Las Noticias de hoy 12 Octubre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 12 de octubre de 2019      

Indice:

ROME REPORTS

Francisco a los capuchinos: “La alegría es vuestra fortaleza”

El Papa Francisco se reúne con 10 reclusos españoles

NUESTRA SEÑORA DEL PILAR: Francisco Fernandez Carbajal

“Hemos de meditar la historia de Cristo”: San Josemaria

Nuevos Mediterráneos (IV): «No hable: óigale»: Lucas Buch

El eje de nuestra santificación: J. López

Madre del Pilar: José María López Ferrera

Comentario al evangelio: “Los diez leprosos”

DOMINGO XXVIII.: + Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres 

Mi tío Antonio, cura: Daniel Tirapu

Dos encuentros con María: Lillian Calm

Los 7 Principios de la Docitrina Social de la Iglesia

«La belleza en lo cotidiano nos conduce a Dios»: María Antonietta Calabrò.

La familia y la formación de la personalidad

ESCUELA PARA PADRES. Padres, enseñen a pensar a sus hijos.: Francisco Gras

Los católicos y la opinión pública: Acción Familia

La vida pende de un hilo: Norma Mendoza Alexandry

El desperdicio alimentario: Jesús Domingo

En su primera gran encíclica: Jesús Martínez Madrid

Obligaciones, derechos y un juez que habla claro: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

 

ROME REPORTS

 

 

Francisco a los capuchinos: “La alegría es vuestra fortaleza”

Encuentro con los religiosos

octubre 11, 2019 13:45Larissa I. LópezPapa y Santa Sede

(ZENIT –11 oct. 2019).- “La alegría es vuestra fortaleza”, indicó y propuso como programa de vida el Papa Francisco a los religiosos capuchinos.

cq5dam

Ayer, 10 de octubre de 2019, el Santo Padre se reunió con 73 hermanos menores capuchinos de la provincia italiana de Las Marcas en la pequeña sala del Aula Pablo VI, indica Vatican News en una síntesis realizada a partir de un artículo publicado en L’Osservatore Romano.

En sus palabras a este grupo, en primer lugar, Francisco habló de la llamada de Dios, realizada de forma distinta y con métodos variados. No obstante, lo hace siempre invitando a la conversión, que es una opción fuerte, “una decisión que involucra a la persona consagrada y la lleva adelante en el camino de la vida”, aseguró.

Conversión constante

Encuentro-con-los-religioso-capuchinos-de-las-marcas-489x275

En este sentido, el Papa recordó como santa Teresa de Jesús previno a las monjas sobre la tentación de considerarse objeto de injusticia, que comporta el “adagio del lloriqueo”, una postura que ha de compensarse con la conversión. Y describió que entrar en una comunidad religiosa implica convertirse constantemente, pues eso es lo que conduce a la humildad.

Por otro lado, el Obispo de Roma volvió a remarcar la importancia de hablar con la teología de los sustantivos, no con adjetivos, tal y como señala el espíritu franciscano.

Testimonio de pobreza

cq5dam

El Papa Francisco aludió también al tema de la “misionaridad”, vinculado a la falta de vocaciones: “Con la consagración ya no hay que pensar en uno mismo, sino en vivir como testigos. Ciertamente, no hay que hacer proselitismo, sino predicar a Jesús más a través de la existencia que a través de las palabras, como el mismo Francisco de Asís recomendaba a sus hermanos”, explicó.

Para el Santo Padre, el testimonio personal, como ocurrió con ejemplos contemporáneos como el de Teresa de Calcuta, provoca el respeto entre creyentes y no creyentes. Por este motivo, invitó a los presentes a ofrecer el suyo propio de mansedumbre, pero, sobre todo, de una pobreza vivida en la práctica, ya que el demonio ataca precisamente por la incoherencia en ese voto de pobreza. Y rememoró las palabras de san Ignacio de Loyola, que afirmaba que esta debe ser la “madre y el muro” de la vida religiosa.

Mundanidad y clericalismo

cq5dam

Francisco advirtió sobre la mundanidad, a veces presente en la Iglesia, y que lastima a la institución. Es por ello que Jesús pide al Padre que nos aleje del espíritu del mundo que lo arruina todo, y no del mundo en sí mismo. Y apuntó que para contrarrestrar dicho mal es necesaria la humildad.

Finalmente, se refirió a otra tentación para la Iglesia, la del clericalismo, que es hijo de la mundanidad y que puede hacer a los pastores pasar de ser siervos a ser amos. Es preciso, por tanto, para el Papa, redescubrir y retomar la estructura de servicio en el seno de la comunidad eclesial.

De este modo, invitó a los religiosos a vivir su Regla con naturalidad, aceptando a los demás y respetándolos: “La comunión fraterna es natural, no se crea artificialmente. Es una gracia del Espíritu Santo y se alimenta del perdón”, subrayó.

 

 

El Papa Francisco se reúne con 10 reclusos españoles

“La cárcel sin esperanza es inútil”

octubre 11, 2019 17:59Larissa I. LópezPapa Francisco

(ZENIT –11 oct. 2019).- En medio de las reuniones del Sínodo de la Amazonía, el Papa Francisco se reunió ayer, 11 de octubre de 2019, con 10 reclusos españoles de la cárcel de El Dueso, en Santander.

Así lo informó en su cuenta de Twitter la corresponsal de COPE en el Vaticano y en Italia, Eva Fernández.

En esta audiencia privada, los reclusos estuvieron acompañados por el obispo de Santander, Mons. Manuel Sánchez Monge, funcionarios de prisiones y voluntarios.

El obispo de Santander explicó a Eva Fernández que el Papa Francisco les saludo personalmente, creando “un clima familiar” y les habló dirigiéndose especialmente a los presos, a quienes les indicó que es preciso vivir “con esperanza”, ya que las cárceles no tienen sentido si no desembocan en un futuro de reinserción.

Por su parte, cuenta también Mons. Sánchez, los presos han relatado al Santo Padre su experiencia de peregrinación con la Hospitalidad de Lourdes de Santander, que les ha ayudado a vivir la enfermedad de cerca y a entender que esta es más dura que la privación de libertad que ellos viven.

Por su parte, Iñaki, que vivió 17 años de su vida en la cárcel, también ha resaltado el mensaje de esperanza del Papa: “La cárcel sin esperanza es inútil”, dijo el ex interno a la citada periodista tras la reunión.

La idea de esta visita surgió en el propio centro penitenciario de El Dueso. Con motivo del 25 aniversario del primer viaje de un grupo de presos con la Hospitalidad de Lourdes para atender a los enfermos, el obispo escribió al Papa pidiendo una audiencia privada con los internos.

Además de este encuentro con el Pontífice, esta delegación española también participó en la audiencia general del miércoles y en la mañana del jueves pudieron visitar los jardines vaticanos y la Basílica de San Pedro.

 

 

NUESTRA SEÑORA DEL PILAR*

Fiesta (en España)

— La devoción a la Virgen del Pilar.

— La Virgen va por delante en toda evangelización, en todo apostolado personal. Contar con Ella.

— Firmeza y caridad a la hora de propagar la fe.

I. Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí1.

Según una antiquísima y venerada tradición, la Virgen, cuando aún vivía, se apareció en carne mortal al Apóstol Santiago el Mayor en Zaragoza, acompañada de ángeles que traían una columna o pilar como signo de su presencia.

En la aparición, Nuestra Señora consoló y reconfortó al Apóstol Santiago, a quien prometió su asistencia materna en la evangelización que estaba llevando a cabo en España. Desde entonces, el Pilar es considerado como «el símbolo de la firmeza de fe»2; a la vez, nos indica el camino seguro de todo apostolado: Ad Iesum per Mariam, a Jesús, por María. La Virgen es el pilar firme, los cimientos seguros, donde se asienta la fe y donde esta fe se guarda3. «Por medio de ella, a través de muy diversas formas de piedad, ha llegado a muchos cristianos la fe en Cristo, Hijo de Dios y de María». Son sostenidos «por la devoción a María, hecha así columna de esa fe y guía segura hacia la salvación»4.

Al ver tantas naciones y pueblos diversos que celebran hoy esta fiesta y al contemplar su amor a la Virgen podemos ver cumplidas las palabras de la Sagrada Escritura: Eché raíces entre un pueblo grande, en la porción del Señor, en su heredad. Crecí como cedro del Líbano y del monte Hermón, me he elevado como palmera de Engadí y como rosal de Jericó, como gallardo olivo en la llanura y como plátano junto al agua. Exhalé fragancia como el cinamomo y la retama, y di aroma como mirra exquisita, como resina perfumada, como el ámbar y el bálsamo, como nube de incienso en el santuario5. Su devoción se ha extendido por todas partes.

La fiesta de hoy es una excelente ocasión para pedir, por su mediación, que la fe que Ella alentó desde el principio se fortalezca más y más, que los cristianos seamos testigos tanto más firmes cuanto mayores sean las dificultades que podamos encontrar en el ambiente del trabajo, de las personas con las que habitualmente nos relacionamos, o en nosotros mismos. Esto nos consuela: si hemos de enfrentarnos a obstáculos más grandes, más gracia nos obtendrá Nuestra Señora para que salgamos siempre triunfadores.

Le pedimos hoy ser pilares seguros, cimiento firme, donde se puedan apoyar nuestros familiares y nuestros amigos. Dios todopoderoso y eterno le rogamos en la Misa propia de esta fiesta que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar; concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor6.

II. Tú permaneces como la columna que guiaba y sostenía día y noche al pueblo en el desierto7.

En el libro del Éxodo se lee cómo Yahvé precedía al pueblo en el desierto, de día como una columna en forma de nube para indicarle el camino, y de noche como una columna de fuego para alumbrarle8. En el Libro de la Sabiduría se señala: Y en lugar de tinieblas encendiste una columna, que le diste para su camino, un sol que no les quemaba, para una gloriosa peregrinación9.

La Virgen fue quien marchó delante en la evangelización de los comienzos, alumbrando el camino, y es quien ahora va primero, iluminando nuestro propio camino y el apostolado personal que como cristianos corrientes realizamos en nuestra familia, en el trabajo y en los ambientes que frecuentamos. Por eso, cuando nos proponemos acercar a un familiar o a un amigo a Dios, lo encomendamos en primer lugar a Nuestra Señora. Ella quita obstáculos y enseña el modo de hacerlo. Cada uno de nosotros, quizá, ha experimentado esta poderosa ayuda de la Virgen. «Sí, tenemos como guía una columna que acompaña al nuevo Israel, a la Iglesia, en su peregrinar hacia la Tierra prometida, que es Cristo el Señor. La Virgen del Pilar es el faro esplendente, el trono de gloria, que guía y consolida la fe de un pueblo que no se cansa de repetir en la Salve Regina: Muéstranos a Jesús»10.

La evangelización iniciada en cada lugar del mundo, hace siglos o pocos años, no terminará hasta el fin de los tiempos. Ahora nos toca a nosotros llevarla a cabo. Para eso hemos de saber comprender a todos de corazón. Con más comprensión cuanto más distantes se encuentren de Cristo, con una caridad grande, con un trato amable, sin ceder en la conducta personal ni en la doctrina que hemos recibido a través del canal seguro de la Iglesia.

Acudamos a Nuestra Señora pidiéndole luz y ayuda en esas metas apostólicas que nos proponemos para llevar a cabo la vocación apostólica recibida en el Bautismo. Acudamos a Ella a través del Santo Rosario, especialmente en este mes de octubre el mes del Rosario, visitemos sus santuarios y ermitas, ofreciéndole algún pequeño sacrificio, que Ella recoge sonriendo y lo transforma en algo grande. Dirigirnos a Ella en petición de ayuda es un buen comienzo en todo apostolado.

En esa acción evangelizadora que cada cristiano debe llevar a cabo de modo natural y sencillo, debemos tenerla a Ella como Modelo. Miremos su vida normal: veremos su caridad amable, el espíritu de servicio que se pone de manifiesto en Caná, en la presteza con que ayuda a su prima Santa Isabel... Debemos contemplar su sonrisa habitual, que la hacía tan atrayente para las personas que habitualmente la trataban... Así hemos de ser nosotros.

III. Siguiendo la Misa propia de esta advocación mariana, pedimos también hoy al Señor que nos conceda, por intercesión de Santa María del Pilar, permanecer firmes en la fe y generosos en el amor11.

Le suplicamos ser firmes en la fe, el tesoro más grande que hemos recibido. Saber guardarla en nosotros y en quienes especialmente Dios ha puesto a nuestro cuidado de todo aquello que la pueda dañar: lecturas inconvenientes, programas de televisión que poco a poco van minando el sentido cristiano de la vida, espectáculos que desdicen de un cristiano...; guardarla sin ceder en lo que fielmente nos ha transmitido la Iglesia, manteniendo con fortaleza esa buena doctrina ante un ambiente que en aras de la tolerancia se muestra en ocasiones intolerante con esos principios firmes en los que no cabe ceder, porque son los cimientos en los que se apoya toda nuestra vida. Resistid firmes en la fe12, exhortaba San Pedro a los primeros cristianos en un ambiente pagano, parecido al que en algunas ocasiones podemos encontrar nosotros. Ceder en materia de fe o de moral, por no llevarse un mal rato, por limar aristas, por puro conformismo y cobardía, ocasionaría un mal cierto a esas personas que, tal vez un poco más tarde, verán la luz en nuestro comportamiento coherente con la fe de Jesucristo.

En un ambiente en el que quizá abundan la debilidad y la flaqueza, esta firmeza ha de ir acompañada por la generosidad en el amor: el saber entendernos con todos, incluso con quienes no nos comprenden o no quieren hacerlo, o tienen ideas sociales y políticas distintas u opuestas a las nuestras, con personas de elevada cultura o con aquellos que apenas saben leer..., manteniendo siempre una actitud amable compatible con la firmeza cuando sea necesaria, que nace de un corazón que trata a Dios diariamente en la intimidad de la oración.

Si la primera evangelización, en España y en todas partes, se realizó bajo el amparo de la Virgen, esta nueva evangelización de las naciones que están cimentadas desde su origen en principios cristianos también se realizará bajo su amparo y ayuda, como la columna que guiaba y sostenía día y noche en el desierto al Pueblo elegido. Ella nos lleva a Jesús, que es nuestra Tierra prometida; «es lo que realiza constantemente, como queda plasmado en el gesto de tantas imágenes de la Virgen... Ella con su Hijo en brazos, como aquí en el Pilar, nos lo muestra sin cesar como el Camino, la Verdad y la Vida»13. «Para eso quiere Dios que nos acerquemos al Pilar escribía San Josemaría Escrivá al terminar de relatar algunos pequeños sucesos de su amor a la Virgen en este santuario mariano: para que, al sentirnos reconfortados por la comprensión, el cariño y el poder de nuestra Madre aumente nuestra fe, se asegure nuestra esperanza: sea más viva nuestra preocupación por servir con amor a todas las almas. Y podamos, con alegría y con fuerzas nuevas, entregarnos al servicio de los demás, santificar nuestro trabajo y nuestra vida: en una palabra, hacer divinos todos los caminos de la tierra»14.

Hoy, en su fiesta, nos acercamos con el corazón al Pilar y le pedimos a Nuestra Señora que nos guíe siempre, que sea la seguridad en la que se apoya nuestra vida.

1 Antífona de comunión, Lc 1, 48. — 2 Juan Pablo II, Homilía en Zaragoza, 6-XI-1982. — 3 ídem, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, 27. — 4 ídem, Homilía en Zaragoza, cit. — 5 Eclo 24, 16-21. — 6 Oración colecta de la Misa propia del día. — 7 Sab 18, 3; Ex 13, 21-22. — 8 Cfr. Ex 13, 21. — 9 Sab 18, 3. — 10 Juan Pablo II, Ángelus 15-XI-1987. — 11 Oración sobre las ofrendas de la Misa propia del día. — 12 cfr. 1 Pdr 5, 9. — 13 Juan Pablo II, Homilía en Zaragoza, cit. — 14 San Josemaría Escrivá, Recuerdos del Pilar, Folleto MC n. 119, p. 47.

Según una venerada tradición, la Santísima Virgen se manifestó en Zaragoza sobre una columna o pilar, signo visible de su presencia. Desde antiguo se tributó en aquel lugar culto a la Madre de Dios y en su honor se edificó primero una iglesia y luego la actual basílica, centro de peregrinación de España especialmente y del mundo hispánico. Pío XII otorgó a todas las naciones de América del Sur la posibilidad de celebrar en este día la misma Misa particular que se celebra en España.

 

 

“Hemos de meditar la historia de Cristo”

Esos minutos diarios de lectura del Nuevo Testamento, que te aconsejé –metiéndote y participando en el contenido de cada escena, como un protagonista más–, son para que encarnes, para que "cumplas" el Evangelio en tu vida..., y para "hacerlo cumplir". (Surco, 672)

Para ser ipse Christus hay que mirarse en El. No basta con tener una idea general del espíritu de Jesús, sino que hay que aprender de El detalles y actitudes. Y, sobre todo, hay que contemplar su paso por la tierra, sus huellas, para sacar de ahí fuerza, luz, serenidad, paz.
Cuando se ama a una persona se desean saber hasta los más mínimos detalles de su existencia, de su carácter, para así identificarse con ella. Por eso hemos de meditar la historia de Cristo, desde su nacimiento en un pesebre, hasta su muerte y su resurrección. Porque hace falta que la conozcamos bien, que la tengamos toda entera en la cabeza y en el corazón, de modo que, en cualquier momento, sin necesidad de ningún libro, cerrando los ojos, podamos contemplarla como en una película; de forma que, en las diversas situaciones de nuestra conducta, acudan a la memoria las palabras y los hechos del Señor. (Es Cristo que pasa, 107)

 

 

Nuevos Mediterráneos (IV): «No hable: óigale»

San Josemaría «descubre» al Espíritu Santo a través de un sencillo consejo, que también puede iluminar nuestra vida espiritual.

Vida espiritual13/11/2017

Opus Dei - Nuevos Mediterráneos (IV): «No hable: óigale»

Escucha el artículo Nuevos Mediterráneos (IV): «No hable: óigale»

 

Descarga el libro electrónico: «Nuevos mediterráneos» (Disponible en PDF, ePub y Mobi)


Antes de volver junto al Padre, Jesús advirtió a sus apóstoles: «sabed que yo os envío al que mi Padre ha prometido. Vosotros permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de la fuerza de lo alto» (Lc 24,49). Los apóstoles se quedaron en Jerusalén, a la espera del prometido de Dios. En realidad, la promesa, el don, era el mismo Dios, en su Espíritu Santo. Pocos días más tarde, en la fiesta de Pentecostés, lo recibirían, llenándose de la gracia de Dios. «Los discípulos, que ya eran testigos de la gloria del Resucitado, experimentaron en sí la fuerza del Espíritu Santo: sus inteligencias y sus corazones se abrieron a una luz nueva»[1]. Aquel mismo día comenzaron a predicar con audacia y, al escuchar las palabras de san Pedro, cuenta la Escritura que fueron bautizados «y se les unieron unas tres mil almas» (Hch 2,41).

"Siento el Amor dentro de mí: y quiero tratarle, ser su amigo, su confidente..." (san Josemaría)

San Josemaría recordaba a menudo que el don del Espíritu Santo no es un recuerdo del pasado, sino un fenómeno siempre actual. «También nosotros, como aquellos primeros que se acercaron a San Pedro en el día de Pentecostés, hemos sido bautizados. En el bautismo, Nuestro Padre Dios ha tomado posesión de nuestras vidas, nos ha incorporado a la de Cristo y nos ha enviado al Espíritu Santo»[2]. En el bautismo primero, y después en la confirmación, hemos recibido la plenitud del don de Dios, la vida de la Trinidad.

Descubrir al Paráclito

El Don de Dios, la Salvación que recibimos, no es una cosa, sino una Persona. Por eso, toda la vida cristiana nace de la relación personal con el Dios que viene a habitar en nuestros corazones. Es esta una verdad conocida: se encuentra en el fundamento de la vida de fe. Sin embargo, puede ser también algo que hayamos de descubrir.

«A lo largo del año 1932 asistimos a un fuerte desarrollo de la devoción al Espíritu Santo en san Josemaría», señala uno de los mejores conocedores de su obra[3]. Después de meses procurando tratar más al Paráclito, recibe una particular luz que le abre un nuevo panorama, como sabemos por una anotación de ese mismo día:

«Octava de todos los Santos –martes– 8-XI-32: Esta mañana, aún no hace una hora, mi P. Sánchez me ha descubierto ‘otro Mediterráneo’. Me ha dicho: ‘tenga amistad con el Espíritu Santo. No hable: óigale’. Y desde Leganitos, haciendo oración, una oración mansa y luminosa, consideré que la vida de infancia, al hacerme sentir que soy hijo de Dios, me dio amor al Padre; que, antes, fui por María a Jesús, a quien adoro como amigo, como hermano, como amante suyo que soy... Hasta ahora, sabía que el Espíritu Santo habitaba en mi alma, para santificarla..., pero no cogí esa verdad de su presencia. Han sido precisas las palabras del P. Sánchez: siento el Amor dentro de mí: y quiero tratarle, ser su amigo, su confidente..., facilitarle el trabajo de pulir, de arrancar, de encender... No sabré hacerlo, sin embargo: Él me dará fuerzas, Él lo hará todo, si yo quiero... ¡que sí quiero! Divino Huésped, Maestro, Luz, Guía, Amor: que sepa el pobre borrico agasajarte, y escuchar tus lecciones, y encenderse, y seguirte y amarte –Propósito: frecuentar, a ser posible sin interrupción, la amistad y trato amoroso y dócil del Espíritu Santo. Veni Sancte Spiritus!...[4].

"Dios es el que te ‘primerea’. Uno lo está buscando, pero Él te busca primero" (Papa Francisco)

En estas notas, san Josemaría recoge el itinerario espiritual por el que Dios le había ido llevando: el descubrimiento de la filiación divina, la mediación de María hacia Jesús, el tesoro de la amistad de Cristo… hasta tomar conciencia de la presencia del Amor de Dios dentro de él. Como escribió muchos años más tarde, llega un momento en que el corazón necesita «distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. (…) Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las virtudes sobrenaturales!»[5]

Que el Espíritu Santo habita en el alma del cristiano es algo que él ya sabía, pero no lo había captado todavía como algo vivido, experimentado en profundidad. Con ocasión de aquellas palabras de su director espiritual, se abre ante sus ojos un nuevo horizonte, algo que no solamente entiende, sino que sobre todo vive: «siento el Amor dentro de mí». Ante esa maravilla, se enciende en deseos de corresponder, poniéndose a disposición de ese Amor: «quiero tratarle, ser su amigo, su confidente..., facilitarle el trabajo de pulir, de arrancar, de encender...» Y frente al miedo de no ser capaz, de no estar a la altura, se yergue la seguridad de que es Dios quien lo hará, si él le deja.

Acoger el don de Dios

Lo primero que llama la atención en el Mediterráneo que se abre ante san Josemaría es el protagonismo de Dios. Unas semanas más tarde daría forma al que sería el n. 57 de Camino: «Frecuenta el trato del Espíritu Santo –el Gran Desconocido– que es quien te ha de santificar»[6]. Nuestra santidad es obra de Dios, aunque muchas veces ese Dios que nos santifica se haya convertido en «el Gran Desconocido».

En un mundo como el nuestro, que pone el acento en el hacer humano y en el fruto de nuestro esfuerzo, no siempre tenemos presente que la Salvación que recibimos de Dios es fundamentalmente un don gratuito. En palabras de San Pablo: «por gracia habéis sido salvados mediante la fe» (Ef 2,8). Desde luego, el empeño que ponemos nosotros es importante, y no es lo mismo vivir de un modo o de otro. Sin embargo, todo nuestro obrar parte de la seguridad de que «el cristianismo es gracia, es la sorpresa de un Dios que, satisfecho no solo con la creación del mundo y del hombre, se ha puesto al lado de su criatura»[7]. Y eso es algo que a cada uno toca descubrir de modo personal. Como le gusta repetir al papa Francisco, se trata de reconocer que «Dios es el que te ‘primerea’. Uno lo está buscando, pero Él te busca primero. Uno quiere encontrarlo, pero Él nos encuentra primero»[8].

"Uno sencillamente sabe: no soy yo quien hace esto. Solo no podría hacerlo. Él siempre está ahí" (Benedicto XVI)

De este descubrimiento nace «un principio esencial de la visión cristiana de la vida: la primacía de la gracia»[9]. A la vuelta de los años, no han perdido actualidad las palabras con las que san Juan Pablo II preparaba a la Iglesia para el nuevo milenio. Concretamente, el Papa nos ponía en guardia frente a una tentación que puede insinuarse en la vida espiritual o en la misión apostólica: «pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar»[10]. Así, podríamos considerar que nuestra vida interior no es tan intensa como esperábamos porque no ponemos suficiente esfuerzo, o que nuestro apostolado no da el fruto previsto porque nos ha faltado exigencia. Eso puede ser parte del problema, pero no lo explica totalmente. Los cristianos sabemos que es Dios quien hace las cosas: «las obras apostólicas no crecen con las fuerzas humanas, sino al soplo del Espíritu Santo»[11]. He aquí otro modo de reconocer que nuestra vida no vale por lo que hacemos, ni pierde valor por lo poco que hacemos, o por nuestros fracasos… mientras nos volvamos hacia ese Dios que ha querido vivir en medio de nosotros. «Vivir según el Espíritu Santo es vivir de fe, de esperanza, de caridad; dejar que Dios tome posesión de nosotros y cambie de raíz nuestros corazones, para hacerlos a su medida»[12]. El auténtico punto de partida para la vida cristiana, «para hacer las obras buenas» que nuestro Padre Dios nos confía (Ef 2,10) es, pues, un agradecido recibir –acoger el don de Dios– que nos lleva a vivir en el abandono esperanzado propio de los hijos de Dios[13].

«Frecuentar el trato amoroso y dócil del Espíritu Santo»

Acoger el don de Dios es recibir a una Persona, y por eso se entiende el consejo del P. Sánchez a san Josemaría: «tenga amistad con el Espíritu Santo. No hable: óigale». Con una persona se tiene amistad, y la amistad crece en el diálogo. Por eso, al descubrir la presencia personal de Dios en su corazón, san Josemaría hizo un propósito concreto: «frecuentar, a ser posible sin interrupción, la amistad y trato amoroso y dócil del Espíritu Santo». Eso es lo que podemos poner de nuestra parte para oírle.

Se trata de un camino transitable para todos los cristianos: abrirse continuamente a la acción del Paráclito, escuchar sus inspiraciones, dejar que nos lleve «hacia toda la verdad» (Jn 16,13). Jesús había prometido a los Doce: «Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho» (Jn 14,26). El Espíritu Santo es quien nos permite vivir según los designios de Dios, pues Él es también quien nos «anunciará lo que va a venir» (Jn 16,13).

Los primeros cristianos comprendieron esta realidad, y sobre todo la vivieron. «Apenas hay una página de los Hechos de los Apóstoles en la que no se nos hable de Él y de la acción por la que guía, dirige y anima la vida y las obras de la primitiva comunidad cristiana»[14]. En efecto, «los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios» (Rm 8,14). Y nos dejamos llevar por Él en cuanto procuramos entrenarnos un día y otro en la «difícil disciplina de la escucha»[15]. Tratar al Espíritu Santo es procurar escuchar su voz, «que te habla a través de los acontecimientos de la vida diaria, a través de las alegrías y los sufrimientos que la acompañan, a través de las personas que se encuentran a tu lado, a través de la voz de tu conciencia, sedienta de verdad, de felicidad, de bondad y de belleza»[16].

La guía del Espíritu Santo suele consistir en darnos, más que indicaciones concretas, luces, orientaciones

En ese sentido, es interesante un pasaje del último libro entrevista de Benedicto XVI. El periodista le pregunta si no hay momentos en que el Papa «puede sentirse terriblemente solo»: «Sí –responde Benedicto XVI–, pero gracias a que me siento tan vinculado con el Señor, nunca estoy del todo solo»; y enseguida añade: «Uno sencillamente sabe: no soy yo quien hace esto. Solo no podría hacerlo. Él siempre está ahí. No tengo más que escuchar y abrirme de par en par a Él»[17]. La perspectiva de compartir la propia vida con Dios, de vivir de la amistad con Él, resulta hoy tan atractiva como siempre. Pero, continúa el entrevistador, «¿cómo se logra esa escucha, ese abrirse de par en par a Dios?». El Papa emérito se ríe, y el periodista insiste: «¿cuál es el mejor modo?» Con sencillez, responde Benedicto XVI: «Pues suplicando al Señor –¡tienes que ayudarme ahora!– y recogiéndose interiormente, permaneciendo en silencio. Y luego se puede siempre llamar de nuevo a la puerta con la oración, y suele funcionar»[18].

Aprender a reconocer su voz

En nuestra propia vida de oración, quizá sin pretenderlo, a veces podemos esperar fenómenos algo extraordinarios que nos aseguren que estamos hablando con Dios, que Él nos escucha, que nos habla. La vida espiritual, en cambio, se realiza de un modo más cotidiano. Más que de recibir gracias especiales, se trata de «ser sensibles a lo que el Espíritu divino promueve a nuestro alrededor y en nosotros mismos»[19].

«Los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios» (Rm 8,14). Esta guía del Paráclito suele consistir en darnos –más que indicaciones concretas–, luces, orientaciones. De modos muy variados, y contando con los tiempos de cada uno, va iluminando los sucesos pequeños y grandes de nuestra vida. Así un detalle y otro van apareciendo de un modo nuevo, distinto, con una luz que muestra un sentido más claro a lo que antes resultaba borroso e incierto.

¿Cómo recibimos esa luz? De mil modos distintos: al leer la Escritura, los escritos de los santos, un libro de espiritualidad; o en situaciones inesperadas, como durante una conversación entre amigos, al leer una noticia... Hay infinidad de momentos en que el Espíritu Santo puede estar sugiriéndonos algo. Pero Él cuenta con nuestra inteligencia y con nuestra libertad para dar forma a sus sugerencias. Conviene aprender a orar a partir de esos destellos; meditarlos sin prisa, día tras día; detenerse en la oración y preguntar al Señor: “Con este asunto que me preocupa, con esto que me ha sucedido, ¿qué me quieres decir?, ¿qué me propones para mi vida?”

En esta escucha paciente es bueno tener en cuenta que la voz del Espíritu Santo puede aparecer en nuestro corazón mezclada con otras muy diversas: nuestro egoísmo, nuestras apetencias, las tentaciones del diablo… ¿Cómo ir reconociendo lo que viene de Él? En esto, como en tantas cosas, no existen pruebas irrefutables; pero hay signos que ayudan a discernir su presencia. En primer lugar, hay que tener en cuenta que Dios no se contradice: no nos pedirá nada contrario a las enseñanzas de Jesucristo, recogidas en la Escritura y enseñadas por la Iglesia. Tampoco nos sugerirá algo que se oponga a nuestra vocación. En segundo lugar, debemos prestar atención a lo que traen consigo esas inspiraciones. Por los frutos se conoce el árbol (cfr. Mt 7,16-20); y, como escribe san Pablo, «los frutos del Espíritu son: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia» (Ga 5,22-23). La tradición espiritual de la Iglesia es constante en señalar que «el Espíritu de Dios produce inevitablemente paz en el alma; el demonio produce inevitablemente inquietud»[20]. A lo largo del día se nos ocurrirán infinidad de ideas felices; ideas de servicio, de cuidado, de atención, de perdón. Con frecuencia no habremos tenido sin más una buena idea, sino que el Espíritu Santo nos está moviendo el corazón. Secundar esas inspiraciones del Paráclito nos llenará del auténtico gaudium cum pace: una alegría llena de paz.

La docilidad al Paráclito es una actitud que conviene cultivar serenamente, con la ayuda de la dirección espiritual

La docilidad al Paráclito es, en fin, una actitud que conviene cultivar serenamente, con la ayuda de la dirección espiritual. No deja de ser significativo que este horizonte se abriera a san Josemaría precisamente en ese contexto. El consejo que recibió –«óigale»– revela también la conciencia que el Padre Sánchez tenía de su misión como director espiritual: facilitar que el Espíritu Santo tomase cada vez más la guía de esa alma, «facilitarle el trabajo de pulir, de arrancar, de encender...». Esa es la tarea de quienes acompañan a otros en su vida espiritual: ayudarles a conocerse, para que puedan discernir mejor lo que el Paráclito puede estarles pidiendo. Así, poco a poco, cada uno va aprendiendo a ver a Dios en lo que le pasa y en lo que sucede en el mundo.

Anclados en el Amor de Dios, con el soplo del Espíritu Santo

Desde la Ascensión del Señor a los cielos y el envío del Espíritu Santo en Pentecostés, vivimos en el tiempo de la misión: Cristo mismo nos ha confiado la tarea de llevar la Salvación al mundo entero. El Santo Padre lo ha comentado en repetidas ocasiones, al hablar del «dinamismo de “salida” que Dios quiere provocar en los creyentes»[21], señalando al mismo tiempo que, con la tarea, nos ha dado la fuerza para cumplirla. En efecto, ese dinamismo «no es una estrategia, sino la fuerza misma del Espíritu Santo, caridad increada»[22].

En sus catequesis sobre la esperanza, el papa Francisco ha recordado la importancia de dejarnos guiar por el Espíritu Santo, con una imagen muy querida por los Padres de la Iglesia: «La carta a los Hebreos compara la esperanza con un ancla (cfr. 6,18-19); y a esta imagen podemos añadir la de la vela. Si el ancla es lo que da a la barca la seguridad y la tiene “anclada” entre las olas del mar, la vela es, en cambio, lo que la hace caminar y avanzar en las aguas. La esperanza es realmente como una vela que recoge el viento del Espíritu Santo y lo transforma en fuerza motriz que empuja la barca, según los casos, al mar o a la orilla»[23].

Vivir anclados en la hondura del Amor de Dios nos da seguridad; vivir pendientes del Espíritu Santo nos permite avanzar con la fuerza de Dios y en la dirección que Él nos sugiere: «volar, sin apoyarte en nada de aquí, pendiente de la voz y del soplo del Espíritu»[24]. Ambas cosas nacen de la unión con Dios. Por eso, «la Iglesia necesita imperiosamente el pulmón de la oración»[25]. Los últimos papas lo han recordado constantemente: si queremos cumplir la misión que Cristo nos confió con el mismo Espíritu que a Él le movía, no hay otro camino que la oración, el trato continuo y confiado con el Paráclito. De ahí la importancia de descubrir el Mediterráneo de la presencia viva de Dios en nuestro corazón. Y navegar mar adentro guiados por el Espíritu Santo, «luz, fuego, viento impetuoso (…) que alumbra la llama y la vuelve capaz de provocar incendios de amor»[26].

Lucas Buch


[1] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 127.

[2] Ibíd., n. 128.

[3] P. Rodríguez, comentario al n. 57 de la edición crítico-histórica de Camino, p. 269.

[4] San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 864, en P. Rodríguez, Camino. Edición crítico-histórica, comentario al n. 57, p. 270. Se remite allí a un estudio de J.L. Illanes, “Trato con el Espíritu Santo y dinamismo de la experiencia espiritual. Consideraciones a partir de un texto del Beato Josemaría Escrivá”, en P. Rodríguez et al. El Espíritu Santo y la Iglesia: XIX Simposio Internacional de Teología de la Universidad de Navarra, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 1999, 467-479 (disponible aquí).

[5] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 306.

[6] Cfr. P. Rodríguez, Camino. Edición crítico-histórica, comentario al n. 57. El autor fecha la redacción de este punto el 22-XI-1932.

[7] San Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 6-I-2001, n. 4.

[8] S. Rubin, F. Ambrogetti, El Papa Francisco. Conversaciones con Jorge Bergoglio, Ediciones B, Barcelona 2013, 48.

[9] San Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, n. 38.

[10] Ibíd.

[11] San Josemaría, Conversaciones, n. 40.

[12] Es Cristo que pasa, n. 134.

[13] Cfr. F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 8.

[14] Es Cristo que pasa, n. 127.

[15] San Juan Pablo II, Discurso, 5-VI-2004.

[16] Ibíd.

[17] Benedicto XVI, Últimas conversaciones, Mensajero, Bilbao 2016, 284.

[18] Ibíd.

[19] Es Cristo que pasa, n. 130.

[20] J. Philippe, En la escuela del Espíritu Santo, Rialp, Madrid 2005, 53. Sobre esta cuestión, en general, cfr. 45-64.

[21] Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium (24-XI-2013), n. 20.

[22] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017, n. 9.

[23] Francisco, Audiencia General, 31-V-2017.

[24] San Josemaría, Forja, n. 994.

[25] Francisco, Evangelii gaudium, n. 262.

[26] Amigos de Dios, n. 244.

 

 

El eje de nuestra santificación

El trabajo es, para muchos cristianos, una de las actividades principales donde buscar la santidad. San Josemaría se refería a la actividad laboral como al "quicio de nuestra santificación". Este artículo expone ese mensaje.

Trabajo29/09/2013

Entre todas las actividades temporales que son materia de santificación, el trabajo profesional ocupa un lugar primordial en las enseñanzas de san Josemaría. De palabra y por escrito afirma constantemente que la santificación del trabajo es como el quicio de la verdadera espiritualidad para los que —inmersos en las realidades temporales— estamos decididos a tratar a Dios [1] .

Y también: el objetivo único del Opus Dei ha sido siempre ése: contribuir a que haya en medio del mundo, de las realidades y afanes seculares, hombres y mujeres de todas las razas y condiciones sociales, que procuren amar y servir a Dios y a los demás hombres en y a través de su trabajo ordinario [2] .

 

Foto: Cybrarian77Foto: Cybrarian77

Esta enseñanza de san Josemaría es un rasgo peculiar del espíritu que el Señor le hizo ver el 2 de octubre de 1928. No es, por tanto, el único modo de orientar la santificación de las realidades temporales, sino el modo específico y propio del espíritu del Opus Dei. Como la condición humana es el trabajo, la vocación sobrenatural a la santidad y al apostolado según el espíritu del Opus Dei, confirma la vocación humana al trabajo (…). Uno de los signos esenciales de esa vocación es precisamente vivir en el mundo y desempeñar allí un trabajo —contando, vuelvo a decir, con las propias imperfecciones personales— de la manera más perfecta posible, tanto desde el punto de vista humano, como desde el sobrenatural [3].

Trabajo profesional

 

 

La actividad ordinaria no es un detalle de poca importancia, sino el quicio de nuestra santificación, ocasión continua para encontrarnos con Dios y alabarle y glorificarle con la operación de nuestra inteligencia o la de nuestras manos [4]. En estos textos y en otras muchas ocasiones, con la expresiónquicio de nuestra santificación, san Josemaría se refiere unas veces al trabajo y otras a la santificación del trabajo. Al trabajo, porque es la materia misma con la que se construye el eje. Y a la santificación del trabajo, porque no basta trabajar: si no se santifica, tampoco sirve de eje para la búsqueda de la santidad.

En todo caso, el trabajo que san Josemaría indica como eje de la vida espiritual no es cualquier actividad. No se trata de las tareas que se realizan por hobby , para cultivar una afición, o por otros motivos, a veces por necesidad y con esfuerzo; se trata precisamente del trabajo profesional : el oficio públicamente reconocido — munus publicum — que cada uno realiza en la sociedad civil, como actividad que la configura, sirve y construye, y que es objeto de unos deberes y responsabilidades así como de unos derechos, entre los cuales se encuentra generalmente el de la justa remuneración. Son profesionales, por ejemplo, los trabajos de arquitecto, de carpintero, de maestro, o los trabajos del hogar.

"La actividad ordinaria no es un detalle de poca importancia, sino el quicio de nuestra santificación, ocasión continua para encontrarnos con Dios y alabarle y glorificarle con la operación de nuestra inteligencia o la de nuestras manos".

De algún modo se puede llamar también trabajo profesional al ministerio sacerdotal —así lo hace a veces san Josemaría [5] —, en cuanto que es una tarea pública al servicio de todas las almas y, concretamente, de la santificación de los fieles corrientes en el desempeño de las demás profesiones, contribuyendo así a la edificación cristiana de la sociedad, misión que exige la cooperación del sacerdocio común y del ministerial. Siendo en sí mismo un ministerio sagrado, una tarea que no es profana sino santa, sin embargo no hace santo automáticamente a quien la realiza. El sacerdote ha de luchar para santificarse en el ejercicio de su ministerio, y en consecuencia puede vivir el mismo espíritu de santificación del trabajo que enseña el Fundador del Opus Dei, realizándolo con alma verdaderamente sacerdotal y mentalidad plenamente laical [6].

Conviene recordar que algunas veces san Josemaría también llama trabajo profesional a la enfermedad, a la vejez y a otras situaciones de la vida que absorben las energías que se dedicarían a la profesión, si se pudiera: es el caso, por ejemplo, de quien tiene que ocuparse de conseguir un puesto de trabajo. Al llamarlo trabajo profesional , el Fundador del Opus Dei hace ver que quien se encuentra en esas circunstancias debe comportarse como ante un trabajo profesional que se desea santificar. Así como el amor a Dios lleva a realizar con perfección los deberes profesionales, así también, un enfermo puede cuidar, en lo que de él dependa, por amor a Dios y con sentido apostólico, las exigencias de un tratamiento, de unos ejercicios, o de una dieta, y ser un buen enfermo que sabe obedecer hasta identificarse con Cristo, obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz [7]. En este sentido, la enfermedad y la vejez, cuando llegan, se transforman en labor profesional. Y así no se interrumpe la búsqueda de la santidad, según el espíritu de la Obra, que se apoya, como la puerta en el quicio, en el trabajo profesional [8].

Como es lógico, cuando se habla de trabajo profesional se piensa normalmente en las personas que ejercen su profesión civil, no en estas otras situaciones a las que se aplica la expresión por analogía. Ese trabajo profesional, en sentido propio y principal, es el que constituye el eje o el gozne de la santificación en el espíritu del Opus Dei.

El entramado de la vida ordinaria

Las tareas familiares, profesionales y sociales forman un entramado que es la materia de santificación y el terreno de apostolado propios de un fiel corriente. Ese entramado se puede tejer de diversos modos. El que enseña san Josemaría tiene como una de sus características principales el que los quehaceres familiares y sociales se centran alrededor del trabajo profesional, factor fundamental por el que la sociedad civil cualifica a los ciudadanos [9].

Esta característica tiene su fundamento en las relaciones entre la santificación personal en medio del mundo, y el cumplimiento de los deberes profesionales, familiares y sociales, como se considerará a continuación. Se entiende aquí por mundo la sociedad civil que los fieles laicos, con la cooperación del sacerdocio ministerial, han de configurar y empapar de espíritu cristiano.

La santificación en medio del mundo exige la santificación del mundo ab intra , desde las mismas entrañas de la sociedad civil [10] para que se cumpla lo que dice San Pablo: instaurare omnia in Christo [11].Para llevar a cabo esta misión es esencial santificar la familia, que es «origen y fundamento de la sociedad humana», y su «célula primera y vital» [12]. Pero la sociedad no es simplemente un conjunto de familias, como tampoco un cuerpo es sólo un conglomerado de células.

Hay una organización y una estructura, una vida del cuerpo social. Para informar la sociedad con el espíritu cristiano es necesario santificar, además de la familia, las relaciones sociales, creando un clima de amistad y de servicio, dando tono cristiano a las costumbres, modas y diversiones. Sin embargo, son las diversas actividades profesionales las que configuran radicalmente la sociedad, su organización y su vida, influyendo también, de modo profundo, en las mismas relaciones familiares y sociales.

La santificación del trabajo profesional no solo es necesaria, junto con la santificación de la vida familiar y social, para modelar la sociedad según el querer de Dios, sino que sirve de eje en el entramado que forman. Esto no significa que los deberes profesionales sean más importantes que las tareas familiares y sociales, sino que son apoyo para formar la familia y la convivencia social. La importancia o prioridad de un deber depende del orden de la caridad, no de que se trate de un deber profesional, social o familiar.

Para comprender el papel del trabajo en la vida espiritual, hay que considerar también que, como enseña el Magisterio de la Iglesia, «el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social» [13].

 

Foto: RoundedbygravityFoto: Roundedbygravity

Al hablar de instituciones sociales se incluyen, como indica poco después el mismo documento, «la familia y la comunidad política que responden más inmediatamente a la íntima naturaleza del hombre» [14]. La familia y la sociedad se ordenan totalmente al bien de la persona, que tiene necesidad de la vida social. Por su parte, la persona ha de buscar el bien de la familia y de la sociedad, pero no se ordena totalmente a ese bien, con todo su ser y su obrar.

En sentido estricto sólo se ordena totalmente a la unión con Dios, a la santidad [15]. El trabajo puede ser eje de toda la vida espiritual porque, además de servir al bien de la familia y a la configuración cristiana de la sociedad, es campo para el perfeccionamiento del hombre por el ejercicio de las virtudes en aspectos y modos que son específicos del ámbito profesional, como la justicia en las relaciones laborales, la responsabilidad en el mismo trabajo, la laboriosidad y muchas manifestaciones de fortaleza, constancia, lealtad, paciencia... —por mencionar solo algunos ejemplos—, que el trabajo profesional reclama.

A todo este conjunto de elementos se refiere san Josemaría cuando invita a considerar que el trabajo es el vehículo a través del cual el hombre se inserta en la sociedad, el medio por el que se ensambla en el conjunto de las relaciones humanas, el instrumento que le asigna un sitio, un lugar en la convivencia de los hombres. El trabajo profesional y la existencia en el mundo son dos caras de la misma moneda, son dos realidades que se exigen mutuamente, sin que sea posible entender la una al margen de la otra [16].

 

La vocación profesional

Por ser el trabajo el eje de la vida espiritual en el espíritu del Opus Dei, se comprende que la vocación profesional no es sólo una parte, sino una parte principal de nuestra vocación sobrenatural [17].

La vocación profesional se descubre por las cualidades y aptitudes que cada uno ha recibido de Dios, por los deberes que ha de cumplir en el lugar y en las circunstancias en que se encuentra, por las necesidades de su familia y de la sociedad, por las posibilidades reales de ejercer una profesión u otra. Todo esto, y no solamente los gustos o las inclinaciones —y menos aún los caprichos de la fantasía— es lo que configura la vocación profesional de cada uno. Se llama vocación porque ese conjunto de factores representa una llamada de Dios a elegir la actividad profesional más conveniente como materia de santificación y apostolado.

No hay que olvidar que la vocación profesional es parte de nuestra vocación divina,—escribe san Josemaría— en tanto en cuanto es medio para santificarnos y para santificar a los demás [18]; y por tanto, si en algún momento la vocación profesional supone un obstáculo, (…) si absorbe de tal modo que dificulta o impide la vida interior o el fiel cumplimiento de los deberes de estado (…), no es parte de la vocación divina, porque ya no es vocación profesional [19] .

Puesto que la vocación profesional está determinada en parte por la situación de cada uno, no es una llamada a ejercer un trabajo profesional fijo y predeterminado, independientemente de las circunstancias. La vocación profesional es algo que se va concretando a lo largo de la vida: no pocas veces el que empezó unos estudios, descubre luego que está mejor dotado para otras tareas, y se dedica a ellas; o acaba especializándose en un campo distinto del que previó al principio; o encuentra, ya en pleno ejercicio de la profesión que eligió, un nuevo trabajo que le permite mejorar la posición social de los suyos, o contribuir más eficazmente al bien de la colectividad; o se ve obligado, por razones de salud, a cambiar de ambiente y de ocupación [20] .

La vocación profesional es una llamada a desempeñar una profesión en la sociedad. No una cualquiera, sino aquélla —dentro de las que se presentan como posibles— con la que mejor se puede alcanzar el fin al que se ordena el trabajo como materia y medio de santificación y de apostolado. Una profesión con la que cada uno se gana la vida, mantiene a su familia, contribuye al bien común, desarrolla su personalidad [21]. No se ha de optar por el trabajo más sencillo como si diera igual uno u otro, ni elegir superficialmente guiados sólo por el gusto o por el brillo humano. El criterio de elección ha de ser el amor a Dios y a las almas: el servicio que se puede prestar a la extensión del Reino de Cristo y al progreso humano, haciendo rendir los talentos que se han recibido.

* * *

Cuando el eje está bien encajado, la puerta gira con seguridad y suavidad. Cuando el trabajo está firmemente asentado en el sentido de la filiación divina, cuando es trabajo de un hijo de Dios — obra de Dios , como el trabajo de Cristo—, todo el entramado de la vida ordinaria se puede mover con armonía, abriendo las entrañas de la sociedad a la gracia divina. Si falta ese eje, ¿cómo se podrá empapar la sociedad de espíritu cristiano? Y si el eje está oxidado, o torcido, o fuera de lugar, ¿de qué servirá, por muy valioso que sea el metal del que está hecho?

Si entra en conflicto con las tareas familiares y sociales, las estorba, las complica y hasta las paraliza, habrá que preguntarse para qué vale un eje sin la puerta. Y sobre todo, y en la raíz de todo, si el trabajo está desgajado de su fundamento que es la filiación divina, si no fuera un trabajo santificado, ¿qué sentido tendría para un cristiano?

Vamos a pedir luz a Jesucristo Señor Nuestro, y rogarle que nos ayude a descubrir, en cada instante, ese sentido divino que transforma nuestra vocación profesional en el quicio sobre el que se fundamenta y gira nuestra llamada a la santidad. En el Evangelio encontraréis que Jesús era conocido como faber, filius Mariæ ( Mc 6, 3), el obrero, el hijo de María: pues también nosotros, con orgullo santo, tenemos que demostrar con los hechos que ¡somos trabajadores!, ¡hombres y mujeres de labor [22].

J. López


 

[1] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 61.

[2] San Josemaría, Conversaciones , n. 10.

[3] Ibid., n. 70.

[4] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 81.

[5] Cfr. San Josemaría, Amigos de Dios , n. 265.

[6] San Josemaría, Carta 28-III-1955 , n. 3, citada por A. de Fuenmayor, V. Gómez Iglesias, J. L. Illanes, El itinerario jurídico del Opus Dei , historia y defensa de un carisma , Eunsa, 1989, p. 286.

[7] Flp 2, 8.

[8] San Josemaría, Apuntes de la predicación (AGP, P01 III-65, p. 11), cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. III, p. 165.

[9] Cfr. Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría, Rialp, Madrid 2013, vol. III, pp. 222 y ss.

[10] San Josemaría , Carta 14-II-1950 , n. 20, cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. I, p. 81.

[11] Ef 1,10.

[12] Conc. Vaticano II, Decr. Apostolicam actuositatem , n. 11.

[13] Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes , n. 25.

[14] Ibid .

[15] Cfr. Santo Tomás, S.Th . I-II, q. 21, a. 4 ad 3.

[16] San Josemaría, Carta 6-V-1945 , n. 13, cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. III, p. 161.

[17] San Josemaría, Texto de 31-V-1954, cit. por José Luis Illanes en La santificación del trabajo .Palabra, Madrid 1981, p. 42.

[18] San Josemaría, Carta 15-X-1948 , n. 7, cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. III, p. 180.

[19] Ibid .

[20] Ibid. , n. 33.

[21] San Josemaría, Conversaciones , n. 70.

[22] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 62.

 

Madre del Pilar

Desde muy al principio, con Santiago,

quisiste ser de Hispania fundamento

piedra angular de un pueblo que te ama

y que expandió tu Nombre al mundo entero,

impregnando tu aroma por doquiera

que unos hombres surcaran mar y suelo.

 

Pilar se te llamó desde el origen

que, en pedestal, apareció tu cuerpo

de humana criatura hecha de carne

en configuración igual que el nuestro,

porque aun siendo, por Dios, llena de gracia

Tú naciste mujer dentro del tiempo.

 

Hoy, miríadas de hijos ya te aclaman

como Madre otorgada por el Verbo

cuando, desde la Cruz, a Juan te daba

en su nombre a nosotros, bien pequeños,

indignos de tal don inapreciable

mas, no obstante, acogidos a tu pecho.

 

Empezaban los doce a prodigarse

sembrando por la tierra el Evangelio

y a Santiago, el mayor, cuando dudaba

viniste a confortarlo junto al Ebro,

de cuya aparición quedó arraigada

la fe que nuestros padres recibieron.  

José María López Ferrera

 

 

Comentario al evangelio: “Los diez leprosos”

Evangelio del 28º domingo del Tiempo ordinario (Ciclo C) y comentario al evangelio.

Vida cristiana

Opus Dei - Comentario al evangelio: “Los diez leprosos”

Evangelio (Lc 17,11-19)

Al ir de camino a Jerusalén, atravesaba los confines de Samaría y Galilea; y, cuando iba a entrar en un pueblo, le salieron al paso diez leprosos, que se detuvieron a distancia y le dijeron gritando:

—¡Jesús, Maestro, ten piedad de nosotros!

Al verlos, les dijo:

—Id y presentaos a los sacerdotes.

Y mientras iban quedaron limpios. Uno de ellos, al verse curado, se volvió glorificando a Dios a gritos, y fue a postrarse a sus pies dándole gracias. Y éste era samaritano. Ante lo cual dijo Jesús:

—¿No son diez los que han quedado limpios? Los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?

Y le dijo:

—Levántate y vete; tu fe te ha salvado.


En tiempos de Jesús, la terrible enfermedad contagiosa de la lepra afectaba a mucha gente, como a los diez leprosos del pasaje de este domingo. Para evitar contagios, el Antiguo Testamento estipulaba normas severas: «el enfermo de lepra llevará los vestidos rasgados, el cabello desgreñado, cubierta la barba; y al pasar gritará: "¡impuro, impuro!" Durante el tiempo en que esté enfermo de lepra es impuro. Habitará aislado fuera del campamento, pues es impuro» (Lv 13,45-46). Los sacerdotes eran quienes tenían autoridad para declarar públicamente que una persona era leprosa, o anunciar también su curación para que pudiera regresar a la sociedad.

A las afueras de un pueblo, vivirían pues los diez leprosos de esta escena que narra Lucas. Entre ellos se encuentra un samaritano, porque el dolor común enfrió la enemistad habitual entre judíos y samaritanos. Aquellos enfermos habrían oído hablar de Jesús, el maestro de Galilea que curaba gente. Es muy posible que acariciasen en grupo más de una vez la esperanza de encontrarse con él. De modo que cuando le ven pasar y le reconocen, gritan fuerte desde lejos para que tuviera piedad de ellos. «Esperan desde lejos –dice un Padre de la Iglesia− como avergonzados por la impureza que tenían sobre sí. Creían que Jesucristo los rechazaría también, como hacían los demás. Por esto se detuvieron a lo lejos, pero se acercaron por sus ruegos. El Señor siempre está cerca de los que le invocan con verdad (Sal 145,18)»[1].

De la petición de los diez leprosos podemos aprender a rogar a Dios con confianza, convencidos de que Él lo puede todo y de que no hace falta esperar a sentirnos dignos, para pedir y recibir lo que necesitamos. Como escribió san Josemaría, «te ves tan miserable que te reconoces indigno de que Dios te oiga... Pero, ¿y los méritos de María? ¿Y las llagas de tu Señor? Y… ¿acaso no eres hijo de Dios? Además, Él te escucha «quoniam bonus ... quoniam in saeculum misericordia eius»: porque es bueno, porque su misericordia permanece siempre»[2]. Aunque Jesús sabe todo de nosotros, cuenta con nuestra petición llena de fe y perseverancia para darnos lo que pedimos. Es más, como decía san Agustín, en realidad tiene el Señor «más ganas de dar que nosotros de recibir; y tiene más ganas Él de hacernos misericordia que nosotros de vernos libres de nuestras miserias»[3].

Jesús escuchó la petición de los diez leprosos, y como suele hacer con todos los personajes con los que se encuentra, les pide a cambio un gesto de confianza, ajustado a la situación personal de quienes le ruegan. En este caso, no les toca, ni les impone las manos. Sencillamente les manda asumir que se van a curar y dirigirse a quien tiene autoridad para declararlos puros de su enfermedad. Y en el camino, quedaron todos curados. Seguro que se llenarían de inmensa alegría, conocida de mucha gente, cuando los sacerdotes verificaron públicamente la curación del grupo. Pero solo el samaritano se acordó agradecido de su benefactor, Jesús, y supo «dar Gloria a Dios» volviendo con acción de gracias a sus pies.

De la actitud del samaritano y del reproche que hace Jesús hacia los nueve desagradecidos, sacamos otra lección muy importante de este pasaje: que nuestra acción de gracias da gloria a Dios y nos preparara para recibir dones mejores. Por eso nos conviene fomentar en nuestro corazón, junto a la petición llena de confianza por lo que necesitamos, la acción de gracias por todo lo que recibimos, incluso sin pedirlo. De hecho, como decía san Juan Crisóstomo, Dios «nos hace muchos regalos, y la mayor parte los desconocemos»[4]. Si somos agradecidos con Dios y le alabamos por todo, atraemos para nosotros y para los demás las bendiciones del Cielo. Como explicaba san Agustín, «toda nuestra vida presente debe discurrir en la alabanza de Dios, porque en ella consistirá la alegría sempiterna de la vida futura; y nadie puede hacerse idóneo de la vida futura si no se ejercita ahora en esta alabanza»[5].


[1] Teofilacto, Catena aurea, in. loc.

[2] San Josemaría, Camino, n. 93.

[3] San Agustín, Sermón 105.

[4] San Juan Crisóstomo, Hom. In Matt., 25.

[5] San Agustín, Coment. In Psal. 148.

 

 

DOMINGO XXVIII.

Lc 17, 11

Saber agradecer es vivir.

Nos encontramos resumido en este evangelio de Lucas sus temas favoritos, la misericordia, el favor de Dios a los que viven en todas las periferias, los preferidos de su Corazón que son los últimos y el asombro de Jesús ante la respuesta o falta de respuesta de los que ha realizado el milagro de la sanación.

Tres serían las actitudes que nos transmite la Palabra de Dios orada. Primero el agradecimiento. Solo son felices los que saben agradecer. Es más los que no tienen un corazón agradecido nunca están plenamente curado. A veces no son consciente de la obra de salvación que ha realizado el Señor, por eso no vuelves para decirle un sencillo gracias. Es lo que ocurre con aquellos nueve leprosos que como ni son conscientes de la obra de Señor por no darse cuenta vivirán siempre como enfermos, sin haber descubierto que el Señor les ha curado de raíz. Por no saber agradecer no viven en la alegría de las maravillas que Dios hace con nosotros cada día como canto la Virgen en el Magníficat.    

Segundo la profunda humildad de reconocer la acción sanadora en nosotros. Es increíble, pero por no ser humildes, no somos capaces de cantar las misericordias del Señor en nuestra vida. La gratuidad del Señor que hace el milagro sencillamente cuando cumplen su voluntad, contrasta con que no se enteran porque viven ya con la convicción de que no hay solución y todo sigue igual. Es necesario curar de la enfermedad de que todo es siempre lo mismo y que nuestra vida no tiene solución. Es necesario una gran dosis de humildad para reconocerse cada día sanado y salvado por el Señor y cantar sus grandezas mientras vamos de camino.  

Por último la confianza de quien se descubre amado en su pobreza y salvado en su miseria. Aquellos leprosos se habían instalado en la queja y en el pesimismo. Incluso a lo mejor pensaban que no estaban tan mal. Los hay peores. Dios hizo el milagro y les falto el valor para reconocerlo. En el fondo curados seguían viviendo como leprosos por no confiar en las maravillas del Señor.

+ Francisco Cerro Chaves. Obispo de Coria-Cáceres 

 

Mi tío Antonio, cura

Daniel Tirapu

Ángel Suquia.

photo_camera Ángel Suquia.

Antonio Martínez Ugartemendía sacerdote , nacido en San Sebastián 1915-1973. Perseguido algunos meses por ser seminarista, primero en Saturrarán y luego en Vitoria. Ordenado sacerdote en Vergara en 1939. 

Su primer destino sacerdotal en Espejo, un pequeño pueblo de Alava. Se traslada a Pamplona y por su cuenta estudia filología clásica en la Universidad de Barcelona, aprovechando veranos. Obtiene plaza de catedrático de Latín en Pamplona 1952, donde ayuda a la incipiente parroquia de san Miguel en Pamplona.

Por traslado se desplaza al Instituto José María Usandizaga de san Sebastián y es coadjutor de la parroquia de la Sagrada Familia. En el Instituto fue muy querido por alumnos y alumnas. Jefe de estudios, querido por el claustro de profesores. Celebraba Misa a diario en la capilla del Instituto para quienes querían asistir, en el tiempo de recreo.

Amigo personal de Ángel Suquía y tantos buenos sacerdotes, compañeros de Seminario. Publicó una gramática de latín con su correspondiente ludus, para prácticas, que tuvo éxito en España, en la editorial Aramburu de Pamplona.

Hermano de mi madre, tuve la suerte de tratarle quince años, pues vivía con nosotros, hasta que falleció inesperadamente. Un buen ejemplo de sacerdote y de sabio, que ayudó a tantos colegas: ejemplo también de buenos sacerdotes que entraron al seminario con once años, porque tenía cabeza y no había recursos en casa. Dios les dio la llamada y fueron fieles  a sus compromisos. Mi recuerdo y mi
agradecimiento al tío Antonio, descanse en paz.

 

 

Dos encuentros con María

“Me pregunté varias veces: ¿Y la Iglesia en Chile, no está atravesando por uno de sus momentos más aciagos?

Sin embargo eso que se veía, oía y palpaba no era sino la fe profunda de un pueblo fiel que con el rezo de rosarios y el agitar de pañuelos blancos quiso testimoniar que la Iglesia católica en Chile, a pesar de los pesares, está más viva que nunca”.

No fue el domingo pasado. Para ser precisos, fue el antepasado pero solo ahora tengo la perspectiva necesaria para convertir lo vivido en una columna, ¿por qué no?, en una columna periodística… aunque el periodismo de hoy esté tan distanciado de estos temas.

La Cofradía Nacional del Carmen, presidida ahora por una periodista (la camarera Macarena Mackenna), invitaba a peregrinar junto a la Virgen del Carmen por las calles de Santiago en lo que sería la procesión 2019.

Primero hay que considerar que se trataba de una invitación histórica: sí, porque la primera procesión de la Virgen del Carmen en Santiago tuvo lugar en 1778 y éstas, año a año, han ido identificándose con el devenir de la nación.

Así, por ejemplo, se testimonia que tras la captura del “Huáscar” en 1879, durante la Guerra del Pacífico, se dejó escrito:

“Con la toma del Huáscar la tradicional procesión revistió solemnidad inusitada. Era dar gracias del pueblo a su celestial protectora. ¡Qué procesión aquella! Hasta casi medio metro de altura sobre las calles todo era flores para el paso de la sagrada imagen. Al aparecer el anda de la Virgen resonaron atronadores vivas, rompieron todas las bandas con el himno nacional, lloraba a gritos la concurrencia aclamando a la Virgen del Carmen y hasta los mismos soldados dejaban caer silenciosas y gruesas lágrimas por sus mejillas”.

Ahora eso es pasado y son muchos los peruanos que han llegado a hacer de nuestro país su propia Patria.

Pero este año, quizás por el difícil momento por el que atraviesa la Iglesia en Chile, la procesión también revestía, sin ni siquiera tener necesidad de decirlo, una solemnidad especial. ¿En qué se advirtió? En la inmensa concurrencia de peregrinos, hombres, mujeres y niños, familias enteras, sacerdotes, Fuerzas Armadas y Carabineros, que abarrotaron las calles del centro de Santiago flanqueando a la Patrona de Chile.

Me pregunté varias veces: ¿Y la Iglesia en Chile, no está atravesando por uno de sus momentos más aciagos? Sin embargo eso que se veía, oía y palpaba no era sino la fe profunda de un pueblo fiel que con el rezo de rosarios y el agitar de pañuelos blancos quiso testimoniar que la Iglesia católica en Chile, a pesar de los pesares, está más viva que nunca.

Pero en mi peregrinar pude advertir otra situación que al menos definiría como inusitada. Dos amigas que me acompañaban me invitaron, una vez terminada la procesión, a ver a la Virgen de Fátima, una de las trece imágenes que desde Portugal peregrinan por el mundo para quienes no pueden llegar a estar con ella en la península ibérica. Ellas sabían que en su itinerario por Chile había hecho su entrada, esa tarde, en el monasterio de la Visitación, en Huérfanos abajo.

Por supuesto que la Virgen del Carmen y/o la Virgen de Fátima es la Virgen María, Madre de Jesús y Madre nuestra; es una sola, al margen de sus muchísimas advocaciones ya sean relativas a apariciones en diferentes lugares geográficos, dones, atributos, mensajes u otras circunstancias.

La devoción a la Virgen del Carmen es muy antigua y su nombre deriva del Monte Carmelo, en Palestina. Leo que en el Primer Libro de los Reyes, se habla del profeta Elías, de la gran sequía que sufría el país y de los sacrificios ofrecidos en el Monte Carmelo. Elías le prometió a Dios que el rey Ajaab y el pueblo abandonarían al dios Baal para que terminara la sequía que asolaba a la región. Tras repetidas veces que el profeta subió, apareció una gran señal:

“Cuando volvió la séptima vez, subía desde el mar una nubecita no más grande que la palma de la mano” (1 Rey 18, 44).

A partir de entonces, el Monte Carmelo se convirtió en un lugar sagrado, hasta donde llegaron a vivir ermitaños dedicados a la oración y a la penitencia. Con el tiempo se los conoció como carmelitas.

(No puedo dejar de pensar qué trascendente sería si en nuestra época también nos decidiéramos a abandonar al dios Baal y a tantos sucedáneos que nos circundan).

Estos hombres que se entregaron a la oración y a la penitencia en el desierto, comenzaron con los años a invocar a María con el nombre de “Santísima Virgen del Monte Carmelo”.

Siglos más tarde, en el XIII, la misma Virgen del Carmen se le aparecería a otro carmelita, san Simón Stock, en Cambridge, y le entregaría el escapulario.

Ha habido muchas otras apariciones de la Virgen, como aquella en 1917 a tres pastorcitos en la Cova da Iria, Fátima, Portugal. Ahí se la conocería como la Virgen de Fátima.

Regreso a mi relato: en un principio me dio cierta pena que mis dos visitas a la Virgen, en esas dos advocaciones, fueran a coincidir en una misma tarde. Y ello porque si había observado a tantos fieles católicos peregrinar desde la Catedral a la Alameda, ¿quién iba a ir al monasterio de la Visitación?

Fui, llegué y me encontré con el monasterio impecable, restaurado… pero tal era el gentío que prácticamente no se podía entrar. Lo logramos a duras penas. Tras una reja muchas monjas de claustro y una novicia, de blanco, le rezaban a María. Y observé a cientos de peregrinos que procuraban acercarse en respetuoso silencio a la imponente Virgen de Fátima. Sí, con un respeto diríamos hasta inusitado para estos tiempos. Los cantos me llegaron al alma por su solemnidad. Yo no podía estar más impresionada. Había comprobado, me digan lo que me digan, que la fe en Chile está viva, más viva quizás que cuando la Iglesia no había atravesado aún por una crisis como esta. No pude dejar de sentir que esa tarde renacía en mí un gran optimismo.

Lillian Calm
Periodista

 

 

Los 7 Principios de la Docitrina Social de la Iglesia

 

La doctrina social de la Iglesia es aquella enseñanza que nace del diálogo entre el Evangelio y la vida económico social de los pueblos.

Esa doctrina busca iluminar las realidades terrenas y en ella se apoyan los pastores de la Iglesia Católica para orientar en estas materias.

La doctrina social de la Iglesia tiene como centro la dignidad de la persona humana y busca en todo momento defenderla y dar principios que ayuden a su crecimiento, a su desarrollo.
Hay siete principios, siete criterios que son muy claros y yo quisiera recordarlos hoy, como de un golpe. Son ellos los ejes claves de esta doctrina y son los ejes también para poder ayudar a todo ser humano a crecer, desarrollarse y progresar, como debe ser. Esos siete principios son los siguientes:

1. El principio del bien común.
2. El destino universal de los bienes.
3. El principio de subsidiaridad.
4. El principio de participación.
5. El principio de solidaridad.
6. El principio de los valores,
fundamentalmente estos cuatro: la
verdad, la libertad, la justicia, el amor.

7. Finalmente, este último, el amor, es el valor principal, porque ha de ser el que dé UNIDAD a los demás valores.
Los vemos así en su conjunto porque nos iluminan; pero yo quisiera volver la mirada sobre cada uno de ellos. Pero recordemos que para la doctrina de la Iglesia, la enseñanza de la Iglesia, para Jesucristo, como también para todo lo que es la filosofía humanista, lo principal es la persona humana, su dignidad; y todo lo demás ha de converger a la ayuda, al apoyo, al progreso de todo ser humano y de todos los seres humanos.

1. El bien común:

El principio o el criterio del bien común es un principio fundamental en lo que es la vida humana y en lo que son las relaciones de los seres humanos. Para la doctrina social de la Iglesia el principio del bien común es el primero de todos los principios: todos los bienes que existen son bienes para todos los seres humanos.
La concepción es clara: Dios creó todo lo que existe para todos los seres humanos, no para una sola persona. De ahí que el principio del bien común quiere mirar no solamente a un individuo sino a todos los individuos, no a una persona sino a todas las personas.
Por eso, este principio del bien común es una tarea que nos compete a todos, y de ahí que los bienes que existen sobre la tierra han de llegar a todos los seres humanos. Para nosotros, es un criterio que tiene que estar siempre claro y es el criterio que se exige en la conducción de la vida política; por eso, un político es aquel que debe trabajar el bien común y colige con ese principio cuando busca sus propios intereses, sus propios bienes o el bien particular; y los bienes que hay en una nación, si los miramos bien, son para todos y por eso se busca que haya una igualdad en la repartición de los bienes.
Reflexionar una y otra vez sobre el bien común nos coloca y nos sitúa en un principio clave en el desarrollo y en el progreso de todo ser humano y de todos los seres humanos.

2. El destino universal de los bienes:

El principio del bien común que guía la doctrina social de la Iglesia va muy unido al principio del destino universal de los bienes. Este principio nos recuerda a nosotros que todo cuanto existe tiene una dimensión universal. Nosotros hablamos del derecho de propiedad.
El derecho de propiedad privada también tiene su sentido. La propiedad privada ayuda a que las personas puedan tener un mínimo de espacio para vivir, para que se respete su libertad; sin embargo, cuando la propiedad privada se excede y viola el principio universal de los bienes, entonces, la propiedad privada ha de estar sujeta a lo que es este principio universal de los bienes. El Papa Juan Pablo II repetía que: “Sobre toda propiedad privada, hay una hipoteca de los bienes que han de llegar a todos”.
Y ese llegar a todos es llegar a todo ser humano y a todos los seres humanos y nosotros hemos de repetirlo continuamente: Dios creó todas las cosas, no para un grupo, sino para todos. De tal manera es así, que hay que buscar caminos para una justa distribución de los bienes y de las riquezas, sean éstas las que sean.

3. La subsidiaridad:
En la búsqueda del progreso y el desarrollo de toda persona humana, de todo ser humano, de su dignidad, hay un principio que no se tiene muchas veces en cuenta y que hay que recordarlo también con frecuencia y volver el pensamiento y la mirada hacia él. Es el principio de la subsidiaridad, palabra que no es fácil de pronunciar, pero que es sumamente importante. Nosotros los seres humanos debemos producir lo que nosotros debemos producir. Cada ser humano tiene una responsabilidad, ante sí mismo y ante los demás, como cada grupo, como cada sociedad, pero hay limitaciones que nosotros tenemos, y es ahí donde se necesita el apoyo subsidiario.
Venir en apoyo de las familias que no pueden alcanzar las metas que deben alcanzar, de los individuos, de las personas, de los grupos, sean estos los que sean. Por eso, el Estado tiene la responsabilidad de cuidar, de velar para que cada uno de nosotros haga lo que tenga que hacer, pero que podamos recibir también el apoyo en aquello que nosotros no podamos hacer. Ese principio de subsidiaridad ayuda a que los pueblos puedan progresar y los grupos puedan avanzar. Y esto hay que decirlo no solamente a nivel nacional, hay que decirlo, también, a nivel universal: nos hemos de acompañar mutuamente los pueblos, y aunque esto no lo pidiera Dios, ni lo pidiera la doctrina social de la Iglesia, lo pide el sentido común y lo pide la razón. Se ha de apoyar a todo aquel que no puede dar todo lo que él quisiera o pudiera dar.

4. La participación:
Otro principio claro en la doctrina social de la Iglesia es el principio de la participación. Es un tema sobre el que nosotros volvemos una y otra vez. La participación, como algo inherente al ser humano, hace parte de nuestra existencia.
Nosotros queremos participar y esa participación nos hace mostrar a nosotros un deber, el deber que tenemos todos los seres humanos de participar en la vida, en el desarrollo, en el progreso de los pueblos.
Por eso, una persona que no participa en los gastos de un pueblo, con sus impuestos, es una persona que no está cumpliendo con su deber. Una persona que no participa en las elecciones, por ejemplo, es una persona que se siente limitada en lo que es su derecho de participar en la elección de aquellos que lo dirigen. Esta dimensión de la participación muestra un derecho, pero también muestra un deber. Derecho y deber, el derecho de participar y el deber de participar. Por eso, cuando las personas no pueden participar todo lo que pueden en la vida nacional, se sienten limitadas.
Las dictaduras limitan la participación, pero también la participación se vuelve un desorden cuando no es regulada.
Volvamos una y otra vez la mente sobre la participación, sobre nuestro deber de participar en la vida familiar, en la vida social, en la vida del barrio, en la vida nacional, en la vida internacional. Pensemos en la participación, como un derecho y un deber.

5. La solidaridad:
La solidaridad es uno de los grandes principios, o si se quiere, uno de los grandes valores que más se trata en el mundo de hoy. Hemos venido muchas veces sobre esta temática y hay que volver continuamente sobre ella. La solidaridad nos esta mostrando a nosotros como la humanidad es una y cómo tiene que apoyarse mutuamente. La solidaridad que nos mueve a nosotros a vernos como sólidos en uno nos indica que los pueblos no pueden existir si no son solidarios entre sí y que la humanidad también es así, y esto se ve de una manera muy clara en las crisis y en los problemas. Somos solidarios, hemos de ser solidarios, queramos o no queramos, pero hemos de hacerlo de manera consciente.
Los países más ricos tienen necesidad de ser solidarios con los demás y los Países pobres también han de tomar conciencia sobre esto. El Amazonas no pertenece ya a Brasil o a los países del Cono Sur, es un bien de toda la humanidad, porque lo que pasa allí afecta a la humanidad. Somos solidarios, y los seres humanos somos como un racimo de guineos: o caminamos juntos o nosotros perecemos, pero hemos de estar juntos. El principio, el criterio, el valor de la solidaridad es temática sobre la que hay que pensar y volver una y otra vez porque no solamente se ha de esperar solidaridad de los demás, sino que cada uno de nosotros ha de poner su granito de arena en el camino y en la construcción de un mundo solidario.

6. Valores fundamentales:
El tema de los valores está sobre el tapete. Es un tema sobre el que hemos de volver una y otra vez, y podemos preguntarnos sobre los muchos valores que hay, y podemos enumerar decenas de valores: ¿cuáles son los
fundamentales?, ¿cuáles son los más importantes, aquellos necesarios para que funcione una sociedad y que son clave también para el progreso de los pueblos? Los cuatro grandes valores son estos:
La verdad, la libertad, la justicia y el amor.

Y me voy a referir ahora a los tres primeros porque el amor, que nos une a los demás, necesita un tratamiento especial.
La verdad: sin la verdad ningún pueblo podrá avanzar. Jesucristo decía, y es lema del pueblo dominicano: “Conocerán la verdad y la verdad los hará libres”.
La verdad y la libertad: la libertad, que nosotros los dominicanos disfrutamos después de tantas dictaduras, se torna también en desorden y en libertinaje cuando no la sabemos usar. La libertad se manifiesta en la democracia, pero necesitamos de una libertad sabiamente usada. Por eso, volver la mente y la mirada sobre la libertad, es clave, y sobretodo en estos tiempos en las que disfrutamos de la libertad, para no volver a las dictaduras, pero tampoco para que la libertad se vuelva para nosotros un enemigo. Y la dimensión de la justicia: si quieres la paz, trabaja por la justicia. Si nosotros queremos guardar las relaciones como debe ser, es clave y fundamental, ¿quién lo puede negar? el valor de la justicia.
Sabemos que tenemos muchos desórdenes cuando impera la mentira, el libertinaje y la injusticia. Por eso, en la doctrina social de la Iglesia esos tres valores son fundamentales y clave para la vida de cualquier sociedad.

7. La vía del amor:
Podemos hablar y tocar temáticas como esta: el bien común, el destino universal de los bienes, la participación, la solidaridad, los valores de la verdad, la justicia y la libertad. Pero tenemos que decir que el vínculo que une todo esto es el amor. Sin amor, nosotros no podremos llegar a eso que deseamos: a una mayor distribución de las riquezas, a un mundo donde impere la verdad, la justicia, la libertad; donde los bienes realmente sean comunes, donde se busque el bien común.
No podemos pedirles a los políticos que se preocupen de buscar los intereses del pueblo dominicano y no sus propios intereses, si ellos no tienen amor. Se lo podemos pedir en nombre de la justicia, en nombre del respeto a los demás; el amor es necesario para todo ello. Podemos pedirle a un juez que haga la justicia, pero si ese juez no respeta a la persona humana, si ese juez no ama al ser humano y no ama a los dominicanos, será injusto. Los valores que nosotros necesitamos poner en práctica, y son necesarios todos, necesitan un fundamento, un guía, que es el amor. Por eso, el progreso de los pueblos, el bienestar de los pueblos, la mejor distribución de las riquezas, todo aquello que nosotros deseamos no se dará en efecto y en verdad, si los seres humanos son egoístas. De ahí que el camino del amor, la vía del amor, es y seguirá siendo el camino del desarrollo de los pueblos, del respeto a las personas y de los derechos humanos.

 

 

 

«La belleza en lo cotidiano nos conduce a Dios»

La belleza en lo cotidiano se encuentra también en modestos objetos caseros.

Encontramos la belleza, en una u otra versión, todos los días: desde el reaparecer de la luz del sol después de una tempestad, hasta el cuidado que todos tenemos con nuestras casas«. «Somos criaturas carentes y las tentativas de poner orden en todo lo que nos circunda -decorando, arreglando, creando- son tentativas de dar una bienvenida a nosotros mismos y a aquellos a quienes amamos».

Roger Scruton, influyente filósofo inglés, expone su tesis sobre la belleza como camino fácil para llegar a Dios, en el Congreso Romano de la Conferencia Episcopal Italiana. (CEI).

Esta idea viene siendo ilustrada con numerosos artículos en nuestra sección Ambientes, Costumbres, Civilizaciones, de este sitio web. Esos artículos, es claro, son muy anteriores a la tesis de Scruton.

El «New Yorker» lo definió como «el más influyente filósofo del mundo«. Roger Scrutton, profesor del Instituto de Ciencias Psicológicas de Virginia, no teme indicar a los participantes del evento cultural «Dios hoy» un camino seguro, simple y accesible para llegar a Dios.

La fealdad de la arquitectura moderna

Una muestra de arquitectura «moderna». Ciertamente no nos conduce a Dios.

Es sorprendente que él no se refiere a la belleza artística, al gran arte, aún al arte religioso existente en todos los tiempos y lugares.

Se refiere a «la belleza en su forma más cotidiana: la belleza de las calles bien trazadas y de las fisonomías alegres, de las formas naturales y de los paisajes cordiales«.

Un clima cultural reseco

Nada azucarado ni de un estilo tipo «tarjeta de Navidad». Sino que, en el clima cultural reseco y transformado en un desierto, de la «desacralización», Scrutton busca una experiencia de «belleza que encontramos, en una u otra versión, todos los días: desde el reaparecer de la luz del sol después de una tempestad, hasta el cuidado que todos tenemos con nuestras casas«. «Somos criaturas carentes y las tentativas de poner orden en todo lo que nos circunda -decorando, arreglando, creando- son tentativas de dar una bienvenida a nosotros mismos y a aquellos a quienes amamos.

La necesidad que tenemos de lo bello no es simplemente un agregado redundante a la lista de los apetitos humanos.

El ambiente en la formación de los hijos

La actitud de los artista contemporáneos

¿Por qué tantos artistas contemporáneos se niegan a seguir ese camino?”. La respuesta de Scrutton es «porque tal vez sepan que éste conduce hasta Dios«.

El filósofo hace un análisis implacable de los cambios sufridos por el mundo del arte durante «medio siglo de negativismo«. Los artistas pasaron a «glorificar la fealdad a través de imágenes de brutalidad y destrucción, elogiando estilos de vida viciosos y repugnantes, músicas de un mal gusto vejatorio o de una violencia alocada e impía. El culto de la frialdad y de la desacralización se afirma en esta época de prosperidad sin precedentes.

No se puede servir a Dios y a Mamon: en presencia de las cosas sagradas -concluye- nuestras vidas son juzgadas y para escapar de ese juicio, destruimos la cosa que parece acusarnos«.

 María Antonietta Calabrò.

 

 

La familia y la formación de la personalidad

Este patrimonio psicológico y moral permite a cada nueva generación enfrentar la vida en sociedad

La familia bien constituida proporciona un patrimonio psicológico y moral para la formación de la personalidad de sus miembros

Una familia bien constituida es el ambiente más propicio para el desarrollo de personalidades individuales definidas, ricas y fuertes.

Hay en el temperamento y en la mentalidad de los miembros de una misma familia trazos comunes a todos ellos, que después, por las misteriosas leyes de la herencia, se reproducen de algún modo en sus descendientes y contribuyen en gran medida a modelar su carácter.

Patrimonio psicológico y moral de la familia

Es un patrimonio psicológico y moral mucho más valioso que el patrimonio material familiar que le sirve de complemento.

Este patrimonio psicológico y moral permite a cada nueva generación enfrentar la vida en sociedad, puesto que viene apoyada y protegida por el afecto, el calor y la experiencia de su ambiente familiar, como una planta que antes de soportar la intemperie, creció en las condiciones climatológicas adecuadas de un invernadero.

La confianza entre los cónyugues

La fidelidad entre los esposos crea una ambiente de confianza

Este desarrollo admirable no sería duradero ni posible sin la confianza mutua de los cónyuges

Todo este desarrollo admirable no sería duradero ni posible sin la confianza mutua de los cónyuges, que brota del carácter indisoluble del vínculo matrimonial y es favorecida por las gracias sobrenaturales del sacramento.

La familia católica ha sido así la natural propagadora de una concepción orgánica y jerárquicamente armónica de la sociedad y de las relaciones humanas, y santuario difusor de una moralidad que es, a su vez, condición de su propia existencia.

Equilibrio moral e intelectual de los hijos

Evidentemente, los espíritus formados en el seno de una familia genuinamente católica no serán propensos a aceptar los devaneos igualitarios y libertarios del socialismo, que les parecerán arbitrarios, errados y chocantes: en suma, contrarios al orden natural de las cosas.

Esto continúa válido en nuestros días, pues a pesar de la gran decadencia de la vida cristiana en el Occidente contemporáneo, los trazos de autoridad, compostura y tradición todavía difusos en las familias, constituyen un freno al avance de la revolución anárquica e igualitaria.

 

 

ESCUELA PARA PADRES. Padres, enseñen a pensar a sus hijos.

Algunos artículos relacionados:

Pensar es el arte de ordenar ideas, resolver problemas y expresarlo a través de pensamientos, palabras o hechos.  Ponerse a pensar, no es aparentar estar muy ocupado en no hacer nada. Es intentar sacar todo el jugo posible a situaciones, comentarios o acciones que diariamente ocurren en la vida, pasada, presente o futura. 

Pensar es la máxima actividad y creación de la mente. Todos los productos que la mente pueda generar, son considerados pensamientos, bien sean abstractos, racionales, creativos, artísticos, etc. 

Actualmente no es fácil enseñar a pensar a los hijos. Los padres tienen que aprender a hacerlo, o puede ser peor el remedio que la enfermedad. Si los padres no lo hacen, otros malévolos enseñarán a pensar a sus hijos. Tienen que enseñarles a concentrarse, en lo que les están diciendo cuando les hablan. Los hijos deben estar escuchando, no abstraídos en otras cosas. Enseñar a los hijos a pensar, es entrar en el milenario y siempre productivo ciclo de la siembra y la cosecha. No enseñar a los hijos a pensar, es privarles de un imprescindible compañero de viaje en esta vida. 

Los padres deben insistir en que sus hijos aprendan a pensar, intentando que se diferencien de los que no quieren, no saben o no pueden pensar, porque han recibido otro tipo de educación, basada en la de “que piense otros por ellos”. Tienen que enseñarles a pensar con orden y método, para que eviten las distracciones y el aburrimiento. Enseñarles a que se dejen llevar suavemente por los buenos pensamientos y dejándose mecer por ellos en el silencio, para que cuando lleguen los malos pensamientos, sepan desecharlos como si fueran ideas o escenas perniciosas. 

Uno de los principales objetivos de los padres, debe ser enseñar a sus hijos, a pensar, a dudar, a desarrollar un pensamiento crítico y a resolver problemas, pues la vida es una sucesión de problemas a resolver y para ello, es imprescindible haber aprendido a pensar. 

Los padres a través de su formación, necesitan obtener una buena brújula, para orientar a sus hijos a que piensen profundamente, en las cosas que el mundo ha puesto a su alcance, pero con unos límites brumosos y desdibujados, en temas tan importantes como el amor, la sexualidad, la familia, la identidad, la política, la moda, la enseñanza, el ocio, la cultura, la religión, etc. El habito de pensar y las técnicas de saber pensar, les permitirán saber navegar en esos turbulentos mares llenos de escollos.

A los padres no les tiene que dar vergüenza pensar por ellos mismos y expresar sus pensamientos, aunque para una parte de la sociedad, estos pensamientos sean política, social o religiosamente incorrectos, sobre todo en esta época en que todos los pensamientos nos los dan hechos. Lo valiente para uno, y peligroso para otros, es saber pensar por uno mismo, para ello hay que estar previamente bien informado. 

Padres, enseñen a sus hijos a pensar lo que son las cosas, y a ver lo que hay en ellas. De pequeños los hijos siempre están preguntando, el por qué de las cosas y de mayores, pasan de querer enterarse. Los hijos tienen que aprender a pensar, aunque no haya muchos sitios donde se lo enseñen suficientemente. La familia es el sitio ideal y moralmente obligatorio para enseñarlo. Aprender a pensar, pensar y enseñar a pensar, es la triple obligación de la inteligencia. Hay una desgraciada frase que se oye con frecuencia: No quiero ni pensar en eso. Cuando muchas veces lo que tendría que hacer, casi siempre  es pensar en ello y con mucha intensidad. 

Padres, no tengan miedo a pensar, ni a enseñar a pensar a sus hijos, para que aprendan reflexionar más y más. Así sus hijos podrán desenmascarar los mensajes perniciosos, los falsos valores, los espejismos y los caminos sin salida, que tantas veces les disparan desde algunas partes de la sociedad. Un padre decía: Mi hijo se mató, pero pensaba que estaba ejerciendo su mal entendida libertad, de ir a la velocidad y con el alcohol que él quería. 

Los padres tienen que enseñar a sus hijos a pensar en el prójimo, que sepan ponerse en las situaciones de los otros. Acostumbrarles a pensar como si fueran los abogados defensores, de una persona o una causa y también a pensar, como si fueran fiscales de los mismos, para que puedan observar como sus pensamientos pueden cambiar, según el color del cristal con el que se mire. 

Ojalá hubiera una Casa del Pensar o una Escuela del Pensamiento, como había en la antigüedad, cuando le deban al concepto de pensar, la importancia que verdaderamente tiene. Enseñar a pensar hoy, parece una utopía, pero algún día será realidad, pues hoy existen muchas cosas, que hace poco eran utopías. Por alguna razón esas flores tan bonitas, que se mantienen incluso en los crudos inviernos, se llaman pensamientos. O la maravillosa escultura denominada “El pensador” de Rodin. 

En la vida diaria, saber pensar y saber enseñarlo, beneficia a los propios hijos, disponiéndoles a poder asumir un cambio de actitud y de comportamiento, más justo, más fraterno, más atento con los demás y más solidario. Les cambia las relaciones con los demás. 

Entrenar y entrenarse a pensar, son acciones exclusivas de la inteligencia humana. Es un camino para poder actuar, de acuerdo con la verdad de las cosas. Los padres tienen que enseñar, a que los hijos aprendan a escuchar, para que así puedan ponerse a pensar sobre lo escuchado. 

13 Clases de pensamientos que hay que enseñar a practicar a los hijos: 

  1. El pensamiento abstracto es el que implica la posibilidad de cambiar a voluntad, de una situación a otra y descomponer el todo, en partes y analizar a la vez, distintos aspectos de una misma realidad.
  2. El pensamiento analítico es el que separa el todo, en partes o categorías.
  3. El pensamiento cognitivo procesa el aprendizaje de la atención, la percepción, la memoria, la inteligencia, el lenguaje y la representación mental que guía los actos en ideas y creencias.
  4. El pensamiento creativo es el que desarrolla e introduce modificaciones o novedades, sobre lo ya existente.
  5. El pensamiento crítico es el que examina con conocimiento, para evaluar y decidir sobre los razonamientos de la vida diaria, en los aspectos de lo que se cree y el por qué.
  6. El pensamiento de síntesis es el que condensa los grandes conceptos, en partes más comprensibles o estudiables.
  7. El pensamiento deductivo es el que va de lo general a lo particular y llega a conclusiones, a través de las premisas.
  8. El pensamiento estratégico es el que prevé con variables y opciones, la realidad de los desafíos y oportunidades futuras, previsibles e imprevisibles, mediante la información y el conocimiento.
  9. El pensamiento inductivo es el que va de lo particular a lo general, analizando los hechos en diversas situaciones.
  10. El pensamiento interrogativo es el que se soporta sobre preguntas, sobre temas identificados, que interesan especialmente.
  11. El pensamiento lógico es el que opera, mediante conceptos y razonamientos naturales.
  12. El pensamiento racional es el que está a favor de las actividades del intelecto, o las abstracciones de la imaginación.
  13. El pensamiento sistémico es el que ve las cosas, de forma interrelacionadas entre múltiples elementos. 

Hoy vivimos en una especie de espiral o tornillo sin fin, que nos entretiene con ruidos e imágenes y nos hace desentendernos de lo que es esencial, comenzando por anularnos nuestra capacidad de pensar. A cualquier edad, el no tener una actitud de pensar, produce un gran enquistamiento en el desarrollo de las neuronas, lo que impide la tarea del entendimiento y del aprendizaje, ayudando en algunos casos a que se atrofien y lleguen las enfermedades mentales degenerativas. 

Los padres tienen que enseñar a sus hijos, sobre la necesidad personal de pensar y reflexionar en silencio, para que claramente aprendan a orientarse moralmente, en lo que es bueno y lo que es malo. Si los hijos tienen el habito de pensar, después verán mucho más claras las cosas y con mucho mejor criterio las podrán llamar, por su verdadero nombre. Al si, llamarle si, y al no, llamarle no. Qué bonito es abandonarse a pensar y meditar, mientras se escucha el silencio de la montaña o del mar, se disfruta de una buena música, se contempla una buena obra de arte, etc. Dentro de un orden y en determinadas circunstancias, podría ponerse un cartel en las habitaciones de los hijos, que dijera: No interrumpir, estoy pensando. Un niño que piensa, es un niño que terminará preguntando, pues quiere saber. El deber de los padres, es estimular ese deseo, halagarlo y reforzarlo. 

También hay pecados de pensamiento, deseos, palabras, acciones u omisiones. Los pensamientos impuros, que inclinan a apartarse del camino de las virtudes y valores humanos, deben rechazarse, para evitar que despierten las pasiones de las malas obras. Enseguida se pasa de los pensamientos a la realidad, para el bien o para el mal. 

Algunos padres “pasan” de pensar, pues hay una grave omisión de estudiar, dialogar y divulgar los temas del pensamiento. El pensamiento sobre la verdad de las cosas, ha sido sustituido por ideologías y el pensamiento, sustituido por el sentimiento. No es lo mismo el pensamiento que el “sensamiento” que provienen de sentir, mucho o poco. No de lo que se piensa. Algunas veces el pensar, conlleva una fuerte lucha interna y externa, pero para que no nos moleste, no se puede obviar. 

Pensar y enseñar a pensar, es una obligación estrictamente moral, pues la razón, soportada en el pensamiento bien formado,  es la facultad que Dios nos ha dado, para descubrir el bien, el mal y regir toda nuestra conducta. Pensar bien, consiste en intentar conocer la verdad y la realidad de las cosas, sin emplear sutilezas, engaños ni profundidades aparentes, que eviten circular por el camino que conduce a la verdad, viendo lo que hay, nada más que lo que hay. 

Pensar es un arte, una actitud, una costumbre y una asignatura que hay que aprender y mantenerla viva, para poderla enseñar a los hijos. Si no se practica y se tiene en inanición, se atrofian los sentidos y cuando se quiera activar para ejercitarla, puede que sea tarde. 

21 Ideas para enseñar a pensar a los hijos.  

  1. Enseñarles a pensar como estimulo, motivación y promoción de los hábitos intelectuales.
  2. Enseñarles a pensar cómo no engañarse, a ser sinceros y a actuar con coherencia, acerca de lo pensado sin olvidarse de la verdad.
  3. Enseñarles a pensar en sus propias equivocaciones y a que aprendan de ellas, ya que es imposible no equivocarse nunca, pues el error es humano y hay que saber aceptarlo y corregirlo.
  4. Enseñarles a pensar hasta que disfruten haciéndolo.
  5. Enseñarles a pensar hasta que el buen pensamiento, ilumine y alimente su mente con la verdad.
  6. Enseñarles a pensar para que crezcan en libertad y en responsabilidad, y así puedan decidir lo que consideren más conveniente para su desarrollo religioso, familiar y social.
  7. Enseñarles a pensar para que descubran el inmenso poder que tiene su mente y puedan saber, no entrar o en su caso salir, de la jaula mental en que pueden encerrarles los medios de comunicación y la sociedad, que siempre intentan pensar por ellos.
  8. Enseñarles a pensar para que encuentren en la mente y en el corazón, las cosas buenas de la vida, antes que les lleguen las malas y le haga claudicar a su inteligencia.
  9. Enseñarles a pensar para que enriquezcan el lenguaje, sepan fomentar el diálogo, practiquen el ejercicio mental de razonar al defender las causas, sepan tener argumentos para las propias decisiones, y no hagan solamente lo que hacen los demás, como los borregos.
  10. Enseñarles a pensar para que inteligentemente, sepan tomar buenas decisiones en los problemas vitales.
  11. Enseñarles a pensar para que progresen, sabiendo plantearse nuevos problemas y encontrar las soluciones.
  12. Enseñarles a pensar para que puedan preguntar con acierto y forma reflexiva: ¿Qué es? ¿Por qué es? ¿Cómo se sabe? ¿Por qué se piensa? ¿Por qué se recuerdan las cosas? ¿Pensamos mientras dormimos? ¿Qué es lo que más nos hace pensar? ¿Se puede pensar en dos cosas distintas a la vez?
  13. Enseñarles a pensar para que puedan reflexionar, y para  que den rienda suelta a su imaginación y así puedan descubrir nuevos horizontes.
  14. Enseñarles a pensar para que sean más inteligente, que la televisión y las pantallas digitales, al controlarlas, para que no les dominen.
  15. Enseñarles a pensar para que sean más inteligentes y más libres, conozcan mejor la realidad y así sepan evaluar mejor, la capacidad de abrir más y mejores caminos.
  16. Enseñarles a pensar para que sepan manejar bien dos de sus mejores armas: La palabra y la escritura.
  17. Enseñarles a pensar para que tengan abierta la capacidad de dirigir su propia conducta, presidida por las virtudes y valores humanos.
  18. Enseñarles a pensar para que tengan sosiego, humildad, mansedumbre, templanza, etc., que son las virtudes humanas que se necesitan para poder pensar mejor.
  19. Enseñarles a pensar que con actitudes positivas, pueden llegar muy lejos y que con actitudes negativas, todo les parecerá difícil e inalcanzable.
  20. Enseñarles a pensar que el que está bien entrenado tiene libertad y no debe sacrificarla, en el altar de la moda social, que es una de las perversiones más nocivas del pensador.
  21. Enseñarles a pensar que, por cuenta propia, pasen del impulso irracional a los dictados de la inteligencia. 

Si los hijos han sido enseñados a pensar, será mucho más fácil que no caigan en las modernas adicciones perniciosas, que les impiden concentrarse para pensar, las cuales les producen efectos físicos nefastos, malas consecuencias escolares, religiosas, familiares y sociales, las cuales por su gravedad, muchas veces requieren tratamientos profesionales. 

En la educación de calidad, una de las asignaturas más importante es enseñar a pensar a los hijos, que podría llamarse “pensamientología”. Así los hijos adquirirían, no sólo conocimientos, sino el gusto de pensar para saber, y entre otras cosas, pudiera reconocer sus aciertos y errores. Este deseo de pensar para aprender, hay que cultivarlo y estimularlo, mediante el proceso educativo en la familia, en la escuela, en la Iglesia y en la sociedad, para que sepan encontrar también lo bello y lo feo, lo justo y lo injusto, lo bueno y lo malo, etc. 

Los padres deben ejercitar las destrezas del pensamiento de sus hijos, fomentando las conversaciones, promoviendo y conduciendo los debates o diálogos, para forzar al intelecto a pensar, mantener la atención, soportar la argumentación, desarrollar la concentración e impulsar la tolerancia, con respecto a las distintas opiniones que expresen. 

Hay muchas organizaciones que se dedican, exclusivamente, a enseñar a pensar a los niños y jóvenes, a través de la creatividad. Una de ellas es: Destination ImagiNation® Inc. http://texasdi.org/home http://dalrich.texasdi.org/?q=node/1 

21 Sentencias para aprender a pensar: 

  1. Algunos creen que ya no tienen que pensar, porque han estudiado algo.
  2. Aunque a todos les está permitido pensar, muchos se lo ahorran.
  3. Cuando no se piensa lo que se dice, es cuando se dice lo que se piensa.
  4. El arte de saber pensar, es el regalo más escaso de la naturaleza, aunque el conocimiento todos lo tienen, mayor o menor.
  5. El pensamiento es como la innegable ley de la siembra y de la cosecha. El que piensa obtiene frutos.
  6. El pienso es la comida de los animales. Pensar es el alimento de los inteligentes.
  7. El que piensa bien la pregunta, rara vez se equivoca.
  8. Es mil veces más fácil no decir lo que pensamos en un momento de ira, que después pedir perdón.
  9. Existen muchas respuestas, al mismo problema. El éxito está en pensar cuál es la mejor para resolverlo, examinándolo previamente, desde varios puntos de vista.
  10. Hacer creer a la gente que están pensando, les gustará, pero hacerles pensar, lo detestan.
  11. La educación consiste en enseñar a los hombres a pensar, no lo que no deben pensar.
  12. La mitad de los hombres actúan sin pensar, la otra mitad piensan sin actuar.
  13. Pensar en lo mucho que se recibe de Dios, y en lo poco que se devuelve al prójimo.
  14. Pensar es cómo vivir dos veces.
  15. Pensar es el trabajo más difícil que existe. Quizá sea ésta la razón por la que haya tan pocas personas que lo practiquen.
  16. Pensar pudiera ser fácil. Actuar es difícil. Actuar como se piensa es más difícil.
  17. Pensar sin aprender es peligroso, intentar aprender sin pensar, es una pérdida de  tiempo.
  18. Pensar y después hablar, es mucho mejor, que hablar y después pensar.
  19. Se es dueño de los pensamientos y silencios, pero esclavo de las palabras.
  20. Siempre hay que pensar con quién se está hablando, pues nunca se puede ser arrogante con los humildes, ni humilde con los arrogantes. El mayor placer de una persona inteligente, es aparentar ser idiota delante de un idiota, que aparenta ser inteligente.
  21. Sólo pensar en traicionar, es ya una traición. 

Pensar fomenta la capacidad y la creatividad, para dar respuestas eficientes, racionales, críticas, creativas, éticas y afectivas, en las distintas situaciones, problemas o ideas, pasadas, presentes y futuras. 

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

 

 

Los católicos y la opinión pública

Asistimos a un creciente alejamiento de la opinión pública con relación a la vida de la sociedad. Ahí está la altísima abstención de los votantes. Es una situación absolutamente anormal y de graves consecuencias para cualquier sociedad.

Una situación anormal

 

La opinión pública existente en todas las clases de la sociedad

La opinión pública es, en efecto, el patrimonio de toda sociedad normal compuesta.

Pío XII ya señalaba esta situación como absolutamente anormal y de graves consecuencias para cualquier sociedad.

Siguen algunos trechos de una alocución de ese Papa [1] que definen la normalidad de una sociedad y la obligación que tienen los católicos de actuar para orientarla.

*    *     *

¿Qué es la opinión pública?

La opinión pública es, en efecto, el patrimonio de toda sociedad normal compuesta de hombres que, conscientes de su conducta personal y social, están íntimamente ligados a la comunidad de la que forman parte. La opinión pública es en todas partes, en definitiva, el eco natural, la resonancia común, más o menos espontánea, de los sucesos y de la situación actual en sus espíritus y en sus juicios.

Un silencio que revela un mal social

Allí donde no apareciera manifestación alguna de la opinión pública, allí, sobre todo, donde hubiera que registrar su real inexistencia, sea la que sea la razón con que se explique su mutismo o su ausencia, se debería ver un vicio, una enfermedad, un mal de la vida social.

Una opinión pública sana genera una vida social intensa

¿Dónde encontrar a estos hombres profundamente penetrados del sentimiento de su responsabilidad y de su estrecha solidaridad con el medio en que viven?

¡Situación lamentable! Tan deplorable y tal vez más funesta todavía por sus consecuencias es la de los pueblos donde la opinión pública permanece muda, no por haber sido amordazada por una fuerza exterior, sino porque le faltan aquellos presupuestos interiores que deben hallarse en todos los hombres que viven en comunidad.

La «opinión pública» hoy

Nuestras palabras indican así otras tantas razones por las cuales la opinión pública se forma y se expresa tan difícilmente. Lo que hoy día se llama opinión pública no es muchas veces más que el nombre, un nombre vacío de sentido, algo como un vago rumor, una impresión artificiosa y superficial; nada de un eco espontáneo despertarlo en la conciencia de la sociedad y dimanante de ésta.

Pero ¿dónde encontrar a estos hombres profundamente penetrados del sentimiento de su responsabilidad y de su estrecha solidaridad con el medio en que viven? Ya no hay tradiciones, ni hogar estable, ni seguridad de la vida, ni nada de todo lo que hubiera podido mantener a raya la obra de la disgregación y, con demasiada frecuencia, de la destrucción. Añadid el abuso de las fuerzas de las organizaciones gigantescas de masas que, encadenando al hombre moderno en su complicado engranaje, ahogan a sangre fría toda la espontaneidad de la opinión pública y la reducen a un conformismo ciego y dócil de ideas y de juicios.

Una apariencia que esconde la falta de personalidad

El hombre moderno adopta gustoso posturas independientes y desenvueltas.

¿No habrá, pues, ya en estas desgraciadas naciones hombres dignos de este nombre? ¿Hombres marcados con el sello de una verdadera personalidad, capaces de hacer posible la vida interior de la sociedad?

Posturas independientes que no responden a la realidad

El hombre moderno adopta gustoso posturas independientes y desenvueltas. Estas no son, la mayoría de las veces, sino una fachada detrás de la cual se esconden pobres seres, vacíos, inconsistentes, sin fuerza de espíritu para desenmascarar la mentira, sin fuerza en el alma para resistir la violencia de los que con habilidad saben poner en movimiento todos los resortes de la técnica moderna, todo el arte refinado de la persuasión para despojarlos de su libertad de pensamiento y hacerlos semejantes a las frágiles «cañas agitadas por el viento» (Mt 11,7).

El impulso y la reacción sensitivos del instinto y de la pasión son exaltados como los únicos «valores de la vida» Bajo la acción de este prejuicio, lo que queda de la razón humana y de su fuerza de penetración en el profundo dédalo de la realidad es poca cosa.

Síntoma característico de la decadencia del espíritu católico: ceder, transigir, callar, acomodarse

El abandono del sentido común

Los hombres de sentido común no cuentan; quedan aquellos cuyo campo visual no se extiende más allá de su estrecha especialidad ni más arriba del poder puramente técnico. No es de estos hombres de quienes se puede esperar ordinariamente la educación de la opinión pública ni la firmeza frente a la astuta propaganda que se arroga el privilegio de moderarla a su gusto.

Los hombres a quienes debería tocar la misión de esclarecer y guiar a la opinión pública se ven frecuentemente, los unos por su mala voluntad o por su insuficiencia, los otros por imposibilidad o por presión, en una mala postura para dedicarse a ello con libertad y con éxito. Esta situación desfavorable afecta particularmente a la prensa católica en su actuación al servicio de la opinión pública.

En esta situación, el mal más temible para el publicista católico sería la pusilanimidad y el abatimiento. Ved la Iglesia: después de casi dos milenios, a través de todas las dificultades, contradicciones, incomprensiones, persecuciones abiertas o solapadas, nunca se ha desanimado, nunca se ha dejado deprimir. Tomadla como modelo.

Por su actitud frente a la opinión pública, la Iglesia se coloca como una barrera ante el totalitarismo, que, por su misma naturaleza, es necesariamente enemigo de la verdadera y libre opinión de los ciudadanos. De hecho, es por su misma naturaleza por lo que el totalitarismo niega este orden divino y la relativa autonomía que éste reconoce a todos los dominios de la vida, en cuanto todos ellos tienen su origen en Dios.

Una presión multiforme

Plinio Corrêa de Oliveira trabajando

El publicista católico sabrá evitar tanto un servilismo mudo como una crítica descontrolada

Desde el momento, por el contrario, en que la pretendida opinión pública es dictada, impuesta, de grado o por fuerza; desde que las mentiras, los prejuicios parciales, los artificios del estilo, los efectos de voz y de gesto, la explotación del sentimiento, vienen a hacer ilusorio el justo derecho de los hombres a su propio juicio, a sus propias convicciones, entonces se crea una atmósfera pesada, malsana, ficticia, que, en el curso de los acontecimientos, de repente, tan fatalmente como los odiosos procedimientos químicos hoy día demasiado conocidos, sofoca o adormece a los mismos hombres y les obliga a exponer sus bienes y su sangre por la defensa y el triunfo de una causa falsa e injusta. En verdad, allí donde la opinión pública deja de funcionar libremente, allí es donde está en peligro la paz.

Nos querríamos todavía añadir una palabra referente a la opinión pública en el seno mismo de la Iglesia.

El publicista católico sabrá evitar tanto un servilismo mudo como una crítica descontrolada. Ayudará con una firme claridad a la formación de una opinión católica en la Iglesia


[1] Pío XII, discurso a los participantes en el I Congreso Internacional de Prensa Católica, 17 de febrero de 1950: AAS 42 (1950) 251-257. No pudo ser pronunciado personalmente por el Papa a causa de una enfermedad, pero el texto original francés fue publicado en L’Osservatore Romano y en latín en AAS.

 

La vida pende de un hilo

Norma Mendoza Alexandry

Las concepciones altamente individualistas de los derechos promovidos por tantos activistas, han dado vigor a nuevos desafíos a la universalidad de derechos humanos.

El aborto inducido es la supresión voluntaria de la vida del embrión o feto. Se conoce comúnmente como -aborto-. Esta es una de las facetas de la cultura de la muerte.

Otra de las facetas es la parte política y la legal. Es aquí en donde se olvida por completo la vida de un ser humano, es decir, la del protagonista principal, y se anteponen otros derechos corporales de la mujer adulta quien decide rechazar la maternidad de un hijo que ya lleva en su vientre. En esta faceta, hay temor de decir la palabra correcta: “aborto”, y se convierte en algo diferente: interrupción voluntaria del embarazo, con objeto de hacerlo menos agresivo a la mente, pero sobre todo para tener una bandera de activismo político.

Una famosa abogada de Harvard, la dra. Mary Ann Glendon, quien habló en una conferencia impartida el 16 de noviembre de 2018 en el Simposio Internacional sobre Derechos Humanos organizado por la Universidad de Roma LUMSA, refiriéndose a la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), dijo:

“Los activistas… promoviendo nuevos derechos, o interpretaciones innovadoras de los derechos, con frecuencia ignoran o atacan derechos establecidos que no encajan en sus agendas. En el contexto de la ONU, por ejemplo, los defensores de derechos sexuales y abortivos se han opuesto rigurosamente a cualquier referencia a aquellas partes de la DUDH relativas a la libertad religiosa, la protección de la familia y los derechos parentales”.

Es triste y hasta vergonzoso leer en los medios de comunicación que, en Oaxaca, México, uno de los estados mexicanos con peores niveles educativos, con índices altos de marginación y pobreza, con más de 400 municipios indígenas, se ha convertido en un ejemplo para el movimiento feminista. La grave noticia: con 24 votos a favor y 12 en contra, se “aprobó” la despenalización del aborto y las feministas oaxaqueñas son el motor de la llamada “marea verde” en México.

La eliminación de los delitos en el Código Penal ha sido sólo un paso, pero falta por modificar la Constitución del estado que reconoce el derecho a la vida desde la fecundación y la Ley de Salud, para que los hospitales garanticen el servicio de forma gratuita y eliminen la objeción de conciencia de los médicos.

La victoria parcial adquirida en el estado de Oaxaca ha dado ímpetu contra la vida del indefenso. ¿Sabemos cómo se logró esta victoria? ¿Qué pasa con la gente con altos índices de pobreza y bajos niveles educativos de este país?

Es sabido que en el centro de Oaxaca hay un lugar en donde se imparten clases sobre algo prácticamente desconocido, y hasta increíble: Se imparten –“clases de desobediencia para mujeres” –. Así es, esto es uno de los nichos fundamentales del movimiento feminista en ese estado. Se dice que por ese centro han pasado muchas de las que hoy lideran las organizaciones de la entidad y otras que no habían oído hablar nunca de ‘feminismo’. Un lugar al que llaman La Escuelita (Casa Libertad para Mujeres) financiado por la diputación de Gipuzkoa y por una madrileña, cofundadora del proyecto.

¿Fue la votación de la despenalización del aborto legítima? ¿O hubo alguna presión ideológica? Creo que las respuestas reales nunca las sabremos porque simplemente no son publicadas.

Algunas de las personas que acudieron a esa sesión de votación en Oaxaca en defensa del no-nacido, dicen a viva voz que de manera imprevista hubo una convocatoria para que los diputados se reunieran en sesión extraordinaria para votar por la modificación de la Constitución del estado de Oaxaca que defiende la vida desde la fecundación hasta la muerte natural, esto por el esfuerzo de miles de ciudadanos oaxaqueños. En el último período de sesiones ordinarias consolidaron de manera ilegal el 25 de septiembre, dentro de un congreso “lleno de extranjeros” (como fue descrito por personas presentes), que decían a las mujeres mexicanas: a) qué decir, b) cuándo callar, c) cuándo hablar.

Por el artículo 33 constitucional, ningún extranjero puede hacer política en México. Puede deducirse que, si sucedió esto, dicha votación fue ilegal.

Alguna diputada que dio cabida a dichas personas extranjeras, ordenó el cierre del recinto para que personas provida no pudiesen entrar y al mismo tiempo, permitió pasar a otras personas con el rostro cubierto con pasamontañas.

Quizá en La Escuelita no se habla de todos los horrores causados en la criminal muerte de un ser humano inocente y desprotegido. Quizá no se habla tampoco de la reciente noticia que ha causado horror en Estados Unidos, ya que, dentro de la casa de un médico abortista fallecido, dr. Ulrich Klopfer, fueron descubiertos 2 246 restos de bebés no nacidos. Quizá tampoco se dice que algunos bebés que han alcanzado cierto desarrollo, al ser desprendidos del vientre de la madre, sobreviven y se dejan morir sin darles la menor atención.

El aborto ha requerido siempre la aceptación de una mentira. Durante años, la primera mentira que se dice a la mujer, sobre todo a las de menor edad o menos educación es que: “Es sólo un feto, no un bebé, son sólo un montón de células, por tanto, el aborto termina solamente con el embarazo, no termina con la vida”.

La verdad científica es omitida: En pocas semanas, ese “montón de células” tiene dedos, oídos, ojos, nariz, un corazón latiendo y un cerebro en desarrollo. ¡Esto no es un montón de células, sino un manojo de gozo, una vida hecha a imagen de Dios! La ciencia muestra con imágenes el mito, la mentira de la industria del aborto de que el bebé es “un montón de células sin humanidad”.

Políticamente, se impulsa la frase: “Mi cuerpo, mi elección”. La autonomía corporal fue el grito de activistas, pero la ciencia intervino: la autonomía corporal no puede justificar nunca el más cruel de los procedimientos, ya que no es el cuerpo de la madre al cual se ejerce la violencia, sino a un individuo distinto en autodesarrollo, con su propio código genético distintivo, desde el momento de la fertilización.

¿Por qué salen a la calle mujeres activistas gritando con las caras tapadas? ¿Le temen a la verdad? Gritan porque no pueden dar razón a la mentira que permanece en ellas. Saben entonces que, si un bebé es humano y que es una vida distinta, entonces la vida humana, ¿debe ser desechable? De allí que taparse la cara en señal de vergüenza, eso es lo único que pueden hacer.

Finalmente, otras palabras de la dra. Mary Ann Glendon:

“Las concepciones altamente individualistas de los derechos promovidos por tantos activistas, han dado vigor a nuevos desafíos a la universalidad de derechos humanos. La actuación de las instituciones supranacionales ha suscitado preocupaciones con respecto a la falta de transparencia, responsabilidad y frenos, y contrapesos de estos organismos.

Si añadimos el hecho de que las ideas acerca de los derechos humanos mutan más fácilmente que las propias instituciones que hacen posible tener derechos con algún significado –Estado de Derecho, procedimientos justos, etcétera– tenemos todos los ingredientes de una crisis de legitimidad”.

Mediante la ayuda de Dios debemos hablar y romper el silencio. Si no lo hacemos nosotros, ¿quién?

 

El desperdicio alimentario

El desperdicio alimentario aumenta un 9% en los hogares españoles

Es a veces incomprensible que en un mundo con 1.000 millones de hambrientos, en los países Occidentales se produzca un desprecio de casi una tercera parte de los alimentos producidos, como ejemplo podemos comentar los datos de nuestro país. Según los datos recogidos en el Panel de cuantificación del desperdicio alimentario en los hogares, del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, los hogares españoles desperdiciaron entre enero y diciembre de 2018 un total de 1.339 millones de kg/l. de alimentos y bebidas, lo que supone un incremento del 8,9% con respecto al año anterior, es decir, 109 millones de kg/l más.

La tasa total de desperdicio, es decir, la proporción aproximada entre los alimentos desechados y el total de alimentos comprados, se sitúa en un 4,6% lo que supone un aumento del 0,3% respecto a 2017.

El aumento del desperdicio alimentario en los hogares se ha producido fundamentalmente por el repunte experimentado durante la primavera-verano de 2018 (10,5% de incremento), caracterizado por las altas temperaturas.

Del volumen total de alimentos desechados, 1.127 millones de kg/l. corresponden a productos sin utilizar y 212 millones a alimentos cocinados (recetas). La parte de recetas tan solo representa el 15,8% del volumen del desperdicio.

Entre los productos sin utilizar que más se desperdician se encuentran las frutas y hortalizas, con un 46% del volumen de productos sin utilizar, seguido de los derivados lácteos (13%). Por el contrario, se han registrado disminuciones del desperdicio en el caso del pan (5%) y del pescado (2,3%).

Por lo que respecta a alimentos cocinados, los platos basados en legumbres, sopas, cremas y purés, y los platos con base de carne y con base de arroz son las recetas que más terminan en el cubo de la basura. Los desperdicios más significativos en este apartado son las lentejas, ensalada verde y tortilla de patata.

Asimismo, 8 de cada 10 hogares reconocen tirar alimentos y bebidas a la basura. En este ámbito, el 81,5% de los hogares tira productos tal y como los compraron, sin haber sufrido ningún tipo de elaboración. Quienes desperdician productos sin utilizar son principalmente hogares familiares de hasta 49 años, con niños menores de 6 años o parejas sin hijos.

Estos datos son más que significativos, más se tenemos en cuenta que quien más desperdicia sean familias jóvenes, muchas de ellas comprometidas con movimientos ecologistas.

Jesús Domingo

 

 

En su primera gran encíclica

En su primera gran encíclica, Francisco pidió expresamente a los 1.200 millones de católicos de todo el mundo que unieran sus fuerzas en esta lucha por el cuidado de la “casa común”, considerada por la Iglesia como un asunto de profundo alcance moral. Compartido con entusiasmo por la mayoría de los gobernantes del mundo, el documento del Papa que partía de la célebre oración de San Francisco, patrono de la ecología, advierte con palabras dramáticas que el mundo se encamina hacia su suicidio de no poner fin a los atentados que sufre la Naturaleza. Recientemente la encíclica ha sido objeto de un compendio en forma poética en décimas, para recitarla al estilo de las coplas populares, con el titulo de “Alianza entre la Humanidad y el medio ambiente”. La Iglesia se ha puesto definitivamente en la vanguardia de la lucha contra el cambio climático como un deber moral que nos afecta a todos.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Obligaciones, derechos y un juez que habla claro

 

                                Como hemos llegado (mejor dicho: nos han llevado) a una sociedad (“o lo que ya sea esta nueva selva virgen”) llena de derechos y desierta de obligaciones; la descomposición que empezara ya hace bastante tiempo; está llegando a grados inadmisibles y si no se ponen remedios y medios... mal estamos, pero peor y en grado inimaginable estaremos (o estarán los que vivan: yo ya soy viejo) en un futuro que avanza a una velocidad inimaginable.

 

                                Creo no es necesario señalar ningún punto... el medianamente inteligente, simplemente “que mueva su caletre”, agudice su vista y su oído y analice simplemente su entorno; y si quiere más... que analice la prensa, radio, televisión, Internet y todo lo que se manifieste; seguro que va a encontrar “material hediondo”, desde las esferas más altas de esta “ya suciedad”, hasta las más bajas... y por aquello que el sabio de sabios ya afirmara hace más de dos milenios y medios... “pobres se envilecen... ricos se llenan de soberbia”... “educad y formad a los niños y no tendréis que llevar a los jueces, a los mayores” (Pitágoras). Es claro que indicaba el término medio como virtud; pero ese término medio no llega nunca; puesto que lo primero que hacen “los soberbios”, es eliminar a las imprescindibles clases medias y por tanto aumentar cada vez más a las clases pobres y en las que muchos derivan en la indigencia y terminan desarraigados... “de ahí las miserias que sigue habiendo en la que se dice opulenta sociedad de consumo”; la que en tal grado materializada, que ya da asco.

 

                                En el país que vivo, en la actualidad hay crímenes horribles que no se aclaran... y los hay de sangre (asesinatos incalificables) y los hay de robos de todo tipo y de toda cuantía... y corrupciones ya inconcebibles hace pocos años y que sin embargo se suceden con una rapidez pasmosa; y todo se tapa y aquí nunca pasa nada... imagino que en otros países puede ocurrir lo mismo o parecido; puesto que la corrupción, destrucción y decadencia alcanza a todo el planeta... “salvo a aquellas áreas dónde aún queden tribus que no han salido de sus selvas”.

 

                                Y en el... “educad y formad a los niños y jóvenes”; está la semilla de los resultados a recoger y a la vista está lo que se está recogiendo, en grados y cantidades ya incuantificables... para qué decir aquella sabia metáfora de nuestros antepasados... “árbol que no se poda y cuida... nunca dará buenos frutos”; por ello hoy traigo a “mi pantalla y ventanas”, algo muy valioso y que surge en España, donde un hombre, que luego se hizo juez... lleva años marcando pautas en solitario.

 

DECÁLOGO PARA FORMAR A UN DELINCUENTE:

 

“1) Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

 2) No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

 3) Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.

 4) No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

 5) Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6) Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

7) Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño: así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.

8) Déle todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

 9) Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10) Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo”.

 

                Lo que antecede lo dice: Emilio Calatayud Pérez. Juez de Menores de Granada, España. http://www.youtube.com/watch?v=ZfoAsNVkjAM el que conviene oír y escuchar con atención; para ello les dejo esa dirección, donde aparecerán varios vídeos y podrán oír su voz, fuerte y clara, “y en un idioma entendible por todos”; pero al parecer los gobernantes no lo han escuchado aún, puesto que ya lleva bastantes años hablando y actuando en su magistratura, con resultados muy efectivos y loables.

 

            Pongamos de nuestra parte todo cuanto podamos (“corrigiendo y corrigiéndonos”) y exijamos a los que dicen gobernarnos, que pongan los medios necesarios para una regeneración, no sólo necesaria, sino imprescindible... que todo no es “economía y consumo”; que como afirmara aquel a quién crucificaron... “no sólo de pan vive el hombre”... amén.

 

            En estos días en que escribo aumentando este contenido (Junio 2019) veo a este juez en la pantalla del canal televisivo autonómico, el que reconoce ante su entrevistadora, que… “Casi la mitad de sus actuaciones en su juzgado, ya son de hijos que maltratan a sus padres y abuelos, incluso llegándoles a pegar”…Mejor no comentar nada y que el lector lo haga si así lo estima.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí más)