Las Noticias de hoy 26 Septiembre 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 26/09/2020 - 12:41

Opus Dei - 5º Aniversario de la Agenda 2030 y de la Laudato si’

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 26 de septiembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Videomensaje del Papa en el 75º aniversario de las Naciones Unidas

Día de la Eliminación Total de las Armas Nucleares: Reflexión del Papa

Círculo de San Pedro: Llamado del Papa a identificar nuevas formas de pobreza

MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS: Francisco Fernandez Carbajal

“El que ama a Dios se da él mismo”: San Josemaria

5º Aniversario de la Agenda 2030 y de la Laudato si’

La Academia DYA, la primera actividad del Opus Dei

Trabajo y contemplación (2): F.J. López Díaz

Basta ya de gobiernos pornógrafos. Educación sexual y pornografía: FORUMLIBERTAS

XXVI Domingo del tiempo ordinario: + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

Para que el dinero no vuele: Lucía Legorreta

Vacante en la Suprema Corte de Estados Unidos: Ana Teresa López de Llergo

Formación cristiana: Daniel Tirapu

La verdadera felicidad sólo nace de la Verdad: Formación Católica

Llega «La Divina Misericordia» a los cines: mucho más que Santa Faustina, una historia cercana: Pablo J. Ginés/ReL

 

 

La influencia de la pandemia:  Jesús D Mez Madrid

La dignidad de la libertad religiosa: Jaume Catalán Díaz

“Salvaguardar el medio ambiente”.: Enric Barrull Casals

Aportación de las confesiones religiosas:  Suso do Madrid

¿Es la sociedad la que se suicida… o la están suicidando?: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

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ROME REPORTS

Videomensaje del Papa en el 75º aniversario de las Naciones Unidas

“No podemos vivir sin el otro”

SEPTIEMBRE 25, 2020 18:25ROSA DIE ALCOLEAPAPA FRANCISCO

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(zenit – 25 sept. 2020).- El Papa Francisco ha enviado un videomensaje en el 75º aniversario del nacimiento de las Naciones Unidas, este viernes, 25 de septiembre, dirigido al secretario general, António Guterres, así como a los jefes de Estado y de Gobierno participantes, y a todos aquellos que están siguiendo el debate general.

“La pandemia nos ha mostrado que no podemos vivir sin el otro, o peor aún, uno contra el otro”, ha sido la idea final de su extensa reflexión, de 26 minutos. El videomensaje del Papa en el 75º aniversario de las Naciones Unidas ha sido grabado en video desde el Vaticano y difundido por el canal de YouTube del Vaticano.

Los efectos de la pandemia por COVID-19 en la humanidad, garantizar los derechos humanos, pero también unir esfuerzos ante el cambio climático y hacer frente a la cultura del descarte: estos son los principales dramas que ha enfrentado el Papa Francisco en su mensaje.

Con palabras alentadoras, el Papa indica que la crisis global provocada por la pandemia puede representar una “oportunidad real para la conversión, la transformación, para repensar nuestra forma de vida y nuestros sistemas económicos y sociales”, así como una “posibilidad para una ‘retirada defensiva’ con características individualistas y elitistas”.

Naciones Unidas, un puente entre pueblos

Las Naciones Unidas, recuerda el Papa argentino, “fueron creadas para unir a las naciones, para acercarlas, como un puente entre los pueblos; usémoslo para transformar el desafío que enfrentamos en una oportunidad para construir juntos, una vez más, el futuro que queremos”.

Ante la grave crisis que amenaza al mundo tras la pandemia de COVID-19, el Santo Padre advierte que podemos elegir entre dos caminos: “el que conduce al fortalecimiento del multilateralismo, expresión de una renovada corresponsabilidad mundial, de una solidaridad fundamentada en la justicia y en el cumplimiento de la paz y de la unidad de la familia humana, proyecto de Dios sobre el mundo” o “al que da preferencia a las actitudes de autosuficiencia, nacionalismo, proteccionismo, individualismo y aislamiento, dejando afuera los más pobres, los más vulnerables, los habitantes de las periferias existenciales”.

Esta es la segunda vez que el Papa Francisco se dirige a la Asamblea General. La primera vez fue en persona, hace exactamente cinco años, el 25 de septiembre de 2015. Será la sexta vez que un pontífice se dirige a la ONU, después de Pablo VI en 1964, Juan Pablo II en 1979 y 1995, y Benedicto XVI en 2008.

A continuación, reproducimos el video con el mensaje del Papa, y más abajo, ofrecemos el texto íntegro de su alocución.

***

Mensaje de vídeo del Santo Padre

Señor presidente,

¡La paz esté con Ustedes!

Saludo cordialmente a Usted, Señor presidente, y a todas las Delegaciones que participan en esta significativa septuagésima quinta Asamblea General de las Naciones Unidas. En particular, extiendo mis saludos al Secretario General, Sr. António Guterres, a los Jefes de Estado y de Gobierno participantes, y a todos aquellos que están siguiendo el Debate General.

El Septuagésimo quinto aniversario de la ONU es una oportunidad para reiterar el deseo de la Santa Sede de que esta Organización sea un verdadero signo e instrumento de unidad entre los Estados y de servicio a la entera familia humana.[1]

Actualmente, nuestro mundo se ve afectado por la pandemia del COVID-19, que ha llevado a la pérdida de muchas vidas. Esta crisis está cambiando nuestra forma de vida, cuestionando nuestros sistemas económicos, sanitarios y sociales, y exponiendo nuestra fragilidad como criaturas.

La pandemia nos llama, de hecho, «a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección […]: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es».[2]Puede representar una oportunidad real para la conversión, la transformación, para repensar nuestra forma de vida y nuestros sistemas económicos y sociales, que están ampliando las distancias entre pobres y ricos, a raíz de una injusta repartición de los recursos. Pero también puede ser una posibilidad para una “retirada defensiva” con características individualistas y elitistas.

Nos enfrentamos, pues, a la elección entre uno de los dos caminos posibles: uno conduce al fortalecimiento del multilateralismo, expresión de una renovada corresponsabilidad mundial, de una solidaridad fundamentada en la justicia y en el cumplimiento de la paz y de la unidad de la familia humana, proyecto de Dios sobre el mundo; el otro, da preferencia a las actitudes de autosuficiencia, nacionalismo, proteccionismo, individualismo y aislamiento, dejando afuera los más pobres, los más vulnerables, los habitantes de las periferias existenciales. Y ciertamente será perjudicial para la entera comunidad, causando autolesiones a todos. Y esto no debe prevalecer.

La pandemia ha puesto de relieve la urgente necesidad de promover la salud pública y de realizar el derecho de toda persona a la atención médica básica.[3] Por tanto, renuevo el llamado a los responsables políticos y al sector privado a que tomen las medidas adecuadas para garantizar el acceso a las vacunas contra el COVID-19 y a las tecnologías esenciales necesarias para atender a los enfermos. Y si hay que privilegiar a alguien, que ése sea el más pobre, el más vulnerable, aquel que normalmente queda discriminado por no tener poder ni recursos económicos.

La crisis actual también nos ha demostrado que la solidaridad no puede ser una palabra o una promesa vacía. Además, nos muestra la importancia de evitar la tentación de superar nuestros límites naturales. «La libertad humana es capaz de limitar la técnica, orientarla y colocarla al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral».[4] También deberíamos tener en cuenta todos estos aspectos en los debates sobre el complejo tema de la inteligencia artificial (IA).

Teniendo esto presente, pienso también en los efectos sobre el trabajo, sector desestabilizado por un mercado laboral cada vez más impulsado por la incertidumbre y la “robotización” generalizada. Es particularmente necesario encontrar nuevas formas de trabajo que sean realmente capaces de satisfacer el potencial humano y que afirmen a la vez nuestra dignidad. Para garantizar un trabajo digno hay que cambiar el paradigma económico dominante que sólo busca ampliar las ganancias de las empresas. El ofrecimiento de trabajo a más personas tendría que ser uno de los principales objetivos de cada empresario, uno de los criterios de éxito de la actividad productiva. El progreso tecnológico es útil y necesario siempre que sirva para hacer que el trabajo de las personas sea más digno, más seguro, menos pesado y agobiante.

Y todo esto requiere un cambio de dirección, y para esto ya tenemos los recursos y tenemos los medios culturales, tecnológicos y tenemos la conciencia social. Sin embargo, este cambio necesita un marco ético más fuerte, capaz de superar la «tan difundida e inconscientemente consolidada “cultura del descarte”».[5]

En el origen de esta cultura del descarte existe una gran falta de respeto por la dignidad humana, una promoción ideológica con visiones reduccionistas de la persona, una negación de la universalidad de sus derechos fundamentales, y un deseo de poder y de control absolutos que domina la sociedad moderna de hoy. Digámoslo por su nombre: esto también es un atentado contra la humanidad.

De hecho, es doloroso ver cuántos derechos fundamentales continúan siendo violados con impunidad. La lista de estas violaciones es muy larga y nos hace llegar la terrible imagen de una humanidad violada, herida, privada de dignidad, de libertad y de la posibilidad de desarrollo. En esta imagen, también los creyentes religiosos continúan sufriendo todo tipo de persecuciones, incluyendo el genocidio debido a sus creencias. También, entre los creyentes religiosos, somos víctimas los cristianos: cuántos sufren alrededor del mundo, a veces obligados a huir de sus tierras ancestrales, aislados de su rica historia y de su cultura.

También debemos admitir que las crisis humanitarias se han convertido en el statu quo, donde los derechos a la vida, a la libertad y a la seguridad personales no están garantizados. De hecho, los conflictos en todo el mundo muestran que el uso de armas explosivas, sobretodo en áreas pobladas, tiene un impacto humanitario dramático a largo plazo. En este sentido, las armas convencionales se están volviendo cada vez menos “convencionales” y cada vez más “armas de destrucción masiva”, arruinando ciudades, escuelas, hospitales, sitios religiosos, e infraestructuras y servicios básicos para la población.

Además, muchos se ven obligados a abandonar sus hogares. Con frecuencia, los refugiados, los migrantes y los desplazados internos en los países de origen, tránsito y destino, sufren abandonados, sin oportunidad de mejorar su situación en la vida o en la de su familia. Peor aún, miles son interceptados en el mar y devueltos a la fuerza a campos de detención donde enfrentan torturas y abusos. Muchos son víctimas de la trata, la esclavitud sexual o el trabajo forzado, explotados en labores degradantes, sin un salario justo. ¡Esto que es intolerable, sin embargo, es hoy una realidad que muchos ignoran intencionalmente!

Los tantos esfuerzos internacionales importantes para responder a estas crisis comienzan con una gran promesa, entre ellos los dos Pactos Mundiales sobre Refugiados y para la Migración, pero muchos carecen del apoyo político necesario para tener éxito. Otros fracasan porque los Estados individuales eluden sus responsabilidades y compromisos. Sin embargo, la crisis actual es una oportunidad: es una oportunidad para la ONU, es una oportunidad de generar una sociedad más fraterna y compasiva.

Esto incluye reconsiderar el papel de las instituciones económicas y financieras, como las de Bretton-Woods, que deben responder al rápido aumento de la desigualdad entre los súper ricos y los permanentemente pobres. Un modelo económico que promueva la subsidiariedad, respalde el desarrollo económico a nivel local e invierta en educación e infraestructura que beneficie a las comunidades locales, proporcionará las bases para el mismo éxito económico y a la vez, para renovación de la comunidad y la nación en general. Y aquí renuevo mi llamado para que «considerando las circunstancias […] se afronten – por parte de todos los Países – las grandes necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres».[6]

La comunidad internacional tiene que esforzarse para terminar con las injusticias económicas. «Cuando los organismos multilaterales de crédito asesoren a las diferentes naciones, resulta importante tener en cuenta los conceptos elevados de la justicia fiscal, los presupuestos públicos responsables en su endeudamiento y, sobre todo, la promoción efectiva y protagónica de los más pobres en el entramado social».[7] Tenemos la responsabilidad de proporcionar asistencia para el desarrollo a las naciones empobrecidas y alivio de la deuda para las naciones muy endeudadas.[8]

«Una nueva ética supone ser conscientes de la necesidad de que todos se comprometan a trabajar juntos para cerrar las guaridas fiscales, evitar las evasiones y el lavado de dinero que le roban a la sociedad, como también para decir a las naciones la importancia de defender la justicia y el bien común sobre los intereses de las empresas y multinacionales más poderosas».[9] Este es el tiempo propicio para renovar la arquitectura financiera internacional.[10]

Señor presidente,

Recuerdo la ocasión que tuve hace cinco años de dirigirme a la Asamblea General en su septuagésimo aniversario. Mi visita tuvo lugar en un período de un multilateralismo verdaderamente dinámico, un momento prometedor y de gran esperanza, inmediatamente anterior a la adopción de la Agenda 2030. Algunos meses después, también se adoptó el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático.

Sin embargo, debemos admitir honestamente que, si bien se han logrado algunos progresos, la poca capacidad de la comunidad internacional para cumplir sus promesas de hace cinco años me lleva a reiterar que “hemos de evitar toda tentación de caer en un nominalismo declaracionista con efecto tranquilizador en las conciencias. Debemos cuidar que nuestras instituciones sean realmente efectivas en la lucha contra todos estos flagelos”.[11]

Pienso también en la peligrosa situación en la Amazonía y sus poblaciones indígenas. Ello nos recuerda que la crisis ambiental está indisolublemente ligada a una crisis social y que el cuidado del medio ambiente exige una aproximación integral para combatir la pobreza y combatir la exclusión.[12]

Ciertamente es un paso positivo que la sensibilidad ecológica integral y el deseo de acción hayan crecido. “No debemos cargar a las próximas generaciones con los problemas causados por las anteriores. […] Debemos preguntarnos seriamente si existe – entre nosotros – la voluntad política […] para mitigar los efectos negativos del cambio climático, así como para ayudar a las poblaciones más pobres y vulnerables que son las más afectadas”.[13]

La Santa Sede seguirá desempeñando su papel. Como una señal concreta de cuidar nuestra casa común, recientemente ratifiqué la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal.[14]

Señor presidente,

No podemos dejar de notar las devastadoras consecuencias de la crisis del Covid-19 en los niños, comprendiendo los menores migrantes y refugiados no acompañados. La violencia contra los niños, incluido el horrible flagelo del abuso infantil y de la pornografía, también ha aumentado dramáticamente.

Además, millones de niños no pueden regresar a la escuela. En muchas partes del mundo esta situación amenaza un aumento del trabajo infantil, la explotación, el maltratado y la desnutrición. Desafortunadamente, los países y las instituciones internacionales también están promoviendo el aborto como uno de los denominados “servicios esenciales” en la respuesta humanitaria. Es triste ver cuán simple y conveniente se ha vuelto, para algunos, negar la existencia de vida como solución a problemas que pueden y deben ser resueltos tanto para la madre como para el niño no nacido.

Imploro, pues, a las autoridades civiles que presten especial atención a los niños a quienes se les niegan sus derechos y dignidad fundamentales, en particular, su derecho a la vida y a la educación. No puedo evitar recordar el apelo de la joven valiente Malala Yousafzai, quien hace cinco años en la Asamblea General nos recordó que “un niño, un maestro, un libro y un bolígrafo pueden cambiar el mundo”.

Los primeros educadores del niño son su mamá y su papá, la familia que la Declaración Universal de los Derechos Humanos describe como “el elemento natural y fundamental de la sociedad”.[15] Con demasiada frecuencia, la familia es víctima de colonialismos ideológicos que la hacen vulnerable y terminan por provocar en muchos de sus miembros, especialmente en los más indefensos –niños y ancianos– un sentido de desarraigo y orfandad. La desintegración de la familia se hace eco en la fragmentación social que impide el compromiso para enfrentar enemigos comunes. Es hora de reevaluar y volver a comprometernos con nuestros objetivos.

Y uno de esos objetivos es la promoción de la mujer. Este año se cumple el vigésimo quinto aniversario de la Conferencia de Beijing sobre la Mujer. En todos los niveles de la sociedad las mujeres están jugando un papel importante, con su contribución única, tomando las riendas con gran coraje en servicio del bien común. Sin embargo, muchas mujeres quedan rezagadas: víctimas de la esclavitud, la trata, la violencia, la explotación y los tratos degradantes. A ellas y a aquellas que viven separadas de sus familias, les expreso mi fraternal cercanía a la vez que reitero una mayor decisión y compromiso en la lucha contra estas prácticas perversas que denigran no sólo a las mujeres sino a toda la humanidad que, con su silencio y no actuación efectiva, se hace cómplice.

Señor presidente,

Debemos preguntarnos si las principales amenazas a la paz y a la seguridad como, la pobreza, las epidemias y el terrorismo, entre otras, pueden ser enfrentadas efectivamente cuando la carrera armamentista, incluyendo las armas nucleares, continúa desperdiciando recursos preciosos que sería mejor utilizar en beneficio del desarrollo integral de los pueblos y para proteger el medio ambiente natural.

Es necesario romper el clima de desconfianza existente. Estamos presenciando una erosión del multilateralismo que resulta todavía más grave a la luz de nuevas formas de tecnología militar,[16] como son los sistemas letales de armas autónomas (LAWS), que están alterando irreversiblemente la naturaleza de la guerra, separándola aún más de la acción humana.

Hay que desmantelar las lógicas perversas que atribuyen a la posesión de armas la seguridad personal y social. Tales lógicas sólo sirven para incrementar las ganancias de la industria bélica, alimentando un clima de desconfianza y de temor entre las personas y los pueblos.

Y en particular, “la disuasión nuclear” fomenta un espíritu de miedo basado en la amenaza de la aniquilación mutua, que termina envenenando las relaciones entre los pueblos y obstruyendo el diálogo.[17] Por eso, es tan importante apoyar los principales instrumentos legales internacionales de desarme nuclear, no proliferación y prohibición. La Santa Sede espera que la próxima Conferencia de Revisión del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) resulte en acciones concretas conformes con nuestra intención conjunta “de lograr lo antes posible la cesación de la carrera de armamentos nucleares y de emprender medidas eficaces encaminadas al desarme nuclear”.[18]

Además, nuestro mundo en conflicto necesita que la ONU se convierta en un taller para la paz cada vez más eficaz, lo cual requiere que los miembros del Consejo de Seguridad, especialmente los Permanentes, actúen con mayor unidad y determinación. En este sentido, la reciente adopción del alto al fuego global durante la presente crisis, es una medida muy noble, que exige la buena voluntad de todos para su implementación continuada. Y también reitero la importancia de disminuir las sanciones internacionales que dificultan que los Estados brinden el apoyo adecuado a sus poblaciones.

Señor presidente,

De una crisis no se sale igual: o salimos mejores o salimos peores. Por ello, en esta coyuntura crítica, nuestro deber es repensar el futuro de nuestra casa común y proyecto común. Es una tarea compleja, que requiere honestidad y coherencia en el diálogo, a fin de mejorar el multilateralismo y la cooperación entre los Estados. Esta crisis subraya aún más los límites de nuestra autosuficiencia y común fragilidad y nos plantea explicitarnos claramente cómo queremos salir: mejores o peores. Porque repito, de una crisis no se sale igual: o salimos mejores o salimos peores.

La pandemia nos ha mostrado que no podemos vivir sin el otro, o peor aún, uno contra el otro. Las Naciones Unidas fueron creadas para unir a las naciones, para acercarlas, como un puente entre los pueblos; usémoslo para transformar el desafío que enfrentamos en una oportunidad para construir juntos, una vez más, el futuro que queremos.

¡Y que Dios nos bendiga a todos!

Gracias Señor Presidente.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

Día de la Eliminación Total de las Armas Nucleares: Reflexión del Papa

Con motivo del 75º aniversario de la ONU

SEPTIEMBRE 25, 2020 19:43ROSA DIE ALCOLEAIGLESIA Y MUNDO

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(zenit – 26 sept. 2020).- Mañana, 26 de septiembre, se conmemora el Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares, uno de los objetivos más antiguos de la Organización de las Naciones Unidas, y unos los temas que más preocupan al Papa Francisco.

Hoy en día, tal como indica la Organización de las Naciones Unidas, todavía existen unas 13.4000 armas nucleares en el mundo. “Más de la mitad de la población mundial aún vive en países que o bien tienen este tipo de armas o son miembros de alianzas nucleares”, advierte la ONU.

Por ello, este día ofrece una “ocasión para que la comunidad mundial reafirme su compromiso con el desarme nuclear a nivel mundial como una prioridad”. También supone una oportunidad para educar al público y sus líderes acerca de los beneficios reales de la eliminación de este tipo de armas, y los costes sociales y económicos de la perpetuación de ellos.

“Romper el clima de desconfianza”

El Papa Francisco ha manifestado reiteradamente su preocupación por la posesión de armas nucleares y ha reflexionado públicamente en numerosas ocasiones sobre ello. Sin ir más lejos, hoy el Santo Padre, se ha pronunciado al respecto en un videomensaje grabado con motivo del 75º aniversario del nacimiento de la ONU.

“Es necesario romper el clima de desconfianza existente”, ha señalado. “Estamos presenciando una erosión del multilateralismo que resulta todavía más grave a la luz de nuevas formas de tecnología militar, como son los sistemas letales de armas autónomas (LAWS), que están alterando irreversiblemente la naturaleza de la guerra, separándola aún más de la acción humana”.

Así, Francisco ha instado a “desmantelar las lógicas perversas que atribuyen a la posesión de armas la seguridad personal y social”, que “sólo sirven para incrementar las ganancias de la industria bélica, alimentando un clima de desconfianza y de temor entre las personas y los pueblos”.

Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares

El 7 de julio de 2017, la ONU adoptó el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares. Es el primer instrumento multilateral legalmente vinculante para el desarme nuclear que se ha negociado en 20 años.

La Santa Sede, ha señalado hoy el líder de la Iglesia Católica, “espera que la próxima Conferencia de Revisión del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) resulte en acciones concretas conformes con nuestra intención conjunta ‘de lograr lo antes posible la cesación de la carrera de armamentos nucleares y de emprender medidas eficaces encaminadas al desarme nuclear’”.

Mensaje del Papa desde Hiroshima

Los llamamientos más recientes del Pontífice en este sentido tuvieron lugar el pasado 9 de agosto, durante el rezo de Ángelus, en la 75ª conmemoración de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, o en su viaje apostólico a Japón, donde visitó el Memorial de la Paz de Hiroshima y se encontró con víctimas de la tragedia nuclear.

En aquella ocasión, el Papa aseguró que “la verdadera paz solo puede ser una paz desarmada”, “fruto de la justicia, del desarrollo, de la solidaridad, del cuidado de nuestra casa común y de la promoción del bien común, aprendiendo de las enseñanzas de la historia”.

Desde 2014

El Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares se celebra anualmente desde 2014. En el mismo, se alienta a los Estados Miembros, al sistema de las Naciones Unidas y a la sociedad civil, incluidas las organizaciones no gubernamentales, el mundo académico, los parlamentarios y los medios de comunicación, a conmemorar y crear conciencia pública sobre la amenaza que representan para la humanidad las armas nucleares y la necesidad de su eliminación total.

Para celebrarlo, las Naciones Unidas celebran diferentes eventos en Nueva York y Ginebra, alentando al resto de centros alrededor del mundo a crear conciencia sobre el problema de las armas nucleares.

 

Círculo de San Pedro: Llamado del Papa a identificar nuevas formas de pobreza

En una ciudad que se transforma

SEPTIEMBRE 25, 2020 13:47ROSA DIE ALCOLEAPAPA FRANCISCO

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(zenit – 25 sept. 2020).- “Identificar con urgencia las nuevas formas de pobreza” y “vivir la misericordia con “imaginación” son los mandatos que el Papa Francisco ha encomendado a los miembros del Círculo de San Pedro.

El Santo Padre ha recibido esta mañana, 25 de septiembre de 2020, en audiencia a las personas que entregan esta institución caritativa ligada a la figura del Papa.

​“Os doy las gracias porque sois una expresión concreta de la caridad del Papa que se preocupa por la pobreza de Roma. De los pobres y de las pobrezas”, les ha dicho Francisco.

Al mismo tiempo, les ha agradecido por el Óbolo de San Pedro que los miembros del Círculo recogen todos los años en las iglesias de la ciudad de Roma y que hoy han ofrecido al Santo Padre, para destinar a las obras de caridad escogidas por él.

Fidelidad incondicional a la Iglesia y al Romano Pontífice son el signo distintivo de la antigua Asociación que resume su carisma en el lema “Oración – Acción – Sacrificio”. Dado que el año pasado, en audiencia con ellos, el Papa Francisco les habló de la oración, hoy se ha centrado en la segunda premisa del Círculo: la acción.

Mirar las heridas humanas

​En el contexto de la pandemia, el Pontífice les ha llamado a identificar con urgencia “en la ciudad que se está transformando rápidamente, las nuevas formas de pobreza”, argumentando que “está en nosotros verlas con los ojos del corazón”. Para el Santo Padre, “hay que saber mirar las heridas humanas con el corazón para ‘preocuparse de todo corazón’ por la vida del otro”.

Y después de ver las heridas de la ciudad, el Papa les invita a vivir la misericordia con “imaginación”. Así, les ha felicitado por el trabajo realizado en esta época de pandemia, que “es mucho” y ha recordado un “pequeño gran gesto” que el grupo de jóvenes del Círculo tuvo con los miembros mayores: una ronda de llamadas telefónicas para ver si todo iba bien y hacerles compañía. “Esta es la imaginación de la misericordia”, les ha dicho.

¿Qué es el Círculo de San Pedro?

​El Círculo de San Pedro forma parte de la historia de Roma, ha atravesado dos guerras mundiales, calamidades, pobrezas siempre nuevas, intentando en cada momento dar consuelo y ayuda a los más pobres.

Fundado en Roma en 1869, por iniciativa de un grupo de jóvenes dirigidos por el cardenal Iacobini, el Círculo fue fruto del entusiasmo de los jóvenes de la alta burguesía y de las familias nobles romanas, que querían demostrar al mundo la fidelidad al Pontífice y defenderlo de los ataques anticlericales en aquel difícil momento de la historia del Papado, informa Catholic.net.

​Su actividad, organizada en varias Comisiones, se dirige a todos los sectores de la pobreza humana, intentando responder al reclamo de los necesitados.

Publicamos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes durante el encuentro, difundido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

***

Discurso del Santo Padre

​Queridos miembros del Círculo de San Pietro, ¡bienvenidos!

Agradezco al nuevo presidente de la Asociación, el marqués Niccolò Sacchetti, las amables palabras que me ha dirigido, y le deseo todo lo mejor para esta nueva tarea.

Vuestro lema es: «Oración – Acción – Sacrificio». Estas palabras representan los tres principios cardinales en los que se basa la vida de la Asociación. En nuestro encuentro del año pasado centré mi reflexión en el primero: la oración (cf. Discurso a los miembros del Círculo de San Pietro, 19 de febrero de 2019). Este año, en cambio, me gustaría centrarme en la acción.

​La pandemia, con la necesidad de un distanciamiento interpersonal, os ha llamado a repensar las modalidades concretas de las obras de caridad que habitualmente realizáis en favor de los pobres de Roma. A las necesidades de las personas a las que servís habitualmente se ha añadido la necesidad de responder a las necesidades urgentes de tantas familias, que se han encontrado de la noche a la mañana en apuros económicos. Y no hay que asustarse: habrá cada vez más porque las repercusiones de la pandemia serán terribles.

A una situación excepcional no se puede dar una respuesta habitual, sino que se requiere una respuesta nueva y diferente. Para ello es necesario tener un corazón que sepa «ver» las heridas de la sociedad y manos creativas en la caridad activa. Un corazón que vea y unas manos que hagan. Estos dos elementos son importantes para que una acción caritativa siempre sea fecunda.

​En primer lugar, es urgente identificar, en la ciudad que se está transformando rápidamente, las nuevas formas de pobreza. La pobreza, habitualmente, es pudorosa, tiene pudor: hace falta ir a descubrir donde está…Las nuevas formas de pobreza, vosotros bien lo sabéis, son tantas: pobreza material, pobreza humana, pobreza social. Está en nosotros verlas con los ojos del corazón. Hay que saber mirar las heridas humanas con el corazón para «preocuparse de todo corazón» por la vida del otro. As,í  ya no es sólo un extraño necesitado de ayuda, sino, antes que nada, un hermano, un hermano que pide amor. Y sólo cuando nos preocupamos de todo corazón por alguien podemos responder a esta expectativa. Es la experiencia de la misericordia: miseri-cor-dare, misericordia, dar misericordia a los míseros, dar el corazón a los míseros.

Nuestro mundo, como observó San Juan Pablo II hace cuarenta años, «parece no dejar espacio a la misericordia» (Enc. Dives in Misericordia, 2). Cada uno de nosotros está llamado a cambiar el curso. Y es posible si nos dejamos tocar en primera persona por el poder de la misericordia de Dios. Un lugar privilegiado para experimentarlo es el sacramento de la Reconciliación. Cuando presentamos nuestras miserias al Señor, nos envuelve la misericordia del Padre. Y es esta misericordia la que estamos llamados a vivir y a dar. Siempre Dios, nosotros y los demás.

Después de ver las heridas de la ciudad en la que vivimos, la misericordia nos invita a tener «imaginación» en nuestras manos. Y lo que habéis hecho en esta época de pandemia es mucho: una vez aceptado el reto de responder a una situación concreta, habéis sabido adaptar vuestro servicio a las nuevas necesidades impuestas por el virus. También me gusta recordar un pequeño gran gesto que el grupo de jóvenes del Círculo tuvo con los miembros mayores: una ronda de llamadas telefónicas para ver si todo iba bien y hacerles compañía. Esta es la imaginación de la misericordia.

Os animo a continuar con empeño y alegría vuestras obras de caridad, siempre atentos y dispuestos a responder con valentía a las necesidades de los pobres. No os canséis de pedir esta gracia al Espíritu Santo en la oración personal y comunitaria.

Os doy las gracias porque sois una expresión concreta de la caridad del Papa que se preocupa por la pobreza de Roma. De los pobres y de las pobrezas. Y os agradezco el Óbolo de San Pedro que recogéis todos los años en las iglesias de la ciudad y que hoy me ofrecéis.

Os encomiendo, así como a los miembros de vuestras familias y a todas las personas que atendéis diariamente, a María, Salus Populi Romani, y a la intercesión de los santos patrones de Roma, Pedro y Pablo. Y os pido que sigáis rezando por mí. Gracias.

© Librería Editorial Vaticano

MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS

— Mediadora ante el Mediador.

— Todas las gracias nos vienen por María.

— Un clamor continuo, de día y de noche, sube hasta la Madre del Cielo.

I. Uno solo es Dios -enseña San Pablo- y uno también el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo en rescate por todos1.

La Virgen Nuestra Señora cooperó de modo singularísimo a la obra de Redención de su Hijo durante toda su vida. En primer lugar, el libre consentimiento que otorgó en la Anunciación del Ángel era necesario para que la Encarnación se llevara a cabo. Era, afirma Santo Tomás de Aquino2, como si Dios Padre hubiera esperado el asentimiento de la humanidad por la voz de María. Su Maternidad divina la hizo estar unida íntimamente al misterio de la Redención hasta su consumación en la Cruz, donde Ella estuvo asociada de un modo particular y único al dolor y muerte de su Hijo. Allí nos recibió a todos, en la persona de San Juan, como hijos suyos. Por eso, «la misión maternal de María no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien, sirve para demostrar su poder»3. Es la Mediadora ante el Mediador, que es Hijo suyo; se trata de «una mediación en Cristo»4 que, «lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta»5.

Ya en la tierra, Santa María ejerció esta maternal mediación al santificar a Juan el Bautista en el seno de Isabel6. Y también en Caná, a instancias de la Virgen, realizó Jesús su primer milagro7; un prodigio maternal que solucionó un pequeño problema doméstico en la boda a la que asistía invitada. San Juan señala los frutos espirituales de esta intervención: y sus discípulos creyeron en Él. La Virgen intercedería cerca de su Hijo –como todas las madres– en multitud de ocasiones que los Evangelios no han consignado. «Asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora»8. Por la intercesión ante su Hijo, Nuestra Señora nos alcanza y nos distribuye todas las gracias, con ruegos que jamás pueden quedar defraudados. ¿Qué va a negar Jesús a quien le engendró y llevó en su seno durante nueve meses, y estuvo siempre con Él, desde Nazaret hasta su Muerte en la Cruz? El Magisterio nos ha enseñado el camino seguro para alcanzar todo lo que necesitamos. «Por expresa voluntad de Dios –enseña el Papa León XIII–, ningún bien nos es concedido si no es por María; y como nadie puede llegar al Padre sino por el Hijo, así generalmente nadie puede llegar a Jesús sino por María»9. No tengamos reparo alguno en pedir una y otra vez a la que se ha llamado Omnipotencia suplicante. Ella nos escucha siempre; también ahora.

No dejemos de poner ante su mirada benévola esas necesidades, quizá pequeñas, que nos inquietan en el momento presente: conflictos domésticos, apuros económicos, un examen, unas oposiciones, un puesto de trabajo que nos es preciso... Y también aquellas que se refieren al alma y que nos deben inquietar más: la lejanía de Dios o la correspondencia a la vocación de un pariente o de un amigo, la gracia para superar una situación difícil o adelantar en una virtud, el aprender a rezar mejor...

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros... En el Cielo, muy cerca de su Hijo, Ella dirige nuestra oración ante Él, la endereza, si en algo iba menos recta, y la perfecciona.

II. Todas las gracias, grandes y pequeñas, nos llegan por María. «Nadie se salva, oh Santísima, si no es por medio de Ti. Nadie sino por Ti se libra del mal... Nadie recibe los dones divinos, si no es por tu mediación (...). ¿Quién, después de tu Hijo, se interesa como Tú por el género humano? ¿Quién como Tú nos protege sin cesar en nuestras tribulaciones? ¿Quién nos libra con tanta presteza de las tentaciones que nos asaltan? ¿Quién se esfuerza tanto como Tú en suplicar por los pecadores? ¿Quién toma su defensa para excusarlos en los casos desesperados?... Por esta razón, el afligido se refugia en Ti, el que ha sufrido la injusticia acude a Ti, el que está lleno de males invoca tu asistencia (...). La sola invocación de tu nombre ahuyenta y rechaza al malvado enemigo de tus siervos, y guarda a estos seguros e incólumes. Libras de toda necesidad y tentación a los que te invocan, previniéndoles a tiempo contra ellas»10.

Los cristianos, de hecho, nos dirigimos a la Madre del Cielo para conseguir gracias de toda suerte, tanto temporales como espirituales. Entre estas pedimos a Nuestra Señora la conversión de personas alejadas de su Hijo y, para nosotros, un estado de continua conversión del alma, una disposición que nos hace sentirnos en camino cada día, luchando por mejorar, por quitar los obstáculos que impiden la acción del Espíritu Santo en el alma. Su ayuda nos es necesaria continuamente en el apostolado; Ella es la que verdaderamente cambia los corazones. Por eso, desde la antigüedad, María es llamada «salud de los enfermos, refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos, reina de los Apóstoles, de los mártires...». Su mano, generosa como la de todas las madres, es dispensadora de toda suerte de gracias, y aun, «en cierto sentido, de la gracia de los sacramentos; porque Ella nos los ha merecido en unión con Nuestro Señor en el Calvario, y nos dispone además con su oración a acercarnos a esos sacramentos y a recibirlos convenientemente; a veces hasta nos envía al sacerdote sin el cual esa ayuda sacramental no nos sería otorgada»11.

En sus manos ponemos hoy todas nuestras preocupaciones y hacemos el propósito de acudir a Ella diariamente muchas veces, en lo grande y en lo pequeño.

III. En la Virgen María se refugian los fieles que están rodeados de angustias y peligros, invocándola como Madre de misericordia y dispensadora de la gracia12. En Ella nos refugiamos nosotros todos los días. En el Avemaría, le rogamos muchas veces: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte...». Ese ahora es repetido en todo el mundo por millares de personas de toda edad y color, que piden la gracia del momento presente13. Es esta la gracia más personal, que varía con cada uno y en cada situación. Aunque alguna vez, sin querer, estemos algo distraídos, Nuestra Señora, que no lo está nunca y conoce nuestras necesidades, ruega por nosotros y nos consigue los bienes que necesitamos. Un clamor grande sube en cada instante, de día y de noche, a Nuestra Madre del Cielo: Ruega por nosotros pecadores, ahora... ¿Cómo no nos va a oír, cómo no va a atender estas súplicas? Desde el Cielo conoce bien nuestras necesidades materiales y espirituales, y como una madre llena de ternura ruega por sus hijos.

Cada vez que acudimos a Ella, nos acercamos más a su Hijo. «María es siempre el camino que conduce a Cristo. Cada encuentro con Ella se resuelve necesariamente en un encuentro con Cristo mismo. ¿Qué otra cosa significa el mismo recurso a María, sino un buscar entre sus brazos, en Ella y por Ella y con Ella a Cristo, nuestro Salvador?»14.

Es abrumadora la cantidad de motivos y razones que tenemos para acudir confiadamente a María, en la seguridad de que siempre seremos escuchados, recordándole que jamás se oyó decir, que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos acudo, Virgen Madre de las vírgenes... Madre de Dios, no desechéis mis súplicas15.

En este mes de octubre, cercano ya, acudiremos a Ella rezando con más atención el Santo Rosario, como pide la Iglesia. En esta oración, la preferida de la Virgen16, no dejaremos de poner intenciones ambiciosas, con la seguridad de que seremos escuchados.

1 1 Tim 2, 5-6. — 2 Santo Tomás, Suma Teológica, 3, q. 30, a. 1. — 3 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 60. — 4 Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 25-II-1987, 38. — 5 Conc. Vat. II, loc. cit. — 6 Cfr. Lc 1, 14. — 7 Cfr. Jn 2, 1 ss. — 8 Conc. Vat. II, loc. cit., 62. — 9 León XIII, Enc. Octobri mense, 22-IX-1891. — 10 San Germán de Constantinopla, Homilía en S. Mariae Zonam. — 11 R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, Palabra, Madrid 1982, vol, I, p. 144. — 12 Misal Romano, Misa de la Virgen María, Madre y Medianera de la gracia. Prefacio. — 13 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, loc. cit. — 14 Pablo VI, Enc. Mense maio, 29-IV-1965. — 15 Oración Memorare. — 16 Cfr. Pablo VI, Enc. Mense maio, cit.

 

“El que ama a Dios se da él mismo”

El tiempo es nuestro tesoro, el “dinero” para comprar la eternidad. (Surco 882)

26 de septiembre¡Qué pena vivir, practicando como ocupación la de matar el tiempo, que es un tesoro de Dios! No caben las excusas, para justificar esa actuación. Ninguno diga: dispongo sólo de un talento, no puedo lograr nada. También con un solo talento puedes obrar de modo meritorio. ¡Qué tristeza no sacar partido, auténtico rendimiento de todas las facultades, pocas o muchas, que Dios concede al hombre para que se dedique a servir a las almas y a la sociedad!

Cuando el cristiano mata su tiempo en la tierra, se coloca en peligro de matar su Cielo: cuando por egoísmo se retrae, se esconde, se despreocupa. El que ama a Dios, no sólo entrega lo que tiene, lo que es, al servicio de Cristo: se da él mismo. No ve -con mirada rastrera- su yo en la salud, en el nombre, en la carrera. (Amigos de Dios, 46)

 

 

5º Aniversario de la Agenda 2030 y de la Laudato si’

Este aniversario de la Agenda 2030 se está celebrando en el Tiempo de la Creación del también 5º aniversario de la Laudato si’, y constituye una ocasión para que reflexionemos de nuevo en cómo podemos contribuir a la construcción de un mundo más pacífico, más saludable y más sostenible, que pueda ser la casa común de todos.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA25/09/2020

Se cumplen cinco años de la aprobación por parte de Naciones Unidas de la Agenda 2030, en la que se definen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Se trata de una ampliación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que se habían formulado en el 2000. Aunque el enfoque es similar, los ODS son más ambiciosos, al dirigirse a todos los países miembros de NN.UU. (no sólo a los desarrollados), y subrayar las tres dimensiones del desarrollo integral: social, económica y ambiental.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible son, según su denominación oficial:

  • 1. Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo;
  • 2. Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible;
  • 3. Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades;
  • 4. Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos;
  • 5. Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas;
  • 6. Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos;
  • 7. Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos;
  • 8. Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos;
  • 9. Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación;
  • 10. Reducir la desigualdad en y entre los países;
  • 11. Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles;
  • 12. Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles;
  • 13. Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos;
  • 14. Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible;
  • 15. Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de la diversidad biológica;
  • 16. Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles;
  • 17. Fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible.

Cada uno de estos ODS se concretan en metas (en total 169), que pretenden conseguirse en 2030.

Se trata naturalmente de objetivos muy loables, ya que intentan promover un desarrollo humano más completo que el solo restringido a la dimensión económica, casi exclusivo en las últimas décadas del s. XX. Aquí se incorporan otros elementos (educación, ambiente, salud, paz…) que la inmensa mayoría de las personas consideran logros necesarios en una sociedad avanzada.

La Iglesia católica y el desarrollo integral humano

La Iglesia católica siempre se ha puesto del lado del desarrollo integral humano, promoviéndolo activamente. La historia de la caridad se remonta al inicio del cristianismo, cuando se nos indica que los primeros discípulos recibían apoyo de los demás “según la necesidad de cada uno” (Ac 2, 45), y se extiende a lo largo de los últimos XX siglos en la creación de infinidad de hospitales, orfanatos, escuelas y universidades cristianas, así como en innumerables labores asistenciales promovidas por creyentes en todo el mundo.

Los últimos pontífices han recordado la importancia de que los católicos nos impliquemos en la atención de las personas más vulnerables y colaboremos en la solución de los problemas que originan esa vulnerabilidad. Encíclicas de gran trascendencia, como la Centessimus annus de Juan Pablo II o la Caritas in Veritate de Benedicto XVI critican un modelo económico que busque el beneficio de algunos a costa de perpetuar las desigualdades globales.

El papa Francisco desde el inicio de su pontificado ha vuelto a subrayar la importancia de que un católico se comprometa con estas cuestiones sociales, extendiendo la preocupación ambiental de sus predecesores con una encíclica dedicada íntegramente a esta cuestión. La Laudato si´ muestra nítidamente las interconexiones entre la degradación medioambiental y el aumento de pobreza y la exclusión, proponiendo una “conversión ecológica”, que modifique nuestra forma de relacionarnos con el resto de la Creación.

En este sentido, la Agenda 2030 es perfectamente asumible por la Iglesia, que ha recordado en diversos foros su compromiso con una visión integral del desarrollo humano. Conviene recordar que incluso se modificaron las fechas de la Cumbre de Naciones Unidas donde se aprobó esta agenda para que el papa Francisco pudiera asistir aprovechando su viaje a EE.UU. en septiembre de 2015. El Papa describió la adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la cumbre como "un importante signo de esperanza". Una esperanza que se realizará si la Agenda se implementa de manera verdadera, justa y efectiva.

No obstante, también ha advertido sobre la importancia de que no caer en “un nominalismo declaracionista”, que sirva para “apaciguar las conciencias” en lugar de hacer “verdaderamente efectiva la lucha contra esos problemas” en palabras del Pontífice. En una nota enviada a NN.UU. por la delegación de la Santa Sede en 2016, se expresaba la preocupación en cómo se interpretarían dos de las 169 metas de los ODS, la 3.7 y la 5.6. En ambos casos se habla de “garantizar el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva, y los derechos reproductivos”, lo que podría entenderse como un apoyo explícito a los métodos anticonceptivos incompatibles con la dignidad humana.

Sin dejar de lado esta reticencia, parece evidente que la Iglesia es partidaria del espíritu que anima a los ODS, puesto que está comprometida con la promoción del desarrollo integral de la persona. Un desarrollo que reconozca el valor de la ley moral inscrita en la propia naturaleza humana, que garantice el derecho a la vida en todas sus etapas, la diferencia natural entre hombre y mujer, la dignidad humana inherente a toda persona.

Esto supone, por ejemplo, reconocer a los pobres como agentes de su propio destino, proporcionándoles tanto medios tanto espirituales como materiales (educación -incluyendo el derecho a la educación religiosa-, trabajo, alojamiento, tierra, alimentos, agua y atención médica), preservando el ambiente natural, fomentando la cohesión de las familias y su papel clave en la educación de los hijos, respetar el estado de derecho, promover la solución pacífica de los conflictos, subrayando la fraternidad universal en el cuidado conjunto de nuestra Casa Común.

Promover simultáneamente la dimensión ecológica, económica y social del desarrollo sostenible

La Agenda 2030 intenta construir un compromiso global con la reducción del sufrimiento humano en todas sus manifestaciones materiales. Aunque la dimensión espiritual no esté explícitamente presente, no resulta ajena a los valores que se promueven, entendiéndolos en el marco adecuado de un respeto a la dignidad humana.

La actual crisis sanitaria nos enseña que los problemas no pueden afrontarse parcialmente. Como indica en numerosas ocasiones la Laudato si´, “todo está conectado”. No podemos proceder a la resolución de los problemas con planteamientos reduccionistas o parciales atendiendo sólo a criterios de carácter científico o técnico.

Superar la actual crisis sanitaria y climática supone promover simultáneamente la dimensión ecológica, económica y social que está en la raíz de los desequilibrios. No puede haber progreso económico a costa de un agotamiento y deterioro de los sistemas naturales porque antes o después esto pasa factura al propio progreso humano, ni se puede considerar desarrollo humano el cambio que se produce en las sociedades, cuando unos mejoran a costa de perjudicar a otros.

“Dada la magnitud de los cambios, ya no es posible encontrar una respuesta específica e independiente para cada parte del problema. Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (LS, 139).

Este mismo planteamiento integral de la sostenibilidad se recoge en el preámbulo de la Agenda 2030 en donde se expone: “Los Objetivos y las metas son de carácter integrado e indivisible y conjugan las tres dimensiones del desarrollo sostenible: económica, social y ambiental”.


Dr. Emilio Chuvieco Salinero, Director de la Cátedra de ética ambiental de la Universidad de Alcalá.

Dra. Sílvia Albareda Tiana, Profesora Contratada Doctora, Directora de Cooperación y Desarrollo Sostenible y Coordinadora del grupo de investigación consolidado de Sostenibilidad y Educación Integral, Universitat Internacional de Catalunya.

 

 

La Academia DYA, la primera actividad del Opus Dei

La vida de cualquier persona, y también la de cualquier institución, está hecha de pequeños sucesos, de anécdotas, de encuentros, de retales, de fragmentos. De la mano de algunos historiadores, en esta serie de podcast iremos recorriendo diferentes acontecimientos de la vida de san Josemaría y de la historia del Opus Dei.

RELATOS BIOGRÁFICOS24/09/2020

Podcast de la serie 'Fragmentos de historia'
1. Personajes de un relato divino
2. Encerrados en la Legación de Honduras
3. En los Pirineos: o todos o ninguno
4. Amigos hasta la muerte
5. Encarnita Ortega: su vida en cinco trazos
6. Pedro Casciaro: la aventura de un hombre sensible
7. Juan Jiménez Vargas: el sueño se hizo realidad
8. La Academia DYA, la primera actividad del Opus Dei


Te puede interesar  Recuerdo de las jornadas que san Josemaría vivió escondido en Madrid durante el conflicto civil  San Josemaría durante los años 30 (ocho capítulos, con vídeos y textos) 30 cuestiones históricas sobre la vida de San Josemaría • Documental “El paso de los Pirineos” • Mapa interactivo: San Josemaría en Madrid. Los comienzos del Opus Dei


1. Personajes de un relato divino

A partir de la sorprendente historia de Irena Kalpas, Pablo Pérez, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra, explica cómo la historia del Opus Dei puede contarse a través de cada una de las personas que han encontrado su camino hacia Dios en esta institución de la Iglesia Católica.

Contando con la libertad humana, Dios escribe un inesperado relato que une los bosques de Katyn con una residencia de estudiantes en Polonia, en una fecha muy concreta: el 26 de junio de 2002.

2. Encerrados en la Legación de Honduras

En plena guerra civil, en marzo de 1937, san Josemaría permaneció cuatro meses y medio encerrado con algunos miembros del Opus Dei y una decena de familias en la Legación de Honduras, un edificio situado muy cerca de la plaza de Emilio Castelar en Madrid y que gozaba de inmunidad diplomática.

Esos meses de aislamiento significaron también una etapa de crecimiento espiritual para san Josemaría y los que le acompañaban.

3. En los Pirineos: o todos o ninguno

A finales del año 1937 san Josemaría y algunos de los primeros miembros del Opus Dei y amigos, cruzaron los Pirineos para pasar a la llamada zona nacional, donde era más fácil que san Josemaría pudiera continuar su labor sacerdotal.

En esta travesía, hubo momentos especialmente arriesgados y difíciles. El historiador José Carlos Martín de la Hoz relata uno de ellos.


4. Amigos hasta la muerte

San Josemaría fue un hombre de muchos y buenos amigos. Siempre valoró la amistad como uno de los grandes tesoros de la vida y dejó en herencia este mensaje a los fieles de la Obra.

En este podcast, Pablo Pérez, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra, cuenta la duradera y profunda amistad de san Josemaría con Francisco Moreno y Enrique Giménez Arnau, dos amigos a los que conoce en su juventud en Zaragoza.


5. Encarnita Ortega: su vida en cinco trazos

El 5 de mayo de 1920, hace ahora 100 años, nacía Encarnación Ortega. Encarnita, como todos la llamaban, fue una de las primeras mujeres del Opus Dei. Conoció a san Josemaría en el año 1941 y pronto pidió la admisión como numeraria.

Durante toda su vida, impulsó numerosas iniciativas de tipo educativo, social y cultural y ayudó a cientos de personas a acercarse más a Dios. Murió con fama de santidad y está abierto su proceso de canonización.

El historiador José Carlos Martín de la Hoz, vicepostulador de la Causa, relata en este podcast algunos sucesos de la vida de Encarnita que ayudan a conocer su valía humana y espiritual.


6. Pedro Casciaro: la aventura de un hombre sensible

Pedro Casciaro fue uno de los primeros miembros del Opus Dei. Conoció a san Josemaría cuando estudiaba Matemáticas y Arquitectura en Madrid.

Aquel joven inquieto, sensible y algo frío, religiosamente hablando, empezó a tratar a Dios con más cercanía y descubrió su vocación. Fue el inicio de una apasionante aventura y el camino que le llevó a una vida plena, como relata José Carlos Martín de la Hoz.


7. Juan Jiménez Vargas: el sueño se hizo realidad

18 de mayo de 1992. Dos viejos conocidos se encuentran en la sala de espera del aeropuerto de Ciampino, en Roma. El día anterior han asistido a la beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer.

Para Juan Jiménez Vargas, uno de los primeros hombres en unirse al Opus Dei allá por los años 30, ha debido ser un momento muy especial. Por eso, José Carlos Martín de la Hoz, historiador, no puede resistirse y se acerca para preguntarle lo que otros no se han atrevido: “Ayer, cuando viste esa multitud en la plaza de san Pedro, ¿qué sentiste?”.


8La Academia DYA, la primera actividad del Opus Dei

 

José Luis González Gullón, historiador y sacerdote, es el autor del libro DYA. La academia y residencia en la historia del Opus Dei (1933-1939) . En este podcast explica el inicio de la Academia DYA en 1934, la primera actividad que san Josemaría puso en marcha en los inicios del Opus Dei. Esta academia preparaba a los estudiantes de la época para el ingreso a la universidad y ofrecía a los jóvenes que lo deseaban otras actividades de formación cristiana.

González Gullón cuenta cómo se organizaba la academia y el motivo por el que el fundador del Opus Dei eligió esta iniciativa como primera actividad. DYA significaba Derecho y Arquitectura pero también, como san Josemaría decía a los jóvenes, Dios y Audacia.

 

Trabajo y contemplación (2)

Segunda entrega del texto sobre cómo tratar a Dios -hasta llegar a la "contemplación"- mientras se trabaja o se realiza otra actividad.

TRABAJO02/05/2012

Cuando iban de camino entró Jesús en cierta aldea, y una mujer que se llamaba Marta le recibió en su casa. Tenía ésta una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Pero Marta andaba afanada con numerosos quehaceres y poniéndose delante dijo: —Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en las tareas de servir? Dile entonces que me ayude. Pero el Señor le respondió: —Marta, Marta, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria: María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatad [1].

Muchas veces en la historia se ha tomado ocasión de las figuras de María y Marta para representar la vida contemplativa y la vida activa , como dos géneros de vida de los cuales el primero sería más perfecto, según las palabras del Señor: María ha escogido la mejor parte .

Por lo general se han referido estos términos a la vocación religiosa, entendiendo por vida contemplativa, a grandes rasgos, la de aquellos que se apartan materialmente del mundo para dedicarse a la oración, y por vida activa la de quienes realizan tareas como la enseñanza de la doctrina cristiana, la atención a los enfermos, y otras obras de misericordia.

Tomando así los términos, se ha afirmado desde hace siglos que es posible ser contemplativos en la acción . El sentido clásico de esta expresión no es que resulta posible la contemplación en las actividades profesionales, familiares y sociales, propias de la vida de los fieles corrientes, sino que se refiere a las acciones apostólicas y de misericordia dentro del camino de la vocación religiosa.

San Josemaría ha enseñado a profundizar en las palabras del Señor a Marta, haciendo ver que no hay ninguna oposición entre la contemplación y la realización, lo más perfecta posible, del trabajo profesional y de los deberes ordinarios de un cristiano.

Ya se ha considerado en un texto precedente qué es la contemplación cristiana: esa oración sencilla de tantas almas que, por amar mucho y ser dóciles al Espíritu Santo, buscando en todo la identificación con Cristo, son llevadas por el Paráclito a penetrar en las profundidades de la vida íntima de Dios, de sus obras y sus designios, con una sabiduría que dilata cada vez más su corazón y su conocimiento. Una oración en la que sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira! Y el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas [2].

Ahora conviene detenerse a considerar tres modos en los que puede darse la contemplación: en los ratos dedicados exclusivamente a la oración; mientras se trabaja o se realiza cualquier actividad que no requiera toda la atención de la mente; y, finalmente, a través del mismo trabajo, incluso cuando exige una concentración exclusiva. Estos tres cauces componen conjuntamente la vida contemplativa, haciendo de la vida ordinaria un vivir en el Cielo y en la tierra a la vez, como decía San Josemaría.

En la oración y en todas las normas de piedad

Ante todo, la contemplación se ha de pedir a Dios y buscar en los actos de piedad cristiana que pueden jalonar nuestro día, especialmente en los ratos dedicados de modo exclusivo a la oración mental.

"Et in meditatione mea exardescit ignis" —Y, en mi meditación, se enciende el fuego. —A eso vas a la oración: a hacerte una hoguera, lumbre viva, que dé calor y luz [3] . Los ratos de oración bien hechos son la caldera que extiende su calor a los diversos momentos del día.

Del recogimiento en los ratos de oración; del trato con el Señor buscado con afán en esos momentos, a veces por medio de la meditación de algún texto que ayude a centrar la cabeza y el corazón en Dios; del empeño en apartar las distracciones; de la humildad para comenzar y recomenzar, sin apoyarse en las propias fuerzas sino en la gracia de Dios; en una palabra, de la fidelidad diaria a los ratos de oración depende que se haga realidad, más allá de esos momentos, el ideal de ser contemplativos en medio del mundo.

 

​Foto: dmason

San Josemaría nos ha enseñado a buscar la contemplación en los ratos de oración mental: a contemplar la Vida del Señor, a mirarle en la Eucaristía, a tratar a las Tres Personas divinas por el camino de la Humanidad Santísima de Jesucristo, a ir a Jesús por María... Es preciso no conformarse con repetir oraciones vocales en la oración mental, aunque quizá haya que repetirlas durante mucho tiempo, pero viéndolas como la puerta que abre a la contemplación.

También en el trato humano, cuando se encuentra a un amigo, se suelen dirigir algunas frases de saludo para iniciar la conversación. Pero el trato no puede limitarse a eso. La conversación ha de continuar con palabras más personales, hasta que incluso llegan a sobrar porque hay una sintonía profunda y una gran familiaridad. Mucho más en el trato con Dios. Empezamos con oraciones vocales (...). Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra..., hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres...: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio [4].

Mientras se trabaja o se realiza otra actividad

La contemplación no se limita a los ratos dedicados a la oración. Puede tener lugar a lo largo de la jornada, en medio de las ocupaciones ordinarias, mientras se realizan tareas que no requieren toda la atención de la mente y que se deben hacer, o en los momentos de pausa de cualquier otro trabajo.

Se puede contemplar a Dios mientras se va por la calle, mientras se cumplen algunos deberes familiares y sociales que son habituales en la vida de cualquier persona, o se realizan trabajos que ya se dominan con soltura, o con ocasión de un intervalo en la propia tarea, o simplemente de una espera...

Del mismo modo que en los ratos de oración las jaculatorias pueden abrir el paso a la contemplación, también en medio de estas otras ocupaciones la búsqueda de la presencia de Dios desemboca en vida contemplativa, incluso más intensa, como el Señor hizo experimentar a San Josemaría. Es incomprensible — anota en sus Apuntes íntimos — : sé de quien está frío (a pesar de su fe, que no admite límites) junto al fuego divinísimo del Sagrario, y luego, en plena calle, entre el ruido de automóviles y tranvías y gentes, ¡leyendo un periódico! vibra con arrebatos de locura de Amor de Dios [5].

Esta realidad es enteramente un don de Dios, pero sólo puede recibirlo quien lo desea en su corazón y no lo rechaza con las obras. Lo rechaza el que tiene los sentidos dispersos, o se deja dominar por la curiosidad, o se sumerge en un tumulto de pensamientos y de imaginaciones inútiles que le distraen y disipan. En una palabra, quien no sabe estar en lo que hace [6]. La vida contemplativa requiere mortificación interior, negarse a uno mismo por amor a Dios, para que Él reine en el corazón y sea el centro al que se dirigen en último término los pensamientos y los afectos del alma.

Contemplación "en y a través de" las actividades ordinarias

Así como en los ratos de oración no hay que conformarse con repetir jaculatorias ni quedarse en la lectura y en la meditación, sino buscar el diálogo con Dios hasta llegar, con su gracia, a la contemplación, así también en el trabajo, que ha de convertirse en oración, es preciso no contentarse con ofrecerlo al principio y dar gracias al final, o en procurar renovar ese ofrecimiento varias veces, unidos al Sacrificio del altar. Todo esto es ya muy agradable al Señor, pero un hijo de Dios ha de ser audaz y aspirar a más: a realizar su trabajo como Jesús en Nazaret, unido a Él. Un trabajo en el que gracias al amor sobrenatural con que se lleva a cabo, se contempla a Dios que es Amor [7] .

Enseñanza constante y característica de San Josemaría es que la contemplación es posible no sólo mientras se realiza una actividad, sino por medio de las actividades que Él quiere que realicemos, en esas mismas tareas y a través de ellas , incluso cuando se trata de trabajos que exigen toda la concentración de la mente. San Josemaría enseñaba que llega el momento en el que no se es capaz de distinguir la contemplación y la acción, terminando estos conceptos por significar lo mismo en la mente y en la conciencia.

En este sentido, resulta iluminadora una explicación de Santo Tomás: “ cuando de dos cosas una es la razón de la otra, la ocupación del alma en una no impide ni disminuye la ocupación en la otra... Y como Dios es aprehendido por los santos como la razón de todo cuanto hacen o conocen, su ocupación en percibir las cosas sensibles, o en contemplar o hacer cualquier otra cosa, en nada les impide la divina contemplación, ni viceversa” [8]. De ahí que, si se quiere buscar el don de la contemplación, el cristiano deba poner al Señor como fin de todos sus trabajos, realizándolos non quasi hominibus placentes, sed Deo qui probat corda nostra ; no para agradar a los hombres, sino a Dios que sondea nuestros corazones [9].

Puesto que la contemplación es como un anticipo de la visión beatífica, fin último de nuestra vida, es preciso que cualquier actividad que Dios quiera que realicemos —como el trabajo y las tareas familiares y sociales, que son Voluntad suya para cada uno— pueda ser cauce para la vida contemplativa. En otros términos, por lo mismo que cualquiera de esas actividades se puede realizar por amor a Dios y con amor a Dios, también se pueden convertir en medio de contemplación, que no es otra cosa que un modo especialmente familiar de conocerle y amarle.

Podemos contemplar a Dios en las actividades que realizamos por amor suyo, porque ese amor es participación del Amor infinito que es el Espíritu Santo, que escruta las profundidades de Dios [10]. El que trabaja por amor a Dios puede darse cuenta —sin pensar en otra cosa, sin distraerse— de que le ama cuando trabaja, con el amor que infunde el Paráclito en los corazones de los hijos de Dios en Cristo [11]Reconocemos a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestra propia labor [12].

También podemos contemplar a Dios a través del trabajo, porque si está hecho por amor será un trabajo realizado con la mayor perfección de que seamos capaces en esas circunstancias, una tarea que refleja las perfecciones divinas, un trabajo como el de Cristo. No necesariamente porque haya salido bien a los ojos de los hombres, sino porque está bien hecho a los ojos de Dios. Puede suceder que el trabajo haya salido mal o que humanamente haya sido un fracaso, y sin embargo que haya estado bien hecho ante Dios, con rectitud de intención, con espíritu de servicio, con la práctica de las virtudes: en una palabra, con perfección humana y cristiana. Un trabajo así es medio de contemplación; así se comprende que la contemplación sea posible en y a través de trabajos que exigen poner todas las energías de la mente, como son –por ejemplo– el estudio, o la docencia.

El cristiano que trabaja o cumple sus deberes por amor a Dios, trabaja en unión vital con Cristo. Sus obras se convierten entonces en obras de Dios, en operatio Dei , y por eso mismo son medio de contemplación. Pero no basta estar en gracia de Dios y que las obras sean moralmente buenas. Han de estar informadas por una caridad heroica, y realizadas con virtudes heroicas, y con ese modo divino de obrar que confieren los Dones del Espíritu Santo en quien es dócil a su acción.

* * *

La contemplación en la vida ordinaria hace pregustar la unión definitiva con Dios en el Cielo. A la vez que lleva a obrar cada vez con más amor, enciende el deseo de verle no ya por medio de las actividades que realizamos, sino cara a cara. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto. (...) Un nuevo modo de pisar en la tierra, un modo divino, sobrenatural, maravilloso. Recordando a tantos escritores castellanos del quinientos, quizá nos gustará paladear por nuestra cuenta: ¡que vivo porque no vivo: que es Cristo quien vive en mí! (cfr. Gal 2, 20) [13].

F.J. López Díaz


[1] Lc10, 38-42.

[2] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 307.

[3] San Josemaría, Camino , n. 92.

[4] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 296.

[5] San Josemaría, Apuntes íntimos , n. 673 (del 26-III-1932). Citado en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei , vol. I, Rialp, Madrid 1997, p. 420.

6] San Josemaría, Camino , n. 815.

[7] Cfr. 1 Jn 4, 8.

[8] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae. , Suppl., q. 82, a. 3 ad 4.

[9] Ts 2, 4.

[10] Cor 2, 10.

[11] Rm 5, 5.

[12] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 48.

[13] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 297.

Basta ya de gobiernos pornógrafos. Educación sexual y pornografía

La edad de iniciación va bajando, y hoy la edad de acceso, según los últimos estudios, está en los 11 años

25 septiembre, 2020ForumLibertas.comEditorial

La mayoría de jóvenes acceden a la pornografía cuando ni siquiera son adolescentes, a los 12, 13 años y un 75% son chicos. Según estudios recientes, más de la mitad de los adolescentes españoles entre 14 y 17 años ven regularmente porno por Internet, es decir son adictos. Pero la edad de iniciación va bajando, y hoy la edad de acceso, según los últimos estudios, está en los 11 años. Con la próxima implantación del 5G, que permitirá conectar los dispositivos a una velocidad 40 veces superior que ahora, el problema se agravará todavía más.

La generalización de la oferta y del consumo de pornografía es un gravísimo problema social. En primer término, para los menores, pero también para las mujeres y los adultos, por la adicción que crea. Su peligrosidad reclama una acción de los poderes públicos equivalente a la emprendida con el tabaco o el juego on line y las casas de apuestas. La pornografía supone un claro desprecio a la dignidad de las personas que aparecen en las grabaciones, especialmente de las mujeres, al ser presentadas como puros objetos sexuales, tratadas sin ninguna consideración. También favorece la violencia contra la mujer. Provoca que la violencia física y verbal se normalicen en la llamada “escalada de conducta”, lo cual se traduce en los delitos de violencia sexual, cada vez más frecuentes. Crea adicción y hace dependientes a las personas, especialmente a los niños y jóvenes, que se habitúan a una vivencia enfermiza de la sexualidad. Abre la puerta a modalidades nuevas y sofisticadas de prostitución, fuera de todo control. Provoca que los consumidores se familiaricen con prácticas sexuales de riesgo. Descontextualiza la sexualidad, situándola al margen de las relaciones interpersonales y de la dignidad de la persona humana.

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La Fiscal General del Estado, en la presentación de la memoria del año 2018, reconoció la relación entre pornografía y violencia sexual contra la mujer. Estos y otros motivos hacen necesario que los poderes públicos, legislativo, ejecutivo y judicial, se impliquen a fondo para limitar con rigor el comercio y difusión de la pornografía.  Los poderes públicos han demostrado su capacidad de limitar con eficacia prácticas perjudiciales para la salud, como el consumo de tabaco en los espacios públicos.

El problema es que no lo hacen. Al contrario estimulan en los adolescentes la práctica sexual sin límites.

Este es un último ejemplo : La Generalitat de Cataluña promueve entre los adolescentes probar prácticas sexuales “tabú”. En esta página se recomienda a los jóvenes que prueben los juguetes sexuales, practiquen el sexting,  y la penetración anal. Su texto en este último caso dice así “Esto no es para todos, pero hay gente que lo disfruta mucho. Y el sexo anal no es sólo para chicos gay, es para todos los que quieren experimentarlo! Incluso entre las chicas se puede hacer con la ayuda de juguetes sexuales. Sin embargo, recuerde que los condones también deben usarse porque también podemos tener infecciones de transmisión sexual a través del sexo anal”. Formidable educación para nuestros adolescentes. Y luego se extrañan de la difusión de la pornografía.

Esta es una página de la web Adolescentes, patrocinada por la Generalitat de Cataluña, concretamente por la Dirección General de la Juventud.

Que no ignoran el problema lo muestra que la propia web señala que más de la mitad de los adolescentes han visto películas pornográficas y que quieren imitar sus conductas.

En definitiva, el escenario es este: la pornografía es un grave problema en nuestra sociedad, en general y especialmente en los mas jóvenes, a pesar de ello los poderes públicos no solo no abordan su limitación como hacen con el juego, el tabaco, el alcohol, el exceso de velocidad, sino que fomentan con dinero de los presupuestos una educación sexual y una visión de la sexualidad que lleva aparejada el encontrar “normal”, “desinhibida”, “liberada” prácticas sexuales que en realidad son los fundamentos de la pornografía.

¿Cómo se puede funcionar bien con tales contradicciones? ¿ ¿Cómo se pueden llenar la boca y gastar contra los abusos sexuales, las “manadas”, la violencia contra la mujer y a la vez promover la educación sexual que lo estimula?

Es necesario decir basta. Hay que acabar y hay que luchar para terminar con tanta pornografía, en este caso también política. Basta ya de gobiernos pornógrafos

XXVI Domingo del tiempo ordinario

Jornada mundial del migrante y refugiado.

 

Mt 21 28,32

 

Seguir a Jesús exige tener un corazón manso y humilde. Capaz de asombrarse ante un mensaje que captan maravillosamente los humildes y sencillos. Jesús hablando al corazón nos sitúa en el drama de los que no captan la profundidad de su vida y su mensaje.

 

1.     Algunos se cansan pronto de seguirle. Es un mensaje desconcertante. Algunos con buena voluntad dicen que si en seguirle por los caminos de la vida, pero en la práctica es un no. No se toman en serio las exigencias del Reino grabadas en el Corazón de Cristo con las bienaventuranzas. Les puede el mundo y el cansancio de la vida.

 

2.     Otros al final acaban encontrando el camino de vuelta al hogar. Dijeron quizás sin pensarlo mucho un no, pero poco a poco cayeron en la cuenta de dónde ir cuando se deja a Jesús. El mundo acaba siendo tan decepcionante que al Señor le quedan al final pocos contrincantes para oscurecer las delicias de una vida vivida en su Amor. ¿Cómo no volver? ¿Se puede vivir un solo día, un invierno sin navidad, una primavera sin pascua? Y a pesar de un no inicial, acaba siendo un si humilde y convencido.

 

3.     Los que son duros de pelar son los fariseos. Viven una religión sin corazón. Tocados siempre por la autorreferncialidad de los que se pasan la vida, porque se creen los mejores, juzgando a los demás... De ellos dirá Jesús que le adelantan en el Reino las prostitutas y publicanos, es decir los oficialmente pecadores, pero curiosamente abiertos a la salvación de Cristo; mientras que los fariseísmo de todos los tiempos, se quedan cerrados en sí mismo y se pasan la vida juzgando a los demás.

 

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

 

Para que el dinero no vuele

Lucía Legorreta

Lo complicado de los gastos hormiga es que cada familia es diferente, por lo que no somos iguales ni gastamos en lo mismo.

¿Sabías que al año perdemos en casa en promedio $20,000 en gastos hormiga, y que según la Profeco este gasto no contabilizado puede llegar a los $29,000? Imagina, ¿qué harías con este dinero extra al año?

¿A qué me refiero con esto de gastos hormiga? Son aquellos que sin darnos cuenta se van volando, de diez en diez, de veinte en veinte, y al final del día nos damos cuenta que nos hemos quedado sin el efectivo que teníamos al salir de casa.

Para que te des una idea, en un hogar el 35% del gasto se va en alimentos, bebidas y tabaco. Este es el mayor rubro de gastos según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, realizada por el INEGI.

En segundo lugar, está lo que gastamos en transporte con un 19%, seguido por servicios de educación: 12% y por último con un 10% la vivienda y servicios como son la luz, el agua y el gas.

Si analizamos estos gastos, podríamos decir que el único innecesario es el del tabaco, los demás son necesarios para vivir satisfactoriamente.

El cigarro podemos definirlo como un gasto hormiga. Además de que es dañino para la salud, se calcula según datos de la Condusef que en promedio los mexicanos fumaron alrededor de 11 cajetillas al mes, lo que resulta en un gasto anual de $6,600 por persona.

Lo complicado de los gastos hormiga es que cada familia es diferente, por lo que no somos iguales ni gastamos en lo mismo. Lo que es necesario para una, no le es para otra.

Según estas dos instituciones, un gasto hormiga son las comidas rápidas, a las cuales recurrimos en lugar de cocinar. Es una realidad que las distancias entre el trabajo y la casa cada vez son mayores y se complica la comida casera.

Lo primero que te recomiendo hacer es identificar cuáles son tus gastos hormiga, saber en qué se gasta cada peso. Trata de empezar anotándolos en una libreta por quince días.

Sé que no es fácil, pero te ayuda a conocer realmente en que gastas tu dinero. Será el primer paso para tomar el control.

Este ejercicio se convertirá en tu presupuesto quincenal, podrán elegir como familia qué dejarán de hacer para que puedan ahorrar y cumplir una meta en conjunto. Es importante que involucres a toda tu familia, será más sencillo lograrlo.

El hacer un presupuesto es una estrategia para que incluso no se nos olvide el ahorro.

En todo presupuesto, los gastos más importantes como; renta, supermercado, pagos de gas, luz, teléfono, van en los primeros renglones; después cada gasto va bajando en importancia.

Para ordenar las finanzas, el tratar de bajar o evitar los gastos hormiga es un buen primer paso. Es un punto de partida que te ayudará a conocer más tus gastos.

Háblalo con la familia, localiza los gastos hormiga y decidan cómo detenerlos. Cuesta mucho trabajo ganar el dinero, por lo que debemos cuidar la forma en que lo gastamos y así disfrutar de ciertos gustos, diversiones y vacaciones para todos.

Vacante en la Suprema Corte de Estados Unidos

Ana Teresa López de Llergo

Donald Trump, a principios de septiembre anunció los nombres de 20 nuevos candidatos que preveía para cubrir cualquier vacante en la Suprema Corte.

El pasado 18 de septiembre, la prensa de Estados Unidos informaba de la muerte por metástasis de cáncer en el páncreas, de la juez de la Suprema Corte de Estados Unidos, Ruth Bader Ginsburg, con 87 años y 45 días antes de las elecciones. El Presidente de esa nación informó que antes de ese día presentará sus candidatos, en principio anuncia a una mujer.

Donald Trump, a principios de septiembre anunció los nombres de 20 nuevos candidatos que preveía para cubrir cualquier vacante en la Suprema Corte. En esa lista estaban tres senadores: Ted Cruz de Texas, Tom Cotton de Arkansas y Josh Hawley de Missouri. Otro nombre en la lista es el de Sarah Pitlyk, quien formó parte del equipo de David Daleiden, del Centro para el Progreso Médico, contra Planned Parenthood por poner en venta órganos de bebés abortados.

En 1980, la nómina Jimmy Carter para la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos para el Circuito de DC, donde serviría durante 13 años. Tras el retiro del juez Byron White en el verano de 1993, Clinton la nominó para la Suprema Corte, pertenecía al partido demócrata y su postura era radicalmente a favor del aborto y de la legalización de las uniones del mismo sexo. A pesar de su postura radicalmente opuesta a la del difunto juez Antonin Scalia, ambos mantuvieron una entrañable amistad, les unía el gusto por la ópera, aunque también vivieron diferencias por sus distintos puntos de vista.

Ella fue icono de la cultura pop por sus preferencias en su vestuario y disfraces de Halloween. Inspiró una película y un documental, por cierto, nominado al Oscar. Esto y otros detalles semejantes le ganaron la simpatía del pueblo. También fue un referente feminista que despertaba admiración. Fue la primera mujer miembro de la Revista Harvard Law.

Ruth Bader abrió espacios para las mujeres, fue una de las nueve mujeres en un grupo de 500 varones en la Facultad de Harvard, por circunstancias familiares terminó la carrera, obteniendo el primer lugar en la Universidad de Columbia. Aunque mantuvo un alto nivel, le costó encontrar trabajo en 1959. Consiguió una pasantía con el juez Edmund Palmieri, del Tribunal de Distrito Sur de Nueva York. York, y dio clases en las facultades de derecho de Rutgers y Columbia.

En 1972, Ginsburg impulsó el Proyecto de Derechos de la Mujer de la Unión Estadounidense de Libertades Civiles, con una exitosa estrategia de litigio para promover los derechos de las mujeres. El presidente Bill Clinton y Antonin Scalia lo asemejaron con el legado histórico de justicia para todos de Thurgood Marshall.

Luchó contra la discriminación por motivos de sexo. Impugnó con éxito un estatuto para beneficiar a las esposas de los miembros de la Fuerza Aérea. En 2015, al nombrarla como una de las 100 personas más influyentes del mundo, Scalia escribió que era evidente que las opiniones de Ginsburg siempre las estudió a fondo, siempre fueron cuidadosamente elaboradas y casi siempre correctas. A veces no estamos de acuerdo.

El presidente Trump debe actuar rápidamente para nominar a alguien comprometido con la protección de la vida y seguir cumpliendo su promesa. Tiene un Senado con una pequeña mayoría republicana, y el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, prometió que se ocuparía el puesto si quedaba vacante antes de las elecciones de 2020.

Será una mujer con mucho talento y muy brillante, dijo Trump recientemente. Concretó que tienen muchas candidatas. Dos de las más mencionadas son Amy Coney Barrett y Barbara Lagoa. Barrett actualmente se desempeña como juez en el Tribunal de Apelaciones del Séptimo Circuito de los Estados Unidos. Y Lagoa es miembro del Tribunal de Apelaciones del onceavo Circuito de los Estados Unidos.

Trump se refirió a Barrett como una persona muy respetada. A Lagoa la calificó como una persona extraordinaria, es la primera mujer hispana en servir en la Suprema Corte de Florida. Llevó el caso de Elián González, el niño cubano cuya madre murió tratando de escapar de Cuba y quien, después de una larga lucha legal, finalmente se vio obligado a abandonar Florida y regresar a Cuba para vivir con su padre.

También se ha mencionado a la juez Allison Jones Rushing, de la Corte de Apelaciones del Cuarto Circuito de los Estados Unidos.

Sin embargo, el Presidente Trump no lo anunciará antes del próximo viernes, para dar el tiempo adecuado al funeral de Ginsburg.

Sea quien cubra la vacante, la balanza quedará inclinada a la defensa de la vida.

Formación cristiana

 Daniel Tirapu

photo_cameraEl efecto de la religión sobre la salud.

Mi impresión de los estudiantes de este año es estupenda. Ayer les hablaba de la inseparabilidad entre contrato y sacramento en el matrimonio, y por aquello de hacer una prueba, pregunté que era un sacramento. Previamente les pregunté cuántos de ellos habían cursado religión católica en sus colegios o escuelas, la mayor parte. Pues bien nadie supo, excepto un alumno , que era un sacramento. Evidentemente la vida cristiana no se trata de saber definiciones. Juan Pablo II nos legó un catecismo estupendo, con Benedicto XVI el compendio que es más breve y muy bien escrito.

¿Qué hemos hecho en las catequesis, con las clases de religión en la escuela de doctrina y moral cristiana? Pues no lo sé. Pero es difícil amar, querer, interesarse por aquello que no se conoce. Un Obispo español en una síntesis muy medida sobre los sacramentos, recuerda que si dos bautizados no practican, no están dispuestos a formar a sus hijos en la Fe, mejor que no se casen por la Iglesia sólo atendiendo a motivos estéticos o sentimentales (aquí se casó mi madre, este templo es precioso).

Las cosas se están poniendo prietas, hay que currarse la formación de los hijos, la propia, en un ambiente hostil o indiferente. El laicismo feroz tendrá que dar cuenta de sus obras, pero nosotros de las nuestras. Pesimista me han dicho...para nada, Dios puede todo. Hay que trabajar y mucho.

La verdadera felicidad sólo nace de la Verdad

​ Las personas corren atrás de los placeres, de conseguir ciertas cosas que les gustan, haciendo no pocas veces de ellas un absoluto

El mundo en el que vivimos, supone que la felicidad estaría en la obtención de ciertas cosas materiales. Se corre atrás de una serie de placeres, de conseguir cosas, haciendo no pocas veces de ellas un absoluto, una especie de ídolo al que todo se sacrifica.

Es sabido que el hombre ama naturalmente la felicidad. Ahora bien, la felicidad es la alegría nacida de la verdad.

El hombre tiende a la felicidad por instinto innato y no puede, sin grave violencia contra su naturaleza, apartarse de su fin último, que en verdad no es otro que el conocimiento, el amor y el servicio de Dios.

*   *   *

Esto suena como algo lejano a los oídos de un mundo como en el que vivimos, en que se supone que la felicidad estaría en la obtención de ciertas cosas materiales. Las personas corren atrás de una serie de placeres, de conseguir cosas que les gustan, haciendo no pocas veces de ellas un absoluto, una especie de ídolo al que todo se sacrifica.

A partir de esta concepción la óptica de la vida muda radicalmente y se transforma en una loca carrera atrás de lo que se considera ventajoso o agradable. Es curioso que surge paralelamente un pánico permanente de perderlo. Seguros de vida, de salud, contra incendios, catastróficos, contra accidentes, contra fraudes… La lista sería interminable.

*   *   *

Sin embargo, la verdadera felicidad del hombre no deja de ser la de cumplir su finalidad, que es dar gloria a Dios.

Si bien la verdadera y última felicidad de todo hombre se alcanza en el Cielo, ya en esta vida puede haber una cierta felicidad que, aunque imperfecta, tiene alguna semejanza con la celeste. En la vida terrena, la felicidad que más se parece con la del Cielo está dada por la contemplación desinteresada de la belleza de Dios reflejada en la creación. Conociéndola, la propia alma se torna bella. Y con ello, por una cierta connaturalidad, ésta tiende a desear la suprema belleza divina.

Esta es la verdad que el hombre de nuestros días no comprende… o no quiere comprender.

*   *   *

¿Cómo se produce este error?

La naturaleza humana es tan propensa a la verdad que, cuando el hombre ama algo contrario a la verdad, quiere que este algo sea verdadero. De este modo, cae en el error, persuadiéndose de que es verdadero lo que en realidad es falso.

Por ello es muy verdadero aquello de que “no hay mucha diferencia entre el vicio de engañar y el de ser engañado”. O sea, el vicio de dejarse engañar o engañarse a sí mismo. Muchas veces la persona no quiere ver bien las cosas como son: pretextos, medias verdades, etc., todo menos reconocer como las cosan son.

​ Ellos aman la luz cuando se muestra, pero la odian cuando ella les hace ver lo que ellos son

La falsa promesa de la felicidad

Es necesario que alguien le abra los ojos. Pero, como el hombre no admite que se le corrija, no tolera que se le muestre el error en que se encuentra.

¡De este modo, ciertos hombres llegan a odiar la verdad por amor a aquello que tomaron como verdadero! Ellos aman la luz cuando se  muestra, pero la odian cuando ella les hace ver lo que ellos son.

Con cuanta razón se dice aquello de que “no hay peor ciego, que el que no quiere ver”

Llega «La Divina Misericordia» a los cines: mucho más que Santa Faustina, una historia cercana

 

Santa Faustina, por encargo de Cristo, fue cada día a dar instrucciones a un pintor masón acerca del cuadro que hoy llega a millones

Pablo J. Ginés/ReL

La película tiene buena factura técnica, los actores son buenos y el ritmo es razonablemente ágil. Sus 104 minutos dan mucha información pero también emocionan.

Sólo el primer tercio del filme se centra en la historia de Santa Faustina. Una segunda parte recoge las vivencias de su confesor, el padre Michal Spocko, y cómo la providencia tomó sus esfuerzos por divulgar esta devoción, que en vida él vio hundida y prohibida. El último tercio de la película recoge testimonios de vidas transformadas por la Divina Misericordia: sanaciones milagrosas, el testimonio de un exorcismo, imágenes de oración acompañando enfermos...

El filme es edificante y fresco. No es la explicación de una devoción antigua, sino una ventana a un paisaje vivo y luminoso, en crecimiento hoy. Al terminar la película el espectador siente que Dios está cerca, rebosando una misericordia que quiere entregar a los hombres.

Comparando con la película de 1994

Es inevitable comparar con la película polaca Faustina, de 1994, que es media hora más corta, pero que para muchos se hace más larga. Faustina era una obra contemplativa y espiritual, de hermosa fotografía y magnífica música de Wojciech Kilar. La protagonizaba una guapísima, casi seráfica, Dorota Segda que tenía entonces 28 años.

Por contraste, aquí la protagonista es Kamila Kaminska, una actriz de 30 años con un rostro mucho más común y austero. Tenemos que creer en sus mensajes por su fuerza y humildad, no por su cara angelical.

Kamila Kaminska, como Santa Faustina, tiene un rostro más austero que Dorota Segda en la película de 1994

Si la película de 1994 era contemplativa, ésta es periodística y narrativa: tiene muchas cosas que contar. La vida de Santa Faustina es breve, murió con 33 años, siete años después de empezar a recibir sus revelaciones de Jesús.

Kaminska muestra bien sus registros: la chica que baila en diversiones mundanas, la religiosa que escucha a Cristo y habla con su confesor, la enferma que sonríe en el dolor...

Es remarcable el papel de Dariusz Jakubouski. Vemos al padre Spocko, ya mayor, hablando con un eclesiástico polaco, defendiendo a Faustina. Entonces el eclesiástico se cubre la cara en un gesto peculiar y lo reconocemos: es el cardenal Karol Wojtyla, futuro Juan Pablo II. El gesto construye el personaje.

Muchas personas que han rezado la Coronilla de la Misericordia y han invocado el "Jesús en Ti Confío" ante el cuadro de los dos rayos aprenderán muchas cosas que desconocían.

Fragmento de la película que presenta la figura histórica del pintor

Por ejemplo, que el pintor del cuadro original, el de Vilnius, que se movía por ambientes ilustrados. La película considera probado que era masón. Se suicidó pocos años después. "No juzguéis, no conocemos las almas", recuerda la película citando el diario de Faustina. Diario que, por cierto, aprendemos que quemó, y tuvo que reconstruirlo a partir de su memoria por orden de su confesor.

Aprendemos que Spocko -se metió en líos ayudando a huir a judíos con documentos falsos- pudo huir luego de la zona ocupada por la URSS en el Transiberiano hasta Vladivostok, donde de forma quizá milagrosa consiguió un permiso para llegar a Japón y de allí a EEUU, donde empezaría a extenderse esta devoción.

 

El cuadro de la Divina Misericordia de Vilnius, 

protagonista de buena parte de la película,

pintado según las instrucciones detalladas de Faustina

Jesús había prometido una fiesta, una devoción mundial y congregación para esta devoción. Durante décadas no parecía verse nada de eso. Un momento emocionante es la consagración de las primeras 6 hermanas de la nueva familia de la Divina Misericordia, en una iglesia sin bancos ni reclinatorios, tal como descubrieron después que Santa Faustina había previsto en una visión.

Y la película resulta muy convincente y pedagógica cuando explica las coincidencias asombrosas -bien argumentadas con imágenes y mediciones- entre el cuadro de Vilnius y el rostro del hombre de la Sábana Santa y las manchas de sangre del Sudario de Oviedo. El pintor, por supuesto, no sabía nada del sudario ni había visto imágenes del rostro de la Sábana Santa: él pintó según las indicaciones de Faustina.

Con dos botellas de vodka, rescatar el cuadro olvidado

La película se permite un momento tragicómico muy del gusto de quienes han vivido el absurdo comunista, cuando dos de las religiosas, vestidas de civil, acuden a una iglesia bielorrusa transformada en almacén y rescatan el cuadro original pagando un dinerito y dos botellas de vodka al conserje, "en agradecimiento y compensación al Estado", dicen, por "cuidar un cuadro feo y viejo de nuestra familia".

Es una película especial, que empieza desde lo más cósmico y general ("en el principio creó Dios el cielo y la tierra", con escenas del Génesis que recuerdan El Árbol de la Vida de Terrence Malick) y finaliza con historias muy cercanas y concretas, de niños que se curan y familias que recuperan la fe y la alegría. Acerca a Faustina y la Misericordia de Dios al lenguaje de nuestros días, enlazándonos con sus raíces de amor en el cruel siglo XX. Es una película que hará mucho bien.

Consulte aquí las ciudades y cines para ver la película La Divina Misericordia

 

No endurezcamos el corazón ante migrantes y refugiados: abrámoslo a ellos, nuestros hermanos venidos de lejos

Este domingo se celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

El domingo, 27 de este mes de septiembre, celebramos el Día de los migrantes y refugiados. Recordad lo que tantas veces nos está diciendo y rememorando la Iglesia, por medio del Papa Francisco, con sus gestos, obras y palabras, y lo mismo los Papas anteriores, y recordad también lo que en otras ocasiones y en años anteriores, os he dicho yo mismo sobre esta realidad tan apremiante de migrantes y refugiados. Ellos constituyen un urgente llamamiento a evangelizar por parte de una Iglesia evangelizada y evangelizadora, discípula y seguidora verdadera de Jesús y de su Evangelio de caridad. Vivamos de tal manera el estilo de vivir propio del cristiano, y que ese estilo sea una invitación para otros a abrirse al amor, la caridad y a vivir desde ahí. Un gesto de ese estilo es que la comunidad eclesial sea quien acoja a los migrantes y refugiados. Los migrantes y los refugiados que nos llegan a nuestros países del bienestar han de ver la verdad del Evangelio de Jesucristo, la buena noticia del amor de Dios en nosotros. Hoy, en las circunstancias concretas que estamos viviendo, escuchamos con singular fuerza estas palabras salidas de la boca de Dios, como expresión de su voluntad: «Fui forastero y me acogiste». Estas palabras, “fui forastero y me acogiste”, han de hacerse realidad viva entre nosotros, lo mismo que aquellas otras de Jesús, al que ha de conducirnos la nueva evangelización que urge: “tuve hambre y me diste de comer, estaba sin techo y me acogiste”. Son palabras que, como el resto del capítulo veinticinco de San Mateo, siempre nos interpelan con una fuerza provocadora que nos llama a la conversión.Un año más con este domingo, de migrantes y refugiados, la Iglesia nos recuerda este deber que nunca podemos olvidar ni omitir y que siempre nos interpela. Nos interpelan de nuevo este año y, si cabe todavía más aún, ante la emergencia de la pandemia del Covid-19: migrantes, refugiados, perseguidos, hermanos nuestros que miran a nuestros países de Europa como la solución a sus inmensos problemas de hambre, de carencia de lo mínimo necesario y de las necesidades higiénicas y atenciones médicas y sanitarias en sus respectivos países, para vivir con sus familias con cierta decencia y dignidad en los países de origen, incluso de falta de libertad a la que se ven sometidos en sus tierras que tienen que abandonar, e incluso de terribles persecuciones a causa de su fe. Las escenas que nos llegan, las situaciones que vemos o que adivinamos son tremendas, terribles, y golpean nuestras conciencias. Se trata de una situación dramática que nos hace pensar y nos impide cruzarnos de brazos, si queremos acoger al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo: el pecado del egoísmo, de la exclusión, del cerrarnos en nuestra propia carne. Ante este fenómeno tan generalizado y masivo de las migraciones, con motivaciones tan diversas y complejas, de proporciones tan gigantescas, de dramaticidad tan intensa y de urgencia tan grave, moviéndose tantos cientos y cientos de miles, en gran parte personas muy pobres y necesitadas de todo, que, con frecuencia, lo arriesgan todo a la desesperada, de un lugar a otro buscando casa, pan, libertad, condiciones más dignas y seguras para sí y para la familia, las palabras del Señor cobran una fuerza todavía mayor y llaman a la conciencia de la Iglesia, a la conciencia de cada uno y a la de la sociedad en su conjunto. Siempre hubo migraciones. Son un motor de la historia. Aunque ahora los movimientos migratorios de estos tiempos, que tanto alarman a Occidente, sobre todo Europa, hasta el punto de no saber bien qué hacer –todo menos cerrarse en la propia carne, o en los propios intereses–, tienen unas características nuevas y presentan una problemática muy propia, variopinta y compleja, cargada de honda dramaticidad y de profundas repercusiones. Ante esta realidad el Papa Francisco nos ha dicho en otros años con motivo de esta Jornada que hay que “Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados”. Cuatro palabras, cuatro verbos que expresan o expresarán que estamos con el Señor, que hemos visto al Señor y lo acogemos, estamos con Él. Y así podremos decirles a todos, “Venid y veréis, hemos encontrado al Salvador”.

Lo primero que esta realidad reclama de nosotros y reclama particularmente de la Iglesia es el sentirnos al lado de los migrantes y refugiados, como si del Señor mismo se tratara, ya que con ellos se identifica y cuya amargura Él también tuvo que soportar en los primeros años de su vida terrena, y que ahora soporta en ellos mismos: algo, y mucho, todo, hay que hacer por ellos. Aceptarlos y acogerlos, integrarlos, protegerlos y promoverlos cordial y eficazmente para que se sientan reconocidos en toda su dignidad de hermanos, sentirnos solidarios de veras con los que sufren en su carne los efectos de la marginación y de la pobreza, a la que, con frecuencia y por desgracia, se ven impelidos tantos y tantos migrantes que vienen de otros países buscando otras condiciones de vida, simplemente vivir. Ofrecerles hospitalidad, ser hospitalarios de verdad, sin exclusiones o posturas discriminatorias. Nosotros los cristianos, llamados a vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios y escuchar al Hijo amado, el predilecto del Padre, Jesús, no podemos dejar de escuchar, acoger y cumplir aquellas palabras que recoge la Sagrada Escritura: «Si un emigrante se instala en vuestra tierra no le molestaréis: será para vosotros como un nativo más y lo amarás como a ti mismo, pues también vosotros fuisteis emigrantes en Egipto» (Lev l9,33). Es un mandato de Dios el proceder de este modo con los inmigrantes. Un mandato que nos lleva a nuestra actuación personal y a reclamar y posibilitar que así sean tratados por la sociedad a través de las leyes pertinentes, no podemos ser pusilánimes, ni acobardarnos, tampoco perder la cabeza y dejarnos llevar solo por sentimientos, toda prudencia es poca, pero toda libertad y confianza en Dios, que nos grita a través del clamor desesperado de sus hijos más pobres y desgraciados, la necesitamos, sin olvidar que la caridad no tiene límites, ni el amor se dé con números y medidas. Hay que arriesgar y confiar: Dios nos pide que nos arriesguemos y Él nos inspira y fortalece la confianza. Traigo, por ello a mi memoria, aquellas palabras de la Escritura que dicen: “Decid a los cobardes de corazón, ´sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará`”, “Él está cerca de los que le invocan”. “No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso al favoritismo… ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?”. Y favoritismo sería: primero los nuestros, después lo que podamos. Dios no admite acepciones; ha elegido a los pobres del mundo: es claro y determinante. ¿A qué esperamos? ¿Nos falta confianza ante la promesa de Dios a los que le aman, y no hay otra manera de amarle que, amando, dando, sirviendo a los pobres que sufren, sobre cuyo amor nos juzgará al final de nuestros días? Que siempre, y particularmente los migrantes y refugiados, estén en nosotros y con nosotros, en nuestra oración, solidaridad y caridad, que brota de la Eucaristía, a ella conduce y ella lo reclama y exige.

Antonio Cañizares Llovera. Cardenal Arzobispo de Valencia

 

 

La influencia de la pandemia

Mucho se ha escrito sobre los efectos secundarios que deja el coronavirus en quienes lo han sufrido. Pero no voy a escribir de esto, porque mi ignorancia médica es proverbial. Más me interesa la influencia en aspectos centrales de la convivencia humana, que exigirían un giro copernicano, para superar las gravísimas consecuencias de ese otro virus inmaterial, que lleva a la visión meramente económica de las relaciones personales. El covid-19 plantea un cambio de rumbo radical en la civilización moderna, para no acabar de transformar al homo sapiens en homo economicus, dominado en gran medida por la cultura del bróker, que busca máximo rendimiento en el plazo más corto posible.

El ser humano se resiste a ser tratado como un número, ni siquiera para organizar sistemas informáticos que puedan rastrear contagios y contribuyan a evitar la difusión de la pandemia. Muchos no están dispuestos a pagar ese precio, aun a costa de contraer una enfermedad que sigue siendo letal, quizá menos ya, por la edad inferior de quienes se contagian.

El reciente debate –en Italia, Francia o España- sobre las bajas parentales en relación con la atención a hijos que puedan haber contraído la enfermedad, muestra una alarmante inversión de criterios éticos esenciales. Lo sabíamos ante la lentitud de encontrar soluciones para armonizar las exigencias familiares con las derivadas del trabajo, que solían centrarse en la maternidad, no en la unidad de la pareja como tal. Hoy, la atención a hijos enfermos requiere un tratamiento jurídico y social que anteponga la relación humana al rendimiento económico –aunque se quejen los solteros de Silicon Valley-, por grave que pueda ser la situación de empresas e instituciones. Al cabo, la pandemia impone elegir prioridades.

Jesús D Mez Madrid

 

 

La dignidad de la libertad religiosa

La Iglesia Católica, en su último Concilio, el Vaticano II, realizó, entre otras, una declaración oficial, dirigida al mundo entero, en la que afirmó que todos los hombres, sin distinción alguna, somos libres en la dimensión humana religiosa. Es decir, que los católicos lo somos porque libremente queremos serlo. El que es de otra religión, la Iglesia considera igualmente que será de esa religión porque libremente quiere serlo y merece el mismo respeto. Y el que no es de ninguna religión, también porque libremente no quiere serlo e igualmente merece exactamente el mismo respeto. 

Esta declaración de la Iglesia tiene su fundamento en el principio esencial de que todos los hombres, sólo por ser humanos, poseemos una condición igual: nuestra propia dignidad. Esa dignidad tiene su más profunda manifestación en la propia conciencia y en la conciencia de cada uno lo que posee más valor es su propia religiosidad.

La consecuencia de esta declaración es que ninguna persona, incluidos los estados, tienen legitimidad para coaccionar a otros en materia religiosa, ni en su vida particular, ni en su vida social, y por tanto no va en contra del modo de actuar de San Pablo, tal como relata el libro de Hechos de los Apóstoles, cuando le dijo Agripa: “un poco más y me convences de hacerme cristiano, y le replicó Pablo,  sea por poco o por mucho, le pido a Dios que no solo usted, sino también todos los que me están escuchando hoy lleguen a ser como yo, aunque sin estas cadenas”.

Jaume Catalán Díaz

 

“Salvaguardar el medio ambiente”.

El nuevo mensaje del papa Francisco, tiene doce capítulos, y el décimo está dedicado a “salvaguardar el medio ambiente”. Basta leer en el índice los epígrafes, para hacerse cargo de su contenido. Especialmente significativa resulta hoy la conclusión, sobre “nuevos estilos de vida”. Parte de la base señalada por Juan Pablo II en Centesimus annus: “la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un desarrollo común, sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones”.

Sin entrar lógicamente en soluciones prácticas más o menos opinables, queda claro que esos nuevos estilos “deben estar presididos por la sobriedad, la templanza, la autodisciplina, tanto a nivel personal como social”. Cuando no faltan críticas a los desaguisados de la globalización –por su economicismo-, se impone por contraste la conciencia de interdependencia, justamente para eliminar tantas causas de los desastres ecológicos y para dar pronta respuesta a pueblos y territorios. Porque esos graves problemas constituyen “una vigorosa motivación para promover una auténtica solidaridad de dimensión mundial”.

Al cabo, es preciso orientar el mundo “hacia el misterio de Dios, que lo ha creado y lo sostiene. Si se coloca entre paréntesis la relación con Dios, la naturaleza pierde su significado profundo, se la empobrece. En cambio, si se contempla la naturaleza en su dimensión de criatura, se puede establecer con ella una relación comunicativa, captar su significado evocativo y simbólico y penetrar así en el horizonte del misterio, que abre al hombre el paso hacia Dios, Creador de los cielos y de la tierra. El mundo se presenta a la mirada del hombre como huella de Dios, lugar donde se revela su potencia creadora, providente y redentora”.

Enric Barrull Casals

 

 

Aportación de las confesiones religiosas

El Consejero de Justicia, Interior y Víctimas de la Comunidad de Madrid, Enrique López, ha pedido a las diferentes confesiones religiosas (católica, musulmana, judía y protestante) que se conviertan en elementos activos de comunicación de las normas para proteger la salud pública. En la Comunidad de Madrid existen más de 1.500 lugares de culto y es obvio, como ha reconocido el Consejero, que pueden ser muy buenos altavoces a la hora de generar responsabilidad ante la situación causada por la pandemia. No se trata de un brindis al sol, la petición viene precedida de una reunión de la Comunidad con los representantes de las confesiones religiosas para agradecer la colaboración y aunar fuerzas ante nuevos escenarios.

Suso do Madrid

¿Es la sociedad la que se suicida… 

o la están suicidando?

 

            "Con 10 suicidios al día, a lo mejor los políticos necesitan que nos desnudemos con una horca ante el Congreso": Psiquiatras, psicólogos y víctimas denuncian la falta de implicación política, sanitaria y social en la prevención de la primera causa de muerte no natural en España”. 9 septiembre 2020 - (“El Mundo”).

            Noticias tan contundentes sobre el suicidio en España, brillan por su ausencia en todos los “informativos-desinformativos”, por tanto, esto es “un grajo blanco”, en un tema que existe y que al parecer avanza cada vez más; y que por lógica se va a agudizar mucho más, por las consecuencias de “la parálisis gubernativa” que han impuesto los políticos, por los motivos del “virus chino”, que digan lo que quieran y pese a cuantas medidas han tomado, sigue su avance “como si tal cosa”; contagiando a unas muy minorías y no haciéndolo a las inmensas mayorías que resultamos inmunes, “por lo que sea”, pero que es una realidad indiscutible viendo “los números que nos dan cada día”.

            Copio lo que un damnificado dice y pide: “10 DE SEPT. DE 2020: Tengo un tiro en el estómago desde que mi madre se suicidó. Así me siento. Se llora pero el agujero no se cierra. Hoy es el día internacional de la prevención del suicidio.  El otro día me escribió una chica a mi instagram " estoy devastada, mi madre se ha suicidado el pasado sábado". Ayer un chico muy joven me pedía ayuda. Me preguntaba dónde acudir para recibir ayuda psicológica cerca de Sevilla ya que uno de sus compañeros de clase se había suicidado y no podía con la culpa. No me cansaré de repetirlo: NECESITAMOS MEDIDAS DE PREVENCIÓN Y ATENCIÓN URGENTEMENTE”.

            Esto no tiene solución inmediata y menos política, puesto que es, "la sociedad entera la que se está suicidando o la están suicidando desde hace mucho tiempo atrás"; la gente, la masa, en general, está deshumanizada o peor que animalizada, sólo piensa en sus goces, no tiene ni quiere responsabilidades, están vacíos totalmente y sálvense las escasas minorías que no lo están, porque piensan y definen. Por tanto no pidan soluciones rápidas, que "lo que se destruye, luego necesita mucho más tiempo para reconstruirlo"; por lo tanto a mi entender, lo necesario es iniciar una campaña o labor, para presentar primero la realidad de "una sociedad vacía; y casi destruida"; y luego, que cada cual, aporte lo que pueda; y por descontado, los políticos o el dinero público, pero bien empleado y sabiendo la realidad, de cómo emplear ese dinero, no como se emplea, que es para que vivan bien “los siempre listos que lo aprovechan”; pero reitero, no con prisas y gritos idiotas, es cómo se va a solucionar esta verdadera plaga, hay que pensar y meditar, luego sacar conclusiones y más tarde, iniciar caminos, puesto que la labor es dura, larga y difícil, muy difícil y se va a necesitar, tiempo, mucho tiempo, inteligencia “mucha inteligencia” (nada de partidismos políticos o religiosos) y saber ir convenciendo a la gente, que la vida es “una lucha continua; y saber ir venciendo obstáculos, que irán surgiendo a todos y durante toda la vida”; sin embargo lo que nos vienen predicando los políticos, es todo lo contrario, ¿el resultado? “a la vista está”.

            Veamos y analicemos un hecho que se denuncia ayer mismo; y que da que pensar a quién tenga “caletre”, para analizar profundamente lo que ocurre, en este, ya, “asqueroso mundo”…

Un tribunal de apelaciones decide el destino de las 31 toneladas de oro de Venezuela depositadas en el Banco de Inglaterra (RT en español: 23-09-2020)

            ¿Por qué señalo este hecho? Por cuanto es el resultado de un país, gobernado o mejor dicho, explotado y esquilmado, por un grupo de tiranos, que amparados en la fuerza, dejan sin recursos, a una población, de un país que es inmensamente rico en recursos. ¿Qué puede hacer una población así dominada y robada impunemente?... sólo dos cosas, “o morir matando aunque sea a dentelladas a sus incalificables amos”, o irse suicidando lenta y calladamente. Pues bien, si señalo a Venezuela, pensemos en cuántas situaciones hay en el mundo y cuántos millones de seres humanos, se encuentran hoy mismo, en cualquier lugar del planeta, en la misma o parecida situación que los venezolanos… ¡LÓGICO QUE EL INDIVIDUO YA DESESPERADO SE SUICIDE Y ASÍ SE LIBRA DE ESTE ASQUEROSO MUNDO QUE LO SITUÓ EN ESE LÍMITE! Amén.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) 

 

 

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 26 de septiembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Videomensaje del Papa en el 75º aniversario de las Naciones Unidas

Día de la Eliminación Total de las Armas Nucleares: Reflexión del Papa

Círculo de San Pedro: Llamado del Papa a identificar nuevas formas de pobreza

MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS: Francisco Fernandez Carbajal

“El que ama a Dios se da él mismo”: San Josemaria

5º Aniversario de la Agenda 2030 y de la Laudato si’

La Academia DYA, la primera actividad del Opus Dei

Trabajo y contemplación (2): F.J. López Díaz

Basta ya de gobiernos pornógrafos. Educación sexual y pornografía: FORUMLIBERTAS

XXVI Domingo del tiempo ordinario: + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

Para que el dinero no vuele: Lucía Legorreta

Vacante en la Suprema Corte de Estados Unidos: Ana Teresa López de Llergo

Formación cristiana: Daniel Tirapu

La verdadera felicidad sólo nace de la Verdad: Formación Católica

Llega «La Divina Misericordia» a los cines: mucho más que Santa Faustina, una historia cercana: Pablo J. Ginés/ReL

 

 

La influencia de la pandemia:  Jesús D Mez Madrid

La dignidad de la libertad religiosa: Jaume Catalán Díaz

“Salvaguardar el medio ambiente”.: Enric Barrull Casals

Aportación de las confesiones religiosas:  Suso do Madrid

¿Es la sociedad la que se suicida… o la están suicidando?: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

 

ROME REPORTS

Videomensaje del Papa en el 75º aniversario de las Naciones Unidas

“No podemos vivir sin el otro”

SEPTIEMBRE 25, 2020 18:25ROSA DIE ALCOLEAPAPA FRANCISCO

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(zenit – 25 sept. 2020).- El Papa Francisco ha enviado un videomensaje en el 75º aniversario del nacimiento de las Naciones Unidas, este viernes, 25 de septiembre, dirigido al secretario general, António Guterres, así como a los jefes de Estado y de Gobierno participantes, y a todos aquellos que están siguiendo el debate general.

“La pandemia nos ha mostrado que no podemos vivir sin el otro, o peor aún, uno contra el otro”, ha sido la idea final de su extensa reflexión, de 26 minutos. El videomensaje del Papa en el 75º aniversario de las Naciones Unidas ha sido grabado en video desde el Vaticano y difundido por el canal de YouTube del Vaticano.

Los efectos de la pandemia por COVID-19 en la humanidad, garantizar los derechos humanos, pero también unir esfuerzos ante el cambio climático y hacer frente a la cultura del descarte: estos son los principales dramas que ha enfrentado el Papa Francisco en su mensaje.

Con palabras alentadoras, el Papa indica que la crisis global provocada por la pandemia puede representar una “oportunidad real para la conversión, la transformación, para repensar nuestra forma de vida y nuestros sistemas económicos y sociales”, así como una “posibilidad para una ‘retirada defensiva’ con características individualistas y elitistas”.

Naciones Unidas, un puente entre pueblos

Las Naciones Unidas, recuerda el Papa argentino, “fueron creadas para unir a las naciones, para acercarlas, como un puente entre los pueblos; usémoslo para transformar el desafío que enfrentamos en una oportunidad para construir juntos, una vez más, el futuro que queremos”.

Ante la grave crisis que amenaza al mundo tras la pandemia de COVID-19, el Santo Padre advierte que podemos elegir entre dos caminos: “el que conduce al fortalecimiento del multilateralismo, expresión de una renovada corresponsabilidad mundial, de una solidaridad fundamentada en la justicia y en el cumplimiento de la paz y de la unidad de la familia humana, proyecto de Dios sobre el mundo” o “al que da preferencia a las actitudes de autosuficiencia, nacionalismo, proteccionismo, individualismo y aislamiento, dejando afuera los más pobres, los más vulnerables, los habitantes de las periferias existenciales”.

Esta es la segunda vez que el Papa Francisco se dirige a la Asamblea General. La primera vez fue en persona, hace exactamente cinco años, el 25 de septiembre de 2015. Será la sexta vez que un pontífice se dirige a la ONU, después de Pablo VI en 1964, Juan Pablo II en 1979 y 1995, y Benedicto XVI en 2008.

A continuación, reproducimos el video con el mensaje del Papa, y más abajo, ofrecemos el texto íntegro de su alocución.

***

Mensaje de vídeo del Santo Padre

Señor presidente,

¡La paz esté con Ustedes!

Saludo cordialmente a Usted, Señor presidente, y a todas las Delegaciones que participan en esta significativa septuagésima quinta Asamblea General de las Naciones Unidas. En particular, extiendo mis saludos al Secretario General, Sr. António Guterres, a los Jefes de Estado y de Gobierno participantes, y a todos aquellos que están siguiendo el Debate General.

El Septuagésimo quinto aniversario de la ONU es una oportunidad para reiterar el deseo de la Santa Sede de que esta Organización sea un verdadero signo e instrumento de unidad entre los Estados y de servicio a la entera familia humana.[1]

Actualmente, nuestro mundo se ve afectado por la pandemia del COVID-19, que ha llevado a la pérdida de muchas vidas. Esta crisis está cambiando nuestra forma de vida, cuestionando nuestros sistemas económicos, sanitarios y sociales, y exponiendo nuestra fragilidad como criaturas.

La pandemia nos llama, de hecho, «a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección […]: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es».[2]Puede representar una oportunidad real para la conversión, la transformación, para repensar nuestra forma de vida y nuestros sistemas económicos y sociales, que están ampliando las distancias entre pobres y ricos, a raíz de una injusta repartición de los recursos. Pero también puede ser una posibilidad para una “retirada defensiva” con características individualistas y elitistas.

Nos enfrentamos, pues, a la elección entre uno de los dos caminos posibles: uno conduce al fortalecimiento del multilateralismo, expresión de una renovada corresponsabilidad mundial, de una solidaridad fundamentada en la justicia y en el cumplimiento de la paz y de la unidad de la familia humana, proyecto de Dios sobre el mundo; el otro, da preferencia a las actitudes de autosuficiencia, nacionalismo, proteccionismo, individualismo y aislamiento, dejando afuera los más pobres, los más vulnerables, los habitantes de las periferias existenciales. Y ciertamente será perjudicial para la entera comunidad, causando autolesiones a todos. Y esto no debe prevalecer.

La pandemia ha puesto de relieve la urgente necesidad de promover la salud pública y de realizar el derecho de toda persona a la atención médica básica.[3] Por tanto, renuevo el llamado a los responsables políticos y al sector privado a que tomen las medidas adecuadas para garantizar el acceso a las vacunas contra el COVID-19 y a las tecnologías esenciales necesarias para atender a los enfermos. Y si hay que privilegiar a alguien, que ése sea el más pobre, el más vulnerable, aquel que normalmente queda discriminado por no tener poder ni recursos económicos.

La crisis actual también nos ha demostrado que la solidaridad no puede ser una palabra o una promesa vacía. Además, nos muestra la importancia de evitar la tentación de superar nuestros límites naturales. «La libertad humana es capaz de limitar la técnica, orientarla y colocarla al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral».[4] También deberíamos tener en cuenta todos estos aspectos en los debates sobre el complejo tema de la inteligencia artificial (IA).

Teniendo esto presente, pienso también en los efectos sobre el trabajo, sector desestabilizado por un mercado laboral cada vez más impulsado por la incertidumbre y la “robotización” generalizada. Es particularmente necesario encontrar nuevas formas de trabajo que sean realmente capaces de satisfacer el potencial humano y que afirmen a la vez nuestra dignidad. Para garantizar un trabajo digno hay que cambiar el paradigma económico dominante que sólo busca ampliar las ganancias de las empresas. El ofrecimiento de trabajo a más personas tendría que ser uno de los principales objetivos de cada empresario, uno de los criterios de éxito de la actividad productiva. El progreso tecnológico es útil y necesario siempre que sirva para hacer que el trabajo de las personas sea más digno, más seguro, menos pesado y agobiante.

Y todo esto requiere un cambio de dirección, y para esto ya tenemos los recursos y tenemos los medios culturales, tecnológicos y tenemos la conciencia social. Sin embargo, este cambio necesita un marco ético más fuerte, capaz de superar la «tan difundida e inconscientemente consolidada “cultura del descarte”».[5]

En el origen de esta cultura del descarte existe una gran falta de respeto por la dignidad humana, una promoción ideológica con visiones reduccionistas de la persona, una negación de la universalidad de sus derechos fundamentales, y un deseo de poder y de control absolutos que domina la sociedad moderna de hoy. Digámoslo por su nombre: esto también es un atentado contra la humanidad.

De hecho, es doloroso ver cuántos derechos fundamentales continúan siendo violados con impunidad. La lista de estas violaciones es muy larga y nos hace llegar la terrible imagen de una humanidad violada, herida, privada de dignidad, de libertad y de la posibilidad de desarrollo. En esta imagen, también los creyentes religiosos continúan sufriendo todo tipo de persecuciones, incluyendo el genocidio debido a sus creencias. También, entre los creyentes religiosos, somos víctimas los cristianos: cuántos sufren alrededor del mundo, a veces obligados a huir de sus tierras ancestrales, aislados de su rica historia y de su cultura.

También debemos admitir que las crisis humanitarias se han convertido en el statu quo, donde los derechos a la vida, a la libertad y a la seguridad personales no están garantizados. De hecho, los conflictos en todo el mundo muestran que el uso de armas explosivas, sobretodo en áreas pobladas, tiene un impacto humanitario dramático a largo plazo. En este sentido, las armas convencionales se están volviendo cada vez menos “convencionales” y cada vez más “armas de destrucción masiva”, arruinando ciudades, escuelas, hospitales, sitios religiosos, e infraestructuras y servicios básicos para la población.

Además, muchos se ven obligados a abandonar sus hogares. Con frecuencia, los refugiados, los migrantes y los desplazados internos en los países de origen, tránsito y destino, sufren abandonados, sin oportunidad de mejorar su situación en la vida o en la de su familia. Peor aún, miles son interceptados en el mar y devueltos a la fuerza a campos de detención donde enfrentan torturas y abusos. Muchos son víctimas de la trata, la esclavitud sexual o el trabajo forzado, explotados en labores degradantes, sin un salario justo. ¡Esto que es intolerable, sin embargo, es hoy una realidad que muchos ignoran intencionalmente!

Los tantos esfuerzos internacionales importantes para responder a estas crisis comienzan con una gran promesa, entre ellos los dos Pactos Mundiales sobre Refugiados y para la Migración, pero muchos carecen del apoyo político necesario para tener éxito. Otros fracasan porque los Estados individuales eluden sus responsabilidades y compromisos. Sin embargo, la crisis actual es una oportunidad: es una oportunidad para la ONU, es una oportunidad de generar una sociedad más fraterna y compasiva.

Esto incluye reconsiderar el papel de las instituciones económicas y financieras, como las de Bretton-Woods, que deben responder al rápido aumento de la desigualdad entre los súper ricos y los permanentemente pobres. Un modelo económico que promueva la subsidiariedad, respalde el desarrollo económico a nivel local e invierta en educación e infraestructura que beneficie a las comunidades locales, proporcionará las bases para el mismo éxito económico y a la vez, para renovación de la comunidad y la nación en general. Y aquí renuevo mi llamado para que «considerando las circunstancias […] se afronten – por parte de todos los Países – las grandes necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres».[6]

La comunidad internacional tiene que esforzarse para terminar con las injusticias económicas. «Cuando los organismos multilaterales de crédito asesoren a las diferentes naciones, resulta importante tener en cuenta los conceptos elevados de la justicia fiscal, los presupuestos públicos responsables en su endeudamiento y, sobre todo, la promoción efectiva y protagónica de los más pobres en el entramado social».[7] Tenemos la responsabilidad de proporcionar asistencia para el desarrollo a las naciones empobrecidas y alivio de la deuda para las naciones muy endeudadas.[8]

«Una nueva ética supone ser conscientes de la necesidad de que todos se comprometan a trabajar juntos para cerrar las guaridas fiscales, evitar las evasiones y el lavado de dinero que le roban a la sociedad, como también para decir a las naciones la importancia de defender la justicia y el bien común sobre los intereses de las empresas y multinacionales más poderosas».[9] Este es el tiempo propicio para renovar la arquitectura financiera internacional.[10]

Señor presidente,

Recuerdo la ocasión que tuve hace cinco años de dirigirme a la Asamblea General en su septuagésimo aniversario. Mi visita tuvo lugar en un período de un multilateralismo verdaderamente dinámico, un momento prometedor y de gran esperanza, inmediatamente anterior a la adopción de la Agenda 2030. Algunos meses después, también se adoptó el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático.

Sin embargo, debemos admitir honestamente que, si bien se han logrado algunos progresos, la poca capacidad de la comunidad internacional para cumplir sus promesas de hace cinco años me lleva a reiterar que “hemos de evitar toda tentación de caer en un nominalismo declaracionista con efecto tranquilizador en las conciencias. Debemos cuidar que nuestras instituciones sean realmente efectivas en la lucha contra todos estos flagelos”.[11]

Pienso también en la peligrosa situación en la Amazonía y sus poblaciones indígenas. Ello nos recuerda que la crisis ambiental está indisolublemente ligada a una crisis social y que el cuidado del medio ambiente exige una aproximación integral para combatir la pobreza y combatir la exclusión.[12]

Ciertamente es un paso positivo que la sensibilidad ecológica integral y el deseo de acción hayan crecido. “No debemos cargar a las próximas generaciones con los problemas causados por las anteriores. […] Debemos preguntarnos seriamente si existe – entre nosotros – la voluntad política […] para mitigar los efectos negativos del cambio climático, así como para ayudar a las poblaciones más pobres y vulnerables que son las más afectadas”.[13]

La Santa Sede seguirá desempeñando su papel. Como una señal concreta de cuidar nuestra casa común, recientemente ratifiqué la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal.[14]

Señor presidente,

No podemos dejar de notar las devastadoras consecuencias de la crisis del Covid-19 en los niños, comprendiendo los menores migrantes y refugiados no acompañados. La violencia contra los niños, incluido el horrible flagelo del abuso infantil y de la pornografía, también ha aumentado dramáticamente.

Además, millones de niños no pueden regresar a la escuela. En muchas partes del mundo esta situación amenaza un aumento del trabajo infantil, la explotación, el maltratado y la desnutrición. Desafortunadamente, los países y las instituciones internacionales también están promoviendo el aborto como uno de los denominados “servicios esenciales” en la respuesta humanitaria. Es triste ver cuán simple y conveniente se ha vuelto, para algunos, negar la existencia de vida como solución a problemas que pueden y deben ser resueltos tanto para la madre como para el niño no nacido.

Imploro, pues, a las autoridades civiles que presten especial atención a los niños a quienes se les niegan sus derechos y dignidad fundamentales, en particular, su derecho a la vida y a la educación. No puedo evitar recordar el apelo de la joven valiente Malala Yousafzai, quien hace cinco años en la Asamblea General nos recordó que “un niño, un maestro, un libro y un bolígrafo pueden cambiar el mundo”.

Los primeros educadores del niño son su mamá y su papá, la familia que la Declaración Universal de los Derechos Humanos describe como “el elemento natural y fundamental de la sociedad”.[15] Con demasiada frecuencia, la familia es víctima de colonialismos ideológicos que la hacen vulnerable y terminan por provocar en muchos de sus miembros, especialmente en los más indefensos –niños y ancianos– un sentido de desarraigo y orfandad. La desintegración de la familia se hace eco en la fragmentación social que impide el compromiso para enfrentar enemigos comunes. Es hora de reevaluar y volver a comprometernos con nuestros objetivos.

Y uno de esos objetivos es la promoción de la mujer. Este año se cumple el vigésimo quinto aniversario de la Conferencia de Beijing sobre la Mujer. En todos los niveles de la sociedad las mujeres están jugando un papel importante, con su contribución única, tomando las riendas con gran coraje en servicio del bien común. Sin embargo, muchas mujeres quedan rezagadas: víctimas de la esclavitud, la trata, la violencia, la explotación y los tratos degradantes. A ellas y a aquellas que viven separadas de sus familias, les expreso mi fraternal cercanía a la vez que reitero una mayor decisión y compromiso en la lucha contra estas prácticas perversas que denigran no sólo a las mujeres sino a toda la humanidad que, con su silencio y no actuación efectiva, se hace cómplice.

Señor presidente,

Debemos preguntarnos si las principales amenazas a la paz y a la seguridad como, la pobreza, las epidemias y el terrorismo, entre otras, pueden ser enfrentadas efectivamente cuando la carrera armamentista, incluyendo las armas nucleares, continúa desperdiciando recursos preciosos que sería mejor utilizar en beneficio del desarrollo integral de los pueblos y para proteger el medio ambiente natural.

Es necesario romper el clima de desconfianza existente. Estamos presenciando una erosión del multilateralismo que resulta todavía más grave a la luz de nuevas formas de tecnología militar,[16] como son los sistemas letales de armas autónomas (LAWS), que están alterando irreversiblemente la naturaleza de la guerra, separándola aún más de la acción humana.

Hay que desmantelar las lógicas perversas que atribuyen a la posesión de armas la seguridad personal y social. Tales lógicas sólo sirven para incrementar las ganancias de la industria bélica, alimentando un clima de desconfianza y de temor entre las personas y los pueblos.

Y en particular, “la disuasión nuclear” fomenta un espíritu de miedo basado en la amenaza de la aniquilación mutua, que termina envenenando las relaciones entre los pueblos y obstruyendo el diálogo.[17] Por eso, es tan importante apoyar los principales instrumentos legales internacionales de desarme nuclear, no proliferación y prohibición. La Santa Sede espera que la próxima Conferencia de Revisión del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) resulte en acciones concretas conformes con nuestra intención conjunta “de lograr lo antes posible la cesación de la carrera de armamentos nucleares y de emprender medidas eficaces encaminadas al desarme nuclear”.[18]

Además, nuestro mundo en conflicto necesita que la ONU se convierta en un taller para la paz cada vez más eficaz, lo cual requiere que los miembros del Consejo de Seguridad, especialmente los Permanentes, actúen con mayor unidad y determinación. En este sentido, la reciente adopción del alto al fuego global durante la presente crisis, es una medida muy noble, que exige la buena voluntad de todos para su implementación continuada. Y también reitero la importancia de disminuir las sanciones internacionales que dificultan que los Estados brinden el apoyo adecuado a sus poblaciones.

Señor presidente,

De una crisis no se sale igual: o salimos mejores o salimos peores. Por ello, en esta coyuntura crítica, nuestro deber es repensar el futuro de nuestra casa común y proyecto común. Es una tarea compleja, que requiere honestidad y coherencia en el diálogo, a fin de mejorar el multilateralismo y la cooperación entre los Estados. Esta crisis subraya aún más los límites de nuestra autosuficiencia y común fragilidad y nos plantea explicitarnos claramente cómo queremos salir: mejores o peores. Porque repito, de una crisis no se sale igual: o salimos mejores o salimos peores.

La pandemia nos ha mostrado que no podemos vivir sin el otro, o peor aún, uno contra el otro. Las Naciones Unidas fueron creadas para unir a las naciones, para acercarlas, como un puente entre los pueblos; usémoslo para transformar el desafío que enfrentamos en una oportunidad para construir juntos, una vez más, el futuro que queremos.

¡Y que Dios nos bendiga a todos!

Gracias Señor Presidente.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

Día de la Eliminación Total de las Armas Nucleares: Reflexión del Papa

Con motivo del 75º aniversario de la ONU

SEPTIEMBRE 25, 2020 19:43ROSA DIE ALCOLEAIGLESIA Y MUNDO

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(zenit – 26 sept. 2020).- Mañana, 26 de septiembre, se conmemora el Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares, uno de los objetivos más antiguos de la Organización de las Naciones Unidas, y unos los temas que más preocupan al Papa Francisco.

Hoy en día, tal como indica la Organización de las Naciones Unidas, todavía existen unas 13.4000 armas nucleares en el mundo. “Más de la mitad de la población mundial aún vive en países que o bien tienen este tipo de armas o son miembros de alianzas nucleares”, advierte la ONU.

Por ello, este día ofrece una “ocasión para que la comunidad mundial reafirme su compromiso con el desarme nuclear a nivel mundial como una prioridad”. También supone una oportunidad para educar al público y sus líderes acerca de los beneficios reales de la eliminación de este tipo de armas, y los costes sociales y económicos de la perpetuación de ellos.

“Romper el clima de desconfianza”

El Papa Francisco ha manifestado reiteradamente su preocupación por la posesión de armas nucleares y ha reflexionado públicamente en numerosas ocasiones sobre ello. Sin ir más lejos, hoy el Santo Padre, se ha pronunciado al respecto en un videomensaje grabado con motivo del 75º aniversario del nacimiento de la ONU.

“Es necesario romper el clima de desconfianza existente”, ha señalado. “Estamos presenciando una erosión del multilateralismo que resulta todavía más grave a la luz de nuevas formas de tecnología militar, como son los sistemas letales de armas autónomas (LAWS), que están alterando irreversiblemente la naturaleza de la guerra, separándola aún más de la acción humana”.

Así, Francisco ha instado a “desmantelar las lógicas perversas que atribuyen a la posesión de armas la seguridad personal y social”, que “sólo sirven para incrementar las ganancias de la industria bélica, alimentando un clima de desconfianza y de temor entre las personas y los pueblos”.

Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares

El 7 de julio de 2017, la ONU adoptó el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares. Es el primer instrumento multilateral legalmente vinculante para el desarme nuclear que se ha negociado en 20 años.

La Santa Sede, ha señalado hoy el líder de la Iglesia Católica, “espera que la próxima Conferencia de Revisión del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) resulte en acciones concretas conformes con nuestra intención conjunta ‘de lograr lo antes posible la cesación de la carrera de armamentos nucleares y de emprender medidas eficaces encaminadas al desarme nuclear’”.

Mensaje del Papa desde Hiroshima

Los llamamientos más recientes del Pontífice en este sentido tuvieron lugar el pasado 9 de agosto, durante el rezo de Ángelus, en la 75ª conmemoración de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, o en su viaje apostólico a Japón, donde visitó el Memorial de la Paz de Hiroshima y se encontró con víctimas de la tragedia nuclear.

En aquella ocasión, el Papa aseguró que “la verdadera paz solo puede ser una paz desarmada”, “fruto de la justicia, del desarrollo, de la solidaridad, del cuidado de nuestra casa común y de la promoción del bien común, aprendiendo de las enseñanzas de la historia”.

Desde 2014

El Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares se celebra anualmente desde 2014. En el mismo, se alienta a los Estados Miembros, al sistema de las Naciones Unidas y a la sociedad civil, incluidas las organizaciones no gubernamentales, el mundo académico, los parlamentarios y los medios de comunicación, a conmemorar y crear conciencia pública sobre la amenaza que representan para la humanidad las armas nucleares y la necesidad de su eliminación total.

Para celebrarlo, las Naciones Unidas celebran diferentes eventos en Nueva York y Ginebra, alentando al resto de centros alrededor del mundo a crear conciencia sobre el problema de las armas nucleares.

 

Círculo de San Pedro: Llamado del Papa a identificar nuevas formas de pobreza

En una ciudad que se transforma

SEPTIEMBRE 25, 2020 13:47ROSA DIE ALCOLEAPAPA FRANCISCO

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(zenit – 25 sept. 2020).- “Identificar con urgencia las nuevas formas de pobreza” y “vivir la misericordia con “imaginación” son los mandatos que el Papa Francisco ha encomendado a los miembros del Círculo de San Pedro.

El Santo Padre ha recibido esta mañana, 25 de septiembre de 2020, en audiencia a las personas que entregan esta institución caritativa ligada a la figura del Papa.

​“Os doy las gracias porque sois una expresión concreta de la caridad del Papa que se preocupa por la pobreza de Roma. De los pobres y de las pobrezas”, les ha dicho Francisco.

Al mismo tiempo, les ha agradecido por el Óbolo de San Pedro que los miembros del Círculo recogen todos los años en las iglesias de la ciudad de Roma y que hoy han ofrecido al Santo Padre, para destinar a las obras de caridad escogidas por él.

Fidelidad incondicional a la Iglesia y al Romano Pontífice son el signo distintivo de la antigua Asociación que resume su carisma en el lema “Oración – Acción – Sacrificio”. Dado que el año pasado, en audiencia con ellos, el Papa Francisco les habló de la oración, hoy se ha centrado en la segunda premisa del Círculo: la acción.

Mirar las heridas humanas

​En el contexto de la pandemia, el Pontífice les ha llamado a identificar con urgencia “en la ciudad que se está transformando rápidamente, las nuevas formas de pobreza”, argumentando que “está en nosotros verlas con los ojos del corazón”. Para el Santo Padre, “hay que saber mirar las heridas humanas con el corazón para ‘preocuparse de todo corazón’ por la vida del otro”.

Y después de ver las heridas de la ciudad, el Papa les invita a vivir la misericordia con “imaginación”. Así, les ha felicitado por el trabajo realizado en esta época de pandemia, que “es mucho” y ha recordado un “pequeño gran gesto” que el grupo de jóvenes del Círculo tuvo con los miembros mayores: una ronda de llamadas telefónicas para ver si todo iba bien y hacerles compañía. “Esta es la imaginación de la misericordia”, les ha dicho.

¿Qué es el Círculo de San Pedro?

​El Círculo de San Pedro forma parte de la historia de Roma, ha atravesado dos guerras mundiales, calamidades, pobrezas siempre nuevas, intentando en cada momento dar consuelo y ayuda a los más pobres.

Fundado en Roma en 1869, por iniciativa de un grupo de jóvenes dirigidos por el cardenal Iacobini, el Círculo fue fruto del entusiasmo de los jóvenes de la alta burguesía y de las familias nobles romanas, que querían demostrar al mundo la fidelidad al Pontífice y defenderlo de los ataques anticlericales en aquel difícil momento de la historia del Papado, informa Catholic.net.

​Su actividad, organizada en varias Comisiones, se dirige a todos los sectores de la pobreza humana, intentando responder al reclamo de los necesitados.

Publicamos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes durante el encuentro, difundido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

***

Discurso del Santo Padre

​Queridos miembros del Círculo de San Pietro, ¡bienvenidos!

Agradezco al nuevo presidente de la Asociación, el marqués Niccolò Sacchetti, las amables palabras que me ha dirigido, y le deseo todo lo mejor para esta nueva tarea.

Vuestro lema es: «Oración – Acción – Sacrificio». Estas palabras representan los tres principios cardinales en los que se basa la vida de la Asociación. En nuestro encuentro del año pasado centré mi reflexión en el primero: la oración (cf. Discurso a los miembros del Círculo de San Pietro, 19 de febrero de 2019). Este año, en cambio, me gustaría centrarme en la acción.

​La pandemia, con la necesidad de un distanciamiento interpersonal, os ha llamado a repensar las modalidades concretas de las obras de caridad que habitualmente realizáis en favor de los pobres de Roma. A las necesidades de las personas a las que servís habitualmente se ha añadido la necesidad de responder a las necesidades urgentes de tantas familias, que se han encontrado de la noche a la mañana en apuros económicos. Y no hay que asustarse: habrá cada vez más porque las repercusiones de la pandemia serán terribles.

A una situación excepcional no se puede dar una respuesta habitual, sino que se requiere una respuesta nueva y diferente. Para ello es necesario tener un corazón que sepa «ver» las heridas de la sociedad y manos creativas en la caridad activa. Un corazón que vea y unas manos que hagan. Estos dos elementos son importantes para que una acción caritativa siempre sea fecunda.

​En primer lugar, es urgente identificar, en la ciudad que se está transformando rápidamente, las nuevas formas de pobreza. La pobreza, habitualmente, es pudorosa, tiene pudor: hace falta ir a descubrir donde está…Las nuevas formas de pobreza, vosotros bien lo sabéis, son tantas: pobreza material, pobreza humana, pobreza social. Está en nosotros verlas con los ojos del corazón. Hay que saber mirar las heridas humanas con el corazón para «preocuparse de todo corazón» por la vida del otro. As,í  ya no es sólo un extraño necesitado de ayuda, sino, antes que nada, un hermano, un hermano que pide amor. Y sólo cuando nos preocupamos de todo corazón por alguien podemos responder a esta expectativa. Es la experiencia de la misericordia: miseri-cor-dare, misericordia, dar misericordia a los míseros, dar el corazón a los míseros.

Nuestro mundo, como observó San Juan Pablo II hace cuarenta años, «parece no dejar espacio a la misericordia» (Enc. Dives in Misericordia, 2). Cada uno de nosotros está llamado a cambiar el curso. Y es posible si nos dejamos tocar en primera persona por el poder de la misericordia de Dios. Un lugar privilegiado para experimentarlo es el sacramento de la Reconciliación. Cuando presentamos nuestras miserias al Señor, nos envuelve la misericordia del Padre. Y es esta misericordia la que estamos llamados a vivir y a dar. Siempre Dios, nosotros y los demás.

Después de ver las heridas de la ciudad en la que vivimos, la misericordia nos invita a tener «imaginación» en nuestras manos. Y lo que habéis hecho en esta época de pandemia es mucho: una vez aceptado el reto de responder a una situación concreta, habéis sabido adaptar vuestro servicio a las nuevas necesidades impuestas por el virus. También me gusta recordar un pequeño gran gesto que el grupo de jóvenes del Círculo tuvo con los miembros mayores: una ronda de llamadas telefónicas para ver si todo iba bien y hacerles compañía. Esta es la imaginación de la misericordia.

Os animo a continuar con empeño y alegría vuestras obras de caridad, siempre atentos y dispuestos a responder con valentía a las necesidades de los pobres. No os canséis de pedir esta gracia al Espíritu Santo en la oración personal y comunitaria.

Os doy las gracias porque sois una expresión concreta de la caridad del Papa que se preocupa por la pobreza de Roma. De los pobres y de las pobrezas. Y os agradezco el Óbolo de San Pedro que recogéis todos los años en las iglesias de la ciudad y que hoy me ofrecéis.

Os encomiendo, así como a los miembros de vuestras familias y a todas las personas que atendéis diariamente, a María, Salus Populi Romani, y a la intercesión de los santos patrones de Roma, Pedro y Pablo. Y os pido que sigáis rezando por mí. Gracias.

© Librería Editorial Vaticano

MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS

— Mediadora ante el Mediador.

— Todas las gracias nos vienen por María.

— Un clamor continuo, de día y de noche, sube hasta la Madre del Cielo.

I. Uno solo es Dios -enseña San Pablo- y uno también el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo en rescate por todos1.

La Virgen Nuestra Señora cooperó de modo singularísimo a la obra de Redención de su Hijo durante toda su vida. En primer lugar, el libre consentimiento que otorgó en la Anunciación del Ángel era necesario para que la Encarnación se llevara a cabo. Era, afirma Santo Tomás de Aquino2, como si Dios Padre hubiera esperado el asentimiento de la humanidad por la voz de María. Su Maternidad divina la hizo estar unida íntimamente al misterio de la Redención hasta su consumación en la Cruz, donde Ella estuvo asociada de un modo particular y único al dolor y muerte de su Hijo. Allí nos recibió a todos, en la persona de San Juan, como hijos suyos. Por eso, «la misión maternal de María no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien, sirve para demostrar su poder»3. Es la Mediadora ante el Mediador, que es Hijo suyo; se trata de «una mediación en Cristo»4 que, «lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta»5.

Ya en la tierra, Santa María ejerció esta maternal mediación al santificar a Juan el Bautista en el seno de Isabel6. Y también en Caná, a instancias de la Virgen, realizó Jesús su primer milagro7; un prodigio maternal que solucionó un pequeño problema doméstico en la boda a la que asistía invitada. San Juan señala los frutos espirituales de esta intervención: y sus discípulos creyeron en Él. La Virgen intercedería cerca de su Hijo –como todas las madres– en multitud de ocasiones que los Evangelios no han consignado. «Asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora»8. Por la intercesión ante su Hijo, Nuestra Señora nos alcanza y nos distribuye todas las gracias, con ruegos que jamás pueden quedar defraudados. ¿Qué va a negar Jesús a quien le engendró y llevó en su seno durante nueve meses, y estuvo siempre con Él, desde Nazaret hasta su Muerte en la Cruz? El Magisterio nos ha enseñado el camino seguro para alcanzar todo lo que necesitamos. «Por expresa voluntad de Dios –enseña el Papa León XIII–, ningún bien nos es concedido si no es por María; y como nadie puede llegar al Padre sino por el Hijo, así generalmente nadie puede llegar a Jesús sino por María»9. No tengamos reparo alguno en pedir una y otra vez a la que se ha llamado Omnipotencia suplicante. Ella nos escucha siempre; también ahora.

No dejemos de poner ante su mirada benévola esas necesidades, quizá pequeñas, que nos inquietan en el momento presente: conflictos domésticos, apuros económicos, un examen, unas oposiciones, un puesto de trabajo que nos es preciso... Y también aquellas que se refieren al alma y que nos deben inquietar más: la lejanía de Dios o la correspondencia a la vocación de un pariente o de un amigo, la gracia para superar una situación difícil o adelantar en una virtud, el aprender a rezar mejor...

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros... En el Cielo, muy cerca de su Hijo, Ella dirige nuestra oración ante Él, la endereza, si en algo iba menos recta, y la perfecciona.

II. Todas las gracias, grandes y pequeñas, nos llegan por María. «Nadie se salva, oh Santísima, si no es por medio de Ti. Nadie sino por Ti se libra del mal... Nadie recibe los dones divinos, si no es por tu mediación (...). ¿Quién, después de tu Hijo, se interesa como Tú por el género humano? ¿Quién como Tú nos protege sin cesar en nuestras tribulaciones? ¿Quién nos libra con tanta presteza de las tentaciones que nos asaltan? ¿Quién se esfuerza tanto como Tú en suplicar por los pecadores? ¿Quién toma su defensa para excusarlos en los casos desesperados?... Por esta razón, el afligido se refugia en Ti, el que ha sufrido la injusticia acude a Ti, el que está lleno de males invoca tu asistencia (...). La sola invocación de tu nombre ahuyenta y rechaza al malvado enemigo de tus siervos, y guarda a estos seguros e incólumes. Libras de toda necesidad y tentación a los que te invocan, previniéndoles a tiempo contra ellas»10.

Los cristianos, de hecho, nos dirigimos a la Madre del Cielo para conseguir gracias de toda suerte, tanto temporales como espirituales. Entre estas pedimos a Nuestra Señora la conversión de personas alejadas de su Hijo y, para nosotros, un estado de continua conversión del alma, una disposición que nos hace sentirnos en camino cada día, luchando por mejorar, por quitar los obstáculos que impiden la acción del Espíritu Santo en el alma. Su ayuda nos es necesaria continuamente en el apostolado; Ella es la que verdaderamente cambia los corazones. Por eso, desde la antigüedad, María es llamada «salud de los enfermos, refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos, reina de los Apóstoles, de los mártires...». Su mano, generosa como la de todas las madres, es dispensadora de toda suerte de gracias, y aun, «en cierto sentido, de la gracia de los sacramentos; porque Ella nos los ha merecido en unión con Nuestro Señor en el Calvario, y nos dispone además con su oración a acercarnos a esos sacramentos y a recibirlos convenientemente; a veces hasta nos envía al sacerdote sin el cual esa ayuda sacramental no nos sería otorgada»11.

En sus manos ponemos hoy todas nuestras preocupaciones y hacemos el propósito de acudir a Ella diariamente muchas veces, en lo grande y en lo pequeño.

III. En la Virgen María se refugian los fieles que están rodeados de angustias y peligros, invocándola como Madre de misericordia y dispensadora de la gracia12. En Ella nos refugiamos nosotros todos los días. En el Avemaría, le rogamos muchas veces: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte...». Ese ahora es repetido en todo el mundo por millares de personas de toda edad y color, que piden la gracia del momento presente13. Es esta la gracia más personal, que varía con cada uno y en cada situación. Aunque alguna vez, sin querer, estemos algo distraídos, Nuestra Señora, que no lo está nunca y conoce nuestras necesidades, ruega por nosotros y nos consigue los bienes que necesitamos. Un clamor grande sube en cada instante, de día y de noche, a Nuestra Madre del Cielo: Ruega por nosotros pecadores, ahora... ¿Cómo no nos va a oír, cómo no va a atender estas súplicas? Desde el Cielo conoce bien nuestras necesidades materiales y espirituales, y como una madre llena de ternura ruega por sus hijos.

Cada vez que acudimos a Ella, nos acercamos más a su Hijo. «María es siempre el camino que conduce a Cristo. Cada encuentro con Ella se resuelve necesariamente en un encuentro con Cristo mismo. ¿Qué otra cosa significa el mismo recurso a María, sino un buscar entre sus brazos, en Ella y por Ella y con Ella a Cristo, nuestro Salvador?»14.

Es abrumadora la cantidad de motivos y razones que tenemos para acudir confiadamente a María, en la seguridad de que siempre seremos escuchados, recordándole que jamás se oyó decir, que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos acudo, Virgen Madre de las vírgenes... Madre de Dios, no desechéis mis súplicas15.

En este mes de octubre, cercano ya, acudiremos a Ella rezando con más atención el Santo Rosario, como pide la Iglesia. En esta oración, la preferida de la Virgen16, no dejaremos de poner intenciones ambiciosas, con la seguridad de que seremos escuchados.

1 1 Tim 2, 5-6. — 2 Santo Tomás, Suma Teológica, 3, q. 30, a. 1. — 3 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 60. — 4 Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 25-II-1987, 38. — 5 Conc. Vat. II, loc. cit. — 6 Cfr. Lc 1, 14. — 7 Cfr. Jn 2, 1 ss. — 8 Conc. Vat. II, loc. cit., 62. — 9 León XIII, Enc. Octobri mense, 22-IX-1891. — 10 San Germán de Constantinopla, Homilía en S. Mariae Zonam. — 11 R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, Palabra, Madrid 1982, vol, I, p. 144. — 12 Misal Romano, Misa de la Virgen María, Madre y Medianera de la gracia. Prefacio. — 13 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, loc. cit. — 14 Pablo VI, Enc. Mense maio, 29-IV-1965. — 15 Oración Memorare. — 16 Cfr. Pablo VI, Enc. Mense maio, cit.

 

“El que ama a Dios se da él mismo”

El tiempo es nuestro tesoro, el “dinero” para comprar la eternidad. (Surco 882)

26 de septiembre¡Qué pena vivir, practicando como ocupación la de matar el tiempo, que es un tesoro de Dios! No caben las excusas, para justificar esa actuación. Ninguno diga: dispongo sólo de un talento, no puedo lograr nada. También con un solo talento puedes obrar de modo meritorio. ¡Qué tristeza no sacar partido, auténtico rendimiento de todas las facultades, pocas o muchas, que Dios concede al hombre para que se dedique a servir a las almas y a la sociedad!

Cuando el cristiano mata su tiempo en la tierra, se coloca en peligro de matar su Cielo: cuando por egoísmo se retrae, se esconde, se despreocupa. El que ama a Dios, no sólo entrega lo que tiene, lo que es, al servicio de Cristo: se da él mismo. No ve -con mirada rastrera- su yo en la salud, en el nombre, en la carrera. (Amigos de Dios, 46)

 

 

5º Aniversario de la Agenda 2030 y de la Laudato si’

Este aniversario de la Agenda 2030 se está celebrando en el Tiempo de la Creación del también 5º aniversario de la Laudato si’, y constituye una ocasión para que reflexionemos de nuevo en cómo podemos contribuir a la construcción de un mundo más pacífico, más saludable y más sostenible, que pueda ser la casa común de todos.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA25/09/2020

Se cumplen cinco años de la aprobación por parte de Naciones Unidas de la Agenda 2030, en la que se definen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Se trata de una ampliación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que se habían formulado en el 2000. Aunque el enfoque es similar, los ODS son más ambiciosos, al dirigirse a todos los países miembros de NN.UU. (no sólo a los desarrollados), y subrayar las tres dimensiones del desarrollo integral: social, económica y ambiental.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible son, según su denominación oficial:

  • 1. Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo;
  • 2. Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible;
  • 3. Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades;
  • 4. Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos;
  • 5. Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas;
  • 6. Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos;
  • 7. Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos;
  • 8. Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos;
  • 9. Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación;
  • 10. Reducir la desigualdad en y entre los países;
  • 11. Lograr que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles;
  • 12. Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles;
  • 13. Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos;
  • 14. Conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible;
  • 15. Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de la diversidad biológica;
  • 16. Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar el acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles;
  • 17. Fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la Alianza Mundial para el Desarrollo Sostenible.

Cada uno de estos ODS se concretan en metas (en total 169), que pretenden conseguirse en 2030.

Se trata naturalmente de objetivos muy loables, ya que intentan promover un desarrollo humano más completo que el solo restringido a la dimensión económica, casi exclusivo en las últimas décadas del s. XX. Aquí se incorporan otros elementos (educación, ambiente, salud, paz…) que la inmensa mayoría de las personas consideran logros necesarios en una sociedad avanzada.

La Iglesia católica y el desarrollo integral humano

La Iglesia católica siempre se ha puesto del lado del desarrollo integral humano, promoviéndolo activamente. La historia de la caridad se remonta al inicio del cristianismo, cuando se nos indica que los primeros discípulos recibían apoyo de los demás “según la necesidad de cada uno” (Ac 2, 45), y se extiende a lo largo de los últimos XX siglos en la creación de infinidad de hospitales, orfanatos, escuelas y universidades cristianas, así como en innumerables labores asistenciales promovidas por creyentes en todo el mundo.

Los últimos pontífices han recordado la importancia de que los católicos nos impliquemos en la atención de las personas más vulnerables y colaboremos en la solución de los problemas que originan esa vulnerabilidad. Encíclicas de gran trascendencia, como la Centessimus annus de Juan Pablo II o la Caritas in Veritate de Benedicto XVI critican un modelo económico que busque el beneficio de algunos a costa de perpetuar las desigualdades globales.

El papa Francisco desde el inicio de su pontificado ha vuelto a subrayar la importancia de que un católico se comprometa con estas cuestiones sociales, extendiendo la preocupación ambiental de sus predecesores con una encíclica dedicada íntegramente a esta cuestión. La Laudato si´ muestra nítidamente las interconexiones entre la degradación medioambiental y el aumento de pobreza y la exclusión, proponiendo una “conversión ecológica”, que modifique nuestra forma de relacionarnos con el resto de la Creación.

En este sentido, la Agenda 2030 es perfectamente asumible por la Iglesia, que ha recordado en diversos foros su compromiso con una visión integral del desarrollo humano. Conviene recordar que incluso se modificaron las fechas de la Cumbre de Naciones Unidas donde se aprobó esta agenda para que el papa Francisco pudiera asistir aprovechando su viaje a EE.UU. en septiembre de 2015. El Papa describió la adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la cumbre como "un importante signo de esperanza". Una esperanza que se realizará si la Agenda se implementa de manera verdadera, justa y efectiva.

No obstante, también ha advertido sobre la importancia de que no caer en “un nominalismo declaracionista”, que sirva para “apaciguar las conciencias” en lugar de hacer “verdaderamente efectiva la lucha contra esos problemas” en palabras del Pontífice. En una nota enviada a NN.UU. por la delegación de la Santa Sede en 2016, se expresaba la preocupación en cómo se interpretarían dos de las 169 metas de los ODS, la 3.7 y la 5.6. En ambos casos se habla de “garantizar el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva, y los derechos reproductivos”, lo que podría entenderse como un apoyo explícito a los métodos anticonceptivos incompatibles con la dignidad humana.

Sin dejar de lado esta reticencia, parece evidente que la Iglesia es partidaria del espíritu que anima a los ODS, puesto que está comprometida con la promoción del desarrollo integral de la persona. Un desarrollo que reconozca el valor de la ley moral inscrita en la propia naturaleza humana, que garantice el derecho a la vida en todas sus etapas, la diferencia natural entre hombre y mujer, la dignidad humana inherente a toda persona.

Esto supone, por ejemplo, reconocer a los pobres como agentes de su propio destino, proporcionándoles tanto medios tanto espirituales como materiales (educación -incluyendo el derecho a la educación religiosa-, trabajo, alojamiento, tierra, alimentos, agua y atención médica), preservando el ambiente natural, fomentando la cohesión de las familias y su papel clave en la educación de los hijos, respetar el estado de derecho, promover la solución pacífica de los conflictos, subrayando la fraternidad universal en el cuidado conjunto de nuestra Casa Común.

Promover simultáneamente la dimensión ecológica, económica y social del desarrollo sostenible

La Agenda 2030 intenta construir un compromiso global con la reducción del sufrimiento humano en todas sus manifestaciones materiales. Aunque la dimensión espiritual no esté explícitamente presente, no resulta ajena a los valores que se promueven, entendiéndolos en el marco adecuado de un respeto a la dignidad humana.

La actual crisis sanitaria nos enseña que los problemas no pueden afrontarse parcialmente. Como indica en numerosas ocasiones la Laudato si´, “todo está conectado”. No podemos proceder a la resolución de los problemas con planteamientos reduccionistas o parciales atendiendo sólo a criterios de carácter científico o técnico.

Superar la actual crisis sanitaria y climática supone promover simultáneamente la dimensión ecológica, económica y social que está en la raíz de los desequilibrios. No puede haber progreso económico a costa de un agotamiento y deterioro de los sistemas naturales porque antes o después esto pasa factura al propio progreso humano, ni se puede considerar desarrollo humano el cambio que se produce en las sociedades, cuando unos mejoran a costa de perjudicar a otros.

“Dada la magnitud de los cambios, ya no es posible encontrar una respuesta específica e independiente para cada parte del problema. Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (LS, 139).

Este mismo planteamiento integral de la sostenibilidad se recoge en el preámbulo de la Agenda 2030 en donde se expone: “Los Objetivos y las metas son de carácter integrado e indivisible y conjugan las tres dimensiones del desarrollo sostenible: económica, social y ambiental”.


Dr. Emilio Chuvieco Salinero, Director de la Cátedra de ética ambiental de la Universidad de Alcalá.

Dra. Sílvia Albareda Tiana, Profesora Contratada Doctora, Directora de Cooperación y Desarrollo Sostenible y Coordinadora del grupo de investigación consolidado de Sostenibilidad y Educación Integral, Universitat Internacional de Catalunya.

 

 

La Academia DYA, la primera actividad del Opus Dei

La vida de cualquier persona, y también la de cualquier institución, está hecha de pequeños sucesos, de anécdotas, de encuentros, de retales, de fragmentos. De la mano de algunos historiadores, en esta serie de podcast iremos recorriendo diferentes acontecimientos de la vida de san Josemaría y de la historia del Opus Dei.

RELATOS BIOGRÁFICOS24/09/2020

Podcast de la serie 'Fragmentos de historia'
1. Personajes de un relato divino
2. Encerrados en la Legación de Honduras
3. En los Pirineos: o todos o ninguno
4. Amigos hasta la muerte
5. Encarnita Ortega: su vida en cinco trazos
6. Pedro Casciaro: la aventura de un hombre sensible
7. Juan Jiménez Vargas: el sueño se hizo realidad
8. La Academia DYA, la primera actividad del Opus Dei


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1. Personajes de un relato divino

A partir de la sorprendente historia de Irena Kalpas, Pablo Pérez, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra, explica cómo la historia del Opus Dei puede contarse a través de cada una de las personas que han encontrado su camino hacia Dios en esta institución de la Iglesia Católica.

Contando con la libertad humana, Dios escribe un inesperado relato que une los bosques de Katyn con una residencia de estudiantes en Polonia, en una fecha muy concreta: el 26 de junio de 2002.

2. Encerrados en la Legación de Honduras

En plena guerra civil, en marzo de 1937, san Josemaría permaneció cuatro meses y medio encerrado con algunos miembros del Opus Dei y una decena de familias en la Legación de Honduras, un edificio situado muy cerca de la plaza de Emilio Castelar en Madrid y que gozaba de inmunidad diplomática.

Esos meses de aislamiento significaron también una etapa de crecimiento espiritual para san Josemaría y los que le acompañaban.

3. En los Pirineos: o todos o ninguno

A finales del año 1937 san Josemaría y algunos de los primeros miembros del Opus Dei y amigos, cruzaron los Pirineos para pasar a la llamada zona nacional, donde era más fácil que san Josemaría pudiera continuar su labor sacerdotal.

En esta travesía, hubo momentos especialmente arriesgados y difíciles. El historiador José Carlos Martín de la Hoz relata uno de ellos.


4. Amigos hasta la muerte

San Josemaría fue un hombre de muchos y buenos amigos. Siempre valoró la amistad como uno de los grandes tesoros de la vida y dejó en herencia este mensaje a los fieles de la Obra.

En este podcast, Pablo Pérez, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra, cuenta la duradera y profunda amistad de san Josemaría con Francisco Moreno y Enrique Giménez Arnau, dos amigos a los que conoce en su juventud en Zaragoza.


5. Encarnita Ortega: su vida en cinco trazos

El 5 de mayo de 1920, hace ahora 100 años, nacía Encarnación Ortega. Encarnita, como todos la llamaban, fue una de las primeras mujeres del Opus Dei. Conoció a san Josemaría en el año 1941 y pronto pidió la admisión como numeraria.

Durante toda su vida, impulsó numerosas iniciativas de tipo educativo, social y cultural y ayudó a cientos de personas a acercarse más a Dios. Murió con fama de santidad y está abierto su proceso de canonización.

El historiador José Carlos Martín de la Hoz, vicepostulador de la Causa, relata en este podcast algunos sucesos de la vida de Encarnita que ayudan a conocer su valía humana y espiritual.


6. Pedro Casciaro: la aventura de un hombre sensible

Pedro Casciaro fue uno de los primeros miembros del Opus Dei. Conoció a san Josemaría cuando estudiaba Matemáticas y Arquitectura en Madrid.

Aquel joven inquieto, sensible y algo frío, religiosamente hablando, empezó a tratar a Dios con más cercanía y descubrió su vocación. Fue el inicio de una apasionante aventura y el camino que le llevó a una vida plena, como relata José Carlos Martín de la Hoz.


7. Juan Jiménez Vargas: el sueño se hizo realidad

18 de mayo de 1992. Dos viejos conocidos se encuentran en la sala de espera del aeropuerto de Ciampino, en Roma. El día anterior han asistido a la beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer.

Para Juan Jiménez Vargas, uno de los primeros hombres en unirse al Opus Dei allá por los años 30, ha debido ser un momento muy especial. Por eso, José Carlos Martín de la Hoz, historiador, no puede resistirse y se acerca para preguntarle lo que otros no se han atrevido: “Ayer, cuando viste esa multitud en la plaza de san Pedro, ¿qué sentiste?”.


8La Academia DYA, la primera actividad del Opus Dei

 

José Luis González Gullón, historiador y sacerdote, es el autor del libro DYA. La academia y residencia en la historia del Opus Dei (1933-1939) . En este podcast explica el inicio de la Academia DYA en 1934, la primera actividad que san Josemaría puso en marcha en los inicios del Opus Dei. Esta academia preparaba a los estudiantes de la época para el ingreso a la universidad y ofrecía a los jóvenes que lo deseaban otras actividades de formación cristiana.

González Gullón cuenta cómo se organizaba la academia y el motivo por el que el fundador del Opus Dei eligió esta iniciativa como primera actividad. DYA significaba Derecho y Arquitectura pero también, como san Josemaría decía a los jóvenes, Dios y Audacia.

 

Trabajo y contemplación (2)

Segunda entrega del texto sobre cómo tratar a Dios -hasta llegar a la "contemplación"- mientras se trabaja o se realiza otra actividad.

TRABAJO02/05/2012

Cuando iban de camino entró Jesús en cierta aldea, y una mujer que se llamaba Marta le recibió en su casa. Tenía ésta una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Pero Marta andaba afanada con numerosos quehaceres y poniéndose delante dijo: —Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en las tareas de servir? Dile entonces que me ayude. Pero el Señor le respondió: —Marta, Marta, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria: María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatad [1].

Muchas veces en la historia se ha tomado ocasión de las figuras de María y Marta para representar la vida contemplativa y la vida activa , como dos géneros de vida de los cuales el primero sería más perfecto, según las palabras del Señor: María ha escogido la mejor parte .

Por lo general se han referido estos términos a la vocación religiosa, entendiendo por vida contemplativa, a grandes rasgos, la de aquellos que se apartan materialmente del mundo para dedicarse a la oración, y por vida activa la de quienes realizan tareas como la enseñanza de la doctrina cristiana, la atención a los enfermos, y otras obras de misericordia.

Tomando así los términos, se ha afirmado desde hace siglos que es posible ser contemplativos en la acción . El sentido clásico de esta expresión no es que resulta posible la contemplación en las actividades profesionales, familiares y sociales, propias de la vida de los fieles corrientes, sino que se refiere a las acciones apostólicas y de misericordia dentro del camino de la vocación religiosa.

San Josemaría ha enseñado a profundizar en las palabras del Señor a Marta, haciendo ver que no hay ninguna oposición entre la contemplación y la realización, lo más perfecta posible, del trabajo profesional y de los deberes ordinarios de un cristiano.

Ya se ha considerado en un texto precedente qué es la contemplación cristiana: esa oración sencilla de tantas almas que, por amar mucho y ser dóciles al Espíritu Santo, buscando en todo la identificación con Cristo, son llevadas por el Paráclito a penetrar en las profundidades de la vida íntima de Dios, de sus obras y sus designios, con una sabiduría que dilata cada vez más su corazón y su conocimiento. Una oración en la que sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira! Y el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas [2].

Ahora conviene detenerse a considerar tres modos en los que puede darse la contemplación: en los ratos dedicados exclusivamente a la oración; mientras se trabaja o se realiza cualquier actividad que no requiera toda la atención de la mente; y, finalmente, a través del mismo trabajo, incluso cuando exige una concentración exclusiva. Estos tres cauces componen conjuntamente la vida contemplativa, haciendo de la vida ordinaria un vivir en el Cielo y en la tierra a la vez, como decía San Josemaría.

En la oración y en todas las normas de piedad

Ante todo, la contemplación se ha de pedir a Dios y buscar en los actos de piedad cristiana que pueden jalonar nuestro día, especialmente en los ratos dedicados de modo exclusivo a la oración mental.

"Et in meditatione mea exardescit ignis" —Y, en mi meditación, se enciende el fuego. —A eso vas a la oración: a hacerte una hoguera, lumbre viva, que dé calor y luz [3] . Los ratos de oración bien hechos son la caldera que extiende su calor a los diversos momentos del día.

Del recogimiento en los ratos de oración; del trato con el Señor buscado con afán en esos momentos, a veces por medio de la meditación de algún texto que ayude a centrar la cabeza y el corazón en Dios; del empeño en apartar las distracciones; de la humildad para comenzar y recomenzar, sin apoyarse en las propias fuerzas sino en la gracia de Dios; en una palabra, de la fidelidad diaria a los ratos de oración depende que se haga realidad, más allá de esos momentos, el ideal de ser contemplativos en medio del mundo.

 

​Foto: dmason

San Josemaría nos ha enseñado a buscar la contemplación en los ratos de oración mental: a contemplar la Vida del Señor, a mirarle en la Eucaristía, a tratar a las Tres Personas divinas por el camino de la Humanidad Santísima de Jesucristo, a ir a Jesús por María... Es preciso no conformarse con repetir oraciones vocales en la oración mental, aunque quizá haya que repetirlas durante mucho tiempo, pero viéndolas como la puerta que abre a la contemplación.

También en el trato humano, cuando se encuentra a un amigo, se suelen dirigir algunas frases de saludo para iniciar la conversación. Pero el trato no puede limitarse a eso. La conversación ha de continuar con palabras más personales, hasta que incluso llegan a sobrar porque hay una sintonía profunda y una gran familiaridad. Mucho más en el trato con Dios. Empezamos con oraciones vocales (...). Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra..., hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres...: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio [4].

Mientras se trabaja o se realiza otra actividad

La contemplación no se limita a los ratos dedicados a la oración. Puede tener lugar a lo largo de la jornada, en medio de las ocupaciones ordinarias, mientras se realizan tareas que no requieren toda la atención de la mente y que se deben hacer, o en los momentos de pausa de cualquier otro trabajo.

Se puede contemplar a Dios mientras se va por la calle, mientras se cumplen algunos deberes familiares y sociales que son habituales en la vida de cualquier persona, o se realizan trabajos que ya se dominan con soltura, o con ocasión de un intervalo en la propia tarea, o simplemente de una espera...

Del mismo modo que en los ratos de oración las jaculatorias pueden abrir el paso a la contemplación, también en medio de estas otras ocupaciones la búsqueda de la presencia de Dios desemboca en vida contemplativa, incluso más intensa, como el Señor hizo experimentar a San Josemaría. Es incomprensible — anota en sus Apuntes íntimos — : sé de quien está frío (a pesar de su fe, que no admite límites) junto al fuego divinísimo del Sagrario, y luego, en plena calle, entre el ruido de automóviles y tranvías y gentes, ¡leyendo un periódico! vibra con arrebatos de locura de Amor de Dios [5].

Esta realidad es enteramente un don de Dios, pero sólo puede recibirlo quien lo desea en su corazón y no lo rechaza con las obras. Lo rechaza el que tiene los sentidos dispersos, o se deja dominar por la curiosidad, o se sumerge en un tumulto de pensamientos y de imaginaciones inútiles que le distraen y disipan. En una palabra, quien no sabe estar en lo que hace [6]. La vida contemplativa requiere mortificación interior, negarse a uno mismo por amor a Dios, para que Él reine en el corazón y sea el centro al que se dirigen en último término los pensamientos y los afectos del alma.

Contemplación "en y a través de" las actividades ordinarias

Así como en los ratos de oración no hay que conformarse con repetir jaculatorias ni quedarse en la lectura y en la meditación, sino buscar el diálogo con Dios hasta llegar, con su gracia, a la contemplación, así también en el trabajo, que ha de convertirse en oración, es preciso no contentarse con ofrecerlo al principio y dar gracias al final, o en procurar renovar ese ofrecimiento varias veces, unidos al Sacrificio del altar. Todo esto es ya muy agradable al Señor, pero un hijo de Dios ha de ser audaz y aspirar a más: a realizar su trabajo como Jesús en Nazaret, unido a Él. Un trabajo en el que gracias al amor sobrenatural con que se lleva a cabo, se contempla a Dios que es Amor [7] .

Enseñanza constante y característica de San Josemaría es que la contemplación es posible no sólo mientras se realiza una actividad, sino por medio de las actividades que Él quiere que realicemos, en esas mismas tareas y a través de ellas , incluso cuando se trata de trabajos que exigen toda la concentración de la mente. San Josemaría enseñaba que llega el momento en el que no se es capaz de distinguir la contemplación y la acción, terminando estos conceptos por significar lo mismo en la mente y en la conciencia.

En este sentido, resulta iluminadora una explicación de Santo Tomás: “ cuando de dos cosas una es la razón de la otra, la ocupación del alma en una no impide ni disminuye la ocupación en la otra... Y como Dios es aprehendido por los santos como la razón de todo cuanto hacen o conocen, su ocupación en percibir las cosas sensibles, o en contemplar o hacer cualquier otra cosa, en nada les impide la divina contemplación, ni viceversa” [8]. De ahí que, si se quiere buscar el don de la contemplación, el cristiano deba poner al Señor como fin de todos sus trabajos, realizándolos non quasi hominibus placentes, sed Deo qui probat corda nostra ; no para agradar a los hombres, sino a Dios que sondea nuestros corazones [9].

Puesto que la contemplación es como un anticipo de la visión beatífica, fin último de nuestra vida, es preciso que cualquier actividad que Dios quiera que realicemos —como el trabajo y las tareas familiares y sociales, que son Voluntad suya para cada uno— pueda ser cauce para la vida contemplativa. En otros términos, por lo mismo que cualquiera de esas actividades se puede realizar por amor a Dios y con amor a Dios, también se pueden convertir en medio de contemplación, que no es otra cosa que un modo especialmente familiar de conocerle y amarle.

Podemos contemplar a Dios en las actividades que realizamos por amor suyo, porque ese amor es participación del Amor infinito que es el Espíritu Santo, que escruta las profundidades de Dios [10]. El que trabaja por amor a Dios puede darse cuenta —sin pensar en otra cosa, sin distraerse— de que le ama cuando trabaja, con el amor que infunde el Paráclito en los corazones de los hijos de Dios en Cristo [11]Reconocemos a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestra propia labor [12].

También podemos contemplar a Dios a través del trabajo, porque si está hecho por amor será un trabajo realizado con la mayor perfección de que seamos capaces en esas circunstancias, una tarea que refleja las perfecciones divinas, un trabajo como el de Cristo. No necesariamente porque haya salido bien a los ojos de los hombres, sino porque está bien hecho a los ojos de Dios. Puede suceder que el trabajo haya salido mal o que humanamente haya sido un fracaso, y sin embargo que haya estado bien hecho ante Dios, con rectitud de intención, con espíritu de servicio, con la práctica de las virtudes: en una palabra, con perfección humana y cristiana. Un trabajo así es medio de contemplación; así se comprende que la contemplación sea posible en y a través de trabajos que exigen poner todas las energías de la mente, como son –por ejemplo– el estudio, o la docencia.

El cristiano que trabaja o cumple sus deberes por amor a Dios, trabaja en unión vital con Cristo. Sus obras se convierten entonces en obras de Dios, en operatio Dei , y por eso mismo son medio de contemplación. Pero no basta estar en gracia de Dios y que las obras sean moralmente buenas. Han de estar informadas por una caridad heroica, y realizadas con virtudes heroicas, y con ese modo divino de obrar que confieren los Dones del Espíritu Santo en quien es dócil a su acción.

* * *

La contemplación en la vida ordinaria hace pregustar la unión definitiva con Dios en el Cielo. A la vez que lleva a obrar cada vez con más amor, enciende el deseo de verle no ya por medio de las actividades que realizamos, sino cara a cara. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto. (...) Un nuevo modo de pisar en la tierra, un modo divino, sobrenatural, maravilloso. Recordando a tantos escritores castellanos del quinientos, quizá nos gustará paladear por nuestra cuenta: ¡que vivo porque no vivo: que es Cristo quien vive en mí! (cfr. Gal 2, 20) [13].

F.J. López Díaz


[1] Lc10, 38-42.

[2] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 307.

[3] San Josemaría, Camino , n. 92.

[4] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 296.

[5] San Josemaría, Apuntes íntimos , n. 673 (del 26-III-1932). Citado en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei , vol. I, Rialp, Madrid 1997, p. 420.

6] San Josemaría, Camino , n. 815.

[7] Cfr. 1 Jn 4, 8.

[8] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae. , Suppl., q. 82, a. 3 ad 4.

[9] Ts 2, 4.

[10] Cor 2, 10.

[11] Rm 5, 5.

[12] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 48.

[13] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 297.

Basta ya de gobiernos pornógrafos. Educación sexual y pornografía

La edad de iniciación va bajando, y hoy la edad de acceso, según los últimos estudios, está en los 11 años

25 septiembre, 2020ForumLibertas.comEditorial

La mayoría de jóvenes acceden a la pornografía cuando ni siquiera son adolescentes, a los 12, 13 años y un 75% son chicos. Según estudios recientes, más de la mitad de los adolescentes españoles entre 14 y 17 años ven regularmente porno por Internet, es decir son adictos. Pero la edad de iniciación va bajando, y hoy la edad de acceso, según los últimos estudios, está en los 11 años. Con la próxima implantación del 5G, que permitirá conectar los dispositivos a una velocidad 40 veces superior que ahora, el problema se agravará todavía más.

La generalización de la oferta y del consumo de pornografía es un gravísimo problema social. En primer término, para los menores, pero también para las mujeres y los adultos, por la adicción que crea. Su peligrosidad reclama una acción de los poderes públicos equivalente a la emprendida con el tabaco o el juego on line y las casas de apuestas. La pornografía supone un claro desprecio a la dignidad de las personas que aparecen en las grabaciones, especialmente de las mujeres, al ser presentadas como puros objetos sexuales, tratadas sin ninguna consideración. También favorece la violencia contra la mujer. Provoca que la violencia física y verbal se normalicen en la llamada “escalada de conducta”, lo cual se traduce en los delitos de violencia sexual, cada vez más frecuentes. Crea adicción y hace dependientes a las personas, especialmente a los niños y jóvenes, que se habitúan a una vivencia enfermiza de la sexualidad. Abre la puerta a modalidades nuevas y sofisticadas de prostitución, fuera de todo control. Provoca que los consumidores se familiaricen con prácticas sexuales de riesgo. Descontextualiza la sexualidad, situándola al margen de las relaciones interpersonales y de la dignidad de la persona humana.

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La Fiscal General del Estado, en la presentación de la memoria del año 2018, reconoció la relación entre pornografía y violencia sexual contra la mujer. Estos y otros motivos hacen necesario que los poderes públicos, legislativo, ejecutivo y judicial, se impliquen a fondo para limitar con rigor el comercio y difusión de la pornografía.  Los poderes públicos han demostrado su capacidad de limitar con eficacia prácticas perjudiciales para la salud, como el consumo de tabaco en los espacios públicos.

El problema es que no lo hacen. Al contrario estimulan en los adolescentes la práctica sexual sin límites.

Este es un último ejemplo : La Generalitat de Cataluña promueve entre los adolescentes probar prácticas sexuales “tabú”. En esta página se recomienda a los jóvenes que prueben los juguetes sexuales, practiquen el sexting,  y la penetración anal. Su texto en este último caso dice así “Esto no es para todos, pero hay gente que lo disfruta mucho. Y el sexo anal no es sólo para chicos gay, es para todos los que quieren experimentarlo! Incluso entre las chicas se puede hacer con la ayuda de juguetes sexuales. Sin embargo, recuerde que los condones también deben usarse porque también podemos tener infecciones de transmisión sexual a través del sexo anal”. Formidable educación para nuestros adolescentes. Y luego se extrañan de la difusión de la pornografía.

Esta es una página de la web Adolescentes, patrocinada por la Generalitat de Cataluña, concretamente por la Dirección General de la Juventud.

Que no ignoran el problema lo muestra que la propia web señala que más de la mitad de los adolescentes han visto películas pornográficas y que quieren imitar sus conductas.

En definitiva, el escenario es este: la pornografía es un grave problema en nuestra sociedad, en general y especialmente en los mas jóvenes, a pesar de ello los poderes públicos no solo no abordan su limitación como hacen con el juego, el tabaco, el alcohol, el exceso de velocidad, sino que fomentan con dinero de los presupuestos una educación sexual y una visión de la sexualidad que lleva aparejada el encontrar “normal”, “desinhibida”, “liberada” prácticas sexuales que en realidad son los fundamentos de la pornografía.

¿Cómo se puede funcionar bien con tales contradicciones? ¿ ¿Cómo se pueden llenar la boca y gastar contra los abusos sexuales, las “manadas”, la violencia contra la mujer y a la vez promover la educación sexual que lo estimula?

Es necesario decir basta. Hay que acabar y hay que luchar para terminar con tanta pornografía, en este caso también política. Basta ya de gobiernos pornógrafos

XXVI Domingo del tiempo ordinario

Jornada mundial del migrante y refugiado.

 

Mt 21 28,32

 

Seguir a Jesús exige tener un corazón manso y humilde. Capaz de asombrarse ante un mensaje que captan maravillosamente los humildes y sencillos. Jesús hablando al corazón nos sitúa en el drama de los que no captan la profundidad de su vida y su mensaje.

 

1.     Algunos se cansan pronto de seguirle. Es un mensaje desconcertante. Algunos con buena voluntad dicen que si en seguirle por los caminos de la vida, pero en la práctica es un no. No se toman en serio las exigencias del Reino grabadas en el Corazón de Cristo con las bienaventuranzas. Les puede el mundo y el cansancio de la vida.

 

2.     Otros al final acaban encontrando el camino de vuelta al hogar. Dijeron quizás sin pensarlo mucho un no, pero poco a poco cayeron en la cuenta de dónde ir cuando se deja a Jesús. El mundo acaba siendo tan decepcionante que al Señor le quedan al final pocos contrincantes para oscurecer las delicias de una vida vivida en su Amor. ¿Cómo no volver? ¿Se puede vivir un solo día, un invierno sin navidad, una primavera sin pascua? Y a pesar de un no inicial, acaba siendo un si humilde y convencido.

 

3.     Los que son duros de pelar son los fariseos. Viven una religión sin corazón. Tocados siempre por la autorreferncialidad de los que se pasan la vida, porque se creen los mejores, juzgando a los demás... De ellos dirá Jesús que le adelantan en el Reino las prostitutas y publicanos, es decir los oficialmente pecadores, pero curiosamente abiertos a la salvación de Cristo; mientras que los fariseísmo de todos los tiempos, se quedan cerrados en sí mismo y se pasan la vida juzgando a los demás.

 

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

 

Para que el dinero no vuele

Lucía Legorreta

Lo complicado de los gastos hormiga es que cada familia es diferente, por lo que no somos iguales ni gastamos en lo mismo.

¿Sabías que al año perdemos en casa en promedio $20,000 en gastos hormiga, y que según la Profeco este gasto no contabilizado puede llegar a los $29,000? Imagina, ¿qué harías con este dinero extra al año?

¿A qué me refiero con esto de gastos hormiga? Son aquellos que sin darnos cuenta se van volando, de diez en diez, de veinte en veinte, y al final del día nos damos cuenta que nos hemos quedado sin el efectivo que teníamos al salir de casa.

Para que te des una idea, en un hogar el 35% del gasto se va en alimentos, bebidas y tabaco. Este es el mayor rubro de gastos según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, realizada por el INEGI.

En segundo lugar, está lo que gastamos en transporte con un 19%, seguido por servicios de educación: 12% y por último con un 10% la vivienda y servicios como son la luz, el agua y el gas.

Si analizamos estos gastos, podríamos decir que el único innecesario es el del tabaco, los demás son necesarios para vivir satisfactoriamente.

El cigarro podemos definirlo como un gasto hormiga. Además de que es dañino para la salud, se calcula según datos de la Condusef que en promedio los mexicanos fumaron alrededor de 11 cajetillas al mes, lo que resulta en un gasto anual de $6,600 por persona.

Lo complicado de los gastos hormiga es que cada familia es diferente, por lo que no somos iguales ni gastamos en lo mismo. Lo que es necesario para una, no le es para otra.

Según estas dos instituciones, un gasto hormiga son las comidas rápidas, a las cuales recurrimos en lugar de cocinar. Es una realidad que las distancias entre el trabajo y la casa cada vez son mayores y se complica la comida casera.

Lo primero que te recomiendo hacer es identificar cuáles son tus gastos hormiga, saber en qué se gasta cada peso. Trata de empezar anotándolos en una libreta por quince días.

Sé que no es fácil, pero te ayuda a conocer realmente en que gastas tu dinero. Será el primer paso para tomar el control.

Este ejercicio se convertirá en tu presupuesto quincenal, podrán elegir como familia qué dejarán de hacer para que puedan ahorrar y cumplir una meta en conjunto. Es importante que involucres a toda tu familia, será más sencillo lograrlo.

El hacer un presupuesto es una estrategia para que incluso no se nos olvide el ahorro.

En todo presupuesto, los gastos más importantes como; renta, supermercado, pagos de gas, luz, teléfono, van en los primeros renglones; después cada gasto va bajando en importancia.

Para ordenar las finanzas, el tratar de bajar o evitar los gastos hormiga es un buen primer paso. Es un punto de partida que te ayudará a conocer más tus gastos.

Háblalo con la familia, localiza los gastos hormiga y decidan cómo detenerlos. Cuesta mucho trabajo ganar el dinero, por lo que debemos cuidar la forma en que lo gastamos y así disfrutar de ciertos gustos, diversiones y vacaciones para todos.

Vacante en la Suprema Corte de Estados Unidos

Ana Teresa López de Llergo

Donald Trump, a principios de septiembre anunció los nombres de 20 nuevos candidatos que preveía para cubrir cualquier vacante en la Suprema Corte.

El pasado 18 de septiembre, la prensa de Estados Unidos informaba de la muerte por metástasis de cáncer en el páncreas, de la juez de la Suprema Corte de Estados Unidos, Ruth Bader Ginsburg, con 87 años y 45 días antes de las elecciones. El Presidente de esa nación informó que antes de ese día presentará sus candidatos, en principio anuncia a una mujer.

Donald Trump, a principios de septiembre anunció los nombres de 20 nuevos candidatos que preveía para cubrir cualquier vacante en la Suprema Corte. En esa lista estaban tres senadores: Ted Cruz de Texas, Tom Cotton de Arkansas y Josh Hawley de Missouri. Otro nombre en la lista es el de Sarah Pitlyk, quien formó parte del equipo de David Daleiden, del Centro para el Progreso Médico, contra Planned Parenthood por poner en venta órganos de bebés abortados.

En 1980, la nómina Jimmy Carter para la Corte de Apelaciones de los Estados Unidos para el Circuito de DC, donde serviría durante 13 años. Tras el retiro del juez Byron White en el verano de 1993, Clinton la nominó para la Suprema Corte, pertenecía al partido demócrata y su postura era radicalmente a favor del aborto y de la legalización de las uniones del mismo sexo. A pesar de su postura radicalmente opuesta a la del difunto juez Antonin Scalia, ambos mantuvieron una entrañable amistad, les unía el gusto por la ópera, aunque también vivieron diferencias por sus distintos puntos de vista.

Ella fue icono de la cultura pop por sus preferencias en su vestuario y disfraces de Halloween. Inspiró una película y un documental, por cierto, nominado al Oscar. Esto y otros detalles semejantes le ganaron la simpatía del pueblo. También fue un referente feminista que despertaba admiración. Fue la primera mujer miembro de la Revista Harvard Law.

Ruth Bader abrió espacios para las mujeres, fue una de las nueve mujeres en un grupo de 500 varones en la Facultad de Harvard, por circunstancias familiares terminó la carrera, obteniendo el primer lugar en la Universidad de Columbia. Aunque mantuvo un alto nivel, le costó encontrar trabajo en 1959. Consiguió una pasantía con el juez Edmund Palmieri, del Tribunal de Distrito Sur de Nueva York. York, y dio clases en las facultades de derecho de Rutgers y Columbia.

En 1972, Ginsburg impulsó el Proyecto de Derechos de la Mujer de la Unión Estadounidense de Libertades Civiles, con una exitosa estrategia de litigio para promover los derechos de las mujeres. El presidente Bill Clinton y Antonin Scalia lo asemejaron con el legado histórico de justicia para todos de Thurgood Marshall.

Luchó contra la discriminación por motivos de sexo. Impugnó con éxito un estatuto para beneficiar a las esposas de los miembros de la Fuerza Aérea. En 2015, al nombrarla como una de las 100 personas más influyentes del mundo, Scalia escribió que era evidente que las opiniones de Ginsburg siempre las estudió a fondo, siempre fueron cuidadosamente elaboradas y casi siempre correctas. A veces no estamos de acuerdo.

El presidente Trump debe actuar rápidamente para nominar a alguien comprometido con la protección de la vida y seguir cumpliendo su promesa. Tiene un Senado con una pequeña mayoría republicana, y el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, prometió que se ocuparía el puesto si quedaba vacante antes de las elecciones de 2020.

Será una mujer con mucho talento y muy brillante, dijo Trump recientemente. Concretó que tienen muchas candidatas. Dos de las más mencionadas son Amy Coney Barrett y Barbara Lagoa. Barrett actualmente se desempeña como juez en el Tribunal de Apelaciones del Séptimo Circuito de los Estados Unidos. Y Lagoa es miembro del Tribunal de Apelaciones del onceavo Circuito de los Estados Unidos.

Trump se refirió a Barrett como una persona muy respetada. A Lagoa la calificó como una persona extraordinaria, es la primera mujer hispana en servir en la Suprema Corte de Florida. Llevó el caso de Elián González, el niño cubano cuya madre murió tratando de escapar de Cuba y quien, después de una larga lucha legal, finalmente se vio obligado a abandonar Florida y regresar a Cuba para vivir con su padre.

También se ha mencionado a la juez Allison Jones Rushing, de la Corte de Apelaciones del Cuarto Circuito de los Estados Unidos.

Sin embargo, el Presidente Trump no lo anunciará antes del próximo viernes, para dar el tiempo adecuado al funeral de Ginsburg.

Sea quien cubra la vacante, la balanza quedará inclinada a la defensa de la vida.

Formación cristiana

 Daniel Tirapu

photo_cameraEl efecto de la religión sobre la salud.

Mi impresión de los estudiantes de este año es estupenda. Ayer les hablaba de la inseparabilidad entre contrato y sacramento en el matrimonio, y por aquello de hacer una prueba, pregunté que era un sacramento. Previamente les pregunté cuántos de ellos habían cursado religión católica en sus colegios o escuelas, la mayor parte. Pues bien nadie supo, excepto un alumno , que era un sacramento. Evidentemente la vida cristiana no se trata de saber definiciones. Juan Pablo II nos legó un catecismo estupendo, con Benedicto XVI el compendio que es más breve y muy bien escrito.

¿Qué hemos hecho en las catequesis, con las clases de religión en la escuela de doctrina y moral cristiana? Pues no lo sé. Pero es difícil amar, querer, interesarse por aquello que no se conoce. Un Obispo español en una síntesis muy medida sobre los sacramentos, recuerda que si dos bautizados no practican, no están dispuestos a formar a sus hijos en la Fe, mejor que no se casen por la Iglesia sólo atendiendo a motivos estéticos o sentimentales (aquí se casó mi madre, este templo es precioso).

Las cosas se están poniendo prietas, hay que currarse la formación de los hijos, la propia, en un ambiente hostil o indiferente. El laicismo feroz tendrá que dar cuenta de sus obras, pero nosotros de las nuestras. Pesimista me han dicho...para nada, Dios puede todo. Hay que trabajar y mucho.

La verdadera felicidad sólo nace de la Verdad

​ Las personas corren atrás de los placeres, de conseguir ciertas cosas que les gustan, haciendo no pocas veces de ellas un absoluto

El mundo en el que vivimos, supone que la felicidad estaría en la obtención de ciertas cosas materiales. Se corre atrás de una serie de placeres, de conseguir cosas, haciendo no pocas veces de ellas un absoluto, una especie de ídolo al que todo se sacrifica.

Es sabido que el hombre ama naturalmente la felicidad. Ahora bien, la felicidad es la alegría nacida de la verdad.

El hombre tiende a la felicidad por instinto innato y no puede, sin grave violencia contra su naturaleza, apartarse de su fin último, que en verdad no es otro que el conocimiento, el amor y el servicio de Dios.

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Esto suena como algo lejano a los oídos de un mundo como en el que vivimos, en que se supone que la felicidad estaría en la obtención de ciertas cosas materiales. Las personas corren atrás de una serie de placeres, de conseguir cosas que les gustan, haciendo no pocas veces de ellas un absoluto, una especie de ídolo al que todo se sacrifica.

A partir de esta concepción la óptica de la vida muda radicalmente y se transforma en una loca carrera atrás de lo que se considera ventajoso o agradable. Es curioso que surge paralelamente un pánico permanente de perderlo. Seguros de vida, de salud, contra incendios, catastróficos, contra accidentes, contra fraudes… La lista sería interminable.

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Sin embargo, la verdadera felicidad del hombre no deja de ser la de cumplir su finalidad, que es dar gloria a Dios.

Si bien la verdadera y última felicidad de todo hombre se alcanza en el Cielo, ya en esta vida puede haber una cierta felicidad que, aunque imperfecta, tiene alguna semejanza con la celeste. En la vida terrena, la felicidad que más se parece con la del Cielo está dada por la contemplación desinteresada de la belleza de Dios reflejada en la creación. Conociéndola, la propia alma se torna bella. Y con ello, por una cierta connaturalidad, ésta tiende a desear la suprema belleza divina.

Esta es la verdad que el hombre de nuestros días no comprende… o no quiere comprender.

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¿Cómo se produce este error?

La naturaleza humana es tan propensa a la verdad que, cuando el hombre ama algo contrario a la verdad, quiere que este algo sea verdadero. De este modo, cae en el error, persuadiéndose de que es verdadero lo que en realidad es falso.

Por ello es muy verdadero aquello de que “no hay mucha diferencia entre el vicio de engañar y el de ser engañado”. O sea, el vicio de dejarse engañar o engañarse a sí mismo. Muchas veces la persona no quiere ver bien las cosas como son: pretextos, medias verdades, etc., todo menos reconocer como las cosan son.

​ Ellos aman la luz cuando se muestra, pero la odian cuando ella les hace ver lo que ellos son

La falsa promesa de la felicidad

Es necesario que alguien le abra los ojos. Pero, como el hombre no admite que se le corrija, no tolera que se le muestre el error en que se encuentra.

¡De este modo, ciertos hombres llegan a odiar la verdad por amor a aquello que tomaron como verdadero! Ellos aman la luz cuando se  muestra, pero la odian cuando ella les hace ver lo que ellos son.

Con cuanta razón se dice aquello de que “no hay peor ciego, que el que no quiere ver”

Llega «La Divina Misericordia» a los cines: mucho más que Santa Faustina, una historia cercana

 

Santa Faustina, por encargo de Cristo, fue cada día a dar instrucciones a un pintor masón acerca del cuadro que hoy llega a millones

Pablo J. Ginés/ReL

La película tiene buena factura técnica, los actores son buenos y el ritmo es razonablemente ágil. Sus 104 minutos dan mucha información pero también emocionan.

Sólo el primer tercio del filme se centra en la historia de Santa Faustina. Una segunda parte recoge las vivencias de su confesor, el padre Michal Spocko, y cómo la providencia tomó sus esfuerzos por divulgar esta devoción, que en vida él vio hundida y prohibida. El último tercio de la película recoge testimonios de vidas transformadas por la Divina Misericordia: sanaciones milagrosas, el testimonio de un exorcismo, imágenes de oración acompañando enfermos...

El filme es edificante y fresco. No es la explicación de una devoción antigua, sino una ventana a un paisaje vivo y luminoso, en crecimiento hoy. Al terminar la película el espectador siente que Dios está cerca, rebosando una misericordia que quiere entregar a los hombres.

Comparando con la película de 1994

Es inevitable comparar con la película polaca Faustina, de 1994, que es media hora más corta, pero que para muchos se hace más larga. Faustina era una obra contemplativa y espiritual, de hermosa fotografía y magnífica música de Wojciech Kilar. La protagonizaba una guapísima, casi seráfica, Dorota Segda que tenía entonces 28 años.

Por contraste, aquí la protagonista es Kamila Kaminska, una actriz de 30 años con un rostro mucho más común y austero. Tenemos que creer en sus mensajes por su fuerza y humildad, no por su cara angelical.

Kamila Kaminska, como Santa Faustina, tiene un rostro más austero que Dorota Segda en la película de 1994

Si la película de 1994 era contemplativa, ésta es periodística y narrativa: tiene muchas cosas que contar. La vida de Santa Faustina es breve, murió con 33 años, siete años después de empezar a recibir sus revelaciones de Jesús.

Kaminska muestra bien sus registros: la chica que baila en diversiones mundanas, la religiosa que escucha a Cristo y habla con su confesor, la enferma que sonríe en el dolor...

Es remarcable el papel de Dariusz Jakubouski. Vemos al padre Spocko, ya mayor, hablando con un eclesiástico polaco, defendiendo a Faustina. Entonces el eclesiástico se cubre la cara en un gesto peculiar y lo reconocemos: es el cardenal Karol Wojtyla, futuro Juan Pablo II. El gesto construye el personaje.

Muchas personas que han rezado la Coronilla de la Misericordia y han invocado el "Jesús en Ti Confío" ante el cuadro de los dos rayos aprenderán muchas cosas que desconocían.

Fragmento de la película que presenta la figura histórica del pintor

Por ejemplo, que el pintor del cuadro original, el de Vilnius, que se movía por ambientes ilustrados. La película considera probado que era masón. Se suicidó pocos años después. "No juzguéis, no conocemos las almas", recuerda la película citando el diario de Faustina. Diario que, por cierto, aprendemos que quemó, y tuvo que reconstruirlo a partir de su memoria por orden de su confesor.

Aprendemos que Spocko -se metió en líos ayudando a huir a judíos con documentos falsos- pudo huir luego de la zona ocupada por la URSS en el Transiberiano hasta Vladivostok, donde de forma quizá milagrosa consiguió un permiso para llegar a Japón y de allí a EEUU, donde empezaría a extenderse esta devoción.

 

El cuadro de la Divina Misericordia de Vilnius, 

protagonista de buena parte de la película,

pintado según las instrucciones detalladas de Faustina

Jesús había prometido una fiesta, una devoción mundial y congregación para esta devoción. Durante décadas no parecía verse nada de eso. Un momento emocionante es la consagración de las primeras 6 hermanas de la nueva familia de la Divina Misericordia, en una iglesia sin bancos ni reclinatorios, tal como descubrieron después que Santa Faustina había previsto en una visión.

Y la película resulta muy convincente y pedagógica cuando explica las coincidencias asombrosas -bien argumentadas con imágenes y mediciones- entre el cuadro de Vilnius y el rostro del hombre de la Sábana Santa y las manchas de sangre del Sudario de Oviedo. El pintor, por supuesto, no sabía nada del sudario ni había visto imágenes del rostro de la Sábana Santa: él pintó según las indicaciones de Faustina.

Con dos botellas de vodka, rescatar el cuadro olvidado

La película se permite un momento tragicómico muy del gusto de quienes han vivido el absurdo comunista, cuando dos de las religiosas, vestidas de civil, acuden a una iglesia bielorrusa transformada en almacén y rescatan el cuadro original pagando un dinerito y dos botellas de vodka al conserje, "en agradecimiento y compensación al Estado", dicen, por "cuidar un cuadro feo y viejo de nuestra familia".

Es una película especial, que empieza desde lo más cósmico y general ("en el principio creó Dios el cielo y la tierra", con escenas del Génesis que recuerdan El Árbol de la Vida de Terrence Malick) y finaliza con historias muy cercanas y concretas, de niños que se curan y familias que recuperan la fe y la alegría. Acerca a Faustina y la Misericordia de Dios al lenguaje de nuestros días, enlazándonos con sus raíces de amor en el cruel siglo XX. Es una película que hará mucho bien.

Consulte aquí las ciudades y cines para ver la película La Divina Misericordia

 

No endurezcamos el corazón ante migrantes y refugiados: abrámoslo a ellos, nuestros hermanos venidos de lejos

Este domingo se celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

El domingo, 27 de este mes de septiembre, celebramos el Día de los migrantes y refugiados. Recordad lo que tantas veces nos está diciendo y rememorando la Iglesia, por medio del Papa Francisco, con sus gestos, obras y palabras, y lo mismo los Papas anteriores, y recordad también lo que en otras ocasiones y en años anteriores, os he dicho yo mismo sobre esta realidad tan apremiante de migrantes y refugiados. Ellos constituyen un urgente llamamiento a evangelizar por parte de una Iglesia evangelizada y evangelizadora, discípula y seguidora verdadera de Jesús y de su Evangelio de caridad. Vivamos de tal manera el estilo de vivir propio del cristiano, y que ese estilo sea una invitación para otros a abrirse al amor, la caridad y a vivir desde ahí. Un gesto de ese estilo es que la comunidad eclesial sea quien acoja a los migrantes y refugiados. Los migrantes y los refugiados que nos llegan a nuestros países del bienestar han de ver la verdad del Evangelio de Jesucristo, la buena noticia del amor de Dios en nosotros. Hoy, en las circunstancias concretas que estamos viviendo, escuchamos con singular fuerza estas palabras salidas de la boca de Dios, como expresión de su voluntad: «Fui forastero y me acogiste». Estas palabras, “fui forastero y me acogiste”, han de hacerse realidad viva entre nosotros, lo mismo que aquellas otras de Jesús, al que ha de conducirnos la nueva evangelización que urge: “tuve hambre y me diste de comer, estaba sin techo y me acogiste”. Son palabras que, como el resto del capítulo veinticinco de San Mateo, siempre nos interpelan con una fuerza provocadora que nos llama a la conversión.Un año más con este domingo, de migrantes y refugiados, la Iglesia nos recuerda este deber que nunca podemos olvidar ni omitir y que siempre nos interpela. Nos interpelan de nuevo este año y, si cabe todavía más aún, ante la emergencia de la pandemia del Covid-19: migrantes, refugiados, perseguidos, hermanos nuestros que miran a nuestros países de Europa como la solución a sus inmensos problemas de hambre, de carencia de lo mínimo necesario y de las necesidades higiénicas y atenciones médicas y sanitarias en sus respectivos países, para vivir con sus familias con cierta decencia y dignidad en los países de origen, incluso de falta de libertad a la que se ven sometidos en sus tierras que tienen que abandonar, e incluso de terribles persecuciones a causa de su fe. Las escenas que nos llegan, las situaciones que vemos o que adivinamos son tremendas, terribles, y golpean nuestras conciencias. Se trata de una situación dramática que nos hace pensar y nos impide cruzarnos de brazos, si queremos acoger al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo: el pecado del egoísmo, de la exclusión, del cerrarnos en nuestra propia carne. Ante este fenómeno tan generalizado y masivo de las migraciones, con motivaciones tan diversas y complejas, de proporciones tan gigantescas, de dramaticidad tan intensa y de urgencia tan grave, moviéndose tantos cientos y cientos de miles, en gran parte personas muy pobres y necesitadas de todo, que, con frecuencia, lo arriesgan todo a la desesperada, de un lugar a otro buscando casa, pan, libertad, condiciones más dignas y seguras para sí y para la familia, las palabras del Señor cobran una fuerza todavía mayor y llaman a la conciencia de la Iglesia, a la conciencia de cada uno y a la de la sociedad en su conjunto. Siempre hubo migraciones. Son un motor de la historia. Aunque ahora los movimientos migratorios de estos tiempos, que tanto alarman a Occidente, sobre todo Europa, hasta el punto de no saber bien qué hacer –todo menos cerrarse en la propia carne, o en los propios intereses–, tienen unas características nuevas y presentan una problemática muy propia, variopinta y compleja, cargada de honda dramaticidad y de profundas repercusiones. Ante esta realidad el Papa Francisco nos ha dicho en otros años con motivo de esta Jornada que hay que “Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados”. Cuatro palabras, cuatro verbos que expresan o expresarán que estamos con el Señor, que hemos visto al Señor y lo acogemos, estamos con Él. Y así podremos decirles a todos, “Venid y veréis, hemos encontrado al Salvador”.

Lo primero que esta realidad reclama de nosotros y reclama particularmente de la Iglesia es el sentirnos al lado de los migrantes y refugiados, como si del Señor mismo se tratara, ya que con ellos se identifica y cuya amargura Él también tuvo que soportar en los primeros años de su vida terrena, y que ahora soporta en ellos mismos: algo, y mucho, todo, hay que hacer por ellos. Aceptarlos y acogerlos, integrarlos, protegerlos y promoverlos cordial y eficazmente para que se sientan reconocidos en toda su dignidad de hermanos, sentirnos solidarios de veras con los que sufren en su carne los efectos de la marginación y de la pobreza, a la que, con frecuencia y por desgracia, se ven impelidos tantos y tantos migrantes que vienen de otros países buscando otras condiciones de vida, simplemente vivir. Ofrecerles hospitalidad, ser hospitalarios de verdad, sin exclusiones o posturas discriminatorias. Nosotros los cristianos, llamados a vivir de toda palabra que sale de la boca de Dios y escuchar al Hijo amado, el predilecto del Padre, Jesús, no podemos dejar de escuchar, acoger y cumplir aquellas palabras que recoge la Sagrada Escritura: «Si un emigrante se instala en vuestra tierra no le molestaréis: será para vosotros como un nativo más y lo amarás como a ti mismo, pues también vosotros fuisteis emigrantes en Egipto» (Lev l9,33). Es un mandato de Dios el proceder de este modo con los inmigrantes. Un mandato que nos lleva a nuestra actuación personal y a reclamar y posibilitar que así sean tratados por la sociedad a través de las leyes pertinentes, no podemos ser pusilánimes, ni acobardarnos, tampoco perder la cabeza y dejarnos llevar solo por sentimientos, toda prudencia es poca, pero toda libertad y confianza en Dios, que nos grita a través del clamor desesperado de sus hijos más pobres y desgraciados, la necesitamos, sin olvidar que la caridad no tiene límites, ni el amor se dé con números y medidas. Hay que arriesgar y confiar: Dios nos pide que nos arriesguemos y Él nos inspira y fortalece la confianza. Traigo, por ello a mi memoria, aquellas palabras de la Escritura que dicen: “Decid a los cobardes de corazón, ´sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará`”, “Él está cerca de los que le invocan”. “No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso al favoritismo… ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?”. Y favoritismo sería: primero los nuestros, después lo que podamos. Dios no admite acepciones; ha elegido a los pobres del mundo: es claro y determinante. ¿A qué esperamos? ¿Nos falta confianza ante la promesa de Dios a los que le aman, y no hay otra manera de amarle que, amando, dando, sirviendo a los pobres que sufren, sobre cuyo amor nos juzgará al final de nuestros días? Que siempre, y particularmente los migrantes y refugiados, estén en nosotros y con nosotros, en nuestra oración, solidaridad y caridad, que brota de la Eucaristía, a ella conduce y ella lo reclama y exige.

Antonio Cañizares Llovera. Cardenal Arzobispo de Valencia

 

 

La influencia de la pandemia

Mucho se ha escrito sobre los efectos secundarios que deja el coronavirus en quienes lo han sufrido. Pero no voy a escribir de esto, porque mi ignorancia médica es proverbial. Más me interesa la influencia en aspectos centrales de la convivencia humana, que exigirían un giro copernicano, para superar las gravísimas consecuencias de ese otro virus inmaterial, que lleva a la visión meramente económica de las relaciones personales. El covid-19 plantea un cambio de rumbo radical en la civilización moderna, para no acabar de transformar al homo sapiens en homo economicus, dominado en gran medida por la cultura del bróker, que busca máximo rendimiento en el plazo más corto posible.

El ser humano se resiste a ser tratado como un número, ni siquiera para organizar sistemas informáticos que puedan rastrear contagios y contribuyan a evitar la difusión de la pandemia. Muchos no están dispuestos a pagar ese precio, aun a costa de contraer una enfermedad que sigue siendo letal, quizá menos ya, por la edad inferior de quienes se contagian.

El reciente debate –en Italia, Francia o España- sobre las bajas parentales en relación con la atención a hijos que puedan haber contraído la enfermedad, muestra una alarmante inversión de criterios éticos esenciales. Lo sabíamos ante la lentitud de encontrar soluciones para armonizar las exigencias familiares con las derivadas del trabajo, que solían centrarse en la maternidad, no en la unidad de la pareja como tal. Hoy, la atención a hijos enfermos requiere un tratamiento jurídico y social que anteponga la relación humana al rendimiento económico –aunque se quejen los solteros de Silicon Valley-, por grave que pueda ser la situación de empresas e instituciones. Al cabo, la pandemia impone elegir prioridades.

Jesús D Mez Madrid

 

 

La dignidad de la libertad religiosa

La Iglesia Católica, en su último Concilio, el Vaticano II, realizó, entre otras, una declaración oficial, dirigida al mundo entero, en la que afirmó que todos los hombres, sin distinción alguna, somos libres en la dimensión humana religiosa. Es decir, que los católicos lo somos porque libremente queremos serlo. El que es de otra religión, la Iglesia considera igualmente que será de esa religión porque libremente quiere serlo y merece el mismo respeto. Y el que no es de ninguna religión, también porque libremente no quiere serlo e igualmente merece exactamente el mismo respeto. 

Esta declaración de la Iglesia tiene su fundamento en el principio esencial de que todos los hombres, sólo por ser humanos, poseemos una condición igual: nuestra propia dignidad. Esa dignidad tiene su más profunda manifestación en la propia conciencia y en la conciencia de cada uno lo que posee más valor es su propia religiosidad.

La consecuencia de esta declaración es que ninguna persona, incluidos los estados, tienen legitimidad para coaccionar a otros en materia religiosa, ni en su vida particular, ni en su vida social, y por tanto no va en contra del modo de actuar de San Pablo, tal como relata el libro de Hechos de los Apóstoles, cuando le dijo Agripa: “un poco más y me convences de hacerme cristiano, y le replicó Pablo,  sea por poco o por mucho, le pido a Dios que no solo usted, sino también todos los que me están escuchando hoy lleguen a ser como yo, aunque sin estas cadenas”.

Jaume Catalán Díaz

 

“Salvaguardar el medio ambiente”.

El nuevo mensaje del papa Francisco, tiene doce capítulos, y el décimo está dedicado a “salvaguardar el medio ambiente”. Basta leer en el índice los epígrafes, para hacerse cargo de su contenido. Especialmente significativa resulta hoy la conclusión, sobre “nuevos estilos de vida”. Parte de la base señalada por Juan Pablo II en Centesimus annus: “la búsqueda de la verdad, de la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres para un desarrollo común, sean los elementos que determinen las opciones del consumo, de los ahorros y de las inversiones”.

Sin entrar lógicamente en soluciones prácticas más o menos opinables, queda claro que esos nuevos estilos “deben estar presididos por la sobriedad, la templanza, la autodisciplina, tanto a nivel personal como social”. Cuando no faltan críticas a los desaguisados de la globalización –por su economicismo-, se impone por contraste la conciencia de interdependencia, justamente para eliminar tantas causas de los desastres ecológicos y para dar pronta respuesta a pueblos y territorios. Porque esos graves problemas constituyen “una vigorosa motivación para promover una auténtica solidaridad de dimensión mundial”.

Al cabo, es preciso orientar el mundo “hacia el misterio de Dios, que lo ha creado y lo sostiene. Si se coloca entre paréntesis la relación con Dios, la naturaleza pierde su significado profundo, se la empobrece. En cambio, si se contempla la naturaleza en su dimensión de criatura, se puede establecer con ella una relación comunicativa, captar su significado evocativo y simbólico y penetrar así en el horizonte del misterio, que abre al hombre el paso hacia Dios, Creador de los cielos y de la tierra. El mundo se presenta a la mirada del hombre como huella de Dios, lugar donde se revela su potencia creadora, providente y redentora”.

Enric Barrull Casals

 

 

Aportación de las confesiones religiosas

El Consejero de Justicia, Interior y Víctimas de la Comunidad de Madrid, Enrique López, ha pedido a las diferentes confesiones religiosas (católica, musulmana, judía y protestante) que se conviertan en elementos activos de comunicación de las normas para proteger la salud pública. En la Comunidad de Madrid existen más de 1.500 lugares de culto y es obvio, como ha reconocido el Consejero, que pueden ser muy buenos altavoces a la hora de generar responsabilidad ante la situación causada por la pandemia. No se trata de un brindis al sol, la petición viene precedida de una reunión de la Comunidad con los representantes de las confesiones religiosas para agradecer la colaboración y aunar fuerzas ante nuevos escenarios.

Suso do Madrid

¿Es la sociedad la que se suicida… 

o la están suicidando?

 

            "Con 10 suicidios al día, a lo mejor los políticos necesitan que nos desnudemos con una horca ante el Congreso": Psiquiatras, psicólogos y víctimas denuncian la falta de implicación política, sanitaria y social en la prevención de la primera causa de muerte no natural en España”. 9 septiembre 2020 - (“El Mundo”).

            Noticias tan contundentes sobre el suicidio en España, brillan por su ausencia en todos los “informativos-desinformativos”, por tanto, esto es “un grajo blanco”, en un tema que existe y que al parecer avanza cada vez más; y que por lógica se va a agudizar mucho más, por las consecuencias de “la parálisis gubernativa” que han impuesto los políticos, por los motivos del “virus chino”, que digan lo que quieran y pese a cuantas medidas han tomado, sigue su avance “como si tal cosa”; contagiando a unas muy minorías y no haciéndolo a las inmensas mayorías que resultamos inmunes, “por lo que sea”, pero que es una realidad indiscutible viendo “los números que nos dan cada día”.

            Copio lo que un damnificado dice y pide: “10 DE SEPT. DE 2020: Tengo un tiro en el estómago desde que mi madre se suicidó. Así me siento. Se llora pero el agujero no se cierra. Hoy es el día internacional de la prevención del suicidio.  El otro día me escribió una chica a mi instagram " estoy devastada, mi madre se ha suicidado el pasado sábado". Ayer un chico muy joven me pedía ayuda. Me preguntaba dónde acudir para recibir ayuda psicológica cerca de Sevilla ya que uno de sus compañeros de clase se había suicidado y no podía con la culpa. No me cansaré de repetirlo: NECESITAMOS MEDIDAS DE PREVENCIÓN Y ATENCIÓN URGENTEMENTE”.

            Esto no tiene solución inmediata y menos política, puesto que es, "la sociedad entera la que se está suicidando o la están suicidando desde hace mucho tiempo atrás"; la gente, la masa, en general, está deshumanizada o peor que animalizada, sólo piensa en sus goces, no tiene ni quiere responsabilidades, están vacíos totalmente y sálvense las escasas minorías que no lo están, porque piensan y definen. Por tanto no pidan soluciones rápidas, que "lo que se destruye, luego necesita mucho más tiempo para reconstruirlo"; por lo tanto a mi entender, lo necesario es iniciar una campaña o labor, para presentar primero la realidad de "una sociedad vacía; y casi destruida"; y luego, que cada cual, aporte lo que pueda; y por descontado, los políticos o el dinero público, pero bien empleado y sabiendo la realidad, de cómo emplear ese dinero, no como se emplea, que es para que vivan bien “los siempre listos que lo aprovechan”; pero reitero, no con prisas y gritos idiotas, es cómo se va a solucionar esta verdadera plaga, hay que pensar y meditar, luego sacar conclusiones y más tarde, iniciar caminos, puesto que la labor es dura, larga y difícil, muy difícil y se va a necesitar, tiempo, mucho tiempo, inteligencia “mucha inteligencia” (nada de partidismos políticos o religiosos) y saber ir convenciendo a la gente, que la vida es “una lucha continua; y saber ir venciendo obstáculos, que irán surgiendo a todos y durante toda la vida”; sin embargo lo que nos vienen predicando los políticos, es todo lo contrario, ¿el resultado? “a la vista está”.

            Veamos y analicemos un hecho que se denuncia ayer mismo; y que da que pensar a quién tenga “caletre”, para analizar profundamente lo que ocurre, en este, ya, “asqueroso mundo”…

Un tribunal de apelaciones decide el destino de las 31 toneladas de oro de Venezuela depositadas en el Banco de Inglaterra (RT en español: 23-09-2020)

            ¿Por qué señalo este hecho? Por cuanto es el resultado de un país, gobernado o mejor dicho, explotado y esquilmado, por un grupo de tiranos, que amparados en la fuerza, dejan sin recursos, a una población, de un país que es inmensamente rico en recursos. ¿Qué puede hacer una población así dominada y robada impunemente?... sólo dos cosas, “o morir matando aunque sea a dentelladas a sus incalificables amos”, o irse suicidando lenta y calladamente. Pues bien, si señalo a Venezuela, pensemos en cuántas situaciones hay en el mundo y cuántos millones de seres humanos, se encuentran hoy mismo, en cualquier lugar del planeta, en la misma o parecida situación que los venezolanos… ¡LÓGICO QUE EL INDIVIDUO YA DESESPERADO SE SUICIDE Y ASÍ SE LIBRA DE ESTE ASQUEROSO MUNDO QUE LO SITUÓ EN ESE LÍMITE! Amén.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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