Las Noticias de hoy 24 Julio 2019

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Hoy es el ultimo BOLETIN  que se publica has el dia dos de Septiembre proximo:

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 24 de julio de 2019    

Indice:

ROME REPORTS

La amada y torturada Siria en el corazón del Papa Francisco

Párroco de Alepo: agradecido al Papa por su gesto de amor a Siria

VIRTUDES HUMANAS: Francisco Fernandez Carbajal

“Poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades”: San Josemaria

Noviazgo y matrimonio: ¿cómo acertar con la persona?: Juan Ignacio Bañares

‘En espíritu y en verdad’: crear la unidad de vida (I): Guillaume Derville

Señor te quiero contar: Sheila Morataya

Atención a la eutanasia que viene (I): Jesús Ortiz López

245 millones de cristianos son perseguidos en todo el mundo: RomeReports

Violación sistemática de los derechos humanos de los venezolanos: Griselda Mutual

Fe y educación de los sentimientos: Ramiro Pellitero

El reto de la diversidad en la unidad: Ramiro Pellitero

Sexualidad, género y pasión igualitaria: Rafael Arriaga Martinez

Aquí,  entre  este silencio…: Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina

PATRIA    PATRIOTA  Y  PATRIOTISMO: María de los Ángeles Albornoz

Claves para educar a los hijos frente a la adversidad: LaFamilia.info 

 CARTA ABIERTA AL SR. CANDIDATO.: Amparo Tos Boix, Valencia.

Pensamientos y reflexiones 226: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

La amada y torturada Siria en el corazón del Papa Francisco

Desde el comienzo de su pontificado, el Papa Francisco ha alzado su voz por Siria, interpretando el dolor de un pueblo que sufre, pidiendo la intervención de la comunidad internacional para detener las armas, ofreciendo ayuda concreta a los refugiados y alabando el compromiso de algunos países a su favor

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

La sangre inocente derramada, los niños atrapados bajo los sangrientos bombardeos, muchos testigos de la fe secuestrados y asesinados pero que no se dieron paso atrás ante la Cruz. Son muchas las imágenes que Francisco, en seis años de Magisterio, ha ofrecido al mundo para que no distrajera su mirada de la inhumana guerra en Siria. El Papa se hizo voz de esperanza, de paz, de compromiso, sin ocultar las dificultades del diálogo entre las partes y el gran riesgo de convertir el conflicto en una "persecución brutal" de las minorías religiosas. La preocupación del Papa se ha dirigido en varias ocasiones a los refugiados y desplazados que huyen de la guerra y de la violencia que "sólo crea nuevas heridas, crea más violencia".

Al lado del pueblo sirio

Más de una docena de llamamientos en el Ángelus, en elRegina Coeli. Siria es un elemento constante en los mensajes Urbi et Orbi que pronuncia el Papa; lo mismo sucede en las audiencias generales los miércoles, cuando el derramamiento de sangre irrumpe y conmociona a causa de la violencia con el que se comete. Francisco hace oír el grito de paz a los grandes de la tierra que encuentra, escribe por ejemplo al Presidente ruso Vladimir Putin en la cumbre del G20 en San Petersburgo (5 de septiembre de 2013), pidiendo "una solución pacífica mediante el diálogo y la negociación entre las partes interesadas con el apoyo unánime de la comunidad internacional".

El 12 de diciembre de 2016 escribe al Presidente sirio Bashir Al-Assad, enviando una carta que envió por medio del Nuncio Apostólico en Siria, el Card. Mario Zenari, otro incansable embajador de paz. Pide "una solución pacífica de las hostilidades", la protección de los civiles, el acceso a la ayuda humanitaria y condena "todas las formas de extremismo y terrorismo, vengan de donde vengan".

La caricia de la Iglesia

"Quiero decirles que no están solos": así explica Francisco su presencia, junto con el Patriarca ecuménico de Constantinopla Bartolomé, en Lesbos el 16 de abril de 2016, dirigiéndose a los refugiados acogidos en el campo de Moria. En el avión que lo lleva de vuelta al Vaticano hay también tres familias sirias. Es un gesto que va más allá de las palabras; es un gesto que es el amor de la Iglesia por los débiles, es la caricia de Jesús a los hambrientos de hoy.

Tres años más tarde, el Papa envía al Cardenal Konrad Krajewski, Limosnero Pontificio, para que lleve su cercanía y una donación de 100.000 euros a los migrantes alojados en las estructuras de la isla. También en 2019, en el Vía Crucis del Coliseo, dos sirios estrechan fuerte la cruz en la duodécima estación. Las manos alrededor de la madera recuerdan las palabras del Papa en la Carta a los cristianos de Oriente Medio de 2014: “¡Que podáis dar siempre testimonio de Jesús en medio de las dificultades!” “Sois como la levadura en la masa”,  escribía Francisco.

La Jornada de ayuno y la vigilia por la paz

Dieciocho días después de su elección, Francisco en su mensaje Urbi et Orbi recuerda "a la amada Siria" y a la población herida por el conflicto, pero también "a los numerosos refugiados que están esperando ayuda y consuelo".

¡Cuánta sangre derramada! ¿Y cuánto dolor se ha de causar todavía, antes de que se consiga encontrar una solución política a la crisis?

Una pregunta que repite varias veces a lo largo de los años. El Papa pide "valor" y "decisión" para emprender el camino de la negociación, sin escatimar esfuerzos. La oración es la fuerza a la que aferrarse en el dolor y las dificultades, por eso promueve una Jornada de Ayuno y Oración por la Paz en Siria, en Oriente Medio, para el 7 de septiembre de 2013, en todo el mundo. "¡La humanidad - dice Francisco en el Ángelus del 1 de septiembre de 2013 - necesita ver gestos de paz y escuchar palabras de esperanza y de paz!”

La asistencia a los que sufren

La preocupación de Francisco a lo largo de los años y en vista de las cumbres internacionales sobre Siria, es respetar el derecho humanitario. En repetidas ocasiones pide garantías para la evacuación de civiles y elogia la acogida de países como el Líbano, Jordania y Turquía. Desde Lesbos, en 2016, el Papa, junto con el Patriarca Bartolomé y el Arzobispo de Atenas Ieronymos, firma una Declaración conjunta para implorar el fin de la guerra e intensificar los esfuerzos para acoger a los que huyen.

Hasta que dure la situación de necesidad, pedimos a todos los países que extiendan el asilo temporal, ofrezcan el estado de refugiados a quienes son idóneos, incrementen las iniciativas de ayuda y trabajen con todos los hombres y mujeres de buena voluntad por un final rápido de los conflictos actuales.

Un sufrimiento que clama a Dios

Ante los secuestros de cristianos y musulmanes, entre estos obispos y religiosos, Francisco pide que detengan las armas y en la Carta a los cristianos de Oriente Medio habla de las tribulaciones causadas por el así llamado Estado islámico.

Por desgracia, nunca han faltado tribulación ni aflicción en Oriente Medio tanto en el pasado como recientemente. En los últimos meses se han agravado debido a los conflictos que afligen a la Región, pero especialmente por la actividad de una reciente y preocupante organización terrorista, de unas dimensiones nunca antes vistas, que comete todo tipo de abusos y prácticas inhumanas, golpeando especialmente a aquellos de vosotros que han sido brutalmente expulsados de sus tierras, en las que los cristianos están presentes desde la época apostólica.

“ Este sufrimiento clama a Dios y apela al compromiso de todos nosotros, con la oración y todo tipo de iniciativas ”

“El fundamentalismo religioso, antes incluso de descartar a seres humanos perpetrando horrendas masacres, rechaza a Dios, relegándolo a mero pretexto ideológico” explica el Papa en enero del 2015, ante los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede. 

Los niños, esperanza de paz

En el pensamiento de Francisco siempre hay un espacio especial para los niños, primeras víctimas de la guerra y que "no podrán ver la luz del futuro". Condenando firmemente el uso de armas químicas y a los traficantes de armas que "siguen sirviendo a sus intereses: armas bañadas en sangre, sangre inocente", el Pontífice recuerda que la violencia crea violencia.

“¡Hay un juicio de Dios y también un juicio de la historia sobre nuestras acciones al cual no se puede huir! Jamás el uso de la violencia lleva a la paz. ¡La guerra llama a la guerra, la violencia llama a la violencia!”

El 1° de junio de 2016, con ocasión del Día Internacional del Niño, el Papa invita a los niños de todo el mundo a unirse en oración con sus coetáneos sirios, mientras que el 2 de diciembre de 2018, primer domingo de Adviento, enciende una cirio, símbolo de paz, para que los pequeños que viven los conflictos no pierdan la esperanza. La paz, ha repetido varias veces Francisco, "comienza en el corazón".

 

 

Párroco de Alepo: agradecido al Papa por su gesto de amor a Siria

El Padre Firas Lutfi agradece al Papa Francisco por sus numerosos llamamientos por la paz y por su carta a Assad, que una vez más ha demostrado su amor por Siria. En las palabras del párroco de Alepo, el drama de los cristianos de Idlib que sufren persecución y ultrajes

Federico Piana - Cecilia Mutual - Ciudad del Vaticano

"Estamos agradecidos al Papa por sus intervenciones directas. Muchas veces se dirigió a nuestro país llamándolo 'mi amada Siria', nunca nos olvidó": son palabras del padre Firas Lutfi, párroco de Alepo, entrevistado por Vatican News, tras la carta que el Santo Padre dirigió al presidente sirio Bashar Hafez al-Assad, invitándolo a hacer todo lo posible para detener esta 'catástrofe humanitaria', por la salvaguardia de la población indefensa, en particular de los más débiles, en el respeto del Derecho Humanitario Internacional.

La noticia de la entrega de la carta que el Pontífice envió al presidente sirio llegó ayer, el mismo día en que otros misiles cayeron a pocos kilómetros de Alepo: “Han matado 8 civiles, niños y adultos, provocando tantos heridos. Diría que la situación es verdaderamente muy preocupante”, relata el padre Lutfi. Con sinsabor el sacerdote cuenta que en la zona viven más de 400 cristianos, que son maltratados por los yihadistas. “Para citar un último evento, hace una semana una enseñante fue secuestrada por 6 yihadistas, violentada y lapidada”.

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Parolin: "El Papa pide a Assad iniciativas concretas para la población

22/07/2019

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Parolin: "El Papa pide a Assad iniciativas concretas para la población

Dramática situación humanitaria

“La situación humanitaria, desde cuando comenzó la guerra en Siria, se ha vuelto tremenda”, continúa explicando el párroco de Alepo. “Pensemos en las personas que han perdido las casas, en las personas que han tenido que emigrar, en las personas que han sufrido la muerte, mutilaciones y en los centenares de miles de personas que han sufrido estrés y traumas psicológicos que necesitan años para recuperarse y restablecerse”.

Hablando de la situación en Idlib, el padre Firas recuerda que "son tantas las personas que por miedo viven allí cerca al acampamento de las tropas, escapan, dejan sus casas, en fuga hacia una demora más segura y estable”. En Siria, "antes de la guerra eran 23 millones de habitantes, y ahora son más o menos la mitad, y todos han debido escapar, de una manera u otra. La situación de los prófugos continua siendo la misma tanto en el Líbano como en Turquía y también en Jordania. Si la guerra no cesa, si la paz no se logra lo antes posible, ciertamente queda una herida abierta que necesita sanación”.

 

 

VIRTUDES HUMANAS

— Las virtudes humanas componen el fundamento de las sobrenaturales.

— En Jesucristo tienen su plenitud todas las virtudes.

— Necesidad de las virtudes humanas en el apostolado.

I. El Evangelio de la Misa1 nos enseña cómo la semilla de la gracia cae en terrenos muy diferentes: entre espinos, en el camino endurecido por el paso de las gentes, en medio de un pedregal..., en tierra buena. Dios quiere que seamos esa tierra bien preparada que acoge la semilla y a su tiempo da una crecida cosecha. Las virtudes naturales constituyen en el hombre el terreno bien dispuesto para que, con la ayuda de la gracia, arraiguen y crezcan las sobrenaturales. Muchos que, quizá por ignorancia, viven alejados de Dios, pero han cultivado esas disposiciones nobles y honradas, están bien dispuestos y preparados para recibir la gracia de la fe, porque el comportamiento humano recto compone como el punto de apoyo del edificio sobrenatural.

La vida de la gracia en el cristiano no está superpuesta a la realidad humana, sino que la penetra, la enriquece y la perfecciona. «De este modo se explica que la Iglesia exija a sus santos el ejercicio heroico no solo de las virtudes teologales, sino también de las morales y humanas; y que las personas verdaderamente unidas a Dios por el ejercicio de las virtudes teologales se perfeccionan también desde el punto de vista humano, se afinan en su trato; son leales, afables, corteses, generosas, sinceras, precisamente porque tienen colocados en Dios todos los afectos de su alma»2.

El orden sobrenatural no prescinde del orden natural, ni mucho menos lo destruye: «por el contrario, lo levanta y lo perfecciona, y cada uno de los órdenes presta al otro un auxilio, como un complemento proporcionado a su propia naturaleza y dignidad, puesto que ambos proceden de Dios, que no puede menos de estar de acuerdo consigo mismo»3.

Aunque la gracia puede transformar por sí misma a las personas, lo normal es que requiera las virtudes humanas, pues ¿cómo podría arraigar, por ejemplo, la virtud cardinal de la fortaleza en un cristiano que no se venciera en pequeños hábitos de comodidad o de pereza, que estuviera excesivamente preocupado del calor o del frío, que se dejara llevar habitualmente por los estados de ánimo, que estuviera pendiente de sí mismo y de su comodidad? ¿Cómo podría vivir el optimismo ante las más diversas circunstancias, consecuencia de su vida de fe, si fuera pesimista y malhumorado en su convivencia ordinaria? «No se puede mutilar nada de la esencia ni de las cualidades buenas de la naturaleza humana. Despersonalizarse en aquello que de bueno tiene el hombre –que es mucho– es lo más ruinoso que puede hacer un cristiano. Desarrolla tu naturaleza, tu actividad humana; desarróllala hasta el infinito. Todo lo que empequeñece, lo que contrae y estrecha, lo que nos ata por el miedo, eso no es Cristianismo. Hay que emplear otra palabra que no sea despersonalización para designar la total purificación del pecado y malas inclinaciones que el hombre, con la ayuda de Dios, ha de realizar»4. El Señor nos quiere con una personalidad definida, cada uno la suya, resultado del aprecio que tenemos por todo lo que Él nos ha dado y del empeño que hemos puesto por cultivar estos dones personales.

La tierra bien dispuesta –las virtudes naturales– permite que la semilla divina arraigue, crezca y se desarrolle con facilidad, a impulsos de la gracia y de la personal correspondencia. Y, al mismo tiempo, mejora el terreno en el que cayó la buena simiente cuando crece en él la semilla. La vida cristiana perfecciona las condiciones humanas, al darles una finalidad más alta; el hombre es más humano cuanto más cristiano.

II. El Señor quiere que practiquemos todas las virtudes naturales: el optimismo, la generosidad, el orden, la reciedumbre, la alegría, la cordialidad, la sinceridad, la veracidad... En primer lugar, porque debemos imitarle a Él, perfecto Dios y Hombre perfecto. En Él, tienen su plenitud todas las virtudes propias de la persona y, siendo Dios, se manifestó profundamente humano. «Vestía al uso de la época, tomaba los manjares corrientes, se comportaba según las costumbres del lugar, raza y época a que pertenecía. Imponía las manos, ordenaba, se enfadaba, sonreía, lloraba, discutía, se cansaba, sentía sueño y fatiga, hambre y sed, angustia y alegría. Y la unión, la fusión entre lo divino y lo humano era tan total, tan perfecta, que todas sus acciones eran, a la vez, divinas y humanas. Era Dios, y gustaba llamarse Hijo del Hombre»5. Cristo mismo exigió a todos la perfección humana encerrada en la ley natural6, formó a sus discípulos no solo en las virtudes sobrenaturales sino en el comportamiento social, en la sinceridad, en la nobleza7, les instó a que fueran hombres de juicio ponderado8... Él mismo echó de menos la gratitud de unos leprosos a los que había curado9, y las muestras de cortesía y de urbanidad10 propias de gentes educadas. Tanta importancia dio Jesús a las virtudes humanas que llegó a decir a sus discípulos: si no entendéis las cosas de la tierra, ¿cómo entenderéis las celestiales?11.

Si en lo humano procuramos ser sencillos, leales, trabajadores, comprensivos, equilibrados..., estaremos imitando a Cristo, que es también el Modelo en nuestro comportamiento, y nos dispondremos a ser la buena tierra donde las virtudes sobrenaturales echan con facilidad sus raíces. Para eso debemos contemplar muchas veces al Maestro y ver en Él la plenitud de todo lo humano noble y recto. En Jesús tenemos el ideal humano y divino al que nos debemos parecer.

III. El cristiano en medio del mundo es como una ciudad puesta en lo alto de un monte, como la luz sobre el candelero. Y lo humano es lo primero que se ve; el ejemplo de personas íntegras, leales, honradas, valientes..., es lo que arrastra. Por eso, las virtudes propias de la persona –todas las condiciones naturales buenas– se convierten en instrumento de la gracia para acercar a otros a Dios: el prestigio profesional, la amistad, la sencillez, la cordialidad..., pueden disponer a las almas para oír con atención el mensaje de Cristo. Las virtudes humanas son necesarias en el apostolado, porque si nuestros amigos no ven estas, difícilmente entenderán las sobrenaturales. Si un cristiano no fuera veraz, ¿cómo podrían confiar en él sus amigos? ¿Cómo daríamos a conocer el verdadero rostro de Cristo, si falláramos en lo elemental, en lo humano? Las virtudes humanas han de ser como el monte en el que está puesta la ciudad, como el candelero en el que se coloca la luz de Cristo. Muchos apreciarán la vida sobrenatural cuando la vean hecha realidad en una conducta plenamente humana.

Hemos de dar a conocer que Cristo vive, con la alegría habitual, a través de la serenidad en circunstancias quizá difíciles y penosas, en el trabajo bien acabado, en la sobriedad y la templanza, en una amistad siempre abierta a todos. Una vocación cristiana vivida en su integridad debe informar todos los aspectos de la existencia. Todos aquellos que de alguna manera nos tratan y nos conocen han de percibir, la mayoría de las veces solo por el comportamiento, la alegría de la gracia que late en el corazón. «Hemos de conducirnos de tal manera, que los demás puedan decir, al vernos: este es cristiano, porque no odia, porque sabe comprender, porque no es fanático, porque está por encima de los instintos, porque es sacrificado, porque manifiesta sentimientos de paz, porque ama»12, porque es generoso con su tiempo, porque no se queja, porque sabe prescindir de lo superfluo...

El mundo que nos rodea está necesitado del testimonio de hombres y mujeres que, llevando a Cristo en su corazón, sean ejemplares. Quizá nunca se ha hablado tanto de los derechos del hombre y de logros humanos. Pocas veces la humanidad ha sido tan consciente de sus propias fuerzas. Pero quizá nunca se han dejado más claramente de lado los valores propios de la persona, que son aquellos que posee en cuanto imagen de Dios.

De los cristianos espera el mundo esta enseñanza fundamental: que todos hemos sido llamados a ser hijos de Dios. Y para alcanzar esta meta, hemos de vivir en primer lugar como hombres y mujeres cabales, desarrollando todos los valores naturales que el Señor nos ha dado. Así, con sencillez, mostramos que, para imitar a Cristo, es necesario ser muy humanos; y que, siendo plenamente humanos, llevamos camino –porque la gracia nunca falta– de ser plenamente hijos de Dios.

1 Mt 13, 1-9. — 2 A. del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, Palabra, Madrid 1970, p. 30. — 3 Pío XI, Enc. Divini illius Magistri, 31-XII-1929. — 4 J. Urteaga, El valor divino de lo humano, Rialp, 29ª ed., Madrid 1984, p. 61. — 5 F. Suárez, El sacerdote y su ministerio, p. 131. — 6 Mt 5, 21 ss. — 7 Mt 5, 37. — 8 Jn 9, 1-3. — 9 Lc 17, 17-18. — 10 Lc 7, 44-46. — 11 Jn 3, 12. — 12 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 122.

 

 

“Poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades”

Cualquier actividad –sea o no humanamente muy importante– ha de convertirse para ti en un medio de servir al Señor y a los hombres: ahí está la verdadera dimensión de su importancia. (Forja, 684)

Trabaja siempre, y en todo, con sacrificio, para poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades de los hombres. (Forja, 685)

La correspondencia a la gracia también está en esas cosas menudas de la jornada, que parecen sin categoría y, sin embargo, tienen la trascendencia del Amor. (Forja, 686)

No cabe olvidar que el trabajo digno, noble y honesto, en lo humano, puede –¡y debe!– elevarse al orden sobrenatural, pasando a ser un quehacer divino. (Forja, 687)

Jesús, Señor y Modelo nuestro, creciendo y viviendo como uno de nosotros, nos revela que la existencia humana –la tuya–, las ocupaciones corrientes y ordinarias, tienen un sentido divino, de eternidad. (Forja, 688)

 

Noviazgo y matrimonio: ¿cómo acertar con la persona?

Prepararse a emprender un viaje para toda la vida exige escoger el compañero adecuado. ¿Qué orientaciones da la fe cristiana? ¿Cómo combinar cabeza y corazón? Prosigue la serie de artículos sobre el amor humano.

Amor humano19/06/2015

Opus Dei - Noviazgo y matrimonio: ¿cómo acertar con la persona?

Uno de los cometidos más importantes del noviazgo es poder transitar del enamoramiento (la constatación de que alguien origina en uno sentimientos singulares que le inclinan a abrir la intimidad, y que dan a todas las circunstancias y sucesos un color nuevo y distinto: es decir, un fenómeno típicamente afectivo), a un amor más efectivo y libre. Este tránsito se realiza gracias a una profundización en el conocimiento mutuo y a un acto neto de disposición de sí por parte de la propia voluntad.

En esta etapa es importante conocer realmente al otro, y verificar la existencia o inexistencia entre ambos de un entendimiento básico para compartir un proyecto común de vida conyugal y familiar: "que os queráis –aconsejaba san Josemaría-, que os tratéis, que os conozcáis, que os respetéis mutuamente, como si cada uno fuera un tesoro que pertenece al otro"[1].

A la vez, no basta con tratar y conocer más al otro en sí mismo; también hay que detenerse y analizar cómo es la interrelación de los dos. Conviene pensar cómo es y cómo actúa el otro conmigo; cómo soy y cómo actúo yo con él; y cómo es la propia relación en sí.

El noviazgo, una escuela de amor

En efecto, una cosa es cómo es una persona, otra cómo se manifiesta en su trato conmigo (y viceversa), y aún otra distinta cómo es tal relación en sí misma, por ejemplo, si se apoya excesivamente en el sentimiento y en la dependencia afectiva. Como afirma san Josemaría, "el noviazgo debe ser una ocasión de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo. Es una escuela de amor, inspirada no por el afán de posesión, sino por espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza"[2].

Ahondar en el conocimiento mutuo implica hacerse algunas preguntas: qué papel desempeña –y qué consecuencias conlleva– el atractivo físico, qué dedicación mutua existe (tanto de presencia, como de comunicación a través del mundo de las pantallas: teléfono, SMS, Whatsapp, Skype, Twitter, Instagram, Facebook etc.), con quién y cómo nos relacionamos los dos como pareja, y cómo se lleva cada uno con la familia y amigas o amigos del otro, si existen suficientes ámbitos de independencia en la actuación personal de cada uno –o si, por el contrario, faltan ámbitos de actuación conjunta–, la distribución de tiempo de ocio, los motivos de fondo que nos empujan a seguir adelante con la relación, cómo va evolucionando y qué efectos reales produce en cada uno, qué valor da cada uno a la fe en la relación...

Hay que tener en cuenta que, como afirma san Juan Pablo II, "muchos fenómenos negativos que se lamentan hoy en la vida familiar derivan del hecho de que, los jóvenes no sólo pierden de vista la justa jerarquía de valores, sino que, al no poseer ya criterios seguros de comportamiento, no saben cómo afrontar y resolver las nuevas dificultades. La experiencia enseña en cambio que los jóvenes bien preparados para la vida familiar, en general van mejor que los demás"[3].

Lógicamente, importa también conocer la situación real del otro en algunos aspectos que pueden no formar parte directamente de la relación de noviazgo: comportamiento familiar, profesional y social; salud y enfermedades relevantes; equilibrio psíquico; disposición y uso de recursos económicos y proyección de futuro; capacidad de compromiso y honestidad con las obligaciones asumidas; serenidad y ecuanimidad en el planteamiento de las cuestiones o de situaciones difíciles, etc.

Compañeros de viaje

Es oportuno conocer qué tipo de camino deseo recorrer con mi compañero de viaje, en su fase inicial; el noviazgo. Comprobar que vamos alcanzando las marcas adecuadas del sendero, sabiendo que será mi acompañante para la peregrinación de la vida. Los meeting points se han de ir cumpliendo. Para eso podemos plantear ahora algunas preguntas concretas y prácticas que se refieren no tanto al conocimiento del otro como persona, sino a examinar el estado de la relación de noviazgo en sí misma.

¿Cuánto hemos crecido desde que iniciamos la relación de noviazgo? ¿Cómo nos hemos enriquecido –o empobrecido– en nuestra madurez personal humana y cristiana? ¿Hay equilibrio y proporción en lo que ocupa de cabeza, de tiempo, de corazón? ¿Existe un conocimiento cada vez más profundo y una confianza cada vez mayor? ¿Sabemos bien cuáles son los puntos fuertes y los puntos débiles propios y del otro, y procuramos ayudarnos a sacar lo mejor de cada uno? ¿Sabemos ser a la vez comprensivos –para respetar el modo de ser de cada uno y su particular velocidad de avance en sus esfuerzos y luchas– y exigentes: para no dejarnos acomodar pactando con los defectos de uno y otro? ¿Valoro en más lo positivo en la relación? A este respecto, dice el Papa Francisco: "convertir en algo normal el amor y no el odio, convertir en algo común la ayuda mutua, no la indiferencia o la enemistad"[4].

A la hora de querer y expresar el cariño, ¿tenemos como primer criterio no tanto las manifestaciones sensibles, sino la búsqueda del bien del otro por delante del propio? ¿Existe una cierta madurez afectiva, al menos incoada? ¿Compartimos realmente unos valores fundamentales y existe entendimiento mutuo respecto al plan futuro de matrimonio y familia? ¿Sabemos dialogar sin acalorarnos cuando las opiniones son diversas o aparecen desacuerdos? ¿Somos capaces de distinguir lo importante de lo intrascendente y, en consecuencia, cedemos cuando se trata de detalles sin importancia? ¿Reconocemos los propios errores cuando el otro nos los advierte? ¿Nos damos cuenta de cuándo, en qué y cómo se mete por medio el amor propio o la susceptibilidad? ¿Aprendemos a llevar bien los defectos del otro y a la vez a ayudarle en su lucha? ¿Cuidamos la exclusividad de la relación y evitamos interferencias afectivas difícilmente compatibles con ella? ¿Nos planteamos con frecuencia cómo mejorar nuestro trato y cómo mejorar la relación misma?

El modo de vivir nuestra relación, ¿está íntimamente relacionado con nuestra fe y nuestras virtudes cristianas en todos sus aspectos? ¿Valoramos el hecho de que el matrimonio es un sacramento, y compartimos su alcance para nuestra vocación cristiana?

Proyecto de vida futura

Los aspectos tratados, es decir, el conocimiento del matrimonio –de lo que significa casarse, y de lo que implica la vida conyugal y familiar derivada de la boda–, el conocimiento del otro en sí y respecto a uno mismo, y el conocimiento de uno mismo y del otro en la relación de noviazgo, pueden ayudar a cada uno a discernir sobre la elección de la persona idónea para la futura unión matrimonial. Obviamente, cada uno dará mayor o menor relevancia a uno u otro aspecto pero, en todo caso, tendrá como base algunos datos objetivos de los que partir en su juicio: recordemos que no se trata de pensar "cuánto le quiero" o "qué bien estamos", sino de decidir acerca de un proyecto común y muy íntimo de la vida futura. El Papa Francisco, al hablar de la familia de Nazaret da una perspectiva nueva que sirve de ejemplo para la familia, y que ayuda al plantearse el compromiso matrimonial: "los caminos de Dios son misteriosos. Lo que allí era importante era la familia. Y eso no era un desperdicio"[5]. No podemos cerrar un contrato con cláusula de éxito con el matrimonio, pero podemos adentrarnos en el misterio, como el de Nazaret, donde construir una comunidad de amor.

Así se pueden detectar a tiempo carencias o posibles dificultades, y se puede poner los medios –sobre todo si parecen importantes– para tratar de resolverlas antes del matrimonio: nunca se debe pensar que el matrimonio es una "varita mágica" que hará desaparecer los problemas. Por eso la sinceridad, la confianza y la comunicación en el noviazgo puede ayudar mucho a decidir de manera adecuada si conviene o no proseguir esa relación concreta con vistas al matrimonio.

Casarse significa querer ser esposos, es decir, querer instaurar la comunidad conyugal con su naturaleza, propiedades y fines: "esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su indisoluble unidad"[6].

Este acto de voluntad implica a su vez dos decisiones: querer esa unión–la matrimonial–, que procede naturalmente del amor esponsal propio de la persona en cuanto femenina y masculina, y desear establecerla con la persona concreta del otro contrayente. El proceso de elección da lugar a diversas etapas: el encuentro, el enamoramiento, el noviazgo y la decisión de contraer matrimonio. "En nuestros días es más necesaria que nunca la preparación de los jóvenes al matrimonio y a la vida familiar (…). La preparación al matrimonio ha de ser vista y actuada como un proceso gradual y continuo"[7].

Juan Ignacio Bañares

Foto de cabecera: Jasoliday


[1] San Josemaría, Apuntes tomados de una reunión familiar, 11-2-1975.

[2] San Josemaría, Conversaciones, n. 105.

[3] San Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 66.

[4] Cfr. Papa Francisco, Audiencia, Nazaret, 17-12-2014

[5]Cfr. Papa Francisco, Audiencia, Nazaret, 17-12-2014

[6] Gaudium et Spes, n. 48

[7] San Juan Pablo II, Familiaris Consortio, n. 66.

 

 

‘En espíritu y en verdad’: crear la unidad de vida (I)

La unidad de vida es un rasgo esencial del espíritu del Opus Dei. Este editorial, en dos entregas, presenta algunas de sus manifestaciones.

Vida espiritual13/01/2017

Opus Dei - ‘En espíritu y en verdad’: crear la unidad de vida (I)

Dios desea adoradores «en espíritu y en verdad» (Jn 4,24), dice Jesús a la samaritana en su diálogo junto al pozo de Sicar. Toda la existencia de un cristiano está llamada a hacerse adoración del Padre (Jn 4,23), sin que haya espacios donde la luz de Dios no llegue a entrar: ese es el culto espiritual (cfr. Rm 12,1) por el que llegamos a ser templos vivos de Dios, piedras vivas de su templo (cfr. 1 P 2,5).

«Haz de tu corazón un altar»[1], dice san Pedro Crisólogo. Para ser uno mismo altar, no basta con dar: es necesario darse. Todo en nuestra vida se ha de purificar, en unión profunda con la hostia verdaderamente agradable a Dios, el sacrificio de Cristo. Así, poco a poco, se crea la unidad de vida, se colma el abismo que el pecado abre entre la fe y la vida. Sin desanimarnos ante las dificultades, descubrimos la maravillosa realidad de que allí donde estamos todo contribuye a nuestro bien, si nos refugiamos en el Amor eterno del Dios Uno y Trino, cuya presencia ilumina toda nuestra vida.

Toda la existencia de un cristiano está llamada a hacerse adoración del Padre, sin que haya espacios donde la luz de Dios no llegue a entrar

«La lámpara del cuerpo es el ojo. Por eso, si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará iluminado» (Mt 6,22). Si nuestras intenciones son rectas, si están encaminadas a Dios y a los demás en Él, entonces todas nuestras acciones se dirigirán hacia el bien, en «una unidad de vida sencilla y fuerte»[2], porque «todo puede y debe llevarnos a Dios»[3]. Sin embargo, a menudo podemos olvidar esta realidad. Por eso, desde el punto de vista espiritual, la formación que se da a los fieles de la Obra tiende a crear en cada uno la unidad de vida, que es característica esencial del espíritu del Opus Dei. Esa unificación refuerza cada vez más nuestra identidad de hijos de Dios en Cristo, por la fuerza del Espíritu Santo, que lo vivifica todo a través de la caridad y nos impulsa a la santidad y al apostolado en las ocupaciones de nuestra jornada.

La unidad de vida de Jesús

La unidad de vida «tiene como nervio la presencia de Dios, Padre Nuestro»[4] y es, por el Espíritu Santo, «participación en la suprema unidad de lo divino y humano realizada en la Encarnación del Hijo de Dios»[5]. Cristo es «principio de unidad y de paz»[6]: Él está siempre unido a su Padre y le reza para que nos santifique en la verdad (cfr. Jn 13,17). Su alimento, lo que le da vida, es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Todo está orientado hacia esa misión, desde el instante de la encarnación (cfr. Hb 10,5-7) hasta cuando sube a Jerusalén, caminando delante de sus discípulos con la prisa del amor (cfr. Lc 19,28). Sus milagros avalan sus palabras, y la muchedumbre comenta sin rodeos: «todo lo ha hecho bien» (Mc 7,37).

San Josemaría solía ver en ese entusiasmo popular –«bene omnia fecit»– no solo los milagros, que maravillan a tanta gente, sino el hecho de que Cristo «todo lo acabó bien, terminó todas las cosas bien, no hizo más que el bien»[7]. En el Señor, consagración y misión forman una unidad perfecta. «No es posible separar en Cristo su ser de Dios-Hombre y su función de redentor. El Verbo se hizo carne y vino a la tierra ut omnes homines salvi fiant (1 Tm 2,4)»[8]. Por eso se aplican a Jesús de modo eminente aquellas palabras de Isaías que Él mismo proclamó en la sinagoga de Nazaret: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado…» (Lc 4,18; cfr. Is 61,1). Jesús es el Dios y hombre perfecto que vivió en su vida terrenal una total unidad de vida y que «en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación»[9]. Él descubre a cada uno su llamada a reconciliarse con Dios, y a atraer con alegría hacia esa reconciliación el ámbito que Dios le ha confiado en el mundo (cfr. 2 Cor 5,18-19).

El divorcio entre la fe y la vida cotidiana

Aunque ya se ha realizado para siempre en la Persona del Señor, esta reconciliación personal y social está todavía en camino hacia esa plenitud, en camino hacia Cristo. Como en tiempos del Concilio Vaticano II, «el divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época. Ya en el Antiguo Testamento los profetas reprendían con vehemencia semejante escándalo. Y en el Nuevo Testamento sobre todo, Jesucristo personalmente conminaba graves penas contra él»[10]: «nadie puede servir a dos señores, porque o tendrá aversión a uno y amor al otro, o prestará su adhesión al primero y menospreciará al segundo» (Mt 6,24).

La incoherencia de vida, en la que caen muchas personas, creyentes o no, es una falta de armonía y de paz que quiebra el equilibrio personal. Esto no debería sorprender, porque «ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educación, de la política, de la acción social y de las costumbres»[11]. La unidad de vida es decisiva para todos, y de un modo peculiar para los laicos, como enseña san Juan Pablo II: todo ha de ser ocasión de unión con Dios y de servicio a los demás[12]. El trabajo profesional de un cristiano es coherente con su fe. «Aconfesionalismo. Neutralidad. –Viejos mitos que intentan siempre remozarse. ¿Te has molestado en meditar lo absurdo que es dejar de ser católico, al entrar en la Universidad o en la Asociación profesional o en la Asamblea sabia o en el Parlamento, como quien deja el sombrero en la puerta?»[13].

La unidad de vida es decisiva para todos, y de un modo peculiar para los laicos. El trabajo profesional de un cristiano es coherente con su fe.

Esas palabras tienen gran actualidad: Dios no puede dejarse arrinconar por un laicismo erigido en religión sin Dios. El Papa Francisco invita a «reconocer la ciudad –y por lo tanto todos los espacios donde se desarrolla la vida de nuestra gente– desde una mirada contemplativa, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas... Él vive entre los ciudadanos promoviendo la caridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia. Esa presencia no debe ser fabricada sino descubierta, desvelada. Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con un corazón sincero»[14].

Alegrarnos en la tempestad

Los cristianos, sellados por la cruz en el bautismo, han conocido siempre la persecución. «Toda la vida de Cristo estará bajo el signo de la persecución. Los suyos la comparten con él (cfr. Jn 15,20)»[15]. Ante la perspectiva del destierro, san Juan Crisóstomo, el gran orador del Oriente, no perdía confianza: «Muchas son las olas que nos ponen en peligro, y una gran tempestad nos amenaza; sin embargo, no tememos ser sumergidos porque permanecemos de pie sobre la roca. Aun cuando el mar se desate, no romperá esta roca; aunque se levanten las olas, nada podrán contra la barca de Jesús. Decidme: ¿qué podemos temer?, ¿la muerte? Para mí, la vida es Cristo y la muerte, una ganancia. ¿El destierro? Del Señor es la tierra y cuanto la llena. ¿La confiscación de los bienes? Nada trajimos al mundo, de modo que nada podemos llevarnos de él. Me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas. No tengo deseos de vivir si no es para vuestro bien. Por eso, os hablo de lo que sucede ahora exhortando vuestra caridad a la confianza»[16].

Las dificultades de dispersión que plantea el mundo no nos han de desanimar. Contemporáneo del Crisóstomo, san Agustín predicaba la alegría más que el lamento: «¿Por qué, pues, has de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor que los actuales? Desde el primer Adán hasta el Adán de hoy, ésta es la perspectiva humana: trabajo y sudor, espinas y cardos. ¿Se ha desencadenado sobre nosotros algún diluvio? ¿Hemos tenido aquellos difíciles tiempos de hambre y de guerras? Precisamente nos los refiere la historia para que nos abstengamos de protestar contra Dios en los tiempos actuales. ¡Qué tiempos tan terribles fueron aquéllos! ¿No nos hace temblar el solo hecho de escucharlos o leerlos? Así es que tenemos más motivos para alegrarnos de vivir en este tiempo que para quejarnos de él»[17].

Aunque haya guerras, epidemias, nuevas pobrezas y persecuciones, desde las más toscas, por parte de fundamentalismos que se dicen religiosos, hasta las más refinadas, en forma de laicismos que pueden llegar a ser igualmente fundamentalistas –basta pensar en las trabas a la objeción de conciencia en varios países de Occidente–, la confianza en Dios es más fuerte que todas las dificultades: se trata de una esperanza que nace del Amor, y que por eso no defrauda (cfr. Rm 5,5). Estamos llamados a glorificar a Dios en lo más profundo de nuestro ser, desde el corazón, donde Él lo unifica todo, desde una gloria divina que es el peso del Amor, una fuerza arrolladora que nos permite dar razón de nuestra esperanza (cfr. 1 P 3,15): Cristo vive en nosotros.

Omnia in bonum

Dieciséis siglos después del Crisóstomo y de san Agustín, San Josemaría lanzaba un grito lleno de optimismo: «Debéis sentir siempre en vuestro corazón este grito, que tengo como esculpido en mi alma: omnia in bonum!, todo es para bien. Es San Pablo el que nos da esta doctrina de serenidad, de alegría, de paz, de filiación con Dios: porque el Señor nos ama como un Padre, y es sapientísimo y todopoderoso: omnia in bonum! (cfr. Rm 8,28)»[18].

Comentaba don Álvaro: «Cuando escribió el Padre esta Instrucción, en 1941, se acababa de salir de la gran tragedia de la guerra civil española, y había comenzado la guerra mundial. La situación era verdaderamente apocalíptica: y, en la Iglesia, por el comportamiento de unos y de otros, se habían producido grandes desgarrones, enormes heridas. España, que había salido sangrante y destrozada de la guerra civil, se encontraba en peligro de verse envuelta en ese conflicto mucho mayor: y el Padre pensaba en la posibilidad de estar otra vez solo –como en la guerra anterior española–, con todos sus hijos esparcidos por los diferentes frentes de guerra o recluidos en cárceles»[19].

Parte de nuestra unidad de vida es amar el lugar y el tiempo en el que Dios nos ha puesto: es ilusionante poder trabajar y mejorar este mundo, a la vez que tenemos la cabeza en el Cielo. Creación y redención se realizan dinámicamente aquí, hoy y ahora, siempre que vibremos por conocer y comprender nuestro mundo, para amarlo con un optimismo creacional, como lo hizo San Josemaría, que invitaba también a no soñar «sueños vanos»[20], a huir de cualquier «mística ojalatera»[21]. En nuestro ambiente, tratamos de mostrarnos tal como somos: «Al presentarnos como lo que somos, como ciudadanos corrientes –haciéndose cargo cada uno de sus responsabilidades personales: familiares, profesionales, sociales, políticas– no fingimos nada, porque este modo de proceder no es el resultado de una táctica. Es todo lo contrario: es naturalidad, es sinceridad, es manifestar la verdad de nuestra vida y de nuestra vocación. Somos gente de la calle»[22].

Dios nos quiere en este mundo

En la actualidad asistimos a graves sucesos que manifiestan la acción del diablo en el mundo. Aunque «cada época de la historia lleva en sí elementos críticos –comenta el Papa–, al menos en los últimos cuatro siglos no se han visto tan sacudidas las certezas fundamentales que constituyen la vida de los seres humanos como en nuestra época (…). Es un cambio que se refiere al modo mismo en que la humanidad lleva adelante su existencia en el mundo»[23]. También San Josemaría, viendo venir esa decadencia, proclamaba con acentos proféticos: «Se escucha como un colosal non serviam (Jer 2,20) en la vida personal, en la vida familiar, en los ambientes de trabajo y en la vida pública. Las tres concupiscencias (cfr. 1 Jn 2,16) son como tres fuerzas gigantescas que han desencadenado un vértigo imponente de lujuria, de engreimiento orgulloso de la criatura en sus propias fuerzas, y de afán de riquezas. Toda una civilización se tambalea, impotente y sin recursos morales»[24].

Parte de nuestra unidad de vida es amar el lugar y el tiempo en el que Dios nos ha puesto: es ilusionante poder trabajar y mejorar este mundo, a la vez que tenemos la cabeza en el Cielo.

El amor al mundo no nos impide ver lo que no va, lo que necesita purificación, lo que ha de ser transformado. Hemos de aceptar la realidad tal como es, tal como se presenta, con sus luces y sus sombras. Y esto requiere vibrar con las cosas, conocer los problemas, tratar a muchas personas, leer, escuchar. Para amar a Dios no tenemos nada mejor que el mundo en el que Él mismo nos ha llamado a vivir, fiados de la oración que el Hijo eleva al Padre: «No pido que los saques del mundo, sino que los guardes del Maligno» (Jn 17,15).

Amando este mundo, que es el que nos sirve tal como es para nuestra propia santificación y la amistad con los demás, acudiremos a Jesús para mejorarlo, para transformarlo, convirtiéndonos nosotros mismos día tras día. Santa María hizo crecer a Jesús en la vida ordinaria de Nazaret; ahora, dedicada enteramente a su misión de Madre nuestra, hace crecer a Jesús en nuestra vida ordinaria. Ella nos ayuda a ponderar todo acontecimiento en nuestro corazón (cfr. Lc 2,51) para descubrir la presencia de Dios que nos llama cada día. «Nosotros, hijos –vuelvo a deciros–, somos gente de la calle. Y cuando trabajamos en las cosas temporales, lo hacemos porque ese es nuestro sitio, ese es el lugar en el que encontramos a Jesucristo, en el que nuestra vocación nos ha dejado»[25]. Es allí donde brilla esa luz del alma que refleja la eterna bondad del Señor. Y, con esa luz, Dios ilumina el mundo.

 

Guillaume Derville


[1] San Pedro Crisólogo, Sermón 108: PL 52, 499-500.

[2] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 10. Cfr. santo Tomás de Aquino, Sup. Ev. Matt. (Mt 6,22).

[3] Ibídem.

[4] Es Cristo que pasa, 11.

[5] I. de Celaya, “Unidad de vida”, en Diccionario de San Josemaría, Monte Carmelo - Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer, Burgos 2013, 1222.

[6] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen Gentium (21-XI-1964), 9.

[7] Es Cristo que pasa, 16.

[8] Es Cristo que pasa, 106.

[9] Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes (7-XII-1965), 22.

[10] Ibidem, 43.

[11] Catecismo de la Iglesia Católica, 407.

[12] Cfr. san Juan Pablo II, Ex. Ap. postsinodal Christifideles laici (30-XIII-88), 17 y 59.

[13] San Josemaría, Camino, 353.

[14] Francisco, Ex. ap. Evangelii gaudium (24-XI-2013), 71.

[15] Catecismo de la Iglesia Católica, 530.

[16] San Juan Cristóstomo, Homilía, 1-3: PG 52, 427-430.

[17] San Agustín, Sermón Caillau-Saint Yves 2, 92: PLS 2, 441-442, cit. en Liturgia horarum, lectio del miércoles la XX semana del Tiempo ordinario.

[18] San Josemaría, Instrucción, 8-XII-1941, 34.

[19] Beato Álvaro del Portillo, nota 48 a Instrucción, 8-XII-1941, 34.

[20] San Josemaría, Amigos de Dios, 8.

[21] San Josemaría, Conversaciones, 88. Cfr. S. Sanz, “L’ottimismo creazionale di san Josemaría”, en J. López (ed.) San Josemaría e il pensiero teologico, Atti del Convegno Teologico, vol. 1, Edusc, Roma 2014, 230; A. Rodríguez Luño, “San Josemaría e la teologia morale”, en Ibidem, 308; “Epílogo. Unidad de vida”, en E. Burkhart – J. López, Vida cotidiana y santidad en la enseñanza de san Josemaría: estudio de teología espiritual, vol. 3, Rialp, Madrid 2013, 617-653.

[22] San Josemaría, Carta 19-III-1954, 27.

[23] Francisco, Discurso, 22-III-2013.

[24] San Josemaría, Carta 14-II-1974, 10.

[25] San Josemaría, Carta 19-III-1954, 29.

 

Señor te quiero contar

Las campanas que anuncian las doce empiezan a sonar en el momento en que he entrado en la capilla de adoración. El sonido de las campanas es intenso, fuerte, armonioso y melodioso….  Su vibración llega al alma como a despertarla, a sanarla por medio de ese sonido tan hermoso que emiten. Las campanas y su sonido están presente en nuestra fe desde siempre.

Clavo mis ojos en el Rey de Reyes, Cristo Jesús y le digo: “Señor te quiero contar de estas luchas del alma, de mi cansancio de todas estas propuestas de la vida que me asustan. Y me pregunto: ¿Cómo se hace oración cuando hay una decisión importante que tomar? ¿Dónde se pone la mente? ¿En la razón o en el corazón habitación de la consciencia? Abre mi entendimiento, enséñame a confiar en ti.”

Quizá a te pase que estás en un momento de tu vida en el que te toca tomar decisiones relacionadas con la integridad, con los principios y las creencias… Entonces, ¿cómo distinguir si no es egoísmo, sino más bien, la lucha del alma que busca desesperadamente el amor y la compasión del Dios, sabiendo que Él te ve, que te ama y que está contigo?

Creo que puedo darte algunas pautas para poder sobrellevar mejor la prueba.

  1. Reconoce que es duro lo que te pasa.  Muchas veces las personas cuando estamos en medio de una prueba importante apretamos nuestro cuerpo y nos olvidamos de respirar, confiar y orar. Respira profundamente, reconoce que estas sufriendo. Haz un rato de oración. Bien dicen que es “la respiración del alma”. Y te doy un secreto: “No estamos solos. Dios nos acompaña”.
  2. Háblale con confianza a Dios y dile todo esto con lo que estás luchando, lo que quieres hacer, lo que sientes, todas tus dudas, tus fuertes emociones: miedo, ira, frustración, confusión, culpa, dolor. Ábrete completamente con el Señor. Ten la seguridad que Jesús también tuvo pruebas, luchas, tentaciones. Él nos enseñó qué hacer, lo más sencillo… acercarnos a Dios. Jesús tenía una relación con el Padre y acudía a Él para aclarar cada una de sus situaciones humanas. Haz lo mismo. Esta es la imitación de Cristo.

 

  1. Haz un examen de conciencia a fondo. Si por ejemplo estás pensando en divorciarte revisa todo lo que has hecho para salvar la relación, para no llegar ahí.  Hazte preguntas valiosas tales como ¿qué pasará en mi vida si tomo esta decisión? ¿Cuántas personas se verán afectadas? ¿Qué cosas dejaremos de hacer al divorciarnos?  ¿Qué sentido tiene para mi divorciarme en este momento de mi vida?
  2. Ve a una Iglesia, un oratorio, y póstrate ante el Santísimo. Quédate en silencio un rato. Deja que Dios te hable. Luego plantea a Dios lo que piensas y qué sientes, lo que tu conciencia te está pidiendo. Te recomiendo hacer cualquier decisión importante en tu vida en momentos de tranquilidad y no de agitación. Las decisiones importantes de la vida siempre deberán tomarse desde la calma y no desde la desesperación o el enojo.

Anímate, Dios está contigo. No temas. Todo pasa. Esto también pasará.

¡Dios te bendiga!

Sheila Morataya

 

 

Atención a la eutanasia que viene (I)

Jesús Ortiz López

Eutanasia

photo_camera Eutanasia

Durante el verano también se pude pensar, incluso sobre cuestiones importantes como es el derecho a la vida. Por contraste uno puede reflexionar por qué la eutanasia es un atentado contra la dignidad de la persona y una desmoralización de la sociedad. 

Próxima ley de la eutanasia

Comencemos por decir lo más obvio y es que una ley de eutanasia no pretende una muerte digna sino una muerte rápida y menos costosa, y que el supuesto derecho se convierta en desecho. Nadie aspira a sufrir el fantasma del «encarnizamiento terapéutico» y menos los profesionales de la salud. Todos queremos morir sin sufrimiento y es algo que hoy día la medicina puede garantizar. Los cuidados paliativos son la mejor muestra de ello. Sin olvidar que los sufrimientos más duros son el no sentir cariño ni encontrar sentido a esa etapa final, sobre todo para quienes carecen de esperanza en el más allá, que no son tantos, pues lo natural es intuir alguna pervivencia personal.

El PSOE Y Unidas Podemos piden despenalizar la eutanasia como primer paso de la ley de eutanasia, que puede ser de las más «progresistas» de la Comunidad Europea. Ya lo hicieron en legislaturas anteriores y ahora van con fuerza a por ello. Ya se encargarán sus televisiones de «convencer a la gente» sobre las bondades de una ley encuadrada en los nuevos derechos sociales. Como hemos visto y veremos, se presentan a bombo y platillo unos pocos casos tremendos de sufrimiento, mientras se silencian otros muchos de pacientes atendidos incluso en sus hogares que unen y fortalecen a una familia.

Bypass eutanásico

Los expertos consideran como una falacia idealizar la autonomía del paciente como justificación moral de la eutanasia. Estos enfermos, más o menos terminales, son víctimas de la presión social y admiten con facilidad que son un peso para la familia y para la sociedad, de modo que son otros los que deciden por ellos. Se produce lo que denominan como «bypass eutanásico»: el salto de la autonomía del paciente a su muerte sin ser suficientemente atendido.

Los cuidados paliativos avanzan pero todavía son escasos los recursos destinados al cuidado de esos enfermos, porque algunos prefieren precipitarse por el camino de la inhumanidad, eso sí, bajo capa de dignidad ante la muerte. R. Andorno llega a decir que en estos casos el médico se convertirá en una suerte de mercenario al servicio de cualquier pretensión del paciente (Bioética y dignidad de la persona), Pueden consultarse los estudios de J. Habermas (El futuro de la naturaleza humana ¿Hacia una eugenesia liberal?, o de E. García-Sánchez (La autonomía del paciente como justificación moral de la eutanasia). (Continuará)

 

 

245 millones de cristianos son perseguidos en todo el mundo

En diciembre de 2018, el Reino Unido publicó una investigación independiente sobre la persecución de cristianos en todo el mundo.

La embajada británica ante el Vaticano lo ha dado a conocer en Roma. Lo ha presentado en la basílica de San Bartolomé en la isla Tiberina, que custodia reliquias de mártires cristianos asesinados a partir del siglo XX.

Sally Axworthy, embajadora británica ante la Santa Sede, cree que es importante entender la situación para ayudar a los cristianos perseguidos.

 

SALLY AXWORTHY 
Embajadora Británica ante la Santa Sede
“Algunas estadísticas son impresionantes. El informe dice que el 80% de las personas que sufren persecución por sus creencias religiosas son cristianos. Dice que 245 millones de cristianos están siendo perseguidos. Son números grandes y conseguir que la gente hable de esto es el primer paso. Luego tenemos que ver qué podemos hacer para proteger a las personas que están sufriendo por sus creencias religiosas”.

El informe identifica un aumento cada vez mayor de la persecución a cristianos. Dice que en lugares como el Medio Oriente, el cristianismo “se enfrenta a la posibilidad de ser aniquilado”. Por ejemplo, en Siria la población cristiana ha disminuido de 1,7 millones en 2011 a menos de 450.000 personas en la actualidad.

Intervino el sacerdote Boniface Mendes. Dijo que en Pakistán el extremismo islámico persigue a los cristianos. Asegura que las niñas son secuestradas, violadas y obligadas a convertirse al Islam. Además, dice que gobiernos como el británico no los han escuchado durante mucho tiempo.

P. BONIFACE MENDES
Diócesis de Faisalabad (Pakistán)
“Hay estudiantes que tienen muy buenas notas para ser médicos, pero pierden 20 puntos porque no saben recitar el Corán. Mientras que un musulmán, conozca o no el Corán, obtendrá un certificado que dice que ha pasado la prueba y obtiene 20 puntos por ello”.

También la hermana Mónica Chikwe explicó que en países como Nigeria este tipo de persecución es alimentada por la falta de educación y manipulación.

SOR MONICA CHIKWE 
Hermanas Hospitalarias de la Misericordia (Nigeria)
“La ignorancia y el analfabetismo son algunas de las principales causas de persecución. Muchas religiones adoctrinan a sus miembros de un modo que intensifican la violencia y los asesinatos. Les hacen creer que al matar a alguien recibirán un premio en el Cielo. Las personas que no tienen educación son fácilmente manipulados”.

El informe espera aumentar la conciencia y la acción para hacer frente a la amenaza cada vez mayor contra el cristianismo en todo el mundo.

RomeReports

 

 

Violación sistemática de los derechos humanos de los venezolanos

Cardenal Urosa Savino, Arzobispo emérito de Caracas

La afirmación del purpurado se refiere a la solicitud de los obispos en la exhortación pastoral dada a conocer el 11 de junio. Los prelados habían exigido la salida “de quien ejerce el poder de forma ilegítima y la elección en el menor tiempo posible de un nuevo Presidente de la República”

La Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal de Venezuela remitió a una entrevista de ACI Prensa realizada al Cardenal Urosa Savino, Arzobispo Emérito de Caracas, en la cual denuncia al gobierno de Nicolás Maduro como “un violador de los derechos humanos” y le exige abandonar el poder para permitir que se resuelvan los graves problemas de Venezuela.

Informe de la ACNU corrobora denuncias de los obispos

En la entrevista el Arzobispo Emérito de Caracas asevera que el informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, del pasado 4 de julio “corrobora las críticas y denuncias que desde hace varios años han venido haciendo los obispos venezolanos”. Un informe, dice el cardenal, que “revela y desenmascara la realidad del actual gobierno de Venezuela como un violador de los derechos humanos”.

Necesario que Maduro abandone el poder que ocupa de facto

El cardenal Urosa recuerda asimismo el documento emitido por los obispos al final de su Asamblea General Ordinaria, en el cual entre otras cosas, indicaron la necesidad de que Nicolás Maduro “abandone el poder que ocupa de facto”, dijo en la entrevista. “Ya en enero de este año, – añadió – habíamos indicado la ilegitimidad de la pretensión de Maduro de seguir gobernando a Venezuela”

“En julio, por primera vez, indicamos la necesidad de que deje el poder para permitir un cambio de gobierno que resuelva los graves problemas que confronta el pueblo venezolano”.  “Llegamos a esa decisión por la convicción de que Maduro no está en capacidad de manejar la marcha del país. Simplemente no puede hacerlo”, dijo el purpurado.

“Venezuela está en ruinas”

Igualmente – dijo la Oficina de Prensa de la CEV – “aseguró que Venezuela está en ruinas”:

“La inflación absolutamente desbocada; no hay luz, no hay agua, no hay gas ni gasolina; no hay dinero en efectivo, papel moneda; no hay comida o están los precios por las nubes; no hay medicinas, ni repuestos para vehículos ni maquinarias. Simplemente Maduro no sabe y no puede gobernar”.

Además, continuó el Cardenal Urosa, el gobierno de Maduro “ha violado sistemáticamente los derechos humanos de los venezolanos. Por eso, como lo he dicho en repetidas declaraciones desde abril de este año, Maduro debe irse”.

Situación de presos políticos clama al cielo

En cuestión de derechos humanos, el purpurado destacó la situación de los presos políticos, “algunos de los cuales han muerto bajo custodia del gobierno, en circunstancias que indican responsabilidad de funcionarios del estado”.

“Hay militares y civiles presos sometidos a aislamiento y violación de derechos, como el diputado Edgar Zambrano y otros”, denunció Urosa. “Recientemente murió asesinado luego de sufrir torturas durante varios días en una instalación militar, el capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo. Eso clama al cielo, debe cesar inmediatamente y debe ser severamente castigado por la ley”.

Gobierno no ha respondido a la Exhortación Pastoral de los Obispos

Refirió – dice aún la oficina de Prensa de la CEV – que “desde hace varios años, ni Hugo Chávez ni Nicolás Maduro han respondido nuestros mensajes, ni siquiera cuando, hace algún tiempo, con la mejor buena voluntad, enviábamos opiniones y consejos para resolver los problemas del pueblo”. “Esporádicamente han respondido a algunas declaraciones con algunos ataques, pero no a nuestra exhortación pastoral del 11 de julio”.

Gratitud a los países hermanos

El pensamiento del Arzobispo Emérito de Caracas fue también a los países hermanos, como el Perú, que ha recibido a tantos venezolanos que se han visto obligados a emigrar. A los migrantes manifestó su solidaridad y un llamado “a la fortaleza, para afrontar la dura situación en que se encuentran”, y también un llamado la “esperanza”: “que se acerquen más a Dios que los ayudará a superar las actuales dificultades”, les pidió.

(Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

 

 

Fe y educación de los sentimientos

Posted: 22 Jul 2019 08:40 AM PDT

 


 

 

Los sentimientos están de moda en todos los terrenos. Se subraya, y hasta se explota, lo ideal que es “sentirse bien”. Y se llega a decir que si vas a hacer algo y no lo haces con pasión, es mejor que no lo hagas. 

            En efecto, los sentimientos son importantes y mueven mucho a las personas, aunque no siempre de modo adecuado, cuando no están integrados en el conjunto de la persona. Así se ve, por ejemplo en el cine, cómo los sentimientos hacen que unos acierten al encaminar su vida (cf. Brooklyn, J. Crowley, 2015) y otros comentan serios errores e incluso delitos (cf. Mula, C. Eastwood, 2018). 

            Por otra parte, hay muchas personas que llevan adelante sus familias, sus trabajos y muchos años de entrega a una tarea solidaria sin esperar o buscar “sentirse bien”. Y no por ello tienen menos mérito; más bien lo contrario.

            Por tantas razones, los sentimientos son importantes, pero aisladamente no bastan para guiar a la persona. Y una educación puramente sentimental tiene sus riesgos. Pero tampoco hay que olvidar los sentimientos, ni denostarlos, sino valorarlos, configurarlos, formarlos teniendo en cuenta la experiencia humana con su estructura y organicidad. Aquí entra no solo la corporalidad con los sentidos externos e internos, sino también la espiritualidad, la sociabilidad y la apertura a la trascendencia. Y para un cristiano, la “experiencia” se configura de modo central en la oración y la vida sacramental. 

El marco de la antropología cristiana y de las ciencias

            Por eso interesa que la educación de los sentimientos, cuando se trata de cristianos, se sitúe en el marco de la antropología cristiana; es decir, en la capacidad de asumir la fe junto con la búsqueda de la verdad, el bien y la belleza. Aquí entra, por ejemplo la piedad cristiana que se puede aprender en familia desde niños, la religiosidad popular y el aprecio del arte cristiano, como también el conocimiento de las enseñanzas –en este campo de la educación– del Magisterio de la Iglesia, junto con algunos desarrollos de la teología contemporánea.

            La formación de los sentimientos ha de tener en cuenta un mapa de conjunto de la persona. Esto requiere educar e integrar la esfera de los sentimientos en estrecha relación con las demás dimensiones humanas que están al mismo tiempo interconectadas:

             1) En relación con la razón (fe-razón, ciencia y arte, y teología). Es preciso enseñar, reflexionar y argumentar sobre los sentimientos propios y ajenos, y conocer lo que las ciencias, entre ellas la psicología, enseñan sobre la afectividad, sin olvidar lo que enseñan las humanidades y el arte así como la teología. La integración de los sentimientos con la razón lleva a la capacidad para mirar y escuchar la realidad, valorarla y ser capaz de discernir por dónde ha de ir el propio obrar. Y esto lleva a la sabiduría, que para un cristiano es ante todo fruto de la fe, del diálogo con Dios y de la Eucaristía. También del esfuerzo personal por ser coherente a partir de la propia identidad y de la historia; pues nada de valioso se construye en el presente para el futuro, si no tiene raíces y carece de memoria, tanto a nivel personal como en las relaciones con los demás.

             2) En relación con los demás (dimensión social, familiar y eclesial), los sentimientos han de educarse subrayando el valor de la familia y del trabajo, el servicio al bien común, la fidelidad dinámica hacia la propia vocación y misión. En cuanto a la dimensión eclesial, como marco de una educación afectiva, son importantes la formación bíblica y la formación litúrgica, pues la Sagrada Escritura y la liturgia son escuelas de valores y sentimientos humanos y cristianos. Y todo ello tiene que ver con el sentido de la fiesta y del ocio.     

             3) En relación con Dios, los sentimientos son un cauce para la apertura transcendente y la unión con Él, aunque no sean “el único” camino; pues en algunas ocasiones no son el primer camino ni el mejor camino, pero sí pueden serlo otras muchas veces. 

            En todo caso, no se puede llevar adelante la vida cristiana ni buscar la santidad “al margen” de los sentimientos, porque son una dimensión fundamental de la naturaleza humana (cf. en relación con la teoría del género, Cong. Para la Doctrina de la fe, “Varón y mujer los creó”. Para una vía de diálogo sobre la cuestión del “gender” en la educación,2-II-2019).

          Más aún, la Sagrada Escritura habla muchas veces del corazón como centro y síntesis del hombre, designando así la total densidad de la existencia humana. En consecuencia, no remite con ese término solo a los sentimientos, sino al hombre en su vivir concreto, subrayando que, en ese vivir, tienen un papel importante los sentimientos y los afectos. 

Los fundamentos teológicos

            Por lo que respecta la teologia, actualmente, para la educación afectiva de un cristiano, resulta necesario transmitirle los fundamentos de la teología que estudia las realidades de la fe (la Trinidad, Cristo, la Gracia, la Iglesia, etc.), así como la teología de la Evangelización. Ya hemos hablado de la formación bíblica y litúrgica, así como de la importancia de la historia.

            De modo central, se ocupan de la educación afectiva, además de la Antropología cristiana, otras disciplinas teológicas, como la teología moral y la espiritual, cuando estudian las virtudes (tanto las virtudes morales como las teologales), estrechamente conectadas con la educación de los valores humanos y cristianos, y que también se promueven al enseñar las normas de conducta (el Decálogo y otros mandamientos de la Iglesia y las Bienaventuranzas).

            De esta manera se integran virtudes humanas como la humildad y el amor a la verdad, el dominio de sí mismo, el esfuerzo en el trabajo, la comprensión y la solidaridad, con las virtudes de la fe, de la esperanza y de la caridad, que son el centro del obrar cristiano al servicio de la misión cristiana en la Iglesia y en el mundo.

           El referente principal, la fuente y el impulso del corazón del cristiano es el Corazón de Jesús, icono vivo de Dios hecho carne, traspasado en la Cruz para la salvación de los hombres, que sigue vivo, actuando e intercediendo por nosotros.

            En síntesis, la educación de los sentimientos “en cristiano” es una tarea de conjunto que pide hoy, ante todo de los educadores (padres y madres de familia, catequistas, sacerdotes, profesores), una buena formación principalmente en antropología cristiana, así como ciertos conocimientos y desarrollos de las ciencias humanas y de la teología contemporanea.

 

 

El reto de la diversidad en la unidad

Posted: 22 Jul 2019 08:39 AM PDT


Desde el principio del cristianismo se ha comparado la vida cristiana, que es vida en la Iglesia y en el mundo, con un camino. Podemos pensar en una autopista. Se puede ir por el centro o a un lado, más deprisa o más lentamente, con un vehículo más o menos acondicionado, con tal de no detenerse ni salirse del espacio previsto para circular, ni poner en peligro a los demás incumpliendo las señales y las normas de tráfico.

Carismas, estilos, sensibilidades

Las normas del tráfico, válidas y vinculantes para garantizar la seguridad y la eficacia del tránsito, son las establecidas, por ejemplo para los fieles católicos, por el Papa y el colegio episcopal. Los modos diversos de ir por esa autopista se reflejan, en este caso, en los distintos carismas, estilos o sensibilidades de cada uno, personalmente o con otros cristianos dentro de la Iglesia.

Pero no debemos transformar esas sensibilidades distintas en enemistades, ni considerar enemigos a quienes pertenecen a la Iglesia y por tanto son nuestros hermanos. Bastantes enemigos –sobre todo el demonio y el pecado y, en la sociedad, aquellos que se consideran enemigos de la religión en general o de la fe cristiana en particular– tenemos ya, para crearnos enemigos dentro de nuestra propia familia, para dejarnos llevar por guerras entre los mismos cristianos (cf. Francisco, Exhort.Evangelii gaudium, 98).

De hecho, muchas de las diferencias entre los grupos e instituciones de la Iglesia, diferencias que lamentablemente han creado distancias y ciertas enemistades entre cristianos, son solo diferencias de “acento”, que el Espíritu Santo quiere y suscita, precisamente para mostrar la variedad de modos y estilos de hacer vida el Evangelio, como expresión de la catolicidad de la Iglesia.

Así ha sido durante la historia y seguirá siendo. Dentro de la común espiritualidad cristiana –sustancialmente no hay más que una–, hay “espiritualidades” que subrayan más el anuncio de la fe o su comprensión; otras, la oración o la celebración de los sacramentos; otras, la caridad o la misericordia, o la justicia. Y aun dentro de cada uno de estos “subrayados” puede haber diversas formas de expresarlos, sea en la doctrina de la fe, en el culto o en la vida de los cristianos. Todos ellos son legítimos si respetan la sustancia del depósito de la fe.

Ciertamente, en la historia de la Iglesia observamos que a veces esos “acentos” han sido factores de enfrentamientos por variadas circunstancias: persecuciones a causa de la fe, defensa de la fe frente a errores teóricos o prácticos, reacciones posteriores de signo contrario, divisiones dentro de los cristianos a la hora de interpretar la relación entre el Evangelio y los valores de una determinada cultura, etc.

Pero como, gracias a Dios, en la Iglesia está garantizado que las puertas del infierno –el pecado, el mal, el error– no prevalecerán contra ella (cf. Mt 16, 18), pasa el tiempo y sucede que la oración, el estudio y el Magisterio de la Iglesia ayudan a esclarecer muchos de esos aspectos que parecían opuestos –e incluso incompatibles con la fe cristiana– y luego queda claro que no lo son.

Educación de la unidad en la diversidad

Aun así, convendrá que en la educación de la fe y en la teología se vaya explicando el “lugar” y papel que cada uno de esos aspectos tienen en el cristianismo. Y esto de modo dinámico, a medida que se van profundizando y descubriendo o redescubriendo ese “lugar” en el conjunto. Por eso es importante el principio de la “jerarquía de las verdades” (cf. Evangelii gaudium, 36), tanto en las cuestiones doctrinales como en las cuestiones de tipo teológico-práctico relacionadas con la vida cristiana.

Cosa distinta es que la “recepción” de esos desarrollos teológicos o espirituales sea más o menos fácil por parte de quienes hayan padecido contradicciones o dificultades, en la mente y en el corazón de los que han sufrido, a veces durante mucho tiempo, las “heridas” de batallas históricas más o menos violentas y con componentes culturales, pero batallas al fin y al cabo, que dejan las correspondientes cicatrices.

El paso del tiempo también hace que las nuevas generaciones no consideren tan dramáticas las diferencias, con la desventaja de que quizá no valoren en su punto la fidelidad y el sufrimiento que sus mayores tuvieron que arrostrar, para mantenerse fieles a lo que consideraban importante para la fe y la vida cristiana.

Dios se sirve de las cicatrices y de la experiencia de unos para enriquecer la tradición de lo sustancialmente válido en el depósito de la fe. Y también de la falta de experiencia de otros para empujar con valentía y fuerzas renovadas a todos. De modo que –en frase de Gustave Mahler que gusta citar al papa Francisco– el depósito de la fe no se convierta en unas cenizas que conservar, sino en un fuego que avivar. Es decir, en algo que ha de mantenerse vivo para renovar los corazones y el mundo en cada época y lugar.

Todo ello pide sin duda virtudes por parte de unos y otros, como son la prudencia y la paciencia, la humildad y la valentía. Unos, quizá los mayores, se benefician de la confianza en que Dios sigue actuando y renovando a su Iglesia con la fuerza de los jóvenes. Otros, los jóvenes pueden ver la eficacia de sus fuerzas precisamente enraizada en la experiencia de los mayores. Los del medio pueden y deben servir de mediadores. Todos necesitan fiarse de la gracia y la ternura de Dios Padre, de la amistad de Cristo, del consuelo y el fuego del Espíritu Santo.

El Espíritu que es principio o causa principal de unidad y de vida –como el alma lo es para el cuerpo– es en la Iglesia también principio de armonía. Esto no quiere decir ausencia de tensiones y polaridades que son necesarias en todo organismo vivo, sino ausencia de tensiones desgarradoras, de conflictos destructores.

Fe y diversidad cultural

Por lo que respecta a la diversidad cultural, no hemos de temer que sea un peligro para la fe. Sí lo sería un cristianismo monocultural y monocorde (cf. Evangelii gaudium, 117). Es verdad que el cristianismo se transmite ligado a determinadas culturas, pero esto no significa que se identifique con ninguna de ellas (tampoco con la europea); pues el Evangelio posee un contenido transcultural (la vida de Dios mismo que se da a participar en el corazón y la mente de los hombres). Ese contenido vivo y siempre eficaz, sirve de puente entre los núcleos más auténticos y profundos de las diferentes culturas.

Por eso el cristianismo es capaz de asumir todo lo noble, bueno y verdadero de las culturas. Al mismo tiempo, tiene la capacidad de purificar aquello –lagunas, insuficiencias, errores– que, tanto en las culturas y las religiones como también en cada uno de nosotros, sea incompatible con la dignidad humana o la Revelación cristiana.

Es el Espíritu Santo el que ha sembrado en todas las culturas –y también en las religiones, especialmente las grandes y antiguas religiones de la humanidad– “semillas de la Palabra” (cf. Juan Pablo II, enc. Redemptoris missio, n. 28), valores y elementos de bien, de verdad y de belleza, que esperan ser plenamente vivificados por el encuentro con Jesucristo. Un encuentro que el Espíritu Santo promueve en cada persona y en cada cultura de modos con frecuencia insospechados.

“Solo Él (el Espíritu Santo) –ha escrito el papa Francisco– puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad. En cambio, cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos, provocamos la división y, por otra parte, cuando somos nosotros quienes queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación. Esto no ayuda a la misión de la Iglesia” (Evangelii gaudium, n. 131).

Bien vivida y entendida, la diversidad en la unidad es una gran riqueza, a la vez que un reto estupendo que no nos puede detener ni desanimar, sino al contrario, debe impulsarnos; porque es un presupuesto que encierra la promesa de llegar más profundamente a la verdad completa (cf. Jn 16, 13).

En la explicación de cómo las diversidades pueden contribuir y no estorbar en el camino de la misión evangelizadora de la Iglesia, decíamos, la educación de la fe y la teología tienen una gran labor, con tal de que estén hoy centradas en la evangelización.

 

 

Sexualidad, género y pasión igualitaria

Rafael Arriaga Martinez

Si el programa de la indiferenciación entre los sexos se despliega una vez más ante nuestros ojos –lo vemos con la teoría de género y su extensión hacia las personas con sexualidad no heterosexual– es gracias a la concepción hedonista de la sexualidad.

Ideologías en México

Contra la moral sexual se erigió la teoría psicoanalítica y se propagó en el mundo con el ideal de la libertad sexual. Con la teoría psicoanalítica se robustece el programa de la indiferenciación sexual entre los hombres y las mujeres. Su contenido se ha venido desplegando desde entonces, ofreciendo a las mujeres, como primer paso la libertad de sexo sobre la premisa de que el sexo es también placer. Pero no es sino hasta los años sesenta que la influencia del psicoanálisis se deja verdaderamente sentir en el plano de las relaciones sexuales entre hombres y mujeres. Todo ello como consecuencia de la difusión progresiva de los conceptos claves del psicoanálisis en un medio universitario dominado por el ideal sesenta-ochero de la enseñanza para todos.

De esta manera el psicoanálisis y sus promesas terapéuticas dejan de ser una aspiración exclusiva, de vanguardia, de las elites de las grandes metrópolis del mundo para alcanzar a las clases medias de esas mismas metrópolis. Tuvo que ser algo más que un encuentro de aspiraciones para que la teoría de Freud se proyectara al mundo, a través del cine, el teatro, la literatura y otros medios de creación y comunicación. Porque para sublimar con arte la promesa del psicoanálisis, las clases medias y las elites tuvieron que aportar sus propios recursos: unos el talento y los otros el dinero para financiar lo primero. La teoría se ideologiza, se vulgariza, orienta las aspiraciones colectivas hacia la ilusión de una “cura de alma”, de una vida libre de pecado y culpa. Es de esta corriente de pensamiento e ilusiones que derivan muchas de las ideas que aglutinan el movimiento feminista. La idea del derecho a disponer de su propio cuerpo, por ejemplo, deriva de la convicción según la cual la moral culpabiliza las relaciones sexuales no orientadas hacia la procreación. Todo ello bajo la consideración de que la culpa, como sentimiento, neurotiza. De allí la consigna de liberar la sexualidad de la concepción procreadora para poder asumirla, sin culpa, de manera hedónica, dentro y fuera del matrimonio.

Si el programa de la indiferenciación entre los sexos se despliega una vez más ante nuestros ojos – lo vemos con la teoría de género y su extensión hacia las personas con sexualidad no heterosexual– es gracias a la concepción hedonista de la sexualidad. En el sentido que logra, como ya lo hemos visto, asociar la idea de placer al de la felicidad, sacar la sexualidad de las alcobas matrimoniales para el beneficio y la “felicidad de todos”, como dirían las minorías que se apasionan por el igualitarismo sexual.

Es de esa lógica que las agrupaciones de la diversidad sexual se cobijan para exigir el reconocimiento de su sexualidad, no como una desviación o perversión, como lo diagnostica Freud, sino como una conducta socialmente aceptada. En su momento, ese fue el primer paso, porque a esa exigencia se han sumado otras, como la del derecho al matrimonio, la adopción de niños, etc. Pero eso no es todo: entre conquistas y euforia, el acrónimo de la diversidad sexual se alarga, adicionando a las lesbianas y guys (LB), bisexuales, transgéneros, travestis… hasta llenar de tristeza a los pederastas. Porque ellos también hubiesen aspirado a ingresar con P mayúscula a sus filas de no ser por el cordón jurídico con el que se protege, hoy en día, a los niños de los abusos sexuales. Tuvo que haberse inmiscuido en la fiesta el comercio de la pornografía infantil, la prostitución y el tráfico de niños para que se tipificara en el código penal. Tuvo que haberse disparado la sensibilidad jurídica para que los amantes de los “efebos” desertaran las tribunas desde donde, bajo pretexto de libertad de expresión, osaban “hablar con valor” de su “pasión”, no del “adolescente” o “preadolescentes” como un objeto, sino como “sujeto que también desea”, como decían, no hace mucho tiempo, los partidarios de la pedofilia. Es muy probable que Frédéric Mitterrand, secretario de educación durante el gobierno francés de Nicolas Sarkozy, haya sido uno de los últimos hombres ilustres que se hayan atrevido a publicar su debilidad por los chicos menores como lo atestigua su libro Mala vida (Mauvaise vie). Con todo y el perfil bajo con el que escribe sus confesiones –el que impone el sufrimiento y la espera de la comprensión– tuvo que retirarse de los reflectores de la política en el medio de un escándalo mediático internacional.

Dentro de la militancia feminista, como la de la diversidad sexual, hay quienes conciben la libertad sexual como un bien regulado caprichosamente por los hombres. De esa mirada no puede surgir más que animosidad (y otros tonos que van de la aversión al odio) hacia los hombres. No es una percepción fortuita, la teoría la alimenta en buena medida.

Del concepto psicoanalítico de castración, por ejemplo, nacen las anatemas contra la autoridad. Porque, como lo sugiere la teoría, la autoridad, personificada en el padre, castra psicológicamente a los hijos, para que estos renuncian a sus aspiraciones incestuosas, inconscientes, de amor por la madre. Si el respeto a la autoridad se ha esfumado en buena parte, es porque, para decirlo rápido, estas ideas han encontrado terreno de aplicación. El ejemplo más patético de esto lo podemos ver en las escuelas. Aunque de patético no tiene nada a los ojos de las feministas más radicales. Porque, según esto, la autoridad se confunde con la figura genérica del hombre, que es sobre él que debe recaer la responsabilidad del saqueo material y espiritual que ha sufrido el mundo. Puesto que son los hombres que lo han gobernado a través de sistemas basados en la explotación del trabajo productivo y la dominación de las naciones pobres a través del comercio internacional. Para llegar a esta visión de la dominación, los teóricos del concepto de género tuvieron que exhumar del cementerio a Carlos Marx y las numerosas teorías que se generaron al calor de su influencia en el mundo. Porque es de la teoría de la lucha de clases, de la relación de poder abusivo de la burguesía sobre los obreros que viene la idea de la “dominación masculina”, para expresarlo con el título del best seller teórico, cabecera de la intelligentsia feminista.

Con la agravante de que ahora los hombres ya no razonan su relación con las mujeres y menos sus conflictos. La fobia los asecha. Lo cual significa que, como todas las fobias, las mujeres deberían inspirar en los hombres temor, angustia, deseos irreprimibles de suprimirlas. Pero parece ser que no hay consciencia en los hombres de ese mal. Porque aparece como una causal sólo en los casos de maltrato y violencia hacia las mujeres y las otras minorías sexuales. Se trata de un diagnóstico psicológico grave. Como todas las patologías, las odiosas misoginia y homofobia, deberían ser atendidas sino en el diván de un psicólogo, por lo menos en una clínica psiquiátrica. Stalin, mandaba a los hospitales de psiquiatría a sus opositores, por razonar como burgueses (como fifís, conservadores, en lenguaje del presidente actual de México). Pol Pot, los sometía a la “reeducación” en los campos de concentración. Mao Zedong optó por arrasar con la cultura tradicional china para cambiar la mentalidad. Ahora en México, ¡a la hora de la ambición por igualar a los países escandinavos, en materia de libertades sexuales!, se requiere más que nunca cambiar la mentalidad de un pueblo. Y más si este se caracteriza por ser uno de los más religiosos y conservadores del mundo (para la vergüenza de los intelectuales liberales y los políticos de la cuarta transformación, esa es la impresión que manda al mundo la basílica de Guadalupe, el santuario religioso más visitado del mundo, incluyendo la Meca).

Para normar, alinear los comportamientos conforme al ideal de la equidad de género, se ha empezado a emitir leyes con fundamento dudoso y perspectivas de aplicación entregadas, como en el caso de todas las leyes, al capricho de los responsables de administrar la justicia. A la militancia le correspondería distribuir las fobias, degradar de un plumazo a los refractarios: la homofobia, la misoginia y el sexismo, sin perder de vista los agravantes como la xenofobia y la islamofobia que aplica sólo para los hombres, heterosexuales y blancos de los países de inmigración.

La tipificación de feminicidio en el código penal, presupone, también la existencia de fobia, odio en el asesinato de las mujeres. En países como en el nuestro, en donde se ve sólo en las películas policiacas la investigación de los crímenes con apego a protocolos inspirados de la criminología, suele suceder, que por presiones, oportunismo o por apego sincero a la teoría de género, nuestros magistrados sentencian por feminicidio crímenes en donde el odio dista de figurar como el motivo primordial de la violencia. Claro que es el odio el que inspira un asesinato. Pero este viene siempre –salvo en los casos clínicos– después. El odio lejos de ser irracional, se funda en razonamientos motivados por algo, eso que en criminología llaman el primum mobile del crimen, eso que se debería aclarar y juzgar con conocimiento de causa.

 

Aquí,  entre  este silencio…

Por  mis  vías internas el  corazón deriva,

hesita,  se estremece, va hacia  atrás, adelante,

se tensa al ritmo sordo  de su  latir constante

que avanza entre  el silencio  a plena carne viva.

 

Restaura en su camino  el pulido diamante

de infinitas facetas que atesora.  Cautiva

la luz innominada, la estrella fugitiva

que sin cesar derrama su brillo deslumbrante.

 

Recorre el  microcosmos  que a su paso se activa

y al punto desordena su rutina  inquietante,

las mitosis  se frenan… .  Mi   corazón  reaviva

 

el ancestral recuerdo de su  origen distante,

Allí, donde el silencio forjó  nuestra intuitiva

conciencia   del Eterno , divino Caminante.

 

Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina.

 

 

PATRIA    PATRIOTA  Y  PATRIOTISMO

En nuestra sociedad se vive  todo tan rápido, que tal vez muchos no disponen de tiempo para reflexionar sobre el significado de PATRIA – PATRIOTA Y PATRIOTISMO. En mi carácter de docente jubilada, interesada por el presente de nuestros estudiantes, me detengo a observar  todo lo que sucede a mi alrededor,  especialmente el  comportamiento de los alumnos y adolescentes en general,  en la calle,   a la salida de los establecimientos educativos, en actos públicos, celebraciones y conmemoraciones patrióticas , en bares , restaurantes, confiterías y en paseos públicos. Me vienen a la memoria escenas compartidas con mis compañeros, siendo estudiante, más tarde ejerciendo la docencia en escuelas rurales, en escuelas  de ingenios cerrados y  en escuelas de la ciudad, cada una distinta y a la vez igual, eso me hace esbozar una sonrisa que me alegra el alma. Recuerdo con emoción la celebración de fechas  patrias, en escuelas de zonas rurales, la escuela era y supongo sigue siendo  el faro que ilumina la vida de alumnos y vecinos. Desde lejos se escuchaba el tañido de la campana de la escuela llamando a festejar la fecha patria.  Al  llegar y ver a  toda la escuela ornamentada de celeste  y blanco,  se me estrujaba el pecho. En  la ceremonia de izamiento de la bandera,  nuestra mirada seguía a la bandera elevarse  al tope del mástil, acompañada por el canto de los niños que con emoción  entonaban ese Alta en el cielo/ un águila guerrera/, del aria AURORA. El  paso firme  de los abanderados,  aplaudidos por todos los presentes,  portando con  orgullo  el símbolo máximo de nuestra argentinidad, la bandera que nos legara Belgrano, a continuación el Himno Nacional Argentino con letra de Vicente López y Planes y música de don Pedro de Esnaola, se elevaba marcial y triunfal, quebrando el silencio que se respiraba en ese espacio mágico de la escuela. El respeto a los símbolos patrios, por esa gente sencilla, aún me hace temblar de emoción. Los discursos resaltaban  las virtudes de los próceres que nos legaran esta patria, libre y soberana, en momentos cruciales, donde había que elegir siendo colonia de España o romper las ataduras que nos ligaban a ella,  destacando sus valores morales y espirituales, rescato   una similitud entre ellos, muchos nacieron ricos y murieron pobres… Evoco el paso de los años, algo ha cambiado en nuestra sociedad.

Y aprovecho la oportunidad para hacer una breve referencia al origen de “Aurora”, ópera que fuera escrita por el músico argentino Héctor Panizza, estrenada durante la temporada de  la inauguración del Teatro Colón de Buenos Aires, en 1908. La canción que entonamos, corresponde al aria principal del primer acto de esta obra que consta de tres actos.  

Es por eso que me permito recordar el significado, en primer lugar de Patria: en la Enciclopedia Ilustrada de la Lengua Castellana de Editorial  SOPENA, mi amiga intelectual, a la que siempre acudo en busca de ayuda.

PATRIA: (del latín patria) “Nación propia de cada uno, con la suma de cosas materiales e inmateriales, pasadas, presentes y futuras que cautivan la amorosa adhesión de los patriotas.//Cuando las diferentes razas se agruparon según su comunidad de origen sobre un territorio determinado y se unieron por un patrimonio de tradiciones, intereses y destino comunes, surgió la idea de patria que abarcó primer la ciudad y después la nación, etc…”

PATRIOTA :( del latín patriota, y del griego patriotes : de patria, raza, tribu). “Persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien”

PATRIOTISMO (de patriota) “Amor a la patria”

 Wikipedia, define el término patriota, por primera vez en sentido político, por los rebeldes corsos italianos, allá por 1729, en su levantamiento contra la República de Génova: “patriota sería  aquel que ama tanto a su país que está dispuesto a morir por él”

Término que fuera adoptado y difundido a través de los años por los intelectuales europeos y americanos.

Según Wikipedia “en la Edad Contemporánea, y especialmente en el siglo XX, varios autores han diferenciado entre patriotismo y nacionalismo, dando al primer término un valor positivo y al segundo un valor negativo”. Según “Xosé Núñez Seixas, historiador español, los considera prácticamente sinónimos.”

Mi intención en estas definiciones es exaltar los valores que rigieron la conducta de muchos próceres argentinos, en su lucha por la Independencia Argentina, tomando como modelos a los generales Manuel Belgrano y José Francisco de San Martín. Además, compartir con los jóvenes de mi país estos conceptos, que  como lo expresé al iniciar este artículo, fueron los pilares de nuestra educación dentro del hogar y en la escuela.

María de los Ángeles Albornoz

Monteros-Tucumán-Argentina

 

 

Claves para educar a los hijos frente a la adversidad

LaFamilia.info 

 

Foto: Freepik

Como padres quisiéramos tener a nuestros hijos dentro de una burbuja para que no les pasara nada y que su vida fuera maravillosa, sin sufrimientos ni situaciones difíciles. Pero lo cierto es que todo esto es fantasía. La vida tiene subidas y bajadas, la adversidad es algo natural con lo que los hijos deberán luchar y para ello los debemos educar; de lo contrario se estrellarán ante la primera dificultad y las consecuencias serán nefastas.

Hace poco, el diario ABC de España, publicaba las conclusiones de las jornadas académicas de Fepace (Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de Fomento de Centros de Enseñanza) donde se destacó que las familias «no educan a sus hijos frente a la adversidad». Una de las principales razones es que los padres prefieren darle todo a sus hijos para que tengan bienestar y una vida cómoda, antes de inculcarles el esfuerzo y hacerles «sufrir» para conseguir un objetivo, puesto que, de hacerlo, los progenitores piensan que sus pequeños dejarán de quererles.

«Nada más lejos de la realidad —asegura Fernando Sarráis, doctor en Medicina por la Universidad de Navarra, especialista en Psiquiatría y ponente en las jornadas de Fepace—. Todo lo que vale, cuesta. Conseguir aquello que conlleva un esfuerzo supone una gran satisfacción personal (estudiar y obtener un máster; entrenar y lograr una medalla...). Si no enseñamos a los niños a esforzarse en la infancia, de mayores serán adultos insatisfechos e inseguros porque tendrán miedo de enfrentarse a cualquier situación que les suponga el más mínimo esfuerzo».

Claves a seguir

En esta línea, Fernando Sarráis explica que hay una serie de pautas para educar mejor a los hijos:

«El que algo quiere algo le cuesta». La buena educación ha de costar a formador y formado. No se debe tener miedo a hacer sufrir al educar, pues el cariño impide que se convierta en un trauma psicológico.

El mejor educador es el ejemplo. Se debe realizar la acción que se pretende que aprendan los hijos delante de ellos. No es suficiente un exceso de repetición oral para que lo asimilen.

Enseñar en libertad. En la educación de una personalidad madura es esencial enseñar a ser libre, con la responsabilidad que supone recibir un premio o castigo como consecuencia de la propia conducta libre.

Aprender a poner buena cara al mal tiempo. Uno de los capítulos más difíciles de aprender del libro de la vida es "sufrir con alegría". Sin este aprendizaje las personas suelen vivir, comportarse y pensar para "evitar" el miedo a cualquier sufrimiento. Esto impide que las personas aspiren a grandes objetivos en la vida.

Voluntad y constancia. Es necesario plantear modelos atractivos de modos de ser, pues si una persona quiere ser de una manera, tendrá la fuerza y constancia para poner los medios necesarios para lograrlo: querer es poder.

«O vives como piensas o acabas pensando como vives». La conducta tiene una fuerza educativa o transformadora muy poderosa. Una manera de lograrlo es que el educador y el educando lo hagan juntos.

Educar más con la cabeza que con el corazón. Enseñar es una tarea más de la razón que de la afectividad.

La unión hace la fuerza. El padre y la madre deben llegar a un acuerdo a la hora de educar, establecer límites y no desautorizarse entre sí, sino comunicarse para evitar las diferencias educativas en los temas capitales.

No tirar la toalla cuando parece que no se consiguen los objetivos educativos deseados, ya aparecerán más adelante. No hay que cansarse de dar buen ejemplo.

Exigir con amor. Los hijos no se trauman tanto por la excesiva exigencia si se sienten queridos.

 

 

CARTA ABIERTA AL SR. CANDIDATO.

El Sr. Sánchez, en un momento de su discurso de investidura, ha dicho "Nos une una sociedad de mujeres y hombres libres e iguales, en armonía con la naturaleza". 

Sr. Sánchez ¿es armonía con la naturaleza matar criaturas en el vientre de su madre?, ¿o negar el derecho de los padres sobre la educación de sus hijos? ¿o considerar que un niño o una niña puedan “cambiar” de sexo porque “sienten” que no son lo que parecen?  ¿o que se legalicen familias con dos padres o dos madres? ¿o…?

Amparo Tos Boix, Valencia.

 

 

Pensamientos y reflexiones 226

 

ANDALUCÍA SIEMPRE: Llegado este período (40 años ya) que nos dicen “por nuestros muertos” que es democrático, cosa dudosa por demás; este territorio en poder político, representa el veinte por ciento (o más) del parlamento nacional y sin embargo, no se nota apenas nada, ni incluso habiendo sido “cuna” de muchos notables políticos (incluido el primer presidente: Felipe González) que propiciaron desde un principio, la conquista partidista de Andalucía, de cara a un dudoso socialismo (PSOE) el que se adueñó de toda la política andaluza y así sigue hoy en día; como así de empobrecida o más a tenor con los tiempos, sigue la región tras cuatro décadas de ese socialismo, que se sostiene precisamente por un voto cautivo y subvencionado, que controlan a la perfección.
Ahora surge “un grito” que ya veremos si es ahogado como siempre: “Aldabonazo a la Junta de Andalucía: Los ingenieros piden “ambición” para modernizar Andalucía. Presentan 99 proyectos para impulsar la convergencia con las regiones ricas y denuncian la lentitud y falta de eficacia de la Administración autonómica”. Estos son los titulares que en página 68 del diario ABC del 29-06-2018, que junto a un amplio informe pormenorizado, publica dicho periódico.
Pero visto los antecedentes, “los ahora propietarios del cortijo andaluz”, seguirán con su política de aprovechamiento privado de recursos, para ellos y sus infinitos nepotes; y al resto, “los seguirán entreteniendo con deportes y espectáculos, fiestas, ferias, romerías, gastronomías, sitios visitables y demás opios para que la masa crea que vive en el mejor de los mundos”; y que no siguen siendo lo que son desde antes de Franco, con Franco y después de Franco; o sea; “una enorme granja o criadero de hombres y mujeres, donde la mejor selección de estos, tiene que seguir saliendo de Andalucía para realizarse como tales”… ¡¡O sea UNA GRAN VERGÜENZA!! (De mi artículo Andalucía -03-07-2018)

 

Lo que hizo construir Franco y lo que han destruido después sus herederos

            La verdad “absoluta” no existe, pero sí que existe en una aproximación enorme y que es la que en realidad “aceptamos como verdad real”; por ella sabemos de algunas cosas ocurridas hace milenios, y que fueron escritas y guardadas en “los archivos de Mesopotamia o en los jeroglíficos egipcios; y pese a lo que algunos dirigentes o gobernantes de aquellas épocas, ordenaran con las tiránicas órdenes de que… “sean borrados sus nombres y en su lugar escriban lo que yo ordeno y mando”; que es lo que ha pasado con Franco: Veamos… “Pues la verdad es la verdad, lo diga Agamenón o su porquero”. Y esto último es de nada menos que de Antonio Machado; venerado escritor y poeta republicano-socialista y por tanto contrario a Franco y al “Franquismo”, el que lo escribió en su obra…  “Juan Mairena”. Y quiere decir que, “la verdad no depende de quien la diga. Y mucho menos depende de que la diga una persona de gran categoría social o intelectual, o una persona de clase humilde”. “Indica claramente que el «ser» de la verdad y la «fuerza» de la verdad, no tienen nada que ver con el «decir» de la verdad; que la verdad es independiente de quién la diga, y, sobre todo, independiente de las diferencias entre los hombres. Como escribe el mismo Machado: “La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés”.

            Pero lo que ocurre es que cada cual, “quiere imponer su verdad”, que generalmente es “de panza y bolsillo” y lo demás no cuenta; así en España hoy, predominan “los crímenes de Franco y no se cuentan los de la República socialista-comunista, que igualmente fueron horrendos”; por los mismos intereses “de panza y bolsillo”, los que mandan hoy, no quieren hablar de “la gran obra social y económica que realizara Franco, puesto que ello sería horrible para las miserias que nos han traído después, los que dicen haber gobernado España, que hoy está en la ruina”; prefieren “quitar nombres, estatuas, relieves y demás absurdos, como ya hicieran aquellos tiranos que al principio cito, de Mesopotamia o el antiguo Egipto”; lo que sólo risa nos da a los que pensamos mucho y hemos leído bastante, sobre los latrocinios humanos de todos los tiempos.

            Pero como al final prevalecerá la verdad “cruda y dura”; ya hace tiempo que vengo escribiendo “algo sobre ella”; pero hoy lo hace D. Roberto Centeno en su ya famoso “Disparate Económico” y lo pueden leer en el de fecha 24-09-2018 o verlo aquí

https://blogs.elconfidencial.com/economia/el-disparate-economico/2018-09-24/legado-economico-franco-hechos-cifras 1619919/  (De mi artículo de igual titular 25-09-2018)

 

NUEVAS ELECCIONES EUROPEAS: Nos están bombardeando  y como siempre, para que vayamos a votar el próximo 26 de Mayo… pero si analizamos el tinglado que

nos montaron “las camarillas del dinero que controla Europa”; ¿De verdad nos interesa ir a votar, por qué, a quién, que beneficios vamos a encontrar la mayoría de europeos?

Mejor informarse de lo que se pueda, de ese gran tinglado, que lo único que ha hecho desde que existe y más aún a nosotros los españoles; es empobrecernos cada vez más: y de hecho, antes de las elecciones, ya han dado “instrucciones” a los que dicen gobernarnos aquí; que hay que “apretar bastante más los grilletes” ¿Así que a votar?

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí más)