Las Noticias de hoy 15 Octubre 2020

Enviado por adminideas el Jue, 15/10/2020 - 12:08

 

41 frases sobre solidaridad para educar en valores a los niños

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 15 de octubre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Audiencia general: “La oración de los salmos” nos “enseña a rezar”

Consejo de cardenales: La reforma de la Curia “ya está en marcha”, dice el Papa

Audiencia general: Catequesis completa, “el Señor escucha”

Papa Francisco: Santa Teresa, “maestra de oración”

SANTA TERESA DE JESÚS, DOCTORA DE LA IGLESIA*: Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del jueves: ¡Ay de vosotros!

“Que nunca deje de practicar la caridad”: San Josemaria

«Leyendo y releyendo los salmos aprendemos el lenguaje de la oración»

Santa Teresa de Ávila y san Josemaría Escrivá de Balaguer

La santificación en la propia situación de vida: Miguel Ángel Tabet

“Aquí se hace lo que yo digo”: Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas

Domund: priorizar lo importante: María Solano Altaba

Amor de juventud:  Ángel Cabrero Ugarte 

¿Dónde está mi corazón? Un sueño revelador: José Martínez Colín.

¿Sólo “cosas interesantes”?: Ernesto Juliá

La envidia a los santos que tiene la Iglesia:  Pedro María Reyes 

Ley natural: ¿un invento?: Oscar Fernández Espinosa de los Monteros

La política de género de USAID: Jesús D Mez Madrid

Defensora de la prostitución de adolescentes:  Jaume Catalán Díaz

"Muerte médicamente asistida" (MAD): Enric Barrull Casals

El cuarto trimestre: Suso do Madrid

España calificada por Suiza…y más cosas: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Audiencia general: “La oración de los salmos” nos “enseña a rezar”

Ciclo sobre la oración

OCTUBRE 14, 2020 10:10LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

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(zenit – 14 oct. 2020).- En la audiencia general de esta mañana, el Papa Francisco ha señalado que el libro de los salmos “enseña a rezar”, al leerlos, “aprendemos el lenguaje de la oración; y encontramos en ellos la Palabra de Dios que los humanos usamos para comunicarnos con Él”.

Hoy, 14 de octubre de 2020, el Santo Padre se ha reunido con los fieles en el Aula Pablo VI, y ha retomado las catequesis sobre la oración, bajo el tema “La oración de los salmos”.

En esta ocasión, Francisco no ha podido acercarse a saludar a los fieles, debido a las nuevas exigencias de las medidas de prevención de la COVID-19.

En su reflexión, el Papa explicó que los salmos son invocaciones, a menudo dramáticas, “que brotan de nuestra existencia” y que al rezar con ellos “el sufrimiento se transforma en pregunta”.

“¿Hasta cuándo?”

Entre las muchas preguntas “está siempre presente” una: “¿Hasta cuándo?”. Este es “un grito que surge de la enfermedad, de la persecución, o de la muerte” y cuando la oración se hace pregunta “es ya camino y principio de salvación”, añade.

El Pontífice recuerda que el sufrimiento es algo común a todos, “creyentes o no creyentes” y que en el salterio (libro de salmos) “el dolor se convierte en relación: un grito de auxilio que espera ser escuchado por un oído atento”.

Dios nos conoce a cada uno

Para el Obispo de Roma, ante Dios “no somos extraños, ni somos números; nos conoce a cada uno por nuestro nombre y nuestros dolores son sagrados para Él”.

Por último, subrayó que en la oración nos basta saber que “el Señor nos escucha”. A veces, los problemas no se resuelven”, pero los que rezan saben que muchas cuestiones de la vida no se solucionan. No obstante, indicó, “siendo conscientes de que Dios nos escucha todo se vuelve más llevadero”.

 

Consejo de cardenales: La reforma de la Curia “ya está en marcha”, dice el Papa

Próxima reunión en diciembre

OCTUBRE 14, 2020 08:36LARISSA I. LÓPEZCIUDAD DEL VATICANO

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(zenit – 14 oct. 2020).- El Papa Francisco ha destacado que la reforma de la Curia Romana “ya está en marcha” y hay cambios que ya son efectivos, “también en algunos aspectos administrativos y económicos”, informa un comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

El Santo Padre y los miembros del Consejo de Cardenales se reunieron virtualmente ayer, 13 de octubre de 2020, para estudiar los próximos pasos de la nueva Constitución Apostólica de la Curia Romana que, una vez aprobada, sustituirá a la Pastor Bonus promulgada por Juan Pablo II.

Nuevo texto

Tras ocho meses, el Consejo de cardenales (C6), estructura creada en 2013 para asistir al Papa en la reforma de la Curia Romana, mantuvo su 34ª reunión para reanudar el proceso de trabajo del nuevo documento que regulará la composición y el funcionamiento de la Curia.

Tal y como indica la nota, a partir de las 16 horas, Francisco y los seis miembros del Consejo se reunieron en línea, a causa de la pandemia de COVID-19, para discutir algunos aspectos del nuevo texto destinado a reemplazar a Pastor Bonus.

Durante los meses de verano el Consejo ha tenido la oportunidad de trabajar a través de internet en el texto de la nueva Constitución Apostólica, cuyo borrador actualizado ha sido presentado al Pontífice.

Lectura en los dicasterios

“Según la praxis habitual, los dicasterios competentes proceden ahora a la lectura del texto”. En particular, el texto apunta que “la reunión de hoy había sido convocada para recapitular la labor realizada y estudiar la forma de impulsar la adopción de la nueva Constitución, una vez promulgada”.

El Obispo de Roma, explica la Oficina de Prensa del Vaticano, intervino desde la Casa Santa Marta y destacó que “la reforma ya está en marcha, también en algunos aspectos administrativos y económicos”.

Participantes y nueva reunión

Estuvieron también conectados a la reunión los cardenales Óscar A. Rodríguez Maradiaga, Reinhard Marx, Sean Patrick O’Malley, Oswald Gracias, mientras que por parte del Vaticano se sumaron el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin y el cardenal Giuseppe Bertello, así como el secretario del Consejo, monseñor Marcello Semeraro, y el secretario adjunto, monseñor Marco Mellino.

La próxima reunión, concluye la nota, “está programada para el mes de diciembre y se realizará siempre por internet, debido a la situación sanitaria, según el plan ya establecido”.

La última reunión, la 33ª, se llevó a cabo del 17 al 19 de febrero de este año 2020. Después, los encuentros fueron interrumpidos por la emergencia sanitaria causada por la COVID-19.

 

 

Audiencia general: Catequesis completa, “el Señor escucha”

Delante de Dios somo “conocidos uno a uno”

OCTUBRE 14, 2020 12:31LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

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(zenit – 14 oct. 2020).- En la oración “el Señor escucha”, delante de Dios “no somos desconocidos, o números. Somos rostros y corazones, conocidos uno a uno, por nombre”, dijo el Papa Francisco en la catequesis de la audiencia general.

Audiencia general: el Señor escucha oración

Hoy, 14 de septiembre de 2020, el Santo Padre continuó con la serie de catequesis sobre la oración, reflexionando en torno al tema “La oración de los salmos”.

La cita de la audiencia general de este miércoles ha tenido lugar en el Aula Pablo VI del Vaticano, ante la presencia de fieles y peregrinos, a los que Francisco no ha podido saludar de cerca debido a las nuevas medidas de prevención de la COVID-19.

Los salmos, entrenamiento para rezar

El Papa señala que el Libro de los Salmos, “se ha convertido en patria, lugar de entrenamiento y casa de innumerables orantes”, que comunica el “saber rezar” a través del diálogo con Dios.

Audiencia general: el Señor escucha oración

En los salmos se encuentran todos los sentimientos de nuestra vida: “las alegrías, los dolores, las dudas, las esperanzas, las amarguras”. Por ello, al leerlo y releerlo, “aprendemos el lenguaje de la oración”.

En este libro no aparecen personas abstractas, pues estos “no son textos nacidos en la mesa; son invocaciones, a menudo dramáticas, que brotan de la vida de la existencia” y para rezar “basta ser lo que somos”, sin maquillajes.

Gritar tiene sentido

El Papa cuenta que la vida de los salmistas también está plagada de sufrimiento, pero ellos saben que este forma parte de la vida. El sufrimiento en los salmos se transforma en pregunta y hay una muy repetida: “¿Hasta cuándo, Señor? ¿Hasta cuándo?”.

Audiencia general: el Señor escucha oración

El orante sabe que es valioso a los ojos de Dios, por eso “tiene sentido gritar” y la oración de los salmos es el testimonio de este grito: “un grito múltiple, porque en la vida el dolor asume mil formas, y toma el nombre de enfermedad, odio, guerra, persecución, desconfianza… Hasta el ‘escándalo’ supremo, el de la muerte”.

En Dios siempre hay salvación

Refiriéndose al encuentro con los padres del padre Malgesini, sacerdote de Como, Italia, asesinado recientemente y a sus lágrimas de dolor por la pérdida, el Pontífice resaltó cómo cuando queremos consolar a alguien, “no encontramos las palabras. ¿Por qué? Porque no podemos llegar a su dolor, porque ‘su’ dolor es suyo, ‘sus’ lágrimas son suyas” y con ese dolor, cada uno se dirige al Señor.

Sin embargo, para Dios todos los dolores de la humanidad “son sagrados”, delante de Dios “no somos desconocidos, o números. Somos rostros y corazones, conocidos uno a uno, por nombre”. En los salmos el creyente encuentra una respuesta, “sabe que, incluso si todas las puertas humanas estuvieran cerradas, la puerta de Dios está abierta”, en Él hay salvación.

“Jesús llora conmigo”

Audiencia general: el Señor escucha oración

“El Señor escucha”, dice el Obispo de Roma, y a veces en la oración “basta saber esto”. Quien reza no es un iluso y sabe que muchas cuestiones de la vida de aquí abajo “se quedan sin resolver, sin salida” y el sufrimiento “nos acompañará”, pero, si somos escuchados, “todo se vuelve más soportable”.

Finalmente, Francisco recuerda que “Dios ha llorado por mí, Dios llora, llora por nuestros dolores. Porque Dios ha querido hacerse hombre —decía un escritor espiritual— para poder llorar” y “pensar que Jesús llora conmigo en el dolor es un consuelo: nos ayuda a ir adelante. Si nos quedamos en la relación con Él, la vida no nos ahorra los sufrimientos, pero se abre un gran horizonte de bien y se encamina hacia su realización”.

***

Catequesis – 10. La oración de los salmos 1

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Leyendo la Biblia nos encontramos continuamente con oraciones de distinto tipo. Pero encontramos también un libro compuesto solo de oraciones, libro que se ha convertido en patria, lugar de entrenamiento y casa de innumerables orantes. Se trata del Libro de los Salmos. Son 150 salmos para rezar.

Forma parte de los libros sapienciales, porque comunica el “saber rezar” a través de la experiencia del diálogo con Dios. En los salmos encontramos todos los sentimientos humanos: las alegrías, los dolores, las dudas, las esperanzas, las amarguras que colorean nuestra vida. El Catecismo afirma que cada salmo “es de una sobriedad tal que verdaderamente pueden orar con él los hombres de toda condición y de todo tiempo” (CIC, 2588). Leyendo y releyendo los salmos, nosotros aprendemos el lenguaje de la oración. Dios Padre, de hecho, con su Espíritu los ha inspirado en el corazón del rey David y de otros orantes, para enseñar a cada hombre y mujer cómo alabarle, cómo darle gracias y suplicarle, cómo invocarle en la alegría y en el dolor, cómo contar las maravillas de sus obras y de su Ley. En síntesis, los salmos son la palabra de Dios que nosotros humanos usamos para hablar con Él.

En este libro no encontramos personas etéreas, personas abstractas, gente que confunde la oración con la experiencia estética o alienante. Los salmos no son textos nacidos en la mesa; son invocaciones, a menudo dramáticas, que brotan de la vida de la existencia. Para rezarlas basta ser lo que somos. No tenemos que olvidar que para rezar bien tenemos que rezar, así como somos, no maquillados. No hay que maquillar el alma para rezar. “Señor, yo soy así”, e ir delante del Señor como somos, con las cosas bonitas y también con las cosas feas que nadie conoce, pero nosotros, dentro, conocemos. En los salmos escuchamos las voces de orantes de carne y hueso, cuya vida, como la de todos, está plagada de problemas, de fatigas, de incertidumbres. El salmista no responde de forma radical a este sufrimiento: sabe que pertenece a la vida. Sin embargo, en los salmos el sufrimiento se transforma en preguntaDel sufrir al preguntar.

Peregrinos de Portugal en la JMJ de Panamá 2019 © Zenit

Y entre las muchas preguntas, hay una que permanece suspendida, como un grito incesante que atraviesa todo el libro de lado a lado. Una pregunta, que nosotros la repetimos muchas veces: “¿Hasta cuándo, Señor? ¿Hasta cuándo?”. Cada dolor reclama una liberación, cada lágrima invoca un consuelo, cada herida espera una curación, cada calumnia una sentencia absolutoria. “¿Hasta cuándo, Señor, ¿debo sufrir esto? ¡Escúchame, Señor!”: cuántas veces nosotros hemos rezado así, con “¿hasta cuándo?”, ¡basta Señor!

Planteando continuamente preguntas de este tipo, los salmos nos enseñan a no volvernos adictos al dolor, y nos recuerdan que la vida no es salvada si no es sanada. La existencia del hombre es un soplo, su historia es fugaz, pero el orante sabe que es valioso a los ojos de Dios, por eso tiene sentido gritarY esto es importante. Cuando nosotros rezamos, lo hacemos porque sabemos que somos valiosos a los ojos de Dios. Es la gracia del Espíritu Santo que, desde dentro, nos suscita esta conciencia: de ser valiosos a los ojos de Dios. Y por esto se nos induce a orar.

La oración de los salmos es el testimonio de este grito: un grito múltiple, porque en la vida el dolor asume mil formas, y toma el nombre de enfermedad, odio, guerra, persecución, desconfianza… Hasta el “escándalo” supremo, el de la muerte. La muerte aparece en el Salterio como la más irracional enemiga del hombre: ¿qué delito merece un castigo tan cruel, que conlleva la aniquilación y el final? El orante de los salmos pide a Dios intervenir donde todos los esfuerzos humanos son vanos. Por esto la oración, ya en sí misma, es camino de salvación e inicio de salvación.

Todos sufren en este mundo: tanto quien cree en Dios, como quien lo rechaza. Pero en el Salterio el dolor se convierte en relación: grito de ayuda que espera interceptar un oído que escuche. No puede permanecer sin sentido, sin objetivo. Tampoco los dolores que sufrimos pueden ser solo casos específicos de una ley universal: son siempre “mis” lágrimas. Pensad en esto: las lágrimas no son universales, son “mis” lágrimas. Cada uno tiene las propias. “Mis” lágrimas y “mi” dolor me empujan a ir adelante con la oración. Son “mis” lágrimas que nadie ha derramado nunca antes que yo. Sí, muchos han llorado, muchos. Pero “mis” lágrimas son mías, “mi” dolor es mío, “mi” sufrimiento es mío.

Antes de entrar en el Aula, he visto a los padres del sacerdote de la diócesis de Como que fue asesinado; precisamente fue asesinado en su servicio para ayudar. Las lágrimas de esos padres son “sus” lágrimas y cada uno de ellos sabe cuánto han sufrido en el ver este hijo que ha dado la vida en el servicio de los pobres. Cuando queremos consolar a alguien, no encontramos las palabras. ¿Por qué? Porque no podemos llegar a su dolor, porque “su” dolor es suyo, “sus” lágrimas son suyas. Lo mismo es para nosotros: las lágrimas, “mi” dolor es mío, las lágrimas son “mías” y con estas lágrimas, con este dolor me dirijo al Señor.

Todos los dolores de los hombres para Dios son sagrados. Así reza el orante del salmo 56: “Tú has anotado los pasos de mi destierro; recoge mis lágrimas en tu odre: ¿acaso no está todo registrado en tu Libro?” (v. 9). Delante de Dios no somos desconocidos, o números. Somos rostros y corazones, conocidos uno a uno, por nombre.

En los salmos, el creyente encuentra una respuesta. Él sabe que, incluso si todas las puertas humanas estuvieran cerradas, la puerta de Dios está abierta. Si incluso todo el mundo hubiera emitido un veredicto de condena, en Dios hay salvación.

“El Señor escucha”: a veces en la oración basta saber esto. Los problemas no siempre se resuelven. Quien reza no es un iluso: sabe que muchas cuestiones de la vida de aquí abajo se quedan sin resolver, sin salida; el sufrimiento nos acompañará y, superada la batalla, habrá otras que nos esperan. Pero, si somos escuchados, todo se vuelve más soportable.

Lo peor que puede suceder es sufrir en el abandono, sin ser recordados. De esto nos salva la oración. Porque puede suceder, y también a menudo, que no entendamos los diseños de Dios. Pero nuestros gritos no se estancan aquí abajo: suben hasta Él, que tiene corazón de Padre, y que llora Él mismo por cada hijo e hija que sufre y que muere. Os diré una cosa: a mí me ayuda, en los momentos duros, pensar en los llantos de Jesús, cuando lloró mirando Jerusalén, cuando lloró delante de la tumba de Lázaro.

Dios ha llorado por mí, Dios llora, llora por nuestros dolores. Porque Dios ha querido hacerse hombre —decía un escritor espiritual— para poder llorar. Pensar que Jesús llora conmigo en el dolor es un consuelo: nos ayuda a ir adelante. Si nos quedamos en la relación con Él, la vida no nos ahorra los sufrimientos, pero se abre un gran horizonte de bien y se encamina hacia su realización. Ánimo, adelante con la oración. Jesús siempre está junto a nosotros.

© Librería Editora Vaticana

 

 

Papa Francisco: Santa Teresa, “maestra de oración”

Palabras a hispanohablantes

OCTUBRE 14, 2020 14:58LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERALTESTIMONIOS

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(zenit – 14 oct. 2020).- El Papa Francisco ha recordado que mañana, 15 de octubre de 2020, se celebra la memoria de santa Teresa de Jesús, “maestra de oración”, durante la audiencia general de hoy, celebrada en el Aula Pablo VI.

Después de la catequesis, en su habitual saludo a los peregrinos de lengua española, el Santo Padre ha pedido que, a través de la intercesión y ejemplo de esta santa “podamos descubrir la oración, como ese ‘trato de amistad —como afirmaba ella— con quien sabemos nos ama’”.

“Estando con Dios nada nos podrá turbar ni espantar, pues ‘solo Dios basta’, añadió citando a Teresa de Ávila.

Igualmente, en sus palabras a los visitantes de lengua portuguesa, Francisco explicó que esta santa española es “maestra de la vida espiritual”. Ella enseñó que la oración “no es más que un trato de amistad, a menudo estando a solas con aquel que nos ama”.

“Aprended a crecer cada vez más en esta relación de amistad, usando las palabras del Libro de los Salmos”, invitó.

En la catequesis de hoy, el Papa ha reflexionado en torno al tema “La oración de los salmos”, destacando que este libro de la Biblia “enseña a rezar”, y que, al leerlo, “aprendemos el lenguaje de la oración; y encontramos en ellos la Palabra de Dios que los humanos usamos para comunicarnos con Él”.

 

 

SANTA TERESA DE JESÚS, DOCTORA DE LA IGLESIA*

Memoria

— Necesidad de la oración. Su importancia capital en la vida cristiana.

— Trato con la Humanidad Santísima de Jesús.

— Dificultades en la oración.

I. Santa Teresa nos ha dejado constancia de cómo con la oración salen adelante los «imposibles», aquello que humanamente parecía insuperable, y que el Señor a veces nos pide.

Más de una vez a lo largo de su vida escuchó estas palabras del Señor: ¿Qué temes? Y aquella mujer mayor, enferma, cansada recibía ánimos para sus empresas y volvía a la brecha superando todos los obstáculos. Un día, después de la Comunión, cuando su cuerpo parecía resistirse a nuevas fundaciones, oyó en su interior a Jesús, que le decía: «¿Qué temes? ¿Cuándo te he faltado Yo? El mismo que he sido, soy ahora; no dejes de llevar a cabo esas dos fundaciones» se refería el Señor a Palencia y Burgos. La Madre Teresa exclamó: «¡Oh, gran Dios, cómo son diferentes vuestras palabras a las de los hombres!». Y «así -prosigue la Santa quedé determinada y animada que todo el mundo no bastara a ponerme contradicción»1. Años más tarde escribirá de la fundación hecha en Palencia, que se presentaba llena de dificultades: «En esta fundación nos va todo tan bien, que no sé en qué ha de parar»2. Y en otro lugar: «Cada día se entiende más cuán acertado fue hacer aquí esta fundación»3. Y lo mismo diría de la otra ciudad: «También en Burgos hay tantas que quieren entrar, que es lástima no haber dónde»4. Esto la llenaba de gozo y alegría, a pesar de lo mucho que le costó: «Porque ir yo a Burgos con tantas enfermedades (...), siendo tan frío, parecióme que no se sufriría»5. Nunca la dejó sola el Señor.

Es en la oración donde sacamos fuerzas para ir adelante, para llevar a cabo lo que el Señor nos pide. Y esto se cumple igualmente en la vida del sacerdote, de la madre de familia, de la religiosa, del estudiante... Por eso es grande el empeño del demonio en que dejemos nuestra oración diaria, o en que la hagamos de cualquier manera, mal, pues «sabe el traidor que tiene perdida al alma que persevere en la oración y que todas las caídas que pueda tener la ayudan después, por la bondad de Dios, a dar un salto mayor en su servicio al Señor: algo le va en ello»6. Las almas que han estado cerca de Dios siempre nos han hablado de la importancia capital de la oración en la vida cristiana. «No nos extrañe, pues -enseñaba el Santo Cura de Ars, que el demonio haga todo lo posible para movernos a dejar la oración o a practicarla mal»7.

La oración es el fundamento firme de la perseverancia, pues «el que no deja de andar e ir adelante -enseña la Santa, aunque tarde, llega. No me parece es otra cosa perder el camino sino dejar la oración»8. Por eso hemos de prepararla con tanto esmero: sabiendo que estamos delante de Cristo vivo y glorioso, que nos ve y que nos oye como a aquellos que se le acercaban en los años en que permaneció en la tierra visiblemente. ¡Qué distinto es el día en el que, con quietud, con amor, hemos cuidado bien ese rato diario que dedicamos a hablar con el Señor, que nos escucha atentísimo! ¡Qué alegría poder estar ahora junto a Cristo! «Mira qué conjunto de razonadas sinrazones te presenta el enemigo, para que dejes la oración: “me falta tiempo” cuando lo estás perdiendo continuamente; “esto no es para mí”, “yo tengo el corazón seco”...

»La oración no es problema de hablar o de sentir, sino de amar. Y se ama, esforzándose en intentar decir algo al Señor, aunque no se diga nada»9.

Hagamos el propósito de no dejarla nunca, de dedicarle el mejor tiempo que nos sea posible, en el mejor lugar, delante del Sagrario cuando nuestros quehaceres lo permitan.

II. Nuestra oración se hará más fácil si, junto al decidido empeño de no consentir distracciones voluntarias en ella, procuramos tratar a la Humanidad Santísima de Jesús, fuente inagotable de amor, que facilita tanto el cumplimiento de la voluntad divina.

La propia Santa nos cuenta la importancia decisiva que tuvo en su vida un pequeño acontecimiento, que dejó una huella indeleble en su alma: «Entrando un día en el oratorio escribe, vi una imagen que habían traído allí a guardar (...). Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía y arrojéme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese de una vez para no ofenderle»10. No era sensiblería lo que la hacía llorar, sino amor a Cristo, que tanto nos ama y tanto padeció por nosotros en prueba de amor. ¡Y resulta tan natural buscar en una imagen, en un retrato, el rostro que se ama! Por eso, añadirá más adelante: «¡Desventurados de los que por su culpa pierden este bien! Bien parece que no aman al Señor, porque si le amaran, holgáranse de ver su retrato, como acá aun da contento ver el de quien se quiere bien»11.

Nos ayudará en muchas ocasiones servirnos también de la imaginación para representarnos con imágenes claras a Jesús que nace en Belén, que anda en compañía de María y de José, que aprende a trabajar... las zozobras del Corazón de María en la huida a Egipto... su dolor en el Calvario. Otras veces nos acercaremos al grupo de los íntimos, a quienes Jesús les explica, a solas, una parábola; le acompañaremos en aquellas largas caminatas de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo...; entraremos con Él en casa de sus amigos de Betania y contemplaremos el cariño con que le reciben aquellos hermanos, y aprenderemos nosotros a tratarle mejor en el Sagrario. No podemos tener una figura desdibujada y lejana de Jesús. Él es el Amigo siempre cercano y atento.

En la oración mental vamos a encontrarnos con Cristo vivo, que nos espera. «Teresa reaccionó contra los libros que proponían la contemplación como un vago engolfarse en la divinidad (cfr. Vida, 22, 1) o como un “no pensar en nada” (cfr. Castillo interior, 4, 3, 6), viendo en ello un peligro de replegarse sobre uno mismo, de apartarse de Jesús, del cual nos “vienen todos los bienes” (cfr. Vida, 22, 4). De aquí su grito: “apartarse de Cristo... no lo puedo sufrir” (Vida, 22, 1). Este grito vale también en nuestros días contra algunas técnicas de oración que no se inspiran en el Evangelio y que prácticamente tienden a prescindir de Cristo, en favor de un vacío mental que dentro del cristianismo no tiene sentido»12.

Muchas dificultades desaparecen cuando nos ponemos en su presencia, cuidando muy bien la oración preparatoria que acostumbremos a hacer: Creo, Señor, firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes, te adoro con profunda reverencia... Y si estamos en su presencia, como aquellos que le escuchaban en Nazareth o en Betania, ya estamos haciendo oración. Le miramos, nos mira...; le formulamos una petición..., hacemos nuestro lo que quizá estamos leyendo, deteniéndonos en un párrafo, o sacando un propósito para nuestra vida ordinaria: atender mejor a la familia, sonreír aunque estemos cansados o con dificultades, trabajar con más intensidad y presencia de Dios, hablar con un amigo para que se confiese... Nos ocurrirá como a Santa Teresa, y como a todos aquellos que han hecho oración verdadera: «Siempre salía consolada de la oración y con nuevas fuerzas»13, nos confiesa.

III. No nos desanimemos si, a pesar de todo, nos cuesta la oración, si tenemos distracciones, si nos parece que no obtenemos mucho fruto. El desaliento es en muchas ocasiones la mayor dificultad para perseverar en la oración. Santa Teresa también nos relata sus luchas y sus dificultades: «Muy muchas veces, algunos años, tenía más cuenta con desear se acabase la hora que tenía por mí de estar y escuchar cuando daba el reloj, que no en otras cosas buenas; y hartas veces no sé qué penitencia grave se me pusiera delante que no la acometiera de mejor gana que recogerme a tener oración»14.

Si procuramos rechazar las distracciones y nos empeñamos en buscar más al Señor de los consuelos, que los consuelos de Dios, como han señalado tantos autores espirituales, nuestra oración terminará siempre llena de frutos. En muchas ocasiones será un gran bien incluso carecer de consuelos sensibles, para así buscar con más rectitud de intención a Jesús y unirnos más íntimamente a Él. A veces, esta aridez que se experimenta en la oración no es una prueba de Dios, sino el resultado de la falta de interés verdadero en hablar con Él, de no haber preparado el ánimo, de falta de generosidad en sujetar la imaginación... Hemos de saber rectificar con generosidad y con prontitud. «En todo caso, para quien se empeña seriamente vendrán tiempos en los que le parecerá vagar en un desierto y, a pesar de todos sus esfuerzos, no “sentir” nada de Dios. Debe saber que estas pruebas no se le ahorran a ninguno que tome en serio la oración. Pero no debe identificar inmediatamente esta experiencia, común a todos los cristianos que rezan, con la noche oscura de tipo místico. De todas maneras, en aquellos períodos debe esforzarse firmemente por mantener la oración que, aunque podrá darle la impresión de una cierta “artificiosidad”, se trata en realidad de algo completamente diverso: es precisamente entonces cuando la oración constituye una expresión de su fidelidad a Dios, en presencia del cual quiere permanecer incluso a pesar de no ser recompensado por ninguna consolación subjetiva»15.

Ahora, como en los tiempos revueltos de Santa Teresa, es «menester mucha oración», pues «su necesidad es grande»16. La necesita la Iglesia, la sociedad, las familias... y nuestra alma. La oración nos permitirá salir adelante en todas las dificultades y nos unirá a Jesús, que cada día nos espera en el trabajo, en nuestros deberes familiares..., pero de una manera particular en ese tiempo que le dedicamos solo a Él.

1 Santa Teresa, Fundaciones, 29, 6. — 2 ídem, Carta 348, 3. — 3 ídem, Carta 354, 4. — 4 ídem, Carta 145, 8. — 5 ídem, Fundaciones, 28, 11. — 6 ídem, Vida 19, 2. — 7 Santo Cura de Ars, Sermón sobre la oración. — 8 Santa Teresa, Vida, 19, 5. — 9 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 646. — 10 Santa Teresa, Vida, 9, 1. — 11 Ibídem, 9, 6. — 12 Juan Pablo II, Homilía en Ávila, 1-XI-1982. — 13 Santa Teresa, Vida, 29, 4. — 14 Ibídem, 8, 3. — 15 C. Para la Doctrina de la Fe, Carta Sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, 15-X-1989, n. 30. — 16 Cfr. Santa Teresa, Carta 184, 6.

Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia, nació en Ávila el 28 de marzo de 1515. Ingresó en el Carmelo a los 18 años. A los cuarenta y cinco, respondiendo a las gracias extraordinarias que recibía del Señor, emprendió la reforma de la Orden, ayudada por San Juan de la Cruz. Sufrió con entereza muchas dificultades y contradicciones. Sus escritos son un modelo seguro para alcanzar a Dios. Murió en Alba de Tormes el 4 de abril de 1582, Pablo VI la declaró Doctora de la Iglesia el 17 de septiembre de 1970.

 

 

Evangelio del jueves: ¡Ay de vosotros!

Evangelio del jueves de la XXVIII semana del tiempo ordinario y comentario al evangelio.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

 

Opus Dei - Evangelio del jueves: ¡Ay de vosotros!

Evangelio (Lc 11,47-54)

 

»¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas, después que vuestros padres los mataron! Así pues, sois testigos de las obras de vuestros padres y consentís en ellas, porque ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso dijo la sabiduría de Dios: «Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán, para que se pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, asesinado entre el altar y el Templo». Sí, os lo aseguro: se le pedirán cuentas a esta generación.

»¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, porque os habéis apoderado de la llave de la sabiduría! Vosotros no habéis entrado y a los que querían entrar se lo habéis impedido.

Cuando salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a atacarle con furia y a acosarle a preguntas sobre muchas cosas, acechándole para cazarle en alguna palabra.


Comentario

“¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, porque os habéis apoderado de la llave de la sabiduría!”

Jesús con dolor y con claridad echa en cara a los fariseos el tremendo mal que estaban haciendo. En vez de ayudar al pueblo a que reconocieran en Jesús al Mesías, es todo lo contrario. En vez de abrir la puerta y dejar entrar, la cierran. Se colocan en el lugar de Dios como administradores de su sabiduría.

La actitud de Jesús es todo lo contrario: “venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” (Mt 11, 28).

Jesús ofrece la salvación a todos y lo que nos pide es fe y humildad. Ver la verdad y amarla.

Caminar con el Señor significa también ser humildes. Porque como contaba santa Teresa: “Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsoseme delante -a mi parecer sin considerarlo, sino de presto- esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad”[1].

La humildad es necesaria para caminar con el Señor. La soberbia cierra sobre sí mismo, se piensa que está en la posesión de la verdad. La humildad, por el contrario, abre el corazón a la verdad al reconocer que no lo sabemos todo. Caminar en la verdad significa tener por delante amplios horizontes. La humildad lleva también a saberse instrumentos en las manos de Dios para ayudar a los demás en el camino de la fe.

Esto es lo que nos dice Jesús con estas palabras: “vosotros no habéis entrado y a los que querían entrar se lo habéis impedido”. Jesús se quiere servir de nosotros, de nuestra vida, de nuestro ejemplo para facilitar a los demás el encuentro con él.

Me acordaba de algo que leí hace unos meses, en el fallecimiento de un buen cristiano. Contaban que tenía encima de su mesa de trabajo estas palabras de san Josemaría: “éste es cristiano, porque no odia, porque sabe comprender, porque no es fanático, porque está por encima de los instintos, porque es sacrificado, porque manifiesta sentimientos de paz, porque ama”[2].

Una buena manera de no apoderarse de la llave de la sabiduría sino de ser buenos conductores de la gracia de Dios es luchar para que los demás puedan descubrir a Cristo en nuestra actuación.


[1] Santa Teresa, Las moradas 6, 10.

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 122

 

“Que nunca deje de practicar la caridad”

No resulta compatible amar a Dios con perfección, y dejarse dominar por el egoísmo –o por la apatía– en el trato con el prójimo. (Surco, 745)

15 de octubreLa amistad verdadera supone también un esfuerzo cordial por comprender las convicciones de nuestros amigos, aunque no lleguemos a compartirlas, ni a aceptarlas. (Surco, 746)

No permitas nunca que crezca la hierba mala en el camino de la amistad: sé leal. (Surco, 747)

Un propósito firme en la amistad: que en mi pensamiento, en mi palabra, en mis obras respecto a mi prójimo –sea quien sea–, no me conduzca como hasta ahora: es decir, que nunca deje de practicar la caridad, que jamás dé paso en mi alma a la indiferencia. (Surco, 748)

Tu caridad ha de estar adecuada, ajustada, a las necesidades de los demás...; no a las tuyas. (Surco, 749)

¡Hijos de Dios!: una condición que nos transforma en algo más trascendente que en personas que se soportan mutuamente. Escucha al Señor: «vos autem dixi amicos!» –somos sus amigos, que, como El, dan gustosamente su vida los unos por los otros, en la hora heroica y en la convivencia corriente. (Surco, 750)

 

 

«Leyendo y releyendo los salmos aprendemos el lenguaje de la oración»

Durante al audiencia general el Papa comentó el libro de los salmos, donde se “enseña a rezar”. Dijo que son “invocaciones, a menudo dramáticas, que brotan de nuestra existencia” y que establecen un puente con Dios, una relación con Él. Se trata de “un grito de auxilio que espera ser escuchado por un oído atento”. El Papa señaló que ese oído es el de Dios, para quien “no somos extraños, ni somos números; nos conoce a cada uno por nuestro nombre y nuestros dolores son sagrados para Él”.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA14/10/2020

Queridos hermanos y hermanas:

Leyendo la Biblia nos encontramos continuamente con oraciones de distinto tipo. Pero encontramos también un libro compuesto solo de oraciones, libro que se ha convertido en patria, lugar de entrenamiento y casa de innumerables orantes. Se trata del Libro de los Salmos. Son 150 salmos para rezar.

EN LOS SALMOS ENCONTRAMOS TODOS LOS SENTIMIENTOS HUMANOS

Forma parte de los libros sapienciales, porque comunica el “saber rezar” a través de la experiencia del diálogo con Dios. En los salmos encontramos todos los sentimientos humanos: las alegrías, los dolores, las dudas, las esperanzas, las amarguras que colorean nuestra vida. El Catecismo afirma que cada salmo «es de una sobriedad tal que verdaderamente pueden orar con él los hombres de toda condición y de todo tiempo» (CIC, 2588).

Leyendo y releyendo los salmos, nosotros aprendemos el lenguaje de la oración. Dios Padre, de hecho, con su Espíritu los ha inspirado en el corazón del rey David y de otros orantes, para enseñar a cada hombre y mujer cómo alabarle, cómo darle gracias y suplicarle, cómo invocarle en la alegría y en el dolor, cómo contar las maravillas de sus obras y de su Ley. En síntesis, los salmos son la palabra de Dios que nosotros humanos usamos para hablar con Él.

EN SÍNTESIS, LOS SALMOS SON LA PALABRA DE DIOS QUE NOSOTROS HUMANOS USAMOS PARA HABLAR CON ÉL

En este libro no encontramos personas etéreas, personas abstractas, gente que confunde la oración con la experiencia estética o alienante.

Los salmos no son textos nacidos en la mesa; son invocaciones, a menudo dramáticas, que brotan de la vida de la existencia. Para rezarles basta ser lo que somos. No tenemos que olvidar que para rezar bien tenemos que rezar así como somos, no maquillados. No hay que maquillar el alma para rezar. “Señor, yo soy así”, e ir delante del Señor como somos, con las cosas bonitas y también con las cosas feas que nadie conoce, pero nosotros, dentro, conocemos.

Cómo hablar con Dios en momentos difíciles

En los salmos escuchamos las voces de orantes de carne y hueso, cuya vida, como la de todos, está plagada de problemas, de fatigas, de incertidumbres. El salmista no responde de forma radical a este sufrimiento: sabe que pertenece a la vida. Sin embargo, en los salmos el sufrimiento se transforma en pregunta. Del sufrir al preguntar.

Y entre las muchas preguntas, hay una que permanece suspendida, como un grito incesante que atraviesa todo el libro de lado a lado. Una pregunta, que nosotros la repetimos muchas veces: “¿Hasta cuándo, Señor? ¿Hasta cuándo?”. Cada dolor reclama una liberación, cada lágrima invoca un consuelo, cada herida espera una curación, cada calumnia una sentencia absolutoria. “¿Hasta cuándo, Señor, debo sufrir esto? ¡Escúchame, Señor!”: cuántas veces nosotros hemos rezado así, con “¿hasta cuándo?”, ¡basta Señor!

CUANDO NOSOTROS REZAMOS, LO HACEMOS PORQUE SABEMOS QUE SOMOS VALIOSOS A LOS OJOS DE DIOS

Planteando continuamente preguntas de este tipo, los salmos nos enseñan a no volvernos adictos al dolor, y nos recuerdan que la vida no es salvada si no es sanada. La existencia del hombre es un soplo, su historia es fugaz, pero el orante sabe que es valioso a los ojos de Dios, por eso tiene sentido gritar. Y esto es importante. Cuando nosotros rezamos, lo hacemos porque sabemos que somos valiosos a los ojos de Dios. Es la gracia del Espíritu Santo que, desde dentro, nos suscita esta conciencia: de ser valiosos a los ojos de Dios. Y por esto se nos induce a orar.

La oración de los salmos es el testimonio de este grito: un grito múltiple, porque en la vida el dolor asume mil formas, y toma el nombre de enfermedad, odio, guerra, persecución, desconfianza… Hasta el “escándalo” supremo, el de la muerte. La muerte aparece en el Salterio como la más irracional enemiga del hombre: ¿qué delito merece un castigo tan cruel, que conlleva la aniquilación y el final? El orante de los salmos pide a Dios intervenir donde todos los esfuerzos humanos son vanos. Por esto la oración, ya en sí misma, es camino de salvación e inicio de salvación.

Todos sufren en este mundo: tanto quien cree en Dios, como quien lo rechaza. Pero en el Salterio el dolor se convierte en relación: grito de ayuda que espera interceptar un oído que escuche. No puede permanecer sin sentido, sin objetivo. Tampoco los dolores que sufrimos pueden ser solo casos específicos de una ley universal: son siempre “mis” lágrimas. Pensad en esto: las lágrimas no son universales, son “mis” lágrimas. Cada uno tiene las propias. “Mis” lágrimas y “mi” dolor me empujan a ir adelante con la oración. Son “mis” lágrimas que nadie ha derramado nunca antes que yo. Sí, muchos han llorado, muchos. Pero “mis” lágrimas son mías, “mi” dolor es mío, “mi” sufrimiento es mío.

TODOS LOS DOLORES DE LOS HOMBRES PARA DIOS SON SAGRADOS

Antes de entrar en el Aula, he visto a los padres del sacerdote de la diócesis de Como que fue asesinado; precisamente fue asesinado en su servicio para ayudar. Las lágrimas de esos padres son “sus” lágrimas y cada uno de ellos sabe cuánto ha sufrido en el ver este hijo que ha dado la vida en el servicio de los pobres. Cuando queremos consolar a alguien, no encontramos las palabras. ¿Por qué? Porque no podemos llegar a su dolor, porque “su” dolor es suyo, “sus” lágrimas son suyas. Lo mismo es para nosotros: las lágrimas, “mi” dolor es mío, las lágrimas son “mías” y con estas lágrimas, con este dolor me dirijo al Señor.

Todos los dolores de los hombres para Dios son sagrados. Así reza el orante del salmo 56: «Tú has anotado los pasos de mi destierro; recoge mis lágrimas en tu odre: ¿acaso no está todo registrado en tu Libro?» (v. 9). Delante de Dios no somos desconocidos, o números. Somos rostros y corazones, conocidos uno a uno, por nombre.

En los salmos, el creyente encuentra una respuesta

En los salmos, el creyente encuentra una respuesta. Él sabe que, incluso si todas las puertas humanas estuvieran cerradas, la puerta de Dios está abierta. Si incluso todo el mundo hubiera emitido un veredicto de condena, en Dios hay salvación.

“El Señor escucha”: a veces en la oración basta saber esto. Los problemas no siempre se resuelven. Quien reza no es un iluso: sabe que muchas cuestiones de la vida de aquí abajo se quedan sin resolver, sin salida; el sufrimiento nos acompañará y, superada la batalla, habrá otras que nos esperan. Pero, si somos escuchados, todo se vuelve más soportable.

NUESTROS GRITOS NO SE ESTANCAN AQUÍ ABAJO: SUBEN HASTA ÉL, QUE TIENE CORAZÓN DE PADRE

Lo peor que puede suceder es sufrir en el abandono, sin ser recordados. De esto nos salva la oración. Porque puede suceder, y también a menudo, que no entendamos los diseños de Dios. Pero nuestros gritos no se estancan aquí abajo: suben hasta Él, que tiene corazón de Padre, y que llora Él mismo por cada hijo e hija que sufre y que muere.

Os diré una cosa: a mí me ayuda, en los momentos duros, pensar en los llantos de Jesús, cuando lloró mirando Jerusalén, cuando lloró delante de la tumba de Lázaro. Dios ha llorado por mí, Dios llora, llora por nuestros dolores. Porque Dios ha querido hacerse hombre —decía un escritor espiritual— para poder llorar. Pensar que Jesús llora conmigo en el dolor es un consuelo: nos ayuda a ir adelante. Si nos quedamos en la relación con Él, la vida no nos ahorra los sufrimientos, pero se abre un gran horizonte de bien y se encamina hacia su realización. Ánimo, adelante con la oración. Jesús siempre está junto a nosotros.

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Mañana celebramos la memoria de santa Teresa de Jesús, maestra de oración. Que a través de su intercesión y ejemplo podamos descubrir la oración, como ese “trato de amistad —como afirmaba ella— con quien sabemos que nos ama”. Estando con Dios nada nos podrá turbar ni espantar, pues “sólo Dios basta”. Que el Señor los bendiga a todos. Gracias.

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Algunos recursos relacionados con la catequesis del papa Francisco sobre la oración

• Devuélveme la alegría de tu salvación (Sobre el salmo miserere).

• El arte de la oración.

• ¿Qué es la oración?, ¿cómo se hace?, ¿Dios escucha y responde? (de la serie Preguntas sobre la fe cristiana)

• «Dejé de rezar porque no se cumplía nada de lo que pedía» (Historia de “Regreso a Ítaca”, volver a creer a los 50)

• «Aquella primera oración de hijo de Dios» (de la serie Nuevos Mediterráneos)

• Serie Conocerle y conocerte sobre la oración.

• Meditación del prelado del Opus Dei sobre la oración (15 min.)

 

 

Santa Teresa de Ávila y san Josemaría Escrivá de Balaguer

El 15 de octubre la Iglesia celebra la fiesta de santa Teresa de Ávila, recopilamos algunos relatos que narran el cariño de san Josemaría por la santa y la influencia en sus escritos.

NOTICIAS14/10/2017

Relatos sobre el cariño de san Josemaría por Teresa de Ávila y la influencia en los escritos del fundador del Opus Dei

Cuando, entre finales de diciembre del 1917 y comienzos de enero de 1918, en Logroño, el joven Josemaría descubrió aquellas huellas de unos pies descalzos en la nieve, se despertó en su alma una profunda inquietud y la seguridad plena de que el Señor quería algo. Acudió entonces a la dirección espiritual del Padre José Miguel, el carmelita que había dejado aquellas huellas.

Este santo religioso, al observar las excelentes disposiciones interiores del joven, y comprendiendo que, efectivamente, el Señor le llamaba, le sugirió hacerse carmelita descalzo. Esta posibilidad ni le atraía ni le desagradaba; pero, tras haberlo meditado con calma en la oración, también por lo que afectaba a sus deberes familiares, comprendió claramente que no era eso lo que el Señor le pedía, e intuyó que si el Señor quería algo de él, el mejor modo de estar disponible era hacerse sacerdote.

Interrumpió entonces la dirección espiritual con el Padre José Miguel, aunque conservó siempre una sincera gratitud por su trato, así como un afecto muy grande hacia los carmelitas. Veneraba especialmente a Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y Santa Teresita del Niño Jesús: fue asiduo lector de sus obras y en la predicación evocaba a menudo a estos grandes maestros de la espiritualidad y citaba sus escritos, aunque, cuando era necesario, hacía notar los puntos de divergencia con su propio modo de pensar y vivir las relaciones con Dios.

SAN JOSEMARÍA PROFUNDIZÓ EN LOS ESCRITOS DE LA SANTA DE ÁVILA EN SUS AÑOS DE SEMINARIO EN ZARAGOZA

San Josemaría profundizó en los escritos de la Santa de Ávila en sus años de Seminario en Zaragoza. Empujado por sus gustos literarios, el joven Josemaría empleaba el tiempo libre de clases o estudios en la lectura. Se le veía tomar notas de frases o pensamientos. Se acostaba robando horas al sueño. Por las noches veían los seminaristas, por debajo de la puerta de su puerta, la luz titilante e incierta de una vela, porque no todas las habitaciones del seminario de San Carlos tenían luz eléctrica.

Gozó de un fecundo período de dos años de lecturas. Más adelante, san Josemaría no dispuso ya de tanto tiempo ni de ocasión tan propicia para ese tipo de libros, salvo la necesidad que tuvo de consultar, a veces, los escritos de los clásicos. Leyó con profundidad a místicos y ascetas, estudiando las escondidas operaciones de la gracia. Y gustaba, muy particularmente, de las obras de Santa Teresa.

Esas lecturas de los clásicos españoles del siglo de Oro, se traslucían luego en sus escritos y en su predicación, pero también en su vida diaria y en sus esfuerzos por hacer amable el día a día de su familia. En 1931, siendo sacerdote joven en Madrid, con una situación económica muy apurada, decidió esmerarse, aún más, en el trato dentro de casa: veré en mi madre a la Ssma. Virgen, en mi hermana Carmen a Santa Teresa o a Santa Teresita, y en Guitín (así llamaba cariñosamente a Santiago, su hermano pequeño) a Jesús Adolescente .

SANTA TERESA ME HA PROPORCIONADO, DE NUESTRO JESÚS, LA ALEGRÍA —CON MAYÚSCULA— QUE HOY TENGO...

En ese mismo año, arreciaba la persecución religiosa en España. El 14 de octubre se enteró que se había aprobado el famoso y triste artículo 26 de la Constitución, que llevaba pareja la expulsión de la Compañía de Jesús. Esa misma tarde se fue a ver a su confesor a Chamartín. El peligro no afectaba solamente a los jesuitas. Todos los conventos y residencias de religiosos estaban expuestos a ser asaltados. Los estudiantes católicos solían, para protegerlos, montar la guardia de noche. El 15 de octubre, día de Santa Teresa de Jesús, el capellán se presentó en clausura. Las monjas se hallaban atemorizadas por los alarmantes rumores que les venían de la calle. Las sosegó como pudo, poniendo calor y optimismo en sus palabras:

«Hoy entré en la clausura de Sta. Isabel. Animé a las monjas. Les hablé de Amor, de Cruz y de Alegría... y de victoria. ¡Fuera congojas! Estamos en los principios del fin. Santa Teresa me ha proporcionado, de nuestro Jesús, la Alegría —con mayúscula— que hoy tengo..., cuando, al parecer, humanamente hablando, debiera estar triste, por la Iglesia y por lo mío (que anda mal: la verdad): Mucha fe, expiación, y, por encima de la fe y de la expiación, mucho Amor. Además esta mañana, para purificar dos Copones, por no dejar al Santísimo Sacramento en la Iglesia, comulgué casi medio copón, aunque di bastantes formas a cada religiosa».

Las religiosas le premiaron aquella siembra de alegría: al salir de la clausura, en la portería, me han enseñado un Niño, que era un Sol. ¡No he visto Jesús más guapo! Encantador: lo desnudaron: está con los bracitos cruzados sobre el pecho y los ojos entreabiertos. Hermoso: me lo he comido a besos y... de buena gana lo hubiera robado.

Camino, el libro más conocido de san Josemaría, ha sido comparado con algunos escritos de san Juan de la Cruz genéricamente designados como “Avisos y Cautelas”. Autores como Ibánez Langlois no ignora la conexión existente entre Escrivá de Balaguer y los clásicos de la literatura espiritual española. Entre éstos, sin embargo, privilegia, más que a san Juan de la Cruz a santa Teresa de Jesús: «Dentro del siglo de oro –ha escrito– es con santa Teresa con quien se evidencia un parentesco más sensible. Porque, así como ella escribe una prosa coloquial y fulgurante muy lejos de toda pretensión de escritora y sin saber si quiera que lo fuese, así Josemaría Escrivá. Hizo gran literatura considerando él mismo que sólo escribía rápidos apuntes de conciencia, cartas de familia, anotaciones personales nacidas de su oración…».

La influencia de santa de Teresa en Camino

Esa influencia de santa Teresa en el modo de escribir del fundador del Opus Dei, se asoma, además, en varios puntos de Camino en los que cita a la santa de Ávila.

Voluntad. —Energía. —Ejemplo. —Lo que hay que hacer, se hace... Sin vacilar... Sin miramientos...

Sin esto, ni Cisneros hubiera sido Cisneros; ni Teresa de Ahumada, Santa Teresa...; ni Iñigo de Loyola, San Ignacio...

¡Dios y audacia! —"Regnare Christum volumus!"

Camino, 11

Hombre libre, sujétate a voluntaria servidumbre para que Jesús no tenga que decir por ti aquello que cuentan que dijo por otros a la Madre Teresa: "Teresa, yo quise... Pero los hombres no han querido".

Camino, 761

Niño audaz, grita: ¡Qué amor el de Teresa! —¡Qué celo el de Xavier! —¡Qué varón más admirable San Pablo! —¡Ah, Jesús, pues yo... te quiero más que Pablo, Xavier y Teresa!

Camino, 874

No pidas a Jesús perdón tan sólo de tus culpas: no le ames con tu corazón solamente...

Desagráviale por todas las ofensas que le han hecho, le hacen y le harán..., ámale con toda la fuerza de todos los corazones de todos los hombres que más le hayan querido.

Sé audaz: dile que estás más loco por El que María Magdalena, más que Teresa y Teresita..., más chiflado que Agustín y Domingo y Francisco, más que Ignacio y Javier.

Camino, 402

De San José dice Santa Teresa, en el libro de su vida: "Quien no hallare Maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por maestro, y no errará en el camino". —El consejo viene de alma experimentada. Síguelo.

Camino, 561

Una mala noche, en una mala posada. —Así dicen que definió esta vida terrena la Madre Teresa de Jesús. —¿No es verdad que es comparación certera?

Camino, 703

Despacio. —Mira qué dices, quién lo dice y a quién. —Porque ese hablar de prisa, sin lugar para la consideración, es ruido, golpeteo de latas.

Y te diré con Santa Teresa, que no lo llamo oración, aunque mucho menees los labios.

Camino, 85

Y en otros escritos de san Josemaría, también asoma su devoción y cariño por la santa de Ávila

Voy a proseguir este rato de charla ante el Señor, con una nota que utilicé años atrás, y que mantiene toda su actualidad. Recogí entonces unas consideraciones de Teresa de Avila: todo es nada, y menos que nada, lo que se acaba y no contenta a Dios. ¿Comprendéis por qué un alma deja de saborear la paz y la serenidad cuando se aleja de su fin, cuando se olvida de que Dios la ha creado para la santidad? Esforzaos para no perder nunca este punto de mira sobrenatural, tampoco a la hora de la distracción o del descanso, tan necesarios en la vida de cada uno como el trabajo.

Amigos de Dios, 10

Este adverbio —siempre— ha hecho grande a Teresa de Jesús. Cuando ella —niña— salía por la puerta del Adaja, atravesando las murallas de su ciudad acompañada de su hermano Rodrigo, para ir a tierra de moros a que les descabezaran por Cristo, susurraba al hermano que se cansaba: para siempre, para siempre, para siempre.

Mienten los hombres, cuando dicen para siempre en cosas temporales. Sólo es verdad, con una verdad total, el para siempre cara a Dios; y así has de vivir tú, con una fe que te ayude a sentir sabores de miel, dulzuras de cielo, al pensar en la eternidad que de verdad es para siempre.

Amigos de Dios, 200

El hombre de fe sabe juzgar bien de las cuestiones terrenas, sabe que esto de aquí abajo es, en frase de la Madre Teresa, una mala noche en una mala posada. Renueva su convencimiento de que nuestra existencia en la tierra es tiempo de trabajo y de pelea, tiempo de purificación para saldar la deuda debida a la justicia divina, por nuestros pecados. Sabe también que los bienes temporales son medios, y los usa generosamente, heroicamente.

Amigos de Dios, 203

Asegura Santa Teresa que "quien no hace oración no necesita demonio que le tiente; en tanto que, quien tiene tan sólo un cuarto de hora al día, necesariamente se salva"..., porque el diálogo con el Señor —amable, aun en los tiempos de aspereza o de sequedad del alma— nos descubre el auténtico relieve y la justa dimensión de la vida.

Sé alma de oración.

Forja, 1003

Relatos del beato Álvaro del Portillo y de Javier Echevarría

Las personas que convivieron con él, relatan, además, sucesos y palabras de su predicación en las que, a menudo, se traslucía la huella que santa Teresa había dejado en su alma. El beato Álvaro del Portillo, recuerda: «El Padre solía decir, ya a los primeros miembros del Opus Dei, que para crecer en la vida interior, es un buen medio consagrar cada día de la semana a una devoción sólida: a la Santísima Trinidad, a la Eucaristía, a la Pasión, a la Virgen, a San José, a los Santos Ángeles Custodios, a las benditas ánimas del Purgatorio. Como siempre, este consejo brotaba de su experiencia personal: lo había vivido desde hacía muchos años. Puedo afirmar que sus principales devociones fueron: la Santísima Trinidad –Dios Uno y Trino, además de las Tres Personas divinas a las que trataba singularmente: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo–; Nuestro Señor Jesucristo, sobre todo su presencia en la Eucaristía, su Pasión y sus años de vida oculta; la Santísima Virgen; San José; los santos Ángeles y Arcángeles; los Santos y, en particular, los doce Apóstoles, los Santos que escogió como intercesores de algunos aspectos del apostolado de la Obra –Santa Catalina de Siena, San Nicolás de Bari, Santo Tomás Moro, San Pío X y el Santo Cura de Ars–, otros santos, como San Antonio Abad, Santa Teresa de Jesús, etc., y los primeros cristianos».

Javier Echevarría, refiriéndose a cómo era el trato confiado de san Josemaría con su Padre-Dios, a pesar del cansancio o de las dificultades, recordaba: «En ningún momento le he visto desanimado, dubitativo, intranquilo. A su lado, se palpaba lo que tantas veces nos repitió, con palabras de Santa Teresa de Jesús: "quien a Dios tiene, nada le falta". Resumía claramente sus disposiciones en 1966: "la angustia y la tristeza se oponen completamente a la misma esencia de Dios, que es la felicidad en grado sumo. Si estáis cansados, decídselo al Señor; si encontráis dificultades de categoría, dejadlas en las manos del Señor. Pero, insisto, evitad que alguno pueda concluir, por vuestra actitud personal, que el yugo del Maestro no es suave, no es de amor».

San Josemaría siempre amó el estado religioso y, siempre que pudo, visitó los conventos a los que le invitaban. En Chile, durante su viaje de catequesis en 1974, la priora del convento de las Carmelitas en Pedro de Valdivia esgrimió el ideal de su fundadora, Santa Teresa de Jesús, “tanto alcanzas cuanto esperas”, un argumento al que san Josemaría no opuso resistencia, y con el mayor gusto se dispuso a visitarlas la misma mañana en que recibió la carta. «Yo tengo un amor muy grande a la vocación de almas contemplativas –les dijo–, porque en el Opus Dei somos contemplativos en medios de la calle. Os entendemos muy bien, y las Madres Carmelitas del mundo entero nos entienden muy bien y nos ayudan con su oración. Vengo a pedir una limosna de oración: rezad». Las carmelitas recuerdan que les endulzó el alma con sus comentarios y también el paladar con los bombones que les llevó de regalo.

Más información

Santa Teresa en "Camino" de san Josemaría Escrivá (PDF). David Torrijos-Castrillejo. Universidad Eclesiástica San Dámaso (Madrid). Congreso Interuniversitario Santa Teresa de Jesús, maestra de vida. Ávila, del 1 al 3 de agosto de 2015.


Fuentes

Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, Vol. 1.

Javier Echevarría: Entrevista con don Salvador Bernal, Memorias del Beato Josemaría.

Álvaro del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei.

José Miguel Ibáñez Langlois, Josemaría Escrivá como escritor.

Josemaría Escrivá de Balaguer, Camino.

Josemaría Escrivá de Balaguer, Forja.

Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios.

 

La santificación en la propia situación de vida

Estudio de Miguel Ángel Tabet, profesor de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, publicado en "Romana", nº 6 (1988).

TRABAJO01/06/2015

El texto de 1 Cor 7,17-24[1], sin lugar a dudas, tiene especial importancia en la individuación de los fundamentos bíblicos de la teología del laicado, especialmente en lo que concierne a la definición del ámbito de la santificación: la peculiar condición de vida, su situación familiar, social, profesional, etc. Interesa destacar, desde el primer momento, que el pasaje en cuestión no puede ser tratado como un inciso o paréntesis dentro de 1 Cor 7, como tampoco dentro de la más amplia perspectiva del epistolario paulino[2]. Su contenido, en efecto, no constituye en ningún modo una enseñanza secundaria, accidental, en el mensaje global del Apóstol, como lo pone de manifiesto la fórmula «así lo dispongo en todas las iglesias» (v. 17) con que san Pablo indica la constancia y universalidad de esta enseñanza suya. Él trataba de este argumento «in omnibus ecclesiis», y así lo hace notar explícitamente a los corintios.

Por otra parte, la enseñanza de 1 Cor 7,17-24 adquiere fuerza y vigor al contextualizar el pasaje dentro del entero «corpus paulinum». El deber del cristiano de santificarse en la propia situación de vida, por medio de su trabajo y en las circunstancias ordinarias, es un tema que aflora en muchos otros textos diseminados aquí y allá a lo largo de las cartas del Apóstol[3]. Sin embargo, quizá sea ésta perícopa de la primera Carta a los Corintios la más significativa. En ella se insinúa la doctrina que tan admirablemente expuso el Concilio Vaticano II al afirmar que «por su vocación, es propio de los laicos buscar el reino de Dios tratando las cosas temporales, ordenándolas según Dios. Ellos viven en el siglo, es decir, implicados en todos y cada uno de los asuntos y negocios del mundo y en las ordinarias condiciones de la vida familiar y social, en las cuales su existencia está como entretejida. Allí son llamados por Dios a contribuir, como desde el interior, a modo de fermento, a la santificación del mundo mediante el ejercicio de su función propia y bajo la guía del espíritu evangélico y, de este modo, a hacer visible a Cristo a los demás, principalmente con el testimonio de la propia vida y con el fulgor de la fe, de la esperanza y de la caridad. A ellos corresponde particularmente iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las cuales están estrechamente ligados, de modo que siempre se realicen según Cristo, y crezcan y se mantengan en alabanza al Creador y Redentor»[4].

1. El contexto inmediato de 1 Cor 7,17-24

El contexto en que se encuentra nuestro pasaje puede resultar a primera vista algo sorprendente, pero tal vez esto mismo es lo que realza particularmente su significado. Se trata del capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios, capítulo que da inicio a la segunda parte de la epístola, toda ella caracterizada por el hecho de contener respuestas del Apóstol a diversas consultas que le habían planteado los fieles. En particular, el capítulo 7 afronta la temática de la relación entre el matrimonio y la virginidad. «Una de las preguntas que la comunidad corintia propuso al Apóstol debía decir, poco más o menos, si a un cristiano le es lícito el matrimonio y la consumación matrimonial. Tenía ante los ojos el ejemplo del celibato de los Apóstoles; sabían que el mismo Jesús había sido célibe; conocían asimismo la sentencia sobre los que renuncian al matrimonio por amor al reino de los cielos (Mt 19,11 ss). De todo esto deducían que todos debían tender a este ideal. Por otra parte, había otros muchos que estimaban en poco los valores de la sexualidad, lo que podía llevar, por el camino opuesto, a la laxitud moral...»[5].

La respuesta de san Pablo ofrece las directrices doctrinales esenciales para aclarar esos interrogantes. El Apóstol les habla de la legitimidad y conveniencia del matrimonio (vv. 1-2), de la igualdad esencial de los derechos y deberes de los cónyuges (vv. 3-4), de la continencia temporal por razones más altas, como dedicarse a la oración (v. 5), del matrimonio y la virginidad como dos dones diferentes de la gracia, y la mayor excelencia en sí de este último (vv. 6-9), de la indisolubilidad del matrimonio (vv. 10-11) y del comportamiento a seguir en el caso concreto del matrimonio entre paganos, uno de los cuales se convertía al cristianismo (vv. 16-17). Es en este momento (v. 17), antes de continuar con el tema planteado y extenderse a propósito de la excelencia de la virginidad (vv. 25-40), última parte del capítulo, cuando san Pablo parece sentirse urgido a recordar lo que era un tema frecuente en su predicación: las exigencias normales de la vocación cristiana en relación a las estructuras del mundo. Comienza así el v. 17 afirmando: «por lo demás, que cada uno permanezca en la condición que le asignó el Señor, en la que tenía cuando le llamó Dios. Así lo dispongo en todas las iglesias»[6].

Tal vez, el motivo que impulsó a san Pablo a señalar con contornos precisos este punto capital de su doctrina, precisando que así lo disponía en todas las comunidades, haya sido el espíritu de relajamiento moral y de inestabilidad religiosa de los corintios. E1 Apóstol quería probablemente evitar que se hiciera una extensión abusiva de la enseñanza que él había expuesto poco antes sobre la licitud de la ruptura de los lazos conyugales en un matrimonio inicialmente realizado entre paganos, en el caso de que la parte pagana no quisiera seguir conviviendo pacíficamente con la parte que se había convertido. San Pablo se apresura entonces a señalar el principio general de la vida cristiana: que los ligámenes y las obligaciones lícitas contraídas antes del bautismo conservaban su pleno su valor.

La doctrina en definitiva era ésta: «si la "conversión" al cristianismo es el punto de partida de un cambio radical en la vida moral y religiosa del hombre interior, ella no comporta de por sí ninguna modificación de la situación exterior y social de los fieles; más aún, es preferible permanecer en la condición o estado en que se estaba cuando se recibió el don interior de la fe»[7]. El Apóstol inculcaba que la realidad de la vocación cristiana no tenía por qué cambiar las circunstancias exteriores de vida, puesto que lo que sí llevaba consigo era una conversión interior; por consiguiente, que sus afirmaciones sobre la disolución del matrimonio cuando la parte pagana rompía la convivencia matrimonial ante la conversión de la otra parte eran una solución práctica a un caso concreto, que no podía extenderse a otras cuestiones. El principio general era más bien el contrario, que el cristianismo no venía a remover el antiguo equilibrio, pues todas las circunstancias de vida-siempre que no fueran deshonestas-podían ser santificadas[8].

La importancia de este principio general es puesta por san Pablo de relieve tanto al introducirlo de un modo algo abrupto como al indicar que así lo disponía en todas las iglesias, y, desde un punto de vista gramatical, por su reiteración. En efecto, en los escasos ocho versículos que dura la digresión del tema en cuestión, san Pablo reafirma el mismo principio tres veces: vv. 17, 20 y 24. Pero analicemos las cosas con orden.

2. 1 Cor 7,17-19: Permanencia en la propia condición de origen

Esta sección comienza con la conjunción ei me, partícula adversativa y restrictiva. La Vulgata y la Neovulgata la traducen por nisi. Zerwick la identifica con plên (praeterquam, ceterum): «por lo demás»[9]. Así la entienden la mayor parte de los exégetas. Si san Pablo había dado normas sobre la separación en casos de matrimonios entre cristianos y paganos, era porque en ocasiones la situación en la que venía a encontrarse la parte bautizada no era compatible con las exigencias de la fe. Al introducir la fórmula «por lo demás», comienza su enseñanza sobre de lo que debía ser considerado la norma de conducta general y habitual entre los fieles, a aplicar siempre que la situación anterior a la conversión fuera compatible con la vocación cristiana: «a cada uno como repartió el Señor (Kyrios), a cada uno como ha llamado Dios (Theós). Quedaba así establecido que el estado o condición que se tiene antes de recibir la fe cae dentro de los planes divinos. Esa situación reviste el carácter de un don, que san Pablo atribuye a Cristo mismo (Kyrios) como donador, para que el hombre viva en él y se santifique cuando le sorprenda la llamada de Dios Padre a la fe»[10].

Para ilustrar el principio precedente, el Apóstol lo aplica a dos situaciones que eran de máxima actualidad para los corintios. La primera se refería a la distinción entre judíos y gentiles, o, en la terminología del Apóstol, a la situación de circunciso o de incircunciso. Era ésta tal vez, desde el punto de vista religioso, la diferencia más radical imaginable por los cristianos: eran éstas, en efecto, las dos situaciones religiosas extremas, existentes entre los hombres, desde que Dio había hecho elección del pueblo de Israel. San Pablo, aplicando el principio general, señala que la conversión al cristianismo no implicaba la exigencia de cambio de las circunstancias que caracterizaban el estado del uno por el del otro: «¿Fue llamado alguien siendo circunciso? Que no lo oculte. ¿Fue llamado siendo incircunciso? No se circuncide. Nada es la circuncisión, y nada la falta de circuncisión; lo importante es la observancia de los mandatos de Dios» (vv. 18-19).

Aquí se encuentra el núcleo central de la enseñanza del Apóstol. San Pablo parece querer afirmar que, una vez recibido el bautismo, judéo-cristianos y étnico-cristianos, cada uno, debían aceptar y considerar como algo muy digno de estima lo que la Providencia divina había destinado para unos y otros antes de recibir la llamada a la fe. Ni el judéo-cristiano tenía por qué avergonzarse de su condición de circunciso, tratando de ocultarla o haciéndola desaparecer[11], ni el étnico-cristiano debía estimar que su entrada al cristianismo implicaba una asunción previa de las costumbres judías. Ni el uno ni el otro debían sentirse superior o inferior por razón de su precedente origen religioso. Es probable que en este momento san Pablo tratara de paso de combatir el grave error de los judaizantes; pero su mirada sin duda iba mucho más allá: quería subrayar que lo que exigía la llamada a la nueva fe era otra cosa: que cada uno, aceptando su propia procedencia religiosa, se convenciese de que lo que de ahora en adelante importaba consistía en vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, es decir, en «la observancia de los mandamientos de Dios» (v. 19). Es la misma instrucción que dará a los Gálatas: «en Cristo Jesús no tienen valor ni la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que actúa por la caridad» (Gal 5,6). No exigía la vida cristiana cambios externos, sino una conversión interior, fruto de la fe, manifestada evidentemente en las obras del amor a Dios y al prójimo, y en mundo de vida compatible con la misma fe.

3. Permanencia en la propia condición social: vv. 20-23

El razonamiento de san Pablo presenta en los versículos que siguen un cierto progreso, tanto en la enunciación del principio general como en su ejemplificación.

3.1. La situación de vida entendida como vocación

En la formulación del principio general, en efecto, en vez del giro «a cada uno, como repartió el Señor», san Pablo afirma ahora con mayor énfasis: «Cada uno permanezca en la vocación en que fue llamado»[12]. El Apóstol utiliza, además, un término peculiar, de fuerte raigambre bíblica: klêsis (vocación), que parece emplearse con una intencionalidad bien precisa ¿Qué entiende el Apóstol en este texto por dicho término? Nos parece que la respuesta es la siguiente: «No el acto de la gracia divina, sino el puesto o condición social en la que el hombre se encontraba cuando fue llamado a la fe y a la Iglesia»[13]. Ciertamente, este uso de klêsis en 1 Cor 7,20 resulta algo inusual y casi inesperado [14], pero esto encuentra su explicación en el empleo popular de esta palabra en la grecidad, en la que klêsis aparece frecuentemente con el significado de «invitación» y no rara vez de «denominación», «cita», «testamento»[15].

Esta ha sido la opinión más generalizada desde época patrística. Tanto en la literatura patrística como medieval, el término «klêsis» en 1 Cor 7,20 fue entendido en clara referencia a la vocación humana, es decir, al género de vida, condición y situación en que se encuentran los hombres en la sociedad[16]. La opinión de los Padres griegos parece unánime. Así, san Juan Crisóstomo, a propósito de los vv. 17-21, comenta: «Estas cosas nada impiden a la fe, dice el Apóstol, para que no las desprecies ni te turbes, pues la fe asume todas estas cosas. "Cada uno en la vocación en que fue llamado, en ella permanezca". ¿Fuiste llamado teniendo mujer pagana? Permanece con ella: no eches a la mujer a causa de la fe. ¿Fuiste llamado siendo siervo? No te preocupes: permanece como siervo...»[17]. En el medioevo, en su exposición a las cartas de san Pablo, escribe san Bruno: «Y digo en general aquello que vale para el circunciso y el incircunciso: que cada uno viniendo a la fe permanezca en aquel estado en el que fue llamado; y sepa que ese estado es la vocación de Dios»[18]. Más claras si cabe son las palabras de Hervé de Bourg-Dieu: «"Cada uno en la vocación en que fue llamado", es decir en aquella condición que no repugna a la vocación, "en ella permanezca". Lo cual se ha de atribuir a aquellas costumbres o vocaciones de la vida, que no son de obstáculo para la fe y las buenas costumbres. Puesto que si alguno era ladrón cuando fue llamado, no piense que puede permanecer en el latrocinio»[19].

Esta interpretación es también la que ha prevalecido en la exégesis más reciente, hasta el punto que pensamos se pueda aseverar que se trata de la opinión común de exégetas. No extraña, por esto, que el Theologisches Begriffslexikon zum NT pueda afirmar tajantemente: «1 Cor 7,15ss. demuestra que la vocación no altera necesariamente la situación social del cristiano (no hace al esclavo jurídicamente independiente de su señor) ni le obliga a cambiar de profesión: el cambio de condición no se logra a través de una trasformación de estructuras caducas, sino mediante la transformación de la actitud interna. Por lo demás, 1 Cor 7,20 es el único pasaje en el que klêsis se puede traducir por «profesión» (en el sentido de "condición" en que uno vive...)»[20]. Respecto a la exégesis protestante, la interpretación propuesta por nosotros parece ser también la más común[21]. La discusión planteada sobre el término «klêsis» ha sido recogida por K.L. Schmidt en su artículo klêsis en el Teologisches Worterbuch zum Neuen Testament [22]. En el sentido de «estado de vida» ha sido interpretada, entre otros, por H. Lietzmann, H.D. Wendland y K. Holl, los cuales, por otra parte, reconocen la singularidad de este significado dentro del «corpus paulinum» e incluso dentro de la literatura profana. Holl escribe: «De este riguroso uso lingüístico (de «klêsis» en el sentido de "vocación"), se separa solamente un pasaje. En 1 Cor 7,20 Pablo escribe: cada uno debe permanecer en la "klêsis" en la que ha sido llamado. Nuestra ciencia lingüística no está en grado todavía de decidir con seguridad si Pablo intenta introducir aquí, junto a un concepto atrevido, un término igualmente atrevido y de nuevo cuño (la vocación del cristiano incluye también la situación de cada uno, como algo querido por Dios), o si ha acogido un uso lingüístico ya afirmado, si bien muy raro y a lo más popular ("klêsis" como aquello de lo que uno reciba el nombre, y por tanto el "rango", o la "profesión" en el sentido de "sociedad"). Esta última hipótesis es quizá la más probable. En cualquier caso era notable que el significado de este término, indicativo de un valor terreno, fuese precisado a los cristianos mediante un pasaje del Nuevo Testamento»[23]. Por su parte, autores como el mismo Schmidt, Cremer-Kogel, etc. vierten la palabra «klêsis» de 1 Cor 7,20 como vocación a la vida cristiana. Así Schmidt, en su artículo sobre la voz «klêsis» en el ThWNT, traduce: «cada uno permanezca en el estado de la vocación en la que fue llamado».

La razón que aducen estos últimos exégetas se basa en que ése es precisamente el significado de «klêsis» en todo el «corpus paulinum», donde «kIesis»—afirman-significa «vocación» a algo que pertenece a la esfera sagrada de la salvación; en caso contrario, se trataría de un significado del todo singular. Pensamos que las aclaraciones de K.V. Truhlar resultan a este propósito muy pertinentes: «E1 argumento, sin embargo, no convence. De los ocho textos adoptados, en efecto, aunque 1 Cor 1,26 también se refiere directamente a la vocación a la vida cristiana, no lo hace de modo simple y exclusivo. Puesto que cuando Pablo afirma: "ved vuestra vocación, oh hermanos, porque no hay muchos sabios entre vosotros, según la carne, ni muchos potentes, ni muchos nobles; sino que... las cosas viles del mundo y de ningún valor eligió Dios...", considera directamente la vocación cristiana, pero no como separada del estado profano, sino concretizada en la modesta condición social de los corintios; es decir, junto con la vocación cristiana considera la vocación social. Si se tiene presente todo esto, la voz "klesis" en 1 Cor 7,20, interpretada por vocación a la condición o estado de vida, puede ser entendido como un paso más avanzado en la línea comenzada en 1 Cor 1,26»[24]. El autor continúa: «Si san Pablo usa por lo general la palabra "vocación" en el sentido de llamada a la vida cristiana, ¿por qué no habría podido, en algún pasaje, usar el mismo término en sentido nuevo, en especial si este nuevo sentido se conecta íntimamente con el otro significado con que el término se usa ordinariamente? En otras palabras: ¿por qué S. Pablo, que usa la palabra "kIêsis" para significar en general la vocación a la vida cristiana, no habría podido usar la misma palabra en algún texto para significar la vocación al estado o condición de vida, o sea, al estado profesional, que en último término no es sino la vida cristiana considerada en concreto?»[25]. Resulta sugerente, en efecto, considerar que el Apóstol emplea el término «klêsis» para designar la vocación humana donde —como insiste-debía permanecer el hombre en la nueva condición creada por la llamada divina.

3.2. Progreso en la ejemplificación

El segundo caso al que san Pablo aplica el principio general tiene un alcance mucho mayor que el primero. Se trata de la situación antagónica de esclavos y libres. Los esclavos eran muy abundantes en la sociedad de Corinto, y ante la perspectiva de un acercamiento al cristianismo debían preguntarse si su condición era compatible con la santidad que el Apóstol predicaba y con la vocación cristiana. Pregunta más que comprensible, si se tienen en cuenta la visión que la cultura antigua griega y latina tenía de la esclavitud y del trabajo manual[26]. El Apóstol señala que no había motivo de desasosiego, pues también la situación de esclavo era compatible con el Evangelio: «¿Fuiste llamado siendo siervo? No te preocupes; y aunque puedas obtener la libertad, aprovecha más bien tu condición; porque el que siendo siervo fue llamado en el Señor, es liberto de Cristo; igualmente, el que fue llamado siendo libre, es siervo de Cristo. Fuisteis comprados mediante un precio; no os hagáis esclavos de los hombres. Cada uno, hermanos, permanezca ante Dios en el estado en que fue llamado» (vv. 21-24).

Las palabras de san son tanto más elocuentes cuando se considera que en sus cartas hay toda una profunda y amplia doctrina sobre la dignidad del hombre, que no dejará de influir positivamente en tiempos sucesivos en la concepción social del mundo y del trabajo[27]. Pero aquí san Pablo está desarrollando otro argumento, y su intento es el de señalar que en cualquier condición humana, por ínfima que ésta fuera considerada por los hombres, puede ser asumida en toda su plenitud y ser integrada en una vida cristiana abrazada con plenitud; por tanto, incluso en el caso de un esclavo tuviera la oportunidad de hacerse libre, éste debería tener como ganancia mayor permanecer en su situación presente[28]. «Tuvo que ser enorme la sensación de dicha de estos hombres sometidos a esclavitud al ser aceptados como ciudadanos de pleno derecho en la comunidad cristiana y verse tratados como hermanos y hermanas por los hombres libres»[29].

La justificación teológica que san Pablo da a su enseñanza se encuentra en los vv. 22-23. Es la liberación del pecado y el seguimiento de los mandatos de Cristo lo que ennoblece al hombre y da sentido a su condición. Entonces, el que fue llamado esclavo en el Señor, conquista la verdadera libertad, la libertad de los hijos de Dios; y el que era libre cuando fue llamado, alcanza la única esclavitud digna del hombre, la de ser siervo de Cristo. Es la paradoja de lo sobrenatural, que pone de relieve el verdadero sentido de las cosas: su relación a Cristo. ¿Para qué entonces cambiar de condición? La mayor plenitud de vida cristiana no radica en la peculiaridad de la situación externa, aunque en ella se realice. Todos somos iguales delante de Dios (cf. Gal 3,28; Col 3,11).

La posibilidad de vivir de esta nueva manera en la propia situación se ha hecho posible-señala el Apóstol-al haber sido comprados a un «alto precio», al precio de la sangre de Cristo, por la que el hombre puede dejar de ser víctima de las perspectivas meramente humanas de las cosas y adquirir la perspectiva sobrenatural. Centradas así las cosas, san Pablo puede concluir reiterando gozosamente por tercera vez el principio general: «cada uno, hermanos, permanezca ante Dios en el estado en que fue llamado» (v. 24).

CONCLUSIÓN

No es posible extendernos en este estudio en el profundo contenido teológico y moral que presenta la doctrina del Apóstol de las gentes en 1 Cor 7,17-24. Nos parece, sin embargo, que podemos concluir adecuadamente estas páginas afirmando que el texto de 1 Cor 7-17,24 resume, sin duda, uno de los temas que estaban muy dentro del corazón vibrante de san Pablo. La idea de que la situación humana ordinaria, de cada hombre, cae dentro de los planes divinos de salvación; que la vocación humana y la vocación divina no son ajenas, sino que se hermanan y entrecruzan de modo tal que —en general— la vocación cristiana debe realizarse precisamente en aquellas circunstancias hacia las que el hombre es llevado por los resortes de la vida y su inclinación personal. Dicho de otro modo, recordando las palabras con que el Fundador del Opus Dei incitaba a vivir con radical fidelidad la vocación de cristianos y la vocación profesional: «allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres (...). Debéis comprender ahora —con una nueva claridad— que Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama de trabajo. Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir»[30].

Miguel Ángel Tabet

Universidad Pontificia de la Santa Cruz

[1] Así afirma: «Por lo demás, que cada uno permanezca en la condición que le asignó el Señor, en la que tenía cuando le llamó Dios. Así lo dispongo en todas las iglesias. ¿Fue llamado alguien siendo circunciso? Que no lo oculte. ¿Fue llamado siendo incircunciso? No se circuncide. Nada es la circuncisión, y nada la falta de circuncisión; lo importante es la observancia de los mandamientos de Dios. Cada uno permanezca en la vocación en que fue llamado. ¿Fuiste llamado siendo siervo? No te preocupes; y aunque puedes hacerte libre, aprovecha más bien tu condición; porque el que siendo siervo fue llamado en el Señor, es liberto del Señor; igualmente, el que fue llamado siendo libre, es siervo de Cristo. Fuisteis comprados mediante un precio; no os hagáis esclavos de los hombres. Cada uno, hermanos, permanezca ante Dios en el estado en que fue llamado».

[2] Resulta sorprendente la poca atención que se ha prestado al texto paulino por parte de algunos autores en el momento de estudiar la vida de los primeros cristianos. Es el caso, por ejemplo, del acreditado libro de L. Cerfaux, Le chrétien dans la théologie paulinienne, Cerf, Paris 1962.

[3] Es lo que ha subrayado JUAN PABLO II en la encíclica Laborem exercens, del 14-IX-1981, n.26, sobre el trabajo humano, donde afirma: «Las enseñanzas del Apóstol de las Gentes tienen, como se ve, una importancia capital para la moral y la espiritualidad del trabajo humano. Son un importante complemento a este grande, aunque discreto, "Evangelio del trabajo", que encontramos en la vida de Cristo y en sus parábolas, en lo que Jesús "hizo y enseñó" (Hech 1,1)» (traducción castellana en El mensaje social de la Iglesia, Palabra, Madrid 1986, n. 643).

[4] Const. dogm. Lumen Gentium, n. 31. Nos parece obligado indicar en el presente escrito la viva luz proyectada sobre la teología del trabajo y del laicado por las enseñanzas y el apostolado del Siervo Josemaría Escrivá. Entre los autorizados testimonios propuestos por diferentes personalidades eclesiásticas, sobresale el de Juan Pablo II. Las palabras que pronunció el 19 de agosto de 1979, durante la homilía de una Misa celebrada para un numeroso grupo de miembros del Opus Dei, son particularmente significativas para el tema que estamos examinando: «Vuestra institución-afirmaba— tiene como finalidad la santificación de la vida permaneciendo en el mundo, en el propio puesto de trabajo y profesión: vivir el Evangelio en el mundo, viviendo ciertamente inmersos en el mundo, para transformarlo y redimirlo con el propio amor a Cristo. Realmente es un gran ideal el vuestro, que desde los comienzos se ha anticipado a esa teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del concilio y del postconcilio...» (el texto original en italiano apareció en «L'Osservatore Romano» del 20/21-VIII-1979; la traducción castellana en «L'Osservatore Romano», edición en español, del 26-VIII-1979). Otros testimonios en J. L. ILLANES, La santificación del trabajo, Palabra Madrid 19818, pp. 9-14. El libro expone magistralmente la doctrina sobre el valor sobrenatural del trabajo predicado por el Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, al que debo cuanto de positivo he podido comprender sobre el tema de nuestro estudio.

[5] E. WALTER, Der erste Brief an die Korinther, en la serie «Geistliche Schriftlesung», Patmos, Düsseldorf 1969 (versión española, Herder, Barcelona 1977, p. 104).

[6] El texto dice literalmente: «fuera de estos casos, así como el Señor ha asignado a cada uno, como Dios ha llamado, así camine».

[7] C. Spicq, Épîtres aux Corinthiens, en L. Pirot — A. Clamer, La Sainte Bible t. XI, 2 partie, Letouzey et Ané, Paris 1948, p. 218. La traducción es nuestra.

[8] Cf. V. Jacono, Le epistole di S. Paolo ai Romani, ai Corinti e ai Galati, en S. Garofalo, La Sacra Bibbia, Marietti, Torino-Roma 1952, XI, p. 315.

[9] Analysis philologica Novi Testamenti, Pontificio Istituto Biblico, Roma 1966, in loc.

[10] J. Leal, Primera carta a los Corintios, en La Sagrada Escritura. Nuevo Testamento, BAC, Madrid 1975, t. II, p. 392.

[11] Esto requería una curiosa operación médica. Cf. 1 Mac 1,15; 2 Mac 14,9s; 4 Mac 5,2 (escrito apócrifo); Flavio Josefo, Antiquitates Iudaicae 12,5,1; etc.

[12] Literalmente: «cada cual, en la vocación en que fue llamado, en ella permanezca». El énfasis es evidente, sobre todo, en la expresión en táutê (en ella).

[13] E. Walter, Der erste Brief an die Korinther@, p. 124.

[14] En el Nuevo Testamento, fuera de 1 Cor 7,20, el término «klêsis» siempre se refiere a la vocación cristiana. Así sucede en los otros ocho pasajes paulinos en que aparece ese vocablo: Rm 11,19; 1 Cor 1,26; Ef 1,18; 4,1; 4,4; Fil 3,14; 2 Ts 1,11; 2 Tm 1,9. Sin embargo, el texto de 1 Cor 1,26 parece que se coloca en la línea de 1 Cor 7,20, objeto de nuestro estudio (cf. L. Coenen, Llamada, en L. Coenen — E. Beyreuther — h. Bietenhard, Diccionario Teologico del Nuevo Testamento, III, pp. 9-15: orig. alemán: Theologisches Begriffslexikon zum NT , R. Brockaus, Wuppertal 1971). Sobre este tema volveremos más adelante.

[15] En la literatura griega por nosotros conocida el término «klêsis» se encuentra en Aristófanes, en Jenofonte, en Platón, en no pocos papiros griegos, en los LXX y en la literatura antigua. En poquísimas ocasiones se encuentra el significado de «denominación» o el de «nombre»; más frecuente es el de «invitación». Es el sentido de los tres lugares en que la palabra aparece en los LXX (Jdt 12,10; 3 Mac 5,14; Jr 31,6). El uso religioso de la palabra es común (Cf. K. L. SCHMIDT, Klésis, en ThWNT, ed. italiana, Paideia, Brescia 1968, IV, 1469; STEPHANUS, Thesaurus linguae graecae, Paris 1865ss. in loc.). Un texto de Dionisio de Halicarnaso, Ant. Rom. 4,18,2, presenta un significado de interés para nosotros. Allí se lee: «se tuvieron por tanto seis @symmoríai@ que los romanos llaman clases, del griego klêsis». Aunque hay autores, como A. Debrunner y el mismo K. L. Schmidt, que consideran infundada la etimología propuesta por Dionisio, conocidos lexicógrafos como F. ZORELL, en el Lexicon Graecum Novi Testamenti (voz: «klêsis»} aceptan la validez de la explicación de Dionisio. Zorell la utiliza para decir a propósito de 1 Cor 7,20: «"in eo vitae genere seu statu in quo (ad fidem christianam) vocatus est"... fortasse etiam 1 Cor 1,16 huc revocari potest».

[16] Para una visión de conjunto sobre la actitud ante el trabajo en la historia de la espiritualidad, cf. J. L. Illanes, La santificación del trabajo@, pp. 37-44.

[17] In Ep. I ad Cor., hom. 19: PG 61,155-156. Para otros testimonios patrísticos, cf. W. SCHWER, Beruf, en F.J. Dölger et al., Reallexikon für Antike und Christentum, A. Hiersemann, Stuttgart 1950ss, II, 153-156.

[18] In Epist. I ad Cor., 111: PL 159 B.

[19] In Epist. I ad Cor, cap. 7: PL 181,880D-881A. Otros testimonios medievales se pueden encontrar en N. Paulus, Die Wertung der weltlichen Beruft im Mittelalter, Hist. Jahrbuch 32 (1911) 725-755; Zur Geschichte des Wortes Beruft, Hist. Jahrbuch 45 (1925) 308-316; Der Berufsgedanke bei Thomas von Aquin, Zeitschrift f. Kath. Theologie 50 (1926) 445-454.

[20] La traducción castellana es nuestra (cf. L. Coenen, Llamada@, p. 13). Leamos algunos otros comentarios: «"Unusquisque in qua vocatione..."; unusquisque in quocumque vitae genere, ordine et conditione maneat, in qua erat, cum vocatus est. Intellige de statu honesto, licito, inculpato» (C. A. Lapide, In Epist. I ad Cor., VII, 20). «Répétition du principe: Que chacun demeure dans la condition extérieure où il était lorsqu'il a été appelé à la fois. Juifs et pans ont été sauvés dans des circonstances extérieures diverses, mais, puisque la grâce les atteints les uns et les autres dans tel ou tel état (cf. I'emphase de "en taúte"), il n'y a pas à renier ce dernier, quel qu'il soit. C'est la sagesse même!» (C. Spicq, Épîtres aux Corinthiens@, p. 219). «Qui l'accento non è posto sulla "dignità" della vita da condurre, ma sulla "circostanza". Si tratta della relazione tra la nuova chiamata di salvezza e il primiero stato di vita» (G. Greganti, La vocazione individuale nel Nuovo Testamento, Pontificia Università Lateranense Roma 1969, p 178). «Per il valore di "klêsis" si cf. il v. 24 e non si avrà difficoltà ad ammettere, con tutti gli antichi e la maggioranza dei recenti, che S. Paolo consigli a ciascuno "di rimanere in qualsiasi genere di vita, ordine o condizione in cui ha ricevuto la fede" (Teofilacto)» (V. Jacono, Le epistole di S. Paolo@, p. 316). «(Klêsis) no designa aquí la vocación o acto divino que nos llama a ser cristiano, sino la que cada uno debe realizar aceptando su situación propia y viviéndola cristianamente. Por eso hemos traducido por «estado» condición o profesión» (J. Leal, Primera epístola a los Corintios@, p. 392). «Questi versetti indicano che Paolo non pensa principalmente ad una vocazione a cui un uomo è chiamato, ma alla condizione in cui un uomo si trova quando gli giunge la chiamata che produce la conversione e lo convoca alla vita di fede e ubbidienza cristiana. Si deve almeno presumere che il Signore desidera che il convertito rimanga nella condizione in cui si trova» (Ch.K. Barret, La prima lettera ai corinti, EDB, Bologna 1979, p. 211; orig. inglese, Black, London 19712); e lo stesso autore aggiunge rispetto al v. 20 « La chiamata di questo verseto non è la chiamata con cui, a cui, o da cui un uomo viene chiamato; ma si rifrisce alla condizione in cui egli è quando è chiamato da Dio a diventare cristiano« (p. 215). En la misma línea están las versiones más difundidas de la Biblia.

[21] Con relación a la lectura del texto hecha por los reformadores, se puede señalar que la frecuente referencia de Lutero y Calvino a 1 Cor 7,20, está relacionada, sin lugar a dudas, a la orientación doctrinal de la reforma en su conjunto. Lutero tradujo el término «klêsis» con «Beruf», dándole el significado de «Berufung» (clase, profesión), como indica K. L. Schmidt en la voz «klêsis» en ThWNT, nota 1. Sin embargo, Lutero no pretendía en absoluto habla de santificación del trabajo: no podía ver en las actividades humanas un medio de santidad sin renegar del principio de la «sola fides» que justifica; su intento fue más bien el de demostrar, en el ámbito de la polémica contra el «otium» monástico, que a la vocación cristiana se le debía reconocer un carácter meramente secular. Lutero valoró, de este modo, en apariencia, la vida secular, pero a costa de la radical desvalorización del actuar humano en orden a la justificación y a la salvación. Desvalorización que llevaba a la pretensión de separar las obras profanas de las obras propias de la piedad religiosa. Lo que parecía haber de positivo en el rechazo de Lutero a restringir el concepto de obra buena a las oraciones dichas en la iglesia, el ayuno y la limosna,, queda anulado por la pretensión de emancipar la actividad humana de cualquier juicio formulado desde la luz del Evangelio. Más lejos aún llega Calvino, que aunque considera la profesión como una vocación, crea una ruptura insalvable entre obrar humano y salvación, abriendo el camino hacia la total desvinculación del primero respecto de los valores trascendentes (Cf. G. Angelini, Lavoro, en «Nuovo Dizionario di Teologia», Paoline, Roma, 1982, pp. 704-706); Cf. también P. Rodríguez, El mundo como tarea moral, en «Studium», Instituto Pontificio de Teología, Madrid 1981, pp. 423-427. J. L. Illanes aclara que ni Lutero ni Calvino «alcanzaron a descubrir el valor santificador del trabajo, más aún contribuyeron poderosamente a hacer difícil ese descubrimiento: la concepción del pecado original como corrupción total de la naturaleza y el empeño en negar el carácter meritorio ante Dios de toda obra humana, incluso realizada en gracia, cerraban en efecto las puertas a todo progreso en ese sentido (...) El dualismo que antes establecieron —la sola fides que justifica y la predestinación, por un lado, y. por otro, el trabajo considerado como servicio pero carente de valor ante Dios— dio pie, en la evolución posterior, a una escisión entre un pietismo individualista y un humanismo sin raíces teologales, cuyos ecos han llegado hasta nuestros días» (La santificación del trabajo@, pp. 55-56).

[22] Cf. K. L. Schmidt, Klêsis@, nota 1 y 6.

[23] Die Geschichte des Wortes Beruf, en K. HOLL, Gesammelte Aufsetze zur Kirchengeschichte, III, 190. Citado por K, L. Schmidt, Klêsis@, nota 1.

[24] Lavoro cristiano (Per una teologia del lavoro), Herder, 1966, cap. XXI, p. 196. Trad. italiana del original en latín, Labor christianus («Initiatio in theologiam spiritualem systematicam de labore»), Herder, Romae-Friburgi-Barcinone 1961. La trad. castellana es nuestra.

[25] Ibidem, p. 197.

[26] La cultura griega hacía una distinción, a nivel teorético y práctico, entre trabajo manual y actividad especulativa. El resultado era la asociación, clamorosa en Platón, entre la actividad intelectual y la condición de libertad, de una parte, y actividad manual y condición servil, de la otra. De ahí el desprecio del trabajo manual, contrapuesto al cultivo de las artes liberales, propias del hombre libre. La situación en la cultura latina era análoga (cf. G. Angelini, Lavoro@, p. 704).

[27] Respecto a este tema, cf. S. Álvarez Turienzo, Doctrina social cristiana (Esclavitud III), en GER, Madrid 1984, t. VIII, pp. 782-783. Ver la Bibliografía que allí se cita. Para encuadrar el tema, pueden servir las palabras de L. Ramlot: «Ni Jesús ni Pablo formularon ninguna teoría social contra la mala organización del mundo antiguo. No obstante, al asumir uno y otro la condición del trabajador y del servidor aportaron a los hombres una dignidad, una esperanza y un poder que éstos no habían sospechado: por su trabajo y su sufrimiento, ellos, cargadores de Corinto o esclavos de los césares, redimían el mundo, hicieran lo que hiciesen, y trabajaban para agradar no a los hombres sino al Señor (Col 3,23), como "colaboradores de Dios". Nada de discursos revolucionarios, sino un ejemplo de servicio total y un espíritu de fraternidad efectiva y universal: he aquí la nueva justicia que surgió en el mundo antiguo, sin reclamar todo su derecho ni alejar la locura de la cruz. Una superación de la justicia estricta: esto es lo que fue propuesto a todos los hombres en el Sermón de la montaña. Tal superación de la justicia no consiste jamás en lesionar al prójimo o a la equidad, sino en hacer siempre más y mejor» (en Aa.Vv., Enciclopedia de la Biblia, Garriga, Barcelona 1963, VI 1075).

[28] La frase «y aunque puedas obtener la libertad, aprovecha más bien tu condición» (Vulgata: «magis utere») ha conocido distintas interpretaciones. Lutero, Calvino y no pocos teólogos protestantes (Godet, Hofmann, Robertson, Plummer) y también algunos autores católicos (A. Lápide, Calmet, Riccioti), han visto en esta expresión un inciso que limita el principio de no cambiar de estado o de condición. Todos ellos proponen la siguiente traducción: «sin embargo, si puedes ganar la condición de libre, aprovecha esta oportunidad». Pero la exégesis opuesta parece preferible, a la luz de la explicación tradicional y de la estructura gramatical de la frase. A ella se adhieren todo los Padres griegos, el Ambrosiaster, santo Tomás, Allo, Spicq, etc. Se apoya en el hecho de que el término griego «alla», junto a la conjunción concesiva «ei kai» (aún cuando), muy distinta de «kei ei» (y si), exige ser traducido preferiblemente por «incluso». El contexto favorece dicha opinión. En efecto, el consejo de aprovechar la ocasión para recuperar la libertad rompería el curso normal de la frase y exigiría, por lo menos, una justificación por parte de san Pablo. El imperativo «chrêsai« (utere) no presenta dificultad. porque el imperativo aoristo indica cualidad de la acción, la acción en sí misma, no el tiempo. Santo Tomás comenta: «Maneas in servitute, quia causa est humiitatis. Et sicut ait Ambrosius: quanto quis despectior est in hoc saeculo pretiosior est, tanto propter eum utilior Boetius: cum omnis fortuna timenda sit magis tamen prospera quam adversa» (In Ep. I ad Cor. VII, lect. IV). Cf. C. Spicq, Épîtres aux Corinthiens, pp. 219-220; V. Jacono, Le epistole di S. Paolo@, p. 316.

[29] E. Walter, Der erste Brief an die Korinther@,p. 124.

[30] Conversaciones con Monseñor Escrivá, Rialp, Madrid 198514, nn, 113 y 114. Son palabras pronunciadas en la homilía de la Misa celebrada en octubre de 1967 en Pamplona, en el «campus» de la Universidad de Navarra, delante de unas 40.000 personas. Textos análogos pueden encontrarse en J.L. Illanes, La santificación del trabajo@, pp. 73ss.

 

 

 

“Aquí se hace lo que yo digo”

La toma de decisiones

OCTUBRE 14, 2020 08:55FELIPE ARIZMENDI ESQUIVELANÁLISIS

Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano, reflexiona sobre la toma decisiones.

“Tanto en la Iglesia como en la política, en el gobierno, en la familia y en todas las instituciones humanas, es necesario dialogar y escuchar, para tomar la mejor decisión”, expone.

VER

Un párroco de equis diócesis, hace años, sin tomar en cuenta las leyes canónicas ni consultar a quien debía, puso como norma que las jovencitas que solicitaran la celebración de una Misa de acción de gracias al cumplir sus quince años de vida, deberían participar en la Misa parroquial ininterrumpidamente durante treinta días; si faltaban un solo día, ya no les hacía la celebración. Fueron a verme los papás de una joven, para decirme que el párroco no les quería hacer la Misa porque su hija estaba yendo todos los días, pero que no podría ir el último, porque a esa misma hora tenía un examen muy importante en la escuela. El párroco les dijo que, si no iba, no les haría la celebración. Hablé con el párroco, le pregunté la razón de su norma, me dio algunas explicaciones no suficientemente justas, le pedí que accediera a la petición de la joven, y dijo que no, que porque eso quitaría fuerza a su norma… Resolvimos el caso de una manera favorable para la joven y yo mismo le hice la celebración en catedral. Podemos sentirnos casi dueños de la comunidad y proceder como caciques, que imponen sus propias leyes, no las que están indicadas por la normatividad eclesial.

Mi anterior diócesis es muy extensa, con casi treinta y siete mil kilómetros cuadrados y una población de más de dos millones de habitantes. Para ir a la parroquia más lejana necesitamos siete horas, por carreteras pavimentadas, pero con montañas y curvas. Hay otras tres parroquias a cinco horas de distancia. Con la intención de lograr una mejor atención pastoral, los dos obispos de entonces y seis de los ocho vicarios episcopales propusimos hacer otra diócesis en ese territorio. Pusimos el proyecto a consulta, durante un año, no sólo con sacerdotes y religiosas, sino con las comunidades parroquiales, con diáconos, catequistas y servidores, sobre todo con los indígenas. La mayoría dieron razones convincentes en contra, y desistimos del proyecto; no lo presentamos a la Conferencia Episcopal, ni a Roma. Quizá en años posteriores las circunstancias cambien y sea posible ponerlo nuevamente a consulta. Escuchamos y cambiamos nuestra propuesta.

Tanto en la Iglesia como en la política, en el gobierno, en la familia y en todas las instituciones humanas, es necesario dialogar y escuchar, para tomar la mejor decisión; pero los dirigentes podemos pensar que todo lo sabemos, que en todo tenemos la razón, que nuestras opiniones y decisiones son las mejores, y frecuentemente nos convertimos en caciques, autoritarios y absolutistas, sobre todo cuando los otros no son capaces de expresar libremente sus puntos de vista, por temor a perder el puesto, o por miedo a represalias y a verborreas imprudentes y sin sustento. La Iglesia no es una democracia, pero tiene muchas instancias de consulta.

PENSAR

Jesús nos dijo: “Ustedes saben que los jefes de las naciones las someten y los poderosos las dominan. Entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera ser importante que se haga servidor de ustedes, y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo, así como el Hijo del hombre que no vino a que lo sirvieran, sino a servir y a dar su vida para rescatar a todos” (Mt 20,25-28).

Lo que nos dice el Papa Francisco a nivel eclesial, vale para otros ambientes y sectores: “Queda claro que Jesucristo no nos quiere príncipes que miran despectivamente, sino hombres y mujeres de pueblo…, sin pretender aparecer como superiores, sino considerando a los demás como superiores a uno mismo” (EG 271). “A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana; es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (Ibid 47).

En su reciente encíclica Fratelli tutti, dice: “El sentarse a escuchar a otro, característico de un encuentro humano, es un paradigma de actitud receptiva, de quien supera el narcisismo y recibe al otro, le presta atención, lo acoge en el propio círculo. Pero el mundo de hoy es en su mayoría un mundo sordo” (48). “La caridad política se expresa también en la apertura a todos. Principalmente aquel a quien le toca gobernar, está llamado a renuncias que hagan posible el encuentro, y busca la confluencia al menos en algunos temas. Sabe escuchar el punto de vista del otro facilitando que todos tengan un espacio. Con renuncias y paciencia un gobernante puede ayudar a crear ese hermoso poliedro donde todos encuentran un lugar. En esto no funcionan las negociaciones de tipo económico. Es algo más, es un intercambio de ofrendas en favor del bien común. Parece una utopía ingenua, pero no podemos renunciar a este altísimo objetivo” (190).

“Mientras vemos que todo tipo de intolerancias fundamentalistas daña las relaciones entre personas, grupos y pueblos, vivamos y enseñemos nosotros el valor del respeto, el amor capaz de asumir toda diferencia, la prioridad de la dignidad de todo ser humano sobre cualesquiera fuesen sus ideas, sentimientos, prácticas y aun sus pecados. Mientras en la sociedad actual proliferan los fanatismos, las lógicas cerradas y la fragmentación social y cultural, un buen político da el primer paso para que resuenen las distintas voces. Es cierto que las diferencias generan conflictos, pero la uniformidad genera asfixia y hace que nos fagocitemos culturalmente. No nos resignemos a vivir encerrados en un fragmento de realidad” (191).

ACTUAR

Que el Espíritu Santo nos ayude a ser humildes, para escucharnos con respeto y amor unos a otros, y así juntos busquemos el bien de la familia y de la comunidad.

 

Domund: priorizar lo importante

María Solano 

photo_cameraDomund 2020.

No quiero quitarle ni un ápice de importancia a la pandemia mundial que estamos viviendo desde que el coronavirus apareció en escena allá por enero de este infausto 2020. Pero tampoco podemos dejar de reseñar que el resto de los problemas, los que ya teníamos antes, no han desaparecido de la noche a la mañana. Más aún, muchos de ellos se han visto agravados por el olvido en el que caen cuando todos los focos de atención están puestos en el Covid.

El problema del establecimiento de las agendas mediáticas es que los temas de interés fluctúan de una manera tan grosera que nos desconectan de la realidad en función de lo que “se estila” en determinado momento. Hace un año andábamos preocupadísimos con el cambio climático, acabábamos de sufrir en España unas inundaciones terribles, signo probable de esas perturbaciones provocadas por la intervención del hombre, y nos desayunábamos con un dantesco escenario de peces muertos en el Mar Menor. La figura del momento era una joven adolescente que recorría el mundo para concienciar sobre los problemas del planeta. Hoy tiramos sin reparos mascarillas de uso diario que tardarán años en descomponerse y todo viene en pack individual plastificado para evitar los contagios.

Con las misiones nos ocurre lo mismo. Cada año, el tercer domingo del mes de octubre es el que la Iglesia dedica a recaudar dinero para ayudar a los territorios en misión, aquellas regiones en las que nuestros hermanos no solo se esfuerzan por dar a conocer a Jesús allí donde no tienen la oportunidad sino que, en paralelo, llevan a cabo importantes labores sociales, con escuelas, hospitales, orfanatos e iniciativas de todo tipo que mejoran la vida de quienes más lo necesitan.

Pero me temo que este año, estamos todos tan aturdidos por el cornoavirus, tan centrados en nuestro mundo, en nuestros problemas, en nuestro confinamiento, que corremos el riesgo de dejar pasar una cita obligada con el conjunto de la humanidad, porque el Domund nos abre las puertas a realidades que no están en nuestra vida cotidiana, realidades que nos permiten poner en contexto lo que nos rodea, jerarquizar mejor nuestros problemas y dedica nuestra oración a lo verdaderamente importante para quitarle peso a lo que solo es urgente.

Por eso, merece la pena que le dediquemos unos minutos a conocer la vida de Rosario García, misionera en Camerún, que nos recuerda que en cada persona a la que atiende encuentra la necesidad de apoyarse más en Él y no en sí misma. O la de Antonio López, nuestro misionero español a más kilómetros de distancia de casa, en la isla de Vanuatu, en las antípodas en Oceanía, que, a través de la educación, lleva una vida entera dando a conocer a Jesús.

Así que este domingo, en plena batalla política, en medio de la pandemia, confinados o no, tenemos que recordar que lo importante ha de estar siempre antes que lo urgente. Con nuestra oración, con nuestro apoyo económica, en misa o digital –que todos nos hemos modernizado–, con nuestra mirada puesta en esos hermanos que llevan a Jesús mucho más allá de nuestras fronteras, de nuestros pequeños problemas cotidianos, de nuestra mirada a veces tan egocéntrica.

María Solano Altaba

Decana de la Facultad de Humanidades

Universidad CEU San Pablo

Amor de juventud

 Ángel Cabrero Ugarte 

Sínodo Jóvenes.

photo_cameraSínodo Jóvenes.

Esto, lamentablemente, se ve poco. Los jóvenes no tienen interés el amor. Por eso me parece que hasta la absurda frase de “hemos hecho el amor” se utiliza menos, porque hablar de amor es una cursilada que no se lleva. “No le conozco de nada… solo nos hemos acostado”. Cuando lo que está presente entre los jóvenes hasta al menos los 30 años es un juego con el cuerpo, quiere decir que la educación recibida ha sido poco acertada, o que llevan mucho tiempo inmersos en el egoísmo de la adolescencia.

“Esta tarde voy a salir con una… que no me va a poner pegas”, decía un muchacho dejando entrever que pensaba aprovecharse de ella. No es propiamente un pervertido. Es un chico que no sabe nada del amor. Es que ni idea. Si en algún momento hubiera tenido novia o se hubiera enamorado de una niña, tendría barruntos de lo que es amar, y seguramente no se le ocurriría “salir con una” sin más para a ver a dónde se puede llegar.

Como lo más normal del mundo.

No son dos o tres pervertidos por ahí. Es lo que se lleva. Es a lo que se llega cuando lo que han tenido desde muy jóvenes -desde los 10 o 12 años- es pornografía. Entonces ya no saben nada de relaciones humanas, de respeto a las personas, del amor que lleva al matrimonio…; de esas cosas no saben nada. En eso no piensan. No les cabe en esa cabeza llena de porquería, y ya no digamos en el corazón, que solo está al servicio de su perfecto egoísmo.

¿Y esto les pasa a todos? Gracias a Dios hay excepciones. Pero lo triste es que los muchachos, las chicas, que entienden algo del valor de la persona, de la maravilla de la entrega, de la riqueza del matrimonio, son pocos. Lo más habitual son jóvenes que pasan los años más interesantes de su vida, aquellos en lo que se puede fraguar un futuro apasionante, los pasan jugando, buscando placer. Como mucho son capaces de llegar a vivir con una o con uno, pero sin compromiso. Y, ya si eso, a los treinta y tantos, algunos piensan en casarse.

Creo que es importante, en este punto, evitar ningún juicio de nadie. Es muy difícil saber por qué esa chica no se ha casado, por qué este muchacho no ha tenido nunca una pareja medianamente estable. Sería juicio temerario meterse a hacer historias. Las circunstancias por las que han pasado pueden ser variadísimas.

Pero lo que vemos es que el sexo está al orden día. Es lo que se lleva y sería fácil encontrar incluso padres que facilitan que su hijo haga lo que quiera. Vamos que pueden ir con una chica recién conocida a su casa y meterse en su habitación. Y no porque sus padres no estén, como pasaba antes.

¿Qué padres son esos? Solo por permitir esas actitudes están destrozando a sus hijos mucho más que si fueran unos embaucadores, unos tramposos o unos estafadores. Estos están en la cárcel, a aquellos nadie los juzga. Es más, esto se aplaude. En películas, en libros, en conversaciones, en entrevistas. Que un chaval pueda tener una relación, que pueda un joven tener varias relaciones al mismo tiempo, son posibilidades admitidas, incluso aplaudidas.

Podríamos alarmarnos pensando en cómo está la juventud, pero está claro es que antes hay que pensar en cómo están los padres, cómo están las familias, cómo está el ambiente.

¿Dónde está mi corazón? Un sueño revelador

Escrito por José Martínez Colín.

Sueño revelador

En ocasiones los sueños pueden significar algo más que una fantasía. Eso le sucedió a san Jerónimo cuando era joven.

1) Para saber

En ocasiones los sueños pueden significar algo más que una fantasía. Eso le sucedió a san Jerónimo cuando era joven. Sucede que era muy aficionado a la lectura de grandes escritores profanos en latín especialmente de Cicerón, aunque también admiraba a Virgilio y Plauto. Eso hacía que los escritos de la Biblia en latín no le atrajeran. Pero en una ocasión recibió una gracia especial. Jerónimo soñó que era transportado al tribunal de Dios, que le preguntó con gran severidad quién era. Jerónimo respondió: “Soy cristiano”. Pero el soberano juez le replicó: “Mientes. Tú no eres cristiano, eres ciceroniano, porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón”, y enseguida dio una orden para que lo azotasen. El mismo santo escribía después a su amigo Eustoquio: “Comprendí muy bien al despertar que aquello había sido más que un sueño, pues aún llevaba marcadas en mis espaldas los golpes del látigo que había recibido. Desde aquellas fechas comencé a leer las Santas Escrituras con más entusiasmo que el que había puesto en la lectura de autores profanos”.

El 30 de septiembre la Iglesia conmemora a San Jerónimo. Este año se conmemoró el 16º Centenario de la muerte de este santo. Con ese motivo el papa Francisco escribió la Carta Apostólica Sacrae Scripturae affectus (Amor a la Sagrada Escritura) referida a san Jerónimo para fomentar el amor a la Biblia por parte de los fieles.

En la Carta, el papa Francisco describe que este santo ha dejado a la Iglesia como herencia una estima por la Sagrada Escritura, un amor vivo y suave por la Palabra de Dios escrita. El papa destaca su admirable figura en la historia de la Iglesia y su gran amor por Cristo.

2) Para pensar

Juan Jacobo Rousseau fue escritor y filósofo, entre otras ocupaciones. No se destacaba por su fe, ni por su religiosidad. No obstante, reconocía el valor de la Sagrada Escritura como lo dejó escrito: “¿Cómo rehusar el testimonio de un libro escrito por testigos oculares, que lo firmaron con su sangre, recibido en depósito por otros testigos, que nunca han dejado de darlo a conocer en toda la tierra, y por el que han muerto más mártires que letras tienen sus páginas?... Confieso que la majestad de los Evangelios me asombra: la santidad del Evangelio habla a mi corazón. Mirad los libros de los filósofos con toda su pompa, ¡qué pequeños son comparados con aquél!”

El rasgo peculiar de la figura espiritual de san Jerónimo fue su amor apasionado por la Palabra de Dios, transmitida a la Iglesia en la Sagrada Escritura. El papa Francisco nos invita acudir a la Biblia recordando que es un libro escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo.

3) Para vivir

San Jerónimo (340-420) se dedicó en Tierra Santa a traducir manuscritos antiguos de sus idiomas originales –hebreo, arameo y griego– al latín, traducción conocida como la versión Vulgata. Se convirtió en un profundo conocedor y apasionado divulgador de la Sagrada Escritura.

Si bien, últimamente se ha descubierto la belleza narrativa y poética de la Biblia, san Jerónimo se dedicó a la Sagrada Escritura más que por gusto estético, para conocer cada vez más a Cristo, porque, decía, ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo.

¿Sólo “cosas interesantes”?

 Ernesto Juliá

Resurrecció de Cristo de El Greco.

photo_cameraResurrecció de Cristo de El Greco.

La frase, ciertamente, no parece muy afortunada; y menos en boca de un arzobispo que está haciendo referencia a la misión de la Iglesia en este mundo.

“Hay una mutación en la sociedad y la Iglesia debe encontrar su espacio. Yo creo que la Iglesia puede seguir proponiendo cosas interesantes también en este contexto social”.

A propósito de lo que la Iglesia puede “seguir proponiendo”, afirmó después:

 "seguir estando cerca de todos los que sufren, sin cansarnos nunca de tender nuestra mano amiga y nuestra ayuda incondicional a todo el que lo necesite, especialmente a los más pobres y débiles".

En otras declaraciones de otros eclesiásticos se hace referencia explícita a la ayuda de la Iglesia para lograr una sociedad mejor, una humanidad más humana; y por activa y por pasiva se habla de la cooperación de la Iglesia a un “pacto de educación global”, a un “comité superior para la fraternidad humana”, “para salvar la casa común”, “para mejorar la economía y erradicar la pobreza”, y a otros proyectos y llevarlos a cabo en compañía de la ONU y de todos los representantes de otras religiones, que se apunten.

En estos momentos de crisis en la manifestación de Fe en Cristo, Nuestro Señor, Dios y hombre verdadero, que muchas veces es llamado Jesús, y apenas Jesucristo, como queriendo subrayar sencillamente su humanidad; en estos momentos de verdadera falta de Esperanza encerrada en un individualismo egoísta, ¿es suficiente hablar de migrantes, de fraternidad, de “la casa común”, y apenas referirnos al Pecado, a la necesidad de arrepentirnos y de pedir perdón por el mal que hacemos, y mostrar así el sentido de nuestra vida, con la perspectiva final del Cielo; y no nombrar apenas el infierno que es la afirmación de la plena capacidad y libertad del hombre de rechazar a Dios?

“La conciencia del pecado es y será siempre la conditio sine qua non del Cristianismo: si uno pudiera verse exento de ella ya no podría convertirse en cristiano. Esta es la prueba de que el (Cristianismo) es la más elevada de las religiones, el hecho de que ninguna otra haya expresado con igual profundidad y elevación el significado que para el hombre tiene el saberse sujeto al pecado. Sí, precisamente esa conciencia falta en el paganismo” (Kierkegaard. Diario íntimo).

La humanidad, ni existe ni tiene conciencia: es una palabra abstracta que apenas conecta con la realidad. Existen los hombres y las mujeres con Conciencia del Bien y del Mal; existe cada hombre y cada mujer con su conciencia –don y ley de Dios- para vivir en plena libertad el Bien y el Mal; existe una familia y otra familia fruto de esa conciencia de los padres que anhelan dar vida humana y sobrenatural a sus hijos, ayudándoles a ser hijos suyos e hijos de Dios en Cristo Jesús, y enseñándoles a pedir perdón por sus pecados a un Dios que les ama y que ha enviado a su Hijo para que dé su vida por ellos.

La Esperanza de construir una sociedad, una humanidad, en la que todos nos podamos entender, y que, de verdad, cada uno sea buen samaritano para todos los demás, no se va a conseguir dialogando sin saber de qué, y olvidándonos de que somos criaturas de Dios que es Padre. Y descubrir, y tener confianza, con Dios Padre solo la podemos alcanzar contemplando a Dios Hijo clavado en la Cruz para redimirnos de nuestros Pecados.

Por un así llamado “consenso”, y dialogando de lo que a cada uno se nos ocurre, también en religión, no vamos a ninguna parte. Solo Cristo da la vida para que “todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad”.

Esto es lo que nos ha trasmitido la Iglesia desde su fundación por Cristo Jesús, Dios y hombre verdadero, y a lo largo de toda su historia con la palabra de sus doctores, con la vida de sus santos y con la sangre de sus mártires. Así ha convertido gentes de todas las religiones nacidas desde el hombre, y les ha invitado a formar parte, con toda libertad, del Cuerpo de Cristo, y a amarse en, y desde, la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica.

Y esta es la “cosa interesante”: la Palabra de Cristo, la Luz de Dios. La Iglesia, y en ella todos los que creyentes, está llamada a transmitir en este mundo envuelto en la oscuridad del egoísmo, del pecado de hombres y mujeres que se han dicho a sí mismo “yo soy mi dios”. Sólo asentada en esta “Luz”, la Iglesia podrá “seguir proponiendo cosas interesantes”: los tesoros del amor y del perdón, que Dios quiere regalar a todos los hombres de buena voluntad.

ernesto.julia@gmail.com

 

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La envidia a los santos que tiene la Iglesia

 Pedro María Reyes 

 

Ceremonia beatificacion Carlo Acutis.

photo_cameraCeremonia beatificacion Carlo Acutis.

Seguramente la mayoría de los que lean estas líneas se habrán alegrado con la reciente beatificación del joven Carlos Acutis. Ciertamente es tan cercano a nuestra época que ahora podemos decir que hay fieles elevados a los altares que han diseñado blogs y han participado en redes sociales. No sé cómo lo representarán, ojalá que aparezca algún teléfono inteligente en sus manos o un símbolo de arroba.

He seguido la noticia en un diario generalista. Y me ha sorprendido la virulencia con que la mayoría de los foristas aprovechan para atacar a la Iglesia. No son argumentos novedosos ni irrebatibles (al contrario), pero sí se ve mucho odio en algunos comentarios. El resultado es que los católicos apenas intervienen en ese debate, aunque presumo que la mayoría de los que hacen clic para leer la noticia son personas piadosas, seguramente porque consideran inútil entrar en una discusión tan sucia. Lo cual me ha llevado a reflexionar de dónde viene tanta repugnancia a los santos y beatos.

Seguramente se pueden dar muchas respuestas, pero supongo que hay un componente no pequeño de envidia a la Iglesia.

Los ateos, los anticristianos, los agnósticos y otros pueden usar los argumentos que vean mejor para defender sus posturas, pueden atacar a la Iglesia con sus muchas faltas (lamentablemente ciertas) y también pueden inventar mentiras sobre la Iglesia. Pero lo que no pueden negar es que en la Iglesia se hallan los mejores ejemplos de vida. Y para ello no hace falta remontarse a los mártires de la época de los romanos, sino que ‑gracias entre otros al Beato Carlos Acutis‑ los encontramos hasta en el siglo XXI.

En efecto, ¿quién puede negar que la vida de Santa Teresa de Calcuta, o de San Pío de Petralcina, o de San Juan Pablo II son modélicas? ¿Quién ha luchado más contra las dictaduras totalitarias que San Maximiliano Kolbe, San Oscar Romero, el Beato Jacobo Gapp o el Beato Jerzy Popiełuszko? San Rafael Guízar, amenazado de muerte por el Gobernador de Veracruz, se defendió no mediante campañas de prensa desde un cómodo exilio, sino presentándose ante el Gobernador en su mismo despacho. ¿Quién puede presentar gente tan desprendida de los honores y del dinero como Santa Maravillas de Jesús, San Rafael Arnáiz o el Beato Carlos I de Austria, el último Emperador? ¿Cuántas madres han entregado sus vidas por sus hijos por nacer, como Santa Juana Beretta? ¿Qué ateo puede apreciar más la libertad que Santa Josefina Bakhita? ¿Algún agnóstico sabe más de los derechos de los pueblos indígenas que el Beato Ceferino Namuncurá, hijo de un cacique mapuche?

¿Hay muchos sindicalistas que hayan promocionado más la clase obrera que San Alberto Hurtado? ¿Cuántas feministas han dado su vida por defender a alguna mujer de una violación? San Luis Versiglia y San Calixto Caravario defendieron a tres chicas que iban a ser violadas y encontraron la muerte por ello. ¿Y cuántas dieron su vida por defender su integridad sexual? Santa María Goretti y Santa Teresa Bracco dieron su vida por defender su castidad, la primera en un abuso infantil familiar y la segunda, también menor de edad, por defenderse de un soldado alemán. El médico San José Moscatti se dedicó a la investigación médica con gran dedicación, San José Gabriel Brochero compartió con los enfermos su vida, la Beata Guadalupe Ortiz de Landázuri se dedicó a la investigación química. San José Freinademetz, de origen tirolés, se hizo chino entre los chinos para dar a conocer a Cristo.

Son solo algunos ejemplos entre los miles de santos y beatos del siglo XX. Es cierto que la Iglesia molesta, y no es solo por su doctrina, sino también porque muestra ejemplos de vida irrefutables que ninguna ideología anticatólica puede mostrar.

San Josemaría Escrivá de Balaguer, otro santo del s. XX, dijo que estas crisis mundiales son crisis de santos (cf. Camino, 301). Y esto se debe no solo a la comunión de los santos, sino al testimonio de vida, patrimonio indiscutible de la Iglesia. “Si te encuentras ante un ateo que te dice que no cree en Dios, puedes leerle toda una biblioteca donde se dice que Dios existe, y aunque se pruebe que Dios existe, él no tendrá fe. Pero, si delante de este ateo das testimonio de coherencia y de vida cristiana, algo comenzará a trabajar en su corazón. Y será precisamente tu testimonio el que le creará la inquietud sobre la cual trabajará el Espíritu Santo” (Francisco, Homilía en Santa Marta, 27-II-2014).

La Iglesia vivificará esta sociedad, y será gracias a los santos. Eso es lo que molesta a los enemigos de Dios. Los católicos podemos sentirnos orgullosos de tantos hermanos nuestros en la f

 

Ley natural: ¿un invento?

La Ley moral natural es “el conjunto de leyes racionales que expresan el orden de las inclinaciones naturales a los fines propios del ser humano, aquel orden que es propio del hombre como persona”

Ante una valla erigida en medio de un camino pueden existir varias actitudes. Cierto tipo de reformador diría: No veo el uso que pueda tener esto; vamos a deshacernos de ello. Otro más inteligente puede responder diciendo: Si no ves su uso, vete y reflexiona. Luego, cuando vuelvas y me digas que ya has visto el uso que tiene, tal vez te permita que lo destruyas. Esta paradoja descansa sobre el sentido común más elemental. La valla no creció ahí sin más. No la levantaron unos sonánbulos que la construyeron estando dormidos. Es muy improbable que la pusieran ahí unos fugitivos que por alguna razón habían quedado sueltos en la calle. Alguien tuvo alguna razón para pensar que sería bueno tenerla. Y hasta que no sepamos cuál es esa razón, no podemos juzgar si la razón era razonable o no. Si algo construido por otros seres humanos como nosotros parece ser algo misterioso y sin sentido, en ese caso es muy probable que hayamos pasado por alto todo un aspecto de la cuestión. Hay reformadores que superan esta dificultad asumiendo que sus padres eran unos locos de remate; pero si así es, entonces sólo podemos decir que su locura parece ser una enfermedad hereditaria [1].

1 ¿Qué es la Ley natural?

La Ley moral natural es “el conjunto de leyes racionales que expresan el orden de las inclinaciones naturales a los fines propios del ser humano, aquel orden que es propio del hombre como persona” [2].

Se denomina “ley”, porque, al igual que todas las leyes, es un ordenamiento producto de la razón que se dirige a conseguir el bien común, dictado por quien tiene a su cargo la comunidad [3].

Se dice “moral” porque califica y distingue lo que debe hacerse de lo que ha de evitarse, esto es, lo bueno y aquello que se considera como malo.

El señalamiento de “natural” habla de que es propio del ser humano.

La Ley moral natural no es la tendencia o inclinación que toda persona tiene o pueda llegar a tener, sino la regulación de estas. Se trata pues de un “deber ser”.

Epicteto (siglo I) enuncia el primer principio de la Ley natural: “Hay que hacer el bien y evitar el mal” (Epicteto, IV, 3, 30), de donde se derivan los derechos y deberes para que efectivamente pueda hacerse el bien y evitarse el mal.

Es evidente que no todo lo que se dice derecho realmente lo es, y de igual forma lo que en algún momento determinado se califica como un deber. Sin embargo, todo ser humano comparte una misma Ley moral natural, un mismo principio interior, del que surge el anhelo de la humanidad de respetar y solicitar respeto, de unos derechos mínimos para todos, dando lugar a los llamados “Derechos Humanos”, cuyo contenido consiste fundamentalmente en lo que desde antiguo las más diversas culturas han reconocido como convenientes al ser humano, en cuanto que regulan lo que debe hacerse y evitarse por encima de lo que dicten las leyes elaboradas por las autoridades de cualquier época y lugar.

Algunos de esos derechos y deberes comunes son manejados ya en las culturas antiguas, como lo muestra la historia.

2 Un poco de historia: Derechos Humanos y Ley moral natural

 

El Presidente de Alemania, Roman Herzog, expresó con frecuencia su opinión sobre los Derechos Humanos. En un ensayo publicado en el diario semanal Die Zeit de Hamburgo, comenta que las culturas: hinduismo, confucionismo, budismo, islamismo, cristianismo, y sus sistemas filosóficos característicos, han establecido una ética de la humanidad. En todas ellas rige la regla siguiente: “No hagas nunca a otros lo que no quieres que te hagan a ti”. Los derechos fundamentales del hombre fluyen directamente de esta regla de oro, vigente [4]. Con lo que señala el deber de evitar el mal a los demás.

De manera semejante, el escritor C.S. Lewis en su libro “La abolición del hombre”, ilustra la coincidencia de distintas civilizaciones en aspectos éticos fundamentales, uno de los apartados se refiere a las que mandan no hacer mal a los otros:

· “No he matado” (tradición egipcia: De la Confesión del Alma justa, Libro de la Muerte V).

· “No matarás” (tradición judía: Libro del Exodo 20, 13). Segundo libro de la Biblia que relata la salida del pueblo judío de Egipto (escrito aproximadamente hacia el año 1,300 a. C.).

· “No atemorices a los hombres, o Dios te atemorizará a ti” (tradición egipcia: Preceptos de Ptahhetep).

· “Quien ejerce opresión, busca la ruina de su morada” (Babilonia: Himno a Samas).

· “No hagas con los demás lo que no quieras que hagan contigo” (tradición china: Anales de Confucio, XV, 23) [5]. Confucio del 551 al 479 a. C.

Los escritos de los filósofos de la cultura griega destacan la Ley natural con mayor claridad incluso. Sófocles (del 496 a 406 a. C.) reclama la existencia de unas leyes no escritas e inmortales que están por encima de las leyes dadas por los hombres (Antígona, vv 452-457). Aristóteles (384 a 322 a. C.) distingue entre leyes justas en virtud de la ley y leyes justas por naturaleza (Política, I, 6, 1255a; III, 11, 1282b) [6].

Las leyes divinas y naturales, de que habla Sófocles, son orientadoras de las acciones (…) En la tragedia Antígona, es en donde aparece más destacada una firme convicción del derecho natural, a través de su protagonista. Esta heroína prefiere la obediencia a la Ley natural que a la ley del tirano Creón, y da sepultura al cadáver de su hermano. Unos diálogos son las siguientes:

Creón: Tú, que inclinas hacia el suelo la cabeza, ¿confiesas o niegas haber sepultado a Polínice?

Antígona: Lo confieso; no lo niego.

Creón: ¿Conocías el decreto que prohibía hacer eso?

Antígona: Lo conocía, no podía dejar de conocerlo. Era público.

Creón: ¿Y osaste violar en efecto esa ley?

Antígona: Sí; pues no fue Zeus quien emitió ni publicó ese edicto, el cual no pertenece a las leyes que han sido establecidas para los hombres por la Justicia (…) Yo no pensé que tus decretos, decretos de un ser mortal, pudiesen abrogar las leyes no escritas e inmutables del cielo. Estas leyes perennes no son de hoy ni de ayer, sino que pertenecen a todos los tiempos, son eternas, y nadie sabe cuándo nacieron [7].

Otro tanto sucede entre los romanos. Cicerón (106 a 43 a. C.) decía: “Es absurdo pensar que es justo todo lo determinado por las costumbres y las leyes de los pueblos (…) ¿Acaso también si son leyes de tiranos? Hay un único derecho que mantiene unida la comunidad de todos los hombres, y está constituido por una sola ley, la cual es el criterio justo que impera o prohibe; (…) que si todos los derechos se fundaran en la voluntad de los pueblos, las decisiones de los príncipes y las sentencias de los jueces, sería justo el robo, justa la falsificación, justa la suplantación de testamentos, siempre que tuvieran a su favor los votos o los plácemes de una masa popular (…) Y es que para distinguir la ley buena de la mala, no tenemos más norma que la de la naturaleza (…) La naturaleza nos dio así un sentido común que esbozó en nuestro espíritu, para que identifiquemos lo honesto con la virtud y lo torpe con el vicio. Pensar que esto depende de la opinión de cada uno y no de la naturaleza, es como de locos”. En “La República” continúa diciendo este autor de hace veinte siglos: “(…) hay una ley verdadera, recta razón conforme con la naturaleza, presente en todos, constante, sempiterna, la cual llama al deber mandando y desvía del engaño prohibiendo (…) A esta ley (…) ni es lícito derogarla en algo, ni puede ser abrogada por completo, ni nos podemos desligar de esta ley por obra del Senado o del Pueblo (…) no será una en Roma, otra en Atenas, una ahora, otra después; todos los pueblos, en todos los tiempos serán regidos por esta única ley eterna e inmutable; y un único maestro común, por así decirlo, y soberano de todos será Dios; de esta ley, El sólo es autor, intérprete y legislador; y quien no lo obedezca renegará de él mismo, y rechazando su naturaleza de hombre, por eso mismo incurrirá en las máximas penas (Cicerón, De Legibus, XXI, 17 y De República III, 2). Los mejores juristas de la época clásica romana son de opiniones similares. Gayo (siglo II), en las Instituta, afirma: “La ley civil corrompe o altera los derechos civiles, pero no los derechos naturales”. Paulo (siglo III), en su obra Ad Sabinum, dejó constancia de su pensamiento al afirmar que “La palabra “derecho” se emplea en varias acepciones: una, cuando se llama derecho a lo que siempre es justo y bueno, como el Derecho natural; otra acepción, lo que en cada ciudad es útil para todos o para muchos, como es el Derecho civil” [8].

Ulpiano (170 a 228), decía que era necesario conocer, ante todo, las cosas divinas, porque sin este conocimiento, el panorama humano sobre el cual debe posarse la mente del jurista, quedaría privado de aquel fundamento que reposa en lo absoluto, en Dios (Lib. 10 D. 1,1) [9].

3 ¿De dónde procede la validez de los derechos que rigen a las personas?

Aún queda por responder ¿de dónde, entonces, procede su validez? ¿derivará de una Declaración? ¿procede de la autoridad que le otorguen las Conferencias Internacionales de la ONU? o ¿existen derechos verdaderamente naturales en todo ser humano? Respecto a estas interrogantes existen dos posturas encontradas:

1ª Los derechos que tiene el hombre le son reconocidos como naturales.

2ª Los derechos que tiene el hombre le son otorgados por las leyes.

En el primer supuesto se explica que el ser humano posee derechos y deberes que se desprenden de su naturaleza humana, son derechos naturales fruto de una Ley moral natural, siendo su primer principio el de “haz el bien y evita el mal”.

La otra postura señala que es tarea autónoma y exclusiva de la legislación del momento la que determina los derechos del ser humano. Se trata, pues, de algo convenido, esto es, los derechos son aquellos que el grupo de personas que tienen a su cargo la elaboración de las leyes considera conveniente, con independencia de lo justos o injustos que resulten, pero con la garantía de su legalidad. La escuela del Positivismo Jurídico difundió que sólo es derecho lo que establecen los legisladores, conduciendo a una incorrecta simplificación que fácilmente acaba en arbitrariedad. Bajo esa perspectiva, los Derechos humanos serían una concesión o una atribución que se otorga al ciudadano [10].

En base a las ventajas de este último, se critica a la Ley moral natural, por considerarla imprecisa y sometida a interpretaciones ideológicas, poniendo en peligro los principios democráticos. Ahora bien, la Ley moral natural no es una receta. En un primer nivel ofrece principios generales. En un segundo nivel, sin embargo, las consecuencias prácticas de esos principios fundamentales pueden ser oscurecidas por ignorancia, prejuicios, pasiones, prepotencias, deseos de autonomía. A lo largo de la historia, ha ayudado a colmar las lagunas de la legislación, ha permitido el diálogo entre pueblos y culturas, como una gramática común, ha tenido una función crítica empujando la historia de los pueblos hacia horizontes de mayor justicia, ha funcionado, como una prefiguración del orden jurídico futuro [11].

4 ¿Cuál es el contenido de la Ley Moral Natural?

Un primer nivel del contenido de la Ley moral natural es la que regula la tendencia a:

1° La conservación del ser: vida e integridad física y moral, frecuentemente llamada instinto de conservación

2° La unión conyugal de varón y mujer ordenada a la generación y educación de los hijos.

3° La relación con Dios.

4° El trabajo como expresión del dominio y transformación del mundo circundante, y, en conexión con él, la tendencia al descanso y la diversión.

5° Las variadas formas de asociación.

6° La comunicación y el conocimiento de la cultura y el arte [12].

Todos los ordenamientos reconocen un derecho a la vida, a la integridad física, a la libertad, al trabajo, a la comunicación, a la asociación, a la buena fama. Son derechos que le corresponden a la persona humana. En cambio, si se consideraran otorgados, no cabría la crítica a leyes inhumanas, gobiernos opresores, impuestos injustos, etc., o ¿en base a qué daríamos esa calificación?

Sin embargo, la sola Ley moral natural no basta. Como el hombre es un ser inteligente y libre, pertenecen a su libre opción los medios que considere necesarios para alcanzar sus fines. La puntualización del derecho (el de cada país), concreta la indeterminación que existe entre la realidad y la Ley moral natural. Ésta apunta hacia unos fines, el Derecho de cada país debe implementar el sistema más justo para conseguirlos.

En cualquier caso, una característica que define la Ley moral natural, y por tanto, a lo que se ha denominado Derechos Humanos, es su universalidad: o son universales o no tienen sentido; esto es, son derechos válidos en todo tiempo y lugar, independientemente de las cambiantes situaciones culturales y sociales. En realidad son universales porque su fundamento es la persona humana, la común naturaleza.

Por otra parte, no todo bien debe considerarse un Derecho Humano. ¿El derecho a vacaciones pagadas es un Derecho humano? ¿lo es el derecho a la vacunación, o a disfrutar de los beneficios que trae el progreso científico? Por supuesto, es conveniente prestar más atención a las injusticias sociales y económicas, lo preocupante es la idea de que no se deba poner unos derechos por encima de otros, así, por ejemplo, el derecho a la vida no debe estar en el mismo plano que el derecho a vacaciones pagadas. Derechos verdaderamente importantes como la libertad de expresión, de religión, de asociación, derecho a la vida, a la libertad, y a la seguridad de las personas. En cuanto a derechos económicos y sociales, un gobierno siempre podrá proclamar sus buenas intenciones, pero dependerá de sus posibilidades para llevarlos a la práctica. Estos derechos no pueden ser universalmente respetados, ni tampoco podrán dar motivo para dejar de respetar otros. No sería válido declarar que se tiene sanidad, aunque se carezca de libertad, o que no se tiene derecho de reunión con fines pacíficos, pero tienen el empleo asegurado [13].

5 ¿Qué enseña la Iglesia sobre la Ley moral natural?

El Papa Juan Pablo II la define como la ley de la persona humana para dirigir su vida y sus actos [14].

“Tanto en Oriente como en Occidente es posible distinguir un camino que, a lo largo de los siglos, ha llevado a la humanidad a encontrarse progresivamente con la verdad y a confrontarse con ella (…) cada pueblo, posee una sabiduría originaria y autóctona que, como auténtica riqueza de las culturas, tiende a expresarse y a madurar incluso en formas puramente filosóficas (…) es verificable incluso en los postulados en los que se inspiran las diversas legislaciones nacionales e internacionales para regular la vida social (…) a pesar del cambio de los tiempos y de los progresos del saber (…); piénsese, además, en algunas normas morales fundamentales que son comúnmente aceptadas” [15].

El concepto de Ley moral natural de los griegos coincide con lo señalado en la Sagrada Escritura, así, por ejemplo, en el Antiguo Testamento se puede leer: “Porque estos mandamientos que yo te prohibo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni están fuera de ti (…) sino que la palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica (…) Mira: hoy te pongo delante de la vida y la muerte; el bien y el mal. Si obedeces los mandamientos del Señor, tu Dios, vivirás (…) si no morirás” (Deuteronomio 30, 11-15); y, por supuesto, el contenido de los Diez Mandamientos (Exodo 20, 2-17 y Deuteronomio 5, 6-21) se apega a la Ley moral natural. Asimismo San Pablo (Rom 2, 15) dejó lo siguiente: “Con esto muestran que tienen grabado en sus corazones lo que la Ley prescribe, como se lo atestigua su propia conciencia y según los acusan o los excusan los razonamientos que se hacen unos a otros”.

Sin embargo, es Jesucristo quien eleva el postulado de Confucio de manera extraordinaria al expresar lo siguiente: “tratad a los hombres de la manera en que vosotros queréis ser de ellos tratados” (Lc 6, 31). Ya no es el mínimo de “No hagas nunca a otros lo que no quieres que te hagan a ti”, sino: haz con otros lo que desearías que hicieran contigo.

San Ireneo (130 a 202) sostiene que los paganos no conocieron la Ley de Moisés, pero, en cambio, todos tienen otra ley escrita en sus corazones que suple a la ley mosaica. San Agustín (354 a 430) sostiene que todos son pecadores, pues han desobedecido a esa ley escrita en sus corazones. San Gregorio Magno (540 a 604) en Moralia in Job enseña que el hombre no puede ignorar lo que hace, pues por la Ley natural está obligado a saber qué obras son buenas o malas [16]. Y es Santo Tomás de Aquino (1225 a 1274) quien toma lo escrito sobre la Ley moral natural de los siglos anteriores.

La Encíclica Pacem in Terris establece un catálogo amplio de los derechos y deberes que dimanan inmediatamente de su propia naturaleza y que en virtud de ello son universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningún concepto. Así, entre los derechos del hombre se postulan: derecho a la vida y a un decoroso nivel de vida; a la buena fama, a la verdad y a la cultura; al culto divino. Posteriormente se concretan los derechos familiares, entre los que destaca primeramente el derecho de la persona a elegir el estado de vida, contraer matrimonio, fundar una familia en cuya creación y desarrollo, hombre y mujer tengan iguales derechos y deberes. Junto a todo este cúmulo de derechos, se agrupan tres deberes básicos de la persona, que son: el de respetar los derechos ajenos, el de colaborar con los demás y el de actuar con sentido de responsabilidad en la consecución del bien común [17].

Con mucha claridad enseña Juan Pablo II: ¿Qué son los auténticos derechos humanos? ¿Concesiones de los gobiernos, de los Estados? ¿O algo distinto, más profundo? ¿En qué consiste la dignidad del hombre? ¿Qué son los derechos del hombre? Es evidente que estos derechos han sido inscritos por el Creador en el orden de la creación; que aquí no se puede hablar de concesiones de las instituciones humanas, de los Estados o de las organizaciones internacionales. Tales instituciones expresan sólo lo que Dios mismo ha inscrito en el orden creado por El, lo que El mismo ha inscrito en la conciencia moral, en el corazón del hombre, como explica san Pablo en la Carta a los Romanos (cfr. 2,15) [18].

Un buen resumen lo hace el Catecismo de la Iglesia Católica, y señala lo siguiente:

“En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal (…) El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón (…) La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” [19].

“El hombre participa de la sabiduría y la bondad del Creador que le confiere el dominio de sus actos y la capacidad de gobernarse con miras a la verdad y al bien. La ley natural expresa el sentido moral original que permite al hombre discernir mediante la razón lo que son el bien y el mal, la verdad y la mentira: La ley natural está inscrita y grabada en el alma de todos y cada uno de los hombres porque es la razón humana que ordena hacer el bien y prohíbe pecar (…) Pero esta prescripción de la razón humana no podría tener fuerza de ley si no fuese la voz y el intérprete de una razón más alta a la que nuestro espíritu y nuestra libertad deben estar sometidos” [20] .

“La ley es una regla de conducta proclamada por la autoridad competente para el bien común. La ley moral supone el orden racional establecido entre las criaturas, para su bien y con miras a su fin, por el poder, la sabiduría y la bondad del Creador. Toda ley tiene en la ley eterna su verdad primera y última. La ley es declarada y establecida por la razón como una participación en la providencia del Dios vivo, Creador y Redentor de todos. “Esta ordenación de la razón es lo que se llama la ley” [21].

“La ley natural contiene los preceptos primeros y esenciales que rigen la vida moral. Tiene por raíz la aspiración y la sumisión a Dios, fuente y juez de todo bien, así como el sentido del prójimo como igual a sí mismo. Está expuesta, en sus principales preceptos, en el Decálogo. Esta ley se llama natural no por referencia a la naturaleza de los seres irracionales, sino porque la razón que la proclama pertenece propiamente a la naturaleza humana” [22].

“Los diez mandamientos pertenecen a la revelación de Dios. Nos enseñan al mismo tiempo la verdadera humanidad del hombre. Ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto indirectamente, los derechos fundamentales, inherentes a la naturaleza de la persona humana. El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la ley natural” [23].

“Los diez mandamientos, por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, revelan en su contenido primordial obligaciones graves. Son básicamente inmutables y su obligación vale siempre y en todas partes. Nadie podría dispensar de ellos. Los diez mandamientos están grabados por Dios en el corazón del ser humano” [24].

“La ley natural, presente en el corazón de todo hombre y establecida por la razón, es universal en sus preceptos, y su autoridad se extiende a todos los hombres. Expresa la dignidad de la persona y determina la base de sus derechos y sus deberes fundamentales” [25].

“La aplicación de la ley natural varía mucho; puede exigir una reflexión adaptada a la multiplicidad de las condiciones de vida según los lugares, las épocas y las circunstancias. Sin embargo, en la diversidad de culturas, la ley natural permanece como una norma que une entre sí a los hombres y les impone, por encima de las diferencias inevitables, principios comunes” [26].

“La ley natural es inmutable y permanente a través de las variaciones de la historia; subsiste bajo el flujo de ideas y costumbres y sostiene su progreso. Las normas que la expresan permanecen substancialmente valederas. Incluso cuando se llega a renegar de sus principios, no se la puede destruir ni arrancar del corazón del hombre. Resurge siempre en la vida de individuos y sociedades” [27].

“La ley natural, obra maravillosa del Creador, proporciona los fundamentos sólidos sobre los que el hombre puede construir el edificio de las normas morales que guían sus decisiones. Establece también la base moral indispensable para la edificación de la comunidad de los hombres. Finalmente proporciona la base necesaria a la ley civil que se adhiere a ella, bien mediante una reflexión que extrae las conclusiones de sus principios, bien mediante adiciones de naturaleza positiva y jurídica” [28].

“Los preceptos de la ley natural no son percibidos por todos de una manera clara e inmediata. En la situación actual, la gracia y la revelación son necesarias al hombre pecador para que las verdades religiosas y morales puedan ser conocidas de todos y sin dificultad, con una firme certeza y sin mezcla de error” [29].

“Aunque accesibles a la sola razón, los preceptos del Decálogo han sido revelados. Para alcanzar un conocimiento completo y cierto de las exigencias de la ley natural, la humanidad pecadora necesitaba esta revelación (…) Conocemos los mandamientos de la ley de Dios por la revelación divina que nos es propuesta en la Iglesia, y por la voz de la conciencia moral” [30].

“Nadie puede ordenar o establecer lo que es contrario a la dignidad de las personas y a la ley natural” [31].

Por tanto, si no se atiende a la Ley moral natural, rije entonces la ley del más fuerte, y entonces se dice que es Derecho Humano aquello que al poderoso le conviene que lo sea [32].

Aún cuando el ser humano posea la Ley moral natural, no resulta asequible acertar siempre ni en todo su contenido; sólo los primeros principios pueden ser descubiertos por cualquier persona, pues no está exento de error el juicio de la conciencia. Así las cosas ¿qué se puede hacer a este respecto? ¿a qué o a quién acudir?

Sabemos que la Ley moral natural no ha sido un invento del cristianismo, pero los católicos tienen la facilidad de acudir al Magisterio de la Iglesia para resolver las dudas sobre su contenido, pues ella misma ha declarado que le corresponde su interpretación: “La Iglesia no ha sido la autora (…), ni puede, por tanto, ser su árbitro, sino solamente su depositaria e intérprete, sin poder jamás declarar lícito lo que no lo es por su íntima e inmutable oposición al verdadero bien del hombre” [33].

6 Ley moral natural y conciencia moral ¿se identifican?

 

La conciencia moral pertenece al fenómeno que ordinariamente llamamos “conciencia”, y significa en su sentido propio “con ciencia” (cum scientia, esto es, con conocimiento; que Cicerón y Santo Tomás de Aquino le dan el sentido de “conciencia común con otros”, esto es, se trata de algo objetivo que todos poseemos, aunque, por otro lado sea subjetiva también por ser de cada uno; distinta de la conciencia psicológica, esto es, la noción de que existo). La conciencia moral es la aplicación de la conciencia en cuanto saber moral, a juicios concretos de acción o, a acciones ya verificadas. La conciencia, propiamente hablando, no es una potencia, sino un acto. Esa “cosa” es mi conciencia moral, la luz con la cual puedo discernir si lo que voy a hacer es bueno o malo. De otro modo, el criterio de verdad sería cuestión de consenso, lo que opina la mayoría [34].

La inteligencia humana posee dos dimensiones, una teórica y otra práctica. Sus juicios están basados en principios evidentes por sí mismos. El primer principio de la dimensión teórica del entendimiento es el de “no contradicción”, que establece: “nada puede ser y no ser a la vez, en el mismo sujeto y bajo el mismo aspecto”. El primer principio de la dimensión práctica del entendimiento es: “hay que hacer el bien y evitar el mal” [35].

Cualquier persona con uso de razón conoce este primer principio, que se expresa de diversas formas: no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti, da a cada quien lo suyo, cumple tu deber, etc. y se pueden resumir en haz el bien y evita el mal. Existen además otros principios secundarios o conclusiones próximas que fluyen de los anteriores y pueden ser conocidos por cualquier persona casi sin esfuerzo, son los que pertenecen a los diez mandamientos. Por último están las conclusiones remotas que se deducen de todos los anteriores luego de un raciocinio más elaborado, por ejemplo la indisolubilidad del matrimonio, la ilicitud de la venganza, etc. [36].

La conciencia moral es un juicio del entendimiento práctico, es la misma inteligencia que juzga. Este juicio se realiza de acuerdo con unos criterios anteriores a ella, que no crea, sino descubre. A estos principios se le denomina Ley moral natural. En otras palabras, la conciencia moral no es autónoma, si por autonomía se entiende hacer su propia ley; si, en cambio, por autonomía se entiende libertad, la conciencia moral es autónoma, en el sentido de que no es lícito nunca coaccionarla [37].

La obligación de seguir la propia conciencia moral deriva del hecho de que el obrar humano es un obrar en base a la razón. Seguir la propia conciencia moral no significa simplemente hacer lo que nos parece bueno, sino aquello de lo cual se está seguro que es lo verdaderamente bueno. Quien se equivoca en este propósito, se encuentra ciertamente en el error de conciencia, pero él sigue su conciencia precisamente porque está convencido que ella le muestra la verdad. Y precisamente porque está convencido de la verdad de su juicio de conciencia, ésta lo vincula. En este caso, la conciencia lo compromete porque es considerada verdadera. Quien, en cambio, afirma que la conciencia no está de hecho vinculada a la verdad, sino que establece siempre un “bien para mi”, suprime la ineludible pretensión vinculante de la conciencia, corta a la conciencia moral la autoridad para poder vincular en general. Si se entiende por “libertad de conciencia” una “autonomía” no ligada a la verdad de la conciencia, se destruyen la autoridad y la autonomía de la conciencia, es decir, su carácter vinculante y, por tanto, también el fundamento del hecho de que la libertad de conciencia es un bien humano [38].

La conciencia moral no es la instancia del juicio moral, que decide sobre el bien y el mal. Es la matriz donde se gesta el bien y el mal, pero de acuerdo con esta metáfora, la matriz no engendra la vida, sino que la recibe de la Ley moral natural [39].

La conciencia moral es, por tanto, como una “regla regulada”, una “norma normatizada”, y por tanto, se puede encontrar en el error [40].

7 Ley moral natural, naturaleza humana, conciencia moral y voluntad

La naturaleza humana es la misma esencia del hombre, pero considerada como el principio de movimiento; por ella cada quien actúa según ese principio de operación, esto es, según su propia naturaleza, que en el ser humano se denomina naturaleza humana. La esencia es aquello por lo que una cosa es lo que es; en el caso de la persona, es aquello por cuya virtud el ser humano es precisamente ser humano, no importando si es alto o bajo, corpulento o delgado, blanco, negro o de tonalidades pardas, joven o viejo, sano o enfermo, continúa siendo un ser humano. Toda persona, por naturaleza, posee inteligencia (y con ella la conciencia que interpreta la Ley moral natural) y voluntad libre.

La Ley moral natural es aquel orden que es propio del ser humano como persona.

La conciencia moral es el entendimiento mismo, la inteligencia, que realiza un juicio práctico que ordena lo que el ser humano debe hacer o no hacer, o bien valora un acto ya realizado por él. Es un juicio que se aplica a una situación concreta. Formula la obligación moral de un acto señalado aquí y ahora, a la luz de la Ley moral natural [41]. Podría decirse que la lee.

La voz de la conciencia moral se puede equivocar en la valoración de un acto, pero no sucede así con la Ley de Dios, que está por encima de la conciencia y es infalible. Esta Ley resuena en la conciencia.

La naturaleza humana es de una determinada manera, la Ley moral natural está inscrita en ella y la ordena hacia su fin, la conciencia moral interpreta la Ley moral natural, esto es, el correcto uso de la naturaleza para alcanzar los fines, la voluntad libre decide qué hacer.

Citando la fuente y el nombre del autor, se autoriza la reproducción de este artículo que forma parte del libro “SIN MIEDO A LA VIDA”:

FUENTE

Oscar Fernández Espinosa de los Monteros

Abogado e investigador en materias de Bioética

AUTOR

Primera versión: 12-V-99

Versión anterior: 29-III-00

Última versión: 20-VII-00

MÉXICO

e-mail: oscarf@altavista.net


[1] Cfr. CHESTERTON, G. K., El amor o la fuerza del sino, Selección de textos realizada por Alvaro de Silva, Ediciones Rialp S.A., Madrid, España, 1994, pp. 95-96

 

[2] HERVADA, Javier, , Introducción Crítica al Derecho Natural, Editora de Revistas, México, 1985, pp. 144 -145

 

[3] AQUINO, Santo Tomás de, Suma Teológica, I-II, q. 91, a. 2

 

* Si deseas conocer más acerca de este tema, comunícate directamente con el autor del libro a la siguiente dirección de internet: oscarf@altavista.net

[4] Cfr. HERZOG, Roman, “Los derechos del hombre”,en revista Deutschland, nº 3, Alemania, junio de 1997, pp. 40-42

 

[5] Cfr. “Los mismos mandatos en distintas culturas” en ACEPRENSA, 138/97, Madrid, España, 15-X-97

 

[6] Cfr. FERNÁNDEZ, Aurelio, Compendio de Teología Moral, Ediciones Palabra, Madrid, España, 1995, pp.194-195

 

[7] Cfr. CAJIGAS ROSALBO, Gabriela María de los Ángeles, El Arte como expresión del Derecho, México, D.F., 1968, pp. 37-38

 

[8] Cfr. PACHECO ESCOBEDO, Alberto, «Conferencia en la Universidad Bonaterra de Aguascalientes», en revista Universo Cultural del periódico EL HIDROCÁLIDO, Aguascalientes, México, 5-VIII-90, p. 7

 

[9] Cfr. GÓMEZ PÉREZ, Rafael, Deontología Jurídica, Ediciones Universidad de Navarra S.A., Pamplona, España, 1982, pp. 268-269

 

[10] Cfr. PACHECO ESCOBEDO, Alberto, «Conferencia en la Universidad Bonaterra de Aguascalientes», en revista Universo Cultural del periódico EL HIDROCÁLIDO, Aguascalientes, México, 5-VIII-90, p. 6

 

[11] Cfr. “La ley natural, impulso para una política más justa” en ACEPRENSA, 163/98, Madrid, España, 25-XI-98

 

[12] Cfr. HERVADA, Javier, , Introducción Crítica al Derecho Natural, Editora de Revistas, México, 1985, pp. 145-146

 

[13] Cfr. “Derechos humanos: estirarlos es rebajarlos”, en ACEPRENSA, 180/98, Madrid, España, 23-XII-98 e International Herald Tribune, 26-XI-98

 

[14] JUAN PABLO II, Encíclica Veritatis splendor, 6-VIII-93, n° 50

 

[15] JUAN PABLO II, Encíclica Fides et ratio, 14-IX-98, n° 1-4

 

[16] Cfr. FERNÁNDEZ, Aurelio, Compendio de Teología Moral, Ediciones Palabra, Madrid, España, 1995, p. 196

 

[17] Cfr. DE LA BORBOLLA, Juan, A fuerza de ser hombres, Editora de Revistas, S.A., México, 1990, p. 76

 

[18] JUAN PABLO II, Cruzando el umbral de la Esperanza, Plaza & Janes Editores, S.A., México D.F., 1994, p. 195

 

[19] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1776

 

[20] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1954

 

[21] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1951

 

[22] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1955

 

[23] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 2070

 

[24] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 2072

 

[25] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1956

 

[26] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1957

 

[27] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1958

 

[28] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1959

 

[29] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1960

 

[30] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 2071

 

[31] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 2235

 

[32] Cfr. CARRASCO GARCÍA, Ignacio, Pbro., Conferencia dictada en San Pedro Garza García, México, 12-XI-99

 

[33] PAULO VI, Encíclica Humanae vitae, nº 4 y 18, 25-VII-68 y Constitución Pastoral Gaudium et spes n° 50 del Concilio Vaticano II, 7 de diciembre de 1965

 

[34] Cfr. CARRASCO GARCÍA, Ignacio, Pbro., La Conciencia Moral, San Pedro Garza García, México, 22-XI-99, p. 1

 

[35] Cfr. GÓMEZ PÉREZ, Rafael, Deontología Jurídica, Ediciones Universidad de Navarra S.A., Pamplona, España, 1982, p. 47

 

[36] SADA, Ricardo y Alfonso Monroy, Curso de Teología Moral, Editora de Revistas, Quinta edición, México 1989, p. 51

 

[37] Cfr. GÓMEZ PÉREZ, Rafael, Deontología Jurídica, Ediciones Universidad de Navarra S.A., Pamplona, España, 1982, p. 47

 

[38] Cfr. CARRASCO GARCÍA, Ignacio, Pbro., La Conciencia Moral, San Pedro Garza García, México, 22-XI-99, pp. 5-6

 

[39] Cfr. GÓMEZ PÉREZ, Rafael, Deontología Jurídica, Ediciones Universidad de Navarra S.A., Pamplona, España, 1982, p. 49

 

[40] Cfr. AQUINO, Santo Tomás, Summa Theologica, en De Veritate, q. 17, a. 2, ad 7

 

[41] Cfr. JUAN PABLO II, Encíclica Veritatis splendor, nº 59, 6-VIII-93

 

 

 

La política de género de USAID

La administración Trump golpeó el corazón de la ideología de género en un nuevo borrador de política publicado el pasado agosto por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

La administración heredó una política de igualdad de género de la administración Obama que fue muy controvertida porque promovió la homosexualidad y el transgénero. La estrategia de género de Obama ha estado guiando los programas de igualdad de género de USAID en países extranjeros desde entonces.

La nueva política caracteriza claramente la “igualdad de género” como una referencia estricta a la igualdad entre hombres y mujeres y niños y niñas. Esto provocó la indignación de la izquierda, que criticó la política por adoptar “un marco conservador de los derechos humanos” y borrar cualquier mención de problemas transgénero o personas que se identifican como LGTBI.

La política de género es uno de los varios documentos estratégicos que guían el trabajo de la agencia. Reemplaza una política anterior de 2012 implementada bajo el expresidente Barack Obama. Hace unos días cerró un breve período de una semana para hacer comentarios sobre el borrador.

La política incluye muchos cambios notables con respecto a su predecesora, incluido el énfasis en la importancia de asociarse con grupos religiosos, que se omitió en la política de 2012. La política también omite cualquier referencia al aborto, incluido un lenguaje eufemístico como “salud reproductiva”, al que la administración Trump se ha opuesto en las negociaciones de la ONU, así como en los documentos de política interna.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Defensora de la prostitución de adolescentes

Las Naciones Unidas han designado como su máxima experta en salud y derechos humanos a una antigua abortista partidaria de que las adolescentes se prostituyan.

El pasado mes de abril, la autora de “Dra. T: Una guía para la salud y el placer sexual” y presentadora del programa de televisión sudafricano “Charla sobre sexo con la Dra. T”, recibió una fuerte reprimenda de ex víctimas de explotación sexual y de las asociaciones que las defienden cuando escribió un artículo en Teen Vogue en el que animaba a las jóvenes adolescentes a plantearse el “trabajo sexual” como una opción laboral más.

“Creo que el trabajo sexual y los derechos de la trabajadora sexual son también derechos de la mujer, derechos sanitarios y derechos laborales, y constituyen la prueba de fuego del feminismo transversal” declaró la Dra. Tlaleng Mofokeng en su artículo “Por qué considero digno el trabajo sexual” (2009).  “La idea de comprar la intimidad y pagar por estos servicios puede ser positiva para muchos individuos necesitados de conexión humana, amistad y apoyo emocional. Algunas personas pueden satisfacer ciertas fantasías  y preferencias sexuales escabrosas gracias a los servicios de las trabajadoras del sexo”.

El artículo de la Dra. Mofokeng indignó en su día a los abolicionistas que luchaban para poner fin a la violencia sexual perpetrada contra mujeres y niñas vulnerables. Entonces la Dra. Mofokeng era una simple defensora de los derechos y la salud de carácter sexual. Un año después, esta doctora sudafricana ha sido promovida al rango de Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Salud, donde llevará a cabo su campaña de despenalización de la prostitución a nivel mundial.

Jaume Catalán Díaz

 

 

"Muerte médicamente asistida" (MAD)

Con más sustancia filosófica y ética, sin embargo, es el tema de aquellos que intentan diferenciar el MAD de cualquier otro tipo de suicidio, pues en su opinión es ética y moralmente aceptable, en contraposición al suicidio, que nunca lo es.

Los defensores de la MAD consideran que cuando se aplica, el paciente se ve inmerso en lo que denominan un proceso de muerte provocado por su enfermedad de base. Así, lo único que hace MAD es apresurar su inevitable llegada, es decir, el objetivo principal no es acabar con la vida de ese paciente, sino encontrarle una salida digna de este mundo tratando de acortar su agonía. No es MAD lo que acaba con la vida del paciente, sino su enfermedad subyacente incurable.

En un artículo, Friesen analiza tres razones comúnmente dadas para sostener que existen diferencias fundamentales entre MAD y suicidio:

•moralidad; la impulsividad que se produce en el suicidio y no en la MAD;

•la capacidad de decisión de los pacientes que solicitan MAD que está ausente en los suicidios; y finalmente,

•el grado de esperanza que tienen los que usan MAD y del que carecen los que buscan el suicidio, acto que por supuesto también incluye el suicidio asistido.

Friesen, por lo tanto, afirma que ambas prácticas son ética y moralmente diferentes según las razones descritas anteriormente.

Sin embargo, en nuestra opinión, la DMA es una práctica dirigida directamente a acabar con la vida de un paciente gravemente enfermo que sufre dolores o trastornos de cualquier tipo difíciles de soportar. En otras palabras, es una práctica claramente de eutanasia. Intentaremos fundamentar esta afirmación.

En efecto, cuando un paciente se encuentra en las condiciones requeridas para aplicar MAD, se pueden ofrecer cuatro soluciones:

•Cuidados paliativos,

•Sedación paliativa,

•Sedación terminal, y finalmente,

•Eutanasia o suicidio asistido.

Los dos primeros son, en nuestra opinión, moral y éticamente lícitos; el resto, sin embargo, es claramente ilícito.

Enric Barrull Casals

 

 

El cuarto trimestre

Este trimestre recién estrenado es el que el calendario nos pone delante para que recordemos que la vida es maravillosa. Es el tiempo en que aún puedes disfrutar de agradables paseos sin hacinamientos ni sudor; en el que encuentras buenas ofertas de restauración o alojamiento a precios razonables; o en el que los servicios ya no cuelgan el cartel de “estoy de vacaciones”. Y es el momento en que las familias retornan a la intimidad de su hogar, se reanudan los potajes de castañas los domingos y las parejas vuelven a estar a solas, como describe con delicada ternura Neil Diamond en su insuperable September morn.

Levantarse cuando aún es de noche te hace valorar más las horas de luz. Y las gotas de lluvia o el fresco ayudan a guarecerte bajo ese entrañable refugio que abandonamos obligados en el estío. Los incapaces de saborear la placidez de estas tranquilas y nostálgicas jornadas encajan regular en el otoño, que es por definición eso: sosiego.

Infinidad de artistas han interpretado esa serena y elegante paz. Autumn leaves tal vez sea la pieza más destacada, un formidable clásico que reconoce cada generación. Concebida por un poeta francés y compuesta luego por un músico húngaro antes de ser arreglada por un letrista norteamericano, esta bellísima melodía retrata con extraordinaria clase la primorosa hondura otoñal y la profunda melancolía que siempre encierra.

El otoño se acerca con muy poco ruido: apagadas cigarras, unos grillos apenas, defienden el reducto de un verano obstinado en perpetuarse, plasma con hermosas palabras el gran Ángel González. Como eso nunca ocurre, sino que acaba triunfando la discreta muda del bosque en aquellos afortunados lugares en donde todavía hay algo más que calor y frío intensos, algunos estamos como unas castañuelas con la llegada de estos sencillos días del año, que recibimos como fiesta de guardar.

Suso do Madrid

 

 

España calificada por Suiza…y más cosas

 

"PARA ESPAÑA SE DIBUJA UN HORIZONTE DE CRISIS SISTÉMICA": ‘Neue Zürcher Zeitung’, el periódico más influyente de Suiza: «¿Es España un Estado fallido?». “Una rápida y masiva ayuda financiera de la UE para la España plagada de Covid-19 no está actualmente justificada". (Periodista Digital 11-10-2020)

            Esta noticia a mi entender es la peor noticia, “de todos los tiempos”, publicada fuera de España y nada menos que EN SUIZA. ¿Por qué? En Suiza se han admitido valores y dinero de procedencias tan ensangrentadas, como “las cajas de dientes de oro, sacados en los hornos crematorios nazis” (así lo leí hace tiempo) por lo que se deduce que en Suiza, es primero EL DINERO y luego “todo lo demás, incluido el dios en que puedan creer sus gobiernos”. Lo que es indiscutible es que es un país, súper organizado y que férreamente cumple todos sus compromisos. O sea que allí, “el negocio es el negocio” y no puede haber quiebras o empresas “inseguras” y que atenten, con esa seguridad “a prueba de todo”, que han sabido crear en “La Confederación Helvética”, que es el verdadero nombre de Suiza… Y que en ese país, se publique lo que arriba se ha publicado, se puede y debe entenderse, “la mierdaa podrida en que han convertido los bandidos, ladrones, amorales y sin escrúpulos algunos, que han venido manejando a España, tras la muerte de Franco, que con todo lo malo que se le achaca y que sea verídico y con las consecuencias lógicas que se puedan extraer de ello… al menos al final, nos dejó la España más próspera de todos los tiempos que la historia nos dice de esta incompresible España en que nacimos los españoles, siempre mal gobernados”.

            Lean cuanto sigue, mediten y luego completen y opinen.

           Mínima parte de un texto que hay en Internet, que pueden leer y copiar, si soportan todo el hedor y horror de los hechos que ahí se relatan: les dejo la dirección y copia parcial de los mismos: https://www.enlacejudio.com/2011/09/10/el-oro-ensangrentado-de-los-nazis/   “Por lo tanto Hitler había ideado un plan. Necesitaba de banqueros no sospechosos, que blanquearan todo el oro procedente del Reichsbank en divisas. Los banqueros suizos viendo el negocio que eso supondría se prestaron con gusto a tal operación. Suiza tenía conocimiento seguro sobre el dinero que había en Alemania antes de la guerra, por lo que el oro debía de ser robado o tenía una procedencia como mínimo dudosa. En ese momento se sabía, que procedía de los campos de concentración. En el Proceso de Nuremberg, Emil Phul, que fue citado como testigo al ser la persona encargada de efectuar las negociaciones para el Reichsbank con los banqueros suizos, admitió que los suizos conocían perfectamente el origen de ese oro. Sin embargo, por parte de los banqueros se negó todas las acusaciones vertidas en su contra una vez que finalizara la guerra, afirmando, que ellos desconocían la procedencia de todo ese oro y no siendo su labor, el averiguar la procedencia del mismo. Los aliados concluyeron, que se debía de presionar a Suiza, para que compartiera con ellos el “botín de guerra” y el dinero que habían obtenido de los judíos. Pero este hecho cayo en el presunto olvidó por la incipiente guerra fría. Occidente necesitaba que Suiza y Alemania continuaran desarrollándose como país fuerte, para sostener el mercado mundial. Incluso surgieron sospechas, que miles de millones fueron ocultados en Suiza por parte de la industria alemana, utilizándose para financiar el milagro económico de la posguerra en la Alemania que prosperó inimaginablemente en pocos años”.

            Tras este texto copiado, se deduce, que todo lo que nos han contado, son mentiras, salvo las verdades que interesan a cada parte; y al final sólo podemos decir ese sabio dicho de la sabiduría popular española, que como pueblo “pisoteado a lo largo de toda su historia”, sólo le queda esos dichos contundentes, que como en este caso, el que cabe, es el contundente y veraz que afirma… “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

                                Al final a nosotros sólo nos queda lo de siempre, “el pataleo” y recordar cosas así… ESPAÑA SU PUEBLO Y LOS MALDITOS POLÍTICOS QUE LO HAN MANGONEADO SIEMPRE (DE AHÍ SU ATRASO): Creo recordar que fue José Ortega y Gasset el que dijo la lapidaria frase de que en España... "todo lo positivo lo había hecho el pueblo y como tal pueblo, nada habían hecho los demás" (no es la frase así pero "más o menos viene a significar lo mismo). Pero hay que añadir que esa minoría positiva sigue siendo eso, una “minoría”; la mayoría del pueblo español, es indiferente a todo “menos a su panza y su bolsillo”; aún peor, son renegados de su propia patria, o peor aún, “destructivos de la misma”; lo dijo en otras palabras Otto von Bismark, “el canciller de hierro” y el unificador de Alemania, y a quién los alemanes, deben todo ello y más.

                                “La verdad es la herida que más duele… y no cicatriza”. AGF 24 octubre 2019

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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