Las Noticias de hoy 20 Junio 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 20/06/2020 - 12:29

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 20 de junio de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

Benedicto XVI celebra la Misa con su hermano Georg en Ratisbona

Sagrado Corazón: 4 santas que recibieron el mensaje de Jesús

Día Mundial de los Refugiados: Luchar por un mundo más inclusivo

Jornada de santificación sacerdotal: ¿Cómo rezar por los sacerdotes?

EL INMACULADO CORAZÓN DE LA VIRGEN MARÍA*: Francisco Fernandez Carbajal

Mensaje del Prelado (19 junio 2020)

“La única medida es amar sin medida”: San Josemaria

Streaming en la fiesta de san Josemaría: Misa por los fallecidos durante la pandemia

Conocerle y conocerte (VII): Buscando la conexión: José Manuel Antuña

Consagración a María de san Juan Pablo II

Comentario al Evangelio: No tengáis miedo

Vacuna COVID-19: Entrevista a Justo Aznar, director del Instituto de Ciencias de la Vida de la Univ. Católica de Valencia

Gratis: Daniel Tirapu 

Datos para pensar y rezar: Ernesto Juliá 

La idea del divorcio inclina al deterioro: Ana Teresa López de Llergo

La personalidad madura: Lucía Legorreta

Trabajo y descanso: F. J. López Díaz C. Ruiz Montoya

La ecología es un tema cristiano: Pedro Beteta López

Creemos que la vida comienza en la concepción: Jesús D Mez Madrid

“Carta a los católicos chinos”: Jesús Domingo Martínez

El parlamento de los hipócritas, el dinero gratis, y más: Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Benedicto XVI celebra la Misa con su hermano Georg en Ratisbona

En el día del Sagrado Corazón

JUNIO 19, 2020 17:58ROSA DIE ALCOLEABENEDICTO XVI

(zenit – 19 junio 2020).- En el día del Sagrado Corazón, el papa Emérito Benedicto XVI celebró la Eucaristía este viernes, 19 de junio de 2020, con su hermano mayor Georg, de 96 años, a quien visita en Ratisbona, Alemania, por motivo de enfermedad, según ha indicado la diócesis alemana en un comunicado.

Benedicto XVI, a la edad de 93 años, aterrizó en Munich el jueves, 18 de junio de 2020, alrededor de las 11:45 horas y fue recibido por el obispo de Ratisbona, Rudolf Voderholzer, que lo acompañó hasta la ciudad, informó la Iglesia alemana en el comunicado.

De acuerdo a la información del obispado de Rastibona, los hermanos celebraron Misa juntos en casa de Georg y al terminar, el papa emérito se dirigió luego al seminario diocesano para descansar, y más tarde volvió a ver a Georg.

En el comunicado de la diócesis se indica que este encuentro “podría ser la última vez en que los hermanos, Georg y Joseph Ratzinger, se vean en este mundo”.

El papa emérito abandonó el 18 de junio el Monasterio Mater Ecclesiae donde residía en el Vaticano, tras su renuncia como pontífice, para visitar a su hermano Georg, de 96 años, por motivos de enfermedad.

Según declaró el director de la Oficina de Prensa del Vaticano, Matteo Bruni, Benedicto XVI permanecerá en Alemania “el tiempo que sea necesario” y se quedará en el seminario de la diócesis de Ratisbona.

Sin apariciones públicas

La diócesis de Ratisbona invitó a los fieles a respetar el momento y, según el deseo de los dos hermanos, a “dejar que este encuentro profundamente personal permanezca privado”, por lo tanto sin apariciones públicas.

El presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, monseñor Georg Bätzing, con motivo de la llegada del papa Ratzinger a Alemania, declaró que quiere acompañar con sus oraciones la estancia del pontífice emérito y de su hermano Georg. “Estamos felices de que él, que ha sido miembro de nuestra Conferencia Episcopal durante varios años, haya vuelto a casa, aunque la ocasión sea triste”, recoge Vatican News.

Muy unidos siempre

Los dos hermanos Ratzinger, indica el portal informativo, “muy unidos siempre”, se llevan tres años de edad, fueron ordenados sacerdotes el mismo día, 29 de junio de 1951 en la catedral de Freising. Por distintas circunstancias, han tomado diferentes direcciones –el brillante músico Georg, el teólogo de rango Joseph– pero el vínculo mutuo siempre se ha mantenido firme. Prueba de ello son, en particular, las numerosas visitas que Georg Ratzinger hizo al Vaticano de 2005 a 2013, durante los años de pontificado de su hermano e incluso después de su renuncia.

Cuando en 2008 la ciudad de Castel Gandolfo quiso ofrecer la ciudadanía honorífica a su hermano, Benedicto XVI dedicó unas palabras de gran afecto hacia su hermano, señala Vatican News: “Desde que nació, mi hermano ha sido para mí no sólo un compañero, sino también un guía fiable. Siempre ha representado un punto de orientación y referencia con la claridad y determinación de sus decisiones”.

 

 

Sagrado Corazón: 4 santas que recibieron el mensaje de Jesús

Hoy se celebra esta devoción de la Iglesia

JUNIO 19, 2020 11:16LARISSA I. LÓPEZTESTIMONIOS DE LA FE

(zenit – 19 junio 2020).- La devoción popular del Sagrado Corazón, aunque profundamente arraigada en las Escrituras, no comenzó a ser conocida hasta que varios santos videntes dijeron haber visto a Jesús y a su corazón.

Estas apariciones han sido reconocidas por la Iglesia y hoy, en el día de esta devoción especial, el viernes siguiente a la solemnidad del Corpus Christiofrecemos el ejemplo de cuatro santas que recibieron la gracia de conocer el Sagrado Corazón de Jesús.

Santa Margarita María de Alacoque

El 16 de junio de 1675, santa Margarita María de Alacoque tuvo una revelación de Jesucristo, que le mostró su Sagrado Corazón ardiendo en llamas de amor, coronado de espinas, abierto en heridas que brotaban sangre y emergiendo del mismo una cruz.

Antes había tenido más revelaciones, en las que el Señor animaba a la santa a divulgar el amor de Cristo a los hombres, representado en un corazón de carne. Igualmente, le comunicó, como práctica de piedad específica a su Sagrado Corazón, la recepción de la Eucaristía el primer viernes de cada mes.

En otra revelación a la santa, Jesús le hizo ver que cada año se celebrase la fiesta del Sagrado Corazón el viernes siguiente a la solemnidad del Corpus Christi, motivo por el que celebramos esta devoción en esa fecha.

Santa Gertrudis “La Grande”

Vivió en una comunidad benedictina de Alemania en el siglo XIII y fue agraciada, entre otros, con el don de milagros y de profecía.

Además, se le otorgó reposar su cabeza en la llaga del costado de Cristo oyendo el pálpito de su Divino Corazón. Al escucharlo, la religiosa se dirigió a san Juan, que estaba también presente. Le preguntó si había escuchado lo mismo en la Última Cena, cuando se reclinó sobre el pecho del Señor y de haberlo escuchado, por qué no lo relató en su Evangelio.

El discípulo de Jesús le contestó que la revelación del Sagrado Corazón de Jesús estaba reservada para tiempos posteriores, cuando el mundo, aumentando en frialdad, necesitara ser reavivado en el Amor.

Santa Matilde de Hackeborn

Hermana de Gertrudis, santa Matilde, también perteneció a las benedictinas y recibió muchas apariciones de Jesús a lo largo de su vida.

Como recuerda Benedicto XVI, en una de sus visiones, Jesús recomendó a la consagrada el Evangelio y, abriéndole la llaga de su Corazón, le dijo: “Considera qué inmenso es mi amor: si quieres conocerlo bien, en ningún lugar lo encontrarás expresado más claramente que en el Evangelio. Nadie ha oído jamás expresar sentimientos más fuertes y más tiernos que estos: ‘Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros (Juan. XV, 9)’ (ib., I, 22).

Santa Lutgarda de Aywières

Esta santa mística cisterciense de Aywieres, Bélgica, vivió en el siglo XII. Tuvo visiones del Sagrado Corazón de Jesús y en una ocasión Nuestro Señor le preguntó que regalo deseaba.

Ella respondió: “Quiero Tu Corazón” a lo que Jesús respondió: “Yo quiero tu corazón”. Entonces, Lutgarda dijo: “Tómalo, querido Señor. Pero tómalo de tal manera que el amor de Tu Corazón esté tan mezclado y unido con mi propio corazón que yo pueda poseer mi corazón en Ti, y que siempre permanezca ahí seguro en Tu protección”.

De este modo, ocurrió un evento sin precedentes: Cristo místicamente intercambió corazones con Lutgarda.

 

Día Mundial de los Refugiados: Luchar por un mundo más inclusivo

Instituido el 20 de junio por la ONU

JUNIO 19, 2020 09:44LARISSA I. LÓPEZJORNADAS MUNDIALES

(zenit – 19 junio 2020).- El próximo sábado se celebra el Día Mundial de los Refugiados, instituido por las Nacionales Unidas (ONU) el 20 de junio desde el año 2001.

Los refugiados se encuentran entre las personas más vulnerables del mundo. Según datos de la ONU, una cantidad sin precedentes de 70,8 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a abandonar sus hogares a causa del conflicto y la persecución a finales de 2018.

Entre ellas, hay casi 30 millones de refugiados, de los cuales más de la mitad son menores de 18 años. Además, a 10 millones de personas apátridas  se les ha negado una  nacionalidad y el acceso a derechos fundamentales, como la educación, sanidad, empleo y libertad de circulación.

Asimismo, los datos señalan que cada minuto, veinticuatro personas lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución o el terror.

Convención sobre el Estatuto de los Refugiados

La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su protocolo de 1967 constituyen los instrumentos legales únicos que amparan la protección internacional de los refugiados.

Según sus provisiones, los refugiados merecen como mínimo los mismos estándares de tratamiento que el resto de extranjeros en un país y, en muchos casos, el mismo tratamiento que los nacionales.

Un mundo más inclusivo

Con respecto a la conmemoración de este Día Mundial, este año, tanto la pandemia de COVID-19 como las recientes protestas contra el racismo ponen de manifiesto la necesidad de “luchar desesperadamente por un mundo más inclusivo e igualitario; un mundo donde nadie se quede atrás”, indica la organización internacional en su página web.

En este sentido, remarca que este tiempo que vivimos “nos demuestra que todos desempeñamos un papel en la lucha para conseguir cambiar las cosas” y esto “es la esencia misma” de la campaña del Día Mundial del Refugiado de ACNUR (Agencia de la ONU para los Refugiados).

Homenaje a los refugiados

“En tiempos de COVID, rendimos homenaje a las personas refugiadas que están en primera línea de la lucha contra esta pandemia, a las comunidades que las acogen y a los trabajadores humanitarios que las apoyan. Hemos visto cómo héroes del día a día, de toda condición, daban un paso al frente para unirse a la primera línea de la respuesta”, apunta la citada agencia en su sitio web, en el que ofrece el testimonio de los “héroes cotidianos”: refugiados que están contribuyendo desde la primera línea de batalla contra la pandemia.

“Este año, nuestro objetivo es recordar al mundo que todas las personas, incluidos los refugiados, pueden hacer una contribución a la sociedad y cada acción cuenta para crear un mundo más justo, inclusivo e igualitario”, concluye la ONU.

Los niños refugiados

El pasado 17 de junio, la Asociación Entreculturas, ONGD (Organización No Gubernamental para el Desarrollo) jesuita, convocó una rueda de prensa virtual con el título: “Sin Escuela, sin refugio”, evento organizado en el marco del Día Internacional de los Refugiados, informa Vatican News.

De acuerdo a la organización, en el mundo hay más de 7 millones de niños y niñas refugiados en edad escolar. Al cerrarse las escuelas como medida de prevención contra el coronavirus, se ha dejado a muchos niños sin su “refugio, sin su espacio de protección y de aprendizaje, sin su espacio para ser niños o niñas”.

Igualmente, Entreculturas recuerda que, sin la escuela, los pequeños vuelven a estar más expuestos a situaciones de violencia, no pueden acceder a alimentarse, tener acceso al agua potable y, por supuesto, a la educación.

 

 

Jornada de santificación sacerdotal: ¿Cómo rezar por los sacerdotes?

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

JUNIO 19, 2020 10:51ALEJANDRO VÁZQUEZ-DODEROESPIRITUALIDAD Y ORACIÓN

(zenit – 19 junio 2020).- San Juan Pablo II estableció que, coincidiendo con la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, se celebrase la Jornada por la santificación de los sacerdotes. Así, secundando el deseo del Romano Pontífice, que una vez más convoca a la Iglesia a rezar por el clero universal, pretendemos fundamentar el porqué de esa indicación y sugerir modos concretos para “bombear” gracia divina hacia esas almas elegidas por Dios para el ministerio sacerdotal.

¿Por qué ayudarles a ser virtuosos, santos?

Padre Diego, en Huancavelica (Perú), con otro sacerdote

Pero, ¿por qué esa especial plegaria por la santidad de los sacerdotes? Y es que a veces olvidamos que únicamente la oración es la sangre que puede irrigar el corazón de la Iglesia; y en el centro de ese corazón se encuentran los sacerdotes, necesitados del auxilio divino, como todos.

A ellos les toca purificar la sangre arterial que vivificará la Iglesia, y necesitan un especial aliento por parte de quienes también constituyen el cuerpo de la Iglesia, cuya cabeza es el mismo Cristo. Todos, laicos y consagrados, sostenemos la barca de Pedro, de ahí que debamos rezarnos unos por otros, bien unidos, compactados en el Sagrado Corazón de Jesús.

Sabemos que el principal afán de cualquier cristiano debe ser la santificación. La prioridad de su vida tiene que ser la oración, la contemplación silenciosa y la Eucaristía, sin las cuales todo lo demás no sería más que un ajetreo inútil. Eso es en definitiva lo que debe divulgar un sacerdote, ni más ni menos.

Pero logrará divulgarlo siendo sacerdote y solo sacerdote, viviendo eso que pretende hacer llegar al prójimo. ¡Solo dará lo que tenga, solo enseñará lo que viva! Se entiende su responsabilidad, ¿verdad? Se entiende que necesita que todos le ayudemos a lograrlo, ¿no?

¿Qué hacer para ayudar a los sacerdotes?

Francisco bendice a los sacerdotes, Jueves Santo 2018 © Vatican Media

¿Y cómo ayudar a los sacerdotes a ser santos? Sencillo, mediante dos herramientas: la oración y el ejemplo. Rezando por ellos y dándoles ejemplo de vida –cuánto arrastra el ejemplo…–. La intención de esa “ayuda” debe ser una sola: que los sacerdotes se identifiquen con Jesucristo, pues ahí se encuentra el compendio de su vocación.

Otra síntesis de lo que conviene “hacer llegar” a los sacerdotes sería las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. “Caridad sin límites, hasta el olvido de sí mismo; la Fe que ilumina, que estimula a perseverar, a esperar”, como decía el beato Álvaro del Portillo al referirse al sacerdote.

El sacerdote Juan Viroche

Con esas tres estarían “más que servidos”, podríamos decir, pues el resto de las virtudes cuelgan de esas tres, y las irán adquiriendo con el tiempo, también para divulgarlas, fundamentándose en aquellas tres.

Conviene sobre todo pedir a Dios –y a la Virgen María, Madre de los sacerdotes– que su pasión dominante sea la prédica y la dispensación de los sacramentos. Que amen la Eucaristía, que deseen ardientemente dispensar el sacramento de la alegría o del perdón y todos los demás.

Sacerdotes © Cathopic/Dimitri Conejo Sanz

Que, como decía el santo Cura de Ars, tengan sentido común, perspicacia y conocimiento sobrenatural, porque, según subrayaba el santo, “si desapareciera el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacido? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote… ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!”.

Oración para hoy y para siempre

Y como idea práctica para el día de hoy y para toda la vida, esa oración de un alma cándida y muy de Dios, Santa Teresita del Niño Jesús. Una oración para no olvidar jamás y rezar con gran devoción:

Oh Jesús, que has instituido el sacerdocio para continuar en la tierra la obra divina de salvar a las almas, protege a tus sacerdotes en el refugio de tu Sagrado Corazón.

Guarda sin mancha sus manos consagradas, que a diario tocan tu Sagrado Cuerpo, y conserva puros sus labios teñidos con tu preciosa sangre.

Haz que se preserven puros sus corazones, marcados con el sello sublime del sacerdocio, y no permitas que el espíritu del mundo los contamine.

Aumenta el número de tus apóstoles y que tu santo amor los proteja de todo peligro.

Bendice sus trabajos y fatigas, y que como fruto de su apostolado obtengan la salvación de muchas almas.

Que sean consuelo aquí en la tierra y su corona eterna en el cielo. Amén”.

Alejandro Vázquez-Dodero Rodríguez

 

EL INMACULADO CORAZÓN DE LA VIRGEN MARÍA*

Memoria

— El Corazón de María.

— Un Corazón materno.

— Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum.

I. En mí está toda gracia del camino y de verdad, en mí toda esperanza de vida y de fuerza1, leemos en la Antífona de entrada de la Misa.

Como considerábamos en la fiesta de ayer, el corazón expresa y es símbolo de la intimidad de la persona. La primera vez que se menciona en el Evangelio el Corazón de María es para expresar toda la riqueza de esa vida interior de la Virgen: María -escribe San Lucas- guardaba todas estas cosas, ponderándolas en su corazón2.

El Prefacio de la Misa proclama que el Corazón de María es sabio, porque entendió como ninguna otra criatura el sentido de las Escrituras, y conservó el recuerdo de las palabras y de las cosas relacionadas con el misterio de la salvación; inmaculado, es decir, inmune de toda mancha de pecado; dócil, porque se sometió fidelísimamente al querer de Dios en todos sus deseos; nuevo, según la antigua profecía de Ezequiel –os daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo3–, revestido de la novedad de la gracia merecida por Cristo; humilde, imitando el de Cristo, que dijo: Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón4sencillo, libre de toda duplicidad y lleno del Espíritu de verdad; limpio, capaz de ver a Dios según la Bienaventuranza del Señor5firme en la aceptación de la voluntad de Dios, cuando Simeón le anunció que una espada de dolor atravesaría su corazón6, cuando se desató la persecución contra su Hijo7 o llegó el momento de su Muerte; dispuesto, ya que, mientras Cristo dormía en el sepulcro, a imitación de la esposa del Cantar de los Cantares8, estuvo en vela esperando la resurrección de Cristo.

El Corazón Inmaculado de María es llamado, sobre todo, santuario del Espíritu Santo9, en razón de su Maternidad divina y por la inhabitación continua y plena del Espíritu divino en su alma. Esta maternidad excelsa, que coloca a María por encima de todas las criaturas, se realizó en su Corazón Inmaculado antes que en sus purísimas entrañas. Al Verbo que dio a luz según la carne lo concibió primeramente según la fe en su corazón, afirman los Santos Padres10. Por su Corazón Inmaculado, lleno de fe, de amor, humilde y entregado a la voluntad de Dios, María mereció llevar en su seno virginal al Hijo de Dios.

Ella nos protege siempre, como la madre al hijo pequeño que está rodeado de peligros y dificultades por todas partes, y nos hace crecer continuamente. ¿Cómo no vamos a acudir diariamente a Ella? «“Sancta Maria, Stella maris” -Santa María, Estrella del mar, ¡condúcenos Tú!

»-Clama así con reciedumbre, porque no hay tempestad que pueda hacer naufragar el Corazón Dulcísimo de la Virgen. Cuando veas venir la tempestad, si te metes en ese Refugio firme, que es María, no hay peligro de zozobra o de hundimiento»11. En él encontramos un puerto seguro donde es imposible naufragar.

II. María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón12.

El Corazón de María conservaba como un tesoro el anuncio del Ángel sobre su Maternidad divina; guardó para siempre todas las cosas que tuvieron lugar en la noche de Belén y lo que refirieron los pastores ante el pesebre, y la presencia, días o meses más tarde, de los Magos con sus dones, y la profecía del anciano Simeón, y las zozobras de su viaje a Egipto... Más tarde, le impresionó profundamente la pérdida de su Hijo en Jerusalén, a la edad de doce años, y las palabras que Este les dijo a Ella y a José cuando por fin, angustiados, le encontraron. Luego descendió con ellos a Nazareth y les estaba sometido. Pero María conservaba todas estas cosas en su corazón13. Jamás olvidó María, en los años que vivió aquí en la tierra, los acontecimientos que rodearon la muerte de su Hijo en la Cruz y las palabras que allí oyó a Jesús: Mujer, he ahí a tu hijo14. Y al señalar a Juan, Ella nos vio a todos nosotros y a todos los hombres. Desde aquel momento nos amó en su Corazón con amor de madre, con el mismo con que amó a Jesús. En nosotros reconoció a su Hijo, según lo que Este mismo había dicho: Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a Mí me lo hicisteis15.

Pero Nuestra Señora ejerció su maternidad antes de que se consumase la redención en el Calvario, pues Ella es madre nuestra desde el momento en que prestó, mediante su fiat, su colaboración a la salvación de todos los hombres. En el relato de las bodas de Caná, San Juan nos revela un rasgo verdaderamente maternal del Corazón de María: su atenta solicitud por los demás. Un corazón maternal es siempre un corazón atento, vigilante: nada de cuanto atañe al hijo pasa inadvertido a la madre. En Caná, el Corazón maternal de María despliega su vigilante cuidado en favor de unos parientes o amigos, para remediar una situación embarazosa, pero sin consecuencias graves. Ha querido mostrarnos el Evangelista, por inspiración divina, que a Ella nada humano le es extraño ni nadie queda excluido de su celosa ternura. Nuestros pequeños fallos y errores, lo mismo que las culpas grandes, son objeto de sus desvelos. Le interesan los olvidos y preocupaciones, y las angustias grandes que a veces pueden anegar el alma. No tienen vino16, dice a su Hijo. Todos están distraídos, nadie se da cuenta. Y aunque parece que no ha llegado aún la hora de los milagros, Ella sabe adelantarla.

María conoce bien el Corazón de su Hijo y sabe cómo llegar hasta Él; ahora, en el Cielo, su actitud no ha variado. Por su intercesión nuestras súplicas llegan «antes, más y mejor» a la presencia del Señor. Por eso, hoy podemos dirigirle la antigua oración de la Iglesia: Recordare, Virgo Mater Dei, dum steteris in conspectu Domini, ut loquaris pro nobis bona17, Virgen Madre de Dios, Tú que estás continuamente en su presencia, habla a tu Hijo cosas buenas de nosotros. ¡Bien que lo necesitamos!

Al meditar sobre esta advocación de Nuestra Señora, no se trata quizá de que nos propongamos una devoción más, sino de aprender a tratarla con más confianza, con la sencillez de los niños pequeños que acuden a sus madres en todo momento: no solo se dirigen a ella cuando están en gravísimas necesidades, sino también en los pequeños apuros que les salen al paso. Las madres les ayudan con alegría a resolver los problemas más menudos. Ellas –las madres– lo han aprendido de nuestra Madre del Cielo.

III. Al considerar el esplendor y la santidad del Corazón Inmaculado de María, podemos examinar hoy nuestra propia intimidad: si estamos abiertos y somos dóciles a las gracias y a las inspiraciones del Espíritu Santo, si guardamos celosamente el corazón de todo aquello que le pueda separar de Dios, si arrancamos de raíz los pequeños rencores, las envidias... que tienden a anidar en él. Sabemos que de su riqueza o pobreza hablarán las palabras y las obras, pues el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca cosas buenas18.

De nuestra Señora salen a torrentes las gracias de perdón, de misericordia, de ayuda en la necesidad... Por eso, le pedimos hoy que nos dé un corazón puro, humano, comprensivo con los defectos de quienes están junto a nosotros, amable con todos, capaz de hacerse cargo del dolor en cualquier circunstancia en que lo encontremos, dispuesto siempre a ayudar a quien lo necesite. «¡Mater Pulchrae dilectionis, Madre del Amor Hermoso, ruega por nosotros! Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos como tú los has amado: haz que nuestro amor hacia los demás sea siempre paciente, benigno, respetuoso (...), haz que nuestra alegría sea siempre auténtica y plena, para poder comunicarla a todos»19, y especialmente a quienes el Señor ha querido que estemos unidos con vínculos más fuertes.

Recordamos hoy cómo, cuando las necesidades han apremiado, la Iglesia y sus hijos han acudido al Corazón Dulcísimo de María para consagrar el mundo, las naciones o las familias20. Siempre hemos tenido la intuición de que solo en su Dulce Corazón estamos seguros. Hoy le hacemos entrega, una vez más, de lo que somos y tenemos. Dejamos en su regazo los días buenos y los que parecen malos, las enfermedades, las flaquezas, el trabajo, el cansancio y el reposo, los ideales nobles que el Señor ha puesto en nuestra alma; ponemos especialmente en sus manos nuestro caminar hacia Cristo para que Ella lo preserve de todos los peligros y lo guarde con ternura y fortaleza, como hacen las madres. Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum, Corazón dulcísimo de María, prepárame..., prepárales un camino seguro21.

Terminamos nuestra oración pidiendo al Señor, con la liturgia de la Misa: Señor, Dios nuestro, que hiciste del Inmaculado Corazón de María una mansión para tu Hijo y un santuario del Espíritu Santo, danos un corazón limpio y dócil, para que, sumisos siempre a tus mandatos, te amemos sobre todas las cosas y ayudemos a los hermanos en sus necesidades22.

1 Antífona de entrada. Misas de la Virgen María, I. Misa del Inmaculado Corazón de la Virgen María, n. 28. — 2 Lc 2, 19. — 3 Cfr. Ez 36, 26. — 4 Mt 11, 29.  5 Cfr. Mt 5, 8. — 6 Cfr. Lc 2, 35. — 7 Cfr. Mt 2, 13. — 8 Cfr. Cant 5, 2. — 9 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 53. — 10 Cfr. San Agustín, Tratado sobre la virginidad, 3. — 11 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 1055. — 12 Antífona de comunión, Lc 2, 19. — 13 Lc 2, 51. — 14 Jn 19, 26. — 15 Mt 25, 40. — 16 Cfr. Jn 2, 3. — 17 Misal de San Pío V, Oración sobre las ofrendas de la Misa de Santa María Medianera de todas las gracias; cfr. Jer 18, 20. — 18 Mt 12, 35. — 19 Juan Pablo II, Homilía 31-V-1979. — 20 Cfr. Pío XII, Alocución Benedicite Deum, 31-X-1942; Juan Pablo II, Homilía en Fátima, 13-V-1982. — 21 Cfr. Himno Ave Maris Stella. — 22 Oración colecta de la Misa.

Después de la consagración del mundo al dulcísimo y maternal Corazón de la Virgen María en 1942, llegaron numerosas peticiones al Romano Pontífice para que extendiera el culto al Inmaculado Corazón de María, que ya existía en algunos lugares, a toda la Iglesia. Pío XII accedió en 1945, «seguros de encontrar en su amantísimo Corazón... el puerto seguro en medio de las tempestades que por todas partes nos apremian». A través del símbolo del corazón, veneramos en María su amor purísimo y perfecto a Dios y su amor maternal hacia cada hombre. En él encontramos refugio en medio de todas las dificultades y tentaciones de la vida y el camino seguro -iter para tutum- para llegar prontamente a su Hijo.

 

 

Mensaje del Prelado (19 junio 2020)

En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, Mons. Ocáriz nos invita a que pidamos al Señor un corazón manso y humilde, que sea descanso y consuelo para muchas almas.

CARTAS PASTORALES Y MENSAJES19/06/2020

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Hoy, con toda la Iglesia, contemplamos especialmente el Sagrado Corazón de Jesús. Esta fecha es una ocasión para dejarnos sorprender nuevamente por la maravilla de que Dios haya querido acercarse a los hombres hasta llegar a ser uno de nosotros, con un corazón en tantos sentidos como el nuestro. Por eso, viene a mi mente aquella consoladora invitación que nos dirige el Señor: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas» (Mt 11,29).

Jesús desea para nosotros, en medio de las idas y venidas cotidianas, una auténtica paz, serenidad y descanso. Y nos muestra el camino: identificarnos cada vez más con Él, con la humildad y mansedumbre de su corazón. Como escribe san Josemaría: «También a nosotros el Señor puede insinuarnos y nos insinúa continuamente: exemplum dedi vobis, os he dado ejemplo de humildad. Me he convertido en siervo, para que vosotros sepáis, con el corazón manso y humilde, servir a todos los hombres» (Amigos de Dios, n. 103).

Pidamos al Señor, en nuestra oración, que nos dé un corazón como el suyo. Esto redundará en el «descanso de nuestra alma» y de las personas que están junto a nosotros. También podemos agradecer tantas realidades de servicio que hemos visto en estos últimos meses, muchas veces junto a cada uno de nosotros.

En la solemnidad que hoy celebramos, quizá recordemos más frecuentemente aquella jaculatoria que repetía san Josemaría: Cor Iesu sacratissimum et misericors, dona nobis pacem. A su misericordia acudimos para rezar por la paz en las almas, en la Iglesia, en el mundo, y para seguir pidiendo por el final de la pandemia, que aún comporta sufrimiento en muchos sitios. Y nos acogemos a la mediación materna de Santa María, Madre de misericordia y Reina de la paz.

Con todo cariño os bendice

vuestro Padre

Roma, 19 de junio de 2020

 

 

“La única medida es amar sin medida”

Cumples un plan de vida exigente: madrugas, haces oración, frecuentas los Sacramentos, trabajas o estudias mucho, eres sobrio, te mortificas..., ¡pero notas que te falta algo!

20 de junio

Lleva a tu diálogo con Dios esta consideración: como la santidad –la lucha para alcanzarla– es la plenitud de la caridad, has de revisar tu amor a Dios y, por El, a los demás. Quizá descubrirás entonces, escondidos en tu alma, grandes defectos, contra los que ni siquiera luchabas: no eres buen hijo, buen hermano, buen compañero, buen amigo, buen colega; y, como amas desordenadamente “tu santidad”, eres envidioso. Te “sacrificas” en muchos detalles “personales”: por eso estás apegado a tu yo, a tu persona y, en el fondo, no vives para Dios ni para los demás: sólo para ti. (Surco, 739)

A todos los que estamos dispuestos a abrirle los oídos del alma, Jesucristo enseña en el sermón de la Montaña el mandato divino de la caridad. Y, al terminar, como resumen explica: amad a vuestros enemigos, haced bien y prestad sin esperanza de recibir nada a cambio, y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque El es bueno aun con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, así como también vuestro Padre es misericordioso (Lc VI, 35–36).

La misericordia no se queda en una escueta actitud de compasión: la misericordia se identifica con la superabundancia de la caridad que, al mismo tiempo, trae consigo la superabundancia de la justicia. Misericordia significa mantener el corazón en carne viva, humana y divinamente transido por un amor recio, sacrificado, generoso. Así glosa la caridad San Pablo en su canto a esa virtud: la caridad es sufrida, bienhechora; la caridad no tiene envidia, no obra precipitadamente, no se ensoberbece, no es ambiciosa, no busca sus intereses, no se irrita, no piensa mal, no se huelga de la injusticia, se complace en la verdad; a todo se acomoda, cree en todo, todo lo espera y lo soporta todo (1 Cor XIII, 4–7). (Amigos de Dios, 232)

 

 

Streaming en la fiesta de san Josemaría: Misa por los fallecidos durante la pandemia

El próximo 26 de junio, la página web del Opus Dei emitirá imágenes del lugar donde reposa san Josemaría (por la mañana) y la Misa solemne celebrada por Mons. Fernando Ocáriz en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz (por la tarde). La misa comenzará a las 19 h. (UTC/GMT +2 h.) y se ofrecerá por los fallecidos durante la pandemia.

ÚLTIMAS NOTICIAS18/06/2020

Imagen de san Josemaría en la iglesia de Torun (Polonia).

El 26 de junio se celebra la fiesta del fundador del Opus Dei en muchas iglesias del mundo. Sin embargo, a causa de la emergencia sanitaria, numerosos fieles no podrán acudir o estas tendrán un aforo limitado.

En este contexto, la página web del Opus Dei ofrecerá el 26 de junio dos videos en directo: una retransmisión de la urna de san Josemaría, de 10.30 a 11.30 de la mañana (hora de Roma); y la Misa de la fiesta, a las 19.00 h.

Webcam en Santa María de la Paz, a las 10.30 h.

A las 10.30 h. y durante una hora, se retransmitirán imágenes de la urna donde está enterrado san Josemaría. Los fieles podrán conectarse desde esta página web o desde los canales oficiales en YoutubeInstagram y Facebook.

La emisión concluirá a las 11.30. Este horario permitiría unirse a la celebración de la fiesta de San Josemaría a personas de los diversos países asiáticos y de Oceanía, entre otros.

Misa con el Prelado a las 19.00 h.

Por la tarde, Mons. Fernando Ocáriz celebrará la Misa en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, donde está enterrado san Josemaría. Será retransmitida en esta página web, y desde los canales del Opus Dei en Youtube y Facebook.

Participará en la celebración un pequeño grupo de fieles. La Eucaristía se ofrecerá por los fieles de la Obra, parientes y amigos que han fallecido a consecuencia del coronavirus.

LA HOMILÍA SERÁ EN CASTELLANO, SI BIEN PODRÁ DESCARGARSE DESDE ESTA PÁGINA WEB POCO ANTES

La Misa será en italiano; y para el canon se usará el latín. Las lecturas y la oración de los fieles se leerán en varios idiomas. La homilía será en castellano, si bien podrá descargarse desde esta página web poco antes del inicio de la celebración en inglés, francés, portugués e italiano.

La santa Misa comenzará a las 19 h (hora de Roma). El horario permitirá seguir la celebración desde América, África y Europa, donde en muchos lugares se vive todavía en régimen de confinamiento. Quienes no puedan asistir en directo –por ejemplo, fieles de países de Asia u Oceanía, donde en ese momento será de noche– podrán consultar posteriormente la grabación desde el canal de Youtube.

 

Conocerle y conocerte (VII): Buscando la conexión

Las palabras que utilizaba san Josemaría al iniciar o terminar su oración pueden también servirnos de guía para la nuestra.

VIDA ESPIRITUAL01/06/2020

· Otros artículos de la serie "Conocerle y conocerte".


En el siglo pasado se habló mucho sobre la supuesta existencia de un teléfono rojo que comunicaba a los dirigentes de dos grandes potencias mundiales, aunque estas se encontrasen a miles de kilómetros de distancia entre sí. La idea de poder hablar inmediatamente con personas tan lejanas causó mucha sorpresa. Todavía eran inimaginables los dispositivos móviles que hoy conocemos. Refiriéndose a este artefacto, en 1972 san Josemaría dijo que nosotros tenemos «un hilo directo con Dios Nuestro Señor, mucho más directo (…). Es tan bueno, que está siempre disponible, que no nos hace aguardar»[1].

Por la fe sabemos que el Señor está siempre al otro lado de la línea. Sin embargo, ¡cuántas veces hemos experimentado dificultades para oírle o para ser constantes en los tiempos de oración que nos hemos propuesto! Algunas personas las expresan diciendo que «no conectan con Dios». Es una experiencia dolorosa que puede conducir al abandono de la oración. Probablemente lo habremos vivido también nosotros. A veces, por mucho empeño que pongamos, incluso habiéndolo hecho durante años, persiste la sensación de no saber hablar con Dios: aunque estamos seguros de tener un hilo directo con él, no conseguimos salir del monólogo interior, no alcanzamos esa intimidad que tanto ansiamos.

El papa Francisco nos alienta a «mantener la conexión con Jesús, estar en línea con Él (...). Así como te preocupa no perder la conexión a Internet, cuida que esté activa tu conexión con el Señor, y eso significa no cortar el diálogo, escucharlo, contarle tus cosas»[2]. ¿Cómo mantenernos despiertos al otro lado de la línea? ¿Qué podemos hacer para que nuestra oración sea un diálogo de dos? ¿Cuál es el camino para, con el paso de los años, seguir creciendo en intimidad con el Señor?

Texto escrito por san Josemaría, que dice: + Oración preparatoria. Señor mío y Dios mío. Creo firmemente que estás aquí: -que me ves, -que me oyes. -Te adoro con profunda reverencia. -Te pido perdón de mis pecados, y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, san José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mi.Texto escrito por san Josemaría, que dice: + Oración preparatoria. Señor mío y Dios mío. Creo firmemente que estás aquí: -que me ves, -que me oyes. -Te adoro con profunda reverencia. -Te pido perdón de mis pecados, y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, san José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mi.

Les mira desde la orilla

Después de la Resurrección, los discípulos se trasladan a Galilea porque así se lo había indicado el Señor a las santas mujeres: «Allí me verán» (Mt 28,10). Está amaneciendo. Pedro y Juan, acompañados por otros cinco, reman hacia la tierra después de una noche de pesca infructuosa. Jesús les mira desde la orilla (cfr. Jn 20,4). De manera similar a lo que sucede en aquella escena, al comenzar a orar nos ponemos en presencia de Jesús, sabiendo que él está aguardándonos; nos observa desde la orilla en actitud de espera y de escucha. Imaginar que la mirada del Señor se posa sobre nosotros nos ayudará durante toda la oración. También nosotros queremos mirarle: «Que yo te vea: aquí está el núcleo de la oración»[3]. En el origen del diálogo con Dios, efectivamente, hay uncruce de miradas entre dos personas que se aman: «Mirar a Dios y dejarse mirar por Dios: esto es rezar»[4].

EN TODA BUENA CONVERSACIÓN SE BUSCA SINTONÍA DESDE LOS PRIMEROS MOMENTOS

Pero deseamos también escuchar sus palabras, percibir cuánto nos quiere y conocer lo que desea. Los discípulos no habían pescado nada, pero Jesús les habla, les da instrucciones para que no vuelvan con las manos vacías: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis» (Jn 21,6). Las buenas conversaciones dependen muchas veces de la sintonía que se establece con las primeras palabras. Del mismo modo, los primeros minutos de oración son importantes porque marcan una pauta para los restantes. Empeñarse en comenzar la conversación nos ayudará a mantener vivo el diálogo posterior con más facilidad.

Hasta ese momento, quienes iban en la barca dudaban. Cuando vieron las redes llenas de peces, cuando se dieron cuenta de que haber entrado en aquel diálogo con Jesús fue más eficaz que tantas horas de esfuerzo solitario, Juan le dice a Pedro: «¡Es el Señor!» (Jn 21,7). Esta certeza es ya un comienzo de oración: el Señor está aquí, junto a nosotros, tanto si estamos delante del tabernáculo como en cualquier otro lugar.

Como el Espíritu Santo lo permite

Arrastrando la barca, pesada por las redes llenas, los discípulos alcanzan la orilla. Allí se encuentran con un inesperado desayuno de panes y peces a la brasa. Al sentarse en torno al fuego, comen en silencio. Ninguno «se atrevía a preguntarle: ¿Tú quién eres?, pues sabían que era el Señor» (Jn 21,12). El peso de la conversación recae sobre Jesús. Ciertamente, la clave en la oración es dejarle hacer a Dios, más que el esfuerzo del propio corazón. Cuando preguntaron a san Juan Pablo II cómo era su oración, respondió: «¡Habría que preguntárselo al Espíritu Santo! El Papa reza tal como el Espíritu Santo le permite rezar»[5]. El elemento más importante es el , porque es Dios quien tiene la iniciativa.

Tras ponernos en presencia de Dios, es necesario apagar los ruidos y perseguir un silencio interior que supone cierto esfuerzo. Así será más fácil escuchar la voz de Jesús que nos pregunta: « Muchachos, ¿tenéis algo de comer?» (Jn 21,5); que nos indica: «Traed algunos de los peces» (Jn 21,10); o que nos pide amablemente: «Sígueme» (Jn 21,19). Por eso, el Catecismo de la Iglesia señala que es necesario un combate por desconectar para conectar y, así, hablar con Dios en la soledad de nuestro corazón[6]. Los santos han repetido muchas veces este consejo: «Deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes (...). Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de Él. Di, pues, alma mía, di a Dios: “Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro” (Sal 27, 8)»[7].

EL PRINCIPAL TEMA DEL DIÁLOGO ES NUESTRA PROPIA VIDA, ILUMINADA POR LA VIDA DE CRISTO

Esto no siempre resultará sencillo, porque las tareas y preocupaciones captan fuertemente nuestra memoria e imaginación y pueden llenar nuestra interioridad. Sin duda no existe una varita mágica, porque las distracciones son de ordinario inevitables y es difícil mantener una atención sin altibajos. San Josemaría aconsejaba convertirlas en tema de conversación con Jesús, aprovechando «para pedir por el objeto de esa distracción, por aquellas personas, y dejar actuar al Señor, que saca siempre lo que quiere de cada flor»[8]. Es también una ayuda eficaz encontrar buenos momentos y lugares propicios; aunque se puede orar en todo lugar, no todas las circunstancias facilitan el diálogo ni expresan de igual modo los deseos sinceros de orar.

La oración introductoria: conexión

Con el objetivo de facilitar la conexión, san Josemaría recomendaba una oración introductoria que él solía utilizar[9]. En esas palabras nos enseña a comenzar con un acto de fe y con una disposición humilde: «Creo que estás aquí», «te adoro con reverencia». Es simplemente una manera de decirle a Jesús: «He venido a estar contigo, quiero hablarte y deseo que tú también me hables; te dedico estos momentos con la ilusión de que este encuentro me ayude a unirme más a tu voluntad». Al decir «creo firmemente» estamos expresando una realidad, pero también un deseo; pedimos al Señor que nos aumente la fe, porque sabemos que «la fe es la que otorga alas a la oración»[10]. Y ese acto de fe nos lleva inmediatamente a la adoración con la que reconocemos, por un lado, su grandeza y, al mismo tiempo, le manifestamos la decisión de abandonarnos en sus manos. A renglón seguido, reconocemos nuestras debilidades pidiendo perdón y gracia, porque «la humildad es la base de la oración»[11]. Nos sabemos pequeños delante de su grandeza, carentes de recursos propios. La oración es un don gratuito que el hombre debe pedir como un mendigo. Por eso san Josemaría concluía que «la oración es la humildad del hombre que reconoce su profunda miseria»[12].

Creer, adorar, pedir perdón y solicitar ayuda: cuatro movimientos del corazón que nos abren a una buena conexión. Nos puede ayudar la repetición serena de esta oración introductoria, degustándola palabra por palabra. Quizá convenga repetirla varias veces hasta que nuestra atención quede centrada en el Señor. Puede servirnos también construir una oración introductoria más personalizada y emplearla cuando estemos más secos o dispersos. En general, si nos encontramos distraídos o con la mente vacía, repetir despacio una oración vocal (el Padrenuestro o la que más nos mueva en ese momento) es ventajoso para fijar la atención y serenar el alma: una, dos, tres veces, cuidando la cadencia, reposando las palabras o cambiando alguna de ellas.

Una hoguera encendida: diálogo

Esa conexión inicial antecede al núcleo de la oración, a ese «diálogo con Dios, de corazón a corazón, en el que interviene toda el alma: la inteligencia y la imaginación, la memoria y la voluntad»[13]. Si volvemos a aquel amanecer en el que los discípulos continuaban sorprendidos por la milagrosa pesca, Jesús enciende un fuego para calentar lo que ha preparado. Podemos imaginar cómo lo haría, sorteando los posibles escollos para que el fuego cogiera cuerpo. De la misma manera, si consideramos la oración como una pequeña hoguera que deseamos ver crecer, en primer lugar necesitamos encontrar un combustible adecuado.

El combustible que alimenta la hoguera es ordinariamente el conjunto de tareas que tenemos entre manos y nuestras propias circunstancias personales: el tema del diálogo es nuestra vida. Nuestras alegrías, tristezas y preocupaciones, son el mejor resumen de lo que llevamos en el corazón. Con palabras sencillas, nuestra conversación va pegada al terreno del acontecer diario, como podemos imaginar que sucedió en el desayuno pascual. Incluso, en no pocas ocasiones, comenzará con un: «Señor, ¡que no sé!»[14]. Asimismo, la oración cristiana no se limita a abrir la propia intimidad a Dios, ya que de un modo especial alimentamos la hoguera con la misma vida de Cristo. Hablamos con Dios también de él, de su paso por la tierra, de sus deseos de redención. Junto a todo esto, como nos sentimos responsables de nuestros hermanos, «el cristiano no deja el mundo fuera de la puerta de su habitación, sino que lleva en su corazón personas y situaciones, los problemas, tantas cosas»[15].

PONIENDO EN JUEGO NUESTRO MUNDO INTERIOR ES UNA BUENA MANERA DE ENRIQUECER LA ORACIÓN

A partir de aquí, cada uno buscará maneras de orar que le vengan mejor. No existen reglas fijas. Indudablemente seguir un cierto método nos permite saber qué hacer hasta que experimentemos la iniciativa de Dios. Así, por ejemplo, a algunas personas les sirve tener un plan flexible de oración a lo largo de la semana. En ocasiones, escribir lo que decimos ofrece muchas ventajas para no distraernos. La oración será de una manera en periodos de trabajo intenso y de otra en épocas más pacíficas; también irá acompasada al tiempo litúrgico en el que se encuentra la Iglesia. Hay muchos caminos que se nos abren: zambullirnos en la contemplación del Evangelio buscando la Humanidad Santísima del Señor o meditar un tema acompañados de un buen libro, conscientes de que la lectura facilita el examen; habrá días de más petición, alabanza o adoración; rezar con sosiego jaculatorias es un buen sendero para momentos de agitación interior; otras veces nos quedaremos callados, sabiéndonos mirados cariñosamente por Cristo o por María. Al final, sea cual sea el camino por el que nos haya llevado el Espíritu Santo, todo nos conduce a «conocerle y conocerte»[16].

El viento y la hojarasca

Además de un buen combustible, nos conviene tener en cuenta los obstáculos que podemos encontrar para mantener viva la llama: el viento de la imaginación que intenta apagar la débil llama inicial, y la hojarasca húmeda de las pequeñas miserias que procuraremos quemar.

La imaginación, ciertamente, tiene un papel importante en el diálogo y habrá que contar con ella especialmente cuando contemplamos la vida del Señor. Pero, al mismo tiempo, es la loca de la casa y la que suele llevar la voz cantante en nuestros mundos de fantasía. Tener la imaginación demasiado suelta y sin control es fuente de dispersión. De ahí la necesidad de rechazar las acometidas del viento que quiere apagar el fuego y, a la vez, alentar las que ayudan a avivarlo. Hay un detalle significativo en el encuentro del Resucitado con sus discípulos en la orilla del Tiberíades. Solo uno de ellos ha estado en el Calvario, san Juan, y es precisamente él quien descubre al Señor. El contacto con la cruz ha purificado su mirada: se ha hecho más fina y acertada. El dolor allana el camino de la oración; la mortificación interior conduce a la imaginación a avivar la hoguera, evitando que se convierta en un viento descontrolado que la sofoque.

Finalmente, hemos de tener en cuenta la humedad de la hojarasca. En nuestro interior hay un submundo de malos recuerdos, pequeños rencores, susceptibilidades, envidias, comparaciones, sensualidad y deseos de éxito, que nos centran en nosotros mismos. La oración nos lleva precisamente en la dirección contraria: a olvidarnos del yo con el objetivo de centrarnos en él.Necesitamos que ese fondo afectivo se ventile en nuestra oración, sacando esa humedad a la luz, poniéndola ante el sol que es Dios y decir: «Mira esto, y esto, tan malo, lo dejo ante ti, Señor: purifícalo». Entonces, le pediremos ayuda para perdonar, olvidar, alegrarnos del bien ajeno; para ver la parte positiva de las cosas, rechazar las tentaciones o agradecer las humillaciones. De esta forma se evaporará esa humedad que podría dificultar nuestra conversación con Dios.

Un deseo que continúa

Conexión, diálogo y balance. El tramo final de la oración es momento de represar, de saber qué nos llevamos. Esto conducía a san Josemaría a pensar en los «propósitos, afectos e inspiraciones»[17]. Después del diálogo con Dios brota con sencillez un deseo de mejora, de cumplir su voluntad. Ese deseo, decía san Agustín, es ya buena oración: mientras sigas deseando, seguirás orando[18]. Esas intenciones algunas veces se podrán plasmar en propósitos que, con frecuencia, serán concretos y prácticos. En cualquier caso, la oración sirve de impulso para vivir en presencia de Dios las horas siguientes. Los afectos han podido estar presentes con mayor o menor viveza; no siempre son importantes aunque, si nunca hubiera afectos, tendríamos que preguntarnos dónde ponemos habitualmente el corazón. Desde luego, no son necesariamente emociones sensibles, porque los afectos también pueden suscitarse con los tranquilos deseos de la voluntad, como cuando uno quiere querer.

Las inspiraciones son luces de Dios que convendrá anotar, porque nos ayudarán mucho en oraciones futuras. Pasado el tiempo, pueden ser un buen combustible que despierte el alma en momentos más áridos, en los que estemos poco lúcidos o apáticos. Aunque cuando vislumbramos esas inspiraciones nos parece que nunca las olvidaremos, en realidad el tiempo desgasta la memoria. Por eso conviene apuntarlas en caliente, cuando se escriben con una viveza singular: «Esas palabras, que te han herido en la oración, grábalas en tu memoria y recítalas pausadamente muchas veces durante el día»[19].

No nos olvidamos de la ayuda que nos ofrecen los aliados del cielo. Al sentirnos débiles acudimos a los que están más cerca de Dios. Lo podemos hacer tanto al principio como al final, y también en las ocasiones en las que notemos la dificultad por mantener viva la llama. Especialmente presente estará nuestra Madre, su esposo José y el ángel de la guarda que nos «traerá santas inspiraciones»[20].

José Manuel Antuña


[1] San Josemaría, Apuntes de una reunión familiar, 8-XI-1972.

[2] Francisco, Ex. ap. Christus vivit, n. 158.

[3] Benedicto XVI, Audiencia, 4-V-2011.

[4] Francisco, Audiencia, 13-II-2019.

[5] San Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, Plaza y Janés, Barcelona 1994, p. 41.

[6] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2725.

[7] San Anselmo, Proslogion, cap. 1.

[8] San Josemaría, Apuntes de una reunión familiar, 21-II-1971.

[9] La oración es la siguiente: «Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, san José, mi padre y señor, ángel de mi guarda: interceded por mí».

[10] San Juan Clímaco, La escala del Paraíso, escalón 28.

[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2559.

[12] San Josemaría, Surco, n. 259.

[13] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 119.

[14] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 244.

[15] Francisco, Audiencia, 13-II-2019.

[16] San Josemaría, Camino, n. 91.

[17] La oración final completa que recomendaba san Josemaría es: «Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, san José, mi padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí».

[18] Cfr. san Agustín, Enarrat. in Ps. 37, 14.

[19] San Josemaría, Camino, n. 103

[20] San Josemaría, Camino, n. 567.

Photo by: Eddy Billard on Unsplash

 

 

Consagración a María de san Juan Pablo II

Un vibrante vídeo sobre el papa polaco y la Virgen con la oración que elevó al consagrar el mundo al Inmaculado Corazón de María el 1984

La relación del papa Juan Pablo II con la Virgen María, a la que dedicó su lema Totus tuus, centra este último vídeo de la serie del papa polaco realizada con motivo de su canonización por la productora Fulton Sheen.
 
El vídeo incluye la oración de consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María, que él elevó el 25 de marzo de 1984 en Roma en unión a los obispos del mundo:
 
Oh, Madre de los individuos y de los pueblos,
Tú que conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas,
Tú que tienes el conocimiento materno de todas las batallas
entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad
que afligen al mundo moderno,
acepta nuestra súplica que dirigimos a tu corazón
movidos por el Espíritu Santo,
nos dirigimos directamente a tu corazón:
abraza con amor de Madre este mundo nuestro que te confiamos y consagramos,
llenos de preocupación por el destino terrenal y eterno
de los individuos y de los pueblos.
 
¡Oh, pura, Inmaculada, de la escasez y de la guerra,
de la destrucción incalculable, libéranos.
De los pecados contra la vida humana desde su inicio, libéranos.
Del odio, libéranos.
De toda clase de injusticia en la vida social, nacional e internacional, libéranos.
De la facilidad para incumplir los mandamientos de Dios, libéranos.
De los intentos de ofuscar en los corazones humanos la verdad de Dios, libéranos.
De la pérdida de sentido del bien y del mal, libéranos.
De los pecados contra el Espíritu Santo, libéranos, libéranos.
 
Oh, Madre de Cristo, permite que sea revelado
el infinito poder salvador de la Redención;
que eso detenga el mal.
¡Que tu Inmaculado Corazón revele para todos la luz de la esperanza!
Amén.

 

Comentario al Evangelio: No tengáis miedo

Evangelio del Domingo 12º del Tiempo Ordinario (Ciclo A) y comentario al evangelio de la Misa

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Mt 10,26-33)

No les tengáis miedo, porque nada hay oculto que no vaya a ser descubierto, ni secreto que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a plena luz; y lo que escuchasteis al oído, pregonadlo desde los terrados. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma; temed ante todo al que puede hacer perder alma y cuerpo en el infierno. ¿No se vende un par de pajarillos por un as? Pues bien, ni uno solo de ellos caerá en tierra sin que lo permita vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. Por tanto, no tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos.

A todo el que me confiese delante de los hombres, también yo le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero al que me niegue delante de los hombres, también yo le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.


Comentario

El capítulo décimo del evangelio de san Mateo nos dice que Jesús, después de haber elegido a los doce Apóstoles, los envió y les dio algunas instrucciones para su labor. Entre ellas, las que escuchamos en el Evangelio de este domingo y que glosan la idea principal: “No tengáis miedo”. Desde el primer momento les advierte de que en su tarea encontrarán dificultades, persecuciones, incomprensiones… Pero la mayor amenaza no viene de aquellos que intenten acallarlos, ni siquiera de los que atenten contra su vida. El único peligro verdadero es aquel “que puede hacer perder alma y cuerpo en el infierno”, el que puede conducir al pecado, a la pérdida de la amistad con Dios.

Nos guste o no, el miedo forma parte de la vida humana. Desde niños hemos experimentado temores que a veces eran infundados y luego desaparecían. También en la madurez se nos presentan miedos ante situaciones duras –dolor, incomprensión, soledad, incertidumbre, muerte, …– que nos salen al paso y debemos afrontar y superar, contando con nuestro esfuerzo y la ayuda de Dios.

Pero un discípulo de Cristo no tiene por qué temer, ya que no está solo. Dios es un Padre amoroso, que, si se ocupa hasta de los más pequeños detalles en sus criaturas, con mucha mayor razón cuidará de sus hijos fieles. “La solución es amar. San Juan Apóstol escribe unas palabras que a mí -decía san Josemaría- me hieren mucho: ‘qui autem timet, non est perfectus in caritate’. Yo lo traduzco así, casi al pie de la letra: el que tiene miedo, no sabe querer. –Luego tú, que tienes amor y sabes querer, ¡no puedes tener miedo a nada! –¡Adelante!”[1].

“Por consiguiente –comentaba Benedicto XVI–, el creyente no se asusta ante nada, porque sabe que está en las manos de Dios, sabe que el mal y lo irracional no tienen la última palabra, sino que el único Señor del mundo y de la vida es Cristo, el Verbo de Dios encarnado, que nos amó hasta sacrificarse a sí mismo, muriendo en la cruz por nuestra salvación. Cuanto más crecemos en esta intimidad con Dios, impregnada de amor, tanto más fácilmente vencemos cualquier forma de miedo”[2].

Todavía resuena en muchos corazones aquel grito, lleno de fe y confianza en Dios, de san Juan Pablo II en la Misa inicial de su pontificado: “¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura. de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce lo que hay dentro del hombre. ¡Sólo Él lo conoce! Con frecuencia el hombre actual no sabe lo que lleva dentro, en lo profundo de su ánimo, de su corazón. Muchas veces se siente inseguro sobre el sentido de su vida en este mundo. Se siente invadido por la duda que se transforma en desesperación. Permitid, pues, –os lo ruego, os lo imploro con humildad y con confianza– permitid que Cristo hable al hombre. ¡Sólo Él tiene pala­bras de vida, sí, de vida eterna!”[3].

El Apóstol es valiente, atrevido. Tiene la virtud de la audacia que le empuja a afrontar tareas que están en el límite de sus posibilidades o parece que lo superan. Pero cuando se trata de tareas divinas, la audacia no es temeridad, porque “no estamos solos, Él obrará” (cf. 1 Ts 5,24). San Josemaría lo señalaría con claridad en un punto de Camino: “¡Dios y audacia! –La audacia no es imprudencia. –La audacia no es osadía”[4].


[1] San Josemaría, Forja, 260.

[2] Benedicto XVI, Ángelus 22 de junio de 2008

[3] San Juan Pablo II, Homilía en el comienzo de su Pontificado. 22 de octubre de 1978, n. 5.

[4] Camino, 401.

 

Vacuna COVID-19: Entrevista a Justo Aznar, director del Instituto de Ciencias de la Vida de la Univ. Católica de Valencia

Valoración ética de las posibles vacunas

JUNIO 19, 2020 13:52ROSA DIE ALCOLEABIOÉTICA Y DEFENSA DE LA FAMILIAENTREVISTAS

(zenit – 19 junio 2020).- Tras la publicación por parte de la revista Science –el 12 de junio de 2020—de la existencia de seis posibles vacunas contra la COVID-19, en las que, para su fabricación, se han utilizado líneas celulares obtenidas de fetos humanos de abortos provocados, el doctor en Medicina y antiguo miembro de la Pontificia Academia para la Vida, Justo Aznar, ha difundido una valoración ética de la cuestión.

zenit ha conversado en exclusiva con el médico español, director del Instituto de Ciencias de la Vida de la Universidad Católica de Valencia y miembro de la Real Academia de Medicina de la Comunidad Valenciana quien ofrece las claves para entender cómo se elabora la vacuna y qué factores debemos tener en cuenta para actuar siempre en favor de la vida, con todo el rigor científico que conlleva.

El doctor Aznar aclara que el uso de las vacunas que utilizan líneas celulares obtenidas de fetos humanos abortados plantea problemas bioéticos y apoyándose en las publicaciones de la Pontifica Academia para la Vida (en 2005 y en 2017), indica que “si se ponen a disposición del público vacunas contra la COVID-19, en cuya producción se hayan utilizado células de fetos humanos abortados voluntariamente, estas podrían utilizarse temporalmente hasta que no haya disponibles otras vacunas similares, que se hayan producido sin utilizar tales tipos de células fetales” pues “la obligación moral de garantizar la vacunación para una cobertura de la salud de otros es no menos urgente”.

Líneas celulares de los años 70-80

Asimismo, el doctor Aznar matiza que en el caso de las seis líneas que trabajan con dichas células fetales “no se trata de células obtenidas de abortos actuales, sino de células producidas a partir de dos líneas celulares fetales generadas en las décadas de los 70-80 del siglo pasado a partir de abortos provocados” y recuerda que la Academia Vaticana anunció que “hoy día no es ya necesario obtener células de nuevos abortos voluntarios y que las líneas de células en las que las vacunas han sido basadas se derivan de dos líneas de fetos originalmente abortados en la década de los 60 del siglo pasado”

El director del Observatorio de Bióetica de la Universidad Católica de Valencia publicó recientemente un informe que consta de dos partes bien definidas: una científica en la que se aborda la situación de cómo se encuentran las investigaciones para la obtención de una vacuna contra la COVID-19, y en la que se especifica en qué vacunas se han utilizado para su producción líneas celulares obtenidas de fetos de abortos humanos provocados, y una segunda en la que se reflexiona desde un punto de vista moral sobre si estas últimas vacunas pueden ser o no utilizadas.

Vacuna de Moderna

Para este debate científico, Justo Aznar se apoya en el informe de la Organización Mundial de la Salud, de fecha 27 de mayo de 2020 y para el debate moral en dos informes de la Pontificia Academia para la Vida, publicado en 2005 y 2017.

A modo de conclusión, el experto en Bioética advierte que “solamente existe un ensayo clínico en fase 2, el de Moderna/NIAID en el que no se han utilizado células fetales”, es “posible que esté a disposición del público paralelamente a los dos ensayos en los que se han utilizado células de fetos humanos abortados”.

Llamamiento a la comunidad científica

Así, especifica que si en algún momento estuvieran disponibles estas 3 vacunas (las dos que utilizan células fetales de abortos provocados y la de Moderna), “indudablemente, desde un punto de vista moral, habría que utilizar la que no ha usado para su producción células de fetos de abortos humanos provocados”.

No obstante, el doctor Aznar recomienda encarecidamente que científicos, autoridades eclesiásticas, organizaciones sociales e incluso individuos particulares, animen “por todos los medios moralmente posibles, para que se pongan todos los esfuerzos necesarios en la consecución de vacunas en las que para su producción no se hayan utilizado células de fetos humanos de abortos provocados”.

A continuación, sigue la entrevista realizada a Justo Aznar, doctor en Medicina, experto en Bioética y miembro de la Pontificia Academia para la Vida.

***

zenit: ¿Por qué utilizan células fetales para investigar en vacunas? ¿Qué beneficios tiene?

Justo Aznar: Las células fetales son células muy indiferenciadas y por tanto, muy útiles para cultivar los virus, o algunas proteínas que ellos contienen, que después se utilizan para inmunizar a la persona que recibe la vacuna.

zenit: Desde una visión antropológica cristiana, ¿por qué no sería ético consumir una vacuna elaborada con células fetales de abortos provocados?

Justo Aznar: Si se utilizan directamente células de abortos provocados se está usando un medio moralmente ilícito para conseguir algo, aunque eso sea bueno. Nunca un medio ilícito puede cohonestar un fin lícito.

zenit: Según los dos informes publicados por la Pontificia Academia para la Vida (en 2005 y en 2017), los católicos podrán vacunarse “temporalmente” con esta vacuna (producida a partir de líneas celulares de fetos abortados). ¿Qué quiere decir esto?

Quiere claramente afirmar, que, si la vacuna producida con células fetales es la única existente en el mundo, podrá utilizarse mientras no exista otra que se haya producido sin utilizar este tipo de células. Se trata por tanto de una legitimación temporal de la licitud de su uso. Citando el informe de la Pontificia Academia para la Vida de 2017, hay que tener en cuenta que “la obligación moral de garantizar la vacunación para una cobertura de la salud de otros es no menos urgente”.

zenit: Cuando se encuentre la vacuna contra la COVID-19, hay expectativas de que se ponga a disposición de todos, también de los países del tercer mundo, ¿es probable que así sea?

Justo Aznar: Siempre, cuando hay fines lucrativos, por otro lado, lícitos, en la producción de algún fármaco, en este caso vacunas, es difícil saber si las organizaciones gubernamentales, firmas farmacéuticas o institutos de investigación que los producen, querrán reducir sus beneficios en aras de la solidaridad con los ciudadanos de países en vías de desarrollo, pero sería muy loable que así fuera.

zenit: De los 136 proyectos en marcha para la vacuna, solamente en seis se están utilizando, para la producción de la vacuna, líneas celulares obtenidas de fetos humanos de abortos provocados, según indica la revista Science. ¿Qué otras posibilidades existen en cuanto “materia prima” para investigar en una vacuna contra la COVID-19?

Justo Aznar: Ciertamente se están tratando de producir vacunas sin utilizar células fetales. Así los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, en colaboración con la empresa Moderna, están desarrollando una vacuna utilizando ARN, es decir sin requerir células de fetos humanos abortados. Otras compañías como Sandi, Inovo y Shenzhen GenoInmune Medical Institute, también lo están haciendo.

Además, si en nuestro último informe decíamos que son aproximadamente 136 los proyectos en marcha para intentar la consecución de una vacuna contra la COVID-19, y que de ellos solamente en 6 se utilizan células fetales, se puede deducir que las otras 130 estarán utilizando una vía alternativa al uso de esas células.

zenit: La enfermedad de COVID-19, además de este, ha planteado algunos dilemas éticos. Se habló también del “triaje” realizado en algunos hospitales de los países más afectados por la pandemia. ¿A qué otros conflictos éticos nos enfrentamos?

Justo Aznar: Ciertamente la necesidad de elegir a que enfermos se les pueden aplicar los remedios necesarios para tratarlos adecuadamente, cuando los recursos de los que disponen los profesionales de la salud son escasos, es un problema moral y profesional de muy difícil solución, pero esa es la realidad. Nosotros hemos estudiado en nuestro Observatorio este tema en un informe anterior.

zenit: ¿Cuál es el proceso de elaboración de una vacuna? En este caso, una vacuna contra un nuevo coronavirus apunta a nuevos desafíos para este proceso, ¿cuáles son?

Justo Aznar: Hay 6 pasos en el proceso de elaboración de una vacuna. En primer lugar: Identificación del patógeno, su ciclo vital, vías de transmisión, mecanismo de infectividad, factores de patogenia e identificación genética. En segundo lugar: Síntesis y producción del antígeno, biológico o de síntesis, para el ensayo. El tercer paso es hacer valorar los estudios preclínicos, como cultivos celulares e inoculación en animales de experimentación. En cuarto lugar, se llevan a cabo los estudios clínicos, en humanos, en tres fases:

-Fase I: Pequeña muestra (20-80 sujetos), con la que se evalúa la seguridad.

-Fase II: Muestra estadística mayor, con evaluación de la seguridad, inmunogenicidad (respuesta inmunológica), dosis, y pautas de administración.

-Fase III: Muestra estadística más amplia, de miles de personas. Se sigue evaluando la seguridad (efectos secundarios, contraindicaciones, interacciones) así como la eficacia.

Llegados al quinto punto, se procede a la precomercialización: Autorización sanitaria, producción, control de calidad. Completar este periodo implica unos dos años de trabajo. El plazo total desde el comienzo del proceso puede llevar una década y ,por último, hablamos de la comercialización: Control farmacoterapéutico, control de calidad constante sobre el proceso de fabricación.

En el caso del coronavirus, la peculiaridad fundamental del proceso es el acortamiento de estos plazos, en parte debido al avance en las técnica de identificación y edición genéticas y en parte al elevado número de equipos científicos que trabajan en el tema, además de la agilización de los trámites burocráticos necesarios para la autorización de las diferentes fases, dada la gravedad de la pandemia.

 

Gratis

 Daniel Tirapu 

Resurrecció de Cristo de El Greco.

photo_cameraResurrecció de Cristo de El Greco.

Dad gratis, lo que gratis recibisteis. Los hombres y las mujeres estamos hechos de mala pasta, de barro malo y qué difícil es querer sin esperar nada a cambio: ni prestigio, ni reciprocidad, ni asentimiento, ni favores.

Dios se nos da hasta la muerte gratuitamente. Nos pide permiso, a veces no , para querernos locamente y no se cansa de querer. Ese debería de ser el modo de querer a Dios y a los demás.

Cuando somos duros en nuestros juicios con los demás, vemos sus fallos manifiestos (paja en su ojo y una o dos vigas en el propio ojo), aunque queramos hacer las cosas bien ( por cierto es mejor quererlas hacer bien que mal), podemos estar siendo muy orgullosos espiritualmente.

 Por eso el Papa  nos recordaba  que hemos de ser intransigentes con el pecado, con el mal, pero comprensivos y amables con las personas. ¿Cuántas veces he de perdonar?, preguntó Pedro, ¿hasta siete veces?. Hasta setenta veces siete.  Mucho.

 

 

Datos para pensar y rezar

Ernesto Juliá 

photo_cameraRueda de prensa telemática de Fernando Giménez Barriocanal, Vicesecretario para Asuntos Económicos de la CEE.

Como todos los años, la Conferencia Episcopal de la Iglesia en España ha hecho pública la presentación de los datos de su labor correspondientes al año 2018. Una presentación detallada de su organización y de las tareas que lleva a cabo en los campos de la educación, de la caridad, del mundo hospitalario y centros de asistencia, y especialmente, de la vida sacramental.

Si comparamos las cifras con las correspondiente al año 2014, nos damos cuenta de realidades que, como buenos creyentes en Jesucristo, nos hacen pensar y nos invitan a rezar pidiendo al Señor que nos ilumine a todos en la misión de dar testimonio de nuestra Fe, y de manera muy particular, de luz a los obispos para llevar a delante en la Fe, en la Esperanza y en la Caridad, al pueblo de Dios que les ha sido encomendado.

El año 2014 ejercían su ministerio en todo el territorio de la península 18.813 sacerdotes; cuatro años después, ese número descendía a 17.337. O sea, 1.476 sacerdotes menos, y con más años sobre sus espaldas.

Los religiosos, hombre y mujeres, sumaban en total, 57.531. Hoy la cifra se ha convertido en 38.688. Lo que da una cifra que desciende en 18.843 personas.

Y quizá, lo que hace pensar y rezar más, son las cifra de los bautizados y de los matrimonios. En 2014 los bautizos llegaron a 240.282; sólo cuatro años después, descendieron a 193.394; 46.888 menos. En los matrimonios las cifras son semejantes: 52.495, hace seis años; y 41.875, hace dos años: 10.620 menos.

Sociólogos, analistas de todo tipo, se enfrentarán con estas realidades y tratarán de buscar, y de encontrar razones sociales, culturales, etc., para explicar, e incluso justificar este notable descenso. Y quizá habrá alguno de entre ellos que sugiera que la causa fundamental sea que la labor de la Iglesia no está adecuada a la realidad de los tiempos, a lo que la gente, especialmente la juventud dicen, quiere cambiar en la Iglesia, y no se cambia.

Aquí, en España, no se aprecia, podrán decir, unas posturas como en Alemania donde, aparte del escándalo de los abusos sexuales de los sacerdotes, hay un cierto número de obispos, eclesiásticos, que quieren convertir la Iglesia en una organización “sinodal” – si digo “parlamentaria” se entiende mejor-, en la que vale lo mismo el parecer de laicos y sacerdotes, hombres y mujeres, casados y divorciados, obispos y seminaristas, etc., para cambiar la fe y la moral, especialmente la referente a la castidad y sexto mandamiento de la Ley de Dios.

Por ese camino, lo que están consiguiendo es el abandono de la Iglesia de muchos católicos. Y se confirma, una vez, que el verdadero enemigo de Cristo y de la Iglesia está dentro de ella: es la falta de Fe de fieles laicos, de sacerdotes, de obispos.

La Iglesia fundada por Cristo y sobre la roca que es Pedro ha superado todos los obstáculos que se han presentado en su camino para que abandone la Fe en la divinidad de Cristo, la fe en la Vida eterna, la fe en los sacramentos que la fortalecen para desenmascarar al pecado, al diablo, y se convierta en una “religión” más, y abandone toda su moral, que es el camino para que el hombre alcance el Cielo.

Y ha superado todos esos obstáculos porque no ha dejado de convertir a la gente que se encuentra en su camino, no ha dejado de ser proselitista, en el sentido más sagrado del término, que es el de ayudar a los hombres a abrir su mente y su corazón a la Luz de Dios, Uno y Trino. No ha dejado de hablar de vivir la castidad, de llegar vírgenes al matrimonio, de abandonar toda práctica homosexual, del infierno y del cielo, de combatir el aborto y llamar a la vida en Dios.

Estas cifras quizá nos pueden ayudar a pensar un poco más en las verdades de la Fe en Cristo, Hijo de Dios hecho hombre que vive la muerte por nuestros pecados, que resucita y nos da la esperanza de resucitar con Él, y en Él.

ernesto.julia@gmail.com

 

 

La idea del divorcio inclina al deterioro

Ana Teresa López de Llergo

En la familia fundada en el principio de indisolubilidad, ambos se esfuerzan por mejorar la convivencia, por cuidarse mutuamente y resolver discordias.

Ante los asuntos excepcionales, es muy importante entender que se trata de circunstancias también excepcionales, y lo excepcional no es lo ordinario. Este es un criterio para tomar en cuenta cuando surgen circunstancias problemáticas en el matrimonio. El divorcio es un recurso extraordinario ante problemas conyugales verdaderamente graves y esas circunstancias problemáticas no siempre son graves.

Cuando se habla del divorcio como un recurso accesible y al alcance de cualquier problema, sin ninguna discriminación, el matrimonio también pierde consistencia. Por eso este asunto requiere explicarse con rectitud para que los contrayentes no lo contemplen como algo que resuelve todo tipo de problemas. Porque el divorcio en sí trae sus propios problemas.

Veremos algunos de los posibles deterioros que ocasiona el divorcio:

El más lógico no se muestra claramente sino que está como agazapado en la mente de quienes van a contraer matrimonio. Para quienes están verdaderamente enamorados consiste en saber que si se presentan problemas graves la solución está en el divorcio. De entrada rechazan los problemas graves porque ambos se quieren y piensan: eso no nos sucederá, todo lo superará el amor.

En estas personas se debilita la idea de arrostrar siempre todos los problemas, y aunque no se den cuenta, como no han definido lo que es grave, cualquier problema de enfermedad crónica, de falta de recursos económicos, o de cambio de lugar de trabajo a un sito menos civilizado puede considerarse grave. Con el paso del tiempo y la acumulación de cansancio cualquier molestia que se afrontaría bajo la consideración del matrimonio indisoluble, se vuelve grave y solamente solucionable con el divorcio.

Para personas superficiales que optan por el matrimonio como una experiencia pasajera, el divorcio les cae como anillo al dedo, porque disfrutarán de una compañía agradable mientras no haya puntos de vista que les suponga confrontarse o deterioro para sus proyectos personales. Cuando los haya, ambos ya estaban de acuerdo en que esa relación estorba y la disolverán “de modo civilizado”. Nunca captaron que en el matrimonio los proyectos personales siempre serán de dos.

Esta segunda postura deja ver claramente que la idea del divorcio es intrínsecamente antagónica al matrimonio porque empaña la realidad esencial de que el matrimonio afecta la totalidad de la vida de ambos contrayentes. No hay ningún otro contrato entre humanos que sea tan envolvente e incluyente.

En estas dos actitudes se difumina la importancia de una buena elección recíproca, se esquiva el diálogo sobre temas coyunturales y no se reflexiona sobre las respuestas que pueden desencadenar enfrentamientos. Así contraen nupcias con una serie de incógnitas que más o menos pronto explotarán. De alguna manera, los contrayentes tienen campos de desconfianza mutua. Además, esto propicia o matrimonios precipitados o matrimonios a prueba.

En estos casos, los hijos ven tan precarias las relaciones entre sus padres, ven tantos motivos de sufrimiento e inseguridad, que sin darse cuenta, dentro de ellos se va forjando una idea muy negativa del matrimonio, y en la adultez desecharán la idea de formar el suyo.

Además de los motivos que aparecen en los dos cónyuges, pueden presentarse circunstancias solamente en uno de los dos, de manera que quien propone el divorcio sorprende al otro que no veía problemas serios. Esto puede darse en quien, por motivos laborales extra familiares, encuentra a alguien sumamente afín, y alimenta la idea de que con esa persona encontrará un desarrollo más pleno. Y, tal vez eso sea cierto, pero profundamente injusto con quien contrajo matrimonio. Si no existiera el divorcio ni siquiera admitiría la idea. Existiendo esa posibilidad, verá factible su desarrollo profesional al margen del compromiso antes establecido.

En la familia fundada en el principio de indisolubilidad, ambos se esfuerzan por mejorar la convivencia, por cuidarse mutuamente y resolver discordias. También los hijos que quieren a ambos unidos, ayudan a resolver disgustos. Los hijos aprenden a cuidar la unión y a sortear los indispensables roces, con la evidencia de que sí se pueden mejorar las relaciones con la buena voluntad y el esfuerzo de todos.

La indisolubilidad provoca una actitud de lucha contra lo que desune, capacita para pedir perdón o perdonar, para sobreponerse al egoísmo y poner los medios para hacer felices a los demás. Se fomenta la ayuda mutua, el apoyo, la paciencia, la comprensión. El divorcio abre la puerta al abandono, a poner distancia y finalmente a la soledad. Por lo tanto, con el divorcio se fomentan la traición y las soluciones más indignas e injustas. Con la indisolubilidad se fomentan las virtudes, con el divorcio los vicios.

El divorcio provoca una sociedad decadente, afecta la psique de los divorciados y les hace experimentar sentimientos de rechazo, de inseguridad y de abandono. Para todas las dificultades conyugales, el divorcio sugiere la solución menos digna, menos noble.

La indisolubilidad busca el triunfo del deber cumplido, el divorcio el modo de evadir el deber, por eso, la sociedad que lo facilita llega a caer en una moralidad debilitada, con costumbres y legislación muy debilitada.

El divorcio, desdibuja la figura de padre y de la madre, y el sentido de pertenencia a una familia, por razones obvias, si alguno de los excónyuges, o los dos, conforman una nueva unión. La educación familiar se complica y, en la mayoría de los casos se pierde.

No hacen falta argumentos para darse cuenta que la proliferación de las rupturas familiares tiene a una niñez y juventud con muy escasos asideros y bastantes resentimientos. Una sociedad así predice muchos atropellos y gran pobreza de recursos para corregirlos.

 

Jun 17, 2020

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La personalidad madura

Lucía Legorretaaumentar tamaño de la fuente

No depende de tu edad el ser o no maduro, sino de qué tanto logres la armonía en tu forma de ser y de comportarte con los demás.

Madurez sin edad

Te has preguntado ¿que hace que un hombre o una mujer tenga una personalidad madura? La madurez no depende de la edad como a veces pensamos. Un joven de apenas veinte años puede ser muy maduro, mientras que un adulto de sesenta años puede no serlo.

Comparto contigo algunos de los rasgos o componentes de una personalidad madura, con los cuales se logra vivir en armonía con uno mismo y con los demás, referidos en su mayoría por el Dr. Ernesto Bolio y Arciniega. Reflexiona cuáles si vives, o cuales necesitar fomentar:

- OBJETIVIDAD: es el adecuado aprecio de la realidad tanto interior como exterior: cuáles son tus virtudes y defectos; habilidades y limitaciones.

- AUTONOMÍA: capacidad de decidir por ti mismo; no dejarse llevar por “el qué dirán”, tener claro que hay que hacer y no quedar bien con todo mundo.

- CAPACIDAD DE AMAR: buscar el bien de forma madura para la persona a la que se ama, respetarlo, conocerlo y no convertirlo en objeto.

- SENTIDO DE RESPONSABILIDAD: se refiere a la capacidad de responder adecuadamente, es decir cumplir las obligaciones, pero con un sentido de vida.

- TRABAJAR PRODUCTIVAMENTE: ver al trabajo como un medio de realización personal y en beneficio de otros.

- VISION AMPLIA: es una persona que tiene intereses variados, que capta diferentes facetas de la realidad, en lo político, religioso, estético, económico y demás campos.

- SENTIDO ETICO: distinguir entre lo bueno y lo que es malo; hacer el bien y evitar el mal. No hacer a otros lo que no quieres que te hagan a ti.

- CAPACIDAD DE REFLEXIÓN: se cuestiona el porqué de sus actos, y hace donde está dirigida su vida.

- SENTIDO DEL HUMOR: reírse de las cosas y de la suya propia. Sin lastimar ni humillar, ser alguien amable y no desagradable.

- ARMONIA SEXUAL: colocar la sexualidad en el lugar apropiado y no utilizar a la otra persona.

- CAPACIDAD DE ENTABLAR AMISTADES PROFUNDAS: relaciones que enriquecen a ambas partes, sin intereses económicos, de poder o en beneficio personal.

- MANEJO DE EMOCIONES: contar con inteligencia emocional para el manejo, conocimiento y utilización adecuada de las emociones.

- CRITERIO: saber juzgar y discernir.

- FLEXIBILIDAD: mente abierta al cambio si supone una mejora.

- SEGURIDAD: en que vales por lo que eres y no por lo que tienes.

- MANEJARSE POR OBJETIVOS: saber cuál es tu fin y plantearte objetivos para lograrlo. Aprovechar bien tu tiempo.

- LIBERTAD: elegir lo que es mejor para tu persona con la inteligencia y la voluntad.

- MANEJO DE LA FRUSTRACIÓN: enfrentar y solucionar problemas. Sacar algo positivo de las situaciones difíciles.

¿Qué pensaste? ¿Cuál de estos rasgos que describen a una personalidad madura forman parte de tu vida? ¿cuáles tienes que adquirir o desarrollar? Recuerda, no depende de tu edad el ser o no maduro, sino de qué tanto logres la armonía en tu forma de ser y de comportarte con los demás.

 

 

Trabajo y descanso

La llamada divina a trabajar incluye la necesidad del descanso. Como se deduce del relato de la creación, «la alternancia entre trabajo y descanso, propia de la naturaleza humana, es querida por Dios mismo».

TRABAJO19/04/2016

Opus Dei - Trabajo y descanso

«El hombre tiene que imitar a Dios tanto trabajando como descansando, dado que Dios mismo ha querido presentarle la propia obra creadora bajo la forma del trabajo y del descanso» [1].

Estas palabras de Juan Pablo II hacen referencia al relato de la Creación, primer «evangelio del trabajo» [2]. El autor sagrado, después de narrar cómo Dios, durante seis días, da la existencia al cielo, a la tierra y a todo su ornato, concluye: "Terminó Dios en el día séptimo la obra que había hecho, y descansó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó, porque ese día descansó Dios de toda la obra que había realizado en la creación" [3].

A partir de entonces, corresponde al hombre perfeccionar esa obra divina mediante su trabajo [4], sin olvidar que él es también criatura, fruto del amor de Dios y llamado a la unión definitiva con Él. El descanso del día séptimo, que Dios santifica, tiene para el hombre un hondo significado: además de una necesidad, es tiempo apropiado para reconocer a Dios como autor y Señor de todo lo creado, y anticipo del descanso y alegría definitivos en la Resurrección.

LA FAMILIA, ESPACIO ESPIRITUAL, ES UNA ESCUELA PARA APRENDER A DESCANSAR PENSANDO EN LOS DEMÁS.

Una vida que transcurriese sumergida en los afanes del trabajo, sin considerar el fundamento del que todo proviene y el sentido –el fin– hacia el que todo tiende, «correría el peligro de olvidar que Dios es el Creador, del cual depende todo» [5], y hacia el cual todo se orienta.

Hacer todo para la gloria de Dios –la unidad de vida– es vivir con fundamento sólido y con sentido y fin sobrenaturales, es descansar en la filiación divina dentro del propio trabajo y convertir el descanso en servicio a Dios y a los demás [6].

Situar el trabajo y el descanso

El trabajo es un don de Dios y la misma creación es ya una llamada [7]: el hecho de que Dios llame a la existencia a una criatura libre, y la cree por amor, lleva implícita una vocación a corresponder. El trabajo es ámbito de encuentro entre la libertad creadora de Dios y la libertad del hombre, lugar de respuesta, y por tanto de oración hecha obras y de contemplación. Viendo la mano de Dios en todas las cosas, y especialmente en los demás hombres y en sí misma, la criatura se esfuerza para llevar todo a la perfección querida por Dios, buscando así su propia plenitud.

La invitación divina a trabajar es consecuencia de un corazón de Padre que quiere contar con la colaboración de sus hijos. El esfuerzo que esa tarea conlleva ha de ser humilde, filial, respuesta de amor y no iniciativa autónoma que busque la propia gloria.

Se podría aplicar al trabajo aquella imagen de nuestro Padre, en la que un pequeño se acerca a un grupo pescadores que tiraban de la red con enorme fuerza: agarró la cuerda con sus manecitas y comenzó a tirar con evidente torpeza. Aquellos pescadores rudos, nada refinados, debieron de sentir su corazón estremecerse y permitieron que el pequeño colaborase; no lo apartaron, aunque más bien estorbaba [8].

Dios conoce bien a sus criaturas. Al mismo tiempo que nos invita a colaborar con Él, sabe que nuestra naturaleza es frágil y quebradiza. La llamada divina a trabajar incluye la necesidad del descanso. Como se deduce del relato de la creación, «la alternancia entre trabajo y descanso, propia de la naturaleza humana, es querida por Dios mismo» [9].

SABIENDO QUE SOMOS DE DIOS Y QUE NO NOS PERTENECEMOS, TENEMOS LA RESPONSABILIDAD DE CUIDAR LA SALUD, DE ESTAR EN CONDICIONES DE DAR A DIOS TODA LA GLORIA.

Esta necesidad parte, en primer lugar, de la limitación física. Sobrestimar las propias fuerzas o un espíritu de sacrificio mal entendido podrían dar lugar a daños en la salud que Dios no quiere y que, a la larga, condicionarían la disponibilidad para servirle. Sin embargo, en algún momento, el Señor puede pedirnos mayor desgaste, situaciones que exijan un desprendimiento heroico incluso de la propia salud para cumplir su Voluntad.

Don Álvaro, saliendo a la calle con cuarenta grados de fiebre para buscar medios económicos, mientras se levantaban los edificios de Villa Tevere, es un ejemplo de ese amor sin condiciones.

Pero, por el mismo motivo –servir a Dios–, es bueno dedicar el tiempo necesario al descanso, como nuestro Padre ha señalado en numerosas ocasiones: Me parece, por eso, oportuno recordaros la conveniencia del descanso. Si llegara la enfermedad, la recibiremos con alegría, como venida de la mano de Dios; pero no podemos provocarla con nuestra imprudencia: somos hombres, y necesitamos reponer las fuerzas de nuestro cuerpo [10].

Sería una pena que, pudiendo descansar, mermaran las fuerzas por falta de reposo. Sabiendo que somos de Dios y que no nos pertenecemos, tenemos la responsabilidad de cuidar la salud, de estar en condiciones de dar a Dios toda la gloria.

El descanso es también una necesidad espiritual, «es una cosa sagrada, siendo para el hombre la condición para liberarse de la serie, a veces excesivamente absorbente, de los compromisos terrenos y tomar conciencia de que todo es obra de Dios» [11].

Salir de las exigentes solicitaciones –plazos, proyectos, riesgos, incertidumbres– que demanda el trabajo profesional, facilita el sosiego necesario para redimensionar la existencia y la propia tarea.

Saber despegarse periódicamente de esos reclamos supone, en ocasiones, un acto de abandono en el Señor, y contribuye a relativizar la importancia material de lo que hacemos, «persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio» [12].

Trabajamos por fidelidad, por amor, para que Dios se sirva –ha querido servirse– de nuestra entrega, sin atribuirnos la eficacia: ni el que planta es nada, ni el que riega, sino el que da el crecimiento, Dios [13]. La interrupción de la tarea habitual ayuda a valorar la desproporción entre nuestra aportación personal y los frutos de santidad y de apostolado que produce.

Si somos objetivos, con la objetividad que dan la fe y el trato con el Señor, veremos que también el esfuerzo que ponemos en el trabajo es don de Dios que sostiene, guía y empuja. El trabajo profesional –en el laboratorio, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia–, siendo el eje de la santidad, y la actividad que de algún modo estructura la existencia, no debe absorber otras facetas igualmente importantes.

«Por tanto, si después de seis días de trabajo el hombre busca un tiempo de distensión y de más atención a otros aspectos de la propia vida, esto responde a una auténtica necesidad, en plena armonía con la perspectiva del mensaje evangélico» [14]. Dedicar tiempo a la familia, a los amigos; emplearlo para incrementar la formación y la cultura y para tratar al Señor con más calma suponen también excelentes ocasiones para buscar la santidad en las que «las preocupaciones y las tareas diarias pueden encontrar su justa dimensión: las cosas materiales por las cuales nos inquietamos dejan paso a los valores del espíritu; las personas con las que convivimos recuperan, en el encuentro y en el diálogo más sereno, su verdadero rostro» [15].

El descanso responde también, por tanto, a la necesidad de vigilar, de pararse a rectificar el rumbo para poner a Dios en el centro y descubrirle en los demás. Las Convivencias, un paseo con la familia, los ratos de oración, las tertulias, los tiempos de retiro..., cada uno de estos ejemplos, a su modo, está en consonancia con esa necesidad y contiene notas esenciales de lo que significa descansar con sentido.

Reponer fuerzas en el cuerpo y en el espíritu: un cambio de actividad –el descanso no es no hacer nada–, que se distancia de las preocupaciones diarias, situándolas en su justa medida.

Esto es particularmente importante en ambientes donde una competitividad desmesurada, movida muchas veces por el deseo de gloria humana, tiende a absorber tal cantidad de tiempo y energías que hacen difícil atender otras obligaciones. El obrar de Dios es el modelo del obrar humano. Si Dios tomó respiro el día séptimo, también el hombre debe reponerse y hacer que quienes están a su lado, especialmente los más necesitados, recobren aliento [16].

«En esta perspectiva, el descanso dominical y festivo adquiere una dimensión profética, afirmando no sólo la primacía absoluta de Dios, sino también la primacía y la dignidad de la persona en relación con las exigencias de la vida social y económica, anticipando, en cierto modo, los cielos nuevos y la tierra nueva, donde la liberación de la esclavitud de las necesidades será definitiva y total. En resumen, el día del Señor se convierte así también, en el modo más propio, en el día del hombre» [17].

Anticipo de la Resurrección

Con la plenitud de la Revelación, en Cristo, el trabajo y el descanso alcanzan una comprensión más plena, insertados en la dimensión salvadora: el descanso como anticipo de la Resurrección ilumina la fatiga del trabajo como unión a la Cruz de Cristo.

«Mi Padre sigue obrando todavía... (Jn 5, 17); obra con la fuerza creadora, sosteniendo en la existencia al mundo que ha llamado de la nada al ser, y obra con la fuerza salvífica en los corazones de los hombres, a quienes ha destinado desde el principio al descanso (Hb 4, 1; 9-16) en unión consigo mismo, en la casa del Padre (Jn 14, 2)» [18].

Así como en Cristo, Cruz y Resurrección forman una unidad inseparable, aunque sean dos acontecimientos históricos sucesivos, análogamente, el trabajo y el descanso deben estar integrados en unidad vital. Por eso,más allá de la sucesión temporal, del cambio de ocupación que supone el descanso respecto al trabajo, se descansa en el Señor, se descansa en la filiación divina.

Esta nueva perspectiva introduce el descanso junto al propio trabajo, como una tarea filial, sin quitar al trabajo lo que tiene de esfuerzo y fatiga. Lo que queda excluido es otro género de cansancio bien distinto, que se deriva de trabajar por el orgullo de buscar como meta suprema la afirmación personal, o de trabajar sólo por motivos humanos. Ese cansancio, Dios no lo quiere: En vano madrugáis, y os vais tarde a descansar los que coméis el pan de fatigas [19].

Descansad, hijos, en la filiación divina. Dios es un Padre, lleno de ternura, de infinito amor. Llamadle Padre muchas veces, y decidle –a solas– que le queréis, que le queréis muchísimo: que sentís el orgullo y la fuerza de ser hijos suyos [20].

Esa fuerza de ser hijos de Dios conduce a un trabajo más sacrificado, a una mayor abnegación, hasta abrazar la Cruz de cada día con la fuerza del Espíritu Santo, para cumplir ahí la Voluntad de Dios, sin desfallecer; permite trabajar sin descanso, porque el cansancio del trabajo pasa a ser redentor. Entonces, vale la pena empeñarse con todas las energías en la tarea porque ya no sólo se están obteniendo frutos materiales, sino que se está llevando el mundo a Cristo.

Cuando se trabaja con esa disposición, más allá del esfuerzo humano de hacer fructificar los talentos, aparece el fruto sobrenatural de paz y alegría: Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor [21], y la fecundidad apostólica: Muy bien, siervo bueno, porque has sido fiel en lo poco, ten potestad sobre diez ciudades [22].

Por lo tanto, el trabajo «no puede consistir en el mero ejercicio de las fuerzas humanas en una acción exterior; debe dejar un espacio interior, donde el hombre, convirtiéndose cada vez más en lo que por voluntad divina tiene que ser, se va preparando a aquel “descanso” que el Señor reserva a sus siervos y amigos» [23].

En el episodio de la Transfiguración se narra que seis días después de anunciar su Pasión y muerte, Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los condujo a un monte alto, a ellos solos. Y se transfiguró ante ellos [24]. Santo Tomás, comentando este pasaje, relaciona el día séptimo en el que Dios descansó de la obra creadora con el séptimo día –seis días después– en que el Señor se manifestó a sus discípulos para mostrarles un anticipo de la Resurrección gloriosa, para que, levantando la mirada, no se quedasen en una visón terrena [25]. Los tres discípulos, admirados ante la contemplación de la gloria, ante la presencia del fin al que están llamados, expresan la alegría de descansar en el Señor y con el Señor: qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas [26] –afirma Pedro–, viviendo anticipadamente la alegría y la paz del Cielo. Ese momento no iba a perpetuarse todavía. Sin embargo, la luz y la paz del Tabor serán fuerza para continuar el camino que, pasando por la Cruz, conduce a la Resurrección.

También nosotros hallamos descanso en el abandono filial: la paz y la serenidad de quien sabe que detrás del cansancio, las dificultades y las preocupaciones propias de nuestra condición terrena, hay un Padre eterno y omnipotente, que nos sostiene. Trabajar con visión de eternidad evita preocupaciones inútiles y desasosiegos infecundos y anima cualquier tarea con el deseo de ver definitivamente el rostro de Cristo.

TRABAJAR CON VISIÓN DE ETERNIDAD EVITA PREOCUPACIONES INÚTILES Y DESASOSIEGOS INFECUNDOS.

Santificar el descanso, y especialmente el domingo –paradigma del descanso cristiano que celebra la Resurrección del Señor–, ayuda a descubrir el sentido de eternidad y contribuye a renovar la esperanza: «el domingo significa el día verdaderamente único que seguirá al tiempo actual, el día sin término que no conocerá ni tarde ni mañana, el siglo imperecedero que no podrá envejecer; el domingo es el preanuncio incesante de la vida sin fin que reanima la esperanza de los cristianos y los alienta en su camino» [27].

Santificar el descanso y las diversiones

Los primeros cristianos vivían su fe en un ambiente hedonista y pagano. Desde el principio, se dieron cuenta de que no se puede compatibilizar el seguimiento de Cristo con formas de descansar y de divertirse que pervierten y deshumanizan.

San Agustín, en referencia a espectáculos de este tipo, decía en una homilía: «Niégate a ir, reprimiendo en tu corazón la concupiscencia temporal, y mantente en una actitud fuerte y perseverante» [28]. No es extraño que se repitan ahora, en ambientes neopaganos, manifestaciones clamorosas de esa indigencia espiritual.

Es preciso discernir «entre los medios de la cultura y las diversiones que la sociedad ofrece, los que estén más de acuerdo con una vida conforme a los preceptos del Evangelio» [29].

No se trata de permanecer en un ambiente cerrado. Es necesario ponerse en marcha, con iniciativa, con valentía, con verdadero amor a las almas, de modo que cada uno nos esforcemos para transmitir en los ambientes sociales el sentido y el gozo cristiano del descanso. Como nos recordaba don Álvaro, es una labor importante para cada uno la creación de lugares en los que impere un tono cristiano en las relaciones sociales, en las diversiones, en el aprovechamiento del tiempo libre [30].

Jesús, María y José nos muestran cómo hay en la vida familiar tiempo para el descanso y para la fiesta: iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua [31]. La familia, espacio espiritual, es una escuela para aprender a descansar pensando en los demás. Para ello conviene programar bien las vacaciones, emplear los tiempos de descanso para estar con los hijos, para conocerles bien y conversar con ellos, para jugar con los más pequeños...

ES PRECISO APRENDER A PASARLO BIEN EN FAMILIA, SIN CAER EN LA SOLUCIÓN FÁCIL DE DEJAR A LOS MÁS JÓVENES SOLOS FRENTE AL TELEVISOR O NAVEGANDO EN INTERNET.

Es preciso aprender a pasarlo bien en familia, sin caer en la solución fácil de dejar a los más jóvenes solos frente al televisor o navegando en Internet. En este sentido, seleccionar en la televisión cuáles son los programas más interesantes y verlos junto a los hijos, o enseñar a utilizar el ordenador con sobriedad, sabiendo en cada momento para qué se usa –principalmente como herramienta de trabajo–, adquieren hoy una importancia no pequeña.

El Evangelio de San Lucas muestra también cómo el niño Jesús, movido por el Espíritu Santo, aprovecha la subida a Jerusalén con motivo de la fiesta de la Pascua para iluminar a los hombres: Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de sus respuestas [32].

El descanso no es una interrupción de la tarea apostólica. Al contrario, abre nuevas posibilidades, nuevas ocasiones de profundizar en la amistad y conocer personas y ambientes a los que llevar la luz de Cristo.

El Concilio Vaticano II anima a todos los cristianos a esta imponente labor: a cooperar «para que las manifestaciones y actividades culturales colectivas, propias de nuestro tiempo, se humanicen y se impregnen de espíritu cristiano» [33].

La Iglesia está necesitada de personas que actúen, con mentalidad laical, en este campo de la nueva evangelizaciónUrge recristianizar las fiestas y costumbres populares. –Urge evitar que los espectáculos públicos se vean en esta disyuntiva: o ñoños o paganos. Pide al Señor que haya quien trabaje en esa labor de urgencia, que podemos llamar “apostolado de la diversión” [34].


1. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

2. Ibid.

3. Gn 2, 1-3.

4. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 307.

5. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

6. A solas con Dios, n. 29.

7. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2566.

8. Amigos de Dios, n.14.

9. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

10. De nuestro Padre, Carta 15-X-1948, n. 14.

11. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

12. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

13. 1 Cor 3, 7.

14. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 67.

15. Ibid.

16. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2172.

17. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 68.

18. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

19. Sal 127 [126], 2.

20. A solas con Dios, n. 221.

21. Mt 25, 21 y 23.

22. Lc 19, 17.

23. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

24. Mt 17, 1-4.

25. Cfr. Santo Tomás, In Matth. Ev., XVII, 1.

26. Mt 17, 4.

27. Cfr. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 26.

28. San Agustín, Sermo 88, 17.

29. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 68.

30. Don Álvaro, Cartas de Familia (1), n. 386.

31. Lc 2, 41.

32. Lc 2, 47.

33. Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 61.

34. Camino, n. 975.

 

 

La ecología es un tema cristiano

 

Llega el verano en el hemisferio norte y medio mundo busca lugares de esparcimiento y de descanso. El contacto con la naturaleza es de por sí profundamente regenerador, así como la contemplación de su esplendor de paz y serenidad. La Biblia habla a menudo de la bondad y de la belleza de la creación, llamada a dar gloria a Dios. Quizá más difícil, pero no menos intensa, puede ser la contemplación de las obras del ingenio humano. También las ciudades pueden tener una belleza particular, que debe impulsar a las personas a tutelar el ambiente de su alrededor. Una buena planificación urbana es un aspecto impor­tante de la protección ambiental, y el respeto por las características morfológicas de la tierra es un requisito indispensa­ble para cada instalación ecológicamente correcta. Por último, no debe descuidarse la relación que hay entre una adecuada educación estética y la preservación de un ambiente sano[1].

 

La ecología interesa al hombre, a todos los hombres. Es un tema humano y, por tanto, un aspecto que importa al cristiano más que a nadie. Los ciudadanos que tienen un sentir cristiano, católico o no, son del mismo rango que cualquier otro, sencillamente porque no hay hombres de segunda categoría. ¿Acaso no están pidiendo perdón los diversos Estados de América por la aberración cometida aceptando la esclavitud? Es más, la tan extendida esclavitud de la antigüedad comienza su declive o empieza a ser mal mirada gracias al cristianismo y para ello basta leer la carta de San Pablo a Filemón. Allí se le pide que acoja a su huido esclavo Onésimo con el afecto de hijo querido. A los cristianos todo lo humano nos interesa y nos afecta, ya sean los problemas de la paz amenazada a tan frecuentemente con la pesadilla la de guerra como el vilipendio de los derechos humanos fundamentales de tantas personas, especialmente de los niños.

 

Hay entre estos temas uno que ocupa de modo especial sensibilidad de los habitantes del planeta: la ecología. ¿Podemos quedar al margen ante las perspectivas de un desequilibrio ecológico, que hace inhabitables y enemigas del hombre vastas áreas del planeta? Es evidente que no. En ninguna de las muchas urgencias que emergen hoy en el mundo puede el espíritu cristiano permanecer insensible. Entre estas hemos de incluir la cuestión ecológica en su más amplio contexto por ser una de las fuentes que causan la paz en la sociedad humana. Es preciso darse cuenta mejor de lo importante que es prestar atención a lo que nos revela Dios en creación: la tierra, la atmósfera y todo lo que en el universo existe posee un orden que ha de respetarse.

 

El mensaje esencial que ha propuesto el Papa en su viaje a Australia toca también este aspecto. De camino a Sydney decía: “quisiera concentrar mi mensaje precisamente en esta realidad del Espíritu Santo, que se presenta en varias dimensiones: es el Espíritu que actúa en la Creación. La dimensión de la Creación está muy presente, pues el Espíritu es creador”[2]. La persona humana, dotada de la posibilidad de libre elección, tiene una grave responsabilidad en la conservación de este orden, incluso con miras al bienestar de las futuras generaciones. La crisis ecológica –decía Juan Pablo II– es un problema moral. Incluso los hombres y las mujeres que no tienen particulares convicciones religiosas, por el sentido de sus propias responsabilidades ante el bien común, reconocen su deber de contribuir al saneamiento del ambiente. Con mayor razón aun, los que creen en un Dios creador, y, por tanto, están convencidos de que en el mundo existe un orden bien definido y orientado a un fin, deben sentirse llamados a interesarse por este problema. Los cristianos, en particular, descubren que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la naturaleza y el Creador forman parte de su fe[3].

 

Ahora que tantos disfrutan de un merecido descanso, conociendo y contemplando parajes maravillosos, que sienten la fascinación de la belleza de la creación, vale la pena hacer estas consideraciones. Porque no podemos soslayar que la ciencia moderna tiene, por desgracia, la capacidad de modificar el ambiente con fines hostiles, y que podría con su indebida manipulación alcanzar, a la larga, efectos imprevisibles y muy graves. Ciertamente se hacen determinados acuerdos internacionales para defender el planeta. De hecho, una de las decisiones del último G8 que tuvo lugar en Japón ha sido la protección ecológica como modo de luchar contra los cambios climáticos. Pero, ¿son o no son adecuadas las medidas tomadas?, preguntaban a Benedicto XVI.  “Ciertamente este problema estará muy presente en esta JMJ, pues hablamos del Espíritu Santo y, por tanto, hablamos de la Creación y de nuestras responsabilidades con la Creación. No pretendo entrar en las cuestiones técnicas que políticos y especialistas tienen que resolver, sino más bien dar impulsos esenciales para ver la responsabilidad, para ser capaces de responder a este desafío: redescubrir en la Creación el rostro del Creador, redescubrir nuestra responsabilidad ante el Creador, por la Creación que nos ha confiado, formar la capacidad ética en un estilo de vida que hay que asumir si queremos afrontar los problemas de esta situación y si queremos realmente llegar a soluciones positivas. Por tanto, despertar las conciencias y ver el gran contexto de este problema, en el que después se enmarcan las respuestas detalladas que no debemos dar nosotros, sino la política y los especialistas”[4].

 

Pero hay que sentar bien las bases de todo problema humano para alcanzar la adecuada solución, pues aunque se prohíba la guerra química, bacteriológica o biológica, de hecho en los laboratorios se sigue investigando para el desarrollo de nuevas armas ofensivas, capaces de alterar los equili­brios naturales. Entonces, ¿dónde está la buena voluntad? Palabras, apariencia, dialéctica. Es verdad que cualquier forma de guerra a escala mundial causaría daños ecológicos incalculables pero incluso las guerras loca­les o regionales, por limitadas que sean, no solo destruyen vidas humanas y merman las estructuras sociales, sino que dañan la tierra, destruyendo las cosechas y la vegetación, en­venenan los terrenos y las aguas. Muchos descubrimientos re­cientes han producido innegables beneficios a la humanidad; es más, ellos manifiestan cuán noble es la vocación del hom­bre a participar responsablemente en la acción creadora de Dios en el mundo. Sin embargo, se ha constatado que la aplicación de algunos descubrimientos en el campo industrial y agrícola produce, a largo plazo, efectos negativos. Todo esto ha demostrado crudamente cómo toda intervención en un área del ecosistema debe considerar sus consecuencias en otras áreas y, en general en el bienestar de las generaciones futuras.

 

Hay que ir a la raíz. La sociedad actual no hallará una solución al problema ecológico si no revisa seriamente su estilo de vida. En muchas partes del mundo esta misma sociedad se inclina al hedonismo y al consumismo a la par que permanece indiferente a los daños que estos causan. Juan Pablo II ya aludió, con insistencia, a cómo la gravedad de la situación ecológica demuestra la profunda crisis moral del hombre. Si falta el sentido del valor de la persona y de la vida humana, aumenta el desinterés por los demás y por la tierra. La austeridad, la templanza, la autodisciplina y el espíritu de sacrificio deben conformar la vida de cada día a fin de que la mayoría no tenga que sufrir las consecuencias nega­tivas de la negligencia de unos pocos[5]. Hay, pues, una urgente necesidad de educar en la responsabilidad ecológica: responsabilidad con nosotros mismos y con los demás, responsabilidad con el ambiente. La verdadera educación de la responsa­bilidad conlleva una conversión autentica en la manera de pensar y en el comportamiento. La primera educadora, de todos modos, es la familia, en la que el niño aprende a res­petar al prójimo y amar la naturaleza[6].

 

Algunos elementos de la presente crisis ecológica reve­lan de modo evidente su carácter moral. Entre ellos hay que incluir, en primer lugar, la aplicación indiscriminada de los ade­lantos científicos y tecnológicos.       La disminución gradual de la capa de ozono y el conse­cuente efecto invernadero han alcanzado ya dimensiones criticas debido a la creciente difusión de las industrias, de las grandes concentraciones urbanas y del consumo energético. Los residuos industriales, los gases producidos por la combustión de carburantes fósiles, la deforestación incontrolada, el uso de algunos tipos de herbicidas, de refrigerantes y propul­sores; todo esto, como es bien sabido, deteriora la atmósfera y el medio ambiente. De ello se han seguido múltiples cambios meteorológicos y atmosféricos, cuyos efectos van desde los daños a la salud hasta el posible sumergimiento futuro de las tierras bajas.

 

El respeto a la vida y a la dignidad de la per­sona humana en primer lugar ha de ser la norma fundamental inspiradora de un sano pro­greso económico, industrial y científico. Por muy evidente que sea el complejo problema ecológico hay que empezar por lo básico: primero defender al hombre, después al animal y el entorno. Asistimos a la injusticia de ver como unos pocos privilegiados siguen acumulando bienes superfluos, despilfarrando los recursos disponibles, cuando una gran multitud de personas vive en condiciones de miseria, en el más bajo nivel de supervivencia. Y es la misma dimensión dramática del desequilibrio ecológico la que nos enseña ahora como la avidez y el egoísmo, individual y colec­tivo, son contrarios al orden de la creación, que implica también la mutua interdependencia[7].

 

 

Pedro Beteta López

Doctor en Teología y en Bioquímica

 


[1] Cfr. Juan Pablo II, Discurso, 8-XII-1989 

[2] Benedicto XVI responde a Lucio Brunelli, periodista de la RAI

[3] Cfr. Juan Pablo II, Discurso, 8-XII-1989 

[4] Respuesta dada a la pregunta de Martine Nouaille por Benedicto XVI a la periodista de Agence France Presse.

[5] Cfr. Juan Pablo II, Discurso, 8-XII-1989

[6] Ibidem.

[7] Ibidem.

 

Creemos que la vida comienza en la concepción

El tratado sobre los derechos del niño no menciona la salud y los derechos sexuales y reproductivos ni el aborto, pero el personal de las Naciones Unidas incluye el aborto en la programación de la salud sexual y reproductiva. El comité que supervisa el cumplimiento del tratado de los niños ha instado a las naciones a liberalizar sus leyes sobre el aborto. Si bien la salud sexual y reproductiva se menciona como una meta en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, las naciones los aceparon solo en los términos previamente acordados, que excluían el aborto, la controvertida “educación sexual integral” de los niños y los “derechos sexuales”.

La organización Save the Children, miembro de Joining Forces, copatrocinó un evento el otoño pasado en el Wilson Center de Washington, durante el cual analizó diferentes formas de explotar las situaciones humanitarias para cambiar las normas sociales, incluidas las relativas a la salud sexual y reproductiva.

Sheryl Watkins,  directora de comunicaciones de World Vision (organización caritativa cristiana de 70 años de antigüedad), respondió en nombre de esta en un correo electrónico: “El comunicado y los anexos que nos mostró Friday Fax eran un borrador. A petición de World Vision, el discurso proaborto fue eliminado. World Vision es provida. Creemos que la vida comienza en la concepción, y World Vision no facilita ni recomienda a las mujeres que aborten, ni que recurran a métodos de control que han demostrado ser abortivos”. Watkins no confirmó al cierre de la edición que “salud y derechos sexuales y reproductivos”, expresión utilizada para incluir el aborto en la programación humanitaria de la Unión Europea, fuese también eliminada de las recomendaciones finales.

“Plan Internacional”, también miembro de Joining Forces además de pertenecer a un consorcio de doce organizaciones de cooperación de primer nivel, envió unos días después un comunicado adicional en el que avisaba a los ministros de exteriores europeos que “el mayor acceso a los servicios de información de salud sexual y reproductiva —incluyendo la anticoncepción, el aborto seguro y los medicamentos para el VIH— agravarán aún más los riesgos para la salud y la vida de las niñas y las mujeres”.

El programa de ayuda de la Unión Europea, dotado con 17.000 millones de dólares, reorientará el apoyo presupuestario directo existente, así como los préstamos y garantías del Banco Europeo de Inversiones y del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, según afirma el director de asuntos exteriores de la Unión Europea, Josep Borrell. Un tercio de la ayuda está destinada a las naciones africanas.

Jesús D Mez Madrid

 

 

“Carta a los católicos chinos”

Tras el rezo del Regina Coeli, el Papa Francisco quiso dirigirse el domingo día 24 de mayo a los católicos de China para transmitirles un mensaje de esperanza particular en este tiempo tan cargado de dificultades. Precisamente esa misma semana conocíamos la muerte de tres obispos chinos, que han fallecido en los últimos meses, y que tenían en común el haber sido perseguidos y encarcelados por no hincar la rodilla ante el régimen comunista.

Anunciada en 2007 por Benedicto XVI con la “Carta a los católicos chinos”, desde entonces cada 24 de mayo, en la fiesta de María Auxilio de los Cristianos, especialmente venerada en el santuario de “Nuestra Señora de Sheshan”, cerca de Shangai, la Iglesia celebra un día de oración por China. La atención a China, durante el pontificado de Francisco, ha sido constante, incluyendo la histórica firma del Acuerdo provisional en 2018, punto de llegada de un largo viaje, repleto de dificultades, pero sobre todo punto de partida para arrancar una nueva fase de mayor colaboración y cercanía por el bien de toda la comunidad. Desde el inicio de la pandemia, por ejemplo, se han intensificado las muestras recíprocas de solidaridad entre China y la Santa Sede, con donaciones mutuas de material para la protección de la salud.

Jesús Domingo Martínez

 

 

El parlamento de los hipócritas, el dinero gratis, y más

 

EL PARLAMENTO DE LOS HIPÓCRITAS Y LOS BRUTOS: El insulto o el contra insulto, no son otra cosa que llenar de más mierdaa la ya muy enmierdada "dictadura-democracia-tiranía española.  Remover a los muertos es algo que por lo tan empleado en esta España, ya es de bochorno. "El látigo de la inteligencia no necesita esas miserias para fustigar a tanto mercenario, sanguijuela, vampiro, como nos está devorando"; y el intelectual que se precie debe saber usar nuestro riquísimo idioma, que puede producir, "píldoras, sino mortales, pero sí muy dañinas para los hígados de estos inútiles que nos han arruinado y que nos siguen arruinando". En cuanto a borrar de las actas parlamentarias, ciertas frases o textos, por capricho de una presidenta, que mejor que estar allí, debiera dedicarse, “al cultivo de gusanos de seda, o de ostras comestibles o perlíferas”, por lo que debiera ser echada de ese parlamento, a escobazos y suprimirle de inmediato, la “dulce y gran paga, que no merece en absoluto”. La libertad nos la dimos con la Constitución, y si se rebasa ella, son los jueces y las leyes vigentes los que tienen que intervenir, no “esta dictadora pseudopresidenta de un órgano que le viene ancho, muy ancho”.

DINERO PARA SALVAR DESASTRES: “El gordo de la lotería del Euromillones cayó ayer, un caluroso 27 de mayo de 2020, en La Moncloa, residencia oficial del Gobierno de Pedro & Pablo, en forma de una lluvia de millones que, dentro de un programa de reconstrucción que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentó al Parlamento Europeo, corresponderán a España: nada menos que 77.000 millones en ayudas no reembolsables (a fondo perdido) y otros 63.000 en forma de créditos. En total, 140.000 millones del ala”. Jesús Cacho, en Vozpópuli del 28-05-2020.

En la España actual, de "salteadores de caminos y otros bandidos, fulleros, malversadores, inútiles y parásitos, encabezados por un gobierno ya indeseable como se demuestra en las manifestaciones en la calle, balcones, y charlas de la mayoría de españoles"... poner dinero en sus manos, es algo que simplemente, "da miedo al que de verdad piensa en economía, progreso e inversiones productivas"; se dice que los europeos, "van a atar y bien atado todo", ojalá sea así; y por descontado, los destinos de ese dinero, no los deben disponer los políticos solos, se necesitan muchos más cerebros y de fuera de la política y el dinero. En definitiva, se necesita mucha honradez y mucha inteligencia para emplearlos vien empleados.

 

“Nissan cierra su fábrica de Barcelona y deja en la calle a 3.000 empleados: La compañía nipona ha hecho público el anuncio que comunicó a su directiva y al Ministerio de Industria la pasada noche: cierra su planta de Barcelona y deja en la calle a 3.000 empleados”. (Vozpópuli 28-05-2020)

No debe preocuparnos lo que hacen las multinacionales, puesto que, "van y vienen según les conviene"; lo preocupante es los cientos de miles de autónomos y pequeños comerciantes o industriales, que agotados sus recursos, simplemente van a cerrar y desaparecer de la economía nacional. Y no olvidemos que más del noventa por ciento de los empleos, los producen ellos. no los que nos presentan como grandes, que son en definitiva "grandes buitres".

 

RESPUESTA A UN LECTOR QUE ME ESCRIBE: EL SIGNIFICADO DE LAS PALABRAS Y LA REALIDAD: Sí, tus reflexiones son buenas, pero los que mandan, "retuercen las palabras" y hacen lo que les da la gana, ya que para ello cuentan con las fuerzas de dominio. El pueblo somos impotentes e indefensos, y cuando lo han removido a una revolución, al final se hace con ella, "una nueva casta de explotadores". En cuanto a lo necesario e imprescindible, es todo "lo útil" al ser humano, y desde, "la medicina y alimento, hasta el enterrador que lo sepulta después de muerto"; el ser humano nace para ser social, pero no encuentra la forma social que convenga o conforme a todos, y hasta aquí, ha sido y son, sociedades explotadoras todas ellas; de ahí las luchas continuas por las injusticias. Cordialmente:

 

“TODO HA IDO A PEOR Y AHORA LA RUINA SE CIERNE SOBRE EL PAÍS

Sánchez lleva un año, 11 meses y 27 días en La Moncloa: ¿puede usted citar algo que haya mejorado para los españoles? Begoña Gómez, su mujer, encontró un trabajo en el Centro de Estudios Africanos, Pablo Iglesias accedió a una suntuosa mansión y Podemos ha logrado meter un consejero en Enagás a razón de 16.000 euros al mes”. (Periodista Digital 29-05-2020)

 

Si los historiadores que escriban con verdad ese período, será reflejado como uno de los más negros, de esta pobre España, que tantos ha sufrido. Y como lo viví, me atrevo a vaticinar, que a muchos les espera un período similar al que sufrimos, "los desamparados que

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DE INTERES PARA HOY    sábado, 20 de junio de 2020       

 

Indice:

 

ROME REPORTS

Benedicto XVI celebra la Misa con su hermano Georg en Ratisbona

Sagrado Corazón: 4 santas que recibieron el mensaje de Jesús

Día Mundial de los Refugiados: Luchar por un mundo más inclusivo

Jornada de santificación sacerdotal: ¿Cómo rezar por los sacerdotes?

EL INMACULADO CORAZÓN DE LA VIRGEN MARÍA*: Francisco Fernandez Carbajal

Mensaje del Prelado (19 junio 2020)

“La única medida es amar sin medida”: San Josemaria

Streaming en la fiesta de san Josemaría: Misa por los fallecidos durante la pandemia

Conocerle y conocerte (VII): Buscando la conexión: José Manuel Antuña

Consagración a María de san Juan Pablo II

Comentario al Evangelio: No tengáis miedo

Vacuna COVID-19: Entrevista a Justo Aznar, director del Instituto de Ciencias de la Vida de la Univ. Católica de Valencia

Gratis: Daniel Tirapu 

Datos para pensar y rezar: Ernesto Juliá 

 

La idea del divorcio inclina al deterioro: Ana Teresa López de Llergo

La personalidad madura: Lucía Legorretaaumentar tamaño de la fuente

Trabajo y descanso: F. J. López Díaz C. Ruiz Montoya

La ecología es un tema cristiano: Pedro Beteta López

Creemos que la vida comienza en la concepción: Jesús D Mez Madrid

“Carta a los católicos chinos”: Jesús Domingo Martínez

El parlamento de los hipócritas, el dinero gratis, y más: Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)

 

 

ROME REPORTS

 

 

Benedicto XVI celebra la Misa con su hermano Georg en Ratisbona

En el día del Sagrado Corazón

JUNIO 19, 2020 17:58ROSA DIE ALCOLEABENEDICTO XVI

(zenit – 19 junio 2020).- En el día del Sagrado Corazón, el papa Emérito Benedicto XVI celebró la Eucaristía este viernes, 19 de junio de 2020, con su hermano mayor Georg, de 96 años, a quien visita en Ratisbona, Alemania, por motivo de enfermedad, según ha indicado la diócesis alemana en un comunicado.

Benedicto XVI, a la edad de 93 años, aterrizó en Munich el jueves, 18 de junio de 2020, alrededor de las 11:45 horas y fue recibido por el obispo de Ratisbona, Rudolf Voderholzer, que lo acompañó hasta la ciudad, informó la Iglesia alemana en el comunicado.

De acuerdo a la información del obispado de Rastibona, los hermanos celebraron Misa juntos en casa de Georg y al terminar, el papa emérito se dirigió luego al seminario diocesano para descansar, y más tarde volvió a ver a Georg.

En el comunicado de la diócesis se indica que este encuentro “podría ser la última vez en que los hermanos, Georg y Joseph Ratzinger, se vean en este mundo”.

El papa emérito abandonó el 18 de junio el Monasterio Mater Ecclesiae donde residía en el Vaticano, tras su renuncia como pontífice, para visitar a su hermano Georg, de 96 años, por motivos de enfermedad.

Según declaró el director de la Oficina de Prensa del Vaticano, Matteo Bruni, Benedicto XVI permanecerá en Alemania “el tiempo que sea necesario” y se quedará en el seminario de la diócesis de Ratisbona.

Sin apariciones públicas

La diócesis de Ratisbona invitó a los fieles a respetar el momento y, según el deseo de los dos hermanos, a “dejar que este encuentro profundamente personal permanezca privado”, por lo tanto sin apariciones públicas.

El presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, monseñor Georg Bätzing, con motivo de la llegada del papa Ratzinger a Alemania, declaró que quiere acompañar con sus oraciones la estancia del pontífice emérito y de su hermano Georg. “Estamos felices de que él, que ha sido miembro de nuestra Conferencia Episcopal durante varios años, haya vuelto a casa, aunque la ocasión sea triste”, recoge Vatican News.

Muy unidos siempre

Los dos hermanos Ratzinger, indica el portal informativo, “muy unidos siempre”, se llevan tres años de edad, fueron ordenados sacerdotes el mismo día, 29 de junio de 1951 en la catedral de Freising. Por distintas circunstancias, han tomado diferentes direcciones –el brillante músico Georg, el teólogo de rango Joseph– pero el vínculo mutuo siempre se ha mantenido firme. Prueba de ello son, en particular, las numerosas visitas que Georg Ratzinger hizo al Vaticano de 2005 a 2013, durante los años de pontificado de su hermano e incluso después de su renuncia.

Cuando en 2008 la ciudad de Castel Gandolfo quiso ofrecer la ciudadanía honorífica a su hermano, Benedicto XVI dedicó unas palabras de gran afecto hacia su hermano, señala Vatican News: “Desde que nació, mi hermano ha sido para mí no sólo un compañero, sino también un guía fiable. Siempre ha representado un punto de orientación y referencia con la claridad y determinación de sus decisiones”.

 

 

Sagrado Corazón: 4 santas que recibieron el mensaje de Jesús

Hoy se celebra esta devoción de la Iglesia

JUNIO 19, 2020 11:16LARISSA I. LÓPEZTESTIMONIOS DE LA FE

(zenit – 19 junio 2020).- La devoción popular del Sagrado Corazón, aunque profundamente arraigada en las Escrituras, no comenzó a ser conocida hasta que varios santos videntes dijeron haber visto a Jesús y a su corazón.

Estas apariciones han sido reconocidas por la Iglesia y hoy, en el día de esta devoción especial, el viernes siguiente a la solemnidad del Corpus Christiofrecemos el ejemplo de cuatro santas que recibieron la gracia de conocer el Sagrado Corazón de Jesús.

Santa Margarita María de Alacoque

 Sagrado Corazón: 4 santaEl 16 de junio de 1675, santa Margarita María de Alacoque tuvo una revelación de Jesucristo, que le mostró su Sagrado Corazón ardiendo en llamas de amor, coronado de espinas, abierto en heridas que brotaban sangre y emergiendo del mismo una cruz.

Antes había tenido más revelaciones, en las que el Señor animaba a la santa a divulgar el amor de Cristo a los hombres, representado en un corazón de carne. Igualmente, le comunicó, como práctica de piedad específica a su Sagrado Corazón, la recepción de la Eucaristía el primer viernes de cada mes.

En otra revelación a la santa, Jesús le hizo ver que cada año se celebrase la fiesta del Sagrado Corazón el viernes siguiente a la solemnidad del Corpus Christi, motivo por el que celebramos esta devoción en esa fecha.

Santa Gertrudis “La Grande”

Sagrado Corazón: 4 santasVivió en una comunidad benedictina de Alemania en el siglo XIII y fue agraciada, entre otros, con el don de milagros y de profecía.

Además, se le otorgó reposar su cabeza en la llaga del costado de Cristo oyendo el pálpito de su Divino Corazón. Al escucharlo, la religiosa se dirigió a san Juan, que estaba también presente. Le preguntó si había escuchado lo mismo en la Última Cena, cuando se reclinó sobre el pecho del Señor y de haberlo escuchado, por qué no lo relató en su Evangelio.

El discípulo de Jesús le contestó que la revelación del Sagrado Corazón de Jesús estaba reservada para tiempos posteriores, cuando el mundo, aumentando en frialdad, necesitara ser reavivado en el Amor.

Santa Matilde de Hackeborn

Hermana de Gertrudis, santa Matilde, también perteneció a las benedictinas y recibió muchas apariciones de Jesús a lo largo de su vida.

Como recuerda Benedicto XVI, en una de sus visiones, Jesús recomendó a la consagrada el Evangelio y, abriéndole la llaga de su Corazón, le dijo: “Considera qué inmenso es mi amor: si quieres conocerlo bien, en ningún lugar lo encontrarás expresado más claramente que en el Evangelio. Nadie ha oído jamás expresar sentimientos más fuertes y más tiernos que estos: ‘Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros (Juan. XV, 9)’ (ib., I, 22).

Santa Lutgarda de Aywières

Esta santa mística cisterciense de Aywieres, Bélgica, vivió en el siglo XII. Tuvo visiones del Sagrado Corazón de Jesús y en una ocasión Nuestro Señor le preguntó que regalo deseaba.

Ella respondió: “Quiero Tu Corazón” a lo que Jesús respondió: “Yo quiero tu corazón”. Entonces, Lutgarda dijo: “Tómalo, querido Señor. Pero tómalo de tal manera que el amor de Tu Corazón esté tan mezclado y unido con mi propio corazón que yo pueda poseer mi corazón en Ti, y que siempre permanezca ahí seguro en Tu protección”.

De este modo, ocurrió un evento sin precedentes: Cristo místicamente intercambió corazones con Lutgarda.

 

Día Mundial de los Refugiados: Luchar por un mundo más inclusivo

Instituido el 20 de junio por la ONU

JUNIO 19, 2020 09:44LARISSA I. LÓPEZJORNADAS MUNDIALES

(zenit – 19 junio 2020).- El próximo sábado se celebra el Día Mundial de los Refugiados, instituido por las Nacionales Unidas (ONU) el 20 de junio desde el año 2001.

Los refugiados se encuentran entre las personas más vulnerables del mundo. Según datos de la ONU, una cantidad sin precedentes de 70,8 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a abandonar sus hogares a causa del conflicto y la persecución a finales de 2018.

Entre ellas, hay casi 30 millones de refugiados, de los cuales más de la mitad son menores de 18 años. Además, a 10 millones de personas apátridas  se les ha negado una  nacionalidad y el acceso a derechos fundamentales, como la educación, sanidad, empleo y libertad de circulación.

Asimismo, los datos señalan que cada minuto, veinticuatro personas lo dejan todo para huir de la guerra, la persecución o el terror.

Convención sobre el Estatuto de los Refugiados

La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su protocolo de 1967 constituyen los instrumentos legales únicos que amparan la protección internacional de los refugiados.

Según sus provisiones, los refugiados merecen como mínimo los mismos estándares de tratamiento que el resto de extranjeros en un país y, en muchos casos, el mismo tratamiento que los nacionales.

Un mundo más inclusivo

Con respecto a la conmemoración de este Día Mundial, este año, tanto la pandemia de COVID-19 como las recientes protestas contra el racismo ponen de manifiesto la necesidad de “luchar desesperadamente por un mundo más inclusivo e igualitario; un mundo donde nadie se quede atrás”, indica la organización internacional en su página web.

En este sentido, remarca que este tiempo que vivimos “nos demuestra que todos desempeñamos un papel en la lucha para conseguir cambiar las cosas” y esto “es la esencia misma” de la campaña del Día Mundial del Refugiado de ACNUR (Agencia de la ONU para los Refugiados).

Homenaje a los refugiados

“En tiempos de COVID, rendimos homenaje a las personas refugiadas que están en primera línea de la lucha contra esta pandemia, a las comunidades que las acogen y a los trabajadores humanitarios que las apoyan. Hemos visto cómo héroes del día a día, de toda condición, daban un paso al frente para unirse a la primera línea de la respuesta”, apunta la citada agencia en su sitio web, en el que ofrece el testimonio de los “héroes cotidianos”: refugiados que están contribuyendo desde la primera línea de batalla contra la pandemia.

“Este año, nuestro objetivo es recordar al mundo que todas las personas, incluidos los refugiados, pueden hacer una contribución a la sociedad y cada acción cuenta para crear un mundo más justo, inclusivo e igualitario”, concluye la ONU.

Los niños refugiados

El pasado 17 de junio, la Asociación Entreculturas, ONGD (Organización No Gubernamental para el Desarrollo) jesuita, convocó una rueda de prensa virtual con el título: “Sin Escuela, sin refugio”, evento organizado en el marco del Día Internacional de los Refugiados, informa Vatican News.

De acuerdo a la organización, en el mundo hay más de 7 millones de niños y niñas refugiados en edad escolar. Al cerrarse las escuelas como medida de prevención contra el coronavirus, se ha dejado a muchos niños sin su “refugio, sin su espacio de protección y de aprendizaje, sin su espacio para ser niños o niñas”.

Igualmente, Entreculturas recuerda que, sin la escuela, los pequeños vuelven a estar más expuestos a situaciones de violencia, no pueden acceder a alimentarse, tener acceso al agua potable y, por supuesto, a la educación.

Jornada de santificación sacerdotal: ¿Cómo rezar por los sacerdotes?

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

JUNIO 19, 2020 10:51ALEJANDRO VÁZQUEZ-DODEROESPIRITUALIDAD Y ORACIÓN

(zenit – 19 junio 2020).- San Juan Pablo II estableció que, coincidiendo con la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, se celebrase la Jornada por la santificación de los sacerdotes. Así, secundando el deseo del Romano Pontífice, que una vez más convoca a la Iglesia a rezar por el clero universal, pretendemos fundamentar el porqué de esa indicación y sugerir modos concretos para “bombear” gracia divina hacia esas almas elegidas por Dios para el ministerio sacerdotal.

¿Por qué ayudarles a ser virtuosos, santos?

Jornada de santificación sacerdotal

Padre Diego, en Huancavelica (Perú), con otro sacerdote

Pero, ¿por qué esa especial plegaria por la santidad de los sacerdotes? Y es que a veces olvidamos que únicamente la oración es la sangre que puede irrigar el corazón de la Iglesia; y en el centro de ese corazón se encuentran los sacerdotes, necesitados del auxilio divino, como todos.

A ellos les toca purificar la sangre arterial que vivificará la Iglesia, y necesitan un especial aliento por parte de quienes también constituyen el cuerpo de la Iglesia, cuya cabeza es el mismo Cristo. Todos, laicos y consagrados, sostenemos la barca de Pedro, de ahí que debamos rezarnos unos por otros, bien unidos, compactados en el Sagrado Corazón de Jesús.

Sabemos que el principal afán de cualquier cristiano debe ser la santificación. La prioridad de su vida tiene que ser la oración, la contemplación silenciosa y la Eucaristía, sin las cuales todo lo demás no sería más que un ajetreo inútil. Eso es en definitiva lo que debe divulgar un sacerdote, ni más ni menos.

Pero logrará divulgarlo siendo sacerdote y solo sacerdote, viviendo eso que pretende hacer llegar al prójimo. ¡Solo dará lo que tenga, solo enseñará lo que viva! Se entiende su responsabilidad, ¿verdad? Se entiende que necesita que todos le ayudemos a lograrlo, ¿no?

¿Qué hacer para ayudar a los sacerdotes?

Jornada de santificación sacerdotal

Francisco bendice a los sacerdotes, Jueves Santo 2018 © Vatican Media

¿Y cómo ayudar a los sacerdotes a ser santos? Sencillo, mediante dos herramientas: la oración y el ejemplo. Rezando por ellos y dándoles ejemplo de vida –cuánto arrastra el ejemplo…–. La intención de esa “ayuda” debe ser una sola: que los sacerdotes se identifiquen con Jesucristo, pues ahí se encuentra el compendio de su vocación.

Otra síntesis de lo que conviene “hacer llegar” a los sacerdotes sería las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. “Caridad sin límites, hasta el olvido de sí mismo; la Fe que ilumina, que estimula a perseverar, a esperar”, como decía el beato Álvaro del Portillo al referirse al sacerdote.

El sacerdote Juan Viroche

El sacerdote Juan Viroche

Con esas tres estarían “más que servidos”, podríamos decir, pues el resto de las virtudes cuelgan de esas tres, y las irán adquiriendo con el tiempo, también para divulgarlas, fundamentándose en aquellas tres.

Conviene sobre todo pedir a Dios –y a la Virgen María, Madre de los sacerdotes– que su pasión dominante sea la prédica y la dispensación de los sacramentos. Que amen la Eucaristía, que deseen ardientemente dispensar el sacramento de la alegría o del perdón y todos los demás.

Un grupo de gente con paraguas</p>
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Sacerdotes © Cathopic/Dimitri Conejo Sanz

Que, como decía el santo Cura de Ars, tengan sentido común, perspicacia y conocimiento sobrenatural, porque, según subrayaba el santo, “si desapareciera el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacido? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote… ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!”.

Oración para hoy y para siempre

Jornada de santificación sacerdotalY como idea práctica para el día de hoy y para toda la vida, esa oración de un alma cándida y muy de Dios, Santa Teresita del Niño Jesús. Una oración para no olvidar jamás y rezar con gran devoción:

Oh Jesús, que has instituido el sacerdocio para continuar en la tierra la obra divina de salvar a las almas, protege a tus sacerdotes en el refugio de tu Sagrado Corazón.

Guarda sin mancha sus manos consagradas, que a diario tocan tu Sagrado Cuerpo, y conserva puros sus labios teñidos con tu preciosa sangre.

Haz que se preserven puros sus corazones, marcados con el sello sublime del sacerdocio, y no permitas que el espíritu del mundo los contamine.

Aumenta el número de tus apóstoles y que tu santo amor los proteja de todo peligro.

Bendice sus trabajos y fatigas, y que como fruto de su apostolado obtengan la salvación de muchas almas.

Que sean consuelo aquí en la tierra y su corona eterna en el cielo. Amén”.

Alejandro Vázquez-Dodero Rodríguez

 

EL INMACULADO CORAZÓN DE LA VIRGEN MARÍA*

Memoria

— El Corazón de María.

— Un Corazón materno.

— Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum.

I. En mí está toda gracia del camino y de verdad, en mí toda esperanza de vida y de fuerza1, leemos en la Antífona de entrada de la Misa.

Como considerábamos en la fiesta de ayer, el corazón expresa y es símbolo de la intimidad de la persona. La primera vez que se menciona en el Evangelio el Corazón de María es para expresar toda la riqueza de esa vida interior de la Virgen: María -escribe San Lucas- guardaba todas estas cosas, ponderándolas en su corazón2.

El Prefacio de la Misa proclama que el Corazón de María es sabio, porque entendió como ninguna otra criatura el sentido de las Escrituras, y conservó el recuerdo de las palabras y de las cosas relacionadas con el misterio de la salvación; inmaculado, es decir, inmune de toda mancha de pecado; dócil, porque se sometió fidelísimamente al querer de Dios en todos sus deseos; nuevo, según la antigua profecía de Ezequiel –os daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo3–, revestido de la novedad de la gracia merecida por Cristo; humilde, imitando el de Cristo, que dijo: Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón4sencillo, libre de toda duplicidad y lleno del Espíritu de verdad; limpio, capaz de ver a Dios según la Bienaventuranza del Señor5firme en la aceptación de la voluntad de Dios, cuando Simeón le anunció que una espada de dolor atravesaría su corazón6, cuando se desató la persecución contra su Hijo7 o llegó el momento de su Muerte; dispuesto, ya que, mientras Cristo dormía en el sepulcro, a imitación de la esposa del Cantar de los Cantares8, estuvo en vela esperando la resurrección de Cristo.

El Corazón Inmaculado de María es llamado, sobre todo, santuario del Espíritu Santo9, en razón de su Maternidad divina y por la inhabitación continua y plena del Espíritu divino en su alma. Esta maternidad excelsa, que coloca a María por encima de todas las criaturas, se realizó en su Corazón Inmaculado antes que en sus purísimas entrañas. Al Verbo que dio a luz según la carne lo concibió primeramente según la fe en su corazón, afirman los Santos Padres10. Por su Corazón Inmaculado, lleno de fe, de amor, humilde y entregado a la voluntad de Dios, María mereció llevar en su seno virginal al Hijo de Dios.

Ella nos protege siempre, como la madre al hijo pequeño que está rodeado de peligros y dificultades por todas partes, y nos hace crecer continuamente. ¿Cómo no vamos a acudir diariamente a Ella? «“Sancta Maria, Stella maris” -Santa María, Estrella del mar, ¡condúcenos Tú!

»-Clama así con reciedumbre, porque no hay tempestad que pueda hacer naufragar el Corazón Dulcísimo de la Virgen. Cuando veas venir la tempestad, si te metes en ese Refugio firme, que es María, no hay peligro de zozobra o de hundimiento»11. En él encontramos un puerto seguro donde es imposible naufragar.

II. María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón12.

El Corazón de María conservaba como un tesoro el anuncio del Ángel sobre su Maternidad divina; guardó para siempre todas las cosas que tuvieron lugar en la noche de Belén y lo que refirieron los pastores ante el pesebre, y la presencia, días o meses más tarde, de los Magos con sus dones, y la profecía del anciano Simeón, y las zozobras de su viaje a Egipto... Más tarde, le impresionó profundamente la pérdida de su Hijo en Jerusalén, a la edad de doce años, y las palabras que Este les dijo a Ella y a José cuando por fin, angustiados, le encontraron. Luego descendió con ellos a Nazareth y les estaba sometido. Pero María conservaba todas estas cosas en su corazón13. Jamás olvidó María, en los años que vivió aquí en la tierra, los acontecimientos que rodearon la muerte de su Hijo en la Cruz y las palabras que allí oyó a Jesús: Mujer, he ahí a tu hijo14. Y al señalar a Juan, Ella nos vio a todos nosotros y a todos los hombres. Desde aquel momento nos amó en su Corazón con amor de madre, con el mismo con que amó a Jesús. En nosotros reconoció a su Hijo, según lo que Este mismo había dicho: Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a Mí me lo hicisteis15.

Pero Nuestra Señora ejerció su maternidad antes de que se consumase la redención en el Calvario, pues Ella es madre nuestra desde el momento en que prestó, mediante su fiat, su colaboración a la salvación de todos los hombres. En el relato de las bodas de Caná, San Juan nos revela un rasgo verdaderamente maternal del Corazón de María: su atenta solicitud por los demás. Un corazón maternal es siempre un corazón atento, vigilante: nada de cuanto atañe al hijo pasa inadvertido a la madre. En Caná, el Corazón maternal de María despliega su vigilante cuidado en favor de unos parientes o amigos, para remediar una situación embarazosa, pero sin consecuencias graves. Ha querido mostrarnos el Evangelista, por inspiración divina, que a Ella nada humano le es extraño ni nadie queda excluido de su celosa ternura. Nuestros pequeños fallos y errores, lo mismo que las culpas grandes, son objeto de sus desvelos. Le interesan los olvidos y preocupaciones, y las angustias grandes que a veces pueden anegar el alma. No tienen vino16, dice a su Hijo. Todos están distraídos, nadie se da cuenta. Y aunque parece que no ha llegado aún la hora de los milagros, Ella sabe adelantarla.

María conoce bien el Corazón de su Hijo y sabe cómo llegar hasta Él; ahora, en el Cielo, su actitud no ha variado. Por su intercesión nuestras súplicas llegan «antes, más y mejor» a la presencia del Señor. Por eso, hoy podemos dirigirle la antigua oración de la Iglesia: Recordare, Virgo Mater Dei, dum steteris in conspectu Domini, ut loquaris pro nobis bona17, Virgen Madre de Dios, Tú que estás continuamente en su presencia, habla a tu Hijo cosas buenas de nosotros. ¡Bien que lo necesitamos!

Al meditar sobre esta advocación de Nuestra Señora, no se trata quizá de que nos propongamos una devoción más, sino de aprender a tratarla con más confianza, con la sencillez de los niños pequeños que acuden a sus madres en todo momento: no solo se dirigen a ella cuando están en gravísimas necesidades, sino también en los pequeños apuros que les salen al paso. Las madres les ayudan con alegría a resolver los problemas más menudos. Ellas –las madres– lo han aprendido de nuestra Madre del Cielo.

III. Al considerar el esplendor y la santidad del Corazón Inmaculado de María, podemos examinar hoy nuestra propia intimidad: si estamos abiertos y somos dóciles a las gracias y a las inspiraciones del Espíritu Santo, si guardamos celosamente el corazón de todo aquello que le pueda separar de Dios, si arrancamos de raíz los pequeños rencores, las envidias... que tienden a anidar en él. Sabemos que de su riqueza o pobreza hablarán las palabras y las obras, pues el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca cosas buenas18.

De nuestra Señora salen a torrentes las gracias de perdón, de misericordia, de ayuda en la necesidad... Por eso, le pedimos hoy que nos dé un corazón puro, humano, comprensivo con los defectos de quienes están junto a nosotros, amable con todos, capaz de hacerse cargo del dolor en cualquier circunstancia en que lo encontremos, dispuesto siempre a ayudar a quien lo necesite. «¡Mater Pulchrae dilectionis, Madre del Amor Hermoso, ruega por nosotros! Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos como tú los has amado: haz que nuestro amor hacia los demás sea siempre paciente, benigno, respetuoso (...), haz que nuestra alegría sea siempre auténtica y plena, para poder comunicarla a todos»19, y especialmente a quienes el Señor ha querido que estemos unidos con vínculos más fuertes.

Recordamos hoy cómo, cuando las necesidades han apremiado, la Iglesia y sus hijos han acudido al Corazón Dulcísimo de María para consagrar el mundo, las naciones o las familias20. Siempre hemos tenido la intuición de que solo en su Dulce Corazón estamos seguros. Hoy le hacemos entrega, una vez más, de lo que somos y tenemos. Dejamos en su regazo los días buenos y los que parecen malos, las enfermedades, las flaquezas, el trabajo, el cansancio y el reposo, los ideales nobles que el Señor ha puesto en nuestra alma; ponemos especialmente en sus manos nuestro caminar hacia Cristo para que Ella lo preserve de todos los peligros y lo guarde con ternura y fortaleza, como hacen las madres. Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum, Corazón dulcísimo de María, prepárame..., prepárales un camino seguro21.

Terminamos nuestra oración pidiendo al Señor, con la liturgia de la Misa: Señor, Dios nuestro, que hiciste del Inmaculado Corazón de María una mansión para tu Hijo y un santuario del Espíritu Santo, danos un corazón limpio y dócil, para que, sumisos siempre a tus mandatos, te amemos sobre todas las cosas y ayudemos a los hermanos en sus necesidades22.

1 Antífona de entrada. Misas de la Virgen María, I. Misa del Inmaculado Corazón de la Virgen María, n. 28. — 2 Lc 2, 19. — 3 Cfr. Ez 36, 26. — 4 Mt 11, 29.  5 Cfr. Mt 5, 8. — 6 Cfr. Lc 2, 35. — 7 Cfr. Mt 2, 13. — 8 Cfr. Cant 5, 2. — 9 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 53. — 10 Cfr. San Agustín, Tratado sobre la virginidad, 3. — 11 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 1055. — 12 Antífona de comunión, Lc 2, 19. — 13 Lc 2, 51. — 14 Jn 19, 26. — 15 Mt 25, 40. — 16 Cfr. Jn 2, 3. — 17 Misal de San Pío V, Oración sobre las ofrendas de la Misa de Santa María Medianera de todas las gracias; cfr. Jer 18, 20. — 18 Mt 12, 35. — 19 Juan Pablo II, Homilía 31-V-1979. — 20 Cfr. Pío XII, Alocución Benedicite Deum, 31-X-1942; Juan Pablo II, Homilía en Fátima, 13-V-1982. — 21 Cfr. Himno Ave Maris Stella. — 22 Oración colecta de la Misa.

Después de la consagración del mundo al dulcísimo y maternal Corazón de la Virgen María en 1942, llegaron numerosas peticiones al Romano Pontífice para que extendiera el culto al Inmaculado Corazón de María, que ya existía en algunos lugares, a toda la Iglesia. Pío XII accedió en 1945, «seguros de encontrar en su amantísimo Corazón... el puerto seguro en medio de las tempestades que por todas partes nos apremian». A través del símbolo del corazón, veneramos en María su amor purísimo y perfecto a Dios y su amor maternal hacia cada hombre. En él encontramos refugio en medio de todas las dificultades y tentaciones de la vida y el camino seguro -iter para tutum- para llegar prontamente a su Hijo.

 

 

Mensaje del Prelado (19 junio 2020)

En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, Mons. Ocáriz nos invita a que pidamos al Señor un corazón manso y humilde, que sea descanso y consuelo para muchas almas.

CARTAS PASTORALES Y MENSAJES19/06/2020

Opus Dei - Mensaje del Prelado (19 junio 2020)

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Hoy, con toda la Iglesia, contemplamos especialmente el Sagrado Corazón de Jesús. Esta fecha es una ocasión para dejarnos sorprender nuevamente por la maravilla de que Dios haya querido acercarse a los hombres hasta llegar a ser uno de nosotros, con un corazón en tantos sentidos como el nuestro. Por eso, viene a mi mente aquella consoladora invitación que nos dirige el Señor: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas» (Mt 11,29).

Jesús desea para nosotros, en medio de las idas y venidas cotidianas, una auténtica paz, serenidad y descanso. Y nos muestra el camino: identificarnos cada vez más con Él, con la humildad y mansedumbre de su corazón. Como escribe san Josemaría: «También a nosotros el Señor puede insinuarnos y nos insinúa continuamente: exemplum dedi vobis, os he dado ejemplo de humildad. Me he convertido en siervo, para que vosotros sepáis, con el corazón manso y humilde, servir a todos los hombres» (Amigos de Dios, n. 103).

Pidamos al Señor, en nuestra oración, que nos dé un corazón como el suyo. Esto redundará en el «descanso de nuestra alma» y de las personas que están junto a nosotros. También podemos agradecer tantas realidades de servicio que hemos visto en estos últimos meses, muchas veces junto a cada uno de nosotros.

En la solemnidad que hoy celebramos, quizá recordemos más frecuentemente aquella jaculatoria que repetía san Josemaría: Cor Iesu sacratissimum et misericors, dona nobis pacem. A su misericordia acudimos para rezar por la paz en las almas, en la Iglesia, en el mundo, y para seguir pidiendo por el final de la pandemia, que aún comporta sufrimiento en muchos sitios. Y nos acogemos a la mediación materna de Santa María, Madre de misericordia y Reina de la paz.

Con todo cariño os bendice

vuestro Padre

Roma, 19 de junio de 2020

 

 

“La única medida es amar sin medida”

Cumples un plan de vida exigente: madrugas, haces oración, frecuentas los Sacramentos, trabajas o estudias mucho, eres sobrio, te mortificas..., ¡pero notas que te falta algo!

20 de junio

Lleva a tu diálogo con Dios esta consideración: como la santidad –la lucha para alcanzarla– es la plenitud de la caridad, has de revisar tu amor a Dios y, por El, a los demás. Quizá descubrirás entonces, escondidos en tu alma, grandes defectos, contra los que ni siquiera luchabas: no eres buen hijo, buen hermano, buen compañero, buen amigo, buen colega; y, como amas desordenadamente “tu santidad”, eres envidioso. Te “sacrificas” en muchos detalles “personales”: por eso estás apegado a tu yo, a tu persona y, en el fondo, no vives para Dios ni para los demás: sólo para ti. (Surco, 739)

A todos los que estamos dispuestos a abrirle los oídos del alma, Jesucristo enseña en el sermón de la Montaña el mandato divino de la caridad. Y, al terminar, como resumen explica: amad a vuestros enemigos, haced bien y prestad sin esperanza de recibir nada a cambio, y será grande vuestra recompensa, y seréis hijos del Altísimo, porque El es bueno aun con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, así como también vuestro Padre es misericordioso (Lc VI, 35–36).

La misericordia no se queda en una escueta actitud de compasión: la misericordia se identifica con la superabundancia de la caridad que, al mismo tiempo, trae consigo la superabundancia de la justicia. Misericordia significa mantener el corazón en carne viva, humana y divinamente transido por un amor recio, sacrificado, generoso. Así glosa la caridad San Pablo en su canto a esa virtud: la caridad es sufrida, bienhechora; la caridad no tiene envidia, no obra precipitadamente, no se ensoberbece, no es ambiciosa, no busca sus intereses, no se irrita, no piensa mal, no se huelga de la injusticia, se complace en la verdad; a todo se acomoda, cree en todo, todo lo espera y lo soporta todo (1 Cor XIII, 4–7). (Amigos de Dios, 232)

 

 

Streaming en la fiesta de san Josemaría: Misa por los fallecidos durante la pandemia

El próximo 26 de junio, la página web del Opus Dei emitirá imágenes del lugar donde reposa san Josemaría (por la mañana) y la Misa solemne celebrada por Mons. Fernando Ocáriz en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz (por la tarde). La misa comenzará a las 19 h. (UTC/GMT +2 h.) y se ofrecerá por los fallecidos durante la pandemia.

ÚLTIMAS NOTICIAS18/06/2020

Un grupo de hombres posando para una foto</p>
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Imagen de san Josemaría en la iglesia de Torun (Polonia).

El 26 de junio se celebra la fiesta del fundador del Opus Dei en muchas iglesias del mundo. Sin embargo, a causa de la emergencia sanitaria, numerosos fieles no podrán acudir o estas tendrán un aforo limitado.

En este contexto, la página web del Opus Dei ofrecerá el 26 de junio dos videos en directo: una retransmisión de la urna de san Josemaría, de 10.30 a 11.30 de la mañana (hora de Roma); y la Misa de la fiesta, a las 19.00 h.

Webcam en Santa María de la Paz, a las 10.30 h.

A las 10.30 h. y durante una hora, se retransmitirán imágenes de la urna donde está enterrado san Josemaría. Los fieles podrán conectarse desde esta página web o desde los canales oficiales en YoutubeInstagram y Facebook.

La emisión concluirá a las 11.30. Este horario permitiría unirse a la celebración de la fiesta de San Josemaría a personas de los diversos países asiáticos y de Oceanía, entre otros.

Misa con el Prelado a las 19.00 h.

Por la tarde, Mons. Fernando Ocáriz celebrará la Misa en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, donde está enterrado san Josemaría. Será retransmitida en esta página web, y desde los canales del Opus Dei en Youtube y Facebook.

Participará en la celebración un pequeño grupo de fieles. La Eucaristía se ofrecerá por los fieles de la Obra, parientes y amigos que han fallecido a consecuencia del coronavirus.

LA HOMILÍA SERÁ EN CASTELLANO, SI BIEN PODRÁ DESCARGARSE DESDE ESTA PÁGINA WEB POCO ANTES

La Misa será en italiano; y para el canon se usará el latín. Las lecturas y la oración de los fieles se leerán en varios idiomas. La homilía será en castellano, si bien podrá descargarse desde esta página web poco antes del inicio de la celebración en inglés, francés, portugués e italiano.

La santa Misa comenzará a las 19 h (hora de Roma). El horario permitirá seguir la celebración desde América, África y Europa, donde en muchos lugares se vive todavía en régimen de confinamiento. Quienes no puedan asistir en directo –por ejemplo, fieles de países de Asia u Oceanía, donde en ese momento será de noche– podrán consultar posteriormente la grabación desde el canal de Youtube.

 

Conocerle y conocerte (VII): Buscando la conexión

Las palabras que utilizaba san Josemaría al iniciar o terminar su oración pueden también servirnos de guía para la nuestra.

VIDA ESPIRITUAL01/06/2020

Opus Dei - Conocerle y conocerte (VII): Buscando la conexión

· Otros artículos de la serie "Conocerle y conocerte".


En el siglo pasado se habló mucho sobre la supuesta existencia de un teléfono rojo que comunicaba a los dirigentes de dos grandes potencias mundiales, aunque estas se encontrasen a miles de kilómetros de distancia entre sí. La idea de poder hablar inmediatamente con personas tan lejanas causó mucha sorpresa. Todavía eran inimaginables los dispositivos móviles que hoy conocemos. Refiriéndose a este artefacto, en 1972 san Josemaría dijo que nosotros tenemos «un hilo directo con Dios Nuestro Señor, mucho más directo (…). Es tan bueno, que está siempre disponible, que no nos hace aguardar»[1].

Por la fe sabemos que el Señor está siempre al otro lado de la línea. Sin embargo, ¡cuántas veces hemos experimentado dificultades para oírle o para ser constantes en los tiempos de oración que nos hemos propuesto! Algunas personas las expresan diciendo que «no conectan con Dios». Es una experiencia dolorosa que puede conducir al abandono de la oración. Probablemente lo habremos vivido también nosotros. A veces, por mucho empeño que pongamos, incluso habiéndolo hecho durante años, persiste la sensación de no saber hablar con Dios: aunque estamos seguros de tener un hilo directo con él, no conseguimos salir del monólogo interior, no alcanzamos esa intimidad que tanto ansiamos.

El papa Francisco nos alienta a «mantener la conexión con Jesús, estar en línea con Él (...). Así como te preocupa no perder la conexión a Internet, cuida que esté activa tu conexión con el Señor, y eso significa no cortar el diálogo, escucharlo, contarle tus cosas»[2]. ¿Cómo mantenernos despiertos al otro lado de la línea? ¿Qué podemos hacer para que nuestra oración sea un diálogo de dos? ¿Cuál es el camino para, con el paso de los años, seguir creciendo en intimidad con el Señor?

 

 

Texto escrito por san Josemaría, que dice: + Oración preparatoria. Señor mío y Dios mío. Creo firmemente que estás aquí: -que me ves, -que me oyes. -Te adoro con profunda reverencia. -Te pido perdón de mis pecados, y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, san José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mi.Texto escrito por san Josemaría, que dice: + Oración preparatoria. Señor mío y Dios mío. Creo firmemente que estás aquí: -que me ves, -que me oyes. -Te adoro con profunda reverencia. -Te pido perdón de mis pecados, y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, san José, mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, interceded por mi.

Les mira desde la orilla

 

Después de la Resurrección, los discípulos se trasladan a Galilea porque así se lo había indicado el Señor a las santas mujeres: «Allí me verán» (Mt 28,10). Está amaneciendo. Pedro y Juan, acompañados por otros cinco, reman hacia la tierra después de una noche de pesca infructuosa. Jesús les mira desde la orilla (cfr. Jn 20,4). De manera similar a lo que sucede en aquella escena, al comenzar a orar nos ponemos en presencia de Jesús, sabiendo que él está aguardándonos; nos observa desde la orilla en actitud de espera y de escucha. Imaginar que la mirada del Señor se posa sobre nosotros nos ayudará durante toda la oración. También nosotros queremos mirarle: «Que yo te vea: aquí está el núcleo de la oración»[3]. En el origen del diálogo con Dios, efectivamente, hay uncruce de miradas entre dos personas que se aman: «Mirar a Dios y dejarse mirar por Dios: esto es rezar»[4].

EN TODA BUENA CONVERSACIÓN SE BUSCA SINTONÍA DESDE LOS PRIMEROS MOMENTOS

Pero deseamos también escuchar sus palabras, percibir cuánto nos quiere y conocer lo que desea. Los discípulos no habían pescado nada, pero Jesús les habla, les da instrucciones para que no vuelvan con las manos vacías: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis» (Jn 21,6). Las buenas conversaciones dependen muchas veces de la sintonía que se establece con las primeras palabras. Del mismo modo, los primeros minutos de oración son importantes porque marcan una pauta para los restantes. Empeñarse en comenzar la conversación nos ayudará a mantener vivo el diálogo posterior con más facilidad.

Hasta ese momento, quienes iban en la barca dudaban. Cuando vieron las redes llenas de peces, cuando se dieron cuenta de que haber entrado en aquel diálogo con Jesús fue más eficaz que tantas horas de esfuerzo solitario, Juan le dice a Pedro: «¡Es el Señor!» (Jn 21,7). Esta certeza es ya un comienzo de oración: el Señor está aquí, junto a nosotros, tanto si estamos delante del tabernáculo como en cualquier otro lugar.

Como el Espíritu Santo lo permite

Arrastrando la barca, pesada por las redes llenas, los discípulos alcanzan la orilla. Allí se encuentran con un inesperado desayuno de panes y peces a la brasa. Al sentarse en torno al fuego, comen en silencio. Ninguno «se atrevía a preguntarle: ¿Tú quién eres?, pues sabían que era el Señor» (Jn 21,12). El peso de la conversación recae sobre Jesús. Ciertamente, la clave en la oración es dejarle hacer a Dios, más que el esfuerzo del propio corazón. Cuando preguntaron a san Juan Pablo II cómo era su oración, respondió: «¡Habría que preguntárselo al Espíritu Santo! El Papa reza tal como el Espíritu Santo le permite rezar»[5]. El elemento más importante es el , porque es Dios quien tiene la iniciativa.

Tras ponernos en presencia de Dios, es necesario apagar los ruidos y perseguir un silencio interior que supone cierto esfuerzo. Así será más fácil escuchar la voz de Jesús que nos pregunta: « Muchachos, ¿tenéis algo de comer?» (Jn 21,5); que nos indica: «Traed algunos de los peces» (Jn 21,10); o que nos pide amablemente: «Sígueme» (Jn 21,19). Por eso, el Catecismo de la Iglesia señala que es necesario un combate por desconectar para conectar y, así, hablar con Dios en la soledad de nuestro corazón[6]. Los santos han repetido muchas veces este consejo: «Deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes (...). Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de Él. Di, pues, alma mía, di a Dios: “Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro” (Sal 27, 8)»[7].

EL PRINCIPAL TEMA DEL DIÁLOGO ES NUESTRA PROPIA VIDA, ILUMINADA POR LA VIDA DE CRISTO

Esto no siempre resultará sencillo, porque las tareas y preocupaciones captan fuertemente nuestra memoria e imaginación y pueden llenar nuestra interioridad. Sin duda no existe una varita mágica, porque las distracciones son de ordinario inevitables y es difícil mantener una atención sin altibajos. San Josemaría aconsejaba convertirlas en tema de conversación con Jesús, aprovechando «para pedir por el objeto de esa distracción, por aquellas personas, y dejar actuar al Señor, que saca siempre lo que quiere de cada flor»[8]. Es también una ayuda eficaz encontrar buenos momentos y lugares propicios; aunque se puede orar en todo lugar, no todas las circunstancias facilitan el diálogo ni expresan de igual modo los deseos sinceros de orar.

La oración introductoria: conexión

Con el objetivo de facilitar la conexión, san Josemaría recomendaba una oración introductoria que él solía utilizar[9]. En esas palabras nos enseña a comenzar con un acto de fe y con una disposición humilde: «Creo que estás aquí», «te adoro con reverencia». Es simplemente una manera de decirle a Jesús: «He venido a estar contigo, quiero hablarte y deseo que tú también me hables; te dedico estos momentos con la ilusión de que este encuentro me ayude a unirme más a tu voluntad». Al decir «creo firmemente» estamos expresando una realidad, pero también un deseo; pedimos al Señor que nos aumente la fe, porque sabemos que «la fe es la que otorga alas a la oración»[10]. Y ese acto de fe nos lleva inmediatamente a la adoración con la que reconocemos, por un lado, su grandeza y, al mismo tiempo, le manifestamos la decisión de abandonarnos en sus manos. A renglón seguido, reconocemos nuestras debilidades pidiendo perdón y gracia, porque «la humildad es la base de la oración»[11]. Nos sabemos pequeños delante de su grandeza, carentes de recursos propios. La oración es un don gratuito que el hombre debe pedir como un mendigo. Por eso san Josemaría concluía que «la oración es la humildad del hombre que reconoce su profunda miseria»[12].

Creer, adorar, pedir perdón y solicitar ayuda: cuatro movimientos del corazón que nos abren a una buena conexión. Nos puede ayudar la repetición serena de esta oración introductoria, degustándola palabra por palabra. Quizá convenga repetirla varias veces hasta que nuestra atención quede centrada en el Señor. Puede servirnos también construir una oración introductoria más personalizada y emplearla cuando estemos más secos o dispersos. En general, si nos encontramos distraídos o con la mente vacía, repetir despacio una oración vocal (el Padrenuestro o la que más nos mueva en ese momento) es ventajoso para fijar la atención y serenar el alma: una, dos, tres veces, cuidando la cadencia, reposando las palabras o cambiando alguna de ellas.

Una hoguera encendida: diálogo

Esa conexión inicial antecede al núcleo de la oración, a ese «diálogo con Dios, de corazón a corazón, en el que interviene toda el alma: la inteligencia y la imaginación, la memoria y la voluntad»[13]. Si volvemos a aquel amanecer en el que los discípulos continuaban sorprendidos por la milagrosa pesca, Jesús enciende un fuego para calentar lo que ha preparado. Podemos imaginar cómo lo haría, sorteando los posibles escollos para que el fuego cogiera cuerpo. De la misma manera, si consideramos la oración como una pequeña hoguera que deseamos ver crecer, en primer lugar necesitamos encontrar un combustible adecuado.

El combustible que alimenta la hoguera es ordinariamente el conjunto de tareas que tenemos entre manos y nuestras propias circunstancias personales: el tema del diálogo es nuestra vida. Nuestras alegrías, tristezas y preocupaciones, son el mejor resumen de lo que llevamos en el corazón. Con palabras sencillas, nuestra conversación va pegada al terreno del acontecer diario, como podemos imaginar que sucedió en el desayuno pascual. Incluso, en no pocas ocasiones, comenzará con un: «Señor, ¡que no sé!»[14]. Asimismo, la oración cristiana no se limita a abrir la propia intimidad a Dios, ya que de un modo especial alimentamos la hoguera con la misma vida de Cristo. Hablamos con Dios también de él, de su paso por la tierra, de sus deseos de redención. Junto a todo esto, como nos sentimos responsables de nuestros hermanos, «el cristiano no deja el mundo fuera de la puerta de su habitación, sino que lleva en su corazón personas y situaciones, los problemas, tantas cosas»[15].

PONIENDO EN JUEGO NUESTRO MUNDO INTERIOR ES UNA BUENA MANERA DE ENRIQUECER LA ORACIÓN

A partir de aquí, cada uno buscará maneras de orar que le vengan mejor. No existen reglas fijas. Indudablemente seguir un cierto método nos permite saber qué hacer hasta que experimentemos la iniciativa de Dios. Así, por ejemplo, a algunas personas les sirve tener un plan flexible de oración a lo largo de la semana. En ocasiones, escribir lo que decimos ofrece muchas ventajas para no distraernos. La oración será de una manera en periodos de trabajo intenso y de otra en épocas más pacíficas; también irá acompasada al tiempo litúrgico en el que se encuentra la Iglesia. Hay muchos caminos que se nos abren: zambullirnos en la contemplación del Evangelio buscando la Humanidad Santísima del Señor o meditar un tema acompañados de un buen libro, conscientes de que la lectura facilita el examen; habrá días de más petición, alabanza o adoración; rezar con sosiego jaculatorias es un buen sendero para momentos de agitación interior; otras veces nos quedaremos callados, sabiéndonos mirados cariñosamente por Cristo o por María. Al final, sea cual sea el camino por el que nos haya llevado el Espíritu Santo, todo nos conduce a «conocerle y conocerte»[16].

El viento y la hojarasca

Además de un buen combustible, nos conviene tener en cuenta los obstáculos que podemos encontrar para mantener viva la llama: el viento de la imaginación que intenta apagar la débil llama inicial, y la hojarasca húmeda de las pequeñas miserias que procuraremos quemar.

La imaginación, ciertamente, tiene un papel importante en el diálogo y habrá que contar con ella especialmente cuando contemplamos la vida del Señor. Pero, al mismo tiempo, es la loca de la casa y la que suele llevar la voz cantante en nuestros mundos de fantasía. Tener la imaginación demasiado suelta y sin control es fuente de dispersión. De ahí la necesidad de rechazar las acometidas del viento que quiere apagar el fuego y, a la vez, alentar las que ayudan a avivarlo. Hay un detalle significativo en el encuentro del Resucitado con sus discípulos en la orilla del Tiberíades. Solo uno de ellos ha estado en el Calvario, san Juan, y es precisamente él quien descubre al Señor. El contacto con la cruz ha purificado su mirada: se ha hecho más fina y acertada. El dolor allana el camino de la oración; la mortificación interior conduce a la imaginación a avivar la hoguera, evitando que se convierta en un viento descontrolado que la sofoque.

Finalmente, hemos de tener en cuenta la humedad de la hojarasca. En nuestro interior hay un submundo de malos recuerdos, pequeños rencores, susceptibilidades, envidias, comparaciones, sensualidad y deseos de éxito, que nos centran en nosotros mismos. La oración nos lleva precisamente en la dirección contraria: a olvidarnos del yo con el objetivo de centrarnos en él.Necesitamos que ese fondo afectivo se ventile en nuestra oración, sacando esa humedad a la luz, poniéndola ante el sol que es Dios y decir: «Mira esto, y esto, tan malo, lo dejo ante ti, Señor: purifícalo». Entonces, le pediremos ayuda para perdonar, olvidar, alegrarnos del bien ajeno; para ver la parte positiva de las cosas, rechazar las tentaciones o agradecer las humillaciones. De esta forma se evaporará esa humedad que podría dificultar nuestra conversación con Dios.

Un deseo que continúa

Conexión, diálogo y balance. El tramo final de la oración es momento de represar, de saber qué nos llevamos. Esto conducía a san Josemaría a pensar en los «propósitos, afectos e inspiraciones»[17]. Después del diálogo con Dios brota con sencillez un deseo de mejora, de cumplir su voluntad. Ese deseo, decía san Agustín, es ya buena oración: mientras sigas deseando, seguirás orando[18]. Esas intenciones algunas veces se podrán plasmar en propósitos que, con frecuencia, serán concretos y prácticos. En cualquier caso, la oración sirve de impulso para vivir en presencia de Dios las horas siguientes. Los afectos han podido estar presentes con mayor o menor viveza; no siempre son importantes aunque, si nunca hubiera afectos, tendríamos que preguntarnos dónde ponemos habitualmente el corazón. Desde luego, no son necesariamente emociones sensibles, porque los afectos también pueden suscitarse con los tranquilos deseos de la voluntad, como cuando uno quiere querer.

Las inspiraciones son luces de Dios que convendrá anotar, porque nos ayudarán mucho en oraciones futuras. Pasado el tiempo, pueden ser un buen combustible que despierte el alma en momentos más áridos, en los que estemos poco lúcidos o apáticos. Aunque cuando vislumbramos esas inspiraciones nos parece que nunca las olvidaremos, en realidad el tiempo desgasta la memoria. Por eso conviene apuntarlas en caliente, cuando se escriben con una viveza singular: «Esas palabras, que te han herido en la oración, grábalas en tu memoria y recítalas pausadamente muchas veces durante el día»[19].

No nos olvidamos de la ayuda que nos ofrecen los aliados del cielo. Al sentirnos débiles acudimos a los que están más cerca de Dios. Lo podemos hacer tanto al principio como al final, y también en las ocasiones en las que notemos la dificultad por mantener viva la llama. Especialmente presente estará nuestra Madre, su esposo José y el ángel de la guarda que nos «traerá santas inspiraciones»[20].

José Manuel Antuña


[1] San Josemaría, Apuntes de una reunión familiar, 8-XI-1972.

[2] Francisco, Ex. ap. Christus vivit, n. 158.

[3] Benedicto XVI, Audiencia, 4-V-2011.

[4] Francisco, Audiencia, 13-II-2019.

[5] San Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, Plaza y Janés, Barcelona 1994, p. 41.

[6] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2725.

[7] San Anselmo, Proslogion, cap. 1.

[8] San Josemaría, Apuntes de una reunión familiar, 21-II-1971.

[9] La oración es la siguiente: «Señor mío y Dios mío: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, san José, mi padre y señor, ángel de mi guarda: interceded por mí».

[10] San Juan Clímaco, La escala del Paraíso, escalón 28.

[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2559.

[12] San Josemaría, Surco, n. 259.

[13] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 119.

[14] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 244.

[15] Francisco, Audiencia, 13-II-2019.

[16] San Josemaría, Camino, n. 91.

[17] La oración final completa que recomendaba san Josemaría es: «Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, san José, mi padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí».

[18] Cfr. san Agustín, Enarrat. in Ps. 37, 14.

[19] San Josemaría, Camino, n. 103

[20] San Josemaría, Camino, n. 567.

Photo by: Eddy Billard on Unsplash

 

 

Consagración a María de san Juan Pablo II

Un vibrante vídeo sobre el papa polaco y la Virgen con la oración que elevó al consagrar el mundo al Inmaculado Corazón de María el 1984

La relación del papa Juan Pablo II con la Virgen María, a la que dedicó su lema Totus tuus, centra este último vídeo de la serie del papa polaco realizada con motivo de su canonización por la productora Fulton Sheen.
 
El vídeo incluye la oración de consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María, que él elevó el 25 de marzo de 1984 en Roma en unión a los obispos del mundo:
 
Oh, Madre de los individuos y de los pueblos,
Tú que conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas,
Tú que tienes el conocimiento materno de todas las batallas
entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad
que afligen al mundo moderno,
acepta nuestra súplica que dirigimos a tu corazón
movidos por el Espíritu Santo,
nos dirigimos directamente a tu corazón:
abraza con amor de Madre este mundo nuestro que te confiamos y consagramos,
llenos de preocupación por el destino terrenal y eterno
de los individuos y de los pueblos.
 
¡Oh, pura, Inmaculada, de la escasez y de la guerra,
de la destrucción incalculable, libéranos.
De los pecados contra la vida humana desde su inicio, libéranos.
Del odio, libéranos.
De toda clase de injusticia en la vida social, nacional e internacional, libéranos.
De la facilidad para incumplir los mandamientos de Dios, libéranos.
De los intentos de ofuscar en los corazones humanos la verdad de Dios, libéranos.
De la pérdida de sentido del bien y del mal, libéranos.
De los pecados contra el Espíritu Santo, libéranos, libéranos.
 
Oh, Madre de Cristo, permite que sea revelado
el infinito poder salvador de la Redención;
que eso detenga el mal.
¡Que tu Inmaculado Corazón revele para todos la luz de la esperanza!
Amén.

 

Comentario al Evangelio: No tengáis miedo

Evangelio del Domingo 12º del Tiempo Ordinario (Ciclo A) y comentario al evangelio de la Misa

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Mt 10,26-33)

No les tengáis miedo, porque nada hay oculto que no vaya a ser descubierto, ni secreto que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a plena luz; y lo que escuchasteis al oído, pregonadlo desde los terrados. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma; temed ante todo al que puede hacer perder alma y cuerpo en el infierno. ¿No se vende un par de pajarillos por un as? Pues bien, ni uno solo de ellos caerá en tierra sin que lo permita vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. Por tanto, no tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos.

A todo el que me confiese delante de los hombres, también yo le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pero al que me niegue delante de los hombres, también yo le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.


Comentario

El capítulo décimo del evangelio de san Mateo nos dice que Jesús, después de haber elegido a los doce Apóstoles, los envió y les dio algunas instrucciones para su labor. Entre ellas, las que escuchamos en el Evangelio de este domingo y que glosan la idea principal: “No tengáis miedo”. Desde el primer momento les advierte de que en su tarea encontrarán dificultades, persecuciones, incomprensiones… Pero la mayor amenaza no viene de aquellos que intenten acallarlos, ni siquiera de los que atenten contra su vida. El único peligro verdadero es aquel “que puede hacer perder alma y cuerpo en el infierno”, el que puede conducir al pecado, a la pérdida de la amistad con Dios.

Nos guste o no, el miedo forma parte de la vida humana. Desde niños hemos experimentado temores que a veces eran infundados y luego desaparecían. También en la madurez se nos presentan miedos ante situaciones duras –dolor, incomprensión, soledad, incertidumbre, muerte, …– que nos salen al paso y debemos afrontar y superar, contando con nuestro esfuerzo y la ayuda de Dios.

Pero un discípulo de Cristo no tiene por qué temer, ya que no está solo. Dios es un Padre amoroso, que, si se ocupa hasta de los más pequeños detalles en sus criaturas, con mucha mayor razón cuidará de sus hijos fieles. “La solución es amar. San Juan Apóstol escribe unas palabras que a mí -decía san Josemaría- me hieren mucho: ‘qui autem timet, non est perfectus in caritate’. Yo lo traduzco así, casi al pie de la letra: el que tiene miedo, no sabe querer. –Luego tú, que tienes amor y sabes querer, ¡no puedes tener miedo a nada! –¡Adelante!”[1].

“Por consiguiente –comentaba Benedicto XVI–, el creyente no se asusta ante nada, porque sabe que está en las manos de Dios, sabe que el mal y lo irracional no tienen la última palabra, sino que el único Señor del mundo y de la vida es Cristo, el Verbo de Dios encarnado, que nos amó hasta sacrificarse a sí mismo, muriendo en la cruz por nuestra salvación. Cuanto más crecemos en esta intimidad con Dios, impregnada de amor, tanto más fácilmente vencemos cualquier forma de miedo”[2].

Todavía resuena en muchos corazones aquel grito, lleno de fe y confianza en Dios, de san Juan Pablo II en la Misa inicial de su pontificado: “¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo! Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura. de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce lo que hay dentro del hombre. ¡Sólo Él lo conoce! Con frecuencia el hombre actual no sabe lo que lleva dentro, en lo profundo de su ánimo, de su corazón. Muchas veces se siente inseguro sobre el sentido de su vida en este mundo. Se siente invadido por la duda que se transforma en desesperación. Permitid, pues, –os lo ruego, os lo imploro con humildad y con confianza– permitid que Cristo hable al hombre. ¡Sólo Él tiene pala­bras de vida, sí, de vida eterna!”[3].

El Apóstol es valiente, atrevido. Tiene la virtud de la audacia que le empuja a afrontar tareas que están en el límite de sus posibilidades o parece que lo superan. Pero cuando se trata de tareas divinas, la audacia no es temeridad, porque “no estamos solos, Él obrará” (cf. 1 Ts 5,24). San Josemaría lo señalaría con claridad en un punto de Camino: “¡Dios y audacia! –La audacia no es imprudencia. –La audacia no es osadía”[4].


[1] San Josemaría, Forja, 260.

[2] Benedicto XVI, Ángelus 22 de junio de 2008

[3] San Juan Pablo II, Homilía en el comienzo de su Pontificado. 22 de octubre de 1978, n. 5.

[4] Camino, 401.

 

Vacuna COVID-19: Entrevista a Justo Aznar, director del Instituto de Ciencias de la Vida de la Univ. Católica de Valencia

Valoración ética de las posibles vacunas

JUNIO 19, 2020 13:52ROSA DIE ALCOLEABIOÉTICA Y DEFENSA DE LA FAMILIAENTREVISTAS

(zenit – 19 junio 2020).- Tras la publicación por parte de la revista Science –el 12 de junio de 2020—de la existencia de seis posibles vacunas contra la COVID-19, en las que, para su fabricación, se han utilizado líneas celulares obtenidas de fetos humanos de abortos provocados, el doctor en Medicina y antiguo miembro de la Pontificia Academia para la Vida, Justo Aznar, ha difundido una valoración ética de la cuestión.

zenit ha conversado en exclusiva con el médico español, director del Instituto de Ciencias de la Vida de la Universidad Católica de Valencia y miembro de la Real Academia de Medicina de la Comunidad Valenciana quien ofrece las claves para entender cómo se elabora la vacuna y qué factores debemos tener en cuenta para actuar siempre en favor de la vida, con todo el rigor científico que conlleva.

El doctor Aznar aclara que el uso de las vacunas que utilizan líneas celulares obtenidas de fetos humanos abortados plantea problemas bioéticos y apoyándose en las publicaciones de la Pontifica Academia para la Vida (en 2005 y en 2017), indica que “si se ponen a disposición del público vacunas contra la COVID-19, en cuya producción se hayan utilizado células de fetos humanos abortados voluntariamente, estas podrían utilizarse temporalmente hasta que no haya disponibles otras vacunas similares, que se hayan producido sin utilizar tales tipos de células fetales” pues “la obligación moral de garantizar la vacunación para una cobertura de la salud de otros es no menos urgente”.

Líneas celulares de los años 70-80

Asimismo, el doctor Aznar matiza que en el caso de las seis líneas que trabajan con dichas células fetales “no se trata de células obtenidas de abortos actuales, sino de células producidas a partir de dos líneas celulares fetales generadas en las décadas de los 70-80 del siglo pasado a partir de abortos provocados” y recuerda que la Academia Vaticana anunció que “hoy día no es ya necesario obtener células de nuevos abortos voluntarios y que las líneas de células en las que las vacunas han sido basadas se derivan de dos líneas de fetos originalmente abortados en la década de los 60 del siglo pasado”

El director del Observatorio de Bióetica de la Universidad Católica de Valencia publicó recientemente un informe que consta de dos partes bien definidas: una científica en la que se aborda la situación de cómo se encuentran las investigaciones para la obtención de una vacuna contra la COVID-19, y en la que se especifica en qué vacunas se han utilizado para su producción líneas celulares obtenidas de fetos de abortos humanos provocados, y una segunda en la que se reflexiona desde un punto de vista moral sobre si estas últimas vacunas pueden ser o no utilizadas.

Vacuna de Moderna

Para este debate científico, Justo Aznar se apoya en el informe de la Organización Mundial de la Salud, de fecha 27 de mayo de 2020 y para el debate moral en dos informes de la Pontificia Academia para la Vida, publicado en 2005 y 2017.

A modo de conclusión, el experto en Bioética advierte que “solamente existe un ensayo clínico en fase 2, el de Moderna/NIAID en el que no se han utilizado células fetales”, es “posible que esté a disposición del público paralelamente a los dos ensayos en los que se han utilizado células de fetos humanos abortados”.

Llamamiento a la comunidad científica

Así, especifica que si en algún momento estuvieran disponibles estas 3 vacunas (las dos que utilizan células fetales de abortos provocados y la de Moderna), “indudablemente, desde un punto de vista moral, habría que utilizar la que no ha usado para su producción células de fetos de abortos humanos provocados”.

No obstante, el doctor Aznar recomienda encarecidamente que científicos, autoridades eclesiásticas, organizaciones sociales e incluso individuos particulares, animen “por todos los medios moralmente posibles, para que se pongan todos los esfuerzos necesarios en la consecución de vacunas en las que para su producción no se hayan utilizado células de fetos humanos de abortos provocados”.

A continuación, sigue la entrevista realizada a Justo Aznar, doctor en Medicina, experto en Bioética y miembro de la Pontificia Academia para la Vida.

***

zenit: ¿Por qué utilizan células fetales para investigar en vacunas? ¿Qué beneficios tiene?

Justo Aznar: Las células fetales son células muy indiferenciadas y por tanto, muy útiles para cultivar los virus, o algunas proteínas que ellos contienen, que después se utilizan para inmunizar a la persona que recibe la vacuna.

zenit: Desde una visión antropológica cristiana, ¿por qué no sería ético consumir una vacuna elaborada con células fetales de abortos provocados?

Justo Aznar: Si se utilizan directamente células de abortos provocados se está usando un medio moralmente ilícito para conseguir algo, aunque eso sea bueno. Nunca un medio ilícito puede cohonestar un fin lícito.

zenit: Según los dos informes publicados por la Pontificia Academia para la Vida (en 2005 y en 2017), los católicos podrán vacunarse “temporalmente” con esta vacuna (producida a partir de líneas celulares de fetos abortados). ¿Qué quiere decir esto?

Quiere claramente afirmar, que, si la vacuna producida con células fetales es la única existente en el mundo, podrá utilizarse mientras no exista otra que se haya producido sin utilizar este tipo de células. Se trata por tanto de una legitimación temporal de la licitud de su uso. Citando el informe de la Pontificia Academia para la Vida de 2017, hay que tener en cuenta que “la obligación moral de garantizar la vacunación para una cobertura de la salud de otros es no menos urgente”.

zenit: Cuando se encuentre la vacuna contra la COVID-19, hay expectativas de que se ponga a disposición de todos, también de los países del tercer mundo, ¿es probable que así sea?

Justo Aznar: Siempre, cuando hay fines lucrativos, por otro lado, lícitos, en la producción de algún fármaco, en este caso vacunas, es difícil saber si las organizaciones gubernamentales, firmas farmacéuticas o institutos de investigación que los producen, querrán reducir sus beneficios en aras de la solidaridad con los ciudadanos de países en vías de desarrollo, pero sería muy loable que así fuera.

zenit: De los 136 proyectos en marcha para la vacuna, solamente en seis se están utilizando, para la producción de la vacuna, líneas celulares obtenidas de fetos humanos de abortos provocados, según indica la revista Science. ¿Qué otras posibilidades existen en cuanto “materia prima” para investigar en una vacuna contra la COVID-19?

Justo Aznar: Ciertamente se están tratando de producir vacunas sin utilizar células fetales. Así los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, en colaboración con la empresa Moderna, están desarrollando una vacuna utilizando ARN, es decir sin requerir células de fetos humanos abortados. Otras compañías como Sandi, Inovo y Shenzhen GenoInmune Medical Institute, también lo están haciendo.

Además, si en nuestro último informe decíamos que son aproximadamente 136 los proyectos en marcha para intentar la consecución de una vacuna contra la COVID-19, y que de ellos solamente en 6 se utilizan células fetales, se puede deducir que las otras 130 estarán utilizando una vía alternativa al uso de esas células.

zenit: La enfermedad de COVID-19, además de este, ha planteado algunos dilemas éticos. Se habló también del “triaje” realizado en algunos hospitales de los países más afectados por la pandemia. ¿A qué otros conflictos éticos nos enfrentamos?

Justo Aznar: Ciertamente la necesidad de elegir a que enfermos se les pueden aplicar los remedios necesarios para tratarlos adecuadamente, cuando los recursos de los que disponen los profesionales de la salud son escasos, es un problema moral y profesional de muy difícil solución, pero esa es la realidad. Nosotros hemos estudiado en nuestro Observatorio este tema en un informe anterior.

zenit: ¿Cuál es el proceso de elaboración de una vacuna? En este caso, una vacuna contra un nuevo coronavirus apunta a nuevos desafíos para este proceso, ¿cuáles son?

Justo Aznar: Hay 6 pasos en el proceso de elaboración de una vacuna. En primer lugar: Identificación del patógeno, su ciclo vital, vías de transmisión, mecanismo de infectividad, factores de patogenia e identificación genética. En segundo lugar: Síntesis y producción del antígeno, biológico o de síntesis, para el ensayo. El tercer paso es hacer valorar los estudios preclínicos, como cultivos celulares e inoculación en animales de experimentación. En cuarto lugar, se llevan a cabo los estudios clínicos, en humanos, en tres fases:

-Fase I: Pequeña muestra (20-80 sujetos), con la que se evalúa la seguridad.

-Fase II: Muestra estadística mayor, con evaluación de la seguridad, inmunogenicidad (respuesta inmunológica), dosis, y pautas de administración.

-Fase III: Muestra estadística más amplia, de miles de personas. Se sigue evaluando la seguridad (efectos secundarios, contraindicaciones, interacciones) así como la eficacia.

Llegados al quinto punto, se procede a la precomercialización: Autorización sanitaria, producción, control de calidad. Completar este periodo implica unos dos años de trabajo. El plazo total desde el comienzo del proceso puede llevar una década y ,por último, hablamos de la comercialización: Control farmacoterapéutico, control de calidad constante sobre el proceso de fabricación.

En el caso del coronavirus, la peculiaridad fundamental del proceso es el acortamiento de estos plazos, en parte debido al avance en las técnica de identificación y edición genéticas y en parte al elevado número de equipos científicos que trabajan en el tema, además de la agilización de los trámites burocráticos necesarios para la autorización de las diferentes fases, dada la gravedad de la pandemia.

 

Gratis

 Daniel Tirapu 

Resurrecció de Cristo de El Greco.

photo_cameraResurrecció de Cristo de El Greco.

Dad gratis, lo que gratis recibisteis. Los hombres y las mujeres estamos hechos de mala pasta, de barro malo y qué difícil es querer sin esperar nada a cambio: ni prestigio, ni reciprocidad, ni asentimiento, ni favores.

Dios se nos da hasta la muerte gratuitamente. Nos pide permiso, a veces no , para querernos locamente y no se cansa de querer. Ese debería de ser el modo de querer a Dios y a los demás.

Cuando somos duros en nuestros juicios con los demás, vemos sus fallos manifiestos (paja en su ojo y una o dos vigas en el propio ojo), aunque queramos hacer las cosas bien ( por cierto es mejor quererlas hacer bien que mal), podemos estar siendo muy orgullosos espiritualmente.

 Por eso el Papa  nos recordaba  que hemos de ser intransigentes con el pecado, con el mal, pero comprensivos y amables con las personas. ¿Cuántas veces he de perdonar?, preguntó Pedro, ¿hasta siete veces?. Hasta setenta veces siete.  Mucho.

 

Datos para pensar y rezar

Ernesto Juliá 

photo_cameraRueda de prensa telemática de Fernando Giménez Barriocanal, Vicesecretario para Asuntos Económicos de la CEE.

Como todos los años, la Conferencia Episcopal de la Iglesia en España ha hecho pública la presentación de los datos de su labor correspondientes al año 2018. Una presentación detallada de su organización y de las tareas que lleva a cabo en los campos de la educación, de la caridad, del mundo hospitalario y centros de asistencia, y especialmente, de la vida sacramental.

Si comparamos las cifras con las correspondiente al año 2014, nos damos cuenta de realidades que, como buenos creyentes en Jesucristo, nos hacen pensar y nos invitan a rezar pidiendo al Señor que nos ilumine a todos en la misión de dar testimonio de nuestra Fe, y de manera muy particular, de luz a los obispos para llevar a delante en la Fe, en la Esperanza y en la Caridad, al pueblo de Dios que les ha sido encomendado.

El año 2014 ejercían su ministerio en todo el territorio de la península 18.813 sacerdotes; cuatro años después, ese número descendía a 17.337. O sea, 1.476 sacerdotes menos, y con más años sobre sus espaldas.

Los religiosos, hombre y mujeres, sumaban en total, 57.531. Hoy la cifra se ha convertido en 38.688. Lo que da una cifra que desciende en 18.843 personas.

Y quizá, lo que hace pensar y rezar más, son las cifra de los bautizados y de los matrimonios. En 2014 los bautizos llegaron a 240.282; sólo cuatro años después, descendieron a 193.394; 46.888 menos. En los matrimonios las cifras son semejantes: 52.495, hace seis años; y 41.875, hace dos años: 10.620 menos.

Sociólogos, analistas de todo tipo, se enfrentarán con estas realidades y tratarán de buscar, y de encontrar razones sociales, culturales, etc., para explicar, e incluso justificar este notable descenso. Y quizá habrá alguno de entre ellos que sugiera que la causa fundamental sea que la labor de la Iglesia no está adecuada a la realidad de los tiempos, a lo que la gente, especialmente la juventud dicen, quiere cambiar en la Iglesia, y no se cambia.

Aquí, en España, no se aprecia, podrán decir, unas posturas como en Alemania donde, aparte del escándalo de los abusos sexuales de los sacerdotes, hay un cierto número de obispos, eclesiásticos, que quieren convertir la Iglesia en una organización “sinodal” – si digo “parlamentaria” se entiende mejor-, en la que vale lo mismo el parecer de laicos y sacerdotes, hombres y mujeres, casados y divorciados, obispos y seminaristas, etc., para cambiar la fe y la moral, especialmente la referente a la castidad y sexto mandamiento de la Ley de Dios.

Por ese camino, lo que están consiguiendo es el abandono de la Iglesia de muchos católicos. Y se confirma, una vez, que el verdadero enemigo de Cristo y de la Iglesia está dentro de ella: es la falta de Fe de fieles laicos, de sacerdotes, de obispos.

La Iglesia fundada por Cristo y sobre la roca que es Pedro ha superado todos los obstáculos que se han presentado en su camino para que abandone la Fe en la divinidad de Cristo, la fe en la Vida eterna, la fe en los sacramentos que la fortalecen para desenmascarar al pecado, al diablo, y se convierta en una “religión” más, y abandone toda su moral, que es el camino para que el hombre alcance el Cielo.

Y ha superado todos esos obstáculos porque no ha dejado de convertir a la gente que se encuentra en su camino, no ha dejado de ser proselitista, en el sentido más sagrado del término, que es el de ayudar a los hombres a abrir su mente y su corazón a la Luz de Dios, Uno y Trino. No ha dejado de hablar de vivir la castidad, de llegar vírgenes al matrimonio, de abandonar toda práctica homosexual, del infierno y del cielo, de combatir el aborto y llamar a la vida en Dios.

Estas cifras quizá nos pueden ayudar a pensar un poco más en las verdades de la Fe en Cristo, Hijo de Dios hecho hombre que vive la muerte por nuestros pecados, que resucita y nos da la esperanza de resucitar con Él, y en Él.

ernesto.julia@gmail.com

 

 

La idea del divorcio inclina al deterioro

Ana Teresa López de Llergo

En la familia fundada en el principio de indisolubilidad, ambos se esfuerzan por mejorar la convivencia, por cuidarse mutuamente y resolver discordias.

Ante los asuntos excepcionales, es muy importante entender que se trata de circunstancias también excepcionales, y lo excepcional no es lo ordinario. Este es un criterio para tomar en cuenta cuando surgen circunstancias problemáticas en el matrimonio. El divorcio es un recurso extraordinario ante problemas conyugales verdaderamente graves y esas circunstancias problemáticas no siempre son graves.

Cuando se habla del divorcio como un recurso accesible y al alcance de cualquier problema, sin ninguna discriminación, el matrimonio también pierde consistencia. Por eso este asunto requiere explicarse con rectitud para que los contrayentes no lo contemplen como algo que resuelve todo tipo de problemas. Porque el divorcio en sí trae sus propios problemas.

Veremos algunos de los posibles deterioros que ocasiona el divorcio:

El más lógico no se muestra claramente sino que está como agazapado en la mente de quienes van a contraer matrimonio. Para quienes están verdaderamente enamorados consiste en saber que si se presentan problemas graves la solución está en el divorcio. De entrada rechazan los problemas graves porque ambos se quieren y piensan: eso no nos sucederá, todo lo superará el amor.

En estas personas se debilita la idea de arrostrar siempre todos los problemas, y aunque no se den cuenta, como no han definido lo que es grave, cualquier problema de enfermedad crónica, de falta de recursos económicos, o de cambio de lugar de trabajo a un sito menos civilizado puede considerarse grave. Con el paso del tiempo y la acumulación de cansancio cualquier molestia que se afrontaría bajo la consideración del matrimonio indisoluble, se vuelve grave y solamente solucionable con el divorcio.

Para personas superficiales que optan por el matrimonio como una experiencia pasajera, el divorcio les cae como anillo al dedo, porque disfrutarán de una compañía agradable mientras no haya puntos de vista que les suponga confrontarse o deterioro para sus proyectos personales. Cuando los haya, ambos ya estaban de acuerdo en que esa relación estorba y la disolverán “de modo civilizado”. Nunca captaron que en el matrimonio los proyectos personales siempre serán de dos.

Esta segunda postura deja ver claramente que la idea del divorcio es intrínsecamente antagónica al matrimonio porque empaña la realidad esencial de que el matrimonio afecta la totalidad de la vida de ambos contrayentes. No hay ningún otro contrato entre humanos que sea tan envolvente e incluyente.

En estas dos actitudes se difumina la importancia de una buena elección recíproca, se esquiva el diálogo sobre temas coyunturales y no se reflexiona sobre las respuestas que pueden desencadenar enfrentamientos. Así contraen nupcias con una serie de incógnitas que más o menos pronto explotarán. De alguna manera, los contrayentes tienen campos de desconfianza mutua. Además, esto propicia o matrimonios precipitados o matrimonios a prueba.

En estos casos, los hijos ven tan precarias las relaciones entre sus padres, ven tantos motivos de sufrimiento e inseguridad, que sin darse cuenta, dentro de ellos se va forjando una idea muy negativa del matrimonio, y en la adultez desecharán la idea de formar el suyo.

Además de los motivos que aparecen en los dos cónyuges, pueden presentarse circunstancias solamente en uno de los dos, de manera que quien propone el divorcio sorprende al otro que no veía problemas serios. Esto puede darse en quien, por motivos laborales extra familiares, encuentra a alguien sumamente afín, y alimenta la idea de que con esa persona encontrará un desarrollo más pleno. Y, tal vez eso sea cierto, pero profundamente injusto con quien contrajo matrimonio. Si no existiera el divorcio ni siquiera admitiría la idea. Existiendo esa posibilidad, verá factible su desarrollo profesional al margen del compromiso antes establecido.

En la familia fundada en el principio de indisolubilidad, ambos se esfuerzan por mejorar la convivencia, por cuidarse mutuamente y resolver discordias. También los hijos que quieren a ambos unidos, ayudan a resolver disgustos. Los hijos aprenden a cuidar la unión y a sortear los indispensables roces, con la evidencia de que sí se pueden mejorar las relaciones con la buena voluntad y el esfuerzo de todos.

La indisolubilidad provoca una actitud de lucha contra lo que desune, capacita para pedir perdón o perdonar, para sobreponerse al egoísmo y poner los medios para hacer felices a los demás. Se fomenta la ayuda mutua, el apoyo, la paciencia, la comprensión. El divorcio abre la puerta al abandono, a poner distancia y finalmente a la soledad. Por lo tanto, con el divorcio se fomentan la traición y las soluciones más indignas e injustas. Con la indisolubilidad se fomentan las virtudes, con el divorcio los vicios.

El divorcio provoca una sociedad decadente, afecta la psique de los divorciados y les hace experimentar sentimientos de rechazo, de inseguridad y de abandono. Para todas las dificultades conyugales, el divorcio sugiere la solución menos digna, menos noble.

La indisolubilidad busca el triunfo del deber cumplido, el divorcio el modo de evadir el deber, por eso, la sociedad que lo facilita llega a caer en una moralidad debilitada, con costumbres y legislación muy debilitada.

El divorcio, desdibuja la figura de padre y de la madre, y el sentido de pertenencia a una familia, por razones obvias, si alguno de los excónyuges, o los dos, conforman una nueva unión. La educación familiar se complica y, en la mayoría de los casos se pierde.

No hacen falta argumentos para darse cuenta que la proliferación de las rupturas familiares tiene a una niñez y juventud con muy escasos asideros y bastantes resentimientos. Una sociedad así predice muchos atropellos y gran pobreza de recursos para corregirlos.

 

Jun 17, 2020

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La personalidad madura

Lucía Legorretaaumentar tamaño de la fuente

No depende de tu edad el ser o no maduro, sino de qué tanto logres la armonía en tu forma de ser y de comportarte con los demás.

Te has preguntado ¿que hace que un hombre o una mujer tenga una personalidad madura? La madurez no depende de la edad como a veces pensamos. Un joven de apenas veinte años puede ser muy maduro, mientras que un adulto de sesenta años puede no serlo.

Comparto contigo algunos de los rasgos o componentes de una personalidad madura, con los cuales se logra vivir en armonía con uno mismo y con los demás, referidos en su mayoría por el Dr. Ernesto Bolio y Arciniega. Reflexiona cuáles si vives, o cuales necesitar fomentar:

- OBJETIVIDAD: es el adecuado aprecio de la realidad tanto interior como exterior: cuáles son tus virtudes y defectos; habilidades y limitaciones.

- AUTONOMÍA: capacidad de decidir por ti mismo; no dejarse llevar por “el qué dirán”, tener claro que hay que hacer y no quedar bien con todo mundo.

- CAPACIDAD DE AMAR: buscar el bien de forma madura para la persona a la que se ama, respetarlo, conocerlo y no convertirlo en objeto.

- SENTIDO DE RESPONSABILIDAD: se refiere a la capacidad de responder adecuadamente, es decir cumplir las obligaciones, pero con un sentido de vida.

- TRABAJAR PRODUCTIVAMENTE: ver al trabajo como un medio de realización personal y en beneficio de otros.

- VISION AMPLIA: es una persona que tiene intereses variados, que capta diferentes facetas de la realidad, en lo político, religioso, estético, económico y demás campos.

- SENTIDO ETICO: distinguir entre lo bueno y lo que es malo; hacer el bien y evitar el mal. No hacer a otros lo que no quieres que te hagan a ti.

- CAPACIDAD DE REFLEXIÓN: se cuestiona el porqué de sus actos, y hace donde está dirigida su vida.

- SENTIDO DEL HUMOR: reírse de las cosas y de la suya propia. Sin lastimar ni humillar, ser alguien amable y no desagradable.

- ARMONIA SEXUAL: colocar la sexualidad en el lugar apropiado y no utilizar a la otra persona.

- CAPACIDAD DE ENTABLAR AMISTADES PROFUNDAS: relaciones que enriquecen a ambas partes, sin intereses económicos, de poder o en beneficio personal.

- MANEJO DE EMOCIONES: contar con inteligencia emocional para el manejo, conocimiento y utilización adecuada de las emociones.

- CRITERIO: saber juzgar y discernir.

- FLEXIBILIDAD: mente abierta al cambio si supone una mejora.

- SEGURIDAD: en que vales por lo que eres y no por lo que tienes.

- MANEJARSE POR OBJETIVOS: saber cuál es tu fin y plantearte objetivos para lograrlo. Aprovechar bien tu tiempo.

- LIBERTAD: elegir lo que es mejor para tu persona con la inteligencia y la voluntad.

- MANEJO DE LA FRUSTRACIÓN: enfrentar y solucionar problemas. Sacar algo positivo de las situaciones difíciles.

¿Qué pensaste? ¿Cuál de estos rasgos que describen a una personalidad madura forman parte de tu vida? ¿cuáles tienes que adquirir o desarrollar? Recuerda, no depende de tu edad el ser o no maduro, sino de qué tanto logres la armonía en tu forma de ser y de comportarte con los demás.

 

 

Trabajo y descanso

La llamada divina a trabajar incluye la necesidad del descanso. Como se deduce del relato de la creación, «la alternancia entre trabajo y descanso, propia de la naturaleza humana, es querida por Dios mismo».

TRABAJO19/04/2016

«El hombre tiene que imitar a Dios tanto trabajando como descansando, dado que Dios mismo ha querido presentarle la propia obra creadora bajo la forma del trabajo y del descanso» [1].

Estas palabras de Juan Pablo II hacen referencia al relato de la Creación, primer «evangelio del trabajo» [2]. El autor sagrado, después de narrar cómo Dios, durante seis días, da la existencia al cielo, a la tierra y a todo su ornato, concluye: "Terminó Dios en el día séptimo la obra que había hecho, y descansó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó, porque ese día descansó Dios de toda la obra que había realizado en la creación" [3].

A partir de entonces, corresponde al hombre perfeccionar esa obra divina mediante su trabajo [4], sin olvidar que él es también criatura, fruto del amor de Dios y llamado a la unión definitiva con Él. El descanso del día séptimo, que Dios santifica, tiene para el hombre un hondo significado: además de una necesidad, es tiempo apropiado para reconocer a Dios como autor y Señor de todo lo creado, y anticipo del descanso y alegría definitivos en la Resurrección.

LA FAMILIA, ESPACIO ESPIRITUAL, ES UNA ESCUELA PARA APRENDER A DESCANSAR PENSANDO EN LOS DEMÁS.

Una vida que transcurriese sumergida en los afanes del trabajo, sin considerar el fundamento del que todo proviene y el sentido –el fin– hacia el que todo tiende, «correría el peligro de olvidar que Dios es el Creador, del cual depende todo» [5], y hacia el cual todo se orienta.

Hacer todo para la gloria de Dios –la unidad de vida– es vivir con fundamento sólido y con sentido y fin sobrenaturales, es descansar en la filiación divina dentro del propio trabajo y convertir el descanso en servicio a Dios y a los demás [6].

Situar el trabajo y el descanso

El trabajo es un don de Dios y la misma creación es ya una llamada [7]: el hecho de que Dios llame a la existencia a una criatura libre, y la cree por amor, lleva implícita una vocación a corresponder. El trabajo es ámbito de encuentro entre la libertad creadora de Dios y la libertad del hombre, lugar de respuesta, y por tanto de oración hecha obras y de contemplación. Viendo la mano de Dios en todas las cosas, y especialmente en los demás hombres y en sí misma, la criatura se esfuerza para llevar todo a la perfección querida por Dios, buscando así su propia plenitud.

La invitación divina a trabajar es consecuencia de un corazón de Padre que quiere contar con la colaboración de sus hijos. El esfuerzo que esa tarea conlleva ha de ser humilde, filial, respuesta de amor y no iniciativa autónoma que busque la propia gloria.

Se podría aplicar al trabajo aquella imagen de nuestro Padre, en la que un pequeño se acerca a un grupo pescadores que tiraban de la red con enorme fuerza: agarró la cuerda con sus manecitas y comenzó a tirar con evidente torpeza. Aquellos pescadores rudos, nada refinados, debieron de sentir su corazón estremecerse y permitieron que el pequeño colaborase; no lo apartaron, aunque más bien estorbaba [8].

Dios conoce bien a sus criaturas. Al mismo tiempo que nos invita a colaborar con Él, sabe que nuestra naturaleza es frágil y quebradiza. La llamada divina a trabajar incluye la necesidad del descanso. Como se deduce del relato de la creación, «la alternancia entre trabajo y descanso, propia de la naturaleza humana, es querida por Dios mismo» [9].

SABIENDO QUE SOMOS DE DIOS Y QUE NO NOS PERTENECEMOS, TENEMOS LA RESPONSABILIDAD DE CUIDAR LA SALUD, DE ESTAR EN CONDICIONES DE DAR A DIOS TODA LA GLORIA.

Esta necesidad parte, en primer lugar, de la limitación física. Sobrestimar las propias fuerzas o un espíritu de sacrificio mal entendido podrían dar lugar a daños en la salud que Dios no quiere y que, a la larga, condicionarían la disponibilidad para servirle. Sin embargo, en algún momento, el Señor puede pedirnos mayor desgaste, situaciones que exijan un desprendimiento heroico incluso de la propia salud para cumplir su Voluntad.

Don Álvaro, saliendo a la calle con cuarenta grados de fiebre para buscar medios económicos, mientras se levantaban los edificios de Villa Tevere, es un ejemplo de ese amor sin condiciones.

Pero, por el mismo motivo –servir a Dios–, es bueno dedicar el tiempo necesario al descanso, como nuestro Padre ha señalado en numerosas ocasiones: Me parece, por eso, oportuno recordaros la conveniencia del descanso. Si llegara la enfermedad, la recibiremos con alegría, como venida de la mano de Dios; pero no podemos provocarla con nuestra imprudencia: somos hombres, y necesitamos reponer las fuerzas de nuestro cuerpo [10].

Sería una pena que, pudiendo descansar, mermaran las fuerzas por falta de reposo. Sabiendo que somos de Dios y que no nos pertenecemos, tenemos la responsabilidad de cuidar la salud, de estar en condiciones de dar a Dios toda la gloria.

El descanso es también una necesidad espiritual, «es una cosa sagrada, siendo para el hombre la condición para liberarse de la serie, a veces excesivamente absorbente, de los compromisos terrenos y tomar conciencia de que todo es obra de Dios» [11].

Salir de las exigentes solicitaciones –plazos, proyectos, riesgos, incertidumbres– que demanda el trabajo profesional, facilita el sosiego necesario para redimensionar la existencia y la propia tarea.

Saber despegarse periódicamente de esos reclamos supone, en ocasiones, un acto de abandono en el Señor, y contribuye a relativizar la importancia material de lo que hacemos, «persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio» [12].

Trabajamos por fidelidad, por amor, para que Dios se sirva –ha querido servirse– de nuestra entrega, sin atribuirnos la eficacia: ni el que planta es nada, ni el que riega, sino el que da el crecimiento, Dios [13]. La interrupción de la tarea habitual ayuda a valorar la desproporción entre nuestra aportación personal y los frutos de santidad y de apostolado que produce.

Si somos objetivos, con la objetividad que dan la fe y el trato con el Señor, veremos que también el esfuerzo que ponemos en el trabajo es don de Dios que sostiene, guía y empuja. El trabajo profesional –en el laboratorio, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia–, siendo el eje de la santidad, y la actividad que de algún modo estructura la existencia, no debe absorber otras facetas igualmente importantes.

«Por tanto, si después de seis días de trabajo el hombre busca un tiempo de distensión y de más atención a otros aspectos de la propia vida, esto responde a una auténtica necesidad, en plena armonía con la perspectiva del mensaje evangélico» [14]. Dedicar tiempo a la familia, a los amigos; emplearlo para incrementar la formación y la cultura y para tratar al Señor con más calma suponen también excelentes ocasiones para buscar la santidad en las que «las preocupaciones y las tareas diarias pueden encontrar su justa dimensión: las cosas materiales por las cuales nos inquietamos dejan paso a los valores del espíritu; las personas con las que convivimos recuperan, en el encuentro y en el diálogo más sereno, su verdadero rostro» [15].

El descanso responde también, por tanto, a la necesidad de vigilar, de pararse a rectificar el rumbo para poner a Dios en el centro y descubrirle en los demás. Las Convivencias, un paseo con la familia, los ratos de oración, las tertulias, los tiempos de retiro..., cada uno de estos ejemplos, a su modo, está en consonancia con esa necesidad y contiene notas esenciales de lo que significa descansar con sentido.

Reponer fuerzas en el cuerpo y en el espíritu: un cambio de actividad –el descanso no es no hacer nada–, que se distancia de las preocupaciones diarias, situándolas en su justa medida.

Esto es particularmente importante en ambientes donde una competitividad desmesurada, movida muchas veces por el deseo de gloria humana, tiende a absorber tal cantidad de tiempo y energías que hacen difícil atender otras obligaciones. El obrar de Dios es el modelo del obrar humano. Si Dios tomó respiro el día séptimo, también el hombre debe reponerse y hacer que quienes están a su lado, especialmente los más necesitados, recobren aliento [16].

«En esta perspectiva, el descanso dominical y festivo adquiere una dimensión profética, afirmando no sólo la primacía absoluta de Dios, sino también la primacía y la dignidad de la persona en relación con las exigencias de la vida social y económica, anticipando, en cierto modo, los cielos nuevos y la tierra nueva, donde la liberación de la esclavitud de las necesidades será definitiva y total. En resumen, el día del Señor se convierte así también, en el modo más propio, en el día del hombre» [17].

Anticipo de la Resurrección

Con la plenitud de la Revelación, en Cristo, el trabajo y el descanso alcanzan una comprensión más plena, insertados en la dimensión salvadora: el descanso como anticipo de la Resurrección ilumina la fatiga del trabajo como unión a la Cruz de Cristo.

«Mi Padre sigue obrando todavía... (Jn 5, 17); obra con la fuerza creadora, sosteniendo en la existencia al mundo que ha llamado de la nada al ser, y obra con la fuerza salvífica en los corazones de los hombres, a quienes ha destinado desde el principio al descanso (Hb 4, 1; 9-16) en unión consigo mismo, en la casa del Padre (Jn 14, 2)» [18].

Así como en Cristo, Cruz y Resurrección forman una unidad inseparable, aunque sean dos acontecimientos históricos sucesivos, análogamente, el trabajo y el descanso deben estar integrados en unidad vital. Por eso,más allá de la sucesión temporal, del cambio de ocupación que supone el descanso respecto al trabajo, se descansa en el Señor, se descansa en la filiación divina.

Esta nueva perspectiva introduce el descanso junto al propio trabajo, como una tarea filial, sin quitar al trabajo lo que tiene de esfuerzo y fatiga. Lo que queda excluido es otro género de cansancio bien distinto, que se deriva de trabajar por el orgullo de buscar como meta suprema la afirmación personal, o de trabajar sólo por motivos humanos. Ese cansancio, Dios no lo quiere: En vano madrugáis, y os vais tarde a descansar los que coméis el pan de fatigas [19].

Descansad, hijos, en la filiación divina. Dios es un Padre, lleno de ternura, de infinito amor. Llamadle Padre muchas veces, y decidle –a solas– que le queréis, que le queréis muchísimo: que sentís el orgullo y la fuerza de ser hijos suyos [20].

Esa fuerza de ser hijos de Dios conduce a un trabajo más sacrificado, a una mayor abnegación, hasta abrazar la Cruz de cada día con la fuerza del Espíritu Santo, para cumplir ahí la Voluntad de Dios, sin desfallecer; permite trabajar sin descanso, porque el cansancio del trabajo pasa a ser redentor. Entonces, vale la pena empeñarse con todas las energías en la tarea porque ya no sólo se están obteniendo frutos materiales, sino que se está llevando el mundo a Cristo.

Cuando se trabaja con esa disposición, más allá del esfuerzo humano de hacer fructificar los talentos, aparece el fruto sobrenatural de paz y alegría: Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor [21], y la fecundidad apostólica: Muy bien, siervo bueno, porque has sido fiel en lo poco, ten potestad sobre diez ciudades [22].

Por lo tanto, el trabajo «no puede consistir en el mero ejercicio de las fuerzas humanas en una acción exterior; debe dejar un espacio interior, donde el hombre, convirtiéndose cada vez más en lo que por voluntad divina tiene que ser, se va preparando a aquel “descanso” que el Señor reserva a sus siervos y amigos» [23].

En el episodio de la Transfiguración se narra que seis días después de anunciar su Pasión y muerte, Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los condujo a un monte alto, a ellos solos. Y se transfiguró ante ellos [24]. Santo Tomás, comentando este pasaje, relaciona el día séptimo en el que Dios descansó de la obra creadora con el séptimo día –seis días después– en que el Señor se manifestó a sus discípulos para mostrarles un anticipo de la Resurrección gloriosa, para que, levantando la mirada, no se quedasen en una visón terrena [25]. Los tres discípulos, admirados ante la contemplación de la gloria, ante la presencia del fin al que están llamados, expresan la alegría de descansar en el Señor y con el Señor: qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas [26] –afirma Pedro–, viviendo anticipadamente la alegría y la paz del Cielo. Ese momento no iba a perpetuarse todavía. Sin embargo, la luz y la paz del Tabor serán fuerza para continuar el camino que, pasando por la Cruz, conduce a la Resurrección.

También nosotros hallamos descanso en el abandono filial: la paz y la serenidad de quien sabe que detrás del cansancio, las dificultades y las preocupaciones propias de nuestra condición terrena, hay un Padre eterno y omnipotente, que nos sostiene. Trabajar con visión de eternidad evita preocupaciones inútiles y desasosiegos infecundos y anima cualquier tarea con el deseo de ver definitivamente el rostro de Cristo.

TRABAJAR CON VISIÓN DE ETERNIDAD EVITA PREOCUPACIONES INÚTILES Y DESASOSIEGOS INFECUNDOS.

Santificar el descanso, y especialmente el domingo –paradigma del descanso cristiano que celebra la Resurrección del Señor–, ayuda a descubrir el sentido de eternidad y contribuye a renovar la esperanza: «el domingo significa el día verdaderamente único que seguirá al tiempo actual, el día sin término que no conocerá ni tarde ni mañana, el siglo imperecedero que no podrá envejecer; el domingo es el preanuncio incesante de la vida sin fin que reanima la esperanza de los cristianos y los alienta en su camino» [27].

Santificar el descanso y las diversiones

Los primeros cristianos vivían su fe en un ambiente hedonista y pagano. Desde el principio, se dieron cuenta de que no se puede compatibilizar el seguimiento de Cristo con formas de descansar y de divertirse que pervierten y deshumanizan.

San Agustín, en referencia a espectáculos de este tipo, decía en una homilía: «Niégate a ir, reprimiendo en tu corazón la concupiscencia temporal, y mantente en una actitud fuerte y perseverante» [28]. No es extraño que se repitan ahora, en ambientes neopaganos, manifestaciones clamorosas de esa indigencia espiritual.

Es preciso discernir «entre los medios de la cultura y las diversiones que la sociedad ofrece, los que estén más de acuerdo con una vida conforme a los preceptos del Evangelio» [29].

No se trata de permanecer en un ambiente cerrado. Es necesario ponerse en marcha, con iniciativa, con valentía, con verdadero amor a las almas, de modo que cada uno nos esforcemos para transmitir en los ambientes sociales el sentido y el gozo cristiano del descanso. Como nos recordaba don Álvaro, es una labor importante para cada uno la creación de lugares en los que impere un tono cristiano en las relaciones sociales, en las diversiones, en el aprovechamiento del tiempo libre [30].

Jesús, María y José nos muestran cómo hay en la vida familiar tiempo para el descanso y para la fiesta: iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua [31]. La familia, espacio espiritual, es una escuela para aprender a descansar pensando en los demás. Para ello conviene programar bien las vacaciones, emplear los tiempos de descanso para estar con los hijos, para conocerles bien y conversar con ellos, para jugar con los más pequeños...

ES PRECISO APRENDER A PASARLO BIEN EN FAMILIA, SIN CAER EN LA SOLUCIÓN FÁCIL DE DEJAR A LOS MÁS JÓVENES SOLOS FRENTE AL TELEVISOR O NAVEGANDO EN INTERNET.

Es preciso aprender a pasarlo bien en familia, sin caer en la solución fácil de dejar a los más jóvenes solos frente al televisor o navegando en Internet. En este sentido, seleccionar en la televisión cuáles son los programas más interesantes y verlos junto a los hijos, o enseñar a utilizar el ordenador con sobriedad, sabiendo en cada momento para qué se usa –principalmente como herramienta de trabajo–, adquieren hoy una importancia no pequeña.

El Evangelio de San Lucas muestra también cómo el niño Jesús, movido por el Espíritu Santo, aprovecha la subida a Jerusalén con motivo de la fiesta de la Pascua para iluminar a los hombres: Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de sus respuestas [32].

El descanso no es una interrupción de la tarea apostólica. Al contrario, abre nuevas posibilidades, nuevas ocasiones de profundizar en la amistad y conocer personas y ambientes a los que llevar la luz de Cristo.

El Concilio Vaticano II anima a todos los cristianos a esta imponente labor: a cooperar «para que las manifestaciones y actividades culturales colectivas, propias de nuestro tiempo, se humanicen y se impregnen de espíritu cristiano» [33].

La Iglesia está necesitada de personas que actúen, con mentalidad laical, en este campo de la nueva evangelizaciónUrge recristianizar las fiestas y costumbres populares. –Urge evitar que los espectáculos públicos se vean en esta disyuntiva: o ñoños o paganos. Pide al Señor que haya quien trabaje en esa labor de urgencia, que podemos llamar “apostolado de la diversión” [34].


1. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

2. Ibid.

3. Gn 2, 1-3.

4. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 307.

5. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

6. A solas con Dios, n. 29.

7. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2566.

8. Amigos de Dios, n.14.

9. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

10. De nuestro Padre, Carta 15-X-1948, n. 14.

11. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

12. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

13. 1 Cor 3, 7.

14. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 67.

15. Ibid.

16. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2172.

17. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 68.

18. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

19. Sal 127 [126], 2.

20. A solas con Dios, n. 221.

21. Mt 25, 21 y 23.

22. Lc 19, 17.

23. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

24. Mt 17, 1-4.

25. Cfr. Santo Tomás, In Matth. Ev., XVII, 1.

26. Mt 17, 4.

27. Cfr. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 26.

28. San Agustín, Sermo 88, 17.

29. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 68.

30. Don Álvaro, Cartas de Familia (1), n. 386.

31. Lc 2, 41.

32. Lc 2, 47.

33. Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 61.

34. Camino, n. 975.

 

 

La ecología es un tema cristiano

 

Llega el verano en el hemisferio norte y medio mundo busca lugares de esparcimiento y de descanso. El contacto con la naturaleza es de por sí profundamente regenerador, así como la contemplación de su esplendor de paz y serenidad. La Biblia habla a menudo de la bondad y de la belleza de la creación, llamada a dar gloria a Dios. Quizá más difícil, pero no menos intensa, puede ser la contemplación de las obras del ingenio humano. También las ciudades pueden tener una belleza particular, que debe impulsar a las personas a tutelar el ambiente de su alrededor. Una buena planificación urbana es un aspecto impor­tante de la protección ambiental, y el respeto por las características morfológicas de la tierra es un requisito indispensa­ble para cada instalación ecológicamente correcta. Por último, no debe descuidarse la relación que hay entre una adecuada educación estética y la preservación de un ambiente sano[1].

 

La ecología interesa al hombre, a todos los hombres. Es un tema humano y, por tanto, un aspecto que importa al cristiano más que a nadie. Los ciudadanos que tienen un sentir cristiano, católico o no, son del mismo rango que cualquier otro, sencillamente porque no hay hombres de segunda categoría. ¿Acaso no están pidiendo perdón los diversos Estados de América por la aberración cometida aceptando la esclavitud? Es más, la tan extendida esclavitud de la antigüedad comienza su declive o empieza a ser mal mirada gracias al cristianismo y para ello basta leer la carta de San Pablo a Filemón. Allí se le pide que acoja a su huido esclavo Onésimo con el afecto de hijo querido. A los cristianos todo lo humano nos interesa y nos afecta, ya sean los problemas de la paz amenazada a tan frecuentemente con la pesadilla la de guerra como el vilipendio de los derechos humanos fundamentales de tantas personas, especialmente de los niños.

 

Hay entre estos temas uno que ocupa de modo especial sensibilidad de los habitantes del planeta: la ecología. ¿Podemos quedar al margen ante las perspectivas de un desequilibrio ecológico, que hace inhabitables y enemigas del hombre vastas áreas del planeta? Es evidente que no. En ninguna de las muchas urgencias que emergen hoy en el mundo puede el espíritu cristiano permanecer insensible. Entre estas hemos de incluir la cuestión ecológica en su más amplio contexto por ser una de las fuentes que causan la paz en la sociedad humana. Es preciso darse cuenta mejor de lo importante que es prestar atención a lo que nos revela Dios en creación: la tierra, la atmósfera y todo lo que en el universo existe posee un orden que ha de respetarse.

 

El mensaje esencial que ha propuesto el Papa en su viaje a Australia toca también este aspecto. De camino a Sydney decía: “quisiera concentrar mi mensaje precisamente en esta realidad del Espíritu Santo, que se presenta en varias dimensiones: es el Espíritu que actúa en la Creación. La dimensión de la Creación está muy presente, pues el Espíritu es creador”[2]. La persona humana, dotada de la posibilidad de libre elección, tiene una grave responsabilidad en la conservación de este orden, incluso con miras al bienestar de las futuras generaciones. La crisis ecológica –decía Juan Pablo II– es un problema moral. Incluso los hombres y las mujeres que no tienen particulares convicciones religiosas, por el sentido de sus propias responsabilidades ante el bien común, reconocen su deber de contribuir al saneamiento del ambiente. Con mayor razón aun, los que creen en un Dios creador, y, por tanto, están convencidos de que en el mundo existe un orden bien definido y orientado a un fin, deben sentirse llamados a interesarse por este problema. Los cristianos, en particular, descubren que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la naturaleza y el Creador forman parte de su fe[3].

 

Ahora que tantos disfrutan de un merecido descanso, conociendo y contemplando parajes maravillosos, que sienten la fascinación de la belleza de la creación, vale la pena hacer estas consideraciones. Porque no podemos soslayar que la ciencia moderna tiene, por desgracia, la capacidad de modificar el ambiente con fines hostiles, y que podría con su indebida manipulación alcanzar, a la larga, efectos imprevisibles y muy graves. Ciertamente se hacen determinados acuerdos internacionales para defender el planeta. De hecho, una de las decisiones del último G8 que tuvo lugar en Japón ha sido la protección ecológica como modo de luchar contra los cambios climáticos. Pero, ¿son o no son adecuadas las medidas tomadas?, preguntaban a Benedicto XVI.  “Ciertamente este problema estará muy presente en esta JMJ, pues hablamos del Espíritu Santo y, por tanto, hablamos de la Creación y de nuestras responsabilidades con la Creación. No pretendo entrar en las cuestiones técnicas que políticos y especialistas tienen que resolver, sino más bien dar impulsos esenciales para ver la responsabilidad, para ser capaces de responder a este desafío: redescubrir en la Creación el rostro del Creador, redescubrir nuestra responsabilidad ante el Creador, por la Creación que nos ha confiado, formar la capacidad ética en un estilo de vida que hay que asumir si queremos afrontar los problemas de esta situación y si queremos realmente llegar a soluciones positivas. Por tanto, despertar las conciencias y ver el gran contexto de este problema, en el que después se enmarcan las respuestas detalladas que no debemos dar nosotros, sino la política y los especialistas”[4].

 

Pero hay que sentar bien las bases de todo problema humano para alcanzar la adecuada solución, pues aunque se prohíba la guerra química, bacteriológica o biológica, de hecho en los laboratorios se sigue investigando para el desarrollo de nuevas armas ofensivas, capaces de alterar los equili­brios naturales. Entonces, ¿dónde está la buena voluntad? Palabras, apariencia, dialéctica. Es verdad que cualquier forma de guerra a escala mundial causaría daños ecológicos incalculables pero incluso las guerras loca­les o regionales, por limitadas que sean, no solo destruyen vidas humanas y merman las estructuras sociales, sino que dañan la tierra, destruyendo las cosechas y la vegetación, en­venenan los terrenos y las aguas. Muchos descubrimientos re­cientes han producido innegables beneficios a la humanidad; es más, ellos manifiestan cuán noble es la vocación del hom­bre a participar responsablemente en la acción creadora de Dios en el mundo. Sin embargo, se ha constatado que la aplicación de algunos descubrimientos en el campo industrial y agrícola produce, a largo plazo, efectos negativos. Todo esto ha demostrado crudamente cómo toda intervención en un área del ecosistema debe considerar sus consecuencias en otras áreas y, en general en el bienestar de las generaciones futuras.

 

Hay que ir a la raíz. La sociedad actual no hallará una solución al problema ecológico si no revisa seriamente su estilo de vida. En muchas partes del mundo esta misma sociedad se inclina al hedonismo y al consumismo a la par que permanece indiferente a los daños que estos causan. Juan Pablo II ya aludió, con insistencia, a cómo la gravedad de la situación ecológica demuestra la profunda crisis moral del hombre. Si falta el sentido del valor de la persona y de la vida humana, aumenta el desinterés por los demás y por la tierra. La austeridad, la templanza, la autodisciplina y el espíritu de sacrificio deben conformar la vida de cada día a fin de que la mayoría no tenga que sufrir las consecuencias nega­tivas de la negligencia de unos pocos[5]. Hay, pues, una urgente necesidad de educar en la responsabilidad ecológica: responsabilidad con nosotros mismos y con los demás, responsabilidad con el ambiente. La verdadera educación de la responsa­bilidad conlleva una conversión autentica en la manera de pensar y en el comportamiento. La primera educadora, de todos modos, es la familia, en la que el niño aprende a res­petar al prójimo y amar la naturaleza[6].

 

Algunos elementos de la presente crisis ecológica reve­lan de modo evidente su carácter moral. Entre ellos hay que incluir, en primer lugar, la aplicación indiscriminada de los ade­lantos científicos y tecnológicos.       La disminución gradual de la capa de ozono y el conse­cuente efecto invernadero han alcanzado ya dimensiones criticas debido a la creciente difusión de las industrias, de las grandes concentraciones urbanas y del consumo energético. Los residuos industriales, los gases producidos por la combustión de carburantes fósiles, la deforestación incontrolada, el uso de algunos tipos de herbicidas, de refrigerantes y propul­sores; todo esto, como es bien sabido, deteriora la atmósfera y el medio ambiente. De ello se han seguido múltiples cambios meteorológicos y atmosféricos, cuyos efectos van desde los daños a la salud hasta el posible sumergimiento futuro de las tierras bajas.

 

El respeto a la vida y a la dignidad de la per­sona humana en primer lugar ha de ser la norma fundamental inspiradora de un sano pro­greso económico, industrial y científico. Por muy evidente que sea el complejo problema ecológico hay que empezar por lo básico: primero defender al hombre, después al animal y el entorno. Asistimos a la injusticia de ver como unos pocos privilegiados siguen acumulando bienes superfluos, despilfarrando los recursos disponibles, cuando una gran multitud de personas vive en condiciones de miseria, en el más bajo nivel de supervivencia. Y es la misma dimensión dramática del desequilibrio ecológico la que nos enseña ahora como la avidez y el egoísmo, individual y colec­tivo, son contrarios al orden de la creación, que implica también la mutua interdependencia[7].

 

 

Pedro Beteta López

Doctor en Teología y en Bioquímica

 


[1] Cfr. Juan Pablo II, Discurso, 8-XII-1989 

[2] Benedicto XVI responde a Lucio Brunelli, periodista de la RAI

[3] Cfr. Juan Pablo II, Discurso, 8-XII-1989 

[4] Respuesta dada a la pregunta de Martine Nouaille por Benedicto XVI a la periodista de Agence France Presse.

[5] Cfr. Juan Pablo II, Discurso, 8-XII-1989

[6] Ibidem.

[7] Ibidem.

 

Creemos que la vida comienza en la concepción

El tratado sobre los derechos del niño no menciona la salud y los derechos sexuales y reproductivos ni el aborto, pero el personal de las Naciones Unidas incluye el aborto en la programación de la salud sexual y reproductiva. El comité que supervisa el cumplimiento del tratado de los niños ha instado a las naciones a liberalizar sus leyes sobre el aborto. Si bien la salud sexual y reproductiva se menciona como una meta en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, las naciones los aceparon solo en los términos previamente acordados, que excluían el aborto, la controvertida “educación sexual integral” de los niños y los “derechos sexuales”.

La organización Save the Children, miembro de Joining Forces, copatrocinó un evento el otoño pasado en el Wilson Center de Washington, durante el cual analizó diferentes formas de explotar las situaciones humanitarias para cambiar las normas sociales, incluidas las relativas a la salud sexual y reproductiva.

Sheryl Watkins,  directora de comunicaciones de World Vision (organización caritativa cristiana de 70 años de antigüedad), respondió en nombre de esta en un correo electrónico: “El comunicado y los anexos que nos mostró Friday Fax eran un borrador. A petición de World Vision, el discurso proaborto fue eliminado. World Vision es provida. Creemos que la vida comienza en la concepción, y World Vision no facilita ni recomienda a las mujeres que aborten, ni que recurran a métodos de control que han demostrado ser abortivos”. Watkins no confirmó al cierre de la edición que “salud y derechos sexuales y reproductivos”, expresión utilizada para incluir el aborto en la programación humanitaria de la Unión Europea, fuese también eliminada de las recomendaciones finales.

“Plan Internacional”, también miembro de Joining Forces además de pertenecer a un consorcio de doce organizaciones de cooperación de primer nivel, envió unos días después un comunicado adicional en el que avisaba a los ministros de exteriores europeos que “el mayor acceso a los servicios de información de salud sexual y reproductiva —incluyendo la anticoncepción, el aborto seguro y los medicamentos para el VIH— agravarán aún más los riesgos para la salud y la vida de las niñas y las mujeres”.

El programa de ayuda de la Unión Europea, dotado con 17.000 millones de dólares, reorientará el apoyo presupuestario directo existente, así como los préstamos y garantías del Banco Europeo de Inversiones y del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, según afirma el director de asuntos exteriores de la Unión Europea, Josep Borrell. Un tercio de la ayuda está destinada a las naciones africanas.

Jesús D Mez Madrid

 

 

“Carta a los católicos chinos”

Tras el rezo del Regina Coeli, el Papa Francisco quiso dirigirse el domingo día 24 de mayo a los católicos de China para transmitirles un mensaje de esperanza particular en este tiempo tan cargado de dificultades. Precisamente esa misma semana conocíamos la muerte de tres obispos chinos, que han fallecido en los últimos meses, y que tenían en común el haber sido perseguidos y encarcelados por no hincar la rodilla ante el régimen comunista.

Anunciada en 2007 por Benedicto XVI con la “Carta a los católicos chinos”, desde entonces cada 24 de mayo, en la fiesta de María Auxilio de los Cristianos, especialmente venerada en el santuario de “Nuestra Señora de Sheshan”, cerca de Shangai, la Iglesia celebra un día de oración por China. La atención a China, durante el pontificado de Francisco, ha sido constante, incluyendo la histórica firma del Acuerdo provisional en 2018, punto de llegada de un largo viaje, repleto de dificultades, pero sobre todo punto de partida para arrancar una nueva fase de mayor colaboración y cercanía por el bien de toda la comunidad. Desde el inicio de la pandemia, por ejemplo, se han intensificado las muestras recíprocas de solidaridad entre China y la Santa Sede, con donaciones mutuas de material para la protección de la salud.

Jesús Domingo Martínez

 

 

El parlamento de los hipócritas, el dinero gratis, y más

 

EL PARLAMENTO DE LOS HIPÓCRITAS Y LOS BRUTOS: El insulto o el contra insulto, no son otra cosa que llenar de más mierdaa la ya muy enmierdada "dictadura-democracia-tiranía española.  Remover a los muertos es algo que por lo tan empleado en esta España, ya es de bochorno. "El látigo de la inteligencia no necesita esas miserias para fustigar a tanto mercenario, sanguijuela, vampiro, como nos está devorando"; y el intelectual que se precie debe saber usar nuestro riquísimo idioma, que puede producir, "píldoras, sino mortales, pero sí muy dañinas para los hígados de estos inútiles que nos han arruinado y que nos siguen arruinando". En cuanto a borrar de las actas parlamentarias, ciertas frases o textos, por capricho de una presidenta, que mejor que estar allí, debiera dedicarse, “al cultivo de gusanos de seda, o de ostras comestibles o perlíferas”, por lo que debiera ser echada de ese parlamento, a escobazos y suprimirle de inmediato, la “dulce y gran paga, que no merece en absoluto”. La libertad nos la dimos con la Constitución, y si se rebasa ella, son los jueces y las leyes vigentes los que tienen que intervenir, no “esta dictadora pseudopresidenta de un órgano que le viene ancho, muy ancho”.

DINERO PARA SALVAR DESASTRES: “El gordo de la lotería del Euromillones cayó ayer, un caluroso 27 de mayo de 2020, en La Moncloa, residencia oficial del Gobierno de Pedro & Pablo, en forma de una lluvia de millones que, dentro de un programa de reconstrucción que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentó al Parlamento Europeo, corresponderán a España: nada menos que 77.000 millones en ayudas no reembolsables (a fondo perdido) y otros 63.000 en forma de créditos. En total, 140.000 millones del ala”. Jesús Cacho, en Vozpópuli del 28-05-2020.

En la España actual, de "salteadores de caminos y otros bandidos, fulleros, malversadores, inútiles y parásitos, encabezados por un gobierno ya indeseable como se demuestra en las manifestaciones en la calle, balcones, y charlas de la mayoría de españoles"... poner dinero en sus manos, es algo que simplemente, "da miedo al que de verdad piensa en economía, progreso e inversiones productivas"; se dice que los europeos, "van a atar y bien atado todo", ojalá sea así; y por descontado, los destinos de ese dinero, no los deben disponer los políticos solos, se necesitan muchos más cerebros y de fuera de la política y el dinero. En definitiva, se necesita mucha honradez y mucha inteligencia para emplearlos vien empleados.

 

“Nissan cierra su fábrica de Barcelona y deja en la calle a 3.000 empleados: La compañía nipona ha hecho público el anuncio que comunicó a su directiva y al Ministerio de Industria la pasada noche: cierra su planta de Barcelona y deja en la calle a 3.000 empleados”. (Vozpópuli 28-05-2020)

No debe preocuparnos lo que hacen las multinacionales, puesto que, "van y vienen según les conviene"; lo preocupante es los cientos de miles de autónomos y pequeños comerciantes o industriales, que agotados sus recursos, simplemente van a cerrar y desaparecer de la economía nacional. Y no olvidemos que más del noventa por ciento de los empleos, los producen ellos. no los que nos presentan como grandes, que son en definitiva "grandes buitres".

 

RESPUESTA A UN LECTOR QUE ME ESCRIBE: EL SIGNIFICADO DE LAS PALABRAS Y LA REALIDAD: Sí, tus reflexiones son buenas, pero los que mandan, "retuercen las palabras" y hacen lo que les da la gana, ya que para ello cuentan con las fuerzas de dominio. El pueblo somos impotentes e indefensos, y cuando lo han removido a una revolución, al final se hace con ella, "una nueva casta de explotadores". En cuanto a lo necesario e imprescindible, es todo "lo útil" al ser humano, y desde, "la medicina y alimento, hasta el enterrador que lo sepulta después de muerto"; el ser humano nace para ser social, pero no encuentra la forma social que convenga o conforme a todos, y hasta aquí, ha sido y son, sociedades explotadoras todas ellas; de ahí las luchas continuas por las injusticias. Cordialmente:

 

“TODO HA IDO A PEOR Y AHORA LA RUINA SE CIERNE SOBRE EL PAÍS

Sánchez lleva un año, 11 meses y 27 días en La Moncloa: ¿puede usted citar algo que haya mejorado para los españoles? Begoña Gómez, su mujer, encontró un trabajo en el Centro de Estudios Africanos, Pablo Iglesias accedió a una suntuosa mansión y Podemos ha logrado meter un consejero en Enagás a razón de 16.000 euros al mes”. (Periodista Digital 29-05-2020)

 

Si los historiadores que escriban con verdad ese período, será reflejado como uno de los más negros, de esta pobre España, que tantos ha sufrido. Y como lo viví, me atrevo a vaticinar, que a muchos les espera un período similar al que sufrimos, "los desamparados que vivimos la posguerra civil de 1936-1939"; donde un simple "canto de pan con aceite y sal", llegó a ser inalcanzable y como un manjar inolvidable; puesto que lo sé por cuanto lo "disfruté". Malditos sean LOS MALDITOS POLÍTICOS CULPABLES DE TODOS LOS DESASTRES.

“Podemos flirtea con las puertas giratorias: así es el asesor que han enchufado en Enagás: Cristóbal Gallego, representante de la formación de Pablo Iglesias en la comisión de expertos en Transición Energética, aterriza en el consejo más politizado del Ibex 35. Un cargo que se remunera con 160.000 euros al año. (Vozpópuli 29-05-2020)…     

A este enchufado, Pablo Iglesias, podía haberlo puesto en la lista del "sueldo de limosna que quieren darle al resto de españoles". Pero éste ya se ha declarado como lo que es, un sediento de PODER ABSOLUTO,  y que se asociará a quién sea y como sea, pero con la única intención de pisotearlo después; y llegar al mando absoluto y tiránico que pretende; y el que no vea ello es que o está ciego, o es que, "el estómago necesita lo que esté recibiendo y espera recibir". Por tanto ojo con él, que nos lleva a un sistema del que ya la historia ha recogido sus muchas miserias y desastres.

Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)

 

 

vivimos la posguerra civil de 1936-1939"; donde un simple "canto de pan con aceite y sal", llegó a ser inalcanzable y como un manjar inolvidable; puesto que lo sé por cuanto lo "disfruté". Malditos sean LOS MALDITOS POLÍTICOS CULPABLES DE TODOS LOS DESASTRES.

“Podemos flirtea con las puertas giratorias: así es el asesor que han enchufado en Enagás: Cristóbal Gallego, representante de la formación de Pablo Iglesias en la comisión de expertos en Transición Energética, aterriza en el consejo más politizado del Ibex 35. Un cargo que se remunera con 160.000 euros al año. (Vozpópuli 29-05-2020)…     

A este enchufado, Pablo Iglesias, podía haberlo puesto en la lista del "sueldo de limosna que quieren darle al resto de españoles". Pero éste ya se ha declarado como lo que es, un sediento de PODER ABSOLUTO,  y que se asociará a quién sea y como sea, pero con la única intención de pisotearlo después; y llegar al mando absoluto y tiránico que pretende; y el que no vea ello es que o está ciego, o es que, "el estómago necesita lo que esté recibiendo y espera recibir". Por tanto ojo con él, que nos lleva a un sistema del que ya la historia ha recogido sus muchas miserias y desastres.

Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)