Las Noticias de hoy 24 Septiembre 2020

Enviado por adminideas el Jue, 24/09/2020 - 12:43

Cómo podemos contribuir con la Sostenibilidad?

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 24 de septiembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Catequesis del Papa: Construir un futuro con la contribución de todos

Audiencia general: Solidaridad y subsidiariedad para salir de la crisis

Fiesta del Padre Pío, “incansable dispensador de la misericordia”

Saludo del Papa al pueblo de Cuba, cinco años después de su viaje

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED*: Francisco Fernandez Carbajal

“Pon todo en las manos de Dios”: San Josemaria

Madre de la Merced, Virgen de la Misericordia

"Montserrat y la Merced marcaron la vida de San Josemaría"

Trabajo: contemplación y trabajo (1): J. López

Conocerle y conocerte (IX): No temas, que yo estoy contigo: Jon Borobia

​ La amorosa voluntad de Dios en mi vida: Sheila Morataya

El otro feminismo: Blanca Sevilla

Maruja Moragas, una mujer-brújula: Nuria Chinchilla

Por qué la “Gran Depresión” de 2020 será diferente: Julio Loredo

Quien en su niñez aprende a rezar, no lo olvida jamás

Invasión digital daña mentes y cerebros: Acción Familia

La familia hoy: Domingo Martínez Madrid

Sectores estratégicos: Jesús Domingo Martínez

Se disculpa por el “susto del cambio climático”: Jesús Martínez Madrid

Los jóvenes ante el Covid-19: Jesús D Mez Madrid

La maldad de Sánchez, el ídolo que se va, el paro: y un pueblo aterrado y sin futuro: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Catequesis del Papa: Construir un futuro con la contribución de todos

Ciclo sobre COVID-19 “Curar al mundo”

SEPTIEMBRE 23, 2020 14:31ROSA DIE ALCOLEAAUDIENCIA GENERAL

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(zenit – 23 sept. 2020).- El Papa invita a trabajar juntos para salir de la crisis, aplicando los principios de solidaridad y de subsidiariedad, en su octava catequesis sobre la pandemia de COVID-19 “Curar al mundo” a la luz del Evangelio, las virtudes teologales y los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

La audiencia general ha tenido este miércoles, 23 de septiembre de 2020, en el patio de San Dámaso, lugar en el que el Papa Francisco retomó las catequesis para encontrarse con algunos fieles, separados socialmente con la distancia requerida y usando mascarillas.

​En su catequesis, Francisco ha hablado del principio de subsidiariedad y ha explicado por qué debe ser implementado, junto al de la solidaridad, para “salir mejores de una crisis”. Según ha dicho, este principio respeta la autonomía y la capacidad de iniciativa de todos, especialmente de los últimos.

La lectura elegida hoy para la audiencia general ha sido la primera carta de san Pablo a los Corintios “Dones espirituales y armonía” (1 Cor 12,14.21-22.24-25), en la cual se ha basado el Papa para indicar que “todas las partes de un cuerpo son necesarias”, y, como dice el santo en su carta a los corintios, “esas partes que podrían parecer más débiles y menos importantes, en realidad son las más necesarias”.

En este sentido, ha descrito que “no hay verdadera solidaridad sin participación social, sin la contribución de los cuerpos intermedios: de las familias, de las asociaciones, de las cooperativas, de las pequeñas empresas, de las expresiones de  la sociedad civil” y ha recalado que “todos deben contribuir, todos”.

Aplauso para los “descartados”

​Recordando el aplauso a médicos, enfermeros y enfermeras que surgió espontáneamente durante el confinamiento en Italia y en otros países, el Papa ha pedido hoy que extendamos el aplauso “a cada miembro del cuerpo social, a todos, a cada uno, por su valiosa contribución, por pequeña que sea”.

“¿Pero qué podrá hacer ese de allí? —Escúchale, dale espacio para trabajar, consúltale”, ha explicado. Así, ha pedido aplausos para los “descartados”, los que esta cultura califica de “descartados”, es decir, “aplaudimos a los ancianos, a los niños, las personas con discapacidad, aplaudimos a los trabajadores, todos aquellos que se ponen  al servicio. Todos colaboran para salir de la crisis”.

Soñar en grande

​“Hermanos y hermanas, ¡aprendamos a soñar en grande!”, ha exclamado Francisco, “buscando los ideales de justicia y de amor social que nacen de la esperanza”. En esta línea, ha recomendado no intentar “reconstruir el pasado” porque “nos esperan cosas nuevas”, según el Señor ha prometido: “Yo haré nuevas todas las cosas”.

El Pontífice ha animado a todos con esperanza a “construir un futuro donde la dimensión local y la global se enriquecen mutuamente”, en el que cada uno puede y debe dar su parte, su cultura, su filosofía, su forma de pensar…

A continuación, sigue la catequesis completa del Papa Francisco.

***

Catequesis del Santo Padre

 

Queridos hermanos y hermanas, ¡parece que el tiempo no es muy bueno, pero os digo buenos días igualmente!

Para salir mejores de una crisis como la actual, que es una crisis sanitaria y al mismo tiempo una crisis social, política y económica, cada uno de nosotros está llamado a asumir su parte de responsabilidad, es decir compartir la responsabilidad. Tenemos que responder no solo como individuos, sino también a partir de nuestro grupo de pertenencia, del rol que tenemos en la sociedad, de nuestros principios y, si somos creyentes, de la fe en Dios. Pero a menudo muchas personas no pueden participar en la reconstrucción del bien común porque son marginadas, son excluidas o ignoradas; ciertos grupos sociales no logran contribuir porque están ahogados económica o políticamente. En algunas sociedades, muchas personas no son libres de expresar la propia fe y los propios valores, las propias ideas: si las expresan van a la cárcel. En otros lugares, especialmente en el mundo occidental, muchos auto-reprimen las propias convicciones éticas o religiosas. Pero así no se puede salir de la crisis, o en cualquier caso no se puede salir mejores. Saldremos peores.

Para que todos podamos participar en el cuidado y la regeneración de nuestros pueblos, es justo que cada uno tenga los recursos adecuados para hacerlo (cfr. Compendio de la doctrina social de la Iglesia [CDSC], 186). Después de la gran depresión económica de 1929, el Papa Pío XI explicó lo importante que era para una verdadera reconstrucción el principio de subsidiariedad (cfr. Enc. Quadragesimo anno, 79-80). Tal principio tiene un doble dinamismo: de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Quizá no entendamos qué significa esto, pero es un principio social que nos hace más unidos. Trataré de explicarlo.

Por un lado, y sobre todo en tiempos de cambio, cuando los individuos, las familias, las pequeñas asociaciones o las comunidades locales no son capaces de alcanzar los objetivos primarios, entonces es justo que intervengan los niveles más altos del cuerpo social, como el Estado, para proveer los recursos necesarios e ir adelante. Por ejemplo, debido al confinamiento por el coronavirus, muchas personas, familias y actividades económicas se han encontrado y todavía se encuentran en grave dificultad, por eso las instituciones públicas tratan de ayudar con apropiadas intervenciones sociales, económicas, sanitarias: esta es su función, lo que deben hacer.

​Pero por otro lado, los vértices de la sociedad deben respetar y promover los niveles intermedios o menores. De hecho, la contribución de los individuos, de las familias, de las asociaciones, de las empresas, de todos los cuerpos intermedios y también de las Iglesias es decisiva. Estos, con los propios recursos culturales, religiosos, económicos o de participación cívica, revitalizan y refuerzan el cuerpo social (cfr. CDSC, 185). Es decir, hay una colaboración de arriba hacia abajo, del Estado central al pueblo y de abajo hacia arriba: de las formaciones del pueblo hacia arriba. Y esto es precisamente el ejercicio del principio de subsidiariedad.

​Cada uno debe tener la posibilidad de asumir la propia responsabilidad en los procesos de sanación de la sociedad de la que forma parte. Cuando se activa algún proyecto que se refiere directa o indirectamente a determinados grupos sociales, estos no pueden ser dejados fuera de la participación. Por ejemplo: “¿Qué haces tú? —Yo voy a trabajar por los pobres. —Qué bonito, y ¿qué haces? —Yo enseño a los pobres, yo digo a los pobres lo que deben hacer”. —No, esto no funciona, el primer paso es dejar que los pobres te digan cómo viven, qué necesitan: ¡Hay que dejar hablar a todos! Es así que funciona el principio de subsidiariedad. No podemos dejar fuera de la participación a esta gente; su sabiduría, la sabiduría de los grupos más humildes no puede dejarse de lado (cfr. Exhort. ap. postsin. Querida Amazonia [QA], 32; Enc. Laudato si’, 63). Lamentablemente, esta injusticia se verifica a menudo allí donde se concentran grandes intereses económicos o geopolíticos, como por ejemplo ciertas actividades extractivas en algunas zonas del planeta (cfr. QA9.14). Las voces de los pueblos indígenas, sus culturas y visiones del mundo no se toman en consideración. Hoy, esta falta de respeto del principio de subsidiariedad se ha difundido como un virus. Pensemos en las grandes medidas de ayudas 

​financieras realizadas por los Estados. Se escucha más a las grandes compañías financieras que a la gente o aquellos que mueven la economía real. Se escucha más a las compañías multinacionales que a los movimientos sociales. Queriendo decir esto con el lenguaje de la gente común: se escucha más a los poderosos que a los débiles y este no es el camino, no es el camino humano, no es el camino que nos ha enseñado Jesús, no es realizar el principio de subsidiariedad. Así no permitimos a las personas que sean “protagonistas del propio rescate”[1]. En el subconsciente colectivo de algunos políticos o de algunos sindicalistas está este lema: todo por el pueblo, nada con el pueblo. De arriba hacia abajo pero sin escuchar la sabiduría del pueblo, sin implementar esta sabiduría en el resolver los problemas, en este caso para salir de la crisis. O pensemos también en la forma de curar el virus: se escucha más a las grandes compañías farmacéuticas que a los trabajadores sanitarios, comprometidos en primera línea en los hospitales o en los campos de refugiados. Este no es un buen camino. Todos tienen que ser escuchados, los que están arriba y los que están abajo, todos.

​Para salir mejores de una crisis, el principio de subsidiariedad debe ser implementado, respetando la autonomía y la capacidad de iniciativa de todos, especialmente de los últimos. Todas las partes de un cuerpo son necesarias y, como dice San Pablo, esas partes que podrían parecer más débiles y menos importantes, en realidad son las más necesarias (cfr. 1 Cor 12, 22). A la luz de esta imagen, podemos decir que el principio de subsidiariedad permite a cada uno asumir el propio rol para el cuidado y el destino de la sociedad. Aplicarlo, aplicar el principio de subsidiariedad da esperanza, da esperanza en un futuro más sano y justo; y este futuro lo construimos juntos, aspirando a las cosas más grandes, ampliando nuestros horizontes[2]. O juntos o no funciona. O trabajamos juntos para salir de la crisis, a todos los niveles de la sociedad, o no saldremos nunca. Salir de la crisis no significa dar una pincelada de barniz a las situaciones actuales para que parezcan un poco más justas. Salir de la crisis significa cambiar, y el verdadero cambio lo hacen todos, todas las personas que forman el pueblo. Todos los profesionales, todos. Y todos juntos, todos en comunidad. Si no lo hacen todos el resultado será negativo.

​En una catequesis precedente hemos visto cómo la solidaridad es el camino para salir de la crisis: nos une y nos permite encontrar propuestas sólidas para un mundo más sano. Pero este camino de solidaridad necesita la subsidiariedad. Alguno podrá decirme: “¡Pero padre hoy está hablando con palabras difíciles!”, pero por esto trato de explicar qué significa. Solidarios, porque vamos en el camino de la subsidiariedad. De hecho, no hay verdadera solidaridad sin participación social, sin la contribución de los cuerpos intermedios: de las familias, de las asociaciones, de las cooperativas, de las pequeñas empresas, de las expresiones de  la sociedad civil. Todos deben contribuir, todos. Tal participación ayuda a prevenir y corregir ciertos aspectos negativos de la globalización y de la acción de los Estados, como sucede también en el cuidado de la gente afectada por la pandemia. Estas contribuciones “desde abajo” deben ser incentivadas. Pero qué bonito es ver el trabajo de los voluntarios en la crisis. Los voluntarios que vienen de todas las partes sociales, voluntarios que vienen de las familias acomodadas y que vienen de las familias más pobres. Pero todos, todos juntos para salir. Esta es solidaridad y esto es el principio de subsidiariedad.

​Durante el confinamiento nació de forma espontánea el gesto del aplauso para los médicos y los enfermeros y las enfermeras como signo de aliento y de esperanza. Muchos han arriesgado la vida y muchos han dado la vida. Extendemos este aplauso a cada miembro del cuerpo social, a todos, a cada uno, por su valiosa contribución, por pequeña que sea. “¿Pero qué podrá hacer ese de allí? —Escúchale, dale espacio para trabajar, consúltale”. Aplaudimos a los “descartados”, los que esta cultura califica de “descartados”, esta cultura del descarte, es decir aplaudimos a los ancianos, a los niños, las personas con discapacidad, aplaudimos a los trabajadores, todos aquellos que se ponen  al servicio. Todos colaboran para salir de la crisis. ¡Pero no nos detengamos solo en el aplauso! La esperanza es audaz, así que animémonos a soñar en grande. Hermanos y hermanas, ¡aprendamos a soñar en grande! No tengamos miedo de soñar en grande, buscando los ideales de justicia y de amor social que nacen de la esperanza. No intentemos reconstruir el pasado, el pasado es pasado, nos esperan cosas nuevas. El Señor ha prometido: “Yo haré nuevas todas las cosas”. Animémonos a soñar en grande buscando estos ideales, no tratemos de reconstruir el pasado, especialmente el que era injusto y ya estaba enfermo. Construyamos 

​un futuro donde la dimensión local y la global se enriquecen mutuamente —cada uno puede dar su parte, cada uno debe dar su parte, su cultura, su filosofía, su forma de pensar—, donde la belleza y la riqueza de los grupos menores, también de los grupos descartados, pueda florecer porque también allí hay belleza, y donde quien tiene más se comprometa a servir y dar más a quien tiene menos.

[1] Mensaje para la 106 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2020 (13 de mayo de 2020).

[2] Cfr. Discurso a los jóvenes del Centro Cultural Padre Félix Varela, La Habana – Cuba, 20 de septiembre de 2015.

© Librería Editorial Vaticano

Audiencia general: Solidaridad y subsidiariedad para salir de la crisis

Resumen de la catequesis del Papa

SEPTIEMBRE 23, 2020 11:57ROSA DIE ALCOLEAAUDIENCIA GENERAL

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(zenit – 23 sept. 2020).- “El camino para salir de esta crisis es la solidaridad, que necesita ir acompañada de la subsidiariedad” ha anunciado el Papa Francisco esta mañana en la audiencia general.

Este miércoles, 23 de septiembre de 2020, el Santo Padre ha dedicado la catequesis al tema “Subsidiariedad y virtud de la esperanza”, inspirado en la primera carta de san Pablo a los Corintios (1 Cor 12,14.21-22.24-25), en la que podemos leer que “Un solo miembro no basta para formar un cuerpo, sino que hacen falta muchos”.

​¿Y qué es la que es subsidiariedad? El Pontífice lo ha definido como el principio que favorece que cada uno ejercite el papel que le corresponde en la tarea de cuidar y preparar el futuro de la sociedad, en el proceso de regeneración de los pueblos a los que pertenece.

“Nadie puede quedarse fuera”

“Nadie puede quedarse fuera”, ha recalcado el Santo Padre. “La injusticia provocada por intereses económicos o geopolíticos tiene que terminar, y dar paso a una participación equitativa y respetuosa”.

​Esta crisis, provocada por la pandemia del coronavirus, “no es solo sanitaria sino también social, política y económica”, ha recordado el Obispo de Roma. “Para salir de ella todos estamos llamados, individual y colectivamente, a asumir nuestra propia responsabilidad”, ha expresado.

Sin embargo, el Pontífice advierte que hay personas y grupos sociales que no pueden participar en esta reconstrucción del bien común “porque son marginados, excluidos, ignorados, y muchos de ellos sin libertad para expresar su fe y sus valores”.

Todas las partes del cuerpo

​De modo que invita a escuchar la lectura de la carta de San Pablo leída hoy en la audiencia general, en la que se nos recuerda “cómo todas las partes del cuerpo, sin excepción, son necesarias”. A la luz de esta imagen, señala, “vemos también cómo la subsidiariedad es indispensable, porque promueve una participación social, a todo nivel, que ayuda a prevenir y corregir los aspectos negativos de la globalización y de la acción de los gobiernos”.

La reflexión de hoy se enmarca en el ciclo de catequesis bajo el lema “Sanar al mundo” tras la pandemia de COVID-19, iniciado por Francisco en la audiencia general del 5 de agosto de 2020, en las que aborda “las cuestiones apremiantes que la pandemia ha puesto de relieve, sobre todo las enfermedades sociales” a la luz del Evangelio, de las virtudes teologales y de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

Fiesta del Padre Pío, “incansable dispensador de la misericordia”

El Papa lo evoca en la audiencia general

SEPTIEMBRE 23, 2020 16:58ROSA DIE ALCOLEAPAPA FRANCISCO

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(zenit – 23 sept. 2020).- El Papa evoca al Padre Pío, “incansable dispensador de la misericordia divina”, el día de su fiesta litúrgica, en la audiencia general, celebrada este miércoles, 23 de septiembre de 2020, en el patio de San Dámaso, dentro del Vaticano.

En su saludo a los fieles de habla italiana, después de la catequesis, el Pontífice les ha animado a “planificar su futuro como un servicio generoso a Dios y al prójimo”, y ha dedicado un pensamiento especial a los ancianos, los jóvenes, los enfermos y los recién casados.

Como el Padre Pío, confiar en Dios

“Que el testimonio de fe y de caridad que animó a San Pío de Pietrelcina, del que hoy nos acordamos, sea para cada uno una invitación a confiar siempre en la bondad de Dios, acercándose con confianza al Sacramento de la Reconciliación, del que el santo del Gargano, incansable dispensador de la misericordia divina, fue asiduo y fiel ministro”, dijo el Santo Padre.

En el 50º aniversario de la muerte de san Pío de Pietrelcina, en marzo 2018, el Papa Francisco visitó su ciudad natal, en la diocésis de Benevento, en Italia, con motivo del centenario de la aparición de los estigmas del Padre Pío, y a San Giovanni Rotondo.

Humilde fraile capuchino

“Este humilde fraile capuchino sorprendió al mundo por su vida toda dedicada a la oración y la escucha paciente de sus hermanos, sobre los sufrimiento él vertía el bálsamo de la caridad de Cristo”: Así lo recordó el Obispo de Roma el día de su visita pastoral a Pietrelcina, pueblo del santo capuchino italiano.

Murió el 23 de septiembre de 1968, tras medio siglo con los estigmas. Juan Pablo II lo beatificó el 2 de mayo de 1999, y lo canonizó el 16 de junio de 2002.

El Padre Pío es uno de los más conocidos estigmatizados y una de las figuras emblemáticas del siglo XX, extraordinariamente probado y aclamado como santo antes de su muerte.

 

Saludo del Papa al pueblo de Cuba, cinco años después de su viaje

Cercanía a los obispos

SEPTIEMBRE 23, 2020 12:23ROSA DIE ALCOLEAAUDIENCIA GENERAL

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(zenit – 23 sept. 2020).- El Papa Francisco ha recordado su viaje apostólico a Cuba esta mañana en la audiencia general, del que se cumple cinco años.

Tras la catequesis, al dirigirse a los fieles de lengua española, el Pontífice ha saludado especialmente a sus “hermanos obispos y a todos los hijos e hijas de esa amada tierra”, asegurándoles su cercanía y oración.

“Pido al Señor, por intercesión de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, que los libre y alivie en estos momentos de dificultad que atraviesan a causa de la pandemia”, ha dicho el Santo Padre.

Y a todos los fieles de lengua española, Francisco ha implorado “que el Señor nos conceda construir juntos, como familia humana, un futuro de esperanza, en el que la dimensión local y la global se enriquezcan mutuamente, florezca la belleza y se construya un presente de justicia donde todos se comprometan a servir y a compartir”.

Viaje a Cuba

El Papa argentino viajó a Cuba del 19 al 22 de septiembre de 2015, fue el tercer pontífice que pisó la isla después de san Juan Pablo II y el papa emérito Benedicto XVI. Allí celebró Misa en la plaza de la Revolución de La Habana, reuniéndose con las autoridades civiles y también con la comunidad eclesiástica y los jóvenes cubanos.

La visita apostólica, que continuó en Estados Unidos, se produjo en un contexto especial debido al acuerdo alcanzado nueve meses antes, en diciembre de 2014, entre los presidentes de Estados Unidos y Cuba, Barack Obama y Raúl Castro, respectivamente, para reanudar las relaciones diplomáticas, logradas en gran medida con la ayuda del Papa Francisco

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED*

Memoria

— Nuestra Madre Santa María, eficaz intercesora para librarnos de todas las ataduras.

— Sus manos están llenas de gracias y de dones.

— Acudir siempre a su Maternidad divina.

I. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres1.

A la Virgen Santísima se la venera con el título de la Merced en muchos lugares de Aragón, Cataluña y del resto de España y de América latina. Bajo esta advocación nació una Orden religiosa, que tuvo como misión rescatar cautivos cristianos en poder de los musulmanes. «Todos los símbolos de las imágenes de la Merced nos recuerdan su función liberadora: cadenas rotas y grilletes abiertos, como sus brazos y manos extendidas ofreciendo la libertad..., su Hijo Redentor»2. Hoy, la Orden dedica sus afanes principalmente a librar a las almas de los cristianos de las cadenas del pecado, más fuertes y más duras que las de la peor de las prisiones. En la fiesta de nuestra Madre, debemos acordarnos de nuestros hermanos que de diferentes modos sufren cautiverio o son marginados a causa de su fe, o padecen en un ambiente hostil a sus creencias. Se trata en ocasiones de una persecución sin sangre, la de la calumnia y la maledicencia, que los cristianos tuvieron ya ocasión de conocer desde los orígenes de la Iglesia y que no es extraña en nuestros días, incluso en países de fuerte tradición cristiana.

Dios padece, también hoy, en sus miembros. Naturalmente, «no llora en los cielos, donde habita en una luz inaccesible y donde goza eternamente de una felicidad infinita. Dios llora en la tierra. Las lágrimas se deslizan ininterrumpidamente por el rostro divino de Jesús, que, aun siendo uno con el Padre celestial, aquí en la tierra sobrevive y sufre (...). Y las lágrimas de Cristo son lágrimas de Dios.

»De este modo, Dios llora en todos los afligidos, en todos los que sufren, en todos los que lloran en nuestro tiempo. No podemos amarlo si no enjugamos sus lágrimas»3. La Pasión de Cristo, en cierto modo, continúa en nuestros días. Sigue pasando con la Cruz a cuestas por nuestras calles y plazas. Y nosotros no podemos quedar indiferentes, como meros espectadores.

Hemos de tener un corazón misericordioso para todos aquellos que sufren la enfermedad o se encuentran necesitados. Debemos pedir unidos en la Comunión de los Santos por todos aquellos que de algún modo sufren a causa de su fe, para que sean fuertes y den testimonio de Cristo. Y de modo muy particular hemos de vivir la misericordia con aquellos que experimentan el mayor de los males y de las opresiones: la del pecado.

La Primera lectura de la Misa4 nos habla de Judit, aquella mujer que con gran valentía liberó al Pueblo elegido del asedio de Holofernes. Así cantaban todos, llenos de alegría: Tú eres la gloria de Jerusalén, tú eres el honor de Israel, tú eres el orgullo de nuestra raza. Con tu mano lo hiciste, bienhechora de Israel... La Iglesia aplica a la Virgen María de la Merced este canto de júbilo, pues Ella es la nueva Judit, que con su fiat trajo la salvación al mundo, y cooperó de modo único y singular en la obra de nuestra salvación. Asociada a su Pasión junto a la Cruz, es ahora elevada a la ciudad celeste, abogada nuestra y dispensadora de los tesoros de la redención5. A la Virgen de la Merced acudimos hoy como eficaz intercesora, para que mueva a esos amigos, parientes o colegas que se encuentran alejados de su Hijo para que se acerquen a Él, especialmente a través del sacramento de la Penitencia, y para que fortalezca y alivie a quienes de alguna forma sufren persecución por ser fieles en su fe.

A Ella acudimos también para pedirle por esas pequeñas necesidades que la familia tiene, y que tan necesarias nos son también a nosotros. Nuestra Madre del Cielo siempre se distinguió por su generosidad en conceder mercedes.

II. En el Evangelio de la Misa leemos el momento en que el Señor nos dio a su Madre como Madre nuestra: Jesús, al ver a su Madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su Madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego, dijo al discípulo: Ahí tienes a tu Madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa6. Nos dio a María como Madre amantísima7. Ella cuida siempre con afecto materno a los hermanos de su Hijo que se hallan en peligros y ansiedad, para que, rotas las cadenas de toda opresión, alcancen la plena libertad del cuerpo y del espíritu8. Sus manos están siempre llenas de gracias y dones de mercedes- para derramarlos sobre sus hijos. Siempre que nos encontremos en un apuro, en una necesidad, hemos de acudir, como por instinto, a la Madre del Cielo. Especialmente si en algún momento se nos presenta una dificultad interior esos nudos y enredos que el demonio tiende a poner en las almas que separan de los demás y hacen dificultoso el camino que lleva a Dios. Ella es Auxilio de los cristianos, como le decimos en las Letanías, nuestro auxilio y socorro en esta larga singladura que es la vida, en la que encontraremos vientos y tormentas.

De mil maneras, los cristianos hemos acudido a Nuestra Señora: visitando sus santuarios, en medio de la calle, cuando se ha presentado la tentación, con el rezo del Santo Rosario... Uno de los testimonios más antiguos de la devoción filial a la Virgen se halla en esa oración tantas veces repetida: Sub tuum praesidium confugimus... «Nos acogemos bajo tu protección, Santa Madre de Dios: no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestra necesidad, antes bien sálvanos siempre de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita»9, y en la oración Memorare o Acordaos, que podemos rezar cada día por aquel de la familia que más lo necesite.

A Ella le decimos con versos de un poeta catalán, puestos en una hornacina de una calle de Barcelona: Verge i Mare // consol nostre, // femnos trobar el bon camí. // Jo sóc home, // sóc fill vostre. // Vos l’estel, yo el pelegrí. «Virgen y Madre, consuelo nuestro, haznos encontrar el buen camino. Yo soy hombre, soy hijo vuestro. Tú eres la estrella, yo el peregrino». Tú iluminarás siempre mi camino.

III. Mujer, ahí tienes a tu hijo. Al aceptar al Apóstol Juan como hijo suyo muestra su amor incomparable de Madre. «Y en aquel hombre oraba el Papa Juan Pablo II te ha confiado a cada hombre, te ha confiado a todos. Y Tú, que en el momento de la Anunciación, en estas sencillas palabras: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra (Lc 1, 38), has concentrado todo el programa de tu vida, abrazas a todos, buscas maternalmente a todos (...). Perseveras de manera admirable en el misterio de Cristo, tu Hijo unigénito, porque estás siempre dondequiera están los hombres sus hermanos, dondequiera está la Iglesia»10. Sus manos se encuentran siempre llenas de gracias, siempre dispuestas a derramarlas sobre sus hijos.

San Juan recibió a María en su casa y cuidó con suma delicadeza de Ella hasta que fue asunta a los Cielos en cuerpo y alma: Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. «Los autores espirituales han visto en esas palabras, que relata el Santo Evangelio, una invitación dirigida a todos los cristianos para que pongamos también a María en nuestras vidas. En cierto sentido, resulta casi superflua esa aclaración. María quiere ciertamente que la invoquemos, que nos acerquemos a Ella con confianza, que apelemos a su maternidad, pidiéndole que se manifieste como nuestra Madre»11¡Muestra que eres Madre! ¡Tantas veces se lo hemos pedido! Jamás ha dejado de escucharnos. No olvidemos nunca que la presencia de la Virgen en la Iglesia, y por tanto en la vida de cada uno, es siempre «una presencia materna»12, que tiende a facilitarnos el camino, a librarnos de los descaminos -pequeños o grandes a los que nos induce nuestra torpeza. ¡Qué sería de nosotros sin sus desvelos de madre! Procuremos nosotros ser buenos hijos.

Nuestra Señora está siempre atenta a sus hijos. Continúa el poeta catalán diciendo: ¿Per que ens miren, Verge Santa, // amb aquests ulls tan oberts?... ¿Por qué nos miras, Virgen Santa, // con esos ojos tan abiertos? // ¡Crea siempre en el alma // un santo estremecimiento! // Que los milagros de antaño // se repitan hoy en día, // ¡líbranos del pecado // y de una vil cobardía!

1 Antífona de entrada. Lc 1, 46. 54-55. — 2 A. Vázquez, Santa María de la Merced, Madrid 1988, p. 86. — 3 W. Van Straten, Dios llora en la tierra, BAC, 5.ª ed., Madrid 1981, pp. 7-8. — 4 Jdt 15, 8-10; 16, 13-14. — 5 Misas de la Virgen María, l, n. 43. Prefacio. — 6 Jn 19, 26-27. — 7 Oración después de la Comunión. — 8 Cfr. Prefacio de la Misa. — 9 A. G. Hamman, Oraciones de los primeros cristianos, Rialp, Madrid 1956. — 10 Juan Pablo II, Homilía en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, 27-I-1979. — 11 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 140. — 12 Cfr. Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, 24.

Esta fiesta conmemora la fundación de la Orden de los Mercedarios, dedicada en sus orígenes a la redención de cautivos. Cuenta una piadosa tradición que la Santísima Virgen se apareció la misma noche al rey Jaime I de Aragón, a San Raimundo de Peñafort y a San Pedro Nolasco, pidiéndoles que instituyesen una Orden con el fin de libertar a los cristianos que habían caído en poder de los musulmanes. En recuerdo de este hecho se creó esta fiesta, que el Papa Inocencio XII extendió a toda la Cristiandad en el siglo xvii. Actualmente se celebra en algunos lugares. Tiene una Misa propia en las Misas de la Virgen María, publicadas por Juan Pablo II. Es la Patrona de Barcelona.

 

 

“Pon todo en las manos de Dios”

Además de su gracia cuantiosa y eficaz, el Señor te ha dado la cabeza, las manos, las facultades intelectuales, para que hagas fructificar tus talentos. Dios quiere operar milagros constantes –resucitar muertos, dar oído a los sordos, vista a los ciegos, posibilidades de andar a los cojos...–, a través de tu actuación profesional santificada, convertida en holocausto grato a Dios y útil a las almas. (Forja, 984)

24 de septiembre

Tu barca -tus talentos, tus aspiraciones, tus logros- no vale para nada, a no ser que la dejes a disposición de Jesucristo, que permitas que El pueda entrar ahí con libertad, que no la conviertas en un ídolo. Tú solo, con tu barca, si prescindes del Maestro, sobrenaturalmente hablando, marchas derecho al naufragio. Únicamente si admites, si buscas, la presencia y el gobierno del Señor, estarás a salvo de las tempestades y de los reveses de la vida. Pon todo en las manos de Dios: que tus pensamientos, las buenas aventuras de tu imaginación, tus ambiciones humanas nobles, tus amores limpios, pasen por el corazón de Cristo. De otro modo, tarde o temprano, se irán a pique con tu egoísmo. (Amigos de Dios, 21)

 

 

Madre de la Merced, Virgen de la Misericordia

El 24 de septiembre muchos pueblos celebran la fiesta de la Virgen de la Merced, una advocación impulsada por la orden de los mercedarios con 800 años de historia, y que desde Cataluña se ha extendido por todo el mundo. Es la Madre de los cautivos y la Reina de la Misericordia.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA23/09/2020

Basílica de la Mercè, en Barcelona.

En 1218 San Pedro Nolasco fundó la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, más conocida como la Orden de la Merced. Desde el principio fue una institución característicamente mariana que difundió la devoción a la Virgen de la Misericordia desde Cataluña al resto del mundo.

El protagonismo de los mercedarios en la evangelización del nuevo continente hizo que esta advocación mariana arraigara en numerosos países de América. En concreto, la Virgen de la Merced es patrona de muchas ciudades, localidades, municipios y departamentos en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, México, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Paraguay, Puerto Rico, Venezuela, Uruguay… Y el cariño de los fieles a la Merced también fue cuajando en Francia, Portugal, o Filipinas, donde también hay rincones encomendados a la Madre de los cautivos.

 

Algunas estampas de la devoción a la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona.

 

Patrona y estrella

En España, además de ser Patrona de la Ciudad de Barcelona y, por extensión popular, de toda la Diócesis, la Virgen de la Merced es también patrona de 19 localidades o barrios de ocho comunidades autónomas diferentes, y es, además, copatrona de Cádiz.

En varios países, como España, la Virgen de la Misericordia es la Patrona de las instituciones penitenciarias, y san Juan Pablo II le nombró el 4 de febrero de 1985, en Piura (Perú), Estrella de la Evangelización.

En los registros del Instituto Nacional de Estadística sobre los nombres de mujeres más comunes en España queda constancia de que Mercedes está entre los 30 más habituales.

 

La Merced es una advocación de la Virgen extendida desde Cataluña al resto del mundo. Foto: William (Flickr)La Merced es una advocación de la Virgen extendida desde Cataluña al resto del mundo. Foto: William (Flickr)

 

Los mercedarios

La difusión de esta advocación de la Virgen es reflejo del amor a la Virgen de los mercedarios, religiosos especialmente centrados, desde sus orígenes, en la preservación de la fe, “aunque su vida peligre por ello”.

Desde la restauración de la orden liderada por san Pedro Armengol en 1880, los mercedarios se dedican de manera más particular a la enseñanza y a las misiones. En estos momentos, realizan una esmerada labor de acogida de personas refugiadas procedentes de países en guerra.

 

 

​En 2004, la Hermandad de Nuestra Señora de la Merced instaló un bajo relieve en su basílica que representa a san Josemaría rezando ante su Virgen titular

 

Las mercedes a san Josemaría

El 20 se septiembre de 2004, por iniciativa de la Hermandad de Nuestra Señora de la Merced, se colocó en la Basílica de la patrona de Barcelona una imagen de san Josemaría rezando ante la Virgen titular. Era una manera de dejar constancia de su cariño y su particular relación con la Virgen de la Misericordia.

En la historia personal de ese trato con Nuestra Señora de la Merced hay un momento singular: el 21 de junio de 1946. Ese día, el fundador del Opus Dei visitó la basílica antes de emprender el viaje a Roma del que volvería con la primera aprobación pontificia para la Obra, presente en el mundo desde el 2 de octubre de 1928.

EN LA HISTORIA PERSONAL DE ESE TRATO CON NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED HAY UN MOMENTO SINGULAR: EL 21 DE JUNIO DE 1946

Antes de 1946, san Josemaría ya había estado frente a la Virgen de la Merced. Y hay constancia de que, al menos, fue a saludarle también en 1962, 1966 y 1972. Como destaca Josep Masabeu en su libro Escrivá de Balaguer en Cataluña, 1913-1974. Huellas de San Josemaría, la Merced marcó la vida del fundador del Opus Dei.

En 1966, san Josemaría dijo en Barcelona: “Cuando, pasado el tiempo, se escriba la historia del Opus Dei, habrá que resaltar -¡cuántos acontecimientos vienen a mi memoria!- los hechos que vieron la luz en esta ciudad condal, entre vosotros y bajo la mirada de la Virgen María de la Merced”.

"Montserrat y la Merced marcaron la vida de San Josemaría"

Josep Masabeu, autor del libro "Escrivá de Balaguer en Cataluña, 1913-1974. Huellas de San Josemaría", editado por Publicaciones de la Abadía de Montserrat, explica los motivos que le han llevado a dedicar varios años de su vida a esta investigación; destaca la historicidad de lo que en él se explica, apunta las principales aportaciones y desvela qué es lo que todavía no se conoce.

NOTICIAS28/10/2015

Llegamos a la Oficina de Información del Opus Dei en Cataluña y Andorra, en la calle Ausiàs Marc de Barcelona. Afuera todavía hay las nubes que nos han acompañado en la visita a algunos de los lugares donde estuvo el protagonista del libro. Antes de empezar, un café rápido, llenar dos vasos de agua y pulsar el botón rojo de la grabadora.

PARA MÍ ES UNA PERSONA MUY CERCANA Y QUISE EXPLICAR EXACTAMENTE QUÉ PASÓ. YO LO CONOCÍ EN 1972

¿Por qué este libro?

Me parecía que las estancias en Cataluña de san Josemaría eran suficientes como para hacer un libro específico, y más teniendo en cuenta que estuvo en Cataluña en un contexto histórico muy determinado. Además, para mí es una persona muy cercana y quise explicar exactamente qué pasó. Yo lo conocí en 1972, coincidí con él, y además le tengo mucha devoción.

¿Cuándo comenzó a trabajar en el libro?

Esto comenzó en 2005. Fue cuando me puse serio. Había buscado cosas, había encontrado documentación, pero dije: bueno, empezamos. Hay que decir que yo no trabajo de esto, trabajo en Braval y el libro se ha ido haciendo por las tardes, las noches, los fines de semana, durante las vacaciones. Ha sido un proceso largo de casi ocho años de búsqueda de información. No se partía de cero, pero ha sido laborioso.

[LEVANTA EL DEDO] EH! EN MI LIBRO NO HAY COSA MEDIO INVENTADA, ¡CUIDADO! ES UN LIBRO HISTÓRICO CONTRASTADO. EL TRABAJO PIVOTA SOBRE LAS 37 ESTANCIAS DE LAS QUE TENEMOS CONSTANCIA

Vamos, que no ha sido fácil.

En cierto sentido también ha sido fácil, porque todas las personas a las que he acudido para entrevistar me han ayudado. Algunas personas ha sido más difícil de encontrar, pero nadie me ha dicho que no le interesaba, que no quería ayudarme o que me mandara a paseo. Nadie me ha colgado el teléfono, y eso que algunas personas las he entrevistado después de haber encontrado su teléfono en la guía telefónica. Tras explicarles lo que quería me decían que no eran la persona que yo buscaba, pero que era un familiar. Y ya tenías el hilo para ir tirando de él.

Y, ¿qué entrevistas ha tenido que hacer?

Hay un grupo de personas que vivieron los hechos, como don Benito Badrinas, que ya ha fallecido, don Ferran Blasi o Ignasi Forcada, o Rosa María Pantaleoni, personas que pidieron la admisión al Opus Dei durante los primeros años de la labor del Opus Dei.

Hay otro grupo de personas que son hijos o nietos de los que vivieron los hechos, como es el caso de Blanca Puig Montagut. Ella es la nieta de Concha Suelves, la dueña de una casa donde vivían algunos refugiados, y donde san Josemaría celebró la primera misa cuando estuvo aquí en octubre de 1937, antes de cruzar los Pirineos. Esto lo sé porque Blanca Puig me lo explicó. O Pilar Albareda, una de las sobrinas de don José María Albareda que aún vive. Albareda era una persona muy cercana a san Josemaría...

Los protagonistas son sus padres o abuelos, pero ellos también estaban y se acuerdan porque lo han oído contar a sus familias.

 

Se conserva una foto del 13 de abril de 1943 de san Josemaría desde el mirador de Miramar, en Montjuïc, con la estatua de Colón al fondo.

 

Las biografías de santos en ocasiones pueden tender a explicar hechos fantásticos.

[Levanta el dedo] Eh! En mi libro no hay ninguna cosa medio inventada, ¡cuidado!

Pero existe este peligro, ¿no?

Es un libro histórico contrastado. El trabajo pivota sobre las 37 estancias de las que tenemos constancia. Puede haber cuatro o cinco estancias más pero no he encontrado ningún documento que lo corrobore, y por lo tanto no aparecen en el libro. También enumero los 130 lugares donde estuvo, todo perfectamente contrastado.

Al igual que pienso que estuvo en otros lugares, pero ni siquiera te los diré, aunque estoy convencido de que así fue a pesar de no haber pruebas. He buscado testigos directos, y también utilizo los testigos de muchísima gente que escribió sus recuerdos en 1975, cuando san Josemaría murió y Mons. Álvaro del Portillo, que le sucedió al frente del Opus Dei, pidió que la gente escribiera sus recuerdos sobre san Josemaría.

He utilizado muchos de estos recuerdos para documentar las estancias. De cada una de las cosas que cuento se podrían explicar muchas más cosas, pero he querido ceñirme a explicar que este día, en este lugar, había esa persona, que dijo tal cosa. Y ya está.

Quien quiera investigar que siga, con mucho gusto le facilitaré la documentación. Sin embargo, he procurado hacerlo llano, por lo que hay 873 referencias con notas a pie de página.

En el libro explica que san Josemaría estuvo 37 veces en Cataluña. Me parecen muchas. ¿Cómo se podrían clasificar?

Las tres primeras veces fue en 1913, 1914 y 1915. Fue cuando tenía 11, 12 y 13 años y debía examinarse de los primeros cursos de bachillerato en el Instituto de Lleida, con sus compañeros de los Escolapios de Barbastro. También hay una estancia muy concreta de 1924, en la que estuvo unos días por aquí.

A continuación ya nos situamos en la estancia más larga en Barcelona que es antes de iniciar el paso de los Pirineos, en 1937, que prácticamente está explicado día a día. Es la aventura de la evasión de la zona donde había persecución religiosa pasando por Andorra hasta llegar a Francia y entrar en la otra zona de España. En concreto, en este caso fue desde el 10 de octubre de 1937 que llegó a Barcelona hasta el 2 de diciembre que se fue a Andorra. Un tercer grupo son los viajes que hizo a Barcelona para empezar e impulsar la labor apostólica. Esto empieza el 30 de diciembre de 1939 con un viaje de un día con Álvaro del Portillo.

 

Masabeu señala una foto del 27 de febrero de 1972, en la que san Josemaría sale de visitar las monjas clarisas del Monasterio de Pedralbes.

 

Esto es el inicio del Opus Dei en Cataluña.

Llegaron por la mañana desde Zaragoza, y se marcharon a las nueve de la noche en tren hasta Valencia. En menos de 12 horas estuvieron viendo algunas personas que ya conocían de antes y así comenzó el Opus Dei en Cataluña. A partir de aquí hay una serie de viajes a Barcelona, que llegan hasta el 1946. Esta época es cuando comienza a funcionar el centro llamado El Palau, que ahora es el centro más antiguo de la Prelatura. Hay otra estancia que es en el 1946, cuando vino a Barcelona para viajar hacia Roma para conseguir la aprobación pontificia. Y luego hay una estancia muy interesante del 1948 cuando viene para conseguir dinero para finalizar la construcción del Colegio Mayor Monterols.

A partir de entonces las visitas ya no son tan seguidas...

Sí, entre 1949 y 1958, pasa por el aeropuerto del Prat, y algunas personas lo van a ver ya que el avión a Roma hacía escala en Barcelona. En 1958 realiza una estancia muy breve a raíz de la boda de su hermano pequeño.

Después tenemos constancia de los viajes de 1962, 1966 y 1969. Son estancias de pocos días, motivadas por diferentes razones y donde aprovecha para tener encuentros con grupos más o menos reducidos. Finalmente, están los tres últimos viajes de 1972, 1973 y 1974, éstas son estancias más largas. La del 72 formaba parte de un viaje más largo por la península donde tuvo encuentros con grupos más grandes con afán evangelizador. Las dos últimas, aunque también tuvo encuentros y visitas, se produjeron por motivos médicos: una intervención quirúrgica a don Álvaro, su principal colaborador; y la prescripción de descanso que le hicieron los médicos después de un viaje a América Latina. El libro está ordenado cronológicamente con referencias al desarrollo de la prelatura y la vida de san Josemaría.

SUFRÍAN DURAS NECESIDADES ECONÓMICAS Y VITALES. PERO ESTO NO IMPIDIÓ SU DEDICACIÓN A CONFESAR, ADMINISTRAR LOS SACRAMENTOS, Y DE ALGUNA MANERA FORMAR PARTE DE LA IGLESIA CLANDESTINA QUE HUBO EN CATALUÑA DURANTE LA GUERRA

Los 41 días que estuvo en Barcelona preparándose para cruzar los Pirineos debieron ser muy duros.

Sufrían duras necesidades económicas y vitales. Pero esto no impidió su dedicación a confesar, administrar los sacramentos, y de alguna manera formar parte de la iglesia clandestina que hubo en Cataluña durante la guerra. Pasaban mucha hambre. Que eran momentos duros lo ves cuando lees que un perro se comió un cinturón de uno de los del grupo de san Josemaría y una pastilla de jabón, y que estuvo escupiendo espuma un día entero. Comparando las fotografías de antes y después de ir a Andorra te das cuenta de la dureza de la situación. A pesar de todo, decía que hizo todo el bien que pudo.

¿Qué es lo que más le ha impactado de la investigación?

El capítulo 14, que se llama "afianzando una familia". San Josemaría no sólo conocía personalmente a cada uno de los que participaban en la labor y convivía con ellos en todas las situaciones cuando venía en Cataluña, sino que conocía personalmente a sus familias y estuvo en casa de todos ellos visitando los padres de todos los que en aquel momento eran del Opus Dei. Tenían una relación personal.

Es sorprendente ver cómo, en las pocas horas que estuvo en Cataluña, pudo ver a tanta gente. ¿Cómo lo conseguía? ¿Cómo se crea el cariño? Estando. Es lo que más me ha impresionado de todo el libro.

 

Masabeu en el Mirador de Sarrià de Collserola, donde también estuvo san Josemaría.

 

De las estancias que ha estudiado, ¿cuáles considera que son los sitios más importantes en la vida de san Josemaría?

(Piensa) Montserrat y la Merced marcaron la vida de san Josemaría.

Mons. Martí Bonet también lo menciona en el prólogo. ¿De dónde nacía esa relación con Montserrat?

Él comienza la relación con los monjes de Montserrat en 1937, tras el paso de los Pirineos, en el colegio de Nuestra Señora de Meritxell de Andorra. No conoció al abad Escarré allí, pero sí al padre Gusi, por ejemplo. Tiempo después en Pamplona se relacionó con los monjes de Montserrat que habían iniciado un monasterio en el balneario de Belascoain. Allí conoció al abad Marcet y otros. Enseguida tuvieron una gran relación.

Y, ¿con el abad Escarré?

El momento estelar de la relación con el abad Escarré fue en 1940. El abad conocía las críticas al Opus Dei y cuando recibió la bendición abacial por el obispo de Pamplona, Olaechea, aprovechó para preguntarle qué debían decir a la gente que les preguntaba si el Opus Dei era algo bueno. Él veía que el abad Marcet estaba muy tranquilo, pero se decían cosas muy fuertes. El obispo Olaechea, que ya conocía a san Josemaría, le explicó el Opus Dei, pero le dijo que quien había dado la aprobación había sido el obispo de Madrid, Eijo y Garay, y lo invitó a que le escribiera y le preguntara él mismo. Esta es una correspondencia interesante históricamente. El abad le escribió y el obispo le contestó con cosas concretas.

INCLUSO EL ABAD ESCARRÉ LE PIDE A SAN JOSEMARÍA QUE SE TRATEN COMO HERMANOS... "MI QUERIDO HERMANO"

A partir de ahí, el abad Escarré y san Josemaría se conocieron personalmente y desde entonces la relación fue fluida. Incluso el abad Escarré le pide a san Josemaría que se traten como hermanos... "mi querido hermano". Esto es algo absolutamente inédito y excepcional en el abad Escarré.

A partir de ese momento, muchas veces san Josemaría visitaba el monasterio de Montserrat y el abad Escarré la iba a ver cuando viajaba a Madrid. Por ejemplo, el día que san Josemaría vino para dejar el Santísimo en el oratorio del centro El Palau, regresó a Madrid en coche con el abad Escarré.

También le gustaban los Aromas de Montserrat (licor inventado por los monjes benedictinos, del Monasterio de Montserrat, a partir de hierbas de la montaña de Montserrat), ¿es así?

El abad Escarré tenía una gran relación con san Josemaría, y también con Álvaro del Portillo. Cuando Álvaro del Portillo, que aún no era sacerdote, en 1943 fue a Roma para presentar los papeles para la aprobación del Opus Dei por parte de la Santa Sede, el abad Escarré se movió para que le facilitaran la entrada a la Santa Sede.

Algo sorprendente es que don Álvaro, entonces un chico de 29 años, a los nueve días de llegar a Roma fue recibido por Pío XII. Esto es absolutamente inaudito. Pues en ese viaje, don Álvaro tenía un encargo del abad Escarré, le había pedido que le comprara unos solideos morados que aquí no los encontraba. Don Álvaro los compró y se los llevó. Cuando salió la aprobación pontificia, el abad Escarré escribe una carta a san Josemaría y le dice que ya ha recibido los solideos que le ha comprado don Álvaro, y que ya le pagará, y que le envía unas botellas de Aromas de Montserrat. San Josemaría le contesta dándole las gracias no sólo por haberse movido para facilitar la entrada de don Álvaro en la Santa Sede, sino también por las Aromas de Montserrat.

Era una profunda amistad la que los unía.

Con el abad Escarré fueron amigos hasta el final. Cuando el abad tuvo que dejar Montserrat, entró en una especie de depresión, estaba encerrado en sí mismo, y vivía en Viboldone, que es un monasterio de monjas benedictinas cerca de Milán. Pero no se relacionaba con nadie, nadie sabía dónde estaba.

Casualmente, Mons. Joan Baptista Torelló, que entonces vivía en Viena, uno de los hombres destacados de la resistencia cultural catalana, se enteró de dónde estaba y le escribió una carta, a la que el abad contestó. A los pocos días Mons. Torelló fue a Roma y le dijo a san Josemaría que había contactado con el abad Escarré. San Josemaría le pidió que fuera corriendo a verle. El abad quedó conmovido de la fidelidad de san Josemaría. Murió al cabo de unos meses en una clínica de Barcelona.

Se conservan muchas cartas entre san Josemaría y el abad Escarré. ¿Qué los unía tanto? ¿De qué hablaban en sus cartas?

Ellos querían la regeneración de la Iglesia, entre otros aspectos concretamente a través de la liturgia. Por ejemplo, san Josemaría siguió punto por punto la construcción del presbiterio de Montserrat tal y como es ahora. Esto el padre Laplana lo explica muy bien en un artículo. Y luego también compartían la idea que la Iglesia tiene que salir adelante con la santificación del trabajo y el protagonismo de los laicos. Eran conversaciones normales, temas donde coincidían tanto el abad como san Josemaría desde espiritualidades diferentes.

No sólo fue una relación personal con el abad, san Josemaría tenía gran devoción a la Virgen de Montserrat.

Siempre tuvo esta devoción a la Virgen de Montserrat. En este punto quiero comentar dos cosas. San Josemaría tenía una diabetes muy dura que se curó de repente el 27 de abril de 1954, y él siempre consideró que era un favor de la Virgen de Montserrat. Y un tiempo después, cuando fue a Viena por primera vez, ante la imagen de María Pöstch de la catedral de esta ciudad la invocó con la jaculatoria Stella Orientis, que es una expresión que no hay en toda la literatura patrística ni medieval.

CUANDO FUE A VIENA POR PRIMERA VEZ, ANTE LA IMAGEN DE MARIA PÖSTCH DE LA CATEDRAL DE ESTA CIUDAD LA INVOCÓ CON LA JACULATORÍA STELLA ORIENTIS [...] EL ÚNICO QUE UTILIZA ESTA EXPRESIÓN EN TODA LA LITERATURA Y EN TODA LA LITURGIA ES MN. CINTO VERDAGUER EN EL VIROLAI

Equivale a Estrella de la Mañana, pero el único que utiliza esta expresión en toda la literatura y en toda la liturgia es Mons. Cinto Verdaguer en el Virolai, cuando dice "de los catalanes siempre seréis princesa, de los españoles Estrella de Oriente". Es la única vez en toda la historia de la Iglesia que sale esta expresión. No sabemos si san Josemaría lo cogió de aquí, pero sí sabemos que san Josemaría había leído Verdaguer.

Ahora hábleme de la Merced. ¿Por qué la visitaba en sus estancias en Barcelona?

A todos los lugares donde iba san Josemaría para empezar la labor, una de las primeras cosas que hacía era ir a rezar a la Virgen patrona del lugar. Ha estado en todos los santuarios y catedrales de todas las provincias y grandes ciudades. Y aquí, en la Merced. La primera visita que tenemos documentada es el 2 de abril de 1940, ya que José María Hernández de Garnica así lo explica en una relación de este viaje. Después, oraba y pedía a los conocidos de Barcelona que rogaran a la Virgen de la Merced por las especiales contradicciones que había.

Una devoción que tuvo durante años.

Pero el momento definitivo fue en 1946, cuando Álvaro del Portillo, que ya era sacerdote, estaba en Roma para conseguir la aprobación pontificia del Opus Dei y se encontró con todas las puertas cerradas. Es cuando le dijeron: "ustedes han llegado con un siglo de anticipación". Pidió a san Josemaría que fuera a Roma para conseguirlo. Aunque san Josemaría tenía la diabetes y el médico le había desaconsejado el viaje, se embarcó en una travesía desde Barcelona.

Antes pasó por la basílica de la Merced a orar por la solución jurídica del Opus Dei. El mismo día por la mañana hizo una meditación en el pequeño oratorio de un centro que lo llamaban la Clínica porque vivían tres médicos, donde repitió aquellas palabras de san Pedro: "Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué será de nosotros?". Explicó que le pidió a la Virgen de la Merced y dijo que quería hacer un retablo para aquel oratorio presidido por la Virgen de la Merced, que actualmente se conserva en el Colegio Mayor Monterols.

¿Lo consiguió?

Cuando regresó de Roma con la aprobación siempre lo refirió todo a la Virgen de la Merced. Y en octubre volvió expresamente para dar gracias a la Virgen de la Merced. Ahora hay un relieve en el camarín de la basílica donde se explica. Años después, el 23 de septiembre de 1973 en una casa de Premià que se llama Castelldaura dijo que estaba haciendo una novena a la Virgen de la Merced, porque durante los primeros años en Barcelona la Virgen de la Merced era de las pocas personas que le querían.

Cuando visitaba Barcelona, ¿siempre iba a la Merced?

En todos los viajes trataba de ir, pero no exactamente el primer día, iba cuando podía. En las escalas que hacía el avión en el viaje Roma-Madrid o viceversa, encargaba a las personas que lo habían ido a ver que fueran de su parte. Y en muchas cartas dirigidas a las personas de la Obra de Barcelona también se lo encargaba.

En cualquier caso, el lugar de Cataluña donde más estuvo fue Barcelona.

Sí, por ejemplo antes del paso de los Pirineos estuvo más de un mes viviendo en la casa de Rafaela Caballero de Barcelona, un edificio que ya no existe, que estaba en la calle Diagonal esquina con la calle Pau Claris.

Después de Barcelona, ¿dónde estuvo más veces?

En Lleida. Hizo los tres primeros viajes para examinarse. Y después, en 1941 fue dos veces para predicar ejercicios espirituales a sacerdotes y seminaristas. Una de estas veces tuvo que regresar corriendo a Madrid porque había fallecido su madre. Y una última vez, en el 43, pasó camino de Andorra, para la toma de posesión como Copríncipe del obispo Iglesias Navarro. Después ha estado en Girona, en 1966 y en 1972, y en muchos viajes pasó por varias poblaciones con el coche, pero eso no cuenta.

[EL LIBRO] NOS PLANTEA LA RELACIÓN DE CATALUÑA CON UN SANTO QUE VIVIÓ MOMENTOS MUY DESTACADOS DE SU VIDA EN ESTAS TIERRAS

¿Cómo encaja la aportación de este libro en la historia de la Iglesia en Cataluña?

Esto puede quedar un poco pedante que lo diga yo, pero hasta ahora no se había escrito mucho... Me parece que enriquece, porque nos plantea la relación de Cataluña con un santo que vivió momentos muy destacados de su vida en estas tierras. Y, además, san Josemaría siempre se consideró, "más de Lleida que de ningún otro sitio", catalán y aragonés.

Al principio me decía que hay algunas estancias que no se pueden documentar y que no me las diría. Alguna quizás sí...

Hay cosas que no se han escrito o que yo no he encontrado. Por ejemplo, hay un capítulo con las paradas en el aeropuerto de El Prat desde el 1948 al 1954. Yo sólo he podido documentar algunas con testigos, pero sabemos que ha habido cinco o seis viajes más entre Roma y Madrid y no sabemos si todos los aviones hacían escala en Barcelona. No lo hemos podido averiguar. Por ello, en el libro sólo hablo de las estancias de las que tenemos testimonios seguros. Posiblemente investigando más o leyendo más cartas encontraríamos otros lugares, pero yo ahora mismo no sé nada más.

Si algún lector sabe algo más, ¿mejor que se lo calle?

Que me lo diga, que me lo diga, ¡para la segunda edición!

Trabajo: contemplación y trabajo (1)

Ser contemplativos es disfrutar de la mirada de Dios. Por eso, quien se sabe acompañado por Él a lo largo del día, ve con otros ojos las ocupaciones en que se empeña.

TRABAJO02/05/2012

Quisiera que hoy, en nuestra meditación, nos persuadiésemos definitivamente de la necesidad de disponernos a ser almas contemplativas, en medio de la calle, del trabajo, con una conversación continua con nuestro Dios, que no debe decaer a lo largo del día. Si pretendemos seguir lealmente los pasos del Maestro, ése es el único camino[1].

Para quienes estamos llamados por Dios a santificarnos en medio del mundo, convertir el trabajo en oración y tener alma contemplativa, es el único camino, porque o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca[2].

Conviene que meditemos despacio esta enseñanza capital de San Josemaría. En este texto consideraremos qué es la contemplación; en otras ocasiones nos detendremos en ahondar en la vida contemplativa en el trabajo y en las actividades de la vida ordinaria.

Como en Nazaret, como los primeros cristianos

El descubrimiento de Dios en lo ordinario de cada día, da al propio quehacer su valor último y su plenitud de sentido. La vida oculta de Jesús en Nazaret, los años intensos de trabajo y de oración, en los que Jesucristo llevó una vida corriente —como la nuestra, si queremos—, divina y humana a la vez[3], muestran que la tarea profesional, la atención a la familia y las relaciones sociales no son obstáculo para orar siempre[4], sino ocasión y medio para una vida intensa de trato con Dios, hasta que llega un momento en el que es imposible establecer una diferencia entre trabajo y contemplación.

Por esta senda de la contemplación en la vida ordinaria, siguiendo las huellas del Maestro, discurrió la vida de los primeros cristianos: «cuando pasea, conversa, descansa, trabaja o lee, el creyente ora»[5], escribía un autor del siglo II. Años más tarde San Gregorio Magno atestigua, como un ideal hecho realidad en numerosos fieles, que «la gracia de la contemplación no se da sí a los grandes y no a los pequeños; sino que muchos grandes la reciben, y también muchos pequeños; y tanto entre los que viven retirados como entre las personas casadas. Luego, si no hay estado alguno entre los fieles que quede excluido de la gracia de la contemplación, el que guarda interiormente el corazón puede ser ilustrado con esa gracia»[6].

El Magisterio de la Iglesia, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, ha recordado muchas veces esta doctrina, tan importante para quienes tenemos la misión de llevar a Cristo a todas partes y transformar el mundo con el espíritu cristiano. «Las actividades diarias se presentan como un precioso medio de unión con Cristo, pudiendo convertirse en materia de santificación, terreno de ejercicio de las virtudes, diálogo de amor que se realiza en las obras. El espíritu de oración transforma el trabajo y así resulta posible estar en contemplación de Dios, aun permaneciendo en las ocupaciones más variadas»[7].

La contemplación de los hijos de Dios

 

Enseña el Catecismo que «la contemplación de Dios en su gloria celestial es llamada por la Iglesia "visión beatífica"»[8]. De esa contemplación plena de Dios, propia del Cielo, podemos tener un cierto anticipo en esta tierra, una incoación imperfecta[9] que, aunque sea de orden diverso a la visión, es ya una verdadera contemplación de Dios, así como la gracia, siendo de distinto orden que la gloria, es, no obstante, una verdadera participación en la naturaleza divina. Ahora vemos como en un espejo, oscuramente; entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de modo imperfecto, entonces conoceré como soy conocido[10], escribe San Pablo.

Esa contemplación de Dios como en un espejo, durante la vida presente, es posible gracias a las virtudes teologales: a la fe y a la esperanza vivas, informadas por la caridad. La fe, unida a la esperanza y vivificada por la caridad, «nos hace gustar de antemano el gozo y la luz de la visión beatífica, fin de nuestro caminar aquí abajo»[11].

La contemplación es un conocimiento amoroso y gozoso de Dios y de sus designios manifestados en las criaturas, en la Revelación sobrenatural, y plenamente en la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo nuestro Señor. «Ciencia de amor»[12], la llama San Juan de la Cruz. La contemplación es un claro conocimiento de la verdad, alcanzado no por un proceso de razonamiento sino por una intensa caridad[13].

La oración mental es un diálogo con Dios. Me has escrito: "orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?" —¿De qué? De El, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: "¡tratarse!"[14]. En la vida espiritual, este trato con Dios tiende a simplificarse conforme aumenta el amor filial, lleno de confianza. Sucede entonces que, con frecuencia, ya no son necesarias las palabras para orar, ni las exteriores ni las interiores. Sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira![15].

Esto es la contemplación, un modo de orar activo pero sin palabras, intenso y sereno, profundo y sencillo. Un don que Dios concede a quienes le buscan con sinceridad, ponen toda el alma en el cumplimiento de su Voluntad, con obras, y tratan de moverse en su presencia. Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra..., hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres...: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio[16]. Esto puede suceder, como enseña San Josemaría, no sólo en los ratos dedicados expresamente a la oración, sino también mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio[17].

Bajo la acción del Espíritu Santo

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo inhabitan en el alma en gracia[18]: somos templos de Dios[19]. Se quedan cortas las palabras para expresar la riqueza del misterio de la Vida de la Santísima Trinidad en nosotros: el Padre que eternamente engendra al Hijo, y que con el Hijo espira al Espíritu Santo, vínculo de Amor subsistente. Por la gracia de Dios, tomamos parte en esa Vida como hijos. El Paráclito nos une al Hijo que ha asumido la naturaleza humana para hacernos partícipes de la naturaleza divina: al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (...) a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y, puesto que sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abbá, Padre!»[20]. Y en esta unión con el Hijo no estamos solos sino que formamos un cuerpo, el Cuerpo místico de Cristo, al que todos los hombres están llamados a incorporarse como miembros vivos y a ser, como los apóstoles, instrumentos para atraer a otros, participando en el sacerdocio de Cristo[21].

La vida contemplativa es la vida propia de los hijos de Dios, vida de intimidad con las Personas Divinas y desbordante de afán apostólico. El Paráclito infunde en nosotros la caridad que nos permite alcanzar un conocimiento de Dios que sin la caridad es imposible, pues el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor[22]. Quien más le ama mejor le conoce, ya que ese amor —la caridad sobrenatural— es una participación en la infinita caridad que es el Espíritu Santo[23]que todo lo escruta, hasta las profundidades de Dios. Pues ¿quién sabe lo que hay en el hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también, las cosas de Dios nadie las ha conocido sino el Espíritu de Dios[24].

Ese Amor, con mayúscula, instaura en la vida del alma una estrecha familiaridad con las Personas Divinas, y un entendimiento de Dios más agudo, más rápido, certero y espontáneo, en profunda sintonía con el Corazón de Cristo[25]. También en el plano humano quienes se aman se comprenden con más facilidad, y por eso San Josemaría recurre a esa experiencia para transmitir de algún modo lo que es la contemplación de Dios; por ejemplo, decía que en su tierra a veces se decía: ¡mira cómo le contempla!; y explicaba cómo ese modo de decir se refería a una madre que tenía a su hijo en brazos, a un novio que miraba a su novia, a la mujer que velaba al marido. Pues así debemos contemplar al Señor.

Pero toda realidad humana, por hermosa que sea, se queda en una sombra de la contemplación que Dios concede a las almas fieles. Si ya la caridad sobrenatural supera en altura, en calidad y en fuerza cualquier amor simplemente humano, ¿qué decir de los Dones del Espíritu Santo, que nos permiten dejarnos llevar dócilmente por Él? Con el crecimiento de estos Dones —Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor filial— crece la connaturalidad o la familiaridad con Dios y se despliega todo el colorido de la vida contemplativa.

En especial, por el Don de Sabiduría —el primero y mayor de los Dones del Espíritu Santo[26]— se nos otorga no sólo conocer y asentir a las verdades reveladas acerca de Dios y de las criaturas, como es propio de la fe, sino saborear esas verdades, conocerlas con «un cierto sabor de Dios»[27]. La Sabiduría —sapientia— es una sapida scientia: un ciencia que se gusta. Gracias a este Don no sólo se cree en el Amor de Dios, sino que se sabe de un modo nuevo[28]. Es un saber al que sólo se llega con santidad: y hay almas oscuras, ignoradas, profundamente humildes, sacrificadas, santas, con un sentido sobrenatural maravilloso: Yo te glorifico, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has tenido encubiertas estas cosas a los sabios y prudentes, y las has revelado a los pequeñuelos[29]. Con el Don de Sabiduría la vida contemplativa se adentra en las profundidades de Dios[30]. En este sentido San Josemaría nos invita a meditar un texto de San Pablo, en el que se nos propone todo un programa de vida contemplativa —conocimiento y amor, oración y vida— (...): que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; y que arraigados y cimentados en la caridad, podáis comprender con todos los santos, cuál sea la anchura y la grandeza, la altura y la profundidad del misterio; y conocer también aquel amor de Cristo, que sobrepuja todo conocimiento, para que os llenéis de toda la plenitud de Dios (Ef 3,17-19)[31].

Hemos de implorar al Espíritu Santo el Don de Sabiduría junto con los demás Dones, su séquito inseparable. Son los regalos del Amor divino, las joyas que el Paráclito entrega a quienes quieren amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas.

Por la senda de la contemplación

Cuanto mayor es la caridad, más intensa es la familiaridad con Dios en la que surge la contemplación. Hasta la caridad más débil, como la de quien se limita a no pecar gravemente pero no busca cumplir en todo la Voluntad de Dios, establece una cierta conformidad con la Voluntad divina. Sin embargo, un amor que no busca amar más, que no tiene el fervor de la piedad, se parece más a la cortesía formal de un extraño que al afecto de un hijo. Quien se conformara con eso en su relación con Dios, no pasaría de un conocimiento de las verdades reveladas insípido y pasajero, porque quien se contenta con oír la palabra, sin ponerla en práctica, es semejante a un hombre que contempla la figura de su rostro en su espejo: se mira, se va, e inmediatamente se olvida de cómo era[32].

Muy distinto es el caso de quien desea sinceramente identificar en todo su voluntad con la Voluntad de Dios y, con la ayuda de la gracia, pone los medios: la oración mental y vocal, la participación en los Sacramentos —la Confesión frecuente y la Eucaristía—, el trabajo y el cumplimiento fiel de los propios deberes, la búsqueda de la presencia de Dios a lo largo de día: el cuidado del plan de vida espiritual junto con una intensa formación cristiana.

El ambiente actual de la sociedad conduce a muchos a vivir volcados hacia fuera, con una permanente ansia de poseer esto o aquello, de ir de aquí para allá, de ver y mirar, de moverse, de distraerse con futilidades, quizá con el intento de olvidar su vacío interior, la pérdida del sentido trascendente de la vida humana. A quienes hemos descubierto la llamada divina a la santidad y al apostolado, nos debe suceder lo contrario. Cuanta más actividad exterior, más vida para adentro, más recogimiento interior, buscando el diálogo con Dios presente en el alma en gracia y mortificando los afanes de la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida[33]. Para contemplar a Dios es preciso limpiar el corazón. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios[34].

Pidamos a Nuestra Madre Santa María que nos obtenga del Espíritu Santo el don de ser contemplativos en medio del mundo, don que sobreabundó en su vida santísima.

J. López


[1] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 238.

[2] San Josemaría, Conversaciones, n. 114.

[3] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 56.

[4] Lc 18, 1.

[5] Clemente de Alejandría, Stromata, 7, 7.

[6] San Gregorio Magno, In Ezechielem homiliae, 2, 5, 19.

[7] Juan Pablo II, Discurso al Congreso «La grandeza de la vida ordinaria», en el centenario del nacimiento del Beato Josemaría, 12-I-2002, n. 2.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1028.

[9] Cfr. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 12, a. 2, c; y II-II, q. 4, a.1; q. 180, a. 5, c.

[10] 1 Cor 12, 12. Cfr. 2 Cor 5, 7; 1 Jn 3, 2.

[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 163.

[12] San Juan de la Cruz, Noche oscura, lib. 2, cap. 18, n. 5.

[13] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, q. 180, a. 1, c y a.3, ad 1.

[14] San Josemaría, Camino, n. 91.

[15] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 307.

[16] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 296.

[17] Ibidem.

[18] Cfr. Jn 14, 23.

[19] Cfr. 1 Cor 3, 16; 2 Cor 6, 16.

[20] Gal 4, 4-6.

[21] Cfr. 1 Cor 12, 12-13, 27; Ef 2, 19-22; 4, 4.

[22] 1 Jn 4, 9.

[23] Cfr. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, q. 24, a. 7, c. In Epist. ad Rom., c. 5, lect. 1.

[24] 1 Cor 2, 10-11.

[25] Cfr. Mt 11, 27.

[26] Cfr. Juan Pablo II, Alocución 9-IV-1989.

[27] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae II-II, q. 45, a. 2, ad 1.

[28] Cfr. Rm 8, 5.

[29] Mt 11, 25.

[30] 1 Cor 1, 10.

[31] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 163.

[32] St 1, 23-24.

[33] 1 Jn 2, 16.

[34] Mt 5, 8.

Conocerle y conocerte (IX): No temas, que yo estoy contigo

A lo largo de nuestra vida de oración también aparecerán dificultades o dudas. Hay muchas razones para pensar que en esos momentos Dios está especialmente cerca.

VIDA ESPIRITUAL03/09/2020

Aproximadamente seis siglos antes del nacimiento de Jesús, el pueblo judío se encontraba dominado por Babilonia. Muchos habían sido llevados prisioneros a tierra extranjera. Las promesas antiguas parecían desvanecerse. La tentación de pensar que todo había sido un engaño era muy próxima. En este contexto, surgen textos proféticos sobre la liberación del pueblo y, especialmente, oráculos de mucha hondura espiritual en los que Dios nos manifiesta su cercanía en todo momento. «No temas», repite una y otra vez: «Si atravesaras por aguas, estaría contigo; si por ríos, no te anegarían. Si caminaras por el fuego, no te quemaría, ni te abrasarían las llamas» (Is 43,1-2). Y continúa más adelante: «No temas, que yo estoy contigo (…). Traedme a mis hijos desde lejos y a mis hijas desde los confines de la tierra» (Is 43,5-6).

Un estribillo constante

En el Nuevo Testamento, como es lógico, no desaparece esa llamada a confiar en Dios, no cesa ese consuelo en medio de las inquietudes de la vida. Algunas veces el Señor se sirve de sus ángeles, como cuando se dirige a Zacarías, esposo de santa Isabel, el día en que entró a ofrecer incienso al santuario; eran ya un matrimonio anciano y no habían podido tener hijos hasta ese momento. «No temas, porque tu oración ha sido oída» (Lc 1,13), le dice el ángel. Los mensajeros de Dios habían llevado un anuncio similar tanto a san José cuando no sabía si recibir o no a María en su casa (cfr. Mt 1,20), como a los pastores cuando se atemorizaron al saber que Dios quería que fueran los primeros en adorar al niño Jesús recién nacido (cfr. Lc 2,10). Esta y otras muchas ocasiones son una muestra de que el Señor siempre quiere acompañarnos en las decisiones importantes de nuestra existencia.

DIOS SIEMPRE HA QUERIDO OFRECERNOS CONSUELO EN MEDIO DE LA INCERTIDUMBRE.

Pero no solo los profetas y los ángeles son portadores de ese «no temas». Cuando el mismo Dios se hizo hombre, fue él quien personalmente continuó con ese estribillo en medio de los caminos de la vida de quienes le rodeaban. Con aquellas mismas palabras, por ejemplo, Jesús anima a sus oyentes a no dejarse invadir por la incertidumbre del alimento o del vestido, sino a preocuparse sobre todo por su alma (cfr. Mt 10,31); también Cristo quiere llevar paz al jefe de la sinagoga que había perdido a su hija pero no había perdido su fe (cfr. Mt 5,36), dar sosiego a sus apóstoles cuando, después de una noche de tormenta, lo ven acercarse caminando sobre las aguas (cfr. Jn 6,19), o tranquilizar a los tres –Pedro, Juan y Santiago– que vieron su gloria en el Tabor (cfr. Mt 17,7). Dios busca siempre salir al paso de ese temor, natural ante las manifestaciones ordinarias o extraordinarias de sus acciones.

También san Josemaría notaba esa reacción divina al recordar un acontecimiento especial en su vida interior. Concretamente cuando un día de verano del año 1931, mientras celebraba la santa Misa, comprendió de un modo especialmente claro que son los hombres y mujeres corrientes quienes levantarían la cruz de Cristo en todas las actividades humanas. «Ordinariamente, ante lo sobrenatural, tengo miedo. Después, viene el ne timeas!, soy Yo»[1]. Ese temor no se da solamente ante esas acciones singulares de la gracia. Se presenta también, de diversas maneras, en la vida cristiana ordinaria; por ejemplo, cuando Dios nos hace vislumbrar la grandeza de su amor y de su misericordia, cuando comprendemos un poco mejor la profundidad de su entrega en la cruz y en la Eucaristía, o cuando experimentamos la invitación a seguirle más de cerca... y nos inquieta qué consecuencias pueden tener esas gracias en nuestra vida.

Más fuerte que cualquier duda

La oración, mientras estemos en la tierra, es un combate[2]. Resulta dramático que los deseos más nobles del corazón humano –como puede ser vivir en comunicación con nuestro propio creador– hayan sido parcialmente desfigurados y desviados por el pecado. Nuestros anhelos de amistad, amor, belleza, verdad, felicidad o paz están unidos, en nuestra situación actual, al esfuerzo por superar errores, a la dificultad para vencer algunas resistencias. Y esa condición general de la vida humana se da también en la relación con el Señor.

EL EMPEÑO DE JESÚS POR TRAERNOS SU PAZ ES MÁS FUERTE QUE NUESTRAS DEBILIDADES

En los inicios de la vida de piedad, muchos se asustan al pensar que no saben hacer oración, o se confunden ante los fracasos, las inconstancias y el desorden que pueden acompañar el inicio de cualquier tarea. Se intuye, entonces, que acercarse al Señor significa toparse con la Cruz; no debe sorprender que aparezcan el dolor, la soledad, las contradicciones[3]. Se teme también, con el pasar de los años, que el Señor permita pruebas y oscuridades que exijan más de lo que podemos ofrecer. O se mira con nerviosismo la posibilidad de que nos invada la rutina y, al final, tengamos que conformarnos con una mediocre relación con Dios.

Esas palabras –«no temas»– que escucharon Zacarías, José, los pastores, Pedro, Juan, Santiago y tantos otros también se dirigen a cada uno de nosotros a lo largo de toda nuestra vida. Nos recuerdan que, en la vida de la gracia, lo decisivo no es lo que hacemos sino lo que obra el Señor. «La oración es una tarea conjunta de Jesucristo y de cada uno de nosotros»[4] en la que el protagonista principal no es la criatura, que procura estar atenta a la acción de Dios, sino el Señor y su acción en el alma. Esto lo entendemos con facilidad cuando Dios nos abre nuevos horizontes, cuando despierta sentimientos de agradecimiento o nos invita a emprender senderos de santidad… Pero esa misma confianza debería continuar presente cuando aparecen las dificultades, cuando sentimos nuestra pequeñez y parece que se cierra la oscuridad a nuestro alrededor.

«Soy yo, no temáis». Jesús, así como entendía las dificultades, confusiones, miedos y dudas de aquellos que querían seguirle, lo sigue haciendo con cada uno de nosotros. Nuestro empeño por vivir a su lado es siempre menor que el suyo por tenernos cerca. Es él quien está empeñado en que seamos felices y es lo suficientemente fuerte para lograr ese designio suyo, contando incluso con nuestras fragilidades.

Disposiciones que ayudan a orar

Por nuestra parte, tenemos que hacer lo posible por entrar en auténticos caminos de oración. Aunque la conversación con los demás parezca espontánea o natural, en realidad aprendimos a hablar –y descubrimos las actitudes elementales del diálogo– con ayuda de otros, muy lentamente. Lo mismo ocurre en el trato con Dios, porque «la oración debe prender poco a poco en el alma, como la pequeña semilla que se convertirá más tarde en árbol frondoso»[5]. Y por eso es comprensible que los discípulos hayan pedido a Jesús que les enseñase a orar (Cfr. Lc 12,1).

Entre esas actitudes fundamentales para entrar en una vida de oración están la fe y la confianza, la humildad y la sinceridad. Cuando oramos con una equivocada disposición –por ejemplo, cuando no queremos revisar lo que nos aleja de Dios o cuando no estamos dispuestos a renunciar a nuestra autosuficiencia– corremos el riesgo de hacer estéril la oración. Es verdad que con frecuencia esas actitudes erróneas son inconscientes. También, si perseguimos un modelo erróneo de eficacia para nuestra oración, tan frecuente en nuestra cultura, es fácil que caigamos en la trampa de medir nuestra relación con el Señor solamente por los resultados que se perciben y que, a la larga, nos cueste encontrar tiempo para rezar.

CONVIENE CONSTRUIR NUESTRA ORACIÓN SOBRE UNAS BUENAS DISPOSICIONES PERSONALES Y ALGUNAS CLARAS VERDADES DE FE

De entre esas disposiciones íntimas para orar, son singularmente esenciales las que se refieren a la confianza en el Señor. A pesar de tener buena voluntad, ciertas lagunas en la formación llevan a no pocas personas a vivir con una noción equivocada de Dios y de sí mismas. Unas veces pueden imaginar que Dios es un juez rígido, que exige una conducta perfecta; otras veces pueden pensar que hemos de recibir lo que pedimos tal y como lo queremos nosotros; o que los pecados son una barrera insalvable para alcanzar un trato sincero con el Señor. Aunque pueda parecer obvio, necesitamos construir nuestra vida de oración sobre el cimiento seguro de algunas verdades nucleares de la fe. Por ejemplo, que Dios es un Padre amoroso que se goza en nuestro trato; que la oración es siempre eficaz porque él atiende nuestras súplicas aunque sus caminos no sean los nuestros; o que nuestras ofensas son precisamente ocasión para acercarnos de nuevo a nuestro salvador.

Regalar a Dios nuestras dificultades

«¿Que no sabes orar? –Ponte en la presencia de Dios, y en cuanto comiences a decir: “Señor, ¡que no sé hacer oración!...”, está seguro de que has empezado a hacerla»[6]. Como hizo con los apóstoles, el Señor nos va enseñando poco a poco a crecer en esas actitudes íntimas, si no nos escondemos en el monólogo interior ni en una oración anónima, ajena a nuestros deseos y preocupaciones reales[7].

Como les ocurría a ellos, nuestra relación con el Señor avanza en medio de las propias debilidades. La falta de tiempo, las distracciones, el cansancio o la rutina son habituales en la oración, de modo similar a como se dan también en las relaciones humanas. A veces esto exige cuidar el orden, vencer la pereza, situar lo importante por encima de lo urgente. Otras veces requiere realismo para ajustar con finura los momentos dedicados al Señor, como tiene que hacer una madre de familia que no puede desentenderse de sus hijos pequeños en ningún momento. Sabemos que, en ocasiones, «en la oración hace falta una atención difícil de encauzar»[8]. Nos dispersan las preocupaciones, las tareas pendientes, los estímulos de las pantallas. Y lo malo de todo esto es que puede confundir nuestro propio mundo interior: surgen las heridas del amor propio, las comparaciones, los sueños y fantasías, los resentimientos o los recuerdos de cualquier clase. Podemos experimentar que, a pesar de sabernos en la presencia de Dios, «bullen en la cabeza los asuntos en los momentos más inoportunos»[9].

Nos afecta también, como es lógico, el cansancio físico: «El trabajo rinde tu cuerpo y no puedes hacer oración»[10]. Nos puede servir de consuelo recordar que la fatiga también adormece a los apóstoles en la gloria del Tabor (Lc 9,32) o en la angustia de Getsemaní (Lc 22,45). Y, además del cansancio físico, en nuestra cultura es frecuente una clase de cansancio interior que nace de la ansiedad en las tareas, de la presión en la profesión y en las relaciones sociales, o de la incertidumbre ante el futuro… y que este estado interior puede aumentar la dificultad para meditar con serenidad.

El Señor entiende bien –de hecho, mucho mejor que nosotros– esas dificultades. Por eso, aunque nos hagan sufrir porque desearíamos un trato más delicado con él, muchas veces «no importa... si no consigues concentrarte y recogerte»[11]. Podemos intentar hablar con Jesús precisamente de esos asuntos, noticias, personas o recuerdos que ocupan nuestra imaginación. A Dios le interesa todo lo nuestro, por trivial o insignificante que parezca. Y, con frecuencia, nos ayudará a valorar esos asuntos, personas o reacciones de otro modo, con sentido sobrenatural, desde la caridad. Así como hacen los niños en brazos de su madre, podemos descansar en él, entregarle nuestro aturdimiento, refugiarnos en su corazón para alcanzar la paz.

Un empeño mayor que el nuestro

Probablemente, las dificultades más graves «son las astucias del Tentador, que hace todo lo posible por separar al hombre de la oración, de la unión con su Dios»[12]. Nuestro Señor fue tentado por el demonio al final de aquellos cuarenta días de retiro en el desierto, cuando sentía el hambre y la debilidad (Mt 4,3). Ordinariamente, el maligno aprovecha nuestras distracciones y pecados para introducir en el alma la desconfianza, la desesperanza y la renuncia al amor. Por el contrario, como aparece constantemente en el Evangelio, nuestra debilidad es en realidad un motivo para acercarnos aún más al Señor. Y, «a medida que se avanza en la vida interior, se perciben con más claridad los defectos personales»[13].

Con apariencia de humildad, el demonio puede hacernos creer que somos indignos de tratar a Dios, que nuestros deseos de entrega son aparentes y que pueden esconder cierta dosis de hipocresía y de falta de determinación. «¿Piensas que tus pecados son muchos, que el Señor no podrá oírte?»[14]. La conciencia de nuestra indignidad –tan valiosa en sí misma– puede provocar entonces un sufrimiento real, pero equivocado, que poco tiene que ver con el dolor verdadero, y que puede encerrarnos en una actitud quejumbrosa, que incluso llega a imposibilitar la oración. Por supuesto que la tibieza y los pecados pueden ser un obstáculo para la oración, pero no en ese sentido. El Señor no deja de amarnos por grandes que sean nuestras flaquezas. No le asustan, ni le sorprenden, y no renuncia a su deseo de que alcancemos la santidad. Aunque llegásemos deliberadamente a pactar con la rutina, con el conformismo o con la tibieza, Dios no dejaría de esperar nuestro retorno.

LAS DIFICULTADES QUE PODEMOS ENCONTRAR AL ORAR HAN SIDO PERMITIDAS POR DIOS Y, POR ESO, EN ELLAS NOS PODEMOS ACERCAR MÁS A ÉL

Pero el enemigo también puede tentar «incluso cuando el alma arde encendida en el amor de Dios. Sabe que entonces la caída es más difícil, pero que –si consigue que la criatura ofenda a su Señor, aunque sea en poco– podrá lanzar sobre aquella conciencia la grave tentación de la desesperanza»[15]. Entonces pueden aparecer la amargura y el desencanto. Para mantener viva la esperanza en todo momento, es necesario ser realistas, admitir nuestra poquedad, caer en la cuenta de que ese supuesto ideal de santidad que teníamos en mente –una plenitud inalcanzable– es equivocado. Necesitamos advertir que solo importa agradar a Dios, y, sobre todo, que lo realmente decisivo es lo que obra el Señor con su amor poderoso contando con nuestra lucha y con nuestra flaqueza.

La esperanza cristiana no es una esperanza simplemente humana, basada en nuestras fuerzas, o en la intuición natural sobre la bondad del creador. La esperanza es un don que nos excede, que el Espíritu Santo infunde y renueva constantemente en nosotros. En esos momentos de desaliento, «es la hora de clamar: acuérdate de las promesas que me has hecho, para llenarme de esperanza: esto me consuela en mi nada, y llena mi vivir de fortaleza (Sal 118, 49-50)»[16]. Es Dios quien nos ha llamado. Es Dios quien está empeñado, más que nosotros, en llevarnos a la unión con él y quien tiene el poder para conseguirlo.

Cuando la oscuridad es luz

A lo largo de la vida, como en todas las relaciones duraderas, el Señor nos va enseñando a entenderle cada vez mejor y a entendernos a nosotros mismos de manera distinta. Es diferente el trato de Pedro con Jesús al principio, en su primer encuentro en las cercanías del Jordán, que después de su muerte y resurrección, en la orilla del lago de Genesaret. También ocurre así con nosotros. No debería extrañarnos que el Señor nos lleve por caminos divinos que no son los que teníamos pensados. A veces se esconde, aunque vayamos a buscarle con sincera piedad, como cuando no le encontraron las mujeres que fueron al sepulcro (Lc 24,3). Otras veces, en cambio, se hace presente cuando estamos encerrados en nosotros mismos, como cuando se presentó a los apóstoles en el cenáculo (Lc 24,36). Si mantenemos la confianza, cuando pase el tiempo, descubriremos que aquella oscuridad era luminosa, que Cristo mismo nos abrazaba solícitamente –«no temas», nos repetía– en aquellos momentos en los que estábamos forjando nuestro corazón a su medida.

Jon Borobia


[1] Beato Álvaro del Portillo, Una vida para Dios. Reflexiones en torno a la figura de Josemaría Escrivá de Balaguer, Rialp, Madrid, 1992, pp. 163-164.

[2] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2573.

[3] Cfr. San Josemaría, Amigos de Dios, n. 301.

[4] Eugene Boylan, Dificultades en la oración mental, Rialp, Madrid, 1974, p. 147.

[5] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 295.

[6] San Josemaría, Camino, n. 90.

[7] Cfr. San Josemaría, Surco, n. 65.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2705.

[9] San Josemaría, Surco, n. 670.

[10] San Josemaría, Camino, n. 895.

[11] San Josemaría, Surco, n. 449.

[12] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2725.

[13] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 20.

[14] Ibíd., n. 253.

[15] Ibíd., n. 303.

[16] Ibíd., n. 305.

Photo: Sabine Ojeil on Unsplash

 

La amorosa voluntad de Dios en mi vida

Desde que pensó en mí, ya sabía lo que iba a vivir. Lo que vamos a vivir por tanto en nuestra vida, no está más allá de nuestros medios, ni fuera de nuestro alcance, no es necesario subir al cielo o ir más allá de los mares para encontrar la voluntad de Dios. Para oírla o ponerla en práctica nos dice Deuteronomio 30, 11-14:

Este mandamiento que yo te doy no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo, para que puedas decir: «¿Quién subirá al cielo y nos lo traerá? Entonces escucharemos y lo pondremos en práctica.» Tampoco está al otro lado del mar, para que tengas que decir: «¿Quién pasará hasta el otro lado y nos lo traerá? Entonces escucharemos y lo pondremos en práctica.» Todo lo contrario, mi palabra ha llegado bien cerca de ti; ya la tienes en la boca y la sabes de memoria, y sólo hace falta ponerla en práctica.”

La vida de todo cristiano, de una persona que buscó, encontró, ama y sigue a Cristo, es una invitación permanente a imitar y perfeccionarse en Jesús, Nuestro Señor. Él tuvo todo tipo de momentos en su vida: tremendamente felices en su infancia; intensas experiencias de aprendizaje y encuentro con su propósito en la adolescencia ; encuentro con la intención y compromiso de los otros en sus años de liderazgo hasta el momento de la tentación, la agonía de la pasión y la muerte en la cruz.

La llegada de la cruz

Toda la propuesta de Nuestro Salvador, es para la modernidad algo obsoleto, sin embargo, para aquellos que deciden seguirlo representa el Camino, la Verdad y la Vida hacia el auténtico sentido de la vida y propósito del alma. Por eso, tal y cómo le sucedió a Jesús hay momentos decisivos, puntos de giro, y clímax en nuestras vidas(1).

Son momentos que llegan la mayoría de las veces, como relámpagos, de una forma inesperada, muchas veces, disfrutando de un gran contentamiento en el alma que nos  hace pensar que quizá ya tuvimos suficiente dolor o ya sufrimos bastante, o ya me gradué como cristiano. ¡Es ingenuo el que piensa así! Pues llegarán momentos en que toda vida, sobre todo aquella que se toma en serio el seguimiento de Jesús, se encontrará con la cruz.

La cruz asusta. Da miedo porque a nadie le gusta sufrir.

Le dio miedo a los discípulos que lo dejaron solo. Sin embargo, el miedo, la inseguridad y la duda representan el barro del que se vale el Señor para esculpir Su Imagen en nosotros. (2)

Sabemos que para que un escultor pueda hacer realidad una escultura tiene que golpear cientos, miles de veces el material con mucha paciencia, determinación y amor …  no hay otro camino.  Asimismo, no hay otro camino para imitar a Cristo, duele. Duele y muchísimo. Duele hasta el punto de experimentar agonía y desesperación y cuando estás a punto de hundirte como sucedió a Pedro. Nuestro Dulce Salvador nos mira con compasión y amor , nos salva y renueva la fuerza para seguir adelante, para seguirle  con más determinación y Fortaleza.

Por ello la llegada de la cruz, especialmente para aquellos que ya tienen algún tiempo de caminar a su lado, es una propuesta de Jesús que dice: “te quiero más cerca, te escojo a mi lado, lo estás haciendo muy bien”… de otra forma no podría comprenderse. Por eso, la llegada de una cruz, sobre todo una inesperada, es una oportunidad para conocer más íntimamente a Nuestro Señor, aceptar su santa voluntad y abandonarnos dócilmente en su Amor.

Su propósito era hacer la voluntad del Padre

Jesús vivía y oraba para hacer la voluntad del Padre. Esto era su vida, su alimento y su propósito. Él quería hacer a Su Padre feliz.  ¿Comprendo esto en los momentos de prueba en mi propia vida? ¿Qué hago? ¿Qué actitudes asumo? ¿Cuán consciente soy que es un privilegio y que me elije para ser parte de su círculo íntimo?

¡Él ha puesto su mirada en mí para que yo, pobre pecador, le ayude a expandir el mensaje de su Amor por los hombres! Entonces, ¿cuánto persevero en mi oración y Amistad con Él? Pues ciertamente la cruz o las cruces son imposibles de soportar y sólo se pueden sobrepasar mirando a Jesús; contemplando con mucha curiosidad y paciencia la naturaleza de Su Sagrado Corazón pues es, ese corazón quien nos dará el sentido y la fuerza para abrazar y comprender la voluntad de Nuestro Padre en la vida.

Oración

Jesús, Maestro, Señor, Salvador y Dios que con cada cruz que llegue a mi vida pueda comprender cuánto me amas y cuánto confías en que yo diré que sí a consolarte, a unirme contigo en la cruz, con toda mi voluntad y con toda mi pasión por Ti.

Me abandono y entrego una vez más mi vida a Ti.

(1) La segunda conversión, Damián Fernández Pedomonte
(2) Idem

Sheila Morataya

 

 

El otro feminismo

Blanca Sevilla

Mejor lo dejo en la escuela y después me voy a la universidad a estudiar, poco a poquito, esa licenciatura en Letras Españolas que tanto me ilusionaba.

Mi amiga Refugio, espléndida en su cuerpo de junco y sus ojos verdes que cuentan miles de sueños y otras tantas historias, acaba de darme una nueva sorpresa, como siempre que su voz cantarina invoca mi presencia para un rápido desayuno o para una larga conferencia telefónica en la que aparentemente agotamos todos los temas.

Hasta hace cuatro años soltera e independiente en su pensar y en su andar, Refugio, en apariencia tan despegada del piso como las figuras de Chagall, tuvo una expresión que las feministas radicales etiquetarían ipso facto como un retroceso y como sumisión al bando enemigo.

Con la sonrisa que le rezuma hasta por el pelo, me lo dijo así, simple y sencillamente: no desea comprometerse con el horario de un trabajo, porque entonces, ¿quién se emocionaría con su hijo de dos años cuando sale corriendo de la escuela, dibujos en mano, peleando con el aire en señal de triunfo?

-¡Imagínate! –me espetó– ¿Qué sería de él sin alguien que se alegrara por sus logros cada mañana en el salón de clases? Mejor lo dejo en la escuela y después me voy a la universidad a estudiar, poco a poquito, esa licenciatura en Letras Españolas que tanto me ilusionaba.

Refugio no es una mujer conformista ni común. Habla perfectamente inglés y francés, un poco de ruso porque todavía no termina su curso; es filósofa, escribe con un estilo profundo y sumamente atractivo; toma clases de flamenco, le encanta ofrecer recitales de poesía y baile; puede hablar de historia, de geografía y en los últimos tiempos hasta de física; es admiradora y lectora de Jorge Luis Borges; fue investigadora en varios museos y está feliz de estudiar griego.

La actitud de mi amiga me lleva a recordar mis juventudes de señora casada, cuando muchas veces lloré en silencio porque rechacé el ofrecimiento de algún puesto ejecutivo con el que siempre había soñado, pero que llegaba en un momento inoportuno. Lloraba por el imprevisto, aunque entendía que por voluntad había elegido el camino de ser madre de tiempo completo.

Nunca voy a arrepentirme por aquella elección. El puesto ejecutivo lo ocupó cualquiera. Quizá hasta resultó mejor que yo para el desempeño de la actividad profesional que se pedía. En cambio, nadie podía disfrutar más que yo de los pequeños grandes logros de esos dos pares de ojos, diminutos, vivarachos, que sólo me podían mirar a mí de esa manera.

No fue fácil, porque entonces casi nadie contemplaba la posibilidad de que la mujer se desarrollara integralmente en los distintos ámbitos –profesional, familiar y social–. Mi profesión lo exigía todo. O me rompía en trocitos o elegía.

Elegí, y no me arrepiento. Mujer de una época de ruptura entre una generación femenina dedicada de tiempo completo al hogar y alejada de la universidad y otra totalmente desencajada por el feminismo, tuve la fortuna de encontrar, quizá por intuición, una vereda intermedia.

Pasaba el día con los niños, los dormía a las seis de la tarde y me iba a estudiar un diplomado en Filosofía por las noches. Con qué placer se acoge el privilegio de aprender cuando ya no es obligatorio, cuando una voz interna lo vuelve un imperativo que hace falta para seguir respirando. Y cómo me hizo crecer aquel aprendizaje.

A veces, entre pañales, biberones, papillas y llantos, sentía que ya nunca podría ejercer mi profesión, que el tiempo para mí se agotaba, mientras que muchas de mis amigas se desempeñaban exitosamente en el mundo exterior. Hoy comprendo que ese lapso solamente me maduró para ser una mujer ejecutiva. ¿Exitosa? Ya lo creo. No estoy sola; tengo con quién regocijarme de mis logros y de los otros logros.

Entre el feminismo a ultranza del pasado y la búsqueda de las generaciones que se aprestan a seguir viviendo de una mejor manera en el próximo siglo, hay justicia. Tal vez mi amiga Refugio sea una representante del nuevo feminismo, ese que no rompe a la mujer.

Y en esa justicia tendríamos que admitir que una mujer resquebrajada, hecha de tantas piezas que ni el más diestro ser humano puede conformar en un paisaje, no es la que, valiente y conocedora de su propia misión, también tiene que encararse a la tarea de enriquecer el presupuesto familiar a fuerza de un trabajo profesional fuera de casa.

Ella que, como Refugio, con las posibilidades en la mano decidió alimentarse cada mediodía con los esfuerzos de su pequeño que aprende a vivir, compendia las ilusiones en una respiración tan agitada como fecunda; ha adquirido, en el esfuerzo de la propia existencia, la sabiduría que conlleva al conocimiento profundo, para conjuntar las tareas que se cimientan en un por qué y un para qué.

Quizá es la valoración de ese nuevo feminismo aurora de la mágica cifra 2000, haya una interrogante complicada en su sencillez: si hoy fuera el último día de mi vida, ¿podría enfrentarme a mí misma con las manos insuficientes para abarcar lo que he sido y lo que han crecido los demás cuando abrevaron en mi interior?

Esa pregunta difícilmente puede encontrar respuesta en los añicos que alguna vez conformaron la escultura, hoy destruida, de muchas mujeres que, en aras del éxito, olvidaron preguntarse por la razón de vivir. De vivir dentro y fuera de casa.

Maruja Moragas, una mujer-brújula

Como muchos sabéis, Maruja Moragas fue profesora de IESE y mi gran amiga. Es, sin duda, una mujer-brújula, como recoge Isabel Sánchez en su reciente libro del mismo título (Mujeres-brújula, publicado por Espasa). Su trayectoria vital es un ejemplo de vida integrada. El pasado 28 de abril, en pleno confinamiento, se cumplían siete años de su fallecimiento (en este post podéis leer más sobre ello). Ha sido el primer año que no hemos podido celebrar la sesión “In Memoriam”. Me gustaría pediros a quienes la conocisteis que colaboréis con vuestro testimonio en la recopilación que estamos haciendo.

Muchos habéis leído su autobiografía, que escribió a pocas semanas de su tránsito al Cielo, El tiempo en un hilo, reflexiones desde la adversidad, que recomiendo continuamente y que tanto ha ayudado –y sigue ayudando- a cientos de personas ante adversidades internas o externas. Juntas escribimos el libro Dueños de nuestro destino e impartimos durante años la asignatura DIRCO (Dirigir con éxito la trayectoria profesional y personal) en el MBA del IESE. También desarrollamos juntas los Programas Enfocados del IESE “Mujer y Liderazgo”, “Liderarme para liderar” y “Mujeres en Consejos”. Maruja Moragas desarrolló una gran labor como coach de muchos participantes en diferentes programas del IESE, además de liderar la Unidad de

profesores de español (#BSP).

Si habéis sido participantes de estos programas, o coachees suyos, quizá habéis vivido con ella anécdotas, situaciones o rasgos de su personalidad que os hayan marcado, o que hayan impactado en vuestra vida. Si es así, os agradeceré que dejéis constancia directamente como comentario a este post, o enviándolo a mi correo electrónico: chinchilla@iese.edu

Contamos con vosotros, ¡muchas gracias!

Por qué la “Gran Depresión” de 2020 será diferente

El Coronavirus y la “Gran Depresión” mundial

 

 

Una Gran Depresión de difícil recuperación: por su profundidad; por los efectos psicológicos que ha producido en la gente; por la falta de cohesión social y por una generación diferente a las de las crisis del pasado.

Ya están llamando a la actual crisis económica inducida por la pandemia, “La Gran Depresión de 2020”. El paradigma es, por supuesto, la Gran Depresión de 1929 que cambió sustancialmente el modelo mundial de desarrollo, señalando el inicio de la intervención estatal en la economía (el estado de bienestar).

Efectos económicos

Contenidos

 

Los analistas también lo llaman “El gran salto hacia atrás”, porque hará retroceder al mundo en el tiempo al anular tres décadas de desarrollo económico. Las agencias internacionales estiman la contracción del PNB mundial en -5,2%. La zona euro será la más afectada con un -9,1%. Para David Malpass, presidente del Grupo del Banco Mundial:

“Es la peor recesión económica desde 1870, un golpe devastador para la economía mundial”.

Si bien la situación mundial parece bastante sombría, yo vivo en  Italia, donde la situación es aún peor. La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OCSE) publicó recientemente un estudio que estima la caída de su PNB en torno al -13%. Esto empuja a Italia de nuevo al nivel económico de 1993. Según los expertos de la OCSE, la situación italiana debería mejorar un poco en 2021, llevando al país de regreso a la situación de 1997. Esta mejora no es un consuelo… Treinta años de desarrollo económico se irán por el desagüe y, con ellos, tantos sueños de un futuro mejor.

La caída del ingreso per cápita será la peor desde la Segunda Guerra Mundial. Según el analista de OCSE Robert Boone:

“Es la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial, capaz de traer una devastación a la salud, el bienestar y el trabajo de las personas, creando una incertidumbre sin precedentes”.

La deuda pública de Italia aumentará al 170% de su PNB. A su vez, esto pesará enormemente en el presupuesto nacional, desviando recursos que de otro modo podrían usarse para impulsar la economía. Se desencadenará una reacción en cadena de efectos deletéreos en la que las consecuencias finales son difíciles de predecir. Solo una cosa es segura: tendremos que adaptarnos a un nivel de vida sustancialmente más bajo. No tenemos idea del conflicto social  que esto puede provocar.

La crisis ya está golpeando muy fuerte a las familias italianas. El número de ciudadanos por debajo del nivel de pobreza se ha más que duplicado. Los comedores populares y los centros de distribución de alimentos de Caritas han visto un número creciente de personas alineadas para recibir ayuda.

Vemos las mismas filas en las casas de empeño, donde miles de personas venden sus joyas familiares para sobrevivir. Las tiendas, los restaurantes y las industrias están cerrando permanentemente, mientras que el desempleo y la inactividad aumentan en consecuencia. Incluso los lugares históricos, que habían sobrevivido a dos guerras mundiales y varias depresiones, están ahora en bancarrota.

Este panorama sombrío llevó a las agencias de calificación a rebajar la calificación de la deuda de Italia al nivel BBB, un grado por debajo de los bonos basura, empeorando aún más las perspectivas del país.

El coronavirus, un llamado a la confianza en Dios

Estas son algunas de las consecuencias a corto plazo de la crisis. Los analistas ya miran hacia el futuro.

Efectos psicológicos

Sin embargo, antes de hablar de economía, debemos hablar del estado de las personas. La economía no es más que las personas que interactúan en el mercado. La economía depende de la condición psicológica, los estándares morales y el estado de ánimo de la gente. Las personas sensatas, con expectativas dinámicas y altos estándares morales, contribuyen a una economía saludable. La  pandemia de COVID  parece ser sorprendente en este nivel fundamental.

Recientemente hablé largamente con un amigo mío, que es un psicólogo muy conocido. Me informó sobre las consecuencias psicológicas de la pandemia.

Haciendo eco a la opinión general de los psicólogos italianos, dijo que la pandemia está causando un trauma mental. Está sacudiendo las certezas de la gente, incluso en el nivel inconsciente, forzándolos a situaciones para las que no están preparados. La gente se sorprende particularmente al ver cómo sus expectativas de vida se reducen drásticamente.

El espejismo de un mundo en constante mejora, cada vez más rico, cada vez más libre y más gratificante, en el que muchas personas basaron su existencia, ha recibido un golpe mortal.

Actualmente la gente todavía está aturdida; todavía no se han enfrentado a la nueva situación. Sus mentes todavía están reaccionando al impacto y tratando de absorberlo.

A medida que pasa el tiempo y el impacto desaparece, los psicólogos temen que muchas personas padezcan un trastorno de estrés postraumático (TEPT), con consecuencias potencialmente devastadoras. Los datos revelan que el uso de medicamentos recetados y la búsqueda de asistencia psicológica se han disparado en los últimos meses.

Dificultades para una recuperación económica

El trastorno de estrés postraumático generalizado puede fácilmente hundir a la sociedad en la depresión, poniendo en peligro las posibilidades de una recuperación económica.

“La pandemia de COVID-19 puede traer otra epidemia, cuyos primeros síntomas ya podemos vislumbrar”, 

“Tenemos que empezar a hablar de los trastornos depresivos. Varios factores se superponen en ese nivel profundo de la mente donde las emociones, la incertidumbre, la fatiga, la falta de control e incluso una sensación de vacío pueden afectar seriamente nuestro equilibrio mental. Por lo tanto, es importante prevenir la depresión Covid-19”.

La Mente è Meravigliosa , revista de psicología clínica.

Un estudio similar publicado recientemente por el Centro para la Ciencia y la Conexión Social de la Universidad de Washington advierte que a medida que disminuye el contagio de COVID, aumenta la depresión psicológica.

Analistas e historiadores comparan la actual crisis económica con las de 1870, 1929, 1945 y otras. La esperanza es que, así como logramos superar esas crisis, seguramente prevaleceremos sobre esta. Me temo que este no es el caso.

Una generación psicológicamente diferente

Me temo que Italia, como la mayoría de los países europeos, está hoy peor equipada para hacer frente a una situación tan devastadora como fue en el pasado. Deben considerarse dos factores. Cada uno merecería un análisis extenso, para el que, por supuesto, no tengo ni tiempo ni espacio. Por tanto, me limitaré a exponer los términos del problema.

  • En primer lugar, debemos considerar que estamos ante una generación psicológicamente diferente a las anteriores.

Existe una aversión al esfuerzo intelectual, especialmente a la abstracción, la teorización y el pensamiento doctrinal. El resultado es una hipertrofia de los sentidos y la imaginación, que conduce a la “civilización de la imagen”, denunciada por el Papa Pablo VI en 1969. Como señaló el profesor  Plinio Corrêa de Oliveira  en su obra  Revolución y contrarrevolución , esta generación tiene

“un estado de ánimo caracterizado por la espontaneidad de las reacciones primarias, sin el control de la inteligencia ni la participación efectiva de la voluntad, y por el predominio de la fantasía y los sentimientos sobre el análisis metódico de la realidad. Todo esto es fruto, en gran medida, de una pedagogía que prácticamente elimina el papel de la lógica y la verdadera formación de la voluntad”.

¿Estará esta generación tan adecuadamente equipada con la solidez psicológica y la resistencia para hacer frente a la crisis como sus antepasados? Sólo el tiempo lo dirá.

Una sociedad sin unidad
  • En segundo lugar, debemos tener en cuenta que nuestra sociedad se ha vuelto multicultural, multiétnica, multirreligiosa, multimoral, multi‒todo. En las depresiones anteriores, los italianos eran conscientes de que tenían un pasado glorioso que defender y una herencia nacional que entregar a las próximas generaciones. Por lo tanto, se arremangaron y trabajaron duro para volver a ponerse de pie. La sociedad actual tiene tantos sectores e intereses diferentes, que la mayoría de las veces chocan entre sí, que es difícil encontrar una idea unificadora.

¿Qué sentido tiene, por ejemplo, para los inmigrantes africanos recién llegados, la mayoría de los cuales ni siquiera hablan italiano, invocar el interés nacional?

Por Julio Loredo

Quien en su niñez aprende a rezar, no lo olvida jamás

Aleteia.org - 04.09.2019 

 

 

Foto: Rawpixel

“El hombre que en su niñez aprende a rezar, no lo olvida jamás. Las pasiones y luchas de la vida, las rebeldías de la razón y los sentidos, podrán conducirle a la incredulidad, y aun a los peores excesos de la negación y la blasfemia. Pero un resto de fe infantil queda en el fondo del alma, como los caracteres del primitivo manuscrito en el viejo pergamino”.

Lo enseña Raúl Méndez Moncada, un muy querido sacerdote venezolano que murió recientemente a la edad de 101 años, dejando particularmente conmovidas a las regiones andinas de la nación sudamericana.

El texto forma parte de la “Carta Familiar” del Diario Católico, un “invento” del jefe editorial José Laureano Ballesteros que sobrevivió durante casi un lustro, brindándole al simpático abuelo la oportunidad de evangelizar cada domingo a través de una página encartada en el periódico centenario.

Raúl Méndez Moncada fue un estimado sacerdote. Una autoridad moral de los andes venezolanos, donde formó a no pocas generaciones, que incluye tanto a las más jóvenes como a las del clero del que era decano.

Más vigente que nunca, hoy cuando se despide para volver a los brazos de Dios, compartimos una de las más bellas piezas de su dominical “Carta Familiar”, un escrito de gran riqueza, con extraordinarias enseñanzas:

Las madres presentando sus hijitos a Dios en el templo. ¡Qué cuadro más hermoso! Ese debe ser el papel de las madres: llevar sus hijos a Dios desde pequeños. François Coppe, el gran escritor y poeta francés del siglo pasado, tiene una bella página que quiero transcribirles:

“De todos los espectáculos que puede ofrecer el género humano, ¿hay alguno más conmovedor, más suave y atractivo, que un niño que reza? Su madre lo ha puesto de rodillas sobre su camita, le ha hecho juntar sus manecitas y le enseña a pronunciar, una a una, las palabras de una breve oración; ésta será por ejemplo, si es muy pequeño: ‘Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía’ o si es mayorcito, el sublime Padrenuestro y el Ave María”.

Por la mañana el niño levanta su carita al cielo azul, cuya pureza se refleja en el cristal inmaculado de sus ojos; y por la noche, a la apacible luz de la lámpara, en la pieza templada y tranquila, parece que un ángel asiste en las sombras, a la deliciosa escena para dar testimonio en el paraíso de este adorable acto de fe.

Sin duda, el niño no comprende todavía las palabras sagradas que pronuncia, pero sabe que su madre se complace en oírselas repetir; la mira sonriente, dejando ver que sus caricias son más tiernas; y junto a ese corazón que late, junto a ese seno tibio, respirando esa atmósfera de amor de y piedad, se despierta en su alma el instinto religioso.

En cuanto a esa madre feliz no hay en su vida instante más dulce que aquel en que presenta ante Dios a su niño con las manos juntas y arrodillado en su pequeña cama. ¡Qué inmensa dicha rezar con él, por él y para él!

No siente en tales instantes ese respetuoso temor que nos inspira a veces la Divinidad. Su corazón rebosa de abandono y confianza porque está segura de que Dios oirá las plegarias que balbucea una boca tan pura, y no duda que Aquél, en quien residen la fuerza infinita y la ciencia absoluta se sentirá complacido por tanta inocencia y debilidad.

Además, en el cielo hay una Madre, la Virgen Santísima, que es fuente de toda gracia y sabrá obtener lo que le pide otra madre por medio de su hijo cándido y puro.

Sí, son de seguro muy agradables a Dios y se elevan como una nube de incienso hacia la gloria, las plegarias de todos los cristianos, los himnos litúrgicos de los sacerdotes, las armonías con que los órganos hacen vibrar las inmensas naves de las catedrales, los coros de los peregrinos que al encaminarse hacia algún santuario hacen resonar los ecos de las montañas, los sollozos de los desdichados, el llanto de los arrepentidos; las plegarias ardientes del monje y la religiosa, arrodillados en sus celdas…. sí, todos suben hasta el trono de Dios.

Pero Él ante todo es Padre, y entre el inmenso y eterno rumor de tantas voces que le alaban y bendicen, seguro estoy que oye con especial ternura las sencillas y casi inconscientes oraciones de los niños, que se confunden con el gorjeo de una inmensa multitud de pajarillos que se posan en los árboles.

El hombre que en su niñez aprende a rezar, no lo olvida jamás. Las pasiones y luchas de la vida, las rebeldías de la razón y los sentidos, podrán conducirle a la incredulidad, y aun a los peores excesos de la negación y la blasfemia. Pero un resto de fe infantil queda en el fondo del alma, como los caracteres del primitivo manuscrito en el viejo pergamino.

Llega la hora de la prueba, la hora de un gran dolor, físico o moral… ¡Ahí cómo se acuerda en seguida el hombre maduro del día ya lejano en que arrodillado en la cuna, sentía en sus mejillas el calor del rostro de su madre que le enseñaba el Padre Nuestro y el Ave María!

Y entonces probablemente sentirá que su orgullo se derrumba, cubrirá su rostro con las manos y lanzará ese grito tan propio de toda boca humana: ¡Dios mío, ten compasión de mí! Este grito para un alma que naufraga, es el faro que brilla en las tinieblas, junto al puerto de salvación.

 

Qué gran poder tienen las madres. En su regazo está el futuro de la humanidad. Con su abnegación, con su honradez, con su ternura y delicadeza van moldeando esas esculturas que son los hijos, niños o jóvenes que después adornarán las galerías de la Patria y de la Iglesia.

 

Las madres no deben prescindir nunca del elemento religioso. Ellas son las que deben mantener viva la llama de la fe en los hogares; las que deben dar las primeras enseñanzas religiosas a sus hijos: las que deben encaminar sus pasos hacia la Iglesia, especialmente los domingos para que ya desde pequeños se acostumbren a cumplir con sus deberes religiosos.

 

Dichoso pues el hijo que en su madre cristiana encontró aquella primera e indispensable enseñanza de la fe y de la virtud.

Jacinto Benavente, el gran dramaturgo español, tuvo una madre extraordinaria, honesta religiosa, preocupada de los suyos. Cuando murió, su ilustre hijo dijo estas palabras: “Si no hubiera cielo habría que inventarlo para mi madre, porque ella era una santa”. Que todos los hijos puedan decir iguales palabras de sus madres.

Invasión digital daña mentes y cerebros

​ La invasión digital destruye las relaciones humanas

El estímulo incesante vicia. La consulta ansiosa del celular provoca un daño neurológico, sobre todo cuando es realizada en los momentos en los que la persona debería distenderse.

Una escena cada vez más común: amigos sentados frente a frente en su restaurante preferido; un matrimonio tomando café; jóvenes en la heladería; niños en el jardín o en el patio -y entre todos ellos reinan el silencio y la falta de comunicación.

¿Qué están haciendo? ¡Comunicándose con el planeta vía digital!

Esto es presentado por muchos como un progreso y una liberación de las limitaciones humanas.

Sin embargo, según científicos consultados por el “The New York Times”, el malabarismo constante entre los e–mails, los celulares, las redes sociales y otros recursos digitales daña las mentes y los cerebros.

El estímulo incesante vicia. La consulta ansiosa del celular provoca un daño neurológico, sobre todo cuando es realizada en los momentos en los que la persona debería distenderse.

El usuario cree ganar tiempo, pero en realidad está negando a su sistema nervioso un momento de recuperación indispensable, generando problemas profesionales y familiares.

Los niños de ayer y de hoy

Los cerebros tienen cada vez menos tiempo para reposar y son dañados por el uso intensivo de equipos digitales.

Científicos afirman que las personas buscan remedio para el tedio en la evasión digital, pero que ésta impide que aprendan mejor, memoricen la información y elaboren nuevas ideas.

Marc Berman, neurocientífico de la Universidad de Michigan, afirma:

La personas creen que están refrescando sus mentes, pero en la realidad están fatigándose”.

Los investigadores creen que de ese modo se anulan muchos de los beneficios de las nuevas tecnologías.

La familia hoy

“Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adherirá a su mujer y vendrán a ser los dos una sola carne” (Gén 2,24). Este versículo supone una unión estable y profunda. Desde una óptica puramente biológica la naturaleza ha inventado la sexualidad para conservar la especie, pero esta realidad biológica adquiere forma humana en la comunidad de amor del hombre y la mujer.

El problema actual es que si tan solo me preocupo de mí, si no intento amar y ayudar a los demás, no me extrañe que los demás me rechacen y que acabe más solo que la una, que es también uno de los mayores problemas de los condenados en el infierno: que como el odio es el motor de sus vidas, no quieren a nadie ni nadie les quiere. Pero esto me lo estoy preparando ya en esta vida.

Indudablemente hay una gran diferencia entre la persona con fe y la persona sin fe. Ambos padres no deben olvidar que sus hijos necesitan sentir que para sus padres son importantes y, aunque en muchos casos ambos padres necesitan salir a trabajar, han de procurar encontrar tiempo para sus hijos. Los padres y también la parroquia era donde los hijos recibían educación y parte de la instrucción, mientras que hoy son la televisión e internet las dos escuelas de la juventud moderna, con muy escaso o nulo control de los padres. Los padres no deben olvidar que por los hijos hay que sacrificarse, buscando su bien. 

Y aquí entra la vida cristiana con la oración y los sacramentos. El mensaje más repetido de la Virgen en sus apariciones es: rezad, rezad y rezad. Yo creo que todos nos hemos preguntado alguna vez si la oración sirve para algo. El padre Patrick Peyton decía: “Familia que reza unida, permanece unida” y en la película antiabortista Unplanned un matrimonio provida pregunta a la exdirigente abortista si su oración ha servido para algo y la otra le responde: “Uno de los secretos mejor guardados de Planned Parenthood es que cuando hay gente rezando ante el centro abortivo la visitas caen un setenta y cinco por ciento". Creamos por tanto en el valor de la oración.

Domingo Martínez Madrid

 

Sectores estratégicos

Unos de los últimos días del mes leía un artículo que llevaba como titular: “El 90% de los consumidores consideran que la ganadería y la industria cárnica son sectores estratégicos”. Al leer el titular me ha venido a la memoria un artículo que escribí al inicio de la pandemia explicando la importancia que en esta situación iba a tener el sector productor de alimentos. Y es que los sectores agrícola, ganadero y cárnico español, han sido considerados desde el principio del Estado de Alarma como esenciales para la sociedad, han continuado trabajando regularmente durante todos estos meses, igual que lo vienen haciendo durante hace muchos años, poniendo a disposición de los consumidores alimentos vegetales, leche y sus derivados, carne y productos cárnicos fundamentales en una dieta equilibrada.

Una encuesta realizada por el Grupo de Innovación Sostenible para el Sector Alimentario (GIS) y Agrifood Comunicación durante el mes de julio, en la que se han obtenido 2.575 respuestas de un muestreo probabilístico, revela que más del 95% de los encuestados conocía que el sector agroalimentario en su conjunto fue declarado servicio esencial durante la pandemia y que, por tanto, no paró su actividad en ningún momento durante la misma, gracias a lo cual la sociedad ha podido continuar alimentándose.

Además, el 90% de los que han respondido cree que tanto la ganadería como la industria cárnica deberían considerarse sectores estratégicos para nuestro país, sin esperar a que para ello llegue una crisis como la presente; frente al restante 10%, que dice no tener una opinión al respecto o no considerarlo necesario.

La misma encuesta indica que antes de la crisis sanitaria, el 83% de la muestra ya tenía al sector ganadero y a la industria cárnica en buena consideración, mientras que para un 9% eran indiferentes y para casi un 8% no tenía buena imagen.

Además, el 38% de los encuestados piensa que ambos sectores han tenido durante la crisis sanitaria una capacidad de reacción elevada, mientras que el 57% considera que ha sido buena. Asimismo, el 93% de la muestra considera tener una mejor percepción de ambos tras lo ocurrido en los últimos meses, y lo valoran más tras el trabajo realizado durante el confinamiento; frente a menos de un 7% que afirma no tenerla.

Según señala Ricardo Migueláñez, director de Agrifood Comunicación y coordinador del GIS, que agrupa a empresas y organizaciones de toda la cadena alimentaria, incluidas algunas de la cadena ganadera-cárnica, “estos resultados ponen de manifiesto que la percepción de los consumidores coincide con la realidad del sector en España; que trabaja regularmente para poner a disposición de los consumidores productos de la más alta calidad al mejor precio; manteniendo abastecidos siempre supermercados y tiendas, también durante el Estado de Alarma”.

Y es que, aunque en ciertos casos haya hecho falta el Estado de Alarma para darle a temas como la alimentación el valor que realmente tienen, el sector ganadero y cárnico tiene sus objetivos claramente identificados desde hace tiempo y no ha dejado de trabajar para ofrecer productos seguros y de la mejor calidad a precios competitivos; al mismo tiempo que afronta y se está anticipando a los retos futuros en materia de bienestar animal, medio ambiente, seguridad alimentaria, trazabilidad y otras cuestiones que seguro se pueden mejorar.                       

Jesús Domingo Martínez

 

Se disculpa por el “susto del cambio climático”

Uno de los héroes del movimiento ecologista se ha retractado de sus puntos de vista anteriores de que el "cambio climático" es una amenaza existencial para la civilización humana. Él dice que ahora está avergonzado por sus puntos de vista anteriores, que expuso durante años como experto en el campo.

En una columna publicada en Forbes.com, y posteriormente eliminada por los editores, Michael Shellenberger ahora dice, "los humanos no están causando una sexta extinción masiva, el Amazonas no es el pulmón del mundo, el cambio climático no está empeorando los desastres naturales, ”Y niega muchos otros shibboleths de la izquierda ambiental. A las pocas horas de su publicación, la pieza de Shellenberger fue eliminada del sitio web de Forbes.

Recuerdo que Shellenberger es un miembro venerado desde hace mucho tiempo del movimiento ambiental, fundador de muchas campañas y autor de varios libros relacionados con temas ambientales. Él dice que ha permanecido en silencio sobre sus puntos de vista controvertidos durante mucho tiempo porque tenía miedo de perder amigos y financiación. Señala lo que le sucedió al científico climático Roger Pielka, quien fue expulsado del movimiento climático por la opinión herética de que el aumento del daño costero no es causado por más huracanes sino por la sobreconstrucción en las zonas costeras.

Aunque escéptico sobre el clima durante algún tiempo, Shellenberger decidió recientemente hablar por las declaraciones cada vez más histéricas de los alarmistas del clima.

Shellenberger está publicando un nuevo libro llamado "Apocalipsis nunca: por qué el alarmismo ambiental nos perjudica a todos", argumentando que "las fábricas y la agricultura moderna son las claves para la liberación humana y el progreso ambiental, lo más importante para salvar el medio ambiente es producir más alimentos, particularmente carne, en menos tierra".

También argumenta que "lo más importante para reducir la contaminación del aire y las emisiones de carbono es pasar de la madera al carbón, al petróleo, al gas natural al uranio". Shellenberger se ha convertido en una animadora de la energía nuclear. También dice: "Greenpeace no salvó a las ballenas; el cambio del aceite de ballena al petróleo en el aceite de palma lo hizo", y ese "dogmatismo de Greenpeace empeoró la fragmentación de los bosques de la Amazonía".

Afirma que sus nuevas creencias provienen de "los mejores estudios científicos disponibles, incluidos los realizados por el [Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático], la organización de alimentación y agricultura de la ONU, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y otros principales organismos científicos".

Jesús Martínez Madrid

 

 

Los jóvenes ante el Covid-19

También era previsible que el coronavirus mostrara su fuerza y se cebara en el ocio nocturno, entre los jóvenes que, deseosos de fiesta tras unos meses duros, podían celebrar la llegada del verano con fiestas y botellones sin medidas de prudencia.

Tampoco se han puesto los medios para evitar razonablemente los contagios entre los jóvenes entre 15 y 30 años, ahora sector atacado y de evidente propagación entre gente de todas las edades.

Los que han estado en esas discotecas o locales de ocio y han sufrido contagios – Peñíscola, Córdoba, Gandía, etc. – reconocen que estaban llenos. ¿De qué sirve cierto control a la entrada si una vez dentro no se respeta el aforo, las distancias y hasta la consumición en condiciones prudentes?

En el caso de los jóvenes, además de apelar a su responsabilidad –cuesta escuchar que se pida a los jóvenes algo, ni siquiera responsabilidad, por un erróneo concepto de que a un joven no se puede exigir sino facilitar todo, y así nos va-, han fallado los empresarios de esos locales y las autoridades, y deben poner remedio inmediato, porque las denuncias y querellas que han presentado los familiares de residentes mayores fallecidos en residencias de la tercera edad y el personal sanitario desasistido en los meses anteriores pueden traducirse en denuncias y querellas contra empresarios y autoridades por negligencia en sus deberes con los temporeros o con las fiestas de jóvenes.

En descargo de los jóvenes, hay que decir que pueden ser víctimas de un mensaje que se ha querido transmitir desde ciertas instancias, de que es un virus que ataca sólo a personas vulnerables o ancianos. Ahora están comprobando que no 

Que cada palo aguante su vela… y su cuota de responsabilidad. Una pandemia puede acabar siendo aquello de “mal de muchos, consuelo de tontos”, pero también es bueno recordar la conversión de ese aforismo en “mal de muchos, epidemia”. Y es lo que está pasando en España, en los duros meses pasados y de nuevo ahora.

Jesús D Mez Madrid

 

 

 

La maldad de Sánchez, el ídolo que se va, el paro: y un pueblo aterrado y sin futuro

 

 “EVITA RESPONDER SOBRE LA CIFRA DE MUERTOS: Sánchez escurre el bulto: amenaza con un nuevo estado de alarma pero si lo piden las comunidades autónomas”. (Periodista Digital 25 Ago. 2020)

            A este ya “amoral” le importa el virus chino, en tanto y en cuanto, las decisiones que le perjudiquen”,  endosárselas a las comunidades autonómicas, que si lo aceptan, es hacerle “la olla gorda a este sinvergüenza”; para que lo emplee para seguir gobernando, el resto le da igual. Por lo demás, convenzámonos que “lo del virus chino”, es una enfermedad más y que nos han “colocado a traición”; Esta nueva táctica, es “sacudirse lo que no le conviene”; por ejemplo, se rumorea que LOS SUICIDIOS han aumentado enormemente en España y eso está silenciado y “es tabú” hablar de ello; puesto que tal y como van las cosas sociales y económicas, los suicidios en España aumentarán bastante, si no al tiempo; y si se nos informa de verdad. De momento acabo de leer en un foro, que “los enfermos con tendencia al suicidio, ni los ingresan ya en los hospitales públicos”; ¿por qué? Que respondan las que se dicen “autoridades sanitarias”.

"SE ACOGERÍA A LA CLÁUSULA QUE LE PERMITE RESCINDIR EL CONTRATO UNILATERALMENTE": El Barça se hunde: Leo Messi comunica a Bartomeu por burofax que quiere irse ya del club. El delantero argentino tiene contrato en vigor hasta 2021 y una cláusula de rescisión de 700 millones de euros. (Periodista Digital 26-08-2020)

            Oyes o ves, alguna discusión o tertulia sobre el tema; y pareciera que si se va, “este mercenario argentino”, se hunde más España de lo que ya lo está; y no, este como tantos otros iguales o similares, son simples “luces de bengala, para iluminar y entretener a tontos e idiotas”; no aportan nada importante al progreso de una sociedad, muy al contrario son perjudiciales, como “señuelos dañinos” (largo de explicar y no tengo ganas hoy de ello); pero que los políticos y desde hace milenios, los emplean para entretener y atontar a las masas. Como caso curioso en el Imperio Romano, un conductor de cuadrigas en el circo, y que curiosamente era español de la “Lusitania”; se hico inmensamente rico, debido a ese tipo de entretenimiento, que enardecía a las masas de aquella Roma de “plebe y chusma”; y en la que se jugaba dinero en cantidades fabulosas; pero simplemente, “recordemos como acabó Roma y su potente imperio”.

ECONOMÍA: Otoño caliente: los fabricantes aeronáuticos preparan al menos 4.000 despidos en España. Las empresas aeronáuticas comienzan a negociar despidos colectivos ante el colapso en los pedidos. (Vozpópuli 26-08-2020)

            Y cualquier otro sector hará lo mismo, puesto que el daño afecta a toda la sociedad y a toda su industria y comercio (grande, mediano o pequeño); como dato preocupante, acabo de leer en un foro, que LOS SUICIDIOS, AUMENTAN EN ESPAÑA; pero que el tema, es "tabú", difundirlo o comentarlo en prensa, de las controladas o subvencionadas por el Estado; y sería conveniente airear este asunto, puesto que también se dice, que los proclives al suicidio y que acuden a los hospitales públicos, no se les atiende como debiera y no se les da ingreso... ¿qué hay de realidad en todo ello? ¡Veamos si hay periodistas y empresas que sean dignas de acoger ello y lo investiguen!

            UNA ESPAÑA ATERRORIZADA Y JUGUETE DEL GOBIERNO: Lo han logrado plenamente; o sea, han paralizado “la vida normal de todo el país”; (salvo el mundo de los políticos que siguen haciendo lo que mejor les viene en gana) y como “cobayas, borregos, o perrillos falderos, la mayor parte de celtíberos”, van en su andar e incluso convivir en familia, como si “una peste peor que la bubónica”, estuviera “suelta” en el ambiente, y fuese a contagiarlos de inmediato y matarlos con los peores tormentos que imaginarse puedan. Y es asombroso el comportamiento del individuo, de ambos sexos. Vas por la calle normalmente andando y te viene un sujeto de frente; y ves cómo al irse aproximando, inicia un arco de separación y te mira de reojo, como si ya supiera que eres “un apestado” y que lo puedes contagiar; ocurre igual en un ascensor, donde la mayoría no quiere compartirlo con nadie y exige ir sólo en su trayecto; cree el iluso, que de haberlos, los virus del anterior, están también en el ascensor; incluso en las familias, se da de lado incluso a la comida familiar y que por cualquier motivo, antes reunía a tres, cuatro o más personas. Sé del caso de un matrimonio ya viejo, que lleva todos estos meses, enclaustrado en su vivienda de la que ni salen, y que las compras, se las hace una hija que vive con ellos su soltería; pero han prohibido al resto de hijos, el que vayan a visitarlos. El terror y la ignorancia, hacen estos “milagros aberrantes” y que causan estupor, risa, o quizá hasta lágrimas, puesto que… ¡Pobres criaturas!

            Por el contrario hay ya grupos numerosos, que no le temen a nada, y ni se ponen las odiosas mascarillas, se reúnen en grupos numerosos y hacen lo que les da la gana; lo que da pie, “al político”, a basar en ello, el aumento de contagios. Contagios que afortunadamente, “no son mortales en inmensa mayoría y la gente sale de ellos, como de cualquier otra gripe”. Pero el miedo convertido ya en terror, alcanza a las mayorías y por cuanto arriba digo. Y lo terrible, es “la otra pandemia invisible que se va creando, y que va siendo, una gigantesca ratonera, dónde cada vez entran más individuos, pero de la que no pueden salir, puesto que hasta hoy no hay salida”… Y las vacunas, me temo que serán inmensos negocios más, como ya lo son, las mascarillas y demás “defensas” (que no sirven, pues la enfermedad continua andando) que todos los vividores que nos explotan, han ideado, para decirnos que hacen algo y que “nos salvan la vida”. Yo sigo pensando que todo ello en realidad, “es peor que la propia enfermedad”, que como tal, la inmensa mayoría de individuos, no nos afecta y sí, la observamos como una más, de las infinitas posibilidades, de enfermar o incluso morir… ¿pero cuántas hay en este perro mundo… alguien se ha preocupado de contarlas y exponerlas con crudeza? Son infinitas; y hay que también pensar en el viejo axioma de que todos… “nacemos un día y otro moriremos; y asumiendo ello con tranquilidad, desaparece, o se mitiga el miedo tan espantoso que han difundido; y no sólo en España, que cunde igualmente, por el resto del planeta, donde y como siempre, hay más “inquisidores y vividores del miedo que debiera haber”; ¿dónde están los verdaderos educadores y que con enseñanzas humanas, nos enseñen a sobrellevar esos miedos absurdos? Puesto que lo que es terriblemente absurdo, es presentar una situación, que nos la presentan como si ésta no tuviera fin… “y todo pasa, mueren hasta los políticos, pero los pueblos siempre les sobreviven”; no olvidemos este pequeño detalle.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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