Las Noticias de hoy 30 Septiembre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 30 de septiembre de 2019   

Indice:

ROME REPORTS

Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado: “Amar a Dios y amar al prójimo”

La paz en Camerún: Llamada del Papa Francisco

Jornada del Migrante y del Refugiado: El Papa bendice los ángeles de Timothy Schmalz

Mes misionero extraordinario: “Para anunciar y bautizar”, por el padre Meroni

EL SENTIDO CRISTIANO DEL DOLOR: Francisco Fernandez Carbajal

“Ayúdales sin que lo noten”: San Josemaria

Pensar África desde África, a la luz de la fe

Santificar el descanso: F. J. López Díaz – C. Ruiz Montoya

Octubre, mes del Rosario

Octubre, mes del Rosario: José María López Ferrera

El diálogo, ¿tiene algún sentido?: Ernesto Juliá

¿De verdad el «cambio climático» es antropogénico? ¿Qué dice la ciencia?: Nuria Chinchilla

La política y el clero: Ángel Cabrero Ugarte

APASIONAMIENTO AL ACTUAR: Ing. José Joaquín Camacho                                

La ganadería contamina pero…: Jesús Domingo

Ateísmo y Ciencia de Hoy: P. Jorge Loring

Pedagogía, no ideología: Pedro García

La cultura de la fraternidad, base de la paz: Juan García.

Subasta de ofertas de bienestar: Jesús Domingo Martínez

MI APORTE AL DÍA MUNDIAL DEL TURISMO: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado: “Amar a Dios y amar al prójimo”

Homilía de la 105ª Jornada Mundial de los migrantes y refugiados

septiembre 29, 2019 15:35Raquel AnilloJornadas Mundiales, Papa y Santa Sede

(ZENIT – 29 septiembre 2019).- “Amar a Dios y amar al prójimo es un mandamiento que Dios nos ha dejado”, subraya el Papa en la homilía de este Día Mundial de los migrantes y refugiados, “no se puede separar, no se puede amar a Dios si no amamos al prójimo. Amar al prójimo como a uno mismo”.

“Amar al prójimo significa sentir compasión por su sufrimiento, acercarse, tocar sus llagas, compartir sus historias, para manifestarles concretamente la ternura que Dios les tiene”, ha aclarado Francisco. “No podemos permanecer indiferentes ante este sufrimiento, este santo mandamiento, Dios se lo dio a su pueblo, y lo selló con la sangre de su Hijo Jesús”.

A continuación, ofrecemos la homilía completa del Papa Francisco, pronunciada en la Misa con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado:

***

Homilía del Papa

En el Salmo Responsorial se nos recuerda que el Señor sostiene a los forasteros, así como a las viudas y a los huérfanos del pueblo. El salmista menciona de forma explícita aquellas categorías que son especialmente vulnerables, a menudo olvidadas y expuestas a abusos. Los forasteros, las viudas y los huérfanos son los que carecen de derechos, los excluidos, los marginados, por quienes el Señor muestra una particular solicitud. Por esta razón, Dios les pide a los israelitas que les presten una especial atención.

En el libro del Éxodo, el Señor advierte al pueblo de no maltratar de ningún modo a las viudas y a los huérfanos, porque Él escucha su clamor (cf. 22,23). La misma admonición se repite dos veces en el Deuteronomio (cf. 24,17; 27,19), incluyendo a los extranjeros entre las categorías protegidas. La razón de esta advertencia se explica claramente en el mismo libro: el Dios de Israel es Aquel que «hace justicia al huérfano y a la viuda, y que ama al emigrante, dándole pan y vestido» (10,18). Esta preocupación amorosa por los menos favorecidos se presenta como un rasgo distintivo del Dios de Israel, y también se le requiere, como un deber moral, a todos los que quieran pertenecer a su pueblo.

Por eso debemos prestar especial atención a los forasteros, como también a las viudas, a los huérfanos y a todos los que son descartados en nuestros días. En el Mensaje para esta 105 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el lema se repite como un estribillo: “No se trata sólo de migrantes”. Y es verdad: no se trata sólo de forasteros, se trata de todos los habitantes de las periferias existenciales que, junto con los migrantes y los refugiados, son víctimas de la cultura del descarte. El Señor nos pide que pongamos en práctica la caridad hacia ellos; nos pide que restauremos su humanidad, a la vez que la nuestra, sin excluir a nadie, sin dejar a nadie afuera.

Pero, junto con el ejercicio de la caridad, el Señor nos pide que reflexionemos sobre las injusticias que generan exclusión, en particular sobre los privilegios de unos pocos, que perjudican a muchos otros cuando perduran. «El mundo actual es cada día más elitista y cruel con los excluidos.

Los países en vías de desarrollo siguen agotando sus mejores recursos naturales y humanos en beneficio de unos pocos mercados privilegiados. Las guerras afectan sólo a algunas regiones del mundo; sin embargo, la fabricación de armas y su venta se lleva a cabo en otras regiones, que luego no quieren hacerse cargo de los refugiados que dichos conflictos generan. Quienes padecen las consecuencias son siempre los pequeños, los pobres, los más vulnerables, a quienes se les impide sentarse a la mesa y se les deja sólo las “migajas” del banquete» (Mensaje para la 105 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado).

Así se entienden las duras palabras del profeta Amós, proclamadas en la primera lectura (6,1.4-7). ¡Ay de los que viven despreocupadamente y buscando placer en Sion, que no se preocupan por la ruina del pueblo de Dios, que sin embargo está a la vista de todos! No se dan cuenta de la ruina de Israel, porque están demasiado ocupados asegurándose una buena vida, alimentos exquisitos y bebidas refinadas. Sorprende ver cómo, después de 28 siglos, estas advertencias conservan toda su actualidad. De hecho, también hoy día la «cultura del bienestar […] nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, […] lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia» (Homilía en Lampedusa, 8 julio 2013).

Al final, también nosotros corremos el riesgo de convertirnos en ese hombre rico del que nos habla el Evangelio, que no se preocupa por el pobre Lázaro «cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico» (Lc 16,20-21). Demasiado ocupado en comprarse vestidos elegantes y organizar banquetes espléndidos, el rico de la parábola no advierte el
sufrimiento de Lázaro. Y también nosotros, demasiado concentrados en preservar nuestro bienestar, corremos el riesgo de no ver al hermano y a la hermana en dificultad.

Pero como cristianos no podemos permanecer indiferentes ante el drama de las viejas y nuevas pobrezas, de las soledades más oscuras, del desprecio y de la discriminación de quienes no pertenecen a “nuestro” grupo. No podemos permanecer insensibles, con el corazón anestesiado, ante la miseria de tantas personas inocentes. No podemos sino llorar. No podemos dejar de reaccionar.

Si queremos ser hombres y mujeres de Dios, como le pide san Pablo a Timoteo, debemos guardar «el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo» (1 Tm 6,14); y el mandamiento es amar a Dios y amar al prójimo. No podemos separarlos. Y amar al prójimo como a uno mismo significa también comprometerse seriamente en la
construcción de un mundo más justo, donde todos puedan acceder a los bienes de la tierra, donde todos tengan la posibilidad de realizarse como personas y como familias, donde los derechos fundamentales y la dignidad estén garantizados para todos.

Amar al prójimo significa sentir compasión por el sufrimiento de los hermanos y las hermanas, acercarse, tocar sus llagas, compartir sus historias, para manifestarles concretamente la ternura que Dios les tiene. Significa hacerse prójimo de todos los viandantes apaleados y abandonados en los caminos del mundo, para aliviar sus heridas y llevarlos al lugar de acogida más
cercano, donde se les pueda atender en sus necesidades.

Este santo mandamiento, Dios se lo dio a su pueblo, y lo selló con la sangre de su Hijo Jesús, para que sea fuente de bendición para toda la humanidad. Porque todos juntos podemos comprometernos en la edificación de la familia humana según el plan original, revelado en Jesucristo: todos hermanos, hijos del único Padre.

Encomendamos hoy al amor maternal de María, Nuestra Señora del Camino, a los migrantes y refugiados, junto con los habitantes de las periferias del mundo y a quienes se hacen sus compañeros de viaje.

© Editorial del Vaticano

 

 

La paz en Camerún: Llamada del Papa Francisco

“Por un diálogo fructífero y soluciones de paz justas y duraderas”

septiembre 29, 2019 15:08Anita BourdinPapa y Santa Sede

(ZENIT – 29 septiembre 2019).- El Papa Francisco ha pedido este mediodía a los católicos que recen en estos días por la paz en Camerún.

Al final de la misa para la 105a Jornada Mundial de los Migrante y Refugiado, una iniciativa deseada por el Papa Benedicto XV en 1914, el Papa se dirigió a la asamblea, antes de la oración del Ángelus, el 29 de septiembre de 2019, en la plaza de San Pedro.

En italiano, el Papa habló de la celebración, mañana, lunes 30 de septiembre, de una “reunión de diálogo nacional”, en el Camerún, “para la búsqueda de una solución a la difícil crisis que azota al país desde hace años”.

El Papa dijo que se sentía “cercano de los sufrimientos y de las esperanzas del querido pueblo camerunés”, y ha invitado  “a todos a orar para que este diálogo pueda ser fructífero y pueda conducir a soluciones de paz justas y duraderas en beneficio de todos”.

“Que María, Reina de la Paz, interceda por nosotros”, concluyó el Papa antes de rezar el Ángelus.

Un “Gran Diálogo Nacional” ha sido convocado por el Presidente de la República, M. Paul Biya, en el cargo desde 6 de noviembre de 1982, para encontrar una solución a la crisis político-militar que ha sacudido las dos regiones de habla inglesa de Camerún durante tres años.

Camerún se enfrenta a un conflicto en las zonas de habla inglesa y el terrorismo islamista Boko Haram en la región norte.

 

 

Jornada del Migrante y del Refugiado: El Papa bendice los ángeles de Timothy Schmalz

Dedicada a los migrantes

septiembre 29, 2019 16:24Anita BourdinAngelus y Regina Coeli

(ZENIT 29 septiembre 2019).- El Papa Francisco ha bendecido a un grupo escultórico del artista canadiense Timothy Schmalz, titulado “Ángeles inconscientes”, en la Plaza de San Pedro, el 29 de septiembre de 2019, al final de la misa para la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, según lo solicitado por Papa Benedicto XV en 1914: esta es la 105a edición de esta jornada.

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La escultura se exhibirá permanentemente en la Plaza de San Pedro, el Papa ha deseado “recordar a todos el desafío evangélico de la acogida”.

Antes de la oración del Ángelus, el Papa Francisco ha deseado “dar la bienvenida a todos los que han participado en este momento de oración mediante el cual renovamos la atención de la Iglesia a las diferentes categorías de personas vulnerables en movimiento”.

El Papa recordó las circunstancias de esta bendición: “En unión con los fieles de todas las diócesis del mundo hemos celebrado la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, para reafirmar la necesidad de que nadie sea excluido de la sociedad, ya sea un ciudadano residente desde hace mucho tiempo o uno recién llegado”.

Timothy Schmalz, "Ángeles Inconscientes" © Vatican Mediadata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

El Papa también explicó que “para subrayar este compromiso” iba a inaugurar, durante su recorrido por la Plaza de San Pedro en papamóvil “, la escultura que tiene como tema estas palabras de la Carta a los Hebreos: “No olvidéis la hospitalidad; algunos, practicándola, sin saberlo, han acogido a los ángeles” (13,2). Esta escultura, en bronce y arcilla, representa a un grupo de migrantes de diversas culturas y diferentes períodos históricos. Quería esta obra de arte aquí en la Plaza de San Pedro, para que todo el mundo pueda recordar el desafío evangélico de acoger a la gente.

Al escultor le llevó un año de trabajo completar su obra, que estará permanentemente en la Plaza de san pedro. También es el autor de “Jesús sin hogar”.

 

 

Mes misionero extraordinario: “Para anunciar y bautizar”, por el padre Meroni

La misión, “no es un producto a vender”

septiembre 29, 2019 09:32Marina DroujininaMisión

 

(ZENIT – 29 septiembre 2019).- “La misión es realmente una salida, un `ir’, dice el padre Fabrizio Meroni, director de la Agencia Misionera del Vaticano Fides y del Centro Internacional de Animación Misionera (CIAM) y Secretario General de la Unión Misionera Pontificia (PUM), es un ir para anunciar y bautizar, y anunciar y bautizar significa que `participamos en este deseo de Dios de salvarnos, de salvar al mundo,de  hacernos sus hijos´”.

Unos días antes del inicio del Mes misionero extraordinario – el mes de octubre – ,el p. Meroni explica el significado del evento y las iniciativas preparadas por las iglesias locales en una entrevista publicada por la sala de prensa de la Santa Sede el viernes 27 de septiembre de 2019.

“La celebración del Mes Misionero Extraordinario de octubre de 2019 es una conmemoración, una celebración del centenario de la gran carta apostólica del Papa Benedicto XV (Carta Apostólica Maximun illud sobre la actividad misionera, 30 de noviembre de 1919-ed.), recuerda el p. Meroni.

El Papa Francisco “nos dijo”, explica: “recordemos este gran documento, ante todo porque hoy tenemos una gran necesidad de reavivar y de hacer revivir nuestro espíritu misionero. Por lo tanto, es un llamamiento a toda la Iglesia para hacer que la fe en Jesucristo, que ha muerto y resucitado, se exprese cada vez con más fuerza”.

“La Misión, afirma el p. Meroni, no es proselitismo, no es un producto para vender, el colonialismo o el neocolonialismo – una vez con armas, hoy con dinero… – la misión es la pasión que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, tienen hacia el hombre y la mujer y el mundo como tal, implicando a la Iglesia y así ser enviados en la misión del Hijo y del Espíritu Santo es lo que el Papa Francisco llama siempre, una “Iglesia saliente”.

El p. Meroni evoca diferentes iniciativas que han sido preparadas para este Mes misionero: “El corazón de los acontecimientos, dice, son las iniciativas de oración, de reflexión, de celebración, de caridad, de experiencia ad gentes, en el seno de las iglesias locales” “Todos las herramientas que hemos producido, incluida la Guia, y también la ‘site’”, continua, “son herramientas funcionales para provocar, estimular y confiar en la creatividad de las iglesias locales”.

Hablando de las “dimensiones espirituales” de este mes de octubre, el p. Meroni dice que no se trata de las “dimensiones abstractas, es decir, no concretas y poco prácticas”. “Estamos hablando de dimensiones espirituales”, explica, “porque son dimensiones según el Espíritu Santo en la vida del Espíritu Santo. Después llegan ellas mismas al corazón de la cuestión, que es la fe”.

“Para el Papa Francisco, como para el Papa Juan Pablo II”, continúa, “la crisis del espíritu misionero de la Iglesia no es la falta de estrategia, sino la crisis de la fe porque la fe está tan insensible que ya no puede interesarse en la vida real de las personas”.

Respondiendo a la cuestión de la interacción de los dos acontecimientos importantes que tendrán lugar en octubre: el Mes misionero y el Sínodo para la Amazonía, el p. Meroni subraya que “se ayudan mutuamente a permanecer centrados en la evangelización y la mirada del corazón y de la inteligencia teológica y pastoral, sobre la misión, sobre Jesucristo que quiere salvar, en el caso del mes misionero, a todos los hombres y mujeres, en el caso del Sínodo Especial, tomando en serio los problemas regionales y limitados a los territorios”.

El Mes Misionero Extraordinario, concluye el p. Meroni, abraza la universalidad de la Iglesia, no tanto en la ruidosa notoriedad comunicativa de los medios de comunicación o los eventos extraordinarios, sino precisamente en la capilaridad de la fe de las personas en el interior del desafío de las iglesias locales”.

 

 

EL SENTIDO CRISTIANO DEL DOLOR

— Las pruebas y padecimientos de Job.

— El sufrimiento de los justos.

— El dolor y la Pasión de Cristo.

I. A lo largo de esta semana, una de las lecturas de la Misa1 recoge las enseñanzas del Libro de Job, siempre actuales, pues la desgracia y el dolor son una realidad con la que nos tropezamos frecuentemente.

Vivía en tierra de Hus –leemos en la Sagrada Escritura– un hombre temeroso de Dios, llamado Job, que había recibido incontables bendiciones del Señor: era rico en rebaños, ganado y productos de la tierra, y le había sido concedida una numerosa descendencia. Según una concepción generalizada en aquellos tiempos, existía relación entre vida virtuosa y vida próspera en bienes. Esta situación de bienestar material era considerada como un premio que Dios otorgaba a la virtud y a la fidelidad. En un diálogo figurado entre Dios, que se siente contento por el amor de su siervo, y Satán, este insinúa que la virtud de Job es interesada y que desaparecería con la destrucción de sus riquezas. ¿Acaso teme Job a Dios en balde? ¿No le has rodeado de un vallado protector a él, a su casa y a todo cuanto tiene? Has bendecido el trabajo de sus manos, y sus ganados se esparcen por todo el país. Pero extiende tu mano y tócale en lo suyo, veremos si no te maldice en tu rostro2.

Con la autorización de Dios, fue Job despojado de todos sus bienes, pero su virtud demostró estar profundamente enraizada: Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo tornaré allá. Yahvé me lo dio, Yahvé me lo ha quitado. ¡Bendito sea el nombre de Yahvé!3, exclama en medio de su pobreza. Su conformidad con la voluntad divina fue total, tanto en la abundancia como en la indigencia. La miseria de Job se convirtió en enorme riqueza espiritual.

Una segunda y más violenta prueba no pudo debilitar esa fe y confianza en Dios. Esta vez todo su cuerpo fue herido con una úlcera que le cubría desde la planta de los pies a la cabeza. Perder la salud es un mal peor que perder los bienes materiales. La fe de Job, sin embargo, se mantuvo firme, a pesar de la enfermedad y de los ataques hirientes de su mujer: Si recibimos de Dios los bienes, ¿por qué no también los males?4, contestó Job.

Hoy puede ser una buena oportunidad para que examinemos nuestra postura ante el Señor cuando, en nosotros o en aquellos que más queremos, se hacen presentes la desgracia y el dolor. Dios es siempre Padre. También cuando nos visitan la aflicción y el pesar. ¿Nos comportamos como hijos agradecidos en la abundancia y en la escasez, en la salud y en la enfermedad?

II. Tres amigos, pertenecientes a tribus y lugares diferentes, al enterarse de la situación de Job se propusieron ir juntos para hacerle compañía y animarle. Cuando los tres, Elifaz, Bildad y Sofar, llegaron y vieron a Job en un estado tan lamentable, toda su compasión desapareció, convencidos de que se hallaban en presencia de un hombre maldecido por Dios. Ellos compartían la creencia de que la prosperidad es el premio que Dios da a la virtud, y las tribulaciones son castigo de la iniquidad. La conducta de sus amigos, la prolongación de sus sufrimientos, la soledad en medio de tanto dolor, pesaron demasiado sobre Job, que rompió su silencio en una queja amarga. Los amigos, convencidos de la existencia de algún pecado oculto de Job, también ignorantes del premio o castigo después de esta vida, se dirigen duramente contra él, pues no encuentran otra explicación a las desgracias de Job. Este, convencido de su propia inocencia, admite ciertamente la existencia de pequeñas transgresiones, comunes a todo hombre5, pero no hasta el punto de ser proporcionales al castigo. Recuerda igualmente el mucho bien que llevó a cabo. De aquí nace una gran lucha dentro de su alma.

Él sabe que Dios es justo, y sin embargo todo parece hablar de injusticia en relación a él. También él creía que el Señor trata al hombre según sus méritos o deméritos. ¿Cómo podría conciliarse la justicia divina con su amarga experiencia? Los amigos tienen una respuesta, pero él, en conciencia, la cree falsa. Estas dos convicciones, aparentemente contradictorias, la justicia divina y su propia inocencia, le causan a Job una angustia y un desgarro interior más penoso que sus mismas enfermedades físicas y la ruina material6. Es el desconcierto que fuera de la fe produce el sufrimiento del inocente: niños que mueren pronto o con enfermedades que los dejarán inútiles para una vida normal, personas que han sido generosas y han servido fielmente a Dios y que se encuentran en la ruina económica, sin trabajo, o con una enfermedad difícil..., mientras que a otros que han vivido a espaldas de Dios parece que la vida les sonríe.

El Libro de Job «pone con toda claridad el problema del sufrimiento del hombre inocente: el sufrimiento sin culpa. Job no ha sido castigado, no había razón para infligirle una pena, aunque haya sido sometido a una prueba durísima»7. Después de esta prueba, Job saldrá fortalecido en su virtud, que no dependía de su situación acomodada ni de los grandes beneficios que había recibido de Dios. Con todo, «el libro de Job no es la última palabra sobre este tema. En cierto modo es un anuncio de la Pasión de Cristo»8, la única que puede dar luz a este misterio del sufrimiento humano, de modo particular al dolor del inocente.

Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna9. El dolor cambia radicalmente de signo con la Pasión de Cristo. «Parece como si Job la hubiera presentido cuando dice: Yo sé que mi Redentor vive, y al fin... yo veré a Dios (Job 19, 25); y como si hubiese encaminado hacia ella su propio sufrimiento, el cual, sin la redención, no hubiera podido revelarle la plenitud de su significado. En la Cruz de Cristo no solo se ha cumplido la redención mediante el sufrimiento, sino que el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido. Cristo –sin culpa alguna propia– cargó sobre sí el mal total del pecado»10. Los padecimientos de Jesús fueron el precio de nuestra salvación11. Desde entonces, nuestro dolor puede unirse al de Cristo y, mediante él, participar en la Redención de la humanidad entera. «Esta ha sido la gran revolución cristiana: convertir el dolor en sufrimiento fecundo; hacer, de un mal, un bien. Hemos despojado al diablo de esa arma...; y, con ella, conquistamos la eternidad»12.

III. Nunca pasa el dolor a nuestro lado dejándonos como antes. Purifica el alma, la eleva, aumenta el grado de unión con la voluntad divina, nos ayuda a desasirnos de los bienes, del excesivo apego a la salud, nos hace corredentores con Cristo..., o, por el contrario, nos aleja del Señor y deja el alma torpe para lo sobrenatural y entristecida. Cuando Simón de Cirene fue reclamado para ayudar a Jesús a llevar su Cruz aceptó al principio con disgusto. Fue forzado13, escribe el Evangelista. En un primer momento solo miraba la cruz, y la cruz era un simple madero pesado y molesto, Después no se fijó ya en el madero, sino en el reo, aquel hombre del todo singular que iba a ser ajusticiado. Entonces todo cambió: ayudó con amor a Jesús y mereció el premio de la fe para él y para sus dos hijos, Alejandro y Rufo14. También nosotros hemos de mirar a Cristo en medio de nuestras pruebas y tribulaciones. Nos fijaremos menos en la Cruz y daremos paso al amor. Encontraremos que cargar con la Cruz tiene sentido cuando la llevamos junto al Maestro. «Su más ardiente deseo es encender en nuestros corazones esa llama de amor y de sacrificio que abrasa al suyo, y por poco que correspondamos a este deseo, nuestro corazón se convertirá pronto en un foco de amor que consumirá poco a poco esas escorias acumuladas por nuestras culpas y nos convertirá en víctimas de expiación, dichosos de lograr, a costa de algunos sufrimientos, una mayor pureza, una más estrecha unión con el Amado; dichosos también de completar la Pasión del Salvador por el bien de la Iglesia y de las almas (Col 1, 24) (...). A los pies del Crucificado, allí es donde comprenderemos que en este mundo no es posible amar sin sacrificio, pero el sacrificio es dulce al que ama»15.

Al terminar nuestra oración contemplamos a Nuestra Señora en la cima del Calvario, participando de modo singular en los padecimientos de su Hijo. «Admira la reciedumbre de Santa María: al pie de la Cruz, con el mayor dolor humano –no hay dolor como su dolor–, llena de fortaleza.

»—Y pídele de esa reciedumbre, para que sepas también estar junto a la Cruz»16. Junto a Ella entendemos bien que «el sacrificio es dulce al que ama», y ofreceremos a través de su Corazón dulcísimo los fracasos, las incomprensiones, las situaciones difíciles en la familia o en el trabajo, la enfermedad y el dolor... «Y una vez hecho el ofrecimiento, tratemos de no pensar más, sino de cumplir lo que Dios quiere de nosotros, allí donde estemos: en la familia, en la fábrica, en la oficina, en la escuela... Sobre todo, tratemos de amar a los demás, a los prójimos que están a nuestro alrededor.

»Si hacemos esto, podremos experimentar un efecto insólito e insospechado: nuestra alma estará llena de paz, de amor, y también de alegría pura, de luz. Podremos encontrar en nosotros una nueva fuerza. Veremos cómo, abrazando las cruces de cada día y uniéndonos por ellas a Jesús crucificado y abandonado, podremos participar ya desde aquí de la vida del Resucitado.

»Y, ricos de esta experiencia, podremos ayudar más eficazmente a todos nuestros hermanos a encontrar la bienaventuranza entre las lágrimas, a transformar en serenidad lo que les preocupe. Seremos así instrumentos de alegría para muchos, de felicidad, de esa felicidad que ambiciona todo corazón humano»17.

1 Primera lectura. Año II. — 2 Job 1, 9-11. 3 Job 1, 21. — 4 Job 2, 10. — 5 Cfr. Job 13, 26; 14, 4. — 6 Cfr. B. Orchard, Verbum Dei, Herder, Barcelona 1960, vol. II, pp. 104 ss. — 7 Juan Pablo II, Carta Apost. Salvifici doloris, 11-II-1984, 11. — 8 Ibídem. — 9 Jn 3, 16. — 10 Juan Pablo II, loc. cit., 19. — 11 Cfr. 1 Cor 6, 20. — 12 San Josemaría Escrivá, Surco, n. 887. — 13 Mt 27, 32. — 14 Cfr. Mc 15, 21. — 15 A. Tanquerey, La divinización del sufrimiento, Rialp, Madrid 1955, pp. 203-204. — 16 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 508. — 17 Ch. Lubich, Palabra que se hace vida, Ciudad Nueva, Madrid 1990, p. 39.

 

 

“Ayúdales sin que lo noten”

El pensamiento de la muerte te ayudará a cultivar la virtud de la caridad, porque quizá ese instante concreto de convivencia es el último en que coincides con éste o con aquél...: ellos o tú, o yo, podemos faltar en cualquier momento. (Surco, 895)

Me dirás, quizá: ¿y por qué habría de esforzarme? No te contesto yo, sino San Pablo: el amor de Cristo nos urge. Todo el espacio de una existencia es poco, para ensanchar las fronteras de tu caridad. Desde los primerísimos comienzos del Opus Dei he manifestado mi gran empeño en repetir sin descanso, para las almas generosas que se decidan a traducirlo en obras, aquel grito de Cristo: en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros. Nos conocerán precisamente en eso, porque la caridad es el punto de arranque de cualquier actividad de un cristiano. (…)
Querría haceros notar que, después de veinte siglos, todavía aparece con toda la fuerza de la novedad el Mandato del Maestro, que es como la carta de presentación del verdadero hijo de Dios. A lo largo de mi vida sacerdotal, he predicado con muchísima frecuencia que, desgraciadamente para tantos, sigue siendo nuevo, porque nunca o casi nunca se han esforzado en practicarlo: es triste, pero es así. Y está muy claro que la afirmación del Mesías resalta de modo terminante: en esto os conocerán, ¡en que os amáis los unos a los otros! Por eso, siento la necesidad de recordar constantemente esas palabras del Señor. San Pablo añade: llevad los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo. Ratos perdidos, quizá con la falsa excusa de que te sobra tiempo... ¡Si hay tantos hermanos, amigos tuyos, sobrecargados de trabajo! Con delicadeza, con cortesía, con la sonrisa en los labios, ayúdales de tal manera que resulte casi imposible que lo noten; y que ni se puedan mostrar agradecidos, porque la discreta finura de tu caridad ha hecho que pasara inadvertida. (Amigos de Dios, 43-44)

 

Pensar África desde África, a la luz de la fe

Nadie conoce mejor la propia tierra que quien ha nacido, crecido y vivido en ella. Por eso, para reflexionar sobre cómo contribuir al desarrollo de la Iglesia en África, un grupo de fieles del Opus Dei de diversos países del continente se reunieron en Uganda.

Últimas noticias27/09/2019

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Uno de los santos más conocidos de la historia, san Agustín, era africano. ¿Africano? Sí, africano. El santo y padre de la Iglesia, cuyo proceso de conversión quedó reflejado en su libro Las confesiones, fue obispo de Hipona, una ciudad que formaba parte de la actual Argelia. De hecho, nació y murió en ese país, en el año 430 d.C. No solo Agustín era africano, también lo eran grandes doctores y escritores de los primeros siglos, como Orígenes, san Atanasio, san Cirilo, Tertuliano y san Cipriano. Desde el siglo II al siglo IV, la vida cristiana en las regiones del norte de África era muy intensa. Pero las invasiones bárbaras y otras dificultades hicieron que el cristianismo desapareciera casi por completo de esa zona evangelizada por san Marcos.

¿Cómo hacer para que las enseñanzas del Evangelio tengan una marcada identidad africana?

La historia de la evangelización de África continuó, siglos más adelante, en dos fases. Entre los siglos XV y XVI, hubo misiones evangelizadoras en regiones del sur del Sahara, pero por diversas dificultades no tuvieron continuidad. La tercera y última fase de evangelización de África comenzó en el siglo XIX. Fue un período de rápido crecimiento. Durante estas últimas décadas, numerosos países africanos han celebrado el centenario del comienzo de su evangelización. La África moderna ha dado a la Iglesia santos, como los mártires de Uganda, que fallecieron en 1886 por entregar su vida en testimonio de fe (cfr. Juan Pablo II, Ecclesia in Africa, 14 de septiembre de 1995).

Desarrollo del Opus Dei en África

Aunque la vida cristiana en muchos lugares de África es todavía muy reciente, gracias a Dios, tiene ya muchos frutos. Distintas instituciones y realidades eclesiales han ido desarrollándose y echando raíces en el continente. Entre ellas, el Opus Dei. En 1958, algunas personas de la Obra viajaron a Kenia para difundir el mensaje de la llamada universal a la santidad en tierras africanas. Desde sus inicios, san Josemaría había vislumbrado que el Opus Dei habría de ser una realidad católica, universal, en la que tuvieran sitio personas de todas las razas y condiciones en su camino de santidad en medio del mundo.

De Kenia, la Obra se extendió a Nigeria (1965), para más tarde ir a Costa de Marfil y Congo (1980), Camerún (1988), Uganda (1996) y Sudáfrica (1998). Desde entonces, personas solteras y casadas, mayores y jóvenes fueron descubriendo su vocación al Opus Dei en servicio de la Iglesia. Diversas iniciativas sociales y educativas, de identidad cristiana, han surgido también allí por iniciativa de personas de la Obra, cooperadores y amigos, como Strathmore University, cuyo origen se encuentra en la primera escuela interracial de Kenia (Strathmore School); Lagoon School, en Nigeria; o el Hospital Monkole, en Congo.

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A medida que pasa el tiempo, el crecimiento y desarrollo de la labor apostólica va presentando distintos retos. En un continente con una breve tradición cristiana, ¿cómo hacer para que las enseñanzas del Evangelio tengan una marcada identidad africana? En países con ricas tradiciones culturales, ¿cómo aprovechar mejor lo que enriquece la vida de la fe? ¿Cómo puede ser la familia africana foco y testimonio de vida cristiana?

Para trabajar sobre algunos de estos interrogantes y retos de formación, mujeres africanas del Opus Dei, provenientes de distintos países, se encontraron en el Centro de Convenciones Tusimba, a orillas del lago Victoria, en Uganda, del 1 al 25 de julio de 2019. Con workshops y trabajos en grupo, intercambios sobre distintos temas y reflexiones, experiencias vividas en un sitio y en otro, se trató del primer curso de formación panafricano, con el objetivo de pensar África desde África. Nadie conoce mejor la propia tierra que quien ha nacido, crecido y vivido en ella.

Tres conclusiones

Quienes participaron de ese curso destacaron tres ideas de fondo que son como una guía para alcanzar esta meta. En primer lugar, la conciencia cristiana, es decir, el saberse hijo de Dios y el saber que los demás son hijos queridos de Dios, es un impulso transformador de la realidad circundante, de la vida familiar, de las relaciones sociales, del entorno laboral. Por otro lado, la libertad. La mayor riqueza de la libertad es poder elegir lo mejor: amar. Cuando se elige pensando no solo en uno mismo, sino también en el bien del otro (de la comunidad, de la sociedad), uno se engrandece, crece en virtudes y es más libre. Finalmente, el valor cristiano del trabajo bien hecho, por amor a Dios, es un activo que abre horizontes, que hace crecer y desarrollarse integralmente.

La semilla del Evangelio ha sido sembrada y ha crecido. Hacer vida de la propia vida el mensaje y la luz del Evangelio es el grandioso desafío que tienen en sus manos los descendientes de los primeros cristianos de África. Es el momento de “pensar África desde África”.

 

Santificar el descanso

Dios, que nos invita a trabajar para colaborar con él en la Creación, quiere también que descansemos. El reposo merecido es voluntad de Dios para cada uno de nosotros.

Trabajo25/07/2011

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«El hombre tiene que imitar a Dios tanto trabajando como descansando, dado que Dios mismo ha querido presentarle la propia obra creadora bajo la forma del trabajo y del descanso» [1].

Estas palabras de Juan Pablo II hacen referencia al relato de la Creación, primer «evangelio del trabajo» [2]. El autor sagrado, después de narrar cómo Dios, durante seis días, da la existencia al cielo, a la tierra y a todo su ornato, concluye: "Terminó Dios en el día séptimo la obra que había hecho, y descansó en el día séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó, porque ese día descansó Dios de toda la obra que había realizado en la creación" [3].

A partir de entonces, corresponde al hombre perfeccionar esa obra divina mediante su trabajo [4], sin olvidar que él es también criatura, fruto del amor de Dios y llamado a la unión definitiva con Él. El descanso del día séptimo, que Dios santifica, tiene para el hombre un hondo significado: además de una necesidad, es tiempo apropiado para reconocer a Dios como autor y Señor de todo lo creado, y anticipo del descanso y alegría definitivos en la Resurrección.

La familia, espacio espiritual, es una escuela para aprender a descansar pensando en los demás.

Una vida que transcurriese sumergida en los afanes del trabajo, sin considerar el fundamento del que todo proviene y el sentido –el fin– hacia el que todo tiende, «correría el peligro de olvidar que Dios es el Creador, del cual depende todo» [5], y hacia el cual todo se orienta.

Hacer todo para la gloria de Dios –la unidad de vida– es vivir con fundamento sólido y con sentido y fin sobrenaturales, es descansar en la filiación divina dentro del propio trabajo y convertir el descanso en servicio a Dios y a los demás.

En la Obra, todo es medio de santidad: el trabajo y el descanso; la vida de piedad y el trato afectuoso con todos; la alegría y el dolor. En una palabra, hay una posibilidad de santificación en cada minuto de nuestra vida: en todo debemos amar y cumplir la Voluntad de Dios [6].

Situar el trabajo y el descanso

El trabajo es un don de Dios y la misma creación es ya una llamada [7]: el hecho de que Dios llame a la existencia a una criatura libre, y la cree por amor, lleva implícita una vocación a corresponder.

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El trabajo es ámbito de encuentro entre la libertad creadora de Dios y la libertad del hombre, lugar de respuesta, y por tanto de oración hecha obras y de contemplación. Viendo la mano de Dios en todas las cosas, y especialmente en los demás hombres y en sí misma, la criatura se esfuerza para llevar todo a la perfección querida por Dios, buscando así su propia plenitud.

La invitación divina a trabajar es consecuencia de un corazón de Padre que quiere contar con la colaboración de sus hijos. El esfuerzo que esa tarea conlleva ha de ser humilde, filial, respuesta de amor y no iniciativa autónoma que busque la propia gloria.

Se podría aplicar al trabajo aquella imagen de nuestro Padre, en la que un pequeño se acerca a un grupo pescadores que tiraban de la red con enorme fuerza: agarró la cuerda con sus manecitas y comenzó a tirar con evidente torpeza. Aquellos pescadores rudos, nada refinados, debieron de sentir su corazón estremecerse y permitieron que el pequeño colaborase; no lo apartaron, aunque más bien estorbaba [8].

Dios conoce bien a sus criaturas. Al mismo tiempo que nos invita a colaborar con Él, sabe que nuestra naturaleza es frágil y quebradiza. La llamada divina a trabajar incluye la necesidad del descanso. Como se deduce del relato de la creación, «la alternancia entre trabajo y descanso, propia de la naturaleza humana, es querida por Dios mismo» [9].

Sabiendo que somos de Dios y que no nos pertenecemos, tenemos la responsabilidad de cuidar la salud, de estar en condiciones de dar a Dios toda la gloria.

Esta necesidad parte, en primer lugar, de la limitación física. Sobrestimar las propias fuerzas o un espíritu de sacrificio mal entendido podrían dar lugar a daños en la salud que Dios no quiere y que, a la larga, condicionarían la disponibilidad para servirle. Sin embargo, en algún momento, el Señor puede pedirnos mayor desgaste, situaciones que exijan un desprendimiento heroico incluso de la propia salud para cumplir su Voluntad.

Don Álvaro, saliendo a la calle con cuarenta grados de fiebre para buscar medios económicos, mientras se levantaban los edificios de Villa Tevere, es un ejemplo de ese amor sin condiciones.

Pero, por el mismo motivo –servir a Dios–, es bueno dedicar el tiempo necesario al descanso, como nuestro Padre ha señalado en numerosas ocasiones: Me parece, por eso, oportuno recordaros la conveniencia del descanso. Si llegara la enfermedad, la recibiremos con alegría, como venida de la mano de Dios; pero no podemos provocarla con nuestra imprudencia: somos hombres, y necesitamos reponer las fuerzas de nuestro cuerpo [10].

Sería una pena que, pudiendo descansar, mermaran las fuerzas por falta de reposo. Sabiendo que somos de Dios y que no nos pertenecemos, tenemos la responsabilidad de cuidar la salud, de estar en condiciones de dar a Dios toda la gloria.

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El descanso es también una necesidad espiritual, «es una cosa sagrada, siendo para el hombre la condición para liberarse de la serie, a veces excesivamente absorbente, de los compromisos terrenos y tomar conciencia de que todo es obra de Dios» [11].

Salir de las exigentes solicitaciones –plazos, proyectos, riesgos, incertidumbres– que demanda el trabajo profesional, facilita el sosiego necesario para redimensionar la existencia y la propia tarea.

Saber despegarse periódicamente de esos reclamos supone, en ocasiones, un acto de abandono en el Señor, y contribuye a relativizar la importancia material de lo que hacemos, «persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio» [12].

Trabajamos por fidelidad, por amor, para que Dios se sirva –ha querido servirse– de nuestra entrega, sin atribuirnos la eficacia: ni el que planta es nada, ni el que riega, sino el que da el crecimiento, Dios [13]. La interrupción de la tarea habitual ayuda a valorar la desproporción entre nuestra aportación personal y los frutos de santidad y de apostolado que produce.

Si somos objetivos, con la objetividad que dan la fe y el trato con el Señor, veremos que también el esfuerzo que ponemos en el trabajo es don de Dios que sostiene, guía y empuja. El trabajo profesional –en el laboratorio, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia–, siendo el eje de la santidad, y la actividad que de algún modo estructura la existencia, no debe absorber otras facetas igualmente importantes.

«Por tanto, si después de seis días de trabajo el hombre busca un tiempo de distensión y de más atención a otros aspectos de la propia vida, esto responde a una auténtica necesidad, en plena armonía con la perspectiva del mensaje evangélico» [14].

Dedicar tiempo a la familia, a los amigos; emplearlo para incrementar la formación y la cultura y para tratar al Señor con más calma suponen también excelentes ocasiones para buscar la santidad en las que «las preocupaciones y las tareas diarias pueden encontrar su justa dimensión: las cosas materiales por las cuales nos inquietamos dejan paso a los valores del espíritu; las personas con las que convivimos recuperan, en el encuentro y en el diálogo más sereno, su verdadero rostro» [15].

El descanso responde también, por tanto, a la necesidad de vigilar, de pararse a rectificar el rumbo para poner a Dios en el centro y descubrirle en los demás. Las Convivencias, un paseo con la familia, los ratos de oración, las tertulias, los tiempos de retiro..., cada uno de estos ejemplos, a su modo, está en consonancia con esa necesidad y contiene notas esenciales de lo que significa descansar con sentido.

Reponer fuerzas en el cuerpo y en el espíritu: un cambio de actividad –el descanso no es no hacer nada–, que se distancia de las preocupaciones diarias, situándolas en su justa medida.

Esto es particularmente importante en ambientes donde una competitividad desmesurada, movida muchas veces por el deseo de gloria humana, tiende a absorber tal cantidad de tiempo y energías que hacen difícil atender otras obligaciones. El obrar de Dios es el modelo del obrar humano. Si Dios tomó respiro el día séptimo, también el hombre debe reponerse y hacer que quienes están a su lado, especialmente los más necesitados, recobren aliento [16].

«En esta perspectiva, el descanso dominical y festivo adquiere una dimensión profética, afirmando no sólo la primacía absoluta de Dios, sino también la primacía y la dignidad de la persona en relación con las exigencias de la vida social y económica, anticipando, en cierto modo, los cielos nuevos y la tierra nueva, donde la liberación de la esclavitud de las necesidades será definitiva y total. En resumen, el día del Señor se convierte así también, en el modo más propio, en el día del hombre» [17].

Anticipo de la Resurrección

Con la plenitud de la Revelación, en Cristo, el trabajo y el descanso alcanzan una comprensión más plena, insertados en la dimensión salvadora: el descanso como anticipo de la Resurrección ilumina la fatiga del trabajo como unión a la Cruz de Cristo.

«Mi Padre sigue obrando todavía... (Jn 5, 17); obra con la fuerza creadora, sosteniendo en la existencia al mundo que ha llamado de la nada al ser, y obra con la fuerza salvífica en los corazones de los hombres, a quienes ha destinado desde el principio al descanso (Hb 4, 1; 9-16) en unión consigo mismo, en la casa del Padre (Jn 14, 2)» [18].

Así como en Cristo, Cruz y Resurrección forman una unidad inseparable, aunque sean dos acontecimientos históricos sucesivos, análogamente, el trabajo y el descanso deben estar integrados en unidad vital. Por eso,más allá de la sucesión temporal, del cambio de ocupación que supone el descanso respecto al trabajo, se descansa en el Señor, se descansa en la filiación divina.

Esta nueva perspectiva introduce el descanso junto al propio trabajo, como una tarea filial, sin quitar al trabajo lo que tiene de esfuerzo y fatiga. Lo que queda excluido es otro género de cansancio bien distinto, que se deriva de trabajar por el orgullo de buscar como meta suprema la afirmación personal, o de trabajar sólo por motivos humanos. Ese cansancio, Dios no lo quiere: En vano madrugáis, y os vais tarde a descansar los que coméis el pan de fatigas [19].

Descansad, hijos, en la filiación divina. Dios es un Padre, lleno de ternura, de infinito amor. Llamadle Padre muchas veces, y decidle –a solas– que le queréis, que le queréis muchísimo: que sentís el orgullo y la fuerza de ser hijos suyos [20].

Esa fuerza de ser hijos de Dios conduce a un trabajo más sacrificado, a una mayor abnegación, hasta abrazar la Cruz de cada día con la fuerza del Espíritu Santo, para cumplir ahí la Voluntad de Dios, sin desfallecer; permite trabajar sin descanso, porque el cansancio del trabajo pasa a ser redentor. Entonces, vale la pena empeñarse con todas las energías en la tarea porque ya no sólo se están obteniendo frutos materiales, sino que se está llevando el mundo a Cristo.

Cuando se trabaja con esa disposición, más allá del esfuerzo humano de hacer fructificar los talentos, aparece el fruto sobrenatural de paz y alegría: Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor [21], y la fecundidad apostólica: Muy bien, siervo bueno, porque has sido fiel en lo poco, ten potestad sobre diez ciudades [22].

Por lo tanto, el trabajo «no puede consistir en el mero ejercicio de las fuerzas humanas en una acción exterior; debe dejar un espacio interior, donde el hombre, convirtiéndose cada vez más en lo que por voluntad divina tiene que ser, se va preparando a aquel “descanso” que el Señor reserva a sus siervos y amigos» [23].

En el episodio de la Transfiguración se narra que seis días después de anunciar su Pasión y muerte, Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los condujo a un monte alto, a ellos solos. Y se transfiguró ante ellos [24]. Santo Tomás, comentando este pasaje, relaciona el día séptimo en el que Dios descansó de la obra creadora con el séptimo día –seis días después– en que el Señor se manifestó a sus discípulos para mostrarles un anticipo de la Resurrección gloriosa, para que, levantando la mirada, no se quedasen en una visón terrena [25]. Los tres discípulos, admirados ante la contemplación de la gloria, ante la presencia del fin al que están llamados, expresan la alegría de descansar en el Señor y con el Señor: qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas [26] –afirma Pedro–, viviendo anticipadamente la alegría y la paz del Cielo. Ese momento no iba a perpetuarse todavía. Sin embargo, la luz y la paz del Tabor serán fuerza para continuar el camino que, pasando por la Cruz, conduce a la Resurrección.

También nosotros hallamos descanso en el abandono filial: la paz y la serenidad de quien sabe que detrás del cansancio, las dificultades y las preocupaciones propias de nuestra condición terrena, hay un Padre eterno y omnipotente, que nos sostiene. Trabajar con visión de eternidad evita preocupaciones inútiles y desasosiegos infecundos y anima cualquier tarea con el deseo de ver definitivamente el rostro de Cristo.

Trabajar con visión de eternidad evita preocupaciones inútiles y desasosiegos infecundos.

Santificar el descanso, y especialmente el domingo –paradigma del descanso cristiano que celebra la Resurrección del Señor–, ayuda a descubrir el sentido de eternidad y contribuye a renovar la esperanza: «el domingo significa el día verdaderamente único que seguirá al tiempo actual, el día sin término que no conocerá ni tarde ni mañana, el siglo imperecedero que no podrá envejecer; el domingo es el preanuncio incesante de la vida sin fin que reanima la esperanza de los cristianos y los alienta en su camino» [27].

Santificar el descanso y las diversiones

Los primeros cristianos vivían su fe en un ambiente hedonista y pagano. Desde el principio, se dieron cuenta de que no se puede compatibilizar el seguimiento de Cristo con formas de descansar y de divertirse que pervierten y deshumanizan.

San Agustín, en referencia a espectáculos de este tipo, decía en una homilía: «Niégate a ir, reprimiendo en tu corazón la concupiscencia temporal, y mantente en una actitud fuerte y perseverante» [28]. No es extraño que se repitan ahora, en ambientes neopaganos, manifestaciones clamorosas de esa indigencia espiritual.

Es preciso discernir «entre los medios de la cultura y las diversiones que la sociedad ofrece, los que estén más de acuerdo con una vida conforme a los preceptos del Evangelio» [29].

No se trata de permanecer en un ambiente cerrado. Es necesario ponerse en marcha, con iniciativa, con valentía, con verdadero amor a las almas, de modo que cada uno nos esforcemos para transmitir en los ambientes sociales el sentido y el gozo cristiano del descanso. Como nos recordaba don Álvaro, es una labor importante para cada uno la creación de lugares en los que impere un tono cristiano en las relaciones sociales, en las diversiones, en el aprovechamiento del tiempo libre [30].

Jesús, María y José nos muestran cómo hay en la vida familiar tiempo para el descanso y para la fiesta: iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua [31]. La familia, espacio espiritual, es una escuela para aprender a descansar pensando en los demás. Para ello conviene programar bien las vacaciones, emplear los tiempos de descanso para estar con los hijos, para conocerles bien y conversar con ellos, para jugar con los más pequeños...

Es preciso aprender a pasarlo bien en familia, sin caer en la solución fácil de dejar a los más jóvenes solos frente al televisor o navegando en Internet.

Es preciso aprender a pasarlo bien en familia, sin caer en la solución fácil de dejar a los más jóvenes solos frente al televisor o navegando en Internet. En este sentido, seleccionar en la televisión cuáles son los programas más interesantes y verlos junto a los hijos, o enseñar a utilizar el ordenador con sobriedad, sabiendo en cada momento para qué se usa –principalmente como herramienta de trabajo–, adquieren hoy una importancia no pequeña.

El Evangelio de San Lucas muestra también cómo el niño Jesús, movido por el Espíritu Santo, aprovecha la subida a Jerusalén con motivo de la fiesta de la Pascua para iluminar a los hombres: Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de sus respuestas [32].

El descanso no es una interrupción de la tarea apostólica. Al contrario, abre nuevas posibilidades, nuevas ocasiones de profundizar en la amistad y conocer personas y ambientes a los que llevar la luz de Cristo.

El Concilio Vaticano II anima a todos los cristianos a esta imponente labor: a cooperar «para que las manifestaciones y actividades culturales colectivas, propias de nuestro tiempo, se humanicen y se impregnen de espíritu cristiano» [33].

La Iglesia está necesitada de personas que actúen, con mentalidad laical, en este campo de la nueva evangelización. Urge recristianizar las fiestas y costumbres populares. –Urge evitar que los espectáculos públicos se vean en esta disyuntiva: o ñoños o paganos. Pide al Señor que haya quien trabaje en esa labor de urgencia, que podemos llamar “apostolado de la diversión” [34].

F. J. López Díaz – C. Ruiz Montoya


1. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

2. Ibid.

3. Gn 2, 1-3.

4. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 307.

5. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

6. A solas con Dios, n. 29.

7. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2566.

8. Amigos de Dios, n.14.

9. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

10. De nuestro Padre, Carta 15-X-1948, n. 14.

11. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 65.

12. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

13. 1 Cor 3, 7.

14. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 67.

15. Ibid.

16. Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2172.

17. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 68.

18. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

19. Sal 127 [126], 2.

20. A solas con Dios, n. 221.

21. Mt 25, 21 y 23.

22. Lc 19, 17.

23. Juan Pablo II, Litt. enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25.

24. Mt 17, 1-4.

25. Cfr. Santo Tomás, In Matth. Ev., XVII, 1.

26. Mt 17, 4.

27. Cfr. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 26.

28. San Agustín, Sermo 88, 17.

29. Juan Pablo II, Litt. apost. Dies Domini, 31-V-1998, n. 68.

30. Don Álvaro, Cartas de Familia (1), n. 386.

31. Lc 2, 41.

32. Lc 2, 47.

33. Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 61.

34. Camino, n. 975.

 

 

Octubre, mes del Rosario

El mes de octubre, y especialmente el día 7, está dedicado a la Virgen María, en su advocación de nuestra Señora del Rosario.

Del Opus Dei01/10/2018

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Virgen de Torreciudad. Foto: Álvaro García Fuentes

La devoción de San Josemaría a la Virgen María.

 

El Beato Álvaro explica algunos consejos prácticos para rezar bien el Rosario.

 

Textos y audios de San Josemaría sobre los misterios del Rosario: el fundador del Opus Dei comenta el evangelio de cada escena del Rosario.

 

 

 

Octubre, mes del Rosario

 

De María el mes de octubre

es dedicado al rosario

y aunque en otoño no hay flores

multicolores de mayo

sí brotan avemarías,

perfume en buenos deseos,

de hijos enamorados.

 

Las cuentas de los misterios

que escenifican la vida

de Jesús, sus treinta años,

reflejan el Evangelio

de lo que fue, paso a paso,

la estancia entre nosotros

para cielo y tierra darnos.

 

No ha pasado mucho tiempo

cuando tres partes rezábamos

de gozo, gloria y dolor,

hasta que el santo Juan Pablo

abrió con diafanidad

otros momentos de luz

que nadie había reparado.

 

Después, el Papa Francisco,

ha venido a predicarnos

que en cada octubre su rezo

sea propósito obligado,

a modo de invitación,

para que la Madre Buena

nos proteja del diablo.

 

Hay una antigua oración

de acogernos a su amparo,

pidiendo que no desprecie

las súplicas dirigidas

por quienes, necesitados,

le dirigimos a Ella

al término del rosario.

 

Y también a San Miguel,

Arcángel más esforzado,

que al frente de una legión

hizo la guerra a Luzbel,

al grito ¿Quién cómo Dios?

 y a otros, igual que aquél,

en la soberbia hermanados.

 

Con esta arma poderosa

bien recitada a diario,

podremos así vencer

las insidias del demonio,

que es el azote del mundo,

y a base de otros señuelos

quiere de Dios apartarnos.

 

José María López Ferrera

 

El diálogo, ¿tiene algún sentido?

Ernesto Juliá

Indígenas peruanos durante la visita del Papadata:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

photo_camera Indígenas peruanos durante la visita del Papa

“Nunca he bautizado a un indio, ni lo haré en el futuro”, dijo el obispo Erwin Kräutler, hombre clave del próximo Sínodo del Amazonia. 

¿A qué ha ido este hombre al Amazonia? ¿Se ha acordado alguna vez del discurso de san Pablo a los atenienses? Le dejaron hablar un rato hasta que les habló de Cristo, muerto y resucitado. En ese momento, la mayoría se fueron; se quedaron apenas dos o tres, ¿que hizo san Pablo? Le siguió hablando de Dios hecho hombre, de Jesucristo; y sin imponer nada a nadie, con la misma libertad con que Esteban bautizó al etíope, los bautizó. Fueron los primeros cristianos griegos que propagaron la fe a su alrededor.

La Comisión Teológica Internacional publicó en 1997 un documento titulado “El cristianismo y las religiones”. En el n. 104 nos dice muy claramente en qué consiste el diálogo, sin duda amable, sereno y respetuoso, de la Iglesia Católica con las otras religiones.

La Iglesia sabe que el único salvador de todos los hombres que quieren ser salvado, es Cristo Nuestro Señor.

“A la única mediación salvífica de Cristo para todos los hombres se le atribuye, por parte de la posición pluralista, una pretensión de superioridad; por ello se pide que el cristocentrismo teológico, del cual se deduce necesariamente esta pretensión, sea sustituido por un teocentrismo más aceptable”.

Algunos pretenden quitar de en medio a Dios que se hace hombre, que se acerca a los hombres, que muere por ellos; e imaginarse un dios etéreo, en la “nube”, que apenas sirva para entretener un momento de aburrimiento vital.

La Comisión teológica se expresa con claridad:
“Frente a ello hay que afirmar que la verdad de la fe no está a nuestra disposición. Frente a una estrategia de diálogo que pide una reducción del dogma cristológico para excluir esta pretensión de superioridad del cristianismo, optamos más bien —con el fin de excluir una «falsa» pretensión de superioridad— por una aplicación radical de la fe cristológica a la forma de anuncio que le es propia. Toda forma de evangelización que no corresponde al mensaje, a la vida, a la muerte y a la resurrección de Jesucristo, compromete este mensaje y, en última instancia, a Jesucristo mismo. La verdad como verdad es siempre «superior»; pero la verdad de Jesucristo, en la claridad de su exigencia, es siempre servicio al hombre; es la verdad del que da la vida por los hombres para hacerlos entrar definitivamente en el amor de Dios.”

Y en el núcleo del mensaje de Cristo está el “bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

La Iglesia, una, santa, católica y apostólica, desde sus comienzos -fue fundada por el mismo Jesucristo- ha tenido, y tiene, la clara conciencia de ser la única religión revelada por Dios; Cristo anuncia que es la Luz del mundo. Donde no hay Luz, hay tiniebla, con apenas, quizá, algunos puntitos de luz que anhelan unirse a la Luz plena. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, dijo Jesús. 

Es comprensible que la Comisión Teológica concluya así este párrafo:
“Toda forma de anuncio que busque ante todo y sobre todo imponerse sobre los oyentes o disponer de ellos con los medios de una racionalidad instrumental o estratégica, se opone a Cristo, evangelio del Padre, y a la dignidad del hombre de la que Él mismo habla”.

Y no es difícil concluir que esos “medios de una racionalidad instrumental y estrategia”, pueden ser desde la preocupación por la fauna del mar océano, hasta el interés de “hacer lo que los jóvenes quieren que se haga”, y manipular así el “interés” de los jóvenes; hasta la búsqueda de una paz ilusoria, que nada tiene que ver con la verdadera paz de pedir perdón por los pecados, y descubrir el Amor de Cristo, el Amor de Dios.

El camino, el diálogo, de San Pablo es el que han seguido los hombres y las mujeres que han llevado la luz de Cristo a todos los rincones de la tierra.

ernesto.julia@gmail.com

 

 

¿De verdad el «cambio climático» es antropogénico? ¿Qué dice la ciencia?

 

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A propósito del cambio climático y sus causas, este último fin de semana se han intensificado los #fridaysforthefuture (o «viernes por el futuro»), movilizaciones anti-cambio climático que tienen lugar en todo el mundo, comenzando con una «huelga general por el clima»-organizada en más de 100 países-, que se celebró este viernes 20 de septiembre, anticipándose a la Cumbre de la ONU contra el cambio climático, que ha reunido a decenas de presidentes en Nueva York este pasado lunes 23. Las acciones culminarán con la llamada Huelga Mundial por el Clima, el día 27, con cientos de manifestaciones y movilizaciones convocadas alrededor del globo, también aquí en España. Un colega me confesaba su inquietud cuando sus hijas le advirtieron de que lo verían como un auténtico irresponsable y un mal padre si no las acompañaba a la manifestación de este viernes…

Casi cada día se dan cita en los medios informaciones aparentemente opuestas. Por un lado, desembarca en Nueva York la estudiante y «activista» sueca de 16 años Greta Thunberg, siempre acompañada por su «coach», Ms. Neubauer, de la One Fundation, con frases como «quiero que entren en pánico. Que sientan el miedo que yo siento cada día y ¡después quiero que actúen! Que actúen como si la casa estuviera en llamas. Porque lo está», o «no quiero que me escuchen, quiero que escuchen a los científicos y quiero que se unan detrás de la ciencia»…

Por otro lado, la OCDE alertaba de las diez consecuencias medioambientales más alarmantes para la economía, en su informe Environmental Outlook to 2050: The consequence of inaction, que podéis leer resumido en este artículo.

En los discursos y vídeos se habla de una mezcla de correlaciones sin causalidad clara entre elementos de lo más variado, como la invasión de plásticos en nuestras aguas, los incendios provocados por el hombre… y el aumento de la temperatura y los fenómenos naturales de tinte catastrófico como inundaciones, sequías. Todo ello produce una sobrecarga emocional sobre muchos ciudadanos que ya afecta a millones de personas (y no solo jóvenes) que hoy sufren solastalgia, también llamada eco-ansiedad, angustia climática o burn-out ecológico, por sentirse parte del problema e impotentes ante el mismo.

¿Debería Greta estar en el colegio y no en las calles, como se pregunta este artículo de El Público? ¿Qué hacen los padres de una menor, permitiendo lo que para muchos es clara manipulación o, llegando incluso más lejos, un caso de abuso de la menor?

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Pero hay muchos otros datos. Os dejo «otra verdad» sobre el cambio climático, la del ingeniero chileno Douglas Pollock, «La verdad sobre el cambio climático. El negocio de la ONU». Algunos datos que aporta son:

  • Bo KJellén, jefe negociador climático de Suecia del IPPC, acuñó en 2008 el nombre de «Cambio climático», en respuesta al desgaste que sufría el de «calentamiento global» (en realidad «entibiamiento», está mal traducido del inglés). Con esta etiqueta de #CambioClimático hoy se quiere «explicar» todo. Polloc afirma, con datos, que todos los calentamientos globales ocurridos en los últimos 10.000 han sido mucho más intensos, por eso a este de ahora lo llama «entibiamiento» (y dice, además, la mano del hombre solo ha afectado en un 5%). Es relevante que durante el gran calentamiento global que ocurrió en la Edad Media, época en que se construyeron los castillos y las grandes catedrales, la humanidad prosperó como nunca. El frío mata 20 veces más que el calor, como se refleja en este estudio publicado en el prestigioso The Lancet Journal.
  • El CO2 fue «satanizado» por Obama (y luego recogido en estos términos por la ONU) a golpe de decreto, declarándolo gas altamente contaminante y muy perjudicial para el ser humano. Pollock recuerda que el CO2 es el «Gas de la Vida», y que en la actualidad estamos en mínimos históricos en la Tierra. Si disminuye un poco más, empezarán a morir plantas y árboles, seguidos del reino animal. El área púramente desértica del Sáhara se ha reducido en 300.000 km2, gracias al reverdecimiento que ha producido en la Tierra el, por otro lado, mínimo aumento del C02. El CO2, en contra de lo que afirma la ONU, no es el causante del calentamiento global. Lo son las grandes fuerzas de la naturaleza, principalmente el sol. La influencia humana es prácticamente nula.data:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==
  • Si el negocio de las drogas mueve 600.000 millones de dólares al año, el negocio del cambio climático -con la ONU a la cabeza- mueve el doble, 1 billón 300.000 millones al año. Según Pollock, los principales objetivos de las Naciones Unidas son fundamentalmente dos: primero, el reparto igualitario de la riqueza global (¿socialismo?) y, segundo, el establecimiento de un gobierno mundial con la ONU a la cabeza.

Y acaba preguntándose: ¿por qué se ha salido Trump del Acuerdo de París? ¿Hay realmente una crisis humanitaria derivada del cataclismo que se nos viene encima, según la ONU?

Podéis verlo todo en este vídeo. Después, vosotros tendréis la palabra. ¡Seguimos!

 

La política y el clero

Ángel Cabrero Ugarte

El cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino. data:image/gif;base64,R0lGODlhAQABAPABAP///wAAACH5BAEKAAAALAAAAAABAAEAAAICRAEAOw==

photo_camera El cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino.

Es reciente una novela de autor italiano situada en el norte de Italia, el Tirol, que al principio de la historia era Austria y al final, después de la guerra es Italia. Se plantea la problemática, con tintes históricos, de la construcción de una gran presa en uno de los valles de aquella hermosa montaña. Para los lugareños, que viven del ganado y las tierras labradas, el pantano es un desastre. A parte de que, según se va avanzando, se advierte la probabilidad de que la aldea quede sumergida.

Eric, esposo de la protagonista relatora en primera persona, está dispuesto a hacer lo que sea para que el proyecto, que ve crecer poco a poco, no llegue a ser una realidad. Y se apoya sobre todo en el párroco. Busca apoyos en las gentes del lugar que ven poca solución, pero el párroco acude al obispo, que hace una visita al lugar, mostrando gran preocupación, sin ver mucha solución. La tozudez de Eric y del párroco consigue algo impensable: que les reciba el Papa.

En fin, lo de menos es como transcurre la historia. Lo que llama la atención es ese clericalismo presente en aquellos lugares, bastante similar al que había en España en esas mismas épocas.

Apoyarse en el sacerdote era un recurso fácil, entre otras cosas porque el cura, con afán de protagonismo, accedía. En muchos ambientes, ahora esto es ya anacrónico. Y sin embargo todavía se acude a veces al sacerdote como salvador de lo imposible.

Pero el sacerdote solo salva en la medida en que reza. El Cardenal Sarah, que ha tenido gran éxito con sus dos primeros libros, ha publicado recientemente un tercer libro con tintes de gran preocupación por las cosas que ocurren dentro de la Iglesia y en sociedad que nos rodea.

 

Se atreve en este libro con denuncias que no salen nunca de la pluma de personas cristianas.
Hay mucha gente empeñada en criticar a los sacerdotes, pero es por motivos totalmente contrarios a la fe. Desde fuera de la Iglesia.

Lo que no suele ocurrir es que un sacerdote, un obispo, un cardenal, tenga la valentía de exponer las problemáticas eclesiales actuales. El cardenal Sarah advierte, porque le preocupa el planteamiento vital de muchos sacerdotes, muy dispuestos a acudir a solucionar problemas materiales, pero a quienes se ve muy poco rezando. Vamos, es que “no tienen tiempo para rezar”, porque hay muchas actividades en la parroquia, muchos líos que organizar.

Aunque lo peor es cuando les da por meterse en la política. Parece claro que los sacerdotes no deben hacer ninguna declaración política. Tampoco los obispos. Tampoco la Conferencia Episcopal. Digan lo que digan se lo van a interpretar mal. Y nunca se puede olvidar que cuando se ponen de un lado, se sitúan contra el otro. En la historia de los italianos del Tirol el párroco no es capaz de darse cuenta de que se está poniendo en contra de unas cuestiones que hoy nadie discutiría, la importancia de los embalses para tantas cosas buenas.

Es lo que hay que aprender. El clero no puede estar en ningún bando, ni con ricos ni con pobres, ni con nacionalista ni con españolistas, ni con independentistas ni con centralistas. Está con todos. Lo demás es poner a la Iglesia en un brete de odios y rechazos.

Cardenal Robert Sarah, Se hace tarde y anochece, Palabra 2019
 

 

APASIONAMIENTO AL ACTUAR
Ing. José Joaquín Camacho                                

  Siglo 21, Guatemala,28 septiembre 2019
    
    Recibí un comentario que puede servir tanto para un padre de familia como para un |político.
    Los científicos suelen medir el avance de las civilizaciones según la capacidad individual de controlar los instintos primarios, y por la implantación de normas de convivencia que mitiguen los choques entre grupos con intereses opuestos. Por esto la prudencia y la templanza  siempre han sido las características deseables para cualquier persona que buscara la felicidad y el desarrollo personal. Un pensamiento, ahora respaldado pues  se  ha demostrado cómo el autocontrol es el factor que más influye en el «éxito en la vida», superando al coeficiente intelectual que hasta ahora  venía considerándose como el principal factor individual de éxito.
    Sin embargo, actualmente parece haber una tendencia contraria. Un  índice de ello lo encontramos –aparte de en muchas telenovelas- en los «reality shows» basados en enfrentamientos –apasionados- entre los protagonistas. Y en general abundan programas de «interés humano» cuya audiencia depende del número e intensidad de los estallidos emocionales. Es la misma problemática de algunos periodistas que se sienten obligados a emocionar a las masas para no perder audiencia por ser tachados de “prudentes y templados”… Podría pensarse que la repetición de estos planteamientos e imágenes –exaltación del sentimiento- sólo divierte y no influye mayor cosa. Pero la verdad es que cuando se exalta a alguien que ha adquirido fama y fortuna desatando en público su agresividad y sus instintos primarios –sexuales o no-… ¿no se presenta esto como algo que hay que imitar?
Quizá por todo esto, a veces se incita públicamente a que usemos la razón. Se comentaba a propósito de un letrero de la policía en una autopista española: “Elige tu razón. No corras”. Y comentaban: “Si se piensa un poco, la “filosofía” del consejo es que uno puede dejarse llevar por la compulsión de las prisas; o conducirse –y nunca mejor dicho- por lo que la razón le dicta. Porque muchas veces no nos conducimos conforme a lo razonable, sino que estamos convencidos de que la razón sirve de bien poco a la hora de tomar decisiones. Estimamos que debemos decidir en función de lo que nos hace sentirnos a gusto con nosotros mismos, de “los sentimientos”; los cuales, no rara vez, entran en conflicto con nuestros intereses.  
Esta “filosofía”, concluye, es decisiva porque lo que confiere dignidad a la acción humana –lo que hace que sea verdaderamente libre- es que esté guiada por la razón, actuando por encima de compulsiones y sentimientos. “Lo mejor que hay en ti” –argumento al que tanto acude la publicidad- es la razón, y no unos volátiles sentimientos. Y, a la larga, se puede producir una degradación social demoledora, al ir popularmente entre lo light y la dispersión, la sugestión por lo inmediato y el éxtasis ante la facilidad.
Hay que rechazar abiertamente la vulgaridad individual y el enfrentamiento. No es más preocupado por la sociedad quien más se exalta, ni más «moderno» quien se entrega a la satisfacción de todas sus inclinaciones. Precisamente lo que distingue a los seres humanos civilizados es el raciocinio y la capacidad de convivir con los diferentes. Si no, caeríamos en la ley de la selva, donde los animales se guían por sus instintos. Pero es fácil evitarlo: basta que pensemos.

 

La ganadería contamina pero…

En España, en 2018, el sector agrario aportaba el 11,6 % de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) totales de las cuales, la ganadería aporta casi dos terceras partes de estas emisiones. Es así que la ganadería española apenas aporta el 7,6% de las emisiones GEI de España y el 0,6 % de la Unión Europea, según ha señalado la directora general de Producciones y Mercados Agrarios del Mapa. Datos que no dan para mantener la acusación, como hacen algunos, de ser la producción ganadera la causante del cambio climático.

Ello no quiere decir que no debamos seguir trabajando para mejorar estos números y contribuir de manera activa a los compromisos adquiridos por España en materia de reducción de emisiones. También los relacionados con la calidad de aire.

Pero no olvidemos que la ganadería es un “motor contra el despoblamiento” sea cual sea el sector y el modelo productivo. Las explotaciones de vacuno, ovino y caprino se suelen ubicar en zonas donde la geografía y las condiciones climáticas no permiten el desarrollo de otras actividades, mientras que el porcino y otras actividades ganaderas más intensivas precisan de mano de obra cualificada y generan mayor cantidad de empleo.

No obstante la preocupación medioambiental es una constante en el sector ganadero y que desde los Gobiernos (Central y Autonómicos) se apoyan medidas para lograr actividades productivas más sostenibles. En particular, tenemos la próxima aprobación de nueva normativa en materia de ordenación de las granjas porcinas, vacunas y avícolas, para mejorar su impacto ambiental, la bioseguridad y el bienestar de los animales. También cabe mencionar los proyectos para favorecer una maquinaria agrícola más eficiente y menos contaminante, o para la nutrición sostenible de los suelos agrarios.

No olvidemos que la “sostenibilidad de la producción agrícola es uno de los aspectos más relevantes de la revisión de la Política Agrícola Común (PAC)” que se está llevando a cabo. Así, está especialmente reflejado en el Plan Estratégico de la nueva PAC.

Remarcamos finalmente que el objetivo es “avanzar” hacia un modelo agroganadero más respetuoso, si cabe, con el clima y el medio ambiente para contribuir a la atenuación del cambio climático y a la adaptación a sus efectos, así como promover el desarrollo sostenible y la gestión eficiente de recursos naturales (agua, suelo y aire) para preservar la biodiversidad y conservar hábitats y paisajes. Al tiempo que se procura que los ciudadanos puedan disponer de los alimentos necesarios.

Jesús Domingo

 

Ateísmo y Ciencia de Hoy

A Dios no se le ve con los ojos de la cara; pero lo reconocemos con nuestra inteligencia.

P.Jorge Loring

Voy a dedicar la conferencia de hoy a hablar sobre el ateísmo. He de decir, primero, que a Dios se le puede conocer por distintos caminos. Hay gente que ha llegado al conocimiento de Dios por una experiencia personal. Porque lo siente. Porque lo vive. Por una vivencia íntima. Lo ha tenido tan cerca, tan dentro de sí, que no puede dudar de su existencia. Como el que ha tenido un dolor de muelas. No necesita que le expliquen lo que es.

Es el caso de San Pablo o el de André Frossard, como dice en su libro «Dios existe, yo me lo encontré». Entró ateo en una iglesia y salió católico. Pero no es éste el modo único, ni el más frecuente, de conocer a Dios. Hoy vamos a intentar decir unas cuantas cosas que nos ayuden de conocer a Dios por medio del entendimiento. No se trata de reducir la fe a la razón. La fe transciende la razón, pero es razonable. Si no lo fuera, los creyentes seríamos unos estúpidos.

Por otra parte, ya nos lo dijo San Juan: «A Dios no lo ha visto nadie. Dios es espíritu». Con los ojos de la cara a Dios no se le ve. Eso no es nuevo. Eso lo sabemos de siempre. A Dios no lo ha visto nadie. A Jesucristo sí, porque Jesucristo es Dios hecho Hombre, con cuerpo de hombre; pero a Dios-Creador no lo ha visto nadie. Porque Dios es espíritu, y el espíritu no se ve con los ojos de la cara. Pero esto no significa que Dios no exista. Hay muchas cosas que existen y no se ven con los ojos de la cara. Los ojos no ven lo muy pequeño, y por eso necesitamos un microscopio; ni lo muy lejano, y por eso nos servimos de unos prismáticos.

Y desde luego los ojos de la cara no sirven para conocer el amor. ¿Me vais a negar que existe el amor? Sois padres de familia. Tenéis amor a vuestras esposas. A vuestros hijos. Los solteros tenéis novia: tenéis amor a vuestras novias. ¿Quién ha visto el amor? ¿De qué color es el amor? ¿Es azul? ¿Es rojo? ¿Es verde? ¿Qué forma tiene el amor? ¿Es triangular? ¿Es cuadrado? ¿Es rectangular? ¡Nadie ha visto el amor! Vemos personas que se aman, pero el amor no se ve.

¡Y el amor existe! Pero el amor es algo espiritual. Por eso no se ve con los ojos de la cara. Por eso el amor tampoco tiene peso. ¿Cuántos gramos o kilos pesa tu amor? El amor no se pesa con una balanza, el amor no se mide con un metro, porque la balanza y el metro sirven para pesar y medir cosas materiales. Pero el amor no se mide con metro ni con balanza. ¡Y hay amor! ¡Y hay grados de amor! Hay quien ama mucho y hay quien ama poco. Pero el amor es una cosa espiritual. Y lo espiritual no se ve con los ojos de la cara, ni se mide con instrumentos materiales ¡Pero existe el amor!.

Ni el telescopio sirve para ver a Dios, ni el microscopio para ver a Cristo en la Eucaristía. Tampoco el ojo capta una sinfonía de Beethoven, ni el oído admira un cuadro de Velázquez. Para cada conocimiento es necesario el órgano adecuado. Los sentidos son una fuente de conocimientos, pero no es la única ni la mejor. Cuando Descartes dice «pienso, luego existo» hace un razonamiento totalmente válido, aunque sea al margen de los sentidos.

Los sentidos ayudan a la inteligencia que opera con los datos que éstos le proporcionan. Los mismos sentidos se complementan mutuamente para la percepción de la realidad. Pero solos no bastan. Hay cosas que nuestros ojos no ven; pero existen. Así es Dios. Dios es algo espiritual, a quien no vemos; pero lo vamos a conocer con el entendimiento. Y lo que conocemos con el entendimiento vale más que lo que conocemos con los ojos de la cara. Os lo demuestro. Los ojos muchas veces nos engañan. Muchas veces ves una cosa con los ojos, y parece lo que no es. Y no hablo del que ve fantasmas, y después no hay tales. No, no. Algo mucho más corriente.

Tú miras la Luna llena, y tú, ¿qué ves en el horizonte? Un gran disco rojo, precioso. Los ojos, ¿qué te dan?: Un disco. Lo que te dan los ojos es que la Luna es como un plato. Sin embargo, la Luna es una esfera. La Luna es esférica como una pelota. Pero los ojos lo que te dan es un disco, un plato. Tú, por el estudio, sabes que la Luna es esférica como una pelota. ¡Los ojos te engañan!

La Luna llena en el horizonte parece más grande que en el cenit. ¿Es que se ha desinflado? No, si es una bola de piedra. Es un fenómeno óptico. ¡Los ojos engañan! Si en invierno me asomo de noche a contemplar el cielo estrellado, detrás del gigante Orión veo la preciosidad de Sirio, una de las estrellas más inestables que conocemos. Pues, a lo mejor, lo que estamos viendo ya no existe. Sirio ha podido haber explotado, como le pasa a algunas estrellas, y todavía no nos hemos enterado, pues la explosión tardará ocho años en llegarnos. Está a ocho años de luz. La estamos viendo y es posible que ya no exista. ¡Los ojos nos engañan!

En 1987 nos llegó la noticia de la explosión de una estrella que se destruyó hace 170.000 años, y que habíamos observado sin sospechar que ya no existía. Muchas veces lo que ves con los ojos es mentira. Y tienes que ver con el entendimiento para tener una noción clara de la verdad. Porque los ojos te pueden engañar. Por eso digo que cuando conoces una cosa con el entendimiento tiene mucha más fuerza que cuando la conoces sólo con los ojos de la cara.

Nosotros vamos a conocer a Dios por el entendimiento, porque como conozcas una cosa con el entendimiento, bien aplicado, puedes estar seguro de que no te equivocas. Os pongo un ejemplo. Si alguien me demostrara matemáticamente que el hijo es más viejo que su madre, aunque yo no supiera encontrar el punto donde está el fallo de la demostración, no por eso me dejaría convencer, pues mi entendimiento me advierte claramente que se trata de un engaño. Porque yo sé que es imposible que el hijo sea mayor que su madre.

Si yo os digo: «No he contado las estrellas del cielo, no sé cuántas son; pero me atrevo a afirmar que el número de las estrellas del cielo es: o par o impar». Claro, si no es par, es impar. Porque con vuestro entendimiento sabéis que el número que sea, el que sea, lo mismo da uno que otro; el que sea, es par o impar. Y no hay más. Vuestro entendimiento comprende que esto es verdad. No tiene vuelta de hoja.

Si yo te digo: «el todo es mayor que su parte», me das la razón. Con el entendimiento caes en la cuenta de que el todo es siempre mayor que su parte. El conjunto de todos vosotros es siempre mayor que parte de vosotros. Leer un libro entero siempre es más que leer sólo parte del libro. Claro que sí. Estos conocimientos que adquieres con el entendimiento bien aplicado tienen mucha más fuerza, más firmeza, más seguridad, que las cosas que vemos con los ojos. Lo comprendes con tanta claridad y con tanta seguridad que tienes la certeza de que nunca, nadie, puede convencerte de lo contrario. Por tanto aunque a Dios no se le ve con los ojos de la cara, no importa. Lo conocemos con el entendimiento, que tiene más fuerza todavía.

Pues vamos a conocer a Dios por el entendimiento. Dice San Pablo en el capítulo primero de la carta a los Romanos que «es inexcusable que no conozcamos a Dios al ver las maravillas de la Naturaleza». Y en el Libro de la Sabiduría se dice más. Al principio del capítulo trece, dice: «el que después de contemplar la Naturaleza no cree en Dios, es un necio». ¡Un necio! Palabra de Dios. Lo dice la Santa Biblia.

¿Por qué? Porque si tenemos entendimiento, al conocer la Naturaleza, tenemos que caer en la cuenta de que hay un Dios. ¿Por qué? Porque la Naturaleza me enseña que tiene que haber alguien que haya hecho la Naturaleza. La Naturaleza es tan maravillosa, la Naturaleza tiene unas leyes tan complicadas, la Naturaleza hace unas cosas tan fenomenales que no tenemos más remedio que pensar en el talento del que ha hecho la Naturaleza.

Leí un artículo de un catedrático de Madrid, el Dr. Menéndez, que decía: «Quien estudiando la Naturaleza desconoce a Dios, Autor de la Naturaleza, es lo mismo que el que examina y observa una máquina automática e ignora el ingeniero que la ha proyectado. Estando yo en la Bazán, me enseñaron un torno automático de seis cuchillas, que hacían al mismo tiempo cada una, una cosa distinta. Y el obrero no hacía más que mirar. Y la misma máquina hacía el trabajo fenomenalmente. La máquina sola. Y ahora digo yo, ¿habrá un necio que diga: qué talento tiene esta máquina! iQué fenomenal! ¡Fíjate! ¡Qué máquina tan inteligente! ».

¡No hombre, no! La máquina no tiene inteligencia. La máquina es de hierro. Y el hierro no tiene inteligencia. La inteligencia la tiene el ingeniero que ha proyectado la máquina. Y el obrero que la ha preparado. Después la máquina funciona. Funciona maravillosamente. Hace piezas muy difíciles. Pero la máquina no piensa. La máquina hace sólo lo que el ingeniero que la ha proyectado ha dispuesto que haga. Pero el talento no es de la máquina. Que la máquina es de hierro. El talento es del ingeniero. Cuando contemplo el Moisés de Miguel Ángel pienso en el talento del artista que ha sacado esa escultura de un bloque de piedra.

Pues lo mismo: examinas la Naturaleza, y ves que hace cosas fenomenales: los panales de las abejas o las flores de un rosal. Pero la Naturaleza no tiene talento. Es materia. Y el talento es de orden espiritual. El talento lo tiene el que ha hecho la Naturaleza. Cuando tú estudias la Naturaleza y ves, por ejemplo, las leyes matemáticas que rigen el cosmos, te quedas admirado. Esto es impresionante. Por eso decía James Jeans, astrónomo norteamericano contemporáneo: «El cosmos es obra de un gran matemático».

Por eso dice la Biblia: «Los cielos cantan la gloria de Dios». Porque cuando estudias el cosmos y caes en la cuenta de la técnica matemática que rige el movimiento de las estrellas, no tienes más remedio que reconocer la inteligencia del Autor del cosmos.

El movimiento de las estrellas está formulado matemáticamente por Newton y Kepler. Newton y Kepler son astrónomos que observan el movimiento de las estrellas y formulan matemáticamente el movimiento de las estrellas. Pero Newton y Kepler no hacen esas leyes. Esas leyes regían el movimiento de las estrellas muchísimos años antes de que nacieran Newton y Kepler . El hombre no hace las leyes de la Naturaleza, las encuentra en ella. Y entonces tenemos que pensar en ese matemático que ha puesto las leyes matemáticas en la Naturaleza. Ése es Dios.

Lo mismo podríamos decir de las leyes químicas. Leí un libro de un soviético, Oparin, en el que explica químicamente cómo pudo ser el origen de la vida. No hay dificultad desde el punto de vista católico. Pudo ser así. No digamos que fue así. Pudo ser. Es una hipótesis. Él opina que una combinación de metano, amoníaco y vapor de agua, con unas descargas eléctricas formaron los primeros aminoácidos, los primeros ácidos nucleicos que son la base de la vida. Bueno, pudo ser así. Este libro se llama: «El origen de la vida». Está lleno de fórmulas químicas y de leyes químicas. Muy bien, señor biólogo, usted me explica cómo ha comenzado la vida en el mundo.

Bien. Pero, y esas leyes químicas, ¿no suponen una inteligencia? Pues a ese Ser inteligente que ha hecho las leyes químicas, que han dado origen a los ácidos nucleicos, aminoácidos, a las proteínas, y a la evolución de la vida, a esa inteligencia que ha puesto esas leyes fenomenales en la Naturaleza, a éste le llamo Dios.

Lo mismo la función clorofílica de las plantas. La hoja verde es una fábrica de oxígeno, un laboratorio de química. Transforma el anhídrido carbónico que echamos al respirar en oxígeno con la luz del Sol. Gracias a la función clorofílica de las plantas no se agota el oxígeno de la atmósfera que gastamos al respirar. Pues la función clorofílica de las plantas se realiza según unas leyes. Precisamente un grupo de científicos de la Universidad de Sevilla ha logrado repetir en el laboratorio lo que hacen las plantas, al descubrir las leyes que emplean. Por el estudio de las leyes químicas que hay en la Naturaleza, yo descubro a Dios. Veo a Dios detrás de esas leyes.

Lo mismo las leyes biológicas: por ejemplo, la maravilla de la gestación de una criatura. ¿Me queréis decir si no es maravilloso que de la unión de un espermatozoide microscópico masculino y de un óvulo microscópico femenino, a los nueve meses nazca un niño que se parece a su madre o que tiene el genio de su padre? Que tiene su mismo modo de ser. ¿Me queréis explicar esto?

Padres de familia que habéis engendrado hijos, y no sabéis cómo se desarrolla el hijo en el seno de su madre. Decía la madre de los Macabeos, cuando iban a martirizar a sus hijos: «Hijos míos, sed fieles a Dios, que a Él le debéis la vida. Que yo os he formado en mis entrañas, y no sé cómo os he formado; y no sé cómo os he hecho; ha sido Dios quien os ha formado en mis entrañas».

El médico, el ginecólogo, estudia el desarrollo de un feto y sabe cuándo el embarazo va bien y cuándo va mal. Hay unas leyes que rigen eso. Pero los hijos nacían así muchísimos años antes de que los médicos supieran cómo se desarrollaba el embarazo. Ha habido alguien que ha hecho unas leyes que rigen el desarrollo de una vida en el seno de su madre.

¿Habéis pensado alguna vez en la maravilla de un huevo de gallina.? Calentándolo veintiún días a cuarenta y dos grados centígrados sale un pollito saltando y piando. En la yema y la clara que tienes en el plato antes de hacerte una tortilla, ¿dónde está el pico, y los ojitos, y las patitas, y las alitas? Todo eso sale calentándolo. ¡Qué maravilla! Naturalmente que hay unas leyes que rigen la formación del pollito. Es decir: en la Naturaleza hay unas leyes matemáticas, químicas, biológicas, etc. Estas leyes de la Naturaleza me hablan de una inteligencia: la inteligencia de Dios.

La ley, el orden, la organización, la técnica, es fruto de una inteligencia. Si un día naufragas en alta mar, y agarrado a un madero llegas a una isla desierta, y allí te encuentras una cabaña, aunque tú no veas a nadie, a ningún hombre, ninguna huella de hombre (ni un zapato, ni un trapo, ni una lata de sardinas vacía), si te encuentras una cabaña, sabes que es obra de un hombre.

Si tú en esa isla te encuentras unas estacas clavadas en el suelo, unos palos en forma de techo y una puerta giratoria, aunque no veas a ningún hombre, tú sabes que esa cabaña es obra de la inteligencia de un hombre. Tú sabes que esa cabaña no se ha formado al amontonarse los palos caídos de un árbol. Porque los palos caídos de un árbol no forman una cabaña, sino un montón de leña. No ves al hombre; pero lo reconoces al ver
la obra del hombre.

A Dios no se le ve con los ojos de la cara; pero lo reconocemos con nuestra inteligencia. Porque al ver las maravillas de la Naturaleza, caemos en la cuenta de la inteligencia de ése que ha hecho el Universo, de ése que ha hecho la Naturaleza; a ése que ha puesto esas leyes en la Naturaleza; y a ése le llamamos Dios.

Si esto es así, ¿cómo es posible que haya hombres de ciencia ateos? Mirad: este año he estado hablando por Televisión durante tres meses. Empecé a primeros de enero de este año, y estuve hablando hasta Semana Santa. Hablaba todas las semanas, los domingos por la noche, después de la película. Diez minutitos, por la Segunda Cadena. Cada día tocaba un tema. En tres meses pude hablar de muchas cosas. Uno de los días hablé del ateísmo científico. Yo me había preparado unas cuartillas para sujetarme a un texto.

Sobre todo para cronometrar el tiempo, para no divagar, sino concretarme a unas ideas bien expuestas. Lo emitían los domingos, pero yo grababa los jueves. Pues llegó un jueves por la mañana a Madrid en el expreso. El día que yo iba a hablar sobre el ateísmo científico. cuando llegó a Madrid (se me ocurrió en el tren), tomo un taxi y me voy al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, a hablar con el Antonio Romañá, un padre jesuita, antiguo amigo mío, al que yo he oído muchas conferencias. Es un hombre de una gran altura intelectual, un hombre científico de fama internacional. Ha sido más de treinta años Director del Observatorio de Astrofísica del Ebro, pertenece a las principales Sociedades Internacionales de Astronomía del mundo, y es miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas; allí tiene un despacho donde él trabaja.

Me fui a verle al Consejo, y a leerle mis cuartillas. Le dije:

-Mire, Padre, esta tarde voy a grabar en Prado del Rey un espacio de Televisión sobre el ateísmo científico, y quisiera leerle el texto para que usted me asesore. A ver qué le parece.

Le leí las cuartillas, y tuve la satisfacción de que a él le gustó todo lo que yo había escrito; pero me dijo cosas que yo no sabía y que nunca me hubiera atrevido a decir por Televisión. Pero claro, si me lo dice él, un hombre científico de fama internacional, de una fenomenal categoría intelectual, entonces yo, citando al P. Romañá, dije esto por Televisión:

«Hay hombres de ciencia ateos, pero su ateísmo hay que buscarlo por otros caminos, no por razones científicas; porque no hay ningún argumento científico que demuestre que no hay Dios. En cambio, hay muchas razones científicas que apoyan la fe del creyente».

Esto lo he dicho por Televisión, apoyado en la autoridad del P.Romañá: «Hay hombres de ciencia ateos, pero su ateísmo hay que buscarlo por otros caminos, no por razones científicas; porque no hay ningún argumento científico que demuestre que no hay Dios; en cambio hay muchas razones científicas que apoyan la fe del creyente». Textualmente. Como me lo dijo el P. Romañá.

No hay argumentos que demuestren que no hay Dios. No los hay. Entonces, ¿cómo hay hombres ateos? Vamos a analizar un poco por qué hay hombres ateos. Hombres que no creen. ¿Cuáles son los caminos que llevan al ateísmo? Voy a seguir un poco el esquema de un libro de otro padre jesuita, el P.Pedraz, que lleva muchos años en Puerto Rico. Escribe muy bien. Sobre todo con una lógica convincente. Tiene un libro tremendamente persuasivo. Ya el título tiene garra. Lo titula: «¿De veras que el cristianismo no convence?»

Expone cómo el cristianismo es plenamente convincente. En este libro analiza el P.Pedraz las distintas clases de ateos.

Primero: hay hombres que son ateos por ignorantes. Porque no saben religión. ¡Ah, pero si éste es una eminencia en Matemáticas! ¡Pero si éste es una eminencia en Química! ¡De acuerdo! Es una eminencia en ese ramo de la Ciencia; pero de Religión sabe muy poco. Sabrá mucha Química, mucha Biología, y mucha Medicina, pero si no sabe Religión, ¿cómo le va a convencer lo que ignora? Si no estudia Religión, no sabe Religión. Y entonces, ¿por qué no es católico? ¿Por qué vive de espaldas a la Religión? ¡Porque no sabe Religión! Sabe mucha Medicina, pero si no sabe Religión, no le puede convencer lo que no conoce. Claro. Muchos hombres de ciencia son ateos porque son ignorantes en el terreno religioso. No saben Religión.

Segundo: otros, lo que tienen es una formación religiosa infantil. Saben de Religión lo que estudiaron cuando niños, y no han vuelto a estudiar Religión. Y ahora que se han hecho mayores y han aumentado su cultura general, conservan de Religión sólo lo que aprendieron de niños, ¿cómo van a resolver sus problemas de adulto con soluciones de niño? La Religión que saben no les sirve. Y entonces resulta que la Religión no les convence, porque la única Religión que saben es la que aprendieron en la escuela cuando eran niños.

Si no han estudiado más, si no saben más, entonces se han quedado con formación religiosa infantil. Un adulto necesita otros enfoques, otra argumentación. Es como el traje de Primera Comunión. Se te ha quedado pequeño. Cuando hiciste la Primera Comunión estabas muy mono con tu traje de marinerito. ¡Pero no te lo puedes poner ahora! ¡Porque lo revientas! ¡Porque no te va!

Pues lo mismo. La formación religiosa que recibiste de niño, para niño te iba muy bien. Pero ahora de hombre tienes que saber religión a lo hombre. No a lo niño. Por eso el que se ha quedado con una formación religiosa infantil se llena de problemas, de dudas y de dificultades. Si tú estudias Religión a lo hombre, verás cómo te convences. Porque te puedes convencer. Pero hace falta que estudies Religión a lo hombre. La Religión infantil, a tu edad, no te va. Mirad: para esto he escrito yo este libro que se llama «PARA SALVARTE», compendio de Religión Católica, que es una especie de catecismo de adultos. Yo he escrito este libro, para que los hombres sepan por qué son católicos, para que se convenzan de la Religión Católica.

Otros te dicen:
-Es que yo, no acepto dogmas, y la Iglesia es dogmática.
Es verdad. La Iglesia te impone dogmas. Tienes que aceptar sus verdades. Pero tú no eres libre para pensar lo que quieras. Tú tienes obligación de pensar la verdad. Y si piensas la mentira, estás equivocado. Nadie es libre para pensar lo que quiera, y en todas partes hay verdades dogmáticas.

Hay verdades indiscutibles, hay verdades obligatorias. Todos los médicos del mundo tienen obligación de decir que el órgano de la visión es el ojo. Ningún médico es libre para decir que el órgano de la visión es la nariz. Todos tienen que decir que vemos con los ojos. Es indiscutible que vemos con los ojos. Todos los químicos del mundo, tienen que decir que la fórmula del agua es H2O. Ningún químico del mundo es libre para decir que la fórmula del agua es ClNa. Ésta es la fórmula de la sal común, no del agua .Y todos los químicos del mundo están obligados a decir: agua, H2O. Y no son libres para decir lo contrario.

Todos los matemáticos del mundo están obligados a decir que pi es 3,14 16. Y ningún matemático del mundo es libre para decir que pi es 8,24 52. No, hombre, no. Porque si pi es la relación de la circunferencia al diámetro, que es una constante, en el sistema decimal es 3,14 15 92; lo que sea. Y todos los matemáticos aceptan pi: 3,14 16. Y ninguno es libre para decir lo contrario. En Matemáticas, en Física, en Química, en Medicina y en Religión. En todos los campos del saber hay verdades indiscutibles.

-Pero es que la moral católica es represiva. No me deja hacer lo que me apetece.

La moral católica no es represiva, sino que ayuda al hombre a que se realice como hombre Y no se deje llevar del instinto animal. La moral católica no quita la libertad al hombre, sino que le ayuda a que la use bien. Es como las vías del tren. Le obligan a ir por un camino. Pero no le impiden avanzar. Le ayudan a llegar. Le impiden que se despeñe. Le ayudan al bien, le defienden del mal. Lo mismo la moral católica. Quita libertad para lo malo, no para lo bueno. Señala el camino para que el hombre se realice y cumpla su misión en la vida. Le impide que viva como un animal, como una fiera. Le ayuda a ser persona humana y a convivir con sus semejantes.

Dios quiere el bien del hombre. Si todos los hombres cumplieran los mandamientos, la vida sería un pedazo de cielo. Nadie haría daño a nadie, y todos nos portaríamos con los demás como nos gustaría que los demás se porten con nosotros. Cuando Cristo dice que el Reino de los Cielos es una perla preciosa que merece dejarlo todo por conseguirla, no nos engaña.

Otros no creen porque tienen dificultades. Tienen dudas. Tienen oscuridades. Tienen problemas. Tienen incógnitas. Bien. Todos podemos tener dudas Y dificultades. Consiste en estudiarlas. En aclararlas. Pregunta a un sacerdote que te las aclare. Pero el que uno tenga dificultades, no significa que la Religión no sea verdad. Significa que nuestro entendimiento es limitado. Lo mismo que podemos tener dudas en Electrónica, Medicina o Astronomía. Un físico tiene oscuridades sobre algunos puntos de la Física, como los agujeros negros del cosmos: pero no por eso reniega de la Física.

Un médico tiene problemas insolubles en Medicina, como el cáncer; pero no por eso reniega de la Medicina. Un hombre puede tener dudas de fe y ser creyente. Lo que es una tontería es que un señor, porque tiene dudas de fe, porque tiene oscuridades, viva de espaldas a Dios. ¡Eso es una barbaridad! Porque la Religión es verdad aunque tú tengas dudas. Tú puedes conocer la realidad de un hecho, aunque tengas oscuridades sobre su fenomenología. Tú sabes que la televisión es un hecho, pero puedes no entender cómo unos palos en el techo de tu casa recogen las transmisiones que se hacen desde Madrid.

Dice el P.Pedraz, en ese libro que os decía, muy convincente: «El ateo podrá tener sus dudas, problemas, oscuridades, incógnitas, pero nunca un ateo puede estar tan seguro de que no hay Dios, como nosotros podemos estar seguros de que lo hay». Así es. El ateo será ateo porque tiene dudas, problemas, oscuridades; pero convencido de que no hay Dios, no puede estarlo. No tiene argumentos. En cambio, nosotros podemos estar convencidos de que hay Dios. Después lo veremos.

Hay otro tipo de hombres que no aceptan la Religión porque tiene misterios. En la Religión hay cosas que superan la razón. Las aceptamos porque las dice Dios, pero no las entendemos. Por ejemplo la Eucaristía. ¿Quién entiende la Eucaristía? Nosotros sabemos que Cristo está en la Eucaristía porque Él nos lo ha dicho. No porque lo entendamos. O porque se vea a Cristo mirando en el microscopio una hostia consagrada. A Cristo no se le ve en la Eucaristía. Pero sabemos que Cristo tomó un pedazo de pan y dijo: «Esto es mi cuerpo». Y como yo sé que Cristo es Dios y lo puede hacer, yo me fío de Él. Pero yo no lo entiendo. ¿Cómo voy a entender que en esa Sagrada Forma esté metido Dios? Lo creo, pero no lo entiendo: es un misterio.

Y ése que no cree en la Biblia, después se traga cosas mucho más gordas, porque hay montones de cosas en la vida que no entiende, y se las traga. Y no las entiende. A ver ese hombre, si no sabe electrónica, cómo se explica que le da a un botón de la «tele», y sale un señor leyendo noticias en Madrid, o un partido de fútbol en Valencia. ¿Eh? ¡A ver cómo se lo explica!

¿Cómo vienen por el aire esas imágenes? Con unos palos en el techo de tu casa y un cable a tu aparato, Y estás viendo un partido. A ver, ¡explícamelo! ¿Lo entiendes? Y sin embargo, aceptas el hecho de la televisión. Y no sabes cómo la radio capta ondas que están aquí mismo. Aquí hay ondas. Ondas hertzianas. El oído no las capta, pero coges un aparato, un transistor y capta las ondas. Tú no sabes cómo, y lo aceptas. Porque estás viendo que un aparato pequeño capta ondas de radio que el oído no capta.

Y si tú sabes electrónica, pues no sabes medicina. Y a ti te duele aquí y vas al médico, y te dice: ataque de apéndice. Y vas al quirófano y te rajan, Y tú, ¿qué sabes si es ataque de apéndice o es cólico nefrítico? Te fías del médico que sabe si es apéndice o es cólico nefrítico. Pero tú no lo sabes. Y a ti te duele. Y tú, que eres al que le duele, no sabes si es apéndice o cólico nefrítico. Y te fías del médico. iTe tienes que fiar! Y el médico se fía del piloto. Va en un avión. Y el médico sabe Medicina, pero se asoma a la cabina del avión, y empieza a ver relojes: un vacuómetro, un tacómetro, un manómetro, un altímetro, etc. El piloto que los entiende, vigila la compresión del motor, las revoluciones por minuto, la altura, la presión del aceite, etc. Pero tú con tantos relojes te haces un lío.

Y el médico se fía del piloto. Y el piloto se fía del médico, y el médico y el piloto se fían de la cocinera, porque no todos sabemos distinguir las setas venenosas de las comestibles. Si vas a tener que analizar cada alimento que te ponen para saber que no está envenenado, no puedes comer. Te fías de la cocinera. Nos tenemos que fiar unos de otros. Y resulta que este hombre que se fía del médico, del piloto y de la cocinera, y se fía de tanta gente, después no se fía de Dios. iHombre! Ya te podías fiar de Dios, ¿no? Te tienes que fiar de los demás, porque si no te fías del prójimo, no puedes dar un paso en la vida. ¿Y te fías de todo el mundo menos de Dios? ¡Pues vaya una lógica!

Pero es más. Es que el hombre que no cree en Dios, se tiene que tragar cosas mucho más gordas que los que creemos en Dios. Los que creemos en Dios tenemos explicación para muchas cosas que sin Dios no tienen explicación: los que no creen en Dios no pueden explicármelas. Por eso recurren a la salida cómoda del «no sé» propia del agnosticismo.

Como no quieren creer en Dios rechazan la razón que hay para creer y prefieren quedarse en la cómoda ignorancia del «no sé». Pero esta postura del agnóstico supone muchas más «tragaderas». Y esto nos lo va a decir nada menos que un soviético. Supongo, si es que habéis leído un poco el periódico, habréis seguido el caso de este premio Nobel soviético que se llama Alejandro Solzchenitsyn. Pues este soviético, Premio Nobel 1970, es creyente. Muchos se creen que en Rusia todos son comunistas. No hombre, no. En Rusia mandan los comunistas, pero no todo el mundo es comunista. En Rusia hay mucha gente que cree en Dios. Los comunistas son ateos; pero hay montones de personas que creen en Dios, Y uno de ellos es éste: Alejandro Solzchenitsyn, que ha escrito una oración muy bonita. Dice esto: «Señor, qué fácil me es creer en Ti, porque si prescindo de Ti, el mundo está lleno de incógnitas».

El católico tiene misterios: la Eucaristía, la Trinidad, la Redención, la Virginidad de María…, etc. Pero el no católico tiene muchos más misterios. Porque si quitamos a Dios, la vida tiene muchas cosas que no se explican. Con Dios se explican muchas cosas que sin Dios, no hay quien las explique. Después aclararé esto.

Por eso dice Solzchenitsyn: «Señor, qué fácil me es creer en Ti; porque si prescindo de Ti, la vida está llena de obscuridades, llena de incógnitas, llena de cosas inexplicables». Otro premio Nobel de Medicina, Alexis Carrel, tiene esta frase: «No soy tan crédulo, como para ser incrédulo». Porque el incrédulo, el que no cree en Dios, se tiene que tragar muchas más cosas que el creyente, que el que cree en Dios. Porque los creyentes aceptamos algún misterio porque nos lo dice Dios y nos fiamos de Él, pero el no creyente tiene que aceptar montones de cosas que sin Dios no tienen explicación. Por lo tanto, decimos, nosotros somos creyentes; porque realmente es muy razonable creer en Dios.

Otro tipo de ateo es el que se aparta de Dios por razones afectivas. A algunos no les conviene creer en Dios. Porque la Religión exige mucho. Les estorba la Religión. Porque viven mucho más cómodos sin creer en Dios. ¡Claro! Si crees en Dios, te obliga una moral, te obliga una honradez, te obliga una rectitud. Por no querer adaptar tu vida a la fe, tiras la fe por la borda, Dices:

-Yo no creo en Dios, y así vivo a mis anchas: hago lo que me da la gana, lo que me apetece, lo que me conviene. Como no creo en Dios, yo tranquilo.

No señor. Ni hablar. El que tú digas que porque no crees en Dios a vivir tranquilo, eso no resuelve nada. Porque si hay Dios, el que tú lo niegues no lo destruye, Dios sigue lo mismo. Y si tú dices que no crees en Dios, ya te enterarás muchacho, porque te vas a morir. Y en cuanto te mueras, te enteras.

Por lo tanto, es una idiotez decir: «Yo, como no creo en Dios, a vivir ». No muchacho. No, que eso no resuelve nada. Dice la Biblia en el capítulo segundo del Libro de la Sabiduría: «Los que quieren gozar en este mundo como si no hubiera otra vida, se equivocan; pues Dios ha hecho al hombre para la inmortalidad». Dios sigue igual. Lo aceptes o no lo aceptes. Dios no desaparece porque un señor diga: «Yo, como no creo en Dios, yo tranquilo». No hijo. Dios no desaparece.

¿Os cuento un cuento? Va de cuento:
Iban un día de paseo dos peces por el mar. Y un pez le dice al otro:
-Oye, ¿ves esa lombriz? Pues fíjate, está colgada de un hilo. Pues en la punta del hilo hay una caña, Y esta caña está en manos de un hombre, Y ese hombre está esperando que uno de nosotros se tire por la lombriz, para engancharle, y a la sartén. Y el otro que se las daba de muy enterado, que no creía nada de eso le dice:

-Bueno, pues no estás tú antiguo. ¿Y tú crees en el cuento de la sartén? ¡Pero si eso es un cuento de viejas! ¡Si eso lo contaba mi abuela! Yo, un pez moderno, en el siglo de la técnica, ¿me voy a creer cuentos de viejas? ¿Quién ha vuelto de la sartén para contarlo? Hombre, no seas antiguo. ¡Vas a creer en cuentos de viejas! ¿No quieres la lombriz? ¡Tú te la pierdes! ¡Mía es!

Y este pez «listillo», que no creía cuentos de viejas, que se reía de todo eso, se tiró por la lombriz, Y lo engancharon y, ¡a la sartén! ¡Claro!

Porque el cuento de la sartén no es mentira porque él diga que es mentira. Existe la sartén. Y los hombres que comemos pescado frito. Aunque el otro que se las daba de enterado decía: «Si eso lo contaba mi abuela; eso es un cuento antiguo; como el cuento del infierno». Es que las verdades son muy antiguas. Hace mucho tiempo que dos y dos son cuatro, y no por eso dejan de ser cuatro. Lo que es verdad, lo fue ayer, lo es hoy y lo será mañana.

Y el infierno que fue verdad para los abuelos, será verdad también para los nietos. Porque la verdad es la misma.

Las verdades dogmáticas no pasan con el tiempo. Son verdad siempre. Y el que no crea se va a enterar. Porque se va a morir. Y en cuanto se muera se entera. Cuestión de cien años. Cien años pasan pronto, Dentro de cien años nos hemos enterrado todos. Aquí no quedará nadie de nosotros. Ni uno. Los que creemos, nos encontraremos con lo que creemos. Y los que no crean se encontrarán que se equivocaron. Pero todos nos vamos a enterar. Porque la muerte nos lo aclarará todo. Por eso es una tontería decir: «Yo, como no creo, a vivir». No chico, estudia y cree. Porque como no creas te vas a llevar un chasco.

Hay otro tipo de hombres que no creen porque han tenido la desgracia de recibir el impacto del mal ejemplo de un mal católico. Esto ocurre. Dicen: «si ése es católico, y hace esto y hace lo otro; pues yo no quiero ser como ése». O de un mal sacerdote. Quiera Dios que nunca en la vida tengáis la desgracia de tropezar con un mal sacerdote, porque los hay. Si entre los doce Apóstoles hubo un Judas, entre los cuatrocientos mil que somos hoy…

Los hay. Haciendo un daño horrible. Quiera Dios que nunca tropecéis con uno, porque os quitan la fe. Y la fe es lo que más vale en el mundo. Más que los millones. Y un mal sacerdote acaba con tu fe. Ojalá que todos los sacerdotes fuéramos «otros Cristos». Que tenemos obligación de serlo. Dentro de la fragilidad humana; pero tenemos obligación de esforzarnos por parecernos a Cristo. Y el que en lugar de ser otro Cristo en la Tierra, lo que hace es machacar la fe del pueblo con su mal ejemplo y con las cosas que dice, eso es de una enorme responsabilidad. Por eso digo, que cuando un hombre ha tenido la desgracia de recibir el impacto de un mal sacerdote, instintivamente se pone de espaldas a todo lo que ese sacerdote significa.

Pero eso tampoco soluciona nada. Porque si ése es un mal sacerdote, se irá al infierno como todo mal cristiano. Pero el que ese sacerdote se vaya al infierno, tampoco te justifica a ti. Porque si tú eres un mal católico, también te irás al infierno. Iréis los dos juntos. Señores, yo estoy convencido de que hay sacerdotes en el infierno. Porque el que pisotea su sacerdocio, y se ríe de su sacerdocio, y desprestigia su sacerdocio, y en lugar de sembrar el bien en las almas y llevarlas a Dios, como es su obligación, lo que hace es sembrar el escándalo, la confusión y quitar la fe de las almas, dará cuenta a Dios. ¡Menuda responsabilidad!

No hay duda de que tiene que haber sacerdotes en el infierno. Pero el hecho de que haya malos sacerdotes, no es razón para alejarse de la Iglesia. Si tú te tropiezas con un mal médico, te buscas otro médico que sea bueno; pero no te apartas de la Medicina. Si llevas tu coche a un taller y te lo arreglan mal, te buscas otro taller, pero no te quedas con el coche estropeado. Pues lo mismo debes hacer con los sacerdotes: si das con uno que no te gusta, te buscas otro mejor, que los hay.

Supuesto esto, resumo ya todo lo dicho.
Hay hombres de ciencia que son ateos; pero su ateísmo hay que buscarlo por otros caminos, no por razones científicas: no hay ningún argumento científico que demuestre que no hay Dios. En cambio, hay muchas razones científicas que apoyan la fe del creyente. Mira, si hubiera razones científicas que impidieran creer en Dios, no habría hombres de ciencia creyentes Cuando nos encontramos grandes hombres de ciencia que son creyentes es porque la ciencia no es obstáculo para creer. Voy a poneros ejemplos. Y no voy a referirme a sabios del siglo pasado como Volta o Ampère (que dieron sus nombres a las medidas eléctricas voltio y amperio), que eran creyentes. Me voy a referir a sabios de nuestros días que son creyentes.

Von Braun, el cerebro de los vuelos espaciales americanos, estuvo en España hace unos meses. Por marzo estuvo Von Braun en España. Pues Von Braun, este cerebro que es de los hombres más inteligentes del mundo, es creyente. Y reza todos los días. Yo he leído un artículo suyo en el ABC de Madrid donde él lo dice.

Otro gran talento, Heisenberg. Premio Nobel de Física. Uno de los talentos más grandes que hay hoy en el mundo. Ha descubierto la fórmula unitaria de los tres campos energéticos: gravitatorio, electromagnético y nuclear. Es una fórmula que Einstein estuvo buscando toda su vida y no dio con ella. Pues Heisenberg la ha descubierto. Y tuvo una conferencia en Leipzig, que, según dijo la prensa, sólo media docena de hombres en el mundo fue capaz de entenderlo. Pues este hombre, de los que saben más Física en el mundo hoy, a quien sólo es capaz de entenderle media docena de hombres en el mundo, este hombre, el año 1969 estuvo en Madrid. Tuvo una rueda de prensa. Yo lo he tomado de la Agencia Cifra. Dijo que él cree en Dios. Que él sabe que Dios es el Autor del cosmos.

Otros, que también he puesto en mi libro «PARA SALVARTE»: Max Planck, premio Nobel de Física, autor de la teoría cuántica, un genio. También él cree en Dios. Paul Dirac, premio Nobel de Física, Profesor de Cambridge, en un discurso en un Congreso Internacional de Premios Nobel -él Premio Nobel a hombres Premio Nobel- en Lindau (Alemania) les dice cómo él cree en Dios, Autor del Universo. Premios Nobel contemporáneos. Grandes talentos de hoy que creen en Dios.

Mirad, el mismo P.Romañá, del que antes os hablé, me dio esta otra frase que también he repetido por Televisión: «Hoy en Astrofísica nadie excluye la idea de creación». Los grandes astrofísicos contemporáneos aceptan a Dios Creador. La frase es del P. Romañá. Los hombres de ciencia que estudian el comienzo del cosmos comprenden que hace falta un Creador. Si no, no tiene explicación el comienzo del cosmos.

Pues demos gracias a Dios, que sin merecerlo, hemos nacido en un país católico, y en una familia católica, y hemos recibido una educación en la fe. Nosotros desde pequeños hemos creído en estas verdades, en las que creen los grandes talentos que hoy tiene la Humanidad. Quizás ellos llegaran a esta conclusión después de muchas horas de estudio y reflexión. Nosotros nos lo hemos encontrado. Demos gracias a Dios. No somos ateos. Somos creyentes.

                                     P. Jorge Loring

 

Pedagogía, no ideología

David Chadweil, coordinador del Departamento de Educación de Carolina del Sur para el desarrollo de las escuelas públicas de educación diferenciada, considera que este tipo de enseñanza no debe entenderse como una cuestión política, ni como una regresión al pasado ni un pulso contra la coeducación, "simplemente como una opción, porque los niños y las niñas tienen distintas formas de aprender". El profesor Chadweil ha sido invitado por la European Association of Single-Sex Education (EASSE) en colaboración con entidades educativas para dar a conocer su experiencia en varias ciudades de España y Portugal. Su estancia en España se producía unos días después de que el Tribunal Supremo desestimara el recurso de casación interpuesto por la Junta de Andalucía con el objeto de retirar los conciertos económicos a doce centros andaluces de enseñanza no mixta.

Según el experto estadounidense, "la educación diferenciada ha de quedar fuera del debate político y basarse en  los  resultados educativos". Las diferencias en el aprendizaje deberían ser tenidas en cuenta incluso en la escuela mixta para poder atender las peculiares necesidades de cada uno de los sexos. "La implementación de clases diferenciadas en una escuela pública -asegura-  no  supone  un coste elevado".

Pedro García

 

La cultura de la fraternidad, base de la paz

En una fecha de resonancias dramáticas, recuerdan el atentado en las Torres Gemelas, como el 11 de septiembre, el Vaticano ha sido escenario del primer encuentro del Comité Superior establecido en el histórico documento sobre la Fraternidad Humana firmado por el Papa y el gran Iman de El Azhar a principios de este año. En aquél documento se hacía un llamamiento a los líderes del mundo para que se comprometiesen a difundir la cultura de la tolerancia, de la convivencia y de la paz, como método para poner fin a los conflictos. Esta ha sido la razón de la primera reunión del Comité constituido, a cuyos integrantes llamó el Papa “artesanos de la fraternidad”, alentándolos a ser el origen de una nueva política mundial, “no solo de mano extendida sino de corazón abierto”.

Juan García.

 

Subasta de ofertas de bienestar

“Se tienen menos niños en Europa porque hay demasiado apego al bienestar individual”, ha dicho Francisco, el Papa, recordando además que los Estados tienen la responsabilidad de ocuparse de la familia y de los jóvenes, que son el tesoro de los países. Aunque se trata de una reflexión social bastante frecuente, no por repetida parece preocupar lo más mínimo a los políticos europeos, especialmente a los españoles. Por el contrario, asistimos a una especie de subasta de ofertas de bienestar, muchas veces basadas en esa colonización ideológica que el Papa ha vuelto a denunciar en su último viaje a África.

Jesús Domingo Martínez

 

MI APORTE AL DÍA MUNDIAL DEL TURISMO

Mucho se ha hablado y se sigue hablando del turismo... escribir se escribe bastante menos y sinceramente creo que pensar en EL TURISMO... se piensa aún bastante menos... a mi mente vienen las contundentes palabras que pronunciara el Sr. Careaga Guadamuro, ya hace "unos cuantos lustros", con las que calificaba el fenómeno turístico nacional y el poco aprecio que parecían concederle "los responsables políticos de aquella España" y las que se pueden seguir manteniendo en "esta España de hoy", omito la frase ya que cualquiera introducido en el turismo español la conoce perfectamente.

            No obstante ello, el turismo ha sido vital para España en lo económico y muy importante en lo "inmaterial", ya que EL TURISMO es y representa "muchísimo más que el dinero que mueve" y esto se suele olvidar insensatamente.

ESPAÑA: MONUMENTOS Y LUGARES PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD Y MÁS “COSAS”

            España es el tercero de los países del mundo, en número de otorgamiento de estos galardones  (65 en total, incluidos los “inmateriales”),  y que en verdad, son algo muy destacado y de lo que poco se habla en este país, que presume de deportistas y otros “ídolos de barro”; dejando para el olvido o la ignorancia (que es mucho peor) lo muchísimo que la Naturaleza y los hombres que nos precedieron, dejaron en esta nación; y pese a las infinitas guerras y destrucciones, que “todas las tribus”, que aquí habitaron, hicieron y lamentablemente siguen haciendo; pero aun así, la realidad confirma esa superioridad mundial.

            Y esa superioridad se demuestra por cuanto en el número uno y dos, hay clasificados a China e Italia; lo que se justifica a mi entender; por cuanto la primera en su inmensidad y vieja cultura, considero mantendrá ese puesto por tiempo inagotable, puesto que en el nuevo “resurgimiento del gigantesco país; sigue y seguirá marcando hitos que si ya nos sorprenden, nos sorprenderán mucho más y no digamos, a las generaciones que nos sucedan. En cuanto a Italia, por su larga historia, su imperio que duró más de dos milenios; y sus vicisitudes anteriores y posteriores, amén de las infinitas “individualidades que han nacido en ese territorio, y al que Vicente Blasco Ibáñez, le dedicó un gran libro, como “País del arte; justifican ese segundo puesto, siendo el más pequeño país en extensión, de los tres citados; cumpliéndose en ello el viejo dicho de la sabiduría popular, que más o menos asegura que… “el mejor perfume se vende siempre en frascos pequeños”.

            Pero España que también ostenta un tercer puesto mundial en historia, ya que es la tercera nación conformada como tal; sólo superada por la vieja China y el también viejo Japón; pero aquí y como ya sentenciara Otto von Bismark, en el siglo diecinueve; se sigue destruyendo España, en las siempre y absurdas “luchas intestinas”; que debilitan enormemente lo que debiera ser, una nación puntera en el mundo, por sus propios medios; y los que le otorgan su lugar estratégico del mundo, como es su situación peninsular, ribereña a mares y océano importantes en el mundo, puente hacia el continente africano, que es el de más porvenir del futuro, climas, etc.

            Y por si fuera poco todo ello; aquí no se quiere reconocer el idioma propio y común a todos los españoles; o sea, EL ESPAÑOL; que lo es nada menos que desde el reinado de los denominados “Reyes Católicos” (va para seis siglos ya) y cuando aquellos verdaderos estadistas, dispusieron un idioma común para todos sus reinos; encargando al andaluz y erudito de su tiempo; “Elio Antonio de Nebrija”; la recopilación de las más importantes palabras empleadas en sus territorios; confeccionando este privilegiado español, la primera gramática, en la que fueron recogidas palabras incluso musulmanas (a miles) y del resto de reinos; y que luego fueron aumentando (las palabras cacique, canoa, hamaca y algunas otras las trae Colón, del Caribe, en sus viajes al nuevo continente). Por tanto decir que nuestro idioma es “el castellano”; es como para echarse a reír; hoy se habla en toda España el español común a todos los españoles, si bien con los matices que cada región ha marcado en su vivir cotidiano; pero lo que es absurdo por demás, es; “el empecinamiento de los demagogos” a los que yo denomino como  “vernaculandeses”; por imponer un idioma menor (respetable como tal pero menor, muy menor) y el que sólo les sirve, para, “andar por casa”; puesto que al llegar a la calle, tienen que emplear el común español que hablamos todos los españoles. Yo que he recorrido la mayor parte de España; en todos los lugares me he entendido en ese idioma común y sin dificultad alguna.

            Pero es más; es que ese idioma ESPAÑOL; se habla en dos docenas de países y se estudia en todas las universidades del mundo; siendo en la actualidad el segundo idioma más empleado en el planeta; calculándose ya en seiscientos millones o más, de terrícolas, que lo emplean; debiendo decir también, que hoy no es España en la que mayor número de habitantes hay de este idioma; hoy el primer país de habla española, es Méjico, seguido de Estados Unidos (“que en gran parte del mismo fue, la Nueva España del imperio) y pronto nos superarán también, Argentina, Colombia, Venezuela, e incluso, el enorme Brasil; donde ya fue legislado la enseñanza obligatoria del ESPAÑOL, en todas sus escuelas públicas; lo que nos dice bien claro, que nuestro idioma, crece por su fuerza propia de expansión y no necesita otra.

            Igual ocurre con otra gran idiotez aquí, cual es la enseñanza de nuestra verdadera Historia; y es que en el desacierto o desgracia, de otorgar las tan nefastas autonomías; y a éstas, haberles dado “tantos vuelos”; resulta que hay tantas historias de España, como autonomías hay hoy en ella (17 más Ceuta y Melilla) por lo que en conjunto, se está creando un “guirigay”, que reconducirlo será obra de titanes; y la realidad “dura y fría”; es que la historia no debe tener matices ni favoritismos; la historia, debe ser escrita con la veracidad más cruda y posible; y ello no se puede dejar en manos de los necios políticos; eso tiene que ser regido y controlado, por un buen cuerpo de historiadores inteligentes y sin partido, que reflejen la realidad de la historia; y nada más.

            Esperemos que en verdad, España y los españoles nos dejen entrar, de verdad, en una verdadera época de progreso; y no en estos bodrios donde hoy nos hunde la mentira, el robo y la destrucción de todo lo positivo que necesita el individuo, para de verdad prosperar.

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes