Las Noticias de hoy 08 Julio 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    lunes, 08 de julio de 2019    

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del papa Francisco en Santa Marta

Ángelus: “La misión de proclamar a todos que Dios nos ama”

Cambio climático: “Son los pobres quienes pagan el precio más alto”, denuncia el Papa

ENCONTRAR A CRISTO EN LA IGLESIA: Francisco Fernandez Carbajal

“¡Abrid el alma! Yo os aseguro la felicidad”: San Josemaria

«El amor de Dios nos acompaña, nos precede y nos sigue siempre»

Uno de los nuestros: la Encarnación: Fulgencio Espa

El camino de la liberación: del pecado a la gracia: José Brage

Parejas que trabajan unidas son familias que permanecen unidas: Rosario Prieto

La valentía en femenino: Sheila Morataya

Una iniciativa que merece la pena apoyar: Raquel Casviner Cañellas

Mensaje de sacerdote sobre el Orgullo Gay, se hace viral: Samuel Bonilla

El cardenal Newman será canonizado el próximo 13 de octubre

En vacaciones disfruta de la lectura con tus hijos: LaFamilia.info

El Secreto en la Confesión: Josefa Romo

La Europa que soñaron los Padres Fundadores: Juan García.

Pensamientos y reflexiones 225: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Homilía del papa Francisco en Santa Marta

Domingo, 7 de julio de 2019

La página evangélica de hoy, tomada del décimo capítulo del Evangelio de Lucas (1-12. 17-20), nos hace comprender cuán necesario es invocar a Dios «el Señor de la mies, para que envíe obreros para su mies» (v. 2). Los «obreros» de los que habla Jesús son los misioneros del Reino de Dios, a los que Él mismo llamaba y enviaba «de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde Él debía ir». (v. 1). Su tarea es anunciar un mensaje de salvación dirigido a todos. Los misioneros anuncian siempre un mensaje de salvación para todos; no sólo lo hacen los misioneros que van a tierras lejanas, sino también nosotros, misioneros cristianos que decimos una palabra buena de salvación. Y éste es el don que nos da Jesús con el Espíritu Santo. Este anuncio es el de decir: «El Reino de Dios está cerca de ustedes». (v. 9). En efecto, Jesús ha «acercado» a Dios a nosotros; en Jesús, Dios reina en medio de nosotros, su amor misericordioso vence el pecado y la miseria humana.

Y ésta es la Buena Noticia que los «obreros» deben llevar a todos: un mensaje de esperanza y de consolación, de paz y de caridad. Jesús, cuando envía a sus discípulos para que lo precedan en las aldeas, les recomienda: «Digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!»… «Curen a sus enfermos» (vv. 5. 9) Todo ello quiere decir que el Reino de Dios se construye día a día y ofrece ya en esta tierra sus frutos de conversión, de purificación, de amor y de consolación entre los hombres. ¡Es una cosa linda! Construir día tras día este Reino de Dios que se va haciendo. No destruir, construir.

¿Con qué espíritu el discípulo de Jesús deberá desarrollar esta misión? Ante todo, deberá tener conciencia de la realidad difícil y a veces hostil que le espera. Jesús no ahorra palabras sobre esto. Jesús dice: «Yo los envío como a ovejas en medio de lobos» (v. 3). Clarísimo. La hostilidad que está desde siempre, desde el comienzo de las persecuciones de los cristianos, porque Jesús sabe que la misión está obstaculizada por la obra del maligno. Por ello, el obrero del Evangelio se esforzará en estar libre de condicionamientos humanos de todo tipo, no llevando ni dinero, ni alforja, ni calzado (cfr v. 4), como ha recomendado Jesús, para confiar sólo en el poder de la Cruz de Cristo. Ello significa abandonar todo motivo de vanagloria personal, de arribismo, de fama,  de poder, y ser instrumentos humildes de la salvación obrada por el sacrificio de Jesús.

La misión del cristiano en el mundo es una misión estupenda, es una misión destinada a todos, una misión de servicio sin excluir a nadie; requiere mucha generosidad y sobre todo elevar la mirada y el corazón, para invocar la ayuda del Señor. Hay tanta necesidad de cristianos que testimonien con alegría el Evangelio en la vida de cada día. Los discípulos enviados por Jesús «volvieron llenos de alegría» (v. 17). Cuando hacemos esto, el corazón se llena de alegría. Y esta expresión me hace pensar en cómo se alegra la Iglesia, se alegra cuando sus hijos reciben la Buena Noticia gracias a la dedición de tantos hombres y mujeres que cotidianamente anuncian el Evangelio: sacerdotes, esos buenos párrocos que todos conocemos, religiosas, consagradas, misioneras, misioneros, y me pregunto, escuchen la pregunta: ¿cuántos de ustedes jóvenes, que ahora están presentes, hoy, en la plaza, sienten la llamada del Señor para seguirlo? ¡No tengan miedo! Sean valientes y lleven a los otros esta antorcha del celo apostólico que nos ha sido dada por estos ejemplares discípulos.Roguemos al Señor, por intercesión de la Virgen María, para que no falten nunca en la Iglesia corazones generosos, que trabajen para llevar a todos el amor y la ternura del Padre celeste».

 

 

Ángelus: “La misión de proclamar a todos que Dios nos ama”

Palabras del Papa antes de la oración mariana

julio 07, 2019 13:08Raquel AnilloAngelus y Regina Coeli

(ZENIT – 7 julio 2019).- En este 14º domingo del tiempo ordinario, el Papa Francisco desde la ventana del estudio del palacio Apostólico Vaticano, se dirige a loa peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro para recitar el Ángelus.

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La página del Evangelio de hoy (cf. Lc 10,1-12.17-20) presenta a Jesús que envía en misión setenta y dos discípulos, además de los doce apóstoles. El número setenta y dos probablemente indica todas las naciones. De hecho, en el libro del Génesis se mencionan setenta y dos naciones diferentes (cf. 10,1-).32). Así pues, este envío prefigura la misión de la Iglesia de proclamar el Evangelio a todos las naciones. A estos discípulos de Jesús les dice: “La mies es abundante, pero hay pocos obreros. Rueguen pues, al”¡Señor de la mies que envíe obreros a su mies!” (v. 2).

Esta petición de Jesús es siempre válida. Debemos rezar siempre al “dueño de la mies, es decir, al Dios Padre, para que envíe obreros a trabajar en su campo, que es el mundo. Y cada uno de nosotros debe hacerlo con el corazón abierto, con una actitud misionera; nuestra oración no debe limitarse sólo a nuestras necesidades, a nuestras carencias: una oración que es verdaderamente cristiana es también así si tiene una dimensión universal.

Al enviar a los setenta y dos discípulos, Jesús les da instrucciones precisas, que expresan las características de la misión. La primera -ya lo hemos visto-: oren; la segunda: vayan; y después: no lleven una bolsa o una alforja…; digan: “Paz a esta casa”….quédense en esa casa….no vayan de una casa a otra; curen a los enfermos y díganles: “El Reino de Dios está cerca de ustedes”; y, si no los acogen, salgan a las plazas y despídanse (ver vv. 2-10). Estos imperativos muestran que la la misión se basa en la oración; que es itinerante, no está detenida, es itinerante; que requiere desapego y pobreza; que lleva paz y sanación signos de la cercanía del Reino de Dios; que no es proselitismo sino anuncio y testimonio  y que también requiere la franqueza y la libertad evangélica para irse, subrayando la responsabilidad de haber rechazado el mensaje de la salvación, pero sin condenas ni maldiciones.

Si se vive en estos términos, la misión de la Iglesia se caracterizará por la alegría. Y como termina este pasaje: “Los setenta y dos regresaron llenos de alegría” (v. 17). No se trata de una alegría efímero, que brota del éxito de la misión; al contrario, es una alegría enraizada en la Promesa que -dice Jesús- “sus nombres están escritos en el cielo” (v. 20). Con esta expresión se refiere a la alegría interior e indestructible que surge de la conciencia de haber sido llamado por Dios a seguir a su Hijo. Es decir, la alegría de ser sus discípulos. Hoy por ejemplo: Cada uno de nosotros aquí en la plaza, puede pensar en el nombre que recibió el día de su bautismo: ese nombre está “escrito en los cielos”, en el corazón de Dios Padre. Y es la alegría de este don la que hace de cada discípulo un misionero, uno que camina en compañía del Señor Jesús, que aprende de Él a gastarse sin reservas por los demás, libre de sí mismo y de sus propias posesiones.

Invoquemos juntos la protección maternal de María Santísima, para que ella sostenga en todo lugar, la misión de los discípulos de Cristo; la misión de proclamar a todos que Dios nos ama, nos quiere salvar, y nos llama a ser parte de su Reino.

 

 

Cambio climático: “Son los pobres quienes pagan el precio más alto”, denuncia el Papa

Video mensaje al Foro “Planet Amazon”

julio 07, 2019 16:17Anne KurianPapa Francisco

(ZENIT – 7 julio 2019).- “Hacer resonar fuertemente y claramente que son los pobres quienes pagan el precio más alto de la devastación ambiental”: esta es la misión que el Papa Francisco confía al foro sobre la ecología integral organizado en Italia, en Amatrice, este 6 Julio 2019.

En un mensaje de video, el Papa se dirige también al foro “Planeta Amazonia”, la segunda iniciativa de este tipo de las Comunidades Laudato si ‘- movimiento de personas y asociaciones comprometidas en la difusión del pensamiento de la encíclica homónima, promover un estilo de vida y valores al servicio de la ecología integral.

“Las heridas infligidas al medio ambiente son inexorablemente heridas infligidas a la humanidad indefensa”, dijo el Papa en su mensaje, en el que recomienda una conversión: “No habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano”.

Al denunciar “una mentalidad ciega y destructiva que prefiere el beneficio a la justicia” y “la actitud depredadora” del hombre, suplica la causa de la Amazonía: “El hombre no puede permanecer como espectador indiferente frente a esta masacre, y la Iglesia aún menos puede permanecer muda: el clamor de los pobres debe resonar en su boca, como ya lo subrayó San Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio.

El Papa también recomienda “la alabanza”: “Frente a tanta belleza, con una admiración renovada, con los ojos de los niños, debemos ser capaces de apreciar la belleza de la cual estamos rodeados … la contemplación y la alabanza llevan al respeto”.

Mensaje del Papa Francisco

Saludo cordialmente a los organizadores y participantes del 2º Foro de las  Comunidades Laudato si´, celebrado en un territorio devastado por el terremoto que azotó el centro de Italia en agosto de 2016 y que, más que otros, pagó un precio muy alto en número de víctimas.

Es un signo de esperanza encontrarse en Amatrice, cuyo recuerdo está siempre presente en mi corazón, dedicándose a los desequilibrios que devastan nuestra “casa común”. Esto no es sólo un signo de cercanía a muchos hermanos y hermanas que aún viven en el vado entre el recuerdo de una terrible tragedia y el lento ritmo de la reconstrucción, sino que también expresa el deseo de dejar claro que son los pobres los que están pagando el precio más alto por la devastación del medio ambiente. Las heridas infligidas al medio ambiente son inexorablemente heridas infligidas a la humanidad indefensa. En la encíclica Laudato si’ escribí: “No habrá nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano. No hay ecología sin una antropología adecuada. » (n. 118)

Después de haber afrontado el año pasado el tema de los plásticos que ahogan nuestro planeta, vosotros reflexionáis hoy sobre la grave e insostenible situación de la Amazonía y de los pueblos que la habitan. Inspirándoos así en el tema del Sínodo de los Obispos, que se celebrará el próximo mes de octubre para la región panamazónica y cuyo Instrumentum laboris ha sido presentado recientemente.

La situación en la Amazonía es un triste paradigma de lo que está sucediendo en muchas partes del planeta: una mentalidad ciega y destructiva que prefiere el beneficio a la justicia; pone de relieve la actitud depredadora con la que el hombre interactúa con la naturaleza. Por favor, no os olvidéis que ¡la justicia social y la ecología están profundamente interconectadas! Lo que está sucediendo en la Amazonía tendrá repercusiones globales, pero ya ha destruido a miles de hombres y mujeres desposeídos de sus tierras, se han convertido en extraños en su tierra, despojados de su cultura y tradiciones, rompiendo el equilibrio milenario que unía a estos pueblos a su tierra. El hombre no puede permanecer como espectador indiferente ante esta masacre, y menos aún la Iglesia puede permanecer en silencio: el grito de los pobres debe resonar en su boca, como ya señalaba san Pablo VI en su encíclica Populorum progressio.

Promovidas por la Iglesia de Rieti y por Slow Food, las Comunidades Laudato si’ se comprometen no sólo a hacer resonar la enseñanza propuesta en la encíclica del mismo nombre, sino a promover nuevos estilos de vida. Desde esta perspectiva pragmática, me gustaría confiarles tres palabras.

La primera palabra es doxología

Ante el bien de la creación y, sobre todo, ante el bien del hombre, que es la cumbre de la creación, pero también su guardián, es necesario asumir la actitud de la alabanza. Frente a tanta belleza, con renovado asombro, con los ojos de niños, debemos ser capaces de apreciar la belleza que nos rodea y que el hombre también teje. La alabanza es el fruto de la contemplación, la contemplación y la alabanza llevan al respeto, el respeto se convierte casi en veneración frente a los bienes de la creación y de su Creador.

La segunda palabra es Eucaristía

La actitud eucarística hacia el mundo y sus habitantes sabe tocar el estado de don que cada persona viva lleva dentro de sí misma. Todo se nos da gratuitamente, no para ser saqueados y fagocitados, sino para convertirnos a su vez en un don para compartir, un don para que la alegría sea para todos y, por tanto, mayor.

La tercera palabra es ascetismo.

Cualquier forma de respeto nace de una actitud ascética, es decir, la capacidad de saber renunciar a algo por un bien mayor, por el bien de los demás. El ascetismo nos ayuda a convertir la actitud depredadora, siempre en alerta, a asumir la forma de compartir, la relación ecológica, respetuosa y cortés.

Espero que las Comunidades Laudato si´ puedan ser las semillas de una forma de vivir el mundo renovado, de darle un futuro, de proteger su belleza e integridad para el bien de todos los seres vivos, ad maiorem Dei gloriam .

Os doy las gracias y os bendigo con todo mi corazón. Orad por mi

Vaticano, 6 de julio de 2019.

FRANCISCO

 

 

ENCONTRAR A CRISTO EN LA IGLESIA

— No es posible amar, seguir o escuchar a Cristo, sin amar, seguir o escuchar a la Iglesia.

— En Ella, participamos de la Vida de Cristo.

— Fe, esperanza y amor a la Iglesia.

I. Todos buscan a Jesús. Todos lo necesitan, y Él siempre está dispuesto a compadecerse de cuantos se le acercan con fe. Su Humanidad Santísima era como el canal por el que discurrían todas las gracias, mientras permaneciera entre los hombres. Por eso, toda la multitud intentaba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

La mujer de la que habla el Evangelio de la Misa1 también se sintió movida a acercarse a Cristo. A sus sufrimientos físicos –ya doce años– se añadía la vergüenza de sentirse impura según la ley. En el pueblo judío se consideraba impura no solamente la mujer afectada de una enfermedad de este tipo, sino todo lo que ella tocaba. Por eso, para no ser notada por la gente, se acercó a Jesús por detrás y tocó tan solo su manto. «Tocó delicadamente el ruedo del manto, se acercó con fe, creyó y supo que había sido sanada...»2.

Estas curaciones, los milagros, las expulsiones de los demonios que Cristo realizó mientras vivía en la tierra, eran una prueba de que la Redención era ya una realidad, no una mera esperanza. Estas gentes que se acercan hasta el Maestro son como un anticipo de la devoción de los cristianos a la Santísima Humanidad de Cristo. Después, cuando estaba próximo a marcharse al Cielo, junto al Padre, sabiendo que siempre andaríamos necesitados de Él, dispuso los medios para que, en cualquier tiempo y lugar, pudiéramos recibir la infinita riqueza de la Redención: fundó la Iglesia, bien visible y localizable. Con ella ocurre algo parecido a lo que buscaban aquellas gentes en el Hijo de María. Estar en la Iglesia es estar con Jesús, unirse a este redil es unirse a Jesús, pertenecer a esa sociedad es ser miembro de su Cuerpo. Solo en ella encontramos a Cristo, al mismo Cristo, aquel que esperaba el pueblo elegido.

Quienes pretenden ir a Cristo dejando a un lado a su Iglesia, o incluso maltratándola, podrían un día llevarse la misma sorpresa de San Pablo en el camino de Damasco: Yo soy Jesús, a quien tú persigues3. Y «no dice –resalta San Beda–: ¿por qué persigues a mis miembros?, sino ¿por qué me persigues?, porque Él todavía padece afrentas en su Cuerpo, que es la Iglesia»4. Pablo no supo hasta ese momento que perseguir a la Iglesia era perseguir al mismo Jesús. Más tarde, cuando hable sobre Ella, lo hará describiéndola como el Cuerpo de Cristo5, o simplemente como Cristo6; y a los fieles como sus miembros7.

No es posible amar, seguir o escuchar a Cristo, sin amar, seguir o escuchar a la Iglesia, porque Ella es la presencia, sacramental y misteriosa a la vez, de Nuestro Señor, que prolonga su misión salvífica en el mundo hasta el final de los tiempos.

II. Nadie puede decir que ama a Dios si no escoge el camino –Jesús– establecido por el mismo Dios: Este es mi Hijo amado (...), escuchadle8. Y resulta ilógica la pretensión de ser amigos de Cristo despreciando su palabra y sus deseos.

Aquellas gentes que llegan de todas partes encuentran en Jesús a alguien que, con autoridad, les habla de Dios –Él mismo es la Palabra divina hecha carne–: encuentran a Jesús Maestro. Y ahora quedamos vinculados a Él cuando aceptamos la doctrina de la Iglesia: El que a vosotros oye, a Mí me oye, y el que a vosotros desecha, a Mí me desecha9.

Jesús es, además, nuestro Redentor. Es el Sacerdote, poseedor del único sacerdocio, que se ofreció a sí mismo como propiciación por los pecados. Cristo no se apropió la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que se lo otorgó el que le dijo: Tú eres mi hijo...10. A Jesús-Sacerdote y Víctima, que honra a Dios Padre y nos santifica a nosotros, nos unimos en cuanto participamos en la vida de la Iglesia; de sus sacramentos en particular, que son como canales divinos por los que fluye la gracia hasta llegar a las almas. Cada vez que los recibimos nos ponemos en contacto con Cristo mismo, fuente de toda gracia. A través de los sacramentos, los méritos infinitos que Cristo nos ganó alcanzan a los hombres de todas las épocas y son, para todos, firme esperanza de vida eterna. En la Sagrada Eucaristía, que Cristo mandó celebrar a la Iglesia, renovamos su oblación e inmolación: Este es mi cuerpo, que es entregado por vosotros; haced esto en conmemoración mía11; y solo la Sagrada Eucaristía nos garantiza esa Vida que Él nos ha ganado: si alguno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que Yo le daré es mi carne, vida del mundo...12.

La condición para participar en este sacrificio y banquete radica en otro de los sacramentos, que Cristo confirió a su Iglesia, el Bautismo: Id, pues; enseñad a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo13. El que creyere y fuere bautizado se salvará...14. Y Si nuestros pecados nos han apartado de Dios, también la Iglesia es el medio para restituir nuestra condición de miembros vivos del Señor: a quien perdonareis los pecados -dice a sus Apóstoles- les serán perdonados; a quienes se los retuviereis les serán retenidos15. Nuestro Señor estableció que esta vinculación profundísima con Él se realizara a través de esos signos visibles de la vida sacramental de su Iglesia. En los sacramentos también encontramos a Cristo.

Y aunque alguna vez se dieran disensiones dentro de la Iglesia, no nos sería difícil encontrar a Cristo. Las mayorías o las minorías poco significan cuando se trata de encontrar a Jesús: en el Calvario solo estaba su Madre con unas pocas mujeres y un adolescente, ¡pero allí, a pocos metros, estaba Jesús! En la Iglesia también sabemos dónde está el Señor: Yo te daré -declaró a Pedro- las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos16. Y ni siquiera las negaciones de Simón fueron suficientes para revocar estos poderes. El Señor, una vez resucitado, los confirmó de modo solemne: Apacienta mis corderos (...). Apacienta mis ovejas17. La Iglesia está donde están Pedro y sus sucesores, los obispos en comunión con él.

III. En la Iglesia vemos a Jesús, al mismo Jesús a quien las multitudes querían tocar porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos. Y pertenece a la Iglesia quien a través de su doctrina, de sus sacramentos y de su régimen, se vincula a Cristo Maestro, Sacerdote y Rey. Con la Iglesia, en cierto modo, mantenemos las mismas relaciones que con el Señor: fe, esperanza y caridad.

En primer lugar fe, que significa creer lo que en tantas ocasiones no es evidente. También los contemporáneos de Jesús veían a un hombre que trabajaba, se fatigaba, necesitaba de alimento, sentía dolor, frío, miedo..., pero aquel Hombre era Dios. En la Iglesia conocemos a gentes santas, que muchas veces pasan en la oscuridad de una vida corriente, pero vemos también a hombres débiles, como nosotros, mezquinos, perezosos, interesados... Pero si han sido bautizados y permanecen en gracia, a pesar de todos los defectos están en Cristo, participan de su misma vida. Y si son pecadores, también la Iglesia los acoge en su seno, como a miembros más necesitados.

Nuestra actitud ante la Iglesia ha de ser también de esperanza. Cristo mismo aseguró: Sobre esta piedra edificaré Yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella18. Será siempre la roca firme donde buscar seguridad ante los bandazos que va dando el mundo. Ella no falla, porque en Ella encontramos siempre a Cristo.

Y si a Dios le debemos caridad, amor, este debe ser nuestro mismo sentir ante nuestra Madre la Iglesia, pues «no puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia por Madre»19. Es la madre que nos comunica la vida: esa vida de Cristo por la que somos hijos del Padre. Y a una madre se la quiere. Solo los malos hijos permanecen indiferentes, a veces hostiles, hacia quien les dio el ser. Nosotros tenemos una buena madre: por eso nos duelen tanto las heridas que le producen los de fuera y los de dentro, y las enfermedades que pueden sufrir otros miembros. Por eso, como buenos hijos, procuramos no airear las miserias humanas –pasadas o presentes– de tales o cuales cristianos, constituidos o no en autoridad: no de la Iglesia, que es Santa, y tan misericordiosa que ni a los pecadores niega su solicitud maternal. ¿Cómo hablar de Ella con frialdad, con dureza o con desgarro? ¿Cómo se puede permanecer «imparcial» ante una madre? No lo somos, ni queremos serlo. Lo suyo es lo nuestro, y no se nos puede pedir una postura de neutralidad, propia de un juez frente a un reo, pero no de un hijo en relación a su madre.

Somos de Cristo cuando somos de la Iglesia: en Ella nos hacemos miembros de su Cuerpo, que concibió, gestó y alumbró Nuestra Señora. Por eso, María Santísima es «Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores»20. La última joya que la piedad filial ha engarzado en las letanías de Nuestra Señora, el más reciente piropo a la Madre de Cristo, es apenas un sinónimo: Madre de la Iglesia.

1 Mt 9, 20-22. — 2 San Ambrosio, Comentario al Evangelio de San Lucas, VI, 56. — 3 Hech 9, 5. — 4 San Beda, Comentario a los Hechos de los Apóstoles, in loc. — 5 1 Cor 12, 27. — 6 1 Cor 1, 13. — 7 Rom 12, 5. — 8 Mt 17 5. — 9 Lc 10, 16. — 10 Heb 5, 5. — 11 Lc 22, 19. — 12 Lc 6, 51. — 13 Mt 28, 19. — 14 Mc 16, 16. — 15 Jn 20, 23. — 16 Mt 16, 19. — 17 Jn 21, 15-17 — 18 Mt 16, 18. — 19 San Cipriano, Sobre la unidad, 6, 8.— 20 Pablo VI, Alocución 21-XI-1964.

 

 

“¡Abrid el alma! Yo os aseguro la felicidad”

Quien oculta a su Director una tentación, tiene un secreto a medias con el demonio. -Se ha hecho amigo del enemigo. (Surco, 323)

Contad primero lo que desearíais que no se supiera. ¡Abajo el demonio mudo! De una cuestión pequeña, dándole vueltas, hacéis una bola grande, como con la nieve, y os encerráis dentro. ¿Por qué? ¡Abrid el alma! Yo os aseguro la felicidad, que es fidelidad al camino cristiano, si sois sinceros. Claridad, sencillez: son disposiciones absolutamente necesarias; hemos de abrir el alma, de par en par, de modo que entre el sol de Dios y la claridad del Amor.
Para apartarse de la sinceridad total no es preciso siempre una motivación turbia; a veces, basta un error de conciencia. Algunas personas se han formado -deformado- de tal manera la conciencia que su mutismo, su falta de sencillez, les parece una cosa recta: piensan que es bueno callar. Sucede incluso con almas que han recibido una excelente preparación, que conocen las cosas de Dios; quizá por eso encuentran motivos para convencerse de que conviene callar. Pero están engañados. La sinceridad es necesaria siempre; no valen excusas, aunque parezcan buenas. (Amigos de Dios, 188-189)

 

 

«El amor de Dios nos acompaña, nos precede y nos sigue siempre»

El prelado del Opus Dei ha aprovechado su visita a Barcelona para pasar un rato en el Colegio Mayor Bonaigua con las estudiantes que sufrieron el accidente en Costa de Marfil, sus familias y Javier, el hermano de Teresa Cardona que la recogió en el país africano. Después de dos semanas en las que su historia ha abierto informativos de televisión y periódicos en toda España, esta vez han sido ellos los que han contado a don Fernando cómo lo vivieron y cómo están ahora.

Del Prelado06/07/2019

Opus Dei - «El amor de Dios nos acompaña, nos precede y nos sigue siempre»

Javier, hermano mayor de Teresa, con Mons. Ocáriz, prelado del Opus Dei.

Para algunas, era la primera vez que volvían a verse después del funeral de Teresa y no solo se han encontrado ellas. También un grupo de padres, los suyos, que durante dos semanas han compartido un grupo de WhatsApp creado, en un principio, para recibir las alegres crónicas de un viaje de voluntariado.

Contaba una de ellas, Rosi, cómo le impactó el momento de la recepción de la noticia: “Nos llamaron de Bonaigua para decir que había habido un accidente pero que todas las estudiantes estaban fuera de peligro. Cuando pregunté por las monitoras me dijeron que Teresa estaba mal y que había que esperar para recibir más noticias. A partir de ese momento nadie dijo nada en el chat durante varias horas, cosa bastante extraordinaria en una situación así y un grupo lleno de padres, pero todos entendimos que eran momentos de mucha confusión y que lo mejor era esperar a tener información fiable”.

“Habéis sufrido y hemos sufrido todos con vosotros. Yo también he sufrido por Teresa y por todas, por las familias…”

“Habéis sufrido y hemos sufrido todos con vosotros. Yo también he sufrido por Teresa y por todas, por las familias…”

“Está bien ponerle cara a los del whats, contaba Guillermo, después de lo que hemos pasado juntos, los mensajes impresionantes que hemos recibido y lo que hemos aprendido unos de otros. Ahora solo queda que esta llamita que nos ha encendido Teresa no se apague”.

El encuentro de hoy contaba además con un asistente que ha seguido de cerca el accidente. Fernando Ocáriz se encuentra este fin de semana en Barcelona, con motivo del 60º aniversario del IESE y no quería dejar pasar la oportunidad de estar con ellos y llevarles el cariño y las palabras de aliento de todo el Opus Dei: “Habéis sufrido y hemos sufrido todos con vosotros. Yo también he sufrido por Teresa y por todas, por las familias… Uno se plantea por qué pasan estas cosas. Humanamente no se entiende, pero hay que tener fe en que el amor de Dios nos acompaña, nos precede y nos sigue siempre. La perdida de Teresa es grande pero, desde la fe, sabemos que ella ha concluido el camino y ha llegado a la meta. Aunque eso no nos quita el sufrimiento y la pena, sí que puede eliminar de verdad la sensación de tristeza profunda”.

“Nos hemos sentido llevadas por la oración de nuestras familias, amigos, de todo el Opus Dei… No sé de donde saco la paz y serenidad, pero noto que es una fuerza que no es mía”, le contó Cris al prelado

“Nos hemos sentido llevadas por la oración de nuestras familias, amigos, de todo el Opus Dei… No sé de donde saco la paz y serenidad, pero noto que es una fuerza que no es mía”, le contó Cris al prelado

Con mucha naturalidad, Edurne ha comenzado contándole a don Fernando cómo era Teresa de apasionada y vitalista. “Padre, estos días hemos comentado que Teresa no se podía morir de otra forma: en la otra parte del mundo, con pésames de la Casa Real, de Quim Torra, del Santo Padre… ¡Hasta ha salido en el Hola!, ella que era tan fan del Hola, bromeaba. Al recordarla, da gusto ver que lo hacía todo a la medida de su corazón”.

Otra cosa en la que todas estaban de acuerdo era en lo acogidas que se habían sentido en todo momento a partir de la tragedia. Mariona es una de las estudiantes que iba en el autobús que salió ileso y contaba como “desde pequeña, he oído muchas veces que el Opus Dei es una familia, pero ahora lo he experimentado. Después del accidente, llevaron a todas las del otro autobús al hospital y a nosotras al centro de la Obra más cercano. Allí nos recibieron como en casa. A lo largo de esos días tuvieron muchos detalles con nosotras. Como una madre no hay nada pero, aún estando lejos de ella, en aquel sitio me sentí amada, querida, no me sentí sola en ningún momento”.

“En el hospital estaban sorprendidos: estas 30 españolas que se supone que no tienen amigos aquí y de repente no paran de venir a verlas”

“En el hospital estaban sorprendidos: estas 30 españolas que se supone que no tienen amigos aquí y de repente no paran de venir a verlas”

“En el hospital estaban sorprendidos: estas 30 españolas que se supone que no tienen amigos aquí y de repente no paran de venir a verlas”, explicaba otra. También al volver a Bonaigua se han encontrado una casa llena de flores para el velatorio que han llegado desde los rincones más insólitos, incluso de Venezuela.

Nuria, que estaba sentada al lado de Teresa en el autobús, ha concluido que “estos días han supuesto una profunda conversión interior para todas, como un volver a nacer. Todos los días se me viene a la cabeza la imagen, no del accidente, sino del post. No sé porqué, pero cuando pasó, lo primero que se me vino a la cabeza fue: si mi padre estuviera aquí no me dejaría ni un minuto sola. Y así ha sido”; o Cris, que contaba como “nos hemos sentido llevadas por la oración de nuestras familias, amigos, de todo el Opus Dei… No sé de donde saco la paz y serenidad, pero noto que es una fuerza que no es mía”.

Don Fernando les ha animado mucho a aplicarse ya siempre esa sensación de no estar sola: “Si vivís así la vida corriente, cada día confiando en Dios, que es Padre, la rutina dejará de ser monótona. La fe puede ser mas fuerte a los 18 años que a los 60, 70 u 80… y ayudarnos a pasar cualquier embate, porque es un don de Dios que viene por la unión con Jesucristo”.

Pero quizá, digerir este trago no sea tan “fácil” como ahora parece. Por eso, Mª Jesús, madre de una de las estudiantes que iba en el vehículo del siniestro, ha pedido a Monseñor Ocáriz oraciones para estas chicas, “porque lo siguen necesitando después de lo que han vivido”. De hecho, mañana las que quieran podrán asistir a un curso impartido por psicólogos de la Generalitat, especializados en situaciones de este tipo, y casi todas estarán allí.

Que tinguem sort (Que tengas suerte), la canción de Lluís Llach ha sido entonada por todos los asistentes, para cerrar el encuentro con sus versos

Que tinguem sort (Que tengas suerte), la canción de Lluís Llach ha sido entonada por todos los asistentes, para cerrar el encuentro con sus versos

Como colofón al encuentro, las participantes en el campo de trabajo han regalado a don Fernando una sudadera y una libreta con el logo de Anitié Kossobe, el nombre de su proyecto, que significa “muchas gracias” en el dialecto de la zona donde iban a realizarlo.

Las mejores historias siempre van acompañadas de una buena banda sonora y ésta no podía ser menos. Que tinguem sort (Que tengas suerte), la canción de Lluís Llach ha sido entonada por todos los asistentes, para cerrar el encuentro con sus versos, “Si em dius adéu, vull que el dia sigui net i clar, que cap ocell trenqui l'harmonia del seu cant”. (Si me dices adiós, quiero que el día sea limpio y claro, que ningún pájaro rompa la armonía de su canto).

 

Uno de los nuestros: la Encarnación

La diferencia entre creer o no en Jesucristo no consiste solo en entender sus palabras, sino en reconocer su divinidad y su humanidad, encontrarse realmente con él y reconocerle como camino, verdad y vida nuestra.

La luz de la fe09/08/2018

Opus Dei - Uno de los nuestros: la Encarnación

Las naciones se alegran con sus héroes, y los pueblos rememoran sus éxitos, sean de la índole que sean: artísticos, bélicos o de cualquier género. Los mausoleos recuerdan a primeros ministros, reyes o ingeniosos descubridores, y las calles, avenidas y plazas llevan nombres de pintores, músicos, artistas...

Al echar una mirada a la historia, emergen entre sus sombras figuras luminosas que engrandecen el corazón humano. Hombres extraordinarios que supusieron, por ejemplo, un avance sin posibilidad de retroceso para la ciencia, como Copérnico o Newton; escrutadores de la conciencia que nos dejaron testimonios perennes de la profundidad del corazón humano, como Agustín de Hipona o Fiodor Dostoievski; o pensadores religiosos que profundizaron en la relación del hombre con Dios y con su entorno: la moral, el culto, la sociedad. También se encuentran figuras que han causado asombro y que fueron perseguidas por sus enseñanzas, como algunos profetas del Antiguo Testamento o incluso como Sócrates en la antigua Atenas. Sin embargo, la fe cristiana tiene la audacia de decir que su fundador es infinitamente más que un simple genio religioso: ¿cómo se comprende esto?

¿Por qué se hizo igual a Dios?

Cristo es infinitamente más que un simple genio religioso

Si queremos comprender la figura de Jesucristo, al menos tal y como Él se presentó, y tal y como lo entendemos los cristianos, en ningún caso puede ser interpretado solo como un genio religioso que, anclado en el pasado, continúa exhortando desde su cátedra de la historia sobre verdades universales, tales como el amor al prójimo o la misericordia con el débil. Cristo es algo más, alguien más, y para poder adentrarnos en ese misterio nos puede ayudar una historia concreta ocurrida hace menos de cien años, y cuyas protagonistas son dos mujeres: madre e hija.

Edith Stein fue una filósofa alemana judía de comienzos del siglo XX. De extraordinaria inteligencia, pronto colaborará en tareas universitarias y llegará a trabajar junto a uno de los filósofos más destacados del siglo: Edmund Husserl. Diversos acontecimientos de su vida, admirablemente narrados por ella misma[1], la condujeron primero a la fe cristiana, y después a la clausura en el Carmelo. Morirá en el campo de concentración de Auschwitz en agosto de 1942, dando su vida por el pueblo hebreo y por su fe cristiana.

El día antes de ingresar en el Carmelo fue a despedirse de su familia. Su madre era una mujer extraordinaria, judía de raza y religión, que con sorprendente fortaleza había sacado adelante el negocio maderero y la familia después de la prematura muerte de su marido. Ella nunca llegó a hacerse cristiana, como sí ocurriría con sus hijas Rosa y Edith. Sin embargo, aun no creyendo en Jesucristo, llegó a comprender la centralidad de su misterio y su inaudita pretensión.

«El 12 de octubre fue el último día que pasó en su casa, el día de su cumpleaños y, a la vez, la fiesta hebrea de los tabernáculos. Edith acompaña a su madre a la sinagoga. Fue un día nada fácil para las dos mujeres. "¿Por qué la has conocido [la fe cristiana]? No quiero decir nada contra Él. Habrá sido un hombre bueno. Pero ¿por qué se ha hecho Dios?" Su madre lloró»[2].

Habrá sido un hombre bueno, pero... ¿por qué se ha hecho Dios? Blasfemia o verdad absoluta: así se presentaba la figura de Jesús para la madre de Edith Stein. Si hubiera sido un hombre bueno, un sabio antiguo, un maestro de verdades universales... pero se ha hecho igual a Dios. Esta afirmación no puede ni debe dejar indiferente a nadie que se decida a acercarse, usando únicamente la razón, a la figura de Cristo. Pero, ¿cómo puede un hombre hacerse igual a Dios?

Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre

Esta afirmación subraya la continuidad de todo el Nuevo Testamento. El evangelio de san Mateo abre sus páginas indicando, mediante la genealogía, el origen judío de Jesús, su nacimiento virginal y el cumplimiento en Él de todas las promesas: Él restaurará nuestra relación con Dios. Por El podremos dirigirnos a Dios con confianza. El evangelio de san Lucas también es explícito en este sentido, y reconoce no solo el origen judío de Jesús, sino su condición de hijo de Adán: Jesús se presenta así como salvador de todos los hombres. Esta es su pretensión, y esa es la grandeza que tenemos que comunicar a nuestros familiares, compañeros de trabajo y vecinos: Jesús es para todos, y tiene una respuesta personalísima para cada uno.

Por su parte, el evangelio de Marcos presenta ya en sus primeros versículos la revolución de la irrupción de Jesucristo en la historia. Ha llegado la buena noticia, que no solo es palabra (doctrina), sino también obras: curaciones y gestos, en definitiva, historia de Dios con los hombres y de los hombres con Dios. Finalmente, el evangelio de Juan es si cabe más claro en este desplegarse de la divinidad de Jesús en su humanidad, y da detalles de su origen eterno, así como de su encarnación en el tiempo.

su resurrección es la prueba más elocuente de su divinidad

Todos los evangelios concluyen de idéntica forma: narran la injusta muerte de Jesús mediante una dolorosa pasión y cruz, vivida con amor y espíritu de redención; nos cuentan de manera muy semejante los detalles más nimios de su sepultura, y presentan, de modos diversos, un hecho inaudito y jamás visto: su resurrección, la prueba más elocuente de su divinidad.

La conciencia cristiana cree, y así lo dicen explícitamente tanto los Evangelios como la Tradición de la Iglesia, que el cuerpo de Jesús no yace en el sepulcro, sino que resucitó a una vida nueva[3]. De ahí que el autor de la Carta a los Hebreos afirme con rotundidad que Jesús es «el mismo ayer, hoy y siempre» (Hb 13,8), porque Él vive para siempre y espera encontrarse con cada hombre hasta el final de los tiempos.

Los escritos de san Pablo, junto con otras cartas y el Apocalipsis, completan el Nuevo Testamento. Pablo no conoció los tiempos de Jesús por Galilea, ni tampoco estuvo en el Calvario o en el cenáculo después de su resurrección. Por eso, san Pablo es en cierta medida un modelo en el seguimiento de Jesús para todos aquellos que, como nosotros, no hemos caminado con Cristo por Galilea y Judea.

¿Quién es Jesús para San Pablo? ¿Qué supuso en su vida? La clave de toda la existencia de san Pablo es el encuentro con Cristo vivo; con él hay un antes ­­–Saulo– y un después –Pablo–. Encontrarse con Jesús es encontrarse con alguien vivo, no con un elenco de doctrina, un conjunto de normas morales o una ideología socio-política. No halló Pablo a un sabio religioso, sino que se encontró con aquel por quien todo lo estima basura (cfr. Flp 3,8), aquel que «me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2,20), aquel que entrañablemente se quedó con nosotros para ser alimento de vida (cfr. 1 Cor 11,23-27).

La diferencia entre ser creyente o no en Jesucristo no consiste únicamente en entender cada una de sus palabras, sino en reconocer su divinidad y su humanidad, encontrarse realmente con él y reconocerle como camino, verdad y vida nuestra (cfr. Jn 14,6).

El centro de mi vida

«Lo normal ahora es tratar al Salvador del mundo de manera irreverente e irreal», predicaba el beato John Henry Newman, “como si fuera una idea o una visión; hablar de Él con tal estrechez y poco provecho como si solo supiéramos su nombre, aunque en la Escritura tenemos abundantes detalles de su estancia real entre nosotros, de sus gestos, palabras, hechos, donde fijar los ojos»[4]. El predicador llamaba la atención a sus oyentes del primer tercio del siglo XIX sobre algo que es particularmente actual: la consideración de un Cristo lejano, muerto, incluso para los propios cristianos. En el mejor de los casos, un conjunto de normas perennes.

Por eso, es lógico desear entender como cristianos, y ayudar a entender a los que no creen –pero quieren entender– la centralidad de Jesús en cada cabeza y corazón creyentes.

«Hasta que no captemos esto –concluía el beato Newman–, hasta que no nos dejemos de vagas afirmaciones acerca de su amor, de su disposición a recibir a los pecadores, a proporcionar arrepentimiento y ayuda espiritual, y cosas por el estilo, y empecemos a verlo a Él, en concreto, con sus palabras reales, las que constan en la Escritura, no habremos sacado del Evangelio el beneficio que nos ofrecen. Es más, quizá nuestra fe corra cierto peligro porque si el pensamiento de Cristo no es más que una creación de nuestra mente, es de temer que poco a poco esa fe vaya extinguiéndose, se pervierta o sea incompleta»[5].

Cristo presente para cada cristiano. Cristo vivo. En este mismo sentido se expresaba san Josemaría con palabras vibrantes al referirse a la formación de la gente joven: «Metamos a Cristo en nuestros corazones y en los corazones de los chicos. ¡Lástima!: frecuentan los sacramentos, llevan una conducta limpia, estudian, pero... la Fe muerta. Jesús –no lo dicen con la boca, lo dicen con la falta de vibración de su proceder–, Jesús vivió hace XX siglos... –¿Vivió? Iesus Christus heri, et hodie: ipse et in saecula; Jesucristo el mismo que ayer es hoy; y lo será por los siglos (Hebr. XIII,8). Jesucristo vive con carne como la mía, pero gloriosa; con corazón de carne como el mío. Scio enim quod Redemptor meus vivit, sé que mi Redentor vive (Iob XIX,25). Mi Redentor, mi Amigo, mi Padre, mi Rey, mi Dios, mi Amor ¡vive! Se preocupa de mí. Me quiere más que la bendita mujer –mi madre– que me trajo a este mundo (…)» .[6]

Cristo nació en Belén, se formó en Nazaret, predicó en Galilea y Judea, y vio la muerte en Jerusalén. Cristo resucitó de entre los muertos, y vive para siempre. Por eso los primeros cristianos cambiaron el día de culto al domingo, se distanciaron del templo y las costumbres judías que tanto amaban y empeñaron sus vidas hasta recibir, muchos de ellos, un fin violento y doloroso. Cristo estaba siempre con ellos, haciendo de su existencia una vida fundada en el amor.

Cristo presente en cada hombre

Elie Wiesel, premio Nobel de la Paz en 1986, fue confinado –cuando aún era adolescente– en un campo de concentración durante la segunda guerra mundial. Allí vivió una experiencia que le marcó de por vida: un niño fue ahorcado en el campo. Mientras se debatía entre la vida y la muerte, una voz exclamó: ¿Dónde está Dios? Elie en ese momento escuchó dentro de sí: «¿Dónde está? Aquí está. ¡Ahorcado en este patíbulo!».

Dios está con cada alma que padece

Elie Wiesel no era católico ni cristiano. Sin embargo, supo escuchar dentro de sí la voz de Dios. Cuando hay inocencia de vida es posible entender la solidaridad de Dios con cada uno de los hombres. Quizá hoy y siempre exista la tendencia a culpar a Dios de nuestros males –¿por qué ha permitido que me suceda esto?–, pero almas inocentes han entendido que, de algún modo, Dios sufre con cada hombre. Dios está con cada alma que padece.

Los creyentes tenemos, además, el conocimiento de la palabra evangélica. En san Mateo encontramos cómo Jesús afirma expresamente aquello que Wiesel y tantos han intuido. Jesucristo se identifica con los sedientos y los hambrientos, con los peregrinos y los forasteros, con los que pasan dificultades (cfr. Mt 25). Afirma que cuando vestimos a un desnudo, a Él le vestimos; cuando alimentamos a un hambriento, a Él se lo hacemos; cuando damos de beber un solo vaso de agua al sediento, nos hacemos merecedores de la vida eterna, porque a Él mismo servimos.

Jesucristo permanece en la historia como verdadero Dios, pero también como verdadero hombre; no deja ni dejará nunca la humanidad que asumió en María. Por esa razón, Jesús permanece unido de manera misteriosa a sus hermanos los hombres, muy especialmente al que sufre en el cuerpo y en el alma.

De esta convicción nace y mana todo el espíritu de caridad que gustosamente intentan vivir los cristianos: reconocer en el otro a Cristo, y practicar con él la caridad como si del mismo Cristo se tratase. De esta certeza surge la preocupación de los creyentes por los más necesitados, que ocuparán siempre y necesariamente un lugar privilegiado en el corazón de la Iglesia.

María, Virgen y Madre

Íntimamente unido al misterio de Cristo –Dios y hombre– está el misterio de María –Virgen y Madre–. Quizá hoy es especialmente difícil entender a María, porque ella es definida por dos aspectos que actualmente se rechazan en muchos ambientes la virginidad y la maternidad.

La fe de los cristianos confiesa que santa María concibió a Jesús virginalmente. Evidentemente, se trata de una afirmación de fe que tiene fundamento en los textos evangélicos. San Mateo dice expresamente que la concepción de Jesús fue obra del Espíritu Santo en el seno de María; san Lucas afirma expresamente este misterio en la anunciación de Gabriel, y san Juan concluye que el Verbo se hizo carne no mediante la humana y normal generación. Por otra parte, la Iglesia ha sido constante en afirmar el nacimiento virginal de Jesús.

Finalmente, María es también madre, madre de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. La íntima unión de Jesús con cada hombre, así como el encargo explícito que hizo a su Madre desde la Cruz, vincula a la Virgen con todo creyente como madre. En trance de muerte, Jesús confía a su madre al apóstol Juan, y confía a Juan a su madre (cfr. Jn 19,26-27). De ese modo, como ha entendido la Iglesia, Jesús declaraba a María madre de todos los hombres, y confiaba a los hombres custodiar la figura central de María para alimentar la fe de los pueblos. La devoción a María no es opcional o accesoria, porque encontrarse con Jesús es recibirla como madre, y encontrarse con María es ser conducido una y otra vez a la misericordia entrañable del corazón de Jesús, porque «a Jesús siempre se va y se "vuelve" por María»[7].

Fulgencio Espa


Bibliografía

- Catecismo de la Iglesia Católica, 484-570, 720-726 y 963-975.

- Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 85-94.

- Tema 9. La Encarnación, en Resúmenes de Fe cristiana.

- Concilio Vaticano II, Const. Lumen Gentium, nn. 55-66.

- Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Mater, (25-III-1987), n. 8.


- Benedicto XVI-Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret, La Esfera de los Libros, Madrid 2007, 23-30; 371-410 (Introducción y cap. 10).

- Newman J. H., Sermones Parroquiales/3, Encuentro, Madrid 2009.

- Santa Teresa Benedicta de la Cruz–Edith Stein, Estrellas amarillas, Editorial Espiritualidad, Madrid 1973.

- Bastero de Elizalde J.L., María, Madre del Redentor, 2ª ed., Eunsa, Pamplona 2004.

- Ocáriz F. – L.F. Mateo Seco – J.A. Riestra, El misterio de Jesucristo, 3ª ed., EUNSA, Pamplona 2004.

- Ponce Cuéllar M., María, Madre del redentor y Madre de la Iglesia, 2ª ed., Herder, Barcelona 2001.

[1] Cfr. Santa Teresa Benedicta de la Cruz - Edith Stein, Estrellas amarillas, Editorial Espiritualidad, Madrid 1973.

[2] Cfr. Biografía de Santa Teresa Benedicta de la Cruz–Edith Stein, redactada con motivo de su canonización el 11 de octubre de 1998, publicada en www.vatican.va.

[3] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 638 y ss.

[4] J. H. Newman, Sermones Parroquiales/3, Encuentro, Madrid 2009, p. 137.

[5] Íbid., p. 137. A continuación, añade: «Si contemplamos a Cristo como revelado en los evangelios –el Cristo que existe ahí, externo a nuestra imaginación– y vemos que es un ser que vive realmente, que pasó realmente por la tierra como cualquiera de nosotros, al final creeremos en Él con una convicción, una confianza y una integridad, tan indestructible como la creencia en nuestros propios sentidos. Para un cristiano, no es posible meditar en el Evangelio sin sentir, por encima de toda duda, que el sujeto de todo el Evangelio es Dios».

[6] San Josemaría, Instrucción 9-I-1935, n. 248, citado en Camino. Edición crítico-histórica, Rialp, Madrid 2002, p. 732.

[7] San Josemaría, Camino, n. 495.

 

 

El camino de la liberación: del pecado a la gracia

Si el pecado entró en la humanidad por un ejercicio equivocado de la libertad, el «hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38) que pronunció María abrió una nueva etapa en la Historia: el Hijo de Dios bajó a la tierra para entregar su vida en un acto supremo de libertad, por estar originado en el Amor.

La luz de la fe01/07/2018

Opus Dei - El camino de la liberación: del pecado a la gracia

Después de que Adán y Eva comieran del fruto del árbol prohibido, el Señor «echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y una espada llameante que brillaba, para cerrar el camino del árbol de la vida» (Gn 3,24). Comenzaba así el drama de la historia humana: el hombre y la mujer caminarían como exiliados de su verdadera patria, que se caracterizaba por la comunión con Dios. Lo expresa maravillosamente Dante al comienzo de su Divina comedia: «A mitad del camino de la vida, / en una selva oscura me encontraba / porque mi ruta había extraviado»[1]. Sin embargo, este andar no es una noche sin luz; el Señor también anunció una esperanza: «Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; él te herirá en la cabeza, mientras tú le herirás en el talón» (Gn 3,15). La venida de Cristo marcaría el paso del pecado a la vida de la gracia.

La “culpa” original

Es el conocimiento de Dios lo que hace nacer el sentido de pecado, y no a la inversa. No alcanzaremos a comprender el pecado original y sus consecuencias mientras no percibamos, en primer lugar, la Bondad de Dios al crear al hombre, así como la grandeza de su destino. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma: «El primer hombre no fue solamente creado bueno, sino también constituido en la amistad con su creador y en armonía consigo mismo y con la creación en torno a él; amistad y armonía tales que no serán superadas más que por la gloria de la nueva creación en Cristo»[2].

Es el conocimiento de Dios lo que hace nacer el sentido de pecado

El pecado de Adán y Eva introdujo una ruptura fundamental en la unidad interna del hombre. La sujeción de la voluntad humana a la Voluntad divina, que era como la piedra clave del arco de las facultades corpóreas y espirituales de la naturaleza humana, quedó rota por la desobediencia a Dios y, al quitar la clave, todo el arco se desmoronó. Como consecuencia, «la armonía en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra (cf. Gn 3,7)»[3].

A este primer pecado, se le llama pecado original, y se transmite, junto con la naturaleza humana, de padres a hijos, con la única excepción, por especial privilegio de Dios, de la Santísima Virgen María. «Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores» (Rom 5,19), dice San Pablo. Ciertamente, esta realidad es difícil de comprender, incluso un poco escandalosa para la conciencia actual: «Si yo no hice nada, ¿por qué voy a cargar con este pecado?».

El Catecismo de la Iglesia Católica afronta este tema: «es un pecado que será transmitido por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales. Por eso, el pecado original es llamado "pecado" de manera análoga[4]: es un pecado "contraído", "no cometido", un estado y no un acto»[5]. Reflexionando sobre este tema, Ronald Knox escribió que «se ahorraría muchísimo trabajo si llegásemos todos al acuerdo de llamar culpa original al pecado original. Porque el pecado, según la mentalidad del hombre corriente, es algo que él mismo comete, mientras que la culpa es algo que le puede corresponder sin falta alguna por su parte»[6].

Y esto es lo que sucede con el pecado original: nuestros primeros padres pecaron y, al hacerlo, perdieron la santidad y justicia originales que Dios les había otorgado, y su naturaleza quedó «herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado»[7]. Y como nadie puede dejar en herencia lo que ya no posee, Adán y Eva no pudieron dejarnos lo que habían perdido: ese estado de santidad y justicia originales, y la naturaleza íntegra. Nos transmitieron su naturaleza, tal y como quedó en ese momento: herida por el pecado. Por eso pudo escribir san Agustín: «de ellos no nacería otra cosa que lo que ellos fueran. La enormidad de la culpa y la condenación consiguiente corrompió la naturaleza, y lo que en los primeros pecadores precedió como penal, en los descendientes vino a ser natural»[8].

Así pues, el pecado original es la causa del estado en que nos encontramos por la mala herencia recibida y, como afirma el Catecismo, «no tiene, en ningún descendiente de Adán, un carácter de falta personal»[9]. Pero todos venimos al mundo afectados por sus consecuencias: cierta ignorancia en la inteligencia, una vida marcada por el sufrimiento, sometidos al imperio de la muerte, la voluntad inclinada al pecado y las pasiones desordenadas. Cualquier persona tiene la experiencia de esa disgregación, de esa incoherencia, de esa debilidad interna. ¡Cuántas veces nos proponemos algo que luego no hacemos!: llevar un régimen de comidas necesario para la salud, dedicar diariamente un tiempo a aprender un idioma, tratar con más dulzura a los hijos, no enfadarse con los padres o el cónyuge, no quejarse del trabajo, ayudar a un pobre o a un enfermo, acompañar con generosidad a los más vulnerables, hablar bien de los demás y alegrarse con sus éxitos, mirar con limpieza de corazón el mundo y a las personas… Por no hablar de las veces que hacemos precisamente lo que no queremos: dejarnos llevar por un arranque de ira injustificada, sucumbir a la pereza en vez de servir con amor, disculparnos con una mentira para no quedar mal, ceder a la curiosidad en internet…

El pecado original es la causa del estado en que nos encontramos por la mala herencia recibida

Se experimenta también la tiranía del deseo que, buscando vehemente un bien aparente, particular y limitado (un placer, un privilegio, el poder, la fama, el dinero, etc.), arrastra en su dirección una voluntad debilitada, y la desvía del bien íntegro y verdadero de la persona (la felicidad, la vida con Dios) que debería perseguir. Del mismo modo la inteligencia, luz para señalar ese fin verdadero, está oscurecida y corre el riesgo de transformarse en un simple instrumento para conseguir lo que una voluntad esclavizada por el deseo ya ha decidido buscar.

Pero no todo está maldito en el hombre, ni mucho menos. La naturaleza humana no está totalmente corrompida, conserva su bondad esencial. Venimos al mundo con las “semillas” de todas las virtudes, llamadas a desarrollarse con la ayuda de los demás, el ejercicio de nuestra libertad y la gracia de Dios. En realidad, la virtud corresponde más a lo que verdaderamente somos que el pecado, pues este último es siempre un acto contra la naturaleza, un «acto suicida»[10]. Benedicto XVI lo expresaba así: «Se dice: ha mentido, es humano. Ha robado, es humano. Pero esto no es realmente humano. Humano es ser generoso. Humano es ser bueno. Humano es ser un hombre de justicia»[11].

De la esclavitud a la liberación

En la raíz de todo pecado se halla la duda sobre Dios, la sospecha de que quizá no quiera o pueda hacernos felices: «¿Es tan bueno como dice ser? ¿No nos estará engañando?» «¿Con que Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,2), dice la serpiente a Eva. Y cuando ella contesta que no es así, que solo del árbol que está en medio del jardín tienen prohibido comer para no morir, la serpiente siembra el veneno de la desconfianza en su corazón: «No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (Gn 3,4-5). En realidad, tras esta falsa promesa de libertad infinita, de autonomía absoluta de la voluntad (imposibles para una criatura), se esconde una gran mentira. Porque al intentar arreglárnoslas por nuestra cuenta, sin apoyarnos en Dios, aparece el cortejo del mal que nos esclaviza y encadena, porque nos impide ser felices con Dios.

El pecado puede aparecer porque somos libres, vive de esa libertad, pero acaba matándola. Promete mucho y no da más que dolor. Es un engaño que nos convierte en «esclavos del pecado» (Rom 6,17). Por eso: «el mal no es una criatura, sino algo parecido a una planta parásita. Vive de lo que arrebata a otros y al final se mata a sí mismo igual que lo hace la planta parásita cuando se apodera de su hospedante y lo mata»[12].

Si el pecado entró en la humanidad por un ejercicio equivocado de la libertad, el remedio a este y el inicio de una vida nueva también entró por la decisión libre. El «hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38) que pronunció Nuestra Señora de una manera plenamente libre abre una nueva etapa en la historia, la plenitud de los tiempos. Así, el Hijo de Dios bajó a la tierra para entregar su vida en un acto supremo de libertad, por estar originado en el amor: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú» (Mt 26,39). Y ahora nos eleva, para que podamos responder porque me da la gana a su invitación de vivir la «libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Rom 8,21).

Es precisamente con nuestra libertad de hijos de Dios como podemos volver a dejarnos mirar y curar por el Señor, acudiendo con humildad a Él, que nos renueva interiormente con su gracia. Aprendemos así que «la voluntad de Dios no es para el hombre una ley impuesta desde fuera, que lo obliga, sino la medida intrínseca de su naturaleza, una medida que está inscrita en él y lo hace imagen de Dios, y así criatura libre»[13]. En realidad, Dios es el garante de nuestra libertad. Es libre quien se deja amar por Dios, quien no desconfía de Él, quien cree en su Amor. Con la fe desaparecen los límites que nos imponen la duda, la mentira, la ceguera y el sinsentido. Con la esperanza se derrumban el miedo, el desánimo, la inquietud, la culpabilidad que nos atenazan. Con la caridad dejamos atrás el egoísmo, la avaricia, el repliegue sobre uno mismo, las frustraciones y amarguras que reducen la medida de nuestra vida.

La gracia de Dios

La respuesta de Dios a nuestros pecados es la Encarnación y Redención de Nuestro Señor Jesucristo

San Juan Pablo II escribió en su último libro que «la Redención es el límite divino impuesto al mal por la simple razón de que en ella el mal es vencido radicalmente por el bien, el odio por el amor, la muerte por la Resurrección»[14]. La respuesta de Dios a nuestros pecados es la Encarnación y Redención de Nuestro Señor Jesucristo. «Jesucristo fue entregado por nuestros pecados» (Rom 4, 25), afirma san Pablo. Él nos reconcilia con Dios, nos libera de la esclavitud del pecado, y nos concede el don de la gracia: «un don gratuito de Dios, por el que nos hace partícipes de su vida trinitaria y capaces de obrar por amor a Él»[15]. No deberíamos acostumbrarnos a esta realidad: la gracia es un don inmerecido, una participación en la vida divina, nos introduce en la intimidad amorosa de Dios, y nos hace capaces de obrar de un modo nuevo: como hijos de Dios.

La gracia es mucho más abundante que el pecado: «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Rom 5,20). Y mucho más fuerte. En una famosa novela, la protagonista acude al confesonario y, una vez allí, manifiesta su pecado calificándolo como gravísimo. La respuesta que escucha del confesor es esta: «No, hija mía –decía tranquilamente y casi con frialdad–, usted no ha ofendido a Dios más gravemente que una infinidad de hombres: ¡sea usted humilde incluso en la confesión de su pecado! Grande, en su vida, sólo ha sido la Gracia; sólo la Gracia es siempre grande. El pecado en sí, su propio pecado, es pequeño y corriente»[16]. Por eso san Josemaría podía afirmar: «Nuestro Padre del Cielo perdona cualquier ofensa, cuando el hijo vuelve de nuevo a Él, cuando se arrepiente y pide perdón. Nuestro Señor es tan Padre, que previene nuestros deseos de ser perdonados, y se adelanta, abriéndonos los brazos con su gracia»[17]. Una gracia que se nos concede abundantemente en la oración y los sacramentos. Y que se recupera, si se ha perdido por el pecado grave, en el sacramento de la Penitencia[18].

Uno de los himnos de la Liturgia de las Horas reza así: «Restaña, Señor, con el rocío de tu gracia, las heridas de nuestra alma enferma, para que, sofocando los malos deseos, deplore sus pecados con lágrimas»[19]. La gracia sana las heridas del pecado en nuestra alma: identifica la voluntad humana con la Voluntad Divina mediante el amor de Dios, ilumina la inteligencia mediante la fe, ordena las pasiones al fin verdadero del hombre y las somete a la razón, etc. En una palabra: es la medicina de todo nuestro ser. En definitiva: «Nada hay mejor en el mundo que estar en gracia de Dios»[20].

Quizás algunas personas se preguntan: «si la gracia de Dios es tan poderosa, ¿por qué no tiene efectos más decisivos en las personas?» De nuevo tropezamos con el misterio de la libertad humana. La gracia «previene, prepara y suscita la libre respuesta del hombre»[21], pero no fuerza esa libertad. «Quien te creó sin ti no te salvará sin ti»[22], sentenció san Agustín. Tenemos a nuestra disposición una central nuclear con miles de megavatios, pero hemos de conectar la red de nuestra casa si queremos que esa energía nos ilumine, caliente y aproveche. Hemos de recibir la gracia con humildad, agradecimiento y arrepentimiento de nuestros pecados, y luchar con amor por seguir dócilmente sus impulsos. Sin perder nunca de vista, como nos recuerda el Papa Francisco, que «esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida»[23]. Evitaremos así todo asomo de voluntarismo, conscientes de la absoluta prioridad de la gracia en nuestra vida.

La gracia «previene, prepara y suscita la libre respuesta del hombre» (Compendio Catecismo) , pero no fuerza esa libertad

Pero es que, además, «en esta vida las fragilidades humanas no son sanadas completa y definitivamente por la gracia»[24]. «La gracia, precisamente porque supone nuestra naturaleza, no nos hace superhombres de golpe. Pretenderlo sería confiar demasiado en nosotros mismos (…). Porque si no advertimos nuestra realidad concreta y limitada, tampoco podremos ver los pasos reales y posibles que el Señor nos pide en cada momento, después de habernos capacitado y cautivado con su don. La gracia actúa históricamente y, de ordinario, nos toma y transforma de una forma progresiva. Por ello, si rechazamos esta manera histórica y progresiva, de hecho, podemos llegar a negarla y bloquearla, aunque la exaltemos con nuestras palabras»[25]. Dios es delicado y respetuoso con nosotros. Así reflexionaba en una ocasión el cardenal Ratzinger: «Yo creo que Dios ha irrumpido en la historia de una forma mucho más suave de lo que nos hubiera gustado. Pero así es su respuesta a la libertad. Y si nosotros deseamos y aprobamos que Dios respete la libertad, debemos respetar y amar la suavidad de sus manos»[26]. Que es tanto como decir: amar la suavidad de su gracia.

José Brage

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Bibliografía editoriales sobre el pecado y la gracia

Lecturas recomendadas

- Catecismo de la Iglesia Católica nn. 374-421, 1846-1876 y 1987-2029.

- Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 72-78 y 422-428.

- San Juan Pablo II, Exhortación apostólica “Reconciliatio et Paenitentia” (2-XII-1984).

- Concilio Vaticano II, Constitución pastoral “Gaudium et spes” (7-XII-1965), nn. 13, y 37.

- Benedicto XVI, Homilía (8-XII-2005); Discurso a los alumnos del Colegio Universitario Santa María de Twickenham, Londres, 17-IX-2010; Encuentro con los párrocos de la diócesis de Roma, el 18 de febrero de 2010.

- Francisco, Exhortación Apostólica “Gaudete et exultate” (19-III-2018), nn. 47-62 y 158-165 Palabras en la visita a Auschwitz, 29 de agosto de 2016, Palabras desde la ventana del Arzobispado de Cracovia, 29 de agosto de 2016.

* * *

- Joseph Ratzinger, Creación y pecado; Dios y el mundo, pag. 106-130: “Sobre la cración”.

- San Agustín, La Ciudad de Dios, Libros XIII y XIV: “La muerte como pena del pecado” y “El pecado y las pasiones”.

- Santiago Sanz, La elevación sobrenatural y el pecado original, en "Resúmenes de fe cristiana", tema 7 (www.opusdei.org).

- Juan Luis Lorda, Antropología teológica, EUNSA, Barañáin 2009, pag. 287-438.

* * *

- Ronald Knox, El torrente oculto, Capítulo XVIII: “Pecado y perdón”.

- Thomas Merton, La montaña de los siete círculos.

- Dante Aligieri, La divina comedia.

- Evelyn Waugh, Retorno a Brideshead.


[1] DANTE ALIGHIERI, Divina comedia, Infierno, Canto I, 1-3.

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 374.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 400.

[4] Conviene entender bien el concepto de analogía: es la relación de semejanza entre cosas distintas. Aplicado a nuestro caso: la caída original tiene semejanza con el pecado, pero es distinta del pecado personal.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 404.

[6] KNOX, R., El torrente oculto, Rialp, Madrid 2000, p. 266.

[7] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 405.

[8] SAN AGUSTÍN, La Ciudad de Dios, Libro XIII, III, 1.

[9] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 405.

[10] SAN JUAN PABLO II, Ex. Ap. Reconciliatio et Paenitentia (2-XII-1984), n. 15.

[11] BENEDICTO XVI, Encuentro con los párrocos de la diócesis de Roma, 18-II-2010.

[12] RATZINGER, J., Dios y el mundo, Galaxia Gutemberg, Barcelona 2002, p. 120.

[13] BENEDICTO XVI, Homilía, 8-XII-2005.

[14] SAN JUAN PABLO II, Memoria e identidad, La esfera de los libros, Madrid 2004, p. 36.

[15] Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 423.

[16] LE FORT, G. Von, El velo de Verónica, Encuentro, Madrid 1998, p. 314.

[17] SAN JOSEMARÍA, Es Cristo que pasa, n. 64.

[18] Cfr. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 310.

[19] Himno latino de Vísperas del martes de la XXV semana del Tiempo Ordinario.

[20] SAN JOSEMARÍA, Camino, n. 286.

[21] Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 425.

[22] Sermo 169, 13.

[23] FRANCISCO, Ex. Ap. Gaudete et exultate (19-III-2018), n. 158.

[24] Ibidem, n. 49.

[25] Ibidem, n. 50.

[26] RATZINGER, J., La sal de la tierra, Palabra, Madrid 1997, p. 238.

 

 

Parejas que trabajan unidas son familias que permanecen unidas

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El Matrimonio hace trascendente la vocación

La familia es la célula de la sociedad, es la primera comunidad formada por un hombre y una mujer unidos en matrimonio, en donde como fruto de su amor, procrean nuestras vidas.

La persona humana ha sido creada por amor y para el amor y es en el matrimonio y en la familia donde se hace vida esta hermosa y trascendente vocación.

El matrimonio es para toda la vida; es la unión de uno con una, de manera exclusiva para siempre. Este hombre y esta mujer llegan al altar con una gran emoción, se casan llenos de ilusiones y sueños, pero no siempre con la preparación necesaria y la madurez afectiva que se requiere para vivir en matrimonio y formar una familia. La mayoría carecen de un proyecto de vida familiar y esto, aunado a una deficiente comunicación y una falta de convivencia entre ellos de manera creativa, que, con el paso del tiempo, causan distancias, abismos y heridas profundísimas y graves entre la pareja, tan terribles como la infidelidad, que pueden terminar en una ruptura matrimonial.

Una vida caótica en lo profundo, llena de sufrimiento, lágrimas, faltas de respeto, largos silencios y desesperación, es la existencia para las parejas que por un sin fin de razones no supieron o no saben qué hacer ante las tantas heridas acumuladas en la historia matrimonial.

La biografía de la pareja y de la familia se escribe con lágrimas de sangre en muchas ocasiones, lágrimas y dolor que se esconden para “funcionar” y no romper con la familia entera. Pero la mayoría de las parejas que viven de este modo, sólo sobreviven, rotos por dentro y enfrentan la realidad terrible del desamor en lo cotidiano, nada de lo que hubiesen querido el día que se dijeron mutuamente ante Dios: Sí, acepto y que si no se hace nada al respecto terminará en una dolorosísima ruptura matrimonial.

10 Tips para que las familias permanezcan unidas

1. Madurez afectiva

Cada persona es única e irrepetible, cada uno es una historia viva, un ser cuya personalidad se ha definido por cuestiones genéticas, ambientales y decisiones personales, que le hacen ser del modo en el cual es. La madurez se alcanza con un fuerte trabajo interno, con un profundo autoconocimiento y aceptación de quién se es y un reconocimiento de la propia naturaleza imperfecta que requiere de esfuerzo continuo para ser lo mejor que puede llegar a ser cada día. Es una lucha continua por conquistarse a sí mismo y ser dueño de sí. Según el psiquiatra Aquilino Polaino-Lorente, la madurez personal es uno de los rasgos psicológicos que más pueden influir en las relaciones humanas, y con más razón aún en la relación matrimonial.

Aspectos como libertad y dependencia, confianza y temor, comunicación e incomunicación tienen mucho que ver con esa madurez.

El trabajo hacia la madurez personal, retomando algunas ideas ahora del Dr. Rojas, son: Conocerse a sí mismo, tener buen equilibrio entre cabeza y corazón: Educando los afectos y las emociones, ser capaz de superar y digerir las heridas del pasado, tener un proyecto de vida coherente y realista, cultivar una voluntad fuerte, sólida, dominarse a sí mismo, haber crecido con modelos de identidad coherentes, positivos, buena capacidad para la convivencia entendida como tolerancia y respeto del otro, tener un sentido de vida y cuidar de la salud física, mental y espiritual.

Si cada miembro de la pareja trabaja en sí mismo, tendrá mucho para ofrecer al otro y caminarán por un sendero de conocimiento mutuo, aceptación y superación de sí mismos en un ser matrimonial.

2. Construcción de un proyecto de vida familiar

El ritmo acelerado impide detenerse a revisar nuestra vida: Prioridades, el orden de nuestros amores, la inversión de nuestro tiempo, la situación del trabajo… Las parejas carecen de un proyecto donde planeen la formación de la familia, que es el proyecto más importante y aunque no se cumpla en su totalidad, esta planeación da la seguridad de tener una dirección hacia dónde ir.

Es preciso que cada uno en la pareja asuma su propia identidad, revisando quién es, qué espera, en quién cree, busque asumir su vida e historia, aceptar con amor quien es, agradecer y reconciliarse consigo mismo y combatir los propios defectos de carácter.

El proyecto de vida familiar inicia definiendo a la propia familia, con una misión y una visión sobre ésta, determinando los valores que se pretende que rijan la conducta propia, de la pareja y de la familia y definir objetivos claros de los cuales se desprendan acciones concretas a nivel personal, matrimonial, hacia los hijos y familiar.

El plan de vida integral debe contemplar las siguientes dimensiones: Personal, físico, espiritual, social, familiar, conyugal, profesional, financiero, entre otras.

Es preciso revisar en qué invierte tiempo cada uno, la comunicación de los esposos, cómo es la toma de decisiones, la vivencia de roles, si el tiempo en familia es suficiente y de calidad, listar problemas que aquejan a cada uno y a la familia y construir el proyecto de vida, que, finalmente es hablar de aquello a lo que la pareja y la familia aspira, anhela, nos habla de la búsqueda de plenitud y felicidad que da sentido a la vida.

3. Buena comunicación familiar

La comunicación es una meta- función que permite el desarrollo de otras competencias como el desarrollo de la afectividad, de la autoestima, de la espiritualidad saludable, del sentido de pertenencia, de los recursos positivos, de los límites firmes, del desarrollo del autocontrol, etc..

Debe la pareja estar siempre disponible el uno para el otro y ambos hacia los hijos, es decir, que cada miembro de la familia sepa y sienta que es importante, que lo que piensa, siente, vive es tomado en cuenta. Cada uno debe sentirse escuchado, entendido y “sentido”.

Una buena comunicación consiste en una escucha activa, prestando atención, una aceptación incondicional de los sentimientos y la validación de la persona siempre, aunque reprobemos algunas conductas. Es un ejercicio en el que se ocupa la voluntad de atender al otro. Las posturas, los gestos, la mirada, el asentir, no interrumpir son claves al momento de escuchar. En el momento de hablar, es preciso retroalimentar al otro, haciéndolo con un tono adecuado, con respeto, sin juicios a la persona.

4. Empatía matrimonial y familiar

La empatía es ponerse en el lugar del otro, dicen por ahí “Ponerse en sus zapatos”, en realidad es desde mis zapatos hacer un esfuerzo personal, virtuoso por escuchar, no juzgar y comprender el mundo interno y externo del otro. Es validar a la pareja, a los hijos, validarse a uno mismo, en lo que cada uno piensa, siente, decide. Es una demostración del amor verdadero, porque es aceptar al otro y amarle incondicionalmente y hacérselo saber con nuestras palabras, gestos y actitudes.

La empatía mejora la comunicación incrementando el contenido de los mensajes, favorece la autoestima, disminuye la contaminación emocional y mejora la calidad de las relaciones humanas.

5. Convivir de manera creativa

La idea es conectarse, hoy más que nunca las personas estamos sufriendo de una terrible desconexión, una despersonalización de las relaciones humanas; la prisa, el trabajo, los múltiples compromisos, las distancias que nos impiden estar en casa compartiendo tiempo con los seres queridos, con la familia, la pareja, los hijos. El poco tiempo que están todos en un mismo sitio físicamente están frente a alguna pantalla ya sea televisión, videojuego, tablet, ipad, iphone, implicados en su totalidad en lo que ésta ofrece… Cada uno en su propia pantalla, sin compartir, sin comentar, sin relacionarse en lo más mínimo… Las redes sociales parecen serlo todo y lo más importante ahora, el número de “Likes”, etc.. La hora de la comida ya no es la misma para todos ya no existe aquello de comer en familia y menos las “Sobremesas” aquellos momentos después de recibir los alimentos en familia para comentar, reír y saborear un rico café o dulce.

Convivir es pasar suficiente cantidad de tiempo y calidad del mismo con la pareja, los hijos, la familia completa, es buscar al otro, es implicarse voluntariamente y darse, darle al ser amado lo que necesite, cuando y como lo necesite. Hablar, reír, jugar, pasar tiempo caminando, comiendo, estudiando, leyendo… La idea es que sean unidos, que tengan conexiones únicas y eso solo se logra conviviendo para que sean de verdad una pareja, una familia; se conozcan y crezcan cada día en amor.

6. La infidelidad, traición que se puede prevenir y en su caso, luchar por superar

La infidelidad es la violación del pacto de exclusividad de la pareja en el matrimonio, es la falta de fidelidad, lealtad, veracidad.

Se previene teniendo una cuenta emocional en la pareja de parte de ambos, es decir, invertir en cariño, aceptación, elogios, reconocimientos, no guardar secretos, poner límites en relaciones de amistad y laborales, tener detalles, cultivar la relación dedicándole tiempo y desterrar la negatividad, la indiferencia, las faltas de respeto, las críticas y el desprecio; aunque es preciso aclarar, que pase lo que pase, sea como sea la relación, la infidelidad es una decisión personal y quien la comete debe asumir la total responsabilidad del acto.

El efecto de descubrirla es traumático pues amenaza los supuestos básicos de seguridad y confianza en una relación.

Para superar una infidelidad, es necesario ser consciente de que no se empieza a curar hasta que la seguridad se reestablece por completo, para lo cual es preciso un trabajo arduo por parte de la pareja a través de un proceso terapéutico en donde el profesional hace una evaluación pretratamiento y establece las condiciones para iniciarlo. El tratamiento Gottman recomienda tres fases: Expiación, sincronización y construcción del apego.

7. Sanar heridas y perdonar evita terminar en una ruptura matrimonial

Las heridas más dolorosas en la familia son las que atentan contra la alianza matrimonial, contra la persona a quien se decidió y se prometió amar. Cuando se fracasa en la satisfacción de necesidades básicas de aceptación, estima, afecto, reconocimiento y no se cuida a la otra persona, se lastiman deliberadamente a partir de la frustración consciente e inconsciente que daña mucho el alma de la pareja pues las ilusiones y las expectativas por formar un “Único nosotros” en su matrimonio no se cumplen, generando un dolor existencial tremendo.

Importante será ante las heridas, darse el tiempo de ver al otro, escucharle, comprenderle, reconocer, sentir el dolor y pedir perdón sincero por el daño cometido haya sido intencional o no. Es preciso enfrentar las situaciones en el momento, no sufrir heridas y dejarlas sin atender. Diane Sollee menciona que “El indicador número 1 de divorcio es el hábito de evitar el conflicto”. No se debe enterrar el dolor ni esperar a que el tiempo curará las heridas.

Es importante considerar que la naturaleza del daño y su efecto en la relación, dicta la manera en la que se tiene que manejar la herida para sanarla.

Perdonar es necesario para la persona herida y para quien hirió, es una decisión, es un acto de voluntad que libera porque nos hace mejores personas y porque reconocemos la imperfección personal y miseria humana en uno mismo y en el otro.

8. Compromiso y Confianza, pilares de una sana relación matrimonial y familiar

La confianza es un gran SI a la pregunta: “Estarás ahí para mí cuando… (Cuando me enferme, cuando me vaya mal en los negocios, cuando me vea viejo, etc..) Es decir, pase lo que pase; es una pregunta que nos remite al reconocimiento profundo del valor de nuestra existencia, al compromiso del amor incondicional de nuestro ser.

La confianza y el compromiso van de la mano para una relación sólida y sana; donde ambos se conocen y construyen los mapas del amor, cultivan la admiración y el cariño, se acercan considerando la perspectiva positiva del otro, aprenden a manejar los conflictos, luchan porque sus sueños se hagan realidad y crean un sentido de trascendencia. Todo esto se logra buscando la sintonía emocional con el otro, con empatía, conciencia, expresión y validación de los sentimientos propios, de la pareja y de los hijos.

9. Pareja que reza unida, permanece unida, sentido de vida

Es importante recordar que como personas somos la unidad de cuerpo y alma; por lo que somos también seres espirituales, las necesidades del ser deben ser atendidas con todo amor y las heridas causadas han de ser comprendidas finalmente como la triste consecuencia de nuestra imperfección y naturaleza caída; sin que ello atenúe la propia responsabilidad, ante cada herida habrá que reparar el daño con toda delicadeza.

Y, ante todo, debemos recordar que hemos sido creados por Amor y para el Amor y con nuestra alma buscar la fuente de Amor Infinito que es el mismo Dios para que con nuestra inteligencia descubramos la Verdad, con nuestros afectos apreciemos la Belleza y con nuestra voluntad realicemos el Bien elegido con nuestra libertad; y, a través de la oración continua, un dialogo profundo con Él, Quien es el Amor, la Verdad, la Belleza y el Bien Absoluto, se transforme nuestro corazón y sea cada vez más semejante al Suyo y podamos así descubrir mutuamente estas características en el otro y seamos portadores de las mismas para que juntos busquen trascender y llegar a amar como Él nos Ama; poniéndolo como centro a Él y haciéndole a la pareja fácil amarnos, siendo un camino para trascender en el Amor, logrando así encontrar el sentido más hermoso de la vida: Facilitarle al otro la salvación de su alma, siendo escuela de amor verdadero.

10. Pedir ayuda profesional cuanto antes.

Es preciso ser humilde y estar bien atento para que la persona y la pareja asistan en cuento se presente un asunto que no puedan resolver por sí mismos, a ayuda profesional. Teniendo en cuenta que no hace terapia quien tiene problemas, pues problemas los tiene todo el mundo, hace terapia quien quiere resolverlos.

Se puede perdonar, sanar, reconstruir siempre que haya la voluntad amorosa y decidida de hacerlo con las herramientas necesarias para lograrlo y sobre todo, se puede prevenir tanto daño, tanto dolor… Ante las primeras señales de que algo no anda bien, es preciso ser responsable y pedir ayuda profesional para evitar dolores mayores, heridas profundas, daños difíciles de superar.

Como afirma el Papa Emérito Benedicto XVI “El Amor se Aprende” y todos podemos aprender.

El Bien del otro y de la relación se convierten en el Bien personal, en un sentido de vida hermoso, pleno, generoso, por el cual vale la pena trabajar incansablemente, con la esperanza de lograr cada día la renovación de la entrega incondicional del “Sí, acepto”, mismo que verá sus frutos en la dicha de los hijos al ver, al saber y sentir que sus padres, a pesar de todo, buscan incansablemente el Amor Verdadero.

MTF Rosario Prieto
Psicología Clínica

 

La valentía en femenino

 

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En medio de un ambiente agitado, la mujer cristiana es promotora de valores. Atrévete a vivir según tus principios.

¿No te parece que hoy priva en el ambiente una actitud intolerante hacia la religión, curiosamente en nombre de la tolerancia? El famoso “vive y deja vivir” sobrevive hoy como una actitud relajada ante la religión, basada en la premisa de que sólo una espiritualidad que no exija nada es posible en la sociedad, dispuesta a transigir en sus creencias.

Quien mantiene convicciones religiosas profundamente arraigadas es vista como sectaria, intolerante, fundamentalista, fanática o terriblemente tradicionalista. Dirán que perteneces a la prehistoria; en suma, un riesgo para la convivencia.

Analicemos por un momento lo qué significa ser una mujer de principios, a pesar de que a veces el entorno -tan revuelto y desorbitado- nos desoriente.

Una mujer de principios se caracteriza por ser una mujer de convicciones profundas que no ceden ante la moda o presión de la sociedad en la que se mueve. Su rasgo principal es la verdadera fe, que la lleva a poner por obra el mandamiento cristiano del amor.

Porque, en una mujer de principios, sus convicciones son prácticas. Es decir, vive en el mundo con naturalidad, como todas, pero con un sentido de integridad diferente. Esto se ve, por ejemplo, en la sencillez con que viste o la delicadeza en el trato que tiene para con los demás.

Sus convicciones son reales, las cree, las vive y, por eso, puede transmitirlas y enseñarlas a otros. Una mujer de principios sustenta su conducta por verdades con las que se puede de una manera segura conducir la propia vida sin caer en idealismos o posturas falsas.

Si como mujer te niegas a tener una conducta que viene desde el amor y va hacia el amor, entonces no podrás ser una mujer de encuentro, pues tu capacidad de entrega quedará encapsulada en el egoísmo.

Esa enseñanza del amor es la fuente de donde nacen los valores que debes promover en tu propio ambiente. Una mujer de principios no es una fanática, es una mujer que ama.

¿Cómo vivir esos valores, fincados en el verdadero amor, en la verdadera caridad? Vienen a cuento las palabras de san Pablo, custodiadas por el Magisterio de la Iglesia: “La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. Cuando venga lo perfecto, desaparecerá lo parcial».

Por eso el Apóstol había escrito inmediatamente antes: “aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha” (Cf 1 Cor 13, 1 ss).

Es hermoso ser mujer y descubrir esa capacidad innata que tenemos para llevar el amor, para ser mujeres valientes. El don de la vida humana es eso, un verdadero regalo. Tú tendrás muchos sueños, pero ten presente siempre, que tus sueños han existido mucho antes en la mente de Aquel que por Amor te creó.

La semilla de la bondad, como diría Edith Stein, filósofa y mártir de nuestra Iglesia, está en tu corazón y en el mío. Por eso debes de luchar por descubrir los valores y así enseñar a los que vienen el arte de llegar a convertirse en mujeres y hombres de principios.

Sheila Morataya

 

 

Una iniciativa que merece la pena apoyar

Género en Libertad

UNA INICIATIVA A FAVOR DE LA LIBERTAD DE EDUCACIÓN

www.generoenlibertad.org

Actualmente, en muchos casos, se transgrede, en el tema de educación afectivo-sexual,  “el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones” (art. 27 Constitución).

Distintas normativas conculcan este mandato constitucional, ya que, la ideología de género en la que se basan, considera que debe ser el Estado, y no las familias, el responsable de formar a los ciudadanos en materia afectivo-sexual al margen de los principios morales que padres y madres deseen inculcar a sus hijos dado que considera que la sexualidad sólo puede ser tratada al margen de las ideologías religiosas. 

Desde la “Asociación Género en Libertad” reconocemos el derecho que la Constitución otorga a padres y madres como primeros educadores de sus hijos y también el que se refiere a que se garantice que los mismos reciben una educación basada en los principios morales y religiosos que sus progenitores desean para ellos.

Para dar respuesta a esta necesidad de las familias, la “Asociación Género en Libertad”, establecerá en cada provincia gabinetes educativos y de asesoramiento que estarán formados por profesionales especialistas de distintos ámbitos (psicólogos, pedagogos, sexólogos etc.).

Estos profesionales estarán a disposición de las familias, las asociaciones de madres y padres, los colegios públicos y privados o, cualesquiera otra entidad que precise de sus servicios para impartir las materias relacionadas con la educación afectivo sexual desde una visión integral de la persona, tolerante hacia quienes piensan distinto y lejos de la instrumentalización del sexo. Todo esto desde el respeto a todas las personas sea cual sea su orientación sexual.

Desde “Asociación Género en Libertad” hacemos un llamamiento a todas aquellas personas que estén dispuestos a apoyar la constitución, en cada provincia, de esos gabinetes especializados.

A primeros de septiembre se ofrecerá los servicios de estos gabinetes a todos los colegios españoles.

¿Cómo puedes colaborar?

  1. COMO PROFESIONAL: Si eres profesional de la educación o por tu profesión consideras que puedes formar parte de esos gabinetes,
  2. COMO VOLUNTARIO: Si no eres profesional directo pero puedes ayudar a difundir los objetivos de nuestra asociación y a hacer que podamos llegar a más familias o colegios, o incluso a ayudarnos a organizar charlas o conferencias. En estos casos siempre estamos escasos de brazos ;-))
  3. COMO PROMOTOR: Quizá no seas profesional de la materia ni dispongas de tiempo para poder ser voluntario pero si quieres participar y apoyar este proyecto y que los poderes públicos vean nuestra fuerza y el elevado número de personas que no comparte su manera de entender la forma en la que pretenden adoctrinar en materia afectivo sexual. Si es así sólo tienes que hacerte socio promotor y te mantendremos informado de todos los servicios que vamos a poner en marcha y de los avances que vayamos consiguiendo

Puedes ponerte en contacto con nosotros a través de info@generoenlibertad.org   Teléfono y Whatsapp 674 43 57 64

Más información:

www.generoenlibertad.org

info@generoenlibertad.org

 

 

Mensaje de sacerdote sobre el Orgullo Gay, se hace viral

P. Sam: "Como sacerdote respeto a los homosexuales pero no estoy de acuerdo que estas manifestaciones atacan a diestra y siniestra nuestra fe, nuestros símbolos sagrados, nuestra Iglesia"

Imagen que publica el P. Sam.

photo_cameraImagen que publica el P. Sam.

El sacerdote hondureño Samuel Bonilla, conocido popularmente como el Padre Sam y que tiene decenas de miles de seguidores en sus redes sociales, ha emitido su opinión sobre las celebraciones, manifestaciones y fiestas que se celebran en todo el mundo por el Orgullo Gay.  

Su comentario, que se ha hecho viral, decía: "Acá les dejo mi opinión sobre este tipo de marchas en donde se ataca nuestra fe, símbolos sagrados y nuestra Iglesia".

Este es el mensaje del P. Sam: 

“Como sacerdote, respeto a la persona homosexual que se esfuerza por respetar, y por vivir su vida sin intentar imponer su estilo a los demás, y siempre tiene una puerta abierta para ser acompañado. Ahora bien, en lo que no estoy de acuerdo es en este tipo de actitudes de parte de dicha ideología: atacan a diestra y siniestra nuestra fe, nuestros símbolos sagrados, nuestra Iglesia, etc., y pretenden que todos vivamos a su estilo. Eso no es para nada respeto. Y personas como ellas ¿con qué moral piden ser respetado?"

Por otra parte, marchar en frente de niños, exhibiendo sus cuerpos de una manera frívola, no es una manera para pedir un derecho. La imagen que publiqué es de las menos grotescas que encontré. Si se va a pedir algo, se hace dignamente, mostrando primero respeto por uno mismo, por sus cuerpos. Y también hay que recordar que mi derecho existe siempre y cuando no pisotee o anule el derecho de alguien más.

Cada uno piense: cuando ellos expresan su opinión lo llaman ‘libertad de expresión’, y adelante, tienen todo su derecho. Ahora bien, cuando alguien más expresa su punto de vista, dirán, es ‘homofobia’, ‘ataque’, ‘discriminación’, etc. A simple vista, no hay igual de condiciones. Decir esto, no es odio, es ejercer mi derecho (también) de libertad de expresión.

Por último, no es cristiano meter a Dios para justificar una mala acción, refugiándose en un ‘falso amor’ o misericordia. Jesús NUNCA DIJO a la mujer adúltera: ‘vete, no te condeno, vive tu adulterio en paz’; al contrario, la recibió con amor pero la exhortó a abandonar el pecado: ‘vete, y de ahora en adelante no peques más’.

Isaías 5,20: ‘Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo!’. La verdad no peca, pero incomoda”.

No utilizar símbolos católicos

Otro de los sacerdotes latinomericanos que ha emitido una opinión sobre la semana del Orgullo en todo el mundo ha sido Juan Jesús Priego Rivera, portavoz de la Arquidiócesis Potosina, quien exhortó a la comunidad LGBT (Lésbico, Gay; Bisexual, Transexual) a no utilizar simbolismos católicos, no alterar las representaciones de la fe católica, ni modificar la bandera de México, durante la octava marcha del orgullo que se celebró ayer en San Luis Potosí (México). 

 

“Nosotros respetamos sus maneras de pensar, también nosotros queremos ser respetados con nuestra manera de pensar y así todos contentos”.

Así mismo, expresó que dentro de “ciertos límites” se puede convivir, ya cuando  “por ejemplo, como en el caso de España, alguien pintó una imagen de la Virgen, ya en un plan de agresión a la fe católica, ahí sí yo creo que cuando te agreden, tienes derecho a responder”.

Agregó que todo debe de tener un límite y recalcó que al utilizar elementos de una manera ofensiva, no solo la iglesia católica es vulnerada, sino también la sociedad civil que profesa la religión.

Sobre la propuesta que hicieron líderes LGBT para ampliar el mercado gay, ahora que ya pueden contraer matrimonio en el estado, el líder religioso se limitó a decir que la comunidad católica tiene que respetar y que la Iglesia no puede discriminar a ninguna persona por sus preferencias sexuales.

 “Ustedes conocen cual es la postura de la iglesia al respecto, nosotros estamos en favor del matrimonio entre hombre y mujer[…] lo demás, cada quien sabe a dónde va y a dónde le gustaría ir y en ese sentido nosotros respetamos profundamente”. 

 

 

El cardenal Newman será canonizado el próximo 13 de octubre

Newman será canonizado el 13 de octubre

Junto con otras 4 beatas

 El Papa Francisco ha decretado hoy, 1 de julio de 2019 que, el beato John Henry Newman, junto a otras 4 beatas, sean inscritos en el Libro de los Santos el domingo 13 de octubre de 2019, en el marco del Sínodo de la Amazonía.

El Santo Padre presidió hoy, a las 10 horas, el consistorio público ordinario para la canonización de los 5 beatos en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano, durante la celebración de la Hora Tercia.

Además del cardenal Newman, serán elevadas a los altares Giuseppina Vannini (nacida: Giuditta Adelaide Agata), fundadora de las Hijas de San Camilo; Mariam Thresia Chiramel Mankidiyan, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia; Dulce Lopes Pontes (nacida: Maria Rita), de la Congregación de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios; y Marguerite Bays, Virgen, de la Tercera Orden de San Francisco de Asís.

Cardenal John Henry Newman

El cardenal Newman nació en Londres (Inglaterra) el 21 de febrero de 1801 y murió en Edgbaston (Inglaterra) el 11 de agosto de 1890. Fundó el Oratorio de San Felipe Neri en la ciudad inglesa de Birmingham, en 1848 y fue rector de la Universidad Católica de Dublín (1851-1858). Algunos lo consideran un “padre de la Iglesia” para el próximo siglo.

Newman fue beatificado en el Reino Unido por Benedicto XVI el 19 de septiembre de 2010, fijando su festividad para el 9 de octubre, fecha de su conversión.

El segundo milagro que ha permitido la canonización de este cardenal inglés ha sido la curación de Melissa Villalobos, una estadounidense madre de 5 hijos que sufría una grave hemorragia en su quinto embarazo. Dicho milagro fue aprobado por el Papa Francisco el 13 de febrero de 2019.

 

 

En vacaciones disfruta de la lectura con tus hijos

Por LaFamilia.info

 

 

https://www.lafamilia.info/images/stories/educacion_de_los_hijos/20192506edh.jpg

Foto: Freepik

Las vacaciones son un tiempo especialmente propicio para vivir junto a los hijos las maravillas de la lectura. Pero para que sea un tiempo de goce, es necesario que se de como una actividad lúdica y no como una obligación.

El primer paso es quitar de ellos la idea de que leer es aburrido. Simplemente es cuestión de encontrar el libro o la lectura apropiada de acuerdo a sus gustos y edad. Lo cierto es que ninguna razón se resiste frente a las posibilidades de la lectura. Los libros son la puerta del conocimiento y de un mundo de fantasía. Se trata de contagiar estos sentimientos a los chicos para que así ellos comiencen a amar la lectura.

¿Cómo motivarlos?

1. Deja que sea el pequeño quien escoja los libros. Tenga en cuenta su edad, intereses y recientes experiencias del niño (mudanza, vacaciones, visita a sus abuelos, visita al zoológico, etc.)

2. Ten presente el nivel de lectura del niño (pero no exageres en esto). Si un niño puede leerle en voz alta la primera página, es muy posible que pueda leer el libro entero.

3. Debes estar dispuesto(a) a leer y releer el cuento cuantas veces el niño lo pida, pues es obvio que disfruta oír la misma historia con entusiasmo, ritmo y sentimiento, utilizando voces graciosas o sonidos.

4. Busca la participación del niño, haciéndole preguntas acerca de la historia y adivinando lo que pasará luego.

Cómo identificar libros fáciles de leer

- De grandes formatos e impresión clara.

- Páginas con ilustraciones y poco texto.

- Las figuras proveen mucha información acerca del significado de las palabras.

Qué NO hacer cuando leas a tus hijos en voz alta

1. No leas historias que a ti no te gusten.

2. No te pongas demasiado cómodo(a) mientras estés leyendo. ¡Porque es posible que te atrape el sueño!

3. No te sorprendas si tus hijos interrumpen con muchas preguntas. Respóndelas en el momento. No hay apuro.

4. No confundas cantidad con calidad.  Tu hijo recordará diez minutos de la lectura juntos, mucho más que dos horas de televisión.

5. No trates de competir con los móviles o la televisión.

El amor por la lectura es un gran regalo que les podemos dar a los hijos, empecemos desde que son pequeños y verás que se les convertirá en un hábito!

 

 

 

El Secreto en la Confesión

Un sentimiento de pudor elemental lleva a la reserva de lo más íntimo, aunque, a juzgar por las confesiones de “escandalo” en televisión y redes sociales, parece que bastantes  lo hayan perdido. Evoco la confesión sacramental, tan distinto: en ella se recupera la  gracia de Dios perdida por el pecado, y llena de paz a los que se confiesan con humildad, arrepentimiento y propósito de enmienda. Y no sólo eso: en la confesión sacramental se operan verdaderos milagros, como afirma el Padre Manjackal, sacerdote carismático con don de sanación.  El Papa Francisco se confiesa con frecuencia, y se pone a confesar en los confesonarios de las parroquias del extrarradio de Roma que visita de vez en cuando. Estas palabras son suyas: “Es necesario confesar con humildad los propios pecados ante el sacerdote, que es nuestro hermano y representa a Dios y a la Iglesia. El sacramento de la Reconciliación es un don del Espíritu Santo que nos purifica” y, mediante el cual,  “recibimos el abrazo de la infinita misericordia del Padre”.  Ante el deseo de políticos de algunas naciones de que la Iglesia no respete el secreto de la confesión, la Santa Sede ha publicado un nuevo Documento, que  salió a la luz el 1 de julio. Subraya que el secreto de Confesión está en “ la esencia misma del cristianismo y de la Iglesia”; que su “inviolabilidad proviene directamente del derecho divino revelado y enraizado en la naturaleza misma del sacramento, hasta el punto de no admitir excepción”, y defiende “el secreto sacramental por parte del confesor, si fuese necesario hasta derramar la sangre”, de lo que existen testimonios admirables”. Es conocido el caso del sacerdote que, en la China comunista de Mao, se cortó la lengua con cuchilla de afeitar, el Padre Emaldi, para que no pudieran arrancarle el secreto de confesión. Ya en Europa, escribió el libro “Yo me corté la lengua”.   

Josefa Romo

 

 

Estas tres realidades

En las circunstancias actuales en Occidente, es muy necesario recordar la realidad del pecado, el rechazo del hombre de la ley moral que Dios le ha dado para caminar por la tierra y llegar al Cielo. De ese pecado Cristo ha venido a redimirnos.

Si nos limitamos a considerar la religión como una serie de comportamientos sociales, para cumplir unas indicaciones externas; convertiríamos las celebraciones litúrgicas, en asambleas populares, comunitarias; y no en encuentros con Dios, con Cristo, en el Espíritu Santo, que abren al hombre a la vida eterna, plenitud de la relación de Dios con el hombre, del hombre con Dios; No viviríamos la cercanía de Cristo en los Sacramentos que nos hacen fuertes ante el pecado, que nos ayudan a dar sentido al sufrimiento, que nos invitan al arrepentimiento, a pedir perdón, que nos recuerdan la existencia del infierno, y nos preparan para la alegría eterna del Cielo.

Así reducida, la religión no pasaría de ser una cierta acción socio-cultural que se convertiría en una cultura “del descarte”, una religión del “descarte” de Dios, del descarte de Cristo, del descarte de la Vida eterna.

Familia, si no recuperamos la verdad fundamental de la realidad de la familia: hombre y mujer, abiertos a la vida, la palabra familia pierde todo sentido y significado. Todo su aroma. Ya no sería un cauce para que el amor de Dios regara todos los caminos del mundo; ya dejaría de ser el camino para dar vida a tantas criaturas que está esperando la voz de Dios para venir al mundo. Los hijos no se “producen”; se engendran; y sólo de un padre, de una madre, aprenden a amar y a sufrir amando, que necesitan para el camino de la vida.

Historia, religión, familia. Descubramos de nuevo estas realidades que iluminan el corazón y la mente de las personas, y llegaremos a aprender a vivir en paz y concordia.

Jesús Domingo Martínez

 

 

La Europa que soñaron los Padres Fundadores

Está en juego la supervivencia de la Europa que soñaron los padres fundadores, aquellos hombres que creyeron en el trabajo común como base para restañar las heridas aún abiertas y se empeñaron en la consecución de una paz posible. Porque más allá de un proyecto ambicioso de carácter político o económico, los padres fundadores soñaron sobre todo una Europa capaz de levantar la mirada y de radicarse sobre un espíritu humanista, fundado a su vez sobre la firme convicción de la dignidad trascendente que posee cada ser humano. Desgraciadamente, en las dos últimas elecciones, de manera especial en las últimas, está Europa, la que soñaron los padres fundadores, empieza a estar en entredicho. 

Juan García.

 

 

Pensamientos y reflexiones 225

 

Los políticos y sus miedos a las elecciones:

                                Es lo que veo, es lo que denoto, “la casta” tiene miedo; no tiene ni la más somera idea de qué es lo que va a salir de las urnas el 28 de abril. Se prepararon ilusoriamente y mucho antes de “lo que autoriza la ley”, empezaron a “propagandearse” creyendo que así ganarían más y conseguirían más adeptos; pero “la tropa, el votante y en definitiva la mayoría o masa indefensa”, ya no cree en nadie, y toma la postura de reírse del que sea, diga lo que sea y prometa lo que sea; ya no cree en nadie (reitero) y me incluyo “en la masa”; luego entonces nos da lo mismo votar que no votar, elegir a uno que a otro, puesto que ya sabemos de antemano que como “profetizó Lampedusa”, aquí intentarán “cambiar algo para que no cambie nada”; puesto que la realidad es que los que gobiernan, gobernaron y gobernarán, no son los que nos hacen creer que lo hacen; tras de ellos, hay otras fuerzas que son las que marcan la política a seguir; y como estamos viendo hace ya mucho años, la política que han decidido es empobrecer a las masas mucho más explotándolas como lo que somos, súbditos indefensos; puesto que si cada vez “hay más ricos es porque cada vez hay más pobres; y estos últimos en masas ya incontables” y que desorientados no saben que hacer.

                                ¿Cómo nos van a justificar que siendo los avances técnicos cada vez mayores y que con menos hombres consiguen mucho más, los cada vez más hombres que expulsan las máquinas y la alta tecnología, viven cada vez peor, con menos seguridad en el futuro y por tanto mucho más destrozados, cuando con todo lo que digo debiera ser al contrario? Y no, no estoy insinuando ninguna revolución, sí UNA VERDADERA REEVOLUCIÓN (con dos ee); y la que debe llegar y aportar una muchísima mejor distribución de la riqueza o bienes obtenidos y que facilita, esa tan alta tecnología, que lo único que hace es… “construir cada vez más y mayor cantidad de ricos riquísimos y los que con su dinero pueden comprarlo todo… hasta la política”. (De mi artículo de igual titular 09-04-2019)

 

JUSTICIA Y PODER: ¿La justicia? ¡Ah sí! Esa es una ilusión de la que se viene hablando mucho antes de Cristo y seguro que antes incluso del “Maestro Pitágoras”; pero esa es una ilusión vieja como el tiempo, ya que lo que impera no es el consejo cristiano de, “ganar el pan con el sudor de tu frente”,  sino muy al contrario… “ganar ese pan especial y acompañado de todos los deleites del mundo, pero con el sudor del de enfrente; y eso tiene aún mucho tiempo por delante para llegar a unos niveles que agraden y conformen a todos; por tanto sigue habiendo un campo inmenso a conquistar y para ello tienen amplitud, los demagogos de siempre y que conquistan sin arriesgar  nada; para ello siguen contando con “masas inmensas de carne de cañón y que son los que pagando los tributos que sean, justificarán, el poder que los seguirá dominando; y eso sí, con las vistosidad de los desfiles, que en realidad lo que contienen, son armas para matar y para eso seguirán sirviendo, nos digan lo que nos digan y lo hagan como quieran, puesto que nunca se someterán a debates sobre estos temas que son tabú, como siempre lo fueron”. (Octubre de 2018)

 

PENSIONES: Para el que trabaja y para el parásito:

                                              Todo son justificaciones a lo injustificable, puesto que si no hay pensiones decentes para el que trabaja (“otra cosa muy diferente es el trato al parásito), en un país que fue y sigue siendo rico pero muy mal administrado; es porque los fondos públicos nunca se emplearon como debieran serlo para crear riqueza y prosperidad para todos; siempre fueron más o menos robados y malgastados; y esa es la verdad “histórica” y de la que nadie habla, puesto que los que tanto cacarean de “la falta de recursos” (los políticos y el gran capital); son los culpables de esos desaciertos, que ahora y siempre, los cargan a los más débiles y los que apenas ya sólo les queda el recurso del pataleo, mientras esas minorías se siguen forrando sin escrúpulo alguno; por tanto, “los discursos para idiotas” hay que rechazarlos y decirles “las verdades del barquero”, puesto que “cornudos y apaleados”, ya está bien; y llega el momento de hablar claro y conciso, para que al menos sepan que no somos idiotas. (De mi artículo de igual titular – Oct. 2018)

 

EN CORREO A UNA AMIGA: “Que le amarga uno de mis artículos”: Lo siento... "pero la vida es la vida y dura por demás", cerrar los ojos y los oídos a como nos tratan la plaga de canallas, ladrones y "otras yerbas", es querer vivir en sueños o en una nube y la vida no es eso... de acuerdo que se sufre, pero cuando se llega a  momentos de gozo, los que sabemos gozar, gozamos infinitamente más que "esa plaga de brutos"; la chusma o la masa y eso... es algo muy bueno... ¡buenísimo! Un abrazo 11-11-18

 

 

Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                      

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