Las Noticias de hoy 09 Septiembre 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 09 de septiembre de 2019    

Indice:

ROME REPORTS

Madagascar: “Toda renuncia cristiana tiene sentido a la luz del encuentro con Jesucristo”

Akamasoa: “No bajéis nunca los brazos ante los efectos nefastos de la pobreza”

Ángelus: “Que María Inmaculada os acompañe en la paz y la esperanza”

Papa a los consagrados de Madagascar: “Dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres”

Madagascar: Oración del Santo Padre por los trabajadores

EXTIENDE TU MANO: Francisco Fernandez Carbajal

“El perdón nos viene de la misericordia de Dios”: San Josemaria

Mensaje del Prelado (9 septiembre 2019)

Familias que se comprometen con los que sufren

¿Qué es un sacramento? ¿Cuáles son los sacramentos de la Iglesia?

Poderes anónimos imponen sus ideologías: Cardenal Antonio Cañizares

La red social de Dios: Dr. Oscar Fidencio Ibáñez

AFECTADOS  POR VIDEOJUEGOS Y … POR LOS CELULARES: Ing. José Joaquín Camacho    

Nuestra sociedad está sufriendo hoy una profunda crisis: Acción Familia

 Es la crispación suave: Valentín Abelenda Carrillo

Todavía queda mucho: Pedro García

La crispación provocada: Domingo Martínez Madrid

LA MEDICINA EL GRAN NEGOCIO EN LAS ÚLTIMAS ETAPAS “DE LA VIDA”: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Madagascar: “Toda renuncia cristiana tiene sentido a la luz del encuentro con Jesucristo”

Homilía del Papa en Soamandrakizay

septiembre 08, 2019 12:15Larissa I. LópezViajes pontificios

(ZENIT – 8 sept. 2019).- En la homilía de hoy, 8 de septiembre de 2019, el Santo Padre ha remitido al evangelio del día, en el que san Lucas recuerda las exigencias que el seguimiento de Cristo supone y que el Pontífice ha dividido en tres, señalando previamente que “toda renuncia cristiana tiene sentido a la luz del gozo y la fiesta del encuentro con Jesucristo”.

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Esta mañana, aproximadamente a las 10, hora local (9 h. en Roma), el Papa Francisco ha celebrado la Eucaristía en el Campo Diocesano de Soamandrakizay de Antananarivo, Madagascar.

Ver al otro como hermano

La primera exigencia para los cristianos anima a revisar los vínculos familiares, ya que “cuando el ‘parentesco’ se vuelve la clave decisiva y determinante de todo lo que es justo y bueno se termina por justificar y hasta ‘consagrar’ ciertas prácticas que desembocan en la cultura de los privilegios y la exclusión — favoritismos, amiguismos y, por tanto, corrupción”, afirmó el Papa.

Y añadió: “Cualquiera que no sea capaz de ver al otro como hermano, de conmoverse con su vida y con su situación, más allá de su proveniencia familiar, cultural, social ‘no puede ser mi discípulo’ (Lc 14,26)”.

Diálogo y conocimiento

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En segundo lugar, Francisco resaltó la dificultad de seguir al Señor cuando se identifica su Reino con los intereses personales o con “la fascinación por alguna ideología que termina por instrumentalizar el nombre de Dios o la religión para justificar actos de violencia, segregación e incluso homicidio, exilio, terrorismo y marginación”.

De este modo, la exigencia del Maestro propone “construir la historia en fraternidad y solidaridad, en el respeto gratuito de la tierra y de sus dones sobre cualquier forma de explotación; animándonos a vivir el ‘diálogo como camino; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio’ (Documento sobre la fraternidad humana, Abu Dhabi, 4 febrero 2019)” y sin ceder “a la tentación de ciertas doctrinas incapaces de ver crecer juntos el trigo y la cizaña en la espera del dueño de la mies (cf. Mt 13,24-30)”, agregó el Obispo de Roma.

Recuperar la memoria agradecida

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La última de las exigencias, según el Santo Padre, constituye una llamada a “recuperar la memoria agradecida y reconocer que, más bien que una victoria personal, nuestra vida y nuestras capacidades son fruto de un regalo (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 55)” de Dios.

A través de estas exigencias, Jesús prepara a los discípulos para “la fiesta de la irrupción del Reino de Dios”, intentando liberarles de la esclavitud del “vivir para sí”, “de encerrarse en pequeños mundos que terminan dejando poco espacio para los demás: ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien”.

“El creyente extiende su mano”

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Con estos requerimientos, indicó el Pontífice, el Señor nos interpela “a levantar la mirada, a ajustar las prioridades y sobre todo a crear espacios para que Dios sea el centro y eje de nuestra vida”.

Esto significa observar nuestro entorno y reaccionar ante el sufrimiento de las personas, que no forma parte del plan de Dios. Ante ello, “el cristiano no puede estar con los brazos cruzados, indiferente, ni con los brazos caídos, fatalista: ¡no! El creyente extiende su mano, como lo hace Jesús con él”, enfatizó el Papa Francisco.

Luchar juntos

Finalmente, Francisco expuso que “juntos podemos darle batalla a todas esas idolatrías que llevan a poner el centro de nuestra atención en las seguridades engañosas del poder, de la carrera y del dinero y en la búsqueda patológica de glorias humanas”.

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Y agregó que las demandas de Jesucristo, “dejan de ser pesantes cuando comenzamos a gustar la alegría de la vida nueva que él mismo nos propone: la alegría que nace de saber que Él es el primero en salir a buscarnos al cruce de caminos, también cuando estábamos perdidos como aquella oveja o ese hijo pródigo”.

A continuación, sigue el texto completo de la homilía del Papa Francisco en Madagascar.

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Homilía del Santo Padre

El Evangelio nos dice que «mucha gente acompañaba a Jesús» (Lc 14,25). Como esas multitudes que se agrupaban a lo largo del camino de Jesús, muchos de vosotros habéis venido para acoger su mensaje y para seguirlo. Pero bien sabéis que el seguimiento de Jesús no es fácil. Vosotros no habéis descansado, y muchos habéis pasado la noche aquí. El evangelio de Lucas nos recuerda, en efecto, las exigencias de este compromiso.

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Es importante evidenciar cómo estas exigencias se dan en el marco de la subida de Jesús a Jerusalén, entre la parábola del banquete donde la invitación está abierta a todos —especialmente para aquellos rechazados que viven en las calles y plazas, en el cruce de caminos—; y las tres parábolas llamadas de la misericordia, donde también se organiza fiesta cuando lo perdido es hallado, cuando quien parecía muerto es acogido, celebrado y devuelto a la vida en la posibilidad de un nuevo comenzar. Toda renuncia cristiana tiene sentido a la luz del gozo y la fiesta del encuentro con Jesucristo.

La primera exigencia nos invita a mirar nuestros vínculos familiares. La vida nueva que el Señor nos propone resulta incómoda y se transforma en sinrazón escandalosa para aquellos que creen que el acceso al Reino de los Cielos sólo puede limitarse o reducirse a los vínculos de sangre, a la pertenencia a determinado grupo, clan o cultura particular. Cuando el “parentesco” se vuelve la clave decisiva y determinante de todo lo que es justo y bueno se termina por justificar y hasta “consagrar” ciertas prácticas que desembocan en la cultura de los privilegios y la exclusión —favoritismos, amiguismos y, por tanto, corrupción—. La exigencia del Maestro nos lleva a levantar la mirada y nos dice: cualquiera que no sea capaz de ver al otro como hermano, de conmoverse con su vida y con su situación, más allá de su proveniencia familiar, cultural, social «no puede ser mi discípulo» (Lc 14,26). Su amor y entrega es una oferta gratuita por todos y para todos.

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La segunda exigencia nos muestra lo difícil que resulta el seguimiento del Señor cuando se quiere identificar el Reino de los Cielos con los propios intereses personales o con la fascinación por alguna ideología que termina por instrumentalizar el nombre de Dios o la religión para justificar actos de violencia, segregación e incluso homicidio, exilio, terrorismo y marginación. La exigencia del Maestro nos anima a no manipular el Evangelio con tristes reduccionismos sino a construir la historia en fraternidad y solidaridad, en el respeto gratuito de la tierra y de sus dones sobre cualquier forma de explotación; animándonos a vivir el «diálogo como camino; la colaboración común como conducta; el conocimiento recíproco como método y criterio» (Documento sobre la fraternidad humana, Abu Dhabi, 4 febrero 2019); no cediendo a la tentación de ciertas doctrinas incapaces de ver crecer juntos el trigo y la cizaña en la espera del dueño de la mies (cf. Mt 13,24-30).

Y, por último, ¡qué difícil puede resultar compartir la vida nueva que el Señor nos regala cuando continuamente somos impulsados a justificarnos a nosotros mismos, creyendo que todo proviene exclusivamente de nuestras fuerzas y de aquello que poseemos Cuando la carrera por la acumulación se vuelve agobiante y abrumadora —como escuchamos en la primera lectura— exacerbando el egoísmo y el uso de medios inmorales! La exigencia del Maestro es una invitación a recuperar la memoria agradecida y reconocer que, más bien que una victoria personal, nuestra vida y nuestras capacidades son fruto de un regalo (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 55) tejido entre Dios y tantas manos silenciosas de personas de las cuales sólo llegaremos a conocer sus nombres en la manifestación del Reino de los Cielos.

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Con estas exigencias, el Señor quiere preparar a sus discípulos a la fiesta de la irrupción del Reino de Dios liberándolos de ese obstáculo dañino, en definitiva, una de las peores esclavitudes: el vivir para sí. Es la tentación de encerrarse en pequeños mundos que termina dejando poco espacio para los demás: ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Muchos, al encerrarse, pueden sentirse “aparentemente” seguros, pero terminan por convertirse en personas resentidas, quejosas, sin vida. Esa no es la opción de una vida digna y plena, ese no es el deseo de Dios para nosotros, esa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 2).

En el camino hacia Jerusalén, el Señor, con estas exigencias, nos invita a levantar la mirada, a ajustar las prioridades y sobre todo a crear espacios para que Dios sea el centro y eje de nuestra vida.

Miremos nuestro entorno, ¡cuántos hombres y mujeres, jóvenes, niños sufren y están totalmente privados de todo! Esto no pertenece al plan de Dios. Cuán urgente es esta invitación de Jesús a morir a nuestros encierros, a nuestros individualismos orgullosos para dejar que el espíritu de hermandad —que surge del costado abierto de Jesucristo, de donde nacemos como familia de Dios— triunfe, y donde cada uno pueda sentirse amado, porque es comprendido, aceptado y valorado en su dignidad. «Ante la dignidad humana pisoteada, a menudo permanecemos con los brazos cruzados o con los brazos caídos, impotentes ante la fuerza oscura del mal. Pero el cristiano no puede estar con los brazos cruzados, indiferente, ni con los brazos caídos, fatalista: ¡no! El creyente extiende su mano, como lo hace Jesús con él» (Homilía con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres, 18 noviembre 2018).

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La Palabra de Dios que hemos escuchado nos invita a reanudar el camino y a atrevernos a dar ese salto cualitativo y adoptar esta sabiduría del desprendimiento personal como la base para la justicia y para la vida de cada uno de nosotros: porque juntos podemos darle batalla a todas esas idolatrías que llevan a poner el centro de nuestra atención en las seguridades engañosas del poder, de la carrera y del dinero y en la búsqueda patológica de glorias humanas.

Las exigencias que indica Jesús dejan de ser pesantes cuando comenzamos a gustar la alegría de la vida nueva que él mismo nos propone: la alegría que nace de saber que Él es el primero en salir a buscarnos al cruce de caminos, también cuando estábamos perdidos como aquella oveja o ese hijo pródigo. Que este humilde realismo es un realismo, un realismo cristiano— nos impulse a asumir grandes desafíos, y os dé las ganas de hacer de vuestro bello país un lugar donde el Evangelio se haga vida, y la vida sea para mayor gloria de Dios.

Decidámonos y hagamos nuestros los proyectos del Señor.

© Librería Editorial Vaticana

 

 

 

Akamasoa: “No bajéis nunca los brazos ante los efectos nefastos de la pobreza”

Palabras del Papa en ‘Ciudad de la Amistad’

septiembre 08, 2019 15:56Rosa Die AlcoleaViajes pontificios

(ZENIT – 8 sept. 2019).- Este domingo, 8 de septiembre de 2019, tercera jornada del Papa en Madagascar, Francisco ha visitado Akamasoa, la Ciudad de la Amistad. Este pueblo es el hogar de miles de personas que sobre un basurero, ayudados por el padre Pedro Opeka y sus colaboradores, han construido sus casas para vivir en comunidad con dignidad.

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Este pueblo posee una larga historia de valentía y ayuda mutua”, ha aplaudido el Papa. “Es el resultado de muchos años de arduo trabajo. En los cimientos encontramos una fe viva que se tradujo en actos concretos, capaz de ‘mover montañas’. Una fe que permitió ver posibilidad donde sólo se veía precariedad, ver esperanza donde sólo se veía fatalidad, ver vida donde tantos anunciaban muerte y destrucción”.

“Al ver vuestros rostros radiantes, doy gracias al Señor que ha escuchado el clamor de los pobres y que ha manifestado su amor con signos concretos como la creación de este pueblo”, ha agradecido el Papa. “Vuestros gritos que surgen de la impotencia de vivir sin techo, de ver crecer a vuestros niños en la desnutrición, de no tener trabajo, por la mirada indiferente —por no decir despreciativa— de tantos, se han transformado en cantos de esperanza para vosotros y para todos los que os contemplan”.

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Mensaje a los jóvenes

A los jóvenes de Akamasoa, el Pontífice ha dirigido un mensaje especial: “No bajéis nunca los brazos ante los efectos nefastos de la pobreza, ni jamás sucumbáis a las tentaciones del camino fácil o del encerraros en vosotros mismos”.

En este sentido, los ha animado a continuar el trabajo realizado por sus mayores. “La fuerza para realizarlo la encontraréis en vuestra fe y en el testimonio vivo que vuestros mayores han plasmado en vuestras vidas. Dejad que florezcan en vosotros los dones que el Señor os ha dado. Pedidle que os ayude a poneros al servicio de vuestros hermanos y hermanas con generosidad”.

Al término de la visita, mientras los jóvenes despedían al Santo Padre cantando y alzando sus manos, el Papa ha abandonado al auditorio de la mano del padre Opeka, y se ha dirigido a la cantera de Mahatazana, situada a 300 metros, para rezar una oración con los trabajares.

Publicamos a continuación el discurso que ha leído el Papa Francisco a los jóvenes y las familias de Akamasoa, Ciudad de la Amistad:

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Discurso del Papa Francisco

Buenas tardes a todos, buenas tardes.

Es para mí una alegría, una gran alegría reencontrar a mi viejo alumno. Padre Pedro fue mi alumno en la Facultad de teología en los años 1967 -68. Después él no ha seguido estudiando, ha encontrado el amor por el trabajo, por trabajar. Muchas gracias, padre.

Es una gran alegría para mí encontrarme con vosotros en esta gran obra. Akamasoa es la expresión de la presencia de Dios en medio de su pueblo pobre; no una presencia esporádica, circunstancial, es la presencia de un Dios que decidió vivir y permanecer siempre en medio de su pueblo.

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Esta tarde sois numerosos en el corazón de esta “Ciudad de la amistad”, que habéis construido con vuestras manos y que —no lo dudo— seguiréis construyendo para que muchas familias puedan vivir dignamente. Al ver vuestros rostros radiantes, doy gracias al Señor que ha escuchado el clamor de los pobres y que ha manifestado su amor con signos concretos como la creación de este pueblo. Vuestros gritos que surgen de la impotencia de vivir sin techo, de ver crecer a vuestros niños en la desnutrición, de no tener trabajo, por la mirada indiferente —por no decir despreciativa— de tantos, se han transformado en cantos de esperanza para vosotros y para todos los que os contemplan. Cada rincón de estos barrios, cada escuela o dispensario son un canto de esperanza que desmiente y silencia toda fatalidad. Digámoslo con fuerza, la pobreza no es una fatalidad.

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En efecto, este pueblo posee una larga historia de valentía y ayuda mutua. Este pueblo es el resultado de muchos años de arduo trabajo. En los cimientos encontramos una fe viva que se tradujo en actos concretos, capaz de “trasladar montañas”. Una fe que permitió ver posibilidad donde sólo se veía precariedad, ver esperanza donde sólo se veía fatalidad, ver vida donde tantos anunciaban muerte y destrucción. Recordad lo que escribió el apóstol Santiago: «La fe si no tiene obras está muerta por dentro» (St2,17) . Los cimientos del trabajo mancomunado, el sentido de familia y de comunidad posibilitaron que se restaure artesanal y pacientemente la confianza no sólo en vosotros sino entre vosotros, lo que os permitió ser los primeros protagonistas y artesanos de esta historia. Una educación en valores gracias a la cual aquellas primeras familias que se aventuraron con el padre Opeka pudieron transmitir el tesoro enorme del esfuerzo, la disciplina, la honestidad, el respeto a sí mismo y a los demás. Y vosotros habéis podido comprender que el sueño de Dios no es sólo el progreso personal sino principalmente el comunitario, que no hay peor esclavitud, como nos lo recordaba el padre Pedro, que la de vivir cada uno sólo para sí.

Queridos jóvenes de Akamasoa, a vosotros quisiera dirigiros un mensaje especial: no bajéis nunca los brazos ante los efectos nefastos de la pobreza, ni jamás sucumbáis a las tentaciones del camino fácil o del encerraros en vosotros mismos. Gracias, Fanny, por ese hermoso testimonio que nos diste en nombre de los jóvenes del pueblo. Queridos jóvenes: El trabajo realizado por vuestros mayores, a vosotros os toca continuarlo. La fuerza para realizarlo la encontraréis en vuestra fe y en el testimonio vivo que vuestros

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mayores han plasmado en vuestras vidas. Dejad que florezcan en vosotros los dones que el Señor os ha dado. Pedidle que os ayude a poneros al servicio de vuestros hermanos y hermanas con generosidad. Así, Akamasoa no será sólo un ejemplo para las generaciones futuras, sino mucho más, el punto de partida de una obra inspirada en Dios que alcanzará su pleno desarrollo en la medida que siga testimoniando su amor a las generaciones presentes y futuras.

Recemos para que en todo Madagascar y en otras partes del mundo se prolongue el brillo de esta luz, y podamos lograr modelos de desarrollo que privilegien la lucha contra la pobreza y la inclusión social desde la confianza, la educación, el trabajo y el esfuerzo, que siempre son indispensables para la dignidad de la persona humana.

Gracias, amigos de Akamasoa, querido padre Pedro y sus colaboradores: Gracias una vez más por vuestro testimonio profético, por vuestro testimonio esperanzador. Que Dios os siga bendiciendo.

Os pido que, por favor, no os olvidéis de rezar por mí.

© Librería Editorial Vaticana

 

 

Ángelus: “Que María Inmaculada os acompañe en la paz y la esperanza”

Palabras del Papa antes de la oración mariana

septiembre 08, 2019 11:42Raquel AnilloAngelus y Regina Coeli

(ZENIT – 8 septiembre 2019).- Al final de la Misa en esta fiesta del nacimiento de María, el Papa Francisco, antes de la bendición final, dirige la oración del Ángelus ante casi un millón de fieles presentes en el Campamento Diocesano de Soamandrakizay. Después de la recitación del Ángelus, el Santo Padre agradece a las autoridades presentes y regresa en coche a la Nunciatura Apostólica donde almorzará con el séquito papal.

A continuación publicamos las palabras del Papa en la introducción de la oración mariana:

Palabras del Papa antes de la oración 

Queridos hermanos y hermanas: Al concluir esta celebración, deseo dirigir un cordial saludo a todos vosotros.

Agradezco sinceramente a Mons. Razanakolona las palabras que me ha dirigido, y con él a los demás hermanos obispos presentes, a los sacerdotes, a las personas consagradas, a los esposos con sus familias, a los catequistas y a vosotros, todos los fieles.

Aprovecho esta oportunidad para expresar mi profundo agradecimiento al Presidente de la República y a todas las autoridades civiles del país por su amable bienvenida, y lo extiendo a quienes, de diferentes maneras, han contribuido al éxito de mi visita. Que el Señor os recompense y bendiga a todo vuestro pueblo, por intercesión del beato Rafael Luis Rafiringa, cuyas reliquias están expuestas aquí sobre el altar, y de la beata Victoria Rasoamanarivo.

Y ahora nos dirigimos a la Bienaventurada Virgen en oración, el día en que recordamos su nacimiento, aurora de la salvación para la humanidad. Que María Inmaculada, a quien vosotros amáis y veneráis como vuestra Madre y Patrona, acompañe el camino de Madagascar en la paz y en la esperanza.

 

 

Papa a los consagrados de Madagascar: “Dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres”

En Antananarivo, capital del país

septiembre 08, 2019 17:34Rosa Die AlcoleaViajes pontificios

(ZENIT – 8 sept. 2019).- “Dichosos vosotros, dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres, porque vive impregnada del perfume de su Señor, vive alegre anunciando la Buena Noticia a los descartados de la tierra, a aquellos que son los favoritos de Dios”, Francisco ha bendecido a los miles de consagrados de Madagascar.

El encuentro los sacerdotes, seminaristas, religiosos y consagrados ha tenido lugar en el Colegio de San Miguel, situado en el barrio de Amparibe, en Antananarivo, capital de Madagascar, a las 17:10 horas (16:10 h. en Roma), después de su vivita a la Ciudad de la Amistad Akamasoa y a la Cantera de Mahatazana.

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“Pasaje a una vida mejor”

“La persona consagrada –en el amplio sentido de la palabra– es la mujer, el hombre que aprendieron y quieren quedarse, en el corazón de su Señor y en el corazón de su pueblo”, ha anunciado el Papa, mientras les ha agradecido su testimonio por “querer quedaros ahí” y “no hacer de la vocación un ‘pasaje a una mejor vida'”. “Vosotros habéis elegido permanecer y estar al lado de vuestro pueblo, con vuestro pueblo”, les ha dicho.

Francisco ha invitado a los consagrados y consagradas a ser “hombres y mujeres de alabanza”, porque “la persona consagrada es capaz de reconocer y señalar la presencia de Dios allí donde se encuentre. Es más, quiere vivir en su presencia, que aprendió a saborear, gustar y compartir”, ha explicado el Santo Padre.

“En su nombre, vosotros vencéis el mal, cuando enseñáis a alabar al Padre de los cielos y cuando enseñáis con sencillez el Evangelio y el catecismo”, ha alentado el Papa. “Cuando visitáis y asistís a un enfermo o brindáis el consuelo de la reconciliación. En su nombre, vosotros vencéis al dar de comer a un niño, al salvar una madre de la desesperación de estar sola para todo, al procurarle un trabajo a un padre de familia”.

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Lucha en “nosotros mismos”

“La lucha también la vivimos en nosotros mismos”, ha advertido el Papa. “Dios desbarata la influencia del mal espíritu, ese que tantas veces nos transmite una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión y que puede llevarnos a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida”.

Por ello, el Pontífice ha exhortado a derrotar al mal espíritu en su propio terreno; “allí donde nos invite a aferrarnos a seguridades económicas, espacios de poder y de gloria humana, respondamos con la disponibilidad y la pobreza evangélica que nos lleva a dar la vida por la misión. ¡No nos dejemos robar la alegría misionera!”, ha exclamado.

Agradecimiento al traductor 

De manera anecdótica el Obispo de Roma ha vuelto a tener un bonito gesto de cercanía: De manera especial, ha agradecido públicamente al sacerdote de Madagascar que ha traducido sus discursos estos días durante su visita al país, de lengua italiana al francés y al malgache.

A continuación, ofrecemos el discurso que el Papa Francisco ha dirigido a los sacerdotes, religiosos, seminaristas, consagrados y diáconos de Madagascar:

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Discurso del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco vuestra cálida bienvenida. Quiero que mis primeras palabras estén dirigidas especialmente a todos los sacerdotes, consagradas y consagrados que no pudieron viajar por un problema de salud, el peso de los años o alguna complicación. (Minuto de silencio)

Al terminar mi visita a Madagascar aquí con vosotros, al ver vuestra alegría, pero también recordando todo lo que he vivido en este tan poco tiempo en vuestra isla, me brotan del corazón aquellas palabras de Jesús en el Evangelio de Lucas cuando, estremecido de gozo, dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños» (10,21). Y este gozo es confirmado por vuestros testimonios porque, aun aquello que vosotros expresáis como problemáticas, son signos de una Iglesia viva, pujante, en búsqueda de ser cada día presencia del Señor. Una Iglesia cercana al pueblo, siempre caminando con el pueblo de Dios.

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Esta realidad es una invitación a la memoria agradecida de todos aquellos que no tuvieron miedo y supieron apostar por Jesucristo y su Reino; y vosotros hoy sois parte de su heredad. Pienso en los lazaristas, los jesuitas, las hermanas de San José de Cluny, los hermanos de las escuelas cristianas, los misioneros de La Salette y todos los demás pioneros, obispos, sacerdotes y consagrados. Pero también de tantos laicos que, en los momentos difíciles de persecusión, cuando muchos misioneros y consagrados tuvieron que partir, fueron quienes mantuvieron viva la llama de la fe en estas tierras. Esto nos invita a recordar nuestro bautismo, como el primer y gran sacramento por el que fuimos sellados como hijos de Dios. Todo el resto es expresión y manifestación de ese amor inicial que siempre estamos invitados a renovar.

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La frase del Evangelio a la que me referí es parte de la alabanza del Señor al recibir a los setenta y dos discípulos cuando volvían de la misión. Ellos, como vosotros, aceptaron el desafío de ser una Iglesia “en salida”, y traen las alforjas llenas para compartir todo lo que han visto y oído. Vosotros os habéis atrevido a salir, y aceptásteis el desafío de llevar la luz del Evangelio a los distintos rincones de esta isla.

Sé que muchos de vosotros vivís situaciones difíciles, donde faltan los servicios esenciales —agua, electricidad, carreteras, medios de comunicación— o la falta de recursos económicos para llevar adelante la vida y la actividad pastoral. Muchos de vosotros sentís sobre vuestros hombros, por no decir sobre vuestra salud, el peso del trabajo apóstolico. Pero vosotros habéis elegido permanecer y estar al lado de vuestro pueblo, con vuestro pueblo. Gracias por esto. Muchas gracias por vuestro testimonio y por querer quedaros ahí y no hacer de la vocación un “pasaje a una mejor vida”. Y quedaros ahí con esa conciencia, como decía la hermana: “a pesar de nuestras miserias y debilidades, nos comprometemos con todo nuestro ser a la gran misión de la evangelización”. La persona consagrada —en el amplio sentido de la palabra— es la mujer, el hombre que aprendieron y quieren quedarse, en el corazón de su Señor y en el corazón de su pueblo.

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Al recibir y escuchar a sus discípulos volver llenos de gozo, lo primero que Jesús hace es alabar y bendecir a su Padre; y esto nos muestra una parte fundamental de nuestra vocación. Somos hombres y mujeres de alabanza. La persona consagrada es capaz de reconocer y señalar la presencia de Dios allí donde se encuentre. Es más, quiere vivir en su presencia, que aprendió a saborear, gustar y compartir.

En la alabanza encontramos nuestra pertenencia e identidad más hermosa porque libra al discípulo de los “habriaqueísmos” y le devuelve el gusto por la misión y por estar con su pueblo; le ayuda a ajustar los “criterios” con los que se mide a sí mismo, mide a los otros y a toda la actividad misionera, para que no tengan algunas veces poco sabor a Evangelio.

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Muchas veces podemos caer en la tentación de pasar horas hablando de los “éxitos” o “fracasos”, de la “utilidad” de nuestras acciones, o la “influencia” que podamos tener. Discusiones que terminan ocupando el primer puesto y el centro de toda nuestra atención. Esto que nos conduce —no pocas veces— a soñar con planes apostólicos expansionistas, meticulosos y bien dibujados, pero propios de generales derrotados que terminan por negar nuestra historia —al igual que la de vuestro pueblo— que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio y la constancia en el trabajo que cansa (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 96).

Al alabar aprendemos la sensibilidad para no “desorientarnos” y hacer de los medios nuestros fines, de lo superfluo lo importante; aprendemos la libertad para poner en marcha procesos más que querer ocupar espacios (cf. ibíd., 223); la gratuidad de fomentar todo lo que haga crecer, madurar y fructificar al Pueblo de Dios antes que orgullecernos por cierto fácil, rápido pero efímero “rédito” pastoral. En cierta medida, gran parte de nuestra vida, de nuestra alegría y fecundidad misionera se juega en esta invitación de Jesús a la alabanza. Como bien le gustaba señalar a ese hombre sabio y santo, como ha sido Romano Guardini: «El que adora a Dios en sus sentimientos más hondos y también, cuando tiene tiempo, realmente, con actos vivos, se encuentra cobijado en la verdad. Puede equivocarse en muchas cosas; puede quedar abrumado y desconcertado por el peso de sus acciones; pero, en último término, las direcciones y los órdenes de su existencia están seguros» (Pequeña Suma Teológica, Madrid 1963, 29).

Los setenta y dos eran conscientes de que el éxito de la misión dependió de hacerla “en nombre del Señor Jesús”. Eso los maravillaba. No fue por sus virtudes, nombres o títulos, no llevaban boletas de propaganda con sus rostros; no era su fama o proyecto lo que cautivaba y salvaba a la gente. La alegría de los discípulos nacía de la certeza de hacer las cosas en nombre del Señor, de vivir su proyecto, de compartir su vida; y esta les había enamorado tanto que les llevó también a compartirla con los demás.

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Y resulta interesante constatar que Jesús resume la actuación de los suyos hablando de la victoria sobre el poder de Satanás, un poder que desde nosotros solos jamás podremos vencer, pero sí en el nombre de Jesús. Cada uno de nosotros puede dar testimonio de esas batallas, y también de algunas derrotas. Cuando vosotros mencionáis la infinidad de campos donde realizáis vuestra acción evangelizadora, estáis librando esa lucha en nombre de Jesús. En su nombre, vosotros vencéis el mal, cuando enseñáis a alabar al Padre de los cielos y cuando enseñáis con sencillez el Evangelio y el catecismo. Cuando visitáis y asistís a un enfermo o brindáis el consuelo de la reconciliación. En su nombre, vosotros vencéis al dar de comer a un niño, al salvar una madre de la desesperación de estar sola para todo, al procurarle un trabajo a un padre de familia. Es un combate ganador el que se lucha contra la ignorancia brindando educación; también es llevar la presencia de Dios cuando alguien ayuda a que se respete, en su orden y perfección propios, todas las criaturas evitando su uso o explotación; y también los signos de su victoria cuando plantáis un árbol, o hacéis llegar el agua potable a una familia. ¡Qué signo del mal derrotado es cuando vosotros os dedicáis a que miles de personas recuperen la salud!

¡Seguid dando estas batallas, pero siempre en la oración y en la alabanza!

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La lucha también la vivimos en nosotros mismos. Dios desbarata la influencia del mal espíritu, ese que tantas veces nos transmite «una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión y que puede llevarnos a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida. A veces sucede que la vida espiritual se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio pero que no alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión evangelizadora» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 78) . Así, más que hombres y mujeres de alabanza, podemos transformarnos en “profesionales de los sagrado”. Derrotemos al mal espíritu en su propio terreno; allí donde nos invite a aferrarnos a seguridades económicas, espacios de poder y de gloria humana, respondamos con la disponibilidad y la pobreza evangélica que nos lleva a dar la vida por la misión (cf. ibíd., 76). ¡No nos dejemos robar la alegría misionera!

Queridos hermanos y hermanas: Jesús alaba al Padre porque ha revelado estas cosas a los “pequeños”. Somos pequeños porque nuestra alegría, nuestra dicha, es precisamente esta revelación que Él nos ha dado; el sencillo “ve y escucha” lo que ni sabios, ni profetas, ni reyes pueden ver y escuchar: la presencia de Dios en en los pacientes y afligidos, en los que tienen hambre y sed de justicia, en los misericordiosos (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23). Dichosos vosotros, dichosa Iglesia de los pobres y para los pobres, porque vive impregnada del perfume de su Señor, vive alegre anunciando la Buena Noticia a los descartados de la tierra, a aquellos que son los favoritos de Dios.

Transmitidle a vuestras comunidades mi cariño y cercanía, mi oración y bendición. En esta bendición que os daré en nombre del Señor os invito a que penséis en vuestras comunidades, en vuestros lugares de misión, para que el Señor siga diciendo bien a todas esas personas, allí donde se encuentren. Que vosotros podáis seguir siendo signo de su presencia viva en medio nuestro.

Y no os olvidéis de rezar y hacer rezar por mí.

Gracias.

© Librería Editorial Vaticana

 

Madagascar: Oración del Santo Padre por los trabajadores

En la cantera de Mahatazana

septiembre 08, 2019 16:33Larissa I. LópezViajes pontificios

 (ZENIT – 8 sept. 2019).- En la tarde de hoy, domingo 8 de septiembre de 2019, el Papa Francisco se trasladó a la cantera de Mahatazana, Antananarivo, Madagascar, para compartir un momento de oración con los trabajadores.

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Tras visita a Akamasoa, la Ciudad de la Amistad, el Santo Padre llegó a este espacio de trabajo en torno a las 16.00, hora local (15 h. en Roma).

Allí, en una nave cercana al monumento del Sagrado Corazón de Jesús y acompañado por el padre misionero Pedro Opeka, fundador de la Ciudad de la Amistad, el Papa fue recibido con cantos y vítores.

Más de 700 personas, hombres y mujeres, trabajan cada día en esta cantera, un terreno abierto sobre una colina en el que se extraen piedras y materiales de construcción. Un trabajo que exige un gran esfuerzo físico y mental en uno de los países más pobres del mundo.

Testimonio de una obrera

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Después de unas palabras de bienvenida y el canto de una joven, una trabajadora ofreció su testimonio en nombre de todos los obreros, de todas las personas que trabajan en las canteras de Madagascar.

Así, contó al Obispo de Roma que llevan más de 30 años rompiendo granito para mantener a sus familias, que sus salarios son bajos, pero que están contentos de tener un trabajo, esperando que algún día haya más justicia para los pobres.

Igualmente, expuso que esta visita del Santo Padre supone un gran estímulo para todos ellos y le agradeció su labor de defensa de los derechos de los trabajadores en todo el mundo. También le comunicó que le entregarían un recuerdo de la catedral de la ciudad fabricado con sus propias manos.

Oración por los Trabajadores

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Francisco recitó la Oración por los Trabajadores en la que exhortó a Dios que les conceda “la fortaleza del alma y la salud del cuerpo para que no sean esclavos del peso de su oficio” y que “el fruto del trabajo les permita asegurar dignamente la subsistencia de sus familias”.

Finalmente, tras la bendición apostólica y el canto final, antes de partir hacia el Collège de Saint Michel en papamóvil para el Encuentro con sacerdotes, religiosos y religiosas, consagrados y seminaristas, Francisco saludó al presidente de la República y a su esposa, a tres líderes musulmanes, a tres obreros y a un grupo de benefactores.

A continuación, sigue el texto completo de la Oración por los Trabajadores recitada por el Papa Francisco.

***

Oración del Santo Padre

Dios, Padre Nuestro, creador del cielo y de la tierra,
te damos gracias por habernos reunido como hermanos en este lugar,
ante esta roca rota por el trabajo del hombre,
te pedimos por todos los trabajadores.

Por aquellos que trabajan con sus manos,
y con un enorme esfuerzo físico.
Cuida sus cuerpos del desgaste excesivo,
que no les falte la ternura y la capacidad para acariciar
a sus hijos y jugar con ellos.
Concédeles constantemente la fortaleza del alma y la salud del cuerpo
para que no sean esclavos del peso de su oficio.

Haz que el fruto del trabajo
les permita asegurar dignamente la subsistencia de sus familias.
Que encuentren en ellas, cada noche, calor, descanso y aliento,
y que juntos, reunidos bajo tu mirada,
conozcan la auténtica alegría.

Que nuestras familias sepan que la alegría de ganarse el pan
es plena cuando ese pan se comparte;
que nuestros niños no sean forzados a trabajar,
puedan ir a la escuela y perseverar en sus estudios,
y sus maestros ofrezcan tiempo a esta tarea,
sin necesitar de otras actividades para el sustento cotidiano.

Dios de justicia, toca el corazón de los empresarios y los dirigentes:
Que hagan todo lo posible
por asegurar a los trabajadores un salario digno,
y unas condiciones que respeten la dignidad de la persona humana.

Hazte cargo con tu paternal misericordia
de los que no tienen trabajo,
y haz que el desempleo —causa de tantas miserias—
desaparezca de nuestra sociedad.

Que cada uno conozca la alegría y la dignidad
de ganarse el propio pan para llevarlo a su casa y
mantener a su familia.

Padre, crea entre los trabajadores un espíritu de auténtica solidaridad.
Que sepan estar atentos unos a otros,
que se animen mutuamente, que apoyen a los que están agobiados, levanten a los que han caído.

Que, ante la injusticia, sus corazones no cedan a la ira, al rencor,
a la amargura, sino que mantengan viva la esperanza
de ver un mundo mejor y trabajar para alcanzarlo.

Que sepan, juntos, de manera constructiva,
hacer valer sus derechos, y que sus voces sean escuchadas.

Dios, Padre Nuestro, tú has dado como protector de
los trabajadores del mundo entero a san José,
padre adoptivo de Jesús,
esposo valiente de la Virgen María.

A Él le confío a todos los que trabajan aquí, en Akamasoa,
así como a todos los trabajadores de Madagascar,
especialmente los que tienen una vida precaria y difícil.
Que él los guarde en el amor de tu Hijo
y los sostengan en sus vidas y en sus esperanzas.

Amén.

© Librería Editorial Vaticana

 

EXTIENDE TU MANO

— El Señor no pide cosas imposibles: nos da la gracia para ser santos.

— Luchar en lo pequeño, en aquello que está a nuestro alcance, en lo que nos aconsejan en la dirección espiritual.

— Docilidad a lo que cada día nos pide el Señor.

I. Entró Jesús un sábado en la sinagoga, donde había un hombre que tenía una mano seca. San Lucas precisa que era la derecha1. Y le observaban los escribas y los fariseos para ver si curaba en sábado. La interpretación farisea de la Ley solo permitía aplicar remedios médicos en este día dedicado al Señor si había peligro inminente de muerte; y este no era el caso de aquel hombre, que ha acudido a la sinagoga con la esperanza puesta en Jesús.

El Señor, que conocía bien los pensamientos y las intrigas de aquellos que amaban más la letra de la Ley que al Señor de la Ley, le dijo al hombre de la mano enferma: Levántate y ponte en medio. Y levantándose se puso en medio. Y Jesús, mirando a su alrededor, fijando su vista en todos ellos, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y este hombre, a pesar de sus experiencias anteriores, se esforzó en lo que decía el Señor, y su mano quedó curada. Aquel enfermo sanó ante todo gracias a la fuerza divina de las palabras de Cristo, pero también por su docilidad en llevar a cabo el esfuerzo que se le pedía. Así son los milagros de la gracia: ante defectos que nos parecen insuperables, frente a metas apostólicas que se ven excesivamente altas o difíciles, el Señor pide esta misma actitud: confianza en Él, manifestada en el recurso a los medios sobrenaturales, y en poner por obra aquello que está a nuestro alcance y que el Maestro nos insinúa en la intimidad de la oración o a través de la dirección espiritual.

Algunos Padres de la Iglesia han visto en estas palabras del Señor, «extiende tu mano», la necesidad de ejercitar las virtudes. «Extiéndela muchas veces –comenta San Ambrosio–, favoreciendo a tu prójimo; defiende de cualquier injuria a quien veas sufrir bajo el peso de la calumnia, extiende también tu mano al pobre que te pide; extiéndela al Señor, pidiéndole el perdón de tus pecados: así es como se debe extender la mano, y así es como se cura»2, realizando pequeños actos de aquellas virtudes que deseamos adquirir, dando pequeños pasos hacia las metas a las que queremos llegar. Si nos empeñamos, la gracia realiza maravillas con estos esfuerzos que parecen poca cosa. Si aquel hombre, fiado más de su experiencia de otras veces que de las palabras del Señor, no hubiera puesto en práctica lo poco que se le pedía, quizá hubiera seguido el resto de su vida con una mano inútil. Las virtudes se forjan día a día, la santidad se labra siendo fieles en lo menudo, en lo corriente, en acciones que podrían parecer irrelevantes, si no estuvieran vivificadas por la gracia.

«Cada día un poco más –igual que al tallar una piedra o una madera–, hay que ir limando asperezas, quitando defectos de nuestra vida personal, con espíritu de penitencia, con pequeñas mortificaciones (...). Luego, Jesucristo va poniendo lo que falta»3. Él es el que realmente realiza la obra de la santidad y el que mueve las almas, pero quiere contar con nuestra colaboración, obedeciendo en aquello que nos indica, aunque parezca insignificante, como extender la mano. Esto nos lleva a una lucha ascética alegre y a no desanimarnos jamás. En lo pequeño está nuestro poder.

II. Extiende tu mano..., esfuérzate en esa trama de cosas menudas que componen un día. Muchas metas se quedan sin alcanzar porque no estamos firmemente convencidos de la ayuda de la gracia divina, que hace sobrenaturalmente eficaces los pequeños esfuerzos.

La tibieza paraliza el ejercicio de las virtudes, mientras que estas con el amor cobran alas. El amor ha sido el gran motor de la vida de los santos. La tibieza hace que parezcan irrealizables los más pequeños esfuerzos (una carta que hemos de escribir, una llamada, una visita, una conversación, la puntualidad en el plan de vida diario...); forma una montaña de un grano de arena, La persona tibia piensa que, aunque el Señor le pide que extienda su mano, ella no puede. Y, como consecuencia, no la extiende... y no se cura. Por el contrario, el amor hace que los pequeños actos de virtud que realizamos desde la mañana hasta la noche tengan una eficacia sobrenatural enorme: forjan las virtudes, liman los defectos y encienden en deseos de santidad. Como una gota de agua ablanda poco a poco la piedra y la perfora, como las gotas de agua fecundan la tierra sedienta, así las buenas obras repetidas crean el buen hábito, la virtud sólida, y la conservan y aumentan4. La caridad se afianza en actos que parecen de poco relieve: poner buena cara, sonreír, crear un clima amable a nuestro alrededor aunque estemos cansados, evitar esa palabra que puede molestar, no impacientarnos en medio del tráfico de la gran ciudad, ayudar a un compañero que aquel día va un poco más retrasado en su trabajo, prestar unos apuntes a quien estuvo enfermo...

Los defectos arraigados (pereza, egoísmo, envidia...) se vencen, tratando de vivir la escena evangélica y recordando el mandato de Cristo: Extiende tu mano. Se mejora si, con la ayuda del Señor, se lucha en lo poco: en levantarse a la hora prevista y no más tarde; en el cuidado del orden en la ropa, en los libros; si se busca servir, sin que apenas se note, a quienes conviven con nosotros; si procuramos pensar menos en la propia salud, en las preocupaciones personales; si sabernos elegir bien un programa de televisión o apagarla si resulta inconveniente... Él continuamente nos dice: extiende tu mano, haz esos pequeños esfuerzos que te sugiere el Espíritu Santo en tu alma y los que te aconsejan en la dirección espiritual para superar esa incapacidad, a pesar de haber fracasado en otras ocasiones.

Porque contamos con la gracia del Señor, la santidad depende en buena parte de nosotros, de nuestro empeño dócil y continuado. Se cuenta de Santo Tomás de Aquino, que tenía fama de ser hombre de pocas palabras. Un día le preguntó su hermana qué hacía falta para ser santos. Y casi sin detenerse, según iba andando, contestó el Santo: QUERER. Nosotros pedimos al Señor que de verdad queramos ir cada día a Él, obedeciendo en las metas que nos han indicado en la dirección espiritual.

III. Aquel hombre de la mano paralizada fue dócil a las palabras de Jesús: se puso en medio de todos, como le había pedido el Señor, y luego atendió a sus palabras cuando le dijo que extendiera aquella mano enferma. La dirección espiritual personal se engarza con la íntima acción del Espíritu Santo en el alma, que sugiere de continuo esos pequeños vencimientos que nos ayudan eficazmente a disponernos para nuevas gracias. Cuando un cristiano pone de su parte todo lo posible para que las virtudes se desarrollen en su alma –quitando los obstáculos, alejándose de las ocasiones de pecar, luchando decididamente en el comienzo de la tentación–, Dios se vuelca con nuevas ayudas para fortalecer esas virtudes incipientes y regala los dones del Espíritu Santo, que perfeccionan esos hábitos formados por la gracia.

El Señor nos quiere con deseos eficaces, concretos, de ser santos; en la vida interior no bastan las ideas generales. «¿Has visto cómo levantaron aquel edificio de grandeza imponente? —Un ladrillo, y otro. Miles. Pero, uno a uno. —Y sacos de cemento, uno a uno. Y sillares, que suponen poco, ante la mole del conjunto. —Y trozos de hierro. —Y obreros que trabajan, día a día, las mismas horas...

»¿Viste cómo alzaron aquel edificio de grandeza imponente?... —¡A fuerza de cosas pequeñas!»5.

Es frecuente que al hablar de santidad se hagan notar algunos aspectos llamativos: las grandes pruebas, las circunstancias extraordinarias, el martirio; como si la vida cristiana vivida con todas sus consecuencias consistiera forzosamente en esos hechos y fuera empresa de unos pocos, de gente excepcional; y como si el Señor se conformara, en la mayoría de las gentes, con una vida cristiana de segunda categoría. Por el contrario, hemos de meditar hondamente que el Señor nos llama a todos a la santidad: a la madre de familia atareada porque apenas tiene tiempo para sacar adelante la casa, al empresario, al estudiante, a la dependienta de unos grandes almacenes y a la que está al frente de un puesto de verduras. El Espíritu Santo nos dice a todos: esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación6. Y se trata de una voluntad eficaz, porque Dios cuenta con todas las circunstancias por las que va a pasar la vida y da las gracias necesarias para actuar santamente.

Para crecer en las virtudes, hemos de prestar atención a lo que nos dice el Señor, muchas veces por intermediarios, y llevarlo a la práctica. «Ejemplo sublime de esta docilidad es para todos nosotros la Virgen Santísima, María de Nazaret, que pronunció el “fiat” de su disponibilidad total a los designios de Dios, de modo que el Espíritu pudo comenzar en Ella la realización concreta del plan de salvación»7. A nuestra Madre Santa María le pedimos hoy que nos ayude a ser cada vez más dóciles al Espíritu Santo, a crecer en las virtudes, luchando en las pequeñas metas de este día.

1 Lc 6, 6-11. — 2 San Ambrosio, Comentario al Evangelio de San Lucas, in loc. — 3 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 403. — 4 Cfr. R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, vol. I, p. 532. — 5 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 823. — 6 1 Tes 4, 3. — 7 Juan Pablo II, Alocución 30-V-1981.

 

 

“El perdón nos viene de la misericordia de Dios”

Me escribes que te has llegado, por fin, al confesonario, y que has probado la humillación de tener que abrir la cloaca –así dices– de tu vida ante "un hombre". –¿Cuándo arrancarás esa vana estimación que sientes de ti mismo? Entonces, irás a la confesión gozoso de mostrarte como eres, ante "ese hombre" ungido –otro Cristo, ¡el mismo Cristo!–, que te da la absolución, el perdón de Dios. (Surco, 45)

Padre: ¿cómo puede usted aguantar esta basura? -me dijiste, luego de una confesión contrita.
-Callé, pensando que si tu humildad te lleva a sentirte eso -basura: ¡un montón de basura!-, aún podremos hacer de toda tu miseria algo grande. (Camino, 605)
¡Qué poco amor de Dios tienes cuando cedes sin lucha porque no es pecado grave! (Camino, 328)
¡Otra vez a tus antiguas locuras!... Y luego, cuando vuelves, te notas con poca alegría, porque te falta humildad.
Parece que te obstinas en desconocer la segunda parte de la parábola del hijo pródigo, y todavía sigues apegado a la pobre felicidad de las bellotas. Soberbiamente herido por tu fragilidad, no te decides a pedir perdón, y no consideras que, si te humillas, te espera la jubilosa acogida de tu Padre Dios, la fiesta por tu regreso y por tu recomienzo. (Surco, 65)

 

 

Mensaje del Prelado (9 septiembre 2019)

Mons. Ocáriz nos anima a mirar a María para, como hizo ella, convertir el sufrimiento en un lugar donde encontrar claridad, paz y alegría.

Cartas pastorales y mensajes09/09/2019

Opus Dei - Mensaje del Prelado (9 septiembre 2019)

Queridísimos, ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

El próximo día 14, la Liturgia de la Iglesia nos lleva a considerar la Exaltación de la Santa Cruz y, al día siguiente, los Dolores de la Santísima Virgen.

En conversaciones y tertulias con muy diversas personas –como os sucederá también a vosotros–, a veces no faltan comentarios espontáneos sobre situaciones de dificultad, de sufrimiento, de oscuridad interior. En esas ocasiones, me suelen venir a la memoria unas palabras de san Josemaría sobre la Madre de Jesús: Dios la ha querido ensalzar con la plenitud de gracia, pero «es igualmente cierto que durante su vida terrena no fueron ahorrados a María ni la experiencia del dolor, ni el cansancio del trabajo, ni el claroscuro de la fe» (Es Cristo que pasa, n. 172).

Aunque no alcanzamos a comprender del todo esta realidad, si miramos a María –sobre todo al pie de la Cruz– podremos entender algo más la experiencia del sufrimiento y descubriremos poco a poco el sentido de aquellas palabras de san Pablo: «Completo en mi carne lo que falta a la Cruz de Cristo por su cuerpo que es la Iglesia» (Col 1,24). De esta manera, el sufrimiento podrá convertirse en lugar donde encontrar claridad, paz e incluso alegría: «Lux in Cruce, requies in Cruce, gaudium in Cruce».

Con todo cariño, os bendice

vuestro Padre

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Roma, 9 de septiembre de 2019

 

 

Familias que se comprometen con los que sufren

Más de ocho mil personas se reunieron ayer en el santuario de Torreciudad, en la 29ª Jornada Mariana de la Familia, que convocó a grupos de toda la geografía española. La convocatoria contó con un mensaje del Papa Francisco, por cuyo viaje a Mozambique, Madagascar y Mauricio se pidió expresamente.

Últimas noticias08/09/2019

Ha sido una jornada en la que monseñor Mario Iceta, obispo de Bilbao, habló a las familias del amor y entrega que generan vida y de unos hijos que puedan transformar el mundo, y afronten las dificultades desde la indigencia personal, la fe y la confianza. Mons. Iceta ve la familia como “don de Dios” y “regalo presidido por el amor, la alegría y la esperanza”.

Junto a autoridades locales, destacó la actuación del Coro del Colegio Tajamar (Madrid), la de Los Titiriteros de Binéfar, la Asociación de Empresarios del Somontano de Barbastro, Cruz Roja de Monzón y Graus, y efectivos de la Comandancia de Huesca de la Guardia Civil.

Mensaje del Papa Francisco

En un mensaje dirigido a los participantes de la 29 edición, el Papa Francisco les propuso “edificar una sociedad armoniosa en la búsqueda del bien común” y animó a “contribuir al fortalecimiento y desarrollo de la que es célula básica de la sociedad”. El Papa pidió a los presentes su oración por “el fruto de su ministerio al servicio de toda la Iglesia”.

Con las familias que sufren

En su homilía, el obispo de Bilbao planteó “acoger y servir a niños que no tienen familia, a familias que sufren, a enfermos y ancianos, a los heridos de la vida, a los excluidos y descartados, a los empobrecidos e inmigrantes”.

Monseñor Iceta subrayó la necesidad de que “vuestras familias sean acogedoras, sensibles a las necesidades de los demás”. Alabó a las madres, que “tienen un don especial para percibir las necesidades y sufrimientos, que nos enseñan a mirar de un modo nuevo”.

Ofrenda de familias en Torreciudad

Ofrenda de familias en Torreciudad

Con palabras del Papa Francisco recordó que “cada uno, con sus cualidades, dones y carismas es para los demás” y que “somos mendigos que necesitamos apasionadamente ser amados”.

Pedir y ofrecer perdón

El obispo de Bilbao impulsó al optimismo y señaló que “la aventura de la vida es una iniciativa suya (de Dios), no nuestra. No olvidemos nunca: Dios con nosotros”.

Iceta encareció la necesidad de cultivar la oración personal y familiar, con la práctica de los sacramentos, como la confesión y la eucaristía, que “es fuente inagotable de amor”. Destacó que “es fundamental saber reconocer las faltas, pedir perdón y ofrecer el perdón”.

El obispo recordó también a “las familias que atraviesan momentos de dificultad y de cruz” y pidió “no vivir solos en el sufrimiento”, ya que Dios “nos espera para acompañarnos y sostenernos”.

“Estemos todos atentos –añadió- a las necesidades de las familias que atraviesan dificultades y prestémonos a colaborar en la medida que lo necesiten de modo concreto y siempre con delicadeza y humildad, de modo que la esperanza nunca se apague”.

Foco espiritual y de desarrollo

Entre las autoridades, Ángel Vidal, alcalde de Secastilla, destacó que “ha sido una jornada con muchísima gente, una convocatoria extraordinaria para dar a conocer el territorio, que es una zona de gran belleza natural y pueblos excelentes”.

Por su parte, Isabel Blasco, subdelegada del Gobierno, destacó su satisfacción por estar en Torreciudad, que es “un lugar muy importante para la provincia, como foco de desarrollo, al que acuden ciudadanos de todo el mundo y es un escaparate de nuestros valores y potencialidades. Y nos gusta que sigan visitando otros focos de la provincia”.

El obispo de Bilbao con la Subdelegada del Gobierno, el alcalde de Secastilla y otras autoridades

El obispo de Bilbao con la Subdelegada del Gobierno, el alcalde de Secastilla y otras autoridades

Antonio Campo Olivar, concejal del Ayuntamiento de Barbastro, dijo que “es una jornada muy emotiva y entrañable, llena de devoción”. Campo, en nombre del Alcalde, Fernando Torres, señaló que “trabajaremos para reforzar los lazos que siempre ha habido con Torreciudad”.

Por su parte, Roque Vicente, concejal grausino y diputado provincial, declaró que “es una jornada que pone en valor la familia, como núcleo central de la sociedad, y es una satisfacción que Torreciudad nos invite. Tenemos objetivos comunes y el santuario es una de nuestras referencias. Por tanto, esa colaboración beneficiará a todos. En la diversidad del territorio está su riqueza”.

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Por su parte, Antonio Quintana, del Patronato de Torreciudad, agradeció la colaboración de las instituciones y confirmó “la colaboración y mejor predisposición para contribuir al desarrollo de las comarcas”.

Ofrendas a la Virgen

La Virgen de Torreciudad recibió numerosas ofrendas de los participantes, especialmente productos solidarios para los más necesitados, así como frutos del campo y comestibles, que se reparten en centros asistenciales. Algunas ofrendas fueron aceite y vino (Córdoba), horchata y fartons (Valencia), incienso de Sevilla, melocotones de Lleida, uvas de Aspe, y otras de Alcorcón, Cartagena, Valladolid, Pamplona, Jaén, Terrassa, Pozuelo y Alcobendas. Por su parte, la Asociación de Empresarios del Somontano de Barbastro gestionó la exposición de productos típicos de la tierra e información sobre turismo religioso con varios establecimientos y lugares de interés.


Más información

Torreciudad, un hospital del corazón.

«Caminad juntos, compartid esta visión alegre y esperanzada de la familia». Mons.Fernando Ocáriz en la 28ª edición de la Jornada Mariana de la Familia (2018).

Historia de Torreciudad (reportaje de Aragón TV).

Aragón TV se hace eco del proyecto “Torreciudad: santuario del siglo XXI”.

 

¿Qué es un sacramento? ¿Cuáles son los sacramentos de la Iglesia?

«Los sacramentos son el centro de la fe cristiana, por los que Dios comunica su gracia, se hace presente y actúa en nuestra vida. Los siete sacramentos de la Iglesia prolongan en la historia la acción salvífica y vivificante de Cristo, con la fuerza del Espíritu Santo» (Papa Francisco, Audiencia General del 8 enero del 2014).

Preguntas sobre la fe cristiana03/09/2019

Opus Dei - ¿Qué es un sacramento? ¿Cuáles son los sacramentos de la Iglesia?

¿Qué es un sacramento? ¿Cuáles son los sacramentos de la Iglesia?. Photo by Léa V on Unsplash

Sumario

1. ¿Qué es un sacramento? ¿Cuántos son?
2. Sacramentos de Cristo y de la Iglesia
3. Sacramentos de la fe y de la salvación


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1. ¿Qué es un sacramento? ¿Cuántos son?

Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia por los cuales nos es dispensada la vida divina. Los ritos visibles bajo los cuales los sacramentos son celebrados significan y realizan las gracias propias de cada sacramento.

Los sacramentos son signos sensibles (palabras y acciones), accesibles a nuestra humanidad, a través de los cuales Cristo actúa y nos comunica su gracia.

En la Iglesia hay siete sacramentos: Bautismo, Confirmación o Crismación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden sacerdotal y Matrimonio

Cfr. Catecismo de la Iglesia nn. 1131, 1084, 1113

Meditar con san Josemaría

¡Qué bondad la de Cristo al dejar a su Iglesia los Sacramentos! —Son remedio para cada necesidad.

—Venéralos y queda, al Señor y a su Iglesia, muy agradecido. Camino, 521

El que desea luchar, pone los medios. Y los medios no han cambiado en estos veinte siglos de cristianismo: oración, mortificación y frecuencia de Sacramentos. Como la mortificación es también oración —plegaria de los sentidos—, podemos describir esos medios con dos palabras sólo: oración y Sacramentos.

Quisiera que considerásemos ahora ese manantial de gracia divina de los Sacramentos, maravillosa manifestación de la misericordia de Dios. Meditemos despacio la definición que recoge el Catecismo de San Pío V: ciertas señales sensibles que causan la gracia, y al mismo tiempo la declaran, como poniéndola delante de los ojos. Dios Nuestro Señor es infinito, su amor es inagotable, su clemencia y su piedad con nosotros no admiten límites. Y, aunque nos concede su gracia de muchos otros modos, ha instituido expresa y libremente —sólo El podía hacerlo— estos siete signos eficaces, para que de una manera estable, sencilla y asequible a todos, los hombres puedan hacerse partícipes de los méritos de la Redención. Es Cristo que pasa, 78

2. Sacramentos de Cristo y de la Iglesia

El Concilio de Trento, siguiendo la doctrina de las Sagradas Escrituras y de la tradición apostólica profesó que todos los sacramentos fueron instituidos por nuestro Señor Jesucristo.

La Iglesia reconoció poco a poco este tesoro recibido de Cristo y precisó su "dispensación", tal como lo hizo con el canon de las Sagradas Escrituras y con la doctrina de la fe, como fiel dispensadora de los misterios de Dios. Así, la Iglesia ha precisado a lo largo de los siglos, que, entre sus celebraciones litúrgicas, hay siete que son, en el sentido propio del término, sacramentos instituidos por el Señor.

Los sacramentos son "de la Iglesia" en el doble sentido de que existen "por ella" y "para ella". Existen "por la Iglesia" porque ella es el sacramento de la acción de Cristo que actúa en ella gracias a la misión del Espíritu Santo. Y existen "para la Iglesia", porque ellos son "sacramentos [...] que constituyen la Iglesia" (San Agustín, De civitate Dei 22, 17; Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae 3, q.64, a. 2 ad 3), ya que manifiestan y comunican a los hombres, sobre todo en la Eucaristía, el misterio de la Comunión del Dios Amor, uno en tres Personas.

Los tres sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y del Orden sacerdotal confieren, además de la gracia, un carácter sacramental o "sello" por el cual el cristiano participa del sacerdocio de Cristo y forma parte de la Iglesia según estados y funciones diversas. Esta configuración con Cristo y con la Iglesia, realizada por el Espíritu, es indeleble, permanece para siempre en el cristiano como disposición positiva para la gracia, como promesa y garantía de la protección divina y como vocación al culto divino y al servicio de la Iglesia. Por tanto, estos sacramentos no pueden ser reiterados.

Cfr. Catecismo de la Iglesia nn. 1114-1121

Meditar con san Josemaría

La Iglesia, unida a Cristo, nace de un Corazón herido. De ese Corazón, abierto de par en par, se nos trasmite la vida. ¿Cómo no recordar aquí, aunque sea de pasada, los sacramentos, a través de los cuales Dios obra en nosotros y nos hace partícipes de la fuerza redentora de Cristo? ¿Cómo no recordar con agradecimiento particular el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, el Santo Sacrificio del Calvario (…) en nuestra Misa? Jesús que se nos entrega como alimento: porque Jesucristo viene a nosotros, todo ha cambiado, y en nuestro ser se manifiestan fuerzas —la ayuda del Espíritu Santo— que llenan el alma, que informan nuestras acciones, nuestro modo de pensar y de sentir. El Corazón de Cristo es paz para el cristiano. Es Cristo que pasa, 169

Hablábamos antes de lucha. Pero la lucha exige entrenamiento, una alimentación adecuada, una medicina urgente en caso de enfermedad, de contusiones, de heridas. Los Sacramentos, medicina principal de la Iglesia, no son superfluos: cuando se abandonan voluntariamente, no es posible dar un paso en el camino del seguimiento de Jesucristo: los necesitamos como la respiración, como el circular de la sangre, como la luz, para apreciar en cualquier instante lo que el Señor quiere de nosotros.

La ascética del cristiano exige fortaleza; y esa fortaleza la encuentra en el Creador. Somos la oscuridad, y Él es clarísimo resplandor; somos la enfermedad, y Él es salud robusta; somos la escasez, y Él la infinita riqueza; somos la debilidad, y Él nos sustenta, quia tu es, Deus, fortitudo mea, porque siempre eres, oh Dios mío, nuestra fortaleza. Nada hay en esta tierra capaz de oponerse al brotar impaciente de la Sangre redentora de Cristo. Pero la pequeñez humana puede velar los ojos, de modo que no adviertan la grandeza divina. De ahí la responsabilidad de todos los fieles, y especialmente de los que tienen el oficio de dirigir —de servir— espiritualmente al Pueblo de Dios, de no cegar las fuentes de la gracia, de no avergonzarse de la Cruz de Cristo. Es Cristo que pasa, 80.

3. Sacramentos de la fe y de la salvación

Cristo envió a sus Apóstoles para que, «en su Nombre, proclamasen a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados» (Lc 24,47). «Haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19). La misión de bautizar, por tanto, la misión sacramental, está implicada en la misión de evangelizar, porque el sacramento es preparado por la Palabra de Dios y por la fe que es consentimiento a esta Palabra.

Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios, pero, como signos, también tienen un fin instructivo. No sólo suponen la fe, también la fortalecen, la alimentan y la expresan con palabras y acciones; por eso se llaman “sacramentos de la fe”.

La fe de la Iglesia es anterior a la fe del fiel, el cual es invitado a adherirse a ella. Cuando la Iglesia celebra los sacramentos confiesa la fe recibida de los apóstoles.

Celebrados dignamente en la fe, los sacramentos confieren la gracia que significan. Son eficaces porque en ellos actúa Cristo mismo; Él es quien bautiza, Él quien actúa en sus sacramentos con el fin de comunicar la gracia que el sacramento significa.

Los sacramentos obran ex opere operato (según las palabras mismas del Concilio de Trento: "por el hecho mismo de que la acción es realizada"), es decir, en virtud de la obra salvífica de Cristo, realizada de una vez por todas. De ahí se sigue que "el sacramento no actúa en virtud de la justicia del hombre que lo da o que lo recibe, sino por el poder de Dios" (Santo Tomás de Aquino, S. Th., 3, q. 68, a.8, c). En consecuencia, siempre que un sacramento es celebrado conforme a la intención de la Iglesia, el poder de Cristo y de su Espíritu actúa en él y por él, independientemente de la santidad personal del ministro. Sin embargo, los frutos de los sacramentos dependen también de las disposiciones del que los recibe.

La Iglesia afirma que para los creyentes los sacramentos de la Nueva Alianza son necesarios para la salvación. La "gracia sacramental" es la gracia del Espíritu Santo dada por Cristo y propia de cada sacramento. El Espíritu cura y transforma a los que lo reciben conformándolos con el Hijo de Dios. El fruto de la vida sacramental consiste en que el Espíritu de adopción deifica a los fieles uniéndolos vitalmente al Hijo único, el Salvador.

El fruto de la vida sacramental es a la vez personal y eclesial. Por una parte, este fruto es para todo fiel la vida para Dios en Cristo Jesús: por otra parte, es para la Iglesia crecimiento en la caridad y en su misión de testimonio.

Cfr. Catecismo de la Iglesia nn. 1122-1134

Meditar con san Josemaría

Ausencia, aislamiento: pruebas para la perseverancia. —Santa Misa, oración, sacramentos, sacrificios: ¡comunión de los santos!: armas para vencer en la prueba. Camino, 997

¿Tú quieres ser fuerte? —Primero, date cuenta de que eres muy débil; y, luego, confía en Cristo, que es Padre y Hermano y Maestro, y que nos hace fuertes, entregándonos los medios para vencer: los sacramentos. ¡Vívelos! Forja, 643

¿Qué son los sacramentos huellas de la Encarnación del Verbo, como afirmaron los antiguos sino la más clara manifestación de este camino, que Dios ha elegido para santificarnos y llevarnos al Cielo? ¿No veis que cada sacramento es el amor de Dios, con toda su fuerza creadora y redentora, que se nos da sirviéndose de medios materiales? ¿Qué es esta Eucaristía ya inminente sino el Cuerpo y la Sangre adorables de nuestro Redentor, que se nos ofrece a través de la humilde materia de este mundo vino y pan, a través de los elementos de la naturaleza, cultivados por el hombre, como el último Concilio Ecuménico ha querido recordar? Conversaciones, 115

El cristiano se sabe injertado en Cristo por el Bautismo; habilitado a luchar por Cristo, por la Confirmación; llamado a obrar en el mundo por la participación en la función real, profética y sacerdotal de Cristo; hecho una sola cosa con Cristo por la Eucaristía, sacramento de la unidad y del amor. Por eso, como Cristo, ha de vivir de cara a los demás hombres, mirando con amor a todos y a cada uno de los que le rodean, y a la humanidad entera. Es Cristo que pasa, 106.

 

 

Poderes anónimos imponen sus ideologías

por Cardenal Antonio Cañizares

Opinión

05 septiembre 2019

La mayoría ya han finalizado o están finalizando sus merecidas vacaciones. Volvemos a la vida ordinaria, al trabajo de cada día, a la realidad de la que no podemos evadirnos.

Como es sabido por muchos de mis lectores, este verano he realizado un largo y deseado viaje misionero para visitar como pastor suyo a sacerdotes valencianos que trabajan, enviados por la diócesis de Valencia, en diversos países de Hispanoamérica: Chile, Perú, la selva amazónica peruana, Ecuador. Personalmente lo he vivido como una gracia del Cielo, tanto por ser la obra misionera que están llevando a cabo estos misioneros -de los que me siento profundamente orgulloso-, como por la llamada de las gentes de estos lugares que he escuchado: ¡Venid, ayudadnos! He podido palpar sus profundas pobrezas y sus necesidades, sus carencias: son ricos en pobrezas porque las tienen todas.

Cuando regresé, vine agotado, hecho polvo, literalmente, por el cansancio, por los trabajos, por vivir todo aquello despojándome de mí mismo y desvivirme por aquellos hermanos nuestros nativos de aquellos pueblos que los percibirnos no sólo lejanos, sino ignorados, olvidados y ciertamente excluidos por parte nuestra en estos países. Nosotros, europeos, que no carecemos de casi nada pero que estamos viviendo, por la secularización rampante que nos envuelve, la pobreza más radical: la ausencia y el olvido de Dios. Lo contrario que allí, donde, por tener a Dios, precisamente, los ves felices, alegres, generosos, agradecidos.

Por el cansancio acumulado durante el pasado curso, y por la fatiga del viaje, al regresar tuve que ser hospitalizado. Pero les digo a mis lectores: el viaje y la hospitalización sobrevenida han merecido la pena. Al palpar en la propia carne la debilidad de nuestro ser humano, ver y comprobar con mis ojos lo que tan generosamente están haciendo los misioneros (verdaderos adalides de la verdad de la Iglesia, signos vivos y esperanzados de la caridad pastoral) y el contraste de todo esto con lo que está sucediendo en España, en Europa y en tantos lugares de la opulencia, y ver quién está dominando el mundo, no sólo me rebelo ante las situaciones que estamos viviendo, sino que, sobre todo, me llevan a la cuestión principal: que Dios es ignorado, el Dios dado y revelado en Jesucristo.

Lo que se persigue no es otra cosa que la fe en Dios, su Hijo humanado, encarnado, y el servicio de la Iglesia, que no presta nadie sino ella; y, sin embargo fuerzas ocultas e invisibles lo quieren eliminar. Y créanme que me llena de santa indignación el que estemos donde estamos en nuestros países europeos sin que nadie nos informe de estas cosas; ni los políticos, ni nuestros dirigentes, ni nuestros medios de comunicación, ni esos poderes ocultos en silencio con sus propósitos mundialistas que están dominando el mundo a través de un nuevo orden mundial que está siendo un nuevo desorden del mundo y de nuestra sociedad.

¿Quién puede callar ante lo que está sucediendo? Hay, como digo, fuerzas ocultas, poderes anónimos e invisibles que se autopresentan como un nuevo orden mundial. Aunque afirmen otra cosa, están en contra de la verdadera democracia y de los valores que la sustentan, y la minan desde dentro, coartan derechos y libertades fundamentales y propugnan nuevos derechos que destruyen a los fundamentales y universales. Solo les interesa el dinero, el poder y dominio, van a socavar los Estados nacionales, la patria y aun otras cosas, enemigos desde antiguo declarados de la Iglesia, que les estorba para sus fines y pretensiones bastardos.

Digan lo que digan, no les importan los hombres, el Hombre, la persona inviolable y su dignidad universal; no les importan las democracias, aunque se digan sus defensores; se apoyan en la mentira y el engaño, y dominan y esclavizan y fomentan sus ideologías, por ejemplo la de género o la del posthumanismo o de la post verdad, fomentan y se apoyan en el relativismo generando una pseudo cultura de la muerte, de no-Paz, aunque digan defenderla.

Estas asociaciones o clubes internacionales están integrados por empresarios, políticos, hombres de universidad, periodistas, medios de comunicación, estrategas e ingenieros del futuro. Son fuerzas superpoderosas que mandan y dominan y llevan algunos en su seno por ignorancia e ingenuidad, o miedo, o temor, o intereses particulares inconfesables. Buscan una fuerte laicización de la sociedad, una auténtica destrucción espiritual y moral, son enemigos de la familia, de la juventud y de los menores, a los que destruyen con gobiernos presuntamente progresistas, dóciles y sumisos, que imponen, por ejemplo, legislaciones y normativas escolares destructivas y pervertidoras sobre una presunta educación sexual que va contra el hombre o con un falso feminismo contrario a la grandeza y dignidad de la mujer.

¡Qué distinto esto a lo que he podido ver este verano en mi «viaje apostólico misionero»! He visto muy particularmente y muy de cerca a una Iglesia que se apoya en Cristo, que ni tiene ni busca poder, sino sólo servir y dar la gran riqueza que tiene: Jesucristo a Quien sirvo y serviré, y también a su Iglesia, porque servirles, dándolo a conocer y testimoniándolo con gozo y alegría, con verdad y entrega, es ser libre y no caer bajo las garras infernales de esos poderes de los que nadie habla.

Publicado en La Razón el 4 de septiembre de 2019 con el título "Para la vuelta de vacaciones".

 

La red social de Dios

Esta semana, a partir del primero de septiembre y hasta el cuatro de octubre en la fiesta de San Francisco, varios grupos religiosos se unen a través de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación; con ese motivo, el Papa Francisco envió un mensaje que invita a todos los católicos a unirse a esta iniciativa de las Iglesias ortodoxas que inició hace ya treinta años.

“San Buenaventura, cantor de la sabiduría franciscana, decía que la creación es el primer “libro” que Dios abrió ante nuestros ojos, de modo que al admirar su variedad ordenada y hermosa fuéramos transportados a amar y alabar al Creador.”

Mi padre fue un “catequista” muy eficiente al mostrarme las maravillas de la naturaleza, la contemplación que el hacía del campo, las plantas, los árboles, las montañas, el cielo, las nubes, los arroyos, las flores y los animales fueron también un “libro” que poco a poco pude entender, mientras yo buscaba en los libros la sabiduría, el me la mostraba en los entornos naturales que tanto amaba y a donde lo acompañé en innumerables ocasiones.

La liturgia es una herramienta catequética que nos lleva de la mano en el culto divino, y desde siglos atrás los salmos prefiguran los elementos litúrgicos que muestran la unidad entre la alabanza de las creaturas a Dios y el canto de quién busca al Creador.

Años después, y cuando mi padre había ya marchado a la eternidad, pude experimentar la belleza de la oración en medio de la naturaleza; caminando bajo una fina lluvia pertinaz, llegué a un promontorio que mostraba un asomo del cielo, un paisaje que se conectó a mi espíritu y me hizo agradecer exultante al Padre. El “libro” de la creación se mostró en todo su esplendor, listo para ser ojeado, leído y releído.

“En el silencio y la oración podemos escuchar la voz sinfónica de la creación, que nos insta a salir de nuestras cerrazones autorreferenciales para redescubrirnos envueltos en la ternura del Padre y regocijarnos al compartir los dones recibidos. En este sentido, podemos decir que la creación, red de la vida, lugar de encuentro con el Señor y entre nosotros, es «la red social de Dios»”.

El amor que se experimenta en la contemplación de la creación, prepara para descubrir las maravillas -de la creación- que se encuentran en cada persona, y entonces la comunicación con Dios fluye como en las redes sociales, inadvertidamente conectando en todas direcciones con personas, acontecimientos y experiencias.

Estar entre espacios naturales es mejor que ver los paisajes en Instagram, la comunicación interpersonal que se puede entablar ahí supera a los mensajes de WhatsApp, por otra parte, la atención que se puede dar a una conversación en un entorno natural sin contaminación, representa oportunidades insuperables de manifestar nuestras aprobaciones, cariño, alegría, tristeza y enojo sin usar los emoticonos de Facebook.

El “tiempo de la creación” es “el tiempo para reflexionar sobre nuestro estilo de vida” ¿qué tanto desperdiciamos y contaminamos? ¿qué tanto respetamos y fortalecemos la “red de vida” entre todas las creaturas? Es “el tiempo para emprender acciones proféticas” como la de Greta Thunberg atravesando el océano atlántico en un barco de “cero emisiones” movido por viento y energía solar. Es estar atentos a las reflexiones del próximo Sínodo por la Amazonia, en el contexto de los graves incendios que la azotan. Es un mes de “oración por el cuidado de la creación”.

 

AFECTADOS  POR VIDEOJUEGOS Y … POR LOS CELULARES

  Ing. José Joaquín Camacho                                      

  Siglo 21, sábado 7 septiembre 2019

            Se hacía notar que una vez aceptado el peligro  adicción a los videojuegos, se espera que los países lo tomen en cuenta a la hora de planificar sus estrategias de salud, y que lo contemplen en su cobertura sanitaria

            Justo ese hábito, el de postergar o no prestar atención a los deberes urgentes por priorizar el videojuego, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha tomado en cuenta para declarar un nuevo trastorno, el de adicción a los juegos virtuales, e incluirlo en su Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD, por sus siglas en inglés).

            La definición del trastorno que la ICD registra oficialmente desde este momento y que entrará en vigor en 2022, subraya que se puede constatar la presencia de la afección cuando el individuo pierde el control sobre el tiempo que dedica al videojuego y le da precedencia sobre otras actividades diarias, incluso a pesar de las consecuencias negativas que ello puede acarrearle en lo personal y en sus relaciones familiares, sociales, laborales, etc., durante un período de al menos 12 meses.

                        Precisamente una reciente publicación que se refería a una moderna enfermedad que tiene como síntoma el estar consultando exageradamente el celular, “sufrir” cuando lo olvidó…. y que puede llevar a sensaciones como congoja, inquietud, mal humor e incluso dificultad en concentrarse en otros trabajos en que no le era necesario… Es una enfermedad que se llama nomofobia, palabra que se deriva del término inglés no-mobile-phone-phobia: miedo a no tener el celular: algo necesario por el actual ritmo de vida y a su interacción con otros dispositivos.

            Es éste un tema que, aunque comienza en la intimidad familiar, puede ser decisivo en configurar una entera sociedad. Estamos en una generación -jóvenes y no tan jóvenes- que algunos llaman de los IMers, del instant messaging (IM), que hace su vida social en la red y el celular. Cosas útiles e incluso necesarias, pero que pueden mantenernos fuera del contacto humano, haciendo que las relaciones familiares sean necesariamente por e-mail o se reduzcan al celular. Y quedaríamos entonces en una relación necesariamente superficial.

Porque aunque a veces se comenta que los jóvenes necesitan estar siempre conectados; la realidad es que muchos mayores también necesitan estar online… hasta  más que los jóvenes. A todos afecta. Estudios médicos detectan patologías de adicción tecnológica, incluida la tendencia a aislarse y el síndrome de abstinencia: y cuando están privados de contactos de celular o de Internet pueden tener reacciones enfermizas de ansiedad.

            Y relativo a este último punto, en las consultas de psicología se ve cada vez más este 'fenómeno', donde tratan matrimonios con dificultades en las relaciones, incluso con riesgo de  ruptura.

            En esta misma línea se comentó en su momento que algunos responsabilizaban al whatsapp de haber causado múltiples separaciones matrimoniales en todo el mundo. Y lo culpaba a dos de las funciones de esta aplicación: la que indica que el mensaje ha llegado al receptor (aunque no lo haya leído), y la vista de la hora exacta de la última conexión. Y que Estas dos opciones pueden generar un clima de desconfianza, al ver que el otro no “ha querido” contestar…

Investigaciones de psicólogos sobre la comunicación de actitudes y sentimientos llevan a la conclusión de que la comunicación digital cuenta solamente un 7%, mientras que la comunicación analógica, es decir la voz (38%) y la expresividad (55%), el resto especialmente en la transmisión de sentimientos, la intensidad, el volumen, el tono, el ritmo y la velocidad de la voz, así como los gestos, la mirada y las posturas, son mucho más decisivos que lo que se dice.

Concretamente la comunicación digital hay que utilizarla para lo que sirve: para dar recados y poco más, y no pedirle que sustituya a una conversación personal. En fin, tema complejo, pero que debe plantearse en lo personal y concreto de cada uno¸ pero interesa a los que nos rodean…

 

 

Nuestra sociedad está sufriendo hoy una profunda crisis

Es necesario que la práctica de esas virtudes, impregnen las instituciones, y la primera y más fundamental de ellas es la familia.

Es una ilusión peligrosa pensar que un hombre o un sistema puedan sacarnos de un día a otro de la crisis en que estamos, y devolver a nuestro país su estabilidad y grandeza. La caída es muy profunda y viene desde muy lejos. No existe camino de salvación a no ser el de las virtudes morales y sociales.

¿Por dónde se puede comenzar una reforma?

La reforma debe comenzar por la reconstitución de la familia.

Es una ilusión peligrosa pensar que un hombre, aún dotado de genio, pueda sacarnos de un día a otro de la situación en que estamos, y devolver a nuestro país su estabilidad y grandeza. La caída es muy profunda y viene desde muy lejos, ya que comenzó hace varios siglos. Ese hombre podría sólo reerguernos recolocándonos en el camino. Pero no existe camino de salvación a no ser el de las virtudes morales y sociales, que aparecen en el origen de todas las sociedades, dándoles nacimiento y después haciendo su prosperidad, por la concordia y el apoyo mutuo.

Tampoco basta que se obtenga de algunas personas, aunque éstas sean numerosas, la práctica de esas virtudes. Es necesario que ellas impregnen las instituciones. Las virtudes privadas pasan como los hombres que las practican, pero las naciones son entes que permanecen. Y si las virtudes son su sustentáculo y fundamento, ellas deben ser perpetuas. Esa perpetuidad no pueden encontrarla sino en las instituciones estables.

La primera de esas instituciones, y la más fundamental, aquella que es una creación divina, es la familia. La familia es la célula orgánica del cuerpo social. Es en ella que se encuentra el habitáculo de las virtudes morales y sociales. A partir de ella vimos irradiarse su poder, penetrando con el todos los órganos sociales y el propio Estado.

Hoy, la familia depende a tal punto del Estado, que el padre ni siquiera tiene la libertad de educar a sus hijos

Así ocurrió con todos los pueblos que se civilizaron.

Ahora, la familia ya no existe. Esta afirmación podrá sorprender. Sin embargo, sólo asustará a los que, conociéndola como se presenta hoy, ignoran lo que ella fue y lo que debe ser.

Antiguamente la familia, como la familia de la sociedad antigua, constituía un todo denso y homogéneo, que se gobernaba con entera independencia en relación al Estado, bajo la autoridad absoluta de su jefe natural, el padre, y en la vía de las tradiciones y costumbres legadas por sus antepasados.

Hoy, la familia depende a tal punto del Estado, que el padre ni siquiera tiene la libertad de educar a sus hijos como su conciencia y a sus tradiciones de familia lo recomiendan. El Estado se apodera de ellos con el objetivo legalmente proclamado de transformarlos en ateos, y por lo tanto en seres amorales. De tal manera los padres de familia perdieron la noción de lo que ellos representan, que concuerdan con todo esto.

Esto ocurre porque no tenemos más la idea de la familia que se tenía otrora, es decir, la que poseen todos los pueblos que viven y prosperan. No se ve en una familia más allá de la generación actual. Esta no forma, con las generaciones precedentes y las subsiguientes, en nuestro pensamiento y aun en la realidad, aquel conjunto homogéneo y solidario que atravesaba los siglos, manteniendo su unidad viva. [1]

El Estado que surgió de la Revolución francesa, robó la independencia de la familia e promulgó también leyes para suprimir esta cohesión y esta permanencia.

Rousseau, doctor del Estado revolucionario y precursor de la sociedad moderna

Entre los sofismas que Rousseau ‒el doctor del Estado revolucionario y precursor de la sociedad moderna‒ sacó de la pretendida bondad natural del hombre, se encuentra éste en el «Contrato Social«:

«Los niños permanecen unidos al padre sólo mientras tienen necesidad de él para mantenerse. Tan pronto como esa necesidad cesa, el vínculo natural se deshace. Los niños libres de la obediencia que debían al padre, y el padre libre de los cuidados que debía a su hijo, adquieren igualmente su independencia. Si permanecen unidos, no se trata ya de un hecho natural, sino voluntario, y la propia familia sólo se mantiene por una convención».

Estas palabras rebajan al hombre al nivel de los animales. Entre ellos, de hecho, el vínculo se disuelve cuando cesa la necesidad. La Revolución, quiso hacer entrar en las costumbres, por medio de sus leyes, todas las ideas de Rousseau… Y quiere hacerlo también en nuestros días.

Este texto que traduje más arriba con pequeñas modificaciones, fue escrito a comienzos del siglo XX por el célebre escritor católico Monseñor Henry Delassus. Las leyes e instituciones que hoy quieren imponer a la familia y en la educación por los más diversos medios no son más que el desarrollo de ese pensamiento de la Revolución.

[1] El japonés Naomi Tamura, regresando de un viaje a los Estados Unidos, publicó un libro sobre la familia, donde explica que en su país el matrimonio se fundamenta sobre todo en la idea de estirpe: «la vida de un hombre tiene menos importancia que la de una familia. En el régimen feudal, el castigo más terrible era la extinción de una familia existente durante varios siglos. Aún hoy, todo japonés instruido cree que la extinción de su familia en la mayor calamidad que pueda ocurrirle a un ser humano».

 

 

Es la crispación suave

Es la crispación suave, la que entretiene, la que ocupa tu tiempo en cosas que no tienen ninguna importancia, para que no te ocupes de resolver las que verdaderamente te interesan. Como dice Sánchez: ‘hay que evitar situaciones traumáticas’, como sería lo que está haciendo al proponer utilizar a Iceta: una cosa aparentemente muy poco traumática, normal, que se ha hecho siempre, aunque, hasta hace poco, el PSOE era radicalmente contrario a ella.

Al acosar, que no parezca que te lo quieres comer todo, aunque ese sea tu motivo principal de actuar. Que todo vaya suave, amable, sonriente, pero que genere enfado, molestia, dolor en aquellos a los que quieres controlar. Que tú estés siempre sonriente haciendo que los demás estén siempre tan enfadados que eso les haga perder los estribos.

Valentín Abelenda Carrillo

 

 

Todavía queda mucho

Desde que el entonces cardenal Ratzinger, prefecto de Doctrina de la Fe, asumió este encargo de Juan Pablo II, la lucha contra los abusos, se han dado pasos decisivos que han permitido reducir drásticamente el número de casos en muchos lugares y han introducido una nueva cultura de rendición de cuentas. Pero Francisco advierte de que todavía queda mucho por hacer. Y señala dos retos de especial urgencia: el primero es una mayor empatía y sensibilidad hacia el sufrimiento de las víctimas. Y el segundo, una reflexión sobre el ejercicio de la autoridad en la Iglesia que resalte la dimensión de servicio del ministro ordenado a los demás, actitud en las antípodas de quienes se sirven de su autoridad para fines que mancillan la institución que representan.

Pedro García

 

 

La crispación provocada

Por alguna razón misteriosa, casi todo el mundo está crispado como modo de vida permanente. Es el subidón constante que hace pensar en una sociedad muy fumada, con una pérdida constante del sentido común, esa cosa que nos unía a los demás aunque fueran distintos, y que parece batirse en retirada. El movimiento de los chalecos amarillos en Francia, o los que se quejan de todo y salen a la calle a manifestarlo para que se sepa, parecen profesionales de la crispación, gente muy preparada para incordiar en cuanto tengan la menor ocasión.

Y eso se junta con los que saben que la gente se enciende cada vez con mayor facilidad: han descubierto en la provocación, en el enfado provocado, su mejor arma para controlarlo todo con una mayor facilidad. Y la gente cae en la trampa ahora ya casi sin darse cuenta: se enfadan por tantas cosas y con tanta frecuencia, que no les queda tiempo de pensar que están bailando al son del crispador profesional, para que sigan bailando y le dejen a él hacer lo que le venga en gana. Esta misma mañana me he encontrado con personas crispadas ¿Motivos?.

Domingo Martínez Madrid

 

 

LA MEDICINA EL GRAN NEGOCIO EN LAS ÚLTIMAS ETAPAS “DE LA VIDA”

 

                                Como complemento  a uno de mis últimos artículos, publico este que escribiera en 2015; puesto que más o menos, la actualidad me dice que acerté.

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                                Cumplidos ya 77 agostos y enfermo crónico desde hace una docena de años; hoy me sostienen “doce dosis medicinales diarias”, que aumentan a 16 siete días de cada mes; por tanto imagine el lector lo que ya soy… “por mi parte ya me veo como una vela o cirio muy consumido y que lentamente se va acercando al final”… ¿miedo a la muerte? No, sí miedo a la forma en que habré de morir. ¿Calidad de vida? Discutible en grado algo preocupante, puesto que en la última “colocación de stem en coronarias” (va ya para un año) aquel cirujano me dijo que mejoraría bastante; pero muy al contrario fui perdiendo más fuerzas físicas, y el aumento de medicación que me puso luego el otro médico complementario, me produjo tal “revuelta” en el  organismo, que “me iba patas abajo”; cosa que costó trabajo corregir al tercer médico o de cabecera: En definitiva que contra lo que recomendaron encarecidamente, que anduviera mucho; mi cuerpo se negaba y por el contrario, me pedía asiento y cama… “menos mal que y como perdí las ganas de comer (el paladar era una pena) perdí gran cantidad de mi peso habitual y ello según ellos dicen, me viene muy bien para mi estado de salud. Y así voy “caminando”, con los deseos muchas veces de tener suerte al acostarme y cuando salga el nuevo Sol, que me encuentre ya “bien tieso”; no me importa irme cuanto antes. Y no es que tenga prisa en “ver a San Pedro”, pero ese “cirio que se va apagando”, y ya digo.

                                Esta mañana y regresando de la Farmacia o “tienda de múltiples medicinas que alargan la vida”, leo lo siguiente: “El negocio sanitario

http://vozpopuli.com/blogs/6225-vdos-sergio-ortega-el-negocio-sanitario El mundo envejece. Según los datos facilitados por Naciones Unidas, el crecimiento de la población mundial se ha mantenido imparable en los últimos años, pasando de poco más de 2.500 millones en 1950, a superar los 7.300 millones en 2015. Y según las proyecciones, este crecimiento se va a mantener constante a lo largo del presente siglo, si bien a menor ritmo, previendo superar los 11.200 millones en el 2100. En este aumento poblacional, hemos de ver igualmente un factor importante, que es el incremento de la esperanza de vida y de la edad media mundial. Si en 1950 la población mayor de 65 años era de apenas un 5%, en la actualidad es superior al 8,27% de la población mundial. Además, esta población cada vez está más concienciada de la importancia de llegar en un estado óptimo de salud a estas edades, aumentando el gasto en sanidad. Las empresas del sector son conscientes de ello, lo que les está llevando a potenciar numerosas áreas, desarrollar nuevos productos y abrir nuevas vías de investigación, lo que le está reportando notables beneficios”. Como les dejo la dirección, pulsen y lean todo que es interesante.

            Pero yendo al meollo del asunto… ¿Nos quieren porque nos quieren de verdad o nos quieren por cuanto como enorme negocio representamos? Yo estimo que por lo segundo (de hecho hay millones y millones de seres humanos que no tienen acceso a la medicina, sencillamente por cuanto no tienen dinero ni para comer; y al resto del mundo, ello les importa dos cojones) puesto que como se desprende de la información que cito, la medicina es de los primeros negocios del mundo mundial y en el que se mueven cantidades astronómicas de dinero.

            Por otra parte… ¿Mejor calidad de vida? Puede que algunos la consigan transitoriamente hasta perderla, pero viendo (y sabiendo por personas de nuestro propio entorno) tanta miseria, en forma de “viejos esqueletos”, que a duras penas pueden moverse; muchos de ellos llevados en carritos o incluso andando, pero sostenidos por esos emigrantes que se dedican a pasear a viejos y ancianos; lo que te cuentan de esas residencias de ancianos, donde a algunos tienen que atarlos por cuanto no hay ya forma de controlarlos, etc. etc. etc. No tienes más remedio que sonreír con amargura e imaginarte cada uno de esos dramas, como el que me contó una vecina, que dejaba atada a su propia madre en la residencia donde la tenía que mantener… “aquella pobre anciana, clamaba a la hija… ¡No te vayas no me dejes aquí! No eso ya no es vida, eso es un sobrevivir artificial y un tenerte “en conserva”, sobre la base de “almorzadas de medicamentos”. Por todo ello yo comprendo perfectamente a esos viejos y viejas, ya hartos de vivir, que incluso salen (el que tiene dinero y puede costearlo) en su último viaje con destino a esos lugares, donde les van a permitir morir cuando ellos quieran y no cuando lo marque “el destino”… También y ya hace muchos años, entendí aquel terrible mensaje que en la película de Anthony Quinn (Los dientes del diablo 1960) y que se desarrolla en el polo norte canadiense; aquellos esquimales dejan a la vieja madre fuera del iglú, en plena tormenta o ventisca de hielo, para que “la recoja el primer oso que por allí pasase y la condujera con rapidez hacia el otro mundo”. Son dramas de la vida y que cada cual los entenderá según el apego que tenga de seguir en ésta. Amén.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

Jaén: 18 de Agosto del 2015