Las Noticias de hoy 23 Septiembre 2020

Enviado por adminideas el Mié, 23/09/2020 - 12:49

Tú también te vas a morir» | El Correo

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 23 de septiembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

“La eutanasia es un crimen contra la vida” reitera la Iglesia en la Carta ‘Samaritanus bonus’

Encuentro del Papa con familias con hijos LGBT en la audiencia general

VISITAR A LOS ENFERMOS: Francisco Fernandez Carbajal

“Se ha cruzado el Señor en nuestro camino”: San Josemaria

Conocerle y conocerte (VIII): En el tiempo oportuno: Rubén Herce

El eje de nuestra santificación: J. López

Los muertos solitarios: Ángel Cabrero Ugarte 

¿Qué influyó en la expansión del cristianismo primitivo en el norte de África?: Primeros Cristianos

“La eutanasia es un crimen contra la vida. Incurable no significa ‘in-cuidable’”: Vatican News

Doble vara de medir el hecho religioso: de Francia a Pakistán: Salvador Bernal 

Una santa Primera Comunión: Ernesto Juliá 

Contemplar para descubrir. Gratuidad en el amor: José Martínez Colin.

La clase de Religión: Suso do Madrid

Es la labor de la Iglesia: Xus D Madrid

El despoblamiento y el sector porcino:  Jesús Domingo

La Iglesia, ¿enseña o escucha?  : Domingo Martínez Madrid

Organismos monitoreadores y aborto: José Morales Martín

EL ESTADO O "LA GRAN PITÓN": Antonio García Fuentes

 

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

La eutanasia es un crimen contra la vida” reitera la Iglesia en la Carta ‘Samaritanus bonus’

Presentada en la Santa Sede

SEPTIEMBRE 22, 2020 13:58ROSA DIE ALCOLEAIGLESIA Y MUNDO

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(zenit – 22 sept. 2020).- La Iglesia reitera que “la eutanasia es un crimen contra la vida humana”, y que “toda cooperación formal o material inmediata a tal acto es un pecado grave” que “ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo”.

Así se recoge en la Carta Samaritanus bonus (Buen Samaritano) de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida, presentada este martes, 22 de septiembre de 2020 en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

El texto, junto con la figura del Buen Samaritano, ofrece una breve referencia a la del Cristo sufriente, testigo partícipe del dolor físico, de la experiencia de la precariedad e incluso de la desolación humana, que en Él se convierte en un confiado abandono al amor del Padre.

Eutanasia legal

La carta es “un documento necesario”, según ha declarado el cardenal Luis Ladaria, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ante las nuevas normas y leyes cada vez más permisivas sobre la eutanasia, el suicidio asistido y las disposiciones sobre el final de la vida.

Cabe recordar que son ocho los países en los que la eutanasia o el auxilio al suicidio son legales: Australia, Luxemburgo, Holanda, Bélgica, Suiza, Canadá, Estados Unidos (en algunos estados) y Colombia. Asimismo, los parlamentos de España y Portugal debaten leyes de eutanasia y Nueva Zelanda la someterá a referéndum.

“Incurable” no es sinónimo de “in-cuidable”

Todo el documento se centra en el sentido del dolor y el sufrimiento a la luz del Evangelio y el sacrificio de Jesús: “el dolor es existencialmente soportable sólo donde existe la esperanza” y la esperanza que Cristo transmite a la persona que sufre es “la de su presencia, de su real cercanía”.

“Curar si es posible, cuidar siempre”. Estas palabras de Juan Pablo II explican que incurable nunca es sinónimo de “in-cuidable”, recuerda la Santa Sede en la carta.

La curación hasta el final, “estar con” el enfermo, acompañarlo escuchándolo, haciéndolo sentirse amado y querido, es lo que puede evitar la soledad, el miedo al sufrimiento y a la muerte, y el desánimo que conlleva: elementos que hoy en día se encuentran entre las principales causas de solicitud de eutanasia o de suicidio asistido.

Al mismo tiempo, se subraya que “son frecuentes los abusos denunciados por los mismos médicos sobre la supresión de la vida de personas que jamás habrían deseado para sí la aplicación de la eutanasia”.

Cuidados paliativos

En el extenso documento, hay una parte dedicada a los cuidados paliativos dentro del último capítulo “La enseñanza del Magisterio”. La Iglesia recuerda que los cuidados paliativos no son suficientes “si no existe alguien que ‘está’ junto al enfermo y le da testimonio de su valor único e irrepetible”.

En la carta precisan que “la definición de los cuidados paliativos ha asumido en años recientes una connotación que puede resultar equívoca”: En algunos países del mundo, las legislaciones nacionales que regulan los cuidados paliativos (Palliative Care Act) así como las leyes sobre el “final de la vida” (End-of-Life Law), prevén, junto a los cuidados paliativos, la llamada Asistencia Médica a la Muerte (MAiD), que puede incluir la posibilidad de pedir la eutanasia y el suicidio asistido.

Del mismo modo, advierten de una acción u omisión directa para procurar la muerte, por tanto ilícita cuando las intervenciones paliativas para reducir el sufrimiento de los pacientes graves o moribundos pueden consistir en la administración de fármacos dirigidos a anticipar la muerte o en la suspensión/interrupción de la hidratación y la alimentación, incluso cuando hay un pronóstico de semanas o meses.

Cuidado de la vida, responsabilidad del médico

“El cuidado de la vida es, por tanto, la primera responsabilidad que el médico experimenta en el encuentro con el enfermo”, subraya el texto. “Esta no puede reducirse a la capacidad de curar al enfermo, siendo su horizonte antropológico y moral más amplio: también cuando la curación es imposible o improbable, el acompañamiento médico y de enfermería (el cuidado de las funciones esenciales del cuerpo), psicológico y espiritual, es un deber ineludible, porque lo contrario constituiría un abandono inhumano del enfermo”.

“Aquellos que aprueban leyes sobre la eutanasia y el suicidio asistido se hacen, por lo tanto, cómplices del grave pecado que otros llevarán a cabo. Ellos son también culpables de escándalo porque tales leyes contribuyen a deformar la conciencia, también la de los fieles”.

 

 

Encuentro del Papa con familias con hijos LGBT en la audiencia general

Artículo del diario católico ‘Avvenire’

SEPTIEMBRE 21, 2020 17:20ANNE KURIAN-MONTABONEPAPA FRANCISCO

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(zenit – 21 sept. 2020)-. “La Iglesia no los excluye porque los ama profundamente”, dijo el Papa Francisco cuando se encontró con representantes de una asociación de familias con hijos LGBT (lesbianas, gays, bisexuales o transexuales) en la audiencia general del 16 de septiembre de 2020.

Cerca de cuarenta madres y padres de la asociación cristiana Tenda di Gionata (Tienda de Jonatán) estuvieron presentes, informa el diario de la Conferencia Episcopal Italiana Avvenire. “El Papa ama a sus hijos tal como son, porque son hijos de Dios”, les dijo en el patio de San Dámaso en el Palacio Apostólico.

La Tienda de Jonatán nació en marzo de 2018 bajo el impulso de un sacerdote italiano, David Esposito -que había muerto un año antes a causa de un tumor-, que invitaba a “ampliar el espacio de su tienda” (Isaías 54). La estructura quiere hacer “dialogar a la Iglesia y las familias con sus hijos LGBT”, explicó la presidenta de la asociación, Mara Grassi.

Con su marido, Agostino Usai, presentó al Papa la traducción al español del libro Genitori fortunati. Vivere da credenti l’omosessualità dei figli (Padres afortunados, vivir como creyentas la homosexualidad de los hijos), que recoge las experiencias eclesiales de estas familias, y cartas de personas homosexuales que expresan sus esperanzas y peticiones.

“Somos afortunados porque nos hemos visto obligados a cambiar la forma en que siempre hemos mirado a nuestros hijos. Ahora tenemos una nueva mirada que nos ha permitido ver en ellos la belleza y el amor de Dios. Queremos crear un puente con la Iglesia, para que la Iglesia también pueda cambiar la forma en que mira a nuestros hijos, no excluyéndolos sino acogiéndolos plenamente”.

El Papa también recibió un jersey color arco iris con la cita bíblica: “No hay temor en el amor” (1Jn 4:18). “Miró y sonrió”, contó Mara Grassi, madre de un hijo homosexual, recordando “un momento de profunda sintonía que no olvidaremos”.

Las cartas entregadas al Papa relatan el viaje de padres que han tenido dificultades para “aceptar la orientación sexual de sus hijos”, o de homosexuales que se han alejado de la fe porque no fueron acogidos por la Iglesia.

 

 

VISITAR A LOS ENFERMOS

— Imitar a Cristo en su compasión por los que sufren.

— Llevar a cabo lo que Él haría en esas circunstancias.

— Con la caridad, la mirada se hace más penetrante para percibir los bienes divinos.

I. Entre las obras de misericordia corporales, la Iglesia ha vivido desde los primeros tiempos la de visitar y acompañar a quien padece una enfermedad, aliviándole en lo posible y ayudándole a santificar ese estado. Ha insistido siempre en la necesidad y en la urgencia de esta manifestación de caridad, que tanto nos asemeja al Maestro y que tanto bien hace al enfermo y a quien la practica. «Ya se trate de niños que han de nacer, ya de personas ancianas, de accidentados o de necesitados de cura, de impedidos física o mentalmente, siempre se trata del hombre, cuya credencial de nobleza está escrita en las primeras páginas de la Biblia: Dios creó al hombre a su imagen (Gen 1, 27). Por otra parte, se ha dicho a menudo que se puede juzgar de una civilización según su manera de conducirse con los débiles, con los niños, con los enfermos, con las personas de la tercera edad...»1. Allí donde se encuentra un enfermo ha de ser «el lugar humano por excelencia donde cada persona es tratada con dignidad; donde experimente, a pesar del sufrimiento, la proximidad de hermanos, de amigos»2.

Los Evangelios no se cansan de ponderar el amor y la misericordia de Jesús con los dolientes y sus constantes curaciones de enfermos. San Pedro compendia la vida de Jesús en Palestina con estas palabras en casa de Cornelio: Jesús el de Nazaret... pasó haciendo el bien y sanando...3. «Curaba a los enfermos, consolaba a los afligidos, alimentaba a los hambrientos, liberaba a los hombres de la sordera, de la ceguera, de la lepra, del demonio y de diversas disminuciones físicas; tres veces devolvió la vida a los muertos. Era sensible a todo sufrimiento humano, tanto del cuerpo como del alma»4. No pocas veces se hizo encontradizo con el dolor y la enfermedad. Cuando ve al paralítico de la piscina, que llevaba ya treinta y ocho años con su dolencia, le preguntó espontáneamente: ¿Quieres curar?5. En otra ocasión se ofrece a ir a la casa donde estaba el siervo enfermo del Centurión6. No huye de las dolencias tenidas por contagiosas y más desagradables: al leproso de Cafarnaún, a quien podía haber curado a distancia, se le acercó y, tocándole, le curó7. Y, como leemos en el Evangelio de la Misa de hoy8, cuando envía por vez primera a los Apóstoles para anunciar la llegada del Reino, les dio a la vez potestad para curar enfermedades.

Nuestra Madre la Iglesia enseña que visitar al enfermo es visitar a Cristo9, servir al que sufre es servir al mismo Cristo en los miembros dolientes de su Cuerpo místico. ¡Qué alegría tan grande oír un día de labios del Señor: Ven, bendito de mi Padre, porque estuve enfermo y me visitaste...! Me ayudaste a sobrellevar aquella enfermedad, el cansancio, la soledad, el desamparo...

Examinemos hoy cómo es nuestro trato con quienes sufren, qué tiempo les dedicamos, qué atención... «—Niño. —Enfermo. —Al escribir estas palabras, ¿no sentís la tentación de ponerlas con mayúscula?

»Es que, para un alma enamorada, los niños y los enfermos son Él»10.

II. La misericordia en el hombre es uno de los frutos de la caridad, y consiste en «cierta compasión de la miseria ajena, nacida en nuestro corazón, por la que –si podemos– nos vemos movidos a socorrerla»11. Es propio de la misericordia volcarse sobre quien padece dolor o necesidad, y tornar sus dolores y apuros como cosa propia, para remediarlos en la medida en que podamos. Por eso, cuando visitamos a un enfermo no estamos como cumpliendo un deber de cortesía; por el contrario, hacemos nuestro su dolor, procuramos aliviarlo, quizá con una conversación amable y positiva, con noticias que le agraden, prestándole pequeños servicios, ayudándole a santificar ese tesoro de la enfermedad que Dios ha puesto en sus manos, quizá facilitándole la oración, o leyéndole algún libro bueno, cuando sea oportuno... Procuramos obrar como Cristo lo haría, pues en su nombre prestamos esas pequeñas ayudas, y nos comportamos a la vez como si acudiéramos a visitar a Cristo enfermo, que tiene necesidad de nuestra compañía y de nuestros desvelos.

Cuando visitamos a una persona enferma o de alguna manera necesitada hacemos el mundo más humano, nos acercamos al corazón del hombre, a la vez que derramamos sobre él la caridad de Cristo, que Él mismo pone en nuestro corazón. «Se podría decir –escribe el Papa Juan Pablo II– que el sufrimiento presente bajo tantas formas diversas en el mundo, está también presente para irradiar el amor al hombre, precisamente en ese desinteresado don del propio “yo” en favor de los demás hombres, de los hombres que sufren. Podría decirse que el mundo del sufrimiento humano invoca sin pausa otro mundo: el del amor humano; y aquel amor desinteresado, que brota en su corazón y en sus obras, el hombre lo debe de algún modo al sufrimiento»12. ¡Cuánto bien podemos hacer siendo misericordiosos con el sufrimiento ajeno! ¡Cuántas gracias produce en nuestra alma! El Señor agranda nuestro corazón y nos hace entender la verdad de aquellas palabras del Señor: Es mejor dar que recibir13. Jesús es siempre un buen pagador.

III. La misericordia –afirma San Agustín– es «el lustre del alma», pues la hace aparecer buena y hermosa14 y cubre la muchedumbre de los pecados15, pues «el que comienza a compadecerse de la miseria de otro, empieza a abandonar el pecado»16. Por eso es tan oportuno que nos acompañe ese amigo que tratamos de acercar a Dios cuando vamos a visitar a un enfermo. La preocupación por los demás, por sus necesidades, por sus apuros y sufrimientos, da al alma una especial finura para entender el amor de Dios. Afirma San Agustín que amando al prójimo limpiamos los ojos para poder ver a Dios17. La mirada se hace más penetrante para percibir los bienes divinos. El egoísmo endurece el corazón, mientras que la caridad dispone para gozar de Dios. Aquí la caridad es ya un comienzo de la vida eterna18, y la vida eterna consistirá en un acto ininterrumpido de caridad19. ¿Qué mejor recompensa, por ir a visitarlo, podría darnos el Señor, sino Él mismo? ¿Qué mayor premio que aumentar nuestra capacidad de querer a los demás? «Por mucho que ames, nunca querrás bastante.

»El corazón humano tiene un coeficiente de dilatación enorme. Cuando ama, se ensancha en un crescendo de cariño que supera todas las barreras.

»Si amas al Señor, no habrá criatura que no encuentre sitio en tu corazón»20.

Ancianos y enfermos, personas tristes y abandonadas, forman hoy una legión cada vez mayor de seres dolientes que reclaman la atención y la ayuda particular de nosotros los cristianos. «Habrá entre ellos quienes sufran en sus domicilios los rigores de la enfermedad o de la pobreza vergonzante, aunque esos quizá sean los menos. Existen actualmente, como es sabido, numerosos hospitales o residencias de ancianos, promovidos por el Estado y por otras instituciones, bien dotados en lo material y destinados a acoger a un creciente número de necesitados. Pero esos grandes edificios albergan con frecuencia a multitudes de individuos solitarios, que viven espiritualmente en completo abandono, sin compañía ni cariño de parientes y amigos»21. Nuestra atención y compañía a estas personas que sufren atraerá sobre nosotros la misericordia del Señor, de la que andamos tan necesitados.

En la Liturgia de las Horas, se dirige hoy al Señor una petición que bien podemos hacer nuestra al terminar la oración: Haz que sepamos descubrirte a Ti en todos nuestros hermanos, sobre todo en los que sufren y en los pobres22. Muy cerca de quienes sufren encontramos siempre a María. Ella dispone nuestro corazón para que nunca pasemos de largo ante un amigo enfermo, y ante quien padece necesidad en el alma o en el cuerpo.

1 Pablo VI, Alocución 24-V-1974. — 2 Ibídem. — 3 Hech 10, 38. — 4 Juan Pablo II, Carta Apost. Salvifici doloris, 11-II-1984, 16. — 5 Jn 5, 6. — 6 Cfr. Mt 8, 7. — 7 Mt 8, 3. — 8 Lc 9, 1-6. — 9 Cfr. Mt 25, 36-44 ss. — 10 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 19. — 11 San Agustín, La Ciudad de Dios, 9, 5. — 12 Juan Pablo II, loc cit., 29. — 13 Hech 20, 35. — 14 San Agustín, en Catena Aurea, vol. VI, p. 48. — 15 Cfr. 1 Pdr 4, 8. — 16 San Agustín, loc., cit. — 17 ídem, Comentario al Evangelio de San Juan, 17, 8. — 18 1 Jn 3, 14. — 19 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 1-2, q. 114, a. 4. — 20 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, VIII, 5. — 21 J. Orlandis, 8 Bienaventuranzas, EUNSA. Pamplona 1982, p. 105. — 22 Liturgia de las Horas, Preces de Laudes.

 

 

“Se ha cruzado el Señor en nuestro camino”

La entrega es el primer paso de una carrera de sacrificio, de alegría, de amor, de unión con Dios. –Y así, toda la vida se llena de una bendita locura, que hace encontrar felicidad donde la lógica humana no ve más que negación, padecimiento, dolor. (Surco, 2)

23 de septiembreComo a Nuestro Señor, a mí también me gusta mucho charlar de barcas y redes, para que todos saquemos de esas escenas evangélicas propósitos firmes y determinados. Nos cuenta San Lucas que unos pescadores lavaban y remendaban sus redes a orillas del lago de Genesaret. Jesús se acerca a aquellas naves atracadas en la ribera y se sube a una, a la de Simón. ¡Con qué naturalidad se mete el Maestro en la barca de cada uno de nosotros!: para complicarnos la vida, como se repite en tono de queja por ahí. Con vosotros y conmigo se ha cruzado el Señor en nuestro camino, para complicarnos la existencia delicadamente, amorosamente.

Después de predicar desde la barca de Pedro, se dirige a los pescadores: duc in altum, et laxate retia vestra in capturam!, ¡Bogad mar adentro, y echad vuestras redes! Fiados en la palabra de Cristo, obedecen, y obtienen aquella pesca prodigiosa. Y mirando a Pedro que, como Santiago y Juan, no salía de su asombro, el Señor le explica: no tienes que temer, de hoy en adelante serán hombres los que has de pescar. Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron(Amigos de Dios, 21)

 

 

Conocerle y conocerte (VIII): En el tiempo oportuno

Dios nos hace experimentar nuestra oración de la manera que más nos conviene en cada momento. Santa Isabel es un testimonio de cómo la paciencia y la constancia se transforman en una plena alegría.

VIDA ESPIRITUAL01/08/2020

· Otros artículos de la serie "Conocerle y conocerte".


Cuando la vio entrar en su casa, Isabel se dio cuenta de que María había dejado de ser una niña. Probablemente la había visto nacer y crecer, tan especial como era ella, ya desde muy pequeña. Después habían vivido lejos una de la otra. Al reconocerla ahora en el dintel de su casa, se llenó de alegría. El evangelista nos dice que la recibió «a gran voz»: «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?» (Lc 1,43). Se trataba de un gozo profundo, que surgía de una vida cuajada de oración. Tanto ella como Zacarías eran considerados santos –justos– según la Escritura y la gente los observaba con cierta admiración (Cfr. Lc 1,6). Sin embargo, solo ellos dos sabían todo lo que había detrás de tantos años vividos junto a Dios: se trataba de experiencias que tenían bastante de incomunicable, como nos sucede a todos. El gozo de Isabel surgía a partir de un pasado lleno de dolor y esperanza, de sinsabores y reencuentros, en el que todo había ido haciendo cada vez más profunda su relación con Dios. Solo ella sabía del desconcierto que había creado en ella el hecho de no poder ser madre, cuando esa bendición era lo más esperado por una mujer en Israel. Pero el Señor había querido hacerla pasar por aquello para elevarla a una intimidad mayor con él.

Un ruego que es escuchado

Nuestra relación con Dios, nuestra oración, tiene también siempre algo único, incomunicable, como la de Isabel; tiene algo del ave solitaria (Cfr. Sal 102,8) a la que, como decía san Josemaría, Dios puede elevar como las águilas, hasta ver de hito en hito el sol. Solo él conoce cuáles son los tiempos y momentos adecuados para cada uno. Dios desea esa intimidad divinizadora con nosotros mucho más de lo que podemos imaginar. Pero el hecho de que solo él conozca los tiempos –como conocía el momento oportuno para que naciese Juan el Bautista– no impide que cada uno de nosotros pueda anhelar, en cada instante, una intimidad mayor con el Señor. Tampoco impide que la pidamos constantemente, buscando lo más alto, estirando el cuello entre la gente para ver a Jesús que pasa, o subiéndonos a un árbol si hace falta, como Zaqueo. Podemos imaginar que Isabel movió su corazón muchas veces hacia Dios, y que empujaba a su marido a hacer lo mismo, hasta que este finalmente oyó: «Tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo y le pondrás por nombre Juan» (Lc 1,14).

ISABEL, JUNTO A SU MARIDO, HABÍA REZADO SIN CESAR A DIOS DURANTE TODA SU VIDA

Para Isabel, lo que terminaría siendo una oración confiada en el Señor tuvo que pasar por el horno purificador del tiempo y de las adversidades. Atardecía en su vida, y Dios seguía oculto en un aspecto crucial: ¿por qué parecía que él no había escuchado sus plegarias de tantos años? ¿Por qué no le había dado un hijo? ¿Es que ni siquiera el sacerdocio de su marido era suficiente? En aquella necesidad expuesta, en la debilidad orante o en el aparente silencio de Dios, su fe, su esperanza y su caridad se purificaron; porque no solo perseveró, sino que se dejó transformar cada día, aceptando, siempre y en todo, la voluntad del Señor. Quizá precisamente la identificación con la Cruz –a la cual Isabel, de algún modo, se anticipaba– sea el mejor modo de comprobar la autenticidad de nuestra oración: «No se haga mi voluntad sino la tuya» (Lc 24,42). Si los justos de la antigua alianza vivieron en esa aceptación, y después Jesús hizo de esa actitud hacia el Padre el motivo de su vida entera, también los cristianos estamos llamados a unirnos a Dios de este modo; siempre es tiempo oportuno para rezar así: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra» (Jn 4,34).

Momento de recordar

Tal vez la misma Isabel había mantenido la llama encendida de la oración del viejo Zacarías, hasta que a su marido finalmente se le apareció un ángel: a ella, a la que llamaban estéril, el Señor le daría un hijo porque para Dios no hay nada imposible (Lc 1,36). Así, dejándose llevar per aspera ad astra –tras una imprescindible tarea de purificación que él realiza en quien se deja– Isabel llegó al exclamar en oración lo que, pasados tantos años, nosotros continuamos repitiendo diariamente: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!» (Lc 1,42).

LA PERSEVERANCIA EN LA ORACIÓN, DÍA TRAS DÍA, ES UN CAMINO DE PURIFICACIÓN

Saber que nuestro camino hacia Dios conlleva una identificación profunda con la Cruz es esencial para darnos cuenta de cómo lo que a veces parece estancamiento es en realidad avance. Así, en lugar de vivir esperando tiempos mejores, o una oración más conforme a nuestros gustos, aceptaremos con agradecimiento el alimento que Dios nos quiere dar: «Si miramos a nuestro alrededor, nos damos cuenta de que existen muchas ofertas de alimento que no vienen del Señor y que aparentemente satisfacen más. Algunos se nutren con el dinero, otros con el éxito y la vanidad, otros con el poder y el orgullo. Pero el alimento que nos nutre verdaderamente y que nos sacia es solo el que nos da el Señor. El alimento que nos ofrece el Señor es distinto de los demás, y tal vez no nos parece tan gustoso como ciertas comidas que nos ofrece el mundo. Entonces soñamos con otras comidas, como los judíos en el desierto, que añoraban la carne y las cebollas que comían en Egipto, pero olvidaban que esos alimentos los comían en la mesa de la esclavitud. Ellos, en esos momentos de tentación, tenían memoria, pero una memoria enferma, una memoria selectiva. Una memoria esclava, no libre»[1]. Por eso conviene que nos preguntemos: ¿De dónde quiero comer? ¿Cuál es mi memoria? ¿La del Señor que me salva, o la de la carne, los ajos y las cebollas de la esclavitud? ¿Con qué memoria sacio mi alma? ¿Quiero comer alimento sólido o seguir alimentándome de leche? (Cfr. 1 Co 3,2).

En la vida puede surgir la tentación de mirar atrás y de desear, como sucedía a los israelitas, los ajos y las cebollas de Egipto. El maná, un alimento que en su momento percibieron como bendición y signo de protección (cfr. Nm 21,5), llegó a cansarlos. Como puede ocurrirnos a nosotros, sobre todo si nos enfriamos, a base de desatender el abecedario elemental de la oración: buscar el recogimiento, cuidar los detalles de piedad, elegir el mejor tiempo, ser cariñosos… Es entonces, con más motivo, el momento de recordar, de hacer memoria, de buscar en la oración y en las lecturas espirituales ese alimento sólido del que habla san Pablo, un alimento que abre horizontes de vida.

Como atraídos por la fuerza de un imán

Hacer memoria en la oración es mucho más que un simple recuerdo: tiene que ver con el concepto de «memorial» propio de la religión de Israel; es decir, se trata de un acontecimiento salvífico que trae hasta el momento presente la obra de la redención. La oración memoriosa es un conversar nuevo sobre lo ya conocido, un recuerdo del pasado que se percibe otra vez de manera presente. Los episodios centrales de nuestra relación con Dios los entendemos y los vivimos de manera diferente cada vez. Así le sucedió quizá a Isabel cuando, desde su maternidad recién adquirida, percibió de modo nuevo a qué la destinaba Dios.

Con el paso de los años, al compás de nuestra entrega y de nuestras resistencias, el Señor va mostrándonos las distintas profundidades de su misterio. Él quiere llevarnos muy alto, como en una espiral que va ascendiendo lentamente, dando vueltas y más vueltas. Es cierto que podemos no ascender y permanecer dando círculos en horizontal, o que podemos también descender estrepitosamente o incluso salirnos por la tangente y abandonar el trato con nuestro creador… pero él no ceja en su empeño por llevarlo a cabo: el suyo es un plan de elección y de justificación, de santificación y de glorificación (cfr. Rm 8,28-30).

LA "ORACIÓN MEMORIOSA" TRAE AL PRESENTE TODAS LAS COSAS BUENAS QUE DIOS HA HECHO CON NOSOTROS

Como tantos autores, san Josemaría describe ese proceso con enorme realismo y belleza. El alma se va «hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto»[2]. Cuando meditamos los misterios de la filiación divina, la identificación con Cristo, el amor a la Voluntad del Padre, el afán de corredención… e intuimos que todo aquello es un don del Espíritu Santo, calibramos mejor nuestra deuda con él. Y entonces crece impetuosamente en nosotros el agradecimiento. Nos despertamos a sus mociones, que son mucho más frecuentes de lo que pensamos: «Son, pueden muy bien ser, fenómenos ordinarios de nuestra alma: una locura de amor que, sin espectáculo, sin extravagancias, nos enseña a sufrir y a vivir»[3].

Así, con asombro, se nos va desvelando la inmensidad del amor que hemos recibido de Dios durante toda nuestra vida: día tras día, año tras año… ¡desde el seno materno! «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados» (1 Jn 4,10). Sobrecogidos, nos descubrimos inmersos en un amor fascinante, cuidadoso, desarmante. Así le sucede a Isabel: «Se ha fijado en mí para quitar mi oprobio ante la gente» (Lc 1,25). Tras años de oscuridad, toma conciencia de ser amada de manera infinita por quien es la fuente de todo amor; y esto de una manera que ni se merece, ni es capaz de valorar del todo, ni alcanza a corresponder: «¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?» (Lc 1,43); ¿cómo es posible que Dios me ame tanto? Y también, con algo de desconcierto y de dolor: ¿Cómo no me había dado cuenta antes? ¿En qué estaba pensando?

Toda buena oración prepara el corazón para saber qué pedir (cfr. Rm 8,26) y para recibir lo que pedimos. Poner un poco de amor a Dios en cada detalle de piedad, grande o pequeño, facilita el camino. Tratar a Jesucristo por su nombre, cariñosamente, expresándole nuestro afecto sin pudor, acerca el momento. Debemos insistir y responder con prontitud a los pequeños toques del amor. Hacer «memoria de las cosas bellas, grandes, que el Señor ha hecho en la vida de cada uno de nosotros», pues una oración memoriosa «hace mucho bien al corazón cristiano»[4]. Por eso san Josemaría en su predicación solía recomendar: «Que cada uno de nosotros medite en lo que Dios ha realizado por él»[5].

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Dios es todo y eso basta

Tantas veces, Isabel volvería sobre lo que el Señor había hecho con ella. ¡Cómo se había transformado su vida! ¡Y cuán audaz debió de volverse! Desde entonces, todos sus comportamientos adquieren una riqueza singular. Se esconde durante meses por pudor, como hicieron los profetas, para significar con gestos la acción divina (Cfr. Lc 1,24); también adquiere una mayor claridad para seguir sus designios: «¡No!, se va a llamar Juan» (Lc 1,60). También es capaz de vislumbrar la obra de Dios en su prima: «Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá» (Lc 1,45). Isabel se comporta como quien trata a Dios con todo su corazón.

De igual modo, en nuestra oración debe haber amor y lucha, alabanza y reparación, adoración y petición, afectos e intelecto. Es necesario atreverse con todas las letras del abecedario, con todas las notas de la escala musical, con toda la paleta de colores, porque ya se ha entendido que no se trata de cumplir, sino de amar con todo el corazón. Los ejercicios de piedad, las personas, los quehaceres de cada día... son lo mismo que antes, pero no se viven ya de la misma forma. Aumenta así la libertad de espíritu, la «capacidad y actitud habitual de obrar por amor, especialmente en el empeño de seguir lo que, en cada circunstancia, Dios le pide a cada uno»[6]. Lo que antes se presentaba como una pesada obligación, se convierte en una ocasión de encuentro con el Amor. Los vencimientos siguen costando, pero ahora esos esfuerzos se llevan a cabo con alegría.

LA VIDA DE ORACIÓN PERMITÍA A SANTA ISABEL DESCUBRIR A DIOS DETRÁS DE LOS SUCESOS COTIDIANOS

Ante la infinitud del amor descubierto y de la pobre correspondencia humana, el corazón se deshace en una honda oración de desagravio y de reparación; surge un dolor que arranca de los propios pecados y que mueve a una contrición personal. Crece el convencimiento de que «Dios es todo, yo no soy nada. Y por hoy basta»[7]. Así podemos arrojar de nosotros tantos escudos que nos dificultan el contacto con él. Surge también el agradecimiento sincero, profundo y explícito al Señor, que se torna en adoración, al «reconocerle como Dios, como Creador y Salvador, Señor y Dueño de todo lo que existe, como Amor infinito y misericordioso»[8]. Por eso conviene emplear todas las teclas del corazón. Para que la oración sea variada, enriquecedora, para que no discurra por cauces gastados; tanto si el sentimiento acompaña como si no, porque lo que gustamos de Dios no es todavía Dios: él es infinitamente más grande.

Rubén Herce


[1] Francisco, Homilía en la solemnidad del Corpus Christi, 19-VI-2014.

[2] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 296.

[3] Ibíd., n. 307.

[4] Francisco, Homilía en Santa Marta, 21-IV-2016.

[5] Amigos de Dios, n. 312.

[6] Del Padre, Carta, 9-I-2018, n. 5.

[7] San Juan XXIII, Il giornale dell'anima, Edizioni di Storia e Letteratura, Roma, 1964, p. 110.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, 2096.

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El eje de nuestra santificación

El trabajo es, para muchos cristianos, una de las actividades principales donde buscar la santidad. San Josemaría se refería a la actividad laboral como al "quicio de nuestra santificación". Este editorial expone ese mensaje.

TRABAJO27/09/2013

 

Entre todas las actividades temporales que son materia de santificación, el trabajo profesional ocupa un lugar primordial en las enseñanzas de san Josemaría. De palabra y por escrito afirma constantemente que la santificación del trabajo es como el quicio de la verdadera espiritualidad para los que —inmersos en las realidades temporales— estamos decididos a tratar a Dios [1] .

 

 

 

Esta enseñanza de san Josemaría es un rasgo peculiar del espíritu que el Señor le hizo ver el 2 de octubre de 1928. No es, por tanto, el único modo de orientar la santificación de las realidades temporales, sino el modo específico y propio del espíritu del Opus Dei. Como la condición humana es el trabajo, la vocación sobrenatural a la santidad y al apostolado según el espíritu del Opus Dei, confirma la vocación humana al trabajo (…). Uno de los signos esenciales de esa vocación es precisamente vivir en el mundo y desempeñar allí un trabajo —contando, vuelvo a decir, con las propias imperfecciones personales— de la manera más perfecta posible, tanto desde el punto de vista humano, como desde el sobrenatural [3] .

TRABAJO PROFESIONAL

La actividad ordinaria no es un detalle de poca importancia, sino el quicio de nuestra santificación, ocasión continua para encontrarnos con Dios y alabarle y glorificarle con la operación de nuestra inteligencia o la de nuestras manos [4] . En estos textos y en otras muchas ocasiones, con la expresión quicio de nuestra santificación , san Josemaría se refiere unas veces al trabajo y otras a la santificación del trabajo. Al trabajo, porque es la materia misma con la que se construye el eje. Y a la santificación del trabajo, porque no basta trabajar: si no se santifica, tampoco sirve de eje para la búsqueda de la santidad.

En todo caso, el trabajo que san Josemaría indica como eje de la vida espiritual no es cualquier actividad. No se trata de las tareas que se realizan por hobby , para cultivar una afición, o por otros motivos, a veces por necesidad y con esfuerzo; se trata precisamente del trabajo profesional : el oficio públicamente reconocido — munus publicum — que cada uno realiza en la sociedad civil, como actividad que la configura, sirve y construye, y que es objeto de unos deberes y responsabilidades así como de unos derechos, entre los cuales se encuentra generalmente el de la justa remuneración. Son profesionales, por ejemplo, los trabajos de arquitecto, de carpintero, de maestro, o los trabajos del hogar.

"LA ACTIVIDAD ORDINARIA NO ES UN DETALLE DE POCA IMPORTANCIA, SINO EL QUICIO DE NUESTRA SANTIFICACIÓN, OCASIÓN CONTINUA PARA ENCONTRARNOS CON DIOS Y ALABARLE Y GLORIFICARLE CON LA OPERACIÓN DE NUESTRA INTELIGENCIA O LA DE NUESTRAS MANOS".

De algún modo se puede llamar también trabajo profesional al ministerio sacerdotal —así lo hace a veces san Josemaría [5] —, en cuanto que es una tarea pública al servicio de todas las almas y, concretamente, de la santificación de los fieles corrientes en el desempeño de las demás profesiones, contribuyendo así a la edificación cristiana de la sociedad, misión que exige la cooperación del sacerdocio común y del ministerial. Siendo en sí mismo un ministerio sagrado, una tarea que no es profana sino santa, sin embargo no hace santo automáticamente a quien la realiza. El sacerdote ha de luchar para santificarse en el ejercicio de su ministerio, y en consecuencia puede vivir el mismo espíritu de santificación del trabajo que enseña el Fundador del Opus Dei, realizándolo con alma verdaderamente sacerdotal y mentalidad plenamente laical [6] .

Conviene recordar que algunas veces san Josemaría también llama trabajo profesional a la enfermedad, a la vejez y a otras situaciones de la vida que absorben las energías que se dedicarían a la profesión, si se pudiera: es el caso, por ejemplo, de quien tiene que ocuparse de conseguir un puesto de trabajo. Al llamarlo trabajo profesional , el Fundador del Opus Dei hace ver que quien se encuentra en esas circunstancias debe comportarse como ante un trabajo profesional que se desea santificar. Así como el amor a Dios lleva a realizar con perfección los deberes profesionales, así también, un enfermo puede cuidar, en lo que de él dependa, por amor a Dios y con sentido apostólico, las exigencias de un tratamiento, de unos ejercicios, o de una dieta, y ser un buen enfermo que sabe obedecer hasta identificarse con Cristo, obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz [7] . En este sentido, la enfermedad y la vejez, cuando llegan, se transforman en labor profesional. Y así no se interrumpe la búsqueda de la santidad, según el espíritu de la Obra, que se apoya, como la puerta en el quicio, en el trabajo profesional [8] .

Como es lógico, cuando se habla de trabajo profesional se piensa normalmente en las personas que ejercen su profesión civil, no en estas otras situaciones a las que se aplica la expresión por analogía. Ese trabajo profesional, en sentido propio y principal, es el que constituye el eje o el gozne de la santificación en el espíritu del Opus Dei.

EL ENTRAMADO DE LA VIDA ORDINARIA

Las tareas familiares, profesionales y sociales forman un entramado que es la materia de santificación y el terreno de apostolado propios de un fiel corriente. Ese entramado se puede tejer de diversos modos. El que enseña san Josemaría tiene como una de sus características principales el que los quehaceres familiares y sociales se centran alrededor del trabajo profesional, factor fundamental por el que la sociedad civil cualifica a los ciudadanos [9] .

 

 

 

Esta característica tiene su fundamento en las relaciones entre la santificación personal en medio del mundo, y el cumplimiento de los deberes profesionales, familiares y sociales, como se considerará a continuación. Se entiende aquí por mundo la sociedad civil que los fieles laicos, con la cooperación del sacerdocio ministerial, han de configurar y empapar de espíritu cristiano.

La santificación en medio del mundo exige la santificación del mundo ab intra , desde las mismas entrañas de la sociedad civil [10] para que se cumpla lo que dice San Pablo: instaurare omnia in Christo [11] .Para llevar a cabo esta misión es esencial santificar la familia, que es «origen y fundamento de la sociedad humana», y su «célula primera y vital» [12] . Pero la sociedad no es simplemente un conjunto de familias, como tampoco un cuerpo es sólo un conglomerado de células.

Hay una organización y una estructura, una vida del cuerpo social. Para informar la sociedad con el espíritu cristiano es necesario santificar, además de la familia, las relaciones sociales, creando un clima de amistad y de servicio, dando tono cristiano a las costumbres, modas y diversiones. Sin embargo, son las diversas actividades profesionales las que configuran radicalmente la sociedad, su organización y su vida, influyendo también, de modo profundo, en las mismas relaciones familiares y sociales.

La santificación del trabajo profesional no solo es necesaria, junto con la santificación de la vida familiar y social, para modelar la sociedad según el querer de Dios, sino que sirve de eje en el entramado que forman. Esto no significa que los deberes profesionales sean más importantes que las tareas familiares y sociales, sino que son apoyo para formar la familia y la convivencia social. La importancia o prioridad de un deber depende del orden de la caridad, no de que se trate de un deber profesional, social o familiar.

Para comprender el papel del trabajo en la vida espiritual, hay que considerar también que, como enseña el Magisterio de la Iglesia, «el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social» [13] .

 

 

 

Al hablar de instituciones sociales se incluyen, como indica poco después el mismo documento, «la familia y la comunidad política que responden más inmediatamente a la íntima naturaleza del hombre» [14] . La familia y la sociedad se ordenan totalmente al bien de la persona, que tiene necesidad de la vida social. Por su parte, la persona ha de buscar el bien de la familia y de la sociedad, pero no se ordena totalmente a ese bien, con todo su ser y su obrar.

En sentido estricto sólo se ordena totalmente a la unión con Dios, a la santidad [15] . El trabajo puede ser eje de toda la vida espiritual porque, además de servir al bien de la familia y a la configuración cristiana de la sociedad, es campo para el perfeccionamiento del hombre por el ejercicio de las virtudes en aspectos y modos que son específicos del ámbito profesional, como la justicia en las relaciones laborales, la responsabilidad en el mismo trabajo, la laboriosidad y muchas manifestaciones de fortaleza, constancia, lealtad, paciencia... —por mencionar solo algunos ejemplos—, que el trabajo profesional reclama.

A todo este conjunto de elementos se refiere san Josemaría cuando invita a considerar que el trabajo es el vehículo a través del cual el hombre se inserta en la sociedad, el medio por el que se ensambla en el conjunto de las relaciones humanas, el instrumento que le asigna un sitio, un lugar en la convivencia de los hombres. El trabajo profesional y la existencia en el mundo son dos caras de la misma moneda, son dos realidades que se exigen mutuamente, sin que sea posible entender la una al margen de la otra [16] .

LA VOCACIÓN PROFESIONAL

Por ser el trabajo el eje de la vida espiritual en el espíritu del Opus Dei, se comprende que la vocación profesional no es sólo una parte, sino una parte principal de nuestra vocación sobrenatural [17] .

 

 

 

La vocación profesional se descubre por las cualidades y aptitudes que cada uno ha recibido de Dios, por los deberes que ha de cumplir en el lugar y en las circunstancias en que se encuentra, por las necesidades de su familia y de la sociedad, por las posibilidades reales de ejercer una profesión u otra. Todo esto, y no solamente los gustos o las inclinaciones —y menos aún los caprichos de la fantasía— es lo que configura la vocación profesional de cada uno. Se llama vocación porque ese conjunto de factores representa una llamada de Dios a elegir la actividad profesional más conveniente como materia de santificación y apostolado.

No hay que olvidar que la vocación profesional es parte de nuestra vocación divina,—escribe san Josemaría— en tanto en cuanto es medio para santificarnos y para santificar a los demás [18] ; y por tanto, si en algún momento la vocación profesional supone un obstáculo, (…) si absorbe de tal modo que dificulta o impide la vida interior o el fiel cumplimiento de los deberes de estado (…), no es parte de la vocación divina, porque ya no es vocación profesional [19] .

Puesto que la vocación profesional está determinada en parte por la situación de cada uno, no es una llamada a ejercer un trabajo profesional fijo y predeterminado, independientemente de las circunstancias. La vocación profesional es algo que se va concretando a lo largo de la vida: no pocas veces el que empezó unos estudios, descubre luego que está mejor dotado para otras tareas, y se dedica a ellas; o acaba especializándose en un campo distinto del que previó al principio; o encuentra, ya en pleno ejercicio de la profesión que eligió, un nuevo trabajo que le permite mejorar la posición social de los suyos, o contribuir más eficazmente al bien de la colectividad; o se ve obligado, por razones de salud, a cambiar de ambiente y de ocupación [20] .

La vocación profesional es una llamada a desempeñar una profesión en la sociedad. No una cualquiera, sino aquélla —dentro de las que se presentan como posibles— con la que mejor se puede alcanzar el fin al que se ordena el trabajo como materia y medio de santificación y de apostolado. Una profesión con la que cada uno se gana la vida, mantiene a su familia, contribuye al bien común, desarrolla su personalidad [21] . No se ha de optar por el trabajo más sencillo como si diera igual uno u otro, ni elegir superficialmente guiados sólo por el gusto o por el brillo humano. El criterio de elección ha de ser el amor a Dios y a las almas: el servicio que se puede prestar a la extensión del Reino de Cristo y al progreso humano, haciendo rendir los talentos que se han recibido.

* * *

Cuando el eje está bien encajado, la puerta gira con seguridad y suavidad. Cuando el trabajo está firmemente asentado en el sentido de la filiación divina, cuando es trabajo de un hijo de Dios — obra de Dios , como el trabajo de Cristo—, todo el entramado de la vida ordinaria se puede mover con armonía, abriendo las entrañas de la sociedad a la gracia divina. Si falta ese eje, ¿cómo se podrá empapar la sociedad de espíritu cristiano? Y si el eje está oxidado, o torcido, o fuera de lugar, ¿de qué servirá, por muy valioso que sea el metal del que está hecho?

Si entra en conflicto con las tareas familiares y sociales, las estorba, las complica y hasta las paraliza, habrá que preguntarse para qué vale un eje sin la puerta. Y sobre todo, y en la raíz de todo, si el trabajo está desgajado de su fundamento que es la filiación divina, si no fuera un trabajo santificado, ¿qué sentido tendría para un cristiano?

Vamos a pedir luz a Jesucristo Señor Nuestro, y rogarle que nos ayude a descubrir, en cada instante, ese sentido divino que transforma nuestra vocación profesional en el quicio sobre el que se fundamenta y gira nuestra llamada a la santidad. En el Evangelio encontraréis que Jesús era conocido como faber, filius Mariæ Mc 6, 3), el obrero, el hijo de María: pues también nosotros, con orgullo santo, tenemos que demostrar con los hechos que ¡somos trabajadores!, ¡hombres y mujeres de labor! [22] .

J. López

[1] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 61.

[2] San Josemaría, Conversaciones , n. 10.

[3] Ibid., n. 70.

[4] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 81.

[5] Cfr. San Josemaría, Amigos de Dios , n. 265.

[6] San Josemaría, Carta 28-III-1955 , n. 3, citada por A. de Fuenmayor, V. Gómez Iglesias, J. L. Illanes, El itinerario jurídico del Opus Dei historia y defensa de un carisma , Eunsa, 1989, p. 286.

[7] Flp 2, 8.

[8] San Josemaría, Apuntes de la predicación (AGP, P01 III-65, p. 11), cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. III, p. 165.

[9] Cfr. Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría, Rialp, Madrid 2013, vol. III, pp. 222 y ss.

[10] San Josemaría , Carta 14-II-1950 , n. 20, cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. I, p. 81.

[11] Ef 1,10.

[12] Conc. Vaticano II, Decr. Apostolicam actuositatem , n. 11.

[13] Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes , n. 25.

[14] Ibid .

[15] Cfr. Santo Tomás, S.Th . I-II, q. 21, a. 4 ad 3.

[16] San Josemaría, Carta 6-V-1945 , n. 13, cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. III, p. 161.

[17] San Josemaría, Texto de 31-V-1954, cit. por José Luis Illanes en La santificación del trabajo .Palabra, Madrid 1981, p. 42.

[18] San Josemaría, Carta 15-X-1948 , n. 7, cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. III, p. 180.

[19] Ibid .

[20] Ibid. , n. 33.

[21] San Josemaría, Conversaciones , n. 70.

[22] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 62.

 

 

Los muertos solitarios

Ángel Cabrero Ugarte 

Coronavirus.

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La noticia resulta estremecedora y parece increíble: “Madrid entierra a 59 fallecidos por coronavirus que no han sido reclamados por ningún familiar”. Si no hubieran puesto el dónde hubiéramos pensado en Suecia de inmediato. Porque estas cosas ya sabíamos que suceden en aquellos países nórdicos que ya no son ni protestantes ni nada y, como consecuencia, la familia no existe.

 

En Estocolmo cualquier muchacho que llega a la mayoría de edad, si quiere independizarse, el Estado le facilita un piso. Pero lo peor de esta noticia, que pudiera sonar a cosa rara, lo peor es que no es raro. Es más, al parecer es muy frecuente. Hasta el punto de que existen empresas que se encargan de rastrear difuntos. “Oiga, que aquí huele mal” y van estos profesionales y le entierran. Y así muchos. No tienen familia, viven solos, un completo egoísmo de vida.

 

Pues esto, que suena a locuras de gente del norte, ya pasa entre nosotros. 59 fallecidos en Madrid sin nadie que les llore. Alguno pensará que, con tal de ahorrarse las costas funerarias, los posibles familiares, siempre un poco lejanos, ni se dejan ver. Siempre un poco lejanos, porque un familiar cercano, hijo, hermano, esposa… por muy distanciados que estuvieran, se hacen presentes y se hacen cargo de ese familiar, fallecido, pero familiar.

 

Pues 59 de estos días del coronavirus en Madrid. Un número suficiente como para hacernos reflexionar sobre la sociedad que estamos fabricando. Esto era impensable hace solo 30 años, por poner un número. Siempre habría un mendigo fallecido en la calle o un viejecito en una residencia de ancianos de la Seguridad Social que no contaba con familia. Pero 59 en unos pocos meses, es como para pararnos un poco para ver qué está pasando.

 

Está pasando, lo he pensado muchas veces, que no hay familia. Falta en muchos casos la sociedad familiar. Cualquiera de nosotros miramos alrededor y vemos muchos “jóvenes” de 40 años que viven ella con él o él con ella, pero sin compromiso, y, por supuesto, sin hijos. Eso no es una familia. Es un compadreo de egoístas. Es una unión para jugar. Es una torpeza escondida bajo trapos de excusas. Pero no hay hijos. ¿Quién les va a enterrar? Nadie. Terminarán convertidos en cenizas, que es más barato, y luego en cualquier agujero.

 

No sé si hay estadísticas fiables, pero por lo que vemos entre gente conocida, un número muy importante, desde luego más de la mitad de los jóvenes en edad de casarse, conviven, pero no se casan. O sea, son incapaces de un compromiso vital. No tienen libertad suficiente como para elegir un camino, como para decidir su vida. Se creerán más libres, pero es lo contrario, son esclavos de sus debilidades. Luego, algunos, un porcentaje pequeño, cuando llevan así un tiempo, deciden casarse. Por lo Iglesia en algunos casos. Y hay que prepararlos, advertirles, esto es para toda la vida.

 

Como ya son mayores, malamente tienen descendencia. Algunos no casados han tenido un hijo. Un juguete. Un juguete que luego crece y ya es menos juguete, y el niño crecidito juega con ellos, y se hace el caprichoso por excelencia. O sea, en su juego de pareja han dado a luz un ser que puede terminar en monstruo, por culpa de ellos. Ellos no entendieron de libertad y qué puede llegar a entender el chaval.

 

Y no hay más. Ni más descendencia, ni más familia. Y se hacen viejos y no tienen a nadie. Es la sociedad que construyen estos muchachos que alguna vez han pensado que son libres.

 

 

 

 

¿Qué influyó en la expansión del cristianismo primitivo en el norte de África?

 

 

Dado el lento progreso de la romanización del norte de África, quizás sea sorprendente la rapidez con la que el cristianismo se extendió por la parte superior del continente. Desde la caída de Cartago en 146 a. C. hasta el gobierno del emperador Augusto (desde el 27 a. C.), África(o, más estrictamente hablando, África Vetus , ‘África vieja’), como se conocía a la provincia romana , estuvo bajo el mando de un funcionario romano menor.

 

 

 

Pero, al igual que Egipto, África y sus vecinos Numidia y Mauritania (que estaban bajo el dominio de los reyes clientes), fueron reconocidos como posibles “cestas de pan”. El ímpetu para la expansión y la explotación llegó con la transformación de la República Romana en un Imperio Romano en el 27 a. C. Los romanos se sintieron atraídos por la disponibilidad de tierras para construir propiedades y riquezas, y durante el siglo I d. C., el norte de África fue fuertemente colonizado por Roma . El emperador Augusto (63 a. C. – 14 d. C.) comentó que añadió Egipto ( Aegyptus ) al imperio. Octaviano (como se le conocía entonces, había derrotado a Mark Anthony y había depuesto a la reina Cleopatra VII en el 30 a. C. para anexar lo que había sido el Reino Ptolemaico. En la época del emperador Claudio (10 a. C. – 45 d. C.) los canales se habían renovado y la agricultura estaba auge gracias a la mejora del riego. El valle del Nilo alimentaba a Roma.

 

Bajo Augusto, las dos provincias de África , África Vetus (‘África vieja’) y África Nova(‘Nueva África’), se fusionaron para formar África Proconsularis (llamada así por estar gobernada por un procónsul romano).Durante los siguientes tres siglos y medio, Roma extendió su control sobre las regiones costeras del norte de África (incluidas las regiones costeras de los actuales Egipto, Libia, Túnez, Argelia y Marruecos) e impuso una rígida estructura administrativa a los colonos romanos e indígenas. pueblos (bereberes, númidas, libios y egipcios).

 

Hacia el año 212 d.C., el Edicto de Caracalla (también conocido como Constitutio Antoniniana , ‘Constitución de Antoninus’) emitido, como era de esperar, por el emperador Caracalla, declaró que todos los hombres libres del Imperio Romano debían ser reconocidos como ciudadanos romanos (hasta entonces, los provinciales, como se les conocía, no tenían derechos de ciudadanía).

 

 

 

Factores que influyeron en la difusión del cristianismo

 

La vida romana en el norte de África estaba muy concentrada en torno a los centros urbanos; a finales del siglo II, más de seis millones de personas vivían en las provincias romanas del norte de África, un tercio de las que vivían en las aproximadamente 500 ciudades y pueblos que se habían desarrollado .Ciudades como Cartago (ahora un suburbio de Túnez, Túnez), Utica, Hadrumetum (ahora Susa, Túnez), Hippo Regius (ahora Annaba, Argelia) tenían hasta 50.000 habitantes.

 

Alejandría considerada la segunda ciudad después de Roma, tenía 150.000 habitantes en el siglo III. La urbanización demostraría ser un factor clave en el desarrollo del cristianismo norteafricano. Fuera de las ciudades, la vida estuvo menos influenciada por la cultura romana. Los dioses tradicionales todavía eran adorados, como el Phonecian Ba’al Hammon (equivalente a Saturno) y Ba’al Tanit (una diosa de la fertilidad) en África Proconsuaris y las creencias del Antiguo Egipto de Isis, Osiris y Horus.

 

Hubo ecos de las religiones tradicionales en el cristianismo que también resultaron clave en la difusión de la nueva religión. El tercer factor clave en la expansión del cristianismo por el norte de África fue el resentimiento de la población hacia la administración romana, en particular la imposición de impuestos y la exigencia de que el emperador romano fuera adorado como un dios.

 

 

 

El Cristianismo llega al Norte de África

 

Después de la crucifixión, los discípulos se esparcieron por el mundo conocido para llevar la palabra de Dios y la historia de Jesús a la gente. Marcos llegó a Egipto alrededor del año 42 d.C., Felipe viajó hasta Cartago antes de dirigirse al este hacia Asia Menor, Mateo visitó Etiopía (a través de Persia), al igual que Bartolomé.

 

El cristianismo apeló a un pueblo egipcio descontento a través de sus representaciones de la resurrección, el más allá, el nacimiento virginal y la posibilidad de que un dios pudiera ser asesinado y devuelto, todo lo cual resonaba con la práctica religiosa egipcia más antigua. En África Proconsularis y sus vecinos, hubo una resonancia a los dioses tradicionales a través del concepto de un ser supremo.

 

Incluso la idea de la santa trinidad podría estar relacionada con varias tríadas piadosas que se tomaron como tres aspectos de una sola deidad. El norte de África, durante los primeros siglos de nuestra era, se convertiría en una región para la innovación cristiana, mirando la naturaleza de Cristo, interpretando los evangelios e introduciendo elementos de las llamadas religiones paganas.

 

Entre las personas sometidas por la autoridad romana en el norte de África (Aegyptus, Cyrenaica, África, Numidia y Mauritania), el cristianismo se convirtió rápidamente en una religión de protesta: fue una razón para que ignoraran el requisito de honrar al emperador romano mediante ceremonias de sacrificio. Fue una declaración directa contra el dominio romano.

 

Esto significaba, por supuesto, que el Imperio Romano, por lo demás de “mentalidad abierta”, ya no podía adoptar una actitud indiferente hacia el cristianismo; pronto siguió la persecución y la represión de la religión, lo que a su vez endureció a los conversos cristianos a su culto. El cristianismo estaba bien establecido en Alejandría a fines del siglo I d.C. A fines del siglo II, Cartago había producido un papa (Víctor I).

 

 

 

Alejandría como un centro temprano del Cristianismo

 

En los primeros años de la iglesia, especialmente después del Sitio de Jerusalén (70 EC), la ciudad egipcia de Alejandría se convirtió en un centro significativo (si no el más significativo) para el desarrollo del cristianismo. El discípulo y escritor del evangelio san Marcos estableció un obispado cuando estableció la Iglesia de Alejandría alrededor del año 49 EC, y hoy se honra a san Marcos como la persona que trajo el cristianismo a África.

 

Alejandría también fue el hogar de la  Septuaginta , una traducción griega del Antiguo Testamento que, según la tradición, fue creada por orden de Ptolomeo II para el uso de la gran población de judíos alejandrinos. Orígenes, director de la Escuela de Alejandría a principios del siglo III, también se destaca por compilar una comparación de seis traducciones del Antiguo Testamento: la  Hexapla. 

 

La Escuela Catequética de Alejandría fue fundada a fines del siglo II por Clemente de Alejandría como un centro para el estudio de la interpretación alegórica de la Biblia. Tenía una rivalidad mayoritariamente amistosa con la Escuela de Antioquía, que se basaba en una interpretación literal de la Biblia.

 

 

 

Primeros Mártires

 

Está registrado que en el año 180 d.C., doce cristianos de origen africano fueron martirizados en Sicilli (Sicilia) por negarse a realizar un sacrificio al emperador romano Cómodo (también conocido como Marco Aurelio Commodus Antoninus Augustus).

 

El registro más significativo de martirio cristiano, sin embargo, es el de marzo de 203, durante el reinado del emperador romano Septimus Severus (145-211 d.C., gobernó 193-211), cuando Perpetua, un noble de 22 años, y Felicity , a quienes esclavizó, fueron martirizados en Cartago (ahora un suburbio de Túnez, Túnez).

 

Los registros históricos, que provienen en parte de una narración que se cree que fue escrita por la propia Perpetua, describen en detalle la terrible experiencia que los llevó a la muerte en la arena: heridos por bestias y pasados ​​por la espada. Los Santos Felicidad y Perpetua se celebran con una fiesta el 7 de marzo.

 

El Latín como lengua del Cristianismo Occidental

 

Debido a que el norte de África estaba fuertemente bajo el dominio romano, el cristianismo se extendió por la región mediante el uso del latín en lugar del griego. Fue en parte debido a esto que el Imperio Romano finalmente se dividió en dos, este y oeste. (También estaba el problema del aumento de las tensiones étnicas y sociales que ayudaron a fracturar el imperio en lo que se convertiría en el Bizancio y el Sacro Imperio Romano Germánico de la época medieval).

 

 Fue durante el reinado del emperador Cómodo (161-192 d.C., gobernó de 180 a 192) cuando se invirtió el primero de los tres Papas ‘africanos’. Víctor I, nacido en la provincia romana de  África  (ahora Túnez), fue Papa entre el 189 y el 198 d.C.Entre los logros de Víctor I se encuentra su respaldo al cambio de Pascua al domingo siguiente al 14 de Nisan (el primer mes del Calendario hebreo) y la introducción del latín como idioma oficial de la iglesia cristiana (centrada en Roma).

 

 

 

Padres de la Iglesia

 

Titus Flavius ​​Clemens (150-211 / 215 EC), también conocido como Clemente de Alejandría, fue un teólogo helenista y el primer presidente de la Escuela Catequética de Alejandría. En sus primeros años, viajó extensamente por el Mediterráneo y estudió a los filósofos griegos. Fue un cristiano intelectual que debatió con aquellos que sospechaban de la erudición y enseñó a varios líderes eclesiásticos y teológicos notables (como Orígenes y Alejandro el obispo de Jerusalén).

 

Su obra más importante que ha sobrevivido es la trilogía  Protreptikos  (‘Exhortación’),  Paidagogos  (‘El Instructor’) y  Stromateis  (‘Misceláneas’) que consideró y comparó el papel del mito y la alegoría en la antigua Grecia y el cristianismo contemporáneo. Clemente intentó mediar entre los gnósticos herejes y la iglesia cristiana ortodoxa y preparó el escenario para el desarrollo del monaquismo en Egipto a finales del siglo III.

 

Uno de los teólogos cristianos y eruditos bíblicos más importantes fue Oregenes Adamantius, también conocido como Orígenes (c.185-254 EC). Nacido en Alejandría, Orígenes es más conocido por su sinopsis de seis versiones diferentes del Antiguo Testamento, la  Hexapla. Algunas de sus creencias sobre la transmigración de las almas y la reconciliación universal (o  apokatastasis , una creencia de que todos los hombres y mujeres, e incluso Lucifer, finalmente se salvarían), fueron declaradas heréticas en 553 EC, y fue excomulgado póstumamente por el Concilio de Constantinopla en 453 EC Orígenes fue un escritor prolífico, tuvo el oído de la realeza romana y sucedió a Clemente de Alejandría como director de la Escuela de Alejandría.

 

 Tertuliano (c. 160 – c. 220 d. C.) fue otro cristiano prolífico. Nacido en Cartago , un centro cultural muy influenciado por la autoridad romana, Tertuliano es el primer autor cristiano en escribir extensamente en latín, por lo que fue conocido como el “padre de la teología occidental”.

 

Se dice que sentó las bases sobre las que se basa la teología y la expresión cristiana occidental. Curiosamente, Tertuliano ensalzó el martirio, pero se registra que murió de forma natural (a menudo citado como su “tres veinte y diez”); abrazó el celibato, pero estaba casado; y escribió copiosamente, pero criticó la erudición clásica.

 

Tertuliano se convirtió al cristianismo en Roma a los veinte años, pero no fue hasta su regreso a Cartago que se reconocieron sus fortalezas como maestro y defensor de las creencias cristianas. El erudito bíblico Jerónimo (347–420 d.C.) registra que Tertuliano fue ordenado sacerdote, pero esto ha sido cuestionado por eruditos católicos.

 

Tertuliano se convirtió en miembro de la orden montanística herética y carismática alrededor del año 210 EC, dado al ayuno y la experiencia resultante de dicha espiritual y visitaciones proféticas. Los montanistas eran moralistas duros, pero incluso ellos demostraron ser laxos para Tertuliano al final, y fundó su propia secta unos años antes del 220 d.C. La fecha de su muerte es desconocida, pero sus últimos escritos datan del 220 d.C.

 

“La eutanasia es un crimen contra la vida. Incurable no significa ‘in-cuidable’”

 

 

 

«Samaritanus bonus», la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe aprobada por el Papa, reitera la condena de toda forma de eutanasia y de suicidio asistido, teniendo en cuenta los casos de los últimos años. Se da apoyo a las familias y a los trabajadores de la salud.

 

“Incurable no es nunca sinónimo de ‘in-cuidable’”: quien sufre una enfermedad en fase terminal, así como quien nace con una predicción de supervivencia limitada, tiene derecho a ser acogido, cuidado, rodeado de afecto. La Iglesia es contraria al ensañamiento terapéutico, pero reitera como “enseñanza definitiva” que «la eutanasia es un crimen contra la vida humana», y que «toda cooperación formal o material inmediata a tal acto es un pecado grave» que “ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo”. Esto es lo que leemos en «Samaritanus bonus», la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe «sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida», aprobada por el Papa Francisco el pasado mes de junio y publicada hoy, 22 de septiembre de 2020.

 

La actualidad del Buen Samaritano

 

El texto, que reafirma la posición ya expresada varias veces por la Iglesia sobre el tema, se ha hecho necesario debido a la multiplicación de noticias y al avance de la legislación que en un número cada vez mayor de países autoriza la eutanasia y el suicidio asistido de personas gravemente enfermas, pero también que están solas o tienen problemas psicológicos. El propósito de la carta es proporcionar indicaciones concretas para actualizar el mensaje del Buen Samaritano. También cuando “la curación es imposible o improbable, el acompañamiento médico y de enfermería, psicológico y espiritual, es un deber ineludible, porque lo contrario constituiría un abandono inhumano del enfermo».

 

Incurable, pero jamás ‘in-cuidable’

 

“Curar si es posible, cuidar siempre”. Estas palabras de Juan Pablo II explican que incurable nunca es sinónimo de “in-cuidable”. La curación hasta el final, «estar con» el enfermo, acompañarlo escuchándolo, haciéndolo sentirse amado y querido, es lo que puede evitar la soledad, el miedo al sufrimiento y a la muerte, y el desánimo que conlleva: elementos que hoy en día se encuentran entre las principales causas de solicitud de eutanasia o de suicidio asistido. Al mismo tiempo, se subraya que «son frecuentes los abusos denunciados por los mismos médicos sobre la supresión de la vida de personas que jamás habrían deseado para sí la aplicación de la eutanasia». Todo el documento se centra en el sentido del dolor y el sufrimiento a la luz del Evangelio y el sacrificio de Jesús: «el dolor es existencialmente soportable sólo donde existe la esperanza » y la esperanza que Cristo transmite a la persona que sufre es «la de su presencia, de su real cercanía». Los cuidados paliativos no son suficientes “si no existe alguien que ‘está’ junto al enfermo y le da testimonio de su valor único e irrepetible”.

 

El valor inviolable de la vida

 

“El valor inviolable de la vida es una verdad básica de la ley moral natural y un fundamento esencial del ordenamiento jurídico”, afirma la Carta. “Así como no se puede aceptar que otro hombre sea nuestro esclavo, aunque nos lo pidiese, igualmente no se puede elegir directamente atentar contra la vida de un ser humano, aunque éste lo pida”. Suprimir un enfermo que pide la eutanasia “no significa en absoluto reconocer su autonomía y apreciarla”, sino al contrario, significa “desconocer el valor de su libertad, fuertemente condicionada por la enfermedad y el dolor, y el valor de su vida”. Actuando de este modo “se decide al puesto de Dios el momento de la muerte”. Por eso, “aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador”.

 

Obstáculos que oscurecen el valor sagrado de la vida

 

El documento menciona algunos factores que limitan la capacidad de acoger el valor de la vida. El primero es un uso equívoco del concepto de «muerte digna» en relación con el de «calidad de vida», con una perspectiva antropológica utilitarista. La vida se considera «digna» sólo en presencia de ciertas características psíquicas o físicas. Un segundo obstáculo es una comprensión errónea de la «compasión». La verdadera compasión humana «no consiste en provocar la muerte, sino en acoger al enfermo, en sostenerlo», ofreciéndole afecto y medios para aliviar su sufrimiento. Otro obstáculo es el creciente individualismo, que es la raíz de la «enfermedad más latente de nuestro tiempo: la soledad». Ante las leyes que legalizan las prácticas eutanásicas, «surgen a veces dilemas infundados sobre la moralidad de las acciones que, en realidad, no son más que actos debidos de simple cuidado de la persona, como hidratar y alimentar a un enfermo en estado de inconsciencia sin perspectivas de curación».

 

El Magisterio de la Iglesia

 

Ante la difusión de los protocolos médicos relativos al final de la vida, existe la preocupación por «el abuso denunciado ampliamente del empleo de una perspectiva eutanásica» sin consultar al paciente o a las familias. Por esta razón, el documento reitera como enseñanza definitiva que «la eutanasia es un crimen contra la vida humana», un acto «intrínsecamente malo, en toda ocasión y circunstancia». Por lo tanto, cualquier cooperación inmediata, formal o material, es un grave pecado contra la vida humana que ninguna autoridad «puede legítimamente» imponer ni permitir. «Aquellos que aprueban leyes sobre la eutanasia y el suicidio asistido se hacen, por lo tanto, cómplices del grave pecado» y son «culpables de escándalo porque tales leyes contribuyen a deformar la conciencia, también la de los fieles». Por lo tanto, ayudar al suicidio es «una colaboración indebida a un acto ilícito». El acto eutanásico sigue siendo inadmisible aunque la desesperación o la angustia puedan disminuir e incluso hacer insustancial la responsabilidad personal de quienes lo piden. «Se trata, por tanto, de una elección siempre incorrecta» y el personal sanitario nunca puede prestarse «a ninguna práctica eutanásica ni siquiera a petición del interesado, y mucho menos de sus familiares». Las leyes que legalizan la eutanasia son, por lo tanto, injustas. Las súplicas de los enfermos muy graves que invocan la muerte «no deben ser» entendidas como «expresión de una verdadera voluntad de eutanasia», sino como una petición de ayuda y afecto.

 

No al ensañamiento terapéutico

 

El documento explica que “tutelar la dignidad del morir significa tanto excluir la anticipación de la muerte como el retrasarla con el llamado ‘ensañamiento terapéutico’”, que es posible gracias a los medios de la medicina moderna, que es capaz de «retrasar artificialmente la muerte, sin que el paciente reciba en tales casos un beneficio real». Y por lo tanto, ante la inminencia de una muerte inevitable, «es lícito en ciencia y en conciencia tomar la decisión de renunciar a los tratamientos que procurarían solamente una prolongación precaria y penosa de la vida», pero sin interrumpir el tratamiento normal debido al enfermo. La renuncia a los medios extraordinarios y desproporcionados expresa, por lo tanto, la aceptación de la condición humana frente a la muerte. Pero la alimentación y la hidratación deben estar debidamente garantizadas porque «un cuidado básico debido a todo hombre es el de administrar los alimentos y los líquidos necesarios». Son importantes los párrafos dedicados a los cuidados paliativos, «un instrumento precioso e irrenunciable» para acompañar al paciente: la aplicación de estos cuidados reduce drásticamente el número de los que piden la eutanasia. Entre los cuidados paliativos, que nunca pueden incluir la posibilidad de eutanasia o de suicidio asistido, el documento también incluye la asistencia espiritual al paciente y a su familia.

 

Ayudar a las familias

 

En el tratamiento es esencial que el paciente no se sienta una carga, sino que «tenga la cercanía y el aprecio de sus seres queridos. En esta misión, la familia necesita la ayuda y los medios adecuados». Por consiguiente, es necesario, dice la carta, que los Estados “reconozcan la función social primaria y fundamental de la familia y su papel insustituible, también en este ámbito, destinando los recursos y las estructuras necesarias para ayudarla”.

 

Cuidados en edad prenatal y pediátrica

 

Desde su concepción, los niños que sufren malformaciones o patologías de cualquier tipo «son pequeños pacientes que la medicina hoy es capaz de asistir y acompañar de manera respetuosa de la vida». La Carta explica que «en el caso de las llamadas patologías prenatales ‘incompatibles con la vida’ – es decir que seguramente lo llevaran a la muerte dentro de un breve lapso– y en ausencia de tratamientos capaces de mejorar las condiciones de salud de estos niños, de ninguna manera son abandonados en el plano asistencial, sino que son acompañados hasta la consecución de la muerte natural» sin suspender la nutrición y la hidratación. Son palabras que también pueden referirse a varias noticias recientes. Se condena el uso «a veces obsesivo del diagnóstico prenatal» y el afirmarse de una cultura hostil a la discapacidad que a menudo conduce a la elección del aborto, que «nunca es lícito».

 

Sedación profunda

 

Para aliviar el dolor del paciente, la terapia analgésica usa drogas que pueden causar la supresión de la conciencia. La Iglesia «afirma la licitud de la sedación como parte de los cuidados que se ofrecen al paciente, de tal manera que el final de la vida acontezca con la máxima paz posible». Esto también es cierto en el caso de los tratamientos que «anticipan el momento de la muerte (sedación paliativa profunda en fase terminal), siempre, en la medida de lo posible, con el consentimiento informado del paciente». Pero la sedación es inaceptable si se administra para causar “directa e intencionalmente la muerte”.

 

Estado vegetativo o de mínima consciencia

 

Siempre es engañoso «pensar que el estado vegetativo, y el estado de mínima consciencia, en sujetos que respiran autónomamente, sean un signo de que el enfermo haya cesado de ser persona humana con toda la dignidad que le es propia”. Incluso en este estado de “falta persistente de consciencia, el llamado ‘estado vegetativo’, y la del enfermo en estado ‘de mínima consciencia’”, el enfermo “debe ser reconocido en su valor y asistido con los cuidados adecuados”, y tiene derecho a la alimentación y la hidratación. Aunque, como se reconoce en el documento, «en algunos casos, tales medidas pueden llegar a ser desproporcionadas», porque ya no son eficaces o porque los medios para suministrarlas crean una carga excesiva. El documento afirma que «es necesario prever una ayuda adecuada a los familiares para llevar el peso prolongado de la asistencia al enfermo en estos estados».

 

Objeción de conciencia

 

Por último, la carta pide posiciones claras y unificadas sobre estos temas por parte de las iglesias locales, invitando a las instituciones sanitarias católicas a dar testimonio, absteniéndose de comportamientos «de evidente ilicitud moral». Las leyes que aprueban la eutanasia «no crean ninguna obligación de conciencia» y «establecen una grave y precisa obligación de oponerse a ellas mediante la objeción de conciencia». El médico «no es nunca un mero ejecutor de la voluntad del paciente» y siempre conserva «el derecho y el deber de sustraerse a la voluntad discordante con el bien moral visto desde la propia conciencia». Por otra parte, se recuerda que «no existe un derecho a disponer arbitrariamente de la propia vida, por lo que ningún agente sanitario puede erigirse en tutor ejecutivo de un derecho inexistente». Es importante que los médicos y los trabajadores de la salud se formen en el acompañamiento cristiano de los moribundos, como han demostrado los recientes acontecimientos dramáticos relacionados con la epidemia de Covid-19. En cuanto al acompañamiento espiritual y sacramental de quien pide la eutanasia, «es necesaria una cercanía que invite siempre a la conversión», pero «no es admisible ningún gesto exterior que pueda ser interpretado como una aprobación de la acción eutanásica, como estar presentes en el instante de su realización. Esta presencia sólo puede interpretarse como complicidad».

 

(Vatican News)

 

 

 

Doble vara de medir el hecho religioso: de Francia a Pakistán

 

Salvador Bernal 

 

 

photo_cameraAtentado Charlie Hebdo. Viñetas de Mahoma.

 

Comenzó hace unos días en París la vista en el proceso por los atentados que sufrió Charlie Hebdo en enero de 2015. No está mal, para los que nos quejamos de la lentitud de la justicia española. Pero, al margen de enjuiciamientos, el semanario satírico ha vuelto a suscitar reacciones inmoderadas con su decisión de volver a publicar las caricaturas de Mahoma que estuvieron en el origen histórico de los ataques terroristas.

 

En ese contexto, se ha replanteado una vez más la cuestión de la libertad de expresión y del conflicto con el respeto a las convicciones religiosas. El propio presidente francés, en el discurso que pronunció con motivo de los 150 años de la instauración de la República, reafirmó el derecho a la blasfemia, como había hecho a comienzos de año en el caso Mila, adolescente amenazada de muerte por haber criticado vivamente el islam en un vídeo difundido por Internet.

 

Ciertamente, la blasfemia dejó de ser delito en el ordenamiento penal francés en el siglo XIX, como ha desaparecido también en otros muchos países, el último quizá Irlanda. Pero blasfemar, en lo que tiene de posible escarnio o insulto, dista mucho de formar parte de una auténtica cultura democrática, dialogante, respetuosa de toda persona humana con independencia de sus ideas o creencias. Despenalizar no significa configurar un derecho.

 

Entretanto, en países como Pakistán, no sólo existe el delito de blasfemia, sino que puede ser castigado con pena de muerte. En la práctica, la acusación suele proceder de musulmanes –contra cristianos o hindúes-, que ocultan intereses bastardos, como la apropiación indebida de bienes inmuebles o los matrimonios forzados de menores.

 

En Occidente tuvo eco la historia de Asia Bibi, madre de familia cristiana condenada a muerte injustamente. Después de un largo proceso, fue declarada su inocencia. Tras nueve años de cárcel, pudo salir del país y vive en un lugar desconocido de Canadá. Se comprende la cautela, porque fueron asesinadas en 2011 personas que defendían su causa, como el propio gobernador de la provincia de Punjab, Salman Taseer, y el ministro de Armonía Religiosa, Shahbaz Bhatti, católico, comprometido pro Asia Bibi, a la que había conocido en prisión.

 

Durante el verano, se difundieron extrañas noticias sobre ella, con manifestaciones que podían entenderse favorables al ordenamiento paquistaní. Más bien parece que se trata de una de tantas manipulaciones de la opinión pública, en este caso promovidas por movimientos radicales, o por el propio gobierno de Islamabad.

 

En realidad, en una entrevista con el director de una ONG católica de ámbito universal, expresó claramente su deseo de reformas en aquel país, especialmente en dos temas: los matrimonios forzados que sufren con relativa frecuencia jóvenes cristianas raptadas y obligadas a convertirse al islam antes de su matrimonio con un musulmán, y la llamada ley de la blasfemia: los artículos del código penal que tipifican ese delito si afecta a la confesión religiosa mayoritaria y lo castigan con pena de muerte o cadena perpetua.

 

Resulta imposible pasar por alto el contraste entre ordenamientos jurídicos tan dispares. No sé si alguna editorial española prepara la traducción de la autobiografía de Asia Bibi que acaba de aparecer en Italia con el título Finalmente libre, según he visto en Avvenire. La redacción del texto se debe a una periodista francesa, Anne-Isabelle Tollet. Cuenta con detalle el proceso desde junio de 2009, hasta la absolución y libertad en octubre de 2018: un largo calvario que en parte prosigue por el exilio en Canadá.

 

Por paradoja, la despenalización de la blasfemia en occidente convive cada vez con más frecuencia con las sanciones –casi siempre sólo psicológicas- a quienes “blasfeman” contra manifestaciones concretas de lo políticamente impuesto. Como ha señalado con ironía Ignacio Aréchaga en Aceprensa, existe una secularización de la blasfemia: a nuevas ortodoxias, nuevos discursos irreverentes. No menciona las nuevas excomuniones, quizá porque escribió antes de la decisión de la conferencia de presidentes del parlamento europeo, que excluye formalmente a la birmana Aung San Suu Kyi de la comunidad del Premio Sajarov.

 

Todo esto refleja la reorientación de los delitos de opinión, como sucede también con los llamados y difícilmente tipificables delitos de odio. Menos mal que el posible odio religioso que se oculta en algunos anteproyectos legales no debería prosperar en una democracia como la española: la Constitución impide con razón la retroactividad de las disposiciones sancionadoras restrictivas de derechos individuales, algo sólo admisible en las grandes dictaduras europeas del siglo XX o las actuales repúblicas “bananeras”.

 

 

 

Una santa Primera Comunión

 

 Ernesto Juliá 

 

 

photo_cameraUna niña síndrome de Down que aparece en el vídeo.

 

Entre tantas noticias que leemos aquí y allá, y que originan algunas tensiones y preocupaciones en nuestra mente y en nuestro corazón, tenemos la alegría de encontrarnos, de vez en cuando, informaciones que llenan de gozo nuestro espíritu, y nos invitan a elevar nuestra mirada al Cielo para dar gracias a Dios por su bondad con sus hijos los hombres.

 

El niño tenía 9 años. Sus padres y sus hermanos mayores le fueron enseñando paso a paso, poco a poco, el Catecismo, con las oraciones, los Mandamientos, los Sacramentos, la Gracia, etc. Y le ayudaron a leer pasajes de los Evangelios, para que fuera conociendo algunos detalles de la vida de Nuestro Señor Jesucristo.

 

La criatura, el último de siete hermanos, se había presentado al mundo con el síndrome Down. Había sido acogido con todo cariño, como uno más en la familia, y la armonía y empatía con todos sus hermanos era perfecta.

 

Llega el momento de prepararse para vivir la Primera Comunión, que iba a ser en familia acompañado con dos primos y dos primas, que recibirían el Señor el mismo día. Su madre, de manera particular, le había preparado para el momento y, cuando ya pensó que estaba en condiciones de recibirla, y que tenía plena conciencia de lo que iba a hacer, fue a la parroquia y se lo presentó al párroco.

 

El sacerdote, al verlo, dudó un poco de la capacidad mental del niño; y quiso asegurarse de que sabía lo que iba a hacer y a Quien iba a recibir. Fueron los tres a la iglesia que estaba vacía: solo un matrimonio anciano ocupaba uno de los bancos cercanos al altar; y tomando de la mano al niño señaló el Sagrario y le preguntó que había allí. El niño no lo dudó. Ahí está el Señor. -¿Qué señor? , insistió el sacerdote.- Jesucristo, fue la respuesta inmediata del niño, abriendo mucho la boca.

 

El sacerdote cambió la dirección de su brazo, y señaló a un crucificado que era el retablo de un altar lateral. –Y, ése, ¿Quién es? –Jesucristo, respondió la criatura sin dudar un segundo.

 

-Entonces, ¿hay dos Jesucristo?, volvió a hablar el cura.

 

La pregunta pareció desconcertar al pequeño, que se quedó un minuto en silencio. Su madre le sonrió.

 

Mirando fijamente al sacerdote, el niño respondió con cara de un poco enfadado. –No. El que está en el Sagrario, es Nuestro Señor Jesucristo. El crucificado es una imagen de Jesús, pero no es Él en carne y hueso. Y concluyó con palabras que había oído a su madre con cierta frecuencia, y había conseguido aprender de memoria.

 

–En la Hostia está Jesús con su Cuerpo y con su Sangre; con su Alma y su Divinidad.

 

El sacerdote, ya entrado en años, se conmovió y, acercándose le sonrió y le dijo. –Muy bien, hijo, el domingo te daré yo tu Primera Comunión.

 

 Después de hablar con la madre de la criatura regrese a casa en silencio. Dejé de pensar en las noticias que recibí aquel día sobre las divisiones de los obispos alemanes, el silencio de Roma ante situaciones semejantes, las declaraciones de un obispo que pretendía dar su bendición a una pareja de lesbianas, los comentarios de unos políticos (¿) que soñaban con derribar las Cruces que se encontraran en su camino; … y le pedí a la Virgen que me ayudara a tener la Fe de aquella criatura síndrome Down.

 

 Y seguí mí camino diciéndole a Jesús: Señor, auméntame la Fe, la Esperanza, la Caridad.    

 

ernesto.julia@gmail.com

 

 

 

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Contemplar para descubrir. Gratuidad en el amor

 

Escrito por José Martínez Colin.

 

 

Para salir de una pandemia, comenta el papa, es necesario seguir una regla de oro de nuestra humanidad: cuidarse y cuidarnos mutuamente.

 

Desmond es un ejemplo de un amor verdadero al no pensar en su propia seguridad, ni en sacar algún beneficio personal, sino en salvar a sus compañeros aún a costa de su propia vida: se da él mismo gratuitamente.

 

1) Para saber

 

Se cuenta que el famoso estadista inglés Winston Churchill participaba en una discusión sobre la amistad. Al final dijo: “No pierdan el tiempo. La amistad es inexplicable”. Sus amigos le preguntaron por qué decía eso. Entonces añadió el político: “Miren mi caso. Un buen amigo es un hombre que lo sabe todo de mí, que me conoce a fondo y que, a pesar de todo, me aprecia. No tiene explicación ese raro sentimiento”.

 

Ciertamente, cuando es verdadero el amor, no busca ganar alguna ventaja, sino que es desinteresado. La amistad se ofrece gratis. El papa Francisco nos invita a descubrir en los demás y en la naturaleza algo mucho más grande que su utilidad. Para ello hay que contemplarlas y descubrir el valor que encierran cada persona y cada cosa. Un valor dado por Dios al crearlas. De esa manera, las criaturas nos llevan de vuelta al Creador y a la comunión con la creación. San Ignacio de Loyola, invitaba a la “contemplación para alcanzar amor”, es decir, considerar cómo Dios mira a sus criaturas y a regocijarse con ellas; a descubrir la presencia de Dios en sus criaturas y, con libertad y gracia, a amarlas y cuidarlas.

 

2) Para pensar

 

Hay una película, Hasta el último hombre, basada en la historia real de un soldado del Ejército de Estados Unidos que se negó a portar armas en el frente durante la Segunda Guerra Mundial. Se trata de Desmond Doss que, por principios religiosos, no quería disparar contra nadie. Por ese motivo fue objeto de burla y persecución. Varios lo consideraban un cobarde y traidor. Sin embargo, ya en la batalla, se distinguió por su heroísmo. Exponiéndose a un gran riesgo, salvó la vida a más de setenta y cinco hombres bajo un constante fuego enemigo en el acantilado de Maeda durante la brutal batalla de Okinawa. Fue condecorado con la Medalla de Honor por el presidente Harry S. Truman.

 

Desmond es un ejemplo de un amor verdadero al no pensar en su propia seguridad, ni en sacar algún beneficio personal, sino en salvar a sus compañeros aún a costa de su propia vida: se da él mismo gratuitamente. Que nos lleve a pensar cómo es nuestro obrar.

 

3) Para vivir

 

Para salir de una pandemia, comenta el papa, es necesario seguir una regla de oro de nuestra humanidad: cuidarse y cuidarnos mutuamente. Cuidar de quien está enfermo, de quien lo necesita, de la casa común. Cuando alguien no aprende a detenerse para percibir y valorar lo bello, no es extraño que todo se convierta para él en objeto de uso y abuso inescrupuloso. Las criaturas tienen un valor en sí y “reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la bondad infinitas de Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, 339). Pero ese valor y ese rayo de luz divina hay que descubrirlo en el silencio, en la contemplación.

 

Sin contemplación es fácil poner el “yo” en el centro de todo, como dominadores absolutos de todas las criaturas. Se precisa contemplar a las personas con toda su riqueza. Contemplar y cuidar: ambas actitudes muestran el camino. Cada uno de nosotros, concluye el papa, puede y debe convertirse en un “custodio de la casa común”, capaz de alabar a Dios por sus criaturas, de contemplarlas y protegerlas.

 

 

 

 

La clase de Religión

 

Cuando somos menores y pequeños, nuestra personalidad se va forjando fundamentalmente a través de lo que recibimos de nuestros padres, nuestras familias, nuestros conocidos y nuestros colegios, que nos van transmitiendo, de un modo o de otro, directa o indirectamente, sus ideas.

 

Esto mismo es lo que va determinando, de algún modo, que, cuando llegamos a lo que llamamos la mayoría de edad y tenemos la capacidad de actuar con cierta libertad, organizamos nuestra vida de acuerdo con lo que pensamos y la voluntad propia.

 

Para eso Dios nos concedió el grandísimo don de la libertad. Pero la vida actual demuestra que esto, con frecuencia no es tan simple y, habitualmente, hay muchísimas influencias.  Hoy tristemente no son pocas.

 

El primer obstáculo consiste en que cuando somos niños, con frecuencia, es muy difícil recibir una auténtica y verdadera educación.

 

El segundo obstáculo, tan importante y mayor que el anterior, es que el alumno en sus clases no pueda dar respuesta a: ¿para qué sirve todo esto?

 

Por este motivo, es tan importante que cada centro escolar pueda dedicar un tiempo para sus alumnos a lo que llamamos la formación religiosa o la clase de religión.

 

Suso do Madrid

 

 

 

 

 

Es la labor de la Iglesia

 

En esta, matrimonio y una honesta regulación de la natalidad, como en tantas otras materias, la Iglesia escucha el clamor de redención, de salvación que se esconde en lo hondo de cualquier alma humana; escucha el clamor del pecador que anhela arrepentirse y pedir perdón, y tener –con experiencia o sin ella- la alegría de ser perdonado por el mismo Hijo de Dios; el clamor de los pobres de espíritu que anhelan el reino de los cielos; el clamor de los que tienen hambre y sed de justicia;…

 

No escucha, en cambio el clamor del así llamado “espíritu del siglo”, que nadie sabe lo que es, que cada uno se puede inventar y vivir a su manera, y que sirve de bien poco. Lo sabe y lo conoce, pero no lo escucha, porque la Iglesia está para anunciar la salvación que Dios nos ofrece, no para vernos caminar por senderos que nos llevarían al fracaso como seres humanos, y a la pérdida de la amistad con Dios, que nos abre a la Vida Eterna, aunque los caminásemos con toda la libertad del mundo,

 

 Escuchar es sin duda necesario; y la Iglesia – no este eclesiástico o el otro, sea quien sea y esté más o menos encumbrado- lo hace para llevar adelante su misión con el espíritu que recuerda muy bien estas palabras muy claras de la Gaudium et spes, n. 44:

 

“Es propio de todo el pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir, e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada” (44).

 

   La Iglesia “escucha”, no para acomodar la palabra de Cristo, la palabra de Dios, a los oídos de las personas de cada siglo, de cada ambiente; no escucha para dar lecciones y mejorar la economía, o regular los vaivenes del clima que están yendo y viniendo desde la creación del mundo. Escucha para encontrar las palabras adecuadas y anuncia la Verdad eterna de Cristo; el Amor eterno de Dios Padre, la sabiduría eterna del Espíritu Santo, para que los hombres de cada época, puedan llegar a vivir la riqueza de sabiduría, de bondad, de amor, que Dios les ofrece.

 

Es la labor que la Iglesia ha llevado a cabo a lo largo de los siglos –la Tradición-, que Pablo VI ha realizado con la Humanae Vitae, y que nos permite ahora, a todos los creyentes, decir con Paul Claudel:

 

“No conocía un solo sacerdote. No tenía un solo amigo católico. (…) Pero el gran libro que se me abrió y en el que hice mis estudios, fue la Iglesia. ¡Sea eternamente alabada esta Madre grande y majestuosa, en cuyo regazo he aprendido todo!”.

 

Xus D Madrid

 

 

 

 

 

El despoblamiento y el sector porcino

 

El sector porcino de capa blanca español está ubicado en regiones con graves problemas por despoblamiento de sus medios rurales como Aragón, Castilla y León, Extremadura, Castilla -La Mancha, Galicia algunas comarcas catalanas, etc.

 

De hecho, según destacaba el director de la Interprofesional del Porcino de Capa Blanca (INTERPORC), el porcino “está implantado en más del 40% de los municipios de menos de 5.000 habitantes”.

 

En estos municipios no solo se ubican las granjas, sino que también se integran estructuras y actividades de transformación industrial, comercialización y exportación y otras auxiliares. Por tanto, según el director de la Interprofesional, “somos un motor de la economía de estos pueblos, especialmente de los de menos de 5.000 habitantes, que es donde se ubican más del 40% de las granjas e industrias de porcino”.

 

En todos ellos se retiene la población en la zona, se aporta riqueza, hasta 20.000 millones de euros al año y se generan más de 300.000 empleos de calidad. Recuerdo que los trabajadores del sector porcino se caracterizan por su profesionalización y especialización en cada área, “sin ellas sería prácticamente imposible afrontar su labor en un sector en continua innovación”.

 

En este sentido, el director de INTERPORC ha destacado que el sector porcino es “sostenible socialmente y por supuesto también si hablamos de sostenibilidad medioambiental, que nos ocupa y nos preocupa y que por lo tanto trabajamos cada día”.

 

“Compromiso Bienestar Certificado”, un ejemplo de la apuesta por la sostenibilidad.

 

El sector porcino de capa blanca español “cumple con la normativa más exigente del mundo en materia medioambiental y los profesionales del sector porcino son los primeros interesados en cuidar del entorno en el que desarrollan su actividad. Cada día desarrollamos nuevas técnicas que nos permitan reducir nuestra huella climática y apostamos por las energías renovables y una economía circular, entre otras muchas cuestiones”.

 

Para Herranz, director de INTERPORC, “un claro ejemplo del compromiso con la sostenibilidad es la Certificación Bienestar Animal líder en Europa y en el mundo entero, que avala las buenas prácticas llevadas a cabo en esta materia, así como en bienestar animal, sanidad, bioseguridad, manejo de los animales y trazabilidad, en todos los eslabones de la cadena de valor del porcino de capa blanca de España”.

 

Jesús Domingo

 

 

 

La Iglesia, ¿enseña o escucha?  

 

Para que la palabra y la vida de Dios que ha recibido, escuchado y meditado a lo largo de dos mil años, y que tiene que anunciar y enseñar hasta el fin de los tiempos, llegue a todos los rincones del mundo la Iglesia procura actuar como lo han hecho los primeros cristianos, como lo hizo san Pablo en Atenas. El apóstol, al recorrer las calles de la ciudad descubre una multitud de dioses que veneraban los atenienses. Y descubre también un pequeño altar al “dios desconocido”, que le sirve para ser consciente de la necesidad que tenían los atenienses, como todo ser humano, de descubrir al verdadero Dios, de conocer a Cristo, Dios y hombre verdadero.

 

San Pablo ha sabido escuchar el latir del corazón de aquellos hombres, y les predica a Cristo Muerto y Resucitado. En Él descubrirán el verdadero sentido de su vida y de sus preocupaciones

 

La misma actitud  tuvo Pablo VI al escribir la “Humanae vitae”. Ha querido recordar a todos los hombres los preceptos de la ley natural, la ley moral y las palabras de Cristo, que dan pleno sentido a las normas para vivir una vida plena humana y sobrenatural en el matrimonio, y especialmente en la vida íntima de los esposos, y en la alegría de la transmisión de la vida, siguiendo y cooperando con el plan de Dios Creador. 

 

“Nuestra palabra no sería expresión adecuada del pensamiento y de las solicitudes de la Iglesia, Madre y Maestra de todas las gentes, si, después de haber invitado a los hombres a observar y a respetar la ley divina referente al matrimonio, no les confortase en el camino de una honesta regulación de la natalidad, aun en medio de las difíciles condiciones que hoy afligen a las familias y a los pueblos. La Iglesia, efectivamente, no puede tener otra actitud para con los hombres que la del Redentor: conoce su debilidad, tiene compasión de las muchedumbres, acoge a los pecadores, pero no puede renunciar a enseñar la ley que en realidad es la propia de una vida humana llevada a su verdad originaria y conducida por el Espíritu de Dios” (Humanae vitae, n. 19).

 

Domingo Martínez Madrid

 

 

 

 

 

Organismos monitoreadores y aborto

 

El Center for Reproductive Rights (Centro para los Derechos Reproductivos), una firma jurídica proaborto, alabó a los organismos monitoreadores por esta práctica en su entrega para el proceso de revisión de la Asamblea General: “La jurisprudencia proveniente de los organismos monitoreadores ha sido clave para los avances en estándares internacionales de derechos humanos relativos a la anticoncepción, el cuidado de salud materna y el aborto”, y declaró que ellos le atribuyen “la más alta importancia al trabajo de los organismos monitoreadores de tratados de derechos humanos de las Naciones Unidas”.

 

Dentro del sistema mayor de la ONU, los organismos monitoreadores han provisto un punto de entrada para que otras agencias justifiquen sus propias declaraciones y prácticas proaborto. Este año, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (OHCHR, por sus siglas en inglés), la organización “paraguas” que incluye los organismos monitoreadores y otros procedimientos de derechos humanos, actualizó su informe sobre el aborto, que incluye numerosas instancias de presión por parte de organismos monitoreadores, organizadas por categorías.

 

Han hecho un llamado en pro de una descriminalización completa del aborto, su legalización en al menos algunas circunstancias y la remoción de barreras al acceso tales como el consentimiento parental o conyugal o los derechos de conciencia de los proveedores de servicios de salud. 

 

Otras entidades de la ONU, incluida la Organización Mundial de la Salud, luego se apoyan en la OHCHR y los organismos monitoreadores cuando insinúan que el aborto es un derecho humano.

 

La Asamblea General, compuesta de todos los países miembros de la ONU, se ha rehusado consistentemente a reconocer derecho humano alguno al aborto. Aún así, los organismos monitoreadores han creado, en la práctica, un mecanismo para rodear esa realidad y convertir la ONU en un poderoso grupo de cabildeo proaborto.

 

Las organizaciones profamilia, incluida C-Fam, también han entregado declaraciones al proceso de revisión de los organismos monitoreadores. Hacen un llamado a que la Asamblea General instituya reformas que aseguren la rendición de cuentas por parte de los organismos de expertos en derechos humanos y someta su trabajo al texto de los tratados y a sus cargos originales.

 

José Morales Martín

 

 

 

 

 

EL ESTADO O "LA GRAN PITÓN"

 

 

 

            Se dice, se asegura por "los expertos", que el cincuenta por ciento del PIB (Producto Interior Bruto) que producimos los españoles (ocurrirá igualmente en similares "estados modernos") que trabajamos, cae cada año "en manos", de las voraces administraciones oficiales, que nos asfixian a impuestos y obligaciones; y hablo en plural, por cuanto estamos pagando desde al gobierno del estado central, hasta el más pequeño de los ayuntamientos, incluidas "autonomías" y un "enjambre" de organismos oficiales u oficiosos, incluidos ingentes cantidades para “gastos secretos gubernamentales”; y que en base a decretos y leyes impuestas "a tornillo", nos están exprimiendo con cantidades inmensas que al final sirven para muy poco o en muchos casos para nada, o simplemente para mantener, "poltronas parasitarias" y que simplemente viven, de los presupuestos que por la fuerza nos imponen y sin ninguna responsabilidad, puesto que y por poner un ejemplo, en la actualidad se están juzgando la malversación de unos capitales enormes y que con la denominación de "fondos reservados", fueron empleados para lo que a los individuos juzgados, les dio "su real gana" y ya veremos cómo tras los juicios, ni responden de nada y menos aún van a devolver, lo que en idioma español, fueron sencillamente robos "a cara de perro"[i].

 

            Desde lo que antes digo, hasta llegar (por ejemplo) a la denominada "Sociedad General de Autores", pasando por las denominadas "Cámaras de Comercio ("oficiales, eso sí)", los "mil colegios oficiales" y otros miles de diferentes organismos, pasando por los escandalosos capitales dedicados a lo que se denomina como, "cursos de formación profesional"... la relación es enorme y desconocida por la inmensidad de españoles, que eso sí, estamos obligados a pagar directa o indirectamente; lo que puede ser justo en muchos casos, pero que en otros muchos (muchísimos) es injusto totalmente y está sirviendo para incluso, mantener "vagos y maleantes", en forma de subsidios distribuidos de tan alegre forma, que da risa el ver cómo, "se tira el dinero público", que antes de ser público, era de propiedad de los súbditos actuales, que digan lo que digan o lo digan de la forma que quieran, en ese sentido, estamos aún peor que lo estuvieron los "siervos", o incluso muchos de los esclavos de que nos hablan los relatos más o menos históricos, pero considerados verdaderos.

 

            Y lo triste, es que el desastre no parece tener contención y menos aún, se preocupan de ir retrocediendo y eliminando todo cuanto de absurdo, hay establecido, quizá por la necesidad de los mismos políticos de mantener "un voto cautivo", el que se logra en base a pagar generosamente y a discreción, tanto a los dirigentes o "jefes de tribu", como a las masas de subsidiados y a los que sin haber trabajado nunca, empezaron "su salario", simplemente por cuanto llegaron a una edad de cobrarlo; y lo vienen cobrando "sin dar golpe" y sin producir ningún bien a la comunidad. Como caso extremo de cuanto digo, cito sólo la situación de "unos cientos o miles", de "rumanos trashumantes o nómadas" y a los que en vez de haberlos puesto en las fronteras o haberlos devuelto a su país de origen, estamos manteniendo en España y pese a que entre "esa gente", abunda la delincuencia, declarada, convicta "y confesa"[ii] y sin embargo, piden y obtienen derechos, que ni en su propio país, puede que lograran y sin que en ningún momento (aquí) se les haya hablado de obligaciones. Recordemos igualmente, que "bandas de éste tipo de merodeadores delincuentes", ya actuaron y no hace mucho, en los pueblos de nuestra provincia y donde seguro, que habrá "docenas" de diligencias judiciales archivadas por "causa mayor", pues... ¿Quién y cómo se puede juzgar a quienes, ni tienen domicilio fijo y puede que incluso porten más de una documentación falsa?; puesto que sabido es, que generalmente, a la mayoría de delincuentes (aún con lo del "in fraganti") les toman declaración y los dejan en libertad, cosa que a dichos indeseables les viene "de perlas", para seguir robando o delinquiendo impunemente, puesto que cuando se fije el juicio, igual ya están ellos en... "la China o el Japón", o (me ha dicho un abogado) pueden incluso buscar ello  adrede, por cuanto esa situación, les permite estar "legalmente" en España, por cuanto "están pendientes de juicio".

 

            Sí, hay que hablar claro y "dejarse ya de capullos de Alejandría", fue el propio y "venerado" San Pablo (padre de la Iglesia Católica) el que tajantemente dijo u ordenó... "que el que no trabaje, que no coma", lo que en pocas palabras, viene a decir que son antes las obligaciones que los derechos; y entiéndaseme que hablo, señalando a todo aquel que puede trabajar, puesto que "los impedidos", a esos sí que tenemos la ineludible obligación de mantener y mantenerlos dignamente.

 

            Hay que decir las cosas con claridad meridiana y sin temor a que nos tachen de "racistas", palabra que no tiene más significado que el de emplearla como "un coco", que si bien se puede aplicar a ciertos hechos extremos, pero de esos ni hablo ni me refiero y por descontado que no me identifico con ellos; por tanto, digamos "al pan pan y al vino vino", sin miedo alguno y con criterio propio, por lo que no es necesario referirse al apóstol "Pablo de Tarso", ni a ninguno otro... lo que está claro, debe estarlo, "hoy, ayer y mañana"; ya está bien de "cocos" y de mentiras fáciles de desenmascarar por tonto que sea cualquiera.

 

 

 

Antonio García Fuentes

 

(Escritor y filósofo)

 

www.jaen-ciudad.es (Aquí mucho más)

 

 

 

NOTA: Este artículo ya fue publicado hace ya más de veinte años ¿Qué sigue ocurriendo hoy? (Nótese en las notas al pie, de que se habla de “pesetas”, por tanto los hechos, son aún antes del euro.

 

 

 


 

[i]. Me estoy refiriendo a los máximos responsables en su momento de nada menos que del Ministerio de Gobernación, en los gobiernos de Felipe González Márquez y del Partido Socialista Obrero Español y en los que hubo, incluso... asesinatos.

 

[ii].  El diario "Ideal" del 20-01-2000 en su página nº 17 da la siguiente noticia: "La Guardia Civil ha detenido a cuatro personas, tres de ellas de nacionalidad rumana y una de Moldavia, acusados de supuestos delitos de robo": les abrieron el maletero del coche y allí se encontró género por valor de cuatrocientas mil pesetas (400.000), un aparato que portaban con el que desactivaban la banda magnética de las etiquetas; todo ello robado en "El Corte Inglés", de Jaén, cuya gerencia o empleados han reconocido la propiedad de dichos artículos. Y en estos mismos días, personas que han estado en una "gran superficie" instalada aquí en Jaén (Champión en calle San Clemente) han vivido, los momentos en que los servicios de vigilancia, han cogido "in fraganti", a algunos de éstos "rumanos", con las manos "en la masa" y llevándose alegremente cuanto podían ocultar en sus peculiares atuendos, sabedores (supongo) éstos "indeseables extranjeros", de que las leyes en España, son tolerantes ó como dijera en su día el famoso alcalde de Jerez de la Frontera, "son un cachondeo", del que se libran éstos por otra parte, vulgares ladrones y que deben ser aguantados en el país donde nacieron, aquí ya tenemos bastante con "los nuestros".

 

            En Madrid, existen ya hasta poblados de éstos rumanos y que al parecer son en mayoría "gitanos", los que ya hasta han conseguido más que muchos españoles "abandonados a su suerte", pues qué duda cabe que en España, hay abundante indigencia, la que no se cansa de denunciar la Iglesia Católica y en especial la "ONG", "Cáritas Española", por tanto huelgan comentarios de a quienes hay que atender en primer lugar.