Las Noticias de hoy 9 Julio 2020

Enviado por adminideas el Jue, 09/07/2020 - 12:29

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 09 de julio de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa en el 7º aniversario de su viaje a Lampedusa

Funeral de Georg Ratzinger: Carta de despedida de Benedicto XVI

Consejo para el Diálogo Interreligioso: El Papa incluye a 22 miembros

MISIÓN SOBRENATURAL DE LA IGLESIA: Francisco Fernandez Carbajal

“No descuides la práctica de la corrección fraterna”: San Josemaria

Algo grande y que sea amor (VI): Para que la música suene: Eduardo Camino / Carlos Ayxelá

Conocerle y conocerte (I): Robar el corazón a Cristo: Diego Zalbidea

Después de un año conseguí trabajo cerca de mi marido

“La nueva normalidad del corazón”: Felipe Arizmendi Esquivel, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas

Lidérate para liderar: Nuria Chinchilla

Trabajo-diversión y trabajo-heroísmo: Plinio Corrêa de Oliveira

«La pobreza existe, en definitiva, a causa de decisiones políticas: Cáritas

La humanidad frente al racismo y otras inhumanidades: Javier Algara

Relativismo y NOM : Isidro García Robles

‘Me preocupa que se haya normalizado que los niños pequeños jueguen con el móvil’: Lucía, mi pediatra: FamilyOn

¿Qué es un embrión humano?: Valentín Abelenda Carrillo

La trashumancia vista desde fuera: Suso do Madrid

"¿Dónde está la Iglesia?”: Jesús Martínez Madrid

En las residencias durante los días más difíciles: Domingo Martínez Madrid

Las penurias de un hotel y más sobre la política: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

Homilía del Papa en el 7º aniversario de su viaje a Lampedusa

“Todo cuanto hicisteis… a mí me lo hicisteis”

(zenit – 8 julio 2020).- “Todo cuanto hicisteis… a mí me lo hicisteis”: El Papa Francisco ha recordado esta mañana, 8 de julio de 2020, en la celebración de la Santa Misa, su viaje a Lampedusa, la isla situada entre Túnez e Italia, hace siete años, en homenaje a las víctimas de los naufragios en las peligrosas travesías de tantos migrantes por el Mediterráneo.

En su homilía, el Santo Padre ha invocado el pasaje de Mateo 25,40: “En verdad os digo, que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”, señalando que esta advertencia “es hoy de gran actualidad” y ha remarcado: “Todo cuanto hicisteis…”, “para bien o para mal”.

Esta enseñanza ser para nosotros “punto fundamental de nuestro examen diario de conciencia, eso que hacemos todos los días”, ha indicado Francisco. “Pienso en Libia, en los campos de detención, en los abusos y en la violencia que sufren los migrantes, en los viajes de esperanza, en los rescates y en los rechazos”.

 

Asimismo, el Santo Padre ha hecho referencia al Salmo 104: “Buscad continuamente el rostro del Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro”. El Pontífice ha recordado que “este encuentro personal con Jesucristo también es posible para nosotros, discípulos del tercer milenio”, y ha exhortado a reconocer el rostro del Señor “en el rostro de los pobres, de los enfermos, de los abandonados y de los extranjeros que Dios pone en nuestro camino”.

Debido a la actual situación sanitaria, sólo han participado en la Eucaristía los trabajadores de la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.

A continuación, sigue la homilía del Papa Francisco en la Misa celebrada en Santa Marta por el 7º aniversario de su viaje a Lampedusa.

***

Homilía del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

El salmo responsorial de hoy nos invita a una búsqueda constante del rostro del Señor: “Buscad continuamente el rostro del Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro” (Sal 104) . Esta búsqueda constituye una actitud fundamental en la vida del creyente, que ha entendido que el objetivo final de la existencia es el encuentro con Dios.

La búsqueda del rostro de Dios es una garantía del éxito de nuestro viaje en este mundo, que es un éxodo hacia la verdadera Tierra prometida, la Patria celestial. El rostro de Dios es nuestra meta y también es nuestra estrella polar, que nos permite no perder el camino.

El pueblo de Israel, descrito por el profeta Oseas en la primera lectura (cf. 10,1-3.7-8.12), en ese momento era un pueblo extraviado, que había perdido de vista la Tierra prometida y deambulaba por el desierto de la iniquidad. La prosperidad y la riqueza abundante habían alejado del Señor el corazón de los israelitas y lo habían llenado de falsedad y de injusticia.

Es un pecado del cual nosotros, cristianos de hoy, tampoco estamos exentos. “La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia” (Homilía en Lampedusa, 8 julio 2013).

La exhortación de Oseas nos llega hoy como una invitación renovada a la conversión, a volver nuestros ojos al Señor para ver su rostro. El profeta dice: “Sembrad con justicia, recoged con amor. Poned al trabajo un terreno virgen. Es tiempo de consultar al Señor, hasta que venga y haga llover sobre vosotros la justicia” (10,12).

La búsqueda del rostro de Dios está motivada por el anhelo de un encuentro personal con el Señor, un encuentro con su inmenso amor y su poder salvador. Los doce apóstoles, de quienes nos habla el Evangelio de hoy (cf. Mt 10,1-7), tuvieron la gracia de encontrarlo físicamente en Jesucristo, Hijo de Dios encarnado. Él los llamó por su nombre, uno a uno, (lo hemos escuchado) mirándolos a los ojos; y ellos contemplaron su rostro, escucharon su voz, vieron sus prodigios. El encuentro personal con el Señor, un tiempo de gracia y salvación, lleva a la misión. Mientras iban de camino, Jesús les exhortó: “Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos” (v. 7).

Este encuentro personal con Jesucristo también es posible para nosotros, discípulos del tercer milenio. Cuando buscamos el rostro del Señor, podemos reconocerlo en el rostro de los pobres, de los enfermos, de los abandonados y de los extranjeros que Dios pone en nuestro camino. Y este encuentro también se convierte para nosotros en un tiempo de gracia y de salvación, confiriéndonos la misma misión encomendada a los apóstoles.

Hoy se cumple el séptimo aniversario de mi visita a Lampedusa. A la luz de la Palabra de Dios, quisiera reiterar lo que dije a los participantes en el encuentro “Libres del miedo”, en febrero del año pasado: “El encuentro con el otro es también un encuentro con Cristo. Nos lo dijo Él mismo. Es Él quien llama a nuestra puerta hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y encarcelado, pidiendo que lo encontremos y ayudemos, pidiendo poder desembarcar. Y si todavía tuviéramos alguna duda, esta es su clara palabra: ‘En verdad os digo, que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis’ (Mt25,40)”.

“Todo cuanto hicisteis…”, para bien o para mal. Esta advertencia es hoy de gran actualidad. Todos deberíamos tenerlo como punto fundamental de nuestro examen diario de conciencia, eso que hacemos todos los días. Pienso en Libia, en los campos de detención, en los abusos y en la violencia que sufren los migrantes, en los viajes de esperanza, en los rescates y en los rechazos. “Todo cuanto hicisteis… a mí me lo hicisteis”.

Recuerdo aquel día, hace siete años, justo al sur de Europa, en aquella isla… algunos me contaban sus propias historias, cuanto habían sufrido para llegar allí. Y había intérpretes. Uno contaba cosas terribles en su propio idioma, y el intérprete parecía traducir bien; pero hablaba mucho y la traducción era corta. “Bueno – pensé – puedes ver que este lenguaje tiene giros más largos para expresarse”.

Cuando regresé a casa, al mediodía, por la tarde, en la recepción, había una señora –que Dios la tenga en su gloria, ya ha partido—que era hija de etíopes. Entendía el idioma y vio el encuentro en la televisión. Y me dijo esto: “Mire, lo que le dijo el traductor etíope no es ni siquiera la cuarta parte de la tortura, el sufrimiento, por el que pasaron”. Me dieron la versión “destilada”. Esto sucede hoy con Libia: nos dan una versión “destilada”. La guerra es mala, lo sabemos, pero no podéis imaginar el infierno que se está viviendo allí, en esos campos de prisioneros. Y esta gente vino sólo con la esperanza de cruzar el mar.

Que la Virgen María, Solacium migrantium (Ayuda de los migrantes), nos haga descubrir el rostro de su Hijo en todos los hermanos y hermanas obligados a huir de su tierra por tantas injusticias que aún afligen a nuestro mundo.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

Funeral de Georg Ratzinger: Carta de despedida de Benedicto XVI

El papa emérito siguió la Misa en streaming

(zenit –8 julio 2020).- El papa emérito Benedicto XVI ha seguido desde el Vaticano la transmisión en directo del funeral de su hermano Georg Ratzinger —fallecido el pasado 1 de julio–, celebrada este miércoles, 8 de julio, en la Catedral de Ratisbona.

La Santa Misa fue presidida por el obispo de Ratisbona, Rudolf Voderholzer, y concelebrada por el secretario privado de Benedicto XVI, monseñor Georg Gänswein, quien visiblemente emocionado leyó una carta escrita por el papa Benedicto a su difunto hermano.

“Que Dios te pague, querido Georg, por todo lo que has hecho, sufrido y me has dado”, escribió Joseph Ratzinger, de 93 años, en la carta fechada el 7 de julio, y dirigida al obispo Rudolf Voderholzer de Ratisbona, en homenaje a su querido hermano mayor, Georg, fallecido a las 96 años.

Recientemente, el papa emérito viajó a Ratisbona a visitar a su hermano, consciente de que estaba cerca su hora de partida. Benedicto XVI escribe en su mensaje de despedida: “Él no pidió mi visita. Pero sentí que era hora de ir a él de nuevo. Por esta señal interior que el Señor me ha dado, estoy profundamente agradecido”.

Y recuerda: “Cuando nos despedimos en la mañana del 22 de junio, justo antes del vuelo de regreso a Roma, ambos entendimos que sería una partida de este mundo para siempre. Pero también sabíamos que Dios, que nos ha dado esta unión en este mundo también reina en el otro mundo y nos dará una nueva unión”. Se lee en la carta. Oramos por su eterno descanso”.

Al comienzo del Réquiem, el obispo de Ratisbona, Mons. Voderholzer, había recordado una vez más la sorprendente visita de Benedicto al lecho de enfermo de su hermano mayor del 18 al 22 de junio. “Este signo de humanidad emocionó a muchos. Razón de más para compartir tu dolor”, dijo.

El Réquiem fue transmitido en la página web de la diócesis desde la catedral de Ratisbona. Además del secretario privado de Benedicto XVI, concelebró la Eucaristía el nuncio apostólico en Alemania, el arzobispo Nikola Eterovic, y participaron el ex obispo de Ratisbona, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, el cardenal Reinhard Marx, de Munich y el obispo Gregor Maria Hanke, de Eichstätt. El servicio fúnebre fue organizado musicalmente por una escuela de 16 antiguos alumnos del coro de la Catedral.

 

 

Consejo para el Diálogo Interreligioso: El Papa incluye a 22 miembros

De los cinco continentes

(zenit – 8 julio 2020).- El Santo Padre ha incluido a 22 nuevos miembros de los cinco continentes en el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, según ha informado este 8 de julio de 2020 la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

El Consejo Vaticano fomenta y regula las relaciones con los miembros y grupos de las religiones que no estén consideradas bajo el nombre de cristianas, y también con los que de alguna forma tienen un sentido religioso.

Promueve estudios y reuniones para que haya un mutuo conocimiento y estima y se colabore en la promoción de la dignidad del hombre y de sus valores espirituales y morales.

Miembros de Asia

De Asia, el Papa Francisco, ha contado con once pastores:

El cardenal Luis Antonio G. Tagle, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (Vaticano); Mons. Louis-Marie Ling Mangkhanekhoun, vicario apostólico de Vientiane (Laos); Ignatius Suharyo Hardjoatmodjo, arzobispo de Yakarta y Ordinario militar de Indonesia; Félix Anthony Machado, arzobispo-obispo de Vasai (India)

Mark Tin Win, arzobispo de Mandalay (Myanmar); Paul Yoshinao Otsuka, obispo de Kyōto (Japón); Thomas Chung An-zu, obispo de Kiayi (Taiwan); Raphy Manjaly, obispo de Allahabad (India); William Hanna Shomali, obispo titular de Lidda (Tierra Santa); Denis Chidi Isizoh, obispo titular de Legia; y Joseph Đình Đúc Đao, Obispo de Xuân Lôc (Vietnam).

África

Por otro lado, del continente africano, el Pontífice ha elegido al arzobispo de Bangui (República Centroafricana), Mons. Dieudonné Nzapalainga, y a Mons. Paul Desfarges, arzobispo de Argel (Argelia).

Europa

Del mismo modo, seis son los miembros de Europa: Jean-Claude Höllerich, arzobispo de Luxemburgo (Luxemburgo); Michael Czerny, subsecretario de la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (Vaticano); George Frendo, arzobispo de Tiranë-Durrës (Albania); Patrick Joseph McKinney, obispo de Nottingham (Inglaterra); Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella (Francia); Ambrogio Spreafico, obispo de Frosinone-Veroli-Ferentino (Italia),

América y Oceanía

Asimismo, el Papa ha includio a un miembro de Australia: el obispo de Bathurst, Mons. Michael Joseph McKenna, así como de Canadá: Monseñor Lawrence Huculak, arzobispo de Winnipeg de los Ucranianos, y de Estados Unidos: James Massa, obispo titular de Bardstown.

 

MISIÓN SOBRENATURAL DE LA IGLESIA

— La Iglesia anuncia el mensaje de Cristo y realiza su obra en el mundo.

— La misión de la Iglesia es de orden sobrenatural, pero no se desentiende de las tareas que afectan a la dignidad humana.

— Los cristianos manifiestan su unidad de vida en la promoción de obras de justicia y de misericordia.

I. Jesús consuma la obra de la Redención con su Pasión, Muerte y Resurrección. Tras su Ascensión al Cielo, envía al Espíritu Santo, para que sus discípulos puedan anunciar el Evangelio y hacer a todos partícipes de la salvación. Los Apóstoles son, así, los obreros enviados a la mies por su dueño, los siervos enviados para llamar a los invitados a las bodas, y a los que encomienda llenar la sala del banquete1.

Pero además de esta misión, los Apóstoles representan a Cristo mismo y al Padre: el que a vosotros oye a Mí me oye, y el que a vosotros desecha a Mí me desecha, y el que me rechaza a Mí, rechaza al que me envió2. La misión de los Apóstoles quedará unida íntimamente a la misión de Jesús: como el Padre me envió, así también os envío Yo3. Precisamente será a través de ellos como la misión de Cristo se hará extensiva a todas las naciones y a todos los tiempos. La Iglesia, fundada por Cristo y edificada sobre los Apóstoles, sigue anunciando el mismo mensaje del Señor y realiza su obra en el mundo4.

El Evangelio de la Misa de hoy5 narra cómo Jesús urge a los Doce, a quienes acaba de elegir, para que salgan a cumplir su nueva tarea. Este primer cometido es preparación y figura del envío definitivo, que tendrá lugar después de la Resurrección. Entonces les dirá: Id..., predicad el Evangelio, haced discípulos a todas las naciones. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo6. Hasta la llegada de Jesús, los Profetas habían anunciado al pueblo escogido del Antiguo Testamento los bienes mesiánicos, a veces en imágenes acomodadas a su mentalidad todavía poco madura para entender la realidad que estaba ya próxima. Ahora –en esta primera misión apostólica–, Jesús envía a sus Apóstoles para que anuncien que el Reino de Dios prometido es inminente, poniendo de manifiesto sus aspectos espirituales. El Señor les concreta lo que han de predicar: el Reino de los Cielos está cerca. Nada les dice de la liberación del yugo romano que padecía la nación, o del sistema social y político en el que han de vivir, o de otras cuestiones exclusivamente terrenas. Ni vino Cristo para esto, ni para esto han sido ellos elegidos. Vivirán para dar testimonio de Cristo, difundir su doctrina y hacer partícipes de su salvación a todos los hombres. Este mismo camino siguió San Pablo. «Si le preguntamos qué cosas solía tratar en la predicación, él mismo las compendia así: nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este, crucificado (1 Cor 2, 2). Hacer que los hombres conociesen más y más a Jesucristo, con un conocimiento que no se parase solo en la fe, sino que se tradujera en las obras de la vida, esto es en lo que se esforzó con todo el empeño de su corazón el Apóstol»7.

La Iglesia, continuadora en el tiempo de la obra de Jesucristo, tiene la misma misión sobrenatural que su Divino Fundador transmitió a los Apóstoles. «Para esto ha nacido la Iglesia: para, dilatando el Reino de Cristo por toda la tierra, hacer partícipes a todos los hombres de la redención salvadora, y, por medio de ellos, orientar verdaderamente todo el mundo hacia Cristo»8. Su misión trasciende los movimientos sociales, las ideologías, las reivindicaciones de grupos...; al mismo tiempo, desde una nueva perspectiva y solicitud, está hondamente interesada por todos los problemas humanos, y trata de orientarlos al fin sobrenatural y verdaderamente humano del hombre.

II. Id y predicad diciendo que el Reino de los Cielos está al llegar. La misión de nuestra Madre la Iglesia es dar a los hombres el tesoro más sublime que podemos imaginar, conducirlos a su destino sobrenatural y eterno a través principalmente de la predicación y de los sacramentos: «este, y no otro, es el fin de la Iglesia: la salvación de las almas, una a una. Para eso el Padre envió al Hijo, y yo os envío también a vosotros (Jn 20, 21). De ahí el mandato de dar a conocer la doctrina y de bautizar, para que en el alma habite, por la gracia, la Trinidad Beatísima»9. El mismo Jesús nos anunció: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia10. No se refería el Señor a una vida terrena cómoda y sin dificultades, sino a la vida eterna. Vino a liberarnos principalmente de aquello que nos impide alcanzar la vida definitiva: el pecado, que es el único mal absoluto. Así nos da también la posibilidad de superar las múltiples consecuencias del pecado en este mundo: la angustia, las injusticias, la soledad..., o de llevarlas por Dios con alegría cuando no se pueden evitar, convirtiendo el dolor en sufrimiento fecundo que conquista la eternidad.

La Iglesia no toma partido por opciones temporales determinadas, como no lo hizo su Maestro. Quienes, sin fe, le vieron casi solo en la cruz, pudieron pensar que había fracasado, «precisamente por no optar por una de las soluciones humanas: ni judíos ni romanos le siguieron. Pero no; fue precisamente lo contrario: judíos y romanos, griegos y bárbaros, libres y esclavos, hombres y mujeres, sanos y enfermos, todos van siguiendo a ese Dios hecho hombre, que nos ha liberado del pecado, para encaminarnos a un destino eterno, donde únicamente se cumplirá la verdadera realización, libertad y plenitud del hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios, y cuya aspiración más profunda rebasa cualquier tarea pasajera, por noble que sea»11.

La Iglesia tiene como misión llevar a sus hijos a Dios, a su destino eterno. Pero no se desentiende de las tareas humanas; por su misma misión espiritual, mueve a sus hijos y a todos los hombres a que tomen conciencia de la raíz de donde provienen todos los males, y urge a que pongan remedio a tantas injusticias, a las deplorables condiciones en que viven muchos hombres, que constituyen una ofensa al Creador y a la dignidad humana. La esperanza en el Cielo «no debilita el compromiso en orden al progreso de la ciudad terrena, sino por el contrario le da sentido y fuerza. Conviene ciertamente distinguir bien entre progreso terreno y crecimiento del Reino, ya que no son del mismo orden. No obstante, esta distinción no supone una separación, pues la vocación del hombre a la vida eterna no suprime sino que confirma su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para desarrollar su vida temporal»12.

Nosotros somos corredentores con Cristo, y hemos de preguntarnos si llevamos a nuestros familiares y amigos el don más preciado que tenemos: la fe en Cristo; y junto a este bien incomparable, nos sentimos movidos, charitas enim Christi urget nos13, nos urge la caridad de Cristo, a promover a nuestro alrededor un mundo más justo y mas humano.

III. Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, sanad a los leprosos...

Desde el comienzo de la Iglesia, los fieles cristianos llevaban la fe por todas partes, y también desde aquellos primeros momentos una multitud de cristianos «han dedicado sus fuerzas y sus vidas a la liberación de toda forma de opresión y a la promoción de la dignidad humana. La experiencia de los santos y el ejemplo de tantas obras de servicio al prójimo constituyen un estímulo y una luz para las iniciativas liberadoras que se imponen hoy»14, quizá con más urgencia que en otras épocas.

La fe en Cristo nos mueve a sentirnos solidarios de los demás hombres en sus problemas y carencias, en su ignorancia y falta de recursos económicos. Esta solidaridad no es «un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas», sino «la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos»15. La fe nos lleva a sentir un hondo respeto por las personas, por toda persona, a no permanecer jamás indiferentes ante las necesidades de los demás: curad a los enfermos, resucitad a los muertos, sanad a los leprosos, arrojad a los demonios... Seguir a Cristo se manifestará en obras de justicia y de misericordia, en el interés por conocer los principios de la doctrina social de la Iglesia y en llevarlos a cabo en primer lugar en nuestro propio ámbito, donde se desarrolla nuestra vida.

De cada uno de nosotros se debería poder decir al final de la vida que, como Jesucristo, pasó haciendo el bien16: en la familia, en los compañeros de trabajo, en los amigos, en aquellos que encontramos en el camino por cualquier motivo. «Los discípulos de Jesucristo hemos de ser sembradores de fraternidad en todo momento y en todas las circunstancias de la vida. Cuando un hombre o una mujer viven intensamente el espíritu cristiano, todas sus actividades y relaciones reflejan y comunican la caridad de Dios y los bienes del Reino. Es preciso que los cristianos sepamos poner en nuestras relaciones cotidianas de familia, amistad, vecindad, trabajo y esparcimiento, el sello del amor cristiano, que es sencillez, veracidad, fidelidad, mansedumbre, generosidad, solidaridad y alegría»17.

1 Cfr. Mt 9, 38; Jn 4, 38; Mt 22, 3. — 2 Lc 10, 16. — 3 Jn 20, 21. — 4 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 3. — 5 Mt 10, 7, 15 — 6 Cfr. Mc 16, 15; Mt 28, 18-20. — 7 Benedicto XV, Enc. Humani generis Redemptionem, 15-VI-1917. — 8 Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 2. — 9 San Josemaría Escrivá, Amar a la Iglesia, Palabra, Madrid 1986, p. 49 — 10 Jn 10, 10. — 11 J. M. Casciaro, Jesucristo y la sociedad política, Palabra, 3ª ed., Madrid 1973, p. 114 — 12 S. C. para la doctrina de la fe, Instr. Libertad cristiana y liberación, 22-II-1986, 60. — 13 2 Cor 5, 14. — 14 S. C. para la doctrina de la fe, o. c., 57. — 15 Juan Pablo II, Enc. Sollicitudo rei socialis, 3-XII-1987, 38. — 16 Cfr. Hech 10, 38 — 17 Conferencia Episcopal Española, Instr. Past. Los católicos en la vida pública, 22-IV-1986, 111.

 

 

“No descuides la práctica de la corrección fraterna”

No descuides la práctica de la corrección fraterna, muestra clara de la virtud sobrenatural de la caridad. Cuesta; más cómodo es inhibirse; ¡más cómodo!, pero no es sobrenatural. -Y de estas omisiones darás cuenta a Dios. (Forja, 146)

9 de julio

Cuando en nuestra vida personal o en la de los otros advirtamos algo que no va, algo que necesita del auxilio espiritual y humano que podemos y debemos prestar los hijos de Dios, una manifestación clara de prudencia consistirá en poner el remedio oportuno, a fondo, con caridad y con fortaleza, con sinceridad. No caben las inhibiciones. Es equivocado pensar que con omisiones o con retrasos se resuelven los problemas.

La prudencia exige que, siempre que la situación lo requiera, se emplee la medicina, totalmente y sin paliativos, después de dejar al descubierto la llaga. Al notar los menores síntomas del mal, sed sencillos, veraces, tanto si habéis de curar como si habéis de recibir esa asistencia. En esos casos se ha de permitir, al que se encuentra en condiciones de sanar en nombre de Dios, que apriete desde lejos, y a continuación más cerca, y más cerca, hasta que salga todo el pus, de modo que el foco de infección acabe bien limpio. En primer lugar hemos de proceder así con nosotros mismos, y con quienes, por motivos de justicia o de caridad, tenemos obligación de ayudar: encomiendo especialmente a los padres, y a los que se dedican a tareas de formación y de enseñanza. (Amigos de Dios, 157)

 

 

Algo grande y que sea amor (VI): Para que la música suene

La vocación al Opus Dei es una llamada a interpretar una partitura, a tocar una música de Dios que tiene tantas variaciones como personas.

VOCACIÓN01/03/2019

Escucha el artículo Algo grande y que sea amor (VI): Para que la música suene

Descarga el libro electrónico: «Algo grande y que sea amor»


Cuando Jesús hablaba del Reino de Dios, sabía que se trataba de algo muy distinto de lo que podían imaginar quienes le oían; muy distinto también de lo que tendemos a imaginar nosotros hoy. Por eso empleaba parábolas: relatos e imágenes que, más que dar una definición, invitan a adentrarse en un misterio. Jesús compara el Reino de Dios, por ejemplo, con «un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero, una vez sembrado, crece y se hace mayor que todas las hortalizas, y echa ramas grandes, de manera que los pájaros del cielo puedan anidar bajo su sombra» (Mc 4,31-32). Un grano pequeño que se entierra, que desaparece a los ojos de los hombres y cae en el olvido; pero que no para de crecer, mientras la historia sigue su curso, aparentemente ajena a él. Crece, incluso de noche, cuando nadie lo cuida, cuando nadie le presta atención.

El 2 de octubre de 1928 Dios hizo que san Josemaría descubriera en su alma una semilla que solo Él podía haber puesto: un pequeño grano de mostaza que estaba llamado a crecer en el gran campo de la Iglesia. Se conserva una nota, escrita al cabo de unos meses, en la que recoge en unos pocos rasgos el código genético de esa semilla: «Simples cristianos. Masa en fermento. Lo nuestro es lo ordinario, con naturalidad. Medio: el trabajo profesional. ¡Todos santos! Entrega silenciosa»[1]. Desde que Dios le dio la misión de cuidar de esa semilla, san Josemaría ya no vivió para otra cosa. Y lo que entonces era todo promesa, todo esperanza, hoy es un árbol frondoso que acoge a muchas almas y da sabor a muchas vidas.

Lo normal es querer ser santo

«Cada santo —escribe el Papa—es una misión; (…) es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo»[2]. San Josemaría recibió un mensaje y lo encarnó. Se convirtió él mismo en el mensaje, y su vida y sus palabras empezaron a interpelar a muchas personas. «Que tu vida no sea una vida estéril. —Sé útil. —Deja poso. Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor (...). Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón»[3].

Él llevaba ese fuego dentro, como percibió enseguida José Luis Múzquiz, uno de los primeros fieles del Opus Dei que recibieron la ordenación sacerdotal. En su primer encuentro con él, san Josemaría le habló de algo que quizá nadie antes le había planteado: ser apóstol en su lugar de trabajo. Y enseguida añadió: «no hay más amor que el Amor; los otros amores son pequeños». Este giro impresionó profundamente a su interlocutor: «Se veía que le salía del fondo del alma, de un alma enamorada de Dios. Los circuitos mentales que yo tenía terminaron entonces de fundirse»[4].

En una Misa de acción de gracias por la beatificación de esta alma enamorada, el entonces cardenal Ratzinger explicaba, con esa mezcla tan suya de llaneza y profundidad, cómo «el significado de la palabra “santo” ha experimentado a lo largo de los tiempos un estrechamiento peligroso, que sin duda sigue influyendo aún hoy. Nos hace pensar en los santos que vemos representados en los altares, en milagros y virtudes heroicas, y nos sugiere que la santidad es para unos pocos elegidos, entre los que no nos podemos incluir. Entonces dejamos la santidad para esos pocos, cuyo número desconocemos, y nos conformamos simplemente con ser como somos. En medio de esta apatía espiritual, Josemaría Escrivá ha actuado como un despertador, clamando: No, la santidad no es lo extraordinario sino lo ordinario, lo normal para cada bautizado. La santidad no consiste en ciertos heroísmos imposibles de imitar, sino que tiene mil formas y puede hacerse realidad en cualquier sitio y profesión. Es la normalidad»[5].

Lo natural, pues, para un cristiano, es querer ser santo. Por eso, desde muy pronto, san Josemaría escribía: «Los santos no han sido seres deformes; casos para que los estudie un médico modernista. Fueron, son normales: de carne, como la tuya. —Y vencieron»[6]. La llamada al Opus Dei supone una toma de conciencia de esta normalidad de la santidad; el deseo de convertirse en «intérpretes» de este sencillo mensaje, de esta música. Existen, en efecto, las «partituras»: la vida y la predicación de san Josemaría; la proclamación de la llamada universal a la santidad, por parte del Concilio Vaticano II[7]; el magisterio reciente de los Papas, que desarrolla esa enseñanza… y, sobre todo, el Evangelio[8]. Existen, pues, las partituras; pero es necesario que la música suene en todos los rincones del mundo, con una infinidad de variaciones que están todavía por ver la luz: las vidas concretas de muchos cristianos.

Tan de cerca que vivamos con Él

Al inspirar el Opus Dei, el Señor regaló a su Iglesia un camino, una espiritualidad «diseñada» para encarnarse en todo tipo de paisajes cotidianos, para fusionarse con el trabajo y la vida normal y corriente de personas muy distintas. Este mensaje está expuesto y glosado por san Josemaría en numerosos escritos, homilías, encuentros de familia, viajes de catequesis, etc., en todos los cuales resuena la afirmación contenida en uno de los puntos de Surco: «De lejos —allá, en el horizonte— parece que el cielo se junta con la tierra. No olvides que, donde de veras la tierra y el cielo se juntan, es en tu corazón de hijo de Dios»[9]. Por eso, aunque la vocación al Opus Dei llene a las personas de iniciativa, de ganas de mejorar su entorno, no las lleva fundamentalmente a hacer cosas, o a hacer más cosas de las que ya llevan entre manos. Las lleva sobre todo a hacerlas de otro modo, estando con Dios en todo lo que hacen, procurando compartir todo con Él. «Hijos míos, seguir a Cristo (…) es nuestra vocación. Y seguirle tan de cerca que vivamos con Él, como los primeros Doce; tan de cerca que nos identifiquemos con Él, que vivamos su Vida, hasta que llegue el momento, cuando no hemos puesto obstáculos, en el que podamos decir con san Pablo: No vivo yo, sino que Cristo vive en mí (Gal 2,10)»[10].

Uno de los primeros supernumerarios recuerda su sorpresa cuando el Fundador de la Obra le dijo: «Dios te llama por caminos de contemplación». Para él, que estaba casado y con hijos, y que tenía que luchar por sacar adelante su familia, fue «un verdadero descubrimiento»[11]. En otra ocasión, san Josemaría aconsejaba: «Habla, habla con el Señor: “Que me canso, Señor, que no puedo más. Señor, que esto no me sale; ¿cómo lo harías?”»[12]. Eso, precisamente, es la contemplación en medio del mundo: una mirada profunda y cariñosa a la realidad, que se nutre de la mirada de Dios, por un diálogo continuo con él. San Josemaría resumía este bonito desafío en frase redonda: «cuanto más dentro del mundo estemos, tanto más hemos de ser de Dios»[13]. Y esta cercanía, esta amistad tan intensa con Él, es la raíz de la que brotan dos rasgos que, aun sin ser exclusivos de la vocación a la Obra, tienen un relieve particular para los cristianos a los que Dios llama por este camino: la llamada a ser apóstoles, a dar a conocer a Cristo, y la misión de transformar y reconciliar el mundo con Dios a través de su trabajo.

Antes de detenernos en ellos, sin embargo, surge lógicamente una pregunta: si, como san Josemaría predicó durante toda su vida, y el Papa nos ha recordado recientemente, la santidad es para todos; si el Señor manda a todos los cristianos a comunicar el evangelio, ¿qué es entonces lo específico de la vocación al Opus Dei como respuesta a la llamada a encontrar a Dios en medio del mundo?

Es relativamente sencillo de explicar si tenemos en cuenta que las diversas vocaciones cristianas son determinaciones, modalidades o cauces de la vida y la vocación comunicadas por el bautismo. Concretamente, «la vocación al Opus Dei recoge, acoge, encauza la entrega o dedicación a Dios y a los demás que es reclamada por la vocación cristiana; lo único que se añade de peculiar es, precisamente, el cauce: que esa dedicación se lleva a cabo formando parte de una concreta institución de la Iglesia (el Opus Dei): con una determinada espiritualidad y con unos precisos medios formativos y apostólicos»[14], que se dirigen en particular a servir a Dios y a los demás a través del trabajo y de las cosas normales de todos los días. Dicho de otro modo: quien descubre y acoge su llamada al Opus Dei se decide a dar su vida por los demás (esa es la esencia de la vida cristiana), y cuenta con un camino para acometer ese reto, de la mano de Dios, y con la ayuda de una gran familia. Y por eso está dispuesto a poner todo lo que pueda de su parte para que este carisma alimente su vida interior, ilumine su inteligencia, enriquezca su personalidad… de modo que pueda efectivamente encontrar a Dios en su vida y, a la vez, compartir ese hallazgo.

La iluminación divina del dos de octubre de 1928, y otras que le siguieron, mostraron a san Josemaría que debía dedicar su vida a promover entre todos los cristianos corrientes –hombres y mujeres que viven en el mundo, dedicados a las más diversas tareas humanas- la conciencia de que todos están llamados a la santidad y al apostolado. Y a hacerlo promoviendo una institución, el Opus Dei, integrada por cristianos corrientes que, acogiendo la llamada divina a hacer suyo ese ideal, dieran testimonio con sus propias vidas no sólo de su grandeza sino también de la posibilidad, con la ayuda de la gracia, de procurar llevarlo a la práctica, aún contando con las propias limitaciones.

Todos los que tengan el corazón grande

En el camino de Betania a Jerusalén, Jesús siente hambre. Busca algo de comer y se acerca a una higuera (Mt 21,18). «Se acerca a ti y se acerca a mí. Jesús, con hambre y sed de almas. Desde la Cruz ha clamado: sitio! (Jn 19,28), tengo sed. Sed de nosotros, de nuestro amor, de nuestras almas y de todas las almas que debemos llevar hasta Él, por el camino de la Cruz, que es el camino de la inmortalidad y de la gloria del Cielo»[15].

La vocación a la Obra supone un fuerte «contagio» de esa hambre y sed de Dios. Cuando san Josemaría se esforzaba por sacar adelante la primera residencia de la Obra, había quienes le encarecían a no precipitarse. En un retiro anotaba: «Prisa. No es prisa. Es que Jesús empuja»[16]. Le urgía, como a san Pablo, el amor de Cristo (Cfr. 2 Cor 5,14). Y con esa misma urgencia serena quiere Dios que llamemos a la puerta de cada uno y de cada una: «¡Date cuenta, quienquiera que seas, de que eres amado!»[17]. Y esto con normalidad, con naturalidad, queriendo y dejándose querer por todos, ayudando, sirviendo, transmitiendo lo que sabemos, aprendiendo, compartiendo retos y trabajos, problemas y angustias, creando lazos de amistad... Ahí donde nacemos, donde trabajamos, donde descansamos, donde compramos, podemos ser fermento, levadura, sal, luz del mundo.

Dios no llama a su Obra a superhéroes. Llama a gente normal, con tal de que tengan un corazón grande y magnánimo, un corazón en el que quepan todos. Así lo vislumbraba ya san Josemaría en un texto de los primeros años, pensando en quienes podrían recibir la llamada de Dios a la Obra: «no caben: los egoístas, ni los cobardes, ni los indiscretos, ni los pesimistas, ni los tibios, ni los tontos, ni los vagos, ni los tímidos, ni los frívolos. Caben: los enfermos, predilectos de Dios, y todos los que tengan el corazón grande, aunque hayan sido mayores sus flaquezas»[18]. En resumen, quienes descubren que Dios les llama al Opus Dei pueden ser personas con defectos, con limitaciones, con miserias; pero también con ideales grandes, con ansias de amar, de pegar a los demás el amor de Dios.

Amar el mundo como lo ama Dios

«Tanto amó Dios al mundo —leemos en el evangelio de san Juan— que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Dios ama apasionadamente el mundo que ha creado, que no solo no es un obstáculo para la santidad, sino que es su lugar nativo. Y el mensaje de la Obra lleva en su entraña esta convicción: podemos ser santos no a pesar de vivir en el mundo, sino precisamente con ocasión de él, profundamente metidos en él. Porque el mundo, esa misteriosa amalgama de grandezas y miserias, de amor y odio, de rencor y perdón, de guerras y paz, «está esperando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19).

Para hablar de nuestra relación con el mundo, el Génesis se sirve de dos verbos: «guardar» y «cultivar» (cfr. Gn 2,15). Con el primero, que se emplea también para expresar el cumplimiento de los mandamientos, el Señor nos hace responsables del mundo; nos dice que no podemos usarlo de un modo despótico. Con el segundo, «cultivar», que significa tanto «trabajar» (habitualmente la tierra), como «dar culto» (cfr. Nm 8,11), Dios une el trabajo al culto: trabajando no solo nos realizamos, sino que también damos un culto agradable a Dios, porque amamos el mundo como lo ama Él. Santificar el trabajo es por eso, en definitiva, hacer el mundo más bello, hacer espacio en él para Dios.

Él mismo ha querido guardar y cultivar el mundo que salió de sus manos de Creador, trabajando con manos de hombre, de criatura. Si durante siglos los años de la vida oculta del Señor en el taller de Nazaret se percibieron como años de oscuridad, sin brillo, a la luz del espíritu de la Obra se hacen «claros como la luz del sol (…), resplandor que ilumina nuestros días y les da una auténtica proyección»[19]. Por eso san Josemaría animaba a sus hijos a meditar con frecuencia ese trabajo, que nos recuerda el crecimiento del grano de trigo, escondido y silencioso. Así crecía Jesús —él mismo se compararía más tarde al grano de trigo (cfr. Jn 12,24)— en el taller de José y el de su Madre, en aquel taller-hogar.

La vida sencilla de la Sagrada Familia muestra cómo hay trabajos que, aunque parecen humildes a una mirada terrena, a los ojos de Dios tienen un valor inmenso, por el amor, el cuidado y las ganas de ser útil que se pone en ellos. Por eso, «santificar el trabajo no es hacer algo santo mientras se trabaja, sino precisamente hacer santo el trabajo mismo»[20]. De esta manera, «el trabajo humano bien terminado se ha hecho colirio, para descubrir a Dios (…) en todas las cosas. Y ha ocurrido precisamente en nuestro tiempo, cuando el materialismo se empeña en convertir el trabajo en un barro que ciega a los hombres, y les impide mirar a Dios»[21].

Para dar fruto, el grano necesita esconderse, desaparecer. Así veía su vida san Josemaría: «ocultarme y desaparecer es lo mío, que sólo Jesús se luzca»[22]. Y así también quiere Dios que vean su vida todos los hombres y las mujeres que Él llama y seguirá llamando a la Obra. Como los primeros cristianos: personas normales y corrientes que, si armaron ruido, no lo hicieron para cosechar aplausos, sino para que Dios pudiera lucirse. Personas que, sobre todo, «vivieron de Cristo y que dieron a conocer a Cristo (…): sembradores de paz y de alegría, de la paz y de la alegría que Jesús nos ha traído»[23].

Eduardo Camino / Carlos Ayxelá


[1] Apuntes íntimos, n. 35, en P. Rodríguez, F. Ocáriz, J.L. Illanes, El Opus Dei en la Iglesia, Rialp 1993, p. 216.

[2] Francisco, Ex. ap. Gaudete et exsultate (19-III-2018), n. 21.

[3] San Josemaría, Camino, n. 1.

[4] Camino, edición crítico-histórica, comentario al n. 417.

[5] J. Ratzinger, Homilía, 19-V-1992, citada en Romana, n. 14 (1992) p. 48, y disponible en español aquí.

[6] Camino, n. 133.

[7] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium (21-X-1964), n. 40.

[8] Cfr. Juan Pablo II, Ex. Ap. Christifideles laici (30-XII-1988), nn.16-17; Benedicto XVI, Audiencia, 13-IV-2011; y, más recientemente, la exhortación apostólica Gaudete et exsultate (19-III-2008) del Papa Francisco.

[9] San Josemaría, Surco, n. 309

[10] En diálogo con el Señor, edición crítico-histórica, Rialp, Madrid 2017, p. 101.

[11] V. García Hoz, “Mi encuentro con Monseñor Escrivá de Balaguer”, en R. Serrano (ed.) Así le vieron, Rialp, Madrid, 1992, p. 83.

[12] San Josemaría, Notas de una reunión familiar en Tajamar, 22-X-1972 (recogidas en el documental “El corazón del trabajo”).

[13] San Josemaría, Forja, n. 740.

[14] F. Ocáriz, “La vocación al Opus Dei como vocación en la Iglesia”, en El Opus Dei en la Iglesia, Rialp, Madrid, 2014, p. 169.

[15] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 202.

[16] Apuntes íntimos, n. 1753, citado en Vázquez de Prada, A. El Fundador del Opus Dei (I), Rialp, Madrid 2010, 9ª ed., p. 511.

[17] San Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, Plaza & Janés, Barcelona 1994, p. 19.

[18] San Josemaría, Instrucción, 1-IV-1934, n. 65.

[19] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 14.

[20] F. Ocáriz, Naturaleza, gracia y gloria, Eunsa 2000, p. 263.

[21] Beato Álvaro del Portillo, Carta, 30-IX-1975 (AGP, biblioteca, P17, 1991, vol. II, p. 63).

[22] San Josemaría, Carta, 28-I-1975, en E. Burkhart, J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de San Josemaría, vol. 2, Rialp, Madrid 2011, p. 301.

[23] Es Cristo que pasa, n. 30.

 

 

Conocerle y conocerte (I): Robar el corazón a Cristo

El buen ladrón con una palabra robó el corazón a Cristo y abrió las puertas del Cielo. Así es la oración: una palabra que roba el corazón a Jesús y nos permite vivir, desde ese momento, junto a Él.

VIDA ESPIRITUAL

Fuera de las murallas de Jerusalén, poco después del mediodía, tres hombres habían sido crucificados sobre el Monte Calvario. Era el primer Viernes Santo de la historia. Dos de ellos eran ladrones; el tercero, al contrario, era el único hombre absolutamente inocente: se trataba del Hijo de Dios. Uno de los dos bandidos, a pesar de su intenso sufrimiento y de su agotamiento físico, se animó a entablar una brevísima conversación con Cristo. Sus palabras llenas de humildad —«acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino» (Lc 23,42) ­— merecieron que el mismo Dios hecho hombre le asegurara que en pocas horas estaría en el paraíso. San Josemaría se conmovió muchas veces con la actitud de aquel buen ladrón que «con una palabra robó el corazón a Cristo y se abrió las puertas del Cielo»[1]. Quizá la oración podría definirse así: una palabra que roba el corazón a Jesús y nos hace vivir, desde ahora, junto a él.

Dos diálogos en la cruz

Nosotros deseamos también que nuestra oración, como aquella del buen ladrón al que una tradición da el nombre de Dimas, se llene de fruto. Nos ilusiona soñar cuánto puede el diálogo con Dios transformar nuestras vidas. Robar el corazón es conquistar, enamorar, entusiasmar. Se roba porque no se merece recibir tanto cariño. Se asalta lo que no es propiedad ni posesión, pero se anhela. La oración se asienta sobre algo tan sencillo —aunque no es poco— como aprender a acoger semejante don en nuestros corazones, dejándonos acompañar por Jesús, que nunca impone sus regalos, ni su gracia, ni su amor.

Junto a Dimas, también en un madero sobre el Calvario, estaba su compañero de tormento. Contrasta el reproche que este segundo dirige a Jesús: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros» (Lc 23,39). Son palabras que caen como un jarro de agua fría. ¿Qué diferencia hay entre esos dos diálogos? Ambos hablaron con Jesús, pero solo Dimas acogió lo que el Maestro tenía preparado para regalarle. Llevó a cabo su último y mejor golpe: aquella petición de quedarse al menos en la memoria de Cristo. Su compañero, por el contario, no abrió su corazón con humildad a quien quería librarle de su pasado y ofrecerle un tesoro inigualable. Exigió su derecho a ser escuchado y salvado; se encaró con la aparente ingenuidad de Jesús y le reprochó su también aparente pasividad. Quizá siempre había robado así: considerando que recuperaba lo que le pertenecía. Dimas, por su parte, sabía que no merecía nada y esa actitud logró abrir la caja fuerte del amor de Dios. Supo reconocer a Dios tal como realmente es: un Padre entregado a cada uno de sus hijos.

DOS LADRONES JUNTO A JESÚS. DOS ACTITUDES Y PETICIONES OPUESTAS. SOLO UNO ACOGE EL DON DE DIOS

Frente a estos dos posibles diálogos que encontramos en el Evangelio podemos comprender que el Señor cuenta con nuestra libertad para hacernos felices. Y también que no siempre resulta fácil dejarse querer. La oración puede ser un medio estupendo para descubrir qué es lo que siente, lo que piensa y lo que quiere Jesús. La vida divina en nosotros es un don. La oración, en ese sentido, es un canal por el que se desborda el torrente de amor que Dios nos quiere ofrecer, una invitación inesperada a ganarnos de otra forma la verdadera vida.

Para abrir las puertas del cielo

San Josemaría nos recordaba que Dios «ha querido correr el riesgo de nuestra libertad»[2]. Una buena manera de agradecérselo podría ser abrirnos nosotros también a la suya. Incluso habría que decir que, en este segundo caso, no corremos riesgo alguno; tan solo podría darse cierta apariencia de peligro, ya que llevamos todas las de ganar: la garantía de su promesa son unos clavos que arden de amor por nosotros. Observando las cosas desde este punto de vista, comprendemos lo absurdo que puede llegar a ser resistirnos a la voluntad de Dios, aunque pronto comprobemos que nos ocurre con frecuencia. Lo que sucede es que «ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es ahora limitado; entonces conoceré como he sido conocido por Dios» (1Cor 13,12). Nos lo dice san Pablo: para conocernos no hay mejor camino que mirarnos desde Cristo, contemplar nuestra vida a través de sus ojos.

Dimas así lo comprende y no le da miedo la brecha enorme que se abre entre la bondad de Jesús y sus errores personales. Reconoce al rey del mundo en el rostro humillado y desfigurado de Cristo; en unos ojos que le miran con ternura, le devuelven la dignidad y, de una extraña manera, le recuerdan que es amado por encima de todas las cosas. Es verdad que puede parecer demasiado fácil el final feliz de la historia del buen ladrón. Sin embargo, nunca conoceremos el drama de la conversión que experimentó su corazón en aquellos momentos, ni la preparación que seguramente la hizo posible.

Abrirse a tanto cariño tiene un parecido enorme con descubrir que la oración es un don, un cauce privilegiado para acoger el afecto de un corazón que no sabe de medidas ni de cálculos. Se nos regala una vida diferente, más llena, más plena, mucho más feliz y con sentido. Así lo afirma el Papa Francisco: «Rezando le abrimos la jugada a Él, le damos lugar para que Él pueda actuar y pueda entrar y pueda vencer»[3]. Es Dios quien nos transformará, es Dios mismo quien nos acompañará, es él quien lo hará todo; solamente necesita que le abramos la jugada. Es en ese movimiento cuando entra en juego nuestra libertad, ganada precisamente en esa cruz de Cristo.

La oración nos ayuda a comprender que «cuando Él pide algo, en realidad está ofreciendo un don. No somos nosotros quienes le hacemos un favor: es Dios quien ilumina nuestra vida, llenándola de sentido»[4]. Eso es precisamente lo que le roba el corazón: la puerta abierta de nuestra vida que se deja hacer, que se deja querer, transformar, que ansía corresponder, aunque no sepa muy bien cómo hacerlo. «Gustad y ved qué bueno es el Señor» (Sal 34,9). Estas pocas palabras resumen el camino que nos lleva a ser almas de oración, «porque si no conocemos qué recibimos, no despertamos al amor»[5]. ¿Cuándo fue la última vez que le dijimos al Señor lo bueno que es? ¿Con qué frecuencia nos detenemos a considerarlo y gustarlo?

Por esta razón, el asombro es parte esencial de nuestra vida de oración: la admiración ante un prodigio que no cabe en nuestros parámetros. Eso nos lleva a repetir con frecuencia: «¡Qué grande eres, y qué hermoso, y qué bueno! Y yo, qué tonto soy, que pretendía entenderte. ¡Qué poca cosa serías, si me cupieras en la cabeza! Me cabes en el corazón, que no es poco»[6]. Alabar a Dios nos sitúa en la verdad de nuestra relación con Cristo, aligera el peso de nuestras preocupaciones y nos abre panoramas que no habíamos previsto anteriormente. Son las consecuencias de haber corrido el riesgo de entregarnos a la libertad de Dios.

Infinitas maneras de orar

Cuando san Josemaría estaba en México, durante uno de los encuentros que tuvo, quiso relatar una anécdota. Contó que un hijo suyo, filósofo de profesión, había recibido inesperadamente el encargo de ocuparse de las empresas de su familia: «Cuando me habló de negocios me quedé mirándole, me eché a reír y le dije: ¿Negocios? El dinero que tú ganes me lo pones aquí, en el hueco de mi mano, que me sobra sitio». Pasaron los años y volvió a encontrarse con él y le dijo: «Aquí está mi mano. ¿No te dije que lo que ganaras me lo pusieras aquí? Y él se levantó y, ante la expectación de todos, me besó la palma de la mano. Y dijo: ya está. Le di un abrazo y le contesté: me has pagado de sobra. ¡Anda, ladrón, que Dios te bendiga!»[7].

CRISTO ES EL MEJOR ESPEJO DONDE MIRARNOS PARA CONOCERNOS MEJOR

En la oración bien podemos poner un beso en la mano de Dios; entregarle nuestro cariño, como único tesoro, ya que no tenemos otra cosa. Para algunas personas bastará un gesto como este, dirigido al Señor, para encenderse en una oración de afectos y propósitos. Les parece mucho más expresiva una mirada que mil palabras. Querrían tocar todo lo que se refiere a Dios. Disfrutarían sintiendo, durante ese encuentro con el Señor, la brisa de la orilla del mar de Galilea. Los sentidos se disparan y la cercanía con Jesús hace posible esas sensaciones que llenan el corazón de paz y de alegría. Inmediatamente, ese gozo necesita ser compartido y la misión se convierte en abrir los brazos como Cristo para abrazar el mundo entero y salvarlo junto con Él.

Pero hay infinitas formas de orar, tantas como personas. Otros, por ejemplo, buscan sencillamente escuchar algunas palabras de consuelo. Jesús no escatima palabras de admiración para quien las necesita: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño» (Jn 1,47). Nos las dirá si abrimos nuestro corazón. Nadie ha pronunciado palabras de amor como las suyas. Y nadie las ha dicho con tanta gracia y con tanta verdad. Cuando las escuchamos, el amor que recibimos se cuela en nuestra mirada. Aprendemos así a mirar con Dios. Vislumbramos, de esta manera, lo que cada amigo o amiga sería capaz de hacer si se dejara acompañar por la gracia.

Hay también personas que disfrutan sirviendo a los demás, como Marta, la amiga del Señor que vivía en Betania. Jesús, cuando el Evangelio nos cuenta que estuvo de visita allí, no le dijo a Marta que se sentara, sino que la invitó a descubrir lo único necesario (cfr. Lc 10,42) en medio de lo que hacía. A personas parecidas a Marta probablemente las conforta pensar, mientras oran, que Dios actúa a través de ellas para llevar a muchas almas al cielo. Les gusta llenar su oración con rostros y nombres de personas concretas. Necesitan convencerse de que son corredentoras con todo lo que hacen. De hecho, si María pudo escoger “la mejor parte” es justamente porque Marta servía; a esta última le bastaba saber que quienes la rodeaban eran felices.

Otras personas, por su parte, están más inclinadas hacia los detalles pequeños, hacia los regalos, aunque sean de muy poco valor. Es la manifestación de un corazón que no deja de pensar en los demás y siempre encuentra en la vida algo que se refiere a sus seres queridos. Puede ser que a ellas les sirva aprender a descubrir todos los dones que Dios ha sembrado en su vida. «La oración, precisamente porque se alimenta del don de Dios que se derrama en nuestra vida, debería ser siempre memoriosa»[8]. También pueden ilusionarse con sorprender a Dios con mil detalles minúsculos. El factor sorpresa tiene mucha importancia para ellas y atinar con lo que al Señor le fascina no es tan difícil. Aunque sea un misterio, hasta lo más pequeño le llena de agradecimiento y hace brillar sus ojos. Cada alma que procuramos acercar a su amor —como la de Dimas en sus últimos momentos— le roba de nuevo el corazón.

HAY INFINITAS FORMAS DE ORAR, TANTAS COMO PERSONAS

Sin ánimo de encerrar en esquemas previos todas las posibilidades, hay también almas que necesitan pasar tiempo con quien aman. Puede que les guste, por ejemplo, consolar a Jesús. Todo tiempo gastado con quien aman les parece poco. Para percibir el cariño divino puede servirles pensar en Nicodemo que era recibido por Jesús con toda la noche por delante, en la intimidad de un hogar muy dado a las confidencias. Precisamente por ese tiempo compartido, Nicodemo será capaz de dar la cara en los momentos más difíciles y estar cerca de Cristo cuando los demás se encuentren llenos de miedo.

A veces pensamos que conocernos es identificar nuestros errores: eso es verdad, pero no es toda la verdad. Conocer a fondo nuestro corazón y nuestros anhelos más íntimos es clave para poder escuchar a Dios, para dejarnos llenar por su amor.

***

La conversación entre Jesús y el buen ladrón fue breve pero intensa. Dimas descubrió que había una rendija en ese gran corazón inocente de Cristo: una forma fácil de asaltarlo. La voluntad de Dios, tantas veces oscura y dolorosa, se iluminó y se ilumina con la petición humilde del bandido. Su único deseo es que seamos felices, muy felices, los más felices del mundo. El buen ladrón se coló por esa grieta y se apoderó del mayor tesoro. La Virgen María fue testigo de cómo Dimas defendió a su hijo. Quizá, con una mirada, pidió a Jesús que lo salvara. Y Cristo, incapaz de negar nada a su madre, dijo: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23,43).

Diego Zalbidea


[1] San Josemaría, Via Crucis, estación XIIª, punto 4.

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 113.

[3] Papa Francisco, Christus vivit, n. 155.

[4] F. Ocáriz, Luz para ver, fuerza para querer, en Diario ABC 18 de septiembre de 2018.

[5] Santa Teresa de Jesús, Vida, 10, 3.

[6] San Josemaría, Apuntes de la predicación, 9-VI-1974; en volúmenes de “Catequesis” 1974/1, p. 386 (AGP, biblioteca, P04).

[7] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 27-XI-1972; en “Dos meses de catequesis” 1972, vol. II, p. 616 (AGP, biblioteca, P04).

[8] Papa Francisco, Gaudete et exsultate, n. 153.

 

 

Después de un año conseguí trabajo cerca de mi marido

Por motivos de trabajo estaba lejos de mi marido, acudí a la intercesión del Beato Álvaro del Portillo y conseguí una plaza en la misma ciudad que él.

RELATOS Y FAVORES08/07/2020

Hace dos años mi marido y yo estábamos viviendo a 200 km de distancia por motivos de trabajo. Llevábamos así más de un año, desde septiembre de 2017.

El 27 de septiembre de 2018, aniversario de la beatificación de don Álvaro, le pedí un gran favor: que me ofertaran de la bolsa pública de trabajo, en la que estaba apuntada, una plaza en la ciudad donde estaba mi marido. Sabía que era muy difícil porque tenían que darse varias condiciones: que la plaza fuera de mi especialidad, que tuviera carácter de interinidad y que estuviese en Valencia.

EL 2 DE OCTUBRE ME LLAMARON DESDE LA CONSEJERÍA PARA OFRECERME UNA PLAZA VACANTE

Al cabo de unos días, el 2 de octubre, me llamaron desde la consejería para ofrecerme una plaza vacante de mi especialidad en Valencia. Por fin podíamos reunirnos.

Creo que debía contar este gran favor, aunque haya pasado más de año y medio.

S. A. L. - España


Novena al beato Álvaro

► Novena al beato Álvaro del Portillo, obispo, prelado del Opus Dei, compuesta por el siervo de Dios Juan Larrea Holguín.

► Novena de la serenidad al beato Álvaro, para alcanzar la paz del corazón.


 Clic aquí para enviar el relato de un favor recibido.

También puede comunicar la gracia que se le ha concedido mediante correo postal a la Oficina de las causas de los santos de la prelatura del Opus Dei (Calle Diego de León, 14, 28006 Madrid, España) o a través del correo electrónico ocs.es@opusdei.org.

 Clic aquí para hacer un donativo.

En alternativa puede enviar una aportación por transferencia a la cuenta bancaria de la Asociación de Cooperadores del Opus Dei con IBAN número ES53 2100 1547 7502 0024 4065 y BIC, CAIXESBBXXX en La Caixa (agencia urbana de la calle Cartagena, 4, 28028 Madrid, España).

 

 

“La nueva normalidad del corazón”

“Que el Espíritu Santo nos ayude a convertirnos”

Felipe Arizmendi Esquivel, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano, analiza cada miércoles en zenit un tema de actualidad desde tres claves: Ver, pensar y actuar. Este miércoles, 8 de julio de 2020, el prelado mexicano profundiza en cómo debemos vivir esta “nueva normalidad” una vez que vaya pasando la pandemia por el SARS-CoV-2, que nos trajo la enfermedad COVID-19.

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VER

Nuestros gobiernos y los medios informativos hablan mucho de “la nueva normalidad”, que hacen consistir en la nueva forma de vivir en sociedad, en el comercio, el trabajo, la escuela, el deporte, la calle, una vez que vaya pasando la pandemia por el SARS-CoV-2, que nos trajo la enfermedad COVID-19. Se sugieren medidas más cuidadosas de higiene, “sana distancia”, estornudo “de etiqueta”, uso de mascarillas, etc. Muchas personas han asumido esta nueva forma de socialización con mucha responsabilidad; sin embargo, hay miles a quienes nada les importa, ni su propia salud, ni la de los demás. Su normalidad es la de siempre; su vida para nada ha cambiado, y parece que seguirá igual.

Sin embargo, los contagios llegan cada día más a nuestras pequeñas poblaciones, que parecían inmunes por la distancia de las ciudades y por su menor movilidad social. El presidente municipal de Texcaltitlán, vecino a mi pueblo, que hace poco era considerado “municipio verde” porque no tenía contagios, acaba de avisar en las redes sociales que ya hay ocho enfermos y dos fallecidos por este virus, y por ello han suspendido las fiestas externas del apóstol Santiago y han tomado otras restricciones sanitarias.

Sobre estos asuntos, he recibido un mensaje de Juan Urañavi Yeroqui, un laico indígena de Bolivia, a quien conocí en un encuentro latinoamericano de agentes de pastoral nativos de pueblos originarios que me tocó coordinar en Latacunga, Ecuador, de parte del CELAM, en abril de 2019. Vive muy lejos de Santa Cruz de la Sierra, una de las ciudades más importantes de ese país.

Transcribo lo que me dice: “Le cuento que yo padecí el dolor del virus. Ahora estoy mucho mejor; ya van 22 días. Claro que no llegué al extremo, a Dios gracias. Sin embargo, experimenté la cercanía de muchos mediante las oraciones, su solidaridad con palabras alentadoras y con materiales. Oré mucho también por los que padecen esta pandemia en el mundo, por la protección al cuerpo médico y de limpieza, y por los que están sanos. En mi tierra, distante 300 Km de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, cuyos habitantes en su mayoría son de origen indígena gwarayu, mueren 2 y 3 al día. De mi comunidad, murieron también el Cacique I y su II. Ayer fue sepultado un profesor joven, inquieto de poder ayudar a los otros. ¡Qué dolor, monseñor! Hay muchos enfermos, no hay médico de especialidad, no hay condiciones en los hospitales, no hay medicamento, sino que la mayoría se pudo defender con medicina casera. Gracias a Dios, ya están apareciendo los voluntarios, que de alguna manera están paliando. En fin, monseñor, ¡qué dolor! Al mismo tiempo, vemos el rostro de Dios, mediante la recuperación de nuestro obispo, Mons. Antonio Bonifacio Reimann Panic, que, después de tres meses de lucha contra el coronavirus, pudo presidir la Eucaristía aquí en su sede. ¡Pongámonos en las manos del Dueño Absoluto de nuestra vida!”.

PENSAR

Hemos insistido en que esta pandemia no es castigo de Dios, sino una advertencia para que nos convirtamos y no sigamos con nuestra “vieja normalidad”. Así nos enseña Jesús a interpretar los acontecimientos de la vida: “Se presentaron algunos ante Jesús para informarle de que Pilato había asesinado a algunos galileos y mezclado su sangre con los sacrificios que ofrecían. Jesús les respondió: ‘¿Piensan que esto les sucedió a esos galileos porque eran más pecadores que todos los demás? Les aseguro que no, pero, si ustedes no se convierten, entonces morirán de manera semejante. ¿Y piensan que aquellos dieciocho hombres que murieron cuando cayó sobre ellos la torre de Siloé eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Les aseguro que no, pero si ustedes no se convierten, morirán como ellos’” (Lc 13,1-5).

San Pablo nos enumera varios aspectos en los que deberíamos hacer consistir la nueva normalidad de nuestro corazón: “Quienes ya hemos muerto al pecado, ¿cómo vamos a seguir viviendo en él?… Fuimos sepultados con él en la muerte por el bautismo, para que así como Cristo resucitó de entre los muertos por el glorioso poder del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva…, pues sabemos que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, para que fuera anulado nuestro cuerpo sometido al pecado… No permitan, por tanto, que el pecado domine en su cuerpo mortal, para no obedecer a sus deseos desordenados… Así como ofrecieron sus miembros al servicio de la impureza y de la maldad hasta la perversión, ofrézcanlos ahora al servicio del don de Dios que los hace justos hasta alcanzar la santificación. Cuando estaban al servicio del pecado, eran libres del don de Dios que los hace justos. ¿Y qué frutos obtuvieron entonces? Frutos de los que ahora se avergüenzan, porque su fin era la muerte. En el presente, en cambio, como ya están libres del pecado y al servicio de Dios, tienen como fruto la santificación y su fin es la vida eterna” (Rom 6,2-22).

La nueva normalidad debería implicar, como exhorta san Pablo, “despojarse de la conducta de antes, la del hombre viejo que se corrompe por los deseos engañosos, a renovar su mente por medio del espíritu y a revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en vista al don que nos hace justos y a la santidad verdadera. Por eso, despojándose de la mentira, que cada uno diga la verdad a su prójimo, porque somos miembros unos de otros. Si llegan a enojarse, no pequen, y que la puesta del sol no los encuentre enojados. No den oportunidad al Diablo. El ladrón, que no robe más; al contrario, que trabaje honestamente con sus propias manos para compartir con el que tiene necesidad. Que ninguna mala palabra salga de la boca de ustedes; lo que digan, que sea provechoso para edificación del que tiene necesidad, y así harán el bien a sus oyentes. Y no entristezcan al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron marcados para ser reconocidos en el día de la redención. Desaparezca de ustedes toda amargura, ira, enojo, insulto, injurias y cualquier tipo de maldad. Sean bondadosos unos con otros, sean compasivos y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó en Cristo” (Ef 4,22-32).

Para que haya nueva normalidad, conviene tener muy en cuenta lo que dice san Pablo a los colosenses: “Si han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Prefieran, pues, los bienes de arriba, no los de la tierra. Porque ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Pero cuando se manifieste Cristo, vida de ustedes, entonces también se manifestarán con él llenos de gloria. Por eso, den muerte a lo que hay de mundano en ustedes: lujurias, impurezas, pasiones desenfrenadas, malos deseos y avaricia, que es una idolatría. Por todo esto sobreviene la ira de Dios sobre los desobedientes. También ustedes se comportaron así cuando antes vivían ese tipo de vida. Pero ahora dejen todo eso: ira, cólera, maldad, injurias y el lenguaje grosero de su boca. No se mientan unos a otros, pues se han despojado del hombre viejo con sus prácticas y se han revestido del hombre nuevo que, mediante el conocimiento, se va renovando conforme a la imagen de su Creador… Como elegidos de Dios, santos y amados, revístanse de entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. Acéptense mutuamente y perdónense cuando alguien tenga una queja contra otro. Como el Señor los perdonó, así también ustedes. Y que por encima de todo prevalezca el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta. Y que la paz de Cristo, a la cual han sido llamados para formar un solo cuerpo, sea la que rija en sus corazones. Sean agradecidos. Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza, para que -con toda sabiduría- se enseñen y aconsejen unos a otros, y con un corazón agradecido, canten a Dios salmos, himnos y cánticos inspirados. Por tanto, todo cuanto hagan o digan, háganlo todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (3,1-17).

ACTUAR

Que el Espíritu Santo nos ayude a convertirnos, para vivir en una nueva normalidad del corazón.

 

Lidérate para liderar

Como bien sabéis, no me gusta hablar de «conciliar» la vida, porque -como indica el DRAE- conciliar es poner de acuerdo a contrarios, y no se trata de eso, sino de integrar todos los aspectos de nuestra vida, especialmente en este entorno COVID. Hace unos días ofrecí una sesión online sobre el liderazgo integrado e integrador de la propia vida, a fin de poder también liderar a otros.  Y sé que algunos no pudisteis conectaros. Por eso, os dejo aquí el vídeo de la sesión que los organizadores, Coloquios de Actualidad, han realizado.

Os deseo a todos un feliz y reparador descanso este verano, con la ilusión de volver a encontrarnos en persona en el próximo curso.

 

Trabajo-diversión y trabajo-heroísmo

Una visión del trabajo evidentemente mentirosa, muy en voga en los años ’60. Todo trabajo exige esfuerzo. Y el esfuerzo cansa, pesa y desgasta.

 

Nuestra época tiene un horror fundamental a todo sufrimiento, lo que conduce a ocultar el dolor y presentar el Universo como un paraíso de delicias.

 

Fisonomías totalmente distendidas. Sonrisas en todos los labios.

Actitudes que expresan un alto grado de bienestar físico y psíquico. Los trajes en colores grises claros y discretos refuerzan esa impresión.

¿Que hacen estos jóvenes?Si estuviesen en un salón de té o en un salón “cursi”, su actitud no sería diferente. Pero ¿que es esta mesa? ¿Juegan en ella algún nuevo y extraño juego que les da tanta y tan distendida distracción? Lejos de esto. Son obreros que trabajan en una fábrica…

Esta visión del trabajo es evidentemente mentirosa. Todo trabajo exige esfuerzo. Y el esfuerzo cansa, pesa y desgasta. Ahora bien, en esta fotografía precisamente las ideas de cansancio, peso y desgaste están enteramente eliminadas. Se diría que no existió el Pecado Original, y que el sudor “ese terrible símbolo del esfuerzo penoso” no es inherente al trabajo.

Claro está que en circunstancias especiales la actividad profesional puede ser sumamente apacible y distendida. Pero esas circunstancias son efímeras. Por poco que el trabajo se prolongue o se repita, el cansancio y la impresión penosa de lucha comienzan a aparecer.

Que un diseñador haya resuelto presentar bajo esa falsa luz el trabajo, no es cosa de mayor monta. Lo importante está en que su diseño es expresión típica de una tendencia muy generalizada en nuestra época: un horror fundamental a todo sufrimiento que conduce a ocultar el dolor y presentar el Universo como un paraíso de delicias.

 

Entender la angustia del hombre contemporáneo

 

El dolor sería principalmente producto subjetivo de la mente. Si el hombre sonriese delante de todo habría eliminado el sufrimiento, si no totalmente, al menos en grandísima medida.

De ahí viene la famosa frase: aunque se quiebre la pierna, continúe sonriendo.

Es esta concepción de la vida, fútil, falsa, que engaña sólo a los tontos, lo que la fotografía expresa. Ella se resume en dos palabras: neopaganismo naturalista.

*   *   *

Rostro alargado, trazos finos y firmes, la mirada penetrante y decidida, sosteniendo con vigor varonil un gran remo, este pescador vasco tiene una ruda profesión en que su alma se modeló y dignificó.

Subyacente a la fisonomía de este trabajador y al ambiente que ella trae consigo, está toda una concepción católica del trabajo y del dolor

En todo el sentido de la palabra él es un hombre. Un hombre que tiene la altanería caballeresca de un verdadero cristiano, de un católico auténtico.

Toda su personalidad está marcada por el esfuerzo, por la lucha, por el riesgo. Se ve que innumerables veces enfrentó los furores o las traiciones del océano y los dominó. Y que está totalmente dispuesto a una serie incontable de otras empresas audaces.

Subyacente a la fisonomía de este trabajador y al ambiente que ella trae consigo, está toda una concepción católica del trabajo y del dolor.

El sufrimiento existe. Pero es un don admirable de Dios para que el hombre, auxiliado por la gracia temple y eleve su personalidad. San Francisco de Sales llamaba al sufrimiento el octavo sacramento.

Ocultar el dolor es esconder uno de los más nobles e importantes aspectos de la existencia. Si se analiza bien la vida, se verá que casi toda o toda la belleza que ella contiene resulta de un dolor nítidamente previsto y noblemente soportado hasta el final.

¿Que sería de este pescador sin las grandes luchas de su existencia? ¿No son ellas su genuina y rutilante gloria?

Es obvio que sin el auxilio de la gracia, el hombre no puede soportar rectamente y en su totalidad los esfuerzos y sacrificios de mil géneros que la vida impone.

Pero cuando el alma corresponde a la gracia, ella es capaz de esa gran y gloriosa conformidad con el dolor. De ahí la concepción católica del trabajo en que precisamente lo que este tiene intrínsecamente de más bello está en ser penoso.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

«La pobreza existe, en definitiva, a causa de decisiones políticas

El 7 de julio se hace público el Informe final del Relator de las Naciones Unidas para Extrema Pobreza y Derechos Humanos sobre su visita a España entre enero y febrero de 2020, un hito que supone para Cáritas Española la culminación de un fructífero proceso de colaboración mutua para poner negro sobre blanco las asignaturas que en el ámbito de la pobreza y la exclusión social sigue sin superar un país como España, que es la cuarta economía de la Unión Europea.

El Informe recoge muchas de las propuesta de Cáritas, que participó muy activamente tanto en la organización de la visita que hizo el anterior Relator, Philip Alston, como en la preparación de la misma mediante el envío de información previa (InformeAnexo 1 y Anexo 2) y, posteriormente, en la difusión de la presentación de su Informe Preliminar.

El Informe final que ahora presenta el actual relator, Olivier de Shutter, supone una llamada urgente al Gobierno de España a liderar la voluntad política necesaria para resolver los desequilibrios detectados. Y es que, como señala el Relator en sus conclusiones, “la pobreza existe, en definitiva, a causa de decisiones políticas, y los Gobiernos pueden optar, si lo desean, por eliminarla”.

Las propuestas de futuro que recomienda el Relator en su Informe sobre España, y que en su mayoría recoge las ya solicitadas por Cáritas Española en sus informes presentados a dicha Relatoría en 2019, subrayan la necesidad que el Gobierno central movilice los recursos necesarios para alentar a las comunidades autónomas a participar en unas reformas estructurales de gran alcance. En este sentido, el Relator saluda que el nuevo Gobierno haya dado prioridad a los derechos sociales y a la justicia social para abordar la situación de las personas más vulnerables, aunque señala la necesidad de que se produzcan decisiones urgentes.

Realidad constatada por el Relator

Para Cáritas Española merecen especial atención algunas de las constataciones reflejadas en el Informe. En especial, destacan las siguientes:

– A pesar de ser la cuarta economía de la UE y mostrar un crecimiento constante desde 2008, en España la recuperación ha beneficiado principalmente al estrato más rico de la sociedad y, en gran medida, los poderes públicos han fallado a las personas que viven en la pobreza.

– Sigue habiendo situaciones de gran pobreza muy extendidas.

– Una alta tasa de desempleo y una situación de desempleo juvenil crónico.

– Existe una crisis de vivienda de enormes proporciones,

– Los programas de protección social son muy insuficientes.

– Un sistema educativo segregado y cada vez más anacrónico,

– Políticas tributarias y de gasto que favorecen mucho más a las clases acomodadas que a las pobres,

– Una mentalidad burocrática que permite a las autoridades eludir su responsabilidad y valora más el formalismo que el bienestar de las personas.

Para incidir en estas deficiencias, el Informe enumera una serie de actuaciones urgentes, algunas ya en marcha desde la visita del Relator, como son:

– Adoptar medidas globales y creativas que alivien la crisis de vivienda.

– Promover unas condiciones de trabajo decentes, en particular para quienes tienen un empleo precario y para las trabajadoras y trabajadores migrantes.

– Instaurar un sistema nacional de renta mínima que garantice un nivel de vida básico a todas las personas necesitadas.

– Establecer un programa de educación preescolar para todos los niños y niñas de 0 a 3 años de edad.

– Realizar una reforma fiscal de gran calado que permita garantizar un fuerte efecto redistributivo, reducir el fraude fiscal y la elusión de impuestos y publicar el tipo impositivo que se aplica a las empresas.

A lo largo del Informe, en el que abundan las referencias a la acción de Cáritas y a los informes de la Fundación FOESSA, impactan algunas de las afirmaciones vertidas por el Relator en el mismo, como cuando reconoce que la palabra que oyó con más frecuencia durante las dos semanas de su visita fue “abandonados”. De manera textual, afirma: “El hilo conductor de los testimonios fue la falta de ayudas públicas para impedir que la población sufra innecesariamente los peores efectos de la pobreza, situación a la que muchas personas se enfrentan a causa de fenómenos que, en gran medida, escapan a su control, como la pérdida de un trabajo, la discriminación estructural o una enfermedad.

En otro momento, el Relator señala que “el sistema de prestación de asistencia social está roto. Debería contribuir de manera importante a reducir la pobreza, pero resulta extraordinariamente ineficaz, ya que las familias ricas se benefician más de las transferencias monetarias que las pobres”.

“El reciente aumento de las prestaciones familiares y por hijas o hijos a cargo y del salario mínimo –afirma en otro punto— es un primer paso importante, pero dista mucho de ser suficiente. Existe un gran consenso sobre los daños que causan las políticas de vivienda y protección social actuales y sobre lo que debe hacerse al respecto, pero la inacción es la tónica general”.

Participación de Cáritas en la ONU ante la crisis de la Covid-19

Además de esta colaboración con el Relator Especial para la Extrema Pobreza, en el marco de la crisis social y económica provocada por la Covid-19, Cáritas ha participado muy activamente con dos Relatorías de Naciones Unidas en la presentación de información sobre la situación actual respecto a Extrema Pobreza y DDHH y Vivienda.

Dentro de esta línea de trabajo, Cáritas Española, por una parte, ha presentado ante la Relatoría Especial sobre la extrema pobreza y los derechos humanos de Naciones Unidas un informe sobre las medidas tomadas por el Gobierno ante COVID-19 en relación a su garantía de Derechos Humanos.

Y, por otra, un segundo informe ante la Relatoría Especial para una Vivienda adecuada de Naciones Unidas sobre medidas adoptadas ante el impacto del coronavirus en relación al acceso, disfrute y garantía en el Derecho Humano a una vivienda adecuada, y que se ha llevado a cabo con la participación de 41 Cáritas Diocesanas. Con esta línea de trabajo, Cáritas avanza en la habitual colaboración que mantiene desde hace seis años con esta Relatoría, y que ahora se mantiene con el nuevo relator Balakrishnan Rajagopal.

En ambos informes se constata que esta crisis no está siendo igual para todos, y están siendo los más frágiles quienes más rápidamente y de manera más intensa ven que sus condiciones de vida empeoran o se hunden al perder el empleo y los exiguos ingresos que tenían.

En síntesis, esta crisis ha agravado la delicada situación de vivienda que ya existía y nos sitúa más cerca de una posible emergencia habitacional, con más de 700.000 personas acompañadas por Cáritas que residen en hogares que no disponen de dinero para pagar la vivienda ni los suministros.

La paralización de una parte importante de la economía ha provocado una rápida subida del desempleo, que en el caso de las familias más vulnerables ha sido ocho veces superior al incremento medio, y ha situado la tasa de paro en el 73%.

El impacto en los ingresos de los hogares ha provocado que tres de cada diez hogares no dispongan ahora mismo de ningún ingreso: aproximadamente 450.000 personas que residen en hogares acompañados por Cáritas no ingresan ni un solo euro en estos momentos.

Asimismo, en el ámbito de la vivienda, asistimos al aumento el riesgo de desahucio. Esta crisis ha venido a agravar la delicada situación que ya existía y nos sitúa más cerca de una posible emergencia habitacional, si se tiene en cuenta que un 49,2% de los hogares no puedan hacer frente a los pagos de hipoteca o alquiler. En el caso de Cáritas, más de 700.000 personas acompañadas por nuestra institución residen en hogares que no disponen de dinero para pagar la vivienda ni los suministros y una de cada cuatro familias atendidas por Cáritas puede verse obligada a tener que abandonar su vivienda, ya sea por desahucio o por tener que buscar una vivienda con costes aún más reducidos.

Próxima intervención de Cáritas ante el Consejo de Derechos Humanos de Ginebra

Este intenso trabajo de interlocución de Cáritas Española con los organismos de Derechos Humanos del Sistema de Naciones Unidas tendrá, además, una nueva cita de interés el próximo 16 de julio. Ese día, Cáritas intervendrá ante al Consejo de Derechos Humanos de Ginebra respecto al Examen Periódico Universal que está pasando España ante Naciones Unidas (Tercer Examen) y sobre las medidas que considera urgentes e ineludibles ante la situación de tantas personas y familias en nuestro Estado de no acceso a derechos humanos.

También en esa comparecencia del 16 de julio, el Gobierno español expondrá ante el Consejo qué recomendaciones formuladas por el resto de países ha aceptado para sus políticas públicas de futuro en el examen que ha pasado sobre estos últimos cinco años. Precisamente fue en el Examen Periódico Universal de España de 2015 cuando Cáritas Española se estrenó en este foro de Naciones Unidas.

(Cáritas)

 

La humanidad frente al racismo y otras inhumanidades

Javier Algara

El racismo y la pandemia son dos calamidades que han asumido el papel protagónico entre las muchas inhumanidades que afectan a la humanidad.

El asesinato de George Floyd en Estados Unidos ha abierto los ojos de gran parte de la humanidad acerca del problema, hasta hoy sin solución, de la discriminación racial. Aunque creo que más que “ha abierto los ojos” sería más correcto decir “ha vuelto a abrir los ojos”, pues no ha sido la primera vez que las confrontaciones causadas por las actitudes de ciertos grupos en relación con los diferentes colores de la piel llegan a alcanzar niveles trágicos y letales. Sobre todo en naciones donde por razones históricas y culturales esas actitudes han perdurado hasta hoy e influido en la vida social, laboral y política. Los choques violentos entre personas de distinto color de piel nunca podrán ser moralmente justificados ni socialmente deseables, pero parece que nosotros, los pobladores de este planeta, incluso luego de tantos años de luchar por la igualdad, aún no hemos podido convencernos de eso. Es por lo tanto inevitable que periódicamente se repitan estas conflagraciones.

Lo más triste del caso es que entre más fuerte es el choque entre razas, más se pone en evidencia que lo que pasa es que no hemos aún logrado ver al prójimo como alguien tan valioso como nosotros mismos. El color de la piel, la posición económica, la fama, la belleza siguen siendo –¡ay!– hasta ahora parámetros de valor que asfixian al único criterio que debería servirnos de medida: la dignidad que reside en cada persona. Esta es la verdadera tragedia y es a donde gobiernos, iglesias y sociedad deberíamos enfocar nuestros esfuerzos si queremos que ya no haya más George Floyds.

Ahora bien, a juzgar por los medios de comunicación, tal parecería que lo que acontece actualmente en EUA –y en algunos otros países influenciados por el problema racial de ese país– es el único asunto importante; el único que puede sacudir las conciencias del mundo y encender todos los focos de alarma. La humanidad –parece afirmarse– nunca ha temblado con tanta angustia en los últimos años como tiembla actualmente ante el coronavirus y ante a la violencia causada por el racismo. Estas dos calamidades han asumido el papel protagónico entre las muchas inhumanidades que afectan a la humanidad. Y eso en gran parte se debe, más que a consideraciones humanistas, a los enormes daños que ambos problemas están causando en la economía y en las expectativas de progreso material de la humanidad. Indudablemente que se trata de dos problemas que están sacudiendo todas las seguridades de gran parte de la humanidad, y merecen ser tratados con urgencia. Pero de ningún modo son las únicas inhumanidades, ni siquiera son las más graves. La pandemia, conviene aclararlo, no es una inhumanidad (excepto, claro, cuando le cae como anillo al dedo a algún político), sino pura humanidad, gracias a la cual el ser humano puede percatarse de su debilidad innata y su dependencia de Dios. El racismo sí es un caso gravísimo de inhumanidad, pero a su lado hay otros que, siendo de igual o mayor gravedad, son no obstante ignorados de modo culpable por la humanidad. Basta mencionar dos casos: las persecuciones religiosas y el aborto.

El cristianismo está siendo perseguido de modo sistemático en muchos países. Los derechos más básicos de los cristianos están siendo pisoteados. Ellos forman el grupo humano más perseguido en la actualidad. Hay datos estadísticos que corroboran esta verdad. Naciones que antiguamente eran cristianas, son ahora casi totalmente musulmanas debido a las leyes implementadas por el Islam. En China los templos son derribados y los sacerdotes puestos en prisión. En Corea del Norte los cristianos son encarcelados o desaparecidos. Los cristianos han debido huir de esas naciones so pena de perder la vida. Más en las naciones donde hoy se realizan manifestaciones contra el racismo nadie ha salido a la calle a exigir que se detenga esa persecución; las noticias de primera plana nunca hablan de ello. ¿Es que los cristianos perseguidos no merecen ser defendidos como las víctimas del racismo? Respecto al aborto, las leyes que lo legalizan han provocado que la humanidad haya perdido más vidas por ese crimen que en todas las guerras de la historia juntas. Empero, casi ningún medio informativo se toma la molestia de informar objetivamente sobre esos datos, ni sobre las acciones encaminadas a erradicar el aborto. Cada año, por ejemplo, en la ciudad de Washington se realiza una marcha por la vida, contra el aborto, que congrega a cientos de miles de personas. ¿Alguien recuerda algún noticiero o periódico que haya hablado de ello? ¿Será que los niños por nacer no valen la pena? ¿No es inhumano matar a una persona inocente e indefensa? ¿No son estas inhumanidades también merecedoras de la atención de la humanidad?

Valdría la pena aprovechar la crisis causada por las confrontaciones raciales –y el encierro forzado por la pandemia– para exigirnos a nosotros mismos y a los gobiernos que la discriminación por causa del color de la piel, y cualquier otro tipo de inhumanidad, debe detenerse. Y los cristianos debemos encabezar esta exigencia.

 

 

Relativismo y NOM 

Un control sobre el planeta a base de distintas fórmulas seria un gobierno mundial o el mínimo posible de gobiernos como ya se esta haciendo, el NOM será político, económico y espiritual porque con la religión vienen los derechos humanos y todo un concepto de la persona, se impone un sincretismo religioso y acaba con el cristianismo, imponer un nuevo régimen de creencias lo cual ya está en los planes de la ONU, además de la ética planetaria que es un proyecto sincretista, se unen sincretismo religioso y panteísmo, el catolicismo religioso es incompatible con el NOM primero por razón y fe y segundo porque Dios aborrece el mundo y a los que se entregan a él y esperan en sí mismos y no en Dios .

La venida de Dios al mundo construye una civilización y un sistema de valores que ha configurado la mejor civilización que ha existido y lo que somos, por eso podemos escribir esto en julio del 2020.

Hoy la verdad no interesa porque es incompatible con la religión cristiana, hay que redefinir los dogmas religiosos como solicitó la candidata a presidente de EEUU en 2015 (Clinton); quien adhiere a la verdad no es fiable porque el político vive hoy en el escepticismo agnóstico, por eso un sistema de gobierno democrático lleva al totalitarismo y a la tiranía (miremos nuestra historia y lo que actualmente vivimos). El NOM es necesario imponerlo en lo moral, una sociedad degradada es dominable solo por el miedo lo cual trae angustia y desesperación y de ¿cómo impondrán los ciudadanos un nuevo estado sino hay valores? En occidente desde hace varios siglos se viene imponiendo el gnosticismo y el sincretismo y trae el relativismo y esto es obra de la masonería, sociedad perversa creada por el judaísmo, el comienzo de la relativización de los valores y principios comenzaron con la Revolución Política Francesa.

Hoy el que adhiere a la Verdad esta excomulgado, encerrado y despreciado porque nadie lo escucha y ni se interesa por él siendo aborrecido por muchos y además hay que soportar a los cobardes que conocen la Verdad pero públicamente no la manifiestan. ¿Por qué ocultan a Dios, por qué ocultan su existencia, por qué ocultan su fe? Esto es grave y lo peor que muchos cristianos callan, y dentro de la Iglesia el silencio causa espanto. El cristiano tiene que dar testimonio, tiene que dar razón de aquello que cree, no podemos ocultar lo que conocemos. ¿Acaso el que creó el ojo no ve, el que implantó el oído no escucha, el que creó el entendimiento del hombre no comprende lo que ocurre? ¿Quién podrá ocultar la Verdad de Dios? Y seremos juzgados por esto. Debemos cuidar la dimensión espiritual por que somos responsables de nuestra más estricta intimidad, aunque muchos no sepan nada de ella pero sí lo sabe Dios que escrudiña el interior del hombre, estamos en las manos de Dios. Revolución Francesa 33´ Desaparece el cristianismo – La Vandee lo que ocurrió con Cristo o contra Cristo.

Tenemos que aceptar el sufrimiento y para esto es necesario: oración, humildad, fortaleza, perseverancia y paciencia; las virtudes Hay otras pero empezemos aquí. Recordemos que Cristo no se ahorró ningún sufrimiento.

 

 

‘Me preocupa que se haya normalizado que los niños pequeños jueguen con el móvil’: Lucía, mi pediatra

FamilyOn - 06.07.2020

 

Lucía Galán, reconocida pediatra española

Somos muchos los que la seguimos en redes sociales, en su blog, en su canal de YouTube… buscando consejos de la pediatra más famosa de España. Y ahora, por fin, acaba de publicar ‘El gran libro de Lucía, mi pediatra’, una guía completa sobre la salud de los niños, desde el nacimiento hasta la adolescencia.

En esta guía trata muchísimos temas, desde los cólicos del lactante, la fiebre, las intoxicaciones, ahogamientos, vómitos, alimentación… hasta las nuevas tecnologías, un tema que dice preocuparle especialmente y que daría para escribir un libro en sí mismo. A continuación reproducimos la entrevista de FamilyOn a la experta: 

Lucía, la OMS da unas recomendaciones clarísimas en cuanto al consumo de pantallas: De 0 a 2 años, cero pantallas. Entre los 2 y los 5 años, no exponerlos más de una hora al día. Entre los 5 y los 17 años, no más de dos horas al día, sin hacer excepciones los fines de semana. Sin embargo, el 54% de los niños y adolescentes no cumple con estas recomendaciones. ¿Qué consecuencias estamos ya sufriendo por no cumplir estas recomendaciones y tú estás viendo en consulta?

La inmensa mayoría de los padres no hemos sido educados en redes sociales porque no existían. Y eso hace que nos sintamos inseguros, no tengamos una referencia. Mis hijos, por suerte o por desgracia, han tenido una madre conectada a las redes y este ha sido un punto más en su educación. He tratado siempre de educarles en el uso responsable de las redes sociales y nuevas tecnologías.

Las consecuencias que estoy empezando a ver y que me preocupan es que hay padres que normalizan que niños muy pequeños jueguen con sus teléfonos móviles y su tiempo libre lo consuman con el teléfono. Y normalicen que, mientras están haciendo la compra en el supermercado, al niño lo sientan en el carrito y le dan un móvil para que se entretenga. Y normalizan que el niño de cuatro años esté en un restaurante con el resto de la familia y, en lugar de jugar con sus primos, esté enganchado a un dispositivo. Eso es lo que me preocupa, que los padres lo hayan normalizado. El niño necesita jugar y necesita correr y necesita aire libre y relacionarse con otros niños. Y el bebé de dos años, si lo llevas al supermercado, le gusta ver lo que compras, meter cosas en el carro, sacarlas… No es culpa de los niños. Cada uno tenemos que asumir nuestra parte de responsabilidad. Porque cuando hablamos de adicción a las pantallas, todos miramos a los adolescentes, pero a mi lo que más me preocupa ya no es esa adición, sino la normalización del uso de pantallas en niños tan pequeños.

¿Somos conscientes las madres y padres de por qué la OMS recomienda cero pantallas hasta los 2 años? ¿Conocemos las consecuencias de un exceso de pantallas?

Hoy en día hay mucha información sobre este tema. Los expertos nos dicen que el cerebro está en proceso de formación hasta los 20 años, pero es en los primeros años de vida en los que se forman los cimientos sobre los que luego se construye el resto de su desarrollo neurocognitivo. Las conexiones neuronales y cerebrales que establezcan en estos primeros años son vitales para su futuro desarrollo. Y esas conexiones no se establecen a través de una pantalla. Yo siempre les explico a los padres que vienen a mi consulta que el tiempo que pasa un niño de 1 año y medio delante de una pantalla, es tiempo que su cerebro está off, totalmente apagado. Porque ha dejado de percibir todos los estímulos que él necesita para desarrollarse de una forma saludable: el sonido de los pájaros, la voz de mamá, reconocer algo que se ha caído al suelo por el sonido que emite, el sabor de una fresa que se está comiendo…. Todos estos estímulos los estamos anulando. El niño necesita gatear, correr, caerse, aprende a esperar, saber consolarse de otra formas que no sea a través de un recurso externo como es una pantalla…

¿Qué hay de la relación existente entre el uso de tecnologías y la falta de concentración?

El consumo excesivo de pantallas a edades tempranas aumenta la hiperactividad de los niños. Al recibir múltiples estímulos luminosos y acústicos en una pantalla a la vez , se acostumbran a estos ritmos rápidos. Y el mundo real no es así. El niño, además, se acostumbra a recibir recompensas rápidas (tocan una tecla y, en seguida, suena un sonido o le dan una monedita…) que no tiene que ver con el mundo real. En la vida real no todo lo que hacen tiene una recompensa inmediata. Entonces, esos niños que han abusado de las tecnologías, cuando vuelven a conectar con el mundo real, están como desubicados, se mueven muy rápido, no son capaces de centrar la atención… Si se pasan conectados un tarde no pasa nada, pero si el consumo de pantallas durante horas forma parte de su rutina, luego no les puedes pedir que se sienten a leer un libro, un objeto en el que no hay luces ni sonidos, donde al tocar la página no hay recompensas inmediatas… Los padres tienen que ser conscientes de eso. Nosotros lo entendemos como adultos, porque nuestro cerebro ya ha recibido todos los estímulos y ha realizado todas las conexiones que necesitamos para desarrollarnos, pero los niños no. Los niños necesitan caricias, besos, susurros, caerse, levantarse… Todo eso va estableciendo esas conexiones. Por no hablar de las emociones que, a través de las pantallas, no se captan. Es fundamental para los niños establecer un apego seguro con sus progenitores, sus familias… Y esto, a través de una pantalla, no es posible.

Lucía, has dicho que tú siempre has tratado de introducir este tema como un punto fundamental en la educación de tus hijos. ¿Tienen unas normas en casa en cuanto al uso?

Por supuesto. En la habitación no hay televisión, ni móvil, no ordenador. Mientras estamos paseando o realizando alguna actividad en familia, no hay móvil. Los tiempos de juegos se pactan con horarios y les anuncio con antelación cuando se tienen que desconectar, no les desconecto sin previo aviso. Luego tenemos unas normas específicas para redes sociales: no pueden aceptar a personas que no conocen personalmente, no cuelgan fotos en redes de las que luego, de mayor, se puedan arrepentir. No suben fotografías que no aporten nada…Tenemos que incluir el uso de las tecnologías, redes sociales… como un punto fundamental en la educación de nuestros hijos. A nosotros nadie nos educó en esto, no lo necesitábamos, pero nuestros hijos sí lo necesitan.

 

 

¿Qué es un embrión humano?

La pregunta parece sencilla. ¿Qué es un embrión humano? La respuesta resulta más sencilla de lo que parece, aunque algunos la hayan hecho compleja.

Como primera respuesta, podemos decir que el embrión es un organismo (uni o  pluricelular) dotado de vida. Científicos y filósofos aceptarían, sin graves problemas, esta afirmación. También un niño y un anciano son organismos dotados de vida, pero mucho más complejos y más desarrollados. El embrión y el niño son más pequeños y tienen mucho futuro ante sus ojos. El anciano tiene menos futuro, pero no por ello deja de ser organismo.

La segunda respuesta es también sencilla: el embrión es un organismo humano en sus primeras fases de desarrollo. Salta a la vista que las diferencias entre el embrión, el niño, el adulto y el anciano resultan notables. Porque un niño tiene corazón y pulmones, cerebro y columna vertebral. El embrión, al menos en los primeros días, no tiene ninguno de los órganos típicos del adulto. Pero ello no implica que no tenga ninguna “organización”: en sus pocas o muchas células hay una estructura compleja que avanza, si nada lo impide, hacia nuevas etapas de desarrollo.

La tercera respuesta va un poco más lejos, y suscita la oposición de diversos pensadores y científicos: es un ser humano digno de respeto. Para justificar esta respuesta necesitamos recurrir a algo distinto de la ciencia empírica. Porque la idea de dignidad no es asequible ni a las básculas ni al microscopio. No depende ni del color de la piel, ni del hecho de tener más centímetros de altura, ni de la “perfección” del ADN (sin aparentes enfermedades hereditarias), ni de empezar a existir en un país desarrollado.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

La trashumancia vista desde fuera

El pasado mes de noviembre, Peter Winsor, profesor emérito de la Facultad de Sidney (Australia) tuvo la oportunidad de poder realizar un tramo de la vereda que los ganados trashumantes de Guadalaviar (Teruel) hacen hasta Vilches (Jaen).

El profesor, que se encontraba trabajando en unos proyectos con la Universidad de Zaragoza se unió, como uno más de los integrantes del Scrum y realizó su tramo de seis días disfrutando de paisajes, personas y animales.

Peter Winsor ha trabajado como asesor en muchos países, tanto del mundo sajón como del asiático o del latino, y conoce muchas formas de manejar el ganado, pero la experiencia española le sorprendió gratamente y ha publicado un artículo en la revista Skirting The Issues, de la Asociación de Veterinarios Australianos (AVA) en la que pone en valor muchas cosas que, en nuestro propio país, todavía mucha gente desconoce o critica.

Tendremos que aprender a conocer más nuestro patrimonio ya que todo aquello que no se conoce no se ama y lo que no se ama no se puede defender, y entre ellas está la  trashumancia.

Suso do Madrid

 

 

"¿Dónde está la Iglesia?”

A quienes, con motivo de la pandemia que estamos padeciendo, preguntan dónde está la Iglesia, los obispos les invitan a preguntar “a los pobres, a los enfermos, a los discapacitados, a los que están solos, a los ancianos abandonados, a los que buscan sentido en medio de la oscuridad, a los que han perdido un familiar querido…”. Así lo reconocía el Rey Felipe VI, al conversar con el cardenal Juan José Omella para trasladarle el pésame por los sacerdotes y religiosos fallecidos por la Covid-19 y agradecerle la labor de la Iglesia en estos momentos. La Memoria anual ha puesto cifras a esta labor con datos llamativos como las más de 4 millones de personas atendidas en 2018, o los cerca de 10.000 centros sociales y asistenciales.

Esa solidaridad es la que están desplegando en estos momentos las comunidades católicas. Obligadas a apretarse el cinturón, como el resto de la sociedad, pero plenamente conscientes de que la situación demanda en estos momentos el máximo de todos.

Jesús Martínez Madrid

 

 

En las residencias durante los días más difíciles

Lo sucedido en las residencias de mayores durante los días más difíciles del Covid-19 se convirtió en un nuevo asunto de confrontación política. El vicepresidente Iglesias responsabilizó de lo que sucedió en las residencias madrileñas a la presidenta Ayuso, por establecer criterios para que los ancianos no fueran derivados a los hospitales. Y los socios del Gobierno de la Comunidad de Madrid, PP y Ciudadanos, han dado un lamentable espectáculo acusándose mutuamente de lo ocurrido.

En España muchas de las residencias de ancianos se vieron desbordadas por el Covid-19, especialmente en Cataluña y la Comunidad de Madrid. Iglesias anunció el 19 de marzo un fondo para reforzarlas que fue claramente insuficiente. El Ministerio de Sanidad publicó tres órdenes para coordinar la información, poner a disposición de las Comunidades Autónomas personal del Imserso, y reforzar su control sobre las residencias. Tampoco fue eficiente ni suficiente.

Domingo Martínez Madrid

 

 

Las penurias de un hotel y más sobre la política

 

“EL LÍDER DE LA FORMACIÓN VERDE CARGA CONTRA LOS CACHORROS DE URKULLU, IGLESIAS Y OTEGI: Salvaje agresión contra VOX en un mitin en Sestao: parten la ceja de una pedrada a Rocío de Meer y amenazan de muerte a Abascal. El presidente de VOX envía un recadito a Público y El Plural por insinuar que se ha querido sacar rédito de la agresión: "Sois terroristas de la información"(Periodista Digital 27-06-2020)

“La violencia no trae más que violencia”, creo que lo afirmó Cristo hace un par de milenios; los “muy cristianos vascos o vascones”, no deben ser muy cristianos, cuando lo que siempre o casi siempre, emplean es la violencia de diferentes formas y maneras. Con lo riquísimo que es el idioma español (que les pertenece plenamente) para discutir lo que sea y por lo que sea. Pero es claro que de idiomas, ni el suyo; emplean “el palo y tente tieso”, cuando no… “el tiro en la nuca de tan horrible recuerdo”, por los asesinos de ETA.

 

LOS PRECIOS DEL HOTEL EN ESPAÑA: “Crónica de una noche en un hotel adaptado al coronavirus: ¿Cómo se han adaptado los establecimientos hoteleros al coronavirus? Hemos querido ir más allá de la teoría y hemos pernoctado en uno de ellos: esta fue nuestra experiencia y esto es lo que vimos”. (Vozpópuli 27-06-2020)

LO QUE CUESTA MANTENER UN HOTEL (GRANDE O MENOS GRANDE): Eso sólo lo sabe el emprendedor que soñó con edificarlo y dotarlo, creyendo que era un buen negocio, hasta que ya dentro de él, descubrió que era todo lo contrario. Explicar ello no cabe aquí, pero imagine el lector, que un hotel, es como “un hospital”; o sea que ha de funcionar las 24 horas y los 365/366 días del año; y que además su negocio es de “techo medido”, o limitado a las habitaciones que tiene. Si no lo entiende usted, pregúnteselo a un hotelero y que le explique algo de, “su odisea cotidiana”… y sin embargo, “somos el sostén de la economía española” (SIN CAMAS NO HAY TURISMO). Y por si no lo sabe, la habitación de hotel en España, es mucho más barata o económica, que en Portugal o Marruecos, no digamos en Italia, Francia, o Inglaterra; de ahí el que muchos tengan que cerrar, sencillamente por cuanto ya es que ni cubren los imprescindibles gastos de mantenimiento. La hostelería y más la “hotelería u hospedaje”, tuvo el impulso enorme, que llegó a tener, bajo la férrea dictadura, de Franco; cuyos gobiernos vieron “el maná” nacional, que tuvo y sigue teniendo; pero para ello, dictaron “precios controlados”; y había que atenerse a ellos; lo que por los ajustados y fuera de lugar, o de la realidad necesaria; a duras penas se podían mantener, sobre todo “las habitaciones de hotel u hospedaje”; de ahí, que nacieran y murieran, infinidad de establecimientos, pero “lo de precios bajos”, quedó enquistado en España y así sigue.  Entonces se llegó a decir, que “un turista de allende los Pirineos, le era más económico pasar unas vacaciones en España, que hacerlo en su propia casa y comprando en la tienda de su barrio”. Y en cuanto a lo que significó ese sacrificio gremial; y el no reconocimiento oficial del hecho (que sigue en la actualidad); lo resumió  un director general de turismo (con minúscula lo de turismo, puesto que nunca tuvo ni tiene un ministerio dedicado al que sigue siendo el mejor negocio de España o sea, “su petróleo” y que debe tener ese rango) con muy agudas palabras, que fueron de peso en el régimen dictatorial. Fueron las siguientes y en respuesta al mal trato gremial… “Frase que cobró fama, aunque no se podía decir en público y menos escribirla en prensa; se la atribuyeron al Sr. Careaga Guadamuro, alto dirigente del turismo español, el que indudablemente cabreado, dicen que dijo: “En el turismo y en España, ocurre como en alguna de esas grandes familias, que venidas a menos, la familia vive del amigo de una de las hembras de la misma, todos lo saben pero nadie quiere que se hable de ello”. Han pasado muchos años y mi cita es de memoria, pero cuadra perfectamente con el texto, que llegó a imprimirse; como igualmente fue impreso, que durante el período de Franco y antes de que muriese, EL TURISMO (adrede y con mayúsculas) había aportado a las arcas del Tesoro Español, más de treinta mil millones de dólares de los de entonces. Más que el Plan Marsahll aportara a la Europa que lo recibiera y que se levantó con ello. Pero el “orgullo de la dictadura, entendía, que vivir y prosperar de un oficio “servil”, no era reconocible. Pero aquellos idiotas, como muchos del hoy que vivimos, no supieron ni saben valorar, que, servir o servicio, no es ni mucho menos “servilismo”; puesto que el que sirve en hostelería o cualquier otro oficio, “es tan señor como el que es servido, sabiendo ambos, estar dignamente en el lugar que a ambos corresponde”.

 

“Guerra total en el vino de Valdepeñas: "Nueve de cada diez reservas son un fraude": Un informe interno de la denominación de origen admite un fraude generalizado. García-Carrión y Félix Solís se cruzan denuncias de fraude y amenazan a todo el sector”. (El Confidencial 27-06-2020) 

            Si es así, tienes que confirmar lo que desde hace tiempo dedujiste. O sea, que en España (“y muchas otras partes del extranjero y sálvese el que pueda”) no roba, engaña o estafa, aquel que no tiene cómo ni dónde; y esto es estimable en todas las capas sociales y en “todos los colores de piel”; “el mono humano es igual de mono en cualquier lugar donde vino a nacer”. Lo triste en este caso español, es que España es el mayor productor de vinos de todo el mundo; por lo que este nuevo escándalo, va a perjudicar en general, a todos los vinos españoles; y ello es muy grave. Esperemos que los jueces que van a juzgar este caso, sepan condenar como merecen a los que se demuestren reos en tan importante sector, como es “el vino español”.   

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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