Las Noticias de hoy 2 Octubre 2020

Enviado por adminideas el Vie, 02/10/2020 - 12:42

Galería fotográfica del VI Simposio Internacional de San Josemaría (Jaén)

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    viernes, 02 de octubre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa invita a considerar cuestiones morales en medio de la pandemia

‘Sacrae scripturae affectus’: Carta Apostólica del Papa Francisco

SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS*: Francisco Fernandez Carbajal

2 de octubre: Santos ángeles

“El trabajo es camino de santificación”: San Josemaria

«La ternura es la señal propia de la presencia de Jesús»

2 de octubre 1928: una misericordia de Dios

 Fundación del Opus Dei y dedicación a los pobres y enfermos (1928 - 1936)

 Coincidencias: Daniel Tirapu 

ANTE LA VIDA Y LA MUERTE: Carlota Sedeño Martinez

La sexualidad en el niño.: Jose Luis Velayos

Por defender la familia: Valentín Abelenda Carrillo

 Contar con todos, soñar en grande: José Martínez Colín.

Elegir me hace libre: Ana Teresa López de Llergo

Internet: ocuparse más que preocuparse: Lucía Legorreta

El Vaticano alerta sobre las ideologías inflexibles y la corrección política que persiguen las creencias religiosas

La ONU promueve el aborto: Pedro García

Es el sentido del hombre:

Hasta ahora, los charlatanes: Jesús D Mez Madrid

La política y sus cenagales en un país hundido: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

El Papa invita a considerar cuestiones morales en medio de la pandemia

Entrevista en ‘Studia Moralia’

OCTUBRE 01, 2020 10:24DEBORAH CASTELLANO LUBOVPAPA FRANCISCO

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(zenit – 1 oct. 2020).- “Creo que la teología moral debe ayudar a concienciar sobre aquellos” pecados “que el mundo ha incorporado ahora a su normalidad y ya no los percibe como tales”, dijo el Papa Francisco en una entrevista con Studia Moralia, la revista científica de la Academia Alfonsiana. La primera parte de la entrevista fue publicada en el sitio web de la publicación.

El Santo Padre invita a una reflexión cuidadosa sobre algunas cuestiones morales particularmente urgentes en medio de la pandemia y en medio de las transformaciones sociales.

“Todos debemos actuar de manera responsable, queramos o no una humanidad más humana, sin esclavos, sin hombres y mujeres explotados. Debemos preguntarnos si todavía queremos naciones que explotan a otras naciones. […] Es inaceptable que esta forma de pensar y vivir siga siendo la misma después de la gran crisis de la pandemia”.

Francisco habla de nuevo de las periferias y de la globalización de la indiferencia.

“La realidad se ve mejor desde las periferias. Desde el centro, tienes una visión endulzada y distorsionada, mientras que desde la periferia, ves la realidad cruda y real, sin ninguna máscara”.

“La indiferencia hoy en día es una forma de defenderse. Es una cuarentena que elijo para mí mismo, para protegerme del virus de la realidad”.

Finalmente, el Papa vuelve a explicar lo que “Iglesia en salida” significa para él, es decir, “ir directo a las periferias”. Pero en un sentido práctico y real.

“Necesitamos abrirnos a un encuentro concreto con las periferias existenciales sin caer en la trampa de hacer reflexiones teóricas que nunca han encontrado realmente el drama y la belleza de la realidad”.

 

 

‘Sacrae scripturae affectus’: Carta Apostólica del Papa Francisco

Texto completo

SEPTIEMBRE 30, 2020 13:01LARISSA I. LÓPEZDOCUMENTOSPAPA FRANCISCO

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(zenit – 30 sept. 2020).- El Papa Francisco ha firmado este miércoles la Carta Apostólica Sacrae Scripturae affectus (Amor a la Sagrada Escritura) para fomentar el amor a la Biblia por parte de los fieles en 16º el centenario de la muerte de san Jerónimo.

San Jerónimo (340-420) fue el primer traductor de la Biblia. En Tierra Santa se dedicó traducir manuscritos antiguos de sus idiomas originales –hebreo, arameo y griego– al latín de su tiempo, traducción conocida como Vulgata.

En la Carta, Francisco describe que este santo ha dejado a la Iglesia como herencia “una estima por la Sagrada Escritura, un amor vivo y suave por la Palabra de Dios escrita” y destaca “su admirable figura en la historia de la Iglesia y su gran amor por Cristo”.

Este amor, prosigue el texto del Pontífice,  “se extiende, como un río en muchos cauces, a través de su obra de incansable estudioso, traductor, exegeta, profundo conocedor y apasionado divulgador de la Sagrada Escritura; fino intérprete de los textos bíblicos; ardiente y en ocasiones impetuoso defensor de la verdad cristiana; ascético y eremita intransigente, además de experto guía espiritual, en su generosidad y ternura”.

De manera que hoy, “mil seiscientos años después, su figura sigue siendo de gran actualidad para nosotros, cristianos del siglo XXI”.

A continuación, sigue el texto completo de la Carta Apostólica Sacrae Scripturae affectus.

***

CARTA APOSTÓLICA Scripturae Sacrae affectus

DEL SANTO PADRE

FRANCISCO

EN EL XVI CENTENARIO DE LA MUERTE DE SAN JERÓNIMO

 

Una estima por la Sagrada Escritura, un amor vivo y suave por la Palabra de Dios escrita es la herencia que san Jerónimo ha dejado a la Iglesia a través de su vida y sus obras. Las expresiones, tomadas de la memoria litúrgica del santo[1], nos ofrecen una clave de lectura indispensable para conocer, en el XVI centenario de su muerte, su admirable figura en la historia de la Iglesia y su gran amor por Cristo. Este amor se extiende, como un río en muchos cauces, a través de su obra de incansable estudioso, traductor, exegeta, profundo conocedor y apasionado divulgador de la Sagrada Escritura; fino intérprete de los textos bíblicos; ardiente y en ocasiones impetuoso defensor de la verdad cristiana; ascético y eremita intransigente, además de experto guía espiritual, en su generosidad y ternura. Hoy, mil seiscientos años después, su figura sigue siendo de gran actualidad para nosotros, cristianos del siglo XXI.

Introducción

El 30 de septiembre del año 420, Jerónimo concluía su vida terrena en Belén, en la comunidad que fundó junto a la gruta de la Natividad. De este modo se confiaba a ese Señor que siempre había buscado y conocido en la Escritura, el mismo que como Juez ya había encontrado en una visión, cuando padecía fiebre, quizá en la Cuaresma del año 375. En ese acontecimiento, que marcó un viraje decisivo en su vida, un momento de conversión y cambio de perspectiva, se sintió arrastrado a la presencia del Juez: “Interrogado acerca de mi condición, respondí que era cristiano. Pero el que estaba sentado me dijo: ‘Mientes; tú eres ciceroniano, tú no eres cristiano’”.[2] San Jerónimo, en efecto, había amado desde joven la belleza límpida de los textos clásicos latinos y, en comparación, los escritos de la Biblia le parecían, inicialmente, toscos e imprecisos, demasiado ásperos para su refinado gusto literario.

Ese episodio de su vida favoreció la decisión de consagrarse totalmente a Cristo y a su Palabra, dedicando su existencia a hacer que las palabras divinas, a través de su infatigable trabajo de traductor y comentarista, fueran cada vez más accesibles a los demás. Ese acontecimiento dio a su vida una orientación nueva y más decidida: convertirse en servidor de la Palabra de Dios, como enamorado de la “carne de la Escritura”. Así, en la búsqueda continua que caracterizó su vida, revalorizó sus estudios juveniles y la formación recibida en Roma, reordenando su saber en un servicio más maduro a Dios y a la comunidad eclesial

Por eso, san Jerónimo entra con pleno derecho entre las grandes figuras de la Iglesia de la época antigua, en el periodo llamado el siglo de oro de la patrística, verdadero puente entre Oriente y Occidente: fue amigo de juventud de Rufino de Aquilea, visitó a Ambrosio y mantuvo una intensa correspondencia con Agustín. En Oriente conoció a Gregorio Nacianceno, Dídimo el Ciego, Epifanio de Salamina. La tradición iconográfica cristiana lo consagró representándolo, junto con Agustín, Ambrosio y Gregorio Magno, entre los cuatro grandes doctores de la Iglesia de Occidente.

Mis predecesores también quisieron recordar su figura en diversas circunstancias. Hace un siglo, con ocasión del decimoquinto centenario de su muerte, Benedicto XV le dedicó la Carta encíclica Spiritus Paraclitus (15 septiembre 1920), presentándolo al mundo como “doctor maximus explanandis Scripturis”.[3] En tiempos más recientes, Benedicto XVI expuso su personalidad y sus obras en dos catequesis sucesivas.[4] Ahora, en el decimosexto centenario de su muerte, también yo deseo recordar a san Jerónimo y volver a proponer la actualidad de su mensaje y de sus enseñanzas, a partir de su gran estima por las Escrituras.

En este sentido, puede conectarse perfectamente, como guía segura y testigo privilegiado, con la XII Asamblea del Sínodo de los Obispos, dedicada a la Palabra de Dios,[5] y con la Exhortación apostólica Verbum Domini (VD) de mi predecesor Benedicto XVI, publicada precisamente en la fiesta del santo, el 30 de septiembre de 2010.[6]

De Roma a Belén

La vida y el itinerario personal de san Jerónimo se consumaron por las vías del imperio romano, entre Europa y Oriente. Nació alrededor del año 345 en Estridón, frontera entre Dalmacia y Panonia, en el territorio de la actual Croacia y Eslovenia, y recibió una sólida educación en una familia cristiana. Según el uso de la época, fue bautizado en edad adulta, en los años en que estudió retórica en Roma, entre el 358 y el 364. Precisamente en este periodo romano se convirtió en un lector insaciable de los clásicos latinos, que estudiaba bajo la guía de los maestros de retórica más ilustres de su tiempo.

Al finalizar los estudios emprendió un largo viaje a la Galia, que lo llevó a la ciudad imperial de Tréveris, hoy Alemania. Allí entró en contacto, por primera vez, con la experiencia monástica oriental difundida por san Atanasio. De este modo maduró un deseo profundo que lo acompañó a Aquilea donde inició con algunos de sus amigos “un coro de bienaventurados”[7], un periodo de vida en común.

Hacia el año 374, pasando por Antioquía, decidió retirarse al desierto de Calcis, para realizar, de forma cada vez más radical, una vida ascética, en la que estaba reservado un amplio espacio al estudio de las lenguas bíblicas, primero del griego y después del hebreo. Se confió a un hermano judío, convertido al cristianismo, que lo introdujo en el conocimiento de la nueva lengua hebrea y de los sonidos, que definió “palabras fricativas y aspiradas”.[8]

Jerónimo eligió y vivió el desierto, con la consiguiente vida eremítica, en su significado más profundo: como lugar de las elecciones existenciales fundamentales, de intimidad y encuentro con Dios, donde a través de la contemplación, las pruebas interiores y el combate espiritual llegó al conocimiento de la fragilidad, con una mayor conciencia de los límites propios y ajenos, reconociendo la importancia de las lágrimas.[9] Así, en el desierto, experimentó concretamente la presencia de Dios, la necesaria relación del ser humano con Él, su consolación misericordiosa. A este respecto, me gusta recordar una anécdota, de tradición apócrifa. Jerónimo le dijo al Señor: “¿Qué quieres de mí?” Y Él le respondió: “Todavía no me has dado todo”. “Pero, Señor, yo te di esto, esto y esto…” —“Falta una cosa” —“¿Qué cosa?” —“Dame tus pecados, para que pueda tener la alegría de perdonarlos otra vez”.[10]

Volvemos a encontrarlo en Antioquía, donde fue ordenado sacerdote por el obispo Paulino, después en Constantinopla, hacia el año 379, donde conoció a Gregorio Nacianceno y prosiguió sus estudios; se dedicó a traducir del griego al latín importantes obras (las homilías de Orígenes y la crónica de Eusebio), respiró el clima del Concilio celebrado en esa ciudad en el año 381. En esos años, su pasión y su generosidad se revelaron en el estudio. Una bendita inquietud lo guiaba y lo volvía incansable y apasionado en la búsqueda: “Cuántas veces me desanimé, cuántas desistí para empezar de nuevo en mi empeño de aprender”, conducido por la “amarga semilla” de semejantes estudios para poder recoger “dulces frutos”.[11]

En el año 382 Jerónimo volvió a Roma y se puso a disposición del papa Dámaso quien, valorando sus grandes cualidades, lo nombró su estrecho colaborador. Aquí Jerónimo se dedicó a una actividad incesante, sin olvidar la dimensión espiritual. En el Aventino, gracias al apoyo de mujeres aristocráticas romanas, deseosas de elecciones evangélicas radicales, como Marcela, Paula y su hija Eustoquio, creó un cenáculo fundado en la lectura y el estudio riguroso de la Escritura. Jerónimo fue exegeta, docente, guía espiritual. En ese tiempo comenzó una revisión de las anteriores traducciones latinas de los Evangelios, y quizá también de otras partes del Nuevo Testamento; continuó su trabajo como traductor de homilías y comentarios escriturísticos de Orígenes, desplegó una intensa actividad epistolar, se confrontó públicamente con autores heréticos, a veces con excesos e intransigencias, pero siempre movido sinceramente por el deseo de defender la verdadera fe y el depósito de las Escrituras.

Este periodo intenso y prolífico se interrumpió con la muerte del papa Dámaso. Se vio obligado a dejar Roma y, seguido por algunos amigos y mujeres deseosas de continuar la experiencia espiritual y el estudio bíblico que habían comenzado, partió hacia Egipto —donde conoció al gran teólogo Dídimo el Ciego— y Palestina, para establecerse definitivamente en Belén en el año 386. Retomó sus estudios filológicos, arraigados en los lugares físicos que habían sido escenario de esas narraciones.

La importancia que daba a los lugares santos se evidencia no sólo por la elección de vivir en Palestina, desde el año 386 hasta su muerte, sino también por el servicio a las peregrinaciones. Precisamente en Belén, lugar privilegiado para él, cerca de la gruta de la Natividad fundó dos monasterios “gemelos”, masculino y femenino, con albergues para acoger a los peregrinos venidos ad loca sancta, manifestando así su generosidad para alojar a cuantos llegaban a aquella tierra para ver y tocar los lugares de la historia de la salvación, uniendo de este modo la búsqueda cultural a la espiritual.[12]

Poniéndose a la escucha, Jerónimo se encontró a sí mismo en la Sagrada Escritura, como también el rostro de Dios y de los hermanos, y afinó su predilección por la vida comunitaria. De ahí su deseo de vivir con los amigos, como en los tiempos de Aquilea, y de fundar comunidades monásticas, persiguiendo el ideal cenobítico de vida religiosa que ve al monasterio como “lugar de entrenamiento” donde formar personas “que se hayan hecho los más insignificantes de todos para merecer ser los primeros”, felices en la pobreza y capaces de enseñar con el propio estilo de vida. De hecho, consideraba formativo vivir “bajo la disciplina de un solo padre y en compañía de muchos hermanos” para aprender la humildad, la paciencia, el silencio y la mansedumbre, consciente de que “a la verdad no le gustan los rincones ni le hacen falta los chismosos”.[13] Además, confiesa que comenzó a “sentir […] nostalgia de las celdas del monasterio y a echar de menos la similitud de aquellas hormigas con los monjes, entre los cuales se trabaja en común y, aunque nada sea propiedad de cada cual, todos lo tienen todo”.[14]

Jerónimo no encontró en el estudio un deleite efímero centrado en sí mismo, sino un ejercicio de vida espiritual, un medio para llegar a Dios y, de este modo, su formación clásica se reordenó también en un servicio más maduro a la comunidad eclesial. Pensemos en la ayuda que dio al papa Dámaso, en la enseñanza que dedicó a las mujeres, especialmente para el hebreo, desde el primer cenáculo en el Aventino, hasta hacer entrar a Paula y Eustoquio en “las discrepancias de los traductores”[15] y, algo inaudito para ese tiempo, permitirles que pudieran leer y cantar los Salmos en la lengua original.[16]

Una cultura, la suya, puesta al servicio y confirmada como necesaria para todo evangelizador. Así le recordaba al amigo Nepociano: “La palabra del presbítero está inspirada por la lectura de las Escrituras. No te quiero ni declamador, ni deslenguado, ni charlatán, sino conocedor del misterio e instruido en los designios de tu Dios. Hablar con engolamiento o precipitadamente para suscitar admiración ante el vulgo ignorante es propio de hombres incultos. El hombre de frente altanera se lanza con frecuencia a interpretar lo que ignora, y si logra convencer a los demás, se arroga para sí mismo el saber”.[17]

Hasta su muerte en el año 420, Jerónimo transcurrió en Belén el periodo más fecundo e intenso de su vida, completamente dedicado al estudio de la Escritura, comprometido en la monumental obra de traducción de todo el Antiguo Testamento a partir del original hebreo. Al mismo tiempo, comentaba los libros proféticos, los salmos, las obras paulinas, escribía subsidios para el estudio de la Biblia. El trabajo valioso que se encuentra en sus obras es fruto del diálogo y la colaboración, desde la copia y el análisis de los manuscritos hasta su reflexión y discusión: Para estudiar “los libros divinos yo nunca he confiado en mis propias fuerzas ni he tenido como maestra mi propia opinión, sino que he solido preguntar incluso sobre aquellas cosas que yo creía saber, ¡cuánto más sobre aquellas de las que yo estaba dudoso!”.[18] Por eso, consciente de sus propios límites, pedía auxilio continuamente en la oración de intercesión, para que la traducción de los textos sagrados estuviera hecha “con el mismo espíritu con que fueron escritos los libros”[19], sin olvidar traducir también otras obras de autores como Orígenes, indispensables para el trabajo exegético, para “procurar materiales a quienes quieran adelantar en el conocimiento de las cosas”.[20]

El estudio de Jerónimo se reveló como un esfuerzo realizado en la comunidad y al servicio de la comunidad, modelo de sinodalidad también para nosotros, para nuestro tiempo y para las diversas instituciones culturales de la Iglesia, con vistas a que sean siempre “lugar donde el saber se vuelve servicio, porque sin el saber nacido de la colaboración y que se traduce en la cooperación no hay desarrollo humano genuino e integral”[21]. El fundamento de esa comunión es la Escritura, que no podemos leer por nuestra cuenta: “La Biblia ha sido escrita por el Pueblo de Dios y para el Pueblo de Dios, bajo la inspiración del Espíritu Santo. Sólo en esta comunión con el Pueblo de Dios podemos entrar realmente, con el ‘nosotros’, en el núcleo de la verdad que Dios mismo quiere comunicarnos”.[22]

La vigorosa experiencia de vida de Jerónimo, alimentada por la Palabra de Dios, hizo que se convirtiera en guía espiritual, a través de una intensa correspondencia epistolar. Se hizo compañero de viaje, convencido de que “ningún arte se aprende sin maestro”, como escribe a Rústico: “Todo lo que pretendo insinuarte, tomándote de la mano, todo lo que pretendo inculcarte, como el experto marino que ha pasado por muchos naufragios lo haría con un remero bisoño”.[23] Desde aquel rincón tranquilo del mundo acompañaba a la humanidad en una época de grandes cambios, marcada por acontecimientos como el saqueo de Roma del año 410, que lo afectó profundamente.

Confiaba en sus cartas las polémicas doctrinales, siempre en defensa de la recta fe, revelándose como hombre de relaciones vividas con fuerza y con dulzura, involucrado totalmente, sin formas edulcoradas, experimentando que “el amor no tiene precio”.[24] Así vivía sus afectos, con ímpetu y sinceridad. Esta implicación en las situaciones en las que vivía y actuaba se constata también con el hecho de que ofrecía su trabajo de traducción y crítica como munus amicitiae. Era un don ante todo para los amigos, a quienes destinaba y dedicaba sus obras, y a quienes les pedía que las leyeran con ojos amigables más que críticos, y luego para los lectores, sus contemporáneos y los de todos los tiempos.[25]

Dedicó los últimos años de su vida a la lectura orante personal y comunitaria de la Escritura, a la contemplación, al servicio a los hermanos a través de sus obras. Todo esto en Belén, junto a la gruta donde la Virgen dio a luz al Verbo, consciente de que es “dichoso aquel que porta en su pecho la cruz, la resurrección y el lugar del nacimiento de Cristo y el de la ascensión. Dichoso aquel que tiene a Belén en su corazón, y en cuyo corazón Cristo nace a diario”.[26]

La clave sapiencial de su retrato

Para una plena comprensión de la personalidad de san Jerónimo es necesario conjugar dos dimensiones características de su existencia como creyente. Por un lado, su absoluta y rigurosa consagración a Dios, con la renuncia a cualquier satisfacción humana, por amor a Cristo crucificado (cf. 1 Co 2,2; Flp 3,8.10); por otro lado, el esfuerzo de estudio asiduo, dirigido exclusivamente a una comprensión del misterio del Señor cada vez más profunda. Es precisamente este doble testimonio ofrecido de modo admirable por san Jerónimo, el que se propone como modelo, sobre todo, para los monjes, quienes viven de ascesis y oración, con vistas a que se dediquen al trabajo asiduo de la investigación y del pensamiento; después, para los estudiosos, que deben recordar que el saber sólo es válido religiosamente si está fundado en el amor exclusivo a Dios, y expoliado de toda ambición humana y aspiración mundana.

Tales dimensiones fueron incorporadas en el campo de la historia del arte, donde la presencia de san Jerónimo es frecuente: grandes maestros de la pintura occidental nos han dejado sus representaciones. Podríamos organizar las diversas tipologías iconográficas en dos líneas distintas. Una lo define sobre todo como monje y penitente, con un cuerpo marcado por el ayuno, retirado en zonas desérticas, de rodillas o postrado en tierra, en muchos casos apretando una piedra en la mano derecha para golpearse el pecho, y con los ojos vueltos al Crucificado. En esta línea se sitúa la conmovedora obra maestra de Leonardo da Vinci conservada en la Pinacoteca Vaticana. Otro modo de representar a Jerónimo es el que lo muestra vestido como un estudioso, sentado en su escritorio, dedicado a la traducción y al comentario de la Sagrada Escritura, rodeado de libros y pergaminos, consagrado a la misión de defender la fe a través del pensamiento y la escritura. Albrecht Dürer, por citar otro ejemplo ilustre, lo representó más de una vez en esta actitud.

Los dos aspectos evocados anteriormente se encuentran unidos en el lienzo de Caravaggio, en la Galería Borghese de Roma. En una única escena se representa al anciano asceta, vestido ligeramente con un manto rojo, que tiene un cráneo sobre la mesa, símbolo de la vanidad de las realidades terrenas; pero al mismo tiempo también se manifiesta con vehemencia su cualidad de estudioso, que tiene los ojos fijos en el libro, mientras su mano mete la pluma en el tintero, como acto que caracteriza al escritor.

De manera análoga —que llamaría sapiencial— debemos comprender el doble perfil del itinerario biográfico de Jerónimo. Cuando, como un verdadero “León de Belén”, exageraba en los tonos, lo hacía por la búsqueda de una verdad que estaba dispuesto a servir incondicionalmente. Y como él mismo explica en el primero de sus escritos, Vida de san Pablo, ermitaño de Tebas, los leones son capaces de “desaforados rugidos”, pero también de lágrimas.[27] Por este motivo, las dos fisonomías contrapuestas que aparecen en su figura son, en realidad, elementos con los que el Espíritu Santo le permitió madurar su unidad interior.

Amor por la Sagrada Escritura

El rasgo peculiar de la figura espiritual de san Jerónimo sigue siendo, sin duda, su amor apasionado por la Palabra de Dios, transmitida a la Iglesia en la Sagrada Escritura. Si todos los Doctores de la Iglesia —y en particular los de la época cristiana primitiva— obtuvieron explícitamente de la Biblia el contenido de sus enseñanzas, Jerónimo lo hizo de una manera más sistemática y en algunos aspectos única.

En los últimos tiempos los exegetas han descubierto el genio narrativo y poético de la Biblia, exaltado precisamente por su calidad expresiva. Jerónimo, en cambio, lo que enfatizaba de las Escrituras era más bien el carácter humilde con el que Dios se reveló, expresándose en la naturaleza áspera y casi primitiva de la lengua hebrea, comparada con el refinamiento del latín ciceroniano. Por tanto, no se dedicaba a la Sagrada Escritura por un gusto estético, sino —como es bien conocido— sólo porque lo llevaba a conocer a Cristo, porque ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo.[28]

Jerónimo nos enseña que no sólo se deben estudiar los Evangelios, y que no es solamente la tradición apostólica, presente en los Hechos de los Apóstoles y en las Cartas, la que hay que comentar, sino que todo el Antiguo Testamento es indispensable para penetrar en la verdad y la riqueza de Cristo.[29] Las mismas páginas del Evangelio lo atestiguan: nos hablan de Jesús como Maestro que, para explicar su misterio, recurre a Moisés, a los profetas y a los Salmos (cf. Lc 4,16-21; 24,27.44-47). Incluso la predicación de Pedro y Pablo, en los Hechos, se fundamenta emblemáticamente en las antiguas Escrituras; sin ellas, no puede entenderse plenamente la figura del Hijo de Dios, el Mesías Salvador. El Antiguo Testamento no debe considerarse como un vasto repertorio de citas que demuestran el cumplimiento de las profecías en la persona de Jesús de Nazaret. En cambio, más radicalmente, sólo a la luz de las “figuras” veterotestamentarias es posible comprender plenamente el significado del acontecimiento de Cristo, cumplido en su muerte y resurrección. De ahí la necesidad de redescubrir, en la práctica catequética y en la predicación, así como en las discusiones teológicas, el aporte indispensable del Antiguo Testamento, que debe ser leído y asimilado como alimento precioso (cf. Ez 3,1-11; Ap 10,8-11).[30]

La dedicación total de Jerónimo a las Escrituras se manifestó en una forma de expresión apasionada, semejante a la de los antiguos profetas. De ellos sacaba nuestro Doctor su fuego interior, que se convertía en palabra impetuosa y explosiva (cf. Jr 5,14; 20,9; 23,29; Ml 3,2; Si 48,1; Mt 3,11; Lc 12,49), necesaria para expresar el celo ardiente del servidor de la causa de Dios. Siguiendo los pasos de Elías, Juan el Bautista e incluso el apóstol Pablo, el desdén ante la mentira, la hipocresía y las falsas doctrinas enciende el discurso de Jerónimo haciéndolo provocativo y aparentemente duro. La dimensión polémica de sus escritos se comprende mejor si se lee como una especie de calco y actualización de la tradición profética más auténtica. Jerónimo, por tanto, es un modelo de testimonio inflexible de la verdad, que asume la severidad del reproche para inducir a la conversión. En la intensidad de las locuciones e imágenes se manifiesta la valentía del siervo que no quiere agradar a los hombres sino sólo a su Señor (Ga 1,10), por quien ha consumido toda la energía espiritual.

El estudio de la Sagrada Escritura

El amor apasionado de san Jerónimo por las divinas Escrituras está impregnado de obediencia. En primer lugar respecto a Dios, que se ha comunicado con palabras que exigen una escucha reverente[31] y, en consecuencia, también la obediencia a quienes en la Iglesia representan la tradición interpretativa viva del mensaje revelado. Sin embargo, la “obediencia de la fe” (Rm 1,5; 16,26) no es una mera recepción pasiva de lo que es conocido; al contrario, requiere el compromiso activo de la investigación personal. Podemos considerar a san Jerónimo como un “servidor” de la Palabra, fiel y trabajador, completamente consagrado a favorecer en sus hermanos de fe una comprensión más adecuada del “depósito” sagrado que les ha sido confiado (cf. 1 Tm 6,20; 2 Tm 1,14). Si no se entiende lo escrito por los autores inspirados, la misma Palabra de Dios carece de eficacia (cf. Mt 13,19) y el amor a Dios no puede surgir.

Ahora bien, las páginas bíblicas no siempre son accesibles de inmediato. Como se dice en Isaías (29,11), incluso para aquellos que saben “leer” —es decir, que han tenido una formación intelectual suficiente— el libro sagrado aparece “sellado”, cerrado herméticamente a la interpretación. Por tanto, es necesario que intervenga un testigo competente para proporcionar la llave liberadora, la de Cristo Señor, único capaz de desatar los sellos y abrir el libro (cf. Ap 5,1-10), para revelar la prodigiosa efusión de la gracia (cf. Lc 4,17-21). Muchos entonces, incluso entre los cristianos practicantes, declaran abiertamente que no saben leer (cf. Is 29,12), no por analfabetismo, sino porque no están preparados para el lenguaje bíblico, sus modos expresivos y las tradiciones culturales antiguas, por lo que el texto bíblico resulta indescifrable, como si estuviera escrito en un alfabeto desconocido y en una lengua poco comprensible.

Se vuelve necesario, por tanto, la mediación del intérprete, ejerciendo su función “diaconal”, al ponerse al servicio de quienes no pueden comprender el sentido de lo escrito proféticamente. La imagen que se puede evocar, a este respecto, es la del diácono Felipe, impulsado por el Señor para ir en ayuda del eunuco que está leyendo un pasaje de Isaías en su carroza (53,7-8), pero sin poder comprender su significado: “¿Crees entender lo que estás leyendo?”, pregunta Felipe; y el eunuco responde: “¿Cómo voy a entender si nadie me lo explica?” (Hch 8,30-31).[32]

Jerónimo es nuestro guía sea porque, como lo hizo Felipe (cf. Hch 8,35), lleva a quien lee al misterio de Jesús, sea también porque asume responsable y sistemáticamente las mediaciones exegéticas y culturales necesarias para una lectura correcta y fecunda de la Sagrada Escritura[33]. La competencia en las lenguas en las que se transmitió la Palabra de Dios, el cuidadoso análisis y evaluación de los manuscritos, la investigación arqueológica precisa, además del conocimiento de la historia de la interpretación, en definitiva, todos los recursos metodológicos que estaban disponibles en su época histórica los supo utilizar armónica y sabiamente, para orientar hacia una comprensión correcta de la Escritura inspirada.

Una dimensión tan ejemplar de la actividad de san Jerónimo es muy importante incluso en la Iglesia de hoy. Como nos enseña la Dei Verbum, si la Biblia es “como el alma de la sagrada teología”[34] y la columna vertebral espiritual de la práctica religiosa cristiana[35], es indispensable que el acto interpretativo de la misma esté sostenido por competencias específicas.

A este propósito sirven ciertamente los centros especializados para la investigación bíblica —como el Pontificio Instituto Bíblico en Roma y L’École Biblique y el Studium Biblicum Franciscanum en Jerusalén— y patrística —como el Augustinianum en Roma—, pero también las Facultades de Teología deben esforzarse para que la enseñanza de la Sagrada Escritura esté programada de tal manera que se asegure a los estudiantes una capacidad interpretativa competente, tanto en la exégesis de los textos como en la síntesis de la teología bíblica. La riqueza de las Escrituras es desafortunadamente ignorada o minimizada por muchos, porque no se les han proporcionado las bases esenciales del conocimiento. Por tanto, junto a un incremento de los estudios eclesiásticos dirigidos a sacerdotes y catequistas, que valoricen de manera más adecuada la competencia en la Sagrada Escritura, se debe promover una formación extendida a todos los cristianos, para que cada uno sea capaz de abrir el libro sagrado y extraer los frutos inestimables de sabiduría, esperanza y vida.[36]

Aquí quisiera recordar lo que expresó mi predecesor en la Exhortación apostólica Verbum Domini: “La sacramentalidad de la Palabra se puede entender en analogía con la presencia real de Cristo bajo las especies del pan y del vino consagrados. […] Sobre la actitud que se ha de tener con respecto a la Eucaristía y la Palabra de Dios, dice san Jerónimo: ‘Nosotros leemos las Sagradas Escrituras. Yo pienso que el Evangelio es el Cuerpo de Cristo; yo pienso que las Sagradas Escrituras son su enseñanza. Y cuando él dice: «Quien no come mi carne y bebe mi sangre» (Jn 6,53), aunque estas palabras puedan entenderse como referidas también al Misterio [eucarístico], sin embargo, el cuerpo de Cristo y su sangre es realmente la palabra de la Escritura, es la enseñanza de Dios’’”.[37]

Lamentablemente, en muchas familias cristianas nadie se siente capaz —como en cambio está prescrito en la Torá (cf. Dt 6,6)— de dar a conocer a sus hijos la Palabra del Señor, con toda su belleza, con toda su fuerza espiritual. Por eso quise establecer el Domingo de la Palabra de Dios,[38] animando a la lectura orante de la Biblia y a la familiaridad con la Palabra de Dios.[39] Todas las demás manifestaciones de la religiosidad se enriquecerán así de sentido, estarán orientadas por una jerarquía de valores y se dirigirán a lo que constituye la cumbre de la fe: la adhesión plena al misterio de Cristo.

La Vulgata

El “fruto más dulce de la ardua siembra”[40] del estudio del griego y el hebreo, realizado por Jerónimo, es la traducción del Antiguo Testamento del hebreo original al latín. Hasta ese momento, los cristianos del imperio romano sólo podían leer la Biblia en griego en su totalidad. Mientras que los libros del Nuevo Testamento se habían escrito en griego, para los del Antiguo existía una traducción completa, la llamada Septuaginta (es decir, la versión de los Setenta) realizada por la comunidad judía de Alejandría alrededor del siglo II a.C. Para los lectores de lengua latina, sin embargo, no había una versión completa de la Biblia en su propio idioma, sino sólo algunas traducciones, parciales e incompletas, que procedían del griego. Jerónimo, y después de él sus seguidores, tuvieron el mérito de haber emprendido una revisión y una nueva traducción de toda la Escritura. Con el estímulo del papa Dámaso, Jerónimo comenzó en Roma la revisión de los Evangelios y los Salmos, y luego, en su retiro en Belén, empezó la traducción de todos los libros veterotestamentarios, directamente del hebreo; una obra que duró años.

Para completar este trabajo de traducción, Jerónimo hizo un buen uso de sus conocimientos de griego y hebreo, así como de su sólida formación latina, y utilizó las herramientas filológicas que tenía a su disposición, en particular las Hexaplas de Orígenes. El texto final combinó la continuidad en las fórmulas, ahora de uso común, con una mayor adherencia al estilo hebreo, sin sacrificar la elegancia de la lengua latina. El resultado es un verdadero monumento que ha marcado la historia cultural de Occidente, dando forma al lenguaje teológico. Superados algunos rechazos iniciales, la traducción de Jerónimo se convirtió inmediatamente en patrimonio común tanto de los eruditos como del pueblo cristiano, de ahí el nombre de Vulgata.[41] La Europa medieval aprendió a leer, orar y razonar en las páginas de la Biblia traducidas por Jerónimo. “La Sagrada Escritura se ha convertido así en una especie de ‘inmenso vocabulario ‘(P. Claudel) y de ‘Atlas iconográfico’ (M. Chagall) del que se han nutrido la cultura y el arte cristianos”.[42] La literatura, las artes e incluso el lenguaje popular se han inspirado constantemente en la versión jeronimiana de la Biblia, dejándonos tesoros de belleza y devoción.

En relación a este hecho indiscutible, el Concilio de Trento estableció el carácter “auténtico” de la Vulgata en el decreto Insuper, rindiendo homenaje al uso secular que la Iglesia había hecho de ella y certificando su valor como instrumento de estudio, predicación y discusión pública.[43] Sin embargo, no pretendía minimizar la importancia de las lenguas originales, como no dejaba de recordar Jerónimo, ni mucho menos prohibir nuevos trabajos de traducción integral en el futuro. San Pablo VI, asumiendo el mandato de los Padres del Concilio Vaticano II, quiso que la revisión de la traducción de la Vulgata se completara y se pusiera a disposición de toda la Iglesia. Así es como san Juan Pablo II, en la Constitución apostólica Scripturarum thesaurus,[44] promulgó en 1979 la edición típica llamada Neovulgata.

La traducción como inculturación

Con su traducción, Jerónimo logró “inculturar” la Biblia en la lengua y la cultura latina, y esta obra se convirtió en un paradigma permanente para la acción misionera de la Iglesia. En efecto, “cuando una comunidad acoge el anuncio de la salvación, el Espíritu Santo fecunda su cultura con la fuerza transformadora del Evangelio”[45], y de este modo se establece una especie de circularidad: así como la traducción de Jerónimo está en deuda con la lengua y la cultura de los clásicos latinos, cuyas huellas son claramente visibles, así ella, con su lengua y su contenido simbólico y de imágenes, se ha convertido a su vez en un elemento creador de cultura.

El trabajo de traducción de Jerónimo nos enseña que los valores y las formas positivas de cada cultura representan un enriquecimiento para toda la Iglesia. Los diferentes modos en que la Palabra de Dios se anuncia, se comprende y se vive con cada nueva traducción enriquecen la Escritura misma, puesto que —según la conocida expresión de Gregorio Magno— crece con el lector,[46] recibiendo a lo largo de los siglos nuevos acentos y nueva sonoridad. La inserción de la Biblia y del Evangelio en las diferentes culturas hace que la Iglesia se manifieste cada vez más como “sponsa ornata monilibus suis” (Is 61,10). Y atestigua, al mismo tiempo, que la Biblia necesita ser traducida constantemente a las categorías lingüísticas y mentales de cada cultura y de cada generación, incluso en la secularizada cultura global de nuestro tiempo.[47]

Ha sido recordado, con razón, que es posible establecer una analogía entre la traducción, como acto de hospitalidad lingüística, y otras formas de hospitalidad.[48] Por eso, la traducción no es un trabajo que concierne únicamente al lenguaje, sino que corresponde, de hecho, a una decisión ética más amplia, que está relacionada con toda la visión de la vida. Sin traducción, las diferentes comunidades lingüísticas no podrían comunicarse entre sí; nosotros cerraríamos las puertas de la historia y negaríamos la posibilidad de construir una cultura del encuentro.[49] En efecto, sin traducción no hay hospitalidad y se fortalecen las acciones de hostilidad. El traductor es un constructor de puentes. ¡Cuántos juicios temerarios, cuántas condenas y conflictos surgen del hecho de ignorar el idioma de los demás y de no esforzarnos, con tenaz esperanza, en esta prueba infinita de amor que es la traducción!

Jerónimo también tuvo que oponerse al pensamiento dominante de su época. Si en los albores del imperio romano, el saber griego era relativamente común, en ese momento ya era una rareza. Sin embargo, llegó a ser uno de los mejores conocedores de la lengua y literatura griega cristiana y se embarcó solo en un viaje aún más arduo cuando se dedicó al estudio del hebreo. Como fue escrito, si “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”,[50] podemos decir que le debemos al poliglotismo de san Jerónimo una comprensión más universal del cristianismo y, al mismo tiempo, más acorde con sus fuentes.

Con la celebración del centenario de la muerte de san Jerónimo, nuestra mirada se vuelve hacia la extraordinaria vitalidad misionera expresada por la traducción de la Palabra de Dios a más de tres mil idiomas. Muchos son los misioneros a quienes debemos la preciosa labor de publicar gramáticas, diccionarios y otras herramientas lingüísticas que ofrecen las bases de la comunicación humana y son un vehículo del “sueño misionero de llegar a todos”.[51] Es necesario valorar todo este trabajo e invertir en él, contribuyendo a superar las fronteras de la incomunicabilidad y de la falta de encuentro. Todavía queda mucho por hacer. Como ha sido afirmado, no existe comprensión sin traducción;[52] no nos comprenderemos a nosotros mismos, ni a los demás.

Jerónimo y la cátedra de Pedro

Jerónimo siempre tuvo una relación especial con la ciudad de Roma: Roma es el puerto espiritual al que regresó continuamente; en Roma se formó el humanista y se forjó el cristiano; él era homo romanus. Este vínculo se daba, de manera muy peculiar, en la lengua de la Urbe, el latín, del que fue maestro y conocedor, pero estuvo sobre todo vinculado a la Iglesia de Roma y, en especial, a la cátedra de Pedro. La tradición iconográfica, de manera anacrónica, lo representaba con la púrpura cardenalicia, para señalar su pertenencia al presbiterio de Roma junto al papa Dámaso. Fue en Roma donde comenzó la revisión de la traducción; e incluso cuando la envidia y la incomprensión lo obligaron a abandonar la ciudad, siempre permaneció fuertemente vinculado a la cátedra de Pedro.

Para Jerónimo, la Iglesia de Roma era el terreno fértil donde la semilla de Cristo da fruto abundante.[53] En una época agitada, en la que la túnica inconsútil de la Iglesia se veía a menudo desgarrada por las divisiones entre los cristianos, Jerónimo consideraba la cátedra de Pedro como un punto de referencia seguro: “Yo, que no sigo más primacía que la de Cristo, me uno por la comunión a tu beatitud, es decir, a la cátedra de Pedro. Sé que la Iglesia está edificada sobre esa roca”. En medio de las disputas contra los arrianos, escribió a Dámaso: “Quien no recoge contigo, desparrama; es decir, el que no es de Cristo es del anticristo”.[54] Por eso podía afirmar también: “El que se adhiera a la cátedra de Pedro es mío”.[55]

Jerónimo a menudo se vio involucrado en discusiones ásperas a causa de la fe. Su amor por la verdad y la ardiente defensa de Cristo quizá lo llevaron a exagerar la violencia verbal en sus cartas y escritos. Sin embargo, vivía orientado a la paz: “También nosotros queremos la paz, y no sólo la queremos, sino que la pedimos suplicantes. Pero la paz de Cristo, la paz verdadera, una paz sin enemistades, una paz que no lleve escondida la guerra, una paz que no esclavice a los adversarios, sino que los una como amigos”.[56]

Nuestro mundo necesita más que nunca la medicina de la misericordia y la comunión. Permítanme repetir una vez más: Demos un testimonio de comunión fraterna que sea atractivo y luminoso.[57] “En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros” (Jn 13,35). Es lo que pidió intensamente Jesús con su oración al Padre: “Para que todos sean uno […] en nosotros, para que el mundo crea” (Jn 17,21).

Amar lo que Jerónimo amó

Como conclusión de esta Carta, quisiera hacer un nuevo llamamiento a todos. Entre los muchos elogios que la posteridad le rinde a san Jerónimo está el de no ser considerado solamente uno de los más grandes estudiosos de la “biblioteca” de la que el cristianismo se nutre a lo largo del tiempo, comenzando por el tesoro de las Sagradas Escrituras; sino que también se le puede aplicar lo que él mismo escribió sobre Nepociano: “Por la asidua lectura y la meditación prolongada, había hecho de su corazón una biblioteca de Cristo”.[58] Jerónimo no escatimó esfuerzos para enriquecer su biblioteca, en la que siempre vio un laboratorio indispensable para la comprensión de la fe y la vida espiritual; y en esto constituye un maravilloso ejemplo también para el presente. Pero, además, fue más lejos. Para él, el estudio no se limitaba a sus primeros años juveniles de formación, sino que era un compromiso constante, una prioridad de todos los días de su vida. En definitiva, podemos decir que asimiló toda una biblioteca y se convirtió en dispensador de conocimiento para muchos otros. Postumiano, que en el siglo IV viajó a Oriente para descubrir los movimientos monásticos, fue testigo ocular del estilo de vida de Jerónimo, con quien permaneció unos meses, y lo describió de la siguiente manera: “Él es todo en la lectura, todo en los libros; no descansa ni de día ni de noche; siempre lee o escribe algo”.[59]

En este sentido, a menudo pienso en la experiencia que puede tener un joven hoy al entrar en una librería de su ciudad, o en una página de internet, y buscar el sector de libros religiosos. Es un espacio que, cuando existe, en la mayoría de los casos no sólo es marginal, sino carente de obras sustanciales. Al examinar esos estantes, o esas páginas en la red, es difícil para un joven comprender cómo la investigación religiosa pueda ser una aventura emocionante que une pensamiento y corazón; cómo la sed de Dios haya encendido grandes mentes a lo largo de los siglos hasta hoy; cómo la maduración de la vida espiritual haya contagiado a teólogos y filósofos, artistas y poetas, historiadores y científicos. Uno de los problemas actuales, no sólo de religión, es el analfabetismo: escasean las competencias hermenéuticas que nos hagan intérpretes y traductores creíbles de nuestra propia tradición cultural. Deseo lanzar un desafío, de modo particular, a los jóvenes: Vayan en busca de su herencia. El cristianismo los convierte en herederos de un patrimonio cultural insuperable del que deben tomar posesión. Apasiónense de esta historia, que es de ustedes. Atrévanse a fijar la mirada en Jerónimo, ese joven inquieto que, como el personaje de la parábola de Jesús, vendió todo lo que tenía para comprar “la perla de gran valor” (Mt 13,46).

Verdaderamente, Jerónimo es la “biblioteca de Cristo”, una biblioteca perenne que dieciséis siglos después sigue enseñándonos lo que significa el amor de Cristo, un amor que no se puede separar del encuentro con su Palabra. Por esta razón, el centenario actual representa una llamada a amar lo que Jerónimo amó, redescubriendo sus escritos y dejándonos tocar por el impacto de una espiritualidad que puede describirse, en su núcleo más vital, como el deseo inquieto y apasionado de un conocimiento más profundo del Dios de la Revelación. ¿Cómo no escuchar, en nuestros días, lo que Jerónimo exhortaba incesantemente a sus contemporáneos: “Lee muy a menudo las Divinas Escrituras, o mejor, nunca el texto sagrado se te caiga de las manos”[60]

Un ejemplo luminoso es la Virgen María, evocada por Jerónimo sobre todo como madre virginal, pero también en su actitud de lectora orante de la Escritura. María meditaba en su corazón (cf. Lc 2,19.51) porque “era santa y había leído las Sagradas Escrituras, conocía a los profetas y recordaba lo que el ángel Gabriel le había anunciado y lo que se le había augurado por boca de los profetas. […] Veía a Aquel recién nacido, que era su Hijo, su único Hijo, acostado y dando vagidos, en ese pesebre, pero a quien en realidad estaba viendo allí acostado era al Hijo de Dios; y lo que ella estaba viendo andaba comparándolo con cuanto había oído y leído”.[61] Encomendémonos a ella, que mejor que nadie puede enseñarnos a leer, meditar, rezar y contemplar a Dios, que se hace presente en nuestra vida sin cansarse jamás.

 

Roma, San Juan de Letrán, 30 de septiembre, memoria de san Jerónimo, del año 2020, octavo de mi pontificado.

FRANCISCO

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[1] “Deus qui beato Hieronymo presbitero suavem et vivum Scripturae Sacrae affectum tribuisti, da, ut populus tuus verbo tuo uberius alatur et in eo fontem vitae inveniet” (Collecta Missae Sancti Hieronymi, Missale Romanum, editio typica tertia, Civitas Vaticana 2002). Traducción en lengua española: “Oh, Dios, que concediste al presbítero san Jerónimo un amor suave y vivo a la Sagrada Escritura, haz que tu pueblo se alimente de tu palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de la vida” (Oración colecta Memoria litúrgica de san Jerónimo, Misal Romano, Madrid 2017).

[2] Epistula (en adelante: Ep.) 22, 30: CSEL 54, 190.

[3] AAS 12 (1920), 385-423.

[4] Cf. Audiencias Generales 7 y 14 noviembre 2007: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (9 noviembre 2007), p. 12; ibíd. (16 noviembre 2007), p. 16.

[5] Sínodo de los Obispos, Mensaje al Pueblo de Dios de la XII Asamblea general ordinaria (24 octubre 2008).

[6] Cf. AAS 102 (2010), 681-787.

[7] Chronicum 374: PL 27, 697-698.

[8] Ep. 125, 12: CSEL 56, 131.

[9] Cf. Ep. 122, 3: CSEL 56, 63.

[10] Cf. Homilía en la Santa Misa, Domus Sanctae Marthae (10 diciembre 2015): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (18 diciembre 2015), p. 13. La anécdota se encuentra en A. Louf, Sotto la guida dello Spirito, Qiqaion, Magnano (BI) 1990, 154-155.

© Librería Editorial Vaticana

 

SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS*

Memoria

— Existencia.

— Continuos servicios que nos prestan los Ángeles Custodios.

— Tratarlos como a amigos entrañables.

I. Ángeles del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos1.

Los Ángeles aparecen frecuentemente en la Sagrada Escritura como ministros ordinarios de Dios. Son las criaturas más perfectas de la Creación, penetran con su inteligencia donde nosotros no podemos, y contemplan cara a cara a Dios, como criaturas ya glorificadas.

En los momentos más importantes de la historia humana, un ángel, manifestándose a veces en forma corpórea, ha sido embajador de Dios para anunciar sus designios, para señalar un camino, para comunicar la voluntad divina. Los vemos constantemente actuar como mensajeros del Altísimo, iluminando, exhortando, intercediendo, preservando del peligro, castigando. El mismo significado de la palabra Ángel enviado expresa su función de mensajero de Dios ante los hombres2. Siempre recibieron veneración y respeto en el Pueblo elegido. ¿Acaso no son todos ellos espíritus destinados al servicio, enviados para asistir a los que han de heredar la salvación?3.

La fe en esta misión protectora de los ángeles, vinculados a personas particulares, es lo que hizo exclamar a Israel, en el momento de bendecir a sus nietos, los hijos de José: que el Ángel que me ha librado de todo mal, bendiga a estos niños4. Y la Primera lectura de la Misa5 recoge las palabras del Señor a Moisés, que hoy podemos ver como dirigidas a cada uno de nosotros: Yo mandaré un Ángel ante ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto. Y el Profeta Eliseo dirá a su sirviente, asustado al ver los enemigos que les rodeaban por todas partes: Nada temas, que los que están con nosotros son más que los que están con ellos. Eliseo oró y dijo: ¡Oh Yahvé!, ábrele los ojos para que vea. Y Yahvé abrió los ojos del siervo, y vio la montaña llena de caballos y carros de fuego que rodeaban a Eliseo6. ¡Qué seguridad nos tiene que dar la presencia en nuestra vida de los Ángeles Custodios! Ellos nos consuelan, nos iluminan, pelean en favor nuestro: en lo más duro del combate se le aparecieron en el cielo a los adversarios cinco varones resplandecientes, montados en caballos con frenos de oro, que poniéndose a la cabeza de los judíos y tomando dos de ellos en medio al Macabeo, le protegían con sus armas, le guardaban incólume y lanzaban flechas y rayos contra el enemigo, que, herido de ceguera y espanto, caía7. De formas y modos muy diferentes, los santos ángeles intervienen todos los días en nuestra vida corriente. ¡Qué providencia tan singular y llena de bondad y cuánta solicitud la de Dios con nosotros, sus hijos, a través de estos santos protectores! Busquemos en ellos fortaleza en la lucha ascética ordinaria y ayuda para que enciendan en nuestros corazones las llamas del Amor de Dios.

II. Delante de los ángeles tañeré para Ti, Dios mío8.

La vida y la enseñanza de Jesús está poblada de la presencia ministerial de los ángeles. Gabriel comunica a María que va a ser Madre del Salvador. Un ángel ilumina y serena el alma de José; también hay ángeles que anuncian el Nacimiento de Jesús a los pastores de Belén. La huida a Egipto, las tentaciones del Señor en el desierto, los sufrimientos de Getsemaní, la Resurrección y la Ascensión son presenciadas igualmente por estos servidores de Dios, que, a su vez, velan constantemente por la Iglesia y por cada uno de sus miembros, como atestiguan los Hechos de los Apóstoles9 y la Tradición primitiva. En verdad os digo que veréis abrirse los cielos y a los ángeles de Dios subiendo y bajando sobre el Hijo del Hombre10.

Muchos santos y muchas almas que han estado muy cerca de Dios se distinguieron en su vida aquí en la tierra por su amistad con su Ángel Custodio, al que acudían muy frecuentemente11. San Josemaría Escrivá tuvo una particular devoción a los Ángeles Custodios. Y precisamente en la fiesta que hoy celebra la Iglesia, el Señor le hizo ver con toda claridad la fundación del Opus Dei, a través del cual resonaría en gentes de toda condición humana y social la llamada a la santidad en el mundo, en medio de sus quehaceres, a través de las circunstancias en las que se desarrolla una vida normal. Trataba a su Ángel Custodio y saludaba al de la persona con la que conversaba12, decía del Ángel Custodio que era «un gran cómplice» en las tareas apostólicas, y le pedía también favores materiales. En una época de su vida, le llamó en alguna ocasión mi relojerico, pues su reloj se le paraba con frecuencia y, careciendo del dinero necesario para arreglarlo, le encargaba que lo pusiera en marcha13. Dedicaba un día de la semana el martes a tratarle con más empeño14. En cierta ocasión, viviendo en Madrid, en medio de un ambiente de persecución religiosa, difícil y agresivamente anticlerical, se le abalanzó en la calle un sujeto de mal aspecto con clara intención de agredirle. De improviso, se interpuso inexplicablemente otra persona, que repelió al agresor. Fue cosa de un instante. Ya a salvo, su protector, acercándose, le dijo quedamente al oído: «¡burrito sarnoso, burrito sarnoso!», palabras con las que San Josemaría Escrivá se definía a sí mismo, con humildad, en la intimidad de su alma, y que solo conocía su confesor. La paz y el gozo de reconocer la visible intervención de su Custodio le llenaron el alma15. «Te pasmas escribía más tarde- porque tu Ángel Custodio te ha hecho servicios patentes. Y no debías pasmarte: para eso le colocó el Señor junto a ti»16. Hoy puede ser un día para reafirmar nuestra devoción al Ángel Custodio, pues es mucha la necesidad que tenemos de él: Oh Dios, que en tu providencia amorosa te has dignado enviar para nuestra custodia a tus santos ángeles le decimos al Señor con una oración de la Liturgia de la Misa, concédenos, atento a nuestras súplicas, vernos siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía17.

III. A sus ángeles ha dado orden para que te guarden en tus caminos... Y comenta San Bernardo en una de las lecturas de la Liturgia de las Horas de hoy: «Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia, deben infundirte una gran devoción y conferirte una gran confianza. Reverencia por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia. Porque ellos estarán junto a ti, y lo están para tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo. Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos de estarles menos agradecidos, pues cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes»18.

Te llevarán en sus manos para que no tropiece tu pie en piedra alguna19. Nos sostienen en sus manos como un preciado tesoro que Dios les ha encomendado. Como los hermanos mayores cuidan de los pequeños, así los ángeles nos asisten a nosotros hasta introducirnos felizmente en la casa paterna. Entonces habrán cumplido su misión. Nuestro trato con el Ángel Custodio ha de tener un carácter amistoso, que reconozca a la vez su superioridad en naturaleza y gracia. Aunque su presencia sea menos sensible que la de un amigo de la tierra, su eficacia es mucho mayor. Sus consejos y sugerencias vienen de Dios y penetran más profundamente que la voz humana. Y, a la vez, su capacidad para oírnos y comprendernos es muy superior a la del amigo más fiel; no solo porque su permanencia a nuestro lado es continua, sino porque entra más hondo en nuestras intenciones, deseos y peticiones. El Ángel puede llegar a nuestra imaginación directamente sin palabra alguna, suscitando imágenes, recuerdos, impresiones, que nos señalan el camino a seguir. ¡Cuántas veces nos habrán ayudado a continuar nuestro camino como a Elías que, perseguido por Jezabel, se disponía a morir, tal era su cansancio, bajo un arbusto del trayecto! Es bien seguro que nuestro Ángel, como el de Elías, se acercará a nosotros y nos hará entender: levántate y come porque te queda todavía mucho camino20.

Nunca nos sentiremos solos si nos acostumbramos a tratar a ese amigo fiel y generoso, con el que podemos conversar familiarmente21. Él, además, une su oración a la nuestra y la presenta a Dios22. Es necesario, sin embargo, que mentalmente le hablemos, porque no puede penetrar en nuestro entendimiento como lo hace Dios. Y entonces, él podrá deducir de nuestro interior más de lo que nosotros mismos somos capaces. «No podemos tener la pretensión de que los Ángeles nos obedezcan... Pero tenemos la absoluta seguridad de que los Santos Ángeles nos oyen siempre»23. Ya es suficiente.

Nuestro Ángel Custodio nos acompañará hasta el final del camino y, si somos fieles, con él contemplaremos a Nuestra Señora, Reina de los ángeles, a quien todos alaban en una eternidad sin fin. A ese coro angélico, con la ayuda de la gracia, nos uniremos también nosotros.

1 Antífona de entrada. Dan 3, 58. — 2 cfr. Juan Pablo II, Audiencia general 30-VII-1986. — 3 Heb 1, 14. — 4 Gen 48, 16. — 5 Ex 23, 20-23. — 6 4 Rey 6, 16-17. — 7 4 Rey 10, 29-30. — 8 Antífona de comunión — 9 Hch 5, 19-20; 12, 7-17. — 10 Jn 1, 51. — 11 Cfr. G. Huber, Mi ángel marchará delante de ti, Palabra, 7.ª ed., Madrid 1985, pp. 33 y ss. — 12 A. Vázquez de Prada, El fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid 1983, p. 121. — 13 Ibídem. — 14 Ibídem, p. 502, nota 40. — 15 Cfr. ibídem, p. 136 — 16 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 565. — 17 Oración colecta. — 18 Liturgia de las Horas, Segunda lectura, San Bernardo, Sermón 12 sobre el Salmo «Qui habitat», 3, 6-8. — 19 Sal 90, 12. — 20 1 Rey 19, 7, — 21 Cfr. Tanquerey, Compendio de Teología ascética y mística, Palabra, Madrid 1990, n. 187, pp. 131-132. — 22 Cfr. Orígenes, Contra Celso, 5, 4. — 23 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 339.

La devoción a los Ángeles Custodios está atestiguada desde los mismos comienzos del Cristianismo. La fiesta con carácter universal para toda la Iglesia fue instituida por el Papa Clemente X en el siglo xvii. Los Ángeles Custodios son los mensajeros del Señor encargados de velar por cada uno de nosotros, protegiendo nuestro camino en la tierra y compartiendo con los cristianos el afán apostólico de acercar las almas a Dios.

 

 

2 de octubre: Santos ángeles

Evangelio del día de los Santos Ángeles Custodios y comentario al evangelio de la Misa

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Mt 18,1-5.10)

En aquella ocasión se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

— ¿Quién piensas que es el mayor en el Reino de los Cielos?

Entonces llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo:

— En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Pues todo el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos; y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Guardaos de despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en los cielos están viendo siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.


Comentario

Nos cuenta el evangelio de hoy que en una ocasión, cuando Jesús estaba con sus discípulos, “llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos” (vv. 2-4). Cuando Jesús habla de hacerse como niños no está diciendo una ingenuidad, ni hablando en un lenguaje meramente figurado, sino que está desvelando una realidad profunda que ayuda al hombre a penetrar en su propio misterio, que le hace caer en la cuenta de la importancia de los valores que cada ser humano trae consigo al mundo y que se expresan espontáneamente en su infancia. La pérdida de la sencillez, la sinceridad, el amor candoroso, la capacidad de admirarse ante la grandeza o la belleza de las cosas, la confianza y tantos otros valores que son propios de la condición infantil no supone un logro de la madurez, sino una limitación que conviene restaurar.

Jesús, cuando hablaba del amor de Dios Padre por los niños y por los que se hacen como niños, señaló: “Guardaos de despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en los cielos están viendo siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos” (v. 10). “Fundada en éste y en otros textos inspirados –recordaba Mons. Javier Echevarría-, la Iglesia enseña que ‘desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión’[1]. Y hace suya una afirmación frecuente en los escritos de los Padres de la Iglesia: ‘Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducir su vida’[2]. De entre los espíritus celestiales, los ángeles custodios han sido colocados por Dios al lado de cada hombre y de cada mujer. Son nuestros cercanos amigos y aliados en la pelea que nos enfrenta –como afirma la Escritura– a las insidias del diablo”[3]. Por eso San Josemaría recomienda: “acude a tu Custodio, a la hora de la prueba, y te amparará contra el demonio y te traerá santas inspiraciones”[4].

En un día como hoy, el dos de octubre de 1928, día de los ángeles custodios, nació el Opus Dei. Quiso Dios poner en el corazón bien dispuesto de san Josemaría, la inquietud divina de hacer llegar a todo el mundo una llamada universal a buscar la santidad en su vida ordinaria, santificando las realidades profesionales y familiares de la vida cotidiana.

Cada año, en esta fecha, su corazón se alzaba con sencillez infantil al Señor en acción de gracias y acudía a su ángel custodio para que le ayudara a tratar a Dios con plena intimidad, con toda su mente y todo su corazón. “Esta mañana –escribía el 2 de octubre de 1931, tres años después- me metí más con mi Ángel. Le eché piropos y le dije que me enseñe a amar a Jesús, siquiera, siquiera, como le ama él”[5]. Y su oración discurrió por un cauce profundo y sereno: “¡Qué cosas más pueriles le dije a mi Señor! Con la confiada confianza de un niño que habla al Amigo Grande, de cuyo amor está seguro: Que yo viva sólo para tu Obra –le pedí–, que yo viva sólo para tu Gloria, que yo viva sólo para tu Amor [...]. Recordé y reconocí lealmente que todo lo hago mal: eso, Jesús mío, no puede llamarte la atención: es imposible que yo haga nada a derechas. Ayúdame Tú, hazlo Tú por mí y verás qué bien sale. Luego, audazmente y sin apartarme de la verdad, te digo: empápame, emborráchame de tu Espíritu y así haré tu Voluntad. Quiero hacerla. Si no la hago es... que no me ayudas. Y hubo afectos de amor para mi Madre y mi Señora, y me siento ahora mismo muy hijo de mi Padre-Dios”[6].


[1] Catecismo de la Iglesia Católica, 336.

[2] San Basilio, Contra Eunomio 3, 1 (PG 29, 656B).

[3] Javier Echevarría, Carta 1.X.2010.

[4] S. Josemaría, Camino, 567.

[5] San Josemaría, Apuntes íntimos, Cuaderno 4, 307, 2-X-1931

[6] Ibidem.

 

 

“El trabajo es camino de santificación”

La conversión es cosa de un instante. -La santificación es obra de toda la vida. (Camino, 285)

2 de octubreEl Opus Dei se propone promover entre personas de todas las clases de la sociedad el deseo de la perfección cristiana en medio del mundo. Es decir, el Opus Dei pretende ayudar a las personas que viven en el mundo –al hombre corriente, al hombre de la calle–, a llevar una vida plenamente cristiana, sin modificar su modo normal de vida, ni su trabajo ordinario, ni sus ilusiones y afanes.

Por eso, en frase que escribí hace ya muchos años, se puede decir que el Opus Dei es viejo como el Evangelio y como el Evangelio nuevo. Es recordar a los cristianos las palabras maravillosas que se leen en el Génesis: que Dios creó al hombre para que trabajara. Nos hemos fijado en el ejemplo de Cristo, que se pasó la casi totalidad de su vida terrena trabajando como un artesano en una aldea. El trabajo no es sólo uno de los más altos de los valores humanos y medio con el que los hombres deben contribuir al progreso de la sociedad: es también camino de santificación. (...)

El Opus Dei es una organización internacional de laicos, a la que pertenecen también sacerdotes seculares (una exigua minoría en comparación con el total de socios). Sus miembros son personas que viven en el mundo, en el que ejercen su profesión u oficio. Al acudir al Opus Dei no lo hacen para abandonar ese trabajo, sino al contrario buscando una ayuda espiritual con el fin de santificar su trabajo ordinario, convirtiéndolo también en medio para santificarse o para ayudar a los demás a santificarse. No cambian de estado –siguen siendo solteros, casados, viudos o sacerdotes–, sino que procuran servir a Dios y a los demás hombres dentro de su propio estado. Al Opus Dei no le interesan ni votos ni promesas, lo que pide de sus socios es que, en medio de las deficiencias y errores propios de toda vida humana, se esfuercen por practicar las virtudes humanas y cristianas, sabiéndose hijos de Dios. (Conversaciones, 24)

 

 

«La ternura es la señal propia de la presencia de Jesús»

El Papa Francisco ha resaltado que en un contexto como el de la pandemia hay que ir “con la mirada fija en Jesús”. “Estamos llamados a construir la normalidad del Reino de Dios: donde el pan llega a todos y sobra, y la organización social se basa en contribuir, compartir y distribuir”.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA30/09/2020

Queridos hermanos y hermanas:

En las semanas pasadas, hemos reflexionado juntos, a la luz del Evangelio, sobre cómo sanar al mundo que sufre por un malestar que la pandemia ha evidenciado y acentuado. El malestar estaba: la pandemia lo ha evidenciado más, lo ha acentuado.

Hemos recorrido los caminos de la dignidad, de la solidaridad y de la subsidiariedad, caminos indispensables para promover la dignidad humana y el bien común. Y como discípulos de Jesús, nos hemos propuesto seguir sus pasos optando por los pobres, repensando el uso de los bienes y cuidando la casa común.

NOS HEMOS ANCLADO EN LOS PRINCIPIOS DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, DEJÁNDONOS GUIAR POR LA FE, LA ESPERANZA Y LA CARIDAD

En medio de la pandemia que nos aflige, nos hemos anclado en los principios de la doctrina social de la Iglesia, dejándonos guiar por la fe, la esperanza y la caridad. Aquí hemos encontrado una ayuda sólida para ser trabajadores de transformaciones que sueñan en grande, no se detienen en las mezquindades que dividen y hieren, sino que animan a generar un mundo nuevo y mejor.

Quisiera que este camino no termine con estas catequesis mías, sino que se pueda continuar caminando juntos, teniendo «fijos los ojos en Jesús» (Hb 12, 2), como hemos escuchado al principio; la mirada en Jesús que salva y sana al mundo.

Como nos muestra el Evangelio, Jesús ha sanado a enfermos de todo tipo (cfr. Mt 9, 35), ha dado la vista a los ciegos, la palabra a los mudos, el oído a los sordos. Y cuando sanaba las enfermedades y las dolencias físicas, sanaba también el espíritu perdonando los pecados, porque Jesús siempre perdona, así como los “dolores sociales” incluyendo a los marginados (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 1421). Jesús, que renueva y reconcilia a cada criatura (cfr. 2 Cor 5, 17; Col 1, 19-20), nos regala los dones necesarios para amar y sanar como Él sabía hacerlo (cfr. Lc 10, 1-9; Jn 15, 9-17), para cuidar de todos sin distinción de raza, lengua o nación.

NECESITAMOS CONTEMPLAR Y APRECIAR LA BELLEZA DE CADA SER HUMANO Y DE CADA CRIATURA

Para que esto suceda realmente, necesitamos contemplar y apreciar la belleza de cada ser humano y de cada criatura. Hemos sido concebidos en el corazón de Dios (cfr. Ef 1, 3-5). «Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno de nosotros es amado, cada uno es necesario»[1].

Además, cada criatura tiene algo que decirnos de Dios creador (cfr. Enc. Laudato si’69239). Reconocer tal verdad y dar las gracias por los vínculos íntimos de nuestra comunión universal con todas las personas y con todas las criaturas, activa «un cuidado generoso y lleno de ternura» (ibid., 220). Y nos ayuda también a reconocer a Cristo presente en nuestros hermanos y hermanas pobres y sufrientes, a encontrarles y escuchar su clamor y el clamor de la tierra que se hace eco (cfr. ibid., 49).

Interiormente movilizados por estos gritos que nos reclaman otra ruta (cfr. ibid., 53), reclaman cambiar, podremos contribuir a la nueva sanación de las relaciones con nuestros dones y nuestras capacidades (cfr. ibid., 19). Podremos regenerar la sociedad y no volver a la llamada “normalidad”, que es una normalidad enferma, en realidad enferma antes de la pandemia: ¡la pandemia lo ha evidenciado! “Ahora volvemos a la normalidad”: no, esto no va porque esta normalidad estaba enferma de injusticias, desigualdades y degrado ambiental. La normalidad a la cual estamos llamados es la del Reino de Dios, donde «los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncian a los pobres la Buena Nueva» (Mt 11, 5). Y nadie se hace pasar por tonto mirando a otro lado. Esto es lo que debemos hacer, para cambiar.

LA NORMALIDAD A LA CUAL ESTAMOS LLAMADOS ES LA DEL REINO DE DIOS

En la normalidad del Reino de Dios el pan llega a todos y sobra, la organización social se basa en el contribuir, compartir y distribuir, no en el poseer, excluir y acumular (cfr. Mt 14, 13-21). El gesto que hace ir adelante a una sociedad, una familia, un barrio, una ciudad, todos, es el de darse, dar, que no es dar una limosna, sino que es un darse que viene del corazón. Un gesto que aleja el egoísmo y el ansia de poseer. Pero la forma cristiana de hacer esto no es una forma mecánica: es una forma humana.

Nosotros no podremos salir nunca de la crisis que se ha evidenciado por la pandemia, mecánicamente, con nuevos instrumentos —que son importantísimos, nos hacen ir adelante y de los cuales no hay que tener miedo—, sino sabiendo que los medios más sofisticados podrán hacer muchas cosas pero una cosa no la podrán hacer: la ternura. Y la ternura es la señal propia de la presencia de Jesús. Ese acercarse al prójimo para caminar, para sanar, para ayudar, para sacrificarse por el otro.

Así es importante esa normalidad del Reino de Dios: que el pan llegue a todos, que la organización social se base en el contribuir, compartir y distribuir, con ternura, no en el poseer, excluir y acumular. ¡Porque al final de la vida no llevaremos nada a la otra vida!

Un pequeño virus sigue causando heridas profundas y desenmascara nuestras vulnerabilidades físicas, sociales y espirituales. Ha expuesto la gran desigualdad que reina en el mundo: desigualdad de oportunidades, de bienes, de acceso a la sanidad, a la tecnología, a la educación: millones de niños no pueden ir al colegio, y así sucesivamente la lista.

NECESITAMOS ENCONTRAR LA CURA TAMBIÉN PARA LOS GRANDES VIRUS HUMANOS Y SOCIOECONÓMICOS

Estas injusticias no son naturales ni inevitables. Son obras del hombre, provienen de un modelo de crecimiento desprendido de los valores más profundos. El derroche de la comida que sobra: con ese derroche se puede dar de comer a todos. Y esto ha hecho perder la esperanza en muchos y ha aumentado la incertidumbre y la angustia.

Por esto, para salir de la pandemia, tenemos que encontrar la cura no solamente para el coronavirus —¡que es importante!—, sino también para los grandes virus humanos y socioeconómicos. No hay que esconderlos, haciendo una capa de pintura para que no se vean. Y ciertamente no podemos esperar que el modelo económico que está en la base de un desarrollo injusto e insostenible resuelva nuestros problemas. No lo ha hecho y no lo hará, porque no puede hacerlo, incluso si ciertos falsos profetas siguen prometiendo “el efecto cascada” que no llega nunca[2].

Habéis escuchado vosotros, el teorema del vaso: lo importante es que el vaso se llene y así después cae sobre los pobres y sobre los otros, y reciben riquezas. Pero esto es un fenómeno: el vaso empieza a llenarse y cuando está casi lleno crece, crece y crece y no sucede nunca la cascada. Es necesario estar atentos.

UNA SOCIEDAD PARTICIPATIVA REFUERZA LA COMUNIÓN

Tenemos que ponernos a trabajar con urgencia para generar buenas políticas, diseñar sistemas de organización social en la que se premie la participación, el cuidado y la generosidad, en vez de la indiferencia, la explotación y los intereses particulares. Tenemos que ir adelante con la ternura. Una sociedad solidaria y justa es una sociedad más sana. Una sociedad participativa —donde a los “últimos” se les tiene en consideración igual que a los “primeros”— refuerza la comunión. Una sociedad donde se respeta la diversidad es mucho más resistente a cualquier tipo de virus.

Ponemos este camino de sanación bajo la protección de la Virgen María, Virgen de la Salud. Ella, que llevó en el vientre a Jesús, nos ayude a ser confiados. Animados por el Espíritu Santo, podremos trabajar juntos por el Reino de Dios que Cristo ha inaugurado en este mundo, viniendo entre nosotros. Es un Reino de luz en medio de la oscuridad, de justicia en medio de tantos ultrajes, de alegría en medio de tantos dolores, de sanación y de salvación en medio de las enfermedades y la muerte, de ternura en medio del odio. Dios nos conceda “viralizar” el amor y globalizar la esperanza a la luz de la fe.


[1] Benedicto XVI, Homilía por el inicio del ministerio petrino (24 de abril de 2005); cfr. Enc. Laudato si’, 65.

[2] “ Trickle-down effect” en inglés, “ derrame” en español (cfr. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 54).


Algunos recursos relacionados con la catequesis del papa Francisco

• Libro electrónico: Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.

• ¿Qué es el bien común?

• La imaginación de la caridad

• Catequesis anteriores

 

 

 2 de octubre 1928: una misericordia de Dios

Se cumple un nuevo aniversario de la fundación del Opus Dei. Ofrecemos una cronología en imagen, vídeos, audios, galerías de imágenes y textos.

ÚLTIMAS NOTICIAS01/10/2020

• Recuerdos de la historia del Opus Dei (1928-2018): cronología de algunos acontecimientos destacados de la historia del Opus Dei: su expansión por los cinco continentes, su configuración jurídica, la puesta en marcha de algunas actividades en servicio de la sociedad, etc.

 

Descarga la cronología de la historia del Opus Dei (1928-2018)

 

• Carta del Prelado (1 octubre 2019). Ante el 2 de octubre, el prelado invita a fomentar el optimismo, el empuje y la aventura de llevar a Cristo a todos..

• El 2 de octubre de 1928 visto por un director de cine: “Recibí la iluminación sobre toda la Obra”. Así recordaba san Josemaría el momento en que Dios le ayudó a ver el Opus Dei. En este vídeo se muestra cómo imaginó ese momento el director de cine Roland Joffé, en una escena de la película “There be Dragons”.

 

• Opus Dei. Una aproximación: San Josemaría aseguraba que Dios nos espera cada día en el todo el inmenso panorama del trabajo.

 

• Capilla de San Josemaría en la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles.

 

• El eco de unas campanas (audio y texto): Breve relato de la fundación del Opus Dei con el testimonio de San Josemaría y el sonido de las campanas que el Fundador del Opus Dei escuchó ese día.

 

• El 2 de octubre con palabras de San Josemaría (PDF): Colección de textos de san Josemaría sobre la luz fundacional que recibió el 2 de octubre de 1928.

 

Capilla San Josemaría, en Nuestra Señora de los Ángeles (Madrid)

 

 El 2 de octubre en la radio: Tres audios de Radio Vaticana sobre el aniversario de la fundación del Opus Dei (2008).

• El corazón del trabajo: la visión de san Josemaría. Con fragmentos de la predicación de san Josemaría, este vídeo ilustra las diferentes dimensiones que comprende la santificación del trabajo, mostrando así qué significa encontrar a Dios en la vida ordinaria.

• Amar al mundo apasionadamente: 8 de octubre de 1967. Por primera vez se celebraba una Misa al aire libre en el campus de la joven Universidad de Navarra. Después de la lectura del Evangelio, Josemaría Escrivá tomó unos papeles con sus manos vigorosas. Y aquellas palabras resonaron firmes y llegaron al corazón de muchos. Cincuenta años después siguen inspirando a hombres y mujeres en todo el mundo animándolos a encontrar a Dios en las realidades más cotidianas.

 

Un reportaje para aprender a encontrar a Dios en las realidades más cotidianas

 


Para profundizar

 Dar al mundo su modernidad (4.X.2019): El sueño de un 2 de octubre en el que Dios nos sigue invitando a mirar hacia el futuro.

— 2 de octubre de 1928: tres estudios para comprender el Opus Dei: Estudios publicados en Cuadernos del Centro de Documentación y Estudios Josemaría Escrivá de Balaguer y en Studia et Documenta, escritos por José Luis Illanes, Gonzalo Redondo y Julio González-Simancas y Lacasa.

— Cuestiones históricas: Los primeros años del Opus Dei: Con el asesoramiento del Centro de Documentación y Estudios Josemaria Escrivá de Balaguer (CEDEJ), José M. Cejas responde a una serie de cuestiones históricas sobre la vida del Fundador del Opus Dei y de su familia, el origen del Opus Dei, el contexto político y social en el que comenzó a desarrollarse el Opus Dei, la actitud de Josemaría Escrivá ante la guerra civil de España, Franco y otras muchas preguntas.

— Historia del Opus Dei y de san Josemaría Escrivá de Balaguer: Gracias a Studia et Documenta, la revista del Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer (ISJE), están disponibles treinta artículos sobre la historia del Opus Dei y de San Josemaría, descargables en formato PDF.

 Fundación del Opus Dei y dedicación a los pobres y enfermos (1928 - 1936)

En 1927 se traslada a Madrid, con permiso de su obispo, para obtener el doctorado en Derecho. En Madrid, el 2 de octubre de 1928, Dios le hace ver lo que espera de él, y funda el Opus Dei

BIOGRAFÍA

En 1927 se traslada a Madrid, con permiso de su obispo, para obtener el doctorado en Derecho. En Madrid, el 2 de octubre de 1928, Dios le hace ver lo que espera de él, y funda el Opus Dei.

Desde ese día trabaja con todas sus fuerzas en el desarrollo de la fundación que Dios le pide, al tiempo que continúa con el ministerio pastoral que tiene encomendado en aquellos años, que le pone diariamente en contacto con la enfermedad y la pobreza en hospitales y barriadas populares de Madrid. Volver a biografía del fundador del Opus Dei

 

​San Josemaría Junto a Isidoro Zorzano.

 

Más información

 

1. Mapa interactivo: San Josemaría en Madrid. Los comienzos del Opus Dei

 

2. Contenido relacionado del libro “El Fundador del Opus Dei”

Capítulo V: La fundación del Opus Dei (1928-1930)

 

Madrid, Villa y Corte

 

Los residentes de la calle Larra

 

La Academia Cicuéndez

 

El Patronato de Enfermos

 

El 2 de octubre de 1928

 

Una campaña de oración y mortificaciones

 

El 14 de febrero de 1930

 

Capítulo VI: Apuntes íntimos

 

¿Por qué "Obra de Dios"?

 

Las "Catalinas"

La segunda República española

 

Del Patronato de Enfermos al de Santa Isabel

 

Nuevas luces fundacionales

 

Una cruz sin Cirineos

Camino de infancia espiritual

Capítulo VII: La gestación de la Obra

 

Entre enfermos: "Hermoso oficio"

 

El Hospital del Rey

 

Los primeros seguidores

 

Un retiro espiritual junto a S. Juan de la Cruz

 

La labor de San Rafael

 

Una desorganización organizada

Capítulo VIII: Los primeros Centros de la Obra

 

Una "prueba cruel"

 

La Academia DYA

 

El Rector de Santa Isabel

 

La Academia-Residencia de Ferraz

 

"Padre, maestro y guía de santos"

 

El apostolado con mujeres

 

Escritos de formación

 

Preparativos de expansión: Madrid, Valencia, París

3. Más información sobre san Josemaría durante esos años:

- La atención de San Josemaría a los pobres y enfermos

En el Patronato de Enfermos: En junio de 1927, recién llegado a Madrid, San Josemaría era un sacerdote de 25 años que comenzó a colaborar en la inmensa tarea de que se llevaba a cabo en y desde el Patronato de la calle Santa Engracia.

San Josemaría entre los enfermos de Madrid (1927-1931): Minucioso estudio topográfico de la tarea sacerdotal de san Josemaría Escrivá de Balaguer en Madrid, entre 1927 y 1931, años en los que trabajó como capellán del Patronato de Enfermos ( Julio González-Simancas y Lacasa).

Algunos testimonios sobre Josemaría Escrivá, de personas que le trataron durante esos años.

4. Para saber más sobre la fundación del Opus Dei

- San Josemaría habla del 2 de octubre: Dos fragmentos filmados de tertulias en las que el Fundador del Opus Dei cuenta qué sucedió el 2 de octubre de 1928.

El 2 de octubre con palabras de San Josemaría: Colección de textos íntimos de san Josemaría sobre la luz fundacional que recibió (PDF).

El 2 de octubre en audio . Breve relato del momento fundacional (1'06'') para escuchar.

 

Galería fotográfica sobre la fundación del Opus Dei.

-2 de octubre de 1928: tres estudios para comprender el Opus Dei, publicados en Cuadernos del Centro de Documentación y Estudios Josemaría Escrivá de Balaguer y en Studia et Documenta.

5. Artículos relacionados en la revista Studia et Documenta (en formato pdf).

Madrid en los años treinta. Ambiente social, político, cultural y religioso, Julio Montero y Javier Cervera Gil (pp. 13-39)

San Josemaría entre los enfermos de Madrid (1927-1931), de Julio González-Simancas y Lacasa (p. 147-203).

El doctorado de san Josemaría en la Universidad de Madrid, de Pedro Rodríguez (p. 13-103).

6. Apartados relacionados del libro "Fuentes para la Historia del Opus Dei" de Federico M. Requena y Javier Sesé, editado en Ariel.

 Coincidencias

Daniel Tirapu 

photo_cameraConfesión.

Una buena mujer, ya mayor y bastante sorda se acercó al confesionario. Repitió varias veces el ave María purísima, e incluso empezó con su confesión. Era consciente de su sordera, pero es que no oía nada, hasta que comprobó que no había nadie al otro lado de la rejilla.

La mujer tenía muy buen humor y se levantó con una amplia sonrisa, riéndose un poco de sí misma, lo que es muy sano. Al día siguiente fue a Misa y se le acercó una chica joven de unos 25 años que le dijo que le quería dar las gracias.

La señora no entendía mucho el porqué de ese agradecimiento, pues acababa de llegar . La chica le dijo: llevaba tiempo queriendo confesar pero me daba miedo, reparo...pero ayer al verle a usted salir tan contenta del confesionario me animé, y estoy feliz de haberlo hecho.

Dios se sirve hasta de la sordera y siempre de la alegría.

ANTE LA VIDA Y LA MUERTE

Este finalizará dentro de pocos meses. Al recordar todo lo que ha supuesto para nosotros y, absolutamente, para todos los que nos rodean sobre la faz de la tierra, vendrán a nuestra mente imágenes nunca vistas, y que continuamos viendo: la pandemia del Covid-19 es un hecho innegable, aunque existan los “negacionistas”.  Al parecer, la primera gran pandemia de la Historia fue la viruela, la enfermedad que más muertes causó, se habla de unos trescientos millones, y los que sobrevivieron quedaron desfigurados.  El inglés Edward Jenner, en 1.796, diseñó la primera vacuna contra la viruela.  Y, en 2020, estamos a la espera de que pueda aplicarse una vacuna contra el coronavirus que ahora nos ronda.  Hemos conocido que se trabaja en varias, en distintos países. A los voluntarios que se ofrecieron para hacer de cobayas humanas hemos de estarle muy agradecidos.

Algo que estamos percibiendo, en estos tiempos, de manera más cercana, es la muerte. Es un hecho natural dentro del desarrollo de la vida. Lo positivo sería afrontarla, de forma parecida a como lo hizo un chico valenciano de 23 años al que le diagnosticaron, de la noche a la mañana, una enfermedad incurable, con un pronóstico de tiempo de vida de, aproximadamente un mes. Era mecánico de profesión, con muy buen humor y deseoso de vivir. Merecen destacarse unas frases suyas durante este corto espacio de tiempo. Vio a su madre llorar y le dijo: “no llores que aún estoy vivito y coleando”  En los momentos finales, cuando su respiración era dificultosa, se le ocurrió decir: ”ahora la hinco”. Y ante la preocupación de los que le rodeaban: “Estoy tranquilo, muy tranquilo.” Casi al final de su vida: “ya falta poco para estar mejor.”  Creo que está bastante claro de que se trataba de un chico con una fe muy honda y muy vivida.

En esta época nuestra, en la que la televisión e internet nos pusieron ante nuestros ojos muchos ataúdes juntos, no es posible eludir el tema de la muerte pero no para asustarnos (para eso están ya gran parte de las películas actuales) sino para hacernos pensar, si queremos, qué tipo de vida llevamos, cómo usamos nuestro tiempo, qué nos mueve, cuáles son nuestras metas, etc.           El papa Francisco ha intervenido muchas veces durante este tiempo de pandemia, y lo continúa haciendo. Algunas de las cosas que ha dicho: “La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas.”  Todos hemos podido ver que la ciencia y la economía se han visto impotentes, han mostrado su falibilidad.  Otras palabras del papa Francisco, refiriéndose a Jesucristo: “Abrazar su cruz es abrazar todas las contrariedades del presente, abandonando nuestro afán de omnipotencia y posesión para dar espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar.”  Sus palabras, llenas de trascendencia, conducen a la vida tras la pandemia. Continúa diciendo: “No se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas. No, no es eso la Resurrección de Cristo, sino la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no pasa por encima del sufrimiento y la muerte sino que los traspasa, abriendo un camino en el abismo, transformando el mal en bien, signo distintivo del poder de Dios.” 

Creo que si no hubiese tanta algarabía dentro de nosotros, tantos proyectos sin contenido, tanta superficialidad….seríamos más felices en esta vida y veríamos bajo otro prisma el momento de la muerte que es costoso pero pasajero.  Es verdaderamente crucial aprender a enfocar adecuadamente el tema de la muerte y del dolor. De este último dice el autor alemán Alfonso Auer lo siguiente: “El dolor estimula al hombre a centrarse, cada vez más, en el núcleo de su personalidad y pasar de lo falso a lo auténtico, de lo trivial a lo verdaderamente sustancial de la existencia y le facilita el avanzar, paso a paso, por el camino de la madurez.”  Naturalmente, no se trata de buscar el dolor por el dolor ya que eso sería puro masoquismo. Se trata de aprovechar el dolor cuando venga, para madurar, para encontrar la verdadera libertad interior y eso solo se consigue a través de una continua y animosa lucha contra el egocentrismo.

Todos tenemos la experiencia de que, cuando todo va bien, conforme a los planes trazados, nos centramos en nosotros mismos, somos algo así como el ombligo del mundo, algo ridículo, pero es una realidad que el egoísmo tiende a acrecentar. El dolor, la contrariedad fuerte, nos obliga a dar una especie de parón. Vemos que algo no marcha conforme a nuestros planes y tenemos la oportunidad de aprovechar estos momentos para hacer un reajuste de nuestra actitud ante la vida que, quizá, no era totalmente acertada. Creo que hay que empeñarse por buscar algo positivo en la vida, ser capaces de experimentar la belleza del mundo y la bondad de otras personas. Entonces, se puede llegar a experimentar la felicidad por el efecto, no por la intención. La felicidad es la consecuencia de la entrega a una causa justa y noble.

 

                                                                     Carlota Sedeño Martinez

 

La sexualidad en el niño.

 

El mito de la eterna juventud, deseada por el Fausto de Goethe, es de raíz diabólica: es la oferta de Mefistófeles. Es un ansia que, como si fuese una epidemia, se ha instalado en la sociedad actual. No se quiere hablar de la muerte. En los tanatorios modernos se aísla higiénicamente, cuidadosamente, al difunto (generalmente anciano), y los familiares y allegados hablan, toman café o refrescos, fuman, ríen, bromean, dan rienda suelta a la locuacidad, como si la muerte no tuviese nada que ver con los vivos.

Hoy día, la infancia y la vejez son en cierto sentido olvidadas, pues el cuidar de los niños y de los viejos choca con la comodidad y el hedonismo de algunos, sean familiares o no. Los fetos, los embriones, los lactantes, los niños pequeños, así como los ancianos achacosos para algunos son  “molestos”. Para “remediarlo”, se dispone del aborto y de la mal llamada eutanasia (¿muerte digna?).

 

En la fecundación del óvulo por el espermatozoide, la dotación cromosómica del nuevo ser es de 46 cromosomas, de los que dos son sexuales (XX para la mujer, XY para el varón), que determinan la diferenciación sexual. En épocas tempranas coexisten los conductos genitales en ambos sexos; con el transcurrir del desarrollo intraútero, destacan más unos conductos que otros, según sea el sexo; y al mismo tiempo se van desarrollando las diferencias genitales externas correspondientes. Todo, con vistas a la maduración necesaria para que con el tiempo pueda acontecer la procreación de nuevos seres humanos.

 

Muy tempranamente, entre los dos y tres años, es cuando el niño empieza a darse cuenta de que su cuerpo es sexuado, de lo que es más consciente hacia los 4 o 5 años, coincidiendo con la consciencia de que es mortal. A estas edades el niño puede sentir la angustia de su propia muerte. Y empieza a hacer preguntas sobre el porqué de las diferencias entre sexos y sobre el origen de los bebés.

 

Lógicamente, el niño, debido a su inmadurez (tanto orgánica como psíquica), no está capacitado para ser padre o madre.

El niño no está bajo el influjo de las hormonas que actúan en el adulto. Por eso, es vital el no inducir al niño a que realice prácticas sexuales; es una aberración pedagógica; el resultado es muy perjudicial. Y es que la hipófisis del cerebro del niño no regula todavía la actividad hormonal sexual. Se necesitan unos años para que sea así, a la espera de la aparición progresiva de la madurez corporal y afectiva. La actividad sexual no es propia del niño. Realmente es una falacia la aseveración de Freud de que el niño es “el perverso polimorfo”, que en su sexualidad va pasando por las fases oral, anal y genital.

En los abusos sexuales con niños se trata a la persona como un objeto que se utiliza caprichosamente. Son como objetos de “usar y tirar”. Tales actos constituyen una aberración. Son egoísmo puro. Son acciones que están muy lejos del amor al prójimo.  

 

Una cosa es ser sencillo como un niño y otra muy diferente es ser un ingenuo, en el peor sentido de la palabra.  Dice Jesucristo: “Al que escandalice a uno de estos pequeños más vale atarle una rueda de molino …” Y también dice: “Si no os hacéis como niños no entrareis en el Reino de los Cielos”

Por eso, es importante contestar a las preguntas de los hijos (o de los nietos, si es oportuno, pues el deber de informar es de los padres): es absurdo contarles la historia de “la cigüeña”. Es importante el clima de confianza. Muchas veces la verdad la saben a través de algún “amigote” o compañero. Por eso, es mejor que la verdad se la  cuente su padre o su madre, cariñosamente, de una forma que se adapte a su edad, así como a su capacidad de comprensión. Y explicarlo de una forma delicada, de modo que no se entienda el asunto como una cuestión de pura animalidad.

 

Por todo lo dicho, se deduce que no es lógico incluir en la enseñanza la ideología de género y las propuestas LGBT. Es crucial creer en la sencillez del niño. No es pedagógico enturbiar una mente sencilla.

 

Jose Luis Velayos

 

 

Por defender la familia

Las autoridades polacas detuvieron al Sr. Michał Sz. en agosto porque se sospecha que participó en un brutal ataque contra un defensor de la vida a manos de un grupo de activistas violentos que protestaban contra las resoluciones municipales. El defensor pro-vida fue golpeado, pateado y arrojado al suelo, le dañaron la camioneta y le robaron el teléfono. Sufrió heridas como resultado del asalto. Cuando fue arrestado, el Sr. Michał Sz., Que es hombre, afirmó que se llamaba “Margot” y que era transgénero. 

La detención del Sr. Michał Sz. siguió los protocolos normales y fue aprobada por un tribunal tras la presentación de pruebas que demostraron al tribunal que la detención preventiva era apropiada, de acuerdo con la legislación polaca. Entre las razones citadas se encuentran el riesgo de fuga y la manipulación de pruebas. Estos temores se confirmaron cuando, tras su arresto y detención, los presuntos cómplices y simpatizantes del Sr. Michał Sz. agredieron violentamente a los agentes de policía que lo escoltaban a un centro de detención. Cinco de ellos ahora están sujetos a procedimientos legales como resultado.

La interferencia internacional de organizaciones y funcionarios de derechos humanos en este caso es una prueba más de la animadversión política injustificada contra Polonia por parte del establecimiento de derechos humanos y la falta de transparencia bajo la cual operan los mecanismos de derechos humanos. De hecho, a diferencia de los casos de protestas pacíficas que fueron reprimidas violentamente en España y Francia, donde los funcionarios de la UE y los mecanismos europeos de derechos humanos permanecieron en silencio, las autoridades polacas actuaron con moderación al lidiar con las protestas y siguieron de cerca la ley, incluso en el asunto de la detención preventiva de Michał Sz.

Simplemente no hay razón para que las instituciones internacionales interfieran. Estos son asuntos internos de la nación polaca. Los municipios polacos están adoptando resoluciones para proteger democráticamente a la familia y los niños, sin violar ningún derecho humano. El Sr. Michał Sz está detenido por un delito violento, siguiendo las leyes y los procesos legales polacos. 

Las sanciones impuestas por la Unión Europea a estos municipios son injustas y carecen de base jurídica. Polonia fue atacada por la Alta Comisionada para los Derechos Humanos del Consejo de Europa, Sra. Dunja Mijatović, quien pidió a las autoridades polacas que liberaran al Sr. Michał Sz. La Sra. Mijatović ni siquiera había intentado comunicarse con las autoridades polacas involucradas en el caso antes de interferir. Ella confiaba únicamente en información de terceros de los llamados grupos de “derechos humanos” que bien podrían ser partidarios políticos en el caso.

Decimos esto ateniendonós a la “Declaración de la sociedad civil para la familia sobre el derecho de los ciudadanos polacos a proteger el matrimonio, la familia y los niños sin interferencia de organizaciones internacionales”.

Valentín Abelenda Carrillo

 Contar con todos, soñar en grande

Escrito por José Martínez Colín.

 

Estamos en una situación de crisis que requiere de la cooperación y solidaridad de todos. 

1) Para saber

En diversos deportes de conjunto se puede observar la importancia de que cada jugador realice bien su función. El futbol americano es una muestra del trabajo en equipo, donde cada uno realiza una función propia. Y aunque sea un jugador el que anota y se lleva la ovación, ha sido gracias a la labor en conjunto que se logró. Un corredor anota gracias a muchos que le abrieron paso. Se observa la solidaridad entre todos.

Para salir mejor de la crisis, que no sólo es sanitaria, sino también social, política y económica, el papa Francisco ha señalado que cada uno de nosotros está llamado a asumir su parte de responsabilidad. Se aplica el principio de subsidiariedad, consistente en no asumir el papel del otro, ni dejar fuera a nadie de su participación, respetando la capacidad de iniciativa de todos.

Todas las partes de un cuerpo son necesarias y, como dice san Pablo, esas partes que podrían parecer más débiles y menos importantes, en realidad son las más necesarias. Todos cuentan y contando con todos hay esperanza en un futuro más sano y justo.

2) Para pensar

El pasado campeón de fútbol americano fue el equipo de Kansas City, conocidos como los Chiefs. Un jugador de ese equipo que ganó el Super Bowl es Harrison Butker. Hace poco tuvo un encuentro con universitarios y les hizo una revelación personal: “Fuera de las luces brillantes del estadio, con los fanáticos y la notoriedad que conlleva ser un jugador de la NFL, el mayor impacto que haré con mi tiempo en esta tierra es permanecer dedicado a mi vocación principal: ayudar a mi familia a llegar al Cielo”.

Les hizo un llamado para que ellos también muestren con acciones cómo es una vida centrada en Cristo. Los invitó a no ceder a la presión social que lleva a otra dirección, sino ser la luz en el mundo cada vez más oscuro. La fe, continuó Butker, no es algo que se reserva a lo privado o para los domingos, sino para vivirla. Y contó cómo gracias al ejemplo de un compañero universitario con un profundo amor hacia Cristo, cuando estudiaba en Georgia Tech, le animó a ser más activo en su fe católica. Gracias a ese consejo reorientó su vida para centrarse en Dios. Así también cada uno puede influir positivamente en los demás. Es necesario traer a Cristo de regreso a nuestra vida diaria.

3) Para vivir

Durante el confinamiento, decía el papa, nació de forma espontánea el gesto del aplauso para los médicos, los enfermeros y las enfermeras como signo de aliento y de esperanza. Muchos han arriesgado la vida y muchos han dado su vida. Ahora, hay que extender este aplauso a cada miembro del cuerpo social, a cada uno, por su valiosa contribución, por pequeña que sea.

Es preciso que todos colaboremos para salir de la crisis, también los llamados cuerpos intermedios: las familias, las pequeñas empresas, las diversas expresiones de la sociedad civil… Porque o todos juntos o no funciona. Así podemos tener esperanza y aprender a soñar en grande, a no tener miedo de soñar en grande, ampliando nuestros horizontes y buscando los ideales de justicia y de amor social que nacen de la esperanza.

                             

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Elegir me hace libre

Ana Teresa López de Llergo

Nos damos cuenta de la dificultad para lograr el bien, y a la vez, el alto nivel del ser humano que está llamado a lograrlo.

Cómo ves, la frase que se ha hecho viral “elegir me hace libre” contiene múltiples falsedades. Suena bien y a muchas ha entusiasmado. Tal vez se apoyan en no sé cuántos “likes”, pero eso no transforma las equivocaciones en verdades. Siguen siendo equivocaciones y arrastran a conductas confusas.

La elección es un rastro de la libertad, la elección puede forjar la libertad, pero con específicas condiciones. Esto es una advertencia de que estamos en un terreno complejo. Se trata de un asunto delicadísimo, exclusivo del quehacer del ser humano. Abre a la capacidad de volar muy alto, o de arrastrase por el fango. Por eso, se requiere buen conocimiento del asunto y no mera verborrea.

Concretar la libertad y gozar de ella plenamente, requiere de múltiples elecciones. De elecciones con unas determinadas condiciones. Hay que cumplirlas de manera semejante a las especificaciones que se dan cuando se tiene que tomar una medicina para que produzca los efectos deseados. Por ejemplo, nos indican: en ayunas, disuelta en agua templada, tal número de grajeas, conservadas a determinada temperatura y tomarlas antes de la fecha de caducidad. Si algo falta los efectos no se producirán. Pues lo mismo sucede con las características de la elección.

Todo ser humano tiene la capacidad de llegar a un alto desarrollo personal de sus dos facultades espirituales: la inteligencia y la voluntad. A su vez estas dos facultades bien desarrolladas, según la capacidad de cada persona, pueden conducir las facultades corporales como los apetitos y la sensibilidad. Así se logra una gran armonía en las actividades que esa persona vaya a desarrollar.

Todo ello influye en el modo de conducirse y, al realizarlo del mejor modo se manifiesta la dignidad de la persona. Su conducta es ejemplar independientemente de la capacidad intelectual o de la profesión que se ejerce, incluso de la escolaridad a la que ha podido acceder. La dignidad reluce y es posible admirar a esa persona por la honestidad con la que realiza todas sus actividades, sean remuneradas o no lo sean.

Por eso, es triste ver a personas que se dejan llevar por la ley del mínimo esfuerzo, o que engañan a los demás para arrebatarles el fruto de sus actividades, o que se evaden y no afrontan sus responsabilidades dejándose atrapar por todo tipo de vicios.

Aquí se muestran dos elecciones extremas y, sin embargo, sólo libera la que asume todo aquello que mejore a la persona, aunque cueste o incluya diversos tipos de renuncias. La opción por la comodidad no libera porque la persona queda sometida a los vicios: a la pereza, o atada al alcohol o las drogas que debilitan la voluntad. Ya no elige sino busca irracionalmente la droga a la que se ha sometido.

Por tanto, para que la elección sea buena se requiere que todos los elementos que conforman el proceso sean buenos. Estos son el objeto, el fin y las circunstancias. Dicho de manera coloquial el fin del suceso en sí debe ser bueno, por ejemplo, enseñar, aliviar, divertir. Las circunstancias también deben ser buenas: que quien enseña sea maestro de ese tema, que quien cure sea médico de esa especialidad, que quien divierta haga descansar de manera sana. El objeto también debe ser bueno quien aprende necesita esos aprendizajes, quien será curado carece de ese rango de salud y quien recibe el esparcimiento realmente necesita ese descanso. Si falta algún aspecto no se puede alcanzar el bien.

Nos damos cuenta de la dificultad para lograr el bien, y a la vez, el alto nivel del ser humano que está llamado a lograrlo. Todos los momentos y las acciones han de ser buenas, si alguna falla no se alcanza el fin deseado y la libertad tampoco se desarrolla.

Algunos sucesos recientes nos muestran el sentir de los colectivos respecto a la libertad. Y digo “sentir” pues no equivale a “pensar con conocimiento”, tendencia característica de nuestro tiempo. El sentir es por contagio y se unen como manada. Pensar con conocimiento es producto de estudio personal y de la elección, también personal. En el segundo caso cada persona puede dar razón de lo que hace, en el primero, simplemente son seguidores a ciegas.

Dos son los colectivos a los que me refiero. Uno es el de los grupos de mujeres que esgrimen el argumento de ser libres de hacer lo que quieren con su cuerpo, refiriéndose al derecho que tienen de abortar. El otro es el de las protestas recientes de manifestantes en Londres, en contra de los nuevos planes de confinamiento para minimizar los rebrotes de contagio del COVID-19. Su argumento es porque con esas decisiones limitan su libertad.

Si analizamos la bondad del objeto, fin y circunstancias de cada caso podremos encontrar las razones del acierto o del error de las respectivas solicitudes.

En el primer caso el objeto es la mujer embarazada que quiere agredir un proceso natural, y toda agresión a la naturaleza, sea cual sea, no está bien. Algunas circunstancias pueden ser buenas y otras no, por ejemplo, si el embarazo impide un compromiso puede ser bueno quitar los obstáculos, etcétera, puede haber circunstancias buenas y otras que no lo sean. El fin de ninguna manera es bueno porque el feto no es prolongación del cuerpo de la mujer, se trata de alguien con otra identidad y se le quiere matar. Por lo tanto, el fin es doblemente malo: es la propuesta de un asesinato y se apoya en un argumento mentiroso. Este hecho degrada a todas las personas que intervienen, sus elecciones atrofian la libertad de cada uno de los constructores del suceso.

Los manifestantes de Londres no toman en cuenta los niveles jerárquicos de la libertad, defienden la libertad externa por sobre otros tipos de libertad más importantes. Por lo tanto, el objeto está desfasado porque la libertad exterior de transitar cuando y como les dé la gana inhibe el derecho a la salud propia y ajena. Respecto a las circunstancias, también puede haber unas buenas y otras no. Puede ser bueno conservar íntegros los ingresos, pero es malo exponerse al contagio personal o el de los demás. El fin no es bueno porque se minimizan los efectos de una pandemia que evidentemente es un mal mundial, por tanto, es malo porque excluye la solidaridad.

La elección muestra nuestra libertad. La buena elección perfecciona la libertad, la hace crecer, nos hace mejores. La mala elección distorsiona la libertad y deteriora la dignidad moral, pero nunca destruye la capacidad de rectificar y de retornar a las buenas elecciones para rectificar el rumbo. Entonces la libertad vuelve a mejorar porque siempre permanece.

La ayuda de los demás puede impulsarnos a rectificar más pronto. Nunca dejemos de tender la mano al equivocado, ni dejemos de tomar la mano que nos ayuda a reorientarnos.

Internet: ocuparse más que preocuparse

Lucía Legorreta

Para lograr acuerdos con ellos, debes de tomar en cuenta los valores y los estándares de la familia como conjunto.

Una preocupación actual de la mayoría de los papás en relación con sus hijos es el internet: qué están viendo o leyendo, cuánto tiempo lo utilizan, a qué edad deben iniciar, en qué lugares, entre otras muchas situaciones.

Más que preocuparte te recomiendo mejor ocuparte, y esto implicar supervisar, dialogar y llegar a acuerdos con ellos, sobre todo si ya son adolescentes.

Supervisar los hábitos de navegación de tus hijos te da la oportunidad de conocer sus intereses y forma de ser. No significa que lo tienes que espiar, sino más bien aprovechar lo que sabes positivamente para construir vínculos que te acerquen a ellos y que les permitan desarrollar confianza en ti.

Para lograr acuerdos con ellos, debes de tomar en cuenta los valores y los estándares de la familia como conjunto. Platícalo con tu esposo, esposa y determinen qué quieren para sus hijos. Los criterios varían de una familia a otra.

Para la tranquilidad tuya y de tus hijos, debe quedar claro que los acuerdos podrán actualizarse en el momento que lo juzgues conveniente, se pueden corregir para ambas partes.

No hay acuerdos perfectos, y siempre será mejor empezar más tarde que nunca. Es decir, si no lo hiciste en el momento en que le entregaste el dispositivo móvil con acceso a internet, lo puedes hacer ahora. Recuerda: la medicina preventiva suele ser suave, barata y eficaz, mientras que la correctiva es cara, amarga y dolorosa.

Comparto contigo algunas consideraciones que menciona Armando Novoa, experto digital, para lograr estos acuerdos con tus hijos:

1. De que lo van a ver, lo van a ver: con el enorme volumen de contenido inapropiado para menores disponible en internet, es casi seguro que tus hijos se toparán con él. Es mucho más práctico y realista asumir que lo verán y ayudarles a estar preparados para ello.

2. Entiende los estándares de la industria: existen organismos encargados de establecer los criterios y rangos de edad para algunos contenidos, asegúrate de entenderlos y apoyarte en ellos. Por ejemplo, la Comisión de Clasificación de Programas de Entretenimiento que se encarga de videojuegos. Los propios padres son quienes les compran juegos a sus hijos pequeños, juegos no apropiados.

3. Sin regulación, los contenidos se brutalizan: la crueldad y el extremismo con el que los contenidos pueden ser presentados en internet no tiene límites. De aquí la importancia de la regulación: qué ver y qué no ver.

4. Sin regulación, los contenidos pierden calidad y veracidad: es muy difícil validar la calidad de la fuente de un sitio en internet, a menos que pertenezca a organizaciones con reconocimiento editorial.

5. Los niños responden a modelos a seguir: cuando los niños viven rodeados de violencia e imágenes comprometedoras, sus modelos a seguir están lejos de ser inofensivos, más si quienes las realizan son héroes de caricaturas o películas.

Reflexiona, el internet forma parte de la vida de tus hijos y de la tuya también. Más que estar preocupados por ello, te invito a que te ocupes para que el internet más que un peligro, sea un aliado para tus hijos.

El Vaticano alerta sobre las ideologías inflexibles y la corrección política que persiguen las creencias religiosas

Líderes del Vaticano y Estados Unidos afirman que es crucial la defensa de la libertad religiosa

Intervención del Cardenal Parolin en el Simposio sobre la libertad religiosa (Courtesy U.S. Embassy to the Holy See).

 

 

Un simposio organizado por la Embajada de los Estados Unidos ante la Santa Sede, con representantes del gobierno de los Estados Unidos y altos funcionarios del Vaticano, ha destacado los diferentes enfoques de la prioridad compartida de promover y defender la libertad religiosa.

 

"Nunca ha habido un momento más crítico para promover y defender la libertad religiosa 

 

internacional, ya que sigue siendo atacada en casi todas partes del mundo", afirmó Callista Gingrich, embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede, dando ejemplos de violaciones que ocurren en Myanmar, Nicaragua, Nigeria, Arabia Saudita y China.

 

Imperativo de seguridad nacional 

 

Estados Unidos continuará forjando alianzas con otros países para promover la libertad religiosa porque defender este derecho "no es solo moralmente necesario, es un imperativo de seguridad nacional", ayudando a las naciones a ser más seguras y prósperas, señaló la embajadora en su discurso de apertura en el evento ayer 30 de septiembre, informa Angelus News. 

 

El simposio titulado "Promoción y defensa de la libertad religiosa internacional a través de la diplomacia", contó con el cardenal Secretario del Vaticano, Pietro Parolin, el secretario de Estado de USA Mike Pompeo y el arzobispo Paul Richard Gallagher, ministro de Relaciones Exteriores del Vaticano. 

 

Pompeo estaba en Italia para mantener conversaciones con el primer ministro italiano Giuseppe Conte y con el cardenal Parolin. 

 

Críticas a China 

 

El Secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, abrió su discurso reflexionando sobre la Segunda Guerra Mundial, con motivo del 75º aniversario de su finalización. Relató la historia del P. Bernard Lichtenberg, arrestado por el régimen nazi por su franqueza y su oración pública "por los judíos y otras víctimas de la brutalidad nazi".

 

También recordó el papel fundamental del Papa Juan Pablo II en el inicio de la revolución de la conciencia que derribó el Muro de Berlín.

 

 

El Secretario de Estado de EE.UU. criticó también a China: "La libertad religiosa depende del liderazgo cristiano y del testimonio moral de aquellos que han resistido la persecución”, informa Vatican News. 

 

Pompeo también se dirigió a la Iglesia Católica a actuar porque "está en una posición diferente", y "las consideraciones terrenales no deben desalentar las posturas de principios basadas en verdades eternas.  Muchos católicos han usado durante mucho tiempo sus principios "al servicio de dignidad humana", señaló. 

 

En su charla en el simposio, Pompeo pidió a los líderes de todas las religiones que se enfrenten a las violaciones contra la libertad religiosa.

 

"Estados Unidos puede desempeñar y desempeña su papel al defender a los oprimidos. Destacamos los abusos, castigamos a los responsables y alentamos a otros a unirse a nuestra defensa", expuso el secretario de Estado norteamericano. 

 

Ideologías y silencio 

 

Por su parte, el arzobispo Gallagher afirmó que proteger la libertad religiosa "sigue siendo una parte indispensable del alcance y la actividad de la Santa Sede".

 

El Vaticano ha estado "asidua y constantemente atento a los abusos a la libertad religiosa" en todas sus formas, desde la persecución física y el asesinato hasta la "tendencia cada vez más común, especialmente encontrada en Occidente", de atacar la libertad religiosa a través del "silencio" y ideologías de la "tolerancia".

 

Estas "tendencias", dijo, son parte de lo que a menudo se llama "'corrección política', que se están tomando libertades cada vez mayores en nombre de la 'tolerancia' y la 'no discriminación'".

 

Fuerzas ideológicas predominantes 

 

"Más bien, estas ideologías inflexibles, que se apresuran a denunciar las creencias religiosas y las personas que no aceptan su posición como 'odiosas', son en sí mismas más bien 'intolerables' y 'discriminatorias' contra la libertad de religión", dijo el arzobispo.

 

"Si fuera un cínico, diría que parece que algunos de los que deberían defender y promover la libertad religiosa carecen verdaderamente de la voluntad para hacerlo o parecen estar inclinándose ante las fuerzas ideológicas predominantes que ven el ejercicio de la libertad religiosa como amenaza su propio concepto de libertad, que se entiende en gran parte como la capacidad de hacer lo que se quiera, afirmándose sin restricción alguna, incluida la ley civil, natural y sobre todo divina”, aseveró el arzobispo Gallagher. 

 

El Vaticano no menciona China 

 

Tras el simposio, Cuando se le preguntó por qué no mencionó a China y las violaciones contra la libertad religiosa, el arzobispo Gallagher dijo: "No nombramos ni culpamos, es uno de los principios de la diplomacia del Vaticano". 

 

Por su parte, Sam Brownback, embajador general de Estados Unidos para la libertad religiosa, dijo en su discurso que "la clave para la paz en muchos de los conflictos en el mundo actual es la protección de la libertad religiosa para todos", señalando los acuerdos hechos en Sudán e Israel. con los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin.

 

Regímenes autoritarios 

 

Al cerrar la conferencia, el cardenal Parolin afirmó que  "los ataques a la libertad religiosa a menudo son impulsados ​​por el miedo y la ideología", ya sea por regímenes autoritarios o por los "políticamente correctos que silencian y condenan las creencias religiosas, tradiciones y prácticas que chocan con su ideología progresista".

 

"El grado de respeto por la libertad de religión en la esfera pública es un claro indicador de la salud de cualquier sociedad"

 

, dijo, "y también es una prueba de fuego para el nivel de respeto que existe por todos los demás derechos humanos fundamentales". también."

 

La ONU promueve el aborto

El embajador de los Estados Unidos en Ginebra, Andrew Bremberg, envió una carta abrasadora a los expertos en derechos humanos de la ONU debido a su defensa del aborto. Los expertos de la ONU criticaron a los estados de EE. UU. Que no etiquetaron el aborto como "esencial" durante la pandemia de COVID-19.

"Esto es una perversión del sistema de derechos humanos y los principios fundacionales de las Naciones Unidas", lamentó el embajador Bremberg en una carta etiquetada como la respuesta oficial de Estados Unidos al Grupo de Trabajo de la ONU sobre Discriminación contra Mujeres y Niñas, un grupo de cinco expertos independientes designado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU por períodos de tres años.

Los expertos de la ONU acusaron a los estados de Estados Unidos que no etiquetaron el aborto como un servicio "esencial" durante la pandemia de COVID-19 de violar los derechos reproductivos de las mujeres. La carta de Bremberg, fechada el 11 de agosto, calificó la interferencia de los expertos en política estadounidense como "extraña", "absurda" e "inexplicable".

La respuesta del embajador Bremberg al grupo de trabajo también acusó a los expertos de la ONU de ignorar los continuos abusos a los derechos humanos por parte del Partido Comunista Chino en Xinjiang, incluido el aborto forzado, la esterilización forzada y el control de la natalidad forzado.

“Se trata de abusos reales contra los derechos humanos, que implican a millones de mujeres y niñas y su salud, a escala industrial, dirigidos a una minoría étnica y religiosa vulnerable”, afirma la carta al grupo de trabajo. Sobre estos abusos la ONU no sabe nada.

Pedro García

 

Es el sentido del hombre

El hecho de que para muchas personas lo que cuente, antes que cualquier cosa, sea la salud, o el dinero, manifiesta una pobreza interior importante. Pero es bastante corriente. Hay que ser personas con un cierto sentido de trascendencia, con una visión de eternidad, para distanciarse de cosas en sí mismo buenas, como puede ser el dinero o la salud, pero no fundamentales. Al fin y al cabo, lo que es la salud la vamos a perder tarde o temprano.

 “El hombre está hecho a imagen de Dios, con cuerpo y espíritu, libre, y llamado a ser hijo de Dios por la Gracia. Semejante a Dios. Ser espiritual, inmortal, llamado a la eternidad. Llamado al amor. Es el sentido del hombre, encontrarse con el amor de Dios. Nos encontramos allí al final de esta vida, pero también nos encontramos con Él en esta vida”. De una forma o de otra, nos damos cuenta, si lo pensamos un poco, que la mayoría de las personas que nos rodean viven para lo material, la salud, el futbol o el dinero, lo mismo da. La mayoría olvida el sentido último y eterno de su existencia. 

El sentido de la vida es algo tan difuso que nos resulta difícil estar en lo esencial en medio de tantas preocupaciones.

José Morales Martín

 

 

Hasta ahora, los charlatanes

Hasta ahora, los charlatanes no habían tenido más objetivo que hablar y hablar para lanzar al aire solo palabras sin fin, pero no solían meterse en jardines de flores especializados, ni mucho menos aspiraban a guiar los destinos de nadie. En la actualidad sí lo hacen, pontificando presuntuosamente sobre lo que no saben e insistiendo en ejercer como grandes timoneles de navíos, pero sin el titulín sacado.

En estos tiempos tan crepusculares, toda opinión es digna de tenerse en cuenta, aunque se trate de una genuina mamarrachada. Oponer a ese principio que nunca son iguales los pareceres que se sostienen, sino que dependen de lo que se defienda, constituye un severo desafío al pueril ambiente relativista inoculado en nuestra sociedad, ya reconvertido en neto nihilismo, en el que vale lo mismo quien razona con corrección que el que no para de exponer desvaríos necios, aunque los haya tomado prestados del último guasap que ha recibido o de la enésima noticia falsa que le han colocado.

Digámoslo alto y claro: hay personas con criterio y auténticos necios a los que el diccionario permite llamar mastuerzos, por no emplear un sinónimo malsonante. Y lo que unos y otros mantienen no puede gozar de idéntico tratamiento, por más que debamos al prójimo una mínima consideración por imperativo moral. El melón dice y hace melonadas. Y el que no lo es suele callar cuando no sabe de algo y sobre todo trata de guardar celosamente su ignorancia a oídos ajenos.

Que tengan que escribirse evidencias tan elementales a estas alturas de la película, resulta sencillamente hilarante. Y que los protagonistas de las majaderías sean los que mandan o esas legiones de sabiondos superficiales que se las dan de enterados, es de aurora boreal. ¡Qué país, Miquelarena, qué país! 

Jesús D Mez Madrid

 

 

La política y sus cenagales en un país hundido

 

LA POLÍTICA Y SUS CENAGALES: Rajoy estaba al tanto del espionaje a Bárcenas, según un informe de Asuntos Internos. “Un documento remitido al juez del 'caso Villarejo' describe la 'operación Kitchen' como un plan coordinado por el secretario de Estado, "con conocimiento de El Asturiano", el mote que los policías atribuían al expresidente del Gobierno”. (Vozpópuli 10-09-2020)

¿Y esto sorprende a alguien? Ningún subalterno hace nada digno de mención, sin conocimiento "del jefe", por ello Rajoy y todos los demás, saben lo que hay "dentro de casa", aunque no les interese reconocerlo, la asquerosa política siempre marcha entre cenagales, mentiras y "cosas peores"; por ello así está no sólo España, sino el resto del planeta.

La Fiscalía acusa a mandos policiales de "enriquecerse" con fondos reservados en la era Rajoy. Se basa en los interrogatorios al facultativo encargado de gestionar el dinero, Miguel Ángel Bayo, quien dio cuenta de las “disfunciones e irregularidades” que se cometían en el Cuerpo. (Vozpópuli 10-09-2020)

            Otro más de “los pudrideros de la asquerosa política”; aquí, “se huelen que apestan”, los grandes sobornos, que han debido tener lugar, para “comprar”, a incluso “altos funcionarios policiales”, para que hagan lo que les manden, no lo que requieren sus obligaciones, que supongo, “jurarían o prometerían” en su momento; o sea, “un asco y que dan ganas de vomitar”.

“Primer revolcón serio para el «arrogante» Sánchez con un no rotundo a la incautación del superávit municipal” (Periodista Digital 11-09-2020)

            Este sólo hecho nos demuestra que el indeseable Sánchez, está en el Gobierno y se mantiene en él, por cuanto tiene comprada a la oposición; puesto que lo mismo que “le echan fuera otra ley draconiana”, lo pueden echar a él mismo, así y tan pronto le pongan una moción de censura, le obligan a irse y convocar nuevas elecciones; pero no, “la compra de voluntades”, lo sostiene en el sillón y nosotros los indefensos, tenemos que aguantar a… “hunos y a hotros”.

POR EL HUNDIMIENTO DEL CONSUMO Y EL TURISMO: La recaudación del IVA se hundió un 33% en julio y deja un agujero de 7.200 millones. La crisis económica, el confinamiento y la congelación del turismo afectan gravemente la recaudación de la Agencia Tributaria. El déficit del Estado se ha disparado por encima del 5%”. (El Confidencial 11-09-2020).

            Se  confirma lo que desde que se inició, “el corte de la vida normal y por ende de la circulación del dinero”; escribí y reiteré en muchos de mis artículos; “EL REMEDIO ES PEOR QUE LA ENFERMEDAD”; y simplemente se va confirmando. Y no sólo es el consumo, es el miedo y terror que estos inútiles gobernantes han metido en el cuerpo de “las masas”; será también muy difícil el sacárselo y volverlos a tener cierto optimismo. Nos han metido en un callejón sin salida y del que saldremos (“el que salga”) peor que… “el gato escaldado con agua caliente”; sencillamente, no se ven horizontes para sentir optimismo y esperanza; el gobierno o los gobiernos, ya veremos cómo cubren sus gastos corrientes, y el pago de los ejércitos de parásitos que mantienen adrede y que son “otra ruina”.

“LOS INDEPENDENTISTAS SIGUEN APOSTANDO POR LA VIOLENCIA CONTRA CASA REAL Y ESPAÑA: Jóvenes violentos de la CUP queman el retrato de la Familia Real ante el silencio cómplice de Podemos”. (Periodista Digital 12-09-2020)

            Como representante de comercio, conviví con bastantes catalanes, en la época de Franco (al que supieron “ordeñar” muy bien y sin “levantar la voz”). Con ·éstos de ahora”,  los siguen “ordeñando” lo mismo, pero de forma salvaje y “a palo limpio”. Lo que ocurre es que “éstos”, lo aguantan todo y con Franco, no se hubieran atrevido ni “a mover los bancos de la plaza de Cataluña”; o sea que con Franco y con astucia, explotaron bien a España y su dinero público, y lograron una prosperidad que ni soñaron. Y con “éstos” quieren una independencia imposible, aparte que la misma si la consiguieran, “sería en provecho no de los catalanes, sino de los Pujol y “pujoleros”, que nacerían como las setas. Así pues, deduzco que “la idiotez catalana”, está muchísimo más extendida que en la época de Franco, puesto que el catalán, ya sabemos que lo primero “es la pela”; y tal como van, “la pela les va a costar muchísimo más que la que obtuvieron con Franco, si es que la consiguen”; en resumidas cuentas, que hoy veo yo a los catalanes, “muchísimo más tontos que los que explotaron la España de Franco”; cosa que a mi vejez, me da mucha risa.

"YA LA DIADA DEL AÑO PASADO FUE UN FRACASO Y LOS ALTERCADOS DE LOS CONTENEDORES INCENDIADOS FUERON TODAVÍA MÁS FOLCLORE": Sostres da por muerto al separatismo: «Solo quedan líderes dementes y un público ciego y fanatizado». "El independentismo ha quedado reducido a esta hortera soledad de traje negro mañanero que no le han hecho ni las mangas". (Periodista Digital 12-09-2020)

       Hay que recordar la larga historia de España: Cataluña nunca fue independiente, fueron simples “condados” (las provincias vascongadas, “ni eso”, su principal ciudad es obra de Castilla y ambos territorios prosperaron, explotando al resto de España)… Cataluña, incluso se unió a Francia, que los trató “muy bien, por los cojoness”; y tuvieron que regresar a la España de Entonces; por puntualizar detalles, “las barras que tanto señorean”, ni son siquiera catalanas, son aragonesas; y en general, siempre pertenecieron a “coronas del norte o del sur de los pirineos”; y no les ha ido muy mal (al igual que a los vascos) puesto que reitero, ambos territorios, supieron explotar con su industria y su comercio al resto de España (y también a sus colonias) y de ahí les viene la riqueza de la que presumen, que se la ganaron, no como “guerreros”, sino como comerciantes, cosa menos arriesgada y mucho más provechosa… ¿entonces qué quieren más? Convendría que los nativos de estos territorios, conocieran su propia historia y seguro que entonces, serían “menos idiotas”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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