Las Noticias de hoy 8 Junio 2020

Enviado por adminideas el Lun, 08/06/2020 - 12:24

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 08 de junio de 2020   

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: Fiesta de la Santísima Trinidad

Ángelus: Cercanía del Papa a los enfermos del coronavirus

Mes de junio y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús: Alejandro Vázquez-Dodero

LA MISERICORDIA DIVINA: Francisco Fernandez Carbajal

“Serenidad ¿Por qué has de enfadarte?”: San Josemaria

“Alexa, abre el Evangelio con san Josemaría”

Conocerle y conocerte (III): En compañía de los santos: Carlo de Marchi

Fiesta de la Santísima Trinidad 2020: Josefa Romo Garlito

Retiro de junio #DesdeCasa

La dignidad de ser hombre o mujer: Juan José Corazón Corazón

Sanz Montes: “Me da pena cuando veo esa especie de esperpento en el ruedo político”

¿Existe el derecho a morir?: José Miguel Serrano Ruiz-Calderón

¿Por qué estamos obligados a seguir las normas establecidas por Dios?: Acción Familia

El hombre Mediocre: Ernest Hello

Qué hacer con la flojera: Silvia del Valle Márquez

¿Dejar que nazca una criatura deformada o abortarla?

Las residencias de mayores: Jesús D Mez Madrid

Suicidio demográfico: Jesús Domingo

La Virgen acompañó a Juan Pablo II: Juan García. 

¿A qué obedece la retirada del concierto a la diferenciada?: Valentín Abelenda Carrillo

El turismo español, la bandera nacional y otros desastres: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

ROME REPORTS

 

 

 

Ángelus: Fiesta de la Santísima Trinidad

Palabras del Papa antes de la oración

JUNIO 07, 2020 13:12RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 7 junio 2020).- Desde la ventana del estudio del Palacio Apostólico del Vaticano que da a la plaza de San Pedro, el Papa invitó a la multitud dispersa, aún cautelosa después del desconfinamiento italiano, a “dejarse seducir nuevamente por la belleza de Dios”.

Una belleza, dijo, “cercana, que se hizo carne para entrar en nuestra vida, en nuestra historia, en mi historia, en la historia de cada uno de nosotros, para que cada hombre y mujer puedan conocerla y tener vida eterna”.

A continuación, ofrecemos las palabras íntegras del Papa Francisco antes de la oración mariana, este domingo, 7 de junio de 2020:

***

Palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El evangelio de hoy (cfr. Juan 3, 16-18), fiesta de la Santísima Trinidad, muestra, –en el lenguaje sintético de Juan– el misterio del amor de Dios al mundo, su creación. En el breve diálogo con Nicodemo, Jesús se presenta como Aquél que lleva a cabo el plan de salvación del Padre para el mundo.

Afirma: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único” (v. 16). Estas palabras indican que la acción de las tres Personas divinas –Padre, Hijo y Espíritu Santo– es todo un plan de amor que salva a la humanidad y al mundo.  Un plan de salvación, de amor. Dios ha creado al mundo bello, bueno, pero el mundo está marcado por la maldad y la corrupción; nosotros, hombres y mujeres, somos pecadores, todos; por lo tanto, Dios podría intervenir para juzgar el mundo, para destruir el mal y castigar a los pecadores. En cambio, Él ama al mundo, a pesar de sus pecados; Dios nos ama a cada uno de nosotros incluso cuando cometemos errores y nos distanciamos de Él. Dios Padre ama tanto al mundo que, para salvarlo, da lo más precioso que tiene: su único Hijo, que da su vida por la humanidad, resucita, vuelve al Padre y, junto con Él, envía el Espíritu Santo. La Trinidad es por lo tanto Amor, completamente al servicio del mundo, al que quiere salvar y reconstruir.

Cuando pensemos en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, pensemos en el amor de Dios, sabemos que Dios me ama, que nos sentimos amados por Él, este es el sentimiento de hoy.

Al afirmar Jesús que el Padre ha dado a su Hijo unigénito, recordamos espontáneamente a Abraham, quien ofrecía a su hijo Isaac, como narra el Libro del Génesis (cf. 22, 1-14): ésta es la “medida sin medida” del amor de Dios. Y pensemos también en cómo Dios se revela a Moisés: lleno de ternura, misericordioso y piadoso, lento en la ira y lleno de gracia y fidelidad. El encuentro con este Dios animó a Moisés, quien, como nos dice el libro del Éxodo, no tuvo miedo de interponerse entre el pueblo y el Señor, diciéndole: “Aunque sea un pueblo de dura cerviz, perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y recíbenos por herencia tuya” (34, 9) y así hizo Dios enviando a su Hijo, nosotros somos hijos en el Hijo con la fuerza del Espíritu Santo, nosotros somos la herencia  de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, la fiesta de hoy nos invita a dejarnos fascinar una vez más por la belleza de Dios; belleza, bondad e inagotable verdad. Pero también humilde, cercana, que se hizo carne para entrar en nuestra vida, en nuestra historia, en mi historia, en la historia de cada uno de nosotros, para que cada hombre y mujer pueda encontrarla y obtener la vida eterna. Y esto es la fe: acoger a Dios-Amor que se entrega en Cristo, hace que nos movamos en el Espíritu Santo, dejarnos encontrar por Él y confiar en Él. Esta es la vida cristiana, amor, encontrar a Dios, buscar a Dios y Él es el primero que nos busca y nos encuentra ante todo.

Que la Virgen María, morada de la Trinidad, nos ayude a acoger con un corazón abierto el amor de Dios, que nos llena de alegría y da sentido a nuestro camino en este mundo, orientándolo siempre hacia la meta que es el Cielo.

 

Ángelus: Cercanía del Papa a los enfermos del coronavirus

Palabras después del Ángelus

JUNIO 07, 2020 14:26RAQUEL ANILLOANGELUS Y REGINA COELI

(zenit – 7 junio 2020).- Después de la oración mariana desde la ventana de su estudio, el Santo Padre se ha dirigido a los fieles presentes en la plaza de San Pedro para saludarlos invitando a orar por los enfermos del coronavirus del mundo. “Deseo expresar mi cercanía a esas poblaciones, a los enfermos y sus familias, y a todos los que los cuidan. Con nuestra oración acerquémonos a ellos”.

También en este mes dedicado al Sagrado Corazón nos invita a rezar una antigua oración que aprendió de su abuela y decía así: “Jesús, haz que mi corazón se asemeje al tuyo”, “¡que linda oración!, haz mi corazón semejante al tuyo”, añadió.

He aquí las palabras del Papa después de la oración mariana:

***

Palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas:

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos: a los fieles individuales, las familias y las comunidades religiosas. Vuestra pequeña presencia en la plaza es un signo de que la fase aguda de la epidemia está superada en Italia, aunque la necesidad de seguir con las normas vigentes sea aún necesaria, estad atentos, no canten victoria aún, hay que seguir con las normas vigentes porque son normas que nos ayudan a evitar que el virus vaya adelante. Gracias a Dios estamos saliendo del centro más fuerte, pero siempre con las indicaciones que nos dan las autoridades. Pero, lamentablemente, en otros países, pienso en algunos, el virus sigue cobrándose muchas víctimas. El viernes pasado en un país falleció una persona por minuto, es algo terrible. Deseo expresar mi cercanía a esas poblaciones, a los enfermos y sus familias, y a todos los que los cuidan. Con nuestra oración acerquémonos a ellos.

Este mes de junio está dedicado de manera especial al Sagrado Corazón de Cristo, una devoción que une a los grandes maestros espirituales y a la gente sencilla del pueblo de Dios. En efecto, el Corazón humano y divino de Jesús es la fuente de donde siempre podemos obtener misericordia, perdón y ternura de Dios. Podemos hacer esto reflexionando sobre un pasaje del Evangelio, sintiendo que en el centro de cada gesto, de cada palabra de Jesús está el amor, el amor del Padre que ha enviado a su Hijo, el amor del Espíritu Santo que está dentro de nosotros. Y podemos hacerlo adorando la Eucaristía, donde este amor está presente en el Sacramento. De este modo, nuestro corazón también, poco a poco, se volverá más paciente, más generoso, más misericordioso a imitación del Corazón de Jesús.

Hay una antigua oración que yo la aprendí de mi abuela y decía así: “Jesús, haz que mi corazón se asemeje al tuyo”, ¡que linda oración!, haz mi corazón semejante al tuyo..una hermosa oración, pequeña, pero para rezarla durante este mes: “Jesús, que mi corazón se asemeje al tuyo”, otra vez, “Jesús, que mi corazón se asemeje al tuyo”.

Os deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y adiós.

 

 

Mes de junio y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Por Alejandro Vázquez-Dodero

JUNIO 07, 2020 18:03ALEJANDRO VÁZQUEZ-DODEROESPIRITUALIDAD Y ORACIÓN

El paso del Ecuador de cada año natural nos presenta un mes de junio con una luz muy especial. Una luz de un rojo intenso, contenida en un Corazón, con mayúscula, que late de Amor.

Se trata del Sagrado Corazón de Jesús, ése que quiere ser la fortaleza de todo hombre y mujer de buena voluntad y que hace que desaparezca cualquier temor aquí en la Tierra ante cualquier obstáculo o dificultad.

¡No es una ilusión, no, es un corazón de carne de un Dios que se hizo hombre y que sigue presente en el Cielo una vez resucitado y ascendido, el corazón sacratísimo de Jesucristo!

Devoción al Sagrado Corazón de Jesús 

Ya en el siglo XI, los cristianos reflexionaban –rezaban– acerca de las cinco llagas infligidas a Jesucristo durante su Pasión. Esa reflexión llevó a incrementar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, del que manó esa sangre que supuraron las llagas fruto de su padecimiento en la Cruz.

En el siglo XVII se celebró la primara fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. El 16 de junio de 1675 santa Margarita María de Alacoque tuvo una revelación de Jesucristo, que le mostró su Sagrado Corazón ardiendo en llamas de amor, coronado de espinas, abierto en heridas que brotaban sangre, y emergiendo del mismo una cruz. Antes había tenido más revelaciones, cuyo contenido se ciñó a animar a la santa a divulgar el amor de Cristo a los hombres, figurado en un corazón de carne. Le comunicó, como práctica de piedad específica a su Sagrado Corazón, la recepción de la Eucaristía el primer viernes de cada mes.

En otra revelación a la santa Jesús le hizo ver que cada año se celebrase la fiesta del Sagrado Corazón el viernes siguiente a la solemnidad de Corpus Christi –santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo–.

La fiesta fue formalmente aprobada para toda la Iglesia en 1873, otorgándose una serie de indulgencias –beneficios o gracias espirituales–, entre las que destaca la indulgencia plenaria –remisión total de la pena temporal pendiente de purificación tras el perdón de los pecados– por la recepción de la Comunión en la Santa Misa durante nueve primeros viernes de mes seguidos.

Durante el mes de junio –en junio se apareció Jesús a santa Margarita María–, y en particular en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, contemplamos cómo el amor de Dios Hijo se traduce en gestos muy cercanos a los hombres. Dios no se dirige a nosotros con actitud de poder y de dominio, más bien se acerca a nosotros exhibiendo un corazón amante, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres (Phil II, 7).

Jesús jamás se muestra lejano o altanero, aunque en sus años de predicación le veremos a veces disgustado, porque le duele la maldad humana. Pero, si nos fijamos un poco, advertiremos que su enfado y su ira nacen del amor: son una invitación más para sacarnos del pecado.

La belleza del Sagrado Corazón 

Existe una referencia tradicional –oración, a fin de cuentas–, que dice “¡Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío!”. Natural… por su atractivo y por la seguridad que da contar con el mismo corazón de Dios hecho hombre.

Ya los profetas anunciaban la voluntad misericordiosa de Dios de convertir el corazón del hombre gracias a ese Corazón de su Hijo, que enviaría en tiempo propicio: os dará un corazón nuevo y os revestiré de un nuevo espíritu; os quitaré vuestro corazón de piedra y os daré en su lugar un corazón de carne (Ez XXXVI, 26). Dios quiere darnos su amor plenamente, y lo hace a través del Corazón de Cristo, en el que uno halla tesoros inagotables de amor, de misericordia, de cariño.

Sabemos que la fuente de todas las gracias es el amor que Dios nos tiene y que nos ha revelado, no exclusivamente con las palabras, también con los hechos. Y el hecho más claro de ese amor es que asuma nuestra carne, nuestra condición humana, menos el pecado. Que tome carne y por tanto que cuente con un corazón capaz de amar –en su caso, por ser Dios, incapaz de odiar–, de gozar o sufrir, como el nuestro…

Su Sagrado Corazón, referente para los nuestros

Jesucristo, perfecto hombre, tuvo corazón y experimentó lo que ello conlleva.

No hay mayor muestra de amistad, mayor aspiración del corazón, que dar la vida por el amigo, cosa que hizo nuestro Amigo, Jesucristo. ¿Y de dónde fluyó sangre y agua en el último suspiro de Dios en la Tierra consumando la obra de salvación del hombre?: del Corazón de Cristo.

 Las crisis por las que podamos atravesar personalmente, o la Humanidad entera, son las crisis del corazón del hombre, que no aciertan –por miopía, por egoísmo, por estrechez de miras– a vislumbrar el insondable amor de Jesús. Nos invade un egoísmo que impide amar y por tanto reflejar el amor del Corazón de Cristo.

El corazón es considerado como el resumen y la fuente, expresión y fondo último de los pensamientos, de las palabras, de las acciones. Decimos con toda normalidad que “un hombre, una mujer, vale lo que vale su corazón”.

Otra frase de calado, y que resume la función del corazón, también del de Cristo, es: “El corazón no sólo siente; también sabe y entiende”. En ocasiones, según nos muestran los Evangelios, Jesús, aunque no siente –porque su corazón no siente–, sabe y entiende que debe cumplir la voluntad del Padre y llevar a cabo su misión en la Tierra. La ocasión más representativa de esa actitud, si cabe, es la de la oración en el Huerto de los Olivos, momento en que su humanidad santísima se revela a tomar la cruz y morir en ella –su corazón no quiere porque no siente o apetece–. Pero lo hace.

Para conocer y poder profundizar en el corazón de Cristo es necesaria la Fe, y una actitud humilde, que reconozca la excelencia de su Corazón y la pequeñez del nuestro. Así lo recoge san Agustín: nos has creado, Señor, para ser tuyos, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti (S. Agustín, Confessiones, 1, 1, 1, PL 32, 661).

Un solo corazón que ama a Dios y a los hombres

Amaremos a Dios con el mismo corazón con el que amamos a nuestros seres queridos. ¡No tenemos otro! Por eso hay que ser muy humanos para ser muy “divinos”, sobrenaturales. Y, naturalmente, cuanto más unidos a Dios seremos más “humanos”.

El amor humano, cuando es verdadero, nos ayuda a saborear el amor divino. Y viceversa, el amor divino nos empuja a amar humanamente, siendo comprensivos, teniendo detalles con el prójimo; en definitiva, amando auténticamente. Solo siendo sensibles ante el dolor y la necesidad ajena podemos entender la esencia del Corazón sacratísimo de Cristo. ¡De ahí el atractivo de la Humanidad Santísima de Cristo, que descubrimos con tanta luz en los Santos Evangelios!

Cristo, maestro de amor, vuelca su corazón en el nuestro, si nosotros humildemente, y en ejercicio de la Fe recibida, como decíamos, se lo permitimos.

Durante el mes de junio, y en particular en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, contamos con una ocasión propicia para pedir al Señor que nos conceda un corazón a la medida del suyo. ¡Modo certero de alcanzar la felicidad a la que estamos llamados! Ocasión única en esta coyuntura de pandemia mundial para pedir a ese Sacratísimo Corazón que todo el mundo halle en él caminos de vida, alegría y esperanza.

 

 

LA MISERICORDIA DIVINA

— La misericordia de Dios es infinita, eterna y universal.

— La misericordia supone haber cumplido previamente con la justicia, y va más allá de lo que exige esta virtud.

— Frutos de la misericordia.

I. San Pablo llama a Dios Padre de las misericordias1, designando su infinita compasión por los hombres, a quienes ama entrañablemente. Pocas otras verdades están tan insistentemente repetidas, quizá, como esta: Dios es infinitamente misericordioso y se compadece de los hombres, de modo particular de aquellos que sufren la miseria más profunda, el pecado. En una gran variedad de términos e imágenes –para que los hombres lo aprendamos bien–, la Sagrada Escritura nos enseña que la misericordia de Dios es eterna, es decir, sin límites en el tiempo2; es inmensa, sin limitación de lugar ni espacio; es universal, pues no se reduce a un pueblo o a una raza, y es tan extensa y amplia como lo son las necesidades del hombre.

La encarnación del Verbo, del Hijo de Dios, es prueba de esta misericordia divina. Vino a perdonar, a reconciliar a los hombres entre sí y con su Creador. Manso y humilde de corazón, brinda alivio y descanso a todos los atribulados3. El Apóstol Santiago llama al Señor piadoso y compasivo4. En la Epístola a los Hebreos, Cristo es el Pontífice misericordioso5; y esta actitud divina hacia el hombre es siempre el motivo de la acción salvadora de Dios6, que no se cansa de perdonar y de alentar a los hombres hacia su Patria definitiva, superando las flaquezas, el dolor y las deficiencias de esta vida. «Revelada en Cristo la verdad acerca de Dios como Padre de la misericordia, nos permite “verlo” especialmente cercano al hombre, sobre todo cuando sufre, cuando está amenazado en el núcleo mismo de su existencia y de su dignidad»7. Por eso, la súplica constante de los leprosos, ciegos, cojos... a Jesús es: ten misericordia8.

La bondad de Jesús con los hombres, con todos nosotros, supera las medidas humanas. «Aquel hombre que cayó en manos de los ladrones, que lo desnudaron, lo golpearon y se fueron dejándolo medio muerto, Él lo reconfortó, vendándole las heridas, derramando en ellas su aceite y vino, haciéndole montar sobre su propia cabalgadura y acomodándolo en el mesón para que tuvieran cuidado de él, dando para ello una cantidad de dinero y prometiendo al mesonero que, a la vuelta, le pagaría lo que gastase de más»9. Estos cuidados los ha tenido con cada hombre en particular. Nos ha recogido malheridos muchas veces, nos ha puesto bálsamo en las heridas, las ha vendado... y no una, sino incontables veces. En su misericordia está nuestra salvación; como los enfermos, los ciegos y los lisiados, también debemos acudir nosotros delante del Sagrario y decirle: Jesús, ten misericordia de mí... De modo particular, el Señor ejerce su misericordia a través del sacramento del Perdón. Allí nos limpia los pecados, nos acoge, nos cura, lava nuestras heridas, nos alivia... Es más, en este sacramento nos sana plenamente y recibimos nueva vida.

II. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia10, leemos en el Evangelio de la Misa. Hay una especial urgencia por parte de Dios para que sus hijos tengan esa actitud con sus hermanos, y nos dice que la misericordia con nosotros guardará proporción con la que nosotros ejercitamos: con la medida con que midiereis seréis medidos11. Habrá proporción, no igualdad, pues la bondad de Dios supera todas nuestras medidas. A un grano de trigo corresponderá un grano de oro; a nuestro saco de trigo, un saco de oro. Por los cincuenta denarios que perdonamos, los diez mil talentos (una fortuna incalculable) que nosotros debemos a Dios. Pero si nuestro corazón se endurece ante las miserias y flaquezas ajenas, más difícil y estrecha será la puerta para entrar en el Cielo y para encontrar al mismo Dios. «Quien desee alcanzar misericordia en el Cielo debe él practicarla en este mundo. Y por esto, ya que todos deseamos la misericordia, actuemos de manera que ella llegue a ser nuestro abogado en este mundo, para que nos libre después en el futuro. Hay en el Cielo una misericordia, a la cual se llega a través de la misericordia terrena»12.

En ocasiones, se pretende oponer la misericordia a la justicia, como si aquella apartara a un lado las exigencias de esta. Se trata de una visión equivocada, pues hace injusta a la misericordia, siendo así que es la plenitud de la justicia. Enseña Santo Tomás13 que cuando Dios obra con misericordia –y cuando nosotros le imitamos– hace algo que está por encima de la justicia, pero que presupone haber vivido antes plenamente esta virtud. De la misma manera que si uno diera doscientos denarios a un acreedor al que solo debe cien no obra contra la justicia, sino que –además de satisfacer lo que es justo– se porta con liberalidad y misericordia. Esta actitud ante el prójimo es la plenitud de toda justicia. Es más, sin misericordia se termina por llegar a «un sistema de opresión de los más débiles por los más fuertes» o a «una arena de lucha permanente de los unos contra los otros»14.

Con la justicia sola no es posible la vida familiar, ni la convivencia en las empresas, ni en la variada actividad social. Es obvio que, si no se vive la justicia primero, no se puede ejercitar la misericordia que nos pide el Señor. Pero después de dar a cada uno lo suyo, lo que por justicia le pertenece, la actitud misericordiosa nos lleva mucho más lejos: por ejemplo, a saber perdonar con prontitud los agravios (en ocasiones imaginarios, o producidos por la propia falta de humildad), a ayudar en su tarea a quien ese día tiene un poco más de trabajo o está más cansado, a dar una palabra de aliento a quien tiene una dificultad o se le ve más preocupado o inquieto (puede ser la enfermedad de un familiar, un tropiezo en un examen, un quebranto económico...), prestarnos para realizar esos pequeños servicios que tan necesarios son en toda convivencia y en todo trabajo en común...

III. Por muy justas que llegaran a ser las relaciones entre los hombres, siempre será necesario el ejercicio cotidiano de la misericordia, que enriquece y perfecciona la virtud de la justicia. La actitud misericordiosa se ha de extender a necesidades muy diversas: materiales (comida, vestido, salud, empleo...), de orden moral (facilitar a nuestros amigos el que se confiesen, combatir la gran ignorancia acerca de las verdades más elementales de la fe enseñando el Catecismo, colaborando en una tarea de formación...). La misericordia es, como dice su etimología, una disposición del corazón que lleva a compadecerse, como si fueran propias, de las miserias que encontramos cada día. Por eso, en primer lugar debemos ejercitarnos en la comprensión con los defectos ajenos, en mantener una actividad positiva, benevolente, que nos dispone a pensar bien, a disculpar fácilmente fallos y errores, sin dejar de ayudar en la forma que resulte más oportuna. Actitud que nos lleva a respetar la igualdad radical entre todos los hombres, pues son hijos de Dios, y las diferencias y peculiaridades de cada personalidad. La misericordia supone una verdadera compasión, el compartir efectivamente las desdichas de nuestros hermanos, tanto materiales como espirituales.

El Señor hizo de esta bienaventuranza el camino recto para alcanzar la felicidad en esta vida y en la otra. «Es como un hilillo de agua fresca que brota de la misericordia de Dios y que nos hace participar de su misma felicidad. Nos enseña, mucho mejor que los libros, que la verdadera felicidad no consiste en tomar y poseer, en juzgar y tener razón, en imponer la justicia a nuestro modo, sino más bien en dejarnos tomar y asir por Dios, en someternos a su juicio y a su justicia generosa, en aprender de Él la práctica cotidiana de la misericordia»15. Entonces comprendemos que hay más gozo en dar que en recibir16. Un corazón compasivo y misericordioso se llena de alegría y de paz. Así alcanzamos también esa misericordia que tanto necesitamos; y se lo deberemos a aquellos que nos han dado la oportunidad de hacer algo por ellos mismos y por el Señor. San Agustín nos dice que la misericordia es el lustre del alma, la enriquece y la hace aparecer buena y hermosa17.

Al terminar este rato de oración, acudimos a nuestra Madre Santa María, pues Ella «es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es. En este sentido la llamamos también Madre de la misericordia»18.

Aunque ya tengamos abundantes pruebas de su amor maternal por cada uno de nosotros, podemos decirle a la Santísima Virgen: Monstra te esse matrem!19, muestra que eres madre, y ayúdanos a mostrarnos como buenos hijos tuyos y hermanos de todos los hombres.

1 Primera lectura de la Misa. Año I, 2 Cor 1, 1-7. — 2 Sal 100. — 3 Mt 11, 28. — 4 Sant 5, 11. — 5 Heb 2, 17. — 6 Tit 2, 11; 1 Pdr 1, 3. — 7 Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 30-XI-1980, 2. — 8 Mt 9, 27; 14, 20; 15, 22; 20, 30; Mc 10, 47; Lc 17, 13. — 9 San Máximo de Turín, Carta 11. — 10 Mt 5, 7. — 11 Mt 7, 2. — 12 San Cesáreo de Arlés, Sermón 25. — 13 Santo Tomás, Suma Teológica, 1, q. 21, a. 3, ad 2. — 14 Juan Pablo II, o. c., 14. — 15 S. Pinckaers, En busca de la felicidad, Palabra, Madrid 1981, pp. 126-127. — 16 Cfr. Hech 20, 35. — 17 Cfr. San Agustín, en Catena Aurea, vol. I, p. 48. — 18 Juan Pablo II, o. c., 9. — 19 Liturgia de las Horas, Segundas Vísperas del Común de la Virgen, Himno Ave, maris stella.

 

“Serenidad ¿Por qué has de enfadarte?”

Serenidad. -¿Por qué has de enfadarte si enfadándote ofendes a Dios, molestas al prójimo, pasas tú mismo un mal rato... y te has de desenfadar al fin? (Camino, 8)

8 de junio

Eso mismo que has dicho dilo en otro tono, sin ira, y ganará fuerza tu raciocinio, y, sobre todo, no ofenderás a Dios. (Camino, 9)

No reprendas cuando sientes la indignación por la falta cometida. -Espera al día siguiente, o más tiempo aún. -Y después, tranquilo y purificada la intención, no dejes de reprender. -Vas a conseguir más con una palabra afectuosa que con tres horas de pelea. -Modera tu genio. (Camino, 10)

Cuando te abandones de verdad en el Señor, aprenderás a contentarte con lo que venga, y a no perder la serenidad, si las tareas –a pesar de haber puesto todo tu empeño y los medios oportunos– no salen a tu gusto... Porque habrán "salido" como le conviene a Dios que salgan. (Surco, 860)

Siendo para bien del prójimo, no te calles, pero habla de modo amable, sin destemplanza ni enfado. (Forja, 960)

 

 

“Alexa, abre el Evangelio con san Josemaría”

“El Evangelio con San Josemaría” es una aplicación para asistentes de voz que permite escuchar el Evangelio locutado por una voz profesional y escritos del fundador del Opus Dei relacionados con los versículos. Está disponible en los dispositivos para Alexa y Google Home.

NOTICIAS08/06/2020

Siri, Cortana, Alexa o el Asistente de Google son algunos de los asistentes virtuales más utilizados en todo el mundo. En España se estima que actualmente hay cuatro millones, y un informe reciente de Juniper Research ha señalado que dentro de cuatro años existirán más asistentes virtuales que personas en todo el mundo.

Por este motivo la oficina de comunicación del Opus Dei ha desarrollado la skill “El Evangelio con san Josemaría”, que está disponible en las tiendas de Skills (Amazon) o Actions (Google). Se trata del equivalente a las aplicaciones para el asistente virtual, y con las cuales se puede ampliar las posibilidades del altavoz inteligente, en este caso escuchar el Evangelio y algunos textos asociados del fundador del Opus Dei.

Para crear esta skill se ha contado con la ayuda de la creadora de eScrivaLite –la app que relaciona el Evangelio del día con textos de san Josemaría–, Jose Vizner, uno de los referentes españoles en el mercado de los asistentes de voz, un locutor profesional y varios voluntarios.

Una skill del Evangelio con voz profesional

Normalmente el contenido de las skills se escucha con la voz del asistente. Pero en este caso se ha editado con una voz profesional para que la experiencia sea más humana. Los archivos en audio del Evangelio son de Ciudad Redonda, y los comentarios de san Josemaría han sido grabados por Antonio Martín Valbuena.

¿Dónde utilizarla? Poco a poco se van ampliando los dispositivos, pero ya es posible en algunos coches o en los hogares que disponen de altavoces inteligentes o están domotizados, e incluso en muchos smartphones, por lo que también se puede utilizar mientras se pasea con unos auriculares. Por el momento está disponible en España, México y Estados Unidos, pero en pocos meses se podrá activar desde la mayoría de los países.

¿Cómo se activa “El Evangelio con san Josemaría”?

Tanto en Alexa como en Google Home no es necesario hacer una instalación entrando en la tienda de Skills o Actions: para activarlo es suficiente con invocarlo en Alexa o en Google Home con el título que tiene.

De todas maneras también se puede instalar desde las distintas tiendas: en este enlace, para Google Home y en este enlace para Alexa. Para activar la Skill en Alexa y el Actions en Google mediante la voz, las frases más directas son:

—Alexa: “Alexa, abre El Evangelio con San Josemaría”.

—Google Home: “Ok Google, Hablar con el Evangelio diario con San Josemaría”.

En todo momento se puede pedir a Alexa o a Google que haga una pausa (“Alexa/Ok Google pausa”), y luego pedirle que continúe (“Alexa/Ok Google seguir”). Y si se dice “siguiente” lleva a una homilía que semanalmente está disponible.

Tres protagonistas y varios voluntarios

En 2018 Ana Ferrer-Bonsoms, una española afincada en Londres, creó la aplicación eScrivaLite con la que pretendía usar los escritos de San Josemaría para profundizar en el evangelio del día. Inicialmente contaba con siete idiomas (inglés, español, francés, italiano, portugués, alemán y polaco) en iOs y luego para Android y no todos los días tenía comentarios.

Poco después de su lanzamiento, un usuario de Rusia pidió que se tradujera y luego llegaron idénticas solicitudes de la República Checa, Holanda y Hungría. La App está disponible en 11 idiomas y pronto estará la versión en esloveno y en chino. Y es que en estos dos años se la han descargado más de 68.000 personas de 169 países, entre ellos Uzbekistan, Nepal, Oman, Turquía o Brunéi. A la creadora de la App le han llegado centenares de mensajes, como el de una persona que le decía: “Necesitaba una aplicación que me guiase por el Evangelio de cada día, precisamente de la mano de san Josemaría Escrivá. Es justo lo que buscaba”.

Desde hace unas semanas es posible, en la versión Premium, acceder a todos los libros dentro de la App, marcar favoritos y poner bookmarks. Además se podrán extraer versos bíblicos por temas, tener una zona de apuntes y las distintas novenas de san Josemaría.

Más o menos en las mismas fechas, el equipo del sitio web de la Obra planteó a Antonio Martín Valbuena que colaborara en la grabación en audio de algunos artículos de la sección Vida cristiana. Antonio ha dedicado 40 años al periodismo y, sobre todo, a la radio. Hace unas semanas se le pidió que pusiera voz a los comentarios de san Josemaría, para la skill: “Recordarle con su voz –comenta Antonio–, siempre tan dulce y entrañable de buen padre, pero fuerte e intensa cuando la firmeza lo requería, se hace especialmente emocionante”.

La tercera persona involucrada en el proyecto ha sido Jose Vizner. Es el fundador de ViiZ, una de las ocho agencias destacadas por Amazon Alexa en España y que ha realizado desarrollos para empresas de primer nivel. Jose, uno de los referentes en el mercado de la voz y los asistentes de voz, se ofreció para desarrollar esta skill, de forma gratuita.

La skill hubiera sido imposible sin la ayuda de Jaime, Alberto y Eduardo, unos voluntarios que han dedicado muchas horas a editar y clasificar los audios del Evangelio para que coincidan con los versículos del día.

La intención es continuar produciendo skills para las personas que utilizan los asistentes de voz: desde rezar el Rosario con las meditaciones de San Josemaría, hasta otras aplicaciones útiles para personas que están buscando a Dios.

 

 

Conocerle y conocerte (III): En compañía de los santos

Para aprender a orar pueden servirnos de ayuda aquellos hombres y mujeres que lo hicieron durante su vida: los santos. De manera especial, santa María.

VIDA ESPIRITUAL01/02/2020

Jesús sube por primera vez de manera pública hacia Jerusalén. Se dedica de lleno, finalmente, al anuncio del reino de Dios mediante sus palabras y sus milagros. Su fama, desde el prodigio obrado en las bodas de Caná, se iba extendiendo poco a poco. Es entonces cuando, oculto por el silencio y la oscuridad de la noche, un maestro judío bastante conocido se acerca para conversar con él (Jn 3,1). Nicodemo había sentido un terremoto en su interior cuando escuchó y vio a Cristo. Muchas cosas daban vueltas en su cabeza y prefería solucionarlas en la intimidad de una conversación cara a cara. Jesús, que conoce la sinceridad de su corazón, le dice rápidamente: «Si uno no nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios» (Jn 3,5).

El diálogo sigue con lo que cualquiera de nosotros se hubiera preguntado: ¿qué significa eso? Si conozco el día exacto en que nací, incluso la hora, ¿cómo se puede nacer dos veces? Jesús, en realidad, estaba pidiendo a Nicodemo que no buscase solo comprender las cosas sino –más importante– que dejase entrar a Dios en su vida. Porque querer ser santo es como nacer otra vez, como ver todo con una nueva luz; en definitiva, ser una nueva persona: transformarnos, poco a poco, en el mismo Jesucristo, «dejando que su vida se manifieste en nosotros»[1]. Los santos ya han recorrido los caminos del reino de Dios: han subido sus montañas, han descansado en sus valles y también han experimentado los rincones un poco más oscuros. Por eso nos llenan de esperanza. Una manera de reconocer a Cristo es, precisamente, a través de los santos. Sus vidas pueden desempeñar un importante papel en el camino personal de todo bautizado que desee aprender a orar.

María ora cuando está alegre…

Las mujeres y hombres que nos han precedido son testigos de que el diálogo vital con Dios es realmente posible en medio de tantas idas y venidas que a veces nos pueden llevar a pensar lo contrario. Entre ellos, un testimonio fundamental es el de Santa María. Ella, debido a la tierna cercanía con su hijo Jesús en la vida cotidiana de una familia, tuvo la experiencia más viva de diálogo con el Padre. Y, como en toda casa, en el hogar de Nazaret había momentos buenos y momentos más difíciles; sin embargo, en medio de estados de ánimo muy diferentes, la Virgen siempre ora.

LA VIDA DE MARÍA NOS ENSEÑA A ORAR EN TODO MOMENTO

Ora, por ejemplo, cuando está alegre. Sabemos que, poco después de recibir el anuncio del ángel, María sale «deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá» (Lc 1,39) para visitar a su prima Isabel. Había recibido la noticia de que la familia crecería en número con un nuevo sobrino, lo cual era digno de ser festejado; mucho más si se trataba de un suceso inesperado, dada la edad de Isabel y de Zacarías. «La descripción que hace san Lucas del encuentro entre las dos primas está llena de emoción, y nos sitúa en un escenario de bendición y alegría»[2]; emoción a la que, de alguna manera, se une el Espíritu Santo revelando la presencia física del Mesías, tanto al Bautista como a su madre.

Isabel, apenas hubo entrado María a su casa, la alaba con afecto, utilizando palabras que se convertirán en una oración universal y a las que nosotros nos hacemos eco a diario, adentrándonos también en esa alegría: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!» (Lc 1,42). La Virgen, por su parte, responde con emoción al entusiasmo de su prima: «Proclama mi alma las grandezas del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador». El Magnificat, nombre que la tradición ha dado a esta respuesta de nuestra Madre, nos enseña lo que es una oración de alabanza que se ha empapado de la palabra de Dios. Como señala Benedicto XVI: «María conocía bien las sagradas Escrituras. Su Magníficat es un tapiz tejido con hilos del Antiguo Testamento»[3]. Cuando sentimos nuestros corazones llenos de gratitud por un don que hemos recibido, es el momento de explayarnos con Dios en nuestra oración –tal vez con palabras de la Escritura– reconociendo las cosas grandes que ha hecho en nuestra vida. La acción de gracias es una actitud fundamental en la oración cristiana, especialmente en los momentos de alegría.

…y también en el dolor o en el desánimo.

Sin embargo, la Virgen ora también en momentos de oscuridad, cuando están presentes el dolor o la falta de sentido. Nos enseña, de esa manera, otra actitud fundamental de la oración cristiana, expresada de manera concisa pero luminosa en el relato de la muerte de Jesús: «Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre» (Jn 19,25). María, abrumada por el dolor, simplemente está. Ella no pretende salvar a su Hijo ni tampoco resolver la situación. No la vemos pedir cuentas a Dios por lo que no entiende. Solo procura no perderse ni una sola de las palabras que pronuncia Jesús, con un hilo de voz, desde la Cruz. Por eso, cuando recibe una nueva tarea la acepta sin demora: «Mujer, ahí tienes a tu hijo. Entonces dijo al discípulo: "¡He ahí a tu madre!"» (Jn 19,26-27). María está en manos de un dolor que, para muchos, es el más terrible que una persona puede experimentar: presenciar la muerte de un hijo. Sin embargo, mantiene la lucidez que le permite aceptar esta nueva llamada para acoger a Juan como hijo suyo y, con él, a nosotros, a los hombres y mujeres de todos los tiempos.

LOS ESCRITOS Y LA VIDA DE LOS SANTOS NOS AYUDAN A CULTIVAR NUESTRA AMISTAD CON DIOS, PUES ELLOS TAMBIÉN LO HICIERON

La oración dolorosa es ante todo un estar junto a la propia cruz, amando la voluntad de Dios; es saber decir  a las personas y a las situaciones que el Señor pone a nuestro lado. Orar es ver la realidad, aunque parezca particularmente oscura, partiendo de la certeza de que siempre hay un don en ella, de que siempre está Dios detrás. Así podremos ser capaces de acoger a las personas y a las situaciones repitiendo como María: «Aquí estoy» (Lc 1,38).

Por último, en la vida de la Virgen descubrimos otro estado de ánimo en el que ora, distinto al de la oscuridad del dolor. Vemos a María, junto a su esposo José, rezar también en un momento de angustia. Un día, mientras regresaban de su peregrinación anual al Templo de Jerusalén, advierten la ausencia de su hijo de doce años. Deciden volver en su búsqueda. Cuando finalmente le encuentran conversando con los maestros de la ley, María pregunta: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira cómo tu padre y yo, angustiados, te buscábamos» (Lc 2,48). También nosotros, muchas veces, nos podemos sentir angustiados cuando nos asalta una sensación de insuficiencia, de incumplimiento o de estar fuera de lugar. Nos puede parecer, entonces, que el mundo está equivocado: la vida, la vocación, la familia, el trabajo… Podemos llegar a pensar que el camino no es como yo esperaba. Los planes y sueños del pasado nos parecen ingenuos. Es reconfortante saber que María y José pasaron por esta crisis y que ni siquiera su angustiosa oración tuvo una respuesta clara y tranquilizadora: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que les dijo» (Lc 2,49-50).

Orar en esos momentos de angustia no nos asegura encontrar soluciones fáciles y rápidas. Entonces, ¿qué hacer? La Virgen nos enseña el camino: permanecer fieles a nuestra propia vida, volver a la situación normal y redescubrir la voluntad de Dios incluso cuando no la entendemos del todo. Y también, como María, podemos conservar todos estos eventos misteriosos y a veces oscuros en el corazón, meditándolos, es decir, observándolos con una actitud de oración. De este modo, poco a poco nos damos cuenta de que la presencia de Dios vuelve; experimentaremos que Jesús crece en nosotros y vuelve a hacerse visible (cfr. Lc 2,51-52).

Biografías que son como nuestras vidas

María es un testigo único de la cercanía con Dios que anhelamos, pero también lo son los santos, cada uno de manera personal y específica. «Cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios», enseña Benedicto XVI en un documento en el que sugiere algunos maestros: «San Ignacio de Loyola en su búsqueda de la verdad y en el discernimiento espiritual; san Juan Bosco y su pasión por la educación de los jóvenes; san Juan María Vianney y su conciencia de la grandeza del sacerdocio como don y tarea; san Pío de Pietrelcina y su ser instrumento de la misericordia divina; san Josemaría Escrivá y su predicación sobre la llamada universal a la santidad; la beata Teresa de Calcuta, misionera de la caridad de Dios para con los últimos»[4].

Humanamente es natural tener simpatía por ciertas maneras de ser, por personas que se dedican a tareas que nos atraen más o que hablan de una manera que nos llega directamente al corazón y a la mente. El conocimiento de la vida y las experiencias de un santo, junto a la lectura de sus escritos, son momentos privilegiados para cultivar una verdadera relación de amistad con él o ella. Por eso, si se subrayan solo los ejemplos extraordinarios de la vida y de la oración de los santos, corremos el riesgo de hacer que su ejemplo sea un poco más lejano y más difícil de seguir. «¿Os acordáis de Pedro, de Agustín, de Francisco? Nunca me han gustado esas biografías de santos en las que, con ingenuidad, pero también con falta de doctrina, nos presentan las hazañas de esos hombres como si estuviesen confirmados en gracia desde el seno materno», escribe san Josemaría, que siempre insistió en la importancia de no idealizar a las personas, ni siquiera a los santos canonizados por la Iglesia, como si hubieran sido perfectos. «No. Las verdaderas biografías de los héroes cristianos son como nuestras vidas: luchaban y ganaban, luchaban y perdían. Y entonces, contritos, volvían a la lucha»[5]. Este enfoque realista hace que el testimonio de los santos sea mucho más creíble, precisamente porque son similares a cada uno de nosotros: entre los santos, dice el Papa Francisco, «puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas (cfr. 2 Tm 1,5). Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor»[6].

EL CURA DE ARS, SAN FELIPE NERI, SANTA TERESITA DE JESÚS O SAN JOSEMARÍA, PUEDEN SER GRANDES MAESTROS DE ORACIÓN

Nuestra perspectiva sobre la oración puede ser más completa cuando la vemos encarnada en la vida de las personas. La familiaridad con los santos nos ayuda a descubrir diferentes maneras de comenzar y recomenzar a orar de nuevo. Puede ofrecernos una nueva luz, por ejemplo, saber que el salmo 91 fue un gran consuelo para santo Tomás Moro durante los largos meses que pasó en la cárcel: «Bajo sus alas encontrarás refugio... Has puesto al Altísimo como asilo... Porque se ha unido a mí, lo libraré»[7]. El salmo que consoló a un mártir en la desolación de la prisión, ante la perspectiva de la muerte violenta y del sufrimiento de sus seres queridos, también puede señalarnos un camino de oración en las pequeñas y grandes contrariedades de la vida.

Asombra ser mirado por Dios

La familiaridad con los santos nos puede ayudar a descubrir a Dios en las cosas de cada día como ellos mismos lo hicieron. Podemos leer con admiración lo que descubrió san Juan María Vianney, el cura de Ars,aquel día en que se acercó a uno de sus feligreses, un campesino analfabeto, que pasaba largos ratos frente al sagrario. ¿Qué hace usted?, le preguntó el cura. Y el buen hombre respondió con sencillez: Yo le miro y él me mira. No hacía falta más. Aquella respuesta quedó como una enseñanza indeleble en el corazón de su párroco. «La oración contemplativa es mirada de fe, fijada en Jesús»[8], enseña el Catecismo de la Iglesia citando precisamente este episodio. Yo lo miro y –mucho más importante– él me mira. Dios nos mira siempre pero lo hace de una manera particular cuando levantamos los ojos y le devolvemos su mirada de amor.

Una experiencia parecida le sucedió a san Josemaría, que quedó tan impresionado que la relató muchas veces a lo largo de su vida. Cuando era un joven sacerdote, durante sus primeras experiencias pastorales, solía permanecer todas las mañanas en el confesionario, esperando a los penitentes. En cierto momento oyó un golpear de latas que lo inquietó y, sobre todo, lo intrigó. Un día, dejándose vencer por la curiosidad, el joven don Josemaría se escondió detrás de la puerta para ver quién era aquel misterioso visitante. Lo que presenció fue a un hombre que trasportaba unos cántaros de leche y que, desde la puerta abierta de la iglesia, se dirigía al Sagrario diciendo: Señor, aquí está Juan, el lechero. Se quedó allí un momento y se marchó. Esa persona sencilla, sin saberlo, ofreció un ejemplo de oración confiada que asombró al sacerdote y le llevó a repetir, como un estribillo constante: «Señor, aquí está Josemaría, que no sabe amarte como Juan el lechero»[9].

Los testimonios de tantos santos de diferentes épocas y ambientes nos confirman que es posible sentirse mirado con afecto por Dios, allí donde estamos y tal como somos. Lo dicen de manera creíble porque ellos mismos fueron los primeros en asombrarse de este descubrimiento.

 

Lo mismo dormidos que despiertos

Los santos, decíamos antes, nos ayudan también cuando los vemos débiles y cansados: «Ayer no pude rezar con atención dos Avemarías seguidas», confiaba san Josemaría un día, al final de su vida. «¡Si vieras cómo sufrí!; pero, como siempre, aunque me costaba y no sabía hacerlo, seguí rezando: ¡Señor, ayúdame!, le decía, tienes que ser Tú el que saques adelante las cosas grandes que me has confiado, porque ya te das cuenta de que yo no soy capaz de realizar ni siquiera las cosas más pequeñas: me pongo como siempre en tus manos»[10].

También el joven Felipe Neri rezaba: «Señor, mantén hoy tus manos sobre Felipe, porque, si no, Felipe te traiciona»[11]; y la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri reconocía, en una carta, la falta de consuelos sensibles mientras oraba: «En el fondo está Dios; aunque, sobre todo en los ratos de oración, no le sienta casi nunca esta temporada... »[12]; por no hablar de santa Teresita de Lisieux, quien apuntaba: «Verdaderamente, estoy lejos de ser una santa, y nada lo prueba mejor que lo que acabo de decir. En vez de alegrarme de mi sequedad, debiera atribuirla a mi falta de fervor y de fidelidad. Debiera causarme desolación el hecho de dormirme (después de siete años) durante la oración y la acción de gracias. Pues bien, no siento desolación... Pienso que los niñitos agradan a sus padres lo mismo dormidos que despiertos. Pienso que, para hacer sus operaciones, los médicos duermen a sus enfermos»[13].

Por eso necesitamos el testimonio y la compañía de los santos: para convencernos cada día de que es posible y vale la pena cultivar nuestra amistad con el Señor, abandonándonos en sus manos: «Verdaderamente todos somos capaces, todos estamos llamados a abrirnos a esa amistad con Dios, a no soltarnos de sus manos, a no cansarnos de volver y retornar al Señor hablando con Él como se habla con un amigo»[14].

Carlo de Marchi


[1] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 104.

[2] Palabras del Padre en Covadonga, 13-VII-2018.

[3] Benedicto XVI, Homilía, 18-XII-2005.

[4] Benedicto XVI, Verbum Domini, n. 48.

[5] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 76.

[6] Francisco, Gaudete et exsultate, n. 3.

[7] Sal 91, 4.9.14. Cfr. Tomás Moro, Diálogo de la fortaleza contra la tribulación: El tercer libro de la obra, escrito durante el encarcelamiento en la Torre de Londres, está construido como una especie de comentario a los versículos del Salmo 91 (90).

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2715.

[9] Cfr. A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, Rialp, 1997, vol. I, Cap. VIII, p. 501.

[10] San Josemaría, 26-XI-1970, citado en J. Echevarría, Memoria del beato Josemaría, p. 25.

[11] Citado por Benedicto XVI en la audiencia del 1-VIII-2012.

[12] M. Montero, En Vanguardia: Guadalupe Ortiz de Landázuri, 1916-1975, Rialp, Madrid 2019, p. 94

[13] Santa Teresa de Lisieux, Historia de un alma: manuscritos autobiográficos, Manuscrito A, folio 76, r°.

[14] J. Ratzinger, “Dejar obrar a Dios”, en L’Osservatore Romano, 6-X-2002.

 

 

Fiesta de la Santísima Trinidad 2020

Este año, la Semana Santa y otras fiestas religiosas importantes se han celebrado sin su acostumbrado esplendor. En la Fiesta de la Santísima  Trinidad (7 de junio), el Papa Francisco se asomó, por segunda vez desde la pandemia, a la ventana de la Biblioteca del Vaticano para saludar a los fieles. Les recordó que “la acción de las tres Personas divinas – Padre, Hijo y Espíritu Santo – es todo un plan de amor, un diseño de salvación para nosotros. La fiesta de hoy nos invita a dejarnos fascinar por la belleza de Dios; belleza, bondad e inagotable verdad (…)”.

La Trinidad nos habla del Ser de Dios, que es sólo Uno. Uno en esencia y Trino en personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La comprensión de este  misterio la tendremos cuando veamos a Dios cara a cara; o sea, en el Cielo. Es conocida esta anécdota de San Agustín:  trataba de entender  el misterio de la Santísima Trinidad y se encontró con un niño que pretendía meter todo  el agua del mar en un hoyo. Al quererle disuadir, el niño le dijo que Dios tampoco cabe en su mente finita.  ¿Sería el Niño Jesús?

En la Solemnidad de la Santísima Trinidad, se  festeja al mismo Dios, Único, Trino,  Espíritu Purísimo, que no puede ser representado en imagen alguna. Pero se intenta representar a Dios con dibujos modernistas que pueden llevar a los niños y a algunos adultos, a confundirse. Se ven, incluso, en catecismos, en textos escolares y hasta en las pantallas de algunas parroquias durante la Santa Misa. Este tipo de dibujos conceptuales y caricaturescos, que surgieron después del Concilio, sin que tengan que ver con él, no son pedagógicos ni ayudan a la Evangelización: no mueven al amor y devoción. No creo que Dios se valga de ellos para convertir a alguien, como sí sucede con imágenes sagradas de verdadero valor artístico que representan a Jesucristo ( la segunda persona de la Santísima Trinidad que se encarnó en el seno de Santa María Virgen), a la Virgen y a los santos.   

Todos necesitamos la protección de Dios y, al santiguarnos,  lo invocamos en su Trinidad. Lo hacemos al levantarnos, al acostarnos, al entrar en la iglesia, al empezar algunas oraciones, en los peligros … Era costumbre general de los cristianos,  santiguarse al salir de casa y,  como digo a mis hijos, las buenas costumbres se deben conservar. 

El Domingo de la Santísima Trinidad,  a mí  me gusta  evocar la canción de “El Senderito”:

Dios es Amor, su oficio es amar,/ el tuyo esperar en Él; / Él cuidará de ti y tú déjale hacer/ (…) No quiero saber, ni quiero entender/ no quiero ver ni sentir./Sólo sé una verdad y ésa me hace feliz:/ Dios es amor, Dios es poder,/suma bondad, / sumo entender./ Y en ese amor y esa ternura/ y esa grandeza de mi Dios / descanso yo, descanso yo”. (Carmelitas del Cerro de los Ángeles)

Josefa Romo Garlito

 

 

Retiro de junio #DesdeCasa

¿Quién ha dicho que no puedas hacer tu propio retiro desde casa? Aunque no estés con otras personas, ni acudas a un centro de la Obra, te facilitamos material para que hagas el retiro mensual en tu casa.

ÚLTIMAS NOTICIAS07/06/2020

∙ Descarga, en PDF, el material para el retiro mensual #DesdeCasa

Los temas que trataremos en el retiro mensual de junio son:

  • Corpus Christi: Valor de la Eucaristía. La Santa Misa.
  • San Josemaría: Acudir a su intercesión. Maestro de buen humor.
  • Comprensión de los defectos. Saber perdonar y pedir perdón.

Introducción
1. Meditación I: “En la fiesta del Corpus Christi”
2. Lectura espiritual: “Josemaría Escrivá, hombre de contrastes
3. Examen
4. Rosario
5. Meditación II: Maestro de buen humor
6. Santa Misa

 


Introducción al retiro mensual de junio

¡Por fin!

Dos palabras que seguramente habremos repetido en más de una ocasión a lo largo del confinamiento: ¡Por fin podemos salir a hacer deporte! ¡Por fin pasamos de fase! ¡Por fin se puede ver a nuestros seres queridos! ¡Por fin…!

Durante este tiempo muchos de nosotros hemos aprendido a desear y valorar más los sacramentos, la presencia de Dios en el Sagrario, los ratos de oración, etc. Ahora ha llegado el momento de decir también: ¡Por fin! ¡Por fin podemos recibir al Señor físicamente! ¡Por fin podemos acompañarle más de cerca, como Él hace con nosotros y con todas las personas que se han encontrado solas o han sufrido especialmente!

Los apóstoles necesitaban estar junto al Maestro. Nosotros, que queremos ser -somos- discípulos suyos, también deseamos renovar la ilusión de estar más cerca de Él, de contarle todo lo que hemos vivido estos meses en nuestras casas. Hogares en los que deben reinar la comprensión y el perdón para que todos puedan encontrar amor sincero.

Resulta fundamental disfrutar de la vida en familia: quererse, disculparse, preocuparse unos de otros. Servir y ocuparse. Querernos con nuestros defectos, saber vivir con nuestras limitaciones. Pensar en cómo hacer feliz al de al lado tomando la iniciativa; ir a buscarlo, es decir, adelantarse.

Podemos aprovechar este mes de junio para pedir a san Josemaría que nos ayude a vivir todas las circunstancias en las que nos encontramos con buen humor. Que nos ayude a frecuentar el sagrario, y que, junto con la Virgen, nos anime a servir y querer a los demás; a que, ¡por fin! queramos dar la vida por los demás, como hizo Jesucristo.


1. Meditación I: “En la fiesta del Corpus Christi”

Puedes meditar esta homilía de san Josemaría sobre la devoción al Santísimo Sacramento, que pronunció el 28 de mayo de 1964, fiesta del Corpus Christi.

∙ Leer y meditar.

∙ Escuchar y meditar:

 


2. Lectura espiritual: “Josemaría Escrivá, hombre de contrastes”

Te aconsejamos la lectura de esta comunicación de Pilar Urbano sobre la vida de san Josemaría. Puedes descargártela en PDF en este enlace.

Si te quedas con ganas de más, siempre puedes leer la biografía completa de la misma autora que se ha reeditado hace unos meses y que puedes comprar aquí.


3. Examen de conciencia

1. Jesús instituye la Eucaristía para que podamos tenerle siempre cerca (Es Cristo que pasa, 84). ¿Agradezco al Señor que se haya querido quedar en el sagrario de tantas iglesias del mundo? ¿Correspondo a su cercanía poniendo cariño en mis normas de piedad eucarísticas? ¿Ahora que volvemos a la normalidad, valoro el ir físicamente a visitarle?

2. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí (Jn 6,57). ¿Recibo la comunión con el deseo de dejar que el Señor se haga dueño de mi vida? ¿Aprovecho ese momento de intimidad con Dios para renovar mi entrega y decir que sí a aquello que me pide? ¿Pongo en la patena a las personas que me rodean, los proyectos que tengo entre manos, etc.?

3. Tomad, comed… Bebed todos porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados (Mt 26,26-28). ¿Deseo hacer partícipes a muchas personas de los frutos de esta entrega sin medida de Jesús? ¿Cómo podría ayudar a mis amigos a vivir mejor la santa Misa?

4. Cor Iesu Sacratissimum et Misericors, dona nobis pacem (Corazón Sagrado y Misericordioso de Jesús, concédenos la paz). ¿Me refugio en la Misericordia de Dios cuando percibo que estoy perdiendo la paz? ¿Encuentro en mis ratos de oración la fuente de la serenidad que busca mi alma?

5. No he necesitado aprender a perdonar porque el Señor me ha enseñado a querer (Surco, 804). ¿Ruego a Dios esta gracia, cuando me distancio de otra persona porque no me he sentido bien tratado? ¿Procuro no dar excesiva importancia a los defectos de los demás?

6. Que busques a Cristo, que encuentres a Cristo, que ames a Cristo (Camino, 382). ¿Me ilusiona conocer bien la vida de san Josemaría y sus escritos, para continuar en mi ambiente y época la misión que el Señor le encomendó? ¿Me siento arropado por su cariño e intercesión mientras me empeño por recorrer fielmente el camino que nos abrió en la tierra?


4. Rosario: ¡Bendita monotonía de avemarías!

Te ofrecemos algunas consideraciones de san Josemaría sobre el Rosario para que las medites antes de rezarlo:

Yo entiendo que cada Avemaría, cada saludo a la Virgen, es un nuevo latido de un corazón enamorado(Forja, 615).

Virgen Inmaculada, bien sé que soy un pobre miserable, que no hago más que aumentar todos los días el número de mis pecados..." Me has dicho que así hablabas con Nuestra Madre, el otro día.

Y te aconsejé, seguro, que rezaras el Santo Rosario: ¡bendita monotonía de avemarías que purifica la monotonía de tus pecados! (Surco, 475).

El Rosario no se pronuncia sólo con los labios, mascullando una tras otra las avemarías. Así, musitan las beatas y los beatos. –Para un cristiano, la oración vocal ha de enraizarse en el corazón, de modo que, durante el rezo del Rosario, la mente pueda adentrarse en la contemplación de cada uno de los misterios. (Surco, 477).

El Santo Rosario es arma poderosa. Empléala con confianza y te maravillarás del resultado. (Camino, 558).


5. Meditación II: Maestro de buen humor

Si has terminado la meditación sobre la fiesta del Corpus Christi, puedes utilizar alguno de estos dos audios para tu segundo rato de oración. Si prefieres puedes continuar con los textos de la primera meditación que son largos y dejar estas meditaciones para otro día.

∙ San Josemaría. Maestro de buen humor. (30 min)

 

∙ El buen humor. (17 min)

 


6. Santa Misa

Puedes asistir a misa en caso de que en tu ciudad esté permitido y no tengas inconvenientes. En caso contrario, no te preocupes. Si quieres puedes seguir la ceremonia por streaming o fomentar el deseo de recibir la comunión.

 

La dignidad de ser hombre o mujer

Juan José Corazón

 

photo_cameraEl papa Francisco frente a una pareja de novios.

Cuando hablamos de dignidad, en general, hacemos siempre referencia al valor que posee algo o alguien. Decimos que algo es digno, porque lo consideramos valioso y decimos que alguien tiene una dignidad, porque posee un determinado valor personal. Se trata de algo que a cada persona le hace valiosa, le otorga poseer o tener valor por sí mismo.

Tener dignidad humana no es una mera calificación que se atribuye a un sujeto, porque la dignidad, en el caso del hombre y de la mujer, se identifica plenamente con su ser y con el hecho de existir. El ser humano es digno porque ya es y existe y, en consecuencia, su dignidad es precisamente “ser y existir”.

Esa es la dignidad del hombre y de la mujer, a la que se refieren todas las declaraciones que la han reconocido en el mundo y que responde al hecho de ser todos imagen y semejanza de Dios.

Esa dignidad tiene un primer fundamento. Se trata del hecho de ser de cada persona, es decir, la aportación que cada persona otorga al mundo cuando comienza a vivir, simplemente por el hecho de ser tal como es. Una aportación personalísima, única, exclusiva, irrepetible, puesto que cuando muera nadie podrá aportar al mundo lo que aportó él o ella. En esto consiste la dignidad de la persona, sólo por ser persona.

Tiene también un segundo fundamento, pues en el instante en que se inicia la existencia de un ser humano en el mundo, esa persona se convierte, de algún modo, en propietario del mundo. Podemos decir que el mundo le pertenece. Ya es parte del mundo. Es más, él o ella ya es el mundo.

Estos dos fundamentos de la dignidad de la persona se manifiestan claramente en el relato bíblico de la creación del ser humano.

Dios, una vez creado el mundo, con todos sus seres vivos, enriquece la obra de su creación introduciendo en ella un ser distinto del resto: el ser humano, el hombre y la mujer, que reflejarán “su imagen y semejanza” y, por tanto, estarán dotados de una personalidad propia y única, que es una imagen y semejanza propia, exclusiva y única del Ser de Dios.

A la vez, les hace participar del dominio que Él tiene sobre toda la creación: “multiplicaos y dominad la tierra”. Hace dueños a los seres humanos, podemos decir otorgándoles la copropiedad, sobre la obra creadora.

Juan José Corazón Corazón

Doctor en Derecho Canónico

 

 

Sanz Montes: “Me da pena cuando veo esa especie de esperpento en el ruedo político”

Para el arzobispo de Oviedo "hay gente que usa las malas artes de la confrontación más provocativa, para perpetuarse en el poder"

photo_cameraMons. Jesus Sanz Montes en Covadonga

Ante el ambiente hostil que se ha creado entre los políticos, incluso en la calle derivada de la crisis del Covid-19, al arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes , "le da pena" cuando ve esa "especie de esperpento en el ruedo político". Para el obispo, "hay gente que utilizando las malas artes de la mentira, de la insidia, de la confrontación más provocativa, pretenden utilizar esta circunstancia para perpetuarse en el poder o arrebatarlo por un módico precio".

Así lo ha declarado en una entrevista publicada por la archidiócesis asturiana. "Esa actitud me parece lamentable y no construye más que la pretensión de quienes se quieren aprovechar de una situación bien dolorosa para unos intereses que no son transparentes ni puros, sino que tienen la catadura moral más baja y más imperdonable", afirma.

"El cristiano no debe entrar en esa liza" 

Jesús Sanz considera que este espectáculo genera después "en falta de medidas que sean las adecuadas, en una transparencia que haga honor a la verdad, en un estar realmente gobernando y mirando el bien para las personas y la reconstrucción de la sociedad".

Y para el obispo, ante este espectáculo tan lamentable, "el cristiano creo que no debe entrar en esa liza para ser una voz más. La posición cristiana es la de construir la esperanza, la de ser testigos de ese Dios que está cercano, que es no tanto rival de nuestra desgracia, sino cómplice de lo mejor".  

"La pandemia ha servido para purificarnos" 

Además de manifestar su opinión ante los episodios que se están viendo entre la clase dirigente política, Sanz Montes explica también cómo ha afectado esta crisis al mundo y a la Iglesia.

"Cuando ocurre una catástrofe así, de esta índole, que es en este caso, también universal, ves que la vida no está en tus manos, y que a veces hace falta muy poquito para que se quede descolocado aquello que tú creías que estaba bajo tu control...Es una ocasión preciosa para volver a poner en el centro al Señor", señala. 

Respecto si esta pandemia es un castigo de Dios, explica: "Si por castigo entendemos mordaza, mazazo, fusilamiento de madrugada, pues evidentemente ese tipo de castigo no coincide con la entraña de Dios. Pero la etimología de la palabra castigo viene de dos términos: el sustantivo castus, que significa “puro”, y el verbo agere, que significa “hacer”. Entiendo que toda esta circunstancia ha servido para purificarnos". 

Añade que el planteamiento de vida antes de la pandemia "nos estaba deshumanizando, que nos hacía focalizar nuestras energías, nuestras esperanzas e intereses en cosas que luego se ha demostrado que no valen la pena, y que son enormemente vulnerables, mientras que quizás por la circunstancia hemos podido recuperar lo que es sólido, lo que tiene fundamento y que realmente es fuente de gozo, de convivencia y alegría". 

Funeral en toda España 

En esta pandemia que han fallecido más de 27.000 personas, entre ellos un buen número de sacerdotes, el arzobispo de Oviedo afirma que reza todos los días por ellos y recuerda el funeral simultáneo que se celebrará en España el próximo domingo 26 de julio, en la que todas las catedrales presidirán una misa a las 12 del mediodía en la que se unirán en comunión eclesial en España para "pedir al buen Dios por el eterno descanso de estas personas que hemos tenido que despedir de esta manera. Aquí en Asturias además de hacerlo en la Catedral yo lo voy a extender también a todas las parroquias asturianas", anuncia. 

 

 

¿Existe el derecho a morir?

 

El derecho a la muerte se define desde el olvido de la muerte, característica de la sociedad contemporánea. La defensa de la eutanasia, lejos de ser una contradicción con ese olvido, constituye su constatación

Afirmada como acto altruista y benevolente encubre la necesidad propia de olvidar el sufrimiento y la muerte, y la incapacidad de observar la muerte ajena. Como derecho, el derecho a la muerte se presenta como la prohibición del Derecho y la comunidad de interferir en el acto tanático para sí mismo o para otro. Pero como efecto se instaura un derecho de carácter social e indicación ética que constituye un riesgo para la vida dependiente.

1. La muerte, elemento definidor del animal humano

Oímos hablar constantemente del derecho a la muerte, o si se prefiere el derecho a morir o, mejor aún, el derecho a la muerte digna y observamos una ocultación permanente del significado de la muerte en la vida humana. Estamos probablemente ante una forma de mantener la ficción de una vida sin muerte y ante la precipitación de la situación del moribundo. Como si quisiésemos mantener la ficción de Epicuro, que tan poco resultado nos ha dado a lo largo de la Historia: Acostúmbrate a pensar Meneceo que cuando tÚ estas ella no está y que cuando ella está tu ya no estás. Por ello, la eutanasia lejos de suponer una objeción a la observación general desde la sociología de los cincuenta de que entre nosotros la muerte está ocultada, supone la ratificación de esta observación.

Robert Redeker en su obra “El eclipse de la muerte” contrapone esta ocultación con el sentido que tiene la muerte para la vida del hombre[1].

En línea con la filosofía más antigua, los dioses envidian a los hombres la muerte, o la más cercana, el hombre es el animal que muere, Redeker observa la muerte como el hecho definidor de la muerte.

El hombre muere, los animales no, y el hombre percibe la muerte a través de su amenaza y muy sustancialmente a través de la muerte del otro. Con la muerte del otro se descubre la banalidad de la afirmación de Epicuro: Meneceo la muerte está entre nosotros, aunque sea por el temor de que los seres amados desaparezcan con nuestro recuerdo, como señaló con más acierto San Agustín.

Además, y con gran importancia para nuestra cuestión, pues al fin y al cabo el Derecho es una parte importante de la idea de Orden[2] que construimos con dificultad, la muerte, su concepción, la relación con los muertos y con nuestra muerte está en la base de la civilización. La forma de tratar a la muerte o a los muertos es indicio de civilización y por esa razón nuestra civilización parece bárbara o, al menos, en proceso de barbarización.

Si no fuera por el lenguaje, por la representación, por el culto la muerte no sería otra cosa que un acontecimiento banal. Con el nacimiento puramente animal, la muerte puramente animal se repite miles de millones de veces. La muerte humana se humaniza en el rito y así civiliza. Recuérdese el texto de las Analectas “¿Cuál es la raíz de los ritos…? En las ceremonias, preferir la simplicidad al lujo; en los funerales, preferir el duelo a las convenciones”[3].

Pero junto al aspecto limitador de la muerte, que se define como una muerte que hay que controlar con la cultura, la muerte puede presentar un aspecto positivo de forma que es condición de la vida, al menos tal como la conocemos. Sin muerte no habría futuro, la sociedad, el planeta quedarían paralizados, envejecidos. Gracias a la muerte hay nacimientos y gracias a los nacimientos en palabras de Arendt hay futuro. Sin nacimientos no tendríamos esperanza seríamos una mera prolongación de un mundo paralizado[4].

También la muerte puede concebirse como un límite deseable a una vida que se percibe como un constante esfuerzo, donde el mito del progreso más que un mito aparece como una máscara encubridora que engaña al hombre. La vida no edulcorada, en las actuales circunstancias, con sus alegrías y penas, con la desaparición de los allegados, con el fenómeno de la vejez parece exigir un límite.

Surgiría la muerte como liberación, no sabemos si como contenido de un derecho, cuando se espera una vida mejor o también cuando se busca como alternativa a los sufrimientos o cansancio de la vida, como nos describe Cioran hablando no ya de la muerte sino del mismo suicidio[5].

2. La muerte ocultada

Si en línea con lo descrito con Robert Redeker y antes por los sociólogos como Philippe Aries nuestra realidad es la de una sociedad con muerte ocultada, la reivindicación del derecho a la muerte, la discusión sobre este, las sesiones dedicadas a cÓmo se muere en todo tipo de parlamentos parecen ser contradictorias con ese eclipse[6].

Es decir, la mayor dificultad que tenemos al intentar explicar el fenómeno cultural de la eutanasia, que se extiende sin límites en Occidente, es compaginar dos datos aparentemente opuestos.

Uno es el ya citado del ocultamiento de la muerte, que incluye a los agonizantes, a los muertos, a los cementerios y a la propia presencia de esta realidad tan humana, o si se quiere, tan definidora de lo humano.

La muerte se oculta como se oculta la vejez según una muy adecuada observación de Robert Redeker. El viejo disfrazado de adolescente, “el mayor” debe pasar de una juventud cosmética a desaparecer, de la forma más rápida e indolora posible.

De esta forma la muerte deja de ser un acontecimiento para el que nos preparamos, ya no nos preparamos ni para nuestra muerte ni para la muerte ajena[7].

Y ello aunque sabemos desde antiguo que como afirma della Rochefoucauld ni la muerte ni el sol se pueden contemplar directamente[8].

3. Derecho a morir

Pero la ocultación de la muerte coincide con el denominado “derecho a morir” que se ha convertido en el paradigma de los derechos, el derecho que completa todos los derechos. Y este derecho dista de estar oculto.

La aparente paradoja se resuelve precisamente en la supresión de la muerte como acontecimiento que da sentido a lo humano y en la desvalorización de todo dolor, entendido como un sinsentido, en un sistema que supuestamente sólo garantiza gozos.

El derecho a morir es realmente el derecho a eliminar las vidas sin sentido. Pues en su contenido es el derecho a la muerte medicamente administrada; como un elemento final del tratamiento.

La apuesta es peligrosa pues el número de vidas sin-sentido para uno mismo o para otros es ilimitado. No se sabe qué sentido tiene nada en el juego producción-consumo cuando surgen unos desechos de la producción y tantos no alcanzan los niveles de consumo aceptable.

Pero desde luego no tienen sentido ni las vidas de los sufrientes, ni la de los graves deficientes, ni la de los incurables y finalmente la de los viejos, entendidos como sujetos que están en una edad que ya no pueden imitar el juego del adolescente que disfruta sin límite.

De esta forma, al quitar la vejez, la muerte o el sufrimiento del horizonte del significado humano lo que se prepara es lo que el mismo autor ha denominado un geronticidio[9]. Siempre será por el bien de quien lo reciba, y es posible que en principio se mantengan las formalidades de la muerte voluntaria”.

En efecto, el acto de dar muerte se vuelve una acción veterinaria, pues sin la comprensión de la muerte lo humano vuelve a lo animal y este hecho se produce paradójicamente cuando en su proceso de liberación gnóstica el hombre se cree Dios. Ni Dios ni animal es el hombre en cuanto muere.

Lo veterinario en la muerte administrada al hombre que ya no puede comportarse como un Dios, pues se orina encima, babea, o no reconoce, explica una aparente incoherencia; en un momento en el que no se puede retribuir con la muerte. Es decir, la comunidad aparentemente no puede sancionar con la muerte un acto voluntario, cruel, que incluso provoque la muerte de muchas vidas insustituibles. Pero si puede administrar la muerte como un beneficio, evidentemente sin la crueldad del pasado, sin los simbolismos que condenaba el propio Aristóteles cuando aclaraba que la igualdad que restituía la justicia retributiva era analógica pues al que había obtenido una ventaja no se le hacía lo mismo.

No podemos matar como castigo, es decir, no tenemos una muerte jurídica, pero podemos matar como beneficio, es decir, tenemos una muerte extrajurídica pues la muerte se saca del derecho y quien la recibe no es ya tratado como un hombre, si hemos de seguir las afirmaciones de Heidegger de que son los hombres los únicos que mueren.

La muerte como beneficio que se otorga a un hombre ha sido también analizada por Redeker. Este autor francés, de nuevo en una tradición enraizada en lo mejor de nuestro pensamiento duda de los verdaderos motivos de ese beneficio.

Redeker nos previene de los verdaderos motivos de quien quiere aplicar la muerte como un beneficio para el que la recibe. Ambos son bastante incompatibles con el tratamiento humano a un humano.

“Detrás de la filantropía para evitar demasiado sufrimiento a los enfermos que hay que matar...o para ayudarles a partir dos fenómenos se ocultan: la psicología del débil que tiene miedo a sufrir viendo sufrir... y el odio estético de un determinado estado del hombre, la repugnancia ante un estado físico y mental alejado de la imagen que nuestro mundo difunde del hombre”[10].

La raíz ideológica del nuevo “derecho” que se construye respecto a una muerte que en el resto de la cultura se niega es el enfrentamiento entre la imagen que el sujeto construye de sí mismo, si se quiere la razón del engaño al que se somete al hombre, y la realidad de una vida humana que pese al enmascaramiento de la adolescencia prolongada debe terminar en la vejez primero y luego en la muerte.

4. Distopia y muerte

El modelo de lo que acontece fue previsto por las distopias que jalonan el siglo XX. Tanto en El Señor del mundo[11] de forma explícita como en Un mundo feliz[12] hay eutanasia algo disimulada en el segundo caso. La eutanasia es un medio de garantiza la supuesta filantropía ocultando la verdad del sufrimiento y de la muerte. Es un final casi necesario que sin embargo necesita eliminar lo específico humano.

En la discusión final de la novela de Aldous Huxley como en el magnífico dialogo del Gran Inquisidor[13] que aparece en la novela Los hermanos Karamazov parece claro lo que los poderes enmascaran detrás de su supuesta ley bonancible, la eliminación de la libertad pero esta eliminación de la libertad apunta al elemento principal que subyace a todo el proceso, la eliminación de la Naturaleza humana.

Si el hombre sufre porque es libre, la aplicación de las leyes científicas, como en el discurso articulado de Zamiatin en Nosotros[14], produce dos efectos elimina el sufrimiento con la condición de eliminar la libertad. La eutanasia juega con ambos conceptos.

La muerte apartado, con aspecto juvenil, desprovista de sufrimiento, contemplada de forma natural, como si la muerte humana fuera algo meramente natural, es descrita por Huxley. No se puede negar la similitud con la eutanasia.

Visto este proceso no cabe duda de que la argumentación del derecho a la muerte tiene un entorno ideológico que no se puede negar, so pena de no alcanzar la lucidez sobre lo que ocurre y acabaríamos así discutiendo sobre dosis de opiáceos o sistemas de asistencia que es precisamente de lo que no se trata.

El entorno de la expansión del derecho a la muerte es el de la incomprensión ante el sufrimiento por un lado, pero sobre todo la voluntad ideológica de desconocer la realidad de la vida humana necesariamente desfalleciente a partir de un determinado momento. La realidad de la vejez.

Se ha alabado mucho la voluntad de mantener un corazón joven, siguiendo el mito del romanticismo primero y del fascismo después, pero se ha entrado poco en el ridículo de no aprovechar la ancianidad en sus elementos alabados desde la Antigüedad y sustituirla por un remedo cosmético de una juventud de la que sólo se mantiene una cierta ignorancia idiota.

Precisamente si conectamos el abandono de la valoración de las virtudes de la edad madura con la eutanasia tenemos el fenómeno del geronticidio. El significado de la eutanasia no es sólo acortar e momento del dolor sino más precisamente acortar o eliminar un momento inevitable de la vida alargada.

Por eso la liberación que se supone que es la eutanasia es ante todo liberación de la naturaleza humana y en definitiva supone la eliminación del derecho. Lejos de tener en cuenta los conceptos de voluntad y pacto, o el concepto de voluntad, la eutanasia entra en el discurso de las vidas sin sentido.

No hay que temer un alboroto radical nihilista que llegue a la conclusión de que ninguna vida humana reducida a la producción consumo tiene sentido. No hay peligro. La eutanasia parte de la base de que hay una vida, que no calificamos ya de hedonismo por respeto a Epicuro, sino que sería puramente animal, en la reducción al goce, que tiene un sentido pleno y otras que no alcanzan ese nivel que no.

El propio Simon Leys en “Una carta abierta al Gobernador General” define las implicaciones sociales de la benevolencia esbozada hacia los deficientes y expresada en el homicidio médico. En efecto el Gobernador general de Australia Bill Hayden había pronunciado un discurso favorable a la eutanasia, en el que tras sentirse orgulloso de haber tenido una vida plena y satisfactoria temía que en algún momento la senilidad le robará su dignidad humana. Para ese momento esperaba la eutanasia. Contesta con sarcasmo Leys que el Gobernador General parece haber olvidado la diferencia ya definida por Pascal entre dignidad institucional y dignidad natural. Se pregunta cómo sabe el Gobernador General que en el orden de la grandeza natural la condición de un Bill Hayden senil, incoherente, amnésico e incontinente, en una silla de ruedas constituiría una degradación respecto a la plena humanidad que supuestamente ha alcanzado como Gobernador General.

Y entonces Leys, uno de los espíritus más finos del siglo XX pronuncia su sentencia “Una sociedad que deja de percibir que debería respetar la grandeza natural de un viejo, senil, incontinente y amnésico tanto como debe respetar la dignidad institucional de su Gobernador General simplemente ha abandonado el principio básico de la civilización y cruzado el umbral de la barbarie”.

Y más adelante encuentra la razón subyacente, en-mascarada por el “yo preferiría en su caso”. “Las generaciones sucesivas merecen ser liberadas de algunas cargas improductivas.” E insiste en su sarcasmo preguntándose si no deberíamos dotar a cada domicilio de unos cubos de basura donde los parientes ancianos pudiesen reciclarse higiénicamente en alimentos para mascotas[15].

Como el discurso sólo en algunas ocasiones tiene la claridad que critica Leys suele enmascararse bajo la reivindicación de un Derecho que en cierta medida se encubre bajo la apariencia de un derecho a la propia muerte, es decir, a un suicidio mediato.

5. Homicidio, Derecho y Ética médica

Al referirse al derecho a morir, que se adjetiva dignamente, no se reclama como es notorio el hecho inevitable de la muerte. Pedirla como derecho sería absurdo. Tampoco se limita esta reivindicación a exigir la abstención del otro, sea del médico o del gran Otro, la sociedad ante los actos de un individuo que avanza hacia la muerte dentro del curso natural.

Es decir, aunque pueda aparentarlo, no estamos ante una reivindicación de abstención médica, una libertad frente al poder médico, encarnado no ya en el viejo médico patriarcal (o paternalista que tanto monta) sino en el médico mero agente del único patriarca que se tolera en nuestra sociedad, el Estado.

En sentido estricto la reivindicación es que en de-terminadas circunstancias, que tienen que ver con el incumplimiento de una ilusión de vida que enmascara la realidad contemporánea, un médico mate a su paciente.

Es importante recalcar que esta reivindicación al ser jurídica y traducirse en la legislación no se pide respecto a uno mismo, como la retórica de casos como el de Ramon San Pedro nos hace creer, sino que se impone respecto a todos los miembros de una sociedad, o en el delirio contemporáneo, respecto a la Humanidad.

Esta es la notable paradoja del derecho. El juego de lo que los anglosajones llaman win/win no existe. Ciertamente la Justicia en abstracto viene bien a todos pero en concreto a algunos garantiza y a otros obliga en unas ocasiones y en general a todos obliga y a todos garantiza.

Esto tiene también algunas implicaciones que conviene considerar siempre en derecho pero que se pierden en el discurso de los derechos absolutos.

Cuando se pide el reconocimiento judicial o legislativo de un derecho no basta exigir una reivindicación con anhelo sino hay que encajarla, por así decirlo.

La primera forma de encajarla es, por supuesto, en el derecho mismo, por analogía o derivación lógica. Esto se puede hacer por las vías habituales de interpretación sobre textos o de forma “creativa”. Como veremos hay que ser muy creativo, como ocurre con muchos tribunales actuales, para derivar del Derecho, se entienda como se entienda, un derecho a morir y para ignorar la tradición jurídica de sancionar primero el suicidio, hasta el s XIX, luego el auxilio al suicidio y siempre el homicidio compasivo, incluso cuando la compasión es sincera.

También se requiere encajar el derecho concreto en el punto de vista sobre la Justicia que constituye todo Derecho, hay que justificar su relación con el bien común, en su acepción menor, es decir que no lo afecta negativamente, o en su forma más propia, es decir, que lo promueve.

El reconocimiento de un derecho, que no implica sin más una aspiración satisfecha, tiene por tanto efectos mucho más allá de quienes lo reclaman. El primero de estos efectos es obvio. Obliga a otros muy directamente y a todos en cierta forma. El segundo es que al implicar una visión del mundo, una antropología, un intento de explicación sobre la justicia estas opciones valorizan unas cosas y desvalorizan otras. Esta valorización y desvalorización es social, tiene efectos sobre otros y, por supuesto, afecta en cascada al Derecho.

Esto en sí nos es bueno ni malo. Es lo que es. Pero hay que tenerlo en cuenta cada vez que se incorpora al Derecho uno de estos derechos subjetivos o si se quiere cada vez que se inventa un derecho.

Esto de inventarse derechos, o incluso de inventarse todo el derecho es sabido que no le gusta al reaccionario. “La primera revolución estalló cuando se le ocurrió a algún tonto que el derecho se podía inventar”.

En este punto uno de los argumentos vulgares más utilizados y de mayor éxito, de nuevo recuerdo el caso San Pedro, es el que acusa a quienes se oponen al reconocimiento al derecho a la muerte digna de imponer una determinada moral. Supongo que será la moral de una interpretación estricta del principio, o mandato, o revelación, de ·”No matarás al inocente” y de la necesidad de su traducción en el derecho.

Mi argumento es que no incluir esta prohibición en el Derecho, aunque la única excepción sea vinculada a la voluntad de quien recibe el beneficio de la muerte, implica adoptar una noción de libertad, de vida, de hombre, de moral y de Derecho determinada. Así bien podríamos decir a algunos que nos imponen su moral.

Esta moral que se transmite al Derecho sin los habituales principios de salvaguarda o sin los critierios que han sostenido el Derecho occidental tiende a volverse absoluta. Es totalitaria, en la forma en que Aldous Huxley define el futuro Totalitarismo en su novela “Un Mundo Feliz”.

Se hace necesaria una digresión sobre esta peculiaridad moral que produce una legislación asfixiante centrada obviamente no en el propio perfeccionamiento, que es el oficio de la moral sino en el perfeccionamiento ajeno, fin de las leyes.

Aunque la base del nuevo derecho sea la apelación a los deseos-derechos naturales del sujeto liberado y este individuo liberado tiende a moralizar con radicalidad todas sus conductas, el habla, la estética, y los microgestos, el hecho es que precisamente por como advirtieron juristas de la talla de Francesco D’Agostino, la moral actual ha pasado a ser legislada y la legislación ha pulverizado toda línea de división entre lo privado y lo público que nos protegiese[16]. Como ese deseo-derecho no se apoya en lo existente en el Derecho, la moral o las costumbres sino que como todo movimiento revolucionario aspira a transformarlo, el efecto es un activismo asfixiante donde la expresión del moda del reivindicador, eso de “no nos impongas tu moral”, parece un sarcasmo.

6. Eutanasia y suicidio

Hemos dicho que el derecho a la muerte digna no puede confundirse con el suicidio pero también que el argumento de partida parece vincularse al argumento del suicidio como acto libérrimo en el que no debe inmiscuirse la moral social ni el derecho, y ello a pesar de que ambos ordenes normativos siempre han tenido mucho que decir sobre el suicidio.

Para tratar con lealtad esta cuestión del supuesto derecho a morir debemos asumir también algunos presupuestos que no están plenamente presentes en la hagiografía pro vida. Hay razones para desear la muerte., de hecho mucha gente la desea. Hay que considerar aquí el anhelo de la muerte como rasgo espiritual del misticismo, como en Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, como signo de agotamiento ante el mundo o como displicente valoración de este, realidad falsa, destierro o prisión. Es más pueden encontrarse razones para suicidarse, razones claramente razonables. De hecho el hombre que es el único animal que muere (al ser el único que es consciente de la muerte) es también quien tiene la exclusiva del suicidio. Frente a esta realidad universal no son del todo útiles las admoniciones morales extendidas desde antiguo y recogidas en el derecho inglés del Siglo XVIII. Quien se suicida actúa contra el instinto de conservación, contra la Ley de Dios y contra la ley del Rey. En concreto toma algo que no es suyo.

Precisamente porque el suicidio no es detenido por el instinto de conservación, se sobrepone a él, la sociedad en general, ha entendido que la disuasión del suicidio es una obligación social que incluye a todos. El camino opuesto es la epidemia de suicidios, románticos. Nihilistas, por el dolor o por el puro agotamiento de la vida sin sentido. El denominado derecho a morir dignamente trastoca este camino, lo invierte, desmonta una a una las barreras de prevención.

Ciertamente el derecho a la muerte digna se limita a unas causas específicas. Sólo quienes se encuentran en unas circunstancias determinadas accederán a estos derechos que no parece ni universal ni meramente voluntario. Las causas justificativas englobarán lo que en sentido clásico se llamaba el suicidio pusilánime.

Estas causas ligadas a la gravedad e irreversibilidad de la enfermedad y a los graves sufrimientos a ella asociados, se extienden en dos direcciones. Por un lado, hacia prescindir del acuerdo explícito del paciente. Por otro, hacia la extensión del concepto de vida que no merece vivirse.

Con la labor de zapa, o casi diría de asalto, del discurso eutanásico contra las barreras, al final poco queda de ellas.

Es más, termina por moralizarse el suicidio en ciertos casos, ante ciertos estados clínicos como antes sucedía en ciertos suicidios de honor, del guerrero ofendido o de la mujer ultrajada.

Por ejemplo, el suicido de honor de la mujer ultrajada, tal como se aplica en Roma enseña mucho de como una obligación socialmente impuesta puede presentarse como una liberación, o como una conducta excelente respaldada por un amplio consenso social[17].

Si la primera medida antisuicidio es no hacer su panegírico, la eutanasia tiene una presencia en la vida social, en los medios y en el debate público de efectos completamente opuestos a esa medida. Hay apóstoles de una forma de morir, más bien de esa forma reglada por la que se mata. Los defensores de esta práctica no son sujetos más o menos malditos, sino que están en la cresta de la ola.

El temor numinoso ante la muerte y ante el acto de matarse es sobrepasado con la eutanasia técnicamente dirigida, administrada, incluida en la cartera de servicios.

Esto a su vez elimina otros obstáculos como el temor personal al “paso suicida” que a tantos retiene precisamente por la presencia de un “natural” instinto de conservación.

Otras barreras en la práctica individual del suicidio, incluso por el que tiene la firme voluntad de cometerlo, son la prohibición jurídica y el reproche moral. En el mundo eutanásico desaparece de raíz. La eutanasia es un acto autónomo de una autonomía tanática que “se pone en marcha” cuando las alegrías de la vida, la su-puesta felicidad, el control del deber, el dominio sobre la enfermedad, la adolescencia perpetua ceden y la vida se manifiesta sólo para unos pocos, con toda su crudeza.

Si la sociedad apoya la eutanasia, si el medio empleado modificara el obstáculo que representa el temor numinoso, el obstáculo tan sólo podría ser el afecto cercano y natural de los familiares. Es decir, no dar el enorme disgusto de matarse. Ciertamente esto no disuade a muchos suicidas pero es significativo que esté al menos presente en las cartas de perdón y despedida.

Pero este obstáculo deja de serlo cuando el suicidio se describe como un bien para el beneficiario y sus familiares. Con un poco de esfuerzo manipulador, practicado por sus defensores, puede incluso aparecer para la mayoría en el disfraz de un acto solidario que evita sufrimientos y, no lo olvidemos, también costes. Emprendida la pendiente, nuestra sociedad suicida puede tender hacia una salida suicida o a un suicidio médico que, a su vez, es un homicidio.

Lo fundamental es en consecuencia que con la eutanasia, en general, tratamos de un homicidio de justificación suicida y esto es así en cuanto el concepto de cultura de la muerte incluye la eutanasia como un elemento de la autodeterminación del hombre.

Por eso la justificación no es sencillamente el corte de algún dolor intenso sino que el suicidio aparece como una libertad. Para ser mas precisos como la manifestación de la libertad completa.

Esta libertad es, como indica Dostoievski en los discursos de los hermanos Karamazov la libertad de Dios. La liberación completa de Dios lleva, sin embargo, a la esclavitud completa del hombre y esto es igualmente válido en el efecto totalitario que vimos en la sociedad del siglo XX como en la postotalitaria del XXI.

Por ello cuando se trata de discutir este derecho, presentado como el más valioso de los derechos de forma paradójica, la muerte como el mayor valor, han sido más agudos los literatos y los poetas en general que los tratadistas jurídicos, especialmente los que se han atrincherado en una especie de derecho natural absoluto a ser de una determinada forma, una forma que estaría al margen de las exigencias sociales y del derecho concreto, es decir, del único derecho que existe.

El derecho que se proclama tiene evidentemente una base nihilista que manifiesta con especial fuerza la tendencia eutanásica que sufrimos. La revuelta contra Dios que caracteriza el paso del XIX al XX impide concebir la vida en su sentido más profundo.

El poeta ruso, fallecido en el GULAG Ossip Mandelstam, que recordemos intentó suicidarse una vez, lo dice con claridad a su mujer y biógrafa Nadezhda, cuando ante la amenaza de la deportación a los campos de concentración esta ofrece el suicidio.

La vida es un don dice Ossip y la obligación del hombre es vivirla, la vida es un don incluso en las peores circunstancias y no deja de serlo aun cuando no se pueda alcanzar una felicidad prometida e ilusoria. Y debemos recordar que en el camino de esa felicidad, siempre futura, se ha privado durante el siglo XX a los hombres de los elementos más básicos de su propia vida. Dice Ossip, y corrobora Nadezhda, que la obligación del hombre es vivir, no ser feliz y, como más tarde, contesto ya en los setenta Nadezhda, en una entrevista en el NYTM, cuando se le decía que el cristiano debe vivir con esperanza “yo tengo esperanza en la vida eterna que se nos ha prometido”[18].

Esto puede parecer filosófico (es decir no cuantificable y entonces no juridificable). Pero entre considerar la vida como un don o considerarla un acto de autodeterminación que tiene su máxima realización en el propio homicidio no hay un punto intermedio o neutral. Nos deslizamos hacia el segundo con todas sus implicaciones y la única forma de reaccionar es afirmar lo primero.

La muerte, exactamente el suicidio como autodeterminación completa, cambia todo y afecta a lo más profundo de las relaciones e instituciones humanas. Reaparece la familia homicida y la sujeción de la vida humana, del reconocimiento como persona, a cierto grado de aptitud o felicidad.

La opción don o libertad autodeterminada es un base de civilización. Por eso cuando algunos grandes pensadores del XX y principios de XXI hablaron de cultura de la vida y cultura de la muerte dieron con la definición del debate o describieron la crucial elección a los que nos vemos abocados.

La construcción de la cultura de la muerte tiene una traducción jurídica en el derecho al suicidio (realmente al homicidio encubierto de suicidio) que se extiende por Europa y en general por el mundo que se llama desarrollado y tiene su punto nuclear no tanto en el concepto vida o persona, al que hemos dedicado grandes esfuerzos, sino en el concepto libertad.

Un error de juicio sobre la libertad, que es un error de juicio de la relación del hombre con el Creador, puede llevar como hemos dicho a sostener que el suicidio no es una libertad sino la libertad por excelencia. De ahí a considerar lo mismo respecto a la ayuda al suicidio o el suicidio administrado sólo hay un paso.

7. Vida y libertad

Fue Dostoievski, y sigo la lectura de Nadezhda Mandelstam, quien distinguió con mayor agudeza la libertad (freedom en ingles) como la posibilidad de hacer lo que se debe hacer y la libertad como licencia (license en inglés Svoevolie en ruso) que nos conduce a la noche del no ser[19].

Si como sociedad elegimos la noche del no ser el fin garantizado será aplicar esa inversión de los valores y nos encontramos con la paradoja.

Lo libre, lo moderno, lo actual, lo europeo, no es aceptar la vida, ayudar a su venida o desarrollo, paliarla en lo que los hombres podemos paliar, sino favorecer la muerte, ignorar el don de la vida y aceptarlo como una carga.

No podemos evitar el debate fundamental, manteniéndonos en la neutralidad de opciones, pues si la vida no es un don indisponible lo que se pone en marcha en la cultura social es la maquinaria de la muerte.

Y tenemos así la paradoja que consiste en que el camino de la libertad es el camino de la muerte sanitaria y esa muerte planificada, profesionalizada, se convierte en un derecho subjetivo; pero es un derecho que se aplica en nombre del paciente que le sustituye, que le presiona. La alternativa se va tornando una obligación cuando quienes tienen poder para ello entienden que lo debido es morirse.

Al echar la vista sobre el siglo XX comprobamos las veces que se ha esclavizado hasta la inanición en nombre de la felicidad.

Pues aquí aparece la máscara. Sin disparar la tasa de suicidios a las que nos acostumbramos en las fases agudas de las crisis nihilistas desde el siglo XIX aumenta la defensa y práctica del homicidio médicamente administrado.

Esta administración sanitaria del homicidio exige un juicio de adecuación del paciente al “tratamiento” y esclaviza mediante la ley al médico y a los pacientes que reúnen ciertas características objetivas. Se produce lo que hemos denominado pendiente deslizante lógica, lo que se defendió en nombre de la libertad, se aplica a quienes no pueden ejercerla.

Esta sujeción a la voluntad tanática del Estado, pues para todos en algún momento, pero para unos específicamente ahora, lo indicado es la muerte.

En efecto la tentación contemporánea del dejar hacer, de no implicarse en las decisiones amenazantes sobre la vida humana, ignora que cuando la muerte clínicamente administrada se convierte en un derecho todos resultan obligados respecto a ese derecho.

El llamado derecho a morir dignamente es infame cuando lejos de suponer una opción o no de tratamientos se convierte en la obligación de matar.

Si culturalmente parece que esta otra enorme estafa se ha impuesto entre nosotros y es cuestión de tiempo que nos alcance, me permito repetir las palabras de Nadezhda Mandelstam en los años setenta cuando nada hacía presagiar esperanza para Rusia.

“El camino de la libertad es duro, particularmente en tiempos como los nuestros pero si todo el mundo hubiese escogido el camino de la licencia, la humanidad hubiera dejado hace mucho de existir.

Si todavía existe es debido al hecho que el impulso creativo ha permanecido más fuerte que el destructivo. Si esto será así en el futuro no nos corresponde decirlo”[20].

Hasta aquí Nadezhda. Yo creo, sin embargo, sin riesgo de que se me tache de optimista, que nosotros aquí, precisamente, y cara al futuro inmediato, si tenemos mucho que desenmascarar, mucho que construir, mucho que paliar pero, sobre todo, mucho que vivir.

Sabemos que el derecho a la muerte difícilmente puede ser un derecho en sentido estricto, es decir, algo derivado de un convenio que vincula dos voluntades. En su momento Sergio Cotta en unas palabras que algunos no valoramos convenientemente señaló que en el pacto suicida resulta anulada totalmente una voluntad, sea la del médico sea la del paciente, y en ese sentido no puede ser jurídico[21].

Pero no podemos olvidar que el derecho a la muerte se inscribe en la lógica de la instrucción oficial, de la reglamentación benevolente que establece un Estado Total, que aplica una ideología única donde los viejos límites salvación-bien común, externo-interno, autónomo-heterónomo que marcaban la diferencia entre moral y derecho no existen. El Estado no admite límites aunque dice actuar en nombre no ya de una raza, de un pueblo o de una clase sino en nombre de una multitud de voluntades individuales que se reducen a una.

Por eso la regulación de la eutanasia tiene como efecto la total transformación de la deontología médica. De la función del médico.

Referencias

Andres González-Cobo, Ramon. Semper Dolens: historia del suicidio en Occidente. Barcelona: El Acantilado, 2015.

Arendt, Hannah. Los orígenes del totalitarismo. Madrid: Alianza Editorial, 2006.

Benson, Hugh. Señor del Mundo. Madrid: Palabra, 2015.

Cioran, Emil. Syllogismes de l’amertume. Paris: Galli-mard, 1995.

Confucio. Analectas. Ed. Simon Leys. Trad. Simon Leys. Madrid: EDAF, 2013.

Cotta, Sergio. «Aborto ed eutanasia un confronto.» Ri-vista di Filosofia I dirito alla vita. Fascicolo speciale (1983): 5-23.

D’Agostino, Francesco. Bioética. Turín : Giapichelli, 1996.

de Mauny, Elisabeth. «The winter years of Nadezhda Mandelstam.» The New York Tmes 17 de febrero de 1982: 006045.

Dostoievski, Fiodor. El gran inquisidor y otros cuentos. Madrid: Siruela, 2010.

Gómez Dávila, Nicolás. Escolios a un texto implícito. Ma-drid: Siruela, 2001.

Huxley, Aldous. Un mundo feliz. Barcelona: Debolsillo, 2012.

Leys, Simon. «An Open Leter to the Gobernor-General.» Quadrant 39.9 (1995): 9.

Mandelstam, Nadezhda. Hope Abandoned. Londres: The Harvill Press, 2011.

Mandelstam, Nadiezhna. Contra toda esperanza. Barce-lona: Acantilado, 2012.

Redeker, Robert. Bienhereuse vieillesse. Paris: Editions du Rocher, 2015.

—. L’eclipse de la mort. Paris: Descleé de Brouwer, 2017.

Voegelin, Eric. The Collected Works. Order and History. Israel and Revelation. Vols. 14-18. Columbia: The Uni-versity of Missouri Press, 2001.

Zamiatin, Eugueni. Nosotros. Madrid: 2008, Akal.

José Miguel Serrano Ruiz-Calderón
Universidad Complutense de Madrid, España

 

 

¿Por qué estamos obligados a seguir las normas establecidas por Dios?

 

Cristo Juez, Fra Angélico, Catedral de Orvieto

Son numerosas las personas que  creen que cada uno puede seguir sus opiniones, y por lo tanto debe haber libertad para todos y para todo, siempre que no se viole la libertad de los demás. ¿Qué debemos pensar sobre esto?

A quien afirma una norma moral, responden “esa es tu verdad”; la mía es otra. Esta mentalidad, que presupone que no existe un orden que debe ser respetado, está llevando a la ruina  la familia,  la sociedad y el propio individuo.

Veamos que debemos pensar sobre este asunto.

En el acto de la creación, Dios estableció unas cuantas leyes y normas de conducta para todos los seres que creó. Dios no los abandonó a su propio destino. Al permitirles actuar de acuerdo con su libre albedrío, sin embargo, quiso darles esas normas, que constituyen la ley eterna. La ley eterna es la misma razón divina gobernando las cosas creadas. Se llama eterna porque en Dios todo es necesariamente eterno.

En el decir de San Agustín, la ley eterna es aquella por la cual “es justo que todas las cosas sean ordenadísimas”. Es, pues, la ley del orden, de la sumisión del inferior al superior, de la obediencia del hombre a Dios.

Es de la ley eterna que derivan todas las otras leyes:

Contenidos

 

  • 1) Ley natural, que es el efecto de la ley eterna sobre la naturaleza humana;
  • 2) Ley positiva, que es establecida por el propio hombre;
  • 3) Ley divina, dada por Dios al hombre por una revelación sobrenatural;
  • 4) Todas las demás leyes que rigen los seres creados, los vegetales, los animales, etc.

¿La ley eterna obliga a todos los hombres?

¿Por qué estamos obligados a seguir estas normas establecidas por Dios? Si queremos actuar de modo diverso, ¿no podemos usar de nuestra libertad? ¿Estos principios de conducta instituidos por Dios no son simples consejos?

Como nos enseña la Iglesia Católica, la ley eterna no es un conjunto de consejos, sino de obligaciones estrictas, a las que no nos es lícito huir en ningún caso, y bajo pretexto alguno.

Siendo Dios el Señor absoluto de todo y el ser necesario para el cual todo existe, a ninguna criatura se le da el derecho de desobedecer a sus determinaciones. Como dice San Ignacio en los Ejercicios Espirituales, “el hombre fue creado para alabar y reverenciar al Señor su Dios, y así salvar su alma”. Este es el único fin que podemos legítimamente proponer.

Fundamento de la moral

Este es el fundamento último de toda moralidad. Ella nos dice por qué un acto es bueno o malo. Podemos, así, evitar todo el sentimentalismo, para el cual “bueno” es aquello que favorece sentimientos tiernos, dulces o que conmueven. Hay pueblos que tienen una tendencia especial y muy profunda para ese sentimentalismo.

El liberalismo

Podemos refutar el liberalismo, en uno de sus fundamentos más profundos, probando que el hombre no es libre para actuar contra las determinaciones divinas. De acuerdo con los liberales, cada uno puede seguir sus opiniones, y por lo tanto debe haber libertad para todos y para todo, siempre que no se viole la libertad de los demás. Ahora bien, como hemos visto, la ley eterna obliga en sentido estricto y absoluto; afirmar lo contrario sería abandonar la fe católica.

El laicismo

Los principios laicos, adoptados incluso por algunos católicos, quieren establecer un dualismo entre la Iglesia y el Estado, sosteniendo que deben vivir separados, como dos mundos estancos.

Los laicistas afirman que el Estado debe abstraerse de la Religión y de la moral reveladas. Ahora bien, por el estudio de la ley eterna, verificamos que la fuente única de toda moralidad es Dios; no puede haber una moral laica y otra religiosa; no puede haber una ley suprema para el Estado y otra para la Iglesia; no puede haber una santidad laica que abstraiga de Dios.

El socialismo

Los socialistas afirman que el criterio de moralidad es el progreso de la sociedad, la felicidad en este mundo. Para ellos, es bueno lo que hace al hombre feliz en esta vida; es bueno lo que contribuye al progreso científico; es bueno lo que planifica, organiza, simplifica y enriquece a la sociedad civil.

El estudio de la ley eterna nos permite refutarlos, probando que es bueno sólo lo que es ordenado, lo que es deseado por Dios

 *    *    *

En un próximo artículo veremos las relaciones entre las leyes que Dios estableció para todos los seres que creó y la llamada “ley natural”

 

 

El hombre Mediocre

Al mediocre le parece ridículo todo lo que está encima de él, porque teme las cosas superiores. Al activista de la mediocridad le queda al actuar una preocupación: es el miedo a comprometerse.

 

 

“Al mediocre le agradan los escritores que no dicen ni sí ni no, sobre ningún tema, que nada afirman y que tratan con respeto todas las opiniones contradictorias.

“Toda afirmación les parece insolente, pues excluye la proposición contraria. Pero si alguien es un poco amigo y un poco enemigo de todas las cosas, el mediocre lo considerará sabio y reservado, admirará su delicadeza de pensamiento y elogiará el talento de las transiciones y de los matices.

“Para escapar a la censura de intolerante, hecha por el mediocre a todos los que piensan sólidamente, sería necesario refugiarse en la duda absoluta; y aún en tal caso, sería preciso no llamar a la duda por su nombre. Es necesario formularla en términos de opinión modesta, que reserva los derechos de la opinión opuesta, toma aires de decir alguna cosa y no dice nada. Es preciso añadir a cada frase una perífrasis azucarada: “parece que”, “osaría decir que”, “si es lícito expresarse así”.

“Al activista de la mediocridad le queda al actuar una preocupación: es el miedo a comprometerse. Así, expresa algunos pensamientos robados a Perogrullo (1), con la reserva, la timidez y la prudencia de un hombre receloso de que sus palabras, por demás osadas, estremezcan al mundo.

 

Nuestros mayores no fueron mediocres…

 

“Al juzgar un libro, la primera palabra de un hombre mediocre se refiere siempre a un pormenor, habitualmente un pormenor de estilo. “Está bien escrito”, dice él, cuando el estilo es corriente, incoloro, tímido. “Está mal escrito”, afirma él, cuando la vida circula en una obra, cuando el autor va creando para sí un lenguaje a medida que habla, cuando expresa sus pensamientos con ese desembarazo osado que es la franqueza de un escritor.

“El mediocre detesta los libros que obligan a reflexionar. Le agradan los libros parecidos a todos los otros, los que se ajustan a sus hábitos, que no hacen romper su molde, que caben en su ambiente, que los conoce de memoria antes de haberlos leído, porque tales libros se parecen a todos los otros que él leyó desde que aprendió a leer.

“El hombre mediocre dice que hay algo de bueno y de malo en todas las cosas, que es preciso no ser absoluto en su juicio, etc.

“Si alguien afirma categóricamente la verdad, el mediocre lo acusará de exceso de confianza en sí mismo. El, que tiene tanto orgullo, no sabe qué es el orgullo. Es modesto y orgulloso, dócil frente a Marx y rebelde contra la Iglesia. Su lema es el grito de Joab: “Soy audaz solamente contra Dios”.

“El mediocre, en su temor de las cosas superiores, afirma amar ante todo el sentido común; sin embargo no sabe qué es el sentido común. Pues por esas palabras entiende la negación de todo cuanto es grande.

“El hombre inteligente eleva su frente para admirar y para adorar; el mediocre eleva la frente para bromear; le parece ridículo todo lo que está encima de él, y el infinito le parece el vacío”.

(1)”Monsieur de la Palisse”, en el original francés

Escritos de Ernest Hello

 

Qué hacer con la flojera

Silvia del Valle Márquez

Cuando caemos en la monotonía es muy fácil que nuestros hijos pierdan el interés y las ganas de hacer las cosas y busquen cualquier pretexto para no hacerlas.



Es importante que seamos conscientes que con tantos cambios en el ritmo de vida y en las costumbres familiares es posible que nuestros hijos estén sin ganas de hacer las cosas.

Por una parte, porque están algo desubicados y por otra parte pueden tener un ataque de flojera, de esa que no la pueden controlar por ellos mismos.

Puede que también haya motivos químicos o fisiológicos, pero el saber que no pueden salir, o que deben hacer las cosas de otra forma, puede estarles generando mucho estrés.

Y el estrés lo pueden sacar de muchas formas, una de ellas es esa pesadez o flojera para hacer sus deberes.

Por eso aquí te dejo mis 5Tips para ayudar a nuestros hijos a manejar la flojera.

PRIMERA. Revisa que no sea algo físico. Qué no estén enfermos.

Es lo más importante, saber porque nuestros hijos no quieren hacer las cosas, ya que es muy diferente no querer a no poder.

Es necesario estar atentos a que no haya enfermedades que los estén empujando a dejar de hacer las cosas.

Y no tienen que ser algo grave, un simple dolor de cabeza o de muelas pueden estarles generando esa imposibilidad para hacer sus deberes.

SEGUNDO. Establece horarios.

Es bueno que nuestros hijos sientan que hay orden en sus vidas y en la vida familiar.

Los horarios nos dan tiempos establecidos y nos dan seguridades ya que nuestros hijos pueden saber que sigue y que deben hacer en el día.

En caso de que haya alguna modificación a nuestra rutina personal o familiar, debemos saber realizar los cambios, pero tener la paz de que todo lo demás está ya establecido.

Este horario debe ser firme, pero flexible y también debemos estar atentos a revisar que las actividades se realicen completas.

TERCERO. Que tengan actividades atractivas y que les hagan ilusión.

Cuando caemos en la monotonía es muy fácil que nuestros hijos pierdan el interés y las ganas de hacer las cosas y busquen cualquier pretexto para no hacerlas.

Es por esto que debemos estar atentos a que en el día realicen actividades variadas y atractivas, incluso, algunas que les impliquen retos ya que así tendrán una motivación que les impulse a activarse y realizar lo que deben.

CUARTO. Que haya momentos al día para descansar un poco.

A veces pensamos que porque están en casa no es necesario descansar un poco, pero las actividades se siguen realizando.

El estudiar, leer, realizar investigaciones, etc. también son actividades que agotan a nuestros hijos y que requieren de momentos de esparcimiento después de realizarlas.

Por otro lado, las labores de casa si implican un desgaste físico que podemos compensar con algunas actividades como juegos de mesa o videojuegos que les estimulen a realizarlas.

Aquí podemos echar a volar nuestra imaginación y ser muy creativos para que nuestros hijos, no importa si están en casa todo el día, no se sientan aburridos.

Y QUINTO. Que aprendan a ofrecer lo que sienten.

A veces debemos hacer cosas que no nos gustan o que no tenemos ganas de hacer en ese momento, es por eso que es importante enseñar a nuestros hijos a ofrecer esas cosas y el esfuerzo de hacerlas a Dios.

Si logramos que nuestros hijos lo hagan cotidianamente, le estaremos dando un toque sublime a nuestro día, ya que, como decía san Josemaria Escrivá de Balaguer, estaremos ofreciendo las cosas pequeñas, esas que debemos hacer a diario y el esfuerzo por realizarlas a pesar de que no tenemos ganas de hacerlas, y esto puede ser muy meritorio a los ojos de Dios.

Y si además, lo ofrecemos por la paz del mundo, por la salud de los enfermos o por alguna intención en particular, lograremos que nuestras labores diarias colaboren a la salvación de muchas almas y para la máxima gloria de Dios.

 

 

¿Dejar que nazca una criatura deformada o abortarla?

 

El pequeño Brody Moreland nació en 2017 con espina bífida. Después de varias cirugías, sus padres inventaron este pequeño vehículo para su hijo

Los abortistas, que sin ningún escrúpulo relegan a los nonatos a la condición de desechos, súbitamente sienten pena y piedad por la criaturas deformes. Sin embargo, cosa singular, ¡las aman tanto que desean matarlas!

 

Es el mismo argumento absurdo por el que un fin presumiblemente bueno podría justificar un medio intrínsecamente malo.

La ilegitimidad del aborto inducido es independiente del grado de infortunio o de cualquier circunstancia dramática que pueda aquejar a la madre o a la criatura.

Si por causa de riesgos inherentes a la gestación, los padres tuviesen el derecho de suprimir la vida del feto, entonces el derecho al aborto existiría para todo y cualquier embarazo.

Más aún, existiría el derecho de interrumpir la vida después del parto, cuando la criatura nacida estuviera en una situación de grave adversidad o de irreparables malformaciones. Esta actitud es evidentemente absurda porque los individuos minusválidos merecen la misma protección que todos los hombres, antes y después del nacimiento.

Por otra parte, se alega que una madre con SIDA trasmitirá la enfermedad a su hijo. el someterse al aborto no librará ni inmunizará a la madre respecto al HIV.

Además, el test del SIDA solamente resulta positivo al 30 % de hijos de portadoras de HIV. Esto no significa necesariamente que el virus del SIDA esté presente en él, sino que demuestra la existencia de los anticuerpos contra éste, probablemente de la sangre materna, que desaparecerán un tiempo después del nacimiento. Sometida la madre a un adecuado tratamiento, sólo el 7 % de los niños tendrán probabilidades de contraer esta enfermedad.

Puestas así las cosas, no tiene ningún sentido argumentar a favor del aborto aduciendo posibles sufrimientos del niño por nacer, que en muchísimos casos serán evitados gracias al avance de la medicina.

A propósito de la mal formación del feto como pretexto para la práctica del aborto, es concluyente el testimonio dado por el jurista Celso Bastos, renombrado constitucionalista brasileño, en una entrevista a la revista “Catolicismo”:

“Participé de una discusión en la que un médico, dueño de diversas clínicas, defendía el aborto. El decía que con un aparato de ultrasonidos, se puede conocer con un 80 % de certeza si el feto sufre de mongolismo, en cuyo caso podría ser abortado. Entonces le pregunté, ya que admitía un 20 % de inseguridad, ¿por qué no dejar nacer a la criatura y matarla después? Entonces tendríamos un 100 % de certeza. El no tuvo respuesta y se irritó.” [1]

¿Sin embargo, no es sumamente cruel condenar a esos niños gravemente enfermos o discapacitados a una vida desgraciada, con las consiguientes complicaciones de todo orden para sus padres?

Sorprende sobremanera la facilidad con la cual, para justificar el aborto, se supone que toda persona gravemente enferma o discapacitada prefiere morir a soportar grandes sufrimientos a lo largo de su vida.

En el centro, el Dr. Joseph Bruner

Aún sin tomar en consideración las sublimes verdades de la Fe, que dan sentido a los mayores infortunios, de acuerdo a investigaciones bien documentadas “no existen diferencias entre personas discapacitadas y personas normales en lo referente a grado de satisfacción, perspectivas en cuanto al futuro inmediato y vulnerabilidad a la frustración”.

En ese sentido, es revelador el testimonio de W. Peacock:

“A un grupo de 150 pacientes no seleccionados de espina bifída, se les preguntó si sus deficiencias hacían que la vida no mereciera vivirse, y si se les debería haber ‘dejado morir’. La respuesta unánime fue enérgica: ¡por supuesto que querían vivir! [2]

Con relación a los padres, para no abundar en las razones ya expuestas, nos limitamos a narrar el ejemplar comportamiento del matrimonio Armas, cuya historia se conoció a través de Internet y que responde cabalmente a esta pregunta.

Julie y Alex Armas lucharon mucho tiempo por tener un bebé. Julie, una enfermera de 27 años de edad, sufrió dos pérdidas antes de quedar embarazada del pequeño Samuel. Sin embargo, cuando cumplió 14 semanas de gestación comenzó a sufrir fuertes calambres. Una prueba de ultrasonido mostró las razones. El cerebro de Samuel lucía deforme y la espina dorsal se desprendía de una columna vertebral que también presentaba anomalías; el bebé sufría de espina bífida y podían decidir entre un aborto o un hijo con serias discapacidades. Según Alex, el aborto nunca fue una opción.

Antes de dejarse abatir, la pareja decidió buscar una solución por sus propios medios y fue así como ambos comenzaron a solicitar ayuda a través de Internet. Así fue como se conectaron con el Dr. Joseph Bruner y su equipo que decidieron intervenir al niño sin sacarlo del útero.

La espina bífida puede llevar al daño cerebral, generar diversas parálisis e incluso una incapacidad total. Sin embargo, al ser corregida antes que el bebé nazca, se tienen muchas más opciones de curación. Aunque el riesgo era grande la operación fue un éxito.

Un fotógrafo registró la cirugía practicada al feto de 21 semanas de gestación y captó cómo la criatura sacó su pequeñísima mano desde el interior del útero de su madre e intentó sujetar uno de los dedos del médico que lo estaba interviniendo.

Después del nacimiento, los padres de Samuel dirigieron una carta a todos los amigos que en el mundo se unieron en oración por el bebé y adoptaron su conmovedora historia como estandarte de la lucha contra el aborto. [3]

La vida es “un valle de lágrimas” y la peor solución es querer huir de esta realidad, pues pone al descubierto, además de la cobardía, la falta de Fe y de sentido común.

Es una utopía utilizar el argumento de la “calidad de vida” para justificar un aborto. El ya citado Dr. Jerôme Lejeune recuerda a un colega norteamericano que le hizo esta confidencia:

“Hace unos años mi padre era un médico judío que ejercía su profesión en Austria. Un día nacieron dos bebés en su clínica. Uno era vigoroso, gozaba de buena salud, daba fuertes gritos. Sus padres estaban muy orgullosos y contentos. El otro bebé era una pequeña niña, pero sus padres estaban tristes porque sufría el síndrome de Down. Seguí sus vidas durante casi 50 años. La hija creció en casa y finalmente se la destinó a cuidar a su madre durante la larga enfermedad que ésta sufrió después de un paro cardíaco. No recuerdo su nombre. Sin embargo, sí recuerdo el nombre del niño, pues él creció para matar a millones de personas. Murió en un bunker en Berlín. Su nombre es Adolf Hitler” [4]


[1] Cfr. “Catolicismo”, San Pablo, Brasil, nº 525, septiembre, 1994.

[2] Cfr. W. Peacock, comunicación personal a D. Shewmon en “Active Voluntary Eutanathia”, “Issues in Law and Medicine”, 1987; en Dr. Jack Willke y Bárbara Willke, “Aborto, preguntas y respuestas”, op. cit., p. 209.

[3] Cfr. “Padres de Samuel dirigen carta a pro-vidas del mundo”, ACI Digital, http://www.aciprensa.com, 11-12-99, en “Mitos y Realidades…”, op. cit., Mito Nº10

[4] Cfr. Barbara & Jack Willke, “A genetique choice”, Right to life of greater Cincinnati, Newsletter, Enero de 1966, p. 3.

 

Las residencias de mayores

El silencio sobre los fallecidos en residencias de ancianos es atronador, insultante. Así como suena: no hay cifras “oficiales”. Increíble, pero cierto. Se puede llegar a la conclusión de que si no hay datos oficiales es porque la realidad no interesa darla a conocer.

No es que este Gobierno nos ofrezca precisamente fiabilidad con sus datos oficiales, sobre todo desde que apareció la pandemia, pero el hecho es que ni da datos. Los que tenemos, aproximados, los facilitan los centros territoriales de TVE, en contacto con las consejerías de Sanidad de las comunidades autónomas.

Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno de Derechos Sociales, está muy callado respecto a los fallecimientos de ancianos en residencias. Hasta mediados de mayo habían fallecido por coronavirus 18.613 ancianos en residencias, públicas y privadas, que supone que dos de cada tres fallecidos –27.778 entonces- por el Covid-19 son ancianos en residencias. Es una tragedia sin ningún tipo de paliativos, que nos tiene a todos los españoles indignados, dolidos. No es para menos.

La excusa de Pablo Iglesias para no dar la cara sobre lo que ha pasado y se está haciendo en las residencias de la tercera edad es muy sencilla: que es competencia de las comunidades autónomas. También la sanidad es competencia de las comunidades autónomas, y al menos da la cara el ministro de Sanidad, Salvador Illa. Cuando una tragedia abarca a toda España, el ministro correspondiente tiene que dar la cara ¿o no Sr. Iglesias?

Jesús D Mez Madrid

 

Suicidio demográfico

Nuevo hundimiento de la natalidad en España en 2019: 3,5% menos nacimientos en total (31% desde 2008) y 5,3% menos de madres españolas,

La fecundidad total bajó a 1,23 hijos por mujer, y solo 1,17 las españolas (las que menos, las asturianas con 0,92, seguidas de las canarias con 0,94 y las gallegas con 0,98). Mucho peor incluso que en 1939, el año con menos nacimientos de la guerra civil, en una España con 20 millones menos de habitantes y muy postrada, cuando nacieron 422.000 niños. En 2019 hubo poco menos de 360.000 bebés en total, y 280.000 de madres españolas (incluidas inmigrantes con doble nacionalidad).

Asimismo, en 2019 creció el exceso de muertes sobre nacimientos, (hubo más muertos que nacidos) y más entre los españoles autóctonos (que mermaron en más de 130.000).

¿Cuándo reaccionará España ante su suicidio demográfico?

*Ojo al dato*. Da que pensar. Se comenta que los nacimientos se hundirán por la depresión económica debida a la pandemia de coronavirus. Pues bien, en 2019 cayeron más los nacimientos de madres españolas (-5,3%) que en 1919 por la pandemia de gripe mal llamada "española" (-4,4%). Y los nacidos en 2019 fueron concebidos con la economía creciendo a buen ritmo, y sin tragedias comparables a las de esas pandemias.

Ah, y la gripe española fue 10 veces más mortífera en proporción a la población que el coronavirus hasta ahora, y muchísimo más que el Covid en la gente en edad de tener hijos.

(Alejandro Macarrón, director de la Fundación Renacimiento Demográfico dixit.)

 

 

La Virgen acompañó a Juan Pablo II

La Virgen acompañó a Juan Pablo II en los sufrimientos que le ocasionó el atentado, y que a él le ayudaron a unirse más al Señor, a ofrecer sus penas y dolores, a vivir, en una palabra, la conversión a la Caridad de Dios, que nos recordó a todos con estas palabras, para animarnos a anunciar a Cristo, el mejor acto de Caridad que podemos vivir con quienes nos rodean:

Caridad en Cristo, Dios y hombre verdadero. El misterio de caridad de Cristo que nos invita, desde el primer momento de su vida pública, a la Conversión. “La conversión significa aceptar, con decisión personal, la soberanía de Cristo y hacerse discípulos suyos” (Redemptoris missio, 46).

“Hoy la llamada a la conversión que los misioneros dirigen a los no cristianos se pone en tela de juicio o se pasa en silencio. Se ve en ella un acto de “proselitismo”; se dice que basta ayudar a los hombres a ser más hombres o más fieles a la propia religión, que basta formar comunidades capaces de trabajar por la justicia, la libertad, la paz, la solidaridad. Pero se olvida que toda persona tiene el derecho a escuchar la “buena nueva” de Dios que se revela y se da en Cristo, para realizar en plenitud la propia vocación. La grandeza de este acontecimiento resuena en las palabras de Jesús a la samaritana: “Si conocieras el don de Dios”, y en el deseo inconsciente pero ardiente de la mujer: “Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed” (Jn. 4, 10.15) (Redemptoris missio, n. 46).

No cabía en cabeza alguna que la caída de los regímenes comunistas –con sus más de 40.000.000 de asesinatos políticos, solo en la Unión Soviética- llegara a tener lugar sin derramamiento de sangre. La única derramada fue la de Juan Pablo II.  No tengo duda de que fue un regalo de Nuestro Señor Jesucristo a sus hermanos los hombres del mundo.

Juan García. 

 

 

¿A qué obedece la retirada del concierto a la diferenciada?

El fantasma del sectarismo político asoma de nuevo con motivo de la pretensión del Gobierno de aprobar su ley educativa, cuando la urgencia que debería centrar los esfuerzos son todos esos chicos y chicas que se han quedado descolgados después de muchos años de duro trabajo de las administraciones y la sociedad civil para conseguir que el acceso a la educación sea un derecho universal. En lugar de eso se quiere generar un enfrentamiento artificial entre escuela pública y concertada, mientras se dota a las autonomías de los recursos legales necesarios para acomodar la enseñanza a sus preferencias ideológicas. El primer aviso se ha producido ya en Cataluña, con la amenaza de retirada de los conciertos por parte de la Generalitat a la enseñanza diferenciada. Un pequeño anticipo de lo que puede estar por venir muy pronto en el conjunto de España.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

El turismo español, la bandera nacional y otros desastres

            En este país, “o conglomerado de tribus desde hace milenios”, ocurrieron y siguen ocurriendo, desastres y destrucciones insólitas; lo que ya hace dos siglo, le hizo afirmar a nada menos que el unificador de Alemania, lo siguiente: "Otto von "Bismark, EL CANCILLER DE HIERRO... "ESPAÑA ES LA NACIÓN MÁS FUERTE DEL MUNDO... LOS ESPAÑOLES LLEVAN SIGLOS TRATANDO DE DESTRUIRLA Y NO LO CONSIGUEN". Veamos algunos de los actuales desastres.

 

TURISMO EN FRANCIA, ITALIA, PORTUGAL Y ESPAÑA: El tres de Junio, los noticieros mundiales, afirmaron que en los tres primeros países, el turismo podía visitarlos con los mínimos requisitos previsibles impuestos por el “virus chino”. El mismo día, el indeseable Presidente del gobierno español (cuyo nombre ya ni merece ser reflejado) conseguía imponer nada menos que el sexto período de cárceles a los españoles y sus industrias turísticas, puesto que “el angelito”, se ha empeñado en que el turismo no sea normal hasta el uno de julio, salvo que a este indeseable se le esté ocurriendo en su pobre caletre, otra prórroga más de “salva vidas” metidos en “sus cárceles españolas”. La ruina en España ya es incalculable y más aún en el importantísimo turismo y la hostelería que lo sustenta. Es inconcebible lo que aquí está ocurriendo, con un gobierno nefasto por demás y una oposición corrompida, sobornada y en connivencia con el mismo, en vez de unirse y librarnos de tal desastre, colabora con el presidente de gobierno, el que logra lo que quiere de ésta; el país sigue cuasi paralizado y la miseria social en un avance ya impredecible.

LA BANDERA NACIONAL: “Esconden en cuanto pueden la bandera española. No la verán en sus mítines porque el PSOE prefiere, incluso, sacar la republicana o las de autonomías como la gallega, la catalana, la vasca o la andaluza. Sin embargo, basta con que un grupo de vecinos patriotas haga un acto con la enseña de España como telón de fondo y entonces ya saltan como posesos desde Ferraz o desde La Moncloa”. (Periodista Digital 03-06-2020)…

España es de risa; infinidad de españoles, reniegan (incluso algunos bestias la han quemado y la queman) de la bandera nacional; cosa que en ningún país ocurre y en general, todos lucen su enseña nacional con el orgullo propio de quien, por nacido allí o por adopción voluntaria, simplemente “honra a la tierra madre, de la que normalmente vive y come” (hasta los más miserables de los animales defienden el lugar o territorio del que viven). Uno de los grandes o enormes problemas de gran parte de los nativos de aquí, es la ignorancia, analfabetismo o lo que es peor aún el “analfabestialismo”; además algunos llegan a ligar esa bandera como si la hubiese creado Franco en su dictadura. No saben o peor aún no quieren saber, que la bandera nacional, se debe nada menos que a uno de los pocos reyes inteligentes que tuvo esta nación, y nada menos que en la época en que aún, “en el imperio español no se ponía el sol”; y adoptó esa bandera, no por gusto particular, sino para que en el mar, las innumerables naves que los surcaban, tenían dificultades en tiempos de nieblas y demás elementos marinos que dificultaban la visibilidad de las naves, lo que llegaba hasta que cañoneasen naves españolas a otras nacionales; por lo que se adoptó, ese “pendón” y se izó de gran tamaño en ellas, para que se destacaran los colores que aún se mantienen, simplemente porque son muy visibles (siglos después todos los elementos de salvamento marítimo, llevan esos o alguno de sus colores y en todos los países del mundo) y que luego adoptaron por esa misma necesidad. Por tanto la bandera española ya cuenta con casi tres siglos de existencia; y como un símbolo, que lo es, debe ser respetada como tal y mostrada como lo que es y representa y que hacen en cualquier país del mundo, “bastante menos bestia que esa mayoría de españoles”, que aunque les pese, pero son eso, simplemente eso…ESPAÑOLES; y cuya lengua (que igualmente reniegan los imbéciles) es la segunda más hablada en los foros de todo el mundo. (03-06-2020 en un foro)

La Guardia Civil redobla la seguridad en el chalé de Iglesias y corta el paso durante las 24 horas: Las protestas frente a su residencia por la gestión del Gobierno en la crisis del coronavirus han llevado al Instituto Armado a aumentar las medidas de protección. (Vozpópuli 03-06-2020)

¿Cuántos chalés, apartamentos de segunda vivienda, pisos, casa, establecimientos, instalaciones agrícolas o comerciales, etc., se asaltan y roban cada día en España? Para paliar esto nunca hay "guardias suficientes"; sin embargo para los políticos, sobran escoltas, guardaespaldas, guarda "muebles", etc. “ESTA ES LA VERDADERA IGUALDAD REAL” NO LO QUE NOS DICEN LOS POLÍTICOS.

EL REPARTO INFAME DEL DINERO PÚBLICO: Hace ya siglo y medio, uno de los escritores más prestigiosos en nuestra historia, escribía lo que sigue: «Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve.» (Benito Pérez Galdós). ¿Qué ocurre aquí y desde 1976 hasta hoy mismo? Pues eso mismo, todos los políticos “a pastar en el dinero público”, malgastarlo, malversarlo o robarlo y cargado brutalmente al indefenso pueblo con impuestos ya insoportables y una deuda pública ya impagable.

Antonio García Fuentes

Escritor y filósofo)                   

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes