Las Noticias de hoy 07 Noviembre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 07 de noviembre de 2019     

Indice:

ROME REPORTS

“Lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar” – Catequesis completa

El Papa invita a españoles y latinos a “inculturar con delicadeza el mensaje de la fe”

México: I Congreso Latinoamericano de prevención de abusos en la Iglesia

Oriente Medio: Invitación del Papa a ser “constructores de puentes”

Documental ‘El Plan Divino’: El vínculo entre Juan Pablo II y Reagan

AMIGO DE LOS PECADORES: Francisco Fernandez Carbajal

"Portadores de Dios en todos los ambientes": San Josemaria

Visitar y cuidar a los enfermos: Javier Echevarria

Tiempo ordinario: el domingo, día del Señor y alegría de los cristianos: Carlos Ayxelà

El esplendor de la caridad

¿Es Dios la pachamama?”: + Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

¿Cómo sientes la Iglesia dentro de ti?: + Braulio Rodríguez Plaza. Arzobispo de Toledo. Primado de España

Por qué muchos abuelos no ven a sus nietos: Lucía Legorreta

Democracia y populismo: Ana Teresa López de Llergo

Un santo para los tiempos modernos: Jaume Catalán Díaz

Para Cáritas cada gesto cuenta: Juan García.

Todos los Santos: Jesús Domingo Martínez

Carta pública a Pedro Sánchez: Jorge Hernández Mollar

Cartas con un drogadicto ya muerto III: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

“Lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar” – Catequesis completa

San Pablo en Atenas

noviembre 06, 2019 12:07Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 6 nov. 2019).- Pablo en el Areópago: un ejemplo de inculturación de la fe en Atenas (Hechos de los Apóstoles 17, 22-3) es el tema elegido por el Papa Francisco para la catequesis pronunciada hoy, miércoles, 6 de noviembre de 2019, en la audiencia general, ante peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

El Pontífice ha invitado a pedir al Espíritu Santo “que nos enseñe a construir puentes con la cultura, con aquellos que no creen o con los que tienen un credo diferente al nuestro. Siempre construir puentes, siempre la mano tendida, ningún ataque”.

Con el ejemplo de San Pablo, Francisco proponer pedir “la capacidad de inculturar con delicadeza el mensaje de la fe, observando a los que viven en la ignorancia de Cristo con una mirada contemplativa movida por un amor que inflame hasta los corazones más endurecidos”.

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Conocer a toda la gente

El Apóstol, al llegar a Atenas, “estaba interiormente indignado al ver la ciudad llena de ídolos” (Hch 17,16). Sin embargo, este “impacto” con el paganismo, “en lugar de hacerlo huir, lo empuja a crear un puente para dialogar con esa cultura”, ha descrito el Papa.

Conoce a judíos, filósofos epicúreos y estoicos, y muchos otros. “Conoce a toda la gente, no se encierra, va a hablar con toda la gente”. Pablo “no mira a la ciudad de Atenas y al mundo pagano con hostilidad, sino con los ojos de la fe”. Así, el Santo Padre ha cuestionado la forma en que vemos nuestras ciudades: “¿las observamos con indiferencia? ¿Con desprecio? ¿O con la fe que reconoce a los hijos de Dios en medio de las multitudes anónimas?”.

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Dios “vive entre los ciudadanos”

Partiendo de esa “devoción” al “Dios desconocido” que tenían los atenienses, para entrar en empatía con sus oyentes, proclama que Dios “vive entre los ciudadanos” y “no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero, aunque lo hagan a tientas”. Es precisamente esta presencia la que Pablo quiere revelar: “Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar”.

Luego, San Pablo invitó a todos a ir más allá de “los tiempos de la ignorancia” y a decidirse por la “conversión” ante el juicio inminente, llegando así al kerigma y aludiendo a Cristo, sin citarlo, definiéndolo como “el hombre que (Dios) ha destinado, dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los muertos”.

Sigue la catequesis completa:

***

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Continuamos nuestro “viaje” con el libro de los Hechos de los Apóstoles. Después de las pruebas pasadas en Filipos, Tesalónica y Berea, Pablo llega a Atenas, precisamente en el corazón de Grecia (cf. Hch 17,15). Esta ciudad, que vivía a la sombra de antiguas glorias a pesar de la decadencia política, aún conservaba la primacía de la cultura. Aquí el Apóstol “estaba interiormente indignado al ver la ciudad llena de ídolos” (Hch 17,16). Sin embargo, este “impacto” con el paganismo, en lugar de hacerlo huir, lo empuja a crear un puente para dialogar con esa cultura.

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Pablo elige familiarizarse con la ciudad y así comienza a frecuentar los lugares y las personas más significativas. Va a la sinagoga, símbolo de la vida de fe; va a la plaza, símbolo de la vida urbana; y va al Areópago, símbolo de la vida política y cultural. Conoce a judíos, filósofos epicúreos y estoicos, y muchos otros. Conoce a toda la gente, no se encierra, va a hablar con toda la gente. De este modo, Pablo observa la cultura y observa el ambiente de Atenas “desde una mirada contemplativa” que descubra “al Dios que habita en sus hogares, en sus calles y en sus plazas” (Evangelii gaudium, 71). Pablo no mira a la ciudad de Atenas y al mundo pagano con hostilidad, sino con los ojos de la fe. Y esto nos hace cuestionar la  forma en que vemos nuestras ciudades: ¿las observamos con indiferencia? ¿Con desprecio? ¿O con la fe que reconoce a los hijos de Dios en medio de las multitudes anónimas?

Pablo elige la mirada que lo lleva a abrir una brecha entre el Evangelio y el mundo pagano. En el corazón de una de las instituciones más famosas del mundo antiguo, el Areópago, realiza un ejemplo extraordinario de inculturación del mensaje de la fe: anuncia a Jesucristo a los adoradores de ídolos, y no lo hace atacándolos, sino haciéndose “pontífice, constructor de puentes” (Homilía en Santa Marta, 8 de mayo de 2013).

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Pablo toma como ejemplo el altar de la ciudad dedicado al “Dios desconocido” (Hechos 17:23), había un altar donde estaba escrito “al Dios desconocido”, ninguna imagen, nada, solamente esa inscripción. Partiendo de esa “devoción” al “Dios desconocido”, para entrar en empatía con sus oyentes, proclama que Dios “vive entre los ciudadanos”. (Evangelii gaudium, 71) y “no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero, aunque lo hagan a tientas” (ibíd.). Es precisamente esta presencia la que Pablo quiere revelar: “Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar” (Hch 17,23).

Para revelar la identidad del dios que adoran los atenienses, el Apóstol parte de la creación, es decir, de la fe bíblica en el Dios de la revelación, para llegar a la redención y al juicio, es decir, al mensaje propiamente cristiano. Muestra la desproporción entre la grandeza del Creador y los templos construidos por el hombre, y explica que el Creador se hace buscar siempre para que todos puedan encontrarlo. De este modo, Pablo, según una hermosa frase del Papa Benedicto XVI,  “anuncia a Aquel, que los hombres ignoran, y sin embargo, conocen: el Ignoto-Conocido” (BENEDICTO XVI, Encuentro con el mundo de la cultura en el Colegio de los Bernardinos, 12 de septiembre de 2008). Luego, invita a todos a ir más allá de “los tiempos de la ignorancia” y a decidirse por la conversión ante el juicio inminente. Pablo llega así al kerigma y alude a Cristo, sin citarlo, definiéndolo como “el hombre que (Dios) ha destinado, dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los muertos” (Hch17,31).

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Y aquí está el problema. La palabra de Pablo, que hasta entonces había mantenido en suspenso a sus interlocutores, –porque era un descubrimiento interesante– encuentra un escollo: la muerte y resurrección de Cristo parecen una “necedad” (1 Cor 1,23) y suscitan burlas y escarnio. Pablo entonces se aleja: su intento parece haber fracasado, y en cambio algunos se adhieren a su palabra y se abren a la fe. Entre ellos hay un hombre, Dionisio, miembro del Areópago, y una mujer, Damaris. También en Atenas el Evangelio arraiga y puede correr a dos voces: ¡la de aquel hombre y la de aquella mujer!

Pidamos también hoy al Espíritu Santo que nos enseñe a construir puentes con la cultura, con aquellos que no creen o con los que tienen un credo diferente al nuestro. Siempre construir puentes, siempre la mano tendida, ningún ataque. Pidámosle la capacidad de inculturar con delicadeza el mensaje de la fe, observando a los que viven en la ignorancia de Cristo con una mirada contemplativa movida por un amor que inflame hasta los corazones más endurecidos.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

El Papa invita a españoles y latinos a “inculturar con delicadeza el mensaje de la fe”

Y a “construir puentes”

noviembre 06, 2019 11:12Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 6 nov. 2019).- “Pidamos la capacidad de inculturar con delicadeza el mensaje de la fe” ha propuesto el Papa Francisco a los visitantes y peregrinos procedentes de España y Latinoamérica en la audiencia general, celebrada este miércoles, 6 de noviembre de 2019.

“Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española”, ha pronunciado el Santo Padre al final de sus palabras en español. “Pidamos hoy al Espíritu Santo de enseñarnos a construir puentes con quienes no creen o tienen otra fe distinta a la nuestra”.

Asimismo, el Papa ha invitado a pedir “la capacidad de inculturar con delicadeza el mensaje de la fe” y que “el fuego de su amor que es capaz de inflamar el corazón más endurecido abra los ojos de los que todavía no conocen a Cristo”.

El Pontífice ha reflexionado en la catequesis en torno al apóstol San Pablo, a su llegada a Atenas, como siendo “ejemplo extraordinario de inculturación”, no miró al paganismo con hostilidad, “sino que le empuja a crear un puente para dialogar con aquella cultura”.

 

 

México: I Congreso Latinoamericano de prevención de abusos en la Iglesia

Organizado por el CEPROME

noviembre 06, 2019 18:02Larissa I. LópezProtección de Menores

(ZENIT – 6 nov. 2019).- El I Congreso Latinoamericano sobre la prevención del abuso en la Iglesia Católica se celebra en el auditorio de la Universidad Pontificia de México del 6 al 8 de noviembre de 2019, informa la agencia católica de noticias argentina AICA.

Organizado por el Centro de investigación y formación interdisciplinar para la protección del menor (CEPROME), el congreso cuenta con el apoyo de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y el Consejo Episcopal Latinoamericano.

Además, el CEPROME está respaldado por la Universidad Pontificia de México y la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

Análisis y reflexión

El tema central se desarrollará en torno al análisis y a la reflexión en materia de infancia, prevención del abuso sexual en la Iglesia, medidas cautelares, procesos integrales de prevención y discernimiento vocacional.

El padre Daniel Portillo, director del CEPROME, subrayó que “el drama del abuso sexual de menores es un problema global que requiere justamente una solución global. De ahí que el objetivo del congreso sea generar una discusión abierta y exhaustiva para crear conciencia y movilizar acciones, para ofrecer una mejor protección de los niños, niñas y adolescentes en Latinoamérica”.

“Este primer congreso latinoamericano es un primer acercamiento entre los distintos países, con la finalidad de generar sinergias interinstitucionales, diocesanas, nacionales, que favorezcan una mayor protección en nuestro ambiente latinoamericano”, agregó el sacerdote.

Formación, prevención e intervención

El padre Portillo indicó que el congreso está especialmente dirigido a “las personas que están trabajando en el ámbito de la formación, de la prevención, de la intervención en el tema del abuso sexual infantil eclesial”.

“Está destinado a aquellas diócesis, congregaciones de nuestro continente latinoamericano que pretendan favorecer o generar una reflexión sobre una acción como esta” añadió que “el congreso nos ayuda para darnos cuenta de que la prevención es un compromiso y una responsabilidad de todos. No es una acción puramente de la jerarquía, sino que es una responsabilidad de la comunidad eclesial en la que estamos involucrados todos”.

Ponentes 

Entre los ponentes del congreso se encuentra Mons. Charles Scicluna, secretario adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, arzobispo de Malta y uno de los mayores expertos en prevención y lucha contra los casos de abusos sexuales cometidos por miembros del clero.

También estará presente el sacerdote jesuita Hans Zollner, presidente del Centro para la Protección de Menores de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

Entre otros expositores también estarán presentes el arzobispo de Monterrey y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Mons. Rogelio Cabrera; el arzobispo de México, cardenal Carlos Aguiar Retes; y el arzobispo de Chicago, cardenal Blase Cupich.

 

 

Oriente Medio: Invitación del Papa a ser “constructores de puentes”

A los visitantes de lengua árabe

noviembre 06, 2019 19:00Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 6 nov. 2019).- El Santo Padre ha dado una “cordial bienvenida” a los peregrinos de lengua árabe, en particular a aquellos provenientes del Medio Oriente, en la audiencia general que ha presidido este miércoles, 6 de noviembre de 2019, en la plaza de san Pedro.

“Queridos hermanos y hermanas”, les ha dicho el Papa, “ante tanto sufrimiento en nuestro tiempo, pedimos al Señor hacer de nosotros constructores de puentes, y de abrir nuestros corazones a las necesidades de los necesitados, de los indefensos, de los pobres, de los desempleados, y de quienes llaman a nuestra puerta en busca de pan, refugio y reconocimiento de su dignidad”.

“¡El Señor los bendiga!” les ha saludado el Papa. En la audiencia, continuando el ciclo de catequesis dedicado al libro de los Hechos de los Apóstoles, Francisco ha relatado como san Pablo anunció a Cristo a Atenas, y el contacto con el paganismo no le asustó, “sino que le empuja a crear un puente para dialogar con aquella cultura”.

El Papa Francisco dedica el video del noviembre, en el que propone cada mes una intención de oración, a rezar “para que en Oriente Próximo nazca un espíritu de diálogo, un espíritu de encuentro y de reconciliación”.

 

 

Documental ‘El Plan Divino’: El vínculo entre Juan Pablo II y Reagan

Proyección en la Filmoteca Vaticana

noviembre 06, 2019 14:25Larissa I. LópezJuan Pablo II, Vaticano

(ZENIT – 6 nov. 2019).- El jueves 7 de noviembre de 2019, a las 16 h., tendrá lugar la proyección del documental The Divine Plan (El Plan Divino) en el vestíbulo de la Filmoteca Vaticana.

El Plan Divino es un documental dirigido por Robert Orlando que trata sobre la especial relación establecida entre el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan y el papa Juan Pablo II durante la guerra fría.

Juan Pablo II y Ronald Reagan

Según indica la página oficial del documental, Robert Orlando trabajó con Paul Kengor, autor del libro con el mismo nombre, para profundizar en el vínculo entre Juan Pablo II y Reagan y crear esta obra audiovisual.

Con apenas seis semanas de diferencia, en la primavera de 1981, el papa y el presidente sufrieron sus respectivos e históricos atentados. De acuerdo a la misma fuente, tras sobrevivir ambos a una experiencia cercana a la muerte y similar, también compartieron la convicción de que Dios les había mantenido con vida con el propósito de derrotar al comunismo y provocar la caída del muro de Berlín.

Entrevistas exclusivas

Así, El Plan Divino se basa en entrevistas exclusivas con renombrados historiadores, académicos, periodistas y funcionarios de la Iglesia que hablan sobre esta especial alianza establecida entre el Pontífice y el dirigente estadounidense.

Entre los entrevistados por Orlando se encuentran los conocidos historiadores Douglas Brinkley, H.W. Brands, Anne Applebaum y John O’Sullivan y Craig Shirley; el biógrafo principal de Juan Pablo II, George Weigel; el asesor de Reagan, Richard V. Allen; el cardenal Timothy Dolan y el obispo Robert Barron.

 

AMIGO DE LOS PECADORES

— Son los enfermos quienes tienen necesidad de médico. Jesús ha venido a curarnos.

— La oveja perdida. La alegría de Dios ante nuestras diarias conversiones.

— Jesucristo sale muchas veces a buscarnos.

I. Leemos en el Evangelio de la Misa1 que publicanos y pecadores se acercaban a Cristo para oírle. Pero los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: este recibe a los pecadores y come con ellos.

Meditando la vida del Señor podemos ver con claridad cómo toda ella manifiesta su absoluta impecabilidad. Más aún, Él mismo preguntará a quienes le acusan: ¿Quién de vosotros me argüirá de pecado?2, y «durante toda su vida, lucha con el pecado y con todo lo que engendra pecado, comenzando por Satanás, que es padre de la mentira... (cfr. Jn 8, 44)»3.

Esta batalla de Jesús contra el pecado y contra sus raíces más profundas no le aleja del pecador. Muy al contrario, lo aproxima a los hombres, a cada hombre. En su vida terrena Jesús solía mostrarse particularmente cercano de quienes, a los ojos de los demás, pasaban por «pecadores» o lo eran de verdad. Así nos lo muestra el Evangelio en muchos pasajes; hasta tal punto que sus enemigos le dieron el título de amigo de publicanos y de pecadores4. Su vida es un constante acercamiento a quien necesita la salud del alma. Sale a buscar a los que precisan ayuda, como Zaqueo, en cuya casa Él mismo se invitó: Zaqueo, baja pronto -le dice-, porque hoy me hospedaré en tu casa5. El Señor no se aleja, sino que va en busca de los más distanciados. Por eso acepta las invitaciones y aprovecha las circunstancias de la vida social para estar con quienes no parecían tener puestas sus esperanzas en el Reino de Dios. San Marcos nos indica cómo después del llamamiento de Mateo, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y con sus discípulos6. Y Cuando los fariseos murmuran de esta actitud, Jesús responde: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos...7. Aquí, sentado con estos hombres que parecen muy alejados de Dios, se nos muestra Jesús entrañablemente humano. No se aparta de ellos; por el contrario, busca su trato. La manifestación suprema de este amor por quienes se encuentran en una situación más apurada tuvo lugar en el momento de dar su vida por todos en el Calvario. Pero en este largo recorrido hasta la Cruz, su existencia es una manifestación continua de interés por cada uno, que se expresa en estas palabras conmovedoras: El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino a servir...8. A servir a todos: a quienes tienen buena voluntad y están más preparados para recibir la doctrina del Reino, y a quienes parecen endurecidos para la Palabra divina.

La meditación de hoy nos debe llevar a aumentar nuestra confianza en Jesús cuanto mayores sean nuestras necesidades; especialmente si en alguna ocasión sentimos con fuerza la propia flaqueza: Cristo también está cercano entonces. De igual forma, pediremos con confianza por aquellos que están alejados del Señor, que no responden a nuestro desvelo por acercarlos a Dios y que aun parece que se distancian más. «¡Oh, qué recia cosa os pido, verdadero Dios mío –exclama Santa Teresa–: que queráis a quien no os quiere, que abráis a quien no os llama, que deis salud a quien gusta de estar enfermo y anda procurando la enfermedad!»9.

II. Jesucristo andaba constantemente entre las turbas, dejándose asediar por ellas, aun después de caída ya la noche10, y muchas veces ni siquiera le permitían un descanso11. Su vida estuvo totalmente entregada a sus hermanos los hombres12, con un amor tan grande que llegará a dar la vida por todos13. Resucitó para nuestra justificación14; ascendió a los Cielos para prepararnos un lugar15; nos envía su Espíritu para no dejarnos huérfanos16. Cuanto más necesitados nos encontramos, más atenciones tiene con nosotros. Esta misericordia supera cualquier cálculo y medida humana; es «lo propio de Dios, y en ella se manifiesta de forma máxima su omnipotencia»17.

El Evangelio de la Misa continúa con esta bellísima parábola, en la que se expresan los cuidados de la misericordia divina sobre el pecador: Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la carga sobre los hombros muy contento; y al llegar a casa reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme! he encontrado la oveja que se me había perdido. «La suprema misericordia –comenta San Gregorio Magno– no nos abandona ni aun cuando lo abandonamos»18. Es el Buen Pastor que no da por definitivamente perdida a ninguna de sus ovejas.

Quiere expresar también aquí el Señor su inmensa alegría, la alegría de Dios, ante la conversión del pecador. Un gozo divino que está por encima de toda lógica humana: Os digo que así también habrá más alegría en el Cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse, como un capitán estima más al soldado que en la guerra, habiendo vuelto después de huir, ataca con más valor al enemigo, que al que nunca huyó pero tampoco mostró valor alguno, comenta San Gregorio Magno; igualmente, el labrador prefiere mucho más la tierra que, después de haber producido espinas, da abundante mies, que la que nunca tuvo espinas pero jamás dio mies abundante19. Es la alegría de Dios cuando recomenzamos en nuestro camino, quizá después de pequeños fracasos en esas metas en las que estamos necesitados de conversión: luchar por superar las asperezas del carácter; optimismo en toda circunstancia, sin dejarnos desalentar, pues somos hijos de Dios; aprovechamiento del tiempo en el estudio, en el trabajo, comenzando y terminando a la hora prevista, dejando a un lado llamadas por teléfono inútiles o menos necesarias; empeño por desarraigar un defecto; generosidad en la mortificación pequeña habitual... Es el esfuerzo diario para evitar «extravíos» que, aunque no gravemente, nos alejan del Señor.

Siempre que recomenzamos, cada día, nuestro corazón se llena de gozo, y también el del Maestro. Cada vez que dejamos que Él nos encuentre somos la alegría de Dios en el mundo. El Corazón de Jesús «desborda de alegría cuando ha recobrado el alma que se le había escapado. Todos tienen que participar en su dicha: los ángeles y los escogidos del Cielo, y también deben alegrarse los justos de la tierra por el feliz retorno de un solo pecador»20. Alegraos conmigo..., nos dice. Existe también una alegría muy particular cuando hemos acercado a un amigo o a un pariente al sacramento del perdón, donde Jesucristo le esperaba con los brazos abiertos.

Señor -canta un antiguo himno de la Iglesia-, has quedado extenuado, buscándome: //¡Que no sea en vano tan grande fatiga!21.

III. Y cuando la encuentra, la carga sobre los hombros muy contento...

Jesucristo sale muchas veces a buscarnos. Él, que puede medir en toda su hondura la maldad y la esencia de la ofensa a Dios, se nos acerca; Él conoce bien la fealdad del pecado y su malicia, y sin embargo «no llega iracundo: el Justo nos ofrece la imagen más conmovedora de la misericordia (...). A la Samaritana, a la mujer con seis maridos, le dice sencillamente a ella y a todos los pecadores: Dame de beber (Jn 3, 4-7). Cristo ve lo que ese alma puede ser, cuánta belleza –la imagen de Dios allí mismo–, qué posibilidades, incluso qué “resto de bondad” en la vida de pecado, como una huella inefable, pero realísima, de lo que Dios quiere de ella»22.

Jesucristo se acerca al pecador con respeto, con delicadeza. Sus palabras son siempre expresión de su amor por cada alma. Vete y no peques más23, advertirá solamente a la mujer adúltera que iba a ser apedreada. Hijo mío, ten confianza, tus pecados te son perdonados24, dirá al paralítico que, tras incontables esfuerzos, había sido llevado por sus amigos hasta la presencia de Jesús. A punto de morir, hablará así al Buen Ladrón: En verdad, en verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso25. Son palabras de perdón, de alegría y de recompensa. ¡Si supiéramos con qué amor nos espera Cristo en cada Confesión! ¡Si pudiéramos comprender su interés en que volvamos!

Es tanta la impaciencia del Buen Pastor que no espera a ver si la oveja descarriada vuelve al redil por su cuenta, sino que sale él mismo a buscarla. Una vez hallada, ninguna otra recibirá tantas atenciones como esta que se había perdido, pues tendrá el honor de ir a hombros del pastor. Vuelta al redil y «pasada la sorpresa, es real ese más de calor que trae al rebaño, ese bien ganado descanso del pastor, hasta la calma del perro guardián, que solo alguna vez, en sueños, se sobresalta y certifica, despierto, que la oveja duerme más acurrucada aún, si cabe, entre las otras»26. Los cuidados y atenciones de la misericordia divina sobre el pecador arrepentido son abrumadores.

Su perdón no consiste solo en perdonar y olvidar para siempre nuestros pecados. Esto sería mucho; con la remisión de las culpas renace además el alma a una vida nueva, o crece y se fortalece la que ya existía. Lo que era muerte se convierte en fuente de vida; lo que fue tierra dura es ahora un vergel de frutos imperecederos.

Nos muestra el Señor en este pasaje del Evangelio el valor que para Él tiene una sola alma, pues está dispuesto a poner tantos medios para que no se pierda, y su alegría cuando alguno vuelve de nuevo a su amistad y a su cobijo. Y este interés es el que hemos de tener para que los demás no se extravíen y, si están lejos de Dios, para que vuelvan.

1 Lc 15, 1-10. — 2 Jn 8, 46. — 3 Juan Pablo II, Audiencia general 10-II-1988. — 4 Cfr. Mt 11, 18-19. — 5 Cfr. Lc 19, 1-10. — 6 Cfr. Mc 2, 13-15. — 7 Cfr. Mc 2, 17.— 8 Mc 10, 45. — 9 Santa Teresa, Exclamaciones, n. 8. — 10 Cfr. Mc 3, 20. — 11 Cfr. Ibídem. — 12 Cfr. Gal 2, 20. — 13 Cfr. Jn 13, 1. — 14 Cfr. Rom 4, 25. — 15 Cfr. Jn 14, 2. — 16 Cfr. Jn 14, 18 — 17 Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 30, a. 4. — 18 San Gregorio Magno, Homilía 36 sobre los Evangelios. — 19 Cfr. ídem, Homilía 34 sobre los Evangelios, 4. — 20 G. Chevrot, El Evangelio al aire libre, pp. 84-85. — 21 Himno Dies irae. — 22 F. Sopeña, La Confesión, pp. 28-29. — 23 Jn 8, 11. — 24 Mt 9, 2. — 25 Lc 24, 43. — 26 F. Sopeña, o. c. p. 36.

 

 

"Portadores de Dios en todos los ambientes"

Cuando tengas al Señor en tu pecho y gustes de los delirios de su Amor, prométele que te esforzarás por cambiar el rumbo de tu vida en todo lo que sea necesario, para llevarle a la muchedumbre, que no le conoce, que anda vacía de ideales; que, desgraciadamente, camina animalizada. (Forja, 939)

7 de noviembre

Para que este mundo nuestro vaya por un cauce cristiano –el único que merece la pena–, hemos de vivir una leal amistad con los hombres, basada en una previa leal amistad con Dios. (Forja, 943)

Con frecuencia, siento ganas de gritar al oído de tantas y de tantos que, en la oficina y en el comercio, en el periódico y en la tribuna, en la escuela, en el taller y en las minas y en el campo, amparados por la vida interior y por la Comunión de los Santos, han de ser portadores de Dios en todos los ambientes, según aquella enseñanza del Apóstol: "glorificad a Dios con vuestra vida y llevadle siempre con vosotros". (Forja, 945)

Los que tenemos la verdad de Cristo en el corazón, hemos de meter esta verdad en el corazón, en la cabeza y en la vida de los demás. Lo contrario sería comodidad, táctica falsa.

Piénsalo de nuevo: a ti, ¿te pidió permiso Cristo para meterse en tu alma? –Te dejó la libertad de seguirle, pero te buscó Él, porque quiso. (Forja, 946)

Con obras de servicio, podemos preparar al Señor un triunfo mayor que el de su entrada en Jerusalén... Porque no se repetirán las escenas de Judas, ni la del Huerto de los Olivos, ni aquella noche cerrada... ¡Lograremos que arda el mundo en las llamas del fuego que vino a traer a la tierra!... Y la luz de la Verdad –nuestro Jesús– iluminará las inteligencias en un día sin fin. (Forja, 947)

 

 Visitar y cuidar a los enfermos

"La atención a los desvalidos no ha de reducirse a una característica sólo de los inicios del Opus Dei", dice el Prelado en este audio en el que comenta la primera obra de misericordia corporal.

Conferencias01/01/2016

La primera obra de misericordia corporal que nos propone la Iglesia se centra en visitar y cuidar a los enfermos: una tarea que Jesucristo realizó con continuada frecuencia durante su paso por la tierra. Entre otras muchas escenas del Evangelio, le vemos sanar a la suegra de Pedro, devolver la salud a la hija de Jairo, atender al paralítico de la piscina de Betsaida o pararse ante los ciegos que le esperaban a la entrada de Jerusalén. El dolor de esas personas nos muestra que Dios va a su encuentro y les anuncia la salvación que ha venido a traer a todos los hombres.

En los enfermos, el Señor contemplaba a la humanidad más necesitada de salvación. Sucede que, mientras gozamos de salud, puede surgir la tentación de olvidarnos del mismo Dios, pero cuando se presenta el dolor o el sufrimiento en nuestra vida, quizá viene a nuestra mente el grito del ciego al salir de Jericó: “¡Hijo de David, ten compasión de mi!”. En la debilidad, nos sentimos criaturas especialmente menesterosas.

Detengamos también nuestra marcha ante las fatigas de los demás, como vemos proceder a Cristo. El Espíritu Santo, Amor infinito, consolará a otras personas a través de nuestra compañía, de nuestra conversación y de nuestro silencio respetuoso y constructivo cuando el paciente lo necesite. Todos nos ocupamos de numerosas actividades cada día, y las tareas se multiplican sin cesar, pero no debemos permitir que una agenda apretada conduzca nuestra vida al olvido de los enfermos.

Son muchos los ejemplos de santos y de santas que imitaron a Jesús, también en esta obra de misericordia. Por ejemplo, san Josemaría solía explicar que el Opus Dei había nacido –como una necesidad– en los hospitales, entre los enfermos. Desde que se trasladó a Madrid en 1926 ó 1927 y hasta 1931, colaboró intensamente en varias instituciones asistenciales –el Patronato de Enfermos, la confraternidad de San Felipe Neri, etc.– desde donde se atendían a pacientes de los hospitales y de las periferias de la capital. Madrid contaba entonces con más de un millón de habitantes; los suburbios estaban muy distantes entre sí, escaseaban los medios de transporte y, con el fin de servir a los enfermos en sus casas y chabolas, acudía donde fuera preciso, siempre a pie, y les transmitía el aliento de Cristo y el perdón de Dios Padre. ¡Cuántas personas se habrán ido al Cielo por esa labor sacerdotal de san Josemaría!

En esos u otros hospitales y lugares, sobre todo a partir de 1933, iba acompañado por algunos jóvenes a quienes asistía en su vida espiritual. Con ellos, ofrecía a los pacientes palabras de cariño o les prestaban diversos servicios, como lavarles, cortarles las uñas, peinarles o facilitarles una buena lectura. Precisamente muchos de esos jóvenes, al contacto con el dolor y la pobreza de otras personas, descubrieron con hondura a Jesús en el enfermo y en el desvalido.

Hijas e hijos míos, amigos y amigas que participáis en los apostolados de la Prelatura, esta atención a los desvalidos no ha de reducirse a una característica sólo de los inicios: el Opus Dei sigue naciendo y creciendo cada día en ti, en mí, cuando practicamos la misericordia con los desamparados, cuando descubrimos a Cristo en las almas que nos rodean, especialmente en las atormentadas por algún mal.

Como Cristo, llevémosles la misericordia de Dios con nuestros cuidados, con nuestra presencia, con nuestros servicios, incluso con una simple llamada telefónica. Podremos así distraerles del dolor o de la soledad, escuchar con paciencia las preocupaciones que les opriman, transmitirles cariño y fortaleza para que reaccionen con dignidad ante sus circunstancias; y recordarles que la enfermedad es una ocasión para unirse a la Cruz de Jesús.

En Camino, obra conocida en todo el mundo, san Josemaría escribió: “—Niño. —Enfermo. —Al escribir estas palabras, ¿no sentís la tentación de ponerlas con mayúscula? Es que, para un alma enamorada, los niños y los enfermos son Él”. Y ya desde su juventud -la de san Josemaría, me refiero- veía a Cristo en quienes sufren, porque Jesús no sólo curó a los enfermos, sino que se identificó con ellos. El Hijo de Dios padeció dolores inmensos: pensemos, por ejemplo, en su agotamiento físico y espiritual en el huerto de los olivos; en la indescriptible pena de cada latigazo durante la flagelación; en el dolor de cabeza y la debilidad física que debieron inundarlo con el pasar de las horas durante la Pasión...

Para quienes padecen una enfermedad, esa situación doliente quizá se acoja como una carga oscura y carente de sentido; la realidad puede tornarse sombría y sin razón. Por eso, si el Señor permite que experimentemos el dolor, aceptémoslo. Y si hemos de ir al médico, obedezcamos docilmente sus indicaciones, seamos buenos pacientes: con la ayuda del Cielo, esforcémonos en aceptar esa situación y deseemos recuperar las fuerzas para servir con generosidad a Dios y a los demás. Pero, si su voluntad fuera otra, digamos como la Virgen: fiat!, ¡hágase! Cúmplase tu voluntad...

De esta forma, sabremos dirigirnos al Señor en nuestra oración, manifestándole:

Yo no entiendo lo que quieres, pero tampoco exijo que me lo expliques. Si Tú permites la enfermedad, concédeme la ayuda para sobrellevar este tiempo: que me una más a ti, que me una más a quienes me acompañan, que me una más a toda la humanidad. Y, repitiendo unas palabras de san Josemaría, confiemos al Espíritu Santo: “¡Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras...”.

¡Cuánto bien causa al alma de cada una y de cada uno ser portadores de la misericordia! Roguemos al Señor, a través de su Santísima Madre, que nos sostenga para transmitir el cariño de Dios a quienes carecen de salud, y acojamos con paz la misericordia del Señor, si su Voluntad se traduce en que nos unamos a Él por medio de la

 

 

Tiempo ordinario: el domingo, día del Señor y alegría de los cristianos

"¡No tengáis miedo de dar vuestro tiempo a Cristo!". Este consejo de san Juan Pablo II se refiere principalmente al domingo, día de descanso en familia y día de adoración a Dios. Nuevo editorial de la serie sobre el año litúrgico.

Año Litúrgico16/01/2016

Opus Dei - Tiempo ordinario: el domingo, día del Señor y alegría de los cristianos

El domingo es un día especial de la semana. Nos saca de la rutina de las jornadas, que a veces nos pueden resultar tan parecidas. Durante el domingo podemos realizar actividades muy diversas. Sin embargo, hay algo decisivo en este día, que es un don del Señor, para poder tratarle, para celebrar con Él su resurrección, el acontecimiento que nos ha introducido en una vida nueva. San Juan Pablo II nos invitó a redescubrir el domingo como un tiempo especial para Dios: «¡No tengáis miedo de dar vuestro tiempo a Cristo! Sí, abramos nuestro tiempo a Cristo para que él lo pueda iluminar y dirigir. Él es quien conoce el secreto del tiempo y el secreto de la eternidad, y nos entrega “su día” como un don siempre nuevo de su amor»[1].

Todos los domingos vamos a Misa, porque es precisamente el día de la resurrección del Señor.

Con razón se puede llamar a esta jornada la «pascua de la semana»[2]: su celebración da relieve a los seis días restantes. El domingo es «el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico»[3]; de ahí la insistencia de los Romanos Pontífices en cuidar su celebración: «todos los domingos vamos a Misa, porque es precisamente el día de la resurrección del Señor. Por ello el domingo es tan importante para nosotros»[4].

Santificado por la Eucaristía

Desde el inicio del cristianismo, el domingo reviste un significado especial: «La Iglesia, por una tradición apostólica, que tiene su origen en el mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón “día del Señor” o domingo»[5]. Es un día en el que el Señor habla especialmente a su Pueblo: «Caí en éxtasis un domingo y oí detrás de mí una gran voz»[6], dice el vidente del Apocalipsis. Es una jornada en la que los cristianos se reúnen «para la fracción del pan»[7], según recoge el libro de los Hechos, refiriéndose a la comunidad de Tróade. Celebrando juntos la Eucaristía, los creyentes se unían a la Pasión salvadora de Cristo, y cumplían aquel mandato de conservar este memorial, que entregarían a las generaciones sucesivas de cristianos como un tesoro: «Ego enim accepi a Domino, quod et tradidi vobis…Yo recibí del Señor lo que también os transmití», decía san Pablo a los de Corinto: «cada vez que coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga»[8].

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La carta apologética de San Justino mártir al emperador romano, a mediados del siglo II, nos muestra la perspectiva amplia que el domingo fue adquiriendo en la conciencia de la Iglesia: «Nos reunimos todos el día del sol porque es el primer día, en que Dios, sacando la materia de las tinieblas, creó el mundo; ese mismo día, Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos»[9]. Estas dos grandes obras divinas forman como un único retablo en el que Cristo resucitado ocupa el lugar central, pues Él es el principio de la renovación de todas las cosas. Por eso, la Iglesia pide a Dios en la Vigilia pascual que «todo el mundo experimente y vea cómo lo abatido se levanta, lo viejo se renueva y vuelve a su integridad primera, por medio de nuestro Señor Jesucristo, de quien todo procede»[10].

La celebración del domingo tiene un tono festivo, porque Jesucristo ha vencido al pecado, y quiere vencer en nosotros al pecado, romper las cadenas que nos alejan de Él, que nos encierran en el egoísmo y la soledad. Así, nos unimos a la exclamación jubilosa que la Iglesia propone para este día en la Liturgia de las horas: «Hæc est dies, quam fecit Dominus: exsultemus et lætemur in ea»[11]: ¡Este es el día que hizo el Señor, exultemos y gocémonos en él! Experimentamos el gozo de sabernos, por el bautismo, miembros de Cristo, que nos une en su glorificación al Padre, presentándole nuestras peticiones, nuestra contricción, nuestro agradecimiento.

¡Qué hermoso cuadro tenemos cada domingo, cuando en las parroquias y distintos lugares de culto se reúnen las familias cristianas!

Esta alegría del encuentro con el Señor que nos salva no es individualista: la celebramos siempre unidos a toda la Iglesia. Durante la Misa del domingo reforzamos la unidad con los demás miembros de nuestra comunidad cristiana, llegando a ser «un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo»[12]. Por eso, «la asamblea dominical es un lugar privilegiado de unidad»[13], de modo especial para las familias, que «viven una de las manifestaciones más cualificadas de su identidad y de su “ministerio” de “iglesias domésticas”, cuando los padres participan con sus hijos en la única mesa de la Palabra y del Pan de vida»[14]. ¡Qué hermoso cuadro tenemos cada domingo, cuando en las parroquias y distintos lugares de culto se reúnen las familias cristianas –padre, madre, hijos, incluso los abuelos– para adorar juntos al Señor y crecer en la fe acompañados!

 

Ser más ricos de las palabras de Dios

El carácter festivo de la celebración dominical se refleja en algunos elementos litúrgicos, como la segunda lectura antes del Evangelio, la homilía, la profesión de fe, y –excepto los domingos de Adviento y Cuaresma– el Gloria. Por supuesto, en esta Misa se aconseja de modo particular el canto, que refleja el gozo de la Iglesia ante la realidad de la resurrección del Señor.

La Liturgia de la Palabra dominical posee una gran riqueza, en la que la proclamación del Evangelio es central. Así, durante el tiempo ordinario y a lo largo de tres ciclos anuales, la Iglesia nos propone una selección ordenada de pasajes evangélicos, en la que recorremos la vida del Señor. Antes, hemos recordado la historia de nuestros hermanos mayores en la fe con la primera lectura del Antiguo Testamento durante el tiempo ordinario, que está relacionada con el Evangelio, «para poner de manifiesto la unidad de ambos Testamentos»[15]. La segunda lectura, también a lo largo de tres años, recorre las cartas de San Pablo y de Santiago y nos hace comprender cómo los primeros cristianos vivían según la novedad que Jesús nos ha venido a traer.

En conjunto, la Iglesia nos ofrece como buena Madre un abundante alimento espiritual de la Palabra de Dios, que solicita de cada uno la respuesta orante durante la Misa y luego la acogida serena en la vida. «Pienso que todos podemos mejorar un poco en este aspecto –dice el Papa–: convertirnos todos en mejores oyentes de la Palabra de Dios, para ser menos ricos de nuestras palabras y más ricos de sus Palabras»[16]. Para ayudarnos a asimilar este alimento, cada domingo el sacerdote pronuncia una homilía en la que explica, a la luz del misterio pascual, el significado de las lecturas del día, especialmente del Evangelio: una escena de la vida de Jesús, su diálogo con los hombres, sus enseñanzas salvadoras. De este modo, la homilía nos conduce a participar con intensidad en la Liturgia Eucarística, y a comprender que lo que celebramos se proyecta más allá del final de la Misa, para transformar nuestra vida diaria: el trabajo, el estudio, la familia…

Más que un precepto, una necesidad cristiana

La santa Misa es una necesidad para el cristiano. ¿Cómo podríamos prescindir de ella, si, como enseña el Concilio Vaticano II, «cuantas veces se renueva sobre el altar el sacrificio de la cruz, en que “nuestra Pascua, Cristo, ha sido inmolado” (1 Cor 5, 7), se efectúa la obra de nuestra redención»[17]? «Quoties sacrificium crucis, quo “Pascha nostrum immolatus est Christus” in altari celebratur, opus nostrae redemptionis exercetur»: la eficacia santificadora de la Misa no se limita al tiempo que dura su celebración, sino que se extiende a todos nuestros pensamientos, palabras u obras, de manera que es «el centro y la raíz de la vida espiritual del cristiano»[18]. Comenta también san Josemaría: «Quizá, a veces, nos hemos preguntado cómo podemos corresponder a tanto amor de Dios; quizá hemos deseado ver expuesto claramente un programa de vida cristiana. La solución es fácil, y está al alcance de todos los fieles: participar amorosamente en la Santa Misa, aprender en la Misa a tratar a Dios, porque en este Sacrificio se encierra todo lo que el Señor quiere de nosotros»[19].

«Sine Dominico non possumus: nosotros no podemos vivir sin la cena del Señor», decían los antiguos mártires.

«Sine Dominico non possumus: nosotros no podemos vivir sin la cena del Señor», decían los antiguos mártires de Abitinia[20]. La Iglesia ha concretado esta necesidad en el precepto de participar en la Misa los domingos y las demás fiestas de precepto[21]. De este modo, vivimos el mandamiento incluido en el Decálogo: «Acuérdate del día sábado para santificarlo. Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios»[22]. Los cristianos llevamos a plenitud este precepto al celebrar el domingo, día de la resurrección de Jesús.

El reposo del domingo

El domingo es un día para vivir más cerca del Señor. Dirigimos la mirada a nuestro Creador, reposando del trabajo habitual, como nos enseña la Biblia: «en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró santo»[23]. Aunque tener un día a la semana para descansar puede justificarse por razones meramente humanas, como un bien para la persona, la familia y toda la sociedad, no hemos de olvidar que el mandamiento divino va más allá: «El descanso divino del séptimo día no se refiere a un Dios inactivo, sino que subraya la plenitud de la realización llevada a término y expresa el descanso de Dios frente a un trabajo “bien hecho” (Gen 1, 31), salido de sus manos para dirigir al mismo una mirada llena de gozosa complacencia»[24].

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La misma revelación en el Antiguo Testamento añade otro motivo de la santificación del séptimo día: «Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor te hizo salir de allí con el poder de su mano y la fuerza de su brazo. Por eso el Señor, tu Dios, te manda celebrar el día sábado»[25]. Justo por eso, porque la resurrección gloriosa de Cristo es el cumplimiento perfecto de las promesas del Antiguo Testamento y con ella ha llegado a su punto culminante la historia de la salvación, iniciada con los comienzos de género humano, los primeros cristianos empezaron a celebrar el día de la semana en que resucitó Jesucristo como el día de fiesta semanal santificado en honor del Señor.

La liberación prodigiosa de los israelitas es una figura de lo que Jesucristo hace con su Iglesia a través del misterio pascual: nos libra del pecado, nos ayuda a vencer nuestras malas inclinaciones. Por eso, podemos decir que el domingo es un día especial para vivir la libertad de los hijos de Dios: una libertad que nos lleva a adorar al Padre y a vivir la fraternidad cristiana empezando por los que tenemos más próximos a nosotros.

Por medio del descanso dominical, las preocupaciones y las tareas diarias pueden encontrar su justa dimensión.

«Por medio del descanso dominical, las preocupaciones y las tareas diarias pueden encontrar su justa dimensión: las cosas materiales por las cuales nos inquietamos dejan paso a los valores del espíritu; las personas con las que convivimos recuperan, en el encuentro y en el diálogo más sereno, su verdadero rostro»[26]. No se trata de no hacer nada o solo actividades de ninguna utilidad; al contrario: «la institución del Día del Señor contribuye a que todos disfruten del tiempo de descanso (...) suficiente que les permita cultivar su vida familiar, cultural, social y religiosa»[27]. Especialmente es un día para dedicar a la familia el tiempo y la atención que quizá no logramos prestarles suficientemente los otros días de la semana.

En definitiva, el domingo no es el día reservado a uno mismo, para centrarse en los propios gustos e intereses. «Desde la Misa dominical surge una ola de caridad destinada a extenderse a toda la vida de los fieles, comenzando por animar el modo mismo de vivir el resto del domingo. Si éste es día de alegría, es preciso que el cristiano manifieste con sus actitudes concretas que no se puede ser feliz “solo”. Él mira a su alrededor para identificar a las personas que necesitan su solidaridad»[28]. La Misa de los domingos es una fuerza que nos mueve a salir de nosotros mismos, porque la Eucaristía es el sacramento de la caridad, del amor de Dios y del prójimo por Dios. «El domingo –decía san Josemaría– va bien alabar a la Trinidad: gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Yo suelo añadir: y gloria a Santa María. Y... es una cosa pueril, pero no me importa nada: también a San José»[29].

Carlos Ayxelà


[1] San Juan Pablo II, Carta Apostólica Dies Domini, 31-V-1998, n. 7.

[2] San Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millenio ineunte, 6-I-2001, n. 35.

[3] Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, n. 106.

[4] Francisco, Audiencia, 5 de febrero de 2014.

[5] Sacrosanctum Concilium, n. 106.

[6] Ap 1, 10.

[7] Hch 20, 7.

[8] 1 Cor 11,23.27

[9] Apología I, 67, 7.

[10] Misal Romano, Vigilia Pascual, oración después de la 7ª lectura.

[11] Sal 117 (118), 24.

[12] Ef 4, 4-6.

[13] Dies Domini, n. 36.

[14] Ibidem.

[15] Introducción al Leccionario de la Misa, n. 106.

[16] Francisco, Discurso, 4-X-2013.

[17] Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, n. 3.

[18] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 87.

[19] Es Cristo que pasa, n. 88.

[20] Cfr. Dies Domini n. 46.

[21] Cfr. Código de Derecho Canónico, can. 1247.

[22] Ex 20, 8-10.

[23] Ex 20, 11.

[24] Dies Domini, n. 11.

[25] Dt 5, 15.

[26] Dies Domini, n. 67.

[27] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2184.

[28] Dies Domini, n. 72.

[29] San Josemaría, Apuntes tomados en una reunión familiar, 29-V-1974.

 

 

El esplendor de la caridad

La caridad es el mejor modo de informar sobre la Iglesia y sobre el Opus Dei: "querer es una forma de conocer y de darse a conocer". En este texto se explica cómo el perdón, la humildad y una vida recta son el camino para mostrar la verdad.

Virtudes04/05/2016

Opus Dei - El esplendor de la caridad

El 6 de octubre de 2002, el Papa Juan Pablo II incluyó a Josemaría Escrivá de Balaguer en el número de los santos.

A partir de ese día, se comenzó a escuchar un comentario que se ha hecho después habitual: San Josemaría ya no pertenece solamente al Opus Dei, sino a toda la Iglesia. Su ejemplo, sus enseñanzas, su intercesión están abiertos más que nunca a todos los católicos y a todos los hombres de buena voluntad, allí donde estén.

En lo humano, los hijos son el retrato de sus padres. En lo sobrenatural sucede también que muchas personas descubren a San Josemaría a través del trato con sus hijos.

Parientes, amigos y colegas entienden el mensaje de la santificación del trabajo cuando los fieles del Opus Dei logran expresarlo en obras de caridad, que guardan el más alto grado de elocuencia.

El descubrimiento intelectual viene precedido no pocas veces de un encuentro personal: muchos aprenden a querer a San Josemaría y llegan a interesarse por la profundidad de sus palabras cuando notan el cariño de sus hijos.

A veces, el interés por la Obra surge con ocasión de episodios aparentemente negativos. Falsedades que circulan de vez en cuando, que no son algo nuevo, porque forman parte de la vida de las personas y de las instituciones. Las leyendas acompañan siempre a la Iglesia, que es signo de contradicción desde sus primeros pasos.

San Josemaría explicaba con una metáfora bien expresiva la misteriosa relación entre el crecimiento de la labor apostólica y las contrariedades: «han hecho con la Obra —comentaba en una tertulia— como con un saco de trigo: le han dado golpes, lo han maltratado, pero la semilla es tan pequeña que no se ha roto; al contrario, se ha esparcido a los cuatro vientos, ha caído en todas las encrucijadas humanas donde hay corazones hambrientos de Verdad, bien dispuestos...»[1].

Por eso, las circunstancias aparentemente negativas no sorprenden, ni roban la serenidad. Más bien recuerdan aquel punto de Surco: «Todo lo que ahora te preocupa cabe dentro de una sonrisa, esbozada por amor de Dios»[2].Problemas en la vida siempre hay, lo importante es que la reacción sea sobrenatural, cristiana, llena de caridad. Es posible desde la fe, con la certeza de la filiación divina y de que, por lo tanto, la victoria ya es del cristiano. En el mundo tendréis sufrimientos, pero confiad: yo he vencido al mundo[3].

Las falsedades no forman la imagen de la Iglesia. Más bien ayudan a comprender mejor su belleza, por contraste con su santidad, y las iniciativas de caridad que difunden sus fieles.

Algo similar sucede con la Obra: su imagen es la que damos los miembros de la Prelatura. La belleza del Opus Dei se expresa también en el interés con que procuramos tratar a quienes nos rodean, incluso en momentos de contradicción o cuando es necesario aclarar malentendidos.

Exponer la verdad con caridad es el mejor modo de desarmar a la mentira. Como enseña San Pablo, noli vinci a malo, sed vince in bono malum[4]: no te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien. Sólo la luz de la caridad es capaz de iluminar las tinieblas del rencor.

La caridad está unida al trabajo positivo de comunicar la verdad, de poner todos los talentos al servicio de la difusión de la buena doctrina. La misión de los cristianos incluye una labor argumentativa: acompañar a colegas y amigos hacia la verdad, de manera que la descubran con su propia inteligencia, y se adhieran a ella con libertad.

Benedicto XVI lo ha señalado en su primera encíclica: en la tarea de "realizar la sociedad más justa posible", la Iglesia desea contribuir "a través de la argumentación racional", a la vez que se propone "despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar".A la Iglesia "le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien"[5].

La labor de abrir las inteligencias y mover las voluntades, en un contexto de libertad, requiere de los cristianos un esfuerzo de explicaderas, por usar una palabra que gustaba a San Josemaría, que esté a la altura de los problemas, con frecuencia complejos, que es preciso esclarecer.

Mostrar que la fe es razonable, que la moral conduce a la felicidad, que Cristo ha venido a liberarnos, son algunas de las convicciones que nuestro tiempo necesita con urgencia, porque hay muchas personas que anhelan esos descubrimientos en el fondo de su corazón.

Para los católicos, el mejor argumento es la propia vida. La Iglesia convence cuando acierta a mostrar las maravillas que la gracia ha operado a lo largo de su historia.

En ese sentido, la mejor forma de responder a las falsedades sobre la Iglesia y sobre la Prelatura del Opus Dei es precisamente poner de manifiesto la realidad, con modestia, con sencillez. Con humildad personal y colectiva, buscando sólo la gloria de Dios.

Éste es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no le acusen. Pero el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios[6]. En distintos lugares del Evangelio, el Señor se refiere a sus discípulos como los hijos de la luz, que no tienen miedo a la verdad, y que saben que es Dios el autor de todo bien. La caridad es el mejor modo de informar sobre la Iglesia y sobre el Opus Dei: querer es una forma de conocer y de darse a conocer. Estamos ante una labor eminentemente práctica y positiva, propia de personas «con el corazón grande y los brazos abiertos, dispuestos a ahogar el mal en abundancia de bien: porque el Opus Dei no es antinada: es afirmación, juventud, optimismo, victoria siempre, y caridad con todos»[7].


[1] SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, Apuntes tomados en una tertulia, 29-XII-1970.

[2] SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, Surco, n. 89.

[3] Jn 16, 33.

[4] Rm 12, 21.

[5] BENEDICTO XVI, Litt. enc. Deus Caritas est, n. 28.

[6] Jn 3, 19-21.

[7] SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER, Instrucción, mayo 1935/14-IX-1950, n. 88.

 

 

¿Es Dios la pachamama?”

Conocer más a fondo las culturas originarias

noviembre 06, 2019 10:13Felipe Arizmendi EsquivelEspiritualidad y oración

+ Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

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Gran revuelo han causado las imágenes o figuras que se usaron en ceremonias al inicio del Sínodo Panamazónico en los jardines de El Vaticano, en la procesión inicial desde la Basílica de San Pedro al Aula Sinodal, en las que participó el Papa Francisco, y después en otras iglesias de Roma. Algunos condenan estas acciones como si fueran una idolatría, una adoración a la “madre tierra” y a otras “divinidades”. Nada de eso hubo. No son diosas; no fue un culto idolátrico. Son símbolos de realidades y vivencias amazónicas, con motivaciones no sólo culturales, sino también religiosas, pero no de adoración, pues ésta se debe sólo a Dios. Es mucho atrevimiento condenar al Papa como idólatra, pues nunca lo ha sido ni lo será. Al final de la ceremonia en los jardines vaticanos, le pidieron una palabra y se limitó a orar con el Padre nuestro. No hay otro dios que nuestro Padre del cielo.

Hace años, en un encuentro del CELAM que me tocó coordinar en Cochabamba, Bolivia, sobre los diferentes nombres de Dios en las culturas originarias del Cono Sur, pregunté a un indígena aymara si, para ellos, la pachamama (la madre tierra) y el inti (el padre sol) son dioses, y me respondió: Quienes no han recibido la evangelización, los consideran dioses; para quienes ya fuimos evangelizados, no son dioses, sino los mejores regalos de Dios. ¡Estupenda respuesta! ¡Eso son! Son manifestaciones del amor de Dios, no dioses.

En mi anterior diócesis, cuando yo escuchaba que con mucho cariño y respeto se hablaba de la “madre tierra”, me sentía molesto, pues yo me decía: Mi únicas madres son mi mamá, la Virgen María y la Iglesia. Y cuando veía que se postraban para besar la tierra, más me incomodaba. Pero conviviendo con los indígenas, comprendí que no la adoran como a una diosa, sino que la quieren valorar y reconocer como una verdadera madre, pues es la que nos da de comer, la que nos da el agua, el aire y todo lo que necesitamos para vivir: No la consideran una diosa; no la adoran; sólo le expresan su respeto y oran dando gracias a Dios por ella.

Lo mismo me pasaba cuando veía que se dirigían hacia los cuatro rumbos del universo, los puntos cardinales, les hacían reverencia, oraban y se dirigían también al sol con todo respeto. Antes de conocerlos y compartir la vida y la fe con ellos, sentía la tentación de juzgarlos y condenarlos como idólatras; después, aprecié su respeto a estos elementos de la naturaleza que nos dan vida, y me convencí que no los adoran como dioses, sino como obra de Dios, regalo suyo para la humanidad, y de esta forma también educan a sus hijos para no destruirlos, sino cuidarlos y respetarlos. No son idólatras. Quienes eso afirmen, no los conocen y los juzgan a distancia, desde lejos y desde fuera. La tierra y el sol son creaturas de Dios y sólo a El adoramos.

PENSAR

Dice la Biblia: “Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra” (Gen 2,7). El miércoles de ceniza se nos recuerda: “Acuérdate que eres polvo y al polvo has de volver”. Esta es la realidad de todos los humanos.

En el Documento de Aparecida damos el calificativo de “madre” a la hermana tierra, siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, que no era idólatra: “Con los pueblos originarios de América, alabamos al Señor que creó el universo como espacio para la vida y la convivencia de todos sus hijos e hijas y nos los dejó como signo de su bondad y de su belleza. También la creación es manifestación del amor providente de Dios; nos ha sido entregada para que la cuidemos y la transformemos en fuente de vida digna para todos. Aunque hoy se ha generalizado una mayor valoración de la naturaleza, percibimos claramente de cuántas maneras el hombre amenaza y aun destruye su ‘habitat’. “Nuestra hermana la madre tierra” (Cántico de las criaturas, 9) es nuestra casa común y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva, contra la vida. El discípulo misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe contemplarla, cuidarla y utilizarla, respetando siempre el orden que le dio el Creador” (DA 125).

Y para quitar toda duda sobre la actitud del Papa, basta recordar esto que escribió en Laudato si: “Cuando tomamos conciencia del reflejo de Dios que hay en todo lo que existe, el corazón experimenta el deseo de adorar al Señor por todas sus criaturas y junto con ellas, como se expresa en el precioso himno de san Francisco de Asís: Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas…” (No. 87). “Las criaturas de este mundo no pueden ser consideradas un bien sin dueño: «Son tuyas, Señor, que amas la vida» (Sb 11,26). Esto provoca la convicción de que, siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde” (No. 89). “Esto no significa igualar a todos los seres vivos y quitarle al ser humano ese valor peculiar que implica al mismo tiempo una tremenda responsabilidad. Tampoco supone una divinización de la tierra que nos privaría del llamado a colaborar con ella y a proteger su fragilidad” (No. 90).

ACTUAR

Como dice Jesús, no juzguemos ni condenemos como idolatría lo que no es. Conozcamos más a fondo las culturas originarias. Y es nuestra tarea compartir el Evangelio de Jesús, que nos libera de idolatrías, cuando las hubiere.

 

¿Cómo sientes la Iglesia dentro de ti?

Un nuevo “Día de la Iglesia diocesana”. Soy consciente que para la gran mayoría de los católicos de Toledo esta celebración pasa desapercibida: es un domingo más en el que el sacerdote habla de “esa Iglesia diocesana”, hay una colecta especial, y no mucho más. Algunos pensarán que es el día del Obispo y los sacerdotes, porque ellos son en realidad “la Iglesia”.

A mí me apena mucho esta precepción de tantos católicos de lo que es la Iglesia. ¡Qué lejos de los primeros siglos en que la Iglesia era sentida como “¡el Cuerpo de Cristo”, la unidad de los que creen en Cristo, en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo! Cierto que en algunos círculos y comunidades la Iglesia se siente así; también experimentan lo mismo los cristianos perseguidos, que cuidan unos de los otros. Igualmente, la Iglesia se siente de este modo en muchos países de misión en África, Hispano-América o en el Medio y Lejano Oriente. Entre nosotros, no es por mala voluntad, esta percepción diferente de la Iglesia, sino consecuencia de muchos siglos de clericalismo, de una percepción lejana de lo que es ser miembros de la Esposa de Cristo, como parte de un Cuerpo, de experimentar que “un solo cristiano es ningún cristiano”. Ahí está lo que buscamos: lo que es mi parroquia, lo que es la Diócesis, o la Iglesia entera, yo lo considero algo mío, que me interesa y me preocupa. Me preocupa que haya seminaristas y sacerdotes suficientes; me preocupa que en la Iglesia prioricemos la evangelización de los pobres, cuidar de ellos; que haya amor a la Eucaristía y a la Liturgia; animar a los demás a celebra la Eucaristía dominical.

Sí, la Iglesia Diocesana, porción del Pueblo de Dios en este territorio de la Diócesis, es una gran familia. Pero, ¿cómo sentirse familia de tanta gente? Muy sencillo: amando a los de cerca; de este modo estás preparado/a para amar a los demás que están lejos de mi parroquia en esta ciudad, en esta población. Muchas veces, en la Visita Pastoral, pregunto si conocen esta o aquella parroquia que está en La Sagra, Talavera, Extremadura, en la Jara o en Los Montes de Toledo. “Nunca hemos oído que exista ese pueblo”, suele ser muchas veces la respuesta. Es verdad que los organismos diocesanos están para ayudar a conseguir esta unidad, pero, ¿qué puede yo hacer?

Oirás ese Domingo 10 de noviembre, Día de la Iglesia Diocesana, que “sin ti, no hay presente. Contigo, hay futuro”. Esto es, tú persona es importante, ocupas un lugar en la Iglesia de Toledo. “Pero, yo tengo bastante con preocuparme de mi parroquia”. Sin duda, pero el amor a la Iglesia Diocesana no estará nunca enfrentado al amor y servicio que tienes por tu parroquia.

Te pido que pienses un poco en estas ideas, porque no podemos aceptar que los que no quieren ni entienden la Iglesia, piensen que ésta es un “chiringuito” del Obispo y los curas. Y eso lo piensan porque lo ven en nosotros, que tantas veces no avergonzamos de confesar que somos parte de esa realidad misteriosa, pero visible que es la Iglesia. Que ésta no tiene privilegios, pero sus miembros, ciudadanos de una sociedad concreta, son en tantas cosas como los demás, sean lo que sean: Pagan sus impuestos, ganan su vida, ayudan a los demás, ayudan a la Iglesia en sus necesidades, rezan, piden a Dios para resolver sus problemas, dan gracias a Dios por la vida, la alegría y la paz. Sentíos, por favor, la Iglesia.

+ Braulio Rodríguez Plaza. Arzobispo de Toledo. Primado de España

 

 

Por qué muchos abuelos no ven a sus nietos

Lucía Legorreta

Si eres un papá o una mamá que está impidiendo a tus hijos que vean a sus abuelos: ¡piénsalo bien!

 

Abuelos

Nada más doloroso para un abuelo o abuelo que restringirle el acceso a los nietos. Tristemente, en más común de lo que parece y esta relación tan especial deja de cultivarse en perjuicio de toda la familia.

¿Cuáles son los principales motivos?

El fallecimiento de uno de los padres, un divorcio conflictivo o las diferencias entre abuelos y progenitores son casi siempre los motivos por los que no pueden ni ver ni disfrutar de sus nietos.

Han ido aumentando y complicándose estas situaciones. En los divorcios muy conflictivos, mientras se investiga si existe violencia o maltrato, normalmente es el padre quien no ve a sus hijos y los abuelos paternos tampoco. Si se fija un punto de encuentro para que el padre los vea, los abuelos no son considerados.

Existen rupturas, en las cuales la madre o el padre se va a trabajar a otra ciudad. Y los abuelos, muchas veces, por motivos de salud o falta de recursos económicos no pueden estar viajando para ver a sus nietos.

Hay abuelos que por discusiones con los hijos dejan de ver a sus nietos. En palabras de una abuela: “Mi hija y yo siempre hemos tenido problemas para relacionarnos, pero adoro a mis nietos y sé que ellos también me quieren mucho. Hace unas semanas tuvimos una discusión, y a partir de entonces no me deja ver a sus hijos. Tengo el corazón deshecho pero no sé qué hacer”.

Cuando estallan graves enfrentamientos entre abuelos y progenitores las cosas son peores. En ocasiones por motivos económicos, los propios hijos les prohiben ver a sus nietos, utilizándolos como una arma arrojadiza.

Las familias reconstituidas tras un divorcio o el fallecimiento de uno de los padres; con el tiempo pierden los lazos con la familia del desaparecido o del ex cónyuge, y se deja de fomentar el contacto de los nietos con sus abuelos.

Cuando los padres utilizan a los nietos para castigar o vengarse de los abuelos, lastiman a toda la familia, pues todos pierden la oportunidad de dsifrutar de esta convivencia única.

Sacrificar a los nietos de esta manera es inmaduro, pero desgraciadamente para los abuelos, los padres tienen la útima palabra.

Sin embargo, los abuelos ya no sufren en silencio esta situación. Cada día resulta más habitual que acudan a los juzgados para obtener un régimen de visitas que les permita mantener esa relación.

Tanto en nuestro país como alrededor del mundo la ley protege el interés del menor a tener una relación con los abuelos como un derecho del niño. Es algo enriquecedor y fundamental para su desarrollo.

Te invito a que si eres un abuelo o abuela en esta situación, conozcas los derechos y las obligaciones que como abuelo tienes para con tus nietos. Puedes emprender un procedimiento para visitarlos y convivir con ellos.

Los abuelos de hoy tejen con sus nietos relaciones basadas en el afecto, la complicidad, el apoyo y el intercambio. Actualmente están mucho más disponibles para asumir diversos roles.

Y si eres un papá o una mamá que está impidiendo a tus hijos que vean a sus abuelos: ¡piénsalo bien!. Ellos tienen derecho a disfrutar de esta relación, y sea cualquiera tu situación de vida, no tienes derecho a negárselas.

 

 

Democracia y populismo

Ana Teresa López de Llergo

Es necesario desentrañar la verdad de los sucesos, porque allí las luces y las sombras nos forman.

 

Democracia

Con frecuencia oímos que hay muchas formas de democracia, y es cierto porque la dinámica de las sociedades depende de las personas que conforman. Lo mismo se puede decir de populismo, es distinto en cada sitio porque las personas que están en ese colectivo proyectan lo suyo.

La democracia es un sistema de organización de los pueblos, y en la actualidad es el que está en boga. Ninguna organización humana es perfecta, aunque sí puede ser buena por la buena participación de los ciudadanos: gobernantes y gobernados. El peligro es lo contrario.

Para que se dé la buena participación es indispensable que haya propuestas educativas que realmente lleguen a formar a todos, de acuerdo con sus condiciones personales y grupales. Desgraciadamente quienes están encargados de estos planes no son los estudiosos de la educación sino los amigos de los gobernantes, que aunque tengan buenos deseos no tienen la preparación para sacar adelante los retos educativos.

El populismo no es bueno porque su dinámica es perversa. Generalmente está al frente un líder carismático, rodeado de un grupo de aduladores que le apoyan para llevar a cabo sus planes con el fin de obtener beneficios. Aunque al pueblo se le hacen muchas promesas, se cumplen las mínimas y las más espectaculares. Es la constante a través de los siglos de ofrecer pan y circo para tenerlos contentos. Y, lógicamente también hay un barniz de educación. Con lo cual el populismo florece: los ciudadanos no se opondrán a los planes gubernamentales porque ni los entienden ni se les ocurren propuestas.

El populismo se aleja de la realidad al proponer un igualitarismo utópico. Tal vez esta propuesta manifiesta algún deseo legítimo como puede ser el que las oportunidades básicas estén al alcance de todos. Pero también puede expresar el deseo de quitarles lo suyo a los que tienen para dárselo a los que no tienen.

Además el igualitarismo no es fuente de progreso, lo que verdaderamente es motor de progreso se debe a las diferencias entre los ciudadanos. Por lo tanto, las justas y proporcionadas desigualdades en la jerarquía social, y eventualmente también en la jerarquía política son fuente de diversos modos de prestar servicios. Es de desear que los ciudadanos aprendan a realizar las labores que les competen sin envidiar las que otros realizan. A variedad de servicios es uno de los beneficios sociales más importantes.

Sucede ahora, como en tiempos pasados, que las personas piensan que en su época los problemas son mayores. La sociedad del siglo XXI habla del desarrollo de las nuevas tecnologías, pero lo mismo dijeron quienes vivieron hace años de sus respectivas tecnologías. El punto de vista es semejante aunque los adelantos vayan evolucionando.

Esta circunstancia recurrente nos da una lección: el ser humano se enfrenta a cambios en el entorno, pero en su esencia sigue siendo el mismo a lo largo de los siglos. Siempre hay algo nuevo: las innovaciones, los descubrimientos; pero siempre hay algo que permanece: el ser humano. Por eso, el pasado puede darnos lecciones, pero hay que conocerlo. Esa es la función de la historia.

Nuestro país no se caracteriza por valorar los datos de la historia, hay que propiciarlo. Solamente los relatos veraces de los acontecimientos son maestros de vida, los que se inventan –porque políticamente conviene– esos no nos enseñan. Por lo tanto, una tarea que está pendiente es desenmascarar la historia oficial. Es necesario desentrañar la verdad de los sucesos, porque allí las luces y las sombras nos forman.

En todos los pueblos hay figuras que se encargan de recoger los datos, podemos llamarlos cronistas de la ciudad, o de otros modos, pero su función es un tesoro, y sus reflexiones son dignas de tomarse en cuenta.

La última reflexión puede llevarnos a poner lo que esté de nuestra parte para combatir cualquier brote de igualitarismo, cualquier tipo de populismo, y mejorar nuestro conocimiento de la verdadera historia para enriquecer nuestra participación ciudadana en el régimen democrático.

 

 

Un santo para los tiempos modernos

Celebrar la santidad bien merece un alto en el Sínodo de los Obispos de la Amazonía como se hizo con la canonización. Los nuevos santos son cuatro mujeres y un varón, todos ellos, por diversos motivos, modelos de vida cristiana plenamente actuales. Como Dulce Lopes Pontes, la primera santa brasileña, a menudo comparada con Teresa de Calcuta por su compromiso social. O la india María Teresa Chiramel Mankidiyan, una mística contemporánea.

Pero sin duda el nuevo santo que más fervor suscita es el británico John Henry Newman, célebre converso del anglicanismo a quien León XIII nombró cardenal. Su propio viaje espiritual, plasmado en sus libros, anticipa un siglo antes el Concilio Vaticano II. Desde su amor a la Tradición y su inquebrantable y valeroso compromiso con la verdad, Newman es en gran medida el artífice de la moderna concepción de la libertad religiosa. Pero sobre todo representa una espiritualidad intelectualmente inquieta, que no se conforma con una religiosidad heredada, sino que busca una auténtica conversión personal, sin censuras y sin miedo a confrontarse con las grandes preguntas humanas y divinas.

Jaume Catalán Díaz

 

 

 

Para Cáritas cada gesto cuenta

Caritas es una red que integra a 70 Caritas diocesanas comprometidas en acciones de acogida y empleo, comercio justo y economía social, mayores, cooperación y familia. Su acción social le convierte en uno de los observatorios más fieles de la realidad social española que, de manera periódica, se plasma en los Informes Foessa. Gracias a este trabajo sabemos que la exclusión social se ha enquistado, que en la sociedad española hay 1,8 millones de personas en exclusión severa, con las consecuencias personales y sociales que esto implica; así como unos 6 millones de personas con un empleo precario y problemas reales de acceso a una vivienda. Todo ello nos habla de una cultura del individualismo y de la pérdida del sentido de bien común

La pobreza alcanza a las familias y se ceba de manera especial en mujeres con hijos a su cargo. Caritas trabaja para su integración y su participación social. Esta es su misión. Haciéndolo así, cumple, desde el Evangelio de Jesucristo, una inestimable función social

Juan García.

 

 

Todos los Santos

“La verdadera felicidad es estar con el Señor y vivir por amor. ¿Lo creéis?”: el Papa Francisco hacía esta pregunta dos veces antes del ángelus del 1º de noviembre, fiesta de Todos los Santos, desde la ventana de su despacho del palacio apostólico del Vaticano que da a la plaza San Pedro.

Hacía la comparación de la vidriera para decir: “Los santos son nuestros hermanos y hermanas que han acogido la luz de Dios en su corazón y que lo han transmitido al mundo, (…). Han luchado para eliminar las manchas y las oscuridades del pecado, para que pudiera pasar la delicada luz de Dios. Esta es la finalidad de la vida: hacer pasar la luz de Dios y también es la finalidad de nuestra vida”.

El Papa comentaba también el Evangelio de las bienaventuranzas leído en la misa del mismo día: “Los ingredientes para la vida feliz se llaman bienaventuranzas. (…) Las bienaventuranzas (…) no piden gestos brillantes, no son para los superhombres, sino para que viva las pruebas y las fatigas de cada día”.

También hablaba de los “muchos” santos de todos los días, presentes en el mundo de hoy, El Papa espontáneamente invitaba a aplaudir. Nos quedan tres días, pienso que es un buen momento para que preparemos esta gran fiesta.

Jesús Domingo Martínez

 

 

 

 Carta pública a Pedro Sánchez

“Nosotros, precisamente los comunistas, que tantas heridas tenemos, que tanto hemos sufrido, hemos enterrado nuestros muertos y nuestros rencores “(Marcelino Camacho)

“…Ponerle fin era un deber para las generaciones que no crecimos bajo el trauma de la guerra civil y del franquismo.” Esta es una de las ocurrencias con las que Vd. trata de justificar el penoso espectáculo a que ha dado lugar su contumaz empecinamiento para exhumar el cadáver de Francisco Franco (el dictador como ha obligado a llamarlo así en todos los medios afines que cubrieron su particular NODO) y que transmitieron con indisimulada alegría y sectarismo progresista desde la televisión pública TVE hasta las integradas en los grupos de Atresmedia  o Mediaset (Antena3, Telecinco y por supuesto la Sexta).

Pues mire, Sr. Presidente, yo soy uno de los españolitos que según su mitin electoralista ha vivido traumatizado porque  a mi buena madre se le ocurrió parirme  en el año 1945 en tierras africanas y precisamente en la ciudad de Melilla, que protagonizó el alzamiento nacional aquel 17 de julio de 1936, por cierto fecha que nunca fue objeto de ningún tipo de celebración durante el franquismo.

Soy también uno de los españolitos que fui educado, trabajó y me socialicé durante el franquismo. Estudié el bachiller en un colegio privado de religiosos,  mi ajetreada vida universitaria transcurrió en el hervidero político que entonces era la Facultad de Derecho de la Complutense, donde me titulé y mi trabajo profesional lo desempeñé inicialmente en las Mutualidades Laborales, creadas por Franco para gestionar las cotizaciones y pensiones públicas de los trabajadores que, por cierto, en aquella época no estaban en peligro como ocurre hoy. Ni fui de la OJE, ni pertenecí al  glorioso movimiento nacional, como algunos insignes socialistas, ni participé en ningún fervorín franquista. Es decir una vida normal como la de millones de españoles entonces.

Permítame que le relate mi impresión de las vivencias que experimenté durante aquellos años que transcurrieron hasta la muerte del general Francisco Franco, a la sazón Jefe del Estado, del Movimiento y de un gobierno hecho a la imagen y semejanza de su poder unipersonal y absoluto. Durante el franquismo Sr Presidente, mi vida, como le acabo de decir, transcurrió en  una España sencilla pero muy trabajadora, cientos de miles de alumnos se educaban en colegios diferenciados  privados religiosos o no y en colegios e institutos públicos; no conocíamos las drogas ni el el mobing, los profesores eran respetados y el nivel de las enseñanza era muy elevado sin que abundaran los fracasos escolare; reinaba un ambiente de mutua comprensión y respeto en las relaciones entre las personas de ambos sexos, las familias participaban y se preocupaban de las actividades escolares de sus hijos y no conocíamos ni proliferaban la existencia de casos de violencia familiar y machista como los que hoy nos Invaden ni tampoco entre alumnos, ni con profesores ni de estos con los padres.

Las Universidades gozaban de gran prestigio por la calidad y preparación de su profesorado, muchos de los catedráticos y profesores adjuntos eran admirados por su alta preparación académica y su nivel de exigencia y el clima con los alumnos era de mutua colaboración y respeto. En la década de los 60, ese clima se convirtió además en una mutua empatía y entendimiento entre unos y otros para  exigir desde las aulas, la libertad y la participación política. Es así como la Universidad llevó la voz cantante de una revolución de ideas y asambleas que clamaban y se enfrentaban día a día al estado policial de la dictadura , en una lucha constante para conseguir la apertura política del régimen.

Bien es verdad que una agonía que recuerdo larga y hasta inhumana, terminó  con la vida de quien durante más de cuatro décadas tuvo el destino de España en sus manos soberanas y absolutistas. Fue nuestra generación y no la suya, Sr. Presidente, quien se rebeló para terminar con un  largo período de ostracismo político impuesto por quienes se declararon vencedores en una guerra fratricida, originada por el estrepitoso fracaso de la República, que afortunadamente no tuvimos que sufrir y padecer quienes nacimos unos pocos años después.

Ni fuimos unas generaciones traumatizadas ni adocenadas con el poder establecido. Ayudamos a modernizar España con nuestro esfuerzo profesional y político y los que tuvimos el privilegio de hacerlo además desde las instituciones nacionales o internacionales disfrutamos del prestigio de una Nación que supo “transitar” pacifica y ordenadamente desde una dictadura a una democracia, enterrando viejos odios y enfrentamientos que Vd., lamentablemente, con su tenaz y tozuda irresponsabilidad ha resucitado a costa de  la exhumación berlanguiana de los restos de Franco y de la humillación innecesaria de sus familiares, despertando así en el pueblo español sentimientos encontrados que estaban tan enterrados como los del propio dictador.

La paz y la convivencia que con tanto esfuerzo y generosidad conseguimos las generaciones de la transición española están muy bien reflejadas en las palabras escritas con letras de oro en el diario de sesiones del Congreso de los Diputados, durante el debate de la Ley de Amnistía el 14 de Octubre de 1977  y que pronunció el diputado comunista Marcelino Camacho, un represaliado y encarcelado del régimen franquista, que vivió y murió con la dignidad de un hombre consecuente con sus trayectoria e ideas:

 “Nosotros considerábamos que la pieza capital de esta política de reconciliación nacional tenía que ser la amnistía. ¿Cómo podíamos reconciliarnos los que nos habíamos estado matando los unos a los otros, si no borrábamos ese pasado de una vez para siempre?

Para nosotros, tanto como reparación de injusticias cometidas a lo largo de estos cuarenta años de dictadura, la amnistía es una política nacional y democrática, la única consecuente que puede cerrar ese pasado de guerras civiles y de cruzadas. Queremos abrir la vía a la paz y libertad. Queremos cerrar una etapa; queremos abrir otra. Nosotros, precisamente los comunistas, que tantas heridas tenemos, que tanto hemos sufrido, hemos enterrado nuestros muertos y nuestros rencores. Nosotros estamos resueltos a marchar hacia delante en esa vía de libertad, en esa vía de la paz y del progreso”

Léalas y medítelas, Sr. Presidente, por su bien y por el de millones de españoles,

Jorge Hernández Mollar

 

 

Cartas con un drogadicto ya muerto III

NOTA: Los nombres que yo cito, son reales: ténganlo en cuenta: “Corre el año 2001” y textualmente me escribe: RELATO  4º SEGUNDA PARTE: (a la atención de Don Antonio).  Lo anotado arriba viene manuscrito y el resto mecanografiado: dice así:

             No es fácil explicar, ¿el por qué? No obstante lo intentaré. No puedo decir que el ambiente que me rodeaba fuera el culpable, como parece ser el caso de muchos otros jóvenes, nacidos éstos, en grandes urbes y por ello arrastrados a un estilo de vida que converge en drogas y delincuencia. Muy al contrario conocí las drogas, en un pequeño municipio del Este asturiano, de apenas cinco mil habitantes, si bien es cierto que sufría un considerable aumento en la época estival o vacacional; probablemente de esa manera llegó a nosotros  tan terrible mal; me refiero a que algunos veraneantes fueron, quienes nos mostraron “el uso y disfrute” (por aquel entonces) de las drogas. También algunos hijos o nativos del pueblo, que estudiaban en la capital (Oviedo) traían el hábito de las susodichas drogas. Hay que resaltar que... “ningún drogadicto nació con una aguja en la mano”... éste proceso de la drogadicción, lleva sus años y hace dos décadas (1980) bastante más de lo que se necesita ahora; el motivo es obvio; nosotros “fuimos los pioneros” y por tanto debimos dar “un paso tras de otro”, pero bastante despacio en comparación a la ‘velocidad’ que lleva hoy.

            Como ya le comenté, la muerte del dictador (Franco) aconteció cuando yo contaba sólo quince años, edad ésta crucial en la vida de un joven. Equivocadamente nos lanzamos algunos a la vida, como si de “una piscina” se tratara; sin medir nuestras acciones usamos y abusamos de esa adquirida “libertad”[1].

            Hijo de emigrantes, mis vínculos familiares dejaron mucho que desear, puesto que se me envió desde Suiza (donde emigró mi familia) a España, con el fin de que realizara mis estudios en el idioma español; así, en colegios internos fui forjando mi personalidad, haciéndome auto suficiente, atrevido, capaz de enfrentarme a “cualquier cosa”. En aquella época, mi punto de referencia era mi padre, el espejo donde yo me miraba; para mí era más que un héroe... desgraciadamente todas las cosas que de él aprendí fueron negativas, aunque (repito) entonces yo no las veía de esa forma.

            Mi padre, era un hombre violento, jugador, mujeriego y bebedor, que no borrachín; en suma, un hombre peligroso; tristemente todos estos defectos, para mí, eran “hazañas a imitar”, incluso algunos compañeros me envidiaban, puesto que sus padres, verdaderamente actuaban como tales y no daban el triste ejemplo que daba el mío.

            En unas vacaciones de verano en Suiza, cuando contaba precisamente quince años, se “las arregló” para que quedara “en manos” de una de sus amantes; durante unas horas y en el transcurso de ellas... con ésta mujer, perdí mi virginidad y de la forma más vulgar y violenta que se pueda imaginar... aún hoy, recuerdo con repugnancia aquellos actos, que se repitieron en varias ocasiones sin yo poderlo evitar. En mi mente está “grabada” su cara y aquellas horribles gafas que portaba. Quedé marcado por aquellos sucesos, a tal punto, que nunca más en mi vida, después; fui capaz de hacer el amor a ninguna mujer, que previamente no me hubiese gustado y por mucha necesidad biológica que tuviese.

            Mi madre, siempre ha sido rehén de la dictadura de mi padre; Él es “dueño y señor”; ella, esclava enamorada y cuando se vio en la circunstancia de tener que elegir entre los hijos o el marido, nunca tuvo dudas... su esposo es para ella “dios”... y aunque mis hermanas y yo la queremos y disculpamos, como víctima; en nuestro interior, guardamos “una pequeñísima espina” clavada y en relación a esa elección que tomó en su momento.

            De la manera que cuento o relato, me fui haciendo adulto, sin nadie en quien apoyarme, ni quien me educara como hubiese sido debido. El respeto entre mi padre y yo, fue perdiéndose, indudablemente por culpa suya y de sus “enseñanzas”.

            Cumplidos los dieciséis años, me negué a seguir con mis estudios y de inmediato, surgieron los enfrentamientos; éstos, dieron como resultado, mi ingreso en el ejército como voluntario en la Marina Española. En éste cuerpo permanecí dieciocho meses, en ellos terminé de “formar mi maltrecha personalidad”; conociendo a otros muchos hombres y sus costumbres, sus comportamientos y en fin... “todas sus maneras”. Aprendí y me fijé, pero casi siempre en lo malo... llegaron al fin, los primeros “porros de hachís”. ¿Por qué?... pues por querer conocer en primer lugar, los efectos que causaban aquellos “porros” que algunos fumaban.

La primera vez no fue nada agradable, puesto que conseguí marearme y luego, tras sus efectos, tuve que vomitar; es en éste punto donde algunas personas vencen a las drogas, puesto que tan mal se llegan a sentir que... nunca más quieren volver a probar... por el contrario, otros como yo, atrevidos, prueban de nuevo en busca de “mejor experiencia” y es de ésta manera, como realmente se experimentan sus verdaderos efectos y cuando un nuevo factor entra en juego. Éste es ni más ni menos que el vicio.

            El vicio es el que nos hace repetir y repetir, aquello que nos gusta. Por desgracia y cuando se trata de drogas, éstas repeticiones conducen al hábito y ya sabemos que ese hábito nos lleva a la dependencia y todas sus consecuencias.

            Plasmar por escrito la sensación que siente el que fuma hachís, no es cosa fácil; podría decir que el humor (extraño humor), nos llega como primera consecuencia o efecto; éste en ocasiones es descontrolado hasta el punto que nos da la risa por todo; se nos agudizan ciertos sentidos en detrimento de otros; esencialmente te sientes “dueño” de ti y de las circunstancias que te rodean. En ocasiones consigues mayor claridad para ver las cosas.

            Todo ello rueda por los suelos, una vez te has habituado y si por cualquiera de las circunstancias que concurran... te llega a faltar, la dosis que ya necesitas de la droga que sea. Entonces es cuando ya pasas el umbral del ‘infierno’.

            Calificar las drogas como “blandas o duras”, podría muy bien dar lugar a equívocos, puesto que TODAS LAS DROGAS, SIN EXCEPCIÓN ALGUNA, LLEGAN A CREAR DEPENDENCIA; varía tan sólo, la escala de perjuicios que originan. Estoy convencido hoy, que nada positivo se saca de su consumo y por tanto, creo sinceramente que sólo la medicina, debiera tener acceso a las drogas.

            Quiero hacer reflexión, con usted, sobre el hecho de que el primer lugar donde las drogas y sobre todo una de ellas (la heroína) hizo su aparición y por ello estragos, fue en el País Vasco[2][3]; queriendo encontrar razones para este hecho, nos percatamos algunos, que por simple coincidencia (“o no”); aparecen en las calles de Bilbao, dicha droga, poco después de que “ETA”[4], entrara “en escena”. Sabido es que, que durante algunos años, los jóvenes vascos, estuvieron más dedicados a las drogas, que a “ETA” y  “sus políticas”. A tal punto, que la  propia organización terrorista, tomó cartas en el asunto, llegando incluso a dar muerte a más de un traficante; desterrando de ésta expeditiva manera, el tráfico en toda la región (a la que ellos llaman su país). Aún hoy, aquellos vascos que tienen la desgracia de usar drogas, tienen que abastecerse  de ellas, en las provincias limítrofes... ¿Pudo “una mano negra” intentar controlar al movimiento independentista vasco por medio de la heroína aparecida de repente y sin más?... Una pregunta que quedará como muchas otras... sin respuesta.

            Licenciado, con tan sólo dieciocho años, me sentí “dueño del mundo”. Hay que tener en cuenta que cuando yo regresaba, aún no habían sido “tallados”[5] los “mozos” de mi edad y hay que recordar, que por aquel entonces, “el mozo se convertía en hombre al llegar a ese hecho de ser tallado  por el ejército” y ello “se confirmaba, después de su licenciamiento”. Por tanto y por esa regla admitida... yo, “ya era un hombre”.

            Llevé al pequeño pueblo, el gusto por el hachís, que aún no el hábito; y efectivamente, enseguida me acerqué a algunos jóvenes de mi edad que estudiaban en la capital y  que los fines de semana regresaban a casa, portando consigo, pequeñas cantidades de hachís. Así y fin de semana, tras semana, comenzamos el consumo; también y de ésta manera, llegamos al consumo diario y sin darnos cuenta nos habituamos a fumar a todas horas aquella droga, dependiendo ello tan sólo de la economía particular de cada uno; aspecto éste que rápidamente controlamos, puesto que el auge cada vez mayor de consumir, nos llevó de inmediato y por propia necesidad a ser nosotros quienes compráramos “al mayor” y después, vendiéramos “fraccionado”; como es lógico, de esta manera sufragábamos nuestro propio consumo; y cuando digo nosotros, me estoy refiriendo a un pequeño grupo formado por “los más veteranos”.

            Entonces... desconocíamos por completo, las consecuencias que más tarde, tantos estragos nos causarían. Éramos entonces, como niños con un nuevo juguete. La casualidad quiso que una de las chicas del grupo, fuese dependienta en la farmacia del pueblo... podrá imaginarse el “bisnes”[6] que tuvimos durante años. Empezamos con las pastillas, pues otra vez alguien nos habló de los efectos que causaba y de nuevo, los atrevidos, quisimos experimentarlo por nosotros mismos. Algunos de éstos fármacos fueron un fiasco, otros pudieron darnos más de un disgusto... otros resultaron como se esperaba; casi sentíamos predilección por las anfetaminas, usadas en medicina para diversos usos, las ingeríamos mezclándolas con alcohol; entonces, un estado de euforia se adueñaba de nuestra persona; al mismo tiempo, una incontenible verborrea salía de nuestros labios; a tal extremo, que ello era insufrible para las personas normales.

            Otros fármacos, tales como el “Valiun”, ingeridos con alcohol, te sumían en “las nubes”... al caminar, pareciese como si pisaras sobre algodones y la vida transcurría a cámara  lenta. Algunos otros fármacos, utilizados como “adelgazantes”, eran temibles alucinógenos, cuando eran ingeridos con bebidas alcohólicas (alcohol). (Continuará) Nota: Transcrito de mi libro “AL INFIERNO A TRAVÉS DE LAS DROGAS: VIAJE DE IDA Y VUELTA.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)

 


[1]  Mientras copio literalmente “éstas confesiones que se me hacen por escrito”; recuerdo con enorme tristeza el que algunos (o muchos) políticos responsables (más bien todo lo contrario) incitaban a aquellas juventudes al empleo de ciertas drogas (grifa, hachís, o cánnabis). Concretamente recuerdo que, en uno de los multitudinarios mítines, las terrible incitación, del que fue considerado como “un intelectual” (que para mí sólo éstas palabras lo eliminan como tal) conocido cariñosamente como “el viejo profesor” (Enrique Tierno Galván) y el que, como máximo dirigente a nivel nacional del Partido Socialista Español (luego transformado (o adherido) en Partido Socialista Obrero Español. “PSOE”) dijo (reitero) en  lugar donde había muchos miles de oyentes y a micrófono abierto y con fuerte voz, lo siguiente... ¡¡Colocaos!! (sabido es que en el argot de la droga, “colocao” es el  nombre del  ya drogado y en estado semi-inconsciente) y a continuación de dicha incitación, pronunció su discurso político, el que luego fuera alcalde de Madrid y al que se le recriminó tal osadía o barbaridad, por las consecuencias de la misma, dicha por una persona de prestigio y a nivele incluso de universidad, puesto que ejerció de catedrático.

[2]

El denominado “País Vasco”, se reparte entre el Sur de Francia y el Norte de España. En España ocupa las tres denominadas “provincias vascongadas”, a saber Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y “algo de Navarra”,  y las que ocupan una minúscula proporción geográfica española, por tanto lo de “país vasco”, ni existió nunca, ni hoy existe tal ente, que se limita a una parte de lo que nunca fue “un todo”.

3  Organización de asesinos terroristas, cuyos asesinatos llegan hoy casi al millar de personas, habiendo miles de heridos y damnificados por esos hechos, inexplicables para la inmensa mayoría de españoles, incluidos los del citado territorio “vascongado”, los que no nos explicamos la existencia...  de esa banda terrorista, una ver muerto el dictador Franco, puesto que existen “organizados”, desde hace ya casi cuarenta años.

 

[5] TALLAR: Era el reconocimiento físico de los reclutas, y la talla de su estatura y estado físico de los mismos, era condición imprescindible, para ser dados como, “útiles o inútiles” para el Servicio Militar Obligatorio en España; hoy, afortunadamente  abolido, puesto que el Ejército ha de nutrirse de voluntarios o tropas a sueldo y mediante contrato entre la persona y el Estado.

[6] La palabra bisnes, que yo entrecomillo, consta en el escrito, pero no le encuentro significado, espero me lo aclare el interesado y caso de no hacerlo, que cada cual la interprete, pues desconozco si es de un “argot”.