Las Noticias de hoy 27 Julio 2020

Enviado por adminideas el Lun, 27/07/2020 - 12:50

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 27 de julio de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: “Buscar cada día el tesoro del Reino de los cielos”

Ángelus: El Papa invita a los jóvenes a enviar un abrazo a los ancianos

LA LEVADURA EN LA MASA: Francisco Fernandez Carbajal

“El trabajo es la vocación inicial del hombre”: San Josemaria

Las carreras de Dios: Diego Zalbidea

«Trabajo y santidad»: un libro con reflexiones del prelado

«El porqué de cada trabajo cambia el modo de trabajar»

SER DEL MUNDO Y LLAMADA A LA SANTIDAD: José Luis Illanes

A mí toda la gloria: Ángel Cabrero Ugarte 

La dignidad reafirmada: Juan José Corazon

Iglesia en llamas: Mario Arroyo.

Cómo hablar con mis hijos de las cosas trascendentes: Silvia del Valle

La comunicación constructiva en la familia: Ana Teresa López de Llergo

Finanzas sanas: Lucía Legorreta

Equívoco: disimular los intereses de la Iglesia para complacer al mundo

Mascarillas. Felicitación a la Comunidad de Madrid: Josefa Romo Garlito

Amar al mundo apasionadamente: José Morales Martín

Los primeros cristianos: Jesús Martínez Madrid

“…incluidos la contracepción y el acceso al aborto seguro…”: Enric Barrull Casals

Dinero, dinero, dinero: pocos piensan cómo ganarlo honradamente : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Ángelus: “Buscar cada día el tesoro del Reino de los cielos”

Palabras antes del Ángelus

JULIO 26, 2020 12:59RAQUEL ANILLOANGELUS

(zenit – 26 julio 2020).- En este domingo, 26 de julio. día de san Joaquín y santa Ana dedicado a los abuelos, el santo Padre se asoma a la ventana del estudio del Palacio Apostólico vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.

El Papa se detiene en  el pasaje de dos parábolas, la del tesoro escondido en el campo y la de la perla preciosa. Diciendo,  “Jesús, Él que es el tesoro escondido y la perla de gran valor, no puede hacer otra cosa que suscitar la alegría, toda la alegría del mundo: la alegría de descubrir un sentido para la propia vida, la alegría de sentirla comprometida en la aventura de la santidad”.

“La gracia lo hace todo, en nosotros  es necesaria solo la disponibilidad para recibirla, la gracia se encarga de todo, pero es necesaria mi responsabilidad y mi disponibilidad, ser responsable de esto”.

A continuación, sigue la traducción oficial de las palabras del Santo Padre al introducir el Ángelus ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (cfr Mt 13, 44-52) corresponde con los últimos versículos del capítulo que Mateo dedica a las parábolas del Reino de los cielos. El pasaje tiene tres parábolas apenas esbozadas y muy breves: la del tesoro escondido en el campo, la de la perla preciosa y la de la red lanzada al mar.

Me detengo en las dos primeras en las cuales el Reino de los cielos es comparado con dos realidades diferentes “preciosas”, es decir el tesoro en el campo y la perla de gran valor. La reacción del que encuentra la perla o el tesoro es prácticamente igual: el hombre y el mercader venden todo para comprar lo que más les importa. Con estas dos similitudes, Jesús se propone involucrarnos en la construcción del Reino de los cielos, presentando una característica esencial: se adhieren completamente al Reino aquellos que están dispuestos a jugarse todo. De hecho, tanto el hombre como el mercader de las dos parábolas venden todo lo que tienen, abandonando así sus seguridades materiales. De esto se entiende que la construcción del Reino exige no solo la gracia de Dios, sino también la disponibilidad activa del hombre. ¡Todo lo hace la gracia, todo! De nuestra parte solamente la disponibilidad a recibirla, no la resistencia a la gracia: la gracia hace todo pero es necesaria “mi” responsabilidad, “mi” disponibilidad.

Los gestos de ese hombre y del mercader que van en busca, privándose de los propios bienes, para comprar realidades más preciosas, son gestos decisivos, son gestos radicales, diría solamente de ida, no de ida y vuelta: son gestos de ida. Y, además, realizados con alegría porque ambos han encontrado el tesoro. Somos llamados a asumir la actitud de estos dos personajes evangélicos, convirtiéndonos también nosotros en buscadores sanamente inquietos del Reino de los cielos. Se trata de abandonar la carga pesada de nuestras seguridades mundanas que nos impiden la búsqueda y la construcción del Reino: el anhelo de poseer, la sed de ganancia y poder, el pensar solo en nosotros mismos.

En nuestros días, la vida de algunos puede resultar mediocre y apagada porque probablemente no han ido a la búsqueda de un verdadero tesoro: se han conformado con cosas atractivas pero efímeras, de destellos brillantes pero ilusorios porque después dejan en la oscuridad. Sin embargo la luz del Reino no son fuegos artificiales, es luz: los fuegos artificiales duran solamente un instante, la luz del Reino nos acompaña toda la vida.

El Reino de los cielos es el contrario de las cosas superfluas que ofrece el mundo, es el contrario de una vida banal: es un tesoro que renueva la vida todos los días y la expande hacia horizontes más amplios. De hecho, quien ha encontrado este tesoro tiene un corazón creativo y buscador, que no repite sino que inventa, rastreando y recorriendo calles nuevas, que nos llevan a amar a Dios, a amar a los otros, a amarnos verdaderamente a nosotros mismos. El signo de aquellos que caminan en este camino del Reino es la creatividad, siempre buscando más. Y la creatividad es la que toma la vida y da la vida, y da, y da, y da… Siempre busca muchas maneras diferentes de dar la vida.

Jesús, Él que es el tesoro escondido y la perla de gran valor, no puede hacer otra cosa que suscitar la alegría, toda la alegría del mundo: la alegría de descubrir un sentido para la propia vida, la alegría de sentirla comprometida en la aventura de la santidad.

La Virgen Santa nos ayude a buscar cada día el tesoro del Reino de los cielos, para que en nuestras palabras y en nuestros gestos se manifieste el amor que Dios nos ha donado mediante Jesús.

 

 

Ángelus: El Papa invita a los jóvenes a enviar un abrazo a los ancianos

Palabras después del Ángelus

JULIO 26, 2020 14:01RAQUEL ANILLOANGELUS

(zenit – 19 julio 2020).- Después del rezo del Ángelus, el Papa ha invitado a los jóvenes a “realizar un gesto de ternura hacia los ancianos, sobre todo a los que están más solos, en las casas y en las residencias, los que desde hace muchos meses no ven a sus seres queridos”. “Enviadles un abrazo. Ellos son vuestras raíces. Un árbol separado de las raíces no crece, no da flores ni frutos”. En esta festividad de san Joaquín y santa Ana los abuelos de Jesús.

A continuación, sigue la traducción oficial de las palabras del Pontífice tras la oración del Ángelus ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

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Palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas,

en la memoria de santos Joaquín y Ana, los “abuelos” de Jesús, quisiera invitar a los jóvenes a realizar un gesto de ternura hacia los ancianos, sobre todo a los que están más solos, en las casas y en las residencias, los que desde hace muchos meses no ven a sus seres queridos. ¡Queridos jóvenes, cada uno de estos ancianos es vuestro abuelo! ¡No les dejéis solos! Usad la fantasía del amor, haced llamadas, videollamadas, enviad mensajes, escuchadles y, donde sea posible respetando las normas sanitarias, id a visitarlos. Enviadles un abrazo.  Por esto es importante la unión y la conexión con vuestras raíces. “Lo que el árbol tiene de florido, vive de lo que tiene sepultado”, dice un poeta de mi patria. Por esto os invito a dar un aplauso grande a nuestros abuelos, ¡todos!

He sabido que los miembros del Grupo de Contacto Trilateral han decidido recientemente en Minsk un nuevo alto el fuego respecto a la zona de Donbbas. Mientras agradezco este signo de buena voluntad destinado a restaurar la paz tan deseada en esa región atormentada, rezo para que lo que se acordó finalmente se ponga en práctica, también a través de un proceso efectivo de desarme y eliminación de las minas. Solo así se podrá reconstruir la confianza y sentar las bases para la reconciliación, tan necesaria y tan esperada por la población.

Os saludo de corazón a todos vosotros, romanos y peregrinos de diferentes países. Saludo en particular a los fieles de Franca (Brasil), está la bandera allí, a los jóvenes de la archidiócesis de Módena-Nonantola y los de la parroquia de Santos Fabiano y Venanzio de Roma. ¡Estos son ruidosos, se hacen oír!

Os deseo a todos un buen domingo. Por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

 

LA LEVADURA EN LA MASA

— Los cristianos, como la levadura en la masa, están llamados a transformar el mundo desde dentro de él.

— Ejemplaridad.

— Unión con Cristo para ser apóstoles.

I. Nos enseña el Señor en el Evangelio de la Misa1 que el Reino de Dios es semejante a la levadura que tomó una mujer y mezcló con tres medidas de harina hasta que fermentó todo. Aquellas gentes que escuchaban las palabras del Señor conocían bien y estaban familiarizadas con este fenómeno, pues lo habían visto muchas veces en los hornos familiares. Un poco de aquella levadura guardada desde el día anterior podía transformar una buena masa de harina y convertirla en una gran hogaza de pan.

En esta semejanza que nos pone el Señor hemos de considerar en primer lugar lo poco que es la levadura en relación a la masa que debe transformar. Siendo tan poca cosa, su poder es muy grande. Esto nos permite ser audaces en el apostolado, porque la fuerza del fermento cristiano no es simplemente humana: es la misma fuerza del Espíritu Santo que actúa en la Iglesia. También el Señor cuenta con nuestras poquedades y flaquezas. «¿Acaso el fermento es naturalmente mejor que la masa? No. Pero la levadura es el medio para que la masa se elabore, convirtiéndose en alimento comestible y sano.

»Pensad, aunque sea a grandes rasgos, en la acción eficaz del fermento, que sirve para confeccionar el pan, sustento base, sencillo, al alcance de todos. En tantos sitios –quizá lo habéis presenciado– la preparación de la hornada es una verdadera ceremonia, que obtiene un producto estupendo, sabroso, que entra por los ojos.

»Escogen harina buena; si pueden, de la mejor clase. Trabajan la masa en la artesa, para mezclarla con el fermento, en una larga y paciente labor. Después, un tiempo de reposo, imprescindible para que la levadura complete su misión, hinchando la pasta.

»Mientras tanto, arde el fuego del horno, animado por la leña que se consume. Y esa masa, metida al calor de la lumbre, proporciona ese pan tierno, esponjoso, de gran calidad. Un resultado imposible de alcanzar sin la intervención de la levadura –poca cantidad–, que se ha diluido, desapareciendo entre los demás elementos en una labor eficiente que pasa inadvertida»2. Sin ese poco de levadura, la masa se habría quedado en algo inútil, incomestible, inservible. Nosotros, en la vida corriente de cada día, podemos ser causa de luz o de oscuridad, de alegría o de tristeza, fuente de paz o de inquietud, peso muerto que retrase el caminar de los demás o fermento que transforma la masa. Nuestro paso por la tierra no es indiferente, acercamos a los demás a Cristo, los enriquecemos o los separamos de Él.

Nos envía el Señor para proclamar su mensaje por todas partes, para llevarle, uno a uno, a quienes no le conocen, como hicieron los primeros cristianos con sus amigos, con sus familias, con los colegas y vecinos. Para esto no necesitamos hacer cosas extrañas y sorprendentes, pues «al vernos iguales a ellos en todas las cosas, se sentirán los demás invitados a preguntarnos: ¿cómo se explica vuestra alegría?, ¿de dónde sacáis las fuerzas para vencer el egoísmo y la comodidad?, ¿quién os enseña a vivir la comprensión, la limpia convivencia y la entrega, el servicio a los demás?

»Es entonces el momento de descubrirles el secreto divino de la existencia cristiana: de hablarles de Dios, de Cristo, del Espíritu Santo, de María. El momento de procurar transmitir, a través de las pobres palabras nuestras, esa locura del amor de Dios que la gracia ha derramado en nuestros corazones»3.

¿Somos levadura en la familia, en el ambiente de trabajo o de estudio? ¿Manifestamos con nuestra alegría que Cristo vive?

II. Además, hemos de considerar que la levadura solo actúa cuando está en contacto con la masa. Y así, sin distinguirse de ella, desde dentro, la transforma: «la mujer no solo puso la levadura, sino que además la escondió entre la masa. Del mismo modo tenéis que hacer vosotros cuando estéis mezclados, identificados con la gente..., como la levadura que está escondida, pero no desaparece, sino que poco a poco va transformando toda la masa en su propia calidad»4. Solo estando en la entraña del mundo, en medio de toda profesión y oficio, podremos llevar de nuevo la creación a Dios. Y a esto hemos sido llamados por vocación divina.

Los primeros cristianos, que eran verdadero fermento en un mundo descompuesto, lograron que la fe penetrara en poco tiempo en las familias, en el senado, en la milicia y hasta en el palacio imperial: «somos de ayer y llenamos el mundo y todo lo vuestro, casas, ciudades, islas, municipios, asambleas y hasta los mismos campamentos, las tribus y las decurias, los palacios, el senado, el foro»5.

Sin excentricidades, como fieles corrientes, podemos mostrar lo que significa seguir de cerca a Cristo. Nos han de conocer como personas leales, sinceras, alegres, trabajadoras; nos hemos de comportar ejemplarmente en la vida familiar y social: cumpliendo con rectitud nuestros deberes y actuando serenamente, como hijos de Dios. Nuestra vida, con sus flaquezas, debe ser una señal que les lleve a Cristo. «Por este camino se llega a Dios», deben pensar al ver nuestra vida coherente con la fe que profesamos.

Las normas corrientes de la convivencia, por ejemplo, pueden ser, para muchos, el comienzo de un acercamiento a Dios. Con frecuencia, estas normas se quedan en algo externo y solo se practican porque hacen más fácil el trato social, por costumbre... Para los cristianos deben ser también fruto de una verdadera caridad, manifestaciones de una actitud interior de sincero interés por los demás. Han de ser el reflejo exterior de una íntima unión con Dios.

La templanza del cristiano es una de las manifestaciones más convincentes y más atractivas de la vida cristiana. Dondequiera que estemos hemos de esforzarnos en dar siempre ese ejemplo, que se desprenderá con sencillez de nuestro comportamiento; con frecuencia esa actitud ha sido para muchos el comienzo de un verdadero encuentro con Dios. Esa templanza debe notarse a la hora de la comida y de la bebida, en el modo como evitamos gastos superfluos o inútiles, a la hora del descanso y de la sana diversión... «Cristo nos ha dejado en la tierra para que seamos faros que iluminen, doctores que enseñen; para que cumplamos nuestro deber de levadura (...). Ni siquiera sería necesario exponer la doctrina si nuestra vida fuese tan radiante, ni sería necesario recurrir a las palabras si nuestras obras dieran tal testimonio. Ya no habría ningún pagano, si nos comportáramos como verdaderos cristianos»6.

En ese clima de ejemplaridad, de alegría serena, de ayudas quizá pequeñas pero frecuentes, de trabajo bien hecho, nos será más fácil llevar al Señor a quienes conviven o trabajan con nosotros. De modo especial en ese apostolado de la Confesión, tan urgente en este tiempo, que la Iglesia nos invita a llevar a cabo. «Toda solicitud y todo trabajo son poco en comparación con el interés de una sola alma. El que devuelve una oveja errante al redil se ha asegurado un abogado poderoso ante Dios»7. Muchos «abogados poderosos» debemos ganar a través de un apostolado paciente y constante.

III. Para vibrar, para ser fermento, es necesaria la unión con Cristo. No podemos perder esa fuerza interior que nos impulsa al apostolado y que nace de nuestro amor al Señor. Sin esa unión, todo el trabajo y todo el esfuerzo se convertirían en agitación estéril. Siempre ha habido quienes se imaginan –no sin presunción– que van a transformar el mundo con sus fuerzas; pero pronto, en su misma vida y en la de los demás, ven la inconsistencia de sus propósitos. Se cumplen siempre aquellas palabras del Señor: sin Mí no podéis hacer nada8.

«Si la levadura no fermenta, se pudre. Puede desaparecer reavivando la masa, pero puede también desaparecer porque se pierde, en un monumento a la ineficacia y al egoísmo»9. El cristiano «se pudre» cuando deja entrar la tibieza en su alma, que da lugar a una falta de prontitud en la entrega, un cansancio ante las cosas de Dios incluso antes de acometerlas, cuando piensa en «sus cosas», no en las de Dios. Por el contrario, cumple su misión de levadura cuando procura que su fe amorosa se manifieste en obras. El amor a Cristo es el origen de todo apostolado, lo que permite al cristiano ser levadura. De aquí la necesidad urgente de alimentar ese amor continuamente mediante una oración personal, sin anonimato, y la recepción frecuente, y sin rutina, de los sacramentos. «Es preciso que seas “hombre de Dios”, hombre de vida interior, hombre de oración y de sacrificio. —Tu apostolado debe ser una superabundancia de tu vida “para adentro”»10.

Podemos medir nuestro amor a Dios por el empeño que ponemos en influir como cristianos en el trabajo, en la familia, en el ambiente.

Para ser audaces en nuestra vida ordinaria hemos de mirar a Nuestra Señora, porque «el modelo perfecto de esta espiritualidad apostólica es la Santísima Virgen María, Reina de los Apóstoles, la cual, mientras vivió en este mundo una vida igual a la de los demás, llena de preocupaciones familiares y de trabajos, estaba constantemente unida con su Hijo y cooperó de modo singularísimo a la obra del Salvador»11.

1 Mt 13, 31-35. — 2 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 257. — 3 ídem, Es Cristo que pasa, 148. — 4 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 46, 2. — 5 Tertuliano, Apologético, 37. — 6 San Juan Crisóstomo, Homilía 10 sobre la 1ª Epístola a Timoteo. — 7 Santo Tomás de Villanueva, Sermón del domingo «in albis», l, c, pp. 900-901. — 8 Jn 15, 5. — 9 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 258. — 10 ídem, Camino n. 961. — 11 Conc Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 4.

 

“El trabajo es la vocación inicial del hombre”

El trabajo es la vocación inicial del hombre, es una bendición de Dios, y se equivocan lamentablemente quienes lo consideran un castigo. (Surco, 482)

27 de julio

Desde el comienzo de su creación, el hombre –no me lo invento yo– ha tenido que trabajar. Basta abrir la Sagrada Biblia por las primeras páginas, y allí se lee que –antes de que entrara el pecado en la humanidad y, como consecuencia de esa ofensa, la muerte y las penalidades y miserias– Dios formó a Adán con el barro de la tierra, y creó para él y para su descendencia este mundo tan hermoso, ut operaretur et custodiret illum, con el fin de que lo trabajara y lo custodiase.

Hemos de convencernos, por lo tanto, de que el trabajo es una estupenda realidad, que se nos impone como una ley inexorable a la que todos, de una manera o de otra, estamos sometidos, aunque algunos pretendan eximirse. Aprendedlo bien: esta obligación no ha surgido como una secuela del pecado original, ni se reduce a un hallazgo de los tiempos modernos. Se trata de un medio necesario que Dios nos confía aquí en la tierra, dilatando nuestros días y haciéndonos partícipes de su poder creador, para que nos ganemos el sustento y simultáneamente recojamos frutos para la vida eternael hombre nace para trabajar, como las aves para volar.

Me diréis que han pasado muchos siglos y muy pocos piensan de este modo; que la mayoría, si acaso, se afana por motivos bien diversos: unos, por dinero; otros, por mantener una familia; otros, por conseguir una cierta posición social, por desarrollar sus capacidades, por satisfacer sus desordenadas pasiones, por contribuir al progreso social. Y, en general, se enfrentan con sus ocupaciones como con una necesidad de la que no pueden evadirse.

Frente a esa visión chata, egoísta, rastrera, tú y yo hemos de recordarnos y de recordar a los demás que somos hijos de Dios, a los que, como a aquellos personajes de la parábola evangélica, nuestro Padre nos ha dirigido idéntica invitación: hijo, ve a trabajar a mi viña

Os aseguro que, si nos empeñamos diariamente en considerar así nuestras obligaciones personales, como un requerimiento divino, aprenderemos a terminar la tarea con la mayor perfección humana y sobrenatural de que seamos capaces. (Amigos de Dios, n. 57)

 

 

Las carreras de Dios

En estos días de cuarentena, la mayoría de nosotros tenemos muy difícil acudir a la confesión. Tal vez esté aún lejos el momento del retorno a la normalidad; sin embargo, cuando nos ve arrepentidos, Él mismo corre hacia nosotros, emocionado, feliz y orgulloso de que regresemos a casa.

VIDA ESPIRITUAL21/03/2020

Photo by Anna Earl on Unsplash

Jesús piensa que ha llegado el momento de manifestar hasta qué extremo ama su Padre a los hombres. Quiere introducirles en la antesala del cielo, y aspira a que disfruten del gozo que embarga a Dios cada vez que un pecador decide volver a casa. Les narra una parábola. No es fácil imaginar la emoción y el asombro de los discípulos al escuchar por primera vez la historia del hijo pródigo (cfr. Lc 15,11-32). Debió sorprenderles la desproporción entre la desfachatez del hijo pequeño y el cariño del padre, o la reacción airada de su hermano mayor.

NO SABEMOS CUÁNDO PODREMOS VOLVER A CONFESARNOS, PERO NO DEBEMOS DUDAR DE QUE NUESTRO PADRE DIOS, SI ACUDIMOS A ÉL CON UN CORAZÓN «CONTRITO Y HUMILLADO»

En estos días de cuarentena, la mayoría de nosotros tenemos muy difícil acudir a la confesión, y mucho más difícil es acercarse a ese sacramento con la frecuencia que quizá nos gustaría. Las restricciones de la circulación física de las personas para prevenir nuevos contagios pueden comportar el retraso por un tiempo indeterminado de la recepción del sacramento de la Misericordia divina. Esta contrariedad, junto a otras que estamos viviendo, son también un modo de crecer para adentro: «Es bueno recordar que el Señor nos da su gracia para santificarnos también en esas circunstancias de incertidumbre»[1]. No sabemos cuándo podremos volver a confesarnos, pero no debemos dudar de que nuestro Padre Dios, si acudimos a Él con un corazón «contrito y humillado» (Sal 50,19), siempre nos ofrece su perdón, por grande que haya sido nuestra fragilidad (cfr. Lc 15,20-24).

 

Un regalo que no se merece

El hijo menor añora su casa: «¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan abundante mientras yo aquí me muero de hambre!» (Lc 15,17). Aunque no piensa en la angustia y el dolor de su padre, no exige el perdón —¿cómo va a hacer eso?—; lo implora. Espera y confía en la bondad de su padre. Y ese es ya un primer cambio en su corazón.

SENTIMOS LA NECESIDAD DE PEDIR PERDÓN A DIOS (...) PERO ¿PENSAMOS EN EL EFECTO QUE PRODUCE EN ÉL NUESTRO ARREPENTIMIENTO?

A nosotros nos sucede a veces algo parecido. Luchamos por confesarnos con la regularidad que hace bien a nuestra alma. Somos muy conscientes de cuánto bien nos hace y la alegría que nos transmite una confesión contrita. Es verdad que no la consideramos un derecho ante Dios —¡faltaría más!; nadie tiene derecho al perdón. Como escribía san Bernardo: «Nadie tiene una misericordia más grande que el que da su vida por los sentenciados a muerte y a la condenación. Luego mi único mérito es la misericordia del Señor. No seré pobre en méritos, mientras él no lo sea en misericordia»[2].

Estamos convencidos de que todo es gracia. Sentimos la necesidad de pedir perdón a Dios, quizá incluso aumentada en estos días, pero ¿pensamos en el efecto que produce en Él nuestro arrepentimiento?

 

Un Dios que corre a nuestro encuentro

El corazón del hijo pródigo tenía aún mucho por descubrir. «Cuando aún estaba lejos, le vio su padre y se compadeció. Y corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y le cubrió de besos» (Lc 15,20). San Josemaría se conmovía al contemplar esta imagen: «Ante un Dios que corre hacia nosotros, no podemos callarnos, y le diremos con San Pablo, Abba, Pater!, Padre, ¡Padre mío!, porque, siendo el Creador del universo, no le importa que no utilicemos títulos altisonantes, ni echa de menos la debida confesión de su señorío»[3]. No es solo que su padre sea bueno, es que sigue considerándole hijo, el hijo de su alma. No es que no quiera castigarnos, es que quiere abrazarnos fuerte, y llenarnos de besos, y susurrarnos al oído: «Hijo mío, hija mía,…».

Dios no va a esperar a que lleguemos, a que logremos efectivamente confesarnos. Tal vez esté aún lejos el momento del retorno a la normalidad; sin embargo, cuando nos ve arrepentidos, Él mismo corre hacia nosotros, emocionado, feliz y orgulloso de que regresemos a casa. Por eso, no merece la pena detenernos demasiado en nuestros pecados: «Siguiendo los impulsos del Espíritu, que ahonda en lo más íntimo de Dios, pensemos en la dulzura del Señor, qué bueno es en sí mismo. Pidamos también, con el salmista, gozar de la dulzura del Señor, contemplando, no nuestro propio corazón, sino su templo, diciendo con el mismo salmista: Cuando mi alma se acongoja, te recuerdo»[4].

 

Regálame tus pecados

Al papa Francisco le gusta mucho narrar una historia: «Me acuerdo de un pasaje de la vida de un gran santo, Jerónimo, que tenía muy mal genio, y trató de ser manso, pero con ese genio… porque era un dálmata y los de Dalmacia son fuertes… Había logrado dominar su forma de ser, y así ofrecía al Señor tantas cosas, tanto trabajo, y le preguntaba al Señor: "¿Qué quieres de mí?" –"Todavía no me has dado todo". –"Pero Señor, te he dado esto, esto y esto…" –"Falta algo". –"¿Qué falta?" –"Dame tus pecados". Es hermoso escuchar esto: "Dame tus pecados, tus debilidades, te curaré, tú sigue adelante"»[5].

EN ESTOS DÍAS ECHAREMOS EN FALTA ESAS PALABRAS, PERO, AGUZANDO EL OÍDO, OIREMOS LA VOZ CARIÑOSA Y SUAVE DE JESÚS QUE NOS CONSUELA

Nuestro sufrimiento y nuestra tristeza es lo que causa dolor a Dios, porque es el principal resultado de la estafa que supone cualquier pecado. Por eso, si regresamos a Él, su dolor cesa, y cesa también nuestro mal. El poder del pecado es limitado, la Cruz le ha robado su veneno: estamos salvados, si somos humildes y nos dejamos salvar.

A menudo podremos decir: «Me basta examinar las pocas horas que llevo de pie en este día, para descubrir tanta falta de amor, de correspondencia fiel. Me apena de veras este comportamiento mío, pero no me quita la paz. Me postro ante Dios, y le expongo con claridad mi situación. Enseguida recibo la seguridad de su asistencia, y escucho en el fondo de mi corazón que Él me repite despacio: meus es tu!; sabía —y sé— cómo eres, ¡adelante!»[6].

En la confesión escuchamos la voz tierna y serena de Dios que nos dice: «Yo te absuelvo de tus pecados». En estos días echaremos en falta esas palabras, pero, aguzando el oído, oiremos la voz cariñosa y suave de Jesús que nos consuela.

La mejor de las devociones

A san Josemaría le encantaba comparar los actos de contrición con algo que había aprendido de los italianos. Afirman, respecto a las tazas de café, que hay que tomar no menos de tres y no más de treinta y tres: «¡cuantos más, mejor!»[7].

La contrición es el dolor que experimentamos frente a los pecados cometidos. La Iglesia ha distinguido tradicionalmente entre una contrición perfecta y otra imperfecta. El Catecismo enseña que la contrición perfecta es el dolor que «brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas»[8]. Por ser un acto de Amor, se entiende que es ya una obra de la gracia, y por eso «perdona las faltas veniales» y puede obtener «también el perdón de los pecados mortales, si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental»[9].

LA CONTRICIÓN ES EL DOLOR QUE EXPERIMENTAMOS FRENTE A LOS PECADOS COMETIDOS

Existe también una contrición imperfecta, que «nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador»[10]. Podría parecer un dolor inmaduro, y sin embargo «es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo»[11], que nos prepara para la confesión y la absolución de los pecados, aunque no alcance por sí misma el perdón de los pecados graves.

El Papa Francisco lo ha resaltado en una homilía de estos días: «si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu Padre, y dile la verdad: “Señor, he hecho esto, esto, esto... Perdóname”, y pídele perdón con todo tu corazón, con el Acto de Dolor, y prométele: “Me confesaré más tarde, pero perdóname ahora”. Y de inmediato, volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarte, como nos enseña el Catecismo, al perdón de Dios sin tener un sacerdote a mano. Piensa en ello: ¡es la hora! Y este es el momento adecuado, el momento oportuno. Un acto de dolor bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve»[12] .

Por otra parte, la dificultad actual puede servirnos para pedir a Dios por las personas que quisiéramos que se confesaran, o por aquellos que están atravesando situaciones graves y necesitan reconciliarse con Dios. Viviremos así esta particular comunión de los santos que tanto consuelo ha dado a los cristianos en momentos difíciles.

* * *

Saber todo esto puede que no sea suficiente en algún momento para restaurar la paz y la alegría en nuestros corazones. Es entonces el turno de nuestra Madre, de sus caricias que todo lo arreglan: «Todos los pecados de tu vida parece como si se pusieran de pie. —No desconfíes. —Por el contrario, llama a tu Madre Santa María, con fe y abandono de niño. Ella traerá el sosiego a tu alma»[13].

Diego Zalbidea


[1] Carta del Prelado del Opus Dei, 14 de marzo de 2020.

[2] San Bernardo, Sermón 61, 3-5.

[3] Es Cristo que pasa, n. 64.

[4] San Bernardo, Sermón 5, 4-5.

[5] Francisco, Homilía, 7-VII-2017.

[6] Amigos de Dios, n. 215.

[7] Surco, n. 480.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1452.

[9] Ibídem.

[10] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1453.

[11] Ibídem.

[12] Francisco, Homilía, 20-III-2020.

[13] Camino, n. 498.

 

 

«Trabajo y santidad»: un libro con reflexiones del prelado

“Trabajo y santidad. Coloquio con Monseñor Fernando Ocáriz” es un libro, publicado por la profesora Maria Aparecida Ferrari, que recoge un coloquio con el prelado del Opus Dei.

DEL PRELADO06/03/2019

Descargue la presentación del libro (PDF)

“Trabajo y santidad. Coloquio con Monseñor Fernando Ocáriz” (Palabra 2019) contiene, entre otros textos, la transcripción de un diálogo entre profesores universitarios y mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, sobre las enseñanzas de san Josemaría Escrivá de Balaguer respecto a la santificación del trabajo profesional. Se trata de un encuentro académico que tuvo lugar en Roma en octubre de 2017, al final del congreso internacional “The Heart of Work” − “Un alma para el trabajo profesional”.

El volumen ha sido publicado también en italiano y próximamente se hará en inglés y portugués.

Portada del libro.

El texto del coloquio está precedido por una introducción de la profesora María Aparecida Ferrari, en la que presenta un vídeo sobre la santificación del trabajo, compuesto por fragmentos de tertulias con san Josemaría alrededor de 1974, cuyo estreno abrió paso al coloquio con mons. Ocáriz.

El libro ofrece también un marco de referencia, al iniciarse con una breve "Nota histórica y teológica" del profesor Javier López Díaz. Al final de la publicación se ofrece además una selección bibliográfica sobre la visión cristiana del trabajo y sobre la santificación de la actividad profesional en las enseñanzas de san Josemaría.

Ofrecemos a continuación un extracto del libro, correspondiente al comentario que monseñor Fernando Ocáriz realizó del vídeo que ofrecemos bajo estas líneas:

“La santificación del trabajo puede explicarse de distintas maneras. San Josemaría escribió en un punto de Camino: «Pon un motivo sobrenatural a tu ordinaria labor profesional, y habrás santificado el trabajo» (n. 359). Esto no significa simplemente añadir al trabajo un ornamento externo de devoción. Se trata de la finalidad misma del trabajo: el porqué y el para qué, que determinan el modo mismo de llevarlo a cabo”.

“Entonces, ¿cuál es el ‘motivo sobrenatural’ del que depende la santificación del trabajo? No puede ser otro que el amor de Dios y, como parte inseparable de este amor, el servicio a los demás. Santificar el trabajo es esto: hacerlo por amor de Dios y para servir a los demás, y ello exige hacerlo bien, con profesionalidad, término que san Josemaría utiliza con frecuencia. Es preciso trabajar bien –lo hemos escuchado en el vídeo– porque «Dios no acepta chapuzas» (Amigos de Dios, n. 55), no podemos ofrecerle cosas hechas mal conscientemente, es decir, sin cuidar los detalles, sin buscar la perfección de lo que se hace. […] El trabajo «nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor» (Es Cristo que pasa, n. 48). Esta es la raíz gracias a la cual el trabajo se hace –puede hacerse– algo realmente santo y santificador”.

Pregunta: “¿Sería justo destacar, según la enseñanza de san Josemaría, que Dios nos observa como un espectador mientras trabajamos?”

“Dios, ¿un espectador? Si se entiende la idea de espectador de modo extrínseco, pienso que Dios es mucho más que un espectador. En el sentido más profundo, Él es siempre un protagonista, incluso cuando no lo sepamos o no queramos saberlo, ya que, en todo, dependemos de Él, que nos sostiene en el ser. Además, si se habla de la santificación del trabajo, la presencia de Dios no es solo la de alguien que está fuera, a quien ofrecemos lo que hacemos. Dios está con nosotros y dentro de nosotros. Trabajamos con Cristo y en Cristo. Dice san Pablo: «Si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor; porque ya vivamos, ya muramos, del Señor somos» (Rm 14,8). De modo que nuestra relación con Dios no es nunca como la que podríamos tener con alguien que simplemente nos observa. Pero si no se considera la figura del espectador como alguien que observa desde fuera, sino entendiéndolo en el modo en que, en la Santísima Trinidad, el Padre mira al Hijo y a aquellos que son “hijos en el Hijo” (Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 22), entonces es legítimo hablar en esos términos”.

 

 

«El porqué de cada trabajo cambia el modo de trabajar»

El prelado del Opus Dei ha participado en un congreso sobre el trabajo celebrado en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma). Recogemos algunas frases de su intervención oral, pronunciadas durante el coloquio académico que duró una hora.

CONFERENCIAS25/10/2017

Mons. Fernando Ocáriz escucha una pregunta durante el coloquio.

El congreso interdisciplinario sobre el trabajo se organizó en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma) con ocasión de los 500 años de la Reforma protestante.

Monseñor Ocáriz, gran Canciller y ex profesor de la Universidad, comenzó sus reflexiones a partir de la pregunta: ¿Qué significa verdaderamente santificar el trabajo? “En el contexto de la santificación de la vida ordinaria —dijo—, el trabajo ocupa un lugar muy importante; no solo por el tiempo que le dedicamos, que es mucho, sino por las consecuencias que supone para la persona y para los demás. Trabajo y familia son, junto a la relación con Dios, columnas en donde se apoya -como se lee en la narración del Génesis- el designio de Dios para la humanidad”.

Tomando pie de una escena de la película There be dragons, en la que un personaje representa a san Josemaría en el momento de la fundación del Opus Dei, el prelado ha explicado cómo el Señor hizo ver al fundador el valor santificador del trabajo: “En ese momento de la película se le muestra escribiendo las palabras todos y todo. Todos llamados a la santidad; todas las realidades humanas honradas, todos los trabajos pueden y deben ser camino, medio de santidad, de encuentro con Jesucristo. Santificar el trabajo, cualquier trabajo honesto, es hacerlo por Dios y por los demás, lo que exige hacerlo bien. El trabajo procede del amor y lleva al Amor en todas las circunstancias de la vida”.

SANTIFICAR EL TRABAJO, CUALQUIER TRABAJO HONESTO, ES HACERLO POR DIOS Y POR LOS DEMÁS, LO QUE EXIGE HACERLO BIEN

También, al hilo de unas palabras de san Josemaría (“Pon un motivo sobrenatural a tu ordinaria labor profesional, y habrás santificado el trabajo”), comentó que “no se trata de añadir un detalle piadoso. Se trata de la finalidad: el porqué y para qué se trabaja, que determina el mismo modo de trabajar. ¿Y cuál es este motivo sobrenatural? Es el amor a Dios y el servicio a los otros”.

Varios de sus comentarios se refirieron a un vídeo sobre el trabajo y san Josemaría que se había proyectado previamente:

Luego se dio paso a una extendida ronda de comentarios y preguntas de los asistentes al congreso. Por ejemplo, un profesor universitario citó una conversación con un colega luterano sobre si la santificación del trabajo es algo puramente personal de relación con Dios o si, por otra parte, cambia verdaderamente el trabajo.

CUANDO SAN JOSEMARÍA COMENZABA A TRABAJAR, DECÍA A CRISTO —CON PALABRAS O SIN PALABRAS—: ‘VAMOS A HACER ESTO ENTRE LOS DOS’

Mons. Ocáriz comentó: “Algo se hace santo en la medida en que es ofrecido a Dios. Las cosas de este mundo son ya de Dios, pero a través de nuestra libertad adquieren una dimensión nueva. Con nuestra libertad el trabajo mismo, incluso su materialidad, puede hacerse santo, más de Dios”.

Asimismo, ha recordado que “cuando san Josemaría comenzaba a trabajar, decía a Cristo —con palabras o sin palabras—: ‘vamos a hacer esto entre los dos’. Toda realidad cristiana es siempre en Cristo; no hay otro camino para llegar a Dios”.

Finalmente, una participante preguntó cómo descubrir ese algo divino que se encuentra en todo al que se refiere el fundador del Opus Dei, cuando las labores son tan diversas como ser profesora universitaria y madre de familia. “Descubrir en todo una expresión del amor de Dios por nosotros: en las personas, en las circunstancias, en la materialidad de las tareas, en las contrariedades. San Juan escribe, haciendo como un resumen de la experiencia de los Apóstoles en su trato con Cristo: ‘Nosotros hemos conocido y creído el amor de Dios por nosotros’. Descubrir el quid divinum es ver a los demás como criaturas que Dios ama; ver, también en las dificultades que no comprendemos, el amor escondido de Dios”.

 

 

SER DEL MUNDO Y LLAMADA A LA SANTIDAD

“La santificación del trabajo. El trabajo en la historia de la espiritualidad”. Libro escrito por el teólogo José Luis Illanes. Décima Edición revisada y actualizada.

ÚLTIMAS NOTICIAS28/11/2011

  • Pero dejemos ya los prolegómenos y abordemos la exposición del espíritu del Opus Dei, de acuerdo con la metodología genética recién indicada. Preguntémonos, pues: ¿cómo se inicia la predicación del Fundador de la Obra?, ¿a quiénes se dirige? Ya lo hemos dicho: a cristianos corrientes ocupados en las tareas normales de los hombres, en el trabajo profesional, en los afanes sociales o universitarios, en las incidencias de la vida de familia... El ser del mundo no es -recordémoslo de nuevo- un objetivo, una finalidad, sino un presupuesto. No hay en la espiritualidad del Opus Dei nada que hable de alejamiento del mundo, de separación del mundo: es una espiritualidad que mira derechamente al cristiano que vive en las estructuras temporales, cuya ocupación es el trabajo profesional, cuya existencia transcurre en el marco normal del vivir del común de los hombres; una espiritualidad que mira a ese cristiano precisamente para hacerle descubrir el sentido divino de la realidad que le circunda y en la que está inmerso. A eso aspiro siempre, en efecto, la acción sacerdotal del Beato Josemaría: a provocar en sus oyentes, precisamente mientras se encontraban insertos en las más diversas tareas y ocupaciones seculares, la conciencia de lo que implica ser cristiano, la conciencia de que Dios llama, de que Dios espera una respuesta, y una respuesta que, en su caso, había de ser dada a través de esas realidades que integraban, y debían continuar integrando, su vida

„Lo que a ti te maravilla a mí me parece razonable. -¿Que te ha ido a buscar Dios en el ejercicio de tu profesión? -Así buscó a los primeros: a Pedro, a Andrés, a Juan y a Santiago, junto a las redes; a Mateo, sentado en el banco de los recaudadores... Y, ¡asómbrate!, a Pablo, en su afán de acabar con la semilla de los cristianos“, se afirma en Camino ( 3). Y ahí te ha ido a buscar, podríamos añadir completando ese punto de Camino con otros textos del Beato Josemaría, para darte a conocer el verdadero valor de ese mundo en el que vivías. Desde los inicios de su apostolado, el Fundador de la Obra proclamó, en efecto, que „todos los caminos de la tierra pueden ser ocasión de un encuentro con Cristo“ (4). „Con el comienzo de la Obra en 1928 -podía comentar, con plena verdad, años más tarde, en una entrevista de prensa-, mi predicación ha sido que la santidad no es cosa para privilegiados, sino que pueden ser divinos todos los caminos de la tierra, todos los estados, todas las profesiones, todas las tareas honestas“ (5).

Al hablar de vocación, de llamada, de ese momento en el que el hombre reconoce el querer de Dios para con él, el Beato Josemaría, sin desconocer las características de invitación e impulso que tal realidad supone, ha subrayado especialmente lo que implica de luminosidad de luz. Probablemente, entre otras cosas, porque desde una perspectiva secular, ese rasgo es determinante: vocación, en este caso, no es llamada a dejar el lugar en que se está, sino invitación a vivir de forma nueva la existencia, que ya se posee, y ello como consecuencia de una luz que permite advertir en esa existencia dimensiones divinas que antes permanecían ocultas (6). La vocación, afirma en una de sus Cartas , „es una visión nueva de la vida. Es como si se encendiera una luz dentro de nosotros“ (7). „La vocación -reitera en una homilía- enciende una luz que nos hace reconocer el sentido de nuestra existencia. Es convencerse, con el resplandor de la fe, del porqué de nuestra realidad terrena. Nuestra vida, la presente, la pasada y la que vendrá, cobra un relieve nuevo, una profundidad que antes no sospechábamos. Todos los sucesos y acontecimientos ocupan ahora su verdadero sitio: entendemos a dónde quiere conducirnos el Señor, y nos sentimos como arrollados por ese encargo que se nos confía. Dios nos saca de las tinieblas de nuestra ignorancia, de nuestro caminar incierto entre las incidencias de la historia, y nos llama con voz fuerte, como un día lo hizo con Pedro y con Andrés: Venite post me, et faciam vos fieri piscatores hominum (Mt 4,19), seguidme y yo os haré pescadores de hombres, cualquiera que sea el puesto que en el mundo ocupemos“ (8).

Esa luz divina trae consigo, si es acogida por el corazón humano, un fuerte cambio interior: una conversión de la mente y de la voluntad centrándolas en Dios. Pero, en el laico, en el seglar, en el cristiano corriente, todo eso tiene lugar allá donde esa persona estaba, sin abandonar la propia profesión u oficio, sin separarse del propio vivir ordinario, antes, al contrario, sintiéndose más radicalmente ligado a él como consecuencia de las riquezas nuevas que la luz vocacional ha revelado.

Toda una amplia gama de textos del Fundador del Opus Dei glosa esa realidad. Varios se remontan a los años iniciales de su predicación, cuando debía corregir la tendencia, dominante en diversos ambientes, a identificar vocación con vocación religiosa y, por tanto, con invitación a apartarse del mundo. Asi ocurre, por ejemplo, en todos aquellos textos en los que, haciéndose eco de unas palabras paulinas que cada uno, hermanos, permanezca ante Dios en el estado en que fue llamado“ (9)-, previene contra lo que llama „la locura de salirse de su sitio“. „No sacamos a nadie de su sitio -afirmaba, por ejemplo, en una de sus Instrucciones ( 10)-. Cada uno de vosotros continúa en el lugar y en la posición social que en el mundo le corresponde. Y, desde allí, sin la locura de cambiar de ambiente, ¡a cuántos daréis luz y energía!.... sin perder vuestra energía y vuestra luz: por la fe y por la gracia de Jesucristo, in qua stamus et gloriamur in spe gloriae filiorum Dei , en la que nos sentimos firmes esperando la gloria de los hijos de Dios (Rm 5,2)“ (11). Y en una de las Cartas : „Sin sacar a nadie de su sitio, hemos venido a dignificar todas las ocupaciones humanas“ (12). De ahí que en Camino añada: „Alégrate, si ves que otros trabajan en buenos apostolados. -Y pide, para ellos, gracia de Dios abundante y correspondencia a esa gracia. Después, tú, a tu camino: persuádete de que no tienes otro“ (13).

En esa línea se sitúan también aquellos textos en los que, frente a novelerías ilusorias e irreales, invita a centrarse en la vida corriente. „Misionero. -Sueñas con ser misionero. Tienes vibraciones a lo Xavier: y quieres conquistar para Cristo un imperio. -¿El Japón, China, la India, Rusia.... los pueblos fríos del norte de Europa, o América, o África, o Australia? -Fomenta esos incendios en tu corazón, esas hambres de almas. Pero no me olvides que eres más misionero „obedeciendo“. Lejos geográficamente de esos campos de apostolado, trabajas „aquí“ y „allí“: ¿no sientes -¡como Xavier!- el brazo cansado después de administrar a tantos el bautismo?“ (14); „Me hablas de morir „heroicamente“. -¿No crees que es más „heroico“ morir inadvertido en una buena cama, como un burgués... pero de mal de Amor?“ (15).

En ocasiones, esa llamada a lo real, a lo concreto, a lo que libera de ensueños vanos e ilusorios, se expresa mediante una expresión castiza, fruto de un juego de palabras no exento de ironía: „ mística ojalatera “, mística del ojalá, del posponer esfuerzos haciendo depender toda decision y todo empeño de un eventual futuro por cuyo advenimiento no se lucha, ya que, en el fondo del alma, se piensa que nunca tendrá lugar. „Dejaos -exclamaba en una homilía-, pues, de sueños, de falsos idealismos, de fantasías, de eso que suelo llamar mística ojalatera -¡ojalá me hubiera casado, ojalá no tuviera esta profesión, ojalá tuviera más salud, ojalá fuera joven, ojalá fuera viejo!...-, y ateneos, en cambio, sobriamente, a la realidad más material e inmediata, que es donde está el Señor: „mirad mis manos y mis pies“, dijo Jesús resucitado: „soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo“ (Lc 24,39)“ (16).

La expresión „mística ojalatera“ tiene, en verdad, doble filo: de una parte, denuncia escapismos y evasiones que llevan a eludir los auténticos requerimientos de la vocación cristiana; de otra, afirma que esa vocación cristiana puede vivirse en medio del mundo y, en consecuencia, compromete. Recuperamos así el hilo del discurso, dando un paso más que subraya el alcance de las palabras del Fundador del Opus Dei. Si su predicación presupone el ser en el mundo y del mundo de aquellos a quienes se dirige, lo hace para dibujar con plenitud, ante cada uno de ellos, el panorama de las promesas y exigencias propias del mensaje evangélico. Los cristianos corrientes, viviendo en el mundo, siendo del mundo, amando al mundo, han de saberse a la vez elegidos por Dios, llamados a formar parte de la familia de los santos, sacados no del mundo, pero sí del pecado, según las palabras de Cristo en su oración sacerdotal: „no pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal“ (17).

„Sed hombres y mujeres del mundo, pero no seáis hombres o mujeres mundanos“, afirmaba el Beato Josemaría con frase que sintetiza lo que aspiramos a decir (18). De hecho, en su predicación oral y escrita se reflejan, y con enorme fuerza, todas y cada una de las perspectivas y exigencias características del ideal que proclama el Evangelio: la vida sacramental como fuente de la existencia cristiana; la confianza en la omnipotencia de la gracia que sana la debilidad de la criatura; la llamada a la humildad; la conciencia de la centralidad de la Cruz; la invitación a una entrega sin condiciones -“Jesús no se satisface ‘compartiendo’: lo quiere todo“ (19)-; la importancia de la oración entendida como diálogo íntimo y constante con Dios, etc., etc.

Y, dando a todo lo anterior su sentido último, la afirmación de la absoluta perfección divina, bien supremo ante lo que todo resulta pequeño y al que debe tender por entero el corazón: „¡Qué poco es una vida para ofrecerla a Dios!...“(20). „Considera lo más hermoso y grande de la tierra .... lo que place al entendimiento y a las otras potencias .... y lo que es recreo de la carne y de los sentidos... Y el mundo, y los otros mundos, que brillan en la noche: el Universo entero. -Y eso, junto con todas las locuras del corazón satisfechas.... nada vale, es nada y menos que nada, al lado de ¡este Dios mío! -¡tuyo!-, tesoro infinito, margarita preciosísima, humillado, hecho esclavo, anonadado con forma de siervo en el portal donde quiso nacer, en el taller de José, en la Pasión y en la muerte ignominiosa... y en la locura de Amor de la Sagrada Eucaristía“ (21).

Dios es, y el Beato Josemaría no dejó nunca de recordarlo, el fin último del ser humano -el único, si tomamos la palabra fin en su sentido más profundo-, al que deben dirigirse y encaminarse todas las acciones. „Si la vida no tuviera por fin dar gloria a Dios, sería despreciable, más aún: aborrecible“, leemos en Camino ( 22). Y en la misma obra, a continuación: „Da ‘toda’ la gloria a Dios, -’Exprime’ con tu voluntad, ayudado por la gracia, cada una de tus acciones, para que en ellas no quede nada que huela a humana soberbia, a complacencia de tu ‘yo’“ (23). O también, con palabras que nos sitúan en los antípodas de todo naturalismo, „Si pierdes el sentido sobrenatural de tu vida, tu caridad será filantropía; tu pureza, decencia, tu mortificación, simpleza; tu disciplina, látigo, y todas tus obras, estériles“ (24).

En plena coherencia con ese amplio y vibrante panorama sobrenatural, la predicación del Fundador del Opus Dei se corona con la afirmación de que todo cristiano, y por tanto también el seglar, el laico, ha de aspirar no a una santidad limitada, adaptada a su situacion, sino, al contrario, a una santidad plena, excelsa, heroica: „Tienes obligación de santificarte. -Tú también. -¿Quién piensa que esta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos, sin excepción, dijo el Señor: Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto“„ (25). Todo cristiano, también el que trabaja en las ocupaciones seculares, el que vive en lo que se ha dado en denominar mundo de lo profano, debe sentirse urgido por Dios, llamado a la plenitud de la caridad, hasta exclamar, en la intimidad de su oración: „Señor: que tenga peso y medida en todo... menos en el Amor“ (26).

Todo ello, reiterémoslo, siendo y sabiéndose plenamente del mundo, sin apartarse de las tareas terrenas, antes al contrario dándose plenamente a ellas. Ser del mundo y ser cristiano, ser del mundo y estar llamado a la plena intimidad con Dios, no son realidades antitéticas, sino susceptibles de fundirse en unidad. Los miembros del Opus Dei, podía así afirmar su Fundador, están llamados a vivir „la vida corriente, la misma vida que sus compañeros de ambiente y de profesión. Pero en el trabajo ordinario hemos de manifestar siempre la caridad ordenada, el deseo y la realidad de hacer perfecta por amor nuestra tarea; la convivencia con todos, para llevarlos opportune et importune (2 Tm 4,2), con la ayuda del Señor y con garbo humano, a la vida cristiana, y aun a la perfección cristiana en el mundo; el desprendimiento de las cosas de la tierra, la pobreza personal amada y vivida. Hemos de tener presente la importancia santificante y santificadora del trabajo y sentir la necesidad de comprender a todos para servir a todos, sabiéndonos hijos del Padre Nuestro que está en los cielos, y uniendo -de un modo que acaba por ser connatural- la vida contemplativa con la activa: porque así lo exige el espíritu de la Obra y así lo facilita la gracia de Dios a quienes generosamente le sirven en esta divina llamada“ (27).

En suma, el miembro del Opus Dei, cristiano corriente entre cristianos corrientes, no está llamado a una santidad mediocre, empobrecida -valga la frase, verdadero monstruo teológico, para expresar de manera gráfica lo que venimos diciendo-, sino -como todo cristiano- a la única santidad existente: la que deriva de la identificación con Cristo. Proclamarlo, testificarlo con las obras, es precisamente la razón de ser del Opus Dei. „Queremos -decía el Beato Josemaría en una de sus Cartas - la santidad, la perfección cristiana que está al alcance de todos: somos gente del mundo, gente de la calle, cristianos corrientes, que ya es suficiente título: agnosce, o christiane, dignitatem tuam ; conoce, oh cristiano, tu dignidad“ (28). „No hay -afirmaba en otro momento, en una homilía- cristianos de segunda categoría, obligados a poner en práctica solo una versión rebajada del Evangelio: todos hemos recibido el mismo Bautismo y, si bien existe una amplia diversidad de carismas y de situaciones humanas, uno mismo es el Espíritu que distribuye los dones divinos, una misma la fe, una misma la esperanza, una misma la caridad (Cfr. 1 Co 12,4-6, y 13,1-13)“ (29).

Textos ambos que son el eco de otro especialmente expresivo: „No es nunca la santidad cosa mediocre, y no nos ha llamado el Señor para hacer más fácil, menos heroico, el caminar hacia Él. Nos ha llamado para que recordemos a todos, que en cualquier estado y condición, en medio de los afanes nobles de la tierra, pueden ser santos: que la santidad es cosa asequible. Y a la vez, para que proclamemos que la meta es bien alta: „sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto“ (Mt 5,48)“ (30). Asequible, pues, pero exigente y, por tanto, enaltecedora. Porque, como formula la paradoja que se lee en Camino , „es más asequible ser santo que sabio, pero es más fácil ser sabio que santo“ (31)

Notas

Camino , n. 799.

Carta 24-III-1930, n. 2.

Conversaciones , n. 26

6 Sobre este tema puede verse lo que hemos escrito en la voz Vocación en la Gran Enciclopedia Rialp, t. 23, pp. 658-662 (recogido después en J. L. ILLANES, Mundo y santidad , Madrid 1984, pp. 97-120), así como F. OCÁRIZ, Vocación a la santidad en Cristo y en la Iglesia , en F. OCÁRIZ, Naturaleza, gracia y gloria , Pamplona 2000, pp. 224-239, y, del mismo autor, La vocación al Opus Dei como vocación en la Iglesia , en R RODRÍGUEZ, F. OCARIZ y J. L. ILLANES, El Opus Dei en la Iglesia . Introducción eclesiológica a la vida y apostolado del Opus Dei, Madrid 1993, pp. 135-198

Carta 9-I-1932, n. 9.

Es Cristo que pasa , n. 45; ver también nn. 1 y 31-33. 9 1 Co 7,24.

10 Instrucción 1-IV-1934, n. 23.

11 Ver también Camino , nn. 832 y 837 ( Consideraciones espirituales , pp. 78 y 79).

12 Carta 31-V-1954, n. 18.

13 Camino , n. 965. Aunque sea obvio, tal vez no resulte inútil señalar que sea el texto paulino, sean los del Beato Josemaría, han de ser leídos en clave teológica. En otras palabras, cuando se habla de no salir de su sitio, de permanecer en la vocación en la que Dios llamó, no se hace con la intención de excluir los cambios que son producto del desarrollo profesional, social, etcétera, sino con la de afirmar que la vocación cristiana no implica, de por sí, cambio alguno, ya que invita a santificar la situación humana en que se vive, sea esta estable o cambiante según lo que el dinamismo histórico haga posible o traiga consigo. Sobre este punto, ver P. RODRIGUEZ, Sobre la espiritualidad del trabajo , en „ Nuestro Tiempo “, 35 (1971), p. 379.

14 Camino , n. 315.

15 Ibíd., n. 743.

16 Conversaciones , n. 116. Ver también: Camino , nn. 776 ( Consideraciones espirituales , p. 72) y 822 (Consideraciones, n. 88), y Amigos de Dios , n. 8: en este último texto acude a una comparación usual en sus labios: la de Tartarín de Tarascón, que soñaba con encontrar leones en los pasillos de su casa y, naturalmente, no los hallaba, quedándose así con las manos vacías.

17 Jn 17,15

18 Camino , n. 939 ( Consideraciones espirituales , p. 97). „La vocación cristiana no nos saca de nuestro sitio, pero exige que abandonemos todo lo que estorba al querer de Dios“ ( Es Cristo que pasa , n. 33). „El cristiano ha de encontrarse siempre dispuesto a santificar la sociedad desde dentro, estando plenamente en el mundo, pero no siendo del mundo, en lo que tiene -no por característica real, sino por defecto voluntario, por el pecado- de negación de Dios, de oposición a su amable Voluntad salvífica“ ( Es Cristo que pasa , n. 125).

19 Camino , n. 155; ver Es Cristo que pasa , n. 58.

20 Camino , n. 420 ( Consideraciones espirituales , p. 43).

21 Ibid. n. 432 ( Consideraciones espirituales , p. 45).

22 Ibid., n. 783 ( Consideraciones espirituales , p. 73).

23 Ibíd., n. 784 ( Consideraciones espirituales , p. 74),

24 Ibid., n. 280 ( Consideraciones espirituales , p. 44).

25 Ibíd., n. 291.

26 Ibid., n. 427 ( Consideraciones espirituales , p. 44).

27. Carta 24-III-1930, n. 10. La Santa Sede, en uno de los decretos de aprobación otorgados al Opus Dei, Decreto Primum inter , del 16-VI-1950, se hizo eco de esas afirmaciones dejando constancia de que sus miembros „ejercen, con el mayor empeño, todas las profesiones civiles honradas; y, por profanas que sean, procuran siempre santificarlas mediante una pureza de intención constantemente renovada, con el afán de crecer en vida interior, con una abnegación continua y alegre, con el sacrificio de un trabajo duro y tenaz que debe ser perfecto en todas sus dimensiones“ („Omnes civiles honestas professiones maxima sollertia exercent: et quamivis profanae sint, socii, saepius renovata intentione, fervido interioris vitae cultu, continua atque hilari sui abnegatione, paenitentia duri tenacisque laboris qui sub omni respectu perfectus evadat, eas sanctificare iugiter satagunt“).

28 19-III-1954, n. 32; la cita latina es de San León Magno, Sermon de Nativitatis Christi , 21, 3 (PL 54, 192).

29 Es Cristo que pasa , n. 134; Ver tambén Amigos de Dios , nn. 2-3.

30 Carta 24-III-1930, n. 19.

31 Camino , n. 282 (Consideraciones espiritidales, p. 31 )

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A mí toda la gloria

Ángel Cabrero Ugarte 

Fabrice Hadjadji

Este provocativo título que corresponde al último libro de Fabrice Hadjadj publicado en castellano, me parece sugerente precisamente por su contraditio in terminis, por su contrariedad indudable en la mente de cualquier persona que lo lee. Es un absurdo en sí mismo y entendemos que se usa para producir ese choque que supone quedarse uno con lo que solo puede ser de Dios.

Pero lo más interesante de lo que cuenta el autor en la primera parte de este libro -en las siguientes se habla de la gloria de Dios de modo distinto- es que nos demuestra que esto, este planteamiento que resulta tan absurdo, de hecho, es lo que nos ocurre constantemente al común de los mortales. Somos soberbios de punta a cabo y nos cuesta reconocerlo y, por lo tanto, nos cuesta luchar en contra de esa tendencia.

“Cuando un hombre lúcido es conducido a un puesto de autoridad, nunca deja de tener un cierto sentimiento de impostura. Cuando un verdadero héroe triunfa en medio de todos los peligros, sabe que esto no ha dependido sólo de él mismo, que ha sido favorecido por la fortuna, el destino o la gracia. La fuerte luz que lo ilumina proyecta un poco mejor su sombra. Cuanto más sea ensalzado, más sentirá la mano que lo ensalza”(p. 48).  

Al leer esas palabras del autor francés seguramente pensamos en lo difícil que es tener tanta lucidez. Hasta qué punto pensamos en nuestros méritos y, por lo tanto, sin darnos cuenta, estamos considerando lo que los demás nos deben. A mí la gloria. A ver si mi mujer, a ver si mi marido, se da cuenta de que yo… Y lo estropeamos todo. “La gloria supone una gran cantidad de fans que aumenta en el espacio y en el tiempo. ¿Y si esos fans son tontos? En el país de los ciegos, el tuerto es el rey, por tanto, no es raro pretender encontrar un claro reconocimiento entre las personas que tienen los ojos vendados” (p. 56).

¡Qué ridículo es vivir para quedar bien! Que me reconozcan, que me digan, ya es hora de que sepan que yo… Y esto, no lo olvidemos, es el principio de muchas desavenencias. El convencimiento de que yo soy el que mantengo el cotarro es lo que destruye la convivencia. ¡Pero qué difícil es ser humilde! Hasta qué punto la soberbia está metida en nuestras vidas. Como ocurre con todos los pecados capitales, deberíamos luchar toda la vida por ser humildes, pero no nos damos suficiente cuenta de hasta qué punto la soberbia nos ciega.

“El que busque la gloria no debe confiarse, por lo tanto, solamente al genio de las innovaciones tecnológicas. No sólo debe aprender a tener paciencia, sino que también debe actuar con el fin de transmitir. Si un inventor quiere pasar a la posteridad, estará obligado a dedicarse más a sus hijos que a sus aparatos, más a la traducción que a sus innovaciones; sin esto, no tendrá ni posteridad ni reconocimiento” (p. 58).

Hay mucha gente hoy en día que confía sus éxitos a la cantidad de entradas en el blog o los me gusta de un artículo. Hasta que alguien le hace ver que muchos de los que entraron, salieron de la misma, porque no les gustó el contenido. Fama efímera e inútil que no lleva a ninguna parte. Si nos decidiéramos al fin a dar a Dios toda la gloria…

Fabrice Hadjadj, A mi toda la gloria, Palabra 2020

 

 

La dignidad reafirmada

Juan José Corazon

Pruebas contra el coronavirus.

Cuando parece ya que estamos liberándonos, más o menos, de la pandemia que ha asolado tantos meses al mundo entero, por la caprichosa acción de un virus, que no llegamos a comprender y que ha causado tantos estragos en las vidas de las personas y las familias, tal vez sea un buen momento para hacer balance y considerar que la cuenta de resultados podría ser también positiva.

¡No!, evidentemente, por todo lo que, lamentablemente, hemos perdido, que es mucho, pero sí por lo que a partir de ahora podemos ganar, que es también mucho. Se trata, ni más ni menos, de la reafirmación de nuestra PROPIA DIGNIDAD.

Están siendo tiempos de dura prueba para todos, porque ¿cómo es posible que algo que ni siquiera se ve, pero que está ahí, trastoque de mala manera lo más esencial nuestro que son nuestros derechos y libertades? ¿Cómo puede ser capaz un virus de nada de obligarme a si puedo salir de casa o no; si puedo ir a tal sitio o a tal otro; y, si voy, tengo que ir de un modo o de otro? Etc….

¿Cómo puede sustituir el codo a la mano para saludarnos, cuando el codo no dice nada, que es casi inerte, y en nuestro saludo ofrecemos siempre la mano para manifestar que se la tendemos al otro?

Un virus que nos niega lo más grande que Dios nos ha dado, que es, precisamente, la libertad de darnos a los otros, de lo que Dios mismo sabe mucho, pues Él, que es la libertad plena, se nos da por entero.

Al crearnos libres nos ha dicho: ve donde te dé la gana, cuando te dé la gana, con quien te dé la gana. Eso sí, reconoce que Yo soy Dios y cumple los mandamientos.

Nos encontramos ante una situación muy aprovechable, pues es un importante reto para todas las personas y todas las sociedades en las que vivimos. Se trata ni más ni menos de la reafirmación de nuestra necesidad de los demás y, por tanto, de nuestra libertad, que, al reconocer también la libertad del otro, nos hace desear y proteger, también, los derechos y libertades de los demás.

 

 

Iglesia en llamas

Escrito por Mario Arroyo.

La Iglesia siempre ha tendido la mano al diálogo, pero quienes no tienen argumentos y odian a la Iglesia prefieren atacar con violencia.

“La única Iglesia que ilumina es la que arde”, es uno de los eslóganes preferidos de las asociaciones activistas de ateos. Pareciera, simplemente, una entusiasta profesión de fe atea, provocativa quizá, pero finalmente inocua. Con el tiempo, tristemente, hemos descubierto el error. Se va convirtiendo en habitual protestar por la causa que sea y vandalizar por lo menos, cuando no quemar una Iglesia o monumento religioso. La última fue la Catedral de Nantes, joya del gótico francés, la más dolorosa Notre Dame en Paris, más cercana a nosotros, la Misión de San Gabriel, en California, fundada por san Junípero Serra. Pero, además de estas, cuyos daños no son solo una ofensa religiosa, sino una irreparable pérdida histórica, artística y cultural, están multitud de casos en Chile, Argentina, Inglaterra, España e incluso México.

¿Qué significado tiene tal actitud?, ¿cuál mensaje nos transmite?, ¿qué sentido tiene utilizar la violencia para ofender el sentido religioso, artístico, histórico y cultural? ¿Por qué elegir la violencia como camino para presentar cuestionables reclamos políticos y sociales? Son preguntas que quedan en el aire y nos gustaría poder responder primero, para resolver después.

Se trata del doloroso alumbramiento de un cambio de época, donde se busca abandonar la narrativa cristiana, que ha dado luz y sentido a la historia de occidente, por otras visiones alternativas, poco definidas del mundo. El cristianismo ha proporcionado una respuesta coherente a lo que significa la vida, ser persona, la familia, la cultura y la sociedad; se trata de rechazarlo de raíz, de patear el tablero y proponer algo diferente, no importa qué, lo importante es que sea distinto. Ni siquiera la forma es original, pues remeda el estilo de los bárbaros, durante el ocaso del Imperio Romano.

¿Son absolutamente incompatibles ambos paradigmas? En algunos extremos son claramente antagónicos, pero en otras ocasiones podrían ser complementarios: es decir, no resulta evidente que sea preciso cambiarlo todo o prescindir de los elementos valiosos de la narrativa anterior. ¿Pueden continuar manteniendo vigencia ambos modelos? Parece ser que sí, pues cuando la vía para descalificar a uno de ellos es la violencia y la mentira, queda en evidencia y resulta manifiesta la falta de herramientas intelectuales de la postura alternativa. Cuando elijo la violencia –quemar iglesias, vandalizar símbolos religiosos– significa que se me acabaron las razones, o son menos sólidas que las de mi contraparte. Significa que estoy inquieto, pues se cuestionan legítimamente los fundamentos de mi cosmovisión y eso me incomoda; pero también que algo me molesta, la cuestión es hacer un diagnóstico oportuno e intentar una solución civilizada.

Cuando existen unos cauces culturales y públicos civilizados, adecuados para el debate académico, y estos no se utilizan, quiere decir que se carece de argumentos sólidos para esa discusión, optando por abortarla a través de la violencia. Tanto en el lado cristiano en general, como católico en particular, ha estado siempre abierta la puerta y extendida la mano para sostener un debate público y racional sobre los fundamentos de la cultura y la sociedad.

Una muestra de ello reciente, es la iniciativa surgida durante el pontificado de Benedicto XVI denominada Atrio de los gentiles, donde se promovía positivamente un debate público con no creyentes, sobre los temas estructurantes de la sociedad y la cultura. El entero pontificado de Francisco puede verse como un continuo intento de tender puentes con los temas emergentes de la sociedad contemporánea. Muchas personas, en vez de recoger el guante y aceptar el desafío, han optado por el cobarde expediente de la violencia. Pero ello manifiesta que o no tienen razones sólidas para sustentar su postura, o no están seguros de ellas.

La fe se convierte en baluarte de la razón, defendiendo una forma civilizada, racional, dialógica de enfrentar los problemas reales de la sociedad. Sin embargo, un grupo incansable de activistas abandona la discusión racional y el diálogo, optando por la violencia, para tomar la iniciativa en el debate y captar la atención. Esperemos que el cambio de narrativa no implique el abandono del diálogo y la razón, fundamentos de nuestra civilización defendidos por el cristianismo.

 

 

Cómo hablar con mis hijos de las cosas trascendentes

Silvia del Valle

No es necesario esperar a que sean adolescentes para establecer estos tiempos de escucha y diálogo con nuestros hijos; de hecho, es mejor hacerlo desde más pequeños para que con el tiempo sea algo muy natural.

La adolescencia es una época de cambios que a nosotros los papás nos implica muchos retos y que nos genera una expectativa muy grande ya que la sociedad se ha encargado de hacerla ver como la peor de todas las etapas de la vida de nuestros hijos.

Es cierto que es una etapa difícil ya que nuestros hijos experimentan muchos cambios fisiológicos y psicológicos, que las hormonas no nos ayudan ya que tienen una carga muy fuerte de ellas y los hacen actuar de forma impulsiva y diferente a como eran antes.

Pero también es cierto que podemos hacer que todo esto sea más fácil y llevadero si nos ponemos las pilas y nos damos a la tarea de tener un canal de comunicación franco y abierto con nuestros hijos, de esta forma podrán decirnos lo que van sintiendo y las dudas que van teniendo y nosotros podremos brindarles nuestra ayuda y contención cuando sean necesario; por eso aquí te dejo mis 5 tips para lograr hablar de las cosas trascendentes con nuestros hijos adolescentes.

PRIMERO. Que la comunicación sea personal.

Es necesario que los temas más trascendentes los tratemos con cada uno en particular, sobre todo porque hay que hacerlo con mucha sensibilidad y cada uno tiene un modo de ser diferente y es necesario hablarles al corazón.

Muchos de los temas pueden ser algo penosos y si lo hacemos en familia puede ser contraproducente por eso es necesario que sientan la confianza de acercarse a platicarnos sus cosas para que cuando nosotros queramos hablar con ellos haya ya un canal de comunicación adecuado para hacerlo.

Este proceso debe ser natural y lleno de amor para que nuestros hijos sientan confianza y abran su corazón con nosotros, de otra forma buscarán a alguien más para hacerlo y la mayoría de las veces no sería la persona más adecuada y les podrá dar consejos fuera de la realidad.

SEGUNDO. Establece tiempos concretos.

Con mis hijos yo establecí un tiempo para cada uno y lo repetía cada semana, es decir, busqué que cada uno de forma particular tuviera una hora a la semana para platicarme sus cosas.

Logramos que se volviera una pequeña rutina y esto les daba mucha seguridad ya que sabían que tenían a mamá para ellos solos una hora a la semana.

Por supuesto que me podían contar sus cosas cuando necesitaran, pero ya sabían que lo más importante, lo que no querían compartir con los demás, lo podían hacer en su tiempo especial.

También debe quedarles claro que si hay algo muy importante antes de ese tiempo, nos podemos hacer espacio para hablar con ellos de forma personal en cualquier momento, esto les ayudará y les dará seguridad.

TERCERO. Busca lugares adecuados

No todos los lugares propician el diálogo, por eso es necesario buscar el espacio ideal dependiendo de las necesidades y características de cada uno de nuestros hijos.

Nosotros establecimos que con cada uno íbamos al parque a caminar o a tomar un helado, o con los más grandes nos vamos a tomar un café; de tal forma que sientan que tienen toda nuestra atención.

CUARTO. Aplica la escucha activa

Sí, es necesario que sepan que los estamos escuchando, que nuestra atención es toda de ellos.

Por eso es necesario no estar contestando mensajes o hablado por teléfono mientras ellos nos platican sus cosas. También es necesario no estarles interrumpiendo a cada rato para contarles nuestras experiencias.

La escucha activa implica ponerles atención, hacer empatía, hacer que se den cuenta de que lo que nos dice resuena en nosotros y nos mueve.

Es muy importante que nuestro lenguaje no verbal, es decir, nuestros movimientos y nuestras expresiones sean de atención y empatía para que nuestros hijos se sientan escuchados y atendidos y entren en confianza.

Claro que es necesario darles nuestra opinión y quizá, centrarles en lo que es importante ya que en esa etapa les cuesta trabajo ver las cosas objetivamente, pero siempre debemos hacerlo con delicadeza, con amor y con verdad.

Habrá ocasiones en que debemos ser firmes en el fondo, pero suaves en la forma para que no se cierren y se bloqueen.

Cuando somos nosotros los que les queremos decir las cosas, es necesario preparar el camino para que la confianza esté presente y para que nos abran el corazón y la mente y así, nuestro mensaje les llegue y caiga en terreno fértil.

Y QUINTO. Comienza cuanto antes.

Nunca en tarde mara comenzar, pero mientras más pronto mejor.

No es necesario esperar a que sean adolescentes para establecer estos tiempos de escucha y diálogo con ellos; de hecho, es mejor hacerlo desde más pequeños para que cuando llegue la adolescencia, no haya problemas y las cosas sean muy naturales.

Que el canal de comunicación esté firme y así será más difícil que se pierda a pesar de los cambios de estado de ánimo de nuestros hijos.

Y si ya son adolescentes y la comunicación es difícil, es necesario establecer estos canales de comunicación lo antes posible.

Recuerda que cuando las cosas son más difíciles siempre tenemos el apoyo de Dios, a Él podemos pedirle que les ablande el corazón, que les ayude a escucharnos y a entablar el diálogo para llegar a ser un apoyo y contención para nuestros hijos.

 

 

La comunicación constructiva en la familia

Ana Teresa López de Llergo

Este tiempo de reclusión es la magnífica oportunidad de revalorar la propia familia y las cualidades de cada uno de sus miembros.

En la Asociación “A favor de lo mejor” analizaron el contenido de los medios de comunicación, y se propusieron animarnos a difundir las buenas noticias. No se trata de presentar un mundo color de rosa, pero sí de no excluir lo mucho de bueno que sucede. Y eso, es ejemplar, alentador, admirable e imitable, porque se promueve siempre lo mejor, como es su lema.

Esta propuesta, además de adoptarla los profesionales de la comunicación, es urgente incorporarla a toda relación informal, a nuestro modo de hablar. Lo más fácil es ver los sucesos negativos y desahogarlos para ver si alguien nos ayuda o al menos nos compadece y disculpa el mal humor. Este modo de actuar es más fácil vivirlo, y desgraciadamente provoca reacciones semejantes, una cadena de malas noticias. Contagiamos malestar.

La familia tiene mucho que hacer en este asunto. De hecho, la comunicación inicia en casa. Desde el origen de la humanidad, en ese ámbito se conservó la memoria histórica de los antepasados, de las alianzas familiares para forjar los poblados, de la distribución de actividades para satisfacer las distintas necesidades. Así nacieron las costumbres, totalmente unidas al entorno físico y humano.

Es un arte narrar. El contenido ha de interesar y ayudar a quien escucha. Hay personas mejor dotadas para comunicar, pero como se trata de un arte, se puede aprender. El punto de partida es ofrecer un contenido interesante, pero no caer en la trampa de sólo deslumbrar, también ha de ayudar a mejorar en el desempeño de las tareas o a descansar. Allí está el equilibrio.

En casa hemos de lograr ambos fines, porque desgraciadamente hay quienes prostituyen la comunicación con contenidos degradantes. También de eso se debe hablar en la casa para estar alerta ante lo que puede atraer y dañar.

La cercanía de los miembros de la familia es un fuerte punto de partida para asegurar el interés. Pero es necesario propiciar los momentos oportunos para conversar. La magia de estas reuniones recupera el origen de la comunicación. Así inició antes del invento de libros, revistas o diarios. También así iniciaron todos los géneros. La poesía al compartir los sentimientos, los sueños. La historia al recordar a los progenitores de los progenitores. La literatura al dar a conocer los escritos de personas especialmente dotadas. La ciencia para difundir los hallazgos del conocimiento…

Muchas veces las historias de vidas ejemplares son el mejor modo de fomentar la vida virtuosa, la vida emprendedora, la vida como don para los demás. También las novelas son un modo de articular hechos con el ingenio creativo. De allí surgen grandes obras que desentrañan lo más íntimo del ser humano y, por eso, son atemporales y a-espaciales, siempre contienen un mensaje. Siempre hacen pensar y sacan de la pasividad.

Cuando en la familia, se cuidan los momentos de conversación, mejora el conocimiento mutuo, los intereses, los enfoques. Conviene escuchar a todos, propiciar las oportunidades y equilibrarlas, para que nadie deje de participar. Los padres han de estar pendientes de fomentar esos ratos de manera grata, interesante y formativa. Enseñar a escuchar puntos de vista opuestos, comprenderlos.

Las experiencias vividas por los demás amplían el horizonte y descubren puntos de vista y circunstancias a las que no todos tendrán oportunidad. El mundo se ensancha y descubrimos entre los miembros de la familia aptitudes complementarias. Los padres han de abrir esa panorámica porque muchas veces los adolescentes y los jóvenes tienden a magnificar sus intereses y despreciar las de los demás.

Por supuesto, aprovechar los recursos que la tecnología ofrece. Las narrativas de las películas, de las series, de los noticiarios. Dosificar los tiempos y los contenidos, hablar de ellos. Los temas fantásticos también ayudan a conocer los intereses y la capacidad de relacionar imaginación con realidad. Descubrir los mensajes evidentes y ocultos. Pensar en las consecuencias y en la oportunidad de acceder a ciertos temas de acuerdo a la edad y a la preparación. La huella que pueden producir mostrará la sensibilidad de cada uno.

En esta época de confinamiento, es necesario redescubrir las bondades de la conversación. Los intereses pueden ampliarse: la salud, la muerte, la soledad, la solidaridad, la política, las profesiones de servicio, y tantos aspectos que ahora han pasado a un primer plano. Es muy importante crecer aprovechando los mensajes de las circunstancias inéditas que estamos viviendo.

La narrativa se ha de incorporar a tantos desafíos nuevos. Entender otros modos de actuar, distinguir la oportunidad de nuevas elecciones. Las experiencias que nos rodean son genuinas y cruciales. Los desafíos nos llaman a todos. Descubrir los temperamentos apocados para incentivar. Promover la esperanza y el protagonismo adecuado.

Con tanta experiencia genuina y cercana, es más fácil ayudar a reflexionar, a impulsar a una acción adecuada a las personas y a las circunstancias, a influir en los acontecimientos tomando en cuenta las consecuencias sociales. Promover la superación y evitar la exclusión voluntaria.

En familia todos tienen su mensaje. Es necesario estar atentos a los de los bebés. Aún no saben usar el lenguaje convencional, pero sí tienen el rico contenido de lo más genuino del ser humano. Eso se encuentra en su mirada. Mirada limpia que indica con más certeza lo bueno y lo malo. Insistí en este asunto en otro artículo. Ahora lo subrayo, en la mirada de un pequeño hay un juicio certero que no podemos soslayar. Aprender a captar lo que expresan.

Otro modo de conocer a los hijos es por el juego, dedicar tiempo a esa actividad, ya sea participando activamente u observando.

Este tiempo de reclusión es la magnífica oportunidad de revalorar la propia familia y las cualidades de cada uno de sus miembros.

 

 

Finanzas sanas

Lucía Legorreta

Según la Encuesta Nacional de Capacidades Financieras sólo el 40 por ciento de los adultos planifican un presupuesto de manera habitual, y dos de cada diez realizan un seguimiento riguroso de sus gastos.

¿Sabes que siete de cada 10 mexicanos enfrentan problemas financieros al no poder terminar la quincena o enfrentar situaciones en las que sus deudas superan sus ingresos? ¿Y que ocho de cada diez adultos en México no saben exactamente cuánto gastaron la semana anterior?

Según la Encuesta Nacional de Capacidades Financieras sólo el 40 por ciento de los adultos planifican un presupuesto de manera habitual, y dos de cada diez realizan un seguimiento riguroso de sus gastos.

Esto nos demuestra una falta de cultura financiera en nuestro país. Desde pequeños nos enseñan muchas cosas, pero poco sobre cómo administrar y cuidar nuestro dinero.

Los errores que más cometemos los mexicanos en el tema financiero son los siguientes:

- Utilizar métodos de ahorro informales: guardar el dinero en casa, o participar en las famosas tandas. Los argumentos más comunes en contra de estas formas de ahorro es el riesgo que representan, pero el principal problema es que no permiten el crecimiento de los ahorros. Existen instrumentos de inversión muy sencillos, que, aunque el crecimiento es pequeño, se tiene algo de ganancia.

- Dicen los especialistas que el 68 por ciento de los mexicanos es analfabeta financiero, que significa comprender qué es el interés compuesto, la inflación y la diversificación de riesgo.

Empezar por estudiar o comprender estos tres conceptos es buen inicio; es importante conocer lo que se contrata, preguntar a los expertos lo que uno no sepa, y entender que te quieren vender.

- No comparar: dos de cada tres adultos en nuestro país no comparan sus servicios financieros antes de contratarlos. La comparación es una de las mejores formas de ahorrar o de pagar un precio justo.

- De los 18 millones encuestados y que indicaron tener algún tipo de seguro, la mayoría de ellos desconoce el costo del mismo y no sabe qué cubre la póliza. La clave para aprovechar cualquier servicio financiero es conocerlo a fondo.

Algunos consejos que pueden ayudarte:

- Realizar un consumo responsable e inteligente evitando prácticas que generen gastos innecesarios.
- Elaborar un presupuesto familiar de ingresos y gastos, y adáptate a éste.
- Controlar mes a mes este presupuesto, analizar los gastos extras y tratar de reducirlos.
- Evaluar nuestros hábitos para saber si ayudan o perjudican a las finanzas familiares.
- Reutilizar y reciclar tanto ropa como muebles y objetos.
- Cuidar los llamados “gastos hormiga”, pequeños pero constantes.
- Tener reuniones familiares para hablar de dinero.
- Utilizar aplicaciones en los dispositivos electrónicos que pueden ayudarte a controlar tus gastos.
- Si tu situación es grave, acude de inmediato con un especialista o a tu banco para que te ayuden a reorganizar tus deudas o problemas.

Sobra decir que, si tus finanzas están sanas, tu vida será mucho más tranquila. Uno de los factores que más causan estrés es una situación financiera inestable.

Te invito a revisar cómo está tu situación financiera y de inmediato enderezar aquello que no te está permitiendo dormir tranquilo.

 

 

Equívoco: disimular los intereses de la Iglesia para complacer al mundo

Se trata de soldados cobardes que deponen las armas ante la simple presencia del enemigo, o de traidores que pretenden a toda costa hacer las paces con los opositores, a saber, con el enemigo irreconciliable de Dios y de los hombres

El Papa San Pío X

“Están muy equivocados los que creen posible o esperan para la Iglesia un estado permanente de plena tranquilidad, de prosperidad universal, y un reconocimiento práctico y unánime de su poder, sin contradicción alguna; sin embargo, es peor y más grave el error de aquellos que se engañan pensando que alcanzarán esa paz efímera mediante el disimulo de los derechos e intereses de la Iglesia, sacrificándolos a los intereses privados, disminuyéndolos injustamente, complaciendo al mundo, ‘En el cual domina enteramente el demonio’ (Job 5,19), con el pretexto de captar la simpatía de los fautores de novedad y atraerlos a la Iglesia, como si fuera posible la armonía entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y el demonio”.

“Se trata de sueños enfermizos, de alucinaciones que siempre ocurrieron y ocurrirán mientras haya soldados cobardes que depongan las armas ante la simple presencia del enemigo, o de traidores que pretendan a toda costa hacer las paces con los opositores, a saber, con el enemigo irreconciliable de Dios y de los hombres”.

(Papa San Pío X, Encíclica “Communium Rerum”, del 21 de abril de 1909)

 

 

Mascarillas. Felicitación a la Comunidad de Madrid

 Después de largos meses de confinamiento, llegan abundantes las mascarillas y se imponen oficialmente. Resulta que, en casi toda España, obligan a llevarlas también por la calle. “Me siento agobiada”, oí a una anciana al bajar del autobús. Claro, la mascarilla incomoda, agobia, aumenta el calor y hasta resta oxígeno. Es necesaria en espacios cerrados y concurridos, y el autobús lo es. Las gotículas de saliva con carga viral pueden esparcirse en el aire y contagiar a muchos.  ¿Y si el aire es acondicionado? Peor: esparce el virus y lo hace circular. Para que los virus o bacterias contaminen, se necesita una carga intensa; si no, se produce inmunidad frente a agresores víricos o bacterianos.

En la calle, nadie se contagia, salvo que se vaya pegados, porque el aire se mueve y dispersa los virus. Lo comenta, en vídeo, Marutxa, cirujano asturiana jubilada. Tiene sentido. Ir con mascarilla por una calle solitaria, o por zona abierta o de arbolado, es de risa si no fuera de pena. Es la ignorancia,  y la obsesión y el miedo a la multa, que atenazan. Una señora en el Paseo Zorrilla, mareada por el calor y la mascarilla, tuvo que abrazarse a un árbol.

Mi felicitación a la Presidenta Ayuso. En Madrid, después de una labor pedagógica encomiable de concienciación, la mascarilla es obligatoria sólo en el transporte público y cuando no es posible la distancia; en lo privado, recomendable, no se viola la libertad.

Josefa Romo Garlito

 

 

Amar al mundo apasionadamente

Veremos qué pasa en los próximos meses. Pero, sin duda, la expansión del coronavirus ha puesto de relieve la necesidad de mirar con nuevos ojos la relación humana con la creación. Ciertamente, es más necesaria que nunca esa ecología integral, porque la salvaguardia y el desarrollo del planeta es responsabilidad de todos. Sin las exageraciones y radicalismos de la deep ecology.

Si la sociedad actual es muy compleja, no lo son menos las cuestiones relativas al medio ambiente y al clima. Se resisten a estereotipos y soluciones simplistas. Pero importa mucho asentar con firmeza los grandes principios, doctrinales y operativos. El reciente documento vaticano se inscribe en ese contexto: aunque terminó de redactarse antes de la pandemia, la situación actual confirmaría el mensaje principal de la Encíclica: todo está conectado, no hay crisis separadas, sino una única y compleja crisis socio-ambiental que requiere una verdadera conversión ecológica.

Entiendo que no guste a todos esa expresión -conversión ecológica-, por el riesgo semántico de minimizar el sentido de la metanoia radical exigida por el encuentro personal con Cristo. Pero no se puede olvidar el impulso cósmico reflejado en el exaltatus fuero a terra, de Juan 12, 32. Se impone ir al fondo, sin entrar en discusiones lingüísticas, como la de quien critica la invocación Solacium migrantium, por ser ajena al “vocabulario de la Iglesia”, cuando, sin ir más lejos, aparece en varios pasajes de la constitución Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, concretamente el n. 84: a propósito de los lazos de mutua dependencia entre los ciudadanos y los pueblos de la tierra, señala la necesidad de un ordenamiento mundial al servicio del bien común universal.

José Morales Martín

 

 

Los primeros cristianos

Desde el comienzo de la andadura de la Iglesia son muchos los santos que han vivido con fidelidad el Evangelio encarnando en la vida de Jesucristo. Basta echar una mirada a los primeros cristianos para reconocer que hubo muchos mártires perseguidos por el imperio de entonces, y ya nunca ha cesado la persecución especialmente en el siglo XX, el gran siglo de los mártires. Sellaron con su sangre la verdad del Evangelio, es decir, estaban tan seguros de haber encontrado el camino de la santidad, que no se echaron atrás ante los tormentos. Porque hay verdades tan verdaderamente fuertes que no pueden ser destruidas por la muerte, no son opiniones líquidas que desaparecen ante los peligros del mundo, y las amenazas de los poderosos.

Sin embargo, la mayoría de los primeros cristianos no fueron mártires y no por haber huido sino porque siguieron su vida normal aunque completamente transformada en el fondo y en la forma. El documento conocido como Didaché destaca que aquellos discípulos de Cristo siguen en el mundo sin ser mundanos, trabajaban donde siempre, cumplían sus obligaciones como ciudadanos, formaban familias bien unidas en la fe, y procuraban tratar con caridad incluso a sus enemigos.

No eran como los demás sino que eran los demás, como recordará san Josemaría en el pasado siglo. Tenían las mismas costumbres pero llevaban un tenor de vida ejemplar y admirable para muchos: por su honradez, su limpieza de costumbres en medio de otras depravadas, y por sus virtudes, es decir, vivían en el mundo pero no eran mundanos, como enseñó el mismo Jesucristo y los apóstoles.

Destacaba san Josemaría, el 26 de junio se celebró el santo, que cada comunidad de fieles reunía a personas de todos los estratos sociales, pues estaban representadas en ellas todas las profesiones: había médicos como Lucas, juristas como Zela, financieros como Erasto, universitarios como Apolo, artesanos como Alejandro, comerciantes, vigilantes de las cárceles y sus familias, soldados y oficiales, o algún procónsul como Sergio Paulo: eran pobres y ricos, esclavos y libres, gente civil y militares como Sebastián. Hoy también se da este echo gracias a san Josemaría.

Jesús Martínez Madrid

 

 

“…incluidos la contracepción y el acceso al aborto seguro…”

Un grupo de derechos humanos de la ONU criticó a varios estados de los EE. UU. por haber declarado que el aborto es un servicio no esencial durante el cese de labores de esta semana, causado por la covid-19, declarando, a su vez, que “el aborto seguro y legal” es un componente clave de los “servicios de salud sexual y reproductiva”. El grupo también denunció una reciente carta del encargado de la agencia de asistencia extranjera de los EE. UU., en la que apelaba por la remoción de “salud sexual y reproductiva” de una resolución de la Asamblea Mundial de la Salud.

La declaración provino del Grupo de Trabajo sobre la discriminación contra mujeres y niñas, parte de los Procedimientos Especiales del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Los EE. UU. se retiraron del Consejo en 2018.  La declaración fue luego apoyada por relatores especiales de la ONU cuyos mandatos cubren la salud de las mujeres y la violencia contra ellas. Estos son parte de los Procedimientos Especiales de la ONU.

La carta de John Barsa, director en ejercicio de la Agencia de los EE. UU. para el Desarrollo Internacional(USAID, por sus iniciales en inglés), estaba dirigida al secretario general de la ONU, António Guterres, y lo instaba a asegurar que la ONU “seguirá enfocada en intervenciones que salvan vidas” y no promoverá el aborto.

En respuesta, el portavoz de Guterres, Stéphane Dujarric, insistió en que “cualquier sugerencia de que estamos usando la pandemia de la covid-19 como una oportunidad para promover el aborto es incorrecta” y que, al tiempo que apoyan el cuidado de salud que salva vidas, “no buscamos pasar a llevar ninguna ley nacional”.

La carta de la USAID provocó una fuerte reacción de parte de grupos proaborto.  El Grupo Interagencial para la Salud Reproductiva durante Crisis, cuyo comité dirigente incluye varias agencias de la ONU, incluida la Organización Mundial de la Salud (OMS), emitió un comunicado diciendo que el grupo “aplaude a la ONU, los gobiernos, los donantes y todos los defensores de la salud que se han comprometido con la inclusión de los servicios [de salud sexual y reproductiva], incluidos la contracepción y el acceso a cuidado abortivo seguro al grado máximo que permite la ley”.

Enric Barrull Casals

 

 

Dinero, dinero, dinero: pocos piensan cómo ganarlo honradamente 

 

“FINACIÓN CON DINERO PÚBLICO EL ASALTO DE SÁNCHEZ A LA MONCLOA: El PSOE debe más de 8 millones de euros al ICO mientras deja en la cuneta a miles de autónomos y parados”. (Periodista Digital 20-07-2020)

 

            Se ve claro que los políticos llegados a la Moncloa o antes si pueden: Van convencidos que lo que conquistan es todo el Estado y sus recursos; y como no hay control, hacen lo que “les sale de los cojoness”, y así nos va.

 

“EN LAS REDES AUMENTAN LOS QUE DEFIENDEN AL PRIMER MINISTRO DE HOLANDA TRAS UN PATOSO TUIT DEL SOCIALISTA SIMANCAS: Los países ‘frugales’ exigen a Sánchez aplicar en España la misma gestión que enderezó sus economías. Holanda demanda a España y a los 'países gastones' bajar el sueldo a los funcionarios y recortar pensiones”. (Periodista Digital 20-07-2020)

Lógico el que no hagan concesiones fuera de sus propios y ajustados recortes para equilibrar gastos con ingreso. Pero dicho ello, pregunto… ¿Qué entienden esos extranjeros como pensiones, puesto que la mayoría de pensionistas en España recibimos más limosnas, que pensiones decentes; supongo pues, que las rebajas de pensiones será para los que de verdad cobran PENSIONES PARA VIVIR CON MUCHO DESAHOGO? Por lo demás, no sabemos lo que han obligado a pactar al indeseable presidente, “que nos preside” y ya iremos viendo, cuando se destapen las tripas, o letra pequeña del “pacto entre ricos y pobres de Europa”.

 

Reprobar a Juan Carlos, blindar la Corona https://www.vozpopuli.com/opinion/blindar-corona-jesus-cacho_0_1374463020.html. (Ver el resto aquí pues tiene “miga”)

O sea que el "dimitido", se sale del palacio donde vive, cuando quiera; se irá a vivir donde le dé la gana, y eso sí, pagándole y como siempre, el ya esquilmado súbdito o casi siervo, español, o sea lo de siempre, "cornudos y apaleados" y ¡viva España... pero la de siempre!

PRÉSTAMOS UE: “LAS REDES ACUSAN AL PRESIDENTE DE ACUDIR A LAS REUNIONES SIN UNA PREPARACIÓN PREVIA: ¿Perdió Pedro Sánchez los papeles en Bruselas?: la foto del Primer Ministro de Grecia y la ‘bronca’ de Rutte”. (Periodista Digital 21-07-2020)

    ¿Pero podía perder algunos “papeles” si iba a esas reuniones simplemente como mendigo o pedigüeño y al resultado que le quisieran dar, puesto que no podía exigir nada como tal mendigo? Aquí nos contará lo que le dé la gana, puesto que una mentira más, no afecta a su desastrosa carrera como mal gobernante

LAS ALTAS TEMPERATURAS, LOS REBROTES Y LA GUERRA EN BRUSELAS SE IMPONEN: La prueba de que TVE está al servicio del régimen socialista: ni un solo minuto en el telediario para la escapada surfera de Fernando Simón. La 'dolce vita' portuguesa del director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad pasa desapercibida en Televisión Española. (Periodista Digital 21-07-2020)

       ¿¡Pero esto es extraño en este país de caudillos y caudillillos!? No. Aquí el que llega al poder, pone todas las fuerzas públicas a su servicio; y la TVE nominalmente es pública, pero jamás lo fue, “ni con Franco ni después de Franco”; el que llega a controlar el gobierno la pone a su servicio, como igualmente hacen los presidentes autonómicos, los alcaldes, y en general todo el que controla un poder por pequeño que sea; de Franco se decía que “sólo rendiría cuentas ante Dios”, pero estos, “ni ante Dios las dan; y a la vista está, que España está inundada, de impunes de todo tipo.

ESE DÍA, ANIVERSARIO DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA, SE CELEBRA LA FIESTA NACIONAL: El Gobierno PSOE-Podemos suprime el Desfile militar del 12 de Octubre. Argumentan Sánchez y sus aliados en el Ejecutivo que harán un acto en el Palacio Real, presidido por Felipe VI y así evitarán aglomeraciones”. (Periodista Digital 21-07-2020)

          Todos los países del mundo, conmemoran “su día grande en la historia”; aquí estos analfabetos o más bien, resentidos o renegados de haber nacido aquí; siempre ponen obstáculos, a cosas que ni son políticas ni tienen tendencia de ninguna clase, simplemente, “es el día grande de España”, y punto. Con analfabetos o analfabestias como estos, no podemos llegar nunca a ningún lugar destacable, sólo saben gobernar, si es que saben, a siervos, esclavos y gente que “les chupe el pirulí”, pues en el fondo es que se creen que son algo. Y sí son “algo despreciables”.  

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo) www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)