Las Noticias de hoy 27 Junio 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 27/06/2020 - 12:37

 

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 27 de junio de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Coronavirus: El Papa Francisco dona 35 respiradores

El Papa dona una bicicleta para los niños de oncología del Hospital Gemelli

MARÍA, CORREDENTORA CON CRISTO: Francisco Fernandez Carbajal

“Amar a nuestros enemigos”: San Josemaria

Homilía del prelado del Opus Dei en la fiesta de san Josemaría (26 junio 2020)

Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?: Giulio Maspero y Andrés Cárdenas

El Crucifijo y el Evangelio: Ramiro Pellitero 

La asignatura de Religión debe estar presente en la escuela, como ocurre en los sistemas educativos de Europa: + José María Yanguas Obispo de Cuenca

Comentario al Evangelio: Tomar la cruz

XIII Domingo del tiempo ordinario.: + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

El humor.: José Luis Velayos.

 La hora de las Instituciones (I): Jorge Hernández Mollar

Influenza, dengue y sarampión, los otros virus: Sonia Domínguez Ramírez

¿La mujer es profamilia?: Ana Teresa López de Llergo

 Un mundo, ¿sin fronteras?: José Manuel Belmont

A vueltas con el matrimonio: Daniel Tirapu 

COVID-19 y aborto autoinducido por píldoras: Jaume Catalán Díaz

La “cultura moderna”: Jesús Martínez Madrid

La necesidad de dejar a un lado la crispación: Valentín Abelenda Carrillo

Con la mentira y la guerra se domina el mundo: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Coronavirus: El Papa Francisco dona 35 respiradores

En las últimas semanas

JUNIO 26, 2020 17:45LARISSA I. LÓPEZPAPA FRANCISCO

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(zenit – 26 junio 2020).- Con el fin de colaborar con la situación de emergencia sanitaria actual por el coronavirus, el Papa Francisco dona otros 35 respiradores a 13 países distintos en las últimas semanas.

 

En una nota difundida por la Limonsnería Apostólica, se explica que con esta ayuda, el Santo Padre “expresa concretamente su cercanía a los países afectados por la pandemia de Covid-19, especialmente a aquellos con un sistema de salud más difíciles”.

 

Igualmente, la nota informa de que los respiradores pulmonares se distribuyeron, a través de sus respectivas nuncuaturas apostólicas, de la siguiente manera: 4 para Haití; 2 para la República Dominicana; 2 para Bolivia; 4 para Brasil; 3 para Colombia; 2 para Ecuador; 3 para Honduras; 3 para México; 4 para Venezuela; 2 para Camerún; 2 para Zimbabwe (a través de la Conferencia Episcopal local); 2 para Bangladesh; y 2 para Ucrania.

 

Donaciones del Santo Padre

 

Esta constituye otra iniciativa más de Francisco de las muchas realizadas por el Santo Padre en este tiempo de pandemia. El 23 de abril, día de su santo, san Jorge, Francisco envió dos respiradores pulmonares y varios dispositivos de protección personal a los hospitales de la diócesis de Lecce, en la región italiana de Apulia.

 

Otros cinco respiradores fueron remitidos a la ciudad de Suceava, en Rumanía, y otros tres a Madrid, España, país al que ya habían llegado en marzo otros respiradores donados por el Papa.

 

Igualmente, el 18 de abril fue creado el Fondo de Emergencia de la CEC (Congregación para las Iglesias Orientales) y el Pontífice envió diez respiradores pulmonares a Siria y otros tres al Hospital San José de Jerusalén. De este modo, contribuyó al abastecimiento de kits de diagnóstico para Gaza y para el Hospital de la Sagrada Familia de Belén.

 

El Hospital de Bérgamo, una de las ciudades italianas más golpeadas por la pandemia, recibió también una aportación de 60 mil euros a principios de abril y a mediados de ese mes fue entregado material sanitario a las residencias de ancianos de Umbría.

 

Asimismo, el Obispo de Roma promovió la creación de un fondo de emergencia en las Obras Misionales Pontificias, con un presupuesto inicial de 750 mil dólares, destinado a ayudar a los países de misión

 

Además, recientemente, el Papa ha donado 2.500 pruebas de COVID-19 al Ministerio de Salud de Gaza, a través de la Congregación para las Iglesias Orientales, ya que en esta zona está siendo difícil conocer el número de afectados ante la escasez de las mismas.

 

 

El Papa dona una bicicleta para los niños de oncología del Hospital Gemelli

Subasta benéfica para ir a Lourdes

JUNIO 26, 2020 10:45LARISSA I. LÓPEZPAPA FRANCISCO

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(zenit – 26 junio 2020).- El Papa Francisco dona una bicicleta elécrica para la subasta benéfica que pretende pagar a los niños de la Unidad de Oncología del Hospital Policlínico Gemelli de Roma un viaje de peregrinación a Lourdes, informa Vatican News.

El secretario particular del Papa, monseñor Yoannis Lahzi Gaid, fue el encargado de entregar este precioso regalo a los jefes de la Sección Roma- Lazio de UNITALSI (Unión Italiana de Trasporte de Enfermos a Lourdes y Santuarios Internacionales), organización de la Iglesia encargada de acompañar, asistir durante las peregrinaciones a personas con discapacidades, enfermas, ancianas o que necesiten ayuda durante peregrinaciones.

La bicicleta eléctrica se subastará en el portal de UNITALSI, donde se ha creado una página especial en la que se explican las características técnicas de la bicicleta y cómo participar en la puja benéfica.

Ante la donación del Papa Francisco, la organización de voluntarios ha manifestado en una nota: Es un gesto más de ternura por parte del Santo Padre que en estos años de Pontificado ha expresado benévolamente y de diversas maneras su cercanía a la UNITALSI”.

“Con este regalo el Papa Francisco también proporcionó apoyo psicológico a nuestros voluntarios, nos dijo que empezáramos de nuevo y lo hizo dándonos un estímulo para volver a caminar, apoyándonos. Para nosotros es un ‘camino con ustedes’ y esto es muy importante”, expresa también el padre Gianni Toni, asistente de la sección Romano-Lacial de UNITALSI, en una entrevista con Vatican News.

El trabajo de UNITALSI

De acuerdo al medio vaticano, en estos meses de pandemia los voluntarios de la UNITALSI han hecho un gran esfuerzo para permanecer cerca de la gente, con gestos como una llamada telefónica o a través de un mensaje de consuelo y esperanza.

“En estos meses no hemos parado, los voluntarios han estado incesantemente cerca de los muchos enfermos de diferentes maneras. Son personas a quienes es fundamental reafirmar su importancia, porque toda vida es preciosa y rica a los ojos de Dios”, indica el padre Toni.

“Me vienen a la mente las palabras del Papa cuando dijo que no hay mayor poder que el servicio. Servir al hermano significa estar a su lado, hacer humana la vida cotidiana”.

Ahora que ya es posible, la organización italiana intenta volver a empezar también con las peregrinaciones, como la de Lourdes, en el mes de agosto y propone la citada iniciativa para recaudar fondos.

El Papa, siempre cerca de los niños

Preziosa Terrinoni, presidenta de la Sección Romana-Lacial de UNITALSI, subraya que el Santo Padre “siempre ha estado cerca de los niños y además de pasar tiempo con ellos cada vez que visitaba las intalaciones- hace algunos años también quiso recibirlos en una visita privada al Vaticano”.

Se trata de un momento especial, que Francisco tampoco ha olvidado, tal y como demuestra que “en los últimos días pensó en ellos donando una bicicleta eléctrica Piaggio de última generación”, apunta UNITALSI.

 

 

 

MARÍA, CORREDENTORA CON CRISTO

— María, presente en el sacrificio de la Cruz.

— Corredentora con Cristo.

— María y la Santa Misa.

I. A lo largo de la vida terrena de Jesús, su Madre Santa María cumplió la voluntad divina de atenderle con amorosa solicitud: en Belén, en Egipto, en Nazaret. Tuvo con Él todos los cuidados normales que necesitó, iguales a los de cualquier otro niño, y también los desvelos extraordinarios que fueron necesarios para proteger su vida. El Niño creció, entre María y José, en un ambiente lleno de amor sacrificado y alegre, de protección firme y de trabajo.

Más tarde, durante su vida pública, María pocas veces le sigue físicamente de cerca, pero Ella sabía en cada momento dónde se encontraba, y le llegaba el eco de sus milagros y de su predicación. Algunas veces Jesús fue a Nazaret, y estaba entonces más tiempo con su Madre; la mayoría de sus discípulos ya la conocían desde aquella boda en Caná de Galilea1. Salvo el milagro de la conversión del agua en vino, en el que tuvo una parte tan importante, los Evangelistas no señalan que estuviera presente en ningún otro milagro. Tampoco estuvo presente en los momentos en que las gentes desbordaban entusiasmo por su Hijo. «No la veréis entre las palmas de Jerusalén, ni –fuera de las primicias de Caná– a la hora de los grandes milagros.

»—Pero no huye del desprecio del Gólgota: allí está, “juxta crucem Jesu” —junto a la cruz de Jesús, su Madre»2. Ella se encuentra normalmente en Nazaret, en perfecta unión con su Hijo, ponderando en su corazón todo lo que iba ocurriendo; pero en la hora del dolor y del abandono, allí se encuentra María.

Dios la amó de un modo singular y único. Sin embargo, no la dispensó del trance del Calvario, haciéndola participar en el dolor como nadie, excepto su Hijo, haya jamás sufrido. Podría quizá haberse retirado a la intimidad de su casa, lejos del Calvario, en la compañía amable de las mujeres; «al fin y al cabo, nada podía hacer, y su presencia no evitaba ni aliviaba los dolores de su Hijo ni su humillación. Y no lo hizo por la misma razón por la que una madre permanece junto al lecho de su hijo agonizante en lugar de marcharse a distraerse, en vista de que no puede hacer nada para que siga viviendo o deje de sufrir. La Virgen se solidarizó con su Hijo; su amor la llevó a sufrir con Él»3. Poco a poco se fue aproximando a la Cruz; al final, los soldados le permitieron estar muy cerca. Mira a Jesús, y su Hijo la mira. En una estrechísima unión, ofrece a su Hijo a Dios Padre, corredimiendo con Él. En comunión con su Hijo doliente y agonizante, soportó el dolor y casi la muerte; «abdicó de los derechos de madre sobre su Hijo, para conseguir la salvación de los hombres; y para apaciguar la justicia divina, en cuanto dependía de Ella, inmoló a su Hijo, de suerte que se puede afirmar con razón que redimió con Cristo al linaje humano»4.

La Virgen no solo «acompañaba» a Jesús, sino que estaba unida activa e íntimamente al sacrificio que se ofrecía en aquel primer altar. De modo voluntario participaba en la redención de la humanidad, consumando su fiat, que años antes había pronunciado en Nazaret. Por eso, podemos pensar que en cada Misa, centro y corazón de la Iglesia, se encuentra María. En muchas ocasiones nos ayudará esta realidad a vivir mejor el sacrificio eucarístico –uniendo a la entrega de Cristo la nuestra, que también ha de ser holocausto–, sintiéndonos en el Calvario, muy cerca de Nuestra Señora.

II. Desde la Cruz, Jesús confía su Cuerpo Místico, la Iglesia, a Santa María, en la persona de San Juan. Sabía que constantemente necesitaríamos de una Madre que nos protegiera, que nos levantara y que intercediera por nosotros. A partir de ese momento, «Ella lo custodia y custodiará con la misma fidelidad y la misma fuerza con que custodió a su Primogénito: desde el portal de Belén, a través del Calvario, hasta el Cenáculo de Pentecostés, donde tuvo lugar el nacimiento de la Iglesia. María está presente en todas las vicisitudes de la Iglesia (...). De modo muy particular está unida a la Iglesia en los momentos más difíciles de su historia (...). María aparece particularmente cercana a la Iglesia, porque la Iglesia es siempre como su Cristo, primero Niño, y después Crucificado y Resucitado»5.

La Virgen Santa María intercede para que Dios imprima en las almas de los cristianos el mismo afán que puso en la suya, el deseo corredentor de que vuelvan a ser amigos de Dios todos los hombres. «La fe, la esperanza y la ardiente caridad de la Virgen en la cima del Gólgota, que la hacen Corredentora con Cristo de modo eminente, son también una invitación a crecernos, a ser fuertes humana y sobrenaturalmente ante las dificultades externas; a insistir, sin desanimarnos, en la acción apostólica, aunque en alguna ocasión parezca que no hay frutos, o el horizonte aparezca oscurecido por la potencia del mal.

«Luchemos –¡lucha tú!– contra ese acostumbramiento, contra ese ir tirando monótonamente, contra ese conformismo que equivale a la inacción. Mira a Cristo en la Cruz, mira a Santa María junto a la Cruz: ante su mirada se abren cauce, con seguridad pasmosa, la traición, la burla, los insultos...; pero Cristo, y secundando esa acción redentora, María, siguen fuertes, perseverantes, llenos de paz, con optimismo en el dolor, cumpliendo la misión que la Trinidad les ha confiado. Es un aldabonazo para cada uno de nosotros, recordándonos que a la hora del dolor, de la fatiga y de la contradicción más horrenda, Cristo –y tú y yo hemos de ser otros Cristos– da cumplimiento a su misión (...). Me decido a aconsejarte que vuelvas tus ojos a la Virgen, y le pidas, para ti y para todos: Madre, que tengamos confianza absoluta en la acción redentora de Jesús, y que –como tú, Madre– queramos ser corredentores...»6. Participar en la Redención, cooperar en la santificación del mundo, salvar almas para la eternidad: ¿cabe un ideal más grande para llenar toda una vida? La Virgen corredime ahora junto a su Hijo en el Calvario, pero también lo hizo cuando pronunció su fiat al recibir la embajada del Ángel, y en Belén, y en el tiempo que permaneció en Egipto, y en su vida corriente de Nazaret... Como Ella, podemos ser corredentores todas las horas del día, si las llenamos de oración, si trabajamos a conciencia, si vivimos una amable caridad con quienes encontremos en nuestras tareas, en la familia..., si ofrecemos con serenidad las contrariedades que cada día lleva consigo.

III. Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo7. Era la última donación de Jesús antes de su Muerte; nos dio a su Madre como Madre nuestra.

Desde entonces el discípulo de Cristo tiene algo que le es propio: tiene a María como Madre suya. Su puesto de Madre en la Iglesia será para siempre: Desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa8. Aquella es la hora de Jesús, que inaugura con su Muerte redentora una era nueva hasta el fin de los tiempos. Desde entonces, «si queremos ser cristianos, debemos ser marianos»9; para ser buen cristiano es preciso tener un gran amor a María. La obra de Jesús se puede resumir en dos maravillosas realidades: nos ha dado la filiación divina, haciéndonos hijos de Dios, y nos ha hecho hijos de Santa María.

Un autor del siglo iii, Orígenes, hace notar que Jesús no dijo a María «ese es también tu hijo», sino «he ahí a tu hijo»; y como María no tuvo más hijo que Jesús, sus palabras equivalen a decirle: «ese será para ti en adelante Jesús»10. La Virgen ve en cada cristiano a su hijo Jesús. Nos trata como si en nuestro lugar estuviera Cristo mismo. ¿Cómo se olvidará de nosotros cuando nos vea necesitados? ¿Qué no conseguirá de su Hijo en favor nuestro? Nunca podremos imaginar, ni de lejos, el amor de María por cada uno.

Acostumbrémonos a encontrar a Santa María mientras celebramos o participamos en la Santa Misa. Allí, «en el sacrificio del Altar, la participación de Nuestra Señora nos evoca el silencioso recato con que acompañó la vida de su Hijo, cuando andaba por la tierra de Palestina. La Santa Misa es una acción de la Trinidad; por voluntad del Padre, cooperando con el Espíritu Santo, el Hijo se ofrece en oblación redentora. En ese insondable misterio, se advierte, como entre velos, el rostro purísimo de María: Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo, Esposa de Dios Espíritu Santo.

»El trato con Jesús, en el Sacrificio del Altar, trae consigo necesariamente el trato con María, su Madre. Quien encuentra a Jesús, encuentra también a la Virgen sin mancilla, como sucedió a aquellos santos personajes –los Reyes Magos– que fueron a adorar a Cristo: entrando en la casa, hallaron al Niño con María, su Madre (Mt 2, 11)»11. Con Ella podemos ofrecer toda nuestra vida –todos los pensamientos, afanes, trabajos, afectos, acciones, amores– identificándonos con los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús12¡Padre Santo!, le decimos en la intimidad de nuestro corazón, y lo podemos repetir interiormente durante la Santa Misa, por el corazón Inmaculado de María os ofrezco a Jesús vuestro Hijo muy amado y me ofrezco yo mismo en Él, con Él y por Él a todas sus intenciones y en nombre de todas las criaturas13.

Celebrar o asistir como conviene al Santo Sacrificio del Altar es el mejor servicio que podemos prestar a Jesús, a su Cuerpo Místico y a toda la humanidad. Junto a María, en la Santa Misa estamos particularmente unidos a toda la Iglesia.

1 Cfr. Jn 2, 1-10. — 2 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 507. — 3 F. Suárez, La Virgen Nuestra Señora, p. 294. — 4 Benedicto XV, Epist. Inter sodalicia, 22-V-1918. — 5 K. Wojtyla, Signo de contradicción, pp. 261-262. — 6 A. del Portillo, Carta pastoral 31-V-1987, n. 19.  7 Jn 19, 26. — 8 Jn 19, 27. — 9 Pablo VI, Homilía 24-IV-1970. — 10 Orígenes, Comentario sobre el Evangelio de San Juan, 1, 4, 23.  11 San Josemaría Escrivá, La Virgen, en Libro de Aragón, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, Zaragoza 1976.  12 Cfr. Flp 2, 5.  13 P. M. Sulamitis, Oración de la Ofrenda al Amor Misericordioso, Madrid 1931.

 

 

“Amar a nuestros enemigos”

No somos buenos hermanos de nuestros hermanos los hombres, si no estamos dispuestos a mantener una recta conducta, aunque quienes nos rodeen interpreten mal nuestra actuación, y reaccionen de un modo desagradable (Forja, 460).

27 de junio

Los hijos de Dios nos forjamos en la práctica de ese mandamiento nuevo, aprendemos en la Iglesia a servir y a no ser servidos, y nos encontramos con fuerzas para amar a la humanidad de un modo nuevo, que todos advertirán como fruto de la gracia de Cristo. Nuestro amor no se confunde con una postura sentimental, tampoco con la simple camaradería, ni con el poco claro afán de ayudar a los otros para demostrarnos a nosotros mismos que somos superiores. Es convivir con el prójimo, venerar -insisto- la imagen de Dios que hay en cada hombre, procurando que también él la contemple, para que sepa dirigirse a Cristo.

Universalidad de la caridad significa, por eso, universalidad del apostolado; traducción en obras y de verdad, por nuestra parte, del gran empeño de Dios, quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Si se ha de amar también a los enemigos -me refiero a los que nos colocan entre sus enemigos: yo no me siento enemigo de nadie ni de nada-, habrá que amar con más razón a los que solamente están lejos, a los que nos caen menos simpáticos, a los que, por su lengua, por su cultura o por su educación, parecen lo opuesto a ti o a mí. (Amigos de Dios, 230)

 

 

Homilía del prelado del Opus Dei en la fiesta de san Josemaría (26 junio 2020)

La Eucaristía, el "Omnia in bonum" (¡todo es para bien!) y el sentido de misión son los tres temas que ha abordado el prelado en su homilía en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz (26 junio 2020).

HOMILÍAS26/06/2020

Hoy, en la fiesta litúrgica de san Josemaría, aquí junto a sus restos mortales, en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, acudimos a su intercesión por todos los que están sufriendo las consecuencias del coronavirus, sobre todo por los difuntos y sus familias. Ahora, nuestro recuerdo se dirige especialmente hacia los países en que sigue más presente la pandemia. La comunión de los santos nos lleva a hacer propio lo que afecta a los demás, porque “si un miembro sufre, todos sufren con él”. “En esta barca estamos todos”, dijo el Papa Francisco. Estamos “llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente"[1].

Las lecturas de la Misa de hoy nos recuerdan tres realidades, que san Josemaría llevaba muy en el corazón: la Eucaristía, el omnia in bonum (¡todo es para bien!) y el sentido de misión.

“El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20, 28). Estas palabras, que leeremos en la antífona de comunión, resumen el caminar terreno de Jesús, que estuvo marcado por la entrega a los demás. “Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia” (1 P 2,24). Y este sacrificio se vuelve a hacer presente en la santa Misa, donde Cristo se nos entrega totalmente. Él mismo se ofrece como alimento que nos sostiene, nos llena de su misericordia y de su amor, como lo hizo en el Calvario.

Durante los meses de confinamiento, estamos aprendiendo a valorar más la participación en el Sacrificio eucarístico. Muchas familias, en medio de esta difícil situación, la primera cosa que hacían cada día era seguir por televisión la santa Misa. De ese momento sacaban las fuerzas necesarias para afrontar la jornada y, a la vez, aumentaban su deseo de recibir al Señor sacramentalmente.

SABERNOS HIJAS E HIJOS DE UN DIOS NOS HA DE DAR UNA PROFUNDA ALEGRÍA

En estas circunstancias difíciles del mundo, de este mundo del que somos y al que amamos como creación de Dios, nos llenan de consuelo estas palabras que hemos leído en la segunda lectura y que san Josemaría meditó tantas veces: “Habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: ¡Abba, Padre!” (Rm 8,15). Sabernos hijas e hijos de un Dios que todo lo sabe y todo lo puede nos ha de dar una profunda alegría que es fruto del Espíritu Santo.

Esto no significa que no encontremos dificultades y sufrimiento. San Pablo termina así el texto que acabamos de leer: somos “herederos de Dios y coherederos con Cristo; de modo que, si sufrimos con él, seremos también glorificados con él” (Rm 8,17). Estas palabras nos ayudan a entender el sentido del dolor. Cuando algo nos hace sufrir, podemos unirnos al sacrificio de Jesús en la Cruz, con la esperanza puesta en la resurrección. Porque “lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito”[2].

La fe nos da la seguridad de que todo es para bien: Omnia in bonum!, le gustaba repetir a san Josemaría con palabras de san Pablo (cfr. Rm 8, 28). Sí, todo es para bien, aunque a veces cueste entender el bien que puede traer una situación como la que estamos atravesando. Pero lo cierto es que, en este tiempo, hemos presenciado innumerables muestras de generosidad, de creatividad, de iniciativa y el trabajo abnegado de tantas personas, llegando incluso a arriesgar su propia vida: personal sanitario, fuerzas de seguridad, sacerdotes, voluntarios… También hemos conocido historias de padres y madres desviviéndose por sacar adelante cada hogar durante el confinamiento. Estos ejemplos de entrega nos han llevado a estar más unidos, a ser más conscientes de que necesitamos de los demás y que los demás nos necesitan.

En el Evangelio de hoy, leemos esta invitación de Jesús a Simón Pedro, que le impulsa a la misión: “Rema mar adentro, y echad las redes para pescar” (Lc 5,4). Estas mismas palabras nos las dirige también hoy a cada uno de nosotros: dejar a un lado la propia comodidad para salir al encuentro de los demás y transmitir la alegría del Evangelio, la alegría de una vida junto a Jesús, que ha dado su vida por amor a cada uno de nosotros.

Para lanzarse mar adentro, hace falta audacia, deseos de cambiar el mundo. Pero, por encima de todo, es necesario tener un corazón enamorado, dejar que Cristo sea el centro de nuestra vida, de modo que Él sea “el único motor de todas nuestras actividades”[3].

Después de la invitación de Jesús a remar mar adentro, leemos: “Hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red” (Lc 5,6). Tampoco la eficacia sobrenatural de nuestro trabajo depende de nuestras cualidades, sino de dejar obrar al Señor. “Cuando nos ponemos con generosidad a su servicio –explica el Papa Francisco–, Él obra grandes cosas en nosotros. Así actúa con cada uno de nosotros: nos pide que lo acojamos en la barca de nuestra vida, para recomenzar con él a surcar un nuevo mar, que se revela cuajado de sorpresas”[4]. Este fue el ideal que inspiró la vida de san Josemaría. Sentía que “la Obra ha nacido para extender por todo el mundo el mensaje de amor y de paz, que el Señor nos ha legado”[5]. Ojalá nosotros sepamos también lanzarnos con esa misma confianza a todo lo que el Señor nos pida.

NOS UNIMOS CON CARIÑO Y ORACIÓN A TODO EL SUFRIMIENTO DEL MUNDO

Los que participamos en esta Santa Misa –de modo presencial o a través de la red– nos unimos con cariño y oración a todo el sufrimiento del mundo, y nos encomendamos a los difuntos para que desde el Cielo –con san Josemaría, en el día de su fiesta- intercedan por todos nosotros.

Acudamos muy especialmente a Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra. Ella, Consuelo de los afligidos, nos ayudará a ver, con los ojos de la fe, el amor de su Hijo en las dificultades que estamos atravesando. Ella, Estrella de la mañana, nos guiará por ese camino de amor y confianza en Dios.

(En italiano)

Mi rivolgo adesso a coloro che, in condizioni normali, avrebbero partecipato a questa celebrazione nella Basilica di Sant’Eugenio. Anche se in Italia abbiamo già superato il momento più critico della pandemia, in altre parti del mondo continua l’isolamento, richiesto dagli effetti del coronavirus. Uniamoci ora nell’orazione per questi paesi, e nello stesso tempo preghiamo per tutti coloro che ci hanno lasciato nei mesi scorsi e per le loro famiglie.

DA OGNI CONTRARIETÀ, DIO RICAVA UN BENE

È difficile capire perché Dio ha permesso questa situazione. San Paolo scrive che “tutto concorre al bene di coloro che amano Dio”, e san Josemaría lo riassumeva a modo di giaculatoria: Omnia in bonum! Tutto è per il bene! Da ogni contrarietà, Dio ricava un bene, come, probabilmente, abbiamo visto anche noi, in qualche modo, in questi mesi.

Nella festa di san Josemaría, accanto ai suoi resti mortali, possiamo ricorrere alla sua intercessione affinché ci aiuti a restare sempre molto uniti tra di noi e con tutti coloro che soffrono. Sosteniamoci gli uni gli altri per mezzo dell’orazione, dell’affetto, del servizio disinteressato. Come diceva il Papa Francesco durante il momento straordinario di preghiera per la pandemia, siamo “tutti chiamati a remare insieme, tutti bisognosi di confortarci a vicenda. Su questa barca… ci siamo tutti”. Non dimentichiamoci di pregare per il Santo Padre e per il suo ministero nella Chiesa.

Così sia.


[1] Francisco, Momento extraordinario de oración en tiempos de pandemia, 27-III-2020.

[2] Benedicto XVI, Mensaje con ocasión de la Jornada Mundial del Enfermo, 11-II-2013.

[3] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 1289 (5.10.1935).

[4] Francisco, Ángelus, 10-II-2019.

[5] San Josemaría, Carta 16-VII-1933, n. 3.

 

Os he llamado amigos (I): ¿Dios tiene amigos?

Dios siempre ha buscado activamente la amistad con los hombres, ofreciéndonos vivir en comunión con Él. Ni la debilidad humana ni el polvo del camino le han hecho cambiar de opinión. Dejarnos abrazar por ese Amor incondicional nos llena de luz y de fuerza para ofrecerlo a los demás.

OTROS15/05/2020

Una pregunta frecuente que seguramente se encuentre entre nuestros mensajes en el teléfono móvil es: «¿Dónde estás?». También la habremos enviado a nuestros amigos y familiares buscando su compañía, aunque sea a distancia, o simplemente por traer a la otra persona a nuestra imaginación de una manera más concreta. ¿Dónde estás? ¿Qué haces? ¿Todo va bien? Esa pregunta es también una de las primeras frases que Dios, mientras «paseaba por el jardín a la hora de la brisa» (Gn 3,8-9), dirige al hombre. El Creador, desde el inicio de los tiempos, quería caminar junto a Adán y Eva; podríamos pensar, con cierto atrevimiento, que Dios buscaba su amistad –y ahora la nuestra– para contemplar plenamente realizada su creación.

Una novedad que va in crescendo

Esta idea, que tal vez no es totalmente nueva para nosotros, ha causado bastante extrañeza en la historia del pensamiento humano. De hecho, en uno de sus momentos de mayor esplendor, se había aceptado con resignación la imposibilidad para el ser humano de ser amigo de Dios. La razón era que entre ambos media una absoluta desproporción, son demasiado distintos[1]. Se pensaba que podría haber, como mucho, una relación de sometimiento a la que, en el mejor de los casos, podríamos acceder lejanamente a través de ciertos ritos o de ciertos conocimientos. Pero una relación de amistad era inimaginable.

Sin embargo, la Escritura presenta una y otra vez nuestra relación con Dios en términos de amistad. El libro del Éxodo no deja lugar a dudas: «El Señor hablaba con Moisés cara a cara, como se habla con un amigo» (Ex 33,11). En el libro del Cantar de los Cantares, que recoge de manera poética la relación entre Dios y el alma que lo busca, a esta última la llama continuamente «amiga mía» (cfr. Ct 1,15 y otros). También el libro de la Sabiduría señala que Dios «se comunica a las almas santas de cada generación y las convierte en amigos» (Sb 7,27). Es importante notar que en todos los casos la iniciativa proviene del mismo Dios; la alianza que ha sellado con su creación no es simétrica, como podría ser un contrato entre iguales, sino más bien es asimétrica: nos ha sido regalada la desconcertante posibilidad de hablar de tú a tú con nuestro propio creador.

LA ESCRITURA ESTÁ LLENA DE EJEMPLOS QUE MUESTRAN LA LA BÚSQUEDA CONSTANTE POR PARTE DE DIOS DE ESTABLECER UNA RELACIÓN DE AMISTAD CON LOS HOMBRES

Esta manifestación de la amistad que nos ofrece Dios, la comunicación de esta novedad, continuó in crescendo a lo largo de la historia de la salvación. Todo lo que nos había dicho por medio de la alianza se ilumina definitivamente con la vida del Hijo de Dios en la tierra: «Dios nos ama no solo como criaturas, sino también como hijos a los que, en Cristo, ofrece una verdadera amistad»[2]. Toda la vida de Jesús es una invitación a la amistad con su Padre. Y uno de los momentos más intensos en los que nos transmite esta buena noticia es durante la Última Cena. Allí, en el Cenáculo, con cada uno de sus gestos, Jesús abre su corazón para llevar a sus discípulos –y a nosotros con ellos– a la verdadera amistad con Dios.

Del polvo a la vida

El evangelio de san Juan se divide en dos partes claras: la primera se centra en la predicación y en los milagros de Cristo, la segunda en su pasión, muerte y resurrección. El puente que las une es el siguiente versículo, que nos adentra en el Cenáculo: «Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, como amase a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1). Allí estaban Pedro y Juan, Tomás y Felipe, todos los doce juntos, apoyados cada uno hacia un costado, como era costumbre en la época. Por lo sucesos que se narran, probablemente era una mesa de tres lados –con forma de U– en la que Jesús se encontraba casi en un extremo, el importante, y Pedro en el opuesto, el del sirviente; es posible que estuvieran frente a frente. Jesús, en un determinado momento, a pesar de que no era una tarea que le correspondía a quien estaba situado en ese lugar preferencial, se puso de pie para realizar un gesto que quizá su Madre habría realizado muchas veces con él: tomó una toalla y se la ciñó a la cintura para quitar el polvo de los pies de sus amigos.

La imagen del polvo está presente desde el inicio en la Sagrada Escritura. En la historia sobre la creación se nos cuenta que «el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra» (Gn 2,7). Entonces, para que dejara de ser algo inanimado, muerto e incapaz de relacionarse, Dios «insufló en sus narices aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser vivo» (Gn 2,7). Desde ese momento, el hombre experimentará una tensión que proviene de ser polvo y espíritu, una tensión entre sus límites radicales y sus deseos infinitos. Pero Dios es más fuerte que nuestra debilidad y que cualquiera de nuestras traiciones.

Ahora, en el Cenáculo, el polvo del hombre vuelve a aparecer. Cristo se dobla sobre el polvo de los pies de sus amigos, para recrearlos, devolviéndoles la relación con el Padre. Jesús nos lava los pies y, divinizando el polvo del que estamos hechos, nos regala la amistad íntima que tiene con su Padre. En medio de la emoción que le embarga, con los ojos de todos sus discípulos fijos en él, dice: «A vosotros, en cambio, os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15,15). Dios quiere compartirlo todo. Jesús nos comparte su vida, su capacidad de amar, de perdonar, de ser amigos hasta el fin.

EN EL HOMBRE COEXISTEN EL POLVO Y EL ESPÍRITU. DIOS LO SABE Y SALE A NUESTRO ENCUENTRO

Todos hemos tenido la experiencia de cómo las buenas relaciones de amistad nos han cambiado; tal vez no seríamos los mismos si no hubiésemos encontrado esas relaciones en nuestra vida. También ser amigos de Dios transforma nuestro modo de ser amigos de quienes nos rodean. Así, como Cristo, podremos lavar los pies de todos, sentarnos a la mesa de quien nos podría traicionar, ofrecer nuestro cariño a quien no nos comprende o incluso no acepta nuestra amistad. La misión de un cristiano en medio del mundo es precisamente «abrirse en abanico»[3] a todos, porque Dios sigue infundiendo su aliento al polvo del que estamos hechos y actúa en esas relaciones enviándonos su luz.

Dejarnos llevar hacia la comunión

Hemos visto que la amistad que nos ofrece Jesucristo es un acto de confianza incondicional de Dios en nosotros, que no termina nunca. A distancia de veinte siglos, en nuestra existencia diaria, Cristo nos cuenta todo lo que sabe sobre el Padre para continuar atrayéndonos a su amistad. Sin embargo, aunque esto no nos faltará, será siempre una parte, ya que «a esta amistad correspondemos uniendo nuestra voluntad a la suya»[4].

Los verdaderos amigos viven en comunión: en el fondo de su alma quieren las mismas cosas, se desean la felicidad el uno al otro, a veces ni siquiera necesitan utilizar palabras para comprenderse mutuamente; se ha dicho incluso que reírse de las mismas cosas es una de las mayores manifestaciones de compartir intimidad. Esta comunión, en el caso de Dios, más que un agotador esfuerzo en tratar de cumplir ciertos requisitos –esto no sucede entre amigos– se trata igualmente de estar el uno con el otro, de acompañarse mutuamente.

Un buen ejemplo puede ser precisamente el de san Juan, el cuarto evangelista: dejó que Jesús se acercara y le lavara los pies, se recostó tranquilamente en su pecho durante la Cena y, finalmente –tal vez sin comprender completamente lo que sucedía–, no se despegó de su mejor amigo para acompañarlo en los mayores sufrimientos. El discípulo amado se dejó transformar por Jesucristo y, de esa manera, Dios fue quitando poco a poco el polvo de su corazón: «En esta comunión de voluntades se realiza nuestra redención: ser amigos de Jesús, convertirse en amigos de Jesús. Cuanto más amamos a Jesús, cuanto más lo conocemos, tanto más crece nuestra verdadera libertad»[5].

LA COMUNIÓN ENTRE DOS AMIGOS SE MANIFIESTA, FUNDAMENTALMENTE, EN EL DESEO MUTUO DE ESTAR JUNTOS, DE ACOMPAÑARSE, DE DEJARSE TRANSFORMAR POR EL OTRO

Jesús, en esa Última Cena, nos muestra que el secreto de la amistad está en permanecer con Él: «Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí» (Jn 15,4). Es Jesús quien quiere amar en nosotros. Sin él no podemos ser amigos hasta el fin. «Por mucho que ames, nunca querrás bastante», señala san Josemaría. Pero inmediatamente añade: «Si amas al Señor, no habrá criatura que no encuentre sitio en tu corazón»[6].

***

«¿Dónde estás?» son las palabras que Dios, mientras paseaba por aquella espléndida creación que había salido de sus manos, dirigió al hombre. También ahora quiere entrar en diálogo con nosotros. Nadie, ni siquiera el más brillante de los pensadores, podía imaginar un Dios que pidiese nuestra compañía, que mendigase nuestra amistad hasta el extremo de dejarse clavar en una cruz para así no cerrarnos nunca sus brazos. Habiendo entrado en esa locura de amor, nos veremos impulsados también nosotros a abrirlos sin condiciones a todas las personas que nos rodean. Nos preguntaremos mutuamente: ¿Dónde estás? ¿Todo va bien? Y a través de esa amistad podremos devolver la belleza a la creación.

Giulio Maspero y Andrés Cárdenas


[1] Cfr. Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1159a, 4-5.

[2] F. Ocáriz, Carta pastoral 1-XI-2019, n. 2.

[3] Cfr. San Josemaría, Surco, n. 193.

[4] F. Ocáriz, Carta pastoral 1-XI-2019, n.2.

[5] Joseph Ratzinger, Homilía en la Misa pro eligendo pontifice, 18-IV-2005.

[6] San Josemaría, Via Crucis, VIII estación, n. 5.

Photo: Alex Bertha, on Unsplash

 

 

El Crucifijo y el Evangelio

Viernes, 27 de marzo. El Papa reza en la plaza de San Pedro,
presidida por el Crucifijo de San Marcello al Corso

En medio de la pandemia que nos toca vivir, irrumpe la Semana Santa y, tras ella, el tiempo de Pascua. En su audiencia general del miércoles 8 de abril, el Papa nos acompaña, prepara y aconseja, a la vez que anuncia y confirma la fe. Para ayudarnos, se plantea preguntas que quizá nos hagamos en tiempos de crisis: ¿Donde está Dios ahora? ¿Por qué permite el sufrimiento? ¿Por qué no resuelve rápidamente nuestros problemas?

También la gente que acogió a Jesús triunfalmente a su entrada en Jerusalén –observa Francisco- se preguntaba si libraría al pueblo de sus enermigos (cf.Lc 24, 21). Esperaban un Mesías poderoso y triunfante con la espada. En cambio les llega uno manso y humilde que llama a la conversión y a la misericordia. Y, curiosamente, la misma gente que lo había aclamado luego pedirá que le crucifiquen (cf. Mt 27, 23), mientras que los que le seguían lo abandonan confusos y asustados.

Lógica humana y acto de fe

Así es, y esta que podríamos llamar escena primera, nos presenta la “lógica humana”; expresada en palabras de Francisco: “si la suerte de Jesús es esta, el Mesías no es Él, porque Dios es fuerte, Dios es invencible”.

Pero, sigue señalando Francisco hay otra escena sorprendente, al final del relato de la Pasión. Cuando a la muerte de Jesús, el centurión romano, que no era creyente –no era judío, sino pagano– después de verle sufrir en la cruz y oír que había perdonado a todos, es decir, después de haber palpado su amor sin medida, confiesa: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15, 39). El centurión dice justo lo contrario que los demás: “Dice que allí está Dios, que es Dios verdadero”. En efecto, no dice que Jesús es el “Mesías”, porque él no tenía una expectativa de ese estilo, sino que le reconoce como el Dios verdadero.

Tras mostrarnos estas dos escenas, la escena de la lógica humana y la del acto de fe del centurión, el Papa se vuelve a nosotros y nos invita a preguntarnos hoy: “¿Cuál es el verdadero rostro de Dios?” Es decir, cómo es Dios verdaderamente, no como nosotros lo imaginamos, sino cómo es realmente.

Lo cierto es que nosotros también funcionamos con una lógica puramente humana: “Habitualmente proyectamos en Él lo que somos, a la máxima potencia: nuestro éxito, nuestro sentido de justicia, e incluso nuestra indignación”. Y cuando abrimos el Evangelio vemos que Dios no es así. Es decir, que Dios es distinto a como nos lo imaginamos, y no podemos conocerlo con nuestras fuerzas.

Por eso –como nos muestra el Evangelio– Dios se hizo cercano, vino a nuestro encuentro en Jesús. Y precisamente en Pascua –en esa “primera Semana Santa” en que padeció y murió por nosotros en la cruz y resucitó– se reveló completamente. ¿Y dónde –se pregunta Francisco– se reveló completamente? En la cruz. 

El crucifijo y el Evangelio

“Allí –en la cruz– aprendemos los rasgos del rostro de Dios. No olvidemos, hermanos y hermanas, que la cruz es la cátedra de Dios”.

Por eso nos propone Francisco: “Nos vendrá bien mirar el Crucifijo en silencio y ver quién es nuestro Señor”. Y va desgranando quién y cómo es Dios realmente:

“Es Aquel que no señala el dedo contra nadie, ni siquiera contra los que lo están crucificando, sino que abre sus brazos a todos; que no nos aplasta con su gloria, sino que se deja despojar por nosotros; que no nos quiere con palabras, sino que nos da la vida en silencio; que no nos obliga, sino que nos libera; que no nos trata como extraños, sino que carga con nuestro mal, carga con nuestros pecados”. De modo que, para liberarnos de los prejuicios sobre Dios, en primer lugar, miremos el Crucifijo”.

Y luego –nos aconseja Francisco– abramos el Evangelio. Un sabio consejo: “En estos días, todos en cuarentena y en casa, encerrados, tomemos estas dos cosas en la mano: el Crucifijo, mirémoslo; y abramos el Evangelio. Esa será para nosotros –digamos así– como una gran liturgia doméstica, porque en estos días no podemos ir a la iglesia. ¡Crucifijo y Evangelio!”.

Me venía a la mente un punto de Camino, cuando señala los medios para caminar siguiendo a Jesús y ayudando a otros a seguirlo: “Pero... ¿y los medios? –Son los mismos de Pedro y de Pablo, de Domingo y Francisco, de Ignacio y Javier: el Crucifijo y el Evangelio... –¿Acaso te parecen pequeños?” (n. 470).

Dios omnipotente en el amor

Pero volvamos a la argumentación del Papa, dirigida ante todo a mostrarnos quién y cómo es Dios verdaderamente, su identidad real. Vuelve a repasar esas dos escenas que referíamos: la lógica humana y el salto a la fe.

¿Cómo reacciona Jesús ante la lógica humana? Jesús quiere que nos desprendamos de nuestra “lógica”, de nuestra interpretación símplemente humana. “En el Evangelio leemos que, cuando la gente va a Jesús para hacerlo rey, por ejemplo tras la multiplicación de los panes, Él se va (cfr. Jn 6,15). Y cuando los diablos querían revelar su majestad divina, Él los enmudece (cfr. Mc 1,24-25)”. ¿Por qué?, se pregunta Francisco.

“Porque –responde– Jesús no quiere ser malinterpretado, no quiere que la gente confunda al Dios verdadero, que es amor humilde, con un dios falso, un dios mundano que da espectáculo y se impone con la fuerza. No es un ídolo. Es Dios que se ha hecho hombre, como cada uno de nosotros, y se expresa como hombre pero con la fuerza de su divinidad”.

Y viene el contraste de la segunda escena, el salto a la fe. ¿Cuándo se proclama solemnemente en el Evangelio la identidad de Jesús? Cuando el centurión dice: “Verdaderamente era Hijo de Dios”. Es una proclamación de fe, al ver la entrega de Jesús en la cruz, para que ya no nos podamos equivocar: Y esta es la conclusión: “Se ve que Dios es omnipotente en el amor, y no de otro modo". Es su naturaleza,  Él es asi y por tanto actúa así, Él es Amor. 

De nuevo se vuelve Francisco a dialogar con nosotros, y escuchar nuestras objeciones, especialmente en tiempos de dificultades: “¿Qué hago con un Dios tan débil, que muere? ¡Preferiría un dios fuerte, un Dios poderoso!”. (Seguimos en nuestra lógica humana, porque pensamos que solo esa “fortaleza” y ese “poder” son los que resolverían los peligros y las enfermedades, los que terminarían con nuestros problemas, incluso nos evitarían morir).

Ese “poder” de Dios es diferente del que nos imaginamos. Veámoslos despacio. Para empezar, no es poder de la fuerza sino del amor: “El poder de este mundo pasa, mientras el amor permanece. Solo el amor conserva la vida que tenemos, porque abraza nuestras fragilidades y las transforma”. En efecto, y esto es así ya a nivel humano, si pensamos en el amor verdadero que vemos por ejemplo en los tiempos de epidemias: el exponer la vida por los demás, por parte de muchos héroes y “santos de la puerta de al lado”, como dice Francisco.

Pero además, llevando a plenitud ese amor y haciéndolo suyo, el amor de Dios en Jesús durante la Pascua consigue resultados que van más allá de cualquier horizonte meramente terreno. Es un amor que asume todo amor verdadero y lo abre a una vida que es más que la vida humana y que la vida terrena: “Cura nuestro pecado con su perdón, hace de la muerte un paso de vida, cambia nuestro miedo en confianza, nuestra angustia en esperanza”.

La victoria sobre el mal y sobre la muerte

En definitiva, la Pascua nos dice que “Dios puede convertir todo en bien. Que con Él podemos de verdad confiar en que todo irá bien. Y eso no es una ilusión –en el sentido de espejimo–, porque la muerte y resurrección de Jesús no es una ilusión: ¡fue una verdad!”

Por eso la mañana de Pascua se nos dice: «¡No tengáis miedo!» (cfr. Mt 28,5). “Las angustiosas preguntas sobre el mal –observa Francisco– no desaparecen de golpe, pero hallan en el Resucitado el fundamento sólido que nos permite no naufragar.

Y así termina Francisco mostrándonos, primero lo que hizo Jesús, de donde sabemos con certeza quien es Dios y cómo actúa: “Jesús cambió la historia haciéndose cercano a nosotros y la hizo, aunque todavía marcada por el mal, historia de salvación. Ofreciendo su vida en la cruz, Jesús venció también la muerte. Del corazón abierto del Crucificado, el amor de Dios llega a cada uno de nosotros”.

Y en segundo lugar, cómo podemos actuar nosotros: “Podemos cambiar nuestras historias acercándonos a Él, acogiendo la salvación que nos ofrece”. Así pues, propone para estos días de Semana Santa y Pascua, y siempre, “abrámosle todo el corazón en la oración (...): con el Crucifijo y con el Evangelio. No lo olvidéis: Crucifijo y Evangelio”. Así comprenderemos que Dios no nos abandona, que no estamos solos, sino que somos amados, porque el Señor no se olvida de nosotros jamás.

Jesús nos pide dejar la lógica meramente humana y entrar en la lógica de la fe. Como dice el Papa en una conversación con Austen Ivereigh, ahora es tiempo de trabajar en lo que podamos por los demás. No es tiempo de bajar los brazos, sino de servir con creatividad. Tiempo también de crecer en la experiencia y en la reflexión que nos podrán llevar después a mejorar en la atención a los más vulnerables, a fomentar una economía que replantee las prioridades, a una conversión ecológica que revise los modos de vivir, a rechazar la cultura utilitarista del descarte, a redescubrir que el verdadero progreso solo se logra desde la memoria, la conversión y la contemplación, contando con los sueños de los ancianos y las profecías –los testimonios y los compromisos– de los jóvenes.  

Publicado por Ramiro Pellitero 

 

La asignatura de Religión debe estar presente en la escuela, como ocurre en los sistemas educativos de Europa

El pasado día 22 de junio ha celebrado la Iglesia la memoria de dos mártires, dos auténticas personalidades, que  ocupan un puesto de honor en la historia de la Iglesia en  Inglaterra: el obispo Juan  Fisher y el que fuera Lord Canciller de Inglaterra, Tomás Moro. Ambos murieron mártires por no ceder a las pretensiones de Enrique VIII y oponerse a la anulación del matrimonio del rey con Catalina de Aragón. Hasta el fin de sus vidas fueron leales a su patria y al rey, obedecieron las leyes de su país y las respetaron en conciencia, hasta que puestos en la tesitura de elegir obedecer a Dios o a los hombres, se decantaron sin dudar por servir y obedecer al que es señor de los señores por encima de cualquier autoridad humana, incluso las más altas.

Las figuras de estos dos grandes santos que defendieron con sus vidas la santidad del matrimonio cristiano me han recordado en estos días la importancia que para el bien común tienen las leyes que regulan aspectos fundamentales en la vida de los pueblos: el matrimonio, la propiedad, la libertad religiosa… ¡la enseñanza!

Consciente de ello, la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura ha emitido recientemente, a propósito del Proyecto de Ley de Educación publicado recientemente (LOMLOE), una Nota cuyo contenido fundamental considero oportuno recordar. La Nota de los obispos se centra en algunos puntos que es necesario tener en cuenta al tratarse de un tema tan decisivo para la vida de un pueblo como la educación.

El contenido de la Nota debe enmarcarse en el contexto de los artículos 16 y 27 de la Constitución española. En el primero se garantiza, entre otras cosas, la libertad religiosa y de culto de individuos y comunidades. El segundo reconoce el derecho de todos a  la educación, así como la libertad de enseñanza; en dicho artículo se garantiza también “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

Por eso, los obispos de la Comisión Episcopal han querido subrayar en primer lugar la necesidad de “proteger y promover” tanto el derecho a la educación como la libertad de enseñanza, dos derechos fundamentales de la persona; a la vez,  muestran su deseo de que las inmediatas consecuencias de ambos derechos se recojan en el Proyecto de Ley de Educación, de manera que no se queden en bellos principio privados de sus necesarias consecuencias. Entre estas se recuerda, ante todo, la responsabilidad propia y primaria de los padres en la educación de los hijos ˗el Estado, recuerdan los obispos, no es el primer sujeto del derecho educativo˗, responsabilidad que  comporta derechos bien determinados. Piden que en el actual Proyecto  se recoja “la demanda social” en todas las etapas del proceso educativo, “desde la elección del centro escolar, que incluye la gratuidad de la enseñanza sin discriminaciones, al trato de igualdad de los diversos centros y la libertad para su creación”.

El pleno desarrollo de la persona, objeto de la educación según el art. 27 de la Constitución es un principio que no permite que la educación moral y religiosa quede al margen del ámbito escolar, ya que resulta necesaria para que la persona “pueda crecer como sujeto responsable y libre”. Es por eso que la asignatura de la Religión debe estar presente en la escuela, como ocurre  en los sistemas educativos de Europa. La identidad de la persona abraza dimensiones diversas: históricas, culturales, morales y religiosas, entre otras; sin ellas no se llegará a comprender por entero la propia realidad. Como se afirma en la Nota de los obispos, la asignatura de Religión “no debe ser considerada ajena al proceso educativo” y debe ser tenida como una asignatura “comparable a otras fundamentales, y por tanto, evaluable de igual manera”.

Dada la trascendencia de lo que está en juego resulta más que justificado el deseo de los obispos de que por parte del Estado se dé lugar al diálogo social y a la colaboración de todas las partes interesadas en la preparación de la nueva Ley de Educación y Cultura.

+ José María Yanguas Obispo de Cuenca

 

 

Comentario al Evangelio: Tomar la cruz

Evangelio del 13º domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A) y comentario al evangelio.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Mt 10,37-42)

Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. Quien encuentre su vida, la perderá; pero quien pierda por mí su vida, la encontrará.

Quien a vosotros os recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado. Quien recibe a un profeta por ser profeta obtendrá recompensa de profeta, y quien recibe a un justo por ser justo obtendrá recompensa de justo. Y cualquiera que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por ser discípulo, en verdad os digo que no quedará sin recompensa.


Comentario

El evangelio según san Mateo contiene cinco grandes discursos de Jesús, como una alusión a los cinco rollos de la Ley de Moisés o Pentateuco. El segundo de estos discursos suele llamarse el Discurso de la Misión, porque contiene una serie de instrucciones del Maestro para aquellos que envió a las ciudades y aldeas a anunciar la inminente llegada del Reino de Dios. Al igual que el domingo pasado, la liturgia recoge hoy un fragmento de dicho discurso.

“Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí…” (v. 37). Las palabras de Jesús tienen un tono muy exigente y demandan de los discípulos decisiones firmes y generosas. Muy a propósito, Jesús contrasta su seguimiento y la evangelización con aquellas dimensiones de la persona más esenciales e importantes, como son la familia y la propia vida.

El Papa Francisco explicaba esta prioridad así: “El afecto de un padre, la ternura de una madre, la dulce amistad entre hermanos y hermanas, todo esto, aun siendo muy bueno y legítimo, no puede ser antepuesto a Cristo. No porque Él nos quiera sin corazón y sin gratitud, al contrario, es más, sino porque la condición del discípulo exige una relación prioritaria con el maestro”[1]. Jesús no promueve el rechazo o desprecio a los seres queridos, sino que ilustra el valor radical y primordial que tiene el amor a Dios y la búsqueda del bien de las almas, que es la mejor forma de amar a los demás.

“Quien no toma su cruz y me sigue…” (v. 38). Sorprende que Jesús hable ya a los apóstoles de la cruz, cuando acaba de elegirlos al inicio de su ministerio en Galilea. No sabemos qué entenderían ellos de estas palabras, pronunciadas mucho antes de la pasión. En cualquier caso, significan que el discípulo puede identificarse con el Maestro; no solo porque es enviado a anunciar el evangelio como Él, sino también porque puede sacrificarse por los demás, como hizo Jesús en la cruz.

La idea de la cruz produce cierto miedo natural y podría retraernos de seguir más de cerca al Señor. Pero es un miedo que se vence si conocemos bien el sentido de la cruz para cada uno. San Gregorio Magno lo aclaraba así: “nosotros podemos cargar con la cruz de dos maneras: o bien dominando nuestra carne por medio de la sobriedad o bien haciendo nuestras por compasión las necesidades del prójimo”[2].

Cargar con la cruz cada día suele significar para la mayoría de los cristianos aprender a dominar las propias pasiones y gustos, sobre todo para hacer la vida más amable y grata a los demás. San Josemaría comentaba: “los verdaderos obstáculos que te separan de Cristo —la soberbia, la sensualidad…—, se superan con oración y penitencia. Y rezar y mortificarse es también ocuparse de los demás y olvidarse de sí mismo. Si vives así, verás cómo la mayor parte de los contratiempos que tienes, desaparecen”[3].

Por otro lado, Jesús no solo habla de renuncia. También se refiere a la recompensa que obtenemos cuando le seguimos de cerca y cuando cuidamos a sus discípulos. Como decía también san Josemaría, “darse a los demás es de tal eficacia, que Dios lo premia con una humildad llena de alegría”[4]. El discípulo de Jesús que se entrega generosamente está contento. Y suele experimentar que, quienes se benefician de su labor, lo reciben con cariño y aprecio. Incluso el pequeño gesto de ofrecer un vaso de agua al discípulo es realizado como si se le ofreciera a su propio Maestro. Y por eso mismo, tampoco los gestos de cariño hacia los servidores del Maestro dejarán de ser recompensados por Dios.


[1] Papa Francisco, Ángelus, 2 de julio de 2017.

[2] San Gregorio Magno, Homiliae in Evangelia, 57.

[3] San Josemaría, Vía Crucis, estación X, n. 4.

[4] San Josemaría, Forja, 591.

 

 

XIII Domingo del tiempo ordinario.

 

Mt 10,37-42.

 

El seguimiento de Jesús lleva consigo identificarse con El hasta las últimas consecuencias. La abnegación, el negarse a sí mismo, el que en nuestra vida abandonemos nuestros mezquinos proyectos para vivir en los proyectos de su Corazón es siempre nuestra asignatura pendiente. La santidad es siempre no salirse de la órbita de la voluntad de Dios. No es tanto hacer cosas, menos aún complicadas y difíciles que a veces nos buscamos, sino ser dócil en los caminos por donde nos conduce el Señor.

 

1.     El evangelio de Mateo nos sigue presentando el espíritu de las Bienaventuranzas. Se irán desarrollando y explicando para conseguir por gracia y colaboración humana un corazón ilimitadamente bueno. Es un corazón pobre, misericordioso, que se pone en el lugar del otro, que no juzga al hermano y que ve siempre en el horizonte de su vida por ser limpio de corazón el Amor de Dios.

 

2.     El Amor de Dios tiene su máxima expresión en el perdón. Solo los que perdonan tienen los sentimientos que caracteriza su bondad. Es necesario vivir siempre sembrando de paz y armonía las relaciones humanas. A veces puede parecer que el Señor en sus exigencias es caprichoso y desconcertante pero no es así. Es la lógica del amor entregado y sin reservas.

 

3.     Las exigencias evangélicas son fruto de un trasplante de corazón. Sin ese trasplante nos costará el captar los planes de Dios sobre nuestra vida. No puede existir una vida cristiana sin las exigencias de vivir en sintonía con el Amor de Jesús. Cuando no somos capaces de renunciar a nuestro propio yo egoísta, no puede aparecer la plenitud de ese amor hasta el extremo como nos enseña Jesús.

 

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

 

El humor.

La sonrisa, y sobre todo la risa, característica del ser humano, provoca eliminación de endorfinas; constituyen un buen escape psicológico ante las preocupaciones y agobios de la vida.

El buen humor, como decía Hipócrates, tiene efectos curativos. En efecto, muchos síntomas mejoran con el buen humor. La enfermedad tiene mejor pronóstico en el optimista que en el pesimista.

El humor cambia con la edad. Los niños, por ejemplo, se ríen de las caídas, de los tropiezos. En cambio, el adulto se ríe con las ironias. No tomarse a sí mismo en serio, reírse de uno mismo significa salud mental. Muchas veces (¿siempre?), la tristeza está provocada por el pensar en sì mismo.

Curiosamente, la repetición de un relato, de una anécdota, de unas palabras, puede provocar enfado, pero también risa. Parece como si el sistema límbico del encéfalo tuviese que ver con este fenómeno; y se podría pensar, como siempre, que la corteza prefrontal ha de estar implicada en el asunto.

El humor hispánico, un tanto explosivo, a veces inmisericorde, pretende provocar la risa, màs que la sonrisa. El humor negro es bastante hispánico, quizá, entroncado con un sentido trágico de la vida. Y es un humor, casi siempre en grupo, en una cafetería, en una reunión familiar, de amigos. Las monjas de clausura están siempre alegres, seguramente porque se sienten acompañadas, en la presencia de Dios. “Un santo triste es un triste santo”. Con toda seguridad, Jesucristo es alegre.

El sentido del humor británico es un tanto reservado, tímido, que ridiculiza lo que no es reglado, ordenado, procurando no molestar personalmente. Busca más la sonrisa que la risa.

Un ejemplo de buen humor es el de Santo Tomás Moro, que  mantuvo el sentido del humor hasta el final. En el cadalso, le advirtió al verdugo que tuviese cuidado de apartarle bien el pelo, para no cortarlo al dar el tajo.

De él son los siguientes versos:

«Señor, dame una buena digestión

y, naturalmente, algo que digerir.

Dame la salud del cuerpo

y el buen humor necesario para mantenerla.

Dame un alma sana, Señor,

que tenga siempre ante los ojos

lo que es bueno y puro

de modo que,

ante el pecado, no me escandalice,

sino que sepa encontrar

el modo de remediarlo.

Dame un alma

que no conozca el aburrimiento,

los ronroneos, los suspiros, ni los lamentos.

Y no permitas que tome en serio

esa cosa entrometida

que se llama “el yo”.

Dame, Señor, el sentido del humor.

Dame el saber reirme de un chiste

para que sepa sacar

un poco de alegría a la vida

y pueda compartirla con los demás»

Expresiones emocionales.

En la sonrisa, y sobre todo en la risa, se contraen numerosos músculos (entre ellos el diafragama), y especialmente la musculatura facial. o mímica, muy desarrollada en el hombre. Son músculos situados bajo la piel de la cara y cuello, que en su mayoría no se insertan en estructuras óseas.

En la expresión de alegría es característica la forma cóncava de la boca hacia arriba, acompañada de abertura y brillantez de los ojos. Realmente el músculo de la alegría es el músculo cigomático mayor, que tira de la comisura labial, junto con un ligero ascenso del párpado inferior, produciendo un plegamiento del ángulo lateral de los párpados. También intervienen otros músculos: el risorio, el elevador del labio superior, el buccinador.

Si se trata de una risa franca, hay fruncimiento de los párpados y aparición de pliegues radiados en las comisuras, por conrtacción de múscuos taes como el cigomático mayor, orbicular de los ojos y buccinador.

En la tristeza y enfado se contraen los músculo depresor del ángulo de la boca, que lleva la boca hacia abajo, y el superciliar, que ocasiona la formación pliegues verticales en el entrecejo, por lo cual se le ha denominado músculo de la tristeza.

Los músculos depresor del labio inferior y el mental o borla del mentón, al tirar del labio inferior hacia abajo, proporcionan a la cara un aspecto desdeñoso,.

Los músculos situados alrededor de las ventanas nasales dan a la cara una fisonomía de ansiedad. En el estado de agotamiento físico es marcada la contracción del músculo facial que lleva las comisuras labiales hacia fuera y algo hacia abajo.

En la atención, concentración y sorpresa, se contraen los músculos orbiculares de los ojos y de la boca, así como los músculos occipitofrontal y superciliar; el músculo frontal arruga transversalmente la piel de la frente. La contracción del músculo orbicular de la boca suele indicar esfuerzo intelectual, decisión, energía.

Los estados anímicos son innumerables: es prácticamente imposible describir detalladamente qué músculo se contrae en cada caso; además, generalmente se contraen varios músculos a la vez. Además, distintos individuos pueden poner en marcha distintos músculos para producir resultados análogos

José Luis Velayos.

 

 

 La hora de las Instituciones (I)

El Vicepresidente del Gobierno de España está obligado por la alta representación que ostenta a reconducir el clima de crispación y miedo que originan sus constantes amenazas y agresiones verbales a la oposición y otras instituciones, cuanto antes lo haga mejor.

Según la Real Academia de la lengua, alarma  significa “inquietud, susto o sobresalto causado por algún riesgo o mal que repentinamente amenace”. La acepción político-jurídica está recogida en nuestra Constitución y la Ley Orgánica 4/1981 que regula los estados de alarma, excepción y sitio.

Agotados casi todos los argumentos políticos, que no judiciales, que se han aducido a favor y en contra de la prolongada aplicación del Estado de alarma previsto en nuestra Carta Magna durante casi cien días con motivo de la crisis sanitaria, creo que nuestra preocupación ahora debe centrarse en la literalidad del concepto de alarma que, como muy bien define la RAE, responde a la inquietud y el miedo o susto que buena parte de la sociedad española padece ante el riesgo o mal que se avecina con este gobierno de fuerte ideología y componente comunista.

Es muy difícil  comprender el profundo desprecio que este gobierno siente y manifiesta hacia una gran parte de la sociedad española que democrática y constitucionalmente dio su voto y confianza a partidos que representan un modelo de sociedad que se asienta sobre valores tan arraigados en la humanidad como son la familia, la pertenencia a una Nación, un Estado asentado en la división de poderes y en la descentralización autonómica, que garantiza constitucionalmente derechos fundamentales, como son la vida, la integridad física y moral o la libertad ideológica, religiosa o de culto y un sinfín de derechos y libertades que durante más de cincuenta años  han hecho de los españoles un Estado fuerte, respetable y respetado en la comunidad internacional.

Desde la llegada al poder de Rodríguez Zapatero y la de sus herederos Sánchez e Iglesias, se están dinamitando todos y cada uno de los poderes del Estado de una manera falaz, decidida y permanente. La Corona, además de sufrir el ninguneo del presidente Sánchez y  los agravios sin tapujos que le confiere el vicepresidente y los socios mantenedores del gobierno, se ve sometida ahora a un juicio público en la figura del Rey emérito. Con esta acusación la Fiscalía General del gobierno inicia su andadura para que los republicanos festejen su peculiar parusía.

El Congreso de los Diputados ha sido secuestrado por su presidenta y por el propio Gobierno, desde el inicio del estado de alarma Su actividad se  ha reducido a rifirrafes dialécticos entre mascarillas, guantes y palabras de mayor o menor grosor pugilístico con la sola intención de ir respaldando periódicamente la situación excepcional que sufrimos y con el espurio propósito de ocultar a golpe de decretos, los debates de cuestiones que, en una normalidad democrática, no serían hurtados a la soberanía popular, lo que representa un signo claro  de la deriva totalitaria de la nueva “casta” gubernamental.

Por cierto las amenazas del comunista Iglesias en sede parlamentaria a los dos partidos de la oposición mayoritarios Vox y PP con expresiones tales como que “ nuestro pueblo, como en el siglo XX se quitará de encima la inmundicia que ustedes representan” o “usted Sr. Casado nunca llegará a ser presidente del gobierno” , nos ha helado el corazón a millones de españoles que inevitablemente nos hizo recordar uno de los episodios más trágicos y criminales de nuestra ya larga historia parlamentaria. El Vicepresidente segundo del Gobierno de España está obligado por la alta representación que ostenta a reconducir el clima de crispación y miedo que originan sus constantes amenazas y agresiones verbales a la oposición y a otras instituciones, cuanto antes lo haga mejor.

Leopoldo Calvo Sotelo le dijo al entonces presidente Rodríguez Zapatero en noviembre del 2006  que “ es preocupante que este Gobierno diga que la Transición no vale y que hay que hacer otra. Es un error de gente joven imprudente e ignorante creer que cada veinte años se puede andar rehaciendo las estructuras de España”, Desgraciadamente esa preocupación hoy se ha convertido en una alarma real. ( Continuará)

Jorge Hernández Mollar

 

 

Influenza, dengue y sarampión, los otros virus

Sonia Domínguez Ramírez

Además del COVID-19 existen otras enfermedades que pueden presentarse como el dengue o la influenza, por lo cual es necesario extremar precauciones.

El COVID-19 es una enfermedad letal que mantiene en vilo a la población mundial. En México la pandemia no logra contenerse y aunado a ello existen otros padecimientos que acechan la salud de miles de personas y que hoy frente al coronavirus han disminuido en el foco de atención de la población, como es el caso del sarampión, el dengue y la influenza.

La subdirectora del Hospital Metropolitano en Nuevo León, Amalia Becerra Aquino, advirtió que es necesario que la población esté atenta para evitar contraer dengue e influenza, dos enfermedades que suelen aparecer en septiembre y octubre, y que pueden juntarse con el COVID-19.

En el sureste del país ya se han presentado casos de pacientes que adquirieron COVID-19 y también dengue, por lo que se les ha comenzado a denominar como enfermos de covidengue.

De acuerdo con Becerra Aquino esta enfermedad puede derivar en complicaciones muy graves y hasta fatales para los pacientes infectados. “El covidengue se trata de una combinación, en la cual tanto el coronavirus como el dengue pueden convivir en un solo paciente, aunque puede prestarse a la confusión, ya que presentan algunos síntomas similares”, recalcó.

"En algún momento vamos a tener una dificultad porque pueden coincidir dengue, influenza y COVID-19; esto va a pasar en septiembre y octubre, los síntomas se pueden parecer, la diferencia es que para influenza existe una vacuna, para el COVID-19 hemos tenido cuáles son los datos y medidas que tenemos que seguir, en el dengue sabemos que la limpieza en casa es esencial".

Es importante que la gente conozca bien cuáles son los síntomas de cada una de estas enfermedades para que los haga del conocimiento de los médicos, dado que, antes de realizar exámenes más precisos, puede suministrarse el tratamiento equivocadamente lo que puede ser contraproducente para la salud de los pacientes

Los síntomas del COVID-19 son: dolor de garganta, tos seca, fiebre, pérdida del olfato o gusto, dificultad para respirar; mientras que el dengue ocasiona fiebre alta, dolor muscular y/o en las articulaciones, dolor de cabeza, náuseas, vómito y sarpullidos.

Becerra Aquino advirtió que las personas que en algún momento contrajeron influenza severa que ocasionó un daño severo a sus pulmones, deben extremar sus cuidados y precauciones dado que son muy susceptibles a contraer COVID-19 debido a las secuelas pulmonares que les generó la influenza.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud el virus del dengue se transmite por mosquitos, algunos de los cuales también transmiten la fiebre Chikungunya, la fiebre amarilla y la infección por el virus de Zika. El dengue es una enfermedad similar a la gripe que afecta a lactantes, niños pequeños y adultos. No hay ningún tratamiento específico contra el dengue.
La enfermedad está muy extendida en los trópicos, con variaciones locales en el riesgo que dependen en gran medida de las precipitaciones, la temperatura y la urbanización rápida sin planificar.

Otra de las enfermedades que se han registrado con gran fuerza, principalmente en Ciudad de México, ha sido el sarampión, que de acuerdo con la Clínica Mayo “es una infección infantil causada por un virus que puede prevenirse gracias a una vacuna”.

“El sarampión puede ser grave e incluso mortal para los niños pequeños. Aunque las tasas de mortalidad se han reducido en todo el mundo a medida que se administra la vacuna contra el sarampión a más niños, la enfermedad aún mata a más de 100 mil personas cada año, la mayoría menores de 5 años de edad”.

En México esta enfermedad ya había sido erradicada, sin embargo, el año pasado se presentaron 20 casos y al 19 de junio de 2020 se tienen contabilizados 186 casos, principalmente en Ciudad de México, de acuerdo con datos de Datos de la Dirección Epidemiológica.

 

¿La mujer es profamilia?

Ana Teresa López de Llergo

La humanidad debe su supervivencia a la elección que las mujeres hacen no sólo para acoger a los niños, sino para criarlos para que sean virtuosos y auténticamente humanos.

Hasta hace muy poco tiempo, sin lugar a dudas, la mujer era el sostén moral de la familia, e incluso, cuando faltaba el respaldo del varón, ella con una autoridad bien ganada y con toda la fortaleza de que es capaz, ponía todas sus fuerzas para sacar adelante económicamente el hogar. Tampoco ese modo de actuar lo cuestionaba, era algo de su propia incumbencia y asumía esa responsabilidad.

Las diferencias entre hombre y mujer son evidentes desde la biología y la psicología. En el aspecto espiritual, cuya amplitud se mide de otro modo al aspecto corpóreo, las capacidades son más semejantes. Las diferencias corpóreas en primera instancia se miden cuantitativamente, las diferencias espirituales se miden cualitativamente. En el aspecto cuantitativo el hombre es más potente. En el aspecto cualitativo ambos son semejantes.

Lo expuesto en el párrafo anterior, puede demostrarse con dos asuntos cotidianos. En las competencias deportivas son evidentes los diferentes alcances, por eso los equipos están separados, los hombres tienen marcas superiores a las de las mujeres. En concursos para optar a becas de estudios, pueden competir tanto mujeres como varones, lo cuantitativo no es prioritario como en los deportes, sino lo cualitativo, y en este caso las oportunidades son equiparables.

Durante siglos, las evidencias en las diferencias y en las semejanzas entre hombres y mujeres, de manera natural, delimitaron los campos de desempeño.

Esa distribución, en principio, buscaba los beneficios mutuos. También las aptitudes distintivas. Así, es lógico que los grandes navegantes hayan sido varones. Ante lo desconocido y los riesgos de la flora y la fauna, o las inclemencias del tiempo, el hombre podía salir mejor parado de esos peligros. La mujer quedaba en la casa, ámbito seguro para ella, protegida por quienes la conocían y en espera del regreso del varón, con los trofeos ganados en las correrías o en las batallas.

Asuntos resueltos con sentido común, como se ha dicho. Entonces no aplicaban los calificativos contemporáneos de discriminación, opresión, machismo, porque no se daban como sistema. Es cierto que como en toda época, existen buenas personas que cumplen sus promesas y sus obligaciones. También como en toda época hay personas violentas que abusan de los más débiles, personas que huyen de sus obligaciones y dejan abandonados a quienes prometieron su apoyo.

Desde siempre, la biología ha señalado al varón como padre y a la mujer como madre. El mismo cuidado de la prole exige más cercanía de la madre que la del padre. La madre amamanta, el padre no. No es discriminación, ni opresión, ni machismo, es el sentido común aplicado.

En el momento en que las relaciones femeninas y masculinas se interpretaron bajo la postura maniquea, en donde hay dos campos enfrentados y uno es bueno y el otro malo. Todo se juzgó desde la óptica de lucha. Ya no aparecía la oportunidad de diálogo y acuerdos. Todo se complicó sin dar oportunidad al entendimiento. Negaron la realidad de que en todo campo hay bien y mal. El hombre salió perdiendo.

Actualmente la mujer, con excepciones, ha abandonado el hogar, muchas veces haciendo gala de haberse “liberado”, otras veces, permanece en la casa, pero a regañadientes, en espera de que aparezca alguna actividad donde pueda intervenir y justificar su ausencia.

Si nos detenemos a pensar en los cambios, lo lógico es sorprendernos ante el abandono de una actividad para la que ellas están tan dotadas. La han realizado muy bien y siempre se les ha reconocido y admirado por eso. Y, salvo excepciones, ellas lo disfrutaban y defendían como un terreno propio, desde el que tenían una influencia innegable.

Es cierto que los sistemas de gobierno las excluían del mundo civil. Aunque por circunstancias innegables, no pocas tuvieron protagonismo. La historia nos habla de grandes reinas, de grandes consejeras, de grandes abadesas, de grandes educadoras y científicas…

Recientemente el exrepresentante de la Santa Sede en la ONU, el arzobispo Bernardo Auza, con acierto dejó muy clara esa realidad al expresar las siguientes ideas: toda la civilización tiene una deuda impagable de gratitud con las contribuciones menos crónicas o incluso desconocidas de las mujeres que han dado forma a las civilizaciones, como el silencioso pero constante flujo de aguas profundas que dan forma a los ríos. La humanidad debe su supervivencia a la elección que las mujeres hacen no sólo para acoger a los niños, sino para criarlos para que sean virtuosos y auténticamente humanos.

En la actualidad, aún quedan mujeres con la convicción de la importancia de su presencia en el hogar. Aunque las luchas por ocupar un sitio reconocido en la sociedad civil, las sigan requiriendo en las calles. Los logros no están completos, todavía faltan aspectos importantes para alcanzar la justicia plena. Los esfuerzos y las luchas arduas y dolorosas, tienen que obtener el pleno reconocimiento. Por ejemplo, la equidad salarial.

Otras mujeres sí han perdido el rumbo. La ideología del feminismo las ha subyugado e interpretan el trabajo en casa como una especie de tiranía impuesta por los varones. Pero no se detienen solo en ese aspecto, reniegan de la maternidad, del cuidado de los hijos y de las labores domésticas.

Ya se nota en el deterioro de la sociedad la falta de la presencia de la mujer en la casa, en la educación de los niños y los jóvenes. Los desmanes y la inseguridad tienen mucho que ver con esa ausencia. Bastantes jóvenes ya no tienen una buena imagen del hogar.

Muchos de los legisladores que proponen el control natal, el aborto, la eutanasia y el divorcio exprés, probablemente son fruto de la desintegración familiar. Lo mismo las mujeres que ven en esas soluciones su liberación y progreso.

Qué lejano queda el preámbulo del tratado del año 1981, en la ONU, donde planteaban la eliminación de cualquier tipo de discriminación contra la mujer, y señalaban la necesidad del reconocimiento pleno de la gran contribución de ellas al bienestar de la familia y al desarrollo de la sociedad.

¿Podrán todas las mujeres recuperar su imprescindible papel profamilia y coordinarlo con el ya ganado papel en la sociedad?

¿Cuál es el ideal de la mujer del siglo XXI? ¿Una mujer resentida, amargada y vengativa o una mujer dolida pero capaz de perdonar y de asumir su papel de esposa, madre y educadora?

 

 Un mundo, ¿sin fronteras?

          Algunos se han atrevido a llegar al final del muro, de muchas fronteras.

         Oficialmente, por estas latitudes, el fin de semana estrenamos estación, ya que el verano astronómico comenzará en el hemisferio norte este sábado 20 de junio. Las temperaturas van a ir progresivamente en aumento en toda España, según dicen.

         Además, viviremos la triple paradoja de celebrar 1) el día Mundial del Refugiado, el día 20 de junio; 2) el fin de la prórroga del estado de alarma el 21 de junio (con el fin de las restricciones para la movilidad interterritorial); y 3) el hecho de que "España reabrirá sus fronteras el mismo 21 de junio".

        No sé si somos conscientes de tanta coincidencia. La RAE define la paradoja como "hecho o expresión contrarios a la lógica". Sin intentar enmendar lo que dice, en algunos casos, como éstos, me parece que supera el concepto filosófico y el matemático y llega al aspecto vital y humano.

          1) La primera paradoja mundial.

           Cada dos segundos, en todo el mundo, una persona se ve obligada a huir de su hogar y, 79,5 millones de personas sobreviven desplazadas a la fuerza y expulsadas de sus hogares, por la violencia y la guerra según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Y su regreso es cada vez más difícil.

         Llevamos años sin que cambie el reloj del Exodo. ¿Tragedia? Los gobernantes y la gente se acostumbran. Por eso, hoy, tomo de mi amiga Socopoemas, el descaro de narrar esa aventura, en poesía, no para minimizarla, sino  para verla con otro ojos más profundos. En su libro  "Como pequeños fuegos", ella lo titula precisamente así:

Éxodo

Abrí la puerta oscura de la noche

y caminé por caminos sin asfalto,

atravesando aldeas solitarias

solo habitadas

                     por viejos y por sabios.

Contemplé campos abandonados

                     sin semillas

ni brazos que arañen sus entrañas.

 

Y descansé bajo un puente con estrellas

para soñar con mis sueños de niño

en campos de trigo y amapolas,

en almendros en flor

y en celestes campánulas.

           Si han visto -mental o realmente- ese caminar hacia el Exilio por parajes inhóspitos, recuerden que casi 80 millones, de hombres y mujeres, con su ausencia y sus niños, todos vulnerables, sin agua potable, sin servicios básicos y atención sanitaria muy precaria, están en campos de Refugiados. ¡Es el 1% de la población mundial!

https://youtu.be/BhFQXrQiQ7s

          Con ser casi el doble de la población de España, son más del doble los emigrantes, que han salido de su país para instalarse en otro. Las condiciones precarias, les fuerzan a la búsqueda de un futuro mejor, un destino soñado, aunque incierto.

         Ser refugiado no es el fin de su amenaza porque no se han terminado los peligros ni los riesgos. El último, la pandemia de la COVID-19, que está teniendo un profundo y desproporcionado impacto en las personas más vulnerables, migrantes, caravanas que huyen, solicitantes de un país de asilo o de acogida.

https://youtu.be/SWVtlSStSQY

          2) Se recobra el derecho a la libre circulación: fin del estado de alarma.

          El Ejecutivo español ha repetido que el estado de alarma es la única figura jurídica que permite limitar el derecho constitucional de libre circulación. Una vez expire, la última prórroga, no hay forma legal de evitar que los españoles se muevan por todo el territorio nacional.

          "El estado de alarma" resultaba insuficiente para algunos y "el de excepción",  parecía excesivo para otros. En todo caso, llega a su fin, el día 21.

          La sociedad ha aceptado la ambigüedad de la semántico-jurídica, al reconocer que la COVID-19 ha alterado, de algún modo, el "normal funcionamiento de las instituciones democráticas" (entre ellas la libertad de circulación) pero el estado de alarma no debía suponer la supresión de los derechos fundamentales, sino la simple restricción. Así que cuanto antes se recobre el derecho constitucional a la libre circulación, mejor para todos.

           Es verdad que el coronavirus no entiende de regiones interiores, autonomías, estado  de desescaladas, ni fobias entre ciudadanos, por culpa de primeras residencias o segundas, visitas a  familiares o disfrute del lugar de vacaciones que hayan escogido libremente.

          Siempre será necesario educarla y apelar a la ciudadanía para que tome conciencia, de que vaya donde vaya y esté donde esté, -por el bien de todos y para no volver atrás- la protección, la distancia social y prevención, son básicas, el comportamiento debe ser civilizado y hasta ético, sin necesidad de que su incumplimiento sea punible. Recordar, además, que buena parte de las transmisiones por coronavirus ocurren en el propio hogar y entre familiares que conviven o se visitan.

          

          3) Apertura de fronteras, también el 21 de junio.

           A pesar de la globalización, de los avances industriales, energéticos,  tecnológicos, informáticos, de inteligencia artificial y de las buenas intenciones de quienes luchan por abolir las fronteras, estamos más lejos cada día de conseguirlo.

          Como todos sabemos y reconocen los historiadores y cronistas, como Alfredo Jiménez Núñez: "La Humanidad es una" y todos los seres humanos que habitan la Tierra, somos miembros de una misma Humanidad, de una misma y única especie. Y matizar que, "la Humanidad es una, pero las  civilizaciones y culturas son muchas".

           Desde la Naturaleza, desde el espacio, y desde la percepción de los seres que en él viven, nuestro planeta azul,  no tiene fronteras. Las fronteras nacen, se enmarcan y se defienden históricamente, por un instinto de supervivencia.

         El miedo, la escasez y el hambre, las enfermedades, la ignorancia, los prejuicios, la ambición y la fuerza, más que el color de la piel, han levantado fronteras, -reales o virtuales-, entre los pueblos. Teóricamente podrían desaparecer las fronteras políticas y económicas, como ha hecho Europa en los últimos años, pero es muy difícil derribar las fronteras levantadas por la ambición, el egoísmo, la soberbia o el odio, las guerras entre los pueblos y la agitación de las masas contra cualquier injusticia.

          En todo caso, ese espacio convencional de límites imprecisos o fronteras, delimita y relaciona grupos, sociedades o países, con culturas diferentes. Si bien cuando se habla de fronteras, estamos hablando de una débil línea sobre un mapa,  entre países diferentes, que en algunos casos coinciden con la parte media de un río o cualquier otro elemento natural. Lógicamente, casi nunca son físicamente visibles, esas llamadas fronteras políticas.

          En España, se han creado artificial y políticamente fronteras que dividen el territorio  nacional, en circunscripciones autonómicas. ¡Fronteras interesadas!

           Existen también ciertos tipos de fronteras, en algunos barrios de las grandes ciudades. Se conocían  antes como guetos. Hoy tienen formas  nuevas, pero existen.

https://youtu.be/WbBl_pwlFiE

           Así que no  hay  una, sino muchas fronteras. Algunas se abrirán como señal de una vuelta a la normalidad. Pero no será el día 15 como aconsejaba la Comisión Europea, ni el 1 de julio, como quería el ministro de Sanidad, sino el domingo 21. Eliminará para quienes lleguen a España la obligación de cuarentena vigente durante el proceso de desescalada.  Hasta en este pequeño paso, es difícil el consenso.

https://www.elmundo.es/espana/2020/06/14/5ee5e86421efa077798b45d2.html

                 4) ¡Será por fronteras.!             

              Conviene recordar o no olvidar que, ninguna nación en el mundo ha protagonizado de forma más intensa y extensa que España, el fenómeno de fronteras a) en su propia piel de Iberia, y b) más allá del océano.

             a) Ha sufrido la invasión de pueblos, razas y culturas diferentes, siendo  frontera que traspasaron iberos y celtas, fenicios, griegos y romanos; bárbaros del norte y árabes que cruzaron repetidamente el Estrecho. Las fronteras variaron  durante siglos, según la exigencia o conveniencia del acoso o la defensa.

             De todos esos pueblos somos herederos y deudores; sus asentamientos dieron lugar al intercambio de costumbres y culturas, pero también nos dejaron una herencia socio-política, un sabiduría y un respeto a creencias diferentes. Unos más que  otros, pero todos, han influido  también en el idioma.

            b) A partir de 1492, navegan por Atlántico, descubrieron un Nuevo Mundo  y llegaron a crear, en poco tiempo, el mayor imperio hasta entonces conocido. La expansión, conquista y evangelización, fue la aventura humana, con todo lo que tiene de pros y contras, y un proceso de mestizaje de razas y culturas.

               Fray Bartolomé de las Casas, dominico español, denunció como otros muchos españoles, la violencia de algunos conquistadores, y fue el gran defensor de los derechos de los indígenas en los inicios de la colonización. Sus ideas se trasladaron a la Corte de  los Reyes y su pensamiento  influyó en la creación de las Nuevas Leyes en 1542. Estas leyes eran prematuras para su tiempo. Fueron los primeros instrumentos legales creados para la protección de los habitantes de territorios colonizados, y precursores del Derecho Internacional. En el conjunto de América, las libertades y derechos individuales no llegaron hasta el siglo XIX.

              España "creó fronteras en un continente donde ya existían incontables fronteras entre tribus, entre estados o imperios. Hace ahora dos siglos, la Independencia convirtió los límites de las provincias del imperio español en las fronteras políticas de una veintena de nuevas naciones. De las provincias del virreinato de México surgieron Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, y la propia república de México. Del virreinato del Perú nacieron, entre otras naciones, Ecuador, Bolivia, Chile, y el propio Perú.

https://youtu.be/OVH7Y3tNwhk

            Del tardío virreinato de Nueva Granada surgieron Colombia y Venezuela", (A. Jiménez Núñez).

https://institucional.us.es/revistas/rasbl/38/art_10.pdf

              5) Schengen: la zona sin fronteras interiores.

              La creación de un espacio de libre circulación, sin pasaporte, para los ciudadanos de la UE, logrado en  Schengen, Luxemburgo 1995, es uno de los logros más tangibles de la integración europea. Se eliminan los controles de las fronteras internas y refuerzan la protección de las fronteras exteriores de la zona.

               Los ciudadanos de los países de la UE pueden vivir, estudiar, trabajar y jubilarse en cualquier lugar de la Unión. Los turistas y las empresas también se benefician de la libre circulación.

https://www.europarl.europa.eu/news/es/headlines/security/20190612STO54307/schengen-la-zona-sin-fronteras-interiores-explicada

               El Virus Covid-19 y las medidas adoptadas de forma unilateral por los diferentes países, han creado restricciones temporales a esa circulación, que ahora, cautelarmente, se levantan. La UE podía y debía haber liderado la protección a los ciudadanos, mediante orientación y recursos a los gobiernos nacionales.

               A partir de hoy, entramos en la que llaman, "Nueva Normalidad". Tenemos amigos  de diferentes pueblos, razas y creencias.  Alguno son hermanos. Es un Mundo Nuevo

 José Manuel Belmont

 

A vueltas con el matrimonio

Daniel Tirapu 

Boda católica.

Algunos se creen que han inventado el matrimonio hace unos años. El matrimonio es una institución natural por la que un varón y una mujer se unen en alianza irrevocable para toda la vida, ordenada al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole.

Esta unión entre bautizados fue elevada a la dignidad de sacramento por Jesucristo, cuando ambos contrayentes son bautizados. Ni la esencia, ni las propiedades, ni sus fines son específicamente sacramentales, sino naturales, basados en la dignidad de la persona humana.

El matrimonio civil español: no es heterosexual, no es para siempre, es de por vida (no sometido a plazo), pero se puede disolver sin causa desde los tres meses de haberlo contraído; eso no es un matrimonio, es otra cosa y como tal debería regularla la ley, sin aprovechar la inercia jurídica del matrimonio canónico.

Los regalos de boda se consideran que son una ayuda a poner casa estable. Si cambian las costumbres deberían cambiar para todo: si se divorcian deberían devolver hasta el último regalo; si quieren otra cosa que no se casen, que organicen una lotería o una tómbola.

No te digo ya los que te anuncian que te invitan a la celebración de que se van a vivir juntos, pues que les vaya bonito, sin acritud.

 

 

COVID-19 y aborto autoinducido por píldoras

Muchos de los países que fueron los primeros en legalizar el aborto también tuvieron cuidado de garantizar que fuera “seguro” para las mujeres al incorporarlo al sistema de salud. Además de los límites gestacionales, los abortos debían ser proporcionados por médicos con licencia, realizados en un entorno clínico y, a veces, requerían la aprobación previa de uno o más médicos.

Desde el surgimiento del aborto con medicamentos, o el aborto por píldoras, el lobby del aborto ha estado presionando por la “desmedicalización” del aborto. Esto incluye garantizar que no solo los médicos, sino también las enfermeras, las parteras e incluso las mujeres embarazadas puedan realizar abortos legalmente. Cuando el aborto es ilegal o está restringido, significa asegurarse de que tengan acceso a las píldoras e instrucciones independientemente de la ley. Los defensores del aborto se apresuran a señalar que todas estas cosas están en línea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

Para las organizaciones que presionan para que las píldoras abortivas estén ampliamente disponibles, especialmente en los casos en que es ilegal, la pandemia de COVID-19 ofrece una gran oportunidad. Si bien los defensores del aborto y los proveedores de píldoras para el aborto en el mercado negro insisten rápidamente en que la desmedicalización “debería haber ocurrido hace mucho tiempo”, esperan que medidas como las tomadas por Francia y el Reino Unido no sean temporales.

Mientras tanto, independientemente de los cambios en las leyes y políticas sobre el aborto autoinducido por píldoras, las empresas que los fabrican también se han visto afectadas por la pandemia. Los distribuidores mundiales de píldoras abortivas, como DKT International, buscan “hacer sonar las alarmas a la comunidad de salud reproductiva” sobre los posibles desabastecimientos y el aumento de los costos de envío de las píldoras abortivas, anticonceptivos y otros productos similares.

Jaume Catalán Díaz

 

 

La “cultura moderna”

De vez en cuando se oye hablar a algún que otro creyente, hombre, mujer, sacerdote, religioso, religiosa,…, de que, en estos momentos de “cambios”, y de desarrollo de la humanidad, además de la manoseada “globalización” –que nadie sabe muy bien en qué consistente, aparte de poder vender y comprar en cualquier rincón del mundo el mismo producto-, en la Iglesia se hace necesario no perder de vista el futuro y abrirse de verdad a lo que nos pueda decir la “cultura moderna”.

¿Hay alguien que explique claramente qué se quiere manifestar con esas palabras? Quizá nos puede ayudar a entender algo, recordar otras palabras que también se oyen de vez en cuando y que nos recomiendan leer el Evangelio “con el espíritu de la cultura actual”,

En la Iglesia siempre se ha leído el Evangelio bajo la luz del Espíritu Santo; y no bajo las elucubraciones de Nestorio, Pelagio, Lutero, los participantes del sínodo de Pistoya, Jansenio, Loisy, o teniendo en cuenta las ideas filosóficas de Kant, Feurbach, Nietzsche, Marx, Sartre, Heideger, etc. Y quienes han seguido ese beber en la “cultura de cada momento”, además de fracasar, han dejado de ser cristianos, de tener y de vivir de la Fe.

Apenas recibido el Espíritu Santo, el día de Pentecostés, los apóstoles y los discípulos del Señor perdieron los miedos, no se hicieron muchas cavilaciones para estudiar si los oyentes les iban a creer o no, y comenzaron a hablar. Hablaban solo una lengua, y los que aquel día estaban en Jerusalén, de culturas y lenguas muy diferentes, les escucharon en su propia lengua, les entendieron y miles se bautizaron. ¿No les parece que este es el camino?

Jesús Martínez Madrid

 

La necesidad de dejar a un lado la crispación

Resulta lastimoso que apenas había surgido un rayo de entendimiento cara al debate sobre los presupuestos del año próximo, se haya disipado en menos de 24 horas con una vuelta a la bronca que no puede conducir a nada positivo. El Presidente Sánchez se comporta como si creyese a pies juntillas lo que le dice el CIS: que los votantes están premiando su desprecio al diálogo con el Partido Popular, al que considera un enemigo más que un adversario que le podría aportar algo positivo.

Para muchos hispanos, me atrevería de decir que para la mayoría, es urgente encontrar un proyecto común, y para eso es obligado sentarse y dialogar. “Debemos escucharnos porque todos tenemos algo importante que decirnos”, insistió el presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Omella. Lo lamentable es que Sánchez escucha sin problemas a los que pretenden demoler nuestro marco de convivencia, pero parece que no quiere cruzar ni un saludo con el principal partido de la oposición constitucionalista.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Con la mentira y la guerra se domina el mundo

 

            Hoy les comento un magnífico libro; y el que debiera leer, todo aquel que teniendo, su yo, bastante civilizado, entendiera que “el mono humano”, debiera ser educado fielmente, para, “servir a, y no servirse de”;por descontado que, primero aprendiendo bien lo que es, “servirse a uno mismo y sin dañar a los demás”; quizá así fuese lograda una verdadera civilización de convivencia y cooperación real y positiva, para toda la sociedad o sociedades que aquí se formen; puesto que la realidad de lo que se formó, desde que “ese mono” (al que pertenezco) empezó a dominar al vecino, para robarle sus pertenencias y después, esclavizarlo; “es la realidad que vivimos; ya que sólo ha cambiado el sistema, para llegar a ser mucho más perverso de lo que fuera en un principio (hoy sigue habiendo esclavos “hasta con corbata”); y donde aquel mono (dicen que humano) tuvo que arriesgar su propia vida, para conseguir su primera conquista; que hoy no lo necesita, puesto que, “las guerras las ganan los que no van a la guerra y sin embargo, son los que se quedan con el botín, o la mayor parte del mismo, (toda guerra es un negocio grande o gran negocio)”; para luego celebrarlo con los mayores lujos y parafernalias políticas, diciéndonos, que no, que ellos; “no rompieron ni un plato”, que muy al contrario, obraron así para librar o liberar a los expoliados, de un enemigo peor, aunque este sea inexistente; o que muy cruelmente lo creó el que luego fue al expolio.

            El libro se titula, “Así se domina el mundo” y su autor es un militar (Pedro Baños); coronel del Ejército y diplomado de Estado Mayor; hoy retirado, pero habiendo ostentado diversos cargos, “de altura militar”; y estudioso exhaustivo, de los entresijos de la guerra, su arte y “artimañas, de las más hediondas que podamos imaginar”; nos ofrece un libro sumamente interesante; y que debemos conocer, simplemente, para saber lo que nunca se nos cuenta, ni se nos contó; de la suciedad de la guerra, o “las guerras”; dónde no hay ideal ninguno, simplemente el atesorar cuanto más dinero mejor, por aquellos que las provocaron o provocan, puesto que no hay otro dios o religión que el dinero y el poder; pobres metas, puesto que el que padece estas enfermedades, al final es un pobre desgraciado, que imagino, vive y muere, poseído por esa ambición desmedida, cuyas rapiñas, al final y como todo, al morir; se las dejará junto con su carne y huesos, en esta Tierra, tan incomprensiblemente maldita, como lo es; y que lo confirma el autor, sin decirlo así, pero entendiendo en profundidad, los horribles y hediondos relatos en que divide su amplio y muy bien documentado libro, se llega a esa dolorosa conclusión.

            “Señor dadnos un buen botín”; más o menos era la oración de “aquellos cruzados que iban a la guerra a liberar, de los infieles, los santos lugares, de aquel Cristo, cuyas enseñanzas verdaderas, aún están por ser impartidas, como él las dio en aquel Sermón del Monte”. También Mahoma (que no olvidemos era comerciante y caravanero) se basa en “los ricos y los pobres”, para realizar sus conquistas; y en general, en este perro mundo, nunca hubo “más dios que el dinero y el poder”; todo lo demás, fueron y son cortinas o “velos tupidos y profundos”; para con las mentiras más elaboradas, decir al resto y sobre todo, “a la plebe”; la que se usó usa y usará, para enardecer a los tontos, en empresas “gloriosas”; en las que únicamente van a conseguir, sangre, sudor y lágrimas; amén de miserias horribles, que serán los únicos en padecerlas. Se llega al desprecio total de “la soldadesca”, en la exclamación o juicio, que Federico de Prusia (1) (no sé si el grande o pariente del tal) el que dice más o menos, refiriéndose a su “temida tropa”; que son idiotas, y que si pensaran en donde y a dónde son llevados, “todos desertarían de las filas militares”; y así y en cosas “mayores y menores”, va discurriendo la lectura de ese libro, que duro como el tema que explica (la guerra y la conquista despiadada que ella lleva consigo); es sin embargo, muy interesante, por cuanto “te agarra” y tienes que leerlo de principio a fin. La edición en idioma español, que he comprado, es nada menos que la 13ª; y ha sido traducido a no sé cuántos idiomas más. En España, lo edita, Editorial Planeta – Barcelona.

            Y reitero, a pesar de lo duro o crudo del mismo; es un libro a guardar cerca para volver a él pasado algún tiempo, puesto que lo entiendo, tan real como la vida misma.

            Y no es que me sorprendieran sus relatos, puesto que como “hijo de la guerra civil de 1936-1939 en España, ya que nací en 1938 y mi padre es asesinado al año siguiente, quedando mi familia en la más negra miseria; pasando la incluso más terrible pos guerra y años del hambre”; sé por propias experiencias, “lo que son las guerras”. Habiendo leído igualmente más de una vez, “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, de Vicente Blasco Ibáñez, y toda su obra completa; en la que este magnífico escritor, nos relata, no sólo “La Gran Guerra europea de 1914-1918”, sino otras guerras menores, como la Revolución Mexicana; y en ellas se muestra lo que es “la bestia humana”, en todas sus escalas o graduaciones sociales; “mientras más altos más podridos o degenerados”.

            Incluso yo escribí un largo poema (que incluí en uno de mis libros y  que incluso está en mi Web, en poemas)… Reflejo algunos de sus dolorosos versos:

            POEMA GUERRA A LA GUERRA 1985: ¡ GUERRA A LA GUERRA !

¿Por qué no se acaba la guerra? Aquel iluso preguntó...Y nadie le contestó... ¡Pues quién acaba con la guerra! - ¿Y si muriera quién la provoca? -volvió a preguntar aquel loco-dijéronle a él... pues - ¿Quién quita la horca al que ahorca? Sí... reconoció el preguntante. - Antes... –al menos- iba delante. - El primer general o comandante. El que arma en mano y arrogante. -Virilidad, ideal o ambición: -  era la fe y el ardor, - para conseguir el valor, -  de cuantos marchaban en la acción. - Al menos aquel guerrero que mandaba, - podía morir si no mataba, - arriesgaba su propia vida, - y a sus hombres con ello estimulaba. - Hoy, ni ese cruel consuelo, -  queda al que no entiende, - pues ni aprende ni comprende, - al guerrero, al tirano o tiranuelo. - Pero aún menos “a la sabandija”, -  que declara, instiga o lanza con ferocidad, -  en la más inicua impunidad,  quedando él salvo de todo, excepto de su maldad. (Es mucho más largo y continua; aquel que lo quiera leer que lo busque y lea: en mi libro: “Pensando en… Andalucía” (1986)

(1) Federico II de Prusia, también conocido como Federico II el Grande (en alemán: Friedrich der Große; Berlín, 24 de enero de 1712 - Potsdam, 17 de agosto de 1786), fue el tercer rey de Prusia  (1740-1786). Perteneciente a la Casa de Hohenzollern, hijo de Federico Guillermo I y Sofía Dorotea de Hannover, fue uno de los máximos representantes del despotismo ilustrado del siglo XVIII.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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