Las Noticias de hoy 18 Septiembre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 18 de septiembre de 2019       

Indice:

ROME REPORTS

Santa Marta: El Papa exhorta a rezar por los gobernantes

Italia: Programa de la visita del Santo Padre a Albano

Necesitamos volver al espíritu de la Iglesia primitiva

HACER EL BIEN CON LA PALABRA: Francisco Fernandez Carbajal

“¿Cuántos comerciantes se habrán hecho santos?”: San Josemaria

Vida de oración

Miradas: C. Ruiz. M. de Sandoval

La vocación al matrimonio: Juan Ignacio Bañares

La familia y el amor incondicional, referencia de base para los jóvenes: Rafael Miner

Evalúe la calidad de su familia, cónyuges, padres e hijos. (261 preguntas): Francisco Gras

Un congreso internacional abordará el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos

Palabras en silencio: Blanca Sevilla

La ideología de género, ¿en una sola sigla?: Observatorio de Bioética UCV

En la Amazonia se plantea: Xus D Madrid

El informe adolece de una mala interpretación: José Morales Martín

Educación infantil: Pedro García

Sentido común y bajada de sueldos a políticos: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Santa Marta: El Papa exhorta a rezar por los gobernantes

Aunque piensen diferente

septiembre 16, 2019 16:45Larissa I. LópezPapa y Santa Sede

(ZENIT – 16 sept. 2019).- Durante la Misa en la Casa Santa Marta, reanudada hoy, 16 de septiembre de 2019, después de la pausa del verano, el Papa Francisco ha pedido oraciones por los gobernantes para que puedan realizar adecuadamente su cometido.

En su homilía, el Santo Padre ha reflexionado sobre la Primera Carta de san Pablo a Timoteo, indicó Vatican News.

Oración universal de intercesión

En dicha reflexión, según el medio vaticano, el Pontífice resaltó cómo en esa carta todo el pueblo de Dios es instado orar, a hacer “sin cólera y sin polémica” “peticiones, súplicas, oraciones y agradecimientos por todos los hombres” y también “por los reyes y por todos los que están en el poder”, para que puedan llevar “una vida calma y tranquila, digna y dedicada a Dios”.

Además de referirse a que san Pablo habla de la oración de intercesión, Francisco se detuvo en la alusión concreta a los reyes y las personas en el poder.

Rezar por los gobernantes

Estos individuos, explicó el Papa, reciben “adulaciones de sus favoritos o insultos”. Entre ellos se encuentran, por supuesto, los políticos, pero también hay sacerdotes y obispos que son insultados. Reconociendo que “alguno se lo merece”, también remarcó que en la actualidad la ofensa verbal hacia ellos es “como un hábito”.

E instó a plantearse si pedimos a Dios que bendiga a estas personas responsables de nuestras sociedades: “Estoy seguro de que la gente no reza por los gobernantes, al contrario: parecería que la oración por los gobernantes es ‘insultarlos’”.

Y agregó, que, consecuentemente, así “va nuestra vida en las relaciones” con los que están en el poder e insistió en el mensaje de san Pablo, que es “claro” al pedir orar por todos ellos.

Rezar por el que piensa diferente

Después, recordó la reciente crisis de gobierno vivida en Italia e interpeló: “¿Quién de nosotros rezó por los gobernantes? ¿Quién de nosotros rezó por los parlamentarios? ¿Para que puedan llegar a un acuerdo y sacar adelante al país? Parece que el espíritu patriótico no llega a la oración; sí, a las descalificaciones, al odio, a las peleas, y así es como termina”.

De este modo, el Papa Francisco manifestó su deseo de que las personas recen en todos los lugares “levantando manos puras al cielo, sin cólera y sin polémicas. Hay que discutir y esta es la función de un parlamento, hay que discutir pero no aniquilar al otro; es más, hay que rezar por el otro, por el que tiene una opinión diferente a la mía”.

Conversión y oración

Por otro lado, ante el que piense que algún político es “demasiado comunista” o “corrupto”, el Obispo de Roma citó de nuevo el evangelio, en el que se llama a no discutir sobre política, sino a “orar”.

En cuanto a los que consideran que “la política es sucia”, el Pontífice subrayó que para Pablo VI esta constituía “la más alta forma de caridad” y declaró que todas las profesiones pueden ser sucias porque “somos nosotros los que ensuciamos algo, pero no es la cosa en sí misma la que está sucia”.

Finalmente, exhortó a la conversión, a rezar por los gobernantes y remitió también al fragmento del evangelio en el que el centurión ora por uno de los suyos, de manera que “es bueno pensar que si el pueblo reza por los gobernantes, los gobernantes también serán capaces de rezar por el pueblo, precisamente como este centurión que reza por su siervo”.

 

Italia: Programa de la visita del Santo Padre a Albano

El próximo 21 de septiembre

septiembre 17, 2019 12:03Larissa I. LópezPapa Francisco

(ZENIT – 17 sept. 2019).- El próximo sábado, 21 de septiembre de 2019, el Papa Francisco realizará una visita pastoral al municipio de Albano, en la provincia italiana de Lacio.

Según indicó Mons. Marcello Semeraro, obispo de Albano, el pasado mes de julio a Vatican News, desde el 21 de septiembre de 1953, festividad de san Mateo, Francisco rememora en este día un encuentro con un sacerdote, muy importante en la historia de su vocación.

Visita de Benedicto XVI 

Así, este año 2019, Mons. Semeraro decidió invitar al Santo Padre a revivir esta cita espiritual con la Iglesia de Albano, ya que, además, también el 21 de septiembre de 2008, Benedicto XVI acudió a la catedral de San Pancracio (Albano) para la Dedicación del nuevo Altar Superior y la inauguración la nueva Cátedra Episcopal.

La visita de Benedicto XVI, indica el prelado, se convirtió desde entonces en punto de referencia para celebrar el aniversario de dicha Dedicación, gracias a la cual se han completado las obras de restauración del templo.

Programa

La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó ayer, 16 de septiembre de 2019, sobre el programa completo de la visita del Papa Francisco a Albano.

A las 16:30 horas, el Santo Padre partirá en coche hacia Albano. Está previsto que llegue a catedral del municipio a las 17:15 horas.

Allí será recibido por el obispo de Albano, Mons. Marcello Semeraro, y Nicola Marini, alcalde del municipio. Marini entregará un regalo al Pontífice y le mostrará un “mural” como recuerdo de su visita. Después, en la catedral, tendrá lugar una oración con los sacerdotes.

La Misa, acto central

A las 18 horas, en la plaza Pia, comienza la concelebración de la Eucaristía, presidida por el Papa y en la que este pronunciará la homilía. Al final de la Misa, el obispo de Albano dedicará unas palabras a Francisco.

Finalmente, el Obispo de Roma iniciará su viaje de regreso al Vaticano a las 20 horas.

 

 

Necesitamos volver al espíritu de la Iglesia primitiva

VOLVER A LA IGLESIA PRIMITIVA

Hemos escrito en otras ocasiones que cuando surgen las dificultades, las dudas y las incertidumbres en la fe, debemos volver al origen. Esto es lo que tenemos que hacer cuando nos planteamos los objetivos (misión) de nuestra comunidad cristiana: echar la mirada atrás a las primeras comunidades de la Iglesia primitiva (visión).

El Nuevo Testamento, en el libro de los Hechos de los apóstoles, nos da una idea de cómo los primeros cristianos comenzaron a proclamar el Evangelio, lo que hacían y nos muestra numerosos rasgos esenciales de la Iglesia de Cristo que debemos imitar:

 

Llenarse de Espíritu Santo

“Se les aparecieron como lenguas de fuego, que se repartían y se posaban sobre cada uno de ellos.

Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo les movía a expresarse.” (Hechos 2, 3-4 ).

 

Resultado de imagen de pentecostesLos cristianos no sólo hablamos de Dios; le experimentamos. Esto es lo que hace que la iglesia sea diferente de cualquier otra organización en el planeta: que tenemos el Espíritu Santo. Nuestro gobierno no tiene el Espíritu Santo. Las ONGs no tienen al Espíritu Santo. Ninguna otra organización tiene el poder de Dios en ella. Dios prometió su Espíritu para ayudar a su Iglesia. La Iglesia tiene y se llena del poder de Dios.

 

Cuando se refiere a “hablar en lenguas extrañas” quiere decir hablar en el idioma de quienes nos escuchan. La gente realmente escuchaba a los primeros cristianos hablar en sus propios idiomas, ya fuese en farsi, en swahili, en griego o lo que fuera. 

 

El Plan de Dios es para todos. No es sólo para los judíos. Pero no sólo se refiere a idiomas de sus países de origen sino a hablar en el lenguaje que cada persona entiende. ¿Estamos usando otros “lenguajes” para llegar a la gente? 

 

Utilizar los dones de todos 

“Entonces Pedro, en pie con los once, les dirigió en voz alta estas palabras: “Judíos y habitantes todos de Jerusalén: percataos bien de esto y prestad atención a mis palabras. …Y haré aparecer señales en el cielo y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo. …Pero el que invoque el nombre del Señor se salvará” (Hechos 2, 14, 19, 21)

 

En la iglesia inicial no había espectadores; el 100% de las personas participaban en proclamar el Evangelio de Jesús. Y, aunque igual que entonces, no todos estamos llamados a ser sacerdotes, todos estamos llamados a servir a Dios. Por tanto, debemos esforzarnos para que todos participen. La pasividad no es una opción. Si alguien quiere sentarse y ser servidos por los demás, que busquen otro sitio. 

 

Ofrecer una verdad que transforma

La iglesia primitiva no ofrecía una nueva psicología, ni un moralismo cómodo, ni una espiritualidad agradable. Ofrecía la verdad del Evangelio que tiene el poder de cambiar vidas. Ningún otro mensaje transforma vidas. Cuando la verdad de Dios entra en nosotros, es cuando nos transformamos. 

 

En Hechos 2, Pedro dio el primer sermón cristiano, citando el libro de Joel del Antiguo Testamento y afirmando que la iglesia primitiva se dedicó a la “enseñanza de los apóstoles”.

 

Crear comunidad

“Eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la unión fraterna, en partir el pan y en las oraciones.” (Hechos 2, 42). 

 

En la iglesia del primer siglo, los cristianos se amaban y cuidaban unos a otros. La iglesia no es un negocio, ni una ONG ni un club social. La Iglesia es una familia. Para que nosotros experimentemos el poder del Espíritu Santo como en la Iglesia primitiva, tenemos que convertirnos en la familia que ellos eran.

 

Vivir la Eucaristía

“Todos los días acudían juntos al templo, partían el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2, 46). 

 

Cuando la Iglesia primitiva se reunía celebraban la Eucaristía, conmemorando la última cena “con alegría y sencillez de corazón”. Debemos entender y enseñar que la Eucaristía es una celebración. Es un festival, no un funeral. Es el banquete de Dios. Cuando la Eucaristía es alegre (y litúrgicamente rigurosa), la gente quiere estar allí porque buscan alegría. ¿Crees que si nuestras iglesias estuvieran llenas de corazones alegres, de palabras alegres y de vidas llenas de esperanza, atraeríamos a los alejados? 

 

Compartir según la necesidad

“Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común; vendían las posesiones y haciendas, y las distribuían entre todos, según la necesidad de cada uno.”(Hechos 2, 44-45). 

Imagen relacionada

La Biblia nos enseña a hacer generosos sacrificios por el bien del Evangelio. 

Los cristianos durante el Imperio Romano fueron la gente más generosadel imperio y eran famosos por desprendimiento. 

Literalmente lo compartían todo, “según la necesidad de cada uno”. Incluso la vida. Muchos murieron por la fe en el Coliseo romano.

 

Crecer exponencialmente

“Alabando a Dios y gozando del favor de todo el pueblo. El Señor añadía cada día al grupo a todos los que entraban por el camino de la salvación.” (Hechos 2,47). 

 

Cuando nuestras iglesias demuestran las primeras seis características de la iglesia primitiva, el crecimiento es automático. La gente veía a los primeros cristianos como extraños, pero les gustaba lo que éstos hacían. Veían el amor que se tenían los unos por los otros, los milagros que ocurrían delante de ellos y la alegría que irradiaban. Querían lo que los cristianos tenían. Y la Iglesia crecía exponencialmente

 

 

HACER EL BIEN CON LA PALABRA

— La palabra es un gran don de Dios y no debe emplearse para el mal.

— Imitar a Cristo en su conversación amable con todos. Nuestra palabra ha de enriquecer, alentar, consolar...

— Pasar por la vida haciendo el bien con la conversación. No hablar nunca mal de nadie.

I. Con alusión a alguna canción popular o a un juego de los niños hebreos de entonces, Jesús reprocha a quienes interpretan torcidamente sus enseñanzas la sinrazón de sus excusas. Son semejantes a los niños sentados en la plaza que se gritan unos a otros aquello que dice: Hemos hecho sonar la flauta y no habéis danzado, hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado. Y nos transmite a continuación el Señor lo que comentaban algunos del Bautista y de Él mismo: Porque llegó Juan, que no comía pan ni bebía vino, y decís: Tiene demonio. Llegó el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre comilón y bebedor, amigo de publicanos y de pecadores1. El ayuno de Juan es interpretado como obra del demonio; a Jesús, en cambio, le llaman glotón. San Lucas no tiene reparo alguno en referir las acusaciones que se dijeron contra el Maestro2.

Lógicamente, la Sabiduría divina se manifiesta de manera distinta en Juan y en Jesús. Juan prepara el conocimiento del misterio divino mediante la penitencia; Jesús, perfecto Dios y perfecto hombre, es portador de la salvación, de la alegría y de la paz. «Por uno u otro camino –comenta San Juan Crisóstomo– teníais que haber venido a parar en el Reino de los cielos»3. El Señor termina así este breve pasaje del Evangelio, que leemos en la Misa de hoy: Y la sabiduría ha sido manifestada por todos sus hijos. Pero muchos fariseos y doctores de la Ley no supieron descubrir esa sabiduría que llega hasta ellos. En vez de cantar la gloria de Dios que tienen delante, emplean sus palabras en la maledicencia, tergiversando lo que ven y oyen. Sus ojos no ven las maravillas que se realizan en su presencia, y su corazón está cerrado ante el bien. ¡Qué distintas eran aquellas otras gentes, a las que en tantas ocasiones el Señor tenía que imponer silencio porque todavía no había llegado la hora de su manifestación pública! Y cuando esta llega, próxima ya la Pasión, toda la multitud de los que bajaban, llena de alegría, comenzó a alabar a Dios en alta voz por todos los prodigios que habían visto, diciendo: ¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el Cielo y gloria en las alturas!4. Algunos fariseos pidieron a Jesús que les hiciera callar, pero Él les respondió: Os digo que si estos callan gritarán las piedras.

La palabra es un gran don de Dios que nos ha de servir para cantar sus alabanzas y para hacer siempre el bien con ella, nunca el mal. «Acostúmbrate a hablar cordialmente de todo y de todos; en particular, de cuantos trabajan en el servicio de Dios.

»Y cuando no sea posible, ¡calla!: también los comentarios bruscos o desenfadados pueden rayar en la murmuración o en la difamación»5.

II. A Jesús le gustaba conversar con sus discípulos. San Juan nos dejó constancia en su Evangelio de sus confidencias de la Última Cena. «Conversaba mientras se encaminaba a otra ciudad –¡aquellas largas caminatas del Señor!–, mientras paseaba bajo los pórticos del Templo. Conversaba en las casas, con las personas que estaban a su alrededor, como María, sentada a sus pies, o como Juan, que tenía reclinada su cabeza sobre el pecho de Jesús»6. Nunca rehusó el diálogo con quienes se le acercaban en las situaciones de cultura, de tiempo... más diversas: Nicodemo, la mujer samaritana que había ido a buscar agua al pozo del pueblo, un ladrón cuando su dolor es más grande... Con todos se entendía Jesús y todos salían confortados con sus palabras. Y en esto también hemos de imitar al Maestro. A veces tendremos que vencer la tendencia a permanecer callados, o la inclinación a hablar con poca medida. Y siempre será una ocasión de vencer el egoísmo de estar en nuestras cosas para ocuparnos de lo que preocupa a los demás.

La palabra, regalo de Dios al hombre, nos ha de servir para hacer el bien: para consolar al que sufre, al que por cualquier circunstancia está pasando una mala temporada; para enseñar al que no sabe; para corregir amablemente al que yerra; para fortalecer al débil, teniendo en cuenta que –como dice la Sagrada Escritura– la lengua del sabio cura las heridas7; para levantar amablemente a quien ha caído, como Jesús hace constantemente. A muchos, que andan perdidos en la vida, les enseñaremos el camino. «Me acuerdo una vez –relata un buen escritor– que en el Pirineo, a mediodía, avanzábamos perdidos por las altas soledades (...). De pronto, envuelto en el gritar del viento oímos un son de esquilas; y nuestros ojos azorados, poco hechos a aquellas grandezas, tardaron mucho en descubrir una yeguada que abajo, en una rara verdor, pacía. Hacia allí nos encaminamos esperanzados (...). Pedimos camino al hombre, que era como de piedra; y él, volviendo los ojos en su rostro extático, alzó lentamente el brazo señalando vagamente un atajo, y movió los labios. En la atronadora marejada del viento, que ahogaba toda voz, solo dos palabras sobrenadaban que el pastor repetía con terquedad: “Aquella canal...”, estas eran sus palabras, y señalaba vagamente allá, hacia la altura. ¡Cuán bellas eran las dos palabras gravemente dichas contra el viento! (...). La canal era el camino, la canal por donde bajaban las aguas de las nieves derretidas. Y no era cualquiera, sino aquella canal que el hombre conocía bien entre todas por su fisonomía especial y propia que para él tenía; era aquella canal. ¿Lo veis? Para mí esto es hablar»8: enriquecer, orientar, animar, alegrar, consolar, hacer amable el camino... «Descubro también que mi persona se enriquece por medio de la conversación. Porque poseer sólidas convicciones es hermoso; pero más hermoso todavía es poderlas comunicar y verlas compartidas y apreciadas por otros»9.

Muchas de las personas que nos rodean andan perdidas en su pesimismo, en la ignorancia, en la falta de sentido de lo que hacen... Nuestras palabras, siempre alentadoras, han de indicar a muchos los caminos que llevan a la alegría, a la paz, a descubrir la propia vocación... «Aquella canal», por aquel camino se encuentra a Dios. Y muchos encontrarán a Cristo en esas confidencias normales llenas de sentido positivo, que se dan en medio de la vida corriente de todos los días.

III. La palabra «es uno de los dones más preciosos que el hombre ha recibido de Dios, regalo bellísimo para manifestar altos pensamientos de amor y de amistad con el Señor y con sus criaturas»10, y no podemos utilizarla de modo frívolo, vacío o inconsiderado, como ocurre en la locuacidad, y menos aun para faltar con ella a la verdad o a la caridad, pues la lengua –como afirma el Apóstol Santiago– se puede convertir en un mundo de iniquidad11, haciendo mucho daño a nuestro alrededor: discusiones estériles, burlas, ironías, maledicencia, calumnias... ¡Cuánto amor roto, cuánta amistad perdida, porque no se supo callar a tiempo!

¡Qué alta consideración tenía Jesús de la palabra y de la conversación!: Yo os digo que de cualquier palabra ociosa que hablen los hombres han de dar cuenta en el día del juicio12. Palabra ociosa es aquella que no aprovecha ni al que la dice ni al que la escucha, y proviene de un interior vacío y empobrecido. Esa manera descontrolada de hablar, esos modos difícilmente compatibles con una persona que busca la presencia de Dios allí donde se encuentre, suelen ser síntoma de tibieza, de falta de contenido interior. El hombre de bien, de su buen fondo saca cosas buenas; y el hombre malo, de su mal fondo saca cosas malas13.

De esas conversaciones, en las que se pudo hacer el bien y no se hizo, pedirá cuenta el Señor. «Después de ver en qué se emplean, ¡íntegras!, muchas vidas (lengua, lengua, lengua con todas sus consecuencias), me parece más necesario y más amable el silencio. -Y entiendo muy bien que pidas cuenta, Señor, de la palabra ociosa»14. De la conversación vana y superficial a la murmuración, al chisme, al enredo, a la susurración o a la calumnia suele haber un camino muy corto. Es difícil controlar la lengua si no hay presencia de Dios. De nosotros, de cada cristiano que quiere seguir a Cristo, se tendría que decir que en ninguna circunstancia nos oyeron hablar mal de nadie. Por el contrario, de cada uno se debería poder afirmar que pasó por la vida, como Cristo, haciendo el bien15. También con la palabra, con una conversación sencilla llena de interés por los demás. Aun el mismo saludo ha de llevar el bien a quienes nos encontramos cada día: es como decirles: ¡qué alegría haberte encontrado en mi camino!

1 Lc 7, 31-35. — 2 Cfr. Sagrada Biblia, Santos Evangelios, EUNSA, Pamplona 1983, nota a Mt 11, 16-19. — 3 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre San Mateo, 37, 4. — 4 Lc 19, 37-38. — 5 San Josemaría Escrivá, Surco, Rialp, 3ª ed., Madrid 1986, n. 902. — 6 A. Luciani, Ilustrísimos señores, BAC, 2ª ed., Madrid 1978, p, 266. — 7 Cfr. Prov 12, 18. — 8 J. Maragall, Elogio de la palabra, Salvat, Madrid 1970, p. 24. — 9 A. Luciani, o. c., p, 206.— 10 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 298. — 11 Sant 3, 6. — 12 Mt 12, 36. — 13 Mt 12, 35. — 14 San Josemaría Escrivá, Camino, Rialp, 30ª ed., Madrid 1976, n. 447. — 15 Hech 10, 38.

 

“¿Cuántos comerciantes se habrán hecho santos?”

Te está ayudando mucho –me dices– este pensamiento: desde los primeros cristianos, ¿cuántos comerciantes se habrán hecho santos? Y quieres demostrar que también ahora resulta posible... –El Señor no te abandonará en este empeño. (Surco, 490)

El objetivo único del Opus Dei ha sido siempre ése: contribuir a que haya en medio del mundo, de las realidades y afanes seculares, hombres y mujeres de todas las razas y condiciones sociales, que procuren amar y servir a Dios y a los demás hombres en y a través de su trabajo ordinario (...).
Si se quiere buscar alguna comparación, la manera más fácil de entender el Opus Dei es pensar en la vida de los primeros cristianos. Ellos vivían a fondo su vocación cristiana; buscaban seriamente la perfección a la que estaban llamados por el hecho, sencillo y sublime del Bautismo. No se distinguían exteriormente de los demás ciudadanos. Los socios del Opus Dei son personas comunes; desarrollan un trabajo corriente; viven en medio del mundo como lo que son: ciudadanos cristianos que quieren responder cumplidamente a las exigencias de su fe. (Conversaciones, 10 y 24)

 

 

Vida de oración

Homilía predicada por san Josemaría Escrivá el 4 de abril de 1955 y recogida en “Amigos de Dios”.

Homilías en audio31/01/2019

Siempre que sentimos en nuestro corazón deseos de mejorar, de responder más generosamente al Señor, y buscamos una guía, un norte claro para nuestra existencia cristiana, el Espíritu Santo trae a nuestra memoria las palabras del Evangelio: conviene orar perseverantemente y no desfallecer. La oración es el fundamento de toda labor sobrenatural; con la oración somos omnipotentes y, si prescindiésemos de este recurso, no lograríamos nada.

Quisiera que hoy, en nuestra meditación, nos persuadiésemos definitivamente de la necesidad de disponernos a ser almas contemplativas, en medio de la calle, del trabajo, con una conversación continua con nuestro Dios, que no debe decaer a lo largo del día. Si pretendemos seguir lealmente los pasos del Maestro, ése es el único camino.

Volvamos nuestros ojos a Jesucristo, que es nuestro modelo, el espejo en el que debemos mirarnos. ¿Cómo se comporta, exteriormente también, en las grandes ocasiones? ¿Qué nos dice de El el Santo Evangelio? Me conmueve esa disposición habitual de Cristo, que acude al Padre antes de los grandes milagros; y su ejemplo, retirándose cuarenta días con cuarenta noches al desierto, antes de iniciar su vida pública, para rezar.

Es muy importante —perdonad mi insistencia— observar los pasos del Mesías, porque El ha venido a mostrarnos la senda que lleva al Padre. Descubriremos, con El, cómo se puede dar relieve sobrenatural a las actividades aparentemente más pequeñas; aprenderemos a vivir cada instante con vibración de eternidad, y comprenderemos con mayor hondura que la criatura necesita esos tiempos de conversación íntima con Dios: para tratarle, para invocarle, para alabarle, para romper en acciones de gracias, para escucharle o, sencillamente, para estar con El.

Ya hace muchos años, considerando este modo de proceder de mi Señor, llegué a la conclusión de que el apostolado, cualquiera que sea, es una sobreabundancia de la vida interior. Por eso me parece tan natural, y tan sobrenatural, ese pasaje en el que se relata cómo Cristo ha decidido escoger definitivamente a los primeros doce. Cuenta San Lucas que, antes, pasó toda la noche en oración. Vedlo también en Betania, cuando se dispone a resucitar a Lázaro, después de haber llorado por el amigo: levanta los ojos al cielo y exclama: Padre, gracias te doy porque me has oído. Esta ha sido su enseñanza precisa: si queremos ayudar a los demás, si pretendemos sinceramente empujarles para que descubran el auténtico sentido de su destino en la tierra, es preciso que nos fundamentemos en la oración.

Son tantas las escenas en las que Jesucristo habla con su Padre, que resulta imposible detenernos en todas. Pero pienso que no podemos dejar de considerar las horas, tan intensas, que preceden a su Pasión y Muerte, cuando se prepara para consumar el Sacrificio que nos devolverá al Amor divino. En la intimidad del Cenáculo su Corazón se desborda: se dirige suplicante al Padre, anuncia la venida del Espíritu Santo, anima a los suyos a un continuo fervor de caridad y de fe.

Ese encendido recogimiento del Redentor continúa en Getsemaní, cuando percibe que ya es inminente la Pasión, con las humillaciones y los dolores que se acercan, esa Cruz dura, en la que cuelgan a los malhechores, que El ha deseado ardientemente. Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz. Y enseguida: pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Más tarde, cosido al madero, solo, con los brazos extendidos con gesto de sacerdote eterno, sigue manteniendo el mismo diálogo con su Padre: en tus manos encomiendo mi espíritu.

Contemplemos ahora a su Madre bendita, Madre nuestra también. En el Calvario, junto al patíbulo, reza. No es una actitud nueva de María. Así se ha conducido siempre, cumpliendo sus deberes, ocupándose de su hogar. Mientras estaba en las cosas de la tierra, permanecía pendiente de Dios. Cristo, perfectus Deus, perfectus homo, quiso que también su Madre, la criatura más excelsa, la llena de gracia, nos confirmase en ese afán de elevar siempre la mirada al amor divino. Recordad la escena de la Anunciación: baja el Arcángel, para comunicar la divina embajada —el anuncio de que sería Madre de Dios—, y la encuentra retirada en oración. María está enteramente recogida en el Señor, cuando San Gabriel la saluda: Dios te salve, ¡oh, llena de gracia!, el Señor es contigo. Días después rompe en la alegría del Magnificat —ese canto mariano, que nos ha transmitido el Espíritu Santo por la delicada fidelidad de San Lucas—, fruto del trato habitual de la Virgen Santísima con Dios.

Nuestra Madre ha meditado largamente las palabras de las mujeres y de los hombres santos del Antiguo Testamento, que esperaban al Salvador, y los sucesos de que han sido protagonistas. Ha admirado aquel cúmulo de prodigios, el derroche de la misericordia de Dios con su pueblo, tantas veces ingrato. Al considerar esta ternura del Cielo, incesantemente renovada, brota el afecto de su Corazón inmaculado: mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu está transportado de gozo en el Dios salvador mío; porque ha puesto los ojos en la bajeza de su esclava. Los hijos de esta Madre buena, los primeros cristianos, han aprendido de Ella, y también nosotros podemos y debemos aprender.

En los Hechos de los Apóstoles se narra una escena que a mí me encanta, porque recoge un ejemplo claro, actual siempre: perseveraban todos en la enseñanza de los Apóstoles, y en la comunicación de la fracción del pan, y en la oración. Es una anotación insistente, en el relato de la vida de los primeros seguidores de Cristo: todos, animados de un mismo espíritu, perseveraban juntos en oración. Y cuando Pedro es apresado por predicar audazmente la verdad, deciden rezar. La Iglesia incesantemente elevaba su petición por él.

La oración era entonces, como hoy, la única arma, el medio más poderoso para vencer en las batallas de la lucha interior: ¿hay entre vosotros alguno que está triste? Que se recoja en oración. Y San Pablo resume: orad sin interrupción, no os canséis nunca de implorar.

Cómo hacer oración

¿Cómo hacer oración? Me atrevo a asegurar, sin temor a equivocarme, que hay muchas, infinitas maneras de orar, podría decir. Pero yo quisiera para todos nosotros la auténtica oración de los hijos de Dios, no la palabrería de los hipócritas, que han de escuchar de Jesús: no todo el que repite: ¡Señor!, ¡Señor!, entrará en el reino de los cielos. Los que se mueven por la hipocresía, pueden quizá lograr el ruido de la oración —escribía San Agustín—, pero no su voz, porque allí falta la vida, y está ausente el afán de cumplir la Voluntad del Padre. Que nuestro clamar ¡Señor! vaya unido al deseo eficaz de convertir en realidad esas mociones interiores, que el Espíritu Santo despierta en nuestra alma.

Hemos de esforzarnos, para que de nuestra parte no quede ni sombra de doblez. El primer requisito para desterrar ese mal que el Señor condena duramente, es procurar conducirse con la disposición clara, habitual y actual, de aversión al pecado. Reciamente, con sinceridad, hemos de sentir —en el corazón y en la cabeza— horror al pecado grave. Y también ha de ser nuestra la actitud, hondamente arraigada, de abominar del pecado venial deliberado, de esas claudicaciones que no nos privan de la gracia divina, pero debilitan los cauces por los que nos llega.

No me he cansado nunca y, con la gracia de Dios, nunca me cansaré de hablar de oración. Hacia 1930, cuando se acercaban a mí, sacerdote joven, personas de todas las condiciones —universitarios, obreros, sanos y enfermos, ricos y pobres, sacerdotes y seglares—, que intentaban acompañar más de cerca al Señor, les aconsejaba siempre: rezad. Y si alguno me contestaba: no sé ni siquiera cómo empezar, le recomendaba que se pusiera en la presencia del Señor y le manifestase su inquietud, su ahogo, con esa misma queja: Señor, ¡que no sé! Y, tantas veces, en aquellas humildes confidencias se concretaba la intimidad con Cristo, un trato asiduo con El.

Han transcurrido muchos años, y no conozco otra receta. Si no te consideras preparado, acude a Jesús como acudían sus discípulos: ¡enséñanos a hacer oración!. Comprobarás cómo el Espíritu Santo ayuda a nuestra flaqueza, pues no sabiendo siquiera qué hemos de pedir en nuestras oraciones, ni cómo conviene expresarse, el mismo Espíritu facilita nuestros ruegos con gemidos que son inexplicables, que no pueden contarse, porque no existen modos apropiados para describir su hondura.

¡Qué firmeza nos debe producir la Palabra divina! No me he inventado nada, cuando —a lo largo de mi ministerio sacerdotal— he repetido y repito incansablemente ese consejo. Está recogido de la Escritura Santa, de ahí lo he aprendido: ¡Señor, que no sé dirigirme a Ti! ¡Señor, enséñanos a orar! Y viene toda esa asistencia amorosa —luz, fuego, viento impetuoso— del Espíritu Santo, que alumbra la llama y la vuelve capaz de provocar incendios de amor.

Oración, diálogo

Ya hemos entrado por caminos de oración. ¿Cómo seguir? ¿No habéis visto cómo tantos —ellas y ellos— parece que hablan consigo mismos, escuchándose complacidos? Es una verborrea casi continua, un monólogo que insiste incansablemente en los problemas que les preocupan, sin poner los medios para resolverlos, movidos quizá únicamente por la morbosa ilusión de que les compadezcan o de que les admiren. Se diría que no pretenden más.

Cuando se quiere de verdad desahogar el corazón, si somos francos y sencillos, buscaremos el consejo de las personas que nos aman, que nos entienden: se charla con el padre, con la madre, con la mujer, con el marido, con el hermano, con el amigo. Esto es ya diálogo, aunque con frecuencia no se desee tanto oír como explayarse, contar lo que nos ocurre. Empecemos a conducirnos así con Dios, seguros de que El nos escucha y nos responde; y le atenderemos y abriremos nuestra conciencia a una conversación humilde, para referirle confiadamente todo lo que palpita en nuestra cabeza y en nuestro corazón: alegrías, tristezas, esperanzas, sinsabores, éxitos, fracasos, y hasta los detalles más pequeños de nuestra jornada. Porque habremos comprobado que todo lo nuestro interesa a nuestro Padre Celestial.

Venced, si acaso la advertís, la poltronería, el falso criterio de que la oración puede esperar. No retrasemos jamás esta fuente de gracias para mañana. Ahora es el tiempo oportuno. Dios, que es amoroso espectador de nuestro día entero, preside nuestra íntima plegaria: y tú y yo —vuelvo a asegurar— hemos de confiarnos con El como se confía en un hermano, en un amigo, en un padre. Dile —yo se lo digo— que El es toda la Grandeza, toda la Bondad, toda la Misericordia. Y añade: por eso quiero enamorarme de Ti, a pesar de la tosquedad de mis maneras, de estas pobres manos mías, ajadas y maltratadas por el polvo de los vericuetos de la tierra.

Así, casi sin enterarnos, avanzaremos con pisadas divinas, recias y vigorosas, en las que se saborea el íntimo convencimiento de que junto al Señor también son gustosos el dolor, la abnegación, los sufrimientos. ¡Qué fortaleza, para un hijo de Dios, saberse tan cerca de su Padre! Por eso, suceda lo que suceda, estoy firme, seguro contigo, Señor y Padre mío, que eres la roca y la fortaleza.

Para algunos, todo esto quizá resulta familiar; para otros, nuevo; para todos, arduo. Pero yo, mientras me quede aliento, no cesaré de predicar la necesidad primordial de ser alma de oración ¡siempre!, en cualquier ocasión y en las circunstancias más dispares, porque Dios no nos abandona nunca. No es cristiano pensar en la amistad divina exclusivamente como en un recurso extremo. ¿Nos puede parecer normal ignorar o despreciar a las personas que amamos? Evidentemente, no. A los que amamos van constantemente las palabras, los deseos, los pensamientos: hay como una continua presencia. Pues así con Dios.

Con esta búsqueda del Señor, toda nuestra jornada se convierte en una sola íntima y confiada conversación. Lo he afirmado y lo he escrito tantas veces, pero no me importa repetirlo, porque Nuestro Señor nos hace ver —con su ejemplo— que ése es el comportamiento certero: oración constante, de la mañana a la noche y de la noche a la mañana. Cuando todo sale con facilidad: ¡gracias, Dios mío! Cuando llega un momento difícil: ¡Señor, no me abandones! Y ese Dios, manso y humilde de corazón, no olvidará nuestros ruegos, ni permanecerá indiferente, porque El ha afirmado: pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá.

Procuremos, por tanto, no perder jamás el punto de mira sobrenatural, viendo detrás de cada acontecimiento a Dios: ante lo agradable y lo desagradable, ante el consuelo... y ante el desconsuelo por la muerte de un ser querido. Primero de todo, la charla con tu Padre Dios, buscando al Señor en el centro de nuestra alma. No es cosa que pueda considerarse como pequeñez, de poca monta: es manifestación clara de vida interior constante, de auténtico diálogo de amor. Una práctica que no nos producirá ninguna deformación psicológica, porque —para un cristiano— debe resultar tan natural como el latir del corazón.

Oraciones vocales y oración mental

En este entramado, en este actuar de la fe cristiana se engarzan, como joyas, las oraciones vocales. Son fórmulas divinas: Padre Nuestro..., Dios te salve, María..., Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Esa corona de alabanzas a Dios y a Nuestra Madre que es el Santo Rosario, y tantas, tantas otras aclamaciones llenas de piedad que nuestros hermanos cristianos han recitado desde el principio.

San Agustín, comentando un versículo del Salmo 85 —Señor, apiádate de mí, porque todo el día clamé a ti, no un día solo—, escribe: por todo el día entiende todo el tiempo, sin cesar... Un solo hombre alcanza hasta el fin del mundo; pues claman los idénticos miembros de Cristo, algunos ya descansan en El, otros le invocan actualmente y otros implorarán cuando nosotros hayamos muerto, y después de ellos seguirán otros suplicando. ¿No os emociona la posibilidad de participar en este homenaje al Creador, que se perpetúa en los siglos? ¡Qué grande es el hombre, cuando se reconoce criatura predilecta de Dios y acude a El, tota die, en cada instante de su peregrinación terrena!

Que no falten en nuestra jornada unos momentos dedicados especialmente a frecuentar a Dios, elevando hacia El nuestro pensamiento, sin que las palabras tengan necesidad de asomarse a los labios, porque cantan en el corazón. Dediquemos a esta norma de piedad un tiempo suficiente; a hora fija, si es posible. Al lado del Sagrario, acompañando al que se quedó por Amor. Y si no hubiese más remedio, en cualquier parte, porque nuestro Dios está de modo inefable en nuestra alma en gracia. Te aconsejo, sin embargo, que vayas al oratorio siempre que puedas: y pongo empeño en no llamarlo capilla, para que resalte de modo más claro que no es un sitio para estar, con empaque de oficial ceremonia, sino para levantar la mente en recogimiento e intimidad al cielo, con el convencimiento de que Jesucristo nos ve, nos oye, nos espera y nos preside desde el Tabernáculo, donde está realmente presente escondido en las especies sacramentales.

Cada uno de vosotros, si quiere, puede encontrar el propio cauce, para este coloquio con Dios. No me gusta hablar de métodos ni de fórmulas, porque nunca he sido amigo de encorsetar a nadie: he procurado animar a todos a acercarse al Señor, respetando a cada alma tal como es, con sus propias características. Pedidle que meta sus designios en nuestra vida: no sólo en la cabeza, sino en la entraña del corazón y en toda nuestra actividad externa. Os aseguro que de este modo os ahorraréis gran parte de los disgustos y de las penas del egoísmo, y os sentiréis con fuerza para extender el bien a vuestro alrededor. ¡Cuántas contrariedades desaparecen, cuando interiormente nos colocamos bien próximos a ese Dios nuestro, que nunca abandona! Se renueva, con distintos matices, ese amor de Jesús por los suyos, por los enfermos, por los tullidos, que pregunta: ¿qué te pasa? Me pasa... Y, enseguida, luz o, al menos, aceptación y paz.

Al invitarte a esas confidencias con el Maestro me refiero especialmente a tus dificultades personales, porque la mayoría de los obstáculos para nuestra felicidad nacen de una soberbia más o menos oculta. Nos juzgamos de un valor excepcional, con cualidades extraordinarias; y, cuando los demás no lo estiman así, nos sentimos humillados. Es una buena ocasión para acudir a la oración y para rectificar, con la certeza de que nunca es tarde para cambiar la ruta. Pero es muy conveniente iniciar ese cambio de rumbo cuanto antes.

En la oración la soberbia, con la ayuda de la gracia, puede transformarse en humildad. Y brota la verdadera alegría en el alma, aun cuando notemos todavía el barro en las alas, el lodo de la pobre miseria, que se está secando. Después, con la mortificación, caerá ese barro y podremos volar muy alto, porque nos será favorable el viento de la misericordia de Dios.

Mirad que el Señor suspira por conducirnos a pasos maravillosos, divinos y humanos, que se traducen en una abnegación feliz, de alegría con dolor, de olvido de sí mismo. Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo. Un consejo que hemos escuchado todos. Hemos de decidirnos a seguirlo de verdad: que el Señor pueda servirse de nosotros para que, metidos en todas las encrucijadas del mundo —estando nosotros metidos en Dios—, seamos sal, levadura, luz. Tú, en Dios, para iluminar, para dar sabor, para acrecentar, para fermentar.

Pero no me olvides que no creamos nosotros esa luz: únicamente la reflejamos. No somos nosotros los que salvamos las almas, empujándolas a obrar el bien: somos tan sólo un instrumento, más o menos digno, para los designios salvadores de Dios. Si alguna vez pensásemos que el bien que hacemos es obra nuestra, volvería la soberbia, aún más retorcida; la sal perdería el sabor, la levadura se pudriría, la luz se convertiría en tinieblas.

Un personaje más

Cuando, en estos treinta años de sacerdocio, he insistido tenazmente en la necesidad de la oración, en la posibilidad de convertir la existencia en un clamor incesante, algunas personas me han preguntado: pero, ¿es posible conducirse siempre así? Lo es. Esa unión con Nuestro Señor no nos aparta del mundo, no nos transforma en seres extraños, ajenos al discurrir de los tiempos.

Si Dios nos ha creado, si nos ha redimido, si nos ama hasta el punto de entregar por nosotros a su Hijo unigénito, si nos espera —¡cada día!— como esperaba aquel padre de la parábola a su hijo pródigo, ¿cómo no va a desear que lo tratemos amorosamente? Extraño sería no hablar con Dios, apartarse de El, olvidarle, desenvolverse en actividades ajenas a esos toques ininterrumpidos de la gracia.

Además, querría que os fijarais en que nadie escapa al mimetismo. Los hombres, hasta inconscientemente, se mueven en un continuo afán de imitarse unos a otros. Y nosotros, ¿abandonaremos la invitación de imitar a Jesús? Cada individuo se esfuerza, poco a poco, por identificarse con lo que le atrae, con el modelo que ha escogido para su propio talante. Según el ideal que cada uno se forja, así resulta su modo de proceder. Nuestro Maestro es Cristo: el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad Beatísima. Imitando a Cristo, alcanzamos la maravillosa posibilidad de participar en esa corriente de amor, que es el misterio del Dios Uno y Trino.

Si en ocasiones no os sentís con fuerza para seguir las huellas de Jesucristo, cambiad palabras de amistad con los que le conocieron de cerca mientras permaneció en esta tierra nuestra. Con María, en primer lugar, que lo trajo para nosotros. Con los Apóstoles. Varios gentiles se llegaron a Felipe, natural de Betsaida, en Galilea, y le hicieron esta súplica: deseamos ver a Jesús. Felipe fue y lo dijo a Andrés, y Andrés y Felipe juntos se lo dijeron a Jesús. ¿No es cierto que esto nos anima? Aquellos extranjeros no se atreven a presentarse al Maestro, y buscan un buen intercesor.

¿Piensas que tus pecados son muchos, que el Señor no podrá oírte? No es así, porque tiene entrañas de misericordia. Si, a pesar de esta maravillosa verdad, percibes tu miseria, muéstrate como el publicano: ¡Señor, aquí estoy, tú verás! Y observad lo que nos cuenta San Mateo, cuando a Jesús le ponen delante a un paralítico. Aquel enfermo no comenta nada: sólo está allí, en la presencia de Dios. Y Cristo, removido por esa contrición, por ese dolor del que sabe que nada merece, no tarda en reaccionar con su misericordia habitual: ten confianza, que perdonados te son tus pecados.

Yo te aconsejo que, en tu oración, intervengas en los pasajes del Evangelio, como un personaje más. Primero te imaginas la escena o el misterio, que te servirá para recogerte y meditar. Después aplicas el entendimiento, para considerar aquel rasgo de la vida del Maestro: su Corazón enternecido, su humildad, su pureza, su cumplimiento de la Voluntad del Padre. Luego cuéntale lo que a ti en estas cosas te suele suceder, lo que te pasa, lo que te está ocurriendo. Permanece atento, porque quizá El querrá indicarte algo: y surgirán esas mociones interiores, ese caer en la cuenta, esas reconvenciones.

Para dar cauce a la oración, acostumbro —quizá pueda ayudar también a alguno de vosotros— a materializar hasta lo más espiritual. Nuestro Señor utilizaba ese procedimiento. Le gustaba enseñar con parábolas, sacadas del ambiente que le rodeaba: del pastor y de las ovejas, de la vid y de los sarmientos, de barcas y de redes, de la semilla que el sembrador arroja a voleo...

En nuestra alma ha caído la Palabra de Dios. ¿Qué clase de tierra le hemos preparado? ¿Abundan las piedras? ¿Está colmada de espinos? ¿Es quizá un lugar demasiado pisado por andares meramente humanos, pequeños, sin brío? Señor, que mi parcela sea tierra buena, fértil, expuesta generosamente a la lluvia y al sol; que arraigue tu siembra; que produzca espigas granadas, trigo bueno.

Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. Ha llegado septiembre y están las cepas cargadas de vástagos largos, delgados, flexibles y nudosos, abarrotados de fruto, listo ya para la vendimia. Mirad esos sarmientos repletos, porque participan de la savia del tronco: sólo así se han podido convertir en pulpa dulce y madura, que colmará de alegría la vista y el corazón de la gente, aquellos minúsculos brotes de unos meses antes. En el suelo quedan quizá unos palitroques sueltos, medio enterrados. Eran sarmientos también, pero secos, agostados. Son el símbolo más gráfico de la esterilidad. Porque sin Mí no podéis hacer nada.

El tesoro. Imaginad el gozo inmenso del afortunado que lo encuentra. Se terminaron las estrecheces, las angustias. Vende todo lo que posee y compra aquel campo. Todo su corazón late allí: donde esconde su riqueza. Nuestro tesoro es Cristo; no nos debe importar echar por la borda todo lo que sea estorbo, para poder seguirle. Y la barca, sin ese lastre inútil, navegará derechamente hasta el puerto seguro del Amor de Dios.

Hay mil maneras de orar, os digo de nuevo. Los hijos de Dios no necesitan un método, cuadriculado y artificial, para dirigirse a su Padre. El amor es inventivo, industrioso; si amamos, sabremos descubrir caminos personales, íntimos, que nos lleven a este diálogo continuo con el Señor.

Quiera Dios que, todo lo que hemos contemplado hoy, no atraviese por encima de nuestra alma como una tormenta de verano: cuatro gotas, luego el sol, y la sequía de nuevo. Esta agua de Dios tiene que remansarse, llegar a las raíces y dar fruto de virtudes. Así irán transcurriendo nuestros años —días de trabajo y de oración—, en la presencia del Padre. Si flaqueamos, acudiremos al amor de Santa María, Maestra de oración; y a San José, Padre y Señor Nuestro, a quien veneramos tanto, que es quien más íntimamente ha tratado en este mundo a la Madre de Dios y —después de Santa María— a su Hijo Divino. Y ellos presentarán nuestra debilidad a Jesús, para que El la convierta en fortaleza.

 

 

Miradas

Mirar a los demás, mirar a Cristo, ser mirados... En este artículo se explica que contemplar -contemplar sobre todo a Dios- significa saber ver, tener ojos limpios que hagan más bella la vida.

Otros05/06/2015

Opus Dei - MiradasFoto: Ismael Martínez Sánchez

La vida cristiana es un constante buscar a Jesús y seguirle, sabiendo que quien le ha visto, ha visto al Padre[1]; y es también dejarse mirar por Él. El Señor se ha quedado en su Iglesia, y espera que le miremos. En la liturgia eucarística se alzan el pan y el vino consagrados para que Le miren los fieles. Cada día procuramos encontrarle en el Santísimo Sacramento, realmente presente, con su Carne y con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad[2]; y en las páginas del Evangelio, que relatan su paso entre los hombres.

¡Cómo sería la mirada alegre de Jesús!: la misma que brillaría en los ojos de su Madre, que no puede contener su alegría –«Magnificat anima mea Dominum!» –y su alma glorifica al Señor, desde que lo lleva dentro de sí y a su lado. ¡Oh, Madre!: que sea la nuestra, como la tuya, la alegría de estar con Él y de tenerlo[3].

La mirada de Dios

«Si buscamos el principio de esta mirada, es necesario volver atrás al libro del Génesis, a aquel instante en que, tras la creación del hombre varón y mujer Dios vio que era muy bueno. Esta primera mirada del Creador se refleja en la mirada de Cristo»[4].

El Verbo encarnado nos contempla con ojos y rostro humanos. En la mirada de Jesucristo encontramos la fuente de nuestra alegría, el amor incondicional, la paz de sabernos queridos. Más todavía: en sus ojos vemos nuestra imagen auténtica, conocemos nuestra verdadera identidad. Somos fruto del amor de Dios, existimos porque Dios nos ama, y estamos destinados a verle un día cara a cara, viviendo su misma vida. Quiere hacernos totalmente suyos, hasta el punto de ser uno con el Hijo, como el Hijo es uno con el Padre[5].

«¡Deseo que experimentéis una mirada así! –decía Juan Pablo II en 1985– ¡Deseo que experimentéis la verdad de que Cristo os mira con amor! (...). Se puede también decir que en esta “mirada amorosa” de Cristo está contenida casi como en resumen y síntesis toda la Buena Nueva»[6].

Jesús mira a cada uno y a la humanidad entera; se compadece de las multitudes, pero no las contempla como masa anónima; de todos pide amor, en singular. Fija sus ojos en el joven rico, inquieto ante la entrega; en Pedro, después de la traición; en la anciana pobre y generosa que deposita su limosna en el templo, pensando que nadie la ve. Jesús reposa su mirada en cada uno de nosotros.

La mirada de Cristo invita a la entrega, porque Él se da totalmente y nos quiere junto a sí; nos enseña a levantar los ojos hacia cosas grandes, libres de ataduras terrenas: una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme[7], pide al joven rico.

Si nos atrevemos a mirar al Redentor, sentiremos el dolor por nuestros pecados y la necesidad de conversión, penitencia y apostolado. Cuando Pedro, después de haberle negado, se encontró con la mirada del Señor, cayó en la cuenta de lo que había hecho: y salió afuera y lloró amargamente[8]. Aquel dolor se convirtió después en audacia de apóstol, en decisión de no ocultar más el Nombre de Jesucristo, y en gozo, hasta con las dificultades en el apostolado: salían gozosos de la presencia del Sanedrín, porque habían sido dignos de ser ultrajados a causa del Nombre[9].

Cuando nos sentimos ciegos, incapaces de verle a nuestro lado, le pedimos con humildad: ut videam!, ¡haz que vea, Señor!

Sus ojos devuelven la paz y la confianza, aunque nos dirijamos a Él tímidamente, como aquella mujer enferma que quiso sólo tocar su manto: Jesús se volvió y mirándola le dijo: –Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado. Y desde ese mismo momento quedó curada la mujer[10].

Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Con estas palabras empezaba San Josemaría sus ratos diarios de oración. Para la oración, es importante mirarle y saber que nos mira. En el cielo lo contemplaremos eternamente y sin sombras; pero también podemos descubrirlo en esta tierra, en la vida ordinaria: en el trabajo, en el hogar, en los demás, especialmente en quienes sufren. Para alimentar esa claridad, repetimos con fe, delante del Sagrario: creo firmemente que me ves siempre. Y cuando nos sentimos ciegos, incapaces de verle a nuestro lado, le pedimos con humildad: ut videam!, ¡haz que vea, Señor!

La mirada de Santa María

«La contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable (...). Nadie se ha dedicado con la asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo (...). Su mirada, siempre llena de adoración y asombro, no se apartará jamás de Él. Será a veces una mirada interrogadora, como en el episodio de su extravío en el templo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?” (Lc 2, 48); será en todo caso una mirada penetrante, capaz de leer en lo íntimo de Jesús, hasta percibir sus sentimientos escondidos y presentir sus decisiones, como en Caná (cfr. Jn 2, 5); otras veces será una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz, donde todavía será, en cierto sentido, la mirada de la “parturienta”, ya que María no se limitará a compartir la pasión y la muerte del Unigénito, sino que acogerá al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado a Ella (cfr. Jn 19, 26-27); en la mañana de Pascua será una mirada radiante por la alegría de la resurrección y, por fin, una mirada ardorosa por la efusión del Espíritu en el día de Pentecostés (cfr. Hch 1, 14)»[11].

En la vida se suceden alegrías y penas, esperanzas y desilusiones, gozos y amarguras; el Señor espera que le busquemos en cada circunstancia exterior o interior. Aprendamos de María a mirarle con mirada interrogadora, dolorida, ardorosa o radiante; siempre llena de confianza. Aprendamos de Ella, sirviéndonos también de las imágenes de la Virgen que acompañan nuestra vida. La costumbre de buscar y de mirar esas imágenes, y el amor con que lo hagamos, prepararán el encuentro con el Hijo, fruto bendito de su vientre. Busquemos el rostro de Jesús, guiados por su Madre: rostro de niño en Belén, lacerado en el Calvario, glorioso después de la Resurrección. Esa búsqueda es en realidad la búsqueda del rostro de Dios, que lleva a orientar la existencia entera al encuentro con Jesús.

«Contemplando este rostro nos disponemos a acoger el misterio de la vida trinitaria, para experimentar de nuevo el amor del Padre y gozar de la alegría del Espíritu Santo. Se realiza así también en nosotros la palabra de San Pablo: “Reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen cada vez más: así es como actúa el Señor, que es Espíritu” (2 Co 3, 18)»[12]. El cristiano tiene la apasionante misión de reflejar a Cristo para mostrar la mirada que Dios dirige a cada persona, como han hecho los santos. Al adorar al Señor en la Sagrada Eucaristía, por ejemplo durante las bendiciones con el Santísimo, vemos al que hemos traspasado, lleno de sangre y de heridas, y descubrimos el misterio del amor de Dios, el verdadero rostro de Dios[13].

Mirar al prójimo

La mirada no es solamente un acto físico; es una acción humana, que expresa las disposiciones del corazón. San Josemaría animaba a contemplar a los demás con las pupilas dilatadas por el amor, porque saber mirar es saber amar. Ciertamente hay miradas de amor y de indiferencia; miradas que muestran apertura y disponibilidad para comprender, acoger y servir; y miradas posesivas, cegadas por el egoísmo. Nosotros queremos mirar con ojos limpios, animados por la predicación del Maestro: bienaventurados los que tienen puro su corazón, porque ellos verán a Dios[14].

Hay miradas de amor y de indiferencia; miradas que muestran apertura y disponibilidad para comprender, acoger y servir.

Intentamos ejercitar las virtudes, conscientes de que hemos de luchar para santificar todos los aspectos de nuestra existencia, también la vista y los demás sentidos. Los ojos no son solamente una ventana por la que vemos el mundo y por donde entran imágenes, sino un cauce por el que expresamos las disposiciones, por donde salen nuestros deseos. La caridad, la compasión, la limpieza de corazón, la pobreza de espíritu y la disponibilidad para servir se desbordan a través de los ojos.

El afán apostólico comienza por descubrir las necesidades de los demás: la indefensión, las ataduras que ahogan la libertad, la confusión... Nos pondremos en el lugar del prójimo si estamos dispuestos a hacernos prójimo nosotros mismos[15]: a olvidar otros intereses menos nobles, a salir del torbellino de las preocupaciones personales para, como el buen samaritano, detenernos, gastar tiempo, e interesarnos por los problemas y preocupaciones de los demás. Es necesario abrir bien los ojos para adivinar y colmar la indigencia espiritual de quienes nos rodean.

El afán apostólico del cristiano lleva a no volver el rostro ante los problemas y las necesidades de todos hombres: la mirada de apóstol afirma el valor de cada hombre, considerado en sí mismo y no en la medida que satisface el propio interés. La verdad moral, como verdad del valor irrepetible de la persona, hecha a imagen de Dios, está cargada de exigencias para la libertad[16].

A su vez, el deseo impuro, el afán de poseer o la curiosidad morbosa, que crecen si no educamos positivamente la mirada, terminan por cegar el corazón. Guardamos la vista para Dios y para los demás. Rechazamos las imágenes que nos separan de Él porque alimentan al hombre viejo, de mirada triste y de corazón egoísta.

Aprender a mirar

Educar la mirada es una lucha importante, que influye en la apertura y la calidad de nuestro mundo interior. Se trata de descubrir a Dios en todo, y de huir de lo que pueda apartar de Él.

Aprender a mirar es, pues, un ejercicio de contemplación: si nos acostumbramos a contemplar lo más alto y hermoso, la mirada sentirá repulsa hacia lo bajo y sucio. Quien contempla asiduamente al Señor, en la Eucaristía y en las páginas del Evangelio, aprende a descubrirle también en los demás, detrás de las bellezas de la naturaleza o de las obras de arte. Disfruta más de lo bueno y adquiere sensibilidad para rechazar lo que enturbia.

Al mismo tiempo, como la vida en esta tierra es una lucha, estamos siempre expuestos a volver al barro. Aprender a mirar es también aprender a no mirar. No conviene mirar lo que no es lícito desear[17].

Las ofensas a Dios se presentan de diferentes modos ante nuestros ojos: algunas veces nos repugnan humanamente, y nos sale sincero y natural el rechazo, por ejemplo ante cosas violentas; otras veces el mal toma la forma de tentación, y se presenta con el atractivo de la carne, el egoísmo o el lujo.

En cualquier caso, siempre se puede convertir la actitud defensiva en actitud constructiva, con el valor redentor de los actos de desagravio. Desagraviar supone que veamos esas realidades en cuanto ofensa a Dios. No sólo como algo desagradable, que nos molesta; ni sólo como una tentación, que rechazamos; sino sobre todo en cuanto que ofenden a Dios.

 

Foto: artisrams

Foto: artisrams

Cuando Jesús dice que todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón[18], deja claro que el desorden en la mirada no consiste sobre todo en el mal uso de un sentido externo, sino que se mueve en un nivel más hondo: ese deseo muestra una visión equivocada de la persona, que deja de ser vista como digna de respeto, como hija de Dios. La mirada que dirijo sobre el otro decide sobre mi humanidad[19].

Si miramos a los demás con ojos limpios, con respeto, descubriremos en ellos nuestra propia dignidad de hijos de Dios, nos sentiremos siempre hijos de Dios Padre. Si, por el contrario, la vista se enturbia, también se deforma nuestra imagen interior. «Así como puedo aceptar o reducir al otro a cosa para usar o destruir, del mismo modo debo aceptar las consecuencias del propio modo de mirar, consecuencias que repercuten en mí»[20] La mirada es decisiva; tal como uno mira se siente mirado, porque tal como uno ama se siente amado.

* * *

San Josemaría nos ha enseñado a dirigir el corazón –con una jaculatoria, un beso, una inclinación de cabeza o un golpe de vista– a las cruces, y a no dejar de saludar, al menos con una mirada, a las imágenes de Nuestra Señora. Pequeños gestos que nos ayudan a vivir como contemplativos, con la esperanza de ver un día el rostro de Dios, cara a cara.

Vultum tuum, Domine, requiram (Sal 26, 8), buscaré, Señor, tu rostro. Me ilusiona cerrar los ojos, y pensar que llegará el momento, cuando Dios quiera, en que podré verle, no como en un espejo, y bajo imágenes oscuras... sino cara a cara (1 Co 13, 12). Sí, mi corazón está sediento de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo vendré y veré la faz de Dios? (Sal 41, 3)[21].

Estas palabras de San Josemaría describen el anhelo profundo del cristiano, que se mueve todavía entre sombras, y anhela de todo corazón la claridad de la luz de Dios, motivo de su esperanza.

C. Ruiz

M. de Sandoval


[1] Cfr. Jn 14, 7.

[2] San Josemaría, Surco, n. 684.

[3] San Josemaría, Surco, n. 95.

[4] Juan Pablo II, Carta a los jóvenes en el Año Internacional de la Juventud, 31-III-1985, n. 7.

[5] Cfr. Jn 17, 21.

[6] Juan Pablo II, Carta a los jóvenes en el Año Internacional de la Juventud, 31-III-1985, n. 7.

[7] Mc 10, 21.

[8] Lc 22, 62.

[9] Hch 5, 41-42.

[10] Mt 9, 22.

[11] Juan Pablo II, Litt. apost. Rosarium Virginis Mariæ, 16-X-2002, n. 10.

[12] Ibid., n. 9.

[13] Cfr. J. Ratzinger, Intervención en el Congreso Il volto nascosto e trasfigurato di Cristo, Roma, 20-X-2001.

[14] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 175; Mt 5, 8.

[15] Cfr. J. Ratzinger, L’Europa di Benedetto nella crisi delle culture, p. 84; cfr. Lc 10, 29-37.

[16] Cfr. ibid., p. 81-82.

[17] S. Gregorio Magno, Moralia, 21, 2, 4.

[18] Mt 5, 28.

[19] Cfr. J. Ratzinger, L’Europa di Benedetto nella crisi delle culture, pp. 81-91.

[20] Ibid., pp. 86-87.

[21] San Josemaría, Santo Rosario, Apéndice, IV misterio de luz.

 

La vocación al matrimonio

Escrito por Juan Ignacio Bañares

Publicado: 11 Septiembre 2019

Recientemente se está redescubriendo el valor del matrimonio cristiano: realidad sacramental y a la vez determinación de la vocación universal a la santidad, pero no es una realidad más que debe ser ordenada a Dios, sino que se trata de una relación de amor entre dos personas. Una auténtica concreción peculiar de la llamada general a la santidad

Contaba Juan Pablo I que en el siglo XIX enseñaba en la Universidad de la Sorbona, en París, Federico Ozanam (1813-1853), muy buen católico y excelente escritor y profesor. El P. Lacordaire (1802-1861), el predicador más famoso de Francia y gran amigo de Ozanam pensaba que Federico podría ser un excelente sacerdote, e incluso obispo. Pero Ozanam se casó y su amigo se permitió comentar: «¡Pobre Ozanam! ¡También él ha caído en la trampa!» Dos años después, Lacordaire fue recibido en Roma por Pío IX, y el Papa le dijo: «Venga, venga, padre, yo siempre había oído decir que Jesús instituyó siete sacramentos: ahora viene Ud., me revuelve las cartas y me dice que ha instituido seis sacramentos y una trampa. No, padre, el matrimonio no es una trampa, es un sacramento muy grande»[1].

Vocación, naturaleza y sacramento

Sirva esta anécdota para recordar que existen vocaciones no vinculadas a un sacramento específico más allá de la condición de hijo de Dios recibida en el bautismo[2] y a su vez la mayoría de los sacramentos no tienen una vinculación concreta con una vocación específica. En el caso del matrimonio, sin embargo, existe esta bilateralidad: entre cristianos, el matrimonio válidamente contraído es una realidad sacramental y a la vez una determinación de la vocación universal a la santidad.

Sin embargo, conviene hacer varias precisiones. La llamada universal a la santidad invita y habilita a todos los fieles a ser santos y a llevar a Dios todas las circunstancias de su vida y todas las realidades temporales en las que legítimamente participan. En cambio, el matrimonio no es una realidad temporal más de este conjunto inmenso de realidades susceptibles de ser ordenadas al Creador: es una realidad interpersonal; es una relación intersubjetiva de amor[3]. Parece que puede señalarse que la vocación al matrimonio constituye una concreción peculiar de esa llamada general a la santidad: «la vocación universal a la santidad está dirigida también a los cónyuges y padres cristianos. Para ellos está especificada por el sacramento celebrado y traducida concretamente en las realidades propias de la existencia conyugal y familiar»[4].

Aun así, esa precisión todavía no sería suficiente para explicar la vocación matrimonial. Porque esa relación interpersonal no es una relación genérica de amor entre dos personas cualesquiera, sino que emerge y se construye a partir de la propia estructura ontológica del ser humano, cuya dimensión sexuada lo constituye en mujer o varón. Independientemente de la interacción del hombre sobre su propio ser, es un dato antropológico que la realidad mujer-varón existe y ofrece diferencias y singularidades (ciertamente graduales y personales) que suponen modos complementarios y potencialmente enriquecedores de ser persona. La riqueza proviene precisamente de que contienen las mismas cualidades y a la vez se presentan de modos diferentes, de la misma manera que pueden unirse y constituir un principio único de origen de nuevos hijos. De ahí que sea posible la existencia de un amor específico entre mujer y varón, basado precisamente en las diferencias (masculino-femeninas) de uno y otra, arraigadas a la vez en la igualdad del valor personal. Ningún otro amor humano se asienta sobre una estructura particular −ontológica− del propio ser humano.

Cabe, además, añadir que esta relación interpersonal basada en la diferenciación y complementariedad de varón y mujer se establece y constituye como un verdadero rasgo de identidad en el ser. La maternidad, la paternidad y la filiación surgen del origen en el orden de la naturaleza; la fraternidad, del tronco común. Pero la identidad de los padres, de los hijos, de los hermanos, ni se elige ni se comparte como algo coposeído. La conyugalidad, en cambio, enlaza radicalmente la fuerza de la naturaleza (desde la condición sexuada de la persona) con la originalidad de la libertad personal: la única que puede ser causa eficiente de una relación de este tipo.

Así, el amor, la elección y el compromiso −la voluntad de casarse con alguien− son enteramente fruto del libre albedrío; y a su vez el objeto de ese acto de voluntad y el contenido de la alianza conyugal es asumido por la libertad a partir de las potencias naturales de la persona, varón y mujer. En efecto, en el momento de constitución del matrimonio, lo que realizan la mujer y el varón es un acto de don-aceptación (cada uno a través del otro) de lo que son como personas femenina y masculina. Pero ese acto no queda aislado, no es transeúnte, sino que genera la condición de cónyuges que desde entonces les es inmanente. Ese título de copertenencia biográfica se instala en el ámbito del ser. En expresión feliz de Hervada, lo que era meramente potencial y gratuito lo han hecho ser actual y debido. 

Aparece aquí la distinción entre el ser y el obrar. Como en las demás dimensiones de la persona humana, el ser precede al obrar y a la vez procede a obrar a través de la voluntad libre de la persona. El ser abre la persona al obrar, pero no la determina. De igual modo, el ser conyugal hace a un cónyuge coposesor y copartícipe del en todo lo conyugable y sus efectos, pero la ejecución coherente de esa relación debida −las obras del amor ya entregado− deben ser puestas desde la libertad de cada uno, que por definición es biográfica y permanece abierta mientras exista la posesión de sí. De ahí que un cónyuge pueda ser buen o mal cónyuge −en un momento, o en otro−, como un padre, una madre, un hijo o un hermano pueden ser buenos o malos en cuanto tales.

El plano natural y el plano sobrenatural

El ser humano que recibe el bautismo −la persona− es elevada en el orden sobrenatural a la condición de hijo de Dios… obviamente sin perder su condición natural de persona: la elevación no cambia o muda la sustancia. De modo análogo, por la condición de cristiano −por estar injertado en Cristo por el bautismo−, cuando se genera el matrimonio, el orden de la gracia invade y empapa toda la realidad natural, elevándola… sin mudar nada de lo que es en sí el matrimonio: ni esencia, ni fines, ni propiedades o elementos esenciales. La sacramentalidad no es un algo añadido, ni un revestimiento del matrimonio que dependa de la intensidad cristiana de la vida de los contrayentes. Es un regalo de Cristo, un don divino que depende solo de su voluntad, y que hace posible vivir la misma realidad en un plano y de un modo nuevos, y abre un sentido también nuevo de esa vida, que es susceptible de ser convertida en la caridad de Cristo Jesús: «El matrimonio es una vocación, en cuanto que es una respuesta al llamado específico a vivir el amor conyugal como signo imperfecto del amor entre Cristo y la Iglesia»[5].

No podemos olvidar que en el sacramento del matrimonio los sujetos, quienes administran el sacramento, son los propios contrayentes, y el objeto que intercambian en ese acto de don-aceptación son también ellos mismos en su complementariedad sexuada. Parece evidente que nada de eso puede cambiar por la condición sacramental, como tampoco puede variar la alianza constituida en el pacto conyugal: la relación vincular establecida y otorgada, que da origen al deber de poner los actos propios del amor conyugal.

También aquí existen particularidades del matrimonio. Además de que los contrayentes son ministros del sacramento que se administran a sí mismos (verdadera particularidad de este sacramento), son objetos del mismo sacramento, «hasta tal punto que el efecto primario e inmediato del matrimonio (res et sacramentum) no es la gracia sobrenatural misma sino el vínculo conyugal cristiano, una comunión en dos típicamente cristiana porque representa el misterio de la Encarnación de Cristo y su misterio de Alianza»[6].

¿Qué es lo nuevo que aporta la sacramentalidad?: lo que le ha asignado la voluntad constituyente de Jesucristo: en primer lugar, ser signo de la unión de Cristo con la Iglesia[7]. Al llegar a este punto hay que recordar que no es la unión de Cristo la que se parece a la unión esponsal, sino al revés: el primer analogado es Cristo en su unión con la Iglesia, y la unión conyugal de los cristianos refleja esa unión. Es más, «el sacramento no es una cosa o una fuerza, porque en realidad Cristo mismo “mediante el sacramento del matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos” (cf. Gaudium et spes, 48) (…) El matrimonio cristiano es un signo que no sólo indica cuánto amó Cristo a su Iglesia en la Alianza sellada en la cruz, sino que hace presente ese amor en la comunión de los esposos»[8].

En segundo lugar, en cuanto sacramento, el matrimonio concede la gracia a los fieles que lo reciben en las debidas condiciones. Pero además, precisamente porque el matrimonio se asienta establemente en la persona, mujer y varón, también el sacramento ofrece un quid permanens −que algunos autores han llamado cuasicarácter sacramental−, un titulus gratiae, un compromiso de Dios (por decirlo de algún modo) de avalar, iluminar, acompañar a los contrayentes a lo largo de la vida conyugal y familiar para ayudarles en la tarea de convertirla toda entera en camino santificable y santificante: «el amor humano −decía Pablo VI a unos matrimonios− se transforma en gracia, se hace vehículo e instrumento del amor divino, que se derrama cada vez más abundantemente sobre vosotros, y de uno a otro, y de ambos a los hijos, en intercambio mutuo, para el que prepara y robustece la gracia del sacramento»[9].

En tercer lugar, el sacramento introduce a los cónyuges cristianos en una condición particular en el seno de la comunidad eclesial y de la sociedad civil, y les llama a desarrollar una misión específica en ambos campos, para la cual les atribuye un carisma particular[10].

El despliegue existencial de la llamada vocacional al matrimonio

«La unión de los esposos es también un camino de santidad»[11], decía Pío XII en 1941. No se trata de perfeccionarse con ocasión de los avatares de la vida conyugal y familiar, sino de vivirlos expresamente desde el plano sobrenatural, insertarlos en la caridad de Cristo, y desarrollarlos como carisma propio en el seno de la comunidad. Todo lo conyugal y familiar es bueno (incluso naturalmente sacro, podríamos decir) y se puede divinizar precisamente ejerciendo de modo santo el propio rol en el seno de la familia: «El matrimonio está hecho para que los que lo contraen se santifiquen en él, y santifiquen a través de él: para eso los cónyuges tienen una gracia especial, que confiere el sacramento instituido por Jesucristo. Quien es llamado al estado matrimonial, encuentra en ese estado −con la gracia de Dios− todo lo necesario para ser santo, para identificarse cada día más con Jesucristo, y para llevar hacia el Señor a las personas con las que convive»[12]. El mismo autor, con palabras fuertes, afirma que el lecho matrimonial es un altar, lugar santo en el que se renueva la donación de sí entre los esposos mediante el acto conyugal, que es elemento fundamental de la vocación matrimonial como camino de santidad. Por ello, podemos afirmar que los esposos están llamados a la santidad no a pesar de los actos sexuales sino santificando estos actos, que son en si buenos y santificables.

Toda la cotidianidad de esta comunidad de vida y amor que es el matrimonio no es, por tanto, simple ocasión de poner a Dios en lo humano, sino fuente y camino de auténtica santidad, porque es Dios mismo quien sale al encuentro de los cónyuges en cada circunstancia y les invita y ayuda para llevar a la práctica la tarea vocacional a la que han sido llamados[13]. Como toda vocación, la matrimonial es a la vez tarea y carisma: tarea para poner en cada momento y circunstancia de la vida las obras del amor conyugal y familiar, con toda su dimensión social y apostólica. En ella destacan, como es obvio, además de la relación de esposos[14], las relaciones paterno y materno-filiales, fruto de ese amor y el deber de transmitir la fe y educar y respetar la libertad de los hijos. Y en ella se encuentran también los diversos roles y actuaciones que el matrimonio y la familia están llamados a llevar a cabo como parte constitutiva del bien común de la Iglesia y de la sociedad civil[15]: «Con todo, para un cristiano, el matrimonio no consiste en un simple remedio creado por los hombres para ordenar y regular las relaciones domésticas en la sociedad civil: es una auténtica vocación, una llamada a la santificación, dirigida a los cónyuges y a los padres cristianos[16]». Por el contrario, «quienes, según su propia vocación, viven en el estado matrimonial, tienen el peculiar deber de trabajar en la edificación del pueblo de Dios a través del matrimonio y de la familia»[17].

En definitiva, las decisiones sobre el domicilio o un cambio de trabajo, las relaciones sociales, el descanso y las vacaciones, el trato y educación de los hijos, las cuestiones económicas y el uso del dinero… todo se hace conyugal y debe ser planteado y resuelto desde el acuerdo de ambos cónyuges y desde la perspectiva global de su llamada a la santidad: todo se convierte en realidad sacramental. 

Juan Ignacio Bañares
Profesor Ordinario de Derecho Matrimonial
Facultad de Derecho Canónico
Universidad de Navarra

 

La familia y el amor incondicional, referencia de base para los jóvenes

Escrito por Rafael Miner

“Los jóvenes intuyen –algunos a pesar de no haberlo vivido nunca−, que la familia es el lugar idóneo para un desarrollo personal pleno. Y en su corazón está el anhelo de un hogar, de una acogida plena”

Los jóvenes siguen valorando y percibiendo la familia como comunidad de referencia, y anhelan el amor verdadero, pero se les debe acompañar y ayudar en ese empeño, aseguran expertos en temas de familia de varias universidades consultados por Palabra. Jóvenes y padres sinodales coincidieron hace muy poco en Roma en que la familia es la referencia permanente.

Durante la celebración del último Sínodo existía curiosidad sobre la valoración que realizarían los jóvenes sobre la familia, que podría responder naturalmente a la relación con su propia familia, y también con otras. La rebeldía plasmada en tantas películas es un hecho real, y la distancia generacional, aun sin quererlo, pasa factura más veces de lo que todos desearían.

Al fin y al cabo, “no es fácil hacerse una imagen real de la relación y parecer que actualmente sostienen los jóvenes sobre la familia. Son muchos los interesados en que los jóvenes opinen una cosa u otra. Los medios de comunicación y la publicidad comercial está continuamente conformando la imagen pública de los jóvenes y quieren orientarla según sus intereses”, asegura Fernando Vidal, director del Instituto Universitario de la Familia de la Universidad Pontificia de Comillas.

A su juicio, “existe una gran distancia entre la familia de la opinión −aquella que se mantiene en los discursos, en las conversaciones o en los medios− y la familia de la experiencia −la que verdaderamente vive la gente, la que tiene en el corazón y sus anhelos. Es algo que hemos estudiado ampliamente en el Informe Familia”.

Sin embargo, la conclusión del Sínodo ha sido diáfana. “Los jóvenes siguen valorando y percibiendo la familia como comunidad de referencia. Así se recoge en el artículo 32 del documento final del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Además, dos de los artículos aprobados por unanimidad, los números 72 y 95, hacen referencia a la necesidad de la familia y al acompañamiento como elementos clave de la nueva evangelización”, explica Pilar Lacorte, de la Universidad Internacional de Cataluña (UIC).

“A pesar de las evidentes señales de crisis por las que pasa la familia en nuestra sociedad, son muchas las familias que responden con generosidad, alegría y fe a su vocación, aun con obstáculos, incomprensiones y sufrimientos”, añade.

Momentos complicados

Esto es así a pesar de que el matrimonio y la familia pasan momentos difíciles en el mundo. Por citar sólo un país de larga tradición cristiana, como España, entre 2000 y 2016 se han producido 1,6 millones de divorcios, en torno a cien mil divorcios por año de media. Unas cifras que se dispararon a raíz del denominado “divorcio express” de la ley 15/2005, que implicó la eliminación de plazos previos. Además, los casos de violencia contra la mujer y otros miembros de la familia, los niños, los más vulnerables, saltan desgraciadamente a los medios de comunicación con frecuencia.

¿Quién no recuerda, por ejemplo, el dramático caso del niño Gabriel, asesinado en el seno de una familia rota en Almería (España)? Un hecho que llevó a Ernesto Juliá, sacerdote y escritor, a titular su reflexión: “A propósito de Gabriel: salvemos la familia”. En rápidos trazos, Juliá recordaba en religiónconfidencial.com a Benedicto XVI, en el mensaje de la Jornada Mundial de la Paz de 2013:

“Ninguno puede ignorar o minimizar el papel decisivo de la familia, institución base de la sociedad desde el punto de vista demográfico, ético, pedagógico, económico y político. La familia tiene como vocación natural promover la vida: acompaña a las personas en su crecimiento y las anima a enriquecerse mutuamente mediante el cuidado recíproco. En concreto, la familia cristiana lleva consigo el germen del proyecto de educación de las personas según la medida del amor divino. La familia es una de los sujetos sociales indispensable en la realización de una cultura de la paz”.

Un anhelo en el corazón

Parece legítimo por tanto preguntarse: ¿qué está pasando? “Porque los jóvenes intuyen −algunos a pesar de no haberlo vivido nunca−, que la familia es el lugar idóneo para un desarrollo personal pleno. Y en su corazón está el anhelo de un hogar, de una acogida plena, de un amor incondicional”, señala María Lacalle, directora del Centro de Estudios de la Familia de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV).

A su juicio, “desde los años 60 se han ido minando los pilares básicos del matrimonio y la familia y se ha impuesto un estilo de vida basado en un individualismo feroz, en el rechazo de todo compromiso y de cualquier referencia a la verdad y en una concepción de la libertad como algo absoluto, sin contenido. En lo que se refiere a la sexualidad, se ha desvinculado del amor, del compromiso y de la apertura a la vida, pasando a ser considerada una mera fuente de placer, algo privado y puramente subjetivo, algo propio única y exclusivamente de la intimidad de cada uno, quedando al arbitrio del sujeto dotar de cualquier significado a su propia sexualidad y a las relaciones que pueda establecer”, señala María Lacalle. En su opinión, “este estilo de vida no ha traído más felicidad ni vidas más plenas sino todo lo contrario. Ha traído soledad y desarraigo, mucho sufrimiento y profundas heridas afectivas”.

Sin embargo, “en el Sínodo los jóvenes han mostrado que tienen una inmensa necesidad de sentirse amados, y de amar de verdad. Buscan algo grande, hermoso. Se dirigen a la Iglesia para encontrar respuestas sobre las que edificar su vida y fundar su esperanza. No les defraudemos”, anima la vicerrectora de la UFV, que ha presidido recientemente un Congreso internacional sobre 50 años de mayo del 68. Fernando Vidal se refiere también a que “la principal nota que caracteriza a la relación de los jóvenes con la familia es muy positiva. La familia es la dimensión personal y social más importante y profunda de los jóvenes. Todas las encuestas e investigaciones demuestran que es la principal fuente de confianza y es un aspecto imprescindible de su vida. Los jóvenes expresan una gratitud inconmensurable hacia sus familias y quieren construir una familia propia en su futuro. La familia es el componente más original, universal y profundo de la condición humana”.

Esto sorprende en cierto modo al experto, porque la familia es una “comunidad contracultural” en una sociedad actual dominada por el individualismo, en lo que coincide con María Lacalle. Dice Vidal: “Tanto cuanto la cultura dominante está invadida por el individualismo y el utilitarismo, las lógicas de solidaridad y donación de la familia constituyen su más fuerte resistencia. Los vínculos familiares son los más persistentes y algunos de ellos son irreversiblemente para siempre. Eso también es contradictorio con lo que el Papa Francisco llama la cultura del descarte, efímera e incapaz de dar sostén al compromiso y lo duradero, tal como se dice en la exhortación apostólica Amoris Laetitia”.

Sociedad, familia, Iglesia

En su reflexión sobre la familia y los jóvenes, varios expertos destacan de modo especial la belleza y la necesidad de la familia como elemento primordial en la sociedad y en la Iglesia, también con un enfoque ontológico, y el papel que ha desempeñado a lo largo de la historia.

“El documento final del Sínodo dedicado a los jóvenes sintetiza, en una breve frase, una convicción compartida desde siempre en todos los tiempos y lugares. ‘La familia −se lee en el número 32−, es un principal punto referencia para los jóvenes’. Es un bien y una referencia para todos como testimonia suficientemente la historia de los pueblos y culturas en los diversos tiempos y lugares”, señala el profesor Augusto Sarmiento, de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

“En la familia nace y se desarrolla el cimiento mismo de la sociedad. Es en la familia donde, por ley común y universal, la persona humana comienza y lleva a cabo su integración en la sociedad. Tan importante es la vinculación de la familia con la sociedad que se puede concluir que la calidad de la sociedad está ligada al ser y existir de la familia. La sociedad será lo que sea la familia”, añade Augusto Sarmiento.

En relación a la Iglesia, el profesor subraya que esa “función insustituible” de la familia en el desarrollo de la sociedad, “es también imprescindible para la iglesia. Hasta el punto de que, ‘entre los numerosos caminos que la Iglesia sigue para salvar al hombre, la familia es el primero y más importante” (san Juan Pablo II)”.

“Una de las claves para penetrar en la relación familia-Iglesia −añade−, es la consideración de la familia como Iglesia doméstica. Entre la Iglesia y la familia hay una relación de tal naturaleza que se puede decir que la familia es como una iglesia en miniatura. Y como se fundamenta en el sacramento del matrimonio, la relación que origina es de naturaleza sacramental. Se mueve en la línea del misterio y determina necesariamente la participación de la familia cristiana en la misión de la Iglesia”. Más adelante, el teólogo cita a san Pablo VI, pero eso se verá unos párrafos más adelante, al referirse a la identidad de la familia.

Se nos quiere por nosotros mismos

“No me choca nada que uno de los artículos más votados del documento final del Sínodo sobre los jóvenes haya sido el referido a la familia, que tiene la tarea de vivir la alegría del Evangelio en la vida cotidiana y compartir a sus miembros según su condición”, afirma Pablo Velasco Quintana, editor de CEU Ediciones en la Universidad CEU San Pablo.

“Qué liberador pensar en un lugar donde nos quieren por nosotros mismos, en cuanto tales. Donde no hay que llevar el currículum ni nos tenemos que ganar el puesto en una competición. Esto es maravilloso, porque entonces podemos afirmar que efectivamente la familia es el fundamento del amor, la educación y la libertad. Lo explica precioso el filósofo francés Fabrice Hadjajd”, anota el experto.

El artículo 72 del Sínodo, según Pablo Velasco, “tiene un segundo párrafo que recuerda a la familia la lógica vocacional en la familia. Es un párrafo duro, porque nos pone delante de nuestra debilidad y de nuestra tentación a determinar las elecciones de los niños, invadiendo el espacio de discernimiento. La vida de santidad es una historia personal con Dios, personal e intransferible”.

Velasco fue relator de una mesa redonda en el reciente XX Congreso de Católicos y Vida Pública, organizado por la Asociación Católica de Propagandistas y el CEU, que tuvo como lema Fe en los jóvenes. Su encuentro llevaba por título Abuelos y nietos, un diálogo fructífero, y tiene que ver con un tema recurrente en el Papa Francisco.

Red de solidaridad

En efecto, en la recta final del reciente Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, a finales de octubre, el Papa Francisco acudió a una cita que ha pasado algo inadvertida, al menos fuera de las esferas romanas. En el Instituto Patrístico Augustinianum de Roma se presentaba el libro La saggezza del tempo (La sabiduría del tiempo) escrito por el P. Spadaro, SJ, director de la revista La Civiltà Cattolica. Y allí acudió el Papa.

El Santo Padre respondió a algunas preguntas de los asistentes, entre ellos el director de cine estadounidense Martin Scorsese. ¿Cómo convivir, abrirse, relacionarse? Tantas veces se tiene la experiencia de que cerrarse lleva a una profunda insatisfacción, al vacío… El Papa Francisco ofreció algunas claves, que recordaron a sus palabras en el Encuentro Mundial de las Familias de Dublín: entregándose a los demás, dándose, viviendo la solidaridad. ¿Y eso dónde se aprende? El Papa respondió: en la familia, a la que bautizó como “red de solidaridad”. “La familia es la única forma social que surge de un ‘amor sin condiciones’, que es el propio de los esposos. Y de ese amor, que es entrega vivida con esfuerzo y sacrificio a lo largo del tiempo, aprenden los hijos a darse a los demás y, sobre todo, a darse”, ha escrito en Palabra Montserrat Gas Aixendri, del Instituto de Estudios Superiores de la Familia de la UIC, comentando los mensajes del Papa en Dublín. “Nada mueve a darse como el saberse amado”.

Escucharse mutuamente

En su escapada romana del 23 de octubre, el Papa tenía también un mensaje para los jóvenes, para esos jóvenes que han caminado junto a los obispos en el Sínodo. “¿Y qué les pregunto a los jóvenes?”. Su respuesta fue rápida: escuchar a los ancianos. “Lo siento por un niño cuyos sueños se desatan en la burocracia. Es como el joven rico del evangelio. Va triste, vaciado. Por eso pido escuchar, cercanía a los ancianos”.

Sin embargo, cinco días más tarde, en la homilía de la Misa de clausura del Sínodo, al comentar el pasaje evangélico del ciego de Jericó, Bartimeo, lanzaba el mismo mensaje de escucha, pero dirigido esta vez a los padres sinodales, a las familias y a todos, para que oigamos a los jóvenes: “Para Jesús, en cambio, el grito del que pide ayuda no es algo molesto que dificulta el camino, sino una pregunta vital. ¡Qué importante es para nosotros escuchar la vida! Los hijos del Padre celestial escuchan a sus hermanos: no las murmuraciones inútiles, sino las necesidades del prójimo. Escuchar con amor, con paciencia, como hace Dios con nosotros, con nuestras oraciones a menudo repetitivas. Dios nunca se cansa, siempre se alegra cuando lo buscamos. Pidamos también nosotros la gracia de un corazón dócil para escuchar. Me gustaría decirles a los jóvenes, en nombre de todos nosotros, adultos: disculpadnos si a menudo no os hemos escuchado; si, en lugar de abrir vuestro corazón, os hemos llenado los oídos. Como Iglesia de Jesús deseamos escucharos con amor, seguros de dos cosas: que vuestra vida es preciosa ante Dios, porque Dios es joven y ama a los jóvenes; y que vuestra vida también es preciosa para nosotros, más aún, es necesaria para seguir adelante”.

Acompañar a las nuevas familias

Volviendo a los jóvenes, a sus noviazgos, a su deseo de “construir una familia propia en su futuro”, en palabras de Fernando Vidal, “no seamos ingenuos”, apunta María Lacalle. “Los jóvenes, que han nacido inmersos en el ambiente cultural que hemos descrito más arriba, y con frecuencia sin haber vivido una experiencia de amor verdadero, necesitan mucha ayuda”.

“En Amoris Letitia se apunta la necesidad de un acompañamiento a las nuevas familias especialmente en los primeros años de vida familiar (n. 211)” −recuerda Pilar Lacorte−. “Como afirma Juan José Pérez Soba, ‘no es bueno que la familia esté sola’. Por eso es preciso buscar, con creatividad, nuevos espacios de acompañamiento en los que las familias jóvenes puedan recibir formación, apoyo y experiencia compartida.

Los primeros años de una familia son una etapa de grandes esfuerzos para adaptarse y compatibilizar muchos ámbitos en una realidad nueva y todavía desconocida: trabajo, amigos, familias de origen, paternidad etc. Los nuevos esposos y padres con frecuencia viven esta primera etapa de vida en común con sensación de aislamiento y agobio ante numerosas dificultades y retos que no habían alcanzado a imaginar. Cada vez más, estas jóvenes parejas carecen del acompañamiento del entorno familiar, o de la formación que proviene de la experiencia vivida en sus familias de origen”.

María Lacalle efectúa también otro breve elenco: “Debemos ayudarles a confirmar su esperanza, a superar el pesimismo antropológico en el que muchos están inmersos debido a las heridas afectivas que hay en su interior, haciéndoles ver que es posible el amor verdadero. Que no se trata de un ideal reservado a unos pocos, que está al alcance de aquellos que se propongan querer querer, especialmente si se abren a la ayuda de Dios. Debemos ayudarles a escapar de la cultura de los derechos individuales, que va radicalmente en contra de una cultura del amor y la responsabilidad y que está destruyendo a las familias. Debemos ayudarles a superar la falsa idea de que la libertad es una fuerza autónoma e incondicionada, sin vínculos ni normas. Debemos ayudarles a superar la absolutización del sentimiento y a redescubrir que la dinámica interior del amor matrimonial incluye y necesita de la razón y de la voluntad y se abre a la paternidad y la maternidad, armonizando la libertad humana con el don de la Gracia”.

Pilar Lacorte hace especial hincapié en la escuela, en el colegio. A su juicio, “es una etapa en la que los esposos, normalmente, tienen poca disponibilidad de medios y tiempo; por eso es necesario buscar los medios en los que puedan ser acompañados en su tarea como padres y esposos en el entorno de la vida cotidiana.

Un lugar en el que los padres jóvenes buscan de forma natural ese apoyo es la escuela. Es precisamente en los primeros años de vida escolar −que coinciden con los primeros años de las familias−, cuando los padres acuden más a la escuela pidiendo ayuda, también para su vida familiar. Proponer el acompañamiento desde la escuela cristiana es una llamada a contemplar desde otros ojos la realidad de las familias”.

Los jóvenes padres, protagonistas

“No se trata de suplir a los padres o dirigirlos desde la escuela en su tarea educadora. Se trata más bien de “empoderarles” y devolverles su protagonismo en la tarea educadora en el contexto familiar”, añade la experta de UIC, quien recuerda que el Papa Francisco ha subrayado en varias ocasiones la brecha que se está abriendo entre familia y escuela, y la necesidad de que ambas vayan al unísono.

Pablo Velasco aporta dos experiencias de los padres cuando nacen los hijos o cuando se les acoge, que se refieren a torpezas e incapacidades. “La primera es la alegría ante ese don recibido e inmerecido, que supera nuestras expectativas. La segunda, retos nuevos para los que no estamos bien preparados, una inadecuación enorme, una incapacidad respecto de la tarea, que viene con el tiempo subrayada por nuestra torpeza y nuestro mal. Chesterton lo explicaba de maravilla con ese ejemplo de la madre que recibe al hijo en casa después de una buena sesión de juego fuera un día lluvioso. El hijo está embarrado hasta la coronilla, y la madre lo lava, porque sabe que delante de sí no tiene solo el fango, sino que debajo de esa suciedad está su hijo. Porque la educación tiene más que ver con la ontología que con la ética, con la naturaleza de la relación filial”.

Superar las amenazas

Siguiendo el hilo de las posibles dificultades que pueden surgir, casi todos los expertos consultados se refieren en especial a la crisis de identidad y a la puesta en cuestión de los vínculos. “La mayor amenaza contra la familia es el debilitamiento de los vínculos, incluso de los más cruciales como los paterno-materno-filiales y los conyugales. Para resistir la ola de desvinculación los jóvenes no solamente necesitarán sus deseos, sino reconstruir instituciones −que no son principalmente un fenómeno de poder sino un fenómeno de universalidad y comunicación intergeneracional−, entre ellas la comunidad conyugal, que es la mayor amistad posible entre seres humanos. Es momento de reconstruir la conyugalidad positiva”, comenta Fernando Vidal.

El profesor Augusto Sarmiento recuerda que “asistimos a cambio cultural que hace necesario determinar con claridad la realidad que se quiere designar con los términos ‘matrimonio’ y ‘familia’. No pocas veces se usan para señalar formas de convivencia incluso contrapuestas entre sí”. En su opinión, “se hace necesario, por eso, determinar bien el camino para identificar y acceder a la verdad o identidad de la familia. Y ese no es otro que el del “significado que el matrimonio y la familia tienen en el plan de Dios, creador y salvador”. Porque “cualquier concepción o doctrina que no tenga suficientemente presente esta relación esencial del matrimonio y la familia con su origen divino y su destino, que trasciende la experiencia humana, no comprendería su más profunda realidad y no podría encontrar el camino exacto para resolver sus problemas” (san Pablo VI).

Propuestas del Papa

El 19 de marzo de 2016, el Papa Francisco firmó Amoris Laetitia (AL). En la Exhortación se señalan varias propuestas y elementos para que la vida familiar que surge del matrimonio sea un camino de felicidad y plenitud a lo largo del tiempo. “Enseñar a ser familia siendo familia implica ayudar a que se contemplen dichos elementos como caminos de plenitud más que de dificultades”, escribió en Palabra el profesor Nicolás Álvarez de las Asturias, al sintetizar los consejos del Papa.

En primer lugar, la convivencia. Ayudar a la familia y a los jóvenes es enseñarles a convivir, al compás del himno a la caridad de San Pablo, que suele escucharse en las lecturas de la Misa en las ceremonias nupciales en los templos. En segundo término, la generación y educación de los hijos; para ello, hay que aprender a ser padre y madre, y empeñarse en una tarea educativa que va desde la formación de la conciencia hasta la transmisión de la fe, como hemos visto. El tercero es el ejercicio de la sexualidad como parte fundamental de la vida matrimonial y, para los cristianos, camino de unión con Dios. El cuarto es el paso del tiempo, con sus consecuencias en el modo de percibir y expresar el amor y en la situación real de la vida de la familia.

Respecto a los padres que han visto cómo sus hijos se han alejado de la fe, el Papa Francisco ofreció un consejo en la cita romana del Instituto Augustinianum de finales de octubre: actuar “con mucho amor, mucha ternura, mucho testimonio, paciencia y oración. Y nunca discutir”. Fue a raíz de una pregunta del matrimonio maltés formado por Tony y Grace Naudi, de 71 y 65 años. El Papa subrayó que “la fe se transmite siempre en casa. Precisamente son los abuelos quienes, en los momentos más difíciles de la historia, los que han transmitido la fe”.

Rafael Miner, en Revista Palabra.

 

 

Evalúe la calidad de su familia, cónyuges, padres e hijos. (261 preguntas)

ESCUELA PARA PADRES

Evalúe la calidad de su familia, cónyuges, padres e hijos. (261 preguntas)

OBJETIVO

Establecer por medio de preguntas y respuestas un compendio de cuestiones para la revisión que tiene que hacer cada familia, en el día a día, de sus relaciones matrimoniales, hijos, familiares, etc., equivalente a las “Normas ISO 9001” que avalan la buena estructura y el buen el buen funcionamiento de las organizaciones que lo obtienen.

Todas las empresas, productos y servicios importantes, están normalizados y estandarizados. Se puede comprobar a través de los diferentes sellos o logotipos, que lo acreditan y les acreditan. ¿Por qué no puede tenerlo también la familia?

A nuestro alcance no existe una guía que otorgue un sello de calidad familiar, que refleje que se está cumpliendo con unos buenos criterios de funcionamiento. Aunque cada familia es única e irrepetible, esta norma, análisis, examen o como cada uno quiera llamarla, es un arbitraje moral, salido del corazón y de la mente de sus miembros con uso de razón.

Esta norma es también una forma de hacerse privadamente un test de estrés para medir su capacidad para sobrevivir a los embates de las circunstancias, su grado de resiliencia ante las adversidades, además de clasificar el riesgo que se tiene de ruptura.

Además sirve para evaluar los progresos o retrocesos que se van realizando en los distintos campos examinados y evaluados. La evolución y seguimiento puede ir desde el conjunto total del examen hasta cada uno de los segmentos parciales.

PRINCIPIOS GENERALES PARA LA REDACCIÒN DEL CUESTIONARIO:

La participación en la redacción:

Los cónyuges deben hablar sincera y claramente de lo que puede ser y de lo que no, en lo que a ellos privadamente les concierne, incluso en las relaciones que van a tener con cada uno de los hijos y en su conjunto, para que no haya contradicciones entre lo que uno u otro deciden. Acuerdos que deben ser transmitidos a los hijos y en su caso, negociados colectivamente, dependiendo de las edades y situaciones.

El liderazgo de los padres:

Ellos deben crear, mantener y medir periódicamente la unidad e integración familiar, de acuerdo con los objetivos que se hayan propuesto.

La participación familiar:

Todos los componentes familiares y cada uno dentro de los niveles de decisión y realización, deben actuar con el total compromiso de que su aportación individual, sea en beneficio de todos. Poniendo siempre por delante, el tú sobre el yo.

La orientación hacia el futuro:

Basado en el presente y en la experiencia, intentar prevenir el futuro de cada uno de los componentes familiares y de la familia en su conjunto, tanto en la formación religiosa, cultural, profesional y social. Teniendo en cuenta las fuerzas y debilidades de cada uno, así como sus expectativas.

El análisis continuo de las mejoras y de las desviaciones:

Estando muy al tanto de todos los acontecimientos que sucedan en el desempeño de la familia y en la sociedad, para prevenir las posibles desviaciones y para ir añadiendo, eficientemente, los nuevos conceptos y técnicas que van apareciendo, antes de que esas desviaciones se queden incrustadas en la familia y después, sea más difícil desarraigarlos.

El mantenimiento de una buena interrelación familiar:

Permitiendo así que sea mutuamente beneficiosa e interdependiente, para todos los familiares al crear mayor valor a la familia. 

PROCEDIMIENTO

Valoración y análisis

El matrimonio debe contestar, conjuntamente o por separado, a cada una de las preguntas con una valoración del 1 al 10. Poniendo el 1 a la actitud más baja y sucesivamente hasta 10, cuanto más positiva sea la respuesta. Se deben analizar por separado los resultados de cada grupo de conceptos. También deberán añadir las preguntas que consideren convenientes, de acuerdo a sus características.

Mínimos medibles

Deben fijar como marco unos criterios de mínimos medibles, siempre interpretados con laxitud, generosidad y bonhomía, junto a unas líneas de exigencias, adaptables a las situaciones y circunstancias especiales, en función de los objetivos que se quieran obtener, para formar una pareja y llevar adelante una familia. 

78 Preguntas: Relaciones entre los cónyuges.

69 Preguntas: Relaciones con los hijos.

98 Preguntas: Relaciones familiares internas.

16 Preguntas: Relaciones familiares externas.  

Estos cuatro grandes grupos tienen las 261 preguntas sobre: Religión. Hogar. Finanzas. Plan de vida familiar. Salud. Trabajo familiar. Normas de educación y convivencia familiar. Seguridad interna y externa. Trabajo familiar. Normas de educación y convivencia familiar. Comunicación familiar. Contacto físico. Etc. 

PRINCIPALES CUESTIONES PARA EVALUACIÓN

Cada cónyuge deberá puntuar cada pregunta del 1 al 10 (1 el peor, 10 el mejor). La suma parcial y la total les indicarán las áreas donde debe intentar mejorar. 

Relaciones entre los cónyuges:

  1. ¿Acepto a mi cónyuge tal como es y no como me gustaría que fuera?
  2. ¿Acepto que modificar la rutina de la convivencia, puede ser creativo y satisfactorio?
  3. ¿Busco las virtudes o sólo los defectos de mi cónyuge?
  4. ¿Comparto con mi cónyuge sus presentes objetivos y futuras ilusiones?
  5. ¿Cuándo llamo la atención a mi cónyuge, lo hago con amor y de forma constructiva, sin reticencia, ni acusaciones, ni condenaciones?
  6. ¿Cuida mucho lo que dice a su cónyuge, cómo lo dice, cuándo lo dice?
  7. ¿Dialogo a puerta cerrada con mi cónyuge las discrepancias?
  8. ¿Dialogo con mi cónyuge en vez de discutir, para evitar que haya vencedor y vencido?
  9. ¿Digo siempre la verdad a mi cónyuge, aunque me cueste hacerlo?
  10. ¿Doy a mi cónyuge el espacio sentimental y armonioso que le corresponde, incluso para que sea ejemplo ante los hijos?
  11. ¿Doy a mi cónyuge su sitio en la sociedad, aunque tengan que ceder en mi orgullo y personalidad?
  12. ¿Echo en cara a mi cónyuge con resentimientos y ansiedad las heridas, errores o defectos de su pasado?
  13. ¿Efectúo las relaciones íntimas de acuerdo con la “paternidad responsable”?
  14. ¿Elogio públicamente a mi cónyuge cuando es adecuado?
  15. ¿Es coherente con lo que dice y hace?
  16. ¿Es consciente de que el ejemplo educa más que mil palabras?
  17. ¿Escucho, atiendo y trato de entender, lo que me dice mi cónyuge y lo que me quiere decir?
  18. ¿Espero la perfección de mi cónyuge?
  19. ¿Estoy atento a lo que dice mi cónyuge, a sus problemas y aspiraciones?
  20. ¿Estoy dispuesto a educarme más, para intentar superar las posibles dificultades de la familia?
  21. ¿Estoy dispuesto a pedir, dar, recibir y ceder, respetando la variedad de los deseos o de las necesidades de mi cónyuge?
  22. ¿Explica a su cónyuge sus actitudes, sentimientos, predisposiciones y motivaciones?
  23. ¿Explico bien claramente a mi cónyuge, mi forma de ver la vida?
  24. ¿Grita a su cónyuge, creyendo que así impone mejor las ideas, incluso sin razones ni argumentos?
  25. ¿Habla muy poco con su cónyuge, exagerando sus silencios, o habla demasiado sin darle sus tiempos?
  26. ¿Hablan a su cónyuge con educación, claridad, respeto y buenos modales, para evitar tensiones innecesarias?
  27. ¿Hago lo que me conviene, sin pedir opinión o permiso a mi cónyuge, o le pido perdón después de hacerlo?
  28. ¿Intenta compaginar sus horarios de trabajos, con los de los tiempos libres de su familia, para poder dedicarles el máximo tiempo posible y de la mejor calidad?
  29. ¿Intento conocer de mi cónyuge lo que le gusta, lo que le hace feliz y lo que aborrece?
  30. ¿Intento que no nos enfademos los dos al mismo tiempo, para evitar explosiones vehementes?
  31. ¿Intento termina el día haciendo las paces, aunque sea sólo con un gesto?
  32. ¿Le digo frecuentemente a mi cónyuge que le amo?
  33. ¿Le doy las gracias a mi cónyuge cuando recibo un favor suyo?
  34. ¿Le faltó al respeto al cónyuge o doy esa sensación, en privado o en público?
  35. ¿Llego siempre a un acuerdo con mi cónyuge sobre los problemas, conflictos o discusiones, antes de irnos a dormir?
  36. ¿Me adelanto a hacer las cosas del hogar, internas o externas, antes de que mi cónyuge me las pida?
  37. ¿Me agobio o agobia a su cónyuge, por cosas aparentemente poco importantes?
  38. ¿Me concentro en potenciar los puntos positivos de mi cónyuge, alabándolos, suscitándolos, promoviéndolos y animándole a que se supere más y mejor?
  39. ¿Me siento intransigente con las decisiones sobre mi cónyuge?
  40. ¿Muestro la debida confianza con mi cónyuge, exponiéndole mis sentimientos internos personales, sobre todos los temas?
  41. ¿Nunca critico a mi cónyuge, bajo ninguna situación?
  42. ¿Perdona a su cónyuge las faltas cometidas, voluntaria o involuntariamente?
  43. ¿Pido consejo a mi cónyuge antes de tomar decisiones importantes, personales, laborales o familiares?
  44. ¿Pido perdón a mi cónyuge, sin dejar ningún rencor, cuando creo que voluntaria o involuntariamente le he ofendido?
  45. ¿Pienso que el amor conyugal, tiene el único propósito de hacer más feliz a la persona amada?
  46. ¿Ponen por encima del YO, el TU, en todas las actividades y pensamientos relacionados con el cónyuge?
  47. ¿Pongo siempre a mi cónyuge primero, antes que a todos los demás asuntos?
  48. ¿Procura mantenerse en buena forma física y de aspecto presentable?
  49. ¿Procuro diariamente expresar con palabras y con hechos, el amor hacia mi cónyuge?
  50. ¿Procuro evitar los temas que pudieran irritar a mi cónyuge?
  51. ¿Procuro fomentar el contacto físico, para estimular los sentidos y regenerar el vínculo matrimonial, la confianza, la autoestima, la conexión, etc.?
  52. ¿Procuro que mi cónyuge tenga su tiempo libre, para que pueda hacer lo que considere que le apetece, sin olvidar los deberes familiares?
  53. ¿Procuro tener una buena disposición para prepararme y así crecer junto a mi cónyuge en espiritualidad, alegría, conocimientos y humanidad?
  54. ¿Realizo acciones externas, que puedan producir escándalo en mi cónyuge?
  55. ¿Respeto a mi cónyuge en las relaciones íntimas?
  56. ¿Rezo con mi cónyuge y voy con él a la Iglesia?
  57. ¿Sabe encajar las críticas de su cónyuge para analizarlas y corregirlas?
  58. ¿Sabe ponerse en el lugar de su cónyuge para comprenderle mejor?
  59. ¿Saben que la mutua felicidad conyugal, depende más de quien repara los problemas, que de quien los crea o continúa?
  60. ¿Sé admitir los errores o faltas cometidas, pedir perdón por ellas y tratar de remediarlas?
  61. ¿Sé no empezar una pelea con el cónyuge, o si se empieza, terminarla a tiempo?
  62. ¿Sé renunciar a mis intereses, en beneficio de los de mi cónyuge?
  63. ¿Se endeudan para llevar un tren de vida agobiante e insostenible?
  64. ¿Sé vivir en paz e irradiar esa paz?
  65. ¿Sorprendo a mi cónyuge con alguna atención fuera de la vida cotidiana?
  66. ¿Soy displicente con mi cónyuge?
  67. ¿Tengo conciencia de la importancia del cuidado del matrimonio y que es un compromiso para siempre?
  68. ¿Tengo frecuentemente algún contacto físico de amor, besos, caricias, etc., incluso en presencia de los hijos?
  69. ¿Tengo la serenidad de aplazar los enfados, para ocasiones menos estresantes y más calmadas?
  70. ¿Tengo secretos o medias verdades con mi cónyuge?
  71. ¿Tengo una actitud abierta y conciliadora en el dialogo frente a los problemas, pero sin amenazas ni falsas promesas?
  72. ¿Tiene cuidado con lo que dice, cuándo lo dice y cómo lo dice?
  73. ¿Tiene junto a su cónyuge cuentas para todo lo que ganan, gastan o invierten?
  74. ¿Tiene un gran respeto por su cónyuge y por las cosas que hace?
  75. ¿Trato a mi cónyuge con los mismos modales de educación y amor, como cuando éramos novios?
  76. ¿Trato a mi cónyuge todos los días, no algunos días, con pruebas de cariño, admiración, afecto y respeto, como si fuera el primero día del matrimonio, o como su pudiera ser el último?
  77. ¿Trato de comprender y disipar las posibles o verdaderas ansiedades, miedos o preocupaciones de mi cónyuge?
  78. ¿Trato de conocer mejor las esperanzas, sueños y objetivos de mi cónyuge? 

Relaciones con los hijos:

  1. ¿Aceptan que los hijos, en sus propias decisiones, cometan errores por su falta de experiencia, fase de aprendizaje o iniciaciones a su independencia?
  2. ¿Actúan a sabiendas que en la educación de los hijos no hay soluciones rápidas, que la educación se hace como las buenas comidas, paso a paso y a fuego lento, ya que dejarse ganar por la prisa, puede no dejar bien consolidados los principios?
  3. ¿Además de con el ejemplo de la práctica, explican y enseñan a los hijos las virtudes y valores humanos, dentro de un proceso de formación continua, según las edades y características de cada hijo y les animan a practicarlos?
  4. ¿Asisten con su cónyuge y sus hijos a los servicios religiosos?
  5. ¿Autorizan a que sus hijos lleven tatuajes, objetos injertados en los labios, cejas, etc.?
  6. ¿Ayudamos a los hijos a identificar sus sentimientos, cuando no los tienen claros, para que puedan actuar con prudencia?
  7. ¿Con su ejemplo, enseña a sus hijos el cumplimiento de los 10 Mandamientos de la Ley de Dios?
  8. ¿Con sus hijos, en vez de dialogar, su comunicación la convierte en monólogos y discursos, siempre interrogándoles, sermoneándoles o aleccionándoles de forma inquisidora?
  9. ¿Conocen todos, dentro de la discreción, edades y situaciones, dónde, cuándo y a qué salen de la casa y los horarios aproximados de regreso?
  10. ¿Conocen y practican los cónyuges, las virtudes y valores humanos?
  11. ¿Consienten que sus hijos tengan noviazgos o “amigos fuertes”, a edades no convenientes, aunque sea la moda o la costumbre?
  12. ¿Damos a los hijos todo lo que nos piden y mucho más de lo que necesitan, aunque no les haga falta, ni les haga bien tenerlo?
  13. ¿Dan a los hijos una formación política de acuerdo con sus características, edades, formación religiosa, social y familiar, para que cuando ellos vayan a tomar sus propias decisiones, tengan las bases y puedan discernir correctamente?
  14. ¿Demuestran en la práctica e inculcan a sus hijos, la virtud de saber esperar los turnos o los acontecimientos sin desesperaciones?
  15. ¿Descalificamos inmediatamente los malos comportamientos o las malas situaciones de los hijos?
  16. ¿Determinan con sus hijos las cosas y comportamientos que son negociables y las que no son negociables?
  17. ¿Educa a sus hijos en la firmeza de los cuatro principios no negociables: Vida, familia, libertad de enseñanza y bien común?
  18. ¿Educan a los hijos con el buen ejemplo o sólo haciendo uso de su autoridad, sin explicaciones, ni convencimientos, ni negociaciones?
  19. ¿En los diálogos, practica la búsqueda de momentos de silencio, para que sus hijos puedan reflexionar sobre lo escuchado y lo que ellos quieren decir?
  20. ¿Enseñamos a los hijos con el ejemplo la virtud del esfuerzo para conseguir las cosas, en lugar de que esperen a que les lleguen sin hacer ningún esfuerzo?
  21. ¿Enseñan a sus hijos a que aprendan a discernir, entre las necesidades y los deseos, entre lo importante y lo superfluo, entre lo urgente y lo necesario?
  22. ¿Enseñan a sus hijos a tener respeto a las otras personas, niños, jóvenes, adultos y mayores?
  23. ¿Enseñan a sus hijos las normas elementales de educación y las practican con ellos?
  24. ¿Espera la perfección de los hijos?
  25. ¿Estamos conscientes que la educación es un proceso de diálogo constante?
  26. ¿Explica claramente a los pretendientes de los hijos, cuáles son las ideas en su familia sobre lo que es formalizar un noviazgo?
  27. ¿Fomentan el conocimiento y la práctica de la religión con su cónyuge y en sus hijos?
  28. ¿Fomentan en los hijos, que dediquen parte de su tiempo a voluntariados en obras sociales?
  29. ¿Ha dicho a sus hijos, que las acciones buenas tienen su recompensa y las acciones malas sus consecuencias?
  30. ¿Hablan con sus hijos continuamente, para poder saber lo que piensan y lo que sienten, sobre las cuestiones esenciales de la educación o solamente después de que ocurren los problemas?¿Han enseñado a sus hijos a que saquen provecho de lo que están hablando los mayores, delante de ellos?
  31. ¿Han enseñado a los hijos como comportarse, cuando están en reuniones de adultos?
  32. ¿Han enseñado a sus hijos a no interrumpir a los adultos, cuando están hablando?
  33. ¿Han hablado con sus hijos de los errores propios y ajenos, para sacar consecuencias positivas en la vida diaria?
  34. ¿Han hablado con sus hijos del porvenir profesional, de los que no tiene la formación que exige el mercado laboral? Formación que algunos no la adquieren, por preferir seguir con su vida cómoda a corto plazo.
  35. ¿Han hablado con sus hijos del racismo y la xenofobia, preconizados por los medios de comunicación y las redes sociales?
  36. ¿Han hablado con sus hijos para inculcarles el rigor y jerarquía, que deben mantener en las escuelas y en las familias?
  37. ¿Han hablado con sus hijos sobre el convencimiento del beneficio de las prácticas religiosas?
  38. ¿Han hablado con sus hijos sobre el enorme consumismo, aparejado con el despilfarro, la falta de ahorro y el desprecio a los demás, sin tener en cuenta la sobriedad?
  39. ¿Han hablado con sus hijos sobre el perdón, la reconciliación y el propósito de la enmienda?
  40. ¿Han hablado con sus hijos sobre la ausencia del verdadero concepto familiar, y el número tan grande de tipos de uniones, denominadas familiares?
  41. ¿Han hablado con sus hijos sobre la esclavitud a las redes sociales y pantallas electrónicas, consumidoras de tiempo, energías y dinero, para estar a la moda? Detrás de cada una de ellas, puede haber el principio de un fracaso escolar, profesional o social, si se utilizan innecesariamente.
  42. ¿Han hablado con sus hijos sobre la fácil manipulación de sus mentes, en los conceptos pseudo religiosos, morales, políticos y comerciales?
  43. ¿Han hablado con sus hijos sobre la gran brecha, que cada vez se agranda más, entre los que más tienen y los que menos tienen?
  44. ¿Han hablado con sus hijos sobre la ideología de género, con sus variantes patrocinadas por las LGTB?
  45. ¿Han hablado con sus hijos sobre la necesidad que tienen, de recibir una buena educación sobre su equilibrio físico, educacional y psicológico?
  46. ¿Han hablado con sus hijos sobre la permisividad que justifica que todo está bien, porque lo hace todo el mundo?
  47. ¿Han hablado con sus hijos sobre las peligrosas leyes, que permiten la tenencia de armas de fuego, para defensa y ataque?
  48. ¿Han hablado con sus hijos sobre las virtudes y valores humanos, y practicado con el ejemplo?
  49. ¿Han hablado con sus hijos sobre en qué educarse, con vistas a su futura vida, profesional, familiar y social, para que puedan ser independientes y libres?
  50. ¿Han hablado con sus hijos sobre los cambios de nombres a las cosas importantes, para disimular con falacias y sofismas, su verdadera responsabilidad y ocultar los problemas que estos encierran?
  51. ¿Han hablado con sus hijos sobre los graves problemas que conllevan, la rotación por hogares diferentes y sus formas de vida, debida a las separaciones y divorcios?
  52. ¿Han hablado con sus hijos sobre los noviazgos prematuros y sus consecuencias?
  53. ¿Han hablado con sus hijos sobre los problemas que pudiera haber relacionados con la obligación de convivir con diferentes padres, hermanos y otros familiares, no consanguíneos?
  54. ¿Han hablado con sus hijos que debido a la poca calidad de la enseñanza escolar, tienen la obligación de complementarla con otras opciones?
  55. ¿Han hablado con sus hijos, dejando bien claro, que las leyes morales, están por encima de las leyes civiles?
  56. ¿Han hablado con sus hijos, sobre el sistemático ocultamiento de la acción moral de la conciencia, a través de un institucionalizado combate, contra los mecanismos de defensa de la persona?
  57. ¿Han preguntado a los hijos en edades de noviazgo, el por qué y para qué, quieren ser novios y si saben lo que eso puede suponer?
  58. ¿Inculcan en sus hijos las virtudes del esfuerzo en los estudios o en el trabajo, el amor al prójimo, la puntualidad, el orden, etc.?
  59. ¿Les enseña a los hijos, que las cosas se obtienen con sacrificio, trabajando o cumpliendo con las obligaciones familiares?
  60. ¿Les inculcamos a los hijos, la virtud de la constancia y el sacrificio en los estudios y en el trabajo?
  61. ¿Permiten que sus hijos pequeños vayan al cine, bailes, excursiones, cenas, etc. sin permiso, ni el acompañamiento o la vigilancia necesaria?
  62. ¿Pide la opinión de sus hijos, para las cosas familiares, de acuerdo con sus edades y conocimientos?
  63. ¿Por sentido común y por seguridad, tiene toda la información posible de los novios de los hijos: Antecedentes, actividades, ocupaciones, domicilio, teléfono particular y familiar, nombres de los padres, matrícula del coche si lo hubiera, etc.?
  64. ¿Revisan las habitaciones, mochilas, teléfonos y redes sociales de sus hijos?
  65. ¿Se aseguran de que sus hijos, asistan a recibir clases de religión en su centro de estudios o en sitios alternativos, que estén haciéndolo de acuerdo a las creencias familiares?
  66. ¿Se encargan de que sus hijos se preparen y reciban los Sacramentos o ceremonias, que deben tomar en sus respectivas edades?
  67. ¿Se interesa por los noviazgos de sus hijos, haciéndoles preguntas importantes, para dejar las cosas claras, de forma que se puedan evitar futuras heridas emocionales o males mayores?
  68. ¿Se pone de parte de la autoridad del maestro o de su hijo, cuando hay un conflicto de intereses?
  69. ¿Son amigos de sus hijos, o simplemente son sus padres? Si son sólo sus amigos, se les deja huérfanos de padres.

Relaciones familiares internas:

  1. ¿Aceptan y aman incondicionalmente a su familia, con sus virtudes y sus defectos, aunque les gustaría que fuera de otra forma?
  2. ¿Aman a los pecadores y aborrecen sus pecados?
  3. ¿Aprende y enseña a dialogar para fomentar la tolerancia, la asertividad, la habilidad dialéctica, la capacidad de admitir errores y de tolerar las frustraciones en la familia?
  4. ¿Celebran lo que cada uno aporta a la familia?
  5. ¿Comparten todo el tiempo posible con su familia, aunque la calidad de la familia no se mida por el tiempo que le dediquen, sino por los resultados obtenidos?
  6. ¿Confronta a sus familiares o negocian, aunque estén en una fase de negación o resistencia al dialogo?
  7. ¿Creen que el hogar es sólo un lugar donde se va a comer, descansar y dormir?
  8. ¿Creen que la familia es un concepto inexistente y por lo tanto no defendible, por lo que cada componente puede hacer lo que quiera?
  9. ¿Cuidan la seguridad física dentro y fuera de la casa, sobre todo si hay niños o personas mayores?
  10. ¿Dan opiniones sin ser pedidas? Con las excepciones relacionadas con los consejos o instrucciones relacionadas con las cosas no negociables.
  11. ¿Definen bien claramente las prioridades y objetivos familiares, para que todos los tengan presentes en sus actuaciones, máxime cuando intervienen personas ajenas a la familia?

 

  1. ¿Dentro de la familia, cuándo hablan o cuando escuchan, saben separar lo que es paja y lo que es trigo?
  2. ¿Distinguen cuáles son los momentos de hablar, actuar, cambiar o parar en las cuestiones familiares?
  3. ¿Educan a la familia contra el racismo y la xenofobia?
  4. ¿Educar a la familia, en que primero hay que cumplir, las leyes de Dios, antes que las de los hombres?
  5. ¿Elogian a los familiares, como estímulo, cuando se lo merece por algo positivo?
  6. ¿Es buena la comunicación, oral y corporal, entre todos los miembros de la familia y en todas las direcciones?
  7. ¿Están alerta a cualquier señal, que pudiera indicar que existen diferencias entre los componentes familiares, poniendo los medios para que desaparezcan o evitar que aumenten?
  8. ¿Están dispuestos a escuchar todo a todos?
  9. ¿Están enfadados o de mal humor continuamente, aunque no tengan motivos?
  10. ¿Estudian las mejores formas de controlar, mantener y mejorar, la marcha de la salud integral de la familia, tomando las medidas correspondientes, que incluyan los planes de alimentación, la higiene personal, el ejercicio físico, las visitas periódicas a los médicos, las horas de descanso, el estilo de vida en general, etc.?
  11. ¿Evita los enfados propios, para que no contaminen a los demás de la familia?
  12. ¿Explica a su familia que los inmigrantes indocumentados, no perteneces al limbo impreciso de los fantasmas útiles?
  13. ¿Fomentan la unidad familiar de todos junto a todos, en las duras y en las maduras, haciendo un frente común si fuera necesario?
  14. ¿Hacen sentir miedo a los demás familiares?
  15. ¿Han establecido un Plan de Vida, familiar que abarque en el tiempo, a 1, 2 y 5 años (Plan 125) los conceptos y objetivos principales, de a dónde quiere llegar la familia, como: Vacaciones, viajes culturales, posible cambio de casa, mejorar los centros escolares de los hijos, mejorar los conocimientos educativos, profesionales, culturales, etc. de toda la familia?

 

  1. ¿Han establecido unas normas claras, relacionadas con el pudor, la desnudez, la higiene, la privacidad, etc. dentro de la familia y en la sociedad?
  2. ¿Han establecido unas normas claras, relacionadas con la forma de comportarse todos los miembros de la familia, en la mesa y en la convivencia diaria?

 

  1. ¿Han hecho un testamento civil, de forma justa y caritativa?
  2. ¿Han hecho un testamento vital, de acuerdo a sus sentimientos personales y a sus creencias religiosas?
  3. ¿Humillan a sus familiares o a otras personas, cuando les llama la atención?
  4. ¿Intentan fomentan situaciones sorpresas agradables a todos, o escapar de vez en cuando, de la rutina familiar, con viajes, excursiones, diversiones, espectáculos, asuetos, reuniones, comidas, etc. que lleven a mantener y mejorar la unidad familiar?
  5. ¿Intentan ofrecer alternativas de conducta, ante hechos negativos?
  6. ¿Intervienen para limar las posibles asperezas si se producen en las relaciones familiares, o dejan que estas empeoren?
  7. ¿La comunicación familiar se ve interrumpida, por la demasiada atención prestada a los teléfonos y a las pantallas electrónicas?
  8. ¿Mantienen el recato en las conversaciones, vestimentas, posturas, etc., aunque sólo esté la familia presente?
  9. ¿Mantienen la educación, normas y etiqueta social, dentro y fuera de la familia, aunque haya confianza para no hacerlo?
  10. ¿Mantienen resentimiento por algunos hechos pasados o presentes, producidos en la familia?
  11. ¿Mantienen un buen clima de seguridad y confianza, evitando la violencia y las discusiones, preconizando los diálogos?
  12. ¿Organizan con la familia tiempos de calidad, para compartirlos y que no sean fruto de la improvisación o de la casualidad?
  13. ¿Piden a sus hijos una parte de lo que ganan, para contribuir a los gastos de la casa?
  14. ¿Piden las cosas por favor y sin imperativos?
  15. ¿Ponen énfasis en educar a la familia contra el consumismo, valorando la austeridad?
  16. ¿Ponen y mantienen reglas, límites y formas de convivencia?
  17. ¿Practica las técnicas para mejorar su forma de escuchar con atención, las opiniones de su cónyuge y de sus hijos?
  18. ¿Practican continuamente el pedir las cosas por favor y el dar las gracias?
  19. ¿Practican juntos pasatiempos, deportes, música, arte, hobbies, etc. para unir a la familia?
  20. ¿Practican unas buenas dosis de constancia y naturalidad en la educación familiar?
  21. ¿Prefieren vivir con el estrés que produce el gasto excesivo o llevar una vida con la sencillez relacionada con su situación económica?
  22. ¿Previenen las posibles situaciones de violencia en la calle, evitando los sitios o ambientes dudosos o peligrosos?
  23. ¿Procuran dotar al hogar, dentro de sus posibilidades, de las mayores comodidades posibles, aunque sin lujos, para que todos se sientan a gusto?
  24. ¿Procuran estar presentes con la familia, siempre que pueden?
  25. ¿Procuran mantener siempre una sonrisa que exprese amabilidad, cooperación y acercamiento familiar?
  26. ¿Procuran por todos los medios, que su familia sea feliz espiritualmente, aunque no pueda serlo económicamente?
  27. ¿Procuran que la vivienda familiar sea un hogar y no un hotel?
  28. ¿Procuran que las relaciones con sus hijos y entre ellos, sean las mejores posibles?

 

  1. ¿Procuran tener detalles obsequiosos con los otros miembros familiares?
  2. ¿Procuran tener el hogar limpio y ordenado, con una cosa en cada sitio y un sitio para cada cosa?
  3. ¿Procuran tener paciencia, aunque el estrés esté llamando a su puerta?
  4. ¿Promueven las costumbres, hábitos y virtudes de apreciación de lo que tienen, y no de lo que dicen, que tienen derecho a tener?
  5. ¿Propician tiempos o situaciones propensas al dialogo familiar, en privado o colectivamente?
  6. ¿Provocan peleas para ver quien sale ganado de ellas, y así poder demostrar, quién es el más fuerte, el más inteligente o el más violento?
  7. ¿Qué virtudes y valores humanos inculcan en la familia? ¿Demuestran a su familia diariamente lo mucho que le quieren, consolándoles si es necesario con amor incondicional, sin perder las reglas de la convivencia familiar?
  8. ¿Quieren que por encima de su conveniencia, la familia tenga los medios, que los padres no pudieron tener?
  9. ¿Reaccionan con agresividad o con calma medida y paciencia, ante las situaciones difíciles?
  10. ¿Reconocen delante de la propia familia, los errores cometidos y las acciones para corregirlos, para no volver a cometerlos?
  11. ¿Reconocen que el máximo objetivo de la familia, es moldear con buenas buenos ejemplos y técnicas probadas, el destino de todos sus componentes?
  12. ¿Reflexionan sobre sus reacciones y formas de enfrentarse a los problemas familiares?
  13. ¿Revisan periódicamente, cómo han llevado y están llevando su Plan de Vida y las posibilidades de cumplir los objetivos, en los plazos previstos?
  14. ¿Sabe comunicar, además de la información, sus sentimientos, pensamientos, emociones y actitudes, para unir a la familia y que se apoyen, en lugar de alejarse e ignorarse?
  15. ¿Sabe que la pasión por la familia, ni se compra ni se vende, se tiene, no se tiene o se aprende?
  16. ¿Saben que su imprudencia o sus decisiones, tomadas de forma inconsciente o apresurada, pueden herir a otras personas de la familia?
  17. ¿Sacan tiempo para reírse y divertirse juntos, aunque nada más sea, como medicina o terapia familiar?
  18. ¿Se enfadan con la familia en general o con alguno de ellos en particular?
  19. ¿Se mantienen firmes para que el no, sea no, y el sí, sea sí?
  20. ¿Se piden perdón o disculpas, por lo que han hecho mal o los errores que han cometido, demostrando arrepentimiento y propósito de la enmienda?
  21. ¿Se sienten todos los familiares protegidos y respetados por todos, en los aspectos físicos, religiosos y emocionales? Todos a una y uno para todos.
  22. ¿Son cariñosos y afectivos en todas las situaciones familiares, aun en las situaciones difíciles?
  23. ¿Son conscientes de la responsabilidad que tienen, para intentar que Vds. y sus hijos tengan la mejor salud posible?
  24. ¿Son conscientes que todos los componentes de la familia, salen adelante cuando están unidos por lazos fuertes y que esto beneficia a la sociedad entera?
  25. ¿Son fieles a la familia, en todos los aspectos?
  26. ¿Son todos sensibles a los problemas y preocupaciones de los otros componentes de la familia?
  27. ¿Su amor a la familia es verdadero, sin recovecos, ni dobles intenciones?
  28. ¿Suelen comentar sus problemas o inquietudes, religiosas o familiares, con su sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que profesen?
  29. ¿Sus mensajes familiares, son siempre consistentes y no contradictorios?
  30. ¿Sus temas principales de las conversaciones, son las cosas importantes que les atañen, o son cotilleos ajenos?
  31. ¿Tienen algún sistema de cobertura de seguridad médica, para casos de enfermedad o accidentes?
  32. ¿Tienen hechos un presupuesto financiero, que refleje perfectamente sus previsibles ingresos y gastos?
  33. ¿Tienen previsto en su presupuesto anual, dedicar una parte de sus ingresos a donativos?
  34. ¿Tienen previsto en sus planes de vida, mantener una seguridad financiera?

 

  1. ¿Tienen respeto a los otros familiares o les tratan con desconsideración?
  2. ¿Tienen simplificados sus estilos de vida y actuaciones familiares?
  3. ¿Tienen un plan de ahorro familiar que cubra: Posibles imprevistos, jubilación, estudios de los hijos, inversiones familiares, etc.?
  4. ¿Transmite a su familia una sólida seguridad física, emocional y económica?
  5. ¿Trata de que en su información familiar, lo positivo domine a lo negativo?
  6. ¿Usan pretextos para hacer las cosas familiares, que saben no son correctas?
  7. ¿Van todos al médico periódicamente, para practicar la prevención y mantener la salud?
  8. ¿Viven con lo que tienen o siempre quieren conseguir más, al precio que sea? 

Relaciones familiares externas:

  1. ¿Como familia y con generosidad, hacen juntos voluntariados de servicios sociales?
  2. ¿Inculcan el respeto hacia otras familias y a los que les rodean?
  3. ¿Pretenden justificar y convencer a los demás, para así no tener remordimientos de conciencia, sobre las cosas que no se deben hacer?
  4. ¿Fomentan los lazos familiares con todos los componentes de las familias de sangre, políticas y extendidas?
  5. ¿Tienen la conciencia y la práctica de ayudar a los familiares mayores?
  6. ¿Sienten vergüenza de las malas situaciones familiares, aunque no sean provocadas por la familia?
  7. ¿Tienen un programa de ayuda a otras familias, necesitadas en los aspectos religiosos, económicos o sociales?

 

  1. ¿Procuran todos los familiares, mantener una buena imagen familiar externa?
  2. ¿Mantienen relaciones sociales con otras familias u organizaciones, para que esa convivencia sea un lugar de crecimiento para todos?
  3. ¿Se preocupan de visitar, atender o comunicarse con la familia directa o extendida, para mantener los lazos de unión con ellos?
  4. ¿Dedico una parte de mis ingresos a ayudar a los demás?
  5. ¿Me comporto con ellos como me gustaría que se comportaran conmigo en el trabajo?
  6. ¿Me comporto dentro de las normas cívicas?

 

  1. ¿Pago todos los impuestos que me corresponden?
  2. ¿Si tengo empleados domésticos o de empresa, les pago correctamente y les reconozco todos sus derechos, o nada más me fijo en sus obligaciones?
  3. ¿Voto en conciencia en todas las ocasiones que me corresponde? 

Si consideran alguna pregunta adicional, agradeceré que me la envíen.

Con la colaboración de J. J. Arnaldo.

francisco@micumbre.com

 

 

Un congreso internacional abordará el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos

16/09/2019 Agencia SIC Destacados, Iglesia en España

Jóvenes. 21 Congreso Católicos y Vida Pública

La Asociación Católica de Propagandistas y la Fundación Universitaria San Pablo CEU organizarán los días 15, 16 y 17 de noviembre el 21 Congreso Católicos y Vida Pública con el título ‘Libertad para educar, libertad para elegir’. Durante estos tres días, el Congreso profundizará en el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos, conocer otras realidades educativas y denunciar aquellas situaciones en las que no se respeta la libertad de los padres en el ámbito de la enseñanza. En definitiva, el objetivo es concienciar a la sociedad en torno a este derecho, tan vulnerado en buena parte del mundo.

Fundamentos de la libertad de educación, factores de desigualdad a la hora de elegir un centro, el papel de la escuela católica en la evangelización, la inclusión real en la educación u otros sistemas educativos diferentes al español son algunos de los temas que se abordarán en este encuentro que se celebrará en el Campus de Moncloa de la Universidad CEU San Pablo. Como novedad este año, el Congreso tendrá una metodología muy participativa -grupos o talleres de trabajo- para que los asistentes puedan exponer sus puntos de vista y trabajar de manera conjunta en los asuntos en que estén más interesados.

Como en otras ediciones, los jóvenes tendrán su espacio durante todo el Congreso con una mesa de trabajo coordinada por el Delegado de Enseñanza de la diócesis de Getafe, Javier Segura, y con la celebración, por segundo año consecutivo, de un Torneo de Debate universitario, con la participación de más de una decena de universidades españolas, públicas y privadas. Este Congreso Juvenil es un espacio diferenciado para los adolescentes, pero en estrecho contacto con el Congreso general.

El Congreso también contará con una actividad cultural de primer nivel, el preestreno de la película ‘Corazón ardiente’, primer largometraje sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, que entrelaza una trama de ficción con hechos y testimonios. Como es tradicional, la jornada del domingo incluirá la celebración de una Eucaristía presidida por el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, la exposición de las conclusiones finales fruto de los trabajos realizados en cada taller y la ponencia de clausura “El arte de educar en libertad”, que impartirá el célebre profesor de literatura y ensayista italiano, Franco Nembrini.

Por último, tal y como viene siendo ya tradición, se acogerá a los más pequeños a través del Congreso Infantil, con diversas actividades diseñadas para ellos por la dirección y profesorado de los colegios CEU San Pablo Montepríncipe y CEU San Pablo Sanchinarro.

 

 

Palabras en silencio

Blanca Sevilla

En ese momento de solidaridad única recobramos la conciencia, salimos de la vigilia que nos hizo terriblemente solos, únicos depositarios de los problemas, de las apreciaciones angustiosas de la vida diaria.

 Abrazo

Para rescatar a la esperanza de las garras del caos espiritual, no hay mejor medicina que un abrazo.

Quizá en ese momento de solidaridad única recobramos la conciencia, salimos de la vigilia que nos hizo terriblemente solos, únicos depositarios de los problemas, de las apreciaciones angustiosas de la vida diaria, para reencontrarnos con lo sabido: somos simplemente humanos. Quizá demasiado humanos.

Tontos, ciegos, insulsos, creemos que el verbo conjugado es nuestro único lenguaje. Qué miedo nos da que nos miren en silencio, sin maquillaje teatral, finitos, siempre inacabados, defectuosos, cursis y a veces vacíos.

En el abrazo, la tierra detiene su marcha; las penas acaban por volverse lágrimas. El temor queda sepultado en la conciencia de que los seres humanos fuimos diseñados con el mismo barro. Tú eres mi espejo; yo, el tuyo.

Entonces, nada de lo humano nos es ajeno. Fuera alfabetos y conjugaciones.

Por eso, con el abrazo consolamos a la viuda y al huérfano, abatimos el llanto de los niños, nos hacemos uno con el dolor del enfermo y dejamos sentir nuestra felicidad a los desposados. Por eso, y de modo fundamental, con el abrazo amamos.

 

 

La ideología de género, ¿en una sola sigla?

 

La ideología de género, ¿en una sola sigla?

Cuando se requieren demasiadas siglas, se evidencia una de estas dos situaciones: o bien la dificultad de englobar realidades demasiado heterogéneas en un único colectivo, o, tal vez, el error de intentar pluralizar aquello que, en el fondo, no es tan diverso. Esta es la conclusión que cabe extraer del artículo que, con motivo de la llamada “Manifestación del Orgullo”, Fernando A. Navarro ha firmado recientemente en Diario Médico, bajo el sugerente título: “Siglas que se alargan: LGTBI”.

Navarro muestra cómo, en sus inicios, esta manifestación era privativa de la llamada gay community, que englobaba a la comunidad homosexual en su conjunto. Sin embargo, hacia mediados de los años ochenta del pasado siglo comenzaron a usarse las siglas LGB para distinguir, en el colectivo que protagonizaba las protestas, las mujeres lesbianas, de los varones gais y las personas bisexuales.

En cualquier caso, lo importante es que, en sus inicios, el colectivo protagonista de este evento mostraba con orgullo su orientación sexual, esto es, su inclinación a mantener relaciones afectivas y sexuales con personas de su mismo sexo o de ambos sexos sin distinción. Pero la denominación LGB no incluía a las personas con “identidades de género divergente”, esto es: a aquellas personas que no se sienten identificadas con el sexo biológico expresado en su patrimonio cromosómico y gonadal, con independencia de cuál fuera su orientación sexual. De ahí que, pocos años más tarde, el colectivo pasase a denominarse LGBT, para incluir a las personas transexuales.

La inclusión de esta T en la sigla no fue, sin embargo, un paso sencillo. Antes bien, suscitó tensos debates en torno a la necesidad de distinguir, con una segunda “T”, entre personas transexuales y personas “transgénero”. La diferencia entre ambas estriba en que las primeras reclaman intervenciones quirúrgicas y terapias hormonales adecuar su aspecto físico a la identidad sentida, mientras las segundas no. Les basta con la aceptación social y el reconocimiento en los documentos de identidad del sexo con el que se sienten identificados. El conflicto se extendió todavía más cuando se quiso añadir una tercera “T” parar representar a los travestis, esto es, a las personas que sienten la necesidad de expresarse socialmente conforme a los parámetros estéticos y culturales, especialmente la indumentaria, de las personas del sexo biológico contrario.  De haberse impuesto este criterio, el colectivo habría pasado a denominarse LGBTTT.

Pese que finalmente se optó por una sola T para significar “trans” incluyendo a transexuales, transgénero y travestis, los debates se enconaron en torno al orden en que debían escribirse las cuatro letras: LGBT, LGTB, GLBT, GLTB, LTGB…. Además, y fuere como fuere, estas siglas continuaban aceptando, como normativa, la existencia de dos sexos. Así, representaban a los varones que se sienten atraídos por varones; a las mujeres a las que les atraen otras mujeres; a los varones y mujeres que se sienten inclinados a mantener relaciones sexuales con personas de cualquier sexo; a los varones que se sienten mujeres y a las mujeres que se sienten varones; o a los varones y mujeres que se visten y comportan como personas del sexo contrario. Pero no incluían a las personas intersexuales (cuyos genitales son ambiguos, duplicados o poco definidos como resultado de una anomalía genética) y tampoco a las personas asexuales, esto es, a las que no se sienten identificadas con ninguno de los dos sexos. Por eso el colectivo amplió sus siglas hasta conformarlas como LGTBI y, más tarde, como LGTBIA. Todo ello sin que los representantes de colectivos transgénero y travesti dejaran de reclamar su reconocimiento con la inclusión de sus dos “T” para conformar las siglas LGBTTTIA.

El alfabeto, ironiza el autor, comenzaba a quedarse pequeño. Especialmente cuando las siglas, para conformar un colectivo verdaderamente “inclusivo”, debían representar, también, las realidades de las personas polisexuales, pansexuales y omnisexuales. O, todavía más, cuando debían reconocer otras orientaciones sexuales tales como el poliamor, el fetichismo, o las subculturas dentro de la comunidad homosexual masculina. Una complicación que intentó solventarse con la aceptación del término queer (raro) para englobar todas estas orientaciones e identidades. La sigla se amplió así, hasta LGTBIQA, o LGTBIQA+. También se propuso utilizar el signo de interrogación o una segunda Q que represente a los questioning, esto es, a quienes todavía se cuestionan su identidad sin haber llegado a una respuesta definitiva. Así, la literatura sobre el tema ha llegado a recoger siglas como LGBTTTQQIAPP (Lesbian, gay, bisexual, transexual, transgender, transvestite, queer, questioning, intersex, asexual, pansexual y polyamorous). Hay, incluso, literatura que incluye una segunda A (ally), para referirse a los aliados de la causa de estos colectivos.

El autor finaliza su artículo ironizando sobre la posibilidad de encontrar personas muy ofendidas porque esta sigla no recoge su “genuina, peculiar, privativa e intrínseca identidad sexual”.

Por nuestra parte se podría añadir una pequeña reflexión, sobre si esta extensión de las siglas implica un hiperindividualismo subjetivista insostenible. O, también, sobre la condena al fracaso de un colectivo tan inclusivo que olvida que las necesidades de los intersexuales no tienen nada que ver con las de las personas homosexuales, ni con las de las personas transexuales ni, por supuesto, con las de las personas queer con sus particulares rarezas.

 

En la Amazonia se plantea

Lo que en la Amazonia se plantea como un problema práctico, en Occidente algunos lo ven como un precedente en una reformulación del sacerdocio.

Cómo llevar la predicación y los sacramentos a comunidades católicas en las selvas amazónicas es un problema práctico, que puede quitar el sueño a sus obispos pero que no tiene gran gancho periodístico. Pero si entre las Medidas propuestas se menciona la posibilidad de la ordenación de hombres casados, entonces todo es distinto y parece que estamos a las puertas de un cambio revolucionario.

Así ha ocurrido con motivo de la presentación del documento preparatorio del Sínodo de Obispos sobre la Amazonia, previsto para el próximo octubre.

Para valorar la novedad, no conviene perder de vista que en la Iglesia católica ya hay sacerdotes casados. Las Iglesias católicas de rito oriental, unidas a Roma, cuentan con sacerdotes casados y con sacerdotes célibes, tradición que se ha mantenido. Y que tampoco está exenta de problemas, como advertía Sviatoslav Shevchuk, arzobispo de Kiev y cabeza de la Iglesia grecocatólica de Ucrania (ver "No es fácil contar con sacerdotes casados", Aceprensa, 23-10-2018). Igualmente, también en el mundo anglosajón hay antiguos clérigos anglicanos, episcopalianos, luteranos y otros que estaban casados al convertirse al catolicismo y a los que se les ha permitido seguir como sacerdotes católicos.

Tampoco puede decirse que sea la primera vez que se debate esta propuesta de ordenación de viri probati, hombres casados que han demostrado madurez en la fe y que podrían prestar este servicio en su comunidad. Siempre que en los últimos tiempos se habla de la escasez de vocaciones sacerdotales, salen a colación los viri probati, de los que parece haber una gran cantera, al menos sobre el papel.

Como hacía notar el vaticanista John Allen en Crux (18-06-2019), "tras cubrir los sínodos de obispos durante más de veinte años, no recuerdo muchos en los que no surgiera la idea de los viri probati, no en la agenda oficial, pero sí en el ambiente". Basta recordar el Sínodo sobre la Eucaristía en 2005, en el que obispos del Sur plantearon el problema de comunidades aisladas que quedaban sin sacerdotes por largos periodos de tiempo. Pero, tras el debate, la idea fue descartada y el Sínodo reafirmó el valor espiritual y pastoral del celibato sacerdotal. Lo nuevo sería que, en esta ocasión, el tema figura en el documento preparatorio. Pero el que una idea sea debatida no quiere decir que vaya a ser aprobada.

Xus D Madrid

 

El informe adolece de una mala interpretación

Hace unos días leía un informa de la ONU Mujeres en la que se decía que “llama a las familias un lugar “oscuro” para las mujeres”. Hay indicios de que el informe se publicó apresuradamente, con faltas de ortografía y errores gramaticales, pero parece que el informe no se revisó por fuera de los revisores con ideas ideológicas similares. El informe dice que fueron pensadoras feministas que "fueron las primeras en incorporar los asuntos domésticos y familiares a la teoría y la práctica de la política y el estado", ignorando los legados bien documentados de hombres y mujeres a lo largo de la historia que lo han hecho.

El informe adolece de una mala interpretación del derecho internacional de los derechos humanos, invocando con frecuencia las opiniones personales de los órganos de expertos de las Naciones Unidas. El informe cita los Principios de Yogyakarta, redactados por activistas y personal de la ONU, que reinterpreta todas las leyes de derechos humanos con nuevos significados sobre la base de la orientación sexual y la identidad de género. El informe no menciona que tales documentos no son vinculantes y han sido rechazados por los estados miembros de la ONU. No obstante, el informe cuenta con esos gobiernos para hacer cumplir las interpretaciones impugnadas de la ley. Dirige sus recomendaciones a los gobiernos como los "principales responsables de los derechos humanos" con "poder y capacidad para lograr cambios legales y políticos" para "la población en general".

"Las familias no están fuera del alcance de los derechos humanos", dice el informe, al argumentar que las naciones dan mucho reconocimiento y apoyo financiero a las parejas que cohabitan como a las parejas legalmente casadas. De hecho, la familia, como la "unidad de grupo fundamental de la sociedad", según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, existe antes del estado.

Es un principio básico de los derechos humanos que son inalienables. Los derechos de las personas casadas, los padres y los miembros de la familia no pueden ser entregados o eliminados, ni cambiados de naturaleza, por el estado. Al no representar con precisión los derechos humanos, por su visión “oscura” y pragmática de la vida familiar, el informe es, en el mejor de los casos, una oportunidad perdida para brindar servicios a las mujeres del mundo.

José Morales Martín

 

 

Educación infantil

El pasado día 6 comenzó el curso escolar en algunas Comunidades Autónomas. En el caso de la Comunidad de Madrid, el nuevo Gobierno quiso resaltar la gratuidad de la enseñanza infantil de 0 a 3 años en escuelas infantiles públicas. El hecho de que las competencias de enseñanza estén transferidas hace que el panorama de la educación infantil en España sea muy variado. En nuestro país la escolarización de cero a tres años no es obligatoria y la ley no garantiza la existencia de plazas gratuitas para ese primer tramo. Pero algunas Comunidades Autónomas la han facilitado. El resultado es que un 38 por ciento de los niños menores de cuatro años van a una escuela infantil.

Pedro García

 

 

Sentido común y bajada de sueldos a políticos

 

                                Se dijo y afirmó que, “el sentido común es el menos común de los sentidos que tiene el ser humano”; de ahí muchos de los tropiezos que sufre a lo largo de su vida, puesto que generalmente, obra más que piensa; y luego se lamenta de lo que no debió hacer; lo que ya resulta tarde, la mayoría de las veces.

                                Hoy cuando abro el diario (“VivaJaén del 13-05-2019), en su portada, afirma que el partido local, “Jaén, sentido y común. Plantea reducir a la mitad el sueldo (salario) de los veintisiete concejales con que cuenta mi ciudad, incluido el puesto de alcalde” (hay elecciones próximamente); cosa que me sorprende enormemente, puesto que los políticos de todos los partidos, hablan pero no dicen, menos puntualizan en cosas así; aunque luego y llegado al puesto, “si te dije no me acuerdo”; que dice el dicho popular; ya que incluso políticos de “altura” (Enrique Tierno Galván y como alcalde de Madrid) ya dejó para la historia, la repelente frase siguiente… “Las promesas políticas, se hacen, pero no se cumplen”; y este individuo, ya muerto; en vida era considerado como un erudito intelectual y maestro universitario, puesto que se le apodó y conocía, como “el viejo profesor”; o sea un individuo denigrante en tal caso, puesto que un intelectual no debe mentir de esa forma tan incalificable, que él lo hizo, “amén de otras cosas”; como incitar a los jóvenes a consumir drogas en uno de sus mítines, con el grito de ¡”colocaos”! Militó en el Partido Socialista Obrero Español, desde antes de la guerra civil y continuó donde lo dejaron, una vez que Felipe Gonzáles Márquez y forzado por “fuerzas exteriores”; transformó aquel partido y fundó uno nuevo, que es el que hoy pretende “alumbrar a España y los españoles”; pero que por lo que han hecho, volvemos a estar en la etapa, “del candil de aceite con torcía de algodón, que como lo he vivido personalmente y alumbrado por tal tipo de linterna, sé sobradamente la mortecina luz que da tan antigua luminaria; y la que ya usara, aquel famoso sabio griego (Diógenes) cuando con tal linterna, paseaba por la luminosa y meridional Atenas, a plena luz del día, buscado a, “un hombre íntegro”. ¿Cómo debía estar aquella metrópoli entonces?… y de ella y alrededores, se considera heredera la actual civilización (“o incivilización que padecemos”) que no avanza, como deseaban aquellos sabios; y en muchos casos y hechos, seguimos igual o peor.

                                Pero bueno, dejemos de divagar y volvamos al hecho; puesto que sorprendente es que ello se produzca y lo recoja un periódico, nada menos que en su portada y en grandes titulares. ¡Pero es la verdad y la verdad es tabú en la vida pública!

Lo que ya sentenció François Revel en su libro, “El conocimiento inútil”; en el que afirma con rotundidad… “El mundo está gobernado por la mentira”. Y así nos va, digo yo.

                                Y la verdad la tengo a mi lado, sólo tengo que ver la realidad de mi municipio y ciudad; es la más endeudada de España, también la más abandonada por sus pésimos gobernantes y hace muchas décadas; por lo que ha sido igualmente calificada como “la más sucia de España”; por todo ello está en quiebra, y ha llegado a ella, por la cantidad de “parásitos políticos que se la han comido y siguen devorándola”; y donde y pese a todo ello; el indigno alcalde (que pese a ello se presenta a la reelección) se puso y cobra “como un ministro de gobierno en Madrid”; y el resto de concejales, en mayoría cobran (sin escrúpulo alguno) sueldos, salarios y otras sinecuras, como si en realidad la buena administración local lo permitiera, por cuanto hubiese riquezas petrolíferas o cosas similares; pero aquí no hay nada más que ruina e impuestos confiscatorios ya por lo abusivos; tan es así que la ciudad (también la provincia) se están despoblando de forma más que alarmante, calamitosa; y nada podemos hacer los ya sojuzgados habitantes, puesto que ya supieron en la nueva época, situarnos totalmente indefensos, contra las leyes de la denominada nueva época; y en la que los que nos mangonean, tienen la poca vergüenza y mayor cara dura, de decir que nos tienen en progreso… continuo; cuando la verdad es el retroceso atroz, que sintetizo en mi artículo de hoy y que de similar manera, llevan al resto de España, la que igualmente está… “comida por deuda y parásitos y por tanto, en una quiebra encubierta, pero tan real como la luz del Sol”.

                                Así es que trabajo tiene la casta política para convencernos ya de lo que sea; no creemos, “en nadie ni en ninguno”: Amén.

  

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                      

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes