Las Noticias de hoy 29 Junio 2020

Enviado por adminideas el Lun, 29/06/2020 - 13:05

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 29 de junio de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

El Papa en el Ángelus: La gratitud, “característica distintiva del cristiano”

Ángelus: El Papa llama a rezar por Siria, Yemen y Ucrania

San Pedro y San Pablo, apóstoles: F. Fernández Carvajal

San Pedro y San Pablo, apóstoles: San Josemaria

Ejemplos de fe (VII): San Pedro y el camino de la fe: Javier Yániz

Amor a la Iglesia y al Papa

‘Debemos amar al Papa, el Papa es la elección de Dios’: Card. Robert Sarah

‘La renovación en sus fuentes’, de Juan Pablo II: Juan Luis Lorda

Un notable baño de realismo: Paula Hermida

Fundamentados en la fe de los Apóstoles: +Joan-Enric Vives, Arzobispo de Urgell

Mujer, esposa, madre y enfermera: Rebeca García Rodrigo

El hombre contemplativo: Plinio Corrêa de Oliveira

La propia vida, una obra de arte:       José Manuel Belmonte

El aborto en política: Josefa Romo Garlito

La figura del Papa: Domingo Martínez Madrid

La ética de los procedimientos: Domingo Martínez Madrid

Estimular y promover la formación online: Jesús Domingo Martínez

Absuelto: Juan García. 

Estados Unidos y sus revueltas raciales : Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

El Papa en el Ángelus: La gratitud, “característica distintiva del cristiano”

Palabras antes del Ángelus

JUNIO 28, 2020 13:00

(zenit – 28 junio 2020).- A las 12 del mediodía de este domingo, 28 de junio de 2020, el Papa Francisco se ha asomado a la ventana del estudio del Palacio Apostólico vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro y ha subrayado que la gratitud es “característica distintiva del cristiano”

El Santo Padre ha comentado el Evangelio (cf. Mateo 10, 37-42) en el que Jesús pide a sus discípulos que tomen en serio las exigencias del Evangelio “incluso cuando esto requiere sacrificio y esfuerzo”.

Dos demandas

Así, la primera demanda se refiere a situar el amor de Dios por encima del familiar: “Jesús ciertamente no pretende subestimar el amor a los padres y a los hijos, pero sabe que los lazos de parentesco, si se ponen en primer lugar, pueden desviarse del verdadero bien”, dice el Papa.

En segundo lugar, Jesús “El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí” y esto consiste en “seguirlo por el camino que Él mismo ha recorrido, sin buscar atajos. No hay amor verdadero sin una cruz, es decir, sin un precio a pagar por persona”, indica Francisco.

Y añade que “llevada con Jesús, la cruz no da miedo, porque Él siempre está a nuestro lado para apoyarnos en la hora de la prueba más dura, para darnos fuerza y coraje”.

Gratitud contagiosa de Dios

Finalmente Francisco señala que “la plenitud de la vida y la alegría se encuentra al entregarse por el Evangelio y por los hermanos, con apertura, aceptación y benevolencia” y, de este modo, “podemos experimentar la generosidad y la gratitud de Dios”.

Se trata de una gratitud “contagiosa” que “nos ayuda a cada uno de nosotros a mostrar gratitud hacia aquellos que se preocupan por nuestras necesidades” y que constituye un “simple pero genuino signo del Reino de Dios, que es el reino del amor gratuito y generoso”.

A continuación sigue la traducción no oficial de las palabras del Papa al introducir el Ángelus ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

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Palabras del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este domingo, el Evangelio (cf. Mateo 10, 37-42) expresa con fuerza la invitación a vivir plenamente y sin vacilación nuestra fidelidad al Señor. Jesús pide a sus discípulos que tomen en serio las exigencias del Evangelio, incluso cuando esto requiere sacrificio y esfuerzo.

Lo primero que les exige a quienes le siguen es poner el amor a Él por encima del amor familiar. Dice: “El que ama a su padre o a su madre, […] a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí” (v. 37). Jesús ciertamente no pretende subestimar el amor a los padres y a los hijos, pero sabe que los lazos de parentesco, si se ponen en primer lugar, pueden desviar del verdadero bien. Lo vemos: ciertas corrupciones en los gobiernos se dan precisamente porque el amor por la parentela es mayor que el amor por la patria y ponen en los cargos a los parientes. Lo mismo con Jesús: cuando el amor [por los familiares] es mayor que [el amor por] Él, no va bien. Todos podríamos dar muchos ejemplos a este respecto. Sin mencionar las situaciones en las que los lazos familiares se mezclan con elecciones opuestas al Evangelio. Cuando, por el contrario, el amor a los padres y a los hijos está animado y purificado por el amor del Señor, entonces se hace plenamente fecundo y produce frutos de bien en la propia familia y mucho más allá de ella. En este sentido, dice Jesús la frase. Recordemos también cómo reprende Jesús a los doctores de la ley que privan a sus padres de lo necesario con el pretexto de dárselo al altar, de dárselo a la Iglesia (cf. Mc 7,8-13). ¡Los reprende! El verdadero amor a Jesús requiere verdadero amor a los padres, a los hijos, pero si primero buscamos el interés familiar, esto siempre nos lleva por el camino equivocado.

Luego dice Jesús a sus discípulos: “El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí” (v. 38). Se trata de seguirlo por el camino que Él mismo ha recorrido, sin buscar atajos. No hay amor verdadero sin cruz, es decir, sin un precio a pagar en persona. Y lo dicen muchas madres, muchos padres que se sacrifican tanto por sus hijos y soportan verdaderos sacrificios, cruces, porque aman. Y si se lleva con Jesús, la cruz no da miedo, porque Él siempre está a nuestro lado para apoyarnos en la hora de la prueba más dura, para darnos fuerza y coraje. Tampoco es necesario inquietarse por preservar la vida, con una actitud temerosa y egoísta. Jesús amonesta: “El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí —es decir, por amor, por amor a Jesús, por amor al prójimo, por servir a los demás—, la encontrará” (v. 39). Es la paradoja del Evangelio. Pero también tenemos, gracias a Dios, muchos ejemplos. Lo vemos en estos días. ¡Cuánta gente, cuánta gente lleva cruces para ayudar a otros! Se sacrifica para ayudar a quienes lo necesitan en esta pandemia. Pero, siempre con Jesús, se puede hacer. La plenitud de la vida y la alegría se encuentra al entregarse por el Evangelio y por los hermanos, con apertura, aceptación y benevolencia.

De este modo, podemos experimentar la generosidad y la gratitud de Dios. Nos lo recuerda Jesús: “Quien a vosotros acoge, a mí me acoge […]. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños […] no perderá su recompensa” (vv. 40; 42). La generosa gratitud de Dios Padre tiene en cuenta hasta el más pequeño gesto de amor y de servicio prestado a nuestros hermanos. En estos días, un sacerdote me contó que se había conmovido porque un niño de la parroquia se le acercó y le dijo: “Padre, estos son mis ahorros, una cosa pequeña, es para sus pobres, para aquellos que hoy lo necesitan a causa de la pandemia”. ¡Pequeña cosa, pero grande! Es una gratitud contagiosa que nos ayuda a cada uno de nosotros a mostrar gratitud hacia aquellos que se preocupan por nuestras necesidades. Cuando alguien nos ofrece un servicio, no debemos pensar que todo no es debido. No, muchos servicios se realizan de forma gratuita. Pensad en el voluntariado, que es una de las mejores cosas que tiene la sociedad italiana. Los voluntarios… ¡Y cuántos de ellos dejaron sus vidas en esta pandemia! Se hace por amor, simplemente por servicio. La gratitud, el reconocimiento, es en primer lugar una señal de buenos modales, pero también es una característica distintiva del cristiano. Es un simple pero genuino signo del reino de Dios, que es el reino del amor gratuito y generoso.

Que María Santísima, que amó a Jesús más que a su propia vida y lo siguió hasta la cruz, nos ayude a ponernos siempre ante Dios con el corazón abierto, dejando que su Palabra juzgue nuestro comportamiento y nuestras opciones.

 

 

Ángelus: El Papa llama a rezar por Siria, Yemen y Ucrania

Palabras después de la oración mariana

JUNIO 28, 2020 13:41LARISSA I. LÓPEZANGELUS

(zenit – 28 junio 2020).- Tras el rezo del Ángelus, el Papa Francisco ha llamado hoy, 28 de junio de 2020, a rezar por la situación en Siria, Yemen y Ucrania occidental.

Apelando a labor de los dirigentes, Francisco se ha referido a la crisis sociopolítica y económica del pueblo sirio y sus países vecinos, como el Líbano, agravadas por la pandemia; a la crisis humanitaria vivida en Yemen y a los damnificados por las inundaciones en Ucrania occidental.

Igualmente, el Santo Padre ha saludado a los fieles y peregrinos presentes en la plaza de San Pedro, llegados desde Italia y otros países, en especial a una delegación de la República del Congo.

A continuación sigue la traducción no oficial de las palabras del Pontífice tras la oración mariana ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

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Palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas:

El próximo martes, 30 de junio, se celebrará la cuarta Conferencia de la Unión Europea y las Naciones Unidas para «apoyar el futuro de Siria y su región». Oremos por esta importante reunión, para que pueda mejorar la dramática situación del pueblo sirio y de los pueblos vecinos, en particular de Líbano, en el contexto de graves crisis sociopolíticas y económicas que la pandemia ha hecho aún más difíciles. ¡Pensad que hay niños con hambre que no tienen comida! Por favor, que los líderes sean capaces de hacer la paz.

También os invito a rezar por la población de Yemen. También en este caso especialmente por los niños que sufren a causa de la grave crisis humanitaria. Así como por los afectados por las graves inundaciones en el oeste de Ucrania: que puedan experimentar el consuelo del Señor y la ayuda de los hermanos.

Dirijo mi saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos procedentes de Italia y otros países. ¡Veo banderas: polaca, alemana y otras! En particular, saludo a todos los que participaron esta mañana, aquí en Roma, en la misa de rito congoleño, rezando por la República Democrática del Congo. Saludo a la delegación congoleña presente. ¡Qué gente estupenda estos congoleños!

Os deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo! Y nos vemos mañana para la fiesta de san Pedro y san Pablo.

 

 

San Pedro y San Pablo, apóstoles

San Pedro y san Pablo

“En aquel tiempo, llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe y preguntaba a sus discípulos: -¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos contestaron: -Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. Él les preguntó: -Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: -Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: -¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: -Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo” (Mateo 16,13-19).

I. Simón Pedro, como la mayor parte de los primeros seguidores de Jesús, era de Betsaida, ciudad de Galilea, en la ribera del lago de Genesaret. Era pescador, como el resto de su familia. Conoció a Jesús a través de su hermano Andrés, quien poco tiempo antes, quizá el mismo día, había estado con Juan toda una tarde en su compañía. Andrés no guardó para sí el inmenso tesoro que había encontrado, «sino que lleno de alegría corrió a contar a su hermano el bien que había recibido».

Llegó Pedro ante el Maestro. Intuitus eum Iesus..., mirándolo Jesús... El Maestro clavó su mirada en el recién llegado y penetró hasta lo más hondo de su corazón. ¡Cuánto nos hubiera gustado contemplar esa mirada de Cristo, que es capaz de cambiar la vida de una persona! Jesús miró a Pedro de un modo imperioso y entrañable. Más allá de este pescador galileo, Jesús veía toda su Iglesia hasta el fin de los tiempos. El Señor muestra conocerle desde siempre: ¡Tú eres Simón, el hijo de Juan! Y también conoce su porvenir: Tú te llamarás Cefas, que quiere decir Piedra. En estas pocas palabras estaban definidos la vocación y el destino de Pedro, su quehacer en el mundo.

Desde los comienzos, «la situación de Pedro en la Iglesia es la de roca sobre la que está construido un edificio». La Iglesia entera, y nuestra propia fidelidad a la gracia, tiene como piedra angular, como fundamento firme, el amor, la obediencia y la unión con el Romano Pontífice; «en Pedro se robustece la fortaleza de todos», enseña San León Magno. Mirando a Pedro y a la Iglesia en su peregrinar terreno, se le pueden aplicar las palabras del mismo Jesús: cayeron las lluvias y los ríos salieron de madre, y soplaron los vientos y dieron con ímpetu sobre aquella casa, pero no fue destruida porque estaba edificada sobre roca, la roca que, con sus debilidades y defectos, eligió un día el Señor: un pobre pescador de Galilea, y quienes después habían de sucederle.

El encuentro de Pedro con Jesús debió de impresionar hondamente a los testigos presentes, familiarizados con las escenas del Antiguo Testamento. Dios mismo había cambiado el nombre del primer Patriarca: Te llamarás Abrahán, es decir, Padre de una muchedumbre. También cambió el nombre de Jacob por el de Israel, es decir, Fuerte ante Dios. Ahora, el cambio de nombre de Simón no deja de estar revestido de cierta solemnidad, en medio de la sencillez del encuentro. «Yo tengo otros designios sobre ti», viene a decirle Jesús.

Cambiar el nombre equivalía a tomar posesión de una persona, a la vez que le era señalada su misión divina en el mundo. Cefas no era nombre propio, pero el Señor lo impone a Pedro para indicarla función de Vicario suyo, que le será revelada más adelante con plenitud. Nosotros podemos examinar hoy en la oración cómo es nuestro amor con obras al que hace las veces de Cristo en la tierra: si pedimos cada día por él, si difundimos sus enseñanzas, si nos hacemos eco de sus intenciones, si salimos con prontitud en su defensa cuando es atacado o menospreciado. ¡Qué alegría damos a Dios cuando nos ve que amamos, con obras, a su Vicario aquí en la tierra!

II. Este primer encuentro con el Maestro no fue la llamada definitiva. Pero desde aquel instante, Pedro se sintió prendido por la mirada de Jesús y por su Persona toda. No abandona su oficio de pescador, escucha las enseñanzas de Jesús, le acompaña en ocasiones diversas y presencia muchos de sus milagros. Es del todo probable que asistiera al primer milagro de Jesús en Caná, donde conoció a María, la Madre de Jesús, y después bajó con Él a Cafarnaún. Un día, a orillas del lago, después de una pesca excepcional y milagrosa, Jesús le invitó a seguirle definitivamente. Pedro obedeció inmediatamente -su corazón ha sido preparado poco a poco por la gracia- y, dejándolo todo -relictis omnibus-, siguió a Cristo, como el discípulo que está dispuesto a compartir en todo la suerte del Maestro.

Un día, en Cesarea de Filipo, mientras caminaban, Jesús preguntó a los suyos: Vosotros, ¿quién decís que soy Yo? Respondió Simón Pedro y dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. A continuación, Cristo le promete solemnemente el primado sobre toda la Iglesia. ¡Cómo recordaría entonces Pedro las palabras de Jesús unos años antes, el día en que le llevó hasta Él su hermano Andrés: Tú te llamarás Cefas ...! Pedro no cambió tan rápidamente como había cambiado de nombre. No manifestó de la noche a la mañana la firmeza que indicaba su nuevo apelativo. Junto a una fe firme como la piedra, vemos en Pedro un carácter a veces vacilante. Incluso en una ocasión Jesús reprocha al que va a ser el cimiento de su Iglesia que es para él motivo de escándalo. Dios cuenta con el tiempo en la formación de cada uno de sus instrumentos y con la buena voluntad de éstos. Nosotros, si tenemos la buena voluntad de Pedro, si somos dóciles a la gracia, nos iremos convirtiendo en los instrumentos idóneos para servir al Maestro y llevar a cabo la misión que nos ha encomendado. Hasta los acontecimientos que parecen más adversos, nuestros mismos errores y vacilaciones, si recomenzamos una y otra vez, si acudimos a Jesús, si abrimos el corazón en la dirección espiritual, todo nos ayudará a estar más cerca de Jesús, que no se cansa de suavizar nuestra tosquedad. Y quizá, en momentos difíciles, oiremos como Pedro: hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?. Y veremos junto a nosotros a Jesús, que nos tiende la mano.

III. El Maestro tuvo con Pedro particulares manifestaciones de aprecio; no obstante, más tarde, cuando Jesús más le necesitaba en momentos particularmente dramáticos, Pedro renegó de Él, que estaba solo y abandonado. Después de la Resurrección, cuando Pedro y otros discípulos han vuelto a su antiguo oficio de pescadores, Jesús va especialmente en busca de él, y se manifiesta a través de una segunda pesca milagrosa, que recordaría en el alma de Simón aquella otra en la que el Maestro le invitó definitivamente a seguirle y le prometió que sería pescador de hombres. Jesús les espera ahora en la orilla y usa los medios materiales -las brasas, el pez...- que resaltan el realismo de su presencia y continúan dando el tono familiar acostumbrado en la convivencia con sus discípulos. Después de haber comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?...

Después, el Señor anunció a Simón: En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven te ceñías tú mismo e ibas a donde querías; pero cuando envejezcas extenderás tus manos y otro te ceñirá y llevará a donde no quieras. Cuando escribe San Juan su Evangelio esta profecía ya se había cumplido; por eso añade el Evangelista: Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Después, Jesús recordó a Pedro aquellas palabras memorables que un día, años atrás, en la ribera de aquel mismo lago, cambiaron para siempre la vida de Simón: Sígueme.

Una piadosa tradición cuenta que, durante la cruenta persecución de Nerón, Pedro salía, a instancias de la misma comunidad cristiana, para buscar un lugar más seguro. Junto a las puertas de la ciudad se encontró a Jesús cargado con la Cruz, y habiéndole preguntado Pedro: «¿A dónde vas, Señor?» (Quo vadis, Domine?), le contestó el Maestro: «A Roma, a dejarme crucificar de nuevo». Pedro entendió la lección y volvió a la ciudad, donde le esperaba su cruz. Esta leyenda parece ser un eco último de aquella protesta de Pedro contra la cruz la primera vez que Jesús le anunció su Pasión. Pedro murió poco tiempo después. Un historiador antiguo refiere que pidió ser crucificado con la cabeza abajo por creerse indigno de morir, como su Maestro, con la cabeza en alto. Este martirio es recordado por San Clemente, sucesor de Pedro en el gobierno de la Iglesia romana. Al menos desde el siglo III, la Iglesia conmemora en este día, 29 de junio, el martirio de Pedro y de Pablo, el dies natalis, el día en que de nuevo vieron la Faz de su Señor y Maestro.

Pedro, a pesar de sus debilidades, fue fiel a Cristo, hasta dar la vida por Él. Esto es lo que le pedimos nosotros al terminar esta meditación: fidelidad, a pesar de las contrariedades y de todo lo que nos sea adverso por el hecho de ser cristianos. Le pedimos la fortaleza en la fe, fortes in fide, como el mismo Pedro pedía a los primeros cristianos de su generación. «¿Qué podríamos nosotros pedir a Pedro para provecho nuestro, qué podríamos ofrecer en su honor sino esta fe, de donde toma sus orígenes nuestra salud espiritual y nuestra promesa, por él exigida, de ser fuertes en la fe?».

Esta fortaleza es la que pedimos también a Nuestra Madre Santa María para mantener nuestra fe sin ambigüedades, con serena firmeza, cualquiera que sea el ambiente en que hayamos de vivir.

 

 

San Pedro y San Pablo, apóstoles

¡Animo! Tú... puedes. -¿Ves lo que hizo la gracia de Dios con aquel Pedro dormilón, negador y cobarde..., con aquel Pablo perseguidor, odiador y pertinaz? (Camino, 483)

29 de junio

Le dice Pedro: ¡Señor!, ¿Tú lavarme a mí los pies? Respondió Jesús: lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; lo entenderás después. Insiste Pedro: jamás me lavarás Tú los pies a mí. Replicó Jesús: si yo no te lavare, no tendrás parte conmigo. Se rinde Simón Pedro: Señor, no solamente los pies, sino también las manos y la cabeza.

Ante la llamada a un entregamiento total, completo, sin vacilaciones, muchas veces oponemos una falsa modestia, como la de Pedro... ¡Ojalá fuéramos también hombres de corazón, como el Apóstol!: Pedro no permite a nadie amar más que él a Jesús. Ese amor lleva a reaccionar así: ¡aquí estoy!, ¡lávame manos, cabeza, pies!, ¡purifícame del todo!, que yo quiero entregarme a Ti sin reservas. (Surco, 266)

"Carga sobre mí la solicitud por todas las iglesias", escribía San Pablo; y este suspiro del Apóstol recuerda a todos los cristianos –¡también a ti!– la responsabilidad de poner a los pies de la Esposa de Jesucristo, de la Iglesia Santa, lo que somos y lo que podemos, amándola fidelísimamente, aun a costa de la hacienda, de la honra y de la vida. (Forja, 584)

 

 

Ejemplos de fe (VII): San Pedro y el camino de la fe

Continúa la serie de editoriales sobre la virtud de la fe. El apóstol Pedro es un ejemplo de discípulo de Cristo que pide, duda, combate y obtiene la fe.

VIRTUDES24/04/2015

En el capítulo anterior considerábamos cómo la vida de la Santísima Virgen es modelo de fe para todo cristiano, pues su existencia estuvo siempre orientada a Dios y a poner por obra su Voluntad. Además, «guardando todos los recuerdos en su corazón (cfr. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con Ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cfr. Hch 1, 14; 2, 1-4)»[1]. Alentados por el ejemplo y la cercanía de la Virgen, los apóstoles supieron dar un valiente y fructuoso testimonio de fe, propagando el Evangelio por el mundo entero.

Sin embargo, antes de ese momento, los apóstoles tuvieron que recorrer un largo camino y madurar en su fe. Mientras acompañaron al Señor por esta tierra, su generosidad –habían dejado todo por seguir a Jesús– era compatible con una fe débil o, a veces, excesivamente humana, como el Señor mismo les reprochó en ocasiones[2]. Pongamos ahora nuestra mirada en los apóstoles y, especialmente, en san Pedro, cabeza del colegio apostólico, para acompañarle en su camino hacia la madurez de la fe. Será una nueva oportunidad para acoger la invitación perenne «a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo»[3].

El camino de la fe

Leemos en el Evangelio que, después de la multiplicación de los panes, el Señor manda a los apóstoles «que se adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente»[4]. Los apóstoles, entonces, suben a una barca y empiezan a atravesar el mar de Tiberiades, dejando atrás al Señor, que se queda orando. La narración evangélica enfatiza esa separación que se produce entre Jesús y los discípulos: «mientras tanto, la barca ya se había alejado de tierra muchos estadios, sacudida por las olas, porque el viento le era contrario»[5].

No resulta difícil imaginar la confusión de sentimientos que debía reinar en el corazón de los apóstoles. Acababan de presenciar un gran prodigio: dar de comer a más de cinco mil personas con sólo cinco panes y dos peces. Y el milagro se había realizado en sus propias manos, mientras distribuían la poca comida que tenían: había bastado obedecer a Jesús. Pero la alegría y euforia ante aquel evento se había desvanecido. Ahora, pocas horas más tarde, los apóstoles se encuentran sin Jesús y bregando contra una tempestad.

Jesús está, aparentemente, lejos. San Juan Crisóstomo comenta este pasaje señalando que, dejándoles ir por delante solos, Jesús quiere suscitar “en sus discípulos un mayor deseo y un continuo recuerdo de Él mismo"[6]. Hacerles entender que la lejanía física es solo una lejanía aparente, porque Él quiere –¡y puede!– estar siempre cerca de sus discípulos. Y por eso, «en la cuarta vigilia de la noche vino hacia ellos caminando sobre el mar»[7]. ¿Cómo era esto posible? ¿Quién podía caminar sobre el mar sino el que es creador del universo? Aquello de quien antiguamente anunciara el Espíritu Santo por medio del bienaventurado Job: 'Él solo extendió la tierra y camina por las olas de los mares'"[8]. Los de la barca se asustan, y empiezan a gritar «–¡Es un fantasma!»[9]: no esperan la aparición; aún no saben que Él quiere y puede estar junto a ellos, estén donde estén. Jesús entonces les calma: «–Tened confianza, soy yo, no tengáis miedo»[10].

Es en ese momento en el que se manifiesta el carácter de Pedro. Al escuchar esas palabras, pide hacer algo que le es imposible por naturaleza: «–Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas»[11]. La petición contrasta con el pánico que se había desencadenado poco antes en la barca, y muestra el amor y la fe del príncipe de los apóstoles. Quiere ir junto al Señor cuanto antes. Jesús, apoyándose en este deseo, le llama: «–Ven»[12]. Eso es lo que Dios necesita de nosotros: un corazón pronto, deseoso. Aunque sea débil. Como ocurre con todas las cosas maravillosas que Dios hace en los hombres, necesita nuestro poco, como ocurrió con los panes y los peces.

La negación de San Pedro (Caravaggio, 1610)

El apóstol quiere llegar al Señor cuanto antes, sentirse seguro con Él, pero no sabe muy bien lo que pide. Su amor le lleva a lanzarse a las aguas, y empieza a caminar: pero pronto deja que el temor se apodere de su corazón, y empieza a hundirse[13]. ¿A qué se debió el cambio en su actitud? ¿por qué asustarse cuando vio que Jesús cumple su palabra, que está andando sobre el mar? El evangelio nos dice que el miedo surgió «al ver que el viento era muy fuerte»[14], lo suficiente como para dudar de que pudiera mantenerse en pie sobre el mar tormentoso. Pedro teme caer y ahogarse, un temor que puede parecer absurdo visto que, de hecho, está haciendo algo imposible. Es como si Pedro perdiese de vista que el milagro solo es posible porque Jesús le ha llamado, que es Él quien le sostiene y le permite andar sobre las aguas. Necesita otras seguridades, también la de que será capaz de resistir, de que su fuerza natural es suficiente para resistir el viento. Y cuando toma conciencia de que esa confianza es infundada, deja de creer en la palabra de Jesús y comienza a hundirse.

En la vida del cristiano, una parte importante del camino hacia la madurez en la fe está en aprender a fiarse sólo de la palabra de Jesús, sin dejarnos empequeñecer por la conciencia de las propias limitaciones. «¿Has visto? –¡Con Él, has podido! ¿De qué te asombras? –Convéncete: no tienes de qué maravillarte. Confiando en Dios –¡confiando de veras!–, las cosas resultan fáciles. Y, además, se sobrepasa siempre el límite de lo imaginado»[15], porque es Él quien hace las cosas «antes, más y mejor»[16].

Sin embargo, a pesar de sus dudas, Pedro nos da una lección: su fe y su confianza pueden estar empañadas por el temor a las circunstancias, pero hace un último esfuerzo por lanzarse a los brazos de Jesús: «–¡Señor, sálvame!»[17]. Y Jesús responde al instante, le sujeta, le lleva a la barca[18], «hace volver la calma sobre el mar. Y todos quedan llenos de estupor»[19]. Es el estupor que se siente frente a las maravillas de Dios; el alegre estupor que supone experimentar la acción de la gracia y del Espíritu Santo. Por lo tanto, como nos enseña el Papa, ante el pecado, la nostalgia y el miedo, es necesario «mirar al Señor, contemplar al Señor: somos débiles pero debemos ser valientes en nuestra debilidad»[20], porque el Señor siempre nos espera. «Le basta una sonrisa, una palabra, un gesto, un poco de amor para derramar copiosamente su gracia sobre el alma del amigo»[21]. Al experimentar nuestra debilidad dirijámonos al Señor: «extiende tus manos desde lo alto: Sálvame, líbrame de las aguas caudalosas»[22].

Sin desalentarnos

Pedro ha recibido una lección. Ha dudado, y al mismo tiempo ha descubierto que su amor y su fe no son tan fuertes como pensaba. Sólo con estas lecciones, el apóstol podrá conocerse mejor y darse cuenta de que su amor es imperfecto, de que aún piensa demasiado en sí mismo: «Los primeros Apóstoles, cuando el Señor los llamó, estaban junto a la barca vieja y junto a las redes rotas, remendándolas. El Señor les dijo que le siguieran; y ellos, «statim» –inmediatamente, «relictis omnibus» –abandonando todas las cosas, ¡todo!, le siguieron... Y sucede algunas veces que nosotros –que deseamos imitarles– no acabamos de abandonar todo, y nos queda un apego en el corazón, un error en nuestra vida, que no queremos cortar, para ofrecérselo al Señor»[23].

«¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»[24]. A pesar de las patentes limitaciones de los hombres, Cristo estimula, con su presencia, con sus palabras y con sus obras, el amor y la fe de aquellos a los que luego enviaría por todo el mundo. En Cesárea de Filipo, Pedro confiesa claramente que Jesús es el Mesías prometido y que es el Hijo de Dios: «tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo»[25]. Pero conviene considerar que, «cuando confesó su fe en Jesús, no lo hizo por sus capacidades humanas, sino porque había sido conquistado por la gracia que Jesús irradiaba, por el amor que sentía en sus palabras y veía en sus gestos: ¡Jesús era el amor de Dios en persona!»[26].

Sin embargo, la confesión de Pedro no significa que su fe fuera ya perfecta. De hecho, poco después, vemos a Pedro queriendo alejar a Jesús de la Pasión[27], y ganándose por esto la recriminación del Maestro. La vida de fe siempre puede crecer. Pedro seguirá luchando contra el miedo, contra una visión excesivamente humana de su misión, contra cierto desconocimiento del valor de la cruz y el sufrimiento. Hasta preguntará sobre una posible recompensa para quienes, como él, lo dejaron todo por seguir al Señor[28], se asustará en el Tabor e, incluso, renegará del Señor[29].En todos esos casos el Príncipe de los Apóstoles sabrá volver a Jesús. Aceptará sus reproches, buscará su mirada, confiará en su misericordia. La fe es un camino de humildad, que implica «confiarse a un amor misericordioso, que siempre acoge y perdona, que sostiene y orienta la existencia, que se manifiesta poderoso en su capacidad de enderezar lo torcido de nuestra historia»[30]. La fe es conocimiento verdadero, luz, que también nos hace conscientes de la propia pequeñez, y destruye las falsas concepciones y los autoengaños. La fe nos hace humildes y sencillos: prepara esa materia prima que Dios necesita para hacernos santos, para que le ayudemos a transformar el mundo. Y así, «Pedro tiene que aprender que es débil y necesita perdón. Cuando finalmente se le cae la máscara y entiende la verdad de su corazón débil de pecador creyente, estalla en un llanto de arrepentimiento liberador. Tras este llanto ya está preparado para su misión»[31].

Comprobar nuestra personal debilidad y darnos cuenta que nuestra fe no es tan fuerte como quisiéramos no debe preocuparnos. El Señor quiere todo nuestro corazón, y no le importa que sea débil. Dios se conforma con que le demos todo lo que le podemos dar. De algún modo, podríamos pensar que es precisamente esta la última lección que Jesús enseña a san Pedro. Tras la resurrección, el Señor sale al encuentro de los apóstoles junto al mar de Tiberiades. Y allí pregunta a Pedro por tres veces: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»[32]. Las preguntas recordarían al apóstol su triple negación, y se entristecería ante la insistencia de Jesús, como si no se fiara ya de él. Pero al final entiende: a Jesús le basta el amor que Pedro es capaz de darle. Un amor quizá imperfecto –aunque debió de ser mucho más de lo que podemos imaginar, por la grandeza de corazón y de mente del pescador de Galilea–, pero Dios se adapta, por decirlo de algún modo, a la capacidad que cada uno tiene de amar, y eso es lo que nos hace capaces de seguir a Cristo hasta el final.

«Desde aquel día, Pedro "siguió" al Maestro con la conciencia clara de su propia fragilidad; pero esta conciencia no lo desalentó, pues sabía que podía contar con la presencia del Resucitado a su lado. Del ingenuo entusiasmo de la adhesión inicial, pasando por la experiencia dolorosa de la negación y el llanto de la conversión, Pedro llegó a fiarse de ese Jesús que se adaptó a su pobre capacidad de amor. Y así también a nosotros nos muestra el camino, a pesar de toda nuestra debilidad. Sabemos que Jesús se adapta a nuestra debilidad. Nosotros lo seguimos con nuestra pobre capacidad de amor y sabemos que Él es bueno y nos acepta. Pedro tuvo que recorrer un largo camino hasta convertirse en testigo fiable, en "piedra" de la Iglesia, por estar constantemente abierto a la acción del Espíritu de Jesús»[33]. Acudamos cada día a San Pedro, con más fe y admiración, para que interceda por nosotros: Sancte Petre, ora pro nobis!

Javier Yániz


[1] Benedicto XVI, Motu proprio Porta fidei, 11-X-2011, n. 13.

[2] Cfr. Mt 6, 30; 8, 26; 16, 8; 17, 20; Lc 12, 28.

[3] Benedicto XVI, Motu proprio Porta fidei, 11-X-2011, n. 6.

[4] Mt 14, 22-23.

[5] Mt 14, 24.

[6] San Juan Crisóstomo, In Matthaeum homiliae, 50, 1.

[7] Mt 14, 25.

[8] Cromacio de Aquileya, In Matthaei Evangelium tractatus, 52, 2.

[9] Mt 14, 26.

[10] Mt 24, 27.

[11] Mt 14, 28.

[12] Mt 14, 29.

[13] Cfr. Mt 14, 30.

[14] Mt 14, 30.

[15] San Josemaría, Surco, n. 123.

[16] San Josemaría, Surco, n. 462.

[17] Mt 14, 30.

[18] Cfr. Mt 14, 31-32.

[19] Francisco, Homilía, 2-VII-2013.

[20] Francisco, Homilía, 2-VII-2013.

[21] San Josemaría, Vía Crucis, V estación.

[22] Sal 144 [143], 7.

[23] San Josemaría, Forja, n. 356.

[24] Mt 8, 27.

[25] Mt 16, 16.

[26] Francisco, Ángelus, 29-VI-2013.

[27] Cfr. Mt 16, 22.

[28] Cfr. Mt 19, 27.

[29] Cfr. Mt 26, 33-35.

[30] Francisco, Carta enc. Lumen fidei, 29-VI-2013, n. 13.

[31] Benedicto XVI, Audiencia general, 24-V-2006.

[32] Jn 21, 15.

[33] Benedicto XVI, Audiencia general, 24-V-2006.

 

 

Amor a la Iglesia y al Papa

"Cada día has de crecer en lealtad a la Iglesia, al Papa, a la Santa Sede... Con un amor siempre más ¡teológico!" ("Surco", 353).

Para mí, después de la Trinidad Santísima y de nuestra Madre la Virgen, en la Jerarquía del amor, viene el Papa. No puedo olvidar que fue S.S. Pío XII quien aprobó el Opus Dei, cuando este camino de espiritualidad parecía a más de uno una herejía como tampoco se me olvida que las primeras palabras de cariño y afecto que recibí en Roma, en 1946, me las dijo el entonces Mons. Montini. Tengo también muy grabado el encanto afable y paterno de Juan XXIII, todas las veces que tuve ocasión de visitarle. Una vez le dije: "en nuestra Obra siempre han encontrado todos los hombres, católicos o no, un lugar amable: no he aprendido el ecumenismo de Su Santidad..." Y el Santo Padre Juan se reía, emocionado. ¿Qué quiere que le diga? Siempre los Romanos Pontífices, todos, han tenido con el Opus Dei comprensión y cariño.

Conversaciones, 46

Nuestra Santa Madre la Iglesia, en magnífica extensión de amor, va esparciendo la semilla del Evangelio por todo el mundo. Desde Roma a la periferia. Al colaborar tú en esa expansión, por el orbe entero, lleva la periferia al Papa, para que la tierra toda sea un solo rebaño y un solo Pastor: ¡un solo apostolado!

Forja, 638

Ofrece la oración, la expiación y la acción por esta finalidad: «ut sint unum!» –para que todos los cristianos tengamos una misma voluntad, un mismo corazón, un mismo espíritu: para que «omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!» –que todos, bien unidos al Papa, vayamos a Jesús, por María.

Forja, 647

María edifica continuamente la Iglesia, la aúna, la mantiene compacta. Es difícil tener una auténtica devoción a la Virgen, y no sentirse más vinculados a los demás miembros del Cuerpo Místico, más unidos también a su cabeza visible, el Papa. Por eso me gusta repetir: omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!, ¡todos, con Pedro, a Jesús por María! Y, al reconocernos parte de la Iglesia e invitados a sentirnos hermanos en la fe, descubrimos con mayor hondura la fraternidad que nos une a la humanidad entera: porque la Iglesia ha sido enviada por Cristo a todas las gentes y a todos los pueblos.

Es Cristo que pasa, 139

Esta Iglesia Católica es romana. Yo saboreo esta palabra: ¡romana! Me siento romano, porque romano quiere decir universal, católico; porque me lleva a querer tiernamente al Papa, il dolce Cristo in terra como gustaba repetir Santa Catalina de Siena.

Amar a la Iglesia, 28

Contribuimos a hacer más evidente esa apostolicidad, a los ojos de todos, manifestando con exquisita fidelidad la unión con el Papa, que es unión con Pedro. El amor al Romano Pontífice ha de ser en nosotros un hermosa pasión, porque en él vemos a Cristo. Si tratamos al Señor en la oración, caminaremos con la mirada despejada que nos permita distinguir, también en los acontecimientos que a veces no entendemos o que nos producen llanto o dolor, la acción del Espíritu Santo.

 

 

Debemos amar al Papa, el Papa es la elección de Dios’: Card. Robert Sarah

Debemos amar al Papa como amamos a nuestro padre, el Papa no es perfecto, miren al primer Papa, Pedro negó a Jesús – “no lo conozco” – por miedo, no por voluntad suya sino por miedo. Naturalmente los periodistas toman unas cosas que quieren escuchar y deforman sus palabras, oponiendo al Papa Francisco con los papas anteriores.

Debemos estar juntos con nuestro padre, como debemos estar juntos con nuestro Santo Padre. El Obispo no es perfecto, como el párroco no es perfecto, pero los feligreses deben estar en torno al párroco, los sacerdotes y los feligreses deben estar en torno al Obispo, así es la Iglesia.

Hoy, es urgente proclamar la Palabra de Jesucristo, sin miedo, sin intereses comprometidos. Con ambigüedad, es mejor callarse si no tienen nada que decir, ¡pero si deben hablar, debe ser claro! Sin ambigüedad. Porque la claridad es caridad, la claridad es amor.

Serán destruidos, pero deben decir la verdad.

No se trata de vivir a Cristo de un modo falso, sino radicalmente.

 

‘Debemos amar al Papa, el Papa es la elección de Dios’

 

Por Card. Robert Sarah. Dominus Est. 19 de octubre de 2019.

 

Pregunta un sacerdote al Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos:

Unos de los temas que vemos en general es ¿cómo se utiliza la figura del Papado? Exaltación a veces de la persona concreta del Papa, se exalta a Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco, y se ve muchas veces que en este momento se contradice un papa contra otro. En su libro, una de las cosas más hermosas que nos enseña es que el Papa, lo queremos porque es el Papa, independientemente de que sea éste o aquel. ¿Qué consejos nos daría usted para, querer al Papa en primer lugar – en este momento Francisco – y para transmitir al pueblo fiel ese amor al Papa? Porque, incluso dentro de los mismos sacerdotes, ahora vemos que hay sacerdotes que utilizan al Papa Francisco para ponerlo contra el Papa Juan Pablo II o contra el Papa Benedicto, o al revés.

¿Cómo podemos amar al Papa, como usted lo ha amado siempre, independientemente de los papas que han estado, y poder luego transmitirlo al pueblo fiel?

 

CARD. ROBERT SARAH:

El Papa es un don de Dios, primero, Jesús ha dicho: “Pedro, tú eres Pedro, sobre ti edifico mi Iglesia”; el Papa es una elección de Jesús. Luego vinieron otros papas, una elección siempre de Dios, a través de los cardenales, por lo tanto, el Papa es la elección de Dios.

Debemos amar al Papa como amamos a nuestro padre, el Papa no es perfecto, miren al primer Papa, Pedro negó a Jesús – “no lo conozco” – por miedo, no por voluntad suya sino por miedo. Hoy también tenemos miedo, por conservar la propia vida, para no morir; pero [Pedro] se arrepintió y Cristo lo confirmó.

 

– “Pedro me amas”

-¿Amar? Sí, te amo.

-Entonces apacienta a mis ovejas

 

Tres veces lo dijo. El arrepentimiento de Pedro es un ejemplo, [los sacerdotes] podemos ser Papa si amamos a Jesús. “¿Me amas?”, el Papa ama a Jesús. He visto como amaba Juan Pablo II a Jesús, de rodillas; como amaba Benedicto XVI, con un profundo amor, sus escritos no son sólo su intelecto, sino el corazón que habla, la experiencia que habla, el amor que habla. El Papa Francisco ora – bien –, ama, naturalmente los periodistas toman unas cosas que quieren escuchar y deforman sus palabras, oponiendo al Papa Francisco con el Papa Juan Pablo II, con el Papa Benedicto XVI pero, como Papas no pueden contradecirse, deben custodiar el depósito de la fe, pero, nosotros no debemos escuchar tanto a los periodistas, sino tomar a nuestro Papa como es; son diferentes, el Papa Francisco no es el Papa Benedicto, el Papa Benedicto no es el Papa Juan Pablo II, y no es el Papa Pablo VI.

¡El Papa Pablo VI sufrió! ¡Sufrió!, criticado, ¡destruido! Escribió su encíclica Humanae Vitae en el 1968, diez años después ya no se atrevió a escribir otra encíclica, destruido. También hemos destruido a Benedicto, que porque es alemán, porque es tradicionalista, por esto y por lo otro, pero, es un tesoro de la Iglesia.

También el Papa Francisco, es decir, debemos amar a nuestro padre, explicar, lo que ha querido decir porque él no es italiano, puede equivocarse al hablar; también el Papa Juan Pablo II dijo: “ustedes me corregirán cuando me equivoque en italiano”, siempre dijo así, yo también me equivoco muchas veces, por lo tanto, debemos amar al Santo Padre, porque si no amamos a nuestro padre ya no hay más familia, si los hijos no aman a papá y mamá, ya no hay más familia, y esto lo aprovecha el diablo para dividir a la Iglesia.

Hoy estamos contrapuestos, un cardenal dice esto, otro cardenal dice otra cosa, un obispo dice esto otro. Debemos estar unidos. Como lo he dicho, ustedes [sacerdotes] en torno a su obispo, y los parroquianos en torno a ustedes [sacerdotes], ustedes [sacerdotes] no deben tener miedo de proclamar la doctrina, el evangelio, ¡no vuestras ideas!

Serán destruidos, pero deben decir la verdad; la verdad es una, Jesucristo; el camino es uno, Jesucristo, la vida es una, Jesucristo. Esta es nuestra misión, decir “el camino es uno”, decir “la verdad es una”, decir “la vida es una”.

“La gente no nos escucha”, está bien, también Jesús dijo “me han perseguido, ustedes también serán perseguidos. Han escuchado mi palabra, entonces también sus palabras serán escuchadas”. Hoy, es urgente proclamar la Palabra de Jesucristo, sin miedo, sin intereses comprometidos. Con ambigüedad, es mejor callarse si no tienen nada que decir, ¡pero si deben hablar, debe ser claro! Mi elección en [mi libro] “Dios o nada” es ser claro. Sin ambigüedad. Porque es caridad la claridad; la claridad es caridad, la claridad es amor. Por consiguiente, busquen amar […] San Pablo dice a los Efesios en su capítulo 3: Compartir la Pasión de Cristo, conformarse a la Pasión de Cristo, y tener los mismos estigmas con Cristo, no se trata de vivir a Cristo de un modo falso, sino radicalmente, como San Francisco.

En otra parte, en el mismo encuentro del Cardenal Robert Sarah con sacerdotes de la Diócesis de san Sebastián, dijo:

El sacerdote no es lo que hace, sino lo que es, para ayudar a la gente a caminar hacia Cristo porque nuestro propósito es conformarse a Cristo, ser como Cristo, ipse Christus, nosotros sacerdotes somos alter Christus, pero más aún, somos ipse Christus, la misma Palabra de Jesús dice “este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre”, lo decimos, somos ipse Christus, damos la absolución en nombre de Cristo, una cosa inmensa, grande, el ser sacerdote

Hoy especialmente debemos tratar la vida interior porque sabemos que el mundo ya no tiene necesidad de Dios. Ya Juan Pablo II decía que, el mundo moderno, sobre todo el mundo occidental, vive como si Dios no existiera, también los cristianos son cristianos apóstatas. Así que, para que la gente vuelva hacia Dios, se necesitan santos sacerdotes. La Iglesia es como un automóvil, hermoso, pero si el automóvil no tiene motor, no avanza; si el automóvil no tiene combustible, no avanza. Y el combustible, el motor, somos nosotros, que hacemos avanzar el automóvil que es la Iglesia, el pueblo de Dios.

Doy gracias a Dios por haberme hecho cristiano, sacerdote, y he sido muy afortunado de haber vivido 5 años con el Papa Juan Pablo II, lo he visto orar, recé con él. Me tocó también cuando estaba destruido físicamente pero nunca estaba sentado ante el Santísimo, siempre de rodillas, por amor. Hacía falta levantarlo, y ponerlo de rodillas, él solo ya no podía, pero siempre de rodillas ante el Santísimo, y oraba largamente, y cuando oraba parecía que no existiese nada alrededor de él, estaba verdaderamente en una relación con lo invisible, con Dios. Por lo que fui muy afortunado de ver esta manera de orar.

Y estuve cinco años con Benedicto, un hombre de una humildad, de una profundidad teológica, de una santidad que también me ha impactado mucho, y hoy, no sé si tenemos los ojos abiertos para ver los que nos está enseñando. Él renunció como papa, era muy difícil entender esto, pero hoy lo que está escribiendo, la primacía de Dios en la vida del hombre; el primado de Dios y la oración en la vida del hombre, él ha elegido pasar los últimos años de su vida con Dios, cara a cara, en la oración, para enseñarnos a todos nosotros sacerdotes, a todos nosotros obispos, que debemos dar el primer lugar a Dios, el primer lugar a nuestro oficio de oración. Es un signo de los tiempos.

 

El diablo está dividiendo a la Iglesia, cerca de los débiles, miren a los obispos, uno habla así, otro habla de otra manera, cada uno tiene su idea y la Iglesia solo se destruye. Pero no estamos aquí para decir nuestra opinión; somos enviados. ¿Quién nos ha enviado? Dios, su Palabra, debemos predicar su Palabra, no nuestras opiniones. Nadie tiene el derecho de decir “yo quiero la Iglesia así”, o de esta otra manera, ¡no! La Iglesia es de Dios, lo que enseñamos no es nuestro, nosotros enseñamos lo que Dios nos ha enviado a enseñar. Por lo tanto, permanezcamos juntos, ustedes [sacerdotes] en torno a vuestro obispo. Criticar a su Obispo y decir su nombre durante la Eucaristía, ¡es una mentira!

Termino con una anécdota graciosa. Iban dos sacerdotes que criticaban a su obispo, mientras caminaban pasaron frente a un mendigo, y este estaba ciego, entonces, los sacerdotes al pasar frente a él, el mendigo grita: “¡Padre, padre!, ¡denme una limosna!”. Le han dado 5 euros y se fueron, y enseguida se dicen “¿pero cómo?, no es cierto, no está ciego, ¿cómo ha reconocido que somos sacerdotes? Retomemos el dinero”. Y volvieron con el mendigo, “¿Cómo es que usted ha reconocido que somos sacerdotes?”, y él les responde: “es que yo escuchaba que se criticaba al Obispo, entonces me dije, ¡estos son sacerdotes!”.

Debemos estar juntos con nuestro padre, como debemos estar juntos con nuestro Santo Padre. El Obispo no es perfecto, como el párroco no es perfecto, pero los feligreses deben estar en torno al párroco, los sacerdotes y los feligreses deben estar en torno al Obispo, así es la Iglesia.

Gracias

 

Cardenal Robert Sarah

Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos 

 

 

‘La renovación en sus fuentes’, de Juan Pablo II

‘La renovación en sus fuentes’(1972) es un libro de san Juan Pablo II, escrito cuando era arzobispo de Cracovia. Y refleja su lectura de los textos del Concilio y su mente sobre cómo se debe aplicar

Si Karol Wojtyła no hubiera llegado a ser Papa, este libro sería completamente desconocido. Podría decirse que pertenece a un género menor. No es un ensayo ni un conjunto de meditaciones. Es un esbozo o guía para los grupos de trabajo de un Sínodo diocesano para aplicar el Concilio Vaticano II en Cracovia. Pero no son unos sencillos esquemas, sino un texto largo, lleno de citas del Concilio y ocasionalmente, largos comentarios nada fáciles. 

Puede parecer que todo esto le quita interés. Y se podrían decir más cosas “negativas”. Por ejemplo, es probable que no lo haya escrito entero el propio Karol Wojtyła, sino con sus colaboradores, que prepararon el Sínodo. El arzobispo estaba demasiado atareado para hacer un escrito tan prolijo y largo (aunque sabía mucho del Concilio y se lo había trabajado). 

El contexto del libro

Era el año 1971. Ya habían transcurrido seis años desde la clausura del Concilio Vaticano II, habían aparecido muchas interpretaciones y no todos los esfuerzos por aplicarlo habían sido fructuosos. La Iglesia en Polonia no quería sufrir ni el desgaste que observaba en las Iglesias del Occidente europeo, ni la asfixia de otras Iglesias hermanas del Este, por las trapacerías de los gobiernos comunistas. Era vital mantenerse vivos y crecer como Iglesia desde las raíces y, en definitiva, desde la fe. El cardenal primado, Stefan Wyszynski, había lanzado un novenario de años, desde 1957 hasta 1966, para la preparación del milenario de la Iglesia en Polonia, apoyándose principalmente en la piedad tradicional. Y había fortalecido mucho la práctica cristiana, a pesar de la insidiosa oposición comunista.  

El arzobispo Wojtyła pensó en otro proceso: ahora era oportuno renovar la fe asumiendo el contenido del Concilio. La diócesis se preparaba para celebrar el noveno centenario del santo nacional, san Estanislao. Había sido obispo de Cracovia desde 1072 hasta 1079. Wojtyła decidió que se celebraría un Sínodo pastoral para estudiar el Concilio desde 1972 hasta 1979 (¡siete años de sínodo!). Participaron miles de personas en cientos de grupos, y lo concluiría el propio Karol Wojtyła el 8 de junio de 1979, siendo ya Juan Pablo II. Con toda seguridad, no se hizo una meditación tan intensa sobre la aplicación del Concilio Vaticano II en ninguna otra parte de la Iglesia católica. Hay que subrayarlo.

Según el testimonio de sus colaboradores (que menciona Weigel en su biografía), la idea había madurado durante años. Le decían que no se podía hacer, porque no había cauce jurídico para un sínodo diocesano. Pero él argüía que sería un sínodo “pastoral” y no jurídico; no para decidir medidas canónicas, sino para tomar conciencia y renovar la vida cristiana.

Tenía una idea muy clara de los textos conciliares, porque había participado intensamente en su elaboración. Además, había dado bastantes conferencias y escrito crónicas y artículos durante el Concilio. Tenía mucho material preparado, notas e ideas. Quizá no redactó todas las largas series de textos y comentarios que el libro contiene. Pero es evidente que son suyos el enfoque general, las introducciones y conclusiones, y muchas “mentes” o desarrollos que tienen un estilo inconfundiblemente suyo. Lo vamos a ver. 

El interés del libro 

Por eso, ese texto que, en una primera mirada, puede parecer secundario, en realidad es muy significativo. Hay una providencial relación entre la responsabilidad del obispo que siente el deber de asumir a fondo la doctrina conciliar para la renovación de su Iglesia en Cracovia, y el Papa que va a dirigir la Iglesia después de Pablo VI. Un Papa que, desde el principio, resultó inclasificable y superó las disputas posconciliares entre progresismo y tradicionalismo, porque tenía una idea clara del valor del Concilio y de su inserción en la tradición de la Iglesia. Y todo esto le salía natural, porque lo había vivido: había sido un activo participante del Concilio y un convencido “aplicador” en su diócesis, si vale el término, con un claro discernimiento. 

Y que él estuviera tan firmemente centrado en estos fundamentos ayudó a centrar toda la Iglesia cuando fue elegido Papa: la mayoría quedó pacífica y alegremente centrada, y los extremos se convirtieron en marginales. Una gracia de Dios. Todo podría haber sido de otra manera más dolorosa. En realidad, antes de que él llegara, era muy difícil prever cómo acabaría el posconcilio; lo mismo que era muy difícil prever cómo acabaría el comunismo en los países del Este de Europa.

La conciencia de un obispo

En primer lugar, el libro manifiesta el compromiso personal del propio obispo Wojtyła respecto al Concilio, como manifestación del Espíritu Santo. Lo refleja repetidamente en el prólogo, en la conclusión y en otros lugares: “Los obispos […] están especialmente obligados a ser conscientes de la deuda contraída ‘con la palabra del Espíritu Santo’ puesto que estaban allí para traducir al lenguaje humano la palabra de Dios” (La renovación en sus fuentes, BAC, Madrid 1982, p.4). “El obispo, testigo auténtico del Concilio, es aquel que conoce su ‘misterio’, razón por la cual carga principalmente con la responsabilidad de introducir e iniciar en la realidad del propio Concilio” (p. 5). “Al emprender este trabajo, el autor ha querido de algún modo corresponder a su deuda con el Concilio Vaticano II. Ahora bien, pagar una deuda al Concilio quiere decir ponerlo en práctica” (p. 335). Es un asunto de fe, y no de práctica o de política eclesiástica. 

El método

Por eso hay que vivirlo como una invitación a “enriquecer la fe”, con una mayor conciencia. Idea que traspasa el libro y que está en la base del “método” del Sínodo: enriquecer la fe es asumirla plenamente como respuesta a Dios.

Al mismo tiempo, esa fe plenamente asumida reclama y suscita unas actitudes. Esto da lugar a la estructura del libro en tres partes, y manifiesta un rasgo del pensamiento profundo de Karol Wojtyła. 

Por su historia personal, el obispo Wojtyła tenía una idea muy viva del papel que juega la verdad en la psicología humana, y sus conocimientos de fenomenología le habían ayudado a expresarla. El ensayo filosófico Persona y acción, de 1969, tres años antes, es una profunda meditación sobre cómo la conciencia humana construye a la persona cuando sigue a la verdad. A todo tipo de verdad: a la verdad teórica, con la que conocemos el mundo; a la verdad práctica, sobre cómo debemos obrar en cada caso; y también a la verdad de fe, que es guía para nuestra vida. La fenomenología le había enseñado (sobre todo, Von Hildebrand), que cualquier verdad conscientemente asumida produce actitudes, es decir, una manera de situarse. Si yo creo que Dios es Padre, eso producirá espontáneamente en mí una actitud de confianza filial hacia él. Si no la produce, es que esa verdad no ha sido plenamente asumida como tal verdad. Si realmente creo y asumo que el fin del ser humano es amar al prójimo, me producirá una manera de situarme. Si no la produce, es que sólo la he aceptado superficialmente, como una convención o un tópico.

Este es el método del libro y del Sínodo. El obispo Wojtyła está convencido de que es preciso renovar la fe apoyándose en la enseñanza del Concilio e integrándola en toda la tradición de la Iglesia. Así se desplegarán, casi espontáneamente, las actitudes cristianas que Espíritu quiere hoy en su Iglesia: los cambios en la manera de situarse y afrontar la vida personal y la historia. Esa es la iniciación que quiere lograr en su diócesis. 

Las tres partes del libro

En consecuencia, el libro tiene tres partes. Una especie de presentación, donde explica que se trata de responder a Dios, que eso es enriquecer la fe, y que esa fe se vive con una conciencia de Iglesia que, entre otras cosas, asume el Concilio como acto del Espíritu Santo. Y de diálogo evangelizador con el mundo. Esta presentación se llama “Significado fundamental de la iniciación conciliar”.

Después, viene una reflexión ordenada por los grandes misterios de la fe, ilustrados con textos del Concilio. Y la llama “formación de la conciencia”. Es conciencia de la creación y de la revelación salvadora de la Santísima Trinidad, y de la redención en Cristo, con María. Y de la “participación” (término importante) en la vida en la Iglesia como pueblo de Dios. 

La tercera parte se llama “Creación de actitudes”“El enriquecimiento de la fe se expresa en cada persona y comunidad mediante la conciencia de la actitud. Por eso […]  ahora nos aprestamos a ir más lejos, viendo el aspecto de las actitudes a través de las cuales debe expresarse el enriquecimiento ‘conciliar’ de la fe” (p. 163).

Concluye: “Hemos dedicado este estudio al análisis de las enseñanzas del Vaticano II desde el punto de vista de la formación de la conciencia y de las actitudes del cristiano contemporáneo […]. Este es el proceso de ‘iniciación’ a través del cual la conciencia conciliar de la Iglesia debe ser compartida por todos” (p. 337)

El Credo y la formación de la conciencia 

Interesa observar que la segunda parte no es un repaso ordenado por los documentos del Concilio, sino un repaso de los misterios de la fe, aprovechando las luces del Concilio (que es lo único que cita). El obispo Wojtyła explica que el Concilio ha sido sobre todo eclesiológico, y está centrado en la última parte del Credo: sobre la Iglesia: “Iglesia, ¿quién eres?” e “Iglesia, ¿qué tienes que decir al mundo?”. Pero para renovar la fe es preciso contemplarla entera y ese es también el modo natural de insertar la doctrina del Concilio en la tradición de la Iglesia. Por eso va repasando los grandes misterios: Creación, Trinidad, Redención…

“Es necesario someter cuanto ha proclamado el Vaticano II al principio de integración de la fe […]. En efecto, el Concilio Vaticano II, que se ha ocupado particularmente de la verdad sobre la Iglesia […]  ha venido después de otros muchos concilios que se han ocupado especialmente de esas verdades de la fe que en el Credo profesamos antes de la verdad sobre la Iglesia” (p. 30). “No es una adición mecánica de los textos del Magisterio […]  se trata de una cohesión orgánica; […]  releemos el magisterio del último Concilio en todo el magisterio precedente de la Iglesia” (p. 31). “El Credo entero es reflejo en la conciencia de la Iglesia y a la vez la conciencia de la Iglesia se extiende a todo el Credo” (p. 32).

La fe y las actitudes

También la tercera parte tiene su propio esquema. Se trata de las actitudes generadas por la fe. Ya en la primera parte ha dado una visión rica y profunda de la fe, como respuesta a Dios, advirtiendo que la fe cristiana es testimonial (apostólica) y eclesial: se vive “participando” en la vida y misión de la Iglesia. 

Ahora, de una manera natural y profunda, se insiste en la “misión”. La revelación y salvación cristianas proceden de las “misiones” de las Personas divinas, tema clásico y hermoso del tratado de la Trinidad: el Padre se manifiesta, y el Hijo y el Espíritu Santo son enviados como obra de revelación y redención. Esa misión se expresa y prolonga en la misión de la Iglesia y también en la de cada cristiano. Asumir la fe es entrar a participar en esa misión histórica y trinitaria de revelación y salvación.

Para articularlo, y de manera bastante original, escoge los tres munus, oficios o ministerios, de Cristo. El cristiano se inserta en Cristo, por eso, las actitudes que se desarrollan con la fe tienen que ver con su triple munus: el oficio sacerdotal, el oficio profético (testimonial) y el real, que, como explica Wojtyła, es el “fundamento de la moral cristiana”: cómo vivir cristianamente en el mundo.

Esto se completa con tres actitudes más que ya están implicadas en todo lo dicho: una actitud ecuménica, apostólica y de construcción de la Iglesia como comunidad o comunión. El desarrollo ecuménico es particularmente profundo. Y la conclusión sobre la vida de la Iglesia, aunque no lo menciona, no puede olvidar que en Polonia se trata de una cuestión de supervivencia. Sólo puede sobrevivir una Iglesia auténtica y unida. No es una cuestión coyuntural, evidentemente. La Iglesia es así. Pero en momentos difíciles su vida todavía depende más de su autenticidad. No se trata se sobrevivir con trampas o de mala manera.

Todo esto “lo llevará puesto” cuando sea elegido Papa, el 16 de octubre de 1978, tras seis años de Sínodo diocesano de Cracovia asumiendo el espíritu y la letra del Concilio Vaticano II.

Juan Luis Lorda

Fuente: revistapalabra.es.

 

 

Un notable baño de realismo

Primer libro entrevista a Mons. Fernando Ocáriz que responde a las preguntas de la filósofa y teóloga Paula Hermida

Cristianos en la sociedad del siglo XXI

Monseñor Fernando Ocáriz-Paula Hermida Romero

Ediciones Cristiandad

A principios de 2017, monseñor Fernando Ocáriz fue elegido tercer sucesor de san Josemaría Escrivá de Balaguer. Hasta ese momento contábamos con un libro en el que Rafael Serrano le hacía una larga entrevista. Era el referente más divulgativo del pensamiento de quien había escrito profundos, y sesudos, libros de teología. Apareció con el título “Sobre Dios, la Iglesia y el mundo”. Tengo que confesar que su contenido no había perdido un ápice de valor en su propuesta fundamental. Lo que ocurre es que, desde 2013 –fecha de su publicación-, han pasado muchas cosas.

La primera de ellas es precisamente la elección de monseñor Ocáriz como Prelado del Opus Dei. Por lo tanto, tal y como se dice, nos encontramos ante el primer libro entrevista al actual Prelado que responde a las preguntas de la filósofa y teóloga Paula Hermida. 

En qué consiste ser cristiano 

 Y esto sí que marca tendencia. Tanto por el hecho de que, en este volumen, se expresa la personalidad del entrevistado como su forma en el ejercicio de esa no fácil encomienda que tiene entre manos.

Como todo libro entrevista se puede discutir si están todos los temas que debieran, si faltan algunos otros, si hay duplicidades, repeticiones, o si las preguntas son, en ocasiones, excesivamente largas y quieren abordar tantas cuestiones que, al final, lo que hace el entrevistador es seleccionar lo que más le parece relevante de lo que se le pregunta.

Lo que sí está claro es que el perfil de la entrevistadora, profesional y madre de familia numerosa, ofrece una interesante perspectiva que va a lo esencial cristiano. No se pierde en coyunturas, ni en cuestiones accidentales. Pregunta sobre la vida, al fin y al cabo, sobre en qué consiste ser cristiano en nuestra época. No tanto y solo sobre el qué, sino sobre el cómo. Y ahí está la gracia de las respuestas, de un ejercicio o baño de realismo cristiano que ofrece monseñor Ocáriz.

Esa apuesta por lo esencial quizá es también una característica del Opus Dei, herencia de san Josemaría. “El Opus Dei ha venido la mundo en la época moderna… para recordar a los hombres ya las mujeres que pueden encontrar a Dios en el corazón de ese mundo que tanto aman, en la belleza que les atrae, en la verdad y en la justicia que les interpelan” dice don Fernando.

Santos en el siglo XXI 

Porque esta es una de las cuestiones claves de este no muy grande volumen. El Prelado del Opus Dei, en continuidad con el espíritu de san Josemaría –ampliamente citado, por cierto- y de quienes le han precedido, nos recuerda en qué consiste ese realismo cristiano. De ese realismo que tanto nos falta frente a procesos de desamortización, de voluntarismo, de idealismo, tanto de la fe como de la pertenencia a la Iglesia.

Porque de lo que habla este libro, o que explica este libro, al fin y al cabo, es cómo ser santos en el siglo XXI. Es cierto, el volumen se refiere a otros muchos temas, desde el sufrimiento, el dolor, el diablo, la vocación, la fidelidad, la libertad, los derechos humanos, los hijos, el celibato, el matrimonio y la familia, la filiación divina, la Iglesia, los afectos… Son cuatro los grandes capítulos del libro, dedicados a los cambios sociales y las nuevas tecnología; las familias; la Iglesia y la oración y la piedad.

Personalidad de Ocáriz

Es cierto que quien responde es un teólogo. Y eso se nota. Y como buen teólogo, también es filósofo. Y eso también se nota. Un hombre al que hay que saber leer en los silencios, en los requiebros argumentales, en las incidencias, en las escapadas a la hora de responder a algunas preguntas.

Me quedo con lo que refleja de su personalidad, con la humildad del don Fernando, que siempre es muy llamativa, y que hay que relacionar con una especie de sabiduría de vida, que afecta lo espiritual pero también a lo vivencial. “Hay quienes, hablando a los padres, recuerdan que lo importante es preparar a los hijos para el camino, y no el camino para los hijos” dice en un momento.

No se trata ahora de destripar el meollo, ni de repetir las respuestas. Sí que pongo el dedo en una cuestión bien interesante: el Opus Dei. Si ha cambiado, si no ha cambiado, si está cambiando, si sigue siendo fiel a su fundador, si se ha despistado en algunas cuestiones, si evoluciona en las formas y modos…

Ya en la página 43 afirma monseñor Ocáriz: “Años después, la fidelidad a la doctrina eclesial pudo ser interpretada como conservadurismo. En realidad, san Josemaría afirmaba que, el Opus Dei, por ser algo vivo, con el pasar de los tiempos cambiaría los modos de decir y de hacer, permaneciendo inmutable el núcleo, la esencia, el espíritu. Naturalmente, no todo modo de hacer y de decir puede ser expresión adecuada del espíritu; de ahí la necesidad de discernimiento”.

¿Qué le preocupa al Prelado del Opus Dei? “Lo que de verdad más me preocupa son los problemas de la Iglesia: divisiones, críticas al papa, confusiones doctrinales. Abusos, descristianización creciente en algunos países de tradición católica…”.

 

Fundamentados en la fe de los Apóstoles

El festividad de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo que el lunes celebraremos, es la fiesta de las dos grandes columnas de la fe de la Iglesia, los grandes amigos del Señor, que han testimoniado con su sangre la fe en el Cristo encarnado. Ellos son nuestros fundamentos y nos estimulan a creer y amar, dándoselo todo a Jesús. Y nos hacen ser Iglesia una, santa, católica y apostólica, misionera y acogedora, hospitalaria y humilde, siempre joven y siempre experta en humanidad.

Pedro es sobre todo el garante de la «unidad» de la Iglesia universal. Hace que la Iglesia no se identifique con una sola nación, con una cultura o con un estado. Que sea siempre la Iglesia de todos. Que reúna la humanidad en la comunión más allá de cualquier frontera y, en medio de las divisiones de este mundo, haga presente la paz de Dios, la fuerza reconciliadora de su amor. Y Pablo es el apóstol de los paganos, arraigado en un gran amor a Jesucristo. Siempre habla de Él, a quien sigue con radicalidad y a quien predica sin cesar, tanto si es oportuno como si no lo es. Pablo nos hace ver sobre todo que la Iglesia debe ser «católica», abierta y universal, misionera y atrayente para todas las culturas y personas.

Este año la fiesta de S. Pedro y S. Pablo toma un relieve aún mayor y solemne para todos los católicos. Hemos experimentado el coraje y la caridad del Papa  Francisco para con todos los que sufren, con gestos y palabras oportunas. Todos tenemos grabada en la memoria la impresionante plaza de San Pedro el día 27 de marzo, vacía, a causa de la pandemia, y un hombre frágil, que cojea desde joven y jadea en las subidas, pero con un coraje enorme, que en nombre de todos los católicos, pero también de todos los hombres y mujeres de buena voluntad y de toda la humanidad dolorida, rogaba, suplicaba, callaba, pedía más fe y más humildad, y bendecía la ciudad y el mundo con el Santísimo Sacramento. Lo seguimos desde nuestros hogares, confinados, y rogamos unidos a él, padre en la fe, agradecidos que el Espíritu Santo continúe guiando la Iglesia en medio de los altibajos de este mundo. No tenemos miedo, porque Dios no nos deja nunca. Él sostiene misteriosamente la historia y la encamina hacia la plenitud. Su promesa es de vida y de amor.

Son días para orar por el Santo Padre Francisco a quien Jesucristo ha puesto al frente de su Iglesia. Que Dios lo sostenga y ayude, lo haga ejemplo de santidad y de virtud para todo el pueblo de Dios. Necesitamos su guía y la radicalidad de sus propuestas evangélicas, que desmontan muchas inercias, falsas seguridades y comodidades. Necesitamos que nos aliente en el camino del amor y del servicio, y guíe nuestra respuesta a los grandes desafíos sociales de hoy.

Las Diócesis de la Tarraconense debemos tener en gran estima al apóstol Pablo, de quien hemos recibido la fe apostólica que él sembró en nuestras tierras. Y también debemos ser Iglesias muy unidas al apóstol Pedro y a sus sucesores. Pedro fue el primero del grupo de los Doce y el primer Obispo de Roma, que preside todas las Iglesias en la caridad. Por eso el Papa es Vicario de Cristo, pastor universal y fundamento visible de la unidad de toda la Iglesia. Hacemos patente esta unión y obediencia dócil al sucesor de Pedro, cuando cantamos el «credo» de Mn. Lluís Romeu, y proclamamos la fe «en la Santa Madre Iglesia, católica, apostólica y romana», afianzando que Roma, la Sede de Pedro, es la maestra y difusora de la verdad.

+Joan-Enric Vives, Arzobispo de Urgell

 

 

Mujer, esposa, madre y enfermera

Cuando tengo que salir a trabajar y mi marido intuye que estoy más cansada o desanimada, inicia una oleada de aplausos que continúan nuestros hijos. Así que, en casa, los aplausos sanitarios no tienen horario fijo, se pueden dar en cualquier momento

No digo nada nuevo cuando señalo que el coronavirus ha cambiado nuestra forma de vida para siempre. Debido a mi trabajo como enfermera en la UCI de un hospital madrileño, estoy viviendo esta crisis en primera línea, incluso he caído enferma durante varias semanas. En estas líneas quiero compartir lo que está suponiendo para mí como mujer, esposa, madre y enfermera.

En lo personal, me ha enseñado a priorizar las cosas de una manera muy distinta, dando valor a lo que realmente lo tiene; y sobre todo me recuerda que he de vivir día a día, o más bien, momento a momento. Sólo tengo el ahora, y proyectar planes futuros únicamente sirve para desanimarme.

En el ámbito familiar hemos experimentado más aspectos positivos que negativos. El confinamiento en el domicilio nos ha permitido pasar una cantidad de tiempo juntos, matrimonio e hijos, que con las actividades de nuestra anterior rutina era impensable. Claro está que esto se ha dado pagando un precio demasiado alto. Disfrutamos muchísimo de estar juntos, sin necesidad de mirar el reloj “porque mañana hay cole u otras obligaciones”. Pero también añoramos mucho pasar tiempo con el resto de nuestros familiares y amigos.

Mi familia es una importante fuente de energía necesaria en estos momentos. Cuando tengo que salir a trabajar y mi marido intuye que estoy más cansada o desanimada, inicia una oleada de aplausos que continúan nuestros hijos. Así que, en casa, los aplausos sanitarios no tienen horario fijo, se pueden dar en cualquier momento.

Cuando vuelvo del trabajo, nuestro hijo de 3 años sale corriendo a la puerta a recibirme con los brazos abiertos. Y tenemos que decirle: «¡aún no!» Y se aparta de mí cabizbajo. Se me parte el alma. Hago todo mi ritual de limpieza y desinfección y todos ellos esperan pacientemente. La ducha reconforta mi cuerpo agotado. Y después los abrazos de mi marido e hijos me reconfortan el alma.

Familia y enfermedad

En cuanto al trabajo, esta nueva enfermedad nos ha obligado a todo el personal sanitario a tener que adaptarnos a nuevas situaciones, nuevas formas de trabajo, nuevos recursos, etc. de forma constante. Fui de las primeras sanitarias en contagiarme y estuve varias semanas de baja por Covid. Cuando volví a mi puesto de trabajo, me pareció un hospital diferente a como lo había dejado.

La admiración que siento por mis compañeros no deja de crecer. Siempre hay alguno dando palabras de ánimo a los que pasan peores momentos. El trato a los pacientes, estén conscientes o sedados, es muy cercano y humano, independientemente de lo que cada uno estemos pasando en casa. Porque no hay que olvidar que somos personas, tenemos familia y preocupaciones, y nuestra vida ha cambiado drásticamente.

Algo muy duro que estamos viviendo las enfermeras y TCAE, es cuidar de nuestros pacientes con esa distancia de sus familiares. Esto saca toda la humanidad que llevamos dentro, la poca que no había salido ya; pero al fin y al cabo, no somos su familia, por mucho cariño que le pongamos. Se echa en falta la mano de un hijo, una esposa… que pase la enfermedad o incluso la muerte con nuestros pacientes.

Recuerdo un paciente que, cuando se le retiró la sedación y pudo tomar conciencia de la situación en que se encontraba, se mostró muy preocupado por su familia, pensando que estarían fuera, en la sala de espera, sin pasar a verle. Le explicamos todo y al fin, su respuesta fue: «¡Qué mal!» No había consuelo para él y debíamos intentar levantarle el ánimo para que sobrellevara lo mejor posible las interminables horas que le quedaban hasta poder ver su esposa cara a cara. Programamos una videollamada para el turno siguiente.

Lógicamente yo le entendí, porque mi marido e hijos son un gran apoyo para mí en esta situación. Todos necesitamos a nuestra propia familia.

Rebeca García Rodrigo
Esposa, madre y enfermera

 

 

El hombre contemplativo

 

Si la persona construye su alma en la contemplación, tendrá una alegría interior en medio de las amarguras de la vida. Contemplando, la persona modela un alma que tiene algo de luminoso.

 

El hombre debe poner toda su atención en un orden de realidades superiores, formando una especie de santuario interior, desde donde mira a su alrededor de una manera contemplativa.

Los dos puntos clave en la vida del hombre son: la atracción continua por lo sublime y el deseo de eliminar lo horrible. Si la persona construye su alma en la contemplación, tendrá una alegría interior en medio de las amarguras de la vida. Contemplando, la persona modela un alma que tiene algo de luminoso.

El católico debería esforzarse en contemplar lo que es maravilloso en la Santa Iglesia. Cuando comienza a ver sólo las imperfecciones, peca contra la sublimidad de la Iglesia.

Ningún hombre es trivial. Sólo una cosa es banal: no ser capaz de ver el aspecto trascendente de las cosas. Los católicos se dividen en dos tipos: los que saben ver la belleza de la Fe, y que brillan con una luz especial, y los que permanecen en la banalidad, volviéndose grises e inexpresivos.

Vivir es contemplar. Hasta que no percibe la dimensión maravillosa de las cosas, el hombre no vive. Para una persona inteligente, vivir es sobre todo contemplar. La razón por la que estamos en esta Tierra no es para comer, ni para vivir mucho tiempo, ni para hacer una gran carrera. Existimos para contemplar. El resto no es vida. Más bien, se acerca a la animalidad.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

La estrategia del silencio conduce a la derrota

Combatientes, católicos, varoniles

 

Ante la crisis actual de la sociedad y de la Iglesia, no podemos hacer del silencio una regla de comportamiento, porque el Día del Juicio no sólo daremos cuenta de las palabras ociosas, sino también de los silencios culpables.

 

Los católicos, desde los pastores hasta el último de los fieles, tienen el deber de dar testimonio de su fe de palabra y con el ejemplo. El catacumbismo no es otra cosa que el rechazo del concepto combativo del cristianismo. Pero hoy es más necesario que nunca recuperar ese concepto, teniendo siempre como modelo a la Santísima Virgen María.

Ante una crisis de la Iglesia, crisis que cada vez se agrava y profundiza más, encontramos a veces que alguien exhorta al silencio, garantizándonos que no se puede decir ni hacer otra cosa que no sea rezar. Son los catacumbistas, los que se retiran del campo de batalla y se esconden, creyendo ilusamente que podrán sobrevivir sin combatir.

Los catacumbistas se pueden calificar de tales en alusión a la Iglesia minoritaria y perseguida de los tres primeros siglos, precisamente la de las catacumbas. Pero Pío XII, en su discurso a los miembros de Acción Católica del 8 de diciembre de 1947, refuta esa tesis, y explica que los cristianos de los tres primeros siglos no se refugiaron en las catacumbas, sino que fueron vencedores.

“Con frecuencia, la Iglesia de los primeros siglos ha sido presentada como la Iglesia de las catacumbas, como si los cristianos de entonces acostumbraran vivir escondidos en ellas.

“Nada más inexacto: aquellas necrópolis subterráneas, destinada principalmente a la sepultura de los fieles difuntos, no servían de refugio, salvo quizás en momentos de violenta persecución.

“La vida de los cristianos en aquellos siglos marcados por el derramamiento de sangre, se desenvolvía en las calles y las casas, abiertamente. No vivían apartados del mundo; frecuentaban, como los demás, los baños, los talleres, las tiendas, mercados y plazas públicas; ejercían profesiones como marineros, soldados, agricultores y comerciantes” (Tertuliano, Apologeticum, c. 42).

“Querer convertir a aquella Iglesia valerosa, dispuesta siempre a vivir al pie del cañón, en una sociedad de cobardes que viven escondidos por vergüenza o por pusilanimidad, sería un ultraje a su virtud.

“Eran plenamente conscientes de su deber de conquistar el mundo para Cristo, de transformar según la doctrina y la ley del Divino Salvador la vida privada y la pública, donde debía nacer una nueva civilización, surgir otra Roma sobre los sepulcros de los dos Príncipes de los Apóstoles. Y lograron su objetivo. Roma y el Imperio Romano se hicieron cristianos.”

Hay vocaciones al silencio, como las de tantos religiosos contemplativos; pero los católicos, desde los pastores al último de los fieles, tienen el deber de dar testimonio de su fe con la palabra y con el ejemplo. Por medio de la Palabra los apóstoles conquistaron el mundo y se difundió el Evangelio de un extremo a otro de la Tierra.

Hoy en día sería un error hacer del silencio una regla de comportamiento, porque el Día del Juicio no sólo daremos cuenta de las palabras ociosas, sino también de los silencios culpables.

El catacumbismo no es otra cosa que el rechazo del concepto combativo del cristianismo. El catacumbista no quiere combatir porque está convencido de que ya ha perdido la batalla. Acepta como un hecho la situación de inferioridad de los católicos sin remontarse a las causas que la han determinado. Pero si los católicos son minoritarios hoy en día es porque han perdido una serie de batallas. Han perdido esta batalla porque no la han combatido. Y no la han combatido porque han perdido la idea misma de que hay enemigos.

 

Lleváis el nombre de Cristo, pero sería más justo si llevaseis el de Pilatos

 

Han vuelto la espalda al concepto agustiniano de las dos ciudades que luchan en la Historia, único que puede brindar la explicación de todo lo que ha sucedido. Rechazar esa mentalidad combativa es aceptar como principio la irreversibilidad del proceso histórico y del catacumbismo se pasa inevitablemente al progresismo y el modernismo.

Hace poco, el catacumbismo fue denunciado por el cardenal Raymond Leo Burke, que afirmó en una entrevista concedida a La nuova bussola quotidiana:

“La situación se ha visto agravada por el silencio de tantos obispos y cardenales que comparten con el Sumo Pontífice el deber de velar por la Iglesia universal. Algunos se han limitado a permanecer en silencio. Otros fingen que no reviste la menor gravedad. Y otros propagan fantasías sobre una nueva Iglesia, una Iglesia que emprende un rumbo totalmente novedoso, soñando, por ejemplo, con un nuevo paradigma para la Iglesia o una conversión radical de la praxis pastoral de la misma, haciéndola de nueva planta. También hay promotores entusiastas de la supuesta revolución en la Iglesia Católica.

“Los fieles que perciben la gravedad de la situación reaccionan con perplejidad ante la falta de dirección doctrinal y disciplinar por parte de sus pastores. Y para los que no entienden la gravedad de la situación, esa falta los deja confundidos y vulnerables a errores peligrosos para su alma.

“Muchos que han entrado en plena comunión con la Iglesia Católica tras haberse bautizado en una comunión eclesial protestante porque dichas comunidades abandonaron la fe apostólica sufren intensamente con esta situación: se dan cuenta de que la Iglesia Católica está siguiendo el mismo camino de abandono de la fe.”

“Esta situación me lleva a reflexionar cada vez más sobre el mensaje de la Virgen de Fátima, que nos advierte del mal –peor aún que los gravísimos males originados por difusión del comunismo ateo– que supone la apostasía de la fe en el seno de la Iglesia.

“El número 675 del Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que ‘Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes’, y que ‘la persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el misterio de iniquidad bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad.”

Debemos tener gratitud para con los pastores que rompen el silencio para denunciar la situación de apostasía en que nos encontramos. Antes se decía que el sacramento de la Confirmación nos hace soldados de Cristo, y Pío XII, dirigiéndose a los obispos de los Estados Unidos, les dijo:

“El cristiano digno de tal nombre siempre es apóstol; es indecoroso para el soldado de Cristo alejarse de la batalla, porque sólo la muerte pone fin a su milicia”.

Es preciso recuperar esta percepción militar de la vida cristiana, teniendo siempre como modelo a la Santísima Virgen María, que mantuvo sola la fe el sábado previo a la Resurrección, y que después de la Ascensión de Jesús al Cielo no calló, sino que sostuvo a la Iglesia naciente con la firmeza y claridad de su palabra. Su corazón fue, y sigue siendo, el cofre del tesoro del que podemos sacar fuerzas para la batalla.

Roberto de Mattei

 

La propia vida, una obra de arte

           Los sabios y los libros, en sus diversas formas, han ido históricamente de la mano.

           1) Para los sabios: la educación es, lo más importante.

           Después de las Guerras Médicas, aunque habían detenido a los persas, toda Grecia quedó sumida en luchas interminables por el poder. Los efectos desastrosos de la guerra en la vida de todos los estados griegos hizo que las clases dirigentes buscaran caminos para terminar  con la desunión. Una crisis que amenazaba extenderse por tiempo ilimitado. Había que superar la decadencia moral y política de Atenas, y ahí estaban los grandes maestros, como Isócrates,  que defendía la educación política y la unificación de las ciudades-estado como única medida de protección contra los persas.

             En la época helenística (desde el siglo V a.C.), la educación, (paideía παιδεία, en griego), era la formación integral, cultura del espíritu y conocimiento de las artes liberales, en la única tarea a la que merece la pena consagrarse en la vida.

            La paideía se centraba en los elementos de la formación que harían del individuo una persona apta para ejercer sus deberes cívicos. Bajo el concepto de paideía se agrupan elementos de la gimnasia, la geometría, la gramática, la retórica, las matemáticas, y la  filosofía, que se suponía debían dotar al individuo de conocimiento y cuidado sobre sí mismo y sobre sus expresiones. Era, el humanismo cívico integral.

           En la Atenas de la época se decía que ningún esclavo quería que se le tratara como Sócrates se trataba a sí mismo y es que nuestro protagonista era escandalosamente austero y frugal: vestía siempre el mismo manto raído, huía de cualquier placer como de la peste y se abstenía de todo lujo

           Cuando Sócrates, tenía 63 años  se encontró con Platón y éste le hizo su único maestro, en un periodo convulso. De hecho los poderes públicos, durante el régimen de los treinta tiranos, acusaron injustamente a Sócrates, que según Platón era "el hombre más justo de su tiempo". En el año 399 llega la condena y muerte de Sócrates.

             Eso hizo desistir a Platón de entrar en política, aunque le invitaron.   "Entonces me sentí irresistiblemente movido a alabar la verdadera filosofía y a proclamar que sólo con su luz se puede reconocer dónde está la justicia en la vida pública y en la vida privada". 

           Según parece, La Academia de Platón, en el siglo IV tenía biblioteca propia. En todo caso, la influencia de las ideas de Platón ha sido y sigue siendo incalculable.

           Aristóteles perteneció a la Academia de Platón, durante 20 años. A la muerte de Platón, ante la inseguridad política, decidió trasladarse a la actual Turquía, en Asia Menor. Desde allí, después, viajó a la cercana isla de Lesbos, donde se dedicaría al estudio de la zoología y la biología marina junto al filósofo Teofastro, quien más tarde sería el heredero natural de Aristóteles y cabeza de los llamados Peripatéticos.

          El geógrafo griego Estrabón, señala que Aristóteles "fue el primero que coleccionó libros", y  que compró por una gran suma, "todos los rollos que poseía otro filósofo".

          Además de ser un gran lector o tal vez por eso, Aristóteles, poseía una cultura inmensa, y se le conoce como gran polímata ("el que sabe muchas cosas").  Escribió a lo largo de su vida más de 300 obras, en las que desarrolló todas las ramas del saber: física, metafísica, ética, biología, zoología, astronomía, política, etc.

           Más tarde en el año 336, fundó en Atenas, el Liceo, -nombre del gimnasio situado en las cercanías del templo de Apolo Licio-, donde impartía sus clases  andando.

           Por la llamada de Filipo II de Macedonia, se ausentó de la ciudad durante un tiempo, para ejercer como preceptor de su hijo Alegrando, que con el paso de los años, llegaría a ser uno de los grandes conquistadores y gobernantes de la historia, conocido como Alejandro Magno.

          El afán de conquistar territorios nuevos y extender la cultura helena, llevaron a Alejandro hacia oriente. Ensancharon sus dominios y descubrieron nuevas culturas. La cultura griega y los libros eran una obsesión.

         "Ante el eclipse de la vida ciudadana, ciertas personas  decidieron dedicar sus energías a aprender; educarse con esperanza de permanecer libres e independientes en un mundo sometido; a desarrollar hasta el máximo posible sus talentos; a conseguir la mejor versión posible de sí mismos; a moderar su interior, como una estatua, a hacer de su propia vida una obra de arte", Irene Vallejo, El Infinito en un junco (Siruela).    

         Hay mucho escrito de la gran Biblioteca de Alejandría, que lleva su nombre. Alejandro Magno y sus sucesores los ptolomeos adquirieron un gran número de rollos de papiro, gracias sobre todo a las políticas bien financiadas para la obtención de libros. No se sabe con exactitud cuántas obras componían su fondo, pero se estima que albergaba entre treinta mil y setecientos mil volúmenes literarios, académicos y religiosos.

         La biblioteca formaba parte de una institución conocida como Museo que, estaba dedicada a las Musas o diosas de las artes. En el siglo III a. C. la Biblioteca se ubicó en el complejo palaciego de la ciudad de Alejandría en el período helenístico del antiguo Egipto.

          Además de ser una demostración del poder de los gobernantes ptolemaicos, desempeñó un papel importante en el desarrollo de Alejandría como sucesora de Atenas y centro promotor de la cultura griega.

         En tiempos de Ptolomeo II, trabajaban en la Biblioteca numerosos eruditos, importantes e influyentes. Ptolomeo descubrió en Zenódoto uno de los hombres mejor preparados, especialmente por sus conocimientos en filología y poesía y le hizo responsable del complejo.

          Con la ayuda de sus colaboradores inició un arduo trabajo de copia de todas las obras escritas en griego hasta ese momento en el mundo conocido. Enviaron emisarios por las principales bibliotecas para tomar prestados los rollos de papiro que contenían las más diversas obras de la literatura escrita hasta la fecha; una vez de regreso en Alejandría, los escribas de la biblioteca se encargaban de copiar el contenido de cada uno de los papiros.  Elaboró el registro más antiguo del que se tiene conocimiento utilizando el orden alfabético como método de organización; y Calímaco, realizó los Pinakes, probablemente el primer "catálogo" del mundo de una biblioteca, la de Alejandría. Es considerado el "padre de la bibliotecología". Con lo que al finalizar el trabajo de copia y depuración, los textos se clasificaban según la temática y el autor. ¡Estamos hablando  aún de libros en rollos de papiro!

          En el siglo II a C., Alejandría fue decayendo, aunque estaba protegida por las musas, las teorías y modelos desarrollados por la comunidad de la biblioteca continuaron influyendo en las ciencias, la literatura y la filosofía hasta el Renacimiento; y los catálogos de biblioteca, hasta nuestros días.  La historia no da saltos. ¿Cómo llegó hasta aquí? Gracias a los romanos, primero y luego al cristianismo.

        2)  De la educación al humanismo integral.

         Cuando los romanos, quisieron hacer suya la paideía, o la educación de los griegos, con Verrón y Cicerón la tradujeron al latín como humanitas. Es el origen del humanismo europeo. Las posesiones reflejadas en los catálogos, la riqueza, la belleza, la fuerza física, se acaban, "la instrucción es la única de nuestras cosas que es inmortal y divina, Porque solo la inteligencia rejuvenece con los años y el tiempo, que todo lo arrebata, añade a la vejez sabiduría. Ni siquiera la guerra, que todo lo barre y arrastra, puede quitarte lo que sabes... Cuando las antiguas creencias se habían desmoronado, la inmortalidad se ponía al alcance de todos, a través de la cultura, la palabra y los libros" (p.147).

            Al parecer las últimas palabras de Socrates: "Critón, debemos un gallo a Esculapio", son interpretadas como la expresión de una profunda gratitud a la filosofía, que cura de la única enfermedad grave: la de las opiniones falsas y los prejuicios, según  el filósofo, historiador y sociólogo francés, Michel Foucault, en el último curso que dictó, antes de morir en 1984, titulado "El coraje de la verdad".          

          El filósofo francés, según dijo, quedó fascinado  por la estética de la existencia de los griegos: "Me llama la atención el hecho de que en nuestra sociedad, el arte se haya convertido en algo que atañe a los objetos y no a la vida  ni a los individuos. ¿Por qué un hombre cualquiera no puede hacer de su vida una obra de arte? ¿Por qué una determinada lámpara o una casa pueden ser obras de arte y no puede serlo mi vida?".

              3) La cultura trasciende al espacio y al tiempo.

           La educación tiene su lado personal, un entronque social de compromiso político y ético, pero interiorizada es como una fe con su lado místico y promesa de salvación. No solo sirve aquí, por eso creían en la vida de ultratumba.

           En el más allá, su almas encontrarían praderas y manantiales de agua fresca, donde podrían disfrutar en paz de teatros, coros y danzas, conciertos y coloquios  entorno a una  mesa de abundante comida y regada con sabrosos caldos.

            Se encuentran bajorrelieves, estatuas o monumentos funerarios, en las personas se despiden de los suyos o la sociedad les despide a ellos y les guarda  memoria. La inmortalidad  estaba al alcance de todos y  su partida no es el olvido.

            4) Lo que va de ayer a hoy.

         La educación y la historia, con aciertos y errores, han llegado hasta nosotros y son Patrimonio de la Humanidad. Las manifestaciones de todas las culturas han dejado monumentos y vestigios, tanto en Egipto y Mesopotamia, como en Grecia y Roma, en la América pre y pos-colombina; y en las diferentes religiones.

        Las opiniones, de ayer y de hoy son respetables. Nadie puede imponer desde hoy al pasado, criterios éticos ni estéticos, de justicia o falsedad. Los prejuicios, la violencia y el vandalismo no son manifestaciones de cultura, sino de ignorancia.  

          Todas las vidas de ayer y de hoy importan. Desde 1966, Naciones Unidas estableció el 21 de marzo  para celebrar el Día Internacional para la eliminación de la discriminación racial. Llevamos 54 años celebrándolo, a nivel mundial. No  comenzó, como quieren ciertos movimientos, en 1913.

http://www.injuve.es/noticia/dia-internacional-para-la-eliminacion-de-la-discriminacion-racial

           La ola de destrucción de estatuas, en Estados Unidos y en otras naciones de Europa, Hispanoamérica, en el Oriente próximo o en África se sabe cómo comienza, pero no cómo termina. Las asociaciones y políticos que organizan o lanzan los slogans, o señalan monumentos o determinadas estatuas, para que las masas salgan a la calle a luchar por la justicia, han pensado si ¿es un acto de justicia histórica quitarlos o destruirlos? ¿Es válido juzgar a las figuras históricas-de allá o de acá- por la moral de hoy?

           Aprovechar la euforia antirracista para atacar la cultura, monumentos y estatuas, de líderes hispanos, desde Colón a Cervantes, es utilizar la ignorancia para fomentar el odio. Algo solo comprensible por el silencio cómplice y la falta de líderes en la instituciones nacionales. Ni la historia de Estados Unidos es explicable sin ellos, ni los 300 millones de hispano hablantes han nacido en la esclavitud ni  la fomentan.

           Imponer los principios éticos o morales del presente, con un afán de limpiar "la memoria histórica" puede  terminar en tragedia, como la Revolución china, o en la destrucción del Patrimonio de la Humanidad, causado por el Estado Islámico.

            https://www.semana.com/mundo/articulo/estatuas-derribadas-de-personajes-racistas-abren-debate-sobre-la-historia/679467

           Por qué no se anima a las personas a que pongan un poco de empeño  en responder a la pregunta de si un puente, una pirámide, un monumento, una estatua pueden ser obras de arte, ¿por qué no puede ser su propia vida? En ese caso, ¿permitirían emborronarla, derribarla o destruirla?

             José Manuel Belmonte

 

 

El aborto en política

Apareció en El Norte de Castilla: Salvo VOX, “amplio acuerdo en las Cortes de Castilla y León para garantizar el aborto en Sacyl si no hay objeción de conciencia… (24 de junio). De ahí, a poner presión al personal sanitario, va un paso.

En una sociedad democrática, los políticos nos representan. Por eso, los ciudadanos también somos responsables en la defensa o trivilización de la vida. Dios nos pedirá cuentas, como a Caín. Todos deben defender la vida humana desde la concepción hasta su ocaso natural. La matanza de inocentes nacidos o por nacer, retrata a una sociedad en descomposición moral.

Incongruencia. Mientras se rasgan vestiduras hasta la violencia por la injusticia criminal de un policía en Estados Unidos, se aprueba o alienta la violencia criminal contra niños no nacidos. Decepción: Los que deben defender la vida dejan en desamparo la más inocente, la del «nasciturus».  Algo pasa en la mente y en el corazón del hombre cuando se procede con tanta incoherencia.

¿Terminó el debate del aborto? Le oí a una madre joven: “los cristianos están convencidos de la maldad del aborto”. El 3 de julio, se estrena en España la película UNPLANNED, a favor de la vida. La vi en you tube. Real, excelente y muy interesante.

Es cierto: sólo la Iglesia se mantiene firme en la defensa de la vida, de la libertad  y de la verdad moral. El Papa Francisco afirma: «El aborto siempre es un crimen»…Mantengamos vivo el respeto por la vida humana (…). No existe una vida cualitativamente más significativa que otra”.

Josefa Romo Garlito

 

La figura del Papa

La explicación de que la tecnología ha acercado la figura de Pedro, no solo a los católicos, sino a cada hogar no basta por sí misma. Los últimos papas han llevado a cabo una profunda transformación del ejercicio del Ministerio Petrino, convirtiéndolo en una catequesis que alcanza a todos los rincones del mundo y desarrollando un magisterio fluido a través de sus intervenciones y con la autenticidad de su testimonio. La figura del Papa es garantía de unidad en una Iglesia donde conviven diferentes carismas, pero también encarna la tarea de la nueva evangelización que el mundo necesita, poniendo el foco en lo esencial del anuncio cristiano. Hoy, festividad de san Pedro y de san Pablo, es un día para tener especialmente presente la figura del Papa Francisco.

Domingo Martínez Madrid

 

 

La ética de los procedimientos

Lo mejor va en línea de gratuidad y voluntariado, de solidaridad y altruismo, confirmación de que el bien común va mucho más allá del mero interés colectivo: no es cuestión de eficacia, sino de aceptar que el corazón de ese bien radica en la dignidad de la persona, y en su cortejo de los derechos básicos.

En muchos países siguen planteándose problemas de entidad, que exigen respuestas auténticamente democráticas, también por estos lares. Me permito referirme a algunas, en el centro de la ética pública, que ilumina principios fundamentales de una convivencia concorde con la dignidad humana.

Las normas constitucionales sobre las diversas situaciones de excepción suelen establecer formalmente –hasta en Venezuela y probablemente en la ley de seguridad de Hong Kong aprobada en Pekín- unos procedimientos claros para la toma de decisiones y para su control. Además, la cultura democrática no escrita jurídicamente y la experiencia de la comunicación en tiempos de crisis impulsan a prácticas de rigurosa veracidad, de publicación de datos y de puesta en marcha de medidas para la participación de todos los interesados. Porque lo estrictamente legal no siempre es ético. Y, aun sin querer, el exceso de regulaciones dictadas ante la emergencia suele provocar una injusta inseguridad jurídica, que sufren los ciudadanos.

Domingo Martínez Madrid

 

Estimular y promover la formación online

Al igual que ha sucedido en otros sectores, la enseñanza presenta un panorama muy diferente a cómo era antes de que llegara el coronavirus. Los planes educativos y procesos de transformación miran ya hacia la formación online y a cómo ayudar a los estudiantes más vulnerables a no quedarse atrás por la brecha digital.

Ni las aulas podrán aglutinar al mismo número de alumnos y alumnas, ni las capacidades del profesorado son iguales para enfrentarse a nuevos soportes de formación telemática. Sin embargo, el futuro cercano pasa por consolidar este escenario en el que el aprendizaje online sea el eje sobre el que vertebrar gran parte de los planes formativos.

Gran parte de la comunidad educativa está convencida de que las reglas del juego también han cambiado en el sector académico. “Con toda seguridad, este escenario tendrá repercusión a futuro. Ha puesto de manifiesto ciertas debilidades de nuestro sistema educativo y la necesidad de implementar metodologías y recursos adaptados a las demandas de la sociedad actual”, intuye Nuria Camuñas.

Aunque es cierto que las plataformas virtuales de aprendizaje son utilizadas de manera generalizada, fundamentalmente como herramientas de apoyo, están llamadas a ser un elemento esencial dentro de los procesos formativos. “No hemos de olvidar que en este proceso de adaptación también están jugando un papel muy relevante las tecnologías, que han pasado a ser prioritarias al permitir que alumno y profesor sigan conectados”.

En palabras de Nuria, la cuestión predominante es no saturar al alumnado con una extensa variedad de aplicaciones o plataformas, sino que “más bien se trata de utilizar estos recursos como herramientas que nos permitan implementar aquellas metodologías que han mostrado ser eficaces para promover el aprendizaje activo de nuestros alumnos”. En este sentido, aquellas instituciones que hayan apostado en el pasado por contemplar el entorno digital en sus planes de estudio, partirán con ventaja.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Absuelto

El Card. George Pell ha sido puesto en libertad tras quedar exonerado de los abusos de menores de los que le acusó un hombre que de niño fue cantor del coro de la catedral de Melbourne. El Tribunal Supremo de Australia ha revocado la condena impuesta en diciembre de 2018 y confirmada después por la Corte de Apelaciones.

Los abusos habían ocurrido supuestamente a finales de 1996 y a principios de 1997, cuando Pell era arzobispo de Melbourne, al término de la misa dominical presidida por él, en la sacristía y en un pasillo cercano. No había más pruebas de cargo que el testimonio de una única víctima y acusador, que entonces tenía 13 años.

Varios testigos de la defensa pusieron en duda que Pell hubiera tenido ocasión de cometer los abusos en esas circunstancias. Alegaron que PelI, después de la misa, acostumbraba detenerse para saludar a los fieles a la puerta de la catedral; que llegaba a la sacristía para quitarse los ornamentos litúrgicos acompañado de un asistente, y que en esos momentos había gente que entraba y salía de la sacristía. Sin embargo, el jurado y los jueces consideraron que el acusador era digno de crédito.

Pero el Tribunal Supremo afirma en su sentencia que "el jurado, juzgando racionalmente a la vista del conjunto de las pruebas, debería haber mantenido una duda sobre la culpabilidad del recurrente con respecto a cada uno de los cargos por los que fue condenado".

También señala que los jueces de la Corte de Apelaciones vieron la grabación audiovisual de la declaración del denunciante, y su fallo -adoptado por mayoría, con un voto discrepante~ lo calificó de "testigo convincente". En cambio, no valoró de igual manera las alegaciones de los testigos favorables a Pell. Los jueces de la mayoría, dice el Tribunal Supremo, "estimaron que ningún testigo [de la defensa] pudo asegurar que esas rutinas y prácticas nunca dejaron de cumplirse, y concluyeron que el jurado no tuvo motivo para albergar una duda razonable sobre la culpabilidad del recurrente".

El Supremo replica: "El análisis de los jueces [de la mayoría] omitió afrontar la cuestión de si había una posibilidad razonable de que no hubieran tenido lugar los delitos". Y, citando dos precedentes, afirma: "Existe una posibilidad significativa de que se haya condenado a una persona inocente, porque las pruebas no eran suficientes para determinar la culpabilidad con la certeza requerida por la ley".

Juan García. 

 

 

Estados Unidos y sus revueltas raciales 

 

                                A esta nación, en su conjunto, se parece mucho a España, la que como hoy lo es “USA”, fue un imperio mucho mayor y durante varios siglos  lo pudo mantener, hasta que el mismo, “se disolvió desde dentro”, por cuanto faltaron gobernantes y sobraron ladrones y traidores. Pero antes, y siendo propietarios de la mayor parte de lo que hoy es USA; ayudaron a los norteamericanos, a liberarse, del “yugo inglés”. Hoy los norteamericanos, viven en el “cénit” de su imperio, pero y como ocurre en España, dentro del territorio, hay revueltas incluso sangrientas; y tienen un problema “cancerígeno”, cual es “el racismo”; cáncer que no han resuelto y por cuanto ocurre “de vez en cuando”, no lo piensan solucionar porque (intuyo) que no hay voluntad para ello, “entre los hunos y los hotros”; y cuando surge el motivo (el último el vil asesinato de un negro ahogado por un policía que le puso la rodilla al cuello hasta que lo mató) se disparan, “las hieles o los hígados de millones de norteamericanos”; y en vez de solucionar sus problemas de forma civilizada, derivan sus odios, hacia quienes consideran, “que los esclavizaron”, hace siglos; y se dedican, como necios e incultos, a destrozar las estatuas y demás testigos de lo que hicieran aquellos invasores; pues sí, fueron invasores… ¡Como todos los imperios lo fueron y siguen siéndolo, puesto que el poder, sólo se consigue a sangre y fuego! Pero esa es la Historia “del mono humano”, en este planeta; y el que quiera, que, “escarbe en cualquier país, caudillo, general, o potentado, que amasase en grande, poder y fortuna; todo ello sólo se consigue, con sangre, sudor y lágrimas”.

                                Y he dicho que se parece mucho a España, puesto que ambas naciones, son algo así, “como un queso de muchas leches”; por las invasiones que recibieron o fomentaron, la esclavitud (que en España se elimina, después de EE.UU, aunque esclavos hubo, hay y habrá siempre, ya que todo “el que se deja comprar o se vende, no es otra cosa que un esclavo); el mestizaje propio de los que vinieron, o fueron traídos de otros lugares. España por sus invasiones y principalmente como puente que es entre dos continentes, “sabe de esto bastante”. Pero (reitero) esa es la historia y la constante continuidad de, “la aventura del mono humano”, que “o conquista o es conquistado”.

                    Pero así se forma lo que hoy denominamos civilización, “si es que de verdad aún hoy podemos denominarnos civilizados, sin que se nos caiga la cara de vergüenza”. Así se impuso el idioma inglés, y el español; por cuanto al decaer el imperio español, lo arrolló el inglés; y de ahí su dominio; aunque intuyo que ambos desaparecerán en su momento, que ni sabemos cuál será “el heredero” (pues el chino y paso a paso, también avanza, si bien tampoco será dominante). Si alguna vez hay paz en este pobre y desgraciado planeta, ha de ser, bajo un idioma, una bandera y un gobierno (verdadero gobierno) que lo lleve y sepa administrarlo bien. Claro que esto son intuiciones o sueños, que pueden llegar a su realidad, vete a saber qué siglo o siglos venideros. Pero observemos, que, “todos los inventos” del hombre, van siendo adoptados comúnmente por todos los pueblos y ello es un indicio”.“La música, la electricidad, la locomoción, la medicina y muchísimas cosas más, van paralelas, asociadas o asumidas, eludiendo el idioma nativo y buscando el que será mundial, para el necesario entendimiento de todos y por todos”.

                                LA ESCLAVITUD: Puede ser, así lo deduzco por su abundancia, que la esclavitud, la han practicado todos los pueblos de este planeta, que puedan denominarse como tales; lo que tampoco es cosa sorprendente, puesto que en esta “Creación”, hasta las hormigas tienen, cuidan, mantienen y retienen, “esclavos”. Y por otra parte de lo que pomposamente presumimos de “nuestra libertad”; mejor no entrar en ello y que cada cual se analice, la suya, sin ocultar, los límites que él mismo ha de imponerse, en infinitas cosas que llevaría, “una enciclopedia”, el comentarlas.

                                La realidad de los negros que hoy pueblan “las Américas” (no sólo los de USA); no es que fueran esclavizados “de principio a fin”, por “el odiado blanco” (“canallas hubo, hay y habrá, de todas las razas y colores”) aquellos negros, eran cazados en el territorio africano, por otros negros, que luego y seleccionados, los vendían a los traficantes de esclavos, que no sólo los llevaban a América, puesto que los árabes o musulmanes, también los llevaban a otros destinos; a aquellos desgraciados, que, “su sino fue aquel”.

                                Duro camino es “el del esclavo de cualquier color”; pero la realidad de hoy, es que muchos, muchísimos, de los descendientes de aquellos, han logrado situaciones y estatus sociales, que ni aún hoy, los pueden soñar, la mayoría de negros que siguen naciendo y viviendo en su África natural. Son los misterios y los duros caminos, que en general, tuvimos que andar infinidad de monos humanos, “yo fui uno de ellos”.

                                No me extiendo más por hoy, sí que termino diciendo, que lo que falta principalmente, son; verdaderas escuelas y verdaderos MAESTROS, que enseñen a todos “los monos humanos” y de cualquier color, la realidad de la vida, que fue, que sigue siendo; y la que hay que superar y mejorar, como los grandes pensadores y maestros ya nos lo han venido diciendo, desde hace muchos siglos; pero es claro que sigue vigente aquello tan viejo de que… “una cosa es predicar y otra muy diferente, el repartir el trigo”; y en esa abusivo reparto, considero está, “el principal cáncer, la violencia, el odio, la sangre y el sudor; y las lágrimas, de los que ayunos en cultura, reaccionan peor que los animales; ya que sus caletres, no fueron cultivados y es por ello mismo lo que hacen”. Dicen que lo resumió el propio Cristo, en pocas palabras, antes de morir crucificado… “Señor perdónalos pues no saben lo que hacen”; cito de memoria, pero dijo algo así. Amén.

 

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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