Las Noticias de hoy 6 Julio 2020

Enviado por adminideas el Lun, 06/07/2020 - 12:34

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 06 de julio de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: Jesús es el modelo de los “pobres de espíritu”

Ángelus: El Papa apoya la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU

ENCONTRAR A CRISTO EN LA IGLESIA: Francisco Fernandez Carbajal

“La oración debe prender en el alma”: San Josemaria

Retiro de julio #DesdeCasa

La gratitud nos mueve a la lucha: Justin Gillespie

Jesús, Mi Sacerdote Eterno: Sheila Morataya

Supuestos biológicos de la libertad humana: encuentra.com

Órgaos y funciones intrínsecamente humanos

Pueblo y multitud amorfa: dos conceptos diferentes: Plinio Corrêa de Oliveira

Cartas a un joven colega sobre la ‘Prudentia Docenci’: una pregunta difícil de responder: Gabriel Galdón

La continuidad entre san Juan Pablo II y Francisco: Mauro Leonardi

Devorando Mitos: Jesús Domingo

Un deber irrenunciable: Suso do Madrid

Colonizar cerebros adolescentes: Xus D Madrid

La dignidad:  JD Mez Madrid

“me gustaría compartir con todos ustedes”: JD Mez Madrid

Los españoles de entonces y los de hoy: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Ángelus: Jesús es el modelo de los “pobres de espíritu”

Palabras antes del Ángelus

(zenit – 5  julio 2020).- A las 12 del mediodía de este domingo, 5 de julio de 2020, el Papa Francisco se ha asomado a la ventana del estudio del Palacio Apostólico vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.

El Papa desarrolla en tres partes partes el pasaje evangélico de este domingo: primero Jesús alza un himno de bendición y de agradecimiento al Padre, porque ha revelado a los pobres y a los sencillos los misterios del Reino de los cielos; después desvela la relación íntima y singular que hay entre Él y el Padre; y finalmente invita a acudir a Él y a seguirlo para encontrar alivio.

A continuación sigue la traducción de las palabras del Papa al introducir el Ángelus ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

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Palabras del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

El pasaje evangélico de este domingo (cfr Mt 11, 25-30) está dividido en tres partes: primero Jesús alza un himno de bendición y de agradecimiento al Padre, porque ha revelado a los pobres y a los sencillos los misterios del Reino de los cielos; después desvela la relación íntima y singular que hay entre Él y el Padre; y finalmente invita a acudir a Él y a seguirlo para encontrar alivio.

El primer lugar, Jesús alaba al Padre, porque ha ocultado los secretos de su Reino y de su verdad ocultado “a los sabios e inteligentes” (v. 25). Los llama así con un velo de ironía, porque presumen que lo son y por tanto tienen el corazón cerrado, la verdadera sabiduría viene también del corazón, no es solamente comprender ideas, la sabiduría también entra en el corazón . Si tu sabes tantas cosas y tienes el corazón cerrado, no eres sabio. Jesús dice que los misterios de su Padre han sido revelados a los “pequeños”, a los que se abren con confianza a su Palabra de salvación, sienten la necesidad de Él y esperan todo de Él. El corazón abierto, es confiado hacia el Señor.

Después, Jesús explica que ha recibido todo del Padre. Lo llama “mi Padre”, para afirmar la unicidad de su relación con Él. De hecho, solo entre el Hijo y el Padre hay total reciprocidad: el uno conoce al otro, el uno vive en el otro. Pero esta comunión única es como una flor que se abre, para revelar gratuitamente su belleza y su bondad. Y de aquí la invitación de Jesús: “Venid a mí…” (v. 28). Él quiere donar lo que toma del Padre, quiere darnos la verdad, la verdad de Jesús siempre es equidad, es un don, es el Espíritu Santo, la Vida.

Como el Padre tiene una preferencia por los “pequeños”, también Jesús se dirige a los “fatigados y sobrecargados”. Es más, se pone él mismo en medio de ellos, porque Él es el “manso y humilde de corazón” (v. 29), así dice que es Él. Como en la primera y en la tercera bienaventuranza, la de los humildes o pobres de espíritu; y la de los mansos (cfr Mt 5, 3-5), la mansedumbre de Jesús, no es un modelo para los resignados ni simplemente una víctima, sino que es un Hombre que vive “de corazón” esta condición en plena transparencia al amor del Padre, es decir al Espíritu Santo. Él es el modelo de los “pobres de espíritu” y de todos los otros “bienaventurados” del Evangelio, que cumplen la voluntad de Dios y testimonian su Reino. Después Jesús dice que si vamos donde Él encontraremos alivio.

El “descanso” que Cristo ofrece a los cansados y oprimidos no es un alivio solamente psicológico o una limosna donada, sino la alegría de los pobres de ser evangelizados y constructores de la nueva humanidad, este es el descanso, la alegría, la alegría que nos da Jesús, es única, es la alegría que tiene Él mismo. Es un mensaje para todos los hombres de buena voluntad, que Jesús dirige todavía hoy en un mundo que exalta a quien se hace rico y poderoso, cuantas veces decimos: yo querría ser como aquél, como aquella, rico que tiene tanto poder, que no le falta nada. El mundo exalta al que se hace rico y poderosos sin importar con qué medios, y a veces pisando a la persona humana y su dignidad, y esto lo vemos todos los días, los pobres pisoteados Y es un mensaje para la Iglesia, llamada a vivir las obras de misericordia y a evangelizar a los pobres, a ser mansa, humilde, así el Señor quiere que sea su Iglesia

María, la más humilde y la más alta entre las criaturas, implore a Dios para nosotros la sabiduría del corazón, para que sepamos discernir sus signos en nuestra vida y ser partícipes de esos misterios que, ocultos a los soberbios, son revelados a los humildes.

 

 

Ángelus: El Papa apoya la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU

Palabras después de la oración mariana

(zenit – 5 julio 2020).- Tras el rezo del Ángelus, el Papa Francisco agradece hoy, 5 de julio de 2020, la petición de un alto al fuego global e inmediato que permitiría la paz y la seguridad indispensables para proporcionar la asistencia humanitaria tan urgentemente necesaria. Deseando que se haga de una manera rápida y efectiva, siendo un primer paso valiente para un futuro de paz.

Saludando a continuación a los peregrinos y fieles reunidos en la Plaza de San Pedro y a la gran peregrinación de los polacos

A continuación sigue la traducción de las palabras del Pontífice tras la oración mariana ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas,

esta semana el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha adoptado una resolución que predispone algunas medidas para afrontar las devastadoras consecuencias del virus COVID-19, particularmente para las zonas que ya son escenario de conflictos. Es encomiable la petición de un alto el fuego global e inmediato, que permitiría la paz y la seguridad indispensables para proporcionar la asistencia humanitaria tan urgentemente necesaria. Deseo que tal decisión se implemente de forma efectiva y rápida por el bien de tantas personas que están sufriendo. Que esta resolución del Consejo de Seguridad pueda convertirse en un primer paso valiente para un futuro de paz.

Saludo de corazón a todos vosotros, romanos y peregrinos de diferentes países. Saludo en particular a los polacos: ¡bienvenidos!, y bendigo la gran peregrinación de la familia de Radio María al Santuario de Częstochowa, que tendrá lugar el próximo sábado, en el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II, con el lema “He encomendado todo a María”. Una bendición a esa peregrinación.

Y a todos deseo un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

 

 

ENCONTRAR A CRISTO EN LA IGLESIA

— No es posible amar, seguir o escuchar a Cristo, sin amar, seguir o escuchar a la Iglesia.

— En Ella, participamos de la Vida de Cristo.

— Fe, esperanza y amor a la Iglesia.

I. Todos buscan a Jesús. Todos lo necesitan, y Él siempre está dispuesto a compadecerse de cuantos se le acercan con fe. Su Humanidad Santísima era como el canal por el que discurrían todas las gracias, mientras permaneciera entre los hombres. Por eso, toda la multitud intentaba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

 

La mujer de la que habla el Evangelio de la Misa1 también se sintió movida a acercarse a Cristo. A sus sufrimientos físicos –ya doce años– se añadía la vergüenza de sentirse impura según la ley. En el pueblo judío se consideraba impura no solamente la mujer afectada de una enfermedad de este tipo, sino todo lo que ella tocaba. Por eso, para no ser notada por la gente, se acercó a Jesús por detrás y tocó tan solo su manto. «Tocó delicadamente el ruedo del manto, se acercó con fe, creyó y supo que había sido sanada...»2.

 

Estas curaciones, los milagros, las expulsiones de los demonios que Cristo realizó mientras vivía en la tierra, eran una prueba de que la Redención era ya una realidad, no una mera esperanza. Estas gentes que se acercan hasta el Maestro son como un anticipo de la devoción de los cristianos a la Santísima Humanidad de Cristo. Después, cuando estaba próximo a marcharse al Cielo, junto al Padre, sabiendo que siempre andaríamos necesitados de Él, dispuso los medios para que, en cualquier tiempo y lugar, pudiéramos recibir la infinita riqueza de la Redención: fundó la Iglesia, bien visible y localizable. Con ella ocurre algo parecido a lo que buscaban aquellas gentes en el Hijo de María. Estar en la Iglesia es estar con Jesús, unirse a este redil es unirse a Jesús, pertenecer a esa sociedad es ser miembro de su Cuerpo. Solo en ella encontramos a Cristo, al mismo Cristo, aquel que esperaba el pueblo elegido.

 

Quienes pretenden ir a Cristo dejando a un lado a su Iglesia, o incluso maltratándola, podrían un día llevarse la misma sorpresa de San Pablo en el camino de Damasco: Yo soy Jesús, a quien tú persigues3. Y «no dice –resalta San Beda–: ¿por qué persigues a mis miembros?, sino ¿por qué me persigues?, porque Él todavía padece afrentas en su Cuerpo, que es la Iglesia»4. Pablo no supo hasta ese momento que perseguir a la Iglesia era perseguir al mismo Jesús. Más tarde, cuando hable sobre Ella, lo hará describiéndola como el Cuerpo de Cristo5, o simplemente como Cristo6; y a los fieles como sus miembros7.

 

No es posible amar, seguir o escuchar a Cristo, sin amar, seguir o escuchar a la Iglesia, porque Ella es la presencia, sacramental y misteriosa a la vez, de Nuestro Señor, que prolonga su misión salvífica en el mundo hasta el final de los tiempos.

 

II. Nadie puede decir que ama a Dios si no escoge el camino –Jesús– establecido por el mismo Dios: Este es mi Hijo amado (...), escuchadle8. Y resulta ilógica la pretensión de ser amigos de Cristo despreciando su palabra y sus deseos.

 

Aquellas gentes que llegan de todas partes encuentran en Jesús a alguien que, con autoridad, les habla de Dios –Él mismo es la Palabra divina hecha carne–: encuentran a Jesús Maestro. Y ahora quedamos vinculados a Él cuando aceptamos la doctrina de la Iglesia: El que a vosotros oye, a Mí me oye, y el que a vosotros desecha, a Mí me desecha9.

 

Jesús es, además, nuestro Redentor. Es el Sacerdote, poseedor del único sacerdocio, que se ofreció a sí mismo como propiciación por los pecados. Cristo no se apropió la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que se lo otorgó el que le dijo: Tú eres mi hijo...10. A Jesús-Sacerdote y Víctima, que honra a Dios Padre y nos santifica a nosotros, nos unimos en cuanto participamos en la vida de la Iglesia; de sus sacramentos en particular, que son como canales divinos por los que fluye la gracia hasta llegar a las almas. Cada vez que los recibimos nos ponemos en contacto con Cristo mismo, fuente de toda gracia. A través de los sacramentos, los méritos infinitos que Cristo nos ganó alcanzan a los hombres de todas las épocas y son, para todos, firme esperanza de vida eterna. En la Sagrada Eucaristía, que Cristo mandó celebrar a la Iglesia, renovamos su oblación e inmolación: Este es mi cuerpo, que es entregado por vosotros; haced esto en conmemoración mía11; y solo la Sagrada Eucaristía nos garantiza esa Vida que Él nos ha ganado: si alguno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que Yo le daré es mi carne, vida del mundo...12.

 

La condición para participar en este sacrificio y banquete radica en otro de los sacramentos, que Cristo confirió a su Iglesia, el Bautismo: Id, pues; enseñad a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo13. El que creyere y fuere bautizado se salvará...14. Y Si nuestros pecados nos han apartado de Dios, también la Iglesia es el medio para restituir nuestra condición de miembros vivos del Señor: a quien perdonareis los pecados -dice a sus Apóstoles- les serán perdonados; a quienes se los retuviereis les serán retenidos15. Nuestro Señor estableció que esta vinculación profundísima con Él se realizara a través de esos signos visibles de la vida sacramental de su Iglesia. En los sacramentos también encontramos a Cristo.

 

Y aunque alguna vez se dieran disensiones dentro de la Iglesia, no nos sería difícil encontrar a Cristo. Las mayorías o las minorías poco significan cuando se trata de encontrar a Jesús: en el Calvario solo estaba su Madre con unas pocas mujeres y un adolescente, ¡pero allí, a pocos metros, estaba Jesús! En la Iglesia también sabemos dónde está el Señor: Yo te daré -declaró a Pedro- las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos16. Y ni siquiera las negaciones de Simón fueron suficientes para revocar estos poderes. El Señor, una vez resucitado, los confirmó de modo solemne: Apacienta mis corderos (...). Apacienta mis ovejas17. La Iglesia está donde están Pedro y sus sucesores, los obispos en comunión con él.

 

III. En la Iglesia vemos a Jesús, al mismo Jesús a quien las multitudes querían tocar porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos. Y pertenece a la Iglesia quien a través de su doctrina, de sus sacramentos y de su régimen, se vincula a Cristo Maestro, Sacerdote y Rey. Con la Iglesia, en cierto modo, mantenemos las mismas relaciones que con el Señor: fe, esperanza y caridad.

 

En primer lugar fe, que significa creer lo que en tantas ocasiones no es evidente. También los contemporáneos de Jesús veían a un hombre que trabajaba, se fatigaba, necesitaba de alimento, sentía dolor, frío, miedo..., pero aquel Hombre era Dios. En la Iglesia conocemos a gentes santas, que muchas veces pasan en la oscuridad de una vida corriente, pero vemos también a hombres débiles, como nosotros, mezquinos, perezosos, interesados... Pero si han sido bautizados y permanecen en gracia, a pesar de todos los defectos están en Cristo, participan de su misma vida. Y si son pecadores, también la Iglesia los acoge en su seno, como a miembros más necesitados.

 

Nuestra actitud ante la Iglesia ha de ser también de esperanza. Cristo mismo aseguró: Sobre esta piedra edificaré Yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella18. Será siempre la roca firme donde buscar seguridad ante los bandazos que va dando el mundo. Ella no falla, porque en Ella encontramos siempre a Cristo.

 

Y si a Dios le debemos caridad, amor, este debe ser nuestro mismo sentir ante nuestra Madre la Iglesia, pues «no puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia por Madre»19. Es la madre que nos comunica la vida: esa vida de Cristo por la que somos hijos del Padre. Y a una madre se la quiere. Solo los malos hijos permanecen indiferentes, a veces hostiles, hacia quien les dio el ser. Nosotros tenemos una buena madre: por eso nos duelen tanto las heridas que le producen los de fuera y los de dentro, y las enfermedades que pueden sufrir otros miembros. Por eso, como buenos hijos, procuramos no airear las miserias humanas –pasadas o presentes– de tales o cuales cristianos, constituidos o no en autoridad: no de la Iglesia, que es Santa, y tan misericordiosa que ni a los pecadores niega su solicitud maternal. ¿Cómo hablar de Ella con frialdad, con dureza o con desgarro? ¿Cómo se puede permanecer «imparcial» ante una madre? No lo somos, ni queremos serlo. Lo suyo es lo nuestro, y no se nos puede pedir una postura de neutralidad, propia de un juez frente a un reo, pero no de un hijo en relación a su madre.

 

Somos de Cristo cuando somos de la Iglesia: en Ella nos hacemos miembros de su Cuerpo, que concibió, gestó y alumbró Nuestra Señora. Por eso, María Santísima es «Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores»20. La última joya que la piedad filial ha engarzado en las letanías de Nuestra Señora, el más reciente piropo a la Madre de Cristo, es apenas un sinónimo: Madre de la Iglesia.

 

1 Mt 9, 20-22. — 2 San Ambrosio, Comentario al Evangelio de San Lucas, VI, 56. — 3 Hech 9, 5. — 4 San Beda, Comentario a los Hechos de los Apóstoles, in loc. — 5 1 Cor 12, 27. — 6 1 Cor 1, 13. — 7 Rom 12, 5. — 8 Mt 17 5. — 9 Lc 10, 16. — 10 Heb 5, 5. — 11 Lc 22, 19. — 12 Lc 6, 51. — 13 Mt 28, 19. — 14 Mc 16, 16. — 15 Jn 20, 23. — 16 Mt 16, 19. — 17 Jn 21, 15-17 — 18 Mt 16, 18. — 19 San Cipriano, Sobre la unidad, 6, 8.— 20 Pablo VI, Alocución 21-XI-1964.

 

 

“La oración debe prender en el alma”

La verdadera oración, la que absorbe a todo el individuo, no la favorece tanto la soledad del desierto, como el recogimiento interior. (Surco, 460)

6 de julio

El sendero, que conduce a la santidad, es sendero de oración; y la oración debe prender poco a poco en el alma, como la pequeña semilla que se convertirá más tarde en árbol frondoso.

Empezamos con oraciones vocales, que muchos hemos repetido de niños: son frases ardientes y sencillas, enderezadas a Dios y a su Madre, que es Madre nuestra. Todavía, por las mañanas y por las tardes, no un día, habitualmente, renuevo aquel ofrecimiento que me enseñaron mis padres: ¡oh Señora mía, oh Madre mía!, yo me ofrezco enteramente a Vos. Y, en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón... ¿No es esto -de alguna manera- un principio de contemplación, demostración evidente de confiado abandono? ¿Qué se cuentan los que se quieren, cuando se encuentran? ¿Cómo se comportan? Sacrifican cuanto son y cuanto poseen por la persona que aman.

Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra..., hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres...: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto. (Amigos de Dios, nn. 295-296)

 

 

Retiro de julio #DesdeCasa

¿Quién ha dicho que no puedas hacer tu propio retiro desde casa? Aunque no estés con otras personas, ni acudas a un centro de la Obra, te facilitamos material para que hagas el retiro mensual en tu casa.

ÚLTIMAS NOTICIAS06/07/2020

∙ Descarga, en PDF, el material para el retiro mensual #DesdeCasa

Introducción
1. Meditación I: “Los obreros de la viña”
2. Lectura espiritual: “El tesoro del tiempo”
3. Examen
4. Rosario
5. Meditación II: “Parábola del sembrador”
6. Santa Misa


Introducción al retiro mensual de julio

“Parábolas y Tuits”. Dos palabras. La segunda, de la era digital. ¿Tuit? Casi todos sabemos qué es un tuit. Nombre que reciben las publicaciones en la red social Twitter; esos mensajes breves y claros que (a veces) nos hacen reflexionar. Se les puede añadir contenido multimedia: vídeos, gifs, imágenes…

¿Parábola? Narración breve y simbólica de la que se extrae una enseñanza moral. Jesucristo predicaba utilizando parábolas. Añadía esos archivos multimedia. Utilizaba ejemplos vivos, imágenes tomadas de la vida cotidiana, dándoles contenidos ricos y amplios, para enseñarnos cómo debe actuar una persona para entrar al Reino de los Cielos.

Parábolas y tuits.

Hay personas que tuitean sobre el mensaje de Jesucristo y nos ayudan a entenderlo mejor. Una de ellas es el papa Francisco. A través de su cuenta @Pontifex_es, transmite que las redes sociales no tienen por qué ser un lugar de dispersión y de distracción. Bien utilizadas constituyen un medio eficaz. Nos enseña que se pueden mandar mensajes breves pero de calidad. Que se puede, al igual que Jesús hacía, pararse a reflexionar en cuestiones fundamentales.

“No basta transitar por las calles digitales, es decir, estar simplemente conectados; es necesario que la conexión esté acompañada de un verdadero encuentro. No podemos vivir solos, encerrados en nosotros mismos. Necesitamos amar y ser amados. Necesitamos ternura. Las estrategias comunicativas no garantizan la belleza, la bondad y la verdad de la comunicación. El mundo de los medios de comunicación no puede ser ajeno a la preocupación por la humanidad, sino que está llamado a expresar también ternura. La red digital puede ser un lugar rico en humanidad; no una mera red de cables, sino de personas humanas. La neutralidad de los medios de comunicación es aparente: sólo aquel que comunica poniéndose en juego a sí mismo puede representar un punto de referencia. El compromiso personal es la raíz misma de la fiabilidad de un comunicador. Precisamente por esto, el testimonio cristiano, gracias a las redes sociales, puede llegar a las periferias existenciales.” (Papa Francisco, XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2014)

Esa manera que tiene el Papa de comunicar es lo que va a ir guiando este retiro. A través de parábolas y tuits, iremos recorriendo diferentes temas: aprovechamiento del tiempo, necesidad de formarnos para hacer fructificar los talentos que Dios nos ha dado. Temas que nos recuerdan que la santidad no se toma pausas ¡ni vacaciones!


1. Meditación I: “Los obreros de la viña”

Antes de empezar la meditación, puedes escuchar la parábola de los obreros de la viña.

 

Meditación “Los obreros de la viña”.

 


2. Lectura espiritual: “El tesoro del tiempo”

Puedes leer o escuchar esta homilía pronunciada el 9 de enero de 1956 por san Josemaría, un santo que supo percibir la trascendencia que el buen uso del tiempo reviste para quien aspira a la santidad.

∙ Leer y meditar.

 

∙ Escuchar y meditar:

 


3. Examen de conciencia

1. “El apostolado es amor de Dios, que se desborda, dándose a los demás” (San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 122). ¿Deseo enamorarme mucho del Señor para después contagiar este amor a quienes me rodean? ¿Me lleva el afán de almas a cuidar mi trato con Dios?

2. «Por lo demás, hermanos, orad por nosotros para que la palabra del Señor avance con rapidez» (2 Ts 3,1). ¿Está mi oración llena de la ambición de encender a muchas almas con el fuego del corazón de Cristo? ¿Estoy convencido de que para dar a conocer a Dios tengo que querer sinceramente a las demás?

3. Quiere Jesús, Señor Nuestro, que proclamemos hoy en mil lenguas –y con don de lenguas, para que todos sepan aplicárselo a sus propias vidas–, en todos los rincones del mundo, ese mensaje viejo como el Evangelio, y como el Evangelio nuevo (Carta 9-I-1932, n. 91. Cit. en Vázquez de Prada, A., El Fundador del Opus Dei, vol. I, p. 302). ¿Acudo al Espíritu Santo mientras preparo o asisto a los medios de formación, para hacer amable y atractivo el anuncio de Jesucristo? ¿Transmito con mis palabras la perenne novedad del Evangelio?

4. «A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno solo: a cada uno según su capacidad; y se marchó» (Mt 25,15) ¿Agradezco al Señor los talentos que me ha regalado y busco maneras creativas de ponerlos al servicio de mi misión apostólica? ¿Me doy cuenta de que este es el mejor modo de llevarlos a plenitud?

5. «Aprended a hacer el bien» (Is 1,17). ¿Cómo podría cuidar más mi propia formación, pensando en la ayuda que puedo prestar a muchas almas? ¿Estoy dispuesto a aprender continuamente, con humildad y sencillez?

6. «Mis elegidos consumirán la obra de sus manos. No se fatigarán en vano (...) porque serán semilla bendita del Señor (...). Antes de que me llamen yo les responderé, aún estarán hablando, y ya los habré escuchado» (Is 65,23-24). ¿Movido por la fe, me crezco ante los obstáculos y busco nuevas formas de ayudar a los que me rodean, aun cuando alguno no responde como yo esperaba?


4. Rosario: piropos a la Virgen María

Guía para rezar el Rosario.

El Papa nos recordó hace pocos meses: “Contemplar juntos el rostro de Cristo con el corazón de María, nuestra Madre, nos unirá todavía más como familia espiritual y nos ayudará a superar esta prueba. Rezaré por ustedes, especialmente por los que más sufren, y ustedes, por favor, recen por mí. Les agradezco y los bendigo de corazón”.

Aprovecha el rezo del Rosario para que, unidos al Papa, cada Avemaría rezada con cariño sea un piropo a la Virgen. Esto dicen y han hecho los santos.


5. Meditación II: Parábola del sembrador

∙ Parábola del sembrador comentado por el Papa Francisco.

∙ Puedes ver su intervención en la JMJ de Río (2013): Parte 1 (10 min). Parte 2 (13 min).


 

6. Santa MisaConcretando...

El verano, tiempo de descanso y acopio de fuerzas, sirve también para dedicar con serenidad ratos a la familia, a los amigos y a Dios. Aprovecha el final de este retiro para concretar tus prioridades y organizar tu verano 2020. Recuerda que la santidad y la formación no se toma pausas ¡ni vacaciones!

Te ayudamos con el webstory Verano-ON 2020

 

 

La gratitud nos mueve a la lucha

¿Cuáles son los verdaderos motivos que mueven a un cristiano? ¿Qué buscamos cuando decimos que queremos ser mejores? La lucha se debe centrar en Dios, no en nosotros, sugiere este texto.

VIDA ESPIRITUAL14/11/2018

Escucha el artículo «La gratitud nos mueve a la lucha»

 

Descarga el libro electrónico: «Para mí, vivir es Cristo» (Disponible en PDF, ePub y Mobi)


«Porque es como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno solo: a cada uno según su capacidad; y se marchó» (Mt 25,14-15). La historia de Jesús sobre los talentos nos resulta muy familiar y, como toda la Escritura, nunca deja de invitarnos a una mayor comprensión de nuestra vida de relación con Dios.

En el fondo, la parábola habla de un hombre que confía generosamente gran parte de sus riquezas a tres de sus siervos. Al hacerlo, no los trata como a simples sirvientes, sino que los implica en sus negocios. Visto de esta manera, parece que confiar es precisamente el verbo adecuado: no les da instrucciones detalladas, diciéndoles exactamente qué hacer. Lo deja en sus manos. A juzgar por su reacción –el afán con el que se esfuerzan por multiplicar la riqueza de su señor– dos de ellos lo comprendieron enseguida. Experimentaron el gesto de su señor como una señal de confianza. Podríamos incluso decir que lo veían como un gesto de amor, y por eso buscaban amorosamente agradarle, aunque no se les hubieran dado más exigencias o condiciones. «El que había recibido cinco talentos fue inmediatamente y se puso a negociar con ellos y llegó a ganar otros cinco» (Mt 25,16). De la misma manera, el que tenía los dos talentos ganó dos más.

LA HISTORIA DE JESÚS SOBRE LOS TALENTOS NOS INVITA A UNA MAYOR COMPRENSIÓN DE NUESTRA VIDA DE RELACIÓN CON DIOS

El otro sirviente, en cambio, percibe algo muy diferente. Siente que está siendo puesto a prueba y que, por lo tanto, no debe fracasar. Para él, es de suma importancia no tomar una decisión equivocada. «El que había recibido uno fue, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor» (Mt 25,18). Teme disgustar a su amo, así como las consecuencias que imagina que podrían resultar de ese enfado. Por eso, le dice: «Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por eso tuve miedo, fui y escondí tu talento en tierra: aquí tienes lo tuyo» (Mt 25,24-25). Como cree que su amo es duro e injusto, no siente que se le confíe nada. Lo ve como una prueba onerosa, y no como una oportunidad. Y no queriendo fallar en esa prueba, elige actuar de la manera más segura posible con las pertenencias e intereses de otra persona. El resultado es una actitud fría y despegada: «Aquí tienes lo tuyo» (Mt 25,25).

Estas dos reacciones, tan diferentes, pueden ayudarnos a considerar cómo estamos respondiendo a lo que Dios nuestro Padre nos ha confiado: nuestra vida, nuestra vocación cristiana. Ambas tienen un valor inmenso ante sus ojos. Y Él las ha puesto en nuestras manos. ¿Cómo es nuestra respuesta?

Luchar por agradecimiento, no por miedo

Para los dos primeros siervos de la parábola, la confianza de su señor era un verdadero regalo. Sabían que no se lo merecían, no tenían derecho a esperar de él un encargo semejante. De una manera nueva, entendieron que la relación con su amo no se basaba en el éxito o el fracaso de lo que hacían, sino en cómo les veía él. Más allá de lo que eran de hecho en el momento presente, era capaz de intuir lo que podían llegar a ser. Visto de esta manera, es fácil imaginar el profundo sentido de gratitud que brotaría de sus corazones. Recibir una mirada de esperanza es un auténtico don, y la respuesta más natural a un regalo es querer dar algo a cambio.

Si no tenemos presente esto, podemos confundir la importancia de la lucha en nuestra vida cristiana. Si nos esforzamos por lograr éxito para merecer así ser amados, es muy difícil que la lucha nos lleve a experimentar una paz genuina. Esforzarse por ser amado, aunque sea inconscientemente, siempre significa que los fracasos y los reveses conducirán a un profundo desaliento o, peor aún, a que la amargura invada el alma. En cambio, fundamentar nuestra lucha en la gratitud nos ayuda a evitar ese peligro.

La parábola sugiere también que los dos primeros siervos recibieron aquel don con un sentido de misión, una misión única y personal. El amo, se nos dice, dio a cada uno «según su capacidad» (Mt 25,15). Es poco probable que los sirvientes tuvieran alguna experiencia previa de inversión y supervisión de grandes sumas de riqueza. Sin embargo, al confiar en ellos, al mirarles según lo que podían llegar a ser, su señor los llamaba de hecho a ser más, a esforzarse por alcanzar lo que aún no eran. En otras palabras, con aquel don les confería una misión del todo particular. Y, puesto que vieron el don en estos términos, estuvieron inspirados y animados para estar a la altura de esa llamada. Hicieron suyos los asuntos de su señor y se esforzaron por emprender algo de lo que todavía no tenían experiencia. Se lanzaron a aprender, a crecer y a desafiarse a sí mismos, por gratitud, despreciando cualquier miedo.

Como en la parábola, Dios Padre también nos llama a cada uno de nosotros de acuerdo con lo que Él ve que podemos llegar a ser. Esto es lo más importante, y lo que queremos descubrir de nuevo en nuestra oración: cómo nos ve Dios, y no, cómo lo hacemos nosotros mismos. Queremos asegurarnos de que nuestra lucha se centre en Él, no en nosotros. Precisamente porque puedo estar seguro de la actitud de Dios hacia mí, puedo olvidarme de mí mismo y lanzarme a desarrollar y hacer crecer las riquezas que me han sido confiadas para su gloria y para el beneficio de los demás. Esta lucha nos llevará a crecer en las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, y en todas aquellas virtudes humanas que nos permiten trabajar con excelencia y ser verdaderos amigos de nuestros amigos.

Una lucha inspirada en el ejemplo de Jesús

Cada uno de nosotros anhela la paz y el consuelo, un descanso a todos nuestros esfuerzos. Jesús lo entiende perfectamente, y por eso nos invita: «Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga es ligera» (Mt 11,28-30). Este descanso lo experimentaremos plenamente al final de los tiempos, cuando resucitemos y toda la creación se llene de Dios como las aguas llenan los mares (cfr. Is 11,9). En el momento presente, en cambio, la paz y el descanso que Jesús nos ofrece van íntimamente ligados a la necesidad de tomar su yugo y luchar por seguirle.

«Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga» (Mc 8,34). Las palabras de Jesús no son un requisito severo, impuesto arbitrariamente. Al contrario, son fuente de un inmenso consuelo. Cristo va delante de nosotros y experimenta en su propia carne los desafíos, temores y dolores que surgen, en un mundo marcado por el pecado, al responder libremente a la llamada del Padre. Jesús no nos pide desde lejos que luchemos, sino que ha estado allí antes que nosotros; siempre nos precede. «Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que, de manera semejante a nosotros, ha sido probado en todo, excepto en el pecado. Por lo tanto, acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para que alcancemos misericordia y encontremos la gracia que nos ayude en el momento oportuno» (Hb 4,15-16). El Señor nos propone algo que Él mismo ya ha vivido.

SAN JOSEMARÍA NOS ANIMA A CADA UNO A DESCUBRIR EN NUESTRA VIDA CÓMO SER CIRINEOS

Hablando del modo en que Simón de Cirene llevó la cruz con Jesús, san Josemaría nos anima a cada uno a descubrir en nuestra vida cómo ser cirineos: «Ser voluntariamente Cireneo de Cristo, acompañar tan de cerca a su Humanidad doliente, reducida a un guiñapo, para un alma enamorada no significa una desventura, trae la certeza de la proximidad de Dios, que nos bendice con esa elección»[1]. El descubrimiento consiste en que mi lucha –una lucha que podría sentir como injusta, de la misma manera que Simón– la llevo adelante con Jesús. Se trata de una unión con Él en el momento presente, en el esfuerzo, y no sólo cuando he tenido éxito. Aceptarla voluntariamente, como consecuencia inherente al don de mi vocación cristiana, supone abrir la puerta al descubrimiento de que Jesús mismo está esforzándose en mí y conmigo. Por lo tanto, «no se lleva ya una cruz cualquiera, se descubre la Cruz de Cristo, con el consuelo de que se encarga el Redentor de soportar el peso»[2].

Al mismo tiempo, el Señor nos invita también a ver los resultados de una vida que abraza la Cruz: la victoria sobre el pecado y la muerte, y su glorificación por el Padre. A causa de la Resurrección, en Jesús tenemos una prueba absolutamente inquebrantable del valor que tiene esforzarse por ser fieles a lo que nuestro Padre Dios nos ha confiado. Como nos dice san Pablo: «la leve tribulación de un instante se convierte para nosotros, incomparablemente, en una gloria eterna y consistente» (2 Cor 4,17). Junto a Jesús podemos mirar a la Cruz y ver, no un dolor inútil y sin sentido, sino victoria y redención. De este modo, seremos capaces de enmarcar los desafíos y las dificultades que necesariamente surgen cuando tratamos de seguir fielmente a Cristo en su ejemplo por multiplicar y hacer fructífero lo que el Padre le había confiado.

La gracia transfigura la lucha, sin eliminarla

Quizás el sirviente que enterró el talento se sintió abrumado, entristecido incluso por el esfuerzo que implicaba lo que veía hacer a sus compañeros. Comparándose con ellos, y tal vez sintiéndose inadecuado para tal tarea, buscó un camino más fácil y seguro. Así que cavó un hoyo y enterró el regalo que se le había confiado, junto con todas las posibilidades que venían con él. Esta trama básica se repite cada vez que evitamos el esfuerzo y la incomodidad que conlleva perseguir cualquier cosa que valga la pena en la vida. No debemos olvidar que la lucha y el esfuerzo en la búsqueda amorosa del bien no son injustos ni arbitrarios. Forman parte de la naturaleza misma de la vida, la vida que el Señor ha santificado. En nuestro camino en la tierra, la unión con Jesús se producirá precisamente a través de una lucha libre y amorosa por crecer en las virtudes sobrenaturales y humanas. Porque la gracia no sustituye la dinámica propia de la vida humana, sino que la une a Dios.

Si tenemos esto en cuenta, nuestros esfuerzos y nuestra lucha no serán una expresión de autosuficiencia o de neopelaganismo. No debemos olvidar nunca que, como escribía san Pablo a los Filipenses, «Dios es quien obra en vosotros el querer y el actuar conforme a su beneplácito» (Flp 2,13). La lucha, pues, no se opone a la acción de la gracia en nosotros. En el fondo, el crecimiento en las virtudes teologales no es otra cosa que amor –divino y humano–, y la santidad, precisamente, es «la plenitud de la caridad»[3].

San Josemaría expresa esta misma verdad teológica desde la perspectiva de la oración: «Luego, mientras hablabas con el Señor en tu oración, has comprendido con mayor claridad que lucha es sinónimo de Amor, y le has pedido un Amor más grande, sin miedo al combate que te espera, porque pelearás por Él, con Él y en Él»[4]. Cuanto más intentemos vivir nuestra lucha como amor, más nos conmoverá el deseo de que ese amor, esa lucha, aumente. Superaremos la tentación de enterrar lo que hemos recibido por el deseo de evitar las incomodidades y, en su lugar, lo invertiremos en todo el empeño que ese encargo necesariamente implica.

Libres para crecer, libres para aprender

En su carta pastoral del 9 de enero, el Padre nos ayuda a considerar más profundamente la íntima relación entre libertad y lucha en nuestras vidas: «Cuanto más libres somos, más podemos amar. Y el amor es exigente: “todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Cor 13,7)»[5]. A la vez, cuanto más amamos, más nos sentimos libres, incluso en momentos difíciles o desagradables. «Cuanto más intensa es nuestra caridad, más libres somos. También actuamos con libertad de espíritu cuando no tenemos ganas de realizar algo o nos resulta especialmente costoso, si lo hacemos por amor, es decir, no porque nos gusta, sino porque nos da la gana»[6].

CUANTO MÁS NOS IDENTIFIQUEMOS CON EL DON QUE DIOS NOS HA CONCEDIDO MÁS DISPUESTOS ESTAREMOS A LUCHAR

No se trata de una técnica para conseguir hacer lo que no nos apetece hacer, borrar una realidad sombría con las palabras ‘amor’ y ‘libertad’. Más bien, se trata de una verdad profunda de nuestras almas que cada uno de nosotros está invitado a descubrir. Cuanto más nos identifiquemos con el don que Dios nos ha concedido, con nuestros talentos y nuestra misión, más dispuestos estaremos a luchar, cuando sea preciso, para cuidar y cultivar ese don. No nos moverán el miedo, ni el peso de la obligación, sino el agradecimiento a Dios, y el deseo de corresponder a su Amor. «La fe en el amor de Dios por cada una y por cada uno (cfr. 1 Jn 4,16) nos lleva a corresponder por amor. Nosotros podemos amar porque Él nos ha amado primero (cfr. 1 Jn 4,10). Saber que el Amor infinito de Dios se encuentra no solo en el origen de nuestra existencia, sino en cada instante, porque Él es más íntimo a nosotros que nosotros mismos, nos llena de seguridad»[7].

En los últimos tiempos se ha trabajado mucho para entender de nuevo la importancia de la lucha dentro del desarrollo humano integral, especialmente en el área del trabajo profesional y la educación. «Pensad un poco en los colegas vuestros que destacan por su prestigio profesional, por su honradez, por su servicio abnegado: ¿no dedican muchas horas en la jornada —y aun en la noche— a esa tarea? ¿No tenemos nada que aprender de ellos?»[8]. Seguramente podemos aprender de ellos a luchar mejor, y así ser libres para amar más. Además, quienes luchan mejor suelen tener una lucha abierta. No ven sus habilidades –sus talentos– como algo fijo o determinado. Como los dos primeros siervos de la parábola de Jesús, entienden que lo que se les confía está destinado a crecer a través del esfuerzo y la lucha. Si seguimos este ejemplo, advertiremos que la lucha en sí misma vale la pena: los reveses y las dificultades no aparecerán ya como fracasos, sino como oportunidades para aprender y mejorar; no experimentaremos el esfuerzo como una carencia, sino como una señal de progreso; y, en lugar de sentirnos heridos porque vean nuestros defectos, desearemos conocer nuestra debilidad y recibir el consejo de otros.

Posiblemente los dos primeros siervos de la parábola creyeron que lo que se les había confiado podía crecer. Fueron atraídos e inspirados por la confianza de su amo. Nosotros podemos sentirnos igualmente inspirados, igualmente de libres, cuando descubrimos una vez más cómo el amor de nuestro Padre Dios se encuentra en la misión única que nos ha confiado a cada uno de nosotros. Una misión que implica sacrificio y lucha para llevarla a cabo.

El Señor nos ha confiado una misión maravillosa. Ha querido contar con nosotros para hacer presente su Amor infinito en medio del mundo en que vivimos. Por eso, «saber que Dios nos espera en cada persona (cfr. Mt 25,40), y que quiere hacerse presente en sus vidas también a través de nosotros, nos lleva a procurar dar a manos llenas lo que hemos recibido. Y en nuestra vida, hijas e hijos míos, hemos recibido y recibimos mucho amor. Darlo a Dios y a los demás es el acto más propio de la libertad. El amor realiza la libertad, la redime: la hace encontrarse con su origen y con su fin, en el Amor de Dios»[9]. Los dos siervos que cultivaron el don de su amo finalmente descubrieron una recompensa mucho mayor que la que podían haber imaginado: «Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor» (Mt 25,23). Este es el gozo que buscamos, y es también el gozo que nos acompaña en nuestra lucha, lleno de la esperanza que hizo exclamar a San Pablo: «Porque estoy convencido de que los padecimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria futura que se va a manifestar en nosotros» (Rm 8,18).

Justin Gillespie


[1] San Josemaría, Amigos de Dios, 132.

[2] Ibídem.

[3] San Josemaría, Surco, 739.

[4] Ibídem, n. 158.

[5] F. Ocáriz, Carta pastoral, 9-I-2018, n. 5

[6] Ibídem.

[7] Ibídem, n. 4.

[8] Amigos de Dios, n. 60.

[9] F. Ocáriz, Carta pastoral, 9-I-2018, n. 4.

 

Jesús, Mi Sacerdote Eterno

Dios te espera en cada recodo del camino, en cada momento de tu vida. Y lo sabes, y lo percibes en lo cotidiano. ¡Te otorga tantas gracias!

Levantarse de madrugada porque Dios quiere que le acompañes, porque quiere hablar contigo, porque te confía algunos mensajes para la humanidad. ¡Qué merecimiento es ese!

Levantarte al alba y ofrecer tu día, invocar al Espíritu Santo y entrar a tu cuarto de lavandería para tirar un piropo a Santa María y sentir su dulzura en tu corazón, ¡qué privilegio ser una mujer!

Salir por la mañana con tu taza de café a saludar a tus flores, sentir sus suaves pétalos, mirar el cielo, saber que estás viva y que cada segundo Dios está presente. ¡Qué increíble es ser una persona un hijo una hija de Dios!

Sentarte frente a tu ordenador, invocar a Santo Tomás con la oración para el trabajo y el estudio, abandonarte, ser esclavo… ¿quién soy yo para que te fijes en mí?

Cosas tan simples, cotidianas y sencillas como cambiar de actividad con tu perro o tu mascota a tus pies. Doblar la ropa, abrir la refrigeradora para ver qué voy hacer de comer… subir y bajar escaleras una y otra vez… tener tu cabeza completamente metida en el presente, sumergida en el cielo y el anhelo de agradarlo a Él…

Todo es gracia cuando se hace por amor a ti. 

¡Cuánta gracia inmerecida Jesús Mío!

He dicho, SÍ, a tu llamado y tu amor, PORQUE ME AMAS EXCLUSIVAMENTE A MÍ, PORQUE SOY TUYA PORQUE TÚ ERES MIO, MI SEÑOR, MI DIOS, MI TODO…. MI SACERDOTE ETERNO.

Celebramos tu Sagrado Corazón, ¡quién pudiera tenerlo completamente igual al tuyo Señor!

Creo en las 12 promesas que hiciste a los devotos de tu Sagrado Corazón…

  1. A las almas consagradas a mi Corazón, les daré las gracias necesarias para su estado.
  2. Daré la paz a las familias.
  3. Las consolaré en todas sus aflicciones.
  4. Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte.
  5. Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas.
  6. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia.
  7. Las almas tibias se harán fervorosas.
  8. Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección.
  9. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada.
  10. Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos.
  11. Las personas que propaguen esta devoción, tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él.
  12. A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes, continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.

Ahora debo hacer una pausa, quiero reflexionar, orar, decirte que te amo. 

Me llega el momento de hacer un alto en el mundo para adorarte en el Sacramento de la Santa Eucaristía.

¡Gracias Jesús porque has vuelto a las Iglesias! ¡Ven Señor no tardes que el corazón explota en agonía por mirarte un día cara a cara!

¡Venga a nosotros tu reino!

Sheila Morataya

 

Supuestos biológicos de la libertad humana

La persona humana se diferencia del resto de los seres vivos por ser una criatura hecha para la libertad

La naturaleza humana esta diseñada para tener órganos que sean el soporte biológico de las potencias o facultades espirituales y de la vida del alma o espiritual, que es principio unitario que vivifica enteramente el cuerpo y del que dimanan todas las facultades o potencias que contribuyen a que el cuerpo sea un organismo. Materia y forma se copertenecen, aunque las facultades espirituales rebasen a las corporales (sobrante formal) y le posibilitan a abrirse a la libertad, gracias a la indeterminación que posee su naturaleza y a la apertura hacia su intimidad en un primer momento y después hacia los demás.

La persona humana se diferencia del resto de los seres vivos por ser una criatura hecha para la libertad. A través de la evolución fue adquiriendo las características necesarias para este fin:

• El hombre no se rige por los instintos, que controlan la conducta animal, sino por su inteligencia que le permite descubrir la verdad y naturaleza de las cosas y por su voluntad que lo mueve hacia lo bueno. Así la acción propiamente humana es la que decide sobre sus actos y se hace responsable de ellos.

• El ser humano no se concibe a si mismo como parte del cosmos, es una realidad superior, con capacidad de comprender y de transformar la creación para cubrir sus necesidades, es decir que no se adapta al medio, sino que adapta el medio a él, a través del pensamiento concreto y abstracto.

• Toda su biología indeterminada nos habla de su apertura al mundo que le rodea:

– Su piel sin una cubierta natural que lo proteja.

– Unas manos capaces se realizar los múltiples proyectos de la creatividad humana, herramientas eficientes para expresar al espíritu humano.

– Sus pies y piernas, que le permiten caminar erguido sin una especialización particular que no sea la de desplazarse con equilibrio y suavidad y dejar las manos libres.

– Su rostro, expresión del alma. (ojos y boca expresivos).

– Su cabeza sobre el resto del cuerpo, dando importancia a lo que ve de frente y arriba y restando importancia a lo de abajo y al bulbo olfativo.

– Un aparato fonador capaz del habla para la comunicación.

– Un ser humano indefenso y prematuro desde su nacimiento que le obliga a la dependencia de otros para su sobreviviencia y educación, y de la relacionalidad y de la cultura para el aprendizaje.

– Un cerebro capaz de ser conciente de sí mismo, de que piensa, de la realidad que le rodea; continuamente inquieto por encontrar la verdad de las cosas del mundo que le rodea; donde no sólo se almacena la información recibida sino que se clasifica y se interpreta, para posibilitar una respuesta informada, libre y conciente a los estímulos externos; con un pensamiento secuencial, relacional y lógico que le permite crear ideas; con zonas específicas para los diversos procesos necesarios para la socialización y la comunicación.

• Conciencia de sí mismo y de su interioridad.

• Conciencia de la forma en que el tiempo influye en él y de cómo puede hacerse dueño de éste a través del compromiso.

• Una actividad sexual que supera la finalidad procreativa y que se convierte en signo del amor y la donación personal.

• Un aparato digestivo que digiere de todo, que incorporó proteínas a su dieta favoreciendo la hominización.

• Un cuerpo que no posee instrumentos de ataque o de defensa.

• El cuerpo humano abierto, no cerrado en su biología, en su “pobreza” de especialización por indeterminación biológica, es presupuesto biológico para un ser libre. En su libertad radical es capaz de resolver con técnica lo que la “biología” le ha negado: Potencia con hábitos la inteligencia, la capacidad creativa, hace cultural su forma de vivir. El carácter de la vida, lo relacional, la apertura, lo afectivo, no sólo se manifiesta en la corporalidad, sino que la determinan.

 

 

Órgaos y funciones intrínsecamente humanos

No se puede reducir la corporalidad humana a la categoría de un organismo vivo con órganos y estructuras corporales al modo como lo es un vegetal o un animal

Porque la persona es su cuerpo y no solamente lo tiene, la identidad personal, ser un “quien”, es producto de la vida que cada quien a vivido desde la dotación natural recibida, hasta el momento de deshacerse de su cuerpo y trascender. Las características y expresiones corporales son características y expresiones de la persona, muestran al hombre. Las ciencias positivas no pueden dar cuenta de este hecho, porque mucho de la realidad y de los procesos personales se escapa y rebasa a sus descripciones. Por eso la biología humana no es zoología.

El cuerpo humano tiene una bondad y dignidad que no tiene nada que ver con los reduccionismos actuales. El cuerpo humano ha sido creado por Dios y por lo tanto, es bueno y tras la encarnación de Jesucristo ha sido elevada su dignidad, como imagen de Dios y templo del Espíritu Santo. El cuerpo humano es el medio por el cual se expresa y revela la persona humana y por lo tanto, no puede ser reducido a un conjunto de órganos y funciones, ni valorado en forma similar al cuerpo de los animales. Algunas de estas funciones están sometidas a su propio significado natural, pero no se agotan en el.

La libertad se expresa a través de la voluntad pero, los hombres utilizamos también a la inteligencia. Tratamos de conocer la realidad a través de la inteligencia que esta íntimamente relacionada con la corporeidad. El espíritu es la fuerza configuradora del cuerpo, a la vez que es expresión del espíritu, Por tanto, todo conocimiento humano incluye en sí una estructura sensible.

Los sentidos corporales son las puertas de nuestro conocimiento

Se distinguen los sentidos inferiores y los superiores. Entre lo inferiores se encuentran –según Lersch – los órganos sensitivos de la piel, el sentido cinestésico, el sentido del olfato y del gusto, son sentidos de orientación en el mundo. Los sentidos superiores, nos permiten conocer con más objetividad, son la vista y el oído. Dan acceso al espacio de una situación vital concreta y sirven de vehículo al mundo espiritual y sobretodo transmiten la palabra, es decir, que facilitan la comunicación entre las personas. El oído, es más rico en connotaciones y esta más unido al espíritu que a la vista. Por eso, la sordera afecta más a la persona que la ceguera, porque separa a las personas. Aunque ambas pueden superarse de algún modo y permitir relaciones personales.

La actividad cerebral. La mente

Permite a la persona el ejercicio de virtudes, la adhesión a la verdad y al bien, porque mediante el recto uso de la libertad se refleja la imagen de Dios y la persona responde al llamado personal que Dios le hace para establecer una comunicación de amor y entrega mutua, cumpliendo así plenamente su fin y razón de ser.

La memoria retiene algunos acontecimientos, abriendo sensación de pasado. La estimativa me abre la dimensión de lo que puede llegar a pasar en el futuro y la imaginación me permite que olvide mi alrededor, sumergiéndome en otro mundo.

A través de los sentidos recibimos información desde fuera y la elaboramos en un proceso muy complejo hasta llegar a un conocimiento espiritual. La voluntad, está bajo la influencia de la inteligencia, ésta le presenta algo que puede querer o rechazar, es decir, que el entendimiento proporciona los datos y según estos se puede decidir; por eso, es importante que los datos sean verdaderos y excluir la ignorancia y el error; para llegar a la verdad cada vez más plena, la voluntad estimula el entendimiento. A su vez, la inteligencia, esta también influida por la voluntad, por ejemplo, puedo sentir miedo y por eso decido tener más conocimientos antes de actuar, o puedo actuar enseguida si lo que se me presenta aparece como muy apetecible y por lo tanto, no deseo más información y decido no emplear más el entendimiento. Tanto la inteligencia como la voluntad, tienen objetos universales que se incluyen mutuamente: Lo verdadero, es un aspecto del bien universal y lo bueno es una razón de verdad. Por lo tanto, como dice Sto. Tomás, la libertad es la obra conjunta de la inteligencia y de la voluntad. Es la propiedad de tener en sí mismo el principio de cada actuación procedente de forma consiente.

Sin embargo, la vida humana no siempre es consciente, es decir que en ocasiones somos incoscintes; la inconsciencia es el conjunto de procesos psíquicos que escapan a la introspección; se trata de acontecimientos de la vida pasada olvidados, que presionan en la conciencia del presente, a la que condicionan en diversos grados, quedando así eliminada toda actuación de la inteligencia y de la voluntad, y por lo tanto, la persona no es responsable de sus actos. Mientras no aparece la conciencia no puede haber responsabilidad moral.

El mundo de la afectividad

Comprende experiencias de diversos niveles, desde las sensaciones corporales, los sentimientos psíquicos, hasta los sentimientos espirituales. En sus sentimientos está presente tanto, un componente sensible, como la afectividad superior.

Los sentimientos pueden obscurecer la verdad, normalmente es por ellos que la voluntad frena la actuación del entendimiento; por eso, las experiencias afectivas deben ser controladas por la voluntad y aquellos sentimientos que no corresponden a mi proyecto vital, deben ser desaprobados hasta el punto que no influyan en mi actuación. Esto es posible porque, la persona no puede evitar sentir pero, puede elegir si quiere hacer o no lo que los sentimientos le dictan. Cuando un sentimiento se prolonga en la actuación se hace propio, y cuanto más profunda, intensa y persistente sea la vivencia afectiva más difícilmente se deja orientar por la voluntad.

El comportamiento delata los sentimientos de modo más directo, visible y auténtico que las palabras. El objetivo es tener los sentimientos adecuados para cada situación, aunque ésta pueda exigir un sufrimiento profundo. Los sentimientos son directivos del futuro, por eso, es conveniente conocerse y tener en cuenta que el estado de ánimo influye sobre nuestra visión del mundo.

Los seres humanos necesitamos de los demás física, afectiva y espiritualmente; así también necesitamos del amor de Dios y cuanto más cerca estemos de Él, más fácil nos resultara vivir el amor dadiva con respecto a los demás ya que, es un reflejo del amor divino que es generoso e incansable; una persona capaz de éste tipo de amor es tan libre que es capaz de amar a los que otros rehuyen. También, nos será más fácil vivir ese tipo de amor dádiva hacia Dios, el hombre le regresa su corazón, dado por Él. Es decir, que la libertad que Dios le ha dotado, llega a su máxima realización cuando se la devuelve a su creador, potenciando así su libertad para amar. Entonces, mi autodeterminación consiste en hacer lo que Él me diga, todos mis movimientos deben estar ordenados a éste fin. La persona humana ha sido creada por amor, en el amor y para el amor. Cuanto más se parece a Cristo en su amor apasionado por el Padre y por sus hermanos los seres humanos logran una intensidad de vida personal que les distingue de los demás seres de la creación que existen para sostenerse a sí mismos, para la reproducción de la especie y para morir, a diferencia de la persona humana que se realiza en el amor total, desinteresado, integro y pleno hacia Dios y los demás.


BIBLIOGRAFÍA

-Agustín, San, en Hilderbrand, D. Von, El corazón, p. 210.

-Allport, G., La personalidad. Su configuración y desarrollo”, 5ª. Ed. Herder, Barcelona 1975.

-Alvira, R., La razón de ser hombre”. Ensayo acerca de la justificación del ser humano, Rialp, Madrid 1998.

-Sapemann, R. ¿Son todos los hombres personas? Revista cuadernos de Bioética, VII, no. 31, 1997, pag. 1027. “Personas. Acerca de la distinción entre “algo” y “alguien”. EUNSA. 2000.

-Marías, J. “Mapa del mundo personal”, Alianza editorial S.A. Madrid, 1994.

-Marías, J.A. “El misterio de la voluntad perdida”, Ed. Anagrama, Barcelona.

-Puelles Millán, A. “La formación de la personalidad humana”, Ed. Rialp. 1989.

-Lerch, Ph., La estructura de la personalidad, oc., pp. 316-326.

-Alvira, R., Sobre los sentidos, en Reivindicación de la voluntad, EUNSA, Pamplona 1988, pp. 18-28.

-Tomás de Aquino, Santo, Summa theologiae I, q. 65, a.1, ad 3: “De suyo, las criaturas no nos apartan de Dios, antes nos llevan a Él… Si en algunos casos apartan de Dios, culpa es de los que neciamente usan de ellas”.

-Lewis, C.S., Los cuatro amores, 2ª. Ed., Rialp, Madrid 1993.

 

 

Pueblo y multitud amorfa: dos conceptos diferentes

Un día de gala. Forbes Stanhope (Wikimedia-Commons)

 

En una democracia desvirtuada, la libertad se transforma en tiranía y la igualdad degenera en nivelación mecánica. La libertad, en cuanto deber moral de la persona, se transforma en una pretensión tiránica de dar libre desahogo a los impulsos y a los apetitos humanos, con perjuicio de los demás.

 

Concordia entre las clases sociales

Contenidos

 

Las admirables enseñanzas de Pío XII explican muy bien esta diferencia, y describen claramente como ha de ser la natural concordia que, al contrario de lo que afirman los profetas de la lucha de clases, puede y debe existir entre las élites y el pueblo.

En su Radiomensaje de Navidad de 1944, Pío XII definía la distinción necesaria entre pueblo y masa. [1] El Pontífice denunciaba el riesgo de transformar “la fuerza elemental” de esta última en un terrible enemigo de la libertad y del bien común.

Pueblo y multitud amorfa o, como se suele decirse, masa, son dos conceptos diferentes.

1.- “El pueblo vive y se mueve con vida propia: la masa es de por sí inerte y no puede ser movida sino desde fuera.”

2.- “El pueblo vive de la plenitud de vida de los hombres que lo componen, cada uno de los cuales —en su propio puesto y a su manera— es una persona consciente de sus propias responsabilidades y convicciones.

La masa, por el contrario, espera el impulso del exterior, fácil juguete en las manos de cualquiera que sepa manejar sus instintos o sus impresiones, pronta para seguir alternadamente hoy esta bandera, mañana aquella otra.”

3.- “De la exuberancia de vida de un verdadero pueblo, la vida se esparce, abundante y rica, por el Estado y por todos sus órganos, infundiendo en ellos, con vigor incesantemente renovado, la conciencia de su ‘propia responsabilidad, el verdadero sentido del bien común.

Sin embargo, de la fuerza elemental de la masa, manejada y aprovechada con habilidad, puede servirse también el Estado: en las manos ambiciosas de uno solo o de muchos, agrupados artificialmente por tendencias egoístas, el propio Estado —con la ayuda de la masa, reducida a simple máquina— puede imponer su capricho a la parte mejor del verdadero pueblo: el interés común queda así golpeado gravemente durante largo tiempo, y la herida es con frecuencia muy difícil de curar”.

También en una democracia deben existir las desigualdades provenientes de la naturaleza

En un pueblo digno de este nombre, el ciudadano siente en sí mismo la conciencia de su personalidad, de sus deberes y de sus derechos, de su propia libertad unida al respeto la libertad y a la dignidad de los demás

A continuación, el Pontífice distingue entre verdadera y falsa democracia: la primera es corolario de la existencia de un verdadero pueblo; la segunda es consecuencia, a su vez, de la reducción del pueblo a la condición de mera masa humana.

4.- “De ello se desprende claramente otra conclusión: la masa —tal como acabamos de definirla—es la enemiga capital de la verdadera democracia y de su ideal de libertad y de igualdad.”

5.- “En un pueblo digno de este nombre, el ciudadano siente en sí mismo la conciencia de su personalidad, de sus deberes y de sus derechos, de su propia libertad unida al respeto la libertad y a la dignidad de los demás.

En un pueblo digno de este nombre, todas las desigualdades, que no nacen del arbitrio, sino de la propia naturaleza de las cosas, desigualdades de cultura, de riquezas, de posición social —sin perjuicio, claro está, de la justicia y de la caridad mutua—, no son de hecho un obstáculo para que exista y predomine un auténtico espíritu de comunidad y de fraternidad.

“Por el contrario, lejos de perjudicar de ningún modo la igualdad civil, dichas desigualdades le confieren su legítimo significado; es decir, que, frente al Estado, cada uno tiene el derecho de vivir honradamente su propia vida personal en el puesto y en las condiciones en que los designios y las disposiciones de la Providencia le han colocado.”

Esta definición de la genuina y legítima igualdad civil, así como de los correlativos conceptos de fraternidad y comunidad mencionados en el mismo párrafo, esclarece, a su vez, con gran riqueza de pensamiento y propiedad de expresión, lo que son según la doctrina católica la verdadera igualdad, fraternidad y comunidad; igualdad y fraternidad.

Estas, son radicalmente opuestas a aquellas que, en el siglo XVI, las sectas protestantes instauraron en mayor o menor medida en sus respectivas estructuras eclesiásticas, como también al tristemente célebre trinomio que la Revolución Francesa y sus adeptos enarbolaron en todo el mundo como lema en el orden civil y social, y que la Revolución comunista de 1917 extendió, por fin, al orden socio-económico.[2]

Esta observación es particularmente importante si se toma en consideración que, en el lenguaje usado corrientemente tanto en las conversaciones particulares como en los mass-media, estas palabras son entendidas en el sentido erróneo y revolucionario en la mayoría de los casos.

En una democracia desvirtuada, la libertad se transforma en tiranía y la igualdad degenera en nivelación mecánica.

En una democracia desvirtuada, la libertad se transforma en tiranía y la igualdad degenera en nivelación mecánica

Después de haber definido lo que es la verdadera democracia, Pío XII pasa a describir la falsa:

En contraste con este cuadro del ideal democrático de libertad e igualdad en un pueblo gobernado por manos honradas y previsoras, ¡qué espectáculo ofrece un Estado democrático abandonado al arbitrio de la masa!

La libertad, en cuanto deber moral de la persona, se transforma en una pretensión tiránica de dar libre desahogo a los impulsos y a los apetitos humanos, con perjuicio de los demás. La igualdad degenera en una nivelación mecánica, en una uniformidad monocroma; el sentimiento del verdadero honor, la actividad personal, el respeto a la tradición, la dignidad, en una palabra, todo aquello que da a la vida su valor, poco a poco se hunde y desaparece.

Solamente sobreviven, por una parte, las víctimas engañadas por la llamativa fascinación de la democracia, confundida ingenuamente con el propio espíritu de la democracia, con la libertad y la igualdad; y, por otra parte, los explotadores más o menos numerosos que han sabido, mediante la fuerza del dinero o de la organización, asegurarse sobre los demás una posición privilegiada o el propio poder.” [3]

En estos principios del Radiomensaje de Navidad de 1944 se funda gran parte de las enseñanzas enunciadas por Pío XII en las alocuciones dirigidas al Patriciado y a la Nobleza romana, así como a la Guardia Noble Pontificia.

A partir de esta situación objetivamente descrita por el Pontífice, es evidente que, incluso en los días de hoy, en un Estado bien ordenado —sea monárquico, aristocrático o democrático— les cabe a la Nobleza y a las élites tradicionales una alta e indispensable misión.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

Cartas a un joven colega sobre la ‘Prudentia Docenci’: una pregunta difícil de responder

 

Cómo las ideologías y actitudes vitales de la «modernidad» han sustituido a la idea cristiana del hombre y de la sociedad y cómo han penetrado en la educación y en la Universidad

Querido amigo:

Nos habíamos quedado en el recuerdo de ese texto de Benedicto XVI sobre la verdadera finalidad de la Universidad y, por ende, de los profesores universitarios. Y lo primero que has hecho es comparar esa idea preciosa de Universidad con lo que has experimentado y sigues viendo en la actualidad en varias de ellas.

Tus reflexiones, bastante atinadas por cierto, se refieren a la pérdida del sentido humanístico original de la Universidad; al paso de la razón trascendente a una mera razón técnica; a la preponderancia de la «sinrazón burocrática sobre cualquier razón, por más razonable que esta sea» (¡te ha salido una frase estupenda, y desgraciadísimamente cierta!); a la conversión de la mayor parte de las Facultades en grandes fábricas de titulados técnicamente muy bien dotados al servicio de la «sociedad de consumo»… Y, al final, te preguntas, no sé si retóricamente, dando el no por sentado, o con una cierta esperanza: «¿Es posible todavía la existencia de una Universidad verdaderamente cristiana, católica?».

Dejando aparte las Universidades de ámbito puramente eclesiástico, es decir, aquellas que preparan filosófica, jurídica, pedagógica, comunicativa y teológicamente a sacerdotes y laicos que van a desempeñar diversas funciones dentro de la Iglesia, donde la respuesta es claramente sí, la contestación para las universidades civiles de inspiración católica, a las que tú y yo nos estamos refiriendo, es, en un primer momento, claramente «gallega»: ¡depende!

El relativismo ético, cultural y social conduce inexorablemente
a la supresión de todo valor natural, verdadero y bueno

Pero, como no te conformarás con ella, te explicitaré que actualmente no es posible al cien por cien ni aproximarse bastante a eso, pero que, poco a poco, con mucho trabajo, voluntad, oración, gracia de Dios, aceptación del martirio de la coherencia por parte de muchos, contar con algunos profesores santos, y otros factores, podría llegarse a una aproximación que no me atrevo a calcular.

Para entender por qué no es posible actualmente no hay más remedio que acudir a la historia y a la situación actual de la sociedad. Pero es imposible hacerlo con brevedad, ya que las causas de esa imposibilidad son múltiples y vienen de lejos. Por lo que solo puedo darte unas pistas y una bibliografía selecta donde tú mismo puedas encontrar las respuestas.

Para comprender, por tanto, cómo se ha llegado a esta situación hay que entender, en primer lugar, el proceso de secularización -de descristianización y ulterior deshumanización- que hemos experimentado en los últimos trescientos años (aunque, paradójicamente, este proceso de deconstrucción de la idea cristiana del hombre y de la sociedad se incoara ya antes, con Lutero). Para ello, te sugiero la lectura de uno de estos dos libros que son, a mi juicio, los que mejor lo explican con claridad y profundidad. Te sonará el autor del primero, pues se trata del último doctor honoris causa por nuestra queridísima UniversidadRémy Brague. Su título: El reino del hombre. Génesis y fracaso del proyecto modernoEl segundo es del que fuera rector de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, Mariano Fazio. Su título: Historia de las ideas contemporáneas. Una lectura del proceso de secularización.

Entendido este proceso, hay que ver de qué modo esas ideologías, sistemas de pensamiento y actitudes vitales de la «modernidad» que han sustituido, reduciéndola significativamente o contrariándola frontalmente, a la idea cristiana del hombre y de la sociedad, han penetrado en la educación y en la Universidad. Cómo se ha llegado, desde esas comunidades de personas y saberes que buscaban la verdad, el bien y la belleza; que unieron la fe y la razón en esa búsqueda; que sintetizaron admirablemente el pensamiento griego, la tradición hebrea, el derecho romano y la fe cristiana; que ampliaron los horizontes de la ciencia; que humanizaron la sociedad; etc., hasta convertirlas en unas instituciones que «se dedican exclusiva o primordialmente a formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento».

Pues también aquí te voy a recomendar otros dos libros magníficos. El primero es de tu querido C.S. Lewis -recuerdo que un día me comentaste que te encantaron las Cartas del diablo a su sobrino-, cuyo libro más breve y profundo es La abolición del hombreSu título es enormemente significativo de las consecuencias que una de esas facetas diabólicas de la modernidad, el relativismo, ha producido en el sistema educativo. Otro autor anglosajón, esta vez norteamericano, Allan Bloom, escribió por las mismas fechas, finales de los 80, El cierre de la mente moderna. Aunque de un modo mucho más descriptivo y tocando varios resortes más, Bloom llega a las mismas conclusiones que Lewis: que el relativismo ético, cultural y social conduce inexorablemente a la supresión de todo valor natural, verdadero y bueno.

Cuando los leas, seguiremos nuestra conversación epistolar. Y no me digas que no tienes tiempo… Un profesor universitario que no lea al menos un libro cada semana… Vale. Que Dios te bendiga,

 

Gabriel Galdón

 

 

La continuidad entre san Juan Pablo II y Francisco

 

Hace pocos días se cumplieron 100 años del nacimiento de Karol Wojtyla, luego Papa (y santo) Juan Pablo II. Un Papa procedente de otro continente, con otro modo de ser, en una época diferente… permite caer en la cuenta de una admirable y enriquecedora continuidad en los pontificados

“Hace cien años el Señor visitó a su pueblo: envió un hombre, lo preparó para ser obispo y guiar a la Iglesia”. Con estas palabras ha concluido el Papa Francisco el largo periodo de las Misas en directo desde Santa Marta: una excepción, que ha durado más de dos meses, a su propósito del inicio del pontificado de que sus Misas cotidianas no fueran públicas. Y, en efecto, hasta el 9 de marzo de 2020 era imposible tener el texto completo de las homilías de Casa Santa Marta: había solo una síntesis al final de la mañana.

Las palabras que he recogido al comienzo, sin embargo, no han sido pronunciadas en la residencia donde habita Bergoglio, sino en el altar donde reposan los restos mortales de san Juan Pablo II, y a él aludían.

Son del 18 de mayo de 2020, y ese día eran los cien años del nacimiento Karol Wojtyła, además de, por pura coincidencia, la reanudación en Italia de las Misas con pueblo. El Papa que está haciendo todo lo posible por crear puentes entre el norte y el sur del mundo tomaba así el testigo del Papa que hizo caer el muro entre el este y el oeste. Se ha manifestado una vez más la continuidad de la Iglesia en su diversidad. En la JMJ de 2020 en Roma, el Papa polaco había dicho a los jóvenes: “Veo en vosotros a los centinelas de la mañana”. Karol Wojtyła pensaba que eran necesarios centinelas, jóvenes en pie, dispuestos, en vigilia, en espera, porque el grano del mundo del tercer milenio estaba allí para florecer.

El Papa Bergoglio por su parte, en la JMJ de 2016 que celebró precisamente en Polonia, había dicho: “En este mundo guerra hace falta fraternidad; hace falta cercanía; hace falta diálogo; hace falta amistad”. Había sucedido que, como dice el Evangelio, además de las yemas del grano había despuntado las de la hierba. En 2016, los jóvenes habían llegado con el miedo a los atentados; todos nosotros tenemos miedo del Covid19 y de la crisis que llegará; y para afrontarla sentimos la necesidad de fraternidad, de diálogo y de amistad. Por eso estaremos unidos a Cristo a través del Papa, sea cual sea: venga de Polonia o de Argentina.

Mauro Leonardi, en Revista Palabra.

 

 

Devorando Mitos

MSD Animal Health ha puesto en marcha “Devorando Mitos”, una iniciativa que surge del compromiso con el concepto “One Health” (Una Salud), de la importancia que tiene que animales y personas compartan una única salud: “Un mundo, una salud”. Devorando Mitos se ha preparado en colaboración con las Organizaciones Interprofesionales del sector agroalimentario Propollo, Provacuno e Inprovo, responde a dudas frecuentes sobre dieta y salud y cuestiona estereotipos ampliamente aceptados sobre los alimentos de origen animal y los hábitos de nutrición saludables. Con información contrastada sobre el modelo de producción animal en la Unión Europea, se desmontan prejuicios como los que dan por supuesto el uso rutinario de antibióticos y otros medicamentos en la ganadería.

 

Devorando Mitos es una plataforma intuitiva y fácil de usar en todos los dispositivos, que ofrece información veraz y contrastada por expertos en sanidad animal y humana.  La web tiene apartados específicos para los distintos alimentos: huevos y carne de pollo, porcino y vacuno. Su objetivo es aportar datos fiables sobre la producción agropecuaria y la alimentación. Cuenta con recomendaciones de profesionales de la nutrición y la salud que recuerdan la importancia de llevar una dieta saludable que incluya alimentos de origen vegetal y animal.

 

Las Interprofesionales del sector agroalimentario son una parte fundamental de Devorando Mitos. Javier López, director de Provacuno, confirma que, “los alimentos de origen animal han acompañado el desarrollo de la humanidad desde el inicio de los tiempos, hasta el punto de que, si no hubiésemos consumido carne, no seríamos seres humanos. Es hora de reflejar la importancia de la carne de vacuno en una correcta alimentación en todas las épocas de la vida, niños, adolescentes, mujeres gestantes y lactantes o personas de edad avanzada, en donde la carne tiene un papel esencial y desterrar mitos y falsas afirmaciones que, sin base científica, contribuyen a desinformar y confundir a la sociedad”.

 

Actualmente, alimentos como el huevo y el pollo son imprescindibles, no sólo por el precio, dentro de la cesta de la compra. Enrique Díaz, director de Inprovo, afirma que, “el huevo siempre ha sido considerado un alimento nutricionalmente muy valioso, pero las falsas creencias sobre su efecto en la salud han generado restricciones sin una base científica demostrada. Es esencial resolver las dudas que aún tienen muchas personas sobre el huevo para poder disfrutar de un alimento tan vinculado a nuestra cultura y la dieta mediterránea”.

Por su parte, Jordi Montfort, Secretario General de Propollo, reafirma que, “el consumo de carne de pollo, pavo y otras aves ha pasado de ser un bien de lujo hace años, mi abuelo me explicaba que en sus años mozos lo comían tres veces al año, a ser un alimento esencial en la dieta de nuestras familias, gracias a sus propiedades como carne baja en grasa y calorías, rica en proteínas, nutrientes y vitaminas. Es prioritario que el consumidor acuda a fuentes fiables para conocer la realidad de sus beneficios y propiedades, así como la de un sector innovador y comprometido con las familias. Hoy, comer carne de aves españolas es sinónimo de la calidad y la riqueza gastronómica de nuestro país.”

Esta colaboración refuerza el objetivo de MSD Animal Health, como empresa líder en salud, de preservar y mejorar la salud y el bienestar de los animales y, por tanto, de las personas convirtiéndose en fuente científica de información para la población en general y asumiendo responsabilidad y compromiso con la sociedad.

Jesús Domingo

 

 

Un deber irrenunciable

La participación en la vida pública es un deber irrenunciable porque somos personas, y como personas somos a la vez individuos (únicos, irrepetibles, libres…) y sociales (que se desarrollan en la relación con otros), y no podemos renunciar ninguno de estos dos aspectos.

Participar en la vida pública es trabajar por el bien común. Ese bien que solo se consigue con la colaboración de muchos, como la paz, la solidaridad, las infraestructuras, la seguridad, la conservación del medio ambiente, la justicia, la educación, la fiesta, la memoria, los valores, el arte, los derechos humanos… aquello que disfrutamos porque otros ponen de su parte, y a veces solo valoramos después de perderlo.

Participación y bien común son dos principios básicos de la Doctrina Social de la Iglesia. Ahora que estamos en proceso de reconstrucción de nuestra vida social, rota en parte por los efectos de la pandemia, revisemos como católicos nuestra participación especialmente en cuatro campos: el cultural, el político, el civil y el económico.

Suso do Madrid

 

 

Colonizar cerebros adolescentes

La libertad fundamental y constitucional de los padres para elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos, queda anulada, no porque el gobierno socialcomunista defienda pretendidas igualdades o luche contra fantasmagóricas discriminaciones económicas, sino porque en las familias y en la escuela libre es en dónde los planteamientos manipuladores y las infiltraciones ideológicas encuentran mayores obstáculos.

Ninguna otra opción política, como la que representa un gobierno socialcomunista, otorga tanto valor y maneja con tanta destreza la rentabilidad electoral que supone la manipulación de la juventud escolar.

Quienes, por unos u otros conceptos, han de pagar la educación concertada o privada de sus hijos, además de pagar vía impuestos la educación pública, no solamente pagan dos veces, sino que además han de luchar para que sus hijos no sean adoctrinados y convertidos en futuros votantes de una determinada opción ideológica.

Hacen bien los defensores de la libertad de enseñanza en luchar, ahora y aquí, para defender esa libertad cercenada por una ley a todas luces injusta, pero que nadie olvide que los objetivos del gobierno socialcomunista son objetivos a medio-largo plazo.

Se trata de colonizar cerebros adolescentes y, por ello, indefensos.

Xus D Madrid

 

La dignidad

Cuando hablamos de dignidad, en general, hacemos siempre referencia al valor que posee algo o alguien. Decimos que algo es digno, porque lo consideramos valioso y decimos que alguien tiene una dignidad, porque posee un determinado valor personal. Se trata de algo que a cada persona le hace valiosa, le otorga poseer o tener valor por sí mismo.

Tener dignidad humana no es una mera calificación que se atribuye a un sujeto, porque la dignidad, en el caso del hombre y de la mujer, se identifica plenamente con su ser y con el hecho de existir. El ser humano es digno porque ya es y existe y, en consecuencia, su dignidad es precisamente “ser y existir”.

Esa es la dignidad del hombre y de la mujer, a la que se refieren todas las declaraciones que la han reconocido en el mundo y que responde al hecho de ser todos imagen y semejanza de Dios.

Esa dignidad tiene un primer fundamento. Se trata del hecho de ser de cada persona, es decir, la aportación que cada persona otorga al mundo cuando comienza a vivir, simplemente por el hecho de ser tal como es. Una aportación personalísima, única, exclusiva, irrepetible, puesto que cuando muera nadie podrá aportar al mundo lo que aportó él o ella. En esto consiste la dignidad de la persona, sólo por ser persona.

Tiene también un segundo fundamento, pues en el instante en que se inicia la existencia de un ser humano en el mundo, esa persona se convierte, de algún modo, en propietario del mundo. Podemos decir que el mundo le pertenece. Ya es parte del mundo. Es más, él o ella ya es el mundo.

JD Mez Madrid

 

“me gustaría compartir con todos ustedes”

El dicho popular que algunos recordarán: “no hay sábado sin sol, ni mocita sin amor”  -que después se completó con aquello de “ni hortera sin transistor”-  ahora se ha enriquecido con un aserto colectivo: “ni fin de semana sin el coñazo de Sánchez en el televisor”.

Si la costumbre hace ley, solamente el fútbol puede librar a los españoles de las homilías de Sánchez los fines de semana. Los ciudadanos se hacen a todo (incluso hay encuestas que señalan que la intención de voto para el Partido Socialista es prácticamente la misma que en las pasadas elecciones)  pero en cuanto haya partidos a la hora de la comida, el fútbol, una vez más, será una liberación y los televisores volverán a recuperar la sonrisa digital.

Cuando Sánchez dice aquello de “mi persona” y lo de “me gustaría compartir con todos ustedes”, hay que empezar a temerse lo peor, y hemos llegado a un punto de no retorno en el que lo peor no son las mentiras, sino la insoportable ristra de pleonasmos (léase redundancias, más o menos) y trucos dialécticos para embarullar y eso que ahora a las fases, añade Sánchez los tramos en el reparto de dinero a las CC AA y hasta entiende que a los ciudadanos se les escapen las cifras y se pierdan en los números.

Por eso intenta ser claro y transparente y se siente orgulloso de “su persona”; y en un alarde de luminosidad en su gestión, afirma que el baile de cifras quiere decir que “son cifras complementarias y no contradictorias”; y que “no me gusta hablar de gasto sanitario ni de gasto educativo, sino de inversión sanitaria e inversión educativa”; y que “el 19 de junio nos reuniremos con Europa, creo que por videoconferencia o sea, no presencial”; y que “la pandemia no va a cambiar nuestra naturaleza como seres humanos”; y que “no estamos atados a ningún destino y en consecuencia hay que evitar las provocaciones”; y que “España es un país grande y hermoso”;  y que a la posibilidad de que haya espectadores en los campos de fútbol, “hay que dar una respuesta legal desde el punto de vista intelectual”; y que “en lo referente al paso del Estrecho estamos trabajando ante la eventualidad de que se produzca”; y que “en cuanto a los datos hay que decir que son parciales y no homogéneos y los excesos de mortalidad se estiman, no se miden”; y que 21 millones de españoles hayan preguntado lo del dinero para poder comer, es un orgullo nacional.

JD Mez Madrid

 

 

Los españoles de entonces y los de hoy

 

                                El “virus chino” unido al miedo que han fomentado los que dicen gobernarnos, han transformado al español de ambos sexos (supongo que al igual que al resto del mono humano o primer primate de este planeta) y han logrado que la mayoría nos vean (o veamos) como un enemigo en potencia y peligroso, puesto que puede portar el “virus chino”, contagiarnos y llevarnos, a ese “más allá” que casi ningún ser quisiera llegar “a disfrutar”. A mí es que ya me da risa, cuando en las mil formas habituales de encuentros, cotidianos hasta ayer mismo; miras,  “al sujeto o sujeta”, que ante ti aparece; y tropiezas con unos ojos que expresan miedo unido al rostro, si es que este se le ve, por cuanto han logrado, “enmascarillarnos” a la mayoría; y notas el impulso o “salto de huida”, por ese miedo (algunos hasta terror) a verse contaminado y tener que ser, “metido en un hospital y aguantar allí, todo lo que imaginar se pueda, de la moderna medicina, salvavidas”; puesto que las imágenes que nos han venido largando, en los noticiarios, han sido de lo más tremendistas, ya que ha sido también, una “pandemia” de difundidores, del miedo al virus y sus consecuencias, que nos las siguen preconizando como peligrosas o mucho más que eso; ya que pareciera que, “a todos nos va a alcanzar el temido virus”. Y ni por asomo ello es así, puesto que si fríamente analizamos el número de habitantes, los contagiados y los muertos… ¿qué supone el porcentaje en realidad? Es mínimo y lo que da a deducir al que tenga un poquito de “caletre”; que las defensas de la mayoría de los que no hemos sido contaminados, son en realidad nuestra seguridad más admisible, para saber la realidad de “la tan temida pandemia”; que es cuasi “una nada, comparada con las terribles epidemias de siglos pasados, y que no enumero por sobradamente conocidas”; así es que tranquilos, que esto es como, “las loterías, las que los premios grandes o gordos, tocan a muy pocos”.

                                Pero por ese ambiente de miedo o terror, todo lo paralizaron; la vida social y comercial, fue o congelada o reducida a mínimos horrorosos y de verdadera “pandemia”; puesto que se confirmó lo que ya dije al principio de ella (ver mi Web), “el remedio en mucho peor que la enfermedad”. Y los resultados, que van confirmándose, lo afirman, puesto que ese miedo, sigue siendo paralizante; y “el mono humano sigue con miedos que no supera y con ello colabora a esa parálisis”, que se puede definir, como cuando en una plantación de olivos, ocurre (como ocurrió en mi tierra en las tierras altas) en que unas heladas terribles, secaron los olivos; los que hubo que “segar” a ras del suelo, puesto que aquellos agricultores, sabían que “los olivos no habían muerto”; que llegada la primavera, arrojarían nuevos brotes, y estos al crecer y hacerse ramas frondosas, producirían de nuevo cosecha de aceitunas… ¡Pero las cosechas empezaron a ser rentables quince años después! Y hoy aquellos olivares, parecen no haber sufrido aquella epidemia, que acabó con sus ramas y maderas de los troncos, pero que sus raíces quedaron sanas y con el cuido de sus dueños, aquellos árboles, volvieron a ser olivos en plena producción. Imagino que “algo parecido”, va a ocurrir por la “pandemia” y la forma en que nos la han colocado, los que dicen “gobernar a los hombres”. O sea que la recuperación cuando llegue, va a ser de larga duración; por muchas monsergas que nos larguen los políticos, que dicho sea de paso, no hablan ni “una sílaba”, sobre apretarse ellos el cinturón y no cobrarnos “las abusivas pagas y prebendas de que ellos disfrutan y por habérselas colocado ellos mismos, sin nuestro consentimiento”; y en estos casos extremos, ya era de lógica aplastante, el que hubiesen empezado a mostrarse, como verdaderos colaboradores, a las miserias que tenemos encima… “todos”, no se olvide ello; que “el virus chino”, nos ha atacado a todos, nos ha empobrecido a todos, y ya veremos los que por no llegar a superarlo, incluso se suicidan, “o vete tú a saber lo que pueden llegar a realizar, puesto que ese es otro preocupante misterio para el futuro”.

                                Pero como estamos en España y seguimos siendo españoles (“aunque muchos idiotas no lo reconozcan y como necios orgullosos lo nieguen”) convendría leer o releer la historia, de aquellos españoles de siglos pasados, empezando por los que defendieron Numancia o Sagunto; rememorando igualmente a aquel pastor que trajo “locos a los romanos”; y que en la Hispania de entonces, se llamó Viriato; los asturianos que iniciaron la conquista o reconquista musulmana, encabezados por aquel, D. Pelayo; Los Comuneros de Castilla defendiendo sus derechos; las “dos docenas junto a los trece de la fama”, que acaudillados por un extremeño que se llamó Pizarro,  conquistaron el imperio Inca; el otro extremeño que lo hizo sobre el imperio Azteca y que se llamó Hernán Cortés, que lo hizo con poca tropa y mucho coraje; y así podíamos continuar, “una enciclopedia”, que se podría terminar con “los años del hambre de la posguerra civil de 1936-1939; complementada por aquellos desesperados españoles, que no conformes con el que la ganó, se echaron al monte o a la sierra; y allí murieron, como los “últimos numantinos”, puesto que sabían que si los cogían vivos, su muerte era segura bajo un inmediato fusilamiento, tras las torturas que entonces se empleaban con profusión”.

                                Del valor de aquellos infinitos españoles, nos da “un recuerdo”; en su libro, “Así se domina el mundo”; Pedro Baños, en sus páginas 397  y 398; donde este historiador y militar, nos dice, lo que opinaba Napoleón (“Ah  la guerra de España; esa maldita guerra fue el origen de la tragedia de Francia”) o lo que también decidió, el “invencible Hitler en un momento crucial, en que sus generales, opinaron invadir España para controlar en Estrecho de Gibraltar; a lo que el temido Hitler, les gritó… “Ni hablar. Los españoles son el único pueblo mediterráneo verdaderamente valiente e inmediatamente organizarían guerrillas en nuestra retaguardia. No se puede entrar en España, sin permiso de los españoles”. Les recomiendo lean este muy interesante libro, el que deshuesa muchas de las “guerras” en este pobre mundo.

                                Podía extractarles muchos más episodios de “la hombría” de los españoles e igualmente del valor de muchas españolas, pero no ha lugar; y supongo que muchos de los que lean esto, lo sabrán de sobras. ¿Pero qué queda de los genes de tantos compatriotas nuestros que supieron enfrentarse a sus duras realidades en su tiempo? ¿Los genes de hoy son tan débiles como parecen? No sé… “dedúzcalo el lector”, si quiere. Por mi parte, “mis miedos los aparté de mi ser hace ya muchos años y hoy no tengo ninguno”, sé que La Creación, me asignó “un día para nacer y otro para morir”, y así será, como creo lo es para todo nacido. “así es que tranquilos y menos miedos”. Amén.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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