Las Noticias de hoy 16 Septiembre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 16 de septiembre de 2019      

Indice:

Ángelus: “Vencer al mal acogiendo el perdón de Dios”

Rusia y Ucrania: El Papa saluda el intercambio de prisioneros

LA FE DE UN CENTURIÓN: Francisco Fernandez Carbajal

“Buscarle, encontrarle, tratarle, amarle”: San Josemaria

Algo grande y que sea amor: la vocación matrimonial: Carlos Ayxelà

El corazón abierto de Dios: misericordia y apostolado: Carlos Ayxelá

¿Cómo mejorar en la formación de los hijos?: Raúl Espinoza Aguilera

La autoridad y la educación: Rebeca Conde

La ideología de género.: Francisco Gras

Migrantes y refugiados: + Cardenal Ricardo Bláquez. Arzobispo de Valladolid

REVITALIZAR LOS TRABAJOS DE AMOR EN LA FAMILIA (3 medidas eficaces): Alberto García-Mina Freire

Familias: testimonios de Fe: Ernesto Juliá

FAMILIA Y  EL COSTO DE UNA CRISIS: Ing. José Joaquín Camacho                

Es todavía un niño: Alfonso Aguiló

El segundo país en producción agrícola de Europa: Jesús Domingo

La Fiesta de la Cruz. El valor del crucifijo: Josefa Romo

Renovar la cultura europea: Pedro García

Iglesia y diálogo social: Suso do Madrid

Modelo de economía social: Enric Barrull Casals

La moda… La fama: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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Ángelus: “Vencer al mal acogiendo el perdón de Dios”

Palabras del Papa antes de la oración mariana

septiembre 15, 2019 13:49Raquel AnilloAngelus y Regina Coeli

(ZENIT – 15 septiembre 2019).- A las 12 del mediodía de hoy, el Santo Padre Francisco se asoma a la ventana del estudio del
Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y los peregrinos reunidos en la Plaza San Pedro en este 24º domingo del Tiempo Ordinario.

Estas son las palabras del Papa al introducir la oración mariana:

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy (Lc 15, 1-32) comienza con algunos que critican a Jesús, viéndolo en compañía de publicanos y pecadores, y dicen con desprecio: “Él acoge a los pecadores y come con ellos” (v.2). Esta frase se revela en realidad como un anuncio maravilloso. Jesús acoge a los pecadores y come con ellos. Esto es lo que sucede con nosotros, en cada Misa, en cada iglesia: Jesús se alegra de acogernos en su mesa donde se ofrece así mismo por nosotros. Es la frase que podríamos escribir en las puertas de la nuestras iglesias: “Aquí Jesús acoge a los pecadores y los invita a su mesa”. Y el Señor, respondiendo a aquellos que lo criticaban, cuenta tres maravillosas parábolas, que muestran su predilección por los que se sienten lejos de Él.

Hoy sería lindo que cada uno de ustedes tomara el Evangelio, el Evangelio de Lucas, capítulo 15, y leyera las tres parábolas. Son estupendas.

En la primera parábola dice: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja a las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada hasta que la encuentra?” (v. 4) ¿Quién de ustedes? Una persona con sentido común no hace dos cálculos y sacrifica uno para mantener las noventa y nueve. Dios, en cambio, no se resigna, a Él le importas tú, que todavía no conoces la belleza de su amor, tú que todavía no has acogido a Jesús en el centro de tu vida, tú que no logras superar tu pecado, tú que quizás por las cosas malas que han acaecido en tu vida, no crees en el amor.

En la segunda parábola, tú eres esa pequeña moneda que el Señor no se resigna a perder y busca sin cesar: quiere decirte que eres precioso a sus ojos, que eres único. Nadie puede sustituirte en el corazón de Dios. Tienes un lugar, eres tú, nadie puede sustituirte; y tampoco a mí, nadie puede sustituirme en el corazón de Dios.

Y en la tercera parábola Dios es padre que espera el regreso del hijo pródigo: Dios siempre nos espera, no se cansa, no se desanima. Porque somos nosotros, cada uno de nosotros, ese hijo en sus brazos de nuevo, esa moneda encontrada de nuevo, esa oveja acariciada y puesta sobre los hombros. Él espera cada día que nos demos cuenta de su amor. Si tú dices: “Pero yo me he equivocado demasiado!” No tengas miedo: Dios te ama, te ama como eres y sabe que sólo su amor puede cambiar tu vida.

Pero este amor infinito de Dios por nosotros pecadores, que es el corazón del Evangelio, puede ser rechazado. Eso es lo que hace el hijo mayor de la parábola. No entiende la parábola y tiene en mente más a un dueño que a un padre. Es un riesgo para nosotros también: creer en un dios que es más riguroso que misericordioso, un dios que derrota al mal con poder en vez de con perdón. No es así, Dios salva con el amor, no con la fuerza; proponiéndose, no imponiéndose. Pero el hijo mayor, que no acepta la misericordia de su padre, se encierra, comete un error peor: se presume justo, se presume traicionado y juzga todo en base de su pensamiento de justicia. Así se enoja con el hermano y reprocha al padre: “Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, haces matar para él el ternero engordado” (cf. v. 30).

“Este hijo tuyo”: no lo llama hermano, sino tu hijo. Se siente hijo único. También nosotros nos equivocamos cuando nos creemos justos, cuando pensamos que los malos son los otros. No nos creamos buenos porque solos, sin la ayuda de Dios, que es bueno, no sabemos vencer el mal. Hoy no se olviden, tomen el Evangelio y lean las tres parábolas de Lucas, capítulo 15. Les hará bien, será salud para ustedes.

¿Cómo se hace para vencer el mal? Acogiendo el perdón de Dios, acogiendo el perdón de los hermanos. Sucede cada vez que nos confesamos: allí recibimos el amor del Padre que vence nuestro pecado: ya no está más, Dios lo olvida. Dios, cuando perdona, pierde la memoria, se olvida de nuestros pecados, se olvida. Es tan buen Dios con nosotros! No como nosotros, que después de decir “No es nada”, a la primera oportunidad que acordamos con intereses de los males que hemos sufrido. No, Dios borra el mal, nos hace nuevos dentro y así hace renacer la alegría en nosotros, no la tristeza, no la oscuridad en el corazón, no la sospecha, la alegría.

Hermanos y hermanas, coraje, ánimo, con Dios, ningún pecado tiene la última palabra. La Virgen, que desata los nudos de la vida, nos libere de la pretensión de creer que somos justos y nos haga sentir la necesidad de ir hacia el Señor, que siempre nos espera para abrazarnos, para perdonarnos.

 

 

Rusia y Ucrania: El Papa saluda el intercambio de prisioneros

Y desea el fin del conflicto

septiembre 15, 2019 14:30Anne KurianAngelus y Regina Coeli

(ZENIT – 15 septiembre 2019).- El Papa Francisco alabó el intercambio de prisioneros “tan esperado” entre la Federación de Rusia y de Ucrania, realizada el 7 de septiembre de 2019.

Él habló sobre este gesto en el Ángelus del 15 de septiembre que presidió en la Plaza de San Pedro: “Me alegro por las personas liberadas, que han podido abrazar a sus seres queridos nuevamente”, dijo después de la oración mariana.

El Papa también aseguró sus oraciones “por un rápido final del conflicto y por una paz duradera en el este de Ucrania”.

Después de varios meses de negociaciones, Moscú y Kiev intercambiaron a 35 detenidos cada uno, incluidos marineros ucranianos arrestados por la guardia costera rusa en noviembre de 2018, agentes secretos y presos políticos.

 

LA FE DE UN CENTURIÓN

— La humildad, primera condición para creer.

— El crecimiento de la fe.

— Humildad para perseverar en la fe.

I. Es posible que la escena que se narra en el Evangelio de la Misa1 tuviera lugar a la caída de la tarde, cuando Jesús, terminadas sus enseñanzas al pueblo, entró en la ciudad de Cafarnaún. Llegaron entonces unos ancianos de los judíos para interceder por un Centurión que tenía un criado enfermo, al que estimaba mucho. Aparece este gentil como un alma de grandes virtudes. Es un hombre que sabe mandar, pues le dice a un soldado ve y va; y a otro: ven y viene. Y al mismo tiempo tiene un gran corazón, sabe querer a los que le rodean, como a ese criado enfermo, por quien hace todo lo que está en su mano para que sane. Es un hombre generoso, que había costeado la sinagoga de esta ciudad: se hace respetar y querer, pues, como escribe San Lucas, los judíos principales que acuden a Jesús le insisten diciendo: merece que le concedas esto, aprecia a nuestro pueblo.

Sobre todo, sobresale por su fe humilde. Después de recibir estas recomendaciones de sus amigos, Jesús se puso en camino con ellos. Y cuando estaba ya cerca de la casa, el Centurión envió al Maestro una nueva embajada para decirle: Señor, no te tomes esa molestia, porque no soy digno de que entres en mi casa, por eso ni siquiera yo mismo me he considerado digno de venir a ti, pero di una palabra y mi criado quedará sano...

Esta fe llena de humildad conquistó el corazón de Jesús, de tal manera que el Señor quedó admirado de él, y volviéndose a la multitud que le seguía, dijo: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

La humildad es la primera condición para creer, para acercarnos a Cristo. Esta virtud es el camino ancho por el que llega la fe y también el medio para aumentarla. La humildad nos capacita para hacernos entender por Jesús. Al comentar San Agustín este pasaje del Evangelio, asegura que fue la humildad la puerta por donde el Señor entró a posesionarse del que ya poseía2. Pidamos hoy nosotros al Señor una sincera humildad que nos acerque a Él, que haga más grande y firme nuestra fe y que nos disponga a hacer en todo su Voluntad santísima. «Me confiaste que, en tu oración, abrías el corazón al Señor con las siguientes palabras: “considero mis miserias, que parecen aumentar, a pesar de tus gracias, sin duda por mi falta de correspondencia. Conozco la ausencia en mí de toda preparación, para la empresa que pides. Y, cuando leo en los periódicos que tantos y tantos hombres de prestigio, de talento y de dinero hablan y escriben y organizan para defender tu reinado..., me miro a mí mismo y me encuentro tan nadie, tan ignorante y tan pobre, en una palabra, tan pequeño..., que me llenaría de confusión y de vergüenza si no supiera que Tú me quieres así. ¡Oh, Jesús! Por otra parte, sabes bien cómo he puesto, de buenísima gana, a tus pies, mi ambición... Fe y Amor: Amar, Creer, Sufrir. En esto sí que quiero ser rico y sabio, pero no más sabio ni más rico que lo que Tú, en tu Misericordia sin límites, hayas dispuesto: porque todo mi prestigio y honor he de ponerlo en cumplir fielmente tu justísima y amabilísima Voluntad”»3.

II. Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. ¡Qué elogio tan grande! ¡Con qué alegría pronunciaría el Señor estas palabras! Meditemos hoy cómo es nuestra fe y pidamos a Jesús que nos otorgue la gracia de crecer en ella, día a día.

San Agustín enseñaba que tener fe es: «Credere Deo, credere Deum, credere in Deum»4, en una fórmula clásica entre los teólogos. Es decir: creer a Dios que sale a nuestro encuentro y se da a conocer; creer todo lo que Dios dice y revela, las verdades que comunica en ese encuentro personal; y, por último, creer en Dios, amándole, confiar sin medida en Él. Progresar en la fe es crecer en estas facetas. Creer a Dios lleva consigo la seria preocupación por mejorar la formación doctrinal, por crecer en el conocimiento de Dios. Hoy podemos examinar cómo es nuestro afán por conocer mejor a Dios y todo lo que Él nos ha revelado; quizá podríamos preguntarnos por el interés en la lectura espiritual, con cuya asiduidad adquirimos, a lo largo de los años, unos fundamentos firmes, y por la constancia en los medios de formación (círculos, charlas, retiros...), que quizá tenemos la inmensa suerte de encontrar a nuestro alcance. El afán por conocer mejor a Dios se concretará además en la fidelidad a la verdad revelada por Dios, proclamada por la Iglesia, protegida y predicada por su Magisterio.

Creer a Dios lleva consigo crecer en nuestra relación personal con Él, tratarle diariamente en la oración, en diálogo amoroso, como a nuestro Creador y Redentor, que viene diariamente a nuestro encuentro en la Sagrada Eucaristía, en la oración personal, y en tantas ocasiones en medio del trabajo, y en las dificultades y en las alegrías... Creer a Dios nos lleva a verle muy cerca de nuestro vivir diario5.

El tercer aspecto de la fe –creer en Dios– es la coronación y el gozo de los otros dos: es el amor que lleva consigo toda fe verdadera. «Señor, creo en Ti y te amo, hablo contigo, pero no como con un extraño, porque al tratarte, te voy conociendo y es imposible que te conozca y no te ame; pero si te amo, veo claro que he de luchar por vivir, día tras día, con arreglo a tu palabra, a tu voluntad, a tu verdad»6.

III. Y cuando volvieron a casa, los enviados encontraron sano al siervo.

Todos los milagros que hizo Jesús procedían de un Corazón lleno de amor y de misericordia; nunca realizó un prodigio que lastimase a nadie. Tampoco efectuó un milagro para su propia utilidad. Le vemos pasar hambre y no convierte las piedras en pan, padecer sed y le pide de beber a una mujer samaritana, junto al pozo de Jacob7. Y cuando Herodes le exige que haga una proeza, guarda silencio, a sabiendas de que aquel hombre podía darle la libertad... El fin de los milagros es el bien de los que se acercaban a Él, para que crean que Tú me has enviado8. Las obras de misericordia corporales se transforman en un mayor bien de las almas. Por eso, aquella tarde, cuando el Centurión pudo contemplar sano a su siervo, el milagro le unió más a Jesús. Hemos de suponer que después de Pentecostés fue uno de aquellos primeros gentiles que recibieron el Bautismo, y sería fiel al Maestro hasta el fin de sus días.

La fe verdadera nos une a Jesucristo Redentor y a su potestad sobre todas las criaturas, y nos da una seguridad y una firmeza que están por encima de toda circunstancia humana, de cualquier acontecimiento que pueda sobrevenir. Pero para tener esa fe necesitamos la humildad de este Centurión: sabernos nada ante Jesús; no desconfiar jamás de su auxilio, aunque alguna vez tarde algo en llegar o venga de distinto modo a como nosotros esperábamos.

San Agustín afirmaba que todos los dones de Dios podían reducirse a este: «Recibir la fe y perseverar en ella hasta el último instante de la vida»9. La humildad de saber que podemos traicionar la fe recibida, que somos capaces de separarnos del Maestro, nos ayudará a no dejar jamás el trato diario con Él, y esos medios de formación que nos enseñan a conocer mejor a Dios y nos suministran los argumentos que precisamos para darlo a conocer. El verdadero obstáculo para perseverar en la fe es la soberbia. Dios resiste a los soberbios, y da su gracia a los humildes10. Por eso hemos de pedir la humildad con mucha frecuencia.

En Nuestra Señora encontramos esa unión profunda entre la fe y la humildad. Su prima Isabel la saludará, movida por el Espíritu Santo, con estas palabras: Bienaventurada, feliz tú, porque has creído... Y el Espíritu Santo pondrá en boca de la Virgen Madre: —Una inmensa felicidad embarga mi alma. Y todas las generaciones me llamarán bienaventurada... Pero la razón última no es nada mío, sino que Dios ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava, Él ha abierto mi corazón y lo ha llenado de gracias...11. Acudamos a Ella para que nos enseñe a crecer en esta virtud de la humildad, donde la fe tiene sus cimientos firmes. «La Esclava del Señor es hoy la Reina del Universo. Quien se humilla será exaltado (Mt 23, 12). Que sepamos ponernos al servicio de Dios sin condiciones y seremos elevados a una altura increíble; participaremos en la vida íntima de Dios, ¡seremos como dioses!, pero por el camino reglamentario: el de la humildad y la docilidad al querer de nuestro Dios y Señor»12.

1 Lc 7, 1-10. — 2 Cfr. San Agustín, Sermón 46, 12. — 3 San Josemaría Escrivá, Forja, Rialp, 2ª ed., Madrid 1987, n. 822. — 4 San Agustín, Sermón 144, 2. — 5 Cfr. P. Rodríguez, Fe y vida de fe, EUNSA, Pamplona 1974, pp. 124-125. — 6 Ibídem, p. 125. — 7 Cfr. Jn 4, 7. — 8 Jn 11, 42. — 9 San Agustín, Sobre el don de la perseverancia, 17, 47; 50, 641. — 10 Sant 4, 6. — 11 Cfr. Lc 1, 45 ss. — 12 A. Orozco, Mirar a María, Rialp, Madrid 1981, p. 238.

 

“Buscarle, encontrarle, tratarle, amarle”

La vida interior se robustece por la lucha en las prácticas diarias de piedad, que has de cumplir –más: ¡que has de vivir!– amorosamente, porque nuestro camino de hijos de Dios es de Amor. (Forja, 83)

En ese esfuerzo por identificarse con Cristo, he distinguido como cuatro escalones: buscarle, encontrarle, tratarle, amarle. Quizá comprendéis que estáis como en la primera etapa. Buscadlo con hambre, buscadlo en vosotros mismos con todas vuestras fuerzas. Si obráis con este empeño, me atrevo a garantizar que ya lo habéis encontrado, y que habéis comenzado a tratarlo y a amarlo, y a tener vuestra conversación en los cielos.
Procura atenerte a un plan de vida, con constancia: unos minutos de oración mental; la asistencia a la Santa Misa -diaria si te es posible- y la Comunión frecuente; acudir regularmente al Santo Sacramento del Perdón -aunque tu conciencia no te acuse de falta mortal-; la visita a Jesús en el Sagrario; el rezo y la contemplación del Santo Rosario, y tantas prácticas estupendas que tú conoces o puedes aprender (...)
Tampoco me olvides que lo importante no consiste en hacer muchas cosas; limítate con generosidad a aquellas que puedas cumplir cada jornada, con ganas o sin ganas. Esas prácticas te llevarán, casi sin darte cuenta, a la oración contemplativa. Brotarán de tu alma más actos de amor, jaculatorias, acciones de gracias, actos de desagravio, comuniones espirituales. Y esto, mientras atiendes tus obligaciones: al descolgar el teléfono, al subir a un medio de transporte, al cerrar o abrir una puerta, al pasar ante una iglesia, al comenzar una nueva tarea, al realizarla y al concluirla; todo lo referirás a tu Padre Dios. (Amigos de Dios, 300 y 149)

 

 

Algo grande y que sea amor: la vocación matrimonial

Dios bendice la normalidad de la vida familiar y quiere habitar en ella. Un paseo por el libro de Tobías puede ayudar a redescubrirlo.

Vocación14/09/2019

Opus Dei - Algo grande y que sea amor: la vocación matrimonial

Cuando san Josemaría empezó a hablar de vocación al matrimonio, hace ya casi un siglo, la unión de estos dos conceptos solía generar desconcierto, cuando no hilaridad: como si hablara de un pájaro sin alas o de una rueda cuadrada. «¿Te ríes porque te digo que tienes “vocación matrimonial”? —Pues la tienes: así, vocación»[1]. En la mentalidad de entonces, y a veces aún en la de hoy, “tener vocación” significaba dejar la normalidad de la vida para poder servir a Dios y a la Iglesia. Dejar de un modo u otro lo habitual, que para la mayor parte de las personas pasa por tener familia, hijos, casa, trabajo, compras, facturas, lavadoras, imprevistos, risas, peleas entre hermanos, tardes en urgencias, sobras en la nevera.

Todo este sinfín de cosas, variado e imprevisible como la vida misma, no solo cabe en esa “rueda cuadrada” de la vocación matrimonial sino que encuentra en ella su mejor versión posible. El «sentido vocacional del matrimonio»[2] parte precisamente de la convicción de que Dios bendice la normalidad de la vida familiar y quiere habitar en ella. «Tú eres el Santo y habitas entre las alabanzas de Israel», dice el salmo que Jesús incoa desde la Cruz (Sal 22,4). Dios, el Santo, quiere vivir en medio de las vidas normalísimas de las familias. Vidas llamadas a convertirse, por el cariño, en alabanzas a Él: en cielo, aun con todos los “defectos de fabricación” de esta sede provisional que es la vida. Por eso, «no dejes ir un día / sin cojerle un secreto, grande o breve. / Sea tu vida alerta / descubrimiento cotidiano. / Por cada miga de pan duro / que te dé Dios, tú dale / el diamante más fresco de tu alma»[3].

Que tengas un buen viaje

Uno descubre que en su vida ha recibido mucho amor y que está llamado a eso mismo: a dar amor

Aquel joven se reía al oír hablar de vocación matrimonial, pero no pudo evitar quedarse pensativo. La “provocación” iba acompañada, por lo demás, de un consejo: «Enco­miéndate a San Rafael, para que te conduzca castamente hasta el fin del camino, como a Tobías»[4]. Aludía así san Josemaría al único relato de la Biblia que habla de este Arcángel, por quien tenía un especial cariño; tanto, que le confió desde muy pronto su apostolado con los jóvenes[5]. «Es encantador el libro de Tobías»[6], decía una vez. Aunque todo el relato del libro gira en torno a un viaje, de hecho nos permite entrar de lleno en la vida de dos hogares, y asistir al nacimiento de un tercero. E incluso el viaje mismo participa de ese ambiente casero, con un detalle que no ha pasado desapercibido a los artistas a lo largo de los siglos: este libro es también el único lugar de la Escritura en el que aparece un perro doméstico, que acompaña a Tobías y a san Rafael de inicio a fin de su periplo (cfr. Tb 6,1; 11,4).

Al marcharse Tobías, su padre lo bendice con estas palabras: «Que el Dios del cielo os proteja y devuelva sanos. Que su ángel os acompañe y proteja» (Tb 5,17). San Josemaría las parafraseaba al dar su bendición a quienes emprendían un viaje: «que el Señor esté en tu camino, y su ángel te acompañe»[7]. Y viaje —el verdadero viaje, el más decisivo— es el camino de la vida, por el que caminan juntos quienes se entregan mutuamente en el matrimonio, respondiendo a un sueño de Dios que se remonta al origen del mundo[8]. Qué necesario es, pues, descubrir a los jóvenes, y redescubrir también a la vuelta de muchos años de viaje, «la belleza de la vocación a formar una familia cristiana»[9]: la llamada a una santidad que no es de segunda, sino de primera.

Cuando verdaderamente empieza la vida

La vocación personal despierta con un descubrimiento sencillo pero cargado de consecuencias: la convicción de que el sentido, la verdad de nuestra vida, no consiste en vivir para nosotros mismos, para nuestras cosas, sino para los demás. Uno descubre que en su vida ha recibido mucho amor y que está llamado a eso mismo: a dar amor. Y que solo así se encontrará verdaderamente a sí mismo. Dar amor, no simplemente en los ratos libres, como para tranquilizar la conciencia: convertir el amor en nuestro proyecto vital, en el centro de gravedad de todos los demás proyectos (los que logren quedarse en órbita).

Antes y después de su matrimonio con Sara, el joven Tobías recibe varios consejos en esa dirección: son llamadas a lo más noble que hay en él. Su padre Tobit, que le envía de viaje para procurarle un dinero de cara al futuro (cfr. Tb 4,2), se preocupa por transmitirle en primer lugar su herencia más importante; lo que él ha valorado más en su vida: «Respeta a tu madre, no la abandones mientras viva. Complácela, no entristezcas nunca su corazón (...). Guárdate, hijo, de la fornicación (…). Si algo te sobra, dalo con generosidad al pobre, y que tu ojo no mire cuando des limosna (...). Alaba al Señor Dios en todo tiempo, ruégale que oriente tu conducta. Así tendrás éxito en tus empresas y proyectos» (Tb 4,3-19). Semanas más tarde, Tobías, recién casado, emprende el camino de vuelta a la casa de sus padres, y su nueva suegra Edna se despide así de él: «Delante del Señor te confío a mi hija. No le hagas daño jamás. Ve en paz, hijo. Desde ahora soy tu madre y Sara tu mujer» (Tb 10,13).

«No entristezcas su corazón (…). No le hagas daño jamás». Dios llama a los esposos a protegerse, a cuidarse, a desvivirse: ahí radica el secreto de su realización personal, que precisamente por eso no puede ser solo autorealización. Vivir, en toda la profundidad del término, significa dar vida. Así vivió Jesús: «yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). Así vivieron también San José y Santa María, con el amor más sencillo, tierno y delicado que habrá existido sobre la tierra, cuidando el uno del otro, y cuidando sobre todo de la Vida hecha carne. Y así quiere Dios que vivamos sus discípulos, para que allí donde estemos irradiemos su alegría, sus ganas de vivir. Ese es el núcleo del sentido de misión cristiano.

Vivir significa dar vida. Así vivió Jesús. Así vivieron san José y santa María

«Nuestras ciudades —dice el Papa Francisco— se han desertificado por falta de amor, por falta de sonrisas. Muchas diversiones, muchas, muchas cosas para perder el tiempo, para hacer reír, pero falta el amor. Y es especialmente la familia, y es ¡especialmente la familia! aquel papá, aquella mamá que trabajan y con los niños… La sonrisa de una familia es capaz de vencer esta desertificación de nuestras ciudades, y esta es la victoria del amor de la familia. Ninguna ingeniería económica y política es capaz de reemplazar esta aportación de las familias. El proyecto de Babel edifica rascacielos sin vida. El Espíritu de Dios, en cambio, hace florecer los desiertos»[10].

Vivir significa dar vida. Este descubrimiento, que puede darse ya en la adolescencia, pero que a veces no llega hasta muy tarde, marca el verdadero paso de la infancia a la madurez humana. Se podría decir que solo entonces uno empieza a ser verdaderamente persona; que solo entonces empieza verdaderamente la vida. Porque «vivir es desear más, siempre más; desear, no por apetito, sino por ilusión. La ilusión, ésta es la señal de vida; amar, esto es la vida. Amar hasta el punto de poder darse por lo amado. Poder olvidarse de sí mismo, esto es ser uno mismo; poder morir por algo, esto es vivir. El que sólo piensa en sí no es nadie, está vacío; el que no es capaz de sentir el gusto de morir, es que ya está muerto. Sólo el que puede sentirlo, el que puede olvidarse a sí mismo, el que puede darse, el que ama, en una palabra, está vivo. Y entonces no tiene sino que echar a andar»[11].

El alcance de un sí

Desde esta luz, la vocación matrimonial aparece como algo bien distinto de «un impulso hacia la propia satisfacción, o un mero recurso para completar egoístamente la propia personalidad»[12]. Sin duda, la personalidad solo se despliega verdaderamente cuando uno es capaz de entregarse a otra persona. La vida matrimonial, además, es fuente de muchas satisfacciones y alegrías; pero a nadie se le escapa que trae consigo también problemas, exigencias, decepciones. No se le escapa a nadie y, sin embargo, qué facil es “escaparse” de esa cara menos bonita del amor: qué facil es desdeñar las migas de pan duro.

Un contraste puede ayudar a considerarlo. Por un lado, la perfección sin tacha de ciertas celebraciones de bodas, estudiadas hasta el último milímetro para dar toda la solemnidad posible a un evento único en la vida, y quizá también para afianzar el prestigio social de la familia. Por otro, el desencanto y el descuido que fácilmente pueden filtrarse a la vuelta de los meses o de los años, ante la imperfección de la vida familiar en su despliegue cotidiano: cuando surgen problemas, cuando se descubren los defectos de la otra persona, y uno y otro parecen incapaces de hablar, de escucharse, de curar heridas, de derrochar cariño. Puede nublarse entonces el «sentido vocacional del matrimonio», por el que se sabían llamados a dar lo que son… a ser padre, madre, marido, mujer… de vocación. Y qué lástima entonces: una familia a la que Dios querría feliz, aun en medio de las dificultades, se queda solo a medio camino, “aguantando”. La novedad que estaba queriendo nacer en el mundo con su amor mutuo, con su hogar… la novedad, la verdadera vida, parece entonces estar en otra parte. Y sin embargo está a la vuelta de la esquina, aunque la esquina esté algo desconchada, como acaba por sucederle a cualquier esquina, que simplemente está pidiendo un poco de cariño y atención.

El día en que un hombre y una mujer se casan, responden «sí» a la pregunta acerca de su amor recíproco. Sin embargo, la verdadera respuesta llega solo con la vida: la respuesta se debe encarnar, se debe hacer a fuego lento en el “para siempre” de ese sí mutuo. «Uno siempre responde con su vida entera a las preguntas más importantes. No importa lo que diga, no importa con qué palabras y con qué argumentos trate de defenderse. Al final, al final de todo, uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida (…): ¿Quién eres?… ¿Qué has querido de verdad? (…) Uno al final responde con su vida entera»[13]. Y ese sí de la vida entera, conquistado una y otra vez, se va volviendo cada vez más profundo y auténtico: va transformando la inevitable ingenuidad de los inicios en una inocencia lúcida, pero sin cinismo; en un «sí, cariño» que sabe, pero que ama.

"La sonrisa de una familia es capaz de vencer la desertificación de nuestras ciudades" (Papa Francisco)

La profundidad de este sí, irrenunciable para encontrarse de verdad con el amor, es también el motivo por el que la Iglesia persiste a contracorriente en su enseñanza acerca del noviazgo y de la apertura de los esposos a la vida. Aunque esto le valga las críticas de trasnochada y severa, insiste con paciencia porque sabe que Dios la llama a custodiar el amor personal, especialmente en su «lugar nativo»[14]. La Iglesia no defiende con esto una verdad abstracta, como de manual: más bien protege la verdad concreta de las vidas, de las familias; protege las relaciones entre las personas de la verdadera enfermedad mortal… un veneno que se filtra sutilmente, vestido al inicio de romance y de triunfo, hasta desenmascararse de golpe, quizá a la vuelta de los años, como una jaula insoportable, sobre todo si se ha apoderado de los dos: el egoísmo.

Hay, sí, una aparente magnanimidad y alegría de vivir en quien se dice sin más: «voy a gozar todo lo que pueda de mi cuerpo y de quien quiera disfrutar conmigo». Es un modo de ver la vida en el que se oye como un eco del Génesis: la juventud es una fruta sabrosa… ¿por qué no habría de comerla? ¿por qué querría Dios quitarme esa dulzura de la boca? (cfr. Gn 3,2.6). Los jóvenes cristianos no son de cartón: sienten ese mismo atractivo, pero adivinan algo de espejismo; quieren ver con más profundidad. Con su esfuerzo por guardar puro su amor, o por reconquistar la inocencia que quizá perdieron, se preparan para amar sin poseer al otro, para amar sin consumir. De un modo u otro, se preguntan: «¿con quién voy a compartir estas ganas de vivir que noto bullir dentro de mí? ¿es realmente esta la persona? ¿de verdad nos vamos a querer, o solo nos deseamos?». Saben que con su cuerpo van a dar también su corazón, su persona, su libertad. Saben que todo eso solo cabe realmente dentro de un “sí para siempre”; saben que ni ellos ni nadie valen menos que un sí “sin términos y condiciones”; y que a falta de una decisión así no están preparados para hacer ese regalo, ni lo están los demás para recibirlo: sería un regalo que los dejaría vacíos por dentro, aunque solo lo descubrieran con el paso del tiempo.

La misma “lógica” de fondo late en la vocación del célibe, que también ama a Dios con su cuerpo, porque se lo entrega día a día. Sí, matrimonio y celibato se iluminan y se necesitan mutuamente, porque ambos irradian la lógica de una gratuidad que solo se entiende desde Dios, desde la imagen de sí que Dios ha puesto en nosotros, por la que nos sabemos un don, vemos en los demás un don, y nos sabemos llamados a dar vida: a los padres, a los hijos, a los abuelos, a todos.

Cuando Jesús revela esta profundidad del amor, sus discípulos se quedan perplejos, hasta el punto de que tiene que decirles: «No todos entienden esto; solo los que han recibido ese don» (Mt 19,11). Los jóvenes y los padres cristianos, aunque a veces puedan percibir incomprensión a su alrededor, deben saber que en el fondo muchos los admiran, aunque a veces no sepan muy bien por qué. Los admiran porque con su amor sincero están irradiando la alegría y la libertad del amor de Dios, que laten «con gemidos inefables» (Rm 8,26) en los corazones de cada hombre y de cada mujer.

Corazón que no quiera sufrir dolores

El nombre de Rafael significa «Dios cura», es decir, «Dios cuida». La intervención del Arcángel en la historia compartida de Tobit, Ana, Tobías y Sara presenta de modo visible una realidad habitualmente imperceptible: la protección de Dios sobre las familias, la importancia que Él da a que salgan adelante felices (cfr. Tb 12,11-15). Dios quiere estar cerca de nosotros, aunque a veces no le dejemos, porque no queremos verdaderamente tenerle cerca. En la historia del hijo pródigo, que se fue «a un país lejano» (Lc 15,13), podemos reconocer no solo historias individuales, sino también historias sociales y culturales: un mundo que se aleja de Dios y que se convierte así en un entorno hostil, en el que muchas familias sufren, y a veces naufragan. Con todo, como el padre de la parábola, Dios no se cansa de esperar, y siempre acaba dando con el modo de habitar esas realidades, a veces trágicas, volviendo al encuentro de cada persona, aunque sean muchas las heridas que curar.

La Iglesia protege las relaciones entre las personas de la verdadera enfermedad mortal, el egoísmo

También el libro de Tobías nos muestra cómo la cercanía y la solicitud de Dios por las familias no significa un amparo de toda dificultad, interna y externa. Tobit, por ejemplo, es un hombre íntegro, incluso heroico, y sin embargo, Dios permite que se quede ciego (cfr. Tb 2,10). Su mujer tiene entonces que conseguir ingresos para la familia, y sucede que en una ocasión le regalan, con la paga, un cabrito. Tobit, quizá desde un humor algo avinagrado por su minusvalía, cree que su mujer lo ha robado, y desata así, sin querer, una tormenta doméstica. Nos lo cuenta él en primera persona: «No la creí y, avergonzado por su comportamiento, insistí en que lo devolviera a su dueño. Entonces ella me replicó: “¿Donde están tus limosnas y buenas obras? Ya ves de qué te han servido”» (Tb 2,14). Ante la dureza de esta respuesta, Tobit se queda «con el alma llena de tristeza»; se pone entonces a rezar entre sollozos, y pide a Dios que le lleve consigo (cfr. Tb 3,1-6).

Con todo, Tobit sigue esforzándose por contentar a su mujer, aunque no siempre lo logre. Así, por ejemplo, cuando Tobías está ya emprendiendo su camino de regreso, felizmente casado y con el dinero que su padre le había encargado recuperar, su madre Ana, que desde el inicio era contraria a la idea del viaje, se teme lo peor: «Mi hijo ha muerto. Mi hijo ya no vive (…). ¡Ay de mí, hijo, luz de mis ojos! ¿Por qué te dejaría marchar?». Tobit, que también está preocupado, intenta calmarla: «¡Calla!, mujer, no te preocupes. Seguro que está bien. Habrán tenido que retrasarse. Pero su compañero es hombre de confianza y pariente nuestro. No te inquietes por él, mujer, que volverá pronto». Sin embargo, sus razones no surten efecto. «¡Déjame! No me vengas con engaños. Mi hijo ha muerto», responde Ana. Con todo, en una incoherencia muy maternal, sigue secretamente esperando su regreso: «día tras día se asomaba al camino por donde su hijo había marchado. No hacía caso a nadie. Cuando se ponía el sol, volvía a casa y pasaba las noches sin poder dormir, lamentándose y llorando» (Tb 10,1-7).

Conmueve ver que, a distancia de milenios, los problemas cotidianos de las familias no han cambiado demasiado. Incomprensiones, faltas de comunicación, angustias por los hijos… «Tendría un pobre concepto del matrimonio y del cariño humano quien pensara que, al tropezar con esas dificultades, el amor y el contento se acaban»[15]. El enamoramiento inicial —esa fuerza que lleva a ilusionarse con el proyecto de formar una familia— tiende a dejar casi todos los defectos del otro en un ángulo muerto. Pero bastan unas semanas de convivencia constante para darse cuenta de que nadie llegó perfecto al día de la boda, y por eso la vida matrimonial es un camino de conversión en tándem, en equipo. Con tal de que marido y mujer se sigan dando cada día una nueva oportunidad, los corazones de uno y otro se irán haciendo cada vez más bellos, aunque se mantengan, en incluso cristalicen, algunos de sus límites.

Dice una antigua canción: «Corazón que no quiera sufrir dolores, pase la vida entera libre de amores»[16]. En efecto, «amar, de cualquier manera, es ser vulnerable. Basta con que amemos algo para que nuestro corazón, con seguridad, se retuerza y, posiblemente, se rompa. Si uno quiere estar seguro de mantenerlo intacto, no debe dar su corazón a nadie, ni siquiera a un animal. Hay que rodearlo cuidadosamente de caprichos y de pequeños lujos; evitar todo compromiso; guardarlo a buen recaudo bajo llave en el cofre o en el ataúd de nuestro egoísmo»[17]. Ciertamente, no sucede a los matrimonios como a Tobías y Sara, que tienen que enfrentar un peligro de muerte en su primera noche de bodas, por la acción de un mal espíritu (cfr. Tb 6,14-15; 7,11). Sin embargo, el demonio del egoísmo —enfermedad mortal— atenaza constantemente a todas las familias, con la tentación de «convertir en montañas» lo que no son más que «menudos roces sin importancia»[18].

"Reñir, siempre que no sea muy frecuente, es también una manifestación de amor, casi una necesidad" (San Josemaría)

Por eso, qué importante es que marido y mujer hablen con claridad, aunque se trate de cosas fuertes, para evitar que cada uno se vaya atrincherando poco a poco detrás de un muro: para reconstruir una y otra vez los sentimientos que hacen posible el amor. Dice san Josemaría que «reñir, siempre que no sea muy frecuente, es también una manifestación de amor, casi una necesidad» de los esposos[19]. El agua tiene que correr, porque cuando se estanca se pudre. Qué importante es también por eso que los padres «encuentren tiempo para estar con sus hijos y hablar con ellos, (...) [para] reconocer la parte de verdad –o la verdad entera– que pueda haber en algunas de sus rebeldías»[20]. Hablar, pues, y convivir: entre marido y mujer, entre padres e hijos.

Y hablar, sobre todo, con Dios, para que pueda darnos sus luces: «Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (Sal 119,105). Aunque el relato bíblico no alcanza a mostrarnos los desencuentros de Tobías y Sara, podemos imaginar que los tendrían, como Tobit y Ana, y como todas las familias. Pero también podemos imaginarlos muy unidos hasta el final de sus vidas, porque vemos nacer y crecer su matrimonio en la intimidad con Dios. «Bendito seas, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por siempre —rezan en su noche de bodas—. Ten misericordia de nosotros y haz que lleguemos juntos a la vejez» (Tb 8,7).


***

San Juan Pablo II, «el Papa de la familia»[21], comparaba una vez el amor esponsal del Cantar de los Cantares con el amor de Tobías y Sara. Los esposos del Cantar, decía, «declaran mutuamente, con palabras fogosas, su amor humano. Los nuevos esposos del libro de Tobías piden a Dios saber responder al amor»[22]. Al acercar estos dos retratos del amor matrimonial, quería suscitar la pregunta: ¿cuál de los dos lo refleja mejor? La respuesta es sencilla: ambos. El día en que dos corazones se encuentran, su vocación adquiere un rostro fresco y joven, como el de los esposos del Cantar. Pero ese rostro recupera su juventud cada vez que, a lo largo de la vida, uno y otro acogen de nuevo su llamada a responder al amor. Y entonces, sí, ese amor es fuerte como la muerte[23].

Carlos Ayxelà


[1] San Josemaría, Camino, n. 27.

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 30. Cfr. los nn. 22-30, que comprenden la homilía “El matrimonio, vocación cristiana”.

[3] Juan Ramón Jiménez, Eternidades, Madrid, 1918 p. 126 (a efectos de la j, se conserva la peculiar ortografía del original).

[4] Camino, n. 27. Cfr. también Ibidem, n. 360.

[5] Cfr. San Josemaría, Apuntes íntimos, n. 1697 (10-X-1932), en A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, vol. 1, Rialp, Madrid 1997, p. 477.

[6] San Josemaría, notas de una meditación, 12-X-1947, en Mientras nos hablaba en el camino, p. 41 (AGP, Biblioteca, P18).

[7] Cfr. Ibidem. «Yo, en el Ceremonial, haciendo preceder a esta bendición una deprecación a la Virgen, la he puesto como bendición del viaje: Beata Maria intercedente, bene ambules: et Dominus sit in itinere tuo, et Angelus eius comitetur tecum [Que por la intercesión de Santa María, tengas un buen viaje: que el Señor esté en tu camino, y que su Ángel te acompañe]».

[8] San Juan Pablo II llamaba por eso al matrimonio “sacramento primordial” (cfr. Audiencia, 20-X-1982 y 23-V-1984).

[9] F. Ocáriz, Carta pastoral, 14-II-2017.

[10] Francisco, Audiencia, 2-IX-2015.

[11] J. Maragall, “Elogio del vivir” en Vida escrita, Madrid, Aguilar, 1959, p. 105.

[12] Es Cristo que pasa, n. 43.

[13] S. Marai, El último encuentro, Salamandra, Barcelona, 2007, p. 107.

[14] F. Ocáriz, Carta pastoral, 4-VI-2017.

[15] Es Cristo que pasa, n. 24.

[16] “A los árboles altos”, canción popular a la que san Josemaría alude en Camino, n. 145.

[17] C.S. Lewis, Los cuatro amores, Rialp, Madrid 1991, p. 135.

[18] Es Cristo que pasa, n. 23.

[19] Ibidem, n. 26.

[20] Ibidem, n. 27.

[21] Francisco, Homilía en la canonización, 27-IV-2014.

[22] San Juan Pablo II, Audiencia, 27-VI-1984.

[23] Cfr. Ibidem, y Ct 8,6.

 

 

El corazón abierto de Dios: misericordia y apostolado

Cuando rechaza la tentación de someter los reinos de la tierra, Jesús deja entrever cómo es su dominio de la historia. Aunque a los ojos humanos pueda parecer una ingenuidad, Dios reina con su misericordia. Y así quiere que sus enviados, los cristianos, le hagamos presente en el mundo.

Misericordia15/06/2016

Opus Dei - El corazón abierto de Dios: misericordia y apostolado

Dios no sabría qué hacer con una sumisión formal, externa, pero hueca. Él busca a cada hombre, llama a la puerta de cada uno

«Mi reino no es de este mundo», responde Jesús, cuando Pilato le pregunta acerca de las acusaciones del Sanedrín. Él es Rey, pero no como dicen rey los hombres: «si mi reino fuera de este mundo, mis servidores lucharían para que no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí»[1]. Pocas horas antes, en Getsemaní, había hablado en términos parecidos a Pedro, para hacerle envainar la espada: «¿O piensas que no puedo acudir a mi Padre y al instante pondría a mi disposición más de doce legiones de ángeles?»[2] No es con la fuerza de las armas de los hombres que Dios irrumpe en el mundo, sino con la «espada de doble filo» de su Palabra, que «descubre los sentimientos y pensamientos del corazón»[3]. Jesús «no combate para consolidar un espacio de poder. Si rompe cercos y cuestiona seguridades es para abrir una brecha al torrente de la Misericordia que, con el Padre y el Espíritu, desea derramar sobre la tierra. Una Misericordia que procede de bien en mejor: anuncia y trae algo nuevo: cura, libera y proclama el año de gracia del Señor»[4].

Dios mira el corazón

«En el mundo tendréis sufrimientos, pero confiad: yo he vencido al mundo, ego vici mundum»[5]. Desde el cenáculo, la oración sacerdotal de Jesús conforta a los discípulos de todos los tiempos: el Señor vence, aun cuando el anuncio del Evangelio encuentra dificultades grandes, hasta el punto de parecer que la causa de Dios va a fracasar. Christus vincit, pero según un designio que no responde a la lógica del poder humano: «mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos»[6].

«Te daré todo este poder y su gloria, porque me han sido entregados y los doy a quien quiero»[7]. Cuando el demonio mostró a Jesús todas las naciones de la tierra, no le ofrecía tanto lujo y posesiones como la sumisión de los hombres a su voluntad, a través de un control mundano. El diablo desfigura la promesa del Padre al Hijo recogida en el Salmo II: «pídeme y te daré en herencia las naciones»[8]; la mundaniza: le propone una redención sin sufrimiento. Pero «Jesús tiene bien claro que no es el poder mundano lo que salva al mundo, sino el poder de la cruz, de la humildad, del amor»[9].

Al rechazar esa tentación, y trazar ese mismo camino para todos los cristianos, Jesús deja entrever cómo es su dominio de la historia, aunque a los ojos humanos pueda parecer necedad: Dios reina con su misericordia. Si su reino no es de este mundo, tampoco lo es su misericordia; pero precisamente por eso, porque nace «desde lo alto»[10], puede abrazarlo, y salvarlo.

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«El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón»[11] Dios no sabría qué hacer con una sumisión formal, externa, pero hueca. Él busca a cada hombre, llama a la puerta de cada uno[12]: «dame, hijo, tu corazón, y que tus ojos guarden mis caminos»[13]. Así es el dominio de Dios, que vence porque logra desarmarnos; vence, no porque reprime nuestras ansias de felicidad, sino porque nos hace ver que esas ansias, sin Él, son una vía muerta.

"Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil: quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios" (Papa Francisco)

«Cuanto más los llamaba, tanto más se alejaban de mí», se lamenta el Señor a través del profeta Oseas[14]. Pero aunque los hombres podamos resistirnos a las llamadas de Dios, los cristianos sabemos que al final, a poco que dejemos un resquicio en la puerta del alma, Dios se abre camino en nuestra vida, y nos rendimos ante su amor incansable: la suya es «una Misericordia en camino, una Misericordia que cada día busca el modo de dar un paso adelante, un pasito más allá, avanzando sobre las tierras de nadie, en las que reinaba la indiferencia y la violencia»[15]. Por eso el apostolado, que nace de la fe, rebosa serenidad: «tu vida, tu trabajo, no debe ser labor negativa, no debe ser “antinada”. Es, ¡debe ser!, afirmación, optimismo, juventud, alegría y paz»[16].

Amar con el Amor de Dios

«Al ver a las multitudes se llenó de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor»[17]. La mirada de Dios sobre las almas no es una mirada angustiada, sino compasiva: quiere llegarse a todos, a través de sus hijos. «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado»[18]: Él nos hace vivir inmersos en ese Amor divino, que es el clima vital, el ambiente familiar en el que Dios quiere introducirnos, ya ahora en la tierra y, después, por toda la eternidad. «Nuestro amor -dice san Josemaría- no se confunde con una postura sentimental, tampoco con la simple camaradería, ni con el poco claro afán de ayudar a los otros para demostrarnos a nosotros mismos que somos superiores. Es convivir con el prójimo, venerar (…) la imagen de Dios que hay en cada hombre, procurando que también él la contemple, para que sepa dirigirse a Cristo»[19] Se trata, pues, de dejar que Dios, que vive en mí, ame a través de mí: amar con el amor de Dios.

Cuanto más capaces seamos de recibir de los demás, más brillo adquirirá todo lo que Dios ha puesto en nuestra alma

«El Amor... ¡bien vale un amor!»[20] En estas palabras que paladeaba san Josemaría, se miran el Corazón infinito de Dios y el corazón de los hombres, pequeño pero capaz de ensancharse para acometer cosas grandes. El Amor de Dios bien vale el amor de una vida dedicada a llenarse de Él y a repartir su misericordia a manos llenas. Es esta una llamada para magnánimos, una invitación a emprender un vuelo alto, escondido la mayor parte de las veces en la trama prosaica de la vida de todos los días «Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios. Un corazón que se deje impregnar por el Espíritu y guiar por los caminos del amor que nos llevan a los hermanos y hermanas. En definitiva, un corazón pobre, que conoce sus propias pobrezas y lo da todo por el otro»[21].

opus-dei-bf6ba8d01f3fdc08d60124c9f7ff6c61Quitarse las sandalias ante la tierra del otro

Un corazón pobre no es un pobre corazón. Quien «conoce sus propias pobrezas» es capaz de llenarse de la riqueza del amor de Dios. «El Dios que comparte nuestras amarguras, el Dios que se ha hecho hombre para llevar nuestra cruz, quiere transformar nuestro corazón de piedra y llamarnos a compartir también el sufrimiento de los demás; quiere darnos un “corazón de carne” (…) que sienta compasión y nos lleve al amor que cura y socorre»[22] Nos pondremos entonces al lado de cada uno, no solo como quien tiene mucho que enseñar, sino también como quien tiene mucho que aprender. Cuanto más capaces seamos de recibir de los demás, más brillo adquirirá todo lo que Dios ha puesto en nuestra alma. Es el corazón el que habla de verdad al corazón -cor ad cor loquitur-, como percibió agudamente el Beato John Henry Newman[23]: quien se quita «las sandalias ante la tierra sagrada del otro»[24], quien se deja sorprender por él, puede entonces ayudarle de verdad. «Si ven un amigo o una amiga que se pegó un resbalón en la vida y se cayó, andá y ofrecele la mano, pero ofrecésela con dignidad. Ponete al lado de él, al lado de ella, escuchalo (…). Dejalo hablar, dejalo que te cuente, y entonces, poquito a poco, te va a ir extendiendo la mano, y vos lo vas a ayudar en nombre de Jesucristo. Pero si vas de golpe y le empezás a predicar, y a darle y a darle, pues, pobrecito, lo vas a dejar peor que como estaba»[25].

"Si te alejas de Él por cualquier motivo, reacciona con la humildad de comenzar y recomenzar; de hacer de hijo pródigo todas las jornadas" (San Josemaría)

Hoy día un cristiano se encuentra con personas en las situaciones más variadas. Si de verdad se acerca al otro con el corazón abierto, podrá dejar en su alma algo de «la paz de Dios que supera todo entendimiento»[26]; y, cada uno a su modo, le dejará también una huella en el alma. En ocasiones se tratará de cristianos que no han practicado nunca su fe, que la abandonaron poco después de la primera Comunión; o que, quizá después de años de práctica religiosa e incluso de fervor, han sucumbido a las solicitaciones de la comodidad, del relativismo, de la tibieza. Otras muchas veces, se tratará de personas que nunca han oído hablar de Dios en una conversación de tú a tú. Algunos quizá al inicio se mostrarán reticentes, porque creen tener que defenderse de una invasión de su libertad. Nuestra serenidad de hijos de Dios será entonces, como siempre, la mejor arma: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra comprensión sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca»[27]. La misericordia de Dios nos llevará a acoger a todos, como Jesús[28]; y, también como Jesús, a dejarnos acoger por todos[29], a estar con la gente; a hacernos cargo de sus perplejidades, sin pasar por encima de los problemas; a esforzarnos por abrirles horizontes, partiendo del lugar en el que se encuentran; a exigirles con decisión pero con suavidad, sin dejar de tenderles la mano.

«La Iglesia, unida a Cristo, nace de un Corazón herido. De ese Corazón, abierto de par en par, se nos trasmite la vida»[30]. Todo auténtico apostolado es también siempre apostolado de la Confesión: ayudar a los demás a experimentar el desbordarse de la misericordia de Dios, que nos espera como el padre del hijo pródigo, deseoso de darnos el abrazo paternal que nos purifica y nos permite volver a mirarle a la cara a Él y a los demás. «Si te alejas de Él por cualquier motivo, reacciona con la humildad de comenzar y recomenzar; de hacer de hijo pródigo todas las jornadas, incluso repetidamente en las veinticuatro horas del día; de ajustar tu corazón contrito en la Confesión, verdadero milagro del Amor de Dios. En este Sacramento maravilloso, el Señor limpia tu alma y te inunda de alegría y de fuerza para no desmayar en tu pelea, y para retornar sin cansancio a Dios, aun cuando todo te parezca oscuro. Además, la Madre de Dios, que es también Madre nuestra, te protege con su solicitud maternal, y te afianza en tus pisadas»[31].

Podría parecer superfluo decirlo, pero sabemos que no lo es: los predilectos de la misericordia de Dios son nuestros hermanos en la fe. «Pues el que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve»[32]. Nuestro primer apostolado está en nuestro propio hogar, y entre los que forman la casa de Dios que es la Iglesia. Nuestro celo por las almas sería una ficción si nuestro corazón fuese insensible a los demás cristianos. Dios quiere que reciban mucho amor, para poder darlo a su vez. Por eso es necesario sobreponerse, por ejemplo, al acostumbramiento que a veces se produce en la convivencia con las personas más cercanas, a las distancias que se crean cuando solo nos guiamos por nuestra afinidad natural, o a las pequeñas tensiones del día a día. «De los primeros seguidores de Cristo se afirmaba: ¡mirad cómo se quieren! ¿Cabe decir lo mismo de ti, de mí, a toda hora?»[33]. Mucho espera Dios del amor fraterno de los cristianos para que el torrente de su Misericordia[34] se abra camino entre los hombres, para que, con la fuerza del Espíritu, el mundo conozca que el Padre envió a su Hijo y nos amó como a Él[35].

Carlos Ayxelá


[1] Jn 18, 36.

[2] Mt 26, 53.

[3] Hb 4, 12.

[4] Francisco, Homilía, 24-III-2016.

[5] Jn 16, 33.

[6] Is 55, 8.

[7] Lc 4, 5-6.

[8] Sal 2, 8.

[9] Benedicto XVI, Audiencia, 13-III-2013.

[10] Lc 1, 78.

[11] 1 S 16, 7.

[12] Cfr. Ap 3, 20.

[13] Pr 23, 26.

[14] Os 11, 2.

[15] Francisco, Homilía, 24-III-2016.

[16] San Josemaría, Surco, 864.

[17] Mt 9, 36.

[18] Rm 5, 5.

[19] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 230.

[20] San Josemaría, Camino, n. 171.

[21] Francisco, Mensaje para la Cuaresma, 4-X-2014.

[22] Card. Joseph Ratzinger, Presentación del Via Crucis, 25-III-2005.

[23] Se trata del lema que el Beato escogió cuando fue creado Cardenal.

[24] Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium, 24-XI-2013, 169

[25] Francisco, Discurso, 16-II-2016.

[26] Flp 4, 7.

[27] Flp 4, 4-5.

[28] Cf. Mt 9, 10-1; Jn 4, 7 ss

[29] Cfr. Lc 7, 36; 19, 6-7.

[30] San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 169.

[31] Amigos de Dios, n. 214.

[32] 1 Jn 4, 20.

[33] Surco, n. 921.

[34] Cfr. Francisco, Homilía, 24-III-2016.

[35] Cfr. Jn 17, 23.

 

 

¿Cómo mejorar en la formación de los hijos?

Te presentamos 9 aspectos esenciales de la Formación

Por: Raúl Espinoza Aguilera

Hoy en día se habla y se escribe mucho acerca que los padres deben de cumplir mejor sus responsabilidades para formar mejor a sus hijos ya que se observa en el entorno social que, en no pocos casos, jóvenes de las actuales generaciones adolecen de una educación familiar adecuada, con serias “lagunas” en su formación y ello se refleja en su desorientada actuación.

Los principales aspectos de esa formación son:

1. Educar en la fe. Las instituciones escolares no pueden suplir la enseñanza en la fe. De allí la importancia que tienen los padres de animar a los hijos a que aprendan, de acuerdo a su edad, las oraciones fundamentales y brindarles una esmerada formación cristiana.

2. Educar a los hijos en valores y virtudes para que sean, en primer lugar, estudiantes responsables y dedicados y, luego, participativos ciudadanos; mujeres y hombres de bien. Esta tarea no se improvisa. Hay que pensar con detalle cómo dar buen ejemplo y formar acertadamente a los hijos, combinando fortaleza con cariño.

3. Educarles en el carácter y en sus diversas manifestaciones. Quizá ahora más que nunca se impone el dedicar tiempo a los hijos para forjarlos en la virtud de la fortaleza, en la fuerza de voluntad, en el dominio de sí mismos, en su capacidad de plantearse ideales generosos en sus vidas y encauzarles bien los sentimientos para que no se generen esos “hijos-amorfos” -desadaptados e insociables- o “hijos-problema”, con bajo rendimiento escolar y actitudes incongruentes, hoscas o violentas.

4. Educarlos en la sexualidad. Es conveniente tener oportunas conversaciones padre-hijo y madre-hija -en forma individual- en el que aclaren sus dudas, cuestiones y preguntas sobre esta delicada materia. Más vale llegar antes, que lamentarse después. Y para ello se requiere en los padres se documenten bien para resultar claros y convincentes.

5. Invertir tiempo en los hijos. Propiciar conversaciones íntimas y de confianza, de tal manera que se cree un entorno en el que puedan preguntar sobre los tópicos que escuchan en la escuela, los que comentan sus amistades, ven en los medios de comunicación o se divulgan en las redes sociales: la drogadicción, el alcoholismo, el noviazgo, el matrimonio, las sectas, la trata de personas, la violencia, la corrupción, la pornografía…

6. Enseñarles a razonar los asuntos y sus problemas, sin imponerles una conducta de manera violenta. Sería un error decirle a un hijo, por ejemplo: “¡Me tienes que obedecer porque soy tu padre y te callas!”. Nunca debe ser así, sino de buen modo, de manera pedagógica, constructiva, positiva y, sobre todo, ¡paciente! Dice el dicho: “Con una gota de miel se obtiene más que con un barril de hiel”. De esto se desprende que ellos deben de vivir una libertad responsable, en la que sean ellos mismos quienes den cuenta cabal de sus propios actos.

7. Aprender a encauzar sus pequeñas inconformidades, molestias, rebeldías… Hacer un esfuerzo por “ponerse en sus zapatos” y comprenderlos a fondo porque a veces tienen razón, parcial o totalmente.

8. Mostrarles confianza y cariño -aunque alguna vez fallen a esa confianza otorgada- y, al mismo tiempo, es importante que aprendan a obedecer con inteligencia y por propia convicción. Por ejemplo, que ellos mismos tengan el criterio suficiente para pensar y tomar decisiones de este tipo: “No me conviene ver la pornografía que contiene esta película o mirar en este portal de internet porque deforma una realidad noble en el ser humano como es la sexualidad y terminaré viendo a las mujeres de una manera errónea, como meros objetos de placer”

9. Si los padres de familia dan un buen testimonio como esposos y papás, poniendo por delante su personal lucha por mejorar, su propio ejemplo, entonces se generará un referente, un modelo atractivo a seguir.

Son muchas más las virtudes a vivir en el hogar, pero sólo he querido mencionar las que me parecen fundamentales para lograr que en cada familia realmente se respire un ambiente grato, amable, de mutua confianza y sea una auténtica escuela de virtudes y valores, vividos con naturalidad.

 

La autoridad y la educación

La autoridad de los padres, elemento importante para la educacion de los hijos

Por: Rebeca Conde

Hoy día se discute mucho sobre la autoridad de los padres, y si es bueno o no que los padres se inmiscuyan  en la vida de sus hijos, sean niños, adolescentes jóvenes o adultos.

Primero valdría la pena aclarar que la autoridad es sinónimo de servicio, de guía, de responsabilidad a la consecución de una meta, y  en el caso de los padres la tienen de hecho y por derecho. Dada por  ley natural y avalada por las leyes civiles de cada país, e incluso también está mencionada en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948.

Los padres tienen la indiscutible e irrenunciable autoridad moral, legal y social sobre sus hijos, que inicia desde el seno materno y continuará mientras estén bajo la patria potestad, sigan viviendo con sus padres o no se hayan emancipado legalmente. Realmente la autoridad paterna no se pierde aun cuando los hijos se emancipen, pero la forma de ejercerla será diferente, pues va variando de acuerdo a la edad de los hijos, pero normalmente está fundada en el amor por los hijos,  el deseo de que logren la madurez, realización, el máximo desarrollo que pueda lograr y su felicidad personal.

Y es increíble que cuando un hijo respeta y honra esa autoridad, los frutos lo recoge a lo largo de su vida, pues aún ya los hijos adultos, valoran más el consejo experimentado de sus padres.

En la actualidad, esta autoridad se ha banalizado, pues el centro de la vida son los hijos, y esto no es que este mal, lo malo es que no se marcan límites entre la autoridad paterna y los hijos, confundiendo ésta con una amistad entre pares, que lejos de ayudar a la formación de los hijos, si logra en ocasiones, se pierda el respeto, no sólo por la autoridad de los padres, sino por los padres mismos, llegando a veces a menospreciarlos, y el efecto en los hijos, si son adolescentes, es una pérdida total de referencia entre lo bueno y lo malo, entre lo que debe hacerse, y lo que me nace hacer. Esta postura favorece mucho la cultura del deseo, egoísta, materialista, y no termina allí, sino incluso lleva a la violencia, pues si no  logra lo querido, hace berrinche, pega, o hace lo que sea para conseguir su capricho.

Como vemos, muchas veces dejamos que los hijos tengan la autoridad sobre nosotros. Como decía mi abue “ahora los patos le tiran a las escopetas”

Pero lo  interesante es que nunca es tarde para poner orden en la familia y recuperar la autoridad, si requiere de tiempo, constancia, disciplina y mucho, mucho amor por los hijos. Hay incluso un viejo refrán chino que dice: “Para el éxito de la educación de los hijos, un poco de hambre y un poco de frio”, que en otras palabras es educar en la sobriedad, virtud que nos da la capacidad de auto dominarnos.

Algunos consejos prácticos para ejercer la autoridad
•    Marcar límites claros
•    Usar un lenguaje concreto, sencillo y mensajes cortos
•    Que te mueva el amor por tus hijos, que siempre busca su bien
•    Predicar con el ejemplo, siendo congruentes y coherentes practicando  virtudes

Bueno, espero que esta reflexión nos motive para no perder la esperanza, la alegría y la fe de sabernos autoridad en la educación de nuestros hijos, educación para la vida, y recordar que nunca es tarde para empezar.

 

 

La ideología de género.

ESCUELA PARA PADRES

La ideología de género.

La llamada IDEOLOGÍA DE GÉNERO, conocida también como FEMINISMO DE GENERO, que es algo más que el conocido y antiguo fenómeno del Feminismo ya clásico, que se inició en el siglo XIX, reivindicando la mujer, justamente, sus derechos para votar en las elecciones, sus derechos para trabajar en condiciones similares a las de los hombres, a cobrar en justicia lo mismo que ellos, en acceder a cargos públicos, en tener la misma capacidad de obrar jurídicamente que ellos, sin necesidad de la antigua “autorización marital” para las casadas, con mayoría de edad a la misma que la de los hombres, etc. etc.

La “Ideología de género” (IG) va mucho más allá de esas justas reivindicaciones antes citadas. Tratando de superar la ancestral inferioridad de hecho y de derecho en la que las mujeres han vivido en la Historia, y con el deseo de igualarse al hombre, llegan a conclusiones y planteamientos verdaderamente absurdos y antinaturales, al menos para la mayoría de las personas que nos consideramos “biempensantes”.

Últimamente han adquirido mucho incremento debido a la influencia de “lobbies”, de grupos de presión política y económica, a lo noticiable que alimenta los medios de comunicación, al deseo de captación de votos por parte de partidos políticos, al necio temor de que le tachen a uno de carca, de facha, de enemigo del progreso, etc.

“¿Quo vadis, izquierda?”, El análisis de los pilares de la izquierda: el grito de la Revolución Francesa de 1789, ¡Igualdad, Libertad, Fraternidad!; el de la Internacional Socialista: “¡Proletarios de todo el mundo, uníos!”, unido al mandato de Carlos Marx de nacionalización de los medios de producción y de la Banca.

La izquierda, ante los fracasos de esas revoluciones en la Historia, “renuncia a esos posicionamientos y busca nuevos campos en que desarrollarse y distanciarse de lo que ella llama La Derecha: el ecologismo, el feminismo, la homosexualidad, el aborto, la eutanasia, con revoluciones que sustituyan a las de toda su vida: la lucha de clases y del proletariado contra sus explotadores”, pretendiendo atraerse a la gente con poca formación verdadera, a los intelectuales llamados “progres”, y a toda esa clase de juventud (que antes se llamaba “descarriada”) que vive en el barro del sexo libre e indiscriminado, de la droga, del vicio… y de cuyas noticias viven en buena parte los medios de comunicación social. Esas bases en que se apoya ahora la izquierda están insertas en lo que se llama Ideología de Género (IG).

El libro “La IG o el género como herramienta de poder” del escritor argentino JORGE SCALA, autor del libro, ha explicado este tema que cada día está más implantado en la política, pero que casi nadie sabe qué es. Dijo que hay un gran desconocimiento sobre esta ideología que es más dañina, dijo, que la Nazi o el Marxismo, porque destruye la parte nuclear de la persona, su antropología sexual. Los nazis mataron –decía- 50 millones de personas; el marxismo, 100 millones y la IG causa más de 40 millones de abortos, CADA AÑO. Para que el hombre y la mujer sean idénticos, solo hay un escollo que salvar: el embarazo. Si el aborto es libre, la mujer podrá decidir en cada caso si desea ser idéntica al hombre.

La IG es una implantación mundial, una planificación política que, principalmente desde la ONU, se extiende como sistema de poder global, como una mancha de aceite, (de mal aceite…) No se sabe bien quien la creó o la impulsó, pero sí que es una forma de pensamiento que se mueve en esferas intelectuales, al principio sin ninguna ambición política o social, pero desde la ONU como plataforma, y por impulso de lobbies interesados: farmacéuticos, médicos, LGTB, etc. se usa como medio de presión y de poder económico y político, moviendo cifras millonarias.

España es un tubo de ensayo muy propicio para esta IG, debido a su actual gobierno, a su posición geográfica como punto de entrada en Europa, y su influenza en América latina. Para ello se usan tres herramientas fundamentales: 1º. La educación, adoctrinando la mentalidad infantil por medio de la asignatura de Educación para la ciudadanía, por ejemplo. 2º. La difusión o propaganda a través de los medios de comunicación social. 3º. El poder legislativo para implantar sus tesis a través de leyes cuyo incumplimiento conlleva el castigo, la amenaza o el desprecio. De todo ello veremos pruebas al final de esta charla.

Los padres de familia deben estar muy atentos a la implantación de esta IG en las escuelas públicas y privadas, defenderse en las asociaciones escolares, sin miedo ni vergüenza ni complejos. Se trata de la formación de sus hijos, de su futuro. Recordemos el artículo de la Constitución española que dice que el gobierno garantiza que los hijos sean educados según los valores morales que defienden sus padres, artículo que está siendo violado constantemente en España.

Dice el autor citado que la IG es un monumento de la estupidez humana, engendrado por filósofos de 3ª división, cuyas tonterías las detectan las personas más sencillas y con sentido común no contaminado. Pero con ayuda del relativismo moral y el fenómeno de la globalización, se está metiendo en las mentes humanas “con el calzador del diablo”, y las llamadas “izquierdas” están aceptándola y extendiendo sin darse cuenta de que suponen una dominación capitalista de grandes empresas que se están forrando.

Recientemente, del 9 al 11 de febrero pasado, ha habido un Congreso Internacional sobre la IG, en la universidad de Navarra tratando de estos temas. También hubo unas conferencias a cargo de Monseñor Tony Anatrella, psicoanalista y especialista en psiquiatría social, Consultor del Consejo Pontificio para la Familia, entre otros cargos, que habló a los obispos africanos, reunidos en Accra (Ghana) el pasado año. Pero antes hemos de ver qué pretende la IG.

La IG es una superación desorbitada del movimiento feminista radical. Sabido es que el hombre ha aprovechado, desde que existe, su mayor fuerza física para imponerse a la mujer que ha desarrollado otra fuerza interior, una resistencia al dolor, superior a la del hombre. Ello ha traído en la Historia a un puesto de privilegio para el hombre en todos los terrenos y un puesto social secundario para la mujer. En tiempos de Jesucristo, la situación no era diferente a la de miles de siglos anteriores, salvo excepciones, como la de la famosa reina de Saba, o Cleopatra, y algunas heroínas que aparecen en la Biblia.

San Pablo refleja también en alguna de sus cartas esa sujeción de la mujer al marido, aunque predica el amor que debe el marido a su mujer. El mismo, de grandes contactos humanos, cita en sus cartas unos 70 nombres propios entre los cuales hay unos 13 o 14 nombres de mujeres que, así como antes otras que seguían a Jesús, ayudaron en la extensión del cristianismo.(Apia, Estéfana, Febe, Junia, Julia, María, Olimpia, Prisca, Pérsida, Priscila, Trifena, Trifosa). Jesús trata con gran respeto a las mujeres, como sabemos por los evangelios.

Ante esa situación histórica, las mujeres del siglo XIX empezaron su batalla del feminismo justo y necesario. Esta batalla aún sigue hoy día: A primeros de marzo de este año, el Parlamento Europeo estudiará una serie de medidas para, entre otras, dar flexibilidad en los horarios de las empresas a las mujeres con hijos que atender, para equiparar salarios entre mujeres y hombres, lograr que más mujeres accedan a puestos de responsabilidad en las empresas (actualmente sólo un 3% ocupan esos cargos); para ayudar también a la dignidad de la mujer en el mundo árabe, etc. etc. La empresa huye de las mujeres que están en cinta; las mujeres no quieren tener hijos por miedo a perder el trabajo; hay más paro femenino que masculino; es más difícil encontrar empleo a ellas. Todo ello motiva el movimiento justo feminista. Pero este otro movimiento de la IG que analizaremos es una superación exagerada de ese feminismo clásico.

El libro “El problema del género: Feminismo y Subversión de la identidad”, de la escritora feminista radical de USA, Judth Butler, escribió hace ya algunos años un que se convirtió en algo así como libro de texto en diversos programas de estudios femeninos en algunas universidades norteamericanas, en donde la IG viene siendo promovida. En dicho libro dice unas frases que parecen más bien de un cuento de ciencia ficción: “El género es una construcción cultural; no es un resultado causal del sexo, ni tan aparentemente fijo como el sexo…El género viene a ser un artificio libre de ataduras; en consecuencia, las palabras “hombre” y “masculino” podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; “mujer y femenino”, tanto un cuerpo masculino como uno femenino”.

Como muchos podrían seguir considerando el término “género” como una forma cortés de decir “sexo”, algunos ya hace años que han decidido difundir una nueva expresión: “roles socialmente construidos”. La IV Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer, realizada en septiembre de 1995 en Pekín, fue el escenario elegido por los promotores de las nuevas teorías para su propaganda mundial. Muchos delegados participantes que ignoraban “la nueva perspectiva” sobre el término GENERO, solicitaron una aclaración, así que la directiva de la conferencia de la ONU emitió la siguiente definición: “El género se refiere a las relaciones entre mujeres y hombres basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno u otro sexo” (NOTA: la palabra “role” es inglesa y significa el papel que desempeña una persona en la vida, en una obra de teatro, etc.)

Esta definición creó mayor confusión entre los delegados provenientes de países católicos y de la Santa Sede quienes solicitaron una mayor explicación del término, ya que se presentía que podría encubrir una tolerancia hacia orientaciones homosexuales. Pero la exdiputada del Congreso de USA, Bella Abzug reafirmó que “el sentido del término “género” ha evolucionado, diferenciándose de la palabra “sexo”, para expresar la realidad de que la situación y los roles de la mujer y del hombre son construcciones sociales sujetas a cambio”.

Quedaba claro, pues, que los partidarios de la nueva perspectiva del género, proponían algo mucho más temerario, como por ejemplo, que “no existe un hombre natural o una mujer natural, que no hay una conducta exclusiva de un solo sexo, ni siquiera en la vida psíquica”. Ante estas afirmaciones, muchos delegados cuestionaron que se incluyera ese término y significado en las conclusiones, a lo cual la citada diputada mantuvo que los intentos de varios Estados Miembros de borrar el término “género” y reemplazarlo por “sexo” era una “tentativa insultante y degradante de revocar los logros de las mujeres, de intimidarlas y de bloquear el progreso futuro”

A continuación se difundieron textos empleados por feministas de USA, usados en colegios y universidades de allí, entre los que se leía, por ejemplo; “Los hombres y las mujeres no sienten atracción por personas del sexo opuesto por naturaleza, sino más bien por un condicionamiento de la sociedad. El deseo sexual se puede dirigir hacia cualquiera. La heterosexualidad es una condición impuesta: se fuerza a las personas a pensar que el mundo está dividido en dos sexos que se atraen entre sí. Existen diversas formas de sexualidad…etc. Cada niño se asigna a una u otra categoría según la forma y tamaño de sus órganos genitales, así convierten a cada uno en lo que la cultura piensa que es: femenino o masculino.”

El feminismo de equidad es sencillamente la creencia en la igualdad legal y moral de los sexos. Busca el tratamiento justo y equitativo por parte del mercado laboral, por parte de la justicia, de las leyes. Pero el feminismo de GÉNERO es una ideología que pretende abarcarlo todo. Mientras la feminista clásica piensa que se ha adelantado mucho, la feminista de género piensa que ha empeorado; que el sistema patriarcal que rige en el mundo es opresivo para la mujer; esto no es ya cierto en USA donde el 55% de los estudiantes universitarios son chicas, pero hay otros datos en contra, como hemos visto en la situación actual del mercado laboral.

Una de las críticas contra la IG más importantes es la que hace Dale O´Leary, según la cual dicha ideología se basa en una interpretación neo-marxista de la historia. Según Marx toda la historia es una lucha de clases, de oprimido contra opresor, que acabará cuando los oprimidos ganen e impongan la dictadura del pueblo oprimido. El filósofo Engels sentó las bases de esa conexión entre marxismo y feminismo: En su libro “El origen de la familia, la propiedad y el estado”, escrito en 1884, dice: “El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer, unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra es la del sexo femenino por el masculino”. Según O´Leary, los marxistas clásicos creían que el sistema de clases desaparecería una vez se eliminara la propiedad privada, se facilitara el divorcio, se forzara la entrada de la mujer en el trabajo, se cuidaran los hijos por el Estado y se eliminara la religión. Sin embargo, para la IG los marxistas fracasaron porque “no atacaron directamente a la familia, que es la verdadera causa de las clases”.

En este sentido, la feminista Shulamith Firestone afirma la necesidad de destruir la diferencia de clases, más aún, la diferencia de sexos, y escribe: “ello requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a la mujer la propiedad sobre su propio cuerpo así como el control de la fertilidad humana, incluyendo las nuevas tecnologías, así como las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de niños; no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción misma  de sexos; las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente”. De ahí que hay texto que dice: “una estrategia apropiada y viable del derecho al aborto es el informar a la mujer que toda penetración heterosexual es una violación, aunque ella piense lo contrario”

Añade algo más demencial esa señora Firestone: “ya no podemos justificar la continuación de un sistema discriminatorio de clases por sexos sobre la base de sus orígenes en la Naturaleza. Por razón de utilidad, empieza a parecer que debemos deshacernos de la Naturaleza.” “Toda diferencia entre hombre y mujer es una construcción social y tiene que ser cambiada. No existen dos sexos, sino más bien muchas “orientaciones sexuales”.Para conseguir este fin se diseñan 4 áreas de ataque:

1) Reclamar apoyo económico oficial para el cuidado de niños y los derechos reproductivos.

2) Reclamar libertad sexual. Derecho a la preferencia sexual. Derechos homosexuales y lesbianos.

3) El control feminista de producción cultural ideológica. (Influencia en la prensa, TV, radio, revistas. etc.)

4) Juntas de mujeres en los sindicatos que luchen por sus intereses.

La Sra. O´Leary critica la IG y dice que el propósito de la misma no es más bien mejorar la situación de la mujer, sino el separar a la mujer del hombre y destruir la familia a la que consideran estas feministas como una construcción social que mantiene un sistema patriarcal denigrante para la mujer. Para la IG el ser humano nace “sexualmente neutral y luego es socializado en hombre y mujer, lo que afecta negativamente a ésta; hay que depurar la educación a fin de que los niños puedan crecer sin que se les exponga a trabajos “sexo-específicos”. (es decir: muñecas y pistolas, por ejemplo). La IG pretende que no haya diferencias de conducta ni de responsabilidad entre el hombre y la mujer en las relaciones paterno-filiales, en la familia. Afirman que en “sociedades más imaginativas, la reproducción biológica podría asegurarse con otras técnicas” (o sea, diferentes a la anticuada de la relación sexual)

En definitiva: para la IG “acabar con el género es acabar con el patriarcado y las muchas injusticias perpetradas en nombre de la desigualdad entre los géneros”. Para una feminista de género, Susan Moller, un “soñado futuro sin géneros” sería aquel en que no hubiese “roles” masculinos o femeninos, los hombres y las mujeres igualmente responsables en las áreas domésticas; las niñas, orientadas hacia áreas no tradicionales de la mujer, no exponiéndolas a la imagen de la mujer como madre o esposa. El final de la familia biológica, “la vuelta a la sexualidad perversa natural“. (El todo vale) No piensan que los animales no son tan depravados como ellos pretenden ser.

La familia nos da las primeras lecciones de vida natural: padre y madre, con sus características naturales y sus peculiaridades físicas y, por tanto, laborales; es la familia la que primero nos enseña la religión, a ser buenos ciudadanos, a la continencia sexual, etc. Todo ello va en contra de las ideas de la IG. Según ésta, no debería autorizarse a ninguna mujer a quedarse en casa a cuidar de los hijos. No debe tener esta opción –dicen las féminas de género- porque si no, muchas mujeres optarán por quedarse, porque se lo pide el cuerpo, o sea, la naturaleza que ellas tratan de borrar. Este ataque contra la familia contrasta notablemente con la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS, promulgada por la ONU en 1948, que en su artículo 16 defiende la familia y el matrimonio, y dice: 1) Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho a casarse y fundar una familia. 2) Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio. 3) La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Sin embargo, en la Conferencia de Pekín se propuso otras cosas por parte de las representantes de la IG las cuales borraron del vocabulario del programa las palabras “esposa”, “marido”, “madre o padre”, en contra, además, de las orientaciones y advertencias del Papa Juan Pablo II.

Para las féminas de género, debe haber una “libre elección en asuntos de reproducción y de estilo de vida”, o sea, libertad de abortar y de relación homosexual. Ese derecho de reproducción incluye el de las lesbianas de concebir por inseminación artificial, acudiendo a un “banco de semen”.

En un impreso que circuló durante la Conferencia de Pekín, la ONG International Gay and Lesbian Human Rights Comission, exigió este derecho en los siguientes términos: “Nosotros, los abajo firmantes, hacemos un llamamiento a los Estados Miembros a reconocer el derecho a determinar la propia identidad sexual, a controlar el propio cuerpo, a escoger cuándo y cómo engendrar y criar hijos, sin distingo de la orientación sexual”. Para la IG existen 5 sexos y, por tanto, no debe hablarse de hombre y mujer simplemente, sino de: 1) mujeres heterosexuales. 2) mujeres homosexuales; 3) hombres heterosexuales. 4) hombres homosexuales y 5) personas bisexuales.

Esta afirmación contrasta con todas las pruebas científicas existentes según las cuales sólo hay dos opciones desde el punto de vista genético: o se es hombre o se es mujer. No hay nada que esté en el medio.

A parte de estas “lindezas”, la IG ataca a la Religión que según las féminas del género, es la causante de la opresión de la mujer, sea la Católica, como la Evangélica y la Ortodoxa, así como a los judíos y a los musulmanes o a quien contradiga a la IG. Por ello las féminas radicales propugnan la idea de un dios que es Sophia, la Sabiduría femenina; o la diosa madre que está en su interior. “Encontré a dios en mí misma y la amé ferozmente; el poder salvador está en mí misma y es fuerte y creativo” dice una fémina.

El feminismo de género es un sistema cerrado, como dice O´Leary, contra el cual no hay forma de argumentar. No puede apelarse a la naturaleza, ni a la razón, la experiencia, o las opiniones y deseos de las mujeres verdaderas, porque dicen  que todo eso es “una construcción social falsa”. La IG se ha desarrollado mucho en USA y está llegando a otros países, entre ellos el nuestro, como luego veremos, al amparo de los jóvenes intelectuales que, a falta de otra formación, creen lo más original y raro que se predique. No cuela tanto en mentes menos intelectualizadas, más naturales y sanas…pero desde posiciones políticas de gobiernos interesados, se va introduciendo a golpe de leyes ilícitas.

¿Qué pasa en ESPAÑA? – Aquí, el 51% de las mujeres que tienen trabajo remunerado, no tienen hijos, y la mayoría de ellas aducen como motivo principal la dificultad para compaginar los hijos con el trabajo. El 85 % de las que han tenido un hijo, renuncian a tener otro. A pesar de que un documento del Consejo de Europa reconoce que invertir en la cohesión de la familia es un factor de desarrollo en tiempo de crisis, España está a la cola de ayudas a la familia. BENIGNO BLANCO, presidente del  Foro español de la Familia, explicaba hace poco que lo que la humanidad ha visto siempre como un bien: familia unida, hijos, etc., hay quien dice que es malo: es la IG que la ONU adoptó en las cumbres de El Cairo y de Pekín (como ya vimos) y que el gobierno de Zapatero ha adoptado también en varias leyes.

No obstante en España hay también un fuerte movimiento pro-familia y pro-vida, que trata de llevar al convencimiento de la sociedad y de los empresarios que todo lo que sea apoyar la cohesión de la familia es bueno para la sociedad. (NOTA: EL DÍA 26 DE MARZO SE CELEBRARÁ EN MADRID UNA CONCENTRACIÓN DE 48 ASOCIACIONES EN DEFENSA DE LA FAMILIA). En otros países, como Holanda, Francia, Alemania, Suecia o Noruega, el hacer horarios laborales más lógicos y de acuerdo con la vida familiar ha dado buenos resultados y se ha notado en los índices de natalidad. Pero las fuerzas de izquierda españolas reaccionan frente a las medidas de apoyo a la maternidad y las tachan de retrógradas y de visión rancia. Por ejemplo, la Ley de Protección a la Maternidad que ha aprobado la Comunidad Valenciana, ha sido calificada de “doctrinal e ideológica”, y la Asociación de Mujeres Divorciadas aplaudió la eliminación del “cheque- bebé” por ser “natalista e inadecuado”. La izquierda ha votado en contra de todas las iniciativas legislativas del PP para ayudar a las mujeres embarazadas a fin de no abortar.

La lucha por la igualdad entre hombre y mujer que, en términos de justicia es lógica, se ha salido de madre con la IG y sirve para apoyar medidas disparatadas, como estamos viendo. El mismo papa Benedicto XVI ha alertado en el libro “La Luz del mundo” de que “en nombre de la no discriminación, se quiere obligar a la Iglesia a modificar su postura frente a la homosexualidad o a la ordenación de mujeres”. El Reino Unido es el país que más lejos ha llegado a la hora de implantar medidas antidiscriminatorias. La ley de Igualdad aprobada por el gobierno Blair en 2007 tenía buenas medidas en cuestión de salarios, servicios y empleos, pero al incluir la adopción de menores como un “servicio público”, se encontró con el problema de que no se podía oponer una agencia católica a la  adopción por una pareja de gays. El resultado fue que 13 agencias católicas tuvieron que cerrar. Un matrimonio británico cristiano ha visto rechazada su solicitud de adopción de un niño por sus ideas contrarias a la homosexualidad.  Ahora el pleito está también en si una institución católica, en defensa de su ideario, puede rechazar la solicitud de trabajo de un homosexual.

El proyecto de “Ley integral de Igualdad de Trato y No Discriminación” en España es un intento de legitimar el feminismo radical y la Ideología de Género. Como comentaba el periodista JUAN MANUEL DE PRADA en ABC del 10 de enero pasado: ”Cuando he visto a la señora Leire anunciar esa ley, me he acordado de aquella quintilla del gran poeta Leonardo Castellani.  “”¡Igualdad! Oigo gritar al jorobado Fontova. Y me pongo a preguntar: ¿Querrá verse sin joroba o nos querrá jorobar?”. A la vista salta –seguía diciendo De Prada- que mi señora Leire no es corcovada, sino como diría de Dulcinea el buen Sancho Panza, es “moza de chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho”, adornada de toda suerte de prendas físicas … hemos de concluir que, en efecto, nos querrá jorobar. Según esa ley, cualquiera que ose pronunciarse contra las ideas demenciales de la IG., será jorobado por dicha ley, y considerado reo de homofobia quien sostenga que el matrimonio es la unión de personas de distinto sexo, y el tribunal policial encargado de vigilar la conducta social y de ejercer acciones contra los réprobos, le impondrá severísimos castigos, salvo que estos acusados prueben su inocencia…O sea, algo así como la famosa “ley de la blasfemia” aplicada en Pakistán. No hay que probar la culpabilidad de uno, sino que éste habrá de probar su inocencia.

La Ideología de Género (la IG) viene marcando la hoja de ruta del gobierno de Zapatero desde que llegó al poder del PSOE, en el año 2.000. Las políticas familiares de las dos últimas legislaturas han sido marcadas por la agenda de la IG, una situación que lleva a las familias españolas a vivir en un estado de alarma permanente: entre otras cosas, la retirada de las ayudas a la familia y la supresión del Libro de Familia, aparte de la famosa Educación para la ciudadanía, la Ley de técnicas de reproducción asistida, la ley del aborto, la ley de 1 de julio de 2005 que modifica el Código Civil imponiendo el matrimonio entre homosexuales; la sustitución de los términos “esposo y esposa” por cónyuge A y B, y los de padre y madre por “progenitor A y B”, la adopción de niños por parejas de gays, el Divorcio Expréss, la ley del aborto, etc. etc.

En el reciente Congreso Internacional sobre la I.G. en Navarra, el magistrado de la Audiencia Nacional don José Luis Requero hizo un repaso de las principales leyes aprobadas en España impregnadas de la IG.:

1.- Ley orgánica 1/2004 contra la violencia de género. Utiliza el término “género” para no usar el de varón contra la hembra, o marido contra la esposa, además de que no contempla casos de violencia contra otros seres inocentes de la familia, niños o ancianos.

2.-Ley 13/2005 del “matrimonio” homosexual y permite la adopción a los homosexuales.

3,-Ley Orgánica 2/2006 de Educación para la ciudadanía, de la que hemos hablado mucho, impregnada de ideología de género y otras “lindezas”.

4.- Ley de Reforma del Registro Civil. Hace posible registrar un cambio de sexo, incluso sin operación quirúrgica alguna, solo por el deseo de cambiar.

5.- Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo (o sea, del aborto). Se permite abortar sin alegar motivo porque el aborto, según la IG., es un derecho, un ejercicio de la autonomía de la mujer.

Algunos Estatutos de AUTONOMIAS, han asumido esta ideología en sus artículos.

El proyecto de Ley de Igualdad de trato antes mencionado, será una vuelta de tuerca a esos postulados igualitarios que proclama la IG. Esta ley supone un maltrato a la escuela concertada y a la enseñanza diferenciada por sexos, para oponerse así a los idearios de los colegios que no comulguen con esas ideas, a los que retirarán la subvención. Así, los padres que quieran dar una educación conforme con sus normas morales, en vez de estar protegidos por el Estado, como dice nuestra Constitución, estarán penalizados y tendrán que pagar doblemente la educación de sus hijos: al colegio la enseñanza de sus hijos y por los impuestos, la enseñanza de los demás.

Esta Ley anunciada, crea una especie   del “delito de opinión” (algo así como el delito de blasfemia aplicado en Pakistán); elimina la presunción de inocencia (como decía antes) y crea una fiscalía especial que perseguirá esos delitos de opinión. (Algo así como la policía religiosa del imán de Lérida).

En Alemania se han dado 35 casos de padres sancionados por negarse a que sus hijos reciban clases de “formación sexual” al estilo de la IG en sus colegios respectivos.

El arzobispado de Valencia ha preparado un programa de educación en lo afectivo y en lo sexual, de acuerdo con la doctrina católica, que ha sido solicitado por unos doscientos colegios, públicos y privados. Pues bien, el colectivo “Lambda”, de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales, ha exigido a la Consejería de Educación de la Generalidad valenciana que no permita ese programa ya que expresa “contenidos discriminatorios” y vulnera derechos de ese colectivo, por considerar que son personas “disfuncionales”  que deben vivir en castidad. Para ellos, estas afirmaciones están fuera de la legalidad, tal como reconoce la Ley Orgánica de Educación, uno de cuyos objetivos es el “reconocimiento de la diversidad afectivo-sexual”; también dice que está ese programa en contra de la Ley de Salud sexual y reproductiva y de interrupción del embarazo, antes referida.

Dicen que ese colectivo pondrá en marcha todas las acciones posibles para que ese programa, que dicen “vulnera nuestra igualdad y dignidad”, sea retirado. No podemos permitir que las creencias religiosas personales estén por delante de los derechos fundamentales de respeto y no discriminación y que eso se haga con el visto bueno de la administración valenciana “. Es decir, que niegan el derecho de la Iglesia a enseñar su moral, mientras ellos pueden ampararse en las leyes para enseñar e imponer su inmoralidad.

He mencionado anteriormente que la lucha de la mujer por su dignidad empezó en el siglo XIX, y no ha parado hasta estos momentos, para lo cual han usado métodos muy variados, llegando al extremo de la ideología de género estudiada. Quiero citar tres casos de mujeres cristianas en vías de canonización que en el citado siglo XIX lucharon por esa dignidad con “armas cristianas”: los grandes cambios de ese siglo en Europa son, principalmente, la revolución industrial, el crecimiento de las grandes ciudades, el nacimiento del proletariado, etc.

Una mujer, Bonifacia Rodríguez Castro (será canonizada pronto, nacida en 1837 en el seno de una familia artesana, que comenzó a trabajar a los 15 años y experimentó las duras condiciones de la mujer trabajadora, con un horario agotador y un salario ínfimo, creó su propio taller de cordonería y pasamanería al que acudieron muchas jóvenes a trabajar de forma justa. Fundó luego la Congregación de las Siervas de San José, ayudada por el jesuita P.Butiñá,en 1874. También, Josefa Naval, de Algemesí (1820), hoy Beata, que creó una escuela de bordado, y la también Beata Mª Dolores Rodríguez Sopeña, de Almería, creadora de los Centros  Obreros de instrucción. Todas ellas trabajaron por la dignidad del trabajo de la mujer de forma ortodoxa y con arreglo a las ideas de justicia social  de nuestra Iglesia que promulgó poco después el Papa León XIII en su famosa encíclica “De Rerum Novarum” el 15 de mayo de 1891.

francisco@micumbre.com

 

 

Migrantes y refugiados

El día 29 de septiembre tiene lugar la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado. Migrante significa tanto a quien sale de un país (emigrante) como al que entra en otro país para establecerse allí (Inmigrante). Por refugiado se entiende la persona que a causa de guerras o de persecuciones políticas se ve obligado a buscar amparo fuera de su país. La Jornada es de orden mundial ya que estas realidades afectan a la humanidad en conjunto, por unos motivos u otros. Los medios de comunicación se hacen eco de este hecho en inmensas proporciones ya que representa un desafío mundial de cara al futuro. En España lo vivimos diariamente; en cuanto a personas y cristianos para afrontarlo con comprensión y humanidad.

Los españoles hemos sido emigrantes desde hace siglos con diversas oleadas; antes a América Latina y en decenios próximos a nosotros todavía a diversos países de Europa. La experiencia histórica debe facilitarnos la adopción de actitudes en sintonía con las diversas perspectivas de esta realidad tan compleja. Es fácil comprender que hay muchos sufrimientos y muchas incertidumbres cuando una persona deja su familia, su pueblo, su tierra, su cultura y se pone en camino sin saber adónde va realmente. Nadie debe verse obligado a emigrar y a nadie se le debe prohibir salir buscando legítimamente otros horizontes de vida personal y familiar. También como españoles hemos conocido la necesidad de buscar refugio en otros lugares, agradeciendo la acogida y padeciendo el rechazo.

En la Sagrada Escritura, que es una historia larga y riquísima de humanidad, hay testimonios de la necesidad de salir y de exhortaciones a recibir a los llegados de lejos.

En el libro segundo de la Sagrada Escritura, Éxodo, (que significa Salida), se nos narra cómo Dios se manifestó a Moisés en Egipto, conmovido por las pesadas cargas que los egipcios ponían diariamente sobre sus hombros (cf. Ex. 3, 13-2). El clamor de Israel en Egipto ha subido hasta Dios, que se compadeció de su aflicción y decidió liberarlos. Precisamente a esa misión envía Dios a Moisés. Moisés se siente débil para cumplir el encargo, pero al final obedece el envío de Dios, que nunca lo abandona en esa enorme misión. El Señor busca mediadores para la obra de liberación. Estemos siempre atentos al sufrimiento de los hombres y ofrezcamos nuestra colaboración. Traduciéndolo a nuestras realidades de emigración y de salida forzada, ¿qué hacemos en los países de donde proceden los emigrantes y refugiados? Si allí están cerradas las puertas de la esperanza, ¿cómo no van a intentar abrirlas en otros lugares?

No se debe desatender a la peligrosa travesía desde el lugar de origen hasta el lugar soñado. ¡Cuántos sufrimientos y abusos, unas veces causados por personas individuales y otras veces por grupos más o menos organizados! La Jornada de Migrantes y Refugiados no puede ser solo ocasión para conocer teóricamente las migraciones sino sobre todo interrelación para comprender con la mente y el corazón el sufrimiento de hermanos nuestros.

Por lo que se refiere a la acogida y hospitalidad la Palabra de Dios insiste para que no cerremos las puertas con el corazón ni las fronteras sociales. La Carta a los Hebreos en la exhortación que dirige a los lectores recordando la acogida de Abrahan a los tres personajes que llegaron hasta su tienda (cf. Gén. 18, 2 ss.), escribe: “No olvidéis la hospitalidad; por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a los ángeles” (Heb. 13, 2). El mismo Jesucristo se identifica con los forasteros atendidos: “Venid vosotros, benditos de mi Padre, porque fui forastero y me hospedasteis”. Y ante la pregunta con sorpresa de los juzgados y bendecidos: “¿Cuándo te vimos forastero y te hospedamos?”, Jesús responde: “Cada vez que lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt. 25, 34-35. 38 y 4). San Pedro en su carta exhortó a los cristianos de su tiempo y a nosotros hoy: “Sed hospitalarios unos con otros, sin protestar” (1 Ped. 9). La insistencia del Papa Francisco en acoger, proteger, promover e integrar a los inmigrantes se apoya en la Palabra de Dios, que crea compasivos y defensores de los pobres y excluidos.

En la situación actual de la humanidad es particularmente apremiante la actitud de generosidad en la acogida y de esfuerzo consciente para abrir “corredores” de inserción de los que vienen de lejos.

Hoy nuestra sociedad es también plural en la procedencia de los convivientes; por varias razones nos encontramos con personas venidas de otras latitudes hasta nosotros; muchos llegan para trabajar, vivir y compartir nuestro bienestar; también conocemos a personas que salen de su tierra huyendo del hambre, la persecución, el riesgo serio de su vida y de la de su familia. Entre las novedades de nuestra época se debe contar el fenómeno de las migraciones, del intercambio de lugares de vida. La movilidad social nos pide actitudes personales que no cierran el corazón a ninguna persona que se encuentra en la calle, en el bloque de viviendas, en el trabajo, en los servicios sociales.

Es insustituible el sentido de la humanidad y de la fraternidad para afrontar la situación actual e intentar darle una solución. Por otra parte, se comprende que sin una adecuada regulación, no cicatera sino generosa, caeríamos en el caos en el que todos naufragaríamos. También se comprende que la afinidad lingüística, religiosa y cultural de los inmigrantes y de los residentes facilita la integración.

Ante la próxima Jornada del Migrante y Refugiado pido a todos que actuemos no con egoísmo sino generosamente, con apertura y responsabilidad, evitando las reacciones instintivas de una equivocada autodefensa. La incorporación de los inmigrantes es un proceso largo que debe ser facilitado con la confianza y la ayuda.

+ Cardenal Ricardo Bláquez. Arzobispo de Valladolid

 

 

REVITALIZAR LOS TRABAJOS DE AMOR EN LA FAMILIA (3 medidas eficaces)

El Papa quiso dedicar el mes de agosto a rezar por las familias, para que “gracias a una vida de oración y a una vida de amor, se vuelvan cada vez más laboratorios de humanización”. Esa fue “la Intención de la Oración del Papa” en agosto. Por eso, pensé que podía comenzar el curso 19/20 recordando algunas ideas para cuidar el amor familiar, y más específicamente el amor entre los esposos. Qué mejor propósito para el curso recién estrenado que revitalizar los trabajos de amor en la familia. Propongo tres medidas.

Dejemos un mundo con familias…

Es conocido el chiste del bombero: <Usted es bombero ¿no?> <Y ¿en qué lo ha notado?> <Pues en la energía con la que ha abierto la puerta, en la fuerza del apretón de manos, en la potencia de la voz… y en el casco, el hacha y la manguera”. Se trataría de que viviéramos de manera que cualquier persona, viéndonos, pudiera decirnos, sin temor a equivocarse: <Usted es cristiano ¿no?> Y al preguntarle: <Y ¿en qué lo ha notado?>, pudiera enumerar una serie de rasgos de nuestra conducta, una retahíla parecida a la del bombero: pues en que va a Misa, en que reza, en que trabaja, en que dice la verdad, en que es fiel en su matrimonio… y en que trata con cariño a todo el mundo, es amable, sonríe, no critica, ayuda, se sacrifica por los demás, empezando por su familia.

Es lo que Jesús nos mandó: “que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros” (Juan 13, 34-35). Es el deseo de Dios: que nuestra vida sea de amor hecha obras como la de su Hijo hecho hombre; para hacerlo posible Cristo murió en la Cruz. Ese es el distintivo del cristiano. Los discípulos de la primera hora se lo tomaron en serio. El sociólogo americano Rodney Stark investigó cómo los cristianos de los tres primeros siglos convirtieron el mundo pagano (La expansión del cristianismo (Ed. Trotta 1996, traducido en 2010)). Destacaba la caridad, manifestada en la familia y en el papel de la mujer, en el tenor del comportamiento de los cristianos, y en la respuesta de misericordia ante las miserias de la sociedad de entonces, tremendamente inhumana. Lo exponía el Papa en su catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles este verano: “Los cristianos experimentan una nueva modalidad de ser entre ellos, de comportarse. Y es la modalidad propia del cristiano, a tal punto que los paganos miraban a los cristianos y exclamaban: <Mirad cómo se aman>. El amor era la modalidad. Pero no amor de palabra, no amor fingido: amor de obras, de ayudarse unos a otros, amor concreto, lo concreto del amor” (21.08.19). Dios es amor, y cualquier obra de amor nos acerca a Él. Y su voluntad original es que el ser humano, creado por amor a su imagen y semejanza, aprenda a amar en la familia. “¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y hembra, y que dijo: <Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne> (Génesis 2, 24)?” (Mateo 19, 4-5).

“¿Qué mundo queremos dejar para el futuro? Dejemos un mundo con familias”. Es la propuesta del Papa (recogida en el video de presentación de “la Intención de la Oración del Papa” de agosto). A cada uno le toca la suya, y ayudar a las más que pueda. Ese es el Evangelio (la buena noticia) de la familia. “Dios quiere que cada familia sea un faro que irradie la alegría de su amor en el mundo. ¿Qué significa esto? Significa que, después de haber encontrado el amor de Dios que salva, intentemos, con palabras o sin ellas, manifestarlo a través de pequeños gestos de bondad en la rutina cotidiana y en los momentos más sencillos del día. Y esto ¿cómo se llama? Esto se llama santidad” (Francisco, Encuentro Mundial de la Familia Irlanda 25.08.18). Para permanecer en la liga del amor a Dios y a los demás, ser santos, hemos de puntuar en casa: en el campo de la propia familia, en nuestro matrimonio. Es la mejor y principal escuela de caridad… que reclama dar lo mejor de uno con la ayuda de la gracia de Dios.

Una buena guía del amor: 1 Corintios 13, 4-7 glosado por el Papa

El amor, todo amor, en especial el amor matrimonial, “tiene que ir a la escuela”, escribía el nobel Jacinto Benavente. Es consecuencia de nuestra condición de pecadores. Nuestro corazón necesita educación y maduración para que la bondad venza y demos amor verdadero. Es preciso aprender a querer bien y luchar por hacer crecer ese amor, poco a poco, día a día, durante toda la vida. Es necesario redescubrir una realidad oculta para muchos: no hay matrimonio ni familia sin sacrificio, sin perdón, sin crisis, sin problemas, sin volver a empezar…. El filósofo P. Masson lo explicaba con una atinada comparación: “el amor (sentimental) es un arpa eolia que suena espontáneamente; el matrimonio, un armonio que no suena sino a fuerza de pedalear”, aunque el resultado de tal pedaleo sea el de una felicidad indescriptible, que nadie es capaz de imaginar… hasta que se compromete al amor auténtico. El Papa lo ha advertido repetidas veces. “No existen familias perfectas y esto no nos tiene que desanimar. Por el contrario, el amor se aprende, el amor se vive, el amor crece «trabajándolo» según las circunstancias de la vida por la que atraviesa cada familia concreta. El amor nace y se desarrolla siempre entre luces y sombras. El amor es posible en hombres y mujeres concretos que buscan no hacer de los conflictos la última palabra, sino una oportunidad. Oportunidad para pedir ayuda, oportunidad para preguntarse en qué tenemos que mejorar, oportunidad para poder descubrir al Dios con nosotros que nunca nos abandona. Este es un gran legado que le podemos dejar a nuestros hijos, una muy buena enseñanza: nos equivocamos, sí; tenemos problemas, sí; pero sabemos que eso no es lo definitivo” (Encuentro Mundial de la Familia Filadelfia 27.09.15).

Es práctica corriente bucear en el mundo digital para localizar cómo se aprende cualquier asunto. En nuestro caso, no es necesario. San Pablo, con la inspiración del Espíritu Santo, nos proporcionó un tutorial sobre el amor verdadero en su primera carta a los de Corinto (fue escrita en Éfeso, sobre el año 54). Es un texto popular entre los novios cristianos, posiblemente la lectura más nominada en las “bodas por la Iglesia”: “El amor es paciente, es servicial; el amor no tiene envidia, no hace alarde, no es arrogante, no obra con dureza, no busca su propio interés, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13, 4-7).

El Papa eligió esta Palabra de Dios como columna vertebral del capítulo IV: “El amor en el matrimonio”, de su exhortación apostólica “La Alegría del Amor” (19.03.16) dedicada a la familia; palabra a palabra, desglosa los cuatro versículos que la componen. En muchos encuentros con matrimonios, Francisco los ha animado a meditar el Capítulo IV. “Porque no podremos alentar un camino de fidelidad y de entrega recíproca si no estimulamos el crecimiento, la consolidación y la profundización del amor conyugal y familiar. En efecto, la gracia del sacramento del matrimonio está destinada ante todo <a perfeccionar el amor de los cónyuges>” (La Alegría del Amor n. 89). En sintonía con este interés del Papa, la primera medida que propongo es rumiar periódicamente alguno de los apartados de este capítulo IV. Así acertaremos en los trabajos de amor en la familia, ya que “la palabra <amor>, una de las más utilizadas, aparece muchas veces desfigurada” (ídem n. 89). Y el cristiano debe ser un experto en el amor verdadero. Es la única materia del examen final para ser feliz y entrar en el Cielo.

Ponerse “personalmente” en juego

Se dice que el matrimonio es cosas de dos. Es verdad, pero… solo uno es dueño de sí mismo. Dios nos ha regalado la libertad precisamente para comprometerla en el amor, y cada uno es responsable del uso que haga de ella. Al casarse, el hombre y la mujer comprometen la propia libertad en amarse verdaderamente: dándose completamente, alma y cuerpo, uno al otro, sin plazo de caducidad y en exclusividad. Si queremos revitalizar los trabajos de amor en el matrimonio recordemos esta verdad: hay una sola persona en la que podemos actuar para mejorar la relación: ¡uno mismo! Somos señores de nuestra voluntad, no de la del otro conyugue, y la hemos empeñado en querer querer. Después de la boda, nuestra libertad está obligada, porque nos ha dado la gana, a amar verdaderamente al otro. Le hemos dicho: <porque quiero, me caso contigo… para quererte; no solo deseo amarte, debo amarte… siempre>. La segunda medida que propongo es ponerse “personalmente” en juego. No escudarse en: <El problema no soy yo. Eres tú>.

La estrategia del amor verdadero para mejorar al otro pasa por centrarse en uno mismo. <¿Qué puedo hacer yo para que el otro sea más alegre? Pues empeñarme en cultivar la alegría>. Las posibilidades de que nuestra pareja se vea arrastrada por el ejemplo y decida ocuparse de sí misma crecerán. El principio de reciprocidad, se recibe lo que se da, juega a favor. San Juan de la Cruz lo expresó bellamente: “pon amor donde no hay amor y sacarás amor” (Carta a María de la Encarnación, 6-VII-1591). En ese sentido, la expresión “el amor lo soporta todo”, supone que nuestra alegría, siguiendo con el ejemplo, por una parte, es apoyo firme para el progreso de la alegría del otro; y por otra, sostiene la alegría de la familia mientras tanto. Por eso, en cualquier caso, mejore o no el conyugue, el camino emprendido dará fruto en nosotros, nuestro corazón cambiará a mejor, y por ende, en la familia.

Lo dicho anteriormente no oculta la certeza de que marido y mujer son interdependientes, y en cierto modo dependen uno del otro para sentirse bien. Por eso, ponerse “personalmente” en juego presume estar dispuesto a sufrir, justamente para poder amar verdaderamente al otro. Es una paradoja cierta: el amor se acrisola en el sufrimiento. Lo expresa Juan de la Encina en su canción medieval “Más vale trocar” (1496): “Amor que no pena no pida placer, pues ya le condena su poco querer: mejor es perder placer por dolores, que estar sin amores”. El ejemplo paradigmático es Jesús: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Juan 15, 13). Y es la propuesta de san Pablo a los esposos cristianos. Lo recordaba el Papa: “en la Carta a los Efesios, pone de relieve que en los esposos cristianos se refleja un misterio grande: la relación instaurada por Cristo con la Iglesia, una relación nupcial (cf. Efesios 5, 21-33). La Iglesia es la esposa de Cristo (…) Los esposos, en efecto, en virtud del sacramento (del matrimonio), son investidos de una auténtica misión, para que puedan hacer visible, a partir de las cosas sencillas, ordinarias, el amor con el que Cristo ama a su Iglesia, que sigue entregando la vida por ella, en la fidelidad y en el servicio” (Francisco 2.04.14). Ponerse “personalmente” en juego es “dar la vida” por la mujer y los hijos como hace Cristo por su Iglesia. Y eso depende de nuestra libertad…

¿Dónde encontrar la fuerza?

En un viaje a Asís, en octubre del 2013, en el encuentro del papa Francisco con los jóvenes, la primera pregunta se la hicieron unos recién casados; le plantearon las dificultades para formar un hogar, y les contestó: “Pensemos en nuestros padres, en nuestros abuelos o bisabuelos: se casaron en condiciones mucho más pobres que las nuestras, algunos en tiempo de guerra, o en la posguerra; algunos emigraron, como mis padres. ¿Dónde encontraban la fuerza? La encontraban en la certeza de que el Señor estaba con ellos, de que la familia está bendecida por Dios en el Sacramento del matrimonio, y de que es bendita la misión de tener hijos y de educarlos. Con estas certezas superaron incluso las pruebas más duras. Eran certezas simples, pero verdaderas, formaban columnas que sostenían su amor. Su vida no era fácil: había problemas, tantos problemas. Pero estas certezas simples les ayudaban a ir hacia delante. Y lograron hacer una bella familia, a dar vida, a hacer crecer sus hijos” (4.10.13).

Es una pena que olvidemos esta bendición divina: los cristianos están “casados en el Señor”, con palabras de san Pablo (1 Corintios 7, 39). Les da como el título permanente de acreedores de Dios. Qué pena no actualizar a diario nuestra fe en el sacramento del Matrimonio, reclamando filialmente a Dios las gracias que nos ha prometido conceder desde el momento de nuestra unión, a diario, hasta que “la muerte nos separe”. Cristo asume, sana, potencia y eleva el amor de los esposos, concediéndoles los auxilios necesarios… si se dejan, si creen y piden, ya que Dios nunca se impone, respeta nuestra libertad. Ya lo decía una canción popular francesa: “si partes para la guerra, reza una oración; si vas por mar incierta, reza dos oraciones; pero cuando celebres tus bodas, reza lo más que puedas”, y es que los que fundan un hogar necesitan una especial asistencia divina, que deben solicitar en la oración y esperar siempre por el sacramento del Matrimonio. Por eso, la tercera medida que propongo es recurrir a la oración y a los sacramentos, empezando por el sacramento del Matrimonio. Sin olvidar el plus que el Papa recomienda del acompañamiento espiritual. Un sacerdote que nos ayude a discernir cómo crecer en el amor a Dios y a los demás, empezando por la propia familia, en nuestras circunstancias y contando con nuestros límites. Y, dependiendo de las circunstancias personales o de la propia familia, puede ser conveniente buscar la ayuda de profesionales (psicopedagogos, médicos de familia, asistentes sociales, abogados del menor y familia) o de otro matrimonio con mayor experiencia o de agentes pastorales.

“Es una honda experiencia espiritual contemplar a cada ser querido con los ojos de Dios y reconocer a Cristo en él” (La Alegría del amor n. 323). La familia es una especial comunión de los santos, de forma que Dios cuenta con nuestra oración y nuestra lucha por ser santos por y en la familia para manifestarles su amor, para llevarlos al Cielo. ¿Cuántas veces recurrimos a la gracia del sacramento del Matrimonio para no claudicar en estos trabajos de amor? ¿Cuántas veces acudimos a la Confesión Sacramental con renovada fe de recibir fortaleza para vivir la caridad conyugal, precisamente en esos detalles que hemos confesado y hemos sido perdonados? ¿Cuántas veces pedimos a Jesús Eucaristía, al visitarle en el Sagrario o recibirle en la Comunión, la gracia de entregarnos de verás como Él lo hace con nosotros? ¿Cuántas veces hacemos de nuestro matrimonio la materia de nuestra conversación con Dios para implorar luces, para atesorar fuerzas, para dar gracias, para empapar de oración lo que nos preocupa, para pedir perdón, para levantarnos de nuevo… en nuestros trabajos de amor en la familia?

Merece la pena

San Juan Pablo II visitó Nigeria en febrero de 1988. Defendió el matrimonio, de uno con una para siempre, frente a la poligamia, al abandono del hogar por parte del hombre… En aquella ocasión empleo una imagen. Decía: “el matrimonio es comparable a una montaña muy alta que sitúa a los esposos en las inmediatas cercanías de Dios. Hay que reconocer que la ascensión a esa montaña exige mucho tiempo y mucha fatiga. Pero ¿Podrá ser esta una razón para suprimirla o rebajar su altura?” Un periodista interrumpió para decir que lo que se pedía a la gente era un imposible. El Papa sonriente le contestó: “Imposible, no; muchos lo hacen; ciertamente no es fácil, pero es que ser cristiano auténtico es difícil. En África y fuera de África…”.

Recordemos la escena de las Bodas relatada por san Juan (Juan 2, 1-11). Jesús fue invitado a una boda en Caná de Galilea y acudió acompañado por los discípulos del comienzo de su vida pública, Juan entre ellos. Allí, el Maestro realizó su primer milagro: la conversión del agua de las tinajas en vino, por intercesión de su madre, María. No es casual que el primer “signo” de Jesús, en que revela el amor de su Padre por los hombres, fuera este. Sin vino no hay fiesta de bodas. Contamos siempre con Jesús para que nuestra familia sea “al mismo tiempo una iglesia doméstica y una célula vital para transformar el mundo” (La Alegría del amor n. 324). El futuro del mundo y de la Iglesia se fragua en la familia. El milagro fue posible porque los criados de la casa hicieron caso a lo que Jesús pidió: “«Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba” (Juan 2, 7). Pensemos en qué nos pide Jesús a cada uno para cuidar el amor familiar y cómo le hacemos caso. Repaso tres pistas que pueden ayudar a concretar:

1. Rumiar en la oración, a lo mejor un día a la semana, el capítulo IV de “La Alegría del amor” del Papa. “Espero que cada uno, a través de la lectura, se sienta llamado a cuidar con amor la vida de las familias, porque ellas «no son un problema, son principalmente una oportunidad»” (La Alegría del amor n. 7). Así, centrando nuestro encuentro de ese día con Jesús en ese texto, veremos cómo podemos progresar en el amor familiar, qué más podemos hacer y cómo podemos hacer mejor lo que hacemos, cómo podemos ayudar a otras familias… porque “el amor que no crece comienza a correr riesgos” (ídem 134).

2. Ponerse “personalmente” en juego, comprometiendo nuestra libertad en cuidar el amor verdadero sin mirar a otro lado. “Porque, ninguna familia es una realidad celestial y confeccionada de una vez para siempre, sino que requiere una progresiva maduración de su capacidad de amar” (La Alegría del amor n. 325). El amor inmaduro se escribe en pasiva, y dice “soy amado”; el amor enamorado busca la correspondencia, y dice “nos amamos”; el amor maduro simplemente ama, y dice “te amo”. La madurez llega después de mucho amar: “la espiritualidad del amor familiar está hecha de miles de gestos reales y concretos” (ídem n. 315).

3. Recurrir a las gracias que Dios regala abundantemente a los casados para avanzar juntos en el camino del Cielo. La oración personal y familiar; la recepción habitual de la gracia de los sacramentos, en especial, la actualización del sacramento del Matrimonio; el acompañamiento espiritual; la ayuda de especialistas, si es necesario… son el día a día de la espiritualidad de un casado. Confiamos nuestros esfuerzos a Dios: nos mueve la convicción de que “sólo podemos crecer respondiendo a la gracia divina con más actos de amor, con actos de cariño más frecuentes, más intensos, más generosos, más tiernos, más alegres. El marido y la mujer «experimentando el sentido de su unidad y lográndola más plenamente cada día»” (La Alegría del amor n. 134).

Merece la pena este empeño. “Es vida perdida vivir sin amar, y más es que vida saberla emplear: mejor es penar sufriendo dolores, que estar sin amores” (Juan de la Encina Más vale trocar).

Alberto García-Mina Freire

 

 

Familias: testimonios de Fe

Ernesto Juliá

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Estaba comenzando a escribir estas líneas, cuando me llega una buena noticia: la Corte Superior de Filipinas desestimó una petición para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. La Corte rechazó el 3 de septiembre un petición presentada el año 2015 por una lesbiana de 33 años de edad, presentadora de radio y abogada, que pretendía que la Corte Suprema declarara inconstitucionales los
artículos 1 y 2 del Código de Familia, que afirman y reconocen que el matrimonio está formado por un hombre y una mujer.

La reacción de los obispos filipinos no se ha hecho esperar, y valga por la de todos estas palabras del Obispo de Balangaen, Mons. Ruperto Santos.

"Con la decisión de no legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, nuestros jueces afirmaron lo que es correcto, reiterando la forma natural y ética del matrimonio. El rechazo a los matrimonios entre personas del mismo sexo refuerza la santidad del matrimonio y la estabilidad de la familia en Filipinas". 

Y una laica católica Mary Jane Castillo comentó que "la sentencia de la Corte Suprema es loable. El matrimonio siempre ha sido entre un hombre y una mujer, de acuerdo con la ley natural. Y la legislación de Filipinas sigue esa disposición". 

En unos momentos en los que el Occidente “cultural” -así se reconoce a sí mismo- se obstina en atacar a la familia por todos los frentes; este testimonio del Asia cristiana es un alivio para el espíritu.

Sobre esa familia que ha creado Dios y que defienden los filipinos se ha construido Europa, América, Australia; se ha reconstruido África, y se está sembrando la semilla de nueva civilización centrada en la familia, en el resto de Asia. 

De esas familias he vivido muy de cerca dos testimonios que nos encontramos tantas veces en nuestra vida y que no aparecen jamás entre las páginas de ningún periódico, ni siquiera digital.

Un buen profesional, periodista, entrado ya en años que lleva los achaques de la edad con una cierta normalidad y tranquilidad, aunque una de esas molestias sea la de estar perdiendo la vista gradualmente, poco a poco.

Un día acompaña a su mujer a una revisión médica y recibe una noticia poco esperanzadora. Su esposa tiene un cáncer de riñón y de pulmón, con metástasis en otras partes del cuerpo. Muy pocas esperanzas de vida.

La reacción del hombre no se hace esperar: “Rezaré más, y con más confianza, para que el Señor me de salud y me arregle un poco los ojos, para que pueda cuidar a mi mujer con amor y cariño, hasta que sea necesario”. Y como lee con frecuencia el Nuevo Testamento, se le ocurrió añadir. “Como siempre; lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”.

Una buena empresaria, madre de cinco hijos, abandonada por el marido después de quince años de matrimonio. Lleva adelante con serenidad y paz a sus criaturas, que van creciendo y son ya hombres y mujeres hechos y derechos; un par de ellos ya están casados.

Después de años de no saber nada del marido; no de ex-marido porque seguían siendo marido y mujer-, recibe la noticia de que el hombre está muriendo de una enfermedad degenerativa, en una clínica de una ciudad vecina. Sin decir nada a nadie fue a visitarlo un día. El hombre, sorprendido al verla, abrió su corazón en lágrimas. Tras unos minutos de silencio comenzó a hablar pidiendo perdón por lo que había hecho abandonándola a ella y a sus hijos; por haber vivido con varias mujeres; haber dejado su Fe, y haber llegado casi a la ruina por su mala vida.

La mujer le sonrió, le saludó con cariño, le besó en la mejilla, y le dijo que dentro de un par de días, si no tenía inconveniente, vendría con su cinco hijos para que les viera y hablara con ellos. Y antes de marcharse, le preguntó si quería que avisara al sacerdote de la clínica para que viniera a estar un rato con él. El hombre titubeó: “¡Hace ya tantos años!, musitó”; y al final, respondió: “Si, gracias”.

La familia llegó a tiempo de vivir con él la última hora de su vida. Cuando estaban cerca de la habitación, vieron al sacerdote que acababa de dar al moribundo la Unción de los enfermos. El hombre pudo saludar y pedir perdón a todos sus hijos. Y ya a punto de expirar, se dirigió a la mujer alcanzó a decir: “Lo que Dios ha unido...”; y llorando los dos, él entregó su alma.

ernesto.julia@gmail.com

 

FAMILIA Y  EL COSTO DE UNA CRISIS

Ing. José Joaquín Camacho                

Siglo 21, sábado 14 septiembre 2019

            Un reciente estudio de Acción Familia señala que la sociedad española está sufriendo hoy una profunda crisis y que su reforma debe comenzar por la revalorización de la familia.

            Es una ilusión peligrosa pensar que un hombre, aún muy valioso, pueda sacarle de la situación en que están, y devolver al país su estabilidad y grandeza. Tampoco basta que se obtenga de algunas personas, aunque éstas sean numerosas, la práctica de las virtudes;  es necesario que ellas impregnen las instituciones. Y la primera de esas instituciones y la más fundamental, aquella que fue creada con el hombre  es la familia. La familia es la célula orgánica del cuerpo social, y en ella se encuentran las virtudes morales y sociales. A partir de ella vimos irradiarse su poder, penetrando con el todos los órganos sociales y al propio Estado. Y el citado estudio señala que, por el contario hoy, la familia depende a tal punto del Estado que los padre ni siquiera tienen la libertad de educar a sus hijos según sus principios (se refieren aquí a  la educación estatal).

         Respecto a este tema, es interesante hacer notar que actualmente provoca rechazo cualquier atentado a la ecología y, en general, a algo que consideremos un  patrimonio de la humanidad. Por ejemplo, protegemos Tikal contra los irresponsables; y no digamos si alguno pretendiera dinamitar una de sus pirámides. Pero a veces no reaccionamos ante auténticos depredadores de riquezas vitales para la humanidad.

         Porque hay algo actualmente muy maltratado; y es el concepto de familia que, dentro de ambientes culturales desarrollados se ha considerado como un patrimonio de la humanidad, como una institución social fundamental,  ya que el futuro de la humanidad pasa por la familia basada en el matrimonio.

Por ello es muy interesante ver como actualmente entidades internacionales están pasando a defender la familia como piedra angular de la sociedad e instrumento para el bienestar de los individuos

Desde hace ya un tiempo la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE señalaba que las familias son una fuente clave de respaldo económico y social para las personas, además de ser un instrumento crucial de solidaridad. “Las familias proporcionan identidad, amor, cuidado, alimento y desarrollo para sus miembros y forman el núcleo de muchas redes sociales”, afirmaba.

Pero, frecuentemente los padres se enfrentan a problemas al tratar de combinar trabajo y compromisos familiares. El informe pedía a los gobiernos que adoptasen políticas de apoyo a las familias, dándoles asistencia y ayuda económica con iniciativas como el permiso para los padres y flexibilidad laboral.

Una de las áreas en la que más se podría hacer es en las ayudas a la natalidad. Muchas familias quieren tener más hijos, explicaba el informe, y en muchos países la gente no tiene tantos hijos como, según dicen, querrían.

Apoyar a las familias no es bueno sólo para los padres, apuntaba el informe. “El bienestar de los niños está íntimamente unido al bienestar de la familia. Cuando prosperan las familias, prosperan los niños”.

Aunque la noticia de que el matrimonio es bueno tanto para las parejas como para sus hijos no es nueva, sigue siendo confirmada por las investigaciones.           ¿Responderán nuestros gobernantes a estas llamadas de aumentar el apoyo a las familias? Específicamente a la familia basada en el matrimonio de siempre: uno con una para siempre y abiertos a la vida..

El costo de no hacerlo está siendo demasiado alto.

 

 Es todavía un niño

Alfonso Aguiló

www.interrogantes.net

    

 Estanislao era el segundo hijo del príncipe Jan Kostka, un jefe militar y senador polaco. Cuando Estanislao tenía catorce años, fue enviado a Viena, junto con su hermano Paolo, para proseguir sus estudios. La ejemplaridad de Estanislao hizo que enseguida fuese respetado y querido por todos los colegiales. Sin embargo, se le hacía difícil la convivencia con su hermano Paolo, que era de temperamento inestable y dominante, y llevaba una vida cada vez más frívola.

        Desde muy pronto, Estanislao quiso ingresar en la Compañía de Jesús, pero no fue admitido por temor de indisponer a su padre contra la Compañía. Paolo se burlaba de su hermano pequeño, y sus ironías contra su modo cristiano de vivir se hicieron cada vez más frecuentes y más desagradables.

        Considerando insuperable la oposición de su familia, y harto del maltrato constante de su hermano, decidió huir. Una mañana de agosto de 1567, partió a escondidas. En las afueras de Viena, cambió sus vestidos por unas ropas de peregrino. Durante veinte días marchó a pie y solo hasta Alemania, primero a Augsburg y después a Dillingen. Allí fue acogido amablemente por San Pedro Canisio, que dispuso que se dedicara a los trabajos más humildes de la casa. El joven cumplió su cometido con tal esmero y alegría, que todos quedaron profundamente impresionados por Estanislao y, viéndole tan convencido de su vocación, le enviaron a Roma.
En cuanto su padre supo de la fuga, le invadió la ira y escribió cartas de amenaza a los superiores de la Compañía, así como a obispos y cardenales, asegurando que haría cualquier cosa para expulsar a los jesuitas de Polonia, y que, respecto a su hijo, lo llevaría de vuelta a su patria, aunque tuviera que atarlo de pies y manos. Entre tanto, Estanislao había recibido también una dura carta de su padre, en la que repetía esas mismas amenazas y le reprendía por "haber tomado una sotana despreciable y haber abrazado una profesión indigna de tu alcurnia". Estanislao respondió con corrección, pero manifestando su firme decisión de servir a Dios en la vocación a la que se sentía llamado.

        Una vez en Roma, tras un viaje a pie de casi mil quinientos kilómetros, se entrevistó con San Francisco de Borja, que accedió a su petición y le admitió en el noviciado. Poco había de durar, sin embargo, la vida de Estanislao de Kostka, pues falleció al año siguiente, con solo dieciocho años de edad. Pero ese tiempo tan corto fue suficiente para dejar impresionados a todos los que conocieron a aquel joven novicio polaco. Enseguida se difundió su fama de santidad y muchas personas visitaban su tumba en Roma. Pronto se atribuyeron a su intercesión numerosos milagros, se multiplicaron sus biografías en diversas lenguas, así como la difusión de sus retratos, imágenes y estatuas. Fue canonizado y se le venera como patrono de Polonia. En su honor se construyeron muchas iglesias y se bautizó con su nombre a un gran número de niños. El culto popular se extendió más allá de cualquier expectativa.

        Llama la atención cómo una vida tan corta pudo dar lugar a tanta fecundidad. Es quizá una muestra de que, para ser llamado por Dios, no hace falta una edad muy alta, ni haberlo probado todo. Es más, con la inocencia de su vida, alcanzó en poco tiempo la madurez y la fecundidad de una larga existencia.

        —De todas formas, si unos padres ven muy tierno a su hijo, es lógico que piensen que necesita más tiempo y más experiencia de la vida para plantearse cuestiones de esa trascendencia.

        En unos casos, Dios llama a personas con una larga experiencia humana; en otros, no. Y de la misma manera que no hace falta haber pasado por varios noviazgos para acercarse con madurez al matrimonio, tampoco hacen falta para decidirse por Dios. Tolstoi decía que quien ha conocido solo a su mujer y la ha amado, sabe más sobre la mujer que quien ha conocido mil. La calidad o la madurez de un amor no depende de las experiencias previas. Es verdad que hay que ser maduro para emprender un noviazgo o una etapa de prueba en un camino vocacional, pero no es preciso "haber conocido mucho mundo", ni haber superado pruebas a las que quizá es una temeridad someter a una persona, como quizá habría sido ponerlas para probar el noviazgo o el matrimonio de sus padres.

        Los padres deben ayudar a los hijos a decidir con libertad. Las decisiones que determinan el rumbo de una vida ha de tomarlas cada uno personalmente, con libertad, sin coacciones. Si, por la razón que sea, unos padres piensan que su hijo carece de la madurez necesaria para la entrega, lo normal será comentarlo con confianza con el propio interesado, y quizá también con otras personas que le conozcan bien y posean la sensatez y el sentido sobrenatural necesarios, pues siempre es arriesgado pensar que uno mismo es el único que lo conoce bien.

        Hay que discernir en cada caso concreto, sin presuponer por principio que el deseo de entrega de un hijo es un ímpetu juvenil, pasajero y superficial. En la actualidad, es tan fuerte la presión que reciben en contra, que ellos saben bien que entregarse a Dios les supondrá ir contracorriente, así como renuncia y sacrificio. Por tanto, cuando un hijo está decidido a hacerlo, más bien habría que presuponer que es reflejo de una actitud generosa y madura, no un arranque infantil.

        "Los padres -comentaba San Josemaría Escrivá- pueden y deben prestar a sus hijos una ayuda preciosa, descubriéndoles nuevos horizontes, comunicándoles su experiencia, haciéndoles reflexionar para que no se dejen arrastrar por estados emocionales pasajeros, ofreciéndoles una valoración realista de las cosas.

        "Pero el consejo no quita la libertad, sino que da elementos de juicio, y esto amplía las posibilidades de elección, y hace que la decisión no esté determinada por factores irracionales. Después de oír los pareceres de otros y de ponderar todo bien, llega un momento en el que hay que escoger: y entonces nadie tiene derecho a violentar la libertad. Los padres han de guardarse de la tentación de querer proyectarse indebidamente en sus hijos -de construirlos según sus propias preferencias-, han de respetar las inclinaciones y las aptitudes que Dios da a cada uno. Si hay verdadero amor, esto resulta de ordinario sencillo. Incluso en el caso extremo, cuando el hijo toma una decisión que los padres tienen buenos motivos para juzgar errada, e incluso para preverla como origen de infelicidad, la solución no está en la violencia, sino en comprender y -más de una vez- en saber permanecer a su lado para ayudarle a superar las dificultades y, si fuera necesario, a sacar todo el bien posible de aquel mal.

        "Los padres que aman de verdad, que buscan sinceramente el bien de sus hijos, después de los consejos y de las consideraciones oportunas, han de retirarse con delicadeza para que nada perjudique el gran bien de la libertad, que hace al hombre capaz de amar y de servir a Dios.
"Y no es un sacrificio para los padres que Dios les pida sus hijos. Ni para los que llama el Señor es un sacrificio seguirle. Por el contrario, es un honor inmenso, un orgullo grande y santo, una muestra de predilección, un cariño particularísimo, que ha manifestado Dios en un momento concreto, pero que estaba en su mente desde toda la eternidad...".

        Para los padres, que Dios llame a sus hijos supone una muestra de especial afecto, un verdadero privilegio. "Los padres -señala el Catecismo Iglesia Católica- deben acoger y respetar con alegría y acción de gracias el llamamiento del Señor a uno de sus hijos. Deben respetar esta llamada y favorecer la respuesta de sus hijos para seguirla." Por eso, los padres cristianos que han entendido la vocación misionera de la Iglesia se esfuerzan por crear en sus hogares un clima en el que pueda germinar la llamada a una entrega total a Dios.

        "La familia -explica Juan Pablo II- debe formar a los hijos para la vida, de manera que cada uno cumpla con plenitud su cometido, de acuerdo con la vocación recibida de Dios. Efectivamente, la familia que está abierta a los valores trascendentes, que sirve a los demás con alegría, que cumple con generosa fidelidad sus obligaciones y es consciente de su participación en el misterio de la Cruz gloriosa de Cristo, se convierte en el primero y mejor semillero de vocaciones a la vida dedicada al Reino de Dios."

        —Pero, con lo mal que están las cosas en muchos ambientes, es lógico que a los padres les dé un poco de miedo pensar en el futuro de sus hijos tan jóvenes entregados a Dios en medio de todo eso.

        Es una inquietud natural, pero no podemos quejarnos de tantos males como aquejan al mundo, de la falta de recursos morales en la sociedad, de la falta de ideales grandes en la vida de tantos chicos jóvenes, o de lo mal que están determinados ambientes, si luego no ponemos de nuestra parte todo el calor y el ánimo posibles para que haya personas que sean llamadas por Dios para regenerar esos ambientes. La solución a esos problemas está, en gran medida, en la mano de los padres con verdadero afán misionero y apostólico, que se esfuerzan por dar a sus hijos una verdadera educación cristiana y procuran sembrar en sus almas ideales de santidad, ensanchar su corazón con las obras de misericordia y crear en torno a ellos un ambiente de sobriedad y de trabajo.

        —Pero quizá no hay necesidad de que comiencen tan jóvenes su camino de entrega a Dios.

        No parece que fuera así en el caso de San Estanislao, pues, como acabamos de recordar, solo vivió hasta los dieciocho años. Dios tiene sus tiempos, que no siempre coinciden con los nuestros. Y hay ideales que, si no prenden en la primera juventud, es fácil que se pierdan para siempre. Es en la juventud cuando suelen nacer los grandes ideales de entrega, los deseos de ayudar a otros con la propia vida, de mejorar el mundo, de cambiarlo.

        Cuando una persona joven se plantea ideales altos de santidad y de apostolado, las familias verdaderamente cristianas lo reciben con un orgullo santo. Por eso, si has conseguido ponerte en el lugar de tu hija o de tu hijo, ya te habrá contagiado un poco de esa felicidad y de esa alegría suyas. Como madre, o como padre, que desde el primer momento has buscado lo mejor para tu hija o para tu hijo, debes sentir también esa satisfacción. ¿Cuál sería tu reacción, si te dijeran que tu hija ha sido seleccionada para representar a tu país en los juegos olímpicos? ¿O si designan a tu hijo como componente del equipo nacional en unos campeonatos del mundo? ¿Y si alguno de ellos es elegido para desempeñar un cargo público de elevada responsabilidad? Nadie acoge esas noticias con pesar o indiferencia. ¿Y cómo debes sentirte si el que elige no es un seleccionador deportivo, o un gobernante, sino el mismo Dios? ¿Y si, además, la recompensa no es simplemente una medalla, unos honores o unos ingresos económicos, sino el ciento por uno y la vida eterna?

 

 

El segundo país en producción agrícola de Europa

En el día Mundial de la Agricultura Corteva Agriscience, compañía líder en el sector agrícola en tecnología de semillas, protección de cultivos y agricultura digital, pone de relieve la importancia del sector agrario español. Un sector que supone actualmente el 2,7 % del PIB según datos Eurostat.

“El sector agrario en España es un sector estratégico por su repercusión económica, social y medioambiental. A esto hay que unir la gran diversidad y calidad de nuestras producciones agrícolas, así como el grado de especialización y tecnificación de nuestras explotaciones”, comentó Manuel Melgarejo, Presidente de Corteva Agriscience en España y Portugal.

Tenemos el reto de alimentar a una población creciente y la agricultura es un sector mucho más tecnificado de lo que pensamos. La digitalización es clave para abastecer al planeta y hacer una agricultura más sostenible y rentable tanto para el consumidor como para agricultor.

España es el segundo país de la Unión Europea en materia de superficie agrícola, con el 13% de la superficie agraria útil. Asimismo, nuestra agricultura ocupa el segundo puesto en términos de producción, con más de 25.000 millones de euros en 2018. Unas cifras que reflejan la relevancia de la agricultura en España. Es el segundo país con mayor producción agrícola de Europa.

Jesús Domingo

 

 

La Fiesta de la Cruz. El valor del crucifijo

Dos fiestas litúrgicas y populares conmemoran la Santa Cruz:  “La Invención de la Santa Cruz”, el 3 de mayo, y  “la Exaltación de la Santa Cruz”, el 14 de septiembre, ambas celebradas en España y en gran parte de América. La devoción a la Cruz se remonta al siglo IV, y tiene que ver con la Emperatriz Santa Elena,  que rescató, en el Calvario, tras importantes excavaciones, la Cruz de Cristo ( se distinguió de las otras dos aparecidas también allí, por los milagros). Es común en los cristianos esta devoción y aprender a signarse. La Cruz es símbolo de Fe y también de nuestra cultura española y europea. Evoca el Amor misericordioso de Dios al hombre: en ella se dejó clavar Jesucristo, Dios y Hombre verdadero,  para nuestra salvación, y para que todo el que  mire el crucifijo con reverencia, se mueva a contrición y pueda salvarse y recibir  fortaleza. Instrumento de suplicio en el imperio romano, la muerte de Cristo en la Cruz, revirtió ese sentido. Impresionante: somos pecadores, y Dios, en vez de descargar la ira de su justicia sobre nosotros, envió al mundo a la 2ª persona de la Trinidad para pagar por nuestros pecados. Por eso, la cruz está santificada,  y llevar la propia  (nuestros sufrimientos-),  unidos a la Cruz de Cristo,  es fuente de santidad e íntima alegría, y contribuye a la salvación de muchos.

En muchas aulas han retirado el crucifijo, casi siempre  por imposición arbitraria de la Dirección. Lástima: la mirada al crucifijo de la clase inspira paciencia.  En Italia, el asunto fue llevado al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, y, por sentencia inapelable,  el crucifijo volvió al aula ( El País, 18-3-2011).

Josefa Romo

 

 

 

Renovar la cultura europea

Unos días antes a las elecciones europeas clave para el futuro de Europa, el Rey Felipe VI pronunciaba, en el Monasterio de Yuste, un discurso sobre el proyecto europeo que merece ser atendido. En el acto de entrega del Premio Carlos V, que concede la Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste, el Monarca señalaba que “necesitamos una Europa más unida, más fuerte, más determinada y, también, más efectiva en la consecución de las ambiciones y expectativas de sus ciudadanos”.

Y es que en un momento en que una especie de nihilismo se ha instalado en amplios sectores de la inteligencia europea, y en que los distintos populismos amenazan con romper el proyecto de unidad nacido en la posguerra, conviene recordar, como hacía con palabras certeras y poéticas Felipe VI, que debemos seguir “construyendo Europa desde el conocimiento y desde el encuentro; sigamos, como decía el gran Antonio Machado, haciendo, todos juntos, camino al andar”. Precisamente el prestigioso premio europeísta se ha concedido a las Rutas e Itinerarios culturales europeos.

Pedro García

 

Iglesia y diálogo social

En estos momentos complejos que atraviesan la política y la sociedad española es muy oportuno que la Iglesia ofrezca un testimonio público de serenidad y esperanza. En la entrevista realizada en La Tarde de COPE, el Secretario General de la Conferencia Episcopal subrayó que la sociedad española necesita en este momento un ejercicio intenso de diálogo público. Un diálogo que parte de la escucha y que requiere también una “gramática común” para conseguir una deseable amistad social. Abordó también la cuestión demográfica, que está relacionada con la España vacía.

El obispo mostró su extrañeza ante el hecho de que mientras en Europa se habla de invierno demográfico, se cierren las puertas a quienes llegan buscando una vida mejor: “no puede ser que a lo único que se le pongan muros sea a las personas, cuando en nuestra propia tierra es tan importante, y hasta necesario, acoger al que viene”.

Suso do Madrid

 

 

Modelo de economía social

Animada por los imperativos de la Doctrina Social de la Iglesia, Cáritas ha optado por desarrollar un modelo de economía social que apuesta por reducir la desigualdad y combatir la exclusión social. La falta de empleo sigue siendo la mayor causa de pobreza. El VIII Informe FOESSA que se presentó en junio aporta datos muy relevantes al respecto.

La implantación de políticas activas de creación de empleo, ajustado a la dignidad de las personas debe convertirse en un objetivo prioritario de política económica. Sin empleo aumenta la pobreza y la exclusión, se atenta contra la autonomía personal y se consolidan situaciones de desigualdad que excluyen y marginan a las personas y a las familias.

Enric Barrull Casals

 

 

La moda… La fama

 

                                Creo que fue una muy famosa (en su tiempo) creadora de “modas” la que al ser preguntada, que, qué era la moda, inteligentemente respondió, que, “la moda es todo lo que pasa de moda”. Se lo atribuyen a “Cocó Chanel”, que si aún mantiene algo de aquella fama, es debido a su “famoso y carísimo perfume”, cuya fama se mantiene sobre la base del mantenimiento en base a propaganda, de lo que sigue siendo un gran negocio, que vete a saber quién o quienes lo explotan hoy.

                                No soy individuo que se deje influir por “las transitorias famas y modas,  menos aún por lo que al parecer se despepitan las masas”; yo he tenido y mantengo mi criterio de comodidad, economía y un saber estar dentro de lo que pueda ser y representar mi propio yo; nunca he aspirado a ninguna fama y menos a imponer nada; simplemente he seguido el consejo de aquel buen poeta andaluz; “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Y así sigo afortunadamente.

                                En cuanto a “la fama”, y como todo en el Universo, es transitoria y al final muere, entrando en el olvido y pese a lo duradero de algunos hechos por individuos súper dotados en el campo que fuere. “Todo lo que nace tiene que morir”.

                                Lo dijeron muy bien explicado en sus escritos, Marco Aurelio y Séneca y va para dos milenios; y seguro estoy que aquellos aprendieron o afianzaron sus conocimientos, de otros maestros, que se pierden en el olvido como todo cuanto hizo el hombre; de hecho es el propio Séneca en su libro “De la brevedad de la vida”, el que en su capítulo “X”, cita de su admirado y sabio Maestro (Fabiano) su gran sabiduría, pero cuyo nombre apenas nadie hoy cita o refiere, ya que fue absorbido por el olvido que todo lo mata y por grande que sea. Marco Aurelio en “su pensamientos o máximas”, igualmente quita importancia a la fama del ser humano y recomienda vivir el hoy, sin pensar en el ayer y menos en el mañana… “Vive el hoy y de forma en que cuando vayas a dormir esta noche, tu alma no te recrimine nada mal hecho en ese día, duerme en paz y prepárate para vivir el día siguiente de igual forma, o mejor si puedes”. No hay más vida que la que vivimos en el momento, todo lo demás “es pasado o es futuro”; lo primero no volverá pues ya pasó y lo que ha de venir nadie sabe lo que traerá consigo para cada uno de los humanos; todo lo demás son fantasías o amargarse la vida sin necesidad o sentido alguno. En momentos oportunos más o menos trágicos, detenerse en estos pensamientos, normalmente encontraremos en ellos, respuestas que no esperamos; la principal es, sabernos “una casi nada” en la inmensidad de “La Creación”.

                                Famoso y poderosísimo, lo fue en su tiempo y corta vida, Alejandro Magno, “o el Grande”; murió joven y lo “enterraron” en un suntuoso mausoleo, situado en la ciudad que fundara con su propio nombre (Alejandría en el hoy Egipto); pues bien, pasada la fama de tan famosísimo individuo y de la dinastía que lo heredó (“Los Ptolomeos, entre los que se encuentran la muy famosa Cleopatra”) y muchas otras; en la gran ciudad que sigue siendo Alejandría, no encuentran ni los vestigios de tan suntuoso mausoleo, del que se sabe, por los escritos que lo recuerdan. Y sin salir de Egipto y anteriores al tiempo de este famosísimo caudillo; allí y cerca de El Cairo, hay dos enormes obras “humanas”, cuáles son las denominadas, “Esfinge de Guiza y las tres enormes y también famosas Pirámides de Egipto”; obras que sometidas a todas las técnicas que el hombre hoy tiene, los investigadores, no saben, ni “el cómo, ni el cuándo, ni tampoco los autores de tan colosales realizaciones; hechas en tiempos remotos y en los que se presume, el hombre no tenía medios para ello”; todo lo cual nos indica, “lo perdido que sigue el ser humano en su propio devenir en este planeta”.

                                Por todo ello pensar “en los famosos de hoy o los que por diferentes motivos nos los quieren presentar como tales”, es algo que me causa risa y sean los que sean, incluidas “testas coronadas o con el poder de sojuzgar incluso a pueblos”; y no hablemos de, “las masas de famosillos y que enervan a las otras mayores masas de seres humanos que los siguen e incluso parece ser que adoran”; esto ya es algo así como “una enfermedad contagiosa y dañina, que no aporta gran cosa a la marcha de una humanidad, hoy desquiciada, cuando no embrutecida y que no se encuentra a sí misma, por lo que necesita agarrarse a algo, que les parece flota en el inmenso océano del anonimato, lo que les da terror”; y como el náufrago real y que perdido en el mar, se agarra a cualquier cosa que flota, puesto que otra cosa ni tiene ni espera.

                                Por lo tanto y a mi entender, es “conocerse así mismo” y quererse como individuo, procurando siempre, ser útil a la sociedad donde viniste a nacer; el resto, la verdad, no merece mucha más atención.

 

Antonio García Fuentes

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y

http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes