Las Noticias de hoy 17 Junio 2020

Enviado por adminideas el Mié, 17/06/2020 - 12:33

Ideas  Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 17 de junio de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Jornada de los Pobres: El mensaje del Papa, para todos los afectados por la crisis

El arzobispo de Canterbury llama a los anglicanos a actuar contra el racismo

LA ORACIÓN MENTAL: Francisco Fernandez Carbajal

“Constancia, que nada te desconcierte”: San Josemaria

Cinco recursos para la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Conocerle y conocerte (V): Cómo nos habla Dios: José Brage

La Eucaristía, memorial del corazón: Ramiro Pellitero

Junio es el mes del Corazón de Jesús – “Corazón de misericordia”: primeroscristianos

La atención a los mayores cuando,en la soledad, el coronavirus mata más: Salvador Bernal 

La actual persecución religiosa: un atentado contra el progreso y desarrollo mundial: Juan José Corazón 

 Fiesta del Corpus Christi 2020: Josefa Romo Garlito

Familia numerosa:  Ángel Cabrero Ugarte 

SEÑOR…YO QUIERO SER: Magui del Mar

 

Chesterton, maestro del sentido común y el buen humor: Raúl Espinoza

Y ahora…:  Jesús D Mez Madrid

Sobre COVID-19 y las mujeres: Valentín Abelenda Carrillo

Más dañinos para la vida que el coronavirus: Jaume Catalán Díaz

Ayuda a la Iglesia Necesitada: Xus D Madrid

Sobre la felicidad o el conformismo : Antonio García Fuentes

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

ROME REPORTS

Jornada de los Pobres: El mensaje del Papa, para todos los afectados por la crisis

Monseñor Fisichella habla con ‘zenit’

JUNIO 16, 2020 11:57DEBORAH CASTELLANO LUBOVENTREVISTAS

(zenit – 16 junio 2020).- A todos aquellos que luchan … A aquellos que pueden no haber sido “pobres” ni haberse considerado meses atrás “pobres”, el Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de los Pobres, está destinado igualmente a ellos.

Esto fue lo que monseñor Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, expresó a zenit durante la conferencia de prensa virtual de presentación del Mensaje del Papa para el IV Día Mundial de los Pobres, el 15 de noviembre de 2020, sobre el tema “Tiende tu mano al pobre” (Sir 7,32).

Estaba respondiendo a la pregunta de zenit sobre si este mensaje ahora se aplica a un grupo más amplio de “pobres”, a la luz de los tiempos difíciles que han golpeado a aquellos que fueron considerados “clase media” en países europeos u otros como Estados Unidos, que han perdido su trabajo o están trabajando menos.

“Ciertamente”, respondió Mons. Fisichella, señalando que “el Papa dice que los rostros de los pobres están creciendo de manera extrema”.

El funcionario del Vaticano reflexionó sobre cómo las imágenes que el Papa Francisco nos ha dado de la pobreza son muy significativas, especialmente la del rostro de cada uno, “porque es la cara la que muestra la identidad de una persona”.

“Nadie adopta el rostro de otro. La ‘cara’ no es algo que uno pueda cambiar”, reconoció el prelado italiano, diciendo: “El rostro sigue siendo la expresión tangible y visible de quién es cada uno de nosotros”.

Basta con salir de esta sala, de este hall, para verificar y ver con nuestros propios ojos cuántas tiendas y lugares están cerrados”, reconoció el arzobispo italiano.

“Cuántas cortinas y persianas están completamente echadas, lugares completamente cerrados”, lamentó.

“Es una pena ver aquí mismo, en el centro de Roma”, dijo, “una escena que no hace más que confirmar lo que estás preguntando, es decir, sin la certeza del trabajo, la dignidad de la persona está comprometida”.

Sin la certeza de tener trabajo o sin trabajo, dijo, los diversos tipos de pobreza se expanden.

“Por lo tanto, es inevitable que este mensaje del Papa Francisco junto con el Día Mundial de los Pobres en noviembre tenga que prestar especial atención a estas situaciones, por las cuales, antes, no habíamos estado particularmente preocupados”, señaló Mons. Fisichella,

El prelado también recordó el “gesto muy concreto” que el Papa Francisco hizo como Obispo de Roma, para su propia diócesis, instituyendo un fondo, y donando 1 millón de euros a Cáritas Roma, para ayudar a los necesitados.

“Este gesto conllevó una forma de solidaridad”, dijo, que, “como una pequeña señal” muestra cómo la comunidad cristiana desea ayudar y trabaja para mostrar un sentido de urgencia e inmediatez necesarios para enfrentar y responder a estas crisis.

Otra pregunta planteó cómo la crisis de alguna manera ha creado un mayor desequilibrio entre los muchos que se empobrecen y los pocos que se enriquecen. El periodista italiano de la RAI interrogó sobre cómo el Vaticano puede trabajar contra esto, especialmente con una vacuna potencial que no contribuya más a este desequilibrio.

Mons. Fisichella reconoció el riesgo y el peligro de esta injusticia, al tiempo que reiteró la confianza que la Iglesia tiene en la ciencia y los científicos: “una confianza porque la ciencia y la fe no pueden ser una contra la otra”.

El arzobispo enfatizó que la Iglesia y la ciencia siempre deben trabajar juntas “hacia el bien común”.

“La fe”, dijo el prelado, “contribuye a solicitar un principio ético”. Este llamado a la ética, enfatizó, ayuda a la ciencia a saber que no puede realizar su trabajo adecuadamente si es parcial o tiene intereses concretos.

“La ética debe trabajar para el bien de todos”, apuntó el presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, subrayando: “La imagen de Dios es la misma para todos, y está impresa en cada hombre y mujer, y en cada niño presente en este mundo”.

A continuación, sigue los comentarios de Mons. Fisichella en la citada conferencia de prensa.

Traducido por Richard Maher

***

“Tiende tu mano al pobre” (Sir 7, 32). Con estas palabras del antiguo libro del Sirácida, el Papa Francisco propone su reflexión para la IV Jornada Mundial de los Pobres a celebrarse en toda la Iglesia el domingo 15 de noviembre. Es un Mensaje que irrumpe directamente en el dramático momento que el mundo entero ha vivido a causa del Covid-19, el cual, muchos países continúan combatiendo en el esfuerzo por llevar alivio a cuantos son víctimas inocentes del mismo.

La reflexión del Papa Francisco se desarrolla a la luz de la imagen bíblica que ve un hombre sabio, “Jesús, hijo de Sirá”, como se presenta él mismo al final del libro (cf. Sir 50, 27), que vivió unos doscientos años antes del nacimiento de Cristo. Las preguntas que se planteaba giraban en torno al tema de dónde residía la sabiduría y qué respuesta de sentido podría ofrecer a los acontecimientos de la vida. El Papa señala que son las mismas preguntas que han marcado la vida de millones de personas en estos meses de coronavirus: la enfermedad, el luto, la incertidumbre de la ciencia, el dolor, la falta de las libertades a las que se está acostumbrado, la tristeza de no poder despedirse de las personas a quienes se quiere… En esta circunstancia, la oración se hizo más insistente y el pensamiento de Dios tocó la mente de muchas personas a menudo indiferentes. Esto resultó en la búsqueda de una mayor espiritualidad, como lo testimonia la participación masiva en diferentes manifestaciones litúrgicas. Con razón el Papa Francisco enfatiza que el autor sagrado: “insiste en el hecho de que en la angustia hay que confiar en Dios : “Mantente firme y no te angusties en tiempo de adversidad. Pégate a él y no te separes, para que al final seas enaltecido. Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, y sé paciente en la adversidad y en la humillación. Porque en el fuego se prueba el oro, y los que agradan a Dios en el horno de la humillación. En las enfermedades y en la pobreza pon tu confianza en él. Confía en él y él te ayudará, endereza tus caminos y espera en él” (n. 1).

El libro del Sirácida, sin embargo, no permite detenerse en la oración; al contrario, afirma que para que la oración sea digna y eficaz, es necesaria la atención a cuantos están en la pobreza. Lo afirma sin atenuantes el Papa Francisco cuando escribe: “La oración a Dios y la solidaridad con los pobres y los que sufren son inseparables. Para celebrar un culto que sea agradable al Señor, es necesario reconocer que toda persona, incluso la más indigente y despreciada, lleva impresa en sí la imagen de Dios. De tal atención deriva el don de la bendición divina, atraída por la generosidad que se practica hacia el pobre” (n. 2).

El tema de la “imagen de Dios” impresa en el rostro del pobre es extremadamente significativo porque obliga a no poder dirigir la mirada a otro lugar cuando se desea vivir una existencia plenamente cristiana. En este sentido, la metáfora de “extender la mano” adquiere su valor más profundo porque obliga a volver a las palabras del Señor que quiso identificarse con aquellos que carecen de lo necesario y viven en condiciones de marginación social y existencial. El Mensaje ejemplifica diversas situaciones que en estos meses de pandemia han visto una mano extendida y que están impresas en la mente de todos: “La mano tendida del médico que se preocupa por cada paciente tratando de encontrar el remedio adecuado. La mano tendida de la enfermera y el enfermero que, mucho más allá de sus horas de trabajo, permanecen para cuidar a los enfermos. La mano tendida de los que trabajan en la administración y proporcionan los medios para salvar el mayor número posible de vidas. La mano tendida del farmacéutico expuesta a tantas exigencias en un contacto arriesgado con la gente. La mano tendida del sacerdote que bendice con el corazón roto. La mano tendida del voluntario que socorre a los que viven en la calle y a los que, a pesar de tener un techo, no tienen comida. La mano tendida de hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y seguridad. Y otras manos tendidas que podríamos describir hasta componer una letanía de buenas obras. Todas estas manos han desafiado el contagio y el miedo para dar apoyo y consuelo” (n. 6).

Frente a este signo de gran humanidad y responsabilidad, el Papa Francisco contrasta la imagen de aquellos que continúan teniendo las “manos en los bolsillos y no se dejan conmover por la pobreza, de la que a menudo son también cómplices” (n. 9). El elenco, afortunadamente más corto, da testimonio de que el bien es siempre mucho más grande que la codicia de unos pocos y describe escenas de la vida cotidiana: “Hay manos tendidas para rozar rápidamente el teclado de una computadora y mover sumas de dinero de una parte del mundo a otra, decretando la riqueza de estrechas oligarquías y la miseria de multitudes o el fracaso de naciones enteras. Hay manos tendidas para acumular dinero con la venta de armas que otras manos, incluso de niños, usarán para sembrar muerte y pobreza. Hay manos tendidas que en las sombras intercambian dosis de muerte para enriquecerse y vivir en el lujo y el desenfreno efímero. Hay manos tendidas que por debajo intercambian favores ilegales por ganancias fáciles y corruptas. Y también hay manos tendidas que, en el puritanismo hipócrita, establecen leyes que ellos mismos no observan” (n. 9). Palabras duras, pero lamentablemente verdaderas que muestran cuánta falta de responsabilidad social sigue presente en el mundo actual con la consecuencia de núcleos de pobreza extrema que crecen de forma desproporcionada.

La mano tendida, por lo tanto, es una invitación a asumir la responsabilidad de dar la propia contribución que se evidencia en los gestos de la vida cotidiana para aliviar la suerte de los que viven en la desgracia y carecen de la dignidad de los hijos de Dios. El Papa Francisco no teme identificar a estas personas como verdaderos santos, “aquellos de la puerta de al lado” que, con sencillez, sin ruido y sin publicidad ofrecen el genuino testimonio del amor cristiano. La masiva presencia de tantos rostros de pobres requiere que los cristianos estén siempre en primera línea, y que sientan la necesidad de saber que les falta algo esencial en el momento en que un pobre se presenta delante. “No podemos sentirnos ‘bien’ cuando un miembro de la familia humana es dejado al margen y se convierte en una sombra” (n.4), escribe el Papa Francisco en su Mensaje. Es como si invitase a hacer nuestro el “corazón inquieto” de san Agustín. Permanecerá inquieto hasta que no se encuentre a Dios impreso en el rostro del pobre.

En muchos sentidos, la imagen de tender la mano recuerda de cerca el logo que desde el comienzo de esta iniciativa del Papa Francisco acompaña la Jornada Mundial de los Pobres. Las manos tendidas son las de dos personas: una está en el umbral de la casa, la otra espera. La llamada es fuerte por cuánto se necesitan la una de la otra. La mano tendida del pobre pide, pero invita al otro a salir de sí mismo para romper el círculo de egoísmo que envuelve a todos. Este Mensaje del Papa, por lo tanto, es una invitación a sacudirse la indiferencia, y a menudo el sentido de la molestia hacia los pobres, para recuperar la solidaridad y el amor que viven de la generosidad dando sentido a la vida.

La presentación de este Mensaje en la fiesta litúrgica de san Antonio de Padua, patrono de los pobres, manifiesta que cuanto podemos realizar es siempre bajo la gracia de Dios que acompaña la vida de los creyentes y la historia de los hombres. Son palabras que pretenden ayudar a la preparación y realización de la próxima Jornada Mundial, conscientes de las restricciones que las leyes de los distintos Países imponen. En efecto, en los próximos meses se seguirá exigiendo la debida atención a las normas de seguridad, pero es probable que se incrementen aún más las solicitudes de ayuda. Por lo tanto, será nuestra tarea hacer que no falten a los cada vez más numerosos pobres que encontramos, los signos cotidianos que acompañan nuestra acción pastoral, y aquellos extraordinarios que la Jornada Mundial de los Pobres prevé y que desde hace varios años realiza.

 

 

El arzobispo de Canterbury llama a los anglicanos a actuar contra el racismo

Eliminar “este flagelo de la humanidad”

JUNIO 16, 2020 15:51LARISSA I. LÓPEZIGLESIA Y DENOMINACIONES CRISTIANAS

(zenit – 16 junio 2020).- El arzobispo de Canterbury, Justin Welby, se pronunció en relación a las protestas del movimiento Black Lives Matter, reconociendo la responsabilidad de todos y exhortando a actuar conjuntamente para hacer frente a los fracasos en materia de racismo, informa un artículo de L’Osservatore Romano del 15-16 de de junio.

El prelado anglicano recuerda que “la acción de reconciliación requiere justicia, no mero olvido, y una profunda transformación de nuestras sociedades”, pues “el racismo es un insulto a Dios: todos debemos poner de nuestra parte para eliminar este flagelo de la humanidad”.

En esta línea, subraya que el alcance del racismo en el mundo actual es “horrible”, reconociendo que él mismo viene “de un lugar de privilegio y poder como persona blanca en este país”.

Reconocer los errores

En un video difundido en Facebook, Welby afirmó que la Iglesia de Inglaterra ha sido llamada a “reconocer sus errores y fracasos históricos” y a poner en orden su “casa”.

“Estoy impresionado por los acontecimientos de los últimos días cada vez más y he escuchado a los que han hablado refiriéndose a sus propias experiencias de injusticias en cuanto personas de color que viven en esta nación. Es horrible, y aun así soy consciente de que la Iglesia tiene sus fallos. Y repito de nuevo que en el Nuevo Testamento, Jesús llama a actuar contra la injusticia”, afirma.

Disculpas por episodios de racismo

Del mismo modo, el arzobispo reitera las disculpas por los episodios de racismo en la Iglesia de Inglaterra expuestas por el Sínodo General durante el encuentro del pasado mes de febrero, en particular la generación windrush. Dicha generación está constituida por los migrantes que llegaron al Reino Unido entre 1948 y 1971 procedentes de las colonias y países del Commonwealth y queen cualquier caso, ciudadanos británicos.

Durante la asamblea se aprobó una moción en la que la Iglesia Anglicana “pide disculpas por el racismo consciente e inconsciente que experimentaron innumerables anglicanos de etnia negra, asiáticos y pertenecientes a minorías étnicas en 1948 y en los años siguientes, cuando trataban de encontrar un hogar espiritual en las parroquias locales de la Iglesia de Inglaterra”.

Se trata de un episodio, indica el medio vaticano “todavía doloroso para los anglicanos comprometidos que, como está escrito en el documento, a pesar de este racismo por parte del clero y por otros, permanecieron fieles a la Iglesia en Inglaterra y a su herencia anglicana”.

Es por ello, continúa la nota “que la moción aprobó la preparación de un estudio para documentar el impacto negativo del racismo en la Iglesia de Inglaterra, confiando a una persona externa la tarea de sugerir formas de asegurar que la acogida a todos sea verdaderamente completa”.

Camino de reconciliación 

Para Welby, estas medidas resultan necesarias, al mismo tiempo que considera que han de sentirse avergonzados por la falta de testimonio de Cristo y reprocharse por “no levantar la voz” cuando era preciso.

“Hemos dañado a la Iglesia y hemos dañado la imagen de Dios pero, sobre todo, a aquellos a quienes hemos hecho víctimas, muy a menudo inconscientemente. Lo siento personalmente por los que se vieron afectados por esta actitud y por aquellos por quienes habría podido hacer más: me avergüenzo y espero con todos ustedes hacer más y mejor”, expuso al final del mencionado sínodo.

Para el arzobispo de Canterbury es imprescindible emprender un camino de reconciliación que solo es factible con la participación de todos, como remarcó en sus declaraciones en los días siguientes al asesinato de George Floyd, apunta la citada fuente.

 

 

LA ORACIÓN MENTAL

— Necesidad y frutos.

— La oración preparatoria. Ponerse en presencia de Dios.

— La ayuda de la Comunión de los Santos.

I. El Evangelio de la Misa de hoy1 es una llamada a la oración personal. Cuando oréis -nos dice Jesús-, no seáis como los hipócritas, que son amigos de orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para exhibirse delante de los hombres... Tú, por el contrario, cuando te pongas a orar, entra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en lo oculto...

El Señor, que nos da esta enseñanza acerca de la oración, la practicó en su vida en la tierra. El Santo Evangelio nos refiere las muchas veces que se retiraba Él solo para orar2. Y este mismo ejemplo lo siguieron los Apóstoles y los primeros cristianos, y después todos aquellos que han querido seguir de cerca al Maestro. «El sendero, que conduce a la santidad, es sendero de oración; y la oración debe prender poco a poco en el alma, como la pequeña semilla que se convertirá más tarde en árbol frondoso»3.

La oración diaria nos mantiene vigilantes ante el enemigo que acecha continuamente, nos hace firmes ante pruebas y dificultades, aprendemos en ella a servir a los demás, es el faro de luz intensa que ilumina el camino y ayuda a ver con claridad los obstáculos. La oración personal nos mueve a realizar mejor el trabajo, a cumplir los deberes con la propia familia y con la sociedad, y tiene una influencia decisiva en las relaciones con los demás. Pero, sobre todo, nos enseña a tratar al Maestro y a crecer en el amor. «¡No dejéis de orar! –nos aconseja el Papa Juan Pablo II–. ¡La oración es un deber, pero también es una gran alegría, porque es un diálogo con Dios por medio de Jesucristo!»4.

En la oración estamos con Jesús; eso nos debe bastar. Vamos a entregarnos, a conocerle, a aprender a amar. El modo de hacerla depende de muchas circunstancias: del momento que pasamos, de las alegrías que hemos recibido, de las penas... que se convierten en gozo cerca de Cristo. En muchas ocasiones traemos a la consideración algún pasaje del Evangelio y contemplamos la Santísima Humanidad de Jesús, y aprendemos a quererle (no se ama sino lo que se conoce bien); examinamos otras veces si estamos santificando el trabajo, si nos acerca a Dios; cómo es el trato con aquellas personas entre las que transcurre nuestra vida: la familia, los amigos...; quizá al hilo de la lectura de algún libro –como el que tienes entre las manos–, convirtiendo en tema personal aquello que leemos, diciendo al Señor con el corazón esa jaculatoria que se nos propone, continuando con un afecto que el Espíritu Santo ha sugerido en lo hondo del alma, recogiendo un pequeño propósito para llevarlo a cabo en ese día o avivando otro que habíamos formulado...

La oración mental es una tarea que exige poner en juego, con la ayuda de la gracia, la inteligencia y la voluntad, dispuestos a luchar decididamente contra las distracciones, no admitiéndolas nunca voluntariamente, y poniendo empeño en dialogar con el Señor, que es la esencia de toda oración: hablarle con el corazón, mirarle, escuchar su voz en lo íntimo del alma. Y siempre debemos tener la firme determinación de dedicar a Dios, a estar con Él a solas, el tiempo que hayamos previsto, aunque sintamos gran aridez y nos parezca que no conseguimos nada. «No importa si no se puede hacer más que permanecer de rodillas durante este tiempo, y combatir con absoluta falta de éxito contra las distracciones: no se está malgastando el tiempo»5. La oración siempre es fructuosa si hay empeño por sacarla adelante, a pesar de las distracciones y de los momentos de aridez. Nunca nos deja Jesús sin abundantes gracias para todo el día. Él «agradece» siempre con mucha generosidad el rato en que Le hemos acompañado.

II. Es de particular importancia ponernos en presencia de Aquel con quien deseamos hablar. Con frecuencia, el resto de la oración puede depender de estos primeros minutos en los que ponemos empeño en estar cerca de Quien sabemos nos ama y espera nuestra súplica, un acto de amor, que consideremos junto a Él un asunto que nos preocupa..., o sencillamente que permanezcamos en su presencia mirándole y sabiendo que nos mira. Si cuidamos con esmero, con amor, estos primeros momentos, si nos situamos de verdad delante de Cristo, una buena parte de la aridez y de las dificultades para hablar con Él desaparecen..., porque eran simplemente disipación, falta de recogimiento interior.

Para ponernos en presencia de Dios al comenzar la oración mental, debemos hacernos algunas consideraciones, que nos ayuden a alejar de nuestra mente otras preocupaciones. Le podemos decir a Jesús: «Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, para escucharme. Está en el Tabernáculo, realmente presente bajo las especies sacramentales, con su Cuerpo, su Sangre, Alma y Divinidad; y está presente en nuestra alma por la gracia, siendo el motor de nuestros pensamientos, afectos, deseos y obras sobrenaturales (...): ¡que me ves, que me oyes!

»Enseguida –nos sigue diciendo San Josemaría Escrivá–, el saludo, como se acostumbra a hacer cuando conversamos con una persona en la tierra. A Dios se le saluda adorándole: ¡te adoro con profunda reverencia! Y si a esa persona la hemos ofendido alguna vez, si la hemos tratado mal, le pedimos perdón. Pues, a Dios Nuestro Señor, lo mismo: te pido perdón de mis pecados, y gracia para hacer bien, con fruto, este rato de conversación contigo. Y ya estamos haciendo oración, ya nos encontramos en la intimidad de Dios.

»Pero, además, ¿qué haríamos si esa persona principal, con la que queremos charlar, tiene madre, y una madre que nos ama? ¡Iríamos a buscar su recomendación, una palabra suya en favor nuestro! Pues a la Madre de Dios, que es también Madre nuestra y nos quiere tanto, hemos de invocarla: ¡Madre mía Inmaculada! Y acudir a San José, el padre nutricio de Jesús, que también puede mucho en la presencia de Dios: ¡San José, mi Padre y Señor! Y al Ángel de la Guarda, ese príncipe del Cielo que nos ayuda y nos protege... ¡Interceded por mí!

»Una vez hecha la oración preparatoria, con esas presentaciones que son de rigor entre personas bien educadas en la tierra, ya podemos hablar con Dios. ¿De qué? De nuestras alegrías y nuestras penas, de nuestros trabajos, de nuestros deseos y nuestros entusiasmos... ¡De todo!

»También podemos decirle, sencillamente: Señor, aquí estoy hecho un bobo, sin saber qué contarte... Querría hablar contigo, hacer oración, meterme en la intimidad de tu Hijo Jesús. Sé que estoy junto a Ti, y no sé decirte dos palabras. Si estuviera con mi madre, con aquella persona querida, les hablaría de esto y de lo otro; contigo no se me ocurre nada.

»¡Esto es oración (...)! Permaneced delante del Sagrario, como un perrito a los pies de su amo, durante todo el tiempo fijado de antemano. ¡Señor, aquí estoy! ¡Me cuesta! Me marcharía por ahí, pero aquí sigo, por amor, porque sé que me estás viendo, que me estás escuchando, que me estás sonriendo»6.

Y junto a Él, incluso cuando no sabemos muy bien qué decirle, nos llenamos de paz, recuperamos las fuerzas para sacar adelante nuestros deberes, y la cruz se torna liviana porque ya no es solo nuestra: Cristo nos ayuda a llevarla.

III. Junto a Cristo en el Sagrario, o allí donde nos encontremos haciendo el rato de oración mental, perseveraremos por amor, cuando estemos gozosos y cuando nos resulte difícil y nos parezca que aprovechamos poco. Nos ayudará en muchas ocasiones el sabernos unidos a la Iglesia orante en todas las partes del mundo. Nuestra voz se une al clamor que, en cada momento, se dirige a Dios Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo. «A la hora de la oración mental, y también durante el día –nos continúa diciendo San Josemaría Escrivá–, recordad que nunca estamos solos, aunque quizá materialmente nos encontremos aislados. En nuestra vida (...) permanecemos siempre unidos a los Santos del Paraíso, a las almas que se purifican en el Purgatorio y a todos nuestros hermanos que pelean aún en la tierra. Además, y esto es un gran consuelo para mí, porque es una muestra admirable de la continuidad de la Iglesia Santa, os podéis unir a la oración de todos los cristianos de cualquier época: los que nos han precedido, los que viven ahora, los que vendrán en los siglos futuros. Así, sintiendo esta maravilla de la Comunión de los Santos, que es un canto inacabable de alabanza a Dios, aunque no tengáis ganas o aunque os sintáis con dificultades –¡secos!–, rezaréis con esfuerzo, pero con más confianza.

»Llenaos de alegría, pensando que nuestra oración se une a la de aquellos que convivieron con Jesucristo, a la incesante plegaria de la Iglesia triunfante, purgante y militante, y a la de todos los cristianos que vendrán. Por tanto (...), cuando te encuentres árido en la oración, esfuérzate y di al Señor: Dios mío, yo no quiero que falte mi voz en este coro de alabanza permanente dirigida a Ti y que no cesará nunca»7.

En la diaria oración se encuentra el origen de todo progreso espiritual y una fuente continua de alegría, si ponemos empeño y vamos decididos a estar «a solas con quien sabemos nos ama»8. La vida interior progresa al compás de la oración, y repercute en las acciones de la persona, en su trabajo, en su apostolado, en su mortificación...

Acudamos con frecuencia a Santa María para que nos enseñe a tratar a su Hijo, pues ninguna persona en el mundo supo dirigirse a Cristo como lo hizo su Madre. Y junto a Ella, San José, que tantas veces habló con Jesús, mientras trabajaba, en el descanso, durante un viaje, mientras paseaban por los alrededores de Nazaret... Después de María, José fue quien más horas pasó junto al Hijo de Dios. Él nos enseñará a tratar al Maestro y, si se lo pedimos, nos ayudará cada día a sacar propósitos firmes, concretos y claros que nos ayudarán a mejorar el trabajo, a limar las asperezas del carácter, a ser más serviciales, a estar alegres por encima de todas las contradicciones que pueden sobrevenir...

Sancte Ioseph, ora pro eis, ora pro me! San José, ruega por ellos (aquí podemos fijar nuestra atención en las personas concretas por las que deseamos pedir con particular intensidad), ruega por mí.

1 Mt 6, 1-6; 16-18. — 2 Cfr. Mt 14, 23; Mc 1, 35; Lc 5, 6; etc. — 3 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 295. — 4 Juan Pablo II, Alocución, 14-III-1979. — 5 E. Boylan, El amor supremo, Rialp, Madrid 1954, vol. II, p. 141. — 6 San Josemaría Escrivá, Registro Histórico del Fundador, 20165, p. 1410. — 7 Ibídem, 20165, p. 1411. — 8 Santa Teresa, Vida, 8, 2.

 

“Constancia, que nada te desconcierte”

El desaliento es enemigo de tu perseverancia. -Si no luchas contra el desaliento, llegarás al pesimismo, primero, y a la tibieza, después. -Sé optimista. (Camino, 988)

17 de junio

Constancia, que nada desconcierte. -Te hace falta. Pídela al Señor y haz lo que puedas por obtenerla: porque es un gran medio para que no te separes del fecundo camino que has emprendido. (Camino, 990)

No puedes "subir". -No es extraño: ¡aquella caída!...

Persevera y "subirás". -Recuerda lo que dice un autor espiritual: tu pobre alma es pájaro, que todavía lleva pegadas con barro sus alas.

Hacen falta soles de cielo y esfuerzos personales, pequeños y constantes, para arrancar esas inclinaciones, esas imaginaciones, ese decaimiento: ese barro pegadizo de tus alas.

Y te verás libre. -Si perseveras, "subirás". (Camino, 991)

Da gracias a Dios, que te ayudó, y gózate en tu victoria. -¡Qué alegría más honda, esa que siente tu alma, después de haber correspondido! (Camino, 992)

 

 

Cinco recursos para la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

Textos y audios para vivir la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que se celebra este viernes.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA16/06/2020

Detalle del cuadro “Alegoría del Sagrado Corazón” de Federico Laorga, que se encuentra en el Santuario de Torreciudad.

«Podemos decir que hoy la Iglesia celebra la solemnidad litúrgica del amor de Dios: hoy es la fiesta del amor», afirmó el Pontífice hace dos años: El apóstol Juan -añadió- nos dice qué es el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios sino que “Él nos ha amado primero”. Él nos esperaba con amor. Él es el primero en amar».

Si recurrimos a la misericordia, el perdón y la ternura de Dios del #CorazóndeJesús, entonces nuestro corazón, poco a poco, se volverá más paciente, más generoso, más misericordioso.

 

34,1 mil

13:30 - 12 jun. 2020

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1. El corazón de Cristo, paz de los cristianos (audio y texto): homilía con motivo de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

2. ¿Sabes cuál es el origen de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús? Te explicamos también la liturgia de esta fiesta.

3. Relato sobre la consagración del Opus Dei al Sagrado Corazón de Jesús.

4. Consagración al Sagrado Corazón de Jesús y otras plegarias de Benedicto XVI en la JMJ (audio y texto)

Libro electrónico “La ternura de Dios”. Este libro gratuito reúne ocho artículos sobre la misericordia. Reflexiones para la meditación personal que quieren ayudar a que cada una y cada uno acoja esa ternura de Dios, y la transmita desde su entorno inmediato al mundo entero, tan necesitado de comprensión, de perdón, de paz...

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Conocerle y conocerte (V): Cómo nos habla Dios

El lenguaje de la oración es misterioso: no podemos controlarlo pero, poco a poco, experimentamos que cambia nuestro corazón.

VIDA ESPIRITUAL31/03/2020

Territorio de Perea, al este del Jordán, en la actual Jordania. En la cima de una colina elevada mil cien metros sobre el Mar Muerto se yergue, imponente, la fortaleza de Maqueronte. Allí, Herodes Antipas ha encarcelado a Juan el Bautista (cfr. Mc 6,17)[1]. La mazmorra, fría y húmeda, se encuentra excavada en la roca. Todo está oscuro. Reina el silencio. Un pensamiento atormenta a Juan: el tiempo pasa y Jesús no se manifiesta con la claridad que él esperaba. Ha tenido noticia de sus obras (cfr. Mt 11, 2), pero no parece hablar de sí mismo como el Mesías. Y, cuando le preguntan directamente, calla. ¿Es posible que Juan se haya equivocado? ¡Pero él lo vio claramente! ¡Vio al Espíritu bajar del cielo como una paloma y permanecer sobre él! (cfr. Jn 1,32-43). De manera que, intranquilo, manda a unos discípulos para que pregunten al Maestro: «¿Eres tú el que ha de venir, o esperamos a otro?» (Mt 11, 3).

Jesús responde de una forma inesperada. En lugar de dar una contestación directa, dirige la atención hacia sus obras: «Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio». Una respuesta un poco incierta pero suficientemente clara para quien conozca los signos que las antiguas profecías de la Sagrada Escritura habían anunciado como propios del Mesías y de su Reino: «¡Revivirán tus muertos, mis cadáveres se levantarán!» (Is 26,19); o «entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos» (Is 35,5). Por eso el Señor, animando a Juan a confiar, concluye: «Y bienaventurado el que no se escandalice de mí» (Mt 11,6).

En esta escena podemos reconocer la situación del hombre que, de manera similar a Juan, cree no escuchar a Dios en la oración. Es entonces cuando Jesús invita a cambiar de perspectiva, abandonando la búsqueda de certezas humanas, y entrar en ese misterioso juego en el que el Señor habla a través de sus obras y de la Sagrada Escritura. En aquellas palabras finales –«bienaventurado el que no se escandalice de mí»– descubrimos una llamada a perseverar con fe en la oración, aunque a veces Dios no nos responda como esperamos.

Gestos que pueden romper el silencio

ESTAR EN GUARDIA FRENTE A UNA LA TENTACIÓN DE PENSAR: SI DIOS NO ME RESPONDE, ¿PARA QUÉ REZAR?

Con frecuencia, quien comienza a orar ha de enfrentarse al aparente silencio de Dios: “Yo le hablo, le cuento mis cosas, le pregunto acerca de lo que debo hacer, pero él no me responde, no me dice nada”. Se trata de la antigua queja de Job: «Clamo a ti y no me respondes, permanezco ante ti y no me miras» (Jb 30,20). Es fácil entonces que aparezca el desconcierto: “Siempre he oído decir que la oración es diálogo pero a mí Dios no me dice nada. ¿Por qué? Si, como dicen, a las demás personas Dios les habla… ¿por qué a mí no? ¿Qué estoy haciendo mal?”. Son las dudas del hombre que ora que, en algunos momentos, pueden convertirse en una tentación contra la esperanza: “Si Dios no me responde, ¿para qué rezar?”. O, incluso, si ese silencio se interpreta como ausencia, en una tentación contra la fe: “Si Dios no me habla, entonces no está”.

¿Qué decir ante esto? En primer lugar, que negar la existencia de Dios a causa de su aparente silencio no es algo lógico. Dios podría elegir callar, por los motivos que fueran, y eso no añadiría nada a su existencia o no existencia, ni a su amor por nosotros. La fe en Dios –y en su bondad– está por encima de todo. En todo caso, puede ser una ocasión para implorar con el salmista, llenos de fe y confianza: «¡Dios mío! No estés callado, no guardes silencio, no te quedes quieto, ¡Dios mío!» (Sal 83,2).

Tampoco debemos dudar de nuestra capacidad de escuchar a Dios. Hay resortes en el interior del hombre que, con la ayuda de la gracia, le permiten escuchar el lenguaje de Dios, por más que esa capacidad esté oscurecida por el pecado original y por los propios pecados. El primer capítulo del Catecismo de la Iglesia Católica comienza precisamente con esta afirmación: “El hombre es capaz de Dios”. San Juan Pablo II lo explicaba así: “El hombre, como dice la tradición del pensamiento cristiano, es capax Dei: capaz de conocer a Dios y de acoger el don de sí mismo que él le hace. En efecto, creado a imagen y semejanza de Dios, está capacitado para vivir una relación personal con él”[2]; relación personal que toma la forma de un diálogo hecho de palabras y gestos[3]. Y, a veces, solo de gestos, como sucede también en el amor humano.

DIOS NOS HABLA PERMANENTEMENTE A TRAVÉS DE SUS OBRAS Y DE SU ACCIÓN EN NUESTRAS ALMAS

Así, por ejemplo, del mismo modo que entre dos personas un cruce de miradas puede constituir un silencioso diálogo –hay miradas que hablan–, la conversación confiada del hombre con Dios puede tomar también esa forma: la de «un mirar a Dios y sentirse mirado por Él. Como aquella mirada de Jesús a Juan, que decidió para siempre el rumbo de la vida del discípulo»[4]. Dice el Catecismo que «la contemplación es mirada de fe»[5] y, muchas veces, una mirada puede ser más valiosa y estar más cargada de contenido, de amor y de luz para nuestras vidas, que una larga sucesión de palabras. San Josemaría, precisamente hablando de la alegría que genera una vida contemplativa, afirmaba que «el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas»[6]. Sentir esa mirada, y no solo saberse mirados, es un don que podemos implorar con humildad, como «mendigos de Dios»[7].

Jamás habló así hombre alguno

Santa Teresa de Calcuta decía que «en la oración vocal hablamos a Dios; en la mental, él nos habla a nosotros; se derrama sobre nosotros»[8]. Se trata de una manera de explicar lo inefable: Dios nos habla derramándose sobre nosotros. Y es que, en realidad, la oración tiene mucho de misterio. Este encuentro misterioso entre Dios y la persona que ora tiene lugar de muchas maneras, pero algunas de ellas no son evidentes a primera vista, totalmente comprensibles, o fácilmente constatables. El mismo Catecismo de la Iglesia nos lo advierte: «Tenemos que hacer frente a mentalidades de “este mundo” que nos invaden si no estamos vigilantes. Por ejemplo: lo verdadero sería sólo aquello que se puede verificar por la razón y la ciencia (ahora bien, orar es un misterio que desborda nuestra conciencia y nuestro inconsciente)»[9]. Como Juan Bautista, muchas veces ansiamos una evidencia que no siempre es posible en el terreno de lo sobrenatural.

El modo en el que Dios habla al alma nos excede, no podemos comprenderlo del todo: «Misterioso es para mí este saber; demasiado elevado, no puedo alcanzarlo» (Sal 139,6). En efecto, nuestro alfabeto no es el alfabeto de Dios, nuestro idioma no es su idioma, nuestras palabras no son sus palabras. Cuando Dios habla no necesita hacer vibrar cuerdas vocales, y el lugar donde se le escucha no es el oído, sino el punto más recóndito y misterioso de nuestro ser, que unas veces llamamos corazón y otras veces conciencia[10]. Dios habla con la realidad que él es y a la realidad que nosotros somos, del mismo modo que una estrella no se relaciona con otra estrella con palabras, sino con la fuerza de la gravedad. Dios no necesita hablarnos con palabras –aunque también pueda hacerlo–; le basta con sus obras y con la secreta acción del Espíritu Santo en nuestras almas, moviendo nuestro corazón, inclinando nuestra sensibilidad o iluminando nuestra mente para atraernos dulcemente hacia sí. Puede que, en un primer momento, no seamos ni siquiera conscientes de ello, pero el paso del tiempo nos ayudará a distinguir esos efectos suyos en nosotros: quizás nos habremos hecho más pacientes, o más comprensivos, o trabajaremos mejor, o valoraremos más la amistad… en definitiva, amaremos cada vez más a Dios.

Por eso, al hablar de la oración, el Catecismo de la Iglesia señala que «la transformación del corazón es la primera respuesta a nuestra petición»[11]. Una transformación generalmente lenta y paulatina, a veces imperceptible, pero totalmente cierta, que hemos de aprender a reconocer y a agradecer. Así lo hacía san Josemaría el 7 de agosto de 1931: «Hoy celebra esta diócesis la fiesta de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo. —Al encomendar mis intenciones en la Santa Misa, me di cuenta del cambio interior que ha hecho Dios en mí, durante estos años de residencia en la exCorte... Y eso, a pesar de mí mismo: sin mi cooperación, puedo decir. Creo que renové el propósito de dirigir mi vida entera al cumplimiento de la Voluntad divina»[12]. Ese cambio interior, reconocido en la oración, es un modo en el que habla Dios… ¡y qué modo! Entonces se entiende aquello que los alguaciles del Templo dijeron de Jesús: «Jamás habló así hombre alguno» (Jn 7,46). Dios habla como nadie más puede hacerlo: cambiando el corazón.

LOS FRUTOS DE PERSEVERAR CON AMOR EN NUESTROS RATOS DE ORACIÓN

La palabra de Dios es eficaz (cfr. Hb 4,12), nos cambia, su acción en el alma nos supera. Así lo dice el mismo Yaweh por boca de Isaías: «Tan elevados como son los cielos sobre la tierra, así son mis caminos sobre vuestros caminos y mis pensamientos sobre vuestros pensamientos. Como la lluvia y la nieve descienden de los cielos, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra, la fecundan, la hacen germinar, y dan simiente al sembrador y pan a quien ha de comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí de vacío, sino que hará lo que Yo quiero» (Is 55,9-11). Esta eficacia misteriosa nos invita también a la humildad, que “es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración”[13], porque nos ayuda a confiar y a abrirnos a la acción de Dios.

La tremenda libertad de Dios

Dios habla cuando quiere. No podemos poner raíles al Espíritu Santo. No está en nuestra mano dirigir su acción en nuestras almas. En una ocasión, san Josemaría señalaba que Jesucristo, presente en el Sagrario, «es un Señor que habla cuando quiere, cuando menos se espera, y dice cosas concretas. Después calla, porque desea la respuesta de nuestra fe y de nuestra lealtad»[14]. En efecto, se entra en oración no por la puerta del sentimiento –ver, oír, sentir– sino «por la puerta estrecha de la fe»[15], manifestada en el cuidado y la perseverancia que ponemos en nuestros ratos de oración; aunque a veces no lo veamos inmediatamente, estos siempre tienen fruto.

Así le ocurrió también muchas veces al fundador del Opus Dei; por ejemplo, el 16 de octubre de 1931, según nos lo relata él mismo: «Quise hacer oración, después de la Misa, en la quietud de mi iglesia. No lo conseguí. En Atocha, compré un periódico (el A.B.C.) y tomé el tranvía. A estas horas, al escribir esto, no he podido leer más que un párrafo del diario. Sentí afluir la oración de afectos, copiosa y ardiente. Así estuve en el tranvía y hasta mi casa»[16]. San Josemaría intenta, aparentemente sin éxito, hacer la oración en un lugar recogido. Sin embargo, pocos minutos después, en el bullicio de un tranvía lleno de gente, al empezar a leer las noticias del día, es arrebatado por la gracia de Dios y tiene «la oración más subida» que nunca tuvo, según sus propias palabras.

Muchos otros santos han sido testigos de esa libertad de Dios para hablar al alma cuando quiere. Santa Teresa de Jesús, por ejemplo, lo explicaba con la imagen de la leña y el fuego. Muchas veces le había ocurrido que, a pesar de poner todo su esfuerzo –la leña–, finalmente la oración –el fuego– no brotaba. Escribe: “Me reía de mí y gustaba de ver la bajeza de un alma cuando no anda Dios siempre obrando en ella. (...) Aunque pone leña y hace eso poco que puede de su parte, no hay arder el fuego de su amor. (...) Entonces un alma, aunque se quiebre la cabeza en soplar y concertar los leños, parece que todo lo ahoga más. Creo es lo mejor rendirse del todo a que no puede nada por sí sola”[17], porque Dios habla cuando quiere.

Pero, a la vez, Dios nos ha hablado muchas veces; mejor, no deja en ningún momento de hablarnos. En cierto modo, aprender a orar es aprender a reconocer la voz de Dios en sus obras, como el mismo Jesús hizo ver a san Juan Bautista. El Espíritu Santo no cesa de actuar en nuestro interior, por eso san Pablo podía recordar a los Corintios que «nadie puede decir: “¡Señor Jesús!”, sino por el Espíritu Santo» (1 Cor 12,3). Eso nos llena de paz. Quien pierde esto de vista, puede caer fácilmente en la desesperanza: «Hay quienes buscan a Dios por medio de la oración, pero se desalientan pronto porque ignoran que la oración viene también del Espíritu Santo y no solamente de ellos»[18]. Para no desanimarnos nunca en la oración, es necesario tener una gran confianza en el Espíritu Santo y en su multiforme y misterioso actuar en nuestras almas: «El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa semilla sobre la tierra, y, duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo» (Mc 4,26).

José Brage


[1] Cfr. Flavio Josefo, Antigüedades judías, 18, 5, 2.

[2] San Juan Pablo II, Audiencia General, 26-VIII-1998.

[3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2567.

[4] San Josemaría, Apuntes tomados en una meditación el 9-I-1959; en Mientras nos hablaba en el camino, p. 98.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2715.

[6] San Josemaría, Homilía “Hacia la santidad”, Amigos de Dios, n. 307.

[7] Cfr. San Agustín, Sermón 56, 6, 9.

[8] Santa Teresa de Calcuta, El amor más grande, Urano, Barcelona, 2012, p. 23.

[9] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2727.

[10] «La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella (GS 16)», Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1776.

[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2739.

[12] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 217, en Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1997, tomo I, pp. 380-381.

[13] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2559.

[14] San Josemaría, Apuntes tomados en una reunión familiar el 18-VI-1972.

[15] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2656.

[16] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 334, en Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, I, p. 389.

[17] Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida, Monte Carmelo, Burgos, 1977, Cap. XXVII.

[18] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2726.

 

 

La Eucaristía, memorial del corazón

Posted: 15 Jun 2020 01:31 PM PDT

En otras ocasiones hemos aludido a una historia que recoge Joseph Ratzinger en sus meditaciones de los años ochenta. Hagámoslo de nuevo.

Un hombre había perdido la “memoria del corazón”. Es decir, “había perdido toda la cadena de sentimientos y pensamientos que había atesorado en el encuentro con el dolor humano”. ¿Por qué sucedió esto y qué consecuencias tuvo? “Tal desaparición de la memoria del amor le había sido ofrecida como una liberación de la carga del pasado. Pero pronto se hizo patente que, con ello, el hombre había cambiado: el encuentro con el dolor ya no despertaba en él más recuerdos de bondad. Con la pérdida de la memoria había desaparecido también la fuente de la bondad en su interior. Se había vuelto frío y emanaba frialdad a su alrededor”.

Viene bien esta historia a propósito de la predicación del Papa Francisco en la solemnidad del Corpus Christi (14-VI-2020).

 

 

Memoria y sentimientos

 

La memoria es algo importante para todas las personas. Observa el Papa en su homilía de esta fiesta: “Si no hacemos memoria (...), nos convertimos en extraños a nosotros mismos, en ‘transeúntes’ de la existencia. Sin memoria nos desarraigamos del terreno que nos sustenta y nos dejamos llevar como hojas por el viento. En cambio, hacer memoria es anudarse con lazos más fuertes, es sentirse parte de una historia, es respirar con un pueblo”.

Y por eso la Sagrada Escritura insiste en educar a los jóvenes en esa "memoria" o recuerdo de las tradiciones y de la historia del pueblo de Israel,  sobre todo de los mandatos y dones del Señor (cf. Ps 77 12; Dt 6, 20-22).

Los problemas surgen si –como sucede ahora con la transmisión de la fe cristiana– se interrumpe o si no se ha experimentado aquello de lo que oye hablar, la memoria de las personas y de los pueblos se pone en riesgo.

El Señor nos dejó un “memorial”. No solo algo que recordar, que traer a la memoria. No solo unas palabras o unos símbolos. Nos dio un alimento que es continuamente eficaz, el Pan vivo que es Él mismo: la Eucaristía. Y nos lo dio como “hecho”, pues nos encargó “hacerla”, celebrarla como pueblo y como familia: “Haced esto en memoria mía” (1 Co 11, 24). La Eucaristía, señala Francisco, es el memorial de Dios.

En efecto, la Eucaristía es “memoria”, memoria viva o memorial que renueva (o “actualiza” sin repetirla) la Pascua del Señor, su muerte y resurrección, entre nosotros. Es memoria de nuestra fe, de nuestra esperanza, de nuestro amor.

La Eucaristía es memorial de todo lo que somos, memoria –cabría decir, también– del corazón, dando a este último término su sentido bíblico: la totalidad de la persona. El hombre vale lo que vale su corazón y esto incluye –como en la historia que contaba el cardenal Ratzinger– la capacidad de bondad y de compasión, que en el cristiano se van identificando con los sentimientos de Cristo mismo.

La Eucaristía, memorial del corazón, cura, preserva y fortalece toda la persona del cristiano. Y por ello, como dice la Iglesia, la Eucaristía es fuente y culmen de la vida cristiana y de la misión de la Iglesia (cf. Benedicto XVI, Exhort. Sacramentum caritatis, 2007).

En la solemnidad del Corpus Christi, Francisco ha ido desgranando el poder curativo de este “memorial” que es la Eucaristía. Y con ello nos muestra la importancia de la Eucaristía para la configuración de nuestros sentimientos hacia Dios y los demás. De eso depende también lo que podríamos llamar la educación afectiva –que no termina nunca en cada persona– y la conexión afectiva con Dios y con los demás: el saberse "situar" ante los otros -nuestros parientes y amigos, nuestros colegas y compañeros de trabajo, las personas con las que nos cruzamos cada dia. El "hacerse cargo" interiormente de lo que les sucede, para saber comunicar y manifestar adecuadamente nuestros sentimientos en lo que conviene, integrarlos en nuestras decisiones y actividades, como parte importante de ese atractivo que tiene de por sí la vida cristiana. La Eucaristía ocupa así un lugar central en relación con el discernimiento, tanto a nivel espiritual como eclesial, de todas nuestras acciones.

 

Poder sanante de la Eucaristía sobre la memoria

La Eucaristía sana la memoria huérfana y cura sus heridas. Es decir, “la memoria herida por la falta de afecto y las amargas decepciones recibidas de quien habría tenido que dar amor pero que, en cambio, dejó desolado el corazón”. La Eucaristía nos infunde un amor más grande, el amor mismo de Dios. Así lo dice el Papa:

“La Eucaristía nos trae el amor fiel del Padre, que cura nuestra orfandad. Nos da el amor de Jesús, que transformó una tumba de punto de llegada en punto de partida, y que de la misma manera puede cambiar nuestras vidas. Nos comunica el amor del Espíritu Santo, que consuela, porque nunca deja solo a nadie, y cura las heridas”.

En segundo lugar, la Eucaristía sana nuestra memoria negativa. Esa “memoria” que “siempre hace aflorar las cosas que están mal y nos deja con la triste idea de que no servimos para nada, que sólo cometemos errores, que estamos equivocados”. Y siempre nos pone por delante nuestros problemas, nuestras caídas, nuestros sueños rotos.

Jesús viene para decirnos que no es así. Que somos valiosos para él, que ve siempre lo bueno y lo bello en nosotros, que desea nuestra compañía y nuestro amor. “El Señor sabe que el mal y los pecados no son nuestra identidad; son enfermedades, infecciones. Y –­con buenos ejemplos en esta época de pandemia, explica el Papa como “sana” la Eucaristía– viene a curarlas con la Eucaristía, que contiene los anticuerpos para nuestra memoria enferma de negatividad. Con Jesús podemos inmunizarnos de la tristeza. Y por ello la fuerza de la Eucaristía –cuando procuramos recibirla con las mejores disposiciones, de modo que dé en nosotros todos sus frutos– nos transforma en portadores de Dios, que equivale a decir: portadores de alegría.

Tercero, la Eucaristía sana nuestra memoria cerrada. La vida nos deja con frecuencia heridas. Y nos hace temerosos y suspicaces, cínicos o indiferentes, arrogantes..., egoístas. Todo eso, observa el sucesor de Pedro, “es un engaño, pues solo el amor cura el miedo de raíz y nos libera de las obstinaciones que aprisionan”. Jesús viene a liberarnos de esas corazas, bloqueos interiores y parálisis del corazón.

“El Señor, que se nos ofrece en la sencillez del pan, nos invita también a no malgastar nuestras vidas buscando mil cosas inútiles que crean dependencia y dejan vacío nuestro interior. La Eucaristía quita en nosotros el hambre por las cosas y enciende el deseo de servir”. Nos ayuda a levantarnos para ayudar a los demás, que tienen hambre de comida, de dignidad y de trabajo. Nos invita a establecer auténticas cadenas de solidaridad.

La Eucaristía sana nuestra memoria huérfana y herida, nuestra memoria negativa y nuestra memoria cerrada. A esto añade Francisco, en su alocución durante el Angelus del mismo día 14 de junio, la explicación de los dos efectos de la Eucaristía: el efecto místico y el efecto comunitario.

 

 

Efecto místico y efecto comunitario

El efecto mistico (místico en relación con el misterio profundo que ahí acontece) se refiere a esa curación de nuestra “memoria herida” de que hablaba en su homilía. La Eucaristía nos cura y nos transforma interiormente por nuestra intimidad con Jesús; pues lo que tomamos, bajo esas apariencias de pan o de vino es nada menos que el cuerpo y la sangre de Cristo (cf. 1 Co 10, 16-17).

Jesús –explica de nuevo el Papa– está presente en el sacramento de la Eucaristía para ser nuestro alimento, para ser asimilado y convertirse en nosotros en esa fuerza renovadora que nos devuelve la energía y devuelve el deseo de retomar el camino después de cada pausa o después de cada caída”.

Al mismo tiempo señala cómo han de ser nuestras disposiciones para que todo eso sea posible; sobre todo, “nuestra voluntad de dejarnos transformar, nuestra forma de pensar y actuar”.

Así es, y esa voluntad se manifiesta en acercarnos a la Eucaristía con la conciencia libre de pecado grave (por haber acudido antes al sacramento de la Penitencia si era necesario), en dejarnos ayudar por quienes puedan hacerlo para formar nuestra conciencia, para rectificar nuestros deseos, para orientar nuestras actividades en la dirección adecuada según nuestras circunstancias, de modo que nuestra vida tenga un verdadero sentido de amor y de servicio.

Por todo ello, señala Francisco, la Misa no es simplemente un acto social o respetuoso, pero vacío de contenido. Es “Jesús presente que viene a alimentarnos”.

Todo eso está vinculado con el efecto comunitario de la Eucaristía, que es su finalidad última como expresa san Pablo: “Porque aun siendo muchos, somos un solo pan y un solo cuerpo” (Ibid., v. 17). Es decir, el hacer de sus discípulos una comunidad, una familia que supere las rivalidades y las envidias, los prejuicios y las divisiones. Al otorgarnos el don del amor fraterno podemos lograr lo que también nos pidió: “Permaneced en mi amor” (Jn 15, 9).

De este modo ­–concluye Francisco–, no solo sucede que la Iglesia “hace” la Eucaristía; sino también y finalmente la Eucaristía hace la Iglesia, como un “misterio de comunión” para su misión. Una misión que comienza, precisamente, por producir y acrecentar nuestra unidad. Así es, y así la Iglesia puede ser germen de unidad, de paz y de transformación del mundo entero.

 

 

Junio es el mes del Corazón de Jesús – “Corazón de misericordia”

Corazón de misericordia

Junio es el mes del Corazón de Jesús, y por tanto, aquí “tocaba fondo” el Año de la misericordia. En el retiro espiritual que el Papa Francisco impartió con ocasión del jubileo sacerdotal (2-VI-2016), la víspera de la fiesta del Corazón de Jesús, explicaba qué es la misericordia de Dios y cómo nos va cambiando en personas misericordiosas.

La misericordia aparece ante todo como atributo de Dios (el nombre de Dios es misericordia), de sus “entrañas maternas” y de su fortaleza y fidelidad paterna. También como fruto de la Alianza con su Pueblo elegido. Y esto nos llega en el perdón de nuestros pecados por el sacramento de la Confesión o de la Penitencia.

La misericordia se derrama, explica Francisco, por dos vertientes: la misericordia de Dios con nosotros y nuestra misericordia con los demás, que nos conduce siempre a recibir de nuevo, con un espléndido efecto “boomerang”, la misericordia de Dios. Dos vertientes, y al mismo tiempo, una sola fuerza unitiva, la mayor fuerza unitiva que atraviesa la vida espiritual.

Tres sugerencias iniciales apunta el Papa para la oración sobre la misericordia: saborear con gusto lo que Dios nos concede, para agradecerle sus dones; evitar una excesiva intelectualización de la misericordia (que está hecha para la acción, para el servicio y para ayudar a los demás); pedir la gracia de crecer en misericordia, es decir, de ser más capaces de recibir y dar misericordia. Y en esta línea ycomo consecuencia, pide el Papa también la “conversión institucional, la conversión pastoral”.

Sigamos ahora el desarrollo de cada una de las tres meditaciones.

 

De la vergüenza a la fiesta

1. “De la distancia a la fiesta”. Conviene que nos examinemos para ver dónde están nuestras heridas, dónde está nuestra distancia de Dios y nuestra sed de verdad, de bien y de belleza. Así se despertará en nosotros, como en el hijo pródigo, la nostalgia por la casa de nuestro Padre. Así pasaremos “de la distancia a la fiesta”, de la vergüenza por nuestros pecados a la dignidad por recuperar la condición de hijos de Dios. Y todo, gracias al corazón del Padre y al corazón de Cristo que late al unísono con el de su Padre.

Ese experimentar una “vergonzosa dignidad”, como percepción a la vez del corazón y de la inteligencia, es bueno para el sacerdote (y también, cabría añadir, para todo cristiano; pues cada bautizado, como decía san Josemaría refiriéndose al sacerdocio común de los bautizados, tiene “alma sacerdotal”, participa del sacerdocio de Cristo y ejerce de mediador entre Dios y los hombres en la vida ordinaria, cuidando de sanar heridas, ser “buen Samaritano”, en las relaciones familiares, en el encuentro con las personas en su trabajo, en su vida social y cultural, en todos los horizontes de su existencia).

El Papa nos invita a contemplar nuestros pecados y tantos males y sufrimientos que hay en el mundo: “Tantas cosas comprende nuestra mente solo viendo a alguien tirado en la calle, descalzo, en una mañana fría, ¡o viendo al Señor clavado a la cruz por mí!”.

Esto nos debe llevar a implicarnos, a “mancharnos las manos”, a arriesgar las propias comodidades y seguridades para ayudar alos demás, para llevarles la misericordia.

“No es –observa Francisco– que la misericordia no considere la objetividad del daño provocado por el mal. Pero le quita poder sobre el futuro —y ese es el poder de la misericordia—, le quita poder sobre la vida que transcurre hacia adelante”. Así la misericordia (como el perdón al que va vinculada) quita el poder a la muerte, que es fruto amargo del pecado. No es la misericordia (primero la de Dios, luego la nuestra) ingenua; porque ve el mal, pero perdona totalmente con el deseo de que el otro se ponga rápidamente en camino, también para dar vida a otros, quizá más alejados, frágiles y heridos.

Y un broche final: la misericordia no sabe de excesos: “El único exceso ante la excesiva misericordia de Dios es excederse en recibirla y en el deseo de comunicarla a los demás”.

 

Llagas y cicatrices

2. “El receptáculo de la misericordia”. La misericordia de Dios, dice Francisco, se derrama precisamente sobre nuestro pecado, una y otra vez. Dios no se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. No solo eso, sino que Dios va reparando el odre haciéndolo cada vez nuevo, para derramar el vino nuevo de su misericordia de modo que a través de nosotros llegue a los demás. Y hay que mantener viva la experiencia de haber sido objeto de misericordia, mirarse a sí mismo cada uno, contarse su propia historia, cómo Dios nos ha ido recreando el corazón.

De todo ello son imagen viva las llagas del Señor, sobre todo la de su “corazón llagado”. La impronta del pecado restaurado por Dios no se borra ni se infecta, sino que es, sobre todo en Jesús resucitado, una cicatriz. Y las cicatrices tienen una sensibilidad especial: nos recuerdan la herida sin mucho dolor mientras la vancurando.

Al llegar aquí, en el centro mismo del retiro, la meditación de Francisco alcanza su cúspide. Así describe cómo la misericordia de Dios va haciendo en nosotros su “receptáculo”:

“Contemplando el corazón llagado del Señor nos reflejamos en Él. Se parecen, nuestro corazón y el suyo, porque ambos están llagados y resucitados. Pero sabemos que el suyo era puro amor y fue llagado porque aceptó ser herido; nuestro corazón, en cambio, era pura llaga, que fue sanada porque aceptó ser amada”.

De esta manera cada santo recibe la misericordia de Dios “en” su pecado: Pablo en su “espina” (cf. 2 Co 12, 7); Pedro, en su negación a seguirle (cf. Jn 21, 22); Agustín en su nostalgia de haber llegado “tarde” al amor; Francisco de Asís en su custodia silenciosa de la Orden por él fundada; Ignacio de Loyola en su vanidad que se transforma en la búsqueda de la gloria de Dios; el “cura rural” de Bernanos en la aceptación de sí mismo; el “Cura brochero” en la aceptación de su enfermedad con rectitud de intención; el cardenal Van Thuan redescubriendo en la cárcel la prioridad de Dios; y sobre todo, María como recipiente y fuente a la vez de la Misericordia.

 

Para una cultura de la misericordia

3. “El buen olor de Cristo y la luz de su misericordia”. En las obras de misericordia podemos hoy sentir ese buen olor y percibir esa luz.

Los sacerdotes somos instrumentos del amor misericordioso de Dios con el pecador sobre todo en el sacramento de la Confesión. Por eso nos debe doler “que uno se pierda, o que se quede atrás, o que se equivoque por presunción; que esté fuera de lugar, digamos; que no esté preparado para el Señor, disponible para la tarea que Él quiere confiarle”. (Sobre la figura del sacerdote, ver el discurso del Papa Francisco a la Conferencia episcopal italiana, el 16-V-20016)

Debemos ser signos e instrumentos de su Misericordia, con coherencia, claridad y comprensión, evitando la “autorreferencialidad” y estando disponibles, sin ser nunca “burócratas de lo sagrado”. Así no perderemos el “olor de las ovejas” ni ellas perderán el “olor del pastor”, de modo que nos salvaremos a través del rebaño que se nos ha confiado como gracia.

Nos anima el Papa a todos los cristianos, cuando nos recuerda que “para ejercer las obras de misericordia el Espíritu escoge más bien los instrumentos más pobres, los más humildes e insignificantes, que tienen ellos mismos más necesidad del primer rayo de la misericordia divina”. Y añade que, además de las obras de misericordia concretas, hemos de aspirar a una “cultura de la misericordia”.

Así es, en efecto, la fiesta de la misericordia que Dios quiere hacer, con el concurso de nuestra libertad y saliendo al encuentro de nuestra miseria con su Corazón, en nuestra vida y en la vida del mundo.

 

 

La atención a los mayores cuando,en la soledad, el coronavirus mata más
 Salvador Bernal 

Papa Francisco con personas mayores.

No es fácil el equilibrio entre ética y derecho, moral y política, gobernantes y jueces. Menos aún en tiempos de una crisis sanitaria como la actual. Resulta lamentable politizar o judicializar la protesta, pero no lo es menos la tendencia a responsabilizar a los demás sin asumir la propia culpa, como se comprueba en escaramuzas políticas protagonizadas por gente descaradamente cínica. Al final, pagan siempre los más débiles, en este caso, los ancianos, las personas con dependencias varias, quienes están al final de la vida.

Hace ya casi tres meses empezaron a publicarse datos escalofriantes sobre la mortalidad en residencias en España, Italia, Francia, Reino Unido, Estados Unidos… Se trata de un problema muy complejo, especialmente aquí, por las grandes diferencias en los planteamientos de unas instalaciones y otras, también en función del precio (se pague a través de la administración pública o de bolsillos particulares).

Aunque no faltan leyes generales en España, casi todo depende de las comunidades autónomas: “asuntos sociales”, o su equivalente, no sanidad, aunque tengan un mínimo equipo médico (más bien de enfermería, y de alerta a médicos o a hospitales en caso de urgencia). Crece la inversión exterior en este campo, sobre todo francesa, pero quizá siguen siendo mayoría las residencias más o menos locales, incluso, de gestión casi familiar. Hablar enfáticamente de “medicalizar” resulta más bien propagandístico, cuando falta tanto para universalizar los cuidados paliativos, que debería ser objetivo prioritario.

Por todo esto, deseo referirme a un mensaje del Dicasterio vaticano para los Laicos, la Familia y la Vida sobre las personas mayores en tiempo del coronavirus, publicado el 6 de abril. Quiere hacernos pensar sobre un hecho doloroso: en la soledad, el coronavirus mata más. Por eso, la Santa Sede quiere manifestar “preocupación y agradecimiento, para restituir, al menos un poco, aquella ternura con la cual cada uno de nosotros ha sido acompañando en la vida y para que alcance a cada una de ellas la caricia materna de la Iglesia”.

El punto de partida es fuerte: hablan sólo de estadísticas de Italia, donde en la fecha del documento, más del 80% de las personas que habían perdido la vida tenían más de 70 años. Poco antes, al recibir a los participantes al primer congreso internacional de la pastoral de las personas mayores, organizado por el Dicasterio, el Papa Francisco afirmó que “la soledad puede ser una enfermedad, sin embargo, con la caridad, la cercanía y el consuelo espiritual podemos curarla”.

Hay muchos modos de evitar las actuales situaciones de abandono que, sin duda, se irán reduciendo con la vuelta a la normalidad, también porque la sociedad ha tomado conciencia de su grave omisión. Como en la atención a los pobres y a los más vulnerables, ha crecido la atención a los mayores solos desde parroquias, asociaciones y ONG. Y los sacerdotes continúan con sus visitas a domicilio para administrar los sacramentos.

Pero “la gravedad del momento nos llama a todos a hacer algo más. Individualmente o como Iglesias locales, podemos hacer mucho por las personas mayores: orar por ellas, curar la enfermedad de la soledad, activar redes de solidaridad, y mucho más. Frente al escenario de una generación golpeada de una manera tan fuerte, estamos llamados a una responsabilidad común, que nace de la conciencia del valor inestimable de cada vida humana y por la gratitud hacia nuestros padres y abuelos. Debemos dedicar nuevas energías para defenderlos de esta tempestad, así como cada uno de nosotros ha sido protegido y ayudado en las pequeñas y grandes tormentas de la propia vida. No dejemos solas a las personas mayores, porque en la soledad el coronavirus cobra más vidas”.

Esta solicitud resulta inseparable del esfuerzo continuo para la difusión de los cuidados paliativos, objetivo impulsado también por la Academia Pontificia de la Vida, que convocó a finales de 2019 en Roma, junto con la Fundación Qatar, un simposio internacional sobre “Religión y ética médica: Cuidados paliativos y salud mental durante el envejecimiento”. Al presentarlo, el presidente de la Academia, Mons. Vincenzo Paglia, recordó el documento firmado el 28 de octubre con representantes de las tres religiones abrahámicas, y el Libro Blanco sobre la Promoción y Difusión de los Cuidados Paliativos en el Mundo, preparado por un grupo internacional de expertos y disponible en www.academyforlife.va. “Nos une –añadió- la voluntad de promover una ‘cultura paliativa’, tanto para responder a la tentación de la eutanasia y del suicidio asistido, como, sobre todo, para desarrollar una cultura del cuidado que nos permita ofrecer una compañía de amor hasta el pasaje de la muerte”.

 

 

La actual persecución religiosa: un atentado contra el progreso y desarrollo mundial

 Juan José Corazón 

photo_cameraAtaques a la libertad religiosa.

Estamos acostumbrados a considerar como persecución religiosa aquellos momentos que se han ido repitiendo a lo largo de la historia, desde el momento, mismo, de los orígenes del cristianismo, en los que de un modo directo se terminaba con la vida de los cristianos y de sus lugares de culto, con la pretensión de hacer desaparecer del mundo la influencia del ideal cristiano.

¡Es curioso! Que, a pesar de tantos intentos mundiales de devastación cristiana, la Iglesia de Jesucristo no ha hecho más y más que florecer. Sin embargo, los cristianos lo entendemos bien, porque Cristo dijo, con una rotundidad a la que nadie se atrevería, “Yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos”.

Hoy, desde hace mucho tiempo, el cristianismo, es con mucho, la religión más extendida en el mundo entero y, dentro de él, el catolicismo.

Pero, volvamos a la idea inicial: la consideración generalizada de persecución religiosa de aquellos momentos y lugares en los que ha habido mártires de la fe y devastación de iglesias.

Hoy, lamentablemente, el mundo nos demuestra que esto ya no es así. Aunque el mundo en el que vivimos actualmente continúe produciendo mártires en diversos lugares de la tierra, en una gran parte de este mundo, compuesto fundamentalmente por los países de mayor desarrollo y progreso, el martirio “no es políticamente correcto”, por lo que han surgido fórmulas diversas de persecución religiosa.

La pretensión de suprimir el lugar nuclear que ocupa la familia, como célula básica de la sociedad, compuesta por un esposo y padre varón y una esposa y madre mujer, con el valor único de cada hijo que viene al mundo y relegarla al ámbito de lo ya superado; la intrascendencia del compromiso personal matrimonial; la minusvaloración del niño vivo en el seno de su madre, incluso fomentando su consideración de intruso en este mundo y enemigo vital de su madre; la supervaloración de los sentimientos afectivos personales que conllevan a estar igual con un hombre que con una mujer; la degradación del ser humano por su vejez o enfermedad, sin considerar para nada la enorme riqueza que implica su presencia en la vida de las personas; la determinación de la educación de los niños y jóvenes por unas cuantas personas, que sin ningún derecho a ello, se camuflan bajo la aparente entidad de un estado, que es, en sí mismo, una figura ficticia, sin entidad alguna, que ha creado la propia sociedad y, no ellos, para poder vivir en condiciones mínimamente dignas todos los ciudadanos; el adoctrinamiento en que todo aquello que alguien ofrece a la sociedad, con si iniciativa personal, es explotador y pretende un enriquecimiento injusto.

Un planteamiento que podemos considerar como satánico y, que, por este motivo, espero que no deliberado de los hombres: como no podemos matar a todos los cristianos, matemos sus valores.

¡Gran error!, porque son precisamente esos valores del cristianismo los que han llevado a todos esos países al logro de su mayor progreso y desarrollo.

 

 

 Fiesta del Corpus Christi 2020

 La fiesta del Corpus Christi, este año, ha sido única desde que el Papa Urbano IV la instituyera, en 1264. Debido a la pandemia, en ningún sitio ha podido celebrarse la procesión; ni siquiera en  Toledo, en donde el Corpus es su fiesta principal, “de Interés Turístico Internacional” desde 1980. Son muchos los poetas y escritores españoles que han dedicado hermosos versos a la Eucaristía: Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Cervantes… Santo Tomás de Aquino compuso varios himnos litúrgicos:  “Pange Lingua”,  “Tantum Ergo”, “Adoro te devote” …

Hasta 1990, el Corpus se celebró siempre en jueves. Conocido el refrán: “Hay tres jueves que relumbran más que el Sol: Jueves Santo, Corpus Cristi y el jueves e la Ascensión”. Se trata de la Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Tiene su origen en una visón  de Santa Juliana de Mont-Cornillon o de Lieja en 1208. Su finalidad: honrar  el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, presentes en las especies sacramentales del Pan y del Vino consagrados. 

Se estableció a raíz del milagro eucarístico ocurrido en Bolsena (Italia) en 1263: mientras celebraba la Misa, el sacerdote Pedro de Praga, que dudó de la transubstanciación, vio que la santa Hostia manaba sangre abundante sobre el corporal,  milagro que contempló, estupefacto, el pueblo.  El corporal fue llevado a la catedral de Orvieto, en donde se conserva. Aproximadamente, son 142 los milagros eucarísticos aprobados por la Iglesia. Uno de los más recientes, en Argentina. Monseñor Bergoglio, el actual Pontífice, ordenó su investigación. Los científicos, incluso sin conocer de qué se trataba, declararon que “la carne era parte del ventrículo izquierdo del músculo de un corazón de una persona de aproximadamente 30 años que había sufrido mucho al morir” ( año 1999).

Cristo en la Eucaristía es nuestro “alimento en el camino” hacia la vida eterna: Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida ( Juan 6:55-56 ). “En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros’ (Jn 6, 53)”. Sin Eucaristía, estamos desnutridos espiritualmente, secos. 

La Eucaristía es un misterio conmovedor de Amor del Corazón de Jesús.  Nunca lo agradeceremos bastante. No se entiende la general costumbre de salir de la Iglesia inmediatamente después de comulgar, incluso sin necesidad, olvidados del Divino Huésped. ¿Falta de Fe? ¿Superficialidad? ¿Poco sentido? ¿Escasa educación?

¿Cómo comulgar? Lo enseña la Iglesia: en gracia de Dios y con humildad. Por eso, antes de recibir el Cuerpo del Señor, solemos decir:  “No soy digno de que entres en mi casa…”. El Catecismo (n. 1385 ) recuerda las palabras de San Pablo: : «Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo» (1 Co 11, 27-29). Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar”. Esto, ningún Papa o Concilio lo podría derogar válidamente. En la Sagrada Cena, en Judas  “después del pan entró en él Satanás” (Juan 13, 27).

Conocida, la oración de San Ignacio de Loyola para la Comunión: “Alma de Cristo, santífícame. /Cuerpo de Cristo, sálvame. / Sangre de Cristo, embriágame, /Agua del Costado de Cristo, lávame./ Pasión de Cristo, confórtame. / ¡Oh Buen Jesús, óyeme! / Dentro de tus llagas, escóndeme. / No permitas que me aparte de ti. / Del maligno enemigo, defiéndeme. / En la hora de mi muerte, llámame. / Y mándame ir a ti / para que con tus santos te alabe / por los siglos de los siglos. Amén”.

Josefa Romo Garlito

 

Familia numerosa

 Ángel Cabrero Ugarte 

photo_cameraChema Postigo, en el hospital, pocos días antes de fallecer, junto a su mujer y 8 de sus 15 hijos.

Chema nació en una familia de 14 hermanos. Vivía en con su familia en Cantimpalos y luego en Segovia. Su padre tenía un negocio floreciente, pero apenas tenían dinero para un capricho. Desde muy joven aprovechó cualquier oportunidad para ganar unas pesetas para sus gastos mínimos. Vivió en un ambiente cristiano y amable y desde luego no se le ocurría pensar que les sobraba ningún hermano, como podemos leer en este espléndido libro “Chema Postigo. El hombre que hizo volar su corazón”.

“Sitúate en Cantimpalos, donde nació Chema. Ahí, su abuelo era “el rico del pueblo”, no porque tuviera muchas riquezas, sino porque tenía muchos hijos. Para mi marido, cada hijo era un regalo. ¿Y por qué no un hijo más? Sabíamos perfectamente que una nueva vida es una vida para siempre…; sea enfermo o no; se muera a los 10 días, o al año y medio , o a los 22. La gente ha perdido el sentido de que cada hijo es un don. ¿Que no llegas a final de mes? Bueno, vas justito. Y te aguantas. De todos modos, fíjate que la gente famosa, la que tiene dinero, tiene uno, dos o tres hijos …, no más: no es sólo un tema de pasta” (p. 199).

Chema conoció un día, en una fiesta, a Rosa. Se la presentaron porque ella también tenía 16 hermanos. Sobre la marcha se le ocurrió decirle: si nos casáramos, nuestros hijos tendrían 30 tíos. Y se casaron. Y su experiencia familiar lo que les pedía era tener muchos hijos. En ningún momento se les ocurrió “cuidado, que no nos pase como nuestros padres”. Más bien lo contrario: no hay cosa mejor que las familias numerosas, y tuvieron 18. “En las familias, las tristezas se dividen, y las alegrías se multiplican” (p. 196).

Muchos no pasarían del título de este artículo. No les interesa para nada y les parece una imprudencia, una tontería, etc., tener familias con tantos hijos. Otros, si pasaron del título, con los tres primeros párrafos han pensado “hasta aquí hemos llegado. Esto es una barbaridad”. O, en el mejor de los casos, “esto era posible en otros tiempos”.

Y no es de otros tiempos. Chema falleció hace muy poco, en el 2017, con 57 años. Lo que sí podemos decir es que una familia así necesita convicciones muy cristianas. En España, y en el resto de Europa, predomina un ambiente egoísta: hay un empeño por vivir bien, tener una buena casa, un buen coche. A ser posible una segunda vivienda en la playa o en la montaña. Estoy pensando en gente con un buen sueldo o una buena herencia, o las dos cosas.

Pero en circunstancias no extremas, para tener muchos hijos se necesitan virtudes y la ayuda de la Gracia. Unas personas que participan en la misa y comulgan cada día, gente normal que se confiesa con frecuencia. Gente poco normal que no necesita estar a la última moda en el vestir. Gente que vive la templanza, la sobriedad. El ejemplo de Chema y Rosa es apabullante. Y uno se da cuenta de que cuando hay generosidad para tener 18 hijos, hay corazón para tener cientos de amigos. Y bien sabemos que lo que llena de auténtica felicidad es tener un corazón muy grande.

Jaume Figa Vaello, Chema Postigo. El hombre que hizo volar su corazón, Palabra 2019

 

 


SEÑOR…YO QUIERO SER

Autora: Magui del Mar

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

Poeta Mexicana

Poitiers, París, Francia.

 

Señor…yo quiero ser

como agua viva

que vaya por el mundo dando amores…

que dé…aunque no reciba

y prodigue mis flores.

 

Que olvide las ofensas recibidas,

no piense en sinsabores…

y al encontrar espinas en mi senda,

ojalá que mi canto sea más dulce

y a todo aquel que sufre…yo comprenda.

 

Haz que yo me prodigue …por siempre dando

y a aquel que llore…el consuelo llevando.

 

Mas Señor…soy humana,

mi gran debilidad Tú ven…y sana…

permite que en mi vida

sólo haya cicatrices…ni una herida

y pueda entre mi llanto

repetirte que te amo tanto…tanto.

 

Que al final de mis días decir pueda:

Transité por el mundo el bien haciendo

y si de mí ningún recuerdo queda,

no me importa

si mi existencia plena fui viviendo

y palpando

ese valor que todo lo soporta.

 

Llegar…llegar cantando,

ofrecerte el aroma de mis rosas…

los amores ingratos olvidando,

sin pensar ya en angustias…ni en más cosas.

 

Allí…ya en tu regazo

al sentir la dulzura de tu abrazo,

hundiéndome en tu Seno,

mi espíritu tranquilo…ya sereno,

se fundirá en lo eterno…

Y si yo acaso desde allí pudiera

seguir haciendo el bien,

Señor…cómo quisiera

de nuevo hacerlo desde allá…también.

 

Derechos Reservados.

 

 

MAGUI DEL MAR 

La Dama Azteca de la Pluma de Oro

ruizrmagui@gmail.com

 

 

Chesterton, maestro del sentido común y el buen humor

Raúl Espinoza

Jun 15, 2020

Gilbert Keith Chesterton era un sabio y un apologista nato, pero era consciente de que se podía equivocar y conservó siempre su sencillez y humildad.

El escritor inglés, Gilbert Keith Chesterton nació en Londres en 1874 y falleció en Beaconsfield (Reino Unido) en 1936. Fue periodista, poeta, novelista y ensayista. De joven fue agnóstico y simpatizaba con el espiritismo. Después se incorporó a la iglesia anglicana. Posteriormente, mantuvo constante correspondencia con el intelectual Maurice Baring y el padre Ronald Knox. Después de un largo itinerario, terminó por convertirse a la Iglesia Católica en 1922, al igual que su esposa.

Su conversión causó un enorme revuelo en Inglaterra. Sufrió malos tratos y persecución por este hecho. Debido a ello escribió: “¿Por qué soy católico?” en la que demuestra, entre otros muchos temas, porqué la católica es la verdadera y que en la religión no hay una incompatibilidad entre fe y razón y menos fanatismo. Por ello escribía, con cierta ironía: “La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, pero no la cabeza”.

Sus obras más conocidas son: La esfera y la cruz, Ortodoxia, El hombre eterno, El hombre que fue Jueves, El hombre vivo” (aborda la importancia de la fidelidad conyugal), el serial de novelas sobre el sacerdote y detective, Padre Brown (una especie de Sherlock Holmes), El Napoleón de Notting Hill, etc.

Chesterton poseía un imponente sentido común, “que es el menos común de los sentidos”, como afirmaba el intelectual francés, Reginald Garrigou-Lagrange. Y, además, a este autor inglés se le admira en todas sus obras por su chispeante alegría, gracia y sentido de humor. Afirmaba con seguridad que “la alegría es el gran secreto del cristianismo”. Chesterton era optimista por naturaleza y escribía con firme persuasión: “El optimista cree en los demás y el pesimista sólo cree en sí mismo”.

Era un sabio y un apologista nato, pero era consciente de que se podía equivocar y conservó siempre su sencillez y humildad. Dos anécdotas dan prueba de este hecho. Era un hombre bastante obeso y sabía reírse de sí mismo por esta realidad. Comentaba divertido que era el hombre más caballeroso de Gran Bretaña porque cuando se levantaba del autobús de pasajeros, dejaba dos lugares libres (y no sólo uno) para un par de señoras. Otra anécdota es que cada vez que daba una conferencia y con su masa corpulenta se sentaba en una mesa frente al micrófono, cuando se dirigía a su nutrido auditorio, solía afirmar –en tono jocoso– que, su obesidad no era sino el efecto de una distorsión del micrófono que tenía frente a él y que no le dieran mayor importancia.

Fue un gran promotor de la vida humana, de la adecuada educación de los hijos y de la familia. Afirmaba: “El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es en una oficina ni en un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia”.

Admiraba profundamente la naturaleza y todo lo creado por Dios. Se identificaba con los niños por asombrarse ante lo más elemental y sencillo: un amanecer, el fluir del agua en un río, el mar impetuoso, un cielo estrellado, la belleza de un bosque o de un jardín, el cantar de las aves… Por ello escribía: “La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta”.

Pero también era una persona extrovertida y amiguera. Todos los días frecuentaba a sus amigos e intelectuales en el típico “pub” (bar) inglés y ahí discutía y polemizaba sobre innumerables temas e intercambiaban sus respectivos escritos. Sabía divertirse sanamente y le gustaba la buena cerveza. Tal vez por eso afirmaba: “Beban porque son felices, pero nunca porque se consideren desgraciados”.

Fue un hombre que se adelantó a su tiempo y tuvo una visión profética sobre la familia y la situación política de Europa. Sostenía que si se destruyera la familia, se afectaría gravemente a la sociedad. Sobre el ateísmo, consideraba que “cuando se deja de creer en Dios, pronto se cree en cualquier cosa”. Por ello consideraba que era necesario mantenerse congruentes y firmes en la verdad.

Frente a las ideologías imperantes del Positivismo y el Liberalismo, sostuvo con soltura y agudeza que la inteligencia humana es un poderoso instrumento que las personas tenemos para debatir mediante argumentos convincentes y que la capacidad de razonar supera con creces todas esas visiones reduccionistas y distorsionadas de la realidad.

También fue un gran promotor de la democracia y de la libertad. Escribía: “No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución”. Aunque murió en 1936, profetizó la Segunda Guerra Mundial que estalló el primero de septiembre de 1939. Y veía en Adolfo Hitler –si las naciones no lo frenaban– a un dictador que llevaría al mundo a una conflagración internacional.

Lo sorprendente de este autor inglés es que sus obras se siguen reeditando y los jóvenes las buscan con particular interés. Considero que su gran secreto para argumentar ha consistido en respetar con amabilidad al contrincante y nunca perder la alegría y el sentido de humor. Esa afortunada mezcla de elementos ha hecho que Gilbert Keith Chesterton sea considerado un escritor inmortal.

 

 

Y ahora…

Sería un error pensar que los problemas que pueda tener España con Europa a la hora de afrontar la situación actual y  más concretamente los derivados de la economía, son achacables a la pandemia. El coronavirus ha acelerado e incluso ampliado esos problemas, pero el mal estaba ahí desde la formación del gobierno de Sánchez.

A la vista de los acontecimientos de toda índole que se suceden en la vida pública española, habrá quien piense que Sánchez es una especie de gafe y que  toda su gestión está influenciada por una especie de mal de ojo. La realidad es más sencilla: todo se debe a la estulticia del individuo en cuestión, a su ineficacia y a su narcisismo enfermizo, lo que mezclado con su ansia de poder y la caterva de la que se ha rodeado, da como resultado lo que se está viviendo en España.

Y en estas condiciones llega el momento de ir a Europa y negociar, nada más y nada menos, las ayudas que Bruselas va a repartir con vistas a la recuperación socioeconómica de la Unión y que permitirían colocarla, sin demasiadas desventajas, al lado de China y de los Estados Unidos.

Sería un error pensar que los problemas que pueda tener España con Europa a la hora de afrontar la situación actual y más concretamente los derivados de la economía, son achacables a la pandemia. El coronavirus ha acelerado e incluso ampliado esos problemas, pero el mal estaba ahí desde la formación del gobierno de Sánchez.

La debilidad de nuestra economía, el malestar del empresariado, la situación laboral,  y los desequilibrios sociales, hacen de España un socio incómodo a la hora de hablar de los dineros que van a venir –si al final se consigue- por nuestra cara bonita, en una cuantía muy respetable y que saldrán de países que desconfían de la solvencia y, lo que es peor, de la capacidad de gestión del actual gobierno.

Jesús D Mez Madrid

 

Sobre COVID-19 y las mujeres

Los estados miembros de la ONU están teniendo que aprobar resoluciones de forma remota, a través de un procedimiento silencioso. No hay negociaciones informales de resoluciones. Las delegaciones tienen plazos para objetar las resoluciones. Si no se formula ninguna objeción, se declara adoptada. Esta puede ser la razón por la cual hay dos resoluciones aparentemente opuestas sobre COVID-19 y las mujeres.

El término "salud sexual y reproductiva" se usa ampliamente para agrupar el aborto junto con políticas de salud de planificación materna y de salud materna más ampliamente aceptadas. La administración Trump ha encabezado los esfuerzos para eliminar el término en la política de la ONU y utilizar una terminología menos ambigua.

Si bien reconoce el impacto significativamente mayor de COVID-19 en los hombres, el informe de políticas del Secretario General de la ONU argumenta que "la salud de las mujeres generalmente se ve afectada negativamente por la reasignación de recursos y prioridades, incluidos los servicios de salud sexual y reproductiva", calificándolas de "centrales para salud, derechos y bienestar de mujeres y niñas".

Desde antes de que COVID-19 fuera declarado una pandemia, las agencias de la ONU promovieron el aborto como un servicio esencial que no debe ser interrumpido en las respuestas de salud de COVID-19. Se dedicó aún más atención y recursos a la "salud sexual y reproductiva" en la apelación del Secretario General de la ONU al sistema de la ONU para la pandemia, que también hizo del aborto parte de la respuesta de la ONU al incorporar un manual de la agencia de la ONU que se refiere al aborto como un ser humano. Derecha.

El Comité CEDAW, un panel de derechos humanos de la ONU que rastrea los esfuerzos de los países para implementar el tratado de la ONU sobre los derechos de las mujeres, también emitió su propia nota de orientación sobre COVID-19 que les dice a los países que "deben" proporcionar "acceso confidencial a la sexualidad y la reproducción información y servicios de salud como formas modernas de anticoncepción, servicios de aborto seguro y servicios post-aborto” durante la pandemia.

Valentín Abelenda Carrillo

 

Más dañinos para la vida que el coronavirus

Con motivo de la pandemia de coronavirus, patrones bien documentados de fertilidad durante epidemias, desastres y guerras pasadas sugieren una disminución global de la fertilidad, de acuerdo con un cauteloso estudio temprano sobre las posibles implicancias del coronavirus para la fertilidad del demógrafo Lyman Stone. Pero los efectos de la pandemia sobre la fertilidad están lejos de ser claros y variarán según el país.

Un plan de respuesta de emergencia al coronavirus de la ONU, dado a conocer por agencias de la ONU, con un costo de $2 mil millones, se hace eco de las preocupaciones de la industria abortiva: incluye la “salud sexual y reproductiva” como una  “prioridad estratégica” y la enumera entre los “productos esenciales” cuyo transporte debiese estar garantizado durante la emergencia por el coronavirus.

La Federación Internacional Planned Parenthood lanzó un llamado de emergencia por el coronavirus para recaudar fondos para la Asociación China de Planificación Familiar, que implementa las políticas de control de población de China. La agencia de población de la ONU, UNFPA, también lanzó una campaña para recaudar$67,5 millones para ser gastados en dos meses.

El instituto Guttmacher, entretanto, está advirtiendo sobre la disrupción en la cadena de aprovisionamiento  global de anticonceptivos y píldoras abortivas.

En los EE. UU., la presidente de la Cámara, Nancy Pelosi, intentó, según informes, proponer una alternativa al estímulo de $2 billones del Senado que no incluya la bipartidista enmienda Hyde, una ley de los EE. UU. que impide el financiamiento federal de abortos a nivel doméstico excepto en casos en que un niño es concebido por violación o llevar el embarazo a término pondría en peligro la vida de la madre. Según informes, intentó hacer lo mismo en marzo.

Algunos grupos abortistas están pidiendo a los estados dispensar de los períodos de espera y citas de seguimiento requeridos para los abortos, porque dicen que el traslado adicional expone a las madres al nuevo coronavirus.

Arguyen, también, que las restricciones al movimiento en áreas duramente afectadas por la pandemia están haciendo más difícil para las madres obtener un aborto, por lo cual debiese autorizarse el aborto mediante telemedicina —una controvertida práctica, promovida por la Organización Mundial de la Salud, que podría poner en riesgo a las madres.

Jaume Catalán Díaz

 

 

Ayuda a la Iglesia Necesitada

Ayuda a la Iglesia Necesitada ha puesto en marcha la campaña “Ayúdales a continuar” para que tomemos conciencia y colaboremos con el sostenimiento de sacerdotes y religiosas en los países más pobres, donde ya ha llegado el COVID-19, y que han perdido de golpe su medio de subsistencia, ya que en la mayoría de los casos sus propias comunidades e iglesias locales no pueden ayudarles en estos momentos de grave dificultad.

Se trata, sobre todo, de sacerdotes y religiosas que desempeñan su labor en Oriente Medio, Hispanoamérica, Asia, África y Europa Oriental. En algunos países, dada la situación, no están pudiendo ni desempeñar sus ministerios espirituales y sacramentales, ni llevar a cabo la atención social como el cuidado de enfermos y ancianos, la alimentación física y espiritual del pueblo, el entierro de los muertos y el consuelo de los vivos.

Xus D Madrid

 

Sobre la felicidad o el conformismo 

 

                                Deduje hace muchos años que en este planeta, la felicidad no existe; que es una quimera enorme y en la que se refugian, “los ilusos o faltos de caletre”; que si acaso lo que existe de ella, son “ráfagas” que pasan más o menos veloces por nuestras vidas, pero que todas desaparecen y nos trasladan a las realidades que hemos de vivir, pasadas “las ilusiones que sean”. Existe, sí, en los seres ya cultivados y que llegan a un cierto grado de escepticismo o incluso al sabio estoicismo; lo que yo califico como “conformismo”; o sea aceptar la vida tal y como nos ha llegado, vivirla con la máxima dignidad posible; y esperar el devenir del tiempo; y ese “más allá” del que nada sabemos, pese a que hay filosofías que preconizan, que “se sigue viviendo después de la muerte”; y que el que en esta vida, cumplió “la misión que a ella le trajo”; vivirá mucho mejor en esa otra vida; que dicen marca “el Karma, o Ley de Causa y Efecto”; donde cada cual recibe a tenor con lo que ha sembrado, por tanto y ya lo dice el dicho popular… “El que siembra tormentas, recibe o recibirá tempestades”.

                                De los mejores libros que yo he tenido en mis manos, destaco como primero de ellos, el titulado “LOS ESTOICOS”; y que es un no muy voluminoso libro de 270 páginas, editado por, http://www.editorial-na.com y el que contiene, un amplio resumen de la obra de tres famosos sabios, cuales fueron Epicteto, Séneca y Marco Aurelio; libro “inagotable”; y el que me acompaña desde hace ya muchos años, puesto que donde yo vaya, aún en mis largos viajes, este libro fue y va con migo. Del mismo les copio lo que sigue y que escribiera, Marco Aurelio, que fue emperador romano, lo que debe sorprendernos aún más, puesto que “la sabiduría casi siempre está fuera del gobierno y la política”: veamos:

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                                “He aquí una reflexión que puede ayudarte también a desterrar la vanidad: si has practicado las máximas de la filosofía toda tu vida o, por lo menos, desde tu juventud primera, hacerlo no ha sido mérito tuyo, pues muchas personas saben, y  tú mismo también, que has estado muy lejos de ello. Hete aquí, pues, confundido; desde ahora en adelante ya no te será fácil adquirir el honroso título de filósofo; tu situación misma te lo impide. Luego si juzgas bien el estado de las cosas, no te preocupes más de la reputación que hubieras podido dejar después de la muerte y conténtate con pasar el resto de tus días tal como tu naturaleza sea. Que tu reflexión te lleve a conocer los deberes que el espíritu te impone y que por ningún pretexto te apartes de este estudio. Has querido buscar la felicidad en esta vida, y ¿por cuantos caminos no te has extraviado? En los sofistas de las escuelas, en las riquezas, en la gloria, en los placeres, en ninguna parte has podido encontrarla. ¿Dónde está pues? En la práctica de las acciones que la naturaleza del hombre exige. ¿Y el medio de practicarlas? Ateniéndose siempre a los principios que son el origen de nuestros deseos y de nuestras acciones. Pero, ¿cuáles son esos principios? Los que engendran los verdaderos bienes y los verdaderos males, es decir, los que nos hacen discernir que sólo es bueno en el hombre lo que hace justo, moderado, valeroso, libre; y que sólo es malo lo que produce en él efecto contrario a estas bellas cualidades”.

******************

                                Pueden sorprender estas reflexiones de un emperador, que gobierna con los máximos poderes en que gobernaron aquellos emperadores romanos, generalmente envueltos en pasiones y podredumbres de todo tipo; pese a ello, aquel imperio, fue maestro y lo sigue siendo para el mundo actual y el venidero, puesto que las estructuras que nos sostienen fueron romanas; y pese a todo lo malo que pudiera generarse en aquel largo imperio, puesto que fue y sigue siendo el más largo, de todos los tiempos (dura desde siete siglos antes de Cristo hasta quince después de su muerte) o sea que suman nada menos que veintidós siglos, en los que pese a todo, se elaboran los cimientos y estructuras que aún sostienen, el decadente siglo veintiuno, el que si no cae, será por cuanto se rescaten todo lo bueno y positivo de aquellas enseñanzas; cosa que está por ver… “Es más, incluso me atrevo a decir hoy, que es incluso Cristo el que si sus enseñanzas se llegan a extender por aquel mundo y el nuestro, es por cuanto nace y es crucificado, dentro del Imperio Romano, puesto que de no ser así, ese Cristo, hubiera pasado desapercibido, en un pequeño y minúsculo pueblo, que como tantos otros, había fuera del Imperio Romano, y cuya historia ha desaparecido”.

                                ¿Pero qué se enseña hoy en escuelas y universidades si en verdad no hay Maestros, verdaderos MAESTROS? La enseñanza hoy, yo la resumo en pocas palabras, puesto que nos enseñaron y siguen enseñando, “sólo a ir muy deprisa hacia ninguna parte”… Y a la vista está, cómo se encuentra el planeta actual y en todas sus latitudes. Y esto queda fuera de cualquier doctrina, “política o religiosa”; de ahí que al menos se deban enseñar lo que ya dedujeron los verdaderos estoicos hace muchos siglos; y lo que pese a ello, siguen teniendo una actualidad “vital y esperanzadora”.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

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