Las Noticias de hoy 20 Julio 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    sábado, 20 de julio de 2019       

Indice:

ROME REPORTS

Palabras del papa Francisco

El Papa agradece el “apostolado de la prevención” para cuidar a los menores

Francia: El Papa expresa su cercanía a la madre de Vincent Lambert

NO QUEBRARÁ LA CAÑA CASCADA: Francisco Fernandez Carbajal

“No quieras ser mayor. –Niño, niño siempre”: San Josemaria

«Nosotros predicamos a un Cristo crucificado»: Juan Rego

¿Qué es la Unción de los enfermos?

María, Apóstol de la Salvación: Ernesto Juliá

Comentario al evangelio: Marta y María

Valoración ética de la muerte de Vincent Lambert: “Un acto objetivamente eutanásico”: Instituto Ciencias de la Vida

Ángeles: Daniel Tirapu

JUSTICIA: María de los Ángeles Albornoz

Los dedos del caos y los dedos de Dios: Plinio Corrêa de Oliveira

Borrón y cuenta nueva: Ana Teresa López de Llergo

¿Cómo orar en familia?: Infovaticana.com

La fuerza de la peregrinación: Ángel Cabrero Ugarte

Las abuelas y los abuelos: + Casimiro López Llorente. Obispo de Segorbe-Castellón

Mártires de la libertad y la misericordia: Jesús Martínez Madrid

Modernillos: Enric Barrull Casals

Pensamientos y reflexiones 229: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Palabras del papa Francisco

Viernes, 19 de julio de 2019

«Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre» (Mc 10,9). Es una exhortación a los creyentes a superar toda forma de individualismo y de legalismo, que esconde un mezquino egoísmo y el miedo de aceptar el significado autentico de la pareja y de la sexualidad humana en el plan de Dios.

De hecho, sólo a la luz de la locura de la gratuidad del amor pascual de Jesús será comprensible la locura de la gratuidad de un amor conyugal único y usque ad mortem.

Para Dios, el matrimonio no es una utopía de adolescente, sino un sueño sin el cual su creatura estará destinada a la soledad. En efecto el miedo de unirse a este proyecto paraliza el corazón humano.

Paradójicamente también el hombre de hoy –que con frecuencia ridiculiza este plan– permanece atraído y fascinado por todo amor auténtico, por todo amor sólido, por todo amor fecundo, por todo amor fiel y perpetuo. Lo vemos ir tras los amores temporales, pero sueña el amor autentico; corre tras los placeres de la carne, pero desea la entrega total.

En efecto «ahora que hemos probado plenamente las promesas de la libertad ilimitada, empezamos a entender de nuevo la expresión “la tristeza de este mundo”. Los placeres prohibidos perdieron su atractivo cuando han dejado de ser prohibidos. Aunque tiendan a lo extremo y se renueven al infinito, resultan insípidos porque son cosas finitas, y nosotros, en cambio, tenemos sed de infinito» (Joseph Ratzinger, Auf Christus schauen. Einübung in Glaube, Hoffnung, Liebe, Freiburg 1989, p. 73).

En este contexto social y matrimonial bastante difícil, la Iglesia está llamada a vivir su misión en la fidelidad, en la verdad y en la caridad.

 

El Papa agradece el “apostolado de la prevención” para cuidar a los menores

Videomensaje al Centro de Protección de Menores

julio 19, 2019 15:29Rosa Die AlcoleaPapa y Santa Sede, Protección de Menores

(ZENIT – 19 julio 2019).- El Papa Francisco ha enviado un mensaje de apoyo y agradecimiento a todas las personas del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME), en México.

Actualmente, del 1 de julio al 2 de agosto se celebra el curso de protección de menores “La prevención en la Iglesia Latinoamericana”, en la Universidad Pontificia de México, impartido por el Centro de Protección de Menores (CEPROME).

“Este curso es importante para que nadie abuse de ellos, nadie les impida llegar a Jesús”, expresa el Papa en un video de poco de más de tres minutos de duración. “Escuchemos otra vez la voz de Jesús: Dejen que vengan a mí, no impidan que los chicos vengan a mí. Cualquiera persona religioso, religiosa, laico, laica, obispo… cualquier persona que impida llegar a Jesús a un chico, tiene que ser detenido en sus actitudes, corregido, si estamos a tiempo, o castigado, si hay delito de por medio”.

El video mensaje fue publicado el pasado 17 de julio de 2019, en las redes sociales de la universidad, sede del curso organizado por el Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME), e impartido por el sacerdote Daniel Portillo, director del centro, y un grupo de especialistas.

Apostolado de la prevención

Francisco les ha animado a “prevenir para cuidar a los menores”, y ha hablado de un “apostolado de la prevención”. El Pontífice argentino relata que don Bosco “intuyó esto e instituyó un modo de actuar en la educación que se llamó sistema preventivo muy criticado por las épocas más iluministas de la educación pero que después nos dimos cuenta de que hubo un gran valor ahí”: “Sistema preventivo, prevenir”, ha pronunciado el Papa.

“Les agradezco que hayan venido a este curso, pongan lo mejor de ustedes. Les deseo éxito y les pido que recen por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen los cuide”.

El Centro de Protección de Menores, se propone ser un espacio de investigación y formación interdisciplinar que ayude a promover la protección de los menores, para lo cual ofrecerá, a las diócesis y congregaciones religiosas, la posibilidad de realizar un estudio especializado.

 

Francia: El Papa expresa su cercanía a la madre de Vincent Lambert

Con una llamada telefónica personal

julio 19, 2019 19:09Anne KurianPapa y Santa Sede

(ZENIT – 19 julio 2019).- El Pontífice expresó su cercanía a la madre de Vincent Lambert, después de la muerte del francés de 42 años el 11 de julio de 2019, en el Hospital Universitario de Reims, Francia. La alimentación e hidratación de este paciente, que se encuentra en una batalla legal desde 2008, se interrumpió el 3 de julio.

El Papa Francisco se puso en contacto con su madre, Viviane Lambert, por teléfono, confirmó al director interino de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Alessandro Gisotti, según informa Vatican News. En una entrevista con Lifesitenews, la madre de Vincent confió que había recibido un mensaje “conmovedor” y “personal” del Papa, en italiano, en su teléfono móvil, a través del cardenal Philippe Barbarin.

Tetrapléjico, en un estado de conciencia mínima desde un accidente de tráfico, Vincent Lambert había estado en el punto de mira durante años. Ya en abril de 2013, el equipo médico de su caso había decidido dejar de alimentarlo e hidratarlo, decisión que fue revocada por un tribunal porque no se había consultado a algunos de sus familiares. De nuevo en agosto de 2018, el Hospital Universitario de Reims decidió suspender la alimentación y la hidratación, con la oposición de los padres de Vincent Lambert. A finales de abril de 2019, el Consejo de Estado validó la interrupción de la atención, sentencia que fue revocada por el Tribunal de Apelación y confirmada por el Tribunal de Casación.

El Papa se ha pronunciado sobre este asunto en varias ocasiones. El día de su muerte, publicó un tweet: “Que Dios Padre acoja a Vincent Lambert en sus brazos. No construyamos una civilización que elimine a aquellos cuyas vidas ya no consideramos dignas de ser vividas: toda vida tiene valor, siempre”.

El día anterior, sin nombrarlo, también pidió: “Recemos por los enfermos abandonados y dejémoslos morir. Una sociedad es humana si protege la vida, toda vida, desde su comienzo hasta su fin natural, sin elegir quién es digno o indigno de vivir. Que los médicos sirven a la vida, que no la reprimen”.

El año anterior, Vincent Lambert fue protagonista de dos llamamientos del Santo Padre -con el niño británico Alfie Evans- en el Regina Coeli el 15 de abril de 2018: “Roguemos para que cada paciente sea siempre respetado en dignidad y atendido de manera adecuada a su condición, con la contribución constante de los miembros de la familia, de los médicos y de otros trabajadores de la salud”; y en la audiencia general del 18 de abril de 2018: “Me gustaría repetir y confirmar con firmeza que el único maestro de la vida, desde el principio hasta el fin natural, es Dios. Y nuestro deber, nuestro deber, es hacer todo lo posible para proteger la vida”.

 

NO QUEBRARÁ LA CAÑA CASCADA

— Mansedumbre y misericordia de Cristo.

— Jesús no da a nadie por perdido. Nos ayuda aunque hayamos pecado.

— Nuestro comportamiento hacia los demás ha de estar lleno de compasión, de comprensión y de misericordia.

I. El Evangelio de la Misa nos muestra a Jesús alejándose de los fariseos, pues estos tuvieron consejo para ver cómo perderle. Aunque se retiró a un lugar más seguro –quizá en Galilea1–, le siguieron muchos y los curó a todos, y les ordenó que no le descubriesen2. Es esta la ocasión en la que San Mateo, movido por el Espíritu Santo, señala el cumplimiento de la profecía de Isaías3 sobre el Siervo de Yahvé, en la que se prefigura con rasgos muy definidos al Mesías, a Jesús: He aquí a mi Siervo a quien elegí, mi amado en quien se complace mi alma. Pondré mi espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No disputará ni vociferará, nadie oirá sus gritos en las plazas. No quebrará la caña cascada, no apagará la mecha humeante...

El Mesías había sido profetizado por Isaías, no como un rey conquistador, sino sirviendo y curando. Su misión será caracterizada por la mansedumbre, la fidelidad y la misericordia. El Evangelista señala que esta profecía se estaba cumpliendo4. Por medio de dos imágenes bellísimas describe Isaías la mansedumbre, dulzura y misericordia del Mesías. La caña cascada, la mecha humeante, representan toda clase de miserias, dolencias y penalidades a que está sujeta la humanidad. No terminará de romper la caña ya cascada; al contrario, se inclina sobre ella, la endereza con sumo cuidado y le da la fortaleza y la vida que le faltan. Tampoco apagará la mecha de una lámpara que parece que se extingue, sino que empleará todos los medios para que vuelva a iluminar con luz clara y radiante. Esta es la actitud de Jesús ante los hombres.

En la vida corriente a veces decimos de un enfermo que su dolencia «no tiene remedio», y se da por imposible su curación. En la vida espiritual no es así: Jesús es el Médico que nunca da como irremediablemente perdidos a quienes han enfermado del alma. A ninguno juzga irrecuperable. El hombre más endurecido en el pecado, el que ha caído más veces y en faltas más grandes nunca es abandonado por el Maestro. También para él tiene la medicina que cura. En cada hombre Él sabe ver la capacidad de conversión que existe siempre en el alma. Su paciencia y su amor no dan a ninguno por perdido. ¿Lo vamos a dar nosotros? Y si, por desgracia, alguna vez nos encontráramos en esa triste situación, ¿vamos a desconfiar de quien ha dicho de Sí mismo que ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido?

Como caña cascada fue María Magdalena, y el buen ladrón, y la mujer adúltera... A Pedro, deshecho por las negaciones de su más triste noche, lo restaura, y ni siquiera le hace prometer el Señor que no volvería a negarlo. Solamente le preguntó: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Es la pregunta que nos hace a todos, cuando no hemos sido del todo fieles. ¿Me amas? Cada Confesión es también, y sobre todo, un acto de amor. Pensemos hoy cómo es nuestro amor, cómo respondemos a esa pregunta que nos hace el Señor.

II. No romperá la caña cascada ni apagará la mecha que aún humea...

La misericordia de Jesús por los hombres no decayó ni un instante, a pesar de las ingratitudes, las contradicciones y los odios que encontró. El amor de Cristo por los hombres es profundo, porque, en primer lugar, se preocupa del alma, para conducirla, con ayudas eficaces, a la vida eterna; y, al mismo tiempo, es universal, inmenso, y se extiende a todos. Él es el Buen Pastor de todas las almas, a todas las conoce y las llama por su nombre5. No deja a ninguna perdida en el monte. Ha dado su vida por cada hombre, por cada mujer. Su actitud cuando alguno se aleja es darle las ayudas para que vuelva, y todos los días sale a ver si lo divisa en la lejanía. Y si alguno le ha ofendido más, trata de atraerle a su Corazón misericordioso. No quiebra la caña cascada, no termina de romperla y la abandona, sino que la recompone con tanto más cuidado cuanto mayor sea su debilidad.

¿Qué dice a quienes están rotos por el pecado, a quien ya no da luz porque apagó la llama divina en su alma? Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré6. «Tiene piedad de la gran miseria a la que les ha conducido el pecado; les lleva al arrepentimiento sin juzgarles con severidad. Él es el padre del hijo pródigo que abraza al hijo desgraciado por su falta; Él mismo perdona a la mujer adúltera a la que se disponen a lapidar; recibe a la Magdalena arrepentida y le abre enseguida el misterio de su vida íntima; habla de la vida eterna a la Samaritana a pesar de su mala conducta; promete el Cielo al buen ladrón. Verdaderamente en Él se realizan las palabras de Isaías: La caña cascada no la quebrará; ni apagará el pabilo que aún humea»7.

Nunca nadie nos amó ni nos amará como Cristo. Nadie nos comprenderá mejor. Cuando los fieles de Corinto andaban divididos diciendo unos: «yo soy de Pablo», y otros: «yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo», San Pablo les escribe: ¿Ha sido Pablo crucificado por vosotros?8. Es el argumento supremo.

No podemos desesperar nunca... Dios quiere que seamos santos, y pone su poder y su providencia al servicio de su misericordia. Por eso, no debemos dejar pasar el tiempo mirando nuestra miseria, perdiendo de vista a Dios, dejándonos descorazonar por nuestros defectos, tentados de exclamar «¿para qué continuar luchando, considerando todo lo que he pecado, todo lo que he fallado al Señor?». No, nosotros debemos confiar en el amor y en el poder de nuestro Padre Dios, y en el de su Hijo, enviado al mundo para redimirnos y fortalecernos9.

¡Qué gran bien para nuestra alma sentirnos hoy delante del Señor como una caña cascada que necesita de muchos cuidados, como el pabilo que tiene una débil llama y que precisa del aceite del amor divino para que luzca como el Señor quiere! No perdamos nunca la esperanza si nos vemos débiles, con defectos, con miserias. El Señor no nos deja; basta que pongamos los medios y que no rechacemos la mano que Él nos tiende.

III. Esta mansedumbre y misericordia de Jesús por los débiles señalan el camino a seguir para llevar a nuestros amigos hasta Él, pues en su nombre pondrán su esperanza las naciones10. Cristo es la esperanza salvadora del mundo.

No podemos extrañarnos de la ignorancia, de los errores, de la dureza y resistencia que tantos ponen en su camino hacia Dios. El aprecio sincero por todos, la comprensión y la paciencia deben ser nuestra actitud ante ellos. Pues «rompe la caña cascada aquel que no da la mano al pecador ni lleva la carga de su hermano; y apaga la torcida que humea aquel que desprecia en los que aún creen un poco la pequeña centella de la fe»11.

Nuestros amigos, quienes se crucen con nosotros por circunstancias diversas, han de encontrar en la amistad o en nuestra actitud un firme apoyo para su fe. Por eso, hemos de acercarnos a su debilidad: para que se torne fortaleza; debemos verlos con ojos de misericordia, como los mira Cristo; con comprensión, con un aprecio verdadero, aceptando el claroscuro que forman sus miserias y sus grandezas. Por un lado, hemos de tener presente que «servir a los demás, por Cristo, exige ser muy humanos (...). Hemos de comprender a todos, hemos de convivir con todos, hemos de disculpar a todos, hemos de perdonar a todos»12. Por otro lado, «no diremos que lo injusto es justo, que la ofensa a Dios no es ofensa a Dios, que lo malo es bueno. Pero, ante el mal, no contestaremos con otro mal, sino con la doctrina clara y con la acción buena: ahogando el mal en abundancia de bien (cfr. Rom 12, 21). Así Cristo reinará en nuestra alma, y en las almas de los que nos rodean»13.

Los frutos de esta doble actitud de comprensión y fortaleza son tan grandes –para uno mismo y para los demás– que bien vale la pena el esfuerzo por ver almas en quienes tratamos a diario; en verles tan necesitados como los veía el Señor.

No es suficiente apreciar –afirma un autor de nuestros días14– a los hombres brillantes porque son brillantes, a los buenos porque son buenos. Debemos apreciar a todo hombre porque es hombre, a todo hombre, al débil, al ignorante, al que carece de educación, al más oscuro. Y esto no lo podremos hacer a menos que nuestra concepción de lo que es el hombre lo haga objeto de estima. El cristiano sabe que todo hombre es imagen de Dios, que tiene un espíritu inmortal y que Cristo murió por él. La frecuente consideración de esta verdad nos ayudará a no separarnos de los demás, sobre todo cuando los defectos, las faltas de educación, su mal comportamiento se hagan más evidentes. Imitando al Señor, nunca romperemos una caña cascada. Como el buen samaritano de la parábola, nos acercaremos al herido y vendaremos sus heridas, y aliviaremos su dolor con el bálsamo de nuestra caridad. Y un día oiremos de labios del Señor estas dulces palabras: lo que hiciste con uno de estos, por Mí lo hiciste15.

Nadie como María conoce el misterio de la misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es. En este sentido, la llamamos también Madre de la misericordia... Madre de la divina misericordia16: a Ella acudimos al terminar nuestra meditación, seguros de que nos conduce siempre a Jesús y nos impulsa a ser, como su Hijo, comprensivos y misericordiosos.

1 Cfr. Mc 3, 7. — 2 Mt 12, 15-16. — 3 Is 42, 1-4. — 4 Cfr. B. Orchard y otros, Verbum Dei, vol. II, pp. 462-463. — 5 Mt 11, 5. — 6 Mt 11, 28. — 7 R. Garrigou-Lagrange, El Salvador, p. 322. — 8 1 Cor 1, 3. — 9 Cfr. B. Perquin, Abba, Padre, p. 89. — 10 Mt 12, 21. — 11 San Jerónimo, en Catena Aurea, vol. II, p. 166. — 12 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 182. — 13 Ibídem. — 14 Cfr. J. Sheed, Sociedad y sensatez, Herder, Barcelona 1963, pp. 37-38. — 15 Cfr. Mt 25, 40. — 16 Cfr. Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 30-XI-1980, 9.

 

 

“No quieras ser mayor. –Niño, niño siempre”

No quieras ser mayor. –Niño, niño siempre, aunque te mueras de viejo. –Cuando un niño tropieza y cae, a nadie choca...: su padre se apresura a levantarle. Cuando el que tropieza y cae es mayor, el primer movimiento es de risa.

–A veces, pasado ese primer ímpetu, lo ridículo da lugar a la piedad. –Pero los mayores se han de levantar solos. Tu triste experiencia cotidiana está llena de tropiezos y caídas. ¿Qué sería de ti si no fueras cada vez más niño? No quieras ser mayor. –Niño, y que, cuando tropieces, te levante la mano de tu Padre-Dios. (Camino, 870)
La piedad que nace de la filiación divina es una actitud profunda del alma, que acaba por informar la existencia entera: está presente en todos los pensamientos, en todos los deseos, en todos los afectos. ¿No habíais observado que, en las familias, los hijos, aun sin darse cuenta, imitan a sus padres: repiten sus gestos, sus costumbres, coinciden en tantos modos de comportarse?
Pues lo mismo sucede en la conducta del buen hijo de Dios: se alcanza también –sin que se sepa cómo, ni por qué camino– ese endiosamiento maravilloso, que nos ayuda a enfocar los acontecimientos con el relieve sobrenatural de la fe; se ama a todos los hombres como nuestro Padre del Cielo los ama y –esto es lo que más cuenta– se obtiene un brío nuevo en nuestro esfuerzo cotidiano por acercarnos al Señor. No importan las miserias, insisto, porque ahí están los brazos amorosos de Nuestro Padre Dios para levantarnos. (Amigos de Dios, 146)

 

 

«Nosotros predicamos a un Cristo crucificado»

¿Qué significa que con su muerte en la Cruz y con su Resurrección Cristo ha obtenido el perdón para todos los hombres? ¿A quién ha ofrecido su vida y por qué? ¿Qué significa que la muerte de Cristo es vida del mundo, que entrando en la muerte ha ganado para todos la vida? Cuatro imágenes nos ayudan a profundizar en el misterio.

La luz de la fe19/02/2019

Opus Dei - «Nosotros predicamos a un Cristo crucificado»

«Mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1Cor 1,22-23)

No es fácil aceptar el misterio de la Cruz. La perspectiva de un Mesías que, después de haber sido humillado, termina sus días sobre una Cruz, escandalizaba la imaginación de Pedro (cfr. Mt 16,21-23) y los Doce simplemente no la comprendían (cfr. Lc 18,30-34). Era tan doloroso este sufrimiento que Jesús pidió a su Padre que pasase ese cáliz (cfr. Mt 26,39) y el corazón de María, identificado con el de su Hijo, conoció igualmente la reticencia natural ante el padecimiento.

Es tan natural el rechazo de un Dios que termina en un patíbulo, que su misma representación pictórica tardó siglos en abrirse camino en el imaginario de la cultura cristiana, tanto en un contexto hebraico como greco-romano. Este no entender es tan natural, que nosotros mismos lo seguimos experimentando cuando la Cruz nos visita, no en la conmoción artística o en la teoría de un discurso, sino en la acerba concreción de la vida real.

La contemplación del misterio de la Cruz es fuente inagotable de vida, a condición de que cada uno recorra su propio camino espiritual y personal

A pesar de la dureza de la Cruz, la confianza en que los planes de Dios, su misterio de salvación, responden a una lógica que Él mismo nos ha querido revelar, impulsó a los primeros cristianos a defender lo indefendible, hasta el punto de que hoy, cualquier niño que aprende el catecismo, recita de memoria: «¿cuál es la señal del cristiano? La señal del cristiano es la santa Cruz»[1]. El sencillo gesto de persignarnos contiene una fuerza simbólica única: confiesa con el alma y con el cuerpo todo el misterio de la creación y de la redención, todo lo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han hecho y harán por cada uno de nosotros.

«Todas las cosas son fatigosas, el hombre no puede expresarlas. No se sacia el ojo de ver, ni se cansa el oído de oír» (Ecl 1,8). La contemplación del misterio de la Cruz es fuente inagotable de vida, a condición de que cada uno recorra su propio camino intelectual y espiritual. Esa ha sido la experiencia de los grandes maestros de la tradición cristiana, que han subido el camino de la Cruz con su predicación y con su vida. Más que una explicación, las reflexiones que siguen quieren presentar cuatro imágenes capaces de generar luz y serenidad cuando parece que la tiniebla de la Cruz nos envuelve.

Primera imagen: el Trono de la Misericordia

La primera imagen es la del Trono de la misericordia. Se trata de una iconografía desarrollada especialmente en la Edad Media. Existen numerosas variaciones, pero el motivo es siempre el mismo: Dios Padre sostiene con sus manos a su Hijo en la Cruz, mientras que el Espíritu Santo, representado como una paloma, aparece entre los rostros del Padre y del Hijo. La fuerza de esta imagen consiste en presentar la auto-donación del Hijo como la misma donación del Padre, gracias a la acción del Espíritu Santo. De esta forma queda manifiesto, en primer lugar, que el Padre revela su misericordia por cada una de sus criaturas no a pesar de, sino a través de la Pasión de su Hijo. Esto no significa que el amor de Dios tenga en la Cruz una manifestación eminente por el dolor que conllevó, sino porque constituye, de hecho, la última y la más elocuente predicación de Jesús sobre el amor con el que Padre respeta y promueve el bien y la libertad de todos sus hijos.

Esa imagen nos dice que Dios está dispuesto a cargar con el peso de la Cruz antes que forzar a nadie a amarle. Por eso, si miramos bien a través de las llagas del Resucitado, no veremos la imagen de un Dios tan radicalmente trascendente que considera indigno de su pureza relacionarse con quienes son polvo y vanidad (cfr. Gn 2,7; Sal 144,4). La imagen del Dios cristiano manifiesta, de modo sorprendente y nuevo, la unidad de la justicia y la misericordia; el amor de Dios, que siempre se pone del lado de sus criaturas, y su capacidad de llevar a cumplimiento el designio originario de la creación. Precisamente la Cruz de Cristo hace evidente el peso de esos pesares, es decir, lo que le ha costado a la Trinidad ser fiel a su proyecto, a esa locura de amor que es la creación de seres personales que llaman de a Dios por toda la eternidad, ya sea bajo la forma de un apasionado Te amo, ya sea con un amargo Te odio. Nuestro Padre decía muchas veces que precisamente el que ama sufre, «si en amor estoy ducho / es por fuerza del dolor»[2].

Segunda imagen: el grito de Jesús

La segunda imagen es el grito de Jesús: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46). Como todo en la vida de Jesús, este gemido que sale de las profundidades de un cuerpo exhausto tiene función de revelación. Si miramos a nuestro alrededor sin ingenuidades, veremos que frecuentemente los justos son los que salen perdiendo. Es la constante verdad del salmo 73: «a los impíos les va aparentemente bien, a los que quieren vivir cara a Dios les va aparentemente mal». En este sentido, Jesús en la Cruz se solidariza con todos los inocentes que sufren injustamente y que no ven escuchados sus gritos en este mundo.

La Pasión del Crucificado es un acto de la compassio redentora del Padre en Cristo con todas las víctimas que, de un modo u otro, han sufrido por defender la verdad de Dios y la verdad del hombre. Sus quejas, sus clamores tantas veces silenciados, encuentran un lugar en Dios gracias al grito de Jesús. En Él no se extinguen, sino que encuentran resonancia divina. En el por qué de Jesús nuestras preguntas más crispadas por el dolor o la soledad, no son olvidadas, sino que alcanzan la seguridad de una respuesta llena de amor por parte de la Trinidad. Como en el caso de Jesús, esta respuesta solo será plena cuando llegue la Resurrección. Sin embargo, si aprendemos a gritar en Él, nuestra angustia se transforma progresivamente en paz y serenidad de victoria[3].

Con su grito en la Cruz, Jesús se solidariza con los inocentes que sufren y que no ven escuchados sus gritos en este mundo

Si es verdad aquello de que los malvados, en el banquete eterno, no se sentarán indistintamente a la mesa junto a las víctimas, como si no hubiera pasado nada[4], es fácil entender por qué la Cruz es indisociable de la Resurrección y del Juicio Final. Una predicación que de hecho solo insista en una de esas tres realidades hace una caricatura del misterio de Cristo y hace todavía menos aceptable el rostro de Cristo a nuestros contemporáneos. El Juicio Final es indisociable de la Cruz y de la Resurrección. Es el último acto de la constitución del Reino que Jesús predicó desde el inicio; el acto en el que las intenciones del corazón serán manifestadas y el sufrimiento inocente de todos los justos, comenzando desde Abel, recibirán el reconocimiento público que merecen.

La tercera imagen: el buen ladrón

La tercera imagen es la conversión del buen ladrón (cfr. Lc 23,40-43). Colgado de la Cruz, Jesús no solo se solidariza con los inocentes, sino que sondea las profundidades de los corazones que rechazan a Dios. El Espíritu Santo mueve a Jesús a no abandonar a ninguno, ni siquiera a los que se levantan contra Él. Jesús no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mc 2,17). A lo largo de su vida no solo habló del perdón y del amor a los enemigos (Mt 5,44), sino que murió perdonando y bendiciendo a uno de los malhechores que estaba crucificado con Él (cfr. Lc 23,43). El buen ladrón pasó de la maldición a la bendición en pocos minutos. El éxodo por el que le condujo Jesús es una metáfora de nuestra vida, pues todos hemos pecado y hemos vivido privados de la gloria de Dios (cfr. Rm 3,23).

Hay una condición, sin embargo, para poder entrar en la bendición, pues en la relación con Jesús no hay nada de mágico o de automático: nadie, ni siquiera Jesús, puede sustituir nuestra conciencia. Al final de su vida Jesús continúa con su programa iniciado en el Jordán (cfr. Mc 1,14). Busca y se solidariza con los pecadores, pero para llamarlos a la conversión y a la penitencia (cfr. Lc 5,32). La novedad de la revelación de la Cruz consiste en que a Dios le basta un verdadero acto de contrición para donar la bendición. El buen ladrón no tuvo oportunidad para reparar lo que había robado y, sin embargo, goza ya de la vida eterna. Como en nuestro Bautismo, resuena aquí la escandalosa generosidad de la parábola del hijo pródigo: el Padre no exige el cumplimiento material de una reparación imposible. Él sondea la verdad del corazón y por eso le basta que reconozcamos sin ambages nuestro pecado, que nos arrepintamos de corazón y que nos abracemos a Jesús con la fe que obra lo que puede por la caridad (Gal 5,6). El buen ladrón es una buena imagen para entender la absoluta gratuidad de la justificación y de aquel mínimo que el Padre exige para poder perdonarnos. El Espíritu Santo que obra en Jesús y en su Cuerpo, que es la Iglesia, se encargará de sanar las secuelas que hemos causado en nuestro entorno con nuestros pecados.

Desde la Cruz, Jesús nos mira. Su oración de intercesión, «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34), es oración eficaz: nos pone, como a aquel ladrón, en condiciones de reconocer la propia culpa, de aceptar la propia responsabilidad y de abrirnos a la necesidad del perdón. Si la mirada de Jesús no fuese misericordiosa, el espectáculo de nuestros pecados nos llevaría fácilmente a la desesperación. Pero su mirada es diferente: no nos reduce a nuestros actos, sino que abre un espacio donde el dolor que experimentamos al palpar la mezquindad de nuestras decisiones no termina en un gesto amargo. El Hijo de Dios es objeto de una violencia absurda; la misma que continúa activa en nuestro interior cuando la envidia, la superficialidad o simplemente la indiferencia ante el mal y el pecado nos transforman en culpables. Pero el Amor de Dios es más fuerte que cualquier necedad de sus criaturas. La paciencia con que soporta la debilidad de quien no tiene báculo (la im-becillitas) revela que el Padre tiene en Cristo sus manos siempre abiertas para acogernos, si de verdad queremos hacer el esfuerzo de dejarnos abrazar por Él.

La cuarta imagen: el Cordero degollado ante el Trono de Dios

La cuarta imagen es la del Cordero degollado que está en pie delante del Trono de Dios (cfr. Ap 5,1-14). El profeta Isaías había usado la imagen del cordero para hablar del Siervo sufriente (cfr. Is 53,7). El Bautista emplea la misma imagen para referirse a Jesús «que quita los pecados del mundo» (Jn 1,29). El evangelio de san Juan hace coincidir la muerte de Cristo con el momento del sacrificio ritual en el templo, quizá para subrayar así que la sangre de un cordero había librado a los primogénitos de Israel de la muerte en Egipto (cfr. Ex 12). El libro del Apocalipsis presenta a Cristo como el Cordero que vence a los potentes de la tierra, pues Él es el Rey de reyes y Señor de señores (cfr. Ap 17,14). Para quien no esté familiarizado con el mundo bíblico puede resultar difícil entender la insistencia –hasta veintinueve veces– con que el Apocalipsis usa esta imagen. Pero para los primeros cristianos hebreos era tan natural, que muy pronto se desarrolló la potente imagen del Cordero degollado y victorioso, síntesis admirable de lo que la tradición cristiana posterior denominará la exaltación gloriosa de Cristo en la Cruz. Esta tradición, de origen joanéo, contempla la cruz como anticipación de la Gloria de la Resurrección. En muchos crucifijos vemos todavía las llamadas potencias, es decir, los rayos de la gloria del Resucitado que se expanden desde la Cruz al mundo entero. San Josemaría, como tantos otros santos, contemplaba habitualmente la Cruz desde este punto de vista[5].

La imagen del cordero degollado, desarrollada sobre todo por san Juan, contempla la cruz como anticipación de la Gloria de la Resurrección

El capítulo 5 del Apocalipsis contiene un guiño característico del estilo de san Juan. El autor presenta con gran dramatismo la escena de un libro sellado que nadie es capaz de abrir. Un ángel grita a grandes voces, preguntando si hay alguien digno de abrir los siete sellos. Pero nadie responde. Ante aquel silencio desolador, «Juan prorrumpe en llanto» (v. 4). Uno de los Ancianos le tranquiliza y le dice: «No llores, mira que ha vencido el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, y que puede abrir el libro» (Ap 5, 5). La paradoja es que cuando ese León hace acto de presencia para abrir el libro, lo hace bajo la forma de un cordero (cfr. Ap 5,6).

«Victor, quia victima»[6]. Venció no porque fue violento, sino porque fue víctima de la violencia. La victoria del Padre en Cristo revela algo de esa divina pasividad y mansedumbre que la imagen del Cordero traduce en lenguaje humano. Ni el Padre exigió a su Hijo el dolor como satisfacción, ni Cristo eliminó el pecado destruyendo a nadie. El Padre pidió a su Hijo que revelase su amor de Padre por cada uno, arriesgándose a que los hombres diesen el curso que quisieran al amor de Dios. Le pidió que confesase siempre y sin ambages que el Padre no retira sus dones, que la libertad es real y que Él no quiere esclavos sino hijos. Por eso, toda la vida de Jesús fue desenmascarar la lógica de los corazones que, aún cumpliendo externamente, viven esclavizados en su interior por el miedo, la envidia o el resentimiento.

Jesús vino a librarnos de la esclavitud del pecado anunciando que «el Padre os ama» (Jn 16,27) y unió su voluntad de hombre a ese deseo divino de modo tan perfecto, que se dejó colgar en un madero antes que obligar a nadie a rendirse ante Dios. La paradoja de ese Cordero «manso y humilde» (Mt 11, 29), que vino «para destruir las obras del diablo» (1 Jn 3,8), es que las venció soportando hasta el final la tentación de la desconfianza en el amor del Padre. De este modo demostró la grandeza del corazón humano según el diseño creador de Dios: un corazón que, con la fuerza del Espíritu Santo, puede dejarse modelar por todo, puede abrazar a todos y es capaz de introducir, en las tinieblas más densas del rechazo de Dios, la luz de la confianza filial.

Nuestra libertad es real, y la Trinidad la ama tanto, que ha querido que también nosotros demos forma a la relación que Él inició en la creación. Ni Jesús, ni los que le crucificaron, ni María, ni Pedro, ni Judas eran meros ejecutores de un guión ya escrito desde la eternidad. Es verdad que Dios que nos primerea y que él ha establecido las reglas y el sentido de ese juego, que es nuestra vida. Pero una regla fundamental es que nosotros decidimos y construimos con Él el modo de vivir en la eternidad. «El Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti»[7] Él está siempre de nuestra parte y nos tiende su mano, pero no ejercerá violencia alguna contra ninguno de nosotros porque sabe que el don de una relación vivida en libertad ilumina nuestra historia.

Juan Rego


[1] Cfr. Catecismo de la Iglesia católica, n. 617.

[2] Amigos de Dios, n. 68.

[3] Sal 22, 25-35: «De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen. Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!» Le recordarán y volverán a Yahveh todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas las familias de las gentes. Que es de Yahveh el imperio, del señor de las naciones. Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al polvo. Y para aquél que ya no viva, le servirá su descendencia: ella hablará del Señor a la edad venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él».

[4] Cfr. Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 30.XI.2007, n. 44.

[5] Cfr. Camino, n. 969.

[6] San Agustín, Confesiones X, 43.

[7] Cfr. San Agustín, Sermo 169, 11, PL 38,923.

 

¿Qué es la Unción de los enfermos?

¿En qué consiste la Unción de los enfermos? ¿Tiene algún efecto? ¿En qué condiciones se puede recibir? Estas son algunas de las preguntas que se resuelven en este artículo de la serie “Preguntas sobre la fe”.

Preguntas sobre la fe cristiana18/07/2019

Opus Dei - ¿Qué es la Unción de los enfermos?¿Qué es la Unción de los enfermos? Photo by rawpixel.com from Pexels

Sumario

1. El enfermo ante Dios
2. Un sacramento especial para los enfermos
3. ¿Cómo se administra el sacramento de la Unción de los enfermos?
4. Los efectos del sacramento de la Unción de los enfermos


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«¡Sanad a los enfermos!» (Mt 10,8). La Iglesia ha recibido esta tarea del Señor e intenta realizarla tanto mediante los cuidados médicos y asistenciales que proporciona a los enfermos, como por la oración de intercesión con la que los acompaña.

Santiago apóstol, en una carta que se recoge en las Sagradas Escrituras escribe: «¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados» (St 5,14-15).

La Tradición ha reconocido en este rito uno de los siete sacramentos de la Iglesia: la unción de los enfermos.

1. El enfermo ante Dios

La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo y, en algunas ocasiones, incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Sin embargo, también puede hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él.

El hombre del Antiguo Testamento vive la enfermedad de cara a Dios. Ante Dios se lamenta por su enfermedad y a Él, que es el Señor de la vida y de la muerte, implora la curación. La enfermedad se convierte en camino de conversión y el perdón de Dios inaugura la curación. Israel experimenta que la enfermedad, de una manera misteriosa, se vincula al pecado y al mal; y que la fidelidad a Dios, según su Ley, devuelve la vida: «Yo, el Señor, soy el que te sana» (Ex 15,26).

La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones de dolientes de toda clase son un signo maravilloso de que «Dios ha visitado a su pueblo» (Lc 7,16) y de que el Reino de Dios está muy cerca. Así, en los sacramentos, Cristo continúa "tocándonos" para sanarnos. Jesús no tiene solamente poder para curar, sino también de perdonar los pecados. Su compasión hacia todos los que sufren llega hasta identificarse con ellos: «Estuve enfermo y me visitasteis» (Mt 25,36). Su amor de predilección para con los enfermos no ha cesado, a lo largo de los siglos, de suscitar una atención muy particular de los cristianos hacia todos los que sufren en su cuerpo y en su alma. Este especial cuidado dio origen a infatigables esfuerzos por aliviar a los que sufren.

Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces esta realidad nos configura con Él y nos une a su pasión redentora.

Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1502-1510

Meditar con san Josemaría

—Niño. —Enfermo. —Al escribir estas palabras, ¿no sentís la tentación de ponerlas con mayúscula?

Es que, para un alma enamorada, los niños y los enfermos son El. Camino, 419

Un hijo de Dios no tiene ni miedo a la vida, ni miedo a la muerte, porque el fundamento de su vida espiritual es el sentido de la filiación divina: Dios es mi Padre, piensa, y es el Autor de todo bien, es toda la Bondad. —Pero, ¿tú y yo actuamos, de verdad, como hijos de Dios? Forja, 987

Todas las situaciones por las que atraviesa nuestra vida nos traen un mensaje divino, nos piden una respuesta de amor, de entrega a los demás. «Cuando venga el Hijo del hombre con toda su majestad y acompañado de todos sus ángeles, sentarse ha entonces en el trono de su gloria, y hará comparecer delante de él a todas las naciones, y separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, poniendo las ovejas a su derecha y los cabritos a la izquierda.

Entonces el rey dirá a los que estarán a su derecha: venid, benditos de mi padre, a tomar posesión del reino, que os está preparado desde el principio del mundo. Porque yo tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era peregrino, y me hospedasteis; estando desnudo, me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; encarcelado, y vinisteis a verme. A lo cual los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos nosotros hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber?, ¿cuándo te hallamos de peregrino y te hospedamos, desnudo y te vestimos?, o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a visitarte? Y el rey en respuesta les dirá: en verdad os digo, siempre que lo hicisteis con algunos de estos mis más pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,31-40).

Hay que reconocer a Cristo, que nos sale al encuentro, en nuestros hermanos los hombres. Ninguna vida humana es una vida aislada, sino que se entrelaza con otras vidas. Ninguna persona es un verso suelto, sino que formamos todos parte de un mismo poema divino, que Dios escribe con el concurso de nuestra libertad. Es Cristo que pasa, 111

Sólo si aprovechamos con rectitud —cristianamente— las épocas de bienestar físico, los tiempos buenos, aceptaremos también con alegría sobrenatural los sucesos que la gente equivocadamente califica de malos. Sin descender a demasiados detalles, deseo transmitiros mi personal experiencia. Mientras estamos enfermos, podemos ser cargantes: no me atienden bien, nadie se preocupa de mí, no me cuidan como merezco, ninguno me comprende... El diablo, que anda siempre al acecho, ataca por cualquier flanco; y en la enfermedad, su táctica consiste en fomentar una especie de psicosis, que aparte de Dios, que amargue el ambiente, o que destruya ese tesoro de méritos que, para bien de todas las almas, se alcanza cuando se lleva con optimismo sobrenatural —¡cuando se ama! — el dolor. Por lo tanto, si es voluntad de Dios que nos alcance el zarpazo de la aflicción, tomadlo como señal de que nos considera maduros para asociarnos más estrechamente a su Cruz redentora.

Se requiere, pues, una preparación remota, hecha cada día con un santo desapego de uno mismo, para que nos dispongamos a sobrellevar con garbo —si el Señor lo permite— la enfermedad o la desventura. Servíos ya de las ocasiones normales, de alguna privación, del dolor en sus pequeñas manifestaciones habituales, de la mortificación, y poned en ejercicio las virtudes cristianas. Amigos de Dios, 124

2. Un sacramento especial para los enfermos

La Iglesia cree y confiesa que, entre los siete sacramentos, existe un sacramento especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad: la Unción de los enfermos:

«Esta unción santa de los enfermos fue instituida por Cristo nuestro Señor como un sacramento del Nuevo Testamento, verdadero y propiamente dicho, insinuado por Marcos y recomendado a los fieles y promulgado por Santiago, apóstol y hermano del Señor» (Concilio de Trento).

En la tradición litúrgica, tanto en Oriente como en Occidente, se poseen desde la antigüedad testimonios de unciones de enfermos practicadas con aceite bendecido. En el transcurso de los siglos, la Unción de los enfermos fue conferida, cada vez más exclusivamente, a los que estaban a punto de morir. A causa de esto, había recibido el nombre de "Extremaunción". A pesar de esta evolución, la liturgia nunca dejó de orar al Señor a fin de que el enfermo pudiera recobrar su salud si así convenía a su salvación.

Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1511-1512

Meditar con san Josemaría

A veces —comentaba aquel enfermo consumido de celo por las almas— protesta un poco el cuerpo, se queja. Pero trato también de transformar “esos quejidos” en sonrisas, porque resultan muy eficaces. Surco, 253

Cuando pienses en la muerte, a pesar de tus pecados, no tengas miedo... Porque El ya sabe que le amas..., y de qué pasta estás hecho.

—Si tú le buscas, te acogerá como el padre al hijo pródigo: ¡pero has de buscarle! Surco, 880

3. ¿Cómo se administra el sacramento de la Unción de los enfermos?

La Unción de los enfermos no es un sacramento solo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez.

Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan.

Solo los sacerdotes (obispos y presbíteros) son ministros de la Unción de los enfermos. Los fieles deben animar a los enfermos a llamar al sacerdote para recibir este sacramento. Y que los enfermos se preparen para recibirlo en buenas disposiciones, con la ayuda de su pastor y de toda la comunidad eclesial a la cual se invita a acompañar muy especialmente a los enfermos con sus oraciones y sus atenciones fraternas.

Como todos los sacramentos, la Unción de los enfermos se celebra de forma litúrgica y comunitaria y tiene lugar en familia, en el hospital o en la iglesia, para un solo enfermo o para un grupo de enfermos. Es muy conveniente que se celebre dentro de la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor. Si las circunstancias lo permiten, la celebración del sacramento puede ir precedida del sacramento de la Penitencia y seguida del sacramento de la Eucaristía. En cuanto sacramento de la Pascua de Cristo, la Eucaristía debería ser siempre el último sacramento de la peregrinación terrenal, el "viático" para el "paso" a la vida eterna.

Palabra y sacramento forman un todo inseparable. La Liturgia de la Palabra, precedida de un acto de penitencia, abre la celebración. Las palabras de Cristo y el testimonio de los Apóstoles suscitan la fe del enfermo y de la comunidad para pedir al Señor la fuerza de su Espíritu.

A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece, además de la Unción de los enfermos, la Eucaristía como viático. Recibida en este momento del paso hacia el Padre, la Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene una significación y una importancia particulares. Es semilla de vida eterna y poder de resurrección, según las palabras del Señor: «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día» (Jn 6,54). Puesto que es sacramento de Cristo muerto y resucitado, la Eucaristía es aquí sacramento del paso de la muerte a la vida, de este mundo al Padre.

Así, como los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía constituyen una unidad llamada "los sacramentos de la iniciación cristiana", se puede decir que la Penitencia, la Santa Unción y la Eucaristía, en cuanto viático, constituyen, cuando la vida cristiana toca a su fin, "los sacramentos que preparan para entrar en la Patria" o los sacramentos que cierran la peregrinación terrena.

Lo esencial de la celebración de este sacramento consiste en la unción en la frente y las manos del enfermo (en el rito romano) o en otras partes del cuerpo (en Oriente), unción acompañada de la oración litúrgica del sacerdote celebrante que pide la gracia especial de este sacramento.

Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1514-1518; 1524-1525; 1530.

Meditar con san Josemaría

Cuando estés enfermo, ofrece con amor tus sufrimientos, y se convertirán en incienso que se eleva en honor de Dios y que te santifica. Forja, 791

En la Unción de los enfermos, como ahora llaman a la Extrema Unción, asistimos a una amorosa preparación del viaje, que terminará en la casa del Padre. Y con la Sagrada Eucaristía, sacramento —si podemos expresarnos así— del derroche divino, nos concede su gracia, y se nos entrega Dios mismo: Jesucristo, que está realmente presente siempre —y no sólo durante la Santa Misa— con su Cuerpo, con su Alma, con su Sangre y con su Divinidad.

Pienso repetidamente en la responsabilidad, que incumbe a los sacerdotes, de asegurar a todos los cristianos ese cauce divino de los Sacramentos. La gracia de Dios viene en socorro de cada alma; cada criatura requiere una asistencia concreta, personal. ¡No pueden tratarse las almas en masa! No es lícito ofender la dignidad humana y la dignidad de hijo de Dios, no acudiendo personalmente a cada uno con la humildad del que se sabe instrumento, para ser vehículo del amor de Cristo: porque cada alma es un tesoro maravilloso; cada hombre es único, insustituible. Cada uno vale toda la sangre de Cristo. Es Cristo que pasa, 80

No tengas miedo a la muerte. —Acéptala, desde ahora, generosamente..., cuando Dios quiera..., como Dios quiera..., donde Dios quiera. —No lo dudes: vendrá en el tiempo, en el lugar y del modo que más convenga..., enviada por tu Padre-Dios. —¡Bienvenida sea nuestra hermana la muerte! Camino, 739

4. Los efectos del sacramento de la Unción de los enfermos

La gracia primera de este sacramento es una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, especialmente contra la tentación de desaliento y de angustia ante la muerte. Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu quiere conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la voluntad de Dios. Además, «si hubiera cometido pecados, le serán perdonados». (St 5,15).

Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo. El sufrimiento, secuela del pecado original, recibe un sentido nuevo, viene a ser participación en la obra salvífica de Jesús.

Los enfermos que reciben este sacramento, uniéndose libremente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyen al bien del Pueblo de Dios. Cuando celebra este sacramento, la Iglesia, por la comunión de los santos, intercede por el bien del enfermo. Y este, a su vez, por la gracia del sacramento, contribuye a la santificación de la Iglesia y al bien de todos los hombres por los que la Iglesia sufre, ofreciéndose, por Cristo, a Dios Padre.

La Unción de los enfermos acaba de conformarnos con la muerte y resurrección de Cristo, como el Bautismo había comenzado a hacerlo. Es la última de las sagradas unciones que jalonan toda la vida cristiana; la del Bautismo había sellado en nosotros la vida nueva; la de la Confirmación nos había fortalecido para el combate de esta vida. Esta última unción ofrece al término de nuestra vida terrena un escudo para defenderse en los últimos combates antes entrar en la Casa del Padre.

En resumen, la gracia especial del sacramento de la Unción de los enfermos tiene como efectos:

— la unión del enfermo a la Pasión de Cristo, para su bien y el de toda la Iglesia;

— el consuelo, la paz y el ánimo para soportar cristianamente los sufrimientos de la enfermedad o de la vejez;

— el perdón de los pecados si el enfermo no ha podido obtenerlo por el sacramento de la penitencia;

— el restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud espiritual;

— la preparación para el paso a la vida eterna.

Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1520-1523; 1532

Meditar con san Josemaría

No olvides que el Dolor es la piedra de toque del Amor. Camino, 439

Doctor en Derecho y en Filosofía, preparaba una oposición a cátedra, en la Universidad de Madrid. Dos carreras brillantes, realizadas con brillantez. Recibí un aviso suyo: estaba enfermo, y deseaba que fuera a verle. Llegué a la pensión, donde se hospedaba. —“Padre, me muero”, fue su saludo. Le animé, con cariño. Quiso hacer confesión general. Aquella noche falleció. Un arquitecto y un médico me ayudaron a amortajarle. —Y, a la vista de aquel cuerpo joven, que rápidamente comenzó a descomponerse..., coincidimos los tres en que las dos carreras universitarias no valían nada, comparadas con la carrera definitiva que, buen cristiano, acababa de coronar. Surco, 877

A los "otros", la muerte les para y sobrecoge. —A nosotros, la muerte —la Vida— nos anima y nos impulsa.Para ellos es el fin: para nosotros, el principio. Camino, 738

Te has consolado con la idea de que la vida es un gastarse, un quemarla en el servicio de Dios. —Así, gastándonos íntegramente por El, vendrá la liberación de la muerte, que nos traerá la posesión de la Vida. Surco, 883

Tú —si eres apóstol— no has de morir. —Cambiarás de casa, y nada más. Camino, 744

La Virgen Dolorosa. Cuando la contemples, ve su Corazón: es una Madre con dos hijos, frente a frente: El... y tú. Camino, 506

 

 

María, Apóstol de la Salvación

Ernesto Juliá

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photo_camera El obispo de Vigo pide a la Virgen del Carmen por los marineros fallecidos en el mar.

Las últimas noticias sobre la práctica de la Fe en nuestro país no son alentadoras. Los cristianos sabemos muy bien, de otro lado, que nuestra Fe, y nuestra relación personal con Cristo en la Oración y en los Sacramentos, no depende en ningún caso del andar de las estadísticas ni de las noticias de última hora.

Nos puede dar una cierta pena y un no menos cierto dolor, ver como gente se aparta de la fuente de Salvación, que es Cristo Nuestro Señor. Y nos da pena, porque cuando se aparta de la luz de Dios, el ser humano pierde la orientación vital en cualquier camino que recorra y, lo que es peor, se queda ciego ante la Luz que puede orientar su vida. ¿Qué respuesta podemos dar al preguntarnos sobre el
sentido más profundo de nuestro vivir?

En medio de esas noticias una información que apenas se ha recogido en ese mundo de la comunicación digital, abre puertas para que los cristianos mantengamos viva la Esperanza de llevar a cabo el mandamiento que el Señor dio a los Apóstoles y a los primeros discípulos; y que sigue resonando en los oídos de todos los que creemos en Él: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, se salvará, mas el que no creyere se condenará” (Mc 16, 15-16). ¿Cuál es esa noticia?

Una muy sencilla: el número de fieles que acuden a rezar a santuarios de la Virgen María en Europa, ha crecido en un tanto por ciento bien elevado, en los últimos años. ¿Una petición a la Madre de la Iglesia, título afirmado en el Vaticano II, por la unidad de Fe en la Iglesia, que está en peligro por las diversas “sinodalidades” que se vislumbran en el horizonte?

O mejor: ¿Se está cumpliendo el anuncio –prefiero no llamarle profecía- de Juan Pablo II? El entonces Papa dejó escrito que la Fe volvería a renacer en Europa, no solo a la sombra de la Virgen en los grandes Santuarios de su nombre: Fátima, Lourdes, el Pilar, Medjugorje, la Salette, etc, sino, y muy especialmente, en las ermitas dedicada a la Madre de Dios, abandonadas en tantos rincones de
Europa, que volverían a tener vida. El Santuario de Torreciudad habla por sí solo.

La noticia me recordó la actuación de un joven sacerdote cuando llegó a su primer encargo pastoral: un pueblo en un rincón de España, en el que la Fe estaba agonizando. Sus predecesores, en su afán de ir con “los espíritus del tiempo”; de “liberarse de prejuicios y dogmas”, de “seguir lo que deseaban los jóvenes”, etc., le habían dejado una herencia lamentable, después de abandonar la catequesis, y
cualquier rastro de piedad popular.

El joven sacerdote se arrodilló ante el Sagrario, se dirigió a la Virgen del Carmen, y pidió ayuda. Se puso a limpiar la iglesia, que estaba muy abandonada; recompuso la Misa diaria; y se fijó en una ermita de la Virgen de Carmen levantada por las generaciones anteriores a apenas un kilómetro del pueblo, que estaba prácticamente derruida.

Un año después, y ya con la ermita algo reparada, el pueblo volvió a ir en romería el día del Carmen después de más de 20 años sin hacerlo. Ese día se casaron en el Señor, y ante la Virgen, tres “parejas de hecho”: los primeros Matrimonios en el pueblo en los últimos cuatro años.

María tiene la gran misión de presentarnos al Señor, de dárnoslo para que lo adoremos, como hizo con los pastores y los reyes magos. María es la estrella de la Salvación que nos ofrece su Hijo. Y en un momento en el que hasta en la misma Iglesia se habla tan poco de Salvación, de Conversión con arrepentimiento de los pecados, hasta el incendio de Notre Dame nos anuncia que es María, la Madre de Dios, la que nos llama a sembrar nuevamente en Europa la semilla de la Fe en su Hijo.

 

 

Comentario al evangelio: Marta y María

Evangelio del 16º domingo del Tiempo ordinario (Ciclo C) y comentario al evangelio.

Vida cristiana

Opus Dei - Comentario al evangelio: Marta y María

Evangelio (Lc 10,38-42)

Cuando iban de camino entró en cierta aldea, y una mujer que se llamaba Marta le recibió en su casa. Tenía ésta una hermana llamada María que, sentada también a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Pero Marta andaba afanada con numerosos quehaceres y poniéndose delante dijo:

—Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en las tareas de servir? Dile entonces que me ayude.

Pero el Señor le respondió:

—Marta, Marta, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria: María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada.


Comentario

Cuenta san Lucas que una mujer llamada Marta recibió a Jesús en su casa. “Lo acogió como suele recibirse a los peregrinos —comenta san Agustín—. Aunque en realidad, la sierva recibió a su Señor, la enferma a su Salvador, la criatura a su Creador”[1]. Nos dice el relato que esta mujer tenía una hermana llamada María. Pero Marta es nombrada en primer lugar, probablemente porque sería la dueña de la casa. En cualquier caso, pronto Marta se verá sobrecargada e inquieta con la preparación de todo lo que le parece necesario para servir a Jesús. Mientras tanto, María disfruta de la conversación “no solo sentada cerca de Jesús —señala san Juan Crisóstomo— sino junto a sus pies; para manifestar la presteza, la asiduidad, el deseo de oírlo y el gran respeto que profesaba al Señor”[2]. Al final, molesta por lo que considera una insolidaridad de su hermana y quizá cierta indiferencia de Jesús, Marta increpa al Señor con toda confianza para que sea Él quien pida a María que colabore. No sabemos si al final María e incluso el propio Jesús se levantaron a ayudar. El evangelista recoge más bien una lección fundamental del Maestro: “Marta, Marta, tú te preocupas y te inquietas por muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria: María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada”.

A lo largo de la historia de la Iglesia esta escena ha sido muy meditada e interpretada por los Padres y los santos. Con frecuencia se ha visto a Marta como símbolo de la acción y del trabajo en este mundo, así como a María un símbolo de la contemplación y de lo que será la visión beatífica de Dios. Entonces, “¿qué quiere decir Jesús? —se preguntaba el papa Francisco— ¿Cuál es esa cosa sola que necesitamos? Ante todo es importante comprender que no se trata de la contraposición entre dos actitudes: la escucha de la Palabra del Señor, la contemplación, y el servicio concreto al prójimo. No son dos actitudes contrapuestas, sino, al contrario, son dos aspectos, ambos esenciales para nuestra vida cristiana; aspectos que nunca se han de separar, sino vivir en profunda unidad y armonía. Pero entonces, ¿por qué Marta recibe la reprensión, si bien hecha con dulzura? Porque consideró esencial solo lo que estaba haciendo, es decir, estaba demasiado absorbida y preocupada por las cosas que había que hacer. En un cristiano, las obras de servicio y de caridad nunca están separadas de la fuente principal de cada acción nuestra: es decir, la escucha de la Palabra del Señor, el estar —como María— a los pies de Jesús, con la actitud del discípulo. Y por esto Marta es reprendida”[3].

Jesús da a entender que la escucha atenta a sus pies hay que preferirla y anteponerla para cumplir de verdad su mandamiento de amor. San Josemaría explicaba así esta realidad: “María escogió la mejor parte, se lee en el Santo Evangelio. –Allí está ella, bebiendo las palabras del Maestro. En aparente inactividad, ora y ama. –Después, acompaña a Jesús en sus predicaciones por ciudades y aldeas. Sin oración, ¡qué difícil es acompañarle!”[4]. Por eso Jesús afirma también que “la mejor parte” de María no le será arrebatada, aludiendo al hecho de que la parte de Marta sí se puede perder. Es decir, sin la contemplación, que da sentido y eficacia a la labor que se hace por Dios, antes o después se terminaría también abandonando esta. San Josemaría ataja este problema admirablemente cuando exhorta en otro lugar: “Trabajemos, y trabajemos mucho y bien, sin olvidar que nuestra mejor arma es la oración. Por eso, no me canso de repetir que hemos de ser almas contemplativas en medio del mundo, que procuran convertir su trabajo en oración”[5]. Porque cuando se cuida la oración, antes o después todo se convierte en lugar de encuentro con Dios, de diálogo amoroso con Él.


[1] San Agustín, Sermón 26.

[2] San Juan Crisóstomo, Catena aurea, in loc.

[3] Papa Francisco, Ángelus, 21-VII-2013.

[4] San Josemaría, Camino, n. 89.

[5] San Josemaría, Surco, n. 497.

 

 

Valoración ética de la muerte de Vincent Lambert: “Un acto objetivamente eutanásico”

Observatorio de Bioética – Universidad Católica de Valencia

julio 19, 2019 09:00RedacciónBioética y defensa de la familia

(ZENIT- 17 julio 2019).-  El Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia considera que “la muerte de Vincent Lambert tras retirarle la hidratación y la alimentación es un acto objetivamente eutanásico, ya que, aunque padecía graves lesiones cerebrales, no estaba en coma ni en fase terminal”.

El enfermero francés, en estado vegetativo desde 2008, falleció tras permanecer nueve días sin hidratación y nutrición, como consecuencia de la decisión que tomó la justicia francesa tras considerar que mantenerle con vida podría considerarse obstinación terapéutica.

Lambert sufrió un accidente de tráfico y desde entonces se encontraba en estado vegetativo. Tras una dura batalla legal con sus padres, que deseaban seguir apostando por su vida, el hospital de Reims le retiró la alimentación e hidratación y lo sedaron.

Se hizo en contra de la voluntad de sus padres y de dos hermanos, que habían agotado las vías judiciales para impedir que se retiraran los cuidados que lo mantenían con vida. Sin embargo, su mujer llevaba seis años pidiendo la muerte de su marido, ya que aseguraba que ese hubiera sido su deseo, aunque no lo dejó expresado en un testamento vital.

“Retirar el soporte vital, como pueden ser la hidratación o la alimentación, solo sería éticamente válido, en caso de riesgo inminente de muerte y existencia de sufrimientos intensos bien contrastados. Sin embargo, en este caso concreto no nos parece que existiera ese riesgo, dado que Lambert llevaba en el mismo estado desde 2008 y no parecía que su salud hubiera empeorado significativamente en las últimas semanas”, apuntan desde el Observatorio de la UCV.

La mejor solución ética a los problemas de salud graves del final de la vida “son los cuidados paliativos y no la eutanasia”, añade el Observatorio: “Las soluciones ante el final de la vida pasan por tratar la muerte como una etapa natural en la que se ayude a los enfermos, respetando su dignidad como persona, de forma que ante situaciones dramáticas y terminales se reduzca el dolor del paciente y no al paciente. En este sentido, la única respuesta ética posible son los cuidados paliativos”.

“Queremos destacar también que la muerte de cualquier ser humano siempre es digna, pues la dignidad es intrínseca a la naturaleza humana. El objetivo no es conseguir una muerte digna sino una muerte sin dolor”, aducen.

La necesidad de una inversión pública en cuidados paliativos

Por el contrario, según el Observatorio de la UCV, “lo que el Estado si debería atender y legislar es para una mayoría de ciudadanos enfermos y sus familiares que están reclamando a voces unos cuidados paliativos de calidad. Aquí sí que existe un deber del Estado de universalizar el derecho y el acceso a estos cuidados, invirtiendo económicamente tanto como sea necesario para hacerlos realidad”.

Estos esfuerzos solo se pueden alcanzar “a través del compromiso de los gobernantes y la colaboración de sociedades compasivas y solidarias con los más vulnerables, que pongan en marcha equipos multidisciplinares de profesionales médicos, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales, asistentes espirituales”.

“Actualmente, en todos los casos de sufrimiento causado por dolores físicos y/o mentales, la medicina paliativa ya ha demostrado su eficacia para neutralizarlos o al menos disminuirlos. Y la sedación paliativa, cuando está indicada medicamente, puede controlar los síntomas refractarios intratables que mucha vez constituyen la causa de sufrimientos intensos”.

Existen otras respuestas “a la fragilidad y al sufrimiento humano al final de la vida o ante una enfermedad incurable”, según el Observatorio de la UCV, que son “más acordes con lo que la dignidad de los enfermos y sus familias merecen, con nuestra propia auto-representación como sociedad progresista y comprometida con sus miembros más débiles. Todas ellas empiezan por una necesaria inversión pública en cuidados paliativos”.

Confusión generada

Bruno Cazin, sacerdote y médico, vicario general de la diócesis de Lille, considera que se ha generado mucha confusión en torno a Vincent Lambert. “Se ha dicho que estaba al final de su vida, algo que es falso. Estaba en una situación de desventaja extrema: su conciencia era mínima pero no para interrumpir sus tratamientos, solo justificables como parte de un final de la vida o en una situación de obstinación irrazonable, debido a un sufrimiento insoportable. Ninguna de estas condiciones se cumplió para Lambert”.

Declaraciones del Dicasterio para laicos, familia y vida

El cardenal Kevin Farrell en representación del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida y la Pontificia Academia para la Vida, firmó y emitió un comunicado sobre el caso.

En él, ambas instituciones declararon compartir plenamente las manifestaciones realizadas del arzobispo de Reims, Monseñor Éric de Moulins-Beaufort y de su obispo auxiliar Monseñor Bruno Feillet ante el caso de Vincent Lambert.

Igualmente, reiteraron que la interrupción de la alimentación y de la hidratación supone una “gran violación de la dignidad de la persona” y subrayaron que el estado vegetativo, aunque grave, “no compromete de ninguna forma la dignidad de las personas que se encuentran en esta condición, ni sus derechos fundamentales a la vida y a los cuidados, entendidos como una continuidad de la asistencia humana básica”.

Además, destacaron que la interrupción de los consabidos cuidados básicos constituye “una forma de abandono del enfermo fundada en un juicio despiadado sobre su calidad de vida, expresión de una cultura del descarte que selecciona las personas más frágiles e indefensas sin reconocer su unicidad y su inmenso valor” y añaden que “la continuidad de la asistencia es un deber ineludible”.

Por último, manifestaron su deseo de que se encontraran “soluciones eficaces” que salvaguardaran la vida de Vincent Lambert y aseguraron la oración del Santo Padre y de toda la Iglesia para que así ocurriera.

Desde el Observatorio de Bioética compartimos la valoración que el cardenal Kevin Farrell hizo pública en torno a este caso.

El Papa Francisco se pronuncia

El Papa Francisco ha lamentado la muerte del enfermero francés, afirmando en su cuenta de Twitter: “Que Dios Padre acoja en sus brazos a Vincent Lambert”. “No construyamos una civilización que elimina a las personas cuya vida consideramos que ya no es digna de ser vivida: toda vida humana tiene valor, siempre”, ha exhortado el Pontífice.

Observatorio de Bioética

Instituto Ciencias de la Vida

Universidad Católica de Valencia

 

Ángeles

Daniel Tirapu

Ángeles de la guarda.

photo_camera Ángeles de la guarda.

Seres espirituales, sin materia, creados por Dios para darle gloria y para ayudar a los hombres y las mujeres. Millones, miríadas, adorando a Dios en todos los sagrarios. Conviene pedirle favores espirituales y también materiales. 

Creo que cualquiera de nosotros ha tenido alguna experiencia especial en este sentido. Rezar al ángel para encontrar aparcamiento (ojo, no siempre funciona, pedirle no tropezar, etc.)

Yo me acuerdo de un episodio muy concreto: estábamos cuatro con 18 años en Londres, debíamos tomar un tren y luego el avión. No teníamos mucha idea de por dónde ir, ni dinero para taxi.

Un Ford cortina conducido por un paquistaní se paró, le faltaban tres dedos y nos habló en español. Montamos en el coche y nos dejó en la estación tres minutos antes de tomar el tren. No nos llamó la atención, pero aquello no tenía mucha explicación. ¿Por qué paró, en español?. Podíamos haber sido secuestrados.

Por supuesto que todo puede tener explicación natural pero alguno me comentó que estaba rezando a los ángeles para llegar bien. Sea como fuere ahí queda lo que pasó. Doy fe. También en la vida encontramos personas providenciales que son como ángeles.

 

 

JUSTICIA

 

Representas la jurisprudencia,

impartes  perdón o castigo,

haces  cumplir la Ley.

Hoy estás muy vapuleada.

La sociedad  reclama

defender la razón,

castigar las culpas,

luchar, contra la impunidad.

Siempre te vi erguida,

impoluta,  soberana.

Hoy,  no cumples con  tu deber,

caminas  dando tumbos.

Recobra tu dignidad.

Equidad e igualdad

Que nadie se vea burlado

Donde los valores primen

Equidad e igualdad

Culpables…  a la cárcel

Inocentes…  libres

 

María de los Ángeles Albornoz

Monteros-Tucumán-Argentina

 

 

 

Los dedos del caos y los dedos de Dios

Los dedos del caos

El mundo de hoy está cada vez más inmerso en el caos. ¿Qué caminos se abren ante nosotros? La alternativa es caos o una nueva Civilización cristiana.

El artículo que publicamos, escrito en 1992 con una gran visión de la situación contemporánea,  tiene aún mayor actualidad hoy que en esa época. O, mejor, que esa situación se ha tornado evidente para la gran mayoría.

Un mundo que se va hundiendo en el caos

Contenidos

 

No hace mucho tiempo, quien dijese que el mundo se iría hundiendo en el caos, sería oído con indiferencia. ¿Cómo dar crédito a esta predicción, viendo la prosperidad y el buen orden que parecía reinar en el Occidente? Por lo que bastaría que reinara el orden en Europa y en América, para poder decir que todo estaba bien, y que en el caos era imposible. Como si el mundo no occidental no fuera parte del Planeta, .

El caos se entendía entonces como un auge catastrófico de todos los desórdenes y desgracias. ¿Cómo admitir, entonces que, de una situación «evidentemente» ordenada, podría surgir tal paroxismo de desorden? Esta sería la refutación, aparentemente indestructible, que el optimismo entonces reinante, opondría a los que sin duda calificaría como «profetas de desgracias».

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La palabra «caos» se puso de moda

Los monjes construyeron una Civilización cristiana

La Grande Chartreuse – La civilización fue tejida por esas benditas manos, y no por los dedos trémulos, sucios y contaminados del caos

Va corriendo convulsionado y rápidamente el año 1992. Y el examen más superficial de la realidad permite ver que la palabra «caos» -tenido hasta hace poco como un espantapájaros por tanta gente considerada sensata- se convirtió en una palabra de moda.

De hecho, en los círculos de vanguardia intelectual, que se jactan de postmodernos, la palabra «caos» es algo frívolo, elegante, más o menos como un bibelot que les gusta tener entre sus dedos para jugar con él, y verlo más de cerca.

En lugar de despertar horror, el caos es visto hoy como una fuente de esperanza. Por lo contrario, la palabra «moderno», que tantos sonreía a los occidentales, parece haber caído en la decrepitud. Reluciente de juventud hasta hace poco, de repente le creció una melena de pelo blanco; no puede ocultar sus arrugas y usa dentadura postiza. ¡Poco le falta para que caiga en el basurero de la Historia! Ser moderno, ¡qué hermoso era hace diez años! Hoy en día, ¡que antigualla! Quien no quiera estar involucrado en la decrepitud de lo que es moderno, debe decirse pósmoderno. Ésta es la fórmula…

Caos y postmodernidad

Cada vez más, el «caos» y la «postmodernidad» son conceptos que se van aproximando, al punto de que tienden a fusionarse. Y hay quienes incluso ven en catástrofes eventuales, el punto de partida de un mañana esplendoroso.

Así, quienes hasta ayer no encontraban suficientes apodos para lanzar contra la Edad Media, argumentan precisamente con ella para justificar su optimismo

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La caída del Imperio Romano de Occidente

En otros términos, el territorio del Imperio Romano de Occidente se encontró en cierto momento convulsionado al mismo tiempo por dos fuerzas enemigas, que trituraban sus restos moribundos: los bárbaros procedentes de las orillas del Rhin, y los árabes que habían traspuesto el Mediterráneo e invadido amplias franjas del litoral europeo. Europa cayó en el caos. Toda la estructura del Imperio Romano de Occidente se pulverizó. Sólo restó en pie la estructura eclesiástica, que recibió de Roma la orden de no abandonar los territorios en que ejercía su jurisdicción espiritual. En el orden temporal, era el caos.

La conversión de Clovis

El bautismo de Clodoveo, Rey de los Francos, administrado por San Remigio, constituyó un marco decisivo en la conversión al cristianismo de los pueblos bárbaros que invadieron el Imperio Romano

El caos sustituido por el orden

Sin embargo, del entrechoque de los ejércitos, de las razas y de las batallas, en medio de un caos general, se fue formando lentamente en los campos la estructura feudal. Y, en las bibliotecas de los conventos, los libros en que se había refugiado la cultura grecolatina comenzaron a proyectar su luz sobre nuevas generaciones, que fueron aprendiendo lentamente que vivir no es sólo luchar, sino también estudiar.

Poco a poco, sin que casi nadie se diese cuenta, los dedos febriles y desordenados del caos fueron produciendo un tejido nuevo: la cultura medieval, cuyos esplendores los posmodernos -para ventaja de sus argumentos- descubren ahora, como si ayer no los ignorasen o vilipendiasen..

Y, como un prestidigitador que saca de repente un conejo de un sombrero de copa, los actuales profetas del caos y de la posmodernidad sacan de las penumbras y de las agitaciones de hoy, así como de las dramáticas turbulencias de la más alta Edad Media, motivos para ilusionar a nuestros contemporáneos con esperanzas y luces de una nueva era.

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Las manos que tejieron la Civilización medieval

San Bruno, fundador de los Cartujos

San Bruno – Cartuja de Miraflores – Burgos – España

La civilización medieval fue tejida por manos benditas, como las de San Bruno (Siglo XI), fundador de la Orden de los Cartujos, que construyó en Francia la famosa abadia denominada «Grande Chartreuse «.

Pero hay algo que ellos olvidan de incluir en el cuadro histórico que les sirve de argumento. Es la Iglesia.

La Iglesia, sí, en la cual no cesaron de relucir Santos que dejaron en la Tierra la sabiduría de las enseñanzas y la fuerza viva de los ejemplos que hasta ahora el mundo no olvidó.

Muchos sacerdotes, fieles a la doctrina y a las leyes de la Santa Iglesia, fueron por todas partes suscitando almas que comenzaron a brillar en las tinieblas, como al comienzo se pusieron a brillar en el cielo las estrellas, por acción del Creador. Esas fueron las manos sagradas que gradualmente limpiaron el caos del espíritu, de las leyes y de los hábitos de los pueblos europeos.

La civilización fue tejida por esas benditas manos, y no por los dedos trémulos, sucios y contaminados del caos.

La Iglesia y el Reino de María

Teniendo esto en vista, el lector se volverá naturalmente hacia la Iglesia de hoy, esperando de ella la misma acción desarrollada a partir de la alta Edad Media. Y tiene razón, pues de la Iglesia se puede decir lo que dice de la Santísima Virgen la oración del Salve Regina: ella es «vida, dulzura y esperanza nuestra». Pero la Historia nunca se repite con mecánica precisión. ¡Cómo se diferencian de las condiciones de entonces, las condiciones actuales de la Santa Iglesia de Dios!

Así como un hijo siente redoblar su amor y su veneración cuando ve a su propia madre lanzada en el infortunio y oprimida por la derrota, así es con redoblado amor, con veneración inexpresable que me refiero aquí a la Santa Iglesia de Dios, nuestra Madre.

Precisamente en este momento histórico en que le cabría rehacer, a la eterna luz del Evangelio, un nuevo mundo, la veo entregada a un doloroso y deprimente proceso de «autodemolición», y siento dentro de ella el «humo de Satanás», que penetró por infames grietas. (cf. Pablo VI, Alocuciones del 7/12/68 y del 29/06/72).

¿Hacia dónde volver entonces las esperanzas del lector? Hacia el propio Dios, que jamás abandona a su Iglesia santa e inmortal. Es por medio de ella que hará, en los días lejanos o próximos, cuyo advenimiento su Misericordia y su Justicia establecieron, pero que permanecen misteriosos para nosotros, el espléndido renacimiento de la Civilización cristiana, el Reino de Cristo por el Reino de María

Plinio Corrêa de Oliveira

 

Borrón y cuenta nueva

Ana Teresa López de Llergo

Callar o ceder no es respuesta de un pueblo honesto. Es necesario el compromiso de cada uno para procurar la sólida mejora de nuestro país.

Política en México

Cuando mis hermanos y yo éramos pequeños, muchas veces oí a mis padres decirnos “borrón y cuenta nueva”. Generalmente esto ocurría cuando, arrepentidos de algo que habíamos hecho mal, lo confesábamos asegurando que no volvería a suceder, y que no castigaran a quien habíamos culpado para librarnos del castigo que nos correspondía.

En ese contexto, borrón y cuenta nueva, era un modo de hacernos ver que, papá y mamá encontraban honestidad y propósito de enmienda, y aceptaban nuestro modo de reconocer que habíamos actuado mal y la promesa de no repetirlo más. Esto nos daba mucha paz y aumentaba la seguridad de tener unos padres comprensivos, cariñosos y que confiaban en nuestra palabra.

Últimamente, ante algunas respuestas del presidente, sobre hechos con alto impacto nocivo para el país, me ha venido a la mente, pero de manera incómoda, el borrón y cuenta nueva. Porque para aplicar esta frase, el culpable tiene que aceptar su mal proceder, darlo a conocer, prometer no reincidir y aceptar los medios que le ofrezcan para repararse y reparar el daño cometido.

El perdón a un culpable requiere pruebas palpables del deseo de cambiar. Pero la sola disposición no basta, porque el mal cometido siempre deja una inclinación que facilita la reincidencia. A ese culpable hay que fortalecerlo una y mil veces, hasta que su deseo pase de la intención al vigor personal para actuar bien, rumbo que se había debilitado.

Por lo tanto, quien ostenta cualquier nivel de autoridad, tiene el deber de actuar honestamente. La honestidad es una manera de vivir la justicia. En cualquier grupo humano se anhela conscientemente o inconscientemente la justicia. Todos hemos de ser justos, pero quien dirige tiene mucha más obligación de practicarla y también lograr que los subalternos la vivan.

Ostentan la autoridad: el presidente en su país; el director general en una empresa y los directores de sección; el director de una escuela y los maestros en el aula; los padres de familia; el líder de un proyecto… Todos, de algún modo, según el papel que corresponda, tenemos una autoridad a quien seguir y otra para ejercer. En todo caso es imprescindible la justicia.

Quien está al frente de un país o de una parte, tiene el deber moral de poner todos los medios a su alcance para conseguir un ambiente seguro. En general, se espera contar con un ambiente sano: con estímulos que fomenten la cordialidad, el altruismo, la sensibilidad para detectar necesidades y colaborar según la propia capacidad y recursos.

Un ambiente sano es aquel donde hay estímulos positivos para sacar los mejores sentimientos de las personas. Entre otros muchos está el impedir el uso de drogas o pornografía, procurar entornos de trabajo sanos, prever recursos al alcance de todos para satisfacer las necesidades de salud o de descanso. Organizar sistemas de seguridad que impidan a unos ciudadanos aprovecharse de otros, o de inducirlos al mal.

Si una persona que ha hecho alguna fechoría regresa a un entorno sano, es más fácil que corrija el rumbo de su vida. Además, a esas personas hay que aplicarles la sanción correspondiente y cuidar que durante el proceso de reinserción a la vida honesta tengan compañeros que les fortalezcan con el buen ejemplo y los buenos consejos. No hay peor dirigente que aquel que evade la responsabilidad y “deja pasar”.

Algunas personas han delinquido porque no saben ejercer un trabajo digno, ellos necesitan aprender un oficio y un sitio donde ejecutarlo. Así tendrán la seguridad de poderse mantener con una actividad noble y útil. Entonces, se les abrirán horizontes, y obtendrán el prestigio de haber pasado por una situación crítica y haberla superado. En esos casos tiene mucho más peso cualquier consejo que den. Estas personas pasan a ser ciudadanos expertos en la ayuda a los demás.

Lo mismo que se hace para regenerar a las personas hay que hacerlo con las instituciones. En éstas es necesaria la reingeniería para eliminar los puntos de ineficiencia y sustituirlos por procesos sin peligro. Tampoco basta con modificar las técnicas o los procesos, también a las personas hay que saberlas colocar y moverlas a superarse por medio de evaluaciones que ellas mismas procuren.

Con la seguridad de estos principios y el debido protagonismo de los ciudadanos en un sistema democrático, es necesario revisar algunos planteamientos presentados por el mandatario, y que requieren reorientación.

Cuando en un mitin se perdona a alguien, siempre hay algún ingenuo que piensa que aquello fue espontáneo y muestra el buen corazón del mandatario. Detrás de un hecho así hay dos graves errores, el primero es consumar un arreglo previo y ocultar un compromiso turbio. El segundo es cometer una injusticia porque a esa persona se le perdona su falta sin mérito ni promesa de rectificar. La ley pierde su fuerza y eso es muy grave. En estos casos no aplica el borrón y cuenta nueva.

El hecho de eliminar instituciones como el Cuerpo de policía, o la Marina Nacional, juzgando a todos de corruptos, es un agravio a aquellos que se han mantenido fieles a sus principios. Es gravísimo hacer que paguen justos por pecadores. Y se acumulan las injusticias al ofrecer una nueva institución –la Guardia Nacional– como el modo de regenerarse y acabar con la corrupción. Y, las prestaciones acumuladas ¿dónde quedan? Y, los hábitos malos ¿cómo los corregirán?

Si la refinería de Dos Bocas en Tabasco es el modo como piensan resolver el desorden de Pemex, también resulta un plan desfasado que evade el auténtico problema que se debe resolver dentro de la misma institución. Algo parecido sucedió con el aeropuerto de Texcoco que simplemente se clausuró, cuando se debió revisar para corregir los puntos de corrupción y aprovechar lo que se llevaba construido.

Pensar que solamente lo que hace el actual gobierno resultará libre de polvo y paja, es una utopía. El proyecto de Santa Lucía está lleno de problemas que se agravarán si se lleva a cabo, y no habrá más remedio que estar apagando infiernitos.

Callar o ceder no es respuesta de un pueblo honesto. Es necesario el compromiso de cada uno para procurar la sólida mejora de nuestro país.

 

 

¿Cómo orar en familia?

Por Infovaticana.com - 8.07.2019

Foto: jcomp

¿Cómo pueden los padres introducir en la vida familiar diaria, tan ajetreada, la oración, el encuentro con Cristo? A esta pregunta responde el cardenal Raymond Leo Burke en Esperanza para el mundo –publicado por Bibliotheca Homo Legens-, incidiendo en la bendición de la mesa, en el fomento de la devoción al Sagrado Corazón, el rezo del Rosario o el examen de conciencia.

Compartimos aquí íntegramente la reflexión de Burke sobre la oración en familia:

Es un tema muy importante y empieza al despertarse. En la hora de las comidas, la oración de bendición de la familia, la comida y las gracias después de comer. Otra devoción efectiva es dedicar un rincón de la casa al Sagrado Corazón. Basta una imagen, una estatua, una vela, para facilitar la reunión de la familia, que rezará por el mundo y por los que sufren. También está el rosario. Al principio, recitar una decena es importante para entrenar a los más pequeños, incluso si es difícil para los padres. Con la repetición y la práctica, el rezo del rosario es cada vez más hermoso. Cada noche, cuando los niños se van a la cama, es importante ayudarles a hacer examen de conciencia, a recitar el acto de contrición y a decir una breve oración pidiendo a Dios la protección durante la noche, porque la noche es el símbolo de la muerte y trae muchas tentaciones. Recuerdo cuando aprendí la oración a san José para una buena muerte que, de hecho, sigo recitando. También es importante enseñar al niño a desarrollar un total sentimiento de la presencia y protección de su ángel de la guarda. La simple oración al ángel de la guarda era algo muy importante para mí, desde siempre.

Pero, ¿y si no hay tiempo? ¿Y si entre el asfixiante quehacer diario no hallamos un momento para encontrarlos con Él cara a cara?

Se tiene que encontrar tiempo para dedicarlo exclusivamente al Señor en la oración. He oído a sacerdotes decir: «Mi trabajo es mi oración». Sí, es bueno santificar el trabajo, pero temo no tener la fuerza de santificar el trabajo y mi vida diaria si no dedico tiempo a Dios, a veces media hora, a veces quince minutos. Al final del día, cuando los niños están en la cama, se puede buscar tiempo para leer la Sagrada Escritura o un libro de meditaciones. Puedo experimentar el silencio ante la presencia de Dios, diciéndome que estoy en sus manos. Es muy importante consagrar el día al Señor, sobre todo para los esposos. Es bueno que la oración sea individual, pero también comunitaria.

 

 

La fuerza de la peregrinación

Ángel Cabrero Ugarte

Camino de Santiago.

photo_camera Camino de Santiago.

He vuelto, una vez más -y no son pocas- a la ciudad del Apóstol y, aunque parezca una obviedad, he de decir que no defrauda. Tiene algo. Sí, está claro, tiene un montón de cosas maravillosas, una catedral fabulosa con un pórtico -el Pórtico de la Gloria- único, y un conjunto de edificaciones, iglesias, plazas, palacios, calles porticadas, etc., que no son fáciles de encontrar en muchos lugares.

Pero Santiago tiene algo. Algo como de fin del mundo. No lejos está Finisterre, pero la ciudad, en sí misma tiene un sentido como de meta final. Hemos llegado al final. ¿Es esto, ese sentimiento, lo que toca al fondo del peregrino? Es comentario habitual y, seguramente, unánime: el camino te toca el alma. Sobre todo cuando se llega al final, porque los hay que hacen trozos, y aun así vislumbran algo de ese misterio.

Desde hace muchos años -sobre todo en los años que viví en esta ciudad- he tenido ocasión de hablar con múltiples peregrinos. Algunos devotos de Santiago. Algunos aventureros, sin más. Algunos que buscaban el roce con otros peregrinos, que se produce, inevitable, a lo largo de días andando. Y eso quienes vienen ya de entrada acompañados, pero también a los que vienen solos, que los hay numerosos. He tenido ocasión de hablar con ellos al final. Y no siempre son capaces de explicarte en que consiste ese “algo”, único, propio de este camino.

Hay tres peregrinaciones básicas para los cristianos y una obligada para los musulmanes. A la Meca van casi por obligación, por devoción sentida, para estar allí. De las tres cristianas, quizá la más conmovedora es la de Tierra Santa. Estar en los lugares santos remueve. Sentir, con seguridad total, que en aquellos parajes que el peregrino pisa estuvo Jesucristo, es algo que emociona, aunque sea por tercera o quinta vez. Pero no hay camino. Camino previo, me refiero. Coges el avión y te presentas allí.

La peregrinación a Roma se remonta, igualmente, a tiempos apostólicos. Hay una Vía Francígena que los peregrinos han recorrido desde tiempo inmemoriales. El devoto europeo, dispuesto a ir de romería, puede dedicar muchos días, dependiendo del punto de partida, para ir “vídere Petrum”, a estar con el Papa, a rezar en la tumba de Pedro. Pero la inmensa mayoría de los cristianos que llegan a Roma con esos buenos propósitos lo hacen en avión. Pocos peregrinan kilómetros a través de Europa para llegar a la capital de la cristiandad.

Pero ir a Santiago, en gran medida, supone hacer el camino. Por las calles de Santiago se ven  múltiples peregrinos, con sus atuendos más o menos modernizados, pero casi siempre reconocibles, no solo porque lleven mochila, también llevan el cayado o báculo, y en algún lugar de sus vestidos la vieira, como insignia reconocible. También se ven turistas en Compostela, pero son distintos, a simple vista.

El peregrino tiene otra mirada, otra actitud. Por el camino tiende al recogimiento. No es sólo el silencio del esfuerzo de caminar. Es más bien el encuentro con esa estela invisible que le lleva a un fin esperado. Cuando llega a su término no hace aspavientos de alegría superficial. Más bien se dirige a la catedral. Es la meta. Va a encontrarse con el Apóstol, a darle el abrazo, a rezar junto a sus restos. Y, casi siempre, al confesionario. Esto sí es diferencial. El camino, con su aire de misterio, acerca a la meta, que en último término es el sentido final de la vida. Y en esa cercanía con Dios hay un gozo. ¡Qué sensación única la del peregrino cuando, en el Monte do Gozo, vislumbra el final del Camino!

 

 

Las abuelas y los abuelos

El 26 de julio, fiesta de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen y abuelos de Jesús, es “el día de los abuelos”. Debería ser un día para una sincera acción de gracias a los abuelos por su inestimable aportación en el pasado y por su sencillo, heroico y valioso testimonio en el presente. El papa Francisco nos recuerda que “un pueblo que no respeta a los abuelos, no tiene futuro, porque no tiene memoria”.

 Los abuelos deberían ser tratados con verdadero amor y con mucho cariño. Pero a menudo, los ancianos parece que estorban: los dejamos solos en sus casas o los llevamos a residencias. Es loable que les busquemos una buena atención, pero nunca que los olvidemos. En un tiempo en que se valora sobre todo la eficacia, la juventud y la belleza física, no se estima la “sabiduría del corazón” de nuestros mayores.

 Sin embargo, los abuelos son un inestimable tesoro para la familia, la sociedad y la Iglesia. No pocos de ellos son una ayuda imprescindible para los matrimonios que, abocados al trabajo fuera del hogar tanto el marido como la mujer, ven en sus padres el mejor seguro para la custodia y la educación de sus hijos. En ocasiones son un factor integrador en la vida familiar; ellos son de mil maneras creadores de afectividad, cariño y comprensión así como creadores de un clima de paz y de sosiego en el hogar, necesario para lograr la madurez en la formación de los nietos. Además los abuelos ayudan muchas veces en tareas domésticas de sus hijos y continúan sacrificándose económicamente en favor de sus hijos y nietos.

También la comunidad cristiana recibe mucho de la serena presencia de los abuelos por su experiencia, perseverancia y oración. En muchos casos, los nietos han recibido de los abuelos la primera educación en la fe y en los valores y virtudes cristianas; les han enseñando a rezar desde pequeños, les han hablado de Dios, les han ofrecido una visión del mundo y del ser humano en la que Dios ocupa el centro de la existencia personal, comunitaria y social. Abuelas y abuelos: Seguid haciéndolo; es algo tarea impagable. Vuestra tarea tiene una importancia capital en la preciosa pero di­fícil tarea de la transmisión de la fe cristiana a las generaciones más jóvenes. Las abuelas y los abuelos sois -hoy ­quizá más que nunca- ver­daderos agentes de evan­gelización. Seguid respondiendo con generosidad a lo que le Señor os encomienda. La Iglesia os lo agradece sinceramente. Y vuestros nietos os lo agradecerán siempre.

+ Casimiro López Llorente. Obispo de Segorbe-Castellón

 

 

 

Mártires de la libertad y la misericordia

A menudo las resistencias y hostilidades que surgen en el corazón humano apartan a las personas y colocan sus intereses en abstracciones e ideologías. Los nuevos obispos beatos rumanos supieron, a pesar de la feroz oposición del régimen comunista, manifestar una fe y un amor ejemplar hacia su pueblo. Con gran valentía y fortaleza interior, aceptaron ser sometidos a un encarcelamiento severo y a todo tipo de ultrajes, con tal de no negar la pertenencia a su amada Iglesia. Con sus vidas entregadas, estos mártires de la fe nos han dejado a todos, y en particular al pueblo rumano, una preciosa herencia que se puede resumir en dos palabras: libertad y misericordia.

A eso estamos llamados, a llevar la luz del Evangelio a nuestros contemporáneos, a seguir luchando, como hicieron los obispos beatos, contra las nuevas ideologías que hoy siguen surgiendo. Estamos llamados a ser testigos, en definitiva, de libertad y de misericordia, haciendo prevalecer la fraternidad y el diálogo ante las divisiones, y a incrementar la fraternidad de la sangre, que encuentra su origen en el período de sufrimiento en el que los cristianos, dispersos a lo largo de la historia, se han sentido cercanos y solidarios.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Modernillos

Un buen método para medir la calidad de las personas consiste en observar su grado de aceptación de las modas. A mayor rapidez y embeleso en esa adaptación, peor nivel. La incesante frecuencia con la que se suceden hoy las innovaciones estéticas o de comportamiento permiten detectar a multitudes que mudan su aspecto cada dos por tres. En el asunto capilar, por ejemplo, son muy visibles estos cambios, que van desde las barbas de chivo al rapado integral en cuestión de semanas.

Que esto suceda en unos tiempos en que no encuentras a nadie que no tenga su máster en algo, da que pensar. Aparte del déficit formativo de la enseñanza actual, centrada en la pura instrucción y en la ausencia de valores -algo que ya predijo C.S. Lewis que solo generaba demonios inteligentes-, está la presión extraordinaria de un mercado que precisa de esas víctimas propiciatorias para su crecimiento, convirtiéndolas en sus muñecos de trapo. El resultado es un tropel de ciudadanos sin demasiado criterio que abrazan las novedades de inmediato, sean del tipo que sean, como si son de ninguno.

A este sombrío panorama cabe añadir la acentuada tendencia de considerar a lo tradicional o clásico como demodé, arcaico o rancio. Esto conduce a algo bastante más profundo y delicado, que ya padecemos en Occidente, y que guarda relación directa con la preferencia hacia el cambio por el cambio, en lugar de la conservación de lo que merece la pena ser conservado, que es lo que por cierto tratamos de hacer cada uno en nuestras casas.

Enric Barrull Casals

 

 

Pensamientos y reflexiones 229

            LA DESPOBLACIÓN Y ABANDONO: En España (seguro que en otras muchos países) ya hay muchas zonas rurales abandonadas y donde desaparecen poblaciones enteras (municipios antes) y campos que quedan en la ruina… ¿No se puede estudiar e imponer una política europea que canalice las poblaciones que vienen hacia esos lugares en los que obligatoriamente tendrían que vivir explotando los recursos de esas tierras, por tiempos obligados y de paso que de ellos, surgiera la renovación poblacional más o menos general y sin muchos contratiempos? Lo que no se puede ni debe admitirse, es inmigrantes PARÁSITOS; que vienen aquí no a producir riqueza y bienestar, sino por el contrario a disfrutar el que ya producimos, los que hoy estamos a pie “del ataúd”.

            En nuestra historia hispana y a lo largo de los siglos, hubo traslado de poblaciones para precisamente repoblar grandes territorios; la más notable de ellas fue la que hizo Carlos III, trayendo de otras zonas europeas, a gran contingente de gentes para repoblar y fundar nuevos municipios, revitalizar tierras abandonadas o inexplotadas y de paso, eliminar bandidos y ladrones; y aquello fue un éxito; aquellos extranjeros terminaron por integrarse totalmente en España y aquí quedaron y siguen sus sucesores. Franco (el tan criticado Franco) también tuvo una feliz idea, e hizo expropiar a grandes latifundistas; y en aquellas tierras, fueron creadas, lo que se denominó “colonización de nuevas poblaciones” y hoy hay gran cantidad de nuevos pueblos que más o menos prósperos, pero que mantienen su existir; y si no prosperaron más, fue por cuanto lo sucesivos gobiernos, no dotaron “aquellos entornos” con los avances que la vida fue distribuyendo en otras tierras españolas igualmente, las que a su vez prosperaron tanto, que mucha de aquella población debió emigrar a ellas.  (De mi artículo sobre el tema – Noviembre 2018)

MEMORIA HISTÓRICA Y LO QUE SE PRETENDIÓ Y PRETENDE

            Como quiera que “las cosas” se van enrareciendo cada vez más y “la terrible olla española”; ya va empezando a echar “más humo del que sería conveniente”… y algunos políticos, por tal de llegar al poder, serían capaces de “incendiar lo que sea”; puesto que saben que con las cenizas que queden, se harían ricos unos cuantos miles de ellos… Nosotros los españoles de a pie, tenemos que ir viendo las cosas como son y no como nos las quieren enseñar; aquí todo el mundo miente y sólo busca su botín particular; el resto les importamos dos cojones, o quizá mucho menos. Por ello hoy recuerdo lo que escribiera “antes de la depresión”, puesto que aún entonces, el despreciable Zapatero, “encendió la mecha con su maldita memoria histórica, que era suya no la que necesitaba España”.

1) (Año 2007) El nefasto Zapatero, lo que pretende ante todo y sobre todo; es rentabilizar esos terribles hechos, para sacar votos y mantenerse en el poder otros cuatro años, punto. (Cosa que consiguió y aguantó hasta finales del 2011)

2) Hay que recordar que en los 40 años de Franco, todos los del PSOE, estuvieron de "vacaciones" o viviendo en el extranjero, más o menos de lo que se llevaron en la huida, salvo excepciones; Franco no tuvo aquí ninguna oposición; salvo la de los comunistas y la  "tolerada" de Enrique Tierno Galván, que creó "otro socialismo"... y poco más ¿A qué entonces tanta "fuerza" hoy que no arriesgan nada en este partido nacido tras la muerte de Franco? El PSOE de Felipe González… “nace con él”.

3) LA MEMORIA HISTÓRICA: La enterramos colectivamente (los españoles) y en un movimiento de milagro o maravilla, por el acierto, cuando votando en 1977 mandamos a la mierda a izquierdas y a derechas. Cosa maravillosa puesto que el pueblo votamos en masa y recuerden los votos que sacaron, las “más o menos extremas y no extremas derechas e izquierdas”… nada, puesto que pudo gobernar el centro por mayoría absoluta; ello encierra la asunción de todo y el querer simplemente… “nuevos aires para España” y dejar los muertos en paz.

4) Posteriormente hubo un período de reivindicaciones y se reconocieron y cubrieron con pagas e indemnizaciones, a todo aquel que pudo demostrar (incluso falseando todo lo que fue menester y gracias a la picaresca española y a  los “agujeros dejados abiertos por descuido o adrede”) que “había perdido” algo; o dejado de cobrar algo y que de existir la República lo hubiera cobrado. No cobramos nada los que ya mayores de edad y habiendo quedado huérfanos por fusilamiento, a la edad de diez meses y viuda con veinte años… “como ya habíamos podido rehacer nuestra vida” (con nuestro esfuerzo ya que Franco no nos dio nada)… los nuevos vencedores, no se les ocurrió entregarnos nada, a cambio de los casi o más de veinte años de hambres, fatigas y todo lo que se quiera imaginar… “nosotros no existimos ni vamos a existir para estos escandalosos justicieros de parte”… quede ello muy claro.      Y si antes he dicho lo de “agujeros sueltos por olvido o intencionadamente”; veamos un anuncio de cualquier periódico de aquellas fechas y que proliferaban “como hongos”; puesto que muchos vieron la forma de cobrar una paga a costa de ello. (De mi artículo de igual titular: escrito en Octubre del 2007 (Reescrito y completado el 15-11-2013: ver en mi Web)

Antonio García Fuentes

(Escritor  y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (Aquí más)