Las Noticias de hoy 13 Junio 2020

Enviado por adminideas el Sáb, 13/06/2020 - 12:58

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Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 13 de junio de 2020        

Indice:

ROME REPORTS

Autoridad de Información Financiera: El Papa nombra a una mujer en el Comité Directivo

Día Mundial contra el Trabajo Infantil en tiempos de coronavirus

EL VALOR DE LA PALABRA EMPEÑADA: Francisco Fernandez Carbajal

“Has de ir al paso de Dios; no al tuyo”: San Josemaria

Conocerle y conocerte (V): Cómo nos habla Dios: José Brage

Sobre la palabra pastoral: Ramiro Pellitero

VIVIR DE JESÚS EUCARISTÍA (defiende tu primavera… eucarística): Alberto García-Mina Freire.

Comentario al Evangelio: El pan del cielo

Domingo del Corpus Christi.: + Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

El Corazón de Jesús. Promesas y desagravio en la Roda: Josefa Romo Garlito

Fertilidad en mujeres a partir de los 40 años tras ligadura de trompas: Justo Aznar

Familia: única e indisoluble: Ana Teresa López de Llergo

La pandemia y la comunicación en el matrimonio: Lucia Legorreta

No se pierdan la cita.: José Morales Martín

Ante las llamadas “fake news”: Suso do Madrid

Coronavirus y abortos: JD Mez Madrid

Nos hemos quedado sin sonrisas.: Pedro García

La realidad del hoy las corrupciones de siempre: Antonio García Fuentes

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

 

ROME REPORTS

 

 

 

Autoridad de Información Financiera: El Papa nombra a una mujer en el Comité Directivo

Profesora Antonella Sciarrone

JUNIO 12, 2020 13:27ROSA DIE ALCOLEAVATICANO

(zenit – 12 junio 2020).- El Papa Francisco ha nombrado miembro del Consejo Directivo de la Autoridad de Información Financiera (AIF) a la profesora Antonella Sciarrone Alibrandi, pro-rectora vicaria de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Italia, ha comunicado la Oficina de Prensa de la Santa Sede el 12 de junio de 2020.

El nombramiento supone un nuevo paso del Pontífice argentino hacia la transparencia en la entidad que se ocupa de revisar las finanzas de la Santa Sede y luchar contra el blanqueo. Precisamente el pasado viernes, 5 de junio, fue detenido en el Vaticano el broker Gianluigi Torzi, que hizo de intermediario para devolver a la Secretaría de Estado la propiedad de un inmueble en Londres.

Recientemente, el Santo Padre renovó los cargos directivos de la entidad vaticana: El 15 de abril de 2020, Giuseppe Schlitzer, tomó el relevo del antiguo director de la AIF, el doctor Tommaso Di Ruzza, y a su vez, el doctor Federico Antellini Russo fue designado vicedirector. Asimismo, en noviembre de 2019, Carmelo Barbagallo fue nombrado nuevo presidente de la Autoridad de Información Financiera (AIF).

El pasado 23 de enero de 2020, la Santa Sede comunicó que la Autoridad de Información Financiera fue readmitida dentro del circuito internacional de información del Grupo Egmont, organismo global que agrupa a unidades de Inteligencia Financiera de todo el mundo, sobre todo contra el lavado de dinero.

Profesora Antonella Sciarrone

La profesora milanesa, de 55 años, es doctora en Derecho Civil por la Universidad de Ferrara, profesora titular de Derecho Bancario y Derecho del Mercado Financiero en la Facultad de Ciencias Bancarias, Financieras y de Seguros de la Universidad Católica del Sagrado Corazón.

La Universidad Católica del Sagrado Corazón (USCS) fue fundada en Milán en el 1921, es considerada la más importante Universidad Católica de Europa y posee sedes en toda Italia: Milán, Piacenza, Cremona, Brescia y Roma.

Entre otras responsabilidades, Sciarrone es presidenta de la Asociación de Profesores de Derecho y Economía de Italia, miembro del Comité Científico de la Asociación para el Desarrollo de Estudios Bancarios y Bursátiles y miembro de la Junta del CEFIRS (Centro de Estudios de Regulación Financiera Europea) de la mencionada universidad italiana.

 

Día Mundial contra el Trabajo Infantil en tiempos de coronavirus

Millones de niños corren el riesgo de trabajar

JUNIO 12, 2020 12:38LARISSA I. LÓPEZJORNADAS MUNDIALES

(zenit – 12 junio 2020).- Hoy se celebra el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, que este año de la pandemia de COVID-19 se centrará en el impacto de la crisis actual en el trabajo infantil, informa la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en una nota.

Este año, la campaña de este día será virtual y se organiza conjuntamente con la Marcha mundial contra el trabajo infantil  y la Alianza Internacional de Cooperación sobre el Trabajo Infantil y la Agricultura (IPCCLA).

Situación agravada por la COVID-19

Efectivamente, la emergencia sanitaria provocada por el coronavirus y el consiguiente impacto económico y de mercado laboral están teniendo un gran impacto en la vida y los medios de vida de las personas y los niños suelen ser los primeros en sufrir dichas consecuencias.

De acuerdo a la ONU, se estima que ya hay 152 millones de niños en situación de trabajo infantil, de los cuales 72 millones realizan trabajos peligrosos. Estos niños ahora tienen un riesgo aún mayor de enfrentar circunstancias aún más difíciles y de trabajar más horas al día.

Palabras del Papa Francisco

Con motivo de esta jornada, el pasado miércoles en la audiencia general, el Papa Francisco realizó un llamamiento a las instituciones a hacer “todo lo posible por proteger a los menores, llenando las lagunas económicas y sociales que subyacen a la distorsionada dinámica en la que, lamentablemente, se ven envueltos”.

En esta línea, describió cómo en la actual situación de emergencia sanitaria por el coronavirus, “en varios países muchos niños y jóvenes se ven obligados a realizar trabajos inadecuados para su edad, a fin de ayudar a sus familias en condiciones de extrema pobreza”. En muchos casos, subrayó, “se trata de formas de esclavitud y encarcelamiento que provocan sufrimiento físico y psicológico

Además, el Pontífice recordó que “los niños son el futuro de la familia humana: depende de todos nosotros fomentar su crecimiento, su salud y su serenidad” y apuntó que “todos somos responsables” de esta situación.

COVID-19 y trabajo infantil

Según el nuevo informe de UNICEF junto a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) “COVID-19 and child labour: A time of crisis, a time to act” (“COVID-19 y trabajo infantil: En tiempos de crisis, es hora de actuar”), millones de niños y niñas corren el riesgo de tener que realizar trabajo infantil como consecuencia de la crisis de la COVID-19, lo que podría propiciar un aumento de este fenómeno por primera vez después de 20 años de avances: 94 millones de niños menos desde 2000.

Además, los niños que ya trabajan podrían tener que hacerlo durante más horas, o en peores condiciones. Muchos de ellos podrían verse obligados a realizar trabajos peligrosos y en condiciones de explotación, lo que causaría un daño significativo a su salud y su seguridad, señala la UNICEF en una nota.

Mecanismo de supervivencia

El informe indica que la COVID-19 podría provocar un aumento de la pobreza y, por tanto, un incremento del trabajo infantil, ya que los hogares utilizan todos los medios disponibles para sobrevivir. Algunos estudios aseguran que una subida de un punto porcentual del nivel de pobreza conlleva un aumento del 0,7%, o más, del trabajo infantil.

“En tiempos de crisis, el trabajo infantil se convierte en un mecanismo de supervivencia para muchas familias (…) A medida que la pobreza aumenta, las escuelas cierran y la disponibilidad de los servicios sociales disminuye, más niños se ven empujados a trabajar”, explica la directora ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore.

Los grupos de población vulnerables, especialmente los que trabajan en la economía sumergida y los trabajadores migrantes, serán los más afectados por la recesión económica.

Más escuelas cerradas, más trabajo infantil

Cada vez existen más pruebas de que el trabajo infantil crece a medida que las escuelas cierran durante la pandemia. Más de 1.000 millones de alumnos y alumnas en más de 130 países aún no han vuelto a las aulas.

Incluso cuando se reanuden las clases, es posible que algunos padres ya no puedan permitirse mandar a sus hijos a la escuela. Además, la desigualdad entre niños y niñas puede agudizarse, puesto que las estas últimas son particularmente vulnerables a la explotación en el sector agrícola y en la economía sumergida o el trabajo doméstico.

Finalmente, en el citado reporte se proponen un conjunto de medidas encaminadas a paliar el riesgo de que aumente el trabajo infantil, entre ellas: ampliar la protección social, facilitar la concesión de créditos a hogares en situación de pobreza, promover el trabajo decente para los adultos, posibilitar el regreso de los niños a la escuela sin costos de escolaridad, disponer de más recursos para realizar inspecciones laborales y hacer cumplir la ley.

 

EL VALOR DE LA PALABRA EMPEÑADA

— El Señor realza el valor de la palabra dada. Si no existe la necesidad de un juramento, nuestra palabra debe bastar.

— Amor a la verdad en toda ocasión y circunstancia.

— Fidelidad y lealtad a nuestros compromisos.

I. En tiempos de Jesús, la práctica del juramento había caído en el abuso por su frecuencia, por la ligereza con que se hacía, y por la casuística que se había originado para legitimizar su incumplimiento. Jesús sale al paso de esta costumbre, y con la fórmula pero yo os digo, que emplea con frecuencia para señalar la autoridad divina de sus palabras, prohíbe poner a Dios por testigo, no solo de cosas falsas, sino también de aquellos asuntos en los que la palabra del hombre debe bastar. Así lo recoge San Mateo en el Evangelio de la Misa1A vosotros os debe bastar decir sí o no. El Señor quiere realzar y devolver su valor y fuerza a la palabra del hombre de bien que se siente comprometido por lo que dice.

Jurar, es decir, poner a Dios por testigo de algo que se asegura o se promete, es lícito, y en ocasiones necesario, cuando se hace con las debidas condiciones y circunstancias. Es entonces un acto de la virtud de la religión y redunda en honor del nombre de Dios. El Profeta Jeremías ya había señalado que el juramento grato a Dios debía ser realizado en verdad, en juicio y en justicia2; es decir, la afirmación ha de ser verdadera, formulada con prudencia –ni ligera ni temerariamente– y referida a una cosa o necesidad justa y buena.

Si no lo exige la necesidad, nuestra palabra de cristianos y de hombres honrados debe bastar, porque nos han de conocer como personas que buscan en todo la verdad y que dan un gran valor a la palabra empeñada, en lo que se fundamenta toda lealtad y toda fidelidad: a Cristo, a nuestros compromisos libremente adquiridos, a la familia, a los amigos, a la empresa en la que trabajamos.

En las situaciones normales de la vida corriente, bastará nuestra palabra para dar toda la consistencia necesaria a lo que afirmamos o prometemos; pero la fuerza de la palabra empeñada ha de ganarse día a día, siendo veraces en lo pequeño, rectificando con valentía cuando nos hemos equivocado, cumpliendo nuestros compromisos. ¿Nos conocen así en el lugar donde trabajamos, en la familia, aquellos que nos tratan? ¿Saben que procuramos no mentir jamás, ni siquiera por diversión, o por conseguir un bien, o por evitar un mal mayor?

II. En las enseñanzas de Cristo, la hipocresía y la falsedad son vicios muy combatidos3, mientras que la veracidad es una de las virtudes más gratas a Nuestro Señor: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay doblez4, dirá de Natanael cuando se le acerca acompañado de Felipe. Jesucristo mismo es la Verdad5; por el contrario, el demonio es el padre de la mentira6. Quienes sigan al Maestro han de ser hombres honrados y sinceros que huyen siempre del engaño y basan sus relaciones –humanas y divinas– en la veracidad.

La verdad se transmite a través del testimonio del ejemplo y de la palabra: Cristo es el testigo del Padre7; los Apóstoles8, los primeros cristianos, nosotros ahora, somos testigos de Cristo delante de un mundo que necesita testimonios vivos. Y ¿cómo creerían nuestros amigos y colegas en la doctrina que queremos transmitirles, si nuestra propia vida no estuviera basada en un gran amor a la verdad? Los cristianos debemos poder decir, como Jesucristo, que hemos venido al mundo para atestiguar sobre la verdad9, en un momento en que muchos utilizan la mentira y el engaño como una herramienta más para escalar puestos, para alcanzar un mayor bienestar material o evitarse compromisos y sacrificios; o simplemente por cobardía, por falta de virtudes humanas. El mismo Jesús señaló el amor a la verdad como una cualidad necesaria en sus discípulos, que lleva consigo la paz del alma, porque la verdad os hará libres10.

Hemos de ser ejemplares, estando dispuestos a construir nuestra vida, nuestra hacienda, nuestra profesión, sobre un gran amor a la verdad. No nos sentimos tranquilos cuando hay por medio una mentira. Debemos amar la verdad y poner empeño en encontrarla, pues en ocasiones está tan oscurecida por el pecado, las pasiones, la soberbia, el materialismo..., que de no amarla no sería posible reconocerla. ¡Es tan fácil aceptar la mentira cuando llega –disimulada o con claridad– en ayuda del falso prestigio, de mayores ganancias en la profesión...!; pero ante la tentación, tantas veces disfrazada con variados argumentos, hemos de recordar, clara, diáfana, la doctrina de Jesús: sea vuestra palabra: «Sí, sí»; «No, no»11.

Ser veraces es un deber de justicia, una obligación de caridad y de respeto al prójimo. Y esta misma consideración por quienes nos escuchan nos llevará en ocasiones a no manifestar, indiscretamente, nuestros conocimientos y opiniones, sino de acuerdo con la formación, edad, etc., de los oyentes. El amor a la verdad que nos han confiado nos llevará a mantener firmes otras exigencias morales, como la reserva o el secreto profesional, el derecho a la intimidad, etc., pidiendo, si es preciso, consejo sobre el modo de actuar en casos difíciles para defender una determinada verdad ante quien quiere acceder a ella injustamente.

III. Al dar nuestra palabra, en cierto modo nos damos nosotros mismos, nos comprometemos en lo más íntimo de nuestro ser. Un cristiano, un verdadero discípulo de Jesucristo, a pesar de sus errores y defectos, ha de ser leal, honesto, un hombre de palabra; alguien que es fiel a su palabra. En la Iglesia los cristianos nos llamamos fieles, para expresar la condición de miembros del Pueblo de Dios adquirida por el Bautismo12. Pero también fiel es la persona que inspira confianza, de la que nos podemos fiar, aquella cuyo comportamiento corresponde a la confianza puesta en ella o a lo que exigen de ella el amor, la amistad, el deber, y que es fiel a una promesa, a la palabra dada...13. En la Sagrada Escritura el calificativo fiel es atribuido a Dios mismo, porque nadie como Él, de modo eminente, es digno de confianza: es siempre fiel a sus promesas, no nos falla jamás. Fiel es Dios –dice San Pablo a los Corintios–, que no permitirá que seáis tentados más allá de vuestras fuerzas...14.

Es fiel quien es leal a su palabra. Es leal el que cumple sus compromisos: con Dios y con los hombres. Pero la sociedad muestra con frecuencia duda y relativismo, ambiente de infidelidad; muchas gentes, de todas las edades, parecen ignorar la cabal obligación de ser fieles a la palabra dada, de llevar adelante los compromisos que se adquirieron con total libertad, de mantener una conducta coherente con las decisiones que han tomado ante Dios o ante los hombres: en la vida religiosa y en la vida civil. Podrán presentarse dificultades, pero en cualquier caso la fe y la doctrina de la Iglesia, el ejemplo de los santos, nos enseñan que es posible vivir las virtudes: a quien hace lo que está de su parte, Dios no le niega su gracia.

Hemos de estar firmemente persuadidos, y ayudar a los demás a estarlo, de que se pueden vivir las virtudes con todas sus exigencias, pues se ha extendido ampliamente una idea –a veces un sentimiento difuso– de que las virtudes, los compromisos, son una especie de «ideales», unas metas a las que hay que tender, pero que son inalcanzables. Pidamos fervientemente al Señor que no nos inficcionemos nunca de ese error.

El cristiano, ejercitándose en la lealtad, no cederá cuando las exigencias morales sean o parezcan más fuertes. Hemos de pedir a Dios esa rectitud de conciencia: quien cede, teóricamente «desearía» vivir las virtudes, «desearía» no pecar, pero considera que si la tentación es fuerte o las dificultades grandes, está poco menos que justificado ceder. Esto puede ocurrir ante los compromisos en el trabajo, frente a la necesidad de rechazar con energía un clima de sensualidad, al ser necesarios unos medios costosos para sacar adelante la educación de los hijos, o el propio matrimonio, o el camino vocacional. Recordemos hoy en nuestra oración aquella advertencia de Jesús: cayó la lluvia, llegaron las riadas, soplaron los vientos e irrumpieron contra aquella casa, pero no se cayó porque estaba cimentada sobre roca15. La roca es Cristo, que nos brinda siempre su fortaleza.

Fieles a Cristo: esta es la mayor alabanza que nos pueden hacer; que Jesucristo pueda contar con nosotros sin limitaciones de circunstancias o de futuro, y que nuestros amigos sepan que no les fallaremos, que la sociedad a la que pertenecemos se pueda apoyar, como en cimiento firme, en los pactos que hemos suscrito, en la palabra empeñada de modo libre y responsable. «Cuando viajáis de noche en ferrocarril, ¿no habéis pensado nunca de pronto que la vida de varios centenares de personas está en manos de un maquinista, de un guardagujas que, sin cuidarse del frío y del cansancio, están en su puesto? La vida de todo un país, la vida del mundo, dependen de la fidelidad de los hombres en el cumplimiento de su deber profesional, de su función social, de que cumplan fielmente sus contratos, que sostengan la palabra dada»16, sin necesidad de poner a Dios por testigo, como hombres cabales.

A vosotros os debe bastar decir sí o no. Hombres de palabra, leales en el cumplimiento de los pequeños deberes diarios, sin mentiras ni engaños en el ejercicio de nuestra profesión, sencillos y prudentes, huyendo de lo que no es claro: honradez sin fisuras, diáfana. Si vivimos esta lealtad en lo humano, con la ayuda de la gracia seremos leales con Cristo, que en definitiva es lo que importa, pues quien es fiel en lo poco, también lo es en lo mucho17; no podríamos construir la integridad de nuestra fidelidad a Cristo sobre una lealtad que se cuarteara cada día en las relaciones humanas.

Qué alegría recibimos cuando en medio de una dificultad llega un amigo y nos dice: «¡Puedes contar conmigo!». También agradará al Señor que le digamos hoy en nuestra oración, con la sencillez de quien conoce su debilidad: Señor, ¡puedes contar conmigo! Nos puede servir también como una jaculatoria que repitamos a lo largo del día.

Pidamos a María Santísima, Virgo fidelis, Virgen fiel, que nos ayude a ser leales y fieles en nuestra conducta diaria, en el cumplimiento de nuestros deberes y compromisos.

1 Mt 5, 33-37. — 2 Jer 4, 2. — 3 Cfr. Mt 23, 13-32. — 4 Jn 1, 47. — 5 Jn 14, 6.  6 Jn 8, 44. — 7 Jn 3, 11. — 8 Cfr. Hech 1, 8. — 9 Jn 14, 6. — 10 Jn 8, 32. — 11 Mt 5, 37. — 12 Cfr. A. del Portillo, Fieles y laicos en la Iglesia, EUNSA, Pamplona 1969, p. 28 ss. — 13 M. Moliner, Diccionario de uso del español, Gredos, Madrid 1970, voz Fiel. — 14 1 Cor 10, 13. — 15 Mt 7, 25. — 16 G. Chevrot, Pero Yo os digo..., Rialp, Madrid 1981, p. 180. — 17 Lc 16, 20.

 

 

“Has de ir al paso de Dios; no al tuyo”

Me dices que sí, que estás firmemente decidido a seguir a Cristo. –¡Pues has de ir al paso de Dios; no al tuyo! (Forja, 531)

13 de junio

¿Que cuál es el fundamento de nuestra fidelidad?

–Te diría, a grandes rasgos, que se basa en el amor de Dios, que hace vencer todos los obstáculos: el egoísmo, la soberbia, el cansancio, la impaciencia...

–Un hombre que ama se pisotea a sí mismo; le consta que, aun amando con toda su alma, todavía no sabe amar bastante. (Forja, 532)

En la vida interior, como en el amor humano, es preciso ser perseverante.

Sí, has de meditar muchas veces los mismos argumentos, insistiendo hasta descubrir un nuevo Mediterráneo.

–¿Y cómo no habré visto antes esto así de claro?, te preguntarás sorprendido. –Sencillamente, porque a veces somos como las piedras, que dejan resbalar el agua, sin absorber ni una gota.

–Por eso, es necesario volver a discurrir sobre lo mismo, ¡que no es lo mismo!, para empaparnos de las bendiciones de Dios. (Forja, 540)

Dios no se deja ganar en generosidad, y –¡tenlo por bien cierto!– concede la fidelidad a quien se le rinde. (Forja, 623)

 

Conocerle y conocerte (V): Cómo nos habla Dios

El lenguaje de la oración es misterioso: no podemos controlarlo pero, poco a poco, experimentamos que cambia nuestro corazón.

VIDA ESPIRITUAL31/03/2020

Opus Dei - Conocerle y conocerte (V): Cómo nos habla Dios

Territorio de Perea, al este del Jordán, en la actual Jordania. En la cima de una colina elevada mil cien metros sobre el Mar Muerto se yergue, imponente, la fortaleza de Maqueronte. Allí, Herodes Antipas ha encarcelado a Juan el Bautista (cfr. Mc 6,17)[1]. La mazmorra, fría y húmeda, se encuentra excavada en la roca. Todo está oscuro. Reina el silencio. Un pensamiento atormenta a Juan: el tiempo pasa y Jesús no se manifiesta con la claridad que él esperaba. Ha tenido noticia de sus obras (cfr. Mt 11, 2), pero no parece hablar de sí mismo como el Mesías. Y, cuando le preguntan directamente, calla. ¿Es posible que Juan se haya equivocado? ¡Pero él lo vio claramente! ¡Vio al Espíritu bajar del cielo como una paloma y permanecer sobre él! (cfr. Jn 1,32-43). De manera que, intranquilo, manda a unos discípulos para que pregunten al Maestro: «¿Eres tú el que ha de venir, o esperamos a otro?» (Mt 11, 3).

Jesús responde de una forma inesperada. En lugar de dar una contestación directa, dirige la atención hacia sus obras: «Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio». Una respuesta un poco incierta pero suficientemente clara para quien conozca los signos que las antiguas profecías de la Sagrada Escritura habían anunciado como propios del Mesías y de su Reino: «¡Revivirán tus muertos, mis cadáveres se levantarán!» (Is 26,19); o «entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos» (Is 35,5). Por eso el Señor, animando a Juan a confiar, concluye: «Y bienaventurado el que no se escandalice de mí» (Mt 11,6).

En esta escena podemos reconocer la situación del hombre que, de manera similar a Juan, cree no escuchar a Dios en la oración. Es entonces cuando Jesús invita a cambiar de perspectiva, abandonando la búsqueda de certezas humanas, y entrar en ese misterioso juego en el que el Señor habla a través de sus obras y de la Sagrada Escritura. En aquellas palabras finales –«bienaventurado el que no se escandalice de mí»– descubrimos una llamada a perseverar con fe en la oración, aunque a veces Dios no nos responda como esperamos.

Gestos que pueden romper el silencio

ESTAR EN GUARDIA FRENTE A UNA LA TENTACIÓN DE PENSAR: SI DIOS NO ME RESPONDE, ¿PARA QUÉ REZAR?

Con frecuencia, quien comienza a orar ha de enfrentarse al aparente silencio de Dios: “Yo le hablo, le cuento mis cosas, le pregunto acerca de lo que debo hacer, pero él no me responde, no me dice nada”. Se trata de la antigua queja de Job: «Clamo a ti y no me respondes, permanezco ante ti y no me miras» (Jb 30,20). Es fácil entonces que aparezca el desconcierto: “Siempre he oído decir que la oración es diálogo pero a mí Dios no me dice nada. ¿Por qué? Si, como dicen, a las demás personas Dios les habla… ¿por qué a mí no? ¿Qué estoy haciendo mal?”. Son las dudas del hombre que ora que, en algunos momentos, pueden convertirse en una tentación contra la esperanza: “Si Dios no me responde, ¿para qué rezar?”. O, incluso, si ese silencio se interpreta como ausencia, en una tentación contra la fe: “Si Dios no me habla, entonces no está”.

¿Qué decir ante esto? En primer lugar, que negar la existencia de Dios a causa de su aparente silencio no es algo lógico. Dios podría elegir callar, por los motivos que fueran, y eso no añadiría nada a su existencia o no existencia, ni a su amor por nosotros. La fe en Dios –y en su bondad– está por encima de todo. En todo caso, puede ser una ocasión para implorar con el salmista, llenos de fe y confianza: «¡Dios mío! No estés callado, no guardes silencio, no te quedes quieto, ¡Dios mío!» (Sal 83,2).

Tampoco debemos dudar de nuestra capacidad de escuchar a Dios. Hay resortes en el interior del hombre que, con la ayuda de la gracia, le permiten escuchar el lenguaje de Dios, por más que esa capacidad esté oscurecida por el pecado original y por los propios pecados. El primer capítulo del Catecismo de la Iglesia Católica comienza precisamente con esta afirmación: “El hombre es capaz de Dios”. San Juan Pablo II lo explicaba así: “El hombre, como dice la tradición del pensamiento cristiano, es capax Dei: capaz de conocer a Dios y de acoger el don de sí mismo que él le hace. En efecto, creado a imagen y semejanza de Dios, está capacitado para vivir una relación personal con él”[2]; relación personal que toma la forma de un diálogo hecho de palabras y gestos[3]. Y, a veces, solo de gestos, como sucede también en el amor humano.

DIOS NOS HABLA PERMANENTEMENTE A TRAVÉS DE SUS OBRAS Y DE SU ACCIÓN EN NUESTRAS ALMAS

Así, por ejemplo, del mismo modo que entre dos personas un cruce de miradas puede constituir un silencioso diálogo –hay miradas que hablan–, la conversación confiada del hombre con Dios puede tomar también esa forma: la de «un mirar a Dios y sentirse mirado por Él. Como aquella mirada de Jesús a Juan, que decidió para siempre el rumbo de la vida del discípulo»[4]. Dice el Catecismo que «la contemplación es mirada de fe»[5] y, muchas veces, una mirada puede ser más valiosa y estar más cargada de contenido, de amor y de luz para nuestras vidas, que una larga sucesión de palabras. San Josemaría, precisamente hablando de la alegría que genera una vida contemplativa, afirmaba que «el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas»[6]. Sentir esa mirada, y no solo saberse mirados, es un don que podemos implorar con humildad, como «mendigos de Dios»[7].

Jamás habló así hombre alguno

Santa Teresa de Calcuta decía que «en la oración vocal hablamos a Dios; en la mental, él nos habla a nosotros; se derrama sobre nosotros»[8]. Se trata de una manera de explicar lo inefable: Dios nos habla derramándose sobre nosotros. Y es que, en realidad, la oración tiene mucho de misterio. Este encuentro misterioso entre Dios y la persona que ora tiene lugar de muchas maneras, pero algunas de ellas no son evidentes a primera vista, totalmente comprensibles, o fácilmente constatables. El mismo Catecismo de la Iglesia nos lo advierte: «Tenemos que hacer frente a mentalidades de “este mundo” que nos invaden si no estamos vigilantes. Por ejemplo: lo verdadero sería sólo aquello que se puede verificar por la razón y la ciencia (ahora bien, orar es un misterio que desborda nuestra conciencia y nuestro inconsciente)»[9]. Como Juan Bautista, muchas veces ansiamos una evidencia que no siempre es posible en el terreno de lo sobrenatural.

El modo en el que Dios habla al alma nos excede, no podemos comprenderlo del todo: «Misterioso es para mí este saber; demasiado elevado, no puedo alcanzarlo» (Sal 139,6). En efecto, nuestro alfabeto no es el alfabeto de Dios, nuestro idioma no es su idioma, nuestras palabras no son sus palabras. Cuando Dios habla no necesita hacer vibrar cuerdas vocales, y el lugar donde se le escucha no es el oído, sino el punto más recóndito y misterioso de nuestro ser, que unas veces llamamos corazón y otras veces conciencia[10]. Dios habla con la realidad que él es y a la realidad que nosotros somos, del mismo modo que una estrella no se relaciona con otra estrella con palabras, sino con la fuerza de la gravedad. Dios no necesita hablarnos con palabras –aunque también pueda hacerlo–; le basta con sus obras y con la secreta acción del Espíritu Santo en nuestras almas, moviendo nuestro corazón, inclinando nuestra sensibilidad o iluminando nuestra mente para atraernos dulcemente hacia sí. Puede que, en un primer momento, no seamos ni siquiera conscientes de ello, pero el paso del tiempo nos ayudará a distinguir esos efectos suyos en nosotros: quizás nos habremos hecho más pacientes, o más comprensivos, o trabajaremos mejor, o valoraremos más la amistad… en definitiva, amaremos cada vez más a Dios.

Por eso, al hablar de la oración, el Catecismo de la Iglesia señala que «la transformación del corazón es la primera respuesta a nuestra petición»[11]. Una transformación generalmente lenta y paulatina, a veces imperceptible, pero totalmente cierta, que hemos de aprender a reconocer y a agradecer. Así lo hacía san Josemaría el 7 de agosto de 1931: «Hoy celebra esta diócesis la fiesta de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo. —Al encomendar mis intenciones en la Santa Misa, me di cuenta del cambio interior que ha hecho Dios en mí, durante estos años de residencia en la exCorte... Y eso, a pesar de mí mismo: sin mi cooperación, puedo decir. Creo que renové el propósito de dirigir mi vida entera al cumplimiento de la Voluntad divina»[12]. Ese cambio interior, reconocido en la oración, es un modo en el que habla Dios… ¡y qué modo! Entonces se entiende aquello que los alguaciles del Templo dijeron de Jesús: «Jamás habló así hombre alguno» (Jn 7,46). Dios habla como nadie más puede hacerlo: cambiando el corazón.

LOS FRUTOS DE PERSEVERAR CON AMOR EN NUESTROS RATOS DE ORACIÓN

La palabra de Dios es eficaz (cfr. Hb 4,12), nos cambia, su acción en el alma nos supera. Así lo dice el mismo Yaweh por boca de Isaías: «Tan elevados como son los cielos sobre la tierra, así son mis caminos sobre vuestros caminos y mis pensamientos sobre vuestros pensamientos. Como la lluvia y la nieve descienden de los cielos, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra, la fecundan, la hacen germinar, y dan simiente al sembrador y pan a quien ha de comer, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí de vacío, sino que hará lo que Yo quiero» (Is 55,9-11). Esta eficacia misteriosa nos invita también a la humildad, que “es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración”[13], porque nos ayuda a confiar y a abrirnos a la acción de Dios.

La tremenda libertad de Dios

Dios habla cuando quiere. No podemos poner raíles al Espíritu Santo. No está en nuestra mano dirigir su acción en nuestras almas. En una ocasión, san Josemaría señalaba que Jesucristo, presente en el Sagrario, «es un Señor que habla cuando quiere, cuando menos se espera, y dice cosas concretas. Después calla, porque desea la respuesta de nuestra fe y de nuestra lealtad»[14]. En efecto, se entra en oración no por la puerta del sentimiento –ver, oír, sentir– sino «por la puerta estrecha de la fe»[15], manifestada en el cuidado y la perseverancia que ponemos en nuestros ratos de oración; aunque a veces no lo veamos inmediatamente, estos siempre tienen fruto.

Así le ocurrió también muchas veces al fundador del Opus Dei; por ejemplo, el 16 de octubre de 1931, según nos lo relata él mismo: «Quise hacer oración, después de la Misa, en la quietud de mi iglesia. No lo conseguí. En Atocha, compré un periódico (el A.B.C.) y tomé el tranvía. A estas horas, al escribir esto, no he podido leer más que un párrafo del diario. Sentí afluir la oración de afectos, copiosa y ardiente. Así estuve en el tranvía y hasta mi casa»[16]. San Josemaría intenta, aparentemente sin éxito, hacer la oración en un lugar recogido. Sin embargo, pocos minutos después, en el bullicio de un tranvía lleno de gente, al empezar a leer las noticias del día, es arrebatado por la gracia de Dios y tiene «la oración más subida» que nunca tuvo, según sus propias palabras.

Muchos otros santos han sido testigos de esa libertad de Dios para hablar al alma cuando quiere. Santa Teresa de Jesús, por ejemplo, lo explicaba con la imagen de la leña y el fuego. Muchas veces le había ocurrido que, a pesar de poner todo su esfuerzo –la leña–, finalmente la oración –el fuego– no brotaba. Escribe: “Me reía de mí y gustaba de ver la bajeza de un alma cuando no anda Dios siempre obrando en ella. (...) Aunque pone leña y hace eso poco que puede de su parte, no hay arder el fuego de su amor. (...) Entonces un alma, aunque se quiebre la cabeza en soplar y concertar los leños, parece que todo lo ahoga más. Creo es lo mejor rendirse del todo a que no puede nada por sí sola”[17], porque Dios habla cuando quiere.

Pero, a la vez, Dios nos ha hablado muchas veces; mejor, no deja en ningún momento de hablarnos. En cierto modo, aprender a orar es aprender a reconocer la voz de Dios en sus obras, como el mismo Jesús hizo ver a san Juan Bautista. El Espíritu Santo no cesa de actuar en nuestro interior, por eso san Pablo podía recordar a los Corintios que «nadie puede decir: “¡Señor Jesús!”, sino por el Espíritu Santo» (1 Cor 12,3). Eso nos llena de paz. Quien pierde esto de vista, puede caer fácilmente en la desesperanza: «Hay quienes buscan a Dios por medio de la oración, pero se desalientan pronto porque ignoran que la oración viene también del Espíritu Santo y no solamente de ellos»[18]. Para no desanimarnos nunca en la oración, es necesario tener una gran confianza en el Espíritu Santo y en su multiforme y misterioso actuar en nuestras almas: «El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa semilla sobre la tierra, y, duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo» (Mc 4,26).

José Brage


[1] Cfr. Flavio Josefo, Antigüedades judías, 18, 5, 2.

[2] San Juan Pablo II, Audiencia General, 26-VIII-1998.

[3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2567.

[4] San Josemaría, Apuntes tomados en una meditación el 9-I-1959; en Mientras nos hablaba en el camino, p. 98.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2715.

[6] San Josemaría, Homilía “Hacia la santidad”, Amigos de Dios, n. 307.

[7] Cfr. San Agustín, Sermón 56, 6, 9.

[8] Santa Teresa de Calcuta, El amor más grande, Urano, Barcelona, 2012, p. 23.

[9] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2727.

[10] «La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella (GS 16)», Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1776.

[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2739.

[12] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 217, en Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1997, tomo I, pp. 380-381.

[13] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2559.

[14] San Josemaría, Apuntes tomados en una reunión familiar el 18-VI-1972.

[15] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2656.

[16] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 334, en Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, I, p. 389.

[17] Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida, Monte Carmelo, Burgos, 1977, Cap. XXVII.

[18] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2726.

 

 

Sobre la palabra pastoral

Posted: 12 Jun 2020 10:10 AM PDT

Icono del Buen Pastor

El Diccionario de la Real Academia Española recoge varias acepciones o sentidos del término pastoral: 1) la relativa al pastor de ganado; 2) por derivación, una composición artística (literaria, musical o pictórica) que evoca el mundo de los pastores y del campo, por ejemplo, una sinfonía pastoral; 3) lo perteneciente al pastor eclesiástico o a su actividad (así se habla de labor pastoral del obispo o de las directrices pastorales de la jerarquía); 4) un sentido ulterior es la actividad de dirección espiritual desarrollada por la Iglesia entre sus fieles.

En una perspectiva antropológica escribió Heidegger que el hombre -todo hombre- es "pastor" del ser; tiene que preocuparse no solo de sí mismo, sino de la humanidad y de todo lo que existe, en un sentido profundo y abarcante.

 

Desde el punto de vista de la reflexión teológica se pueden distinguir cuatro sentidos que enumeramos desde el más estricto al más amplio.

 

Con referencia a los pastores jerárquicos

1) Sentido estrictísimo, referente a la tarea de los pastores eclesiásticos, y más concretamente a la parte de esa tarea que implica gobierno canónico y guía espiritual; es decir, al tercero de los “oficios” (munera) que la jerarquía participa de Cristo (enseñar, santificar y gobernar). Así como Cristo es el “buen pastor” (cf. Jn, cap. 10) que conoce y guía a sus ovejas, así los pastores jerárquicos (sobre todo los obispos) tienen como misión la de gobernar y guiar espiritualmente a los fieles (relacionado con el último de los sentidos de nuestro diccionario)

2) Sentido estricto, que abarca todo lo que hacen los pastores jerárquicos. Suele expresarse con referencia a los tres oficios o “munera” que la jerarquía participa de Cristo para su función en la Iglesia: munus docendi (oficio de enseñar), munus santificandi (santificar) y munus regendi (gobernar y guíar a los fieles).

Como hemos visto, este sentido es el recogido en tercer lugar por el diccionario del español, cuando se habla de “tareas pastorales”. En relación con esas tareas o actividades de la jerarquía eclesiástica encontramos expresiones como Año (de práctica) pastoral, jornadas o semanas pastorales, anillo pastoral (símbolo de dignidad, prudencia y desposorio espiritual con la Iglesia, y por tanto expresa las funciones episcopales), carta pastoral, visita pastoral y báculo pastoral (el “cayado” del pastor). Como se ve, el ministerio de regir o gobernar (munus regendi) queda aquí incluido y se considera de modo inseparable con el ministerio de enseñar y santificar.

Algunas derivaciones no tan correctas

A partir de estos dos sentidos, y sin salir de ellos, hay dos derivaciones. Un uso popular es el de “hacer pastoral” o “ir de pastoral”, cuando se desea contraponer tareas prácticas a otras (sobre todo el estudio) más teóricas o especulativas (así se contrapone la “pastoral” a lo “teológico o académico”, aunque con frecuencia se olvida que las tareas pastorales tienen una dimensión teológica –deben ser realizadas al menos en una perspectiva teologal o de fe, y no puramente sociológica– y que la teología tiene una dimensión pastoral –no solo es ciencia sino también sabiduría y servicio.

Una segunda derivación, completamente inapropiada, consiste en identificar lo pastoral con lo más fácil, lo diluido o lo abaratado. Así se ha llegado a contraponer la teología como tarea que supone un esfuerzo reflexivo, a la pastoral como tarea meramente práctica, que no requeriría reflexión ni análisis, sino solamente destreza o experiencia.

En relación con la misión evangelizadora de la Iglesia

3) Un sentido más amplio de “pastoral” que los anteriores es el usado por el Concilio Vaticano II cuando, en el Decreto Ad gentes explica las actividades de la única misión de la Iglesia, haciendo una división tripartita: la actividad “ad extra” o “ad gentes” (hacia fuera o hacia las gentes, propia de los misioneros, dirigida a los no cristianos y no creyentes); la actividad “pastoral” que es la que la Iglesia desarrolla hacia los fieles (católicos); y una tercera actividad en orden a promover la “unidad de los cristianos” (ecumenismo), es decir entre los católicos y los cristianos no católicos.

La segunda de esas tareas o actividades es, pues, denominada “pastoral” no solamente en cuanto que es propia de la jerarquía eclesiástica sino en cuanto que consiste en evangelizar a la Iglesia “ad intra”; es decir, promover la formación y el apostolado entre los fieles católicos dentro de las Iglesias particulares y en comunión con la Iglesia universal. Como corresponde a la doctrina del Concilio, esa tarea evangelizadora “ad intra” (hacia dentro) no es exclusiva de la jerarquía, sino que en ella colaboran también los fieles por su condición de bautizados. En este sentido todos los cristianos somos -hemos de ser- "buenos pastores" de los demás.

Así dice el texto literalmente: “La actividad misionera entre las gentes se diferencia tanto de la actividad pastoral que hay que desarrollar en relación con los fieles [erga fideles], como de los medios que hay que usar para conseguir la unidad de los cristianos” (AG 6).

4) Un sentido amplísimo es el que fue adquiriendo de modo predominante el término pastoral en el Concilio Vaticano II. Este sentido es equivalente a todo lo que hace la Iglesia en el conjunto de su misión evangelizadora –incluyendo la inculturación de la fe, la promoción humana, etc.-, si bien manteniendo, en esa misión, las tareas propias de los pastores (jerárquicos) y de los fieles, según sus condiciones y dones, ministerios y carismas. Así cabe decir que la misión de la Iglesia es una misión evangelizadora o pastoral.

Este sentido se ve, por ejemplo, en el título de la Constitución Gaudium et spes, que se denomina “Constitución pastoral” sobre la Iglesia en el mundo actual, siendo así que no se limitaba a exponer la misión de la jerarquía eclesiástica, ni se limitaba a las cuestiones evangelizadoras “ad intra” de la Iglesia, sino que proyectaba su misión en el horizonte del mundo, de las culturas y de todo tipo de personas.

El carácter pastoral del Concilio Vaticano II

Este último sentido de “pastoral”, equivalente como decimos al conjunto de la misión de la Iglesia o de la evangelización (también en sus sentidos más amplios), se sobreentiende cuando se dice que el Concilio Vaticano II tuvo un “caracter pastoral”, utilizó un “lenguaje pastoral” o manifestó una “sensibilidad pastoral”. Como se sabe por las intervenciones de los pontífices que lo promovieron o sostuvieron –Juan XXIII y Pablo VI–, esto quería decir que el Concilio debía preocuparse por los hombres de nuestro tiempo para proclamarles lo esencial de la Buena Noticia (el Evangelio) de modo abierto, directo y positivo, de modo que puedan captarlo y aceptarlo.

Es paradigmático de este empleo el uso que Juan XXIII dio a ese adjetivo en su discurso de inauguración del Concilio Vaticano II (Alocución Gaudet Mater Ecclesiae, 11-X-1962): “Una cosa es la substancia de la antigua doctrina, del "depositum fidei", y otra la manera de formular su expresión; y de ello ha de tenerse gran cuenta —con paciencia, si necesario fuese— ateniéndose a las normas y exigencias de un magisterio de carácter predominantemente pastoral”.

 

En esa línea cabe hablar también de la dimensión pastoral de la teología (o de la "pastoralidad" de la teología), en el sentido de su dimensión de servicio a la vida cristiana, a la misión de la Iglesia y en general a la sociedad y al mundo.

En esta perspectiva, pero teniendo en cuenta los sentidos anteriores, se entienden estos dos párrafos de Joseph Ratzinger, tomados de un texto suyo de 1963 –siendo perito durante los trabajos del Concilio Vaticano II– donde explica el sentido correcto que debería darse al término “pastoral” y denunciando sus deformaciones:

“Pastoral no debía significar: difuso, insustancial, meramente edificante, como aquí y allá se lo malinterpretó. Sino que debía significar: formulado con una preocupación positiva por el hombre moderno, al que no se le ayuda con condenas y que durante bastante tiempo ha escuchado todas las cosas erróneas que no debe hacer, pero que por fin quiere escuchar (demasiado poco ha escuchado) lo que es verdad, con qué mensaje positivo la fe quiere afrontar nuestro tiempo, qué tiene ella de positivo para enseñar y para decir Pastoral no debía significar: vago e impreciso, sino que debía significar: exento de disputas de escuela, sin intromisión en cuestiones que solo atañen a los eruditos, sin más parcelamiento de la posibilidad de discusión entre ellos en un momento en que todo está lleno de nuevas tareas y exige de ellos un análisis abierto. .../...

“Pastoral” debía significar, por último: no en un lenguaje académico (que allí, o sea, en el ámbito académico, tiene su sentido y es necesario, pero no corresponde en el anuncio y en la profesión de la fe), sino en el lenguaje de la Escritura, de los padres, de los hombres de hoy; simplemente en el lenguaje vivo del hombre, del hombre que es siempre uno” (J. Ratzinger [texto de 1963] en Idem, Obras Completas VII/1. Sobre la enseñanza del concilio Vaticano II, BAC, Madrid 2014, pp. 260-261).
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 VIVIR DE JESÚS EUCARISTÍA (defiende tu primavera… eucarística)

El domingo 14 de junio celebraremos litúrgicamente la Solemnidad del Corpus Christi. Este año singular deparará una celebración diferente; si la hay, la procesión del Santísimo Sacramento será en el interior de las iglesias, no por las calles de las ciudades. En cualquier caso, pensaba que podíamos prepararnos especialmente para saborear esta fiesta, movidos por la ilusión de conmover el Corazón de Jesús. Y de esa manera, crecer en el amor a la Eucaristía, una realidad sobrenatural que hemos de creer, celebrar y vivir de ella. “La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación”, recordaba san Juan Pablo II en su última encíclica (La Iglesia vive de la Eucaristía n. 11; la escribió en 2003).

La campaña del Corte Inglés, “Defiende tu primavera”, me sugirió el subtítulo. Ojalá las circunstancias no nos distraigan de este misterio del amor de Dios por los hombres manifestado en la Eucaristía. La fiesta del Corpus Christi, pasados diez días después de Pentecostés, cae siempre en primavera. Cuidarla trae una lluvia de gracias que hace florecer la vida cristiana en la Iglesia. Defendámosla, que no pase de vacío. Que Jesús encuentre en nuestro corazón fe, agradecimiento y cariño: acompañémosle ese día, y este mes, en la Eucaristía. De esa forma supliremos el amor que Jesús hubiera hallado en las calles, y le serviremos de instrumentos; con nuestra existencia diaria vivificada por la Eucaristía, haremos presente a Jesús en donde estemos y bendecirá a las personas que tratemos. “Él desea habitar en medio de vosotros. Quiere visitar las situaciones, entrar en las casas, ofrecer su misericordia liberadora, bendecir, consolar. Habéis experimentado situaciones dolorosas; el Señor quiere estar cerca”, predicaba el Papa a los fieles de Ostia, ciudad del litoral italiano, afectada en los últimos años por actos de crimen organizado por la Mafia, en el Corpus de 2018 (3.06.18). También ahora Jesús quiere estar cerca de tantos que padecen los efectos de todo tipo que ha traído la Pandemia del covid-19.

Cómo Dios preparó la fiesta del Corpus Christi

Benedicto XVI relata la historia (ref. Audiencia dedicada a santa Juliana de Cornillón, 17.11.2010). Nos situamos en los siglos XII-XIII, en Lieja (Bélgica). Allí nace Juliana (1192). En aquella región había una gran devoción a la Eucaristía: “en aquel tiempo la diócesis de Lieja era, por decirlo así, un verdadero «cenáculo eucarístico»”. La Providencia había juntado en esa región “teólogos ilustres”, y promovido “grupos femeninos dedicados generosamente al culto eucarístico y a la comunión fervorosa”. Juliana, huérfana a los 5 años, “fue encomendada a los cuidados de las monjas agustinas del convento-leprosario de Monte Cornillón”. Con el tiempo profesó monja agustina. A los 16 años, tuvo una primera visión mientras adoraba a la Eucaristía: “presentaba la luna en su pleno esplendor, con una franja oscura que la atravesaba diametralmente”. Dios le hizo entender su significado. La luna simbolizaba la Iglesia y la mancha oscura representaba la ausencia de una fiesta litúrgica específica en honor al Santísimo Sacramento. En aquella época solo existía la celebración del Jueves santo, en la que se consideraba especialmente la Pasión de Cristo. En una posterior visión, Dios le manifestó su deseo de que se instituyera esa fiesta en la Iglesia, “en la que los creyentes pudieran adorar la Eucaristía para aumentar su fe, avanzar en la práctica de las virtudes y reparar las ofensas al Santísimo Sacramento”.

El camino que Juliana tuvo que recorrer no fue fácil. Tardó 20 años en confiar este secreto a un sacerdote, muy devoto de la Eucaristía, Juan de Lausana. Este lo comunicó a teólogos y eclesiásticos. El obispo de Lieja, Roberto de Thourotte, aceptó la propuesta e instituyó la fiesta del Sagrado Sacramento en su diócesis; se celebró por vez primera en 1246. Otros obispos le siguieron. “La buena causa de la fiesta del Corpus Christi conquistó también a Santiago Pantaleón de Troyes, que había conocido a la santa durante su ministerio de archidiácono en Lieja”. Fue elegido Papa en 1261: Urbano IV. Juliana ya había muerto (1258).

¿Qué paso entonces? Dios proveyó un milagro eucarístico en 1263. Pedro de Praga no creía exactamente que “bajo las especies consagradas del pan y del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad” (Catecismo de la Iglesia n. 1413). Por esa razón, no estaba de acuerdo con el mandato papal de restringir la comunión de los fieles al pan consagrado, y no al vino. Pensaba que actuando así, los fieles no recibirían a Cristo entero, por no comulgar la sangre. Peregrinaba a Roma para ver al Papa. Mientras celebraba Misa sobre la tumba de santa Cristina (mártir del siglo III) en Bolsena, al momento de partir la hostia consagrada, vio fluir sangre de ella y a gotear en sus manos y sobre el corporal en el altar. Dios le mostró que estaba todo Él en la hostia, también su sangre. Convertido por el milagro, marchó a Orvieto (ciudad cercana al norte de Roma). En aquel momento, el Papa residía allí. Urbano IV escuchó al sacerdote y pidió que se investigará lo ocurrido. Una vez comprobados los hechos, mandó que trajeran las reliquias (la hostia consagrada y el corporal manchado de sangre) en procesión a Orvieto; las recibió con gran solemnidad el 19 junio de 1264, y desde entonces están en la Catedral para la veneración (el santo corporal manchado de sangre, en el que se han podido contar hasta 83 gotitas de sangre). Este milagro fue el empujón definitivo para que Urbano IV extendiera la fiesta litúrgica del Corpus Christi a toda la Iglesia (11 de agosto de 1264). La muerte del Papa (el 2 de octubre de 1264), un poco después de la publicación del decreto, obstaculizó que se difundiera la fiesta. Pero Clemente V tomó el asunto en sus manos y, en el Concilio general de Viena (1311), ordenó una vez más la adopción de esta fiesta. Finalmente, en 1317, Juan XXII lo hace efectivo para toda la Iglesia.

Ojalá esta historia nos facilite sintonizar con los sentimientos del Corazón de Jesús Eucaristía. La institución del Corpus Christi en la Iglesia le supuso el empeño de un siglo (de 1208 a 1317). “Recordar es esencial para la fe, como el agua para una planta: así como una planta no puede permanecer con vida y dar fruto sin ella, tampoco la fe si no se sacia de la memoria de lo que el Señor ha hecho por nosotros. «Acuérdate de Jesucristo» (2 Timoteo 2, 8)” predicaba el Papa en el Corpus del 2017.

 

Dios apuesta por el presencial

 

La razón radica en que la relación personal, de tú a tú, es presencial, no virtual; es una exigencia del amor. Dios es amor, nos ha creado por amor y para amar. Somos sus únicas criaturas libres, excluyendo los ángeles, que gozamos de inteligencia y voluntad, capaces de relacionarnos personalmente con Él; una relación de amor, fuente de la felicidad del hombre. Lo recoge el Concilio Vaticano II: “La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento” (Gaudium et Spes n. 19).

Basta repasar la historia de la Salvación para constatar este hecho. En el Paraíso, Adán y Eva mantenían una relación fuerte con Dios, de hijos con su Padre; en el libro del Génesis se describe de manera plástica: se muestra a Dios paseando por el jardín a la hora de la brisa, y cómo llama a nuestros primeros padres para estar con ellos y hablar (ref. Génesis 3, 8). Dios toma la iniciativa, nos “primerea”, con expresión del Papa, y establece alianzas con Noé, Abraham, Moisés, David… y llevado por la locura de su amor por el hombre, se hace uno de nosotros. La encarnación del Hijo de Dios es la prueba soberana de la apuesta por el presencial. Jesús es el Enmanuel, el Dios con nosotros, profetizado por Isaías (ref. Mateo 1, 27). La santísima humanidad de Cristo es el rostro de la misericordia de Dios. Se ha hecho hombre para que tengamos la vida y vida en abundancia (ref. Juan 10, 10). Y no acaba ahí… Antes de entregar por nosotros hasta la última gota de su sangre en la Cruz, Cristo instituye la Eucaristía en la Última Cena. La presencia es una necesidad del amor, y Jesús dio cumplimiento a ese deseo de los amigos de estar juntos. Con este don divino, Jesús resucitado se queda con nosotros de manera real y verdadera; no físicamente, como está a la derecha de Dios Padre en los cielos, sino sacramentalmente; bajo las apariencias de pan y vino, Jesús está sustancialmente presente. “Non est alius, sed aliter”; no es otro, sino que está de otra manera. La transustanciación es un milagro admirable: Dios oculta su majestad y se hace accesible, a disposición de todos, hasta del pecador más miserable. Y así realiza la promesa hecha a los Apóstoles en la Ascensión: “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mateo 28, 20). Jesús quiere que creamos en la Eucaristía para premiarnos: “Bienaventurados los que crean sin haber visto” (Juan 20, 29).

La vuelta a la normalidad implica retornar a vivir la Eucaristía en presencial, con toda la riqueza vital que esto supone. Lo señalaba el Papa en una homilía de santa Marta (17.04.20). En aquellos días estábamos confinados, las Iglesias estaban cerradas, sin culto público, la santa Misa se retransmitía por televisión, el precepto dominical estaba en suspenso, y los sacramentos se administraban en contados casos… Ante esta situación, Francisco decía: “esta no es la Iglesia: es la Iglesia en una situación difícil, que el Señor permite, pero el ideal de la Iglesia es estar siempre con el pueblo y con los sacramentos. Siempre. (…) Es cierto que en este momento debemos mantener la familiaridad con el Señor de esta manera, pero para salir del túnel, no para quedarnos”. Y proponía recuperar la familiaridad de los apóstoles: “Familiaridad con el Señor en la vida diaria, familiaridad con el Señor en los sacramentos, en medio del pueblo de Dios”. Pensaba que el domingo del Corpus podía ser el momento para recuperar esta normalidad en la familiaridad con Jesús, y animar a otros a hacerlo.

La Eucaristía, “fuente y cima de toda la vida cristiana” (C. Vaticano II, Lumen Gentium n. 11)

No se puede creer y amar aquello que no se conoce. Empecemos por recordar o descubrir qué es la Eucaristía, para comprenderla cada vez más profundamente. Acudamos al Espíritu Santo, maestro de nuestras almas, que nos conceda esta gracia para avanzar en inteligencia, crecer en el intus legere, en la capacidad de leer dentro de la maravilla del Misterio de la Eucaristía, que “contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo” (C. Vaticano II, Presbyterorum ordinis n. 5). Para facilitarle el trabajo, podemos meditar algún texto. Pe. el capítulo 6º del Evangelio de Juan, que recoge la predicación de Jesús sobre la Eucaristía en la Sinagoga de Cafarnaúm; o los puntos del Catecismo de la Iglesia sobre la Eucaristía (n. 1322-1419); o, al estar en el centenario del nacimiento de Juan Pablo II (20.05.1920), su encíclica “La Iglesia vive de la Eucaristía” (2003, al menos el capítulo I y II); o la serie de 15 catequesis del papa Francisco sobre la santa Misa (8.11.17-4.04.18)… Un entender más y mejor, que refresque nuestra fe y amor a Jesús y se traduzca en nuestro estilo de vida.

Imaginemos que estamos en la Última Cena, en medio de los apóstoles. Jesús ha acabado de consagrar el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre, nos mira y nos dice: “si me quieres, si quieres ser mi discípulo, haz esto en memoria mía”. Desde el comienzo, la Iglesia fue fiel a este mandato de Cristo: “eran constantes en escuchar la enseñanza de los Apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hechos de los apóstoles 2, 42). “La fracción del pan”, más tarde “Eucaristía” o “Acción de gracias”, eran los nombres que emplearon para llamar al memorial sacramental del sacrificio de la Cruz. Por eso, los cristianos somos aquellos que “viven según el domingo”. Benedicto XVI explicaba que esta afirmación (iuxta dominicam viventes) de San Ignacio de Antioquía (padre apostólico; murió mártir en el año 108) manifestaba cómo la Eucaristía impregnaba la vida cotidiana de los cristianos desde la primera hora. El domingo, día del Señor, día de su Resurrección, día en el que se celebraba la Eucaristía, adquirió un valor especial respecto a cualquier otro día de la semana; se convirtió en el primer día de la semana, que sirve de arranque y marca el resto de la semana (ref. Sacramentum Caritatis n. 72).

Participar en la santa Misa, recibir al Señor en la Comunión, permanecer con Él ante el Sagrario, supone abrir la puerta a los tesoros divinos que nos trae Cristo de parte de Dios. Todos están en Jesús Eucaristía, verdadero Dios y verdadero hombre. Todo lo que Jesús es, todo lo que tiene, todos sus méritos y gracias, nos los entrega en su sacrificio salvífico de la Cruz, actualizado en la santa Misa. El Papa anima a examinarse: “¿qué significa para cada uno de nosotros participar en el sacrificio de la Misa y acercarnos a la mesa del Señor? ¿Estamos buscando esa fuente que «fluye agua viva» para la vida eterna, que hace de nuestra vida un sacrificio espiritual de alabanza y de agradecimiento y hace de nosotros un solo cuerpo con Cristo?” (8.XI.2017). Nadie se puede comparar al cristiano que recibe a Jesús mismo en la sagrada Comunión, nadie hay en la tierra más afortunado ni más honrado que aquel que acoge en su corazón a su Creador y Salvador. Sin ese alimento, pan bajado del Cielo, no podemos vivir la Vida que Dios quiere para sus hijos; no puede haber una unión más íntima entre Cristo y nosotros. Más de veinte siglos lleva el Santísimo Sacramento reservado en el Sagrario, es el mejor amigo y nos espera; es aquel que lo ha dado todo por nosotros, aquel que se ha quedado escondido en la humildad de un trozo de pan para ser remedio de nuestra indigencia, con un Corazón humano que arde en amor misericordioso por nosotros y nos dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mateo 11, 28).

Al contemplar este misterio admirable, Dios nos hablará: ¿Qué más podía hacer por amor a ti? ¿Cómo voy a transformarte en mí si no me recibes, si no te unes a mí, si no permaneces conmigo en la Eucaristía? ¿Por qué te privas de los tesoros infinitos de mi amor? Se entiende que el cardenal Newman (canonizado en octubre del 2019) dejará escrito que jamás podría olvidar a un amigo que le ayudó a conocer y a creer paso a paso en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía (ref. J.H. Newman Apología pro vita sua). Era capellán anglicano de Oxford. Gozaba de unas rentas sustanciosas, una cifra de libras considerable. Durante largo tiempo estudio la religión católica y no pudo resistir la fuerte atracción de la Eucaristía. Días antes a su conversión (1845), otro amigo intentó disuadirle:<Piensa lo que haces, si te haces católico, perderás unas rentas de…> Newman contestó: “¿Y qué es eso comparado con una sola Comunión?”. Es la convicción profunda que ha fundamentado la vida cristiana. San Josemaría lo plasmó así: comparaba todo lo que uno pudiera soñar con la Eucaristía y llegaba a la conclusión de que “nada vale, es nada y menos que nada, al lado de ¡este Dios mío! –¡tuyo!– tesoro infinito, margarita preciosísima, humillado, hecho esclavo, anonadado con forma de siervo en el portal donde quiso nacer, en el taller de José, en la Pasión y en la muerte ignominiosa... y en la locura de Amor de la Sagrada Eucaristía” (Camino n. 432).

Para aprender a amar a los demás y conquistar la felicidad de tu familia

Destaco estos dos frutos del amor a la Eucaristía. Ambos están entrelazados, ya que los más próximos de uno son los miembros de su familia. Jesús nos dijo: “un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor entre vosotros” (Juan 13, 34-35). Y para vivirlo nos da su amor en la Eucaristía. Recibimos la visita de Jesús, que llega con regalos de gracias de amor. “El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor ―«caritas Christi urget nos» (2 Corintios 5, 14)―, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (Benedicto XVI Deus Caritas est n. 33). El efecto principal de la Comunión es ser transformado por Cristo: hacerse cristiformes y portadores de Cristo. Dios nos puede mandar amar a los demás, aunque no seamos correspondidos, porque nos ha amado primero, nos ha bendecido con su amor. “¿Creemos que cada vez que nosotros comulgamos, nos parecemos más a Jesús, nos transformamos más en Jesús? Como el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre del Señor, así cuantos le reciben con fe son transformados en eucaristía viviente. Este es el prodigio de la comunión: ¡nos convertimos en lo que recibimos!” (Francisco 21.III.18).

Al terminar el rezo del Ángelus del domingo 7, Francisco recordaba que junio es el mes del Sagrado Corazón de Jesús, y comentó: “hay una antigua oración –la aprendí de mi abuela– que decía: <Jesús, haz que mi corazón se parezca al tuyo>. Es una hermosa oración, pequeña, para rezar este mes”. Busquemos conformar nuestro corazón a la medida del de Jesús frecuentando la Eucaristía, para amar a los demás, empezando por la familia. Además, al unirnos a Cristo, nos unimos a todos los hermanos en la fe, miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Si se lo pedimos al recibirle, Jesús nos llenará del amor del Espíritu Santo, rebosante de alegría y de paz, de amabilidad y paciencia, vínculo de unidad. Superaremos el egoísmo comulgando con frecuencia.

“Él se ha hecho pan partido para nosotros; nos pide que nos demos a los demás, que no vivamos más para nosotros mismos, sino el uno para el otro. Así se vive eucarísticamente: derramando en el mundo el amor que brota de la carne del Señor. La Eucaristía en la vida se traduce pasando del yo al tú” (Francisco Corpus 18). Jesús nos recordará que esa unión con él es verdadera si aceptamos a los demás y luchamos por hacerles bien, ya que son amados por Dios, por cada uno se ha entregado. Y en el caso de la familia, ese amor al cónyuge, a los hijos, a los padres y hermanos, es debido por justicia. “En esto hemos conocido el amor: en que Cristo dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos” (1 Juan 3, 16). Venceremos el odio y el rencor, nos esforzaremos en comprender y sonreír, en callar y disculpar, en pensar y decir bien, en servir y hacer felices a los otros, en perdonar y pedir perdón… si se lo pedimos con fe a Jesús Eucaristía. Confiemos los malentendidos y enfados con los demás, los conflictos familiares, a Jesús en el Sagrario, para que los resuelva, para que nos dé fuerzas para llevarlos con alegría, sin faltar a la caridad. Oremos por nuestras familias en la Acción de Gracias de la Comunión. Jesús promete que “si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará” (Juan 15, 7).

 

Defiende tu primavera… eucarística

Además del que ya había señalado de repasar nuestra fe en la Eucaristía con la ayuda del Espíritu Santo, se me ocurrían tres detalles en los que recuperar la normalidad al hilo de la fiesta del Corpus Christi.

1º) Recuperar la adoración a Dios, en especial ante el Santísimo Sacramento. Hagamos pausadamente la genuflexión ante el Sagrario. Cuidemos los jueves, día de la Eucaristía, con algún extra.

2º) Vivir la santa Misa, en especial el domingo. Preparemos nuestra alma para recibirle con fruto en la Comunión.

3º) Vayamos a visitarle cada día en alguna iglesia. “Asaltemos” sagrarios, saludemos al Señor desde nuestro corazón, en los recorridos por la calle, al divisar una iglesia.

Concluyo con unas palabras del Papa: “Queridos hermanos y hermanas, escojamos este alimento de vida: pongamos en primer lugar la Misa, descubramos la adoración en nuestras comunidades. Pidamos la gracia de estar hambrientos de Dios, nunca saciados de recibir lo que él prepara para nosotros” (Corpus 2018).

 

 

Comentario al Evangelio: El pan del cielo

Evangelio de la Solemnidad del Corpus Christi (Ciclo A) y comentario al evangelio.

COMENTARIOS AL EVANGELIO

Evangelio (Jn 6,51-58)

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

Los judíos se pusieron a discutir entre ellos:

—¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Jesús les dijo:

—En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Igual que el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo, no como el que comieron los padres y murieron: quien come este pan vivirá eternamente.


Comentario

El evangelio de la Solemnidad del Corpus Christi recoge un fragmento del discurso del pan vida pronunciado por Jesús en la sinagoga de Cafarnaún, después del milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. Cuenta san Juan que las palabras de Jesús acerca del futuro misterio de su Cuerpo y de su Sangre provocaron sorpresa y rechazo. Pero la Iglesia no ha dejado de renovar día a día su fe agradecida en la presencia real de Jesús bajo las especies sacramentales; y por eso también lo saca en procesión por las calles, para que todos puedan adorarlo y recibir sus bendiciones.

Jesús se refiere en su discurso el famoso maná que Dios hizo llover en el desierto para los israelitas y que tanto les admiró. Cuenta el libro del éxodo que “al verlo, los hijos de Israel se dijeron entre sí: -¿Man-hu? (que significa: "¿Qué es esto?") Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo: -Esto es el pan que el Señor os da como alimento” (Ex 16,15). Es lógico que los cristianos manifestemos también nuestro asombro ante un don mucho más sublime y misterioso como es la Eucaristía, que nos da la vida eterna.

Jesús explica que el maná del desierto prefiguraba el verdadero pan del cielo que Dios iba a dar a los hombres por medio de su Hijo. También el milagro de la multiplicación de los panes quería prefigurar la eucaristía de algún modo, y por eso fue preludio del discurso de Jesús. Pero quienes comieron el maná en el desierto murieron; lo mismo que aquellos que buscaban a Jesús solo por haber saciado sus cuerpos. El Señor invita a desear el verdadero pan del cielo que sacia a las almas de su hambre de Dios y les comunica vida eterna; la vida del propio Jesús resucitado.

Cuando Jesús invitó a comer y beber su propio cuerpo y su sangre, se produjo el abandono dramático de muchos de sus discípulos. Pero la fe en la presencia real del Cuerpo y la Sangre de Jesús bajo las especies sacramentales es uno de los elementos más característicos del credo cristiano. Además de estar fundamentada en los textos del Nuevo Testamento, como este discurso de Jesús o los relatos de la institución de la eucaristía, ya desde los inicios de la Iglesia se evidencia. Por ejemplo, hacia el año 90 d.C. escribía san Ignacio de Antioquía: “se mantienen alejados de la Eucaristía y de la oración los docetas, por no confesar que la Eucaristía es la carne de nuestro Salvador Jesucristo, la que padeció por nuestros pecados, la que el Padre en su bondad ha resucitado”[1].

Al comentar el discurso de Jesús, el Papa Francisco invitaba a renovar esta fe eucarística multisecular y a dejarnos transformar por Cristo al recibirlo: “el pan es realmente su Cuerpo donado por nosotros, el vino es realmente su Sangre derramada por nosotros. La Eucaristía es Jesús mismo que se dona por entero a nosotros. Nutrirnos de Él y vivir en Él mediante la Comunión eucarística, si lo hacemos con fe, transforma nuestra vida, la transforma en un don a Dios y a los hermanos. Nutrirnos de ese ‘Pan de vida’ significa entrar en sintonía con el corazón de Cristo, asimilar sus elecciones, sus pensamientos, sus comportamientos. Significa entrar en un dinamismo de amor y convertirse en personas de paz, personas de perdón, de reconciliación, de compartir solidario. Lo mismo que hizo Jesús”[2].

“Nuestro Dios ha decidido permanecer en el Sagrario para alimentarnos, para fortalecernos, para divinizarnos, para dar eficacia a nuestra tarea y a nuestro esfuerzo”[3], comentaba san Josemaría. Y añadía: “Si hemos sido renovados con la recepción del Cuerpo del Señor, hemos de manifestarlo con obras. Que nuestros pensamientos sean sinceros: de paz, de entrega, de servicio. Que nuestras palabras sean verdaderas, claras, oportunas; que sepan consolar y ayudar, que sepan, sobre todo, llevar a otros la luz de Dios. Que nuestras acciones sean coherentes, eficaces, acertadas: que tengan ese bonus odor Christi, el buen olor de Cristo, porque recuerden su modo de comportarse y de vivir”[4].


[1] San Ignacio de Antioquía, Carta a los de Esmirna, 7.

[2] Papa Francisco, Ángelus, 16 de agosto de 2015.

[3] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 151.

[4] Idem, n. 151.

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Domingo del Corpus Christi.

 

Jn 6, 51-58.

 

La solemnidad del cuerpo y la sangre de CRISTO de Corazón abierto nos hace vivir la Eucaristía celebrada, comulgada y adorada. Es la fiesta de Jesús sacramentado en nuestras calles, en nuestra vida cotidiana.

 

1.     Este texto conocido de Juan del discurso eucarístico del pan de vida en la sinagoga de Cafarnaúm junto al lago Tiberiades, Jesús revela la profundidad de la Eucaristía con tanta claridad y sencillez que muchos desde entonces dejaron de seguirle...comer su cuerpo, beber su sangre, es un misterio difícil de entender.

 

2.     La afirmación más contundente de Cristo es que la Eucaristía es vida. El que come de este pan, vivirá para siempre y quien se aleja de la Eucaristía, se aleja de todo lo bueno y de la vida en abundancia de la que habla el Señor. Eucaristía es Cristo vivo y resucitado. Sin la Eucaristía celebrada, comulgada y adorada la vida languidece y vivimos en una anemia espiritual. ¿No será esta afirmación de Jesús la clave pastoral que cuando no se pone en práctica, nuestras comunidades mueren? decían los primeros cristianos no podemos vivir sin la Eucaristía, sin celebrar el domingo, el día del Señor.

 

3.     También Jesús insiste que no fue Moisés el que nos dio el Mana, sino que es mi Padre del cielo el que os da mi cuerpo y mi sangre que es la vida regalada y entregada por amor. En el desierto el pueblo de Israel moría de hambre y de sed. En el Corazón vivo de Jesús se encuentra la expresión personal de lo que es esencialmente la Eucaristía, que sacia con el pan de vida nuestra hambre de amor y salvación. Es la Eucaristía de donde brota de su costado abierto, el agua viva prometida a la Samaritana, sabiendo qué quien bebe de su Corazón no tendrá sed jamás.

 

 https://catequesiscadizyceuta.wordpress.com/

+ Francisco Cerro Chaves Arzobispo de Toledo Primado de España

 

 

El Corazón de Jesús. Promesas y desagravio en la Roda

 Junio es el mes del Corazón de Jesús, el Corazón Humano de Dios hecho hombre en el seno de la Virgen María. En él “reverbera el amor del Padre” ( cardenal Blázquez).

 Fue el Beato Pío IX quien estableció la Fiesta del Corazón de Jesús para toda la iglesia (1856).  Se celebra el viernes después del Segundo Domingo de Pentecostés ( será el día 19). San Juan XXIII le dio relevancia de Solemnidad. ( “fiesta de primera clase).

 Aunque  la devoción al Corazón de Jesús viene desde los primeros tiempos del Cristianismo, y ya hubo revelaciones en la Edad Media (a Santa Gertrudis y a Santa Matilde), no fue hasta las Apariciones del Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque,  cuando se desarrolló el culto al Corazón de Jesús; primero, en Francia. Todos los Papas, desde entonces, han profesado una tierna devoción al Corazón de Cristo, y se han escrito varias encíclicas; la última y más conocida, “Haurietis Aquas”, de Pío XII.

El Corazón de Cristo, traspasado por nuestros pecados, nos reconcilió con Dios: satisfizo con creces a la justicia divina y posibilitó que la Santísima Trinidad vertiera sobre nosotros los tesoros de su infinita misericordia por todos los tiempos. Con motivo de la fiesta del Corazón de Jesús de 2019, escribió, el Papa Francisco, este tweet:   

Nadie debe tener miedo ni reparo en acercarse a Dios por grandes que sean o le parezca que son sus pecados. Él dijo a Santa Faustina Kowaska, “ Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún entendimiento humano ni angélico” (Diario, n. 699).

Benedicto XVI afirmó que "al ver el corazón de Señor, debemos de mirar el costado traspasado por la lanza, donde resplandece la inagotable voluntad de salvación por parte de Dios. El culto al Corazón de Jesús no puede considerarse culto pasajero o de devoción; su expresión histórico-devocional, sigue siendo imprescindible para una relación viva con Dios".

El origen de la devoción al Corazón de Jesús en España, se originó  en Valladolid, en las manifestaciones del propio Corazón de Jesús al joven jesuita Beato Bernardo de Hoyos.  “Por su medio, el Señor “manifestó la intensidad de un corazón que tanto ama a los hombres y que tantas veces es abandonado y despreciado”, expresa D. Julio de Pablos, Rector de la Basílica de la Gran Promesa.  

Recientemente, en el pueblo sevillano de La Roda, apareció profanado el monumento al Sagrado Corazón. El Alcalde, Juan Jiménez, lo califica de «atentado terrorista contra todo el pueblo»,  y que  «será reconstruido». Felicito a su Alcalde por su condena de los hechos y su propósito de reconstrucción. Delito contra el patrimonio, y flagrante y desvergonzada profanación.

Un monumento al Corazón de Jesús sólo puede traer bendiciones al pueblo que lo erige y venera. Si horrible y dolorosa fue la  profanación, multitudinario  ha sido el acto de desagravio en la Parroquia local de Santa Ana el 11 de junio, presidido por el  Vicario episcopal. Un acierto, también,  el acto de Reparación  junto al monumento, de un grupo numeroso de fieles llegados de fuera el domingo 7 de mayo.

Varias son las promesas del Corazón de Jesús a sus fieles devotos, que dictó  a Santa Margarita María de Alacoque. Resumo: “paz a las familias”; “consuelo en las aflicciones”; “bendiciones sobre sus empresas”; inscribir “en su Corazón” el nombre de quienes propaguen esta devoción (…). Estas se divulgaron mucho: “ Bendeciré  las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada”. “A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes seguidos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final”. En Valladolid, hizo la Gran Promesa al Beato Bernardo de Hoyos: Reinaré en España y con más veneración que en otras partes”.

Josefa Romo Garlito

 

Fertilidad en mujeres a partir de los 40 años tras ligadura de trompas

Observatorio de Bioética – Universidad Católica de Valencia

JUNIO 12, 2020 11:30JUSTO AZNARBIOÉTICA Y DEFENSA DE LA FAMILIA

(zenit – 12 junio 2020).- Uno de los problemas que pueden presentarse en las mujeres que han sido esterilizadas mediante una ligadura de trompas, es que posteriormente a haberse llevado a cabo la esterilización, deseen por alguna razón tener más hijos y consecuentemente quieran recobrar su fertilidad.

Ante esta disyuntiva se pueden dar dos soluciones técnicas, la primera es recobrar la funcionalidad de sus trompas quirúrgicamente y la segunda es acudir a la fertilización in vitro.

En el número de Fertility and Sterility del 4 de abril de 2020, se presenta un debate entre cuatro ginecólogos, dos que propugnan que la mejor solución es reponer quirúrgicamente las trompas por una anastomosis (es eliminar la parte que impide el paso de ovocitos y después recomponer la trompa quirúrgicamente) y otros dos que sostienen que lo mejor es recurrir a la fertilización in vitro, debate ampliamente tratado en la propia revista(ver más AQUÍ y AQUÍ).

La esterilización permanente de las mujeres, por la ligadura de sus trompas, es una práctica muy común, especialmente en algunos países.

En el artículo que estamos comentando se indica, según datos de la Society for Assisted Reproductive Technology (SART), correspondientes al año 2016, que el índice de nacimientos por ciclo de transferencia fue de 29.9% para mujeres de 38 a 40 años, de 1.4% para las de 41 a 42 años y del 4.1% para las de 43 o mayores. Finalmente, los niños nacidos por mujeres que se han sometido a fertilización in vitro, y que naturalmente pueden haber utilizado varios ciclos, es del 40.4% para las de 38 a 40 años (media de 1.5 intentos por paciente); de 22.7% para las de 41 a 42 años (media de 1.66 intentos) y de 7.2% para mujeres de 43 años o mayores (media de 1.76 intentos por mujer).

En comparación con ello, en una amplia revisión recogida en el mismo artículo que estamos comentando, la posibilidad de conseguir un hijo tras la anastomosis de las trompas en mujeres de 40 años o más era del: 49% (38/78); 43% (18/42); 71% (12/17); 55% (26/47); 50% (3/6); 38% (3/11); 58% (8/16); 68% (13/19); 29% (4/14); 38% (364/964); 13% (1/8); 33% (4/12); 36% (4/11) y 41% (566/1371).

Si se obtiene una media sumando todos los casos de los 15 estudios considerados, se observa que de 2.616 casos en los que se practicó la anastomosis, se obtuvieron 1.100 hijos vivos, es decir el índice de niños nacidos fue del 42.04%, superior a los índices de niños nacidos por fecundación in vitro que anteriormente hemos citado.

Si a eso se añade que los efectos secundarios de la fertilización in vitro son elevados y que en cambio son prácticamente nulos (ver nuestro artículo del libro en inglés), en las mujeres sometidas a la anastomosis de las trompas, si la intervención quirúrgica se lleva a cabo por un grupo experimentado, esta segunda técnica es más favorable.

Por otro lado, aunque son muchas las variables socioeconómicas que habría que considerar cuando se trata de comparar el coste-efectividad de ambas prácticas, todos los datos parecen apuntar a que la anastomosis quirúrgica de las trompas es más adecuada que la fertilización in vitro.

Por todo ello, los autores concluyen que la reversión de la fertilidad femenina tras la ligadura de trompas es más coste-efectiva en mujeres de 40 años o más que la fertilización in vitro, por lo que los especialistas en obstetricia y ginecología deberían continuar ofreciendo dicha anastomosis, a la vez que deberían realizar un esfuerzo para preparar técnicamente a las próximas generaciones de ginecólogos para poder llevar a cabo esta práctica con eficacia.

Justo Aznar

Observatorio de Bioética

Instituto de Ciencias de la Vida

Universidad católica de Valencia

 

Familia: única e indisoluble

Ana Teresa López de Llergo

 

Los estilos de vida, en cada época, tienen serios inconvenientes que afectan a las familias, y los padres han de conocerlos para evitar ser presa de todo ello.

La misma profundidad en la entrega de la mujer y el varón para formar a su propia familia, nos señala la imposibilidad de reproducir frecuentemente esos sentimientos y tal decisión. Nadie aunque lo soñara puede vivir con esa intensidad porque ni física ni psíquicamente alguien podría mantener la salud.

Por eso el matrimonio es único e irrepetible. Irrepetible como son irrepetibles cada uno de los contrayentes que construyen su relación de amor de un modo inédito. Y para mantenerlo no se pueden quedar en los propósitos y en el trato inicial que establecieron, sino que con el paso del tiempo, han de ingeniarse para renovar las relaciones de acuerdo con los nuevos sucesos en los cuales ambos participan. Si paralizaran su trato al modo como lo hicieron en los primeros días o años, están cavando una tumba porque no fomentan la ilusión de afrontar juntos los nuevos retos.

Por otras razones, con frecuencia, tampoco se puede alcanzar el nivel de entrega y de amor auténticamente conyugal, sería el caso de un mal entendido amor a los hijos. El vínculo conyugal construido en la fidelidad, el deber mutuo y el respeto, es fructífero pues esa unión actualiza la capacidad generativa, surge una nueva vida humana, con una nueva responsabilidad ahora conjunta. Los padres encuentran su amor transformado en un niño vivo. Han de aprender a compartir su actividad de maestros, guías y custodios de ese ser indefenso.

La fidelidad es más demandante porque ya no es entre dos sino entre más de dos. Entonces el amor conyugal crece y la responsabilidad también. Ambos cónyuges se vuelven educadores. Es una educación muy rica porque el padre y la madre se complementan, él y ella tienen formas distintas de educar, y el niño tiene derecho a esa diversidad, así se llega a todos los aspectos de la criatura: sus sentimientos y emociones, sus miedos y osadías, su curiosidad, sus modos distintos de enfatizar.

Los niños tienen derecho a crecer en una familia con un padre y una madre. Los niños tienen derecho a aprender modales para ser aceptados en la sociedad y a desarrollar y afianzar su tendencia al bien para poner los cimientos morales de su vida, desde pequeños. Cumplir ese derecho les corresponde a los padres

Otro tema muy importante, que si no se resuelve adecuadamente, puede desequilibrar la relación conyugal, es la forma como combinarán el tiempo dedicado al trabajo y al hogar. Este asunto y muchos más, el padre y la madre los deben resolver logrando un ambiente adecuado para el crecimiento y el desarrollo emocional del hijo.

Además, los estilos de vida, en cada época, tienen serios inconvenientes que afectan a las familias, y los padres han de conocerlos para evitar ser presa de todo ello. En estos tiempos muchos buenos modales se han perdido, tal vez porque la ausencia de ambos padres en el hogar no propicia esas enseñanzas. La mal entendida libertad, ha ocasionado promiscuidad en las relaciones de los cónyuges con otras personas, con el devastador deterior de la fidelidad al compromiso establecido.

Cualquier tipo de enfriamiento de las relaciones conyugales provoca desconfianza, y luego un sinnúmero de acciones inadecuadas hasta llegar a la violencia intrafamiliar entre los adultos y luego con los hijos. Desgraciadamente, esas conductas que hacen sufrir tanto a los pequeños, quedan grabadas de tal modo que la mayoría de ellos las reproducirán cuando crezcan.

Otras circunstancias que ahora se han exacerbado es la distribución de drogas y de pornografía. Su uso desequilibra de tal modo a cualquier miembro de la familia que el hogar se vuelve un infierno.

Los cónyuges, si se encuentran con estos problemas, en primer lugar han de ofrecerse apoyo mutuo para resolver las dificultades y salvar la familia. Pero también han de hacerlo pues deben afrontar la responsabilidad que tienen con la sociedad. Son uno de los núcleos que la conforman.

A la luz de estas reflexiones también se entiende que el matrimonio legítimamente acaba cuando la muerte llega a alguno de los dos. Pues en ese momento se terminan las promesas y los compromisos. Una de las partes del contrato ya no existe.

La corresponsabilidad del Estado con las familias es muy grande. Le ha de importar la buena marcha y la autosuficiencia de cada una. Solamente así muchos problemas sociales graves no aparecerán. Por eso, el tema de las políticas familiares es de capital importancia.

En primer lugar es de sentido común fomentar la unión de los cónyuges para conservar sólido el tejido social. Por lo tanto, es profundamente contradictorio facilitar el divorcio. Lo lógico es fomentar instituciones que proporcionen mediadores, que aconsejen, que serenen los ánimos, o que ofrezcan centros de rehabilitación. Muchas de estas instituciones pueden resolver problemas de violencia y sus causas.

Respecto a la educación, el gobierno ha de promover escuelas que ofrezcan variados tipos de educación, de modo que los padres puedan elegir la que más de acuerdo esté con el deseo que tienen para el desarrollo de sus hijos. También ofrecer instituciones de educación especial para quienes lo requieran.

La creación de empleos es un capítulo importantísimo para la buena marcha de las familias. Sin este apoyo, los problemas económicos pueden ahogar la subsistencia del núcleo familiar. Otro centro de atención son los contratos laborales para facilitar la atención de los recién nacidos, con la presencia adecuada del padre y, por supuesto, de la madre.

Con todo el respeto que merece la intimidad familiar, el Estado ha de tomar medidas para evitar cualquier tipo de exclusión a ciertas familias y también ofrecer recursos para corregir la violencia dentro de los hogares.

Y siempre, al Estado le compete cuidar el ambiente sano: sin drogas, sin pornografía, sin promover cualquier tipo de deterioro en la salud física o psíquica. Sobre todo ha de garantizarse la seguridad.

Si no se dan estos apoyos, las familias unidas las deben demandar.

 

 

La pandemia y la comunicación en el matrimonio

Lucia Legorreta

Saber decir lo que te molesta: es mejor decir las cosas con las cuales no estamos de acuerdo, antes de que se acumulen y exploten. Siempre con respeto y considerando las circunstancias adecuadas.

Llevamos más de dos meses sin salir de casa: ¿Qué ha sucedido con la relación de pareja? ¿Se ha visto afectada? Reflexionemos sobre este tema.

Llevo casada casi 39 años, tengo un buen matrimonio, con las dificultades normales de una relación. Sin embargo, la convivencia diaria con mi esposo, al igual que la de gran cantidad de matrimonios es mucho más intensa desde que inició la pandemia, de sólo algunas horas, ahora son las veinticuatro horas al día, siete días a la semana.

Esta realidad, nos ha planteado tanto retos como oportunidades para que la relación se fortaleza y mejore.

Comparto algunos consejos que pueden ayudarles como matrimonio en estos momentos:

- Organizar tareas y actividades del hogar: en forma equitativa, que todos colaboren para que no recaiga en una sola persona. Esto ayudará a establecer una rutina en la familia.

- Reorganizar el tiempo y las actividades con los hijos: clases en línea, tiempo ante las pantallas, diversiones, tiempo libre.

- Horario de trabajo y espacio de ambos: ponerse de acuerdo para que cada uno realice sus actividades de trabajo en un espacio adecuado; contar con una hora de inicio y fin para llevarlas a cabo. Son importantes las actividades que tiene cada uno y deben respetarse.

- Vida social individual: no sentirse mal si nuestra pareja realiza llamadas, envía mensajes o se conecta con su familia o amigos. Lo podemos hacer juntos o separados.

- Romper con la monotonía: constantemente nos quejamos de la falta de tiempo. Mejor aprovecharlo ahora que lo tenemos: cocinar, leer, ver buenas películas, juegos de mesa, arreglar la casa, disfrutar de recuerdos familiares, entre otras muchas posibilidades.

- Tiempo para hablar: vernos a los ojos para compartir pensamientos y sentimientos, siempre con sentido del humor, respeto y prudencia.

- Selección de lo que vemos y escuchamos: estamos sobre informados, por lo que tenemos que elegir el tiempo y la calidad de las noticias que queremos recibir.

- Crear momentos de intimidad: planear una cena, elegir una buena película, bailar juntos, fomentar encuentros sexuales.

- Saber decir lo que te molesta: es mejor decir las cosas con las cuales no estamos de acuerdo, antes de que se acumulen y exploten. Siempre con respeto y considerando las circunstancias adecuadas.

- Verse bien: es muy importante la imagen personal, bañarse, arreglarse, pintarse para agradar al otro.

- Controlar los enojos: la convivencia intensa que estamos viviendo puede generar discusiones y pleitos muy fácilmente. No conviene pelear por tonterías y mejor analizar la importancia de nuestras diferencias.

- Solución de conflictos: saber identificar el problema, analizarlo y ver las posibles soluciones a implementar. Para que un conflicto termine se necesita de dos personas.

- Empatía: ¿qué siente el otro?, ¿qué le está sucediendo?, ¿qué emociones está experimentando?

- Ver lo positivo: reflexionar sobre cuáles son nuestras bendiciones: salud, familia, trabajo, amigos y escribirlas.

- Rezar juntos, teniendo fe en que esto terminará y que saldremos beneficiados.

- Pensar en los posibles escenarios: ¿qué hacer si nuestros hijos entran a la escuela más tarde de lo planeado?, ¿qué hacer si el trabajo en casa continúa?, entre otras preguntas. No ser alarmistas, pero sí ser realistas y aceptar que puede suceder.

- Planear para cuando esto termine: ¿qué quiero cambiar personalmente?, ¿cómo pareja?, ¿cómo familia?

Cuida mucho tu matrimonio en estos momentos y no permitas que la relación se deteriore y mucho menos que el amor disminuya.

 

 

No se pierdan la cita.

Una demanda reciente iniciada por los grupos de presión LGTB y feministas denuncia que la Comisión del Departamento de Estado de los EE.UU. sobre los Derechos Inalienables fue creada violando las líneas federales y debe ser disuelta.

Para dotar de contenido la demanda, Kerry Kennedy del Centro Robert F. Kennedy por la Justicia y los Derechos Humanos dijo: “El trabajo discriminatorio de la Comisión para los Derechos Inalienables debe ser detenida rápidamente. Si no se hace nada nos arriesgamos a la destrucción de décadas de progreso en favor del movimiento de los derechos humanos y al envalentonamiento de regímenes opresores por todas partes”. No se pierdan la cita.

Mark Bromley, jefe del Consejo para la Igualdad Global, dijo: “El secretario Pompeo argumenta a menudo que la moderna proliferación de reclamaciones de derechos humanos degrada el valor de los derechos humanos pero es esta Comisión ilegal, con su uso deformado de la libertad religiosa y la ley natural para denegar derechos, la que denigra la auténtica noción de libertad religiosa y la orgullosa tradición de nuestro país de levantarnos a favor de los derechos de aquellos más vulnerables”.

Mientras la oficina del secretario Pompeo dijo desde el principio que la comisión no trataría sobre el aborto y el LGTB, los grupos homosexuales y las organizaciones feministas están insistiendo en ser ellos la pieza central del trabajo de la comisión.

La indignación de los grupos de derechos homosexuales se debe a la Comisión para los Derechos Inalienables, creada el julio pasado para examinar los auténticos derechos humanos y cómo es mejor avanzar en ellos, y es un aspecto del foco sesgado sobre los asuntos de derechos sexuales.

José Morales Martín

 

Ante las llamadas “fake news”

El Papa, en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, se refitió de forma particular a las llamadas fake news, noticias falsas que tienen la intención de manipular y que generan hoy especial preocupación social por su potencial desestabilizador en las sociedades. Y lo advierte sin dejar de recordar que el chisme y la maledicencia destructiva están tan presentes en la comunicación pública como en la privada, por lo que nadie puede pretender situarse ante este problema como un mero observador lejano e imparcial. Hace falta “valor” para rechazar ese tipo de relatos, a veces dominantes, y para promover otro tipo de discursos capaces de tejer esperanza y construir un futuro mejor.

En ello tienen una responsabilidad especial los cristianos, que pertenecen a una rica tradición trazada a partir de innumerables relatos. De historias como las que solía contar Jesús, que no formuló grandes teorías abstractas, sino que prefirió recurrir a narraciones concretas, de rostro humano, con capacidad de dar sentido a la vida y transformarla.

Suso do Madrid

 

 

Coronavirus y abortos

Grupos abortistas internacionales se aferraron prestamente a la pandemia del COVID-19 para reclamar más financiamiento y menores restricciones al aborto, apoyándose en afirmaciones inverificables.

Según el gigante abortista, Federación Internacional Planned Parenthood, y otros grupos abortistas, la nueva pandemia del coronavirus (COVID-19) causará una escalada en la demanda de abortos. Toques de queda y órdenes de permanecer en casa a lo ancho del mundo llevarán a sexo sin protección e incluso violencia doméstica y violación, dicen, mientras que las regulaciones existentes y el distanciamiento social harán más difícil obtener un aborto.

Están pidiendo a los gobiernos que quiten las restricciones al aborto y que les den fondos gubernamentales, como resultado.

“Potencialmente más personas necesitarán abortos durante este tiempo, así que ¿cómo accederán a ellos?” preguntó la Federación Internacional Planned Parenthood en una entrada de blog acerca de los efectos del nuevo coronavirus. La entrada advierte que esto es “un duro recordatorio de que necesitamos quitar todas las leyes, políticas y prácticas que impiden el acceso a la anticoncepción y al aborto seguro”.

Estos y otros tópicos de discusión similares han sido ampliamente puestos en circulación en editoriales y artículos por líderes de la industria abortiva en semanas recientes. Pero la evidencia científica sugiere que el coronavirus podría, de hecho, resultar en menos embarazos y menos abortos.

JD Mez Madrid

 

Nos hemos quedado sin sonrisas.

Con eso de tapabocas, perdón, la mascarilla, nos hemos quedado sin sonrisas. No podemos ir vendiendo sonrisas, en todo caso hay que ser cautos. Puede ocurrir que venga alguien de frente con una sonrisa espléndida y en lo que estás dilucidando quien es la persona que me sonríe, te das cuenta de que no es para ti, está sonriendo al del pinganillo, o sea a quien no está allí, pero le oye.

Pero ahora todos son zombis. Hacen lo mismo de siempre, hago lo mismo de siempre, pero no hay sonrisas. Las han borrado. Imagínate la típica foto familiar en una fiesta, donde están varios conocidos sonriendo a la cámara, ya no te digo si llevan una copa en la mano, y lo que llena la foto son las sonrisas. Y vas y las pintas de blanco. Es otra cosa, ya no trasciende la alegría de la fiesta.

Ahora vamos por la calle y parece que todos están tristes. Nos hemos hecho a la idea de que están preocupados por la pandemia, y van errantes por la vida, al super o a la farmacia. Sin embargo, no tenemos ni idea de si están alegres o afligidos. Nada se trasluce. No podemos ir a consolar a la vecina tan cariacontecida, porque quizá lo único que le pasa es que lleva mascarilla. Hombre, un poco preocupados por lo que vendrá después ya estamos. Pero con una sonrisa se suavizaría todo. Un leve gesto de los labios suaviza las preocupaciones.

O si viene hacia ti una joven con la capucha del chubasquero puesta bien cerrada -llueve-, la mascarilla y las gafas totalmente empañadas. O sea, cristales blancos. Imagínatelo. Me ha pasado. Para salir corriendo.

Pedro García

 

La realidad del hoy las corrupciones de siempre

 

España vertedero de palas aerogeneradores: Cómo las palas de aerogeneradores terminan en el vertedero en España. Cada año se desechan entre 100 y 150 aspas, que son troceadas y transportadas a vertederos de residuos no peligrosos, según la Asociación Empresarial Eólica. Motril exporta con Cartagena las mayores palas de aerogeneradores que se fabrican en España. Circulan por las redes sociales unas imágenes de centenares de aspas de aerogeneradores enterradas en Wyoming, en EEUU. Son lo que llaman “cementerios de palas” –algunas de ellas del tamaño de un campo de fútbol–, capturados por un fotógrafo de la agencia Bloomberg”. https://wiki-blues.blogspot.com/

            Ya es archisabido, que la mortífera polución que sufrimos tanto el planeta como todos los que lo habitamos, es debido a esa “enfermedad”, de fabricar a ciegas, por cuanto la política que se ha seguido y se sigue, es “EL CONSUMISMO”. Si desde ya mismo, no se cambia el sistema y se adecua, a imitar a la propia NATURALEZA, que todo cuanto produce “o fabrica”, lo regenera ella misma; el fin de la “falsa civilización en que nos hacen vivir”, es segura. Por tanto si los que hoy mandan y mal dirigen al mundo actual, no toman nota, se reúnen y acuerdan lo que arriba digo y afirmo; aparte de ya ser, “una canalla criminal e irresponsable”, serán los primeros culpables de ese desenlace destructivo, que aguarda a no sabemos a qué generación venidera, pero lo que no ha de tardar mucho tiempo. Para ello simplemente analicemos la historia del planeta desde la primera revolución de los primeros motores movidos por el vapor.

 

EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO NO SOLO VELA POR FAMILIARES Y ALLEGADOS, SINO TAMBIÉN POR FIELES DENTRO DEL PSOE. Los 20 enchufados de Pedro Sánchez: de Begoña Gómez, su mujer, al amiguete Ignacio Carnicero. Irene Lozano es una de las más afortunadas y ya ha ligado dos cargos de postín: Marca España y el Consejo Superior de Deportes. (Periodista Digital 06-06-2020)

            Es la triste y bochornosa realidad de la clase política que nos “devora”; y explica, los fuertes abrazos, las risas y aplausos, que todos manifiestan cuando tras  la votaciones (o alianzas mercenarias) logran el poder que pretenden, puesto que poder en España, es disponer del dinero público como les da la gana y prueba de ello es lo que dijo aquella ministra socialista, cuyo nombre me niego a reflejar hoy. “EL DINERO PÚBLICO NO ES DE NADIE”, e impunemente lo dijo en el Parlamento nacional; y “aún sigue de ministra y viviendo opíparamente de ese dinero público”. ¡Pobre España y pobres españoles!

 

“El impuesto a la riqueza que propone Podemos no existe ni en los países nórdicos: Sólo Noruega, Suiza y Holanda tienen impuestos a la riqueza, pero muy inferiores al que propone Podemos”. (Vozpópuli 06-06-2020)

¡Y a ellos que les importa ello, como tribunos de la plebe tienen que decirle a esta, que están en contra de los que los explotan! En cierta manera obran como los tribunos de la plebe, en la república romana, de hace más de dos milenios; los que como estos, "se daban la vida padre", dándole al pueblo el famoso "pan y circo"; o sea "de risa y de pena".

 

SOBRE LA CRUDA REALIDAD DEL ANTES, AHORA Y DESPUÉS: Respondiendo a un lector en un foro: “Gracias por ampliar tan amplios datos; pero la realidad es la que padecemos y que se repite por los siglos de los siglos; "la ambición, el miedo, la inseguridad", es lo que a mi juicio, hace que "el mono humano", caiga en la ambición y si esta se apodera de él, ocurre todo lo demás que padecemos el resto; cambiar todo esto para que "el mono" cambie y se regenere, y se adecue a lo que los sabios griegos antiguos ya dejaron como conducta general, con su lapidaria frase de, "NADA EN EXCESO", es un camino demasiado largo y difícil, tristemente yo no lo veo de otra forma: saludos cordiales”. AGF (El lector comenta una parte de mi artículo: “Diálogo con un lector, los militares protestan y más cosas”: publicado el 08-06-2020)

 

POLÍTICA Y JUSTICIA: "La ley es como una red que atrapa las moscas y deja pasar a los pájaros". La política se creó para "legalizar" la corrupción. (Anacarsis. siglo VII a.C.) Otro sabio sentenció lo que sigue: “La mayor pobreza es la del juez que alquila o vende su toga”. En las mal denominadas democracias actuales, por conformarse en “cama redonda”, donde se acomodan todos los poderes; los resultados de la justicia, son los que padecemos y a la vista está la corrupción hedionda y galopante que invade todos los aparatos político-mercenarios. (En un foro el 09-06-2020).

 

“Sánchez retrasará la edad de jubilación y flexibilizará el mercado laboral para obtener las ayudas europeas: El Gobierno quiere convencer a la Comisión Europea con reformas calcadas de los 'spending review' de la Airef. Sánchez confía en que la UE también apruebe los presupuestos para blindar la legislatura”. (Vozpópuli 09-06-2020)

¿Y de lo que cobran los políticos (incluido él) no dice nada? O sea, que como tirano, todo se lo endosa al pueblo "soberano"; menudo porvenir les espera a los que vivan; al menos a los viejos, ya nos quedan "cuatro telediarios o poco más"; pero lo que no insta, a decir firmemente, que trabajamos durísimo para crear una muy rica España, la que estos "desalmados" han arruinado para ni ellos mismos saben cuántas generaciones; malditos sean.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes