Las Noticias de hoy 25 Septiembre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 25 de septiembre de 2019      

Indice:

ROME REPORTS

Italia: Visita sorpresa del Papa a la Comunidad “Nuevos Horizontes”

Francisco anima a comunicar “como testigos de Cristo”

Unión Católica de la Prensa Italiana: “Dar voz a los que no la tienen”

Acción Climática: Francisco insta a la “honestidad, responsabilidad y valentía

VISITAR A LOS ENFERMOS: Francisco Fernandez Carbajal

“No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo”: San Josemaria

Devuélveme la alegría de tu salvación: Carlos Ayxelà

Trabajo de Dios: J. López

“El matrimonio cristiano: cuatro fake news sobre el amor” – Mario Iceta, obispo de Bilbao

Libertad religiosa en Estados Unidos: nueva sentencia en Arizona: Salvador Bernal

“La alegría de ser familia”, una jornada festiva de novios, matrimonios, hijos y abuelos

El sentido del dolor y el sufrimiento: Raúl Espinoza Aguilera

7 cosas que deberías decirle a tu hijo todos los días: Juanjo Romero

En el XXV Aniversario de la partida al cielo de P. Tomás Morales, S.J.: Beatriz de Ancos Morales

“Estamos llamados a vivir y trabajar para que Cristo sea conocido y amado”: + Rafael Zornoza. Obispo de Cádiz y Ceuta

El tesoro de los hijos: Jesús Martínez Madrid

Necesita de un pacto educativo: Enric Barrull Casals

Porque es falso: José Morales Martín

“Democracia enferma, casi muerta”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Italia: Visita sorpresa del Papa a la Comunidad “Nuevos Horizontes”

Acompañado por Andrea Bocelli

septiembre 24, 2019 16:45Larissa I. LópezPapa Francisco

(ZENIT – 24 sept. 2019).-  En la mañana de hoy, 24 de septiembre de 2019, el Papa Francisco se trasladó hasta la localidad italiana de Frosinone para visitar por sorpresa la “Ciudadela Cielo” de la Comunidad “Nuevos Horizontes”, indicó Vatican News.

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En torno a las 9:40 horas, el Santo Padre llegó en coche al citado centro, situado a unos 100 km del Vaticano, para mantener un encuentro con los habitantes de la “ciudadela”. Junto a él se encontraban Mons. Rino Fisichella y el célebre cantante de ópera italiano Andrea Bocelli.

“Ciudadela Cielo”

La “Ciudadela Cielo” es una estructura de la Comunidad “Nuevos Horizontes”, organización fundada por Chiara Amirante que propone un modelo de vida en comunidad y proporciona formación cristiana.

“Nuevos horizontes” se caracteriza por la hospitalidad y el apoyo que ofrece a personas necesitadas, a través de centros de escucha y apoyo a la vida, hogares familiares, lugares y laboratorios para la agregación y reintegración laboral.

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Desde hace años, en espacios como “Ciudadela Cielo”, indica la misma fuente, se curan las heridas del alma de personas que en algún momento de su vida, por diversas razones, terminaron inmersos en las drogas, la adicción, el juego, la prostitución y, más tarde, en el descarte, la exclusión social y el rechazo, incluso por parte de la propia familia.

La visita

Según informa la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Papa fue recibido en el auditorio del centro por los participantes en el encuentro reunidos en oración. Tras una breve intervención de la fundadora, Chiara Amirante, y los testimonios de dos jóvenes, el cantante Andrea Bocelli y su hijo interpretaron la canción “Follow me“, como muestra de su compromiso con la comunidad.

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A continuación, tuvieron lugar algunos discursos y preguntas de jóvenes y adultos cuyo encuentro con la fe cristiana a través de la Comunidad Nuevos Horizontes cambió sus respectivas vidas. El Pontífice respondió a las cuestiones que se le plantearon.

Santa Misa

Tras este encuentro, a las 12:20 horas, se celebró la Santa Misa, presidida por Francisco y en la que este pronunció la homilía. Tanto el momento de la comunión como el final de la celebración eucarística estuvieron acompañados por la voz de Andrea Bocelli.

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Al término de la misma, ante el Obispo de Roma, los miembros consagrados de la Comunidad renovaron su compromiso de servicio a la Iglesia y la consagración al Corazón Inmaculado de María.

Después del almuerzo, el Santo Padre se reunió con el personal del centro en el auditorio. También plantó un olivo en el jardín de las instalaciones. Regresó al Vaticano a las 16:50 horas.

Francisco y “Nuevos Horizontes”

El pasado 8 de junio, fiesta de Pentecostés, con motivo del 25 aniversario de “Nuevos Horizontes”, más de 3.000 personas se reunieron en el pabellón de deportes de Frosinone para celebrar este evento.

El Papa les telefoneó para felicitarles en directo. De acuerdo al citado medio vaticano, durante la llamada telefónica, el Santo Padre saludó a todos los “Piccoli della Gioia” (“pequeños de la alegría”), nombre utilizado para denominar a los laicos consagrados que ofrecen sus vidas al servicio de esta Comunidad.

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Francisco también les envió una carta y un video mensaje. En este último les invitó a mantener siempre el sentido del humor e insistió en que no se puede perder la memoria porque es donde se encuentra a Dios: “El Dios que te acompañó, que te hizo crecer, que te tomó, como dice el Deuteronomio, en soledad … te sacó de una soledad llena de ‘aullidos solitarios’ (Dt 32,10) , con perros … – y esto es hermoso -, y te ha llevado hasta ahora”.

 

 

Francisco anima a comunicar “como testigos de Cristo”

A los empleados del Dicasterio para la Comunicación

septiembre 23, 2019 17:42Larissa I. LópezPapa y Santa Sede

(ZENIT- 23 sept. 2019).­- “Comunicar con el testimonio, comunicar implicándose en la comunicación, comunicar con los sustantivos de las cosas, comunicar como mártires, es decir, como testigos de Cristo, como mártires”.

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Estas son las indicaciones que el Papa Francisco ha dedicado hoy, 23 de septiembre de 2019, a los empleados del Dicasterio de la Comunicación y a los participantes en la Asamblea Plenaria del Dicasterio, que tiene lugar en el Vaticano del 23 al 25 de septiembre de 2019, y con los que se ha reunido en audiencia.

Después de entregar a los presentes el discurso preparado para la ocasión, el Papa  improvisó unas palabras, “lo que tengo en mi corazón” sobre la comunicación.

La comunicación es entrega

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Bromeando sobre su deseo de que ninguno se quedase dormido, en primer lugar, el Pontífice agradeció a los presentes por su trabajo en el dicasterio. Y resaltó que la comunicación “no es un trabajo de oficina”, sino expresar el deseo del Señor de “comunicarse a sí mismo”: “tomar del Ser de Dios y tener la misma actitud; no poder permanecer solo: la necesidad de comunicar lo que tengo y creo que es lo verdadero, lo justo, lo bueno y lo bello”.

Al mismo tiempo, el Obispo de Roma apuntó que, como comunicadores, deben tener en cuenta que se comunica con todo, ya que, el verdadero comunicador “se entrega totalmente”. También explicó que la mayor comunicación es el amor, donde se encuentra “la plenitud de la comunicación: el amor a Dios y entre nosotros”.

La comunicación es testimonio

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En cuanto a la forma de comunicar, el Papa Francisco recordó que la tarea de estos profesionales no es publicitaria, ni tampoco proselitista, ya que, como indicó Benedicto XVI, “la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción”, esto es, por el testimonio.

Así, la comunicación debe ser testimonio, “si queréis comunicar más o menos una verdad, sin la bondad ni la belleza, deteneos, no lo hagáis. Si queréis comunicar una verdad más o menos, pero sin involucraros, sin dar testimonio de esa verdad con vuestra propia vida, con vuestra propia carne, parad, no lo hagáis”.

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Después, Francisco ha reconocido que el “clima de mundanalidad” siempre ha sido un peligro y un enemigo, pero ha pedido que la tentación de caer en la mentalidad pagana no sea más fuerte que los cristianos. Al mismo tiempo, ha resaltado que, a pesar de que somos pocos, debemos ser, como dijo Jesús, levadura y sal, y no caer en la “resignación a la derrota cultural” porque “viene del mal espíritu, no de Dios”.

La cultura de los sustantivos

El Papa confesó que le da “alergia” escuchar comentarios como “esto es una cosa auténticamente cristiana”, ya que para él no es necesario utilizar la palabra “auténticamente” porque el nombre “cristiano”, que significa ser de Cristo, ya tiene suficiente fuerza.

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Y les propuso que frente a la cultura del adjetivo y el adverbio, que también ha entrado en la Iglesia, el comunicador “debe hacer que la gente entienda el peso de la realidad de los sustantivos que reflejan la realidad de las personas. Y esta es una misión de comunicación: comunicarse con la realidad, sin endulzar con adjetivos o adverbios”.

Finalmente, para aprender “la lengua de los mártires”, les exhortó a leer el Libro de los Hechos de los Apóstoles, una “joya” que describe “cómo es la comunicación cristiana”.

***

Discurso del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas,

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Tengo un discurso que leer…., no es tan largo, son siete páginas…, pero estoy seguro de que después de  la primera la mayoría se dormirá, y no podré comunicar. Creo que lo que quiero decir en este discurso se entenderá bien con la lectura, con la reflexión. Por esta razón, doy este discurso al Dr. Ruffini, a quien agradezco las palabras que me ha dirigido, para que os lo de a todos. Y me permito hablar un poco espontáneamente, con vosotros para decir lo que tengo en mi corazón sobre la comunicación. Al menos creo que no habrá muchos que se queden dormidos, ¡y podemos comunicarnos mejor!

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Gracias por vuestro trabajo, gracias por este dicasterio tan numeroso… Le pregunté al Prefecto: “Pero… ¿todos trabajan?” – Sí”, – me ha dicho- para evitar esa famosa anécdota…. [Un día le preguntaron al Papa Juan XXIII: “¿Cuántos trabajan en el Vaticano?” y él respondió: “Cerca de la mitad”]. Todos trabajan, y trabajan en esta actitud que expresa el deseo de Dios: comunicarse a sí mismo, en lo que los teólogos llaman la pericoresis: se comunica dentro de Sí mismo, y  se comunica con nosotros. Este es el comienzo de la comunicación: no es un trabajo de oficina, como la publicidad, por ejemplo. Comunicar es precisamente tomar del Ser de Dios y tener la misma actitud; no poder permanecer solo: la necesidad de comunicar lo que tengo y creo que es lo verdadero, lo justo, lo bueno y lo bello. Comunicarse. Y vosotros sois especialistas de comunicación, sois técnicos de comunicación. No debemos olvidar esto. Se comunica con el alma y el cuerpo; se comunica con la mente, el corazón, las manos; se comunicas con todo. El verdadero comunicador lo da todo, se entrega totalmente – como decimos en mi tierra: “pone toda la carne en el asador”, todo, no escatima para sí mismo. Y es verdad que la mayor comunicación es el amor: en el amor está la plenitud de la comunicación: el amor a Dios y entre nosotros.

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Pero, ¿cómo debe ser la comunicación? Una de las cosas que no debéis hacer es publicidad, sólo publicidad. No debéis hacer como las empresas humanas que intentan tener más gente… En una palabra técnica: no tenéis que hacer proselitismo. Me gustaría que nuestra comunicación fuera cristiana y no un factor de proselitismo. No es cristiano hacer proselitismo. Benedicto XVI lo dijo muy claramente: “La Iglesia no crece por proselitismo, sino por  atracción”, es decir, por el testimonio. Y nuestra comunicación debe ser testimonio. Si queréis comunicar más o menos una verdad, sin la bondad ni la belleza, deteneos,  no lo hagáis. Si queréis comunicar una verdad más o menos, pero sin involucraros, sin dar testimonio de esa verdad con vuestra propia vida, con vuestra propia carne, parad, no lo hagáis. Siempre está la firma del testimonio en cada una de las cosas que hacemos. Testigos. Cristianos significa testigos, “mártires”. Esta es la dimensión “mártir” de nuestra vocación: ser testigos. Esto es lo primero que me gustaría deciros.

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Otra cosa es una cierta resignación, que tan a menudo entra en los corazones de los cristianos. Vemos el mundo….: es un mundo pagano, y esto no es una novedad. El “mundo” siempre ha sido un símbolo de la mentalidad pagana. Jesús pide al Padre, en la Última Cena, que proteja a sus discípulos para que no caigan en el mundo y en la mundanidad (cf. Jn 17, 12-19). El clima de mundanidad no es algo nuevo del siglo XXI. Siempre ha sido un peligro, siempre ha habido tentación, siempre ha sido el enemigo: la mundanidad. “Padre, protégelos para que no caigan en el mundo, para que el mundo no sea más fuerte que ellos. Y muchos,

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los veo, piensan: “Sí, debemos cerrarnos un poco, ser una iglesia pequeña pero auténtica” – esa palabra que me da alergia: “pequeña pero auténtica”: si algo lo es, no es necesario llamarlo auténtico. Luego volveré a hablar de ello. Esto es un repliegue en uno mismo con la tentación de la resignación. Somos pocos, pero no pocos como los que se defienden porque somos pocos y el enemigo es mayor; pocos como la levadura, pocos como la sal: ¡ésta es la vocación cristiana! No debemos avergonzarnos de ser pocos; y no debemos pensar: “No, la Iglesia del futuro será una Iglesia de los elegidos”: caeremos de nuevo en la herejía de los esenios. Y así se pierde la autenticidad cristiana. Somos una Iglesia de unos pocos, pero como levadura. Jesús lo dijo. Como la sal. La resignación a la derrota cultural –permitidme  llamarlo así- viene del mal espíritu, no de Dios. No es un espíritu cristiano, la queja de la resignación. Esta es la segunda cosa que me gustaría deciros: No tengáis miedo. ¿Somos pocos? Sí, pero con el deseo de “misionar”, de mostrar a los demás quiénes somos. Con el testimonio. Una vez más repito esta frase de San Francisco a sus hermanos, cuando los envía a predicar: “Predicad el Evangelio, y si es necesario, también con palabras”. Es decir, con el testimonio en primer lugar.

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Miro a este arzobispo lituano que tengo ante mí y pienso en el emérito de Kaunas, que ahora será nombrado cardenal: ese hombre, ¿cuántos años de prisión pasó? ¡Con su testimonio hizo tanto bien! Con dolor…. Son nuestros mártires, los que dan vida a la Iglesia: no nuestros artistas, no nuestros grandes predicadores, no nuestros custodios de la ” doctrina verdadera e integral “…. No, los mártires. Iglesia de mártires. Y comunicar es esto: comunicar esta gran riqueza que tenemos. Esta es la segunda cosa.

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La tercera cosa que tomo de lo que dije antes, que me da un poco de alergia cuando oigo decir: “Esto es una cosa auténticamente cristiana”, “esto es realmente así”. Hemos caído en la cultura de los adjetivos y los adverbios, y hemos olvidado la fuerza de los sustantivos. El comunicador debe hacer que la gente entienda el peso de la realidad de los sustantivos que reflejan la realidad de las personas. Y esta es una misión de comunicación: comunicarse con la realidad, sin endulzar con adjetivos o adverbios.

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“Esto es una cosa cristiana”: ¿por qué decir auténticamente cristiana? ¡Es cristiana! El mero hecho del sustantivo “cristiano”, “Yo soy de Cristo”, es fuerte: es un sustantivo adjetivado, sí, pero es un sustantivo. Pasar de la cultura del adjetivo a la teología del sustantivo. Y vosotros debéis comunicar de esta manera. “¿Cómo, conoces a esa persona?” – Ah, esa persona es así, así…”: inmediatamente el adjetivo. Primero el adjetivo, quizás, luego, después, cómo es la persona. Esta cultura del adjetivo ha entrado en la Iglesia y nosotros, todos los hermanos, nos olvidamos de ser hermanos para decir que esto es “tan” hermano, es decir, “en el otro sentido” hermano: primero el adjetivo. Vuestra comunicación debe ser austera pero bella: ¡la belleza no es arte rococó, la belleza no necesita estas cosas rococó; la belleza se manifiesta desde el mismo sustantivo, sin fresas en el pastel! Creo que tenemos que aprender esto.

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Comunicar con el testimonio, comunicar implicándose en la comunicación, comunicar con los sustantivos de las cosas, comunicar como mártires, es decir, como testigos de Cristo, como mártires. Aprender la lengua de los mártires, que es la lengua de los Apóstoles. ¿Cómo comunicaban los Apóstoles? Leamos esa joya que es el Libro de los Hechos de los Apóstoles, y veremos cómo se comunicaba en aquel tiempo y cómo es la comunicación cristiana.

¡Gracias, muchas gracias! Después tenéis aquel [el discurso escrito] que es más “construido”, porque la base la hicisteis. Pero leedlo, reflexionad. Gracias por lo que hacéis, y seguid adelante con alegría. Comunicar la alegría del Evangelio: esto es lo que el Señor nos pide hoy. Y gracias, gracias por vuestro servicio y gracias por ser el primer Dicasterio encabezado por un laico en mente. ¡Seguid así! Gracias.

© Librería Editorial Vaticana

 

 

Unión Católica de la Prensa Italiana: “Dar voz a los que no la tienen”

Discurso del Papa

septiembre 23, 2019 18:56Larissa I. LópezPapa y Santa Sede

(ZENIT- 23 sept. 2019).­- El Santo Padre invitó a los profesionales de la comunicación a no tener miedo “de trastocar el orden de las noticias, de dar voz a los que no la tienen; de contar la ‘buena noticia’ que genera la amistad social: no de contar cuentos, sino buenas noticias reales; de construir comunidades de pensamiento y de vida capaces de leer los signos de los tiempos”.

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Hoy, 23 de septiembre de 2019, el Papa Francisco recibió en audiencia a los miembros de la Unión Católica de la Prensa Italiana (UCSI), que celebran el 60 aniversario del nacimiento de dicho organismo.

En primer lugar, el Papa los ha animado a continuar con su misión inspirada en “el servicio de las personas, del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia”, siendo “la linfa  de las raíces que os vieron nacer: la fe, la pasión por la historia de los hombres y el cuidado de las dimensiones antropológicas y éticas de la comunicación”.

“Hablar al estilo evangélico”       

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Por otro lado, también los exhortó a ser “la voz de la conciencia de un periodismo capaz de distinguir el bien del mal, las opciones humanas de las inhumanas”, ya que hoy en la realidad existe una “mescolanza” en la que todo aquello no se distingue.

Para el Pontífice, este encargo también supone “ser libre ante el público: hablar al estilo evangélico: ‘sí, sí’, ‘no, no’, porque lo demás viene del maligno (cf. Mt 5,37)” y porque “vuestras palabras cuentan la historia del mundo y le dan forma, vuestras historias pueden generar espacios de libertad o esclavitud, de responsabilidad o de dependencia del poder”. Asimismo, consciente de que los editores pasan la verdad “por el alambique de la conveniencia financiera”, deseó que pudieran contribuir a “desenmascarar las palabras falsas y destructivas”.

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Por último, además de recordar la importancia de “identificar fuentes creíbles, contextualizarlas, interpretarlas y priorizarlas”, Francisco aludió a que el 12 de junio de 2010 la Iglesia proclamó beato al primer periodista laico, Manuel Lozano Garrido, un profesional de la comunicación que arriesgó su vida por ser cristiano durante la Guerra Civil española. Asimismo, animó a seguir su ejemplo porque “en su ‘decálogo del periodista’ recomienda ‘pagar con la moneda de la franqueza’, ‘trabajar el pan de la información limpia con la sal del estilo y la levadura de la eternidad’ y no servir ‘ni pasteles ni platos picantes, sino el buen bocado de la vida limpia y esperanzadora’”.

A continuación sigue el discurso completo del Papa Francisco.

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Discurso del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas,

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Os doy la bienvenida con motivo del 60º aniversario de la Unión Católica de la Prensa Italiana y agradezco a la Presidenta sus amables palabras. ¡Es valiente, habla con fuerza!.

Os habéis reunido para conmemorar una “vocación comunitaria” – fruto del sueño de los fundadores – que es la de ser, como dice vuestro Estatuto, “una asociación profesional y eclesial inspirada en el servicio de las personas, del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia”.

Os animo a llevar a cabo esta misión yendo siempre a la linfa  de las raíces que os vieron nacer: la fe, la pasión por la historia de los hombres y el cuidado de las dimensiones antropológicas y éticas de la comunicación. La revista “Desk” y la página web, la escuela de formación de Asís y las múltiples actividades en los territorios son los signos concretos de vuestro servicio al bien común.

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Para renovar vuestra armonía con el Magisterio de la Iglesia, os exhorto a ser la voz de la conciencia de un periodismo capaz de distinguir el bien del mal, las opciones humanas de las inhumanas. Porque hoy hay una mescolanza que no se distingue, y vosotros tenéis que ayudar para que no sea así. El periodista -que es el cronista de la historia- está llamado a reconstruir la memoria de los hechos, a trabajar por la cohesión social, a decir la verdad a toda costa: también hay una parresia –es decir, un valor-  del periodista, siempre respetuosa, nunca arrogante.

Esto significa también ser libre ante el público: hablar al estilo evangélico: “sí, sí”, “no, no”, porque lo demás viene del maligno (cf. Mt 5,37). La comunicación necesita palabras reales en medio de tantas palabras vacías. Y en esto tenéis una gran responsabilidad: vuestras palabras cuentan la historia del mundo y le dan forma, vuestras historias pueden generar espacios de libertad o esclavitud, de responsabilidad o de dependencia del poder.  Cuántas veces el periodista quiere seguir este camino, pero detrás tiene un editor que le dice “no, esto no se publica, esto sí, eso no” y se pasa toda esa verdad por el alambique de la conveniencia financiera del editor, y se acaba por comunicar lo que no es verdadero, lo que no es bello y que no es bueno. De muchos de vuestros predecesores habéis aprendido que sólo mediante el uso de palabras de paz, justicia y solidaridad, creíbles gracias a un testimonio coherente, se pueden construir sociedades más justas y solidarias. Por desgracia, sin embargo, también se aplica lo contrario. Ojalá contribuyáis a desenmascarar las palabras falsas y destructivas.

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En la era de la web, la tarea del periodista es identificar fuentes creíbles, contextualizarlas, interpretarlas y priorizarlas. A menudo pongo este ejemplo: una persona muere de frío en la calle y no es noticia y una caída de dos puntos en la Bolsa la recogen todas las agencias(cf. Ap. Exhort. Evangelii gaudium, 53).  Hay algo que no funciona.

No tengáis miedo de trastocar el orden de las noticias, de dar voz a los que no la tienen; de contar la “buena noticia” que genera la amistad social: no de contar cuentos, sino buenas noticias reales; de construir comunidades de pensamiento y de vida capaces de leer los signos de los tiempos. Os doy las gracias porque ya os esforzáis por trabajar por ello, incluso con documentos como Laudato si’ , que no es una encíclica ecológica, sino social, y promueve un nuevo modelo de desarrollo humano integral: cooperáis para que se convierta en una cultura compartida, -¡gracias!- como una alternativa a los sistemas en los que uno se ve obligado a reducirlo todo al consumo.

Las asociaciones como la vuestra, para seguir dando fruto, deben ser capaces de reconocer con humildad y podar las “ramas secas”, que se han secado precisamente porque con el tiempo han perdido el contacto con las raíces. Hoy en día, actuáis en un contexto histórico y cultural radicalmente diferente de aquel en el que nacisteis. Y mientras tanto, también se han desarrollado formas más racionalizadas y centradas en la misión de la gestión asociativa: os animo a seguirlas sin miedo y a reformaros desde dentro para ofrecer un mejor testimonio.

Vuestro camino está históricamente vinculado al de la Iglesia en Italia, y estáis acompañados por algunos padres escritores de la Civiltá Cattolica que son miembros de la Asociación. Ojalá sigáis contando con estas importantes referencias.

El 12 de junio de 2010, la Iglesia proclamó beato al primer periodista laico, Manuel Lozano Garrido, más conocido como Lolo; vivió en los días de la Guerra Civil española, cuando ser cristiano significaba arriesgar la vida. A pesar de la enfermedad que le obligó a vivir veintiocho años en una silla de ruedas, nunca dejó de amar su profesión. En su “decálogo del periodista” recomienda “pagar con la moneda de la franqueza”, “trabajar el pan de la información limpia con la sal del estilo y la levadura de la eternidad” y no servir “ni pasteles ni platos picantes, sino el buen bocado de la vida limpia y esperanzadora”. ¡Realmente un buen ejemplo a seguir!

Queridos amigos, a vosotros y a vuestras familias os aseguro mi recuerdo en la oración. Bendigo de corazón vuestra obra, para que sea fructífera. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Gracias!.

© Librería Editorial Vaticana

 

 

Acción Climática: Francisco insta a la “honestidad, responsabilidad y valentía

Video mensaje para la Cumbre

septiembre 24, 2019 14:25Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede

(ZENIT – 24 sept. 2019).- ¿Existe una verdadera voluntad política para destinar mayores recursos humanos, financieros y tecnológicos afín de mitigar los efectos negativos del cambio climático y ayudar a las poblaciones más pobres y vulnerables?: Es la pregunta que plantea el Papa en un video mensaje dirigido a los participantes la Cumbre sobre la Acción Climática ONU 2019.

La cuenta de YouTube de Vatican News publicó ayer, 23 de septiembre de 2019, el video grabado por el Santo Padre, y la Oficina de Prensa de la Santa Sede dio a conocer sus palabras por escrito.

“Estamos frente a un ‘desafío de civilización’ en favor del bien común”, señala Francisco. “Se trata de uno de los principales desafíos que debemos afrontar y para ello la humanidad está llamada a cultivar tres grandes cualidades morales: honestidad, responsabilidad y valentía“, apeló el Papa a los líderes mundiales reunidos en la Cumbre, celebrada en la sede de la Organización Naciones Unidas (ONU), en Nueva York, el jueves 23 de septiembre de 2019.

El Papa advierte que el cambio climático es “uno de los fenómenos más graves y preocupantes que está viviendo nuestra época” y agradece al Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, por la convocatoria de este encuentro, en el que participan más de 60 jefes de Estado y de Gobierno.

Todavía a tiempo

“Aunque la situación no es buena y el planeta sufre”, indica el Papa, “la ventana para una oportunidad está todavía abierta: todavía, todavía estamos a tiempo. No dejemos que se cierre”, y anima a abrirla con empeño en “cultivar un desarrollo humano integral, para asegurar a las generaciones futuras una vida mejor”.

El problema del cambio climático está relacionado con cuestiones que tienen que ver con la ética, le equidad y la justicia social. La situación actual de degrado ambiental está conectada con el degrado humano, ético y social, tal y como experimentamos cada día.

Acuerdo de París

Según indica la ONU, “si actuamos ya, podemos reducir las emisiones de carbono de aquí a 12 años y frenar el aumento de la temperatura media anual por debajo de los 2 °C, o incluso a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales”, según los datos científicos más recientes.

En el curso del video mensaje Francisco recuerda el Acuerdo de París de 2015, que llevó a la comunidad internacional a la conciencia de la “urgencia y necesidad” de dar una respuesta colectiva para colaborar en la construcción de nuestra casa común. Sin embargo, añade, pasados cuatro años de aquel Acuerdo histórico, se observa cómo los compromisos contraídos por los Estados son todavía muy “flojos”, y están lejos de alcanzar los objetivos previstos.

 

 

 

VISITAR A LOS ENFERMOS

— Imitar a Cristo en su compasión por los que sufren.

— Llevar a cabo lo que Él haría en esas circunstancias.

— Con la caridad, la mirada se hace más penetrante para percibir los bienes divinos.

I. Entre las obras de misericordia corporales, la Iglesia ha vivido desde los primeros tiempos la de visitar y acompañar a quien padece una enfermedad, aliviándole en lo posible y ayudándole a santificar ese estado. Ha insistido siempre en la necesidad y en la urgencia de esta manifestación de caridad, que tanto nos asemeja al Maestro y que tanto bien hace al enfermo y a quien la practica. «Ya se trate de niños que han de nacer, ya de personas ancianas, de accidentados o de necesitados de cura, de impedidos física o mentalmente, siempre se trata del hombre, cuya credencial de nobleza está escrita en las primeras páginas de la Biblia: Dios creó al hombre a su imagen (Gen 1, 27). Por otra parte, se ha dicho a menudo que se puede juzgar de una civilización según su manera de conducirse con los débiles, con los niños, con los enfermos, con las personas de la tercera edad...»1. Allí donde se encuentra un enfermo ha de ser «el lugar humano por excelencia donde cada persona es tratada con dignidad; donde experimente, a pesar del sufrimiento, la proximidad de hermanos, de amigos»2.

Los Evangelios no se cansan de ponderar el amor y la misericordia de Jesús con los dolientes y sus constantes curaciones de enfermos. San Pedro compendia la vida de Jesús en Palestina con estas palabras en casa de Cornelio: Jesús el de Nazaret... pasó haciendo el bien y sanando...3. «Curaba a los enfermos, consolaba a los afligidos, alimentaba a los hambrientos, liberaba a los hombres de la sordera, de la ceguera, de la lepra, del demonio y de diversas disminuciones físicas; tres veces devolvió la vida a los muertos. Era sensible a todo sufrimiento humano, tanto del cuerpo como del alma»4. No pocas veces se hizo encontradizo con el dolor y la enfermedad. Cuando ve al paralítico de la piscina, que llevaba ya treinta y ocho años con su dolencia, le preguntó espontáneamente: ¿Quieres curar?5. En otra ocasión se ofrece a ir a la casa donde estaba el siervo enfermo del Centurión6. No huye de las dolencias tenidas por contagiosas y más desagradables: al leproso de Cafarnaún, a quien podía haber curado a distancia, se le acercó y, tocándole, le curó7. Y, como leemos en el Evangelio de la Misa de hoy8, cuando envía por vez primera a los Apóstoles para anunciar la llegada del Reino, les dio a la vez potestad para curar enfermedades.

Nuestra Madre la Iglesia enseña que visitar al enfermo es visitar a Cristo9, servir al que sufre es servir al mismo Cristo en los miembros dolientes de su Cuerpo místico. ¡Qué alegría tan grande oír un día de labios del Señor: Ven, bendito de mi Padre, porque estuve enfermo y me visitaste...! Me ayudaste a sobrellevar aquella enfermedad, el cansancio, la soledad, el desamparo...

Examinemos hoy cómo es nuestro trato con quienes sufren, qué tiempo les dedicamos, qué atención... «—Niño. —Enfermo. —Al escribir estas palabras, ¿no sentís la tentación de ponerlas con mayúscula?

»Es que, para un alma enamorada, los niños y los enfermos son Él»10.

II. La misericordia en el hombre es uno de los frutos de la caridad, y consiste en «cierta compasión de la miseria ajena, nacida en nuestro corazón, por la que –si podemos– nos vemos movidos a socorrerla»11. Es propio de la misericordia volcarse sobre quien padece dolor o necesidad, y tornar sus dolores y apuros como cosa propia, para remediarlos en la medida en que podamos. Por eso, cuando visitamos a un enfermo no estamos como cumpliendo un deber de cortesía; por el contrario, hacemos nuestro su dolor, procuramos aliviarlo, quizá con una conversación amable y positiva, con noticias que le agraden, prestándole pequeños servicios, ayudándole a santificar ese tesoro de la enfermedad que Dios ha puesto en sus manos, quizá facilitándole la oración, o leyéndole algún libro bueno, cuando sea oportuno... Procuramos obrar como Cristo lo haría, pues en su nombre prestamos esas pequeñas ayudas, y nos comportamos a la vez como si acudiéramos a visitar a Cristo enfermo, que tiene necesidad de nuestra compañía y de nuestros desvelos.

Cuando visitamos a una persona enferma o de alguna manera necesitada hacemos el mundo más humano, nos acercamos al corazón del hombre, a la vez que derramamos sobre él la caridad de Cristo, que Él mismo pone en nuestro corazón. «Se podría decir –escribe el Papa Juan Pablo II– que el sufrimiento presente bajo tantas formas diversas en el mundo, está también presente para irradiar el amor al hombre, precisamente en ese desinteresado don del propio “yo” en favor de los demás hombres, de los hombres que sufren. Podría decirse que el mundo del sufrimiento humano invoca sin pausa otro mundo: el del amor humano; y aquel amor desinteresado, que brota en su corazón y en sus obras, el hombre lo debe de algún modo al sufrimiento»12. ¡Cuánto bien podemos hacer siendo misericordiosos con el sufrimiento ajeno! ¡Cuántas gracias produce en nuestra alma! El Señor agranda nuestro corazón y nos hace entender la verdad de aquellas palabras del Señor: Es mejor dar que recibir13. Jesús es siempre un buen pagador.

III. La misericordia –afirma San Agustín– es «el lustre del alma», pues la hace aparecer buena y hermosa14 y cubre la muchedumbre de los pecados15, pues «el que comienza a compadecerse de la miseria de otro, empieza a abandonar el pecado»16. Por eso es tan oportuno que nos acompañe ese amigo que tratamos de acercar a Dios cuando vamos a visitar a un enfermo. La preocupación por los demás, por sus necesidades, por sus apuros y sufrimientos, da al alma una especial finura para entender el amor de Dios. Afirma San Agustín que amando al prójimo limpiamos los ojos para poder ver a Dios17. La mirada se hace más penetrante para percibir los bienes divinos. El egoísmo endurece el corazón, mientras que la caridad dispone para gozar de Dios. Aquí la caridad es ya un comienzo de la vida eterna18, y la vida eterna consistirá en un acto ininterrumpido de caridad19. ¿Qué mejor recompensa, por ir a visitarlo, podría darnos el Señor, sino Él mismo? ¿Qué mayor premio que aumentar nuestra capacidad de querer a los demás? «Por mucho que ames, nunca querrás bastante.

»El corazón humano tiene un coeficiente de dilatación enorme. Cuando ama, se ensancha en un crescendo de cariño que supera todas las barreras.

»Si amas al Señor, no habrá criatura que no encuentre sitio en tu corazón»20.

Ancianos y enfermos, personas tristes y abandonadas, forman hoy una legión cada vez mayor de seres dolientes que reclaman la atención y la ayuda particular de nosotros los cristianos. «Habrá entre ellos quienes sufran en sus domicilios los rigores de la enfermedad o de la pobreza vergonzante, aunque esos quizá sean los menos. Existen actualmente, como es sabido, numerosos hospitales o residencias de ancianos, promovidos por el Estado y por otras instituciones, bien dotados en lo material y destinados a acoger a un creciente número de necesitados. Pero esos grandes edificios albergan con frecuencia a multitudes de individuos solitarios, que viven espiritualmente en completo abandono, sin compañía ni cariño de parientes y amigos»21. Nuestra atención y compañía a estas personas que sufren atraerá sobre nosotros la misericordia del Señor, de la que andamos tan necesitados.

En la Liturgia de las Horas, se dirige hoy al Señor una petición que bien podemos hacer nuestra al terminar la oración: Haz que sepamos descubrirte a Ti en todos nuestros hermanos, sobre todo en los que sufren y en los pobres22. Muy cerca de quienes sufren encontramos siempre a María. Ella dispone nuestro corazón para que nunca pasemos de largo ante un amigo enfermo, y ante quien padece necesidad en el alma o en el cuerpo.

1 Pablo VI, Alocución 24-V-1974. — 2 Ibídem. — 3 Hech 10, 38. — 4 Juan Pablo II, Carta Apost. Salvifici doloris, 11-II-1984, 16. — 5 Jn 5, 6. — 6 Cfr. Mt 8, 7. — 7 Mt 8, 3. — 8 Lc 9, 1-6. — 9 Cfr. Mt 25, 36-44 ss. — 10 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 19. — 11 San Agustín, La Ciudad de Dios, 9, 5. — 12 Juan Pablo II, loc cit., 29. — 13 Hech 20, 35. — 14 San Agustín, en Catena Aurea, vol. VI, p. 48. — 15 Cfr. 1 Pdr 4, 8. — 16 San Agustín, loc., cit. — 17 ídem, Comentario al Evangelio de San Juan, 17, 8. — 18 1 Jn 3, 14. — 19 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 1-2, q. 114, a. 4. — 20 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, VIII, 5. — 21 J. Orlandis, 8 Bienaventuranzas, EUNSA. Pamplona 1982, p. 105. — 22 Liturgia de las Horas, Preces de Laudes.

 

 

“No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo”

Te has consolado con la idea de que la vida es un gastarse, un quemarla en el servicio de Dios. –Así, gastándonos íntegramente por El, vendrá la liberación de la muerte, que nos traerá la posesión de la Vida. (Surco, 883)

No nos debe sobrar el tiempo, ni un segundo: y no exagero. Trabajo hay; el mundo es grande y son millones las almas que no han oído aún con claridad la doctrina de Cristo. Me dirijo a cada uno de vosotros. Si te sobra tiempo, recapacita un poco: es muy posible que vivas metido en la tibieza; o que, sobrenaturalmente hablando, seas un tullido. No te mueves, estás parado, estéril, sin desarrollar todo el bien que deberías comunicar a los que se encuentran a tu lado, en tu ambiente, en tu trabajo, en tu familia.
Pensemos valientemente en nuestra vida. ¿Por qué no encontramos a veces esos minutos, para terminar amorosamente el trabajo que nos atañe y que es el medio de nuestra santificación? ¿Por qué descuidamos las obligaciones familiares? ¿Por qué se mete la precipitación en el momento de rezar, de asistir al Santo Sacrificio de la Misa? ¿Por qué nos faltan la serenidad y la calma, para cumplir los deberes del propio estado, y nos entretenemos sin ninguna prisa en ir detrás de los caprichos personales? Me podéis responder: son pequeñeces. Sí, verdaderamente: pero esas pequeñeces son el aceite, nuestro aceite, que mantiene viva la llama y encendida la luz. (Amigos de Dios, 41-42)

 

Devuélveme la alegría de tu salvación

Para poder dar misericordia, necesitamos recibirla de Dios: mostrarle nuestras heridas, dejarnos curar, dejarnos querer. En un mundo «a menudo duro con el pecador e indulgente con el pecado», el salmo miserere –ten misericordia de mí– es la gran oración del perdón que libera el alma, que nos devuelve la alegría de estar en la casa del Padre.

Misericordia07/03/2017

Opus Dei - Devuélveme la alegría de tu salvación

Miserere mei, Deus, secundum misericordiam tuam –«ten misericordia de mí, Dios mío, según tu bondad» (Sal 51 [50],3). Desde hace tres milenios, el salmo miserere ha alimentado la oración de cada generación del Pueblo de Dios. Las Laudes de la Liturgia de las horas lo recogen semanalmente, los viernes. San Josemaría, y sus sucesores, lo rezan cada noche[1], expresando con el cuerpo el tenor de las palabras que componen este «Magnificat de la misericordia», como lo ha llamado recientemente el Papa: «el Magnificat de un corazón contrito y humillado que, en su pecado, tiene la grandeza de confesar al Dios fiel que es más grande que el pecado»[2].

En Su presencia tranquilizaremos nuestro corazón, aunque el corazón nos reproche algo, porque Dios es más grande que nuestro corazón y conoce todo.

El salmo miserere nos sumerge en «la más profunda meditación sobre la culpa y la gracia»[3]. La tradición de Israel lo pone en labios de David, cuando el profeta Natán le reprochó, de parte de Dios, el adulterio con Betsabé y el asesinato de Urías[4]. El profeta no echó directamente en cara al rey su pecado: se sirvió de una parábola[5], para que fuera el mismo David quien llegara a reconocerlo. Peccavi Domino, «pequé contra el Señor» (2 S 12,13): el miserere –ten misericordia, misericórdiame– que sale del corazón de David expresa también su desolación interior, y la conciencia del dolor que ha sembrado a su alrededor. La percepción del alcance de su pecado –Dios, los demás, él mismo– le lleva a buscar su refugio y su curación en el Señor, el único que puede arreglar las cosas: «en su presencia tranquilizaremos nuestro corazón, aunque el corazón nos reproche algo, porque Dios es más grande que nuestro corazón y conoce todo» (1 Jn 3,20).

Porque no saben lo que hacen

Del pecado vemos sobre todo, en un primer momento, la liberación que parece prometer: emanciparse de Dios, para ser verdaderamente nosotros mismos. Pero la aparente liberación –espejismo– se convierte muy poco después en una carga pesada. El hombre fuerte y autónomo, que creía poder silenciar su conciencia, llega tarde o temprano a un momento en que se desarma: el alma no puede más; «no le bastan las explicaciones habituales, no le satisfacen las mentiras de los falsos profetas»[6]. Es el inicio de la conversión, o de una de las «sucesivas conversiones» de nuestra vida, que son «más importantes aún y más difíciles»[7].

El proceso no es siempre tan rápido como en la historia del rey David. La ceguera que precede y acompaña al pecado, y que crece con el pecado mismo, puede prolongarse después; nos engañamos con justificaciones, nos decimos que la cosa no tiene tanta entidad… Es una situación que también nos encontramos con frecuencia a nuestro alrededor, «en un mundo a menudo duro con el pecador e indulgente con el pecado»[8]: duro con el pecador, porque en su conducta se percibe claramente lo corrosivo del pecado; pero indulgente con el pecado, porque reconocerlo como tal significaría prohibirse ciertas «libertades». Todos estamos expuestos a este riesgo: ver lo feo del pecado en los demás, sin condenar el pecado en nosotros mismos. No solo nos falta misericordia entonces: nos hacemos también incapaces de recibirla.

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La ofuscación del pecado y de la tibieza tiene algo de autoengaño, de ceguera querida –queremos no ver, hacemos como que no vemos–, y por eso requiere el perdón de Dios. Jesús ve así el pecado cuando dice desde la Cruz: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). Perderíamos la profundidad de esta palabra del Señor si la viéramos como una mera disculpa amable, que ocultara el pecado. Cuando nos alejamos de Dios, sabemos y no sabemos lo que hacemos. Nos damos cuenta de que no obramos bien, pero olvidamos que por ahí no vamos a ninguna parte. El Señor se apiada de ambas cosas, y también de la profunda tristeza en la que nos quedamos después. San Pedro sabía y no sabía lo que hacía cuando negaba al Amigo. Después «lloró amargamente» (Mt 26,75), y las lágrimas le dieron una mirada más limpia, y más lúcida.

«La misericordia de Cristo no es una gracia barata; no implica trivializar el mal. Cristo lleva en su cuerpo y en su alma todo el peso del mal, toda su fuerza destructora. Quema y transforma el mal en el sufrimiento, en el fuego de su amor doliente»[9]. Su palabra de perdón desde la Cruz –«no saben lo que hacen»– deja entrever su proyecto misericordioso: que volvamos a la casa del Padre. Por eso también desde la Cruz nos confía a la protección de su Madre.

La nostalgia de la casa del Padre

«La vida humana es, en cierto modo, un constante volver hacia la casa de nuestro Padre»[10]. La conversión, y las conversiones, comienzan y recomienzan con la constatación de que nos hemos quedado de algún modo sin hogar. El hijo pródigo siente la «nostalgia por el pan recién horneado que los empleados de su casa, la casa de su padre, comen para el desayuno. La nostalgia es un sentimiento poderoso. Tiene que ver con la misericordia porque nos ensancha el alma (…). En este horizonte amplio de la nostalgia, este joven –dice el Evangelio– entró en sí y se sintió miserable. Y cada uno de nosotros puede buscar o dejarse llevar a ese punto donde se siente más miserable. Cada uno de nosotros tiene su secreto de miseria dentro... Hace falta pedir la gracia de encontrarlo»[11].

Fuera de la casa del padre –recapacita el hijo pródigo– está en realidad fuera de su misma casa. La redescubre: el lugar que se le antojaba como un obstáculo para su realización personal se revela como el hogar que nunca debió haber abandonado. También quienes están dentro de la casa del padre pueden estar con el corazón fuera. Así sucede con el hermano mayor de la parábola: aunque no se había ido, su corazón estaba lejos. Para él rigen también esas palabras del profeta Isaías, a las que Jesús se referirá en su predicación: «Este pueblo (…) me honra con sus labios pero su corazón está lejos de mí» (Is 29,13)[12]. El hermano mayor «no dice nunca “padre”, no dice nunca “hermano”; piensa sólo en sí mismo, hace alarde de haber permanecido siempre junto al padre y de haberlo servido (…) ¡Pobre padre! Un hijo se había marchado, y el otro nunca había sido verdaderamente cercano. El sufrimiento del padre es como el sufrimiento de Dios, el sufrimiento de Jesús cuando nosotros nos alejamos o porque nos marchamos lejos o porque estamos cerca sin ser cercanos»[13]. Habrá momentos de nuestra vida en que, aunque quizá no nos hayamos alejado como el hijo menor, percibiremos más fuertemente hasta qué punto somos como el hijo mayor. Son momentos en los que Dios nos da más luz: nos quiere más cerca de su corazón. Son momentos de nueva conversión.

Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás (…), ya no se escucha la voz de Dios.

En la conversación entre el hermano mayor y el padre[14], salta a la vista, frente a la ternura del corazón del padre, la dureza del corazón del hijo: su respuesta amarga deja adivinar cómo había perdido la alegría de estar en la casa de su padre. Por eso mismo había perdido la capacidad de alegrarse con él y con su hermano. Para uno y otro tenía solamente reproches: solo veía sus fallos. «Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás (…), ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente»[15].

El padre se sorprende también ante esa dureza, e intenta ablandar el corazón de aquel hijo que, aunque había permanecido con él, suspiraba –quizá sin ser él mismo muy consciente– por el egoísmo alocado del hermano pequeño; el suyo era un egoísmo más «razonable», más sutil, y quizá más peligroso. El padre intenta darle explicaciones: «había que celebrarlo y alegrarse, porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida» (Lc 15,32). Con fortaleza de padre y ternura de madre, le reconviene, como diciéndole: Hijo mío, deberías alegrarte: ¿qué te pasa en el corazón? «También él necesita descubrir la misericordia del padre»[16]: tiene necesidad de descubrir esa nostalgia de la casa del Padre, ese dolor suave que nos hace volver.

Devuélveme el gozo de tu salvación

Tibi, tibi soli peccavi et malum coram te feci, –«contra Ti, contra Ti solo he pecado, y he hecho lo que es malo a tus ojos» (Sal 51 [50],6). El Espíritu Santo, que «convencerá al mundo en lo referente al pecado»[17], es quien nos hace ver que esa nostalgia, ese malestar, no es solo un desequilibrio interior; tiene su origen más profundo en una relación herida: nos hemos alejado de Dios; le hemos dejado solo, y nos hemos dejado solos. «In multa defluximus»[18], escribe San Agustín: cuando nos apartamos de Dios, nos desparramamos en muchas cosas, y nuestra casa se queda desierta[19]. El Espíritu Santo es quien nos mueve a volver a Dios, que es el único que puede perdonar los pecados[20]. Como aleteaba sobre las aguas desde el inicio de la creación[21], así aletea ahora sobre las almas. Él movió a la mujer pecadora a acercarse, sin palabras, a Jesús; y la misericordia de Dios la acogió sin que los comensales entendieran el porqué de las lágrimas, el perfume, los cabellos[22]: Jesús, radiante, dijo de ella que se le había perdonado mucho porque había amado mucho[23].

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La nostalgia de la casa del Padre es nostalgia de cercanía, de misericordia divina; necesidad de volver a poner «el corazón en carne viva, humana y divinamente transido por un amor recio, sacrificado, generoso»[24]. Si nos acercamos, como el hijo menor, hasta el regazo del Padre, allí comprendemos que la medicina para nuestras heridas es Él mismo, Dios mismo. Entra entonces en escena un «tercer hijo»: Jesús, que nos lava los pies, Jesús, que se ha hecho siervo por nosotros. Él es «el que «siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo» (Fil 2,6-7). ¡Este Hijo-Siervo es Jesús! Es la extensión de los brazos y del corazón del Padre: Él ha acogido al pródigo y ha lavado sus pies sucios; Él ha preparado el banquete para la fiesta del perdón»[25].

Cor mundum crea in me, Deus –«Crea en mí, Dios mío, un corazón puro» (Sal 50 [51],12). El salmo vuelve una y otra vez sobre la pureza del corazón[26]. No es cuestión de narcisismo, ni de escrúpulo, porque «el cristiano no es un maníaco coleccionista de una hoja de servicios inmaculada»[27]. Es cuestión de amor: el pecador arrepentido está dispuesto a hacer lo necesario para curar su corazón, para recuperar la alegría de vivir con Dios. Redde mihi laetitiam salutaris tui –«devuélveme el gozo de tu salvación» (Sal 51 [50],14): cuando se ven así las cosas, la confesión no es una cuestión fría, como una especie de trámite administrativo. «Puede hacernos bien preguntarnos: Después de confesarme, ¿festejo? ¿O paso rápido a otra cosa, como cuando después de ir al médico, uno ve que los análisis no dieron tan mal y los mete en el sobre y pasa a otra cosa?»[28].

Quien festeja, aprecia: agradece el perdón. Y ve entonces la penitencia como algo más que una mera diligencia para restablecer la justicia: la penitencia es una exigencia del corazón, que experimenta la necesidad de respaldar sus palabras –pequé, Señor pequé– con la vida. Por eso, san Josemaría aconsejaba a todos a tener «espíritu de penitencia»[29]. «Un corazón contrito y humillado» (Sal 51 [50],19) comprende que resulta necesario un camino de retorno, de reconciliación, que no se hace de la noche a la mañana. Como es el amor el que tiene que recomponerse, para adquirir una nueva madurez, es él mismo el remedio: «amor con amor se paga»[30]. La penitencia, pues, es el cariño que lleva a querer sufrir –alegres, sin darnos importancia, sin «cosas raras»[31]– por todo lo que hemos hecho sufrir a Dios y a los demás. Ese es el sentido de uno de los modos que el Ritual propone al sacerdote para despedirse del penitente tras la absolución; el confesor nos dice: «que el bien que hagas y el mal que puedas sufrir te sirvan como remedio de tus pecados»[32]. Además, «¡qué poco es una vida para reparar!»[33] La vida entera es alegre contrición: con un dolor confiado –sin angustias, sin escrúpulos– porque cor contritum et humiliatum, Deus, non despicies (Sal 51 [50],19) –«un corazón contrito y humillado, Dios mío, no lo desprecias».

Texto: Carlos Ayxelà

Fotos: Santiago González Barros


[1] Cfr. A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, tomo III, Rialp, Madrid 2003, p. 395.

[2] Francisco, 1ª meditación en el Jubileo de los sacerdotes, 2-VI-2016.

[3] San Juan Pablo II, Audiencia, 24-X-2001.

[4] Cfr. 2 S 11, 2 ss.

[5] Cfr. 2 S 12, 2-4.

[6] San Josemaría, Amigos de Dios, 260.

[7] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 57.

[8] Francisco, Homilía, 24-XII-2015.

[9] Card. Joseph Ratzinger, Homilía, Missa pro eligendo pontifice, 18-IV-2005.

[10] Es Cristo que pasa, 64.

[11] Francisco, 1ª meditación en el Jubileo de los sacerdotes, 2-VI-2016.

[12] Cfr. Mt 15,8.

[13] Francisco, Audiencia, 11-V-2016.

[14] Cfr. Lc 15,28-32.

[15] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), 2.

[16] Francisco, Audiencia, 11-V-2016.

[17] Cfr. Jn 16,8. Así traduce San Juan Pablo II estas palabras de la oración sacerdotal de Jesús, sobre las que meditó profundamente en la encíclica Dominum et vivificantem (18-V-1986), 27-48.

[18] San Agustín, Confesiones X.29.40.

[19] Cfr. Mt 23,38.

[20] Cfr. Lc 7,48.

[21] Cfr. Gen 1,2.

[22] Cfr. Lc 7,36-50.

[23] Cfr. Lc 7,47.

[24] Amigos de Dios, 232.

[25] Francisco, Angelus, 6-III-2016.

[26] Cfr. Sal 50 (51), 4, 9, 11, 12, 19.

[27] Es Cristo que pasa, 75.

[28] Francisco, Homilía, 24-III-2016.

[29] Cfr. San Josemaría, Forja, 784; Amigos de Dios, 138-140, acerca del espíritu de penitencia, y sus diversas manifestaciones.

[30] Forja, 442.

[31] Forja, 60.

[32] Ritual de la Penitencia, 104.

[33] San Josemaría, Vía Crucis, VII estación.

 

 

Trabajo de Dios

«No os digo: abandonad la ciudad y apartaos de los negocios ciudadanos. No. Permaneced donde estáis, pero practicad la virtud». Lo decía un santo del siglo IV y lo repetía San Josemaría, al proclamar que en la vida ordinaria, hecha de trabajo, nos espera Dios.

Trabajo02/05/2012

San Josemaría solía hablar de la vieja novedad del mensaje que recibió de Dios: viejo como el Evangelio y como el Evangelio nuevo[1]. Viejo, pues el espíritu del Opus Dei es el que han vivido los primeros cristianos, que se sabían llamados a la santidad y al apostolado sin salirse del mundo, en sus ocupaciones y tareas diarias. Por eso, la manera más fácil de entender el Opus Dei es pensar en la vida de los primeros cristianos. Ellos vivían a fondo su vocación cristiana; buscaban seriamente la perfección a la que estaban llamados por el hecho, sencillo y sublime, del Bautismo[2].

Llenaba de alegría al Fundador del Opus Dei encontrar en los escritos de los antiguos Padres de la Iglesia trazas de este mensaje. Bien claras a este respecto son las palabras que San Juan Crisóstomo dirige a los fieles en el siglo IV: «No os digo: abandonad la ciudad y apartaos de los negocios ciudadanos. No. Permaneced donde estáis, pero practicad la virtud. A decir verdad, más quisiera que brillaran por su virtud los que viven en medio de las ciudades, que los que se han ido a vivir en los montes. Porque de esto se seguiría un bien inmenso, ya que nadie enciende una luz y la pone debajo del celemín... Y no me vengas con que: tengo hijos, tengo mujer, tengo que atender la casa y no puedo cumplir lo que me dices. Si nada de eso tuvieras y fueras tibio, todo estaba perdido; aun cuando todo eso te rodee, si eres fervoroso, practicarás la virtud. Sólo una cosa se requiere: una generosa disposición. Si la hay, ni edad, ni pobreza, ni riqueza, ni negocios, ni otra cosa alguna puede constituir obstáculo a la virtud. Y, a la verdad, viejos y jóvenes; casados y padres de familia; artesanos y soldados, han cumplido ya cuanto fue mandado por el Señor. Joven era David; José, esclavo; Aquila ejercía una profesión manual; la vendedora de púrpura estaba al frente de un taller; otro era guardián de una prisión; otro centurión, como Cornelio; otro estaba enfermo, como Timoteo; otro era un esclavo fugitivo, como Onésimo, y, sin embargo, nada de eso fue obstáculo para ninguno de ellos, y todos brillaron por su virtud: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, esclavos y libres, soldados y paisanos»[3].

«El Señor quiere entrar en comunión de amor con cada uno de sus hijos, en la trama de las ocupaciones de cada día, en el contexto ordinario en el que se desarrolla la existencia» (Juan Pablo II).

Las circunstancias de la vida ordinaria no son obstáculo, sino materia y camino de santificación. Con las debilidades y defectos propios de cada uno somos, como aquellos primeros discípulos, ciudadanos cristianos que quieren responder cumplidamente a las exigencias de su fe[4]. El espíritu del Opus Dei se dirige a cristianos que no necesitan salirse de su propio lugar para encontrar y amar a Dios, precisamente porque —como ha recordado Juan Pablo II glosando la enseñanza de San Josemaría— «el Señor quiere entrar en comunión de amor con cada uno de sus hijos, en la trama de las ocupaciones de cada día, en el contexto ordinario en el que se desarrolla la existencia»[5].

Por eso, exclamaba nuestro Padre: Al suscitar en estos años su Obra, el Señor ha querido que nunca más se desconozca o se olvide la verdad de que todos deben santificarse, y de que a la mayoría de los cristianos les corresponde santificarse en el mundo, en el trabajo ordinario. Por eso, mientras haya hombres en la tierra, existirá la Obra. Siempre se producirá este fenómeno: que haya personas de todas las profesiones y oficios, que busquen la santidad en su estado, en esa profesión o en ese oficio suyo, siendo almas contemplativas en medio de la calle[6].

Las enseñanzas que San Josemaría ha transmitido con su palabra y sus escritos, junto con su ejemplo, constituyen un espíritu con unos rasgos característicos, como el sentido de la filiación divina, la contemplación en la vida ordinaria, la fusión de alma sacerdotal y mentalidad laical, el amor a la libertad y la alegría de los hijos de Dios... Estos y todos los demás aspectos de las enseñanzas del Fundador del Opus Dei no son elementos simplemente yuxtapuestos, sino destellos de un único espíritu capaz de informar y penetrar todos los momentos y circunstancias de la vida.

Como gira con naturalidad una puerta alrededor de su eje, del mismo modo el espíritu de la Obra se apoya, como en su quicio, en el trabajo ordinario, en el trabajo profesional ejercido en medio del mundo[7]. El quicio de una puerta no es más importante que la puerta, sino un elemento que ocupa una posición singular. Así como no serviría para nada un gozne solo, sin puerta, del mismo modo apenas tendría sentido —por mucho que brillara— un trabajo profesional aislado del conjunto, convertido en fin de sí mismo: un trabajo que no fuera eje de la santificación de toda la vida ordinaria, familiar y social. Pero a la vez, ¿qué sería de la puerta sin el eje? Para nosotros, el trabajo profesional y los deberes familiares y sociales son elementos inseparables de la unidad de vida, imprescindible para santificarnos y santificar el mundo desde dentro, configurando la sociedad humana según el querer de Dios[8].

Nuestro trabajo profesional puede ser, efectivamente, trabajo de Dios, operatio Dei, porque somos hijos adoptivos de Dios y formamos una sola cosa con Cristo. El Hijo Unigénito se ha hecho Hombre para unirnos a Sí —como los miembros de un cuerpo están unidos a la cabeza— y obrar a través de nosotros. Verdaderamente, somos de Cristo como Cristo es de Dios[9]. Él vive y obra en el cristiano por la gracia.

San Josemaría predicó incansablemente que cualquier trabajo honesto puede santificarse —hacerse santo—, convertirse en obra de Dios. Y que el trabajo así santificado nos identifica con Cristo —perfecto Dios y perfecto Hombre—, nos santifica y perfecciona, haciéndonos imagen suya. Es hora de que los cristianos digamos muy alto que el trabajo es un don de Dios[10]: no un castigo o maldición, sino una realidad querida y bendecida por el Creador antes del pecado original[11], una realidad que el Hijo de Dios encarnado asumió en Nazaret, donde llevó una vida de largos años de trabajo cotidiano en compañía de Santa María y San José, sin brillo humano pero con esplendor divino. En manos de Jesús el trabajo, y un trabajo profesional similar al que desarrollan millones de hombres en el mundo, se convierte en tarea divina, en labor redentora, en camino de salvación[12]. El mismo esfuerzo que exige el trabajo ha sido elevado por Cristo a instrumento de liberación del pecado, de redención y santificación[13]. No existe trabajo humano limpio que no pueda «transformarse en ámbito y materia de santificación, en terreno de ejercicio de las virtudes y en diálogo de amor»[14].

En nuestras manos, como en las de Cristo, el trabajo ha de convertirse en oración a Dios y en servicio a los hombres para corredención de la humanidad entera. El Creador había formado al hombre del barro de la tierra y le había hecho partícipe de su poder creador para que perfeccionara la creación, transformándola con su ingenio[15]. Sin embargo, después del pecado, en vez de elevar las realidades de esta tierra a la gloria de Dios por medio del trabajo, frecuentemente el hombre se ciega y se degrada. Pero Jesús ha convertido el barro en colirio para curar nuestra ceguera, de modo similar a como hizo con el ciego de nacimiento[16]. Cuando descubrimos que es posible santificar el trabajo, todo se ilumina con un nuevo sentido, y empezamos a ver y amar a Dios —a ser contemplativos— en las situaciones que antes parecían monótonas y vulgares o se desplegaban sobre un horizonte sólo terreno, sin alcance eterno y sobrenatural.

Un espléndido panorama se presenta ante nosotros: santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar con el trabajo[17]. Somos protagonistas del designio divino de poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas. Designio que Dios quiso que nuestro Padre comprendiera con una visión clarividente que le llevaba a escribir, lleno de fe en la gracia y de confianza en nuestra correspondencia: Contemplo ya, a lo largo de los tiempos, hasta al último de mis hijos —porque somos hijos de Dios, repito— actuar profesionalmente, con sabiduría de artista, con felicidad de poeta, con seguridad de maestro y con un pudor más persuasivo que la elocuencia, buscando —al buscar la perfección cristiana en su profesión y en su estado en el mundo— el bien de toda la humanidad[18].

* * *

Oh Dios, ¡qué preciosa es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres a la sombra de tus alas se cobijan (...). En ti está la fuente de la vida, y en tu luz veremos la luz[19]. La Santísima Trinidad concedió a nuestro Padre su luz para que contemplara profundamente el misterio de Jesucristo, luz de los hombres[20]: le otorgó «una vivísima contemplación del misterio del Verbo Encarnado, gracias a la cual comprendió con hondura que el entramado de las realidades humanas se compenetra íntimamente, en el corazón del hombre renacido en Cristo, con la economía de la vida sobrenatural, convirtiéndose así en lugar y medio de santificación»[21]. El espíritu de la Obra ha iluminado ya la vida de multitud de hombres y mujeres de las más diversas condiciones y culturas, que han emprendido la aventura de ser santos en la naturalidad de la vida ordinaria. Una aventura de amor a Dios, abnegado y fuerte, que colma de felicidad el alma y siembra en el mundo la paz de Cristo[22].

Juan Pablo II invitó a seguir fielmente el ejemplo de San Josemaría. «Tras las huellas de vuestro Fundador, proseguid con celo y fidelidad vuestra misión. Mostrad con vuestro esfuerzo diario que el amor de Cristo puede animar todo el arco de la existencia»[23]. Contamos sobre todo con la intercesión de Nuestra Madre. A Ella le pedimos que nos prepare diariamente el camino y nos lo conserve siempre. Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum!, iter serva tutum!

J. López


 

[1] Conversaciones, n. 24.

[2] Ibidem.

[3] San Juan Crisóstomo, In Matth. hom., XLIII, 5.

[4] Conversaciones, n. 24.

[5] Juan Pablo II, Alocución en la Audiencia a los participantes en el Congreso "La grandeza de la vida corriente", 12-I-2002, n. 2.

[6] De nuestro Padre, Carta 9-I-1932, nn. 91-92. Citado en El Fundador del Opus Dei, p. 304.

[7] Es Cristo que pasa, n. 45.

[8] Cfr. Conc. Vaticano II, Cons. dogm. Lumen gentium, n. 33.

[9] Cfr. Jn 6, 56-57; XVII, 23; 1 Co 3, 23; Col 1, 26-29; Gal 2, 20; Rm 8, 10-11.

[10] Es Cristo que pasa, n. 47.

[11] Cfr. Gn 2I, 15.

[12] Conversaciones, n. 55.

[13] Cfr. 1 Cor 6, 11.

[14] Juan Pablo II, Alocución en la Audiencia a los participantes en el Congreso "La grandeza de la vida corriente", 12-I-2002, n. 2.

[15] Cfr. Gn 2, 7, 15.

[16] Cfr. Jn 7, 7.

[17] Es Cristo que pasa, n. 44.

[18] De nuestro Padre, Carta 9-I-1932, n. 4.

[19] Sal 35, 8, 10.

[20] Jn 1, 4.

[21] Congregación para las Causas de los Santos, Decreto sobre el ejercicio heroico de las virtudes del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei, 9-IV-1990, §3.

[22] Cfr. Ef 1, 10.

[23] Juan Pablo II, Alocución en la Audiencia a los participantes en el Congreso "La grandeza de la vida corriente", 12-I-2002, n. 4.

 

 

“El matrimonio cristiano: cuatro fake news sobre el amor” – Mario Iceta, obispo de Bilbao

Es necesario utilizar un lenguaje renovado para anunciar la gracia del matrimonio cristiano

– El obispo de Bilbao clausuró las Jornadas de Actualización Pastoral de la Universidad de Navarra

 “Es necesario utilizar un lenguaje renovado para anunciar la gracia del matrimonio cristiano, especialmente con los jóvenes, para transmitirles la belleza del amor y hacer comprender el significado de términos como donación, amor conyugal, fidelidad, fecundidad y procreación”.

 

Así lo afirmó Mons. Mario Iceta, obispo deBilbao en la Universidad de Navarra, durante la conferencia de clausura de las  Jornadas de Actualización Pastoral 2019, centradas en el acompañamiento de los jóvenes en el noviazgo.

Durante la conferencia señaló que actualmente en España sólo el 23% de los matrimonios se casan por la Iglesia e hizo hincapié en la importancia de anunciar a Jesucristo, “el de ayer, hoy y siempre, en términos que se entiendan, reconocer qué aporta el sacramento al proyecto de amor, porque si no hay un cimiento, el compromiso se fundamenta en sentimiento, en una pasión, y eso es inestable”.

Asimismo, recordó las palabras del papa Francisco en las que afirma que “el matrimonio es una verdadera vocación que exige discernimiento, oración y maduración”.

Explicó que es un camino que hay que aprender y caminar: “No es sencillo, pero para eso está la gracia de Dios y la compañía de la Iglesia”. Y anunció que la Conferencia Episcopal publicará a finales de 2019 un itinerario de formación y acompañamiento de novios.

Antes de concluir recordó cuatro fake news sobre el matrimonio, en las que los cristianos no deben caer.

La primera, ‘el amor es ciego’: “Esto no es real, necesito conocer al otro tal y como es”, dijo.

La segunda, ‘lo importante es estar enamorados’; más bien, señaló, “lo importante es comprometerse a amar”.

La tercera, ‘el amor es placer y bienestar’: explicó que conlleva ciertamente placer y bienestar, pero que también requiere “mucho sacrificio”.

Y cuarta, ‘el amor es espontáneo’; de esta última quiso recalcar que “no es lo mismo virtud que espontaneidad: el amor mueve a la voluntad y es consciente de lo que hace”.

unav.es

 

 

Libertad religiosa en Estados Unidos: nueva sentencia en Arizona

Salvador Bernal

Matrimonio gay

photo_camera Matrimonio gay

Si los peregrinos del Mayflower que llegaron a América del norte en 1620 levantasen la cabeza, no entenderían que la libertad religiosa en EEUU debiera ser protegida hoy por los Tribunales, en contra de leyes supuestamente promulgadas para luchar contra discriminaciones. Acaba de explicarlo Rafael
Serrano con cierto detalle en Aceprensa, a raíz de la sentencia de un tribunal federal de Minnesota que reconoce el derecho de unos videógrafos a negarse a participar en un enlace homosexual.

No es el primer caso, pero tiene el interés particular de que precisa el alcance de la ley de ese Estado contra las discriminaciones. No se puede obligar a los recurrentes, dueños de una empresa que presta servicios de fotografía y vídeo, a realizar trabajos contrarios a sus convicciones personales: en concreto, hacer vídeos que “contradigan las enseñanzas de la Biblia, o promuevan la inmoralidad sexual, la destrucción de niños no nacidos, el racismo o el enfrentamiento entre razas, la violencia, la degradación de la mujer, o una concepción del matrimonio distinta de la unión de por vida entre
un hombre y una mujer”. Supondría imponerles la expresión de convicciones que no comparten, negando la libertad protegida por la Primera Enmienda a la Constitución. La sentencia precisa que la libertad de expresión comprende tanto el derecho de manifestar las ideas propias como el de no manifestar ideas que no se comparten.

Está por ver si el asunto llegará o no al Tribunal Supremo federal. Resolvió ya el conocido caso del pastelero de Colorado: un hombre tenaz, amante de su trabajo profesional y de su fe cristiana, al que se reconoció en 2017 el derecho a no producir la tarta nupcial encargada por una pareja gay.
Pero la sentencia no abordó el fondo del asunto, sino que se limitó a establecer que el repostero no había recibido un trato imparcial por parte de las autoridades públicas. No hay, pues, aún un criterio que pueda ser aplicado a otros asuntos, planteados periódicamente, como el de una florista del estado
de Washington, o el impresor de Kentucky que se negó a estampar lemas en camisetas para una manifestación de gay pride.

Entretanto, a mediados de septiembre, el Tribunal Supremo de Arizona dictó un fallo sobre una norma de Phoenix, que violaría el derecho a la libre expresión de los dueños de Brush & Nib Studio, una pequeña empresa que diseña invitaciones de boda personalizadas, pero no acepta mensajes contrarios a sus creencias religiosas. Esa negativa podría castigarse con multas o, incluso, con pena de prisión. Pero los jueces entendieron que tales preceptos violan la ley reguladora de la libertad religiosa, en contra del principio fundamental de que “un individuo tiene autonomía sobre su propio discurso y, por tanto, no puede ser forzado a expresar un mensaje que no desea decir”.

El tribunal dejó claro en los fundamentos jurídicos de la sentencia que el derecho a la libertad de expresión y el libre desempeño del propio trabajo, “tan apreciados para esta nación desde que fue fundada, no se limitan a suaves susurros tras las puertas de la propia casa o de la iglesia de cada uno, o a conversaciones privadas entre amigos y parientes de ideas afines”.

 

No es preciso reiterar la vieja doctrina de las libertades formales y materiales, tan aplicadas en su día para la construcción de sistemas jurídicos y políticos favorecedores de la dignidad humana. La democracia implica el reconocimiento de la diversidad –apenas limitada por la clásica doctrina del
orden público-, tanto en el plano personal como en el organizativo: incluye, por tanto, el respeto de las minorías. De ahí la contradicción de modernas leyes antidiscriminatorias, que impiden y sancionan debates y disidencias.

Sorprendentemente, se produce una especie de autocensura, refugiada en la esperanza –tan hispánica- de que no se apliquen las leyes. Sólo algunos se deciden a promover los indispensables recursos de anticonstitucionalidad. Por paradoja, quienes los plantean suelen ser tachados de antidemocráticos: antiguas víctimas se convierten en nuevos verdugos. Importa mucho la
seguridad jurídica, justamente como sustento de una convivencia en libertad y concordia. Y no deja de ser paradójico que, en Estados Unidos, se deba acudir a los tribunales para defender la libertad.

 

 

“La alegría de ser familia”, una jornada festiva de novios, matrimonios, hijos y abuelos

Más de ciento cincuenta personas se dieron cita este sábado día  21 de septiembre en el Seminario Menor de Santiago para participar en el I Encuentro Diocesano de novios, matrimonios, hijos y abuelos organizado por la Archidiócesis compostelana a través de la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar. Familias que se hicieron notar por la presencia de sus hijos y por la alegría que mostraron a lo largo de toda la jornada. El encuentro se inició con una oración y una pequeña intervención del arzobispo, monseñor Julián Barrio, quien manifestó sentirse alegre por este acontecimiento, “porque sois familias que sabéis a dónde vais”. La acogida del arzobispo era hacer presente en el encuentro “La alegría de ser familia”, el lema de la jornada. También fue notable la presencia de adolescentes y jóvenes.

El obispo auxiliar, monseñor Jesús Fernández, promotor de esta iniciativa, tuvo una intervención en la sesión de la mañana en la que pidió a los matrimonios dar gracias a Dios por el don del amor y de la familia, pidió responsabilidad para hacerlos crecer y demandó ser conscientes de vivir en y desde la Iglesia para servir a la familia. Monseñor Fernández González reflexionó sobre las etapas por las que pasa el amor humano: noviazgo, matrimonio y familia. Y explicó cuál es la apuesta de la Archidiócesis de Santiago para fortalecer la pastoral familiar, que pasa primeramente por formar a los jóvenes en la importancia de la vocación al matrimonio, por la preparación de los novios a su compromiso esponsal y por el acompañamiento de los matrimonios jóvenes.

Una de las novedades del encuentro fue la presencia de un grupo de sordos, que contaron con el apoyo de una intérprete de lengua de signos española. Con este gesto, la Iglesia diocesana quería simbolizar su cercanía a estas personas a fin de conseguir su plena integración eclesial y social, reconociendo así el trabajo que ya se desarrolla en la Pastoral del Sordo.

El plano lúdico de la jornada, del que disfrutaron especialmente los más pequeños, fue la actuación del mago Alexis. Alexis es un mago de profesión que proviene de una familia mejicana que se dedica al espectáculo y animación y que descubrió que con su profesión puede llegar a muchos y por ende hacer de ello también una fuente de evangelización, surgiendo así el número de Magia Evangelizadora.

La jornada se cerró con la Eucaristía que presidió el arzobispo, una ceremonia llena de símbolos, como los carteles dibujados por los niños en sus talleres de la mañana y presentados junto a las ofrendas del pan y del vino; el recuerdo a las mujeres asesinadas en Valga y la oración por su familia; o la acción de gracias por las parejas de novios que se presentaron ante el arzobispo como imagen del futuro de la sociedad y de la propia Iglesia.

En su homilía, el arzobispo indicó que daba “gracias a Dios por el don de las familias” y dijo que pedía “de manera especial por las que están pasando por momentos difíciles”.

El arzobispo recordó que “también hoy se está negociando astutamente con la familia, no apoyándola como se debería y acosándola con una legislación que la está minando indirectamente. Es un fraude a la familia contra los planes de Dios”. Monseñor Barrio pidió a todos los presentes no dejar “a Dios fuera de la familia”; rogó a los esposos ser “misericordiosos con las debilidades mutuas”; alentó a los novios a “recordar siempre que la grandeza del amor es entregarse por completo al otro”; invitó a los jóvenes a estar cerca de Cristo, para así “beber del verdadero manantial que mantiene vivos vuestros sueños, vuestros proyectos, vuestros grandes ideales, y os lanza al anuncio de la vida que vale la pena”; dijo que los niños nos enseñan a ver que las cosas se pueden hacer de otra manera; y alabó el papel de los abuelos, porque “tenéis la misión de testimoniar los valores que cuentan de verdad, más allá de las apariencias”.

 

 

El sentido del dolor y el sufrimiento

Raúl Espinoza Aguilera

Me podrán privar de la libertad de viajar, de estar con mi esposa y mis familiares, pero nunca me podrán privar de la libertad de pensar, de reflexionar, de poder criticar en silencio a un régimen totalitario.

vida

Hace pocos días fui sometido a una operación y me encuentro en plena recuperación. Afortunadamente todo ha ido evolucionando de acuerdo a lo previsto.

Estos días de internamiento en el hospital, me han servido para reflexionar varios aspectos:

La fragilidad de la naturaleza humana, que en el momento menos previsto puede sobrevenir una enfermedad, que se complique, y requiera de una intervención quirúrgica.

Además, coincidió con el hecho de que tres cercanos amigos, de forma sorpresiva, sufrieron un infarto y fallecieron.

Recordaba también el pensamiento del célebre del psiquiatra vienés, Viktor Frankl (1905-1997) Neurólogo, Psiquiatra y Filósofo austriaco, fundador de la Logoterapia. Autor del “best seller” El hombre en busca de sentido. A raíz de su estancia en un campo de concentración nazi investigó y descubrió que los que mejor llevaron el dolor, el hambre, las penurias, el frío e innumerables malos tratos fueron los que encontraron –con la eficaz y acertada ayuda psiquiátrica– no el “porqué” del dolor sino el “para qué” del sufrimiento.

Así entonces, a los presos, Frankl les enseñó a encontrar gusto por el trabajo cotidiano en medio de situaciones infrahumanas; a compartir los alimentos con aquellos que más lo necesitaban por enfermedad, debilidad o falta de suficiente peso; a tener especial consideración con los que se encontraban enfermos; a crear un clima de solidaridad y pensar en cómo servir a los demás de forma amable; a generar una convivencia cordial, optimista, alegre; a no perder la esperanza de que un día saldrían de aquel “infierno” que les privaba de su libertad; a organizar tertulias para recordar y revivir sus raíces hebreas; también les animó, a que los que tuvieran talento, que escribieran poesía, pequeñas obras de teatro, dibujo, pintura, etc.

Es decir, les enseñó aquello que también afirmaba el escritor e historiador ruso, Aleksandr Solzhenitzyn (1918-2008), en su obra Cuentos en miniatura, cuando fue exiliado a la cárcel de Siberia por protestar contra el régimen comunista y escribía: “Me podrán privar de la libertad de viajar, de estar con mi esposa y mis familiares, pero nunca me podrán privar de la libertad de pensar, de reflexionar, de poder criticar en silencio a un régimen totalitario” y refiriéndose a la naturaleza de aquella zona nevada y montañosa: “Ni tampoco de respirar este aire freso y reconfortante ni de mirar los bellos pinos y, sobre todo, de encontrar mi gusto por trabajar todos los días en mi oficio de albañil”. Este escritor como Viktor Frankl habían descubierto un sentido profundo a su existencia, en medio de su forzoso confinamiento.

 

 

7 cosas que deberías decirle a tu hijo todos los días

Por Juanjo Romero - InfoCatolica.com / 20.09.2019

Foto: Freepik

La educadora y divulgadora Miriam Aguirre, proponía algunas combinaciones de palabras que había que decirle a cada uno de tus hijos todos los días. No era una lista exhaustiva. Y, a mi modo de ver, parece más dirigido a padres que a madres, a ellas suelen salirles estas cosas espontáneamente.

Me gustaron porque no es un recetario de autoayuda. De una manera u otra es un modo de ver a nuestros hijos como Dios nos mira a todos, ¿no?

A continuación, algunas cosas muy importantes que deberías decirle a tus hijos todos los días si deseas hacerle sentir seguridad. Cambio pocas cosas de la redacción original de Aguirre:

1. "Te amo / Te quiero"

No debe pasar un solo día sin que tus hijos escuchen de tu boca, y sientan con seguridad, que los amas. Vendrán días difíciles, habrá momentos en los que ellos tomen decisiones que tal vez no sean las mejores. Asegúrate de que tus hijos sepan con toda certeza que, sin importar lo que les pase o su forma de ser, nunca dejarás de amarlos.

2. "Todos los días doy gracias por ti"

Permite que tus hijos escuchen de tu boca que das gracias a Dios por tenerlos en tu vida y que deseas su bienestar, que sean felices, que sean santos. Reza con tus hijos. También debes orar por su bienestar, especialmente cuando tienen dificultades, y que lo sepan.

3. "Me haces muy feliz"

Esto no puede ser más cierto. Para cada madre o padre no hay verdad más acertada. Los hijos son una fuente inagotable de felicidad y amor. Es importante que ellos sepan esto. No esperes al día de graduación o su boda para decírselo: hazlo hoy mismo.

4. "Eres muy especial"

Es de extrema importancia que los niños entiendan desde una corta edad que son diferentes y que esto los hace únicos y especiales. Además, todos queremos sobresalir de alguna manera. Ponte la meta de decirles a diario que para ti ellos son incomparables y lo más especial que te ha pasado en la vida.

5. "Me gusta mucho cuando tú…"

Toda persona disfruta de saber que lo que hace agrada a otros. En especial tus hijos, que piensan que eres la persona más interesante, inteligente y la persona que más aman. Señala cualquier detalle positivo en su comportamiento, su carácter, su bondad, sus talentos, sus divertidas ideas o su desempeño en la escuela.

6. "Creo en ti / Confío en ti"

Nuestros pequeños pueden crecer sintiéndose inseguros si no saben que tenemos confianza y que creemos en ellos. Podemos aprovechar momentos en familia, ocurrencias como en el momento de tomar una decisión adecuada para su edad, decirles que confiamos en ellos y respetar su decisión.

7. "Eres capaz / Yo sé que tú puedes"

Los niños pueden sentirse desanimados fácilmente cuando al intentar hacer algo no resulta como lo esperaban después de solo una o dos pruebas. Debemos alentarlos para que sigan intentado y expresarles que sabemos que ellos son capaces de realizar la tarea.

Si tus hijos necesitan más información, más práctica o más explicaciones para que la entiendan completamente, hagamos lo necesario, pero siempre deben de saber que ellos tienen la capacidad de hacerlo.

Aunque la profesora Aguirre se refiere a hijos pequeños, parece claro que no importa la edad.

Especialmente dedicado a todos esos padres y madres fabulosos que por salvar el mundo o intentar dejar un mundo mejor, a veces, por un inconsciente activismo, descuidan(mos) detalles importantes de su verdadera vocación.

 

 

En el XXV Aniversario de la partida al cielo de P. Tomás Morales, S.J.

 

“Los santos sorprenden, desinstalan, porque sus vidas nos invitan a

salir de la mediocridad tranquila y anestesiante”. Leyendo esta

afirmación del papa Francisco en Gaudete et exultate (nº 138)

recordamos este año 2019, de forma especial, la figura del venerable

P. Tomás Morales (1908-1994): su vida, las obras por él fundadas en

los años que el Señor le concedió de vida y su presencia interpelante,

no solo a los que tuvimos la dicha de conocerle y tratarle, sino a

todos aquellos que hoy, en cualquier parte del mundo, leen sus

escritos o se acercan a las obras que participan del carisma de la

Cruzada-milicia de Santa María. Un carisma que el P. Tomás Morales

definía como “tronco ignaciano y savia carmelitana”, expresión

sintética utilizada por él para explicar esta rica amalgama

espiritual; un carisma regalado por Dios a la Iglesia a través de su

entrega incondicional al servicio de la evangelización y, muy en

particular, de la movilización del laicado.

 

Una lectura atenta y reflexiva sobre el capítulo IV de la exhortación

apostólica ya citada (2018), titulado  “Algunas notas de la santidad

en el mundo actual”, nos hace recordar con gratitud cómo las cinco

características señaladas por el Santo Padre “de manifestaciones de

amor a Dios y al prójimo” las aprendimos de sus labios y continúan

haciéndolo las nuevas generaciones: aguante, paciencia y mansedumbre

(nº 112) traducido en esa “firmeza interior” hacia los demás y con uno

mismo. “Espíritu combativo”, de esfuerzo y superación personal,

troquelando la voluntad y enderezándola hacia el bien (T. Morales,

Forja de hombres, capítulo II) vivido en los días felices de

campamentos de verano en Sierra de Gredos y ahora en otras latitudes;

alegría y sentido del humor con que invita el P. Morales a todo

bautizado a vivir la vida y a ser misioneros: “La alegría es un

misionero invisible que predica a Dios con la sonrisa haciéndolo amar

sin querer”(T. Morales, Coloquio familiar,70 )”El bautizado alegre

levanta también a muchos que despiertan sacudiendo la vulgaridad en

que dormitaban” (Coloquio familiar, 69) es decir, de esa mediocridad

anestesiante que señala el Papa.

 

Esta alegría permanente conduce a la audacia y fervor, tercera de las

notas apuntadas para vivir la santidad en el mundo actual. El P. Tomás

Morales fue ejemplo de audacia apostólica y fervor creciente a Cristo

Jesús, como hijo fiel de san Ignacio, y como otros santos beneméritos

de la Compañía de Jesús: Pedro Fabro, Francisco Javier, por citar

algunos nombres conocidos. Esa intimidad con el Corazón de Jesús –a

quien España se consagró precisamente hace 100 años en el cerro de los

Ángeles- constituía el motor permanente e incombustible de su acción

apostólica con jóvenes y adultos, empresarios y empleados de banca,

padres de familia y amas de casa, consciente de que el alma de todo

apostolado es una profunda vida interior de unión con Dios. “Uno se

atreve a todo cuando el amor de Dios arde dentro. Se arma de santa

caradura y se lanza” (T. Morales, Coloquio familiar, 73), sin temor al

fracaso, al qué dirán o a quedarse solo. Aunque ¡atención a quedarse

solo un bautizado! Como buen “idealista con los pies en la tierra”, el

P. Tomás Morales aconsejaba nunca vivir la fe en solitario, sino en

familia, en Hogares, en comunidad (cuarta nota apuntada por el papa

Francisco) ante el individualismo que nos atenaza,; rica vida de

familia “hecha de muchos pequeños detalles cotidianos” (GE, nº 143),

al estilo de la vida sencilla de la Sagrada Familia de Nazaret.

 

Y la última nota de la santidad en el s. XXI -y no por ello menos

importante- es la oración constante, esa “apertura habitual a la

trascendencia” (GE, nº 147). ¿Cómo olvidar las numerosas tandas de

Ejercicios Espirituales que dirigió el P. Tomás Morales a laicos y

consagrados? Bien sabía que en el silencio profundo de esa escuela de

oración y conocimiento propio, como bien apunta el Santo Padre, “es

posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que

el señor nos propone. De otro modo, todas nuestras decisiones podrán

ser solamente «decoraciones» que, en lugar de exaltar el Evangelio en

nuestras vidas lo recubrirán o lo ahogarán. Para todo discípulo es

indispensable estar con el Maestro, escucharle, aprender de Él,

siempre aprender” (GE, nº 150). Ayudaba, de este modo, a cada uno a

descubrir su vocación, su llamada particular, y después a asumir el

compromiso de seguirla con constancia. Dan fe de ello las numerosas

vocaciones a la vida consagrada, sacerdotal, así como las familias que

en la actualidad beben del carisma.

 

El venerable P. Tomás Morales, S.J., como buen contemplativo en la

acción, descubría el plan de Dios en la Historia con una docilidad

total a la gracia divina, actuando con acierto en su acción

evangelizadora en la sociedad y tiempo en que vivió. Que en este XXV

aniversario que celebramos su partida al cielo nos conceda la gracia

de vivir como bautizados y consagrados en medio del mundo “con los

pies en la realidad, pero la mirada clara y lejos. A la luz del

Espíritu, oteando siempre los signos de los tiempos, en los renovados

amaneceres de una humanidad que no se detiene en su marcha hacia Dios”

(P. Morales).

 

Beatriz de Ancos Morales

 

 

 

“Estamos llamados a vivir y trabajar para que Cristo sea conocido y amado”

Queridos fieles diocesanos:

Me dirijo a vosotros al comienzo de este curso para orientar nuestra actividad pastoral mostrando los retos y objetivos inmediatos que nos presenta la iglesia, al tiempo que continuaremos profundizando en el más amplio programa diocesano de pastoral vigente, que todos conocéis. Este curso está determinado muy singularmente por algunos eventos de la Iglesia universal y nacional que asumimos como nuestros propios (el mes misionero extraordinario, el Congreso Nacional sobre los Laicos) además de algún otro esfuerzo particular nuestro. Sin embargo, antes de comenzar la presentación de estos objetivos podemos compartir alguna reflexión inicial que nos haga centrar la mirada del corazón.

La reflexión que ha hecho el Papa Francisco dirigiéndose en una importante carta fechada el 29 de junio a los católicos alemanes, puede ayudarnos también a nosotros a orientar nuestros criterios y corazones, para clarificar la mirada y para centrar nuestra experiencia de fe. El Santo Padre, ante los profundos retos de la secularización y el panorama de la vida social y cultural que compartimos, nos alerta e invita de nuevo como solución a vivir la Iglesia como lo que es: un misterio de comunión para la misión.

Este es el mejor aliento y el consejo más certero. Buscar otros caminos puede ser secundar los criterios del mundo cediendo
a la tentación, las modas, a lo políticamente correcto y al inmovilismo. Es imprescindible hacer siempre el discernimiento
evangélico para responder como discípulos del Señor en su Iglesia, sin apropiarnos de ella ni proyectar nuestros criterios,
viciados frecuentemente por la visión mundana de las cosas, ni mimetizar los comportamientos sociales y políticos que nos
invaden, haciéndonos creer que son la única forma de vivir y de actuar. Por dramática que sea cualquier situación, la erosión o el decaimiento de la fe, o cualquier situación interna que nos pueda desmoralizar, no hay respuesta cristiana que no se sustente
en la oración, la paciencia, la humildad, la caridad y la escucha. Cuanto se opone a ello nos contamina y destruye. El Evangelio,
por consiguiente, nos lleva siempre a caminar en comunión, asumiendo nuestros límites abiertos a la acción poderosa de Dios,
recuperando la misión evangelizadora y dispuestos a responder a cuantos se abren a la gracia de Dios con la palabra del apóstol: “No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hch 3,6).

Es necesario para ello, como nos recuerda Francisco, redescubrir el sensus Ecclesiae que nos libra de particularismos, personalismos narcisistas y tendencias ideológicas, y que siempre va unido a la comunión de la que puede nacer una verdadera sinodalidad para caminar unidos en la fe y el amor. El Papa Francisco advierte de nuevo sobre un mero “cambio estructural, organizativo o funcional”, que constituiría “un nuevo pelagianismo”, una herejía “rechazada por la Iglesia en el siglo V que alegaba que no era necesario que Cristo nos salvara del pecado sino que el hombre era suficientemente bueno y fuerte por sí mismo para hacerlo” (cf. Evangelii Gaudium, 32). Por todo ello, no hay progreso ni se resuelven los problemas sin verdadera vigilancia y conversión interior. “Sin esta dimensión teologal, en las diversas innovaciones y propuestas que se realicen, repetiremos aquello mismo que hoy está impidiendo, a la comunidad eclesial, anunciar el amor misericordioso del Señor”.

¡Qué importante es orientar nuestros pasos para crecer como Iglesia en este “sentido” por el que prevalece el amor obediente y
siempre fiel, cuidadoso en la fraternidad y el respeto, lleno de la contemplación que nos hace descalzarnos ante el misterio para
adorar a Cristo, el Señor, y después de contemplar sus heridas, consolar al mundo herido por el pecado y por todo mal que
destruye su alma o desprecia su dignidad! ¡Qué importante es abrir el corazón al Evangelio de la Gracia y a la irrupción el Espíritu Santo para caminar bajo su luz! Recuperemos el primado de la evangelización, como hemos pretendido hacer estos años anteriores, con la convicción de que el Señor “siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad”. Dice Francisco: “Es cierto, hay momentos duros, tiempos de cruz, pero nada puede destruir la alegría sobrenatural, que se adapta, se transforma y siempre permanece, al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo”.

(Sigue…)

+ Rafael Zornoza. Obispo de Cádiz y Ceuta

 

 

El tesoro de los hijos

Tras su visita pastoral a Mozambique, Madagascar y Mauricio, el Papa Francisco respondía a los periodistas sobre los problemas más acuciantes que afectan a la humanidad. Destacaba tres grandes temas de los que depende el futuro: la familia, la paz y el creciente deterioro del medio ambiente.

A propósito de la familia el Papa ponía el dedo en la llaga de uno de los mayores males de los países más desarrollados, especialmente los europeos, donde se registra un envejecimiento progresivo a medida que crece la obsesión por el bienestar material. Como contraste el Papa señaló la pujanza de los países africanos, llenos de vida, donde a pesar de las duras circunstancias cotidianas cuidan a sus hijos y los muestran con orgullo, como auténticos tesoros, conscientes de que en ellos está su porvenir.

Jesús Martínez Madrid

 

 

 

Necesita de un pacto educativo

El informe sobre la educación en el mundo, realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, titulado “Panorama de la Educación” aborda también la eficiencia de los sistemas educativos en relación con los recursos empleados.

España se caracteriza por haber aumentado su gasto en educación infantil y primaria. Sin embargo destacan los excesivos costes salariales que se explican por el hecho de que hay más profesores por cada alumno. El estudio refleja también la rentabilidad de la educación concertada para el Estado y su mayor beneficio en la gestión de sus recursos.

Una vez más hay que concluir que España necesita de un pacto educativo que supere las controversias políticas e ideológias y que ofrezca un modelo estable y eficaz de formación a las futuras generaciones.

Enric Barrull Casals

 

 

 

Porque es falso

La expresión "escuela segregada" surgió en el siglo XIX en Estados Unidos en la lucha contra la discriminación racial en las escuelas que escolarizaban por separado los niños blancos y los negros debido a la menor valoración de estos últimos. La supresión de la escuela segregada fue una gran victoria de la democracia y de la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. Desde entonces se entiende la palabra segregación como una forma de discriminación, a menudo por razón de raza y, en algunos países como el nuestro, también por sexo

Durante muchos años, en los países de nuestro entorno, también existió una educación segregada, que ofrecía a niñas y niños un curriculum y facilidades educativas diferentes; con ello se perpetuaba una situación y unos roles sociales que hoy se han superado. Este tipo de educación ya no se da en nuestro país. Por lo cual es falso decir que la escuela diferenciada segrega.

José Morales Martín

 

 

“Democracia enferma, casi muerta”

                Así titulaba el domingo pasado el muy acreditado escritor y articulista, Jesús Cacho; desarrollando en su contenido, la atroz situación de una España “semi muerta”; en la que “sus enterradores y a pie de tumba”, luchan por sobrevivir ellos mismos, mangonear el presupuesto de un país en ruinas y poco más; mientras nosotros el pueblo sufrimos una de las peores plagas que han asolado muchas veces, este desgraciado país, que no encuentra la solidez que debiera, debido a lo viejo que es en la civilización actual (“u lo que esto sea ya”); pero todo es debido a los malos y peores gobernantes de este muy rico territorio, que como, “las malas yerbas del campo”, brotan constantemente y en los lugares peores para el sostenimiento de España… “parece que esta tiene que aún aguantar muchos siglos para encontrar un camino que nos acomode en un verdadero convivir; y en el que convivamos todos los nacidos en esta península”. No comenten nada de mi preámbulo, hasta que no lean el artículo, de que les hablo y para lo que les dejo la dirección, para que lo lean, copien y difundan, puesto que es digno de ello.

https://www.vozpopuli.com/opinion/democracia-enferma-muerta_0_1248475501.html

                Por todo ello yo he añadido en el mismo  y en la parte que dejan para los lectores; lo que sigue:

·  Sí... y lo peor de todo es, "el estado del siempre borrego pueblo español"; cuya máxima expresión se daba el sábado 25 de mayo, en Sevilla, con el "gran" (para mi miserable) espectáculo de, "la copa del rey del fútbol"; donde la parafernalia fue digna de la de, "los sátrapas o tiranos de hace milenios, y donde hacían adorar a sus dioses, por multitudes más que dormidas muertas del todo; pero que en esa drogadicción, de los imbéciles, estos, se consideran plenos de felicidad"; aún y cuando al día siguiente; "clamen de sus desgracias y culpen a ni saben quién se las producen": Amén y RIP "POR LOS MUERTOS".

 

                Escribo esto el mismo domingo 26 de Mayo y a mi regreso de votar en el sitio que me asignan (bastante céntrico y concurrido) donde observo que, “no todos los boletos o papeletas”, están al alcance del votante y alguno de ellos “y que por lo que se escribe lleva tiempo lo consideran peligroso”; lo tenían oculto en uno de los cajones de cartón y donde han traído el material; cosa que he comprobado por mí mismo; ante el favoritismo que observo en el resto de “lotes”; pues esa es la triste verdad; nos hacen votar, “lotes de individuos e individuas”, que las camarillas ya han seleccionado y que como siempre, los emplearán como autómatas o como yo los denomino… “apretabotones y al servicio de sus amos”; por tanto, si “este gazpacho español es democracia, yo debo ser por lo menos, sacerdote de la religión de Zoroastro”, amén.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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