Las Noticias de hoy 13 Enero 2020

Enviado por adminideas el Dom, 19/01/2020 - 17:19
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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 13 de enero de 2020       

Indice:

ROME REPORTS

«Bautizar a un niño es un acto de justicia», dice el Papa

Ángelus: «Festejen en el corazón la fecha del Bautismo cada año»

LLAMADA DE LOS PRIMEROS DISCÍPULOS: Francisco Fernandez Carbajal

“Que os sepáis perdonar”: San Josemaria

Sentido de misión (I): Lucas Buch

Recuerdos del viaje pastoral a Uganda

La vida sin Dios: José Brage

Ante el Sagrario: Ernesto Juliá

Unidos por el vínculo de la gracia bautismal

Dios en los fracasos: José Martínez Colín

Nueva década: Lucha nueva: Sheila Morataya

Expertos en Bioética, contra el plan del Gobierno de permitir a las menores abortar

LOS CELULARES Y LOS NIÑOS: Ing. José Joaquín Camacho                                  

Rebeldía de la vida común: Blanca Sevilla

Globos de oro o globos de la muerte: Mario Arroyo.

¿Deben competir las mujeres trans junto al resto de atletas femeninas?: Julio Tudela

El difícil conocimiento de sí mismo en nuestro mundo: Acción Familia

Un Sí a Dios: Pedro García

Que testimonien el valor sagrado de toda vida humana: Domingo Martínez Madrid

¿Cómo es posible?: Jesús D Mez Madrid

¿Falta dinero… o sobran malos políticos?: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

 

 

 

 

«Bautizar a un niño es un acto de justicia», dice el Papa

Homilía para el bautismo de 32 niños

enero 12, 2020 15:56Raquel AnilloPapa y Santa Sede, Vaticano

(ZENIT 12 enero 2020).- Bautizar a un niño es un acto de justicia «, dijo el Papa Francisco, celebrando el bautismo de 32 niños, (17 niños y 15 niñas), en la Capilla Sixtina este 12 de enero de 2020.

Como cada año según la tradición para la fiesta del Bautismo del Señor, el Papa bautizó a los hijos de los empleados del Vaticano. «En el Bautismo», dijo en su homilía, «le damos un tesoro, le damos una promesa: el Espíritu Santo … quien lo defenderá, lo ayudará a lo largo de su vida».

«Cuando un niño llora en la iglesia, es un hermoso sermón», también aseguró el Papa

AK

A continuación ofrecemos la homilía del Papa Francisco completa:

***                                                                                                                                                                                                                                 Homilía del Santo Padre

Así como Jesús, fue a bautizarse, ustedes traen a sus hijos.

Jesús responde a Juan: «Hágase toda justicia» (cf. Mt 3,15). Bautizar a un hijo es una un acto de justicia para él. ¿Y por qué? Porque nosotros en el Bautismo le damos un tesoro, nosotros en el Bautismo le damos una promesa: el Espíritu Santo. El niño sale [del Bautismo] con el poder del Espíritu dentro: el Espíritu que lo defenderá, lo ayudará, a lo largo de su vida. Por eso es tan importante bautizarlos de niños, para que crezcan con el poder del Espíritu Santo.

Este es el mensaje que me gustaría darles hoy. Ustedes traen a sus hijos hoy, [para que tengan] en ellos el Espíritu Santo. Procuren que crezcan con la luz, con el poder del Espíritu  Santo, a través de la catequesis, la ayuda, la enseñanza, los ejemplos que ustedes les darán en sus casas … Este es el mensaje.

No quiero decir nada más en voz alta. Sólo una advertencia. Los niños no están acostumbrados a venir a la Sixtina, ¡es la primera vez! No están acostumbrados a estar encerrados en un ambiente cálido. Y no están acostumbrados a vestirse así para una fiesta tan hermosa como la de hoy. Se sentirán un poco incómodos en algún momento. Y uno empezará a llorar… – el concierto no ha comenzado todavía! – pero uno comenzará, luego el otro… No se asusten, dejen que los niños lloren y griten. Pero más bien, si su bebé llora y se queja, tal vez sea porque hace demasiado calor: quítele algo; o porque tiene hambre: amamántelo, aquí, siempre en paz.

También dije esto el año pasado: tienen una dimensión «coral»: basta con que uno de ellos dé el «la» y todo el mundo empieza, y hace un concierto. No se preocupen. Cuando un niño llora en la iglesia, es una hermosa predicación. Hagan algo para que se sienta bien y continuemos.

Recuerden: ustedes llevan el Espíritu Santo dentro de sus hijos.

 

Ángelus: «Festejen en el corazón la fecha del Bautismo cada año»

Palabras del Papa antes del Ángelus

enero 12, 2020 13:08Raquel AnilloAngelus y Regina Coeli

(ZENIT – 12 enero 2020).- “El que se jacta no es un buen discípulo. El buen discípulo es humilde, gentil, hace el bien sin ser notado», dijo el Papa Francisco en el Ángelus que presidió en la Plaza de San Pedro este 12 de enero de 2020.

«En la fiesta del Bautismo de Jesús, redescubrimos nuestro Bautismo», subrayó el Papa, evocando la fiesta del día, concluyendo el tiempo de Navidad: «Somos hijos amados: ¡el Padre nos ama a todos! –  Objetos de la alegría de Dios, hermanos de muchos hermanos, investidos de una gran misión para testimoniar y anunciar a todos los hombres el amor infinito del Padre».

«Festejen en su corazón la fecha de su Bautismo cada año», también recomendó el Papa. Háganlo. También es un deber de justicia para el Señor que ha sido tan bueno con nosotros».

AK

Estas son las palabras del Papa al introducir la oración mariana:

***

Palabras del Papa del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Una vez más he tenido la alegría de bautizar a algunos niños en la fiesta del Bautismo del Señor, hoy eran 32. Oremos por ellos y sus familias.

La liturgia de este año nos propone el acontecimiento del Bautismo de Jesús según el relato del Evangelio de Mateo (cf. 3:13-17). El evangelista describe el diálogo entre Jesús, que pide el Bautismo, y Juan el Bautista, que quiere negarse y observa: «Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, y tu vienes a mí?» (v. 14). Esta decisión de Jesús sorprende al Bautista: de hecho, el Mesías no necesita ser purificado; es Él en cambio quien purifica. Pero Dios es el Santo, sus caminos no son los nuestros y Jesús es el Camino de Dios, un camino impredecible. Recordemos que Dios es el Dios de las sorpresas.

Juan había declarado que había una distancia abismal e insalvable entre él y Jesús. «No soy digno de llevar sus sandalias». (Mt 3,11), dijo. Pero el Hijo de Dios vino precisamente para salvar la brecha entre el hombre y Dios. Si Jesús está del lado de Dios, también está del lado del hombre, y reúne lo que estaba dividido. Por eso le respondió a Juan: «Déjalo por ahora, porque conviene que cumplamos con toda justicia» (v. 15). El Mesías pide ser bautizado, para que toda la justicia se cumpla, es decir, se realice el plan del Padre que pasa por el camino de la obediencia filial y de solidaridad con el hombre frágil y pecador. Es el camino de la humildad y de la total cercanía de Dios a sus hijos.

El profeta Isaías proclama también la justicia del Siervo de Dios, que cumple su misión en el mundo con un estilo contrario al espíritu mundano: «No gritará ni elevará el tono, no hará que se oiga por las calles, dice el profeta, no romperá la caña quebrada, no apagará la mecha con una llama que arde débilmente» (42,2-3). Es la actitud de mansedumbre, es lo que nos enseña Jesús con su humildad, es la actitud de la gentileza, simplicidad, el  respeto, la moderación y ocultamiento, que pide  también hoy Jesús a los discípulos. Cuantos discípulos del Señor se pavonean de ser discípulos del Señor. No es un buen discípulo el que se pavonea, buen discípulo es el humilde, el manso, el que hace el bien sin hacerse ver. En la acción misionera, la comunidad cristiana está llamada a encontrarse con los demás siempre proponiendo y no imponiendo, dando testimonio, compartiendo la vida concreta de las personas.

Tan pronto como Jesús fue bautizado en el río Jordán, los cielos se abrieron y el Espíritu Santo descendió sobre Él como una paloma, mientras que una voz resonaba desde lo alto diciendo: «Este es mi Hijo», El amado: en quien tengo puesta toda mi complacencia» (Mt 3,17). En la Fiesta del Bautismo de Jesús redescubrimos nuestro Bautismo. Como Jesús es el Hijo amado del Padre, nosotros también, renacidos del agua y por el Espíritu Santo sabemos que somos hijos amados; el Padre nos ama a todos, objeto de la complacencia de Dios, hermanos de muchos otros hermanos, investidos con una gran misión para dar testimonio y anunciar a todos los hombres el amor infinito del Padre.

Esta fiesta del Bautismo de Jesús, nos hace recordar nuestro Bautismo, también nosotros hemos renacido, en el Bautismo vino el Espíritu Santo a nosotros por eso es importante recordar, saber, cual es la fecha de mi Bautismo. Sabemos cuál es la fecha de nuestro nacimiento, pero no siempre sabemos cuando es la fecha de nuestro Bautismo, seguramente algunos de ustedes, no lo saben, es una tarea para que hagan en casa, cuando regresen, pregunten, ¿Cuándo fui bautizada, cuándo me bautizaron? y festejen en el corazón la fecha del Bautismo cada año, háganlo, porque es un deber de justicia hacia el Señor que ha sido tan bueno con nosotros.

Que María Santísima nos ayude a comprender cada vez más el don del Bautismo y a vivirlo con coherencia en las situaciones cotidianas.

 

LLAMADA DE LOS PRIMEROS DISCÍPULOS

— El Señor llama a los discípulos en medio de su trabajo. A nosotros nos llama también en nuestros quehaceres, y nos deja en ellos para que los santifiquemos y le demos a conocer.

— La santificación del trabajo. El ejemplo de Cristo.

— Trabajo y oración.

I. Después del Bautismo, con el que inaugura su ministerio público, Jesús busca a aquellos a quienes hará partícipes de su misión salvífica. Y los encuentra en su trabajo profesional. Son hombres habituados al esfuerzo, recios, sencillos de costumbres. Al pasar junto al mar de Galilea -se lee en el Evangelio de la Misa1-, vio a Simón y a Andrés, que echaban las redes en el mar, pues eran pescadores. Y les dijo Jesús: Seguidme, y os haré pescadores de hombres. Y cambia la vida de estos hombres.

Los Apóstoles fueron generosos ante la llamada de Dios. Estos cuatro discípulos –Pedro, Andrés, Juan y Santiago– conocían ya al Señor2, pero es este el momento preciso en el que, respondiendo a la llamada divina, deciden seguirle del todo, sin condiciones, sin cálculos, sin reservas. Así la siguen hoy muchos en medio del mundo, con entrega total en un celibato apostólico. Desde ahora, Cristo será el centro de sus vidas, y ejercerá en sus almas una indescriptible atracción. Jesucristo los busca en medio de su tarea ordinaria, como hizo Dios con los Magos –según hemos contemplado hace pocos días–: por aquello que les podía ser más familiar, el brillo de una estrella; como llamó el Ángel a los pastores de Belén, mientras cumplen con su deber de guardar el ganado, para que fueran a adorar al Niño Dios y acompañaran aquella noche a María y a José...

En medio de nuestro trabajo, de nuestros quehaceres, nos invita Jesús a seguirle, para ponerle en el centro de la propia existencia, para servirle en la tarea de evangelizar el mundo. «Dios nos saca de las tinieblas de nuestra ignorancia, de nuestro caminar incierto entre las incidencias de la historia, y nos llama con voz fuerte, como un día lo hizo con Pedro y con Andrés: Venite post me, et faciam vos fieri piscatores hominum (Mt 4, 19), seguidme y yo os haré pescadores de hombres, cualquiera que sea el puesto que en el mundo ocupemos»3. Nos elige y nos deja –a la mayor parte de los cristianos, los laicos– allí donde estamos: en la familia, en el mismo trabajo, en la asociación cultural o deportiva a la que pertenecemos... para que en ese lugar y en ese ambiente le amemos y le demos a conocer a través de los vínculos familiares, o de las relaciones de trabajo, de amistad...

Desde el momento en que nos decidimos a poner a Cristo como centro de nuestra vida, todo cuanto hacemos queda afectado por esa decisión. Debemos preguntarnos si somos consecuentes ante lo que significa que el trabajo se convierta en el lugar para crecer en esa amistad con Jesucristo, mediante el desarrollo de las virtudes humanas y de las sobrenaturales.

II. El Señor nos busca y nos envía a nuestro ambiente y a nuestra profesión. Pero quiere que ese trabajo sea ya diferente. «Me escribes en la cocina, junto al fogón. Está comenzando la tarde. Hace frío. A tu lado, tu hermana pequeña –la última que ha descubierto la locura divina de vivir a fondo su vocación cristiana– pela patatas. Aparentemente –piensas– su labor es igual que antes. Sin embargo, ¡hay tanta diferencia!

»—Es verdad: antes “solo” pelaba patatas; ahora, se está santificando pelando patatas»4.

Para santificarnos con los quehaceres del hogar, con las gasas y las pinzas del hospital (¡con esa sonrisa habitual ante los enfermos!), en la oficina, en la cátedra, conduciendo un tractor o delante de las mulas, limpiando la casa o pelando patatas..., nuestro trabajo debe asemejarse al de Cristo, a quien hemos contemplado en el taller de José hace unos días, y al trabajo de los apóstoles, a quienes hoy, en el Evangelio de la Misa, vemos pescando. Debemos fijar nuestra atención en el Hijo de Dios hecho Hombre mientras trabaja, y preguntarnos muchas veces: ¿qué haría Jesús en mi lugar?, ¿cómo realizaría mi tarea? El Evangelio nos dice que todo lo hizo bien5, con perfección humana, sin chapuzas; y eso significa hacer el trabajo con espíritu de servicio a sus vecinos, con orden, con serenidad, con intensidad; entregaría los encargos en el plazo convenido, remataría su trabajo artesano con amor, pensando en la alegría de los clientes al recibir un trabajo sencillo, pero perfecto; se fatigaría... También realizó Jesús su quehacer con plena eficacia sobrenatural, pues a la vez, con ese mismo trabajo, estaba realizando la redención de la humanidad, unido a su Padre con amor y por amor, unido a los hombres también por amor a ellos6, y lo que se hace por amor, compromete.

Ningún cristiano puede pensar que, aunque su trabajo sea aparentemente de poca importancia –o así lo juzguen con ligereza algunos, con sus comentarios superficiales–, puede realizarlo de cualquier modo, con dejadez, sin cuidado y sin perfección. Ese trabajo lo ve Dios y tiene una importancia que nosotros no podemos sospechar. «Me has preguntado qué puedes ofrecer al Señor. —No necesito pensar mi respuesta: lo mismo de siempre, pero mejor acabado, con un remate de amor, que te lleve a pensar más en Él y menos en ti»7.

III. Para un cristiano que vive cara a Dios, el trabajo debe ser oración –pues sería una gran pena que «solo» pele patatas, en vez de santificarse mientras las pela bien–, una forma de estar a lo largo del día con el Señor, y una gran oportunidad de ejercitarse en las virtudes, sin las cuales no podría alcanzar la santidad a la que ha sido llamado; es, a la vez, un eficaz medio de apostolado.

Oración es conversar con el Señor, elevar el alma y el corazón hasta Él para alabarle, darle gracias, desagraviarle, pedirle nuevas ayudas. Esto se puede llevar a cabo por medio de pensamientos, de palabras, de afectos: es la llamada oración mental y la oración vocal; pero también se puede hacer por medio de acciones capaces de transmitir a Dios lo mucho que queremos amarle y lo mucho que lo necesitamos. Así pues, oración es también todo trabajo bien acabado y realizado con visión sobrenatural8, es decir, con la conciencia de estar colaborando con Dios en la perfección de las cosas creadas y de estar impregnando todas ellas con el amor de Cristo, completando así su obra redentora, cumplida no solo en el Calvario, sino también en el taller de Nazaret.

El cristiano que está unido a Cristo por la gracia convierte sus obras rectas en oración; por eso es tan importante la devoción del ofrecimiento de obras por las mañanas, al levantarnos, en la que, con pocas palabras, le decimos al Señor que toda la jornada es para Él; renovarlo luego algunas veces durante el día, y principalmente en la Santa Misa, es de gran importancia para la vida interior. Pero el valor de esta oración que es el trabajo del cristiano dependerá del amor que se ponga al realizarlo, de la rectitud de intención, del ejercicio de la caridad, del esfuerzo para acabarlo con competencia profesional. Cuanto más actualicemos la intención de convertirlo en instrumento de redención, mejor lo realizaremos humanamente, y más ayuda estaremos prestando a toda la Iglesia. Por la naturaleza de algunos trabajos, que exijan una gran concentración de la atención, no será fácil tener la mente con frecuencia en Dios; pero, si nos hemos acostumbrado a tratarle, buscándole de modo esforzado, Él estará como «una música de fondo» de todo lo que hacemos. Desempeñando así nuestras tareas, trabajo y vida interior no se interrumpirán, «como el latir del corazón no interrumpe la atención a nuestras actividades de cualquier tipo que sean»9. Por el contrario, trabajo y oración se complementan, como se enlazan con armonía las voces y los instrumentos. El trabajo no solo no entorpece la vida de oración, sino que se convierte en su vehículo. Se cumple entonces lo que le pedimos en esa hermosa oración10 al Señor: Actiones nostras, quaesumus, Domine, aspirando praeveni et adiuvando prosequere: ut cuncta nostra oratio et operatio a te semper incipiat, et per te coepta finiatur: que todo nuestro día, nuestra oración y nuestro trabajo, tomen su fuerza y empiecen siempre en Ti, Señor, y que todo lo que hemos comenzado por Ti llegue a su fin11.

Si Jesucristo, a quien hemos constituido en centro de nuestra existencia, está en el trasfondo de todo lo que realizamos, nos resultará cada vez más natural aprovechar las pausas que hay en toda labor para que esa «música de fondo» se transforme en auténtica canción. Al cambiar de actividad, al permanecer con el coche parado ante la luz roja de un semáforo, al acabar un tema de estudio, mientras se consigue una comunicación telefónica, al colocar las herramientas en su sitio..., vendrá esa jaculatoria, esa mirada a una imagen de Nuestra Señora o al Crucifijo, una petición sin palabras al Ángel Custodio, que nos reconfortan por dentro y nos ayudan a seguir en nuestro quehacer.

Como el amor sabe encontrar recursos, es ingenioso, sabremos poner algunas «industrias humanas», algunos recordatorios, que nos ayuden a no olvidarnos de que a través de lo humano hemos de ir a Dios. «Pon en tu mesa de trabajo, en la habitación, en tu cartera..., una imagen de Nuestra Señora, y dirígele la mirada al comenzar tu tarea, mientras la realizas y al terminarla. Ella te alcanzará –¡te lo aseguro!– la fuerza para hacer, de tu ocupación, un diálogo amoroso con Dios»12.

1 Mc 1, 14-20. — 2 Cfr. Jn 1, 35-42. — 3 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, Rialp, 1ª ed., Madrid 1973, 45. — 4 ídem, Surco, Rialp, 3ª ed., Madrid 1986, n. 498. — 5 Mc 7, 37. — 6 Cfr. J. L. Illanes, La santificación del trabajo, Palabra, 5ª ed., Madrid 1974, p. 77 ss. — 7 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 495. — 8 Cfr. R. Gómez Pérez, La fe y los días, Palabra, 3ª ed., Madrid 1973, pp. 107-110. — 9 San Josemaría Escrivá, Carta 15-X-1948. — 10 Enchiridion Indulgentiarum, Políglota Vaticana, Roma 1968, n. 1. — 11 Cfr. S. Canals, Ascética meditada, Rialp, 15ª ed., Madrid 1981, p. 142. — 12 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 531.

 

 

“Que os sepáis perdonar”

¡Con cuánta insistencia el Apóstol San Juan predicaba el “mandatum novum”! –“¡Que os améis los unos a los otros!” –Me pondría de rodillas, sin hacer comedia –me lo grita el corazón–, para pediros por amor de Dios que os queráis, que os ayudéis, que os deis la mano, que os sepáis perdonar. –Por lo tanto, a rechazar la soberbia, a ser compasivos, a tener caridad; a prestaros mutuamente el auxilio de la oración y de la amistad sincera. (Forja, 454)

Jesucristo, Señor Nuestro, se encarnó y tomó nuestra naturaleza, para mostrarse a la humanidad como el modelo de todas las virtudes. Aprended de mí, invita, que soy manso y humilde de corazón.
Más tarde, cuando explica a los Apóstoles la señal por la que les reconocerán como cristianos, no dice: porque sois humildes. El es la pureza más sublime, el Cordero inmaculado. Nada podía manchar su santidad perfecta, sin mancilla. Pero tampoco indica: se darán cuenta de que están ante mis discípulos porque sois castos y limpios.
Pasó por este mundo con el más completo desprendimiento de los bienes de la tierra. Siendo Creador y Señor de todo el universo, le faltaba incluso el lugar donde reclinar la cabeza. Sin embargo, no comenta: sabrán que sois de los míos, porque no os habéis apegado a las riquezas. Permanece cuarenta días con sus noches en el desierto, en ayuno riguroso, antes de dedicarse a la predicación del Evangelio. Y, del mismo modo, no asegura a los suyos: comprenderán que servís a Dios, porque no sois comilones ni bebedores.
La característica que distinguirá a los apóstoles, a los cristianos auténticos de todos los tiempos, la hemos oído: en esto -precisamente en esto- conocerán todos que sois mis discípulos, en que os tenéis amor unos a otros. (Amigos de Dios, 224)

 

 

Sentido de misión (I)

Vivir con sentido de misión es saberse enviados por el Señor para llevar su Amor a quienes tenemos cerca. Esto supone decidir en cada momento –bajo el impulso del Espíritu Santo– qué hacer, en función de esa misión que da contenido y finalidad a nuestro paso por la tierra.

Vocación03/09/2018

Escucha el artículo «Amados, llamados, enviados. Sentido de misión (I)»

Descarga el libro electrónico: «Para mí, vivir es Cristo» (Disponible en PDF, ePub y Mobi)


Hay una escena en los primeros capítulos del libro de los Hechos que no ha perdido un ápice de fuerza. Después de haber sido encarcelados, los apóstoles son milagrosamente liberados por un ángel y, en lugar de huir de las autoridades, vuelven al templo a predicar. De nuevo, son arrestados y conducidos ante los príncipes de los sacerdotes. Estos, sorprendidos de lo que ven, les preguntan: «¿No os habíamos mandado expresamente que no enseñaseis en ese nombre?». Los apóstoles, lejos de arredrarse, responden: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5,28-29).

Los primeros cristianos heredaron esa profunda convicción. El libro de los Hechos recoge múltiples ejemplos, y la historia de los primeros siglos del cristianismo es suficientemente elocuente. Con la naturalidad de lo auténtico, una y otra vez nos encontramos con la misma necesidad: «nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20). Los creyentes son capaces de afrontar castigos, e incluso la muerte, sin perder la alegría. Hay algo en su corazón que les hace felices, una plenitud y una Vida que ni siquiera la muerte puede quitarles, y que no pueden dejar de compartir. Para nosotros, que hemos llegado a la Iglesia mucho tiempo después, surge clara una pregunta: ¿Es todo eso algo propio del pasado? ¿o deberíamos vivir nosotros algo parecido?

La actualidad de la llamada

Quizá nos parece que entre nosotros y aquellos primeros cristianos hay un abismo, que ellos poseían un grado de santidad que jamás podremos alcanzar, que la cercanía física con Jesucristo (o al menos con alguno de los Doce) les hizo poco menos que impecables y les llenó de un encendimiento que nada ni nadie podía apagar. En realidad, basta abrir el Evangelio para darnos cuenta de que no es así.

No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído (Hch 4,20)

Muchas veces los apóstoles se presentan como hombres con miserias: tanto como nosotros. Por otra parte, no tienen una especial preparación intelectual. Jesús envía a los primeros setenta y dos cuando llevan apenas unas pocas semanas con Él… (cfr. Lc 10,1 - 12). Sin embargo, los fieles de la primera Iglesia tienen muy clara una cosa: que Jesucristo, el Señor, ha muerto y ha resucitado por cada uno de ellos, que les ha entregado el Don del Espíritu Santo y que con ellos cuenta para que esa Salvación llegue al mundo entero. No es cuestión de preparación, ni de tener unas condiciones excepcionales para el apostolado; se trata sencillamente de acoger la llamada de Cristo, de abrirse a su Don y de corresponder con la propia vida. Tal vez por eso el Papa Francisco ha querido recordarnos, con palabras de san Pablo, que «a cada uno de nosotros el Señor nos eligió “para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor” (Ef 1,4)»[1].

La Iglesia de todos los tiempos es consciente de haber recibido de Cristo una llamada y, con ella, una tarea; es más, ella misma es esa llamada y es esa tarea: la Iglesia «es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre»[2]. No se trata de un hermoso deseo, o de una empresa humana, sino que su «misión continúa y desarrolla a lo largo de la historia la misión del mismo Cristo»[3]. En otras palabras, la Iglesia –y, en ella, cada uno de sus fieles– es continuación de la misión de Cristo, que fue enviado a la tierra para hacer presente y llevar a consumación el Amor de Dios por sus criaturas. Y eso es posible porque el Señor le envió –y nos envía– al Espíritu Santo, que es el principio de ese mismo Amor.

Así pues, también nosotros somos fruto de una llamada, y nuestra vida consiste en una tarea en el mundo y para el mundo. Nuestra vida espiritual y la idea que tenemos del apostolado cambian cuando las consideramos en esta perspectiva. El Señor nos ha buscado y nos envía al mundo para compartir con todos la Salvación que hemos recibido. «“Id, predicad el Evangelio... Yo estaré con vosotros...” Esto ha dicho Jesús... y te lo ha dicho a ti»[4]. A mí: a cada una y a cada uno. En la presencia de Dios, podemos considerar: «Soy cristiano porque Dios me ha llamado y me ha enviado...». Y desde el fondo del corazón, movidos por la fuerza de su Espíritu, contestaremos con las palabras del Salmo: «¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!» (cfr. Sal 40,8-9)

La experiencia de un mandato imperativo

Durante los años cincuenta, cuando viajaba por Europa para visitar a los primeros fieles del Opus Dei que habían marchado a distintos países para poner en marcha la labor apostólica de la Obra, san Josemaría «dirigía a menudo la oración de la tarde de quienes le acompañaban, haciéndoles considerar el texto evangélico en que el Señor dice a los apóstoles: Os he elegido para que vayáis…, ut eatis»[5]. Era como un estribillo. Procuraba que las palabras de Jesús resonaran en los corazones de quienes tenía cerca. Así procuraba que se reafirmaran en la verdad que daba sentido a su vida y que mantuvieran vivo el sentido de misión que ponía en movimiento su entera existencia: « No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca» (Jn 15,16).

La llamada del Señor sigue resonando a través de los siglos, en el corazón de cada creyente

Hemos leído –y hemos escuchado– muchas historias de las primeras personas que siguieron al Señor en el Opus Dei: el primer círculo, en el asilo de Porta Coeli; la primera Residencia, en la calle Ferraz; la intensa vida de familia que San Josemaría procuró cultivar durante los años dramáticos de la Guerra Civil; la primera expansión por España; la llegada a Roma; la rápida expansión por todo el mundo… Aquellos jóvenes –y no tan jóvenes– seguían al Fundador conscientes de estar siguiendo una auténtica llamada de Dios. A través de la Obra, habían encontrado a Jesucristo y habían descubierto un tesoro por el que valía la pena dar la vida entera: el Amor de Cristo, la misión de llevar ese Amor al mundo entero, de acercar a muchas personas a su calor, de encender los corazones en ese fuego divino. No necesitaban que nadie se lo recordase: les urgía extender el incendio. Es muy comprensible: «El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión»[6].

Unos eran jóvenes y entusiastas, otros, quizás más fríos y racionales; pero todos estaban convencidos de que, detrás de aquel joven sacerdote y de la obra que tenía entre manos, había un querer explícito de Dios. Por eso fueron capaces de seguir la invitación del Señor, dejar todas las cosas y seguirle. Habían experimentado aquello que san Josemaría les repetía: «No olvidéis hijos míos, que no somos almas que se unen a otras almas, para hacer una cosa buena. Esto es mucho... pero es poco. Somos apóstoles que cumplimos un mandato imperativo de Cristo»[7]. Y, como seguían a Jesús con plena libertad, aquel mandato no les pesaba. Al contrario. Es lo que también les repetía el Fundador: «Esa convicción sobrenatural de la divinidad de la empresa acabará por daros un entusiasmo y amor tan intenso por la Obra, que os sentiréis dichosísimos sacrificándoos para que se realice»[8]. No necesitaban que nadie les glosara el sentido de estas palabras: lo vivían.

No hacemos apostolado, ¡somos apóstoles!

Contemplar las historias de los comienzos no nos deja indiferentes. Han pasado muchos siglos desde la predicación apostólica. No han pasado aún cien años desde la Fundación de la Obra. Toda la historia de la Iglesia nos permite comprender que la llamada del Señor sigue resonando a través de los siglos, en el corazón de cada creyente –en el nuestro–. El Amor se ha presentado en nuestra vida, hemos sido alcanzados por Cristo (cfr. Flp 3,12): a cada una y a cada uno nos corresponde abrazar ese Amor y dejar que nuestras vidas sean transformadas por Él. Una cosa va unida a la otra. Cuanto más centrada está nuestra vida en Cristo, más «se fortalece el sentido de misión de nuestra vocación, con una entrega plena y alegre»[9].

Los primeros y las primeras en la Obra, como aquellos primeros cristianos, encontraron a Jesucristo, abrazaron con todas sus fuerzas su Amor y la misión que les presentaba, y vieron cómo su vida se transformaba de un modo maravilloso. En ellos se cumplió lo mismo que el Padre ha querido recordarnos poco después de su elección: «Somos libres para amar a un Dios que llama, a un Dios que es amor y que pone en nosotros el amor para amarle y amar a los demás. Esta caridad nos da plena conciencia de nuestra misión, que no es “un apostolado ejercido de manera esporádica o eventual, sino habitualmente y por vocación, tomándolo como el ideal de toda la vida”»[10].

Somos libres para amar a un Dios que llama, a un Dios que es amor y que pone en nosotros el amor para amarle

La misión apostólica, que llena la vida entera, no es un encargo que alguien nos impone, ni una carga que hay que sumar a nuestras obligaciones cotidianas; es la expresión más exacta de nuestra propia identidad, que la llamada nos descubrió: «no hacemos apostolado, ¡somos apóstoles!»[11]. Al mismo tiempo, al vivir esa misión se refuerza nuestra identidad de apóstoles. En este sentido, la vida de san Pablo es siempre una fuente de inspiración. Cuando se lee la historia de sus viajes, llama la atención la cantidad de ocasiones en que su misión no alcanza el resultado esperado. En el primero, por ejemplo, es rechazado por los judíos en Antioquía de Pisidia, y más tarde es expulsado de la ciudad; se ve obligado a huir de Iconio, amenazado de muerte; es lapidado en una ciudad de Licaonia… (cfr. Hch 13-14).

Con todo, el apóstol de las gentes no pierde de vista la llamada que Jesús le dirigió camino de Damasco, y luego concretó ya en esa ciudad. Por eso, no se cansa de repetir: «¡El amor de Cristo nos urge!» (2 Co 5,14). Incluso cuando escribe a una comunidad que aún no le conoce, no teme presentarse como « Pablo, siervo de Jesucristo, apóstol por vocación, designado para el Evangelio de Dios» (Rm 1,1). Ese es él: el «apóstol por vocación». Y enseguida se dirige a aquellos fieles como «elegidos de Jesucristo (…) amados de Dios, llamados a ser santos» (Rm 1,6-7). Pablo se sabe llamado por Dios, pero es igualmente consciente de que, en realidad, todos los fieles lo somos[12]. Su sentido de misión le lleva a vivir una fraternidad que va más allá de los lazos terrenos. De modo análogo, a la pregunta «¿Quién soy yo?», podríamos responder: «Soy alguien amado por Dios, salvado por Jesucristo; elegido para ser apóstol, llamado a llevar a muchas personas el Amor que he recibido. Por eso, el apostolado no es para mí un encargo… sino una necesidad». Tras haber encontrado a Jesucristo, sabemos que somos sal y luz, y por eso no podemos dejar de dar sabor, de iluminar, dondequiera que estemos. Este es uno de aquellos descubrimientos que revoluciona la vida espiritual, y que nadie puede hacer por mí.

Con la fuerza del Espíritu Santo

Cuando descubrimos al Señor en nuestra vida, cuando nos sabemos amados, llamados, elegidos, y nos decidimos a seguirle, «es como si se encendiera una luz dentro de nosotros; es un impulso misterioso, que empuja al hombre a dedicar sus más nobles energías a una actividad que, con la práctica, llega a tomar cuerpo de oficio»[13].

La misión apostólica es, en primer lugar, «como si se encendiera una luz dentro de nosotros». La oscuridad propia de la existencia, que consiste en no conocer con certeza el sentido de nuestra vida, se desvanece. La invitación que Jesucristo nos dirige nos permite comprender nuestro pasado y, al mismo tiempo, nos ofrece una ruta clara para el futuro. Jesús mismo vivió así su vida en la tierra. Cuando multitud de personas le piden que se quede en un lugar, Él sabe que debe continuar su viaje, «porque para esto he sido enviado» (Lc 4,43). Incluso al encarar su Pasión permanece sereno y confiado, y ante el juez romano no duda: «Para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad» (Jn 18,37).

Vivir con sentido de misión es saberse en todo momento enviados por el Señor para llevar su Amor a quienes tenemos cerca: para eso hemos sido creados. Y es también decidir en cada momento qué hacer, en función de esa misión que da contenido y finalidad a nuestro paso por la tierra. Puede haber dificultades, obstáculos, contradicciones; habrá momentos de oscuridad; pero la estrella que marca el norte sigue brillando siempre en el firmamento. Mi vida tiene un porqué, hay una luz que me permite orientarme.

Esa luz de la misión es al mismo tiempo impulso. Pero no lo es como una fuerza humana. Por supuesto, habrá en nuestra vida momentos de entusiasmo sensible, en que experimentaremos un deseo encendido de pegar el fuego de Cristo a quienes tenemos cerca. Sin embargo, cualquiera que lleve algo de tiempo siguiendo al Señor ha podido comprobar que el impulso humano viene y va. Eso no tiene nada de malo: es humano, y los santos son los primeros que lo han vivido, como nos recuerda, sin ir más lejos, la vida del Beato Álvaro del Portillo. Como es sabido, poco después de pedir la Admisión en la Obra tuvo que escribir al Fundador para reconocer que se le había pasado el entusiasmo[14].

En todo esto, conviene no perder de vista que la auténtica fuerza, el dinamismo que nos lleva a salir de nosotros mismos para servir a los demás «no es una estrategia, sino la fuerza misma del Espíritu Santo, Caridad increada»[15]. En efecto, «ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu», y por eso precisamente, «para mantener vivo el ardor misionero hace falta una decidida confianza en el Espíritu Santo, porque Él “viene en ayuda de nuestra debilidad” (Rm 8,26). Pero esa confianza generosa tiene que alimentarse y para eso necesitamos invocarlo constantemente»[16]. Los fieles del Opus Dei le invocamos a diario en la Santa Misa, en algunas oraciones vocales como el Santo Rosario o las Preces de la Obra. En ocasiones, nos ayudará acudir también a alguna oración dirigida especialmente a Él, como la Secuencia de Pentecostés, el Himno Veni Creator Spiritus, o tantas otras oraciones que a lo largo de los siglos se le han dedicado. En todas ellas le pedimos que venga, que nos transforme, que nos llene del Amor y la fuerza que movieron al Señor. Le pediremos entonces: «Espíritu de amor, creador y santificador de las almas, cuya primera obra es transformarnos hasta asemejarnos a Jesús, ayúdame a parecerme a Jesús, a pensar como Jesús, a hablar como Jesús, a amar como Jesús, a sufrir como Jesús, a actuar en todo como Jesús»[17].

Así, el impulso transformador del Espíritu Santo nos dará un corazón encendido como el de Jesucristo, y la misión apostólica se convertirá en la sangre que moverá nuestro corazón. Si nos dejamos llevar por el Amor de Dios, si permanecemos atentos a sus inspiraciones y hacemos caso a esos pequeños gestos que Él nos indica, el apostolado se convierte en el oficio que constituye nuestra propia identidad. No necesitaremos proponérnoslo, y tampoco precisaremos estar en un lugar o en un contexto determinados para actuar como apóstoles. Del mismo modo que alguien es médico (y no solo hace de médico), y no deja de serlo en ningún lugar o circunstancia (en un autobús donde se marea una persona, durante las vacaciones, entre semana y en fin de semana, etc.), nosotros somos apóstoles en todo lugar y circunstancia. En el fondo, se trata de algo tan sencillo como ser lo que ya somos: «los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios» (Rm 8,14). Lo principal es que permanezcamos abiertos a la acción del Paráclito, atentos para «reconocer cómo podemos cumplir mejor esa misión que se nos ha confiado en el Bautismo»[18] y que constituye la realización de nuestra propia vida.

Lucas Buch


[1] Papa Francisco, Ex.Ap. Gaudete et Exultate, 19-III-2018, n. 2.

[2] Concilio Vaticano II, Decreto Ad Gentes, 7-XII-1965, n. 2.

[3] Ibíd., n. 5.

[4] San Josemaría, Camino, n. 904.

[5] A. Vázquez de Prada, El fundador del Opus Dei, vol. 3, Rialp, Madrid 2003, p. 339

[6] Papa Francisco, Ex.Ap. Evangelii Gaudium, 24-XI-2013, n. 9.

[7] San Josemaría, Instrucción 19-III-1934, n. 27; la cursiva es del original; en Camino. Edición crítico-histórica, nota al n. 942.

[8] San Josemaría, Instrucción 19-III-34, n. 49, en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. 1, Rialp, Madrid 1997, 576.

[9] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[10] Ibíd., n. 9.

[11] Íd.

[12] De ahí viene precisamente el término Iglesia, ekklesía, que literalmente significa «los convocados», esto es, «todos nosotros, quienes hemos sido bautizados y creemos en Dios, somos convocados por el Señor», YouCat: Catecismo joven de la Iglesia Católica, n. 121.

[13] San Josemaría, Carta 9-I-1932, n. 9.

[14] Cfr. San Josemaría, Camino. Edición crítico-histórica, comentario al n. 994.

[15] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 9.

[16] Papa Francisco, Ex.Ap. Evangelii Gaudium, 24-XI-2013, nn. 261 y 280, respectivamente. En ese mismo documento, nos sugería: «Invoquémoslo hoy, bien apoyados en la oración, sin la cual toda acción corre el riesgo de quedarse vacía y el anuncio finalmente carece de alma» (Ibíd., n. 259).

[17] A. Riaud, La acción del Espíritu Santo en las almas, Palabra, Madrid19835, pp. 49-50. Algunas oraciones al Paráclito se pueden encontrar en el volumen preparado por A. Burgos, Oraciones y plegarias al Espíritu Santo, Palabra, Madrid 1998.

[18] Papa Francisco, Ex.Ap. Gaudete et Exultate, 19-III-2018, n. 174.

 

 

Recuerdos del viaje pastoral a Uganda

La labor del Opus Dei comenzó en Uganda en 1996. En 2006, D. Javier (el segundo sucesor de San Josemaría) visitó la “Perla de África”. El viernes 20 de diciembre de 2019 Mons. Fernando Ocáriz aterrizó en la tierra de los mártires.

Del Prelado10/01/2020

 

 

Uganda (20-22 de diciembre)

Domingo 22

Por la mañana, el prelado del Opus Dei tuvo un encuentro con fieles de la prelatura. Ante la proximidad de la fiesta de la Navidad, Mons. Ocáriz animó a las presentes a mirar al niño Jesús y ver reflejado en él el amor infinito que Dios tiene por cada uno de nosotros.

Tish hizo una pregunta que provocó las risas del auditorio. Comentando la idea de san Josemaría, de que debemos el 90% de la vocación a los padres, quiso saber que a quién debemos el 10% restante. El prelado subrayó que la vocación depende sobre todo de la gracia de Dios. Sin embargo, aclaró que Dios cuenta con la colaboración de los padres a través de la educación.El otro 10% dependerá del entorno, de nuestros amigos y de la educación que recibamos, señaló.

Jacinta preguntó sobre cómo perseverar en la vocación, a lo que Mons. Ocáriz respondió con una idea que san Josemaría recogió en el último punto de Camino: El Amor. —Enamórate, y no "le" dejarás. Al finalizar el encuentro, el prelado saludó a varias familias, a las que impartió su bendición.

Por la tarde, Mons. Ocáriz visitó al arzobispo de Kampala, Cyprian Kizito Lwanga, que quiso agradecerle el trabajo de los fieles de la Prelatura en su diócesis. El prelado, a su vez, le agradeció el trabajo de la Iglesia en Kampala y le aseguró sus oraciones por todos los proyectos de la diócesis.

En otra tertulia con personas de la Obra de Uganda, insistió especialmente en la responsabilidad de cada uno de rezar por el Santo Padre y por la Iglesia. Hubo preguntas sobre los medios de comunicación social, la generosidad en la familia, la ética profesional y social, el apostolado con los sacerdotes, etc. A finalizar este encuentro, se plantó un árbol conmemorativo de su vista con el que se puso punto y final al viaje pastoral del prelado del Opus Dei a Kenia y Uganda.

 

 

Sábado 21

Mons. Ocáriz hizo referencia a la breve peregrinación que había realizado esa mañana al Santuario de los Mártires de Munyonyo: el significado del martirio; su testimonio de fe. Para esos mártires -el más joven de ellos tenía 14 años- valió la pena dar sus vidas para permanecer fieles a Cristo. “También nosotros podemos ser santos, dar testimonio... sobre todo en nuestra vida cristiana ordinaria, en nuestra oración, en nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestro deporte, en nuestro descanso, en todo”, señaló.

Explicó que la santidad en la vida ordinaria no consistía en llegar a ser completamente perfectos, sin defectos, sino en “crecer en el amor a Dios y en el servicio a los demás, en la amistad personal, honesta, con los demás”.

Viernes 20

Después de su visita a Kenia, el prelado del Opus Dei llegó a Uganda el viernes 20. Al día siguiente por la mañana tuvo un encuentro con un grupo de estudiantes universitarios y jóvenes profesionales en el Centro de Estudios Tusimba.


Kenia 14-20 de diciembre

En 9 minutos, se resumen algunos momentos del viaje pastoral que Mons. Fernando Ocáriz realizó a Kenia del 14 al 20 de diciembre de 2019.

 

 

Jueves, 19 de diciembre

Después de reunirse con los órganos directivos de la Universidad de Strathmore, Mons. Ocáriz, en calidad de Gran Canciller, tuvo un encuentro con el personal y los estudiantes de la Universidad. El Coro de Strathmore fue el encargado de darle la bienvenida.

Al comenzar, Mons. Ocariz recordó cómo el fundador del Opus Dei había pensado en la Universidad muchos años antes de que se iniciara. Animó a profesores y estudiantes a trabajar de forma interdisciplinar y, más concretamente, a los estudiantes les alentó a sentir la responsabilidad de aprovechar los conocimientos y así luego poder utilizarlos en servicio a la sociedad.

Durante el turno de preguntas, la Dra. Magdalene Dimba preguntó al prelado sobre cómo utilizar la investigación académica para fomentar el crecimiento del país en todos los ámbitos. En la misma línea, Philip quiso saber cómo contribuir a la mejora social de las personas que viven en barrios marginales. Ian Wairua -que le regaló al Padre, de parte de todos, un libro sobre Kenia y tres jirafas de cristal kitengela-, preguntó cómo ayudar a los estudiantes en el uso de las redes sociales. El prelado le dijo que la clave es enseñarles a usar bien su libertad para tomar las decisiones correctas, y que la verdadera amistad es siempre un contacto real, físico y no virtual.

 

A continuación, Mons. Ocáriz bendijo la imagen de San José en el Santuario de la Sagrada Familia y plantó un árbol conmemorativo de la visita.

Por último, tuvo un encuentro con matrimonios que trabajan en programas de orientación familiar. Les animó a ir adelante con esta labor a pesar de las dificultades, y así formar familias unidas que den estabilidad en la sociedad.

Miércoles, 18 de diciembre

Por la mañana, el prelado del Opus Dei visitó el Eastlands College of Technology, donde fue recibido por un grupo de estudiantes. Se trata de un centro de formación profesional situado en uno de los barrios más necesitados de Nairobi.

El prelado del Opus Dei visitó el Eastlands College of Technology

A su llegada, el prelado fue recibido por el Godfrey Madig, presidente de la junta directiva. Tras rezar unos momentos en la capilla, Mons. Ocáriz estuvo con el personal del centro: les animó a realizar bien su trabajo y a superar los obstáculos que se pudieran presentar en Eastlands. “Es un gran trabajo el que estáis haciendo aquí”, dijo antes de marcharse, considerando el amplio servicio social que presta esta institución.

A continuación, el presidente de la junta directiva mostró a Mons. Ocáriz una maqueta de como quedará el complejo del Eastlands College una vez finalizado, y juntos visitaron algunos de los talleres guiados por alumnos del centro. La visita terminó en las instalaciones deportivas, donde Mons. Ocáriz plantó un árbol conmemorativo de su visita.

“Es un gran trabajo el que estáis haciendo aquí”, les dijo Mons. Fernando Ocáriz

Por la tarde, el prelado tuvo un encuentro en el colegio Kianda con las jóvenes que frecuentan los centros del Opus Dei en Kenia. A su llegada le cantaron “Jambo Bwana”, una canción de bienvenida en swahili.

Mons. Ocáriz les animó a aprovechar la formación espiritual que reciben y les recordó que “con Jesús, todas podéis acercar a la gente a Dios, como los apóstoles y los santos”.

D. Fernando pidió a las jóvenes que rezaran por el Santo Padre, recordándoles que el día anterior había sido su cumpleaños

Jelina mostró al prelado el bastón de mando que usan los padres de su comunidad (Samburu), y que significa ser cabeza de familia que la mantiene y protege. La joven aprovechó para peguntar cómo mostrar el agradecimiento a los padres. Mons. Ocáriz respondió que un modo fundamental era rezar por ellos a diario y ser agradecidos.

Rosa y Vanetine preguntaron cómo discernir la propia vocación y superar el miedo al compromiso tanto en el celibato como en el matrimonio. El prelado respondió que la vocación, en ambos casos, exige sacrificio. “Todos tenemos una vocación: ser santos y ser apóstoles. Dentro de esa llamada general, hemos de descubrir nuestra propia vocación particular. Pídele al Señor en la oración que te dé luz y fortaleza para hacer su voluntad”, dijo.

“Todos tenemos una vocación: ser santos y ser apóstoles. Dentro de esa llamada general, hemos de descubrir nuestra propia vocación particular”

Ante la pregunta de Assumpta, una joven sudanesa, el prelado habló de la necesidad de perdonar. “Una señal clara de que uno ha perdonado es la determinación de rezar por aquellos que nos han ofendido”.

Igualmente instó a las jóvenes a rezar por el Santo Padre, recordándoles que el día anterior había sido su cumpleaños.

Martes, 17 de diciembre

Mons. Fernando Ocáriz charló un rato con 15 familias procedentes de diversas ciudades del país, y que le trajeron algunos regalos: una escultura, libros de catecismo para niños escritos por uno de los presentes, un belén y café de las plantaciones kenianas. También saludó a algunas jóvenes que reciben formación cristiana en el club juvenil Faida.

Luego visitó Kibondeni College of Catering and Hospitality Management, un centro de formación en el sector de la hostelería, que está ayudando especialmente a las jóvenes a capacitarse profesionalmente y así mejorar su nivel de vida. Kibondeni cumple 50 años de actividad. Para celebrar ese aniversario, el prelado, los responsables del centro y algunas alumnas, acudieron a una capilla y allí se cantó un himno en kiswahili a la Virgen. Sheila, una joven que recibió el bautismo hace poco tiempo, encendió la vela que había recibido durante el sacramento, mientras que Bakhita -hija menor de la recepcionista del colegio- dejó un ramo de flores.

El prelado, con la ayuda de Tyler y Joseph, hijos de miembros del personal, plantó una palmera Thika junto a la ermita de la Virgen. Luego todos celebraron el aniversario con un pastel elaborado por las alumnas.

Lunes, 16 de diciembre

El prelado predicó en inglés en la escuela Kianda a un grupo de mujeres del Opus Dei. “Todas y todos podemos ser colaboradores de Dios. Eso es algo que va más allá de nuestras propias habilidades y talentos, y requiere superar obstáculos internos y externos. Hagamos como san Josemaría: con una gran fe, miremos hacia el futuro con optimismo sobrenatural”.

Este optimismo, dijo, se basa en el amor de Dios por nosotros: “Si Dios está con nosotros, ¿quién está contra nosotros?, dice la Escritura. Dios Padre nos ha dado los medios para vencer en nuestra lucha personal y ser fructíferos en nuestro apostolado. Como a menudo subrayaba nuestro fundador: El único camino para nosotros es la oración: ¡oremos! Si oramos constantemente, seremos capaces de ver con los ojos de Dios, verlo a Él en cada tarea y en cada persona”.

 

El resto del día lo dedicó a trabajar con los organismos de gobierno de la prelatura en Kenia y a reunirse con personas del Opus Dei en pequeños grupos.

Domingo, 15 de diciembre

El prelado acudió a la Universidad de Strathmore (campus de Madaraka) para reunirse con un grupo de fieles de la Obra. Le recibieron algunos que viven en Tanzania.

Nicolás -el primer supernumerario de África- le regaló una pequeña estatua de unos pastores y Leshan, que es de la tribu Maasai, un collar decorativo que visten los hombres de su comunidad. Algunos procedentes de la costa lo nombraron anciano “mijikenda” en una breve ceremonia.

John, que es director de una escuela, preguntó a Mons. Ocáriz cómo lograr educar a los alumnos más allá de los méritos académicos: “Una verdadera educación se dirige al intelecto, sí, pero también a la voluntad y al corazón”, explicó el prelado. Hay cosas que se enseñan por cómo los profesores tratan a los estudiantes, haciéndoles sentirse únicos, y además rezando por ellos.

Robert, un hombre de negocios y padre de cuatro hijos, pidió un consejo sobre cómo lidiar con la corrupción que encuentra a veces en su trabajo. Mons. Ocáriz recordó que la Conferencia Episcopal del país ha lanzado recientemente una campaña para animar a los católicos a no ceder a la corrupción. “Tú, por tu parte, cumple tus deberes profesionales lo mejor que sepas y puedas; y anima a los demás a hacer lo mismo. Si encuentras a alguien corrupto, desprecia la corrupción, pero no a la persona. No le mires como a alguien peor que tú, piensa en cómo ayudarle, por su bien y por el del país”.

Por la tarde, visitó el colegio Kianda, donde fue recibido con los típicos saludos y bailes africanos. Algunas de las asistentes, que vestían ropas tradicionales y llevaban regalos en la cabeza, le saludaron en los dialectos locales. El prelado mencionó que ese recibimiento le había hecho pensar en la alegría que debemos tener en Adviento, una alegría que debemos contagiar a los demás, incluso en tiempos de prueba.

Durante la tertulia, se dieron noticias de algunas de las iniciativas de desarrollo social en las que estaban involucradas varias de las participantes. Por ejemplo, Domtila habló de su “Centro de Crisis de Embarazo” para chicas jóvenes en Kibra, un barrio marginal de la ciudad, y de las vidas de los bebés y de las mujeres que se habían salvado gracias al trabajo que allí desarrollan.

Virginia habló de la importancia de vivir la pobreza material y espiritual; Eunice le contó que está esperando un hijo; María le preguntó sobre cómo hablar a los demás de Jesucristo; Mónica y Jennifer le invitaron a visitar la parte oriental del país e incluso le regalaron una mochila y unos binoculares con los que poder apreciar los parques naturales de Kenia…

 

Rose quiso saber cómo debe afrontar un cristiano una enfermedad terminal. “Piensa mucho en Nuestro Señor y en cuando, durante su Pasión, tuvo que soportar la sensación de haber sido abandonado por Dios. Míralo en la cruz y abandónate así en las manos del Padre”.

Sábado, 14 diciembre 2019

Le recibieron en el aeropuerto de Nairobi las familias Njais, Sibondos y Beauttahs, junto con el vicario del prelado en África del Este, Silvano Ochuodho.

Varias familias recibieron a Mons. Fernando Ocáriz en el aeropuerto de Nairobi

Al igual que en otros viajes, monseñor Ocáriz dedicará mucho tiempo a las personas de la Obra y quienes participan en los medios de formación en los dos países a los que acudirá.

Además, visitará algunas iniciativas, como Strathmore University, Eastlands College of Technology, un proyecto para formar a microempresarios y a técnicos eléctricos y de automoción dirigido a jóvenes procedentes de entornos desfavorecidos; y Kibondeni College, una escuela de hostelería que cumple ahora 50 años

 

 

La vida sin Dios

Dios es un Padre amoroso que creó al hombre para alcanzar la felicidad. Pero el hombre desobedeció y se prefirió a sí mismo antes que al Amor de Dios.

La luz de la fe31/05/2018

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica comienza con esta pregunta: «¿Cuál es el designio de Dios para el hombre?» Y responde: «Dios, infinitamente bienaventurado y perfecto en sí mismo, en un designio de pura bondad, ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida Bienaventurada»[1]. Es decir, Dios ha creado al hombre para que sea feliz, y el camino para lograrlo es estar con Él (cfr. Mc 3,13), participar de su vida bienaventurada. A esa dicha se dirigen todas las enseñanzas de Jesús: «Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud» (Jn 15,11). Dios Padre, como todos los padres del mundo, lo que quiere de sus hijos es que sean felices.

El designio de Amor pleno Dios está inscrito en lo más íntimo de nuestro ser: el hombre busca, desea y persigue la felicidad en todo su obrar

Este designio de Dios, anhelo de amor pleno, está inscrito en lo más íntimo de nuestro ser: el hombre busca, desea y persigue la felicidad en todo su obrar y, especialmente, en todos sus deseos y amores. Hace ya veintitrés siglos que Aristóteles se dio cuenta de esto, y escribió, en el primer capítulo de su Ética a Nicómaco, que todos los hombres estamos de acuerdo en que la felicidad es el bien supremo, en vistas al cual elegimos todos los demás bienes (salud, éxito, honor, dinero, placeres, etc.)[2].

La realidad

En teoría, cualquiera sabe esto, y podría decir: «yo, lo que quiero, es ser feliz». Y sin embargo algo falla, porque con frecuencia el hombre no consigue alcanzar la felicidad. Quizás hemos tenido la experiencia de mirar las caras de la gente a nuestro alrededor durante un viaje en metro o autobús y hemos podido descubrir rostros marcados por la tristeza, la angustia y el dolor. «Los hombres mueren y no son felices», sentenciaba con cierto pesimismo un escritor ateo del siglo XX. Y puede que nos hayamos preguntado interiormente: «Señor, ¿qué pasa?».

El plan de la Creación incluía nuestra felicidad, pero algo falló. No siempre conseguimos ser felices y, a menudo, quizás por eso mismo, tampoco logramos hacer felices a los demás. Es más, no raramente causamos sufrimientos unos a otros, actuando de una manera cruel y perversa. Con frecuencia, hemos de decir: «Señor, ¡ten piedad de tu pueblo! Señor, ¡perdón por tanta crueldad!»[3], como rezaba el papa Francisco durante la visita a Auschwitz-Birkenau en la Jornada Mundial de la Juventud de 2016. Más tarde, esa misma noche, al dirigirse a la multitud desde la ventana del arzobispado, añadió: «He estado en Auschwitz, en Birkeanu. ¡Cuánto dolor, cuánta crueldad! Pero, ¿es posible que nosotros los hombres, creados a semejanza de Dios, seamos capaces de hacer estas cosas?».

¿Qué pasa? ¿Por qué tanta gente no es feliz? ¿Por qué realidades que prometen tanta felicidad –la amistad, los lazos familiares, las relaciones sociales, las cosas creadas- son a veces fuente de tanta insatisfacción, amargura y tristeza? ¿Cómo es posible que los hombres seamos capaces de producir tanto daño? Las respuestas a estas punzantes y dolorosas preguntas se concentran en una palabra: el pecado.

Enemigo de la felicidad

Etimológicamente, la palabra «pecado» viene del latín peccatum, que significa: «delito, falta o acción culpable». En griego, la lengua del Nuevo Testamento, «pecado» se dice hamartia, que significa: «fallo de la meta, no dar en el blanco», y se aplicaba especialmente al guerrero que fallara el blanco con su lanza. Por último, en hebreo la palabra común para «pecado» es jattáʼth, que también significa errar en el sentido de no alcanzar una meta, camino, objetivo o blanco exacto.

El plan de la Creación incluía nuestra felicidad, pero 'algo' falló

Así pues, un primer sentido del pecado es errar el blanco. Lanzamos una flecha dirigida a la felicidad, pero fallamos el tiro. En este sentido el pecado es un error, una trágica equivocación y, a la vez, un engaño: buscamos la felicidad donde no está (como la fama o el poder), tropezamos en nuestro camino hacia ella (por ejemplo, acumulando bienes superfluos que ciegan nuestro corazón a las necesidades de los demás) o, peor aún, confundimos nuestro anhelo de felicidad con otro amor (como el caso de un amor infiel). Pero siempre, detrás del pecado está la búsqueda de un bien –real o aparente- que pensamos que nos hará felices. No comprenderemos el pecado mientras no sepamos detectar el anhelo de felicidad insatisfecho que lo genera. Como advirtió Nuestro Señor: «Del interior del corazón de los hombres proceden los malos pensamientos, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, los deseos avariciosos, las maldades, el fraude, la deshonestidad, la envidia, la blasfemia, la soberbia y la insensatez» (Mc 7,21-22). A veces, un deseo vehemente de algo que es pecado procede de una carencia en el deseo fundamental de amor, que provoca angustia y tristeza, y que se piensa –erróneamente- resolver de ese modo. Por ejemplo, quien se siente poco querido y carece de vínculos afectivos firmes, ya sea con Dios, la propia familia o los amigos, fácilmente reaccionará con desconfianza y agresividad, incluso con injusticia, ante las pretensiones ajenas, para protegerse y asegurarse; o buscará un sucedáneo de ese amor en las relaciones de usar y tirar, el placer o las cosas materiales.

Solo el amor de Dios sacia[4]. Benedicto XVI lo expresó así: «La felicidad es algo que todos quieren, pero una de las mayores tragedias de este mundo es que muchísima gente jamás la encuentra, porque la busca en lugares equivocados. La clave para esto es muy sencilla: la verdadera felicidad se encuentra sólo en Dios. Necesitamos tener el valor de poner nuestras esperanzas más profundas solamente en Dios, no en el dinero, la carrera, el éxito o en nuestras relaciones personales sino en Dios. Sólo Él puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón»[5]. En cambio, cuando nos olvidamos de Él, es fácil que aparezcan la frustración, la tristeza y la desesperación, consecuencias de un corazón insatisfecho. Por eso, resulta lleno de sentido el consejo de san Josemaría: «No olvides, hijo, que para ti en la tierra sólo hay un mal, que habrás de temer, y evitar con la gracia divina: el pecado»[6].

Ofensa a Dios, Padre amoroso

El Compendio del Catecismo define el pecado como «una ofensa a Dios, a quien desobedecemos en vez de responder a su amor»[7]. Mucha gente sin embargo se plantea: «¿De verdad que a Dios le importa o le afecta lo que yo hago, incluso lo que yo pienso? ¿Cómo puedo yo hacer daño a Dios? ¿Acaso puede Dios sufrir, padecer? ¿Cómo puedo yo ofender a Dios, que es absolutamente trascendente?».

En griego, la palabra «pecado» se dice hamartia, que significa: «fallo de la meta, no dar en el blanco»

Si por ofensa entendemos causar un daño, evidentemente a Dios no le puede ofender nada de lo que hagamos. Nada de lo que yo haga daña a Dios. Pero Dios es Amor, es un Padre lleno de amor por sus hijos, y puede compadecerse de nosotros. Más aún, Dios se ha hecho uno de los nuestros, para tomar sobre sí nuestros pecados y redimirnos. Lo explicaba Benedicto XVI en su segunda encíclica: «Bernardo de Claraval acuñó la maravillosa expresión: Impassibilis est Deus, sed non incompassibilis. Dios no puede padecer, pero puede compadecer. El hombre tiene un valor tan grande para Dios que se hizo hombre para poder com-padecer Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre, como nos manifiesta el relato de la Pasión de Jesús. Por eso, en cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y el padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la con-solatio, el consuelo del amor participado de Dios»[8]. San Pablo empleará una frase fuerte para referirse al misterio de Cristo: «al que no conocía el pecado, [Dios] lo hizo pecado en favor nuestro» (2 Cor 5,21).

En cierto modo, Dios sufre con nuestro pecado porque nos hace daño a nosotros. Él no es un ser caprichoso que convierte en pecado acciones de suyo indiferentes, y las prohíbe para que le demostremos nuestra obediencia evitándolas, sino un Padre amoroso que nos indica aquello que nos puede hacer daño e impedir la felicidad a la que estamos llamados. Sus mandamientos se podrían comparar a un manual de instrucciones del hombre –conviene tener en cuenta que el contenido de este manual ha sido inscrito de algún modo en la naturaleza creada del hombre, y se dirige espontáneamente a su conciencia, sin necesidad de abrir las páginas del manual– para alcanzar la felicidad propia y no estorbar la ajena.

El pecado lesiona el amor que Dios nos tiene, ese amor que quiere hacernos felices. De algún modo, cuando pecamos, es como si Dios se lamentara entre lágrimas: «¿Pero qué haces, hijo mío? ¿No te das cuenta de que eso te hace daño, a ti y a mis otros hijos? ¡No lo hagas! ¡No te engañes! ¡Mira que ahí no encuentras lo que añoras, la felicidad, sino todo lo contrario! ¡Hazme caso!». Es en este sentido que se dice que el pecado es «una ofensa a Dios, a quien desobedecemos en vez de responder a su amor»[9]. Ofendemos su amor, lo ponemos en entredicho con nuestras obras pecaminosas.

Conviene añadir que Dios nunca se enfada con nosotros. Nunca toma represalias, ni siquiera cuando pecamos. En esos momentos, es como si estuviera sufriendo con nosotros y por nosotros en Cristo. Decía Clemente de Alejandría que, «en su gran amor por la humanidad, Dios va tras el hombre como la madre vuela sobre el pajarillo cuando éste cae del nido; y si la serpiente lo está devorando la madre revolotea alrededor gimiendo por sus polluelos (cfr. Deut 32,11). Así Dios busca paternalmente a la criatura, la cura de su caída, persigue a la bestia salvaje y recoge al hijo, animándole a volver, a volar hacia el nido»[10]. ¡Así es Dios!

No comprenderemos el pecado mientras no sepamos detectar el anhelo de felicidad insatisfecho que lo genera

Dios está como el padre de la parábola del hijo pródigo, oteando el horizonte por si ve regresar al hijo pecador (cfr. Lc 15,11-19). El pecado nos aleja de Dios. Pero eso no es verdad por parte de Dios, sino por parte nuestra. Son abundantes los pasajes del Evangelio en los que Jesucristo busca el trato con los pecadores, y los defiende ante los ataques de los escribas y fariseos. Dios no se aleja de nosotros, no deja de amarnos. La distancia se crea en nuestro corazón, de la piel hacia dentro. Pero Dios sigue pegado a nosotros. Somos nosotros los que nos cerramos a su amor. Y basta un paso por nuestra parte para que su misericordia entre en nuestras almas. «Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos» (Lc 15,20). El pecado es el enemigo número uno de la felicidad, pero tiene poco poder ante la misericordia de Dios: «Todos somos pecadores. Pero él nos ama, nos ama»[11]. Esa es nuestra esperanza.

Atentado a la solidaridad humana

Después de hablar de la ofensa a Dios, el Compendio añade que el pecado, todo pecado, «hiere la naturaleza del hombre y atenta a la solidaridad humana»[12]. En realidad, ambos elementos están unidos, pues el hombre es social por naturaleza. Pero fijémonos en la segunda parte: atenta a la solidaridad humana. Ante esta afirmación algunos se cuestionan: «¿Por qué es malo el pecado personal si no incumbe a otras personas, si no hago daño a nadie?». En realidad, ya hemos visto que, con el pecado, siempre hago daño a alguien: a mí mismo. Y, precisamente por eso, ofendo a Dios. Pero ahora se trata de ver que todo pecado, aun el más oculto, hiere a la unidad de los seres humanos.

El Génesis describe cómo el primer pecado rompe el hilo de la amistad que unía a la familia humana. Tras la caída, se nos muestra al hombre y a la mujer como si se apuntaran mutuamente con su dedo acusador: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí» (Gen 3,12), dice Adán. Su relación, antes marcada por el asombro amoroso, pasa a estar bajo el signo del deseo y el dominio: «Tendrás ansia de tu marido, y él te dominará» (Gen 3,12), dice Dios a Eva[13].

No olvides, hijo, que para ti en la tierra sólo hay un mal, que habrás de temer, y evitar con la gracia divina: el pecado (San Josemaría)

San Juan Pablo II lo explicaba así: «Puesto que con el pecado el hombre se niega a someterse a Dios, también su equilibrio interior se rompe y se desatan dentro de sí contradicciones y conflictos. Desgarrado de esta forma el hombre provoca casi inevitablemente una ruptura en sus relaciones con los otros hombres y con el mundo creado»[14]. En efecto, quien se deja llevar por pecados internos de rencor o crítica ya está tratando injustamente a los demás, y es imposible que no se manifieste externamente en la omisión del amor debido al prójimo, o incluso en faltas externas de caridad con él; quien comete pecados de impureza, aunque sean interiores, corrompe su capacidad de mirar y, por tanto, de amar, y ya está tratando a los demás, al menos a algunos, como objetos, y no como personas; quien solo piensa egoístamente en su beneficio, difícilmente podrá dejar de cometer injusticias y maltratar el medioambiente que comparte con los demás. En definitiva, el pecado introduce una división interna en el hombre, una pérdida de libertad tal, que «no es raro que haga lo que no quiere y deje de hacer lo que querría llevar a cabo. Por ello siente en sí mismo la división, que tantas y tan graves discordias provoca en la sociedad»[15].

El pecado siembra la división en el corazón de los hombres y se interpone en su caminar conjunto hacia la felicidad. Ante su crudeza, se podría insinuar la tentación del pesimismo y la tristeza, sobre todo si dejáramos de mirar a Cristo. Contemplar el paso de Jesús cargando con la Cruz, doloroso pero sereno, frágil pero majestuoso, nos llena de esperanza y de optimismo, porque por muy grandes que sean nuestras miserias y pecados, ahí está Él, que con «su caída nos levanta, [con] su muerte nos resucita. A nuestra reincidencia en el mal, responde Jesús con su insistencia en redimirnos, con abundancia de perdón. Y, para que nadie desespere, vuelve a alzarse fatigosamente abrazado a la Cruz»[16].

José Brage


[1] Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n.1.

[2] Cfr. Aristóteles, Ética a Nicómaco, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid 2002, nn. 1095-1097.

[3] Francisco, Visita a Auschwitz, 29-VIII-2016.

[4] Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 361.

[5] Benedicto XVI, Discurso a los alumnos del Colegio Universitario Santa María de Twickenham, Londres, 17-IX-2010.

[6] San Josemaría, Camino, n. 386.

[7] Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 392.

[8] Benedicto XVI, Enc. Spe Salvi (30-XI-2007), n. 39.

[9] Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 392.

[10] Clemente de Alejandría, Protréptico, 10.

[11] Francisco, Palabras desde la ventana del Arzobispado de Cracovia durante la Jornada Mundial de la Juventud, 29-VIII-2016.

[12] Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 392.

[13] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica en el n. 400.

[14] San Juan Pablo II, Exhortación apostólica Reconciliatio et Paenitentia (2.XII.1984), n. 15.

[15] Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes (7.XII.1965), n. 9.

[16] San Josemaría, Via Crucis, VIIª estación.

 

 

Ante el Sagrario

Ernesto Juliá

 

photo_camera Sagrario

Hace unos días me llamaron la atención unas palabras de un arzobispo que afirmaba que “nadie se convierte con el Sagrario”, sino en “el encuentro con personas que nos interpelan y que son dramas humanos en donde surge la posibilidad de encontrar al Señor”.

Una situación no excluye la otra; y con muchas probabilidades, las personas que con su vida, con sus palabras “interpelan” a otras personas y les mueven a buscar y a amar a Cristo, han encontrado a Jesús, lo han amado, lo han adorado muchos momentos ante el Sagrario.

No es la primera vez, en mi vida sacerdotal, que al entrar en una iglesia para saludar personalmente al Señor, me he encontrado con un hombre, con una mujer, sentados o arrodillados en un rincón, llorando y rezando ante el Señor sacramentado encerrado en el Sagrario y palpitando en el corazón de esas personas.

Las palabras del arzobispo han encontrado una respuesta adecuada, y con creces, en la alegría y el gozo del sacerdote y de los fieles de la parroquia de la Inmaculada Concepción de Guayanilla, en Puerto Rico.

¿Qué ocurrió?

A causa de un terremoto, la iglesia y parte de un colegio vecino se vinieron abajo muy de madrugada. Ninguna víctima mortal, ninguna imagen sagrada destrozada; y después de remover escombros encontraron el Sagrario íntegro, sin ningún daño. El sacerdote acompañado de los vecinos que acudieron a los rescates,rezaron en silencio en profunda acción de gracias.

El episodio me ha recordado la reacción de un sacerdote de los Andes peruanos, de hace ya unos años. Acababa de celebrar la Santa Misa, y comenzó a sentir los rumores de la tierra que anunciaban un sismo, no infrecuente por aquellas zonas. Decidió con rapidez, y abandonó la iglesia. Trató de ponerse enseguida a salvo, y salió inmediatamente del templo. El terremoto arreció. Vuelto en sí, se acordó de que había dejado al Señor en el Sagrario. No vaciló, La torre de la iglesia comenzó a balancearse. Volvió a entrar en el templo, abrió el Sagrario, tomó el Copón con las Hostias y salió de la iglesia corriendo. Apenas se encontró al aire libre, sujetando firmemente en sus manos el Copón, el techo de la iglesia comenzó a venirse abajo. Los escombros dejaron completamente sepultado el altar.

Una Misa celebrada en pleno campo después de que todo volviera a la calma, fue la acción de gracias de aquel pueblo por tener a salvo el Santísimo Sacramento. La Fe en que la presencia real de Cristo, Dios y hombre verdadero, en el Sagrario, fue la luz que movió la mente y el corazón del sacerdote que entró decidido en Notre Dame de París en medio de las llamas, para sacar del horno al Señor Sacramentado. Su gesto fue una preciosa manifestación de que Cristo, en el Santísimo Sacramento, sigue convirtiendo y evangelizando a todos los pueblos de la tierra.

No puedo esconder mi alegría al entrar en una iglesia de un barrio de una gran ciudad y ver que todos los feligreses que acudían al templo se arrodillaban ante el Sagrario. Al cabo de un rato salió de la sacristía uno de los sacerdotes e hizo, también, una profunda genuflexión, y así lo repitió el encargado de la sacristía. Luego me enteré que en aquella parroquia más de 800 niños se preparaban para recibir a Cristo en su Primera Comunión.

No conozco personalmente al arzobispo que pronunció las palabras con las que he comenzado estas líneas. Sólo le deseo que si de verdad anhela convertir a los fieles de la diócesis, se ponga de rodillas con ellos ante el Sagrario de su Catedral, si todavía no lo ha hecho.

ernesto.julia@gmail.com

 

Unidos por el vínculo de la gracia bautismal

El día 18 comienza la semana de oración por la unidad de los cristianos, que culmina con la fiesta de la conversión de San Pablo. «También cuando las diferencias nos separan, reconocemos que pertenecemos al pueblo de los redimidos, a la misma familia de hermanos y hermanas amados por un mismo Padre», dijo el Papa Francisco el año pasado.

De la Iglesia y del Papa13/01/2020

Meditaciones sobre el octavario por la unidad de los cristianos.

Materiales para la semana de oración por la unidad de los cristianos 2020. Elaborado por una comisión mixta entre el Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias.

Homilía del Santo Padre Francisco. Basílica de San Pablo extramuros (18 de enero de 2018).

¿Qué puedo hacer yo por la unidad de los cristianos? Rezar con San Josemaría durante el Octavario por la unidad de los cristianos.

Rezar con don Álvaro por la unión de los cristianos.


Artículos sobre el Ecumenismo

Ecumenismo, D. Pedro Rodríguez, teólogo y miembro de la Academia de Doctores de España.

Evangelización, proselitismo y ecumenismo, Artículo de Mons. Fernando Ocáriz, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz publicado en Scripta Theologica. (Descarga, en formato PDF)

Ecumenismo espiritual. Conferencia pronunciada por el Cardenal Kasper (19 de febrero de 2007)

Hacia la plena unidad de la Iglesia de Jesucristo. Artículo sobre la visita del Papa Francisco a Turquía (11 de diciembre de 2014).


Entrevistas

∙ Ulf Ekman, sueco: “El Papa nos ayudará a acercarnos mutuamente con humildad”

∙ «En Finlandia las relaciones ecuménicas con luteranos y ortodoxos son maravillosas». Entrevista al Vicario General de la diócesis de Helsinki, el sacerdote español Raimo Goyarrola.

“El ecumenismo es, en primer lugar, una cuestión de oración y de caridad", entrevista a la teóloga Jutta Burggraf (+2010).

La situación actual del ecumenismo. Entrevista al profesor Pedro Rodríguez.

“Las enseñanzas de san Josemaría son ecuménicas”. Evgeni Pazukhin, filósofo y escritor ortodoxo.

∙ Labor evangelizadora en Rusia. Entrevista a Jaime Falcó en COPE. Jaime vive en Moscú donde colabora en la labor apostólica del Opus Dei.

“Los católicos estonios tienen un sentido muy fuerte de lo sagrado”. El obispo Philippe Jourdan es un francés nacionalizado estonio que lleva diez años al frente de la Iglesia católica en Estonia.


Algunas historias

Viento ecuménico del norte: Católicos, luteranos y ortodoxos trabajan de la mano en Finlandia para conseguir que la fe descongele la falta de trascendencia de la sociedad del progreso.

 

 

∙ Aleksei: un ortodoxo en un Centro del Opus Dei.

 

 

El amor no muere nunca (2007). Alexander Zorin, un eminente intelectual y poeta ruso, de religión ortodoxa, reflexiona en este breve ensayo sobre las enseñanzas de Josemaría Escrivá.

 

 


Algunos viajes del Papa Francisco, relacionados con la unidad de los cristianos

Viaje del Santo Padre a Rumanía (mayo-junio 2019)

Encuentro ecuménico en la Catedral evangélica luterana de Riga (24 de septiembre de 2018)

Peregrinación ecuménica del Santo Padre a Ginebra (21 de junio de 2018)

El Papa Francisco en Egipto (abril de 2017)

El Papa Francisco en Suecia (noviembre 2016)

Intervenciones del Papa Francisco en Georgia y Azerbaiyán (30 de septiembre-2 de octubre de 2016).

Declaración conjunta del Papa Francisco y del Patriarca Kiril de Moscú y toda Rusia (Cuba, 12 de febrero de 2016).

Declaración conjunta del Santo Padre Francisco y del Patriarca Ecuménico Bartolomé I (Jerusalén, 25 de mayo de 2014).

 

Dios en los fracasos

Nada impide dar a Cristo

1)  Para saber

La tarea de evangelizar no fue fácil para San Pablo. Varias veces estuvo a punto de morir, pero no se detuvo. El Papa Francisco recordó cuando san Pablo, siendo prisionero y llevado en barco a Roma, sufre un naufragio en la isla de Malta. Sus habitantes les dan una cálida acogida. Hacía frío y Pablo contribuyó con unas ramas para alimentar una hoguera, pero es mordido por una víbora. La gente esperaba que muriera, pero no sufre daño. Dice la historia que Dios bendijo la acogida a Pablo y desde entonces ya no hubo víboras en Malta.

Una situación de desgracia, se convirtió en una oportunidad providencial para que Pablo anunciara el Evangelio. Aprovecha cualquier circunstancia para ayudar y dar a conocer a Cristo.

2)  Para pensar

En una entrevista, una mujer llamada Allison DeVine contaba cómo cambió su vida radicalmente a partir de una amistad. Ella y su esposo Jason eran protestantes. En la escuela se hizo amiga de una señora llamada también Allison, católica, pues sus hijas eran amigas. Su amiga le habló del catolicismo y ella del protestantismo.

Alisson DeVine y su esposo eran líderes de grupos en su iglesia protestante. Sin embargo, las cosas en su iglesia, dice, “no estaban bien”. En el Año Nuevo querían comenzarlo adorando a Dios en una iglesia pero no las encontraron abiertas. Investigaron y fueron descubriendo que ninguna de las iglesias estaba basada en la verdad. Entonces Jason comenzó a leer sobre el catolicismo. Su amiga Allison les ayudaba. Incluso fueron por primera vez a una Misa: “Estábamos perdidos, no sabíamos cuándo pararnos o sentarnos. Al final mi esposo me dijo: ‘Sí, creo que esto es’”, recordó Allison.

Por otra parte, ella utilizaba el dispositivo intrauterino de cobre para la anticoncepción, pero lo suspendió cuando descubrió que era abortivo. Se embarazó y notó que Dios los llamaba a confiar más profundamente en Él. Aunque Allison y Jason sabían de los escándalos de la Iglesia por las noticias, «no se sintieron desconcertados. Es más, viendo cómo la Iglesia Católica era más atacada que otras en que también se dan escándalos, fue una señal de que ésta era la verdadera Iglesia, como Jesús había predicho. Además, Él es el único de nosotros que es perfecto”, señaló.

Allison tuvo su hijo y ya preparados, ingresaron a la Iglesia Católica en abril de 2019. Pero convertirse en católico no es para los débiles de corazón, dice, pues ellos perdieron amigos protestantes que no estuvieron de acuerdo.

La familia DeVine fundó una organización provida para beneficiar a los no nacidos llamada The Bespoke Foundation. Allison y Jason rezan el rosario y consideran que uno de los mayores regalos es su conversión. Les maravilla que “la Iglesia está en cualquier lugar en el mundo”. La amiga de Allison, la otra Allison, fue madrina de uno de sus hijos. Pensemos si transmitimos nuestra fe alrededor.

3)  Para vivir

San Pablo nos enseña que podemos aprovechar cualquier circunstancia para vivir nuestra fe en Cristo y darlo a los demás. Dios puede actuar incluso en medio de aparentes fracasos. Vivamos nuestra fe, sabiendo que quien se entrega a Dios por amor siempre es fecundo, dice el Papa.

 

 

Nueva década: Lucha nueva

Hoy damos inicio a una nueva década, la 2020 y se hace balance de la década que termina con la marca en positivo en cuanto a varios índices de desarrollo humano. Leía que la década que termina ha sido impresionante en cuanto a avances globales en sanidad, distribución de la riqueza y protección del medio ambiente. Pero, ¿podemos decir esto en cuanto a desarrollo espiritual y conservación de los valores que es lo que hacen a una persona verdaderamente desarrollarse y elevarse humanamente?  Por eso he titulado este post: “Nueva década: lucha Nueva.”

Y es que esto es lo que hacemos todos los días como portadores del mensaje de amor y salvación más grande de todos los tiempos y no comparable a ningún otro.

Tú y yo somos escogidos portadores de la Verdad. Y ¿qué es la verdad? Nuestro Papa Francisco nos dice que “la verdad es la revelación maravillosa de Dios, de su rostro de Padre, y de su amor sin límites. Esta verdad corresponde a la razón humana, pero la supera infinitamente porque es un don derramado sobre la tierra y encarnado en Cristo crucificado y resucitado”.

Además, en su homilía reciente en la Casa Santa Martha, el Santo Padre nos invita a avivar nuestra relación con el Espíritu Santo y también a distinguir entre el espíritu del mundo y el Espíritu de Dios. Por esto, más allá de las metas populares que nos ponemos casi todos al principio del año como son bajar peso, comer más saludable, viajar, casarnos, cambiarnos de casa etc.; es importante que este año también consideremos luchar más, combatir como verdadero soldado de Cristo. Me ilusiona verlo así y me entusiasma.

Precisamente en mi intervención en la Radio Católica Relevant hablé de esto. Hoy y di seis puntos importantes para practicar en esta lucha y que comparto contigo aquí querido católico, creo que pueden ayudarte a comprender que las metas y el cuidado del alma son fundamentales en nuestras vidas.

1-   Aprender a escuchar: Tratar de hacerlo con respeto y con interés dando crédito a las personas y sin olvidarse de que tu juicio siempre está frente a la presencia de Dios.

2-   Crecer en Dios: Y esto lo haremos por medio de un plan de vida espiritual concreto y sobre todo disciplinado. De todos los días y no solamente para cuando siento o tengo alguna necesidad.

3-   Aprender a tener empatía: Estamos en unos tiempos de mucha necesidad de comprender al otro, contemplar las heridas del otro para ayudarle a superarse y con eso superarme yo mismo.

4- Ahondar en el conocimiento de la verdad: Sería muy importante contemplar las palabras de nuestro Papa francisco en un sagrario y a solas.

5- Confesión frecuente: porque ella nos enseña a ser humildes, a reconocer que sin ayuda de la gracia no podemos dejar de pecar.

6- Misa diaria: porque es nuestra garantía para salir victoriosos en la batalla del alma. Porque es Cristo VIVO en su cuerpo y en su Sangre que nos convierte a ti y a mí en otro Cristo en la tierra.

Queridísimo lector, sigamos celebrando la Navidad ofreciendo a nuestro Dios el oro de nuestro esfuerzo; la mirra de nuestra oración y el incienso de nuestra oración incesante. Que la Virgen del Amor Hermoso camine a nuestro lado.

Sheila Morataya

 

 

Expertos en Bioética, contra el plan del Gobierno de permitir a las menores abortar

Recalcan que “lejos de ser una medida liberadora y promotora de los derechos de la mujer, pone a las adolescentes en una situación de riesgo”

photo_cameraLos expertos en Bioética Justo Aznar y Julio Tudela.

El Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia (UCV) ha afirmado que volver a la ley de plazos de Zapatero para permitir que las menores de 16 y 17 años puedan abortar sin el consentimiento paterno, tal como propone el nuevo Gobierno de PSOE y Unidas Podemos, “lejos de ser una medida liberadora y promotora de los derechos de la mujer, pone a las adolescentes en una situación de riesgo”.

Justo Aznar, director del Observatorio de Bioética de la UCV, ha subrayado a Religión Confidencial que este proyecto “conculca los derechos de los padres respecto a la educación de sus hijos y separa a los padres de su hija en un momento que puede ser el más difícil de su vida”.

Ayudar a esas jóvenes para que no aborten

Así mismo, Aznar destacó que “se están poniendo las medidas para facilitar el aborto cuando las ayudas deberían centrarse en prevenir el embarazo adolescente para que no se llegue a estas situaciones, fomentando la prevención con ayudas sociales, información y una educación sexual ajena a la actual, que únicamente está enfocada al hedonismo sin ver la profundidad del amor humano”.

Justo Aznar puso un ejemplo para calificar a esta posible iniciativa política como “muy limitada y mal enfocada”: “para evitar los robos lo importante no es el castigo o los medios técnicos que se pongan para impedirlo, sino no robar”, afirmó.

“En lugar de favorecer el aborto – que siempre es terminar con la vida de un ser humano, sea la que sea la edad de la madre embarazada – hay que conceder ayudas sociales a estas jóvenes para que no tengan que recurrir al aborto y después puedan continuar sus estudios”, afirmó Aznar.

“Provoca secuelas psicológicas el resto de su vida”

Por su parte, Julio Tudela, director del Máster de Bioética de la UCV, afirmó que el proyecto supone “ensanchar la autopista hacia el aborto y no va a contribuir para nada a reducir las cifras, que siguen siendo catastróficas y que se han incrementado este año”. 

Tudela subrayó que es un error “privar a estas jóvenes de la necesidad de contrastar, en momentos de angustia, con personas que pueden ofrecerles alternativas, principalmente sus propios padres o tutores”.

Según afirmó este experto, los estudios más robustos científicamente “afirman que la práctica del aborto voluntario en adolescentes provoca secuelas psicológicas durante el resto de su vida, más aún si el aborto se repite”.

“Las mujeres que han repetido abortos tienen mayores riesgos de sufrir trastornos y, cuanto antes se realice el aborto, el riesgo es mayor”, destacó, insistiendo en que “estas medidas pueden tener consecuencias nefastas para la mujer, por lo que hay que evitarlas especialmente en fase de adolescencia e inmadurez porque los riesgos psicológicos se incrementan en estos casos”.

 

 

LOS CELULARES Y LOS NIÑOS

 Ing. José Joaquín Camacho                                  

Siglo 21, sábado 12 enero 2020

         Recientemente llamó la atención el titular de un una noticia de prensa (PL 30 diciembre), que señala que el Papa Francisco reprendió ayer a los niños que usan el teléfono celular y chatean mientras comen con sus padres, y dijo que se debe restablecer la “comunicación” en las familias. Y les dijo: “¿tú, en tu familia, sabes comunicarte; o eres como esos niños que, cada uno con su móvil, están chateando sentados a la mesa?”. Cuestionó esto el Papa durante el tradicional rezo del ángelus de los domingos en la plaza de san Pedro. Y añadió: “En esa mesa a veces hay un silencio como si estuvieran en misa”, y por ello exhortó: “hemos de reanudar la comunicación en las familias.

        Porque es interesante considerar el influjo de las nuevas tecnologías, pues así como la revolución industrial produjo cambios profundos en la sociedad, la amplia transformación en el campo de las comunicaciones –el mundo virtual- dirige grandes cambios culturales y sociales de hoy. A ello alude acertadamente el protagonista de la película The Social Network: “Hemos vivido en fábricas, después en ciudades y ahora vivimos en Internet”.

       Por otra parte, abundan quienes abordan esto negativamente –no sin razón- sosteniendo que la actual tecnología electrónica, en su vertiente de juegos, pasatiempos, relaciones sociales, chismorreo, búsquedas inagotables de información, diversión y curiosidades muy particulares, se ha convertido en muy pocos años en generadora de nuevas dependencias para millones de personas, de todas las edades.

          Los niños y adolescentes, se presentan como más vulnerables; por ello hay más estudios sobre ellos, pero de alguna manera sirven para todos. Hace unos meses algunos consideraban que quizá la explosión de las redes sociales quitaría tiempo a otras formas de ocio como los videojuegos o la televisión.

          Un reciente estudio elaborado por profesores de la Universidad de Navarra toca otros problemas que se han relacionado frecuentemente con las nuevas tecnologías (celulares, etc.): la repercusión en la falta de sociabilidad de los jóvenes; el tipo de contenidos que consultan y que cuelgan en la red; las limitaciones para adquirir productos y servicios o para dar información personal; el acoso a otros adolescentes por la red (ciberbullying); la facilidad para originar una adicción casi patológica; etc.

         Es evidente que navegar en Internet, las redes sociales o jugar en línea se ha convertido en una actividad compulsiva para muchos, ya sea por presión social, costumbres o limitaciones personales. Hay que estar alertas. Y en cuanto a los padres los consejos son sencillos, aunque exigentes porque ellos deben ir por delante: regular el uso de teléfonos, Internet, videojuegos, sobre todo a la hora de comidas, sueño, estudio, paseos; poniéndose de acuerdo ambos padres. También, planificar actividades recreativas-sociales que involucren a todo el núcleo familiar. Y los colegios deben colaborar contando con lugares donde dejen los aparatos al entrar en el colegio…

Estamos ante una  tecnología necesaria, pero pude ser dañina si se convierte en obsesiva, y por ella se empobrecen las relaciones personales; se piensa estar hipercomunicado cuando en realidad se está uno aislando. La clave está en que el celular y la tecnología en general estén realmente al servicio del desarrollo de la persona, si no, la esclaviza. De cada uno depende: y de la ayuda de su familia…

 

Rebeldía de la vida común

Blanca Sevilla

La resurrección vital clama por que el hombre recobre ese ámbito íntimo y profundo que da sentido a su existencia.

El mundo se rebela.

La resurrección vital clama por que el hombre recobre ese ámbito íntimo y profundo que da sentido a su existencia.

Poder, dinero e influencias no son suficientes para llenar la vida que no puede medirse por lo que se palpa. Tal vida es un proyecto que −dice Weber− es fuerte porque tiene motivos firmes que se afincan en la esencia humana más profunda, en nosotros y en los demás.

Desearíamos que fueran pasado la racionalización y la seguridad científica. Pero el hombre quiere ser más; quiere todo y no lo encuentra en el mercado, ni en la comunicación colectiva, ni en el estado.

Después de todo, hace falta la metáfora del mundo, la ilusión, el encantamiento del transcurrir cotidiano, la riqueza de la paternidad o de la amistad, la profunda sabiduría de las relaciones personales.

Ya desde 1957, Peter Drucker decía que el mundo salía de la modernidad para entrar en otra época, sin nombre ni apellido. Veinte años más tarde es bautizada; se le llama, quizás con poca precisión, postmoderidad, y resume la esperanza, la fe, el ansia de libertad y de amor del hombre que ha sido siempre el mismo, pero cuyas circunstancias lo han orillado a la ruptura.

Tal vez, después de Rusia y el Muro de Berlín, esté en el aire con más fuerza el grito, el ansia de reencontrar lo central del hombre: cuerpo y espíritu. Ese mundo subterráneo de la vida profunda, común y corriente, desea salir para encarnar en la intimidad personal, en las relaciones, en los proyectos y no en los sistemas funcionales.

El mundo, hoy, no vive una revolución, sino una resurrección, dice Carlos Llano.

Todo se renueva: urge un encuentro, un equilibrio entre los bienes económicos y los derechos sociales.

Hay que mirar a las ligaduras vitales que se dan en el ámbito de lo sagrado, de la persona misma.

Es necesario acuñar términos que tengan que ver con el afecto y el amor.

Uno de esos términos: postmodernidad. El mundo se rebela. El hombre clama por una resurrección del ámbito común que hasta ahora había sido un rinconcito aislado por el materialismo. El hombre desea ser realmente hombre.

Y sólo lo logrará al calor de la familia, de las relaciones personales, del acercamiento de intimidades, del encuentro de soledades…

 

Globos de oro o globos de la muerte

Escrito por Mario Arroyo.

Mi éxito justifica que yo “interrumpa” la vida humana (por usar su eufemismo), sin que se pueda, obviamente, “reanudar”.

Muchas personas, con una mezcla de perplejidad y tristeza, escuchamos cómo la actriz Michelle Williams atribuía a su “derecho a decidir”, un eufemismo del aborto, el poder recibir un “Globo de Oro”. Gracias al aborto pudo obtener un premio. Gracias a su defensa del aborto, con perorata política y feminista aneja, su discurso trascendió. Mostrando así como aborto y fama van de la mano. Más surrealista fue escuchar los fuertes aplausos y la emoción de las “estrellas” de Hollywood, celebrando su “decisión” y su “valentía”; celebrando la muerte…

Muchas cosas bullen en la mente al observar este espectáculo esperpéntico. Quizá la más trágica sea la mentira. Michelle Williams, por la dinámica de su discurso, cree que es una obligación moral y una forma de agradecer a la vida, poder compartir su historia con el público. ¡Incluso agradece a Dios gozar de la libertad de eliminar seres humanos! Digamos que sería como parte de su responsabilidad social despertar a las mujeres, para que exijan sus derechos y participen de forma consciente, con espíritu de cuerpo, en la vida pública. Es decir, está totalmente convencida de su fatal error. De que no se debe mirar con resignación lo que “pasa en su cuerpo”, debiendo en cambio “tomar sus decisiones”. El error y la mentira se han apoderado de su mente, y por ello hace tan brava y orgullosa defensa del aborto-éxito.

Michelle Williams tiene la convicción de haber elegido bien, de reclamar el aborto como requisito de la dignidad y la libertad de la mujer, de considerar a su hijo, al embrión como un tumor, como algo que sucede en su cuerpo… todo ello es una dolorosa mentira, un lamentable error del que ella no se percata. Por eso habla con convicción y busca promoverlo. Al hacerlo despierta multitud consideraciones, suscita incógnitas interesantes.

Del lado de quien aborta, por ejemplo, que no viene garantizado, como parte del paquete, la “depresión post-parto”. En efecto, la actriz se ve todo menos deprimida. No parece anclada en el pasado; al contrario, considera el evento como un hecho colateral, y si lo recuerda es para convencerse y convencernos de que hizo bien, eligió correctamente. ¡Qué bueno que no cayera en la depresión!, aunque, pensándolo bien… ¿quién sabe? ¿Acaso será bueno terminar con la vida de un individuo vivo de la especie humana y quedarse tan campante, como quien se ha quitado una muela? El dolor, el sufrimiento moral, el sentimiento de culpa es manifestación de que somos humanos. Los psicópatas y asesinos seriales no sienten remordimientos al matar, han perdido esa capacidad, se han deshumanizado. Al ver el discurso de Michelle y los aplausos de Hollywood, no podemos sino sentir pena por ellos, “se han deshumanizado” … ¿o quizá son los primeros especímenes de posthumanos?

El discurso y los aplausos muestran también el engaño de la narrativa abortista o “pro-elección”. ¿Por qué? ¿En qué se basa esa narrativa? “En las pobres mujeres violadas que eran condenadas a tener el niño fruto de ese horrendo crimen”. ¿Qué suelen afirmar? “Nadie quiere el aborto, siempre es una solución límite, lamentable, pero no se debería criminalizar a quien lo practica, y debería estar permitido, para poderse realizar con higiene y no clandestinamente”. Pero, según se puede ver, aquí se “festeja un aborto”, se festeja el poder de decisión de la mujer, capaz de determinar quién puede vivir y quién no. Michelle Williams decidió que su hija de 14 años y el que ahora viene en camino merecen vivir, en cambio el de en medio no, por inoportuno, ¿quién le manda venir al mundo a mitad de la grabación de una exitosa serie?

No es entonces el aborto algo que nadie quiere, que se tolera, una solución límite, válvula de escape en una sociedad imperfecta. No, el aborto es la puerta que me abre las puertas del éxito. Mi éxito justifica que yo “interrumpa” la vida humana (por usar su eufemismo), sin que se pueda, obviamente, “reanudar”. Si yo quiero controlar mi vida debo tener el derecho a matar (porque está vivo y es de la especie humana, eso no se puede negar). No se ve mucha diferencia respecto al argumento del sicario, mafioso o narcotraficante en turno: “no tengo nada en tu contra, pero ahora tu vida estorba mis propósitos, no es nada personal, pero debes morir para que yo alcance mis metas”. Iniciamos la década celebrando la “libre decisión”, celebrando que los galardones, los premios, los logros, los éxitos personales son más importante que la vida ajena; pesó más en la balanza un trofeo que la vida humana. Comenzamos la década descubriendo, dolorosamente, que para los creadores de la opinión pública mundial la vida vale menos que un premio.

 

 ¿Deben competir las mujeres trans junto al resto de atletas femeninas?

03 enero

El agravio comparativo entre mujeres y “mujeres trans”, ha provocado una intensa polémica, tanto por parte de los que se niegan a que éstas últimas compitan en igualdad de condiciones con las demás atletas femeninas, como por parte de los que afirman que es discriminatorio no permitir a las mujeres trans competir en deportes de élite junto al resto de mujeres.

Un reciente artículo publicado en Journal of Medical Ethics trata de esclarecer las dudas abiertas tras la polémica suscitada por un trabajo anterior publicado en la misma revista (ver AQUÍ), referente al conflicto planteado ante la pretensión de atletas varones (biológicamente masculinos) que han realizado una transición hacia el género femenino (“mujeres trans”) de ser admitidos en la competición deportiva de élite como el resto de mujeres biológicamente femeninas (cisgénero). El conflicto surge de la evidencia de que el tratamiento hormonal al que han sido sometidos estos varones para promover su feminización, han logrado solo en parte atribuirles características físicas femeninas, permaneciendo en ellos muchos rasgos fenotípicos ligados a su estructura corporal, metabolismo, sistema endocrino, cerebral, etc. propios de su genética masculina, lo cual les proporcionaría una ventaja sobre las mujeres genéticamente femeninas que introduciría un desequilibrio injusto en la alta competición deportiva.

La mera exposición de este agravio comparativo entre mujeres y varones que han promovido su transición hacia el género femenino (“mujeres trans”) ha provocado una intensa polémica, tanto por parte de los que se niegan a que las mujeres trans compitan en igualdad de condiciones con las demás atletas femeninas, como por parte de los que afirman que es discriminatorio no permitir a las mujeres trans competir en deportes de élite junto al resto de mujeres.

El estudio que se cita en primer lugar trata de encontrar una postura intermedia entre ambos posicionamientos, proponemos reemplazar el género binario en el deporte de élite (competiciones masculinas y femeninas) con un enfoque diferente, basado en un algoritmo que se aplicaría a todos los atletas de élite (cisgénero y transgénero) que incluiría una variedad de factores fisiológicos (incluidos, entre otros, los niveles de testosterona), así como su identidad de género. Este instrumento sería propuesto también para las atletas femeninas que han promovido procesos de transición hacia el género masculino.

En estos casos, también son evidentes las diferencias que separarían a los atletas biológicamente masculinos de las mujeres que han promovido la transición hacia el género masculino, y que supondrían una desventaja para ellas, al contrario que en el caso anterior.

Incluso si, a través de la terapia hormonal, el nivel de testosterona de un “varón trans” (biológicamente femenina, pero con transición hacia el género masculino) alcanzara el de un atleta biológicamente masculino de élite, es poco probable que cambie parte de su fisiología femenina anterior (por ejemplo, estructura ósea y tamaño de los pulmones), lo que significa que, a este respecto, permanecería en desventaja.

El trabajo refiere como las atletas femeninas en Alemania del Este, aún sometidas a los niveles más altos de dopaje, no lograron acercarse a los récords mundiales establecidos por los atletas masculinos (Franke, Werner W., and Brigitte Berendonk. 1997. “Hormonal Doping and Androgenization of Athletes: A Secret Program of the German Democratic Republic Government.” Clinical Chemistry 43 (7): 1262).

Un problema semejante se planteó cuando saltaron todas las alarmas ante la inclusión de personas transexuales en estudios clínicos, que solicitaban ser considerados según su género de transición, lo que hacía peligrar la validez estadística de los re4sultados de los estudios, al introducirse sesgos importantes dependientes de la condición de sexo biológico en los individuos reclutados para dichos estudios, que implica características fenotípicas abiertamente diferentes entre sexos que permanecen tras los tratamientos hormonales de transición de género. (SEGARRA, Ignacio, et al. Sex-divergent clinical outcomes and precision medicine: an important new role for institutional review boards and research ethics committees. Frontiers in pharmacology, 2017, vol. 8, p. 488.) (PRAGER, Eric. Addressing sex as a biological variable. Journal of neuroscience research, 2017, vol. 95, no 1-2.)

Este tipo de polémicas seguirán planteándose mientras se sigan confundiendo los aspectos comportamentales (género) con los biológicos (sexo), que no pueden intercambiarse, como algunos pretenden, en muchas de sus características asociadas.​

Julio Tudela

Observatorio de Bioética

Instituto de Ciencias de la Vida

 

El difícil conocimiento de sí mismo en nuestro mundo

​Los filósofos antiguos afirmaban que el conocimiento de sí mismo es el comienzo de la sabiduría.

La sociedad impone un gran valor a la singularidad del sujeto, a su libertad, a su autonomía. Pero, ¿le ofrece la posibilidad de realizarse, de ser él mismo, de conocerse?

Algunas propagandas nos asaltan todos los días para ofrecernos productos que nos permiten conocer en poco tiempo  lo que ocurre en cualquier parte del mundo.

¿Pero, habrá propagandas que nos ofrezcan algo para conocernos a nosotros mismos?

¿Qué es más importante: saber lo que ocurrió hace 5 minutos atrás en en el otro extremo del mundo o cuál será el mejor programa para el próximo fin de semana o tener un mayor conocimiento de lo que es cada uno de nosotros, cuál es nuestro interior, qué somos o quiénes somos?

El filósofo griego Sócrates tenía razón cuando decía: “Conócete a ti mismo”. En esa expresión se condensa toda la sabiduría natural de todos los sabios, pues conocerse a sí mismo es el comienzo para conocer lo que nos rodea y de ahí subir hasta Dios que nos creó.

​La Dra. Marie-France Hirigoyen

Sobre esta temática, hay una interesante conferencia de una conocida psiquiatra francesa, en que aborda este asunto y las dificultades que el trajín del mundo  moderno pone para conocerse con honestidad a sí mismo. La Dra. Marie-France Hirigoyen, es especialista psicoterapeuta de familia especializada en la terapia del acoso moral o psicológico.

Lo que ella nos señala,  podrá parecernos poco simpático, pero eso no quita que sean importantes verdades.

“La sociedad impone un gran valor a la singularidad del sujeto, a su libertad, a su autonomía. Pero, ¿le ofrece la posibilidad de realizarse, de ser él mismo, de conocerse?

Las imposiciones del consenso

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​“En una época individualista, el individuo es el centro del mundo pero él está solo, porque es un peón de ajedrez en una multitud de iguales.

En una época individualista, el individuo es el centro del mundo pero él está solo, porque es un peón de ajedrez en una multitud de iguales. Se le exige pensar como los otros, pertenecer a una red, no salirse de la masa.

“Por ello, ese individuo evita cuestionarse, confrontarse con los otros, enfrentar conflictos, cada vez más se rechaza el conflicto. Pero al mismo tiempo, escapa a toda profundidad, a todo conocimiento de sí mismo. Por lo tanto estamos en un mundo de apariencia. Si se busca un empleo o una amistad, es necesario seducir, estar en forma, ser feliz, desenvuelto, eficaz.

El culto de la imagen

“El culto de la imagen se ha extendido a todos los campos. En el mundo del trabajo ahora no importa lo que somos sino lo que mostramos. Ya no basta trabajar, tener buenos resultados, hay que mostrarse, hacerse apreciar, poner a funcionar la red de contactos. Cuenta más la visibilidad que la productividad y la eficiencia. Un directorio lleno de contactos más que el talento. En todas partes se privilegia la vía rápida que consiste en avanzar por habilidad más que por esfuerzo, más por la trampa que por el trabajo.

Copiar y pegar…

“No construimos un pensamiento propio sino que repetimos mil ideas de otros.

“En todos los dominios es necesario ir rápido, obtener resultados inmediatos. Pero ese mundo no nos deja espacio para reflexionar y formar una visión de la vida a largo plazo. A fuerza de agitarse y de ahogarse en el trabajo y la comunicación con los demás, el hombre se ha separado de sí mismo y tiene miedo de confrontar sus miedos y su vida interior.

​“Esta sociedad narcisista, lejos de ser feliz o liberadora, conduce al ser humano a un rechazo de sí mismo y al miedo

“Rechaza saber que él está solo y es mortal. Nuestra sociedad exalta el éxito, la gestión de sí mismo y esto agota a las personas que tienen la impresión que una carga muy pesada está sobre sus hombros y desarrollan lo que ha sido llamado de “patologías de la insuficiencia”, especialmente el stress y la depresión. Tanto en el trabajo, como en la familia o en la vida social, la gente tiene miedo de fracasar, de no estar al nivel.

Una sociedad narcisista

“Esta sociedad narcisista, lejos de ser feliz o liberadora, conduce al ser humano a un rechazo de sí mismo y al miedo: se tiene miedo del otro, de perder el trabajo, de las agresiones, de la enfermedad, de la vejez y sobre todo de no corresponder al padrón socialmente correcto. Conseguir éxito en la vida profesional bajo la amenaza de perder el empleo, lograr la vida de matrimonio con miedo de las rupturas que pueden ocurrir, educar correctamente los hijos que hacen lo que les da la gana, todo esto es fuente de indecisión e inquietud.

“Pero en el mundo moderno sobretodo no pueden mostrar las indecisiones: ¿cómo conseguir un empleo si no se tiene talante de ganador, cómo conseguir un buen novio o novia si tenemos cara de deprimidos? Entonces, es necesario fingir y aparentar. Así adoptamos un falso yo ajustable a las circunstancias, o sea un comportamiento destinado a complacer a los otros más que a nuestros propios deseos o sentimientos.

Una vida sin autenticidad

“Las personas son entonces super adaptadas al mundo moderno, pero pierden el contacto con sus verdaderos sentimientos internos lo que conduce a llevar una vida sin autenticidad.

“Este cambio social afectó la psicología de las personas que nunca han estado tan desilusionadas y desencantadas como ahora y que buscan desesperadamente a mejorar su “auto-estima”, no el amor de sí mismo sino la estima de sí mismo. Los psiquiatras de mi generación han podido constatar el pasaje de los estados neuróticos convencionales a nuevas patologías del carácter, en especial  las patologías narcisistas, o sea, los traumas psicosomáticos, las depresiones, las adicciones, y también los comportamientos perversos.

Quien crea encontrar la felicidad en la agitación será infeliz

(…)

La terapia: dar la espalda a la agitación y verse de frente

“Una verdadera terapia nos debería llevar a aceptarnos simplemente como somos, seres humanos imperfectos y frágiles y a admitir que no somos super hombres.

“Como lo vengo diciendo, en nuestro mundo contemporáneo es muy difícil ser uno mismo. A todo momento nos vienen a decir lo que debemos pensar, como debemos vivir. Claro, el condicionamiento es muy sutil y por eso tanto más eficaz. Inclusive cuando es diplomado y culto, el hombre moderno, porque se tornó inseguro, es fácilmente influenciable y manipulable. Él trata de adquirir confianza y a dar sentido a su vida con verdades de Perogrullo y una vida fácil y sin sufrimientos. Pero es imposible tener una vida sin obstáculos ni dificultades a pesar de que los medios de comunicación nos quieren hacer creer lo contrario.

​Para saber quiénes somos y qué queremos hacer de nuestra vida es necesario parar, dar las espaldas a la agitación del mundo para poder mirarse a sí mismo con lucidez.

“Al buscar el tiempo entero la felicidad perpetua corremos el riesgo de privarnos de alegrías auténticas. Muchas personas se quejan de estar solas, de no recibir nada de los demás. Pero para recibir es necesario abrirse y estar disponible a los otros. Entonces, para saber quiénes somos y qué queremos hacer de nuestra vida es necesario parar, dar las espaldas a la agitación del mundo para poder mirarse a sí mismo con lucidez. Y claro que se necesita mucho coraje para mirarse de frente y aceptar sus debilidades sin miedo de caer en una depresión.

“Cuestionarse a sí mismo es renunciar a las apariencias y a la idea de ser un superhombre, abrir los ojos para las sombras de nuestra alma, pero también  para la parte sombría de nuestra época. Es a ese precio que es posible renunciar a los mecanismos de auto-defensa para aceptarnos como somos con nuestras imperfecciones. Dejar de ser una máquina de alto rendimiento para tornarnos nuevamente un ser humano, frágil pero vivo”.

 

 

 

Un Sí a Dios

Como es tradicional, el Papa celebró el domingo día 8 la Inmaculada Concepción dedicando unas palabras especiales a la festividad antes del rezo del Ángelus, visitando la Basílica de Santa María la Mayor y el monumento a la Virgen situado en la Plaza España de Roma.

Francisco nos pedía que tomemos de la mano a María en el camino del Adviento para que nos ayude a hacer de nuestra vida un sí a Dios, un sí hecho de adoración a Él y de gestos cotidianos de amor y de servicio. Dios pensó a María y la quiso siempre como una criatura llena de gracia, llena de su amor. De ella debemos aprender su disponibilidad sin límite, nos decía. María no se pierde en tantos razonamientos, no pone obstáculos en el camino, sino que con prontitud confía y deja espacio para la acción del Espíritu Santo. Es una obra maestra, pero sigue siendo humilde, pequeña y pobre. Pone inmediatamente a disposición de Dios todo su ser y su historia personal y, desde el principio, asume la actitud de servicio, de la atención de necesidad del otro. Un verdadero ejemplo para nosotros.

Pedro García

 

 

Que testimonien el valor sagrado de toda vida humana

La Declaración Universal de los Derechos Humanos ciertamente no ha impedido numerosas guerras desde entonces, y tampoco impidió que el totalitarismo comunista se impusiera en muchos países. Y a pesar de todos los avances económicos y sociales  experimentados, persisten secuelas y mutaciones de aquellas ideologías. No sólo eso, muchos de los principios de aquella Declaración se ven hoy desgastados y vaciados de contenido por un nihilismo que no reconoce el fundamento de la dignidad humana. No basta una Declaración formal si ésta no arraiga en la experiencia viva de la gente. Por eso la Iglesia, que saludó con gran alegría aquel acontecimiento, apela hoy a los jóvenes de todo el mundo para que testimonien el valor sagrado de toda vida humana y coloquen su dignidad y sus derechos en el centro de sus proyectos de transformación social y política.

Domingo Martínez Madrid

 

 

¿Cómo es posible?

¿Cómo es posible que los ecologistas estén tan al margen de la naturaleza humana que no se preocupen para nada del daño tremendo que está haciendo la pornografía? Es una problemática presente en todas las redes y un daño que se está haciendo a muchos jóvenes y no tan jóvenes, donde nadie se atreve a entrar por los millones y millones de euros que están por medio. El cuidado de la naturaleza me parece que nos preocupa a todos, pero dentro de la naturaleza en la que vivimos, la humana es infinitamente más importante que la vegetal o la animal y por ella no estamos luchando, al menos a los ecologistas no les he oído.

“El mundo moderno envilece. Envilece la ciudad; envilece al hombre. Envilece el amor; envilece a la mujer. Envilece la raza, envilece al niño. Envilece la nación: envilece la familia. Ha logrado envilecer lo que quizá es más difícil de envilecer en el mundo: envilece la muerte”, dice Robert Sarah (p. 179) citando a Charles Péguy.

Jesús D Mez Madrid

 

 

¿Falta dinero… o sobran malos políticos?

 

LEO QUE NO HAY DINERO PARA REPARAR Y MODERNIZAR HOSPITALES Y QUE SE DESPLOMAN LOS PRESUPUESTOS PARA ELLO:      

Lo que no se "desploma" es las ingentes cantidades de dinero malgastado, en elecciones tras elecciones; y sobre todo, en el mantenimiento de "ejércitos de parásitos o inservibles", que nos hacen pagar y mantener, debido a la plaga de la política de la nueva época, y donde los que chupan del dinero del Estado, se han multiplicado por... ¿cuántas veces desde 1975 y que ya nos quejábamos de los parásitos que mantenía Franco? Por todo esto y más cosas, faltan dineros para lo que de verdad nos falta necesariamente a los españoles; España es lo suficientemente rica como para que vivamos mucho mejor, pero BIEN GOBERNADOS Y BIEN ADMINISTRADOS.

Mientras se publica lo que arriba cito; el inútil y mercenario presidente que tan pomposamente está siendo “publicitado”; así como todos los cómplices que han dado lugar a “ese nuevo parto de los montes”; nos presenta hoy cuando escribo, el que la cúpula “monclovita”, ha crecido una enormidad, al ser nombrados, aparte del “premier”, nada menos que cuatro vice presidentes y no sabemos cuántos ministros más, de los que ya había; lo que acarreará un inmenso gasto de nuevas nomenclaturas y nuevos parásitos que se van a incrustar en el dinero público; mientras, se seguirán peleando “hunos y hotros”, por cuanto la realidad es, que no les importa ni España y mucho menos los indefensos españoles, que cada vez somos más abundantes.

No son sólo, Hospitales,  (conservatorio, museo, casa para la justicia, ferrocarril y cien cosas más, sólo en mi provincia). Faltan institutos, nuevos pantanos, terminar de una puñetera vez el Plan Hidrológico Nacional, que lo inició otro dictador militar cual fuera Queipo de Llano (Franco no fue el autor, sino que inteligentemente y como estratega y estadista, vio que era de primera necesidad para “la España seca”, que hoy lo necesita mucho más), y  va ya para cien años, y España sigue cada vez más necesitada de aguas, que sobran o que caen y van al mar sin utilidad alguna… ¿Y cuánto más?

            Y los políticos siguen en sus peleas mezquinas, en “sus discusiones en esos gallineros pomposamente denominados parlamentos”; pero en los que sólo se discuten y dirimen, intereses de parte o individuales; o sea, “de panza y bolsillo como yo los denominé hace ya mucho tiempo”.

            Mientras en mi provincia en un solo año, se han marchado miles y miles, de habitantes, principalmente lo mejor de la juventud, porque aquí no les han preparado, nada interesante para su desarrollo, como simples seres humanos; cosa que se está repitiendo en gran parte de “la España explotada y abandonada a su suerte”; y los que nos mangonean, aún tienen la osadía de presumir… ¿De qué? ¿De fútbol? ¿De tenis? ¿De baloncesto, o de carreras de bicicletas, o de coches en el desierto arábigo?

            No se trata de que aquí, “reine el comunismo o el socialismo” (ambos fracasados, como también el capitalismo salvaje) Pero sí, un gobierno de verdaderos estadistas, que sepan encauzar lo muchísimos recursos que tiene España; y procure, el que de verdad; y como ya aconsejaba Pitágoras hace más de dos mil quinientos años. CONSEJOS A LOS GOBERNANTES: “A los pueblos mantenedlos en un término medio; pobres se envilecen, ricos se llenan de soberbia” (cito de memoria) y aquí lo que aumentan son los dos extremos; cada vez hay más pobres y cada vez más ricos; y la clase media, que es la que de verdad hace avanzar a una sociedad, cada vez está más  esquilmada; y va desapareciendo, mientras aumentan cada vez más, la delincuencia, los parásitos y los inútiles, que sólo producen gastos.

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes