Las Noticias de hoy 11 Junio 2020

Enviado por adminideas el Jue, 11/06/2020 - 12:40

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 11 de junio de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Audiencia general: Sexta catequesis del Papa sobre la oración

Sagrado Corazón: El Papa anima a confiarle “todas las ansiedades”

Papa Francisco: Corpus Christi, “energía para los momentos difíciles”

Día Mundial contra el Trabajo Infantil: El Papa llama a proteger a los menores

SAN BERNABÉ, APÓSTOL*: Francisco Fernandez Carbajal

"La tentación del cansancio": San Josemaria

El Papa: oración y don de sí, contra el racismo y la violencia

Conocerle y conocerte (VI): Un lenguaje más poderoso: José Brage

“Ante la COVID-19, ¿qué ofrece la Iglesia?”: + Felipe Arizmendi Esquivel Obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas

Animación misionera y vida ordinaria: Ramiro Pellitero

La Iglesia en tiempos difíciles (y II): Jesús Ortiz López

Otras gafas para leer a Tolkien: Nuria Chinchilla

El «New York Times» sorprende con un hermoso y detallado artículo sobre la unción de los enfermos

  ¡Todo está bien!: José Manuel Belmonte

La familia como remedio a las dificultades: Magdalena Moncada

Un aplauso a la familia: Juan Luis Selma

Que Europa sea ella misma: José Morales Martín

Fe y caridad: Suso do Madrid

“Para hacer felices a los demás”: Enric Barrull Casals

También en los países occidentales: Jesús D Mez Madrid

Diálogo con un lector, los militares protestan y más cosas: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Audiencia general: Sexta catequesis del Papa sobre la oración

Texto completo

JUNIO 10, 2020 13:11LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

(zenit –10 junio 2020).- En su sexta catequesis sobre la oración, el Papa Francisco ha resaltado que, como Jacob, todos tenemos una cita con Dios en la noche oscura: “Una hermosa invitación a dejarnos cambiar por Dios. Él sabe cómo hacerlo, porque conoce a cada uno de nosotros. ‘Señor, Tú me conoces’, puede decirlo cada uno de nosotros. ‘Señor, Tú me conoces. Cámbiame’”.

La audiencia general de hoy, 10 junio de 2020, tal y como ocurre desde la irrupción de la pandemia de coronavirus, ha sido celebrada en la biblioteca del Palacio Apostólico. En concreto, la reflexión del Santo Padre ha versado sobre “La oración de Jacob”  (Gen 32, 25-30).

La historia de Jacob

Sobre la historia de este patriarca, el Santo Padre ha resaltado la rivalidad con su hermano gemelo, Esaú, al que mediante engaños le arrebató la bendición de la primogenitura: “el primero de una larga serie de ardides de los que este hombre sin escrúpulos es capaz”, indica.

Obligado a huir lejos de su hermano, Francisco considera que Jacob era un hombre “hecho así mismo”, “capaz de conquistar todo lo que desea”, pero al que le falta “la relación viva con sus raíces”, explica.

Un día, el patriarca sintió “la llamada del hogar, de su antigua patria”, y emprende el camino hacia ella con una caravana numerosa de personas y animales. En la última etapa, el vado de Yabboq, el libro del Génesis relata  se queda solo en la orilla del río.  Por la noche, un desconocido, que es Dios, lo agarra y comienza a luchar con él.

Combate de la fe

Sobre este combate, el Papa destaca que el Catecismo expone que “la tradición espiritual de la Iglesia ha tomado de este relato el símbolo de la oración como un combate de la fe y una victoria de la perseverancia” (CIC, 2573).

Tras luchar toda la noche, Jacob es vencido por un golpe de su oponente en el nervio ciático, que le provocará una cojera que le acompañará toda la vida. Entonces, el luchador le dijo: “En adelante no te llamarás Jacob sino Israel; porque has sido fuerte contra Dios y contra los hombres, y le has vencido”: el Señor “le cambia el nombre, le cambia la vida, le cambia la actitud”, apunta.

Metáfora de la oración

Luchar con Dios, para el Pontífice, constituye “una metáfora de la oración”. Antes de la lucha, Jacob era un hombre “impermeable a la gracia, refractario a la misericordia; no conocía lo que es la misericordia. ‘¡Aquí estoy yo, mando yo!’, no consideraba que necesitaba misericordia. Pero Dios salvó lo que estaba perdido. Le hizo entender que estaba limitado, que era un pecador que necesitaba misericordia y lo salvó”.

En este sentido, el Obispo de Roma describe que todos tenemos una cita en la noche con Dios, “en la noche de nuestra vida, en las muchas noches de nuestra vida: momentos oscuros, momentos de pecados, momentos de desorientación. Ahí hay una cita con Dios, siempre”.

Así, “Él nos sorprenderá en el momento en el que no nos lo esperemos, en el que nos encontremos realmente solos” y entonces “no deberemos temer: porque en ese momento Dios nos dará un nombre nuevo, que contiene el sentido de toda nuestra vida; nos cambiará el corazón y nos dará la bendición reservada a quien se ha dejado cambiar por Él”.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Continuamos nuestra catequesis sobre el tema de la oración. El libro del Génesis, a través de las vivencias de hombres y mujeres de épocas lejanas nos cuenta historias en las que podemos reflejar nuestra vida. En el ciclo de los patriarcas encontramos también la de un hombre que había hecho de la sagacidad su mejor cualidad: Jacob. El relato bíblico nos habla de la difícil relación que Jacob tenía con su hermano Esaú. Desde pequeños hay rivalidad entre ellos y nunca la superarán. Jacob es el segundo hijo -eran gemelos-, pero mediante  engaños consigue arrebatar a su padre Isaac la bendición y el don de la primogenitura  (cf. Génesis 25,19-34). Es solo el primero de una larga serie de ardides de los que este hombre sin escrúpulos es capaz. También el nombre de “Jacob” significa alguien que tiene sagacidad al moverse.

Obligado a huir lejos de su hermano, parece tener éxito en cada gesta de su vida. Es hábil en los negocios: se enriquece mucho, convirtiéndose en propietario de un rebaño enorme. Con tenacidad y paciencia consigue casarse con la  hija más hermosa de Labán, de la que estaba realmente enamorado. Jacob – diríamos con lenguaje moderno – es un hombre que “se ha hecho a sí mismo”, con ingenio, sagacidad, es capaz de conquistar todo lo que desea. Pero le falta algo. Le falta la relación viva con sus raíces.

Y un día siente la llamada del hogar, de su antigua patria, donde todavía vivía Esaú, el hermano con el que siempre había mantenido una pésima relación. Jacob parte y lleva a cabo un largo viaje con una caravana numerosa de personas y animales, hasta que llega a la última etapa, al  vado de Yabboq. Aquí el libro del Génesis nos ofrece una página memorable (cf. 32,23-33). Relata que el patriarca, después de haber hecho atravesar el río a toda su gente y a todo el ganado -que era mucho-, se queda solo en la orilla extranjera. Y piensa: ¿Qué lo espera para el mañana? ¿Qué actitud tomará su hermano Esaú, al que había robado la primogenitura? La mente de Jacob es una turbina de pensamientos… Y, mientras oscurece, de repente un desconocido lo aferra y comienza a luchar con él. El Catecismo explica: “La tradición espiritual de la Iglesia ha tomado de este relato el símbolo de la oración como un combate de la fe y una victoria de la perseverancia” (CIC, 2573).

Jacob luchó durante toda la noche, sin soltar nunca a su oponente. Al final es vencido, golpeado por su rival en el nervio ciático, y desde entonces será cojo para toda la vida. Aquel misterioso luchador pregunta el nombre al patriarca y le dice: “En adelante no te llamarás Jacob sino Israel; porque has sido fuerte contra Dios y contra los hombres, y le has vencido” (v. 29). Como diciendo: nunca serás el hombre que camina así, sino recto. Le cambia el nombre, le cambia la vida, le cambia la actitud. Te llamarás Israel. Entonces también Jacob pregunta al otro: “Dime por favor tu nombre”. Aquel no se lo revela, pero, en compensación, lo bendice. Y Jacob entiende que ha encontrado a Dios “cara a cara” (cf. vv. 30-31).

Luchar con Dios: una metáfora de la oración. Otras veces Jacob se había mostrado capaz de dialogar con Dios, de sentirlo como una presencia amiga y cercana. Pero en esa noche, a través de una lucha que duró mucho tiempo y que casi lo vio sucumbir, el patriarca salió cambiado. Cambio de nombre, cambio del modo de vivir y cambio de la personalidad: sale cambiado. Por una vez ya no es dueño de la situación -su sagacidad no sirve-, ya no es el hombre estratega y calculador; Dios lo devuelve a su verdad de moral que tiembla y tiene miedo, porque Jacob en la lucha tiene miedo. Por una vez Jacob no tiene otra cosa que presentar a Dios que su fragilidad y su impotencia, también sus pecados. Y es este Jacob el que recibe de Dios la bendición, con la cual entra cojeando en la tierra prometida: vulnerable y vulnerado, pero con el corazón nuevo. Una vez escuché decir a un anciano -buen hombre, buen cristiano, pero pecador que tenía tanta confianza en Dios- decía: “Dios me ayudará; no me dejará solo. Entraré en el paraíso, cojeando, pero entraré”. Antes era alguien que estaba seguro de sí mismo, confiaba en su propia sagacidad. Era un hombre impermeable a la gracia, refractario a la misericordia; no conocía lo que es la misericordia. “¡Aquí estoy yo, mando yo!”, no consideraba que necesitaba misericordia. Pero Dios salvó lo que estaba perdido. Le hizo entender que estaba limitado, que era un pecador que necesitaba misericordia y lo salvó.

Todos nosotros teníamos una cita en la noche con Dios, en la noche de nuestra vida, en las muchas noches de nuestra vida: momentos oscuros, momentos de pecados, momentos de desorientación. Ahí hay una cita con Dios, siempre. Él nos sorprenderá en el momento en el que no nos lo esperemos, en el que nos encontremos realmente solos. En aquella misma noche, combatiendo contra lo desconocido, tomaremos conciencia de ser solo pobres hombres -me permito decir “pobrecitos”-, pero, precisamente entonces, no deberemos temer: porque en ese momento Dios nos dará un nombre nuevo, que contiene el sentido de toda nuestra vida; nos cambiará el corazón y nos dará la bendición reservada a quien se ha dejado cambiar por Él. Esta es una hermosa invitación a dejarnos cambiar por Dios. Él sabe cómo hacerlo, porque conoce a cada uno de nosotros. “Señor, Tú me conoces”, puede decirlo cada uno de nosotros. “Señor, Tú me conoces. Cámbiame”.

© Librería Editorial Vaticana

 

Sagrado Corazón: El Papa anima a confiarle “todas las ansiedades”

Junio, mes dedicado a esta devoción

JUNIO 10, 2020 16:53LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

(zenit – 10 junio 2020).- En pleno mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, el Papa Francisco indicó que: “Al Corazón Divino, lleno de paz y amor, podemos confiar todas las ansiedades de nuestros corazones y nuestro amor imperfecto”.

En la audiencia general de hoy, 10 de junio de 2020, celebrada en la biblioteca del Palacio Apostólico y emitida en directo por zenit, el Santo Padre describió que “del Corazón traspasado del Salvador fluye, para toda la humanidad, la fuente de todo consuelo y el océano de la Divina Misericordia. ¡Jesús, manso y humilde de corazón, hace que nuestros corazones sean similares a los suyos!”.

Estas palabras de Francisco están incluidas en su saludo a los fieles de Polonia. A lo largo del mismo, también destacó que este mes es “especialmente sentido” entre los católicos del país.

Sagrado Corazón de Jesús

La fiesta del Sagrado Corazón, celebrada el viernes siguiente a la solemnidad de Corpus Christi, fue formalmente aprobada para toda la Iglesia en 1873, otorgándose una serie de indulgencias, entre las que destaca la indulgencia plenaria –remisión total de la pena temporal pendiente de purificación tras el perdón de los pecados– por la recepción de la Comunión en la Santa Misa durante nueve primeros viernes de mes seguidos.

Durante el mes de junio y en particular en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia contempla cómo el amor de Dios Hijo se traduce en gestos cercanos a los hombres.

Catequesis del Papa

“La oración de Jacob” es el título de la sexta catequesis del Papa sobre la oración. En ella, el Pontífice ha meditado en torno al encuentro de este patriarca con el Señor, que le transformó.

De este modo, quien antes “era ‘impermeable’ a la gracia y a la misericordia a causa de su presunción, Dios lo salvó de su extravío y lo miró con ternura”.

 

 

Papa Francisco: Corpus Christi, “energía para los momentos difíciles”

Saludo a jóvenes y ancianos

JUNIO 10, 2020 14:04LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

(zenit – 10 junio 2020).- Dado que mañana es la solemnidad del Corpus Christi, el Papa Francisco ha instado “a encontrar en la Eucaristía la energía necesaria para vivir los momentos difíciles con fortaleza cristiana”.

Estas palabras del Santo Padre han sido pronunciadas durante su saludo especial a los ancianos, los jóvenes, los enfermos y los recién casados, al final de la audiencia general de hoy, 10 de junio de 2020, celebrada en la biblioteca del Palacio Apostólico emitida en directo por la página de Facebook de zenit.

“Lograr una vida eucarística”

Previamente, en sus palabras a los fieles italianos, Francisco señaló que “la hostia consagrada contiene la persona de Cristo: estamos llamados a buscarlo ante el tabernáculo en la iglesia, pero también en ese tabernáculo que son los últimos, los que sufren, los solitarios y los pobres. El mismo Jesús lo dijo”.

Aunque este año no es posible celebrar esta festividad de la Iglesia con eventos públicos, el Papa ha remarcado que, igualmente, “podemos lograr una ‘vida eucarística’”.

Misa del Corpus Christi

El Pontífice presidirá la Santa Misa de Corpus Christi, el próximo domingo 14 de junio en el Altar de la Cátedra de la Basílica Vaticana con la presencia de unos 50 fieles. Al final de la celebración, tendrá lugar la exposición del Santísimo Sacramento y la bendición eucarística.

En la catequesis de hoy, perteneciente a la serie sobre la oración, el Obispo de Roma ha rememorado la historia del patriarca Jacob, subrayando que, como él, todos tenemos una cita con Dios en la noche oscura: “Una hermosa invitación a dejarnos cambiar por Dios. Él sabe cómo hacerlo, porque conoce a cada uno de nosotros. ‘Señor, Tú me conoces’, puede decirlo cada uno de nosotros. ‘Señor, Tú me conoces. Cámbiame’”.

 

Día Mundial contra el Trabajo Infantil: El Papa llama a proteger a los menores

El futuro de la humanidad

JUNIO 10, 2020 11:26LARISSA I. LÓPEZAUDIENCIA GENERAL

(zenit – 10 junio 2020).- Con motivo de la Día Mundial contra el Trabajo Infantil, el Papa Francisco llama a las instituciones a “esforzarse al máximo para proteger a los menores, colmando las brechas económicas y sociales que constituyen la base de la distorsionada dinámica en la que, desgraciadamente, se ven envueltos”.

Al final de la audiencia general, celebrada hoy, 10 de junio de 2020, en la biblioteca del Palacio Apostólico, el Santo Padre ha recordado que “todos somos responsables” de esta lamentable situación y que “los niños son el futuro de la familia humana: depende de todos nosotros fomentar su crecimiento, su salud y su serenidad”.

Igualmente, ha descrito cómo en la actual situación de emergencia sanitaria por el coronavirus, “en varios países muchos niños y jóvenes están obligados a realizar trabajos inadecuados a su edad, para ayudar a sus familias en condiciones de extrema pobreza”. En muchos casos, subraya, “se trata de formas de esclavitud y reclusión que causan sufrimientos físicos y psicológicos”.

152 millones de niños trabajan

Según indica la Organización de Naciones Unidas (ONU), el Día Mundial contra el Trabajo Infantil de 2020 se centrará en el impacto de la crisis actual en el trabajo infantil, pues la pandemia de salud de COVID-19 y el consiguiente impacto económico y de mercado laboral están teniendo un gran impacto en la vida y los medios de vida de las personas.

Lamentablemente, los niños suelen ser los primeros en sufrir y esta recesión puede empujar a millones de niños vulnerables al trabajo infantil. Se estima que ya hay 152 millones de niños en situación de trabajo infantil, de los cuales 72 millones realizan trabajos peligrosos.

La catequesis pronunciada por el Pontífice este miércoles, en consonancia con el ciclo de catequesis en torno a la oración, ha versado sobre la historia de Jacob. En un encuentro nocturno, Dios transformó a este patriarca, de manera que “quien antes era ‘impermeable’ a la gracia y a la misericordia a causa de su presunción, Dios lo salvó de su extravío y lo miró con ternura”.

 

 

SAN BERNABÉ, APÓSTOL*

Memoria

— Corazón grande en el apostolado.

— Saber comprender para poder ayudar.

— Alegría y espíritu positivo en el apostolado con nuestros amigos.

I. Bernabé significa hijo de la consolación, y le fue impuesto por los Apóstoles como sobrenombre a José, levita y chipriota de nacimiento1. Su espíritu conciliador y su simpatía habrían inspirado este apelativo, según comenta San Juan Crisóstomo2.

Después del martirio de Esteban y de la persecución posterior, algunos cristianos llegaron hasta Antioquía, adonde llevaron consigo su fe en Jesucristo. Al conocerse en Jerusalén las maravillas que operaba el Espíritu Santo, enviaron a Bernabé3. Su celo por la extensión del Reino le llevó a buscar los instrumentos idóneos para aquella ingente labor que se presentaba. Por eso se dirigió a Tarso, para buscar a Pablo, y lo condujo a Antioquía. Estuvieron juntos en aquella Iglesia durante un año entero y adoctrinaron a una gran muchedumbre4. Supo descubrir en el recién convertido aquellas cualidades que la gracia transformaría en el Apóstol de las gentes. Bernabé había sido el que presentó a Pablo a los Apóstoles en Jerusalén poco tiempo antes, cuando muchos cristianos recelaban de su antiguo perseguidor5.

Con el Apóstol realizará el primer viaje misional, que tenía como objetivo la isla de Chipre6. Les acompañaba también Marcos, su primo, quien les abandonó a la mitad del camino, en Perge, y se volvió a Jerusalén. Cuando San Pablo proyectó el segundo gran viaje misional, Bernabé quería llevar de nuevo a Marcos, pero Pablo consideraba que no debía llevar consigo al que se había apartado de ellos en Panfilia y no les había acompañado en la tarea7. Esto produjo una disensión tan fuerte entre ambos que se separaron el uno del otro...8.

Bernabé no dejó a un lado a su primo Marcos, quizá entonces muy joven, después de aquella defección, en la que le fallaron las fuerzas. Supo reanimarlo y fortalecerlo, y hacer de él un gran evangelizador y un colaborador eficacísimo de San Pedro y del mismo San Pablo, con el que Bernabé siguió unido9. Más tarde demostrará Pablo para Marcos la mayor estima10, «como si viera reflejarse en él la simpatía y los gratos recuerdos de Bernabé, el amigo de la juventud»11.

San Bernabé nos invita hoy a tener un corazón grande en el apostolado, que nos llevará a no desanimarnos fácilmente ante los defectos y retrocesos de aquellos amigos o parientes que queremos llevar hasta el Señor, a no dejarlos a un lado cuando flaquean o quizá no responden a nuestras atenciones y a nuestra oración.

La posible falta de correspondencia, a veces aparente, ante nuestros desvelos ha de llevarnos a excedernos en tratar a nuestros amigos aún con más afecto, con una sonrisa más abierta, con más medios sobrenaturales.

II. Id y proclamad que el reino de Dios está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios... Este mandato del Señor, que leemos en el Evangelio de la Misa12, debe resonar en el corazón de todos los cristianos. Es el apostolado que ha de llevar a cabo cada uno personalmente en el lugar en el que se va desarrollando su vida: el pueblo, el barrio, la empresa, la Universidad... Encontraremos a muertos, que hemos de llevar al sacramento de la Penitencia para que recobren la vida sobrenatural; enfermos, que no pueden valerse por sí mismos y es preciso ayudar para que se acerquen a Cristo; leprosos, que quedarán limpios por la gracia a través de nuestra amistad; endemoniados, cuya curación nos exigirá una particular oración y penitencia...

Además de la constancia –no podemos olvidar que «las almas se mejoran con el tiempo»13– debemos tener en cuenta las diversas situaciones y circunstancias por las que atraviesan las personas que precisan nuestra ayuda. De San Bernabé se nos dice que era un hombre bueno, que mereció el sobrenombre de hijo de la consolación, que llevó la paz a muchos corazones. De su grandeza de corazón, manifestada en su generosidad y desprendimiento, nos hablan los Hechos de los Apóstoles en la primera noticia que de él tenemos: tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a los pies de los Apóstoles14. Así pudo seguir más libremente al Señor. Un alma generosa y desprendida está en condiciones de acoger a todos y de comprender el verdadero estado en que se encuentran las almas. Cuando alguien se siente comprendido es más fácil que se deje ayudar. La mejor arma del cristiano en el apostolado es precisamente esa actitud abierta, acogedora, que sabe hacerse cargo de la situación de los demás, apreciándolos de verdad, pues «nadie puede ser conocido sino en función de la amistad que se le tiene»15.

Para comprender es preciso mirar a los demás en lo mucho que tienen de positivo, y ver sus fallos solo en un contexto de buenas cualidades, reales o posibles, y con el deseo de ayudarles. «Procuremos siempre mirar las virtudes y cosas buenas que viéremos en los otros, y tapar sus defectos con nuestros grandes pecados»16, aconsejaba Santa Teresa de Jesús. Y San Bernardo exhortaba vivamente: «aunque vierais algo malo, no juzguéis al instante a vuestro prójimo, sino más bien excusadle en vuestro interior. Excusad la intención, si no podéis excusar la acción. Pensad que lo habrá hecho por ignorancia, o por sorpresa, o por desgracia. Si la cosa es tan clara que no podéis disimularla, aun entonces procurad creerlo así, y decid para vuestros adentros: la tentación habrá sido muy fuerte»17.

Del Señor hemos de aprender a saber convivir con todos, a no tener demasiado en cuenta las faltas de correspondencia, de educación o de generosidad de quienes nos rodean, fruto muchas veces de su ignorancia, de su soledad o de su cansancio. El bien que pretendemos llevar a cabo está por encima de esas pequeñeces que, en la presencia de Dios, dejan de tener importancia. «Frecuentas el trato de ese compañero que apenas te da los buenos días..., y te cuesta.

»-Persevera y no le juzgues; tendrá “sus motivos”, de la misma manera que tú alimentas los tuyos para encomendarle más cada jornada»18. Esos «motivos» nuestros que tienen su origen y su centro en el Sagrario.

III. Tocad la citara para el Señor, // suenen los instrumentos: // con clarines y son de trompetas // aclamad al Rey y Señor...19.

Es posible que algunos cristianos, al ver el ambiente alejado de Dios y los modos de vida que adoptan muchos que quizá tendrían que ser ejemplares, se dejen llevar por un «celo amargo», tratando de hacer el bien pero con una continua lamentación del mal evidente, con frecuentes reproches a la sociedad, a quienes –según ellos– tendrían que tomar medidas drásticas para atajar esos males... No nos quiere el Señor así: Él dio su vida en la Cruz, con serenidad y paz, por todos los hombres. Sería un gran fracaso que los cristianos adoptaran una actitud negativa ante el mundo que han de salvar. A las gentes de las primeras generaciones que siguieron a Cristo se las ve llenas de alegría, a pesar de las frecuentes tribulaciones que hubieron de sufrir. San Lucas, cuando en los Hechos de los Apóstoles trata de hacer un resumen de las pequeñas comunidades que iban apareciendo por todas partes, señala que la Iglesia se consolidaba y caminaba en el temor del Señor y crecía con el consuelo del Espíritu Santo20. Es la paz del Señor, que nunca nos faltará si le seguimos de cerca; es la paz que hemos de dar a todos.

Imitando al Señor, debemos huir de actitudes condenatorias, adustas, con dejes de amargura. Si los cristianos llevamos la alegría al mundo, ¿cómo vamos a presentar la Buena Nueva de modo antipático y triste?, ¿cómo vamos a juzgar a los demás si no tenemos los elementos de juicio necesarios y, sobre todo, si nadie nos ha dado esa misión? Nuestra postura ante todos es siempre de salvación, de paz, de comprensión, de alegría..., incluso con aquellos que en algún momento nos han podido tratar injustamente. «Comprensión, caridad real. Cuando de veras la hayas conseguido, tendrás el corazón grande con todos, sin discriminaciones, y vivirás –también con los que te han maltratado– el consejo de Jesús: “venid a mí todos los que andáis agobiados..., que Yo os aliviaré”»21. Cada cristiano es «Cristo que pasa» en medio de los suyos, que los aligera de sus cargas y les muestra el camino de la salvación.

Al terminar nuestra oración le pedimos al Señor, con la liturgia de la Misa, aquel amor ardiente, que impulsó al apóstol Bernabé a llevar a las naciones la luz del Evangelio22. Nos lo concederá antes si lo pedimos además a través de Nuestra Señora: Sancta Maria, Regina Apostolorum, ora pro nobis..., ayúdanos en la tarea apostólica que queremos llevar a cabo con nuestros parientes, amigos y conocidos.

1 Cfr. Hech 4, 36. — 2 Cfr. San Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Hechos de los Apóstoles, 21. — 3 Hech 11, 23 — 4 Hch 11, 26. — 5 Cfr. Hech 9, 26. — 6 Cfr. Hech 13, 14. — 7 Hech 15, 38. — 8 Hech 15, 40. — 9 Cfr. 1 Cor 9, 5-6. — 10 Cfr. Col 4, 10; Fil 24; 2 Tim 4, 11. — 11 J. Prado, en Gran Enciclopedia Rialp, 5ª ed. Madrid 1989, voz Bernabé, vol. IV, p. 91. — 12 Mt 10, 7-13. — 13 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 78. — 14 Hech 4, 37. — 15 San Agustín, Sermón 83. — 16 Santa Teresa, Vida, 13, 6. — 17 San Bernardo, Sermón 40 sobre el Cantar de los Cantares. — 18 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 843. — 19 Salmo responsorial. Sal 98, 5-6. — 20 Hech 9, 31. — 21 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 867. — 22 Misal Romano, Oración sobre las ofrendas de la Misa del día.

Natural de Chipre, se cuenta entre los primeros fieles de Jerusalén. Fue quien presentó a los Apóstoles a San Pablo, después de su conversión; le acompañó luego en su primer viaje apostólico. Intervino en el Concilio de Jerusalén y fue una figura de gran importancia en la Iglesia de Antioquía, el primer núcleo cristiano numeroso fuera de Jerusalén. Era pariente de Marcos, en quien ejerció una influencia decisiva. Vuelto a su patria, la evangelizó y murió mártir hacia el año 63. Su nombre figura en la Plegaria Eucarística, I (o Canon Romano).

 

 

"La tentación del cansancio"

Quiero prevenirte ante una dificultad que quizá puede presentarse: la tentación del cansancio, del desaliento. –¿No está fresco aún el recuerdo de una vida –la tuya– sin rumbo, sin meta, sin salero, que la luz de Dios y tu entrega han encauzado y llenado de alegría? –No cambies tontamente esto por aquello. (Forja, 286)

11 de junio

Si notas que no puedes, por el motivo que sea, dile, abandonándote en El: ¡Señor, confío en Ti, me abandono en Ti, pero ayuda mi debilidad!

Y lleno de confianza, repítele: mírame, Jesús, soy un trapo sucio; la experiencia de mi vida es tan triste, no merezco ser hijo tuyo. Díselo...; y díselo muchas veces.

–No tardarás en oír su voz: «ne timeas!» –¡no temas!; o también: «surge et ambula!» –¡levántate y anda! (Forja, 287)

Me comentabas, todavía indeciso: ¡cómo se notan esos tiempos en los que el Señor me pide más!

–Sólo se me ocurrió recordarte: me asegurabas que únicamente querías identificarte con El, ¿por qué te resistes? (Forja, 288)

Ojalá sepas cumplir ese propósito que te has fijado: "morir un poco a mí mismo, cada día". (Forja, 289)

 

 

El Papa: oración y don de sí, contra el racismo y la violencia

Recogemos algunas referencias recientes del Papa Francisco al problema del racismo y la discriminación en el mundo.

DE LA IGLESIA Y DEL PAPA10/06/2020

Foto: Vatican Media/CNA

El Santo Padre ha hablado en estos días sobre el racismo y la violencia que engendra la discriminación. Estos son algunos de los mensajes del Pontífice:

Twitter

—“No podemos tolerar ni cerrar los ojos ante cualquier tipo de racismo o de exclusión. Al mismo tiempo, hemos de reconocer que la violencia es autodestructiva y autolesionista. Con la violencia no se gana nada. Oremos por la reconciliación y la paz” (3 de junio 2020).

Papa Francisco

 

✔@Pontifex_es

No podemos tolerar ni cerrar los ojos ante cualquier tipo de racismo o de exclusión. Al mismo tiempo, hemos de reconocer que la violencia es autodestructiva y autolesionista. Con la violencia no se gana nada. Oremos por la reconciliación y la paz.

—“Para salir de la espiral de violencia hay dos respuestas cristianas: la oración y el don de sí mismo” (10 de junio 2020).

Para salir de la espiral de violencia hay dos respuestas cristianas: la oración y el don de sí mismo.

Audiencia general, 3 de junio de 2020

He sido testigo con gran preocupación del inquietante malestar social en su nación [EE.UU.] en estos últimos días, tras la trágica muerte del Sr. George Floyd.

Amigos míos, no podemos tolerar ni hacer la vista gorda ante el racismo y la exclusión en ninguna de sus formas y, sin embargo, pretendemos defender el carácter sagrado de toda vida humana.

Al mismo tiempo, tenemos que reconocer que “la violencia de las últimas noches es autodestructiva y autolesionista". Nada se gana con la violencia y mucho se pierde”.

Hoy me uno a la Iglesia en Saint Paul y Minneapolis, y en todos los Estados Unidos, para rezar por el descanso del alma de George Floyd y de todos aquellos que han perdido sus vidas como resultado del pecado del racismo. Recemos por el consuelo de sus familias y amigos afligidos e imploremos la reconciliación nacional y la paz que anhelamos.

Que Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de América, interceda por todos aquellos que trabajan por la paz y la justicia en su tierra y en todo el mundo.

Vídeo “Promoción de la paz en el mundo”

 

 

Conocerle y conocerte (VI): Un lenguaje más poderoso

Dios habla en voz baja, pero constantemente; en la Sagrada Escritura -especialmente en los Evangelios- y también a través de nuestro interior.

VIDA ESPIRITUAL01/05/2020

Dios nos habla. Constantemente. Habla con palabras y también con obras. Su lenguaje es mucho más rico que el nuestro. Es capaz de pulsar secretos resortes en nuestro interior, sirviéndose, por ejemplo, de las personas o de los sucesos que nos rodean. Dios nos habla en la Escritura, en la Liturgia, a través del Magisterio de la Iglesia… Como nos mira siempre con amor, busca el diálogo con nosotros en cada acontecimiento, llamándonos siempre a ser santos. Por eso, para poder escuchar ese misterioso lenguaje divino, procuramos comenzar siempre nuestra oración con un acto de fe.

Desde dentro…

Dios habla actuando en nuestras propias potencias, que puede mover desde dentro: a nuestra inteligencia, a través de las inspiraciones; a nuestros sentimientos, a través de los afectos; a nuestra voluntad, a través de los propósitos. Por eso, como nos enseñó san Josemaría, al finalizar nuestra oración podemos decir: «Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en este rato de oración».

SE PUEDE RECONOCER SI ALGO VIENE DE DIOS CUANDO NOS EMPUJA A AMARLE MÁS A ÉL Y A LOS DEMÁS

Pero, al considerar esta realidad, puede presentarse una duda: «¿Y cómo puedo saber que es él quien me habla? ¿Cómo puedo saber que esos propósitos, afectos e inspiraciones no son simples ocurrencias, deseos y sentimientos míos?». La respuesta no es fácil. Orar es un arte que se aprende con el paso del tiempo y con la ayuda de la dirección espiritual. Pero sí podemos decir que viene de Dios todo lo que nos lleva a amar más a él y a los demás, a cumplir su voluntad, también cuando implica sacrificio y generosidad. Son muchas las personas habituadas a orar que pueden decir: «En mi oración pienso las mismas cosas que pienso a lo largo del día pero con una diferencia: al terminar, siempre lo hago con un “pero no se haga mi voluntad sino la tuya” en el corazón, y eso no me pasa en los otros momentos».

Dios habla, muchas veces, directamente al corazón, cuyo lenguaje conoce como nadie. Lo hace a través de deseos profundos que él mismo siembra. Por eso, escuchar a Dios muchas veces consiste en bucear en el propio corazón y tener la valentía de poner ante él nuestros anhelos, con la intención de discernir lo que nos lleva a cumplir su voluntad y lo que no. ¿Qué deseo realmente? ¿Por qué? ¿De dónde vienen estos impulsos? ¿A dónde me conducen? ¿Estoy engañándome, fingiendo que no están ahí e ignorándolos? Ante estas preguntas, normales en quien quiere vivir una vida de oración, el Papa Francisco nos recomienda: «Para no equivocarse hay que (…) preguntarse: ¿me conozco a mí mismo, más allá de las apariencias o de mis sensaciones?, ¿conozco lo que alegra o entristece mi corazón?»[1].

Además de hablar a nuestro corazón y a nuestra inteligencia, Dios también lo hace por medio de nuestros sentidos internos: habla a nuestra imaginación, suscitando una escena o una imagen; y habla a nuestra memoria, trayendo un recuerdo o unas palabras que pueden ser una respuesta a nuestra oración o una indicación de sus deseos. Así, por ejemplo, le ocurrió a san Josemaría el 8 de septiembre de 1931. Estaba rezando en la Iglesia del Patronato de Enfermos, sin muchas ganas –como él mismo nos dice–, con la imaginación suelta, «cuando me di cuenta de que, sin querer, repetía unas palabras latinas, en las que nunca me fijé y que no tenía por qué guardar en la memoria: Aún ahora, para recordarlas, necesitaré leerlas en la cuartilla, que siempre llevo en mi bolsillo para apuntar lo que Dios quiere (…) (instintivamente, llevado de la costumbre, anoté, allí mismo en el presbiterio, la frase, sin darle importancia):dicen así las palabras de la Escritura, que encontré en mis labios: “et fui tecum in omnibus ubicumque ambulasti, firmans regnum tuum in aeternum”: apliqué mi inteligencia al sentido de la frase, repitiéndola despacio. Y después, ayer tarde, hoy mismo, cuando he vuelto a leer estas palabras (pues, –repito– como si Dios tuviera empeño en ratificarme que fueron suyas, no las recuerdo de una vez a otra) he comprendido bien que Cristo-Jesús me dio a entender, para consuelo nuestro, que “la Obra de Dios estará con El en todas las partes, afirmando el reinado de Jesucristo para siempre”»[2].

Dios para hablarnos también puede servirse de las notas que tomamos en un curso de retiro o en un medio de formación, especialmente al releerlas en la oración tratando de captar su sentido. Allí quizás podremos descubrir un hilo conductor o repeticiones que nos den una pista de lo que el Señor quiere decirnos.

Un murmullo incesante

Es verdad que alguna vez el Señor habla claramente y de manera sobrenatural pero no suele ser lo común. Ordinariamente Dios habla bajito y por eso a veces no nos percatamos de los pequeños regalos –propósitos, afectos, inspiraciones– que nos ofrece en una oración sencilla. Nos puede ocurrir como al general sirio Amán que, cuando el profeta Eliseo le animó a bañarse siete veces en el río para que se curara de su lepra, se lamentaba diciendo: «Yo me imaginaba que saldría hasta mí y de pie invocaría el nombre del Señor, su Dios; pondría su mano donde está la lepra y me curaría de ella» (2 Re 5,11). Amán acudió al Dios de Israel, pero esperaba algo llamativo, incluso ruidoso. Afortunadamente, sus siervos le hicieron recapacitar: «Si el profeta te hubiera mandado algo difícil, ¿no lo habrías hecho? Cuánto más si te ha dicho: “lávate y quedarás limpio”» (2 Re 5,13). El general volvió para cumplir el consejo, aparentemente demasiado ordinario, y de este modo entró en contacto con el poder salvador de Dios. En la oración, conviene valorar esas pequeñas luces sobre lo ya sabido, las mociones del Espíritu Santo a lo de siempre, los afectos de pequeña intensidad, los propósitos fáciles, sin despreciarlos por prosaicos, ya que todo eso puede ser de Dios.

PARA RECONOCER LA VOZ DEL SEÑOR EN LA ORACIÓN ES NECESARIO EL RECOGIMIENTO Y, MUCHAS VECES, EL SILENCIO

A una pregunta sobre la oración, el cardenal Ratzinger respondió así: «Generalmente, Dios no habla demasiado alto, pero sí nos habla una y otra vez. Oírle depende, como es natural, de que el receptor –digamos– y el emisor estén en sintonía. Ahora en nuestro tiempo, con nuestro actual estilo de vida y forma de pensar, hay demasiadas interferencias entre los dos y sintonizar resulta particularmente difícil... Es obvio que Dios no habla demasiado alto; pero a lo largo de toda la vida sí nos habla por signos o sirviéndose de encuentros con otras personas. Basta simplemente con estar un poco atentos y no consentir que las cosas de fuera nos absorban completamente»[3]. Esta capacidad de atención tiene mucho que ver con el recogimiento interior –a veces también exterior– y es algo en que nos hemos de entrenar. Para percibir a Dios es necesario procurarnos momentos en los que pausamos el trajín cotidiano y afrontamos la fuerza de la soledad con él. Necesitamos silencio.

Lo cierto es que Dios nos habla de mil maneras. Puede ocurrir que estemos tan acostumbrados a sus dones que ya no nos demos cuenta, que no le reconozcamos, como ocurría a los paisanos de Jesús: «¿No es éste el hijo del artesano? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no viven entre nosotros?» (Mt 13,55-56). Hemos de pedir al Espíritu Santo que nos dilate las pupilas, nos abra los oídos, nos purifique el corazón y nos ilumine la conciencia para saber reconocer su murmullo incesante, ese rumor inmortal dentro de nosotros.

Dios ya nos ha hablado

Cuando Jesús responde a los discípulos de Juan el Bautista enumerando sus signos –«los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio» (Mt 11,5)– está anunciando el cumplimiento de las antiguas profecías de la Sagrada Escritura sobre el Mesías. Y es que Dios nos ha hablado y nos habla a cada uno, de manera eminente, a través de la Sagrada Escritura: «En los Libros Sagrados, el Padre que está en los cielos sale amorosamente al encuentro de sus hijos y conversa con ellos»[4]. Por eso, «la oración debe acompañar a la lectura de la Sagrada Escritura, para que se entable un diálogo entre Dios y el hombre; porque “a Él hablamos cuando oramos, y a Él escuchamos cuando leemos las palabras divinas” (San Ambrosio, off. 1, 88)»[5]. Las palabras de la Biblia no solo son inspiradas por Dios, son también inspiradoras de Dios.

De manera especial escuchamos a Dios en los Evangelios, que recogen las palabras y hechos de Nuestro Señor Jesucristo. Así lo recalca el autor de la Carta a los Hebreos: «En diversos momentos y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio de su Hijo» (Hb 1,1-2). San Agustín consideraba que el Evangelio era «la boca de Cristo: está sentado en el Cielo, pero no deja de hablar en la tierra»[6]. Por eso nuestra oración vive de la meditación del Evangelio; leyendo, meditando, releyendo, grabando en la memoria, considerando una y otra vez sus palabras, Dios nos habla al corazón.

LA MEDITACIÓN CONTINUA DEL EVANGELIO AYUDA MUCHO A ENCONTRAR ESAS PALABRAS QUE DIOS NOS DIRIGE A CADA UNO

San Josemaría, siguiendo la tradición de la Iglesia, recomendaba continuamente escuchar a Dios a través de la meditación de los evangelios: «Yo te aconsejo que, en tu oración, intervengas en los pasajes del Evangelio, como un personaje más. Primero te imaginas la escena o el misterio, que te servirá para recogerte y meditar. Después aplicas el entendimiento, para considerar aquel rasgo de la vida del Maestro: su Corazón enternecido, su humildad, su pureza, su cumplimiento de la Voluntad del Padre. Luego cuéntale lo que a ti en estas cosas te suele suceder, lo que te pasa, lo que te está ocurriendo. Permanece atento, porque quizá Él querrá indicarte algo: y surgirán esas mociones interiores, ese caer en la cuenta, esas reconvenciones»[7]. Nuestro esfuerzo se expresa en acciones concretas: imaginar la escena, intervenir en los pasajes, considerar un rasgo del Maestro, contarle lo que nos pasa… Y le sigue esa posible respuesta de Dios: indicarnos tal o cual cosa, suscitar mociones interiores en nuestra alma, hacernos caer en la cuenta de algo.Así se construye el diálogo con él.

En otra ocasión, san Josemaría también nos animaba a contemplar e imitar a Jesucristo con estas palabras: «Sé tú un personaje en aquella trama divina, y reacciona. Contempla los milagros de Cristo, oye el flujo y el reflujo de la muchedumbre en torno a Él, cambia palabras de amistad con los primeros Doce... Mira al Señor a los ojos y enamórate de Él, para ser tú otro Cristo»[8]. Contemplar, oír, cambiar palabras de amistad, mirar… son acciones que requieren despertar y poner en marcha nuestras facultades y sentidos, nuestra imaginación y nuestra inteligencia. Porque cada uno de nosotros está allí, en cada página del evangelio. Cada escena, cada acto de Jesús, está dando sentido e ilumina mi vida. Sus palabras se dirigen a mí y sostienen mi existencia.

José Brage


[1] Francisco, Ex. ap. Christus vivit, 25-III-2019, n. 285.

[2] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 273; en Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, tomo I, pp. 385-386.

[3] Joseph Ratzinger, La sal de la tierra, Palabra, Madrid, 1997, p. 33.

[4] Concilio Vaticano II, Const. dog. Dei Verbum, n. 21. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2700.

[5] Concilio Vaticano II, Const. dog. Dei Verbum, n. 25. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2653.

[6] San Agustín, Sermón 85, 1.

[7] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 253.

[8] San Josemaría, Apuntes tomados en una meditación, 12-X-1947; en Mientras nos hablaba en el camino, pp. 36.

Foto: Benjamin Davies, on Unsplash.

 

 

“Ante la COVID-19, ¿qué ofrece la Iglesia?”

“La fe en Cristo nos lleva a los demás”

+ Felipe Arizmendi Esquivel Obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas

VER

Es alarmante la forma en que el contagio se ha expandido, provocando una gran cantidad de muertes. La ciencia y la técnica están haciendo su máximo esfuerzo para encontrar la vacuna que detenga la pandemia. Las medidas restrictivas que han tomado los gobiernos son indispensables para controlar el contagio masivo, aunque mucha gente no hace caso de nada. Las economías se han fracturado y la supervivencia de millones está en riesgo. ¿Qué pueden ofrecer las religiones, en particular nuestra Iglesia?

Un cardenal africano dice que esta pandemia es una llamada de atención a nuestra Iglesia, para que se centre en lo suyo, que es la fe, la oración, los sacramentos, la predicación… Es como una acusación, porque dice que hablar de ecología, de la Amazonia, de los pobres, de la justicia, y que tomar tantas precauciones ante la pandemia, es como alejarse de lo que nos da identidad en Cristo. Es lo mismo que dicen otras personas, que se consideran auténticas católicas. No estoy de acuerdo con esas afirmaciones, porque la fe en Cristo nos lleva indefectiblemente a los demás, a no desentendernos de lo que están sufriendo, para no regresar a un sacerdocio del Antiguo Testamento, centrado en el culto y la oración.

PENSAR

El Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, Gaudium et speshace ya 55 años, expresaba:

“Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (1).

“Para cumplir su misión, es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y futura y sobre la mutua relación de ambas. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza.

El género humano se halla hoy en un periodo nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero. Los provoca el hombre con su inteligencia y su dinamismo creador, pero recaen luego sobre el hombre… Como ocurre en toda crisis de crecimiento, esta transformación trae consigo no leves dificultades. Así, mientras el hombre amplía extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio” (4).

“El mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y de lo peor, pues tiene abierto el camino para optar por la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad o el odio.  El hombre sabe muy bien que está en su mano el dirigir correctamente las fuerzas que él ha desencadenado, y que pueden aplastarle o servirle. Por ello se interroga a sí mismo” (9).

“Cree la Iglesia que Cristo muerto y resucitado por todos, da al hombre su luz y su fuerza por el Espíritu Santo, a fin de que pueda responder a su máxima vocación y que no ha sido dado bajo el cielo a la humanidad otro nombre en el que sea necesario salvarse. Igualmente, cree que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Señor y Maestro. Afirma además la Iglesia que, bajo la superficie de lo cambiante, hay muchas cosas permanentes, que tienen su último fundamento en Cristo, quien existe ayer, hoy y para siempre. Bajo la luz de Cristo, imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación, el Concilio habla a todos para esclarecer el misterio del hombre y para cooperar en el hallazgo de soluciones que respondan a los principales problemas de nuestra época” (10).

ACTUAR

La fe en Cristo Jesús nos lleva a poner nuestra esperanza en la vida plena que Él nos ofrece, desde este mundo y en la posteridad. Todo pasa, la vida también; pero estando con Cristo, tenemos garantizada vida para siempre. Por ello, hay que acercarse a Él desde el corazón, aunque de momento no se pueda asistir a una iglesia, ni recibir los sacramentos. Hagamos mucha oración, que tiene un poder invisible e increíble.

Esa misma fe nos impulsa a hacer cuanto podamos por los demás, por los enfermos y pobres, por los que sufren y por quienes viven en soledad. Agradecemos al personal sanitario, que expone su vida en bien del prójimo; son verdaderos hermanos y mártires. Y cada quien miremos alrededor, para ver si podemos hacer algo por otras personas, tomando las debidas precauciones de salud para no aumentar los contagios.

 

 

Animación misionera y vida ordinaria

La misión de la Iglesia es obra del Espíritu Santo, no consecuencia de nuestras reflexiones e intenciones. Ese rasgo es suficiente para rechazar toda forma de autosuficiencia, clericalismo o autoglorificación. Así lo afirma el Papa Francisco en un Mensaje a las Obras misionales pontificias (21-V-2020), es decir, las instituciones que se dedican a la animación y a la cooperación misionera (*)

El amplio mensaje contiene enseñanzas para el conjunto de la Iglesia católica, sus fieles e instituciones. El texto se distribuye en tres apartados: el primero, sobre la alegría del Evangelio; el segundo sobre la situación actual de las tareas misioneras y el tercero sobre algunas orientaciones en este ámbito.

 

La alegría del Evangelio

 

1. La alegría del Evangelio. “La salvación –­escribe Francisco– no es la consecuencia de nuestras iniciativas misioneras, ni siquiera de nuestros razonamientos sobre la encarnación del Verbo. La salvación de cada uno puede ocurrir sólo a través de la perspectiva del encuentro con Él, que nos llama. Por esto, el misterio de la predilección inicia —y no puede no iniciar— con un impulso de alegría, de gratitud”.

Como explicaba ya san Agustín, si la Iglesia no creyera que es Dios mismo el que la dige a la Iglesia en su misión y atrae hacía sí los corazones de los hombres, sus oraciones no serían aunténticas, sino simples formalismos (cf. El don de la perseverancia. A Próspero y a Hilario, 23.63). En efecto, porque la oración se fundamenta en la fe que es don de Dios. Sin fe la oración no tendría sentido, y tampoco la pasión por la felicidad y la salvación de los demás, aunque se dedicara mucho tiempo a promover la conversión.

Ya en la exhortación Evangelii gaudium, Francisco señalaba los rasgos distintivos de la misión de la Iglesia y ahora retoma algunos de ellos:

– el atractivo (Cristo se nos revela atrayéndonos, decía también san Agustín, por la voluntad e incluso por el “gusto” -lo que sin duda es una valoración y evocación de la belleza de la obra redentora- (cf. Comentario al Evangelio de San Juan, 26, 4);

– la gratitud y la gratuidad, pues la misión brota de la memoria agradecida y del asombro ante el amor divino. El fervor misionero no es consecuencia de un razonamiento o de un cálculo, sino que es una respuesta libre, como fruto de la gratitud. Por eso, dice el Papa, no tendría sentido presentar la misión y el el anuncio del Evangelio “como si fueran un deber vinculante, una especie de ‘obligacion contractual’ de los bautizados”;

– la humildad, que no se obtiene por querer ser cautivadores, sino por seguir a Cristo (cf. Mt 11, 29);

– la paciencia y la misericordia que llevan a “facilitar, no complicar” el camino interior de las personas; “salir” a buscarlas y acompañarlas, aminorando el paso si es necesario, tener las puertas abiertas y otear el horizonte con esperanza (cf. Lc 15, 20); no añadir cargas pesadas o inútiles.

– La cercanía en la vida “cotidiana”, llegando a las personas en el trabajo y allí donde se ncuentran cada día; sin crear mundos paralelos o “burbujas mediáticas”, como espacios protegidos y cautivos. Aquí pone Franciso el ejemplo del eslogan “es la hora de los laicos”, siendo así que el reloj parece parado.

– El “sentido de la fe” (sensus fidei) del Pueblo de Dios: su “olfato” para la acción del Espíritu Santo, que le lleva –al Pueblo cristiano– a no equivocarse cuando cree lo que es de Dios y a la oración, aunque no haya profundizado en los razonamientos y formulaciones teológicas que explican las realidades de la fe.

– La predilección por los pequeños y por los pobres, que no es algo opcional en la Iglesia. Hasta el punto de que, señala Francisco, “las personas directamente implicadas en las iniciativas y estructuras misioneras de la Iglesia no deberían justificar nunca su falta de atención a los pobres con la excusa —muy usada en ciertos ambientes eclesiásticos— de tener que concentrar sus propias energías en los cometidos prioritarios de la misión”.

Afirma también que la “necesidad del Espíritu Santo” y “el primado de la gracia” en la misión no deberían constituir simplemente principios o formulaciones que se dan por supuestas sin encontrar una respuesta operativa por nuestra parte.

 

Talentos y tentaciones

2. Talentos a desarrollar, tentaciones a evitar. La “red” de la misión de la Iglesia se apoya en estas Obras Misionales Pontificias, que se dedican a la animación y cooperación misionera en toda la Iglesia. Estas Obras nacieron de forma espontánea entre los bautizados. Avanzaron desde el principio sobre los dos “raíles” de la oración y de la caridad en forma de limosna. Hace ahora un siglo (en 1922) fueron asumidas y organizadas con el título de “pontificias” como un ministerio universal a las Iglesias particulares, estructurado a modo de red capilar interior a ellas mismas y al servicio de la comunión eclesial. Hoy se extienden por todos los continentes, manifestando con su propia configuración la variedad de las condiciones y situaciones de la Iglesia en los diferentes lugares.

Estas características pueden ayudar a evitar algunas tentaciones o insidias. Entre ellas apunta el Papa: la autorreferencialidad, el ansia de mando, el elitismo, el aislamiento del pueblo, la abstracción y el funcionalismo. Cabría observar que su denominador común es la sustitución de una visión de fe por una visión humana, en la línea de los nuevos gnosticismos y pelagianismos señalados por Francisco en el capítulo segundo de la exhortación Gaudete et exsultate de 2018.

 

Orientaciones

3. Entre los “consejos para el camino” en este ámbito de la animación, cooperación y promoción misionera, sugiere el sucesor de Pedro:

– Mejorar la inserción de las Obras Misionales Pontificias en el seno del Pueblo de Dios, es decir un mayor entrelazamiento con la red eclesial, es decir con la vida y la misión de la Iglesia y con la vida ordinaria, como medio útil para salir del encerramiento en las problemáticas internas y para adaptar los propios procedimientos operativos a los diversos contextos y circunstancias.

– Buscar una mayor conexión con la oración y la colecta de recursos para las misiones, que están en la raíz de estos servicios, así como nuevos caminos y formas sencillas de realizarlos.

– Fomentar, mediante la oración, el discernimiento de las señales que Dios nos da para el servicio efectivo a la misión evangelizadora de las Iglesias particulares, promoviendo más la fe que las meras estrategias o discursos.

– Mantener y mejorar el contacto con las realidades de la vida cotidiana y la “clase media de la santidad”, sin convertir la misión en un ejercicio burocrático o meramente funcional.

– Manifestar la gratitud ante los prodigios que realiza Dios saliendo y mirando hacia afuera y no hacia los propios “espejos”. “Romped –aconseja gráficamente el Papa– todos los espejos de vuestra casa”, aligerar y flexibilizar los procesos y las estructuras poniendo como guía el fervor misionero.

– Ante las dificultades –también las originadas por la actual pandemia– no confiar la colecta de recursos solamente en grades donantes, sino en la multitud de los bautizados, como cauce de su gratitud y generosidad.

– Cuidar los criterios a la hora de usar esas donaciones de forma que se den respuestas concretas a exigencias objetivas, sin caer en la tentación de privilegiar los propios intereses.

– No olvidar a los pobres, siguiendo la recomendación que el Concilio de Jerusalén dio al apóstol Pablo: “La predilección por los pobres y los pequeños –insiste una vez más Francisco– es parte de la misión de anunciar el Evangelio, que está desde el principio. Las obras de caridad espirituales y corporales hacia ellos manifiestan una ‘preferencia divina’ que interpela la vida de fe de todo cristiano, llamado a tener los mismos sentimientos de Jesús (cf. Flp 2,5).”

– Reflejar, en el apoyo a las misiones por todo el mundo, la rica variedad del pueblo con muchos "rostros" que es la Iglesia, sin depender “de modas pasajeras, de servilismos a escuelas de pensamiento unilateral o a homogeneizaciones culturales con características neocolonialistas; fenómenos que, por desgracia, se dan también en contextos eclesiásticos”.

– Cuidar el vìnculo con la Iglesia de Roma, que preside en la caridad. Y en esa línea propone Francisco “compartir el amor a la Iglesia, reflejo del amor a Cristo, vivido y manifestado en el silencio, sin jactarse, sin delimitar el ‘terreno propio’; con un trabajo cotidiano que se inspire en la caridad y en su misterio de gratuidad; con una obra que sostenga a innumerables personas interiormente agradecidas, pero que quizás no saben a quién dar las gracias”.

Concluye el Papa animando de nuevo a la flexibilidad y soltura en los métodos y procedimientos evangelizadores y misioneros; al amor verdero a la Iglesia como reflejo del amor a Cristo; al fervor apostólico impulsado por la vida teologal que solo el Espíritu Santo puede obrar en el Pueblo de Dios.
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(*) "Las Obras Misionales Pontificias son un importante impulso para la cooperación en la misión (...) Los Papas las han recomendado reiteradamente. (...) Estas obras son:
1) La Propagación de la fe: su cometido consiste en la educación, la formación, la sensibilización y la cooperación misionera de las comunidades cristianas. 
2) La Obra de la Santa Infancia o Infancia misionera: tiene como objetivo cultivar en los niños una conciencia misionera, crear una red solidaria de comunión espiritual con los niños de las regiones más pobres, y despertar vocaciones misioneras.
3) La Obra de San Pedro apóstol: se dedica a la promoción del clero local en las misiones. 
4) La Obra de la Pontificia Unión Misional: se dedica a formar a todos los que tienen que ver con las misiones (sacerdotes, religiosos y religiosas, y laicos)."
 (R. Pellitero, Teología de la misión, Eunsa, Pamplona 2018, pp. 73-74)

 

 

La Iglesia en tiempos difíciles (y II)

Los dos Papas.

Algunos fieles se encuentran desconcertados por voces que piden cambios en la doctrina, en la moral sexual, y en la vocación de los sacerdotes[1].

Presiones para que la Iglesia cambie

Sarah es africano y conoce bien que la solución a la escasez de clero pasa por la oración que pide humildemente a Dios vocaciones nativas, y pasa por ser hombres desposados con una sola mujer, la Iglesia, entregados en cuerpo y alma a todos los fieles. Donde esto se entiende y se predica hay vocaciones sacerdotales como en África donde han aumentado más del 30% en una década; en cambio en la Amazonia hay comunidades sin vocaciones desde hace un siglo.

El papa emérito y el cardenal afirman que más que clericalizar a varones probados o a mujeres acercándolas más al altar, lo que falta es oración y fervor apostólico en la comunidad. En Japón y Corea estuvieron dos siglos sin sacerdotes pero no inventaron atajos, pues fueron los laicos no clericalizados quienes transmitieron la fe desde la familia, con el Evangelio y la Cruz, con la catequesis y la comunidad orante. Ellos tuvieron claro que los sacerdotes de Jesucristo se caracterizan por: ser célibes, amar a la Virgen y obedecer al papa de Roma.

Por tanto la inculturación que algunos occidentales -por ejemplo en Alemania- invocan para la Amazonia, África y otros lugares, no consiste en adaptar el Evangelio, los sacramentos y el sacerdocio a su cultura, sino en transformarla con la fuerza de la gracia: oración, sacramentos, celo apostólico, formación de los laicos, y naturalmente la Cruz.

Claves sobre el sacerdocio

Algunas ideas que se repiten en esta obra son: el desafío eclesiológico actual está en superar la idea de una Iglesia meramente funcional o sociológica. El sacerdocio no es un derecho ni una obligación, ni una aspiración, porque es un don gratuito de Dios. 

El celibato de los sacerdotes no es funcional sino ontológico y esponsal de Jesucristo con su Iglesia. El celibato no se entiende en un tiempo supersexualizado y positivista que no ve a Dios como realidad concreta. Por eso el mundo necesita sacerdotes célibes que sean un potente motor de evangelización. Entre todos -Jerarquía, sacerdotes y fieles- debemos potenciar el carisma femenino en la Iglesia y en la sociedad, con sus cualidades específicas de escucha, acogida, fidelidad, humildad, alabanza y espera, como la Virgen María. Hay que profundizar más en el potencial dinámico de carácter bautismal y de la Confirmación, porque la evangelización y el apostolado es tarea de todos.

Afirma Sarah que: «Entre el sacerdocio y el celibato existe un vínculo ontológico-sacramental. Cualquier debilitamiento de ese vínculo significaría poner en tela de juicio el magisterio del concilio y de los papas Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Suplico humildemente al papa Francisco que nos proteja definitivamente de esta posibilidad vetando cualquier debilitamiento de la ley del celibato sacerdotal, ni siquiera restringiéndolo a una u otra región».

Tres papas en sintonía

En efecto, esta es la enseñanza de los últimos pontífices en continuidad con el Magisterio de la Iglesia:

San Juan Pablo II: «la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia».

Benedicto XVI : «Nuestro mundo, que se ha vuelto totalmente positivista, en el cual Dios solo encuentra lugar como hipótesis pero no como realidad concreta, necesita apoyarse en Dios del modo más concreto y radical posible (..) Por eso precisamente hoy, en nuestro mundo actual, el celibato es tan importante, aunque su cumplimiento en nuestra época se vea continuamente amenazado y puesto en tela de juicio».

Francisco: «Prefiero dar mi vida antes que cambiar la ley del celibato. Personalmente, pienso que el celibato es un don para la Iglesia. Yo no estoy de acuerdo en permitir el celibato opcional».

Después de estas razones ¿habrá quién sea capaz de impulsar el abandono del celibato sacerdotal aunque sea restringido?, ¿habrá quienes sigan confundiendo a las mujeres con el sacerdocio ficción como si fuera una promoción?

Finalmente, en el apartado «A la sombra de la Cruz», esa obra concluye con una sentida oración, que incluye esas palabras: «Jesús crucificado, mira a la Iglesia, tu Esposa. Hazla hermosa y digna de ti. Qu sea conforme a tu corazón. Que todos puedan reconocer en ella tu rostro. Que todos los pueblos por fin reconozcan en ella la única casa común».

 


[1] Robert Sarah. Con Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. Desde lo más hondo de nuestros corazones. Palabra. Madrid, 2020. 175 págs.

 

 

Otras gafas para leer a Tolkien

En estas últimas semanas de confinamiento, os invito a ver este documental (que Siloé Films ofrece solo en estos días en abierto), una parábola de Diego Blanco  basada en El Señor de los anillos, de Tolkien. Quizá muchos no sabrán lo que hay detrás del escritor británico y su monumental y omnipresente obra, por eso el autor del libro Un camino inesperado, de todos los personajes se queda con Gandalf, «en mi vida personal me apareció uno, es de verdad y existe». Diego Blanco encontró un tesoro: «el libro es un poco así. Te pongo una gafas y te doy varias claves».

En una entrevista (que podéis leer aquí), Diego afirmaba:

«Dicen que es el libro el que te elige a ti y no al revés. En mi caso esto no puede ser más cierto. El Señor de los Anillos me ha acompañado desde pequeño. Es verdad que Dios quiso enviarme aquel libro para ayudarme en un momento muy oscuro de mi vida, en una adolescencia muy difícil en la que vivía, como dice la Escritura en “una soledad poblada de aullidos”. Abrirlo entonces fue como abrir el cofre del tesoro. Intuí que la vida no podía ser simplemente un cúmulo de tristeza y soledad como el que estaba viviendo. Me ayudó a comprender que no estaba solo, que Dios me veía, que conocía mi sufrimiento y venía a salvarme. Yo podía tirar el Anillo, vencer al Señor Oscuro. Sonaba real, parecía verdad, me daba esperanza. Leerlo, “exorcizaba” en cierto modo una abrumadora sensación de desamparo, callaba voces crueles. Aquel libro decía que para tirar el Anillo tenía que ir con una comunidad, y yo me preguntaba: ¿dónde está esa comunidad? Imagínate la sorpresa cuando descubrí que lo que aquel libro decía era cierto, que el Anillo realmente existía y la comunidad también. Que El Señor de los Anillos escondía un significado profundamente cristiano y católico, propio de un autor profundamente cristiano y católico.»

 

El «New York Times» sorprende con un hermoso y detallado artículo sobre la unción de los enfermos

El padre Connors se prepara para administrar la extrema unción a un paciente sedado y entubado - Fotos del reportaje del The New York Times

 

10 junio 2020

El New York Times, que no suele ser un periódico amable con la Iglesia católica, ha sorprendido a muchos esta semana con un artículo el 6 de junio detallando el sacramento de la unción de los enfermos y la asistencia de muchos sacerdotes a los moribundos en el contexto del coronavirus, que en la enorme ciudad ha contagiado a más de 200.000 personas y ha causado la muerte de más de 17.000.

El extenso reportaje, firmado por Elizabeth Dias y con hermosas fotografías de Ryan Christopher Jones, se inicia recordando la enseñanza bíblica de la Carta de Santiago: “¿Hay enfermos entre vosotros? Que llamen a los presbíteros de la Iglesia, y que los presbíteros recen sobre ellos, ungiéndoles con aceite. La oración con fe salvará a los enfermos. Si han cometido pecados, sus pecados quedarán perdonados”.

Rezar entre los tubos del enfermo

Pero en tiempos de aislamiento por coronavirus, el rito físico de acercarse a ungir con aceite e imponer manos se ha complicado. El padre Ryan Connors, en el Elizabeth’s Medical Center, pone el aceite bendecido en bolas de algodón y usa fotocopias de los textos litúrgicos para rezar entre los tubos del enfermo, del que sólo sabe su nombre y que la familia lo ha solicitado. La hija del enfermo lo sigue por una pantalla, en otro edificio, y toma de la mano a una compañera de trabajo.

“Durante la pandemia de 1918, muchas iglesias cerraron sin servicios, pero no había duda de que los ministros podían visitar a los moribundos. Un siglo atrás, los sacerdotes respondían a las llamadas de los enfermos de día y de noche, según registraba un periódico católico de la época. Hoy, las enfermeras y doctores, no las familias o líderes espirituales, es más probable que sean testigos de la muerte de una persona”, dice el artículo.

En Boston, más hospitales dejan entrar a los sacerdotes

En Boston, el cardenal O’Malley ha designado un equipo de 21 sacerdotes para que se entrenen y acudan de forma segura a la unción de los enfermos de covid-19. Es una ciudad con mucha tradición católica y muchos de sus hospitales dejan acudir a los sacerdotes que cumplen las normas adecuadas. En otras ciudades de EEUU no les dejan entrar.

El artículo detalla que los ritos finales son en realidad 3 rituales: una confesión final con perdón de los pecados, la unción de los enfermos con aceite e imposición de manos y el poder comulgar. El texto recuerda que Jesús imponía las manos para curar a los enfermos.

El reportaje recoge varios testimonios de familias golpeadas por la enfermedad. Dunia Barrios, que no es católica, hizo venir a un sacerdote cuando su padre llevaba ya 2 semanas entubado y sedado, porque él sí lo era. Incluso si el enfermo está inconsciente, plantea, “a veces te preguntas, desde un punto de vista religioso, ¿cuán inconscientes están? ¿Pueden realmente oírte? La ciencia te dirá algo, pero hay algo más que ciencia.”

La familia de Elvira Arbusto, que murió sola en una residencia en abril, con 95 años, explica su sufrimiento sabiendo que ella moría a solas, sin conseguir ni introducir un sacerdote ni conectar por vídeo o internet.

A veces, el enfermo se cura

Otro caso es el de la familia de Addis Dempsey, sedado y entubado en Saint Elizabeth, cuando el padre Bill Williams le aplicó la unción de los enfermos a principios de mayo. “No es magia, es una llamada de los fieles a Dios, diciéndole, ¡Dios, necesitamos un abrazo ahora mismo!”, explicaba el padre a los parientes. Pero el caso es que pocos días después Addis Dempsey estaba desentubado y ya podía hablar por teléfono. Su familia cree que Dios ayudó en su recuperación.

El padre Barnes comenta al periódico: “a menudo piensas ‘esta persona va a estar en el cielo después de hablar conmigo’”. Los últimos ritos se aplican en estos casos a aquellos que están a punto de cruzar el umbral a la otra vida. “Es el momento más significativo, el que nos define, cómo morimos”.

Vivir bien es prepararse para la muerte

El padre Thomas Macdonald tiene la experiencia de que con frecuencia las enfermeras se unen a rezar con él por los pacientes en cuidados intensivos. “Vivir bien requiere prepararse para la muerte, reconocer que la muerte es parte de nuestro destino humano. Sin creer en Dios, sin creer en un propósito verdadero para nuestra vida, no sé como se hará”, comenta.

El reportaje finaliza detallando la oración del padre Connors con el señor Barrios inconsciente, que moriría tres semanas después. Una lectura del Evangelio de Mateo (“venid a mí los cansados y agobiados”), una absolución del pecado, la bola de algodón con aceite en la frente, las palabras… “Con esta santa unción, que el Señor en su amor y clemencia te ayuden con la Gracia del Espíritu Santo”. El algodón más adelante será quemado. Finaliza con una petición a la Virgen: “Santa María, Madre Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén”.

 

 

  ¡Todo está bien!

 

          Nos cuesta entender que todo tenga una razón de ser. Nuestra capacidad de comprensión para abarcar hechos concretos es limitada. Debido a esa limitación, una de las formas de ignorancia, -quizás la más común-, sea juzgar o etiquetar hechos y personas, de una forma o de otra: bien o mal, justo o injusto, blanco o negro.

         Los acontecimientos más incomprensible, sean raros o habituales, son como son, antes de que el observador les ponga su etiqueta. Nada de lo que acontece, está pendiente de lo que pueda opinar cualquiera; no esperan el juicio de aprobación o de repulsa de quien pueda verlo en directo, escucharlo de alguien que relata, o verlo al cabo de cierto tiempo en las televisiones o en las redes sociales.

         Si algo tuviera que esperar "el juicio" de otro para "ser o acontecer", el observador, sería más importante que "el hecho en sí". Sería absurdo. Habría tantos juicios como seres pensantes; cada cual tendría su particular punto de vista y el acontecimiento en sí, no tendría razón de ser o de producirse. (Es como si el pirómano tuviera poder sobre las condiciones en las que debe actuar el bombero; el juez sobre la actuación de un delincuente; el inventor esperar para realizar un invento a que alguien juzgue de su utilidad para el progreso de la humanidad). Nada se haría.

        Así pues,  solo se trata de ser libres, coherentes, hacer y decir lo que se piensa, con claridad y ética, sin tomarse nada personalmente y sin suposiciones. Sabiendo que la libertad del otro comienza, donde termina la mía, o viceversa. La verdad hace libres.

         Todo tiene un por qué y un para qué, independiente de que alguien lo apruebe o desapruebe, lo ignore o lo comprenda, (sea un acto de ayuda humanitaria, levantar a quien está caído, educar a los niños, sanar al enfermo o un acto de agresión o vandalismo).

         Lo que sucede, hasta el mínimo detalle, está ahí por algo; ayuda a la evolución y al crecimiento personal. ¡Todo! Sin prejuicios, ni juicios. Los actos de cada uno, nos han traído a dónde estamos y a lo que somos.

         ¡Es más simple destruir un átomo que un preconcepto! Sin conocer a las personas, es posible equivocarse al juzgar. Ver un ejemplo.

https://youtu.be/cDFOolOhZAw

         Por supuesto no estamos obligados a ver lo que otros ven, ni pensar lo que otros piensan. Hay que atreverse a ser, pensar y actuar, como somos; más que iguales,  somos únicos, distintos, diferentes. Debemos crecer en todo momento como tales, para crear un mundo diferente.

            Vivir, aceptar, hacer lo que se crea que se debe hacer, ayudar, escuchar o simplemente estar, son activos. Respetar al otro y no hacer mal, no restar, no contaminar, ni dañar. Conscientes de ser y valer, sin humillar. Ser positivo en cada instante, sumar, colaborar, disfrutar, argumentar. Educar a las futuras generaciones para que cada uno se conozca y haga lo máximo que pueda. El bien se difunde. No todo vale, ni da igual todo.

             El karma existe. Es una ley no escrita, que establece que nuestras acciones físicas, verbales, mentales, son "causas" y nuestras experiencias, "sus efectos". Ciertas filosofías y ciertas religiones, enseñan que si haces mal, te irá mal (antes o después), si procuras hacer el bien, éste volverá a tu vida, incluso multiplicado. Dicho de otro modo:"Recibes lo que das, ya sea bueno o malo”.

           Steve Jobs compartía su experiencia: "tienes que confiar que los puntos (de tu vida) se conectarán en el futuro, de alguna forma; tienes que creer en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Este enfoque nunca me ha dejado de caer".

           En uno de los libros  de  François Revel, explicó: "El mundo está gobernado por la mentira", pero no estamos obligados a callar, ni consentir. Sería entrar en el juego.

         Así que: "Nada te turbe, nada te espante", decía Teresa de Jesús. Se acabaron las preocupaciones.  Se trata de vivir, solo eso; con honestidad y si es posible con una perspectiva de altruismo. Necesitamos de los demás para descubrir lo que somos, no para reafirmarnos en nuestro ego.

         El mundo en general, está dominado por la mentira y la imposición. Vivimos un tiempo de emergencia sanitaria, y unas disposiciones si no contradictorias, surrealistas. El aire está más limpio, pero se nos obliga a usar mascarilla; las carreteras están vacías, pero no podemos hacer viajes para visitar ni siquiera a la familia; el combustible ha bajado de precio, pero... estamos confinados; se recomienda lavarse las manos, pero no podemos estrecharlas; tenemos más tiempo para estar juntos, pero no podemos juntarnos; mucha gente que tenía trabajo, lo ha perdido o no puede trabajar;  así que los que tienen dinero no pueden gastarlo y quien no lo tiene no puede ganarlo y tienen que  ser ayudados con una subvención del "ingreso mínimo vital".        

        Asumir la imperfección, no es dejarse manipular ni engañar.  Hay quienes tratan de  imponer ideas, ideologías, políticas, y juicios. Pretenden uniformar para dominar. Tratan de cuadricular para hacer encajar y  ser los amos. No hay que ignorarlo.

        Ser lo que somos es muy enriquecedor, porque somos más que apariencia, somos, sobre todo, esencia. Ser, es vital: diferente, único. Lo cual no es fácil ver.

https://youtu.be/NSwXJby5bdI

         La vida y la verdad van por el mismo camino. La verdad, es "la herida que más escuece", pero hay pocos que están dispuestos a buscar, escuchar y encontrarla, porque la autosuficiencia, la ignorancia y la arrogancia, son tres síntomas de quien ha conseguido un estatus de poder.

          Como ejemplo, en los evangelios se dice que Pilatos preguntó a Jesús: "¿Así que tú eres rey? Jesús respondió: Tú dices que soy rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.  Pilatos le preguntó: ¿Qué es la verdad? Y habiendo dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo: Yo no encuentro ningún delito en El" Jn 18,37-38. Una pregunta clave, pero no prestó atención, ni se entretuvo en escuchar la respuesta. Confiesa públicamente que Jesús "es inocente", pero lo entrega como si fuera culpable, para que lo crucifiquen.

          En las relaciones humanas, no son pocas las oportunidades en las que estamos muy lejos de escuchar a nuestro interlocutor. La suposición no es ni más ni menos que la idea que uno tiene sobre el por qué de una acción, gesto o verbalización del otro. Claudio Naranjo apuesta por una educación sanadora para transformar la sociedad.

https://youtu.be/WwY4cz9xQXg

          La pandemia nos ha mostrado casi como "fantasmas" que  escuchan sin sentir, viven viendo morir, nos hablan de número de fallecidos, no de personas...como si solo necesitáramos contar o pensar. Se nos trata como a niños, porque la crisis de educación, no es una crisis entre otras.

           Profesores, padres, autoridades políticas y religiosas, tenemos que asumir que los niños, y los ciudadanos en general "no son sacos vacíos que hay que llenar de algo porque no saben nada". Es un error. Son únicos. Tienen instinto, tienen intuición. Saben. Hay que escuchar a los niños y a los adultos para descubrir a las personas, los valores y los principios de convivencia. Los talentos, se descubren y se potencian, cuando se ejercitan. Eso redunda en beneficio personal y social.

        Los políticos no han tenido la claridad ni las convicciones necesarias para superar la trifulca ideológica y partidista. Horas hablando, al lado de galones y medallas, para dar sensación de autoridad, sin decir nada.  Los debates en el Congreso han sido un diálogo de sordos; la pobreza intelectual que demuestran, lejos de poner las bases para levantar el país, lo llevan a la ruina  económica y moral.

          Nos prefieren callados. Nos quieren manipulables. Pero los derechos humanos y los constitucionales, deben ser respetados. Las personas todas, merecemos un respeto, tenemos dignidad. Sacrificar algo por alguien, no es fácil. Lo verdaderamente interesante es encontrar a quien merezca ese sacrificio.

         Tras los fallecimientos de tantas personas queridas, en los últimos meses,  tal vez sea bueno escuchar a alguien que nos enseñe a vivir sin miedo a nada, ni al Covid-19. Tampoco a la muerte. Somos más que cuerpo físico y mental, somos espíritus. Nuestra parte corpórea tiene fecha de caducidad, pero eso no es el fin. ¡No podemos desaparecer! Es algo que necesitamos recordar.

       Antonio Gómez Martín, de Cáceres, es una persona que está "de vuelta". Habla un lenguaje cercano y comprensible para todos; en una entrevista concedida a Mariano Sörensen en "El Nuevo tiempo", dice, y repite: "¡Todo está bien!". Coincide con el título del artículo, y no es casualidad.

        Creo que a todos, pero especialmente a quienes han perdido algún ser querido, les puede llevar un poco de esperanza. ¡Ojalá!  Ver el enlace.

https://youtu.be/HD87s5EqgDc?list=RDCMUCjKJl7kurMFc5zR_vMc1IOQ

José Manuel Belmonte

 

 

La familia como remedio a las dificultades

 

Sobre la revitalización de la familia descansará la sociedad que saldrá de este acuartelamiento siendo más fuerte, más unida, con una mayor identidad y armonía

El pilar que puede mantener unido a un mundo que se desmorona, es la familia cohesionada y el individuo virtuoso.

Gran parte del mundo se encuentra esperando el retorno a la vida “normal” (si es que aún cabe la posibilidad de que ésta vuelva), y así como se observa derrumbada la soberbia del mundo moderno que cedió frente a un virus minúsculo y letal, se advierten ya los profundos cambios que se anuncian para el futuro: un distanciamiento social extendido, la economía estancada, la imposibilidad de rescatar a todas las empresas de su inminente quiebra, el temor de un eventual rebrote y la modificación de la hegemonía geopolítica, que pareciese ir inclinándose a favor del gigante asiático.

Así como los científicos nos señalan que no estábamos preparados para la pandemia (pues siempre es fácil indicar las falencias que sufre un sistema, una vez que estas quedan expuestas), me parece que tampoco estábamos preparados para la cuarentena a la que irremediablemente quedamos sometidos.

Se ha repetido hasta el cansancio que el mundo globalizado produciría el aislamiento de los individuos dentro de la familia; que el mundo materialista, fabricaba generaciones sin capacidad de padecer con fortaleza las dificultades; que la falta de principios producía superficialidad y volatilidad en las personas; que la carencia de líderes desorientaba a las sociedades; que el asco a la Cruz ensalzaba el hedonismo; que países sin un norte claro se paralizan en la indecisión; y que parecía que en general, la humanidad completa, se distraía entre todo el ruido y frivolidad incesante.

Quizás, esta es justamente la pausa, el silencio
y la reflexión que estábamos necesitando

Hoy nos encontramos en casa, algunos añorando la presencia de seres queridos que no podemos ver, y algunos otros, quizás, cansados de la apretada convivencia familiar. Pero, si algo nos ha enseñado esta cuarentena, es que este es el momento para amar más al que tenemos cerca, y valorar a los que están lejos. Estas circunstancias pueden ser el remedio del individualismo que se venía incubando en todo el mundo y que también configuraba nuestras vidas. Si bien la pandemia es momento de crisis, no por ello no puede ser fructífera y quizás, esta es justamente la pausa, el silencio y la reflexión que estábamos necesitando.

La cuarentena puede ser −para todos− una oportunidad de acercarse al otro, de ejercitar las virtudes y tener paciencia con los defectos; para que la vida familiar no sólo se tolere, sino que se disfrute, para que los padres escuchen a sus hijos y los hijos aprendan de sus padres, este puede ser un momento para aprender algo nuevo, para ayudar, solidarizar, y para volver los vínculos familiares más sólidos y auténticos. Sobre la revitalización de la familia descansará la sociedad que saldrá de este acuartelamiento siendo más fuerte, más unida, con una mayor identidad y armonía.

No pretendo pintar un mundo idílico de total alegría, como si el crecimiento durante el encierro fuese la única solución al egoísmo campante; pero sí puede ser el comienzo de su derrota. Cuando salgamos a las calles seguirán existiendo diferencias políticas y religiosas, podrá haber culpables y negligentes frente a esta crisis, algunos irresponsables que habrán contribuido al contagio, podrá haber angustia o falta de trabajo; y frente a todo aquello, el pilar que puede mantener unido a un mundo que se desmorona, es la familia cohesionada y el individuo virtuoso.

Es por eso que es absolutamente necesario, ante las dificultades que se anuncian por venir, que estemos preparados y que la unión familiar sea la mayor conquista para sobrellevar actuales y futuros tiempos de dolor.

Es vital que estos momentos excepcionales sean visto como oportunidad de volver hacia adentro, hacia el entorno familiar y hacia nosotros mismos, para encontrar, dentro de nosotros, no sólo valentía, heroísmo o altruismo, sino que incluso, encontrar la luz de Dios, que sobre todo, ante el dolor, es Maestro, Padre y Amigo.

Magdalena Moncada

 

 

Un aplauso a la familia

 

Donde hemos estado seguros ha sido con los nuestros. Y echamos en falta a los amigos

Ahora que se va abriendo el confinamiento y voy hablando con amigos y conocidos, estoy emulando a Tezanos con mi propia encuesta. Suelo preguntar si han aprovechado el encerramiento para pensar, para hacerse preguntas y qué han sacado en claro. Me ha gustado ver que la mayoría valoran más la familia y los amigos, tanto adultos, como jóvenes y niños. Así que con todo el miedo que nos han hecho pasar, lo que nos ha salvado ha sido la familia. Donde hemos estado seguros ha sido con los nuestros. Y que lo que más echamos en falta es poder estar con los amigos.

No está nada mal. Esto nos abre un panorama muy esperanzador. Habría que salir todos los días a los balcones a decir que estamos encantados con tener una familia y darle un sonoro aplauso. A pesar de cierto empeño soterrado de las modernidades de desdibujar la familia, el hombre sabe que lo importante es el amor: poder amar y ser amado. Que la amistad, una especie preciosa de amor, nos sigue atrayendo. Y digo que esto es muy tranquilizador, porque hiere de muerte a los enemigos de la familia, de la humanidad: las ideologías; las fuerzas oscuras, que las hay; la tiranía del relativismo; el individualismo ciego. Fuerzas que triunfarían en caso de lograr matar el amor, de aislarnos para que solo pudiéramos “amarnos” a nosotros mismos.

Pero la gran mayoría ha redescubierto estos días lo bien que se está en casa, lo agradable que es jugar con lo hijos, ver una película juntos, pasar un rato en familia jugando al parchís... Incluso haber tenido tiempo para pelearse. Hemos echado de menos a los abuelos, a los hermanos o a los primos. Hemos añorado nuestras bulliciosas reuniones familiares, los paseos con los amigos, tomar una cerveza. No estamos hechos para la soledad, es estupenda la compañía. Es verdad que también han aumentado los roces, que los defectos han sido más patentes, pero esto es normal. No somos Superman o Superwoman, somos de carne y hueso, con limitaciones; nuestra familia no es la ideal, pero es maravillosa porque es real. Siempre está ahí, a mi lado compartiendo los buenos y regulares momentos.

Hoy nos dice Jesús en el Evangelio: “Si me amarais”. Es lo que nos implora Dios, lo que nos pide: ¡un poco de amor! Lo que debe caracterizar a los hijos de Dios, es el amor; porque Él es Amor. Dios es familia, Trinidad. Un solo Dios y tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios no sabe, ni quiere, ni puede estar solo. Porque al ser amor, es relación, fuente de vida. Y el “paraíso” del individualismo, del confinamiento, de la soledad, es el infierno, es vivir sin amor y estar condenado al averno. “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”, esto es: amar es pensar en el otro, hacerle caso, tenerle en cuenta, agradarle. Por lo contrario, hacer mi voluntad, buscar mi provecho, salirme con la mía, usar y tirar, no querer que me molesten, imponerme… no son signos de amor, ni a Dios, ni a los demás. Es egoísmo.

“No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros”. El Señor va preparando a los suyos para su partida al Cielo. Conmueve su cariño, su cercanía. Volveré, estaremos juntos. Te protegeré con mi Amor, con mi Espíritu. Es lo que queremos, estar con los que amamos, buscar su compañía. Cuidarles y llenarles de amor, de ese cariño que es imaginación, inventiva, para sorprenderles, para agradarles, servirles y que se sientan valorados. No es renunciar a lo nuestro, el amor no es renuncia; es ganancia: hacerte feliz es mi dicha. Cuando en el entorno familiar, o conyugal, salen a relucir demasiado los derechos, las exigencias, es señal de que mi capacidad de amar ha enfermado.

Podemos aprovechar este tiempo que el Cielo nos regala para hacer familia. Para construir la familia, para enseñar a vivir en familia. Y esto no es cuestión del gobierno, ni de la escuela. Es una tarea del hogar. Dice Scott Hahn: “No podemos controlar la clase de sociedad con la que tendrán que lidiar nuestros hijos, pero sí podemos influir en la clase de hijos católicos con los que tendrá que lidiar nuestra sociedad. En otras palabras: lo que estamos haciendo es transmitir hijos a nuestra sociedad, y no transmitir una sociedad a nuestros hijos”. Si las familias aportan hijos que se saben queridos, llenos de valores, fuertes y con criterios, serviciales, entonces cambiaremos el mundo.

Y esto lo haremos como dice el primer Papa: “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto”. Escuchaba de un potente “influencer” que, lo que cambiará la marcha del mundo no será la tecnología, ni la economía, sino la benignidad. Siempre con respeto, ahogando el mal con abundancia de bien, sin entrar al trapo de la confrontación. Aplaudiendo las bondades de la familia.

Juan Luis Selma, en eldiadecordoba.es.

 

 

Que Europa sea ella misma

Como nos ha recordado el Papa Francisco, con motivo de los 70 años de la Declaración Schuman, aquel sueño hecho realidad sigue siendo inspirador y ha de inspirar ahora a quienes, en este momento incierto de la historia, tienen que afrontar, como responsables políticos, las consecuencias sociales y económicas de la pandemia y hacerlo con un espíritu de armonía y cooperación.

En este sentido, el Papa nos invitaba a rezar especialmente por Europa. Necesitamos volver a las raíces; que Europa sea ella misma, como clamó san Juan Pablo II; que redescubra sus raíces cristianas para afrontar los grandes desafíos que tiene por delante; y que, desde esas raíces, sepa aprovechar la situación de prueba para apartar cualquier tentación de división y enfrentamiento, y apostar en su lugar por una unidad fraterna, que, desde la legítima y necesaria diversidad, posibilite el crecimiento de todos los pueblos.

José Morales Martín

 

 

Fe y caridad

El pasado día 5 se ha presentado la Memoria de actividades de la Iglesia Católica en España durante 2018, sin duda que ha sido ocasión para pasar revista también a la múltiple respuesta eclesial al drama provocado por el coronavirus. Como dice en su carta de saludo el Presidente de la CEE esta Memoria nos permite tomar conciencia de la amplitud y variedad de tareas que nacen de la fe vivida por el pueblo cristiano, una fe que actúa mediante la caridad y sostiene la esperanza del mundo, como estamos teniendo la oportunidad de comprobar en estos meses de crisis provocada por la pandemia del Covid 19.

Suso do Madrid

 

 

“Para hacer felices a los demás”

Quizá al estar escondidos tras ese artilugio blanco o de colores poco lúcidos, hemos reflexionado sobre el valor tan grande de la sonrisa. Lo expresa bien Lovasik, en su memorable libro sobre la amabilidad: “Una sonrisa cuesta poco y hace mucho. Enriquece a quienes la reciben y a ti no te hace más pobre. Aporta felicidad al hogar y fomenta benevolencia entre los hombres. Es un descanso para el fatigado, luz para el abatido, un rayo de sol para el triste y el mejor remedio de la naturaleza contra las preocupaciones” (p. 59). De esto ya no tenemos.

Quizá es el momento para reflexionar un poco sobre cómo es nuestra amabilidad con las personas con quienes convivimos, con quienes nos cruzamos. Porque a veces estamos tan preocupados por el trabajo, por la familia, por salud, que no te das cuenta del careto lúgubre que llevas por la vida. Por eso es recomendable mirarse alguna vez al espejo, cuando vas a salir de casa, para ver que ven los otros. No sea que no te des cuenta y estés de susto.

“La sonrisa es uno de los mejores medios de que dispone la naturaleza para hacer felices a los demás. Entre los rasgos más atractivos del carácter de alguien está esa sonrisa cálida y sincera que nace de dentro” (p. 59). Ahora de esto no tenemos. Y al echarlas en falta puede ser la ocasión de reflexionar sobre el tema y valorarlas.

Enric Barrull Casals

 

 

También en los países occidentales

Pero quizá nadie podía imaginar que los países occidentales, felices en su Estado del bienestar, fuesen golpeados también por el virus de la desnutrición, que afecta a un número creciente de ciudadanos: es una consecuencia del aumento de la pobreza causado por la pandemia del covid-19. La FAO, responsable internacional de la agricultura y la alimentación, con sede en Roma, ha calculado, a partir de la actual recesión del 3%, el número de personas que se sumaría a las 820 millones que padecen ya hambre: 38,2 millones si la contracción alcanza el 5% y hasta 80,3 millones si disminuye en un 10%.

No es fácil imaginar las calles de Ginebra, una de las capitales más ricas del mundo, con “colas” de cientos de metros cada sábado para recibir cestas de alimentos. Como tampoco la expansión de la pobreza en Nueva York. Su alcalde, Bill de Blasio, retrasó todo lo que pudo el cierre de las escuelas de la ciudad, porque tenía una gran preocupación: la alimentación de los niños de los barrios desfavorecidos, a veces reducida a lo que reciben en las escuelas públicas. Cada día, el ayuntamiento distribuía 600.000 comidas y 250.000 desayunos en casi 2.000 establecimientos. En marzo se estableció un sistema para proporcionar alimentos a pesar del cierre de las escuelas: comidas para llevar a las 7.30 y a las 13.30 horas, disponibles en los centros escolares para los menores de 18 años. La organización se inspira en la adoptada durante las vacaciones de verano: 450 puntos de distribución donde la demanda de ayuda alimentaria es elevada. Finalmente, los servicios de la ciudad añadieron la distribución de una cena, con posibilidad de menús vegetarianos, halal, kosher, etc.

Jesús D Mez Madrid

 

 

Diálogo con un lector, los militares protestan y más cosas

 

UN DIÁLOGO ENTRE UN LECTOR Y YO EN UN FORO: 03-06-2020: Dice él:

“La España del delincuente Torra, del asesino Otegi, el prófugo Puigdemont, el bolivariano Iglesias, la  Colau y sus "okupas" apestando de Norte a Sur, el presidente ilegítimo y embustero compulsivo, los ERES, los golpistas, subvencionados vagos como la quijada de arriba, las locas del coño, la ideología de género, las amantes enchufadas... esa España, si nadie lo remedia, se irá... a la mierda (con perdón).

Respondo yo: Yo creo que ya estamos...o en caída libre para llegar. Y lo terrible es que la que se denomina oposición, son ni más ni menos como los que se sientan en el gobierno, todos van a "su panza y su bolsillo" y mientras España se derrumba... ¿merecerá seguir votando? ¿A quién?

Añade él: Le voy a responder, D. Antonio. Cada vez merece menos la pena seguir votando, es cierto y ¿a quién?, pues tampoco sabe uno a ciencia cierta a quién, porque, como usted dice, cada uno arrima es ascua a su sardina. Hace mucho que priman los intereses personales o partidistas que los intereses de los españoles.
Tal como está actualmente la política en España, los resultados electorales son convenientemente manipulados para que gobierne la coalición que los políticos quieran. La derecha disgregada. La izquierda social-comunista en coalición o con apoyos de los separatistas y de los bildu/etarras. ¿Cuál es el resultado?: Un país cada vez más separado en lo social y cada vez más arruinado en lo económico. Mal futuro para nuestros hijos y nietos, si esto no se remedia. Voy a hacer una postdata. Hace bastante tiempo que he llegado a la conclusión de que, sin la clase política, España funcionaría muchísimo mejor, de todas, todas; y no les echaríamos nada de menos. ¿Usted está de acuerdo?
Concluyo:  yo: No puedo estar de acuerdo puesto que una nación o municipio, NECESITA ADMINISTRADORES; por tanto esa necesidad es ineludible, pero lo que sí es monstruoso, es mantener EL EJÉRCITO DE CHUPÓPTEROS O SANGUIJUELAS, que nos obligan a mantener, por tanto hay que reducir al máximo, el personal a elegir y luego ponerle coto, para que no pueda tener poder para enchufar a la plaga que padecemos. ¿Cómo? Para mí es simple; ELEGIR SÓLO A LAS CABEZAS DE GOBIERNO; y luego limitarle el número de ministros, concejales, secretarías etc. El resto deben ser EMPLEADOS PÚBLICOS, y PUESTOS A CONSEGUIR MEDIANTE OPOSICIONES HONRADAS Y DIFÍCILES DE LOGRAR; puesto que si hay que nombrar a alguien que se preocupe de la pesca, ganadería, minería, trabajo, etc., TIENE QUE SER EL MEJOR DE LOS TÉCNICOS QUE SEPAN DE ELLO; y es claro que todos vigilados muy bien, por leyes y jueces ante las que han de responder con su responsabilidad. No hay sistema perfecto, pero con estas normas, se limita al máximo la corrupción, puesto que para corromper o sobornar, SE NECESITAN DOS Y ELLO SE DESCUBRE CON GRAN FACILIDAD. Es claro que esto que expongo, es un simple boceto. Igualmente el empleado público no puede serlo de por vida, y si tiene un fallo o delito, tipificado, debe ser echado a la calle, como se echa a cualquier otro empleado de la empresa privada. UN GOBIERNO NO ES OTRA COSA QUE UNA EMPRESA MÁS Y COMO TAL, HAY QUE TRATARLA SIEMPRE.

 

“Los militares se plantan por sus "salarios paupérrimos" y alientan a tomar las calles en sus protestas: La equiparación salarial para policías y guardias civiles aumenta la brecha sobre lo que ingresa un soldado al término del mes. Una sentencia del Tribunal Supremo abre las puertas a las manifestaciones”. (Vozpópuli 04-06-2020)

Es lógico, viendo cómo se "tira el dinero público" y cómo se beneficia a amigos y asesores, creándose incluso nuevos puestos para cederlos a amigos (como hoy mismo dice este periódico) pues no me extrañaría, que los enterradores, sepultureros y demás empleos "alrededor de los muertos", y con el pretexto del mayor trabajo por la plaga del virus chino, se declaren en huelga pidiendo sueldos más altos; "los sepultureros también son empleados públicos". Pobre España como ya la tienen y la van a dejar. Amén.

 

“EL RESTAURANTE OFRECE A SUS CLIENTES UN VINO ILUSTRADO CON EL LÍDER DEL PSOE Y PODEMOS EN PRISIÓN”: Un asador de Marbella ‘expulsa’ a Pedro Sánchez y sus ministros utilizando el ‘derecho de admisión’. El establecimiento es reconocido en toda España por su férreo rechazo al Gobierno del PSOE y Podemos. (Periodista Digital 05-06-2020).

            Es algo insólito y que tiene lugar en Andalucía; pero tiene el arrojo y valentía de enfrentarse no sólo a un gobierno, sino también a unos partidos, que considera indeseables, como lo consideramos muchos españoles; pero ya digo, es algo insólito, en esta borreguil España, que, “habla mucho, pero a escondidas, no vayan a caparlos”. Conozco otro restaurante en igual costa, en Torre del Mar, que ameniza a sus clientes con discos como por ejemplo elogiosos a la Legión Española, y que en las emisoras y televisiones españolas, llevan décadas proscritos; y es curioso, tiene muchísimos clientes que acuden y arropan, “la peculiar discografía”. Es el, “Villamar” cerca del faro de dicha población, o pedanía de Vélez Málaga.

 

POLÍTICA Y JUSTICIA: "La ley es como una red que atrapa las moscas y deja pasar a los pájaros". La política se creó para "legalizar" la corrupción. (Anacarsis. siglo VII a.C.) Otro sabio sentenció lo que sigue: “La mayor pobreza es la del juez que alquila o vende su toga”. “La verdad es la herida que más duele… y no cicatriza”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)