Las Noticias de hoy 10 Octubre 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 10/10/2020 - 12:31

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 10 de octubre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Una lectura de ‘Fratelli Tutti’ desde la Amazonía

El Papa a Moneyval: impedir a mercaderes especular en el templo de la humanidad

ORACIONES A LA MADRE DE JESÚS: Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del sábado: El camino de María

“¿Santo, sin oración?”: San Josemaria

Llamados a ser santos

Santificar el trabajo y santificar el mundo «desde dentro»

Mujer e Iglesia, un binomio posible: Isabel Sánchez Serrano

La pureza del corazón: Luis Robert

Ayudar a las vocaciones sacerdotales, CARF: Daniel Tirapu 

 Educando hijos con inteligencia espiritual: Silvia del Valle Márquez

El cansancio mental: Lucía Legorreta

Domingo de la semana 28 de tiempo ordinario; ciclo A

La amistad: camino hacia la felicidad: Vivian Forero

Nuestro destino está  en las estrellas: José Manuel Belmonte.

La salud no es lo primero: Jaime Nubiola

Derivar a un aborto en contra de su conciencia : Valentín Abelenda Carrillo

Eutanasia: JD Mez Madrid

¡Qué sabrán esos ignorantes!: Suso do Madrid

Una brutalidad: Pedro García

“El castillo de naipes mundial… se viene abajo”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Una lectura de ‘Fratelli Tutti’ desde la Amazonía

Artículo de la REPAM

OCTUBRE 09, 2020 14:11REDACCIÓN ZENITDOCUMENTOSIGLESIA LOCAL

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(zenit – 9 oct. 2020).- Desde la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), ofrecen un artículo en torno a la nueva encíclica del Papa Francisco, Fratelli tutti, una lectura del documento desde el punto de vista de la Amazonía.

A continuación, ofrecemos la nota completa, escrita por el misionero Luis Miguel Modino.

***

La vida nos va enseñando a leer la realidad a partir del contexto en el que vivimos, de aquello que forma parte de nuestro día a día. Fratelli tutti, la nueva encíclica del Papa Francisco, publicada en el día en que la Iglesia celebra la fiesta de san Francisco de Asís, el “santo del amor fraterno, de la sencillez y de la alegría, que me inspiró a escribir la encíclica Laudato si’, vuelve a motivarme para dedicar esta nueva encíclica a la fraternidad y a la amistad social”, me ha llevado a hacer una lectura a partir de la realidad amazónica, especialmente de los pueblos originarios.

No pretendo caer con ello en algo que ya aparecía en Querida Amazonía y que es recogido en la nueva encíclica, “un indigenismo completamente cerrado, ahistórico, estático, que se niegue a toda forma de mestizaje”. Al contrario, pretendo que ayude a descubrir aquello a lo que el Papa exhortaba a los pueblos originarios a cuidar “sus propias raíces y sus culturas ancestrales”.

De hecho, en los primeros números de Fratelli tutti, ya aparece la importancia de algo que es decisivo en la vida de los pueblos originarios amazónicos, la comunidad, al afirmar que “se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!”. Soñar, una actitud presente en estos pueblos y que es el hilo conductor de la Exhortación Postsinodal del Sínodo para la Amazonía.

Cuidar del mundo y entre nosotros

El Papa Francisco denuncia la colonización cultural, una realidad presente en la reflexión de Querida Amazonía, donde uno de los sueños es el cultural. Esta colonización se concreta en la tentativa de “imponer un modelo cultural único”, intentando socavar esa dimensión comunitaria. Los pueblos originarios han sido víctimas tradicionales de algo que denuncia la encíclica, “ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos. No se recoge su parte de verdad, sus valores, y de este modo la sociedad se empobrece y se reduce a la prepotencia del más fuerte”. De hecho, en algunos países se pretende que los indígenas se asimilen a la sociedad dominante, con lo que “se niega a otros el derecho a existir y a opinar”.

Algo en lo que se puede descubrir claramente lo que se vive en la Amazonía es cuando Fratelli tutti nos hace caer en la cuenta de la necesidad de “cuidar el mundo que nos rodea y contiene es cuidarnos a nosotros mismos”. Para ello, se nos llama a algo que uno ha ido descubriendo en muchas comunidades amazónicas, la necesidad de “constituirnos en un ‘nosotros’ que habita la casa común”, algo que se opone a los poderes económicos, que quieren dominar la Amazonía y convertirla en una despensa de recursos, porque “necesitan un rédito rápido”. Por eso, en una referencia en la que se pueden incluir los pueblos originarios, cada vez más comprometidos en este sentido, “frecuentemente las voces que se levantan para la defensa del medio ambiente son acalladas o ridiculizadas, disfrazando de racionalidad lo que son sólo intereses particulares”, insiste la nueva encíclica.

La parábola del Buen Samaritano es uno de los textos evangélicos más presentes en la encíclica. En este contexto de pandemia, veo reflejado en los números que abordan esa cita bíblica, la presencia de una Iglesia samaritana en la Amazonía, pudiendo poner muchos ejemplos con los que respondería afirmativamente a las preguntas que el Papa Francisco nos hace: “¿Nos inclinaremos para tocar y curar las heridas de los otros? ¿Nos inclinaremos para cargarnos al hombro unos a otros?”. La Amazonía, la región del mundo con mayor porcentaje de víctimas de COVID-19, es un claro ejemplo de que “se torna cada vez más visible que la desidia social y política hace de muchos lugares de nuestro mundo un camino desolado, donde las disputas internas e internacionales y los saqueos de oportunidades dejan a tantos marginados, tirados a un costado del camino”. Frente a eso, la Iglesia, en este tiempo de pandemia, se ha esforzado en ser samaritana.

 Amistad social y solidaridad

A nadie se le escapa que “en algunos países, o en ciertos sectores de estos, hay un desprecio de los pobres y de su cultura”, algo que se puede aplicar a la Amazonía y sus pueblos originarios y comunidades tradicionales, víctimas de quienes “usan y engañan a la sociedad para esquilmarla”. Frente a estos, podemos decir que en esas comunidades amazónicas se hace realidad, uno mismo lo ha experimentado, “una generosa capacidad de acogida ante los peregrinos que pasaban, y acuñaron el sagrado deber de la hospitalidad”.

Son comunidades donde se cultiva la “amistad social”, una expresión muy presente en la encíclica, “que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos”. Puedo recordar muchas anécdotas, especialmente en las comunidades de la Región del Alto Río Negro, en la frontera entre Brasil, Colombia y Venezuela, donde experimenté que quien tiene poco, nunca deja que le falte a nadie. Son ellos, los últimos, quienes “practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, entre los pobres, y que nuestra civilización parece haber olvidado, o al menos tiene muchas ganas de olvidar”, que hace visible que en estos lugares se consigue “pensar y actuar en términos de comunidad, de prioridad de la vida de todos sobre la apropiación de los bienes por parte de algunos”.

Diálogo social

Como ya aparecía en Querida Amazonía, la nueva encíclica nos llama a preservar las culturas diversas, “para no empobrecer este mundo”. En estas culturas amazónicas se conjuga el verbo dialogar, una actitud cada vez más asumida por la Iglesia Católica en la región, algo que se ha consolidado con el Sínodo para la Amazonía, que lleva a “acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto”. Puedo decir que fueron muchos los aprendizajes que adquirí en mis visitas pastorales a lo largo de los ríos de la Amazonía, donde el diálogo era algo que nunca faltaba.

En ese sentido, la encíclica usa el término “auténtico diálogo social”, diciendo que “supone la capacidad de respetar el punto de vista del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos”. Citando Querida Amazonía, el Papa Francisco nos dice que “en un verdadero espíritu de diálogo se alimenta la capacidad de comprender el sentido de lo que el otro dice y hace, aunque uno no pueda asumirlo como una convicción propia. Así se vuelve posible ser sinceros, no disimular lo que creemos, sin dejar de conversar, de buscar puntos de contacto, y sobre todo de trabajar y luchar juntos”.

Reconocimiento recíproco

La encíclica nos llama a entender que “los pueblos originarios no están en contra del progreso, si bien tienen una idea de progreso diferente, muchas veces más humanista que la de la cultura moderna de los desarrollados. No es una cultura orientada al beneficio de los que tienen poder, de los que necesitan crear una especie de paraíso eterno en la tierra”. El texto denuncia que “la intolerancia y el desprecio ante las culturas populares indígenas es una verdadera forma de violencia”, llamando a “respetar la diversidad ofreciéndole caminos de promoción y de integración social”. Junto con eso, Fratelli tutti, señala las ofensas a los últimos de la sociedad, entre los que se pueden incluir a los pueblos originarios, “con generalizaciones injustas”.

Dirigiéndose a los creyentes, el Papa Francisco cita su última exhortación postsinodal, diciendo que “los creyentes necesitamos encontrar espacios para conversar y para actuar juntos por el bien común y la promoción de los más pobres. No se trata de que todos seamos más light o de que escondamos las convicciones propias que nos apasionan para poder encontrarnos con otros que piensan distinto. […] Porque mientras más profunda, sólida y rica es una identidad, más tendrá para enriquecer a los otros con su aporte específico”.

Por eso, es tiempo de destacar una actitud cada vez más presente en la Iglesia de la Amazonía, que se ha posicionado como una de las grandes aliadas de los pueblos indígenas, “asumimos la cultura del diálogo como camino; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio”. Es tiempo de “que nuestro corazón se abra a todos los pueblos y naciones de la tierra, para reconocer el bien y la belleza que sembraste en cada uno”, de estar juntos con quienes están convencidos de aquello que rezamos al final de la encíclica, “Señor y Padre de la humanidad, que creaste a todos los seres humanos con la misma dignidad, infunde en nuestros corazones un espíritu fraternal”.

 

 

El Papa a Moneyval: impedir a mercaderes especular en el templo de la humanidad

En un discurso dirigido a los expertos del comité del Consejo de Europa, llegados al Vaticano para la evaluación periódica de las medidas contra el lavado de dinero y la financiación del terrorismo, Francisco recordó la necesidad de una finanza limpia que esté al servicio del hombre, en particular de los más débiles.

Ciudad del Vaticano

“Renuevo mi gratitud por el servicio que desarrollan”, para "la tutela de las ‘finanzas limpias’, en el ámbito las cuales se impide a los ‘mercaderes’ especular en ese templo sagrado que es la humanidad”. Un trabajo que “me importa de manera particular”:  así se dirigió esta mañana el Papa Francisco a los expertos del grupo Moneyval, el Consejo de Europa para la evaluación de las medidas contra el lavado de dinero y la financiación del terrorismo, llegado al Vaticano el pasado 30 de septiembre. Se trata de una visita acordada en el 2019 y que tiene lugar como parte de la evaluación periódica a  las que están sujetas todas las jurisdicciones miembros de Moneyval según un calendario preestablecido.

En su discurso,  el Papa recordó que el Vaticano “también ha adoptado recientemente algunas medidas sobre la transparencia en la gestión del dinero y para combatir el lavado de dinero y la financiación del terrorismo. El 1º de junio pasado se promulgó un Motu Proprio para una gestión más eficaz de los recursos y para promover la transparencia, el control y la competencia en los procedimientos de adjudicación de contratos públicos. El 19 de agosto, una orden del Presidente del Gobierno sometió a las organizaciones de voluntarios y a las personas jurídicas del Estado de la Ciudad del Vaticano a la obligación de informar sobre actividades sospechosas a la Autoridad de Información Financiera”.

Además, hizo presente que el trabajo desarrollado por los expertos del grupo Moneyval “está estrechamente vinculado con la protección de la vida,  la coexistencia pacífica de la humanidad en la tierra y con una finanza que no oprima a los más débiles y necesitados. Creo que es necesario – evidenció – repensar nuestra relación con el dinero” porque “en ciertos casos parece que hemos aceptado el predominio del dinero sobre el hombre”.

A veces, para acumular riqueza, no se presta atención a su origen, a las actividades más o menos lícitas que la han originado y a la lógica de explotación que puede subyacer a ella. Así, sucede que en algunas áreas se toque el dinero y se manche de sangre las manos, la sangre de los hermanos. O, también, puede suceder que los recursos financieros se destinen a sembrar el terror, para afirmar la hegemonía del más fuerte, del más prepotente, de quienes sin escrúpulos sacrifican la vida del hermano para afirmar su poder.

Siguiendo las huellas de San Pablo VI, Francisco reitera la propuesta de crear un Fondo Mundial para ayudar los pobres y hambrientos, con el dinero que se usa “en armas y otros gastos militares”. Además recuerda que “el Magisterio social de la Iglesia ha subrayado la falsedad del ‘dogma’ neoliberal según el cual el orden económico y el orden moral son tan dispares y ajenos entre sí que el primero no depende en absoluto del segundo”. A este respecto, observa que “la adoración del antiguo becerro de oro ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano". De hecho, “la especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental sigue causando estragos".

Jesús expulsó a los mercaderes del templo y enseñó que "no se puede servir a Dios y a las riquezas" (Mt 6, 24). Cuando, de hecho, la economía pierde su cara humana, no nos servimos del dinero, sino que se sirve al dinero. Se trata de una forma de idolatría contra la que estamos llamados a reaccionar, proponiendo de nuevo el orden racional de las cosas que conduce al bien común, según el cual "¡El dinero debe servir y no gobernar!

 

ORACIONES A LA MADRE DE JESÚS

— La Virgen nos conduce siempre a su Hijo.

— El Santo Rosario, la oración preferida de la Virgen.

— Frutos de la devoción a Santa María.

I. Estaba Jesús hablando a la multitud como en tantas ocasiones. Y una mujer del pueblo alzó la voz y gritó: Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron1. Jesús se acordaría en aquellos momentos de su Madre y le llegaría muy dentro del Corazón la alabanza de la mujer desconocida. El Señor la debió de mirar complacido y con agradecimiento. «Emocionada en lo más profundo del corazón ante las enseñanzas de Jesús, ante su figura amable, aquella mujer no puede contener su admiración. En sus palabras reconocemos una muestra genuina de la religiosidad popular siempre viva entre los cristianos a lo largo de la historia»2. Aquel día comenzó a cumplirse el Magnificat: ...me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Una mujer, con la frescura del pueblo, había comenzado lo que no terminará hasta el fin de los tiempos.

Jesús, recogiendo la alabanza, hace aún más profundo el elogio a su Madre: Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan. María es bienaventurada, ciertamente, por haber llevado en su seno purísimo al Hijo de Dios y por haberlo alimentado y cuidado, pero lo es aún más por haber acogido con extrema fidelidad la palabra de Dios. «A lo largo de la predicación de Jesús, recogió (María) las palabras con las que su Hijo, situando el Reino más allá de las consideraciones de la carne y de la sangre, proclamó bienaventurados a quienes escuchaban y guardaban la palabra de Dios, como Ella misma lo hacía con fidelidad (cfr. Lc 2, 19; 5 l)»3.

Este pasaje del Evangelio4 que se lee en la Misa de hoy nos enseña una excelente forma de alabar y de honrar al Hijo de Dios: venerar y enaltecer a su Madre. A Jesús le llegan muy gratamente los elogios a María. Por eso nos dirigimos muchas veces a Ella con tantas jaculatorias y devociones, con el rezo del Santo Rosario. «Del mismo modo que aquella mujer del Evangelio –señalaba el Papa Juan Pablo II– lanzó un grito de bienaventuranza y de admiración hacia Jesús y su Madre, así también vosotros, en vuestro afecto y en vuestra devoción, soléis unir siempre a María con Jesús. Comprendéis que la Virgen María nos conduce a su divino Hijo, y que Él escucha siempre las súplicas que se le dirigen a su Madre»5. La Virgen es la senda más corta para llegar a Cristo y, por Él, a la Trinidad Beatísima. Honrando a María, siendo de verdad hijos suyos, imitaremos a Cristo y seremos semejantes a Él. «Porque María, habiendo entrado íntimamente en la Historia de la Salvación, une en sí y, en cierta manera, refleja las más grandes exigencias de la fe; mientras es predicada y honrada atrae a los creyentes hacia su Hijo y su sacrificio, y hacia el amor del Padre»6. Con Ella vamos bien seguros.

II. Nosotros nos unimos a ese largo desfile de gentes tan diversas que a través de los siglos se han acercado a honrar a María. Nuestra voz se une a ese clamor que no cesará jamás. También nosotros hemos aprendido a ir a Jesús a través de María, y en este mes, siguiendo la costumbre de la Iglesia, lo hacemos cuidando con más empeño el rezo del Santo Rosario, «que es fuente de vida cristiana. Procurad rezarlo a diario, solos o en familia, repitiendo con gran fe esas oraciones fundamentales del cristiano, que son el Padrenuestro, el Avemaría y el Gloria –exhortaba el Romano Pontífice–. Meditad esas escenas de la vida de Jesús y de María, que nos recuerdan los misterios de gozo, dolor y gloria. Aprenderéis así en los misterios gozosos a pensar en Jesús que se hizo pobre y pequeño: ¡un niño!, por nosotros, para servirnos; y os sentiréis impulsados a servir al prójimo en sus necesidades. En los misterios dolorosos os daréis cuenta de que aceptar con docilidad y amor los sufrimientos de esta vida –como Cristo en su Pasión–, lleva a la felicidad y a la alegría, que se expresa en los misterios gloriosos de Cristo y de María a la espera de la vida eterna»7.

El Rosario es la oración preferida de Nuestra Señora8, plegaria que llega siempre a su Corazón de Madre y nos dispensa incontables gracias y bienes. Se ha comparado esta devoción a una escalera, que subimos escalón a escalón, acercándonos «al encuentro con la Señora, que quiere decir al encuentro con Cristo. Porque esta es una de las características del Rosario, la más importante y la más hermosa de todas: una devoción que a través de la Virgen nos lleva a Cristo. Cristo es el término de esta larga y repetida invocación a María. Se habla a María para llegar a Cristo»9.

¡Qué paz nos debe dar repetir despacio el Avemaría, deteniéndonos quizá en alguna de sus partes!: Dios te salve, María... y el saludo, aunque lo hayamos repetido millones de veces, nos suena siempre nuevo. Santa María... ¡Madre de Dios!... ruega por nosotros... ¡ahora! Y Ella nos mira y sentimos su protección maternal. «La piedad –lo mismo que el amor– no se cansa de repetir con frecuencia las mismas palabras, porque el fuego de la caridad que las inflama hace que siempre contengan algo nuevo»10.

III. La devoción a la Virgen no es de ninguna manera «un sentimiento estéril y pasajero, o vana credulidad»11, propio de personas de corta edad o de escasa formación. Por el contrario –sigue afirmando el Concilio Vaticano II–, procede «de la verdadera fe, por la que somos inclinados a reconocer la preeminencia de la Madre de Dios y somos impulsados a un amor filiar hacia Nuestra Señora y a la imitación de sus virtudes»12. El amor a la Virgen nos impulsa a imitarla y, por tanto, al cumplimiento fiel de nuestros deberes, a llevar la alegría allí donde vamos. Ella nos mueve a rechazar todo pecado, hasta el más leve, y nos anima a luchar con empeño contra nuestros defectos. Contemplar su docilidad a la acción del Espíritu Santo en su alma es estímulo para cumplir la voluntad de Dios en todo tiempo, también cuando nos cuesta. El amor que nace en nuestro corazón al tratarla es el mejor remedio contra la tibieza y contra las tentaciones de orgullo y sensualidad.

Cuando hacemos una romería o visitamos algún santuario dedicado a Nuestra Madre del Cielo, hacemos una buena provisión de esperanza. ¡Ella misma –Spes nostra– es nuestra esperanza! Siempre que rezamos con atención el Santo Rosario y nos detenemos para meditar unos instantes cada uno de los misterios que en él se nos proponen, nos encontramos con más fuerzas para luchar, con más alegría y deseos de ser mejores. «No se trata tanto de repetir fórmulas, cuanto de hablar como personas vivas con una persona viva, que, si no la veis con los ojos del cuerpo, podéis sin embargo verla con los ojos de la fe. La Virgen, de hecho, y su Hijo Jesús, viven en el Cielo una vida mucho más “viva” que esta nuestra –mortal– que vivimos aquí abajo.

»El Rosario es un coloquio confidencial con María, una conversación llena de confianza y abandono. Es confiarle nuestras penas, manifestarle nuestras esperanzas, abrirle nuestro corazón. Declararnos a su disposición para todo aquello que Ella, en nombre de su Hijo, nos pida. Prometerle fidelidad en toda circunstancia, incluso la más dolorosa y difícil, seguros de su protección, seguros de que, si lo pedimos, Ella nos obtendrá siempre de su Hijo todas las gracias necesarias para nuestra salvación»13.

Hagamos el propósito en este sábado mariano de ofrecerle con más amor esa corona de rosas que, según su etimología, significa el Rosario. No rosas marchitas o ajadas por el desamor y el descuido. «Santo rosario. —Los gozos, los dolores y las glorias de la vida de la Virgen tejen una corona de alabanzas, que repiten ininterrumpidamente los Ángeles y los Santos del Cielo..., y quienes aman a nuestra Madre aquí en la tierra.

»—Practica a diario esta devoción santa, y difúndela»14.

A través de esta devoción, Nuestra Madre del Cielo nos devolverá la esperanza si alguna vez, al considerar tantas flaquezas, sentimos en el alma la sombra del desaliento. «“Virgen Inmaculada, bien sé que soy un pobre miserable, que no hago más que aumentar todos los días el número de mis pecados...”. Me has dicho que así hablabas con Nuestra Madre, el otro día.

»Y te aconsejé, seguro, que rezaras el Santo Rosario: ¡bendita monotonía de avemarías que purifica la monotonía de tus pecados!»15.

1 Lc 11, 27-28. — 2 Juan Pablo II, Alocución 5-IV-1987. — 3 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 58. — 4 Lc 11, 27-28. — 5 Juan Pablo II, loc. cit. — 6 Conc. Vat. II, loc. cit., 65. — 7 Juan Pablo II, loc. cit. — 8 Pablo VI, Enc. Mense maio, 29-IV-1965. — 9 ídem, Alocución 10-V-1964. — 10 Pío XI, Enc. Ingravescentibus malis, 29-IX-1937. — 11 Conc. Vat. II, loc. cit., 67. — 12 Ibídem. — 13 Juan Pablo II, Alocución 25-IV-1987. — 14 San Josemaría Escrivá, Forja. n. 621. — 15 ídem, Surco, n. 475.

 

 

Evangelio del sábado: El camino de María

Evangelio del sábado de la XXVII semana del tiempo ordinario y comentario al evangelio.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Lc 11, 27-28)

“Mientras él estaba diciendo todo esto, una mujer de en medio de la multitud, alzando la voz, le dijo:

–Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.

Pero él replicó:

–Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan”.


Comentario

Cómo habrá removido el corazón del Señor esta mujer que de entre la multitud alza la voz para ensalzar a la Virgen Santísima. No es difícil imaginar la alegría del Señor al escuchar ese piropo a su madre.

Pero a su vez Jesús le dice un motivo más profundo y grande para enaltecerla. No sólo es bienaventurada María por ser la Madre de Dios, sino que lo es también por ser la que ha escuchado, como nadie en la historia, la palabra de Dios y la ha guardado.

María respondió a la invitación del Señor diciéndole «he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra»[1]. Y toda su vida ha sido un eco de estas palabras: sólo buscó que se cumpliera en ella, de modo total y radical, la voluntad de Dios.

María busca y sabe descubrir, a lo largo de cada jornada, lo que Dios quiere de ella.«El elogio de su Madre, de su fiat, del hágase sincero, entregado, cumplido, hasta las últimas consecuencias, que no se manifestó en acciones aparatosas, sino en el sacrificio escondido y silencioso de cada jornada»[2].

Seguir el ejemplo de María, seguir el camino de la Virgen, es buscar que se cumpla, en nosotros, cada día, la voluntad de Dios, concretada en las mil cosas pequeñas que lo conforman.


[1] Lucas 1, 38

[2] San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 172.

“¿Santo, sin oración?”

Si no tratas a Cristo en la oración y en el Pan, ¿cómo le vas a dar a conocer? (Camino, 105)

10 de octubreMe has escrito, y te entiendo: "Hago todos los días mi "ratito" de oración: ¡si no fuera por eso!" (Camino, 106)

¿Santo, sin oración?... -No creo en esa santidad. (Camino, 107)

Te diré, plagiando la frase de un autor extranjero, que tu vida de apóstol vale lo que vale tu oración. (Camino, 108)

Deseo que tu comportamiento sea como el de Pedro y el de Juan: que lleves a tu oración, para hablar con Jesús, las necesidades de tus amigos, de tus colegas..., y que luego, con tu ejemplo, puedas decirles: «respice in nos!» –¡miradme! (Forja, 36)

Cuenta el Evangelista San Lucas que Jesús estaba orando...: ¡cómo sería la oración de Jesús!

Contempla despacio esta realidad: los discípulos tratan a Jesucristo y, en esas conversaciones, el Señor les enseña –también con las obras– cómo han de orar, y el gran portento de la misericordia divina: que somos hijos de Dios, y que podemos dirigirnos a El, como un hijo habla a su Padre. (Forja, 71)

Al emprender cada jornada para trabajar junto a Cristo, y atender a tantas almas que le buscan, convéncete de que no hay más que un camino: acudir al Señor.

–¡Solamente en la oración, y con la oración, aprendemos a servir a los demás! (Forja, 72)

 

 

Llamados a ser santos

El Opus Dei ayuda a encontrar a Cristo en el trabajo, la vida familiar y el resto de actividades ordinarias.

MENSAJE

Todos los bautizados están llamados a seguir a Jesucristo, a vivir y a dar a conocer el Evangelio. La finalidad del Opus Dei es contribuir a esa misión evangelizadora de la Iglesia Católica, promoviendo entre fieles cristianos de toda condición una vida coherente con la fe en las circunstancias ordinarias de la existencia y especialmente a través de la santificación del trabajo.

Algunos rasgos del espíritu del Opus Dei son los siguientes:

Filiación divina. «La filiación divina es el fundamento del espíritu del Opus Dei», afirma su fundador. Desde el bautismo, un cristiano es un hijo de Dios. La formación que proporciona la Prelatura fortalece en los fieles cristianos un vivo sentido de su condición de hijos de Dios y ayuda a conducirse de acuerdo con ella: fomenta la confianza en la providencia divina, la sencillez en el trato con Dios y con los demás, un profundo sentido de la dignidad de la persona y de la fraternidad entre los hombres, un verdadero amor cristiano al mundo y a las realidades creadas por Dios, la serenidad y el optimismo.

Vida ordinaria. «Es en medio de las cosas más materiales de la tierra donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres», decía san Josemaría. La familia, el matrimonio, el trabajo, la ocupación de cada momento son oportunidades habituales de tratar y de imitar a Jesucristo, procurando practicar la caridad, la paciencia, la humildad, la laboriosidad, la justicia, la alegría y en general las virtudes humanas y cristianas.

Santificar el trabajo. Buscar la santidad en el trabajo significa esforzarse por realizarlo bien, con competencia profesional, y con sentido cristiano, es decir, por amor a Dios y para servir a los hombres. Así, el trabajo ordinario se convierte en lugar de encuentro con Cristo.

Oración y sacrificio. Los medios de formación del Opus Dei recuerdan la necesidad de cultivar la oración y la penitencia propias del espíritu cristiano. Los fieles de la Prelatura asisten diariamente a la Santa Misa, dedican un tiempo a la lectura del Evangelio, acuden con frecuencia al sacramento de la confesión, fomentan la devoción a la Virgen. Para imitar a Jesucristo, procuran también ofrecer algunas pequeñas mortificaciones, especialmente aquellas que facilitan el cumplimiento del deber y hacen la vida más agradable a los demás, así como el ayuno y la limosna.

Unidad de vida. El fundador del Opus Dei explicaba que el cristiano no debe «llevar como una doble vida: la vida interior, la vida de relación con Dios, de una parte; y de otra, distinta y separada, la vida familiar, profesional y social». Por el contrario, señalaba san Josemaría, «hay una única vida, hecha de carne y espíritu, y ésa es la que tiene que ser —en el alma y en el cuerpo— santa y llena de Dios».

Libertad. Los fieles del Opus Dei son ciudadanos que disfrutan de los mismos derechos y están sujetos a las mismas obligaciones que los otros ciudadanos, sus iguales. En sus actuaciones políticas, económicas, culturales, etc., obran con libertad y con responsabilidad personal, sin involucrar a la Iglesia o al Opus Dei en sus decisiones ni presentarlas como las únicas congruentes con la fe. Esto implica respetar la libertad y las opiniones ajenas.

Caridad. Quien conoce a Cristo encuentra un tesoro que no puede dejar de compartir. Los cristianos son testigos de Jesucristo y difunden su mensaje de esperanza entre parientes, amigos y colegas, con el ejemplo y con la palabra. Afirma el fundador: «Al esforzarnos codo con codo en los mismos afanes con nuestros compañeros, con nuestros amigos, con nuestros parientes, podremos ayudarles a llegar a Cristo». Este afán de dar a conocer a Cristo es inseparable del deseo de contribuir a resolver las necesidades materiales y los problemas sociales del entorno.

 

Santificar el trabajo y santificar el mundo «desde dentro»

Este artículo sobre el trabajo desarrolla el mensaje principal de san Josemaría: que la propia tarea bien hecha y ofrecida al Señor es medio para acercarse a Dios y cristianizar la sociedad.

TRABAJO13/10/2014

​Foto: Ismael Martínez Sánchez

Las luces y sombras de la época que vivimos están patentes a los ojos de todos. El desarrollo humano y las plagas que lo infectan; el progreso civil en muchos aspectos y la barbarie en otros...: son contrastes que tanto san Juan Pablo II como sus sucesores han señalado repetidas veces[1], animando a los cristianos iluminar la sociedad con la luz del Evangelio. Sin embargo, aunque todos estamos llamados a transformar la sociedad según el querer de Dios, muchos no saben cómo hacerlo. Piensan que esa tarea depende casi exclusivamente de quienes gobiernan o tienen capacidad de influir por su posición social o económica y que ellos sólo pueden hacer de espectadores: aplaudir o silbar, pero sin entrar en el terreno de juego, sin intervenir en la partida.

No ha de ser esa la actitud del cristiano, porque no responde a la realidad de la vocación a la que está llamado. Quiere el Señor que seamos nosotros, los cristianos —porque tenemos la responsabilidad sobrenatural de cooperar con el poder de Dios, ya que El así lo ha dispuesto en su misericordia infinita—, quienes procuremos restablecer el orden quebrantado y devolver a las estructuras temporales, en todas las naciones, su función natural de instrumento para el progreso de la humanidad, y su función sobrenatural de medio para llegar a Dios, para la Redención[2].

No somos espectadores. Al contrario, es misión específica de los laicos santificar el mundo «desde dentro»[3]orientar con sentido cristiano las profesiones, las instituciones y las estructuras humanas[4]. Como enseña el Concilio Vaticano II, los laicos han de «iluminar y ordenar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen constantemente según Cristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor»[5]. En una palabra: cristianizar desde dentro el mundo entero, mostrando que Jesucristo ha redimido a toda la humanidad: ésa es la misión del cristiano[6].

 

​Foto: Ismael Martínez Sánchez

 

Y para esto los cristianos tenemos el poder necesario, aunque no tengamos poder humano. Nuestra fuerza es la oración y las obras convertidas en oración. La oración es el arma más poderosa del cristiano. La oración nos hace eficaces. La oración nos hace felices. La oración nos da toda la fuerza necesaria, para cumplir los mandatos de Dios[7]. Concretamente, el arma específica que poseen la mayoría de cristianos para transformar la sociedad es el trabajo convertido en oración. No simplemente el trabajo, sino el trabajo santificado.

Dios se lo hizo comprender a San Josemaría en un momento preciso, el 7 de agosto de 1931, durante la San Misa. Al llegar la elevación, trajo a su alma con fuerza extraordinarias las palabras de Jesús: cuando seré levantado en alto sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí[8]Lo entendí perfectamente. El Señor nos decía: ¡si vosotros me ponéis en la entraña de todas las actividades de la tierra, cumpliendo el deber de cada momento, siendo mi testimonio en lo que parece grande y en lo que parece pequeño..., entonces omnia traham ad meipsum! ¡Mi reino entre vosotros será una realidad![9]

Cristianizar la sociedad

Dios ha confiado al hombre la tarea de edificar la sociedad al servicio de su bien temporal y eterno, de modo acorde con su dignidad[10]: una sociedad en la que las leyes, las costumbres y las instituciones que la conforman y estructuran, favorezcan el bien integral de las personas con todas sus exigencias; una sociedad en la que cada uno se perfeccione buscando el bien de los demás, ya que el hombre «no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a os demás»[11]. Sin embargo, todo se ha trastocado a causa del pecado del primer hombre y de la sucesiva proliferación de los pecados que —como enseña el Catecismo de la Iglesia— hacen «reinar entre los hombres la concupiscencia, la violencia y la injusticia. Los pecados provocan situaciones sociales e instituciones contrarias a la bondad divina. Las "estructuras de pecado" son expresión y efecto de los pecados personales»[12].

El Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo nuestro Señor, ha venido al mundo para redimirnos del pecado y de sus consecuencias. Cristianizar la sociedad no es otra cosa que liberarla de esas consecuencias que el Catecismo resume con las palabras que acabamos de leer. Es, por una parte, liberarla de las estructuras de pecado —por ejemplo, de las leyes civiles y de las costumbres contrarias a la ley moral—, y por otra, más a fondo, procurar que las relaciones humanas estén presididas por el amor de Cristo, y no viciadas por el egoísmo de la concupiscencia, la violencia y la injusticiaEsta es tu tarea de ciudadano cristiano: contribuir a que el amor y la libertad de Cristo presidan todas las manifestaciones de la vida moderna: la cultura y la economía, el trabajo y el descanso, la vida de familia y la convivencia social[13].

Cristianizar la sociedad no es imponer a nadie la fe verdadera. Precisamente el espíritu cristiano reclama el respeto del derecho a la libertad social y civil en materia religiosa, de modo que no se debe impedir a nadie que practique su religión, según su conciencia, aun cuando estuviera en el error, siempre que respete las exigencias del orden público, de la paz y la moralidad pública, que el Estado tiene obligación de tutelar[14]. A quienes están en el error hay que procurar que conozcan la verdad, que sólo se encuentra plenamente en la fe católica, enseñándoles y convenciéndoles con el ejemplo y con la palabra, pero nunca con la coacción. El acto de fe sólo puede ser auténtico si es libre.

Pero cuando un cristiano intenta que la ley civil promueva el respeto de la vida humana desde el momento de la concepción, la estabilidad de la familia a través del reconocimiento de la indisolubilidad del matrimonio, los derechos de los padres en la educación de los hijos tanto en escuelas públicas como en privadas, la verdad en la información, la moralidad pública, la justicia en las relaciones laborales, etc., no está pretendiendo con imponer su fe a los demás, sino cumpliendo con su deber de ciudadano y contribuyendo a edificar, en lo que está de su parte, una sociedad mejor, conforme a la dignidad de la persona humana. Ciertamente, el cristiano,gracias a la Revelación divina, posee una especial certeza sobre la importancia que esos principios y verdades poseen para edificar una sociedad más justa; pero estos están al alcance de la razón humana, y por eso cualquier persona, independientemente de su fe, puede apreciar el valor e importancia que esos principios tienen para la vida social.

Esfuérzate para que las instituciones y las estructuras humanas, en las que trabajas y te mueves con pleno derecho de ciudadano, se conformen con los principios que rigen una concepción cristiana de la vida. Así, no lo dudes, aseguras a los hombres los medios para vivir de acuerdo con su dignidad, y facilitarás a muchas almas que, con la gracia de Dios, puedan responder personalmente a la vocación cristiana[15]. Se trata de «sanear las estructuras y los ambientes del mundo (...) de modo que favorezcan la práctica de las virtudes en vez de impedirla»[16]. La fe cristiana hace sentir hondamente la aspiración, propia de todo ciudadano, de buscar el bien común de la sociedad. Un bien común que no se reduce al desarrollo económico, aunque ciertamente lo incluyen. Son también, y antes —en sentido cualitativo, no siempre en el de urgencia temporal—, las mejores condiciones posibles de libertad, de justicia y de vida moral en todos sus aspectos, y de paz, que corresponden a la dignidad de la persona humana.

Cuando un cristiano hace lo posible para configurar de este modo la sociedad lo hace en virtud de su fe, no en nombre de una ideología opinable de partido político. Actúa como actuaron los primeros cristianos. No tenían, por razón de su vocación sobrenatural, programas sociales ni humanos que cumplir; pero estaban penetrados de un espíritu, de una concepción de la vida y del mundo, que no podía dejar de tener consecuencias en la sociedad en la que se movían[17]La tarea apostólica que Cristo ha encomendado a todos sus discípulos produce, por tanto, resultados concretos en el ámbito social. No es admisible pensar que, para ser cristiano, haya que dar la espalda al mundo, ser un derrotista de la naturaleza humana[18].

Es necesario procurar sanear las estructuras de la sociedad para empaparla de espíritu cristiano, pero no es suficiente. Aunque parezca una meta muy alta, no pasa de ser una exigencia básica. Hace falta mucho mas: procurar sobre todo que las personas sean cristianas, que cada uno irradie a su alrededor, en su conducta diaria, la luz y el amor de Cristo, el buen olor de Jesucristo[19]. El fin no es que las estructuras sean sanas, sino que las personas sean santas. Tan equivocado sería despreocuparse de que las leyes y las costumbres de la sociedad fueran conformes al espíritu cristiano, como conformarse sólo con esto. Porque además, en ese mismo momento peligrarían de nuevo las mismas estructuras sanas. Siempre hay que estar recomenzando. «No hay humanidad nueva, si antes no hay hombres nuevos, con la novedad del bautismo y de la vida según el Evangelio»[20].

Por medio del trabajo

De que tú y yo nos portemos como Dios quiere –no lo olvides– dependen muchas cosas grandes[21] Si queremos cristianizar la sociedad,lo primero es la santidad personal, nuestra unión con Dios. Hemos de ser, cada uno de nosotros, alter Christus, ipse Christus, otro Cristo, el mismo Cristo. Sólo así podremos emprender esa empresa grande, inmensa, interminable: santificar desde dentro todas las estructuras temporales, llevando allí el fermento de la Redención[22]. Es necesario que no perdamos la sal, la luz y el fuego que Dios ha puesto dentro de nosotros para transformar el ambiente que nos rodea. El Papa san Juan Pablo II ha señalado que «es un cometido que exige valentía y paciencia»[23]: valentía porque no hay que tener miedo a chocar con el ambiente cuando es necesario; y paciencia, porque cambiar la sociedad desde dentro requiere tiempo, y mientras tanto no hay que acostumbrarse a la presencia del mal cristalizado en la sociedad, porque acostumbrarse a una enfermedad mortal es tanto como sucumbir a ella. El cristiano ha de encontrarse siempre dispuesto a santificar la sociedad "desde dentro", estando plenamente en el mundo, pero no siendo del mundo, en lo que tiene —no por característica real, sino por defecto voluntario, por el pecado— de negación de Dios, de oposición a su amable voluntad salvífica[24].

Dios quiere que infundamos espíritu cristiano a la sociedad a través de la santificación del trabajo profesional, ya que por el trabajo, somete el cristiano la creación (cfr. Gn 1,28) y la ordena a Cristo Jesús, centro en el que están destinadas a recapitularse todas las cosas[25]. El trabajo profesional es, concretamente, medio imprescindible para el progreso de la sociedad y el ordenamiento cada vez más justo de las relaciones entre los hombres[26].

 

Foto: Ismael Martínez Sánchez

 

Cada uno se ha de proponer la tarea de cristianizar la sociedad a través de su trabajo: primero mediante en el afán de acercar a Dios a sus colegas y a las personas con las que entra en contacto profesional, para que también ellos lleguen a santificar su trabajo y a dar el tono cristiano a la sociedad; y después, e inseparablemente, mediante el empeño por cristianizar las estructuras del propio ambiente profesional, procurando que sean conformes a la ley moral. Quien se dedica a la empresa, a la profesión farmacéutica, a la abogacía, a la información o a la publicidad..., debe tratar de influir cristianamente en su ambiente: en las relaciones y en las instituciones profesionales y laborales. No es suficiente no mancharse con prácticas inmorales; hay que proponerse limpiar el propio ámbito profesional, hacerlo conforme a la dignidad humana y cristiana.

Para todo esto debemos recibir una formación tal que suscite en nuestras almas, a la hora de acometer el trabajo profesional de cada uno, el instinto y la sana inquietud de conformar esa tarea a las exigencias de la conciencia cristiana, a los imperativos divinos que deben regir en la sociedad y en las actividades de los hombres[27].

Las posibilidades de contribuir a la cristianización de la sociedad en virtud del trabajo profesional, van más allá de lo que puede realizarse en el estricto ambiente de trabajo. La condición de ciudadano que ejerce una profesión en la sociedad es un título para emprender o colaborar en iniciativas de diverso género, junto con otros ciudadanos que comparten los mismos ideales: iniciativas educativas de la juventud —escuelas donde se imparta una formación humana y cristiana, tan necesarias y urgentes en nuestro tiempo—, iniciativas asistenciales, asociaciones para promover el respeto a la vida, o la verdad en la información, o el derecho a un ambiente moral sano... Todo realizado con la mentalidad profesional de los hijos de Dios llamados a santificarse en medio del mundo.

Que entreguemos plenamente nuestras vidas al Señor Dios Nuestro, trabajando con perfección, cada uno en su tarea profesional y en su estado, sin olvidar que debemos tener una sola aspiración, en todas nuestras obras: poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades de los hombres[28] .

 


[1] Cfr. Juan Pablo II, Exhort. apost. Ecclesia in Europa, 28-VI-2003, c. I.

[2] San Josemaría, Carta 30-IV-1946, n. 19, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, I, Rialp, Madrid 2010, p. 420.

[3] Conc. Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 31.

[4] San Josemaría, Carta 9-I-1959, n. 17, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, I, Rialp, Madrid 2010.

[5] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 31.

[6] San Josemaría, Conversaciones, n. 112.

[7] San Josemaría, Forja, n. 439.

[8] Jn 12, 32.

[9] San Josemaría, Apuntes de una meditación, 27-X-1963, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, I, Rialp, Madrid 2010, pp. 426-427:

[10] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 353, 1929, 1930.

[11] Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 24.

[12] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1869..

[13] San Josemaría, Surco, n. 302.

[14] Cfr. Conc. vaticano II, Decr. Dignitatis humanae, nn. 1, 2 y 7.

[15] San Josemaría, Forja, n. 718.

[16] Conc. Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 36.

[17] San Josemaría, Carta 9-I-1959, n. 22, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, I, Rialp, Madrid 2010, p. 418.

[18] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 125.

[19] Cfr. 2 Cor 2, 15.

[20] Pablo VI, Exhort. apost. Evangelii nuntiandi, 8-XII-1975, n. 18.

[21] San Josemaría, Camino, n. 755.

[22] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 183.

[23] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 1-V-1991, n. 38.

[24] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 125.

[25] San Josemaría, Carta 6-V-1945, n. 14, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, I, Rialp, Madrid 2010, p. 425.

[26] Conversaciones, n. 10.

[27] San Josemaría, Carta 6-V-1945, n. 15, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, III, Rialp, Madrid 2013, p. 574.

[28] San Josemaría, Carta 15-X-1948, n. 41 en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, I, Rialp, Madrid 2010, p. 428. Cfr Forja, n. 678.

Mujer e Iglesia, un binomio posible

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La autora, una mujer laica en el Opus Dei, reflexiona sobre el papel que debería jugar la mujer en el seno de la Iglesia. Comparte con el Papa Francisco la idea de que la mujer debe ser ‘valorizada’, no ‘clericalizada’

El 18 de mayo de 2019 me encontraba en Madrid para participar en la ceremonia de beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri, química, la primera mujer −de hecho, el primer laico− del Opus Dei en ser elevada a los altares. Al día siguiente, este periódico publicó una conversación que mantuve con la periodista Irene Hernández Velasco. En respuesta a sus preguntas, hablamos de la nueva beata, de mi trabajo en el consejo de mujeres que asesora al Prelado del Opus Dei, del lugar de la mujer en la Iglesia o de cómo se entiende hoy el servicio. Con motivo de esa entrevista, la editorial Planeta me contactó con una propuesta inesperada: escribir un libro dirigido especialmente a la mujer de hoy. Así nació Mujeres Brújula en un bosque de retos, que ha sido publicado recientemente por Espasa.

Nuestro mundo se encuentra en una encrucijada clave: en los últimos cien años, las mujeres han ocupado un puesto cada vez más preeminente en la esfera pública y es el momento de replantearse qué clase de sociedad deseamos construir. Me parece entender que la diatriba se encuentra entre el descarte o el cuidado. Por mi trabajo en Roma, a lo largo de más de 25 años he conocido a muchas mujeres de los cinco continentes. Algunas pertenecen al Opus Dei, como yo, y muchas otras no. En todas ellas he descubierto rasgos comunes: una escala de valores basada en la primacía de la persona, un patrimonio de siglos en el cuidado que desean compartir, y una capacidad de hacerse cargo de forma integral de las situaciones.

Las mujeres representamos la mitad de la población mundial, según datos de las Naciones Unidas. Nuestra presencia en los grandes debates o la toma de decisiones no sólo enriquece el diálogo, sino que es necesaria. Si no contamos con voces femeninas, el discurso es incompleto e insuficiente. Pienso en la búsqueda conjunta de soluciones para los retos globales que enfrentamos en materia de educación, paz, sostenibilidad o salud −ahora en primer plano debido a la pandemia de la Covid-19−, pero también en el ámbito de la Iglesia. Por otro lado, no sería justo por nuestra parte privar al hombre del lugar que le corresponde en el hogar y la educación de los hijos. Celebro como un gran logro de nuestro tiempo su creciente protagonismo en la casa, y lo veo como la solución a la crisis de paternidad que atraviesa nuestro mundo y que es el argumento recurrente de muchas novelas, películas o series de televisión actuales.

El cristianismo representó una revolución en su origen, al equiparar la igual dignidad de todos los seres humanos como hijos de Dios. Cristo se rodeó también de discípulas −María MagdalenaMaría de CleofásSalomé o las hermanas Marta y María de Betania− que lo acompañaban en su ministerio y que junto a él adquirieron una autonomía de la que nunca antes habían gozado. Basta pensar en el rol fundamental que ejerce María de Nazaret para la fe católica. Sin embargo, a lo largo de la historia de la Iglesia, la equidad entre varón-mujer ha tardado en penetrar en las estructuras y es una realidad todavía mal comprendida. Es una realidad que las figuras de grandes mujeres que han brillado en el firmamento de la Iglesia se cuentan con los dedos de una mano: Teresa de JesúsCatalina de SienaHildegarda de BingenTeresa de Calcuta o Edith Stein son algunos de los ejemplos más notables. Las que de forma anónima −pero realmente significativa− han contribuido a conservar y comunicar el depósito de la fe, empezando por la familia, Iglesia doméstica, son muchas más.

Una buena parte de las acusaciones de supuesto machismo que se dirigen a la Iglesia quedarían resueltas si, como insiste con frecuencia el Papa Francisco, se combatiera la tentación del clericalismo. Como afirma el Romano Pontífice, las mujeres en la Iglesia deben ser valorizadas, no «clericalizadas». Un primer paso puede centrarse en emprender un proceso de discernimiento sobre qué funciones están ligadas al sacerdocio y cuáles pueden ser ejercidas por todos los bautizados, para otorgar a estos el protagonismo que les corresponde en la vida y el gobierno de la Iglesia. Hay encargos que se han adherido a la función sacerdotal como si fueran propios de este ministerio, y realmente no lo son. El sacerdocio no es un camino de desarrollo de la dignidad o de poder. Los curas están para servir a los laicos.

La participación de la mujer es seguramente uno de los desafíos más importantes para la Iglesia en este siglo XXI. En la primera Exhortación Apostólica escrita por el Papa Francisco, la Evangelii Gaudium, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, en el número 104 sostenía: «las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, a partir de la firme convicción de que varón y mujer tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y que no se pueden eludir superficialmente».

La representatividad es una herramienta de comunicación muy valiosa para hacer visible este cambio de mentalidad. El Papa ha tenido recientemente algunos gestos o decisiones que corroboran su deseo de reconocer la contribución de la mujer a la Iglesia, también desde puestos directivos o estratégicos. Por eso ha pensado en varias mujeres para ocupar puestos de alto nivel de gestión y responsabilidad. Entre otras medidas, el pasado mes de enero nombró a la abogada italiana Francesca Di Giovanni como subsecretaria de la Sección para las Relaciones con los Estados, un alto cargo en la Secretaría de Estado. Unos meses después, en agosto, llegó la noticia de que había decidido nombrar a seis mujeres provenientes del mundo académico, las finanzas y la banca como miembros del Consejo de Economía, un comité creado para la supervisión de las finanzas del Vaticano. Una serie de medidas que han sido ampliamente reconocidas.

De todos modos, mi compromiso como mujer y laica en el Opus Dei −y ejemplos como el de la beata Guadalupe− me ha llevado a entender que el papel de los laicos no pasa tanto por la asunción de encargos eclesiásticos o por engrosar las filas de la burocracia vaticana, como por encarnar a pie de calle los valores del Evangelio. Como afirmé en la entrevista publicada en este diario hace poco más de un año, «las mujeres tienen un gran patrimonio espiritual adquirido, y sería penoso que ni la Iglesia ni la sociedad supiéramos aprovecharlo». Veo a la mujer de hoy llena de potencialidad, innovadora, capaz de responder conjuntamente con el hombre a los desafíos de la sociedad actual.

Isabel Sánchez Serrano es secretaria central del Opus Dei y autora de ‘Mujeres Brújula en un bosque de retos’ (Espasa).

Escrito por Isabel Sánchez Serrano

La pureza del corazón

Nuevamente vuelvo a insistir en un tema que a veces lo pasamos por alto, pero que es de vital importancia.

Es verdad que ante la vida de los demás, ante actitudes que nos parecen extravagantes, extrañas, nos resulte placentero juzgar, a ver qué sucede con esa persona. Nos gusta enterarnos de todos los detalles, de cuánto ha hecho el del lado, para después, con la información que tengo, crucificarlo con la lengua…

No nos damos cuenta cómo, es triste decirlo, del chisme, de la murmuración, vamos haciendo temas que incluso nos llenan el día…

Es muy triste, amigos, hablar y hablar y nunca decir algo que esconda “amor”….

Y nos justificamos: solemos escudarnos en nuestra psicología. “Somos así”, mi personalidad me lleva a hablar de los demás, ¿Y nunca nos hemos preguntado que quizás la psicología del otro puede ser causa de esa actitud que yo comento con tan mezquino e hiriente interés?

Yo propongo la pureza como arma para extirpar este vicio tan terrible.

La pureza es un don. Viene de Dios…Lo que significa que por nuestros propios medios, nunca seremos puros.

Muchas veces vamos a misa y todo nos parece aburrido. Pasamos de largo, pensamos que todo lo que sucede es un rito. ¿Para qué ir a misa si siempre es lo mismo?

Y no nos damos cuenta que somos nosotros los que siempre somos los mismos. Nuestra alma llena de prejuicios, atiborrada de chismes y de mentiras, no se da cuenta que Cristo está en la Eucaristía…Porque las cosas espirituales pasan de largo para una persona carnal, impura, que vive con su corazón, permítame decirlo, asqueado de sensualidad y mentiras.

La pureza tiene relación con la castidad porque también la sensualidad poco a poco nos va dejando ciegos, nos volvemos seres esclavos de nuestros deseos y obramos tal….Y por esa razón, a la larga, todo lo que no nos parezca sensual, lo rechazamos enérgicamente. Vienen el aburrimiento, la tristeza, la pereza….Los pecados más terribles son la causa de que digamos que “la misa no sirve”, “yo no me confieso con un hombre”….

No seremos puros de corazón si nuestro cuerpo y nuestra alma, no está liberada de estos pecados. Me he dado cuenta que vicios así están tan arraigados que, incluso, se transmiten por el uso y la costumbre, de generación en generación…

La felicidad de una persona está en estas cositas que parecen tan insignificantes, sin embargo tan vitales ¡No perdamos la vida buscando donde no hay, oración, fuerza y lucha para combatir estos males en nuestra propia vida, y evangelizar a nuestros hermanos!. Pureza de corazón, vivir limpios de cuerpo y alma para Dios….

 Por Luis Robert


Ayudar a las vocaciones sacerdotales, CARF 

Daniel Tirapu 

photo_cameraLogo de CARF.

Las universidades e instituciones, al servicio de la formación de los sacerdotes, estuvieron presentes en el celo apostólico y sacerdotal del fundador de Opus Dei, San Josemaría Escrivá de Balaguer. Su sucesor, el Beato Álvaro del Portillo, con la necesaria aprobación de la Santa Sede, culminó este deseo iniciando en 1984 la actividad de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.  Y ya desde 1960 con las Facultades de Derecho Canónico y Teología de la Universidad de Navarra.

Tengo la suerte de conocer a Luis Alberto Rosales, director general de la Fundación CARF. Es un hombre apasionado, que lleva tiempo trabajando en el sostenimiento de vocaciones para el sacerdocio y en la formación de sacerdotes del mundo entero. San Josemaría Escrivá y sus sucesores, Beato Alvaro del Portillo y  Monseñor Echevarría, eran muy conscientes de que la mies es mucha y los obreros pocos. Que los aspirantes al sacerdocio y los sacerdotes necesitan una formación humana, doctrinal, litúgica y pastoral de calidad. Que deben ayudarse entre sí, que no están solos nunca.

Y ahí entran en juego todos los fieles católicos, en primer lugar rezando, y ayudando económicamente con becas, pequeñas y grandes donaciones, legados. Eso es parte también y muy necesaria del rogad pues para que el Señor mande operarios a su mies.

Mejorar la vida cotidiana de las personas a través de la formación integral de jóvenes con vocación para servir a los demás desde el sacerdocio, defendiendo la paz y la dignidad en los cinco continentes.

Trabajamos para que cuando regresen a sus diócesis puedan transmitir, a través del ejercicio de su ministerio, toda la luz, ciencia y doctrina recibida. Así mismo, intentamos inspirar el corazón de nuestros benefactores, para que cada día seamos más construyendo una sociedad más justa.

.Esta Fundación contribuye económicamente para que sacerdotes y seminaristas de todo el mundo reciban una sólida preparación tanto teológica, como humana y espiritual.

Junto a la cualificada formación teológica y científica, conviene resaltar la peculiar vivencia de aquellos alumnos que estudian en Roma. Allí adquieren un sentido más hondo de la universalidad de la Iglesia, al vivir en el centro de la cristiandad, más cerca del Santo Padre.

Para saber más y contactar https://carfundacion.org/conoce-el-carf/

 Educando hijos con inteligencia espiritual

Silvia del Valle Márquez

Desde muy pequeños tienen la capacidad de escoger entre el bien y el mal con bases sólidas.

Los niños con esta inteligencia son aquellos que tienen la capacidad de comprender el mundo, a los demás y a ellos mismos en el sentido más trascendente, desde una perspectiva más profunda y, sobre todo, son capaces de ver a Dios en cada acontecimiento de su vida, desde el sufrimiento hasta los gozos que van teniendo.

Son aquellos niños que encuentran la virtud a las personas y que saben sacar bienes de los males; que tienen la capacidad de perdonar y ofrecer ayuda a quienes los daña y, como si no fuera suficiente, ofrecer su sufrimiento por la persona que les ha lastimado ya que son incapaces de hacerle o desearle mal a alguien.

Son extremadamente flexibles, encuentran con facilidad una afinidad con alguna espiritualidad y trabajan para llevarla a la práctica, pero también son aquellos que necesitan respuestas profundas a los cuestionamientos que se hacen sobre cosas trascendentes.

Desde muy pequeños tienen la capacidad de escoger entre el bien y el mal con bases sólidas.

Esto es todo un reto para nosotros como papás, por eso aquí te dejo mis 5 tips para educar a nuestros hijos en la inteligencia espiritual.

PRIMERO. Enséñales a orar y a comunicarse con Dios.

Cuando nuestros hijos son pequeños es más fácil que aprendan a hacer oración y a comunicarse de manera natural con Dios.

Y nosotros debemos fomentarles esto, primero enseñándoles cómo hacerlo, ya que debemos recordar que nuestros hijos no nacen sabiéndolo, y conforme van creciendo, es bueno que les enseñemos oraciones sencillas que fomenten esos tiempos de oración y comunicación con Dios.

Lo más importante es que aprendan de nuestro ejemplo y que nos vean orar y platicar con Dios, aunque para nosotros sea más difícil lograrlo, ya que nuestros hijos, por ser pequeños, tienen una capacidad mayor de esa comunicación espiritual con Dios.

SEGUNDO. Que conozcan sobre diversas espiritualidades y vidas de santos.

Cuando notamos que nuestros hijos tienen cierta tendencia a comprender las cosas de Dios y que les hace felices tener esta comunicación con Él, es bueno que poco a poco y a su nivel, les vayamos presentando vidas de santos en caricatura; esto ayudará a que encuentren las virtudes de cada uno y que poco a poco decidan imitarlas.

Conforme vayan creciendo podemos darles a leer vidas de santos y documentos donde encuentren los elementos de cada espiritualidad, de tal forma que puedan hacer afinidad con alguna de ellas o con varias y vayan conformando su propia espiritualidad.

Como familia podemos adoptar una espiritualidad y practicar actos de piedad y pedirles a nuestros hijos que participen en las actividades que emanan de ella, pero conforme vayan creciendo y conociendo más, seguramente querrán tener sus propias actividades y nosotros tenemos que apoyarles y permitirles tenerlas.

Siempre es bueno que estemos incluidos, en cierta medida en sus actividades, aunque sea como observadores, para conocer lo que les gusta y apoyarles en lo que necesiten; siempre evitando interferir en sus procesos espirituales, pero velando para que todo sea dentro de lo que es sano y moralmente correcto.

TERCERO. Que hagan un plan de vida.

Para estos niños, la ascética es algo básico, es por eso que es necesario apoyarles desde pequeños con un plan de vida, es decir, con algunas actividades organizadas y específicas para cada uno que les ayuden en su crecimiento espiritual y en las virtudes.

Este plan de vida puede ser un calendario de valores y virtudes que les vaya marcando la pauta y les sugiera actividades a realizar.

Al principio podemos proponerlo nosotros, pero después, es bueno que conforme vayan creciendo, sean ellos mismos quienes sugieran esas actividades.

En este plan de vida deben estar incluidas actividades que les hagan crecer como son los actos de amor y los sacrificios, siempre de acuerdo a su edad, por ejemplo, pararse temprano, no comer dulces, ayudar a mamá en las actividades de la casa con alegría, no pelear con los hermanos, obedecer a la primera, etc.

Otra actividad a incluir en este plan de vida es el tiempo de oración. Es muy bueno incluir tiempos a lo largo del día para hacer oración, al principio oraciones pequeñas, después momentos de meditación y reflexión.

Además de las actividades propias de cada uno como los tiempos de estudio, de tareas, ayudar en las labores de casa, jugar, leer, etc.

CUARTO. Enséñales a ofrecer lo bueno y lo malo.

Como estos niños tienen la capacidad de ver lo trascendente de las cosas, es bueno que desde muy pequeños sepan que todo se puede ofrecer y que siempre se pueden sacar cosas buenas de cada circunstancia.

Esto lo logramos si desde pequeños les ayudamos a ofrecer lo que van pasando y sintiendo, con nuestro ejemplo y que vena como lo hacemos nosotros.

Y poco a poco, después de un tiempo, serán ellos quienes lo hagan de forma natural, ya que tienen la tendencia a buscar lo trascendente, y ofrecer lo que se está viviendo por alguien es un grado alto de oblación, cosa que estos niños tienen la capacidad de hacer, sólo es necesaria que la desarrollen de acuerdo a su edad.

Y QUINTO. Enséñales a discernir la presencia de Dios en cada acontecimiento la voluntad de Dios para ellos.

Cuando son pequeños debemos explicarles todo esto para ponerle nombre a lo que sienten o lo que perciben, pero después es bueno dejarlos hacerlo por ellos mismos.

Cuando las cosas son lindas y nos favorecen es muy fácil ver la mano de Dios en ellas, pero a veces las cosas no pasan como nos gustaría y es aquí donde se vuelve algo complicado ver la mano de Dios y aquí es donde nosotros les podemos apoyar.

Para esto es bueno que hagan una lista de puntos buenos y otra de puntos malos de cada situación, para que aprendan a discernir lo bueno de lo malo; y después es muy bueno que hagan una reflexión de que hubiera pasado si las cosas hubieran sucedido de forma distinta, con esto podrán darse cuenta de la mano de Dios y de cómo va trabajando en ellos, siempre para su bien.

Y lo principal, dales espacios para que puedan establecer una relación sólida con Dios, ya que el mundo, de manera natural, no lo hace y esto los puede tener enojados o molestos ya que para ellos es muy importante tener respuestas profundas a los cuestionamientos trascendentes que se hacen sobre la vida, la familia, Dios y las circunstancias que van viviendo.

 

El cansancio mental

Lucía Legorreta

El pensamiento puede ser beneficioso o nocivo, positivo o negativo, necesario o inútil, insípido o creativo, elevado o destructor.

De la misma forma que puedes sentir un cansancio físico, cuando tu cuerpo ya no responde porque está fatigado, existe el llamado cansancio mental, durante el cual a nuestra mente le cuesta trabajo reaccionar.

Cada persona genera unos 50,000 pensamientos al día, muchos de los cuales son repetitivos y mecánicos. Algunas veces nos sumergimos en una actividad mental estéril y agotadora; otras veces damos vueltas una y otra vez sobre cosas que no podemos cambiar. Son pensamientos que suelen referirse al pasado. No llevan a ninguna parte y agotan.

¿Qué significa esto? Gracias a nuestra poderosa mente pensamos, soñamos, ideamos, proyectamos, asociamos ideas, diseñamos, planeamos, generamos expectativas, imaginamos y recordamos.

El pensamiento puede ser beneficioso o nocivo, positivo o negativo, necesario o inútil, insípido o creativo, elevado o destructor. Muchos pensamientos son innecesarios, nos preocupan, y surge entonces el llamado cansancio mental que nos acompaña día tras día.

Y este tipo de fatiga nos provoca dispersión, pereza, falta de atención y de claridad; además disminuye nuestra capacidad para tomar decisiones. En cambio, cuando estamos inspirados la mente genera pensamientos creativos y resultan en energía y fuerza.

¿Te sucede esto con frecuencia? Algunas acciones que pueden ayudarte para reducir el cansancio mental:
- Cuando estés lleno de pensamientos innecesarios y debilitantes, mejor pregúntate a ti mismo: ¿Cuál es la intención por la que estoy pensando esto? ¿Vale o no la pena?
- Olvídate de las palabras hubiera o cuando suceda: Si hubiera yo sabido eso…cuando tenga el título seré más respetado…etc. El pasado ya pasó y el futuro aún tiene que venir, por lo que este tipo de juicios no ayudan, sólo debilitan y agotan.
- En lo posible, genera pensamientos positivos, creativos, inspiradores, beneficiosos. Pensar así no es negar la realidad, sino ser capaz de ver los problemas y tener la creatividad mental para aportar soluciones sin obsesionarse. Las reflexiones positivas fortalecen y revitalizan la mente.
- No te satures de actividades y compromisos. Cuando las cosas suceden una tras otra según los planes, estamos más tranquilos que cuando los imprevistos nos impiden cumplir con lo que planeamos.
- A veces el cansancio mental surge de las luchas internas entre lo que nos gustaría que fuera y lo que es, entre si decir o callar, si salir o quedarse, entre tomar decisiones y lo que en realidad hacemos.

Llevar a cabo estas acciones harán que tu mente se revitalice. Es como cuando se hace ejercicio físico. Caminar, correr, nadar o realizar un deporte energiza, y si acabamos cansados, se siente que es un cansancio sano. Por el contrario, si nos quedamos de pie sin movernos, terminamos más cansados.

A la mente le ocurre algo parecido: si está parada, dando vueltas a un mismo asunto, se agota más que cuando avanza con pensamientos inspiradores que abren nuevos horizontes. ¿Estás cansado mentalmente? Tienes que descansarla hoy.

Domingo de la semana 28 de tiempo ordinario; ciclo A

Los invitados al banquete

«Jesús les habló de nuevo en parábolas diciendo: El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo, y envió a sus criados a llamar a los invitados a las bodas; pero éstos no querían acudir. Nuevamente envió a otros criados ordenándoles: Decid a los invitados: mirad que tengo preparado ya mi banquete, se ha hecho la matanza de mis terneros y reses cebadas, y todo está a punto; venid a las bodas. Pero ellos, sin hacer caso, se marcharon uno a sus campos, otro a sus negocios; los demás echaron mano a los siervos, los maltrataron y dieron muerte. El rey se encolerizó y enviando a sus tropas, acabó con aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad. Luego dijo a sus criados: Las bodas están preparadas pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y llamad a las bodas a cuantos encontréis. Los criados, saliendo a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos; y se llenó de comensales la sala de bodas. Entró el rey para ver a los comensales, y se fijó en un hombre que no vestía traje de boda; y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin llevar traje de boda? Pero él se calló. Entonces dijo el rey a sus servidores: Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.» (Mateo 22, 1-14)

I. La liturgia de este domingo presenta la salvación como un banquete regio, símbolo de todos los bienes, al que Dios nos invita. Desde antiguo, y mediante símbolos fácilmente comprensibles, los Profetas habían anunciado el Cielo como destino definitivo de la humanidad. El Salmo responsorial nos dice: El Señor es mi pastor, me conduce hacia fuentes tranquilas. Me guía por el sendero justo. (Salmo 22) Jesús es nuestro Pastor y de mil maneras nos invita a seguirle, pero no quiere obligarnos a ir contra nuestra voluntad. Y aquí está el misterio del mal: los hombres podemos rehusar este ofrecimiento. El Evangelio nos habla de este rechazo: El Reino de los cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Pero los invitados no quisieron asistir al banquete a pesar de la insistencia del rey. El Señor ofrece bienes inimaginables, y los hombres en muchas ocasiones no los valoramos. Los convidados pueden estar representados hoy por esos hombres que, sumergidos en sus asuntos y negocios, parecen no necesitar para nada a Dios.

II. Una y otra vez se repite, a través de las Escrituras, la solicitud de Dios, el afán divino por una intimidad mayor con el hombre, que culminará en el encuentro definitivo con Él en el Cielo, dentro de un tiempo, quizá no muy largo. ¿Cómo es nuestra correspondencia a las mil llamadas que nos hace llegar el Señor? ¿Cómo es nuestra oración, que nos adentra en la intimidad con Dios, pues el Cielo comienza ya aquí en la tierra? ¿Nos excusamos fácilmente ante un compromiso de un mayor amor, de una honda correspondencia? ¿Nos sentimos responsables de que llegue a muchos la invitación divina? ¿Nos interesa y nos preocupa la salvación de todos aquellos que conocemos? Ante la salvación, bien absoluto, no hay ninguna excusa que sea razonable. Es muy grave rechazar la invitación divina, vivir como si Dios no fuera importante y el encuentro definitivo con Él estuviera tan lejano que no mereciera la pena prepararse para él.

III. Id pues, a los cruces de los caminos y llamad a las bodas… Son las palabras dirigidas a nosotros, a todos los cristianos, pues la voluntad salvadora de Dios es universal (1 Tim 2, 4): abarca a todos los hombres de todas las épocas. Cristo, en su Amor por los hombres, busca la conversión de cada alma con infinita paciencia, hasta el extremo de morir en la Cruz. Como a Jesús, nos ha de interesar la salvación de todas las almas, llevarlas una a una hasta el Señor. Nadie puede pasar a nuestro lado sin hablarles de Dios. Nuestra Madre Santa María nos enseñará a tratar a cada persona con el interés y el aprecio con que la mira su Hijo.

Textos basados en ideas de Hablar con Dios de F. Fernández Carvajal.

 

La amistad: camino hacia la felicidad

Por Vivian Forero/Blogs LaFamilia.info 

La amistad nos da muchas razones para vivir con un sentido trascendente pues nos ayuda a enfocar nuestra manera de darnos a los demás sin esperar retribución alguna.

“Un amigo es un tesoro” - Dicho popular y verídico que nos ha acompañado a lo largo de nuestra existencia. Lo hemos escuchado en boca de nuestros abuelos y padres. Nosotros mismos lo hemos estamos repitiendo en la cotidianidad de nuestras conversaciones. Pero ¿Qué significa un tesoro? Porque podemos pensar que es lo más valioso que podamos tener. Y si son tan valiosos, ¿por qué hacemos poco por conservarlos y cultivarlos?

En nuestros recuerdos solemos atesorar instantes divertidos, viajes maravillosos, metas alcanzadas, títulos profesionales, y muchas veces, cosas materiales como dinero, joyas, propiedades, etc. ¿Qué tal si atesoramos sentimientos? La vida sería más rica si la acaudalamos de lo que más vale: del amor y de la amistad de aquellas personas que comparten el mismo espacio con nosotros. Por tanto es necesario valorar esa donación personal a través de la vivencia de la amistad, como sentimiento desinteresado que busca el bien del otro, de su crecimiento y perfeccionamiento. Es una relación recíproca y verdadera, fundamentada en el respeto mutuo y en querer ayudar, escuchar y soportar las tristezas de los seres amados o de disfrutar con sus alegrías.

En medio del mundo en el que hoy estamos no se ha permitido el disfrute real de la amistad pues muchas veces se oculta o tergiversa dentro de la virtualidad. Se confunden los amigos verdaderos por los seguidores o quienes hacen “likes” a las publicaciones en redes sociales; se cambian los sentimientos reales por aquellos disfrazados de gentileza o cortesía por el instante. Se prefiere el disfrute de lo efímero de las relaciones pasajeras, momentáneas o de interés, por encima de los sentimientos arraigados al corazón y a la verdadera amistad.

Es cierto que la amistad se construye en el día a día, en el trato personal, en el conocimiento de la otra persona, del interesarse por saber de sus cosas, del brindarle la mano y de escucharle cuando así lo necesite. Porque un verdadero amigo no se busca, se encuentra y se descubre. Lo podemos encontrar en diferentes espacios y contextos y se va estrechando esta relación interpersonal a través del trato personal. ¿Cuántas veces compartimos años con una persona, la saludamos, la apreciamos, pero no nos damos el tiempo de conocer sobre su vida? Cuando nos damos esta oportunidad de tratar a las personas, dialogar con ellas, conocer sobre su familia, sus sueños, dificultades superadas, testimonios y experiencias, proyecto de vida, muchas veces se pueden llegar a estrechar lazos de amistad, pues aprendemos a valorar a alguien en la medida en que lo conocemos. A veces sólo quedamos estáticos frente a las barreras que nosotros mismos ponemos por prejuicios, prevenciones o por intereses sociales.

La amistad es uno de los caminos para encontrar la felicidad y en especial, cuando se viven detalles de afecto mutuo y sincero dentro de la familia. Plantear la necesidad de vivir la amistad en el ámbito familiar es fundamental para la armonía y tranquilidad; este espacio es el mundo real que nos ayudará a vivir con mayor plenitud las características de esta virtud. Si estamos convencidos que este sentimiento nos lleva de la mano hacia la comprensión, el respeto, la confianza, la ayuda mutua, ¿por qué no vivirla en casa con nuestros seres amados? 

Qué maravilloso sería que nuestro mejor amigo fuera nuestro cónyuge; nuestra mejor amiga, nuestra hermana. Siempre hemos escuchado que los hijos y los padres no son los mejores amigos, pero sería vital poder tener presente las características de la amistad y todo lo que esto implica. La amistad se vive desde casa y la coherencia nos enseña a que el ejemplo es el mejor camino. San Juan Pablo II así lo expresó en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio “La familia es la primera y fundamental escuela de socialidad; como comunidad de amor, encuentra en el don de sí misma la ley que la rige y hace crecer. El don de sí, que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas, y entre las diversas generaciones que conviven en la familia".

Tips para vivir la amistad al 100%

1. Amarse a sí mismo. La primera clave para amar a los demás está en el amarse a sí mismo. Está claro que nadie da de lo que no tiene. Para poder manifestar con sinceridad y seguridad la afectividad es importante trabajar en la auto estima y auto aceptación; quererse a sí mismo, respetarse y tratarse asertivamente. Todo esto se proyectará a las personas que nos rodean y se tejerán relaciones armoniosas y duraderas. Cuando nos amamos y aceptamos brillamos con luz propia.

2. Aceptar y respetar las diferencias. Pretender cambiar a los amigos no es una buena opción porque debemos reconocer que somos personas diferentes pero complementarias. Podemos enriquecernos y aprender de los demás, de sus éxitos o fracasos. El respeto va unido a una verdadera amistad; el tratar con decoro y delicadeza es fundamental en el fortalecimiento de esta valiosa virtud.

3. Procurar hacer siempre el bien. La amistad debe ser ante todo: transparencia, libertad, consejo, ánimo, motivación, compromiso y preocupación; buscando la mejor versión de cada quien, sin perder la esencia ni la autenticidad. Ser benévolos en el actuar permite consolidar hábitos de solidaridad, generosidad y alteridad, lo cual es importante en el mundo actual, porque para comprender debemos ponernos en el lugar del otro y sólo así, buscaremos su felicidad. 

4. Aprender a escuchar. Todos tenemos necesidad de ser escuchados y este don es uno de los que marca verdaderamente la amistad. Cuando conocemos a una persona que se centra en el otro y sale de sí misma, hemos encontrado un tesoro. Escuchar significa pensar que las situaciones de los demás también son importantes, dejando de lado el egocentrismo y pensando en la realidad que nos rodea, ocupándonos de ser un soporte para los amigos.

5. Donarse y servir. La entrega de nuestras acciones y dedicación del tiempo para los demás conlleva disposición, generosidad, magnanimidad y amor. Es un ofrecimiento sincero y desinteresado que se da cuando el corazón está lleno de sacrificio y resiliencia. No es fácil dejar de hacer lo que nos gusta por dedicar tiempo a los demás, pero es gratificante donarse y servir. San Josémaría los plasmó en sus pensamientos, “Has comprendido el sentido de la amistad, cuando llegaste a sentirte como el pastor de un rebaño pequeñito, al que habías tenido abandonado, y que ahora procuras reunir nuevamente, ocupándote de servir a cada uno”

 

Vivian Forero Besil

 

 Nuestro destino está  en las estrellas

Los científicos han dado varios avisos a la Humanidad o alertas del peligro, pero la gente en general, no se ha enterado y a los dirigentes mundiales, lamentablemente, les interesa lo suyo: el poder.

Los sabios saben de esa ignorancia inconsciente o interesada, y por eso advierten que: "El peligro radica en que nuestro poder para dañar o destruir el medio ambiente, o al prójimo, aumenta a mucha mayor velocidad que nuestra sabiduría en el uso de ese poder". "Estamos en peligro de destruirnos a nosotros mismos por nuestra codicia y estupidez...en un planeta pequeño y cada vez más contaminado y superpoblado".

El cambio climático, la aparición de nuevos virus y enfermedades, la extinción masiva de especies, la contaminación y la deforestación, están llevando al agotamiento del Planeta.

Era un aviso urgente de que los humanos nos podemos quedar sin casa, sin comida y sin bebida, pero irresponsablemente, sin haber movido un dedo, han pasados 25 años. Llega otro telegrama, aún más contundente. Y muchos, siguen como si no fuera con ellos, mientras otros se preguntan, si la alerta es amarilla o roja. Se preguntan ¿Quién avisa? ¿Tiene razón? ¿Estamos en peligro? Oiga: si llega un segundo aviso, no es para tomarlo a broma.

El destinatario: somos nosotros que vivimos aquí. El primer aviso llegó en 1992. Venía firmado por 1700 científicos de 71 países. Entre los firmantes, más de la mitad de los premios Nobel de ciencias, vivos en ese momento. Pero entonces, en España, estábamos en los fastos de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo Universal de Sevilla 1992. Con la euforia, ¡ni caso, ni medidas! Pero aquel aviso era importante.

Paradójicamente uno de los más clarividentes científicos, a pesar de su terrible enfermedad, Ela, fue el famoso cosmólogo Hawking, que intentaba sacudir la modorra humana diciendo, por activa y por pasiva, que: "Debemos abandonar la Tierra".No tenemos futuro si no colonizamos el espacio”.

Convencido de que la Humanidad tiene problemas severos de supervivencia en el Planeta Tierra, el clarividente enfermo, fue más allá y dijo que había que ponerse manos a la obra porque: "Solo tenemos 100 años para colonizar otros planetas". 

Escribí sobre esas advertencias  varias veces, en 2017:
https://www.elheraldodelhenares.com/op/tercer-aviso-a-la-humanidad-la-onu-y-hawking/

https://www.elheraldodelhenares.com/op/la-otra-cara-de-los-avisos-a-la-humanidad/

1) Ha pasado más de un cuarto de siglo: ¿qué se ha hecho?

Nadie, a finales del siglo XX, podía acusar a los sabios de todos los países de alarmistas, porque la situación de deterioro y peligro, era evidente para todos.

Se  presentaba, pues, un reto sin precedentes a nivel mundial. Era una ocasión de oro, para que los gobiernos, dejando a un lado sus legítimas diferencias, históricas, nacionales, políticas y económicas, pudieran emprender unidos el mayor proyecto desde que los humanos llegaron al Planeta Tierra.

Los mismos científicos pensaban que "La raza humana necesita un desafío intelectual" de calibre universal y de interés para la propia supervivencia.

Hasta entonces, rusos y americanos habían liderado la carrera espacial del siglo XX. El primer cohete soviético, fue lanzado el 18 de agosto de 1933,  al poco tiempo, lanzaron al espacio el primer ser vivo, la perra Laica y, ya con propulsión nuclear llegaron los satélites y los vuelos tripulados. La historia siempre recordará que el ruso Yuri Gagarin fue el primer hombre en realizar un vuelo orbital. Los logros soviéticos culminaron con la puesta en órbita, en 1986, de la estación espacial Mir.

Por su parte la La Nasa, el organismo del gobierno estadounidense a cargo del programa espacial y la investigación aeronáutica de ese país, se fundó en  1958. Desde entonces, algunos de sus momentos más icónicos han incluido viajes a la Luna y el envío de sondas y transbordadores.

Solo 3 semanas después de Gagarin, el astronauta estadounidense Alan Shepard hizo lo propio en la nave Mercury.

Con el Apolo 11, el 20 de julio del 1969, la nave espacial tripulada de Estados Unidos -cuyo objetivo era que el hombre pusiera pie y caminara sobre la Luna-, Neil Armstrong pronunció las históricas palabras: "Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad".  Es verdad que todo estuvo a punto de suspenderse, cuando iban a aterrizar. La velocidad de la nave de aterrizaje Águila fue aumentando peligrosamente, y en  la computadora de abordo apareció el código 1202, de emergencia porque su capacidad estaba sobrecargada casi al límite.  Pero lo lograron.

https://youtu.be/QqYBkKe-1vQ

En el otoño del año 2011, la misión Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) lanzó su Tour of the Moon para hacer un recorrido por nuestro satélite. Mi amigo Noxeus, maestro de la fotografía e interesado tanto por la ciencia como por los astros, animaba a verlo y dejarse "seducir por esa ancestral fascinación que sentimos por el nuestro vecino espacial". https://denoxeus.blogspot.com/2020/09/no-eres-un-una-licantropo.html

https://youtu.be/04YHphfmBEg

Con el tiempo, americanos y rusos, aunque siguieron desarrollando su tecnología, el factor económico de sus proyectos por separado, les llevó a ir aparcando sus diferencias y a abrirse a una colaboración, que culminó en la Estación Espacial Internacional (ISS).  En ella se aúnan las capacidades de las anteriores: la  Mir-2 rusa, la estadounidense Freedom, el módulo europeo Columbus y el Kibo. 

ISS es un centro de investigación y colaboración en la órbita terrestre, que está permanentemente tripulada, en la que rotan equipos de astronautas e investigadores de las cinco agencias del espacio participantes (el inglés y el ruso son idiomas obligatorios) y la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), la  Agencia Espacial Federal Rusa (FKA), la  Agencia Japonesa de Exploración Espacial (JAXA), la Agencia Espacial Canadiense(CSA) y la  Agencia Espacial Europea (ESA). Está considerada como uno de los  logros más grandes de la Humanidad.

Tanto en el espacio como en tierra, hay un despliegue tecnológico y de investigación que además pone los ojos en el universo, con vistas al futuro. Se ha rastreado y buscado vida extraterrestre, planetas, que puedan albergar condiciones donde la vida humana pudiera desarrollarse.

El personal especializado que dirige estas Agencias y el Ojo Múltiple de los astrónomos, se han tomado en serio la advertencia de los científicos a la Humanidad. En Chile se encuentra el 40% de los observatorios y telescopios  gigantes del mundo. Y es que el desierto de Atacama, es reconocido como el mejor lugar de la  Tierra para observar el firmamento debido a sus condiciones climáticas y geográficas —tales como baja humedad, altas cumbres y planicies, además de baja contaminación lumínica y radioeléctrica- y esos factores generan el mayor número de noches despejadas al año en el planeta. Allí está Acatama Large Milimeter Array (ALMA) el mayor observatorio astronómico del mundo(66 antenas sincronizadas), además de La Silla y otros importantes, dependientes del de Observatorio Europeo Austral (ESO).Pretenden averiguar si existen en otras zonas del universo las condiciones necesarias para  que haya vida.

En esa región se encuentra también el de Las Campanas, del Instituto Carnegie, en asociación con la Universidad de Harvard y el Instituto tecnológico de  Massachusetts.

Tal vez el próximo futuro pase y esté ligado a lo que se vaya descubriendo y experimentando en estos centros y otros dispersos por el mundo. Y es que como diría Mafalda: "¿Y si en lugar de planear tanto, voláramos un poco más alto?

2) Ha empezado el paso hacia lo desconocido, que supone una revolución económica y social, que precisa de  un cambio mental y humano.

Hay que buscar un lugar a donde ir, saber cómo, y quienes van a ir. Parece que la respuesta no está en ningún planeta,-en nuestra Galaxia-.  No se trata ya de superar los retos ambientales, guerras o epidemias en nuestro Planeta, aunque no deben ignorarse.

Elon Musk dijo a principios de 2017 que "el mundo se está volviendo demasiado pequeño para nosotros; los recursos físicos se están explotando a un ritmo alarmante... En el pasado, cuando hemos tenido crisis similares, hemos colonizado nuevos territorios; pero ya no hay ningún Nuevo Mundo al que extendernos. Nos estamos quedando sin espacio. Ha llegado la hora de explorar otros sistemas solares".

Hay que encontrar la energía propulsora, capaz de hacernos salir de nuestra Galaxia, que debería tener la potencia de propulsión cercana al 10 o 15% de la velocidad de la luz, si es que se quiere recorrer una distancia interestelar y no perecer en el intento. Es preciso potenciar la mentalidad del sistema internacional de unidades de 1983 métrico de las distancias, pasando el metro y el kilómetro a ser unidades derivadas del año luz (AL).

Se necesita encontrar un planeta sólido, donde el oxígeno y el agua se puedan conseguir. Ver la forma de protegernos de la radiación de la estrella solar en la que el planeta orbite. Saber que para que comience en algún lugar la Nueva Humanidad, se necesitará trasladar por lo menos a 10.000 seres humanos, -dada la lentitud del crecimiento reproductivo de nuestra especie-. Transportar allí y contar con las especies de plantas y animales necesarias para el cultivo que permitan la alimentación. Ese reto extraordinario, presupone: inteligencia, recursos, aparcar diferencias y un esfuerzo extraordinario de solidaridad, disponibilidad y entrenamiento. Todo ello, apoyado por la ingeniería electrónica y la Inteligencia Artificial (IA).

3) La Nueva Tierra: Próxima Centauri b.

El sistema estelar más cercano a nuestro Sol se encuentra a 4,37 AL= años luz, es decir a 41,3 billones de kilómetros de distancia. Se trata de Alpha Centauri, en la constelación Centaurus. Parece el mejor candidato para escapar, según el mismo Stephen Hawking.

Para hacernos una mejor idea de la distancia, recordemos que la nave interestelar lanzada por los humanos, ha sido la Voyager 1, que se lanzó en 1977, y se desplaza a 61,000 km por h. Pero eso es menos del 1% de la velocidad de la luz. Con esa velocidad sería casi imposible el proyecto de colonización del planeta que orbita en torno a la  estrella Próxima Centauri, de las 3 estrellas de Centauri.

Se está estudiando una propulsión con laser. Parece que la NASA planea lanzar la primera misión a Alpha Centauri en 2069. Tiempo habrá de volver hablar de la posible Casa B de la Nueva Humanidad.

En todo caso, hacia las estrellas hay un horizonte más amplio y menos contaminado y pesimista que el que estamos viendo en la Tierra. ¡Ojalá  se  hablara más de este reto! ¡Es ilusionante!

José Manuel Belmonte.

 

 

La salud no es lo primero​​​​​​​

Escrito por Jaime Nubiola

No hay que malgastar el dinero ni poner en riesgo injustificadamente la salud, pero lo realmente importante es cuidar el amor, cuidar a quienes nos quieren y a quienes queremos: es lo que nos hace humanos

Leo en internet que la letra y la música de esta conocida canción se debe al compositor argentino Rodolfo Sciammarella (1902-1973). La compuso y estrenó en 1941 y, gracias a la radio, se convirtió en un éxito en los países de habla hispana. En el año 1967 Cristina y Los Stop la relanzaron en España con gran éxito y puede todavía vérseles en alguna grabación de los años setenta.

Venía esta letra a mi memoria en estos meses de pandemia ante la proliferación de las declaraciones en los medios de comunicación sosteniendo que «la salud es lo primero». Con frecuencia se utiliza esta rotunda afirmación en contra de quienes frente al confinamiento defendían la economía, porque decían −más o menos festivamente− que en el fondo era preferible morir de Covid que de hambre. Por el contrario para el gobierno sueco o para el propio Trump parece que la economía, el dinero, es lo primero. Sostenían que la economía debía primar sobre la salud, aunque parece que la realidad de la expansión de la enfermedad en sus países ha ido desmintiendo su tesis: quizá resulte más acertado afirmar que la economía ha de estar siempre al servicio de la vida de las personas.

Pero lo que quiero defender es que no es la salud lo primero, ni tampoco el dinero, sino que verdaderamente lo primero es el amor. Aunque pueda sonar cursi, así es. Los seres humanos estamos así constituidos: lo más importante para nosotros es el querer y el sentirnos queridos. Por supuesto que la salud es importante, pero quienes tenemos ya algunas décadas de vida nos damos cuenta de que ya no tenemos la salud y vitalidad de los niños: nos persiguen los achaques de la edad y cada mañana al levantarnos advertimos que algo nos duele. También es importante el dinero y la economía, sobre todo, la seguridad económica, pero todos sabemos que el tener mucho dinero y el consiguiente riesgo de perderlo son fuente constante de preocupación para quienes lo tienen. Leo una entrevista con el actor Miguel Herrán de «La casa de papel» en la que afirma: «Cuanto más dinero gano, más infeliz soy». Me parece que a muchos nos basta en esta vida con tener lo suficiente para vivir honestamente, tal como sostuvieron los estoicos hace dos mil trescientos años.

La famosa tonadilla «Tres cosas hay en la vida» proseguía diciendo: «El que tenga un amor que lo cuide, que lo cuide; la salud y la platita, que no la tire, que no la tire». No hay que malgastar el dinero −«la platita» para un compositor argentino− ni poner en riesgo injustificadamente la salud, pero lo realmente importante es cuidar el amor, cuidar a quienes nos quieren y a quienes queremos: es lo que nos hace humanos.

En estos meses de pandemia llama la atención la agresividad social que se vierte a menudo contra los políticos o a veces contra los agentes de la autoridad, tanto en España como en muchos otros países. La gente −sobre todo, los jóvenes− está harta de tantas imposiciones −en algunos casos del todo arbitrarias− por parte de quienes quieren protegernos del contagio. El papa Francisco escribía en estos días en el prólogo del libro Comunión y esperanza, del cardenal Walter Kasper y el sacerdote George Augustin, publicado por la Librería Editora Vaticana: «El peligro de contagio de un virus debe enseñarnos otro tipo de ‘contagio’, el del amor, que se transmite de corazón a corazón».

Me parece que la pandemia nos ha enseñado mucho de solidaridad, de servicio a los demás, pero todavía debemos aprender a querer más a las personas y decírselo, a expresarles mejor nuestro afecto, nuestra ternura; a acompañarles mejor, a consolar más a tantos que se sienten solos y sufren. A esos y a todos hay que repetirles que la salud no es lo primero, que tampoco, por supuesto, lo es el dinero, porque lo primero es el amor.

Jaime Nubiola

 

Derivar a un aborto en contra de su conciencia 

La carta del embajador, Bremberg, de Estados Unidos ante las Naciones Unidas en Ginebra es la última andanada de una disputa en curso entre la administración Trump y el sistema de la ONU por la promoción del aborto por parte de la ONU durante la pandemia de COVID-19.

En junio, el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, aseguró al gobierno de Estados Unidos que no promovería el aborto durante la pandemia de COVID-19. Guterres le dijo al director interino de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, John Barsa, que la respuesta de la ONU al virus COVID-19 "no promueve, y mucho menos impone, el aborto a nadie, ni tiene la intención de hacerlo". También dijo que cualquier esfuerzo de la ONU en el cuidado de la salud se "proporciona con pleno respeto a las leyes nacionales".

La disculpa de Guterres siguió a una carta enérgica de Barsa quejándose de que la ONU había incluido un manual de la ONU sobre "salud sexual y reproductiva" que promueve el aborto como un derecho humanitario como "esencial" en la respuesta de la ONU a la pandemia de COVID-19. El manual también pide que se obligue a los médicos y proveedores de salud a derivar a un aborto en contra de su conciencia.

Valentín Abelenda Carrillo

 

Eutanasia

Los que saben de retórica bien conocen la eficacia del recurso de los argumentos “pathos”. Son argumentos emotivistas, que apelan al corazón, que impiden pensar con claridad razonada y que tienden a lograr un primer apoyo incondicional a la causa, empático, marcado por el sentimiento.

Si la persona no reflexiona más sobre esos argumentos y esconden una mentira, quedará atrapada en ellos (así se fraguó, por ejemplo, el odio a los judíos en la Alemania Nazi). Porque el que usa este recurso de manera torticera, solo ofrece la mitad del conflicto que le interesa y nunca da voz a la opción contraria.

Con el debate sobre la eutanasia, nos ocurre con mucha frecuencia que sus defensores nos presentan casos concretos en los que es difícil abstraerse y pensar en otras opciones porque todos nos sentimos movidos por el dolor y el sufrimiento.

Sin embargo, acabamos de vivir en primera persona la gran crisis del coronavirus que nos ha demostrado que está en nuestra naturaleza aferrarnos a la vida y en la naturaleza de los médicos y de todo el personal sanitario esforzarse hasta el límite de sus fuerzas por salvarla. Es más, nos han indignado toda suerte de comentarios sobre posibles negligencias en la hospitalización de ancianos desde las residencias.

Y hemos celebrado como victoria conjunta en las portadas de periódicos y las aperturas de telediario las salidas de las UCI de enfermos que estuvieron a punto de morir varias veces en sus muchos meses con respiración asistida. Y es que, es un hecho, creemos en la vida, queremos la vida y está en nuestra naturaleza defenderla.

JD Mez Madrid

 

¡Qué sabrán esos ignorantes!

Con el permiso del enfermo, y sin nombrarlo, transcribo la carta que un hombre de 87 años, al que acompaño en sus enfermedades, acaba de recibir de un nieto: tiene veintitrés nietos y cinco biznietos.

“Querido abuelo; he leído que algunos políticos están haciendo todo lo posible para que te largues pronto de esta tierra. Dicen que no quieren que el tiempo que te quede de vida sufras inútilmente, porque tus dolencias y molestias ya no tienen solución y, añaden además que ya no te queda nada que hacer por aquí.

¡Qué sabrán esos ignorantes! Tus posibles sufrimientos, tus dolencias les traen completamente sin cuidado, como les trae sin cuidado el permitir matar a los niños en el vientre de su madre.

No les hagas caso, y no te dejes influir por su propaganda, diciendo que te quieren dar un derecho a que un médico te ayude a suicidarte. Lo que quieren es no gastar nada en cuidados paliativos; y tener así más dinero para repartir entre sus amigos, sus compañeros de partido, sus consultores, etc.; por no decir el dinero –tuyo y nuestro- que se gastan con el apoyo que dan a manos llenas a la Lgtbi o a las camarillas de eso que llaman “memoria histórica”, que ni es memoria, ni es histórica.

Estás enfermo, lo sé, y no llegamos a darnos cuenta del todo de lo que pasa por tu cabeza y por tu corazón. Y ni tu ni yo sabemos los años que el Señor te tiene reservados en esta tierra todavía. Tú me enseñaste que la vida es un auténtico misterio que los hombres vivimos con Dios, y con los demás hombres. Y ahora, al verte sereno en medio de tus dolores, y con paz cuando voy a verte, me estás enseñando que el misterio del amor que has derrochado con nosotros, tus nietos, a lo largo de tu vida, también cuando se murió la abuela, y tú te preocupaste de nosotros también en su nombre y en su lugar, sigue muy vivo en tu corazón.

Suso do Madrid

 

 

Una brutalidad

"La brutalidad de la prostitución es inherente y sistémica", escribió Jewell Baraka en respuesta al nombramiento de Mofokeng como principal experto en salud y derechos humanos. Baraka, una sobreviviente de explotación sexual con Exodus Cry imploró a la Dra. Mofokeng que reconsiderara sus puntos de vista sobre la prostitución. “La violencia de los compradores de sexo no se erradica mediante una elección y aquellos que la eligen por su propia voluntad son raros. La mayoría de los sobrevivientes no cuentan una historia de elección, sino de la fuerza, el fraude y la coerción que los llevó a la prostitución y les impidió irse”.

Nombrados por el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, los relatores especiales son independientes de los Estados miembros de la ONU y ejercen una influencia considerable sobre cómo se interpretan las obligaciones de derechos humanos dentro de la burocracia de la ONU. Los informes de Mofokeng que promueven los derechos sexuales, incluida la legalización de la prostitución, probablemente serán citados como interpretaciones autorizadas de las leyes de derechos humanos por agencias de la ONU y Estados miembros de ideas afines.

Pedro García

 

 

“El castillo de naipes mundial… se viene abajo”

                                Sí… me vale la metáfora del castillo de naipes; pues casi todos o lo hemos tratado de hacer, o lo hemos visto venirse abajo, puesto que “ese castillo”, carece de cimientos y más bien antes que después, pero siempre se viene abajo. Y eso mismo es lo que ha ocurrido ya, y “los naipes que quedan en pie”, la mayoría se irán viniendo abajo hasta llegar a ese final, en que “hay que empezar de nuevo”; y como siempre, son “los pequeños que logren sobrevivir”, los que tendrán que iniciar ese retorno; como siempre han hecho, tras las hecatombes que han provocado, los políticos de turno, cuyas ambiciones absurdas, les han llevado (“arrastrándonos con ellos) a una situación, que aún no ha llegado a presentar el terrible balance que tendrá que presentar a no tardar mucho; “puesto que la riada sigue recibiendo naipes y su fuerza destructiva cada día será más temible y difícil de controlar”. Y digo lo que pienso en este momento en que, “una simple noticia de desguace de barcos”, la recibo como, “un trallazo violentísimo, en mi ya cansado cerebro”. La noticia es la que sigue. Y les dejo la dirección por si quieren ver el resto.

                                “No solo Pullmantur ha enviado parte de su flota al desguace de Aliaga, en Turquía (Pullmantur dice adiós a dos de sus tres barcos: llegan a un desguace de Turquía). El astillero, que hasta el estallido de la pandemia solía recibir viejos buques de carga, se ha convertido en un improvisado cementerio de cruceros. En las imágenes grabadas por un dron, difundidas por Reuters, se puede ver en qué estado se encuentran cinco grandes barcos que en cuestión de pocos meses han pasado de ser el destino de vacaciones de miles de turistas a convertirse en chatarra”. https://www.preferente.com/videos/asi-es-el-gran-cementerio-donde-los-cruceros-son-desguazados-303885.html

                                 Sí, todo ello lo ha promovido, el miedo y el mucho terror, que los políticos, han provocado, poniendo en circulación, “el virus chino”; con lo que han paralizado un feroz consumo, que tampoco nos llevaba a ninguna parte, pero no tan rápidamente como lo ha hecho este virus, que considero fue preparado con premeditación y alevosía; pero igualmente sin pensar en el daño “mundial” que iba a ocasionar, por tanto “hasta los padres de la criatura”, van a lamentar, ese hecho, que de alguna manera, ya y metafóricamente, el gran Walt Disney, y nada menos que en 1939 en su gran película (para mí la mejor de todos los tiempos) “FANTASÍA”; en una de sus partes, sitúa a su famoso ratón, como “aprendiz de un brujo”; y éste juega a ser brujo, tratando de “mandar en el Universo”, terminando como su miserable realidad demuestra, o sea, “volver a ser ratón obligado a ello y a palo limpio, que le da su maestro”; esa terrible metáfora es la que está recibiendo la mayor parte de la desorientada y ya aterrorizada humanidad, cuyos ejemplos los oigo esta misma mañana, por una cadena de radio nacional, pero privada (Es-radio Madrid) en la que se afirma, que ya hay, familias, “ayer mismo ricas y desahogadas” (esas prósperas clases medias que se hicieron principalmente en la dictadura de Franco y que continuaron un poco tiempo después en la nueva época, pero que hoy han sido destruidas en gran medida) y dónde se afirma en los noticieros citados, que ya abundan, los que perdidos sus empleos y agotados los recursos, que tuvieran algunos (la mayoría supongo que vivían al día, o con deudas a pagar confiados en los ingresos hoy perdidos) se han quedado, al borde de la miseria, “lo que a más de uno, les va a llevar a ese callejón sin salida” y en el que se termina, como imaginar se puede, cuando ya se acaban… “todos los caminos”.

                        Puesto que piense el que tenga capacidad para ello, que no son sólo esos monstruos lujosísimos, que se desguazan, sencillamente por cuanto mantenerlos en uso y en espera de nuevos tiempos, que están muy lejanos por llegar, no es posible, por lo que ese “tercero” que queda en lista de espera, terminará en el astillero de desguace; así como el resto de otras compañías; miles de aviones de pasaje, trenes más o menos “lujosos”, cadenas de hoteles, y todo lo demás, que conforma ese “BIEN MUNDIAL”; que fue como fue valorado, “EL TURISMO”; que volverá a ser lo que fue y que lo viví yo; el modesto turismo aún para minorías, “de tortilla de patatas, nevera portátil y demás arreos de playa o camping”; un turismo “de más lujo”, para las minorías, muy minorías “pudientes”; y poco más; los gobiernos van a tener grandes problemas para recaudar sus abusivos impuestos; y no podrán mantener, a los ejércitos de parásitos y altos salarios, que en épocas de abundancia han dilapidado. Sí, vamos a ver y a padecer muchas cosas que “se ven venir”, pero que muy pocos piensan en ellas y menos, en cómo “evitar lo inevitable”; pero como dije al principio de la epidemia y cada vez me afirmo más en ello… “EL REMEDIO ES MUCHO PEOR QUE LA ENFERMEDAD”; ya que paralizando la vida social y económica, el dinero (motor de todo) no circula, y como consecuencia, ha venido la paralización y tras ella, “esos desguaces e infinitos otros que ya han sido desguazados o que lo van a ser antes o después”.

            ¿Qué se va a acabar el mundo del “mono humano”? No, “el mono nos acostumbraron a soportarlo todo”; y saldrá adelante, aunque sea, en un lentísimo caminar como el que nos dice la Biblia de los judíos, “liberados de Egipto”; estuvieron caminando cuarenta años, antes de llegar a la tierra prometida, que los esperaba, pero, “con las armas en la mano”. ¡Pobre Humanidad!  Amén.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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