Las Noticias de hoy 28 Septiembre 2020

Enviado por adminideas el Lun, 28/09/2020 - 11:51

El papel de la mujer en la Iglesia - Iglesia en Directo

Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 28 de septiembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: Llamada a resolver los conflictos en el Cáucaso

Ángelus: Jesús espera ansiosamente nuestro “sí”

Ángelus: Saludos del Papa a los peregrinos

Mensaje del Papa para la 106ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

EL SENTIDO CRISTIANO DEL DOLOR: Francisco Fernandez Carbajal

Evangelio del lunes: Aspirar a algo grande

“Estando Él con nosotros nada hay que temer”: San Josemaria

 «Que sea eso que Tú quieres»

Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

 Santificar con el trabajo

Libros que nos hacen mejores personas : Francisco Serrano Oceja 

Contar con todos | Soñar en grande: Pbro. José Martínez Colín

Educar ¿En qué?: Rosario Prieto

La sexualización de la cultura y la teología del cuerpo: Sheila Morataya

Cuidar de los enfermos aprendiendo lo que significa amar: Andrea Tornielli

 La religión del migrante: un desafío para la sociedad y la Iglesia: Ciudad del Vaticano

LA EUTANASIA ¿otro derecho?: José Manuel Belmonte

Somos cristianos porque queremos: Domingo Martínez Madrid

“Todos hermanos”: Jesús Martínez Madrid

Algo pasa con los jóvenes: Pedro García

No incluyó el aborto: Jesús Martínez Madrid

Vacaciones legionarias, la ETA y sus asesinos… y?: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Ángelus: Llamada a resolver los conflictos en el Cáucaso

“Rezo por la paz en el Cáucaso”

SEPTIEMBRE 27, 2020 15:58ANITA BOURDINANGELUS

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(zenit – 27 septiembre 2020).- El Papa Francisco pide a las partes que no están presentes en el Cáucaso que resuelvan las tensiones a través del “diálogo” y la “negociación”.

Después de la oración del Ángelus de este domingo 27 de septiembre de 2020 en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco dijo en italiano: “Se han informado enfrentamientos preocupantes en la región del Cáucaso. Rezo por la paz en el Cáucaso y pido a las partes en el conflicto que hagan gestos concretos de buena voluntad y hermandad, que puedan llevar a la solución de los problemas no mediante el uso de la fuerza y ​​las armas, sino diálogo y negociación”.

El Papa pidió a la multitud y a quienes siguieron el Ángelus a través de los medios de comunicación que rezaran con él en silencio por esta intención: “Oremos juntos, en silencio, por la paz en el Cáucaso”.

Armenia y Azerbaiyán estaban al borde de la guerra el domingo cuando estalló una lucha mortal entre las fuerzas azerbaiyanas y la región separatista de Nagorno Karabaj, respaldada por Ereván. Los beligerantes han informado de bajas militares y civiles”.

Los combates ya se habían producido en julio pasado, en la frontera de los dos países, matando al menos a 17 personas y reavivando un conflicto que data de la disolución de la ex URSS, sobre la base de controvertidas fronteras.

La región de Nagorno-Karabaj permanece bajo tensión después de la guerra de 1994 y más enfrentamientos en 2016.

El Papa visitó Armenia en junio de 2016 y Azerbaiyán en octubre de 2016 ya no era posible ir de un país a otro durante el mismo viaje.

 

Ángelus: Jesús espera ansiosamente nuestro “sí”

Palabras del Papa antes de la oración mariana

SEPTIEMBRE 27, 2020 12:31RAQUEL ANILLOANGELUS

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(zenit – 27 sept. 2020).- A las 12 del mediodía de hoy, 27 de septiembre de 2020, el Santo Padre Francisco se asoma a la ventana del estudio del Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

A continuación, siguen las palabras del Papa, según la tradición oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, en mi tierra se dice: “Al mal tiempo buena cara”. Con esta “buena cara” os digo: ¡buenos días!

Con su predicación sobre el Reino de Dios, Jesús se opone a una religiosidad que no involucra la vida humana, que no interpela la conciencia y su responsabilidad frente al bien y al mal. Lo demuestra también con la parábola de los dos hijos, que es propuesta en el Evangelio de Mateo (cfr. 21, 28-32). A la invitación del padre de ir a trabajar a la viña, el primer hijo responde impulsivamente “no, no voy”, pero después se arrepiente y va; sin embargo el segundo hijo, que enseguida responde “sí, sí papá”, en realidad no lo hace, no va. La obediencia no consiste en decir “sí” o “no”, sino siempre en actuar, en cultivar la viña, en realizar el Reino de Dios, en hacer el bien. Con este sencillo ejemplo, Jesús quiere superar una religión entendida solo como práctica exterior y rutinaria, que no incide en la vida y en las actitudes de las personas, una religiosidad superficial, solamente “ritual”, en el mal sentido de la palabra.

Los exponentes de esta religiosidad “de fachada”, que Jesús desaprueba, eran en aquella época «los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo» (Mt 21, 23), los cuales, según la admonición del Señor, en el Reino de Dios serán superados por los publicanos y las rameras (cfr. v. 31). Jesús les dice: “Los publicanos, es decir los pecadores, y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios”. Esta afirmación no debe inducir a pensar que hacen bien los que no siguen los mandamientos de Dios, los que no siguen la moral, y dicen: “Al fin y al cabo, ¡los que van a la Iglesia son peor que nosotros!”. No, esta no es la enseñanza de Jesús. Jesús no señala a los publicanos y las prostitutas como modelos de vida, sino como “privilegiados de la Gracia”. Y quisiera subrayar esta palabra “gracia”, la gracia, porque la conversión siempre es una gracia. Una gracia que Dios ofrece a todo aquel que se abre y se convierte a Él. De hecho, estas personas, escuchando su predicación, se arrepintieron y cambiaron de vida. Pensemos en Mateo, por ejemplo, San Mateo, que era un publicano, un traidor a su patria.

En el Evangelio de hoy, quien queda mejor es el primer hermano, no porque ha dicho «no» a su padre, sino porque después el “no” se ha convertido en un “sí”, se ha arrepentido. Dios es paciente con cada uno de nosotros: no se cansa, no desiste después de nuestro “no”; nos deja libres también de alejarnos de Él y de equivocarnos. ¡Pensar en la paciencia de Dios es maravilloso! Cómo el Señor nos espera siempre; siempre junto a nosotros para ayudarnos; pero respeta nuestra libertad. Y espera ansiosamente nuestro “sí”, para acogernos nuevamente entre sus brazos paternos y colmarnos de su misericordia sin límites. La fe en Dios pide renovar cada día la elección del bien respecto al mal, la elección de la verdad respecto a la mentira, la elección del amor del prójimo respecto al egoísmo. Quien se convierte a esta elección, después de haber experimentado el pecado, encontrará los primeros lugares en el Reino de los cielos, donde hay más alegría por un solo pecador que se convierte que por noventa y nueve justos (cfr. Lc 15, 7).

Pero la conversión, cambiar el corazón, es un proceso, un proceso que nos purifica de las incrustaciones morales. Y a veces es un proceso doloroso, porque no existe el camino de la santidad sin alguna renuncia y sin el combate espiritual. Combatir por el bien, combatir para no caer en la tentación, hacer por nuestra parte lo que podemos, para llegar a vivir en la paz y en la alegría de las Bienaventuranzas. El Evangelio de hoy cuestiona la forma de vivir la vida cristiana, que no está hecha de sueños y bonitas aspiraciones, sino de compromisos concretos, para abrirnos siempre a la voluntad de Dios y al amor hacia los hermanos. Pero esto, también el compromiso concreto más pequeño, no se puede hacer sin la gracia. La conversión es una gracia que debemos pedir siempre: “Señor dame la gracia de mejorar. Dame la gracia de ser un buen cristiano”.

Que María Santísima nos ayude a ser dóciles en la acción del Espíritu Santo. Él es quien derrite la dureza de los corazones y los dispone al arrepentimiento, para obtener la vida y la salvación prometidas por Jesús.

 

 

Ángelus: Saludos del Papa a los peregrinos

Palabras después del Ángelus

SEPTIEMBRE 27, 2020 14:52RAQUEL ANILLOANGELUS

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(zenit – 27 septiembre 2020) .- Después del Ángelus de este domingo, 27 de septiembre de 2020, el Papa ha orado por la paz en el Cáucaso. Ha recordado que hoy la Iglesia celebra el Día Mundial del Migrante y el Refugiado, saludando a los refugiados y migrantes presentes en la plaza  alrededor del monumento titulado “Ángeles sin saberlo”.

Lo mismo que el Día Mundial del Turismo que se celebra hoy a quién la pandemia ha golpeado duramente.

Por último, Francisco saludó a la gente de Roma y a los peregrinos de varios países presentes en la plaza de San Pedro.

A continuación, siguen las palabras del Papa, según la tradición oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras del Papa después del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas!

Llegan noticias preocupantes de enfrentamientos en la zona del Cáucaso. Rezo por la paz en el Cáucaso y pido a las partes en conflicto cumplir gestos concretos de buena voluntad y de hermandad, que puedan  llevar a resolver los problemas no con el uso de la fuerza y de las armas, sino por medio del diálogo y de la negociación. Rezamos juntos, en silencio, por la paz en el Cáucaso.

Ayer, en Nápoles, fue proclamada beata María Luisa del Santísimo Sacramento, en el siglo María Velotti, fundadora de la Congregación de las Hermanas Franciscanas Adoradoras de la Santa Cruz. Damos gracias a Dios por esta nueva beata, ejemplo de contemplación del misterio del Calvario e incansable en el ejercicio de la caridad.

Hoy la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Saludo a los refugiados y a los migrantes presentes en la plaza en torno al monumento titulado: “Ángeles sin saberlo” (cfr. Hb 13, 2), que bendije hace un año. Este año he querido dedicar mi mensaje a los desplazados internos, los cuales están obligados a huir, como les sucedió también a Jesús y a su familia.  «Como Jesús obligados a huir», así los desplazados, los migrantes. A ellos, de forma particular, y a quien les asiste va nuestro recuerdo y nuestra oración.

Hoy se celebra también la Jornada Mundial del Turismo. La pandemia ha golpeado durante este sector, tan importante para tantos países. Dirijo mi aliento a quienes trabajan en el turismo, en particular a las pequeñas empresas familiares y a los jóvenes. Deseo que todos puedan pronto recuperarse de las dificultades actuales.

Y saludo ahora a todos vosotros, queridos fieles romanos y peregrinos de distintas partes de Italia y del mundo. ¡Hay muchas banderas diferentes! Un pensamiento especial a las mujeres y a todas las personas comprometidas en la lucha contra los tumores de seno. ¡El Señor sostenga vuestro compromiso! Y saludo a los peregrinos de Siena que han venido a pie hasta Roma.

Y a todos os deseo un buen domingo, un domingo en paz. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

 

 

Mensaje del Papa para la 106ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

Dedicado a los desplazados internos

SEPTIEMBRE 27, 2020 09:00LARISSA I. LÓPEZPAPAS

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(zenit – 15 mayo 2020).- La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha difundido hoy el mensaje del Santo Padre para la 106ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el 27 de septiembre de 2020.

El documento, titulado “Como Jesucristo, obligados a huir. Acoger, proteger, promover e integrar a los desplazados internos” ha sido presentado también en este día en una rueda de prensa.

Francisco remite en su mensaje a las “Orientaciones Pastorales sobre Desplazados Internos”, recientemente publicadas por la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral: “Un documento que desea inspirar y animar las acciones pastorales de la Iglesia en este ámbito concreto”.

Drama de los desplazados internos

Es por ello que decidió dedicar este Mensaje “al drama de los desplazados internos, un drama a menudo invisible, que la crisis mundial causada por la pandemia del COVID-19 ha agravado” y lo extiende “a todos los que han experimentado y siguen aún hoy viviendo situaciones de precariedad, de abandono, de marginación y de rechazo a causa del COVID-19”.

El Papa recuerda la escena de la huida de Egipto en la que la Sagrada Familia experimentó “la trágica condición de desplazado y refugiado”, “marcada por el miedo, la incertidumbre, las incomodidades”, trasladándola a la realidad actual de las familias de migrantes y refugiados: “Estamos llamados a reconocer en sus rostros el rostro de Cristo, hambriento, sediento, desnudo, enfermo, forastero y encarcelado, que nos interpela (cf. Mt 25,31-46). Si lo reconocemos, seremos nosotros quienes le agradeceremos el haberlo conocido, amado y servido”.

Así, considera que los desplazados internos ofrecen “esta oportunidad de encuentro con el Señor” y se trata “de un reto pastoral al que estamos llamados a responder con los cuatro verbos que señalé en el mensaje para esta misma Jornada en 2018: acoger, proteger, promover e integrar”. De este modo, el Pontífice añade “otras seis parejas de verbos, que se corresponden a acciones muy concretas, vinculadas entre sí en una relación de causa-efecto”.

Conocer y comprender, hacerse prójimo para servir

En primer lugar, es necesario “conocer para comprender”, pues “cuando hablamos de migrantes y desplazados, nos limitamos con demasiada frecuencia a números. ¡Pero no son números, sino personas! Si las encontramos, podremos conocerlas. Y si conocemos sus historias, lograremos comprender”.

Después, “hay que hacerse prójimo para servir”, explica el Obispo de Roma: “Los miedos y los prejuicios —tantos prejuicios—, nos hacen mantener las distancias con otras personas y a menudo nos impiden ‘acercarnos como prójimos’ y servirles con amor”. Pero, acercarse al prójimo “significa, a menudo, estar dispuestos a correr riesgos, como nos han enseñado tantos médicos y personal sanitario en los últimos meses” y el ejemplo más grande “nos lo dejó Jesús cuando lavó los pies de sus discípulos: se quitó el manto, se arrodilló y se ensució las manos (cf. Jn 13,1-15)”.

Escuchar para reconciliarse, compartir para crecer

“Para reconciliarse se requiere escuchar”, continúa. En la actualidad “se multiplican los mensajes, pero se está perdiendo la capacidad de escuchar” y “solo a través de una escucha humilde y atenta podremos llegar a reconciliarnos de verdad”. Gracias a esta escucha, “tenemos la oportunidad de reconciliarnos con el prójimo, con tantos descartados, con nosotros mismos y con Dios, que nunca se cansa de ofrecernos su misericordia”.

En cuarto lugar, el Santo Padre remarca que “para crecer hay que compartir”, pues, es preciso “aprender a compartir para crecer juntos, sin dejar fuera a nadie. La pandemia nos ha recordado que todos estamos en el mismo barco”. “Darnos cuenta que tenemos las mismas preocupaciones y temores comunes, nos ha demostrado, una vez más, que nadie se salva solo” y que para crecer realmente, “debemos crecer juntos, compartiendo lo que tenemos”.

Involucar para promover, colaborar para construir

El Papa sostiene también que “se necesita involucrar para promover”. A veces, “el impulso de servir a los demás nos impide ver sus riquezas”, no obstante, si queremos realmente promover a las personas a quienes ofrecemos asistencia, “tenemos que involucrarlas y hacerlas protagonistas de su propio rescate”.

De este modo, remarca que de deben “motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad” (Meditación en la Plaza de San Pedro, 27 marzo 2020).

Por último, Francisco subraya que es “indispensable colaborar para construir. La construcción del Reino de Dios, compromiso común de todos los cristianos, “requiere que aprendamos a colaborar, sin dejarnos tentar por los celos, las discordias y las divisiones”.

Y en el actual contexto, “es necesario reiterar que: ‘Este no es el tiempo del egoísmo (…)’, (Mensaje Urbi et Orbi, 12 abril 2020)” y para preservar la casa común y que esta se parezca, cada vez más, al plan original de Dios, “debemos comprometernos a garantizar la cooperación internacional, la solidaridad global y el compromiso local, sin dejar fuera a nadie”.

A continuación, sigue el mensaje completo del Papa Francisco.

***

Mensaje del Santo Padre

A principios de año, en mi discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, señalé entre los retos del mundo contemporáneo el drama de los desplazados internos: “Las fricciones y las emergencias humanitarias, agravadas por las perturbaciones del clima, aumentan el número de desplazados y repercuten sobre personas que ya viven en un estado de pobreza extrema. Muchos países golpeados por estas situaciones carecen de estructuras adecuadas que permitan hacer frente a las necesidades de los desplazados” (9 enero 2020).

La Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral ha publicado las “Orientaciones Pastorales sobre Desplazados Internos” (Ciudad del Vaticano, 5 mayo 2020) un documento que desea inspirar y animar las acciones pastorales de la Iglesia en este ámbito concreto.

Por ello, decidí dedicar este Mensaje al drama de los desplazados internos, un drama a menudo invisible, que la crisis mundial causada por la pandemia del COVID-19 ha agravado. De hecho, esta crisis, debido a su intensidad, gravedad y extensión geográfica, ha empañado muchas otras emergencias humanitarias que afligen a millones de personas, relegando iniciativas y ayudas internacionales, esenciales y urgentes para salvar vidas, a un segundo plano en las agendas políticas nacionales. Pero “este no es tiempo del olvido. Que la crisis que estamos afrontando no nos haga dejar de lado a tantas otras situaciones de emergencia que llevan consigo el sufrimiento de muchas personas” (Mensaje Urbi et Orbi, 12 abril 2020).

A la luz de los trágicos acontecimientos que han caracterizado el año 2020, extiendo este Mensaje, dedicado a los desplazados internos, a todos los que han experimentado y siguen aún hoy viviendo situaciones de precariedad, de abandono, de marginación y de rechazo a causa del COVID-19.

Quisiera comenzar refiriéndome a la escena que inspiró al papa Pío XII en la redacción de la Constitución Apostólica Exsul Familia (1 agosto 1952). En la huida a Egipto, el niño Jesús experimentó, junto con sus padres, la trágica condición de desplazado y refugiado, “marcada por el miedo, la incertidumbre, las incomodidades (cf. Mt 2,13-15.19-23). Lamentablemente, en nuestros días, millones de familias pueden reconocerse en esta triste realidad. Casi cada día la televisión y los periódicos dan noticias de refugiados que huyen del hambre, de la guerra, de otros peligros graves, en busca de seguridad y de una vida digna para sí mismos y para sus familias” (Ángelus, 29 diciembre 2013). Jesús está presente en cada uno de ellos, obligado —como en tiempos de Herodes— a huir para salvarse. Estamos llamados a reconocer en sus rostros el rostro de Cristo, hambriento, sediento, desnudo, enfermo, forastero y encarcelado, que nos interpela (cf. Mt 25,31-46). Si lo reconocemos, seremos nosotros quienes le agradeceremos el haberlo conocido, amado y servido.

Los desplazados internos nos ofrecen esta oportunidad de encuentro con el Señor, “incluso si a nuestros ojos les cuesta trabajo reconocerlo: con la ropa rota, con los pies sucios, con el rostro deformado, con el cuerpo llagado, incapaz de hablar nuestra lengua” (Homilía, 15 febrero 2019). Se trata de un reto pastoral al que estamos llamados a responder con los cuatro verbos que señalé en el Mensaje para esta misma Jornada en 2018: acoger, proteger, promover e integrar. A estos cuatro, quisiera añadir ahora otras seis parejas de verbos, que se corresponden a acciones muy concretas, vinculadas entre sí en una relación de causa-efecto.

Es necesario conocer para comprender. El conocimiento es un paso necesario hacia la comprensión del otro. Lo enseña Jesús mismo en el episodio de los discípulos de Emaús: “Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo” (Lc 24,15-16). Cuando hablamos de migrantes y desplazados, nos limitamos con demasiada frecuencia a números. ¡Pero no son números, sino personas! Si las encontramos, podremos conocerlas. Y si conocemos sus historias, lograremos comprender. Podremos comprender, por ejemplo, que la precariedad que hemos experimentado con sufrimiento, a causa de la pandemia, es un elemento constante en la vida de los desplazados.

Hay que hacerse prójimo para servir. Parece algo obvio, pero a menudo no lo es. “Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10,33-34). Los miedos y los prejuicios —tantos prejuicios—, nos hacen mantener las distancias con otras personas y a menudo nos impiden “acercarnos como prójimos” y servirles con amor. Acercarse al prójimo significa, a menudo, estar dispuestos a correr riesgos, como nos han enseñado tantos médicos y personal sanitario en los últimos meses. Este estar cerca para servir, va más allá del estricto sentido del deber. El ejemplo más grande nos lo dejó Jesús cuando lavó los pies de sus discípulos: se quitó el manto, se arrodilló y se ensució las manos (cf. Jn 13,1-15).

Para reconciliarse se requiere escuchar. Nos lo enseña Dios mismo, que quiso escuchar el gemido de la humanidad con oídos humanos, enviando a su Hijo al mundo: “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él […] tenga vida eterna” (Jn 3,16-17). El amor, el que reconcilia y salva, empieza por una escucha activa. En el mundo de hoy se multiplican los mensajes, pero se está perdiendo la capacidad de escuchar. Sólo a través de una escucha humilde y atenta podremos llegar a reconciliarnos de verdad. Durante el 2020, el silencio se apoderó por semanas enteras de nuestras calles. Un silencio dramático e inquietante, que, sin embargo, nos dio la oportunidad de escuchar el grito de los más vulnerables, de los desplazados y de nuestro planeta gravemente enfermo. Y, gracias a esta escucha, tenemos la oportunidad de reconciliarnos con el prójimo, con tantos descartados, con nosotros mismos y con Dios, que nunca se cansa de ofrecernos su misericordia.

Para crecer hay que compartir. Para la primera comunidad cristiana, la acción de compartir era uno de sus pilares fundamentales: “El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común” (Hch 4,32). Dios no quiso que los recursos de nuestro planeta beneficiaran únicamente a unos pocos. ¡No, el Señor no quiso esto! Tenemos que aprender a compartir para crecer juntos, sin dejar fuera a nadie. La pandemia nos ha recordado que todos estamos en el mismo barco. Darnos cuenta que tenemos las mismas preocupaciones y temores comunes, nos ha demostrado, una vez más, que nadie se salva solo. Para crecer realmente, debemos crecer juntos, compartiendo lo que tenemos, como ese muchacho que le ofreció a Jesús cinco panes de cebada y dos peces… ¡Y fueron suficientes para cinco mil personas! (cf. Jn 6,1-15).

Se necesita involucrar para promover. Así hizo Jesús con la mujer samaritana (cf. Jn 4,1-30). El Señor se acercó, la escuchó, habló a su corazón, para después guiarla hacia la verdad y transformarla en anunciadora de la buena nueva: “Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?” (v. 29). A veces, el impulso de servir a los demás nos impide ver sus riquezas. Si queremos realmente promover a las personas a quienes ofrecemos asistencia, tenemos que involucrarlas y hacerlas protagonistas de su propio rescate. La pandemia nos ha recordado cuán esencial es la corresponsabilidad y que sólo con la colaboración de todos —incluso de las categorías a menudo subestimadas— es posible encarar la crisis. Debemos “motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad” (Meditación en la Plaza de San Pedro, 27 marzo 2020).

Es indispensable colaborar para construir. Esto es lo que el apóstol san Pablo recomienda a la comunidad de Corinto: “Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo Sentir” (1 Co 1,10). La construcción del Reino de Dios es un compromiso común de todos los cristianos y por eso se requiere que aprendamos a colaborar, sin dejarnos tentar por los celos, las discordias y las divisiones. Y en el actual contexto, es necesario reiterar que: “Este no es el tiempo del egoísmo, porque el desafío que enfrentamos nos une a todos y no hace acepción de personas” (Mensaje Urbi et Orbi, 12 abril 2020). Para preservar la casa común y hacer todo lo posible para que se parezca, cada vez más, al plan original de Dios, debemos comprometernos a garantizar la cooperación internacional, la solidaridad global y el compromiso local, sin dejar fuera a nadie.

Quisiera concluir con una oración sugerida por el ejemplo de san José, de manera especial cuando se vio obligado a huir a Egipto para salvar al Niño.

Padre, Tú encomendaste a san José lo más valioso que tenías: el Niño Jesús y su madre, para protegerlos de los peligros y de las amenazas de los malvados.

Concédenos, también a nosotros, experimentar su protección y su ayuda. Él, que padeció el sufrimiento de quien huye a causa del odio de los poderosos, haz que pueda consolar y proteger a todos los hermanos y hermanas que, empujados por las guerras, la pobreza y las necesidades, abandonan su hogar y su tierra, para ponerse en camino, como refugiados, hacia lugares más seguros.

Ayúdalos, por su intercesión, a tener la fuerza para seguir adelante, el consuelo en la tristeza, el valor en la prueba.

Da a quienes los acogen un poco de la ternura de este padre justo y sabio, que amó a Jesús como un verdadero hijo y sostuvo a María a lo largo del camino.

Él, que se ganaba el pan con el trabajo de sus manos, pueda proveer de lo necesario a quienes la vida les ha quitado todo, y darles la dignidad de un trabajo y la serenidad de un hogar.

Te lo pedimos por Jesucristo, tu Hijo, que san José salvó al huir a Egipto, y por intercesión de la Virgen María, a quien amó como esposo fiel según tu voluntad. Amén.

Roma, San Juan de Letrán, 13 de mayo de 2020, Memoria de la Bienaventurada Virgen María de Fátima.

FRANCISCO

© Librería Editorial Vaticano

 

EL SENTIDO CRISTIANO DEL DOLOR

— Las pruebas y padecimientos de Job.

— El sufrimiento de los justos.

— El dolor y la Pasión de Cristo.

I. A lo largo de esta semana, una de las lecturas de la Misa1 recoge las enseñanzas del Libro de Job, siempre actuales, pues la desgracia y el dolor son una realidad con la que nos tropezamos frecuentemente.

Vivía en tierra de Hus –leemos en la Sagrada Escritura– un hombre temeroso de Dios, llamado Job, que había recibido incontables bendiciones del Señor: era rico en rebaños, ganado y productos de la tierra, y le había sido concedida una numerosa descendencia. Según una concepción generalizada en aquellos tiempos, existía relación entre vida virtuosa y vida próspera en bienes. Esta situación de bienestar material era considerada como un premio que Dios otorgaba a la virtud y a la fidelidad. En un diálogo figurado entre Dios, que se siente contento por el amor de su siervo, y Satán, este insinúa que la virtud de Job es interesada y que desaparecería con la destrucción de sus riquezas. ¿Acaso teme Job a Dios en balde? ¿No le has rodeado de un vallado protector a él, a su casa y a todo cuanto tiene? Has bendecido el trabajo de sus manos, y sus ganados se esparcen por todo el país. Pero extiende tu mano y tócale en lo suyo, veremos si no te maldice en tu rostro2.

Con la autorización de Dios, fue Job despojado de todos sus bienes, pero su virtud demostró estar profundamente enraizada: Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo tornaré allá. Yahvé me lo dio, Yahvé me lo ha quitado. ¡Bendito sea el nombre de Yahvé!3, exclama en medio de su pobreza. Su conformidad con la voluntad divina fue total, tanto en la abundancia como en la indigencia. La miseria de Job se convirtió en enorme riqueza espiritual.

Una segunda y más violenta prueba no pudo debilitar esa fe y confianza en Dios. Esta vez todo su cuerpo fue herido con una úlcera que le cubría desde la planta de los pies a la cabeza. Perder la salud es un mal peor que perder los bienes materiales. La fe de Job, sin embargo, se mantuvo firme, a pesar de la enfermedad y de los ataques hirientes de su mujer: Si recibimos de Dios los bienes, ¿por qué no también los males?4, contestó Job.

Hoy puede ser una buena oportunidad para que examinemos nuestra postura ante el Señor cuando, en nosotros o en aquellos que más queremos, se hacen presentes la desgracia y el dolor. Dios es siempre Padre. También cuando nos visitan la aflicción y el pesar. ¿Nos comportamos como hijos agradecidos en la abundancia y en la escasez, en la salud y en la enfermedad?

II. Tres amigos, pertenecientes a tribus y lugares diferentes, al enterarse de la situación de Job se propusieron ir juntos para hacerle compañía y animarle. Cuando los tres, Elifaz, Bildad y Sofar, llegaron y vieron a Job en un estado tan lamentable, toda su compasión desapareció, convencidos de que se hallaban en presencia de un hombre maldecido por Dios. Ellos compartían la creencia de que la prosperidad es el premio que Dios da a la virtud, y las tribulaciones son castigo de la iniquidad. La conducta de sus amigos, la prolongación de sus sufrimientos, la soledad en medio de tanto dolor, pesaron demasiado sobre Job, que rompió su silencio en una queja amarga. Los amigos, convencidos de la existencia de algún pecado oculto de Job, también ignorantes del premio o castigo después de esta vida, se dirigen duramente contra él, pues no encuentran otra explicación a las desgracias de Job. Este, convencido de su propia inocencia, admite ciertamente la existencia de pequeñas transgresiones, comunes a todo hombre5, pero no hasta el punto de ser proporcionales al castigo. Recuerda igualmente el mucho bien que llevó a cabo. De aquí nace una gran lucha dentro de su alma.

Él sabe que Dios es justo, y sin embargo todo parece hablar de injusticia en relación a él. También él creía que el Señor trata al hombre según sus méritos o deméritos. ¿Cómo podría conciliarse la justicia divina con su amarga experiencia? Los amigos tienen una respuesta, pero él, en conciencia, la cree falsa. Estas dos convicciones, aparentemente contradictorias, la justicia divina y su propia inocencia, le causan a Job una angustia y un desgarro interior más penoso que sus mismas enfermedades físicas y la ruina material6. Es el desconcierto que fuera de la fe produce el sufrimiento del inocente: niños que mueren pronto o con enfermedades que los dejarán inútiles para una vida normal, personas que han sido generosas y han servido fielmente a Dios y que se encuentran en la ruina económica, sin trabajo, o con una enfermedad difícil..., mientras que a otros que han vivido a espaldas de Dios parece que la vida les sonríe.

El Libro de Job «pone con toda claridad el problema del sufrimiento del hombre inocente: el sufrimiento sin culpa. Job no ha sido castigado, no había razón para infligirle una pena, aunque haya sido sometido a una prueba durísima»7. Después de esta prueba, Job saldrá fortalecido en su virtud, que no dependía de su situación acomodada ni de los grandes beneficios que había recibido de Dios. Con todo, «el libro de Job no es la última palabra sobre este tema. En cierto modo es un anuncio de la Pasión de Cristo»8, la única que puede dar luz a este misterio del sufrimiento humano, de modo particular al dolor del inocente.

Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna9. El dolor cambia radicalmente de signo con la Pasión de Cristo. «Parece como si Job la hubiera presentido cuando dice: Yo sé que mi Redentor vive, y al fin... yo veré a Dios (Job 19, 25); y como si hubiese encaminado hacia ella su propio sufrimiento, el cual, sin la redención, no hubiera podido revelarle la plenitud de su significado. En la Cruz de Cristo no solo se ha cumplido la redención mediante el sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido. Cristo –sin culpa alguna propia– cargó sobre sí el mal total del pecado»10. Los padecimientos de Jesús fueron el precio de nuestra salvación11. Desde entonces, nuestro dolor puede unirse al de Cristo y, mediante él, participar en la Redención de la humanidad entera. «Esta ha sido la gran revolución cristiana: convertir el dolor en sufrimiento fecundo; hacer, de un mal, un bien. Hemos despojado al diablo de esa arma...; y, con ella, conquistamos la eternidad»12.

III. Nunca pasa el dolor a nuestro lado dejándonos como antes. Purifica el alma, la eleva, aumenta el grado de unión con la voluntad divina, nos ayuda a desasirnos de los bienes, del excesivo apego a la salud, nos hace corredentores con Cristo..., o, por el contrario, nos aleja del Señor y deja el alma torpe para lo sobrenatural y entristecida. Cuando Simón de Cirene fue reclamado para ayudar a Jesús a llevar su Cruz aceptó al principio con disgusto. Fue forzado13, escribe el Evangelista. En un primer momento solo miraba la cruz, y la cruz era un simple madero pesado y molesto, Después no se fijó ya en el madero, sino en el reo, aquel hombre del todo singular que iba a ser ajusticiado. Entonces todo cambió: ayudó con amor a Jesús y mereció el premio de la fe para él y para sus dos hijos, Alejandro y Rufo14. También nosotros hemos de mirar a Cristo en medio de nuestras pruebas y tribulaciones. Nos fijaremos menos en la Cruz y daremos paso al amor. Encontraremos que cargar con la Cruz tiene sentido cuando la llevamos junto al Maestro. «Su más ardiente deseo es encender en nuestros corazones esa llama de amor y de sacrificio que abrasa al suyo, y por poco que correspondamos a este deseo, nuestro corazón se convertirá pronto en un foco de amor que consumirá poco a poco esas escorias acumuladas por nuestras culpas y nos convertirá en víctimas de expiación, dichosos de lograr, a costa de algunos sufrimientos, una mayor pureza, una más estrecha unión con el Amado; dichosos también de completar la Pasión del Salvador por el bien de la Iglesia y de las almas (Col 1, 24) (...). A los pies del Crucificado, allí es donde comprenderemos que en este mundo no es posible amar sin sacrificio, pero el sacrificio es dulce al que ama»15.

Al terminar nuestra oración contemplamos a Nuestra Señora en la cima del Calvario, participando de modo singular en los padecimientos de su Hijo. «Admira la reciedumbre de Santa María: al pie de la Cruz, con el mayor dolor humano –no hay dolor como su dolor–, llena de fortaleza.

»—Y pídele de esa reciedumbre, para que sepas también estar junto a la Cruz»16. Junto a Ella entendemos bien que «el sacrificio es dulce al que ama», y ofreceremos a través de su Corazón dulcísimo los fracasos, las incomprensiones, las situaciones difíciles en la familia o en el trabajo, la enfermedad y el dolor... «Y una vez hecho el ofrecimiento, tratemos de no pensar más, sino de cumplir lo que Dios quiere de nosotros, allí donde estemos: en la familia, en la fábrica, en la oficina, en la escuela... Sobre todo, tratemos de amar a los demás, a los prójimos que están a nuestro alrededor.

»Si hacemos esto, podremos experimentar un efecto insólito e insospechado: nuestra alma estará llena de paz, de amor, y también de alegría pura, de luz. Podremos encontrar en nosotros una nueva fuerza. Veremos cómo, abrazando las cruces de cada día y uniéndonos por ellas a Jesús crucificado y abandonado, podremos participar ya desde aquí de la vida del Resucitado.

»Y, ricos de esta experiencia, podremos ayudar más eficazmente a todos nuestros hermanos a encontrar la bienaventuranza entre las lágrimas, a transformar en serenidad lo que les preocupe. Seremos así instrumentos de alegría para muchos, de felicidad, de esa felicidad que ambiciona todo corazón humano»17.

1 Primera lectura. Año II. — 2 Job 1, 9-11. 3 Job 1, 21. — 4 Job 2, 10. — 5 Cfr. Job 13, 26; 14, 4. — 6 Cfr. B. Orchard, Verbum Dei, Herder, Barcelona 1960, vol. II, pp. 104 ss. — 7 Juan Pablo II, Carta Apost. Salvifici doloris, 11-II-1984, 11. — 8 Ibídem. — 9 Jn 3, 16. — 10 Juan Pablo II, loc. cit., 19. — 11 Cfr. 1 Cor 6, 20. — 12 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 887. — 13 Mt 27, 32. — 14 Cfr. Mc 15, 21. — 15 A. Tanquerey, La divinización del sufrimiento, Rialp, Madrid 1955, pp. 203-204. — 16 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 508. — 17 Ch. Lubich, Palabra que se hace vida, Ciudad Nueva, Madrid 1990, p. 39.

 

 

Evangelio del lunes: Aspirar a algo grande

Evangelio de la Feria II de la XXVI semana del tiempo ordinario y comentario al evangelio.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Lc 9,46-50)

Les vino al pensamiento cuál de ellos sería el mayor. Pero Jesús, conociendo los pensamientos de sus corazones, acercó a un niño, lo puso a su lado y les dijo:

—El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado: pues el menor entre todos vosotros, ése es el mayor.

Entonces dijo Juan:

—Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y se lo hemos prohibido, porque no viene con nosotros.

Y Jesús le dijo:

—No se lo prohibáis, pues el que no está contra vosotros con vosotros está.


Comentario

En el Evangelio de la Misa de hoy, Jesús nos propone un camino privilegiado para poder tratarlo: es el camino de la sencillez. Mientras sus discípulos se enredan con pensamientos sobre quién sería el mayor entre ellos, el Señor realiza el pequeño pero significativo gesto de abrazar a un niño. Los discípulos aprenderían, así, que quien es sencillo como un niño puede ser levantado por los brazos de Dios y alcanzar la grandeza de sus hijos.

Jesús no quiere apagar el deseo de plenitud de sus discípulos, de aspirar a algo grande. Sin embargo, les hace ver que si se dejan atrapar por las comparaciones perderán inútilmente sus energías, porque para ser grandes no necesitamos que los demás sean más pequeños que nosotros.
Tampoco nos ayuda dejarnos llevar por el afán de controlar la actividad de los demás o perder la paz si realizan una buena labor fuera de la nuestra, ya que «el que no está contra vosotros, con vosotros está» (v. 50). La nueva lógica que propone el Señor nos ayuda a sanear las relaciones en el seno de nuestras familias, del trabajo y, especialmente, de la vida de la Iglesia. Por eso, san Josemaría animaba: «Alégrate, si ves que otros trabajan en buenos apostolados»[1].

Todos somos pequeños delante de Dios y los dones que Él distribuye entre sus hijos son una riqueza para todos nosotros. Recordar esto nos ayudará a superar las rivalidades sin sentido, y a ver en la persona de al lado más que a un competidor, a un hermano, a alguien con el que podemos crecer juntos para alcanzar la gloria del Cielo.

 

 

“Estando Él con nosotros nada hay que temer”

La llamada del Señor –la vocación– se presenta siempre así: “si alguno quiere venir detrás de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. Sí: la vocación exige renuncia, sacrificio. Pero ¡qué gustoso resulta el sacrificio –“gaudium cum pace”, alegría y paz–, si la renuncia es completa! (Surco, 8)

28 de septiembreSi consientes en que Dios señoree sobre tu nave, que El sea el amo, ¡qué seguridad!..., también cuando parece que se ausenta, que se queda adormecido, que se despreocupa, y se levanta la tormenta en medio de las tinieblas más oscuras. Relata San Marcos que en esas circunstancias se encontraban los Apóstoles; y Jesús, al verles remar con gran fatiga -por cuanto el viento les era contrario-, a eso de la cuarta hora nocturna, vino hacia ellos caminando sobre el mar... Cobrad ánimo, soy yo, no tenéis nada que temer. Y se metió con ellos en la barca, y cesó el viento.

Hijos míos, ¡ocurren tantas cosas en la tierra...! Os podría contar de penas, de sufrimientos, de malos tratos, de martirios -no le quito ni una letra-, del heroísmo de muchas almas. Ante nuestros ojos, en nuestra inteligencia brota a veces la impresión de que Jesús duerme, de que no nos oye; pero San Lucas narra cómo se comporta el Señor con los suyos: mientras ellos -los discípulos- iban navegando, se durmió Jesús, al tiempo que un viento recio alborotó las olas, de manera que, llenándose de agua la barca, corrían riesgo. Con esto, se acercaron a El, y le despertaron, gritando: ¡Maestro, que perecemos! Puesto Jesús en pie, mandó al viento y a la tormenta que se calmasen, e inmediatamente cesaron, y siguió una gran bonanza. Entonces les preguntó: ¿dónde está vuestra fe?

Si nos damos, El se nos da. Hay que confiar plenamente en el Maestro, hay que abandonarse en sus manos sin cicaterías; manifestarle, con nuestras obras, que la barca es suya; que queremos que disponga a su antojo de todo lo que nos pertenece. (Amigos de Dios, 22)

 

 

 «Que sea eso que Tú quieres»

El día 28 de septiembre de 1920, san Josemaría se incorporó al  Seminario de Zaragoza. Los años que permaneció en la ciudad del Ebro supusieron la forja de su alma sacerdotal y preparación del instrumento del que Dios se valdría para abrir un nuevo camino de santidad dentro de la Iglesia universal.

RELATOS BIOGRÁFICOS28/09/2020

Cualquier vida se resiste a ser reducida a meros datos biográficos, por relevantes que parezcan. Pero en el caso de la vida de los santos nos sentimos empujados a conocer al menos aquellos momentos que marcaron su vida incluso por más pequeños que pudieran parecer, pues son los santos los que marcan el verdadero y profundo acontecer de la Historia. Este es el caso, por ejemplo, del acontecimiento cuyo centenario ahora vamos a conmemorar: la incorporación de san Josemaría Escrivá de Balaguer al Seminario de Zaragoza, el día 28 de septiembre de 1920.

EN ZARAGOZA AÑADIÓ A SU ORACIÓN HABITUAL EL “DOMINA, UT SIT” DIRIGIDO CON FE A LA VIRGEN DEL PILAR

En efecto, por más que desde fuera esa fecha pueda parecer irrelevante a ojos de un biógrafo que carezca de sentido histórico, aquel día fue una fecha importante pues no sólo tuvo lugar el ingreso de un seminarista joven (tenía 18 años) a Zaragoza y que luego subiría a los altares. Ese día, sobre todo, aquel futuro santo comenzó su etapa en la capital aragonesa, en la que viviría los siguientes cinco años antes de trasladarse a Madrid. La capital de España sería definitivamente su “Damasco”, pues allí le haría ver Dios la misión que le pedía desde que era adolescente: fundar el Opus Dei.

Si fue en Logroño donde Josemaría Escrivá notó los barruntos de algo que le pedía Dios en forma de unas huellas en la nieve de un carmelita descalzo, la etapa de Zaragoza por su parte supuso la preparación del instrumento del que Dios se valdría para abrir un nuevo camino de santidad dentro de la Iglesia universal. Y si en Logroño comenzó a repetir el “Domine, ut videam” como el ciego de Jericó, en Zaragoza añadió a su oración habitual el “Domina, ut sit” dirigido con fe a la Virgen del Pilar. De este modo, Logroño y Zaragoza aportaron la luz para ver y la fuerza para querer que Josemaría necesitaba para ser el Fundador del Opus Dei.

Los cimientos de un gran edificio

El joven Josemaría sintió al principio cierta inclinación hacia la Arquitectura. Don José, su padre, le aconsejó prudentemente cursar los estudios de Derecho. Fue por entonces cuando Dios se cruzó en su camino pidiéndole algo que estaba aún por descubrir. Aquellos barruntos sobrenaturales acabaron por decidirle a entrar en el Seminario de Logroño, ciudad donde vivía entonces con su familia tras el traslado desde Barbastro, con el objetivo principal de estar más disponible para lo que le pidiera Dios. Pero, ¿qué hacer con el consejo de su propio padre de cursar Leyes?

Ante el cambio imprevisto de planes, Josemaría reconsideró entonces la posibilidad de trasladarse a alguna ciudad donde poder cursar estudios de Derecho, al mismo tiempo que se preparaba en el Seminario para ser sacerdote. De ese modo seguiría el consejo de su padre y podría seguir el impulso de Dios. Ese fue el motivo por el que decidió ir a Zaragoza, ciudad cercana y bien comunicada con Logroño, y que sí disponía de una prestigiosa Facultad de Derecho. Como el tiempo demostraría, la elección de estudiar Derecho además de cursar el Seminario fue muy acertada para la misión que le esperaba.

En ese contexto, y con ese sentido último, aquel 28 septiembre se incorporó como alumno interno al seminario de San Francisco de Paula, ubicado dentro del Real Seminario Sacerdotal de San Carlos (ocupaba las plantas tercera y cuarta del edificio; él ocupó la tercera, preparada para alumnos de Teología). Su presidente era por entonces don Miguel de los Santos Díaz y Gómara, obispo auxiliar desde julio de 1920. Durante su estancia en el seminario de San Francisco el rector fue don José López Sierra. Al mismo tiempo, comienza a ser alumno de la Universidad Pontificia de San Valero y San Braulio, para comenzar el segundo año de Teología. En el Seminario residirá casi cinco años, hasta el verano de 1925; a la Universidad acudirá con regularidad hasta junio de 1924, fecha en la que finaliza sus estudios eclesiásticos en Zaragoza.

Desde el punto de vista externo, Josemaría notó mucho ese cambio en el itinerario de su vida. Era la primera vez que se alejaba de su hogar ya que, aunque en Logroño había estado como seminarista, allí lo hacía como alumno externo. Pero fue sobre todo internamente, por la labor que hizo en él la gracia de Dios y por las circunstancias que le rodearon esos años, donde más se notó el cambio en aquel muchacho que debía y quería prepararse para servir fielmente e Dios en lo que le pidiera.

PODRÍA DECIRSE QUE FUE EN ZARAGOZA DONDE JOSEMARÍA ESCRIVÁ DESCUBRIÓ E INTEGRÓ ALGO QUE LUEGO ENSEÑARÍA SIEMPRE: LA UNIDAD DE VIDA

Bien podría decirse que fue en Zaragoza donde Josemaría Escrivá descubrió e integró algo que luego enseñaría siempre: la unidad de vida, entendida como una profunda y radical unidad que se debe dar en cada persona entre la vida interior de trato con Dios de quien desea ser contemplativo y las manifestaciones externas y humanas de quien ha sido llamado a vivir en medio del mundo.

Experto en humanidad

Los padres de san Josemaría cuidaron siempre con esmero la formación humana de su hijo. Durante su etapa en Zaragoza aquel muchacho siguió creciendo enormemente en esa faceta humana: virtudes como el orden, la limpieza, el cuidado material de las cosas (especialmente el esmero de todo lo que hiciera referencia al culto)… y otras más profundas como la comprensión y la paciencia, o la simpatía y la alegría. Eran virtudes que ya por naturaleza poseía y cuidaba, pero en esos años arraigaron y se hicieron dominantes en su forma de ser y pensar.

También en esos años se formó intelectualmente con la lectura abundante de obras de literatura clásicas que tanto le ayudaron a tener modelos humanos de referencia; y por supuesto aprovechó al máximo la formación teológica y jurídica que recibió.

En definitiva, el aspecto humano de la formación, tan necesario para poder estar verdaderamente disponible a la voluntad de Dios, se forjó definitivamente en Zaragoza en todas sus manifestaciones. Ahora bien, si hubiera que destacar alguna de ellas, tal vez podríamos destacar su amor a la obediencia (lealtad humana y fidelidad sobrenatural) y su enorme capacidad de relacionarse y de vivir la amistad, con las variadas formas que ésta virtud puede adquirir.

JOSEMARÍA ADQUIRIÓ YA ENTONCES ESA CAPACIDAD QUE SIEMPRE TUVO DE VOLCARSE EN CADA PERSONA QUE CONOCÍA

Respecto a la obediencia, fueron años donde aprendió el valor definitivo que llega a tener esa virtud vivida hasta el extremo para poder ser fieles a la voluntad de Dios. Mientras vivía con humildad y sobrecogido con la expectación de algo sublime (“y yo medio ciego, siempre esperando el porqué”), se sometía al flujo cotidiano de la vida tal y como iban tomando forma los acontecimientos, sin poderlos ni quererlos controlar.

Descubrió que los proyectos humanos se van divinizando hasta coincidir con el querer divino cuando nos mostramos verdaderamente disponibles a la moción de Dios. Es significativo y gráfico, en ese sentido, un sencillo y pequeño gesto en su primer día de Seminario. Antes de cruzar el umbral de la puerta del edificio del San Carlos, entregó al portero, que las recibió asombrado, las pipas y el tabaco, todo el aparejo de fumador. Era como un signo de ruptura con pequeñas aficiones, expresión visible de la seriedad con que se disponía a emprender esta nueva singladura, que mostraba la disponibilidad y la libertad con la que afrontaba su camino. A partir de aquel día, Dios se encargaría de darle en esos años muchísimas oportunidades de crecer en esas buenas disposiciones

Por lo que toca a su enorme capacidad de relacionarse y entablar amistad, no sólo es que tratara con gran afecto y atención a los demás seminaristas (y al mismo tiempo con la fortaleza necesaria propia de la caridad, sobre todo desde que al poco tiempo de ingresar fue nombrado inspector del Seminario), sino que también supo construir amistades que pudo mantener durante toda su vida tanto con aquellos compañeros como con profesores de gran talla intelectual mucho mayores que él.

Más aún, lejos de conformarse con las relaciones puntuales que se le abrían al paso durante esos años, Josemaría adquirió ya entonces esa capacidad que siempre tuvo de volcarse en cada persona que conocía, algo tan propio del alma sacerdotal que crecía en su corazón. En definitiva, pese a su enorme juventud, aprendió por entonces a ser “maestro y guía de santos”.

Piedad de aragonés

Junto a la formación humana y la disposición a obedecer sin límites a lo que el Señor le pidiera, Zaragoza proporcionó a aquel muchacho el tiempo, el lugar y los medios para poder crecer y profundizar en esa “piedad de aragonés” que le habían inculcado en su familia.

 

​Actualmente, esta pequeña estatua de la Virgen se encuentra en la sede central del Opus Dei en Roma.

 

Sólo ya su modo de firmar aquellas poesías que por entonces le gustaba escribir con ingenuidad y que rubricaba con la expresión “El clérigo corazón”, o el apodo de “el soñador” o “rosa mística” con que algunos le calificaban –con mejor o peor intención–, ya muestran que aquel seminarista destacaba por su piedad.

Su modo afectivo de tratar a Dios daba cuenta ya de algo que iba a necesitar antes que ninguna otra cualidad: un enorme corazón de carne fraguado en la forja del Corazón de Cristo. ¡Cuánto le ayudaría esa imagen del Corazón de Jesús envuelto en llamas que puede contemplarse en el retablo de una capilla lateral de la iglesia de San Carlos y que pasados muchos años querrá replicar en el Oratorio que lindaba con el cuarto de trabajo y habitación en la que vivió tantos años en Roma! Piedad firme, por más que pasen los años. Piedad de aragonés.

LA VIRGEN LE CONCEDIÓ LA FORTALEZA DE PADRE Y LA TERNURA DE MADRE QUE LUEGO LE SERÍAN IMPRESCINDIBLES EN SU MISIÓN APOSTÓLICA

Desde luego, también su amor a la Virgen creció muchísimo en esa época hasta desbordarse, gracias entre otras cosas a sus visitas diarias al Pilar. La Virgen le concedió la fortaleza de padre y la ternura de madre que luego le serían imprescindibles en su misión apostólica y sello indeleble de su alma de sacerdote. La ternura, como máxima expresión de la virtud de la fortaleza auténtica. La misma ternura y fortaleza que reparte a manos llenas la Virgen del Pilar constantemente con quienes se le acercan con cariño de hijos pequeños. Piedad de aragonés.

También la piedad eucarística irá entonces in crescendo, acompañando durante aquellos años muchísimas horas a Jesús sacramentado (noches enteras de oración). ¡O cómo recordaba aquellas procesiones del Corpus Christi que recorrían el Coso, con cientos de hombres maduros, con una fe tan grande como los enormes cirios que portaban, mientras acompañaban sobrecogidos a Jesús sacramentado! O su temor y temblor al dar las primeras bendiciones con el Santísimo Sacramento o al dar, sencillamente, la Sagrada Comunión a los feligreses. Piedad recia e infantil. Piedad de aragonés.

 

​Base de la pequeña imagen de la Virgen del Pilar, donde san Josemaría escribió la jaculatoria Domina, Ut sit! - Señora, ¡que sea!-, con la punta de un clavo.

Y por supuesto, la Cruz, forjadora de la piedad más auténtica. “Así trata Dios a los que quiere”, recordaba años después, repitiendo esa enseñanza que aprendió de un profesor de Derecho, quien le contaba la historia de un hombre que usaba piedras muy especiales para su molino de canela y que, a falta de ellas y sin poder lograrlas de ningún modo (no eran fáciles de adquirir pues venían de Alemania) recibió de otro el consejo sencillo de buscar en el río cantos parecidos a los que necesitaba y darles vueltas y vueltas ajustadas a la piedra de molino, hasta que tomaran la forma conveniente. Así, puliendo unas piedras contra otras, aquellas piedras quedaron tan lisas como las de Alemania… Y concluía aquel maestro, mirando intensamente al joven seminarista para que calara en su alma inexperta: “Así trata Dios a los que quiere… ¿Me entiendes, Escrivá?, ¿me entiendes?”. Pues bien, así, como un canto rodado y pulido por las aguas y la gracia, del Ebro y de Dios, durante cinco años, Josemaría fue adquiriendo la adecuada forma de Cruz que iba a necesitar para ser aquella piedra del edificio que necesitaría el arquitecto divino para hacer su Obra, hasta el punto de hacerle exclamar dirigiéndose al Señor, desahogando su alma, justo antes de marchar a su primer destino, Perdiguera: “¡Cómo me tratas, cómo me tratas!”. Solía recordar con zozobra su primera Misa en el Pilar ofrecida por el alma de su padre recientemente fallecido, toda una estampa de dolor con la imagen grabada de su madre vestida de luto. Con el tiempo comprendería que todo aquello formaba parte importante de los planes de Dios que sus padres le enseñaron a vivir. Sus padres, con su piedad de aragoneses.

Estos son, muy a vuela pluma, algunos de los motivos que hacen muy relevante el recuerdo de aquel 28 de septiembre de 1920. Las biografías y estudios que gracias a Dios se han ido haciendo, cada vez más profundos y concretos, han ido sacando a la luz muchísimos más que muestran hasta qué punto la etapa de san Josemaría en Zaragoza fue aprovechada por Dios para moldear aquel instrumento fiel que sería el fundador del Opus Dei.


D. Antonio Schlatter Navarro

Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

El 29 de septiembre celebramos la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Recordamos la historia de cómo San Josemaría los escogió como patronos del Opus Dei.

RELATOS BIOGRÁFICOS28/09/2020

San Miguel, San Gabriel y San Rafael.

El texto ha sido extraído del libro “El Fundador del Opus Dei” de Andrés Vázquez de Prada (Volumen I, Capítulo VII)

El jueves, 6 de octubre de 1932, haciendo oración en la capilla de San Juan de la Cruz, durante su retiro espiritual en el convento de los Carmelitas Descalzos de Segovia, tuvo la moción interior de invocar por vez primera a los tres Arcángeles y a los tres Apóstoles; S. Miguel, S. Gabriel y S. Rafael; S. Pedro, S. Pablo y S. Juan. Desde aquel momento los consideró Patronos de los diferentes campos apostólicos que componen el Opus Dei.

Bajo el patrocinio de San Rafael estaría la labor de formación cristiana de la juventud; de ella saldrían vocaciones para la Obra, que colocaría bajo la advocación de San Miguel, al objeto de formarlos espiritual y humanamente. En cuanto a los padres y madres de familia que participasen en las tareas apostólicas, o formasen parte de la Obra, tendrían por patrono a San Gabriel.

Dos días más tarde, el sábado, escribe: — Recé las preces de la Obra de Dios, invocando a los Santos Arcángeles nuestros Patronos: San Miguel, S. Gabriel, S. Rafael... Y ¡qué seguridad tengo de que esta triple llamada, a señores tan altos en el reino de los cielos, ha de ser —es— agradabilísima al Trino y Uno, y ha de apresurar la hora de la Obra!.

En otra catalina del 8 de mayo de 1931, fiesta de la "aparición de S. Miguel", se lee: — He encomendado la Obra a San Miguel, el gran batallador, y pienso que me ha oído.


Textos relacionados

• Relato del momento en que san Josemaría comenzó a invocar a San Miguel, a San Gabriel y a San Rafael como patronos del Opus Dei.

• Las obras de los Arcángeles (Capítulo de “Huellas en la nieve”, biografía del Fundador del Opus Dei escrita por Peter Berglar).

• ¿Qué es un Ángel?: La existencia de los ángeles ¿es una verdad de fe? ¿Cuál es su misión? ¿Qué poder tiene el demonio? ¿Cómo nos ayudan los ángeles?

• Los Ángeles Custodios: rezar con San Josemaría.

• Labor de San Rafael (I) | Labor de San Rafael (II)

 

 

 Santificar con el trabajo

Al santificar su trabajo e identificarse ahí con Cristo, el cristiano necesariamente da fruto —santifica a los demás con su trabajo. El servicio a los demás a través de la propia profesión es el tema de este artículo.

TRABAJO20/02/2014

En la historia de la Iglesia y de la humanidad, el espíritu que Dios hizo ver a San Josemaría Escrivá de Balaguer, en 1928, lleva consigo una enseñanza nueva y antigua como el Evangelio, con toda su fuerza transformadora de los hombres y del mundo.

La santificación del trabajo profesional es semilla viva, capaz de dar fruto de santidad en una inmensa multitud de almas: para la gran mayoría de los hombres, ser santo supone santificar el propio trabajo, santificarse en su trabajo, y santificar a los demás con el trabajo [1] En esta frase gráfica —afirmó el Prelado del Opus Dei en la homilía del 7 de octubre de 2002, día siguiente a la canonización de San Josemaría— resumía el Fundador del Opus Dei el núcleo del mensaje que Dios le había confiado, para recordarlo a los cristianos [2] .

El Sembrador divino ha sembrado esta semilla en las vidas de miles de personas para que crezca y se multiplique su fruto: el treinta por uno, el sesenta por uno y el ciento por uno [3] . Repasar con calma cada uno de estos tres aspectos puede constituir frecuentemente una trama de diálogo con Dios en la oración. ¿Estoy santificando mi trabajo? ¿Me estoy santificando en el trabajo?, es decir, ¿me voy transformando en otro Cristo a través de mi profesión? ¿Qué frutos de apostolado estoy dando con mi trabajo?

Un hijo de Dios no ha de temer hacerse estas preguntas sobre el sentido último de su tarea. Más bien ha de temer no hacérselas porque correría el peligro de que la corriente de sus días no acabase de encontrar el cauce hacia el verdadero fin, disipando sus fuerzas en actividades dispersas, como regueros estériles.

EN UNIDAD VITAL

Esos tres aspectos en los que san Josemaría resume el espíritu de santificación del trabajo, se encuentran intrínsecamente unidos, como en una espiga de trigo lo están la raíz, el tallo y el grano que es su fruto.

El primero — santificar el trabajo : hacer santa la actividad de trabajar realizándola por amor a Dios, con la mayor perfección que cada uno pueda lograr, para ofrecerla en unión con Cristo—, es el más básico y como la raíz de los demás.

El segundo — santificarse en el trabajo — es, en cierto modo, consecuencia del anterior. Quien procura santificar el trabajo, necesariamente se santifica: es decir, permite que el Espíritu Santo le santifique, identificándole cada vez más con Cristo. Sin embargo, lo mismo que en una planta no basta regar la raíz, sino que también hay que cuidar el tallo para que crezca derecho, y a veces ponerle un apoyo —un rodrigón— para que no lo quiebre el viento, o protegerlo de los animales y de las plagas... Así también hay que poner muchos medios para identificarse con Cristo en el trabajo: oración, sacramentos y medios de formación, con los que se van cultivando las virtudes cristianas. Gracias a esas virtudes se fortalece también la misma raíz y resulta cada vez más connatural santificar el trabajo.

Con el tercero — santificar con el trabajo — ocurre algo semejante. Ciertamente se puede considerar como una consecuencia de los otros dos, pues al santificar su trabajo e identificarse ahí con Cristo, el cristiano necesariamente da fruto —santifica a los demás con su trabajo—, según las palabras del Señor: El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto [4] . Esto no significa que un cristiano se pueda despreocupar de dar fruto, como si éste surgiese espontáneamente de la raíz y del tallo.

En la santificación del trabajo, los tres aspectos están vitalmente unidos entre sí, de modo que unos influyen en otros. Quien no buscara santificar a los demás con su trabajo, preocupándose sólo de santificar el suyo, en realidad no lo estaría santificando. Sería como la higuera estéril, que tanto desagradó a Jesús porque, aún teniendo raíces y hojas, carecía de fruto [5] . De hecho, un buen índice de la rectitud de intención, con la que debéis realizar vuestro trabajo profesional es precisamente el modo en que aprovecháis las relaciones sociales o de amistad, que nacen al desempeñar la profesión, para acercar a Dios esas almas [6] .

Vamos a considerar ahora con más detalle este último aspecto de la santificación del trabajo, que de algún modo da a conocer los otros dos, como los frutos manifiestan la planta y la raíz. Por sus frutos los conoceréis [7] , dice el Señor.

«EGO ELEGI VOS ET POSUI VOS...»

Si se considera el propio trabajo profesional con simple visión humana, seguramente se pensará que uno se encuentra allí como resultado de diversas circunstancias —capacidades y preferencias, obligaciones y casualidades, etc.— que le han llevado a realizar esa tarea y no otra. Un cristiano ha de mirar las cosas con más profundidad y altura, con un sentido sobrenatural que le haga descubrir ahí la llamada personal de Dios a la santidad y al apostolado.

Lo que parecía una situación vulgarmente fortuita adquiere entonces sentido de misión, y se comienza a estar de un modo nuevo en el mismo sitio donde ya se estaba [8] . No ya como quien ha caído por caso en ese lugar, sino como quien ha sido enviado allí por Cristo. Yo os he elegido, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca [9] . El lugar de trabajo, el ambiente profesional en el que cada uno se encuentra, es su campo de apostolado, la tierra apropiada en la que sembrar y cultivar la buena semilla de Cristo. La promesa de Jesús no puede fallar: cuando se procura santificar el propio trabajo y santificarse en él, siempre hay fruto apostólico.

Es preciso, sin embargo, no dejarse llevar por las apariencias. El Señor advierte también que el Padre celestial poda al que ya produce, para que dé más fruto [10] . Obra de este modo porque quiere bendecir aún más a sus hijos. Los poda para mejorarles, aunque la podadura sea dolorosa. Muchas veces consiste en dificultades que Él permite para purificar el alma, quitando lo que sobra. En ocasiones, por ejemplo, desaparece la ilusión humana por el propio trabajo, y se ha de realizar a contrapelo, por un amor sin más complacencia que la de agradar a Dios; otras veces es una dificultad económica seria, que quizá Dios permite para que sigamos poniendo todos los medios humanos, pero con más confianza filial en Él, como Jesús nos enseña [11] , sin dejarnos dominar por la tristeza y el agobio del futuro. Otras, en fin, se trata de un fracaso profesional, de esos que pueden hundir a quienes trabajan sólo con miras humanas y que, en cambio, elevan sobre la Cruz a los que desean corredimir con Cristo. La poda lleva frecuentemente consigo que los frutos se retrasen, que no se vean los frutos apostólicos del trabajo.

En todo caso, sería un error confundir esta situación con aquella otra a la que también se refiere Jesús en una parábola: Un hombre tenía una higuera plantada en su viña y fue a buscar en ella fruto y no lo encontró; entonces dijo al viñador: "Mira, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera sin encontrarlo; córtala, ¿para qué va a ocupar terreno en balde?" [12] Es el caso de quien no da fruto apostólico en su trabajo a causa de su comodidad y poltronería, del aburguesamiento y de estar pendiente sólo o principalmente de sí mismo. Entonces la ausencia de fruto no es sólo aparente. No hay fruto porque no hay generosidad, ni empeño, ni sacrificio; en último término, porque falta buena voluntad.

Cristo mismo nos enseña a distinguir las situaciones por los signos. Aprended de la higuera esta parábola: cuando sus ramas están ya tiernas y brotan las hojas, sabéis que está cerca el verano [13] . A quienes el Señor poda, parece que no llevan fruto, pero están llenos de vida. Su amor a Dios tiene otras señales evidentes, como la delicadeza en el cuidado de los tiempos de oración, la caridad con todos, el empeño perseverante en poner todos los medios humanos y sobrenaturales en el apostolado...: signos tan inconfundibles como los brotes tiernos de la higuera, mensajeros de los frutos que llegarán a su tiempo. En realidad, están santificando a otras almas con su tarea profesional porque todo trabajo que es oración, es apostolado [14] . El trabajo convertido en oración alcanza efectivamente de Dios una lluvia de gracias que fructifica en muchos corazones.

Los otros, en cambio, ni dan fruto ni están en camino de darlo. Pero aún están vivos y pueden cambiar, si quieren. No les faltarán los cuidados que Dios les envía, escuchando los ruegos de sus amigos, como los del viñador que le pedía por la higuera: Señor, déjala también este año hasta que cave a su alrededor y eche estiércol, por si produce fruto; si no, ya la cortarás [15] . Siempre es posible salir de esa situación de esterilidad apostólica de algún modo voluntaria. Siempre es hora de convertirse y de dar mucho fruto, con la gracia divina. Que tu vida no sea una vida estéril. —Sé útil. —Deja poso. —Ilumina con la luminaria de tu fe y de tu amor... [16] . Y sólo entonces se llena de sentido la labor profesional, aparece todo el atractivo de su belleza y surge un entusiasmo nuevo, hasta entonces desconocido. Un entusiasmo como el de San Pedro después de obedecer el mandato de Jesús: ¡Mar adentro! [17] , y escuchar, tras la pesca milagrosa, la promesa de un fruto de otro orden e importancia: No temas; desde ahora serás pescador de hombres [18] .

En nuestra vida se pueden presentar las dos situaciones anteriores, en unos momentos la primera y en otros la segunda. Externamente quizá coincidan en que no se ven los frutos apostólicos del propio trabajo profesional, pero no es difícil saber si responde a la una o a la otra. Basta ser sinceros en la oración. Responder con claridad a la siguiente pregunta: ¿estoy poniendo todos los medios a mi alcance para santificar a los demás con el trabajo, o me desentiendo y me conformo con poco, pudiendo realmente hacer mucho más? ¿quiero a los que trabajan conmigo? ¿trato de servirlos? Y siempre, buscar la ayuda exigente en la dirección espiritual. Este es el camino de la santidad y de la fecundidad apostólica.

COMO BRASA ENCENDIDA

Transformar la profesión en medio de apostolado es parte esencial del espíritu de santificación del trabajo, y señal de que, efectivamente, se está santificando. Santidad y apostolado son inseparables, como el amor a Dios y a los demás por Dios.

Tú has de comportarte como una brasa encendida, que pega fuego donde quiera que esté; o, por lo menos, procura elevar la temperatura espiritual de los que te rodean, llevándoles a vivir una intensa vida cristiana [19] . El trabajo profesional es lugar natural en el que nos encontramos, como las brasas en el brasero. Ahí deben realizarse estas palabras de San Josemaría, de modo que las personas que nos rodean reciban el calor de la caridad de Cristo. Se trata de dar ejemplo de serenidad, de sonreír, de saber escuchar y comprender, de mostrarse servicial.

Cualquiera debería poder percibir a nuestro lado el influjo de alguien que eleva el tono del ambiente porque —junto a la competencia profesional— el espíritu de servicio, la lealtad, la amabilidad, la alegría, y el empeño por superar los propios defectos, no pasan desapercibidos.

Todo eso forma parte del prestigio profesional que han de cultivar quienes desean atraer a los demás a Cristo. El prestigio profesional de un cristiano no se deriva del simple realizar técnicamente bien el trabajo. Es un prestigio humano, tejido de virtudes informadas por la caridad. De este modo, el trabajo profesional —sea el que sea— se convierte en un candelero que ilumina a vuestros colegas y amigos [20] . Sin caridad, en cambio, no puede haber prestigio profesional cristiano, no al menos el que Dios pide, el anzuelo de pescador de hombres [21] e instrumento de apostolado. Sin caridad no es posible atraer las almas a Dios, porque Dios es amor [22] . Vale la pena remarcarlo: un buen profesional, eficaz y competente, si no procura vivir no ya la justicia sino la caridad, no tendrá el prestigio profesional propio de un hijo de Dios.

El prestigio, de todas formas, no es fin sino medio: medio para acercar las almas a Dios con la palabra conveniente (...) mediante un apostolado que he llamado alguna vez de amistad y de confidencia [23] . Conscientes de que, junto con la filiación divina, hemos recibido por el Bautismo una participación en el sacerdocio de Cristo y, por tanto, el triple oficio de santificar, enseñar y guiar a otros, tenemos un título para entrar en la vida de los demás, para llegar a ese trato profundo de amistad y confidencia con todos los que sea posible, en el amplio campo que comprenden las relaciones profesionales.

Este campo no se reduce a las personas que trabajan en el mismo lugar o que tienen una edad semejante, sino que se extiende a todas aquellas con las que, de un modo u otro, se puede tomar contacto con ocasión del trabajo. El cristiano buscará oportunidades para convivir, para poder hablar a solas, fomentando el trato: una comida, un rato de deporte, un paseo. Habrá, pues, que dedicar tiempo a los demás, ser asequible, sabiendo encontrar el momento oportuno. Hemos de dar lo que recibimos, enseñar lo que aprendemos; hacer partícipes a los demás —sin engreimiento, con sencillez— de ese conocimiento del amor de Cristo. Al realizar cada uno vuestro trabajo, al ejercer vuestra profesión en la sociedad, podéis y debéis convertir vuestra ocupación en una tarea de servicio [24] .

ORIENTAR LA SOCIEDAD

Con el trabajo profesional —cada uno con el suyo—, los cristianos pueden contribuir eficazmente a orientar la entera sociedad con el espíritu de Cristo. Más aún, el trabajo santificado es necesariamente santificador de la sociedad, porque hecho así, ese trabajo humano, por humilde e insignificante que parezca la tarea, contribuye a ordenar cristianamente las realidades temporales [25] .

En este sentido, san Josemaría escribió en Forja Esfuérzate para que las instituciones y las estructuras humanas, en las que trabajas y te mueves con pleno derecho de ciudadano, se conformen con los principios que rigen una concepción cristiana de la vida. Así, no lo dudes, aseguras a los hombres los medios para vivir de acuerdo con su dignidad, y facilitarás a muchas almas que, con la gracia de Dios, puedan responder personalmente a la vocación cristiana [26] .

Poner en práctica seriamente las normas de moral profesional propias de cada trabajo, es una exigencia básica y fundamental en esta labor apostólica. Pero hay que aspirar además a difundirlas, haciendo lo posible para que otros las conozcan y las vivan. No cabe la excusa de que es poco lo que uno puede hacer en un ambiente en el que han arraigado costumbres inmorales. Del mismo modo que esas costumbres son consecuencia de la acumulación de pecados personales, sólo desaparecerán como fruto del empeño en poner práctica personalmente las virtudes cristianas [27] . Muchas veces será necesario pedir consejo. En la oración y en los sacramentos el trabajador encontrará la fortaleza, cuando haga falta, para mostrar con los hechos que ama la verdad sobre todas las cosas, a costa, si es necesario, del propio empleo.

«Desde que el 7 de agosto de 1931, durante la celebración de la Santa Misa, resonaron en su alma las palabras de Jesús: cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí Jn 12, 32), Josemaría Escrivá comprendió más claramente que la misión de los bautizados consiste en elevar la Cruz de Cristo sobre toda realidad humana, y sintió surgir de su interior la apasionante llamada a evangelizar todos los ambientes» [28] . Este ideal de orientar la sociedad con el espíritu cristiano es realizable, no es un sueño inútil [29] . San Josemaría —afirmaba Juan Pablo II el día de la canonización— «continúa recordándoos la necesidad de no dejaros atemorizar ante una cultura materialista, que amenaza con disolver la identidad más genuina de los discípulos de Cristo. Le gustaba reiterar con vigor que la fe cristiana se opone al conformismo y a la inercia interior» [30] .

El Señor previene de un peligro: dice que llegará un tiempo en que al desbordarse la iniquidad, se enfriará la caridad de muchos [31] . Los cristianos, avisados por sus palabras, en lugar de desanimarnos por la abundancia de mal —también por las propias miserias— reaccionaremos con humildad y confianza en Dios, acudiendo a la intercesión de Santa María. Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios [32] .

Javier López [1] San Josemaría, Conversaciones , n. 55. Cfr. Es Cristo que pasa , nn. 45, 122.

[2] Mons. Javier Echevarría, Homilía en la misa de acción de gracias por la canonización de san Josemaría , 7-X-2002.

[3] Mc 4, 20.

[4] Jn 15, 5.

[5] Mt 21, 19.

[6] San Josemaría, Carta 15-X-1948 , n. 18, cit. por Mons. Javier Echevarría, Carta Pastoral, 2-X-2011, n. 34 (http://www.opusdei.es/art.php?p=45670).

[7] Mt 7, 16.

[8] Cfr. Santo Tomás, S.Th . I, q. 43, a. 1, c.

[9] Jn 15, 16.

[10] Jn 15, 2.

[11] Cfr. Mt 6, 31-34.

[12] Lc 13, 6-7.

[13] Mt 24, 32.

[14] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 10.

[15] Lc 13, 8-9.

[16] San Josemaría, Camino , n. 1.

[17] Lc 5, 4.

[18] Ibid . 5, 10.

[19] San Josemaría, Forja , n. 570.

[20] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 61.

[21] Camino , n. 372.

[22] 1 Jn 3, 8.

[23] San Josemaría, Carta 24-III-1930 , n. 11, cit. por Luis Ignacio Seco, La Herencia de Mons. Escrivá de Balaguer , Madrid, Palabra, 1986.

[24] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 166.

[25] San Josemaría, Conversaciones , n. 10.

[26] San Josemaría, Forja , 718.

[27] Cfr. Juan Pablo II, Exhort. apost. Reconciliatio et paenitentia , 2-XII-1984, n. 16; Litt. enc. Centesimus annus , 1-V-1991, n. 38.

[28] Juan Pablo II, Homilía en la canonización de San Josemaría 6-X-2002.

[29] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 183.

[30] Juan Pablo II, ibid .

[31] Mt 24, 12.

[32] Rm 8, 28.

Libros que nos hacen mejores personas 

Mariano Fazio nos sorprende con una propuesta de clásicos de la literatura italiana: la Divina Comedia, Los Novios o Pinocho

Francisco Serrano Oceja 

Menos mal que a don Mariano Fazio las tareas como Vicario Auxiliar en el Opus Dei no le han impedido seguir con su proyecto pedagógico. Desde hace tiempo nos viene, paulatinamente, sorprendiendo con una serie de libros en los que lleva adelante un itinerario de formación de la conciencia humana y cristiana a partir de lo que se ha denominado “grandes libros”. 

Es decir, clásicos universales de la literatura, referentes de la civilización y de la cultura occidental y cristiana. Se parece mucho este proyecto a lo que Leo Strauss introdujo en la Universidad de Chicago, la formación a través de los Grandes Libros. 

La serie, al menos en España, comienza con “Seis grandes escritores rusos”, continúa con “El siglo de Oro español” al que se le debe añadir, por diversas razones,  “El universo de Dickens”. Y ahora nos sorprende con éste dedicado a una propuesta de clásicos de la literatura italiana: la Divina Comedia, Los Novios, Pinocho –tan actual como la nueva versión cinematográfica-, Corazón y Don Camilo y Pepone.

La Divina Comedia y los Novios

En esta ocasión a don Mariano se le nota su alma italo-argentina. Son constantes sus referencias familiares y sus recuerdos de sus años de formación. Esto hace que la introspección del “alma italiana”, de sus raíces, de sus expresiones, ocupe un lugar no desdeñable. Un alma, por cierto, que no puede obviar esa ligazón con la Roma de los papas, las colinas sobre las que se asienta el trono de Pedro y que configuran, entre otros aspectos, ese orgullo universal de ser el centro de la catolicidad.

Es cierto que en este libro hay una especie de desequilibrio. Con razón, don Mariano le dedica más espacio a las dos primeras obras, “La Divina Comedia” de Dante y “Los Novios” de Manzoni. Por cierto que la editorial Rialp acaba de presentar un renovada edición de la obra de Manzoni que merece mucho la pena

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En gran media este “viaggio in Italia” literario es una propuesta de libros que nos pueden hacer mejores. Mejores personas y mejores cristianos. De cada uno de ellos, nuestro autor sobresaca una o varias enseñanzas, pretende acompañar al lector en la lectura. Porque ciertamente el efecto que producen estas lecciones de literatura, no pocas veces comparada, son la invitación a recurrir a las fuentes o a releer estos clásicos en búsqueda de los matices que han podido pasar inadvertidos o de una mayor profundización.

El esquema de análisis de los libros suele tener una estructura común. De una inicial descripción de la vida del autor, en el contexto de sus circunstancias vitales, se pasa a una explicación del argumento, la trama, el drama, para luego analizar con detalle los personajes principales y los grandes temas del libro. En este sentido hay que destacar que don Mario Fazio es un gran conocedor de la historia contemporánea, a la que ha dedicado varios libros. Y esto es un valor añadido.

Un palabra sintética de cada uno de los textos 

De la Divina Comedia quizá haya que recordar lo que dijera el gran E. Gilson: “La felicidad temporal del individuo a través de la sabiduría humana: esta es la lección ofrecida por el Convivio. La salvación temporal de la humanidad a través del Imperio: esta es la lección del De Monarchia. La salvación eterna de los hombres a través de la Iglesia: esta es la enseñaza última de la Divina Comedia”. Un libro que pone en primer plano la cuestión del deseo, hoy tan de moda. Deseo solo satisfecho por los “vínculos de amor”. Dice don Mariano que “el deseo de felicidad solo se paga si nos unimos no a los objetos limitados, terrenos, caducos, sino la Amor, que mueve le sol y las demás estrellas”.

De Manzoni, amigo de Rosmini –un dato para mí desconocido y de gran interés- podemos recordar lo que escribiera Vittorio Benzo después de leer esa gran novela, tan querida por le papa Francisco: “Sentí que me convertía en una mejor persona, o al menos se suscitó en mí el deseo de mejorar”.

“Las aventuras de Pinocho” de Carlo Collodi (1826-1890), comentario que sigue de cerca al clásico estudio del cardenal Giacomo Biffi, nos habla de esa madera común de la que todos estamos hechos.

“Corazón” de Edmondo de Amicis (1846-1908) nos hace una propuesta de las virtudes humanas que no se entiende fuera de la lógica de los Evangelios, por mucho que se haya dicho que este libro no era cristiano o que se haya resaltado la pertenencia a la masonería de su autor.

Y por último Don Camilo y Pepón, de Giovannino Guareschi (1908-1968), un clásico, sin olvidar sus versiones cinematográficas, que nos enseña a conjugar el verbo dialogar, ponerse en el lugar del otro y, no en menor media, estar centrados en lo fundamental.

Cinco clásicos italianos

Mariano Fazio

Rialp

 

 

Contar con todos | Soñar en grande

Pbro. José Martínez Colín

  • Para saber

En diversos deportes de conjunto se puede observar la importancia de que cada jugador realice bien su función. El Fútbol Americano es una muestra del trabajo en equipo, donde cada uno realiza una función propia. Y aunque sea un jugador el que anota y se lleva la ovación, ha sido gracias a la labor en conjunto que se logró. Un corredor anota gracias a muchos que le abrieron paso. Se observa la solidaridad entre todos.

Para salir mejor de la crisis, que no solo es sanitaria, sino también social, política y económica, el Papa Francisco ha señalado que cada uno de nosotros está llamado a asumir su parte de responsabilidad. Se aplica el principio de subsidiariedad, consistente en no asumir el papel del otro, ni dejar fuera a nadie de su participación, respetando la capacidad de iniciativa de todos.

Todas las partes de un cuerpo son necesarias y, como dice San Pablo, esas partes que podrían parecer más débiles y menos importantes, en realidad son las más necesarias. Todos cuentan y contando con todos hay esperanza en un futuro más sano y justo.

  • Para pensar

El pasado campeón de fútbol americano fue el equipo de Kansas City, conocidos como los Chiefs. Un jugador de ese equipo que ganó el Super Bowl es Harrison Butker. Hace poco tuvo un encuentro con universitarios y les hizo una revelación personal: “Fuera de las luces brillantes del estadio, con los fanáticos y la notoriedad que conlleva ser un jugador de la NFL, el mayor impacto que haré con mi tiempo en esta tierra es permanecer dedicado a mi vocación principal: ayudar a mi familia a llegar al Cielo”.

Les hizo un llamado para que ellos también muestren con acciones cómo es una vida centrada en Cristo. Los invitó a no ceder a la presión social que lleva a otra dirección, sino ser la luz en el mundo cada vez más oscuro. La fe, continuó Butker, no es algo que se reserva a lo privado o para los domingos, sino para vivirla. Y contó cómo gracias al ejemplo de un compañero universitario con un profundo amor hacia Cristo, cuando estudiaba en Georgia Tech, le animó a ser más activo en su fe católica. Gracias a ese consejo reorientó su vida para centrarse en Dios. Así también cada uno puede influir positivamente en los demás. Es necesario traer a Cristo de regreso a nuestra vida diaria.

  • Para vivir

Durante el confinamiento, decía el Papa, nació de forma espontánea el gesto del aplauso para los médicos y los enfermeros y las enfermeras como signo de aliento y de esperanza. Muchos han arriesgado la vida y muchos han dado su vida. Ahora, hay que extender este aplauso a cada miembro del cuerpo social, a cada uno, por su valiosa contribución, por pequeña que sea.

Es preciso que todos colaboramos para salir de la crisis, también los llamados cuerpos intermedios: las familias, las pequeñas empresas, las diversas expresiones de la sociedad civil… Porque o todos juntos o no funciona. Así podemos tener esperanza y a aprender a soñar en grande, a no tener miedo de soñar en grande, ampliando nuestros horizontes y buscando los ideales de justicia y de amor social que nacen de la esperanza.

 

 

Educar ¿En qué?

Los padres y madres comprometidos con su familia, están llamados a darse enteramente, a donar su persona en favor del bien del otro, en concreto, primero el esposo a la esposa y la esposa al esposo; después ambos de modo individual y en conjunto buscar con todo el amor el bienestar y el bienser de sus hijos, de cada uno de ellos, los primogénitos, los niños “sándwich” o los de en medio, y los benjamines o pilones, los más pequeños de casa.

Hoy más que nunca se tienen una cantidad de recursos, casi infinitos sobre cada tema y cuando hablamos de educación, no es la excepción, al contrario, es de lo que más hay en el mercado, en las librerías, páginas en internet de cómo ser padres, artículos hay millones de la educación a los hijos; pero mucho ojo ¡Eh! Porque ni todos los libros, ni todas las páginas, ni artículos, son los mejores consejeros… Hay mucha basura y es preciso tener cuidado, recordemos que se trata de la educación de tus hijos, tus tesoros, tus herederos, las luces de tus ojos y querrás por supuesto lo mejor para ellos, para que sean felices siempre.

Así es, queremos todos los padres y madres, que nuestros hijos crezcan sanos y salvos, sean felices y exitosos, y para ello la mejor educación que podemos darles es educarles en todo, y particularmente enseñarles a ser buenos, a través de la educación de las virtudes.

Esta palabra “virtud”, como que no nos suena mucho, o si creemos que la hemos escuchado, tal vez fue al sacerdote, a la religiosa, en algún retiro, en la Santa Misa; pero a ciencia cierta no sabemos ni qué es una virtud.

Una virtud, es un hábito operativo bueno, que al repetirlo va configurando al ser de la persona de modo que empieza siendo una persona que ejerce la virtud, a una persona virtuosa. Por ejemplo, una persona que hace orden en su escritorio, y lo hace cada día implicando un esfuerzo intencionado, aunque le cueste trabajo, aunque le dé flojera, aunque sea tarde… es una persona que se está ejercitando en la virtud del orden y con el paso del tiempo, se configura  como una persona ordenada al adquirir el hábito del orden y lo aplica no sólo en su escritorio, sino en todas las áreas de su vida; claro, que se dice rápido y se lee fácil, pero ganarse el título de persona virtuosa es tarea de toda la vida.

Por eso a los padres nos toca como tarea importantísima y urgente, enseñar y enamorar a los hijos de lo que son las virtudes, pero no solo eso, sino mostrarles lo que es vivir una vida virtuosa. A través de su ejemplo primero y también en coherencia con sus palabras; para que sepan y vivan los hijos, el qué y el cómo de cada virtud.

La mejor educación es la educación en virtudes, porque de esa manera educamos para madurar, para la felicidad que no se acaba, para ser personas de bien, siendo personas de bien y esforzándonos por transmitir eso de generación en generación.

MTF Rosario Prieto
Psicología Clínica
Persona y Familia

 

 

La sexualización de la cultura y la teología del cuerpo

Millones de personas fuimos testigos este domingo en el medio tiempo del famoso juego americano Super Bowl del show en el que actuaron las cantantes colombiana Shakira y de Puerto Rico Jennifer López. En una cultura donde el empoderamiento de la mujer es apoyado sin considerar los valores morales y la dignidad excelsa que tiene como mujer y dónde ella misma (Jennifer, Shakira) consiente a ser presentada como algo que se puede consumir , es todo un desafío para los padres formar a nuestros hijos con la capacidad de poder controlar sus emociones(afectividad) y comprender que significa su sexualidad y para qué es.  

Comparto con el querido lector, una entrevista que se me hizo para www.RelevantRadioenespañol.com  en los Estados Unidos conversando sobre este tema tan delicado y que a nosotros los católicos no nos debería pasar por alto. Los padres nos debemos involucrar para formar y proteger a nuestros hijos.

Sheila, ayer nos dabas tus impresiones sobre el show que se dio en el medio tiempo del super bowl entre Shakira y Jennifer López. ¿Cómo consideras que los jóvenes se están formando en torno a educación de la afectividad y sexualidad?

 Este tema es tan importante y te quiero dar las gracias por preocuparte por él. Lo es de alguna manera especialmente para mí, que no fue sino hasta los 29 años de edad cuando comprendí el sentido profundo de mi propia sexualidad.

Mi sexualidad, ser mujer es un don y mi cuerpo es la casa, el hogar, el templo donde habita Dios. Si esto, me lo hubieran explicado de niña, que estoy segura que mi madre lo hizo desde donde pudo, te aseguro que no hubiera perseguido ser modelo profesional y tampoco hubiera trabajado en ese mundo que se dedica exclusivamente al endiosamiento del cuerpo y de la vanidad dejando a un lado la verdad: el sentido esponsal de la sexualidad humana. “Mediante el cuerpo , se revela la persona también en cuanto marido esposa. Esta dimensión de la persona ligada a la sexualidad es parte esencial de la “objetividad” del cuerpo”. (Documentos del Instituto de Ciencias para la Familia)

Respondiendo a tu pregunta, las escuelas públicas y los medios de comunicación seculares no está proporcionando ningún tipo de educación afectiva y menos, forman a los niños y jóvenes hacia el respeto propio y cuidado de su propio cuerpo, residencia de la dignidad humana.

¿POR QUÉ EDUCACIÓN AFECTIVA?

Porque los seres humanos tenemos tres aspectos dinámicos de nuestro ser:  inteligencia, voluntad y afectividad, las cuales se encuentran muy unidas de manera que, si la inteligencia está oscurecida, la voluntad se vuelve ciega y entonces la afectividad se desata sin control.

 Como padres y madres católicos, nos toca ir contra corriente, porque la presión de los medios de comunicación es fuerte. Se ha hablado de una cultura pansexual que significa que la sexualidad se reduce a los genitales, dejando completamente de lado la belleza de cada persona que es imagen y semejanza de Dios . Todos los programas de televisión y los medios sociales están empeñados en adoctrinar a nuestros niños, más concretamente a las niñas, ya que despiertan antes que el varón al instinto sexual.

El día domingo, del super bowl, millones de niños y niñas fueron sometidos (porque esto es así) a todo lo que no significa ser hombre o mujer. No sólo con el espectáculo que dieron Jennifer y Shakira sino con el bombardeo de anuncios televisivos que promueven la cultura de la muerte del espíritu y se centra en los sentidos, los deseos de la carne. 

Lo segundo es que, las escuelas públicas no consideran la unidad indivisible de cuerpo y espíritu a la hora de educar y por tanto dejan por fuera la vida moral, la vida consciente, la vida buena que es lo que da felicidad auténtica. 

Las escuelas no están preocupadas para educar los sentimientos, o el auto control, por esto es tan urgente hacer teología del cuerpo y hacerla a un nivel de enseñanza donde la mayoría pueda comprenderla, asimilarla para así asegurarnos cómo enseñar a nuestros hijos a vivir una vida pura y buena, alejada de todo lo que es superficialidad.

Nuestra fe no puede estar separada de la sociedad en la que vivimos. Tú y yo llevamos a la sociedad el ambiente que hemos creado interiormente gracias a nuestra vida de piedad y de oración.

¿QUÉ ES PARA UN CATÓLICO LA EDUCACIÓN SEXUAL? 

John, estudiando en la Universidad de Navarra en España me pareció fascinante aprender y comprender esto: “El cuerpo es parte constitutiva de la personalidad”. Lo dije anteriormente, tú y yo somos una unidad substancial de cuerpo y espíritu, esto quiere decir que la persona humana es persona en primer lugar por su espiritualidad.; en segundo lugar, el cuerpo es el lenguaje de la persona humana; y tercero, la castidad representa el verdadero lenguaje del cuerpo humano. Cualquier padre o madre que conozca su naturaleza no sólo psicológica sino también espiritual sabe que estos aspectos deben integrarse. Es imperativo que los padres nos formemos si no lo estamos pues nadie nos puede sustituir en esta tarea y sólo se tiene una oportunidad por ello la niñez sobre todo es tan importante.

Pero si yo, no estoy formada, no estoy actualizada en mi fe, no sólo en catecismo sino también en el sentido metafísico y antropológico, la misma cultura me va adormecer y este adormecimiento me va a llevar muchas veces a consentir actitudes, como que mis hijos vean programas que no son buenos para ellos; que se les dé permiso de irse a dormir con amigos que no sé de donde provienen, etc.,

Como coach de fe y  vida he impartido escuela para padres, he desarrollado programas para niños y adolescentes en cuánto lo que significa ser una persona que es única e irrepetible en todos los sentidos.

La doctora Nieves González Rico dice lo siguiente en una entrevista para ACEPRENSA: “La infancia, pre adolescencia y adolescencia son periodos de especial vulnerabilidad, porque en ellos se descubre y consolida la identidad personal y, en ella, la sexual. La persona, al madurar, está llamada a integrar sus dinamismos, que abarcan la dimensión biológica, psicológica, social y espiritual como necesidad de sentido. Si la educación no se realiza en clave de integración sino de disociación, especialmente del valor del cuerpo, veremos los efectos en las futuras generaciones. Creo que se debe respetar el derecho fundamental de los padres a la educación que desean para sus hijos, si estiman que esta perspectiva les puede confundir más que ayudar . Como padres debemos enseñarles que, por la dignidad que conlleva sus vidas, necesitan descubrir el valor infinito del cuerpo y del alma”.

Sheila Morataya

 

 

Cuidar de los enfermos aprendiendo lo que significa amar

Escrito por Andrea Tornielli

La Carta de Francisco vuelve a proponer puntualmente lo que han enseñado los últimos Pontífices y se ha considerado necesaria ante legislaciones cada vez más permisivas sobre estas cuestiones

Incurable nunca es sinónimo de “in-cuidable”: esta es la clave para entender la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe "Samaritanus bonus", que tiene como tema "el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida". El documento, ante la pérdida de la conciencia común sobre el valor de la vida y los debates públicos, a veces demasiado condicionados por casos puntuales en las noticias, reafirma claramente que "el valor inviolable de la vida es una verdad básica de la ley moral natural y un fundamento esencial del ordenamiento jurídico". Por ende, “no se puede elegir directamente atentar contra la vida de un ser humano, aunque este lo pida”.

Desde este punto de vista, la viga que sostiene "Samaritanus bonus" no contiene novedad: de hecho, el Magisterio ha afirmado repetidamente el no a toda forma de eutanasia o suicidio asistido, y ha explicado que la alimentación y la hidratación son apoyos vitales que deben asegurarse al enfermo. El Magisterio también se ha expresado en contra del llamado "ensañamiento terapéutico", porque en la inminencia de una muerte inevitable "es lícito en ciencia y en conciencia tomar la decisión de renunciar a los tratamientos que procurarían solamente una prolongación precaria y penosa de la vida".

Por lo tanto, la Carta vuelve a proponer puntualmente lo que han enseñado los últimos Pontífices y se ha considerado necesaria ante legislaciones cada vez más permisivas sobre estas cuestiones. Sus páginas más recientes son aquéllas del acento pastoral, que se refieren al acompañamiento y cuidado de los enfermos que han llegado a la etapa final de sus vidas: el cuidado de estas personas nunca puede reducirse sólo a la perspectiva médica. Se necesita de una presencia integral que los acompañe con afecto, terapias apropiadas y proporcionadas y asistencia espiritual. Son significativas las referencias a la familia, que “necesita la ayuda y los medios adecuados”. Se requiere que los Estados reconozcan la función social primaria y fundamental de la familia "y su papel insustituible, también en este ámbito, destinando los recursos y las estructuras necesarias para ayudarla", sostiene el documento. De hecho, el Papa Francisco nos recuerda que la familia "siempre ha sido el 'hospital' más cercano". Y aún hoy, en muchas partes del mundo, el hospital es un privilegio para unos pocos, y a menudo está muy lejos.

"Samaritanus bonus", aunque nos recuerda el drama de tantos casos de noticias que se discuten en los medios de comunicación, nos ayuda a mirar los testimonios de los que sufren y los que cuidan, los muchos testimonios de amor, sacrificio, dedicación a los enfermos terminales o a las personas con falta persistente de consciencia, asistidos por madres, padres, hijos, nietos. Son experiencias vividas diariamente en silencio, a menudo en medio de mil dificultades. En su autobiografía, el Cardenal Angelo Scola relató un episodio ocurrido hace años: "Durante una visita pastoral a Venecia, un día, mientras salía de la casa de un enfermo, el párroco local me señaló un caballero más o menos de mi edad con un aire muy discreto. Tres semanas antes había muerto su hijo, una persona gravemente discapacitada, incapaz de hablar o caminar, y había sido cuidado amorosamente por él durante más de treinta años, asistiéndolo día y noche y confortándolo con su constante presencia. El único momento en que se alejaba era los domingos por la mañana, cuando iba a misa. Delante de esta persona sentí una cierta vergüenza, pero como suele ocurrir con nosotros los sacerdotes, me sentí obligado a decir algo. Dios le dará crédito por ello, balbuceé un poco aturdido. Y me respondió con una gran sonrisa: Patriarca, mire, ya he recibido todo del Señor, porque me hizo comprender lo que significa amar".

Andrea Tornielli

 La religión del migrante: un desafío para la sociedad y la Iglesia

​ Imagen de archivo (ANSA)

Con este título se desarrolló este viernes 25 de septiembre, el Congreso organizado por la Universidad Católica del Sagrado Corazón y en colaboración con la Conferencia Episcopal Italiana, en la víspera del 106º Jornada Mundial del Migrante y Refugiado.

El Congreso inició con los saludos del cardenal Michael Czerny, Subsecretario de la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, monseñor Stefano Russo, Secretario General de la Conferencia Episcopal Italiana y monseñor Claudio Giuliodori, Asistente Eclesiástico General de la Universidad Católica del Sagrado Corazón. Seguidamente hicieron sus intervenciones el cardenal Angelo Bagnasco, Presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales Europeas, y David Sassoli, Presidente del Parlamento Europeo.

Durante el encuentro se presentó la investigación «Migraciones y afiliaciones religiosas», promovido por la Universidad Católica y llevado a cabo por un equipo multidisciplinario de expertos.

Como explican los organizadores del Congreso, “a pesar de la dramática propagación mundial de la discriminación, la persecución y los conflictos de origen religioso, tanto los datos oficiales como la literatura académica tienden a subestimar su papel en la génesis de la migración contemporánea”. Por esta razón, el estudio presentado tiene como objetivo “colmar este déficit de conocimientos, superando al mismo tiempo la tradicional ambivalencia con que Europa aborda el fenómeno religioso, en particular cuando está asociado a la migración”.

La investigación ofrece datos y perspectivas sobre el papel de la religión en las trayectorias de los que solicitan asilo y los migrantes, la geografía religiosa de los países de origen, la espiritualidad como factor de resistencia y adaptación, la transmisión de los valores religiosos en las familias de los migrantes, la contribución de las organizaciones religiosas y el diálogo interreligioso en el proceso de integración y para la cohesión social, la educación religiosa en las escuelas públicas como medio de fortalecer la ciudadanía democrática.

Esta rica colección de análisis especulativos y pruebas empíricas originales, ofrece a la Europa contemporánea un material extraordinario para la reflexión, junto con la posibilidad de recuperar la conciencia del estrecho vínculo entre la libertad personal y la libertad religiosa, entre el respeto de los derechos religiosos y la calidad de la democracia.

(Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

LA EUTANASIA ¿otro derecho?

Solo hay una forma de escapar de la destrucción a la que nos está intentando someter el 1% de personas que tiene más poder que el 99% restante de la población mundial es: ¡Darse cuenta de su  poder y sus consecuencias! De hecho el 1% de ese 1% es dueño del 99% de los recursos naturales.

 Nunca hasta ahora en la historia de las civilizaciones, el poder había estado tan concentrado. Hoy, gracias a la tecnología, los recursos naturales, los medios de producción y los medios de difusión, el poder está en manos de unos pocos poderosos. No sin razón les llaman "Los Amos".

Algunos de los Amos, llevan años avisando de que iba a llegar una pandemia que iba a matar a millones de personas. Y además se han propuesto reducir  por lo menos en un 15% el exceso de población mundial, combinando vacunas, sistema sanitario, aborto y eutanasia. Se intenta desde las más altas instancias de los organismos de poder mundial en general, y de cada nación en particular. Con todo ello, la Humanidad y la Naturaleza actuales están en peligro y tal vez ¿de "parto" de una Nueva Humanidad?

Cierto que hay un dato nuevo: nunca en la historia, ha coexistido en este planeta una población como ahora, cercana a 8 mil millones. La Naturaleza ofrece recursos para poder ser alimentados. Pero, lo preocupante es que nunca había habido tanta hambre, tanta manipulación, tanta falta de libertades, tanto miedo y desconfianza propiciado precisamente por ese poder y su ramificaciones. Puede parecer un poco diabólico.

A este poder y esta iniciativa, algunos lo llaman, precisamente así: "Pandemonium".  Según el significado se trataría de un "Lugar en el que hay gran confusión, ruido y griterío". Más que un lugar concreto, ya es el mundo entero. Y dentro de él "hay uno que se convierte en enemigo arquetípo". Javier Villamor lo ha dicho en "Alto y Claro":

https://youtu.be/F-lz6pA7mZI

1) La verdad  es libre, anda suelta, no se impone.

La vida no se acaba. La apariencia física concreta termina de forma natural, aunque nadie conoce la fecha de caducidad. La gente lo sabe, pero no todos son conscientes. La población, en general, tiene vista, pero no todos "ven": 1) unos, no quieren darse cuenta porque creen que no ven, como el que busca las gafas que lleva puestas; 2) otros, no se atreven a ver la ruina de la Humanidad, porque les asusta; 3) algunos,  contratan albañiles que pueden reformar algo para que la Casa-Naturaleza-Humana, no se caiga;  4) muchos, ante lo que hay fuera, (manipulación, contagios sin saber dónde ni por qué, ruido de bulos, mensajes contradictorios, recorte de libertades y también  irresponsabilidad... prefieren no salir de casa. ¡Ya escampará! 

Bill Gates, es pesimista con lo que está pasando y va a pasar. Piensa que la Humanidad retrocederá por lo menos 30 años, y habrá más muertes por los daños colaterales de la pandemia que por el propio virus (OKDIARIO 17/09/2020). Y 5) los "dueños" de los derechos. En medio de la mayor crisis sanitaria a nivel mundial y nacional, "ellos", nos traen no más apoyo a la vida, sino más muerte: la eutanasia. Por ley de vida, se aplicará especialmente, a las mal llamadas "las personas de riesgo" (se ha aplicó en la anterior pandemia).

 

2) ¿Puede haber intereses, detrás de una ley que nos traen sin ser necesaria?

 

No han desmentido a Villamor que lo dijo "alto y claro". Citaba a Soros, y a otros poderosos cuyas reuniones son conocidas. Dejo constancia, -para que nadie se llame a engaño- del error de pensar siempre en los mayores. Lo ha escrito un Catedrático Honorario de Anatomía y Neuroanatomía de la Universidad de Navarra: "Son personas de riesgo los pesimistas, los tristes, los apocados, los derrotistas, porque ponen trabas a la vida. El pesimismo también se contagia" (José Luis Velayos). Y contagia también la ideología, la servidumbre de los Amos y el ansia de poder.

Un grupo de médicos, académicos, empresarios, profesionales sanitarios especializados en cuidados paliativos, políticos y periodistas, denominados "La plataforma  "LOS 7.000", urgen al Congreso a que detenga la Ley de Eutanasia; "Consideran «improcedente» y una «muestra de gran falta de sensibilidad» que, «cuando el país expresa un duelo inmenso por el gran número de personas que han perdido, y otras siguen perdiendo la vida por la pandemia» del Covid-19, el Congreso de los Diputados «tramite una ley de eutanasia». ¿Demanda social? ¿Falta de medios?

Según recuerdan, en torno al 80% de los fallecidos por la pandemia han sido personas de más de setenta años. «En la mayoría de los casos las muertes han sido debidas a falta de atención hospitalaria y recursos sanitarios, sin la posibilidad siquiera de contar con remedios paliativos, llegándose incluso a la criba por razón de la edad" (https://www.abc.es/sociedad/abci-centenar-personalidades-urgen-congreso-detenga-ley-eutanasia-2020…).

Hace dos años, el Dr. Javier Rocafort, director médico del Hospital Centro Cuidados Laguna de Madrid, en una entrevista en Diario Médico decía «Hay sobre 60.000 personas que cada año están sufriendo innecesariamente porque necesitan cuidados paliativos avanzados y no los tienen. Cada día hay unas 150 personas que sufren innecesariamente… Cada diez minutos, una persona fallece en España con sufrimiento».

 

Para evitarlo, hay que "humanizar el tránsito" es decir "la muerte".  Como escribe  Nicolás Jouve de la Barreda, (Doctor en CC Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de Genética desde 1977,y Profesor en la Universidades  Bilbao, La Rioja y  Catedrático Emérito en Alcalá): "lo que desea quien se siente mal y abocado a ese final es evitar el sufrimiento y dejar este mundo, si ello es posible, de la forma menos traumática posible, desde las perspectivas física, psíquica y espiritual. Y eso es precisamente lo que suministran los cuidados paliativos, un soporte médico junto al enfermo y a su entorno familiar, eludiendo la eutanasia y el encarnizamiento terapéutico y proporcionando al moribundo lo que sea humanamente posible en las dimensiones física, psíquica y espiritual".

 

Se pregunta, y con razón el humanista Profesor Jouve: "¿Es esa la respuesta a tantos ancianos que han fallecido en las residencias y a tantas personas que a pesar de los esfuerzos médicos han muerto en circunstancias de soledad y sin el soporte psíquico y espiritual adecuado?   Por favor, un respeto a la vida de todas esas personas. Un respeto a la vida y, lo que hay que hacer es legislar para atender las deficiencias actuales y las necesidades de las personas que por las circunstancias que sean tienen próximo el hecho irreversible de la muerte".

 

 Y puntualiza: "el error nuclear en el planteamiento de quienes reivindican la eutanasia es que confunden el extravagante derecho a morir con el derecho a ser matado. Que es a lo que se refiere el suicidio asistido".

http://civica.com.es/bioetica/lo-urgente-regular-los-cuidados-paliativos-no-legislar-la-eutanasia/

 Lo cierto es, añade en otro lugar, que "el hecho se pretende justificar con el eufemismo de «muerte digna» en sustitución de «eutanasia» o con el establecimiento de parámetros para evaluar la «calidad de vida».

No es lo mismo leerlo que escuchar algo parecido desde el mismo hospital y desde la cama de un enfermo. El enfermo, los familiares, el personal sanitario y por supuesto los médicos, también tienen derechos. ¡Hay que respetarlos!

 Así que los  parlamentarios deberían escuchar el corazón del enfermo, el de los sanitarios y, su propio corazón. Lo digo porque lo que ofrecen es: "La presente ley pretende dar una respuesta jurídica, sistemática, equilibrada y garantista, a una demanda sostenida de la sociedad actual como es la eutanasia". (Primera línea de la "Proposición de Ley Orgánica de regulación de la eutanasia").

¿De verdad, es una demanda sostenida es decir constante de la sociedad actual, fuera de algunos casos concretos? Por favor, que nadie se vaya de esta vida con la sensación de que "Todo es mentira". Se han ido demasiadas personas, sin cuidados paliativos, solos y sin asistencia psíquica y espiritual.  "Ante la situación que estamos viviendo,( ha dicho Risto) esta taberna de baja estofa se ha convertido en un pleno que ya no importa a nadie", (https://www.abc.es/play/television/noticias/abci-monumental-enfado-risto-mejide-gobierno-verguenza…)

Cada uno pude hacer con su vida lo que quiera, pero, no deberían obligar a nadie a "ser Caín". Es discutible hacer creer que eso es un derecho.

https://youtu.be/yxCdRvizGFE

José Manuel Belmonte

 

Somos cristianos porque queremos

La manifestación fáctica de que esto es así, que todos los hombres, sin distinción alguna, somos libres en la dimensión humana religiosa, es decir, que los católicos, somos católicos, porque libremente queremos serlo, es que, como la conciencia de cada uno es sagrada y nadie puede entrar en ella, la historia de la humanidad está, penosamente, repleta de mártires de unas y otras religiones, a los que la amenaza de terminar con su vida no les cambió su propio modo de pensar en materia religiosa.

Esto ha ocurrido y es especialmente repetitivo, lamentable y evidente en el caso de la Iglesia Católica, desde aquel día en que Pilatos preguntó a Jesús: “entonces ¿Tú eres Rey?” y afirmó Cristo sin titubeos e inmediatamente: “tú lo has dicho, Soy Rey, para eso he nacido y para eso he venido al mundo”. Desde entonces, Él ha sido y es siempre nuestro referente.

Los cristianos somos cristianos porque LIBREMENTE hemos querido y queremos seguir siendo seguidores de tan gran REY, a pesar de las incomprensiones y hasta de las persecuciones.

Domingo Martínez Madrid

 

“Todos hermanos”

A las puertas de la publicación de una nueva Encíclica, que el Papa firmará el próximo 3 de octubre en su cuarta visita a Asís y que llevará por título “Todos hermanos”, Francisco, el Papa, incide en la necesidad de experimentar esa fraternidad universal, derivada del hecho de que todos somos hijos de Dios, y que conlleva una responsabilidad muy concreta a la hora de tratar al hermano, especialmente al que se equivoca. Ahora, en medio de este tiempo de crisis e incertidumbre, que puede sacar lo mejor y lo peor de nosotros mismos, vivimos un momento propicio para poner en valor lo que apunta el Papa, para huir del chismorreo y para hacer de la corrección fraterna un hábito saludable, de manera que en nuestras comunidades se puedan establecer siempre nuevas relaciones fraternas, basadas en el perdón mutuo y, sobre todo, en la fuerza invencible de la misericordia de Dios.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Algo pasa con los jóvenes

Hace unos días se presentó en España, sin mucha repercusión mediática por cierto, el Informe de “La Generación Conectada”, fruto de la colaboración entre World Vision y Barna Group. Es decir, dos instituciones del ámbito protestante norteamericano, cuya presencia en España, -doy fe de ello-, a veces parece más católica que no pocas de las católicas. 

Este estudio se considera uno de las investigaciones globales más significativas sobre el papel de la fe para las nuevas generaciones, su percepción de la Iglesia y de cuestiones relacionadas con la justicia social y la transformación humana.

Para la fiabilidad de los resultados se ha tenido la siguiente base metodológica: 15.369 personas de entre 18 y 35 años encuestadas, en 25 países y nueve idiomas. Investigación cuantitativa, visualizaciones de datos y guías de campo.

Sobre la apertura espiritual, los datos globales reflejan que hay una apertura general hacia la espiritualidad y la religión, incluido el cristianismo; más de la mitad de los encuestados, de entre 18 y 35 años, sienten que la religión es buena para las personas y la sociedad. Los datos en España reflejan una clara polarización: el 46% considera que la religión es buena para las personas mientras que el 31 % indica que la religión es mala para las personas. Un 41% que es buena para la sociedad y un 35% que es perjudicial para la sociedad.

Pedro García

 

 

No incluyó el aborto

En el Consejo de Seguridad de la ONU se debatió cómo detener la violencia sexual en los conflictos. En una situación grave "La prevención es la mejor respuesta", dijo la relatora especial de la ONU para la violencia sexual, Pramila Patten. Expuso tres cursos de acción para los próximos años: capacitar a los sobrevivientes para denunciar violaciones de forma segura y buscar reparación; actuar sobre la violencia denunciada para que las partes cumplan con las normas internacionales; y mejorar la rendición de cuentas. "La violencia sexual persiste no porque los marcos y obligaciones existentes sean inadecuados, sino porque no se aplican adecuadamente", dijo.

El informe del Secretario General enumeró 54 grupos armados, ejércitos estatales y actores no estatales, como los grupos terroristas, de quienes se sospecha que son responsables de cometer o ser responsables de patrones de violencia sexual. Casi la mitad de ellos se encuentran en la República Democrática del Congo y más del 70 por ciento son perpetradores persistentes, que han aparecido en la lista durante cinco años o más.

La embajadora de los Estados Unidos ante la ONU, Kelly Craft, dijo al Consejo: "Sabemos que colectivamente podemos responsabilizar a los perpetradores de violencia sexual en los conflictos y garantizar el cumplimiento de los compromisos para poner fin a la violencia sexual en los conflictos como una táctica de guerra".

Craft dijo que "respuesta" para la administración Trump, eso significa "garantizar que los sobrevivientes tengan acceso a servicios apropiados, accesibles y de calidad, incluyendo atención médica, apoyo psicológico y social, seguridad y asistencia legal". El Centro de Justicia Global se quejó de que la intervención de los Estados Unidos no incluyó el aborto, tuiteando "Estados Unidos se compromete a proporcionar servicios para CRSV ... pero deja de lado cualquier mención de SDSR".

"La violencia sexual en los conflictos inflige un trauma que se extiende mucho más allá de los sobrevivientes", dijo Craft, "degrada a las personas, alimenta la inestabilidad, obliga a las personas a huir de sus hogares y fractura a las familias y las sociedades". Está relacionado con otras formas de violencia y abuso, incluido el matrimonio infantil, precoz y forzado, y la esclavitud sexual".

Jesús Martínez Madrid

 

 

Vacaciones legionarias, la ETA y sus asesinos… y?

 

  Vacaciones “legionarias”: Se supone que las vacaciones (largas o cortas) se idearon y sirven para “descansar”, para como se dice en el argot popular, “para cargar las pilas, para reponerse del absurdo y terrible estrés que ha marcado el denominado “progreso”; para ese reposo anímico que necesita nuestra alma o espíritu; para pensar tranquilamente en esas inquietudes que bullen, o que incluso atormentan, “al mono humano”; y que en ese reposo, pueden encontrarse nuevos caminos o soluciones; en definitiva para “crecer más en lo más importante de esta existencia y que es, “ser  más, en vez de tener más, si ya tiene uno lo necesario para vivir”; puesto que el que no lo tiene, “seguro que no puede permitirse el lujo de esas vacaciones”. Pero no, y por ello he titulado “legionariamente”; puesto que en el ejército, y en general, todo son prisas; te tienen siempre en movimiento y cuando no, en ejercicios militares, donde abundan las marchas, marchas ligeras, o incluso las marchas forzadas y cargados con todos los utillajes y pertrechos que debe llevar un soldado”; y como lo viví en la mili; sé de lo que hablo, puesto que en esas marchas militares no puedes detenerte, “si te mueres de sed” y hasta que el jefe de la columna, no grita la ansiada palabra de… ¡Alto!

                                Bueno, pero no es así, pero sí de forma parecida; algunos o mayoría de “veraneantes, siempre van de prisa y corriendo”; parece como si no hubiesen superando el veneno de las prisas en la sociedad en que viven y que dicen es moderna; ese veneno ya crónico lo han de practicar por inercia; cosa que incluso han inoculado en los niños; y como estoy en zona vacacional, lo estoy viendo con una profusión que ya me hace reír.

                                Veo, al adulto y antes de que salga el Sol, cargado con sombrillas, sillas y otros elementos para “disfrutar en la playa”; ir corriendo, para poner todo ello y “clavarlo como estacas que marcan una propiedad privada”; lo más cerca del mar, para disfrutar esa preferencia; luego se marcha a su domicilio tan contento de haber conseguido lo que quería; pero como esas orillas son de dominio público, luego vienen las discusiones, incluso “peleas de gallos”; por cuanto otro, las ha quitado y se ha puesto él, “con sus aparejos”. Al final se va formando, tal aglomeración de seres humanos, que aquello se convierte en una especie de “inmenso rebaño de focas o morsas”, las que como sabemos, se reúnen en enormes cantidades, por cuanto así se defienden mejor como especie, de sus predadores y que de ellas se alimentan. No se guardan las distancias mínimas y se llega, a que aparte de oír lo que unos y otros hablan; también puedes disfrutar de “los olores que desprenden, ellos o los alimentos que lleven”; por todo ello, dejé hace mucho tiempo de ir a la playa en tiempos de estas invasiones; y como madrugo todo el año, aquí me sirve para ver el mar de cerca, pero sin pisar arenas; puesto que el paseo marítimo de aquí, está tan cercano al mar, que desde el mismo puedes disfrutar tanto de sus vistas, como de sus susurros o violencias, puesto que el mar y como cuerpo vivo que es; “nunca es el mismo y en su movimiento continuo se muestra de mil formas y maneras, así como de infinitas tonalidades de colores, pero siempre maravilloso; por todo ello cuando lo nombro o escribo, suelo decir el padre mar, puesto que sus aguas preñan la tierra, para que ella y como madre nos dé lo que nos da y sin lo cual no podríamos vivir”. (De mi artículo de igual titular: 20-07-2019)

 

La prensa, la radio, la televisión y… “La democracia”: Fue Winston Churchill el que sentenció que… “la democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos inventados por el hombre”; también dijo que, “sin prensa libre no podría existir una democracia”; a lo que hay que añadir lo que escribiera mucho antes Montesquieu; con la división del sistema en tres poderes, para que se controlaran unos a los otros. Incluso el Mahatma Gandhi, opinando dijo sobre el sistema; “Sostengo que el autogobierno es… solo un medio de lograr un buen gobierno. Y la verdadera democracia es lo que promueve el bienestar del pueblo. La prueba del buen gobierno radica en el mayor bien del pueblo con el mínimo control… A mi modo de ver, un sistema que permite la pobreza y el paro no es digno de durar ni un solo día”.

                           ¿Pero qué ocurrió y sigue ocurriendo para que en general todos los sistemas de gobierno “democrático” (no hablemos de los tiránicos y que abundan más) se nos presenten de la forma tan corrompida o abusiva en extremo, que padecemos? Pues lo de siempre, que, “el dinero perversamente empleado lo corrompe y destruye todo”; y lo sentenció, nada menos que “un gran vividor”… “En este mundo todo se compra con dinero… y lo que no se compra con dinero… se compra con más dinero”: lo dijo aquel pirata que se llamó, Aristóteles-Sócrates Onassis y que llegó a ser el más rico del mundo en su época, que fue en el pasado siglo veinte. (De mi artículo de igual titular: 21-07-2019)

 

ETA Y SUS ASESINOS: “PNV y PSE pactan pedir el acercamiento de los presos de ETA y la gestión de Prisiones: El acuerdo que sustenta al Gobierno de Urkullu contiene el compromiso de lograr un cambio de la política penitenciaria que incluya el "traslado de las personas presas a prisiones cercanas a su entorno familiar". (Vozpópuli 14-09-2020)

¡Sí!... "y que les den una paga vitalicia a costa del contribuyente español", por los méritos logrados, incluidos los asesinatos cometidos... Esto ya es de pesadilla y aquí... "ni el rey dice ni pío", los políticos, callan y a cobrar cada mes y mientras, España, se muere.

 

“La verdad es la herida que más duele… y no cicatriza”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes