Las Noticias de hoy 26 Septiembre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 26 de septiembre de 2019    

Indice:

ROME REPORTS

Reconstruir la vida con oración y trabajo

“Hoy hay más mártires que al principio de la vida de la Iglesia” – Catequesis completa

La murmuración es un “cáncer diabólico” que daña “gravemente” al cuerpo eclesial

“Nuevos Horizontes”: El Señor te espera siempre

QUERER VER AL SEÑOR: Francisco Fernandez Carbajal

“El que ama a Dios se da él mismo”: San Josemaria

Trabajo y contemplación (2): F.J. López Díaz

Un pediatra para devolver la esperanza a un barrio marginado

Signos vivos del amor que anunciamos: Ramiro Pellitero

La verdad no sabe mentir: Pedro Beteta

Bueno o malo, el estrés: Lucía Legorreta

Tener personalidad es ahora anticuado: Leo Daniele

Desigualdad y discriminación: Ana Teresa López de Llergo

El dilema de la racionalidad de la teología moral: Fray Nelson

“Lengua virtual”: Jesús Domingo

Permisos paternales separados: Domingo Martínez Madrid

Ante los Salvini: José Morales Martín

Cercana a las sociedades sovietizadas: Jesús Martínez Madrid

Los “autores y que viven como pachás”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Reconstruir la vida con oración y trabajo

Homilía de la Misa en “Ciudadela del Cielo”

septiembre 25, 2019 17:17Larissa I. LópezPapa Francisco

(ZENIT- 25 sept. 2019).­- El Santo Padre compartió con la Comunidad de “Nuevos Horizontes” el deseo de “reconstruir el templo, reconstruir la vida; no solo la nuestra, sino que también tengamos el deseo de reconstruir siempre” a través del trabajo y de la oración.

Ayer, 24 de septiembre de 2019, el Papa Francisco se trasladó hasta la localidad italiana de Frosinone para visitar por sorpresa la “Ciudadela del Cielo” de la Comunidad “Nuevos Horizontes”, donde presidió la Santa Misa.

Reconstruir el templo

En su homilía, el Papa reflexionó en torno a la primera lectura de la liturgia del día, en la que se narra la reconstrucción del templo, totalmente destruido durante años, y cómo el Señor inspiró a Nehemías para reconstruirlo.

Francisco indicó que la reconstrucción no es una tarea fácil, pero “esos judíos lograron hacerlo porque el Señor estaba con ellos. Solamente cuando el Señor está con nosotros somos capaces de hacer una reconstrucción, porque es más difícil reconstruir que construir, es más difícil”.

Y subrayó también que la historia del pueblo de Dios ha sido una historia de construcción y destrucción hasta que llegó Jesús. Incluso Dios Hijo fue reducido en la cruz, pero su poder, el poder de Dios, lo ha reconstruido para siempre para nosotros.

El poder de la redención

De este modo, con Jesús como Vencedor “somos hombres y mujeres de esperanza, porque este hombre pudo reconstruir el pueblo de Dios, para salvarnos. La liturgia dice que Dios muestra su poder en la creación pero aún más en la redención, es decir, en la victoria de Jesús, en la victoria de Jesús sobre nosotros, porque allí Jesús construye el templo, construye la Iglesia, construye nuestras vidas. No podemos construir nuestras vidas, no podemos mantener el templo de nuestra vida en pie, sin Jesús, sin confianza en Jesús”.

También les invitó a seguir adelante, a pesar de las dificultades, “muchas veces nuestra vida es así. Pero es Él quien está con nosotros, quien nos defiende de los que aman las ruinas, de quien quiere destruirnos”.

Y concluyó: “Nosotros también tenemos siempre algo de ese deseo de autodestrucción y a veces llega, es normal, somos humanos. Y a esto debemos prestar atención: los ladrillos en una mano y la espada en la otra, es decir, el trabajo y la oración, confiar en nuestras manos -como en las tuyas,  que haces estas cosas tan bonitas con los descartes- y confiar en la oración en Dios, que es la espada que nos hará seguir adelante”.

A continuación presentamos la homilía completa del Papa Francisco.

***

Homilía del Santo Padre

En la primera lectura, del libro de Esdras, se narra la reconstrucción del templo, totalmente destruido durante años, décadas….; parecía un poco como una selva, ruinas… Pero el Señor inspiró a Nehemías a hacer lo que hemos escuchado, a reconstruir el templo, y comienza esta aventura, tantos años para reconstruir Jerusalén, para reconstruir el templo. Esta es una historia de reconstrucción. Y aquí, el rey Darío, que veía con buenos ojos esta obra, escribió al gobernador: “Que construyan esto, que hagan lo otro, que protejan a esta gente”. Y sigue con la construcción.

Pero no es algo fácil de reconstruir. Aquellos judíos lo lograron porque el Señor estaba con ellos. Sólo cuando el Señor está con nosotros, somos capaces de reconstruir, porque es más difícil reconstruir que construir, es más difícil. También en nuestro país, es más difícil reorganizar una vida que criar a un niño. Es más difícil. Necesitamos cambiar nuestra mentalidad. Porque la gente que vivía allí se había acostumbrado: “Pero sí, son ruinas…”. Estaba acostumbrada a vivir con esas ruinas y no tenía esa nostalgia del templo de Dios; y si la tenían, decían: “Qué pena, ganaron, destruyeron… y sigamos adelante”. Pero este hombre santo tenía celo por la casa de Dios y quería reconstruir el templo, y ayudado por muchos sigue adelante en esta obra, comienza a ir….

Pero hay algo que no aparece aquí -porque esto es un pedacito- que a algunos de los lugareños no les gustó aquello, eran los mercaderes de las ruinas, los mercaderes de la muerte, los mercaderes del statu quo. Dijeron: “Esto no nos conviene. Dejemos las ruinas, dejemos la derrota…”. Y estos, con un grupo de amigos, por la noche destruían el muro que se construía durante el día. Y al final, ¿qué hicieron estas personas, los que querían construir? La Biblia dice: “En una mano tenían los ladrillos y en la otra la espada”, para defender el edificio. La construcción del templo se defiende con trabajo y con la espada, es decir, con lucha. Incluso la reconstrucción de una vida es una gracia, no merecida, todo es gracia, pero hay que defenderla, con trabajo y también con lucha, para no dejar que los mercaderes de la destrucción vuelvan a hacer de esta vida un montón de piedras, ruinas, ladrillos.

Tantas veces el pueblo, el pueblo de Dios tuvo que avanzar, y luego el pueblo derrotado retroceder; y avanza, retrocede, avanza, retrocede, retrocede, retrocede…, hasta que llegó Jesús. A Él también lo redujeron en ruinas en la cruz, pero su poder, el poder de Dios, lo reconstruyó para siempre para nosotros. Es decir, el trabajo de nuestras vidas, los testimonios que hemos escuchado hoy, los testimonios de reconstrucción, deben ser defendidos: ese trabajo debe ser defendido y solos no podemos, debemos ser ayudados por el único Vencedor, por el que es capaz de ganar en nosotros, y esta es la raíz de nuestra esperanza. Somos hombres y mujeres de esperanza, porque este hombre pudo  reconstruir el pueblo de Dios, para salvarnos. La liturgia dice que Dios muestra su poder en la creación pero aún más en la redención, es decir, en la victoria de Jesús, en la victoria de Jesús sobre nosotros, porque allí Jesús construye el templo, construye la Iglesia, construye nuestras vidas. No podemos construir nuestras vidas, no podemos mantener el templo de nuestra vida en pie, bien, sin Jesús, sin confianza en Jesús. Es Él quien nos ayudará en esto, con este poder propio de los que son capaces de reordenar las cosas, que es más difícil que organizarlas.

No lo sé, me gustaría decir esto. Cuando leí las dos Lecturas esta mañana, dije: esto es bueno para hoy, la primera, para reconstruir el templo, para reconstruir la vida; no sólo la nuestra, sino también para tener el deseo de reconstruir siempre. “Mira, el techo se ha caído, allí….”. Adelante. Y muchas veces nuestra vida es así. Pero es Él quien está con nosotros, quien nos defiende de los que aman las ruinas, de quien quiere destruirnos. Nosotros también tenemos siempre algo de ese deseo de autodestrucción y a veces llega, es normal, somos humanos. Y a esto debemos prestar atención: los ladrillos en una mano y la espada en la otra, es decir, el trabajo y la oración, confiar en nuestras manos -como en las tuyas,  que haces estas cosas tan bonitas con los descartes- y confiar en la oración en Dios, que es la espada que nos hará seguir adelante.

¡Qué el Señor nos dé esta gracia, el deseo de reconstruir siempre, siempre! ¡Nunca desanimarse! ¡Habrá derrotas, las habrá! Pero Él es más grande que las derrotas. Siempre con confianza. Él es la espada que gana. ¡Qué el Señor nos ayude a entender estas cosas con el corazón!

© Librería Editorial Vaticana

 

 “Hoy hay más mártires que al principio de la vida de la Iglesia” – Catequesis completa

San Esteban, “lleno de Espíritu Santo”

septiembre 25, 2019 13:02Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 25 sept. 2019).- “Hoy hay más mártires que al principio de la vida de la Iglesia y los mártires están por doquier”, ha revelado el Papa Francisco en su reflexión semanal ante miles de fieles en la plaza de san Pedro, en la audiencia general.

Este miércoles, 25 de septiembre de 2019, el Pontífice ha continuado el ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, partiendo del pasaje “Esteban, “lleno de Espíritu Santo” (Hechos 7, 55) entre diakonia y martyria (Hechos, 6-8-10.15).

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“La Iglesia de hoy es rica en mártires”, ha asegurado. “Los mártires no son ‘hombres santos’, sino hombres y mujeres de carne y hueso que, -como dice el Apocalipsis- “han lavado sus vestiduras, blanqueándolas en la sangre del Cordero” (7,14). Ellos son los verdaderos vencedores”.

“Pidamos también nosotros al Señor que, mirando a los mártires de ayer y de hoy, aprendamos a vivir una vida plena, acogiendo el martirio de la fidelidad cotidiana al Evangelio y de la conformación a Cristo”, ha exhortado al término de la catequesis.

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La calumnia siempre mata

En la catequesis de hoy, el Papa ha relatado el martirio de San Esteban, quien “evangeliza con fuerza y parresia, pero su palabra encuentra la resistencia más obstinada”. Por lo que, sus adversarios eligen “la solución más mezquina para aniquilar a un ser humano: la calumnia o el falso testimonio”, ha recordado Francisco.

“Nosotros sabemos que la calumnia siempre mata”, ha advertido. “Este ‘cáncer diabólico’, nacido del deseo de destruir la reputación de una persona, ataca también al resto del cuerpo eclesial y lo daña gravemente” cuando, “por intereses mezquinos o para cubrir los propios defectos, se entra en coalición para difamar a alguien”.

Diácono, “custodio del servicio”

El Papa ha reflexionado sobre la figura del diácono: “El diácono en la Iglesia no es un sacerdote de segunda categoría, es otra cosa; no está para el altar, sino para el servicio. Es el custodio del servicio en la Iglesia”. Se trata de una “armonía”, –describe– entre el “servicio a la Palabra” y el “servicio a la caridad”, que representa la levadura que hace crecer “el cuerpo eclesial”.

***

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Catequesis del Papa 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

A través del libro de los Hechos de los Apóstoles, continuamos siguiendo un viaje: el viaje del Evangelio en el mundo. San Lucas, con gran realismo, muestra tanto la fecundidad de este camino como la aparición de algunos problemas en la comunidad cristiana. Desde el principio ha habido siempre problemas. ¿Cómo armonizar las diferencias que coexisten en ella sin contrastes ni divisiones?

La comunidad no acogía a los judíos, sino también a los griegos, personas procedentes de la diáspora, no judíos, con su propia cultura y sensibilidad y con otra religión. Hoy, nosotros decimos “paganos”. Y los recibían. Esta co-presencia determina equilibrios frágiles y precarios; y ante las dificultades brota la “cizaña”. ¿Y cuál es la peor cizaña que destruye una comunidad? La cizaña de la murmuración, la cizaña del chismorreo: los griegos murmuran por la desatención de la comunidad hacia sus viudas.

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Los Apóstoles inician un proceso de discernimiento que consiste en analizar bien las dificultades y buscar juntos soluciones. Encuentran la manera de dividir las diversas tareas para un crecimiento sereno de todo el cuerpo eclesial y evitar descuidar tanto la “carrera” del Evangelio como el cuidado de los miembros más pobres.

Los Apóstoles son cada vez más conscientes de que su vocación principal es la oración y la predicación de la Palabra de Dios: rezar y anunciar el Evangelio;, y resuelven la cuestión estableciendo un núcleo de “siete hombres de buena fama, llenos de Espíritu y sabiduría” (Hch 6,3), que, después de recibir la imposición de las manos, se ocuparán del servicio de los comedores. Se trata de diáconos que han sido creados para esto, para el servicio. El diácono en la Iglesia no es un sacerdote de segunda categoría, es otra cosa; no está para el altar, sino para el servicio. Es el custodio del servicio en la Iglesia. Cuando a un diácono le gusta demasiado subir al altar se equivoca. Ese no es su camino. Esta armonía entre el servicio a la Palabra y el servicio a la caridad representa la levadura que hace crecer el cuerpo eclesial: en efecto.

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Y los Apóstoles crean siete diáconos y entre los siete “diáconos” destacan especialmente Esteban y Felipe. Esteban evangeliza con fuerza y parresia, pero su palabra encuentra la resistencia más obstinada. Al no encontrar otra forma para que desista ¿qué hacen sus adversarios?: Eligen la solución más mezquina para aniquilar a un ser humano: es decir,  la calumnia o el falso testimonio. Y nosotros sabemos que la calumnia siempre mata. Este “cáncer diabólico”, nacido del deseo de destruir la reputación de una persona, ataca también al resto del cuerpo eclesial y lo daña gravemente cuando, por intereses mezquinos o para cubrir los propios defectos, se entra en coalición para difamar a alguien.

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Llevado al Sanedrín y acusado por falsos testigos –lo mismo hicieron con Jesús y lo mismo harían con todos los mártires mediante falsos testimonios y calumnias- Esteban proclama una relectura de la historia sagrada centrada en Cristo para defenderse. Y la Pascua de Jesús muerto y resucitado es la clave de toda la historia de la alianza. Ante esta superabundancia de dones divinos, Esteban, valerosamente, denuncia la hipocresía con que fueron tratados los profetas y el mismo Cristo. Y les recuerda la historia diciendo: “¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, de aquel a quien vosotros ahora habéis traicionado y asesinado” (Hch 7, 52). No habla con rodeos, sino que habla claro, dice la verdad.

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Esto provoca la reacción violenta de los oyentes, y Esteban es condenado a muerte, condenado a la lapidación. Él, sin embargo, manifiesta la verdadera “tela” del discípulo de Cristo. No busca coartadas, no apela a personalidades que puedan salvarlo, sino que vuelve a poner su vida en manos del Señor y en ese momento la oración de Esteban es maravillosa – “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hch 7,59) – y muere como un hijo de Dios perdonando: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado” (Hch 7,60).

Estas palabras de Esteban nos enseñan que no son los buenos discursos lo que revela nuestra identidad como hijos de Dios, sino sólo el abandono de la propia vida en las manos del Padre y el perdón para aquellos que nos ofenden nos muestran la calidad de nuestra fe.

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Hoy hay más mártires que al principio de la vida de la Iglesia y los mártires están por doquier. La Iglesia de hoy es rica en mártires, está irrigada por su sangre que es “semilla de nuevos cristianos” (Tertuliano, Apologético, 50,13) y asegura el crecimiento y la fecundidad del Pueblo de Dios. Los mártires no son “hombres santos”, sino hombres y mujeres de carne y hueso que, -como dice el Apocalipsis- “han lavado sus vestiduras, blanqueándolas en la sangre del Cordero” (7,14). Ellos son los verdaderos vencedores.

Pidamos también nosotros al Señor que, mirando a los mártires de ayer y de hoy, aprendamos a vivir una vida plena, acogiendo el martirio de la fidelidad cotidiana al Evangelio y de la conformación a Cristo.

© Librería Editorial Vaticana

 

 

La murmuración es un “cáncer diabólico” que daña “gravemente” al cuerpo eclesial

Palabras del Papa en español

septiembre 25, 2019 10:27Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 25 sept. 2019).- Hoy el Papa Francisco ha reflexionado en la audiencia general sobre algunos problemas que surgieron dentro de la primera comunidad cristiana, continuando con el ciclo de los Hechos de los Apóstoles en sus catequesis.

“Esteban ‘lleno de Espíritu Santo’ (Hch 7,55) entre diaconía y mártires” (Libro bíblico: de los Hechos de los Apóstoles, 6, 8-10.15) ha sido el tema de la reflexión del Pontífice este miércoles, 25 de septiembre de 2019, en la plaza de San Pedro ante miles de fieles y visitantes llegados de diversas partes del mundo.

El “cáncer diabólico” de la “murmuración”, ha indicado Francisco, “nace de la voluntad de destruir la reputación de una persona, agrede al cuerpo eclesial y lo daña gravemente”.

“Las diferencias de cultura y sensibilidad fueron caldo de cultivo para la cizaña de la murmuración y los apóstoles respondieron individuando las dificultades y buscando juntos soluciones”, ha relatado el Papa. De este modo, distribuyeron las tareas de modo que ni la predicación del Evangelio ni la atención a los pobres se vieran mermadas, y nació así el ministerio de los diáconos.

El mal de la murmuración no sólo se encontraba dentro de la Iglesia, sino también fuera se alzaban reproches contra los nuevos diáconos, entre los que destacaban Felipe y Esteban, ha narrado el Papa.

“Como otro Cristo”

Los enemigos de Esteban, no teniendo como atacarle, lo calumniaron y dieron falso testimonio contra él. “Este cáncer diabólico que es la murmuración, que nace de la voluntad de destruir la reputación de una persona, agrede al cuerpo eclesial y lo daña gravemente”.

Esteban, ante el Sanedrín, fue “testigo de Cristo”: ilumina toda la historia de la salvación, y denunció la hipocresía de quienes han perseguido siempre a los profetas enviados por Dios y crucificaron a su propio Hijo. Finalmente, el tribunal decretó su muerte y, “como otro Cristo” –ha observado el Papa– Esteban la afrontó “abandonándose en las manos de Jesús y perdonando a sus agresores”.

 

 

“Nuevos Horizontes”: El Señor te espera siempre

Discurso del Papa Francisco

septiembre 25, 2019 16:46Larissa I. LópezPapa Francisco

(ZENIT- 25 sept. 2019).­- “Con sus testimonios, me han hecho sentir la mirada del Señor, que es una mirada paciente”, pues Él “siempre tiene paciencia” y “te espera, siempre”, dijo el Santo Padre.

Ayer, 24 de septiembre de 2019, el Papa Francisco se trasladó hasta la localidad italiana de Frosinone para visitar por sorpresa la “Ciudadela del Cielo” de la Comunidad “Nuevos Horizontes”, donde varios jóvenes y adultos ofrecieron su testimonio, hablaron y dirigieron algunas preguntas al Pontífice.

“Ciudadela del Cielo”

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La “Ciudadela del Cielo” es una estructura de la Comunidad “Nuevos Horizontes”, organización fundada por Chiara Amirante que propone un modelo de vida en comunidad y proporciona formación cristiana.

En lugares como “Ciudadela del Cielo”, se atiende a las almas de personas que en algún momento de su vida, por diversas razones, terminaron inmersos en las drogas, la adicción, el juego, la prostitución y, más tarde, en el descarte, la exclusión social y el rechazo, incluso por parte de la propia familia.

Tras los citados discursos y preguntas de jóvenes y adultos cuyo encuentro con la fe cristiana a través de la Comunidad “Nuevos Horizontes” cambió sus respectivas vidas, el Santo Padre pronunció un discurso espontáneo.

Mirada

En sus palabras, el Papa expuso algunas reflexiones que le sugirieron los testimonios: “Vuestras historias son historias de miradas, tantas miradas…y me han impactado”. Y agregó que con sus testimonios le habían hecho sentir “la mirada del Señor, que es una mirada paciente”, pues Él “siempre tiene paciencia” y “te espera, siempre”.

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Para el Obispo de Roma, Dios es “el Señor de la paciencia”: “te espera y nunca hace fuerza para ir hacia delante, no, respeta…El Señor nunca, nunca, nunca nos enseña a renunciar a nuestro pasado, no, y esto es una gracia”.

Voz y lucha

Sobre el contenido de las historias que le dedicaron, el Pontífice manifestó que le llamó la atención que son muchas voces las que se escuchan en la vida: “Hasta el momento en que escuchaste la voz, una voz especial que… es esa. Una voz que es como ‘un hilo de silencio sonoro’, como lo explica la Biblia (cf. 1 Reyes 19,12). ‘He oído un hilo de silencio sonoro’: el profeta Elías lo oye. Es una voz única y así, silenciosa y sonora al mismo tiempo. Y esa voz tiene esta voz: este es el canto, esta es la voz que estoy buscando, esta es la voz que me dará plenitud”.

El tercer elemento que impactó al Papa son las diferentes luchas a las que se enfrentaron: “Tantas luchas hasta la última lucha, la lucha donde nos vencieron. Es la derrota más bella: esa derrota es bella, cuando se oye decir… se puede decir: ¡Adelante, has vencido, felicidades, va!”.

Así, la mirada, la voz y la lucha final constituyen nuestra historia con Jesús, que “siempre es así”. Y resaltó que todos ellos habían dado testimonio de Jesús, sin necesidad de ningún curso: “No. Habéis sido llamados, mirados, conquistados, acariciados: la caricia de Jesús.

La “lógica del pero”

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Por otro lado, agregó que si “después de la mirada, después de la llamada, después de la victoria de Jesús” alguien percibe que “todavía le falta algo”, es porque aún “le queda algo que salga de su corazón, que no ha abierto del todo”.

Y, en este sentido, se refirió a “la lógica del ‘pero’”, con la que ponemos restricciones a la entrega. No obstante, matizó “cuando el Señor nos mira, nos habla, nos invita, nos vence, el “pero” cae. Si quieres tener estos signos, si quieres caminar en la lógica del ‘pero’, todavía no has dejado entrar al Señor”.

El amor siempre es fecundo

El Papa Francisco también señaló que la tendencia al mal y al pecado continúa, pero que cuando dejamos todo atrás por el Señor “sabemos que solo en Él hay esperanza”.

Finalmente, el Santo Padre habló sobre el amor “espiritualmente, físicamente, humanamente”, que siempre es fecundo, también para los sacerdotes, los obispos y las personas solteras y sin hijos. Y agregó que el testimonio “es una siembra, no una siembra de ideas, no, el hecho de que Dios es amor, de que Dios nos ama, de que Dios nos busca a cada instante, de que Dios está a nuestro lado, de que Dios nos toma de la mano para salvarnos. Y esta es la fecundidad, nuestra fecundidad, de todos nosotros”.

A continuación sigue el discurso completo del Papa Francisco.

***

Discurso del Santo Padre

Disculpad, pero no quiero hacer de  profesor. Cuando se tienen  83 años, no apetece estar mucho tiempo de pie. ¿Vale? Para la misa es suficiente….

Aquí me enviaron una carpeta con el horario, quién hablaba, luego los testimonios, lo que habéis leído, las preguntas… Pensé que si empezaba a responder a esas preguntas, esos “por qué” o “cómo” o “qué piensa” seguramente serían palabras…. palabras, palabras, palabras…. ¿Quién cantaba así? (Responden: ¡Mina! ¡La gran Mina! Palabras…. Y creo que sería como ensuciar lo sagrado de lo que habéis dicho, porque no habéis dicho palabras, habéis dicho vidas: vuestras vidas. Historias. Caminos. Búsquedas, pero búsquedas de la carne, del espíritu, de la persona completa. No hay explicación para esto. Vuestras historias son historias de miradas, de tantas miradas, tantas miradas,… que me impresionaron. Y -escuchadme- eran miradas que no llenaban la vida, una tras otra…. Y en un momento dado, sentisteis una mirada -una – que no era como las otras, era sólo eso: una mirada que te miraba con amor. Te miró con amor. Yo también conozco esa mirada. Y cuando esa mirada te ha amado y te hizo sentir que te amaba, también te tomó de la mano, de los infiernos-sí, el descenso de Jesús a los infiernos-, te tomó de la mano, y no te llevó a un laboratorio para meterte en un alambique de purificación, no, el Señor no quiere cosas artificiales. Te dijo: “Ven conmigo”. Y luego: “Va”… La nostalgia de dónde estabas, vuelve, va, vuelve… Es el camino de la vida. Una mirada que te tomó de la mano y te dejó ir, no te quitó la libertad….

Esta es la primera reflexión que se me ocurre con vuestras historias.

Y tú, Jefferson, tus idas y vueltas, idas y vueltas, idas y vueltas… Ese es el camino del Señor. Pienso en la testarudez de los apóstoles, por ejemplo: no se convirtieron en apóstoles perfectos, a Jesús se lo hicieron pasar muy mal…Pero Él tuvo paciencia: una mirada paciente, una mirada paciente… Tú, con tus testimonios, me has hecho sentir que la mirada del Señor es una mirada paciente: Él siempre tiene paciencia. Él te espera. Te espera a ti. Siempre. Él es el Señor de la paciencia: te espera y nunca te fuerza para ir adelante, no, respeta… Porque sabe que con esa primera mirada entró en tu corazón, sabe que una vez que sientes el amor no puedes volver atrás. Y te deja, te deja, te deja….; te vuelve a llamar, pero es una mirada muy respetuosa, muy respetuosa… Y lo escuché en tu testimonio, Elena: tú mirabas al espejo, pero era otra cosa lo que estabas buscando, y una vez que te sentiste mirada se acabó toda la historia. O comenzó la historia. Es así. Luego, la historia continuó, porque el Señor nunca, nunca, nunca, nunca nos enseña a renegar de nuestro pasado, no, y esto es una gracia. La Biblia dice que Dios creó a Adán del barro: ese barro es nuestra historia pura. Venimos del barro, ¡nunca lo olvidéis! Esto significa ser salvado, porque es con amor.

Pero no quiero sermonear, porque será aburrido. Estas son las cosas que me han venido antes a la mente: la mirada frente a tantas miradas de la vida.

Luego, otra cosa que me llamó la atención: las voces. Tú, Darío, lo escuché cuando hablaste: las muchas voces de la vida, las muchas voces… Hasta el momento en que escuchaste la voz, una voz especial que… es esa. Una voz que es como “un hilo de silencio sonoro”, como lo explica la Biblia (cf. 1 Reyes 19,12). “He oído un hilo de silencio sonoro”: el profeta Elías lo oye. Es una voz única y así, silenciosa y sonora al mismo tiempo. Y esa voz tiene esta voz: este es el canto, esta es la voz que estoy buscando, esta es la voz que me dará plenitud. La mirada, las miradas. Las voces, la voz… Es un camino, un camino en el que habéis buscado… Muchos de nosotros estamos buscando… Y luego has encontrado, o mejor dicho, has sido encontrado. Nos han encontrado.

Y luego, una historia de luchas. ¡Tú, Mirko, eres el campeón! Un coleccionista de diferentes luchas. Luchar. Tantas luchas hasta la última lucha, la lucha donde nos vencieron. Es la derrota más bella: esa derrota es bella, cuando se oye decir… se puede decir: ¡Adelante, has vencido, felicidades, va!

Son voces, voces; miradas, mirada, luchas, la lucha final, la derrota de la lucha. Así es nuestra historia con Jesús, siempre es así. Y me impresionó tanto que todos vosotros hayáis dado testimonio de Jesús. Porque no habéis hecho un curso de adoctrinamiento, de aprender pasos para progresar en la vida. O uno de estos cursos que les encantan a los empresarios: “cómo ganar en la vida”, o “cómo ganarse amigos”, o “cómo dar estos pasos”, o “cómo curarme de la neurosis”… No. Habéis sido llamados, mirados, conquistados, acariciados: la caricia de Jesús. Jesús, aquí, nos enseña algo hermoso: que el único gesto, el único momento de la vida en el que uno es plenamente humano cuando se mira a una persona de arriba hacia abajo, es ayudarla a levantarse. El único.

Y Jesús… [Aplauden mucho y no le dejan tomar la palabra]…. Este hombre es el pobre Adán, allí, que estaba esperando… Pero Jesús también hace este gesto de dignidad para ayudarnos: se abaja. Esto es lo más grande de nuestro Dios: un Dios que se abaja. Se abaja. Se acerca. Jesús se vuelve cercano. Y esto es hermoso… Como con los discípulos de Emaús… Pero esto es un sermón, cómo estilo, ¿no? ¿Sigo así? Decídmelo vosotros…. No, en serio, si… [se ríen]. Hablo también de mi experiencia de esta manera, porque yo también he recorrido un camino -el Señor lo sabe- no para convertirme en Papa, para dejarme salvar por el Señor….

Es la cercanía de Jesús: Él siempre se acerca. Es lo grande de nuestro Dios: es un Dios cercano. Ya se lo decía a Moisés, a los judíos en el Deuteronomio, el Libro de la Biblia. “Pero, decidme ¿qué pueblo tiene un Dios tan cercano como vosotros? Nuestro Dios está cerca. No es un Dios lejano, Jesús no está lejos. Se hizo Jesús para caminar con nosotros, para hacer este gesto: levantarnos ,para que llenara nuestros corazones, para que nos mirara con amor, que nos hablara con esa voz que sólo Él tiene, que ganara la batalla de deseos algo confusos que no podemos entender….

No sé, todas estas cosas me vinieron a la mente mientras hablabais, y a menudo miraba esto, miraba mucho.

Hay una cosa que, cuando habéis -perdonad mi italiano- cuando habéis cruzado el “umbral definitivo”, por así decirlo, siempre definitivo entre comillas, porque Jesús no nos quita la libertad de volver, no, pero, hay un umbral definitivo. Para ti fue en Medjugorje, eso es definitivo, al final…. Tú tienes la experiencia. Mirad: los signos de la muerte, aquí: el cuchillo, los clavos, todos los signos de la muerte de Jesús, caen. Son ellos los que van al infierno, yo he salido de él. Pero si cada uno de nosotros -después de la mirada, después de la llamada, después de la victoria de Jesús- quiere llevarse uno de estos, todavía le falta algo. Todavía le queda algo que salga de su corazón, que no ha abierto del todo. Se lleva dolor, se lleva resentimiento, se lleva nostalgia… No, todos deben caer, y caen. Y esta es la señal: esta es la señal que he visto en todos vosotros. No he visto el mío todavía, pero… [aplausos]. Es ese olor, ese mal olor que queda, porque no soy capaz de abrir bien las ventanas y dejar que el Espíritu Santo venga y lo limpie todo. Llevo algo dentro de mí, ese “pero, sin embargo…”, la lógica del “pero”. “Sí, esto sí, el Señor me ha dado tanto, he encontrado al Señor, he dejado…. pero…”. ¿Qué es lo que te falta? “Pero”. Cuando el Señor nos mira, nos habla, nos invita, nos vence, el “pero” cae. Si quieres tener estos signos, si quieres caminar en la lógica del “pero”, todavía no has dejado entrar al Señor.

La tendencia al pecado continúa, eso es verdad. La tendencia al mal… todos, yo también, todos, todos, todos, nadie se salva de esto. Pero cuando hemos dejado todo atrás, sabemos que sólo en Él hay esperanza. En cambio, cuando no lo has dejado, “sí, pero… tomo este clavo para ayudarme, tomo…”. Y así, eso es lo que Jesús dice en el Evangelio: cuando el espíritu inmundo sale de una persona y se va, esa persona encuentra a Dios, arregla la casa, hace todo nuevo; entonces el espíritu inmundo regresa después de tanto tiempo, y regresa a la casa y ve la casa tan hermosa, tan hermosa, y va a buscar otros siete espíritus peores que él y regresa con la camarilla, con la panda de diablos…. pero no destruyen nada, tocan el timbre, ¡son demonios educados! suena el timbre: “permiso…”, y les abres la puerta, pero sí, son buenos, estos pensamientos son buenos, estos sentimientos son buenos…. Y empiezas a retomar los signos de la muerte, los signos del infierno. Tened cuidado porque esto os ha pasado a todos vosotros, a todos nosotros, incluso a mí. En algún momento te encuentras con el deseo de omnipotencia: no dejar que sea  Él quien te levante. “Sí, sí, gracias, Señor, pero también estoy luchando con esto”. Ten cuidado, cuando regresen estos demonios educados, estas pasiones que vuelven. Pensemos…. A mí me hace gracia el apóstol Pedro: era testarudo, sí, muy testarudo. Cuando el Señor lo confirma, al final, ya después de la Resurrección, a orillas del lago de Tiberíades, y le pregunta tres veces si lo ama, si lo ama, y él está un poco asustado porque dice: “Tres veces te he negado y me lo preguntas tres veces….”. Pero el Señor va más allá y le hace sentir en paz. Y cuando se siente seguro, ¿qué hace? El cotillo. “Ah, dime y  éste que viene detrás [el apóstol Juan], ¿qué será de él? Inmediatamente se desliza sobre algo que no es el amor del Señor. Es ese deseo de mandar nosotros mismos en la vida. Y una vez que uno ha sentido que  Él es capaz de guiarnos bien, que nuestra libertad no ha sido arrebatada sino seducida por el amor, dejémoslo que siga por este camino.

Estas son las cosas que me vinieron a la mente mientras hablabais. Como podéis ver, no respondo a vuestras preguntas porque no lo sé, no me sale, no hay explicaciones para una vida, no hay maneras de aclarar. Está el misterio, el misterio de un Dios que nos ha sacado del infierno, el misterio de un Dios que se ha acercado a mí, que me ha mirado, que me ha amado, que me ha hablado, que ha vencido mi resistencia. Y esto es lo que me gusta deciros… Vosotros sois un misterio. Cuando escuchaba vuestros testimonios, me sentí ante un misterio, el misterio del encuentro de una persona con Jesús. Sólo puedo responder subrayando el misterio, pero no con palabras, no.

Esto es lo que se me ocurre deciros.

Luego hay algo más que…. en ti no he oído, pero en los otros tres, sí. No es un reproche: te falta…No lo sé, aún no ha llegado el momento… pero habéis testimoniado  la fecundidad.  Tú has hablado de tus hijos -tres-, tú de dos, tú has mostrado la tuya… [risas] una buena cachacinha te ayudará [risas y aplausos]. El amor siempre es fecundo, siempre. “Pero, ¿y Usted que es sacerdote, que es obispo?”, me preguntaréis. “Pero Usted es una solterón, no tienes hijos…”. Hay fecundidad y fecundidad. Pero el amor siempre es fecundo. Espiritualmente, físicamente, humanamente. Siempre es fecundo. La fecundidad de vuestro testimonio: vuestro testimonio es una siembra,  no una siembra de ideas, no, el hecho de que Dios es amor, de que Dios nos ama, de que Dios nos busca a cada instante, de que Dios está a nuestro lado, de que Dios nos toma de la mano para salvarnos. Y esta es la fecundidad, nuestra fecundidad, de todos nosotros, que he visto un poco como un símbolo en vuestros hijos. Pero hay otra fecundidad de todos vosotros, que es la que habéis sembrado entre nosotros. También la fecundidad de los artistas, que son dos testigos que nos dieron el mensaje no hablando sino cantando. Andrea puede cantar con su hijo, y no sólo con su hijo: cantar sobre su hijo y hablarnos de su hijo, de su relación con su hijo. ¡Esto es fecundidad! Y luego, el último canto sobre el amor es fecundo, también cómo nos contasteis  cómo lo hicisteis, cómo descubrió esa parte de la Primera Carta a los Corintios, que hizo  la fecundidad…. La vida, si no es fecunda, no sirve, no sirve. Por eso, cada vez que el Señor nos mira, nos habla, nos conquista, nos acaricia, nos dice siempre lo que le dijo al poseído de Jerash: “Ve a tu pueblo y cuéntale tus maravillas”. Somos hombres y mujeres del Magníficat, es decir, del canto de la Virgen, de ir  a decir que Dios me miró, me acarició, me habló, me ganó. Y él está conmigo. Me tomó de la mano y me sacó del infierno.

No lo sé. No lo sé. Todo esto es lo que me viene a la mente. No he preparado respuestas, sólo están vuestros testimonios, aquí, lo que me han dado. Pero he preferido hacer así, para contaros lo que habéis hecho en mí, hoy, tal como os he percibido, y para dar testimonio. Porque hoy también vosotros habéis sembrado algo en mí. Gracias.

 © Librería Editorial Vaticana

 

 

QUERER VER AL SEÑOR

— Limpiar la mirada para contemplar a Jesús en medio de nuestros quehaceres normales.

— La Santísima Humanidad del Señor, fuente de amor y de fortaleza.

— Jesús nos espera en el Sagrario.

I. En el Evangelio de la Misa, San Lucas nos dice que Herodes deseaba encontrar a Jesús: Et quaerebat videre eum, buscaba la manera de verle1. Le llegaban frecuentes noticias del Maestro y quería conocerlo.

Muchas de las personas que aparecen a lo largo del Evangelio muestran su interés por ver a Jesús. Los Magos se presentan en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?2. Y declaran enseguida su propósito: vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle: su propósito es bien distinto del de Herodes. Le encontraron en el regazo de María. En otra ocasión son unos gentiles llegados a Jerusalén los que se acercan a Felipe para decirle: Queremos ver a Jesús3. Y en circunstancias bien diversas, la Virgen, acompañada de unos parientes, bajó desde Nazaret a Cafarnaún porque deseaba verle. Había tanta gente en la casa que hubieron de avisarle: Tu Madre y tus hermanos están fueran y quieren verte4. ¿Podremos imaginar el interés y el amor que movieron a María a encontrarse con su Hijo?

Contemplar a Jesús, conocerle, tratarle es también nuestro mayor deseo y nuestra mayor esperanza. Nada se puede comparar a este don. Herodes, teniéndole tan cerca, no supo ver al Señor; incluso tuvo la oportunidad de poder ser enseñado por el Bautista –el que señalaba con el dedo al Mesías que había llegado ya– y, en vez de seguir sus enseñanzas, le mandó matar. Ocurrió con Herodes como con aquellos fariseos a los que el Señor dirige la profecía de Isaías: Con el oído oiréis, pero no entenderéis, con la vista miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos y han cerrado sus ojos...5. Por el contrario, los Apóstoles tuvieron la inmensa suerte de tener presente al Mesías, y con Él todo lo que podían desear. Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen6, les dice el Maestro. Los grandes Patriarcas y los mayores Profetas del Antiguo Testamento nada vieron en comparación a lo que ahora pueden contemplar sus discípulos. Moisés contempló la zarza ardiente como símbolo de Dios Vivo7. Jacob, después de su lucha con aquel misterioso personaje, pudo decir: He visto cara a cara a Dios8; y lo mismo Gedeón: He visto cara a cara a Yahvé9..., pero estas visiones eran oscuras y poco precisas en comparación con la claridad de aquellos que ven a Cristo cara a cara. Pues en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que vosotros estáis viendo...10. La gloria de Esteban –el primero que dio su vida por el Maestro– consistirá precisamente en eso: en ver los Cielos abiertos y a Jesús sentado a la derecha del Padre11. Jesús vive y está muy cerca de nuestros quehaceres normales. Hemos de purificar nuestra mirada para contemplarlo. Su rostro amable será siempre el principal motivo para ser fieles en los momentos difíciles y en las tareas de cada día. Le diremos muchas veces, con palabras de los Salmos: Vultum tuum Domine requiram...12, buscaré, Señor, tu rostro... siempre y en todas las cosas.

II. Quien busca, halla13. La Virgen y San José buscaron a Jesús durante tres días, y lo encontraron14. Zaqueo, que también deseaba verlo, puso los medios y el Maestro se le adelantó invitándose a su casa15. Las multitudes que salieron en su busca tuvieron luego la dicha de estar con Él16. Nadie que de verdad haya buscado a Cristo ha quedado defraudado. Herodes, como se verá más tarde en la Pasión, solo trataba de ver al Señor por curiosidad, por capricho..., y así no se le encuentra. Cuando se lo remitió Pilato, al ver a Jesús, se alegró mucho, pues deseaba verlo hacía mucho tiempo, porque había oído muchas cosas acerca de Él y esperaba verle hacer algún milagro. Le preguntó con muchas palabras, pero Él no le respondió nada17. Jesús no le dijo nada, porque el Amor nada tiene que decir ante la frivolidad. Él viene a nuestro encuentro para que nos entreguemos, para que correspondamos a su Amor infinito.

A Jesús, presente en el Sagrario, ¡y tan cercano a nuestras vidas!, le vemos cuando deseamos purificar el alma en el sacramento de la Confesión, cuando no dejamos que los bienes pasajeros –incluso los lícitos– llenen nuestro corazón como si fueran definitivos, pues –como enseña San Agustín– «el amor a las sombras hace a los ojos del alma más débiles e incapaces para llegar a ver el rostro de Dios. Por eso, el hombre mientras más gusto da a su debilidad más se introduce en la oscuridad»18.

Vultum tuum, Domine, requiram..., buscaré, Señor, tu rostro... La contemplación de la Humanidad Santísima del Señor es inagotable fuente de amor y de fortaleza en medio de las dificultades de la vida. Muchas veces nos acercaremos a las escenas del Evangelio; consideraremos despacio que el mismo Jesús de Betania, de Cafarnaún, el que recibe bien a todos... es el que tenemos, quizá a pocos metros, en el Sagrario. En otras ocasiones nos servirán las imágenes que lo representan para tener como un recuerdo vivo de su presencia, como hicieron los santos. «Entrando un día en el oratorio –escribe Santa Teresa de Jesús–, vi una imagen que habían traído allí a guardar (...). Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía y arrojéme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle»19. Este amor, que de alguna manera necesita nutrirse de los sentidos, es fortaleza para la vida y un enorme bien para el alma. ¡Qué cosa más natural que buscar en un retrato, en una imagen, el rostro de quien tanto se ama! La misma Santa exclamaba: «¡Desventurados de los que por su culpa pierden este bien! Bien parece que no aman al Señor, porque si le amaran, holgáranse de ver su retrato, como acá aun da contento ver el de quien se quiere bien»20.

III. Iesu, quem velatum nunc aspicio...21. Jesús, a quien ahora veo escondido, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro ya no oculto, sea yo feliz viendo tu gloria, rezamos en el Himno Adoro te devote.

Un día, con la ayuda de la gracia, veremos a Cristo glorioso lleno de majestad que nos recibe en su Reino. Le reconoceremos como al Amigo que nunca nos falló, a quien procuramos tratar y servir aun en lo más pequeño. Estando muy metidos en medio del mundo, en las tareas seculares que a cada uno han correspondido, y amando ese mundo, que es donde debemos santificarnos, podemos decir, sin embargo, con San Agustín: «la sed que tengo es de llegar a ver el rostro de Dios; siento sed en la peregrinación, siento sed en el camino; pero me saciaré a la llegada»22. Nuestro corazón solo experimentará la plenitud con los bienes de Dios.

Ya tenemos a Jesús con nosotros, hasta el fin de los siglos. En la Sagrada Eucaristía está Cristo completo: su Cuerpo glorioso, su Alma humana y su Persona divina, que se hacen presentes por las palabras de la Consagración. Su Humanidad Santísima, escondida bajo los accidentes eucarísticos, se encuentra en lo que tiene de más humilde, de más común con nosotros –su Cuerpo y su Sangre, aunque en estado glorioso–; y especialmente asequible: bajo las especies de pan y de vino. De modo particular en el momento de la Comunión, al hacer la Visita al Santísimo..., hemos de ir con un deseo grande de verle, de encontrarnos con Él, como Zaqueo, como aquellas multitudes que tenían puesta en Él toda su esperanza, como acudían los ciegos, los leprosos... Mejor aún, con el afán y el deseo con que le buscaron María y José, como hemos contemplado tantas veces en el Quinto misterio de gozo del Santo Rosario. A veces, por nuestras miserias y falta de fe, nos podrá resultar costoso apreciar el rostro amable de Jesús. Es entonces cuando debemos pedir a Nuestra Señora un corazón limpio, una mirada clara, un mayor deseo de purificación. Nos puede ocurrir como a los Apóstoles después de la resurrección, que, aunque estaban seguros de que era Él, no se atrevían a preguntarle; tan seguros que ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: ¿Tú quién eres?, porque sabían que era el Señor23. ¡Era algo tan grande encontrar a Jesús vivo, el de siempre, después de verle morir en la Cruz! ¡Es tan inmenso encontrar a Jesús vivo en el Sagrario, donde nos espera!

1 Lc 9, 7-9. — 2 Mt 2, 3. — 3 Jn 12, 21. — 4 Lc 8, 20. — 5 Mt 13, 14-15. — 6 Mt 13, 16. — 7 Cfr. Ex 3, 2. — 8 Gen 32, 31. — 9 Jue 6, 22. — 10 Mt 13, 17. — 11 Hech 7, 55. — 12 Sal 26, 8. — 13 Mt 7, 8. — 14 Cfr. Lc 2, 48. — 15 Cfr. Lc 19, 1 ss. — 16 Cfr. Lc 6, 9 ss. — 17 Lc 23, 8-9. — 18 San Agustín, Del libre albedrío, 1, 16, 43. — 19 Santa Teresa, Vida, 9, 1. — 20 Ibídem, 6. — 21 Himno Adoro te devote. — 22 San Agustín, Comentarios a los Salmos, 41, 5. — 23 Jn 21, 12.

 

“El que ama a Dios se da él mismo”

El tiempo es nuestro tesoro, el “dinero” para comprar la eternidad. (Surco 882)

¡Qué pena vivir, practicando como ocupación la de matar el tiempo, que es un tesoro de Dios! No caben las excusas, para justificar esa actuación. Ninguno diga: dispongo sólo de un talento, no puedo lograr nada. También con un solo talento puedes obrar de modo meritorio. ¡Qué tristeza no sacar partido, auténtico rendimiento de todas las facultades, pocas o muchas, que Dios concede al hombre para que se dedique a servir a las almas y a la sociedad!
Cuando el cristiano mata su tiempo en la tierra, se coloca en peligro de matar su Cielo: cuando por egoísmo se retrae, se esconde, se despreocupa. El que ama a Dios, no sólo entrega lo que tiene, lo que es, al servicio de Cristo: se da él mismo. No ve -con mirada rastrera- su yo en la salud, en el nombre, en la carrera. (Amigos de Dios, 46)

 

 

Trabajo y contemplación (2)

Segunda entrega del texto sobre cómo tratar a Dios -hasta llegar a la "contemplación"- mientras se trabaja o se realiza otra actividad.

Trabajo02/05/2012

Cuando iban de camino entró Jesús en cierta aldea, y una mujer que se llamaba Marta le recibió en su casa. Tenía ésta una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Pero Marta andaba afanada con numerosos quehaceres y poniéndose delante dijo: —Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en las tareas de servir? Dile entonces que me ayude. Pero el Señor le respondió: —Marta, Marta, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria: María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatad [1].

Muchas veces en la historia se ha tomado ocasión de las figuras de María y Marta para representar la vida contemplativa y la vida activa , como dos géneros de vida de los cuales el primero sería más perfecto, según las palabras del Señor: María ha escogido la mejor parte .

Por lo general se han referido estos términos a la vocación religiosa, entendiendo por vida contemplativa, a grandes rasgos, la de aquellos que se apartan materialmente del mundo para dedicarse a la oración, y por vida activa la de quienes realizan tareas como la enseñanza de la doctrina cristiana, la atención a los enfermos, y otras obras de misericordia.

Tomando así los términos, se ha afirmado desde hace siglos que es posible ser contemplativos en la acción . El sentido clásico de esta expresión no es que resulta posible la contemplación en las actividades profesionales, familiares y sociales, propias de la vida de los fieles corrientes, sino que se refiere a las acciones apostólicas y de misericordia dentro del camino de la vocación religiosa.

San Josemaría ha enseñado a profundizar en las palabras del Señor a Marta, haciendo ver que no hay ninguna oposición entre la contemplación y la realización, lo más perfecta posible, del trabajo profesional y de los deberes ordinarios de un cristiano.

Ya se ha considerado en un texto precedente qué es la contemplación cristiana: esa oración sencilla de tantas almas que, por amar mucho y ser dóciles al Espíritu Santo, buscando en todo la identificación con Cristo, son llevadas por el Paráclito a penetrar en las profundidades de la vida íntima de Dios, de sus obras y sus designios, con una sabiduría que dilata cada vez más su corazón y su conocimiento. Una oración en la que sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira! Y el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas [2].

Ahora conviene detenerse a considerar tres modos en los que puede darse la contemplación: en los ratos dedicados exclusivamente a la oración; mientras se trabaja o se realiza cualquier actividad que no requiera toda la atención de la mente; y, finalmente, a través del mismo trabajo, incluso cuando exige una concentración exclusiva. Estos tres cauces componen conjuntamente la vida contemplativa, haciendo de la vida ordinaria un vivir en el Cielo y en la tierra a la vez, como decía San Josemaría.

En la oración y en todas las normas de piedad

Ante todo, la contemplación se ha de pedir a Dios y buscar en los actos de piedad cristiana que pueden jalonar nuestro día, especialmente en los ratos dedicados de modo exclusivo a la oración mental.

"Et in meditatione mea exardescit ignis" —Y, en mi meditación, se enciende el fuego. —A eso vas a la oración: a hacerte una hoguera, lumbre viva, que dé calor y luz [3] . Los ratos de oración bien hechos son la caldera que extiende su calor a los diversos momentos del día.

Del recogimiento en los ratos de oración; del trato con el Señor buscado con afán en esos momentos, a veces por medio de la meditación de algún texto que ayude a centrar la cabeza y el corazón en Dios; del empeño en apartar las distracciones; de la humildad para comenzar y recomenzar, sin apoyarse en las propias fuerzas sino en la gracia de Dios; en una palabra, de la fidelidad diaria a los ratos de oración depende que se haga realidad, más allá de esos momentos, el ideal de ser contemplativos en medio del mundo.

 

Foto: dmasonFoto: dmason

San Josemaría nos ha enseñado a buscar la contemplación en los ratos de oración mental: a contemplar la Vida del Señor, a mirarle en la Eucaristía, a tratar a las Tres Personas divinas por el camino de la Humanidad Santísima de Jesucristo, a ir a Jesús por María... Es preciso no conformarse con repetir oraciones vocales en la oración mental, aunque quizá haya que repetirlas durante mucho tiempo, pero viéndolas como la puerta que abre a la contemplación.

También en el trato humano, cuando se encuentra a un amigo, se suelen dirigir algunas frases de saludo para iniciar la conversación. Pero el trato no puede limitarse a eso. La conversación ha de continuar con palabras más personales, hasta que incluso llegan a sobrar porque hay una sintonía profunda y una gran familiaridad. Mucho más en el trato con Dios. Empezamos con oraciones vocales (...). Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra..., hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres...: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio [4].

Mientras se trabaja o se realiza otra actividad

La contemplación no se limita a los ratos dedicados a la oración. Puede tener lugar a lo largo de la jornada, en medio de las ocupaciones ordinarias, mientras se realizan tareas que no requieren toda la atención de la mente y que se deben hacer, o en los momentos de pausa de cualquier otro trabajo.

Se puede contemplar a Dios mientras se va por la calle, mientras se cumplen algunos deberes familiares y sociales que son habituales en la vida de cualquier persona, o se realizan trabajos que ya se dominan con soltura, o con ocasión de un intervalo en la propia tarea, o simplemente de una espera...

Del mismo modo que en los ratos de oración las jaculatorias pueden abrir el paso a la contemplación, también en medio de estas otras ocupaciones la búsqueda de la presencia de Dios desemboca en vida contemplativa, incluso más intensa, como el Señor hizo experimentar a San Josemaría. Es incomprensible — anota en sus Apuntes íntimos : sé de quien está frío (a pesar de su fe, que no admite límites) junto al fuego divinísimo del Sagrario, y luego, en plena calle, entre el ruido de automóviles y tranvías y gentes, ¡leyendo un periódico! vibra con arrebatos de locura de Amor de Dios [5].

Esta realidad es enteramente un don de Dios, pero sólo puede recibirlo quien lo desea en su corazón y no lo rechaza con las obras. Lo rechaza el que tiene los sentidos dispersos, o se deja dominar por la curiosidad, o se sumerge en un tumulto de pensamientos y de imaginaciones inútiles que le distraen y disipan. En una palabra, quien no sabe estar en lo que hace [6]. La vida contemplativa requiere mortificación interior, negarse a uno mismo por amor a Dios, para que Él reine en el corazón y sea el centro al que se dirigen en último término los pensamientos y los afectos del alma.

Contemplación "en y a través de" las actividades ordinarias

Así como en los ratos de oración no hay que conformarse con repetir jaculatorias ni quedarse en la lectura y en la meditación, sino buscar el diálogo con Dios hasta llegar, con su gracia, a la contemplación, así también en el trabajo, que ha de convertirse en oración, es preciso no contentarse con ofrecerlo al principio y dar gracias al final, o en procurar renovar ese ofrecimiento varias veces, unidos al Sacrificio del altar. Todo esto es ya muy agradable al Señor, pero un hijo de Dios ha de ser audaz y aspirar a más: a realizar su trabajo como Jesús en Nazaret, unido a Él. Un trabajo en el que gracias al amor sobrenatural con que se lleva a cabo, se contempla a Dios que es Amor [7] .

Enseñanza constante y característica de San Josemaría es que la contemplación es posible no sólo mientras se realiza una actividad, sino por medio de las actividades que Él quiere que realicemos, en esas mismas tareas y a través de ellas , incluso cuando se trata de trabajos que exigen toda la concentración de la mente. San Josemaría enseñaba que llega el momento en el que no se es capaz de distinguir la contemplación y la acción, terminando estos conceptos por significar lo mismo en la mente y en la conciencia.

En este sentido, resulta iluminadora una explicación de Santo Tomás: “ cuando de dos cosas una es la razón de la otra, la ocupación del alma en una no impide ni disminuye la ocupación en la otra... Y como Dios es aprehendido por los santos como la razón de todo cuanto hacen o conocen, su ocupación en percibir las cosas sensibles, o en contemplar o hacer cualquier otra cosa, en nada les impide la divina contemplación, ni viceversa” [8]. De ahí que, si se quiere buscar el don de la contemplación, el cristiano deba poner al Señor como fin de todos sus trabajos, realizándolos non quasi hominibus placentes, sed Deo qui probat corda nostra ; no para agradar a los hombres, sino a Dios que sondea nuestros corazones [9].

Puesto que la contemplación es como un anticipo de la visión beatífica, fin último de nuestra vida, es preciso que cualquier actividad que Dios quiera que realicemos —como el trabajo y las tareas familiares y sociales, que son Voluntad suya para cada uno— pueda ser cauce para la vida contemplativa. En otros términos, por lo mismo que cualquiera de esas actividades se puede realizar por amor a Dios y con amor a Dios, también se pueden convertir en medio de contemplación, que no es otra cosa que un modo especialmente familiar de conocerle y amarle.

Podemos contemplar a Dios en las actividades que realizamos por amor suyo, porque ese amor es participación del Amor infinito que es el Espíritu Santo, que escruta las profundidades de Dios [10]. El que trabaja por amor a Dios puede darse cuenta —sin pensar en otra cosa, sin distraerse— de que le ama cuando trabaja, con el amor que infunde el Paráclito en los corazones de los hijos de Dios en Cristo [11]. Reconocemos a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestra propia labor [12].

También podemos contemplar a Dios a través del trabajo, porque si está hecho por amor será un trabajo realizado con la mayor perfección de que seamos capaces en esas circunstancias, una tarea que refleja las perfecciones divinas, un trabajo como el de Cristo. No necesariamente porque haya salido bien a los ojos de los hombres, sino porque está bien hecho a los ojos de Dios. Puede suceder que el trabajo haya salido mal o que humanamente haya sido un fracaso, y sin embargo que haya estado bien hecho ante Dios, con rectitud de intención, con espíritu de servicio, con la práctica de las virtudes: en una palabra, con perfección humana y cristiana. Un trabajo así es medio de contemplación; así se comprende que la contemplación sea posible en y a través de trabajos que exigen poner todas las energías de la mente, como son –por ejemplo– el estudio, o la docencia.

El cristiano que trabaja o cumple sus deberes por amor a Dios, trabaja en unión vital con Cristo. Sus obras se convierten entonces en obras de Dios, en operatio Dei , y por eso mismo son medio de contemplación. Pero no basta estar en gracia de Dios y que las obras sean moralmente buenas. Han de estar informadas por una caridad heroica, y realizadas con virtudes heroicas, y con ese modo divino de obrar que confieren los Dones del Espíritu Santo en quien es dócil a su acción.

* * *

La contemplación en la vida ordinaria hace pregustar la unión definitiva con Dios en el Cielo. A la vez que lleva a obrar cada vez con más amor, enciende el deseo de verle no ya por medio de las actividades que realizamos, sino cara a cara. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto. (...) Un nuevo modo de pisar en la tierra, un modo divino, sobrenatural, maravilloso. Recordando a tantos escritores castellanos del quinientos, quizá nos gustará paladear por nuestra cuenta: ¡que vivo porque no vivo: que es Cristo quien vive en mí! (cfr. Gal 2, 20) [13].

F.J. López Díaz


[1] Lc10, 38-42.

[2] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 307.

[3] San Josemaría, Camino , n. 92.

[4] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 296.

[5] San Josemaría, Apuntes íntimos , n. 673 (del 26-III-1932). Citado en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei , vol. I, Rialp, Madrid 1997, p. 420.

6] San Josemaría, Camino , n. 815.

[7] Cfr. 1 Jn 4, 8.

[8] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae. , Suppl., q. 82, a. 3 ad 4.

[9] 1 Ts 2, 4.

[10] 1 Cor 2, 10.

[11] Rm 5, 5.

[12] San Josemaría, Es Cristo que pasa , n. 48.

[13] San Josemaría, Amigos de Dios , n. 297.

 

 

Un pediatra para devolver la esperanza a un barrio marginado

Niños que transportan droga, muchachas jóvenes que se quedan embarazadas y degradación social generalizada. Este es el ambiente humano en el que Raffaele ejercita su profesión de médico. Pero aún queda espacio para la esperanza: he aquí su testimonio.

En primera persona17/09/2019

Opus Dei - Un pediatra para devolver la esperanza a un barrio marginado

Nos encontramos en el Parque Verde, una zona situada en el municipio de Caivano en Nápoles, conocida popularmente en Italia como “Tierra de fuego”. De aquí parten grandes cantidades de droga con dirección a numerosas ciudades italianas. En sus orígenes, esta zona fue concebida para alojar a las cerca de 6.000 personas que tuvieron que abandonar sus hogares como consecuencia del terremoto en Irpinia del año 1980.

Lo que en un principio iba a ser algo temporal, acabó siendo definitivo y se transformó en un gran gueto separado del municipio de Caivano. El nombre de “Parque Verde” viene de los numerosos bloques de viviendas de ocho plantas de color verde pálido que conforman el lugar.

Cerca de 1200 menores viven en este barrio nacido para acoger a los desplazados del terremoto del 1980

La vida de los cerca de 1.200 menores que viven en el barrio está marcada por la falta de oportunidades, el abandono escolar y, a menudo, la violencia.

Pocas reglas y simples

En medio de este ambiente Raffaele, pediatra de profesión, desarrolla una labor asistencial desde hace dos años. Se trata de un modo de contribuir a mejorar el ambiente social a través de la ayuda que presta a las familias.

“He tratado de establecer con todos una relación de amistad desde el inicio -relata Raffaele- enseñándoles a respetar las reglas del ambulatorio: la obligación de pedir cita, la importancia de mantener el silencio y un buen comportamiento en la sala de espera. Para esto es de ayuda un gran cartel en el que he escrito el silencio es oro”.

cASI TODAS LAS ENFERMEDADES DE LOS NIÑOS SON DE TIPO PSICO-NEURO COMPORTAMENTAL

Casi todas las enfermedades de los niños son de tipo psico-neuro comportamental: desmotivación, hiperactividad, falta de normas de comportamiento, alteración del estado de ánimo… Normalmente el pediatra debe contar con la colaboración de los padres para poder hacer un trabajo efectivo. “En mi caso -explica Raffaele-, casi siempre solo es posible la colaboración de las madres, a las cuales muchas veces les cuesta aceptar un consejo mío, ya que consideran que sus hijos tienen un comportamiento normal respecto al ambiente en el cual viven. Es más fácil ayudar a los niños cuando presentan problemas físicos que de comportamiento. Además, como viven en malas condiciones higiénicas se ponen enfermos con frecuencia. A esto se suma también el humo del tabaco de los padres que los niños inhalan pasivamente.

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Cuando atiende a los más pequeños, Raffaele procura distraerlos con juegos, les llama por su nombre y se viste con batas de colores en vez de la clásica bata blanca: “Este modo de actuar -continúa el pediatra- me permite realizar bien la consulta y que los niños me vean como un amigo. Hay unas palabras de san Josemaría que para mí son de gran ayuda: El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor.

Niños que transportan droga y madres de 15 años

Como ya se ha señalado, uno de los grandes problemas del barrio es la droga, tanto el tráfico como el consumo: “Por desgracia a veces sucede que los niños más mayores -relata Raffaele- son utilizados por sus padres para vender y transportar la droga de un lugar a otro. Me esfuerzo por ayudarles a entender que la droga es un veneno que provoca daños permanentes al cerebro y al cuerpo. Les pido que no la consuman, aunque estén acostumbrados a ver a los mayores hacerlo. Los niños tienden a imitar a los mayores, ya sea por aburrimiento o por moda”.

SUCEDE QUE ALGUNOS NIÑOS SON USADOS POR LOS PADRES PARA TRANSPORTAR DROGA

“Otro de los grandes problemas del barrio, como consecuencia del bajo nivel de educación, es el de las jóvenes que se quedan embarazadas: por ejemplo, vino a verme una chica de 15 años que estaba esperando un hijo. El padre de la joven, vigilante de coches, le había prohibido volver a casa con la amenaza de golpearla si la veía. La muchacha estaba convencida de que la única solución era abortar, pero la madre la trajo a mi consultorio para que tratara de ayudarla.

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Con la colaboración de un ginecólogo y de un psicólogo, la joven decidió no abortar, acogiendo con los brazos abiertos el don que la vida le había hecho inesperadamente. Incluso el padre al ver al niño, cambió radicalmente su actitud inicial, aceptándolos de nuevo en su casa. Todavía hoy me agradece cada vez que me ve por haberla ayudado a tomar la decisión correcta”.

Parque Verde de la esperanza

“Gracias a Dios no estoy solo ni me siento solo en este proyecto de devolver la esperanza a las nuevas generaciones del barrio –concluye Raffaele–. Últimamente en el Parque Verde están surgiendo nuevas iniciativas de asistencia, de acogida y de ayuda a los niños para ocupar su tiempo libre: la creación de un campo de fútbol-sala, laboratorios de diseño, el arreglo de las zonas peatonales, nuevos parques de recreo para los más pequeños… De hecho una de estas iniciativas está promovida por un exdrogadicto. De este modo los niños pueden divertirse en un lugar seguro. Tengo la esperanza que el adjetivo “verde” del parque no se refiera más al color apagado de los bloques de casas, sino al color de la esperanza”.

 

 

Signos vivos del amor que anunciamos

Posted: 25 Sep 2019 01:54 PM PDT

Velázquez, Cena de Emaús (1222-1223)
Metropolitan Museum of Art, New York


En un encuentro con el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización (21-IX-2019) el papa Francisco ha profundizado en lo que Juan Pablo II denominaba el ardor, los métodos y la expresión del anuncio del Evangelio (cf. Discurso en Haití, 9-III-1983). Y al hacerlo, ha puesto de relieve lo que podría llamarse la “insuperabilidad” del amor. Nuestra misión como cristianos es anunciar ese amor como algo que vivimos.

1. La cuestión de entrada es “cómo encender el deseo de encontrar a Dios a pesar de los signos que oscurecen su presencia”. Cuenta el papa que en una ocasión, ante un periodista que le manifestaba no ser creyente, el santo papa Juan XXIII le respondió: «¡Tranquilo! ¡Eso lo dices tú! Dios no lo sabe, y te considera igualmente como un hijo al que amar». El secreto –señala Francisco– está en ayudar a sentir, junto con las propias incertidumbres, la maravilla de la presencia de Dios entre nosotros, lo que provocó el estupor de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 32).

Actitudes ante la Iglesia

2. En un segundo momento, el papa traza lo que podría considerarse un catálogo de las actitudes de nuestros contemporáneos ante la Iglesia. Para algunos es algo así como un recuerdo frío, para otros una amarga decepción. Algunos consideran que la Iglesia no les entiende y está lejos de sus necesidades. Otros la juzgan como demasiado débil para el mundo. O por el contrario, demasiado poderosa ante las grandes pobrezas del mundo.

El papa señala que “es justo preocuparse, pero sobre todo ocuparse, cuando se percibe una Iglesia mundanizada, es decir que sigue los criterios de éxito del mundo y se olvida de que no existe para anunciarse a sí misma, sino a Jesús”.

Y observa Francisco: “Una Iglesia preocupada por defender su buen nombre, que le cuesta renunciar a lo que no es esencial, ya no siente el ardor de llevar el Evangelio hasta hoy. Y acaba siendo más una bonita sala de museo que la casa sencilla y festiva del Padre”.

El sabor de la vida

3. Redescubrir la necesidad del amor. Esta tentación de reducir la tradición viva de la Iglesia a un museo, contrasta con el vacío de muchos que se dejan llevar por cierto bienestar exterior que la tecnología proporciona –vacío que, sin hacer ruido, grita la urgencia de llenar de belleza, verdad y bien sus vidas–. Quizá llevan heridas profundas y no logran un trabajo estable. Pero esto les hace vivir en una especie de torbellino, les anestesia e impide las elecciones valientes, les hace esclavos de lo que podría servirles. Y así olvidan lo que Francisco llama el sabor de la vida: “la belleza de una familia numerosa y generosa, que llena el día y la noche pero dilata el corazón; la luminosidad que se encuentra en los ojos de los hijos, que ningún smartphone puede dar; la alegría de las cosas sencillas; la serenidad que da la oración”.

En todo caso, y aunque no lleguen a plantearlo, las personas nos piden responder a sus deseos más profundos: “amar y ser amados, ser aceptados por lo que se es, encontrar la paz del corazón y una alegría más duradera que las diversiones”.

Experiencia e historia del amor

4. Acompañar en la experiencia e historia de amor. Nosotros hemos experimentado esta alegría en la persona de Jesús. Y aunque seamos frágiles y pecadores, tenemos esta misión: “encontrar a nuestros contemporáneos para hacerles conocer su amor”. ¿Cómo lo haremos?, parece que se pregunta Francisco. Y señala: “No tanto enseñando, nunca juzgando, sino haciéndonos compañeros de camino” (cf. Hch 8, 26-40).

Por eso, añade el papa, es importante que nos sintamos interpelados por las preguntas de los hombres y de las mujeres de hoy. Y esto, “sin pretender tener respuestas en seguida ni dar respuestas precocinadas, sino compartiendo palabras de vida” y dejando espacio al Espíritu Santo, capaz de liberar el corazón de las esclavitudes que lo oprimen y de renovarlo.

“Anunciar al Señor –asegura Francisco– es manifestar la alegría de conocerlo, es ayudar a vivir la belleza de encontrarlo”. A Dios se le encuentra –sigue diciendo– no tanto como respuesta a una curiosidad intelectual o un esfuerzo de la voluntad, sino sobre todo por medio de una experiencia de amor, respondiendo a una llamada a una historia de amor. Y después de encontrarlo, hay que seguir buscándolo, porque su misterio no se agota nunca, siendo inmenso como es su amor.

Dios es amor (1 Jn 4, 8), un amor que dura siempre y no se agota (cf. Sal 136, 1; Ex 3, 14). Es un fuego que no se consume, y es bello anunciar a este Dios fiel, a los hermanos que viven en la tibieza porque su primer entusiasmo se ha enfriado. Es bello decirles: “Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día” (Exhort. Evangelii gaudium, 164).

"Insuperabilidad" del amor

5. Anunciar el amor y la “insuperabilidad” del amor. He ahí, subraya el Papa, lo que llamamos el kerigma, es decir, el “núcleo fundamental” de la fe, el latido palpitante del “corazón del Evangelio: la belleza del amor salvador de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado” (Ibid., 36). E insiste Francisco en que este “primer anuncio” es siempre el principal, el que debe resonar continuamente en la educación de la fe y en todas las etapas y momentos de la catequesis, que no debe reducirse a una transmisión de conocimientos (cf. Exhort. Christus vivit, 214).

6. Facilitar el encuentro del amor. Finalmente, siendo la fe una vida que nace y renace del encuentro con Jesús, lo que ayuda al crecimiento de la fe es todo lo que en la vida es encuentro: acercarse al necesitado, construir puentes, consolar a quien lo requiere, etc. “Así seremos signos vivos del amor que anunciamos”.

                                                                      *    *    *

En definitiva, Francisco recuerda aquí la gran luz para guiar la nueva evangelización: el amor, núcleo insuperable de la vida y también de la vida cristiana y de la misión de los cristianos. No un amor del que se tiene más o menos noticia, sino un amor pleno y verdadero, que se experimenta y se vive. Tal es el amor de Cristo, Dios que salva. La evangelización es anunciar ese amor participando de él y abriendo a otros esa misma sabiduría, que solo se encuentra en Cristo y se traduce en vivir con Él y como Él al servicio de los demás.

 

 

La verdad no sabe mentir

El esplendor de la verdad brilla en todas las obras del Creador y, de modo particular, en el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, y esa verdad ilumina la inteligencia y marca los límites para que el hombre consiga libremente su destino: conocer y amar al Señor[1].

A nadie se le oculta la preocupación que ocupó a Ratzinger y sigue ocupando hoy a Benedicto XVI, ante el creciente avance del relativismo como evidente manifestación de una cultura en decadencia. Cuando a lo largo de la historia se abrían épocas de una sincera búsqueda de la verdad esos períodos han mostrado como el mejor síntoma de un progreso cierto al que han acompañado grandes beneficios humanos. Por el contrario, la actitud intelectual de escepticismo, de duda acerca de la existencia de la verdad o de que ésta pueda ser encontrada y conocida, han sido síntomas de una cultura que se tambaleaba para caer y convertirse en ruinas decadentes.

Sócrates, mediante la mayéutica, inició el proceso de sacar del hoyo de la falacia al pensamiento escéptico y decadente en que se encontraba inmerso el mundo helénico de su época. Era tal el relativismo existente que hasta mover un dedo suponía una toma de decisión y eso era “filosóficamente” incorrecto. Su esfuerzo valió la pena. Al indagar sobre la verdad, la cultura helénica progresó y alcanzó cumbres insospechadas con Platón primero y Aristóteles después. La civilización helénica alcanza con ellos su cenit siendo la razón el arma que emplearon los filósofos griegos para emerger de aquella fosa y construir una cultura próspera en el pensamiento. Al pensamiento helénico se le debe el galardón de convertir en ruinas la religión mitológica.

Ya sólo esta aportación merece un lugar preponderante en la Historia de la Filosofía. Muchos años antes del nacimiento de Cristo esta crítica de los mitos religiosos por parte de la filosofía griega hizo una labor intelectual de tal magnitud que el cristianismo, al defender al hombre –cuerpo y alma– encontró en ella un gran aliado. Se acepta pacíficamente la influencia que supuso al desarrollo de la filosofía cristiana la aportación de estos genios griegos. Platón y su idealismo se extiende por el occidente de cuyas fuentes beberá San Agustín y Aristóteles también llegará a occidente pero después de un largo periplo por oriente donde su pensamiento es “contaminado” de muchas corruptelas a su paso por Asia y África. Finalmente, será a través de Avicenas, Averroes y la Escuela de Toledo como llegará hasta Santo Tomás y la Escolástica.

La defensa racional que hace la filosofía griega ayuda a dar un paso importante si observamos la convergencia entre el mensaje bíblico y el pensamiento filosófico griego. No es un producto de la casualidad que se establezca esta conexión sino que se debe a la relación intrínseca que se da entre revelación y racionalidad. Por este motivo tuvo tanta fuerza de penetración el cristianismo en el mundo greco-romano[2]. La verdad no sabe mentir. Parece obvio que la postmodernidad de nuestra época, la filosofía de hoy, se arrastra desde hace varios siglos por un precipicio, en una decadencia casi imparable. El tercer milenio que ha comenzado se ha encontrado con una Europa en crisis. El continente donde la filosofía griega supuso un soporte para avanzar en la verdad está sumergido en las turbias aguas del relativismo. Se cuestiona hasta si existe la verdad.

¿Existe la verdad? La pregunta sobre la existencia de la verdad lleva implícita la respuesta afirmativa. Si se afirma: la “verdad no existe” y es así, acabamos de escribir la primera verdad; por otra parte, si la afirmación es falsa, entonces “la verdad existe”. De ahí que la misma pregunta sobre la existencia de la verdad sea una reafirmación de su existencia. ¿Podemos acceder a ella, descubrirla, encontrarla? Si. Está a la vista. La realidad de la Creación nos conduce a la verdad absoluta de la que las cosas creadas son una participación. Supongamos que la verdad quizá existe –dicen–pero nosotros no podemos alcanzarla o, tal vez lo que se alcance… no sea la verdad. Más aún –dicen otros– la verdad está siempre escondida y además sólo es verdad lo que se puede tocar, lo calculable. Incluso hay quien afirma que la verdad es algo que se crea “a mano alzada”, por votación.

Tertuliano decía: “Cristo ha afirmado ser la verdad, no la costumbre” y el Papa acude a esta cita con frecuencia[3]. Se trata de ampliar los espacios de la racionalidad, dice el Papa, para no limitar la razón a lo que es experimentable, a lo útil, a lo que abarca un aparente inmenso campo pero que no lo es: el de las ciencias naturales. Si la única realidad es la experimentable y calculable, el hombre acaba siendo reducido a un producto de la naturaleza carente de libertad como cualquier otro animal. Que las ciencias estén en constante avance y se desarrollen cada día más no hace que tengan marchamo de universalidad, que sea absoluta y autosuficiente. Ver las cosas así aboca en una situación insostenible, deshumana y al final contradictoria.

El orden de las cosas creadas, su pluralidad, sus leyes, proclaman la existencia de una dirección, de un sentido. Es dramática la postura de quienes no quieren buscar el sentido de las cosas. “Y, lo que es aún más dramático, en medio de esa barahúnda de datos y de hechos entre los que se vive y que parecen formar la trama de la existencia, muchos se preguntan si todavía tiene sentido plantearse la cuestión del sentido. Una filosofía carente de la cuestión sobre el sentido de la existencia incurriría en el grave peligro de degradar la razón a funciones meramente instrumentales, sin ninguna auténtica pasión por la búsqueda de la verdad”[4]. Si sólo es racionalmente válido lo que es experimentable y calculable, análogamente sólo un comportamiento práctico vital de tolerancia se convertirá en valor fundamental al que ninguno debe o puede considerar sus convicciones o sus propias opciones como preferibles a las de los otros. Éste es el triste sendero por el camina la sociedad actual, en el que queda desdibujada o diluida la conciencia moral.

Con el radical giro que da al conocimiento el inmanentismo, Kant no considerará a la razón humana con el nivel adecuado para alcanzar la realidad en sí misma y, mucho menos la realidad trascendente. Ratzinger ve que con esta postura, la alternativa que se avala hoy, parece ser el cientificismo y no la afirmación de Dios. La verdad parece estar escondida, especialmente ésta, permaneciendo inaccesible e incognoscible. Con ello, las diferentes religiones ofrecerán solamente imágenes de Dios en sus diversos contextos culturales y, por tanto, todas igualmente verdaderas o falsas.

Si se niega la existencia de verdad se niega la esencia de la grandeza del hombre. Suprimirla es abolir la inspiración, el arte, e incluso el ejercicio de la libertad. La verdad es algo demasiado grande como para verla sólo como algo puramente intelectual. No. La verdad es, por así decir, un elemento constitutivo de la vida humana. Para Platón la verdad es el deseo de engendrar en la belleza. Con este pensamiento apunta Platón en la dirección correcta. La verdad es bella y despierta el deseo no sólo de darse a conocer sino también de engendrar otras verdades, otras realidades igualmente bellas mediante la razón.

Pedro Beteta

Teólogo y escritor

 


[1] Cfr. Veritatis splendor. Intr.

[2] Cfr. J. Ratzinger - Benedicto XVI, Introducción al cristianismo, pp. 173-180

[3] J. Ratzinger - Benedicto XVI, Introducción al cristianismo, p. 102

[4] Fides et ratio, 81

 

 

Bueno o malo, el estrés

Lucía Legorreta

Cualquier cosa que pone altas exigencias en tu vida puede ser agotador.

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El estrés no siempre es malo. En pequeñas dosis, puede ayudar a las personas a realizar trabajos bajo presión y motivar a hacerlo lo mejor posible.

Pero cuando uno se encuentra constantemente en un modo de emergencia, la mente y el cuerpo pagan el precio. Si con frecuencia te sientes agotado y abrumado, es hora de tomar medidas para traer tu sistema nervioso de nuevo en equilibrio.

El estrés es la manera en que tu cuerpo responde a cualquier tipo de demanda o amenaza. Cuando tu sientes peligro (ya sea real o imaginado) las defensas del cuerpo se ponen en marcha de forma rápida en un proceso automático conocido como la reacción de lucha o huida, o la respuesta al estrés.

Cuando el cuerpo se siente amenazado, tu sistema nervioso responde liberando una inundación de hormonas del estrés, incluyendo la adrenalina y el cortisol, que el cuerpo tiene para la acción de emergencia.

Tu corazón late más rápido, los músculos se tensan, la presión arterial se eleva, la respiración se acelera y tus sentidos se vuelven más nítidos. Estos cambios físicos aumentan tu fuerza, resistencia, tiempo de reacción y mejoraran tu concentración, preparándolo para luchar o huir del peligro a mano.

La respuesta al estrés es la forma del cuerpo de protegerte. Cuando funciona correctamente, ayuda a que la persona permanezca enfocada, enérgica, y alerta.

En situaciones de emergencia, el estrés puede dar más fuerza para defenderse o estimularte. Por ejemplo: a pisar de golpe los frenos para evitar un accidente.

Pero más allá de cierto punto, el estrés deja de ser útil y comienza a causar grandes daños a la salud, el estado de ánimo, la productividad, las relaciones y la calidad de vida.

El sistema nervioso no es muy bueno para distinguir entre una amenaza emocional y física. Si estás muy estresado por una discusión con un amigo, un plazo de trabajo o un montón de deudas, tu cuerpo puede reaccionar tan fuerte como si estuvieras frente a una verdadera situación de vida o muerte.

Y cuanto más se active el de emergencia de emergencia, es más fácil tropezar y más difícil de apagar. Si tiendes a estresarte frecuentemente tu cuerpo puede estar en un estado elevado de estrés la mayor parte del tiempo.

Esto puede conducir a graves problemas de salud. El estrés crónico interrumpe casi todos los sistemas de su cuerpo.

Puede suprimir tu sistema inmune, trastornar tus sistemas digestivos y reproductivos, aumentar el riesgo de ataque cardíaco y accidente cerebrovascular, y acelerar el proceso de envejecimiento. Puede incluso reconectar el cerebro, dejándolo más vulnerable a la ansiedad, la depresión y otros problemas mentales y de salud.

Los problemas de salud causados o exacerbados por el estrés incluyen:

1. Depresión y ansiedad

2. Dolor de cualquier tipo

3. Problemas de sueño

4. Enfermedades autoinmunes

5. Problemas digestivos

6. Condiciones de la piel

7. Enfermedad del corazón

8. Problemas de peso

9. Problemas de fecundidad

10. Problemas de memoria y pensamiento

Lo más peligroso del estrés es la facilidad con la que puede arrastrarse. Te acostumbras, comienza a sentirse familiar, incluso normal. No te das cuenta de lo mucho que te afecta. Por eso es importante estar al tanto de la advertencia en forma de los signos y síntomas de sobrecarga de estrés.

Las situaciones y presiones que causan estrés se conocen como estresores. Solemos pensar solo en los estresores como negativos, como un horario de trabajo agotador o una relación.

Sin embargo, cualquier cosa que pone altas exigencias en tu vida puede ser agotador. Esto incluye eventos positivos como casarte, comprar una casa, ir a la universidad o recibir una promoción.

Por supuesto, no todo el estrés es causado por factores externos. El estrés también puede ser interno o autogenerado, cuando uno se preocupa excesivamente por algo que puede o no puede suceder, o tiene pensamientos irracionales y pesimistas sobre la vida. Por último, lo que causa el estrés depende, al menos en parte, de tu percepción. Alguna cosa que es estresante para ti puede no perturbar a alguien más; Incluso pueden disfrutarlo.

Por ejemplo, tu trayecto matutino puede hacerte ansioso y tenso porque te preocupa el tráfico que te hará llegar tarde; pero otros, sin embargo, pueden encontrar el viaje relajante porque les permite tener suficiente tiempo de relajarse, disfrutar y escuchar música mientras conducen.

Consejo: Si te sientes estresado, identifica las causas que lo están provocando. No puedes eliminar completamente el estrés de tu vida, pero sí controlar cuánto te afecta.

 

 

Tener personalidad es ahora anticuado

El igualitarismo genera nuevos monstruos

 

Un hombre con personalidad

La variedad armónica hace la vida interesante

Está surgiendo un nuevo tipo de igualitarismo, que difiere en algunos puntos no esenciales del igualitarismo conocido, que quiere la eliminación de toda superioridad.

Digámoslo así: quiere la igualdad de las muñecas, y no sólo la de los relojes. De los cuellos, y no sólo de los collares. De los dedos, y no tan sólo de los anillos …

¿Que quiere decir esto?

El campo del nuevo igualitarismo es la propia médula de la personalidad humana, y no sólo los objetos o situaciones; aquella médula por la cual se dice que una persona «tiene personalidad», o que «no tiene personalidad».

El igualitarismo patrón procura igualar todo en un nivel mínimo. Esto se podría representar por una ecuación: 1=1 (uno es igual a uno). Cada hombre es igual a los otros. El igualitarismo post-moderno trata de destruir en la medida de lo posible las propias individualidades, tornándolas indiferenciadas, de manera que esto puede expresarse en la ecuación 0=0 (cero es igual a cero).

Nuevo tipo humano

Este nuevo tipo humano se distingue de los demás no precisamente por su personalidad, sino por la carencia de ella.

Ya muchas voces, entre los post-modernos, han tratado del mismo fenómeno. Entre otros, Castoriadis, quien escribió sobre «La escalada de la insignificancia«; Gilles Lipovetsky, quien describió «La era del vacío”; Alain Finkielkraut discurrió sobre «La derrota del pensamiento«; Baudrillard bosquejó «el fin de lo social«, etc. No es que esos autores sean contrarios a esa situación, sino que para algunos esto debe ser así.

Plinio Corrêa de Oliveira describe así esta situación:

«Según tal colectivismo, los varios “yo” o las personas individuales, con su inteligencia, su voluntad, su sensibilidad y consecuentemente sus modos de ser, característicos y discrepantes, se funden y se disuelven, según ellos, en la personalidad colectiva de la tribu generadora de un pensar, de un querer, de un estilo de ser densamente comunes”.[1]

Una uniformidad monstruosa

Los pueblos generaron tradiciones propias.

Cada cual debe ser enteramente típico, característico. Cada hombre es irrepetible en la gigantesca colección de hombres que hay, hubo y habrá

Mientras el igualitarismo común se manifiesta sobre todo en el odio a las jerarquías, este igualitarismo actualizado va más lejos y se caracteriza además por su tendencia a la indiferenciación: entre padres e hijos; entre los sexos; entre las edades; entre profesores y alumnos, etc. En esto consiste precisamente el punto central de este nuevo género de nivelación. Observa Plinio Corrêa de Oliveira:

«La civilización moderna (…) en general, ama lo que es promiscuo y confuso. Aboliendo la variedad y colocando en su lugar una uniformidad sin sentido, la Revolución destruye la semejanza de la criatura con su Creador». [2]

Y agrega:

«lo característico es lo distintivo de la variedad auténtica; en él la verdadera variedad se realiza».

Una variedad auténtica

Es decir, cada cual debe ser enteramente típico, característico. Cada hombre es irrepetible y, en la gigantesca colección de hombres que hay, hubo y habrá, no es posible encontrar nada que se parezca a una repetición.

Por lo tanto, jamás se podrá lograr una estandarización completa del género humano. Lo que se debe hacer es trabajar para que la humanidad se conforme lo más posible con esa estética superior del Universo, lo que es un alto y bello ideal.

Lo que pretenden hacer, por el contrario, es tratar de patronizar al máximo al hombre en todas las cosas, como forma de protesta contra esa estética. Esa protesta se llama: igualitarismo.

La enfermedad de un árbol es más grave que el deterioro de sus frutos. Cualquier persona percibe la enorme suma de errores, crímenes y pecados que fueron cometidos a lo largo de los últimos decenios para tratar de imponer esta ideología.

Pero es especialmente grave esta reducción del género humano ‒género en el que Dios se encarnó‒ al triste estado de decadencia impensable en que se encuentra.

Autor: Leo Daniele


[1] Plinio Corrêa de Oliveira, Revolución y Contra-Revolución, p. 174 de esta edición on line

[2] Ibid., p. 57

 

Desigualdad y discriminación

Ana Teresa López de Llergo

Aceptar las diferencias de cada persona ayuda a la sana convivencia, por ello, es importante fomentar esta educación en casa.

Discriminación

La desigualdad entre las personas es notoria. Aunque tengan un gran parecido siempre hay que reconocer las diferencias. Pueden ser muy semejantes en lo físico, pero en las preferencias no. O pueden haberse inclinado por los mismos estudios, pero el modo de ejercerlos es distinto.

La desigualdad existe y se ha de respetar. Es un grave error tratar de uniformar a las personas para no tener que afrontar tantos planteamientos como puedan ocurrírsele a cada una. El desarrollo humano es individual. Las personas crecen en la medida en que se vayan manifestando y resolviendo dudas, aprendiendo a ser precavidas, rectificando cuando se hacen daño por precipitadas, etcétera. Pero las iniciativas, las ocurrencias o las propuestas son necesarias para el desarrollo.

El acompañamiento es necesario en la casa, en la escuela, en la sociedad. La dosificación es gradual, pero nunca menospreciarla ni descartarla.

En la casa es importante observar las diferencias y darlas a conocer a los otros miembros de la familia por medio de comentarios, alabando la originalidad de las aportaciones y valorándolas respetuosamente, aunque puedan ser muy distintas a las propias. Como las respuestas de los demás dependen de la edad, desde pequeños se han de habituar a convivir con esas variables, es necesario corregir cuando se burlen de enfoques distintos a los suyos. Es el momento de enseñar a hacer ver la gran variedad de soluciones para los problemas.

Los adultos deben actuar con apertura y equilibrio, haciendo observaciones que no asfixien la iniciativa de los pequeños, ni dejarlos hacer sin dar su opinión valorando el alcance de las propuestas y luego dándoles la oportunidad de actuar siempre que no vayan a causar estropicios.

En la escuela, desentenderse de las diferencias, despreciando el enriquecimiento que aportan a las actividades, prefiriendo dar solamente importancia a la organización escolar rígida, retrasa la formación del criterio y de la toma de decisiones. Es un modo de fomentar la inseguridad.

Aceptar la desigualdad en la casa y en la escuela es muy importante para facilitar la introducción a la sociedad civil, pues allí se multiplican las diferencias, por las edades de los ciudadanos, los recursos con los que cuentan, las múltiples profesiones y los lugares donde se ejercen. También la sorpresa de toparse con personas que conscientemente optan por hacer daño.

Si se aprende a ver la desigualdad como un modo de enriquecer las soluciones de los problemas, será más fácil evitar la discriminación –en el sentido que actualmente se le da a esa palabra-, porque se ve con naturalidad la distribución de funciones, hecho que es indispensable para las jerarquías.

Originariamente la palabra discriminar no tenía el actual sentido peyorativo. El diccionario señala: discriminar viene del latín discrimen, derivado de “discernere”, que se refiere a separar, dividir. También es diferenciar, discernir, distinguir. Apreciar dos cosas como distintas o como desiguales. Por tanto, quien razona, discierne, distingue u ordena. Necesariamente discrimina, pero de buena manera. Por tanto, al principio la discriminación adoptaba las diferencias sin problema.

Ahora se entiende que quien discrimina no comprende las diferencias, se encierra en sus determinadas preferencias, y se empobrece porque esta actitud fomenta el aislamiento o únicamente interactúa con personas semejantes.

Discriminar con injusticia es una forma de desprecio. Sorprendentemente una causa de la discriminación puede deberse a una personalidad autoritaria que pretende rodearse de personas sumisas, por ese motivo solamente las utiliza, pero no las aprecia. La otra causa es opuesta porque excluye despiadadamente y por consiguiente es la consecuencia de una personalidad poco sociable, individualista.

La discriminación encubre la inseguridad y la falta de flexibilidad para tratar a los diferentes, o también enmascara los aspectos débiles de la personalidad como pueden ser la timidez, el orgullo, el miedo a lo desconocido…

Por lo tanto, la palabra discriminación puede resultar equívoca si no se aclara el sentido con que se usa: el originario o el contemporáneo. Pero sea el que sea, la discriminación nunca ha de propiciar el desprecio o el maltrato.

Otro sentido equívoco de la palabra discriminación puede ocasionar un desorden. Esto sucede cuando se habla de “no-discriminación” para favorecer a grupos minoritarios, con la finalidad de compensar la desventaja que ellos mismos se procuran debido a sus desviaciones morales. Esta forma de proceder los hace una clase privilegiada y, en la sociedad se vuelven promotores de la degradación. Pienso que todos podemos dar testimonio de varios casos de tan grave desorden.

Al expresarnos, es importante advertir en qué sentido utilizamos las palabras para evitar confusiones o privilegiar a quien no lo merece. Por ejemplo, es legítimo discriminar a una persona que quisiera pertenecer a la sociedad de médicos cuando no tiene esa profesión.

En toda sociedad hay desigualdad, jerarquía y complementariedad. Esto indica distintas formas de responsabilidad, de autoridad y diferentes actividades. Todas ellas en armonía social, sin pretender la utopía de una igualdad a ultranza.

Una sociedad sana es aquella en la que cada persona se sabe necesaria, sabe que su trabajo contribuye al bien común. Nadie envidia el papel que desempeñan los demás, y a la vez admira las capacidades que otros tienen. Pero, no olvidar que esta mentalidad surge en la familia, se fortalece en la escuela y se disfruta en la sociedad.

 

El dilema de la racionalidad de la teología moral

por Fray Nelson

Este es un ejercicio propuesto en clase, un dilema que se plantea de esta forma: Si la teología moral es irracional, entonces no tiene lugar en nuestra sociedad que pide razones y no simplemente ejercicios de autoridad; si en cambio la teología moral es lógica y racional, entonces debe ser admisible por todos, creyentes o no, y entonces la fe no es necesaria ni agrega nada al discurso teológico. ¿Cómo se responde a ese dilema?

Lo que sigue es la respuesta, ligeramente editada, del estudiante Jaime Barrera Cuesta.

Actualmente la humanidad se encuentra inmersa en un sinnúmero de paradigmas antropológicos. Al parecer, la moral está fundamentada en dichos paradigmas y, consecuentemente alguien podría decir que no existe una moral, sino que dependiendo del número de modelos antropológicos se derivan diferentes consecuencias en la forma de comprender la moral. A este respecto, Schopenhauer afirmó que “en todos los tiempos se ha predicado mucha y buena moral; pero la fundamentación de la misma ha sido siempre difícil.”

Esto implicaría que la moral difícilmente encontrará un fundamento objetivo y válido para cada hombre, sino que la dimensión moral del hombre estaría supeditada al contexto donde se desarrolla lo humano, comprendiéndose finalmente de diferentes maneras. Siendo así, el aspecto subjetivo de la moral traería como consecuencia que al no existir una base sólida que fundamente la moral, ésta quedaría al parecer de cada sujeto.

Ante esto, lo primero que se puede decir es que, si bien la moral tiene una dimensión subjetiva, ya que implica la libertad y la conciencia de cada persona, al mismo tiempo, lo antropológico implica una exigencia de verdad. Benedicto XVI denunció en su momento que “si al hombre se le excluye de la verdad, entonces lo único que puede dominar sobre él es lo accidental, lo arbitrario. Por eso no es fundamentalismo, sino un deber de la humanidad el proteger al hombre contra la dictadura de lo accidental que ha llegado a hacerse absoluto, y devolver al hombre su propia dignidad que consiste precisamente en que ninguna instancia humana pueda dominarlo, porque él se encuentra abierto hacia la verdad misma” (Homilía del 18 de abril del 2005, en la Eucaristía por la Elección de Sumo Pontífice).

Por ello el ser humano, de alguna u otra forma, en diferentes culturas, con diferentes costumbres, lleva implícitas preguntas con respecto al obrar humano, que den como respuesta argumentos válidos y verdaderos, que justifiquen una inclinación a una vida moral propuesta.

De preguntas como: ¿Qué es el bien y qué es el mal moral?, ¿por qué una acción es buena o mala?, se desprende que, necesariamente debe existir una dimensión racional y objetiva de la moral, de la cual se deriven principios, valores, normas y juicios morales, que se muestran como caminos de humanización, que convergen en todas las culturas, que sean validos y verdaderos para todo hombre y que le liberen y dignifiquen.

Llegados a este punto, donde vemos que a partir de la ley natural y la reflexión racional se puede y debe fundamentar la dimensión objetiva de la moral, se hace pertinente preguntar: Si la moral es racional, ¿para qué religión?; ¿es necesaria una doctrina que transmita normas morales a partir de una religión como la católica?

Ante tales preguntas, lo primero que hay que responder, es que la fe de la Iglesia no se reduce únicamente el cumplimiento de un conjunto de normas morales, sino que principalmente parte del encuentro con la persona de Jesucristo (Benedicto XVI, Deus caritas est, n. 1). Consecuentemente, el fundamento de la moral cristiana es Jesucristo en su vida, palabras y obras. En el obrar del discípulo de Jesús de Nazaret siempre se encuentran presentes sus palabras cuando dice “si me amas cumple mis mandatos” (Jn 14, 15). Es decir, que la moral cristiana no es otra cosa sino una respuesta de amor desde la fe en Cristo, que le implica plenamente en todas sus dimensiones; respuesta que así se revela como verdadero y válido camino de libertad, plenitud, dignificación y humanización para todo hombre, en cualquier cultura.

Lo segundo que se puede decir, es que desde ningún punto de vista la doctrina moral cristiana riñe o se opone, a lo que a la luz de la ley natural y la razón humana se ha demostrado como camino verdadero y válido que se manifiesta en una norma moral desde diferentes culturas. El mismo Dios, fuente de verdad y racionalidad, es también fuente de bondad y plenitud.

Pero hay un tercer punto. Lo que sí queda revelado desde la fe judeo-cristiana, es la imposibilidad de la humanidad de vivir aquello que en lo teórico-racional se muestra como camino de humanización. En el hombre se deja ver una herida profunda, que se manifiesta como inclinación hacia el mal obrar; esa herida profunda no es otra cosa que el pecado y la absurda pretensión del hombre de determinar por sí mismo qué es lo bueno y qué es lo malo. “Solo Dios es bueno” exclama Jesús para decir que el fundamento y origen de todo bien es Dios.

Para concluir: el apóstol San Pablo describió el drama humano al mostrar cómo la ley o norma moral del Antiguo Testamento es buena porque le muestra lo realmente bueno al hombre, pero, por otro lado, le muestra también que no es capaz de cumplirla. Hoy día, se puede decir que ocurre lo mismo, ya que al parecer el hombre a partir de la razón descubre qué es lo bueno y lo expresa en cierto modo en documentos como la “Declaración de los Derechos Humanos”, que deben “garantizar” la “libertad” y la “dignidad” de las personas; los hechos, sin embargo, muestran a menudo todo lo contrario.

Por esta razón, hoy como ayer, es necesario poner la mirada en Cristo, quien no solo manifiesta con su vida, hechos y palabras lo que es bueno, sino que a partir del misterio pascual, en cuanto acto más grande de Amor de Dios hacia la humanidad, le salva de la esclavitud del pecado, y con el Don de su Espíritu Santo capacita al hombre y le da un nuevo corazón capaz de cumplir con sus actos, aquello que realmente le conduce hacia su plena realización y humanización en pleno acuerdo con el plan de Dios.

 

 

“Lengua virtual”

“Lengua virtual para predecir el sabor de los productos alimentarios” es el título de una nota de prensa en la que se comunica el avance tecnológico, en cuestiones gustativas y alimentarias que puede suponer el proyecto europeo VIRTOUS.

Y es que el proyecto europeo VIRTOUS, que acaba de arrancar y coordina el Politécnico de Turín (Italia), servirá para unir las Ciencias Agroalimentarias y la Inteligencia Artificial. El objetivo es crear una ‘lengua virtual’ a través de un marco computacional integrado, capaz de detectar alimentos para ligandos (iones o moléculas) naturales dirigidos a receptores gustativos.

 “La idea es concebir un predictor del sabor que se aplique a los productos alimentarios europeos, algo que sin duda impulsará y ampliará el mercado alimentario europeo a nivel mundial”, explica la investigadora principal del proyecto, Vanessa M. Martos Núñez, del departamento de Fisiología Vegetal de la UGR (Universidad de Granada).

El algoritmo inteligente propuesto en VIRTOUS, mediante la integración de técnicas de descubrimiento de medicamentos y algoritmos para grandes datos, predecirá el perfil organoléptico de un alimento específico basado en su composición química.

También se puede pensar que VIRTUOUS aporta una “herramienta de diseño asistida por ordenador” para la tecnología alimentaria de la Unión Europea (UE). Por ejemplo, basándose en la predicción del sabor, la plataforma VIRTUOUS puede utilizarse en el futuro para predecir los resultados de un injerto de uva específico. VIRTUOUS también puede combinarse con otras tecnologías para mejorar la agricultura de precisión.

En la iniciativa participan investigadores pertenecientes a 9 instituciones  de 4 países europeos: Italia, Grecia, España y Suiza. Por parte de la UGR, colabora profesorado de la Facultad de Ciencias y de la Facultad de Farmacia, ETS de Ingenierías Informática y de Telecomunicación y el Panel de Cata Multidisciplinar  del Seminario de Estudios Gastronómicos y Enológicos (SEGE) de la Universidad de Granada, además de empresas del sector.

Jesús Domingo

 

 

Permisos paternales separados

Hasta 2012, una pareja sueca a la que nacía un hijo tenía derecho a 16 meses de permiso pagado, a repartir entre la madre y el padre, con un mínimo de dos meses para él. Por regla general, ella y él tenían que tomar el permiso de forma alterna: solo podían solaparse por diez días, y dentro de los dos primeros meses.

Con tales condiciones, la opción natural era la que de hecho tomaban casi todas las parejas. Los dos disfrutaban de sus diez días de permiso conjunto inmediatamente después del nacimiento; luego, él se reincorporaba al trabajo mientras ella seguía de permiso hasta 14 meses más; a continuación, él tomaba el relevo. Cuando él había consumido sus dos meses, la criatura ya podía estar atendida en la guardería pública mientras sus padres trabajaban. Antes y ahora, si no han gastado todo su permiso, pueden usar la parte que les quede de forma esporádica hasta los 8 años del hijo: en la práctica, en verano, para cubrir los días en que ninguno de los dos tiene vacaciones, pero los colegios están cerrados.

La reforma de 2012 consistió en ampliar a otros 30 días, además de los diez de rigor, el tiempo de permiso que padre y madre pueden disfrutar a la vez, y dentro del primer año. Se pueden tomar de modo intermitente, de modo que la familia decide, según la necesidad del momento, cuándo aprovecharlos.

En la práctica, es el padre quien hace uso de esta flexibilidad, mientras la madre sigue con su permiso continuado el primer año. Así, desde luego, aumenta el tiempo que él la acompaña al principio; pero no mucho: por término medio, los días adicionales de permisos simultáneos subieron un 4% en los dos primeros meses y un 6% en los seis primeros.

Con el permiso flexible, a cambio de un ligero aumento de ausencias del trabajo no programadas entre los padres, la salud de las madres ha mejorado claramente.

Domingo Martínez Madrid

 

Ante los Salvini

Italia es, como España, puerta de entrada a Europa. Y es la Unión Europea la que debe regular la emigración y acabar con un desgobierno que solo favorece a los “Salvini” de turno.

No hay recetas mágicas, ni puede despreciarse la sensación de inseguridad en la que viven las clases medias y populares europeas. Por eso, los Gobiernos europeos deben hablar y actuar sin miedo en asuntos de integración, ordenación de las diferencias culturales, libertad religiosa, derechos de ciudadanía y regulación de los flujos migratorios. Guardar silencio y encogerse de hombros mientras Salvini se jacta de cerrar sus puertos es una irresponsabilidad, además de una muestra de incompetencia. Algo que no solo compromete la estabilidad de los Gobiernos comunitarios, sino que cuestiona seriamente la credibilidad y la eficacia de la Unión Europea.

José Morales Martín

 

 

Cercana a las sociedades sovietizadas

El objetivo final de ese “gobierno progresista” que algunos promulgan es desterrar las tradiciones culturales, religiosas, éticas y morales que han dado forma a la civilización occidental, para imponer un pensamiento único y acrítico como dogma principal. El resultado al que se aspira es el de construir una sociedad sin memoria ni voluntad para la superación personal y, por tanto, fácilmente moldeable, muy cercana a las sociedades sovietizadas del pasado siglo. Si antaño fueron necesarios los ideales de progreso social en el marco de las luchas contra la opresión del viejo régimen, lo que hoy necesita la sociedad es sobre todo, una estabilidad económica y ética que garantice, a su vez, la estabilidad social y familiar, dentro de un ordenamiento social más justo y coherente con la verdad y la dignidad de la persona humana.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Los “autores y que viven como pachás”

 

                                Todos los desastres económicos y sociales, son culpa del “Estado”; y por cuanto como nunca o casi nunca, se ha gobernado ni gobierna, con sentido de, “verdadero Estado”; y siempre lo hicieron y hacen, ambiciosos, inútiles, incapacitados o cosa peor aún; los desastres, son siempre iguales o similares; y para saber ello, no hay nada más que saber un boceto amplio de la historia mundial y de sus llamadas “civilizaciones”; todas las cuales han acabado en desastres enormes; como seguro que acabará ésta que hoy nos domina, vistos los “horizontes que se van ampliando a medida que pasa el tiempo; y el que no los vea o intuya, pues allá él con sus ilusiones necias”.

                                Como hoy mismo en España y viendo “la jauría de políticos ineptos”, como se pelean por el poder que ellos entienden; y que no es otro que controlar las mayores cantidades de dinero público; y que nos sacan ya criminalmente a unos contribuyentes ya demasiado exprimidos e indefensos. Puesto que no nos engañen; todos esos tejemanejes que nos presentan falsamente, en cualquier informativo público, son mentiras disfrazadas; todos van al mangoneo de la mayor parte del dinero público que puedan controlar, para y como siempre, hacer con él; no lo que conviene a la nación, región, provincia o municipio; sino todo lo contrario, lo que aprovechará a los de su partido o cuerda política y el resto; y como no responderán de nada, les importará un rábano, por no decir “tres cojones”.

                                Así han llevado a una nación rica y con muchas reservas, a la ruina actual; lo mismo que a infinidad de municipios y otras administraciones públicas, que tras duros y continuos saqueos, están como “fieras hambrientas y; sólo en espera de los nuevos saqueos a quienes aún producen bienes en España o, el seguir endeudándose temerariamente en una deuda total que, ya los técnicos, dicen que es impagable”.

                                Nadie habla y convence, que mientras “el Estado no se perfeccione y aprenda a ser Estado de verdad”; la riqueza siempre la producirá la iniciativa privada; sencillamente, por cuanto en ella, es donde únicamente se da, el interés propio, el que obliga a mirar con lupa el dinero, para emplearlo en industria o comercio que genere bienes o beneficios, que al ir acumulándose, simplemente van creando más puestos de trabajo, más industria y comercio y en general, un bienestar sólido y que permanece mucho más seguro, que “los bluf y fantasías que nos dicen unos políticos que generalmente nunca han arriesgado sus bienes para producir más bienes y se han limitado a ir como mercenarios al dinero público para hacer sus negocios·. Y esa es la cruda real y cruel realidad que podemos atestiguar hoy día, sin que nadie pueda decir lo contrario; puesto que las catástrofes peores, siempre las produce el ser llamado humano y sea macho o hembra, cada cual “en sus labores o cometidos”.

                                Como dato fehaciente de cuanto digo, veamos un caso “sonado” y que interprete el lector con el empleo de su caletre; es uno sólo de los muchos que aquí se han dado y se siguen dando.

                                “El PSOE, campeón del despilfarro: El Plan E fue mucho más de un gobierno manirroto y desleal con el dinero de todos los españoles. Fue una operación electoralista a la desesperada del PSOE. Algunas revelaciones del informe del Banco de España que hoy detalla ABC sobre el gasto público que supuso el          Plan E entre 2009 y 2010, con José Luís Rodríguez Zapatero en el Gobierno, son demoledoras. Y además demostrativas del desparpajo, la improvisación y el descaro político con que se tomaron  muchas medidas económicas absolutamente irracionales, cuando España se encontraba inmersa en una profunda crisis económica, camino de la recesión. Según el Banco de España, cada empleo del Plan E costó ciento sesenta mil euros; y el despilfarro total de ese proyecto artificial para crear trabajo ficticio ascendió a los trece mil millones de euros”.

                                Es el principio de lo publicado en diario ABC del 08-06-2019 en su página cuatro; indico ello, para que lean el resto, que es demoledor; y como cosas así, es lo que se viene produciendo en España y en la que entran o entraron, todos los partidos que han mangoneado el dinero “de todos” (sálvese el que pueda); ese es el resultado de la ruina actual; y la que va a seguir así; puesto que como dejó para la Historia, Lampedusa en su única novela; aquí no cambia nada en la dirección que debiera… “cambiemos algo para que no cambie nada y todo siga igual reza en dicho libro”.

                                Si no se eliminan parásitos, se reducen los impuestos de forma enorme y el dinero se deja en manos privadas (no en multinacionales, ni bancos ni grandes parásitos similares) y que sepan invertir para que produzcan bienes; esto se irá agotando hasta que extinguido por falta de dinero, como siempre ha pasado; “venga lo que tenga que venir, que vista la historia, no será nada agradable sino todo lo contrario; y lo lamentable es que paga siempre el de siempre; o sea, el que menos culpa tiene”.

                                Bueno pues para “nuestro consuelo”; es el mismo partido del indeseable Zapatero, es el que más votos ha conseguido y el que sólo o en coalición con “sus similares”; el que va a mangonear los intereses nacionales; esperemos que no implante sistemas como el que comento o peores aún; puesto que si es así, “que el Señor nos coja confesados… Amén”.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                      

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes