Las Noticias de hoy 9 Noviembre 2020

Enviado por adminideas el Lun, 09/11/2020 - 12:40

Si falta trabajo la dignidad humana está herida | Dignidad humana, Dignidad,  Humanidad

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 09 de noviembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: Estar preparados para el encuentro con Jesús

Ángelus: Oración por las víctimas del huracán Eta

Benedicto XVI reza, recibe visitas, lee, estudia

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN*: Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del lunes: Purificación del corazón

“La raza de los hijos de Dios”: San Josemaria

San Josemaría y la Virgen de la Almudena

Trabajar a conciencia:

La otra parte de la historia: muerte y resurrección: Santiago Sanz

Trabajo y laboriosidad: encuentra.com

Situación actual de la fe y la teología: Cardenal Joseph Ratzinger

Realidad, relativismo y democracia: José Ramón Ayllón

La crítica del relativismo cultural: Rafael Gómez Pérez,

Libertad sin límites: Ángel Cabrero Ugarte

Política y jerarquía de principios: Ana Teresa López de Llergo

Saber discutir: Lucía Legorreta

La quinta columna y la misteriosa derrota del bien:  Plinio Corrêa de Oliveira

Más calidad al tiempo que disminuyen emisiones.: Jesús Domingo

Usando datos dudosos: Enric Barrull Casals

Los fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos: Valentín Abelenda Carrillo

Fruto de una libertad viciada: Jesús D Mez Madrid

El Tribunal Interamericano: Jesús Domingo Martínez

España un país “manga por hombro” o mucho peor: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Ángelus: Estar preparados para el encuentro con Jesús

Palabras antes del Ángelus

NOVIEMBRE 08, 2020 12:27RAQUEL ANILLOANGELUS

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(zenit – 8 nov. 2020).-  “¡Conviértete hoy! ¡Cambia tu vida hoy!” Sin postergar al “mañana”, exhortaba el Papa Francisco en el Ángelus de este domingo 8 de noviembre de 2020: “Si queremos estar preparados para el último encuentro con el Señor, debemos de ahora en adelante cooperar con Él y lograr el buen comportamiento”.

Desde la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el Papa sugirió no absolutizar el presente, actuando “como si no tuviéramos que irnos para la otra vida”: “cuando solo miramos el presente, perdemos el sentido de la espera, que es tan hermosa, que es tan necesaria, y que nos saca de las contradicciones del momento… Y entonces sólo nos preocupa poseer, destacar, tener una buena colocación… Y cada vez más”.

Pero, advirtió, “si nos dejamos guiar por lo que nos parece más atractivo, por lo que nos agrada, por la búsqueda de nuestros intereses, nuestra vida se vuelve estéril”.

A continuación, siguen las palabras de Francisco, según la traducción oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El pasaje evangélico de este domingo (Mt 25,1-13) nos invita a continuar la reflexión sobre la vida eterna que iniciamos con motivo de la Fiesta de Todos los Santos y la Conmemoración de los fieles difuntos. Jesús narra la parábola de las diez vírgenes invitadas a una fiesta de bodas, símbolo del Reino de los cielos.

En tiempos de Jesús existía la costumbre de que las bodas se celebraran de noche; por lo tanto, el cortejo de los invitados debía llevar lámparas encendidas. Algunas damas de honor son necias: toman las lámparas, pero no llevan consigo el aceite; las prudentes, en cambio, junto con las lámparas también llevan el aceite.

El novio tarda, tarda en llegar y todas se adormentan. Cuando una voz advierte que el novio está llegando, las necias, en ese momento, se dan cuenta de que no tienen aceite para sus lámparas; se lo piden a las prudentes, que responden que no pueden darlo, porque no sería suficiente para todas.

Mientras las necias van a comprar aceite, llega el novio. Las muchachas prudentes entran con él en el salón del banquete y se cierra la puerta. Las otras llegan demasiado tarde y son rechazadas.

Está claro que con esta parábola Jesús quiere decirnos que debemos estar preparados para el encuentro con Él. No solo para el encuentro final, sino también para los pequeños y grandes encuentros de cada día en vista de ese encuentro, para el cual no basta la lámpara de la fe, también se necesita el aceite de la caridad y de las buenas obras.

La fe que verdaderamente nos une a Jesús es la que, como dice el apóstol Pablo, “actúa por la caridad” (Ga 5, 6). Ser sabios y prudentes significa no esperar hasta el último momento para corresponder a la gracia de Dios, sino hacerlo activamente de inmediato, empezar ahora.

“Yo … sí, luego me convertiré” — “¡Conviértete hoy! ¡Cambia tu vida hoy!” — “Sí, sí: mañana”. Y lo mismo dice mañana, y así nunca llegará. ¡Hoy! Si queremos estar preparados para el último encuentro con el Señor, debemos cooperar con él a partir de ahora y realizar buenas acciones inspiradas en su amor.

Sabemos que, lamentablemente, sucede que nos olvidamos de la meta de nuestra vida, es decir, la cita definitiva con Dios, perdiendo así el sentido de la espera y absolutizando el presente. Cuando uno absolutiza el presente, solo mira el presente, pierde el sentido de la espera, que es tan hermoso y tan necesario, y también nos saca de las contradicciones del momento.

Esta actitud —cuando se pierde el sentido de la espera— excluye cualquier perspectiva del más allá: hacemos todo como si nunca tuviéramos que partir para la otra vida. Y entonces sólo nos preocupa poseer, destacar, tener una buena colocación…

Y cada vez más. Si nos dejamos guiar por lo que nos parece más atractivo, por lo que me gusta, por la búsqueda de nuestros intereses, nuestra vida se vuelve estéril; no acumulamos ninguna reserva de aceite para nuestra lámpara, y se apagará antes del encuentro con el Señor.

Debemos vivir el hoy, pero el hoy que va hacia el mañana, hacia ese encuentro, el hoy lleno de esperanza. Si, por el contrario, estamos atentos y hacemos el bien correspondiendo a la gracia de Dios, podemos esperar serenamente la llegada del novio.

El Señor también puede venir mientras dormimos: esto no nos preocupa, porque tenemos la reserva de aceite acumulada con las buenas obras de cada día, acumulada con esa espera del Señor, que venga lo antes posible y que venga para llevarme con Él.

Invoquemos la intercesión de María Santísima, para que nos ayude a vivir, como hizo ella, una fe activa: esta es la lámpara luminosa con la que podemos atravesar la noche más allá de la muerte y alcanzar la gran fiesta de la vida.

 

Ángelus: Oración por las víctimas del huracán Eta

Palabras después del Ángelus

NOVIEMBRE 08, 2020 15:58RAQUEL ANILLOANGELUS

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(zenit – 8 nov. 2020).- Después del Ángelus de este domingo 8 de noviembre de 2020, el Papa saluda a los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro. Pidiendo oración por las víctimas del huracán Eta y apoyo a las familias y rescatadores.

Manifestando su preocupación por los pequeños agricultores de Italia. Instando al rechazo de las armas en Etiopia. Llamando a las negociaciones en Libia.

A continuación, siguen las palabras de Francisco, según la traducción oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras después del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas!

Ayer, en Barcelona, fue proclamado beato ​​Joan Roig y Diggle, laico y mártir, asesinado a los diecinueve años durante la Guerra Civil española. Fue testigo de Jesús en el lugar de trabajo y se mantuvo fiel a Él hasta el don supremo de su vida. Que su ejemplo suscite en todos, especialmente en los jóvenes, el deseo de vivir plenamente la vocación cristiana. ¡Un aplauso a este beato, joven, tan valiente!

Veo allí una bandera, que me hace pensar en los pueblos de Centroamérica, golpeados en los últimos días por un violento huracán, que ha causado muchas víctimas y daños considerables, agravados también por la ya difícil situación de la pandemia. Que el Señor acoja a los muertos, consuele a sus familias y sostenga a los más probados, así como a todos los que están haciendo todo lo posible por ayudarlos.

Sigo con preocupación las noticias provenientes de Etiopía. Mientras exhorto a rechazar la tentación del enfrentamiento armado, invito a todos a la oración y al respeto fraterno, al diálogo y a la solución pacífica de las discordias.

Hoy, en Túnez, comienzan las reuniones del “Foro de Diálogo Político Libio”, que involucrará a todas las partes. Dada la importancia del evento, espero sinceramente que en este momento tan delicado se encuentre una solución al largo sufrimiento del pueblo libio y que se respete y se aplique el reciente acuerdo de alto el fuego permanente. Recemos por los delegados del Foro, por la paz y la estabilidad en Libia.

Se celebra hoy en Italia el Día de Acción de Gracias, sobre el tema “Agua, bendición de la tierra”. El agua es vital para la agricultura, ¡también es vital para la vida! Me acerco con mi oración y cariño al mundo rural, especialmente a los pequeños agricultores. Su trabajo es más importante que nunca en esta época de crisis. Me uno a los obispos italianos, que exhortan a salvaguardar el agua como un bien común, cuyo uso debe respetar su destino universal.

Y ahora dirijo mi saludo a vosotros, romanos y peregrinos de varios países: familias, grupos parroquiales, asociaciones y fieles. Os deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.

 

Benedicto XVI reza, recibe visitas, lee, estudia

Retoma paseos por los Jardines Vaticanos

NOVIEMBRE 08, 2020 09:33ANNE KURIAN-MONTABONEPAPAS

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(zenit – 8 nov. 2020).- Benedicto XVI reza, recibe visitas, lee, estudia… y reanuda sus paseos por los Jardines Vaticanos, afirma su secretario personal, monseñor Georg Gänswein, en una entrevista con el semanario italiano Oggi publicada el 4 de noviembre de 2020.

En las últimas semanas, una cadena de llamadas a la oración ha estado circulando en las redes sociales difundiendo el falso rumor del próximo fin del papa emérito, según observaciones atribuidas a Mons. Gänswein: “fake news”, indicó con motivo de la publicación del libro Benedicto XVI – Una vida (Benedetto XVI – Una vita, de Peter Seewald, ed. Garzanti).

“Benedicto XVI es como una persona de 93 años”, explica su secretario alemán. “Tiene fragilidad física, su voz es muy débil, pero su mente está lúcida. Concelebra la Misa todos los días, reza, todavía recibe algunas visitas, lee, estudia, escucha música, se ocupa de su correspondencia. Ciertamente con un ritmo muy tranquilo”.

El papa emérito, añade Mons. Gänswein, “descansa más a menudo porque sus fuerzas disminuyen, pero está de buen humor y sereno. Por utilizar la imagen de un automóvil: ha pasado de la tercera a la primera marcha”.

Además, “después de una pausa de casi tres meses, ha empezado a caminar por los Jardines Vaticanos de nuevo, si el tiempo lo permite, usando su andador”. Así, Benedicto XVI “se recuperó del cansancio de su viaje a Ratisbona, Alemania”, donde viajó el pasado junio a visitar a su hermano Georg, fallecido el 1 de julio, y de la culebrilla (herpes zoster) que había contraído a principios del verano, “un virus que le causó grandes dolores”.

 

 

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN*

Fiesta

— Los templos, símbolo de la presencia de Dios entre los hombres.

— Jesucristo, realmente presente en nuestras iglesias.

— La gracia divina nos hace templos vivos de Dios.

I. Los judíos celebraban cada año la fiesta de la Dedicación1 en recuerdo de la purificación y restablecimiento del culto en el Templo de Jerusalén después de la victoria de Judas Macabeo sobre el rey Antíoco2. Durante una semana se celebraba en toda Judea este aniversario. Se llamaba también Fiesta de las luces, porque era costumbre encender lámparas, símbolo de la Ley, y ponerlas en las ventanas de las casas, en número creciente con los días de la fiesta3. Esta celebración fue recogida por la Iglesia para conmemorar el aniversario en que los templos fueron convertidos en lugares destinados al culto. De modo particular, «cada año se celebra en el conjunto del rito romano la dedicación de la Basílica de Letrán, la más antigua y la primera en dignidad de las iglesias de occidente». Además, «en cada diócesis se celebra la dedicación de la catedral, y cada iglesia conmemora el recuerdo de su propia dedicación»4.

La fiesta que hoy celebramos tiene una especial importancia, pues la Basílica de Letrán fue la primera iglesia bajo la advocación del Salvador, levantada en Roma por el emperador Constantino. Sigue siendo en la actualidad la catedral del Romano Pontífice. La fiesta se celebra en toda la Iglesia como muestra de unidad con el Papa.

El templo siempre fue considerado entre los judíos como lugar de una particular presencia de Yahvé. Ya en el desierto se manifestaba en la Tienda del encuentro: allí hablaba Moisés con el Señor, como se habla con un amigo; la columna de nube signo de Su presencia descendía entonces y se detenía a la entrada de la Tienda5. Era el ámbito donde estará presente su Nombre, su Ser infinito e inefable, para escuchar y atender a sus fieles. Cuando Salomón hubo construido el Templo de Jerusalén, en la fiesta de su dedicación pronunció estas palabras: ¿En verdad morará Dios sobre la tierra? Los cielos y los cielos de los cielos no son capaces de contenerte; ¡cuánto menos esta casa que yo he edificado! Pero, con todo, atiende a la plegaria de tu siervo, Yahvé, Dios mío, y oye la oración que hoy hace tu siervo ante Ti. Que estén abiertos tus ojos noche y día sobre este lugar, del que has dicho: «En él estará mi Nombre»; y oye, pues, la oración de tu siervo y la de tu pueblo, Israel; cuando oren en este lugar, óyela Tú también desde el lugar de tu morada de los cielos...6.

A nuestras iglesias vamos al encuentro con nuestro Dios, que nos espera, con una presencia real, en la Eucaristía custodiada en el Sagrario.

El templo, enseña el Papa Juan Pablo II, «es casa de Dios y casa vuestra. Apreciadlo, pues, como lugar de encuentro con el Padre común»7. La iglesia-edificio representa y significa la Iglesia-asamblea, formada por piedras vivas, que son los cristianos, consagrados a Dios por su Bautismo8. «El lugar donde la comunidad cristiana se reúne para escuchar la palabra de Dios, elevar preces de intercesión y de alabanza a Dios y, principalmente, para celebrar los sagrados misterios, y donde se reserva el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, es imagen peculiar de la Iglesia, templo de Dios, edificado con piedras vivas; también el altar, que el pueblo santo rodea para participar del sacrificio del Señor y alimentarse con el banquete celeste, es signo de Cristo, sacerdote, hostia y altar de su mismo sacrificio»9. Vamos con toda reverencia, pues nada más respetable que la casa del Señor; «¿qué respeto no deben inspirar nuestras iglesias, donde se ofrece el sacrificio del Cielo y de la tierra, la Sangre de un Dios hecho Hombre?»10. Vamos también con la confianza de quien sabe bien que encuentra a Jesucristo, su Amigo, que dio la vida por amor a él; allí nos aguarda cada día. Es también la casa común donde encontramos a nuestros hermanos.

II. Las iglesias son el lugar de reunión de los miembros del nuevo Pueblo de Dios, que se congregan para rezar juntos. En ellas encontramos a Jesús, pues donde dos o más se reúnen en su nombre, allí está Él en medio de ellos11; allí oímos su voz. Pero, sobre todo, allí encontramos a Jesús, real y sustancialmente presente en la Sagrada Eucaristía. Está presente con su Divinidad y con su Humanidad santísima, con su Cuerpo y con su Alma. Allí nos ve y nos oye, y nos atiende como socorría a aquellos que llegaban, necesitados, de todas las ciudades y aldeas12. A Jesús presente en el Sagrario podemos manifestarle nuestros anhelos y preocupaciones, las dificultades, las flaquezas, y los deseos de amarle cada día más. El mundo sería bien distinto si Jesús no se hubiera quedado con nosotros. ¿Cómo no vamos a amar nuestros templos y oratorios, donde Jesús nos espera? ¡Tantas alegrías hemos recibido junto al Sagrario! ¡Tantas penas que nos atormentaban las hemos dejado allí! ¡En tantas ocasiones hemos vuelto al ajetreo de la vida ordinaria fortalecidos y esperanzados! Tampoco podemos olvidar que en el templo se encuentra el altar sobre el que se renueva cada día el Sacrificio de valor infinito que el Señor realizó en el Calvario. Cada día, en estos lugares dedicados al culto y a la oración, nos llegan incontables gracias de la misericordia divina.

Cuando un huésped ilustre se queda en una casa, sería una gran descortesía no atenderlo bien, o hacer caso omiso de él. ¿Somos siempre conscientes de que Jesús es nuestro Huésped aquí en la tierra, de que necesita de nuestras atenciones? Examinemos hoy si al entrar en una iglesia nos dirigimos enseguida a saludar a Jesús en el Sagrario, si nos comportamos siempre como corresponde a un lugar donde Dios habita de una manera particular, si las genuflexiones ante Jesús Sacramentado son un verdadero acto de fe, si nos alegramos siempre que pasamos cerca de un templo, donde Cristo se halla realmente presente. «¿No te alegra si has descubierto en tu camino habitual por las calles de la urbe ¡otro Sagrario!?»13. Y seguimos nuestros quehaceres con más alegría y con más paz.

III. En la Nueva Alianza, el verdadero templo ya no está hecho por manos de hombres: es la santa Humanidad de Jesús la que en adelante es el Templo de Dios por excelencia. Él mismo había dicho: Destruid este Templo y en tres días lo levantaré. Y explica el Evangelista: Él hablaba del Templo de su Cuerpo14. Y si el Cuerpo físico de Jesús es el nuevo Templo de Dios, también lo es la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, en el que el mismo Jesucristo es la piedra angular, sobre la que se apoya la nueva edificación. «Rechazado, desechado, dejado a un lado, dado por muerto entonces como ahora, el Padre lo hizo y lo hace siempre la base sólida e inconmovible de la nueva construcción. Y lo hace tal por su resurrección gloriosa (...).

»El nuevo templo, Cuerpo de Cristo, espiritual, invisible, está construido por todos y cada uno de los bautizados sobre la viva piedra angular, Cristo, en la medida en que a Él se adhieren y en Él crecen hasta la plenitud de Cristo. En este templo y por él, morada de Dios en el Espíritu, Él es glorificado, en virtud del sacerdocio santo que ofrece sacrificios espirituales (1 Pdr 2, 5), y su Reino se establece en este mundo»15. San Pablo lo recordaba frecuentemente a los primeros cristianos: ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros?16.

Hemos de considerar frecuentemente que la Santísima Trinidad «por medio de la gracia de Dios inhabita en el alma justa como en un templo, de un modo íntimo y singular»17. La meditación de esta realidad maravillosa nos ayuda a ser más conscientes de la transcendencia que tiene vivir en gracia de Dios, y el profundo horror que hemos de tener al pecado, «que destruye el templo de Dios», privando al alma de la gracia y de la amistad divinas. Mediante esta inhabitación, podemos gozar de un anticipo de lo que será la visión beatífica en el Cielo, ya que «esta admirable unión solo en la condición y estado se diferencia de aquella en que Dios llena a los bienaventurados beatificándolos»18.

La presencia de Dios en nuestra alma nos invita a procurar un trato más personal y directo con el Señor, al que en todo momento buscamos en el fondo de nuestras almas.

1 Jn 10, 22. — 2 Cfr. 1 Mac 4, 36-59; 2 Mac 1, 1 ss.; 10, 1-8. — 3 Cfr. 2 Mac 1, 18. — 4 A. G. Martimort, La Iglesia en oración, Herder, 3.ª ed., Madrid 1987, pp. 991-992. — 5 Ex 33, 7-11. — 6 1 Rey 8, 27-30. — 7 Juan Pablo II, Homilía en Orcasitas (Madrid), 3-XI-1982. — 8 Cfr. Ritual de la dedicación de iglesias y de altares, Presentación, 26-X-1978. — 9 Cfr. Decreto 29-V-1977, en el que se publica el Ritual citado. — 10 Anónimo, La Santa Misa, Rialp, Madrid 1975, p. 133. — 11 Mt 18, 20. — 12 Cfr. Mc 6, 32. — 13 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 270. — 14 Jn 2, 20-21. — 15 Juan Pablo II, loc. cit. — 16 1 Cor 3, 16. — 17 León XIII, Enc. Divinum illud munus, 9-V-1897, 10. — 18 Ibídem, 11.

Esta Basílica es uno de los primeros templos que los cristianos pudieron erigir después de la época de las persecuciones. Fue consagrada por el Papa Silvestre el 9 de noviembre del año 324. Esta fiesta, que al principio solo se celebraba en Roma, pasó a ser fiesta universal en el rito romano, en honor de esta iglesia, llamada «Madre y Cabeza de todas las iglesias de Roma y de todo el mundo (Urbis et orbis)», como signo de amor y de unidad para con la Cátedra de San Pedro. La historia de esta Basílica evoca la llegada a la fe de millares y millares de personas que allí recibieron el Bautismo.

 

Evangelio del lunes: Purificación del corazón

Evangelio del lunes de la XXXII semana del tiempo ordinario y comentario al evangelio. Hoy, además, es la dedicación a la Basílica de Letrán, en Roma.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Jn 2,13-22)

Pronto iba a ser la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Con unas cuerdas hizo un látigo y arrojó a todos del Templo, con las ovejas y los bueyes; tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. Y les dijo a los que vendían palomas:

—Quitad esto de aquí: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado.

Recordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume.

Entonces los judíos replicaron:

—¿Qué signo nos das para hacer esto?

Jesús respondió:

—Destruid este Templo y en tres días lo levantaré.

Los judíos contestaron:

—¿En cuarenta y seis años ha sido construido este Templo, y tú lo vas a levantar en tres días?

Pero él se refería al Templo de su cuerpo. Cuando resucitó de entre los muertos, recordaron sus discípulos que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había pronunciado Jesús.


Comentario

Poco antes de la Pascua, Jesús sube a Jerusalén y realiza un gesto acompañado de unas palabras cuyo sentido no se comprenderá del todo hasta su resurrección.

Para entender el contexto, conviene recordar el profundo significado del Templo y del aniversario de su Dedicación para los judíos.

En esta fiesta, los judíos conmemoraban la consagración del Templo realizada por los Macabeos, en el año 164 a.C., después de que hubiera sido profanado tres años antes por Antíoco IV Epifanes.

La fiesta se llamaba también “de las luces” en referencia al candelabro de siete brazos que, siempre encendido, simbolizaba la Presencia de Dios, que todo lo ve y que es luz del mundo, en medio del Pueblo. Donde estaba esa luz, se disipaba la oscuridad del paganismo y la idolatría.

En este contexto, Nuestro Señor purifica y “consagra de nuevo” el Templo, la casa de su Padre, por la que su celo le consumía.

Tanto aquellos hombres como nosotros estamos sometidos a la tentación de hacer de la vida religiosa y del templo un “mercado”, un negocio, esto es, usar a Dios para el propio interés. Y esto es, en el fondo, una profanación del Templo.

Pero en la casa de Dios solo puede haber un Señor, solo Dios puede ser el que dé razón de todo lo demás, y nunca una excusa para otro fin. Por tanto, con la expulsión de los mercaderes y los cambistas, Jesús nos invita a purificar nuestras intenciones, de modo que nuestra búsqueda de Dios sea lo más pura y desinteresada posible. Amor verdadero.

Pero templo de Dios no es solo el edificio de piedras, sino que es, en último término, el Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Ella es casa de Dios en sentido estricto. En ella mora, iluminándola y vivificándola.

Jesús nos anima a mirarla con esos ojos y a mantenerla, en lo que dependa de nosotros, sin mancha ni arruga. Cada uno de nosotros ha de sentirse responsable de eso con su propia vida. Los bautizados, en cuanto piedras vivas, conformamos el rostro visible de la santidad de la Iglesia ante los hombres, rostro que está llamado a atraer a los de fuera y dar luz y consuelo a los de dentro.

 

“La raza de los hijos de Dios”

Hijos de Dios. –Portadores de la única llama capaz de iluminar los caminos terrenos de las almas, del único fulgor, en el que nunca podrán darse oscuridades, penumbras ni sombras. –El Señor se sirve de nosotros como antorchas, para que esa luz ilumine... De nosotros depende que muchos no permanezcan en tinieblas, sino que anden por senderos que llevan hasta la vida eterna. (Forja, 1)

9 de noviembre

Iesus Christus, Deus Homo, Jesucristo Dios‑Hombre. Una de las magnalia Dei, de las maravillas de Dios, que hemos de meditar y que hemos de agradecer a este Señor que ha venido a traer la paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. A todos los hombres que quieren unir su voluntad a la Voluntad buena de Dios: ¡No sólo a los ricos, ni sólo a los pobres!, ¡a todos los hombres, a todos los hermanos! Que hermanos somos todos en Jesús, hijos de Dios, hermanos de Cristo: su Madre es nuestra Madre.

No hay más que una raza en la tierra: la raza de los hijos de Dios. Todos hemos de hablar la misma lengua, la que nos enseña nuestro Padre que está en los cielos: la lengua del diálogo de Jesús con su Padre, la lengua que se habla con el corazón y con la cabeza, la que empleáis ahora vosotros en vuestra oración. La lengua de las almas contemplativas, la de los hombres que son espirituales, porque se han dado cuenta de su filiación divina. Una lengua que se manifiesta en mil mociones de la voluntad, en luces claras del entendimiento, en afectos del corazón, en decisiones de vida recta, de bien, de contento, de paz. (Es Cristo que pasa, 13)

 

 

San Josemaría y la Virgen de la Almudena

El 9 de noviembre se celebra la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid. San Josemaría, durante los años 30, acudía frecuentemente a rezar de rodillas ante su imagen.

RELATOS BIOGRÁFICOS08/11/2020

​Detalla de la escultura de san Josemaría en la Catedral de La Almudena (Madrid). Foto: Álvaro García Fuentes.

“Cuántas horas de caminar por aquel Madrid mío, cada semana, de una parte a otra, envuelto en mi manteo! (…) Aquellos rosarios completos, rezados por la calle –como podía- pero sin abandonarlos, diariamente”.

San Josemaría y la Virgen de la Almudena

Durante los años treinta era frecuente que san Josemaría se detuviera para orar de rodillas frente a la imagen de la Virgen de la Almudena, Patrona de Madrid, que se encuentra en un nicho dentro de la muralla, al final de la calle Mayor. Era una manifestación de su amor a la Virgen y de su espíritu de contemplación constante. Enseñaba a ser, en palabras suyas, “contemplativos en medio de la calle”.

 

De © José Luiz Bernardes Ribeiro, CC BY-SA 3.0 (Wikipedia)

 

¿Por qué se llama “Almudena”?

El nombre Almudena proviene de Almudaina, que en árabe significa almacén de trigo. Evoca un almacén próximo al lugar donde estaba escondida la imagen.

La tradición cuenta que cuando los musulmanes estaban a punto de entrar en Madrid, los cristianos de la ciudad escondieron una estatua de la Virgen en la muralla para que no fuera profanada; y que al reconquistar la Villa el rey cristiano Alfonso VI, se desmoronó milagrosamente la muralla y quedó al descubierto la imagen de la Virgen.

La catedral de la Almudena

Esta catedral cuenta con una larga historia. En 1663, reinando Felipe IV, se puso la primera piedra. Dos siglos más tarde, a finales del XIX, el rey Alfonso XII encargó este proyecto al Marqués de Cubas con el deseo de que se enterrara allí a su primera esposa, fallecida prematuramente, Mercedes de Orleans.

Sin embargo, el proyecto quedó interrumpido durante la mitad del siglo XX. En 1950 se construyeron algunos muros y quedó paralizado de nuevo hasta el 15 de junio de 1993, cuando el Papa San Juan Pablo II consagró esta catedral. Mercedes de Orleans fue enterrada por fin en esta catedral, bajo la Virgen de la Almudena, en noviembre del año 2000.

San Josemaría Escrivá en la catedral de la Almudena

En el interior de la catedral, hay una capilla dedicada a san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.

 

Capilla dedicada a san Josemaría Escrivá de Balaguer. Foto: Álvaro García Fuentes

 

El escultor de la imagen y los altorrelieves, Venancio Blanco, explicaba: “No conocí personalmente al Padre, pero tuve oportunidad de profundizar en su persona y en su obra a través del proyecto escultórico que se me encargó con destino a la capilla a él dedicada en la Catedral de la Almudena de Madrid. Cuando se me propuso, fui consciente de la dificultad y la responsabilidad que ello entrañaba”.

Fundida en bronce, la pieza ocupa el centro de la Capilla. “He pretendido reflejar en ella -continuaba Venancio Blanco- los profundos valores que san Josemaría encarnó en su vida, así como su gran humanidad y honda espiritualidad (...). He querido destacar la postura de las manos, que adelanta hacia el que llega, ofreciéndole su abrazo entrañable. Es un gesto cordial, que invita y anima al mismo tiempo a acercarse a Dios”.

En el altorrelieve inferior izquierdo se evoca la costumbre de Josemaría Escrivá de orar de rodillas ante la Virgen de la Almudena, en la Cuesta de la Vega. Una placa, en la propia capilla, cuenta la historia. En el altorrelieve inferior derecho se representa al Fundador del Opus Dei atendiendo a un enfermo agonizante. Este enfermo, de etnia gitana, falleció en el Hospital General de Madrid con gran contrición, un domingo de febrero de 1932. “He aprendido de un gitano -recordaba san Josemaría- a hacer un acto de contrición”.

Escribía el Fundador en sus Apuntes el 16 de febrero de 1932, que le habían dicho que un moribundo no quería recibir los santos sacramentos. “Fui a saludarle (...). Era un gitano, cosido a puñaladas en una riña. Al momento, accedió a confesarse. No quería soltar mi mano y, como él no podía, quiso que pusiera la mía en su boca para besármela. Su estado era lamentable: echaba excrementos por vía oral. Daba verdadera pena.

Con grandes voces dijo que juraba que no robaría más. Me pidió un Santo Cristo. No tenía, y le di un rosario. Se lo puse arrollado a la muñeca y lo besaba, diciendo frases de profundo dolor por lo que ofendió al Señor”.

Continuaba explicando el Fundador del Opus Dei que le habían contado poco después que el gitano murió con muerte “edificantísima”, diciendo entre otras frases, al besar el Crucifijo del rosario:

-“Mis labios están podridos, para besarte a Ti.

-Pero, ¡si le vas a dar un abrazo y un beso muy fuerte enseguida, en el cielo!”.

La Sagrada Familia

En la capilla, hay una vidriera que representa una escena de la Sagrada Familia con la leyenda: erat fabri filius (Era el hijo del artesano), aludiendo a los años de vida de trabajo de Jesús en Nazaret. San Josemaría hacía ver, al contemplar a Jesús que trabaja, como cualquiera de nosotros, que nuestro trabajo tiene un sentido, una dimensión divina, que debemos descubrir.

Bajo la escena de la Sagrada Familia está representado el globo terráqueo, que evoca las enseñanzas de san Josemaría sobre la santificación de las realidades humanas tal y como recordaba en la homilía Amar al mundo apasionadamente: “Lo he enseñado constantemente con palabras de la Escritura Santa: el mundo no es malo, porque ha salido de las manos de Dios, porque es criatura suya, porque Yaveh lo miró y vio que era bueno”.

En uno de los relieves se representa a San Gabriel, San Miguel y San Rafael. En el otro, a San Pablo, San Pedro y San Juan.

Trabajar a conciencia

A quien desea ser santo, no le basta trabajar: debe trabajar bien, empeñándose, aceptando los fracasos, y aprendiendo a vivir las virtudes -como la paciencia o la caridad- en su ocupación diaria. Nuevo texto editorial sobre la santificación del trabajo.

TRABAJO19/04/2016

Si queremos de veras santificar el trabajo, hay que cumplir ineludiblemente la primera condición: trabajar, ¡y trabajar bien!, con seriedad humana y sobrenatural[1].

Ya hemos visto, en un artículo precedente, que trabajar por un motivo sobrenatural es como el alma de la santificación del trabajo[2]. Ahora nos detendremos a considerar que la materia, por así decir, a la que da vida ese alma es el trabajo bien hecho, pues el motivo sobrenatural, si es auténtico amor a Dios y al prójimo, reclama necesariamente que procuremos llevar a cabo nuestra tarea lo mejor posible.

De modo particular hemos de tener presente que, según enseñó San Josemaría, la santificación del trabajo ordinario supone la buena realización del trabajo mismo, la perfección también humana, el buen cumplimiento de todas las obligaciones profesionales y sociales. Es trabajar a conciencia, con sentido de responsabilidad, con amor y perseverancia, sin abandonos ni ligerezas.

LA SANTIDAD NO CONSISTE EN HACER COSAS CADA DÍA MÁS DIFÍCILES, DECÍA SAN JOSEMARÍA, SINO EN HACERLAS CADA DÍA CON MÁS AMOR.

Para meditar con fruto esa enseñanza del fundador del Opus Dei, conviene observar que cuando hablamos de "trabajar bien" nos referimos ante todo a la actividad de trabajar, no al resultado del trabajo.

Puede suceder que se trabaje bien y sin embargo la tarea salga mal, ya sea por una equivocación involuntaria o por causas que no dependen de uno mismo. En estos casos –que se presentan a menudo– aparece con claridad la diferencia entre quien trabaja con sentido cristiano y quien busca principalmente el éxito humano. Para el primero lo que tiene valor es, ante todo, la misma actividad de trabajar y, aunque no haya obtenido un buen resultado, sabe que no se ha perdido nada de lo que ha procurado hacer bien por amor a Dios y afán de corredimir con Cristo; por eso no se rebela ante las contrariedades –tratando de superarlas–, sino que ve la posibilidad de unirse más a la Cruz del Señor. En cambio, para el segundo, todo se ha malogrado si no ha salido bien. Evidentemente, quien piense de este modo nunca entenderá qué es santificar el quehacer profesional.

Trabajar a conciencia es trabajar con perfección humana por un motivo sobrenatural. No es trabajar humanamente bien y "después" añadir un motivo sobrenatural. Es algo más profundo. Es el amor a Dios lo que debe llevar a un cristiano a realizar con perfección su tarea, porque no podemos ofrecer al Señor algo que, dentro de las pobres limitaciones humanas, no sea perfecto, sin tacha, efectuado atentamente también en los mínimos detalles: Dios no acepta las chapuzas. No presentaréis nada defectuoso, nos amonesta la Escritura Santa, pues no sería digno de El (Lv 22, 20)[3].

Cuando se procura actuar de este modo es normal que el trabajo salga bien y se obtengan buenos resultados. Más aún, es frecuente que quien busca santificar el trabajo destaque profesionalmente entre sus iguales porque, el amor a Dios impulsa a excederse gustosamente, y siempre, en el deber y en el sacrificio[4]. Pero no hay que olvidar nunca –vale la pena repetirlo– que Dios permite a veces contradicciones y fracasos humanos para que purifiquemos la intención y participemos de la Cruz del Señor. Y esto no significa que no se haya trabajado bien y santificado esa tarea.

Virtudes humanas en el trabajo

El trabajo bien hecho pone en práctica las virtudes humanas informadas por la caridad. Es toda una trama de virtudes la que se pone en juego al desempeñar nuestro oficio, con el propósito de santificarlo: la fortaleza, para perseverar en nuestra labor, a pesar de las naturales dificultades y sin dejarse vencer nunca por el agobio; la templanza, para gastarse sin reservas y para superar la comodidad y el egoísmo; la justicia, para cumplir nuestros deberes con Dios, con la sociedad, con la familia, con los colegas; la prudencia, para saber en cada caso qué es lo que conviene hacer, y lanzarnos a la obra sin dilaciones... Y todo, insisto, por Amor[5].

Todas las virtudes humanas son necesarias, porque forman un entramado en el que los hilos se refuerzan entre sí. Pero hay un orden entre ellas: unos hilos que se ponen antes que otros, lo mismo que al tejer un tapiz.

Como la primera condición es trabajar y trabajar bien, se comprende que nuestro Fundador destaque dos virtudes humanas –la laboriosidad y la diligencia–, que se confunden en una sola: en el empeño por sacar partido a los talentos que cada uno ha recibido de Dios[6].

Como en la parábola del Evangelio, el Señor nos ha otorgado los talentos necesarios para cumplir la misión de ponerle en la entraña de las actividades humanas santificando la profesión propia de cada uno. No es lícito comportarse como el siervo malo y perezoso[7] que enterró el talento recibido. Dios quiere que hagamos rendir, por amor suyo, los dones que nos ha dado. Y para esto hay que trabajar con empeño y constancia, con rigor, con calidad humana, poniendo todo el esfuerzo necesario.

La laboriosidad y la diligencia inclinan juntas a afrontar el trabajo que se debe hacer, no cualquier cosa o lo que apetece, y a realizarlo cómo y cuándo se debe. El que es laborioso aprovecha el tiempo, que no sólo es oro, ¡es gloria de Dios! Hace lo que debe y está en lo que hace, no por rutina, ni por ocupar las horas, sino como fruto de una reflexión atenta y ponderada. Por eso es diligente. El uso normal de esta palabra –diligente– nos evoca ya su origen latino. Diligente viene del verbo diligo, que es amar, apreciar, escoger como fruto de una atención esmerada y cuidadosa. No es diligente el que se precipita, sino el que trabaja con amor, primorosamente[8].

Es preciso luchar contra la pereza, vicio capital y madre de todos los vicios[9]. Una de sus formas es la tardanza en el cumplimiento de las obligaciones[10]: aplazando lo que cuesta y dando prioridad a otras cosas que gustan más o exigen menos esfuerzo. No dejes tu trabajo para mañana[11], aconseja San Josemaría, porque a veces, con falsas excusas, somos demasiado cómodos, nos olvidamos de la bendita responsabilidad que pesa sobre nuestros hombros, nos conformamos con lo que basta para salir del paso, nos dejamos arrastrar por razonadas sinrazones para estar mano sobre mano, mientras Satanás y sus aliados no se toman vacaciones[12]. No servimos a Dios con lealtad cuando nos puedan señalar como vagos, informales, frívolos, desordenados, perezosos, inútiles...[13].

El quehacer profesional es campo para el ejercicio de todas las virtudes humanas, imitando el ejemplo de los años de Jesús en Nazaret. El orden y la serenidad, la alegría y el optimismo, la reciedumbre y la constancia, la lealtad, la humildad y la mansedumbre, la magnanimidad y todas las demás virtudes que aquí no es posible ni siquiera mencionar, hacen del trabajo profesional terreno fecundo que se llena de frutos con la lluvia de la gracia.

EL SECRETO PARA REALIZAR CADA DÍA MEJOR EL TRABAJO SON LAS COSAS PEQUEÑAS: DETALLES QUE ESTÁN AL ALCANCE DE UN HIJO DE DIOS Y QUE DAN UN REMATE DE PERFECCIÓN A NUESTRA ACTIVIDAD.

Sin la lucha para practicar diariamente estas virtudes es fácil caer en el error de quienes se consideran cristianos "practicantes" porque asisten a unos actos de culto y recitan unas oraciones, pero dejan que su vida profesional discurra, más o menos descaradamente, al margen de la moral cristiana, con faltas de justicia, de veracidad, de honradez...

Una labor de este género no es agradable a Dios, y no puede decirse que esté bien hecha, ni santificada, aunque obtenga resultados brillantes a los ojos humanos y destaque por su perfección técnica en algunos aspectos. San Josemaría ha enseñado siempre a poner en práctica la fe –¡a encarnarla!– en el trabajo profesional, con unidad de vida. Y esto se logra mediante las virtudes humanas informadas por la caridad.

Sin la caridad, el esfuerzo humano no basta para santificar el trabajo, porque la caridad –el amor sobrenatural a Dios y a las almas– es la esencia de la santidad. Un cristiano que sea muy eficaz, si falta a la caridad no santifica su trabajo. En realidad tampoco puede decirse que trabaje muy bien, porque la caridad va dentro de las virtudes, y su falta se manifiesta antes o después en la quiebra de éstas: en injusticias, en odios, en ira, en envidia...

 

​San Josemaría Escrivá, con sus dos sucesores, don Álvaro y don Javier.

 

El amor a Dios no es un sentimiento inoperante. Es el acto de la virtud teologal de la caridad que, junto con la fe y la esperanza, debe gobernar la realidad concreta de la vida de un hijo de Dios mediante el ejercicio de las virtudes humanas. Sólo así podemos identificarnos a Cristo, perfecto Dios y perfecto Hombre.

Cosas pequeñas

Las virtudes cristianas se manifiestan y se desarrollan en la actividad profesional ordinariamente a través de cosas pequeñas. La misma laboriosidad, que de algún modo es la condición de las demás virtudes en el trabajo, no consiste sólo en trabajar mucho, porque no hay que olvidar que a fuerza de descuidar detalles, pueden hacerse compatibles trabajar sin descanso y vivir como un perfecto comodón[14].

Esta virtud puede perder su genuino valor si se descuida la lucha en aquellos detalles de orden a los que quizá no se siente inclinación, o de puntualidad al comenzar y terminar el trabajo, o se posterga la atención a la familia, o se desatienden las iniciativas apostólicas con la excusa de que el trabajo absorbe casi todas las energías. El cuidado de las cosas pequeñas protege de este peligro porque custodia la rectitud de intención, ya que muchos detalles sólo brillan ante Dios.

La santidad no consiste en hacer cosas cada día más difíciles, decía San Josemaría, sino en hacerlas cada día con más amor. El secreto para realizar cada día mejor el trabajo son las cosas pequeñas: detalles que están al alcance de un hijo de Dios y que dan un remate de perfección a nuestra actividad.

Otra cosa distinta es el "perfeccionismo", el defecto de buscar como fin la perfección por la perfección en el resultado exterior del trabajo. Este defecto encierra una deformación de las virtudes humanas, muestra que se ha perdido la visión de conjunto, el sentido de la prudencia que dicta a veces que lo mejor es enemigo de lo bueno, porque pretender lo mejor llevaría a descuidar otras exigencias del trabajo bien hecho, como acabarlo en el plazo oportuno. El perfeccionismo es un sucedáneo de la perfección, que revela amor propio y complacencia vana, y es preciso combatirlo con el realismo de la humildad cristiana que sabe reconocer las propias limitaciones y confiar en Dios.

Él ha creado todo por amor, y sus obras son perfectas: Dei perfecta sunt opera[15]. Nuestro trabajo es una participación en la obra creadora[16], y ha de ser también perfecto, en lo que depende de nuestras fuerzas, con la gracia de Dios.

El cuidado de las cosas pequeñas caracteriza el modo divino de trabajar de un hijo de Dios, porque manifiesta la perfección del amor. Y es fundamental llegar a ser contemplativos en el trabajo, porque así como Dios creó y vio que era bueno[17] –contempló el reflejo de su Amor y Verdad en lo que había creado– análogamente, con la infinita distancia que comporta aquí la analogía, nuestro trabajo será bueno y medio de contemplación si es una tarea no sólo acabada hasta el detalle, sino llevada a cabo con rectitud moral. Así el trabajo será oración. Oración contemplativa, pues un trabajo realizado con perfección, poniendo amor en las cosas pequeñas, permite descubrir ese algo divino que en los detalles se encierra[18]. Por eso, concluía nuestro Padre, cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios[19].

Aprender a trabajar bien

El panorama maravilloso que se abre ante nuestros ojos ha de ser puesto por obra en nuestra vida. No basta querer hacer el bien, sino que hay que saber hacerlo[20]. Servir a Dios y a los demás con nuestro trabajo, requiere preparación, competencia no sólo técnica sino moral, humana y cristiana.

 

SAN JOSEMARÍA QUERÍA GRABAR EN NUESTROS CORAZONES QUE NO BASTA LA "BUENA VOLUNTAD" PARA SER UN BUEN MÉDICO O UNA BUENA AMA DE CASA, SINO QUE SE REQUIEREN CONOCIMIENTOS Y VIRTUDES.

Para servir, servir, son unas palabras que San Josemaría quería grabar en nuestros corazones con el fin de que no olvidásemos que no basta la "buena voluntad" para ser un buen médico o una buena ama de casa, sino que se requieren conocimientos y virtudes. No creo en la rectitud de intención de quien no se esfuerza en lograr la competencia necesaria, con el fin de cumplir debidamente las tareas que tiene encomendadas[21].

La "formación profesional" para santificar el trabajo no consiste sólo en unos conocimientos teóricos previos. Se necesita mucho más como se ha dicho antes: hacen falta virtudes humanas informadas por la caridad. Por este motivo, principalmente, la formación profesional dura toda la vida, y se mejora día a día poniendo empeño en crecer en las virtudes cristianas. No basta el afán de poseer esas virtudes: es preciso aprender a practicarlas. Discite benefacere (Is 1, 17), aprended a hacer el bien. Hay que ejercitarse habitualmente en los actos correspondientes –hechos de sinceridad, de veracidad, de ecuanimidad, de serenidad, de paciencia–, porque obras son amores, y no cabe amar a Dios sólo de palabra, sino con obras y de verdad (1 Jn 3, 18)[22].

Cauce estupendo para esta formación es la dirección espiritual personal. Si sabemos abrir el alma de par en par, podremos recibir consejos certeros –a veces indicaciones sobre deberes morales o de conciencia–, porque el Espíritu Santo da su luz y su gracia a través de ese medio. También hemos de estar dispuestos a recibir esta formación en el mismo lugar de trabajo, sabiendo aprovechar las observaciones de quienes nos rodean. Se requiere para esto humildad, sencillez para admitir las propias limitaciones y para dejarse ayudar evitando la suficiencia, la presunción y la vanidad.

Ilusión profesional

Una disposición interior muy conveniente para aprender a trabajar es la ilusión profesional. Pero es importante tener una idea justa, elevada, de lo que debe ser esta ilusión en un cristiano, para no reducirla a una simple inclinación natural.

En rigor es el anhelo de servir a Dios y a los demás con nuestro trabajo, el deseo de contribuir con la propia actividad profesional al progreso humano orientándolo con sentido cristiano, y a empapar así la sociedad con el espíritu de Cristo. Esta es la médula de la ilusión profesional de un hijo de Dios, que despierta el interés humano por la tarea que se realiza y lo alimenta desde la raíz con una savia de esperanza sobrenatural que mantiene vivo el empeño de convertir la prosa diaria en endecasílabos, en verso heroico[23].

Las actividades más ordinarias no son ya un monótono sucederse de acciones que se repiten, como no lo fueron en la vida de Jesús, María y José en Nazaret. Se descubre una nueva dimensión en nuestras tareas, y se goza con la presencia de Dios que las aprueba, acogiendo la ofrenda del trabajo bien hecho.

Para un hijo de Dios, la ilusión profesional no es un gusto o un capricho. Es la ilusión de realizar el trabajo que Dios quiere para que se santifique y dé fruto. Por esto hay una vocación profesional, que es parte importante de la vocación divina. Pero ese querer de Dios se descubre no sólo por las inclinaciones y aptitudes –que ciertamente cuentan–, sino también por las circunstancias en las que cada uno se encuentra por Providencia divina, y concretamente por los deberes que ha de cumplir y los servicios que de hecho puede prestar.

"COLOCA LOS QUEHACERES PROFESIONALES EN SU SITIO: CONSTITUYEN EXCLUSIVAMENTE MEDIOS PARA LLEGAR AL FIN; NUNCA PUEDEN TOMARSE, NI MUCHO MENOS, COMO LO FUNDAMENTAL. ¡CUÁNTAS "PROFESIONALITIS" IMPIDEN LA UNIÓN CON DIOS!" (SAN JOSEMARÍA).

Todo este conjunto de factores configura la vocación profesional, y se llama "vocación" porque efectivamente representa una llamada de Dios a elegir, de acuerdo con las circunstancias personales, la actividad profesional más conveniente como materia de santificación y apostolado.

En este marco se ve cuán lejos de la ilusión profesional esté esa patología que suele llamarse profesionalitis. Lo primero es el amor al trabajo como medio de santificación y apostolado; lo segundo es la esclavitud a un ídolo que se ha puesto como fin. Y esto último puede suceder sin haberlo pretendido expresamente, por haber descuidado rectificar la intención y haberse movido en la práctica por metas terrenas poniendo en el triunfo la propia complacencia.

San Josemaría advierte de este peligro: coloca los quehaceres profesionales en su sitio: constituyen exclusivamente medios para llegar al fin; nunca pueden tomarse, ni mucho menos, como lo fundamental. ¡Cuántas "profesionalitis" impiden la unión con Dios![24]. Aprender a trabajar bien es también aprender a poner el trabajo en su sitio, un sitio tan importante como el de eje de la santificación en la vida ordinaria, pero siempre un medio.

* * *

A los buenos profesionales se les conoce por su trabajo. A San José todos le conocían como el artesano, y a Jesús como el hijo del artesanofabri filius[25], y artesano Él mismo[26]. No nos ha quedado el resultado de su trabajo, ninguno de los enseres que fabricaron, con calidad, con la perfección que permitían las herramientas, trabajando con esfuerzo, orden, alegría..., mientras Santa María se ocupaba con el mismo espíritu de las tareas del hogar. Nos ha quedado en cambio el amor redentor de Jesús en ese quehacer, y el de María y José unidos al suyo con un solo corazón. Ésta es la esencia de la santificación del trabajo.


[1] Forja, n. 698.

[2] Cfr. Camino, n. 359.

[3] Amigos de Dios, n. 55.

[4] Surco, n. 527.

[5] Amigos de Dios, n. 72.

[6] Ibidem, n. 81.

[7] Mt 25, 26.

[8] Amigos de Dios, n. 81.

[9] Surco, n. 505. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1866.

[10] Santo Tomás de Aquino, S.Th., II-II, q. 54, a. 2, ad 1.

[11] Camino, n. 15.

[12] Amigos de Dios, n. 62.

[13] Ibidem.

[14] Surco, n. 494.

[15] Dt 32, 4 (Vg).

[16] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2427.

[17] Gn 1, 10 ss.

[18] Conversaciones, n. 116.

[19] Ibidem, n. 116.

[20] Es Cristo que pasa, n. 50.

[21] Ibidem.

[22] Amigos de Dios, n. 91.

[23] Es Cristo que pasa, n. 50.

[24] Surco, n. 502.

[25] Mt 13, 55.

[26] Cfr. Mc 6, 3.

 

La otra parte de la historia: muerte y resurrección

¿Qué tiene que ver la muerte y resurrección de Cristo con la plenitud de la vida que tanto deseamos? ¿Es la muerte el único límite al progreso?¿Por qué es tan decisiva la resurrección de Jesús? ¿En qué consiste un cielo nuevo y una tierra nueva?

LA LUZ DE LA FE

Es posible que hayamos visto alguna película, leído algún libro o incluso jugado a algún videojuego en que aparezca el elixir de la vida. Con esta expresión, acuñada hace siglos, se trataba de describir la búsqueda por parte de los alquimistas de un medicamento, también llamado "panacea", que permitiera al ser humano vivir para siempre. En nuestra época, existe una corriente de pensamiento –llamada Transhumanismo que constituye una versión actualizada de esta pretensión, y que se caracteriza por el seguimiento de tres grandes objetivos para la aparición de una humanidad perfecta: la súper longevidad, el súper conocimiento y el súper bienestar; en otras palabras, la búsqueda de una vida en plenitud.

Progreso vs. muerte: ¿límite o punto de partida?

¿Por qué, después de tantos siglos de progreso, buscamos todavía unos fines que siguen sin ser alcanzados? Es evidente que el hombre es un ser insatisfecho. Es alguien que, aunque consiga un nivel de vida y de felicidad que se pueda considerar satisfactorio, nunca se siente del todo satisfecho: quiere conocer siempre más, vivir cada vez mejor y hacerlo para siempre. Con el desarrollo científico y tecnológico, los conocimientos se han ampliado notablemente, y también la capacidad de evitar el dolor o de combatirlo. Sin embargo, antes o después, la existencia terrena se topa con un obstáculo que hasta el momento ningún ser humano ha conseguido saltar: la muerte.

JESUCRISTO NO SOLO HA SUPERADO EL LÍMITE DE LA MUERTE, TAMBIÉN NOS INVITA A PARTICIPAR A LOS HOMBRES DE SU VICTORIA

Esta se presenta como algo profundamente injusto, como aquello que nunca debiera ocurrir. Y, sin embargo, si algo sabemos con seguridad en esta vida, es que un día moriremos. Nuestro ser está abierto a una perfección que queda truncada con la muerte. Por eso, los pueblos de todo tiempo y cultura han desarrollado modos de enfrentarse con aquello que trasciende esta vida, desplegando el sentido religioso que está anclado en la naturaleza humana. Las representaciones sobre la existencia de un más allá son variadas en el panorama religioso de la humanidad, y dan testimonio de ese deseo humano de infinito; a la vez que ninguna de ellas logra demostrar que es la única realmente verdadera.

En este vasto horizonte, el cristianismo irrumpe con una fuerza inusitada: afirma que ha habido un hombre que ha superado la muerte como límite; que, venciendo a la muerte, ha obtenido una vida que dura para siempre. Ese hombre es Jesucristo. Pero no se queda ahí, sino que además afirma que Jesús ha prometido, a quienes vivan de él y sigan su ejemplo, el poder participar de esa nueva existencia que vence a la muerte.

Ante la muerte de una persona querida, con frecuencia se escucha una frase como esta: «su desaparición constituye una pérdida». La muerte de un ser humano es injusta, pues cada uno es un ejemplar irrepetible, y por tanto su desaparición del mundo supone un auténtico empobrecimiento. Si esto es así para nosotros, se puede decir que la muerte de Cristo fue el acontecimiento más injusto de la historia, pues su vida, según nos ha llegado a través de los testimonios de su época, muestra una ejemplaridad fuera de lo común, que ha sido reconocida incluso por aquellos que tienen del cristianismo una opinión negativa.

Volver a las raíces

Algunas piezas literarias describen esta búsqueda humana como el intento de volver a un paraíso perdido, como sugiere el título de la famosa obra de John Milton. Con ello hacen referencia a diversas tradiciones que hablan de una idílica época inicial de la humanidad, que fue quebrada por algún acontecimiento que hizo perder al hombre su inmortalidad y su bondad. La historia de algunos personajes de la mitología griega, como Aquiles, sugiere que el precio que el hombre ha de pagar para ser él mismo y no un ser indiferenciado en el mundo divino es la aceptación de la propia mortalidad. En el pensamiento ilustrado, es frecuente encontrarse con la idea de que el ser humano, para poder ser él mismo, necesita emanciparse de su origen, de su dependencia de un Dios o de un entorno familiar que hasta entonces lo ha protegido. Valerse por sí mismo significa perder el miedo a enfrentarse a la muerte. Las promesas de vida después de la muerte serían, pues, una vuelta a los orígenes felices. Recuérdese que algunos clásicos literarios de muy diversas épocas, desde La odisea hasta El Señor de los anillos, se plantean como la vuelta del héroe a casa.

Se ha hablado previamente de la búsqueda de una existencia duradera, de un bienestar y de un conocimiento supremo. Pues bien, en realidad, la fe cristiana dice que exactamente eso era lo que el ser humano tenía en sus orígenes remotos, cuando fue creado por Dios en un estado de inocencia, que la doctrina de la Iglesia llama «justicia original»[1]: además de la amistad con Dios, el hombre gozaba de los dones de integridad, conocimiento, impasibilidad e inmortalidad. Fue el pecado, la desobediencia a Dios (cfr. Gn 3,6), lo que provocó la expulsión del paraíso, y por consiguiente la pérdida del acceso al árbol de la vida (cfr. Gn 3,22-24). La Biblia precisa en seguida que la historia primordial no concluye así, de modo trágico, sino que Dios mismo se ocupa de los humanos cubriendo su desnudez con unos vestidos improvisados (cfr. Gn 3,21), y prometiéndoles un futuro redentor (cfr. Gn 3,15). En efecto, Jesucristo, que se presenta como «el último Adán» (1Cor 15,45), nuevo inicio de la humanidad, permaneciendo a la vez en su condición divina, toma sobre sí la condición humana (cfr. Flp 2,5-11), con esos efectos de mortalidad, sufrimiento y exposición a la tentación, y realiza en su vida el proyecto de Dios, en plena obediencia al Padre hasta la entrega de su propia vida. Y gracias a ese acto supremo de amor, vence la muerte con su resurrección, reabriendo las puertas del paraíso a los hombres, que ahora pueden acceder de nuevo al árbol de la vida: los sacramentos, cuya fuente y cima es el alimento eucarístico[2]. En Él, de alguna manera, el Cielo de Dios, el Paraíso, se une a la tierra que habitamos, mientras esperamos su prometida manifestación gloriosa al final de los tiempos[3].

La resurrección: el misterio de Dios en el mundo

La fe cristiana habla, por tanto, de un más allá que se hace presente en nuestro más acá, de un Cielo que, siendo promesa de algo completamente nuevo, no asimilable a las categorías espacio temporales de nuestro mundo, a la vez será algo que responde a un deseo profundamente arraigado en nuestro ser. Es verdad que Jesús, después de su resurrección, ascendió a los Cielos, desde donde volverá; esos mismos Cielos que acogieron a María, que fue concebida sin pecado y por tanto participa de modo eminente del misterio de su Hijo; pero es también cierto, que esos Cielos no son otra cosa que el misterio de Dios que, a la vez que es trascendente a este mundo, está por completo dentro de él, de modo que, paradójicamente, ahora Jesús se encuentra más cerca de nosotros que cuando recorría los caminos de Palestina[4].

EL CIELO ES EL MISTERIO DE DIOS: A LA VEZ QUE TRASCIENDEEL MUNDO, SE HALLA DENTRO DE ÉL.

Con su resurrección y su promesa, Jesús ha introducido en el mundo de nuestra experiencia, muchas veces negativa por estar marcada por las consecuencias del pecado en nuestras vidas (ignorancia, dolor, muerte, etc.), una esperanza nueva, real, pues la existencia y resurrección de Jesús se han dado en nuestra historia y, a la vez, de algún modo la superan, porque la abren a lo que está más allá de ella, en la otra parte de la historia. Esa esperanza es creíble porque Jesús ha dado su vida, y no hay nada más creíble en este mundo que el ejemplo, que siendo de santidad –es decir, de caridad–, es simplemente incontestable. «Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Por eso, el martirio, desde los inicios del cristianismo hasta hoy, constituye la mayor muestra de la credibilidad y veracidad de una fe por la que se es capaz de dar la vida.

De este modo, se entiende que la vida eterna prometida por Jesús, de una parte ya ha comenzado en este mundo para el que cree y, a la vez, recibirá una plenitud transfiguradora que no podemos todavía soñar. «Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó por el corazón del hombre, las cosas que preparó Dios para los que le aman» (1Cor 2,9). Si la imaginamos con las categorías de este mundo, nos podría entrar la sospecha del aburrimiento de una vida que consistiría en «un continuo sucederse de días del calendario»[5]. Pero no se trata de un reduplicado de esta vida sino, más bien, de un don sorprendente, por el que vale la pena dejarse la vida, pues amamos y nos fiamos de quien dice que nos hará felices: «Muy bien, siervo bueno y fiel, […] entra en la alegría de tu Señor» (Mt 25,21.23). Cuando dos personas forman un proyecto común de vida, se dicen mutuamente que se harán felices, no porque piensen que la otra persona será un medio para alcanzar la felicidad, sino porque ocuparse de su felicidad será lo que les haga felices. Ciertamente, Dios es ya feliz en cuanto comunión trinitaria de Personas; pero, a la vez, quiere hacernos participar de su felicidad de la que, ya esta existencia terrena, vivida por amor, es un anticipo. Por eso, decía san Agustín que «amando al prójimo purgas el ojo para ver a Dios»[6].

Un cielo nuevo y una tierra nueva

Ver a Dios requiere seguir siendo criaturas de alma y cuerpo, y por tanto, que haya una resurrección final, que consiste en que, siendo Dios creador de todo, también la materia, el cosmos y nuestros cuerpos, transfigurados, puedan participar de la gloria divina, como de hecho participa ya la humanidad de Jesucristo, que existe para siempre en Dios. Se trata de algo muy importante para una correcta interpretación de las implicaciones del cristianismo en la sociedad, en la historia y en la cultura: el «cielo nuevo y la tierra nueva» (Ap 21,1) no serán algo completamente diferente, sino que, de alguna manera, el empeño por construir un mundo mejor acompañará al hombre en la eternidad.

LA VIDA ETERNA PROMETIDA POR JESÚS, DE UNA PARTE YA HA COMENZADO PARA EL QUE CREE

Por tanto, el hombre es padre de sí mismo[7], pues sus decisiones le configuran, y eso quiere decir que se construye la eternidad con su actuar en este mundo, pues sus acciones le conforman. Por eso, resucitará no solo un cuerpo en un sentido puramente material, sino todo su ser con el bagaje de toda su historia[8]. De ahí que resulte tan certera la invitación a «vivir cada instante con vibración de eternidad»[9].

Ninguna otra doctrina como la de la resurrección suscitó las ironías de los paganos en los primeros siglos, como ya le ocurriera a san Pablo: «te escucharemos sobre eso en otra ocasión»; «las muchas letras te han hecho perder el juicio» (Hch 17,32; 26,24). Sin embargo, el dualismo entre materia y espíritu, que caracterizaba la cosmovisión griega, no ofrecía perspectivas de salvación de la dimensión material, considerada como fuente del mal. Tampoco las teorías, antiguas y nuevas, que prometen una reencarnación satisfacen, pues aunque parecen valorar la necesidad de que la materia esté presente en el destino del hombre, no parecen respetar la identidad real del hombre en la indisoluble unión de cuerpo y alma.

Mirando a Cristo se puede comprender que es razonable la promesa de la resurrección, si bien no está en la mano del Hombre alcanzarla, pues se trata de un puro don. Por eso, el cristianismo es una propuesta de sentido que, sin resolver del todo en esta vida los enigmas que rodean la existencia, ofrece una esperanza razonable de una vida imperecedera, por la que vale la pena seguir a Jesucristo y dar la vida por él.

Santiago Sanz


[1] Cfr. San Juan Pablo II, El pecado del hombre y el estado de justicia original, Audiencia general, 3-IX-1986.

[2] Cfr. J. Ratzinger, Escatología. La muerte y la vida eterna, Herder, Barcelona 1992, p. 150.

[3] Cfr. S. Hahn, La cena del Cordero. La Misa, el cielo en la tierra, Rialp, Madrid 2016.

[4] Cfr. J. Ratzinger / Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección, Encuentro, Madrid 2011, pp. 323-339.

[5] Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 30-XI-2007, n. 12.

[6] San Agustín, In Evangelium Ioannis Tractatus, 17,8.

[7] Cfr. San Gregorio de Nisa, De vita Moysis, 2,3.

[8] Cfr. R. Guardini, El tránsito a la eternidad, PPC, Madrid 2003.

[9] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 239.


Lecturas recomendadas:

Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 30-XI-2007.

R. Guardini, El tránsito a la eternidad, PPC, Madrid 2003.

J. Ratzinger, Escatología. La muerte y la vida eterna, Herder, Barcelona 1992.

P. O’Callaghan – J.J. Alviar, Breve y sencillo curso de escatología, en www.collationes.org, Roma 2013.

 

Trabajo y laboriosidad

Los pasos que te ayudaran a trabajar con orden, aprovechar mejor tu tiempo y estar siempre disponible para realizar cualquier actividad.

Cualquier persona en constante actividad productiva, llama poderosamente la atención por su dinamismo, ingenio para tener una ocupación y el empeño que tiene por hacer bien las cosas. Esta inquietud tan evidente, no es otra cosa sino el valor de la laboriosidad aplicado en la vida cotidiana, lo cual significa:

Hacer con cuidado y esmero las tareas, labores y deberes que son propios de nuestras circunstancias personales.

La persona laboriosa tiene como notas características:

– Especial dedicación para realizar cualquier actividad o trabajo con la mayor perfección posible y concluirlas en el tiempo previsto.

– Hacer cosas que beneficien a los demás en su persona o sus bienes, sea en el hogar, la oficina o la escuela.

– Organización del tiempo para mantener un equilibrio entre el descanso y la actividad, evitando el ocio y la pereza o el activismo.

– Aunque su disposición al trabajo es continua, evita llenarse de actividades para cumplir adecuadamente con todos sus compromisos.

Ahora que hemos recordado los antecedentes del valor de la laboriosidad, conviene detenernos un momento a revisar nuestras actitudes y disposición para vivirlo:

– ¿Sé aprovechar el tiempo y trabajar con intensidad evitando las distracciones voluntarias?

– ¿Procuro terminar mis trabajos cuidando los detalles de presentación, calidad y entrega oportuna?

– ¿Pongo todo el esfuerzo y dedicación en mis labores, aunque no me agraden?

– ¿Qué hago cuando “me sobra tiempo”? ¿me informo, leo, estudio, ayudo a los demás o busco alguna actividad creativa que requiera menor esfuerzo intelectual o físico?

– ¿Utilizo el trabajo o el estudio como excusa para evitar otros compromisos o las obligaciones en casa?

– ¿Organizo mi tiempo, actividades y elementos materiales cada día?

– ¿Descanso lo necesario para recuperar ánimo y energía, sin caer en la pereza y el ocio?

Para hacer de la laboriosidad un valor constante en nuestra vida, puedes tomar como punto de partida las siguiente sugerencias:

– Comienza y termina de trabajar en las horas previstas.

– Termina en orden y de acuerdo a su importancia todo lo que has iniciado: encargos, trabajos, reparaciones, etc.

– Evita dejar las cosas inconclusas, salvo que exista un imprevisto o impedimento grave.

– Cumple con todos tus deberes, aunque no te gusten o impliquen un poco más de esfuerzo.

– Ordena tu material y equipo de trabajo antes de iniciar cualquier actividad. Así evitarás las distracciones.

– Descubre el motivo por lo que no te alcanza el tiempo: falta de organización, pláticas superficiales, demasiadas actividades, pretextos para estar fuera de tu lugar…

– No te limites a «cumplir» con tu trabajo. Busca colaborar con quienes te rodean en el trabajo, la escuela, familiares y amigos.

– Procura que la limpieza y el orden sean el sello característico de tus labores.

– Establece un horario y una agenda de actividades en casa: incluye estudio, descanso, tiempo para cultivar aficiones, convivencia familiar y las obligaciones domésticas o encargos.

– En casa corta el pasto, ayuda a los hijos o hermanos en sus deberes escolares; pon aceite en la puerta que rechina; tira los papeles y cosas inútiles que guardas en tus cajones; ordena tu ropa… Siempre hay mucho que hacer.

– Fija un horario para dormir que te permita descansar debidamente. Tal vez la TV, la lectura, la diversión, etc. se vean afectados, pero es un esfuerzo que vale la pena realizar.

Al mantenernos en constante actividad, adquirimos una mayor capacidad de esfuerzo, nos hacemos más responsables y llevamos una vida con orden; conscientes que la laboriosidad no es un valor para lucirse en un escaparate, sino un medio para ser más productivos, eficientes y participativos en todo lugar.

 

 

Situación actual de la fe y la teología

Por el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe

Sumario

La crisis de la Teología de la liberación.- Relativismo: la filosofía dominante.- Relativismo en Teología: la retractación.- El recurso a las religiones de Asia.- Ortodoxia y ortopraxis.- New Age.- El pragmatismo en la vida cotidiana de la Iglesia.- Tareas de la Teología.- Perspectiva.

La crisis de la teología de la liberación

En los años ochenta, la teología de 1a liberación en sus formas radicales aparecía como el desafío más urgente para la fe de la Iglesia. Un desafío que requería respuesta y clarificación, porque proponía una respuesta nueva, plausible y, a la vez, práctica a la cuestión fundamental del cristianismo: el problema de la redención. La misma palabra liberación quería explicar de un modo distinto y más comprensible lo que en el lenguaje tradicional de la Iglesia se había llamado redención. Efectivamente, en el fondo se encuentra siempre la misma constatación: experimentamos un mundo que no se corresponde con un Dios bueno. Pobreza, opresión, toda clase de dominaciones injustas, sufrimiento de justos e inocentes, constituyen los signos de los tiempos, de todos los tiempos. Y todos sufrimos; ninguno puede decir fácilmente a este mundo y a su propia vida: detente para siempre, porque eres tan bella. De esta experiencia, la teología de 1a liberación deducía que esta situación, que no debe perdurar, sólo puede ser vencida mediante un cambio radical de las estructuras de este mundo, que son estructuras de pecado, estructuras de mal. Si el pecado ejerce su poder sobre las estructuras, y el empobrecimiento está programado de antemano por ellas, entonces su derrocamiento no puede producirse mediante conversiones individuales, sino mediante la lucha contra las estructuras de 1a injusticia. Pero esta lucha, como se ha dicho, debería ser una lucha política, ya que las estructuras se consolidan y se conservan mediante la política. De este modo, la redención se convertía en un proceso político, para el que la filosofía marxista proporcionaba las orientaciones esenciales. Se transformaba en una tarea que los hombres mismos podían, e incluso debían, tomar entre manos, y, al mismo tiempo, en una esperanza totalmente práctica: la fe, de teoría, pasaba a convenirse en praxis, en concreta acción redentora en el proceso de liberación.

El hundimiento de los sistemas de gobierno de inspiración marxista en el Este europeo resultó ser, para esa teología de la praxis política redentora, una especie de ocaso de los dioses: precisamente allí donde la ideología liberadora marxista había sido aplicada consecuentemente, se había producido la radical falta de libertad, cuyo horror aparecía ahora a las claras ante los ojos de la opinión pública mundial. Y es que cuando la política quiere ser redención, promete demasiado. Cuando pretende hacer la obra de Dios, pasa a ser no divina, sino demoníaca. Por eso, 1os acontecimientos políticos de 1989 han cambiado también el escenario teológico. Hasta entonces, el marxismo había sido el último intento de proporcionar una fórmula universalmente válida para la recta configuración de la acción histórica. EL marxismo creía conocer la estructura de la historia mundial, y, desde ahí, intentaba demostrar cómo esta historia puede ser conducida definitivamente por el camino correcto. El hecho de que esta pretensión se apoyara sobre un método en apariencia estrictamente científico, sustituyendo totalmente la fe por la ciencia, y haciendo, a la vez, de 1a ciencia praxis le confería un formidable atractivo. Todas las promesas incumplidas de las religiones parecían alcanzables a través de una praxis política científicamente fundamentada.

La caída de esta esperanza trajo consigo una gran desilusión, que aún está lejos de haber sido asimilada. Por eso, me parece probable que en el futuro se hagan presentes nuevas formas de la concepción marxista del mundo. De momento, quedó la perplejidad: el fracaso del único sistema de solución de los problemas humanos científicamente fundado sólo podía justificar el nihilismo o, en todo caso, el relativismo total.

Relativismo: la filosofía dominante

 

El relativismo se ha convertido así en el problema central de la fe en la hora actual. Sin duda, ya no se presenta tan sólo con su veste de resignación ante la inmensidad de la verdad, sino también como una posición definida positivamente por los conceptos de tolerancia, conocimiento dialógico y libertad, conceptos que quedarían limitados si se afirmara la existencia de una verdad válida para todos. A su vez, el relativismo aparece como fundamentación filosófica de la democracia. Esta, en efecto, se edificaría sobre la base de que nadie puede tener la pretensión de conocer la vía verdadera, y se nutriría del hecho de que todos los caminos se reconocen mutuamente como fragmentos del esfuerzo hacia lo mejor; por eso, buscan en diálogo algo común y compiten también sobre conocimientos que no pueden hacerse compatibles en una forma común. Un sistema de libertad debería ser, en esencia, un sistema de posiciones que se relacionan entre sí como relativas, dependientes, además, de situaciones históricas abiertas a nuevos desarrollos. Una sociedad liberal sería, pues, una sociedad relativista; sólo con esta condición pudría permanecer libre y abierta al futuro.

En el campo de la política, esta concepción es exacta en cierta medida. No existe una opinión política correcta única. Lo relativo –la construcción de la convivencia entre los hombres, ordenada liberalmente– no puede ser algo absoluto. Pensar así era precisamente el error del marxismo y de las teologías políticas. Pero, con el relativismo total, tampoco se puede conseguir todo en el terreno político: hay injusticias que nunca se convertirán en cosas justas (como, por ejemplo, matar a un inocente, negar a un individuo o a grupos el derecho a su dignidad o a la vida correspondiente a esa dignidad); y al contrario, hay cosas justas que nunca pueden ser injustas. Por eso, aunque no se ha de negar cierto derecho al relativismo en el campo sociopolítico, el problema se plantea a la hora de establecer sus límites. Este método ha querido aplicarse, de un modo totalmente consciente, también al campo de la religión y de la ética. Trataré de esbozar brevemente los desarrollos que en este punto definen hoy el diálogo teológico.

La llamada teología pluralista de las religiones se había desarrollado progresivamente ya desde los años cincuenta; sin embargo, sólo ahora se ha situado en el centro de la conciencia cristiana. De algún modo, esta conquista ocupa hoy –por lo que respecta a la fuerza de su problemática y a su presencia en los diversos campos de la cultura– el lugar que en el decenio precedente correspondía a la teología de la liberación. Además, se une de muchas maneras con ella, e intenta darle una forma nueva y actual. Sus modalidades son muy variadas; por eso, no es posible resumirla en una fórmula corta ni presentar brevemente sus características esenciales. Es, por una parte, un típico vástago del mundo occidental y de sus formas de pensamiento filosófico: por otra, conecta con las intuiciones filosóficas y religiosas de Asia, especialmente y de forma asombrosa con las del subcontinente indio. El contacto entre esos dos mundos le otorga, en el momento histórico presente, un particular empuje.

Relativismo en Teología: la retractación de la Cristología

 

Esta realidad se muestra claramente en uno de sus fundadores y eminentes representantes, el presbiteriano americano J. Hick, cuyo punto de partida filosófico se encuentra en la distinción kantiana entre fenómeno y noúmeno: nosotros nunca podemos captar la verdad última en sí misma, sino sólo su apariencia en nuestro modo de percibir a través de diferentes lentes. Lo que nosotros captamos no es propiamente la realidad en sí misma, sino un reflejo a nuestra medida. En un primer momento, Hick intentó formular este concepto en un contexto cristocéntrico: después de permanecer un año en la India, lo transformó –tras lo que él mismo llama un giro copernicano de pensamiento– en una nueva forma de teocentrismo. La identificación de una forma histórica única, Jesús de Nazaret, con lo «real» mismo, el Dios vivo, es relegada ahora como una recaída en el mito. Jesús es conscientemente relativizado como un genio religioso entre otros. Lo Absoluto o el Absoluto mismo no puede darse en la historia, sino sólo modelos, formas ideales que nos recuerdan lo que en la historia nunca se puede captar como tal. De este modo, conceptos como Iglesia, dogma, sacramentos, deben perder su carácter incondicionado. Hacer un absoluto de tales mediaciones limitadas, o, más aún, considerarlos encuentros reales con la verdad universalmente válida del Dios que se revela sería lo mismo que elevar lo propio a la categoría de absoluto; de este modo, se perdería la infinitud del Dios totalmente otro.

Desde este punto de vista, que domina más el pensamiento que la teoría de Hick, afirmar que en la figura de Jesucristo y en la fe de la Iglesia hay una verdad vinculante y válida en la historia misma es calificado como fundamentalismo. Este fundamentalismo, que constituye el verdadero ataque al espíritu de la modernidad se presenta de diversas maneras como la amenaza fundamental emergente contra los bienes supremos de la modernidad, es decir, la tolerancia y la libertad. Por otra parte, la noción de diálogo –que en la tradición platónica y cristiana ha mantenido una posición de significativa importancia– cambia de significado, convirtiéndose así en la quintaesencia del credo relativista y en la antítesis de la conversión y de la misión. En su acepción relativista, dialogar significa colocar la actitud propia, es decir, la propia fe, al mismo nivel que las convicciones de los otros, sin reconocerle por principio más verdad que la que se atribuye a la opinión de los demás. Sólo si supongo por principio que el otro puede tener tanta o más razón que yo, se realiza de verdad un diálogo auténtico. Según esta concepción, el diálogo ha de ser un intercambio entre actitudes que tienen fundamentalmente el mismo rango, y. por tanto, son mutuamente relativas; sólo así se podrá obtener el máximo de cooperación e integración entre las diferentes formas religiosas. La disolución relativista de la cristología y, mas aún, de la eclesiología, se convierte, pues, en un mandamiento central de la religión. Para volver al pensamiento de Hlck: la fe en la divinidad de una persona concreta –nos dice– conduce al fanatismo y al particularismo, a la disociación de fe y amor; y esto es precisamente lo que hay que superar.

EL recurso a las religiones de Asia

En el pensamiento de Hick, que consideramos aquí como un representante eminente del relativismo religioso, se aproximan extrañamente la filosofía posmetafísica de Europa y la teología negativa de Asia, para la cual lo divino no puede nunca entrar por sí mismo y desveladamente en el mundo de apariencia en que vivimos, sino que se muestra siempre en reflejos relativos y queda más allá de toda palabra y de toda noción, en una transcendencia absoluta. Ambas filosofías se diferencian fundamentalmente tanto por su punto de partida como por la orientación que imprimen a la existencia humana, pero parecen confirmarse mutuamente en su relativismo metafísico y religioso. EL relativismo arreligioso y pragmático de Europa y América puede conseguir de la India una especie de consagración religiosa, que parece dar a su renuncia al dogma la dignidad de un mayor respeto ante el misterio de Dios y del hombre. A su vez, el hacer referencia del pensamiento europeo y americano a la visión filosófica y teológica de la India refuerza la relativización de todas las figuras religiosas propias de la cultura hindú. De este modo, también a la teología cristiana en la India se le presenta como imperativo apartar la imagen de Cristo de su posición exclusiva –juzgada típicamente occidental– para colocarla al mismo nivel que los mitos salvíficos indios: el Jesús histórico –así se piensa ahora– no es más Logos absoluto que cualquier otra figura salvífica de la historia.

Bajo el signo del encuentro de las culturas, el relativismo parece presentase aquí como la verdadera filosofía de la humanidad: este hecho le otorga visiblemente –en Oriente y en Occidente, como se ha señalado antes– una fuerza ante la que parece que ya no cabe resistencia alguna. Quien se resiste, se opone no sólo a la democracia y a la tolerancia –es decir, a los imperativos básicos de la comunidad humana–, sino que además persiste obstinadamente en la prioridad de la propia cultura occidental, y se niega al encuentro de las culturas, que es notoriamente el imperativo del momento presente. Quien desea permanecer en la fe de la Biblia y de la Iglesia, se ve empujado, de entrada, a una tierra de nadie en el plano cultural; debe, como primera medida, redescubrir la «locura de Dios» para reconocer en ella la verdadera sabiduría.

Ortodoxia y ortopraxis

Para ayudarnos en este intento de penetrar en la sabiduría encerrada en la locura de la fe, nos conviene tratar de conocer mejor la teoría relativista de la religión de Hick, y descubrir por que caminos conduce al hombre. A fin de cuentas, la religión significa para Hick que el hombre pasa de la «self-centredness» como existencia del viejo Adán a la «Reality-centredness» como existencia del hombre nuevo, y de este modo se extiende desde el propio yo hacia el tú del prójimo. Suena hermoso, pero, considerado con profundidad, resulta tan hueco y vacío como la llamada a 1a autenticidad de Bultmann, que, a su vez, había tomado ese concepto de Heidegger. Para esto no hace falta religión.

Consciente de estos límites, el antes sacerdote católico P. Knitter ha intentado superar el vacío de una teoría de la religión reducida al imperativo categórico, mediante una nueva síntesis entre Asia y Europa, más concreta e internamente enriquecida. Su propuesta tiende a dar a la religión una nueva concreción mediante la unión de la teología de la religión pluralista con las teologías de la liberación. El diálogo interreligioso debe simplificarse radicalmente y hacerse prácticamente efectivo, fundándolo sobre un único principio: «el primado de la ortopraxis respecto a la ortodoxia». Este poner la praxis por encima del conocer es también herencia claramente marxista. Pero mientras el marxismo concreta sólo lo que proviene lógicamente de la renuncia a la metafísica –cuando el conocer es imposible, sólo queda la acción–. Knitter afirma: no se puede conocer lo absoluto, pero sí hacerlo. La cuestión, sin embargo, es: ¿es verdadera esta afirmación? ¿Dónde encuentro la acción justa, si no puedo conocer en absoluto lo justo? El fracaso de los regímenes comunistas se debe precisamente a que han tratado de cambiar el mundo sin saber qué es bueno y qué no es bueno para el mundo, sin saber en qué dirección debe modificarse el mundo para hacerlo mejor. La mera praxis no es luz.

Este es el punto crucial para un examen crítico de la noción de ortopraxis. La anterior historia de la religión había comprobado que las religiones de la India no conocían en general una ortodoxia, sino más bien una ortopraxis; de ahí ha entrado probablemente la noción en la teología moderna. Pero en la descripción de las religiones de la India esto tenia un significado muy preciso: se quería decir que estas religiones no tenían un catecismo general obligatorio y que la pertenencia a ellas, por tanto, no estaba definida por la aceptación de un credo particular. Más bien estas religiones tienen un sistema de acciones rituales que consideran necesario para la salvación, y que distingue al «creyente» del no creyente. En ellas, el creyente no se reconoce por determinados conocimientos, sino por la observancia escrupulosa de un ritual que abarca toda la vida. El significado de ortopraxis, es decir, el recto obrar, está determinado con gran precisión: se trata de un código de ritos. Por otra parte, 1a palabra ortodoxia tenía originariamente, en la Iglesia primitiva y en las Iglesias orientales, casi la misma significación. Porque en el sufijo «doxia», por supuesto, doxa no se entendía en el sentido de «opinión» (opinión verdadera): las opiniones, desde e1.punto de vista griego, son siempre relativas; "doxa" era más bien entendido en su sentido de «gloria, glorificación». Ser ortodoxo significaba, por tanto, conocer y practicar el modo justo con el que Dios quiere ser glorificado. Se refiere al culto, y a partir del culto, a la vida. En este sentido, habría aquí un punto sólido para un diálogo fructuoso entre el Este y el Oeste. Pero volvamos a la recepción del término ortopraxis en la teología moderna. En este caso nadie piensa ya en el seguimiento de un ritual. La palabra ha cobrado un significado nuevo, que nada tiene que ver con el auténtico concepto indio. A decir verdad, algo queda de él: si la exigencia de ortopraxis tiene un sentido, y no quiere ser la tapadera de la carencia de obligatoriedad, entonces se debe dar también una praxis común, reconocible por todos, que supere la general palabrería del «centramiento en el yo» y la referencia al tú . Si se excluye el sentido ritual que se le daba en Asia, entonces la praxis solo puede ser comprendida como ética o como política. La ortopraxis supondría, en el primer caso, un «ethos» claramente definido en cuanto a su contenido. Esto viene, sin duda, excluido en la discusión ética relativista: ahora ya no hay nada bueno o malo en sí mismo. Pero si se entiende la ortopraxis en un sentido socio-político, vuelve a plantearse la pregunta por la naturaleza de la correcta acción política. Las teologías de la liberación, animadas por la convicción de que el marxismo nos señala claramente cuál es la buena praxis política, podían emplear la noción de ortopraxis en su sentido propio. No se trataba en este caso de no-obligatoriedad. sino de una forma establecida para todos de la praxis correcta –o sea, ortopraxis–, que reunía a la comunidad y distinguía de ella a los que rechazaban el obrar correcto. En esta medida las teologías de la liberación marxistas eran, a su modo, lógicas y consecuentes.

Como se ve, esta ortopraxis reposa, sin embargo, sobre una cierta ortodoxia –en el sentido moderno–: un armazón de teorías obligatorias acerca del camino hacia la libertad. Knitter se encuentra en las proximidades de este principio cuando afirma que el criterio para diferenciar la ortopraxis de la pseudopraxis es la libertad. Pero todavía tiene que explicarnos de una manera convincente y práctica qué es la libertad, y qué sirve a la verdadera liberación del hombre: la ortopraxis marxista seguro que no, como hemos visto. Una cosa sin embargo es clara: las teorías relativistas desembocan en el arbitrio y se vuelven por ello superfluas, o bien pretenden una normatividad absoluta, que ahora se sitúa en la praxis, erigiendo en ella un absolutismo que no tiene lugar. A decir verdad, es un hecho que también en Asia se proponen hoy concepciones de la teología de la liberación como formas de cristianismo presuntamente más adecuadas al espíritu asiático, y que sitúan el núcleo de la acción religiosa en el ámbito político. Donde el misterio ya no cuenta. la política debe convertirse en religión. Y, sin duda, esto es profundamente opuesto a la visión religiosa asiática original.

New Age

El relativismo de Hick, Knitter y teorías afines se basa, a fin de cuentas, en un racionalismo que declara a la razón –en el sentido kantiano– incapaz de1 conocimiento metafísico; la nueva fundamentación de la religión tiene lugar por un camino pragmático con tonos más éticos o más políticos. Pero hay también una respuesta conscientemente antirracionalista a la experiencia del lema «todo es relativo», que se reúne bajo la pluriforme denominación de «New Age».

Para los partidarios del New Age, el remedio del problema del relativismo no hay que buscarlo en un nuevo encuentro del yo con e1 tú o con el nosotros. sino en la superación del sujeto, en el retorno extático a la danza cósmica. Al igual que la gnosis antigua, esta solución se considera en sintonía con todo lo que enseña 1a ciencia y pretende, además. valorar los conocimientos científicos de cualquier género (biología, psicología, sociología, física). Al mismo tiempo, sin embargo, partiendo de esas premisas, quiere ofrecer un modelo totalmente antirracionalista de religión, una moderna "mística" en 1a que lo absoluto no se puede creer, sino experimentar. Dios no es una persona que está frente al mundo, sino la energía espiritual que invade el Todo. Religión significa la inserción de mi yo en la totalidad cósmica, la superación de toda división. K.H. Menke describe muy bien el giro espiritual que de ello deriva, cuando afirma: «El sujeto, que pretendía someter a sí todo, se transfunde ahora en el "Todo"». La razón objetivante nos cierra el camino hacia el misterio de la realidad: la yoidad nos aísla de la abundancia de la realidad cósmica, destruye la armonía del todo, y es la verdadera causa de nuestra irredención. La redención está en el desenfreno del yo. en la inmersión en la exuberancia de lo vital, en el retomo al Todo. Se busca el éxtasis, la embriaguez de lo infinito, que puede acaecer en la música embriagadora, en el ritmo, en la danza, en el frenesí de luces y sombras, en la masa humana. De este modo, no sólo se vuelca el camino de 1a época moderna hacia el dominio absoluto del sujeto: aún más, el hombre mismo, para ser liberado, debe deshacerse en el «Todo». Los dioses retornan. Ellos aparecen más creíbles que Dios. Hay que renovar los ritos primitivos en los que e1 yo se inicia en e1 misterio del Todo y se libera de sí mismo.

La reedición de religiones y cultos precristianos, que hoy se intenta con frecuencia, tiene muchas explicaciones. Si no existe la verdad común, vigente precisamente porque es verdadera, el cristianismo es sólo algo importado de fuera. un imperialismo espiritual que se debe sacudir con no menos fuerza que el político. Si en los sacramentos no tiene lugar el contacto con el Dios vivo de todos los hombres, entonces son rituales vacíos que no nos dicen nada, ni nos dan nada: que, a lo sumo, nos permiten percibir lo numinoso, que reina en todas las religiones. Aún entonces, parece más sensato buscar lo originalmente propio, en lugar de dejarse imponer algo ajeno y anticuado. Pero, ante todo, si la «sobria ebriedad» del misterio cristiano no puede embriagarnos de Dios, entonces hay que invocar la embriaguez real de éxtasis eficaces, cuya pasión arrebata y nos convierte –al menos por un instante– en dioses, y nos deja percibir un momento el placer de lo infinito y olvidar la miseria de lo finito. Cuanto más manifiesta sea la inutilidad de los absolutismos políticos, tanto más fuerte será la atracción del irracionalismo, la renuncia a la realidad de lo cotidiano.

El pragmatismo en la vida cotidiana de la Iglesia

Junto a estas soluciones radicales, y junto al gran pragmatismo de las teologías de la liberación, está también e1 pragmatismo gris de la vida cotidiana de la Iglesia, en el que aparentemente todo continúa con normalidad, pero en realidad la fe se consume y decae en lo mezquino. Pienso en dos fenómenos, que considero con preocupación. En primer lugar, existe en diversos grados de intensidad el intento de extender a la fe y a las costumbres el principio de la mayoría. para así «democratizar», por fin, decididamente la Iglesia. Lo que no parece evidente a la mayoría no puede ser obligatorio; eso parece. Pero propiamente, ¿a qué mayoría? ¿Habrá mañana una mayoría como la de hoy? Una fe que nosotros mismos podemos determinar no es en absoluto una fe. Y ninguna minoría tiene por qué dejarse imponer la fe por una mayoría. La fe, junto con su praxis, o nos llega del Señor a través de su Iglesia y la vida sacramental, o no existe en absoluto. El abandono de la fe por parte de muchos se basa en el hecho de que les parece que la fe podría ser decidida por alguna instancia burocrática, que sería como una especie de programa de partido: quien tiene poder dispone qué debe ser de fe, y por eso importa en la Iglesia misma llegar al poder o, de lo contrario –más lógico y más aceptable–, no creer.

El otro punto, sobre el que quería llamar la atención, se refiere a 1a Liturgia. Las diversas fases de la reforma litúrgica han dejado que se introduzca la opinión de que la liturgia puede cambiarse arbitrariamente. De haber algo invariable, en todo caso se trataría de las palabras de la consagración: todo lo demás se podría cambiar. E1 siguiente pensamiento es lógico: si una autoridad central puede hacer esto, ¿por qué no también una instancia local? Y si lo pueden hacer las instancias locales, ¿por qué no en realidad la comunidad misma? Esta se debería poder expresar y encontrar en 1a liturgia. Tras la tendencia racionalista y puritana de 1os años setenta e incluso de los ochenta, hoy se siente e! cansancio de la pura liturgia hablada y se desea una liturgia vivencial que no tarda en acercarse a las tendencias del New Age: se busca 1o embriagador y extático, y no 1a «logiké latreia», la «rationabilis oblatio».,de que habla Pablo y con él la liturgia romana (Rom 12,1).

Admito que exagero: lo que digo no describe la situación normal de nuestras comunidades. Pero las tendencias están ahí. Y por eso se precisa vigilancia, para que no se nos introduzca subrepticiamente un Evangelio distinto -la piedra en lugar del pan- del que nos ha entregado el Señor.

Tareas de la Teología

Nos encontramos, en resumidas cuentas. en una situación singular: la teología de la liberación había intentado dar al cristianismo, cansado de los dogmas, una nueva praxis mediante la cual finalmente tendría lugar la redención. Pero esta praxis ha dejado tras de sí ruina en lugar de libertad. Queda el relativismo y el intento de conformarnos con él. Pero lo que así se nos ofrece es tan vacío que las teorías relativistas buscan ayuda en la teología de la liberación, para, desde ella, poder ser llevadas a la práctica. El New Age dice finalmente: dejemos el fracasado experimento del cristianismo; volvamos mejor de nuevo a los dioses, que así se vive mejor. Se presentan muchas preguntas. Tomemos la más práctica: ¿por qué se ha mostrado tan indefensa la teología clásica ante estos acontecimientos? ¿Dónde se encuentran los puntos débiles que la han vuelto ineficaz?

Desearía mencionar dos puntos que, a partir de Hick y Knitter, nos salen al encuentro. Ambos se remiten, para justificar su labor destructiva de la cristología, a la exégesis: dicen que la exégesis ha probado que Jesús no se consideraba en absoluto hijo de Dios, Dios encarnado, sino que él habría sido hecho tal después, de un modo gradual, por obra de sus discípulos. Ambos –Hick más claramente que Knitter– se remiten, además, a la evidencia filosófica. Hick nos asegura que Kant ha probado irrefutablemente que lo absoluto o el Absoluto no puede ser reconocido en la historia ni aparecer en ella como tal. Por la estructura de nuestro conocimiento, no puede darse –según Kant– lo que la fe cristiana sostiene: así, milagros, misterios o sacramentos son supersticiones, como nos aclara Kant en su obra La religión dentro de los límites de la razón. Las preguntas por la exégesis y por los límites y posibilidad de nuestra razón, es decir, por las premisas filosóficas de la fe, me parece que indican de hecho el punto crucial de la crisis de la teología contemporánea, por el que la fe –y, cada vez más, también la fe de los sencillos– entra en crisis.

Querría ahora tan solo bosquejar la tarea que se nos presenta. En primer lugar, por lo que se refiere a la exégesis, sea dicho de entrada que Hick y Knitter no pueden indudablemente apoyarse en la exégesis en general, como si se tratase de un resultado indiscutible y compartido por todos los exegetas. Esto es imposible en la investigación histórica, que no conoce tal tipo de certeza. Y todavía más imposible respecto de una pregunta que no es puramente histórica o literaria, sino que encierra opciones valorativas que exceden la mera comprobación de los pasado y la mera interpretación de textos. Pero es cierto que un recorrido global a través de la exégesis moderna puede dejar una impresión que se acerca a la de Hick y Knitter.

¿Qué tipo de certeza le corresponde? Supongamos –lo que se puede dudar– que la mayoría de los exegetas piensa así: todavía permanece la pregunta: ¿Hasta qué punto está fundada dicha opinión mayoritaria? Mi tesis es la siguiente: el hecho de que muchos exegetas piensen como Hick y Knitter y reconstruyan como ellos la historia de Jesús, se debe a que comparten su misma filosofía. No es la exégesis la que prueba la filosofía, sino la filosofía la que engendra la exégesis. Si yo sé a priori (para hablar con Kant) que Jesús no puede ser Dios, que los milagros, misterios y sacramentos son tres formas de superstición, entonces no puedo descubrir en los libros sagrados lo que no puede ser un hecho. Sólo puedo descubrir por qué y cómo se llegó a tales afirmaciones. y cómo se han ido formando gradualmente.

Veámoslo con algo más de precisión. El método histórico-crítico es un excelente instrumento para leer fuentes históricas e interpretar textos. Pero contiene su propia filosofía que, en general –por ejemplo, cuando intento estudiar la historia de los emperadores medievales–, apenas tiene relevancia. Y es que, en este caso, quiero conocer el pasado, y nada más. Tampoco esto se puede hacer de un modo neutral, y por eso también aquí hay limites del método. Pero si se aplica a la Biblia, salen a la luz muy claramente dos factores que de lo contrario no se notarían. En primer lugar, el método quiere conocer lo pasado como pasado. Quiere captar con la mayor precisión lo que sucedió en un momento pretérito, encerrado en su situación de pasado, en el punto en que se encontraba entonces. Y, además, presupone que la historia es, en principio, uniforme: el hombre con todas sus diferencias, el mundo con todas sus distinciones, está determinado de tal modo por las mismas leyes y los mismos límites, que puedo eliminar lo que es imposible. Lo que hoy no puede ocurrir de ningún modo, no pudo tampoco suceder ayer, ni sucederá tampoco mañana.

Si aplicamos esto a la Biblia. resulta que un texto, un acontecimiento, una persona estará fijada estrictamente en su pasado. Se quiere averiguar lo que el autor pasado ha dicho entonces y puede haber dicho o pensado. Se trata de lo "histórico", de lo "pasado". Por eso la exégesis histórico-critica no me trae la Biblia al hoy, a mi vida actual. Esto es imposible. Por el contrario, ella la separa de mí y la muestra estrictamente asentada en el pasado. Este es el punto en que Drewermann ha criticado con razón la exégesis histórico-crítica en la medida en que pretende ser autosuficiente. Esta exégesis, por definición, expresa la realidad, no de hoy, ni mía, sino de ayer, de otro. Por eso nunca puede mostrar al Cristo de hoy, mañana y siempre, sino solamente -si permanece fiel a sí misma- al Cristo de ayer.

A esto hay que añadir la segunda suposición, la homogeneidad del mundo y de la historia, es decir, lo que Bultmann llama la moderna imagen del mundo. M. Waldstein ha mostrado, con un cuidadoso análisis, que la teoría del conocimiento de Bultmann estaba totalmente influida por el neokantismo de Marburgo. Gracias a él sabía lo que puede y no puede existir. En otros exegetas, la conciencia filosófica estará menos pronunciada, pero la fundamentación mediante la teoría del conocimiento kantiana está siempre implícitamente presente, como acceso hermenéutico incuestionable a la crítica. Porque esto es así, la autoridad de la Iglesia no puede imponer sin más que se deba encontrar en la Sagrada Escritura una cristología de la filiación divina. Pero sí que puede y debe invitar a examinar críticamente la filosofía del propio método. En definitiva, se trata de que, en la revelación de Dios, Él, el Viviente y Verdadero, irrumpe en nuestro mundo y abre también la cárcel de nuestras teorías, con cuyas rejas nos queremos proteger contra esa venida de Dios a nuestras vidas. Gracias a Dios. en medio de la actual crisis de la filosofía y de la teología, se ha puesto hoy en marcha, en la misma exégesis, una nueva reflexión sobre los principios fundamentales, elaborada también gracias a los conocimientos conseguidos mediante un cuidadoso análisis histórico de los textos. Éstos ayudan a romper la prisión de previas decisiones filosóficas, que paraliza la interpretación: la amplitud de la palabra se abre de nuevo.

El problema de la exégesis se encuentra ligado, como vimos, al problema de la filosofía. La indigencia de la filosofía, la indigencia a la que la paralizada razón positivista se ha conducido a sí misma, se ha convertido en indigencia de nuestra fe. La fe no puede liberarse, si la razón misma no se abre de nuevo. Si la puerta del conocimiento metafísico permanece cerrada, si los límites del conocimiento humano fijados por Kant son infranqueables, la fe esta llamada a atrofiarse: sencillamente le falta el aire para respirar. Cuando una razón estrictamente autónoma, que nada quiere saber de la fe, intenta salir del pantano de la incerteza, «tirándose de los cabellos» –por expresarlo de algún modo–, difícilmente ese intento tendrá éxito. Porque la razón humana no es en absoluto autónoma. Se encuentra siempre en un contexto histórico. El contexto histórico desfigura su visión (como vemos); por eso necesita también una ayuda histórica que le ayude a traspasar sus barreras históricas. Soy de la opinión de que ha naufragado ese racionalismo neo-escolástico que, con una razón totalmente independiente de la fe, intentaba reconstruir con una pura certeza racional los «praeambula fidei»; no pueden acabar de otro modo las tentativas que pretenden lo mismo. Sí: tenia razón Karl Barth al rechazar la filosofía como fundamentación de la fe independiente de la fe: de ser así, nuestra fe se fundaría, al fin y al cabo, sobre las cambiantes teorías filosóficas. Pero Barth se equivocaba cuando, por este motivo, proponía la fe como una pura paradoja que sólo puede existir contra la razón y como totalmente independiente de ella. No es la menor función de la fe ofrecer la curación a la razón como razón: no la violenta, no le es exterior, sino que la hace volver en sí. El instrumento histórico de la fe puede liberar de nuevo a la razón como tal, para que ella -introducida por éste en el camino- pueda de nuevo ver por sí misma. Debemos esforzarnos hacia un nuevo diálogo de este tipo entre fe y filosofía. porque ambas se necesitan recíprocamente. La razón no se salvará sin la fe, pero la fe sin la razón no será humana.

Perspectiva

Si consideramos la presente situación cultural. acerca de la cual he intentado dar algunas indicaciones, nos debe francamente parecer un milagro que, a pesar de todo, todavía haya fe cristiana. Y no sólo en las formas sucedáneas de Hick, Knitter y otros; sino la fe completa y serena del Nuevo Testamento, de la Iglesia de todos los tiempos. ¿Por qué tiene la fe, en suma, todavía una oportunidad? Yo diría lo siguiente: porque está de acuerdo con lo que el hombre es. Y es que el hombre es algo más de lo que Kant y los distintos filósofos poskantianos quieren ver y conceder. Kant mismo lo ha debido reconocer de algún modo con sus postulados. En el hombre anida un anhelo inextinguible hacia lo infinito. Ninguna de las respuestas intentadas es suficiente: sólo el Dios que se hizo él mismo finito para abrir nuestra finitud y conducirnos a la amplitud de su infinitud, responde a la pregunta de nuestro ser. Por eso, también hoy la fe cristiana encontrará al hombre. Nuestra tarea es servirla con ánimo humilde y con todas las fuerzas de nuestro corazón y de nuestro entendimiento.

 

 

Realidad, relativismo y democracia

Por José Ramón Ayllón profesor de Ética y Filosofía, conferenciante y escritor español

Realidad y relativismo

"El hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no convierte esos vicios en virtudes; el hecho de que compartan muchos errores no convierte éstos en verdades; y el hecho de que millones de personas padezcan las mismas formas de patología mental no hace de estas personas gente equilibrada." (E. FROMM)

La ética busca el bien. Por bien entendemos lo que perfecciona a un ser, lo que naturalmente le conviene. A un bebé le conviene respirar y alimentarse, lo mismo que a sus padres. En este sentido el bien es objetivo. Pero también es relativo, pues un recién nacido no debe comer lo mismo que un adulto. Ambos deben comer, pero no la misma cantidad ni los mismos alimentos.

Para no perderse en el bosque enmarañado de los conceptos conviene aclarar que relativo significa relación, dependencia objetiva. Todo es relativo porque todo está relacionado en el espacio, en el tiempo y en el encadenamiento universal de causas y efectos. Asimismo, lo relativo es objetivo porque las relaciones son objetivas, se dan en la realidad: esta señora es objetivamente una mujer, pero también es objetivamente madre respecto a sus hijos, esposa respecto a su marido, hija respecto a sus padres, enfermera para sus pacientes, votante para los partidos políticos. Y cada uno debe tratarla como lo que objetiva y relativamente es: el enfermo no puede tratarla como si fuera su mujer, y el marido no puede tratarla como enfermera, ni como hija.

Por tanto, lo relativo es objetivo. En cambio, aunque relativo y relativismo son palabras parecidas, su significado es opuesto. El relativismo es la concepción subjetivista de la realidad. El hombre libre tiene derecho a escoger entre diferentes conductas que respeten la realidad. Pero si escoge el relativismo hace violencia a la realidad y abre la puerta al «todo vale», por donde siempre podrá entrar lo irracional. El relativismo, al sustituir las relaciones reales por las subjetivas, al concebir de forma subjetiva la verdad y el bien, es una forma equivocada de orientar la conducta. Con una lógica relativista, el drogadicto al que se pregunta «¿por qué te drogas?» puede tranquilamente responder « ¿y por qué no?» . En pura lógica relativista vale todo, y ello hace imposible la ética.

Si el bien fuera subjetivo, el violador, el traficante de droga y el asesino podrían estar actuando bien. Si el bien fuera subjetivo, todas las acciones podrían ser buenas acciones. Y también podrían ser buenas y malas a la vez. Si el bien y el mal fueran subjetivos, la injusticia que se denuncia en los medios de comunicación y se condena en los tribunales no sería denunciable ni condenable, pues subjetivamente es deseada y aprobada por el que la comete. Con otras palabras: si los juicios éticos sólo fueran opiniones subjetivas, todas las leyes podrían estar equivocadas.

En el conocimiento de la realidad es el sujeto quien debe adaptarse a la realidad reconociéndola como es, de forma parecida a como el guante se adapta a la mano. Pero no siempre sucede así. El subjetivismo surge precisamente cuando la inteligencia prefiere colorear la realidad según sus propios gustos: entonces la verdad ya no se descubre en las cosas sino que se inventa a partir de ellas. La causa más frecuente del subjetivismo son los intereses personales. Con frecuencia, el tirón de diversas atracciones puede tener más peso que la propia verdad.

El subjetivismo, además de afectar a lo más trivial, también deforma las cuestiones graves: el terrorista está convencido de que su causa es justa; la mujer que aborta quiere creer que sólo interrumpe el embarazo; el suicida se quita la vida bajo el peso de problemas no exactamente reales, agigantados por su enfermiza subjetividad; al antiguo defensor de la esclavitud y al moderno racista les conviene pensar que los hombres somos esencialmente desiguales.

Según Campoamor, « En este mundo traidor, / nada es verdad ni mentira, / todo es según el color / del cristal con que se mira». Estos versos retratan ese relativismo rudimentario del que sólo quiere barrer para casa. Si «nada es verdad ni mentira», entonces nada es bueno ni malo, nada es censurable ni elogiable. Pero resulta que hay líneas claras de demarcación entre conductas humanas e inhumanas, entre comportamientos lógicos y patológicos.

El relativismo ético afirma que no hay nada objetivamente bueno o malo. Tal postura responde a una concepción subjetivista de la ética: el bien y el mal es lo que a cada uno le parece. El gran argumento en favor del relativismo esgrime la existencia de culturas que tienen o han tenido por buenos los sacrificios humanos, la esclavitud, la poligamia, etc. Esta objeción suele ignorar que la discusión sobre la validez general del bien comenzó, precisamente, con el descubrimiento de estos hechos. Los griegos del siglo v antes de Cristo ya empezaron a juzgar admirables o absurdas las costumbres de los pueblos vecinos, y sus filósofos buscaron desde entonces una medida o regla con la que medir las distintas maneras de vivir y los distintos comportamientos. A esta norma o regla la llamaron fisis, que significa «naturaleza». Siguiendo el criterio de lo natural, encontraron, por ejemplo, que la costumbre de las jóvenes escitas que se cortaban un pecho resultaba peor que su contraria.

Relativismo y democracia

La condición de posibilidad de la democracia es el pluralismo, que viene a reconocer los diversos caminos que la libertad sigue en su búsqueda de la verdad política. Y el pluralismo es necesario para la existencia real de las discusiones democráticas. La realidad es compleja y no sólo autoriza sino que exige diversidad de perspectivas para abordar su entendimiento. Si se partiera de que la verdad es convencional o inaccesible, las opiniones encontradas sólo serían expresión de intereses en conflicto, de manera que todas vendrían a valer lo mismo, porque nada valdrían. Y entonces imperaría el poder puro y duro, origen de esa violencia clamorosa o encubierta, tan manifiesta en la actualidad internacional.

Por el contrario, el fundamento de la democracia no puede ser el relativismo moral. Porque el relativismo hace trivial al pluralismo y tiende a eliminarlo. El hecho de que tenga relevancia discutir acerca de la justicia o injusticia de una ley, responde a que los interlocutores saben que existe lo justo, por más que unas veces sea reconocido por el poder establecido y otras no. Por ello, quien de verdad aceptara el positivismo jurídico se cerraría a sí mismo la posibilidad de participar en este tipo de debates posteriores a la entrada en vigor de una ley.

Aunque el concepto moderno de democracia parezca indisolublemente unido con el relativismo, se plantea otra objeción importante: ¿no es preciso que exista un núcleo no relativista también en la democracia? ¿No se ha construido la democracia en última instancia para garantizar unos derechos humanos concebidos como inviolables? Eso significa que un núcleo de verdad, en este caso de verdad ética, parece irrenunciable por la democracia. El problema está en saber cómo llegar hasta ese núcleo, cómo conocerlo. Según Hans Kelsen (1881 1973), la decisión corresponde al voto popular, y propone al gobernador Poncio Pilato como ejemplo de prudencia democrática. Pilato no sabe qué es lo justo y confía el problema a la mayoría. Es ahí donde obra como perfecto demócrata, que no se apoya en valores absolutos ni en la verdad subjetiva, sino en los procedimientos. Que el resultado del juicio fuera la condena de un inocente no parece inquietar a Kelsen. Si no hay más verdad que la mayoría, carece de sentido preguntar por otra distinta.

En la actualidad, el representante más conocido de esta concepción relativista de la democracia es Richard Rorty La convicción más difundida entre los ciudadanos es para él el único criterio que se ha de seguir para legislar. La democracia no posee otra filosofía ni otra fuente del derecho. Rorty es consciente de la insuficiencia del principio mayoritario como fuente y criterio de verdad, pero opina que los errores de la mayoría se corrigen por sí mismos, pues la mayoría incluye siempre ciertas intuiciones básicas como, por ejemplo, el rechazo de la esclavitud. Por desgracia, en esto se engaña. Durante siglos, quizá durante milenios, el sentir mayoritario no ha incluido esa intuición antiesclavista, y nadie sabe cuánto tiempo la seguirá conservando.

Así como el pluralismo democrático es manifestación positiva del derecho a la libertad, el relativismo representa el abuso de ese mismo derecho. Al no admitir el peso específico de lo real, el relativismo deja a la inteligencia abandonada a su propia decisión subjetiva, sin reconocer que las cosas son como son y tienen consistencia propia.

El mundo es una compleja red de relaciones entre hechos y objetos que se relacionan en el espacio y en el tiempo. En este sentido es correcto afirmar que todo es relativo: relativo a un antes, a un después, a un encima, debajo, al lado, cerca, lejos, dentro, fuera. Todo es relativo porque todo está relacionado, vinculado con algo. Y hemos visto que, cuando esa relación está pedida por la realidad, lo relativo no es meramente subjetivo ni arbitrario. Todo vestido es relativo a un clima, a una cultura, a una función, a una talla, a un sexo: kimono, chilaba, túnica, toga, chándal, taparrabos, vaqueros, guerrera, frac. Pero en todos esos vestidos hay algo no relativo: el respe to a lo que es un cuerpo humano, un cuerpo que se mueve, con dos piernas y dos brazos articulados, con ojos para ver y boca para respirar. Mil vestidos pueden ser diferentes, pero ninguno puede asfixiar, inmovilizar o aplastar. Quizá con este ejemplo sea fácil entender que el pluralismo no se funda en el relativismo sino en la libertad, y en el hecho de que un problema en este caso, la necesidad de vestirse puede tener varias soluciones válidas.

La conducta ética nace cuando la libertad puede escoger entre formas diferentes de conducta, unas más valiosas que otras. El relativismo es peligroso porque pretende la jerarquía subjetiva de todos los motivos, la negación de cualquier supremacía real. El relativismo hace imposible la ética, pues si queremos medir las conductas necesitamos una unidad de medida igual para todos. Porque si el kilómetro es para ti 1.000 metros, para él 900, y para otros 1.200, 850 o 920, entonces el kilómetro no es nada. Si la ética ha de ser criterio unificador, entonces ha de ser una en lo fundamental, no múltiple.

Igual que el pluralismo, la ética es relativa en las formas, pero no debe serlo respecto al fondo. De la naturaleza de un recién nacido se deriva la obligación que tienen sus padres de alimentarlo y vestirlo. Son libres para escoger entre diferentes alimentos y vestidos, pero la obligación es intocable. Subjetivamente pueden decidir no cumplir su obligación, pero entonces están actuando objetivamente mal. De igual manera, cuando en la valoración moral del mismo hecho hay discrepancia, la divergencia es subjetiva, pero el hecho es único y objetivo. Lo que para Sancho es bacía de barbero, para Don Quijote es yelmo de Mambrino, pero los dos no pueden tener razón puesto que la realidad no es doble.

Hay una experiencia cotidiana a favor de la objetividad moral. Es la siguiente: la inmoralidad que se denuncia en los medios de comunicación y se condena en los tribunales, no sería denunciable ni condenable si tuviera carácter subjetivo, pues subjetivamente es deseada y aprobada por el que la comete. Con otras palabras: si los juicios morales sólo fueran opiniones subjetivas, todas las leyes que condenan lo inmoral podrían estar equivocadas. Y, en consecuencia, si la moralidad no se apoya en verdades, las leyes se convierten en mandatos arbitrarios del más fuerte: del que tiene poder para promulgarlas y hacerlas cumplir por las buenas o por las malas.

Otra experiencia cotidiana nos dice que hay acciones voluntarias que amenazan la línea de flotación de la conducta humana, y que pueden hundir o llevar a la deriva a sus protagonistas: los hospitales, los tribunales de justicia y las cárceles son testigos de innumerables conductas lamentables, es decir, impropias del hombre. Al enfrentarse a esta evidencia, el relativismo moral hace agua y queda descalificado por los hechos. Defenderlo a pesar de sus consecuencias es una postura irresponsable.

Es preciso reconocer que en la raíz de la democracia hay absolutos morales, que no son dogmas ni imposiciones. Son criterios inteligentes, necesarios como el respirar. Los encontramos en ese fondo común de todas las legislaciones y códigos penales: no robar, no matar, no mentir, no abusar del trabajador, no abusar de la mujer… Además de estar recogidos en las leyes, estos principios absolutos deben informar la educación de las jóvenes generaciones.

De acuerdo con Hillary Putnam, pensamos que: La razón fundamental por la que defendemos que hay juicios morales correctos y equivocados, y perspectivas morales mejores y peores, no es sólo de carácter metafísico. La razón es, sencillamente, que así es como todos nosotros hablamos y pensamos, y también como todos nosotros vamos a seguir hablando y pensando.

 

 

La crítica del relativismo cultural

Por Rafael Gómez Pérez, profesor de Antropología en la Universidad Complutense (Madrid) y jefe de opinión del diario Expansión.

Podría decirse, al estilo orteguiano, que es el tema de nuestro tiempo, el fenómeno más importante hoy en el ámbito del pensamiento, de las actitudes y de la sensibilidad. Me refiero al fracaso de la Modernidad, es decir, de la Ilustración racionalista, una de cuyas prolongaciones fue el marxismo. Y el tema está muy unido a otro: la extensión del relativismo cultural, del "vale todo".

La cuestión es esencial. Sería una pena despachar el asunto como "demasiado intelectual", o "teórico", o "abstracto". Porque eso sería la señal inequívoca de que el relativismo cultural estaba ganando la batalla.

¿Post o contra?

El tema puede traerse a colación partiendo de un libro del argentino Juan José Sebreli, El asedio a la modernidad, que acaba de publicarse en España (1). El autor dice de sí mismo: "En otra parte me definí como un marxista proscrito, un militante sin partido, un socialista solitario". En realidad, está más cerca de un Voltaire, pero ni siquiera le queda el deísmo. Es una especie de materialista ilustrado. Pero qué sea Sebreli quizá importe poco. Es un caso más de los marxistas huérfanos, como Habermas, a quien cita al principio.

De Habermas es la cita inicial del libro: "Pues pudiera ser que bajo esa capa de post-ilustración no se oculte otra cosa que complicidad con una ya vieja e incluso venerable tradición de contra-ilustración".

Resulta que eso es también muy viejo: cuando la Ilustración racionalista fracasa -y el marxismo con ella-, los marxistas solitarios replican: ¡es la vuelta de la reacción, del particularismo conservador, del ancien régime en definitiva!

Cuando vale todo

 

Sebreli, como muchos de su misma estirpe, tiene la cualidad de confundir muchas cosas en nombre de la claridad de la razón. Así, en sendos capítulos, arremete contra el relativismo cultural, el anti-progresismo, el culto al primitivismo, el populismo, los nacionalismos, el orientalismo, el indigenismo, y así. Es decir, contra esa afición, que tiene su origen en determinadas corrientes de la antropología cultural, a considerar que todas las culturas tienen igual valor, Beethoven al lado de los Rolling Stones, el arte bantú al lado de Rafael, un mito mboro al lado de La Ilíada.

En esa misma línea han escrito otros: racionalistas como Alain Finkielkraut (La derrota del pensamiento), marxistas como Agnes Heller y Ferenc Fehér (Anatomía de la izquierda occidental), conservadores como Allan Bloom (El cierre de la mente moderna). Y es verdad que da pena ver cómo el relativismo cultural termina en la miseria cultural, en el "vale todo". Pero habría que ir más a fondo y preguntarse -y esto me parece esencial- si la degradación del actual relativismo cultural no es más que una forma del fracaso de la Modernidad racionalista, la calderilla desgastada de una Razón que se creía perfecta. Vuelvo sobre eso luego.

Verdades parciales

 

Véase este párrafo de Sebreli, contra una de las raíces del relativismo cultural: "La ética objetiva y universal ha sido una aspiración permanente de los hombres, de los antiguos que buscaban una sabiduría válida de la vida, de los iluministas, cuando creían que la «virtud» era «demostrable» (…). Tal vez sea un ideal lejano e inaccesible, pero es el que guía el proceso por el cual intentamos llegar a una vida mejor, la pauta por la que podemos superar nuestros juicios de valor equivocados. El progreso de la ética está dado por la realización siempre imperfecta e incompleta por la cual, no obstante, vamos aproximándonos a ese ideal que parece inalcanzable".

Suena correcto, sin duda. Y con ese arma en la mano aparecen en toda su escualidez las miserias de los indigenismos baratos, de los nacionalismos obtusos, de los orientalismos de salón. Por eso, la parte crítica de ese libro contiene aciertos, aunque a veces al autor se le va la mano, como cuando condena a Heidegger por nazi, sin más apelación.

¿Qué hay en la parte constructiva? Esa "ética objetiva y universal", ¿a qué se refiere? No a nada religioso, porque el autor niega explícitamente no ya el cristianismo, sino cualquier sentido de Providencia, a Dios, en definitiva. Es una ética en los límites de la pura razón, con Kant, pero remachando siempre que la razón es la única y última instancia humana. Dios no existe ni se necesita: ya lo decía Marx, y antes Holbach y toda la Ilustración materialista que Marx tuvo el cuidado de señalar como sus ancestros.

Muchas de las críticas de Sebreli son verdad, pero casi nunca por la razón que él esgrime, sino, paradójicamente, por algo que él -y muchos como él- rechazan. Para entender esto hay que distinguir.

Vamos a probar. Si se hace un cuadro con cuatro entradas, las que corresponden a la diferencia materialismo/espiritualismo y las que corresponden a la diferencia afirmación de la unidad del género humano/afirmación de la diversidad, se tiene lo siguiente:

Materialismo/ Espiritualismo

Unidad/ Ilustración racionalista

Marxismo/ Cristianismo

Diversidad/ Relativismo cultural

Conservadurismo

Aunque una esquematización de este tipo es difícil que resulte exacta, al menos permite ver que el cristianismo, como otras formas religiosas (pero no como cualquier forma religiosa, porque ha habido y hay formas religiosas inmanentes, locales, particulares, étnicas, etcétera), hace una afirmación de la unidad del género humano y de las posibilidades de la razón.

Se entiende así que muchos temas de la Ilustración y de sus formas posteriores suenen a "cristiano". Y es que históricamente proceden del cristianismo; sucede que luego se le quitó, primero, la fe revelada, quedándose en simple deísmo; después, incluso la creencia en Dios, quedándose en materialismo y naturalismo, en nombre de la Ciencia o, si acaso, del azar y la necesidad.

Concordancias

Viendo el cuadro anterior se entiende también que muchos cristianos hayan sido con frecuencia proclives al conservadurismo de la tradición, de lo local, de lo telúrico; porque, en principio, no hay una contradicción entre la fe y las distintas culturas. De hecho, históricamente, el cristianismo ha vivido y vive haciéndose real en culturas muy diferentes. Pero cuando lo local, lo nacional, lo propio se constituye en juez de todo lo demás, cuando se hace radical y exclusivo, deja de ser cristiano. Porque no es cristiano -y la razón natural llega a ello también con facilidad- negar la unidad del género humano, la igualdad de todos por naturaleza, en dignidad.

Lo que no admite justificación alguna es el relativismo cultural, si es que por eso se entiende la negación tanto de la unidad del género humano como de la posibilidad de una verdad objetiva y universal. Si "vale todo" también vale la razón del tirano, y la del torturador, y la del extorsionador, y la del corrupto. Serían sólo "culturas diferentes y particulares". Ese relativismo cultural se ha hecho tópico y corriente en uno de los sofismas más corrientes en las discusiones de hoy: "pues para mí, el aborto es un derecho humano"; "pues, para mí, la droga aumenta la creatividad"; "para mí, la pornografía es un signo de madurez", y así.

Ilustración sin materialismo

 

Resumiendo: desde una actitud religiosa, cristiana, lo más cercano sería una Ilustración no materialista, del estilo de la que se dio, desde el siglo XVIII a hoy, en no muchos intelectuales, pero, eso sí, de los más grandes: un Jovellanos, un Manzoni, un Tocqueville. Esa línea, por complejas razones históricas -y por el cerrilismo de no pocas autoridades- no fue seguida lo suficiente. Si lo hubiera sido, se habrían evitado muchos equívocos, por ejemplo, muchos autoritarismos malamente disfrazados de cristianismo.

Después de eso, la actitud cristiana tampoco se lleva mal con el particularismo, con el tradicionalismo, si es espiritual, aunque deberá estar siempre corrigiendo la tendencia al exclusivismo.

Hay algún punto de contacto con la Ilustración racionalista y con sus derivaciones, porque no en vano los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, así como la desazón ante la injusticia social, tienen su origen en el cristianismo.

Lo más lejano de la visión cristiana es el relativismo cultural, que es una mezcla, adobada muchas veces con actitudes insolidarias, de materialismo y de cinismo. Se entiende que el ilustrado se vea en la obligación de denunciar el engendro.

"Serva padrona"

Sucede que cuando los supervivientes ilustrados postmarxistas (Habermas, Sebreli, y tantos) se indignan contra el relativismo cultural y ven en él la vuelta de la "negra reacción", no advierten algo muy sencillo: que el relativismo cultural es algo que le ocurre al racionalismo, es una especie de criada respondona o, con el título de la ópera, una serva padrona, una sierva que se ha convertido en dueña y señora.

El relativismo cultural es algo que surge, naturalmente, del fracaso de la modernidad racionalista, en su mismo horizonte de materialismo. Y hay que decir que es algo que "le está bien empleado" al racionalismo, por su intento, tan poco racional por otra parte, de descalificar a cualquier precio la fe.

"Si Dios no existe, todo está permitido". Ha sido citada muchas veces esa frase de Dostoievski, pero no por eso pierde vigencia. El racionalismo se esforzó, durante casi dos siglos, en dejar al hombre en los límites de la pura razón y, a la vez, cortando continuamente los brotes de algo más, la nostalgia de Dios. No tiene nada de extraño que los discípulos de esa escuela no estén dispuestos a adorar divinidades materiales -la Razón, el Progreso, la Modernidad- y hayan acabado idolatrando la particular miseria de cada día.

El libro de Sebreli es una correcta antología de todo lo que se puede decir contra las exageraciones del particularismo. En América Latina es polémica, sobre todo, su diatriba contra el indigenismo: "El concepto de raza y de autoctonía es nocivo, no sólo cuando lo usan los racistas blancos contra los indios y los negros, sino también cuando lo emplean los defensores, frecuentemente blancos, de los indios y de los negros para reivindicar en esas razas cualidades distintivas o una vocación mesiánica, ocultando el racismo bajo el disfraz del antirracismo".

Así, muchos juicios acertados. Pero la misma postura de Sebreli está estropeada por una cierta cortedad de vuelo, por falta de aliento, por la ausencia de la hondura del espíritu. Peccato!

(1) Juan José Sebreli. El asedio a la modernidad. Crítica del relativismo cultural. Ariel. Barcelona (1992)

 

Libertad sin límites

Ángel Cabrero Ugarte

photo_cameraViktor Frankl.

Dicho así, esta frase suena a libertinaje, a barbarie juvenil, a desmadre. Y esto porque pocas personas entienden lo que significa de verdad ser libre. Es sorprendente la cantidad de gente que no entiende lo que significa la libertad.

Es más, hay muchos padres buenos, que procuran educar bien a sus hijos, maestros que procuran enseñar bien a sus alumnos y que sin duda en algún momento les han dicho: libres sí, vale, pero todo tiene un límite. Y Victor Frankl, que sabía mucho del sentido de la vida -quien no ha leído “El hombre en busca de sentido”- sugería que, en paralelo a la estatua de la libertad de Manhattan, debería haber una estatua a la responsabilidad en la costa este.

Hay muchos errores sobre la libertad, por exceso y por defecto.

Si entendemos bien lo que es la libertad, nos daremos cuenta de que el concepto de responsabilidad o de límites está ya en la propia definición, porque la libertad -la libertas de que habla san Agustín- es la capacidad de dirigirme hacia el sentido último de mi vida, que es la unión con Dios en la eternidad. San Agustín dirá que es el efectivo dominio de los propios actos para ordenarlos al bien de la persona. No es exactamente lo mismo que el libre arbitrio o capacidad de elegir, del que disfruta cualquier persona sin más problemas.

Pero hay que tener muy presente que si elijo modos de hacer contrarios al sentido de mi vida, estoy cayendo en esclavitudes. Por lo tanto, lo que es importante es saber detectar las cosas que me son perniciosas. Esto o lo otro me hace daño, no me deja avanzar por el camino de mi vida. Hay que limitar las esclavitudes. Pero la libertad no tiene límites. La libertas auténtica cuanto más grande mejor. A esa libertad no se le puede poner límites. No hay que tener miedo a la libertad, y el sentido de responsabilidad está dentro de esa libertad verdadera.

El amor, cuanto más grande, mejor. No hay límites en el amor. Por eso el egoísmo es una esclavitud. La templanza nos enseña a comer y beber con medida. La destemplanza es esclavitud. El dinero lo ganamos con nuestro trabajo y es necesario para nuestra vida, pero el afán desmedido de riquezas es una esclavitud. El teléfono móvil es un medio espléndido casi imprescindible ya en nuestra vida, pero la adicción al móvil es una esclavitud. Ir con la verdad por delante es una actitud noble. La mentira me esclaviza. El descanso es necesario y obligatorio, pero podemos caer en la pereza que es una esclavitud. El orden es necesario para la eficacia en nuestras vidas. El desorden es esclavitud.

¡Qué difícil resulta que muchos entiendan qué es eso de la libertad! Empezando por gentes de bien que tienen miedo a que las personas tengan demasiada libertad. Nunca se puede tener demasiada libertad. El hombre está llamado a ser muy libre, totalmente libre, porque eso significa que no tiene ningún tipo de esclavitud. No es nada fácil estar libre de toda esclavitud. No es fácil ser totalmente libre, pero es lo que deseamos y es lo más perfecto en la vida.

Me parece que es una frase muy gráfica que puede servir para entender lo que quiero decir: “Algunos van por la vida creyendo ser libres, pero no tienen más libertad que la del taxi, que se define como libre cuando está vacío y no sabe a dónde va”.

Por lo tanto, es imprescindible tener claro para qué vivo, cuál es el sentido último de mi existencia.

 

Política y jerarquía de principios

Ana Teresa López de Llergo

Cada persona tiene la misión de colaborar en la paz y en la organización de un mundo habitable, seguro, pacífico, constructor de progreso y cultura.

Un aspecto que demuestra la superioridad de las personas sobre las demás especies que habitan la tierra está en la gran variedad de actividades que le competen. Actividades que no realizan como resultado de una programación sino como producto de un estudio, de una planeación y de la ejecución responsable.

La ejecución responsable es posible si las personas jerarquizan sus obligaciones. Lo primero en el orden de importancia se refiere a la persona como ser único e irrepetible, luego sigue todo lo referente a la vida de relación en sociedad. De las sociedades a las que pertenece cada persona, la primera es la familia y luego la sociedad civil.

Dentro de la sociedad civil está la participación de cada ciudadano, allí se encuentra la política. Algunas personas asumirán cargos de gobierno y todos los demás participarán, apoyando del mejor modo, para la buena marcha de la organización civil. De esta manera todos tienen una intervención en la política. Por ejemplo, la más generalizada es la emisión del voto personal cuando hay elecciones. Esto no es de poca importancia, hay que elegir previendo las consecuencias.

La participación de los ciudadanos siempre ha de ser congruente con el respeto a las personas, la defensa de la vida, el respeto a la familia y a la libre elección del modo de organizarse y de conseguir los recursos para la subsistencia. Todo ello, lógicamente, dentro de las normas de la moralidad y de la fidelidad a las creencias.

Desgraciadamente en la sociedad civil se han adoptado ciertas costumbres que degradan a las personas porque ya no distinguen el bien del mal. Prácticamente la toma de decisiones se basa en lo que hace la mayoría. Con este criterio las personas diluyen su responsabilidad y, lo más grave es que no ejercen su libertad porque se vuelven seguidores de masas. El motivo de su actuar es porque así lo hacen los otros.

Para no cometer este error, antes de afiliarse a un grupo o colaborar con otros, es necesario conocer sus postulados y revisar si el trabajo que realizan en equipo es honesto, si busca la superación individual y grupal, si eleva y no degrada, si promueve la justicia, si busca solucionar las desigualdades y si no excluye a nadie. Tampoco se desconoce la posibilidad de convivir con infractores, pero para ellos, también debe haber planes de reeducación y de reinserción.

En la familia se deben tratar estos aspectos y fortalecerse mutuamente para ser fieles a los principios y a las normas de moralidad, incluso aunque sean una minoría y su estilo de vida no resulte popular o choque con lo que hacen los demás. En la familia se han de fortalecer las virtudes y promover el respeto a la propia familia, a la de los demás y a la comunidad.

En una sociedad democrática se han de promover y fortalecer la igualdad de derechos de todas las personas. Son derechos inalienables. Se han de desterrar los intentos egoístas de satisfacer los propios deseos, y la indiferencia hacia las necesidades de los demás.

Nadie es feliz aislándose. Tenemos una necesidad básica de ser amados, de ser cuidados, de ser respetados: También la necesidad básica de amar y de cuidar a los demás. Estamos hechos para pertenecer y estar en relación con otras personas, con el mundo en el que vivimos y con Dios.

Cada persona tiene la misión de colaborar en la paz y en la organización de un mundo habitable, seguro, pacífico, constructor de progreso y cultura. Promotores de instituciones educativas, de organizaciones laborales justas, de establecer lugares de acogida para enfermos o para personas vulnerables. También crear lugares de esparcimiento sano.

Todo ello dará sentido de pertenencia y amor a la patria. Con este vigor será más accesible la ayuda mutua, cuidar a los ancianos y a los vulnerables, ayudar a las familias a crecer y a prosperar. Estos sentimientos han de alimentar a la política. Y, la política dejará de ser un medio para despojar a los demás.

 

Saber discutir

Lucía Legorreta

Mirar al otro es una manera de expresarle que las palabras que se están diciendo son sinceras e importantes.

En un matrimonio, las discusiones o desacuerdos son normales, no tiene que ser algo negativo, siempre y cuando se vivan con ciertas características que permitan que esto lleve a unir más a la pareja, de aquí lo importante que es el “saber discutir”.

Para que una discusión cumpla con el objetivo de construir y fortalecer tu matrimonio, te recomiendo tener en cuenta los siguientes aspectos:

- Respetar al otro, ante todo: independientemente de lo que se diga, no hay que detonar una ofensa de ningún tipo (verbal, psicológico o física). Cuidar que el cónyuge siempre sea más importante que el problema y los sentimientos que de él surgen, y de la misma manera no identificar a la persona con el conflicto, quizás el otro ha cometido un error, una imprudencia. pero eso no elimina todas sus cualidades y aciertos que ha tenido en otras situaciones.

- Evitar la crítica y el sarcasmo: al hablar de tus puntos de vista evitar frases ofensivas. Hacer referencia a lo que se siente y no a lo que el otro hizo, y mucho menos a sus intenciones. El sarcasmo en lugar de ser una herramienta de diálogo, es un arma que ofende y lastima.

- No buscar culpables: se puede caer en la tentación de buscar deslindarse del problema acusando al otro: tú tienes la culpa de…Esto aporta poco a la solución y separa a los esposos. Es necesario abordar el conflicto como un problema de ambos y como un riesgo para su familia.

- Evitar recurrir a problemas pasados: limitarse al tema en cuestión y evitar resucitar asuntos ocurridos anteriormente que a su vez atraerán viejos resentimientos: todavía recuerdo aquella vez que.

- Evitar las generalizaciones y exageraciones: el decir nunca, siempre, todo y nada no ayuda. Estas generalizaciones son falsas porque no es verdad que una persona nunca escucha, sin embargo, suelen causar mucho daño a la persona a quien se le adjudican e impiden llegar a una solución.

- Trabajar juntos por resolver el problema, sin buscar ganarle al otro. Las discusiones no son una manera de demostrar quién es el mejor, sino un medio para compartir diferentes puntos de vista y llegar a una solución más eficaz dos cabezas piensan más que una. Si se convierte en una pelea por el poder, al final, los dos habrán perdido. Se trata de pensar en ganar-ganar, para lo cual ambos tendrán que ceder.

- Mirarse a los ojos. Mirar al otro es una manera de expresarle que las palabras que se están diciendo son sinceras e importante. Además, si lo miras a los ojos, es más difícil ofenderlo. Es un pequeño gesto que puede hacer una gran diferencia.

- Evitar la intervención de terceras personas. Buscar solucionar los problemas del matrimonio sin la intromisión de personas ajenas, aunque sea un familiar muy cercano, lejos de ayudar suele calentar los humos en las discusiones. La intervención de un especialista capacitado y objetivo, sí puede ser de ayuda en la resolución de conflictos de los esposos, ya que es un punto de vista neutral.

- Hablar más de lo bueno que de lo malo. Exigirse de modo personal hablar del lado positivo del conflicto o de otro asunto antes de abordar de lleno el tema de la discusión. Esto suscitará en ambos una actitud interior positiva y conciliadora.

- Pedir perdón y perdonar. Todos cometemos errores y en consecuencia podemos herir a otras personas particularmente al cónyuge. Hay que saber reconocerlo, pedir perdón por las ofensas que realicemos, y también saber perdonar. El resentimiento y el rencor lastiman a quien lo siente y obstaculiza el amor.

Eviten al discutir el acusarse uno al otro, el abordar varios problemas a la vez; eviten hacerlo delante de los hijos, cuando están muy alterados o mientras realizan otra actividad. Nunca mentir o subestimar la comprensión del otro, y mucho menos ser indiferentes o pasivos ante los problemas.

Debemos tomar en cuenta que hombre y mujer se comunican de manera diferente, debes conocer el estilo y la forma en que tu esposo o esposa se comunica.

Y siempre hablar a tiempo de los problemas, nunca dejar pasar las cosas que molestan en la relación, ya que de otra forma irán creciendo y que sea ya demasiado tarde para abordarlos.

Recuerda, una buena discusión ayudará a que tu matrimonio se fortalezca, una mala, hará que cada vez estén más alejados.

La quinta columna y la misteriosa derrota del bien

​ La diplomacia y la política son la continuación de la guerra por otros medios

La “quinta columna” y las devastaciones que provoca

Contenidos

 

La expresión quinta columna [1] fue acuñada por el General Mola durante la guerra civil española, pero fue utilizada posteriormente en el campo político.

Alguien dijo que la diplomacia y la política son la continuación de la guerra por otros medios.

Quizá el conocimiento de ese concepto nos ayude a comprender el misterio de los sistemáticos errores que cometen quienes defienden las buenas causas.

Escribía Plinio Corrêa de Oliveira durante la II Guerra Mundial:

“(la quinta columna) más o menos en todas partes ha hecho terribles devastaciones; ella ha obtenido para las fuerzas totalitarias más triunfos que todos los tanques, que todos los cañones y que todos los generales.

¿Qué es la quinta columna?

“¿Qué es esta quinta columna, misteriosa y extensa, cuyos dedos mágicos e impalpables encuentran siempre, en el momento decisivo, en el lugar decisivo, en el puesto indispensable, al hombre servicial y flexible, que abre de modo sutil las puertas de las más intransponibles fortificaciones; anestesia y transforma en inofensivos conejillos de indias a los más valientes leones de la guerra y hiere con somnolienta ceguera a los más dinámicos y perspicaces estadistas?

¿A qué realidad trágica y satánicamente profunda corresponde ese gran misterio de iniquidad?

Los elementos dinámicos de la quinta columna

No es sorprendente que los fariseos hayan encontrado a un Judas. Pero, que el perfil diabólico de Iscariotes se multiplique indefinidamente, difundiéndose, deslizándose, tramando subrepticiamente y obteniendo victorias que son verdaderos golpes de prestidigitación, he aquí una novedad desconcertante, cuyo radio de acción parece trascender la órbita de los recursos humanos.

San Pío X y la paz interna de la Iglesia

“Por nuestra parte, estamos seguros de que el sustrato humano más profundo de la quinta columna no es proporcionado ni por los aventureros, ni por los oportunistas, ni por los traidores vulgares que, a peso de oro, sacrifican sus más sagrados deberes.

Hay demasiado trabajo, demasiada inteligencia, demasiados éxitos en este vasto plan, para que demos al oportunista la honra de señalarlo como su autor. Sólo un idealismo ardiente y satánico, como el que animaba otrora a los propagandistas de la Revolución Francesa y del Comunismo, puede explicar tantas y tales victorias.

“Pero este pequeño puñado de idealistas no valdría nada si no encontrase a su servicio una cohorte de oportunistas, preocupados por lo inmediato, de brillantes frustrados y de inconsolables fracasados dispuestos a todo, a todos los riesgos como a todas las infamias, para mantener la fachada ilusoria de una situación social ya en ruinas, de una reputación ya comprometida o de una tradición ya manchada.

Ahí, en ese bajo fondo humano se encuentran todos los agentes de la quinta columna, todos los miserables que servirán de instrumentos a esa catástrofe en marcha que es el totalitarismo”.

 Plinio Corrêa de Oliveira

 

Más calidad al tiempo que disminuyen emisiones.

Es un hecho que al pasar por algunas zonas, caracterizadas por padecer una sobrecarga de explotaciones de ganado porcino, se notan olores ciertamente molestos. También puede producirse, en las mismas zonas, acumulación de gases que aunque no tan molestos como los olores pueden ser más perjudiciales, especialmente los GEI (Gases Efecto Invernadero). No obstante, la tendencia es claramente a la baja, ya que en 2018, último año con datos oficiales disponibles, el descenso de las emisiones de metano sobre el ejercicio anterior fue del 4,4% por cada kilo de carne de cerdo producido

Recuerdo que el sector porcino de capa blanca español ha reducido un 38,6% sus emisiones de metano (CH4) por cada kilo de carne producido procedentes de la gestión de estiércoles en el periodo 2005-2018, y mantiene su tendencia a la baja toda vez que, en 2018, último año con datos del Inventario Nacional Gases de Efecto Invernadero (edición 2020) las emisiones descendieron un 4,4% con respecto a 2017.

Con motivo de la celebración del Día Internacional contra el Cambio Climático, la Interprofesional del Porcino de Capa Blanca (INTERPORC) destacaba la concienciación de los profesionales del sector, cuyas granjas en el año 2005 emitían 1 kilotonelada de metano por cada 539 toneladas de carne producidas, mientras que en el año 2018 emite menos de 0,62 kilotoneladas con la misma cantidad de carne producida.

Esta importante reducción se debe a una serie de medidas adoptadas a lo largo de estos años por las granjas españolas, como la aplicación de las Mejores Técnicas Disponibles (MTD) para, entre otros objetivos, reducir las emisiones GEI, desarrollar nuevos sistemas de reutilización de purines o la fabricación de fertilizantes no contaminantes.

Significativo también es el descenso del metano derivado de la fermentación entérica, que pasa de un factor de emisión en kilogramos de CH4 por cabaña al año de 1,22 en el año 2005 a 0,77 en el año 2018, lo que supone una reducción del 36,8%, según recoge el Inventario Nacional Gases de Efecto Invernadero, publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Esta reducción se debe al desarrollo de unas pautas de ingesta muy ajustadas por animal, en las que se ha ido adecuando progresivamente su dieta para maximizar su aprovechamiento energético y nutritivo sustituyendo ingredientes ricos en fibra y de baja digestibilidad por cereales y aumentando progresivamente la cantidad y calidad de proteína.

Año tras año, el sector porcino avanza en sus objetivos para alcanzar un impacto climático neutro de cara a 2050. Para lograrlo, no solo cumple con la normativa más exigente del mundo en el respeto al medio ambiente, que es la europea, sino que además trabaja minuciosamente para, entre otras cuestiones: reducir sus emisiones GEI, hacer un uso más eficiente del agua o disminuir el consumo de energía. Me parece ser honrados agradeciendo a los porcinocultores el doble trabajo que están haciendo en beneficio de la sociedad: producir alimentos de alta calidad al mínimo precio y disminuyendo la contaminación ambiental.

Jesús Domingo

 

 

Usando datos dudosos

Por segunda vez, el Senado de Kenia está considerando un proyecto de ley de “salud reproductiva” que promovería el aborto, pondría en peligro los derechos de conciencia de los profesionales de la salud, y consagraría en una ley un derecho a la tecnología reproductiva asistida, incluyendo la subrogación.

Los promotores del aborto, como el Centro para los Derechos Reproductivos, afirman que las leyes de Kenia que restringen el aborto, la prevalencia de actitudes conservadoras y el estigma alrededor del aborto, están condenando a muerte a las mujeres. Un reciente artículo de Reuters promovía el mismo relato citando una estadística frecuentemente citada que dice que en Kenia, el 35 por ciento de las muertes maternas son causadas por “aborto inseguro,” comparado con un promedio global mucho más bajo.

Mientras que los estudios individuales pueden ser criticados por el tamaño de su muestra o su metodología, se acepta generalmente que tener datos más recientes es mejor. La cifra del 35 por ciento, la cual citaba Reuters de un reciente informe del Centro para los Derechos Reproductivos sobre Kenia, mencionaba datos de encuestas de 1998, lo cual está más de dos décadas anticuado.

Una investigación sobre muertes maternas en Kenia dirigida por el ministerio de salud del país encontró que sólo el 8,3 por ciento de las muertes maternas eran debidas a “resultados abortivos”, lo cual incluye abortos naturales espontáneos así como los inducidos. Esto es consistente con una revisión publicada en The Lancet por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cual estimaba que, globalmente, las complicaciones de abortos y abortos naturales contabilizan un 7,9 por ciento de las muertes maternas.

Enric Barrull Casals

 

Los fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos

Ecuador reconoció que había fallado en proteger a la niña del abuso sexual. Reconoció que había fallado en desarrollar políticas protectoras así como en perseguir enérgicamente a los perpetradores de abuso sexual en su sistema escolar desde el inicio del litigio. Pero el gobierno de Ecuador  no asumió todas las reclamaciones del Centro de Derechos Reproductivos.

Ecuador tampoco concedió todas las conclusiones de hecho del tribunal, quejándose de que el tribunal confiaba en declaraciones y testimonios que el gobierno nunca tuvo la oportunidad de impugnar. Esto no atañe al tribunal, que se alineó completamente el Centro de Derechos Reproductivos.

Siguiendo la decisión del Tribunal, el Centro para Derechos Reproductivos está reclamando que el Tribunal haya impuesto un amplio conjunto de obligaciones para todos los países de América Latina, incluyendo “garantizar que el derecho a una educación integral incluya acceso a la educación sexual y reproductiva adaptada a las necesidades de niñas y adolescentes”.

El bufete de abogados también afirma que el tribunal ha regulado que todos los países en América Latina deben “reconocer que las niñas adolescentes tienen libertades, entre las cuales están la libertad sexual y el propio control de sus cuerpos”, así como que debe promover “el empoderamiento de las niñas para desafiar las normas y estereotipos patriarcales”.

A diferencia de los fallos de la Corte Suprema de los EE.UU. los fallos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos no son susceptibles de sentar jurispurdencia. En virtud de la Convención Interamericana de Derechos Humanos, las decisiones de la corte sólo son vinculantes para los países involucrados en el litigio ante ella. Pero en los últimos años la corte ha dictaminado que sus propias decisiones deben ser incorporadas a las leyes de todos los países y que los tribunales nacionales deben seguirlas como un precedente vinculante. 

La Corte Interamericana califica esta nueva doctrina jurídica de “control de constitucionalidad”, y es un arma poderosa que a los activistas sociales de todas las tendencias políticas les gustaría usar para avanzar en sus políticas cuando el proceso democrático les falla. El tribunal ya ha tratado de imponer la obligación de aprobar el matrimonio homosexual en toda América Latina.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Fruto de una libertad viciada

Es una natural propensión humana querer conservar la existencia, presupuesto ontológico para el ejercicio de la libertad humana. Así que querer morir se convertiría en un acto contrario a la libertad humana; o, en todo caso, fruto de una libertad viciada, una libertad ofuscada por algún sufrimiento físico o moral, o por el miedo a padecerlo: dolores atroces, decadencia penosa, soledad, abandono, incluso la mera conciencia de convertirnos en un estorbo para los demás. No se trataría de una expresión de la ‘libertad humana’, sino de una falta de libertad, o siquiera de una libertad constreñida, menoscabada y oscurecida (en algunos casos, incluso, una libertad manipulada por intereses externos turbios, por ejemplo de un descendiente deseoso de heredar, o de un Estado que desea disminuir el gasto sanitario). Si mañana alguien reclamase su derecho a convertirse en esclavo, pensaríamos –con recto juicio– que lo aqueja algún trastorno que ha ofuscado su libertad; pues el principio de libertad no puede ser esgrimido para su destrucción. Pero en el esclavo aún subsisten reductos de libertad interior que no pueden ser anulados, mientras que quien se quita la vida anula por completo su libertad. Sin embargo, no nos atrevemos a admitir que quien desea la muerte padece una ofuscación que vicia su libertad, sino que pensamos que está realizando un ejercicio supremo de libertad. Y promulgamos leyes que amparan el ejercicio de esta libertad viciada.

Lo cual es, pura y simplemente, un completo dislate filosófico y jurídico, una irracionalidad grosera fundada en coartadas emotivas, como seguiremos explicando en un próximo artículo. 

Jesús D Mez Madrid

 

El Tribunal Interamericano

El tribunal interamericano de derechos humanos sentenció que Ecuador es responsable del suicidio de una adolescente de 16 años víctima de abuso sexual por parte de su vicedirector porque entre otros muchos fallos, no promovió una educación sexual integral en los colegios del país.

Paola Guzmán Albarracin, una chica de 16 años, se envenenó a sí misma en 2002 después de sufrir abusos sexuales por parte del vicedirector de su escuela en Ecuador durante dos años. Ella dejó tres cartas explicando su intento de suicidio. Una, dirigida al vicedirector, decía que se sentía “engañada” por él porque había estado con otras mujeres 

En 2006 el bufete de abogados pro abortistas, el Centro para los Derechos Reproductivos,  pidió a la corte un fallo amplio, imponiendo un rango de nuevas políticas sociales sobre Ecuador basadas en estándares de derechos humanos internacionales desarrollados por los comités de la ONU. Ahora, después de varios años, el tribunal ha decidido hacer una concesión a la decisión general.

El Centro para los Derechos Reproductivos argumentó que el gobierno de Ecuador había violado los derechos internacionales de Paola Guzmán basados en las recomendaciones de los comités de la ONU y que Ecuador debe adoptar programas de educación sexual. También aducen que los derechos de Paola Guzmán a la vida, la integridad personal, la libertad frente a la violencia, la no discriminación, las garantías judiciales, la protección judicial, así como un derecho a una protección especial del gobiernos debido a ser una menor, habían sido también violados.

Jesús Domingo Martínez

 

 

España un país “manga por hombro” o mucho peor

 

NUEVA LEY DEL EMBUDO: La educación en España, es igual a "las dos Españas de Antonio Machado" (poema) por tanto nunca hubo verdadero plan de educación y formación libre, como necesita el ser humano; cada gobierno impuso, impone e impondrá, la educación que a él le conviene, para manejar mejor "al borrego público"; ya que lo que no quiere el que gobierna, sea el que sea; que, "ese borrego pase al grado superior y piense y deduzca por sí mismo"; así es que sí, que estoy en contra de esa nueva ley (que por enésima que quieren imponer a la fuerza) será una más que tan pronto pueda, el siguiente, la anulará; y así va España y los españoles, siempre a rastras de los inquisidores de turno, lo que da como resultado, "el cuadro actual, digno de ser reflejado por un pintor si lo hay, o un poeta que es mucho más difícil". Amén: 04-11-2020 AGF

RESPONDIENDO A UNA AMIGA Y LECTORA: Inma querida: Sí que contesto a tus "sueltos" o pequeñas pinceladas a algunos de mis escritos, creo que a casi todos. Escríbeme con algo más de contenidos y te escribiré más, pues tengo tiempo de sobras, lo que ocurre o me ocurre ya, es que me voy sintiendo muy cansado y sin estímulos, viendo lo que nos han echado encima y lo que nos viene y que padeceremos. Y como ya no entiendo ni a Dios ni al Diablo, todo ello repercute en ese cansancio, muchas veces ya hastío por carencia casi total de ilusiones. Pese a todo, aún sigo enviando un artículo diario de lunes a sábado, pero en la seguridad de que no sirve para nada; tampoco recibo "ecos", que me estimulen a seguir en este duro trabajo, que como sabes, lo hice y hago gratuito... "y con todos los vientos en contra"; y es que quizá, "el mono humano, "semos como semos" y no nos cambia ni Dios"; Amén. Un beso y un abrazo... y espero tus escritos, pues te considero de, las pocas mujeres inteligentes que yo he conocido: AGF 04-11-2020

 

SUICIDIOS: 2.500 españoles, al borde del suicidio: la pandemia dispara las llamadas al Teléfono de la Esperanza: El impacto del coronavirus sobre la salud mental en España es cada vez mayor. Los psicólogos creen que los cuadros de ansiedad y depresión repuntarán aún más en los próximos meses por las nuevas restricciones. (Vozpópuli 04-11-2020

            Quienes siguen mis escritos, recordarán que ya al principio de la primavera y, “cuando nos metieron en la cárcel a todos” (por primera vez), dije y luego he reiterado hasta la saciedad, que… “El remedio era peor que la enfermedad”; y se ha ido cumpliendo y ahora; y como vemos por lo publicado arriba, se agrava cada vez más; lógica reacción la de una sociedad muy débil, aterrorizada por los malditos políticos que ha extendido ese terror “a la muerte” y erigiéndose “en falsos salvadores de vidas”, lo que conlleva a estos extremos del individuo, que piensa y realiza, la mayor de las cobardías que comete el ser humano, suicidarse, pero es que al individuo le han robado hasta la ilusión y esto no ocurrió en España, “ni en los años del hambre tras la terrible guerra civil que sufrimos (soy viejo y lo viví) y donde siempre hubo esperanza de “algún cambio”, que al final llegó, “con el desarrollo” que emprendieron los gobiernos de la dictadura, que duraron lo que ésta; después… “a la vista está lo que tenemos y como estamos”; “y no me hablen de otros países, que lo que nos afecta a España tenemos que solucionarlo los españoles”.

 INSULTOS A LA GUARDIA CIVIL: “El panfleto de Dina e Iglesias tilda de «cloaca verde» a la Guardia Civil por investigar a Podemos. El partido de extrema izquierda busca intimidar a todo aquel que investiga sobre su financiación ilegal y sus negocios con la consultora Neurona”. (Periodista Digital 04-11-2020)

            Son hechos que no tienen explicación para cualquiera que piense un poco, puesto que, ¿cómo se puede insultar así a un cuerpo como la Guardia Civil, que es de lo poco que puede lucir la España actual, de los elementos claves de la nación y que aún funciona en muy amplios campos, que sostienen la sociedad actual? ¿No hay leyes, no hay jueces y fiscales, no hay orden que castigue estos insultos? No lo entiendo, ni lo entenderá nadie que no sea demasiado obtuso o embrutecido, por la realidad actual.

ELECCIONES EN “USA”: EL ACTUAL OCUPANTE DE LA CASA BLANCA DENUNCIA "PAPELETAS SORPRESA" EN ESTADOS DONDE IBA EN CABEZA: Joe Biden se acerca a la victoria en un recuento de infarto que Donald Trump ve ‘sospechoso’. El candidato demócrata gana en Wisconsin y Michigan y se acerca a los 270 delegados, pero varios estados siguen en el aire. (Periodista Digital 05-11-2020)

            Nos meten las elecciones norteamericanas, como si a los españoles nos importara ello algo… ¿Pero cuál es la realidad de ese país? Allí como en muchos otros lugares, “quien gana es quién ya tiene ganado el poder”; normalmente el capital internacional, por tanto las elecciones son, “una parafernalia que no soluciona nada solucionable para las mayorías”; y lo estamos viendo hace muchas décadas, que lo que prima es la sentencia del “Gatopardo”; novela en la que el autor deja escrito lo que ha pasado siempre o casi siempre… “CAMBIEMOS ALGO PARA QUE NO CAMBIE NADA”; Y ESA ES LA POLÍTICA QUE IMPERA EN ESTE MUNDO; EL QUE TIENE EL PODER LO MANTIENE CONTINUAMENTE Y NO CAMBIA NADA.

 

 Abusos y tiranías en gran parte del actual mundo: El mundo ha retrocedido a los tiempos medievales de los "señores de horca y cuchillo", que como tales, hacen en sus feudos, lo que les da la gana, ya que son "dueños de vidas y haciendas"; y como ello se ha extendido tanto y a tantos, unos se tapan a los otros y esto no tiene solución, puesto que el siervo (que no pueblo) está sujeto al capricho de los nuevos señores feudales; todo lo demás es mentira. “La mierda tapa a la mierda y así todo latrocinio, robo o abusos mil, son tapados y consentidos por todos los que dicen gobernar esta ya mierda de mundo”, que nos dicen ha progresado; pero ¿en qué?   

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes