Las Noticias de hoy 1 Julio 2020

Enviado por adminideas el Mié, 01/07/2020 - 12:12

Manifiesto de un niño | Psicologia niños, Educacion infantil ...

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 01 de julio de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Mensaje del Papa a la Asociación de Prensa Católica

El Papa nombra al comisario extraordinario para la Fábrica de San Pedro

LA OPORTUNIDAD PERDIDA: Francisco Fernandez Carbajal

"Quiso experimentar la fatiga y el cansancio": San Josemaria

Tabgha: aquí Cristo otorgó el Primado

Caminos de contemplación: Juan Francisco Pozo - Rodolfo Valdés

Carta a los fieles para el memorial de San Junípero Serra: Mons. José H. Gomez, Arzobispo de Los Ángeles

Amar al mundo apasionadamente implica trabajar y cuidar lo creado: Salvador Bernal 

El virus del libro: Ángel Cabrero Ugarte 

La importancia de los padres en la formación de sus hijos: Raúl Espinoza

50 años de oración: Mario Salvador Arroyo.

Cuida la alimentación de tus hijos: Silvia del Valle Márquez

Tres claves para conversar con Tomás Moro: Óscar Ibáñez.

Abortos “practicados por uno mismo”:  Jesús Domingo Martínez

Rémi Brague, historiador de la filosofía: Jesús Martínez Madrid

Más víctimas en los países desarrollados: José Morales Martín

La digitalización de la educación: Suso do Madrid

Un nefasto gobierno; China coacciona; y la mentira crónica: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Mensaje del Papa a la Asociación de Prensa Católica

(zenit – 30 junio 2020).- El Papa Francisco envía un mensaje a los miembros de la Catholic Press Association (Asociación de Prensa Católica) con ocasión de la Catholic Media Conference (Conferencia de Medios Católicos).

Este evento tiene lugar en streaming del 30 de junio al 2 de julio de 2020 sobre el tema “Together While Apart” (“Juntos mientras estamos separados”).

En este año en el que la Conferencia se celebra por primera vez de forma virtual a causa de la emergencia sanitaria actual, el Santo Padre señala que el lema de este año “expresa elocuentemente el sentido de unión que, paradójicamente, ha surgido de la experiencia de distanciamiento social impuesta por la pandemia”.

Importancia de la unidad

Después, Francisco recuerda que en su  mensaje del año pasado para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, reflexionó sobre cómo la comunicación nos permite ser, “como dice San Pablo, ‘miembros unos de otros’ (cfr. Ef 4,25), llamados a vivir en comunión dentro de una red de relaciones en continua expansión”.

Así, la pandemia ha permitido percibir más penamente dicha verdad: “De hecho, la experiencia de estos meses pasados nos ha demostrado que la misión de los medios de comunicación es esencial para acercar a las personas, acortar las distancias, proveer la información necesaria y abrir las mentes y los corazones a la verdad”, explica.

Asimismo, el Papa propone que el ideal de unidad en medio de la diversidad reflejado en el lema de los Estados Unidos, E pluribus unum, “también debe inspirar el servicio que ustedes ofrecen al bien común”, pues esto “es urgentemente necesario hoy, en una era marcada por conflictos y polarizaciones a los que la propia comunidad católica no es inmune”.

Construir puentes

En esta línea, el Pontífice describe que son precisos “medios de comunicación capaces de construir puentes, defender la vida y abatir los muros, visibles e invisibles, que impiden el diálogo sincero y la comunicación verdadera entre personas y comunidades”.

Y continúa: “Necesitamos medios de comunicación que puedan ayudar a las personas, especialmente a los jóvenes, a distinguir el bien del mal; a desarrollar juicios sólidos basados en una presentación clara e imparcial de los hechos; y a comprender la importancia de trabajar por la justicia, la concordia social y el respeto a nuestra casa común”.

Igualmente, Francisco subrayó que son necesarios “hombres y mujeres con sólidos valores que protejan la comunicación de todo lo que puede distorsionarla o desviarla hacia otros propósitos”.

Involucrarse personalmente

Por otro lado, el Obispo de Roma apuntó que “un verdadero comunicador se dedica completamente al bien de los demás en todos los niveles, desde la vida de cada persona a la vida de toda la familia humana. No podemos comunicar verdaderamente si no nos involucramos personalmente, si no podemos testimoniar personalmente la verdad del mensaje que transmitimos”.

Finalmente, invita a contemplar a los demás y a las situaciones “con los ojos del Espíritu”: “Que cuando nuestro mundo hable apresuradamente con adjetivos y adverbios, los comunicadores cristianos hablen con sustantivos que reconozcan y presenten la silenciosa reivindicación de la verdad y promuevan la dignidad humana” y que “donde el mundo ve conflictos y divisiones, puedan ustedes mirar a los pobres y a quienes sufren, y dar voz a las súplicas de nuestros hermanos y hermanas necesitados de misericordia y comprensión”.

***

Mensaje del Santo Padre

A los miembros de la Asociación de Prensa Católica

Este año, por primera vez en su historia, la Asociación de Prensa Católica organiza la Conferencia de Medios Católicos de manera virtual, a causa de la situación sanitaria actual. Ante todo, deseo expresar mi cercanía a quienes han sido afectados por el virus y a quienes, incluso a riesgo de sus vidas, han trabajado y siguen trabajando para asistir a nuestros hermanos y hermanas que lo necesitan.

El tema que ustedes han elegido para la Conferencia de este año —Together While Apart, Juntos mientras estamos separados— expresa elocuentemente el sentido de unión que, paradójicamente, ha surgido de la experiencia de distanciamiento social impuesta por la pandemia. En mi mensaje del año pasado para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, reflexioné sobre cómo la comunicación nos permite ser, como dice San Pablo, “miembros unos de otros” (cfr. Ef 4,25), llamados a vivir en comunión dentro de una red de relaciones en continua expansión. A causa de la pandemia, todos hemos percibido más plenamente esta verdad. De hecho, la experiencia de estos meses pasados nos ha demostrado que la misión de los medios de comunicación es esencial para acercar a las personas, acortar las distancias, proveer la información necesaria y abrir las mentes y los corazones a la verdad.

Fue precisamente esta constatación la que llevó a la creación de los primeros periódicos católicos en sus países, además del constante apoyo que les prestaron los Pastores de la Iglesia. Lo vemos en el caso del Catholic Miscellany de Charleston, fundado en 1822 por el obispo John England, y que fue seguido de muchos otros periódicos y revistas. Hoy, como entonces, nuestras comunidades cuentan con los periódicos, la radio, la televisión y las redes sociales para compartir, comunicar, informar y unir.

E pluribus unum, el ideal de unidad en medio de la diversidad reflejado en el lema de los Estados Unidos, también debe inspirar el servicio que ustedes ofrecen al bien común. Ello es urgentemente necesario hoy, en una era marcada por conflictos y polarizaciones a los que la propia comunidad católica no es inmune.

Necesitamos medios de comunicación capaces de construir puentes, defender la vida y abatir los muros, visibles e invisibles, que impiden el diálogo sincero y la comunicación verdadera entre personas y comunidades. Necesitamos medios de comunicación que puedan ayudar a las personas, especialmente a los jóvenes, a distinguir el bien del mal; a desarrollar juicios sólidos basados en una presentación clara e imparcial de los hechos; y a comprender la importancia de trabajar por la justicia, la concordia social y el respeto a nuestra casa común. Necesitamos hombres y mujeres con sólidos valores que protejan la comunicación de todo lo que puede distorsionarla o desviarla hacia otros propósitos.

Les pido, por tanto, que permanezcan unidos y sean signo de unidad también entre ustedes. Los medios de comunicación pueden ser grandes o pequeños, pero en la Iglesia estas no son categorías importantes. En la Iglesia, todos hemos sido bautizados en un único Espíritu y hechos miembros de un solo cuerpo (cfr. 1 Cor 12:13). Como en todo cuerpo, a menudo son los miembros más pequeños los que, al final, son los más necesarios. Lo mismo sucede en el cuerpo de Cristo. Cada uno de nosotros, dondequiera que nos encontremos, está llamado a contribuir, mediante la profesión de la verdad en el amor, al crecimiento de la Iglesia hasta su plena madurez en Cristo (cfr. Ef 4:15).

La comunicación, lo sabemos, no es meramente una cuestión de competencia profesional. Un verdadero comunicador se dedica completamente al bien de los demás en todos los niveles, desde la vida de cada persona a la vida de toda la familia humana. No podemos comunicar verdaderamente si no nos involucramos personalmente, si no podemos testimoniar personalmente la verdad del mensaje que transmitimos. Toda comunicación tiene su fuente última en la vida de Dios Uno y Trino, que comparte con nosotros las riquezas de su vida divina y, a su vez, nos pide que, unidos en el servicio a su Verdad, comuniquemos ese tesoro a los demás.

Queridos amigos, invoco cordialmente sobre ustedes y sobre los trabajos de su Conferencia la efusión de los dones del Espíritu Santo de sabiduría, entendimiento y consejo. Solamente la mirada del Espíritu nos permite no cerrar los ojos ante los que sufren y buscar el verdadero bien para todos. Solamente con esa mirada podemos trabajar eficazmente para superar las enfermedades del racismo, la injusticia y la indiferencia, que desfiguran el rostro de nuestra común familia. Que, través de su dedicación y su trabajo diario, puedan ustedes ayudar

A los demás a contemplar las situaciones y las personas con los ojos del Espíritu. Que cuando nuestro mundo hable apresuradamente con adjetivos y adverbios, los comunicadores cristianos hablen con sustantivos que reconozcan y presenten la silenciosa reivindicación de la verdad y promuevan la dignidad humana. Que donde el mundo ve conflictos y divisiones, puedan ustedes mirar a los pobres y a quienes sufren, y dar voz a las súplicas de nuestros hermanos y hermanas necesitados de misericordia y comprensión.

La Iglesia celebró ayer la solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo. Que el espíritu de comunión con el obispo de Roma, que ha sido siempre un sello distintivo de la prensa católica de sus países, los mantenga a todos ustedes unidos en la fe y firmes ante las efímeras modas culturales que carecen de la fragancia de la verdad evangélica. Sigamos rezando juntos por la reconciliación y la paz en nuestro mundo. Les aseguro mi apoyo y mis oraciones por ustedes y sus familias. Y les pido, por favor, que me recuerden en sus oraciones.

Vaticano, 30 de junio de 2020

FRANCISCO

© Librería Editorial Vaticana

 

 

El Papa nombra al comisario extraordinario para la Fábrica de San Pedro

El nuncio Mario Giordana

(zenit – 30 junio 2020).- Ayer, 29 de junio de 2020, el Papa Francisco nombró comisario extraordinario de la Fábrica de San Pedro al nuncio apostólico monseñor Mario Giordana, informa la Oficina de Prensa de la Santa Sede en una nota.

El Santo Padre le ha encomendado “la actualización de los Estatutos, la aclaración de la administración y la reorganización de las oficinas administrativas y técnicas de la Fábrica. En esta delicada tarea el Comisario será asistido por una comisión”, indica el comunicado.

Este nombramiento se produce tras la reciente promulgación del Motu Proprio “Sobre la transparencia, el control y la competencia en los procedimientos de adjudicación de contratos públicos de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano”.

Igualmente, según la nota, “esta elección también es consecuencia de una información procedente de las oficinas del auditor general, que esta mañana dio lugar a la adquisición de documentos y equipo electrónico en las oficinas técnicas y administrativas de la Fábrica de San Pedro”.

“Esta última operación fue autorizada por decreto del promotor de justicia del Tribunal, Gian Piero Milano, y del Adjunto Alessandro Diddi, con información previa de la Secretaría de Estado”, concluye.

La Fábrica de San Pedro

La Fábrica de San Pedro es la institución creada para la gestión de todas las obras necesarias para la construcción y la construcción artística de la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

Tal y como señala Juan Pablo II en la Constitución Apostólica Pastor Bonus del 28 de junio de 1988, la Fábrica de San Pedro se ocupa, “según sus propias leyes, de lo referente a la basílica del Príncipe de los Apóstoles, tanto para la conservación y decoro del edificio, como para la disciplina interna de los vigilantes y peregrinos que entran en ella para visitarla”.

Desde el 5 de febrero de 2005 es presidida por el cardenal Angelo Comastri, arcipreste de la Basílica Vaticana. La organización se divide en Comités, Oficinas y Estudios, incluyendo el Comité de Administración y la Oficina Administrativa.

 

 

LA OPORTUNIDAD PERDIDA

— El Señor se presenta, en ocasiones, de manera distinta a como nosotros le esperábamos.

— Desprendimiento para ver a Jesús y para hacer su voluntad cuando no coincide con la nuestra.

— Mirar con fe las circunstancias humanamente desfavorables, y descubrir en ellas al Señor.

I. Llegó Jesús a la otra orilla del lago, a la región de los gadarenos, en tierra de gentiles1; quizá busca un sitio retirado para descansar con sus discípulos. Allí curó el Señor a dos endemoniados que le salieron al encuentro. Cerca del lugar había una piara de cerdos; los demonios le rogaron que, si los expulsaba de estos hombres atormentados, los enviara a la piara. Y el Señor se lo permitió. Y ellos salieron y entraron en los cerdos. Entonces toda la piara corrió con ímpetu por la pendiente hacia el mar y pereció en el agua. Los porqueros huyeron y al llegar a la ciudad contaron todo, en particular lo de los endemoniados. Ante esto, toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verle, le rogaron que se alejara de su región.

Le rogaron que se alejara de aquel lugar. Fue la gran oportunidad perdida por estas gentes; tuvieron a Dios mismo entre ellos, y no supieron verlo. Quizá nunca más pasó por aquellas tierras. ¡Lo tuvieron tan cerca!, ¡y le rogaron que se alejara! ¡A Aquel que llevaba consigo todos los bienes! ¡Qué poco hospitalario es a veces el mundo para con su Señor! Con frecuencia, para muchos, son los bienes materiales lo que cuenta, y no es raro ver cómo se intenta construir una sociedad en la que el Señor no está presente, no le dejan sitio, «como si Dios no mereciera ningún interés en el ámbito del proyecto operativo y asociativo del hombre»2. El que da sentido a todo es excluido. El Señor ilumina el dolor, la alegría, la vida, la muerte, el trabajo... Y sin Él nada vale la pena. «Exclusión de Dios, ruptura con Dios, desobediencia a Dios; a lo largo de toda la historia humana esto ha sido y es bajo formas diversas el pecado, que puede llegar hasta la negación de Dios y de su existencia, hasta el ateísmo»3. En el fondo de muchas actitudes que rechazan o excluyen la verdad sobrenatural se encuentra un radical materialismo práctico, el aprecio a los bienes materiales por encima de todo, que impide ver la acción del Señor en lo que nos rodea.

Nosotros decimos a Jesús que queremos ponerle en la cima de todas las tareas humanas, a través de un trabajo profesional hecho a conciencia; que queremos que entre de lleno en nuestra vida, en la familia, que dé sentido a lo que somos y a lo que poseemos: a nuestra inteligencia, a nuestro corazón, a la amistad, a los amores limpios de cada uno según su peculiar vocación. Le decimos que queremos estar vigilantes, como el centinela, para darle entrada en el alma, también cuando se presente de una manera distinta a como le esperábamos.

II. Aquellos gentiles, a pesar del milagro relatado por los porqueros y de ver libres y sanos a los dos endemoniados, no quisieron recibir a Jesús. ¡Cómo se hubieran llenado de bienes sus casas y, sobre todo, sus almas!; pero estaban ciegos para los bienes espirituales. Como ocurre hoy a tantos; muchos tienen sus proyectos para ser felices, y demasiado a menudo miran a Dios simplemente como alguien que les ayudará a llevarlos a cabo. «El estado verdadero de las cosas es completamente al contrario. Dios tiene sus planes para nuestra felicidad, y está esperando que le ayudemos a realizarlos. Y quede bien claro que nosotros no podemos mejorar los planes de Dios»4.

Algunos cristianos, por estar excesivamente apegados a sus ideas y caprichos, le dicen a Jesús que se retire de su vida, precisamente cuando más cerca estaba y cuando más le necesitaban: al llegar la enfermedad, la contradicción..., cuando se han perdido unos bienes materiales que probablemente era necesario perder para recibir al Bien supremo, que llega, en bastantes ocasiones, por caminos distintos a los que ellos deseaban. Quizá le esperaban en el triunfo, y se presenta en la ruina o en el fracaso; no en el fracaso producido por la desidia, por no haber puesto los medios o el estudio necesario, que debe llevar en todo caso a un acto de contrición y a recomenzar con un propósito firme, sino al fracaso que llega cuando, a nuestro entender, se habían puesto todos los medios humanos y sobrenaturales para salir a flote. Él llega en ocasiones por caminos diferentes a aquellos por los que le estábamos esperando. ¡Cuántas veces la lógica de Dios no coincide con la lógica de los hombres! Es el momento de abrazarse a su santa voluntad: «¿Lo quieres, Señor?... ¡Yo también lo quiero!»5. ¡Cuántas veces, ante la contradicción que no esperábamos, hemos hecho nuestra esta oración, de mil modos repetida!

Se ha dicho que «el plan de Dios es de una pieza». Quizá la conversión de aquellos gentiles habría comenzado por la pérdida de estos cerdos, por el desprendimiento que esto suponía; quizá habrían sido los primeros gentiles en recibir el Bautismo después de la dispersión producida con motivo de la primera persecución en Judea. Al final de la vida, a veces mucho antes, veremos cómo encajan esas piezas que parecían sueltas y sin sentido: todas las cosas concurren para el bien de los que aman a Dios6.

Para descubrir la voluntad del Señor en todos los acontecimientos de la vida, también en los menos gratos, en los que nos han ocasionado perjuicios y molestias, para seguir de cerca a Cristo en toda circunstancia, «hemos de estar seriamente desprendidos de nosotros mismos: de los dones de la inteligencia, de la salud, de la honra, de las ambiciones nobles, de los triunfos, de los éxitos.

»Me refiero también (...) a esas ilusiones limpias, con las que buscamos exclusivamente dar toda la gloria a Dios y alabarle, ajustando nuestra voluntad a esta norma clara y precisa: Señor, quiero esto o aquello solo si a Ti te agrada, porque si no, a mí, ¿para qué me interesa? Asestamos así un golpe mortal al egoísmo y a la vanidad, que serpean en todas las conciencias; de paso que alcanzamos la verdadera paz en nuestras almas, con un desasimiento que acaba en la posesión de Dios, cada vez más íntima y más intensa»7.

Es necesario purificar el corazón de amores desordenados (con frecuencia el amor desordenado de uno mismo, el excesivo apagamiento a los bienes que posee o a los que desearía tener, a las propias ideas y opiniones, a los proyectos que uno se ha hecho acerca de su propia felicidad...) para confiar más en nuestro Padre Dios. Entonces podremos ver con claridad y podremos interpretar acertadamente los acontecimientos, descubriendo siempre a Jesús en ellos.

III. Si no hubiera tenido lugar aquella hecatombe de los cerdos, los porqueros probablemente no habrían bajado al pueblo y sus habitantes no se habrían enterado de que Jesús estaba allí, tan cerca. Si la mujer que encontró al Maestro en Cafarnaún no hubiera estado tantos años enferma y malgastado sus bienes en médicos, no se hubiera quizá acercado al Maestro para tocar la orla de su vestido y no habría oído nunca aquellas palabras consoladoras de Jesús, las más importantes de su vida, que bien valían todos los sufrimientos y los gastos inútiles... Lo que a nosotros nos parece un mal, quizá no lo es tanto; solo el pecado es un mal absoluto, y de él –con amor, con humildad y contrición– se puede sacar el sabrosísimo fruto de un encuentro nuevo con Cristo8, en el que el alma sale rejuvenecida.

Detrás de esos males aparentes (enfermedad, cansancio, dolor, ruina...) encontramos siempre a Jesús que nos sonríe y nos da la mano para sobrellevar esa situación y crecer por dentro. ¡Cómo daría gracias aquel leproso por el mal terrible de su enfermedad, pues fue lo que le llevó a Cristo! Los males de esta vida son una continua llamada a nuestro corazón, que nos dice: ¡el Maestro está aquí y te llama!9. Pero si estamos más apegados a nuestros proyectos, a la salud, a la vida... que a la voluntad de Dios –a veces misteriosa e incomprensible al principio para nosotros–, solo veremos en la desgracia la pérdida de un bien que, siendo relativo y parcial, quizá nosotros hemos convertido en absoluto y definitivo. ¡Qué error tan grande si no supiéramos ver en esos momentos a Jesús que nos visita!

Con una lógica distinta a la nuestra, el Señor va disponiendo los acontecimientos para que, con dolor unas veces y con gusto otras, nos vayamos desprendiendo de todo para que Él llene nuestra existencia entera. Muchas veces hemos de pensar en la acción íntima de Dios en nosotros, pues Él dispone hasta la más pequeña circunstancia para que seamos felices, para facilitar el desprendimiento de nosotros mismos, de nuestros proyectos..., para que seamos santos. A los ojos de Dios «una sola alma tiene más valor que todo el universo, y las maravillas que Dios opera en lo secreto de nuestras vidas son, con mucho, más extraordinarias que todos los esplendores del cosmos material»10. Si estos gentiles hubieran comprendido quién estaba delante de ellos, si hubieran captado el prodigio obrado en aquellos dos hombres que fueron redimidos del demonio, ¿qué hubiera importado la desgracia económica, si por ella habían conocido a Jesús? Habrían dado gracias por ella, invitarían a Jesús y habrían organizado una buena fiesta porque el Maestro estaba con ellos y porque habían recuperado a dos hombres de los suyos.

Si miramos con fe las pequeñas o las grandes desgracias de la vida, terminaremos siempre dando gracias por ellas: por aquella enfermedad, por la humillación que sufrimos por parte de quien menos la esperábamos, por el hambre, por la sed, por la pérdida de un empleo... ¡Gracias, Señor –le diremos en la intimidad del corazón–, porque Te has presentado, aunque haya sido por donde menos te esperaba! Pidámosle a la Virgen, ¡que tanto supo de contradicciones, de zozobras y de dolor!, que nos enseñe a no perder esas oportunidades de encontrar a Jesús en medio de esas circunstancias humanamente más desfavorables.

1 Mt 8, 28-34. — 2 Juan Pablo II, Exhor. Apost. Reconciliatio et poenitentia, 2-XII-1984, 14. — 3 Ibídem. — 4 E. Boylan, El amor supremo, Rialp, Madrid 1954, vol. II, p. 46. — 5 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 762. — 6 Rom 8, 28. — 7 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, Rialp, 2ª ed., Madrid 1977, 114. — 8 Cfr. San Bernardo, Sobre La falacia y brevedad de la vida, 6. — 9 Jn 11, 28. — 10 M. M. Philipon, Los dones del Espíritu Santo, Palabra, Madrid 1983, p. 249.

 

 

"Quiso experimentar la fatiga y el cansancio"

No sabes si será decaimiento físico o una especie de cansancio interior lo que se ha apoderado de ti, o las dos cosas a la vez...: luchas sin lucha, sin el afán de una auténtica mejora positiva, para pegar la alegría y el amor de Cristo a las almas. Quiero recordarte las palabras claras del Espíritu Santo: sólo será coronado el que haya peleado «legitime» –de verdad, a pesar de los pesares. (Surco, 163)

1 de julio

La alegría, el optimismo sobrenatural y humano, son compatibles con el cansancio físico, con el dolor, con las lágrimas –porque tenemos corazón–, con las dificultades en nuestra vida interior o en la tarea apostólica.

El, «perfectus Deus, perfectus Homo» –perfecto Dios y perfecto Hombre–, que tenía toda la felicidad del Cielo, quiso experimentar la fatiga y el cansancio, el llanto y el dolor..., para que entendamos que ser sobrenaturales supone ser muy humanos. (Forja, 290)

Cuando nos cansemos –en el trabajo, en el estudio, en la tarea apostólica–, cuando encontremos cerrazón en el horizonte, entonces, los ojos a Cristo: a Jesús bueno, a Jesús cansado, a Jesús hambriento y sediento. ¡Cómo te haces entender, Señor! ¡Cómo te haces querer! Te nos muestras como nosotros, en todo menos en el pecado: para que palpemos que contigo podremos vencer nuestras malas inclinaciones, nuestras culpas. Porque no importan ni el cansancio, ni el hambre, ni la sed, ni las lágrimas... Cristo se cansó, pasó hambre, estuvo sediento, lloró. Lo que importa es la lucha –una contienda amable, porque el Señor permanece siempre a nuestro lado– para cumplir la voluntad del Padre que está en los cielos (Cfr. Ioh IV, 34.). (Amigos de Dios, 201

 

 

Tabgha: aquí Cristo otorgó el Primado

Junto al lago de Genesaret, desde los primeros siglos de la era cristiana, un grupo de rocas han servido para localizar el lugar en el que Cristo otorgó a Pedro el Primado en la Iglesia. Este artículo ayuda a regresar con la imaginación a los orígenes.

COMO UN PERSONAJE MÁS29/06/2020

Pocos lugares de Tierra Santa acercan con tanta inmediatez al Nuevo Testamento como el mar de Genesaret, en Galilea. En otros sitios, después de dos mil años de historia, la topografía se ha transformado radicalmente: se han edificado iglesias, santuarios y basílicas; algunas se han destruido, reconstruido de nuevo, ampliado o restaurado; muchas aldeas y pueblos se han convertido en populosas ciudades, mientras otras han desaparecido; se han trazado calzadas, carreteras, autopistas...

En cambio, en el lago, aunque sus alrededores no son ajenos a estas variaciones, el paisaje se mantiene casi inalterado; su contemplación, que recrea la vista y relaja el espíritu, llena el alma de una sensación intraducible: el recuerdo de Jesús y el eco de sus palabras, que aún parecen resonar en estos parajes, hacen trascender el tiempo presente.

El mar de Genesaret visto desde la iglesia del Primato. Foto: Berthold Werner – Wikimedia Commons.

 

Con todo, en el pasado quizá no se respiraba tanta calma en la zona. Cuando Jesús recorrió estas tierras, no menos de diez poblaciones se bañaban en el lago o se reflejaban en sus aguas desde las colinas circundantes. Existía un próspero comercio de orilla a orilla, sostenido por innumerables embarcaciones. Ninguna de esas ciudades bulliciosas ha llegado hasta nosotros.

Solo la moderna Tiberias rememora en algo a la Tiberia romana, la más joven de las antiguas, fundada a principios de nuestra era y situada entonces más al sur. De las poblaciones que Jesús conoció, podemos hacernos una idea únicamente a través de sus ruinas.

La riqueza de la comarca se debía en primer lugar a los recursos de pesca en el lago, que tiene veintiún kilómetros de largo de norte a sur, una anchura máxima de doce kilómetros, y una profundidad media de cuarenta y cinco metros. Su caudal procede principalmente del río Jordán y de algunos manantiales que nacen en sus orillas o bajo la superficie del agua. El pescado más abundante es el “tilapie”, también conocido como “pez de san Pedro”.

Las investigaciones arqueológicas han confirmado que bajo la iglesia del Primado se encuentran restos de dos santuarios datados en los siglos IV y V. Foto: Alfred Driessen.

 

La agricultura constituía el otro medio principal de subsistencia. Por encontrarse a 210 metros bajo el nivel del mar Mediterráneo, la región goza de un clima templado en invierno y primavera, mientras sufre un calor agobiante muchos días de verano. Estas condiciones favorecen una vegetación de tipo subtropical.

El historiador Flavio Josefo fue testigo de la fertilidad que se daba allí en el siglo primero: «esta tierra no rechaza ninguna planta, y los agricultores cultivan en ella de todo, pues la temperatura suave del aire es apropiada para diversas especies. Los nogales, que son, más bien, árboles de climas fríos, florecen aquí en abundancia. Y junto a ellos también germinan las palmeras, que crecen en zonas calurosas, y las higueras y los olivos, que requieren un aire más templado. Podríamos hablar de un orgullo de la naturaleza, que se ha esforzado por unir en un solo lugar especies tan contrarias, y de una hermosa competencia de las estaciones, donde cada una de ellas parece aspirar a imponerse en esta tierra. Pues esta región no solo produce los frutos más diversos, en contra de lo que se esperaría, sino que también los conserva. Durante diez meses sin interrupción suministra los considerados reyes de todos los frutos, es decir, las uvas y los higos, mientras que el resto de los productos maduran a lo largo de todo el año. Además de la buena temperatura del aire, la zona está regada por una fuente muy caudalosa, que la gente de allí llama Cafarnaún. Algunos creían que esta era una rama del Nilo, pues en ella se cría un pez parecido al corvino del lago de Alejandría» (Flavio Josefo, La guerra de los judíos, III, 516-520).

La roca donde habría almorzado el Señor con los discípulos se conserva en el interior de la iglesia. Foto: Berthold Werner – Wikimedia Commons.

 

Las huellas más importantes del paso del Señor por estas tierras se conservan en la parte noroeste del mar de Genesaret, alrededor de Cafarnaún. Al principio de su vida pública, después de haber abandonado Nazaret, Jesús convirtió en su segunda patria esa pequeña población de pescadores, donde algunos de los Doce o sus parientes disponían de casas. Son tantos los lugares que merecen nuestra atención en la comarca, que le dedicaremos varios artículos durante el año.

Nuestro recorrido empezará en Tabgha. Se trata de un paraje situado a tres kilómetros al oeste de Cafarnaún, que se extiende por unas pocas hectáreas desde la orilla del lago tierra adentro, hacia las colinas que lo rodean.

El nombre parece una derivación árabe del original bizantino Heptapegon, que significa en griego “siete fuentes”: se debe a los manantiales que existían entonces, y que siguen activos todavía hoy.

Foto: Carol Anne McConnell – Flickr.

 

Según la tradición de los cristianos que habitaron aquella zona ininterrumpidamente desde los tiempos de Jesús, allí habría multiplicado los cinco panes y los dos peces para dar de comer a una multitud (Cfr. Mt 14, 13-21; Mc 6, 32-44; Lc 9, 12-17; Jn 6, 1-15); allí habría pronunciado el Discurso de la Montaña que comienza con las Bienaventuranzas (Cfr. Mt 5, 1-11; Lc 6, 17-26); y allí se habría aparecido a los Apóstoles después de resucitado, cuando propició la segunda pesca milagrosa y confirmó a san Pedro como primado de la Iglesia (Cfr. Jn 21, 1-23). Apenas unos cientos de metros separan los tres lugares donde se sitúan estos episodios de la vida del Señor.

Un texto atribuido a la peregrina Egeria, quien visitó Palestina en el siglo IV, nos ofrece un testimonio elocuente de la memoria cristiana sobre Tabgha: «no lejos de Cafarnaún se ven los peldaños de piedra sobre los cuales se sentó el Señor. Allí, junto al mar se encuentra un terreno cubierto de hierba abundante y muchas palmeras y, junto al mismo lugar, siete fuentes manando de cada una de ellas agua abundante. En este lugar el Señor sació una multitud con cinco panes y dos peces. La piedra sobre la cual Jesús depositó el pan ha sido convertida en un altar. Junto a las paredes de aquella iglesia pasa la vía pública, donde Mateo tenía su telonio. Sobre el monte vecino hay un lugar donde subió el Señor para pronunciar las Bienaventuranzas» (El texto aparece en el Liber de Locis Sanctis, escrito por el monje de Montecassino san Pedro Diácono en 1137).

Centraremos nuestra atención en el primer sitio enumerado por Egeria: «los peldaños de piedra sobre los cuales se sentó el Señor». Según esta tradición, se refieren al sitio desde el que Jesús habría indicado a los de la barca que echaran la red a su derecha, durante la aparición del Señor resucitado que narra san Juan al final de su evangelio: “Estaban juntos Simón Pedro y Tomás —el llamado Dídimo—, Natanael —que era de Caná de Galilea—, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Les dijo Simón Pedro: —Voy a pescar. Le contestaron: —Nosotros también vamos contigo. Salieron y subieron a la barca. Pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció, se presentó Jesús en la orilla, pero sus discípulos no se dieron cuenta de que era Jesús. Les dijo Jesús: —Muchachos, ¿tenéis algo de comer? —No —le contestaron. Él les dijo: —Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y casi no eran capaces de sacarla por la gran cantidad de peces. Aquel discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: —¡Es el Señor! Al oír Simón Pedro que era el Señor se ató la túnica, porque estaba desnudo, y se echó al mar. Los otros discípulos vinieron en la barca, pues no estaban lejos de tierra, sino a unos doscientos codos, arrastrando la red con los peces. Cuando descendieron a tierra vieron unas brasas preparadas, un pez encima y pan. Jesús les dijo: —Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora. Subió Simón Pedro y sacó a tierra la red llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y a pesar de ser tantos no se rompió la red. Jesús les dijo: —Venid a comer. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Tú quién eres?», pues sabían que era el Señor. Vino Jesús, tomó el pan y lo distribuyó entre ellos, y lo mismo el pez. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de resucitar de entre los muertos” (Jn 21, 2-14).

Gráfico: J. Gil

 

El relato de Egeria no afirma que existiera una iglesia en la orilla donde se apareció Jesús, pero un texto tardío -de los siglos X-XI- atribuye a la emperatriz santa Elena la construcción de un santuario dedicado a los Apóstoles en el lugar donde el Señor comió con ellos. Algunos documentos a partir del siglo IX lo denominan indistintamente ‘Mensa, Tabula Domini’, de los Doce Tronos o de los Carbones, nombres todos que rememoran aquel almuerzo.

Por un testimonio de la Edad Media, sabemos también que el templo estaba dedicado en particular al Príncipe de los Apóstoles: «al pie del monte está la iglesia de san Pedro, muy hermosa pero abandonada», afirma el peregrino Saewulfus en 1102 (Saewulfus, Relatio de peregrinatione ad Hierosolymam et Terram Sanctam). Tras diversas vicisitudes, fue definitivamente destruida en 1263. La actual, levantada por los franciscanos en 1933 sobre los cimientos de la antigua capilla, se llama iglesia del Primado para recordar el sitio donde Jesús confirmó a Pedro como pastor supremo de la Iglesia: “Cuando acabaron de comer, le dijo Jesús a Simón Pedro: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Le respondió: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: -Apacienta mis corderos. Volvió a preguntarle por segunda vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le respondió: -Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: -Pastorea mis ovejas. Le preguntó por tercera vez: -Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez: «¿Me quieres?», y le respondió: -Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero. Le dijo Jesús: -Apacienta mis ovejas” (Jn 21, 15-17).

El mar de Genesaret visto desde la iglesia del Primato. Foto: Berthold Werner – Wikimedia Commons.

 

Las investigaciones arqueológicas realizadas en 1969 han confirmado que bajo la iglesia del Primado se encuentran restos de dos santuarios más antiguos: del primero, datado a finales del siglo IV, quedan visibles algunos fragmentos de sus paredes con revoque blanco; el segundo, construido cien años más tarde en piedra basáltica, es reconocible en los muros perimetrales. Los dos tenían como centro una roca llamada por los peregrinos ‘Mensa Christi’, que sigue venerándose en la actualidad delante del altar como el sitio del almuerzo con los Apóstoles. Además, los escalones referidos por Egeria se pueden observar en el exterior, en el lado sur de la capilla, protegidos por una verja.

Comentando el diálogo entre Jesús y san Pedro que hemos considerado, san León Magno -romano pontífice entre los años 440 y 461- destacaba que la solicitud del Príncipe de los Apóstoles se extiende especialmente a sus sucesores: «en Pedro se robustece la fortaleza de todos, y de tal modo se ordena el auxilio de la gracia divina, que la firmeza que se confiere a Pedro por Cristo se da a los demás apóstoles por Pedro. Por eso, después de la resurrección, el Señor, para manifestar la triple confesión del eterno amor, después de haber dado al bienaventurado apóstol Pedro las llaves del reino, con demostración llena de misterio, dice tres veces: apacienta mis ovejas. Esto lo hace sin duda ahora, y el piadoso pastor manda que se realice el mandato del Señor, confirmándonos con exhortaciones y rogando sin cesar por nosotros, para que no seamos vencidos por ninguna tentación. Si realiza este cuidado de su piedad para con todo el pueblo de Dios, y en todo lugar, como se ha de creer, ¿cuánto más se dignará conceder su ayuda a nosotros, que inmediatamente fuimos instruidos por él, que estamos junto al sagrado lecho de su sueño, donde descansa la misma carne que presidió?» (San León Magno, Homilía en la fiesta de san Pedro Apóstol).

En el inicio de su pontificado, Benedicto XVI también se refirió a la misión de velar por la Iglesia que el Señor confió a Pedro y sus sucesores, y por tres veces pidió oraciones para ser fiel a su ministerio: «una de las características fundamentales del pastor debe ser amar a los hombres que le han sido confiados, tal como ama Cristo, a cuyo servicio está. "Apacienta mis ovejas", dice Cristo a Pedro, y también a mí, en este momento. Apacentar quiere decir amar, y amar quiere decir también estar dispuestos a sufrir. Amar significa dar el verdadero bien a las ovejas, el alimento de la verdad de Dios, de la palabra de Dios; el alimento de su presencia, que él nos da en el Santísimo Sacramento. Queridos amigos, en este momento sólo puedo decir: rogad por mí, para que aprenda a amar cada vez más al Señor. Rogad por mí, para que aprenda a querer cada vez más a su rebaño, a vosotros, a la Santa Iglesia, a cada uno de vosotros, tanto personal como comunitariamente. Rogad por mí, para que, por miedo, no huya ante los lobos. Roguemos unos por otros para que sea el Señor quien nos lleve y nosotros aprendamos a llevarnos unos a otros» (Benedicto XVI, Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino, 24-IV-2005).

 

 

Caminos de contemplación

Adentrarse por caminos de contemplación significa dejar obrar al Espíritu Santo para que Él refleje en nosotros la faz de Cristo en todas las situaciones de nuestra vida.

VIDA ESPIRITUAL28/04/2018

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Una de las actitudes que los Evangelios resaltan más de Jesús mientras cumple su misión es la frecuencia con la que acude a la oración. El ritmo de su ministerio está, en cierto sentido, marcado por los momentos en que se dirige al Padre. Jesús se recoge en oración antes de su Bautismo (cfr. Lc 3,21), la noche previa a la elección de los Doce (cfr. Lc 6,12), en el monte antes de la Transfiguración (cfr. Lc 9,28), en el Huerto de los Olivos mientras se prepara para enfrentar la Pasión (cfr. Lc 22,41-44). El Señor dedicaba mucho tiempo a la oración: al anochecer, o la noche entera, o muy de madrugada, o en medio de jornadas de intensa predicación; en realidad oraba constantemente, y recomendó repetidamente a los discípulos «la necesidad de orar siempre y no desfallecer» (Lc 18,1).

¿Por qué ese ejemplo y esa insistencia del Señor? ¿Por qué es necesaria la oración? En realidad, esta responde a los deseos más íntimos del hombre, que ha sido creado para entrar en diálogo con Dios y contemplarle. Pero la oración es, sobre todo, un don de Dios, un regalo que Él nos ofrece: «el Dios vivo y verdadero llama incansablemente a cada persona al encuentro misterioso de la oración. Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración, el caminar del hombre es siempre una respuesta»[1].

Para imitar a Cristo y participar de su Vida, es imprescindible ser almas de oración. A través de la contemplación del Misterio de Dios, revelado en Jesucristo, nuestra vida se va transformando en la suya. Se hace realidad aquello que san Pablo comentaba a los corintios: «Todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, vamos siendo transformados en su misma imagen, cada vez más gloriosos, conforme obra en nosotros el Espíritu del Señor» (1 Cor 3,18). Al igual que san Pablo, todos los cristianos estamos llamados también a reflejar en el rostro la faz de Cristo: en esto consiste ser apóstoles, en ser mensajeros del amor de Dios, que se experimenta en primera persona durante los ratos de oración. Se entiende, por tanto, la actualidad de la invitación a «adentrarse más en la oración contemplativa en medio del mundo, y ayudar a los demás a ir por caminos de contemplación[2]»[3].

Acoger el don de Dios

El apóstol crece al ritmo de la oración, la renovación personal en el impulso evangelizador parte de la contemplación. El Papa recuerda que: «La mejor motivación para decidirse a comunicar el Evangelio es con­templarlo con amor, es detenerse en sus páginas y leerlo con el corazón. Si lo abordamos de esa manera, su belleza nos asombra, vuelve a cautivarnos una y otra vez»[4]. Por eso, es fundamental desarrollar «un espíritu contemplativo, que nos permita redescu­brir cada día que somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás»[5].

SER MENSAJERO DEL AMOR DE DIOS IMPLICA UN ENCUENTRO PREVIO CON ÉL, QUE SE EXTIENDE EN LOS RATOS DE ORACIÓN PERSONAL

Los Evangelios nos presentan a distintos personajes a los que, el encuentro con Cristo, cambia su vida y les convierte en portadores del mensaje salvador del Señor. Uno de ellos es la mujer samaritana que, como relata san Juan, va simplemente a buscar agua al pozo junto al que Jesús está sentado, descansando. Y es Él quien comienza el diálogo: «Dame de beber» (Jn 4,10). A primera vista, la samaritana no se muestra muy dispuesta a continuar la conversación: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Jn 4,9). Pero el Señor le hace ver que, en realidad, Él es ese agua que ella busca: «Si conocieras el don de Dios… (Jn 4,10), el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed nunca más, sino que el agua que yo le daré se hará en él fuente de agua que salta hasta la vida eterna…» (Jn 4,14). Después, una vez traspasado el corazón de la samaritana, le revela con claridad y sencillez que conoce su pasado (cfr. Jn 4,17-18), pero con tal amor que ella no se siente desanimada ni rechazada. Todo lo contrario: Jesús le hace participar de un universo nuevo, le hace entrar en un mundo que vive con esperanza, pues ha llegado el momento de la reconciliación, el momento en que se abren las puertas de la oración para todos los hombres: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. (...) Llega la hora, y es ésta, en la que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad» (Jn 4,21.23).

En el diálogo con Jesús, la samaritana descubre la verdad de Dios y la de su propia vida. Acoge el don de Dios y se convierte radicalmente. Por eso, la Iglesia ha visto en este pasaje evangélico una de las imágenes más sugerentes sobre la oración: «Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él»[6]. La oración es una manifestación de la iniciativa de Dios, que sale en búsqueda del hombre, y espera su respuesta para transformarlo en su amigo. En ocasiones, parece que es uno quien toma la iniciativa de dedicar a Dios un tiempo de oración, pero, en realidad, esto es ya una respuesta a su llamada. La oración se vive como un llamamiento recíproco: Dios me busca y me espera, y yo necesito de Dios y le busco.

Tiempo para Dios

El hombre tiene sed de Dios, aunque con frecuencia no lo sepa reconocer, e incluso rechace acudir a las fuentes de agua viva, que son los momentos dedicados a la oración. La historia de la samaritana, en este sentido, se repite en muchas almas: Jesús que pide un poco de atención, que intenta suscitar un diálogo dentro del corazón, en un momento que quizá parece inoportuno. ¡Da la impresión de que esos minutos diarios son demasiados, que no hay espacio en una agenda tan apretada! Pero, cuando uno se deja meter por el Señor en ese diálogo contemplativo, entonces se descubre que la oración no es algo que yo hago por Dios sino, sobre todo, un don que Dios me concede y que yo simplemente acojo.

AL ABORDAR EL EVANGELIO CON AMOR, SU BELLEZA NOS ASOMBRA Y NOS VUELVE A CAUTIVAR UNA Y OTRA VEZ (PAPA FRANCISCO)

Dedicar tiempo al Señor no es simplemente una tarea entre otras, una carga más en un horario muchas veces exigente. Es acoger un regalo infinitamente valioso, una perla preciosa o un tesoro escondido en la normalidad de la vida ordinaria, que necesitamos cuidar con delicadeza.

La elección del momento de la oración depende de una voluntad que quiere dejarse conquistar por el Amor: no se hace oración cuando se tiene tiempo, sino que se toma el tiempo para hacer la oración. Cuando uno supedita la oración a los huecos que aparezcan en su horario, posiblemente no conseguirá hacerla con regularidad. La elección del momento es reveladora de los secretos del corazón: manifiesta el lugar que ocupa el amor a Dios en la jerarquía de nuestros intereses diarios[7].

Orar es siempre posible: el tiempo del cristiano es el de Cristo resucitado, que está con nosotros todos los días (cfr. Mt 28,20). La tentación más frecuente para apartarnos de la oración es una cierta falta de fe, que se manifiesta en unas preferencias de hecho: «Se presentan como prioritarios mil trabajos y cuidados que se consideran más urgentes; una vez más, es el momento de la verdad del corazón y de clarificar preferencias»[8]. El Señor es lo primero. Por este motivo, es muy conveniente determinar el horario adecuado para la oración, quizá aconsejándose en la dirección espiritual, para adaptar ese plan a las circunstancias personales.

San Josemaría hizo muchos ratos de oración en el coche, durante los viajes que realizaba por motivos apostólicos; en el tranvía, o caminando por las calles de Madrid, cuando no tenía otra posibilidad. Quienes tienen que santificarse en medio de la vida ordinaria pueden encontrarse en situaciones parecidas: un padre o una madre de familia, algunas veces quizás no tendrán otra opción que orar al Señor mientras atienden a los hijos pequeños: será muy grato a Dios. En todo caso, recordar que el Señor nos espera, y tiene preparadas las gracias que necesitamos para ofrecérnoslas en la oración, puede ayudar en la elección del tiempo y lugar más propicios.

El combate de la oración

Considerar que la oración es un arte, implica reconocer que siempre se puede crecer en ella, dejando actuar cada vez más a la gracia de Dios en nuestras almas. En este sentido, la oración también es combate[9]. Es lucha, en primer lugar, contra nosotros mismos. Las distracciones invaden la mente cuando intentamos crear el silencio interior. Estas nos descubren aquello a lo que el corazón está apegado y pueden convertirse en una luz para pedirle ayuda a Dios[10].

LA ORACIÓN NO ES MÁS QUE EL ENCUENTRO DE LA SED DE DIOS CON LA SED DEL HOMBRE

Nuestro tiempo está marcado por la multiplicación de las posibilidades tecnológicas que facilitan la comunicación en muchos sentidos, pero que también aumentan las ocasiones de distracción. Se puede decir que nos encontramos ante un nuevo reto para el crecimiento de la vida contemplativa: aprender a vivir el silencio interior rodeado de mucho ruido exterior. En tantos ámbitos se percibe la primacía de la gestión sobre la reflexión o el estudio; nos hemos habituado a trabajar en multitasking, prestando atención simultánea a muchas tareas, lo que fácilmente puede llevar a vivir en el inmediatismo de la acción-reacción. Sin embargo, ante este panorama, se han revalorizado algunas actitudes como la atención o la concentración, que se presentan como un modo de proteger la capacidad de detenerse y profundizar en lo que realmente vale la pena.

El silencio interior se presenta como una condición necesaria para la vida contemplativa. Nos libera del apegamiento a lo inmediato, a lo fácil, a lo que distrae pero no llena, de modo que nos podamos centrar en nuestro verdadero bien: Jesucristo, que nos sale al encuentro en la oración.

El recogimiento interior implica un movimiento que va de la dispersión en muchas actividades, hacia la interioridad. Ahí es más sencillo encontrar a Dios, y reconocer su presencia en lo que Él hace cotidianamente en nuestras vidas –detalles del día a día, luces recibidas, actitudes de otras personas–,y así poder manifestarle nuestra adoración, arrepentimiento, petición, etc. Por eso, el recogimiento interior es fundamental para un alma contemplativa en medio del mundo: «La verdadera oración, la que absorbe a todo el individuo, no la favorece tanto la soledad del desierto, como el recogimiento interior»[11].

A la búsqueda de luces nuevas

La oración, al ser también búsqueda del hombre, implica el deseo de no conformarse con un modo rutinario de dirigirse al Señor. Si todas las relaciones duraderas implican el afán continuo de renovar el amor, la relación con Dios que se fragua especialmente en los momentos dedicados exclusivamente a Él, también debería caracterizarse por este deseo.

«En tu vida, si te lo propones, todo puede ser objeto de ofrecimiento al Señor, ocasión de coloquio con tu Padre del Cielo, que siempre guarda y concede luces nuevas»[12]. Ciertamente, esas luces el Señor las concede contando con la búsqueda apasionada de sus hijos, con la disposición de escuchar con sencillez la palabra que nos dirige, dejando de lado la idea de que ya no hay nada nuevo por descubrir. En esto, es un ejemplo la actitud de la samaritana junto al pozo: aunque su vida de fe estaba enfriada, guardaba dentro de su corazón el deseo de la llegada del Mesías.

Esta aspiración se traducirá en volver a llevar los sucesos diarios al diálogo con el Señor, pero sin pretender conseguir una solución inmediata y a nuestra medida. Es más importante pensar qué quiere el Señor: tantas veces, lo único que espera es que nos pongamos con sencillez enfrente de Él, y que hagamos una memoria agradecida de todo aquello que el Espíritu Santo está obrando silenciosamente en nosotros. O, quizá, implicará también volver a tomar los Evangelios y contemplar con calma la escena y participar en ella «como un personaje más»[13], para dejarse interpelar por Cristo. Alimentar la oración es también partir en nuestro diálogo con el Señor de los textos que la Iglesia pone en nuestros labios en la liturgia que hemos celebrado ese día. Las fuentes de la oración son inagotables: si sabemos acudir a ellas con ilusión nueva, el Espíritu Santo hará el resto.

Cuando no se encuentran las palabras

Con todo, en algunas ocasiones, ocurrirá que, a pesar del esfuerzo, uno no consigue entablar un diálogo con Dios. Cómo consuela, entonces, recordar aquella indicación del Señor: «al orar no empleéis muchas palabras como los gentiles, que piensan que por su locuacidad van a ser escuchados» (Mt 6,7). Es el momento de volver a confiar en la acción del Espíritu Santo en el alma, que «acude en ayuda de nuestra flaqueza: porque no sabemos lo que debemos pedir como conviene; pero el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rm 8,26).

LA ORACIÓN ES SIGNIFICATIVA: INCIDE E ILUMINA NUESTRA VIDA, ABRIENDO NUESTRO ENTORNO A UNA PERSPECTIVA SOBRENATURAL

Al hilo de las palabras de san Pablo a los Romanos, Benedicto XVI describía cuál es la actitud de abandono que impregna a la oración: «Queremos orar, pero Dios está lejos, no tenemos las palabras, el lenguaje, para hablar con Dios, ni siquiera el pensamiento. Solo podemos abrirnos, poner nuestro tiempo a disposición de Dios, esperar que él nos ayude a entrar en el verdadero diálogo. El Apóstol dice: precisamente esta falta de palabras, esta ausencia de palabras, incluso este deseo de entrar en contacto con Dios, es oración que el Espíritu Santo no sólo comprende, sino que lleva, interpreta ante Dios. Precisamente esta debilidad nuestra se transforma, a través del Espíritu Santo, en verdadera oración, en verdadero contacto con Dios»[14] .

No hay motivos, por tanto, para desanimarse si se siente la dificultad de mantener un diálogo con el Señor. Cuando el corazón parece que está a disgusto con las realidades espirituales, el tiempo de meditación se hace largo, el pensamiento divaga en otras cosas, o la voluntad se resiste y el corazón está seco, quizá nos sirvan las siguientes consideraciones:

«La oración –recuérdalo– no consiste en hacer discursos bonitos, frases grandilocuentes o que consuelen...

Oración es a veces una mirada a una imagen del Señor o de su Madre; otras, una petición, con palabras; otras, el ofrecimiento de las buenas obras, de los resultados de la fidelidad...

Como el soldado que está de guardia, así hemos de estar nosotros a la puerta de Dios Nuestro Señor: y eso es oración. O como se echa el perrillo, a los pies de su amo.

—No te importe decírselo: Señor, aquí me tienes como un perro fiel; o mejor, como un borriquillo, que no dará coces a quien le quiere»[15].

La fuente que cambia el mundo

La vida de oración nos abre las puertas al trato con Dios, relativiza los problemas a los que a veces damos una importancia desmesurada, nos recuerda que estamos siempre en manos de nuestro Padre del Cielo. Sin embargo, esta no nos aísla del mundo, ni es una escapatoria para los problemas diarios. La verdadera oración es significativa: incide en nuestra vida, la ilumina, y nos abre a nuestro entorno con una perspectiva sobrenatural: «Una oración intensa, pues, que sin embargo no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios»[16].

En la oración, el Señor no quiere apagar únicamente nuestra sed, sino que esa experiencia nos lleve a compartir la alegría del trato con Él. Es lo que sucedió en el corazón de la samaritana: después del encuentro con Jesús, se apresura a darlo a conocer a la gente de su entorno: «Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho» (Jn 4,39). Señal de la oración auténtica es el deseo de compartir la experiencia de Cristo con los demás, porque «¿qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer?»[17].

Santa María es Maestra de oración. Ella, que supo guardar las cosas de su Hijo, meditándolas en su corazón (cfr. Lc 2,51), acompaña a los discípulos de Jesús en la oración (cfr. Hch 1,14), mostrándoles el camino para recibir con plenitud el don del Espíritu Santo, que los hará lanzarse a la aventura divina de la evangelización.

Juan Francisco Pozo - Rodolfo Valdés


[1] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2567.

[2] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 67.

[3] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[4] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), n. 264.

[5] Ibidem.

[6] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2560. Cfr. San Agustín, De diversis quaestionibus octoginta tribus, 64, 4: CCL 44 A140 (PL 40, 56).

[7] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2710.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2732.

[9] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2725 y ss.

[10] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2729.

[11] San Josemaría, Surco, 460.

[12] San Josemaría, Forja, 743.

[13] Amigos de Dios, n. 222.

[14] Benedicto XVI, Audiencia general, 16 de mayo de 2012.

[15] Forja, n. 73.

[16] San Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millennio ineunte, n. 33.

[17] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), n. 264.

 

 

Carta a los fieles para el memorial de San Junípero Serra

(En esta carta, el Arzobispo Gomez aborda las recientes controversias en torno a los monumentos públicos de San Junípero Serra y pide a los fieles de la Arquidiócesis de Los Ángeles que invoquen “la intercesión del santo por esta nación que él ayudó a fundar”. El Arzobispo pide oraciones, especialmente por  “el fin de los prejuicios raciales y por una nueva concientización de lo que significa que todos los hombres y mujeres han sido creados iguales como hijos de Dios”. El Arzobispo Gomez también ofrece una meditación espiritual original que él compuso casi en su totalidad a partir de palabras tomadas de los sermones y cartas de San Junípero.)

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Las estatuas de San Junípero Serra, Apóstol de California, que se encontraban en la ciudad de San Francisco, y en la plaza que está frente a nuestra primera iglesia, Nuestra Señora Reina de los Ángeles, en el centro de Los Ángeles fueron derribadas recientemente. Tanto en un extremo como en el otro del estado, hay un creciente debate relativo a la eliminación de los monumentos que conmemoran a Serra, de terrenos públicos. Las autoridades de la ciudad de Ventura han anunciado que tendrán una audiencia pública el 7 de julio para discutir si han de retirar la estatua de él que se encuentra frente al Ayuntamiento de Ventura.

Ante la posibilidad de acciones vandálicas, estamos tomando crecientes medidas de seguridad en las misiones históricas ubicadas en la Arquidiócesis de Los Ángeles. Desafortunadamente, es posible que tengamos que reubicar algunas de las estatuas de nuestro amado santo o arriesgarnos a que sean profanadas.

Estos acontecimientos me entristecen. He estado pensando y escribiendo sobre Junípero Serra por muchos años ya.

Entiendo el profundo dolor que manifiestan algunos pueblos nativos de California. Pero también creo que Fray Junípero es un santo para nuestros tiempos, el fundador espiritual de Los Ángeles, un defensor de los derechos humanos y el primer santo hispano de este país. Yo tuve el privilegio de concelebrar con el Papa Francisco en su misa de canonización, en el año 2015. Confío en su intercesión para mi ministerio y su deseo de llevar la tierna misericordia de Dios a cada persona, es una fuente de inspiración para mí.

La explotación de los primeros pueblos de Estados Unidos y la destrucción de sus antiguas civilizaciones, es una tragedia histórica. Los crímenes cometidos en contra de sus antepasados continúan influyendo en la vida y en el futuro de los pueblos nativos actuales. Han pasado generaciones y nuestro país todavía no se ha empeñado lo suficiente para corregir las cosas bien.

En la familia de Dios aquí, en la Arquidiócesis de Los Ángeles, hemos trabajado arduamente para reparar los errores y fallas del pasado y para encontrar juntos el camino a seguir. Honramos las contribuciones que los pueblos nativos hicieron para construir la Iglesia del sur de California y tenemos en gran estima los dones que ellos aportan para la misión de la Iglesia de hoy.

Con el paso de los años, he llegado a comprender el motivo por el que la imagen del Padre Serra y de las misiones, es algo que evoca recuerdos dolorosos para algunas personas. Por ese motivo, creo que las protestas acerca de nuestra historia de California, y también las protestas, más extendidas y relacionadas a los monumentos históricos, que ha empezado a haber en otros lugares del país, son importantes.

La memoria histórica es el alma de cada nación. Lo que recordamos sobre nuestro pasado y la manera en la que lo recordamos es lo que define nuestra identidad nacional: el tipo de personas que queremos ser y los valores y principios de acuerdo a los cuales queremos vivir.

Pero la historia es complicada. Los hechos son importantes, pero hay que hacer distinciones y la verdad es también importante. No podemos aprender las lecciones de la historia o sanar antiguas heridas a menos que comprendamos lo que realmente sucedió, cómo sucedió y por qué sucedió.

Nuestra sociedad puede llegar al consenso de no honrar a Serra o a otras figuras de nuestro pasado. Pero los funcionarios electos no pueden renunciar a sus responsabilidades, dejando estas decisiones en manos de pequeños grupos de manifestantes y permitiéndoles practicar actos vandálicos hacia monumentos públicos. No es ése el modo en que debería de funcionar una gran democracia.

Es importante permitir la libre expresión de la opinión pública, pero también lo es el defender el estado de derecho y garantizar que las decisiones que tomamos como sociedad estén basadas en un diálogo genuino y en la búsqueda de la verdad y del bien común.

En este sentido, la manera en la que la Ciudad de Ventura está manejando el debate sobre su monumento a Serra puede ser el modelo de un diálogo público, reflexivo y respetuoso, que incluya a las autoridades civiles, a los líderes indígenas y a los representantes de la Iglesia y de la comunidad en general.

En otros casos, está claro que quienes atacan el buen nombre de San Junípero y vandalizan sus monumentos, no conocen su verdadero carácter o sus verdaderos antecedentes históricos.

La triste realidad es que ya desde hace varias décadas, los activistas empezaron a “revisar” la historia para hacer de Junípero Serra el centro de atención de todos los abusos cometidos contra los pueblos indígenas de California.

Pero los crímenes y abusos de los que se culpa a nuestro santo, las calumnias que hoy se difunden ampliamente en internet y que algunas veces son apoyadas por figuras públicas, realmente ocurrieron mucho después de su muerte.

Fue el primer gobernador de California quien hizo un llamado a “una guerra de exterminación” contra los indígenas y quien recurrió a la Caballería de Estados Unidos para que le ayudara a llevar a cabo sus planes genocidas. Eso fue en 1851. Junípero Serra murió en 1784.

El verdadero San Junípero luchó contra un sistema colonial en el que los nativos eran mirados como “bárbaros” y “salvajes” y cuyo único valor era estar al servicio de los apetitos del hombre blanco. Para San Junípero, esta ideología colonial era una blasfemia contra el Dios que “creó (a todos los hombres y las mujeres) y que los redimió con la preciosísima sangre de su Hijo”.

Él vivió y trabajó junto con los pueblos nativos y pasó toda su carrera defendiendo la humanidad de ellos y protestando por los crímenes e indignidades cometidos en su contra. Entre las injusticias a las que se enfrentó en su lucha, encontramos en sus cartas, pasajes desgarradores, en los que denuncia el diario abuso sexual de las mujeres indígenas por parte de los soldados coloniales.

Para Serra, los nativos no eran solo víctimas impotentes de la brutalidad colonial. En sus cartas, él describe la “amabilidad y disposición pacífica” de ellos, celebra su creatividad y conocimiento; recuerda sus pequeños actos de amabilidad y generosidad e incluso el dulce sonido de sus voces al cantar.

Aprendió sus lenguas y sus costumbres y culturas antiguas. San Junípero no vino a conquistar; él llegó más bien para ser un hermano de ellos. “Todos hemos venido aquí y hemos permanecido en este lugar con el único propósito de su bienestar y salvación”, escribió en una ocasión. “Y creo que todos se dan cuenta de que los amamos”.

Me gusta pensar que su profunda reverencia por la creación tuvo sus raíces en las conversaciones y observaciones que tuvo con los primeros pueblos de esta tierra.

Serra se convirtió en uno de los primeros ambientalistas de Estados Unidos, al documentar los diversos hábitats de California en los escritos de su diario y en cartas en las que describió las montañas y llanuras, el sol abrasador y los efectos de la sequía, el desbordamiento de arroyos y ríos, los álamos y sauces, las rosas en flor o el rugido de un león que mantuvo a los misioneros despiertos por la noche.

San Junípero también entendió que el alma de los indígenas estadounidenses había sido oscurecida por la amargura y la rabia causadas por maltrato histórico que sufrieron y por las atrocidades cometidas contra ellos.

En 1775, cuando los atacantes de Kumeyaay incendiaron la misión de San Diego, torturando y asesinando a su querido amigo, el padre Luís Jayme, primer mártir de California, Serra no se indignó. Estaba más bien preocupado por las almas de los asesinos e intercedió ante las autoridades para que se apiadaran de ellos.

“Por lo que respecta a los culpables, su ofensa debe ser perdonada después de someterlos a un castigo leve”, dijo. “Al hacerlo así, ellos podrían ver que estamos poniendo en práctica la regla que les enseñamos: la de devolver bien por mal y la de perdonar a nuestros enemigos”.

Este puede ser el primer argumento moral en contra del uso de la pena de muerte en la historia de Estados Unidos. Y Serra estaba argumentando en contra de la imposición de ésta sobre una minoría oprimida.

San Junípero tenía 60 años cuando viajó 2,000 millas desde Carmel hasta la Ciudad de México para protestar por las injusticias del sistema colonial y para exigir que las autoridades adoptaran una “declaración de derechos” que él había escrito para los pueblos nativos.

Eso fue en 1773, tres años antes de que los fundadores de Estados Unidos declararan la independencia de esta nación con aquellas hermosas palabras: “todos los hombres son creados iguales… dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables”.

El Papa Francisco llamó a San Junípero “uno de los padres fundadores de los Estados Unidos”. Y reconoció que el testimonio del santo anticipó ese gran espíritu de igualdad y libertad humanas, bajo el poder de Dios, que ha llegado a definir el proyecto estadounidense.

Sin embargo, en las peticiones en línea actuales nos encontramos con que a Serra se le compara con Adolfo Hitler y a sus misiones, con los campos de concentración. Ningún historiador serio aceptaría esto y no deberíamos permitir que estas difamaciones se transformaran en argumentaciones públicas sobre nuestro gran santo.

A pesar de sus muchos defectos, las misiones de California fueron similares a algunas de las demás comunas y sociedades “comunitarias” que encontramos en la historia temprana de los Estados Unidos.

Las misiones eran comunidades multiculturales de culto y de trabajo, con sus propios gobiernos y con una economía autosuficiente, basada en la agricultura y en las artesanías. Al vivir y trabajar juntos, los nativos y los españoles crearon una nueva cultura mestiza (“mixta”) que tuvo su reflejo en un arte distintivo, en la arquitectura, la música, la poesía y las oraciones que brotaron de las misiones.

Es tristemente cierto que el castigo corporal era en ocasiones usado en las misiones, así como se practicó también en toda la sociedad de fines del siglo XVIII. Es cierto también que, en las misiones, algunos nativos murieron por enfermedades.

Pero la trágica ruina de las poblaciones nativas ocurrió mucho después de que Serra se hubiera ido y de que las misiones se hubieran cerrado o “secularizado”. Los académicos serios concluyen que Serra mismo era un hombre amable y que no hubo abusos físicos ni conversiones forzadas mientras él presidió el sistema de misiones.

San Junípero Serra no impuso el cristianismo; él lo propuso. Para él, el mayor don que podía ofrecer era el llevar a las personas al encuentro con Jesucristo. Vivir en las misiones siempre fue algo voluntario y al final sólo el 10-20 por ciento de la población nativa de California llegó a unirse a él.

Mis queridos hermanos y hermanas, ésta es la verdad sobre San Junípero Serra.

En esta hora de juicio por la que pasa nuestra nación, en un momento en el que nos estamos enfrentando una vez más con el vergonzoso legado del racismo en Estados Unidos, los invito a que se unan a mí para que el 1 de julio conmemoremos la fiesta de San Junípero, viviéndolo como un día de oración, de ayuno y de caridad.

Pidamos la intercesión de San Junípero por esta nación que él ayudó a fundar. Oremos con él por la sanación, por la reconciliación, por un aumento de la empatía y la comprensión entre todos, por el fin de los prejuicios raciales y por una nueva concientización de lo que significa que todos los hombres y mujeres han sido creados iguales y como hijos e hijas de Dios.

Toda verdadera reforma empieza en el corazón humano y San Junípero nos diría que sólo la misericordia, el perdón y la verdadera contrición pueden hacernos avanzar en este momento de nuestra historia.

He pasado estos últimos días orando y reflexionando sobre su vida y sus escritos y he preparado una meditación espiritual, compuesta, casi en su totalidad, por palabras tomadas de los sermones y cartas de San Junípero.

Les ofrezco esta meditación junto con esta carta, para que les sirva para su oración y reflexión conforme vamos trabajando, juntos, para promover la sanación de los recuerdos y el fin del racismo que todavía infecta a los sistemas e instituciones de nuestra nación.

Oren por mí y yo oraré por ustedes. Que Dios les conceda la paz a ustedes y a sus familias. Encomendémonos todos al Corazón Inmaculado de María, nuestra Santísima Madre.

Mons. José H. Gomez
Arzobispo de Los Ángeles

 

Sobre la Misericordia de Dios

Una meditación espiritual de los escritos de San Junípero Serra

Oh Señor, eres completa misericordia, completo amor,

y completa ternura hacia todos los hombres y mujeres,

incluso hacia los pecadores más ingratos.

Tú deseas que todas las personas alcancen el fin

para el cual nos has compasivamente creado.

Tú anhelas que podamos creer

que eres el Camino, la Verdad y la Vida,

y que avancemos por el camino de la salvación que tú deseas para nosotros.

Eres dulce y amable

y nos llamas con la gentileza de tu voz divina,

con los dulces y suaves tonos de un Padre

que se dirige hacia su hijo favorito.

Tú nos ofreces los lazos de oro de tu buena voluntad y de tu amor,

Y nos perdonas, en tu misericordia.

Padre de toda misericordia y de todo consuelo,

derrama la abundancia de tu amor con misericordia.

Por medio de tu misericordia, vence todo tipo de malicia.

Ayúdanos a alejarnos no sólo de nuestras faltas,

Sino también de los malos hábitos y situaciones de nuestra vida que conducen a estas faltas,

para que podamos así amarte a ti solo.

Habla, Señor, que tu siervo escucha con un corazón contrito.

¡Ayúdanos a empezar a darnos cuenta de la verdad desde este mismo instante!

para así ser completamente movidos por el amor hacia Ti,

Ayúdanos a empezar a vivir una vida santa,

con un amor y un celo ardientes por la salvación de nuestros prójimos.

Haz que seamos más dulces, más tranquilos,

más dedicados y más fuertes.

Recuérdanos tu dulce y buena voluntad, oh Señor.

Que nunca seamos severos o duros.

Que podamos ver en todos, a un hijo a quien tú has creado y

redimido por medio de la preciosísima sangre de tu Hijo.

Enséñanos a darnos cuenta de que tú valoras la amabilidad,

De que el amor es la mejor manera de atraer a la gente hacia ti.

Que siempre podamos ayudar a los demás a probar y a ver

la dulzura y la bondad de tu amor.

Que sobrellevemos todas las dificultades

por amor a ti y por la salvación de las almas.

Que en nuestras pruebas podamos darnos cuenta de que somos amados por ti como tus propios hijos.

Para un corazón bien dispuesto, todo es dulce

Concédenos, pues, el amor y la paciencia, y

amóldanos siempre a Tu voluntad, oh Dios.

Nos encomendamos a la

Siempre Inmaculada Reina María

y con el ángel decimos, Dios te salve María.

– Composición de Mons. José H. Gomez,
Arzobispo de Los Ángeles

1 de julio de 2020


Archbishop José H. Gomez

El obispo José H. Gomez es actualmente Arzobispo de Los Ángeles, California, la comunidad católica más grande en USA. Es también Vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos y forma parte de la Comisión Pontificia para América Latina.

En su ministerio, el Arzobispo José Gómez anima a la gente a seguir a Jesucristo con alegría y sencillez de vida, buscando servir a Dios y a sus vecinos en sus actividades diarias ordinarias.

Ha desempeñado un papel decisivo en la promoción del liderazgo de los hispanos y las mujeres en la Iglesia y en la sociedad estadounidense. Es miembro fundador de la Asociación Católica de Líderes Latinos y de ENDOW (Educación sobre la Naturaleza y la Dignidad de las Mujeres).

Durante más de una década, el Arzobispo Gómez ha sido una voz clara sobre cuestiones morales y espirituales en la vida pública y la cultura estadounidense. Ha desempeñado un papel principal en los esfuerzos de la Iglesia Católica para promover la reforma migratoria y es autor, entre otros libros, del titulado: Inmigración y la próxima América: renovando el alma de nuestra nación.

 

 

Amar al mundo apasionadamente implica trabajar y cuidar lo creado

Salvador Bernal 

Papa Francisco en el vídeo de la Semana Laudato Sí.

El pasado 24 de mayo, día de Pentecostés en 2015, se cumplieron cinco años de la promulgación de la encíclica Laudato si’, en el tercero del pontificado de Francisco. No sabía que en Roma estaban preparando un documento –“En camino para el cuidado de la casa común”- con planes de futuro, a partir de una especie de balance de estos cinco años de vigencia, elaborado por un equipo perteneciente a diversos dicasterios vaticanos: la mesa de la Santa Sede sobre la ecología integral, creada también en 2015, con participación de algunas conferencias episcopales y organizaciones católicas, para promover y perfilar los diversos objetivos de la encíclica. Fue presentado hace unos días en Roma, y lo he recordado el 26 de junio en una de las lecturas de la misa de san Josemaría, tomada del libro del Génesis: “el Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara” (ut operaretur et custodiret illum).

Se comprende bien la elección de ese pasaje del Antiguo Testamento, porque el fundador del Opus Dei repitió cientos de veces esa frase como constitutiva de la persona, antes de la caída: el trabajo es una propiedad de la condición humana, no castigo por el pecado; aunque ciertamente éste vino a romper el orden original, con unas consecuencias también negativas para la relación con lo creado, que es preciso recomponer, con la ayuda de la gracia divina, fruto de la Redención operada por Cristo.

Veremos qué pasa en los próximos meses. Pero, sin duda, la expansión del coronavirus ha puesto de relieve la necesidad de mirar con nuevos ojos la relación humana con la creación. Ciertamente, es más necesaria que nunca esa ecología integral, porque la salvaguardia y el desarrollo del planeta es responsabilidad de todos. Sin las exageraciones y radicalismos de la deep ecology.

Si la sociedad actual es muy compleja, no lo son menos las cuestiones relativas al medio ambiente y al clima. Se resisten a estereotipos y soluciones simplistas. Pero importa mucho asentar con firmeza los grandes principios, doctrinales y operativos. El reciente documento vaticano se inscribe en ese contexto: aunque terminó de redactarse antes de la pandemia, la situación actual confirmaría el mensaje principal de la Encíclica: todo está conectado, no hay crisis separadas, sino una única y compleja crisis socio-ambiental que requiere una verdadera conversión ecológica.

Entiendo que no guste a todos esa expresión -conversión ecológica-, por el riesgo semántico de minimizar el sentido de la metanoia radical exigida por el encuentro personal con Cristo. Pero no se puede olvidar el impulso cósmico reflejado en el exaltatus fuero a terra, de Juan 12, 32. Se impone ir al fondo, sin entrar en discusiones lingüísticas, como la de quien critica la invocación Solacium migrantium, por ser ajena al “vocabulario de la Iglesia”, cuando, sin ir más lejos, aparece en varios pasajes de la constitución Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, concretamente el n. 84: a propósito de los lazos de mutua dependencia entre los ciudadanos y los pueblos de la tierra, señala la necesidad de un ordenamiento mundial al servicio del bien común universal.

La ascética cristiana conoce bien el sentido de la conversión diaria: búsqueda del mejoramiento personal, superación de errores y defectos. Sin caer en rigorismos más o menos escrupulosos, muchos sentimos la necesidad de una conversión ecológica, que agudice las exigencias de cada uno en el cuidado de la vida creada en sus múltiples facetas. Como recuerda el documento, se trata de profundizar y alcanzar un auténtico equilibrio personal, social, ambiental. Lógicamente, sin mitificar la naturaleza, lejos de enfoques panteístas y de esquemas hiperprotectores que llevan a remedios intervencionistas peores que la propia enfermedad.

Como es natural, y aunque sea quizá el más pequeño del mundo, el Estado Vaticano se propone también objetivos ecológicos significativos, que el documento refleja en el último capítulo. Así, los nuevos sistemas de iluminación en la Capilla Sixtina, la Plaza de San Pedro y la Basílica Vaticana han supuesto ahorros energéticos del 60 al 80 por ciento.

Las nuevas generaciones habrán de aprender la cultura del cuidado para superar la del despilfarro y el descarte; comprenderán con nuevas luces el sentido de la comunión y fecundidad en la familia; la solidaridad superará el individualismo; la creatividad humana encontrará nuevas energías y nuevos modelos para la economía y el desarrollo.

 

 

El virus del libro

Ángel Cabrero Ugarte 

Libros

Considerando la importancia que tiene para nuestras vidas el hábito de lectura, podríamos considerar que el virus a afectado, de un modo bastante generalizado, al libro. Concretamente al afán de leer. La avalancha de medios telemáticos, con expresiones muy diversas, ha producido una tendencia perniciosa a ver vídeos, ver mensajes, oír conferencias por zoom, y horas y horas de conversaciones telefónicas. Todo ello, en principio, puede ser bueno en sí mismo, aunque se sirve muy cercano a contenidos muy inconvenientes.

Pero el problema no es ya el contenido de lo que recibimos. El problema es que hay muchas personas, sobre todo jóvenes, que se pasan horas -muchas horas, sin exagerar- pendientes de estos medios. La adición al móvil impide otras aficiones y modos de formación importantísimos. Ante todo, aparta del mejor medio para crecimiento espiritual, moral y cultural a nuestra disposición que es la lectura. Todo lo que recibimos por las redes son cositas sueltas, en su mayoría. Mensajes, recordatorios, chistes, fotos y vídeos.

Pero un libro, leer un libro entero, más o menos largo, pasito a pasito, un día 20 minutos, otro día una hora, a veces a ratitos de 10 minutos, supone para el lector un pequeño esfuerzo que resulta tremendamente rentable. Porque la lectura deja un poso a veces imborrable, porque nos ayuda a pensar, porque puede llegar a emocionarnos de un modo que no consiguen otros medios. “Leer es discutir con el texto -dice Basanta-. Polemizar con él. Aseverar, negar. Establecer hipótesis. Inferir ideas. Generar asociaciones. Proyectarnos. En suma, nutrir juiciosamente nuestro libre albedrío. Que libro, lector y lectura se escriben con ele de libertad” (pág 35).

Al leer ejercitamos el cerebro. Es un esfuerzo neuronal: como una gimnasia. Si no nos movemos el cuerpo se queda fofo. Si no leemos el cerebro se queda flácido. En las películas apenas hay ejercicio neuronal. Es básicamente pasividad. En los vídeos que nos llegan al wasap en cantidades, apenas hay más que información, interés por un asunto. Insisto, puede ser todo bueno, e incluso santo… Pero si nos quita de la lectura de un libro, es un daño.

La lectura refuerza mucho la capacidad de concentración. Viene bien, por lo tanto, para cualquier actividad intelectual. Y entendemos la importancia que tiene para los que deben estudiar: niños, jóvenes o mayores. Estudiar de verdad, profundizando en las cosas importantes. La lectura despierta nuestra imaginación. Nos da capacidad para captar lo bello. El libro nos deja un campo importante para la reflexión de cada uno. La película poco.

Leer es siempre un ejercicio activo de creación. Más aún: de recreación. De reanimación. Y esa acción por la que el texto se libera de las ataduras de la pura grafía es realización personalísima. Tanto que no hay dos lectores iguales (como no hay dos lecturas iguales). Es muy significativo como, en las tertulias literarias, donde ocho o diez personas han leído un mismo libro, se descubre, al hablar, que cada uno se ha fijado en aspectos distintos. Especialmente cuando es un libro profundo, una buena novela. Ahí se valora la riqueza de los clásicos.

La lectura nos permite conocernos mejor a nosotros mismos. Porque reflexionamos sobre los temas que aparecen. Tenemos tiempo y opción de deliberación. Por lo tanto, posibilidad de superación. En los libros vemos ejemplos y anti-ejemplos.

Pero ha venido el coronavirus, con toda su marabunta de engendros telemáticos y ha dañado de modo importante los buenos hábitos de no pocos lectores.

Antonio Basanta, Leer contra la nada, Siruela 2019.

 

 

La importancia de los padres en la formación de sus hijos

Raúl Espinoza

Cuando los padres brindan una educación esmerada y un cariño manifestado con obras, se quedan grabados para siempre en las mentes agradecidas de sus hijos.

Acaba de pasar el Día del Padre. Esta fecha me ha hecho recordar que durante 15 años estuve dando clases en una primaria y secundaria llamada Educar, A.C., en el municipio de Ixtapaluca, Estado de México. Me parece que aprendí de los alumnos, profesores y de sus padres mucho más que lo que yo pude haberles enseñado. Por su alegría, testimonios de vida de sacrificio en el trabajo cotidiano y de entrega responsable en sus deberes como padres.

Los papás seguían muy de cerca la formación académica y humana de sus hijos. Y ellos mismos participaban en convivencias especialmente destinadas a proporcionarles cursos para que desempeñaran mejor su labor como padres y esposos.

Tengo muy grabada una frase de uno de ellos quien, al final de una de esas convivencias, me comentó: “¡Muchas gracias por darnos estos cursos tan necesarios! ¡Es que nadie nace sabiendo cómo ser un buen padre!”.

En otra ocasión, les pedí a los alumnos de primero de secundaria que dibujaran cómo era el ambiente de sus casas. Me llamó la atención que, uno de ellos, dibujó únicamente una gran televisión y abajo una frase: “Me gustaría ser un aparato de televisión”.

Como no capté el sentido de su dibujo ni de su mensaje e intuí que algo le ocurría al muchacho, al final de la clase lo llamé aparte y le pregunté por el significado de su dibujo. “Sí, profesor. Es muy sencillo: mi papá está poco tiempo en la casa. Y cuando llega, enseguida prende la televisión y no platica ni conmigo ni con mis hermanos. Le pregunto algo y ni me contesta o como que se molesta. Cuando llega el domingo, invita a sus compadres a ver el futbol. Sólo habla conmigo para pedirme que vaya a la tienda a comprarle cervezas. Por eso es que me gustaría ser televisión: para que me mire, platique y se interese por mí”.

Al poco tiempo, cité a este padre de familia al colegio. Le mostré el dibujo y la relaté la conversación que había tenido con su hijo. Le recordé amablemente algunos de los conceptos explicados en los cursos de capacitación familiar. Y su respuesta fue magnífica porque me dijo que no era consciente de su teleadicción en detrimento de la atención y formación de cada uno de sus hijos e hizo el propósito de corregirse en este punto y algunos otros.

En otra ocasión, se les pidió a los alumnos de sexto año que elaboraran, con cartón y otros materiales, edificios como hospitales, aeropuertos, multifamiliares, etc. Me impresionó que, desde muy temprano, aparecieron las mamás y los papás –acompañando a sus hijos– con ese trabajo escolar ya que se les había dicho que habría un concurso y se entregarían premios para los tres mejores proyectos. Los padres, muy solidarios, estaban tan interesados como los alumnos.

Finalmente, un tema recurrente para conversar con los papás era que se plantearan ambiciosas metas profesionales para con sus hijos. En ese tiempo, principios de los años noventa, la mayoría eran agricultores o ganaderos. Sé que muchas familias hicieron ahorros e importantes sacrificios para enviar a sus hijos a la universidad. Y, a la vuelta de los años, da mucho gusto comprobar que ahora son destacados ingenieros, abogados, administradores de empresas, pedagogos, etc.

Sin duda, el mérito es tanto de los padres como de las madres y, por supuesto, de los alumnos por su empeño y dedicación. Los padres les han brindado una educación esmerada y un cariño manifestado con obras, que se han quedado grabados para siempre en las mentes agradecidas de sus hijos.

 

 

50 años de oración

Escrito por Mario Salvador Arroyo.

San Josemaría Escrivá visitó a la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac, a quien pidió, entre otras coas, por el fin del comunismo y el Opus Dei.

Hace 50 años estuvo en México uno de los santos más representativos del siglo XX, san Josemaría Escrivá. Vino atraído, como tantos otros hombres de Dios, por la Virgen de Guadalupe. En efecto, como dijo Benedicto XIV, un papa del siglo XVIII refiriéndose al “hecho guadalupano”: “no ha hecho cosa igual con otra nación”. No son pocos los santos que han venido a postrarse a los pies de la Virgen.

San Josemaría lo hizo, y a 50 años de distancia podemos tener una cierta perspectiva para valorar los frutos de su oración ante la Virgen. ¿Qué ha sido de las intenciones que bullían en su interior y que de cierta forma le obligaron a dejar Roma y cruzar por primera vez el Atlántico para orar frente a la Tilma de Juan Diego? Sabemos que Dios no es el genio de la lámpara, atento a cumplir nuestros deseos, y que para Él “mil años son como un día y un día como mil años”, pero también que siempre nos escucha, más si le hablamos a través de su Madre, como deja admirable testimonio el primero de sus milagros, según nos narra el evangelio. ¿Qué fue de esa oración? ¿Fue escuchada? ¿Tenemos alguna pista?

San Josemaría realizó una novena de oración en la antigua Basílica de Guadalupe del 16 al 24 de mayo de 1970. Testigo de esa novena fueron cinco personas, de las cuales solo una queda viva. Testigo privilegiado de aquella oración fue don Javier Echevarría, con el tiempo obispo prelado del Opus Dei, su segundo sucesor. A él personalmente le escuché alguna ocasión decir que fue una de las más, si no la más subida oración del santo. Él tuvo la clarividencia de transcribir la oración que san Josemaría iba haciendo en voz alta a la Virgen, intercalada entre los misterios del rosario que rezaban. Gracias a él sabemos algunas de las intenciones por las que San Josemaría pidió expresamente aquellos días.

A grandes rasgos, podrían resumirse en tres sus intenciones principales: la paz del mundo, la Iglesia, y la institución por él fundada, el Opus Dei. Eran años difíciles de la Guerra Fría, donde las potencias mundiales enseñaban los músculos, haciendo amago de usar su poderío nuclear, o exportando la revolución a los confines del planeta. Eran los años de plomo del postconcilio, caracterizados por una dolorosísima pérdida de vocaciones. Cerca de 17 mil sacerdotes colgaron la sotana y 25 mil religiosos abandonaron los hábitos; había una crisis práctica de desobediencia al papa dentro de la Iglesia y un gran desorden moral. Parecían cerrados todos los caminos para alcanzar la estructura jurídica adecuada para el Opus Dei dentro de la Iglesia. Como se ve, no le faltaban temas para pedir humildemente a los pies de la Virgen.

En las transcripciones de su oración consta que pidió por la conversión de Rusia, por el fin del comunismo, por la libertad religiosa en los países del este de Europa. A 50 años de distancia vemos que eso es una realidad, y uno de los presentes en esa novena pudo rezar el rosario en la Plaza Roja de Moscú, ciudad donde ya hay casas del Opus Dei, así como en casi todos los países que estaban del otro lado del “Telón de Acero”. La dolorosa crisis postconciliar de la Iglesia llegó a su fin durante el pontificado de un papa profundamente mariano, peregrino también de la Virgen de Guadalupe, san Juan Pablo II. El Opus Dei alcanzó su configuración jurídica definitiva en 1982, después de la muerte de su fundador. La tensión por la Guerra Fría se disipó con la caída del Muro de Berlín y la “Revolución de Terciopelo”, entre 1989 y 1991. San Josemaría, a partir del cuarto día de su novena, dijo que la Virgen ya lo había escuchado, y comenzó a dar gracias.

¿Falta algo por cumplir? Sí. En el último día de su novena, al calor de los misterios del rosario, va haciendo una petición concreta por cada uno de los continentes. Al tocarle el turno a Asia pide muy especialmente por China y la libertad de practicar la fe en ese país. Aunque a partir de los años 80 del siglo XX –bajo el mandato de Deng Xiaoping– se suavizó un poco el férreo control del estado, últimamente con Xi Jinping se está recrudeciendo la persecución contra los cristianos en ese país. Es una asignatura que tiene todavía pendiente la Virgen. A 50 años todavía quedan temas para rezar, San Josemaría celebra su fiesta el 26 de junio, hagamos eco a la oración de su novena.

 

 

Cuida la alimentación de tus hijos

Silvia del Valle Márquez

Si de todas formas van a comer más veces al día, es importante que esté regulado, es así que podemos establecer cinco momentos al día para tomar alimentos.

 

En casa, hemos tenido que adaptar los horarios y el estilo de comida, pues de forma extraña, todos tienen mucha hambre y no pueden esperar; por lo que asaltan el refrigerados y por los mismo la comida rinde menos.

No sé si a ti te pasa lo mismo, por eso hoy te quiero compartir mis 5Tips para cuidar la alimentación de nuestros hijos.

PRIMERO. Que la comida esté organizada en 5 momentos.

Si de todas formas van a comer más veces al día, es importante que esté regulado, es así que podemos establecer cinco momentos al día para tomar alimentos.

El desayuno, una colación o snack a media mañana, la comida, otra colación o snack y la cena.

Y debemos hacer que nuestros hijos lo tengan claro para evitar que quieran comer todo el día.

Al principio nos costara trabajo, pero es necesario tener orden.

SEGUNDO. Que los horarios sean fijos.

Si establecemos un horario familiar nos será más fácil todo. Es necesario tomar en cuenta los tiempos de cada miembro de la familia para dejar fijos e inamovibles los horarios de los alimentos. Estos pueden ser los ejes que nos den pauta para el resto del horario familiar.

Debemos pensar que los horarios estén bien distribuidos para que no sientan hambre.

TERCERO. Planea las comidas para que compres solo lo necesario.

Y también para que lo acomodes de forma que sepas que tienes todos los ingredientes necesarios para cada platillo.

También es bueno que tengas en cuenta en tu plan las colaciones o snacks para que sean también nutritivos. Estos los puedes dejar más al alcance de tus hijos, por ejemplo, la fruta en un frutero muy a la vista para que se les antoje y se la coman con gusto.

CUARTO. Evita tener en casa comida chatarra.

Este punto es muy importante ya que si no tienen acceso a este tipo de comida es más fácil que no se les antoje.

Podemos tenerles golosinas nutritivas como son las palomitas, los cacahuates salados o naturales, pepino o jícama con limón y chile, o con chamoy; gelatinas de diferentes sabores, etc.

La idea es que la comida que les damos en las colaciones o snacks también pueda ser divertida, variada y atractiva.

Y QUINTO. Busca que la alimentación esté bien balanceada y de acuerdo a la edad.

Comer es una necesidad y tiene ciertos requerimientos que cubrir. No se trata de comer por comer, sino de nutrir a nuestros hijos adecuadamente para puedan crecer y desarrollarse adecuadamente.

Por lo mismo, debemos darles comidas balanceadas que contengan alimentos de los diferentes grupos alimenticios, cuidando los tamaños de las porciones, es decir, cuidando de que no les sirvamos de más, así evitaremos que coman en exceso.

Siempre es mejor que te pidan más si quieren y no que anden dejando comida ya que es un desperdicio y debemos también educar a nuestros hijos para que aprendan a cuidar la naturaleza y ser conscientes de que hay personas que no tienen comida y darían lo que fuera por comerse lo que ellos están dejando.

¿Quién ha dicho que comer sano y nutritivo debe ser aburrido?

 

Tres claves para conversar con Tomás Moro

Escrito por Óscar Ibáñez.

Congruencia, preparación y buen humor son actitudes que los políticos de hoy deben procurar tener para construir procesos de bien común.

Los malos ejemplos e incongruencias de algunos políticos y gobernantes generan un hartazgo sobre los asuntos públicos que orillan a la anarquía, al cinismo, al populismo y a la falta de participación. Por ello cada vez es más necesario que haya políticos y gobernantes que, a través de su congruencia, preparación y buen humor, recuperen la esperanza y el ánimo para construir procesos de bien común.

Hace casi 20 años, san Juan Pablo II constituyó y declaró “Patrono de los Gobernantes y de los Políticos a santo Tomás Moro”, a través de un Motu proprio “por el testimonio, ofrecido hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder, (…) ejemplo imperecedero de coherencia moral”. Y porque “entre los que están llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración para una política que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana”.

¿Cuántos políticos conocen capaces de mantenerse firmes y con buen ánimo frente al poder de un gobernante, al grado de preferir renunciar al más alto cargo de gobierno antes que actuar contra su conciencia, ser capaces de soportar aislamiento, pobreza, cárcel, e incluso las presiones de todos sus amigos, familiares y compañeros, y después ser condenados en juicio con falsos testigos para finalmente ser ejecutados por decapitación?

Recientemente he sido edificado por el testimonio de mujeres en la política que se han sostenido con valor y serenidad frente a presiones, infundios e injurias de sus propios compañeros por defender sus convicciones y mantener posiciones de acuerdo con su conciencia, o que han renunciado a puestos de gobierno por no avalar con su pasividad, la destrucción de instituciones.

El despliegue de capacidades de algunos gobernantes y líderes para minimizar el impacto en la salud y el empleo de los ciudadanos por la contingencia sanitaria, así como el trabajo de muchos servidores públicos que aún a riesgo de su salud mantienen funcionando servicios esenciales para la comunidad, también permiten observar la voluntad de atender a personas que sufren.

El buen humor manifestado en varios escritos como sus “bienaventuranzas” le permitió a santo Tomás ser querido y aceptado por sus contemporáneos, y la erudición, justicia y profesionalismo en sus actuaciones de gobierno le granjearon el respeto del rey, de otras autoridades y del pueblo. Su ejemplo invita a la excelencia en el trabajo y al buen trato de los servidores públicos para con sus conciudadanos.

El entorno político actual que se caracteriza por la posverdad, el dominio de la mentira, la manipulación, las fake news, y lo efímero de los temas, requiere de testigos que puedan conducirse con la verdad, con firmes convicciones y capacidad para atender problemas de raíz.

La postura del político populista privilegia el acceso al poder sin importar la verdad, prefiere las ocurrencias simplistas a las soluciones reales para los complejos problemas de cada país, estado o ciudad. Por eso le estorban las instituciones y las personas preparadas de pensamiento crítico que no se dejan llevar por ideologías, respetos humanos (el ¿qué dirán?) o (in)seguridades políticas y económicas.

La vasta cultura del santo inglés que festejamos esta semana, le permitió abordar los problemas integralmente, desde sus elementos políticos, legales, sociales y económicos, un verdadero humanista renacentista que puso al servicio de su comunidad su formación humana, religiosa y científica, su vida es ejemplo de un político preparado y comprometido en constante superación.

Les propongo tres claves para entablar una conversación con este modelo para los políticos y gobernantes de hoy: Sostener la verdad frente al poder; utilizar la preparación al servicio de la persona; y llevar una vida de oración que incluya la oración del buen humor compuesta por el santo mártir Tomás Moro que el papa Francisco acostumbra rezar.

 

 

Abortos “practicados por uno mismo”

Durante años, los defensores del aborto han estado trabajando para aumentar el acceso a medicamentos e información sobre cómo practicar un aborto tú mismo, donde el procedimiento es ilegal y hay pocos abortistas capacitados. Lo que cambió durante la nueva pandemia de coronavirus es que los gobiernos están impulsando este peligroso procedimiento en países donde existe garantía de profesionales médicos en clínicas y hospitales para las mujeres.

En el Reino Unido, el gobierno revisó su política de salud el mes pasado para permitir a las mujeres comprar píldoras abortivas por correo hasta diez semanas de embarazo. La revisión también elimina la necesidad de que una mujer sea derivada por un médico en el caso de que quiera abortar; de hecho, solo necesita una consulta telefónica con una enfermera o matrona para que le envíen las píldoras. Luego se permite que ella misma se las administre para practicar el aborto en su propia casa o en cualquier otro lugar.

Los defensores del aborto citan el aumento reportado en la violencia doméstica como un argumento para que el aborto sea considerado como “esencial”. Sin embargo, organizaciones pro-vida como la Sociedad para la Protección de los Niños No Nacidos (SPUC) con sede en el Reino Unido ven una desventaja peligrosa para poner a disposición píldoras de aborto por correo en su país. “Mi temor es que muchas mujeres sean presionadas y se vean abocadas a practicar un aborto por su maltratador”, dice Antonia Tully de SPUC. “Sabemos que la violencia doméstica es un gran indicador del aborto”.

El Ministerio de Sanidad de Francia redujo sus restricciones sobre las píldoras abortivas, lo que permitió su uso en el hogar hasta las nueve semanas de embarazo. Una vez más, la justificación del cambio de política fue limitar la necesidad de viajes a centros de salud durante la pandemia y el cierre resultante.

Francia y el Reino Unido se encuentran entre las naciones de Europa occidental que han ofrecido abortos legales bajo demanda durante décadas, y han estado entre los que presionaron más agresivamente por un derecho internacional al aborto. Sobre donde o como puede acabar esto, el respeto a la vida, mejor que las conclusiones las saque el lector.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Rémi Brague, historiador de la filosofía

Brague ha analizado en diversas ocasiones la incongruencia de no reconocer la herencia recibida. Expone brevemente cómo el cristianismo catalizó en su momento el nacimiento de las naciones de Europa. “La fusión de los habitantes romanizados del Imperio con los inmigrantes ‘bárbaros’ se produjo a través de la participación en una sola fe: los recién llegados adoptaron la religión de los conquistados”. Arrancaron así dos movimientos de largo alcance, constitutivos de Europa: la separación entre lo nacional y lo religioso y la apropiación de la herencia clásica; en  consecuencia, “facilitó esa larga serie de Renacimientos que han impreso su sello en la historia cultural europea”.

Suele repetir un argumento muy laical, que potencia la autonomía de lo temporal, abierto al espíritu: el cristianismo no tiene que decir a occidente nada que no sepa desde hace mucho tiempo. “Solo hay una cosa que el cristianismo tiene la posibilidad y el deber de enseñar a los europeos de hoy: ver lo humano incluso donde otros solo ven lo biológico para seleccionar, lo económico para explotar, lo político para manipular”. Estas palabras, escritas hace años, son tremendamente actuales; podrían servir de punto de apoyo para esa reconstrucción de nuevo cuño indispensable en el futuro inmediato.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Más víctimas en los países desarrollados

La gran sorpresa es que, contra toda lógica, la pandemia COVID-19 causa muchas más víctimas en los países desarrollados que en zonas donde lo endémico es el déficit en educación e higiene, el exceso de insalubridad, los hacinamientos. Como si, a juicio de un articulista, la pobreza y la inmundicia crearan su propia inmunidad.

Ojalá sea así, porque el virus avanza velozmente, por desgracia, en Iberoamérica y en varios países africanos. Por otra parte, es también un hecho que, en los países desarrollados sufren más los efectos de la pandemia las minorías étnicas o los habitantes de barriadas más pobres. En la violencia desatada en Estados Unidos a raíz del caso George Floyd, no deja de influir el profundo malestar ante las tremendas diferencias sociales y étnicas reveladas por el virus: las muertes de afroamericanos son casi el triple de las de blancos, latinos y asiáticos; para The Economist, esa vulnerabilidad es una “emergencia nacional”. Algo semejante sucede en Reino Unido, aunque algo mejor: la diferencia es del doble o del 1,8 para los procedentes de Bangladesh y Pakistán.

La complejidad del problema se resiste a simplismos y estereotipos, pero resulta inevitable hablar –alguien pensará que menos de lo debido- de la crisis profunda de la identidad espiritual de occidente. No hace falta entrar en política, para desear que el mundo supere el grave déficit de liderazgo en un momento tan delicado. No se trata sólo de España, ni mucho menos. El problema es grave también en Estados Unidos, en Canadá o en Gran Bretaña; tampoco suben en las encuestas de popularidad bastantes de los líderes europeos.

De ahí el pensamiento recurrente de que sería momento para volver a empezar, para forjar una auténtica reconstrucción, y no económica. Hay que ir más allá –o más atrás- de Keynes o de planes a lo Marshall. Más bien se trataría de atender las llamadas de grandes figuras intelectuales. Me referiré sólo, también por cuestión de espacio, a una reciente entrevista a Rémi Brague, historiador de la filosofía, nacido en 1947, autor de importantes ensayos sobre el futuro de Europa.

José Morales Martín

 

 

La digitalización de la educación

Antes de que comenzara el confinamiento para frenar los efectos nocivos de la crisis sanitaria actual, menos de un 8% de los empleados en todo el país tenían la posibilidad de trabajar telemáticamente. Así lo confirma un estudio elaborado por Randstad bajo título “El futuro del trabajo”, donde también se refleja que la situación laboral provocada por el coronavirus ha dado la vuelta. Actualmente, el 42,8% de las empresas españolas han implantado medidas de teletrabajo para poder continuar con su actividad.

No obstante, el entorno laboral no ha sido el único que ha tenido que mutar, casi de manera obligatoria, al entorno digital. La distancia con nuestros seres queridos, familiares y amigos también ha desencadenado un crecimiento exponencial en el uso de aplicaciones móviles para realizar video llamadas, que han pasado a constituir el principal instrumento para mantener el contacto. Las relaciones sociales se han trasladado a salas virtuales.

Las consultas médicas, el trato de las entidades financieras con sus clientes, servicios de cuidado personal y actividades de restauración, entre otros, han visto que sus maneras de proceder han dado un giro de 180 grados. La distancia social es el factor común entre todos ellos.

Por tanto, podemos decir que la tecnología, los servicios de Internet y las redes de telecomunicación en general han sido un factor imprescindible en el que apoyarnos para mantener lo que ya conocemos como “nueva normalidad”. Ahora bien, ¿qué ha ocurrido en el ámbito educativo?

“Sin lugar a dudas, esta situación de excepción ha exigido una mayor autonomía e implicación por parte de nuestros alumnos, que ahora sí han pasado a ser los protagonistas de su proceso de aprendizaje, adoptando el profesor un rol de guía que promueve y facilita el aprendizaje”, asegura Nuria Camuñas, directora del Departamento de Educación de la Universidad Nebrija. Según indica, “esta situación ha puesto de manifiesto la necesidad de implementar sistemas de evaluación continua y variada, prestando especial atención a sus capacidades diagnósticas y a la retroalimentación con el alumnado”.

Suso do Madrid

 

 

Un nefasto gobierno; China coacciona; y la mentira crónica

 

"EL GOBIERNO SE HA RENDIDO, NO HAY NADIE AL VOLANTE": Casado (PP) exige a Sánchez (PSOE) recortar a la mitad los ministerios pasando de 23 a 13. Para dar gusto a Pablo Iglesias, cuando Podemos entró al Ejecutivo, el líder socialista creo de la nada seis carteras 'vacías', con sus asesores correspondientes: "Es gasto superfluo y nadie les echará en falta" (Periodista Digital, 28-04-2020)

            Y aún son muchos; en esto como en todo, “mientras más gatos más ratones”; las administraciones públicas no funcionan, por cuanto que se llenan de inútiles y parásitos y lo que vengo diciendo desde hace muchos años, es que LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS; DEBEN FORMARSE SÓLO CON LOS TÉCNICOS QUE NECESITAN y que éstos lleguen al cargo, a través de oposiciones SERIAS Y VERACES; los políticos cuantos menos mejor, sólo los imprescindibles y que son pocos. Reitero muy buenos profesionales (que deben ser siempre de los mejores que hay) y que ellos ejecuten y respondan ante los tribunales; todo lo público marcharía mucho mejor. Los políticos no deben tener acceso a la disposición de dinero público, salvo el que cobren por su servicio y previa fijación por las leyes que los fijen.

 

“INCENDIA SU ENTREVISTA EN LA SEXTA EN 'LIARLA PARDO': Esperanza Aguirre restriega por la cara de Cristina Pardo «los 15 millones de euros de subvención» del Gobierno a laSexta TV”. (Periodista Digital, 28-04-2020)

No critico a esta mujer y que fuera destacada política en su momento, simplemente le pregunto y publico… ¿Cuántas subvenciones y malgasto del dinero público se hizo cuando gobernaron los del Partido Popular? Tristemente es, “lo normal y cotidiano en la política española”, que el que gobierna; con el dinero público, suele hacer, “lo que le sale de los cojoness u ovarios; y es por lo que España va siempre de culo, puesto que se malgasta el dinero público, en enormes cantidades, cuando no es robado a cara de perro, o a través de los mil subterfugios, que los políticos practican, para revestirlo de una falsa capa de legalidad, cuando en realidad, son robos manifiestos.

CHINA AMENAZA A AUSTRALIA:

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https://bit.ly/2VXyPJ2

“QUIÉN TEME ALGO DEBE”: Simplemente me atengo a esta sabia sentencia de la sabiduría popular; puesto que esta noticia sólo demuestra, que la catástrofe criminal del “virus chino”; no ha sido nada casual sino provocado; puede ver la noticia completa, pulsando en la dirección que arriba les dejo: “mierda de mundo y de la ambición del mono humano, sea de la raza que sea”. Amén.

EL VIRUS CHINO Y UN DISCURSO DEL GOBIERNO QUE NO DICE NADA: Y pese a lo largo del mismo; puesto que yo lo soporté de principio a fin; y al final me quedé perplejo o anonadado; puesto que lo que puedo resumir, es que fue un discurso DE AMENAZAS MÁS QUE DE SOLUCIONES CONVINCENTES; ya que “el sí pero”, era continuo, o sea que “nos deja libres”, pero bajo la vigilancia de las enormes multas que nos pueden colocar por cualquier desliz, ya que preveer todo lo que dijo este inútil; no creo exista español que esté capacitado para ello, por tanto Y DESESPERADAMENTE… ¿ES QUE LO MEJOR Y MÁS SEGURO ES SEGUIR EN LA CÁRCEL QUE NOS HAN IMPUESTO HASTA QUE A ESTE INÚTIL LE SALGA DE LOS COJONESSS?. De las normas que impone para abrir negocios, es de “rebelión inmediata”; puesto que con las condiciones que impuso, no hay comercio, industria o servicio que las pueda soportar; amén de la supresión de empleos, que seguirá siendo masivo; Y NO OLVIDEMOS QUE EL NOVENTA POR CIENTO DEL EMPLEO NO LO PRODUCEN NI LAS MULTINACIONALES, NI LOS MONOPOLIOS, Y MUCHO MENOS EL ENCHUFE OFICIAL; ¡LO PRODUCE LA PEQUEÑA Y MEDIANA EMPRESA! Cosa que se ratifica en entrevista a un dirigente de los empresarios, mantenida el 29-04-2020 en “Es Radio”, entre las nueve y las diez de su mañana. Por todo ello, no hay en el horizonte español, nada más que ruina y miseria… ¡Y los que nos tienen presos y atados, no dimiten por nada del mundo! Y MUY IMPORTANTE: LA OPOSICIÓN TODA, SE HAN HECHO CÓMPLICES DEL TIRANO, CUANDO LO QUE TENDRÍAN ES QUE UNIRSE PARA ECHARLO CUANTO ANTES. (29-04-2020 En varios foros)

 

LOS GOBIERNOS Y SUS MIEDOS Y CONTROLES: Cualquier gobierno y desde tiempos remotos, lo que trata es de entretener a sus gobernados y que no piensen en la realidad en que viven y menos, en el expolio a que son sometidos; por ello "el pan y circo de la república y luego imperio romano"; y en el hoy, la drogadicción con el mal llamado "deporte" y todas las demás cosas y basuras que nos colocan, los "desinformativos afines al gobierno"; o sea y concretando, lo que dijo y quedó escrito el siglo pasado. "EL MUNDO ESTÁ GOBERNADO POR LA MENTIRA", (FRANÇOIS REVEL) y a lo que yo añado, "el miedo al individuo que piensa y que no quiere ser masificado", es considerado por el gobernante como peligroso y al que hay que eliminar.

 

DICHO POR EL ACTUAL PAPA CATÓLICO: “A la gente la empobrecen para que luego voten a quienes les hundieron en la pobreza” (Afirmación del Papa Francisco en Julio del 2018)

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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