Las Noticias de hoy 12 Septiembre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 12 de septiembre de 2019     

Indice:

ROME REPORTS

El Papa recuerda su viaje a Mozambique, Madagascar y Mauricio

El Evangelio, “la levadura más poderosa de fraternidad” – Catequesis completa

El Papa propone dejarse inspirar por la Virgen “con sentimientos cristianos”

Primera reunión del Comité Superior para el Documento sobre la Fraternidad Humana

EL MÉRITO DE LAS BUENAS OBRAS: Francisco Fernandez Carbajal

“Aprender en la Misa a tratar a Dios”: San Josemaria

Eterna es su misericordia: Carlos Ayxelà

La ideología del género

Familias: testimonios de Fe: Ernesto Juliá

Ideología de género y trasbordo ideológico inadvertido: Jurandir Días

Paradoja de la belleza cristiana: Ramiro Pellitero

Nuestra Señora de los Dolores: José María López Ferrera

Vivir con sentido: Ángel Cabrero Ugarte

El servicio a los demás: Lucía Legorreta

Una Europa que no exporta valores: Suso do Madrid

¿Las familias un lugar “oscuro”?: Juan García.

Libia, país exportador de esclavos: Jesús Domingo Martínez

El sabor del pan y… “aquel banquete”: Antonio García Fuentes

 

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Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

 

ROME REPORTS

 

 

 

El Papa recuerda su viaje a Mozambique, Madagascar y Mauricio

Palabras en español

septiembre 11, 2019 10:30Larissa I. LópezAudiencia General

(ZENIT – 11 sept. 2019).- Hoy, 11 de septiembre de 2019, en la audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro, el Papa Francisco ha rememorado su viaje apostólico a Mozambique, Madagascar y Mauricio, que tuvo lugar del 4 al 10 de septiembre.

Repasando sus principales actividades en cada país, el Santo Padre ha indicado en la catequesis que ha realizado esta visita “como peregrino de paz y esperanza”.

Con respecto a Mozambique, Francisco ha indicado que allí ha deseado “esparcir semillas de esperanza, paz y reconciliación”, ya que se trata de un país que ha experimentado un largo conflicto armado y este año ha sido azotado por dos ciclones.

Al mismo tiempo, ha invitado a todos a “que sigan trabajando por el bien común y difundiendo la amistad social”.

En cuanto a Madagascar, un país rico en recursos naturales pero de los más pobres del mundo, el Papa mostró su respaldo al pueblo para que juntos “puedan superar la adversidad y construir un futuro más justo y desarrollado”.

También aludió a su visita a la Ciudad de la Amistad, donde se trabaja “por la dignidad de los más necesitados y la educación de los jóvenes”, su encuentro con las religiosas contemplativas, con los sacerdotes y consagrados y la celebración de la Eucaristía en el país malgache.

Finalmente, sobre Mauricio, isla con un carácter multiétnico, el Papa ha rememorado su exhortación a las autoridades a seguir promoviendo “ese mismo espíritu de acogida y favoreciendo la vida democrática”.

 

 

El Evangelio, “la levadura más poderosa de fraternidad” – Catequesis completa

Francisco rememora su viaje a África

septiembre 11, 2019 13:37Larissa I. LópezAudiencia General

(ZENIT – 11 sept. 2019).- El Papa Francisco explicó que emprendió su viaje a África como “peregrino de paz y esperanza” y resaltó que ”la esperanza del mundo es Cristo, y su Evangelio es la levadura más poderosa de fraternidad, libertad, justicia y paz para todos los pueblos” .

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Hoy, 11 de septiembre de 2019, en la catequesis de la audiencia general, el Santo Padre recordó su reciente viaje apostólico a África, que tuvo lugar del 4 al 10 de septiembre con Mozambique, Madagascar y Mauricio como destinos.

Llevar “la levadura de Jesús”

En su catequesis de hoy, Francisco hizo un repaso sobre los principales actos que presidió en los tres países, así como sobre los mensajes que dedicó a los ciudadanos de cada nación.

De este modo, en primer lugar, indicó que a través de su visita y “siguiendo las huellas de los santos evangelizadores”, trató de llevar la mencionada “levadura de Jesús” a los mozambiqueños, malgaches y mauricianos.

Mozambique

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El Pontífice describió que, ante el prolongado proceso de paz que vive el país y el reciente azote de los ciclones Idai y Kenneth, acudió a Mozambique para “esparcir semillas de esperanza, paz y reconciliación”,

Asimismo, expuso que la Iglesia sigue acompañando dicho proceso de paz, que avanzó el pasado 1 de agosto con un nuevo acuerdo entre las dos partes, y agradeció el trabajo realizado por la Comunidad San Egidio frente a este asunto.

El programa en Mozambique culminó con una Misa en el Estadio Zimpeto, en el que, bajo la lluvia, “resonó la llamada del Señor Jesús: “Amad a vuestros enemigos” (Lc 6,27), la semilla de la verdadera revolución, la del amor, que extingue la violencia y genera fraternidad”, apuntó el Pontífice.

Madagascar

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En este país, “rico en belleza y recursos naturales” y a la vez  marcado por la pobreza, el Obispo de Roma manifestó su deseo de que la población malgache “pueda superar la adversidad y construir un futuro de desarrollo conjugando el respeto por el medio ambiente y la justicia social”.

“Como signo profético de esta dirección”, el Papa Francisco visitó la Ciudad de la Amistad-Akamasoa, pues se trata de ”un lugar que atiende a los más pobres unir trabajo, dignidad,  atención a los más pobres, instrucción de los niños. Todo animado por el Evangelio”.

Mauricio

En cuanto a la República de Mauricio, definida por el Santo Padre como un “lugar de integración entre diferentes etnias y culturas”, destacó la fuerza del “diálogo interreligioso y también la amistad entre los jefes de las diversas confesiones religiosas”, algo “natural” allí.

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Como ejemplo de ello, se refirió al detalle del Gran Imán, que le dejó un ramo de flores en el episcopado “como señal de hermandad”.

La Santa Misa en Mauricio se celebró en el Monumento a María Reina de la Paz, en la fiesta del beato Jacques-Désiré Laval, conocido como el “apóstol de la unidad mauriciana”.

En esta homilía, Francisco propuso las bienaventuranzas como el “carnet de identidad de los discípulos de Cristo” y el “antídoto contra este bienestar egoísta y discriminatorio, y también el fermento de la verdadera felicidad, impregnada de misericordia, justicia y paz”.

Finalmente, el Pontífice invitó a dar gracias a Dios y a pedir “que las semillas arrojadas en este camino apostólico den frutos abundantes para los pueblos de Mozambique, Madagascar y Mauricio”.

A continuación, reproducimos la catequesis completa del Papa Francisco.

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

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Ayer tarde volví de mi viaje apostólico a Mozambique, Madagascar y Mauricio. Doy gracias a Dios porque me ha concedido llevar a cabo este itinerario como peregrino de paz y de esperanza, y renuevo la expresión de mi gratitud a las respectivas autoridades de estos Estados, así como a los obispos, que me han invitado y acogido con tanto cariño y atenciones, y a los nuncios apostólicos, que tanto han trabajado para este viaje.

La esperanza del mundo es Cristo, y su Evangelio es la levadura más poderosa de fraternidad, libertad, justicia y  paz para todos los pueblos. Con mi visita, siguiendo las huellas de los santos evangelizadores, traté de llevar esta levadura, la levadura de Jesús, a las poblaciones mozambiqueñas, malgaches y  mauricianas.

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En Mozambique fui a esparcir semillas de esperanza, paz y reconciliación en una tierra que tanto ha sufrido en el pasado reciente a causa de un largo conflicto armado, y que la primavera pasada fue azotada por dos ciclones que causaron daños muy graves. La Iglesia sigue acompañando el proceso de paz, que también dio un paso adelante el pasado 1 de agosto con un nuevo Acuerdo entre las partes. Y aquí quisiera detenerme para dar las gracias a la Comunidad de Sant’Egidio que ha trabajado tanto, tanto en este proceso de paz.

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Animé a las autoridades del país en este sentido, exhortándolas a trabajar juntas por el bien común. Y animé a los jóvenes  de diferentes orígenes religiosos allí reunidos a construir el país, superando la resignación y la ansiedad, difundiendo la amistad social y atesorando  las tradiciones de los ancianos. A los obispos, sacerdotes y personas consagradas que encontré en la catedral de Maputo, dedicada a la Virgen Inmaculada, les propuse el camino de Nazaret, el camino del “sí” generoso a Dios, en la memoria agradecida de su llamada y de sus propios orígenes. Un signo fuerte de esta presencia evangélica es el Hospital de Zimpeto, en las afueras de la capital, construido con el esfuerzo de la Comunidad de Sant’Egidio.  En ese hospital he visto que lo más importante son los enfermos, y todos trabajan para los enfermos. Además, no todos pertenecen a la misma religión. La directora de ese hospital en una investigadora, muy buena, una investigadora sobre el SIDA. Es musulmana, pero dirige ese hospital que construyó la Comunidad de Sant’Egidio. Pero todos , todos juntos por el pueblo, unidos, como hermanos. Mi visita a Mozambique culminó con la misa, celebrada en el Estadio bajo la lluvia, pero todos estábamos contentos. Los cantos, las danzas religiosas…tanta felicidad. La lluvia no importaba. Y allí resonó la llamada del Señor Jesús: “Amad a vuestros enemigos” (Lc 6,27), la semilla de la verdadera revolución, la del amor, que extingue la violencia y genera fraternidad.

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De Maputo me trasladé  a Antananarivo, la capital de Madagascar. Un país rico en belleza y recursos naturales, pero marcado por tanta pobreza. Manifesté el deseo de que, animado por su tradicional espíritu de solidaridad, el pueblo malgache pueda superar la adversidad y construir un futuro de desarrollo conjugando el respeto por el medio ambiente y la justicia social. Como signo profético en esta dirección, visité la “Ciudad de la Amistad” – Akamasoa, fundada por un misionero lazarista, el Padre Pedro Opeka: allí se trata de unir trabajo, dignidad,  atención a los más pobres, instrucción de los niños. Todo animado por el Evangelio. En Akamasoa, en la cantera de granito, elevé a Dios la Oración por los trabajadores.

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Luego tuve un encuentro con las monjas contemplativas de diversas congregaciones en el monasterio de las Carmelitas: efectivamente, sin fe y sin oración no se construye  una ciudad digna del hombre. Con los obispos del país renovamos nuestro compromiso de ser “sembradores de paz y esperanza”, cuidando del pueblo de Dios, especialmente de los pobres, y de nuestros presbíteros. Juntos veneramos a la beata Victoire Rasoamanarivo, la primera malgache elevada a los altares. Con los jóvenes, que eran muy numerosos, -tantos jóvenes, en aquella vigilia, tantos, tantos- viví una vigilia rica en testimonios, cantos y bailes.

En Antananarivo  se celebró la Eucaristía dominical en el gran “Campo Diocesano”: grandes multitudes se reunieron en torno al Señor Jesús. Y finalmente, en el Instituto Saint-Michel, me encontré con los sacerdotes, los las consagradas, los consagrados y los seminaristas de Madagascar. Un encuentro en el signo de la alabanza a Dios.

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La jornada del lunes estuvo dedicada a la visita a la República de Mauricio, una meta turística muy conocida, pero que elegí como lugar de integración entre diferentes etnias y culturas. Efectivamente, en los últimos dos siglos, han desembarcado en ese archipiélago, diferentes poblaciones especialmente de la India; y después de la independencia ha experimentado un fuerte desarrollo económico y social. Allí es muy fuerte el diálogo interreligioso y también la amistad entre los jefes de las diversas confesiones religiosas. Algo que a nosotros nos parecería raro, pero ellos viven así la amistad que es natural. Cuando entré en el episcopio, encontré un ramo de flores, precioso: lo había mandado el Gran Imam como señal de hermandad.

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La santa misa en Mauricio se celebró en el Monumento a María Reina de la Paz, en memoria del beato Jacques-Désiré Laval, conocido como el “apóstol de la unidad mauriciana”. El Evangelio de las Bienaventuranzas, carnet de identidad de los discípulos de Cristo, en este contexto es un antídoto contra la tentación del bienestar egoísta y discriminatorio. El Evangelio y las Bienaventuranzas son el antídoto contra este bienestar egoísta y discriminatorio, y también el fermento de la verdadera felicidad, impregnada de misericordia, justicia y paz. Me impresionó el trabajo de los obispos para evangelizar a los pobres. Más tarde, en mi encuentro con las autoridades de Mauricio, expresé mi agradecimiento por el esfuerzo de armonizar las diferencias en un proyecto común, y las alenté a que mantuvieran en nuestro tiempo su capacidad de acoger a las personas así como sus esfuerzos por mantener y desarrollar la vida democrática.

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Así, ayer por la tarde llegué al Vaticano. Antes de empezar un viaje y a la vuelta, voy siempre a visitar a la Virgen, la Salus Populi Romani, para que me acompañe en el viaje, como Madre, para que me diga que tengo que hacer, para que custodie mis palabras y mis gestos. Con la Virgen voy seguro.

Queridos hermanos y hermanas, demos gracias a Dios y pidámosle que las semillas arrojadas en este camino apostólico den frutos abundantes para los pueblos de Mozambique, Madagascar y Mauricio. Gracias.

© Librería Editorial Vaticana

 

 

El Papa propone dejarse inspirar por la Virgen “con sentimientos cristianos”

Mañana, memoria del Nombre de María

septiembre 11, 2019 12:16Larissa I. LópezAudiencia General

(ZENIT – 11 sept. 2019).- “Invito a todos a mirar a la Virgen y dejarse inspirar por Ella con sentimientos cristianos para que podáis vivir e imitar cada vez más a su Hijo Jesús”, dijo el Papa tras dirigirse a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados.

Con estas palabras, el Santo Padre recordó hoy, 11 de septiembre de 2019, en la audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro, que mañana, 12 de septiembre, se celebra la memoria del Santísimo Nombre de María.

Después de finalizar ayer su cuarto viaje apostólico a África, realizado del 4 al 10 de septiembre y en el que visitó Mozambique, Madagascar y Mauricio, Francisco ha dedicado la catequesis de la audiencia general a recordar los principales momentos vividos, así como las claves de los mensajes transmitidos al pueblo mozambiqueño, malgache y mauriciano, respectivamente.

 

 

Primera reunión del Comité Superior para el Documento sobre la Fraternidad Humana

Con el Papa Francisco

septiembre 11, 2019 19:30Rosa Die AlcoleaEcumenismo y diálogo interreligioso

(ZENIT – 11 sept. 2019).- Hoy, 11 de septiembre de 2019, a las 8:30 horas, se ha celebrado en la Casa Santa Marta, residencia del Papa Francisco, la primera reunión con el Santo Padre del Comité Superior establecido para implementar los objetivos del Documento sobre la Fraternidad Humana para la Paz Mundial y la Convivencia, en agosto de este año, ha informado la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

La fecha fue elegida para este encuentro, 11 de septiembre, es signo de la “voluntad de construir la vida y la fraternidad donde otros sembraron la muerte y la destrucción”, en memoria de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, organizados por la red yihadista Al Qaeda, señala la Santa Sede.

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El Comité está formado por 7 miembros. La Santa Sede está representada por Mons. Miguel Ángel Ayuso Guixot, Presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, y por Monseñor Yoannis Lahzi Gaid, Secretario Personal del Santo Padre.

El Santo Padre saludó a los miembros y jefes del secretariado del Comité y les entregó una copia del Documento sobre la Fraternidad Humana realizado por la Biblioteca Apostólica Vaticana. A continuación, dirigió unas palabras de agradecimiento y aliento a los miembros del Comité, “artesanos de la fraternidad”, para que estén en el origen de las nuevas políticas “no sólo de manos extendidas, sino de corazones abiertos”.

Miembros

La Universidad de Al-Azhar participa con su Director, el Prof. Dr. Mohamed Husin Abdelaziz Hassan, y con Mohamed Mahmoud Abdel Salam, Juez y ex Asesor del Gran Imán Al-Tayyib. Los Emiratos Árabes Unidos están representados por Mohamed Khalifa Al Mubarak, Presidente de la Cultura de Abu Dhabi, Yasser Saeed Abdulla Hareb Almuhairi, escritor y periodista, y el Sultán Faisal Al Khalifa Alremeithi, Secretario General de los Ancianos Musulmanes.

Después de ser recibido por el Sustituto de la Secretaría de Estado, Mons. Edgar Peña Parra, el Comité regresó a Casa Santa Marta para iniciar sus trabajos.

Primera reunión del Comité superior © Vatican Media

Estatutos

Durante la sesión, los miembros nombraron al Presidente del Comité, Mons. Miguel Angel Ayuso Guixot, y el Secretario, Mohamed Mahmoud Abdel Salam, así como los miembros de la Oficina Ejecutiva, Mons. Yoannis Lahzi Gaid, Yasser Saeed Abdulla Hareb Almuhairi y el sultán Faisal Al Khalifa Alremeithi. También trabajaron en el texto de los Estatutos que regularán la actividad del Comité.

El Comité expresó su gratitud al Papa Francisco, por su bienvenida y aliento, al Gran Imán Al-Tayyib, por sus palabras alentadoras, y a Su Alteza Muhamad Ben Zaid, por el apoyo que ha ofrecido al Comité.

A continuación, el Comité determinó algunas medidas concretas para iniciar su actividad. Entre ellas, la propuesta, que se presentará a las Naciones Unidas, de definir una fecha, entre el 3 y el 5 de febrero, para la proclamación del Día de la Fraternidad Humana, y la decisión de invitar a representantes de otras religiones a formar parte del Comité.

 

 

 

EL MÉRITO DE LAS BUENAS OBRAS

— La recompensa sobrenatural de las buenas obras.

— Los méritos de Cristo y de María.

— Ofrecer a Dios nuestra vida corriente. Merecer por los demás.

I. El Señor nos habla muchas veces del mérito que tiene hasta la más pequeña de nuestras obras, si las realizamos por Él: ni siquiera un vaso de agua ofrecido por Él quedará sin su recompensa1. Si somos fieles a Cristo encontraremos un tesoro amontonado en el Cielo por una vida ofrecida día a día al Señor. La vida es en realidad el tiempo para merecer, pues en el Cielo ya no se merece, sino que se goza de la recompensa; tampoco se adquieren méritos en el Purgatorio, donde las almas se purifican de la huella que dejaron sus pecados. Este es el único tiempo para merecer: los días que nos queden aquí en la tierra; quizá, pocos.

En el Evangelio de la Misa de hoy2 nos enseña el Señor que las obras del cristiano han de ser superiores a las de los paganos para obtener esa recompensa sobrenatural. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores aman a quienes los aman. Y si hacéis bien a quienes os hacen bien, ¿qué mérito tendréis?, pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto... La caridad debe abarcar a todos los hombres, sin limitación alguna, y no debe extenderse solo a quienes nos hacen bien, a los que nos ayudan o se portan correctamente con nosotros, porque para esto no sería necesaria la ayuda de la gracia: también los paganos aman a quienes los aman a ellos. Lo mismo ocurre con las obras de un buen cristiano: no solo han de ser «humanamente» buenas y ejemplares, sino que el amor de Dios hará que sean generosas en su planteamiento, y sean así sobrenaturalmente meritorias.

El Señor ya había asegurado por el Profeta Isaías: Electi mei non laborabunt frustra3, mis elegidos no trabajarán nunca en vano, pues ni la más pequeña obra hecha por Dios quedará sin su fruto. Muchas de estas ganancias las veremos ya aquí en la tierra; otras, quizá la mayor parte, cuando nos encontremos en la presencia de Dios en el Cielo. San Pablo recordó a los primeros cristianos que cada uno recibirá su propia recompensa, según su trabajo4. Y, al final, cada uno recibirá el pago debido a las buenas o a las malas acciones que haya hecho mientras estaba revestido de su cuerpo5. Ahora es el tiempo de merecer. «Vuestras buenas obras deben ser vuestras inversiones, de las que un día recibiréis considerables intereses»6, enseña San Ignacio de Antioquía. Ya en esta vida el Señor nos paga con creces.

II. Electi mei non laborabunt frustra... Las obras de cada día –el trabajo, los pequeños servicios que prestamos a los demás, las alegrías, el descanso, el dolor y la fatiga llevados con garbo y ofrecidos al Señor– pueden ser meritorias por los infinitos merecimientos que Cristo nos alcanzó en su vida aquí en la tierra, pues de su plenitud recibimos todos gracia sobre gracia7. A unos dones se añaden otros, en la medida en que correspondemos; y todos brotan de la fuente única que es Cristo, cuya plenitud de gracia no se agota nunca. «Él no tiene el don recibido por participación, sino que es la misma fuente, la misma raíz de todos los bienes: la Vida misma, la Luz misma, la Verdad misma. Y no retiene en sí mismo las riquezas de sus bienes, sino que los entrega a todos los demás; y habiéndolos dispensado, permanece lleno; no disminuye en nada por haberlos distribuido a otros, sino que llenando y haciendo participar a todos de estos bienes permanece en la misma perfección»8.

Una sola gota de su Sangre, enseña la Iglesia, habría bastado para la Redención de todo el género humano. Santo Tomás lo expresó en el himno Adoro te devote, que muchos cristianos meditan frecuentemente para crecer en amor y devoción a la Sagrada Eucaristía: Pie pellicane, Iesu Domine, me immundum munda tuo sanguine... Misericordioso pelícano, Señor Jesús, // purifica mis manchas con tu Sangre, // de la cual una sola gota es suficiente // para borrar todos los pecados del mundo entero.

El menor acto de amor de Jesús, en su niñez, en su vida de trabajo en Nazaret..., tenía un valor infinito para obtener la gracia santificante, la vida eterna y las ayudas necesarias para llegar a ella, a todos los hombres pasados, presentes y a los que han de venir9.

Nadie como la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, participó con tanta plenitud de los méritos de su Hijo. Por su impecabilidad, sus méritos fueron mayores, incluso más estrictamente «meritorios», que los de todas las demás criaturas, porque, al estar inmune de las concupiscencias y de otros estorbos, su libertad era mayor, y la libertad es el principio radical del mérito. Fueron meritorios todos los sacrificios y pesares que le llevó el ser Madre de Dios: desde la pobreza de Belén, la zozobra de la huida a Egipto..., hasta la espada que atravesó su corazón al contemplar los sufrimientos de Jesús en la Cruz. Y fueron meritorias todas las alegrías y todos los gozos que le produjeron su inmensa fe y su amor que todo lo penetraba, pues no es lo oneroso de una acción lo que la hace meritoria, sino el amor con que se hace. «No es la dificultad que hay en amar al enemigo lo que cuenta para lo meritorio, si no es en la medida en que se manifiesta en ella la perfección del amor, que triunfa de dicha dificultad. Así, pues, si la caridad fuera tan completa que suprimiese en absoluto la dificultad, sería entonces más meritoria»10, enseña Santo Tomás de Aquino. Así fue la caridad de María.

Debe darnos una gran alegría considerar con frecuencia los méritos infinitos de Cristo, la fuente de nuestra vida espiritual. Contemplar también las gracias que Santa María nos ha ganado fortalecerá la esperanza y nos reanimará de modo eficaz en momentos de desánimo o de cansancio, o cuando las personas que queremos llevar a Cristo parece que no responden y nos damos cuenta de la necesidad de merecer por ellas. «Me decías: “me veo, no solo incapaz de ir adelante en el camino, sino incapaz de salvarme –¡pobre alma mía!–, sin un milagro de la gracia. Estoy frío y –peor– como indiferente: igual que si fuera un espectador de ‘mi caso’, a quien nada importara lo que contempla. ¿Serán estériles estos días?

»Y, sin embargo, mi Madre es mi Madre, y Jesús es –¿me atrevo?– ¡mi Jesús! Y hay almas santas, ahora mismo, pidiendo por mí”.

»—Sigue andando de la mano de tu Madre, te repliqué, y “atrévete” a decirle a Jesús que es tuyo. Por su bondad, Él pondrá luces claras en tu alma»11.

III. Electi mei non laborabunt frustra. El mérito es el derecho a la recompensa por las obras que se realizan, y todas nuestras obras pueden ser meritorias, de tal manera que convirtamos la vida en un tiempo de merecimiento. Enseña la teología12 que el mérito propiamente dicho (de condigno) es aquel por el que se debe una retribución, en justicia o, al menos, en virtud de una promesa; así, en el orden natural, el trabajador merece su salario. Existe también otro mérito, que se suele llamar de conveniencia (de congruo), por el que se debe una recompensa, no en estricta justicia ni como consecuencia de una promesa, sino por razones de amistad, de estima, de liberalidad...; así, en el orden natural, el soldado que se ha distinguido en la batalla por su valor merece (de congruo) ser condecorado: su condición militar le pide esa valentía, pero si pudo ceder y no cedió, si pudo limitarse a cumplir y se esmeró en su cometido, el general magnánimo se ve movido a recompensar sobreabundantemente –por encima de lo estipulado– aquella acción.

En el orden sobrenatural, nuestros actos merecen, en virtud del querer de Dios, una recompensa que supera todos los honores y toda la gloria que el mundo puede ofrecernos. El cristiano en estado de gracia logra con su vida corriente, cumpliendo sus deberes, un aumento de gracia en su alma y la vida eterna: por la momentánea y ligera tribulación nos prepara un peso eterno de incalculable gloria13.

Cada jornada, las obras son meritorias si las realizamos bien y con rectitud de intención: si las ofrecemos a Dios al comenzar el día, en la Santa Misa, o al iniciar una tarea o al terminarla. Especialmente serán meritorias si las unimos a los méritos de Cristo... y a los de la Virgen. Nos apropiamos así las gracias de valor infinito que el Señor nos alcanzó, principalmente en la Cruz, y los de su Madre Santísima, que tan singularmente corredimió con Él. Nuestro Padre Dios ve entonces estos quehaceres revestidos de un carácter infinito, del todo nuevo. Nos hacemos solidarios con los méritos de Cristo.

Conscientes de esta realidad sobrenatural, ¿procuramos ofrecer todo al Señor?, ¿lo ordinario de cada jornada y, si se presentan, las circunstancias más extraordinarias y difíciles: una grave enfermedad, la persecución, la calumnia? Especialmente entonces debemos recordar lo que ayer leíamos en el Evangelio de la Misa14: alegraos y regocijaos en aquel día, porque es muy grande vuestra recompensa. Son ocasiones para amar más al Señor, para unirnos más a Él.

También nos ayudará a realizar con perfección nuestros quehaceres el saber que, con un mérito de conveniencia, fundado en la amistad con el Señor, con estas obras –hechas en gracia de Dios, por amor, con perfección, buscando solo la gloria de Dios–, podemos merecer la conversión de un hijo, de un hermano, de un amigo: así han actuado los santos. Aprovechemos tantas oportunidades para ayudar a los demás en su camino hacia el Cielo. Con más interés y tesón a los que Dios ha puesto más cerca de nuestra vida y a quienes andan más necesitados de estas ayudas espirituales.

1 Cfr. Mt 10, 42. — 2 Lc 6, 27-38. — 3 Is 65, 23. — 4 1 Cor 3, 8. — 5 1 Cor 5, 10; Cfr. Rom 2, 5-6. — 6 San Ignacio de Antioquía, Epístola a San Policarpo. — 7 Jn 1, 16. — 8 San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Juan, 14, 1. — 9 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, El Salvador, p. 365. — 10 Santo Tomás, Cuestiones disputadas sobre la caridad, q. 8, ad 17. — 11 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 251. — 12 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, o. c., p. 366. — 13 2 Cor 4, 17. — 14 Cfr. Lc 6, 20-26.

 

 

“Aprender en la Misa a tratar a Dios”

Humildad de Jesús: en Belén, en Nazaret, en el Calvario... —Pero más humillación y más anonadamiento en la Hostia Santísima: más que en el establo, y que en Nazaret y que en la Cruz. Por eso, ¡qué obligado estoy a amar la Misa! (“Nuestra” Misa, Jesús...). (Camino, 533)

Quizá, a veces, nos hemos preguntado cómo podemos corresponder a tanto amor de Dios; quizá hemos deseado ver expuesto claramente un programa de vida cristiana. La solución es fácil, y está al alcance de todos los fieles: participar amorosamente en la Santa Misa, aprender en la Misa a tratar a Dios, porque en este Sacrificio se encierra todo lo que el Señor quiere de nosotros.
Permitid que os recuerde lo que en tantas ocasiones habéis observado: el desarrollo de las ceremonias litúrgicas. Siguiéndolas paso a paso, es muy posible que el Señor haga descubrir a cada uno de nosotros en qué debe mejorar, qué vicios ha de extirpar, cómo ha de ser nuestro trato fraterno con todos los hombres.
El sacerdote se dirige hacia el altar de Dios, del Dios que alegra nuestra juventud. La Santa Misa se inicia con un canto de alegría, porque Dios está aquí. Es la alegría que, junto con el reconocimiento y el amor, se manifiesta en el beso a la mesa del altar, símbolo de Cristo y recuerdo de los santos: un espacio pequeño, santificado porque en esta ara se confecciona el Sacramento de la infinita eficacia. (Es Cristo que pasa, 88)

 

 

Eterna es su misericordia

Iniciamos una serie de editoriales sobre el Año de la Misericordia, para alimentar la oración personal durante el Jubileo. "¡Cómo deseo -ha escrito el Papa- que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios!"

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Opus Dei - Eterna es su misericordia

«El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para anunciar la redención a los cautivos y devolver la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para promulgar el año de gracia del Señor»[1]. El Señor vuelve por primera vez a Nazaret durante su vida pública, y se levanta para leer en la sinagoga. Le entregan el libro de Isaías, y proclama este pasaje, que se refiere a Él mismo. Después se sienta y, ante el asombro de todos, apostilla: «hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír»[2].

Si una palabra tuviera que resumir lo que suponía un jubileo para el Pueblo de Israel, podría ser “libertad”.

Ahí tienen, ante sus ojos, a Aquél que viene de Dios, y es Dios mismo, que viene a quitar el pecado del mundo[3]. Pero los paisanos del Señor no están aún preparados para acogerle, y adoptan una actitud hostil: le echan de la ciudad y le intentan despeñar, como si se tratara de un falso profeta. Entonces Jesús, relata el Evangelio en un giro misterioso, «pasando por medio de ellos, se marchó»[4]. Jesús sigue su camino porque nada puede detener el corazón de Dios.

La libertad que solo Dios puede dar

Al convocar un jubileo, la Iglesia se sabe portadora de ese empuje irrefrenable del Señor: la salvación es hoy. «Utinam hodie vocem eius audiatis: nolite obdurare corda vestra, ¡Ojalá escuchéis hoy su voz! No endurezcáis vuestro corazón»[5]. En el Antiguo Testamento, una prefiguración de la salvación de Dios es precisamente el año jubilar, que tenía lugar cada 50 años. Al cumplirse «siete semanas de años»[6] -siete veces siete años- se iniciaba un año en el que los esclavos eran liberados, y cada uno volvía a su propiedad y a su familia[7], porque los hombres no pertenecen a nadie, sino a Dios[8]. Si una palabra tuviera que resumir lo que suponía un jubileo para el Pueblo de Israel, podría ser “libertad”[9].

Libertad: ¿no está hoy más que nunca esta palabra en boca de todos? Y, sin embargo, muchas veces olvidamos que la libertad, en su sentido más profundo, proviene de Dios. Con su pasión salvadora y su resurrección, Él nos libera de la peor esclavitud: el pecado. «Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz»[10].

La fuente de la verdadera libertad está en la misericordia de Dios. Para una lógica meramente mundana, esta afirmación parecería una ingenuidad: se admitiría quizá que un poco de misericordia podría venir bien para dulcificar las relaciones, pero solo después de haber resuelto muchas otras cosas más urgentes. Poner, en cambio, la misericordia en primer lugar, «humanamente hablando es de locos, pero “lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Cor 1, 25)»[11]. El mundo la necesita para salir de tantas espirales de resentimiento, de envidia, de frustración; la necesitan las familias, la sociedad.

«Lo débil de Dios»: con el sí del Señor a hacerse hombre, a ser cosido en la Cruz, y a ser recibido en las entrañas de la tierra, surge en el mundo un nuevo germen de libertad que ya no muere más. La resurrección gloriosa de Cristo prolonga a través de los siglos el «año de gracia del Señor»[12]. Pero con el trigo crece, hasta el fin del mundo, la cizaña[13]: junto a los signos de la auténtica liberación, se perciben constantemente en la historia los de la esclavitud. Satanás intenta cribarnos como el trigo, pero el Señor ha rogado por Pedro, para que su fe no desfallezca. Y él nos confirma en nuestra fe[14]. A un mundo que suspira por la libertad sin lograr encontrarla, la Iglesia le ofrece incansablemente la misericordia del Señor, que trae consigo «la libertad de los hijos de Dios»[15].

Recogiendo todo un itinerario espiritual de la Iglesia

«En medio de las luces y sombras que aparecen en el caminar de los cristianos, nunca han faltado las intervenciones de la indulgencia divina: por medio del Espíritu Santo que habita en la Iglesia, y con la presencia real de Cristo en la Eucaristía, además de la intercesión siempre actual de la Santísima Virgen, se nos revelan los torrentes de misericordia que se vierten constantemente sobre el mundo»[16]. En 2002, san Juan Pablo II -que había dedicado su segunda encíclica, Dives in misericordia, al amor de Dios Padre por los hombres- proclamó el segundo domingo de Pascua como domingo de la divina misericordia, siguiendo una sugerencia de santa María Faustina Kowalska, canonizada por él mismo. «Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz»[17].

 

La decisión del Papa de convocar un Jubileo de la Misericordia recoge todo un itinerario espiritual de la Iglesia, un impulso del Espíritu Santo para el tiempo presente.

Benedicto XVI se hizo eco muchas veces de esta urgencia de su predecesor. «Como sor Faustina, Juan Pablo II se hizo a su vez apóstol de la Misericordia divina. La tarde del inolvidable sábado 2 de abril de 2005, cuando cerró los ojos a este mundo, era precisamente la víspera del segundo domingo de Pascua, y muchos notaron la singular coincidencia, que unía en sí la dimensión mariana -era el primer sábado del mes- y la de la Misericordia divina. En efecto, su largo y multiforme pontificado tiene aquí su núcleo central; toda su misión al servicio de la verdad sobre Dios y sobre el hombre y de la paz en el mundo se resume en este anuncio»[18]. También en la Prelatura se ha dado esa providencial coincidencia: de la mano de la Virgen, Mater misericordiae, discurren juntos el final del Año Mariano de la familia y el inicio del Jubileo de la misericordia.

«El rostro de Dios -decía el Papa Francisco en su primer ángelus- es el de un padre misericordioso, que siempre tiene paciencia»[19]. La decisión con que el Santo Padre habla de la misericordia remite también a su propia vocación. Resulta más elocuente ahora su lema episcopal, «miserando atque eligendo», que mantuvo al ser elegido para la sede de Pedro; son palabras que aluden a la vocación de Mateo: Jesús le miró con mucha misericordia y lo eligió para Él.

«Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia»[20]. La decisión del Papa de convocar un Jubileo de la Misericordia recoge, en fin, todo un itinerario espiritual de la Iglesia, un impulso del Espíritu Santo para el tiempo presente. Al día siguiente de abrir la Puerta Santa en San Pedro, el Papa lo explicaba así: «La Iglesia necesita este momento extraordinario. En nuestra época de profundos cambios, la Iglesia está llamada a ofrecer su contribución peculiar, haciendo visibles los signos de la presencia y de la cercanía de Dios. Y el Jubileo es un tiempo favorable para todos nosotros, para que contemplando la Divina Misericordia, que supera todo límite humano y resplandece sobre la oscuridad del pecado, lleguemos a ser testigos más convencidos y eficaces»[21].

La puerta de la misericordia

 

La Puerta Santa nos recuerda, de un modo más vivo, de dónde viene la salvación: del redil de Dios, del espacio de Dios, al que Él nos invita a entrar.

«Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia»[22]. En el rito de apertura de la Puerta Santa en la basílica de san Pedro se cantó el salmo 117 (118), que se abre y se cierra con este mismo verso. Y con el motivo de la misericordia confluye el de la puerta: «abridme las puertas de la justicia: entraré y daré gracias al Señor. Esta es la puerta del Señor: los justos entrarán por ella»[23].

Desde un punto de vista pragmático, una puerta es a fin de cuentas un simple lugar de paso, que une y distingue dos ambientes. La puerta no parece tener, en sí misma, más importancia. Importantes, son, en todo caso, los ambientes; pero no la puerta. Y sin embargo, el Año santo nos invita a detenernos en este motivo, a verlo como un símbolo de nuestra vida, de nuestra peregrinación en la tierra; a considerar lo que supone atravesar este umbral de esperanza, en expresión querida de san Juan Pablo II.

En la Escritura, la puerta tiene un gran valor simbólico: desde la entrada de la tienda de Abraham, en la que está sentado el Patriarca cuando recibe la visita de Yahveh[24], pasando por la puerta de la tienda del Encuentro, donde Moisés hablaba cara a cara con Dios[25], hasta las puertas de la ciudad en la gran visión de Ezequiel[26]. Todas estas referencias convergen en el momento del evangelio de Juan en que el Señor se presenta, Él mismo, como «la puerta de las ovejas»[27].

La Puerta Santa nos recuerda, de un modo más vivo, de dónde viene la salvación: del redil de Dios, del espacio de Dios, al que Él nos invita a entrar. «Como el soldado que está de guardia, así hemos de estar nosotros a la puerta de Dios Nuestro Señor: y eso es oración. O como se echa el perrillo, a los pies de su amo»[28]. La salvación no viene de lo que nosotros podemos hacer, sino de lo que hace Dios por nosotros. «Fuera de la misericordia de Dios no existe otra fuente de esperanza para el hombre»[29].

Sucede que a veces los hombres pensamos que en realidad no hay puerta que abrir para nuestros problemas, incluso aquellos de carácter más menudo. Sencillamente aspiramos a sobrevivir mal que bien a nuestros miedos y nuestras dificultades. Preferimos quizá no ponerles nombre, preferimos no pensar demasiado en ellos... Porque, aunque estemos mal, no creemos que Dios pueda poner remedio a esas cosas. Con las obras, más que con las palabras, le decimos muchas veces: «no voy a vivir siempre. Déjame, que mis días son como un soplo»[30]. Y, sin embargo, Dios «se hace el encontradizo con los que no le buscan»[31] y nos invita a abrir una puerta de esperanza. El Jubileo es «un Año Santo para sentir intensamente dentro de nosotros la alegría de haber sido encontrados por Jesús, que, como Buen Pastor, ha venido a buscarnos porque estábamos perdidos»[32].

Lo que a Dios más le gusta

Estamos, pues, ante un momento especial para experimentar la fuerza liberadora de la misericordia divina, que perdona nuestros pecados y nos abre a los demás hombres: «Este Jubileo, en definitiva, es un momento privilegiado para que la Iglesia aprenda a elegir únicamente “lo que a Dios más le gusta”. Y, ¿qué es lo que “a Dios más le gusta”? Perdonar a sus hijos, tener misericordia con ellos, a fin de que ellos puedan a su vez perdonar a los hermanos, resplandeciendo como antorchas de la misericordia de Dios en el mundo. Esto es lo que a Dios más le gusta»[33].

 

El Jubileo es «un Año Santo para sentir intensamente dentro de nosotros la alegría de haber sido encontrados por Jesús, que, como Buen Pastor, ha venido a buscarnos porque estábamos perdidos» (Papa Francisco).

La reconciliación con Dios -que recibimos en la Confesión, sacramento que está puesto en el centro del Año jubilar[34]- abre una puerta para dejar entrar en nuestra vida a quienes nos rodean. Porque la misericordia de Dios no es simple manto que tapa nuestras miserias, sin que en realidad nada cambie en nuestra vida. Al contrario, su misericordia nos transforma radicalmente, nos hace hombres y mujeres misericordiosos como el Padre[35]: lo somos cuando perdonamos a quien nos había ofendido, realizamos quizá con esfuerzo alguna obra de caridad, damos a conocer el mensaje salvador del Evangelio a quien vive lejos del Señor. Acercarse a la misericordia de Dios implica necesariamente convertirse en instrumentos de su compasión hacia quienes nos rodean: «El corazón del Señor es corazón de misericordia, que se compadece de los hombres y se acerca a ellos. Nuestra entrega, al servicio de las almas, es una manifestación de esa misericordia del Señor, no sólo hacia nosotros, sino hacia la humanidad toda»[36].

Carlos Ayxelà


[1] Is 61, 1-2 (cfr. Lc 4, 16).

[2] Lc 4, 21.

[3] Cfr. Jn 1, 29.

[4] Lc 4, 30.

[5] Sal 95, 7-8.

[6] Lv 25, 8.

[7] Cfr. Lv 25, 10.39ss.

[8] Cfr. Lv 25, 55.

[9] Cfr. Lv 25, 10.

[10] Lc 1, 78-79.

[11] Francisco, Audiencia, 9-XII-2015.

[12] Lc 4, 16.

[13] Cfr. Mt 13, 24-30.

[14] Cfr. Lc 22, 31.

[15] San Josemaría, Amigos de Dios, n. 297. Cfr. Ga 5, 1.

[16] Javier Echevarría, Carta pastoral, 4-XI-2015, n. 4.

[17] San Juan Pablo II, Homilía, 17-VIII-2002.

[18] Benedicto XVI, Angelus, 30-III-2008.

[19] Francisco, Angelus, 17-III-2013.

[20] Francisco, Bula Misericordiæ Vultus, n. 25.

[21] Francisco, Audiencia, 9-XII-15.

[22] Sal 117 (118), 1.29.

[23] Sal 117 (118), 19-20.

[24] Cfr. Gn 18, 1.

[25] Cfr. Nm 12, 5.

[26] Cfr. Ez 48, 31.

[27] Jn 10, 7

[28] San Josemaría, Forja, 73

[29] San Juan Pablo II, Homilía, 17-VIII-2002.

[30] Jb 7, 16.

[31] San Josemaría, Amar a la Iglesia, n. 39.

[32] Francisco, Homilía, 11-IV-2005.

[33] Francisco, Audiencia, 9-XII-2015.

[34] Cfr. Francisco, Bula Misericordiæ Vultus, n. 17.

[35] Cfr. Lc, 6, 36.

[36] San Josemaría, Carta 24-III-1930, n. 1.

 

 

La ideología del género

El término inglés "gender" apareció hace unos años en la literatura dedicada a las relaciones entre hombre y mujer. Traducido al español como género sería más fácilmente comprensible si se tradujese como "sexo". El discurso sobre el género niega importancia a la diferencia genital entre hombre y mujer y recoge la interpretación de Friedrich Engels al concepto de lucha de clases.

Si tuviéramos que resumir la ideología del género en una sola frase, convendría recoger de nuevo la famosa frase de Simone de Beauvoir: "La mujer no nace: se hace" [1].

Una nueva versión de la lucha de clases

Los textos dedicados al género analizan los papeles y responsabilidades atribuidas al hombre y la mujer en el contexto de nuestra sociedad, como si fueran expectativas de ciertas características, aptitudes y comportamientos probables de cada uno de ellos (la feminidad y la masculinidad). Estos papeles y expectativas serían distintos en el tiempo y según las organizaciones económicas y sociales.

La ideología del género recoge la interpretación de Friedrich Engels al concepto de lucha de clases. En su libro El origen de la familia, Engels relata la historia de la mujer: una historia que depende esencialmente de la de la técnica. La aparición de la propiedad privada convierte al hombre en propietario de la mujer. En la familia patriarcal fundada sobre la propiedad privada, la mujer se ve explotada y oprimida por el hombre. El proletariado y las mujeres se convierten, así, en dos clases oprimidas. La liberación de la mujer pasa, pues, por la destrucción de la familia y la entrada de todas las mujeres en el mundo del trabajo. Una vez "liberada" del yugo marital y de la carga de la maternidad, la mujer podrá ocupar su lugar en una sociedad de producción. Simone de Beauvoir nos da una visión de esto:

"Es fácil imaginar un mundo en que hombres y mujeres sean iguales, pues es exactamente lo que había prometido la revolución soviética: las mujeres, educadas y formadas exactamente como los hombres, trabajarían en las mismas condiciones y con los mismos salarios; la libertad erótica sería admitida por las costumbres, pero el acto sexual ya no sería considerado como un "servicio" que se remunera; la mujer estaría obligada a asegurarse otro modo de ganarse la vida; el matrimonio se fundaría en un libre compromiso al que los esposos podrían poner término cuando quisieran; la maternidad sería libre, es decir, se autorizaría el control de la natalidad y el aborto, que por su parte daría a todas las madres y sus hijos exactamente los mismos derechos, estén ellas casadas o no; las bajas por maternidad serían pagadas por la colectividad, que asumiría la carga de los niños, lo cual no significa que les serían retirados a sus padres, sino que no se les abandonaría". [2]

Asimismo, inspirándose en el estructuralismo, la ideología del género considera que cada cultura produce sus propias normas de conducta y modela un tipo de mujer distinto. Según las sociedades, ciertas tareas serán tradicionalmente consideradas como "tareas femeninas" y otras como masculinas. Si se quiere "liberar" a la mujer de la imagen de madre en el hogar, educando a sus hijos y ocupándose de su marido, hay que proveerle de los medios necesarios: la anticoncepción y el aborto. Liberada de las responsabilidades del hogar y la familia, la mujer se podrá entregar a su papel de trabajadora, en igualdad con el hombre. Es así como afirman que las diferencias de papel entre hombre y mujer son de origen puramente histórico o cultural: el producto de una cultura en vías de extinción.

La mujer "desmaternizada"

En su libro dedicado al amor materno, Elisabeth Badinter defiende que el instinto materno es un mito. En cuanto al amor materno, en su opinión, no se puede dar por supuesto [3]. En algunas de sus páginas, la maternidad se presenta como el lugar de alienación y esclavitud femenina. Es tiempo, pues, de "desmaternizar" a la mujer, de abolir las diferencias de papel entre hombre y mujer, para llegar a una "cultura unisex". La diferencia y la complementariedad se sustituyen por la semejanza entre los sexos. Aparece la androginia y se promueve la valoración de una supuesta bisexualidad original de todas las personas.

En esta nueva cultura, los papeles o funciones del hombre y la mujer serían perfectamente intercambiables [4]. A partir de entonces, la familia heterosexual y monógama, consecuencia natural del comportamiento heterosexual del hombre y la mujer, aparece como un caso de práctica sexual junto a muchos otros que se situarían en plano de igualdad con éste: la homosexualidad, el lesbianismo, la bisexualidad, el travestismo, las "familias" recompuestas", las "familias" monoparentales masculinas o femeninas, y sólo quedarían las uniones pedofílicas o incluso incestuosas.

Como todas las uniones deben ponerse en plano de igualdad, la ley debería dar a todas ellas las mismas prerrogativas jurídicas que se reconocen a la familia tradicional.

La cultura anti-familia del género

La familia tradicional, heterosexual y monógama, se reduce a un modelo entre tantas otras uniones de carácter puramente contractual.

La familia tradicional comprende la institución del matrimonio: compromiso en el tiempo, deberes de fidelidad, convivencia, socorro y asistencia libremente consentidos. Del matrimonio surge naturalmente la filiación. El estado de filiación no se inventa; se instituye socialmente como origen o proveniencia de toda persona, de la que no se puede disponer: ni el sujeto tiene poder para decidir que deja de ser hijo o hija de sus padres, ni éstos son dueños del vínculo que, sin embargo, procede de su acto procreador. La institución familiar tradicional es, pues, el lugar donde las personas se comprometen a construir juntos una nueva comunidad, estable y abierta a la vida. La familia es lugar de solidaridad, interdependencia consentida y fidelidad.

La cultura anti-familia del género llama "familia" y equipara diferentes formas de unión que se fundan en contratos acordados entre individuos. Los vínculos que uno contrae con otro individuo serían entonces rescindibles en cualquier momento, si los términos dejan de convenirle, en el momento en que la supuesta bisexualidad original evolucione en uno u otro sentido. En cuanto a los hijos, si los hay, perderán esa familia -precaria desde su mismo origen- cuando las partes contratantes estimen tener interés en poner fin a ese contrato.


A. M. Libert (Mujer Nueva )

[1]."Le deuxième sexe II. L'expérience vécue", NRF, Ed. Gallimard 1949, pág.13

[2]. Idem, pág.569

[3]. Simone de Beauvoir ya había escrito: "(...) el amor materno no tiene nada de natural" (idem, pág. 339). Ver "L'amour en plus. Histoire de l'amour maternel (XVIIe-Xxe siècle), Elisabeth Badinter, Ed. Flammarion, Paris, 1980.

[4]. Ver Safe Motherhood Initiatives: Critical issues, editado por Marge Berer y TK Sundari Ravindran, colección Reproductive Health Matters, Blackwell Science Ltd., Oxford 1999.

 

 

Familias: testimonios de Fe

Ernesto Juliá

Familia

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Estaba comenzando a escribir estas líneas, cuando me llega una buena noticia: la Corte Superior de Filipinas desestimó una petición para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. La Corte rechazó el 3 de septiembre un petición presentada el año 2015 por una lesbiana de 33 años de edad, presentadora de radio y abogada, que pretendía que la Corte Suprema declarara inconstitucionales los
artículos 1 y 2 del Código de Familia, que afirman y reconocen que el matrimonio está formado por un hombre y una mujer.

La reacción de los obispos filipinos no se ha hecho esperar, y valga por la de todos estas palabras del Obispo de Balangaen, Mons. Ruperto Santos.

"Con la decisión de no legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, nuestros jueces afirmaron lo que es correcto, reiterando la forma natural y ética del matrimonio. El rechazo a los matrimonios entre personas del mismo sexo refuerza la santidad del matrimonio y la estabilidad de la familia en Filipinas". 

Y una laica católica Mary Jane Castillo comentó que "la sentencia de la Corte Suprema es loable. El matrimonio siempre ha sido entre un hombre y una mujer, de acuerdo con la ley natural. Y la legislación de Filipinas sigue esa disposición". 

En unos momentos en los que el Occidente “cultural” -así se reconoce a sí mismo- se obstina en atacar a la familia por todos los frentes; este testimonio del Asia cristiana es un alivio para el espíritu.

Sobre esa familia que ha creado Dios y que defienden los filipinos se ha construido Europa, América, Australia; se ha reconstruido África, y se está sembrando la semilla de nueva civilización centrada en la familia, en el resto de Asia. 

De esas familias he vivido muy de cerca dos testimonios que nos encontramos tantas veces en nuestra vida y que no aparecen jamás entre las páginas de ningún periódico, ni siquiera digital.

Un buen profesional, periodista, entrado ya en años que lleva los achaques de la edad con una cierta normalidad y tranquilidad, aunque una de esas molestias sea la de estar perdiendo la vista gradualmente, poco a poco.

Un día acompaña a su mujer a una revisión médica y recibe una noticia poco esperanzadora. Su esposa tiene un cáncer de riñón y de pulmón, con metástasis en otras partes del cuerpo. Muy pocas esperanzas de vida.

La reacción del hombre no se hace esperar: “Rezaré más, y con más confianza, para que el Señor me de salud y me arregle un poco los ojos, para que pueda cuidar a mi mujer con amor y cariño, hasta que sea necesario”. Y como lee con frecuencia el Nuevo Testamento, se le ocurrió añadir. “Como siempre; lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”.

Una buena empresaria, madre de cinco hijos, abandonada por el marido después de quince años de matrimonio. Lleva adelante con serenidad y paz a sus criaturas, que van creciendo y son ya hombres y mujeres hechos y derechos; un par de ellos ya están casados.

Después de años de no saber nada del marido; no de ex-marido porque seguían siendo marido y mujer-, recibe la noticia de que el hombre está muriendo de una enfermedad degenerativa, en una clínica de una ciudad vecina. Sin decir nada a nadie fue a visitarlo un día. El hombre, sorprendido al verla, abrió su corazón en lágrimas. Tras unos minutos de silencio comenzó a hablar pidiendo perdón por lo que había hecho abandonándola a ella y a sus hijos; por haber vivido con varias mujeres; haber dejado su Fe, y haber llegado casi a la ruina por su mala vida.

La mujer le sonrió, le saludó con cariño, le besó en la mejilla, y le dijo que dentro de un par de días, si no tenía inconveniente, vendría con su cinco hijos para que les viera y hablara con ellos. Y antes de marcharse, le preguntó si quería que avisara al sacerdote de la clínica para que viniera a estar un rato con él. El hombre titubeó: “¡Hace ya tantos años!, musitó”; y al final, respondió: “Si, gracias”.

La familia llegó a tiempo de vivir con él la última hora de su vida. Cuando estaban cerca de la habitación, vieron al sacerdote que acababa de dar al moribundo la Unción de los enfermos. El hombre pudo saludar y pedir perdón a todos sus hijos. Y ya a punto de expirar, se dirigió a la mujer alcanzó a decir: “Lo que Dios ha unido...”; y llorando los dos, él entregó su alma.

ernesto.julia@gmail.com

 

Ideología de género y trasbordo ideológico inadvertido

La filóloga y profesora Alicia Rubio publicó en España el libro Cuando nos prohibieron ser mujeres y los persiguieron por ser hombres: Para entender cómo nos afecta la ideología de género. Después del lanzamiento, la autora ha sufrido persecuciones y sus conferencias públicas sobre el tema están prohibidas.

Profesora Alicia Rubio

En una entrevista al blog En Cuerpo y Alma, transcrita por el sitio religionenlibertad.com[1], la profesora afirma que:

«la ideología de género es una construcción doctrinal, una verdadera ideología a través de los postulados que impone».

Es decir, tal ideología

«afirma que no hay hombres ni mujeres naturales, sino que hombres y mujeres son fruto de los convencionalismos, de los aprendizajes sociales e imposiciones. De esta forma, todos podemos ser hombres o mujeres según decidimos … Como estas propuestas son bastante extremistas y fuera de la realidad, ellas deben ser impuestas mediante leyes y educando a los menores dentro de esta perspectiva lo más rápidamente posible«.

Lucha de clase entre los sexos

Según la profesora,

«[la ideología de género] surge de un feminismo que odia al varón, a quien considera la causa de todos los males de la mujer. (…) Esa interpretación de la naturaleza humana es la clave del odio al varón y desprecio por la mujer, sus condicionantes biológicos, la maternidad. Con una aplicación de la lucha de clases entre los sexos, resulta un instrumento excelente para controlar, e incluso reducir drásticamente la población, por lo que comienza a ser adoptada por organismos internacionales relacionados con la demografía y a irradiarse a través de una ONU comprometida en ese control«.

La ideología de género camina a pasos rápidos en algunos países, pero ha encontrado obstáculos de orden moral en otros. Así, la Profesora Rubio observa que:

«hay países a los que yo llamo ‘cobaya’, en los cuales las diferentes políticas de género se han implantado mediante todo tipo de imposiciones y manipulaciones de la opinión pública. Como se puede comprobar, el funcionamiento de estas estrategias se utilizaba en otros países. En algunos países en los que la agenda de género está completamente asentada, ha pasado ya la fase de los disparates en que la población entorpecida acepta cualquier aberración jurídica. En otros, por el contrario, la cosa está menos avanzada, y como se intenta cortar pasos para igualarlos con los pioneros, la población se está rebelando. En esos países la presión está siendo radical y sin disimulación”.

En la raíz de la ideología de género, el comunismo metamorfoseado

Resistencia contra la ideología de género

La Profesora Rubio revela que:

«hay países en la América hispana que están tratando de frenar las legislaciones de género [2] impuestas por gobiernos de todos los colores, que siguen los dictados de la agenda de género al margen de los deseos de algunos ciudadanos que son ignorados. Pero la rebelión más efectiva proviene de los países que pertenecían a la URSS, víctimas de la reingeniería social comunista, que han detectado en esta nueva ideología alarmantes semejanzas con el totalitarismo que ya vivieron. Así, Hungría, Polonia, Croacia … intentan defenderse de las imposiciones de organismos internacionales para establecer las políticas de género».

(También han surgido vigorosas reacciones contra la imposición de esta ideología en los colegios en Francia.)[3]

La masculinidad tratada como machismo

En una entrevista de radio, la Profesora Rubio declaró que la ideología de género:

«está tratando de convertir la masculinidad en ‘machismo’. El ‘machismo’ maltrata. Es decir, es una concatenación [de ideas] que se llama trasbordo ideológico inadvertido, la cual quiere transformar ‘masculinidad’ en ‘maltrato’, pasando antes por ‘machismo’”.

Trasbordo ideológico inadvertido

En enero de l966, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira publicó el libro Trasbordo ideológico Inadvertido y Diálogo [4], en el cual describe cómo la Revolución utiliza ciertas palabras cargadas de energía talismánica, con una connotación diferente de su significado semántico, para llevar a las personas a una verdadera transformación ideológica. En el capítulo II, ítem 5, de ese libro, el autor nos trae un ejemplo característico de trasbordo ideológico. Veamos:

Transformación ideológica a través del lenguaje

«Exemplifiquemos sumariamente, con base en la tan difundida trilogía de la Revolución Francesa, como una persona reacia al comunismo puede ser baldeada inadvertidamente a éste.

«Libertad, Igualdad, Fraternidad»: claro está que ninguna de estas palabras tiene un sentido intrínsecamente malo. Sin embargo, de ellas fácilmente se puede abusar.

«Así, desde que se excite al máximo en un paciente, por medio de una hábil propaganda, la pasión de la libertad, se puede crear en él la apetencia desordenada de un estado de cosas en que no haya poder público ni leyes. La naturaleza humana decaída tiende fácilmente a ello. Y los gérmenes ideológicos legados al mundo por la Revolución Francesa están cargados de estímulos en ese sentido. Ahora bien, este es también el término en que, según los doctrinadores del marxismo, debe culminar en su fase final el Estado totalitario comunista.

«De la exacerbación del apetito de igualdad ‒tan fácil dada la tendencia del hombre hacia la envidia y la rebelión‒ resultan lógicamente el odio a toda jerarquía social y económica, y el igualitarismo total, inherente al régimen comunista ya desde la fase del capitalismo de Estado y de la dictadura del proletariado.

«Una vez exacerbada la idea de fraternidad, se llega al odio de todo lo que separa y diferencia proporcionada y legítimamente a los hombres, y, pues, al anhelo de la abolición de todas las patrias, para la instauración de una república universal: otro objetivo del comunismo.

«Hemos escogido como ejemplo esos tres anhelos porque a nuestro ver ellos ocupan, en la bolchevización de Occidente, un papel capital. Exagerada la estimación de estos tres valores en la mente de alguien, creado en torno a ellos un clima emocional desequilibrado, es fácil llevar al paciente, de etapa en etapa, a un reformismo liberal e igualitario que, haciéndose siempre más radical, induce primero a la simpatía y a la cooperación con los comunistas, para llegar a la aceptación del propio comunismo, como la realización absoluta y perfecta de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad”.

El Dr. Plinio también nos muestra en su obra que la mejor manera de quitar la fuerza mágica de la palabra-talismán es «exorcizándola» mediante la explicitación. Del mismo modo, el combate a la ideología de género se hace denunciándola en todos sus aspectos, mostrando toda su maldad en sus métodos y tácticas para destruir la imagen de Dios en el hombre.

Por Jurandir Días

[1] http://www.religionenlibertad.com/vivir-del-dinero-publico-acallar-disid... – visto el 31/07/2017

[2] https://actualidad.rt.com/actualidad/232573-protestas-masivas-peru-ident...

[3] http://www.elmundo.es/internacional/2014/01/29/52e924db268e3e40458b4588....

[4] http://www.pliniocorreadeoliveira.info/Dialogo_espanha_1971.htm#.WYo6OFG...

 

 

Paradoja de la belleza cristiana

Posted: 10 Sep 2019 08:26 AM PDT

Icono ortodoxo de la crucifixión (1499-1500)


Según el diccionario del español, paradoja es un hecho o una expresión aparentemente contrario o contradictorio respecto de la lógica. Por ejemplo: “Mira al avaro, en sus riquezas, pobre”.

La realidad está llena de paradojas y la sabiduría cristiana proporciona orientación para situarse ante esa realidad, de modo que la vida sea lo más plena posible. Especialmente los valores, como muestra el cristianismo, presentan una apariencia paradójica que conviene descubrir; también la belleza, que es un camino educativo de primera calidad, especialmente en relación con la vida cristiana. Ese ha sido el tema de un seminario celebrado recientemente en la Universidad Panamericana de Guadalajara-México (29-31/VIII/2019.

1. Cuenta el evangelio de San Lucas que cuando un paralítico fue curado por Jesús, “al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa”. Como consecuencia “el asombro se apoderó de todos”, de modo que decían: “Hoy hemos visto cosas increíbles” (Lc 5, 25-26). El texto original utiliza la palabra griega paradoxa (literalmente, algo contrario a la opinión extraída de la experiencia).


Paradojas de la realidad

La realidad está llena de paradojas, contrastes o bipolaridades y en ello se fija la tradición cristiana. Así Quevedo dice que el hombre es “polvo enamorado” (algo aparentemente sin valor, pero a la vez valioso).

Autores como G. K. Chesterton y G. Thibon, H. De Lubac, R. Guardini y J. Leclercqseñalan la necesidad de comprender el mundo, el hombre y su obrar más al fondo de las apariencias que frecuentemente se muestran en formato “blanco y negro”; pues la realidad ha de ser vivida y comprendida en una tensión necesariamente bipolar, por ejemplo, entre la plenitud y el límite, la unidad y la diversidad, lo universal y lo local, etc.

Cuando caminamos por un paraje de montaña, con frecuencia dejan de verse algunos caminos o detalles, porque los tapan otros. Basta entonces ir más arriba para percibir la situación y la relación de cada cosa. En las cuestiones de antropología sucede algo parecido y la sabiduría es ese plano superior desde donde se comprende mejor la realidad. Si las polaridades no se comprenden como tales, se cae en los extremismos y en los bandazos. En cambio, la prudencia y la sabiduría aconsejan discernir la multiforme gama de los “grises” que hay en la realidad, sin caer en el relativismo. No se trata, sin embargo, de aferrarse cómodamente al punto medio entre los extremos, sino de comprender la jerarquía de elementos y valores y su dinámica.

De este modo, en las relaciones humanas, lo que parece “incompatible” muchas veces es ”complementario”. Por eso no hay que buscar suprimir las polaridades, sino armonizarlas o equilibrarlas por medio de la escucha, la reflexión y el diálogo, yendo más al fondo o más arriba, en busca de ese principio que ayude a asumir una realidad que normalmente todos captamos solamente de modo parcial. Y ese manejo de las “polaridades”, de las contradicciones o de las paradojas, es condición de progreso en la verdadera humanidad.

El papa Francisco ha ofrecido ejemplos de este manejo de las polaridades cuando ha explicado criterios como: el tiempo es antes que el espacio, la unidad vale más que el conflicto, la realidad es más importante que la idea y el todo es superior a la parte (cf. Exhort. Evangelii gaudium, nn. 221-237); o cuando, a propósito de las relaciones entre las culturas, prefiere la imagen de un poliedro, que conserva las caras y, por tanto, los brillos y los matices, a la de una esfera, que asimila el todo sin respetar los aspectos particulares.

El cristianismo tiene esto en cuenta con particular profundidad. Así, cuando San Juan de la Cruz afirma: “Muere si quieres vivir, sufre si quieres gozar, baja si quieres subir, pierde si quieres ganar”, es propuesta que se entiende a la luz del modelo de Cristo y de la unión con Él. Jesucristo es el “principio” siempre vivo y la “norma” fundamental para realizar plenamente todo lo humano. El Evangelio propone que a la vida plenamente lograda se llega por la humildad y la identificación con la voluntad de Dios. Y cuanto más lejos queramos llegar en la transformación del mundo más debemos trabajar nuestra vida interior.

Contemplación cristiana de la belleza

2. En agosto de 2002 el entonces cardenal Ratzinger envió un mensaje al Encuentro de Rimini, sobre “la contemplacón de la belleza”. En él presentaba la paradoja de la belleza de Cristo. Por una parte un salmo afirma y profetiza: “Eres el más bello de los hombres; en tus labios se derrama la gracia” (Ps 45, 3). Por otra parte el libro de Isaías describe el aspecto del siervo de Yahweh anticipando la pasión de Cristo: “Sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, con el rostro desfigurado por el dolor” (Is 53, 2).

¿Cómo se concilian estas dos afirmaciones?, se pregunta Joseph Ratzinger. Y recoge el hecho de que “san Agustín, que en su juventud escribió un libro sobre lo bello y lo conveniente, y que apreciaba la belleza en las palabras, en la música y en las artes figurativas, percibió con mucha fuerza esta paradoja, y se dio cuenta de que en este pasaje la gran filosofía griega de la belleza no solo se refundía, sino que se ponía dramáticamente en discusión: habría que discutir y experimentar de nuevo lo que era la belleza y su significado”.

Refiriéndose a la paradoja contenida en estos textos –continúa refiriéndose a san Agustín–, hablaba de ‘dos trompetas’ que suenan contrapuestas, pero que reciben su sonido del mismo soplo de aire, del mismo Espíritu. Él sabía que la paradoja es una contraposición, pero no una contradicción. Las dos afirmaciones –la del salmo y la del libro de Isaías– provienen del mismo Espíritu –el Espíritu Santo– que inspira toda la Escritura, el cual, sin embargo, suena en ella con notas diferentes y, precisamente así, nos sitúa frente a la totalidad de la verdadera Belleza, de la Verdad misma”.

Y de esta manera deduce Ratzinger: “El que cree en Dios, en el Dios que precisamente en las apariencias alteradas de Cristo crucificado se manifestó como amor ‘hasta el final’ (Jn 13, 1), sabe que la belleza es verdad y que la verdad es belleza, pero en el Cristo sufriente comprende también que la belleza de la verdad incluye la ofensa, el dolor e incluso el oscuro misterio de la muerte, y que solo se puede encontrar la belleza aceptando el dolor y no ignorándolo”.

Trazando un rápido itinerario histórico del pensamiento sobre la belleza, evoca Ratzinger cómo Platón reconoce que la belleza hiere al hombre sacándolo de sí mismo, haciéndole ir más allá. Y, en en el encuentro amoroso del hombre y la mujer, el placer sexual ansía algo más allá que él mismo no consigue alcanzar. N. Cabasilas (s. XIV) dice que el verdadero conocimiento se adquiere al ser alcanzados por la belleza de Cristo. Sostiene Ratzinger que, después de Auschwitz, ha quedado claro que un concepto puramente armonioso de belleza no es suficiente.

Y así llegamos a Cristo y su entrega por nosotros: “En la pasión de Cristo la estética griega, tan digna de admiración por su presentimiento del contacto con lo divino que, sin embargo, permanece inefable para ella, no se ve abolida sino superada. La experiencia de lo bello recibe una nueva profundidad, un nuevo realismo. Aquel que es la Belleza misma se ha dejado desfigurar el rostro, escupir encima y coronar de espinas. La Sábana santa de Turín nos permite imaginar todo esto de manera conmovedora. Precisamente en este Rostro desfigurado aparece la auténtica y suprema belleza: la belleza del amor que llega ‘hasta el extremo’ y que por ello se revela más fuerte que la mentira y la violencia

Continúa el que poco después sería papa Benedicto XVI, y vale la pena seguir recogiendo estos párrafos luminosos, adelantando lo que luego se llamaría una cultura de la postverdad:

“Quien ha percibido esta belleza sabe que la verdad es la última palabra sobre el mundo, y no la mentira. No es ‘verdad’ la mentira, sino la Verdad. Digámoslo así: un nuevo truco de la mentira es presentarse como ‘verdad’ y decirnos: ‘más allá de mí no hay nada, dejad de buscar la verdad o, peor aún, de amarla, porque si obráis así vais por el camino equivocado’”.

Desde ahí señala el cardenal teólogo la verdadera belleza, tal como aparece en la entrega de Cristo: “El icono de Cristo crucificado nos libera del engaño hoy tan extendido. Sin embargo, pone como condición que nos dejemos herir junto con él y que creamos en el Amor, que es capaz de abandonar la belleza exterior para anunciar de esta manera la verdad de la Belleza”.

Concluye Ratzinger aludiendo a la célebre pregunta de Dostoievski: «¿Nos salvará la Belleza?». En la mayoría de los casos –advierte– se olvida que “Dostoievski se refiere aquí a la belleza redentora de Cristo”. Y propone: “Debemos aprender a verlo. Si no lo conocemos simplemente de palabra, sino que nos traspasa el dardo de su belleza paradójica, entonces empezamos a conocerlo de verdad, y no solo de oídas. Entonces habremos encontrado la belleza de la Verdad, de la Verdad redentora”.

¿Cómo acercarse a esta Belleza? “Nada puede acercarnos más a la Belleza, que es Cristo mismo, que el mundo de belleza que la fe ha creado y la luz que resplandece en el rostro de los santos, mediante la cual se vuelve visible su propia luz».

La belleza en la educación de la fe

3. La paradoja de la belleza cristiana, del misterio cristiano, se muestra, pues, especialmente enCristo redentor. Y la educación de la fe tiene una gozosa responsabilidad para mostrar que esa es la belleza de la santidad, con todos sus frutos de renovación del mundo, de servicio al bien común, de promoción de la paz y la justicia, de promesa y garantía de vida eterna.

Para mostrar esto -tanto en la clase de religión como en la catequesis- es preciso inscribir la pedagogía de la fe en el marco de una antropología cristiana sensible a la belleza de todo lo auténticamente humano.

En concreto, para el camino educativo de la belleza, la educación de la fe encuentra muchos itinerarios.

Ante nosotros se abre la belleza del mundo creado –desde lo más grande hasta lo más pequeño– y especialmente del hombre, tanto en su estructura corporal y psíquica como en sus valores espirituales y virtudes, junto con su relación con los demás y su trascendencia también hacia Dios.

Como consecuencia, la belleza se refleja en el arte: en la pintura y la escultura, en la literatura –por ejemplo, en la poesía y en la narrativa: el storytelling–, en la arquitectura y el cine, y hoy se diversifica en nuestra cultura de la imagen, en la música y la danza. Y se manifiesta en las culturas,cada una con su historia, también en sus configuraciones actuales, en los maravillosos logros de la ciencia y en el gran desarrollo tecnológico contemporáneo.

Un puesto especial en la expresión de la belleza lo ocupa la Biblia. Específicamente hay que contar con el arte cristiano y el arte sagrado (al servicio de la liturgia). No hay que olvidar que, como señalaba Juan Pablo II, cada persona está llamada a hacer de la propia vida una obra de arte.

Insistamos en la necesidad de resaltar, con modelos y ejemplos concretos, la belleza moral o interior de las personas, los valores humanos, las realizaciones culturales y de modo particular lo que se refiere a la vida y testimonio de los santos; todos estamos llamados a ser en Cristo, "iconos vivos" de la belleza. Y esto también en todos los aspectos y circunstancias de la vida cotidiana.

También la liturgia cristiana es escuela de belleza, como lo es la caridad y su manifestación exterior más importante que es la misericordia. La caridad y la misericordia son fruto de la fe y del culto cristiano. También es manifestación y escuela de belleza la oración, diálogo amoroso con Dios, imprescindible para comprender y participar la belleza de los planes divinos.

Como raíz y centro de todo ello, en efecto, se sitúa la belleza moral o interior de Cristo, en su entrega redentora por la humanidad en su conjunto y por cada persona en su misterio irrepetible.

 Icono de la crucifixión (versión moderna)

 

 

Nuestra Señora de los Dolores

La Virgen de los Dolores

siguió a Cristo hasta el calvario

y, de aquel itinerario,

los sufrimientos y horrores

guardó como relicario.

 

Lloraba al pie de la Cruz

de la que el Hijo pendía

y tanta pena sufría

por la Pasión de Jesús,

que , unida a Él, redimía.

 

El Señor la asoció así

a su obra salvadora

y la hizo mediadora

para el cielo conseguir,

como Madre intercesora.

 

Su dolor era mayor

por mor de su santidad

inferior a la deidad;

y quiso Dios, puro Amor,

darnos su Maternidad.

 

¡Bendita Madre de Dios

y nuestra por donación!:

Que sepamos ofrecer

 las penas que nos afligen,

como Tú supiste hacer.

 

 

José María López Ferrera

 

 

Vivir con sentido

Ángel Cabrero Ugarte

Logo comunista.

photo_camera Logo comunista.

“Un caballero en Moscú” de Amor Towles, es un descubrimiento gratificante. Tengo la impresión de que no es fácil encontrar buenas novelas, en los tiempos actuales, aunque, como es lógico, siempre dependerá de qué busca cada uno. En este caso podemos hablar de una historia simpática, con detalles de humor, con los rasgos históricos de una época convulsa, la revolución marxista en Rusia en los principios del siglo pasado. Tiene críticas a la revolución, pero también a la situación social en Rusia de los tiempos previos.

Pero creo que hay una línea que enlaza las diversas situaciones, los diversos personajes, los momentos anímicos del protagonista. Observamos una actitud de aceptación que no es conformismo. Condenado de por vida a vivir en su hotel preferido, seguramente en su ánimo pesa más el hecho de que la pena inicial era de muerte. O sea, ha salido bien parado. Y no se derrumba ante su situación de falta de libertad. Lo que hace es organizar su vida.

Sofía le considera su padre, pero en realidad es hija de una mujer a quien el conoció bien en el hotel cuando era una niña. En un momento determinado, con gran pesar del conde -nuestro protagonista- tiene que despedirse de ella, a quien quiere como si verdaderamente fuera hija suya. El momento manifiesta bastante bien la actitud de este hombre que no se ha desmoronado -solo tuvo un momento crítico- y el texto dice literalmente: “La noche antes de salir de Moscú, al manifestar la inquietud que le producía lo que su padre quería que hiciera, él había intentado tranquilizarla con una idea”.

Sofía está expectante, muy triste por la despedida: “Le había dicho que nuestra vida la dirigen las incertidumbres y que muchas son desalentadoras, incluso perturbadoras, pero que si perseveramos y conservamos un corazón generoso, es posible que se nos conceda un momento de lucidez suprema, un momento en el que todo cuanto nos ha sucedido se define, de pronto, como el desarrollo necesario de los acontecimientos, y nos hallamos ante el umbral de una vida completamente nueva, esa vida a la que siempre habíamos estado destinados”.

Este planteamiento, en un hombre que pasó los mejores años de su vida encerrado -aun cuando tuviera una cierta libertad de movimientos- manifiesta el descubrimiento de que la vida tiene un sentido. De alguna manera Dios nos marca un camino, unos objetivos. Al principio de la vida, un joven seguramente es poco consciente, pero con el tiempo el hombre en su madurez se da cuenta de que tiene algo que hacer, ha tenido algo que hacer. Y eso aun cuando el análisis de su vida puede verse como una acumulación de sinsentidos.

Cuando el conde está despidiendo a su hija -de adopción-, joven y con futuro prometedor, quiere hacerla entender cosas que ve mejor quien ha realizado su vida de una manera lógica. Parece que todos aquellos años encerrado en un hotel sería un desastre en la vida de cualquier persona, pero él ha sabido sacarle su sentido. Otros se hubieran desesperado. Él mismo, al principio, tuvo momentos de ceguera trágica.

En realidad, todos venimos a este mundo a hacer algo. Al fin y al cabo, tenemos que ganarnos nuestro destino eterno con nuestras obras y estas dependen en gran medida del deseo de vivir y de vivir bien. “Nuestra vida la dirigen las incertidumbres” le había dicho su padre. Ahora ella tenía que arriesgar, con un planteamiento vital que podría ser de grandes éxitos, pero podría volverse en grandes fracasos. Pero la vida hay que vivirla, buscando en todo momento cual es el sentido.

Amor Towles, Un caballero en Moscú, Salamandra 2018

 

 

El servicio a los demás

Lucía Legorreta

Una de las actividades que hace que las personas sean más plenas, felices y con un mayor bienestar en su vida es el servicio a los demás, la generosidad.

Generosidad

¿Quieres ser más feliz? Ayuda a los demás, haz algo por aquellos que sin haber hecho nada diferente a ti, tienen menos que tú.

Los estudios científicos realizados por las prestigiadas universidades de Stanford y Harvard han demostrado que una de las actividades que hace que las personas sean más plenas, felices y con un mayor bienestar en su vida es el servicio a los demás, la generosidad.

Estoy convencida de que ayudar a otros no es un mérito, sino una responsabilidad que tenemos todos los seres humanos de ayudarnos unos a otros, y muy especialmente a aquellos que son vulnerables y tienen menos recursos materiales, humanos y espirituales.

Vivimos en un país con grandes carencias no sólo materiales, sino humanas y espirituales.

La estadounidense Laura Arrillaga-Andreessen, hija y esposa de un millonario, ha convencido a otros millonarios para que donen la mitad de su fortuna. Ella afirma en su libro Giving: Un filántropo es cualquier persona que da algo –tiempo, dinero, experiencia, herramientas y redes– en cualquier cantidad para crear un mundo mejor. Es decir, con la edad que tengas y en la situación de vida que te encuentras, debes de dar algo a los demás. Y continúa la autora: “Darte a ti misma es una donación más valiosa que el dinero. Siempre hay alguien que necesita de ti”.

Los efectos positivos que genera el ayudar a los demás son muchos, y me atrevo a decir que no existen los negativos, y veamos el porqué:

- Te hace sentir bien: el área de tu cerebro encargada de los sentimientos de recompensa se activa, te sientes mejor y con ganas de seguir ayudando. Te renuevas cada día.

- Tu autoestima se eleva: te sientes útil, conoces nuevas facetas personales que desconocías y tu confianza mejora.

- Consolidas amistades: si eres una influencia positiva para tus amigos, construirás relaciones más sólidas y duraderas. Al trabajar en equipo conoces nuevos amigos y los lazos de amistad crecen.

- Eres más optimistas y positiva: al ser empática y caritativa con los demás cambias tu forma de mirarte, mejora tu actitud y realizas un impacto positivo en otra u otras personas.

- Contar con metas y objetivos concretos y efectivos: quienes realizan voluntariado se sienten más capacitados a cumplir sus metas que quienes no ayudan.

- Sentido de pertenencia: ayudar a los demás genera un sentimiento de comunidad, de formar parte de un grupo con un objetivo altruista.

- Paz interior: quienes ayudan activamente afirman que se sienten más tranquilos, en paz y con armonía en su vida.

- Agradecida: el contacto con los demás te da una perspectiva de tu propia situación y te enseña a ser agradecida y bendecida por lo que tienes.

- Es contagiosa: si tú ayudas, otros se motivarán a empezar a hacerlo.

¿Qué tanto nos ayudamos los mexicanos unos a otros?, ¿qué tanta conciencia tenemos de la responsabilidad social hacia aquellos que tienen menos que nosotros? No me cabe la menor duda de que cuando se han presentado enormes desastres naturales: temblores, inundaciones, huracanes, la ayuda incondicional de los mexicanos surge de inmediato.

Sin embargo, en el día a día, ¿qué tan solidarios somos?, ¿qué tanto de nuestro tiempo, dinero y esfuerzo se destina a los más necesitados?

Estudios demuestran que, al sumar el trabajo voluntario, podemos hablar de que cerca de 23 millones de mexicanos son los que ayudan en forma regular a los demás. ¿Es suficiente? En lo personal me parece que es muy, partiendo de la base de los 112 millones de mexicanos que somos.

Si en vez de ser 23 millones de mexicanos lo que ayudan a los demás, logramos ser el doble o hasta el triple, definitivamente México cambiaría y sería mejor.

La actividad y el trabajo voluntario tienen implicaciones profundas para la sociedad mexicana. Favorece la construcción de lazos de amistad, conocimiento de otras personas y situaciones, la experiencia de la generosidad y la reciprocidad, la adquisición de nuevas habilidades, experiencias de trabajo, además de la satisfacción personal y el gusto de percibido tanto en lo individual como en lo grupal.

Reflexiona: ¿Qué estás haciendo por otros? ¿Qué ejemplo estás dando en tu familia? Ayudar a otros no es un mérito, es una responsabilidad que te hará más feliz.

 

 

Una Europa que no exporta valores

Para el portugués Bruno Maçáes, los europeos deberían ser conscientes de que no pueden imponer sus valores en este espacio geopolítico, porque China y Rusia tienen los suyos. De otro modo, estarían resucitando el espíritu de la Guerra Fría, que no debería tener cabida en un escenario globalizado. Europa, en la visión de Maçáes, ya no es "el profeta de una civilización mundial" sino que ha de ser "un poder euroasiático". Ha de participar activamente en la construcción de Eurasia para tener, capacidad de influencia. Si no lo hace, otras fuerzas irán configurando el nuevo supercontinente.

El eurasianismo, sea en sentido geopolítico o económico, supone cuestionar lo que se ha entendido Por Occidente en los últimos siglos, incluyendo además el vínculo trasatlántico entre Europa y EE.UU., ya que no es un secreto la pretensión china de expulsar progresivamente a los norteamericanos de la región de Asia-Pacífico.

Pero el entusiasmo por Eurasia y sus supuestos beneficios económicos y comerciales no disipará en Europa los recelos hacia China. Los chinos lo saben, y al igual que los rusos, prefieren cultivar las relaciones bilaterales, con seductoras ofertas de inversiones, para de este modo debilitar a la Unión Europea.

Suso do Madrid

 

¿Las familias un lugar “oscuro”?

¿El divorcio, la convivencia, el matrimonio entre personas del mismo sexo, el parto fuera del matrimonio y el sexo entre adolescentes son buenos para las mujeres? El último informe de ONU Mujeres los considera "un reflejo positivo del empoderamiento de las mujeres". ONU Mujeres considera a la vida familiar "un espacio ambivalente para mujeres y niñas".

"Las familias pueden tener un lado más oscuro: pueden ser lugares de violencia y discriminación, espacios donde a las mujeres y las niñas a menudo se les niegan los recursos que necesitan, donde a veces comen menos y más, y donde sus voces son sofocadas y se les niega su autonomía". El informe dice, concluyendo: "Como tal, el reconocimiento de las familias como un espacio ambivalente para las mujeres y las niñas ha sido el centro de este Informe".

Junto con la oscuridad y la ambivalencia, el informe destaca por su enfoque pragmático de los derechos, en particular de la poligamia. El informe reconoce que la ley de derechos humanos se aplica a la poligamia y que es perjudicial para las mujeres. Sin embargo, se refiere al documento africano sobre derechos humanos, el Protocolo de Maputo, que concluye que no es "pragmático" intentar cambiar por completo las leyes de la poligamia.

Esto contrasta con el enfoque del informe respecto a las leyes que reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo, que según el informe son buenas para las mujeres porque erosionan la naturaleza patriarcal de la familia.

Juan García.

 

Libia, país exportador de esclavos

En Senegal, a 3 Km de la costa frente a Dakar, se encuentra la isla de Gorea. Durante más de tres siglos, hasta que Francia abolió la esclavitud en 1848, esta isla fue el principal mercado de esclavos con destino a Estados Unidos, Brasil y el Caribe. Hace más de dos siglos que la esclavitud es ilegal y, sin embargo, la trata de seres humanos y el tráfico ilegal de personas somete a condiciones de esclavitud a millones de personas.

Libia es uno de los enclaves estratégicos desde el que se trafica con personas que se compran y venden como mercancía. Este negocio es posible, entre otras razones, porque guerrillas, fuerzas militares, Estado islámico, etc., capturan, venden y compran personas. Es un apéndice de la economía criminal difícil de combatir y, sin embargo, una de las grandes amenazas para el orden y la paz internacional.

Jesús Domingo Martínez

 

 

El sabor del pan y… “aquel banquete”

 

                                El pan es tan bueno, que no he oído el que nadie lo rechace, aborrezca, o no le guste; tan es así que hasta Cristo, en la única oración que nos deja, incluye, “el pan nuestro de cada día dánosle hoy Señor”. Bien es cierto que ese, “pan nuestro”, sólo lo es en una parte del planeta; en otras partes emplean (pero también como pan) el arroz, el maíz, el sorgo, mandioca y otros; pero de los que obtienen harinas para elaborar “sus panes”; por tanto el pan es un alimento primordial e insustituible.

                                Como yo “soy hijo” de la peor de las guerras civiles que hubo en España (1936-1939); nací en familia de “braceros del campo andaluz”; me mataron a mi padre siendo yo un bebé de diez meses; y perteneciendo a la clase de “los perdedores”; el pan en mi familia y tras aquella guerra, viniendo después, una terrible pos guerra; aquellas masas a las que yo pertenecí, pasaron tal tipo de calamidades, que aquel “pan de la oración”, muchos días era ausente en los hogares de la mayoría; yo mismo y ya de niño, por lo que me acuerdo perfectamente; “he comido pan de las sobras de otra mesa más rica y en la que disfrutaban del denominado pan de maquilera”; lo que me permite valorar muchas cosas, por cuantas experiencias, he pasado personalmente y en visto a mi alrededor.

                                Pasadas aquellas penurias, que debieron terminar cuando en 1952 fueron suprimidas las cartillas de racionamiento, “que nos racionaban hasta los gramos de aquel pan, “no muy pan que digamos”; que cada individuo podía retirar de la panadería o tahona asignada y previo pago de su importe”. Pasada igualmente aquella época de “estraperlo” (mercado negro) y en el que había de todo; “de todo para aquel que tenía el alto precio a que había de pagarlo”; y ya siendo hombre y habiendo iniciado la profesión que elegí como “comisionista o representante-viajante”, a comisión; y para vender de proveedores fabricantes o almacenistas, al comercio en general. Los principios y como casi en todos, son duros; tan duros que algunas veces para comer “en ruta”, compraba un bollo de pan, una latita de sardinas y me iba a comerla, bajo un árbol, asiento o cobijo público (según el tiempo atmosférico) y cerca de alguna fuente pública de agua, para en ella, “tomar el necesario postre que nutriera de líquidos mi organismo”… Pasaron unos años y como es verdad aquello, de que, “el que la sigue la consigue”; fueron llegando las abundancias y en mi caso, tan abundantes que ni yo hubiera soñado, con una mínima parte de ellas, en aquellos duros principios.

                                Y como ya sentenció el clásico, con su frase de que… “poderoso caballero es don dinero”; ello me permitió y durante muchos años; el asistir a banquetes e incluso a congresos nacionales e internacionales; donde algunas veces, estuvieron ministros, gobernadores, alcaldes; y en general, “miembros de la casta política”; donde y como “es natural (ya entonces era propietario de un hotel) los que organizaban los actos y los cocineros (“hoy chefs”); se esmeraban y nos servían manjares, dignos de la mejor clase, de la profesión hostelera y que no contaré, por cuanto sería interminable. Ello nos permitió a mi esposa y a mí, incluso celebrar “en medio del Mediterráneo”; un congreso nacional del internacional “SKAL CLUB” (Nave Enrico “C”: 1981) y que fletamos exclusivamente para ello, “el gremio español”; con visita a Roma, y al entonces recién llegado Papa Juan Pablo II, para lo que hubo que pagar una cantidad importante y por ello, nos recibió en “visita privada”, en uno de los majestuosos salones del Vaticano. Después y en alta mar, celebramos la denominada “cena del capitán”; a la que vestidos de gala, nos la prometíamos “soberana”, puesto que nos servirían, “hasta caviar y champán”; pero he aquí, “que Neptuno, o Poseidón; no estuvieron de acuerdo” y nos mandó “una de sus tormentas”; y el muy acusado “balanceo del Enrico “C”, impidió que la mayoría de aquel millar de pasajeros, acudiésemos a la tal cena de gala… por lo que aquella y con esas contrariedades, la celebró, el capitán y unas cuantas docenas de “esforzados” comensales, que acudimos a ella y que lo pasamos circunstancialmente, como “los dioses del mar habían ordenado”.

                                Terminó aquel crucero al que me acompañó mi esposa y nuestros tres hijos; y tras salir del puerto de Barcelona, regresamos a él, tras arribar a Córcega, Civitavecchia-Roma, Nápoles, Cartago y Túnez; felizmente llegamos a casa, con esa satisfacción de cuando se es aún bastante joven; y tienes “ganas de todo lo que se dice bueno”; después a medida que envejeces, ves “el mundo y sus cosas de forma muy diferente”.

                                Pues bien, a pesar de todo ello, “mi mejor banquete”, fue en aquella infeliz época de niño huérfano; y fue que estando en la droguería-perfumería, en que me colocó mi madre a los siete años (“por la comida y la cama”); ya tendría uno o dos más; cuando los dependientes que habían juntado un dinerillo, por la venta de restos de embalajes y que el dueño les dejaba para ellos; me mandaron a comprar “un pan grande y blanco”, que algunas mujeres vendían a escondidas, tras el edificio de la Hacienda Pública en mi ciudad (Jaén), puesto que “ellos, los dependientes, le temían ir, por las consecuencias policiales”. Y fui a por aquel pan, que escondido en mi burdo guardapolvos, y junto a mi pecho, venía oliendo en el trayecto aquel olor embriagador, hasta llegar el comercio, donde llegado al mismo, de aquel pan, me dieron como obsequio, un canto del mismo, el que aún caliente, con un hoyo de aceite de aceituna, rociada la parte del miajón, con sal gruesa; les juro a mis lectores, que ha sido el majar más apetitoso que yo, he comido en mi vida.

                                Hoy a mi vejez y satisfecho; y también harto de todo y en la soledad que mi esposa me dejó hace ya casi cuatro años; sólo me acompaña las veinticuatro horas, mi querido Aníbal (un Yorkshire del que ya les he hablado) y guardando todas las contenciones que recomienda mi edad; sigo comiendo bien, pues mi organismo sigue igual de potente que siempre; al menos en el estómago y resto “del sistema”; pero ya digo, conteniéndome e incluso apenas comiendo pan; “con lo rico que sigue siendo para mí”. Y conforme con todo ello, no me quejo de nada; es y fue mi vida, que espero siga así, hasta que me venga a recoger “la parca”; y la que cuando llegue, me lleve rápido.

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                      

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