Las Noticias de hoy 03 Octubre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 03 de octubre de 2019    

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en las Vísperas del inicio del mes misionero
Martes, 1 de octubre de 2019

La alegría, “signo” del cristiano evangelizador – Catequesis completa

Jesús, la “clave” para entender la Escritura

Programa del Papa Francisco para el viaje a Tailandia y Japón

LA MIES ES MUCHA: Francisco Fernandez Carbajal

“En el Evangelio, como un personaje más”: San Josemaria

Trabajar por amor: J. López

“Sínodo Panamazónico en marcha”: + Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

El “Mes Misionero Extraordinario”: +Julián López, Obispo de León

El Santo Rosario, instrumento contra los enemigos de la fe: Acción Familia

La vocación matrimonial: Carlos Ayxelà

¿Es importante leer el Evangelio?: P. Clemente González

Nos quieren conformar. Y yo no me conformo: José Iribas

Nuevo librito en camino: "La Familia ante el desafío de la ideología de género": Leandro Bonnin

Sobre la ideología de género: Jesús Martínez Madrid

Preocupación afectuosa: Pedro García

Los permisos paternales: Jesús Martínez Madrid

"Compensación moral": Suso do Madrid

La juventud material y la espiritual: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

 

ROME REPORTS

 

 

 

Homilía del Papa Francisco en las Vísperas del inicio del mes misionero
Martes, 1 de octubre de 2019

En la parábola que hemos escuchado, el Señor se presenta como un hombre que, antes de partir, llama a los siervos para entregarles sus bienes (cfr. Mt 25,14). Dios nos ha confiado sus bienes más grandes: nuestra vida, la de los demás, tantos dones diversos para cada uno. Y esos bienes, esos talentos, no representan algo para proteger en una caja fuerte, representan una llamada: el Señor nos llama a hacer fructificar los talentos con audacia y creatividad. Dios nos preguntará si nos hemos puesto en juego, arriesgando, quizá dejándonos la cara. Este Mes misionero extraordinario quiere ser una sacudida para provocarnos a ser activos en el bien. No notarios de la fe ye guardianes de la gracia, sino misioneros.
 
Se es misionero viviendo como testigos: manifestando con la vida que conocemos a Jesús. Es la vida la que habla. Testigo es la palabra clave, una palabra que tiene la misma raíz que mártir. Y los mártires son los primeros testigos de la fe: no con palabras, sino con la vida. Saben que la fe no es propaganda o proselitismo, es respetuoso don de vida. Viven difundiendo paz y alegría, amando a todos, incluso a los enemigos por amor a Jesús. Así nosotros, que hemos descubierto que somos hijos del Padre celeste, ¿cómo podemos callar la alegría de ser amados, la certeza de ser siempre preciosos a los ojos de Dios? Es el anuncio que tanta gente espera. Y es responsabilidad nuestra. Preguntémonos en este mes: ¿cómo va mi testimonio?
 
Al final de la parábola el Señor dice «bueno y fiel» a quien fue emprendedor; «malo y perezoso» en cambio al siervo que se quedó a la defensiva (cfr. vv. 21.23.26). ¿Por qué Dios es tan severo con este siervo que tuvo miedo? ¿Qué mal ha hecho? Su mal es no haber hecho el bien, pecó de omisión. San Alberto Hurtado decía: “Es bueno no hacer el mal. Pero es malo no hacer el bien”. Ese es el pecado de omisión. Y ese puede ser el pecado de una vida entera, porque hemos recibido la vida no para enterrarla, sino para ponerla en juego; no para quedárnosla, sino para darla. Quien está con Jesús sabe que se tiene lo que se da, se posee lo que se da; y el secreto para poseer la vida es darla. Vivir de omisiones es renegar de nuestra vocación: la omisión es lo contrario de la misión.
 
Pecamos de omisión, es decir contra la misión, cuando, en vez de difundir alegría, nos encerramos en un triste victimismo, pensando que nadie nos quiere ni nos comprende. Pecamos contra la misión cuando cedemos a la resignación: “No puedo, no soy capaz”. ¿Pero, cómo? ¿Dios te ha dado los talentos y tú te crees tan pobre que no puedes enriquecer ninguno? Pecamos contra la misión cuando, quejosos, seguimos diciendo que todo va mal, en el mundo y en la Iglesia. Pecamos contra la misión cuando somos esclavos de los miedos que inmovilizan y nos dejamos paralizar por el “siempre se ha hecho así”. Y pecamos contra la misión cuando vivimos la vida como un peso y no como un don; cuando en el centro estamos nosotros con nuestras fatigas, y no los hermanos y hermanas que esperan ser amados.
 
«Dios ama a quien da con alegría» (2Cor 9,7). Ama una Iglesia en salida. Pero estemos atentos: si no es en salida no es Iglesia. La Iglesia es para la calle, la Iglesia camina. Una Iglesia en salida, misionera, es una Iglesia que no pierde tiempo llorando las cosas que no van, los fieles que ya no tiene, los valores de un tiempo que ya no están. Una Iglesia que no busca oasis protegidos para estar tranquila; desea solo ser sal de la tierra y levadura para el mundo. Esa Iglesia sabe que esa es su fuerza, la misma de Jesús: no la relevancia social o institucional, sino el amor humilde y gratuito.
 
Hoy entramos en el octubre misionero acompañados por tres “siervos” que dieron mucho fruto. Nos muestra el camino Santa Teresa del Niño Jesús, que hizo de la oración el combustible de la acción misionera en el mundo. Es también el mes del Rosario: ¿cuánto rezamos por la difusión del Evangelio, para convertirnos de la omisión a la misión? Luego está San Francisco Javier, uno de los grandes misioneros de la Iglesia. También él nos sacude: ¿salimos de nuestros caparazones, somos capaces de dejar nuestras comodidades por el Evangelio? Y está la Venerable Pauline Jaricot, una obrera que apoyó las misiones con su trabajo diario: con los donativos que sacaba de su salario, estuvo en los inicios de las Obras Pontificias Misioneras. Y nosotros, ¿hacemos de cada día un don para superar la fractura entre Evangelio y vida? Por favor, no vivamos una fe “de sacristía”.
 
Nos acompañan una religiosa, un sacerdote y una laica. Nos dicen que nadie está exento de la misión de la Iglesia. Sí, en este mes el Señor te llama también a ti. Te llama a ti, padre y madre de familia; a ti, joven que sueñas grandes cosas; a ti, que trabajas en una fábrica, en un negocio, en un banco, en un restaurante; a ti, que estás sin trabajo; a ti, que estás en la cama de un hospital… El Señor te pide hacerte don allí donde estés, tal y como eres, con quien está a tu lado; no padecer la vida, sino darla; no llorar, sino dejarte llevar por las lágrimas de quien sufre. Ánimo, el Señor espera tanto de ti. Espera también que alguno tenga el valor de partir, de ir allá donde más faltan la esperanza y la dignidad, allá donde mucha gente vive aún sin la alegría del Evangelio. “¿Pero tengo que ir solo?”. No, eso no. Si tenemos en la mente hacer la misión con organizaciones empresariales, con planes de trabajo, eso no va. El protagonista de la misión es el Espíritu Santo. Es el protagonista de la misión. Tú vas con el Espíritu Santo. Ve, el Señor no te dejará solo; dando testimonio, descubrirás que el Espíritu Santo llegó antes que tú para prepararte el camino. Ánimo, hermanos y hermanas; ánimo, Madre Iglesia: ¡encuentra tu fecundidad en la alegría de la misión!

 

 

 

La alegría, “signo” del cristiano evangelizador – Catequesis completa

Ciclo de los Hechos de los Apóstoles   

octubre 02, 2019 13:38Larissa I. LópezAudiencia General

(ZENIT – 2 oct. 2019).- “¿Cuál es el signo de que tú, cristiana, cristiano, eres un evangelizador? La alegría. Incluso en el martirio”, indicó el Papa Francisco.

cq5damdata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

Hoy, 2 de octubre de 2019, el Santo Padre, ha continuado con el ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, centrando su reflexión en el pasaje “Se puso a anunciarle la Buena Nueva de Jesús” (Hechos 8:35). Felipe y la “carrera” del Evangelio por caminos nuevos (Hechos de los Apóstoles 8, 5-8).

Este fragmento se contextualiza en el momento en el que, tras la muerte de Esteban, la Iglesia sufre una gran persecución en Jerusalén. Los Apóstoles permanecen en dicha ciudad, mientras muchos cristianos se ven obligados a dispersarse por Judea y Samaría.

Felipe y el etíope

cq5damdata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

En estos momentos de persecución, en los que la evangelización no cesa, sino que es impulsada, Francisco resaltó la labor apostólica del diácono Felipe. Una vez, este discípulo de Jesús se encontró en el desierto con un alto funcionario etíope, prosélito judío, que leía el cuarto canto del “siervo del Señor” del profeta Isaías y admitió que no lograba entenderlo.

“Ese hombre poderoso reconoce que necesita ser guiado para entender la Palabra de Dios. Era el gran tesorero, era el ministro de economía, tenía todo el poder sobre el dinero, pero sabía que sin la explicación no podía entender, era humilde”, señaló el Pontífice.

Jesús, “clave” para entender la Escritura

cq5damdata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

Para el Obispo de Roma, este encuentro entre Felipe y el etíope “nos lleva a reflexionar también sobre el hecho de que no basta con leer la Escritura, es necesario comprender su significado” y explicó que “entrar en la Palabra de Dios es estar dispuesto a ir más allá de los propios límites para encontrar y conformarse a Cristo, que es la Palabra viva del Padre”.

Así, Felipe ofrece a su receptor la “clave” de la lectura de la Escritura: el Jesucristo que él y toda la Iglesia anuncian. El etíope reconoció entonces a Cristo y pidió el Bautismo, como muestra de su fe en Jesús.

El espíritu Santo, protagonista de la evangelización

cq5damdata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

Ante este ejemplo, el Obispo de Roma apuntó que “el Espíritu Santo es el protagonista de la evangelización (…)”, y añadió que evangelizar no es convencer a la gente de que Jesús es Dios “eso puede ser proselitismo, publicidad… Pero la evangelización es dejar que el Espíritu Santo te guíe, que sea Él quien te empuje al anuncio, al anuncio con el testimonio, incluso con el martirio, incluso con las palabras”.

Finalmente, concluyó pidiendo que el Espíritu Santo “haga de los bautizados hombres y mujeres que anuncian el Evangelio para atraer a los demás, no a sí mismos, sino a Cristo, que sepan hacer lugar a la acción de Dios, que sepan volver a los demás libres y responsables ante el Señor”.

A continuación, reproducimos la catequesis completa del Papa Francisco.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:

cq5damdata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

Después del martirio de Esteban, la “carrera” de la Palabra de Dios parece sufrir  un paro debido al desatarse de “una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén” (Hch 8,1). El resultado es  que los Apóstoles permanecen en Jerusalén, mientras muchos cristianos se dispersan por otros lugares en Judea y Samaria.

En el libro de los Hechos, la persecución aparece como el estado de vida permanente de los discípulos, de acuerdo con lo que había dicho Jesús: “Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros”. (Jn 15.20). Pero la persecución, en lugar de apagar el fuego de la evangelización, lo atiza todavía más.

cq5damdata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

Hemos escuchado lo que hizo el diácono Felipe que comienza a evangelizar las ciudades de Samaria, y son numerosos los signos de liberación y sanación que acompañan el anuncio de la Palabra. Entonces, el Espíritu Santo marca una nueva etapa en el camino del Evangelio: empuja a Felipe a salir al encuentro de un forastero que tiene el corazón abierto a Dios. Felipe se levanta y parte decidido y, en un camino desierto y peligroso, se encuentra con un alto funcionario de la Reina de Etiopía, administrador de sus tesoros. Este hombre, un eunuco, después de haber ido a Jerusalén para rendir culto, regresa a su país. Era un prosélito judío de Etiopía. Sentado en una carroza, lee el rollo del profeta Isaías, en particular el cuarto canto del “siervo del Señor”.

Felipe se acerca al carruaje y le pregunta: “¿Entiendes lo que vas leyendo?” (Hechos 8:30). El etíope le contesta: “¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía?” (Hechos 8:31). Ese hombre poderoso reconoce que necesita ser guiado para entender la Palabra de Dios. Era el gran tesorero, era el ministro de economía, tenía todo el poder sobre el dinero, pero sabía que sin la explicación no podía entender, era humilde.

cq5damdata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

Y este diálogo entre Felipe y el etíope nos lleva a reflexionar también sobre el hecho de que no basta con leer la Escritura, es necesario comprender su significado, encontrar el “jugo” que va más allá de la “corteza”, ir al Espíritu que anima la letra. Como dijo el Papa Benedicto XVI al comienzo del Sínodo sobre la Palabra de Dios, “la exégesis, la verdadera lectura de la Sagrada Escritura, no es sólo un fenómeno literario, […]. Es el movimiento de mi existencia” (Meditación, 6 de octubre de 2008). Entrar en la Palabra de Dios es estar dispuesto a ir más allá de los propios límites para encontrar y conformarse a Cristo, que es la Palabra viva del Padre.

cq5damdata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

¿Quién es, pues,  el protagonista de lo que leía el etíope? Felipe ofrece a su interlocutor la clave de lectura: ese siervo manso y sufriente, que no devuelve mal por mal y que aunque sea considerado fracasado y estéril y al final eliminado, libera al pueblo de la iniquidad y da fruto para Dios, ¡es precisamente ese Cristo que Felipe y toda la Iglesia anuncian! Que con la Pascua nos ha redimido a todos. Finalmente el etíope reconoce a Cristo y pide el bautismo y profesa fe en el Señor Jesús. Esta historia es hermosa, pero ¿quién empujó a Felipe a ir al desierto a encontrarse con este hombre? ¿Quién empujó a Felipe para que se acercara al carruaje? Es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el protagonista de la evangelización. “Padre, voy a evangelizar” – “Sí, ¿qué haces?” – Ah, yo anuncio el Evangelio y digo quién es Jesús, trato de convencer a la gente de que Jesús es Dios. Amigo, eso no es evangelización, si no hay Espíritu Santo no hay evangelización. Eso puede ser proselitismo, publicidad…. Pero la evangelización es dejar que el Espíritu Santo te guíe, que sea Él quien te empuje al anuncio, al anuncio con el testimonio, incluso con el martirio, incluso con las palabras.

cq5damdata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

Después de haber llevado al etíope al encuentro del Resucitado –el etíope encuentra a Jesús resucitado porque entiende aquella profecía-  Felipe desaparece; el Espíritu lo toma y lo envía a hacer otra cosa. He dicho que el protagonista de la evangelización es el Espíritu Santo y ¿Cuál es el signo de que tú, cristiana, cristiano, eres un evangelizador? La alegría. Incluso en el martirio. Y Felipe, lleno de alegría, fue a otro lugar a predicar el Evangelio

Que el Espíritu haga de los bautizados hombres y mujeres que anuncian el Evangelio para atraer a los demás otros no a sí mismos sino a Cristo, que sepan hacer lugar a la acción de Dios, que sepan volver a los demás libres y responsables ante el Señor.

© Librería Editorial Vaticana

 

 

Jesús, la “clave” para entender la Escritura

Palabras del Papa en español

octubre 02, 2019 10:25Larissa I. LópezAudiencia General

(ZENIT – 2 oct. 2019).- Según el Papa Francisco, el diálogo entre Felipe y un alto funcionario etíope, que no lograba entender el cuarto canto del profeta Isaías, “nos dice que no es suficiente leer la Escritura, ya que la clave para entenderla se encuentra en Jesús, Palabra encarnada del Padre, que con su misterio pascual le da pleno sentido”.

Hoy, 2 de octubre de 2019, en la audiencia general, el Santo Padre ha proseguido con el ciclo de catequesis en torno al Libro de los Hechos de los Apóstoles. En concreto, ha meditado sobre el momento en el que, después del martirio de Esteban, se desató en Jerusalén una violenta persecución contra la Iglesia, por la que muchos cristianos tuvieron que abandonar la ciudad y dispersarse por Judea y Samaria.

Se trata de una persecución que no solo no detuvo la evangelización, sino que la impulsó, tal y como demuestra el testimonio del diácono Felipe, “que fue a evangelizar las ciudades de Samaría, donde el anuncio de la Palabra estaba acompañado por muchos signos de liberación y curaciones”, explicó el Pontífice.

Efectivamente, durante esta misión, según el Obispo de Roma, el Espíritu Santo hizo que Felipe y el etíope se encontraran e intercambiaran unas palabras. Fruto del ello, el funcionario descubrió a Jesucristo y pidió el Bautismo, de manera que “al recibirlo lo convirtió en un hombre nuevo y lo marcó con ‘el sello’ de la alegría del Espíritu Santo, fuente de esperanza para su camino”, concluyó Francisco.

 

 

Programa del Papa Francisco para el viaje a Tailandia y Japón

Del 19 al 26 de noviembre

octubre 02, 2019 14:22Rosa Die AlcoleaViajes pontificios

(ZENIT – 2 oct. 2019).- El Papa Francisco partirá el próximo 19 de noviembre de 2019 hacia Bangkok, capital de Tailandia, donde estará hasta el 23 de noviembre y luego continuará en Japón hasta el día 26. Este será el 32º viaje apostólico fuera de Roma del Pontífice argentino.

La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha hecho público el programa del Santo Padre para este viaje, en la mañana del 2 de octubre de 2019.

Francisco, quien se convertirá en el segundo pontífice en viajar al Reino de Tailandia y a Japón, llegará el 19 de noviembre a Bangkok, Tailandia, y del 23 al 26 de noviembre visitará Tokyo, Nagasaki e Hiroshima.

Bangkok

El avión que llevará al Papa Francisco a Bangkok saldrá a las 19 horas desde el aeropuerto romano de Fiumicino. En la capital tailandesa, única ciudad del país que visitará, el Pontífice se encontrará con el Primer Ministro, las autoridades, el Patriarca Supremo Budista, y con Su Majestad el Rey Maha Vajiralongkorn “Rama X”.

El Papa celebrará la Eucaristía en el estadio nacional al final de su primer día en Tailandia y al día siguiente con los jóvenes. También visitará a personas enfermas y discapacitadas en el Hospital de St. Louis y se reunirá con el personal médico. Francisco se dirigirá a los sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y catequistas, y obispos del país.

Japón

El 23 de noviembre, el Santo Padre llegará al aeropuerto de Tokyo-Haneda, donde le recibirán con una ceremonia de bienvenida y más tarde se encontrará con los obispos japoneses en la Nunciatura Apostólica. Al día siguiente, Francisco se trasladará hasta Nagasaki, donde ofrecerá un Mensaje sobre las armas nucleares en el Atomic Bomb Hypocenter Park y homenajeará a los mártires en el “Nishizaka Hill”. Al final del día, celebrará en Hiroshima un encuentro por la paz.

El lunes 25 de noviembre, el Papa se encontrará con las víctimas de la triple catástrofe en Japón, y más tarde visitará al Emperador Naruhito en el Palacio Imperial, para reunirse más tarde con los jóvenes, el Primer Ministro y las autoridades civiles y diplomáticas.

El última día en Japón, el Santo Padre dedicará un momento a conversar con sus hermanos jesuitas, y visitará la Sophia University, donde estará con los sacerdotes ancianos y enfermos, y con los estudiantes y profesores de la Universidad.

A continuación, ofrecemos el programa completo del viaje apostólico a Tailandia y Japón:

***

Martes, 19 de noviembre de 2019

ROMA-BANGKOK

19 horas (Roma)

Salida en avión desde el aeropuerto de Roma/Fiumicino hacia Bangkok

   

 

Miércoles, 20 de noviembre de 2019

ROMA-BANGKOK

12:30 (7:30 h. en Roma)

Llegada al Military Air Terminal 2 de Bangkok

 

Recibimiento oficial en el Military Air Terminal 2 de Bangkok

 

Jueves, 21 de noviembre de 2019

BANGKOK

 

Ceremonia de bienvenida en el patio de la Casa de Gobierno

 

Encuentro con el Primer Ministro en la “Inner Ivory Room” de la Casa de Gobierno

 

Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el Cuerpo Diplomático en la Sala “Inner Santi Maitri” de la Casa de Gobierno

 

Visita al Patriarca Supremo Budista en el templo Wat Ratchabophit Sathit Maha Simaram

 

Encuentro con el personal médico del St. Louis Hospital

 

Visita privada a los enfermos y personas discapacitadas en el St. Louis Hospital

 

Almuerzo en la Nunciatura Apostólica

 

Visita privada a Su Majestad el Rey Maha Vajiralongkorn “Rama X” en  el Amphorn Royal Palace

 

Santa Misa en el Estadio nacional

 

Viernes, 22 de noviembre de 2019

BANGKOK

 

Encuentro con los sacerdotes, religiosos/as, seminaristas y catequistas en la parroquia de San Pedro

 

Encuentro con los obispos de Tailandia y de la FABC en el Santuario del Beato Nicolás Boonkerd Kitbamrung

 

Encuentro privado con los miembros de la Compañía de Jesús en una sala adyacente al Santuario

 

Almuerzo en la Nunciatura Apostólica

 

Encuentro con los líderes cristianos y de otras religiones en la Chulalongkorn University

 

Santa Misa con los jóvenes en la Catedral de la Asunción

 

Sábado, 23 de noviembre de 2019

BANGKOK-TOKIO

 

Ceremonia de despedida en el Military Air Terminal 2 de Bangkok

9:30 (4:30 h. en Roma)

Salida en avión hacia Tokio

17:40 (10:40 h. en Roma)

Llegada al aeropuerto de Tokio-Haneda

 

Ceremonia de bienvenida en el aeropuerto de Tokyo-Haneda

 

Encuentro con los obispos en la Nunciatura Apostólica

 

Domingo, 24 de noviembre de 2019

TOKIO-NAGASAKI-HIROSHIMA-TOKIO

7 horas (00 h. en Roma)

Salida en avión hacia Nagasaki

9:20 (2:20 h. en Roma)

Llegada al aeropuerto de Nagasaki

 

Mensaje sobre las armas nucleares en el Atomic Bomb Hypocenter Park

 

Homenaje a los santos mártires en el Monumento de los Mártires – Nishizaka Hill

 

Almuerzo en el arzobispado

 

Santa Misa en el Estadio de Béisbol

16:35 (9:35 h en Roma)

Salida en avión hacia Hiroshima

17:45 (10:45 h. en Roma)

Llegada al aeropuerto de Hiroshima

 

Encuentro por la paz en el Memorial de la Paz

20:25 (13:25 h. en Roma)

Salida en avión hacia Tokio

22:10 (15:10 h. en Roma)

Llegada al aeropuerto de Tokio-Haneda

 

Lunes, 25 de noviembre de 2019

TOKIO

 

Encuentro con las víctimas de la triple catástrofe en “Bellesalle Hanzomon”

 

Visita privada al Emperador Naruhito en el Palacio Imperial

 

Encuentro con los jóvenes en la Catedral de Santa María

 

Almuerzo con el séquito papal en la Nunciatura Apostólica

 

Santa Misa en el Tokyo Dome

 

Encuentro con el Primer Ministro en Kantei

 

Encuentro con las autoridades y el Cuerpo Diplomático  en Kantei

 

Martes, 26 de noviembre de 2019

TOKIO-ROMA

 

Santa Misa privada con los miembros de la Compañía de Jesús en la capilla del Kulturzentrum de la Sophia University

 

Desayuno y encuentro privado con el Colegio Máximo en la Sophia University

 

Visita a los sacerdotes ancianos y enfermos en la Sophia University

 

Visita a la Sophia University

 

Ceremonia de despedida en el aeropuerto de Tokyo-Haneda

11:35 (4:35 h. en Roma)

Salida en avión hacia Roma/Fiumicino

17:15 (10:15 h. en Roma)

Llegada al aeropuerto de Roma/Fiumicino

 

Huso orario

   

Roma:

+1h UTC

Bangkok:

+7h UTC

Tokio

+9h UTC

Nagasaki

+9h UTC

Hiroshima

+9h UTC

 

 

LA MIES ES MUCHA

— Urgencia de nuevos apóstoles para reevangelizar el mundo.

— La caridad, fundamento del apostolado.

— La alegría que ha de acompañar al mensaje de Cristo.

I. Entre los que seguían a Jesús había un numeroso grupo de discípulos1. Entre ellos se contaban quienes acompañaron a Jesús desde el bautismo de Juan hasta la Ascensión: de algunos nos dan noticias los Hechos de los Apóstoles, como José, llamado Barsabas, y Matías2; también estarían en este grupo Cleofás y su compañero, a quienes Cristo resucitado se les apareció en el camino de Emaús3. Sin pertenecer al círculo de los Doce, estos discípulos llegaron a formar una categoría especial entre los oyentes y amigos de Jesús, siempre dispuestos para lo que el Maestro los necesitase4. Con toda seguridad formaron el núcleo de la primitiva Iglesia después de Pentecostés. En el Evangelio de la Misa5 leemos que, de estos que le seguían con plena disponibilidad, Jesús designó a setenta y dos para que fueran delante de Él, preparando las almas para la llegada de Cristo. Y les dijo: La mies es mucha y los obreros pocos.

Hoy, también, el campo apostólico es inmenso: países de tradición cristiana que es necesario evangelizar de nuevo, naciones que han sufrido durante tantos años la persecución a causa de la fe y que necesitan nuestra ayuda, los nuevos pueblos sedientos de doctrina... Basta echar una mirada a nuestro alrededor –al lugar de trabajo, a la Universidad, a los medios de comunicación...– para darnos cuenta de todo lo que falta por hacer. La mies es mucha... «Enteros países y naciones, en los que en un tiempo la religión y la vida cristiana fueron florecientes y capaces de dar origen a comunidades de fe viva y operativa, están ahora sometidos a dura prueba e incluso alguna que otra vez son radicalmente transformados por el continuo difundirse del indiferentismo, del secularismo y del ateísmo. Se trata, en concreto, de países y naciones del llamado Primer Mundo, en el que el bienestar económico y el consumismo –si bien entremezclado con espantosas situaciones de pobreza y miseria– inspiran y sostienen una existencia vivida “como si no hubiera Dios”. Ahora bien, el indiferentismo religioso y la total irrelevancia práctica de Dios para resolver los problemas, incluso graves, de la vida, no son menos preocupantes y desoladores que el ateísmo declarado. Y también la fe cristiana –aunque sobrevive en algunas manifestaciones tradicionales y ceremoniales– tiende a ser arrancada de cuajo de los momentos más significativos de la existencia humana, como son los momentos del nacer, del sufrir y del morir. De ahí proviene el afianzarse de interrogantes y de grandes enigmas, que, al quedar sin respuesta, exponen al hombre contemporáneo a inconsolables decepciones, o a la tentación de suprimir la misma vida humana que plantea esos problemas»6. Ahora es tiempo de esparcir la semilla divina y también de cosechar. Hay lugares en los que no se puede sembrar por falta de operarios, y mieses que se pierden porque no hay quien las recoja. De ahí la urgencia de nuevos apóstoles. La mies es mucha; los obreros, pocos.

En los primeros tiempos del Cristianismo, en un mundo con una situación parecida a la nuestra –con abundancia de recursos materiales pero espiritualmente menesteroso–, la naciente Iglesia tuvo el necesario vigor, no solo para protegerse de ser paganizada desde fuera, sino para transformar, desde dentro, una civilización tan alejada de Dios. No parece que el mundo de hace dos mil años estuviera mejor o peor preparado que el nuestro para ser evangelizado. A primera vista podía presentarse cerrado al mensaje de Cristo, como el de ahora; pero aquellos primeros cristianos, apóstoles todos, con las mismas armas que nosotros, el espíritu de Jesús, supieron transformarlo. ¿No vamos a poder nosotros cambiar el mundo que nos rodea: la familia, los amigos, los compañeros de trabajo...?

El mundo actual quizá esté necesitado de muchas cosas, pero ninguna otra le es precisa con más urgencia que la de apóstoles santos, alegres, convencidos, fieles a la doctrina de la Iglesia, que con sencillez den a conocer que Cristo vive. Es el mismo Señor quien nos indica el camino para conseguir nuevos operarios que trabajen en su viña: Rogad, pues, al Señor de las mies que envíe operarios a su mies. Rogad..., nos dice. «La oración es el medio más eficaz de proselitismo»7. Nuestro afán apostólico ha de traducirse, en primer lugar, en una petición continuada, confiada y humilde de nuevos apóstoles. La oración ha de ir siempre por delante.

«Desgarra el corazón aquel clamor –¡siempre actual!– del Hijo de Dios, que se lamenta porque la mies es mucha y los obreros son pocos.

»—Ese grito ha salido de la boca de Cristo, para que también lo oigas tú: ¿cómo le has respondido hasta ahora?, ¿rezas, al menos a diario, por esa intención?»8.

II. La mies es mucha... «Para la mies abundante –comenta San Gregorio Magno– son pocos los obreros – cosa que no podemos decir sin gran tristeza–; porque si bien no faltan los que oyen las cosas buenas, faltan sin embargo quienes las difundan»9. El Señor quiere servirse ahora de nosotros, como lo hizo en aquella ocasión con quienes le acompañaban y después con todos aquellos que le han querido seguir de cerca,

El Maestro, antes de enviar a los suyos al mundo entero, les hizo vivir como amigos en su intimidad, les dio a conocer al Padre, les reveló su amor y, sobre todo, se lo comunicó. Como el Padre me amó, Yo también os he amado a vosotros10; os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. Y añadió, a modo de conclusión: os he destinado para que vayáis y deis fruto11. Con esta caridad hemos de ir a todos los lugares, pues el apostolado consiste sobre todo en «manifestar y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos»12, esa caridad con la que nos ama el Señor y con la que quiere que amemos a todos. El cristiano será apóstol en la medida en que sea amigo de Dios y viva esa amistad con quien se encuentra cada día en su camino. En un mundo en el que la desconfianza y la agresividad parecen ir ganando terreno, nuestra primera preocupación ha de ser la de vivir con esmero la caridad en todas sus manifestaciones. Cuando quienes nos tratan –por muy alejados que se encuentren de Dios– vean que nos fiamos de ellos, que estamos dispuestos a prestar una ayuda, a sacrificarnos por el bien de personas que incluso no conocemos, que no guardamos rencor, que no somos negativos ni hablamos nunca mal de nadie, que siempre nos encontrarán dispuestos a colaborar..., pensarán que los cristianos somos muy diferentes, porque seguimos a Alguien, a Cristo, muy particular. No quiere decir esto que nunca tengamos diferencias con los demás, sino que las manifestamos sin aire de agravio, sin poner en duda la buena fe de las personas, sin atacar, aunque estemos muy lejos de sus ideas. Cuando nadie queda excluido de nuestro trato y de nuestra ayuda, entonces estamos dando testimonio de Cristo.

III. Junto a la caridad, hemos de manifestar al mundo nuestra alegría. Aquella que el Señor nos prometió en la Última Cena13, la que nace del olvido de nuestros problemas y de la intimidad con Dios. La alegría es esencial en el apostolado, pues ¿quién puede sentirse atraído por una persona triste, negativa, que se queja continuamente? Si la doctrina del Señor se propagó como un incendio en los primeros siglos fue, en buena parte, porque los cristianos se mostraban con la seguridad y la alegría de ser portadores de la Buena Nueva: eran los mensajeros gozosos de Aquel que había traído la salvación al mundo, Ciertamente constituían un pueblo feliz en medio de un mundo triste, y su alegría transmitía su fe en Cristo, era portadora de la verdad que llevaban en el corazón y de la que hablaban en el hogar, en la intimidad de la amistad..., en todo momento, porque era la razón de su vida.

La alegría del cristiano tiene un fundamento bien firme, el sentido de su filiación divina, el saberse hijos de Dios en cualquier circunstancia. «Como sugiere Chesterton, es alegría no porque el mundo pueda colmar todas nuestras aspiraciones, sino al revés. No estamos donde hemos de permanecer: estamos en camino. Habíamos perdido la senda y Alguien ha venido a buscarnos y nos lleva de vuelta al hogar paterno. Es alegría no porque todo lo que nos sucede esté bien –no es así–, sino porque Alguien sabe aprovecharlo para nuestro bien. La alegría cristiana es consecuencia de saber enfrentarse con el único hecho auténticamente triste de la vida, que es el pecado: y de saber contrarrestarlo con un hecho gozoso aun más real y más fuerte que el pecado: el amor y la misericordia de Dios»14,

Hemos de preguntarnos si realmente reflejamos en nuestra vida ordinaria tantos motivos como tenemos para estar alegres: el gozo de la filiación divina, del arrepentimiento y el perdón, de sentirnos en camino hacia una felicidad sin fin..., ¡la inmensa alegría de poder comulgar con tanta frecuencia! «El primer paso para acercar a otros a los caminos de Cristo es que te vean contento, feliz, seguro en tu andar hacia Dios»15.

Y, junto a la alegría y la caridad de Cristo, hemos de saber expresar la posesión de la única verdad que puede salvar a los hombres y hacerlos felices. «Solo los cristianos convencidos tienen la posibilidad de convencer a los demás. Los cristianos convencidos a medias no convencerán a nadie»16.

1 Cfr. Mc 2, 15. — 2 Cfr. Hech 1, 21-26. — 3 Cfr. Lc 24, 13-35. — 4 Cfr. P. R. Bernard, El misterio de Jesús, J. Flors, Barcelona 1965, vol. I, pp. 88 ss. — 5 Lc 10, 1-12. — 6 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Christifideles laici, 30-XII-1988, 34. — 7 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 800. — 8 ídem, Forja, n. 906. — 9 San Gregorio Magno, Homilías sobre los Evangelios, 17, 3. — 10 Jn 15, 9. — 11 Jn 15, 16. — 12 Conc. Vat. II, Decr. Ad gentes, 10. — 13 Cfr. Jn 16, 22. — 14 C. Burke, Autoridad y libertad en la Iglesia, p. 223. — 15 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 858. — 16 C. Burke, o. c., p. 219.

 

 

“En el Evangelio, como un personaje más”

Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo (Camino, 2).

Al abrir el Santo Evangelio, piensa que lo que allí se narra –obras y dichos de Cristo– no sólo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia. –El Señor nos ha llamado a los católicos para que le sigamos de cerca y, en ese Texto Santo, encuentras la Vida de Jesús; pero, además, debes encontrar tu propia vida. Aprenderás a preguntar tú también, con el Apóstol, lleno de amor: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?...”. –¡La Voluntad de Dios!, oyes en tu alma de modo terminante. Pues, toma el Evangelio a diario y vívelo como norma concreta. -Así han procedido los santos. (Forja, 754)

Para acercarse al Señor a través de las páginas del Santo Evangelio, recomiendo siempre que os esforcéis por meteros de tal modo en la escena, que participéis como un personaje más. Así -sé de tantas almas normales y corrientes que lo viven-, os ensimismaréis como María, pendiente de las palabras de Jesús o, como Marta, os atreveréis a manifestarle sinceramente vuestras inquietudes, hasta las más pequeñas. (Amigos de Dios, 222)

 

 

Trabajar por amor

¿Para qué trabajamos? ¿sólo para subsistir? ¿para llevar adelante una vida sin problemas? La ocupación profesional tiene una relación directa con la felicidad, cuando nace y se ordena al amor, como se explica en este artículo.

Trabajo12/10/2013

Opus Dei - Trabajar por amordata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

Foto: Nicolò Paternoster

El hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor [1] . Al leer estas palabras de san Josemaría, es posible que dentro de nuestras almas surjan algunas preguntas que den paso a un diálogo sincero con Dios: ¿para qué trabajo?, ¿cómo es mi trabajo?, ¿qué pretendo o qué busco con mi labor profesional? Es la hora de recordar que el fin de nuestra vida no es hacer cosas sino amar a Dios. La santidad no consiste en hacer cosas cada día más difíciles, sino en hacerlas cada día con más amor [2] .

Mucha gente trabaja —y trabaja mucho—, pero no santifica su trabajo. Hacen cosas, construyen objetos, buscan resultados, por sentido del deber, por ganar dinero, o por ambición; unas veces triunfan y otras fracasan; se alegran o se entristecen; sienten interés y pasión por su tarea, o bien, decepción y hastío; tienen satisfacciones junto con inquietudes, temores y preocupaciones; unos se dejan llevar por la inclinación a la actividad, otros por la pereza; unos se cansan, otros procuran evitar a toda costa el cansancio...

Todo esto tiene un punto en común: pertenece a un mismo plano, el plano de la naturaleza humana herida por las consecuencias del pecado, con sus conflictos y contrastes, como un laberinto en el que el hombre que vive según la carne , en palabras de san Pablo — el animalis homo —, deambula, atrapado en un ir de aquí para allá, sin encontrar el camino de la libertad y su sentido.

Ese camino y ese sentido sólo se descubren cuando se levanta la mirada y se contempla la vida y el trabajo en esta tierra con la luz de Dios que ve desde de lo alto. La gente —escribe san Josemaría en Camino tiene una visión plana, pegada a la tierra, de dos dimensiones. —Cuando vivas vida sobrenatural obtendrás de Dios la tercera dimensión: la altura, y, con ella, el relieve, el peso y el volumen [3] .

El trabajo nace del amor

¿Qué significa entonces, para un cristiano, que el trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor? [4] Primero conviene considerar a qué amor se refiere san Josemaría. Hay un amor llamado de concupiscencia, cuando se ama algo para satisfacer el propio gusto sensible o el deseo de placer (concupiscentia). No es éste el amor del que nace, en último término, el trabajo de un hijo de Dios, aunque muchas veces trabaje con gusto y le apasione su tarea profesional.

Un cristiano no ha de trabajar solo o principalmente cuando tenga ganas, o le vayan las cosas bien. El trabajo de un cristiano nace de otro amor más alto: el amor de benevolencia , cuando directamente se quiere el bien de otra persona (benevolentia), no ya el propio interés. Si el amor de benevolencia es mutuo se llama amor de amistad [5] , mayor cuanto se está dispuesto no sólo a dar algo por el bien de un amigo, sino a entregarse uno mismo: Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos [6] .

Los cristianos podemos amar a Dios con amor de amistad sobrenatural, porque Él nos ha hecho hijos suyos y quiere que le tratemos con confianza filial, y veamos en los demás hijos suyos a hermanos nuestros. A este amor se refiere el Fundador del Opus Dei cuando escribe que el trabajo nace del amor : es el amor de los hijos de Dios, el amor sobrenatural a Dios y a los demás por Dios: la caridad que ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado [7] .

Querer el bien de una persona no lleva a complacer siempre su voluntad. Puede ocurrir que lo que quiere no sea un bien, como sucede muy a menudo a las madres, que no dan a sus hijos todo lo que piden, si les puede hacer daño. En cambio, amar a Dios es siempre querer su Voluntad, porque la Voluntad de Dios es el bien.

Por eso, para un cristiano, el trabajo nace del amor a Dios, ya que el amor filial nos lleva a querer cumplir su Voluntad, y la Voluntad divina es que trabajemos [8] . Decía san Josemaría que por amor a Dios quería trabajar como un borrico de noria [9] . Y Dios ha bendecido su generosidad derramando copiosamente su gracia que ha dado innumerables frutos de santidad en todo el mundo.

Vale la pena, por tanto, que nos preguntemos con frecuencia por qué trabajamos. ¿Por amor a Dios o por amor propio? Puede parecer que existen otras posibilidades, por ejemplo, que se puede trabajar por necesidad. Esto indica no ir al fondo en el examen, porque la necesidad no es la respuesta última.

También hay que alimentarse por necesidad, para vivir, pero ¿para qué queremos vivir, para la gloria de Dios , como exhorta san Pablo [10] , o para la propia gloria? Pues para eso mismo nos alimentamos y trabajamos. Es la pregunta radical, la que llega al fundamento. No hay más alternativas. Quien se examina sinceramente, pidiendo luces a Dios, descubre con claridad dónde tiene puesto en último término su corazón al realizar las tareas profesionales. Y el Señor le concederá también su gracia para decidirse a purificarlo y dar todo el fruto de amor que Él espera de los talentos que le ha confiado.

El trabajo manifiesta el amor

El trabajo de un cristiano manifiesta el amor, no sólo porque el amor a Dios lleva a trabajar, como hemos considerado, sino porque lleva a trabajar bien, pues así lo quiere Dios. El trabajo humano es, en efecto, participación de su obra creadora [11] , y Él —que ha creado todo por Amor— ha querido que sus obras fueran perfectas: Dei perfecta sunt opera [12] , y que nosotros imitemos su modo de obrar.

Modelo perfecto del trabajo humano es el trabajo de Cristo, de quien dice el Evangelio que todo lo hizo bien [13] . Estas palabras de alabanza, que brotaban espontáneas al contemplar sus milagros, obrados en virtud de su divinidad, pueden aplicarse también —así lo hace san Josemaría— al trabajo en el taller de Nazaret, realizado en virtud de su humanidad. Era un trabajo cumplido por Amor al Padre y a nosotros. Un trabajo que manifestaba ese Amor por la perfección con que estaba hecho. No sólo perfección técnica sino fundamentalmente perfección humana: perfección de todas las virtudes que el amor logra poner en ejercicio dándoles un tono inconfundible: el tono de la felicidad de un corazón lleno de Amor que arde con el deseo de entregar la vida.

La tarea profesional de un cristiano manifiesta el amor a Dios cuando está bien hecha. No significa que el resultado salga bien, sino que se ha intentado hacer del mejor modo posible, poniendo los medios disponibles en las circunstancias concretas.

Entre el trabajo de una persona que obra por amor propio, y el de esa misma persona, si comienza a trabajar por amor a Dios y a los demás por Dios, hay tanta diferencia como entre el sacrificio de Caín y el de Abel. Éste último trabajó para ofrecer lo mejor a Dios, y su ofrenda fue agradable al Cielo. De nosotros espera otro tanto el Señor.

 

Para un católico, trabajar no es cumplir, ¡es amar!: excederse gustosamente, y siempre, en el deber y en el sacrificio [14]. Realizad pues vuestro trabajo sabiendo que Dios lo contempla: laborem manuum mearum respexit Deus (Gn 31, 42). Ha de ser la nuestra, por tanto, tarea santa y digna de Él: no sólo acabada hasta el detalle, sino llevada a cabo con rectitud moral, con hombría de bien, con nobleza, con lealtad, con justicia [15]. Entonces, el trabajo profesional no solo es recto y santo sino que se convierte en oración [16].

Al trabajar por amor a Dios, la actividad profesional manifiesta de un modo u otro ese amor. Es muy probable que una simple mirada a varias personas que estén realizando la misma actividad, no sea suficiente para captar el motivo por el que la realizan. Pero si se pudiera observar con más detalle y atención el conjunto de la conducta en el trabajo —no sólo los aspectos técnicos, sino también las relaciones humanas con los demás colegas, el espíritu de servicio, el modo de vivir la lealtad, la alegría y las demás virtudes—, sería difícil que pasara inadvertido, si efectivamente existe en alguno de ellos, el bonus odor Christi [17] , el aroma del amor de Cristo que informa su trabajo.

Al final de los tiempos —enseña Jesús— dos estarán en el campo: uno será tomado y el otro dejado. Dos mujeres estarán moliendo en el molino: una será tomada y la otra dejada [18] . Realizaban el mismo trabajo, pero no del mismo modo: uno era agradable a Dios y el otro no.

 

Foto: WSDOTdata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

Foto: WSDOT

Sin embargo, muchas veces el entorno materialista nos puede hacer olvidar que estamos llamados a la vida eterna y pensamos únicamente en los bienes inmediatos. Por este motivo afirma san Josemaría: trabajad cara a Dios, sin ambicionar gloria humana. Algunos ven en el trabajo un medio para conquistar honores, o para adquirir poder o riqueza que satisfaga su ambición personal, o para sentir el orgullo de la propia capacidad de obrar [19] .

En un clima así, ¿cómo no se va a notar que se trabaja por amor a Dios? ¿Cómo va a pasar inadvertida la justicia informada por la caridad, y no simplemente la justicia dura y seca; o la honradez ante Dios, no ya la honradez interesada, ante los hombres; o la ayuda, el favor, el servicio a los demás, por amor a Dios, no por cálculo...?

Si el trabajo no manifiesta el amor a Dios, quizá es que se está apagando el fuego del amor. Si no se nota el calor, si después de un cierto tiempo de trato diario con los colegas de profesión, no saben si tienen a su lado un cristiano cabal o solo un hombre decente y cumplidor, entonces quizá es que la sal se ha vuelto insípida [20] . El amor a Dios no necesita etiquetas para darse a conocer. Es contagioso, es difusivo de por sí como el mayor de los bienes. ¿Manifiesta mi trabajo el amor a Dios? ¡Cuánta oración puede manar de esta pregunta!

El trabajo se ordena al amor

Un trabajo realizado por amor y con amor, es un trabajo que se ordena al amor: al crecimiento del amor en quien lo realiza, al crecimiento de la caridad, esencia de la santidad, esencia de la perfección humana y sobrenatural de un hijo de Dios. Un trabajo, por tanto, que nos santifica.

Santificarse en el trabajo no es otra cosa que dejarse santificar por el Espíritu Santo, Amor subsistente intratrinitario que habita en nuestra alma en gracia, y nos infunde la caridad. Es cooperar con Él poniendo en práctica el amor que derrama en nuestros corazones al ejercer la tarea profesional. Porque si somos dóciles a su acción, si obramos por amor en el trabajo, el Paráclito nos santifica: acrecienta la caridad, la capacidad de amar y de tener una vida contemplativa cada vez más honda y continua.

Que el trabajo se ordena al amor, y por tanto a nuestra santificación, significa igualmente que nos perfecciona: que se ordena a nuestra identificación con Cristo, perfectus Deus, perfectus homo [21] ,perfecto Dios y perfecto hombre. Trabajar por amor a Dios y a los demás por Dios reclama poner en ejercicio las virtudes cristianas. Ante todo la fe y la esperanza, a las que la caridad presupone y vivifica. Y después las virtudes humanas, a través de las cuales obra y se despliega la caridad. La tarea profesional ha de ser una palestra donde se ejercitan las más variadas virtudes humanas y sobrenaturales: la laboriosidad, el orden, el aprovechamiento del tiempo, la fortaleza para rematar la faena, el cuidado de las cosas pequeñas...; y tantos detalles de atención a los demás, que son manifestaciones de una caridad sincera y delicada [22] . La práctica de las virtudes humanas es imprescindible para ser contemplativos en medio del mundo, y concretamente para transformar el trabajo profesional en oración y ofrenda agradable a Dios, medio y ocasión de vida contemplativa.

Contemplo porque trabajo; y trabajo porque contemplo [23] , comentaba san Josemaría en una ocasión. El amor y el conocimiento de Dios —la contemplación— le llevaban a trabajar, y por eso afirma: trabajo porque contemplo . Y ese trabajo se convertía en medio de santificación y de contemplación: contemplo porque trabajo .

Es como un movimiento circular —de la contemplación al trabajo, y del trabajo a la contemplación— que se va estrechando cada vez más en torno a su centro, Cristo, que nos atrae hacia sí atrayendo con nosotros todas las cosas, para que por Él, con Él y en Él sea dado todo honor y toda gloria a Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo [24] .

La realidad de que el trabajo de un hijo de Dios se ordena al amor y por eso le santifica, es el motivo profundo de que no se pueda hablar, bajo la perspectiva de la santidad —que en definitiva es la que cuenta—, de profesiones de mayor o de menor categoría.

La dignidad del trabajo está fundada en el Amor [25] . Todos los trabajos pueden tener la misma calidad sobrenatural: no hay tareas grandes o pequeñas; todas son grandes, si se hacen por amor. Las que se tienen como tareas grandes se empequeñecen, cuando se pierde el sentido cristiano de la vida [26] .

Si falta la caridad, el trabajo pierde su valor ante Dios, por brillante que resulte ante los hombres. Aunque conociera todos los misterios y toda la ciencia,... si no tengo caridad, nada soy [27] , escribe san Pablo. Lo que importa es el empeño para hacer a lo divino las cosas humanas, grandes o pequeñas, porque por el Amor todas adquieren una nueva dimensión [28] .

J. López


[1] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 48.

[2] San Josemaría, Apuntes de la predicación (AGP, P10, n. 25), cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. II, p. 295.

[3] San Josemaría, Camino , n. 279.

[4] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 48.

[5] Cfr. Santo Tomás , S.Th . II-II, q. 23, a. 1, c.

[6] Jn 15, 13.

[7] Rm 5, 5.

[8] Cfr. Gn 2, 15; 3, 23; Mc 6, 3; 2 Ts 3, 6-12.

[9] Cfr. San Josemaría, Camino, n. 998.

[10] Cfr. 1 Cor 10, 31.

[11] Juan Pablo II, Litt. Enc. Laborem exercens , 14-IX-1981, n. 25; Catecismo de la Iglesia Católica , n. 2460.

[12] Dt 32, 4 (Vg). Cfr. Gn 1, 10, 12, 18, 21, 25, 31. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica , n. 302.

[13] Mc 7, 37.

[14] San Josemaría, Surco , n. 527.

[15] San Josemaría, Carta 15-X-1948, n. 26, cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. III, p. 183.

[16] Cfr. San Josemaría, A migos de Dios , n. 65.

[17] 2 Cor 2, 15.

[18] Mt 24, 40-41.

[19] San Josemaría, Carta 15-X-1948, n. 18, cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. III, pp. 193-194.

[20] Cfr. Mt 5, 13.

[21] Símbolo atanasiano.

[22] Mons. Javier Echevarría, Carta pastoral, 4-VII-2002, n. 13.

[23] San Josemaría, Apuntes de la predicación, 2-XI-1964 (AGP, P01 IX-1967, p. 11), cit. por Ernst Burkhart y Javier López, Vida Cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría , Rialp, Madrid 2013, vol. III, p 197.

[24] Misal Romano , conclusión de la Plegaria Eucarística.

[25] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 48.

[26] San Josemaría, Conversaciones , n. 109.

[27] 1 Cor 13, 2.

[28] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 60.

​ 

 

“Sínodo Panamazónico en marcha”

+ Felipe Arizmendi Esquivel. Obispo Emérito de San Cristóbal de Las Casas

VER

Del 6 al 27 de octubre, se llevará a cabo en Roma un Sínodo especial, dedicado a la Amazonía. Será en Roma porque el Papa quiere estar presente en sus sesiones, pues le interesa la pastoral en esa zona del planeta, para después decidir lo que se puede o se debe hacer. ¿De qué le viene tanta importancia a esta región? Algunos datos nos ayudarán a dimensionar su trascendencia no sólo para Brasil, Surinam, Guyana, Guayana Francesa, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, sino para toda la humanidad.

La Amazonía produce un tercio de las lluvias que alimentan la tierra, el 20% del agua dulce no congelada, el 20% del oxígeno del planeta, el 34% de los bosques primarios que alojan el 30% de la fauna y el 50% de la flora del mundo. Ocupa el 43% del territorio de toda la América del Sur. Tiene una extensión de 7.5 millones de kilómetros cuadrados, con casi 35 millones de habitantes. De éstos, casi dos millones y medio son indígenas pertenecientes a 390 pueblos, de los cuales 137 viven aislados; además, hay otros pueblos aún no contactados, desconocidos. Se hablan 240 lenguas, de 49 familias lingüísticas.

Pero quizá alguien siga pensando que no le interesa lo que suceda en esa amplia franja del planeta, porque se imagina que no le afecta. Nos afecta a todos; a unos, de forma inmediata y cercana, pues allí viven; a otros, en forma más distante en lo geográfico, pero su destrucción o conservación tiene que ver con la calidad de vida de este mundo, donde vivimos. Por ello, el Sínodo no tiene repercusiones sólo para esa región, sino que es un referente para otros lugares del planeta, donde se juegan destinos similares, y nuestra Iglesia siente la responsabilidad de llamar la atención de la humanidad sobre el urgente cuidado de la casa común. Nuestra tierra es obra de Dios, que él nos confió para cuidarla; si no lo hacemos, vamos en contra del plan de Dios, de sus mandatos, y por tanto caemos en pecado.

No faltan quienes acusan al Papa Francisco de meterse en lo que no le importa. Dicen que parece más un ecologista de moda, que un pastor evangelizador. No comprenden que sus motivaciones son profundamente pastorales, cristianas y evangélicas. Además, el tema no es una ocurrencia del Papa, sino que es una preocupación que expresamos desde Aparecida, en mayo de 2007, cuando los obispos de esa región elevaron su voz. El mismo Benedicto XVI habló de esto en su encuentro con los jóvenes.

Hay temas delicados, enunciados en el Cuaderno de Trabajo para este Sínodo, como la valoración de las culturas a la luz del Evangelio, el lugar de Jesucristo y de la Redención, la misión explícitamente evangelizadora de la Iglesia, los ministerios eclesiales a la mujer, la posibilidad de ordenar sacerdotes a hombres casados, etc., que se van a discutir y sobre los cuales el Papa tendrá la última palabra, pues afectan a toda la Iglesia. De ello, trataremos en siguientes artículos.

PENSAR

En el Documento de Aparecida, dijimos:

“América Latina es el Continente que posee una de las mayores biodiversidades del planeta y una rica socio-diversidad, representada por sus pueblos y culturas. Éstos poseen un gran acervo de conocimientos tradicionales sobre la utilización sostenible de los recursos naturales, así como sobre el valor medicinal de plantas y otros organismos vivos, muchos de los cuales forman la base de su economía. Tales conocimientos son actualmente objeto de apropiación intelectual ilícita, siendo patentados por industrias farmacéuticas y de biogenética, generando vulnerabilidad de los agricultores y sus familias que dependen de esos recursos para su supervivencia” (83).

“En las decisiones sobre las riquezas de la biodiversidad y de la naturaleza, las poblaciones tradicionales han sido prácticamente excluidas. La naturaleza ha sido y continúa siendo agredida. La tierra fue depredada. Las aguas están siendo tratadas como si fueran una mercancía negociable por las empresas, además de haber sido transformadas en un bien disputado por las grandes potencias. Un ejemplo muy importante en esta situación es la Amazonía” (84).

“En su discurso a los jóvenes, en el Estadio de Pacaembu, en Sau Paulo, el Papa Benedicto XVI llamó la atención sobre la ‘devastación ambiental de la Amazonía y las amenazas a la dignidad humana de sus pueblos’ y pidió a los jóvenes ‘un mayor compromiso en los más diversos espacios de acción’” (85).

“La creciente agresión al medioambiente puede servir de pretexto para propuestas de internacionalización de la Amazonia, que sólo sirven a los intereses económicos de las corporaciones transnacionales. La sociedad panamazónica es pluriétnica, pluricultural y plurirreligiosa. En ella se está intensificando, cada vez más, la disputa por la ocupación del territorio. Las poblaciones tradicionales de la región quieren que sus territorios sean reconocidos y legalizados” (86).

Y al abordar el tema del cuidado pastoral del medio ambiente, se propuso en Aparecida:

“Crear conciencia en las Américas sobre la importancia de la Amazonía para toda la humanidad. Establecer, entre las Iglesias locales de diversos países sudamericanos, que están en la cuenca amazónica, una Pastoral de Conjunto con prioridades diferenciadas para crear un modelo de desarrollo que privilegie a los pobres y sirva al bien común. Apoyar, con los recursos humanos y financieros necesarios, a la Iglesia que vive en la Amazonía para que siga proclamando el evangelio de la vida y desarrolle su trabajo pastoral en la formación de laicos y sacerdotes a través de seminarios, cursos, intercambios, visitas a las comunidades y material educativo” (475). “Invitamos a los Episcopados de países implicados en los distintos sistemas de integración subregionales, incluidos los de la Cuenca Amazónica, a estrechar vínculos de reflexión y cooperación” (544).

ACTUAR

Pidamos al Espíritu Santo que ilumine a los participantes en este Sínodo, para que tomen buenas decisiones, y por nuestra parte, cuidemos, en lo que nos toca, a nuestra “hermana madre tierra”.

 

 

El “Mes Misionero Extraordinario”

Queridos diocesanos:

Sin duda todos habéis oído o leído alguna información acerca de la iniciativa del papa Francisco relativa a la celebración de un “Mes Misionero Extraordinario”, anunciado con ocasión del centenario de una Carta Apostólica del papa Benedicto XV (1915-1922) titulada “Maximum Illud” (“La grande y santísima misión confiada a sus discípulos por Nuestro Señor Jesucristo”) en la que, entre otros aspectos, aquel pontífice, a la vez que recordaba que “la Iglesia de Dios es católica y, por lo tanto, no puede ser extraña a ningún pueblo” ofrecía orientaciones que contribuyeron decisivamente en aquella época a lanzar  la acción misionera y evangelizadora de la Iglesia.

Para conmemorar el eficaz impulso que aquel documento dio a la misión de la Iglesia, el Papa Francisco quiere estimular en todas las comunidades eclesiales la conciencia de la misión “a todas las gentes” y, según sus palabras, dinamizar nuevamente en todos los bautizados la conciencia de la responsabilidad de proclamar el Evangelio: “Es mi intención promover un ‘Mes Misionero Extraordinario’ en octubre de 2019, con el fin de alimentar el ardor de la actividad evangelizadora de la Iglesia ad gentes”, había dicho ya el en el Ángelus del domingo 22 de octubre de 2017, coincidiendo con el DOMUND de aquel año. Posteriormente, en una Asamblea de las Obras Misionales Pontificias, dio las claves de lo que va a ser ahora la referida iniciativa del Santo Padre.

El “Mes Misionero Extraordinario” se propone, por tanto, reavivar en todas las parroquias y comunidades eclesiales la conciencia misionera recordando a todos los fieles cristianos que hemos de vivir en permanente estado de cumplimiento del mandato del Señor: “Id… haced discípulos… enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28,19; cf. Mc 16,15). Porque la palabra “misión” -conviene recordarlo- no se refiere solamente al primer anuncio del Evangelio en los pueblos y culturas carentes de tradición cristiana, sino que hace referencia también a toda actividad promovida por la Iglesia en orden a dar a conocer y a profundizar el mensaje de Jesucristo, incluso entre los bautizados que no progresan en su fe o no viven según las exigencias de la vida cristiana.

Nosotros mismos, cuando hablamos de la “misión” y, sobre todo, de “las misiones”, pensamos casi siempre en África o en Asia sin caer en la cuenta de que también en la vieja Europa y en nuestra España se constata un creciente nivel de olvido de Dios y de la fe cristiana, y por tanto de indiferencia religiosa y de “paganismo” práctico. En este sentido, siendo sinceros, hemos que reconocer que nuestro país está necesitado también, en buena medida, de una amplia y eficaz renovación misionera aunque, a Dios gracias, han surgido también en las últimas décadas movimientos y caminos de verdadera evangelización orientados precisamente a los bautizados que se han olvidado de la fe que recibieron y necesitan volver al seno de la Iglesia.

“El Papa Francisco, se ha dicho, quiere despertar en toda la Iglesia el sentido misionero“. La clave para entender su pontificado es precisamente “la misión” de manera que, cuando ha hablado o habla de “Iglesia en salida”, quiere decir en “salida misionera”, cumpliendo el citado mandato del Señor a todos sus seguidores. Por eso, a pesar del ambiente de decadencia espiritual que a veces se percibe, el Espíritu del Señor sigue actuando. En este sentido el “Mes Misionero”  nos va a venir muy bien a todos. Con mi cordial saludo y bendición:

+Julián López, Obispo de León

 

 

El Santo Rosario, instrumento contra los enemigos de la fe

María Santísima con Santo Domingo y Santa Catalina de Sienadata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

Nuestra Señora dio el Rosario como instrumento muy poderoso para dominar a los enemigos de la fe contrarios al nombre católico

El mes de Octubre ha sido dedicado por la Iglesia a honrar a la Santísima Virgen, muy especialmente con el Santo Rosario.

«Octobri mense», Encíclica de León XIII sobre el Rosario (22-9-1891):

Y hay que creer que la misma Reina celestial añadió gran virtud a esta oración fundada y propagada por el ínclito Patriarca (Santo) Domingo, por inspiración e impulso de la Señora, como bélico instrumento y muy poderoso para dominar a los enemigos de la fe en un período muy contrario al nombre católico y muy semejante a éste que estamos atravesando.

Pues la secta de los herejes albigenses, ya clandestina, ya manifiesta, había invadido muchas regiones; la infecta generación de los maniqueos, cuyos crueles errores reproducía, dirigía contra la Iglesia sus violencias y un odio extremado. Apenas podía ya confiarse en el apoyo de los hombres contra tal perniciosa e insolente turba, hasta que vino Dios con el auxilio oportuno, con la ayuda del Rosario de María. De este modo, con el favor de la Virgen, vencedora gloriosa de todas las herejías, las fuerzas de los impíos quedaron extenuadas y aniquiladas, y la fe salva e incólume.

Simón de Montfort cruzado contra los herejes albigensesdata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

Simón de Montfort fue el gran combatiente contra los herejes albigenses

La historia antigua, lo mismo que la moderna, conmemora con clarísimos documentos, muchos hechos semejantes perpetrados en todas las naciones y bien divulgados, ora sobre peligros ahuyentados, ora sobre beneficios obtenidos. Hay que añadir también a esto el claro argumento de que, tan luego fue instituida la oración del Rosario, la costumbre de recitarla fue adoptada y frecuentada por todos los cristianos indistintamente.

María recompensa el rezo en público del Santo Rosario

Efectivamente, la religión del pueblo cristiano honra con insignes títulos, y de varias maneras por cierto, a la Madre de Dios, que aunque saluda con tantas y tan augustas alabanzas, brilla una que aventaja a todas; siempre tuvo cariño singular a este titulo del Rosario, a este modo de orar, en el que parece que está el símbolo de la fe y el compendio del culto debido a la Señora; y con preferencia lo ha practicado privada y públicamente en el hogar y en la familia, instituyendo congregaciones, dedicando altares y celebrando magníficas procesiones, juzgando que es el mejor medio de celebrar sus solemnidades sagradas o de merecer su patrocinio y sus gracias.

 

 

La vocación matrimonial

Escrito por Carlos Ayxelà

Publicado: 16 Septiembre 2019

Dios bendice la normalidad de la vida familiar y quiere habitar en ella. Un paseo por el libro de Tobías puede ayudar a redescubrirlo

Cuando san Josemaría empezó a hablar de vocación al matrimonio, hace ya casi un siglo, la unión de estos dos conceptos solía generar desconcierto, cuando no hilaridad: como si hablara de un pájaro sin alas o de una rueda cuadrada. «¿Te ríes porque te digo que tienes “vocación matrimonial”? ─Pues la tienes: así, vocación»[1]. En la mentalidad de entonces, y a veces aún en la de hoy, “tener vocación” significaba dejar la normalidad de la vida para poder servir a Dios y a la Iglesia. Dejar de un modo u otro lo habitual, que para la mayor parte de las personas pasa por tener familia, hijos, casa, trabajo, compras, facturas, lavadoras, imprevistos, risas, peleas entre hermanos, tardes en urgencias, sobras en la nevera.

Todo este sinfín de cosas, variado e imprevisible como la vida misma, no solo cabe en esa “rueda cuadrada” de la vocación matrimonial sino que encuentra en ella su mejor versión posible. El «sentido vocacional del matrimonio»[2] parte precisamente de la convicción de que Dios bendice la normalidad de la vida familiar y quiere habitar en ella. «Tú eres el Santo y habitas entre las alabanzas de Israel», dice el salmo que Jesús incoa desde la Cruz (Sal 22,4). Dios, el Santo, quiere vivir en medio de las vidas normalísimas de las familias. Vidas llamadas a convertirse, por el cariño, en alabanzas a Él: en cielo, aun con todos los “defectos de fabricación” de esta sede provisional que es la vida. Por eso, «no dejes ir un día / sin cojerle un secreto, grande o breve. / Sea tu vida alerta / descubrimiento cotidiano. / Por cada miga de pan duro / que te dé Dios, tú dale / el diamante más fresco de tu alma»[3].

Que tengas un buen viaje

Uno descubre que en su vida ha recibido mucho amor y que
está llamado a eso mismo: a dar amor

Aquel joven se reía al oír hablar de vocación matrimonial, pero no pudo evitar quedarse pensativo. La “provocación” iba acompañada, por lo demás, de un consejo: «Encomiéndate a San Rafael, para que te conduzca castamente hasta el fin del camino, como a Tobías»[4]. Aludía así san Josemaría al único relato de la Biblia que habla de este Arcángel, por quien tenía un especial cariño; tanto, que le confió desde muy pronto su apostolado con los jóvenes[5]. «Es encantador el libro de Tobías»[6], decía una vez. Aunque todo el relato del libro gira en torno a un viaje, de hecho nos permite entrar de lleno en la vida de dos hogares, y asistir al nacimiento de un tercero. E incluso el viaje mismo participa de ese ambiente casero, con un detalle que no ha pasado desapercibido a los artistas a lo largo de los siglos: este libro es también el único lugar de la Escritura en el que aparece un perro doméstico, que acompaña a Tobías y a san Rafael de inicio a fin de su periplo (cfr. Tb 6,1; 11,4).

Al marcharse Tobías, su padre lo bendice con estas palabras: «Que el Dios del cielo os proteja y devuelva sanos. Que su ángel os acompañe y proteja» (Tb 5,17). San Josemaría las parafraseaba al dar su bendición a quienes emprendían un viaje: «que el Señor esté en tu camino, y su ángel te acompañe»[7]. Y viaje ─el verdadero viaje, el más decisivo─ es el camino de la vida, por el que caminan juntos quienes se entregan mutuamente en el matrimonio, respondiendo a un sueño de Dios que se remonta al origen del mundo[8]. Qué necesario es, pues, descubrir a los jóvenes, y redescubrir también a la vuelta de muchos años de viaje, «la belleza de la vocación a formar una familia cristiana»[9]: la llamada a una santidad que no es de segunda, sino de primera.

Cuando verdaderamente empieza la vida

La vocación personal despierta con un descubrimiento sencillo pero cargado de consecuencias: la convicción de que el sentido, la verdad de nuestra vida, no consiste en vivir para nosotros mismos, para nuestras cosas, sino para los demás. Uno descubre que en su vida ha recibido mucho amor y que está llamado a eso mismo: a dar amor. Y que solo así se encontrará verdaderamente a sí mismo. Dar amor, no simplemente en los ratos libres, como para tranquilizar la conciencia: convertir el amor en nuestro proyecto vital, en el centro de gravedad de todos los demás proyectos (los que logren quedarse en órbita).

Antes y después de su matrimonio con Sara, el joven Tobías recibe varios consejos en esa dirección: son llamadas a lo más noble que hay en él. Su padre Tobit, que le envía de viaje para procurarle un dinero de cara al futuro (cfr. Tb 4,2), se preocupa por transmitirle en primer lugar su herencia más importante; lo que él ha valorado más en su vida: «Respeta a tu madre, no la abandones mientras viva. Complácela, no entristezcas nunca su corazón (...). Guárdate, hijo, de la fornicación (…). Si algo te sobra, dalo con generosidad al pobre, y que tu ojo no mire cuando des limosna (...). Alaba al Señor Dios en todo tiempo, ruégale que oriente tu conducta. Así tendrás éxito en tus empresas y proyectos» (Tb 4,3-19). Semanas más tarde, Tobías, recién casado, emprende el camino de vuelta a la casa de sus padres, y su nueva suegra Edna se despide así de él: «Delante del Señor te confío a mi hija. No le hagas daño jamás. Ve en paz, hijo. Desde ahora soy tu madre y Sara tu mujer» (Tb 10,13).

«No entristezcas su corazón (…). No le hagas daño jamás». Dios llama a los esposos a protegerse, a cuidarse, a desvivirse: ahí radica el secreto de su realización personal, que precisamente por eso no puede ser solo autorealización. Vivir, en toda la profundidad del término, significa dar vida. Así vivió Jesús: «yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). Así vivieron también San José y Santa María, con el amor más sencillo, tierno y delicado que habrá existido sobre la tierra, cuidando el uno del otro, y cuidando sobre todo de la Vida hecha carne. Y así quiere Dios que vivamos sus discípulos, para que allí donde estemos irradiemos su alegría, sus ganas de vivir. Ese es el núcleo del sentido de misión cristiano.

Vivir significa dar vida. Así vivió Jesús. Así
vivieron san José y santa María

«Nuestras ciudades ─dice el Papa Francisco─ se han desertificado por falta de amor, por falta de sonrisas. Muchas diversiones, muchas, muchas cosas para perder el tiempo, para hacer reír, pero falta el amor. Y es especialmente la familia, y es ¡especialmente la familia! aquel papá, aquella mamá que trabajan y con los niños… La sonrisa de una familia es capaz de vencer esta desertificación de nuestras ciudades, y esta es la victoria del amor de la familia. Ninguna ingeniería económica y política es capaz de reemplazar esta aportación de las familias. El proyecto de Babel edifica rascacielos sin vida. El Espíritu de Dios, en cambio, hace florecer los desiertos»[10].

Vivir significa dar vida. Este descubrimiento, que puede darse ya en la adolescencia, pero que a veces no llega hasta muy tarde, marca el verdadero paso de la infancia a la madurez humana. Se podría decir que solo entonces uno empieza a ser verdaderamente persona; que solo entonces empieza verdaderamente la vida. Porque «vivir es desear más, siempre más; desear, no por apetito, sino por ilusión. La ilusión, ésta es la señal de vida; amar, esto es la vida. Amar hasta el punto de poder darse por lo amado. Poder olvidarse de sí mismo, esto es ser uno mismo; poder morir por algo, esto es vivir. El que sólo piensa en sí no es nadie, está vacío; el que no es capaz de sentir el gusto de morir, es que ya está muerto. Sólo el que puede sentirlo, el que puede olvidarse a sí mismo, el que puede darse, el que ama, en una palabra, está vivo. Y entonces no tiene sino que echar a andar»[11].

El alcance de un sí

Desde esta luz, la vocación matrimonial aparece como algo bien distinto de «un impulso hacia la propia satisfacción, o un mero recurso para completar egoístamente la propia personalidad»[12]. Sin duda, la personalidad solo se despliega verdaderamente cuando uno es capaz de entregarse a otra persona. La vida matrimonial, además, es fuente de muchas satisfacciones y alegrías; pero a nadie se le escapa que trae consigo también problemas, exigencias, decepciones. No se le escapa a nadie y, sin embargo, qué facil es “escaparse” de esa cara menos bonita del amor: qué facil es desdeñar las migas de pan duro.

Un contraste puede ayudar a considerarlo. Por un lado, la perfección sin tacha de ciertas celebraciones de bodas, estudiadas hasta el último milímetro para dar toda la solemnidad posible a un evento único en la vida, y quizá también para afianzar el prestigio social de la familia. Por otro, el desencanto y el descuido que fácilmente pueden filtrarse a la vuelta de los meses o de los años, ante la imperfección de la vida familiar en su despliegue cotidiano: cuando surgen problemas, cuando se descubren los defectos de la otra persona, y uno y otro parecen incapaces de hablar, de escucharse, de curar heridas, de derrochar cariño. Puede nublarse entonces el «sentido vocacional del matrimonio», por el que se sabían llamados a dar lo que son… a ser padre, madre, marido, mujer… de vocación. Y qué lástima entonces: una familia a la que Dios querría feliz, aun en medio de las dificultades, se queda solo a medio camino, “aguantando”. La novedad que estaba queriendo nacer en el mundo con su amor mutuo, con su hogar… la novedad, la verdadera vida, parece entonces estar en otra parte. Y sin embargo está a la vuelta de la esquina, aunque la esquina esté algo desconchada, como acaba por sucederle a cualquier esquina, que simplemente está pidiendo un poco de cariño y atención.

El día en que un hombre y una mujer se casan, responden «sí» a la pregunta acerca de su amor recíproco. Sin embargo, la verdadera respuesta llega solo con la vida: la respuesta se debe encarnar, se debe hacer a fuego lento en el “para siempre” de ese sí mutuo. «Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes. No importa lo que diga, no importa con qué palabras y con qué argumentos trate de defenderse. Al final, al final de todo, uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida (…): ¿Quién eres?… ¿Qué has querido de verdad? (…) Uno al final responde con su vida entera»[13]. Y ese sí de la vida entera, conquistado una y otra vez, se va volviendo cada vez más profundo y auténtico: va transformando la inevitable ingenuidad de los inicios en una inocencia lúcida, pero sin cinismo; en un «sí, cariño» que sabe, pero que ama.

"La sonrisa de una familia es capaz de vencer la
desertificación de nuestras ciudades" (Papa Francisco)

La profundidad de este sí, irrenunciable para encontrarse de verdad con el amor, es también el motivo por el que la Iglesia persiste a contracorriente en su enseñanza acerca del noviazgo y de la apertura de los esposos a la vida. Aunque esto le valga las críticas de trasnochada y severa, insiste con paciencia porque sabe que Dios la llama a custodiar el amor personal, especialmente en su «lugar nativo»[14]. La Iglesia no defiende con esto una verdad abstracta, como de manual: más bien protege la verdad concreta de las vidas, de las familias; protege las relaciones entre las personas de la verdadera enfermedad mortal… un veneno que se filtra sutilmente, vestido al inicio de romance y de triunfo, hasta desenmascararse de golpe, quizá a la vuelta de los años, como una jaula insoportable, sobre todo si se ha apoderado de los dos: el egoísmo.

Hay, sí, una aparente magnanimidad y alegría de vivir en quien se dice sin más: «voy a gozar todo lo que pueda de mi cuerpo y de quien quiera disfrutar conmigo». Es un modo de ver la vida en el que se oye como un eco del Génesis: la juventud es una fruta sabrosa… ¿por qué no habría de comerla? ¿por qué querría Dios quitarme esa dulzura de la boca? (cfr. Gn 3,2.6). Los jóvenes cristianos no son de cartón: sienten ese mismo atractivo, pero adivinan algo de espejismo; quieren ver con más profundidad. Con su esfuerzo por guardar puro su amor, o por reconquistar la inocencia que quizá perdieron, se preparan para amar sin poseer al otro, para amar sin consumir. De un modo u otro, se preguntan: «¿con quién voy a compartir estas ganas de vivir que noto bullir dentro de mí? ¿es realmente esta la persona? ¿de verdad nos vamos a querer, o solo nos deseamos?». Saben que con su cuerpo van a dar también su corazón, su persona, su libertad. Saben que todo eso solo cabe realmente dentro de un “sí para siempre”; saben que ni ellos ni nadie valen menos que un sí “sin términos y condiciones”; y que a falta de una decisión así no están preparados para hacer ese regalo, ni lo están los demás para recibirlo: sería un regalo que los dejaría vacíos por dentro, aunque solo lo descubrieran con el paso del tiempo.

La misma “lógica” de fondo late en la vocación del célibe, que también ama a Dios con su cuerpo, porque se lo entrega día a día. Sí, matrimonio y celibato se iluminan y se necesitan mutuamente, porque ambos irradian la lógica de una gratuidad que solo se entiende desde Dios, desde la imagen de sí que Dios ha puesto en nosotros, por la que nos sabemos un don, vemos en los demás un don, y nos sabemos llamados a dar vida: a los padres, a los hijos, a los abuelos, a todos.

Cuando Jesús revela esta profundidad del amor, sus discípulos se quedan perplejos, hasta el punto de que tiene que decirles: «No todos entienden esto; solo los que han recibido ese don» (Mt 19,11). Los jóvenes y los padres cristianos, aunque a veces puedan percibir incomprensión a su alrededor, deben saber que en el fondo muchos los admiran, aunque a veces no sepan muy bien por qué. Los admiran porque con su amor sincero están irradiando la alegría y la libertad del amor de Dios, que laten «con gemidos inefables» (Rm 8,26) en los corazones de cada hombre y de cada mujer.

Corazón que no quiera sufrir dolores

El nombre de Rafael significa «Dios cura», es decir, «Dios cuida». La intervención del Arcángel en la historia compartida de Tobit, Ana, Tobías y Sara presenta de modo visible una realidad habitualmente imperceptible: la protección de Dios sobre las familias, la importancia que Él da a que salgan adelante felices (cfr. Tb 12,11-15). Dios quiere estar cerca de nosotros, aunque a veces no le dejemos, porque no queremos verdaderamente tenerle cerca. En la historia del hijo pródigo, que se fue «a un país lejano» (Lc 15,13), podemos reconocer no solo historias individuales, sino también historias sociales y culturales: un mundo que se aleja de Dios y que se convierte así en un entorno hostil, en el que muchas familias sufren, y a veces naufragan. Con todo, como el padre de la parábola, Dios no se cansa de esperar, y siempre acaba dando con el modo de habitar esas realidades, a veces trágicas, volviendo al encuentro de cada persona, aunque sean muchas las heridas que curar.

La Iglesia protege las relaciones entre las personas
de la verdadera enfermedad mortal, el egoísmo

También el libro de Tobías nos muestra cómo la cercanía y la solicitud de Dios por las familias no significa un amparo de toda dificultad, interna y externa. Tobit, por ejemplo, es un hombre íntegro, incluso heroico, y sin embargo, Dios permite que se quede ciego (cfr. Tb 2,10). Su mujer tiene entonces que conseguir ingresos para la familia, y sucede que en una ocasión le regalan, con la paga, un cabrito. Tobit, quizá desde un humor algo avinagrado por su minusvalía, cree que su mujer lo ha robado, y desata así, sin querer, una tormenta doméstica. Nos lo cuenta él en primera persona: «No la creí y, avergonzado por su comportamiento, insistí en que lo devolviera a su dueño. Entonces ella me replicó: “¿Donde están tus limosnas y buenas obras? Ya ves de qué te han servido”» (Tb 2,14). Ante la dureza de esta respuesta, Tobit se queda «con el alma llena de tristeza»; se pone entonces a rezar entre sollozos, y pide a Dios que le lleve consigo (cfr. Tb 3,1-6).

Con todo, Tobit sigue esforzándose por contentar a su mujer, aunque no siempre lo logre. Así, por ejemplo, cuando Tobías está ya emprendiendo su camino de regreso, felizmente casado y con el dinero que su padre le había encargado recuperar, su madre Ana, que desde el inicio era contraria a la idea del viaje, se teme lo peor: «Mi hijo ha muerto. Mi hijo ya no vive (…). ¡Ay de mí, hijo, luz de mis ojos! ¿Por qué te dejaría marchar?». Tobit, que también está preocupado, intenta calmarla: «¡Calla!, mujer, no te preocupes. Seguro que está bien. Habrán tenido que retrasarse. Pero su compañero es hombre de confianza y pariente nuestro. No te inquietes por él, mujer, que volverá pronto». Sin embargo, sus razones no surten efecto. «¡Déjame! No me vengas con engaños. Mi hijo ha muerto», responde Ana. Con todo, en una incoherencia muy maternal, sigue secretamente esperando su regreso: «día tras día se asomaba al camino por donde su hijo había marchado. No hacía caso a nadie. Cuando se ponía el sol, volvía a casa y pasaba las noches sin poder dormir, lamentándose y llorando» (Tb 10,1-7).

Conmueve ver que, a distancia de milenios, los problemas cotidianos de las familias no han cambiado demasiado. Incomprensiones, faltas de comunicación, angustias por los hijos… «Tendría un pobre concepto del matrimonio y del cariño humano quien pensara que, al tropezar con esas dificultades, el amor y el contento se acaban»[15]. El enamoramiento inicial ─esa fuerza que lleva a ilusionarse con el proyecto de formar una familia─ tiende a dejar casi todos los defectos del otro en un ángulo muerto. Pero bastan unas semanas de convivencia constante para darse cuenta de que nadie llegó perfecto al día de la boda, y por eso la vida matrimonial es un camino de conversión en tándem, en equipo. Con tal de que marido y mujer se sigan dando cada día una nueva oportunidad, los corazones de uno y otro se irán haciendo cada vez más bellos, aunque se mantengan, en incluso cristalicen, algunos de sus límites.

Dice una antigua canción: «Corazón que no quiera sufrir dolores, pase la vida entera libre de amores»[16]. En efecto, «amar, de cualquier manera, es ser vulnerable. Basta con que amemos algo para que nuestro corazón, con seguridad, se retuerza y, posiblemente, se rompa. Si uno quiere estar seguro de mantenerlo intacto, no debe dar su corazón a nadie, ni siquiera a un animal. Hay que rodearlo cuidadosamente de caprichos y de pequeños lujos; evitar todo compromiso; guardarlo a buen recaudo bajo llave en el cofre o en el ataúd de nuestro egoísmo»[17]. Ciertamente, no sucede a los matrimonios como a Tobías y Sara, que tienen que enfrentar un peligro de muerte en su primera noche de bodas, por la acción de un mal espíritu (cfr. Tb 6,14-15; 7,11). Sin embargo, el demonio del egoísmo ─enfermedad mortal─ atenaza constantemente a todas las familias, con la tentación de «convertir en montañas» lo que no son más que «menudos roces sin importancia»[18].

"Reñir, siempre que no sea muy frecuente, es también una
manifestación de amor, casi una necesidad" (San Josemaría)

Por eso, qué importante es que marido y mujer hablen con claridad, aunque se trate de cosas fuertes, para evitar que cada uno se vaya atrincherando poco a poco detrás de un muro: para reconstruir una y otra vez los sentimientos que hacen posible el amor. Dice san Josemaría que «reñir, siempre que no sea muy frecuente, es también una manifestación de amor, casi una necesidad» de los esposos[19]. El agua tiene que correr, porque cuando se estanca se pudre. Qué importante es también por eso que los padres «encuentren tiempo para estar con sus hijos y hablar con ellos, (...) [para] reconocer la parte de verdad ─o la verdad entera─ que pueda haber en algunas de sus rebeldías»[20]. Hablar, pues, y convivir: entre marido y mujer, entre padres e hijos.

Y hablar, sobre todo, con Dios, para que pueda darnos sus luces: «Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (Sal 119,105). Aunque el relato bíblico no alcanza a mostrarnos los desencuentros de Tobías y Sara, podemos imaginar que los tendrían, como Tobit y Ana, y como todas las familias. Pero también podemos imaginarlos muy unidos hasta el final de sus vidas, porque vemos nacer y crecer su matrimonio en la intimidad con Dios. «Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por siempre ─rezan en su noche de bodas─. Ten misericordia de nosotros y haz que lleguemos juntos a la vejez» (Tb 8,7).

* * *

San Juan Pablo II, «el Papa de la familia»[21], comparaba una vez el amor esponsal del Cantar de los Cantares con el amor de Tobías y Sara. Los esposos del Cantar, decía, «declaran mutuamente, con palabras fogosas, su amor humano. Los nuevos esposos del libro de Tobías piden a Dios saber responder al amor»[22]. Al acercar estos dos retratos del amor matrimonial, quería suscitar la pregunta: ¿cuál de los dos lo refleja mejor? La respuesta es sencilla: ambos. El día en que dos corazones se encuentran, su vocación adquiere un rostro fresco y joven, como el de los esposos del Cantar. Pero ese rostro recupera su juventud cada vez que, a lo largo de la vida, uno y otro acogen de nuevo su llamada a responder al amor. Y entonces, sí, ese amor es fuerte como la muerte[23].

Carlos Ayxelà

 

 

¿Es importante leer el Evangelio?

Un cristiano no puede vivir sin el Evangelio. El Evangelio es la mayor herencia que jamás te hayan dejado

Por: P. Clemente González

Cierra los ojos. Pero apriétalos bien. Luego, vete a un lugar desconocido y empieza a correr sin abrirlos. Eso es la vida sin el Evangelio. ¿No lo pensabas así? Pues quita el Evangelio y el alma se te seca, la vida se apaga y la esperanza queda en números rojos. Sin el evangelio el alma es ciega y la vida un ascensor sin cable. Un cristiano no puede vivir sin el Evangelio. Pretender vivir una vida plena y feliz rechazando el Evangelio es como querer terminar un puzzle con las piezas de otro o ir al cine cuando ya terminó la película.

De hecho, en este estado de confusión y desencanto estaba el mundo en tiempos de Juan Bautista. Pero vino Jesucristo y lo remedió. Jesús sazonó el mundo. Trajo la vida, trajo la luz, el agua, la sal y el alimento para el alma. Y cuando hubo arreglado todo... lanzó un mensaje. Pidió que sus amigos y discípulos lo predicaran esperando que algún día llegara hasta ti. Les decía; “Anunciad el... ¡el Evangelio!”. Y lo hicieron. Primero lo vivieron con él, luego lo predicaron y, un poco más tarde, también lo escribieron. Por eso el Evangelio es en realidad el mensaje de Jesús. Mensaje que te llega de oídas, a través de otros (tradición), pero también lo puedes leer (aunque en el fondo, los evangelios no son ni para leer ni para escuchar, ¡son para “vivir”!).

Porque esto es el Evangelio. Dios estaba cansado de que no le encontrásemos y se reveló. Se acabó el juego del escondite. Dios se hizo conocer, tocar, amar (y también odiar), en Jesús. Dijo todo lo que tenía que decir y se aseguró de que quedase por escrito escogiendo él mismo a sus discípulos. Así que cuando abres el Evangelio aprendes cómo es Dios contigo, qué espera de ti, cómo te ha salvado y, también, por qué lo hizo. Pero también aprendes cómo eres tú, cómo puedes responderle a Dios, qué espera Él de ti y para qué te ha puesto sobre esta tierra. El Evangelio no es un libro de referencia ni un manual de instrucciones. El Evangelio es la mayor herencia que jamás te hayan dejado (quizás aún por estrenar y descubrir). Pero ante todo el Evangelio es Cristo, Cristo mismo que alarga sus brazos hasta tocarte para dejar en tu corazón una carta de amor escrita por quien mejor te conoce, y firmada con la sangre de un enamorado... la del mismo Dios. ¿Puede esto no ser importante?

El Evangelio debe ser un punto de referencia constante pues en él Cristo nos da ejemplo de como vivir nuestra vida cristiana y además en él se encuentran todas sus enseñanzas, mandatos y palabras. Otro punto es que es allí donde conocemos a Cristo: su persona y su doctrina.

 

 

Nos quieren conformar. Y yo no me conformo

Escrito por José Iribas

Publicado: 06 Septiembre 2019

Piensa en cómo vivimos hoy, en cómo alguna gente que va de “relativista” pretende imponernos sus dogmas, empezando por el del relativismo…

¿Sabes quién era Asch? ¡Sí, hombre, Solomon Asch!

Yo, hasta hace poco, no. Lo confieso. Pero me lo encontré. Es un decir: di con él en la web.

Te hablo de este prestigioso profesional cuando en realidad quiero hablarte de ti, del otro, de aquel, de mí: de la sociedad en que vivimos. De algo que tiene que ver con la “psicología social”.

La psicología social busca, entre otras cuestiones, conocer cómo influye la presencia de otras personas en nuestros actos. Y ahí voy.

Al niño de El traje nuevo del Emperador, esa presencia no le condicionó de ninguna manera: ante una multitud, ni corto ni perezoso, soltó por su linda boca lo que todos veían, pero todos callaban: el emperador se paseaba en cueros. Mientras, los demás asumían que lo hacía cubierto con hermosísimos ropajes. ¿Quién iba a osar ponerle el cascabel al gato? Se suele afirmar que solo los niños y los locos dicen las verdades…

« A lo que íbamos: que Solomon Asch fue un pionero de la psicología social

Y allá por los años cincuenta del pasado siglo, llevó a cabo una serie de experimentos.

Experimentos que demostraron significativamente el poder de la conformidad en los colectivos.

Si hubiese vivido ahora, seguramente no le habría hecho falta ─por evidente─ llevar a cabo lo que te voy a relatar:

Uno de sus experimentos fue pedir a varios grupos de estudiantes (unas siete personas por equipo) que participaran en una supuesta “prueba de visión”.

Todos los seleccionados excepto uno de los participantes de cada grupo (el sujeto crítico) eran cómplices del experimentador, actores.

El experimento consistía en ver cómo el estudiante que ignoraba todo lo tramado reaccionaba frente al comportamiento de todos los demás.

Se trataba de comprobar las condiciones que inducen a una persona a mantener un criterio propio o a someterse a las presiones de grupo incluso cuando sus planteamientos (los del colectivo) son contrarios a la realidad.

A todos los participantes se les pidió que dijeran si, a su juicio, la longitud de varias líneas trazadas en un folio era idéntica o unas eran más largas que otras. Fácil.

A los seis “cómplices” de cada equipo se les había preparado en secreto para dar unas respuestas concretas: Al principio, debían contestar lo que era cierto, pero después habían de ir haciéndolo de forma errónea.

Esto provocaba que la persona sobre cuya conducta se estaba experimentando (sin que él lo supiera) y a la que se le hacía dar su opinión en último lugar fuera sintiendo un importante malestar o incomodidad al tener que discrepar; y acabara optando por dar la respuesta de todos los demás, la mayoritaria: la incorrecta.

Así ocurrió en más de una tercera parte de las veces… aunque curiosamente solo cuando los cómplices estaban presentes y se enteraban de lo que contestaba.

La prueba se llevó a cabo en distintos grupos para valorar la reacción del estudiante analizado. Se trataba, con todo ello, de responder a la siguiente cuestión: ¿qué contestaríamos si todos los otros participantes eligieran unánimemente otra opción?

El experimento de Asch aportó evidencia empírica a las teorías sobre el comportamiento de masas y el conformismo del grupo: este puede influenciar a sus miembros (ya sea porque los minoritarios se sienten presionados por el criterio de la mayoría, ya porque dudan del suyo propio) y hacerles cambiar su criterio personal.

Más de un tercio de individuos, ante un hecho objetivo, claro, evidente (la longitud de unas líneas) no se atrevió a discrepar. Discrepar: ¡qué tremendo! Sobre algo tan vital como si una línea era igual o más larga que la otra: ¡qué terrible!

 

 

« Piensa en cómo vivimos hoy

En cómo alguna gente que va de “relativista” pretende imponernos sus dogmas ─empezando por el del relativismo…

Comienzan, a veces, de forma subliminal.

Intentan “hacerse hueco”, más de una vez de manera victimista.

Y siempre concluyen, si es preciso, de forma imperativa y dogmática: las “cosas” son como ellos las dicen o las escriben. Y punto. Y si te atreves a disentir, eres o un radical o un “…fobo” de lo que sea. Porque ellos son los que ponen las etiquetas. Y, en su caso, hasta las sanciones. Normalmente se creen provistos ─o incluso presumen─ de una superioridad moral de la que carecen.

Imagínate cómo “tragan” algunas personas en esta sociedad tan políticamente correcta cuando, en lugar de plantearles si las líneas trazadas son más o menos largas, lo que se les plantea desde una posición dominante es algo más complejo; más filosófico; o “más discutible”.

Se lo comen todo: indiscutiblemente. Y algunos incluso dan las gracias a quien les sirve el menú. Porque esas son “las lentejas”. Vaya especie de síndrome de Estocolmo

« No me conformo

Hoy quería escribirte por eso.

Y porque estoy convencido de que, día sí, día también, te ves ─como yo─ en esas tesituras.

Y te animo a que seas tú mismo. No yo: tú. Como señalaba Oscar Wilde: Sé tú mismo. Los demás puestos ya están ocupados.

Apuesto por el pensamiento crítico; por la libertad. También por la de discrepar. No me gustan los rebaños de ovejas mas que en el monte o en el corral. No podemos ni aborregarnos ni aburguesarnos.

No es la primera ocasión en que escribo sobre esto.

Quizás te sirva ojear estos posts de Dame tres minutos:

Sé libre. Vive.

¿Te atreves a nadar a contracorriente?

La manipulación del lenguaje: cómo engañar a tu cerebro.

E incluso… Educación y posverdad.

Ya que he citado a Wilde, concluyo con otra frase célebre suya: Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar.

Post Data.- Por cierto, tengo un amigo que me suele repetir: ─José, a estas alturas, yo no busco un partido político que piense como yo; busco uno que me deje pensar como me dé la gana.

¿Me ayudas a difundir?

¡Muchas gracias!

José Iribas, en dametresminutos.wordpress.com.

 

 

Nuevo librito en camino: "La Familia ante el desafío de la ideología de género"

A las 4:10 AM, por Leandro Bonnin

Bueno, octubre me inspira, así que me largué nomás a escribir mi “librito” sobre “LA FAMILIA ANTE EL DESAFÍO DE LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO".

Les pido que recen por mí, para que lo pueda hacer bien y pronto.

Les dejo la introducción, espero que a muchos les dé ganas de leerlo.

Presentación

EL CAMINO ES EL AMOR

En mi adolescencia me gustaba mucho cantar, y al haber transitado esa etapa en grupos juveniles –y luego el seminario-, mi memoria está poblada de letras y melodías hermosas, cargadas de sentido, cuya hondura sólo años después logré desentrañar.

Una de las canciones que más me atraía y sigue atrayendo es aquella que al finalizar cada estrofa decía: “LO SABEMOS, EL CAMINO ES EL AMOR”. Una y otra vez se repetía esa frase, en tonos menores y mayores, como para que quedara claro.

Pues bien: el presente librito sobre el tema LA FAMILIA ANTE EL DESAFÍO DE LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO es fruto de una serie de charlas que vengo dando desde hace un año aproximadamente. A lo largo de estos meses el Señor me fue mostrando que si bien la batalla en la que estamos inmersos es una batalla real, es dura y es decisiva –está en juego la felicidad y la salvación eterna de las futuras generaciones- no debía olvidarme de algo esencial: “EL CAMINO ES EL AMOR”

Esta afirmación quiere ser –como imitando la armadura de clave al principio de una partitura partitura- la definición del sentido y el tono de este escrito, así como señalar lo que anhelo pueda suceder en cada lector: que logremos amar más y mejor, a Dios, a nuestra familia, a nuestra Patria, e incluso a quienes hoy están en el error. Escribo por amor también a ellos, con la certeza de que muchos quizá nunca han experimentado o descubierto el verdadero amor.

No esperes encontrar, entonces, en esta obrita, burlas, ridiculizaciones, y ni siquiera juicios temerarios ni menos aún calumnias. En la batalla cultural tenemos enemigos, que quieren imponer exactamente lo contrario que nosotros, pero a ellos, a cada uno, Jesús nos invita a amarlos: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a quienes los persiguen”

“EL AMOR SE REGOCIJA CON LA VERDAD”

En el memorable capítulo 13 de la Primera Corintios, se nos insiste en la centralidad del amor con acento inequívoco. Resuenan con fuerza en mi interior cada vez que lo leo aquellas palabras de Pablo: “Si no tengo amor, no soy nada” ¡No soy nada!

Sin embargo, se me había pasado por alto muchas veces una expresión que hace poco tiempo redescubrí: “El amor se regocija con la verdad”.

En esta frase encontramos unidas dos realidades vitales, que atraviesan nuestra existencia cotidiana: amor y verdad. Realidades que no siempre sabemos unir: decimos la verdad sin amor, o amamos renunciando a la verdad.

Si el amor se regocija con la verdad, podemos decir también que “el amor se entristece con el error y la mentira”.

Y si el mismo San Pablo nos invita a “estar siempre alegres”, está claro que no hay verdadera alegría fuera de la verdad. Y que si queremos ser servidores de la alegría de nuestros hermanos, hemos de analizar y denunciar el error, y hemos de desenmascarar la mentira.

Al combatir el error, y especialmente el error funesto de una falsa antropología, estoy seguro de estar haciendo un servicio a la libertad de las personas. Jesús nos ha dejado una expresión perfecta de la unión de estos aspectos: “Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Jn 8, 31-32)

La Antropología que proponen quienes difunden la perspectiva de género se presenta como si fuera liberadora. Pero al ser errónea, y al contener también omisiones que no pueden ser involuntarias, acaba –como toda falsa antropología- sumergiendo al hombre en nuevas y peores esclavitudes.

UN CAMINO ABIERTO

Tal vez te parezca que mis aspiraciones son demasiado elevadas. Espero estar a la altura del propósito inicial, y lo haré recorriendo un camino que tendrá los siguientes pasos.

1. Cómo es la antropología de género

2. ¿Antropología, perspectiva o ideología?

3. Origen de la ideología de género: filosofía, pseudociencia, feminismo, geopolítica… El nuevo orden mundial.

4. Las fases del proceso de reingeniería social en Argentina.

5. Las verdades enloquecidas de la Antropología de género.

6. Crítica desde la filosofía, la medicina, la psicología y la política.

7. “Los creó varón y mujer”: la antropología bíblica y su actualidad.

8. La actitud cristiana ante quienes experimentan atracción al mismo sexo.

9. ¿Qué podemos hacer? Pistas educativas, cívicas y espirituales.

A lo largo del escrito citaré diversos autores que son fuente de muchas de mis afirmaciones. No obstante, no quiero poner en tus manos una obra científica y de difícil lectura. Muchas veces citaré afirmaciones –todas chequeadas- de diferentes pensadores, pero será tarea tuya buscar el lugar exacto en sus obras.

COMPRENDER LA FRAGILIDAD HUMANA, ABRAZAR LA COMPLEJIDAD DE LA VIDA

La frase es del Papa Francisco en la exhortación “Amoris Laetitiae”, y si bien hablé del amor al inicio, quisiera concretar aún más esta dimensión.

Este librito no está escrito en contra de las personas que sienten atracción hacia su mismo sexo, o que tienen confusión o dudas sobre su identidad sexual. No está escrito en contra de quienes han elegido ese estilo de vida.

Conozco a muchos hermanos que viven en alguna de esas circunstancias, y he encontrado en muchos de ellos personas hermosas, llenas de vida, solidarias, talentosas, que hacen de su vida un don para los demás. Muchos experimentan sufrimiento por los sentimientos que los habitan, en algunos hay historias de dolor tremendas.

Tengo la satisfacción personal –como, estoy seguro, la tienen la inmensa mayoría de mis hermanos sacerdotes- de no haber maltratado, estigmatizado, ofendido ni discriminado a nadie por su condición o estilo de vida. No soy homófobo, ni propongo la criminalización de la homosexualidad, ni propongo un discurso de odio.

Pero tengo también la satisfacción de haber intentado siempre –y seguiré haciéndolo- mostrarles el camino hacia Jesús, y anunciarles la Buena nueva sobre el amor humano y la sexualidad, convencido de que ese es el camino de plenitud.

Sería feliz si alguno de ellos encontrara en estas páginas motivos para mirar el futuro con esperanza, con la certeza de que el Amor de Dios, su Bondad infinita, los espera en el Paraíso.

A María, a quien veneramos como “Madre del Amor Hermoso”, nos alcance vivir la verdad en el amor, y el amor en la verdad.

Padre Leandro Bonnin

 

 

Sobre la ideología de género

Hay que agradecer a la Fundación Villacisneros que haya organizado un ciclo de conferencias sobre una de las cuestiones más relevantes del momento actual, la ideología de género. Diversos especialistas, en un acto público celebrado en Madrid, han puesto en evidencia la falsedad de las bases sobre las que se asienta este proyecto social y cultural y los efectos perniciosos que puede producir en la vida de las personas.

Cabe recordar que la ideología de género parte de la hipótesis de que la biología es irrelevante, que no existe el sexo sino el género, y se ha convertido en la bandera de referencia no sólo del feminismo más ideológico sino de las políticas basadas en la ingeniería social.

Como ha señalado la Vicerrectora de la Universidad Francisco de Vitoria, María Lacalle, al eliminar cualquier referencia sexual distintiva entre el hombre y la mujer, lo que se provoca es una confusión en los individuos que produce sufrimiento y conduce a la destrucción de la sexualidad.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Preocupación afectuosa

Hoy las familias más necesitadas de tolerancia son las que protestan por el adoctrinamiento sexual. "Señor alcalde de South Bend (Indiana), casado con un hombre,  es hipócrita quejarse de 'políticas que le perjudican a usted o a su familia', cuando los de su lado presionan para aumentar el grado de intrusión del Estado en la relación entre padre e hijos hasta los ámbitos más íntimos".

Ana Samuel, casada y madre de seis hijos, sale al paso del desdén de Buttigieg por la cortesía de los partidarios del matrimonio de siempre hacia los homosexuales. Le explica que esa amabilidad no es algo impostado, sino que nace de la convicción de que todos los seres humanos son merecedores del mismo respeto. "Las madres tendemos a preocuparnos enérgicamente por el bienestar de todos los niños, con independencia de cuál sea su origen o circunstancia familiar. También tendemos a cuidar con decisión a cada persona LGTB, reconociendo nuestra humanidad común, incluso cuando no estamos de acuerdo con su estilo de vida".

Pero esa preocupación afectuosa por los homosexuales, sobre todo por los que sufren cualquier forma de acoso, no significa que deban aprobar sus ideas. "Así que, por favor, deje de excluirnos de la conversación con el recurso intelectualmente deshonesto de insinuar o decir que somos unos intolerantes. (...) Estamos encantadas de trabajar codo con codo con ustedes, de tenerlos como entrenadores, vecinos y amigos, pero no crucen la línea de decirnos qué valores sexuales estamos obligadas a apreciar y mantener".

Pedro García

 

 

Los permisos paternales

Sin embargo, el efecto que producen los permisos paternales, cuando la madre los necesita, para la familia es grande. Ahora el padre puede apoyar a la madre en la temporada siguiente al parto, más delicada para ella, justo cuando tiene especial necesidad: por ejemplo, porque está cansada o debe acudir al médico. De esta forma puede evitarle o aliviarle la soledad y la ansiedad que están relacionadas con la depresión posparto.

En concreto, entre las madres que han dado a luz tras la reforma, han bajado un 14% las consultas médicas por complicaciones; un 11%, la prescripción de antibióticos, y un 26%, la de ansiolíticos. Esos son los promedios; el descenso es mayor durante los primeros tres meses o si la madre tiene afecciones anteriores al parto.

Las autoras concluyen que la reforma exhibe un rendimiento muy alto: a cambio de un ligero aumento de ausencias del trabajo no programadas entre los padres, la salud de las madres ha mejorado claramente.

De ahí Persson y Rossin-Slater extraen una conclusión. El efecto del sistema actual se debe no tanto al aumento del permiso disponible para los padres en el primer año, cuanto a la flexibilidad para hacer uso de él. Las políticas como la anterior sueca o las vigentes en muchos países, con periodos relativamente largos de permiso exclusivo para el padre, pretenden reforzar la vinculación de este con el niño y la corresponsabilidad en el trabajo del hogar. Pero, al no facilitarle estar en casa en los momentos en que la madre reciente es más vulnerable, pueden contribuir indirectamente a que ella esté peor de salud o se recupere con más dificultad.

Jesús Martínez Madrid

 

 

"Compensación moral"

El presidente polaco Andrzej Duda, además de agradecer a su homólogo alemán su asistencia a las conmemoraciones del aniversario de la Segunda Guerra Mundial, dijo. "Gracias a su presencia aquí, los alemanes se enterarán de la tragedia de Wielun", destacaba.

"Es más fácil ir donde los soldados lucharon que al lugar donde el Ejército bombardeó criminalmente a civiles que estaban dormidos", ha criticado Duda. La presencia del presidente alemán en Wielun es una forma de "compensación moral", ha concluido.

El ataque alemán contra Polonia el 1 de septiembre de 1939 marcó el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, que causó unos 80 millones de muertos. Solo en Polonia, se estima que perdieron la vida hasta seis millones de personas. La capital, Varsovia, y muchas otras ciudades polacas quedaron reducidas a escombros y cenizas.

Suso do Madrid

 

 

La juventud material y la espiritual

 

                                Como en el mundo actual, “todo el mundo va diciendo que le falta el tiempo”; yo debo ser un “extraterrestre”, puesto que a mí y hace ya muchos años, me sobra el tiempo; y de él dispongo como me apetece. Desde entonces no tengo prisa por nada; dejé incluso de escribir libros y como siempre, “sigo escribiendo dentro de mí mismo, incluso hablando con ese mi otro yo, pero que todos llevamos encima, lo sepamos o no”; por ello vivo ya, “sin tiempo pero en el tiempo”; conforme con lo que fui y he llegado a ser; y “sin apetencias de nada ni por nada”; simplemente vivo y hago lo que creo tengo que hacer y… “espero el destino sin ningún miedo por lo que pueda traerme, ese futuro, o más allá, del que muchas hablaron y hablan, pero que yo creo que ninguno sabemos ni papa de todo ello, puesto que dudo el que alguien hablara con Dios, o como se llame o denomine, esa fuerza que lo creó todo y lo destruirá todo… al menos, lo que vemos y sentimos con los sentidos que nos fueron dados”.

                                Sigo leyendo mucho, puesto que, “ese yo que me empuja”; me obliga a leer, a seguir pensando y a saber que yo tampoco sé nada; pero en esos apetitos del alma, busco en lecturas pasadas y que “me alimentaron” hace ya muchos años, lo que a continuación les reproduzco; simplemente para que a alguno le haga pensar y deducir; puesto que sigo creyendo, que es interesante, “deshollinar” el alma y que las neuronas del cerebro, no se oxiden, y guarden la movilidad, para la que fueron creadas. Y como el tema actual más candente siempre es “la juventud”; veamos lo que dijo aquel sabio, que lo fue y dejó hablado y escrito mucho y bueno; aunque como todo ser privilegiado y que nace en este planeta, la mayoría ni lo entendió ni en la actualidad, imagino lo entienden, pero en fin, “son las miserias de la Tierra y sus terrícolas”…

                                “LA JUVENTUD INTERIOR: A lo primero que hay que llegar entonces, es al reconocimiento que somos gente. Luego es necesario llegar a ser joven. Esta es una idea muy vieja que ya tenían los griegos cuando hablaban de la “Afrodita de Oro”. Ser joven no es solamente una cuestión de células epiteliales. Se trata de recobrar el estado de juventud interior. El cuerpo pasa muy rápidamente; lo sabemos. Todas las cosas devienen. No se puede ser siempre joven físicamente. No podemos crear una especie de “clase social” de los jóvenes, porque los jóvenes a medida que cumplen años,  dejan de serlo y hay otros que vienen a reemplazarlos. ¿Pero qué es lo que permanece en el hombre, más allá de la parte estrictamente externa, corpórea, circunstancial? Hay algo dentro de cada ser que permanece igual. A eso que permanece siempre  igual, a eso que podemos llamar espíritu; a aquello que guarda una eterna juventud porque siempre está soñando y pensando, no sólo hacia el pasado, sino también hacia el futuro; aquello que se proyecta y dice; “mañana voy a hacer… dentro de un mes… el año que viene…”; aquello que tiene esperanzas y trata que el día de mañana sea mejor al de hoy; aquello que es la “Afrodita de Oro”, la juventud interior. Es la fuente de juventud que todos buscaban en un lugar o en otro, pero que está dentro de cada uno de nosotros. Sin embargo la hemos taponado; la hemos cubierto con los detritus de la materia. Es decir, que la contaminación exterior no es más que un reflejo de nuestra contaminación interior.

                                Así pues, tenemos que partir de esta “Afrodita de Oro”, de esta juventud interior, para entender un nuevo protagonismo de la juventud, de la verdadera juventud. ¿Y qué es este nuevo protagonismo? Es, principalmente, reconocernos como gente y no como máquinas o como números de un pasaporte. Somos gente que sufrimos, que sentimos, que soñamos, que amamos y odiamos. Porque tampoco hay que creer que porque sabemos cuatro cosas, hemos llegado al cielo, o al Nirvana como dicen los orientales.”

                                Lo que antecede y que he entrecomillado, es una mínima parte de una conferencia pronunciada en el pasado siglo; y en la que el autor nos presenta un detalle de lo que él estimó era “la juventud verdadera”; se trata de la conferencia titulada; “Protagonismo de la juventud en los próximos años”; y en la que esta muy inteligente mente, “ya desaparecida de este plano terrestre”; se adelantó y nos mostró la decadencia de una sociedad, que hoy yo califico de… “panza y bolsillo”; puesto que lo que la mueve (sálvese el que pueda) es lo material, todo lo material, y sobre todo, el dinero “contante y sonante” y en cantidad cuanto más mejor. El autor fue, J.L. Livraga Rizzi; y muchos de sus trabajos, incluida esta conferencia, seguro que los pueden encontrar en la red; puesto que ya se dice que… “en Internet se encuentra todo”.

                                                                                         

 

Antonio García Fuentes

(Escritory filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes