Las Noticias de hoy 14 Septiembre 2020

Enviado por adminideas el Lun, 14/09/2020 - 12:36

La reconciliacion

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 14 de septiembre de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

“Estamos llamados a perdonar siempre” recuerda el Papa en el rezo del Ángelus

El Papa a las Comunidades de Laudato si’: “Todo es armonioso”

Corinaldo: El Papa rezó con las familias de las víctimas de la estampida

Exaltación de la Santa Cruz, 14 de septiembre

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ*: Francisco Fernandez Carbajal

“La Cruz, ¡la Santa Cruz!, pesa”: San Josemaria

14 de septiembre: la cruz de cada día

Pluralismo y fe: FRANCISCO BARTOLOMÉ GONZALEZ

¿Qué es tener unidad de vida?: encuentra.com

El valor de la amistad

Mujer, ahí tienes a tu hijo’ (Jn 19, 26): Josep Boira

MARTIRIO DEL ALMA: Magui del Mar

La Cruz y el Crucificado: + César Franco Obispo de Segovia

La sincronía  :    José Manuel Belmonte

  Una misa «virtual» no equivale a la participación personal en la iglesia

 Políticas públicas para la familia: Ana Teresa López de Llergo

 Un lujo: la privacidad: Lucía Legorreta

No lo que a cada uno le gustaría oír: José Morales Martín

Derechos Humanos y aborto: Xus D Madrid

La dignidad de la Gloria de Dios: JD Mez Madrid

Sobre el capital, los opinantes del “IBEX” y la indefensión del “súbdito”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

“Estamos llamados a perdonar siempre” recuerda el Papa en el rezo del Ángelus

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Palabras antes de la oración

SEPTIEMBRE 13, 2020 13:05ROSA DIE ALCOLEAANGELUS

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(zenit – 13 sept. 2020).- “Estamos llamados a perdonar siempre” así lo ha recordado el Papa Francisco este domingo, 13 de septiembre de 2020, en el rezo del Ángelus, dirigiéndose a los fieles reunidos en la plaza de San Pedro.

“Es necesario aplicar el amor misericordioso en todas las relaciones humanas: entre los esposos, entre padres e hijos, dentro de nuestras comunidades, en la Iglesia, y también en la sociedad y en la política”, ha especificado.

Asimismo, el Santo Padre he contado que esta mañana, mientras celebraba la Misa, le sorprendió una frase de la Primera Lectura, que dice así: “Recuerda el final y deja de odiar”, y ha exhortado a vivirla: “Piensa en el fin, que estarás en un ataúd al final, y te llevarás el odio ahí, piensa que al final… deja de odiar, deja de tener rencor. Pensemos en esta frase, acuérdate del fin y deja de odiar”.

El Papa advierte de que “no es fácil perdonar” y señala que “es mejor perdonar para ser perdonado, pero después el rencor vuelve como una mosca fastidiosa del verano que vuelve y vuelve”. “Perdonar no es algo de un momento, es algo continuo contra este rencor, con este odio que vuelve”.

Siguen a continuación las palabras del Papa Francisco antes de rezar el Ángelus, este domingo, 13 de septiembre de 2020, traducción no oficial difundida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la parábola que leemos en el Evangelio de hoy, la del rey misericordioso (cf. Mt 18,21-35), encontramos dos veces esta súplica: “Ten paciencia conmigo que todo te los devolveré” (vv. 26.29). La primera vez la pronuncia el siervo que le debe a su amo diez mil talentos, una suma enorme. La segunda vez la repite otro criado del mismo amo. Él también tiene deudas, no con su amo, sino con el siervo que tiene esa enorme deuda. Y su deuda es muy pequeña, –tal vez como el sueldo de una semana– comparada con la de su compañero.

El centro de la parábola es la indulgencia que el amo muestra hacia el siervo más endeudado. El evangelista subraya que “movido a compasión el señor de aquel siervo le dejó marchar y le perdonó la deuda” (v. 27). ¡Una deuda enorme, por tanto, una condonación enorme! Pero ese criado, inmediatamente después, se muestra despiadado con su compañero, que le debe una modesta suma. No lo escucha, le insulta y lo hace encarcelar, hasta que haya pagado la deuda (cf. v. 30). El amo se entera de esto y, enojado, llama al siervo malvado y lo condena (cf. vv. 32-34).

Vemos en esta parábola dos actitudes diferentes: la de Dios, representado por el rey, que perdona todo, porque Dios siempre perdona, y la del hombre. En la actitud divina, la justicia está impregnada de misericordia, mientras que la actitud humana se limita a la justicia. Jesús nos exhorta a abrirnos valientemente al poder del perdón, porque no todo en la vida se resuelve con la justicia. Es necesario ese amor misericordioso, que también es la base de la respuesta del Señor a la pregunta de Pedro que precede a la parábola: “Señor, dime, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano?” (v. 21). Y Jesús le respondió: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (v. 22). En el lenguaje simbólico de la Biblia, esto significa que estamos llamados a perdonar siempre.

¡Cuánto sufrimiento, cuántas divisiones, cuántas guerras podrían evitarse, si el perdón y la misericordia fueran el estilo de nuestra vida! También en las familias… cuantas familias desunidas, que no saben perdonar, cuantos hermanos y hermanas que tienen este rencor dentro. Es necesario aplicar el amor misericordioso en todas las relaciones humanas: entre los esposos, entre padres e hijos, dentro de nuestras comunidades, en la Iglesia, y también en la sociedad y en la política.

Hoy durante la mañana, mientras celebraba la Misa, me sorprendió una frase de la Primera Lectura, del Libro del Eclesiástico. La frase dice así: “Recuerda el final y deja de odiar”. Es hermosa esta frase. Piensa en el fin, que estarás en un ataúd al final, y te llevarás el odio ahí, piensa que al final… deja de odiar, deja de tener rencor. Pensemos en esta frase, acuérdate del fin y deja de odiar.

Y no es fácil perdonar porque en los momentos tranquilos uno dice este o estos me pusieron de todos los colores pero yo también hice tantas… mejor perdonar para ser perdonado, pero después el rencor vuelve como una mosca fastidiosa del verano que vuelve y vuelve. Perdonar no es algo de un momento, es algo continuo contra este rencor, con este odio que vuelve. Pensemos en el final y dejemos de odiar.

La parábola de hoy nos ayuda a comprender plenamente el significado de esa frase que recitamos en la oración del Padre nuestro“Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” (Mt 6, 12). Estas palabras contienen una verdad decisiva. No podemos pretender para nosotros el perdón de Dios, si nosotros, a nuestra vez, no concedemos el perdón a nuestro prójimo. Echemos el rencor como la mosca fastidiosa que vuelve, vuelve y vuelve. Si no nos esforzamos por perdonar y amar, tampoco seremos perdonados ni amados.

Encomendémonos a la maternal intercesión de la Madre de Dios: que Ella nos ayude a darnos cuenta de cuánto estamos en deuda con Dios, y a recordarlo siempre, para tener el corazón abierto a la misericordia y a la bondad.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

El Papa a las Comunidades de Laudato si’: “Todo es armonioso”

Ecología integral es “comteplación”

SEPTIEMBRE 13, 2020 12:05ROSA DIE ALCOLEAECOLOGÍAPAPA FRANCISCO

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(zenit – 13 sept. 2020).- El Papa Francisco se encontró con los participantes del Encuentro de las Comunidades de Laudato si’, el sábado, 12 de septiembre, en el Aula Pablo VI, en el Vaticano.

En un emocionante encuentro, con la presencia de Carlo Petrini, fundador de Slow Food y autor del libro TerraFutura. Diálogos con el Papa Francisco sobre la ecología integral –recientemente presentado en Roma–, el Santo Padre dirigió potentes mensajes a los participantes, marcados por una gran preocupación por “cómo podrá ser la vida de la próxima generación”, “nuestro verdadero reto”, señaló.

“Todos somos criaturas y todo en la creación está relacionado, todo está conectado”, la premisa de Francisco no es nueva. El Papa asegura que “todo es armonioso”. Así, sostiene que “la pandemia lo ha demostrado: la salud del hombre no puede prescindir de la del entorno en el que vive”.

Francisco, el primer papa que dedicó una encíclica al cuidado de la casa común y a la ecología integral, habló a los miembros de las Comunidades Laudato si’ de la contemplación y la compasión como elementos fundamentales para comprender la importancia de la ecología integral.

Contemplación y acción

“Hoy en día, la naturaleza que nos rodea ya no es admirada, contemplada, sino ‘devorada’”, adviertió el Santo Padre. “Nos hemos vuelto voraces, dependientes de los beneficios y de los resultados inmediatos y a cualquier precio. La mirada sobre la realidad es cada vez más rápida, distraída, y superficial, mientras que en poco tiempo se queman las noticias y los bosques”, indicó.

Dirigiéndose a los jóvenes y adultos de hoy, señaló que es necesario, por ejemplo, “liberarse de la prisión del móvil, para mirar a los ojos a los que están a nuestro lado y a la creación que se nos ha dado”.

La importancia de contemplar, según el Papa “es regalarse tiempo para estar en silencio, para rezar, para que regresen al alma la armonía, el equilibrio sano entre la cabeza, el corazón y las manos, entre el pensamiento, el sentimiento y la acción”.

Y enseñó que el que contempla “aprende a sentir el terreno que lo sostiene, comprende que no está solo y sin sentido en el mundo. Descubre la ternura de la mirada de Dios y entiende que es precioso. Cada uno es importante a los ojos de Dios, cada uno puede transformar un pedazo del mundo contaminado por la voracidad humana en la realidad buena querida por el Creador”.

Y así, la contemplación te lleva a la acción, a hacer: “el que sabe contemplar, en efecto, no se queda de brazos cruzados, sino que actúa de forma concreta”, observó el Pontífice.

A continuación ofrecemos el discurso del Papa a las Comunidades Laudato si’Papa a las Comunidades Laudato si’.

***

Discurso del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Os doy la bienvenida, y al saludaros deseo unirme a todos los miembros de las Comunidades Laudato si’ de Italia y del mundo. Doy las gracias al señor Carlo Petrini, en mi lengua paterna, no en la materna; “Carlin”. Habéis puesto como centro propulsor de todas vuestras iniciativas a la ecología integral propuesta por laEncíclica Laudato si’. Integral, porque todos somos criaturas y todo en la creación está relacionado, todo está conectado. Todavía más, me atrevería a decir: todo es armonioso. Incluso la pandemia lo ha demostrado: la salud del hombre no puede prescindir de la del entorno en el que vive. También es evidente que los cambios climáticos no sólo alteran el equilibrio de la naturaleza, sino que causan pobreza y hambre, golpean a los más vulnerables y a veces los obligan a abandonar sus tierras. El desprecio de la creación y las injusticias sociales se influyen mutuamente: se puede decir que no hay ecología sin equidad y no hay equidad sin ecología.

Estáis motivados para ocuparos de los últimos y de la creación, juntos, y queréis hacerlo siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, con mansedumbre y laboriosidad. Os doy las gracias por ello, y renuevo mi llamamiento a comprometerse para salvaguardar nuestra casa común. Es una tarea que concierne a todos, especialmente a los responsables de las naciones y de las actividades productivas. Hace falta una voluntad real de enfrentar desde la raíz las causas de los trastornos climáticos en curso. No bastan los compromisos genéricos, palabras, palabras… y no se puede apuntar sólo al consenso inmediato de los propios votantes o financiadores. Hay que mirar muy lejos, de lo contrario la historia no perdonará. Hay que trabajar hoy para el mañana de todos. Los jóvenes y los pobres nos pedirán cuentas. Es nuestro reto. Tomo una frase del teólogo mártir Dietrich Bonhoeffer: nuestro reto, hoy, no es “cómo nos las arreglamos”, cómo salimos nosotros de esto; nuestro verdadero reto es “cómo podrá ser la vida de la próxima generación”: ¡es lo que tenemos que pensar!

Queridos amigos, ahora me gustaría compartir con vosotros dos palabras clave de la ecología integral: contemplación y compasión.

Contemplación. Hoy en día, la naturaleza que nos rodea ya no es admirada, contemplada, sino “devorada”. Nos hemos vuelto voraces, dependientes de los beneficios y de los resultados inmediatos y a cualquier precio. La mirada sobre la realidad es cada vez más rápida, distraída, y superficial, mientras que en poco tiempo se queman las noticias y los bosques. Enfermos de consumo: esta es nuestra enfermedad, enfermos de consumo. Nos afanamos por la última app, pero ya no sabemos los nombres de nuestros vecinos, y mucho menos sabemos distinguir un árbol de otro. Y lo que es más grave, con este modo de vida se pierden las raíces, se pierde la gratitud por lo que hay y por quienes nos lo han dado. Para no olvidar hay que volver a la contemplación; para no distraerse con mil cosas inútiles hay que encontrar el silencio; para que el corazón no enferme hay que detenerse. No es fácil. Es necesario, por ejemplo, liberarse de la prisión del móvil, para mirar a los ojos a los que están a nuestro lado y a la creación que se nos ha dado.

Contemplar es regalarse tiempo para estar en silencio, para rezar, para que regresen al alma la armonía, el equilibrio sano entre la cabeza, el corazón y las manos, entre el pensamiento, el sentimiento y la acción. La contemplación es el antídoto para las decisiones precipitadas, superficiales y sin pies ni cabeza. El que contempla aprende a sentir el terreno que lo sostiene, comprende que no está solo y sin sentido en el mundo. Descubre la ternura de la mirada de Dios y entiende que es precioso. Cada uno es importante a los ojos de Dios, cada uno puede transformar un pedazo del mundo contaminado por la voracidad humana en la realidad buena querida por el Creador. El que sabe contemplar, en efecto, no se queda de brazos cruzados, sino que actúa de forma concreta. La contemplación te lleva a la acción, a hacer.

He aquí la segunda palabra: compasión. Es el fruto de la contemplación. ¿Cómo se entiende si alguien es contemplativo, si ha asimilado la mirada de Dios? Si tiene compasión por los demás. Compasión no es decir: “pero, me da pena esto”; compasión es “padecer con”; se tiene compasión por los demás si se va más allá de excusas y teorías, para ver en los demás hermanos y hermanas a los que hay que custodiar: es lo que ha dicho al final Carlo Petrini sobre la fraternidad. Esta es la prueba, porque esto es lo que hace la mirada de Dios, que no obstante todo el mal que pensamos y hacemos, siempre nos ve como hijos amados. No ve individuos, sino hijos, nos ve como hermanos y hermanas de una sola familia, que vive en la misma casa. Nunca somos extraños a sus ojos. Su compasión es lo contrario de nuestra indiferencia. La indiferencia es aquel -me permito la frase algo vulgar- “pasar de”, que entra en el corazón, en la mentalidad y que termina con un “que se las arregle”. La compasión es lo opuesto a la indiferencia.

Es lo mismo para nosotros: nuestra compasión es la mejor vacuna contra la epidemia de la indiferencia. “No me concierne”, “no me corresponde”, “no tengo nada que ver”, “es asunto suyo”: he aquí los síntomas de la indiferencia. Hay una buena foto… ya lo he dicho otras veces ¿eh? – una hermosa fotografía tomada por un fotógrafo romano, en la Limosnería. Una noche de invierno, se ve a una señora mayor que sale de un restaurante de lujo, con pieles, sombrero, guantes: bien tapada contra el frío; sale, después de comer bien – lo cual no es pecado, ¡comer bien! [se ríen] – y hay otra mujer en la puerta, con una muleta, mal vestida, se puede ver que siente frío… una “sin techo”, con la mano así [hace el gesto]… Y la señora que sale del restaurante mira para otro lado. La imagen se llama “Indiferencia”. Cuando la vi, llamé al fotógrafo para decirle: “Fuiste muy bueno al sacar esta instantánea”, y le dije que la pusiera en la Limosnería: para no caer en el espíritu de la indiferencia. En cambio, el que tiene compasión, pasa del “no me importas” a “eres importante para mí”. O por lo menos “tú me has llegado al corazón”. Pero la compasión no es sólo un buen sentimiento, no es pietismo, es crear un nuevo vínculo con el otro. Es hacerse cargo, como el buen samaritano que, movido por la compasión, se ocupa del desgraciado al que ni siquiera conoce (cf. Lc 10, 33-34). El mundo necesita esta caridad creativa y activa, gente que no esté comentando delante de una pantalla , sino gente que se ensucie las manos para remover la degradación y restaurar la dignidad. Tener compasión es una decisión: es elegir no tener ningún enemigo para ver en cada uno a mi prójimo. Y esta es una decisión.

Esto no significa volverse pusilánimes y dejar de luchar. Al contrario, quien tiene compasión entra en una dura lucha diaria contra el descarte y el despilfarro, el descarte de los demás y el despilfarro de las cosas. Duele pensar en cuánta gente se descarta sin compasión: ancianos, niños, trabajadores, discapacitados… Pero también es escandaloso el despilfarro de cosas. La FAO ha documentado que en los países industrializados se tiran más de mil millones -¡más de mil millones!- de toneladas de alimentos. Esta es la realidad. Ayudémonos mutuamente a luchar contra el descarte y el despilfarro, exijamos opciones políticas que conjuguen el progreso y la equidad, el desarrollo y la sostenibilidad para todos, de modo que nadie se vea privado de la tierra en que vive, del buen aire que respira, del agua que tiene derecho a beber y del alimento que tiene derecho a comer.

Estoy seguro de que los miembros de cada una de vuestras Comunidades no se contentarán con vivir como espectadores, sino que siempre serán protagonistas humildes y resueltos de la construcción del futuro de todos. Y todo esto hace la fraternidad. Trabajar como hermanos. Construir la fraternidad universal. Y este es el momento, este es el reto de hoy. Os deseo que alimentéis la contemplación y la compasión, ingredientes indispensables de la ecología integral. Gracias por vuestras oraciones y a todos los que rezan entre vosotros os pido que recéis, y a los que no rezan, por lo menos mandadme ondas buenas: ¡lo necesito! (ríen, aplausos).

Y ahora me gustaría pedirle a Dios que bendiga a cada uno de vosotros, que bendiga el corazón de cada uno de vosotros, creyentes o no, de cualquier tradición religiosa que sea: que Dios os bendiga a todos. Amén.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

Corinaldo: El Papa rezó con las familias de las víctimas de la estampida

Ocurrida el 8 de diciembre de 2018

SEPTIEMBRE 13, 2020 10:48ROSA DIE ALCOLEAPAPA FRANCISCO

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(zenit – 13 sept. 2020).- El Papa rezó ayer con las familias de las víctimas de la estampida en la discoteca de Corinaldo en la provincia de Ancona (Italia), cerca de la costa adriática el 8 de diciembre de 2018.

En una audiencia privada, el 12 de septiembre de 2020, con los familiares de las cinco adolescentes fallecidas en la tragedia, y de la madre de una de ellas, el Santo Padre les agradeció haber ido al Vaticano a compartir con él su “dolor” y su “oración”.

El Pontífice les dijo: “Recuerdo que entonces, cuando ocurrió la tragedia, me sobrecogió” y manifestó que el encuentro ayuda a “no olvidar, a guardar en sus corazones, y sobre todo a confiar a vuestros seres queridos al corazón de Dios Padre”.

Nuestra Señora de Loreto

Corinaldo, el lugar de la tragedia, se encuentra en una zona sobre la cual vela Nuestra Señora de Loreto: su Santuario no está lejos, recordó el Obispo de Roma. “Por eso quiero –queremos– pensar que ella, como Madre, nunca apartó de ellos su mirada, sobre todo en aquel momento de dramática confusión; que los acompañó con su ternura” y consoló a sus familiares: ¡Cuántas veces la invocaron en el Ave María: “¡Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte!”.Después de la tragedia, el 9 de diciembre de 2018, Francisco rezó públicamente por las víctimas de la estampida ocurrida en la madrugada del 8 de diciembre de 2018 en la sala de conciertos.

Así, al final de su saludo, el Papa invitó a los familiares a rezar un Ave María por las seis víctimas mortales de la tragedia: Asia, Benedetta, Daniele, Emma, Mattia y Eleonora.

Trágico accidente

El accidente se produjo en la concurrida sala de conciertos, donde gran parte del público se asustó después de que alguien rociara una “sustancia picante” en el concierto del popular rapero italiano Sfera Ebbasta. El pánico se produjo cuando la multitud, en su mayoría adolescentes, trató de salir del local.

Seis personas murieron, cinco de ellos menores y la sexta persona era la madre de un asistente al concierto. Además de las muertes, más de 50 resultaron heridas en la estampida para salir del lugar, varias de ellas de gravedad.

Publicamos a continuación el saludo que el Papa ha dirigido a los presentes durante el encuentro:

***

Saludo del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas,

Gracias por haber venido a compartir también conmigo vuestro dolor y vuestra oración. Recuerdo que entonces, cuando ocurrió la tragedia, me sobrecogió. Pero con el paso del tiempo, y desafortunadamente con la sucesión de tantas, demasiadas tragedias humanas, se corre el riesgo de olvidar. Este encuentro me ayuda a mí y a la Iglesia a no olvidar, a guardar en sus corazones, y sobre todo a confiar a vuestros seres queridos al corazón de Dios Padre.

Cada muerte trágica trae consigo un gran dolor. Pero cuando se lleva a cinco adolescentes y a una joven madre, es inmenso, insoportable sin la ayuda de Dios aguantarlo. No voy a entrar en las causas de los accidentes en esa discoteca donde murieron vuestros familiares. Pero me uno con todo mi corazón a vuestro sufrimiento y a vuestro legítimo deseo de justicia.

Deseo también ofreceros una palabra de fe, de consuelo y de esperanza.

Corinaldo, el lugar de la tragedia, se encuentra en una zona sobre la cual vela Nuestra Señora de Loreto: su Santuario no está lejos. Y por eso quiero – queremos – pensar que ella, como Madre, nunca apartó de ellos su mirada, sobre todo en aquel momento de dramática confusión; que los acompañó con su ternura. ¡Cuántas veces la invocaron en el Ave María: “¡Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte!”. Y aunque en esos momentos caóticos no pudieron hacerlo, Nuestra Señora no olvida, no olvida, nuestras súplicas: es Madre. Ciertamente los acompañó al abrazo misericordioso de su Hijo Jesús.

Esta tragedia tuvo lugar durante la noche, en la madrugada del 8 de diciembre de 2018, la fiesta de la Inmaculada Concepción. Ese mismo día, al final del rezo del Ángelus, recé con la gente por las jóvenes víctimas, por los heridos y por sus familias. Sé que muchos, empezando por vuestros obispos, aquí presentes, vuestros sacerdotes y vuestras comunidades, os han apoyado con la oración y el afecto. También continúa mi oración por vosotros, y la acompaño con mi bendición.

Cuando perdemos al padre o a la madre, somos huérfanos: existe un adjetivo. Huérfano, huérfana. Cuando en el matrimonio se pierde al cónyuge, el que se queda es viudo o viuda: existe también un adjetivo para ello. Pero cuando se pierde un hijo, no existe un adjetivo. La pérdida de un hijo es imposible de “adjetivar”. He perdido a un hijo: pero ¿qué soy? No, no soy ni huérfano, ni viudo. He perdido a un hijo. Sin adjetivo. No existe. Y este es también vuestro gran dolor.

Ahora me gustaría rezar junto con vosotros el Ave María por Asia, Benedetta, Daniele, Emma, Mattia y Eleonora.

(Ave María)

(Bendición)

© Librería Editorial Vaticano

 

Exaltación de la Santa Cruz, 14 de septiembre

La señal del cristiano

SEPTIEMBRE 13, 2020 09:00ISABEL ORELLANA VILCHESTESTIMONIOS

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“La señal del cristiano, único camino para conquistar la unión con la Santísima Trinidad, condición puesta por Cristo para seguirle. Motivo de gozo y esperanza, signo de nuestra salvación”

Los cristianos sabemos que la señal que nos identifica es la Santa Cruz. Lo aprendimos en el catecismo y el Evangelio nos enseña que cualquiera que se disponga a seguir a Cristo tiene en ella su única brújula, la que va a guiarle por el camino que lleva a la unión con la Santísima Trinidad. Es la condición puesta por Él: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lc 9, 23). San Juan de la Cruz lo recordaba con estas palabras: “Quien busca la gloria de Cristo y no busca la cruz de Cristo, no busca a Cristo”. La cruz exige renunciar por amor a Él y al prójimo a lo que más cuesta. Quien no la acepta no sabe amar. Requiere coherencia, disponibilidad, valentía, etc. Dios rechaza la tibieza. Cuando la cruz se acepta con alegría resulta liviana; fortalece y dispone para superar las dificultades que se presentan.

No hay integrante de la vida santa que no haya contemplado este “árbol de la vida”; todos se han abrazado a él. El beato Charles de Foucauld advertía: “Sin cruz, no hay unión a Jesús crucificado, ni a Jesús Salvador. Abracemos su cruz, y si queremos trabajar por la salvación de las almas con Jesús, que nuestra vida sea una vida crucificada”. No hay otra vía para alcanzar la santidad, como también reconocía santa Maravillas de Jesús: “El camino de la propia santificación es el santo misterio de la cruz”. La cruz confiere sentido al sufrimiento humano, ilumina y consuela en las fatigas del camino, inunda de esperanza el corazón, suaviza las circunstancias más adversas, lima toda aspereza. “Poned los ojos en el Crucificado y se os hará todo poco…”, manifestaba santa Teresa de Jesús.

El “árbol de la cruz” es el símbolo de la Salvación. Contiene todos los matices semánticos que se atribuyen a la expresión exaltar. Se reconocen en el santo madero los excelsos méritos que Cristo le otorgó con su propia vida, ya que en él estuvo “colgado” salvando al mundo libremente, mostrando su insondable amor. Se deja correr el caudal de pasión que inspira cuando se contempla, induciéndonos a ir a él y adorarlo. La cruz es signo de unidad, de paz y de reconciliación, es el distintivo de los “ciudadanos del cielo” (Flp 3, 20), llave que nos abre sus puertas. “O morir o padecer; no os pido otra cosa para mí. En la cruz está la vida y el consuelo, y ella sola es camino para el cielo”, expresaba Teresa de Jesús. Solo es “necedad”, como decía san Pablo, para los que se pierden; para el resto, es “fuerza de Dios”: “Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan –para nosotros– es fuerza de Dios […]. Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres” (I Corintios 1, 18ss).

Esta festividad rememora el acontecimiento que se produjo el 14 de septiembre del año 320, cuando la emperatriz de Constantinopla, santa Elena, madre de Constantino el Grande, encontró el madero (Vera Cruz) en el que murió el Redentor. Hechos extraordinarios marcaron este momento: la resurrección de una persona y la aparición de la cruz en el cielo. Para albergar esta excelsa reliquia –signo de la victoria de Cristo, manifestación del perdón y de la misericordia de Dios, esperanza para los creyentes, centro de nuestra fe–, santa Elena y Constantino hicieron construir la basílica del Santo Sepulcro. Unos siglos más tarde, en el 614, el rey de Persia, Cosroes II, conquistó Jerusalén y tomó como trofeo la Vera Cruz, el venerado emblema cristiano que se custodiaba en el templo. Mofándose de los cristianos, lo utilizó como escabel de sus pies. Pero catorce años más tarde el emperador Heraclio, una vez que derrotó a los persas, pudo devolver el santo madero a Constantinopla. Después, fue trasladado a Jerusalén el 14 de septiembre del año 628.

Al parecer, cuando Heraclio se propuso introducir la cruz solemnemente no pudo cargarla sobre sus hombros; se quedó paralizado. El patriarca Zacarías, que formaba parte de la comitiva caminando a su lado, señaló que el esplendor de la procesión nada tenía que ver con la faz de Cristo humilde y doliente en su camino hacia el Calvario. El emperador se desprendió de sus ricas vestiduras y de la corona que ceñía su cabeza, y cubierto con una humilde túnica pudo transportar la cruz caminando descalzo por las calles de Jerusalén para depositarla en el lugar de donde había sido arrebatada siglos atrás. Desde entonces se celebra litúrgicamente esta festividad de la Exaltación de la Santa Cruz. Con objeto de evitar otro expolio, fue dividida en cuatro fragmentos. Uno de ellos quedó custodiado en Jerusalén en un cofre de plata; otro se llevó a Roma, un tercero a Constantinopla y el resto fue convertido en minúsculas astillas que se repartieron en templos dispersos por el mundo.

Esta fecha litúrgica es crucial para los creyentes. La cruz no es ninguna tragedia, como no lo es amarla, algo que resultará extraño fuera de la fe. Es una bendita “locura” que inunda el corazón de gozo. Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) lo advertía: “ayudar a Cristo a llevar la cruz proporciona una alegría fuerte y pura”. No la rehuyamos. Cristo nos ayuda a portarla con su gracia; sigue compartiéndola con nosotros. Que un día no nos tenga que decir lo que en celeste coloquio le confió al Padre Pío: “Casi todos vienen a Mí para que les alivie la cruz; son muy pocos los que se me acercan para que les enseñe a llevarla”.

 

 

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ*

Fiesta

— Origen de la fiesta.

— El Señor bendice con la Cruz a quienes más ama.

— Los frutos de la Cruz.

I. Por la Pasión de Nuestro Señor, la Cruz no es un patíbulo de ignominia, sino un trono de gloria. Resplandece la Santa Cruz, por la que el mundo recobra la salvación. ¡Oh Cruz que vences! ¡Cruz que reinas! ¡Cruz que limpias de todo pecado! Aleluia1.

La fiesta que hoy celebramos tiene su origen en Jerusalén en los primeros siglos del Cristianismo. Según un antiguo testimonio2, se comenzó a festejar en el aniversario del día en el que se encontró la Cruz de Nuestro Señor. Su celebración se extendió con gran rapidez por Oriente y poco más tarde a la Cristiandad entera. En Roma tuvo gran solemnidad la procesión que, antes de la Misa, para venerar la Cruz3, se dirigía desde Santa María la Mayor a San Juan de Letrán.

A principios del siglo VII los persas saquearon Jerusalén, destruyeron muchas basílicas y se apoderaron de las sagradas reliquias de la Santa Cruz, que serían recuperadas pocos años más tarde por el emperador Heraclio. Cuenta una piadosa tradición que cuando el emperador, vestido con las insignias de la realeza, quiso llevar personalmente el Santo Madero hasta su primitivo lugar en el Calvario, su peso se fue haciendo más y más insoportable. Zacarías, Obispo de Jerusalén, le hizo ver que para llevar a cuestas la Santa Cruz debería despojarse de las insignias imperiales e imitar la pobreza y la humildad de Cristo, que se había abrazado a ella desprendido de todo. Heraclio vistió entonces unas humildes ropas de peregrino y, descalzo, pudo llevar la Santa Cruz hasta la cima del Gólgota4.

Es posible que desde niños aprendiéramos a hacer el signo de la Cruz en la frente, en los labios y en el corazón, en señal externa de nuestra profesión de fe. En la Liturgia, la Iglesia utiliza el signo de la Cruz en los altares, en el culto, en los edificios sagrados. Es el árbol de riquísimos frutos, arma poderosa, que aleja todos los males y espanta a los enemigos de nuestra salvación: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, pedimos todos los días al signarnos. La Cruz enseña un Padre de la Iglesia «es el escudo y el trofeo contra el demonio. Es el sello para que no nos alcance el ángel exterminador, como dice la Escritura (cfr. Ex 9, 12). Es el instrumento para levantar a los que yacen, el apoyo de los que se mantienen en pie, el bastón de los débiles, la guía de quienes se extravían, la meta de los que avanzan, la salud del alma y del cuerpo, la que ahuyenta todos los males, la que acoge todos los bienes, la muerte del pecado, la planta de la resurrección, el árbol de la vida eterna»5. El Señor ha puesto la salvación del género humano en el árbol de la Cruz, para que donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la Vida, y el que venció en un árbol, fuera en un árbol vencido6.

La Cruz se presenta en nuestra vida de muy diferentes maneras: enfermedad, pobreza, cansancio, dolor, desprecio, soledad... Hoy podemos examinar en nuestra oración nuestra disposición habitual ante esa Cruz que se muestra a veces difícil y dura, pero que, si la llevamos con amor, se convierte en fuente de purificación y de Vida, y también de alegría. ¿Nos quejamos con frecuencia ante las contrariedades? ¿Damos gracias a Dios también por el fracaso, el dolor y la contradicción? ¿Nos acercan a Dios estas realidades, o nos separan de Él?

II. La Primera lectura de la Misa7 nos narra cómo el Señor castigó al Pueblo elegido por murmurar contra Moisés y contra Yahvé, al experimentar las dificultades del desierto, enviándole serpientes que causaron estragos entre los israelitas. Cuando se arrepintieron, el Señor dijo a Moisés: Haz una serpiente de bronce y ponla por señal; el herido que la mirare, vivirá. Hizo, pues, Moisés una serpiente de bronce y la puso por señal, y los heridos que la miraban eran sanados. La serpiente de bronce era signo de Cristo en la Cruz, en quien obtienen la salvación los que lo miran. Así lo expresa Jesús en su conversación con Nicodemo, recogida en el Evangelio: Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él8. Desde entonces, el camino de la santidad pasa por la Cruz, y cobra sentido algo tan falto de él como es la enfermedad, el dolor, la pobreza, el fracaso..., la mortificación voluntaria. Es más, Dios bendice con la Cruz cuando quiere otorgar grandes bienes a un hijo suyo, al que trata entonces con particular predilección.

Muchas gentes huyen de la Cruz de Cristo como en desbandada, y se alejan de la alegría verdadera, de la eficacia sobrenatural que llena el corazón, de la misma santidad; huyen de Cristo. Llevémosla nosotros sin rebeldía, sin quejas, con amor. «¿Estás sufriendo una gran tribulación? -¿Tienes contradicciones? Di, muy despacio, como paladeándola, esta oración recia y viril:

»“Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas. Amén. Amén”.

»Yo te aseguro que alcanzarás la paz»9.

III. Cruz fiel, tú eres el árbol más noble de todos; ningún otro se te puede comparar en hojas, en flor, en fruto10.

El amor a la Cruz produce abundantes frutos en el alma. En primer lugar, nos lleva a descubrir enseguida a Jesús, que nos sale al encuentro y toma lo más pesado de la contradicción y lo carga sobre sus hombros. Nuestro dolor, asociado al del Maestro, deja de ser el mal que entristece y arruina, y se convierte en medio de unión con Dios. «Si sufres, sumerge tu dolor en el suyo: di tu Misa. Pero si el mundo no comprende estas cosas, no te turbes; basta con que te comprendan Jesús, María, los santos. Vive con ellos y deja que corra tu sangre en beneficio de la humanidad: ¡como Él!»11.

La Cruz de cada día es una gran oportunidad de purificación, de desprendimiento y de aumento de gloria12. San Pablo enseñaba con frecuencia a los cristianos que las tribulaciones son siempre breves y llevaderas, y el premio de esos sufrimientos llevados por Cristo es inmenso y eterno. Por eso el Apóstol se gozaba en sus tribulaciones, se gloriaba de ellas y se consideraba dichoso de poder unirlas a las de Cristo Jesús y completar así su Pasión para bien de la Iglesia y de las almas13. El único dolor verdadero es alejarnos de Cristo. Los demás padecimientos son pasajeros y se tornan gozo y paz: «¿No es verdad que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos o morales?

»Es verdaderamente suave y amable la Cruz de Jesús. Ahí no cuentan las penas; solo la alegría de saberse corredentores con Él»14.

El trato y la amistad con el Maestro nos enseñan, por otra parte, a ver y a llevar con una disposición joven, decidida, alejada de la tristeza y de la queja, las dificultades que se presentan. Las veremos, igual que han hecho los santos, como un estímulo, un obstáculo que es preciso saltar en esta carrera que es la vida. Este espíritu alegre y optimista, incluso en los momentos difíciles, no es fruto del temperamento ni de la edad: nace de una profunda vida interior, de la conciencia siempre presente de nuestra filiación divina. Esta disposición serena, optimista, creará en toda circunstancia un buen ambiente a nuestro alrededor en la familia, en el trabajo, con los amigos... y será un gran medio para acercar a otros al Señor.

Terminamos nuestra oración junto a Nuestra Señora. «“Cor Mariae perdolentis, miserere nobis!” invoca al Corazón de Santa María, con ánimo y decisión de unirte a su dolor, en reparación por tus pecados y por los de los hombres de todos los tiempos.

»Y pídele para cada alma que ese dolor suyo aumente en nosotros la aversión al pecado, y que sepamos amar, como expiación, las contrariedades físicas o morales de cada jornada»15.

1 Liturgia de las Horas, Antífona de Laudes. — 2 Cfr. Egeria, Itinerario, ed. preparada por A. Arce, BAC, Madrid 1980, pp. 318-319. — 3 Cfr. A. G. Martimort, La Iglesia en oración, Herder, 3.ª ed., Barcelona 1987, pp. 989-990. — 4 Cfr. P. Croisset, Año cristiano, Madrid 1846, vol. 7, pp. 120-121. — 5 San Juan Damasceno, De fide ortodoxa, IV, 11. — 6 Prefacio de la Misa. — 7 Num 21, 4-9. — 8 Jn 3, 14-15. — 9 San Josemaría Escrivá, Camino n. 691. — 10 Himno Crux fidelis. — 11 Ch. Lubich, Meditaciones, Ciudad Nueva, Madrid 1989, p. 32. — 12 Cfr. A. Tanquerey, La divinación del sufrimiento, Rialp, Madrid 1955, p. 18. — 13 Cfr. Rom 7, 18; Gal 2, 19-20; 6, 14; etc. — 14 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, Rialp, 2.ª ed., Madrid 1981, II. — 15 ídem, Surco, n. 258.

La devoción y el culto a la Santa Cruz, donde Cristo dio su vida por nosotros, se remonta a los mismos comienzos del Cristianismo. En la Liturgia se tiene constancia desde el siglo iv. La Iglesia conmemora hoy el rescate de la Cruz del Señor por obra del emperador Heraclio en su victoria sobre los persas. En los textos de la Misa y de la Liturgia de las Horas la Iglesia canta con entusiasmo a la Santa Cruz, pues fue el instrumento de nuestra salvación; si el árbol a cuya sombra pecaron de desobediencia nuestros primeros padres fue causa de perdición, el Árbol de la Cruz es el origen de nuestra salvación eterna.

 

 

“La Cruz, ¡la Santa Cruz!, pesa”

Al celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, suplicaste al Señor, con todas las veras de tu alma, que te concediera su gracia para "exaltar" la Cruz Santa en tus potencias y en tus sentidos... ¡Una vida nueva! Un resello: para dar firmeza a la autenticidad de tu embajada..., ¡todo tu ser en la Cruz! –Veremos, veremos. (Forja, 517)

14 de septiembreLa Cruz, ¡la Santa Cruz!, pesa.

–De una parte, mis pecados. De otra, la triste realidad de los sufrimientos de nuestra Madre la Iglesia; la apatía de tantos católicos que tienen un "querer sin querer"; la separación –por diversos motivos– de seres amados; las enfermedades y tribulaciones, ajenas y propias...

La Cruz, ¡la Santa Cruz!, pesa: «Fiat, adimpleatur...!» –¡Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios sobre todas las cosas! Amén. Amén. (Forja, 769)

La Cruz no es la pena, ni el disgusto, ni la amargura... Es el madero santo donde triunfa Jesucristo..., y donde triunfamos nosotros, cuando recibimos con alegría y generosamente lo que El nos envía. (Forja, 788)

¡Sacrificio, sacrificio! –Es verdad que seguir a Jesucristo –lo ha dicho El– es llevar la Cruz. Pero no me gusta oír a las almas que aman al Señor hablar tanto de cruces y de renuncias: porque, cuando hay Amor, el sacrificio es gustoso –aunque cueste– y la cruz es la Santa Cruz.

–El alma que sabe amar y entregarse así, se colma de alegría y de paz. Entonces, ¿por qué insistir en "sacrificio", como buscando consuelo, si la Cruz de Cristo –que es tu vida– te hace feliz? (Surco, 249)

 

 

14 de septiembre: la cruz de cada día

El 14 de septiembre los cristianos celebramos la Exaltación de la Santa Cruz. Es un día para reflexionar sobre la muerte de Cristo en una Cruz, a la que se nos invita a unirnos para resucitar con Él. Ofrecemos algunos textos para meditar.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA11/09/2020

Otros recursos: Los siete dolores de la Virgen • Fiestas litúrgicas: La Exaltación de la Santa Cruz • “Omnia traham ad meipsum”. Estudio de Pedro Rodríguez • La Pasión y Muerte en la Cruz (Resúmenes de fe cristiana) • La libertad ganada por Cristo en la Cruz. Estudio de Lluís Clavell • «Nosotros predicamos a un Cristo crucificado» (De la serie 'La luz de la fe') • Cruz y resurrección en el trabajo (De la serie sobre el 'Trabajo') • Esa Cruz es tu Cruz: la de cada día (Rezar con San Josemaría)


Origen histórico de la Exaltación de la Santa Cruz

Hacia el año 320 la Emperatriz Elena de Constantinopla encontró la Vera Cruz, la cruz en que murió Jesucristo. En 614, el rey Cosroes II de Persia invadió y conquistó Jerusalén, llevándose como trofeo de guerra la santa Reliquia.

Pero en el 628 el emperador Heraclio recuperó la Cruz y la llevó de nuevo a Jerusalén. El 14 de septiembre, el emperador entró en la Ciudad Santa cargando él mismo con la cruz. Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Santa Cruz.

Lecturas del día

Primera lectura. Números 21:4-9

Partieron de Hor de la Montaña, camino del mar de Suf, rodeando la tierra de Edom. El pueblo se impacientó por el camino. Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos habéis subido de Egipto para morir en el desierto? Pues no tenemos ni pan ni agua, y estamos cansados de ese manjar miserable». Envió entonces Yahveh contra el pueblo serpientes abrasadoras, que mordían al pueblo; y murió mucha gente de Israel. El pueblo fue a decirle a Moisés: «Hemos pecado por haber hablado contra Yahveh y contra ti. Intercede ante Yahveh para que aparte de nosotros las serpientes», Moisés intercedió por el pueblo. Y dijo Yahveh a Moisés: «Hazte un Abrasador y ponlo sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido y lo mire, vivirá». Hizo Moisés una serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y si una serpiente mordía a un hombre y éste miraba la serpiente de bronce, quedaba con vida.

SE DESPOJÓ DE SÍ MISMO TOMANDO CONDICIÓN DE SIERVO HACIÉNDOSE SEMEJANTE A LOS HOMBRES Y APARECIENDO EN SU PORTE COMO HOMBRE (CARTA A LOS FILIPENSES)

Salmo responsorial. Salmo 78:1-2, 34-38

Escucha mi ley, pueblo mío, tiende tu oído a las palabras de mi boca; voy a abrir mi boca en parábolas, a evocar los misterios del pasado. Cuando los mataba, le buscaban, se convertían, se afanaban por él, y recordaban que Dios era su roca, su redentor, el Dios Altísimo. Mas le halagaban con su boca, y con su lengua le mentían; su corazón no era fiel para con él, no tenían fe en su alianza. El, con todo, enternecido, borraba las culpas y no exterminaba; bien de veces su cólera contuvo y no despertó todo su furor.

Segunda lectura. Filipenses 2:6-11

El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre.

Evangelio. Juan 3:13-17

Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.


Palabras de Papa Francisco

EL MISTERIO DE LA CRUZ SÓLO SE PUEDE COMPRENDER UN POQUITO DE RODILLAS, EN LA ORACIÓN, PERO TAMBIÉN A TRAVÉS DE LAS LÁGRIMAS (PAPA FRANCISCO)

“¡Dios hace este recorrido por amor! No hay otra explicación: sólo el amor hace estas cosas. Hoy miramos la Cruz, historia del hombre e historia de Dios. Miramos esta Cruz, donde se puede probar esa miel de áloe, esa miel amarga, esa dulzura amarga del sacrificio de Jesús. Pero este misterio es tan grande y nosotros solos no podemos ver bien este misterio, no tanto para comprender, sí, comprender..., sino sentir profundamente la salvación de este misterio. Ante todo el misterio de la Cruz. Sólo se puede comprender un poquito de rodillas, en la oración, pero también a través de las lágrimas: son las lágrimas las que nos acercan a este misterio” (14 de septiembre de 2013).

La Cruz de Jesús es la palabra con la que Dios ha respondido al mal en el mundo. A veces nos parece que Dios no responde al mal y se queda en silencio. En realidad, Dios ha hablado y respondido; y su respuesta es la Cruz de Cristo. Una palabra que es amor, misericordia, perdón. Y es también Juicio. Dios nos juzga amándonos, Dios nos juzga amándonos: si recibo su amor me salvo, si lo rechazo me condeno. No por Él sino por mí mismo, porque Dios no condena sino que ama y salva. La palabra de la Cruz es la respuesta de los cristianos al mal que sigue actuando en nosotros y alrededor nuestro. Los cristianos tienen que responder al mal con el bien tomando sobre sí mismos la Cruz como Jesús (30 de marzo de 2013).

San Josemaría

 

Al celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, suplicaste al Señor, con todas las veras de tu alma, que te concediera su gracia para "exaltar" la Cruz Santa en tus potencias y en tus sentidos... ¡Una vida nueva! Un resello: para dar firmeza a la autenticidad de tu embajada..., ¡todo tu ser en la Cruz! —Veremos, veremos (Forja, 517).

Hay en el ambiente una especie de miedo a la Cruz, a la Cruz del Señor. Y es que han empezado a llamar cruces a todas las cosas desagradables que suceden en la vida, y no saben llevarlas con sentido de hijos de Dios, con visión sobrenatural (...). En la Pasión, la Cruz dejó de ser símbolo de castigo para convertirse en señal de victoria. La Cruz es el emblema del Redentor: in quo est salus, vita et resurrectio nostra: allí está nuestra salud, nuestra vida y nuestra resurrección (Via Crucis, II estación, n. 5).

Cada día un poco más —igual que al tallar una piedra o una madera—, hay que ir limando asperezas, quitando defectos de nuestra vida personal, con espíritu de penitencia, con pequeñas mortificaciones, que son de dos tipos: las activas —ésas que buscamos, como florecicas que recogemos a lo largo del día—, y las pasivas, que vienen de fuera y nos cuesta aceptarlas. Luego, Jesucristo va poniendo lo que falta.

—¡Qué Crucifijo tan estupendo vas a ser, si respondes con generosidad, con alegría, del todo! (Forja, 403)

Los verdaderos obstáculos que te separan de Cristo —la soberbia, la sensualidad...—, se superan con oración y penitencia. Y rezar y mortificarse es también ocuparse de los demás y olvidarse de sí mismo. Si vives así, verás cómo la mayor parte de los contratiempos que tienes, desaparecen (Via Crucis, estación X, n. 4).

EN NOMBRE DE ESE AMOR VICTORIOSO DE CRISTO, LOS CRISTIANOS DEBEMOS LANZARNOS POR TODOS LOS CAMINOS DE LA TIERRA, PARA SER SEMBRADORES DE PAZ (SAN JOSEMARÍA)

Jesús, muriendo en la Cruz, ha vencido la muerte; Dios saca, de la muerte, vida. La actitud de un hijo de Dios no es la de quien se resigna a su trágica desventura, es la satisfacción de quien pregusta ya la victoria. En nombre de ese amor victorioso de Cristo, los cristianos debemos lanzarnos por todos los caminos de la tierra, para ser sembradores de paz y de alegría con nuestra palabra y con nuestras obras. Hemos de luchar —lucha de paz— contra el mal, contra la injusticia, contra el pecado, para proclamar así que la actual condición humana no es la definitiva; que el amor de Dios, manifestado en el Corazón de Cristo, alcanzará el glorioso triunfo espiritual de los hombres (Es Cristo que pasa, 168)

Cuando veas una pobre Cruz de palo, sola, despreciable y sin valor... y sin Crucifijo, no olvides que esa Cruz es tu Cruz: la de cada día, la escondida, sin brillo y sin consuelo..., que está esperando el Crucifijo que le falta: y ese Crucifijo has de ser tú. Antes de empezar a trabajar, pon sobre tu mesa o junto a los útiles de tu labor, un crucifijo. De cuando en cuando, échale una mirada... Cuando llegue la fatiga, los ojos se te irán hacia Jesús, y hallarás nueva fuerza para proseguir en tu empeño (Via Crucis, estación XI, n. 5)

Recordad las palabras de Cristo: si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, lleve su cruz cada día y sígame. ¿Lo veis? La cruz cada día. Nulla dies sine cruce!, ningún día sin Cruz: ninguna jornada, en la que no carguemos con la cruz del Señor, en la que no aceptemos su yugo. Por eso, no he querido tampoco dejar de recordaros que la alegría de la resurrección es consecuencia del dolor de la Cruz.

No temáis, sin embargo, porque el mismo Señor nos ha dicho: venid a mí todos los que andáis agobiados con trabajos, que yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis el reposo para vuestras almas; porque mi yugo es suave y mi carga ligera. Venid —glosa San Juan Crisóstomo—,no para rendir cuentas, sino para ser librados de vuestros pecados; venid, porque yo no tengo necesidad de la gloria que podáis procurarme: tengo necesidad de vuestra salvación... No temáis al oír hablar de yugo, porque es suave; no temáis si hablo de carga, porque es ligera.

El camino de nuestra santificación personal pasa, cotidianamente, por la Cruz: no es desgraciado ese camino, porque Cristo mismo nos ayuda y con El no cabe la tristeza. In lætitia, nulla dies sine cruce!, me gusta repetir; con el alma traspasada de alegría, ningún día sin Cruz. (Es Cristo que pasa, 176).

Foto: Luis Serrano (cc)

 

 

Pluralismo y fe

En nuestra sociedad y en la iglesia se habla hoy mucho de pluralismo, de respeto a todas las ideologías y formas de interpretar la realidad.

En nuestra sociedad y en la iglesia se habla hoy mucho de pluralismo, de respeto a todas las ideologías y formas de interpretar la realidad. Sin embargo, este naciente pluralismo está creando fuertes tensiones en la sociedad y en las comunidades cristianas, tanto más fuertes cuando más rígidos han sido el centralismo o el unitarismo padecidos.

Admitir el pluralismo supone tener conciencia de la relatividad de la verdad, de la laboriosidad de la unidad, de la transitoriedad de las situaciones, aunque ello provoque ansiedad, angustia e inseguridad en el ser humano. La uniformidad es el fruto de la comodidad y de la alienación de los que obedecen y de la manipulación de los que mandan.

La fuerza del Espíritu de Dios está más allá de los monopolios, de las instituciones y de las iglesias. Dios es siempre «más». A pesar de hablar mucho de pluralismo, es la intolerancia, el exclusivismo, la pretensión de monopolizar a Dios… los que predominan en la sociedad y en la iglesia. La tentación de pensar que Dios y Jesús son una propiedad nuestra, de identificar a Dios y el bien de la iglesia con el propio grupo, con la propia forma de hacer las cosas, con las propias ideas de un modo exclusivista, que el Espíritu sopla sólo en quienes piensan como nosotros…, es constante.

No podemos dejar de reconocer que los cristianos hemos caído a menudo en este pecado. Fácilmente desconfiamos -y condenamos- del pensamiento, de las iniciativas o de la acción de los no cristianos. La causa más superficial de las tensiones en la iglesia es la diversa manera de pensar, fruto de la formación religiosa recibida, lo que se manifiesta fundamentalmente en las distintas edades de los cristianos: es muy diferente en los mayores y en los jóvenes, por ejemplo. Cuando la causa es únicamente la formación recibida, podemos creer en la buena voluntad.

Las cosas se complican cuando entran otros intereses: cuando los jóvenes hacen «su» religión, «su» vida, «su» conveniencia…. quitando todo lo que les molesta y les complica y criticando a los adultos porque hacen otro tanto; cuando los adultos pretenden, ante todo, defender sus privilegios, sus negocios, sus conveniencias, sus posiciones, sus egoísmos, sus seguridades… y lo enmascaran con la defensa de la verdad, de la que pretenden tener el monopolio y la única expresión posible. Otra causa de la intransigencia es el celo desmedido por guardar la pureza de la fe, como si para conservarla tuviéramos que expresarla siempre con las palabras intocables del pasado. También la envidia a que otros posean lo mismo o más que nosotros. Pero la causa mayor de la intransigencia quizá sea la lucha que han desatado los que se sienten perjudicados y atacados contra los que pretenden desmontar el cristianismo burgués sobre el que está edificada nuestra iglesia de Occidente; lo mismo que en el campo social tratan de impedir el logro de una sociedad justa y fraterna todos los que se verían perjudicados en el cambio.

La comunión entre las iglesias, entre las naciones, entre los pueblos y comunidades no está en la uniformidad, sino en el amor, fruto de la justicia y de la libertad. Es necesario admitir un pluralismo en todos los ámbitos: por la complejidad de la verdad, de la que cada uno tenemos una parte; por el respeto a las libertades legítimas de los individuos y de los grupos; por la independencia del Espíritu en su manifestación en todo esfuerzo humano que lleve como marca la solidaridad universal.

Todo lo dicho no quiere decir que todos los pluralismos sean verdaderos, aunque no seamos cada uno de nosotros los que podamos decir cuáles no lo son. Son inviables los que no busquen como fin último el bien de todo el hombre y de todos los hombres; que para un cristiano significa todo lo que no tenga como norma el camino que marca el evangelio, aunque no se sepa, pero teniendo cuidado, porque se han presentado -y siguen presentándose- muchas exigencias como evangélicas que no tienen nada que ver con los planteamientos de Jesús.

El pluralismo no puede llevarnos a pensar que todo es igual, a relativizar la fe, a hacer de la religión lo que nos venga en gana. Sí a verlo todo y quedarnos con lo bueno (/1Ts/05/21). Todo lo bueno que existe en el mundo lleva la misma dirección: el bien, que para un creyente se llama también Dios. Un bien que no es verdadero mientras no abarque a toda la humanidad por igual. Lo mismo lo que sea justo… Todo tiene su plenitud en Dios, que es la verdad, la justicia…

No podemos monopolizar a Dios ni a su enviado

Este pasaje evangélico descalifica todo intento de monopolizar a Dios, a Jesús o al Espíritu. Y consagra todo pluralismo legítimo. El suceso a que Juan se refiere no es impensable en tiempos de Jesús, pues sabemos por otras fuentes (Flavio Josefo) la existencia de exorcistas judíos que empleaban ciertas oraciones y prácticas mágicas para expulsar demonios -curar enfermedades-. El libro de los Hechos de los Apóstoles (8,18-19) nos dice que un tal Simón el Mago quiso comprar a Pedro la facultad de hacer milagros, ofreciéndole dinero. Juan, uno de los discípulos más allegados a Jesús, se dirige al Maestro para contarle el encuentro que han tenido con un exorcista que utilizaba su nombre para expulsar demonios. Personifica la actitud natural del hombre preocupado exclusivamente de reclutar adeptos para el propio grupo y que, por ello, no tiene en consideración a los que quedan al margen o no quieren enrolarse.

No se dice nada de quién era el exorcista. A los evangelistas les interesa solamente poner de relieve la apertura que la comunidad cristiana debe tener con los que, no perteneciendo expresamente a la iglesia, demuestran hacia Jesús una actitud de simpatía y acercamiento. Ya había surgido en el seno de las primeras comunidades cristianas la tentación de monopolizar y fijar las características y condiciones que debían tener los verdaderos seguidores de Jesús.

Como los discípulos tenían éxito expulsando demonios en nombre de Jesús -aunque no siempre (Mt 17,19-20; Mc 9,28-29; Lc 9,40)-, uno de aquellos exorcistas intentó expulsar demonios también en nombre de Jesús, aunque no pertenecía al grupo de sus discípulos. La invocación del nombre del joven galileo era eficaz también en los que estaban fuera de la comunidad. Se lo quieren impedir, pero sin éxito. Y quedan inquietos, consideran su posición al lado de Jesús como un privilegio que los coloca por encima de los demás. Lo que hace el extraño merma su grandeza. Quieren dominar, no servir. ¡Qué frecuente es ponernos en contra de alguien y considerarlo enemigo sencillamente porque hace cosas que nosotros no sabemos o no queremos hacer! La envidia, muchas veces enmascarada bajo la bandera de pretender defender la ortodoxia, manifiesta la propia impotencia. ¡Cuántas condenas no son más que la demostración de nuestra propia incapacidad, el camuflaje de nuestros fallos y de nuestra pereza!

«No es de los nuestros». El orgullo de los discípulos se expresa en la pretensión de tener, en cuanto grupo, el monopolio absoluto de Jesús. Grave peligro de todo grupo: juzgar a una persona o una actuación según sea o no del propio grupo, sentir la necesidad de afirmar el propio grupo por oposición, distinción o separación de los demás. Este es «de los nuestros» y aquél no. Los nuestros son los buenos; los demás, los malos. Las faltas de los nuestros son justificables, las de los demás son de una extrema malicia. Las cosas buenas de los demás tampoco son tan buenas y se llegan a negar… Nos cuesta aceptar que las organizaciones de «los otros» tengan resultados positivos. ¿Será mucho pedir que el nombre de Jesús lo usemos «para» y no «contra», que su evangelio lo utilicemos, más que para defender posiciones, para dilatar los espacios del reino?

Detrás de la protesta de Juan se ve con claridad ese egoísmo de grupo, tan frecuente; ese mezquino miedo a la competencia que suele enmascararse de fe, pero que es en realidad uno de sus más profundos desmentidos. El discípulo mezquino e inseguro soporta mal que el Espíritu sople donde quiere. ¿No debe estar sólo en nuestras manos, de tal forma que aparezca con claridad que únicamente nosotros somos sus legítimos transmisores? Es un problema de siempre (Núm 11,25-29).

Los auténticos seguidores y amigos de Dios se gozan en la libertad del Espíritu. No se sienten desairados porque buscan en todo los intereses de Dios, al que aman, y no los propios. Y esto es lo importante: que el bien se abra camino. El orgullo es algo muy sutil. Es fácil verlo en los demás, pero no en uno mismo.

«No se lo impidáis»

Jesús, después de haberles explicado (capítulo anterior) quién es el más grande en el reino de los cielos en el plano individual, con la respuesta que les da a continuación invita a sus discípulos a no atribuirse importancia ni siquiera como grupo seguidor suyo. Les llama -y nos llama- a la sinceridad, a dejarse criticar constantemente por las opciones distintas a las suyas, a darse cuenta de que él es más que sus interesadas interpretaciones, a aprender a vivir respetuosamente con todas las opciones, alentando y apoyando todo lo que en ellas haya de bueno.

«No se lo impidáis…» Pobres discípulos: no dan una. Es la enésima demostración de lo lejos que están del Maestro. Les corrige su celo imprudente y les pide que toleren todo lo bueno que se haga en su nombre fuera del círculo reducido de los que le siguen a todas partes. Quienquiera que trabaje por Jesús y por su obra no debe ser impedido, aunque no pertenezca al grupo.

Y les dice el porqué: «Uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí». Les exhorta a reflexionar: si uno expulsa los demonios -hace el bien, implanta la justicia, cura las enfermedades- en su nombre, únicamente puede hacerlo a través de la fuerza del Espíritu, nunca por una especie de fórmula mágica que funcione automáticamente. Por lo que es absurdo suponer que pueda después hablar mal de él. De otra forma, el Espíritu actuaría contra sí mismo. Así Jesús establece una unión entre la acción ejercida en su nombre y las palabras sobre él. Les indica que hay otras formas de estar a su favor, de ser de los suyos, que deben ser respetadas. Todo hombre que hace el bien vive según el Espíritu, esté donde esté.

Pero también es verdad que no todos los intentos de liberación pertenecen a Cristo; sólo le pertenecen los que se hacen «en su nombre», es decir, los que se hacen de acuerdo con sus planteamientos, sin olvidar que el «nombre» no indica el recinto -el grupo, la comunidad o la iglesia-, sino la lógica -el trabajo hecho en bien de los demás-. Al exorcista no deben considerarlo como un extraño o un enemigo, puesto que invoca su «nombre», sino como un aliado.

Lo importante es lo que se haga y se viva, se realice consciente o inconscientemente, en nombre de Jesús. Nombre tan universal que no puede confundirse con ningún tipo de institución ni con ninguna formulación. La iglesia no puede pretender el monopolio de Cristo. Jesús es más que la iglesia, desborda las fronteras de ésta. Por eso, sin renunciar a pertenecer a la iglesia, debemos evitar descalificar a la buena gente que a su manera se inspira en el Mesías, reconocer todo lo bueno que hay en los demás, alegrarnos por ese bien y ser vínculos de paz y de unión.

Ser fieles seguidores de un Dios inmensamente misericordioso y universal. Abramos los ojos: en muchos de «fuera» está actuando hoy eficazmente el Espíritu que inspira el reino de Dios, el Espíritu de Cristo. También lo contrario es una desgraciada evidencia. «El que no está contra nosotros, está a favor nuestro». Lucas no habla de «nosotros», sino de «vosotros», excluyendo a Jesús del proverbio. Prefiere dejar más clara la diferencia entre él y los cristianos, evitar las identificaciones.

El origen de esta frase parece que está en un proverbio que se había hecho popular desde la guerra civil de los romanos: «Te hemos oído decir que nosotros (los hombres de Pompeyo) tenemos por adversarios nuestros a todos los que no están con nosotros, y que tú (César) tienes por tuyos a todos los que no están contra ti». Aquí Jesús da la razón al dicho del César, para indicarnos la actitud que debe tener la iglesia ante los valores de los hombres que permanecen fuera de ella. Esta frase está en aparente contradicción con otra de Jesús que dice: «El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama» (/Lc/11/23; /Mt/12/30). Son las diferentes situaciones las que explican la diferencia de las afirmaciones. Cuando Jesús pronuncia esta segunda fórmula, mucho más rigurosa, está enfrentado a una total incredulidad y mala fe: algunos dirigentes religiosos lo han llegado a comparar con «Belcebú, el príncipe de los demonios» (Mt 12,24; Lc 11,15). Aquí Jesús se refiere expresamente a sus seguidores para subrayar la radicalidad del compromiso: o estáis totalmente conmigo o estáis en contra; no se puede hacer trampa. Ambos textos tienen algo común: en ningún caso es admisible la neutralidad. Nadie puede permanecer neutral ante el anuncio del reino.

Ante la realidad socio-económica de unas masas populares oprimidas y de unos pueblos sometidos no caben actitudes neutras, no hay «tierra de nadie». Y de entre los que luchan junto al pueblo nadie puede pretender la exclusiva de la revolución que vaya haciendo posible la llegada del reino de Dios.

Una comunidad cristiana debería siempre tratar de descubrir, con gozo, quiénes están «con nosotros» entre los muchos que «no son de los nuestros»; y, con tristeza, quiénes «no están con nosotros» entre los que se dicen «de los nuestros». El Espíritu es amor, libertad, justicia… Espíritu que está llamando a todas las puertas, sin exclusivismos de ninguna clase.

Habrá recompensa

«El que os dé a beber un vaso de agua porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa». Mateo incluye estas palabras al final de su segundo discurso: Misión de los Doce (Mt 10,42). Nos habla de recompensa, pero no como algo que podamos reivindicar como un derecho, sino como un fruto de la benevolencia de Dios. El que obrara por ella mostraría no actuar por Dios, sino por sí mismo. El hecho de seguir a Cristo puede autorizar a exigir «un vaso de agua» -lo indispensable para vivir, al no poderse dedicar a otros asuntos por tener el tiempo totalmente ocupado en ese seguimiento-, nunca a aprovecharlo para acumular bienes y prestigio en este mundo de la vanagloria. Es tan importante esto, que posiblemente tendrá también su recompensa el que, habiendo ofrecido el «vaso de agua», haya negado al discípulo una reverencia, una distinción, un primer puesto en el «teatro» del mundo. Un «vaso de agua» porque se va de camino y hace falta para seguir adelante. Lo demás hay que negarlo: es un estorbo, un impedimento a la fidelidad del seguimiento.

FRANCISCO BARTOLOMÉ GONZALEZ

 

 

¿Qué es tener unidad de vida?

Convertir en un acto de amor a Dios, todos y cada uno de los instantes de nuestra existencia: en el trabajo, en la familia, en la calle, con los amigos…

I. Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él [1]. Vino al mundo para que los hombres tuvieran luz y dejaran de debatirse en las tinieblas [2], y, al tener luz, pudieran hacer del mundo un lugar donde todas las cosas sirvieran para dar gloria a Dios y ayudaran al hombre a conseguir su último fin. Y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron [3]. Son palabras actuales para una buena parte del mundo, que sigue en la oscuridad más completa, pues fuera de Cristo los hombres no alcanzarán jamás la paz, ni la felicidad, ni la salvación. Fuera de Cristo sólo existen las tinieblas y el pecado. Quien rechaza a Cristo se queda sin luz y ya no sabe por dónde va el camino. Queda desorientado en lo más íntimo de su ser.

Durante siglos, muchos hombres separaron su vida (trabajo, estudio, negocios, investigaciones, aficiones … ) de la fe; y, como consecuencia de esa separación, las realidades temporales quedaron desvirtuadas, como al margen de la luz de la Revelación. Al faltar esta luz, muchos han llegado a considerar el mundo como fin de sí mismo, sin ninguna referencia a Dios, para lo cual han tergiversado incluso las verdades más elementales y básicas. De modo particular, en los países occidentales es preciso corregir esa separación, «porque son muchas las generaciones que se están perdiendo para Cristo y para la Iglesia en estos años, y porque desgraciadamente desde estos lugares se envía al mundo entero la cizaña de un nuevo paganismo. Este paganismo contemporáneo se caracteriza por la búsqueda del bienestar material a cualquier coste, y por el correspondiente olvido -mejor sería decir miedo, auténtico pavor- de todo lo que pueda causar sufrimiento. Con esta perspectiva, palabras como Dios, pecado, cruz, mortificación, vida eterna…, resultan incomprensibles para gran cantidad de personas, que desconocen su significado y su contenido. Habéis contemplado esa pasmosa realidad de que muchos quizá comenzaron por poner a Dios entre paréntesis, en algunos detalles de su vida personal, familiar y profesional; pero, como Dios exige, ama, pide, terminan por arrojarle -como a un intruso- de las leyes civiles y de la vida de los pueblos. Con una soberbia ridícula y presuntuosa, quieren alzar en su puesto a la pobre criatura, perdida su dignidad sobrenatural y su dignidad humana, y reducida -no es exageración: está a la vista en todas partes- al vientre, al sexo, al dinero» [4].

El mundo se queda en tinieblas si los cristianos, por falta de unidad de vida, no iluminan y dan sentido a las realidades concretas de la vida. Sabemos que la actitud ante el mundo de los verdaderos discípulos de Cristo, y de modo específico de los seglares, no es de separación, sino la de estar metidos en sus entrañas, como la levadura dentro de la masa, para transformarlo. El cristiano coherente con su fe es sal que da sabor y preserva de corrupción. Y para esto cuenta, sobre todo, con su testimonio en medio de las tareas ordinarias, realizadas ejemplarmente. «Si los cristianos viviéramos de veras conforme a nuestra fe, se produciría la más grande revolución de todos los tiempos… ¡La eficacia de la corredención depende también de cada uno de nosotros! -Medítalo» [5]. ¿Vivo la unidad de vida en cada momento de mi existencia: trabajo, descanso…?

II. Todas las criaturas fueron puestas al servicio del hombre, dentro del orden establecido por el Creador. Adán, con su soberbia, introdujo el pecado en el mundo, rompiendo la armonía de todo lo creado y del mismo hombre. En adelante, la inteligencia quedó oscurecida y con posibilidad de caer en el error; la voluntad, debilitada; enferma -no corrompida- la libertad para amar el bien con prontitud.

El hombre quedó profundamente herido, con dificultad para saber y conseguir su bien verdadero. «Rompió la Alianza con Dios, sacando como consecuencia de ello por una parte la desintegración interior y, por otra, la incapacidad de construir la comunión con los otros» [6]. El desorden introducido por el pecado llegó más allá del hombre, afectando también a la naturaleza. El mundo es bueno, pues fue hecho por Dios para contribuir a que el hombre alcanzara su último fin. Pero después del pecado original, las cosas materiales, el talento, la técnica, las leyes…, pueden ser desviadas de su ordenación recta y convertirse en males para el hombre, oscureciéndose su fin último, separándole de Dios en vez de acercarle a Él. Nacen así muchos desequilibrios, injusticias, opresiones, que tienen su origen en el pecado. «El pecado del hombre, es decir, su ruptura con Dios, es la causa radical de las tragedias que marcan la historia de la libertad. Para comprender esto, muchos de nuestros contemporáneos deben descubrir nuevamente el sentido del pecado» [7].

Dios, en su misericordia infinita, se compadeció de este estado en el que había caído la criatura y nos redimió en Jesucristo: nos ha vuelto a su amistad, y lo que es más, nos ha reconciliado con Él hasta el extremo de podernos llamar hijos de Dios y que lo seamos [8]; nos ha destinado a la vida eterna, a morar con Él para siempre en el Cielo.

Nos toca a los cristianos, principalmente a través de nuestro trabajo convertido en oración, hacer que todas las realidades terrestres se vuelvan medio de salvación, porque sólo así servirán verdaderamente al hombre. «Hemos de impregnar de espíritu cristiano todos los ambientes de la sociedad. No os quedéis solamente en el deseo: cada una, cada uno, allá donde trabaje, ha de dar contenido de Dios a su tarea, y ha de preocuparse -con su oración, con su mortificación, con su trabajo profesional bien acabado- de formarse y de formar a otras almas en la Verdad de Cristo, para que sea proclamado Señor de todos los quehaceres terrenos» [9]. ¿Estoy haciendo todo lo que puedo para llevar esto a la práctica? ¿Me doy cuenta de que para eso necesito tener cada vez más una honda unidad de vida?

III. La misión que el Señor nos ha encomendado es la de infundir un sentido cristiano a la sociedad, porque sólo entonces las estructuras, las instituciones, las leyes, el descanso, tendrán un espíritu cristiano y estarán verdaderamente al servicio del hombre. «Los discípulos de Jesucristo hemos de ser sembradores de fraternidad en todo momento y en todas las circunstancias de la vida. Cuando un hombre o una mujer viven intensamente el espíritu cristiano, todas sus actividades y relaciones reflejan y comunican la caridad de Dios y los bienes del Reino. Es preciso que los cristianos sepamos poner en nuestras relaciones cotidianas de familia, amistad, vecindad, trabajo y esparcimiento, el sello del amor cristiano, que es sencillez, veracidad, fidelidad, mansedumbre, generosidad, solidaridad y alegría» [10].

Las prácticas personales de piedad no han de estar aisladas del resto de nuestros quehaceres, sino que deben ser momentos en los que la referencia continua a Dios se hace más intensa y profunda, de modo que después sea más alto el tono de las actividades diarias. Es claro que buscar la santidad en medio del mundo no consiste simplemente en hacer o en multiplicar las devociones o las prácticas de piedad, sino en la unidad efectiva con el Señor que esos actos promueven y a que están ordenados.

Y cuando hay una unión efectiva con el Señor eso influye en toda la actuación de una persona. «Esas prácticas te llevarán, casi sin darte cuenta, a la oración contemplativa. Brotarán de tu alma más actos de amor, jaculatorias, acciones de gracias, actos de desagravio, comuniones espirituales. Y esto, mientras atiendes tus obligaciones: al descolgar el teléfono, al subir a un medio de transporte, al cerrar o abrir una puerta, al pasar ante una iglesia, al comenzar una nueva tarea, al realizarla y al concluirla (… )» [11].

Procuremos vivir así, con Cristo y en Cristo, todos y cada uno de los instantes de nuestra existencia: en el trabajo, en la familia, en la calle, con los amigos… Eso es la unidad de vida. Entonces, la piedad personal se orienta a la acción, dándole impulso y contenido, hasta convertir al quehacer en un acto más de amor a Dios. Y, a su vez, el trabajo y las tareas de cada día facilitan el trato con Dios y son el campo donde se ejercitan todas las virtudes.

Si procuramos trabajar bien y poner en nuestros quehaceres la dimensión trascendente que da el amor de Dios, nuestras tareas servirán para la salvación de los hombres, y haremos un mundo más humano, pues no es posible que se respete al hombre -y mucho menos que se le ame -si se niega a Dios o se le combate, pues el hombre sólo es hombre cuando es verdaderamente imagen de Dios. Por el contrario, «la presencia de Satanás en la historia de la humanidad aumenta en la misma medida en que el hombre y la sociedad se alejan de Dios» [12].

En esta tarea de santificar las realidades terrenas, los cristianos no estamos solos. Restablecer el orden querido por Dios y conducir a su plenitud el mundo entero es principalmente fruto de la acción del Espíritu Santo, verdadero Señor de la historia: «Non est abbreviata manus Domini», no se ha hecho más corta la mano de Dios (Is 59, 1): no es menos poderoso Dios hoy que en otras épocas, ni menos verdadero su amor por los hombres. Nuestra fe nos enseña que la creación entera, el movimiento de la tierra y el de los astros, las acciones rectas de las criaturas y cuanto hay de positivo en el sucederse de la historia, todo, en una palabra, ha venido de Dios y a Dios se ordena» [13].

Le pedimos al Espíritu Santo que remueva las almas de muchas personas -hombres y mujeres, mayores y jóvenes, sanos y enfermos…- para que sean sal y luz en las realidades terrenas.


[1] Antífona de comunión. Jn 3, 17.

 

[2] Cfr. Jn 8, 12.

 

[3] Jn 1, 5.

 

[4] A. DEL PORTILLO Carta Pastoral, 25-XII-1985, n. 4.

 

[5] J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Surco, n. 945.

 

[6] JUAN PABLO II, Audiencia General, 6-VIII-1983.

 

[7] S. C. PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instr. Libertatis consciencia, 22-III-1986, 37.

 

[8] Cfr I Jn 3, 1.

 

[9] A. DEL PORTILLO, loc. Cit., n. 10.

 

[10] CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, lnstr. pastoral Los católicos en la vida pública, 22-IV-1986, 111.

 

[11] J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 149.

 

[12] JUAN PABLO II, AudienciaGeneral, 20-VIII-1986.

 

[13] J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 130.

 

Meditación extraída de la serie «Hablar con Dios», Tomo II, Miércoles de la 4ª. Semana de Cuaresma por Francisco Fernández Carvajal.

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El valor de la amistad

Para los cristianos, la amistad es fundamental. Jesús nos muestra cómo la amistad forma parte fundamental del trato al prójimo y de nuestra propia salvación.

I. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos (… ). Ya no os llamo siervos (… ), a vosotros os llamo amigos [1], nos dice el Señor en el Evangelio de la Misa.

Jesús es nuestro Amigo. En Él encontraron los Apóstoles su mejor amistad. Era alguien que les quería, con quien podían comunicar sus penas y alegrías, a quien podían preguntar con entera confianza. Sabían bien lo que deseaba expresar cuando les decía: amaos los unos a los otros… como Yo os he amado [2]. Las hermanas de Lázaro no encuentran mejor título que el de la amistad para solicitar su presencia: tu amigo está enfermo [3], le mandan decir. Es el mayor argumentó que tienen a mano.

Jesús buscó y facilitó la amistad a todos aquellos que encontró por los caminos de Palestina. Aprovechaba siempre el diálogo para llegar al fondo de las almas y llenarlas de amor. Y además de su infinito amor por todos los hombres, manifestó su amistad con personas bien determinadas: los Apóstoles, José de Arimatea, Nicodemo, Lázaro y su familia… Al mismo Judas no le negó el honroso título de amigo en el mismo momento en que éste le entregaba en manos de sus enemigos. Estimaba mucho la amistad de sus amigos; a Pedro le preguntará después de las negaciones: ¿me amas? [4], ¿eres mi amigo?, ¿puedo confiar en ti? Y le entrega su Iglesia: Apacienta mis corderos… apacienta mis ovejas.

«Cristo, Cristo resucitado, es el compañero, el Amigo. Un compañero que se deja ver sólo entre, sombras, pero cuya realidad llena toda nuestra vida, y que nos hace desear su compañía definitiva» [5]. Él, que ha compartido nuestra vida, quiere compartir también nuestras cargas: Yo os aliviaré [6], nos dice a todos. Es el mismo que desea ardientemente que compartamos su gloria por toda la eternidad.

Jesucristo es el Amigo que nunca traiciona [7], que cuando vamos a verle, a hablarle, está siempre disponible, que nos espera con el mismo calor de bienvenida, aunque por nuestra parte haya habido olvido y frialdad. Él ayuda siempre, anima siempre, consuela en toda ocasión.

La amistad con el Señor, que nace y se acrecienta en la oración y en la digna recepción de los sacramentos, nos hace entender mejor el significado de la amistad humana, que la Sagrada Escritura califica como un tesoro: Un amigo fiel -dice el Eclesiastés- es poderoso protector,- el que lo encuentra halla un tesoro. Nada vale tanto como un amigo fiel,- su precio es incalculable [8]. Los Apóstoles aprendieron de Cristo el verdadero sentido de la amistad. Y los Hechos de los Apóstoles nos muestran cómo San Pablo tuvo muchos amigos, a quienes quería entrañablemente, los echa de menos cuando están ausentes y se llena de alegría cuando tiene noticias de ellos [9]. La antigüedad cristiana nos ha dejado testimonios de grandes amistades entre los primeros hermanos en la fe.

II. El trato diario y la amistad con Jesucristo nos llevan a una actitud abierta, comprensiva, que aumenta la capacidad de tener amigos. La oración afina el alma y la hace especialmente apta para comprender a los demás, aumenta la generosidad, el optimismo, la cordialidad en la convivencia, la gratitud…. virtudes que facilitan al cristiano el camino de la amistad.

La amistad verdadera es desinteresada, pues más consiste en dar que en recibir; no busca el provecho propio, sino el del amigo: «El amigo verdadero no puede tener, para su amigo, dos caras: la amistad, si ha de ser leal y sincera, exige renuncias, rectitud, intercambio de favores, de servicios nobles y lícitos. El amigo es fuerte y sincero en la medida en que, de acuerdo con la prudencia sobrenatural, piensa generosamente en los demás, con personal sacrificio. Del amigo se espera la correspondencia al clima de confianza, que se establece con la verdadera amistad; se espera el reconocimiento de lo que somos y, cuando sea necesaria, también la defensa clara y sin paliativos» [10].

Para que haya verdadera amistad es necesario que exista correspondencia, es preciso que el afecto y la benevolencia sean mutuos [11]. Si es verdadera, la amistad tiende siempre a hacerse más fuerte: no se deja corromper por la envidia, no se enfría por las sospechas, crece en la dificultad [12], «hasta sentir al amigo como otro yo, por lo que dice San Agustín: Bien dijo de su amigo el que le llamó la mitad de su alma» [13]. Entonces se comparten con naturalidad las alegrías y las penas.

La amistad es un bien humano y, a su vez, ocasión para desarrollar muchas virtudes humanas, porque crea «una armonía de sentimientos y gustos que prescinde del amor de los sentidos, pero, en cambio, desarrolla hasta grados muy elevados, e incluso hasta el heroísmo, la dedicación del amigo al amigo. Creemos -enseñaba Pablo VI- que los encuentros (…) dan ocasión a almas nobles y virtuosas para gozar de esta relación humana y cristiana que se llama amistad. Lo cual supone y desarrolla la generosidad, el desinterés, la simpatía, la solidaridad y, especialmente, la posibilidad de mutuos sacrificios» [14].

El buen amigo no abandona en las dificultades, no traiciona; nunca habla mal del amigo, ni permite que, ausente, sea criticado, porque sale en su defensa. Amistad es sinceridad, confianza, compartir penas y alegrías, animar, consolar, ayudar con el ejemplo.

III. A lo largo de los siglos, la amistad ha sido un camino por el que muchos hombres y mujeres se han acercado -se están acercando- a Dios y han alcanzado el Cielo. Es un sendero natural y sencillo, que elimina muchos obstáculos y dificultades. El Señor tiene en cuenta con frecuencia este medio para darse a conocer. Los primeros que le conocieron fueron a comunicar esta buena nueva a quienes amaban. Andrés trajo a Pedro, su hermano; Felipe, a su amigo Natanael; Juan seguramente llevó al Señor a su hermano Santiago…

Así se difundió la fe en Cristo en la primera cristiandad: a través de los hermanos, de padres a hijos, de los hijos a los padres, del siervo a su señor y a la inversa, del amigo al amigo. La amistad es una base excepcional para dar a conocer a Cristo, porque es el medio natural para comunicar sentimientos, compartir penas y alegrías de quienes están junto a nosotros por razones de familia, de trabajo, de aficiones…

Es propio de la amistad dar al amigo lo mejor que se posee. Nuestro más alto valor, sin comparación posible, es el haber encontrado a Cristo. No tendríamos verdadera amistad si no comunicáramos el inmenso don de nuestra fe cristiana. Nuestros amigos deben encontrar en nosotros, los cristianos que quieren seguir de cerca a Jesús, apoyo y fortaleza y un sentido sobrenatural para su vida. La seguridad de encontrar comprensión, interés, atención les moverá a abrir su corazón confiadamente, con la seguridad de que se les quiere, de que se está dispuesto a ayudarles. Y esto, mientras realizamos nuestras tareas normales de todos los días, procurando ser ejemplares en la profesión o en el estudio, fomentando siempre la amistad, estando abiertos al trato y al afecto con todos, impulsados por la caridad.

La amistad nos lleva a iniciar a nuestros amigos en una verdadera vida cristiana si están lejos de la Iglesia, o a que reemprendan el camino que un mal día abandonaron, si dejaron de practicar la fe que recibieron. Con paciencia y constancia, sin prisa, sin pausa, se irán acercando al Señor, que les espera. En ocasiones podremos hacer junto con ellos un rato de oración, una obra de misericordia visitando a un enfermo o a una persona necesitada, les pediremos que nos acompañen a hacer una visita a Jesús sacramentado… Cuando sea oportuno les hablaremos del sacramento de la misericordia divina, la Confesión, y les ayudaremos a prepararse para recibirlo. ¡Cuántas confidencias al abrigo de la amistad son caminos abiertos al apostolado por el Espíritu Santo! «Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional, que mejora su labor universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo… Todo eso es «apostolado de la confidencia»» [15].

La amistad todo lo puede con la ayuda de la gracia; ayuda que debemos implorar del Señor con oración y mortificación. Como nunca les hemos ocultado nuestra fe en Cristo, les parecerá natural que les hablemos con frecuencia de lo más esencial de nuestra vida, lo mismo que ellos nos hablan de los asuntos que consideran de más importancia.

El Señor desea que tengamos muchos amigos porque es infinito su amor por los hombres y nuestra amistad es un instrumento para llegar a ellos. ¡Cuántas personas con las que cada día nos relacionamos están esperando, aun sin saberlo, que les llegue la luz de Cristo! ¡Qué alegría la nuestra cada vez que un amigo nuestro se hace amigo del Amigo!

Jesús, que pasó haciendo el bien [16], y que se ganó el corazón de tantas personas, es nuestro Modelo. Así hemos de pasar nosotros por la familia, el trabajo, los vecinos, los amigos. Hoy es un día oportuno para que nos preguntemos si las personas que habitualmente se relacionan con nosotros se sienten movidas por nuestro ejemplo y nuestra palabra a estar más cerca del Señor, si nos preocupa su alma, si se puede decir con verdad que, como Jesús, estamos pasando por su vida haciendo el bien.


[1] Jn 15, 13-15.

 

[2] Jn 13, 34; 15, 12.

 

[3] Jn 11, 3.

 

[4] Jn 21, 16.

 

[5] J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 116.

 

[6] Mt 11, 28.

 

[7] Cfr. J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 88.

 

[8] Ecl 6, 14.

 

[9] Cfr. 2 Cor 2, 13.

 

[10] J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Carta, 11-III-1940, citado por J. CARDONA en Gran Enciclopedia Rialp, voz Amistad II.

 

[11] Cfr. SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 23, a. 1.

 

[12] Cfr. BEATO ELREDO, Trat. sobre la amistad espiritual, 3.

 

[13] SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 2-2, q. 28, a. 1.

 

[14] PABLO VI, Alocución, 26-VII- 1978.

 

[15] J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 973.

 

[16] Hech 10, 38.

 

Esta reflexión forma parte de la colección «Hablar con Dios» de Francisco Fernández-Carvajal, Pascua 5ª Semana. Viernes.

Puedes adquirir la colección en www.edicionespalabra.es

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Mujer, ahí tienes a tu hijo’ (Jn 19, 26)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escrito por Josep Boira

‘Madre’, ‘mujer’, ‘hora’, ‘discípulo’ son términos que dan al cuarto evangelio una especie de marco femenino y materno; en definitiva, mariano

Solo el cuarto evangelio nos presenta a la madre de Jesús en el relato de la pasión. En el Gólgota, “junto a la cruz de Jesús” estaba también “su madre” (Jn 19, 25). “Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego dijo al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo suyo” (Jn 19, 26). Por varias asociaciones de términos usados en la narración, la escena nos lleva del Gólgota a Caná de Galilea: allí había una boda, “y la madre de Jesús estaba allí” (Jn 2, 1). Ella comunica a Jesús que “no tienen vino” y el hijo le dice: “Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo. Todavía no ha llegado mi hora”. Pero la madre, con la invitación a los sirvientes de hacer lo que él les diga, anticipa de algún modo la hora de Jesús que realiza el milagro de convertir la abundante agua de las tinajas en “vino bueno”. Fue el primero de los signos con el que Jesús manifestó su gloria, y “sus discípulos creyeron en él” (Jn 2, 11). “Madre”, “mujer”, “hora”, “discípulo” son términos que unen estos dos episodios y dan al cuarto evangelio una especie de marco femenino y materno; en definitiva, mariano.

Presentación de la escena

No parece casual el modo de presentar a los personajes. Primero el evangelista nos presenta a las mujeres: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena” (Jn 19, 25). En un segundo momento, aparece la figura del discípulo, pero desde la perspectiva de la mirada de Jesús: “Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba...” (19, 26). Ya antes de hablar la mirada de Jesús ha asociado a la madre y al discípulo. Y este, más que junto a la cruz, está junto a la madre, dicho más literalmente (según el participio griego παρεστῶτα), “puesto al lado” de ella. También el verbo tiene un significado de “estar al lado para asistir, para ayudar”, pues Jesús no quiere que su madre, viuda y sin el hijo, se quede desamparada. El discípulo cuidará de ella. De ahí pudo surgir la tradición según la cual María vivió en casa de Juan y que le acompañó cuando este se trasladó a Éfeso.

Ahondando algo más en el texto y en su contexto, descubrimos importantes revelaciones. Jesús está cumpliendo la redención, con su inminente muerte en la cruz. “Después de esto” −es decir, una vez dichas las palabras a la madre y al discípulo− “sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido...” (19, 28). Más allá de la preocupación de Jesús por asegurar el porvenir de su madre, quizá podemos descubrir algo más en estos dos personajes, la mujer y el discípulo, a quienes el evangelista les priva de su nombre concreto, para referirse a ellos de un modo aparentemente genérico, pero que invita a preguntarse: ¿a quiénes representan?

María, llamada “mujer” en los dos episodios (Caná y Gólgota), es la Nueva Eva. La primea Eva, salida del hombre, tenía por nombre “mujer” (Gn 2, 23). Engañada por la serpiente, desobedeció al mandato divino, y Dios prometió que la mujer se opondría a la serpiente, pues un descendiente de ella le aplastaría la cabeza (cfr. Gn 3, 15). En la visión del Apocalipsis, vemos de nuevo al dragón que persigue a la “mujer”. Ella ha dado a luz a un hijo varón y ha sido puesta a salvo. “Y se llenó de ira el dragón contra la mujer, y se fue a hacer la guerra al resto de su descendencia, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús” (Ap 12, 17), en definitiva, a los discípulos. En esa mujer, que dio a luz al varón, al Hijo de Dios, se cumple también la Escritura que dice, en boca de la primera Eva: “He adquirido un hombre con la ayuda del Señor” (Gn 4, 1).

María, salvo en los dos momentos aludidos, está ausente en el cuarto evangelio. Una ausencia muy elocuente, pues al contemplarla que “está de pie” junto a la cruz de Jesús, la redescubrimos como la mujer fiel que ha peregrinado silenciosamente en la fe (cfr. Lumen Gentium, n. 58) hasta la “noche de la fe” (san Juan Pablo II, Redemptoris Mater, n. 17), hasta la cruz. En ese momento se cumplió la profecía del anciano Simeón: “Y a ti misma una espada te traspasará el alma” (Lc 2, 35).

Con una mirada retrospectiva hacia la historia del pueblo de Israel, María representa así la esperanza de ese pueblo. Es el prototipo de aquel “resto” en el que esperaba el piadoso rey Ezequías: “Porque ha de brotar de Jerusalén un resto, y supervivientes del monte Sión. El celo del Señor del universo lo realizará” (2R 19, 31). En María, fiel a la Alianza, se cumple la promesa del profeta que presenta a Sión privada de sus hijos, y, por eso, sorprendida ante unos hijos nuevos. “Entonces dirás en tu corazón: ‘¿Quién me ha parido a éstos?, pues yo estaba privada de hijos y sin familia, exiliada y abandonada; a éstos, ¿quién los ha criado?, mira, me había quedado sola; éstos, ¿dónde estaban?” (Is 49, 21). La liturgia cristiana retoma las palabras que exaltan a la heroína Judit que salvó al pueblo de Israel del poder del enemigo babilónico, y las aplica a María: “Tú eres la gloria de Jerusalén; tú, la alegría de Israel; tú, el orgullo de nuestra raza” (Jdt 15, 9; cf. Liturgia de las Horas, ad Laudes, ant. 2).

Las horas

La infidelidad de aquellos hijos la ha cargado Jesús, cuando ha llegado su hora en la cruz, ante la cual está la madre del crucificado, mater dolorosa, a punto de dar a luz a un nuevo hijo, el cristiano, fruto del sacrificio del Hijo. Así vuelve a aparecer la mujer del Apocalipsis que “está encinta, y grita con dolores de parto y con el tormento de dar a luz” (Ap 12, 2); de ella también habló el profeta Isaías: “Como la mujer encinta próxima al parto se retuerce y grita por sus dolores, así estuvimos delante de Ti, Señor” (Is 26, 17).

Aquella hora de Jesús, que en Caná todavía no había llegado, pero que la madre logró hacerla incoar, ha llegado definitivamente. Y es también la hora de la madre, pues ya dijo Jesús: “la mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre” (Jn 16, 21). María, después de experimentar el dolor por la muerte de su hijo, da a luz al discípulo, a todo cristiano, por lo que también ella es Madre de la Iglesia.

Las dos horas, la del Hijo y la de la Madre, convergen en el Gólgota. El lector del cuarto evangelio ha podido ver cómo, a medida que avanzaban los acontecimientos, se acercaba la hora de Jesús (Jn 2, 4; 4, 22.23; 5, 25.28; 7, 30; 8, 20; 12, 23.27; 13, 1; 16, 25.32; 17, 1). El evangelista, no sin intención, ha silenciado a la madre, para hacerla reaparecer en el momento final, de modo que la hora del hijo y la de la madre se funden en el mismo momento, una hora fecunda que da vida a la humanidad redimida.

La Madre de Jesús, María, Mujer que incoó la hora de Jesús en Caná, permaneció fiel en la obediencia de la fe hasta estar al pie de la cruz de su Hijo. Fue la mater dolorosa, pues en el Gólgota una espada le traspasó su alma, y así le llegó también su hora, la de dar a luz al discípulo que estaba junto a ella, convirtiéndose así en madre de todos los discípulos de Jesús, Madre de la Iglesia.

Josep Boira − Profesor de Sagrada Escritura

Fuente: Revista Palabra

 

 

MARTIRIO DEL ALMA

 

Autor: Magui del Mar

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

Poeta Mexicana

Diciembre de 1958

 

Hay momentos que en la vida

se siente el alma escondida

sólo en Dios.

La tormenta no le espanta,

ni la pena le quebranta

el corazón.

Se siente fortalecida,

miedo no tiene en la vida

ni al dolor...

Con oraciones fervientes

y sacrificios frecuentes,

se une a Dios.

El cielo es azul, sereno...

el ambiente dulce, ameno

¡ todo es luz!.

Todo lo contempla hermoso...

y en ese estado dichoso,

busca a Dios.

Toda amargura es sabrosa,

siente que en su alma rebosa

el amor...

Su hermosa Estrella es María

que la conduce y la guía

al Edén.

. . . . . . . . . .

Pero empieza la tormenta

y la tempestad ahuyenta

toda paz.

El cielo se torna oscuro...

el camino es inseguro

¡ya no hay luz!.

Ve triste que el Dios del cielo

apartando su consuelo,

se ocultó.

 

Y al alma entre las espinas

¡dulces caricias divinas!

colocó.

Si la suavidad fenece,

la santa esperanza crece,

más...y más...

Un denso velo le encubre,

mas su ardiente fe descubre

al Señor.

Y en este incruento martirio

pura y blanca como un lirio,

ama a Dios.

. . . . . . . . . . . . .

¡Oh, Jesús!, que tanto me amas,

consume en ardientes llamas

de tu Amor,

todo lo que impuro encuentre

y así mi alma transparente

¡te ame más!

 

Derechos Reservados.

MAGUI DEL MAR

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

ruizrmagui@gmail.com

 

 

La Cruz y el Crucificado

El día 14 de septiembre la Iglesia celebra la Exaltación de la Santa Cruz. Esta fiesta se viene celebrando desde el siglo IV. En el año 335, se consagró la iglesia del santo sepulcro de Jerusalén, muy vinculada a la cruz de Cristo, porque el lugar donde fue crucificado Jesús, el monte Gólgota, se encuentra dentro de la iglesia del santo sepulcro. Allí se encuentra también, integrada en la actual basílica, una gran cueva donde, según una venerable tradición, se arrojaban las cruces de los ajusticiados. Santa Elena, madre del emperador Constantino, ordenó excavar en ese lugar y encontró las reliquias de la cruz del Cristo y el título de la cruz con la inscripción en hebreo, griego y latín de las palabras «Jesús Nazareno, rey de los judíos». El de 3 de Mayo se celebra la invención de la santa Cruz por santa Elena.

Para comprender cómo un instrumento de tortura cruel como era la cruz se celebra litúrgicamente como «Exaltación de la Santa Cruz», hay que tener en cuenta que Cristo murió crucificado y que la cruz en la que murió se ha convertido en el «trono» de su realeza. La cruz, por tanto, que por sí misma era aborrecible, se convierte en el lugar e instrumento donde Cristo realiza la salvación. Por eso, la cruz es «sabiduría» de Dios, porque la muerte de Cristo en ella es la verificación más grande del amor de Dios por la humanidad al permitir que su Hijo muriera en ella. De ahí, que la Iglesia dedique la fiesta de la «Exaltación de la Santa Cruz» para exaltar, sobre todo, el amor de Cristo que, como dice Pablo, nos amó y se entregó por nosotros.

Cuando Jesús anuncia su muerte utiliza imágenes que hacen referencia al modo como iba a morir. En el Evangelio de Juan, Jesús dice: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». (Jn 12,32-33). La imagen de ser elevado hace alusión a la cruz que se levanta sobre la tierra. También Jesús, aludiendo al gesto de Moisés, que colocó en un estandarte una serpiente de bronce, para que los mordidos por serpientes venenosas no murieran si miraban con fe a la serpiente de bronce, afirma: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna» (Jn 3,14-15). Esta elevación se realiza en la cruz, donde Cristo atrae hacia sí todas las miradas para mostrar su amor a todos los hombres.

La exaltación de la cruz no significa que el cristianismo convierta la cruz en un objeto fetiche que tiene valor por sí mismo. La cruz no es nada sin el Crucificado. Nuestra veneración a la cruz es veneración a la entrega de Cristo por amor. Y cuando Jesús nos invita a cargar con nuestra propia cruz, nos pide identificarnos con él en nuestros propios sufrimientos para que podamos unirnos a él también en su gloria. Por eso, en la cruz comienza, según san Juan, la glorificación de Cristo, porque en ella Jesús revela que no hay gloria más grande que el amor sin reservas ofrecido a los hombres. Aunque resulte paradójico, la muerte de Jesús es una muerte gloriosa, porque en ella el amor revela su esplendor, su grandeza, se exalta a sí mismo. Si no hay expresión más alta del amor que dar la vida por quienes se aman, entonces comprendemos que la muerte de Cristo en la cruz es la expresión más elevada del amor y de la gloria que comporta. Si esto lo entendemos bien cuando vemos personas que pierden la vida por salvar a otros, ¡cuánto más lo entenderemos si el mismo Hijo de Dios, ha querido expresar su amor por la humanidad muriendo en la cruz por nosotros! Aquí radica el sentido último de la fiesta que es la exaltación del amor de Cristo crucificado.

 

+ César Franco Obispo de Segovia

 

 

La sincronía                                         

Cuando uno despierta en la mañana, empieza la rutina matutina. Se puede, como hacía Cabral, agradecer la gentileza de estar vivo y la oportunidad de un nuevo día. Se puede  como el artista, cantar, rezar, recordar el pensamiento que motive. Tal vez alguno lo tengas en la nota de un post-it, para recordarlo.

https://youtu.be/XYO03BBKZ_4?list=RDjs0UApgp19o

Benjamin Franklin decía: "Te dediques a lo que te dediques sé el mejor en tu campo". "Con trabajo y perseverancia podemos lograr lo que nos proponemos". "O escribes algo que valga la pena leer o haz algo que valga la pena escribir". "El hombre trabajador es el hombre feliz, mientras que el hombre holgazán, es el miserable".

Es posible que la mente escape por la ventana y te recuerde que Franklin fue un hombre sencillo, observador, pensador, escritor, trabajador infatigable, científico, inventor, abolicionista de la esclavitud y, como político, fue uno de los padres  de la Constitución de Estados Unidos. Lo importante es que al desayunar, ya se puede tener algo positivo sembrado en la consciencia.

A veces se intuyen y desean cosas, pero al no depender de uno... se aparcan, -no se olvidan-, pero tampoco preocupa el dejarlas en un rincón del alma. Hay que volver a pensar en ello muchas veces. ¿Por qué? Estamos hechos de la materia de los sueños.

 

Al amanecer un nuevo día, no hace mucho, fui testigo de una maravillosa sincronía. Entonces compruebas que los grandes problemas suelen tener las soluciones más sencillas.

  No solemos ver que a veces se producen coincidencia en el tiempo, de hechos o actos,  que a veces nos afectan.

Algo que llega cuando tiene que llegar, y sucede sin avisar. Habíamos ido, a desayunar al bar, para romper la rutina. Allí encontramos lo que parecía imposible; mejor dicho, fuimos encontrados, porque a nadie habíamos dicho dónde iríamos, y estaríamos a esa hora. La ciudad es grande. Lo importante de la sincronía, no era el encuentro, ni la hora ni el desayuno, era algo que llega al alma.

Cuando llega la coincidencia, se produce un fogonazo, como si estallara de felicidad, al comprender que "alguien" mueve los hilos, orienta los pasos, escoge la ocasión y el momento exacto que abarca, unifica y da sentido a todo.

Acontece en libertad total y, aunque físicamente tiene lugar aquí y ahora, se siente especialmente dentro, como si se esponjara el alma. Uno siente deseos de decir "gracias" aunque las palabras sean lo de menos, porque es un "algo" que se siente y se vive.

Es indescriptible, porque no depende de quién lo percibe, y menos de quien puede estar circunstancialmente cerca o alrededor. Es indecible desde quien lo siente e incomprensible para quien lo escuche o a quien se le diga. También para escuchar y comprender hace falta "sintonía". Cabral decía: "Todos tenemos una conciencia, pero pocos la escuchamos, hay quien prefiere la televisión".

La única coincidencia,  tal vez sea que, vale la pena pensar y trabajar para que algo suceda. ¡Nada se pierde y todo nos dispone para poder acoger lo imprevisible cuando suceda, si sucede! Es más, atrae los pasos que deben dar otras personas (o acontecimientos) para converger en el instante de la sincronía. Creo que nada es casual y si que tiene mucho de "causalidad", pero de nadie en concreto, o de nadie que veamos. Antes de que suceda, todo es desconocido. Las madres en general, tienen una antena conectada a esa conexión, con sus hijos.

Bueno, en todo caso allí convergieron los pasos de quienes, sin saber que acabábamos de sentarnos a la mesa, llegaron radiantes para alegrarnos el día, y tal vez la vida. Y, sin darnos cuenta, incluso pagaron el desayuno que compartimos.

Si no se cree en lo que se quiere, si no se trabaja diaria e interiormente, si no se persevera para prepararse uno mismo y el entorno lo mejor posible, -aunque pase el tiempo-, tal vez nunca sucederá nada. Hay personas que hablan de un enfoque sincrónico, en contraposición de los enfoques diacrónicos. La utopía y la distopía pueden nacer de ese mismo abismo, o de una dimensión de la que todo mana.

Para bien o para mal, el pensamiento es escuchado por las células, y si es preciso se ponen en camino, porque es cierto que la intención, atrae. El sabio estoico Epicteto dijo que "aquel que se entrega en cuerpo y alma a cualquier cosa que sea, es normal que lleve ventaja al que de ella no se ocupa".

 

Dice la psicóloga Valeria Sabater: "Cuando estás en el buen camino, lo sabes. Las coincidencias empiezan a trazarse una tras otra en el horizonte, el corazón se llena de satisfacción y de ese prudente entusiasmo donde entender que todo esfuerzo está trayendo sus precisos resultados. Al fin y al cabo, cuando la mente se focaliza en aquello que desea con firmeza y apertura las cosas no suceden por casualidad, sino por determinación".

https://lamenteesmaravillosa.com/cuando-se-acumulen-las-coincidencias-estas-en-el-buen-camino/

Analizando después la "sincronía" a la que hice alusión, hemos descubierto una cascada de ellas en la vida. Por lo menos, una concomitancia o simultaneidad en el obrar de dos o más cosas cooperando al mismo efecto. ¡Así de generosamente se nos regala la vida cada día..."para cantar, para reír, para volver a ser feliz", decía Cabral! ¿Te has dado cuenta?

José Manuel Belmonte

 

 Una misa «virtual» no equivale a la participación personal en la iglesia

En una Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales, el Cardenal Sarah afirma la necesidad de volver a la normalidad de la vida cristiana, allí donde la emergencia sanitaria causada por la pandemia lo permita: asistir a una Misa a través de los medios de comunicación no es equiparable con la participación física en la iglesia

Es urgente volver a la normalidad de la vida cristiana con la presencia física en la misa, donde las circunstancias lo permitan: ninguna transmisión es equiparable a la participación personal o puede reemplazarla. Es cuanto afirma el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en una Carta sobre la celebración de la liturgia durante y después de la pandemia de Covid-19, titulada «¡Volvamos con alegría a la Eucaristía!”. El texto, dirigido a los presidentes de las Conferencias Episcopales de la Iglesia Católica, fue aprobado por el Papa Francisco el pasado 3 de septiembre.

Dimensión comunitaria de la vida cristiana

La pandemia debida al nuevo coronavirus – escribe el Cardenal Sarah – ha producido «trastornos» no sólo en las dinámicas sociales y familiares, «sino también en la vida de la comunidad cristiana, incluida la dimensión litúrgica». El Purpurado recuerda que «la dimensión comunitaria tiene un significado teológico: Dios es relación de Personas en la Santísima Trinidad» y «se pone en relación con el hombre y la mujer y los llama, a su vez, a la relación con Él». Así, «mientras que los paganos construían templos dedicados únicamente a la divinidad, a los que el pueblo no tenía acceso, los cristianos, en cuanto gozaron de libertad de culto, construyeron inmediatamente lugares que eran domus Dei et domus ecclesiae, donde los fieles podían reconocerse como una comunidad de Dios». Por esta razón «la casa del Señor presupone la presencia de la familia de los hijos de Dios».

Colaboración de la Iglesia con las autoridades civiles

En el texto se lee que “la comunidad cristiana nunca ha perseguido el aislamiento y nunca ha hecho de la Iglesia una ciudad con puertas cerradas. Formados en el valor de la vida comunitaria y la búsqueda del bien común, los cristianos siempre han buscado la inserción en la sociedad». «Incluso en la emergencia de la pandemia surgió un gran sentido de responsabilidad: al escuchar y colaborar con las autoridades civiles y los expertos», los obispos «estuvieron listos para tomar decisiones difíciles y dolorosas, hasta la suspensión prolongada de la participación de los fieles en la celebración de la Eucaristía».

La urgencia de volver a la normalidad de la vida cristiana

«Tan pronto como las circunstancias lo permitan, sin embargo – afirma el Cardenal Sarah –  es necesario y urgente volver a la normalidad de la vida cristiana, que tiene como casa el edificio de la iglesia y la celebración de la liturgia, especialmente la Eucaristía, como ‘la cumbre hacia la que tiende la acción de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de la que emana toda su fuerza’» (Sacrosanctum Concilium, 10).

Necesidad de participación personal en la misa

El Cardenal subraya que «aunque los medios de comunicación realicen un valioso servicio a los enfermos y a los que no pueden ir a la iglesia, y han prestado un gran servicio en la transmisión de la Santa Misa en un momento en que no era posible celebrarla comunitariamente, ninguna transmisión es equiparable a la participación personal o puede sustituirla. Por el contrario, estas transmisiones, solas, hacen que se corra el riesgo de alejarnos del encuentro personal e íntimo con el Dios encarnado que se nos ha entregado no de forma virtual, sino real, diciendo: «El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él» (Jn 6, 56).

Sugerencias para volver a la celebración de la Eucaristía

En la carta el Purpurado sugiere «algunas líneas de acción para promover un retorno rápido y seguro a la celebración de la Eucaristía». “La debida atención a las normas de higiene y seguridad – escribe – no puede conducir a la esterilización de los gestos y ritos». Además, «confía en la acción prudente, pero firme, de los Obispos para que la participación de los fieles en la celebración de la Eucaristía no se catalogada  por las autoridades públicas como una ‘reunión’, y no se la considere comparable, y ni siquiera subordinada, a formas de agregación recreativa».

Respeto de las normas litúrgicas

En esta carta se exhorta a facilitar a los fieles su participación en las celebraciones, pero sin improvisadas experimentaciones rituales y respetando plenamente las normas, contenidas en los “libros litúrgicos, que regulan su realización», y reconociendo «a los fieles el derecho a recibir el Cuerpo de Cristo y a adorar al Señor presente en la Eucaristía de la manera prevista, sin limitaciones que vayan incluso más allá de lo que prevén las normas de higiene dictadas por las autoridades públicas o los Obispos».

Un principio seguro: la obediencia a los obispos

En este punto el Cardenal da una indicación precisa: «Un principio seguro para no cometer errores es la obediencia. Obediencia a las normas de la Iglesia, obediencia a los obispos. En tiempos de dificultad (por ejemplo, pensemos en las guerras, en las pandemias) los Obispos y las Conferencias Episcopales pueden dar reglamentos provisionales a los que hay que obedecer”.

La salud pública y la salvación eterna

La Iglesia – concluye el Cardenal Sarah – protege a la persona humana «en su totalidad» y «a la debida preocupación por la salud pública la Iglesia une el anuncio y el acompañamiento hacia la salvación eterna de las almas».

 Políticas públicas para la familia

Ana Teresa López de Llergo

Ante la disminución de la natalidad, en Hungría han propuesto a las mujeres la disyuntiva de elegir si prefieren alcanzar sus objetivos en el hogar o en el trabajo.

Tenemos dos temas muy importantes de los cuales no podemos desentendernos: la salud dado el confinamiento por la pandemia y el derrotero de nuestro país. Sin embargo, hay otros de mucho peso para el futuro, por eso, no debemos polarizarnos y reducir los intereses, es mejor atajarlos antes de que se compliquen más.

Las políticas públicas para la familia es un asunto siempre candente, incluso trascenderá a lo inmediato que nos ocupa, porque unas buenas decisiones en este tema ayudarán a sortear la salud y el curso del país.

Para tomar decisiones conviene revisar planteamientos de otros pueblos. Precisamente, un modelo ejemplar nos lo ofrece Hungría, dentro de los países europeos es uno con los mejores apoyos para la familia. Esto nos garantiza resultados no meros proyectos.

Para que un sistema democrático realmente lo sea, necesita la participación de todos los ciudadanos con mayoría de edad. Entonces, cuando hablamos de políticas públicas no podemos excluirnos y dejar las soluciones a quienes ocupan algún cargo de gobierno. Es cierto que hay asuntos que requieren especial preparación, sin embargo, el tema de la familia nos compete a todos y la voz de cada uno es indispensable.

El embajador de Hungría ante la Santa Sede, Eduard Habsburg-Lothringen, concedió una entrevista para IFamNews. La publicaron en el mes de julio de este año. Llamaban la atención destacadas decisiones para las familias del país como la exoneración de impuestos para las mujeres con cuatro o más hijos, los préstamos familiares y el apoyo de los abuelos para el cuidado de los niños.

Soluciones que tomó Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, ante el alarmante descenso de la natalidad y el desequilibrio social que esto produce ahora y repercutirá gravemente en el futuro poblacional. Orbán está dispuesto a proporcionar todo el apoyo disponible para los jóvenes que tienen hijos y quieren formar una familia. Lo está haciendo con éxito, en comparación con otros gobiernos de Occidente: el gobierno húngaro es el que más recursos proporciona a las familias, casi el 5% del PIB.

Los siguientes datos muestran que con políticas adecuadas los problemas disminuyen. Entre 2010 y 2018, la tasa de aborto se redujo en un 33.5%, los matrimonios aumentaron en un 43% y los divorcios también se redujeron significativamente, en un 22.5% entre 2010 y 2017. En 2019, los matrimonios fueron un 84% más numerosos que en 2010 debido a las nuevas medidas. Y en 2020 la tasa de fertilidad, el número de hijos por mujer, es un 20% más alta que en 2010.

Desde luego este panorama se contrapone a los movimientos feministas y favorables a la disminución de la natalidad, y como tienen un fuerte respaldo mundial, es lógico silenciar estos resultados y presentar a Orbán como dictador, populista y reaccionario. Con estos títulos lo desprestigian y las mayorías lo ignoran.

Ante la disminución de la natalidad, en Hungría han propuesto a las mujeres la disyuntiva de elegir si prefieren alcanzar sus objetivos en el hogar o en el trabajo. En ambos casos se apoya a las familias, incluso a las que tienen muchos hijos. Algunos países han criticado la medida, la ridiculizan y afirman que se obliga a las mujeres a cocinar y a tener hijos. Sin embargo, otros países han mostrado gran interés e incluso la han adoptado.

Cuando alguna familia opta por tener una familia numerosa, los apoyos inician a partir del tercer hijo, entonces ya no pagan el impuesto sobre la renta, y a partir del cuarto hijo no pagan ningún impuesto. También a partir del tercer hijo se suprime el pago de préstamos que hayan contraído. Conceden préstamos para la construcción de casas, apoyo financiero para adquirir más grandes. Los abuelos reciben apoyo para el cuidado de los niños. Estas medidas han sido un éxito porque resuelven problemas a corto plazo.

Otro aspecto que ha contribuido es el hecho de que las figuras públicas se muestran a favor de la familia y ellas mismas destacan por tener familias de las que se ocupan y conviven. Su ejemplo anima y ayuda. En la Constitución se destaca la importancia de la familia. Todo ello contribuye a que socialmente se acepte a las familias numerosas. Esto llama especialmente la atención de los viajeros.

Aunque muchos medios de comunicación silencien estos logros, cada vez trascienden más los resultados. Otro país con políticas semejantes es Polonia. Ambos pueden considerarse pioneros de resultados exitosos.

Estos ejemplos no sólo interpelan a las autoridades. También los ciudadanos tienen puntos muy concretos que pueden adoptar o modificar de acuerdo a sus circunstancias. Lo más importante que son soluciones a corto plazo con resultados inmediatos. Cuando se obtienen estos conocimientos es muy grave no actuar.

 

 Un lujo: la privacidad

Lucía Legorreta

Con el celular en teoría sentimos cercanía con los que están lejos.

Llamó mi atención un artículo que hablaba de cómo hemos ido perdiendo nuestra privacidad, hasta convertirse en un lujo del que carecemos cada día más.

Está comprobado que muchas personas duermen con su celular y antes de dar los buenos días, ya lo consultaron. Según la revista Time, el 89% de la gente revisa sus celulares en la primera hora después de levantarse. Y durante el día, pasamos en promedio, cinco horas diarias usando el teléfono.

Con el celular en teoría sentimos cercanía con los que están lejos. Dedicamos mucho tiempo a documentar lo que estamos haciendo para enviárselo a nuestra familia, amigos, compañeros de trabajo. Con una diferencia de minutos todos ellos se enteran de lo que estamos haciendo o viviendo, no solo de palabra, sino con fotos y videos.

Hemos ido soltando nuestra privacidad y permitiendo que un ejército de desconocidos se entere de nuestra vida diaria. Todos los días en las redes sociales entregamos lo que somos. Y ¿sabes una cosa? Esta información vivirá por siempre.

En internet resulta mucho más sencillo hacer que algo sea público y mucho más difícil que continúe siendo privado. ¿Has tratado de borrar algo en internet? Es casi imposible.

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook afirma: las personas se sienten cada vez más cómodas no sólo compartiendo información y aficiones a través de la red, ¿hemos perdido la costumbre de cuidar nuestra intimidad?

Tristemente podemos observar cómo la gente asume y acepta que la privacidad es ya algo secundario, se ha conseguido que la sociedad piense de una forma pragmática, donde la funcionalidad vale el 90%, y el resto corresponde a la privacidad, la moralidad, el respeto, entre otros.

Si tienes duda, compruébalo tú mismo. Métete a internet, busca tu nombre y el de tu familia, y no tardarás mucho en encontrar en donde vives, quienes son tus amigos, tu trabajo, gustos, intereses y por supuesto, en qué te gusta gastar tu dinero.

La privacidad es algo importantísimo para cada uno de nosotros. Tenemos que defender nuestra intimidad y no dejar que todo mundo esté enterado de nuestra vida.

Comparto contigo diez mandamientos creados por el conductor y escritor Jorge Ramos para lograr la privacidad digital:

–No escribas lo que no quieres que se sepa.
–No hagas nada confidencial frente a un celular o una computadora.
–No fotografíes lo que quieras mantener oculto.
–Trata tu correo electrónico como si fuera público.
–No uses contraseñas con tu nombre o fecha de nacimiento.
–No compres sino quieres recibir publicidad.
–No opines sino estás seguro.
–No textees si es un secreto.
–No llames si no quieres que lo graben.
–Recuerda: todo se sabe, nada se borra.

Piensa muy bien, qué tanto cuidas tu privacidad. Las redes sociales nos han conectado con el mundo entero, pero nunca nos dimos cuenta lo difícil que es desconectarse de ellas.

 

 

No lo que a cada uno le gustaría oír

La Iglesia Católica enseña no lo que a cada uno le gustaría oír. Lo que quieran los jóvenes, lo que quieran los divorciados, lo que quieran los ancianos, lo que quieran los homosexuales, lo que quieran los fornicarios, lo que quieran los mentirosos; etc., etc.  No. La Iglesia nos enseña a todos lo que Dios le ha mandado, y le ha dado la Gracia de entender los misterios de Dios, de la Encarnación, de la Resurrección, de la Ascensión, del Juicio Final.

Y la Iglesia quiere que todos los hombres –mahometanos, judíos, budistas, animistas, y los cristianos apartados de ella, etc.- oigamos esas verdades para nuestra salvación, para que aumentemos nuestra fe, para que corrijamos en nuestra conducta todo lo que nos aparta de Dios, y podamos darle así la alegría a Dios Uno y Trino, de ser nuestro Salvador en su infinita y amorosa Misericordia.

José Morales Martín

 

Derechos Humanos y aborto

Contra la noción generalizada dentro de la sede de la ONU de que los tratados de derechos humanos son "instrumentos vivos", la comisión señaló que "la ratificación selectiva de los Estados Unidos y la construcción estricta de los tratados significa la firmeza del compromiso de los Estados Unidos con el estado de derecho".

"Históricamente, el Departamento de Estado de EE. UU. ha adoptado una postura firme de que las normas vinculantes solo se pueden hacer a través de los procesos formales y reconocidos del derecho internacional público que pasan por la representación y el consentimiento del estado, y que la llamada ley blanda no resulta y no puede resultar en normas internacionales obligatorias", declaraba categóricamente el informe

Los comisionados describieron los procesos de derechos humanos como "plagados de serios defectos", que incluyen, entre otros, la captura de grupos de interés de élite y la falta de legitimidad democrática. También lamentaba la pobre "calidad de su trabajo". Incluso las instituciones más serias a menudo son ineficaces para lograr sus propósitos básicos”, señala el informe.

"[L] a Estados Unidos debería ser abierto pero cauteloso en su voluntad de respaldar nuevas demandas de derechos humanos", concluyen los comisionados.

El informe establece una lista sugerida de factores que los diplomáticos estadounidenses deben tener en cuenta al evaluar nuevas reclamaciones de derechos humanos, incluido el texto de los tratados de derechos humanos ratificados por los Estados Unidos, la aceptación universal y la coherencia con la Constitución de los EE. UU. derechos humanos.

Pero no está claro si estos mismos criterios se pueden aplicar al tema del aborto, dada la ambivalencia de la Comisión de los Estados Unidos sobre el aborto. En un informe publicado recientemente por la Heritage Foundation, el académico Tom Finegan, detalla cómo el texto y la historia de los tratados de derechos humanos crean la presunción de que el derecho a la vida debe protegerse no solo después, sino también antes del nacimiento.

Independientemente de su posición sobre el aborto, los críticos de la comisión continúan socavando el trabajo de la comisión como un esfuerzo por desmantelar los derechos humanos. El New York Times incluso se negó a publicar un artículo de Mary Ann Glendon, presidenta de la comisión, presentando el informe.

Xus D Madrid

 

 

La dignidad de la Gloria de Dios

Esas palabras de Jesucristo que recogen los evangelios, en las que nos dice que somos luz del mundo y, a continuación, nos aclara que nos ha dado su luz para que se vean nuestras buenas obras y que esas obras den gloria a Dios, contienen una enseñanza radical para su Iglesia.

La Iglesia, fundada por Jesucristo, debe pretender siempre, sólo y exclusivamente la gloria de Dios, es decir, que Dios reciba la glorificación de todos los hombres y del mundo creado por Él.

No puede ser de otro modo, puesto que se trata de la más grave obligación de justicia de todos los hombres y de todo el orbe.

El mundo irracional ya da necesariamente gloria a Dios, puesto que no posee voluntad propia, con su misma existencia y realizando el fin para el que es incluido por Dios en la obra de su creación, fundamentalmente para el bien y la felicidad del ser humano.

Ahora bien, el ser humano, por estar dotado de razón, da gloria a Dios, no sólo de un modo necesario, sino también de un modo voluntario. Por tanto, depende de él sumarse a la infinita gloria que Dios recibe de su obra creadora o no., con independencia de que la recibe siempre queramos los hombres o no. Para eso es Dios.

Dicho de otro modo, el hombre puede autoexcluirse de otorgar a Dios la propia gloria de su Ser por ser quien es. 

JD Mez Madrid

 

 

Sobre el capital, los opinantes del “IBEX” y la indefensión del “súbdito”

ECONOMÍA: Impuestos, pensiones, mercado laboral... las cinco propuestas del Ibex para salir de la crisis. Un total de 130 expertos del ámbito empresarial y académico esbozan sus propuestas para que España consiga superar la crisis económica provocada por el coronavirus. (Vozpópuli 08-09-2020)

Todo y ya es crónico, "un blablablabla"; nadie habla de que lo primero que habría que hacer, es eliminar a la plaga de parásitos que mantenemos, hasta llegar a no más de ocho o diez ministros, QUE ENTIENDAN Y TRABAJEN, igualmente eliminar la enorme delincuencia que nos asola; y tratar de inyectar de nuevo una ilusión ya perdida, a los que de verdad piensan en trabajar y producir; pero mientras se mantenga esta sí que verdadera plaga de parásitos que nos devora, España seguirá cada vez peor y en esa ruina que empezó hace ya muchas décadas. Y que sigue cada vez más acentuada. Una inmensa mayoría de los antes emprendedores y ya con edades que rebasan el medio siglo, lo que piensan es en la jubilación lo antes posible; y aun renunciando a la posible totalidad, del fin de la edad de la jubilación. Los cierres de negocios ya son “de catástrofe nacional”; las juventudes, inexpertas y acostumbradas a vivir “del cuento”, no los creo preparados para ocupar el vacío de estos que hoy huyen a la desesperada. Y mientras, “los malditos políticos”, siguen en sus peleas interesadas y no ocupándose de otra cosa que de, “mantener el sillón y la paga”. Esa es la España actual y sin embargo, sigue, “el blablablabla;  y el propagar un miedo ya absurdo al virus chino, que ataca a minorías muy minorías, mientras la inmensa mayoría no sufre ese ataque y a la vista está, puesto que nos lo dicen cada día, las cifras, si se analizan inteligentemente”. Ahora nos quieren asustar mucho más y emplean a los niños, adolescentes y mayores que obligan a ir a esos centros de enseñanza, que en realidad nada enseñan, sobre la vida real a la que ha de llegar cada cual”; y de ahí, que esa juventud antes mentada, no sepa lo que hacer ni cómo hacerlo, aún con una “carrera terminada y un título”, que no les sirve para nada, puesto que en España, sigue siendo el mejor título, el del, “recomendado, enchufado, colocado a dedo en el dinero público y cosas similares”; lacra o cáncer y gangrena, que nos asola desde hace “una eternidad”.

EN UNO DE LOS SITIOS DONDE CUELGO MIS ARTÍCULOS, UN LECTOR INTERVIENE Y DICE: Sobre la fusión bancaria actual: 08-09-2020

La verdad (el resumen) es que los usureros avanzan con los socialistas y los comunistas. Como bien dices, a la usura, al abuso hay que cortarle las patitas; no darle alas. Quien ama España, a los españoles, no deja a sus compatriotas a su suerte. También opino que es preciso controlar algo el abuso, porque hay gente que su único principio es ganar cada vez más dinero. Y como dices, no podemos ser cada vez más esclavos. ¿Pero quién va a hacerlo? Franco ya no está. ¿Quién lo va a hacer?
Democracia... que no me vuelvan a decir que esto es una democracia. Además, ¿la democracia existe? Porque eso quizá es una utopía, un engaño siempre. Pero cada vez está más claro que aquí no se respira de eso. Bueno, de eso, y de poco (venga mascarillas). Sí, sí, el negocio de las mascarillas. Vaya negocio. ¿Y qué protegen las mascarillas esas baratitas, o como le dicen en América, el cubrebocas? Se supone que muy poco. Y encima, vemos a niños que no tienen ni edad escolar con la mascarilla, sin poder ser libres y pudiendo perjudicar su salud por llevar tanto tiempo la mascarilla; y pienso: qué pena. ¡Qué locura lo de los colegios...! Yo a su edad no había conocido lo que era llevar una mascarilla, y era una niña que corría paquí pallá, y que no tenía que tener TANTO MIEDO.
MI RESPUESTA: Sí, lleva toda la razón y le felicito por intervenir, enriqueciendo el tema; lástima que la inmensa mayoría de españoles, "sigan apesebrados" (de pesebre), dormidos, o acobardados y traguen todo tan temerariamente como lo vienen haciendo sin rechistar. Pero dicho ello, sí que he de aclarar, algo que tampoco se recuerda como merece.  Fue Franco, el único gobernante contemporáneo, que le hizo frente a la banca y al capital, imponiendo normas que se cumplían "religiosamente"; es por lo que los bancos de entonces, no pudieron crecer de la forma temeraria en que luego lo han hecho; fundó y mantuvo bancos oficiales, fomentó las cajas de ahorros, y mantuvo monopolios verdaderamente al servicio de la población (Telefónica, Campsa, Ferrocarriles, etc. etc.) puesto que "el capital y en general, nacional o internacional, tiene que ser vigilado y regulado, para que sea lo que debe ser, "un comerciante más" cuya mercancía y fines, es "comprar y vender dinero"; o sea más claro, los mismo que hace el frutero, que compra y vende fruta o verduras. Y aquí no se salva ningún sistema, puesto que hasta LOS COMUNISTAS, HAN TERMINADO EN CAPITALISTAS; y ahí están RUSIA Y CHINA para confirmarlo. Los políticos en general, son "pobreticos hambrientos, que se venden como mercenarios que son"; y por todo ello así nos va. LA DEMOCRACIA es el mejor sistema, siempre que sea llevada con la limpieza, que nos dejó escrita; El Barón de Secondat, más conocido como Montesquieu, nada menos que en el siglo dieciocho. Saludos

LOS GRANDES NEGOCIOS DEL MUNDO ACTUAL: No olvidemos que LA MEDICINA es uno de los grandes negocios mundiales, junto a la VENTA DE ARMAMENTO, LAS DROGAS, LA PROSTITUCIÓN Y POR DESCONTADO “LA POLÍTICA”. Y SOBRE TODOS ELLOS “EL CONTROL DEL DINERO”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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