Las Noticias de hoy 23 Septiembre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 23 de septiembre de 2019    

Indice:

ROME REPORTS

Ángelus: “Actuar con astucia para asegurarnos la vida eterna”

Día del migrante y del refugiados: El Papa invita a la misa del 29 de septiembre

“Nueva evangelización”: Favorecer el “encuentro”

LA LUZ EN EL CANDELERO: Francisco Fernandez Carbajal

“Se ha cruzado el Señor en nuestro camino”: San Josemaria

Una serena atención: las obras de misericordia espirituales: Carlos Ayxelá

Madre de la Merced, Virgen de la Misericordia

San Josemaría y la Virgen de la Merced

Transmitiendo la fe: Monseñor José H. Gomez

Señor te quiero contar: Sheila Morataya

¿Qué estamos esperando?: Embajadora de Paz Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina

Una incomprensión inicial: Alfonso Aguiló

Mil personas corren en 48 horas los 500 kilómetros entre el colegio Tajamar (Madrid) y Torreciudad

El amor en metáforas: Blanca Sevilla

La Civilización Cristiana, ¿es una utopía?: Acción Familia

El umbral de la paternidad: Norma Mendoza Alexandry

La oración cristiana: Enric Barrull Casals

Excepción o precedente: Suso do Madrid

La polarización de la sociedad: Jaume Catalán Díaz

No saben gobernar y nos van destruyendo: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

ROME REPORTS

 

 

Ángelus: “Actuar con astucia para asegurarnos la vida eterna”

Palabras del Papa antes de la oración mariana

septiembre 22, 2019 13:21Raquel AnilloAngelus y Regina Coeli

(ZENIT – 22 septiembre 2019).- El Papa Francisco presidió la oración dominical del Ángelus desde la ventana del despacho del Palacio Apostólico del Vaticano, que da a la Plaza de San Pedro, este domingo 22 de septiembre de 2019.

El Papa señaló que el gerente deshonesto quiere unir la gratitud de los deudores de su amo por un sistema que equivale a corrupción.

El Papa Francisco denuncia regularmente el “flagelo social”, las “peores plagas sociales”, el “virus”, el “cáncer metastásico”, la corrupción que socava la economía de las naciones y ataca, y mata, a los más pobres: incluso ve una “forma de blasfemia”.

Pero este domingo, también mostró la punta del Evangelio: ¡la corrupción no tiene la última palabra!

En otras palabras, todavía hay tiempo para que los corruptos busquen la vida eterna: “Jesús también indica el propósito final de su exhortación:” Haceos amigos con los ricos, para que os acojan en sus moradas eternas”.

¿Cómo? Invitó a la reparación. Sabiendo cómo transformar el dinero en un instrumento de “fraternidad” y “solidaridad”, el Papa Francisco responde: “Para acogernos en el Paraíso, si somos capaces de transformar la riqueza en instrumentos de fraternidad y solidaridad, no sólo habrá Dios, sino también aquellos con quienes compartimos, administrándolo bien, lo que el Señor puso en nuestras manos”.

AB

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La parábola contenida en el Evangelio de este domingo (cf. Lc 16,1-13) tiene como protagonista a un administrador astuto y deshonesto que, acusado de haber malgastado los bienes del amo, está a punto de ser despedido. En esta difícil situación, no recrimina, no busca justificaciones ni se deja desanimar, sino que busca una salida para asegurarse un futuro tranquilo. Reacciona primero con lucidez, reconociendo sus propios límites: “excavar, no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza” (v. 3); entonces actúa con astucia, robando a su amo por última vez. De hecho, llama a los deudores y reduce las deudas que tienen con el amo, para hacer amistad con ellos y luego ser recompensado por ellos, esto es, hacerse amigos con la corrupción y obtener gratitud con la corrupción, como lamentablemente sucede hoy.

Jesús presenta este ejemplo no para exhortar a la deshonestidad, sino a la astucia. De hecho subraya: “El maestro alabó a aquel administrador deshonesto, porque había actuado con astucia” (ver 8), es decir, con esa mezcla de inteligencia y astucia que te permite superar situaciones difíciles. La clave de lectura de esta historia está en la invitación de Jesús al final de la parábola: “Haga amigos con el dinero deshonesto, para que cuando estas riquezas fracasen, los reciban en las moradas eternas” (v. 9). Parece un poco confuso pero no lo es, la “riqueza deshonesta” es el dinero -también llamado “estiércol del diablo”- y, en general, los bienes materiales.

La riqueza puede llevar a la construcción de muros, a la creación de divisiones y a la discriminación. Jesús, por el contrario, invita a sus discípulos a invertir el curso: “Háganse amigos con la riqueza”. Es una invitación a saber transformar bienes y riquezas en relaciones, porque las personas valen más que las cosas y cuentan más que las riquezas que poseen. En la vida, de hecho, no son los que tienen la riqueza los que dan  fruto, sino los que crean y mantiene vivos tantos lazos, tantas relaciones, tantas amistades a través de las diferentes “riquezas”,  es decir de los diferentes dones con los que Dios los ha dotado. Pero Jesús también indica el propósito último de su exhortación: “Háganse amigos de las riquezas, para que te acojan en las moradas eternas. Si somos capaces de transformar las riquezas en instrumentos de fraternidad y solidaridad, no solo será Dios quien nos acoja en el Paraíso, sino también aquellos con los cuales hemos compartido, administrando bien lo que el Señor ha puesto en nuestras manos.

Hermanos y hermanas esta página del Evangelio hace resonar en nosotros la pregunta del administrador deshonesto expulsado por el patrón: “¿Qué voy a hacer ahora?” (v. 3). Frente a nuestras faltas y a nuestros fallos Jesús nos asegura que siempre estamos a tiempo para sanar el mal hecho con el bien. Quién ha causado lágrimas, haga feliz a alguien; quien ha robado indebidamente, done a quien está en necesidad. Al hacerlo, seremos alabados por el Señor “porque hemos actuado con astucia”, es decir, con la sabiduría de aquellos que se reconocen como hijos de Dios y se ponen en juego por el Reino de los Cielos.

Que la Santísima Virgen nos ayude a ser astutos para asegurarnos no el éxito mundano, sino la vida eterna, para que en el momento del juicio final las personas necesitadas a las que hemos ayudado sean testigos de que en ellas hemos visto y servido al Señor en ellos.

 

Día del migrante y del refugiados: El Papa invita a la misa del 29 de septiembre

“Para expresar nuestra cercanía también por la oración”

septiembre 22, 2019 15:59Anita BourdinAngelus y Regina Coeli

(ZENIT – 22 septiembre 2019).- Con motivo del próximo Día del Migrante y el Refugiado, el Papa Francisco invita a rezar por los migrantes y refugiados “de todo el mundo” en la misa que celebrará con este fin, en la Plaza de San Pedro, el próximo domingo, 29 de septiembre de 2019, a las “10:30 horas”.

El Papa emitió esta invitación después de la oración dominical del Ángelus, el 22 de septiembre, diciendo: “Celebraré la misa aquí, en la Plaza de San Pedro. Los invito a participar en esta celebración para expresar nuestra cercanía a los migrantes y refugiados de todo el mundo también a través de la oración”.

Este será el 105 ° Día Mundial de los Migrantes y Refugiados (GMMR), sobre el tema: “No son solo migrantes”.

El Dicasterio Romano para el Servicio Integral de Desarrollo Humano señala que “los migrantes, los refugiados, los desplazados en su propio país y las víctimas de la trata son, en el sentido más amplio, los destinatarios ‘de este Día’ que concierne a todos los habitantes de las periferias existenciales y, en última instancia, nos concierne a todos como individuos y como una sola familia humana”, con “nuestro deseo común de construir un mundo mejor”.

Nuestra Señora del Camino

La celebración eucarística presidida por el Papa Francisco está organizada por la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) en colaboración con el Departamento de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Servicio Integral de Desarrollo Humano de la Santa Sede, dijo la misma declaración en italiano.

La IEC ha decidido unirse al Santo Padre al invitar a todos los bautizados con todos aquellos que se dedican pastoralmente a favor de los migrantes, refugiados y víctimas de la trata, en Italia y en el extranjero.

La Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio Romano ha invitado a diócesis de todo el mundo a rezar con el Papa Francisco, celebrando este día en las catedrales. Recopilará vídeos, fotografías y otros documentos del Día en las diferentes diócesis: pueden enviarlos a este correo electrónico: media@migrants-refugees.va

El dicasterio invoca la intercesión de la Virgen María, bajo la Advocación de “Nuestra Señora del Camino”, título del icono que se encuentra en Roma en la iglesia de “Gesù”.

“No se olviden de rezar por mí”

Después del Ángelus también, el Papa Francisco saludó a “los participantes de la Via Pacis , una carrera que cruzó las calles de Roma esta mañana, para llevar un mensaje de paz, hermandad y especialmente de diálogo entre diferentes culturas y religiones”.

Saludó a un “grupo de la misión católica polaca en Alemania; al coro “San Leonardo” de Procida; a los confirmandos de Settimello (Florencia); y a las hermanas Bell’Amore, que celebran el 25 aniversario de su fundación”.

El Papa no dejó de pedir a todos que rezaran por él: “Les deseo a todos un buen domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y adiós!”

 

 

“Nueva evangelización”: Favorecer el “encuentro”

“El encuentro ayuda a crecer en la fe”

septiembre 22, 2019 17:15Anita BourdinPapa Francisco

(ZENIT – 22 septiembre 2019).- “Encontrar a nuestros contemporáneos para darles a conocer” el amor de Dios: el Papa Francisco indica esta dirección de la cultura del encuentro a los artesanos de la “nueva evangelización”.

El Papa Francisco recibió a los participantes del encuentro internacional para los centros académicos y escuelas de la “nueva evangelización” el sábado por la mañana, 21 de septiembre de 2019. El congreso, organizado por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, tuvo como tema: “Iluminar el deseo de conocer a Dios a pesar de las señales que oscurecen su presencia”.

Para el Papa Francisco, de hecho, “lo que es el encuentro ayuda a crecer en la fe” y a convertirse en “signos vivos del Amor que estamos anunciando”.

Nos invitó a “conocer a nuestros contemporáneos para hacerles conocer su amor”, pero “sin pretender tener respuestas inmediatas y sin dar respuestas hechas, sino compartiendo palabras de vida”, para permitir Espíritu Santo “que libera el corazón de la esclavitud que lo oprime y lo renueva”. El Papa Francisco tomó como ejemplo el episodio evangélico del encuentro del Cristo resucitado con los discípulos de Emaús. Incluso hoy, “Dios está cerca”, pero para el hombre contemporáneo es difícil “reconocerlo”.

Pero todavía quieren “amar y ser amados, ser aceptados” y “encontrar la paz del corazón y una alegría más duradera que el entretenimiento”.

 

 

LA LUZ EN EL CANDELERO

— Los cristianos están para iluminar el ambiente en el que viven.

— Prestigio profesional.

— Como luceros en medio del mundo.

I. En el Evangelio de la Misa1 leemos esta enseñanza del Señor: Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entren tengan luz.

Quien sigue a Cristo –quien enciende un candil– no solo ha de trabajar por su propia santificación, sino también por la de los demás. El Señor lo ilustra con diversas imágenes muy expresivas y asequibles al pueblo sencillo que le escucha. En todas las casas alumbraba el candil al caer la tarde, y todos conocían dónde se colocaba y por qué. El candil está para iluminar y había de colocarse bien alto, quizá colgaba de un soporte fijo puesto solo para ese fin. A nadie se le ocurría esconderlo de tal manera que su luz quedara oculta. ¿Para qué iba a servir entonces?

Vosotros sois la luz del mundo2, había dicho en otra ocasión a sus discípulos. La luz del discípulo es la misma del Maestro. Sin este resplandor de Cristo, la sociedad queda en las más espesas tinieblas. Y cuando se camina en la oscuridad se tropieza y se cae. Sin Cristo, el mundo se vuelve difícil y poco habitable.

Los cristianos están para iluminar el ambiente en el que viven y trabajan. No se comprende a un discípulo de Cristo sin luz: sería como un candil que se escondiera debajo de una vasija o se metiera debajo de la cama. ¡Qué bien le entenderían quienes le escuchaban! El Concilio Vaticano II puso de relieve la obligación del apostolado, derecho y deber que nace del Bautismo y de la Confirmación3, hasta el punto de que, formando el cristiano parte del Cuerpo Místico, «el miembro que no contribuye según su medida al aumento de este Cuerpo, hay que decir que no aprovecha ni a la Iglesia ni a sí Mismo»4. Este apostolado, que tiene tan diversas formas, es continuo, como es continua la luz que alumbra a los que están en la casa. «El mismo testimonio de vida cristiana y las obras hechas con espíritu sobrenatural tienen eficacia para atraer a los hombres hacia la fe y hacia Dios»5. También los que aún no creen en Cristo han de ver iluminado su camino con el brillo de las obras de los que siguen al Maestro. «Porque todos los cristianos, donde quiera que vivan, por el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra, están obligados a manifestar el hombre nuevo de que se han revestido por el Bautismo, y en el que se han robustecido por la Confirmación, de tal forma que los demás, al reparar en sus obras, glorifiquen al Padre y descubran el genuino sentido de la vida y el vínculo universal de todos los hombres»6.

Examinemos hoy nosotros si aquellos que trabajan codo a codo con nosotros, quienes viven en el mismo hogar, los que nos tratan por motivos profesionales o sociales... reciben esa luz que señala el camino amable que conduce a Dios. Pensemos si esos mismos se sienten movidos a ser mejores.

II. El trabajo, el prestigio profesional, es el candil en el que ha de lucir la luz de Cristo. ¿Qué apostolado podría llevar a cabo una madre de familia que no cuidara a conciencia de su hogar, de tal manera que su marido, sus hijos, encontraran al llegar un lugar grato? ¿Cómo podría hablar de Dios a sus amigos un estudiante que no estudiara, un empresario que no viviera los principios de la justicia social de la Iglesia con los empleados...? La vida entera del Señor nos hace entender que sin la diligencia, la laboriosidad y la constancia de un buen trabajador, la vida cristiana queda reducida, a lo más, a deseos, quizá aparentemente piadosos, pero estériles tanto en la santidad personal como en la influencia clara que hemos de ejercer a nuestro alrededor. Cada cristiano «debe obrar de tal manera que quienes le traten perciban el bonus odor Christi (cfr. 2 Cor 2, 15), el buen olor de Cristo; debe actuar de modo que, a través de las acciones del discípulo, pueda descubrirse el rostro del Maestro»7. Para eso, el ejemplo en aquello que constituye como la columna vertebral de todo hombre, el trabajo, ha de ir por delante. (El enfermo, el impedido, ha de ser luz –¡y cómo brilla!– siendo un buen enfermo, llevando con sentido sobrenatural la propia carga). El Señor quiere que la farmacéutica sea competente en aquellas medicinas que despacha, y que cuando sea oportuno sepa dar el consejo humano y sobrenatural que ayuda y anima, y que el taxista conozca bien las calles de la gran ciudad, que el conductor de un medio público de transporte no maltrate a los pasajeros con un mal modo de conducir...

Desde el comienzo de su vida pública conocen al Señor como el artesano, el hijo de María8. Y a la hora de los milagros la multitud exclama: ¡Todo lo hizo bien!9, absolutamente todo: «los grandes prodigios, y las cosas menudas, cotidianas, que a nadie deslumbraron, pero que Cristo realizó con la plenitud de quien es perfectus Deus, perfectus homo (Símbolo Quicumque), perfecto Dios y hombre perfecto»10. Jesús, que quiso emplear en sus enseñanzas los oficios más diversos, «mira con amor el trabajo, sus diversas manifestaciones, viendo en cada una de ellas un aspecto particular de la semejanza del hombre con Dios, Creador y Padre»11.

Para tener prestigio profesional es necesario cuidar la formación en la propia actividad u oficio, dedicando las horas necesarias, fijándose metas para perfeccionarla cada día, incluso después de terminados los estudios o el período de aprendizaje propio de todo trabajo. En no pocas ocasiones los resultados académicos, para un estudiante, serán un buen índice de su amor a Dios y al prójimo. Obras son amores.

Como consecuencia lógica de este empeño y de la seriedad de su tarea, el fiel cristiano tendrá entre sus colegas la reputación de buen trabajador o de buen estudiante que le es necesaria para realizar un apostolado profundo12. Sin darse apenas cuenta estará mostrando cómo la doctrina de Cristo se hace realidad en medio del mundo, en una vida corriente. Y se comprueba el acierto del comentario de San Ambrosio: las cosas nos parecen menos difíciles cuando las vemos realizadas en otros13. Y todos tienen derecho a ese buen ejemplo.

III. Es evidente que la doctrina de Cristo no se ha difundido a fuerza de medios humanos, sino a impulsos de la gracia. Pero también es cierto que la acción apostólica edificada sobre una vida sin virtudes humanas, sin valía profesional, sería hipocresía y ocasión de desprecio por parte de los que queremos acercar al Señor. Por eso, el Concilio Vaticano II formulaba estas graves palabras: «El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el prójimo; falta, sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvación»14, porque no se santifica a sí mismo, deja de aprovechar los talentos recibidos, y no santifica a su prójimo.

Sea cual sea la profesión o el oficio que se desempeñe, la categoría ganada día a día en un trabajo hecho a conciencia otorga una autoridad moral ante colegas y compañeros que facilita el persuadir, el enseñar, el atraer... Es tan importante esta solidez profesional que un buen cristiano no se puede escudar en ningún motivo para no ganarla. Para quienes se empeñan en vivir hasta el fondo su vocación cristiana, el trabajo competente y los medios para lograrlo constituyen un deber primario. Por eso, el buen médico, si quiere seguir siéndolo, no abandonará el estudio que lo mantiene al día, y el buen profesor renovará su material pedagógico, sin contentarse con repetir una y otra vez los mismos guiones, que lo dejarían sumido en la mediocridad.

La competencia y la seriedad con que se debe realizar el trabajo profesional se convierte así en un candelero que ilumina a colegas y amigos15. La caridad cristiana se hace visible entonces desde lejos, y la luz de la doctrina ilumina desde esa altura; es una luz familiar y cercana que con facilidad llega a todos.

San Pablo escribe a los primeros cristianos de Filipo y les exhorta a vivir en medio de aquella generación apartada de Dios de tal manera que brillen como luceros en medio del mundo16. Y su ejemplo arrastraba tanto que en verdad se pudo decir de ellos: «lo que es el alma para el cuerpo, esto son los cristianos en medio del mundo»17, como se puede leer en uno de los escritos cristianos más antiguos.

Para llevar a todos la luz de Cristo, junto a los medios sobrenaturales, hemos de practicar también las normas corrientes de la convivencia. Para muchas personas estas normas se quedan en algo exterior y solo se practican porque hacen más fácil el trato social, por costumbre. Para nosotros los cristianos han de ser también fruto de la caridad, manifestaciones externas de un sincero interés por los demás. Todo esto es parte de la luz divina que hemos de llevar con nuestra vida, y del apostolado que el Señor quiere que llevemos a cabo, principalmente entre las personas que más tratamos.

1 Lc 8, 16-18. — 2 Mt 5, 14. — 3 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 33. — 4 ídem, Decr. Apostolicam actuositatem, 2. — 5 Ibídem, 6. — 6 ídem, Decr. Ad gentes, 11. — 7 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 105. — 8 Mc 6, 3. — 9 Mc 7, 37.— 10 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 56. — 11 Juan Pablo II, Enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, 26. — 12 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 36. — 13 San Ambrosio, Sobre las vírgenes, 2, 2. — 14 Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 43. — 15 Cfr. San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 61. — 16 Flp 2, 15. — 17 Epístola a Diogneto, VI, 1.

 

 

“Se ha cruzado el Señor en nuestro camino”

La entrega es el primer paso de una carrera de sacrificio, de alegría, de amor, de unión con Dios. –Y así, toda la vida se llena de una bendita locura, que hace encontrar felicidad donde la lógica humana no ve más que negación, padecimiento, dolor. (Surco, 2)

Como a Nuestro Señor, a mí también me gusta mucho charlar de barcas y redes, para que todos saquemos de esas escenas evangélicas propósitos firmes y determinados. Nos cuenta San Lucas que unos pescadores lavaban y remendaban sus redes a orillas del lago de Genesaret. Jesús se acerca a aquellas naves atracadas en la ribera y se sube a una, a la de Simón. ¡Con qué naturalidad se mete el Maestro en la barca de cada uno de nosotros!: para complicarnos la vida, como se repite en tono de queja por ahí. Con vosotros y conmigo se ha cruzado el Señor en nuestro camino, para complicarnos la existencia delicadamente, amorosamente.
Después de predicar desde la barca de Pedro, se dirige a los pescadores: duc in altum, et laxate retia vestra in capturam!, ¡Bogad mar adentro, y echad vuestras redes! Fiados en la palabra de Cristo, obedecen, y obtienen aquella pesca prodigiosa. Y mirando a Pedro que, como Santiago y Juan, no salía de su asombro, el Señor le explica: no tienes que temer, de hoy en adelante serán hombres los que has de pescar. Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron. (Amigos de Dios, 21)

 

 

Una serena atención: las obras de misericordia espirituales

Las obras de misericordia espirituales atienden al hambre y a la sed, a la desnudez y al desamparo, a la enfermedad y a la cautividad que experimenta, en tantas formas diversas, el corazón humano.

Misericordia02/09/2016

Opus Dei - Una serena atención: las obras de misericordia espirituales

La Iglesia tiene la sabiduría de una buena madre, que sabe lo que necesitan sus hijos para crecer sanos y fuertes, en el cuerpo y en el espíritu. Con las obras de misericordia, nos invita a descubrir siempre de nuevo que tanto el cuerpo como el alma de nuestros hermanos los hombres necesitan de cuidados, y que Dios nos confía a cada uno esa custodia atenta. «El objeto de la misericordia es la misma vida humana en su totalidad. Nuestra vida misma en cuanto “carne” está hambrienta y sedienta, necesitada de vestido, casa y visitas, así como de un entierro digno, cosa que nadie puede darse a sí mismo (…). Nuestra vida misma, en cuanto “espíritu”, necesita ser educada, corregida, animada, consolada (…). Necesitamos que otros nos aconsejen, nos perdonen, nos aguanten y recen por nosotros»[1].

Aun con el peso que llevemos a nuestras espaldas, Dios espera que nuestro corazón se conmueva como el suyo, que no se insensibilice ante las necesidades de los demás.

Vamos a considerar ahora las obras espirituales, que atienden al hambre y a la sed, a la desnudez y al desamparo, a la enfermedad y a la cautividad que experimenta, en tantas formas diversas, el corazón humano: formas de mendicidad espiritual que a todos nos aquejan, y que descubrimos también, si no nos dormimos, a nuestro alrededor[2]. Aun con el peso que llevemos a nuestras espaldas, Dios espera que nuestro corazón se conmueva como el suyo, que no se insensibilice ante las necesidades de los demás. «En medio de tanto egoísmo, de tanta indiferencia –¡cada uno a lo suyo!–, recuerdo aquellos borriquitos de madera, fuertes, robustos, trotando sobre una mesa... –Uno perdió una pata. Pero seguía adelante, porque se apoyaba en los otros»[3].

La misericordia de todos los días

San Josemaría recordaba en una ocasión su alegre experiencia de generosidad cristiana, confirmada a lo largo de los años: «conozco miles de estudiantes (…) que han renunciado a construirse su pequeño mundo privado, dándose a los demás mediante un trabajo profesional, que procuran hacer con perfección humana, en obras de enseñanza, de asistencia, sociales, etc., con un espíritu siempre joven y lleno de alegría»[4]. Donde hay un cristiano que se reconoce «como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar», encontramos «la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás. Pero si uno separa la tarea por una parte y la propia privacidad por otra, todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades»[5]. «Hombres todos, y todos hijos de Dios, no podemos concebir nuestra vida como la afanosa preparación de un brillante curriculum, de una lucida carrera»[6]. Es lógico que nos ilusionemos con los horizontes que se abren ante nosotros en nuestro trabajo; pero esa ilusión, si no quiere ser delirio –«vanidad de vanidades» (Qo 1,2)–, debe estar inspirada por la pasión de iluminar las inteligencias, pacificar las tensiones, confortar los corazones.

Todos incidimos de un modo u otro en la cultura y en la opinión pública: no solo los escritores, los profesores o los profesionales de la comunicación. Cada uno a su modo puede hacer mucho por «enseñar al que no sabe», «dar buen consejo al que lo necesita» y «corregir al que se equivoca»: a quienes son víctimas, aun sin saberlo, de la superficialidad o de las ideologías; a quienes tienen sed de saber, de beber de las fuentes de la sabiduría humana y divina; a quienes no conocen a Cristo, «ni han visto la belleza de su rostro, ni saben la maravilla de su doctrina»[7] El esfuerzo por pensar la fe, de modo que se perciba el resplandor de la verdad; la disposición a complicarse la vida organizando medios de formación en los contextos más diversos; la ilusión por dar forma cristiana a la propia profesión, purificándola de abusos y abriéndole horizontes; el interés de los profesores por hacer crecer a sus alumnos; la iniciativa para orientar con nuestra experiencia a quienes se abren paso en el mundo profesional; la disposición a ayudar o aconsejar a los colegas en sus dificultades; el apoyo a los jóvenes que no se deciden a formar una familia a causa de la precariedad de sus condiciones de trabajo; la nobleza y la valentía de «corregir al que se equivoca»… Estas, y otras actitudes que van mucho más allá de éticas minimalistas, dan forma a la misericordia ordinaria que Dios pide a los cristianos de la calle.

El terreno habitual de la misericordia es un día a día del trabajo regido por la pasión de ayudar: ¿qué más puedo hacer? ¿a quién más puedo implicar?

Aunque sin duda conviene dar vida a proyectos allí donde tengamos posibilidad de dar una mano, el terreno habitual de la misericordia es un día a día del trabajo regido por la pasión de ayudar: ¿qué más puedo hacer? ¿a quién más puedo implicar? Todo esto es misericordia en acto, sin horarios, sin cálculos: «una misericordia dinámica, no como un sustantivo cosificado y definido, ni como adjetivo que decora un poco la vida, sino como verbo –misericordiar y ser misericordiados–»[8].

Arropar la debilidad del otro

Este binomio –misericordiar y ser misericordiados– se hace eco de la bienaventuranza más específica de este año jubilar: «bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia» (Mt 5,7): se abrirá paso en ellos la misericordia, porque al darla la recibirán de lo alto. El genio de Shakespeare lo sintetizó así: «La misericordia no es obligatoria; cae como la dulce lluvia del cielo sobre la tierra que está bajo ella. Es una doble bendición: bendice al que la concede y al que la recibe»[9].

A los misericordiosos, pues, el Señor no les promete solo clemencia y comprensión al final de sus días, sino también una medida generosa de dones –el ciento por uno (Mt 19, 29)– para esta vida: el misericordioso percibe más intensamente cómo Dios le perdona y le comprende; se alegra a su vez perdonando y comprendiendo, aunque duela; y experimenta también la alegría de ver cómo la misericordia de Dios se contagia, a través de él, a los demás. «Porque lo necio de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres» (1 Co 1,25). Cuando ahogamos el mal con abundancia de bien; cuando evitamos que la dureza de los demás nos endurezca el corazón, y no respondemos a la frialdad con más frialdad; cuando nos resistimos a volcar sobre quienes nos rodean nuestras dificultades; cuando nos esforzamos por sobreponernos a nuestra susceptibilidad y a nuestro amor propio, entonces libramos «las batallas de Dios (…). No hay más remedio que tomarse con empeño esta hermosísima guerra de amor, si de verdad queremos conseguir la paz interior, y la serenidad de Dios para la Iglesia y para las almas»[10].

Otra de las obras de misericordia espirituales consiste en «sufrir con paciencia los defectos de los demás». No se trata solo de no poner en evidencia al otro, de no señalarle con el dedo: la misericordia arropa la debilidad del otro, como los hijos de Noé[11], aunque al arroparle note el «olor» de sus defectos. Una misericordia distante no sería misericordia. El «olor a oveja»[12] –porque todos en la Iglesia somos «oveja y pastor»[13]– no suele ser agradable, pero exponerse a él es un sacrificio que, realizado sin aspavientos, sin que se note, tiene un aroma muy agradable a Dios: el bonus odor Christi[14]. «Cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, para que no adviertan los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo oculto» (Mt 6,17-18)

La misericordia invierte una fácil tendencia a ser exigentes con los demás, y transigentes con nosotros mismos.

La misericordia invierte una fácil tendencia a ser exigentes con los demás, y transigentes con nosotros mismos. Descubrimos entonces con frecuencia que lo que nos parecía un defecto era simplemente una etiqueta que habíamos puesto al otro, quizá por un episodio aislado, o por una impresión a la que habíamos dado demasiada importancia; un «juicio sumario» que cristalizó, y que nos impide verle como es, porque percibimos solo esa cara negativa, ese rasgo hinchado por nuestro amor propio. La misericordia de Dios nos ayuda a evitar y, en su caso, a levantar esos dictámenes severos, de los que a veces no somos demasiado conscientes. También aquí rige aquella sentencia tan sabia de Tertuliano de que «dejan de odiar quienes dejan de ignorar, desinunt odisse qui desinunt ignorare»[15]. Un reto de la misericordia ordinaria, pues, es conocer mejor a quienes nos rodean, y evitar etiquetarles: padres, hijos, hermanos; vecinos, colegas... Además, cuando comprendemos a una persona, cuando no desesperamos de ella, la ayudamos a crecer; y en cambio, la fijación en las insuficiencias produce una tensión, un agarrotamiento con el que difícilmente brota lo mejor de cada uno. Toda nuestra relación con los demás, especialmente en la familia, debe ser «un “pastoreo” misericordioso»: sin paternalismos, «cada uno, con cuidado, pinta y escribe en la vida del otro»[16]

Hace falta también misericordia para llevar sin resentimiento la dureza con la que los demás a veces puedan tratarnos. No es fácil querer cuando uno recibe coces o indiferencia, pero «si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso también los paganos?» (Mt 5,47). El aire cristiano no se caracteriza solo por la mutua comprensión sino también por la disposición a reconciliarse cuando fallamos o cuando nos tratan con desdén. La actitud sincera de «perdonar las ofensas» es la única vía para romper las espirales de incomprensión que vemos alzarse a nuestro alrededor y que son, casi siempre, espirales de desconocimiento mutuo. No es esta una actitud idealista para ingenuos que no están en contacto con la mezquindad o con el cinismo, sino «fuerza de Dios» (1 Co 1, 19): una brisa suave, capaz de derrumbar las estructuras más imponentes.

Enviados a consolar

«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros seamos capaces de consolar a los que se encuentran en cualquier tribulación, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios» (2 Co 1,3-4). El cristiano sufre como los demás hombres; sufre a veces más por las incomprensiones o por las dificultades que le crea su fidelidad a Dios[17]; pero a la vez los sufrimientos se le hacen más ligeros, porque tiene el consuelo de su Padre. «Esta es tu seguridad, el fondeadero donde echar el ancla, pase lo que pase en la superficie de este mar de la vida. Y encontrarás alegría, reciedumbre, optimismo, ¡victoria!»[18] El consuelo que Dios nos da nos hace capaces de consolar; nos envía al mundo a consolar, porque «nuestra tristeza infinita sólo se cura con un infinito amor»[19].

Una de nuestras alegrías en el cielo será descubrir el bien que hizo a tantas personas una brevísima oración en medio del ajetreo del tráfico o del transporte público.

Para «consolar al que está triste» es necesario aprender a leer las necesidades de los demás. Hay personas que están tristes porque experimentan la «amargura que proviene de la soledad o de la indiferencia»[20]; otras porque están sometidas a mucha tensión y necesitan descansar: se tratará de acompañarles y, a veces, de enseñarles a descansar, porque nunca aprendieron ese arte. Un buen hijo de Dios procura emular la tarea discreta del verdadero Consolador, «descanso en el trabajo, alivio en el calor, consuelo en el llanto»[21]: atender a los demás sin hacerles notar que les estamos dedicando tiempo, sin que tengan la impresión de que les concedemos audiencia, o de que les gestionamos. «Estamos hablando de una actitud del corazón, que vive todo con serena atención, que sabe estar plenamente presente ante alguien sin estar pensando en lo que viene después, que se entrega a cada momento como don divino que debe ser plenamente vivido»[22] Un hijo de Dios camina por la existencia con la convicción profunda de que «cada persona es digna de nuestra entrega»[23]: la sonrisa, la disposición a ayudar, el interés verdadero por los demás, también por aquellos a quienes ni siquiera conocemos, pueden cambiarles el día, y a veces la vida.

Con todos, conocidos y desconocidos, nuestra misericordia encontrará un «cauce ancho, manso y seguro»[24] en la oración: «Interceder, pedir en favor de otro, es, desde Abraham, lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios»[25]. Por eso la Iglesia nos alienta a «rogar a Dios por vivos y difuntos». Una de nuestras alegrías en el cielo será descubrir el bien que hizo a tantas personas una brevísima oración en medio del ajetreo del tráfico o del transporte público, a veces quizá como respuesta misericordiosa a un gesto poco amable; la esperanza que Dios inspiró, por nuestra intercesión, a quienes sufrían por cualquier motivo; el consuelo que recibieron vivos y difuntos por nuestro recuerdo –memento– en la Santa Misa, metidos en la oración de Jesús al Padre, en el Espíritu Santo.

Acabamos así este breve recorrido por las obras de misericordia, que son en realidad «infinitas, cada una con su sello personal, con la historia de cada rostro. No son solamente las siete corporales y las siete espirituales en general. O más bien, estas, así numeradas, son como las materias primas –las de la vida misma–: cuando las manos de la misericordia las tocan y las moldean, se convierten cada una de ellas en una obra artesanal. Una obra que se multiplica como el pan en las canastas, que crece desmesuradamente como la semilla de mostaza»[26].

Carlos Ayxelá


[1] Francisco, 3ª meditación en el Jubileo de los sacerdotes, 2-VI-2016.

[2] El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica las enumera así: enseñar al que no sabe; dar buen consejo al que lo necesita; corregir al que yerra; perdonar las injurias; consolar al triste; sufrir con paciencia los defectos de los demás; rogar a Dios por vivos y difuntos.

[3] San Josemaría, Forja, 563.

[4] San Josemaría, Conversaciones, 75.

[5] Francisco, Ex. Ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), 273.

[6] San Josemaría, Amigos de Dios, 76.

[7] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 179.

[8] Francisco, 1ª meditación en el Jubileo de los sacerdotes, 2-VI-2016.

[9] W. Shakespeare, El mercader de Venecia, Acto IV, Escena I. Cfr. Francisco, Mensaje para la 50 Jornada mundial de las comunicaciones sociales, 24-I-2016.

[10] San Josemaría, Apuntes tomados de una meditación, II-1972, citado en Es Cristo que pasa, Edición crítico-histórica preparada por Antonio Aranda, Rialp 2013, 8d.

[11] Cfr. Gn 9,22-23.

[12] Francisco, Homilía, 28-III-2013.

[13] Cfr. Javier Echevarría, Carta Pastoral, 1-VIII-2007.

[14] Cfr. 2 Cor 2,15.

[15] Tertuliano, ad Nationes, 1, 1. También San Agustín aborda esta cuestión en In Evangelium Ioannis Tractatus, 89 y 90.

[16] Francisco, Ex. Ap. Amoris Laetitia (19-III-2016), 322.

[17] Los salmos se hacen eco con frecuencia de esta dificultad del creyente. Cfr. p.ej. Sal 42 (41),10-12; 44 (43),10-26; 73 (72).

[18] Via Crucis, VII estación, 3.

[19] Francisco, Evangelii Gaudium, 265.

[20] San Josemaría, Discurso en el Centro ELIS, con motivo de su inauguración, 21-XI-1965 (en Josemaría Escrivá de Balaguer y la universidad, Pamplona, Eunsa 1993, 84).

[21] Misal Romano, Pentecostés, Secuencia Veni Sancte Spiritus

[22] Francisco, Enc. Laudato si’ (24-V-2015), 226

[23] Francisco, Evangelii Gaudium, 274.

[24] Amigos de Dios, 306.

[25] Catecismo de la Iglesia Católica, 2635.

[26] Francisco, 3ª meditación en el Jubileo de los sacerdotes, 2-VI-2016. Cfr. Mt 13,31-32; 14,19-20.

 

 

Madre de la Merced, Virgen de la Misericordia

El 24 de septiembre muchos pueblos celebran la fiesta de la Virgen de la Merced, una advocación impulsada por la orden de los mercedarios con 800 años de historia, y que desde Cataluña se ha extendido por todo el mundo. Es la Madre de los cautivos y la Reina de la Misericordia.

De la Iglesia y del Papa23/09/2019

Opus Dei - Madre de la Merced, Virgen de la Misericordia

Basílica de la Mercè, en Barcelona.

En 1218 San Pedro Nolasco fundó la Orden Real y Militar de Nuestra Señora de la Merced y la Redención de los Cautivos, más conocida como la Orden de la Merced. Desde el principio fue una institución característicamente mariana que difundió la devoción a la Virgen de la Misericordia desde Cataluña al resto del mundo.

El protagonismo de los mercedarios en la evangelización del nuevo continente hizo que esta advocación mariana arraigara en numerosos países de América. En concreto, la Virgen de la Merced es patrona de muchas ciudades, localidades, municipios y departamentos en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, México, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Paraguay, Puerto Rico, Venezuela, Uruguay… Y el cariño de los fieles a la Merced también fue cuajando en Francia, Portugal, o Filipinas, donde también hay rincones encomendados a la Madre de los cautivos.

Algunas estampas de la devoción a la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona.

Algunas estampas de la devoción a la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona.

Patrona y estrella

En España, además de ser Patrona de la Diócesis de Barcelona y, por extensión popular, de toda la ciudad, la Virgen de la Merced es también patrona de 19 localidades o barrios de ocho comunidades autónomas diferentes, y es, además, copatrona de Cádiz.

En varios países, como España, la Virgen de la Misericordia es la Patrona de las instituciones penitenciarias, y san Juan Pablo II le nombró el 4 de febrero de 1985, en Piura (Perú), Estrella de la Evangelización.

En los registros del Instituto Nacional de Estadística sobre los nombres de mujeres más comunes en España publicados en 2015 queda constancia de que "Mercedes" está entre los 30 más habituales. En mayo del año pasado más de 130.000 mujeres residentes en el país llevaban esta advocación de la Virgen en su documento de identidad.

"La Merced es una advocación de la Virgen extendida desde Cataluña al resto del mundo". Foto: William (Flickr)

"La Merced es una advocación de la Virgen extendida desde Cataluña al resto del mundo". Foto: William (Flickr)

Los mercedarios

La difusión de esta advocación de la Virgen es reflejo del amor a la Virgen de los mercedarios, religiosos especialmente centrados, desde sus orígenes, en la preservación de la fe, “aunque su vida peligre por ello”. Desde la restauración de la orden liderada por san Pedro Armengol en 1880, los mercedarios se dedican de manera más particular a la enseñanza y a las misiones. En estos momentos, realizan una esmerada labor de acogida de personas refugiadas procedentes de países en guerra.

En 2004, la Hermandad de Nuestra Señora de la Merced instaló un bajo relieve en su basílica que representa a san Josemaría rezando ante su Virgen titular

 

Las mercedes a san Josemaría

El 20 se septiembre de 2004, por iniciativa de la Hermandad de Nuestra Señora de la Merced, se colocó en la Basílica de la patrona de Barcelona una imagen de san Josemaría rezando ante la Virgen titular. Era una manera de dejar constancia de su cariño y su particular relación con la Virgen de la Misericordia.

En la historia personal de ese trato con Nuestra Señora de la Merced hay un momento singular: el 21 de junio de 1946. Ese día, el fundador del Opus Dei visitó la basílica antes de emprender el viaje a Roma del que volvería con la primera aprobación pontificia para la Obra, presente en el mundo desde el 2 de octubre de 1928.

La Virgen de la Merced es también patrona de Jerez de la Frontera. En la imagen, a su paso por el Santuario de Torreciudad.

Antes de 1946, san Josemaría ya había estado frente a la Virgen de la Merced. Y hay constancia de que, al menos, fue a saludarle también en 1962, 1966 y 1972. Como destaca Josep Masabeu en su libro Escrivá de Balaguer en Cataluña, 1913-1974. Huellas de San Josemaría, la Merced marcó la vida del fundador del Opus Dei.

En 1966, san Josemaría dijo en Barcelona: “Cuando, pasado el tiempo, se escriba la historia del Opus Dei, habrá que resaltar -¡cuántos acontecimientos vienen a mi memoria!- los hechos que vieron la luz en esta ciudad condal, entre vosotros y bajo la mirada de la Virgen María de la Merced”.

 

 

San Josemaría y la Virgen de la Merced

La devoción a la Virgen María es una referencia constante a lo largo de la vida de San Josemaría Escrivá. Todas las advocaciones que conoció encontraron un lugar en su corazón, y algunas cobraron especial relevancia en momentos concretos de su vida: la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona, fue una de ellas.

Relatos biográficos22/09/2015

Opus Dei - San Josemaría y la Virgen de la Merced

La devoción a la Virgen María es una referencia constante a lo largo de la vida de San Josemaría Escrivá. Todas las advocaciones que conoció encontraron un lugar en su corazón, y algunas cobraron especial relevancia en momentos concretos de su vida: la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona, fue una de ellas.

Sus escritos y su piedad llevan una fuerte impronta mariana, como también la lleva el Opus Dei, el camino de santificación en la vida ordinaria que la providencia divina abrió el 2 de octubre de 1928. El fundador del Opus Dei procuraba poner a María en todo, y recurrir a Ella para cualquier necesidad.

Es posible que Josemaría Escrivá de Balaguer –siendo natural de Barbastro- conociera ya desde pequeño la Virgen de la Merced, al ser ésta muy venerada en las tierras de la antigua Corona de Aragón. Una tía suya a quien quería especialmente se llamaba, de hecho, Mercedes. A pesar de todo, no se tiene constancia de que durante la niñez o los años de estudiante visitara a la Virgen en la Basílica de Barcelona. Quizá la primera vez fue en 1924, antes de recibir el diaconado, aprovechando una breve visita que hizo a Barcelona, donde llegó en un tren que paraba en la estación de Francia.

Un viaje en plena guerra

El siguiente viaje a Barcelona del que hay noticia fue en 1937, en circunstancias bien distintas. En plena guerra civil San Josemaría y algunos de los primeros fieles del Opus Dei se disponían a pasar, por los Pirineos, hacia el otro lado del frente, con el objetivo de poder continuar la tarea apostólica que Dios le pedía. Durante esta breve estancia en la capital catalana, del 10 octubre hasta el 19 de noviembre, recorrió la ciudad de un extremo a otro, siguiendo un programa de entrenamiento en previsión de las largas caminatas que les esperaban si querían atravesar los Pirineos. Tenemos constancia de cómo san Josemaría recomendaba a sus acompañantes que al pasar por delante de un templo rezaran haciendo interiormente actos de desagravio y comuniones espirituales. La Basílica de la Merced bien pudo ser objeto de estas íntimas plegarias, que él mismo procuraba hacer con frecuencia.

Acabado el conflicto bélico, los últimos días de diciembre de 1939, Josemaría Escrivá vuelve a Barcelona con quien sería su primer sucesor, Álvaro del Portillo. El objeto de este viaje es ayudar en el inicio estable de la tarea apostólica de modo estable en la capital catalana. En 1940 realizó tres viajes a Barcelona, y visitó la Basílica de la Merced al menos en una ocasión, el 2 de abril. Como siempre hizo, es posible que aprovechara la ocasión para poner a los pies de la Virgen María las intenciones que llevaba en el corazón: la Iglesia, la Obra y el mundo.

A la Merced a dar gracias

El 1941, cuando el Opus Dei recibió su primera aprobación, la reacción de San Josemaría fue dar gracias a la Virgen María, y quiso enviar un telegrama a sus hijos de Barcelona donde les pedía que fueran a la Merced a dar las gracias a la Virgen por los continuos cuidados maternos que procuraba a la Obra. San Josemaría vuelve a la Ciudad Condal y a la Merced en 1942 y en 1943. Para la Obra, aun contando con la aprobación de los obispos de los lugares donde trabajaba, eran años de fuertes incomprensiones, fundamentalmente por la novedad del mensaje de la santificación del trabajo que el Opus Dei proponía. Dios permitió que estas contradicciones resultaran especialmente duras en Barcelona. Para confortarles, Josemaría Escrivá decía, a los primeros hijos catalanes del Opus Dei, que estaba seguro de que el Señor, con la mediación de la Virgen de la Merced, bendeciría la tarea apostólica de la Obra en la capital catalana con muchos frutos.

El 16 de mayo del 1945, tras dejar el Santísimo reservado en uno de los primeros centros del Opus Dei en la ciudad, tiene ocasión de rezar ante la imagen de la Virgen María antes de marchar al Monasterio de Montserrat, probablemente para ver al Abad y rogar a la patrona de Cataluña.

Mientras se extiende la tarea evangelizadora, las dificultades y las incomprensiones no amainan sino que continúan con más énfasis. Por otra parte, se hacía necesario un reconocimiento jurídico por parte del Santo Padre, que permitiera trabajar también en otros países. Con este propósito, Álvaro del Portillo viaja a Roma, el 25 de febrero de 1946. Él mismo recordará, años más tarde, la primera respuesta que obtuvo: "Me dijeron, entre otras muchas cosas, que no era posible aún obtener la aprobación del Opus Dei: habíamos nacido –esta fue la expresión literal- con un siglo de anticipación. Las dificultades eran tan grandes, aparentemente insuperables, que decidí escribir al Padre para manifestarle la necesidad de su presencia en Roma". Así lo hizo. San Josemaría padecía en aquél tiempo una diabetes muy grave, hasta el punto de que el médico que le atendía había declinado toda responsabilidad sobre su vida si emprendía ese viaje. Sin embargo decidió hacerlo, vía mar, embarcando en el puerto de Barcelona rumbo Génova.

Dejó Madrid en el mes de junio y, de camino a Barcelona, hizo parada en el Pilar de Zaragoza y en Montserrat. Llegó a la capital catalana el 21, y en seguida quiso reunirse con sus hijos en el centro del Opus Dei que había en la calle Muntaner. Todos los presentes recordarán, pasados los años, la plegaria que san Josemaría hizo en voz alta en el oratorio de Muntaner: "¿Señor, tú has podido permitir que yo de buena fe engañe a tantas almas? ¡Si todo lo he hecho para Tu gloria y a sabiendas de que es Tu Voluntad!". Y hacía suyas las palabras que san Pedro dirige al Señor: "He aquí que lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué será de nosotros? (Mateo, 19, 27)". San Josemaría acudió a la intercesión de María varias veces a lo largo de su oración, y, al acabar, se dirigió a la Merced para ponerse, él mismo y todas sus intenciones, bajo la protección maternal de la Virgen. "Vine a Roma con el alma puesta en mi Madre la Virgen Santísima, y con una fe encendida en Dios nuestro Señor, a quien confiadamente invocaba, diciéndole: ‘ecce nos reliquimus omnia te secuti sumus te: quid ergo erit nobis’?. ¿Qué será de nosotros, Padre mío?", recordaría más tarde.

Una vez en la ciudad eterna, después de un viaje muy convulso en el barco J. J. Sister, la aprobación jurídica se fue resolviendo dando diversos pasos. La Santa Sede concedió el Breve "Cum societatis", expreso asentimiento a la tarea pastoral, y la carta "Brevis sano", de alabanza de los fines del Opus Dei, previa al "Decretum laudis", que fue concedido el 24 de febrero de 1947. San Josemaría entendió que había sido la Virgen de la Merced quien había facilitado esta aprobación, y encargó, en recuerdo del viaje, que en el oratorio de Muntaner se pusiera un retablo con la imagen de la Merced, donde se grabaran aquellas palabras de san Pedro: "He aquí...". Más adelante haría poner también una imagen en un oratorio de la sede central del Opus Dei en Roma.

San Josemaría quiso volver

El 21 de octubre de 1946 quiso volver a Barcelona para agradecer personalmente a la Virgen de la Merced su solícita intercesión en el camino jurídico de la Obra. Esta advocación de la Virgen permaneció definitivamente en el recuerdo de san Josemaría, ocupando así un lugar de especial en su corazón, junto con la Virgen del Pilar de Zaragoza, ciudad donde fue ordenado sacerdote, Torreciudad, Sonsoles, Loreto y Guadalupe, entre otras.

A partir de aquel momento, las visitas a La Merced serían habituales, y han sido continuadas después por sus sucesores y por muchos miembros del Opus Dei. Como un hijo necesitado que pide ayuda a su Madre, volvió a la Merced a finales de los años 60, cuando el fundador del Opus Dei visitó numerosos santuarios marianos para rogar por la situación de la Iglesia. Volvió en otras ocasiones, como un enamorado que no pierde ocasión para tener un detalle con quien ama. Casi hasta el final de su vida, como por ejemplo el 28 de noviembre de 1972, acudía a un santuario para agradecer las mercedes que recibía de sus manos, y de forma especialísima la ayuda en su primer viaje a Roma. Con esta disposición afirmaba, en el discurso pronunciado con ocasión de su nombramiento como hijo adoptivo de la ciudad, el 7 de octubre de 1966: "Cuando, pasado el tiempo, se escriba la historia del Opus Dei, habrá en sus páginas –¡cuántos acontecimientos llegan ahora a mi memoria!- hechos que vieron la luz en esta ciudad condal, entre vosotros y bajo la mirada de la Virgen de la Merced".

 

 

Transmitiendo la fe

Espero que todos hayan disfrutado de estos meses de verano y que hayan podido encontrar tiempo para descansar y relajarse con sus familias y seres queridos.

El final del verano siempre implica el comienzo de un nuevo año escolar.

Hemos iniciado nuevamente las clases en el Seminario de San Juan y en el Centro de Formación Sacerdotal Reina de Ángeles.

Casi 80 mil jóvenes están volviendo a nuestras primarias y secundarias católicas. Otros 102 mil se inscribirán este año en programas de educación religiosa en nuestras parroquias.

Cada uno de estos números representa un hijo de Dios, representa un alma que nuestro Señor confía a nuestro cuidado. Y tengo el gusto de informarles que al empezar este nuevo año escolar, contamos con un nuevo Superintendente para las Escuelas Católicas, Paul Escala, y con una nueva Directora General para la Oficina de Educación Religiosa, la Hermana Rosalía Meza, VDMF.

Quiero darles las gracias a nuestro Superintendente saliente, el Doctor Kevin Baxter y a nuestro Director de Educación Religiosa saliente, el Padre Chris Bazyouros, quienes sirvieron a la familia de Dios, aquí en la Arquidiócesis de Los Ángeles, con dedicación y esmero.

Una de mis prioridades pastorales es educar y formar a los católicos para que tengan un conocimiento más profundo de su fe católica y para que la vivan de manera más intensa y con devoción. Con estos nuevos nombramientos, tenemos la bendición de contar con dos de los mejores educadores católicos de la Iglesia actual.

La sorprendente verdad sobre nuestra religión es que Dios quiere que lo conozcamos; más aún, Él quiere caminar con nosotros en la amistad y el amor.

Jesús vino a mostrarnos el rostro de Dios y a revelarnos lo que las Escrituras llaman “el misterio que había estado oculto desde los tiempos antiguos en Dios, que creó todas las cosas”.

Y Jesús le dio a su Iglesia la misión de proclamar la buena nueva acerca de Dios, la misión de hacer discípulos y de enseñarles todo lo que Él les ordenó. Por lo tanto, nunca podemos separar el trabajo educativo de la Iglesia de nuestra misión central de evangelización.

La educación católica no se trata solamente de proporcionar “información”, sino de propiciar una “transformación”.

No se trata de capacitar a futuros trabajadores para el mercado laboral. Se trata de formar personalidades y de comunicarles sabiduría, de hacer que los jóvenes conozcan al Dios que los creó y los propósitos que Él tiene para ellos.

En esencia, de eso es de lo que se trata la educación católica: de conocer y amar a Jesús y de aprender a vivir en su verdad, que es la verdad acerca de la creación; la verdad sobre nuestras vidas.

En este nuevo momento, le pido a Dios que todos nosotros, en nuestras escuelas y parroquias, pero también en nuestros hogares y familias, nos concienticemos de que hay una nueva urgencia con respecto a la tarea de educar y formar a nuestros jóvenes como cristianos.

Esta tarea es la razón de ser de nuestros programas y escuelas de educación religiosa. Pero es también el primer deber de los padres y de las familias. Nuestros jóvenes anhelan ver a sus padres y seres queridos viviendo su fe; ellos desean que sus padres les hablen sobre Dios, de las alegrías y de los desafíos de seguir a Jesús.

En nuestra sociedad y cultura, nuestros jóvenes son, de muchas maneras, el “blanco” al cual se apunta infinidad de mensajes por parte de los medios de comunicación y por las corporaciones que quieren venderles productos y estilos de vida.

Lamentablemente, la mayoría de estos mensajes son totalmente contrarios a la hermosa visión de la vida que Jesús nos propuso.

En nuestro trabajo educativo, debemos enseñarles a nuestros niños a tener un espíritu crítico con respecto a lo que nuestra sociedad y cultura les está “vendiendo” y a no tener miedo de “nadar contra la corriente”.

Como educadores y formadores, necesitamos también el valor para proclamar lo que Jesús proclamó, con alegría y confianza, sabiendo que Él nos da la sagrada tarea de transmitirle a nuestros jóvenes la verdad de que este mundo tiene un Creador y un Redentor y de que Él nos ha mostrado cuál es el verdadero camino hacia la felicidad.

Lo que Jesús revela es verdadero y hermoso. Y todo lo que creemos como católicos está conectado. Todo fluye de esta verdad de que Dios es nuestro Padre y de que es el Creador de todo lo que existe y que Dios tiene un plan para su creación.

Jesús está llamando a los jóvenes a abrir sus corazones a su oferta de amistad, a caminar con Él y a ocupar su lugar en su gran plan para la redención del mundo. Y Él le ha dado a la familia de Dios -es decir, a todos nosotros- la responsabilidad de educar y formar a nuestros jóvenes.

Oren por mí esta semana y yo oraré por ustedes. Y oremos por nuestros jóvenes y por todos aquellos que están encargados de su enseñanza y formación.

Pidámosle a nuestra Santísima Madre, Trono de la Sabiduría, que nos guíe a todos en la hermosa misión de la educación en la fe. VN

 

 

Señor te quiero contar

Las campanas que anuncian las doce empiezan a sonar en el momento en que he entrado en la capilla de adoración. El sonido de las campanas es intenso, fuerte, armonioso y melodioso…. Su vibración llega al alma como a despertarla, a sanarla por medio de ese sonido tan hermoso que emiten. Las campanas y su sonido están presente en nuestra fe desde siempre.

Clavo mis ojos en el Rey de Reyes, Cristo Jesús y le digo: “Señor te quiero contar de estas luchas del alma, de mi cansancio de todas estas propuestas de la vida que me asustan. Y me pregunto: ¿Cómo se hace oración cuando hay una decisión importante que tomar? ¿Dónde se pone la mente? ¿En la razón o en el corazón habitación de la consciencia? Abre mi entendimiento, enséñame a confiar en ti.”

Quizá a te pase que estás en un momento de tu vida en el que te toca tomar decisiones relacionadas con la integridad, con los principios y las creencias… Entonces, ¿cómo distinguir si no es egoísmo, sino más bien, la lucha del alma que busca desesperadamente el amor y la compasión del Dios, sabiendo que Él te ve, que te ama y que está contigo?

Creo que puedo darte algunas pautas para poder sobrellevar mejor la prueba.

1. Reconoce que es duro lo que te pasa. Muchas veces las personas cuando estamos en medio de una prueba importante apretamos nuestro cuerpo y nos olvidamos de respirar, confiar y orar. Respira profundamente, reconoce que estas sufriendo. Haz un rato de oración. Bien dicen que es “la respiración del alma”. Y te doy un secreto: “No estamos solos. Dios nos acompaña”.

2. Háblale con confianza a Dios y dile todo esto con lo que estás luchando, lo que quieres hacer, lo que sientes, todas tus dudas, tus fuertes emociones: miedo, ira, frustración, confusión, culpa, dolor. Ábrete completamente con el Señor. Ten la seguridad que Jesús también tuvo pruebas, luchas, tentaciones. Él nos enseñó qué hacer, lo más sencillo… acercarnos a Dios. Jesús tenía una relación con el Padre y acudía a Él para aclarar cada una de sus situaciones humanas. Haz lo mismo. Esta es la imitación de Cristo.

3. Haz un examen de conciencia a fondo. Si por ejemplo estás pensando en divorciarte revisa todo lo que has hecho para salvar la relación, para no llegar ahí. Hazte preguntas valiosas tales como ¿qué pasará en mi vida si tomo esta decisión? ¿Cuántas personas se verán afectadas? ¿Qué cosas dejaremos de hacer al divorciarnos? ¿Qué sentido tiene para mi divorciarme en este momento de mi vida?

4. Ve a una Iglesia, un oratorio, y póstrate ante el Santísimo. Quédate en silencio un rato. Deja que Dios te hable. Luego plantea a Dios lo que piensas y qué sientes, lo que tu conciencia te está pidiendo. Te recomiendo hacer cualquier decisión importante en tu vida en momentos de tranquilidad y no de agitación. Las decisiones importantes de la vida siempre deberán tomarse desde la calma y no desde la desesperación o el enojo.

Anímate, Dios está contigo. No temas. Todo pasa. Esto también pasará.

¡Dios te bendiga!

Sheila Morataya

 

¿Qué estamos esperando?

 

Buscamos  un abrigo en medio de las noches,

caminamos por rutas de  mil bifurcaciones,

tejemos esperanzas, derramamos reproches

mas  no entendemos nada, tras de nuestros bastiones.

 

Estamos en peligro, el drama, agazapado,

propicia, planetario, catástrofes totales,

y seguimos  sin ver, sin tratar…abrumado,

el ambiente no logra superar tantos males.

 

¿Qué esperamos, Hermanos? Nos quedan pocos años

y    perderemos todo lo que fue nuestra vida,

a menos que enfrentemos  la verdad sin engaños.

 

El planeta está enfermo, la Tierra está sumida

en   crisis continuadas de innúmeros tamaños.

¡Concretemos esfuerzos de paz amanecida!

 

Embajadora de Paz Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina.

 

 

Una incomprensión inicial

Alfonso Aguiló

 —Es natural que, a veces, haya una inicial resistencia por parte de los padres. El hijo debe convencerlos con la madurez de su comportamiento y con la perseverancia en su determinación.

        Es verdad que los padres pueden necesitar un poco de tiempo para asimilar la vocación de sus hijos. Pero la madurez y la rectitud en el comportamiento deben estar presentes por parte de todos.

        Así sucedió, por ejemplo, con San Francisco de Sales. Había decidido entregarse a Dios, pero su padre, Francisco de Boisy, le tenía preparado un magnífico partido: una joven llamada Francisca Suchet de Vegy, hija del consejero del Duque de Saboya. Al pequeño Francisco le costaba mucho contrariar a su padre, pero un día del año 1593 finalmente le hizo saber sus propósitos y estalló la tormenta: "Pero ¿quién te ha metido esa idea en la cabeza?", gritaba su padre. "¡Una elección de ese tipo de vida exige más tiempo que el que tú te tomas!", tronaba furioso. Francisco contestaba que había tenido ese deseo desde la niñez. Y así una vez y otra. De vez en cuando, su madre intentaba ayudarle, sin que se notara que estaba de su parte, y sugería tímidamente: "Ay, será mejor permitirle a este hijo que siga la voz de Dios...". Finalmente, el Señor de Sales, después de un tiempo, cedió: "Pues adelante, hijo mío, haz por Dios lo que dices que Él te inspira. Yo, en su nombre, te bendigo." Y a continuación se encerró en su despacho para que nadie viera las lágrimas que derramaba por el sacrificio que Dios le había pedido.

        No todos los padres que ponen dificultades tienen ese carácter ardoroso y rompedor. Los señores Bertrán, una de las mejores familias de Valencia, no querían en absoluto interferir en la vocación de su hijo Luis. Solo querían "orientarla". Estaban acostumbrados a que su hijo les obedeciera en todo, y por eso, se quedaron desconcertados cuando un día les dijo que tenía unos planes diferentes a los que habían previsto: quería irse de casa y entregarse a Dios como fraile dominico. ¡Qué locura! No tenía salud suficiente, no sabía lo que hacía.

        Y empezaron su batalla. Aceptaban que se fuera, pero ahora no. Quizá en un futuro. No pasaba nada por esperar. Debía comprenderlo, su postura era razonable. Pero el joven Luis obró con la misma libertad que hubiese pedido en el caso de elegir una mujer que no hubiera agradado a sus padres. Escuchó sus consejos, y luego actuó con la libertad que sus padres decididamente le negaban. Así que, un buen día del año 1544, en vista de la rotunda negativa paterna, decidió no volver a casa. Tenía dieciocho años. Y estalló el escándalo familiar, una pequeña tragedia que se repite con frecuencia, con rasgos parecidos, siglo tras siglo, en algunos de los hogares en que una persona decide dejarlo todo por Dios. Ni lo podían ni lo querían entender. Si hubieran vivido en nuestra época, habrían dicho que a su hijo "le habían comido el coco".

        Afortunadamente, la historia acabó como la gran mayoría de estas pequeñas tragedias familiares: con la aceptación de la vocación por parte de sus padres, que finalmente comprendieron que Dios quería ese camino para su hijo, que acabó siendo un gran santo de la Iglesia, San Luis Bertrán. Aquel hijo suyo, por cuya salud se preocupaban tanto, evangelizó durante años las regiones selváticas más difíciles, aprendió a hablar en los idiomas de los indígenas y convirtió miles de indios desde Panamá hasta el Golfo de Urabá. Aseguran las crónicas que bautizó a más de quince mil, que hizo numerosos milagros y que sirvió eficazmente y sin desfallecer a la Iglesia. Cuando su padre estaba en el lecho de muerte, sus últimas palabras fueron: "Hijo mío, una de las cosas que en esta vida me han dado más pena ha sido verte fraile, y lo que hoy más me consuela es que lo seas."

        San Bernardo de Claraval consuela, en una de sus cartas, a los padres de un joven del siglo XII, Godofredo, que había decidido entregarse a Dios en Claraval, y les dice: "Si a vuestro hijo, Dios se lo hace suyo, ¿qué perdéis vosotros en ello y qué pierde él mismo? Si le amáis, habéis de alegraros de que vaya al Padre, y a tal Padre. Cierto, se va a Dios; mas no por eso creáis perderlo; antes bien, por él adquirís muchos otros hijos. Cuantos estamos aquí en Claraval, y cuantos somos de Claraval, al recibirle a él como hermano, os tomamos a vosotros como padres. Pero quizá teméis que le perjudique el rigor de nuestra vida. Confiad, consolaos: yo le serviré de padre y le tendré por hijo, hasta que de mis manos lo reciba el Padre de las misericordias y el Dios de toda consolación."

        En el siglo XIX, Bernadette Soubirous, la vidente de Lourdes, escribe una carta al padre de una amiga suya, M. Mouret, que no entiende la vocación de su hija. Bernadette le pide que la deje ir con ella: "Sea generoso con Dios -le dice-, que Él nunca se deja vencer en generosidad. Algún día estará usted contento de haberle dado su hija, a quien no puede dejar en mejores manos que las del Señor. Quizá haría usted grandes sacrificios para confiarla a un hombre al que apenas conoce y que puede hacerla desgraciada, y, no obstante, ¿quiere negarla al que es el rey del cielo y de la tierra? ¡Oh, no, señor! Tiene usted muy buenos sentimientos para obrar de esa manera. En cambio, yo creo que debe dar gracias a Dios por el beneficio que le concede...".

        Por aquella misma época, un joven ecuatoriano llamado Miguel Febres desea ingresar en el noviciado de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Le encanta la enseñanza y desea dedicar a ella su vida. Sus padres se oponen frontalmente, pues ellos pertenecen a la alta sociedad y, en cambio, aquellos religiosos viven muy austeramente y se dedican a la educación de niños pobres. Para disuadirle, lo envían a otro instituto, pero allí enferma y tiene que volver a casa. Finalmente, cuando el chico tiene catorce años, en 1868, su madre accede a que sea religioso. Su padre cede inicialmente, pero no deja de presionar para que abandone ese camino y no escribe a su hijo ni una sola línea en cinco años. Aquel chico pronto destaca como un profesor muy querido y valorado. Posee una gran cultura, domina cinco idiomas y escribe numerosos textos escolares que pronto se difunden por todo el país. Demuestra una enorme capacidad de querer y de hacerse querer, adquiere una gran confianza con sus alumnos y logra sorprendentes mejoras en las personas. Cuando muere, en 1910, su fama de santidad se extiende por numerosos países de Europa y América. Sin su constancia para superar la oposición familiar inicial, no tendríamos hoy a San Miguel Febres, que la Iglesia propone como modelo de hombre culto, pero sencillo y humilde, totalmente entregado a la obra de la evangelización a través de la enseñanza.

        Son testimonios diversos que confirman el gozo de tantos padres que inicialmente se opusieron tenazmente a la vocación de sus hijos, pero que, al final, comprendieron su decisión. Además, el gozo de los padres que han sido generosos con la vocación de sus hijos no acabará aquí en la tierra, pues será aún mayor en la otra vida, cuando contemplen, con toda su grandeza, el influjo espiritual de la vida de sus hijos en miles y miles de almas.

        Podemos imaginar el gozo de Luis Martín, al ver desde el Cielo los grandes frutos que ha supuesto la entrega de su hija Santa Teresa de Lisieux. O la alegría de la madre de San Juan Bosco al contemplar el crecimiento de aquel hogar espiritual que nació gracias a su esfuerzo. O la satisfacción de Juan Bautista Sarto al comprobar cómo él, un pobre alguacil, contribuyó sin saberlo a enriquecer la Iglesia contemporánea con la aportación de San Pío X.

        También podemos imaginarnos a Teodora Theate, a Monna Lapa, a Juan Luis Bertrán, a Ferrante Gonzaga, a la madre de Juan Crisóstomo, a Pietro Bernardone y a tantos y tantos otros. También ellos gozarán al ver las maravillas que ha hecho Dios por medio de sus hijos. Y darán gracias porque, pese a sus lamentos, sus amenazas o sus "pruebas", sus hijos no les hicieron demasiado caso. Si hubieran llegado a hacerlo, la Iglesia y la humanidad no contarían ni con Santo Tomás de Aquino, ni con Santa Catalina de Siena, ni con San Luis Bertrán, ni con San Luis Gonzaga, ni con San Juan Crisóstomo, ni con San Francisco de Asís. La Iglesia habría sufrido enormes pérdidas, en el ámbito de la teología, del papado, de la evangelización, de la espiritualidad, de la doctrina.

        Gracias a Dios, sus hijos fueron fieles a su vocación, y las palabras de Jesús adolescente en el Templo resonaron con fuerza en sus oídos: "¿No sabíais que yo debo ocuparme en las cosas de mi Padre?". Con esas palabras, Jesús Niño quiso dejar su propio testimonio para dar fortaleza a quienes debían seguirle en el futuro. Y dejó también una referencia para los padres, pues María y José no protestaron, sino que supieron buscar, aun en lo inicialmente incomprensible y doloroso, la voluntad de Dios.

        "En este episodio evangélico -comenta Benedicto XVI- se revela la más auténtica y profunda vocación de la familia: la de acompañar a cada uno de sus miembros en el camino del descubrimiento de Dios y del proyecto que Él ha dispuesto para ellos. María y José educaron a Jesús ante todo con su ejemplo. En sus padres, Jesús conoció toda la belleza de la fe, del amor por Dios y por su Ley, así como las exigencias de la justicia, que halla pleno cumplimiento en el amor. De ellos aprendió que en primer lugar hay que hacer la voluntad de Dios, y que el vínculo espiritual vale más que el de la sangre. La Sagrada Familia de Nazaret es verdaderamente el prototipo de cada familia cristiana, que está llamada a llevar a cabo la estupenda vocación y misión de ser célula viva no solo de la sociedad, sino de la Iglesia, signo e instrumento de unidad para todo el género humano."

        Porque no siempre las cosas de Dios son fáciles de entender. Dice el Evangelio que María guardaba todas estas cosas, ponderándolas en su corazón. Y a la Virgen no le faltaba inteligencia, ni buena disposición, ni cercanía a Dios. Pero recibía contestaciones que le resultaban un tanto misteriosas, no fácilmente comprensibles, y que, sin embargo, aceptaba y meditaba en su corazón. "María y José -explicaba Juan Pablo II- le habían buscado con angustia, y en aquel momento no comprendieron la respuesta que Jesús les dio. (...) ¡Qué dolor tan profundo en el corazón de los padres! ¡Cuántas madres conocen dolores semejantes! A veces, porque no entienden que un hijo joven siga la llamada de Dios; (...) una llamada que los mismos padres, con su generosidad y espíritu de sacrificio, seguramente contribuyeron a suscitar. Ese dolor, ofrecido a Dios por medio de María, será después fuente de un gozo incomparable para los padres y para los hijos."

        Para quienes están en el proceso de discernimiento de su propia vocación, o para sus padres, meditar la vida de la Virgen siempre resultará enriquecedor. Todos obtendremos nueva luz si ponderamos en nuestro corazón esas escenas, contemplando, por ejemplo, el momento del Nacimiento, con su esperanza alegre y su calor humano; o la huida a Egipto, en los momentos duros de la fe o de la vocación; o su vida en Nazaret, para que lo cotidiano de nuestra vida no se tiña de rutina mala. La Virgen es siempre un modelo de la disposición con que debemos escuchar a Dios, de confianza para preguntar lo que no entendemos, de generosidad y de diligencia en la respuesta, de humildad, de perseverancia en las horas difíciles, de fidelidad a la misión recibida.

 

 

Mil personas corren en 48 horas los 500 kilómetros entre el colegio Tajamar (Madrid) y Torreciudad

La carrera por relevos, que ha celebrado este año su 24 edición, llegó el sábado al santuario oscense en un ambiente festivo y familiar

Llegada de la carrera de los 500 Kilómetros Tajamar-Torreciudad. Foto: Borja Elejalde.

photo_cameraLlegada de la carrera de los 500 Kilómetros Tajamar-Torreciudad. Foto: Borja Elejalde.

Más de mil personas corrieron por relevos desde el pasado jueves en la carrera de 500 kilómetros organizada por el Club Deportivo Tajamar. Este año se ha desarrollado la 24 edición de una ruta de 48 horas ininterrumpidas entre Madrid y el santuario de Torreciudad (Huesca), donde se encuentra la meta.

La carrera estuvo apadrinada en la salida por Ángel David Rodríguez “El Pájaro”, plusmarquista de velocidad y récord de España en 100 metros lisos en 2008, y Carlota Castrejana, participante en cuatro Juegos Olímpicos en la modalidad de triple salto en la que fue campeona de Europa en 2007.

Se dividió en 53 tramos y discurrió por las comunidades autónomas de Madrid, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Navarra y Aragón. Es la carrera de relevos más larga de Europa, 500 kilómetros de recorrido entre el colegio Tajamar de Vallecas (Madrid) y Torreciudad.

500 Kms. en 48 horas hasta Torreciudad

Al santuario, situado a los pies del Pirineo aragonés, llegaron el pasado sábado más de 300 atletas de todas las edades, que completaron el último de los 13 relevos de los que consta la carrera junto a un grupo de ciclistas que cubrieron la ruta íntegramente.

La imagen de la Virgen de Torreciudad y de Nuestra Señora de los Deportistas les esperaban colocadas en andas y adornadas con vistosas flores y fueron llevadas por los soportales de la explanada mientras se rezó el rosario que terminó con la Salve ante la Virgen de Torreciudad.

 

Después se llevó a cabo la tradicional entrega de menciones honoríficas y distinciones a los participantes y organizadores de la carrera, y como cada año, se hizo entrega al rector de Torreciudad de un testigo con el lema de la edición grabado en él, en esta ocasión: “Ahora te toca a ti”.

También se rindió un homenaje al sacerdote Rodrigo Fernández Salas, 'don Rodri', fallecido el pasado mes de febrero a los 92 años, y que contribuyó a la transformación social del barrio de Puente de Vallecas desde mediados del siglo pasado. 

Este presbítero llegó a Vallecas en 1958 y fue uno de los impulsores de Tajamar, una labor educativa y social promovida por el Opus Dei.

Los actos en Torreciudad concluyeron el sábado a mediodía con la celebración de la eucaristía y un almuerzo al aire libre en la explanada del santuario. Pese a que la lluvia apareció en algunos tramos de la carrera, lo que complicó el desempeño de los deportistas, el tiempo respetó finalmente el desarrollo de la última jornada.

Luis Elejalde: “Este año la meta también es ayudar”

Transmitir valores a través del deporte ha sido el objetivo de los organizadores desde los inicios de la carrera en 1995.

En esta edición, han promovido una campaña solidaria de recogida de alimentos. Bajo el lema “Quítate un kilo” pidieron a los participantes que donaran alimentos no perecederos, que han sido distribuidos en Cáritas Vallecas, Avanza ONG y en Caritas diocesana de Barbastro-Monzón.

Muchos de los corredores dejaron los alimentos en la misma salida en el colegio Tajamar y otros los entregaron antes de correr su relevo. El director de la carrera, Luis Elejalde, señaló a Religión Confidencial que “este año la meta es también ayudar”.

“El Pájaro” y Carlota Castrejana, en el primer relevo

El plusmarquista nacional Ángel David Rodríguez, conocido como “El Pájaro”, y la secretaria general de la Federación Española de Atletismo, Carlota Castrejana, corrieron el primer relevo de la carrera de 500 kms.

Antes de la salida “El Pájaro” transmitió a los escolares que “es un honor estar en este Club de atletismo donde tengo tantos amigos, y a la vez rivales, dentro y fuera de la pista”.

Ángel David Rodríguez animó también a los jóvenes a “aprender los valores y las habilidades propias de un colegio. Y hacerlo con esfuerzo, eso os ayudará en la vida”.

Por su parte, Carlota Castrejana recalcó que “es un honor representar a la Federación Española de Atletismo en un colegio referente en el mundo del deporte, sobre todo del atletismo”.

 

 

El amor en metáforas

Blanca Sevilla

El amor también es esa vuelta de la vida que nos pone enfrente miserias, manías, lagunas y mediocridades.

Amor

Para identificar al amor, como para escribir un poema, hace falta tomarse el pulso de vez en cuando para saberse vivo, y estar dispuesto a sumergirse en la hondura de la vida que a veces se esconde en menudencias.

El amor es a ratos metáfora y puede encontrarse en la Luna, que intrusa, invade sorpresivamente un eje vial vestida de naranja, o en el aletear vertiginoso de un colibrí que se deslumbra y se pierde en el rosa intenso de un geranio, o en la danza monótona y a ratos traviesa del agua de una fuente citadina, o en el asombro y el temor conjugados ante el embrujo de un volcán legendario que, vestido de blanco, amenaza con arrojarnos su ira, o en un lugar exacto y preciso que cuenta la historia propia, o en unos ojos que acarician el alma con la mirada.

El amor siempre está vestido de conciencia; se mete hasta las neuronas para mostrarnos, como un espejo interior, que necesitamos completarnos en la soledad abundante del otro. Después –o quizá antes, ¿quién puede asegurarlo después de una noche de insomnio?– se empeña en salir para comunicar sus vivencias. Entonces impulsa un diálogo, un apretón de manos, un escuchar compasivo, un golpecito en el hombro, un pequeño regaño, peticiones de eternidad, cientos de halagos y también un sufrimiento que ahora tiene un sabor distinto, porque cobra sentido.

El amor es adhesión a un bien que se vuelve presencia constante aun en la ausencia. Entonces, los rostros que deambulan por las calles nunca vistas se hacen como nosotros, y nos duele su dolor por esa parte de humanidad que corresponde a cada hombre, y derramamos una lágrima ante la fotografía de un niño de Chiapas, o de Biafra, o de Afganistán, o de Cuba. Y nos alienta el grito jubiloso del nuevo padre, y nos raspa la piel saber que una mujer es condenada a muerte aun a distancia…

El amor es darte cuenta de que el otro es una mujer ansiosa de vivir su afectividad a su manera, y de empeñar su yo en lo que quiere. O de que el otro es un hombre que dice que la vida es forma concreta y sólida, en obediencia a su naturaleza. También es esa vuelta de la vida que nos pone enfrente miserias, manías, lagunas y mediocridades en aquel sitio que antes era angélico, sólo positivo y lleno de cualidades.

El amor es muchas cosas que ahora no son, porque sólo se encuentra en él lo que a él se lleva. Y nos hemos vuelto tacaños.

 

 

La Civilización Cristiana, ¿es una utopía?

La civilización cristiana no es una utopía. Es algo realizable, que en determinada época floreció. Algo, en fin, que duró en cierta manera aun después de la Edad Media, hasta tal punto que el Papa San Pío X pudo escribir:

“No, la civilización no está por inventarse ni la ciudad nueva por construirse en las nubes. Ha existido, existe, es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana, de la revolución y de la impiedad»(1). Por lo tanto, la civilización cristiana posee grandes vestigios, todavía vivos en nuestros días.

Nuestra lucha en favor de la familia

La lucha que realizamos en defensa de la Familia cristiana es una reacción contra lo que San Pío X llama «los ataques siempre nuevos de la utopía malsana, de la revolución y de la impiedad«.

Estos ataques han venido dándose a través de los siglos y, a pesar de la variedad de formas que han adoptado, tienen en común ciertas constantes. Ellas están magistralmente analizadas en el libro «Revolución y Contra-Revolución» del Profesor Plinio Corrêa de Oliveira. Su lectura es fundamental para comprender los acontecimientos de nuestra época.El canonista de fama internacional, P. Anastasio Gutiérrez C.M.F., se refiere así a esta obra:

«Revolución y Contra-Revolución” es una obra magistral cuyas enseñanzas deberían difundirse hasta hacerlas penetrar en la conciencia de todos los que se sientan verdaderamente católicos, y diría más, de todos los hombres de buena voluntad. En ella estos últimos aprenderían que la única salvación está en Jesu Cristo y en su Iglesia, y los primeros se sentirían confirmados y robustecidos en su fe, y prevenidos e inmunizados psicológicamente y espiritualmente contra un proceso súbdolo que se sirve de muchos de ellos como útiles idiotas compañeros de viaje.

«El análisis que hace del proceso revolucionario es impresionante y revelador por su realismo y por el profundo conocimiento de la historia, a partir de la última edad media en decadencia, que prepara el clima al Renacimiento paganizante y a la Pseudo-Reforma, y ésta a la terrible Revolución francesa, y poco después al Comunismo ateo.

Bajar gratuitamente Revolución y Contra-Revolución

 

 

El umbral de la paternidad

Norma Mendoza Alexandry

Habrá que empoderar a los padres para que cada vez se involucren más con sus hijos, esto beneficiará no sólo a las familias sino a todos nosotros también.

padre

Lo que nos separa de nuestros contemporáneos monos, changos o chimpancés muchas veces es materia de estudio por antropólogos. Generalmente se enfocan en el lenguaje, el uso de herramientas, creatividad o habilidades especiales de innovación, las cuales llegan a estar en el concepto de ‘exclusivamente humanas’.

Sin embargo, existe un aspecto del comportamiento humano que es único y exclusivo a nosotros los humanos pero que raramente entra en los debates. Este rasgo es tan necesario para la supervivencia de las especies, que es respaldado por extensos sistemas biológicos, psicológicos y de comportamiento interrelacionados que han evolucionado durante por lo menos medio millón de años.

No obstante, en estas épocas a partir del nuevo siglo presente, nos hemos negado a intentar comprender este rasgo debido a la equivocada suposición de que no es indispensable. Este importante rasgo es la ‘paternidad humana’ que ocupa un lugar clave en nuestra sociedad.

En investigaciones recientes se ha descubierto que la creencia en este siglo es que los padres contribuyen poco en las vidas de sus hijos, y que el comportamiento paternal que algunos varones muestran es más el resultado del aprendizaje en lugar de que tengan una condición innata de paternidad.

Ha habido poco reconocimiento de que la mayoría de los varones, vivan o no con sus hijos, se involucran en las vidas de éstos. Existe la creencia de que los padres no desarrollan los mismos profundos vínculos con sus hijos como lo hacen las madres, porque su papel está confinado a ser ese segundo progenitor que existe, pero que es consecuencia del tiempo dedicado al trabajo y a cierta distancia de su familia.

He de destacar que los padres son de tanta importancia para la sobrevivencia de sus hijos y de la especie humana, que la evolución no ha dejado cabida para la casualidad. Al igual que las madres, los padres están conformados por la evolución para ser primordiales en la crianza de la prole, tanto biológica como psicológicamente.

Hoy no se puede decir certeramente que la maternidad es instintiva y que la paternidad es aprendida. Los cambios hormonales y cerebrales observados en las madres se reflejan en los padres. Reducciones irreversibles en testosterona y cambios en niveles de oxitocina preparan al varón para ser un padre sensitivo y responsable de acuerdo con las necesidades del hijo(a) y necesarias para su vínculo.

A medida que baja la testosterona, aumenta la dopamina química, esto significa que el varón recibe la recompensa neuroquímica a medida que interactúa con su hijo(a). Su estructura cerebral se altera en esas regiones importantes para la crianza. Las zonas más cognitivas del nuevo córtex se destacan promoviendo empatía, solución de problemas y planeación. El padre no ha evolucionado para ser espejo de la madre, sino que su papel ha sido para complementar el de la madre.

En lo que se refiere al apego entre la madre y el hijo(a), éste se ha descrito como ‘exclusivo’, y está basado en el afecto y el cuidado. En lo que respecta al padre, el apego a su hijo tiene elementos de afecto y cuidado, pero está basado en el reto. Esta crucial diferencia conduce al padre a que sus hijos volteen la mirada hacia afuera, animándolos a conocer a otras personas, a entablar relaciones y a tener éxito en el mundo.

Pero ¿qué pasa con el padre ante la muerte de un hijo no-nacido? El debate en cuanto al aborto aquí y en muchos otros países, se centra en los derechos de la madre y el feto. Sin embargo, es necesario saber que ya en el Estado de Alabama en Estados Unidos, fue presentada una demanda legal por parte de un hombre quien dice que su novia se efectuó un aborto en contra de sus deseos. Esto agrega una tercera voz al tan discutido ‘debate’.

Este hombre dice que, debido a que su novia abortó a su hijo que él tanto deseaba, pasó por un período de alcoholismo como mecanismo de superar su tristeza, y aunque después pudo formar una nueva familia, aquella tristeza aún persiste en él. Este mensaje es el que muchos varones desearían trasmitir acerca de un aborto, una voz que raramente se escucha entre apasionadas multitudes en el debate del aborto, aunque quienes respaldan la muerte del no-nacido argumentan que este grupo de varones es un caso aparte y que no habla por la mayoría de los hombres involucrados.

Todos sabemos que actualmente, la perspectiva masculina sobre el aborto se conoce sólo quizá como un grupo de legisladores presionando por restringir el procedimiento del aborto. Sin embargo, algunos varones que desearon ser padres y que no llegaron a serlo por la decisión personal de una mujer, están comenzando a hablar de ello.

En Alabama, la clínica abortista está siendo demandada por este hombre debido a que su novia se efectuó un aborto a las seis semanas de embarazo en 2017. Este caso es el primero de su tipo, ya que la corte reconoció al feto como ‘demandante’ y al padre como el representante del patrimonio personal del bebé.

El hombre hizo una declaración a los medios: “Yo estoy aquí por todos los varones que realmente desean tener un hijo”, y continuó: “…yo traté de suplicarle a ella para rogarle por alguna alternativa. Pero al final, no hubo nada que pudiera cambiar su manera de pensar”.

Otro hombre en Dallas también hizo algunas declaraciones: “Cuando yo tenía 30 años vivía una buena vida, hasta que la mujer con la que estaba saliendo me dijo que estaba embarazada. Al principio sentí como una pierna atrapada en una trampa. Sin embargo, yo decidí apoyarla con el embarazo. Traté todo, le ofrecí matrimonio, o criar al bebé yo mismo, u ofrecerlo en adopción.” Dijo además que él pensó que lo correcto era que el niño naciera. Pero nada la convenció y tuvo que pagar él mismo por el aborto.

Después él se cambió a vivir a California, ya que no podía soportar la idea de lo que había pasado, dijo “no sé si podía seguir viviendo”. Finalmente, la conexión con su fe en Dios y el hecho de comenzar su vida con otra mujer y formar una familia, fue como pudo superar aquello. “He pensado en aquel incidente durante más de 32 años, nunca lo he olvidado”, declaró.

Algunos estudios que se han hecho afirman que aquellos varones involucrados en un aborto reaccionan de cuatro maneras: algunas veces el hombre ejerce coerción a la mujer para efectuarse un aborto en contra de la voluntad de ella misma; otros, apoyan la decisión de la mujer de cualquier forma dirigiendo la decisión hacia abortar; algunos otros se enteran del aborto una vez efectuado o finalmente el aborto se lleva a cabo en contra de los deseos del varón. En esto, existen rasgos comunes de sentimientos de enojo, culpabilidad, vergüenza y profunda tristeza, sobre todo en fechas de aniversario.

Otro hombre que pasó por esta experiencia declara: “Los hombres están designados para ser protectores, así es que existe un sentimiento de fracaso. Fracaso en proteger a la madre y al niño no-nacido, fracaso en responsabilidad. Existe un terrible sentimiento de culpa y vergüenza al no haber hecho lo que correspondía.” Él, quien fue parte de la milicia, compara el hecho del aborto de su hijo con el estrés por trastorno postraumático” (PTSD), resultado de haber participado en la guerra. Y terminó diciendo que: “…si los hombres tuvieran que firmar un documento para permitir el aborto de su hijo, los datos estadísticos de la cantidad de abortos caerían hasta un 50 por ciento, esta es la razón por que los proveedores de abortos no desean que los varones se involucren…”

Uno de los fundadores de la clínica de ayuda postaborto Rachel’s Vineyard en EUA para mujeres y hombres, dice a través de su experiencia que, en convictos en cárceles, los efectos colaterales de un aborto pueden señalarse con más claridad si un hombre experimentó dificultades durante su crecimiento. “La experiencia del aborto en los varones, especialmente aquellos que experimentaron la pérdida de su padre, o fueron maltratados y esto resultó en un trauma, puede contribuir a un comportamiento en donde el hombre desea expresar su pena de manera destructiva, su pérdida y la rabia del maltrato en su niñez, además de las experiencias del aborto. Más adelante, muchos hombres y mujeres cargan una herida de gran peso moral y espiritual”.

Es necesario cambiar el concepto social en cuanto a la paternidad. Claro, algunos padres están ausentes, así como algunas madres, y algunos otros tienen un carácter de ineptitud para tratar a los infantes ya que luchan con su trabajo diario y no saben utilizar la lavadora o cuidar del bebé ellos solos.

Pero la mayoría de los padres no son así. Necesitamos ampliar nuestro espectro de cómo es un padre para incluir a todos aquellos que permanecen siéndolo y que invierten en el desarrollo tanto emocional, como físico e intelectual de su(s) hijo(a), y muchos, independientemente de que vivan o no con ellos. Necesitamos destacar la labor de aquellos que juegan fútbol con sus hijos, que leen cuentos fantásticos cuando se duermen y que espantan a los monstruos nocturnos para ellos cuando sienten temor a la obscuridad. Aquellos que ayudan a la adaptación mental de sus hijos y que cuidan de ellos en la entrada a nuestro extremadamente complejo mundo actual.

Por último, habrá que empoderar a los padres para que cada vez se involucren más con sus hijos, esto beneficiará no sólo a las familias sino a todos nosotros también. Los hijos que hoy conciben a sus padres como equivalentes a sus madres en la vida cotidiana, más tarde seguirán este modelo cuando ellos mismos se conviertan en padres de familia.

Esto llevará a un cambio cultural; es un movimiento positivo hacia la igualdad en el trabajo doméstico, a un reparto en la carga sobre el desarrollo de sus carreras profesionales, algo que está sobrecargado en las madres de hoy, y se tenderá a estrechar la brecha de los sueldos por ‘género’.

Por último, el especial papel que desempeña un padre, preparará a su hijo para la entrada al mundo fuera de su familia: moldeando su desarrollo emocional y de adaptación; enseñándole las reglas del comportamiento social y del lenguaje; ayudándole a construir su adaptación mental al saber comportarse ante los riesgos, confrontar los retos y superar los fracasos. Esto es de suma importancia hoy, cuando estamos asolados por una gran crisis mental de adolescencia y vivimos en un mundo que opera con nuevas reglas sociales formadas por vidas digitales y conectados por redes en línea.

En estudios se sabe que 80 por ciento de los varones desean convertirse en padres. Creo que es el momento de hacer un esfuerzo y conocerlos más, para saber quiénes son realmente y cuál es su alcance como padres de familia.

 

  

La oración cristiana

La Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe ha hecho pública una Nota bajo el título “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo”, en la que se ofrecen una serie de orientaciones doctrinales sobre la oración cristiana. El texto ofrece caminos de espiritualidad con una identidad cristiana bien definida, en un momento en el que existe gran confusión y, a menudo, se incorporan elementos de otras tradiciones, sin el necesario discernimiento crítico.

En este sentido los obispos alertan del peligro de acoger cualquier método de oración y meditación ajeno a la fe, porque puede ponerse en peligro la genuina oración cristiana. La fe y la oración son inseparables, ya que la Iglesia cree como ora y en lo que reza expresa lo que cree. Por ello advierte de la acogida acrítica de métodos de oración y meditación extraños a la fe cristiana como la meditación inspirada en el budismo zen, favorecida en muchos ambientes de nuestra sociedad por un deseo creciente de encontrar la paz interior, o técnicas que se nos han vuelto familiares, como por ejemplo el denominado “mindfulness”, que en ocasiones esconden cualquier origen de carácter religioso y se difunden en movimientos que se podrían reunir bajo la denominación de “new age” y que se proponen abiertamente como alternativa a la fe cristiana.

Enric Barrull Casals

 

 

Excepción o precedente

En realidad, lo que plantea el documento preparatorio del Sínodo de Obispos sobre la Amazonia, es una sugerencia para abordar una atención pastoral ardua, debido al aislamiento de estas comunidades: "Afirmando que el celibato es un don para la Iglesia, se pide que, para las zonas más remotas de la región, se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable, con la finalidad de asegurar los sacramentos que acompañen y sostengan la vida cristiana".

Pero lo que en la Amazonia se presenta como una emergencia por motivos pastorales, en Occidente se ve como un precedente en una discusión ideológica sobre el celibato sacerdotal. Allí se trata de llevar los sacramentos a gente que no tiene acceso a ellos; aquí de re-formular la figura del sacerdote en comunidades que no siempre demuestran gran interés por los sacramentos, aunque los tengan a la puerta.

En Occidente nos lamentamos de la escasez de sacerdotes, pero en realidad estamos por el momento en una situación privilegiada respecto a otras regiones del mundo católico. Según datos del Anuario Pontificio, en 2016 había 1.600 católicos por sacerdote en Europa y 1.300 en EE.UU., frente a los 7.200 fieles por sacerdote en América del Sur, algo más de 5.000 en África y los poco menos de 2.200 en Asia. El problema en las Iglesias de Occidente es que la edad media del clero es cada vez mayor, sin que haya una renovación suficiente.

Suso do Madrid

 

 

La polarización de la sociedad

Jordania y Arabia Saudí, son los países vecinos con los que Israel había logrado establecer unas relaciones aceptables, pues bien, estos países se han unido a las airadas condenas del mundo árabe contra el anuncio electoral del líder del Likud, que quiere anexionarse el Valle del Jordán. Esta medida terminaría de hacer inviable un estado palestino, lo que abocaría a nuevos conflictos. De forma simultánea, Benjamin Netanyahu ha elevado a rango constitucional el carácter judío del estado de Israel, y continuamente pone en la diana a la población árabe. Su intención es aglutinar el voto más nacionalista, pero las encuestas no predicen que sumar una mayoría vaya a resultarle posible, aunque tampoco parece factible un gobierno alternativo. Es lo mejor que podría suceder: que finalmente no haya otra solución que un gran entendimiento que incluya a los partidos más moderados.

Jaume Catalán Díaz

 

 

No saben gobernar y nos van destruyendo

 

                                Hace ya dos milenios y medio, el sabio chino, Confucio, lo dijo y sentenció… “Quién no sepa gobernar su casa que no entre en política y menos que lo dejen gobernar a los hombres”; cito de memoria pero no necesito más.

                                Y “eso” es lo que ocurre en política y por ello, tantos desastres de todo tipo y “altura”. En la política al final entran a gobernar los más ambiciosos y generalmente los que no han hecho nada en su vida, salvo vivir de los demás; y es por ello por lo que al final fracasan, pero antes exterminan las economías donde caen como plaga; y muchas veces, incluso con la vida de muchos de los mal gobernados.

                                Por todo ello, la política tiene que cambiar muchísimo; situando en los lugares idóneos, a individuos verdaderamente capacitados, para el trabajo a desarrollar; y por descontado, vigilados y controlados por leyes donde cada cual responda como debe; puesto que ejercer en política debe ser un honor;  y no lo que ha llegado a ser; y de ahí el desprestigio de la política en general y que no cambia, sino muy al contrario, empeora.

            Mis reflexiones me surgen al leer lo que sigue: “Los principales despachos de abogados de España han notado inquietud entre sus clientes ante la posibilidad de que en las elecciones autonómicas de este domingo salgan electos los partidos de izquierda, que han prometido el fin de las bonificaciones en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones en comunidades como la de Madrid -en la que este tributo está bonificado al 99%-, y prevén que si esto ocurre se disparen las donaciones la próxima semana. Los principales despachos de abogados de España han notado inquietud entre sus clientes ante la posibilidad de que en las elecciones autonómicas de este domingo salgan electos los partidos de izquierda, que han prometido el fin de las bonificaciones en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones en comunidades como la de Madrid -en la que este tributo está bonificado al 99%-, y prevén que si esto ocurre se disparen las donaciones la próxima semana. "Sí que lo hemos notado, sobre todo en la Comunidad de Madrid, pero la semana que viene lo notaremos más. Muchos de nuestros clientes no quieren hacer movimientos basándose en las encuestas, lo harán en el periodo desde que pasen las elecciones hasta que se forme Gobierno si sale la izquierda. En función de lo que pase puede que haya un récord de donaciones la semana que viene", asegura a Vozpópuli el socio del área fiscal de un bufete de abogados español que no quiere identificarse”. https://www.vozpopuli.com/economia-y-finanzas/despachos-donaciones-gana-izquierda-elecciones-madrid_0_1248175517.html

                                No se trata de no pagar impuestos, sino de hacerlo, en la cuantía que sea verdaderamente ajustada a un Estado que sepa administrarse y que no dilapide y malgaste tan absurda y temerariamente como hacen estos inútiles de hoy. Con mucho menos imposición de impuestos y partiendo de una desolación como fue la guerra civil (1936-1939) España pudo recuperarse de todo y llegar a metas impensables; y cuando muere Franco, deja una España en lo económico, como ni soñar pensamos los que vivimos todo aquel período; por lo tanto que no nos vengan con cuentos; mejor que vean y analicen las cuentas públicas de aquel período y que aprendan a gobernar.

                                Lo que ocurre ya y estos miedos, no son otra cosa que las consecuencias de una voracidad fiscal, que ahoga a la mayoría de contribuyentes. Estos inútiles que gobiernan hace ya bastantes lustros, no saben gobernar haciendo economía verdadera y social, eliminando la infinidad de parásitos que nos hacen mantener; y no sólo han arruinado España, endeudándola de forma ya impagable, sino que han acabado con la ilusión de emprender negocios del tipo que sea; puesto  que para cualquier cosa necesitas un montón de papeleo y otro mayor de impuestos; y para arruinarnos más, no paran de crear empleos públicos que nos ahogarán cada vez más. Y no, no he pertenecido jamás a ningún partido ni ahora tampoco; así es que ahórrense calificativos idiotas, que yo siempre he vivido de mi trabajo y luchando en la vida civil y pagando impuestos; que aún hoy los sigo pagando y en demasía.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                      

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y