Las Noticias de hoy 8 Julio 2020

Enviado por adminideas el Mié, 08/07/2020 - 12:36

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 08 de julio de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Nuestras familias

“Preparando el futuro, construyendo la paz” – Comisión Vaticana COVID-19

ID A JOSÉ: Francisco Fernandez Carbajal

“¡Abrid el alma! Yo os aseguro la felicidad”: San Josemaria

Agradar a Dios: Diego Zalbidea

Aquila y Priscila – Colaboradores de San Pablo: primeroscristianos

La “bondad” y sus apariencias: Ramiro Pellitero

¿Beber como bestias? – Ser libres en verdad: José Martínez Colín

Los pobres y los ricos de Dickens: Ángel Cabrero Ugarte

Junípero, el activismo y la ignorancia: Mario Arroyo.

Téngalo en cuenta la LOMLOE: + Antonio Cañizares Llovera Cardenal Arzobispo de Valencia

¿Impedir el aborto, no sería violencia contra la mujer violada?

La perenne actualidad de los Mártires: Ernesto Juliá 

La concepción jerárquica y cristiana de la vida: Plinio Corrêa de Oliveira

La confusa terminología de la eutanasia y el suicidio asistido:  José Morales Martín

Las libertades fundamentales se debilitan.: Pedro García

Sacramento: Valentín Abelenda Carrillo

La MAD: Jaume Catalán Díaz

El rey “se moja”: Dinero público en burdeles y…más?: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

Nuestras familias

En el "Vídeo del Papa" del mes de julio, el Santo Padre pone el acento en los momentos difíciles que viven las familias de hoy, y pide para que sean acompañadas con amor, respeto y consejo.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA07/07/2020

La familia tiene que ser protegida. Son muchos los peligros a los que está enfrentada: el ritmo de vida, el estrés… A veces los padres se olvidan de jugar con sus hijos.

La Iglesia tiene que animar y estar al lado de las familias ayudándolas a descubrir caminos que les permitan superar todas estas dificultades.

Recemos para que las familias en el mundo de hoy sean acompañadas con amor, respeto y consejo. Y de modo especial, sean protegidas por los Estados.


Intenciones mensuales anteriores. Las intenciones son confiadas mensualmente a la Red Mundial de Oración del Papa con el objetivo de difundir y concienciar sobre la imperiosa necesidad de orar y actuar por ellas.

 

 

“Preparando el futuro, construyendo la paz” – Comisión Vaticana COVID-19

Presentación del cardenal Turkson

(zenit – 7 julio 2020).- Con el lema “Preparando el futuro, construyendo la paz en el tiempo de la COVID-19”, el cardenal Peter K.A. Turkson, presidente de la Asociación de Profesionales de la Comisión Vaticana para la COVID-19, ha presentado algunas consecuencias para la paz de la crisis de la pandemia y de la recesión económica mundial, ambas reforzadas por una emergencia climática global.

En la conferencia, celebrada este martes, 7 de julio de 2020, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, han acompañado al cardenal la responsable del Grupo de Trabajo de Economía, de la Comisión Vaticana para la COVID-19, Sor Alessandra Smerilli, y el líder del Grupo de Trabajo de Seguridad de la Comisión Vaticana para la COVID-19, Dr. Alessio Pecorario, ambos integrados en el Grupo 2 de dicha Comisión.

Coordinador por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, el Grupo 2 de la Comisión para la COVID-19 se ocupa de la investigación y el estudio de la pandemia, para reflexionar sobre la sociedad y el mundo posterior a la pandemia, particularmente en los sectores del medio ambiente, la economía, el trabajo, la salud, la política, la comunicación y la seguridad. Los socios de este grupo son las Academias Pontificias para la Vida y las Ciencias junto con varias organizaciones que ya colaboran con el Dicasterio.

Congelar el comercio de armas

La Iglesia apoya firmemente los proyectos de construcción de la paz que son “esenciales” para que las comunidades en conflicto y post-conflicto respondan a la COVID-19. “Sin el control de las armas, es imposible garantizar la seguridad. Sin seguridad, las respuestas a la pandemia son incompletas”, ha explicado el cardenal Turkson.

Asimismo, Turkson ha celebrado el reciente respaldo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a un alto el fuego mundial, al que se unió el Papa Francisco, así como el apoyo de 170 países al llamamiento de las Naciones Unidas para que callen las armas!, pero advierte hay que “ponerla en práctica”, y para ello, “necesitamos congelar la producción y el comercio de armas”.

“No puede haber curación sin paz”

Mientras que hoy en día “se dedican sumas sin precedentes a gastos militares” –ha señalado el prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano, “los enfermos, los pobres, los marginados, y las víctimas de los conflictos son afectados tremendamente por la crisis actual”. Por lo que “no puede haber curación sin paz”, ha afirmado.

Las crisis interconectadas (salud, socio-economía y ecología) están ampliando la brecha “no sólo entre los ricos y los pobres”, sino “también entre las zonas de paz, prosperidad y justicia ambiental y las zonas de conflicto, privación y devastación ecológica”, ha advertido Turkson.

En aras de la construcción de una paz sostenible, “debemos fomentar una ‘cultura del encuentro’”, ha insistido Turkson, “en la que hombres y mujeres se descubran unos a otros como miembros de una familia humana, compartiendo la misma creencia”. Solidaridad. Confianza. Encuentro. Bien común. No-violencia. “Creemos que estos son los fundamentos de la seguridad humana actual”.

Soluciones creativas 

Sor Alessandra Smerilli, coordinadora del Grupo de Trabajo de Economía de la Comisión Vaticana para la COVID-19, ha dado a conocer que en la task-force de Economía, trabajan con diferentes socios a nivel internacional; profesores; profesionales; centros de investigación… con los que dialogan cada semana sobre los aspectos económicos conectados con la pandemia, siendo la búsqueda de la paz mundial tan solo uno de los aspectos que están encarando.

La profesora titular de Economía Política en la Facultad Pontificia de Ciencias de la Educación Auxilium ha declarado que el Papa Francisco les ha pedido “soluciones creativas”. Por lo tanto, se han preguntado: “¿Y si en lugar de hacer la carrera de armamentos, ‘corremos’ hacia la seguridad alimentaria, sanitaria y laboral? ¿Qué están pidiendo los ciudadanos en este momento? ¿Necesitan un estado militar fuerte, o un estado que invierta en bienes comunes? ¿Cómo querría cada ciudadano que se gaste su dinero hoy?”.

La religiosa, experta en Economía, ha indicado que el gasto militar en el mundo en 2019 alcanzó su punto más alto y ha sugerido que “necesitamos líderes valientes que puedan demostrar que creen en el bien común, que se comprometan a garantizar lo que más se necesita hoy en día”, así como un “pacto colectivo para dirigir los recursos para la seguridad y el bienestar de la salud”.

Estrategias, alianzas y sistemas

Por su parte, el Dr. Alessio Pecorario, coordinador del Grupo de Trabajo de Seguridad de la Comisión Vaticana para la COVID-19 y Oficial del Dicasterio o para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, ha anunciado un “aumento continuo de los gastos militares, recientemente dado a conocer por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), y advierte que “algunos observadores y funcionarios piden que se aumente el gasto militar en respuesta a la pandemia de COVID-19”.

Estos gastos van desde los nuevos programas de armas nucleares entre todos los que ya están en posesión de ellas, pasando por el equipamiento principal de las fuerzas armadas convencionales y las armas pequeñas con exportaciones a las regiones afectadas por conflictos, ha detallado.

Asimismo, ha alertado que la llamada “ciberguerra” y el crimen han hecho de la COVID-19 un “nuevo teatro de operaciones”.

Apoyándose en la encíclica Populorum Progressio, publicada por el Papa Pablo VI el 26 de marzo de 1967, el experto en Seguridad ha señalado que “a la luz de la emergencia, la complejidad y los desafíos interrelacionados surgidos de la pandemia, podríamos afirmar que los recursos humanos y financieros y la tecnología deben utilizarse para crear y estimular estrategias, alianzas y sistemas para proteger la vida y el planeta, y no para matar a las personas y destruir los ecosistemas”.

 

 

ID A JOSÉ

— José, hijo de Jacob, figura de San José, Esposo virginal de María.

— Patrocinio de San José sobre la Iglesia universal y sobre cada uno de nosotros. Acudir a él en las necesidades.

— Ite ad Ioseph... Id a José.

I. Muchos cristianos a lo largo de los siglos, conscientes de la misión excepcional de San José en la vida de Jesús y de María, han buscado en la historia del pueblo hebreo hechos e imágenes que prefiguran al esposo virginal de María, pues el Antiguo Testamento anuncia al Nuevo. Numerosos Padres de la Iglesia han visto un anuncio profético en el personaje del mismo nombre, hijo del Patriarca Jacob. El Papa Pío IX, al proclamar a San José patrono de la Iglesia universal, recogía estos testimonios antiguos. También la Liturgia muestra este mismo paralelismo. No solo tenían el mismo nombre, sino que también es posible encontrar en ellos virtudes y actitudes, en una vida entretejida de pruebas y alegrías, de grandes coincidencias.

José, hijo de Jacob, y el esposo virginal de María, por una serie de circunstancias providenciales, fueron a Egipto: el primero, perseguido por sus hermanos y entregado por envidia que prefigura la traición que se habría de cometer con Cristo; el segundo, huyendo de Herodes para salvar a Aquel que traía la salvación al mundo1.

José, hijo de Jacob, recibió de Dios el don de interpretar los sueños del faraón, siendo advertido así de lo que sucedería más tarde. El nuevo José recibió también en sueños los mensajes de Dios. A aquel –señala San Bernardo– le fue dada la inteligencia de los misterios de los sueños; este mereció conocer y participar de los misterios soberanos2.

Parece como si los sueños del primero, aunque verificados en su persona, hubieran tenido su plena realización en el segundo. Tuvo también José un sueño que contó a sus hermanos... Díjoles... Estábamos nosotros en el campo atando gavillas y vi que se levantaba mi gavilla y se tenía de pie, y las vuestras la rodeaban y se inclinaban ante la mía, adorándola... Tuvo José otro sueño, que contó también a sus hermanos, diciendo: ...He visto que el sol, la luna y once estrellas me adoraban...3. Estos sueños se cumplieron cuando Jacob, su padre, se trasladó a Egipto con toda su familia y se prosternó efectivamente ante José, convertido en virrey del país. Pero, a la vez, podemos pensar que su sueño prefiguraba el misterio de la casa de Nazaret, en la que Jesús, Sol de justicia, y María, alabada en la Liturgia como una brillante Luna blanca y bella, se someterían a la autoridad del jefe de familia, y cuando tantos cristianos acudiesen a él con devoción a solicitar toda clase de ayudas.

El primer José obtuvo la confianza y el favor del faraón y se convirtió en intendente de los graneros de Egipto, y cuando el hambre asolaba los pueblos vecinos y acudían al faraón en demanda de trigo para subsistir, este les decía: Id a José y haced lo que él os diga4. Cuando el hambre cubrió toda la tierra, José abrió los graneros y repartió raciones a los egipcios... Y de todos los países venían a comprar a José, porque el hambre arreciaba en todas partes.

Y ahora que también el hambre asola la tierra –hambre principalmente de doctrina, de piedad, de amor–, la Iglesia nos recomienda: Id a José. Ante tantas necesidades que personalmente padecemos, nos dice: acudid al Santo Patriarca de Nazaret.

Tenemos en nuestra vida momentos de grandes indecisiones, de incertidumbres, de necesidades urgentes. ¡Id a José!, nos dice Jesús: el que en la vida tuvo la misión tan grande de cuidar de Mí y de mi Madre en nuestras necesidades corporales, el que amparó nuestras vidas en tantos momentos difíciles, continuará cuidando de Mí en mis miembros, que son todos los hombres necesitados. Id a José, él os dará todo cuanto os sea necesario.

II. Este es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia5. Son palabras que la Liturgia aplica a San José: padre fiel y solícito, que atiende con prontitud las necesidades de esa gran familia del Señor, que es la Iglesia.

A Jesús le es muy grato que tratemos y pidamos ayuda al que tanto amó Él en la tierra y ahora en el Cielo, del que tantas cosas aprendió, con quien conversó desde que pudo pronunciar las primeras palabras.

José gobernó la casa de Nazaret con autoridad de padre, y la Sagrada Familia no solo simboliza la Iglesia sino que en cierto modo la contenía, como la semilla al árbol, como la fuente al río. La santa casa de Nazaret llevaba las premisas de la Iglesia naciente. Es esta la razón por la que el santo Patriarca «considera particularmente confiada a sí la multitud de los cristianos que componen la Iglesia, es decir, esta inmensa familia esparcida por toda la tierra, sobre la que –por ser Esposo de María y Padre de Jesucristo– posee, por así decir, una autoridad de padre. Por tanto, es cosa natural y dignísima del bienaventurado José que, así como una vez sostuvo todas las necesidades de la familia de Nazaret y la rodeó santamente de su protección, así ahora cubra con su celestial protección y defensa a la Iglesia de Jesucristo»6.

Este patrocinio del santo Patriarca sobre la Iglesia universal es principalmente de orden espiritual; pero se extiende también al orden temporal, como la del otro José, hijo de Jacob, llamado por el rey de Egipto «salvador del mundo».

A él han acudido los santos y los buenos cristianos de todos los tiempos. Santa Teresa relata la gran devoción que tenía a San José y la experiencia de su patrocinio: «No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, ansí del cuerpo como de alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas y que quiere el Señor darnos a entender que ansí como le fue sujeto en tierra –que como tenía nombre de padre siendo ayo, le podía mandar– ansí en el cielo hace cuanto le pide (...).

»Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me alargara en decir muy por menudo las mercedes que ha hecho este glorioso santo a mí y a otras personas (...). Solo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción; en especial personas de oración siempre le habían de ser aficionadas, que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los Ángeles, en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a San José por lo bien que les ayudó en ellos»7.

III. A San José debemos acudir pidiendo que ampare y proteja a la Iglesia, pues es su defensor y protector. Le pedimos su ayuda en las necesidades de la familia, en las espirituales y en las materiales: Sancte Ioseph, ora pro eis, ora pro me... Ruega por ellos, ruega por mí.

Para los hombres y mujeres de nuestro tiempo, como para los de cualquier época, constituye San José una figura entrañable, venerable, cuya vocación y dignidad admiramos, y cuya fidelidad en servicio de Jesús y de María agradecemos; «por San José vamos directamente a María, y por María, a la fuente de toda santidad, Jesucristo»8. Él nos enseña a tratar a Jesús con piedad, con respeto y amor: Oh, feliz varón, bienaventurado José –le decimos con una antigua oración de la Iglesia–, a quien fue dado no solo ver y oír al Dios, a quien muchos reyes quisieron ver y no vieron, oír y no oyeron, sino también abrazarlo, besarlo, vestirlo y custodiarlo..., enséñanos a recibirlo con amor y reverencia en la Sagrada Comunión, danos una mayor finura de alma. «San José, Padre y Señor nuestro, castísimo, limpísimo, que has merecido llevar a Jesús Niño en tus brazos, y lavarle y abrazarle: enséñanos a tratar a nuestro Dios, a ser limpios, dignos de ser otros Cristos.

»Y ayúdanos a hacer y a enseñar, como Cristo, los caminos divinos –ocultos y luminosos–, diciendo a los hombres que pueden, en la tierra, tener de continuo una eficacia espiritual extraordinaria»9.

San José nos proporciona, además, un modelo, cuya enseñanza callada podemos y debemos empeñarnos en seguir. «José ha sido, en lo humano, maestro de Jesús; le ha tratado diariamente, con cariño delicado, y ha cuidado de Él con abnegación alegre. ¿No será esta una buena razón para que consideremos a este varón justo, a este Santo Patriarca en quien culmina la fe de la Antigua Alianza, como Maestro de vida interior? La vida interior no es otra cosa que el trato asiduo e íntimo con Cristo, para identificarnos con Él. Y José sabrá decirnos muchas cosas sobre Jesús. Por eso, no dejéis nunca su devoción, ite ad Ioseph, como ha dicho la tradición cristiana con una frase tomada del Antiguo Testamento (Gen 41, 55).

»Maestro de vida interior, trabajador empeñado en su tarea, servidor fiel de Dios en relación continua con Jesús: este es José. Ite ad Ioseph. Con San José, el cristiano aprende lo que es ser de Dios y estar plenamente entre los hombres, santificando el mundo. Tratad a José y encontraréis a Jesús. Tratad a José y encontraréis a María, que llenó siempre de paz el amable taller de Nazaret»10.

1 Cfr. M. Gasnier, Los silencios de José, Palabra, 7ª ed., Madrid 2002, pp. 12-13. — 2 Cfr. San Bernardo, Homilía sobre la Virgen Madre, 2. — 3 Cfr. Gen 37, 5-10. — 4 Primera lectura. Año I. Gen 41, 55. — 5 Misal Romano, Misa de la Solemnidad de San José, Antífona de entrada. Lc 12, 42. — 6 León XIII, Enc. Quamquam pluries, 15-VIII-1889. — 7 Santa Teresa, Vida 6. — 8 Benedicto XV, Motu proprio Bonum sane et salutare, 25-VII-1920. — 9 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 553 — 10 ídem, Es Cristo que pasa, 56.

 

“¡Abrid el alma! Yo os aseguro la felicidad”

Quien oculta a su Director una tentación, tiene un secreto a medias con el demonio. -Se ha hecho amigo del enemigo. (Surco, 323)

8 de julio

Contad primero lo que desearíais que no se supiera. ¡Abajo el demonio mudo! De una cuestión pequeña, dándole vueltas, hacéis una bola grande, como con la nieve, y os encerráis dentro. ¿Por qué? ¡Abrid el alma! Yo os aseguro la felicidad, que es fidelidad al camino cristiano, si sois sinceros. Claridad, sencillez: son disposiciones absolutamente necesarias; hemos de abrir el alma, de par en par, de modo que entre el sol de Dios y la claridad del Amor.

Para apartarse de la sinceridad total no es preciso siempre una motivación turbia; a veces, basta un error de conciencia. Algunas personas se han formado -deformado- de tal manera la conciencia que su mutismo, su falta de sencillez, les parece una cosa recta: piensan que es bueno callar. Sucede incluso con almas que han recibido una excelente preparación, que conocen las cosas de Dios; quizá por eso encuentran motivos para convencerse de que conviene callar. Pero están engañados. La sinceridad es necesaria siempre; no valen excusas, aunque parezcan buenas. (Amigos de Dios, 188-189)

 

 

Agradar a Dios

La llamada del Señor a «ser perfectos como el Padre celestial» (Mt 5,48) consiste en vivir como hijos de Dios, conscientes del valor que tenemos a sus ojos, anclados en la esperanza y en la alegría que nace de sentirnos hijos de tan buen Padre.

VIDA ESPIRITUAL22/08/2018

Escucha el artículo «Agradar a Dios»

Descarga el libro electrónico: «Para mí, vivir es Cristo» (Disponible en PDF, ePub y Mobi)


En plena guerra civil española, tras varios meses escondido en diversos lugares, san Josemaría decidió abandonar la capital del país. Era preciso llegar a un sitio donde su vida no corriera peligro, y recomenzar de nuevo su misión apostólica. Con un grupo de sus hijos espirituales, atravesó los Pirineos en un viaje lleno de peligro y consiguió llegar a Andorra. Tras pasar por Lourdes, se dirigió a Pamplona, donde el obispo le acogió y le ofreció alojamiento. Allí, al poco de llegar, en las Navidades de 1937, hizo un curso de retiro en soledad. En un momento de oración, escribía: «Meditación: mucha frialdad: al principio, sólo brilló el deseo pueril de que "mi Padre-Dios se ponga contento, cuando me tenga que juzgar". —Después, una fuerte sacudida: "¡Jesús, dime algo!", muchas veces recitada, lleno de pena ante el hielo interior. —Y una invocación a mi Madre del cielo —"¡Mamá!"—, y a los Custodios, y a mis hijos que están gozando de Dios... y, entonces, lágrimas abundantes y clamores... y oración. Propósitos: "ser fiel al horario, en la vida ordinaria”»[1].

NO ES LO MISMO SANTIDAD QUE PERFECCIONISMO, AUNQUE EN OCASIONES PODEMOS CONFUNDIRLOS

Son unas notas íntimas en las que explica cómo se siente su alma, cómo son sus afectos, su estado de ánimo, y lo hace con gran intensidad: hielo, lágrimas, deseos… Busca amparo en sus Amores: el Padre, Jesús, María. Y sorprendentemente, en medio de la gran tribulación externa que se vivía en ese momento, saca un propósito que podría parecer nimio: cuidar el horario en la vida ordinaria. Sin duda, esta es una de las grandezas de san Josemaría: conjugar una relación afectiva con Dios, íntima y apasionada, con la fidelidad en la lucha diaria en cosas ordinarias, en apariencia, insignificantes.

Un riesgo para quienes desean agradar a Dios

Agradar a alguien es lo contrario de entristecerlo, decepcionarlo. Como queremos amar a Dios y agradarle, es lógico que tengamos miedo a defraudarlo. Sin embargo, en ocasiones, el miedo puede traer a nuestra mente y a nuestro corazón justo lo que tratamos de evitar. Por otra parte, el miedo es un sentimiento negativo, que no puede ser fundamento de una vida plena. Tal vez por eso «en las Sagradas Escrituras encontramos 365 veces la expresión “no temas”, con todas sus variaciones. Como si quisiera decir que todos los días del año el Señor nos quiere libres del temor»[2].

Hay una forma de temor contra la que el Padre nos ponía en guardia al comienzo de su primera Carta. Nos animaba a «exponer el ideal de la vida cristiana sin confundirlo con el perfeccionismo, enseñando a convivir con la debilidad propia y la de los demás; asumir, con todas sus consecuencias, una actitud cotidiana de abandono esperanzado, basada en la filiación divina»[3]. Una persona santa teme ofender a Dios. Teme igualmente no corresponder a su Amor. El perfeccionista, en cambio, teme no estar haciendo las cosas suficientemente bien y, por eso, teme que Dios esté enfadado. No es lo mismo santidad que perfeccionismo, aunque en ocasiones podemos confundirlos.

Cuántas veces nos llenamos de enfado al contemplar que nos hemos dejado llevar, una vez más, por nuestras pasiones, que hemos vuelto a pecar, que somos débiles para cumplir los propósitos más sencillos. Nos enfadamos, y llegamos a pensar que Dios está decepcionado: perdemos la esperanza de que pueda seguir amándonos, de que realmente podamos vivir una vida cristiana. Nos invade la tristeza. En esas ocasiones, conviene recordar que esta es aliada del enemigo: no nos acerca a Dios, sino que nos aleja de Él. Confundimos nuestro enfado y nuestra rabieta con una supuesta decepción de Dios. Pero el origen de todo eso no es el Amor que le tenemos, sino nuestro yo herido, nuestra fragilidad no aceptada.

Al leer de labios de Cristo en el Evangelio: «Sed perfectos», deseamos seguir ese consejo, hacerlo vida nuestra, pero corremos el riesgo de entenderlo como: «Hacedlo todo perfectamente». Podemos llegar a pensar que, si no lo hacemos todo con perfección, no agradamos a Dios, no somos auténticos discípulos. Con todo, Jesús aclara en seguida el sentido de sus palabras: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5,48). Se trata de la perfección que Dios nos abre al hacernos partícipes de su naturaleza divina. Se trata de la perfección del Amor eterno, del Amor más grande, del «Amor que mueve al Sol y las demás estrellas»[4], el mismo Amor que nos ha creado libres y nos ha salvado «siendo todavía pecadores» (Rm 5,8). Para nosotros, esa perfección consiste en vivir como hijos de Dios, conscientes del valor que tenemos a sus ojos, sin perder nunca la esperanza ni la alegría que nace de sentirnos hijos de tan buen Padre.

AGRADAR A DIOS NO ESTÁ EN NUESTRAS MANOS, PERO SÍ EN LAS DE ÉL

Ante el peligro del perfeccionismo podemos considerar que agradar a Dios no está en nuestras manos, pero sí en las de Él. «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó» (1 Jn 4,10). Por eso, debemos renunciar a señalar a Dios cómo tiene que reaccionar ante nuestra vida. Somos criaturas, y por eso hemos de aprender a respetar su libertad, sin imponerle por qué o por qué no se supone que debe amarnos. De hecho, nos ha demostrado su Amor y, por eso, lo primero que espera de nosotros es que le dejemos amarnos, a su modo.

 

Dios nos ama libremente

¿Por qué nos cuesta tanto comprender la lógica de Dios? ¿No tenemos muestras suficientes de hasta dónde está dispuesto a llegar Dios Padre para conseguir hacernos felices? ¿No es verdad que Jesús se ciñe la toalla ante los apóstoles y les limpia los pies?

En palabras de san Pablo, Dios no ha perdonado a su propio Hijo para hacernos posible la felicidad para siempre (cfr. Rm 8,32). Ha querido amarnos con el Amor más grande, hasta el extremo. Sin embargo, a veces, nosotros continuamos pensando que Dios nos amará en la medida en que «estemos a la altura», o seamos capaces de «dar la talla». No deja de ser paradójico. ¿Necesita un niño pequeño hacerse «merecedor» del amor de sus padres? Quizá a quien estamos buscando con tanta preocupación por «merecer» es a nosotros mismos. Nos puede la inseguridad, la necesidad de buscar puntos de referencia estables, fijos, y pretendemos encontrarlos en nuestras obras, en nuestras ideas, en nuestra percepción de la realidad.

En cambio, nos basta mirar a Dios, Padre nuestro, y descansar en su Amor. En el Bautismo de Jesús y en su Transfiguración, la voz de Dios Padre refiere que se complace en su Hijo. Nosotros también hemos sido bautizados y, por su Pasión, participamos de su vida íntima, de sus méritos, de su gracia. Eso hace que Dios Padre pueda mirarnos complacido, encantado. La Eucaristía nos transmite, entre otras cosas, un mensaje muy claro sobre lo que Dios siente por nosotros: tiene hambre de estar junto a cada uno, ilusión por esperarnos el tiempo que sea preciso, deseos de intimidad y amor correspondido.

La lucha de un alma enamorada

Descubrir el Amor que Dios nos tiene es el motivo más grande que podemos hallar para amar. De igual modo, «la primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más»[5]. No son ideas abstractas. Lo vemos en ejemplos tan humanos como el endemoniado de Gerasa, quien, tras ser liberado por Jesús y ver cómo sus connacionales rechazaban al Maestro, «le suplicaba quedarse con él» (Mc 5,18). Lo vemos también en Bartimeo quien, tras ser curado de su ceguera, «le seguía por el camino» (Mc 10,52). Lo vemos finalmente en Pedro, quien solo tras haber descubierto la hondura del Amor de Jesús, que le perdona y confía en él después de su traición, puede seguir su llamada: «Sígueme» (Jn 21,19). El descubrimiento del Amor de Dios es el motor más potente para nuestra vida cristiana. De ahí nace nuestra lucha.

PODEMOS PENSAR QUE DIOS NOS AMARÁ EN LA MEDIDA EN QUE «ESTEMOS A LA ALTURA»

San Josemaría nos animaba a considerarlo desde la perspectiva de nuestra filiación divina: «Los hijos... ¡Cómo procuran comportarse dignamente cuando están delante de sus padres! Y los hijos de Reyes, delante de su padre el Rey, ¡cómo procuran guardar la dignidad de la realeza! Y tú... ¿no sabes que estás siempre delante del Gran Rey, tu Padre–Dios?»[6] La presencia de Dios no llena de temor a sus hijos. Ni siquiera cuando caen. Sencillamente, porque Él mismo ha querido decirnos del modo más claro posible que, también cuando caemos, nos está esperando. Como el padre de la parábola, está deseoso de venir a nuestro encuentro en cuanto le dejemos, y echarse a nuestro cuello y llenarnos de besos (cfr. Lc 15,20).

Ante el posible temor a contristar a Dios, podemos preguntarnos: ¿este temor me une a Dios, me hace pensar más en Él?, ¿o me centra en mí: en mis expectativas, en mi lucha, en mis logros? ¿Me lleva a pedir perdón a Dios en la Confesión, y llenarme de gozo al saber que me perdona?, ¿o me conduce a la desesperanza? ¿Me sirve para recomenzar con alegría?, ¿o me encierra en mi tristeza, en mis sentimientos de impotencia, en la frustración que nace de una lucha basada en mis fuerzas… y en los resultados que consigo?

La sonrisa de María

Un suceso de la vida de San Josemaría puede servirnos para comprender esto mejor. Se trata de una de las anotaciones sobre su vida interior que escribía para hacer más sencilla la tarea de su director espiritual. Aunque sea un poco larga, vale la pena citarla por entero:

«Esta mañana —como siempre que lo pido humildemente, sea una u otra hora la de acostarme— desde un sueño profundo, igual que si me llamaran, me desperté segurísimo de que había llegado el momento de levantarme. Efectivamente, eran las seis menos cuarto. Anoche, como de costumbre también, pedí al Señor que me diera fuerzas para vencer la pereza, al despertar, porque —lo confieso, para vergüenza mía— me cuesta enormemente una cosa tan pequeña y son bastantes los días, en que, a pesar de esa llamada sobrenatural, me quedo un rato más en la cama. Hoy recé, al ver la hora, luché… y me quedé acostado. Por fin, a las seis y cuarto de mi despertador (que está roto desde hace tiempo) me levanté y, lleno de humillación, me postré en tierra, reconociendo mi falta —serviam!—, me vestí y comencé mi meditación. Pues bien: entre seis y media y siete menos cuarto vi, durante bastante tiempo, cómo el rostro de mi Virgen de los Besos se llenaba de alegría, de gozo. Me fijé bien: creí que sonreía, porque me hacía ese efecto, pero no se movían los labios. Muy tranquilo, le he dicho a mi Madre muchos piropos»[7].

Se había propuesto algo que quizá también supone una lucha para nosotros algunas veces: levantarse puntual. Y no lo había conseguido. Era algo que le humillaba. Sin embargo, no confunde su rabieta y su humillación con la magnanimidad del corazón de Dios. Y vio a la Virgen que le sonreía, después de ese fracaso. ¿No es verdad que tendemos a pensar que Dios está contento con nosotros cuando —y, a veces, solamente cuando— hacemos las cosas bien? ¿Por qué confundimos nuestra satisfacción personal con la sonrisa de Dios, con su ternura y su cariño? ¿No se conmueve igualmente cuando nos levantamos otra vez después de una nueva caída?

BUSCAR CON LA MIRADA LOS OJOS DE MARÍA NOS VOLVERÁ A CONTAGIAR DE SU ALEGRÍA

Muchas veces habremos dicho a la Virgen que hable bien de nosotros al Señor –ut loquaris pro nobis bona–. Alguna vez, incluso nos habremos imaginado esas conversaciones entre ella y su Hijo. En nuestra oración, bien podemos introducirnos en esa intimidad y tratar de contemplar el amor de María y de Jesús por cada uno de nosotros.

«Buscar la sonrisa de María no es sentimentalismo devoto o desfasado, sino más bien la expresión justa de la relación viva y profundamente humana que nos une con la que Cristo nos ha dado como Madre. Desear contemplar la sonrisa de la Virgen no es dejarse llevar por una imaginación descontrolada»[8]. Benedicto XVI lo recordó en Lourdes, hablando de la pequeña Bernadette. En su primera aparición, antes de presentarse como la Inmaculada, la Virgen solamente la sonrió. «María le dio a conocer primero su sonrisa, como si fuera la puerta de entrada más adecuada para la revelación de su misterio»[9].

Nosotros queremos ver y vivir también en esa sonrisa. Nuestros errores —por grandes que puedan llegar a ser— no son capaces de borrarla. Si nos levantamos de nuevo, podemos buscar con la mirada sus ojos y nos volveremos a contagiar de su alegría.

Diego Zalbidea


[1] Camino. Edición crítico-histórica, nota al n. 746.

[2] Papa Francisco, Mensaje del Santo Padre Francisco para La XXXIII Jornada Mundial de la Juventud, 25-III-2018.

[3] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[4] Dante A., Divina Comedia, Paraíso, Canto 33.

[5] Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium, 24-XI-2013, n. 264.

[6] San Josemaría, Camino, n. 265.

[7] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 701; en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. I, nt. 139, p. 469.

[8] Benedicto XVI, Homilía, 15-IX-2008.

[9] Ídem

 

 

Aquila y Priscila – Colaboradores de San Pablo

Las palabras del joven Apolo cortan el aire en la sinagoga de Éfeso, ante una audiencia cautivada por la brillantez del discurso. Aquila y Priscila lo admiran también, pero echan de menos la luz de la fe, “se lo llevaron consigo y le instruyeron más a fondo en la doctrina del Señor” (Hch 18, 26).

No habían pasado dos décadas desde la Ascensión de Cristo, y la semilla del Evangelio ya se había esparcido por numerosas ciudades del Imperio. En Roma, la Buena Nueva tuvo acogida entre algunos judíos que profesaban a Jesús de Nazaret como el Salvador; entre ellos, Aquila, un tejedor de tiendas de campaña. Procedía de la diáspora por la Anatolia del Norte, la actual Turquía. Su mujer, Priscila —abreviado, Prisca —, era romana. Según una antigua tradición, estaba emparentada con el senador Caio Mario Pudente Corneliano, que hospedaba a San Pedro en su casa en el Viminale. Aunque no hay fuentes escritas que lo testimonien, existen pinturas del Príncipe de los Apóstoles administrando el Bautismo a una joven llamada Prisca.

En los albores de nuestra era, el Estado romano confundía a los cristianos con los judíos, hasta el punto de ofrecerles los mismos privilegios: libre ejercicio del culto y dispensa de obligaciones incompatibles con el monoteísmo, como el culto al emperador. A finales de los años cuarenta, surgieron discrepancias dentro de la comunidad judía acerca de la cuestión mesiánica, y las controversias llegaron a oídos del emperador Tiberio Claudio César. Claudio se había mostrado benévolo con los judíos, pero el temor de una posible revuelta fue motivo suficiente para exiliarlos de Roma, al menos por un tiempo. Un oficial de la corte imperial, el historiador Suetonio, narra escuetamente el decreto del año 49: iudaeos impulsore Chresto assidue tumultuantis Roma expulit (“expulsó de Roma a los judíos, pues provocaban desórdenes a causa de Cresto”). «Se ve que Claudio no conocía bien el nombre del Señor —en lugar de Cristo dice Cresto — sólo tenía una idea muy confusa de lo que había sucedido». Forzados a dejar la Ciudad Eterna, Aquila y Priscila se trasladaron a Corinto, la capital de Acaya.

CORINTO

Las horas en el taller

Los jóvenes inmigrantes debieron abrirse camino en una ciudad cosmopolita. Por sus calles desfilaban griegos, romanos, africanos, judíos… Las tradiciones y mentalidades más diversas convergían en la capital: del levante sirio llegó el culto a Melkart y Astaré; de Roma, los espectáculos sangrientos; los frigios implantaron la veneración a Cibeles, la madre de los dioses.

Además, Corinto estaba consagrada a Afrodita. A primera vista, el panorama no presentaba facilidades para que arraigara la vida cristianaCorinto se emplazaba entre oriente y occidente como escenario clave para quien fuera capaz de dar un nuevo rumbo a la historia. Los corintios frecuentaban las numerosas termas, teatros y basílicas, y los intelectuales tenían acceso a escuelas filosóficas de gran relieve.

La misma ciudad que abría sus puertas a costumbres inhumanas y a todo tipo de novedades, acogió a este matrimonio cristiano entre sus habitantes. Como era núcleo de la industria de la púrpura y del tejido, Aquila no tardó en instalar su propio taller en un local abierto a la calle.

Llevaban pocos meses viviendo en Acaya, cuando un viajero pidió asilo en su casa. El huésped llegaba de Atenas, abatido, después de dirigirse a personas ávidas de oír nuevos discursos, pero que no hacían caso de las palabras ni se preocupaban de su contenido: sólo les interesaba tener algo de qué hablar. Tiempo después, San Pablo recordaba su entrada en Corinto: “me he presentado ante vosotros débil, y con temor y mucho temblor”

Aquila y Priscila no soñaban encontrarse con el Apóstol en Acaya. Además de alojarlo en su propio hogar, Aquila compartió el taller con San Pablo, pues también era fabricante de tiendas.

Los Hechos de los Apóstoles cuentan poco acerca de los ratos de labor en el taller de Aquila. Debían de ser momentos de gran concentración, porque los tejedores incluso estaban eximidos de una ley que prescribía ponerse de pie al ver pasar a ciertos personajes distinguidos, para no desatender su tarea. Uno de los hechos más relevantes de la historia tuvo lugar a finales del 50 o principios del 51, durante aquellos días de trabajo cotidiano. Timoteo y Silas llegaron a Corinto para hablar con San Pablo: traían noticias de los de Tesalónica, que sufrían violentas persecuciones por parte de quienes se resistían a aceptar el Evangelio. El Apóstol decidió escribirles para fortalecerlos en la fe y aclarar dudas en torno a la suerte de los difuntos y a la segunda venida del Señor. La primera Carta a los Tesalonicenses es, cronológicamente, el primer libro del Nuevo estamento.

Las horas en el taller contaron momentos de expansión de la fe, no sólo por la actuación del Apóstol sino también por la de Aquila y Priscila y de otros cristianos, gentes desconocidas. En pocos años, la Iglesia de Acaya llegó a ser una de las más importantes. Recibieron el Bautismo tanto Crispo, el jefe de la sinagoga, como Erasto, el tesorero de la ciudad; Tercio, quien más tarde sería secretario de Pablo; Ticio Justo, miembro de la colonia romana, que vivía en una gran casa junto a la sinagoga; Estéfanas —un prosélito— y su familia.

Se bautizaron libertos, artesanos y esclavos en una ciudad que parecía sorda a las mociones de la gracia. Pablo recordaría más tarde a los corintios: “ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los injuriosos, ni los rapaces es heredarán el Reino de Dios. Y esto erais algunos. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre de Jesucristo el Señor y en el Espíritu de nuestro Dios”.

Despuntaba el otoño del año 52, cuando San Pablo dejó Corinto, después de una intensa labor apostólica que le supuso sufrir duras incomprensiones y la expulsión de la sinagoga. Aquila y Priscila le acompañaron a Éfeso. Esta vez no salían por la fuerza, como en su exilio de Roma. La fe les presentaba proyectos que años antes no hubieran vislumbrado. “Los cristianos —escribía Orígenes— no desaprovechan nada de lo que está en su mano para extender su doctrina en el universo entero. Para conseguirlo, hay quien se ha dedicado a ir de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo,para llevar a los demás al servicio de Dios” Junto a Silas y Timoteo, que formaban el séquito del Apóstol, llegaron a destino, después de una travesía de casi diez jornadas.

ÉFESO

En el momento justo

La nave ancló en el puerto de Palermo, una desembocadura del río Caistro, y los viajeros subieron a la pequeña barca que los dejó en Éfeso, la capital del Asia proconsular. Pablo se detuvo allí poco tiempo, pues debía continuar hacia Siria. Aunque los judíos del lugar le rogaron que se quedara, el Apóstol se despidió de ellos, con la promesa de volver.

Éfeso era el centro de la provincia más populosa de Asia, donde vivía una importante colonia de hebreos que gozaban del libre ejercicio de la religión. Algunos, venidos de la diáspora, se habían unido a la predicación de Juan el Bautista, en el Jordán. Después se dispersaron, y comenzaron a proclamar a Jesús por cuenta propia. Hablaban de Cristo, pero no sólo no habían recibido el Espíritu Santo, sino que ni siquiera tenían noticia de que existiera el Paráclito. Tal era la condición de Apolonio —abreviado, Apolo—, “hombre elocuente y muy versado en las Escrituras”.

San Lucas precisa que era natural de Alejandría de Egipto, centro importante de la teología judía, donde se profundizaba en la relación entre el Logos, la razón creadora del mundo, y la Revelación contenida en el Antiguo Testamento. Uno de los jefes más reconocidos era el judío Filón, que buscaba conciliar el pensamiento platónico con la enseñanza de las Escrituras. Es posible que Apolo fuera educado en esta cultura de amplios horizontes, abierta a la verdad. Un día, Aquila y Priscila escucharon la predicación de Apolo en la sinagoga.

Reconocieron el esplendor de un discurso mesiánico y notaron que “en la mente de ese hombre ya se había insinuado la luz de Cristo: había oído hablar de El, y lo anuncia a los otros. Peroaún le quedaba un poco de camino, para informarse más, alcanzar del todo la fe, y amar de veras al Señor”.

Cuando el joven terminó de hablar, “le tomaron consigo y le expusieron con más exactitud el camino de Dios.” El hombre docto atendió las razones. Una vez descubierto el camino, se dispuso a emprenderlo y pidió ser bautizado. Como Apolo pensaba viajar a Acaya, le animaron a presentarse ante la iglesia de Corinto, y escribieron a los discípulos para que le recibieran. Allí fue “de gran provecho, con la gracia divina, para los que habían creído, pues refutaba vigorosamente en público a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús es el Cristo.“

ROMA

La casa de Aquila y Priscila

Por la carta de San Pablo a los romanos —escrita hacia el año 57— sabemos que Aquila y Priscila regresaron a la Urbe: “saludad a Priscila y Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, a quienes damos gracias no sólo yo sino también todas las iglesias de los gentiles, y saludad a la iglesia que se reúne en su casa.

Este tipo de reunión es precisamente lo que en griego se llama “ekklesia”, en latín “ecclesia”, en italiano “chiesa”, en español “iglesia” que quiere decir convocación, asamblea, reunión. La casa de Aquila y Priscila se asentaba probablemente en los cimientos de la actual iglesia de Santa Prisca, en el Aventino. Las excavaciones arqueológicas de los años 1933 a 1966 descubrieron dos edificios de los siglos I y II. En el del siglo II, se encontró un lugar de culto al dios Mitra. El hallazgo reafirma la existencia de una domas ecclesiae en sus cimientos, porque era habitual levantar templos paganos donde se había celebrado la liturgia cristiana, para tratar de erradicar la fe en Jesucristo.En la casa del siglo I, se reconoció el titulus Priscae: la tablilla que indicaba quién era el titular de la casa. Con el tiempo —hacia el siglo III— la cura pastoral hizo necesaria la división de la ciudad de Roma en varios tituli, o centros, que hoy llamaríamos parroquias.

Benedicto XVI comenta que, a la gratitud por la fidelidad de esas primeras iglesias de las que habla San Pablo en su Carta a los romanos, “se debe unir también la nuestra, pues gracias a la fe y al compromiso apostólico de fieles laicos, de familias como las de Aquila y Priscila, el cristianismo ha llegado a nuestra generación (…).

Para arraigar en la tierra, para desarrollarse ampliamente, era necesario el compromiso de estas familias, de estas comunidades cristianas, de fieles laicos que ofrecieron el “humus” al crecimiento de la fe. Y sólo así crece siempre la Iglesia.

Toda casa puede transformarse en una pequeña iglesia. No sólo en el sentido de que en ella tiene que reinar el genuino amor cristiano, hecho de generosidad y atención recíproca, sino más aún, en el sentido de que toda la vida familiar, en virtud de la fe, está llamada a girar en torno al único señorío de Jesucristo”.

No sabemos cuánto tiempo permanecieron Aquila y Priscila en Roma. Hacia el año 67 se encontraban en Éfeso, pues San Pablo les envía saludos, en su carta a Timoteo.

Algunos autores hablan de un nuevo regreso del matrimonio a la Ciudad Eterna o, al menos, de Prisca.

En todo caso, los datos biográficos que han llegado a nuestros días son suficiente motivo de gratitud a quienes siguieron los planes de Dios, yendo de una ciudad a otra.

 

La “bondad” y sus apariencias

Hay muchos que dicen, y seguramente lo piensan: “Yo soy bueno, porque no mato, ni robo, ni violento a los demás…”. Puede parecer que la palabra “bueno” significa una sola cosa y la misma en todos los idiomas, pero no es así. De hecho tiene múltiples sentidos en castellano, a los que cabe añadir diversos matices que implica el uso de sus equivalentes en otras lenguas.

Según el diccionario del castellano, bueno se refiere ciertamente a la bondad, pero también a lo útil, agradable o apetecible; asimismo se dice de algo grande o fuera de lo normal, aunque no sea precisamente bueno moralmente (buena cuchillada); bueno es igualmente algo sano (no enfermo ni deteriorado) o suficiente. En definitiva, no siempre está del todo claro lo que se quiere decir con “bueno”.

“Bueno” se titula precisamente una película: “Good” (Vicente Amorin, 2008), basada en el texto homónimo del escocés C. P. Taylor, y que puede verse como un caso para reflexionar sobre lo que dice nuestro título: la bondad y sus apariencias.

La acción se sitúa en Alemania a principios de los años treinta. Se trata de John Halder, un psiquiatra bien parecido, prestigioso profesor universitario y escritor en ciernes. Es una “buena persona”, o eso parece: buen hijo, con su madre enferma; fiel, atento y afectuoso con su esposa; buen padre, cariñoso, con sus hijos; buen amigo, especialmente con su propio médico, Maurice, judío. Aunque parece seguro de lo que piensa y de lo que quiere hacer, sin embargo no es un hombre de pensamiento claro, convicciones definidas o ética personal inequívoca (nadie, podría decirse, es “totalmente bueno”).

En la primera novela del Dr. Halder, los nazis descubren el argumento de la “compasión” como motivo para “acortar” el sufrimiento “inútil” por medio de la eutanasia. Eso les parece interesante para sus planes y se lo van ganando, por medio de halagos, prebendas e incluso, de vez en cuando, a medida que pasa el tiempo, pequeñas advertencias. Poco a poco John pierde todo lo valioso que tenía: su madre (a la que ha ido descuidando, hasta que ella muere), su esposa y sus hijos (a los que abandona por otra mujer), y su mejor amigo (a quien deja indefenso en circunstancias ya amenazadoras para los judíos, para no correr, el mismo Halder, excesivos riesgos en su reputación social).

Cuando estalla la persecución hacia los judíos, el doctor Halder se encuentra investido del cargo de director de su departamento… y vestido de oficial de las SS. Se supone que él no quiere hacer nada malo, pero…

En el Evangelio, Jesús rechaza incluso que un joven le llame –¡a Él, que es el Hijo de Dios!– maestro bueno: “¿Por qué me llamas ‘bueno’? Nadie es bueno sino uno solo: Dios” (Mc 10, 18). En otro momento (Lc 18, 9-14), se sirve, para su enseñanza, de la parábola de un fariseo que se creía bueno, pero en el fondo era, como otros muchos, un hipócrita, incapaz de caer en la realidad de sus defectos… y pecados.

Aunque la crítica cinematográfica no la considere de gran calidad, lo cierto es que la película “Good” transmite bien lo que quiere decir. No trata sólo de nazis, sino que puede entenderse también referida a muchas personas que, siendo más o menos “buenas”, o pareciéndolo, se dejan llevar por las circunstancias –o mejor sería decir las conveniencias– y terminan cometiendo verdaderas atrocidades o siendo cómplices de ellas. Esto no es ninguna teoría, sino algo lamentablemente común, que, en algún grado menor, podría sucedernos a cualquiera.

Así, algo que al principio se considera “bueno” (pero que, si se examina más de cerca, seguramente no es “trigo limpio”) puede transmutarse, de modo sibilino, en una ilegítima cooperación al mal. El caso es que la apatía, el silencio, el dejar hacer, la mediocridad o la cobardía de los “buenos” –o de los que así se creen o nos creemos– puede llevar a traicionar nuestra propia dignidad y destruir las personas y las realidades que más queremos. ¿No fue Dostoiewsky el que dijo que cuando Dios no está presente (Dios y la unión con Dios es la única garantía de “lo bueno”), todo está permitido?

Pensemos en nuestros planteamientos y en nuestros hechos; en nuestras ideas, más o menos contrastadas, y en nuestra conducta real; en la veracidad de nuestra información, en la calidad de nuestra “formación”… y en nuestro obrar cotidiano. Y los cristianos, examinemos además la autenticidad de nuestra unión con Dios, de nuestra oración, y, como consecuencia, de nuestra caridad. No confiemos demasiado en lo que por ahí “se” llama bueno. Y trabajemos “con hechos” a favor de lo que en 1962 dijo Joseph Ratzinger: “El mundo vive del hecho de que siempre ha habido quienes han creído, quienes han esperado y amado”.

Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra

 

 

¿Beber como bestias? – Ser libres en verdad

José Martínez Colín

  • Para saber

Hubo un famoso dramaturgo y político inglés del siglo XVIII llamado Richard Sheridan que les dio una lección a sus amigos. Se cuenta que una noche fue a una taberna con unos amigos. En cuanto llegaron les preguntó: “¿Esta noche, vamos a beber como hombres o como bestias?”. El grupo replicó inmediatamente: “Por supuesto que como hombres”. A lo que Richard comentó: “Entonces nos vamos a poner una borrachera tremenda”. Todos sorprendidos preguntaron cómo era eso. “Es sencillo, contestó, las bestias nunca se emborrachan, nunca beben más de lo que necesitan. Beben lo suficiente y nada más. En cambio el hombre puede elegir si sigue bebiendo más de lo necesario”.

Con la libertad tenemos la posibilidad de autodirigirnos, pero importa mucho hacia donde nos dirigimos, pues de no hacerlo de manera adecuada, la libertad termina por dañarse y nosotros con ella. ¿Hacia dónde debe ir? La libertad debe estar orientada hacia la verdad. La libertad depende esencialmente de la verdad. Sólo de esa manera la libertad se perfecciona y el hombre también. La Verdad por antonomasia la encontramos en Cristo. Por ello, el Papa Francisco nos invita a permanecer en la Palabra de Jesús, para ser sus discípulos, pues sólo el discípulo es verdaderamente libre. Quien sigue a Cristo, que es la Verdad, es plenamente libre.

La libertad tiene límites, que no son otra cosa, sino todo aquello que nos perjudica. El pecado es precisamente todo aquello que estropea nuestra libertad y a nosotros. En cambio, cuando escogemos amar el bien, la libertad se perfecciona y nosotros con ella. El bien verdadero siempre nos beneficia.

  • Para pensar

A san Juan Pablo II le gustaba invitar almorzar a diversas personalidades. En una ocasión invitó al obispo auxiliar de Granada, Mons. Martínez, junto con otros. Cuenta el obispo que al final, uno de los prelados preguntó al Papa cómo era una jornada de un día cualquiera. Juan Pablo II, cortésmente, les relató con detalle su habitual quehacer, en que estaba ocupado todo el día. Tras oírle, lleno de compasión, el que preguntó dijo: “Pero, Santo Padre, tendrá algún tiempo libre…” Entonces el Papa, dejando caer el tenedor del postre con el que jugaba, dijo serio, sin vacilar ni un instante: “No, no. ¡Todo mi tiempo es libre!”

La libertad no consiste en hacer lo que a uno le venga en gana, o lo que quiera. Consiste más en querer lo que uno hace, en amar lo que hace. Pensemos si sabemos utilizar bien nuestra libertad.

  • Para vivir

Ser discípulo de Cristo es ser un hombre libre, decía el Papa, y el discípulo se deja guiar por el Espíritu, que es un Espíritu de Verdad, y no por falsas ideologías. El Pontífice subrayó que el Espíritu Santo nos da la libertad. Cuando nos separamos de la verdad, la libertad se pierde. El discípulo es un hombre libre porque permanece en el Señor. Y permanecer en el Señor, ¿qué significa?: Dejarse guiar por el Espíritu Santo.

Por lo tanto, argumentó el Pontífice, “si no permaneces en el Señor serás uno que simpatiza con la doctrina, que sigue a Jesús como un hombre que hace mucha beneficencia, que es muy bueno, que tiene valores justos”, pero no un discípulo, y por tanto, no se es plenamente libre.

3 de Julio de 2020

articulosdog@gmail.com

 

Los pobres y los ricos de Dickens

Ángel Cabrero Ugarte

Charles Dickens.

El hecho de que estemos celebrando los 150 años de la muerte de Dickens supone que en las librerías encontramos nuevas ediciones de todos sus libros, en lugares visibles y, desde luego, tentadores. Un autor del que, quien más quien menos, ha leído algo, a pesar de que sus libros son de muchas páginas en su mayoría. Pero el autor inglés es amable en sus relatos, incluso cuando se trata de ambientes pobres, a veces miserables.

Uno de los libros breves y más conocidos es “Cuento de Navidad”. Incluso muchos que no leerían nunca un libro de este autor ni de ninguno otro, porque solo ven películas, les suena ese título, pues han vista la película correspondiente, que se ha proyectado con tanta frecuencia en Navidad. Quizá por eso a algunos les parece inapropiado leer este libro en medio del calorazo del verano. Quizá el ambiente de la película no dé para más. Ocurre con frecuencia. Pero esta historia, este cuento, nos habla de mucho más que las fiestas navideñas, que no son más que una excusa.

Nos habla Dickens de la infelicidad del usurero. Y al leer el libro nos damos cuenta, como ocurre en todos los cuentos, que el autor nos presenta un caso extremo, exagerado, porque quiere hablarnos del fondo que hay en una persona que solo piensa en el dinero. Y, claro, cuando se trata del egoísta que está cerrado en sus riquezas, en los tiempos que corren vemos tantos ejemplos que nos da miedo. Por eso creo que este libro hay que leerlo ahora, porque dejándolo al margen de las fiestas navideñas, somos más conscientes de lo que el autor quiere mostrarnos.

En las historias de Dickens hay pobres y hay ricos. También los hay en Pérez Galdós, pero son distintos y es otro el ambiente y el fondo. También los hay en Delibes, y también son distintos. El autor inglés, en otras obras suyas, pero sobre todo en este libro, quiere enfatizar los extremos y dejar claro el error tan grande que supone estar apegado a las riquezas. La felicidad como opuesta a la avaricia. Pocos autores llegan a estas conclusiones, porque para muchos el final feliz es una vida tranquila y apañada.

En este cuento de Navidad, como en todo cuento, se exageran los términos. Son los efectos didácticos de estos relatos, que suelen ser escritos breves que buscan, descaradamente, un final con una enseñanza. Aquí, notablemente, la alegría grande de las familias con muchos hijos, el gozo de la fiesta de gentes de la calle que se conforman con poco, y la tristeza profunda del apegado al dinero.

Esta historia es antigua como la Humanidad. Y es moderna, como podemos comprobar en tantas personas que solo viven para la riqueza, o que consideran como el fin de su vida vivir con gran comodidad, o quizá, con ostentación, porque a veces lo que más se aprecia es esto, las apariencias. Puede haber quien vive en un pisito de cualquier barrio de una ciudad importante, pero tiene un cochazo. Hoy en día no tener un cochazo es un pequeño desastre.

Este cuento se puede leer en Navidad, pero la verdad es que, salvo lectores muy lectores, la gente lee muy poco en esas fiestas, que son de ir y venir. Y, para entrar en el fondo que el autor busca, hace falta un poco de sosiego. Por eso no hay que desdeñar la posibilidad de disfrutarlo en estas fechas veraniegas, que son más tranquilas y más productivas para la lectura.

Charles Dickens, Cuento de Navidad, Nocturna 2017

 

 

Junípero, el activismo y la ignorancia

Escrito por Mario Arroyo.

Junípero Serra trabajó en favor de los naturales, y fue uno de los primeros europeos en ensalzar las bellezas naturales de California.

Es realmente dolorosa la calumnia histórica que padece actualmente la señera figura de san Junípero Serra. Una grave ofensa a la verdad que, como suele suceder con la mentira, se utiliza para manipular la opinión pública, sirviéndose de idiotas útiles que construyen un inmenso “hombre de paja”, un falaz engaño. “Calumnia, que algo queda”, y queda más si los destinatarios del engaño son ignorantes. En nuestros días vemos las funestas consecuencias del matrimonio entre activismo político e ignorancia superficial, hasta el punto de ver amenazadas las instituciones, bases de la sociedad civilizada, mientras arteramente se reescribe la historia a beneficio de la ideología en boga.

Es doloroso que la furia iconoclasta desatada contra san Junípero surja en medio de una sociedad muy desarrollada, con altos estándares de educación. Es triste ver cómo la falta de seriedad y la ausencia de profundidad, es decir, la más dolorosa superficialidad, se han apoderado del lugar que en el mundo va a la vanguardia de la tecnología. No puede ser sino un pésimo augurio descubrir cómo, donde se gestan los mayores adelantos tecnológicos, en la cuna del poder de nuestra civilización, se erige impune la barbarie y se da culto a la ignorancia.

Eliminar las estatuas de san Junípero en Los Ángeles y San Francisco, establecer un proceso inquisitorial en su contra, plagado de argumentos anacrónicos, selectivas ignorancias y falsedades, legitimar el uso de la violencia, en lugar de la discusión seria y el estudio profundos, no pueden ser sino señales de manipulación, manifestación del declive de una civilización. Como antaño en Roma, nuevamente los bárbaros se enseñorean del país más poderoso del mundo.

No se pueden hacer juicios sumarios con la historia sin cometer profundas injusticias. San Junípero viene a ser muestra palmaria de ello. Un hombre que dejó su tierra para dedicar su vida a evangelizar, que partió de su monasterio en Querétaro, caminando 3327 kilómetros hasta San Francisco, que dio vida a las misiones franciscanas en California, las cuales fueron cuna de las grandes ciudades californianas de la actualidad. Un hombre que aprendió la lengua de los naturales californianos, convivió con ellos y los amó, resulta que ahora es paladín del racismo, cuando no genocida.

San Junípero defendió vivamente a los pueblos autóctonos. No se perdonó un viaje hasta la Ciudad de México, cabeza del virreinato, para presentar una “declaración de derechos” que defendía a los indígenas y exigía su protección. En su epistolario destacan sus frecuentes denuncias de los abusos sexuales cometidos contra las indígenas por los conquistadores. Se opuso a la aplicación de la pena de muerte contra los que asolaron la misión de San Diego, martirizando a un sacerdote amigo suyo, para mostrar así una señal de clemencia cristiana, sentando así un novel testimonio contra la pena de muerte en territorio norteamericano. Por sus cartas tenemos conocimiento de la muy positiva valoración e impresión que le causaron los naturales, y fue uno de los primeros europeos en dejar constancia y ensalzar las bellezas naturales de California.

Contra lo que pudiera pensarse, las misiones no impusieron la fe por la fuerza. Por el contrario, fueron comunidades multiculturales, donde nativos y españoles trabajaron juntos y se mezclaron, dando origen a una población mestiza, a un nuevo pueblo, con su propia cultura, del cual quedan todavía vestigios arquitectónicos, musicales, literarios y religiosos. No se obligó a convertirse a los naturales, y sólo abrazaron la fe cristiana el 10 o el 20 por ciento de ellos.

El “genocidio californiano” es un siglo posterior a san Junípero, coincide con la “fiebre del oro” en California. Fue el primer gobernador de ese estado quien impulsó la guerra de exterminación contra los indígenas en 1851. De hecho, los mismos norteamericanos han dejado abundante constancia de ello en la inmensa mayoría de las películas western, donde siempre son masacrados los malvados y crueles indígenas. Fue la caballería del ejército norteamericano la principal encargada de perpetrar el genocidio, no los misioneros españoles. Por eso no se puede sino deplorar la injusticia histórica que se comete contra uno de los forjadores de California, an Junípero Serra.

 

 

  Téngalo en cuenta la LOMLOE

La escuela del siglo XXI ha de educar y proporcionar una educación integral de la persona, por encima de todo.La escuela del siglo XXI, como institución de la sociedad al servicio de la transmisión sistemática y crítica de la cultura mediante la formación de personas libres, conscientes, críticas y creadoras, ha de atenerse con escrupuloso respeto a lo que esta institución de la sociedad entraña, y contribuir con todas las posibilidades a su alcance al logro de sus fines y a las obligaciones que ésta tiene para con la misma sociedad, más aún para con los hombres de esa sociedad a la que pertenece. Ha de empeñarse en un proyecto educativo que busque sinceramente el bien integral del hombre y de la sociedad protegiendo la libertad contra toda coacción niveladora en los primeros pasos de la vida del hombre, o contra el pensamiento único o el relativismo. Sencillamente se ha de poner al servicio de un proyecto educativo que persiga el ayudar a los alumnos a aprender a ser hombre y el arte de vivir, el educar la persona de manera que se realice en la verdad y en el amor: Ha de ser, ante todo, educador de la persona humana. La persona es el núcleo de la escuela, que no se olvide en la LOMLOE, ni lo olviden los padres para exigirlo.

La escuela en la situación actual no puede renunciar a su condición de ser un lugar señalado para la formación integral del hombre, mediante la asimilación sistemática y crítica del universo cultural: hechos, saberes, valores, sentido de la vida humana, posibilidades éticas, formas de interpretación creadora de la realidad, esperanzas, capacidades de auto identificación, de discernimiento, de distanciamiento crítico respecto a lo dado y establecido. Y esto dentro de una sociedad en la que más que productos necesitamos fuerzas de lo interior, libertad creadora, impulsos esperanzados hacia el futuro, confianza para obrar y, sobre todo, para ser. El objetivo irrenunciable de la institución escolar –formar el hombre desde dentro, liberarlo de todo lo que le impide vivir plenamente como persona–,
lleva consigo su efectiva referencia a una determinada visión del hombre y a su sentido último, para afirmarlo, negarlo o prescindir de él, en definitiva, a una antropología verdadera. En este orden de cosas, es preciso reconocer el valor humanizador, integrador y de convivencia de lo religioso, la apertura a la trascendencia, mejor, a Dios para una existencia humana que quiera abrirse a la realidad total del mundo y no cegar ninguna de las expectativas del espíritu humano.

La Escuela del siglo XXI ha de asumir con toda decisión las dimensiones propias del proceso formativo, es decir: las tareas de instrucción, formación y educación, propias de la escuela, y responder con estas tareas a las preguntas por: a) qué son las cosas que son y cómo funcionan y, así, situar al educando ante la realidad objetiva, ante la verdad del mundo objetivo, en el que ha de vivir y ante el que ha de situarse; b) cuáles son los valores, creencias, hechos históricos, normas de comportamiento…, que, legados de una tradición, configuran la vida de un pueblo, en el que el educando ha de situarse y realizar su existencia junto con los otros; y c) qué sentido tiene todo, la totalidad de lo real, mi vida personal, cuál es mi origen y mi destino, qué sentido tiene la vida y la muerte, y así poder realizarme como uno mismo con mi identidad propia, original e intransferible. Sólo cuando se responde a ese triple plano de preguntas con las tres tareas asignadas a la escuela, podemos decir que la escuela está cumpliendo su cometido. ¿Es así la LOMLOE? Sinceramente, no, ignora todo esto, y así ¿dónde vamos? A ninguna parte y sin rumbo.

La educación centrada en la persona y en orden a la realización de la persona es la clave de cara al futuro en la educación del siglo XXI. Hace unos años leía en la tercera de ABC un artículo, con la lucidez y la humildad-honestidad intelectual que siempre le caracterizó, de D. Julián Marías, en el que, entre cosas, decía: “El mundo actual, sobre todo en Europa, en grado algo menor en América…
ha experimentado un cambio que no se suele percibir. Ese mundo ha dependido de una idea capital, que ha mantenido su continuidad: la de la persona. Hace cosa de treinta años tuve una violenta sorpresa: en la mayoría de las enciclopedias recientes no se encuentra el artículo ‘amor’; tampoco el de ‘felicidad’ o el de ‘vida’, salvo la biológica. Estas enciclopedias no hablan más que de ‘cosas’, y estas palabras no nombran cosas, sino realidades personales. El mundo actual está casi reducido a cosas, el hombre de nuestro tiempo sepultado en ellas. ¿Es esto soportable? Más aún, ¿es posible? Tal vez el hombre no se resigna a dimitir de su condición personal. Cuando está a punto de hacerlo, en virtud de solicitaciones que le halagan o lo amenazan, siente un punto de alarma. Es muy posible que la dimensión religiosa sea la única que mantenga vivo para la mayoría de los hombres la conciencia de que no es una mera cosa, ni siquiera un organismo, sino esa realidad paradójica, difícil de comprender y sin embargo patente, manifiesta, lo único verdaderamente inteligible. En esa tradición religiosa el hombre encuentra restos –sólo restos, vacilantes y venidos a menos– de la idea que lo había acompañado durante milenios, que le había permitido trascender lo animal, lo cósmico, las vicisitudes de la historia, los desastres, las situaciones desesperadas o insoportables… En algunos momentos, en circunstancias particularmente difíciles, el hombre vuelve los ojos, con confianza y escepticismo, a algunos fragmentos de una vieja creencia que sobrenada en las aguas agitadas y confusas –sobre todo confusas– en que se debate” (Julián Marías).

Esto es clave para la educación. Y por ello, con honestidad y respeto exquisito a la libertad, habría que introducir también la religión en el conjunto de la educación de la persona, a la que debe servir la institución escolar. De otra suerte corremos el riesgo de seguir reduciendo al hombre a cosas, con todas las consecuencias que conlleva, desgraciadamente patentes, de despersonalización y de apagamiento de la libertad en la verdad. Decir esto en estos momentos de profunda secularización en relación con la enseñanza resulta totalmente obsoleto, no se lleva. Sin embargo, ahí tenemos un vector fundamental e imprescindible para el futuro de la escuela en este siglo XXI, que la LOMLOE debiera intentar y perseguir.

+ Antonio Cañizares Llovera Cardenal Arzobispo de Valencia

 

 

¿Impedir el aborto, no sería violencia contra la mujer violada?

Sólo mentes enfermas pueden imaginar que el trauma resultante de una violación puede solucionarse con un trauma mil veces más grave, como es el asesinato de un niño inocente e indefenso.

 

Los argumentos que tal vez esté necesitando. (Bajar libro gratuito)

¿Impedir la práctica del aborto, no sería ejercer violencia contra la mujer víctima de la violación? Pues en ese caso sufriría dos traumas: el primero, por parte del criminal, y después, por parte del Estado autoritario que la obligaría a tener un hijo, imagen viva del violador…

Tan sólo mentes enfermas pueden imaginar que el trauma resultante de una violación puede solucionarse con un trauma mil veces más grave, como es el asesinato de un niño inocente e indefenso.

En el trauma de una violación la víctima no tuvo la culpa y sabe que no la tiene. Ante el trauma eventualmente causado por la “imagen viva” del criminal, la madre también sabe que el hijo es inocente y que eso no es más que una mera asociación de imágenes.

Si tal asociación fuera muy dolorosa, ella podría apartarse de su bebé entregándolo a personas o instituciones que deseen adoptarlo.

Si decide asumir la crianza de su hijo, se sentirá elevada y dignificada a sus propios ojos, porque sabrá que está practicando un acto noble y meritorio. Tendrá, además, la compensación psicológica que se desprende de la convicción del deber cumplido.

 

El abandono de los Mandamientos y la desintegración de la familia

 

Si se tratase de una niña o adolescente, ¿se la obligará a tener el hijo y a hipotecar su futuro?

Como ya fue dicho varias veces, jamás un crimen puede ser propuesto como una solución para cualquier conflicto, por más complicado que éste fuera.

Hay que contemplar, por lo demás, los gravísimos problemas de orden espiritual y psicológico provocados por el aborto en las mujeres y cuánto se agravan los mismos al tratarse de una niña o una adolescente.

Abortar a un niño que se lleva en las entrañas, eso sí es “hipotecar el futuro”. Darlo a luz con la confianza puesta en Dios, aún en las condiciones difíciles de las que estamos tratando, permitirá llevar con serenidad y tranquilidad de conciencia una existencia digna.

 

 

La perenne actualidad de los Mártires

Ernesto Juliá 

Maria Laura Mainetti. Diocesis De Como

“La segunda dificultad con la que se encontrarán los misioneros de Cristo es la amenaza física en su contra, o sea, la persecución directa contra ellos, incluso hasta el punto de que los maten”.

Con estas palabras, Francisco presentó en el Ángelus del pasado 21 de junio la segunda dificultad que los discípulos del Señor se pueden encontrar en el momento actual. La primera dificultad ya la hemos comentado (poner aquí la referencia al artículo Edulcorando…).

Desde el primer mártir, san Esteban, hasta hoy día, el martirio ha estado muy presente en la historia de la Iglesia y, prácticamente, en casi todos los lugares en los que la Fe en Cristo ha echado hondas raíces. Y como el pecado, el odio a Dios, el rechazo de la Creación y de la Redención, el diablo, se mantendrán vivos siempre; el martirio seguirá estando en la vida de los cristianos hasta el fin de la historia: que tendrá un fin. Los hechos, además hablan con claridad.

Una de las últimas mártires que pronto será canonizada, María Laura Mainetti, monja italiana que recibió 19 puñaladas de tres muchachas que en una sesión satánica, se habían comprometido a matar a una persona religiosa. Y esto en la misma Italia.

El mártir es el testimonio vivo del amor de Dios, de la obra de Dios, de la Redención de Cristo: “nadie ama más que el que da la vida por sus amigos”. Y el mártir en la entrega de su vida glorifica a su “gran amigo” Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.

En el mártir desahogan su ira, su envidia, su miseria, los poderes que se rebelan contra Dios Creador; contra la ley moral que Dios ha dado al hombre para iluminar su camino en la tierra.

Los mártires de los primeros siglos dieron su vida por no querer adorar al emperador de turno; por no adorar los dioses humanos manejados por el poder político para dominar a los pueblos. Los mártires del siglo XX ofrecieron su cabeza a los fusiles de tropas oficiales de tantos países europeos, entre ellos España en la guerra civil, por negarse a blasfemar, a renegar de la Fe, a pisotear un crucifijo, etc., etc.

En el siglo XXI, y aparte de los cristianos que mueren por su Fe a manos de terroristas de todo tipo, especialmente en los últimos tiempos, fanáticos hinduistas y musulmanes; aumentan cada día los que sufren todo tipo de vejaciones en su vida de cada día, sencillamente por dar testimonio de su Fe.

Los padres que protestan porque no admiten que sus hijos sean manipulados por un propagandista de lgtb, y de otras manifestaciones de la así llamada ideología de género; la mujer que tiene que sufrir no ser aceptada para un trabajo, después de haber estado en buenísima posición para alcanzarlo, sencillamente porque el equipo seleccionador se ha dado cuenta de que estaba embarazada.

El político que defiende la vida del concebido no nacido, que se opone al aborto con decisión; que piensa en el bien común de los ciudadanos y defiende con clara conciencia la libertad para hacer el bien y rechaza claramente el así llamado “derecho” para hacer el mal con toda libertad. Que se opone a cualquier adoctrinamiento moral, espiritual, ideológico de los ciudadanos por parte del Estado.

Y tantos otros, me atrevería a decir, innumerables cristianos corrientes –todos somos muy corrientes en este mundo- que dan testimonio al celebrar los 25, los 50, los 60 años de matrimonio, rodeados de hijos, nietos, biznietos; los profesores que han dado su vida en la enseñanza y han transmitido la Fe y la Moral de Cristo a tantos alumnos, y dan gracias a Dios al verlos caminar en la Verdad.

El mártir de todos los tiempos ha hecho resplandecer delante de nuestros ojos la luz de aquellas palabras de san Pablo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?  Como está escrito:   Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero”.

Los mártires, con su sangre y sus oraciones, todos mueren rezando por la conversión de sus verdugos, no faltarán nunca en la Iglesia.

ernesto.julia@gmail.com

 

La concepción jerárquica y cristiana de la vida

En una cartuja española un monje besa arrodillado el escapulario de su superior. Es la expresión de la más entera sujeción.

Dios creó el Universo según un orden jerárquico. Y dispuso que la jerarquía fuese la esencia de todo orden verdaderamente humano y católico. En contacto con el superior, el inferior puede y debe tributarle todo el respeto, sin el menor recelo de rebajarse o degradarse.

El igualitarismo

Contenidos

 

La ola satánica del igualitarismo, que desde la revolución protestante del siglo XVI hasta la revolución comunista de nuestros días viene atacando, calumniando, solapando y haciendo marchitar todo cuanto es o simboliza jerarquía, presenta toda desigualdad como una injusticia.

Es propio de la naturaleza humana —dicen los igualitarios—que el hombre se sienta disminuido y vejado al curvarse ante un superior. Si lo hace es porque ciertos preconceptos, o el imperio de las circunstancias económicas, le obligan a ello.

Pero esta violencia contra el orden natural de las cosas no queda impune. El superior deforma su alma por la prepotencia y por la vanidad que lo llevan a exigir que alguien se curve ante él. El inferior pierde con su gesto alienante algo de la elevación de personalidad propia al hombre libre e independiente. En otros términos, siempre que una persona se curva ante otra hay un vencedor y un vencido, un déspota y un esclavo.

La doctrina católica sobre las desigualdades

La doctrina católica nos dice exactamente lo contrario. Dios creó el Universo según un orden jerárquico. Y dispuso que la jerarquía fuese la esencia de todo orden verdaderamente humano y católico.

En contacto con el superior, el inferior puede y debe tributarle todo el respeto, sin el menor recelo de rebajarse o degradarse. El superior, a su vez, no debe ser vanidoso ni prepotente. Su superioridad no proviene de la fuerza, sino de un orden de cosas muy santo y deseado por el Creador.

En la Iglesia Católica, las costumbres expresan con admirable fidelidad esta doctrina. En ningún ambiente los ritos y las fórmulas de cortesía consagran tan acentuadamente el principio de jerarquía. Y tampoco en ningún otro se ve tan claramente cuánta nobleza puede haber en la obediencia, cuánta elevación de alma y cuánta bondad puede haber en el ejercicio de la autoridad y de la preeminencia.

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El monje y su superior

En una cartuja española un monje besa arrodillado el escapulario de su superior. Es la expresión de la más entera sujeción.

Sin embargo, considérese atentamente la escena y se verá cuánta varonilidad, cuánta fuerza de personalidad, cuánta sinceridad de convicción, cuánta elevación de motivos el humilde monje arrodillado pone en su gesto. Contiene éste cualquier cosa de santo y caballeresco, de grandioso y sencillo, que hace pensar al mismo tiempo en la “Legende Dorée”, en la “Chanson de Roland” y en las “Fioretti” de San Francisco de Asís.

 

¿Por qué Dios estableció desigualdades en la sociedad?

 

Arrodillado y desconocido, es este religioso humilde mayor que el hombre moderno, molécula vanidosa, impersonal, anónima e inexpresiva de la gran masa amorfa en que se ha transformado la sociedad contemporánea.

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La humildad del gentilhombre

Tras la humildad del monje consideremos la del gentilhombre.

El Conde Wladimir d’Ormesson fue hasta mediados de 1956 embajador de Francia ante la Santa Sede.

El Conde Wladimir d’Ormesson fue hasta mediados de 1956 embajador de Francia ante la Santa Sede. En nuestra fotografía lo vemos revestido con uniforme solemne de diplomático, arrodillado ante el Santo Padre Pío XII con ocasión de una audiencia.

Es difícil imaginar una actitud que exprese, tan completamente y al mismo tiempo, una alta conciencia de su propia dignidad y un vivo respeto ante la autoridad excelsa y suprema, ante la cual el embajador tiene la honra de encontrarse.

La rodilla en tierra, pero el tronco y el cuello erectos, la nobleza y reverencia del saludo, todo, en fin, muestra cuánto respeto y cuánta dignidad contienen los tradicionales estilos diplomáticos, de los cuales el Conde se muestra aquí intérprete fiel, y que fueron elaborados en los siglos áureos de la civilización cristiana.

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Actitud del superior y del Papa

Por otro lado, considérese al prior. Hay una especie de contraste entre su gran figura blanca, erecta, robusta, estable, que expresa autoridad, seguridad y paterna protección y la expresión fisonómica que parece neutra, impasible, serena, un poco distante. La figura expresa la actitud oficial del prior. La fisonomía traduce el desapego, la simplicidad del hombre. Pues no es al hombre en cuanto tal, sino al cargo, a quien el homenaje se dirige.

Y, con el debido respeto, consideremos la posición del Pontífice. Sentado en un pequeño trono, no se levanta para recibir el homenaje del embajador. Sin embargo, inclina ligeramente el busto para aproximarse más al Conde. Conserva su mano en la de él. Da a toda la acogida una nota de amenidad muy marcada. Y manteniéndose, no obstante, enteramente como Papa, da todas las muestras de la más entrañable benevolencia y del mayor aprecio hacia el embajador.

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Cuatro actitudes inspiradas en una visión muy jerárquica de las cosas, todas ellas nobles, dignas, honrosas, aunque cada una a su modo. En una palabra, esplendor de la humildad cristiana y belleza de una vida jerárquica…

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

La confusa terminología de la eutanasia y el suicidio asistido

Junto a los objetivos problemas médicos y éticos que la eutanasia y el suicidio asistido plantean, no son los menos polémicos los que se dan en relación con la manipulación semántica de la terminología que en torno a ellos se utiliza.

Pero, a nuestro juicio, conviene distinguir en dicha manipulación dos grupos: a) la manipulación que se promueve por quienes plantean, o al menos, desean, legalizar la eutanasia y el suicidio asistido, que va dirigida a evitar utilizar explícitamente ambos términos, pues los mismos suscitan, en muchos, algo éticamente negativo, y b) los que tratan de eliminar el concepto de suicidio asistido denominándolo muerte médicamente asistida o en inglés “medically assisted dying” (MAD), pues a esta práctica, con esta última denominación, la consideran moral y éticamente admisibles, en oposición al suicidio que naturalmente sería éticamente ilícito.

Entre los primeros se encuentran fundamentalmente determinados grupos políticos, colectivos de diversos tipos y asociaciones en los que su actividad va directamente dirigida a promover la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido.

Para tratar de corregir sus objetivos, un primer escollo que necesitan eliminar es utilizar los términos eutanasia y suicidio asistido, por lo que los sustituyen por otros como: muerte digna, morir dignamente (death with dignity), muerte médicamente asistida (medically assisted dying), ayuda médica para morir (medical aid in dying) o suicidio médico asistido (physician assisted suicide).

José Morales Martín

 

 

Las libertades fundamentales se debilitan.

Le Monde publicó una tribuna, promovida por la Fundación Kofi-Annan, con la firma de 27 personalidades –desde Madeleine Albright a Ernesto Zedillo-: advierten de las consecuencias de la pandemia y proponen un memento para proteger las elecciones y el debate público. El punto de partida es que, mientras los gobiernos hacen todo lo posible para proteger la salud pública, la democracia está en peligro en muchos países: derechos duramente conquistados están siendo dejados de lado ante la urgencia, y las libertades fundamentales se debilitan.

En más de cincuenta lugares se han aplazado indefinidamente elecciones. La decisión se adoptó en aplicación de normas sanitarias de emergencia y no según los cauces constitucionales, y sin establecer siempre el proceso para fijar una nueva fecha. En casi veinte, se celebran o convocan en condiciones inciertas, que podrían favorecer la abstención y llegar a la ilegalidad.

Los firmantes no ignoran las dificultades. Por eso, proponen algunas medidas para garantizar elecciones libres, justas, que aseguren la legitimidad de los sistemas democráticos; de algún modo, pueden inspirar el conjunto de la acción de gobierno en estos momentos: un anclaje jurídico sólido y, en caso de vacíos legales, aplicar subsidiariamente normas internacionales; un amplio consenso político a través de consultas, también para no socavar la confianza pública, esencial en la crisis sanitaria; una comunicación clara y transparente, que facilite el debate, sin hurtar las cuestiones críticas; la proporcionalidad razonable entre los ajustes y los riesgos sanitarios, apoyada técnicamente con la previa consulta a expertos en cuestiones electorales; el establecimiento de plazos, con tiempos bien definidos, y una especial consideración hacia los grupos más afectados –contagiados y confinados, personal sanitario o de seguridad- o tradicionalmente marginados.

La aplicación de este tipo de criterios mostrará la cultura democrática, también en países pioneros, como los Estados Unidos: las elecciones de noviembre están más cerca de lo que parece… Y, como se ve –aparte de la reacción popular contra los abusos policiales y la desigualdad-, no faltan problemas a propósito del voto por correo, de los controles informáticos o de la participación a través de las redes sociales. El cisco entre Twitter y Trump no tiene nada de anecdótico.

Pedro García

 

Sacramento

Sabiendo que hoy apenas hay alguna legislación civil que impida el divorcio, que se admite, sin más, la convivencia de no casados, que hasta en las iglesias cristianas no católicas también se admite el matrimonio a prueba -ortodoxos- el divorcio o cosas parecidas -en las protestantes-, no es raro que haya mucha gente, sobre todo jóvenes, que no les cabe en la cabeza la idea de indisolubilidad. Es muy complicado explicar, incluso a muchachos de misa dominical fija, de devoción cristiana diaria, que el matrimonio no se termina nunca.

 “La adopción del mantra de la libertad en el sexo y el matrimonio ha generado (por enumerar únicamente algunas consecuencias) la proliferación de las rupturas familiares, la normalización de la pornografía, la aceptación de toda clase de actos y deseos desordenados y un profundo sentimiento de alienación y soledad que se apodera de modo especial de las comunidades más jóvenes y frágiles” (p. 106). Es un tono social, es lo que se vive en Occidente, y lo que desconcierta a gentes venidas de países africanos, por ejemplo, con unas tradiciones familiares totalmente distintas, naturalmente más correctas.

Hay que abundar, hay que explicar, hay que ayudar a los casados, de todas las edades, porque las circunstancias sociales son más complicadas. Y es necesario hacer ver que el matrimonio es un sacramento, que los cristianos necesitamos de los sacramentos, la Eucaristía, la Penitencia, de un modo habitual. El matrimonio una sola vez en la vida, pero que aporta, como tal sacramento que es, la gracia para fortalecer a los esposos.

La solución para tantos problemas en las familias es la ayuda de la gracia, que nos llega por los sacramentos. No podemos olvidarlo nunca.

Valentín Abelenda Carrillo

 

La MAD

Pues bien, cuando, tanto en la literatura especializada, como en los proyectos de ley que para tratar de legalizar los actos eutanásicos se va proponiendo, aparezca alguno de los términos anteriormente referidos, como MAD (muerte medicamente asistida), habrá que tener bien en cuenta, para poder realizar un juicio moral y ético correcto, que con dichos términos siempre se están refiriendo, aunque de forma solapada, a la eutanasia y al suicidio asistido, por lo que la valoración moral y ética de dichos actos debería ser la que le corresponde a ambos actos eutanásicos.

Pero, con más fondo filosófico y ético, es el tema de los que tratan de diferenciar la MAD de cualquier otro tipo de suicidio, pues aquel, a su juicio es ética y moralmente aceptable, en contraposición al suicidio, que en ningún caso lo es.

Pues bien, en relación con ello, se hace amplia referencia en un artículo publicado en el número de enero-febrero de 2020 del “Hastings Center Report”, del que es autora Phoebe Friesen, que fundamentalmente va dirigido a defender la eticidad de la MAD en contraposición con el suicidio, considerándose a aquella moralmente lícita y no el suicidio (ver AQUÍ).

El núcleo central del pensamiento de Friesen es que cuando se aplica la MDA, el paciente está inmerso en lo que ella denomina un proceso de muerte ocasionado por su enfermedad de base, y que, por tanto, lo único que se hace con la MAD es acelerar su inevitable llegada; es decir, el objeto primero de la MAD no es terminar con la vida de ese paciente, sino encontrar para él una salida de este mundo digna, tratando de acortar su agonía. No es la MAD lo que termina con la vida del paciente, sino su incurable enfermedad de base.

Para tratar de defender sus tesis, Friesen analiza cuatro aspectos de la MDA: su moralidad; la impulsividad que se da en el suicidio y que no se da en la MAD; la capacidad de decisión que tienen los pacientes que solicitan la MAD y que no tienen los suicidas y finalmente el grado de esperanza que tienen los que se acogen a la MDA y del que carecen los que acuden al suicidio, acto en el que, naturalmente también incluye el suicidio asistido.

Por todo ello, Friesen manifiesta que ambas prácticas son ética y moralmente diferentes en función de las cuatro razones anteriormente expuestas.

Pero a diferencia de la opinión de Friesen, a nuestro juicio, la MAD es una práctica directamente dirigida a terminar con la vida de un paciente que padece una grave enfermedad y que sufre dolores o trastornos de cualquier tipo difíciles de soportar. Es decir, es una práctica claramente eutanásica. Vamos a tratar de fundamentar este aserto.

Jaume Catalán Díaz

 

 

El rey “se moja”: Dinero público en burdeles y…más?

 

“FERNANDO VILLÉN FUE DIRECTOR DE LA FUNDACIÓN ANDALUZA FONDO DE FORMACIÓN Y EMPLEO (FAFFE) DURANTE LA PRESIDENCIA DE MANUEL CHAVES. El juez localiza los 5 burdeles donde un alto cargo del PSOE gastó a golpe de tarjeta 30.000 euros de dinero público”. (Periodista Digital 24-06-2020)

   Se supone y por lógica aplastante, que a estos indeseables, los echan a patadas del partido, tan pronto entran en el juzgado, después esperamos condenas ejemplares de cárcel, devolución del dinero con intereses de demora; y la correspondiente de que jamás entren en cargo u oficio público; aunque habría que saber de otros y “muy altos cargos”, que hicieron cosas aún de mayor cuantía y que hasta hoy, han sido tratados, “con algodones o incluso mejor que ello”.

 

“FELIPE VI NEGÓ VERSE EN UNA REUNIÓN INDIVIDUAL CON EL VICEPRESIDENTE SEGUNDO: ‘Golpe de mano’ de Casa Real a Sánchez e Iglesias: Felipe VI se presenta sin previo aviso al Consejo Nacional de Seguridad. El Rey, que no había confirmado su participación, llegó para presidir un encuentro que iba a estar en manos del PSOE y Podemos”. (Periodista Digital 24-06-2020)

            Tal y como va la deriva de España, o el rey asume su verdadera figura de “encarnar al pueblo español” y se “moja muchísimo más”, o seguro, que, la monarquía acaba en España, que es lo que muchos pretenden, yo no de momento; si el rey arriesga mucho más de lo que lo hace y que es su principal obligación.

“Denuncian que altos cargos de Exteriores colocan a familiares dentro del ministerio: UGT pide al departamento de González Laya que le facilite los puestos de asistencia técnica que se han creado en los últimos 15 años. Los organismos de la AECID y la FIIAAP están en el punto de mira. Este sindicato se plantea recurrir a la Fiscalía y el Tribunal de Cuentas”. (Vozpópuli 24-06-2020)

¡Si ese es el pan nuestro de cada día y que aplica hasta el más modesto alcalde de pueblo español! Y todos tragan porque todos lo hacen; y el problema es que todos se quedan "enchufados" en el dinero público; lo que ha creado tal monstruo de infuncionarios públicos, que nos cuestan lo que ni sabemos, a costa de los enormes impuestos que ya nos han colocado y que no reducen, "aunque arda España".

“Igualdad fija como requisito para subvencionar asociaciones que el 65% de la plantilla sean mujeres: El Instituto de la Mujer destina anualmente ayudas para apoyar al movimiento asociativo de ámbito estatal por más de un millón de euros y en su última convocatoria introduce nuevas condiciones”. (Vozpópuli 24-06-2020)

            No, no se trata de reducir gastos de los infinitos y superfluos que se malgastan, del dinero público en España. De lo que se trata es de ir imponiendo “la dictadura de la mujer”, sobre el ya muy maltratado hombre, al que le imponen leyes de “inquisición” (te pueden detener y meter en el calabozo, sólo por sospechas); y al que si pudieran, yo creo que ordenaban el que, “se quedase preñado hasta nueva orden”. ¡Vaya un país de opereta, por no decir cosas mucho peores!

“ECONOMÍA: EL PEOR ABRIL DESDE 2013: La recaudación de las CCAA por la compraventa de viviendas se hunde un 33%. La parálisis del sector inmobiliario como consecuencia del coronavirus ha frenado en seco los ingresos de la autonomías. Solo las transferencias del Estado sostienen sus presupuestos”. (El Confidencial 24-06-2020)

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            ¿Pero quién va a comprar no sólo una casa o vivienda, un olivar, huerta, parcela de campo o cualquier otro bien de similares características? Si aparte de la ruina que es hoy tener una propiedad (que en realidad ha pasado a poder del Estado, al que tienes que pagarle un alto alquiler anual, produzcas o no produzcas) los precios o valores, “están por los suelos” y por lo desvalorizados que se agudiza cada vez más. Si compras o vendes, al hacer la escritura pública; se te echan encima como “vampiros”, no sólo la denominada “Hacienda Publica”, Autonomías, ayuntamientos, notarios, registradores, intermediarios o gestores, a los que hay que pagarles EN DINERO CONTANTE Y SONANTE Y; “a lo público”; mediante transferencia bancaria, para con ello eludir el posible dinero oculto (“que no negro pues el dinero solo tiene el color del dinero”) y todos los demás “impuestos, que puedes ignorar pero, “que salen todos de inmediato” y con amenazas de embargo). Por ello todo o casi todo está paralizado, ¡SI HASTA LAS HERENCIAS Y DONACIONES, TIENEN IMPUESTOS A PAGAR DE IGUAL FORMA! Todo ello y que viene desde mucho antes, del ya “muy cacareado virus chino”, es el que y en una alegórica forma para definirlo, “es la de un tornillo sin fin al que se le aprieta la tuerca cada vez más, y el que ha paralizado todo”. ¡Si ya hay hasta herencias que no se hacen cargo los herederos, porque no les interesa debido a los enormes gastos que no pueden pagar!. Hemos caído en un tipo de gobiernos que lo arrasan todo.

 

                          “La verdad es la herida que más duele… y no cicatriza”.

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) 

 

 

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