Las Noticias de hoy 19 Septiembre 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 19/09/2020 - 12:35

Refugiados en Grecia: el éxodo de las mujeres y los niños - ACNUR

Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 19 de septiembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa a los periodistas cristianos: Ser portavoces “de esperanza”

China tiene la intención de seguir “mejorando las relaciones” con la Santa Sede

LA TIERRA BUENA: Francisco Fernandez Carbajal

“Ser cada uno otro Cristo”: San Josemaria

Nadiesolo: la lucha contra la soledad en plena pandemia

Santificar el descanso: F. J. López Díaz – C. Ruiz Montoya

Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?: Giulio Maspero y Andrés Cárdenas

El Padre Nuestro:  Daniel Tirapu 

Brújulas para orientar la sociedad: Jesús Ortiz López 

LO QUE BIEN EMPIEZA… FORTALECER LA ESPERANZA PARA SALIR MEJORES DE ESTA CRISIS: Alberto García-Mina Freire

XXV Domingo del tiempo ordinario.: + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

Educando hijos con inteligencia musical: Silvia del Valle Márquez

La nueva ruta: de la interdependencia a la solidaridad: Ana Teresa López de Llergo

La prisa: Lucía Legorreta

Cuidado paliativos, sí. Eutanasia, no: + Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba

¿Enseña o escucha?:  Jaume Catalán Díaz

Eutanasia en tiempos de coronavirus: María Solano 

Grupos de presión de la industria abortista y LGBT: Enric Barrull Casals

Memoria histórica que no escribirán los políticos : Antonio García Fuentes

 

ROME REPORTS

El Papa a los periodistas cristianos: Ser portavoces “de esperanza”

Audiencia con la revista belga ‘Tertio’

SEPTIEMBRE 18, 2020 14:39LARISSA I. LÓPEZPAPA FRANCISCO

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(zenit – 18 sept. 2020)-. El Papa Francisco ha destacado que los periodistas cristianos deben ser portavoces “de esperanza”, portadores “de confianza en el futuro. Porque solo cuando se concibe el futuro como una realidad positiva y posible, el presente también se vuelve vivible”.

E​stas palabras las ha dirigido el Santo Padre hoy, 18 de septiembre de 2020, a una delegación de la revista semanal cristiana belga Tertioque celebra su vigésimo aniversario en una audiencia en el Vaticano.

En su discurso, Francisco apuntó que para la sociedad actual la información “es una parte integral de nuestra vida cotidiana” y cuando es de calidad, “nos permite comprender mejor los problemas y desafíos que el mundo está llamado a enfrentar e inspira el comportamiento individual, familiar y social”.

Formación de las conciencias

En particular, se refirió a que “es muy importante la presencia de medios de comunicación cristianos especializados en información de calidad sobre la vida de la Iglesia en el mundo, capaces de contribuir a la formación de las conciencias”.

Asimismo, resaltó que el nombre de este semanario, Tertio, que “hace referencia a la Carta Apostólica de san Juan Pablo II Tertio millennio adveniente, en vista del Gran Jubileo del Año 2000, para preparar los corazones a acoger a Cristo y su mensaje liberador”.

Hacer escuchar la voz de la Iglesia

Para el Papa, esta referencia no es “solo una llamada a la esperanza, sino que aspira también a que se escuche la voz de la Iglesia y de los intelectuales cristianos en un escenario mediático cada vez más secularizado”, para “enriquecerlo con reflexiones constructivas”.

También subrayó que “es notable la contribución de los medios de comunicación cristianos al crecimiento de un nuevo estilo de vida en las comunidades cristianas, libre de toda forma de preconcepción y exclusión”.

Portavoces de esperanza

​Y, en este sentido, recordó sus propias palabras en el Ángelus dominical del pasado 6 de septiembre: “Los chismes cierran el corazón de la comunidad, cierran la unidad de la Iglesia. El gran chismoso es el diablo, que siempre está diciendo cosas feas de los demás, porque él es el mentiroso que busca dividir a la Iglesia, alejar a los hermanos y no hacer comunidad”.

En medio de la confusión actual, es necesaria “una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros”, reiteró remitiendo a su mensaje para la 54ª Jornada de las Comunicaciones Sociales, del 24 de enero de 2020.

“Vosotros sois los protagonistas de esta ‘narración’, añadió, por tanto, el profesional cristiano de la información debe ser, “un portavoz de esperanza, un portador de confianza en el futuro. Porque solo cuando se concibe el futuro como una realidad positiva y posible, el presente también se vuelve vivible”.

A continuación, sigue el discurso completo del Papa.

***

Discurso del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡bienvenidos!

​Me alegra encontraros, colaboradores de la revista semanal cristiana Tertio, que celebra su vigésimo aniversario. Os deseo un provechoso peregrinaje a Roma y os felicito por todo lo que hacéis en el campo de la información y la comunicación. Agradezco a Monseñor Smet y al Sr. Van Lierde sus palabras de presentación.

En la sociedad en la que vivimos, la información es una parte integral de nuestra vida cotidiana. Cuando es de calidad, nos permite comprender mejor los problemas y desafíos que el mundo está llamado a enfrentar e inspira el comportamiento individual, familiar y social. En particular, es muy importante la presencia de medios de comunicación cristianos especializados en información de calidad sobre la vida de la Iglesia en el mundo, capaces de contribuir a la formación de las conciencias.

​Además, el nombre mismo de vuestro semanario, Tertio, hace referencia a la Carta Apostólica de San Juan Pablo II Tertio millennio adveniente, en vista del Gran Jubileo del Año 2000, para preparar los corazones a acoger a Cristo y su mensaje liberador. Esta referencia, pues, no es sólo una llamada a la esperanza, sino que aspira también a que se escuche la voz de la Iglesia y de los intelectuales cristianos en un escenario mediático cada vez más secularizado, con el fin de enriquecerlo con reflexiones constructivas. Buscando una visión positiva de las personas y los hechos, rechazando los prejuicios; se trata de fomentar una cultura del encuentro a través de la cual es posible conocer la realidad con una mirada confiada.

También es notable la contribución de los medios de comunicación cristianos al crecimiento de un nuevo estilo de vida en las comunidades cristianas, libre de toda forma de preconceptos y exclusión. De hecho – sabemos – “los chismes cierran el corazón de la comunidad, cierran la unidad de la Iglesia. El gran chismoso es el diablo, que siempre está diciendo cosas feas de los demás, porque él es el mentiroso que busca dividir a la Iglesia, alejar a los hermanos y no hacer comunidad”. (Angelus, 6 de septiembre de 2020).

La comunicación es una misión importante para la Iglesia. Los cristianos comprometidos en este campo están llamados a poner en práctica de manera muy concreta la invitación del Señor a ir por el mundo y proclamar el Evangelio (cf. Mc 16,15). Por motivo de su alta conciencia profesional, el periodista cristiano debe ofrecer un testimonio nuevo en el mundo de la comunicación sin ocultar la verdad o manipular la información. Efectivamente, “en medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos.. Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros”. (Mensaje para la 54ª Jornada de las Comunicaciones Sociales, 24 de enero de 2020). Vosotros sois los protagonistas de esta «narración».

El profesional cristiano de la información debe ser, por lo tanto, un portavoz de esperanza, un portador de confianza en el futuro. Porque sólo cuando se concibe el futuro como una realidad positiva y posible, el presente también se vuelve vivible. Estas reflexiones también pueden ayudarnos, especialmente hoy, a alimentar la esperanza en la situación de pandemia que está atravesando el mundo. Sois sembradores de esta esperanza en un mañana mejor. En el contexto de esta crisis, es importante que los medios de comunicación contribuyan a que las personas no enfermen de soledad y puedan recibir una palabra de consuelo.

​Queridos amigos, vuelvo a animaros por vuestros esfuerzos y doy gracias a Dios por vuestro testimonio durante estos veinte años, que ha llevado a la buena reputación que tiene vuestro semanario. Como subrayaba San Juan Pablo II, “A vosotros, que trabajáis en el campo de la cultura y de la comunicación, la Iglesia os mira con confianza y esperanza porque […] estáis llamados a leer e interpretar el tiempo presente y a descubrir los caminos para una comunicación del Evangelio según los lenguajes y la sensibilidad del hombre contemporáneo.» (Discurso a los participantes en el Congreso nacional italiano para los agentes de la cultura y de la comunicación, organizado por la C.E.I., 9 de noviembre de 2002).

Confío a la protección de la Santísima Virgen vuestro trabajo al servicio del encuentro entre el hombre y la sociedad. Que ella vuelva su mirada hacia todos y cada uno de vosotros y os ayude a ser fieles discípulos de su Hijo en vuestra profesión. Bendigo a todos los colaboradores de Tertio, a sus familiares, así como a los lectores de la revista. Y os pido, por favor, que no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.

© Librería Editorial Vaticano

China tiene la intención de seguir “mejorando las relaciones” con la Santa Sede

Días antes de la expiración del acuerdo

SEPTIEMBRE 18, 2020 10:50ANNE KURIAN-MONTABONECIUDAD DEL VATICANO

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(zenit – 18 sept. 2020)-. Unos días antes de la expiración del acuerdo sobre el nombramiento de obispos, China tiene la intención de seguir “mejorando las relaciones” bilaterales con la Santa Sede.

Así lo afirmó el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Wang Wenbin, en una conferencia de prensa reportada por el sitio web del ministerio el 15 de septiembre de 2020.

Respondiendo a una pregunta de CCTV, Wang Wenbin celebró: “En los últimos años, gracias a los esfuerzos de ambas partes, las relaciones entre China y el Vaticano han mejorado constantemente. El acuerdo provisional entre China y el Vaticano sobre el nombramiento de obispos es un resultado importante que se ha desarrollado sin problemas en los últimos dos años”.

“China y el Vaticano se han apoyado mutuamente en la lucha contra el virus, salvaguardando la seguridad de la salud pública mundial y profundizando la confianza y la comprensión mutua”, añadió.

Y el portavoz declaró: “China está dispuesta a permanecer en estrecha comunicación con el Vaticano para continuar implementando el acuerdo y mejorar las relaciones entre ambas partes”.

Firmado hace dos años, este acuerdo histórico está llegando a su fin. Varias voces de la Santa Sede, incluyendo al cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, han expresado su deseo de que sea renovado: “Deseamos que se extienda, que continuemos adoptándolo ad experimentum”, dijo el número 2 del Vaticano el 14 de septiembre.

Reafirmando la voluntad del Vaticano de “colaborar” con el Imperio Medio, pidió “una vida normal” para la Iglesia Católica en el país, en “coexistencia pacífica”.

El “acuerdo provisional” entre China continental y la Santa Sede fue firmado en Pekín el 22 de septiembre de 2018: un acuerdo histórico, después de años de conversaciones, que no fue político sino pastoral. El texto, que no se hizo público, trataba “del nombramiento de obispos, un asunto de gran importancia para la vida de la Iglesia, y (creó) las condiciones para una colaboración bilateral más amplia”, decía la declaración oficial.

Las discretas negociaciones entre la Santa Sede y la República Popular de China se han reanudado desde 2014: regularmente, se han recibido delegaciones de Pekín en Roma, y representantes del Vaticano han visitado China.

 

 

LA TIERRA BUENA

— Los corazones endurecidos por la falta de contrición se incapacitan para acoger la palabra divina.

— Necesidad de oración y de sacrificio para que la gracia dé fruto en el alma.

— Paciencia y constancia: recomenzar con humildad.

I. Se reunió junto al Señor una gran muchedumbre, que acudía a Él de todas las ciudades1. Y Jesús aprovechó la ocasión, como tantas veces, para enseñarles el misterio de la acción de la gracia en las almas mediante la parábola del sembrador. Todos los que le escuchaban conocían bien las condiciones en que se hacían las labores del campo en aquellas tierras de Palestina. Salió el sembrador a sembrar su semilla... Es Cristo mismo que continuamente, hoy también, extiende su reinado de paz y de amor en las almas, contando con la libertad y la personal correspondencia de cada uno. Dios se encuentra en las almas con situaciones tan diversas como distintos son los terrenos que reciben idéntica semilla. Al llevar a cabo la siembra, parte cayó junto al camino, y fue pisoteada y se la comieron las aves del cielo: se perdió completamente, sin dar fruto. Más tarde, cuando Jesús explique a sus discípulos la parábola, les dirá que el diablo se lleva la palabra de su corazón. Estas almas, endurecidas por la falta de arrepentimiento de sus pecados, se incapacitan para recibir a Dios que las visita. A este mal terreno se asemeja el corazón «que está pisoteado por el frecuente paso de los malos pensamientos, y seco de tal modo que no puede recibir la semilla ni esta germinar»2. El demonio encuentra en estas almas el terreno apropiado para lograr que la semilla de Dios quede infecunda.

Por el contrario, el alma que, a pesar de sus flaquezas, se arrepiente una y otra vez, y procura evitar las ocasiones de pecar y recomienza cuantas veces sea necesario, atraerá la misericordia divina. La humildad que supone reconocer los pecados, quizá solo veniales, y los propios defectos prepara el alma para que Dios siembre en ella y fructifique. Por eso, hoy, al meditar esta parábola de Jesús, puede ser un buen momento para que nos preguntemos si cada día pedimos perdón por todas aquellas cosas que no agradan al Señor, aun en lo pequeño, y si acudimos con verdadera sed de limpieza a la Confesión frecuente.

Ahora es buen momento para pedirle a Jesús que nos ayude a echar lejos de nosotros todo aquello, por pequeño que sea, que nos separa de Él, a no pactar con defectos y actitudes que entorpecen la amistad que Él nos ofrece diariamente. «Has llegado a una gran intimidad con este nuestro Dios, que tan cerca está de ti, tan dentro de tu alma..., pero, ¿procuras que aumente, que se haga más honda? ¿Evitas que se metan por medio pequeñeces que puedan enturbiar esa amistad?

»—¡Sé valiente! No te niegues a cortar todo lo que, aunque sea levemente, cause dolor a Quien tanto te ama»3.

II. Parte de la semilla cayó sobre pedregal, y una vez nacida se secó por falta de humedad. Estos son los que reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíces; creen durante algún tiempo pero a la hora de la tentación se vuelven atrás. A la hora de la prueba sucumben porque han basado su seguimiento a Cristo en el sentimiento y no en una vida de oración, capaz de resistir los momentos difíciles, las pruebas de la vida y las épocas de aridez. «A muchos les agrada lo que escuchan y se proponen obrar bien; pero en cuanto comienzan a ser incomodados por las adversidades abandonan las buenas obras que habían comenzado»4. ¡Cuántos buenos propósitos han naufragado cuando el camino de la vida interior ha dejado de ser llano y placentero! Estas almas buscaban más su contento y la satisfacción propia que a Dios mismo. «Unos por unas razones y otros por otras –se quejaba San Agustín–, el hecho es que apenas se busca a Jesús por Jesús»5. Buscar a Jesús, por Él mismo, con aridez cuando llegue; querer subir a la cumbre no solo cuando el camino es llano y sombreado, sino cuando se convierte en un sendero apenas visible en medio de la rocas, sin más amparo que el deseo firme de subir hasta la cima donde está Cristo: buscar «a Jesús por Jesús». Solo lo conseguiremos con la fidelidad a la oración diaria, cuando resulta fácil y cuando cuesta.

Otra parte de la semilla cayó en medio de las espinas, y habiendo crecido con ella las espinas la sofocaron. Estos son los que, habiendo oído y arraigado en el alma la palabra de Dios, no llegaron a dar fruto a causa de las preocupaciones, riquezas y placeres de la vida. Es imposible seguir a Cristo sin una vida mortificada, pues poco a poco se pierde el atractivo por las cosas de Dios y, paralelamente, se inicia el camino fácil de las compensaciones, del apegamiento desordenado al dinero, a la comodidad..., y se acaba deslumbrado por el aparente valor de las cosas terrenas. «No te asombres de que a los placeres llamara espinas (...) –comenta San Basilio–. Así como las espinas, por cualquier parte que se las coja, ensangrientan las manos, así también los placeres dañan a los pies, a las manos, a la cabeza, a los ojos... Cuando se pone el corazón en las cosas temporales sobreviene la vejez prematura, se embotan los sentidos, se entenebrece la razón...»6.

La oración y la mortificación preparan al alma para recibir la buena semilla y dar fruto. Sin ellas, la vida queda infecunda. «El sistema, el método, el procedimiento, la única manera de que tengamos vida –abundante y fecunda en frutos sobrenaturales– es seguir el consejo del Espíritu Santo, que nos llega a través de los Hechos de los Apóstoles: “omnes erant perseverantes unanimiter in oratione” -todos perseveraban unánimemente en la oración.

»—Sin oración, ¡nada!»7. No existe un camino hacia Dios que no pase por la oración y el sacrificio.

III. «Después de referirse a las circunstancias que hacen ineficaz la semilla, habla por fin la parábola de la tierra buena. No da lugar así al desaliento, antes al contrario, abre camino a la esperanza, y muestra que todos pueden convertirse en buena tierra»8. La semilla que cayó en tierra buena son los que oyen la palabra con un corazón bueno y generoso, la conservan y dan fruto mediante la paciencia.

Todos, independientemente de la situación anterior, podemos dar buenos frutos para Dios, pues Él siembra constantemente la semilla de su gracia. La eficacia depende de nuestras disposiciones. «Lo único que importa es no ser camino, ni pedregal, ni cardos, sino tierra buena No sea el corazón camino donde el enemigo se lleve, como los pájaros, la semilla pisada por los transeúntes; no peñascal donde la poca tierra haga germinar enseguida lo que ha de agostar el sol; ni abrojal de pasiones humanas y cuidados de la vida disoluta»9. Tres son las características que señala el Señor en la tierra buena: oír con un corazón contrito, humilde, los requerimientos divinos; esforzarse para que –con la oración y la mortificación– esas exigencias calen en el alma y no se atenúen con el paso del tiempo; y, por último, comenzar y recomenzar, sin desanimarse si los frutos tardan en llegar, si nos damos cuenta de que los defectos no acaban de desaparecer a pesar de los años y del empeño en la lucha por desarraigarlos.

Os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo –se lee hoy en la Liturgia de las Horas–; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne10. Si queremos y somos dóciles, el Señor está dispuesto a cambiar en nosotros todo lo que sea necesario para transformarnos en tierra buena y fértil. Hasta lo más profundo de nuestro ser, el corazón, puede verse renovado si nos dejamos arrastrar por la gracia de Dios, siempre tan abundante. Lo importante es ir una y otra vez a Él, con humildad, en demanda de ayuda, sin querer separarnos jamás de su lado, aunque nos parezca que no avanzamos, que pasa el tiempo y no cosechamos los frutos deseados. «Dios es agricultor –enseña San Agustín–, y si se aparta del hombre, este se convierte en un desierto. El hombre es también agricultor, y si se aparta de Dios, se convierte también en un desierto»11. No nos separemos de Él; acudamos a su Corazón misericordioso muchas veces a lo largo del día.

1 Lc 8, 4-15. — 2 San Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, in loc. — 3 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 417. — 4 San Gregorio Magno, o. c., 15, 2. — 5 San Agustín, Comentario al Evangelio de San Juan, 25, 10. — 6 San Basilio, Homilías sobre San Lucas, 3, 12. — 7 San Josemaría Escrivá, o. c., n. 297. — 8 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo, 44. — 9 San Agustín, Sermón 101, 3. — 10 Liturgia de las Horas, Laudes. Ez 36, 26. — 11 San Agustín, Comentario a los Salmos, 145, 11.

 

 

“Ser cada uno otro Cristo”

Te ha costado mucho ir apartando y olvidando las preocupacioncillas tuyas, tus ilusiones personales: pobres y pocas, pero arraigadas. –A cambio, ahora estás bien seguro de que tu ilusión y tu ocupación son tus hermanos, y sólo ellos, porque en el prójimo has aprendido a descubrir a Jesucristo. (Surco, 765)

19 de septiembre

Si no queremos malgastar el tiempo inútilmente –tampoco con las falsas excusas de las dificultades exteriores del ambiente, que nunca han faltado desde los inicios del cristianismo–, hemos de tener muy presente que Jesucristo ha vinculado, de manera ordinaria, a la vida interior la eficacia de nuestra acción para arrastrar a los que nos rodean. Cristo ha puesto como condición, para el influjo de la actividad apostólica, la santidad; me corrijo, el esfuerzo de nuestra fidelidad, porque santos en la tierra no lo seremos nunca. Parece increíble, pero Dios y los hombres necesitan, de nuestra parte, una fidelidad sin paliativos, sin eufemismos, que llegue hasta sus últimas consecuencias, sin medianías ni componendas, en plenitud de vocación cristiana asumida y practicada con esmero.

Quizá alguno de vosotros piense que me estoy refiriendo exclusivamente a un sector de personas selectas. No os engañéis tan fácilmente, movidos por la cobardía o por la comodidad. Sentid, en cambio, la urgencia divina de ser cada uno otro Cristo, ipse Christus, el mismo Cristo; en pocas palabras, la urgencia de que nuestra conducta discurra coherente con las normas de la fe, pues no es la nuestra –ésa que hemos de pretender– una santidad de segunda categoría, que no existe. (Amigos de Dios, 6)

 

 

Nadiesolo: la lucha contra la soledad en plena pandemia

‘Nadiesolo’ es la marca que la ONG Desarrollo y Asistencia lanzó a principios de 2020 con motivo de su 25 aniversario. La lucha contra todas las formas de soledad vertebra la actividad de sus voluntarios desde hace un cuarto de siglo. La pandemia no fue sino otra oportunidad para seguir peleando contra ese enemigo, que se ceba con los mayores y desfavorecidos, y, desde hace unos meses, con los enfermos de COVID-19.

INICIATIVAS17/09/2020

Desde sus inicios, Desarrollo y Asistencia ha enfocado sus proyectos a trabajar contra la soledad no deseada. Persona a persona. Su red de voluntarios ofrece compañía cada semana a casi 2.000 personas mayores en domicilios y residencias.

Está junto a miles de enfermos en hospitales para paliar su soledad en el momento del sufrimiento. Acompaña en su itinerario de aprendizaje a cientos de niños en riesgo de exclusión social, que afrontan solos la ardua y diaria tarea de hacer los deberes. Regala horas de diversión a decenas de personas con discapacidad intelectual, y apoya a otras tantas que no tienen hogar y viven como pueden en centros de acogida.

“El enemigo a batir es la soledad; llevamos 25 años trabajando contra ella. Y no sólo la sufren los mayores, sino otros muchos colectivos. Por eso nuestro trabajo es buscar los puntos de soledad y paliarlos, no con cosas, sino con personas”. Quien así habla es la directora ejecutiva de Desarrollo y Asistencia, Isabel Antúnez, que esta primavera, cuando planeaba los eventos para celebrar el primer cuarto de siglo de la ONG, se encontró con un reto sin precedentes.

EL EQUIPO DE DESARROLLO Y ASISTENCIA CONVIRTIÓ SUS PROGRAMAS DE ACOMPAÑAMIENTO PRESENCIAL EN “TELEACOMPAÑAMIENTO”

La llegada de la pandemia cerró de pronto las residencias de ancianos e impidió a sus voluntarios el acceso a los hospitales y los domicilios. Junto a las nuevas barreras para desarrollar su trabajo, apareció un nuevo brote de soledad: la de los enfermos de coronavirus, aislados en sus habitaciones, separados de sus familiares, angustiados durante horas, días y semanas.

El equipo de Desarrollo y Asistencia se planteó un nuevo y gran reto: conseguir ofrecer un acompañamiento que fuera verdadero consuelo al mayor número de personas posible. Y convirtió sus programas de acompañamiento presencial en “teleacompañamiento” y en varios cientos de cartas, dibujos y vídeos que consolaron a multitud de personas en una veintena de hospitales, y en horas de acompañamiento telefónico, ofrecido a familias y personal sanitario de 15 centros hospitalarios.

El ‘teleacompañamiento’ de estos meses ha llenado las horas de 423 de nuestros mayores que viven solos, y de 200 niños y adultos con discapacidad. Los voluntarios han trabajado en quedadas virtuales, vídeos de apoyo, llamadas telefónicas y vídeo llamadas, y canalizando la información sobre necesidades urgentes y gestiones de hacer la compra, farmacia, etc. La pandemia sirvió de aldabonazo para la solidaridad de muchos, y 158 nuevos voluntarios se han sumado a la labor de la ONG.

El reto del segundo rebrote

Ahora, la red de voluntarios de Desarrollo y Asistencia está preparada para hacer frente, con imaginación, a la soledad generada por el rebrote de la pandemia. Para ello han decidido hacer grupos más reducidos en sus programas de apoyo a personas con discapacidad intelectual, para facilitar que estas personas puedan salir a la calle. Y lo mismo han hecho con los mayores. Las situaciones de personas de especial riesgo las han afrontado mediante el acompañamiento telefónico entre una y tres veces a la semana, y buscando voluntarios más jóvenes para las salidas.

El teléfono será también el principal aliado de la atención domiciliaria. Las personas que sufren soledad en sus domicilios se sienten aún más vulnerables en un momento de aislamiento como el provocado por la pandemia. En el caso de las residencias, mientras las visitas están restringidas y se permitan sólo a los familiares, la ONG estudia articular un sistema de apadrinamiento de aquellos ancianos a los que no va a ver nadie, para que ninguna persona se quede sola.

GRACIAS A LA TECNOLOGÍA SEGUIMOS CERCA DE TODAS LAS PERSONAS A LAS QUE ACOMPAÑAMOS HABITUALMENTE

Pero la herramienta estrella que ha llegado para quedarse son las tablets. La ONG ha logrado donaciones para implantar el uso de tablets en su voluntariado con personas sin hogar en centros de acogida, en sus programas con niños en riesgo de exclusión social y busca la forma de contactar virtualmente o por teléfono en el caso de enfermos ingresados en hospitales.

En los Centros de Acogida muchas personas no tienen teléfono, pero pueden acceder a una red wifi y seguir conectadas con alguien mientras están aisladas o recluidas. Para los niños del programa ‘Sabadeando’, por ejemplo, la posibilidad de contar con una de estas herramientas es, sencillamente, la puerta a tener más oportunidades en su educación. “Existe una brecha digital entre los niños con y sin recursos”, considera la directora de la ONG.

Para los enfermos, los medios de comunicación virtual son una ayuda para vencer al miedo. “La tecnología ha sido fundamental para adaptarnos a la nueva situación –prosigue Isabel Antúnez. Desde que comenzó la pandemia no nos dejan entrar en los hospitales, residencias y lugares de acción de nuestro voluntariado, que se han convertido en recintos más cerrados mientras llega una vacuna. Pero gracias a la tecnología seguimos cerca de todas las personas a las que acompañamos habitualmente, que sufren especialmente la soledad, para aliviarles y darles consuelo”.

La ilusión es que es que estas medidas de adaptación a la situación actual sean sólo complementarias, porque el objetivo es que se pueda recuperar cuanto antes el acompañamiento presencial, que es más humano y que todos necesitamos.

 

 

Santificar el descanso

Dios, que nos invita a trabajar para colaborar con él en la Creación, quiere también que descansemos. El reposo merecido es voluntad de Dios para cada uno de nosotros.

TRABAJO25/07/2011

«El hombre tiene que imitar a Dios tanto trabajando como descansando, dado que Dios mismo ha querido presentarle la propia obra creadora bajo la forma del trabajo y del descanso» [1].

Estas palabras de Juan Pablo II hacen referencia al relato de la Creación, primer «evangelio del trabajo» [2]. El autor sagrado, después de narrar cómo Dios, durante seis días, da la existencia al cielo, a la tierra y a todo su ornato, concluye: "Terminó Dios en el día séptimo la obra que había hecho, y descansó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó, porque ese día descansó Dios de toda la obra que había realizado en la creación" [3].

A partir de entonces, corresponde al hombre perfeccionar esa obra divina mediante su trabajo [4], sin olvidar que él es también criatura, fruto del amor de Dios y llamado a la unión definitiva con Él. El descanso del día séptimo, que Dios santifica, tiene para el hombre un hondo significado: además de una necesidad, es tiempo apropiado para reconocer a Dios como autor y Señor de todo lo creado, y anticipo del descanso y alegría definitivos en la Resurrección.

LA FAMILIA, ESPACIO ESPIRITUAL, ES UNA ESCUELA PARA APRENDER A DESCANSAR PENSANDO EN LOS DEMÁS.

Una vida que transcurriese sumergida en los afanes del trabajo, sin considerar el fundamento del que todo proviene y el sentido –el fin– hacia el que todo tiende, «correría el peligro de olvidar que Dios es el Creador, del cual depende todo» [5], y hacia el cual todo se orienta.

Hacer todo para la gloria de Dios –la unidad de vida– es vivir con fundamento sólido y con sentido y fin sobrenaturales, es descansar en la filiación divina dentro del propio trabajo y convertir el descanso en servicio a Dios y a los demás.

En la Obra, todo es medio de santidad: el trabajo y el descanso; la vida de piedad y el trato afectuoso con todos; la alegría y el dolor. En una palabra, hay una posibilidad de santificación en cada minuto de nuestra vida: en todo debemos amar y cumplir la Voluntad de Dios [6].

Situar el trabajo y el descanso

El trabajo es un don de Dios y la misma creación es ya una llamada [7]: el hecho de que Dios llame a la existencia a una criatura libre, y la cree por amor, lleva implícita una vocación a corresponder.

El trabajo es ámbito de encuentro entre la libertad creadora de Dios y la libertad del hombre, lugar de respuesta, y por tanto de oración hecha obras y de contemplación. Viendo la mano de Dios en todas las cosas, y especialmente en los demás hombres y en sí misma, la criatura se esfuerza para llevar todo a la perfección querida por Dios, buscando así su propia plenitud.

La invitación divina a trabajar es consecuencia de un corazón de Padre que quiere contar con la colaboración de sus hijos. El esfuerzo que esa tarea conlleva ha de ser humilde, filial, respuesta de amor y no iniciativa autónoma que busque la propia gloria.

Se podría aplicar al trabajo aquella imagen de nuestro Padre, en la que un pequeño se acerca a un grupo pescadores que tiraban de la red con enorme fuerza: agarró la cuerda con sus manecitas y comenzó a tirar con evidente torpeza. Aquellos pescadores rudos, nada refinados, debieron de sentir su corazón estremecerse y permitieron que el pequeño colaborase; no lo apartaron, aunque más bien estorbaba [8].

Dios conoce bien a sus criaturas. Al mismo tiempo que nos invita a colaborar con Él, sabe que nuestra naturaleza es frágil y quebradiza. La llamada divina a trabajar incluye la necesidad del descanso. Como se deduce del relato de la creación, «la alternancia entre trabajo y descanso, propia de la naturaleza humana, es querida por Dios mismo» [9].

SABIENDO QUE SOMOS DE DIOS Y QUE NO NOS PERTENECEMOS, TENEMOS LA RESPONSABILIDAD DE CUIDAR LA SALUD, DE ESTAR EN CONDICIONES DE DAR A DIOS TODA LA GLORIA.

Esta necesidad parte, en primer lugar, de la limitación física. Sobrestimar las propias fuerzas o un espíritu de sacrificio mal entendido podrían dar lugar a daños en la salud que Dios no quiere y que, a la larga, condicionarían la disponibilidad para servirle. Sin embargo, en algún momento, el Señor puede pedirnos mayor desgaste, situaciones que exijan un desprendimiento heroico incluso de la propia salud para cumplir su Voluntad.

Don Álvaro, saliendo a la calle con cuarenta grados de fiebre para buscar medios económicos, mientras se levantaban los edificios de Villa Tevere, es un ejemplo de ese amor sin condiciones.

Pero, por el mismo motivo –servir a Dios–, es bueno dedicar el tiempo necesario al descanso, como nuestro Padre ha señalado en numerosas ocasiones: Me parece, por eso, oportuno recordaros la conveniencia del descanso. Si llegara la enfermedad, la recibiremos con alegría, como venida de la mano de Dios; pero no podemos provocarla con nuestra imprudencia: somos hombres, y necesitamos reponer las fuerzas de nuestro cuerpo [10].

Sería una pena que, pudiendo descansar, mermaran las fuerzas por falta de reposo. Sabiendo que somos de Dios y que no nos pertenecemos, tenemos la responsabilidad de cuidar la salud, de estar en condiciones de dar a Dios toda la gloria.

El descanso es también una necesidad espiritual, «es una cosa sagrada, siendo para el hombre la condición para liberarse de la serie, a veces excesivamente absorbente, de los compromisos terrenos y tomar conciencia de que todo es obra de Dios» [11].

Salir de las exigentes solicitaciones –plazos, proyectos, riesgos, incertidumbres– que demanda el trabajo profesional, facilita el sosiego necesario para redimensionar la existencia y la propia tarea.

Saber despegarse periódicamente de esos reclamos supone, en ocasiones, un acto de abandono en el Señor, y contribuye a relativizar la importancia material de lo que hacemos, «persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio» [12].

Trabajamos por fidelidad, por amor, para que Dios se sirva –ha querido servirse– de nuestra entrega, sin atribuirnos la eficacia: ni el que planta es nada, ni el que riega, sino el que da el crecimiento, Dios [13]. La interrupción de la tarea habitual ayuda a valorar la desproporción entre nuestra aportación personal y los frutos de santidad y de apostolado que produce.

Si somos objetivos, con la objetividad que dan la fe y el trato con el Señor, veremos que también el esfuerzo que ponemos en el trabajo es don de Dios que sostiene, guía y empuja. El trabajo profesional –en el laboratorio, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia–, siendo el eje de la santidad, y la actividad que de algún modo estructura la existencia, no debe absorber otras facetas igualmente importantes.

«Por tanto, si después de seis días de trabajo el hombre busca un tiempo de distensión y de más atención a otros aspectos de la propia vida, esto responde a una auténtica necesidad, en plena armonía con la perspectiva del mensaje evangélico» [14].

Dedicar tiempo a la familia, a los amigos; emplearlo para incrementar la formación y la cultura y para tratar al Señor con más calma suponen también excelentes ocasiones para buscar la santidad en las que «las preocupaciones y las tareas diarias pueden encontrar su justa dimensión: las cosas materiales por las cuales nos inquietamos dejan paso a los valores del espíritu; las personas con las que convivimos recuperan, en el encuentro y en el diálogo más sereno, su verdadero rostro» [15].

El descanso responde también, por tanto, a la necesidad de vigilar, de pararse a rectificar el rumbo para poner a Dios en el centro y descubrirle en los demás. Las Convivencias, un paseo con la familia, los ratos de oración, las tertulias, los tiempos de retiro..., cada uno de estos ejemplos, a su modo, está en consonancia con esa necesidad y contiene notas esenciales de lo que significa descansar con sentido.

Reponer fuerzas en el cuerpo y en el espíritu: un cambio de actividad –el descanso no es no hacer nada–, que se distancia de las preocupaciones diarias, situándolas en su justa medida.

Esto es particularmente importante en ambientes donde una competitividad desmesurada, movida muchas veces por el deseo de gloria humana, tiende a absorber tal cantidad de tiempo y energías que hacen difícil atender otras obligaciones. El obrar de Dios es el modelo del obrar humano. Si Dios tomó respiro el día séptimo, también el hombre debe reponerse y hacer que quienes están a su lado, especialmente los más necesitados, recobren aliento [16].

«En esta perspectiva, el descanso dominical y festivo adquiere una dimensión profética, afirmando no sólo la primacía absoluta de Dios, sino también la primacía y la dignidad de la persona en relación con las exigencias de la vida social y económica, anticipando, en cierto modo, los cielos nuevos y la tierra nueva, donde la liberación de la esclavitud de las necesidades será definitiva y total. En resumen, el día del Señor se convierte así también, en el modo más propio, en el día del hombre» [17].

Anticipo de la Resurrección

Con la plenitud de la Revelación, en Cristo, el trabajo y el descanso alcanzan una comprensión más plena, insertados en la dimensión salvadora: el descanso como anticipo de la Resurrección ilumina la fatiga del trabajo como unión a la Cruz de Cristo.

«Mi Padre sigue obrando todavía... (Jn 5, 17); obra con la fuerza creadora, sosteniendo en la existencia al mundo que ha llamado de la nada al ser, y obra con la fuerza salvífica en los corazones de los hombres, a quienes ha destinado desde el principio al descanso (Hb 4, 1; 9-16) en unión consigo mismo, en la casa del Padre (Jn 14, 2)» [18].

Así como en Cristo, Cruz y Resurrección forman una unidad inseparable, aunque sean dos acontecimientos históricos sucesivos, análogamente, el trabajo y el descanso deben estar integrados en unidad vital. Por eso,más allá de la sucesión temporal, del cambio de ocupación que supone el descanso respecto al trabajo, se descansa en el Señor, se descansa en la filiación divina.

Esta nueva perspectiva introduce el descanso junto al propio trabajo, como una tarea filial, sin quitar al trabajo lo que tiene de esfuerzo y fatiga. Lo que queda excluido es otro género de cansancio bien distinto, que se deriva de trabajar por el orgullo de buscar como meta suprema la afirmación personal, o de trabajar sólo por motivos humanos. Ese cansancio, Dios no lo quiere: En vano madrugáis, y os vais tarde a descansar los que coméis el pan de fatigas [19].

Descansad, hijos, en la filiación divina. Dios es un Padre, lleno de ternura, de infinito amor. Llamadle Padre muchas veces, y decidle –a solas– que le queréis, que le queréis muchísimo: que sentís el orgullo y la fuerza de ser hijos suyos [20].

Esa fuerza de ser hijos de Dios conduce a un trabajo más sacrificado, a una mayor abnegación, hasta abrazar la Cruz de cada día con la fuerza del Espíritu Santo, para cumplir ahí la Voluntad de Dios, sin desfallecer; permite trabajar sin descanso, porque el cansancio del trabajo pasa a ser redentor. Entonces, vale la pena empeñarse con todas las energías en la tarea porque ya no sólo se están obteniendo frutos materiales, sino que se está llevando el mundo a Cristo.

Cuando se trabaja con esa disposición, más allá del esfuerzo humano de hacer fructificar los talentos, aparece el fruto sobrenatural de paz y alegría: Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor [21], y la fecundidad apostólica: Muy bien, siervo bueno, porque has sido fiel en lo poco, ten potestad sobre diez ciudades [22].

Por lo tanto, el trabajo «no puede consistir en el mero ejercicio de las fuerzas humanas en una acción exterior; debe dejar un espacio interior, donde el hombre, convirtiéndose cada vez más en lo que por voluntad divina tiene que ser, se va preparando a aquel “descanso” que el Señor reserva a sus siervos y amigos» [23].

En el episodio de la Transfiguración se narra que seis días después de anunciar su Pasión y muerte, Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los condujo a un monte alto, a ellos solos. Y se transfiguró ante ellos [24]. Santo Tomás, comentando este pasaje, relaciona el día séptimo en el que Dios descansó de la obra creadora con el séptimo día –seis días después– en que el Señor se manifestó a sus discípulos para mostrarles un anticipo de la Resurrección gloriosa, para que, levantando la mirada, no se quedasen en una visón terrena [25]. Los tres discípulos, admirados ante la contemplación de la gloria, ante la presencia del fin al que están llamados, expresan la alegría de descansar en el Señor y con el Señor: qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas [26] –afirma Pedro–, viviendo anticipadamente la alegría y la paz del Cielo. Ese momento no iba a perpetuarse todavía. Sin embargo, la luz y la paz del Tabor serán fuerza para continuar el camino que, pasando por la Cruz, conduce a la Resurrección.

También nosotros hallamos descanso en el abandono filial: la paz y la serenidad de quien sabe que detrás del cansancio, las dificultades y las preocupaciones propias de nuestra condición terrena, hay un Padre eterno y omnipotente, que nos sostiene. Trabajar con visión de eternidad evita preocupaciones inútiles y desasosiegos infecundos y anima cualquier tarea con el deseo de ver definitivamente el rostro de Cristo.

TRABAJAR CON VISIÓN DE ETERNIDAD EVITA PREOCUPACIONES INÚTILES Y DESASOSIEGOS INFECUNDOS.

Santificar el descanso, y especialmente el domingo –paradigma del descanso cristiano que celebra la Resurrección del Señor–, ayuda a descubrir el sentido de eternidad y contribuye a renovar la esperanza: «el domingo significa el día verdaderamente único que seguirá al tiempo actual, el día sin término que no conocerá ni tarde ni mañana, el siglo imperecedero que no podrá envejecer; el domingo es el preanuncio incesante de la vida sin fin que reanima la esperanza de los cristianos y los alienta en su camino» [27].

Santificar el descanso y las diversiones

Los primeros cristianos vivían su fe en un ambiente hedonista y pagano. Desde el principio, se dieron cuenta de que no se puede compatibilizar el seguimiento de Cristo con formas de descansar y de divertirse que pervierten y deshumanizan.

San Agustín, en referencia a espectáculos de este tipo, decía en una homilía: «Niégate a ir, reprimiendo en tu corazón la concupiscencia temporal, y mantente en una actitud fuerte y perseverante» [28]. No es extraño que se repitan ahora, en ambientes neopaganos, manifestaciones clamorosas de esa indigencia espiritual.

Es preciso discernir «entre los medios de la cultura y las diversiones que la sociedad ofrece, los que estén más de acuerdo con una vida conforme a los preceptos del Evangelio» [29].

No se trata de permanecer en un ambiente cerrado. Es necesario ponerse en marcha, con iniciativa, con valentía, con verdadero amor a las almas, de modo que cada uno nos esforcemos para transmitir en los ambientes sociales el sentido y el gozo cristiano del descanso. Como nos recordaba don Álvaro, es una labor importante para cada uno la creación de lugares en los que impere un tono cristiano en las relaciones sociales, en las diversiones, en el aprovechamiento del tiempo libre [30].

Jesús, María y José nos muestran cómo hay en la vida familiar tiempo para el descanso y para la fiesta: iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua [31]. La familia, espacio espiritual, es una escuela para aprender a descansar pensando en los demás. Para ello conviene programar bien las vacaciones, emplear los tiempos de descanso para estar con los hijos, para conocerles bien y conversar con ellos, para jugar con los más pequeños...

ES PRECISO APRENDER A PASARLO BIEN EN FAMILIA, SIN CAER EN LA SOLUCIÓN FÁCIL DE DEJAR A LOS MÁS JÓVENES SOLOS FRENTE AL TELEVISOR O NAVEGANDO EN INTERNET.

Es preciso aprender a pasarlo bien en familia, sin caer en la solución fácil de dejar a los más jóvenes solos frente al televisor o navegando en Internet. En este sentido, seleccionar en la televisión cuáles son los programas más interesantes y verlos junto a los hijos, o enseñar a utilizar el ordenador con sobriedad, sabiendo en cada momento para qué se usa –principalmente como herramienta de trabajo–, adquieren hoy una importancia no pequeña.

El Evangelio de San Lucas muestra también cómo el niño Jesús, movido por el Espíritu Santo, aprovecha la subida a Jerusalén con motivo de la fiesta de la Pascua para iluminar a los hombres: Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de sus respuestas [32].

El descanso no es una interrupción de la tarea apostólica. Al contrario, abre nuevas posibilidades, nuevas ocasiones de profundizar en la amistad y conocer personas y ambientes a los que llevar la luz de Cristo.

El Concilio Vaticano II anima a todos los cristianos a esta imponente labor: a cooperar «para que las manifestaciones y actividades culturales colectivas, propias de nuestro tiempo, se humanicen y se impregnen de espíritu cristiano» [33].

La Iglesia está necesitada de personas que actúen, con mentalidad laical, en este campo de la nueva evangelizaciónUrge recristianizar las fiestas y costumbres populares. –Urge evitar que los espectáculos públicos se vean en esta disyuntiva: o ñoños o paganos. Pide al Señor que haya quien trabaje en esa labor de urgencia, que podemos llamar “apostolado de la diversión” [34].

F. J. López Díaz – C. Ruiz Montoya


1. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

2. Ibid.

3. Gn 2, 1-3.

4. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 307.

5. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

6. A solas con Dios, n. 29.

7. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2566.

8. Amigos de Dios, n.14.

9. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

10. De nuestro Padre, Carta 15-X-1948, n. 14.

11. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

12. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

13. 1 Cor 3, 7.

14. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 67.

15. Ibid.

16. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2172.

17. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 68.

18. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

19. Sal 127 [126], 2.

20. A solas con Dios, n. 221.

21. Mt 25, 21 y 23.

22. Lc 19, 17.

23. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

24. Mt 17, 1-4.

25. Cfr. Santo Tomás, In Matth. Ev., XVII, 1.

26. Mt 17, 4.

27. Cfr. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 26.

28. San Agustín, Sermo 88, 17.

29. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 68.

30. Don Álvaro, Cartas de Familia (1), n. 386.

31. Lc 2, 41.

32. Lc 2, 47.

33. Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 61.

34. Camino, n. 975.

Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?

Dios siempre ha buscado activamente la amistad con los hombres, ofreciéndonos vivir en comunión con Él. Ni la debilidad humana ni el polvo del camino le han hecho cambiar de opinión. Dejarnos abrazar por ese Amor incondicional nos llena de luz y de fuerza para ofrecerlo a los demás.

OTROS15/05/2020

Una pregunta frecuente que seguramente se encuentre entre nuestros mensajes en el teléfono móvil es: «¿Dónde estás?». También la habremos enviado a nuestros amigos y familiares buscando su compañía, aunque sea a distancia, o simplemente por traer a la otra persona a nuestra imaginación de una manera más concreta. ¿Dónde estás? ¿Qué haces? ¿Todo va bien? Esa pregunta es también una de las primeras frases que Dios, mientras «paseaba por el jardín a la hora de la brisa» (Gn 3,8-9), dirige al hombre. El Creador, desde el inicio de los tiempos, quería caminar junto a Adán y Eva; podríamos pensar, con cierto atrevimiento, que Dios buscaba su amistad –y ahora la nuestra– para contemplar plenamente realizada su creación.

Una novedad que va in crescendo

Esta idea, que tal vez no es totalmente nueva para nosotros, ha causado bastante extrañeza en la historia del pensamiento humano. De hecho, en uno de sus momentos de mayor esplendor, se había aceptado con resignación la imposibilidad para el ser humano de ser amigo de Dios. La razón era que entre ambos media una absoluta desproporción, son demasiado distintos[1]. Se pensaba que podría haber, como mucho, una relación de sometimiento a la que, en el mejor de los casos, podríamos acceder lejanamente a través de ciertos ritos o de ciertos conocimientos. Pero una relación de amistad era inimaginable.

Sin embargo, la Escritura presenta una y otra vez nuestra relación con Dios en términos de amistad. El libro del Éxodo no deja lugar a dudas: «El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como se habla con un amigo» (Ex 33,11). En el libro del Cantar de los Cantares, que recoge de manera poética la relación entre Dios y el alma que lo busca, a esta última la llama continuamente «amiga mía» (cfr. Ct 1,15 y otros). También el libro de la Sabiduría señala que Dios «se comunica a las almas santas de cada generación y las convierte en amigos» (Sb 7,27). Es importante notar que en todos los casos la iniciativa proviene del mismo Dios; la alianza que ha sellado con su creación no es simétrica, como podría ser un contrato entre iguales, sino más bien es asimétrica: nos ha sido regalada la desconcertante posibilidad de hablar de tú a tú con nuestro propio creador.

LA ESCRITURA ESTÁ LLENA DE EJEMPLOS QUE MUESTRAN LA LA BÚSQUEDA CONSTANTE POR PARTE DE DIOS DE ESTABLECER UNA RELACIÓN DE AMISTAD CON LOS HOMBRES

Esta manifestación de la amistad que nos ofrece Dios, la comunicación de esta novedad, continuó in crescendo a lo largo de la historia de la salvación. Todo lo que nos había dicho por medio de la alianza se ilumina definitivamente con la vida del Hijo de Dios en la tierra: «Dios nos ama no solo como criaturas, sino también como hijos a los que, en Cristo, ofrece una verdadera amistad»[2]. Toda la vida de Jesús es una invitación a la amistad con su Padre. Y uno de los momentos más intensos en los que nos transmite esta buena noticia es durante la Última Cena. Allí, en el Cenáculo, con cada uno de sus gestos, Jesús abre su corazón para llevar a sus discípulos –y a nosotros con ellos– a la verdadera amistad con Dios.

Del polvo a la vida

El evangelio de san Juan se divide en dos partes claras: la primera se centra en la predicación y en los milagros de Cristo, la segunda en su pasión, muerte y resurrección. El puente que las une es el siguiente versículo, que nos adentra en el Cenáculo: «Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, como amase a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1). Allí estaban Pedro y Juan, Tomás y Felipe, todos los doce juntos, apoyados cada uno hacia un costado, como era costumbre en la época. Por lo sucesos que se narran, probablemente era una mesa de tres lados –con forma de U– en la que Jesús se encontraba casi en un extremo, el importante, y Pedro en el opuesto, el del sirviente; es posible que estuvieran frente a frente. Jesús, en un determinado momento, a pesar de que no era una tarea que le correspondía a quien estaba situado en ese lugar preferencial, se puso de pie para realizar un gesto que quizá su Madre habría realizado muchas veces con él: tomó una toalla y se la ciñó a la cintura para quitar el polvo de los pies de sus amigos.

La imagen del polvo está presente desde el inicio en la Sagrada Escritura. En la historia sobre la creación se nos cuenta que «el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra» (Gn 2,7). Entonces, para que dejara de ser algo inanimado, muerto e incapaz de relacionarse, Dios «insufló en sus narices aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser vivo» (Gn 2,7). Desde ese momento, el hombre experimentará una tensión que proviene de ser polvo y espíritu, una tensión entre sus límites radicales y sus deseos infinitos. Pero Dios es más fuerte que nuestra debilidad y que cualquiera de nuestras traiciones.

Ahora, en el Cenáculo, el polvo del hombre vuelve a aparecer. Cristo se dobla sobre el polvo de los pies de sus amigos, para recrearlos, devolviéndoles la relación con el Padre. Jesús nos lava los pies y, divinizando el polvo del que estamos hechos, nos regala la amistad íntima que tiene con su Padre. En medio de la emoción que le embarga, con los ojos de todos sus discípulos fijos en él, dice: «A vosotros, en cambio, os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15). Dios quiere compartirlo todo. Jesús nos comparte su vida, su capacidad de amar, de perdonar, de ser amigos hasta el fin.

EN EL HOMBRE COEXISTEN EL POLVO Y EL ESPÍRITU. DIOS LO SABE Y SALE A NUESTRO ENCUENTRO

Todos hemos tenido la experiencia de cómo las buenas relaciones de amistad nos han cambiado; tal vez no seríamos los mismos si no hubiésemos encontrado esas relaciones en nuestra vida. También ser amigos de Dios transforma nuestro modo de ser amigos de quienes nos rodean. Así, como Cristo, podremos lavar los pies de todos, sentarnos a la mesa de quien nos podría traicionar, ofrecer nuestro cariño a quien no nos comprende o incluso no acepta nuestra amistad. La misión de un cristiano en medio del mundo es precisamente «abrirse en abanico»[3] a todos, porque Dios sigue infundiendo su aliento al polvo del que estamos hechos y actúa en esas relaciones enviándonos su luz.

Dejarnos llevar hacia la comunión

Hemos visto que la amistad que nos ofrece Jesucristo es un acto de confianza incondicional de Dios en nosotros, que no termina nunca. A distancia de veinte siglos, en nuestra existencia diaria, Cristo nos cuenta todo lo que sabe sobre el Padre para continuar atrayéndonos a su amistad. Sin embargo, aunque esto no nos faltará, será siempre una parte, ya que «a esta amistad correspondemos uniendo nuestra voluntad a la suya»[4].

Los verdaderos amigos viven en comunión: en el fondo de su alma quieren las mismas cosas, se desean la felicidad el uno al otro, a veces ni siquiera necesitan utilizar palabras para comprenderse mutuamente; se ha dicho incluso que reírse de las mismas cosas es una de las mayores manifestaciones de compartir intimidad. Esta comunión, en el caso de Dios, más que un agotador esfuerzo en tratar de cumplir ciertos requisitos –esto no sucede entre amigos– se trata igualmente de estar el uno con el otro, de acompañarse mutuamente.

Un buen ejemplo puede ser precisamente el de san Juan, el cuarto evangelista: dejó que Jesús se acercara y le lavara los pies, se recostó tranquilamente en su pecho durante la Cena y, finalmente –tal vez sin comprender completamente lo que sucedía–, no se despegó de su mejor amigo para acompañarlo en los mayores sufrimientos. El discípulo amado se dejó transformar por Jesucristo y, de esa manera, Dios fue quitando poco a poco el polvo de su corazón: «En esta comunión de voluntades se realiza nuestra redención: ser amigos de Jesús, convertirse en amigos de Jesús. Cuanto más amamos a Jesús, cuanto más lo conocemos, tanto más crece nuestra verdadera libertad»[5].

LA COMUNIÓN ENTRE DOS AMIGOS SE MANIFIESTA, FUNDAMENTALMENTE, EN EL DESEO MUTUO DE ESTAR JUNTOS, DE ACOMPAÑARSE, DE DEJARSE TRANSFORMAR POR EL OTRO

Jesús, en esa Última Cena, nos muestra que el secreto de la amistad está en permanecer con Él: «Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí» (Jn 15,4). Es Jesús quien quiere amar en nosotros. Sin él no podemos ser amigos hasta el fin. «Por mucho que ames, nunca querrás bastante», señala san Josemaría. Pero inmediatamente añade: «Si amas al Señor, no habrá criatura que no encuentre sitio en tu corazón»[6].

***

«¿Dónde estás?» son las palabras que Dios, mientras paseaba por aquella espléndida creación que había salido de sus manos, dirigió al hombre. También ahora quiere entrar en diálogo con nosotros. Nadie, ni siquiera el más brillante de los pensadores, podía imaginar un Dios que pidiese nuestra compañía, que mendigase nuestra amistad hasta el extremo de dejarse clavar en una cruz para así no cerrarnos nunca sus brazos. Habiendo entrado en esa locura de amor, nos veremos impulsados también nosotros a abrirlos sin condiciones a todas las personas que nos rodean. Nos preguntaremos mutuamente: ¿Dónde estás? ¿Todo va bien? Y a través de esa amistad podremos devolver la belleza a la creación.

Giulio Maspero y Andrés Cárdenas


[1] Cfr. Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1159a, 4-5.

[2] F. Ocáriz, Carta pastoral 1-XI-2019, n. 2.

[3] Cfr. San Josemaría, Surco, n. 193.

[4] F. Ocáriz, Carta pastoral 1-XI-2019, n.2.

[5] Joseph Ratzinger, Homilía en la Misa pro eligendo pontifice, 18-IV-2005.

[6] San Josemaría, Via Crucis, VIII estación, n. 5.

Photo: Alex Bertha, on Unsplash

 

 

El Padre Nuestro

 Daniel Tirapu 

photo_cameraPadre Nuestro.

Es la oración que nos enseñó el mismo Jesús, cuando sus discípulos le dijeron, enséñanos a rezar. Pero el Padre Nuestro compromete mucho: hay que desear que se cumpla la voluntad de Dios y a veces nosotros mismos no queremos; perdonar siempre a quienes nos ofenden, esa cura del corazón puede durar años en algunos casos.

Un escritor francés decía que durante una temporada no podía rezar el Padre Nuestro, por algo que él sabía y no quería hacer o aceptar. Eso es sinceridad.

Pero sí podía rezar el Avemaría, saludar a Nuestra Señora y Madre y pedirle por los pecadores ahora y en la muerte. Y gracias al Avemaría pudo rezar el Padre Nuestro.

Brújulas para orientar la sociedad

Jesús Ortiz López 

photo_cameraIsabel Sánchez Serrano

Hasta ahora Isabel Sánchez era una perfecta desconocida en los medios, pero acaba de publicar un libro titulado «Mujeres Brújula» que está teniendo gran difusión. Porque dice cosas interesantes para las mujeres y los hombres[1].

Un libro con muchos testimonios

Estamos ante un libro testimonio de la autora o mejor de las muchas mujeres que ha conocido a lo largo y ancho del mundo. Son viajes motivados por su cargo de secretaria central en el consejo de mujeres que asesora al prelado del Opus Dei para conocer, orientar e impulsar muchas tareas de educación y asistencia social que llegan a muchos miles de personas. Por eso sabe de qué habla y esos testimonios no se logran en un despacho, dando por supuesto que también hay que estudiar mucho cada asunto pues se trata del apostolado de los laicos, de las mujeres en particular, en la gran tarea de evangelización eclesial.

Los lectores encuentran un libro original con un lenguaje directo y fácil de entender, si bien deja huellas profundas acerca de los problemas actuales que requieren personas-mujeres brújula. El libro ha sido terminado durante la pandemia y precisamente por ello con una mirada esperanzada en las capacidades de las mujeres -no la mujer teórica- para liderar los cambios necesarios en la familia, la educación, la defensa de la vida, y en la cultura. Avisa al comienzo -Warning!- que este libro es más bien una muestra fotográfica con palabras, una secuencia de escenas humanas y humanizantes que interpelan sobre la personal contribución al bien de la sociedad.

En un bosque de retos

Propone 10 Retos o apartados, como: Encontrar el Norte, Paz, Cuidar, Liderazgo, Solidaridad, Trascender, o Atreverse a más. Los lectores verán un gran abanico de proyectos sociales encauzados desde la fe y para servicio de todos, cualquiera que sea su condición, raza o religión. «En un bosque de retos», dice el subtítulo, Isabel Sánchez ofrece ideas para superar la adversidad.

Me permito emplear alguna de sus observaciones y propuestas no literales, escribe: /Una buena noticia: el mundo humano está concebido para imperfectos perfectibles. Los éxitos más importantes se consiguen cuando existe la posibilidad de fracasar./ Se trata de mirar los charcos, descubrir la belleza fragmentada que reflejan, alzarlos, como si se trataran de piezas de un enorme puzle. / Un cristiano es alguien que ha conseguido, con la razón iluminada por la fe, componer el puzle de significados de su propia vida y tiene una explicación armónica sobre su existencia y la del cosmos. /Tenemos dos posibilidades: o reflejamos el caos del que procedemos y al que volveremos, o reflejamos el amor del que provenimos y al que somos llamados. O errantes o hijos. / El coronavirus nos ha puesto ante la vida y la muerte, cambiando nuestros parámetros de interpretación/ Otro aspecto muy interesante del liderazgo de las mujeres es que a menudo extraer la fuerza del dolor.

En las diversas entrevistas hechas durante estas semanas a Isabel Sánchez en prensa, revistas, radio y televisión muestra la soltura de un espíritu emprendedor, con valentía para hablar de cosas importantes sin tener que pedir perdón. Muestra un feminismo de equidad, complementario y con trasfondo absolutamente cristiano, dice ella. No ha caído en la trampa de convertir el feminismo en una ideología o arma arrojadiza. También ha dicho que falta relevancia del laicado. Nos hemos quedado con unas gafas oscuras que nos hacen contemplarlo todo con una visión clericalizada de la Iglesia. Hombres y mujeres laicos tenemos que brillar.

[1] Mujeres Brújula. Isabel Sánchez. 269 páginas. Editorial Planeta. Barcelona, 2020

 

LO QUE BIEN EMPIEZA… FORTALECER LA ESPERANZA PARA SALIR MEJORES DE ESTA CRISIS

“Ante la pandemia y sus consecuencias sociales, muchos corren el riesgo de perder la esperanza. En este tiempo de incertidumbre y de angustia, invito a todos a acoger el don de la esperanza que viene de Cristo. Él nos ayuda a navegar en las aguas turbulentas de la enfermedad, de la muerte y de la injusticia, que no tienen la última palabra sobre nuestro destino final” (Audiencia 26.08.20). El Papa nos propone crecer en la virtud de la esperanza, don que viene de Cristo, para afrontar los retos presentes y futuros. El nuevo curso comienza con un repunte de infecciones, y sus consecuencias materiales, sociales y espirituales salen paulatinamente a la luz. Muchos expertos apuntan que la epidemia ha acelerado los tiempos, como catalizador en una reacción. Estamos ante un cambio de época global, no es una época de cambios parciales. Las enfermedades, en especial las sociales, que padece el mundo se han agravado y nada será como antes. “Ver los toros desde la barrera”, permanecer indiferente, no es propio de un cristiano, llamado a participar en la misión de Cristo: salvar a los hombres y a la creación, que salió buena de sus manos. Entre otras cosas, requerimos fortalecer la esperanza para salir mejores de esta crisis.

En las audiencias dedicadas a “Curar el mundo”, Francisco advierte que “la pandemia es una crisis y de una crisis no se sale iguales: o salimos mejores o salimos peores” (Audiencia 19.08.20). Depende de nosotros, de cada uno, ser parte de la solución; salir mejor persona, mejor hijo de Dios, y contribuir en la construcción de un mundo mejor, lleno de esperanza para las futuras generaciones. Podemos… con la ayuda de Dios. Esta es nuestra esperanza. Benedicto XVI la llama “la gran esperanza” (ref. encíclica Spe Salvi).

En la homilía de la santa Misa de inicio de su pontificado (19.03.13), Francisco ya nos habló de esperanza: “En la segunda Lectura, san Pablo habla de Abraham, que «apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza» (Romanos 4, 18). Apoyado en la esperanza, contra toda esperanza (Abraham era de edad avanzada y Sara, su mujer, estéril; creyó en la promesa de que sería padre de muchas naciones). También hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza. Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza”. Sus palabras revisten una actualidad alarmante; urge llevar el calor de la esperanza a través del amor a nuestros hermanos, los hombres, y a la creación, nuestra casa común.

La esperanza, provisión para hacer el camino

Nuestra existencia en la tierra se compara a un viaje, el viaje de la vida. El cristiano sabe que su destino final es Dios, que nos espera en el hogar familiar, el Cielo. La esperanza, humana y teologal, es provisión necesaria para hacer el duro camino a buen paso, sin desviarse ni entretenerse en espejismos. Si no tuviéramos la esperanza de llegar, de que el esfuerzo merece la pena, dejaríamos de andar. Solo la confianza de poder alcanzar la meta nos mueve a continuar. Días antes de participar en el abierto de Australia de 2017, Rafa Nadal concedió una entrevista. Venía de una lesión importante de muñeca. Dadas esas circunstancias, había dudas de sus posibilidades y se lo preguntaron. Su respuesta fue contundente: "si creyese que no tengo oportunidad de ganar, me quedaría en casa pescando”. Fue finalista. Perdió contra Federer en un gran partido de 5 sets vibrantes. El suizo, de 35 años, venía de una lesión en la pierna. Son ejemplos de esperanza.

Cuando no se espera, nos desmotivamos y bajamos los brazos. Y efectivamente, es cuando todo se viene abajo, se pierde incluso lo que se tiene. Sin esperanza deja de existir el futuro, desaparece la ilusión que pone en marcha la voluntad. El desánimo es un paralizador de la voluntad para enfrentar y superar las dificultades, se debilita el querer y se renuncia a actuar; se deserta de aquellas cosas que deberíamos hacer, incluso de lo que nos gustaría hacer, pero que nos cuestan. Tantos ejemplos lo certifican en cualquier ámbito de la vida cotidiana: familia, trabajo, amistad, ciudadanía, aficiones, solidaridad,… y la vida espiritual. Es la reacción natural: sin esperanza, te paras, te dejas llevar.

En momentos de peligros, de incertidumbres, como los actuales, la esperanza es provisión forzosa del alma: “¡Necesitamos esperanza! Nos sentimos perdidos y también un poco desanimados, porque nos sentimos impotentes y nos parece que esta oscuridad no se acabe nunca” (Francisco 7.12.16). Es un remedio preciso para no caer en la desilusión, en el aislamiento y en el abatimiento. Francisco nos avisa de esta actitud sutil y peligrosa. Al contemplar la realidad en que vivimos podemos desmoronarnos y buscar refugio en la tristeza egoísta, que lleva a la parálisis y la desidia, “como le gustaba decir a Bernanos, es «el más preciado de los elixires del demonio»” (Francisco carta 4.08.19). “Si nos asalta la tristeza por cómo es la vida, por la compañía de los otros, porque estamos solos… entonces es porque tenemos una falta de fe en la Providencia de Dios y en su obra. La tristeza […] paraliza el ánimo de continuar con el trabajo, con la oración, nos hace antipáticos para los que viven junto a nosotros. Los monjes, que dedican una larga descripción a este vicio, lo llaman el peor enemigo de la vida espiritual” (ídem cita del card. Tomáš Špidlík). Sin una sólida esperanza, faltará estabilidad y alegría en nuestra vida. Pasaremos con facilidad del optimismo superficial, cuando todo vaya bien y nuestra vida progrese sin vaivenes y decepciones, al pesimismo y la queja cuando vaya algo contra nuestras previsiones, desbarate nuestros planes y contraríe nuestras expectativas. “No nos dejemos robar la esperanza”, es la conclusión repetidamente dicha por el Papa (La Alegría del Evangelio, n. 86).

Con la mirada en el cielo

¿Por qué esperar que nos irá mejor? “Esperar contra toda esperanza” es una enseñanza de Abraham. ¿En qué fundamento descansa su esperanza de ser padre de muchas naciones? Juan Pablo I nos da la respuesta: Abraham “se aferra a tres verdades: Dios es omnipotente, Dios me ama inmensamente, Dios es fiel a las promesas. Y es Él, el Dios de las misericordias, quien enciende en mí la confianza; por la cual yo no me siento ni solo, ni inútil, ni abandonado, sino implicado en un destino de salvación que desembocará un día en el Paraíso” (20.09.1978). La Virgen María es también maestra de esperanza. Esperó contra toda esperanza ser la madre de Dios… y sin intervención de varón. Y concibió en sus entrañas, por obra del Espíritu Santo, al Emmanuel (Dios con nosotros), al Mesías deseado durante siglos. Por último, la gran lección de “esperar contra toda esperanza” nos la da Cristo, que se entregó a la muerte en la Cruz esperando su Resurrección gloriosa. En la homilía de la Vigilia Pascual de este año, en una Basílica de san Pedro casi desierta por las medidas sanitarias, el Papa decía: “En esta noche, conquistamos un derecho fundamental, que no nos será arrebatado: el derecho a la esperanza; es una esperanza nueva, viva, que viene de Dios. No es un mero optimismo, no es una palmadita en la espalda o unas palabras de ánimo de circunstancia, con una sonrisa pasajera. No. Es un don del Cielo, que no podíamos alcanzar por nosotros mismos: Todo irá bien, decimos constantemente estas semanas, aferrándonos a la belleza de nuestra humanidad y haciendo salir del corazón palabras de ánimo. Pero, con el pasar de los días y el crecer de los temores, hasta la esperanza más intrépida puede evaporarse. La esperanza de Jesús es distinta, infunde en el corazón la certeza de que Dios conduce todo hacia el bien, porque incluso hace salir de la tumba la vida” (11.04.20). Cristo resucitado es nuestra esperanza; nuestro tesoro y garante del viaje de la vida. “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?” (Salmo 27).

En su testamento, el cardenal francés Tisserant (+ 1972) escribía: “Pido perdón a Jesús, que ha sufrido tanto por mí”. Sus palabras me recordaban la enseñanza de san Pablo: “El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él?” (Romanos 8, 32). “Cristo Jesús, que murió, más todavía, resucitó y está a la derecha de Dios y que además intercede por nosotros” (ídem 33) es fuente inagotable de confianza y abandono en el amor de Dios por nosotros, es la gran esperanza. “El que alguien nos ame hace que nosotros esperemos en él; pero el amor a él es causado por la esperanza que en él tenemos” (santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, 1-2, q. 40, a. 7). Olvidar que Dios nos ama y desconocer cómo nos ama, impide que se encienda nuestra esperanza; y si no esperamos nada de Dios, si no esperamos que su amor nos haga felices, qué razón tendremos para amarle. Y a su vez, cuánto más confiemos en que la felicidad se encuentra en su amor, más procuraremos amarle. “Cada uno de nosotros puede decir: «Yo espero, tengo esperanza, porque Dios camina conmigo». Camina y me lleva de la mano. Dios no nos deja solos y el Señor Jesús ha vencido al mal y nos ha abierto el camino de la vida” (Francisco 7.12.16). Meditar el salmo 22 (El Señor es mi pastor, nada me falta) inundará el corazón de esa seguridad: “aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan”. La esperanza no se asienta en nuestras fuerzas o en la ausencia de dificultades, sino en el querer de Dios, en su voluntad salvadora de que alcancemos la meta; ese amor misericordioso por sus hijos es eficaz, es manantial de las gracias y ayudas precisas para afrontar los retos del camino. Si no desesperamos al comprobar que somos pecadores, al palpar la desproporción entre lo que somos y lo que estamos llamados a ser; si nos confiamos a Dios una vez y otra, si ponemos de nuestra parte lo bueno que somos capaces de hacer, entonces no permaneceremos caídos y saldremos adelante. “A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado” (Salmo 25).

La pandemia nos ha sorprendido; ha cuestionado muchas seguridades. Todos somos vulnerables. No son pocos los que se tambalean al enfrentarse a este drama con escasos recursos morales. El COVID-19 ha sido una cura de humildad para el hombre engreído en sus propias fuerzas, que consideraba a Dios como un recurso obsoleto, ya innecesario por superado, inventado para consuelo y explicación de lo que no entendemos. Muchos han olvidado su condición de hijo de Dios, y viven como si Dios no existiera, por su cuenta, como pueden. Algunos, escépticos, no ven un sentido a la vida; proponen pasarla con la anestesia del “carpe diem” o “sálvese quien pueda”. Otros se presentan como prometeos; ofrecen “el paraíso perdido” aquí en la tierra. “A la esperanza en un Señor de la vida, contraponen la confianza en ídolos mudos. Las ideologías con sus afirmaciones de absoluto, las riquezas –y esto es un gran ídolo–, el poder y el éxito, la vanidad, con su ilusión de eternidad y de omnipotencias, valores como la belleza física y la salud, cuando se convierten en ídolos a los que sacrificar cualquier cosa, son todo realidades que confunden la mente y el corazón, y en vez de favorecer la vida conducen a la muerte” (Francisco 11.I.17). La esperanza es adulterada con sucedáneos que defraudan, y en ocasiones degeneran en infiernos personales o colectivos. Son apropiadas las palabras del salmista al recordar el paso del mar Rojo: “Unos confían en sus carros, otros en su caballería; nosotros invocamos el nombre del Señor, Dios nuestro. Ellos cayeron derribados, nosotros nos mantenemos en pie” (salmo 20).

¿Cómo reaccionar? Recomenzar cada día con la mirada en el cielo, con esperanza cierta en Dios. Nuestro Padre Dios sacará grandes bienes de estos males, porque nos quiere con locura y su misericordia todo lo puede… pero cuenta con nuestra correspondencia en lo que debemos hacer, sin rehusar la tarea cotidiana, por costosa que parezca a veces. “La llamada nueva normalidad nos propone un reto: concentrarnos con pasión en lo posible, cuidar a las personas que nos rodean y acentuar la creatividad para afrontar los nuevos escenarios sin esperar a que la pandemia <pase>”. Son palabras de Isabel Sánchez, la mujer que ocupa el puesto más importante en la dirección del Opus Dei. Acaba de publicar “Mujeres brújula en un bosque de retos” (Ed. Espasa). Con ese motivo ha sido entrevistada por diversos medios. Su respuesta (Aceprensa 31.08.20) a “¿podemos sacar algo bueno de esta crisis?”, me pareció sugerente para ponerse manos a la obra.

Ser héroe invisible de un mundo mejor

Dios camina a nuestro lado y nos da la mano de muchas maneras. Ordinariamente, en las citas con Él en la oración; cada vez que levantamos nuestro corazón al Cielo, por la razón que sea, sobre todo cuando somos intercesores de los demás; siempre que pedimos perdón por esas palabras y pensamientos, acciones u omisiones, que desdicen de nuestra filiación divina; en los sacramentos, al recibirle en la Comunión o ser sanados en la Confesión; al acoger los consejos en el acompañamiento espiritual… Ese amor de Dios es salvador: ilumina la inteligencia, rejuvenece la voluntad, entona el corazón, llena de esperanza la existencia cotidiana para que el cristiano se convierta en héroe invisible de un mundo mejor, a pesar de su fragilidad y pequeñez. El día ordinario y gris, “aparentemente tan común, tiene un valor divino; es algo que interesa a Dios, porque Cristo quiere encarnarse en nuestro quehacer, animar desde dentro hasta las acciones más humildes” (san Josemaría Es Cristo que pasa n. 174). Así se fortalece continuamente la esperanza.

A veces se piensa que la gracia de Dios, fuente de esperanza, sirve para simplificar la vida, para ahorrarnos el uso inteligente y perseverante de nuestras fuerzas, para rellenar las lagunas y deficiencias de nuestra debilidad o incompetencia. Es justo lo opuesto. La gracia de Dios nos complica la vida; quien la acoge de verdad es invitado a compartir, generosa, humilde, comprometida e inteligentemente, la misión de Jesús, adecuada a sus concretas circunstancias históricas. Dios “nunca manda lo imposible, pero nos ordena hacer lo que podemos, y pedir lo que no está en nuestra mano hacer” (san Agustín Tratado de la naturaleza y la gracia).

La esperanza cristiana no es compatible con la pasividad del comodón, con la superficialidad del frívolo, con la evasión irresponsable de amar a nuestros hermanos y al mundo, que hemos recibido de Dios para cuidarlos; nunca será la coartada del egoísta y amparo de la aparente tranquilidad del mediocre. La verdadera esperanza nos compromete de lleno en la tarea de crecer en humanidad, empeñados en esas realidades terrenas que tejen nuestro día, oportunidades óptimas para crecer en santidad, haciéndolas por amor a Dios, bien acabadas, impregnadas de amor servicial a los demás. Así, seremos santos de la puerta de al lado, como le gusta decir al Papa, verdaderamente héroes invisibles pero eficaces de un mundo mejor. “Por esto, la esperanza no me separa de las cosas de esta tierra, sino que me acerca a esas realidades de un modo nuevo, cristiano, que trata de descubrir en todo la relación de la naturaleza, caída, con Dios Creador y con Dios Redentor” (san Josemaría Amigos de Dios n. 208).

7 reconstituyentes de la esperanza

La unión con Dios.

Cuenta el cardenal Angelo Comastri, recordando un encuentro que tuvo con la Madre Teresa de Calcuta: “Ella me miró con dos ojos límpidos y penetrantes. Luego me dijo: <¿Cuántas horas reza al día?>. Me quedé muy sorprendido por tal pregunta e intentando defenderme le repliqué: - Madre, de usted me hubiera esperado un reclamo a la caridad, una invitación a amar a los pobres. ¿Por qué me pregunta cuántas horas rezo? La Madre Teresa me tomó las manos y las apretó entre las suyas, casi como para transmitir lo que tenía en el corazón; luego me confió: <Hijo mío, sin Dios somos demasiado pobres para poder ayudar a los pobres. Recuerda: yo soy sólo una pobre mujer que reza. Rezando, Dios pone en mí su Amor en el corazón y así puedo amar a los pobres. ¡Orando!>.

Esta anécdota manifiesta un denominador común de los santos: su arma, el secreto de quien espera todo, es su unión con Dios en la oración. En estos tiempos de pandemia, Dios nos invita a ser buen samaritano de los que nos rodean. Para educar el corazón, ensancharlo y purificarlo de egoísmos y perezas para cuidar, necesitamos de la oración. En ese encuentro cotidiano (intentemos 15 minutos), el Espíritu Santo nos llevará a contemplar a Jesús, aprender a mirar a los demás con sus ojos, y a descubrir en los demás a Cristo necesitado. Con la luz de Dios, se nos manifestará aquello que debemos cambiar para que nuestras palabras, acciones y afectos recuerden a Jesús. Y nos dará las fuerzas para querer ser mejores y darnos de verdad.

La confianza en la Providencia divina

“Muchos habremos elevado nuestras preguntas a Dios ante el dolor: “¿Por qué has permitido esto?”. Dios es amor, como escribe san Juan en su primera epístola, y su amor es el amor de quien todo lo sabe y todo lo puede. Es cuestión de fe. No podemos llegar a entender del todo la providencia de Dios, pero con la fe –que obra mediante la caridad– podemos siempre amarla, y llegar a entender así el sentido del sufrimiento” (Libro-entrevista al prelado del Opus Dei Cristianos en la sociedad del siglo XXI). Estas palabras de D. Fernando Ocáriz nos invitan a confiar en Dios, aunque no le entendamos. Nuestra esperanza se fortalece con actos de abandono en su amadísima voluntad, llevados por la fe en su amor misericordioso. “Todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios” (Romanos 8, 28) afirma san Pablo. Ante las noticias del día que nos golpean, acudamos a Dios: <Señor, Tú lo quieres, yo también lo quiero. Aunque no te entienda, confió en tu amor. Tú sabes más, será para bien>. “Ese bien no siempre lo podemos ver de manera inmediata. A veces ni siquiera llegaremos a comprenderlo. El hecho de que procuremos estar cerca de Dios no nos evita los normales cansancios, perplejidades y sufrimientos de la vida; pero esa cercanía nos puede llevar a vivir todo de una manera distinta” (Fernando Ocáriz 12.08.20).

Ante situaciones que nos superan, Francisco da un buen consejo: “<Padre, dígame: ¿por qué sufren los niños?>, de verdad, yo no sé qué responder. Solamente digo: <mira el Crucifijo: Dios nos ha dado a su Hijo, Él ha sufrido, y quizás ahí encontrarás una respuesta>” (4.I.17). La cruz de Cristo ha cambiado el sentido del dolor y del sufrimiento humano. Las historias de solidaridad y heroísmo que hemos presenciado así nos lo demuestran. “Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito”, escribía Benedicto XVI (encíclica Spe Salvi n. 37). Afrontar estas situaciones con un sí es “camino de purificación y maduración, un camino de esperanza” (ídem n. 38).

El amparo de la Virgen María, esperanza nuestra

Recuerdo varias acciones del Papa en la pandemia. El domingo 20 de marzo, rompió el confinamiento para acudir en solitario a la basílica de Santa María la Mayor para venerar la imagen de María bajo la advocación de la Salus Populi Romani. Desde allí, caminó a la iglesia de San Marcello al Corso, donde se halla el Crucifijo milagroso que en 1522 fue llevado en procesión por los barrios de Roma para acabar con la "Gran Peste". El 25 de marzo nos escribió una carta breve con un propósito: “que todos redescubramos la belleza de rezar el Rosario en casa durante el mes de mayo”. El 20 de junio introdujo tres invocaciones nuevas en las Letanías. Una es Madre de la esperanza (las otras dos: Madre de la misericordia y Consuelo de los migrantes). Francisco nos enseña a recurrir al amparo de María, nuestra Madre de la esperanza. “No somos huérfanos: tenemos una Madre en el cielo, que es la Santa Madre de Dios. Porque nos enseña la virtud de la espera, incluso cuando todo parece sin sentido (…) Que en los momentos de dificultad, María, la Madre que Jesús nos ha regalado a todos, pueda siempre sostener nuestros pasos, pueda siempre decir a nuestro corazón: <¡levántate!, mira adelante, mira el horizonte>, porque Ella es Madre de esperanza” (Francisco 10.05.17).

Se acerca octubre, mes del rosario. Es una oportunidad para renovar el propósito de rezarlo. “El Rosario es un arma muy poderosa que, si lo rezas con el corazón, con fervor, con devoción, por amor a Dios y a la Virgen, te cambia la vida y le puedes cambiar la vida a muchos. Podemos salir al mundo metafóricamente desde la fe, y es la oración la que realmente, y no ya como analogía, la que llega hasta el último rincón y actúa”. Son palabras de Eduardo Verástegui, actor mexicano y productor de Cine en esta pandemia. No nos crucemos de brazos y actuemos: desgranando las cuentas del Rosario unido al Papa y tantos cristianos.

Recorrer la vía del perdón

“El mundo necesita el perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz” (Francisco 4.10.16). Sin perdón, la esperanza se marchita y se ciernen nubarrones sobre las relaciones de cualquier naturaleza: con Dios, entre el marido y la mujer, entre hermanos, entre amigos, entre colegas… esa sensación de que esto se rompe invade la relación y produce el bloqueo. Se deja de esperar. En cambio, pedir perdón y perdonar supone compromiso, da esperanza y antes o después reaparecerá el amor en esa relación. De hecho, pedir perdón es un gesto de amor, que regenera la esperanza.

Pidamos perdón de corazón cuando ofendemos. En primer lugar a Dios, que siempre perdona. “Su misericordia tiene la fuerza de transformarnos y devolvernos esperanza, y esto cada día. ¡Y lo hace!” (Francisco 9.VIII.17). Y aceptemos el perdón cuando somos agraviados. “No está en nuestra mano no sentir ya la ofensa y olvidarla; pero el corazón que se ofrece al Espíritu Santo cambia la herida en compasión y purifica la memoria transformando la ofensa en intercesión” (Catecismo de la Iglesia n. 2843). De esta forma, las heridas no se emponzoñan, el pus se limpia y se evita la infección más grave.

Cuidar las cosas pequeñas

No podemos levantar un peso de 100 kilos, pero sí un peso de 1 kilo. Si lo hacemos 100 veces, logramos el objetivo. Las cosas pequeñas del día, en especial en la familia y en el trabajo, están a nuestro alcance: están ahí esperándonos y son asequibles. No las despreciemos, porque son la materia prima de nuestro amor a Dios y a los demás. Es lo que podemos ofrecer. Esas cosas pequeñas, hechas por amor, son un acto de esperanza, es un paso adelante. “Recordemos cómo Jesús invitaba a sus discípulos a prestar atención a los detalles” (Gaudate et exultate n. 144), enseñaba el Papa refiriéndose a la santidad en el mundo actual. “Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos” (ídem n. 16).

“Obra el bien, revisando tus actitudes ordinarias ante la ocupación de cada instante; practica la justicia, precisamente en los ámbitos que frecuentas, aunque te dobles por la fatiga; fomenta la felicidad de los que te rodean, sirviendo a los otros con alegría en el lugar de tu trabajo, con esfuerzo para acabarlo con la mayor perfección posible, con tu comprensión, con tu sonrisa, con tu actitud cristiana. Y todo, por Dios, con el pensamiento en su gloria, con la mirada alta, anhelando la Patria definitiva, que sólo ese fin merece la pena” (san Josemaría Amigos de Dios n. 211). Cada victoria revitaliza nuestra esperanza. Y las derrotas, al no tratarse de cosas de importancia, no la tumbarán. Un acto de contrición, y con la ayuda de Dios acometemos lo que toca en ese momento. Son cosas pequeñas, pero que cuidadas con fidelidad, ponen en nuestras manos los tesoros de Dios para cambiarnos y cambiar el mundo. De nuestra respuesta depende escuchar del Señor: “¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25, 23).

Cuidar a los demás

A la parábola de los talentos, antes citada, sigue El juicio final. Las preguntas del examen final, del que depende alcanzar nuestra esperanza, tratan sobre las obras de misericordia, un desarrollo de “cuidar de los demás”. “Hacer lo que hacía Jesús. La esperanza que habita en nosotros (…) debe necesariamente salir fuera, tomando la forma exquisita e inconfundible de la dulzura, del respeto, de la benevolencia hacia el prójimo, llegando incluso a perdonar a quien nos hace daño” (Francisco 5.04.17). En estos tiempos difíciles, procuremos compadecernos (padecer-con) y consolar (ser-con en la soledad) a los que sufren, a los enfermos, a los mayores, a los que tienen necesidad, a los que han perdido la esperanza. Entonces, escucharemos: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Después: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo” (ref Mateo 25, 31-46).

Hemos de huir de la falsa excusa de que no puedo hacer nada por mejorar el mundo. Es lo que la Madre Teresa de Calcuta le confesaba al escritor Dominique la Pierre cuando le acusaba de no utilizar su influencia para encontrar soluciones políticas a la pobreza: “me interesa la gente que no tiene un pedacito de pan para sobrevivir un día más. No puedo preocuparme por la multitud sino por un individuo que está a punto de morir”. En nuestro caso, traduzcámoslo empezando por preocuparnos activamente por los que conviven con nosotros. Dios camina a nuestro lado y nos da la mano… con la condición de que nosotros demos la mano a los demás. Así descubrirán, si todavía no lo han hecho, que Dios les ama y desea caminar a su lado, llevarle de la mano, ser su gran esperanza, que nunca defrauda.

Curar el mundo

“Curar el mundo” es el título de la nueva serie de la predicación del Papa en las audiencias de los miércoles. Comenzaron en agosto. Lleva 7 lecciones. En la primera, Francisco explicó el propósito de sus enseñanzas. “En las próximas semanas, os invito a afrontar juntos las cuestiones apremiantes que la pandemia ha puesto de relieve, sobre todo las enfermedades sociales. Y lo haremos a la luz del Evangelio, de las virtudes teologales y de los principios de la doctrina social de la Iglesia. Exploraremos juntos cómo nuestra tradición social católica puede ayudar a la familia humana a sanar este mundo que sufre de graves enfermedades. Es mi deseo reflexionar y trabajar todos juntos, como seguidores de Jesús que sana, para construir un mundo mejor, lleno de esperanza para las generaciones futuras” (cfr. La alegría del Evangelio n. 183).

Recuperar la esperanza, que muchos han perdido o han visto debilitada por los acontecimientos pasados y venideros, requiere actuar con urgencia y con sabiduría, todos unidos en este propósito. Francisco nos recuerda que “a lo largo de los siglos, y a la luz del Evangelio, la Iglesia ha desarrollado algunos principios sociales que son fundamentales (cfr Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia n. 160-208), principios que pueden ayudarnos a ir adelante, para preparar el futuro que necesitamos”. Con la ayuda del Espíritu Santo, esa instrucción nos sugerirá qué podemos hacer y qué podemos plantear a los que tenemos alrededor para entre todos acometer la reconstrucción material, social y espiritual del mundo. “Para salir de la pandemia es necesario que sigamos la regla de oro de nuestro ser “hombres y mujeres”, que es “cuidar” y cuidarnos mutuamente entre nosotros, apoyar a los “cuidadores” de los más débiles, de los enfermos y de los ancianos, y cuidar asimismo nuestra casa común, recordando que la tierra y todas las creaturas pertenecen al Señor que las creó y que nos las encomendó para que las conservemos y las protejamos” (Francisco 16.09.20).

En su esfuerzo por hacer frente a la crisis, el Papa multiplica sus esfuerzos y presentará una nueva encíclica social el próximo 3 de octubre en Asís. Llevará por título “Todos Hermanos”, y se centrará en la fraternidad y la amistad social. Se añade a “Laudato si” (24.05.2015), sobre el cuidado de la casa común, la Creación. Se han cumplido 5 años desde su publicación. Con ese motivo, hasta el próximo 24 de mayo de 2021, se celebrará un Año especial. “Este año debería conducir a planes operativos a largo plazo para lograr una ecología integral en las familias, parroquias, diócesis, órdenes religiosas, escuelas, universidades, atención médica, empresas, granjas y en muchas otras áreas” (Francisco mensaje para la jornada mundial de oración para el cuidado de la Creación 1.09.20). Estas dos encíclicas se suman a la catequesis “Curar el mundo”. Ser discípulos de Jesús supone acoger la llamada a continuar su misión en la tierra como él nos enseñó. Por eso, si deseamos no quedarnos al margen y contribuir seriamente sintonizados con Cristo, comprometámonos en conocer y practicar lo que el Papa nos enseña. Será una provisión de esperanza.

Concluyo: “Nadie aprende a esperar solo. No es posible. La esperanza, para alimentarse, necesita un "cuerpo", en el cual los varios miembros se sostienen y se dan vida mutuamente. Esto entonces quiere decir que, si esperamos, es porque muchos de nuestros hermanos y hermanas nos han enseñado a esperar y han mantenido viva nuestra esperanza” (Francisco 8.II.17).

 

Alberto García-Mina Freire

 

XXV Domingo del tiempo ordinario.

 

Mt 20, 1.16.

 

Jesús sigue diciéndonos en parábolas la profundidad de la llamada en el Reino a trabajar en su viña. Todos somos llamados a colaborar con Jesús en la implantación de la civilización del Amor que tiene a Cristo, el dueño de la viña como Señor y Maestro. ¿Cuál es la enseñanza de esta parábola que, cuando no se explica bien, hacemos a Dios injusto y caprichoso?

 

1.     El amor y la preocupación del Señor por su viña que es su pueblo y cada uno de nosotros. Quiere que se trabaje para que se dé fruto y fruto abundante. Se mata por su viña.

 

2.     En su humildad Dios siempre cuenta con cada uno de nosotros para llevar adelante la obra de la creación, de la redención, de la santificación. Por eso va llamando. Sale a las plaza convoca a todos a cualquier hora del día. A todos les paga a su tiempo.

 

La parábola nos sitúa en diferentes horarios para contratar; al amanecer, al mediodía y al atardecer. A todos les paga con un denario. La recompensa de quien sigue a Cristo es el mismo Cristo como recompensa. Los primeros esperan más que los últimos, que no habían llevado el peso de la jornada.

 

3.     Cuál es la moraleja, la enseñanza más profunda para que nos quedemos con la copla y nos hagamos al Señor caprichoso e injusto. Sencillamente lo que dice al final. ¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno? Es la bondad de Dios que siempre y a cualquier hora y momento cuenta con nosotros para trabajar en su viña. No compararnos con nadie. Vivir en el agradecimiento de su bondad sabiendo que Dios siempre cumple sus promesas.

  

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

Educando hijos con inteligencia musical

Silvia del Valle Márquez

La repetición constante y continua de los cantos y melodías ayudará a que puedan identificarlos de manera natural y que aprendan a distinguir las emociones que genera cada una en ellos.

Los niños que tienen más desarrollada esta inteligencia son capaces de distinguir ritmos y tonos en la vida cotidiana; son esos niños que todo el tiempo cantan o que se ponen a bailar hasta con el ruido que hace la lavadora al funcionar.

Cuando son bebés son los que ponemos música y se mueven al ritmo de cada canción.

Estos niños son capaces de pensar en términos de sonidos, ritmos y melodías; ellos aprenden mejor cantando y escuchando música. Su forma de expresarse es por medio del canto y son capaces de encontrar una canción para cada estado de ánimo o circunstancia que se les presenta.

Son muy sensibles a los sonidos fuertes por lo que son capaces de detectar ruidos que otros no pueden hacerlo. También son capaces de distinguir cada instrumento que suena en una melodía.

Son los típicos que al moverse lo hacen con ritmo en lugar de generar ruido.

Para educarlos es necesario apoyarles con cosas muy sencillas pero muy específicas, aquí te dejo mis 5Tips para lograrlo.

PRIMERO. Que escuchen buena música desde pequeños.
Es importante que pongamos música clásica o instrumental de fondo, aún en nuestro embarazo, ya que los bebés en el vientre materno perciben con claridad los ritmos y sonidos; de esta forma les estamos estimulando desde muy temprana edad.

Una vez que han nacido es bueno que les pongamos la misma música que escuchaban cuando estaban en el vientre materno y cantos nuevos con ritmos nuevos.

También es importante que les ayudemos proporcionándoles música de calidad y, por qué no decirlo, que fomente la cultura y el aprendizaje de nuevos idiomas.

La repetición constante y continua de los cantos y melodías ayudará a que puedan identificarlos de manera natural y que aprendan a distinguir las emociones que genera cada una en ellos.

SEGUNDO. Déjalos que canten y hagan ritmos.
Estos niños tienden a hacer ritmos con las manos, pies o con cualquier objeto que tienen cerca. Esto puede ser molesto ya que de pronto puede llegar a ser algo ruidoso, pero es necesario dejarles que se expresen por medio de estos ritmos o del canto.

Quizá al principio pueda ser difícil o desafinado el canto, pero poco a poco irán afinado su voz y podrán entonarse mejor.

Pero no hay otra forma de lograr cantar bien que cantando. Y si queremos que sean expertos en algún instrumento es necesario que los dejemos practicar varias horas al día.

Por supuesto que si vemos que hay necesidad podemos inscribirlos en clases de música, de algún instrumento en especial o de canto para que vayan desarrollando más estas capacidades que ya tienen.

TERCERO. Ponles a la mano instrumentos adecuados para su edad.
En lugar de juguetes, estos niños quieren de regalo algún instrumento, por lo que es muy necesario que les podamos permitir conocer y tener diferentes instrumentos para que cuando llegue el tiempo adecuado, puedan escoger en cual se quedarán, pero por lo pronto ya se logró.

CUARTO. Que le pongan música a los conceptos que tienen que aprender.
Esta es una práctica genial con la que logramos matar dos pájaros de un solo tiro ya que logramos que adquieran conceptos de otros ámbitos y que desarrollen su capacidad musical.

¿Cómo lograrlo? Pueden pedirles que descompongan alguna acción popular o de moda y que le pongan como letra lo que tienen que estudiar de español o historia.

Es increíble ver cómo pasa el tiempo y siguen recordando estas pequeñas composiciones o más bien, descomposiciones de la infancia.

Y QUINTO. No los presiones, lo importante es que lo disfruten.
Es muy común que los niños que tienen esta inteligencia predominante tengan una voz muy linda o que tengan una gran capacidad interpretativa por lo que se vuelven muy simpáticos y nosotros podemos caer en la tentación de pedirles que en las reuniones familiares y eventos especiales, nos canten o toquen el instrumento que les sale muy bien, sin darnos cuenta de que esto puede generarles mucho estrés, porque no es lo mismo que lo hagan en privado y en confianza a que lo hagan bajo la mirada de muchas personas.

Si tenemos esta costumbre podemos llegar a vacunar a nuestros hijos y hacerlos que repriman esta capacidad para evitar que los pongamos en evidencia en cada reunión.

Que sean ellos quienes nos marquen el ritmo, dependiendo de cómo se sientan y de cómo vayan desarrollando esa capacidad y las otras que se requieren para cantar o tocar en público.

Recordemos que una inteligencia puede predominar, pero siempre va a acompañada de otras que la complementan.

La nueva ruta: de la interdependencia a la solidaridad

Ana Teresa López de Llergo

Es necesario atender a lo material, zonas habitacionales, transportes, lugares de esparcimiento, pero todo ello ha de servir para incentivar a la comunidad.

Las polarizaciones no son buenas porque se construye una sociedad maniquea; de buenos o de malos. Los buenos son los que están conmigo, todos los demás son malos. Esto es un desconocimiento de la realidad porque en todos hay raíces buenas y malas, el asunto es ver qué aspecto raíz es la que mueve. Quienes conocen la realidad y la ignoran por conveniencia, tienen el típico enfoque de los oportunistas, pues aprovechan políticamente estos asuntos. Eso explica la tendencia en la política mundial de hablar de grupos globalistas y anti globalistas.

En el lenguaje común equivale a hablar de separatistas e integristas. En el fondo esto es el resultado de no equilibrar dos necesidades que parecen antagónicas: la individualidad y la sociabilidad, la independencia y la inserción, la intimidad y la comunicación, lo propio y lo colectivo.

La respuesta la deben dar las personas. Cada persona, con una formación en la libertad, podrá aplicar adecuadamente su individualidad en las respectivas circunstancias, y su sociabilidad, también en las correspondientes. Esto capacita para lograr la reinvención de lo local para influir en lo global. Y, así, no hay antagonismo.

La pandemia actual puso de relieve la interdependencia, actitud admisible ante la sorpresiva vulnerabilidad. Era necesario un apoyo que se dio inmediatamente, fue una respuesta que no admitía retraso. Había que acometer el estrés, la sorpresa, la angustia, la incertidumbre, la soledad.

Pero una vez alcanzados el mínimo indispensable de seguridad para quienes de momento estaban desamparados, cada uno tendría que reinsertarse en la sociedad, asumir la responsabilidad de lo suyo: personas y actividades. Así se evita prolongar la dependencia de quien no es capaz de sobreponerse y de practicar la solidaridad.

La solidaridad consiste en que cada uno asume sus obligaciones, de manera que nadie es gravoso para los demás, pues al cumplir con lo suyo aporta a quien se debe. Se crea una red de actividades en las cuales todos dan lo que les compete. Todos se benefician con la reciprocidad de actividades, cada uno da a los demás y recibe de los demás. La solidaridad es fuerte porque es el trabajo de cada uno, pero es débil si las personas se desentienden.

La construcción de la solidaridad exige labrarla todos los días. Es necesario desterrar el egoísmo y la tendencia al confort a costa del bienestar ajeno. La tarea ha de vivirse en el nivel individual, en el nacional y en los grupos de poder. Las estructuras de pecado -robos, asesinatos, engaños, mentiras, …- han de combatirse desde la raíz. La justicia ha de practicarse a nivel personal e institucional, en todos los niveles. Sólo así se construye una comunidad adecuada a la dignidad del ser humano. Si nos quejamos del enjambre de irregularidades que nos rodean, habrá que revisar cómo limpio lo cercano a mí y si otros también lo hacen, se limpiará el mundo. Aquí no son eficaces los decretos porque siempre habrá quien busque el modo de soslayarlos. La mejora es la mejora de cada corazón.

Es necesario atender a lo material, zonas habitacionales, transportes, lugares de esparcimiento, pero todo ello ha de servir para incentivar a la comunidad. Esta es la razón de la importancia de la educación. Una persona educada es culta, aprecia el valor de las cosas, las cuida y les da su lugar. La mente ordenada no confunde los niveles de vida y los aprecia, pero no cambia el orden ni el lugar que cada especie ocupa. Una persona así custodia la riqueza cultural y la hereda.

Una persona culta valora las riquezas de la tierra y las cuida, sobre todo, enseña a los demás a hacerlo. Para defender sus causas nunca recurrirá a la destrucción. Todo esto se refleja en hechos concretos: cuidado de los recursos naturales, de la biodiversidad y del equilibrio ecológico. La diversidad es fuente de riqueza, aunque desgraciadamente, sin educación para apreciarla se cometen muchas tropelías que acaban con las riquezas naturales.

Las personas educadas respetan la diversidad y tienen activa la solidaridad. Un país progresa cuando sus ciudadanos son una mayoría con formación. Desgraciadamente, hay gobernantes que saben que un pueblo ignorante es más fácil de manipular, por eso, simulan educar, y logran imponer sus miopes intereses en un pueblo que mantienen totalmente anestesiado.

No es fácil llevar a cabo el ideal de la unidad en la diversidad, ni el de la participación solidaria. La primera resistencia está en cada persona cuando desea mejorar sin esfuerzo, es una mejora a costa de otros. La segunda resistencia es la del combate a un gobierno corrupto que busca mantener adormecido al pueblo. Pero quien advierte esos problemas y aún así persiste en la digna tarea, tarde o temprano verá resultados.

Los aspectos que se deben priorizar son muchos, pero para no perdernos pueden agruparse. El primero es cuidar a los más débiles y el segundo es recomponer y desarrollar la producción y el empleo. En el primer grupo están la atención al sector salud y al sector educativo. Aquí está el gran contingente de enfermos, niños y jóvenes, adultos en posgrados, investigadores, maestros, médicos, enfermeras, medicamentos, auxiliares, administrativos, transportistas, sector de limpieza, inmuebles, equipo.

En el segundo grupo se han de promover garantías a las instituciones que crean fuentes de trabajo -a nivel micro, macro o individual-, y ofrecen los productos indispensables para satisfacer las necesidades de las personas. Y también, no menos importante es todo lo que arropa la hospitalidad familiar como vivienda y salarios justos.

De una crisis se sale mejor o peor, la elección depende de nosotros.

La prisa

Lucía Legorreta

Disfruta lo que haces, observa a tu alrededor y dedica tiempo a lo que te gusta y sabes hacer bien.

¿Has calculado cuanto tiempo ganas al ir a toda velocidad por la vida? La mayoría de las veces, ir de prisa no implica caminar más rápido o pensar de forma más ágil. Significa estar y sentirse internamente acelerado.

Seguramente te has encontrado con una persona que mientras te saluda habla por el celular; termina la llamada y te dice que tiene muchas cosas que hacer y que se tiene que ir. Parecería que la prisa da prestigio, porque indica que la persona está ocupada, y que por lo tanto es un gran profesional.

Aquel que convive con la prisa lo hace también con el estrés y la ansiedad, no disfruta del momento, porque siempre está anticipando el futuro.

Puede convertirse en un estilo de vida. Y por increíble que parezca, no saben que hacer con su tiempo libre, cuando lo tiene. Estar desocupado les produce malestar, sensación de pérdida de tiempo, incluso falta de autoestima. Para estas personas el aburrimiento es algo desagradable, vacío y sin sentido.

¿Cómo conseguir el vivir con calma, sin ser víctima de la prisa? Comparto algunos consejos:

Priorizar: definir que es importante y qué no lo es. Esto dependerá de cada persona, pero si para ti es importante la familia y dedicas todo tu tiempo al trabajo, estarás corriendo todo el día para sacar tiempo y dedicarlo a tu familia. Mejor ordena tu agenda de acuerdo a tus prioridades y síguela con responsabilidad y sentido común.

Poner límites en los horarios: te ayuda a ordenar y agilizar tu mente. Si sabes a que hora tienes que terminar un trabajo o acudir a una cita, tu cerebro se concentra en hacerlo y vives más tranquilo. Los límites permiten prestar atención a lo importante, sin distracciones y enfocarse a una sola actividad.

Saber decir NO: esta pequeña palabra es mágica, ya que no puedes cumplir con todos los deseos de los demás. Si quieres estar presente en varios frentes, tendrás una vida insatisfecha en la cual no tienes tiempo para ti mismo, y menos para dedicarte a lo que te importa e interesa.

Desconéctate: del celular, de WhatsApp, del trabajo, de la televisión, de los correos electrónicos, de todo aquello que te impide disfrutar de otros momentos. No tienes la obligación de contestar todos los mensajes de inmediato, la mayoría de ellos no son urgentes. Tú eres quien se presiona a responder de inmediato. Aprende a retrasar, sobre todo si estás realizando otra actividad que requiere de tu atención.

Utiliza técnicas que te permitan relajarte: ejercicio, yoga,Pilates, un baño de agua caliente, una llamada larga y relajante, una copa de vino. Para estos momentos tienes que buscar un espacio.

No busques la perfección, sino estar a gusto con tu vida: una cosa es mejorar y superarte, y otra es obsesionarte con ello. La perfección no existe, mejor aprende a gozar lo que haces.

Fluye: disfruta lo que haces, observa a tu alrededor y dedica tiempo a lo que te gusta y sabes hacer bien.

Reflexiona, ¿que tan presente está la prisa en tu vida? Los segundos o minutos que ganas corriendo, no compensan lo que pierdes en calidad de vida.

 

Cuidado paliativos, sí. Eutanasia, no

Vuelve a primera línea el tema de la vida, ahora con la nueva ley de eutanasia. ¿Qué es la eutanasia? –La muerte provocada en aquellas personas que ya no valen. A ello se añade el suicidio asistido, que consiste en favorecer la muerte a la persona que lo pida.  En uno y en otro caso, se trata de eliminar la vida en la fase en que ya se considera de poca calidad. Con la eutanasia, la vida humana es despojada de toda su dignidad, sobre todo por parte de quien la ejecuta.

Rebrota esa lucha que está en el fondo de la historia humana, la lucha entre el bien y el mal, la lucha entre la Mujer portadora de la vida y el Dragón rojo que quiere eliminarla. Y en la que la Mujer, que representa a María y a la Iglesia, salva a la humanidad de las garras del Dragón rojo, el diablo, Satanás (cf Ap 12). Rebrota de esta manera la acción fratricida de Caín que mató a su hermano Abel, introduciendo en el mundo el odio como fruto del pecado y de la envidia.

Cuando el hombre se aparte de Dios, es capaz de todo lo malo, es capaz incluso de ir contra el hombre, de destruirlo. Estamos viviendo con el covid-19 una de las pandemias más duras de la historia, que está haciendo temblar los cimientos de nuestra época, la sanidad, la actividad económica y laboral, el bienestar social. Y en medio de esta situación, el gobierno de turno saca a la palestra el tema de la eutanasia, la matanza de los débiles, con una ley demoledora.

Se cumplen aquellas palabras del Papa Juan Pablo II, el gran defensor de la vida en todas sus etapas: se trata de una guerra de los poderosos contra los débiles, se trata de una verdadera conjura contra la vida, se trata de una verdadera cultura de la muerte. Y que el Papa Francisco actualiza en sus alocuciones y escritos: “No es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto” (Laudato sì 120).

Hemos vivido ya varios envites en esta misma dirección. A estas alturas casi que nos hemos acostumbrado a que se practiquen en España más de cien mil abortos cada año. Y nos doran la píldora apelando a la libertad de la madre para elegir tener su hijo o matarlo en el seno materno, si es un embarazo no deseado. Sin embargo, la vida es sagrada, sigue siendo sagrada y nadie puede eliminar a un ser inocente. El claustro materno debiera ser el lugar más seguro y acogedor para el ser humano, y se ha convertido en el lugar más amenazado y agresivo en millones de casos concretos.

Y ahora, propaganda por todas partes sobre la eutanasia hasta llevar una ley al Congreso, que probablemente será aprobada. Se intenta dorarnos la píldora con una falsa compasión hacia el que sufre, “para que no sufra” lo eliminamos. Ciertamente, el sufrimiento no es plato de gusto para nadie. Y cuando el sufrimiento es insoportable, llega a desearse la muerte. Pero para eso están los cuidados paliativos que consisten en aliviar el dolor mediante el acompañamiento personal, el cariño y la atención al que está sufriendo y el recurso a la medicina, que hoy cuenta con remedios que alivian e incluso eliminan el dolor. Cuando el dolor es aliviado o eliminado, nadie quiere morirse.

Entonces, ¿por qué prospera la eutanasia? Sencillamente porque es más barata que los cuidados paliativos. Es más económico eliminar a los ancianos que mantenerlos bien atendidos. Es más barato eliminar a los discapacitados que mantenerlos durante años hasta su muerte natural. En la Seguridad Social es más rentable eliminar vidas que cuidarlas y extender a toda la población los cuidados paliativos hasta que llegue la muerte natural. Es cuestión de egoísmo llevado a su extremo.

Si se nubla el horizonte de Dios, se nubla el horizonte de la dignidad humana, se nubla el valor de la vida humana en todas sus fases. En medio de esta situación brilla el testimonio abundante de muchos familiares que cuidan a sus enfermos con todo esmero hasta el final. Yo lo he visto. En medio de esta situación, me he encontrado con discapacitados que son atendidos con todo cariño por sus familias y con toda profesionalidad por parte de personas dedicadas. Ese amor es el que salvará al mundo, de la mano de la Mujer (María, la Iglesia) que protege al ser humano.

+ Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba

 

 

¿Enseña o escucha?

Ningún católico tiene la menor duda: la misión de la Iglesia es la de predicar, de enseñar; y anunciar al mundo a Dios Creador, Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo; de predicar y enseñar a Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, Redentor del mundo y del pecado, de anunciar su Divinidad y de enseñar sus mandamientos y consejos: el Credo y la Moral. Y con estas verdades, hablar del Bien y del Mal, de la Gracia y del pecado, y recordar a todos los hombres la existencia de la Vida Eterna, Cielo e infierno.

La misión de la Iglesia no puede ser simplemente escuchar, aunque lógicamente escucha. No puede dejar en la oscuridad a quienes no conocen a Cristo. No puede limitarse a mantener unas verdades sobre Cristo, como otros grupos religiosos mantienen sus teorías sobre sus propios dioses o promotores. La Iglesia está enviada por su Fundador, el Hijo de Dios enviado por Dios Padre, para que sea la voz, la luz de Dios Uno y Trino, que el mismo Jesús trajo al mundo.

Una tarea primordial que tiene que resultar de las convulsiones morales de nuestro tiempo es la de que debemos comenzar de nuevo nosotros mismos a vivir de Dios, pensando en Él y obedeciéndole. Tenemos que aprender, una vez más, a reconocer a Dios como la base de nuestra vida y a no dejarlo de lado como si fuese una simple palabra vacía de sentido. Me quedó impresa una recomendación que el gran teólogo Hans Urs von Balthasar subrayó una vez en uno de sus apuntes: “Dios trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo: no presuponerlo, ¡anteponerlo!”

La Iglesia es muy consciente, y lo ha sido en cada instante a lo largo de sus dos mil años de historia, de que al predicar, al enseñar, tiene la misión de atraer a Cristo a todas las almas que se encuentre en su camino; y acercarse a ellas en todos los rincones de este mundo, con la palabra y con el ejemplo; con la fe y las obras.

Jaume Catalán Díaz

 

 

 

Eutanasia en tiempos de coronavirus

María Solano 

photo_cameraEutanasia.

Los que saben de retórica bien conocen la eficacia del recurso de los argumentos “pathos”. Son argumentos emotivistas, que apelan al corazón, que impiden pensar con claridad razonada y que tienden a lograr un primer apoyo incondicional a la causa, empático, marcado por el sentimiento.

Si la persona no reflexiona más sobre esos argumentos y esconden una mentira, quedará atrapada en ellos (así se fraguó, por ejemplo, el odio a los judíos en la Alemania Nazi). Porque el que usa este recurso de manera torticera, solo ofrece la mitad del conflicto que le interesa y nunca da voz a la opción contraria.

Con el debate sobre la eutanasia, nos ocurre con mucha frecuencia que sus defensores nos presentan casos concretos en los que es difícil abstraerse y pensar en otras opciones porque todos nos sentimos movidos por el dolor y el sufrimiento.

Sin embargo, acabamos de vivir en primera persona la gran crisis del coronavirus que nos ha demostrado que está en nuestra naturaleza aferrarnos a la vida y en la naturaleza de los médicos y de todo el personal sanitario esforzarse hasta el límite de sus fuerzas por salvarla. Es más, nos han indignado toda suerte de comentarios sobre posibles negligencias en la hospitalización de ancianos desde las residencias.

Y hemos celebrado como victoria conjunta en las portadas de periódicos y las aperturas de telediario las salidas de las UCI de enfermos que estuvieron a punto de morir varias veces en sus muchos meses con respiración asistida. Y es que creemos en la vida, queremos la vida y está en nuestra naturaleza defenderla.

Si me permiten, les recomiendo una lectura imprescindible para estos días en los que nos vamos a tener que cargar de razones con fundamento para apoyar la vida, la dignidad del enfermo y del anciano, el amor que hay en el cuidado del prójimo.

Es un librito que se deja leer solo, titulado “Eutanasia. Un análisis a la luz de la ciencia y la antropología”, editado por Rialp y escrito por el doctor Manuel Martínez-Sellés que, por cierto, se presenta como candidato al Colegio de Médicos de Madrid. Lo que nos ofrece es un recorrido muy claro sobre conceptos que nos han ido desvirtuando entre empalagosos y lacrimógenos argumentos para acabar concluyendo que tenemos que apostar por mejorar la calidad de vida de los que sufren, por invertir en cuidados paliativos y por romper con la soledad de los enfermos.

Porque cuando pase esta pandemia y miremos atrás, de estos durísimos tiempos habremos aprendido el valor de la familia, la resiliencia de los enfermos, la voluntad de luchar por la vida porque está en nuestra naturaleza.

Grupos de presión de la industria abortista y LGBT

Grupos de presión de la industria abortista y LGBT calificaron de “profundamente inquietante” y “peligroso” un reporte interno del Departameno de Estado de los EE. UU. sobre derechos humanos. El reporte cuestiona el estatuto legal internacional del aborto y de los derechos LGBTQI+.

“Rechazamos enérgicamente la desestimación, por parte de la Comisión, de ciertos derechos como controversias social y políticamente divisivas” se lee en un comentario acerca del reporte de la Comisión sobre Derechos Inalienables de los EE. UU. hecho por NARAL Pro-Choice, el Center for Reproductive Rights (Centro para los Derechos Reproductivos) y la Federación Planned Parenthood, grupos líderes de la industria abortista, y por la Human Rights Campaign (Campaña por los Derechos Humanos), OutRight International y Lambda Legal, gigantes LGBT.

Los grupos calificaron el reporte como un intento de “colocar la ideología de la administración y la opinión de 11 individuos en lugar de” la ley establecida que “reconoce la protección de los derechos LGBTQI+ y los derechos sexuales y reproductivos, incluido el aborto, como imperativos de los derechos humanos”. Esto a pesar de que los comisionados no tomaron posición contra el aborto.

El congresista demócrata Jamie Raskin, presidente del Comité de Supervisión y Reformas,y el congresista Joaquin Castro, presidente del Comité de Asuntos Exteriores, criticaron el reporte por su “lenguaje cristianocéntrico” y por enraizar los derechos humanos en “tradiciones bíblicas de los Estados Unidos y un Dios creador”. 

“El reporte discute derechos inalienables específicos como la libertad de expresión y la libertad religiosa”, escribieron los congresistas a la comisión, “mientras tilda a otros derechos, como el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo, de controversias social y políticamente divisivas”.

Shannon Kowalski, de la Coalición Internacional por la Salud de las Mujeres (International Women’s Health Coalition o IWHC), se quejó de que el reporte sería entendido como un apoyo a la capacidad de los profesionales y proveedores de la salud para objetar realizar abortos o referir pacientes para su realización.

Enric Barrull Casals

 

 

Memoria histórica que no escribirán los políticos 

 

ESPAÑA: “Así será la Ley de Memoria Democrática: "resignificación", exhumaciones o ilegalización de fundaciones franquistas”. (Ver texto aquí: Vozpópuli 16-09-2020)

               Cómo aquí “la verdad fue proscrita” hace muchos siglos, y la mentira sigue imperando, en este pobre país, de “listos y tontos”; publico hoy una mínima parte de, “mi memoria histórica”, que compartirían millones de españoles, la mayoría ya muertos, pero que aún quedamos muchos vivos para ratificarla; este “trozo”, lo escribí hace ya veintiséis años; y espero tener tiempo “y ganas”, para ultimar mi último libro, que insertaré en mi Web, para que todo el interesado, lo pueda copiar y leer gratuitamente. A mí, y de este pobre mundo, ya ni me atrae el tan ansiado dinero; “con lo que tengo ya me sobra para lo poco que por ley natural, me queda, de perra vida en este ya cuasi podrido planeta”.

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(En carta a “un amigo”)

Días atrás me encontré con un amigo el que un poco mayor que yo, pero igualmente fue, "uno de los niños de la guerra"; también y como yo es un rebelde y tuvo que pasarlo duro, muy duro para llegar donde ha podido llegar, puesto que de aprendiz de tallista (logró en su día el título de primer aprendiz de España -según me ha dicho) logró siendo bastante joven montar taller propio con incluso empleados y aprendices, después y como la decadencia artesanal y sus trabajos le obligó a ello, pudo hacer los cursos necesarios y lograr el "título" de "Maestro de Bellas Artes" y de ello vive y pronto espera jubilarse... ejerce como tal enseñante en la ciudad de Úbeda: su nombre es Vicente Castillo Gutiérrez y pese a ese "empleo oficial", él sigue manteniendo un pequeño taller en el que trabaja sólo con un hijo, ya que los aprendices y por motivos políticos... "fueron expulsados de los talleres y con ellos desaparecieron o van a desaparecer casi todos los oficios" y ésto necesitaría una larga explicación la que hoy no tengo ganas de darte... "aunque tú ya la sabes de sobras".

            En las peripecias anteriores de Vicente entra la instalación de un pequeño comercio y es allí donde yo le conocí al visitarle como representante de productos que en él se vendían, de ello hace ya "muchos años", pero pasado largo tiempo "nos encontramos de nuevo" y ahora es uno de mis inquilinos, puesto que ocupa un local de mi propiedad el que le tengo alquilado desde hace ya unos cuantos años y en el cual tiene su taller.

            Siempre que coincidimos hablamos de muchas cosas y como viejos conocidos y amigos... "mutuamente nos desahogamos contándonos cosas, reflexionando en voz alta y criticando a los cuasi ya crónicos gobernantes españoles por su inutilidad y parasitismo manifiestos".

            Pues bien, como sabes ahora se "han conmemorado" (mejor dicho recordado) los sesenta años transcurridos desde aquella confrontación fratricida española (guerra civil 1936-1939) última de la gran cantidad de "similares guerras", que el pueblo español, ha tenido que soportar precisamente por lo que antes he citado; o sea, el parasitismo político, unido a las desmedidas ambiciones y la falta de inteligencia de, "los destacados políticos", que tuvimos la desgracia de soportar los españoles y que al parecer (por cuanto sigue ocurriendo) vamos a tener que seguir soportando hasta vete tú a saber cuándo.

            Pero volvamos a ese encuentro entre Vicente y yo una cercana mañana y que casualmente se desarrolló "a plena luz del Sol"; y en un lugar entrañable de nuestro Jaén (ambos somos nativos de aquí)... fue en la Plaza de Los Jardinillos cerca de la oficina central de Correos.

            Empezamos a hablar y llegados a "lo de los sesenta años transcurridos, después de iniciada aquella guerra y sus victorias"... me dice mirándome con esos ojos centelleantes de "artista que con su intelecto crea algo siempre".

            -¡¡La guerra la ganamos nosotros!!

            Me quedo perplejo y sin respuesta a tan fuerte y clara afirmación, la que incluso afianzó dándome una vigorosa palmada en el hombro. Ante ello y sin obtener reacción por mi parte me dice a continuación.

            -¡Sí Antonio, la guerra la ganamos tú y yo y "muchos miles" de otros españoles que como tú y como yo, trabajamos mucho y cobramos y comimos... poco o nada; y es por ello por lo que se pudo reunir de nuevo un patrimonio nacional, que "éstos hijos de puta han tirado de nuevo".

            Al oír aquello, "una enorme catarata de ideas volvieron a mi mente", puesto que efectivamente Vicente decía verdad, una verdad aplastante y aunque no era nueva[1], pero que él había conseguido sintetizarla en pocas y contundentes palabras; y en ese instante que toda persona de genio tiene para resumir, concentrar y desarrollar una idea que confunde a cualquier interlocutor que tiene la suerte de ser testigo del súbito proceso.

            Seguimos hablando ya más pausadamente y recordamos nuestros principios, él como aprendiz en un taller sin sueldo alguno, yo con mis "siete años primeros de trabajos" (de los 7 a los 13) en los que sólo cobré "la comida y la cama", no éramos solos o seres aislados por una peculiar desdicha o castigo del destino, era "lo normal" en miles y miles "de criaturas" y que en cierto modo teníamos "el privilegio de comer todos los días y dormir en lecho cómodo y bajo techado"... otros ni eso tenían... y el hambre y todo tipo de privaciones era lo que imperaba en una inmensa mayoría de, "aquella pobre España deshecha una vez más"... pero y qué duda cabe, que aquellos duros años formaron y perfeccionaron a muchísimos niños o niñas en "eso que yo denominé como La Universidad de La Vida".            Recordamos igualmente, las penurias de "nuestros mayores" hasta poder rebasar los "primeros veinte años del franquismo"; después llegó como "un nuevo maná" la emigración a los países europeos que tras la II Guerra Mundial, se recuperaban en sus economías y a ellos fueron miles, cientos de miles, millones de "hambrientos del Sur", no sólo a comer si no a ahorrar todo lo posible... "ahorro que al propio tiempo que era para ellos, era para el país (en nuestro caso España) que así por una parte se libraba de legiones de adultos en paro forzoso y proclives a seguir, "cualquier movimiento subversivo"... y por otra parte le servía para recaudar inmensas cantidades de dinero en divisas internacionales, las que de otra forma no eran posibles. Luego vino "el segundo maná", o sea EL TURISMO (con mayúsculas) que procedente de iguales países que recogieron a los emigrantes[2] vino en sucesivas "oleadas" a engrosar las reservas de "oro" del Banco de España y con ello se consolidó un nivel de vida que nunca soñaron los españoles... "menos aún sus gobernantes que como siempre, no pusieron apenas nada para... lo que sí que recogieron, en la administración de tan grandes capitales como pasaron por sus manos".

            Por ello Vicente y yo nos indignamos cuando ahora... "Después de sesenta años", los que dicen que perdieron la guerra dan unos motivos, los que la ganaron otros y todos ellos (generalmente los que hablan y opinan) "siguen viviendo y viviendo bien... de lo que siempre vivieron en general, o sea del empleo oficial y del dinero público".

            Pero los que ganamos la guerra no pudimos acceder a aquellas prebendas políticas reservadas a los políticos y demagogos de siempre y que llegado el momento... "igual sirven a Dios que al Diablo"... su bandera es el dinero, el poder y vivir sin responsabilidades ningunas equiparables al resto de la ciudadanía o súbditos... "que es lo que de nuevo quieren que seamos los españoles".

            Y si de nuevo llega el momento de penar... ¿qué les importará a ellos un nuevo período?... por ello no conviene olvidar... "aquella larga condena tras la guerra del 36/39... larga condena de trabajos forzados y/o muy mal pagados y que hubimos de realizar la inmensa mayoría de aquellos perdedores de sucesivas guerras españolas en pro de un nuevo resurgir... y por ello fue lógico ("era natural") el que se acumulara un enorme capital que al final derrocharon o dilapidaron otros... que decían haber perdido la guerra; bandidos, arribistas o pobres y miserables moscas que parásitas y hambrientas vieron la posibilidad de saquear aquel panal de rica miel"... pobre pueblo español, siempre lo mismo... entre moscas y bandidos.

            No te escribo por hoy nada más querido amigo y además nada te hubiese escrito hasta "vete tú a saber cuándo", si no es por cuanto me dijo el amigo Vicente.

            En espera de tus siempre gratas noticias, recibe un fuerte abrazo de tu amigo que te quiere... "a pesar de todo".

 

Jaén a 9 de Septiembre de 1.996

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes

 


    [1] Creo recordar que fue José Ortega y Gasset el que dijo la lapidaria frase de que en España... "todo lo positivo lo había hecho el pueblo y como tal pueblo, nada habían hecho los demás" (no es la frase así pero "más o menos viene a significar lo mismo".

    [2]No olvidemos que esos emigrantes (españoles, portugueses, italianos, griegos, turcos, marroquíes, argelinos, tunecinos, etc.) siempre (o en inmensa mayoría) fueron a realizar los trabajos más duros y que los nativos no querían hacer de ninguna de las maneras.- Nada nuevo puesto que siempre (y después de la esclavitud) la emigración es provocada por necesidades vitales y hoy se repite ello desde África y los problemas hoy son de difícil solución por cuanto... "Europa está saturada de europeos, africanos, sudamericanos, asiáticos, etc. y dentro de ella ya surgen los problemas raciales y propios del enfrentamiento de culturas diametralmente opuestas y que si se toleran es por cuanto unas sean sumisas -muy sumisas- hacia las otras...?".