte del texto desarrolla la génesis de lo que denomina “un corazón que ve”, es decir, una mirada capaz de ver hasta el fondo el significado de la vida humana, que solo ha desvelado plenamente la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo. El desafío más radical es estar junto al enfermo, comunicando la certeza de que la muerte no tiene la última palabra.

Enric Barrull Casals

 

 

Agencias de la ONU presionan a Malawi

El director de país de Ipas Malawi reclutó a obstetras y ginecólogos para que fueran "nuevos campeones" para cambiar la ley del aborto, presentándolos como oradores en eventos y talleres de COPUA. Según un artículo que resume la defensa de la reforma de la ley del aborto en Malawi, “[algunos] se convirtieron en miembros de la COPUA, mientras que otros estaban en la Comisión de Leyes Especiales, o en ambos”. El artículo en sí fue el resultado de un estudio financiado por el gobierno del Reino Unido.

Malawi ha enfrentado presiones para liberalizar sus leyes de aborto por parte de los órganos de derechos humanos de la ONU, incluidos los comités de seguimiento de tratados adjuntos a varios tratados que ha ratificado. Los defensores del proyecto de ley sobre el aborto suelen citar las recomendaciones de estos comités, así como la orientación de la OMS, aunque ninguna de las dos es vinculante.

A pesar de la campaña bien financiada y coordinada para expandir el aborto en Malawi, los líderes religiosos locales se pronuncian en contra. Hace dos semanas, la Asamblea General Presbiteriana regional reafirmó su postura contra la legalización del aborto. El moderador de la asamblea dijo: “Estamos repitiendo que decimos no al aborto. Esto es malo y es pecado. Seguimos legalizándolo, vamos a maldecir al país”.

Una coalición de obispos católicos, otros ministros cristianos y líderes musulmanes emitieron una declaración conjunta condenando el proyecto de ley, calificando el aborto y el infanticidio como "crímenes abominables" y "gravemente pecaminosos".

Unos días después la Cámara del Estado de Malawi confirmó que el proyecto de ley se debatirá en la actual sesión del Parlamento.

Domingo Martínez Madrid

 

 

EL TESÓN DE LAS HORMIGAS

 

            Más de una vez he dicho que me gusta leer, “el libro de la vida”, ese original libro vivo y cuyas hojas y capítulos son incalculables, pero donde –intuyo- están todas las enseñanzas que el hombre necesita para sí y para su futuro. Por ello he llegado a pensar, que, muchas cosas de las que nos ocurren, son por no ver y meditar sobre el entorno que nos rodea. Por no apreciar las enseñanzas naturales, porque cada vez estamos más lejos de esa Madre Naturaleza a la que, insensatamente despreciamos o menospreciamos y a la que –incluso- destruimos impunemente, sin saber –o querer saber- que destruyendo lo natural, estamos destruyéndonos a nosotros mismos.

            No se por qué; no sabría responder si me preguntasen en éste momento, hoy al escribir este artículo, me he acordado de las hormigas; esos diminutos y vitalísimos seres que son todo un ejemplo de tesón, constancia, falta de pereza y fatiga cuando han de laborar o trabajar para sí y su numerosa “comunidad”; si bien luego y llegado el momento oportuno, se retiran a sus “cuarteles” de invierno y allí permanecen, descansan ó “viven” cómodamente, de lo que con esfuerzo –sumo esfuerzo muchas veces- y cooperación digna de meditarse y ser emulada, han conseguido en las épocas en que esa sabia Naturaleza las indujo a ello.

            Transcurrido el  período de letargo invernal, de nuevo empiezan esas legiones de incansables y diminutos seres a laborar en pro de “su hormiguero”... Nada que sea aprovechable desprecian, nada les detiene para tratar de conseguir su meta; y mandadas por el instinto o la “orden superior” de la “jerarquía que desconocemos”... realizan su pequeño, pero al mismo tiempo enorme labor, la que es todo un ejemplo.

            No crean ustedes que a mí se me ocurre, el “envidiar a las hormigas”, puesto que el mundo de las hormigas es sólo para ellas, para ello fueron creadas y en ese círculo vital han de permanecer y continuar siempre... “Siempre que sigan siendo hormigas”.

            Pues resultaría monstruoso y “aburridísimo” el pretender que la organización de las hormigas fuese emulada por otros seres “superiores”, ya que ni las hormigas pueden dejar de ser lo que son, ni esos seres “superiores” pueden llegar a ser hormigas gigantes... aunque sí que pueden imitarlas en el aspecto que –para mi- indica, “ese capítulo de libro de la vida”, que es la observación constante del entorno que nos rodea y que cito al principio de este artículo.

            Descartamos, pues, la asimilación de hombres-hormigas, si bien éste ya vive en “hormigueros” gigantes, en los que lo que hace no es precisamente vivir, sino vegetar... y en algunos casos, ni esto siquiera. ¿Pues qué son ya las grandes ciudades? “Hormigueros” o mucho peores que éstos.

            Puede que de ahí surja el estado amorfo en que se va sumiendo la Humanidad, en la que sin estímulos ni ganas de creárselos por sí mismos, el individuo va viviendo, va languideciendo, va esperando “el maná” clásico con el que cada cual sueña y no le preocupa nada en absoluto, qué es lo que puede él aportar a la comunidad donde vive... Y así, piensa más en qué es lo que esa comunidad puede entregar a él, “por su bonita cara” y sin apenas haber realizado esfuerzo alguno.

            Estamos sumiéndonos en un círculo vicioso y preocupante por demás; y parece ser que nadie ve claro, que nadie vislumbra soluciones y lo peor aún... Que nadie parece buscar esas soluciones globales o con muy amplias miras de futuro.

            Las ilusiones, el optimismo, la sonrisa abierta y franca, la mirada brillante y esperanzadora, se va perdiendo de los mayores y parece ser, que éstos necesarios estados de ánimo, sólo van a quedar para los niños, y los niños –no lo olvidemos- dependen en grado sumo de los mayores, los que tenemos que insuflarles esa ilusión y ese optimismo, que hoy, no somos capaces de transmitírnoslo ni a nosotros mismos. De ahí, el que hasta algunos niños despabilados, se comporten de forma no normal.

            Quizá por ello, yo hoy me acordé de las hormigas y de... su constante y periódico grito de esperanza, de sus constante e incansable mensaje de trabajo y esfuerzo; de su constante llamada de austeridad y llamada al aprovechamiento de todo cuanto tienen en su entorno, de su tenacidad por ser y existir, aun siendo... “pobres y pequeñas hormigas”.

            De ahí el que no podamos nosotros –hombres y mujeres- seres “superiores”, permitirnos el lujo –terrible lujo- de decaer en la laxitud o desesperanza en que, poco a poco nos pretenden imponer las circunstancias... Nunca el hombre tuvo tanto como ahora tiene en las manos y por ello, no podemos aceptar el que pese a ello, trate de autoconvencerse de que nunca ha estado más desvalido y solo, de lo que ahora lo está.  Cada cual y en su entorno, ha de autoconvencerse de que siempre es posible una superación, de que siempre se puede hacer algo y de que siempre, es hermoso superarse a si mismo, superar las circunstancias presentes y tratar de conseguir unas mejores para el futuro... Pero bien entendido el que esas superaciones han de ir en el sentido espiritual y humano, junto con lo que de material se pueda conseguir... Aquello de que, “no sólo de pan vive el hombre”, es una verdad tan grande que difícilmente encontraremos muchas tan auténticas como esta.

            ¿Qué con ello quiero decir que hay que conformarse y resignarse?... ¡Nó!, ni muchos menos; el hombre es superior a la masa (no me cansaré de repetirlo y reiterarlo) y como individuo mejor dotado, ha de tener sus metas siempre ante sí mismo, las alcance o no; ha de trazarlas y tener y mantener una ilusión que le permita vivir en ese estado de lucha –noble y humana lucha- la que le permitirá llegar en muchos casos, al sueño que se propuso e incluso, rebasar con creces sus propias metas.  Y si ello es así, este individuo al que me refiero, de inmediato se marcará otras y otras más... y su propio deseo será su ilusión, que para mayor satisfacción hay que compartir y transmitir.

            Confiemos en que de nuevo, vaya surgiendo esa ilusión que tanto necesitamos ahora los españoles (engañados por enésima vez y como en cada época) y otros muchísimos pueblos del “ancho mundo en que habitamos”; pero desde luego, esa ilusión ha de ir arropada con el esfuerzo, la constancia y la austeridad de las hormigas.

            De cualquier forma... “el Sol saldrá siempre a la misma hora en que deba salir, la noche llegará por igual procedimiento”... Sólo se trata de ir aprovechando cada ciclo y no quejarse tanto de la propia impotencia (cosa tristemente muy común en España) y recapacitando sobre los ya mentados insectos... Pensar con esperanza en que, “Aquel que hizo ser a las hormigas”... es el mismo (“o lo mismo, me es igual”) que situó al hombre sobre la madre Tierra, para que sobre ella se desarrollase noble y fuerte... y no para que se destruyera a sí mismo o se convirtiera en una piltrafa, a la que despreciarían, hasta... las hormigas.[1] [1]  Literalmente y con mínimos “toques” de ahora, apareció en mi libro “España aquí y ahora” (1984 y 1985 2º edic.) páginas 333-335 y con idéntico titular.  Pero... “lo podría haber escrito ahora y sería prácticamente de igual valor, al que tuviera entonces y cuando fui motivado a escribirlo”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí más temas) 

 

Jaén: 14 Diciembre de 2000

 


[1]  Literalmente y con mínimos “toques” de ahora, apareció en mi libro “España aquí y ahora” (1984 y 1985 2º edic.) páginas 333-335 y con idéntico titular.  Pero... “lo podría haber escrito ahora y sería prácticamente de igual valor, al que tuviera entonces y cuando fui motivado a escribirlo”. N.A.