Las Noticias de hoy 26 Junio 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 26 de junio de 2019      

Indice:

ROME REPORTS

Loreto: Francisco declara un Jubileo Lauretano para los viajeros aéreos

Consejo de Cardenales: Comienzan los trabajos de la 30ª Reunión en el Vaticano

España: Fallece en Costa de Marfil Teresa Cardona, voluntaria en un campo de trabajo

San Josemaría Escrivá de Balaguer, 26 de junio

SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ*:Francisco Fernandez Carbajal

“Un gran amor te espera en el Cielo”: San Josemaria

“San Josemaría siempre quiso servir a la Iglesia como ella quiere ser servida”

San José María Escrivá de Balaguer y su importancia hoy. : Vicente Montesinos

Vida de san Josemaría (1902-1975): José Luis Illanes

¿Por qué ir a misa? -¿Qué sentido tienen la misa y los sacramentos? : Iglesia y Nueva Evangelización

La celebración de la Eucaristía en la Iglesia primitiva: Gabriel Larrauri

7 tipos de padres tóxicos: así afectan al desarrollo sano de los niños: LaFamilia.info

Cáritas Venezuela alerta sobre la crítica situación de los derechos humanos en el país

No es necesario ni quizá aconsejable confesionalizar la bioética: Salvador Bernal

Dos “lunas de miel”: Ernesto Juliá

Jueves del Corpus Christi: José María López Ferrera

Corpus Christi 2019. Día de la Caridad: Josefa  Romo

El gran milagro de Guadalupe: Jesús Martínez Madrid

Más familia para una buena convivencia: JD Mez Madrid

En Andalucía y al lado del Mediterráneo: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

Loreto: Francisco declara un Jubileo Lauretano para los viajeros aéreos

Firma del acuerdo con la Fuerza Aérea Italiana

junio 25, 2019 13:54Larissa I. LópezPapa y Santa Sede

(ZENIT – 25 junio 2019).- Monseñor Fabio Dal Cin, arzobispo delegado de Loreto, anunció que el Santo Padre ha concedido “el Jubileo Lauretano para todos los viajeros aéreos, militares y civiles, y para todos aquellos que llegarán como peregrinos al Santuario de la Santa Casa desde todas las partes del mundo”.

Este jubileo se celebrará desde el 8 de diciembre de 2019 hasta el 10 de diciembre de 2020 en el consabido santuario de la Santa Casa (Loreto, Italia), dedicado a la Virgen de Loreto, patrona de los viajeros en avión.

Así informó la Delegación Pontificia para el santuario de la Santa Casa a través de un comunicado difundido el pasado 21 de junio de 2019.

El Jubileo Lauretano

“Agradecemos al Papa Francisco por este gran regalo del Jubileo”, indicó el arzobispo Fabio Dal Cin, “que se inaugurará el próximo 8 de diciembre, la solemnidad de la Inmaculada Concepción”, añadió.

Igualmente, el prelado señaló que, en esa fecha, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Santo Padre, presidirá la celebración inaugural de apertura de la Puerta Santa del Jubileo.

Asimismo, comunicó que la indulgencia plenaria del año jubilar se concederá a los fieles que atraviesen la Puerta Santa para “pedir el don de la conversión a Dios y reavivar la propia devoción filial hacia Aquella que nos protege en los viajes aéreos”, la Virgen de Loreto.

Igualmente, el arzobispo subrayó que María “nos ayudará a vivir espiritualmente la gracia del Jubileo para construir juntos la gran casa del mundo para la gloria de Dios y la concordia de todos los hombres”.

Firma del Acuerdo Técnico

El 21 de junio tuvo lugar la ceremonia en la que se aprobó el Acuerdo Técnico entre la Delegación Pontificia para el santuario de la Santa Casa y la Fuerza Aérea Italiana, con el objetivo de coordinar y promover eventos para 2020, año del centenario del anuncio de la Virgen de Loreto.

La ceremonia fue presidida por el arzobispo delegado de Loreto, Mons. Dal Cin, y el comandante del Centro de Formación Aviation English de Loreto, el coronel Davide Salerno. Para rubricar el acuerdo utilizaron la misma pluma empleada por el Papa Francisco el 25 de marzo, en en el santuario de Santa Casa, para hacer lo mismo con la primera copia de la Exhortación Apostólica Christus Vivit.

En el acto estuvieron también presentes el consejero regional de Cultura y Turismo, Moreno Pieroni, el alcalde de Loreto, Paolo Niccoletti, y representantes de la Asociación Arma Aeronautica Marche, de la Asociación Arma Aeronáutica Loreto y del Avioclub de Ancona.

El coronel Salerno destacó en su discurso que la firma de este acuerdo constituye un evento “particularmente significativo”: “Es la firma de un acto formal que sella un vínculo que ha durado cien años. Un vínculo que se extiende a todo el territorio que nos acoge y que nos observa presentes durante los diversos eventos religiosos, como la reciente peregrinación Macerata-Loreto, pero también en sucesos que, en cambio, nos involucran activamente, como en el caso de los ejercicios o desastres naturales, a brindar apoyo a la población”.

Al final de la ceremonia, los presentes se trasladaron a la basílica para rezar el Ángelus en la Santa Casa.

 

 

Consejo de Cardenales: Comienzan los trabajos de la 30ª Reunión en el Vaticano

Preside la sesión el Papa

junio 25, 2019 12:53Rosa Die AlcoleaVaticano

(ZENIT – 25 junio 2019).- Esta mañana ha comenzado la trigésima Reunión del Consejo de Cardenales en el Vaticano, que preside el Papa Francisco.

Las sesiones de trabajo tendrán lugar hasta el próximo 27 de junio, y se abordará principalmente el tema de la nueva Constitución Apostólica, cuyo título provisional es Praedicate evangelium, según indica Vatican News.

El importante documento pontificio está llamado a sustituir la actual Constitución Apostólica “Pastor Bonus” de San Juan Pablo II, en vigor desde el 28 de junio de 1988, compuesta de 193 artículos, 2 anexos y modificaciones posteriores introducidos con 3 motu proprio de Benedicto XVI (2011, 2013 y 2013) y 1 motu proprio de Francisco (2014).

Son seis los cardenales que formas este Consejo: El cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, el cardenal coordinador Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, el cardenal Reinhard Marx, el Cardenal Seán Patrick O’Malley, el cardenal Giuseppe Bertello y el cardenal Oswald Gracias. Asimismo, estuvieron presentes el secretario del Consejo, Mons. Marcello Semeraro, y el secretario adjunto, Mons. Marco Mellino.

Consultas sobre el nuevo documento

El borrador del texto, aprobado por el Consejo Cardenalicio, fue enviado a los Presidentes de las Conferencias Episcopales Nacionales, a los Sínodos de las Iglesias Orientales, a los Departamentos de la Curia Romana, a las Conferencias de Superiores Mayores y a algunas Universidades Pontificias, a las que se pidió que enviaran observaciones y sugerencias.

Del mismo modo, en la 29ª Reunión, celebrada del 8 al 10 de abril de 2019, los colaboradores del Pontífice trabajaron en la orientación misionera que la Curia debe asumir cada vez más a la luz de la nueva Constitución Apostólica, el compromiso de fortalecer el proceso de sinodalidad en la Iglesia a todos los niveles, la necesidad de una mayor presencia de mujeres en puestos de liderazgo en los órganos de la Santa Sede.

Finalmente, se reiteró que el Consejo Cardenalicio es “un órgano que tiene la tarea de ayudar al Papa en el gobierno de la Iglesia universal y que, por lo tanto, su función no termina con la publicación de la Constitución Apostólica”.

 

 

España: Fallece en Costa de Marfil Teresa Cardona, voluntaria en un campo de trabajo

Y 10 chicas resultan heridas

junio 25, 2019 18:25Rosa Die AlcoleaMundo

(ZENIT – 25 junio 2019).- La joven catalana Teresa Cardona, coordinadora del proyecto solidario Anitie Kossobe, en Yamoussoukro (Costa de Marfil), falleció el pasado 22 de junio de 2019, en un accidente de autobús, cuando viajaba con un grupo de voluntarias de Abiyán a Yamoussoukro, para trabajar en un campo de trabajo.

Entre las alumnas accidentadas, de entre 17 y 20 años, hay al menos 10 heridas, dos de ellas con fracturas pero no se teme por su vida.

Como resultado del accidente, la catalana Teresa Cardona, una de las coordinadoras, falleció. Diez voluntarias más resultaron heridas y fueron atendidas en un hospital de la zona.

Era el segundo año del proyecto, en el que participaban chicas de segundo de Bachillerato. Consistía en rehabilitar una escuela y ayudar a los niños de la zona. Iban 30 voluntarias: tres coordinadoras y 27 estudiantes de primeros cursos de universidad y preuniversitarias.

Persona de “gran vitalidad”

La joven catalana era la menor de una numerosa familia de varios hermanos, era numeraria del Opus Dei, y estaba muy volcada en el cuidado de sus padres, de edad muy avanzada.

Teresa era la subdirectora del colegio Canigó y del colegio mayor Bonaigua, ambos centros de Barcelona vinculados al Opus Dei. Era profesora, amante del deporte y de la música. Las que la conocieron, coincide en que era persona “de gran vitalidad”, y muchos la recuerdan alegre, frecuentemente con la guitarra o el acordeón. La joven catalana, de hecho, participaba en un grupo musical del Bonaigua, recoge el diario español La Vanguardia.

Pésame del Rey y del Gobierno

Su Majestad, el Rey de España, don Felipe VI, ha expresado el pésame por la muerte de Teresa y deseos de mejora para las víctimas del accidente: “La solidaridad recibe en ocasiones golpes difíciles de encajar. Para la familia de doña Teresa Cardona nuestro pésame y apoyo. Y nuestros esperanzados deseos de recuperación para las alumnas del Colegio Mayor Bonaigua heridas en Costa de Marfil”.

Del mismo modo, Josep Borrell Fontelles, ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación en funciones, ha enviado un mensaje por Twitter, a causa del siniestro: “Lamento la muerte en accidente de trafico de una monitora española en Costa de Marfil. Sigo atentamente situación del resto de jóvenes solidarias españolas heridas. Nuestra Embajada está trabajando intensamente en su asistencia”.

 

 

San Josemaría Escrivá de Balaguer, 26 de junio

Santo de la vida ordinaria

junio 25, 2019 09:08Isabel Orellana VilchesTestimonios de la Fe

«Fundador del Opus Dei. Juan Pablo II lo denominó el santo de la vida ordinaria. Piadoso desde la infancia, creció bajo el amparo de María. Fue un intrépido apóstol. Pudo ver en vida cómo su obra recibía la estima de papas y prelados»

«Cristo no nos pide un poco de bondad, sino mucha bondad. Pero quiere que lleguemos a ella no a través de acciones extraordinarias, sino con acciones comunes, aunque el modo de ejecutar tales acciones no debe ser común», decía el fundador del Opus Dei, un hombre que no ha dejado a nadie indiferente; no lo hizo en vida, ni después de traspasar las fronteras del cielo. Le han escoltado luces y sombras. Sin embargo, fue un aragonés noble, sencillo, que iba creciendo sin otro afán que abrir surcos en su acontecer para llenarlos de Dios, un apóstol que no cesó de evangelizar a tiempo y a destiempo, una persona con un carisma innegable que tuvo la gracia de llegar al corazón de la gente, un apasionado de Cristo y de María, fiel a la Iglesia.

Nació en Barbastro, Huesca, España, el 9 de enero de 1902, y tuvo en su hogar la primera escuela de fe. Envuelto en ternura, se nutrió con la piedad que le inculcaron sus padres. Se percibe en su vida el influjo del remanso de paz y de cariño que vistió su cuna. La promesa materna de llevarlo ante la Virgen al santuario de Torreciudad, le rescató de una previsible muerte a sus 2 años. Inquieto, enredado a veces en infantiles rabietas y escudado en su timidez, escuchaba de su madre sentencias de gran valor espiritual: «Josemaría, vergüenza sólo para pecar». Los ecos de la sabiduría que tuvo cerca se aprecian en «Camino», que ha alumbrado espiritualmente a muchas generaciones.

Vivió la dolorosa pérdida de tres hermanos. Sus ojos infantiles, aturdidos por las desgracias, le hacían temer su propia muerte, pero su madre le tranquilizaba recordándole que a él le protegía la Virgen. En su adolescencia la familia se trasladó a Logroño por haber quebrado el comercio que regentaban en Barbastro. Era muy observador y en las gélidas navidades de 1917 se percató de la presencia de un carmelita que caminaba descalzo por la nieve llevado de su amor a Dios. Las huellas que fue dejando impregnaron su espíritu de un irresistible deseo de ofrecer su vida. Abrió las puertas de su corazón y por ellas penetró la vocación al sacerdocio. Sus padres le apoyaron. Cursó estudios en Logroño y en Zaragoza, donde el cardenal Soldevilla, que apreció sus virtudes y cualidades, le designó inspector del seminario.

En 1923 inició la carrera de derecho. Solía acudir a la basílica del Pilar haciendo confidente a la Virgen de todas sus cuitas. Su padre murió en 1924, y al año siguiente fue ordenado sacerdote. Su primer destino fue Perdiguera. Allí en su breve estancia realizó una edificante labor pastoral dejando un recuerdo inolvidable en los fieles, labor también manifiesta en la parroquia zaragozana de san Pedro Nolasco, entre otras. Tenía don de gentes y gran sentido del humor.

En 1927 fue autorizado a culminar su preparación en Madrid, y comenzó a impartir clases de derecho en una academia. Los destinatarios de su apostolado fueron, además de los enfermos del patronato regido por las Damas Apostólicas, moradores de barrios de la periferia: modestas familias; un entorno cuajado de carencias y marcado por el dolor. Esta vertiente no colmaba del todo sus anhelos. De su interior brotaba la urgencia de llevar el evangelio por doquier. El 2 de octubre de 1928 en la iglesia de los Paules vio la inmensidad de un camino de santidad fraguado en la vida ordinaria al que todos eran llamados. Cada uno desde su lugar de trabajo se convertiría en heraldo para los demás de esa verdad que es Cristo, siempre al servicio de la Iglesia. Adelantándose al Concilio Vaticano II, recordó la invitación universal a la santidad, algo inusual en la época. Poco a poco, a través de amigos, profesores, estudiantes y sacerdotes fue constituyéndose el Opus. Rosario, misa y comunión diarias, oración, lecturas espirituales, disciplinas…, conformaban el ideario a seguir. Comenzó con varones, y a partir febrero de 1930 lo hizo extensivo a las mujeres. Un ingeniero argentino se afilió a la Obra y tras él fueron llegando otros miembros. En agosto de 1931, a través de una moción divina percibida mientras oficiaba la misa, entendió que «los hombres y mujeres de Dios» izarían «la Cruz con la doctrina de Cristo sobre el pináculo de toda actividad humana… Y vi triunfar al Señor, atrayendo a Sí todas las cosas».

Los inicios no fueron fáciles. Se refugiaba en la oración y ofrecía sus mortificaciones. Sufrió la pérdida de tres de los integrantes principales, y tuvo que volver al punto de partida. Mientras, iba adentrándose en los senderos de la mística, invadido de amor por el Padre, conciencia filial que forma parte del carisma que dio a la fundación. Hacía partícipes de sus sueños apostólicos a los estudiantes de Dya, academia fundada por él, animándoles a leer la vida de Cristo y a meditar en su Pasión.

Entre 1934 y 1935 trasladó este centro docente a una de las calles principales madrileñas, donde escribió Consideraciones Espirituales, el conocido «Camino» que vería la luz como tal en 1939. La Guerra Civil le puso en peligro de muerte; tuvo que refugiarse en un psiquiátrico y padeció incontables penalidades. Huyó a Barcelona y a Andorra. Luego pasó por Pamplona y se estableció en Burgos; allí dio nuevo impulso a la Obra. En 1939 volvió a Madrid. Comenzó a impartir numerosos retiros espirituales, y en 1941 surgieron sus detractores cargados con dardos de incomprensión, maledicencia, calumnias y falsedades, carcomidos por la envidia. En 1944 se ordenaron los primeros sacerdotes.

En 1946 viajó a Roma buscando la aprobación que le concedió Pío XII; luego se entrevistaría con Juan XXIII y con Pablo VI. La Obra se extendió por el mundo, alumbrada por él con su palabra, oración y penitencia, amparado en Cristo y en María, viajando incansablemente dentro y fuera de España. Gozó del apoyo de los pontífices y de muchos prelados. Padecía diabetes, y al final sufrió severas cataratas. Murió en Roma el 26 de junio de 1975. Juan Pablo II lo beatificó 17 de mayo de 1992 y lo canonizó el 6 de octubre del año 2002, denominándole el santo de la vida ordinaria.

 

 

SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ*

Memoria

— Llamada universal a la santidad.

— Filiación divina. Omnia in bonum!

— Apostolado. Trascendencia de nuestra vida.

I. Os daré pastores conforme a mi corazón, que os apacentarán con ciencia y experiencia (Antífona de entrada).

El Señor ha querido dar a su Iglesia a San Josemaría como un buen pastor conforme a su corazón, para recordar a todos los hombres que somos llamados por Dios a ser santos, a una amistad creciente con Él. Esta cercanía con el Señor se traduce en un deseo ardiente de acercar a muchos a Cristo, para que le amen y le sirvan en la entraña misma de la sociedad. A todos nos pide Dios convertir nuestras ocupaciones ordinarias en medio y camino que nos lleve a Él: la familia, el trabajo, la amistad, el deporte, el dolor y la enfermedad, los éxitos y los fracasos... Del mismo modo, nos pide el Señor a todos señalar el camino de santidad a otros, con el ejemplo y la palabra. Este fue el mensaje fundamental de este Santo sacerdote, fundador del Opus Dei.

El que escribe estas líneas pudo oír de sus labios comentar aquel mandato del Señor: Sed, pues, perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto1. Nos decía, con una convicción profunda, que Dios nos quería santos no a pesar del trabajo en medio del mundo, de las dificultades..., sino a través de esas realidades. Nos inculcaba que para todos, cada uno según sus propias circunstancias, tiene el Señor grandes planes. El Maestro llama a la santidad sin distinción de edad, profesión, raza o condición social. Todos podemos y debemos ser seguidores de Cristo, con una llamada personal y única. Dios nos escogió para ser santos y sin mancha en su presencia2.

Esta doctrina de la llamada universal de todos los bautizados a la santidad y a la santificación del trabajo profesional en la vida ordinaria, fue, por inspiración divina, uno de los puntos centrales de su mensaje espiritual. Volvió a recordar en nuestro tiempo que el cristiano, por su Bautismo, está llamado a la plenitud de la vida cristiana.

El Concilio Vaticano II declaró para toda la Iglesia esta «vieja y nueva» doctrina evangélica: «Todos los fieles, cualesquiera que sean su estado y condición, están llamados por Dios, cada uno en su camino, a la perfección de la santidad, por la que el mismo Padre es perfecto»3. Todos y cada uno de los fieles. Nosotros y quienes nos rodean.

Llama el Señor a los cristianos que están en medio del mundo en plena ocupación profesional, para que allí le encuentren, realizando aquella tarea según el espíritu de Jesucristo; es decir, con perfección humana y, a la vez, con sentido sobrenatural: ofreciéndola a Dios, viviendo la caridad con las personas que tratan, con espíritu de servicio..., y así contribuir a la santificación del mundo.

Hoy podemos preguntarnos en nuestra oración ante el Señor si le damos gracias con frecuencia por esta llamada a seguirle de cerca, si estamos correspondiendo a las gracias recibidas mediante una lucha ascética clara y vibrante por adquirir las virtudes, si estamos vigilantes para rechazar todo aburguesamiento, que enflaquece los deseos de santidad y deja el alma sumida en la mediocridad espiritual y en la tibieza. No basta con querer ser buenos; el Señor nos pide que nos esforcemos decididamente por ser santos. Hoy puede ser un buen día para recomenzar en nuestro camino hacia el Señor.

II. Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios4, leemos en la segunda lectura de su Misa.

El sentido de la filiación divina nos ayuda a descubrir que todos los acontecimientos de nuestra vida son dirigidos, o permitidos para nuestro bien, para nuestra santidad, por la amabilísima Voluntad de Dios. Él, que es nuestro Padre, nos concede lo que más nos conviene y espera que sepamos ver su amor paternal tanto en los acontecimientos favorables como en los adversos. Este espíritu de confianza en Dios, de filiación, estuvo siempre en el núcleo de las enseñanzas de San Josemaría, «el santo de lo normal», como lo calificó Juan Pablo II.

El que ama a Dios con obras sabe que, pase lo que pase, todo será para bien, si no busca más que la gloria de Dios. Y, precisamente porque ama, pone los medios para que el resultado sea bueno. Y, después, se abandona en Dios y descansa en su providencia amorosa. Ante los acontecimientos en los que nada podemos hacer, diremos en la intimidad de nuestro corazón: Omnia in bonum, todo es para bien. Era esta una jaculatoria que San Josemaría empleó en muchas ocasiones: resuena aún en mis oídos. Expresaba su confianza en Dios Padre, fundamento de su vida y de sus enseñanzas.

Con esta convicción, también nosotros viviremos con optimismo y esperanza y superaremos así muchas dificultades en nuestro camino de santidad: «Parece que el mundo se te viene encima. A tu alrededor no se vislumbra una salida. Imposible, esta vez, superar las dificultades.

»Pero, ¿me has vuelto a olvidar que Dios es tu Padre?: omnipotente, infinitamente sabio, misericordioso. Él no puede enviarte nada malo. Eso que te preocupa, te conviene, aunque los ojos tuyos de carne estén ahora ciegos.

»Omnia in bonum! ¡Señor, que otra vez y siempre se cumpla tu sapientísima Voluntad!»5.

Omnia in bonum! ¡Todo es para bien! Todo lo podemos convertir en algo agradable a Dios, y en bien del alma. Esta expresión, que resume la de San Pablo, puede servirnos para repetirla a modo de jaculatoria, como una pequeña oración, que nos dará paz en momentos difíciles.

III. El Evangelio de la Misa6 nos muestra a Jesús junto al lago de Genesaret con una gran muchedumbre que deseaba oír la Palabra de Dios. Pedro y sus compañeros de trabajo lavaban las redes después de bregar una noche sin pescar nada. Y Jesús, que quiere meterse hondamente en el alma de Simón, le pidió la barca y le rogó que la apartase un poco de tierra.

Cuando terminó de hablar, Jesús dijo a Simón: Guía mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca. Quizá han terminado de limpiar las redes de las algas y del fango del lago. Todo invita a la excusa: el cansancio, las redes lavadas y preparadas para la noche siguiente, la inoportunidad de la hora... Pero la mirada de Jesús, el modo imperativo y a la vez amable de dar la orden, el supremo atractivo que Cristo ejerce sobre las almas nobles... llevaron a Pedro a embarcarse de nuevo. El único motivo de echarse al agua con las barcas es Jesús: Maestro –le dice Pedro–, hemos estado fatigándonos durante toda la noche y nada hemos pescado; pero no obstante, sobre tu palabra echaré las redes. In verbo autem tuo..., sobre tu palabra. Esta es la gran razón de los santos, la que movió a San Josemaría en todos los momentos de su vida. In verbo autem tuo... En tu palabra; porque Tú lo quieres, porque esa es Tu voluntad...

Si en alguna ocasión aparece esa fatiga peculiar que origina el no ver frutos en la vida interior personal o en el apostolado, en la familia, cuando encontramos motivos humanos para abandonar la tarea, debemos oír la voz de Jesús que nos dice: Duc in altum, guía mar adentro, deja la orilla, recomienza de nuevo, vuelve a empezar... en mi Nombre.

¡Cuántas veces nos dijo San Josemaría que en la vida interior, en el apostolado habíamos de estar siempre recomenzando! El secreto de la victoria definitiva está en saber «volver a empezar», en intentarlo una vez más con la ayuda de la gracia, acudiendo con más confianza a la intercesión de la Virgen, que es garantía de que todo saldrá adelante.

Pedro se adentró en el lago con Jesús en su barca y pronto se dio cuenta de que las redes se llenaban de peces; tantos, que parecía que se iban a romper. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran y les ayudasen. Vinieron y llenaron las dos barcas de modo que casi se hundían. Dios premia siempre, con frutos incontables, el deseo de hacer su voluntad.

Así ha sucedido con el Opus Dei, que San Josemaría fundó por inspiración divina7 el 2 de octubre de 1928. Su fe operativa consiguió, con la ayuda del Señor, que se removiesen los obstáculos que se levantaban. Será también nuestra fe y el deseo de hacer la voluntad de Dios, con la ayuda de la gracia y la intercesión de la Virgen, la que vencerá los obstáculos que podamos encontrar en nuestra vida, en el apostolado, en el ambiente...También nosotros podremos decir: Omnia possum in eo qui me confortat!8, ¡todo lo puedo en Aquel que me conforta! Y «para cumplir una misión tan comprometedora, es necesario un incesante crecimiento interior, alimentado por la oración. San Josemaría fue un maestro en la práctica de la oración, a la que consideraba como una extraordinaria «arma» para redimir el mundo (...). Este es el fondo, el secreto de la santidad y del auténtico éxito de los santos»9.

Después de aquel milagro, Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora serán hombres los que has de pescar. Pedro y quienes le habían acompañado en la pesca, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron.

Jesús comenzó pidiendo a Pedro una barca y se quedó con su vida. Algo parecido a lo que hizo con nosotros. El Apóstol dejaría tras de sí una huella imborrable en tantas almas que Cristo mismo puso a su alcance. Comenzó correspondiendo en lo pequeño y el Señor le manifestó los grandes planes que para él, pobre pescador de Galilea, tenía desde la eternidad. Nunca pudo sospechar la trascendencia y el valor de su vida. Miles y miles de personas encendieron su fe en la de aquellos que siguieron a Jesús, y muy particularmente en la de Pedro, que sería la roca, el cimiento inconmovible de la Iglesia.

La correspondencia fiel de San Josemaría, tuvo unas consecuencias insospechadas en pocos años: gracias a su oración y mortificación, y al influjo espiritual, miles de personas de los cinco continentes de toda condición social han dedicado su vida, en las circunstancias ordinarias, a seguir de cerca al Señor al servicio de la Iglesia y de todas las almas. La Prelatura del Opus Dei es como un río de paz para tantas personas en medio del mundo, en la entraña misma de la sociedad.

Tampoco nosotros podemos sospechar las consecuencias de nuestro seguimiento fiel a Cristo. Cada vez nos pide más correspondencia a lo que, de modo diferente, nos va manifestando. Si somos fieles, un día nos hará contemplar el Señor la trascendencia de nuestro seguirle con obras:

«Eres, entre los tuyos –alma de apóstol–, la piedra caída en el lago. -Produce, con tu ejemplo y tu palabra un primer círculo... y este, otro... y otro, y otro... Cada vez más ancho.

»¿Comprendes ahora la grandeza de tu misión?»10.

No pongamos límites al Señor, como no los puso Pedro, ni los santos, ni tampoco San Josemaría, cuya fiesta litúrgica celebramos hoy.

Nuestra Madre Santa María, Stella maris, Estrella del mar, nos enseñará a ser generosos con el Señor cuando nos pida prestada una barca y cuando quiera que le demos la vida entera. Ninguna condición hemos puesto para seguirle.

1 Mt 5, 48. — 2 Ef 1, 4. — 3 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 11. — 4 2ª lectura de la Misa. Rom 8, 28. — 5 San Josemaría Escrivá, Vía Crucis, IX, n. 4. — 6 Lc 5, 1-11. — 7 Cfr. Juan Pablo II, Const. Apost. Ut sit, 28-XI-1982, Proemio. — 8 Flp 4, 13. — 9 Juan Pablo II. Homilía en la Misa de la canonización de San Josemaría. Roma 6-X-2002. — 10 Camino, n. 831.

Nació en Barbastro (España) el 9-I-1902 y murió en Roma, en olor de santidad, el 26-VI-1975. Ordenado sacerdote el 28-III-1925, comenzó su labor pastoral en parroquias rurales, continuando después en las barriadas pobres y hospitales de Madrid, entre estudiantes universitarios y personas de toda clase y condición. El 2-X-1928, Dios le hizo ver un camino de santidad para cristianos corrientes que viven en medio del mundo, al que llamó más tarde Opus Dei. Contó desde el principio con la aprobación de la autoridad diocesana, y, desde 1943, también con la aprobación de la Santa Sede. A partir de 1928, la vida de San Josemaría Escrivá coincide con la historia y el desarrollo del Opus Dei. El camino jurídico de esta institución llegó al término deseado por su Fundador solo después de su muerte, el 28-XI-1982, cuando Su Santidad Juan Pablo II lo erigió en Prelatura personal.

Entre sus escritos de espiritualidad publicados se cuentan: Camino, Santo Rosario, Es Cristo que pasa, Amigos de Dios, Vía Crucis, Surco, Forja. Han sido traducidos a numerosos idiomas, y frecuentemente citados en estos volúmenes de Hablar con Dios.

Fue beatificado en Roma por Juan Pablo II el 17 de mayo de 1992, y canonizado también en Roma el 6 de octubre de 2002, ante una multitud de personas que llenaba la plaza de San Pedro y sus alrededores.

El cuerpo de San Josemaría Escrivá reposa en la iglesia prelaticia de Santa María de la Paz, en la sede central de la Prelatura del Opus Dei, en Roma.

 

 

“Un gran amor te espera en el Cielo”

Cada vez estoy más persuadido: la felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la tierra. (Forja, 1005)

(Hoy, la Iglesia celebra la festividad de san Josemaría Escrivá)


Escribías: "«simile est regnum caelorum» –el Reino de los Cielos es semejante a un tesoro... Este pasaje del Santo Evangelio ha caído en mi alma echando raíces. Lo había leído tantas veces, sin coger su entraña, su sabor divino".
¡Todo..., todo se ha de vender por el hombre discreto, para conseguir el tesoro, la margarita preciosa de la Gloria! (Forja, 993)
Piensa qué grato es a Dios Nuestro Señor el incienso que en su honor se quema; piensa también en lo poco que valen las cosas de la tierra, que apenas empiezan ya se acaban...
En cambio, un gran Amor te espera en el Cielo: sin traiciones, sin engaños: ¡todo el amor, toda la belleza, toda la grandeza, toda la ciencia...! Y sin empalago: te saciará sin saciar. (Forja, 995)
¡No hay mejor señorío que saberse en servicio: en servicio voluntario a todas las almas!
–Así es como se ganan los grandes honores: los de la tierra y los del Cielo. (Forja, 1045)

 

 

“San Josemaría siempre quiso servir a la Iglesia como ella quiere ser servida”

El Nuncio Apostólico en Uruguay califica a San Josemaría Escrivá como un “extraordinario hijo de la Iglesia” y se alegra por la expansión apostólica de la labor del Opus Dei, que constituye un fermento apostólico nuevo y un motivo de esperanza no pequeña para todos los hijos de la Iglesia. Como polaco que es, también se felicita de la labor del Opus Dei en su país

Testimonios

Opus Dei - “San Josemaría siempre quiso servir a la Iglesia como ella quiere ser servida”

  Agradezco de corazón la invitación que se ha hecho al Nuncio Apostólico en Uruguay, de adherirse al homenaje que numerosas personas de ambientes muy distintos de la sociedad uruguaya han querido ofrecer, en el Centenario de su nacimiento, a San Josemaría Escrivá, un extraordinario hijo de la Iglesia que el 6 de octubre del 2002 fue canonizado por el Santo Padre Juan Pablo II.

Durante el mes de junio de ese año tuve ocasión de recorrer con detenimiento una exposición sobre la vida del Beato Josemaría Escrivá, desarrollada en el Cabildo de Montevideo, que no fue para mí un acto protocolar sino un tiempo para alabar y dar gracias a Dios.

En efecto, leyendo los textos y contemplando las fotografías que componían la muestra, pude comprobar una vez más cuánta razón tenía el venerado Papa Pablo VI cuando afirmaba con gozo que el Opus Dei era una expresión de "la perenne juventud de la Iglesia": en estos tiempos de convulsión, en su seno ha nacido, ha crecido y se ha extendido por el mundo un fermento apostólico nuevo, que unido a tantas beneméritas instituciones de la Iglesia, constituye un motivo de esperanza no pequeña.

Pude comprobar (...) cuánta razón tenía el venerado Papa Pablo VI cuando afirmaba con gozo que el Opus Dei era expresión de la "perenne juventud de la Iglesia"

Basta con leer los Hechos de los Apóstoles y las epístolas del Nuevo Testamento, para comprender la viva conciencia que tenían los primeros cristianos de la llamada a la santidad, con la que Dios ha distinguido a sus hijos sellados por el carácter bautismal. San Josemaría Escrivá, recuperando esa sobrenatural certeza y concretándola en la experiencia del trabajo cotidiano -vocación original del hombre, creado por Dios "para trabajar" (Gen 2,15)- vino a descubrir a los fieles laicos un extraordinario horizonte de encuentro con Jesucristo y, por Él, de servicio a los hombres, en las circunstancias de la vida ordinaria.

En la exposición a la que me refería, el itinerario seguido por el Fundador del Opus Dei estaba plásticamente reflejado en las fotografías de sus primeros años de vida, de sus tiempos de seminarista, de sacerdote joven que, no obstante sus pocos años de ministerio, era llamado por obispos de toda España, que conocían bien su profunda vida espiritual, para predicar a sus sacerdotes. Al mismo tiempo que atendía todos los encargos que le hacían –San Josemaría siempre quiso "servir a la Iglesia como ella quiere ser servida"-, Mons. Escrivá de Balaguer iba contagiando su amor a Dios y su hambre de santidad a hombres y mujeres, que descubrían en su espíritu un llamado de Dios para buscar la santidad en medio del mundo, amando su condición secular.

Así, de una forma, si se me permite la expresión, tan asombrosamente natural, y contando siempre con la aprobación y el aliento de la Jerarquía, Escrivá fue dando vida a un organismo apostólico que calificaba, utilizando un modismo aragonés, como "una partecica de la Iglesia". En efecto, nacida de la Iglesia y en la Iglesia, esta Obra de Dios refleja la realidad de quienes forman la inmensa mayoría del Pueblo de Dios: hombres y mujeres, laicos y sacerdotes, solteros, casados, jóvenes y ancianos, de todas las profesiones y oficios como hay en la sociedad, unidos en la común aspiración a la santidad y ejerciendo cada uno el apostolado, siguiendo el espíritu del santo Fundador.

La expansión del Opus Dei por el mundo -a nuestro querido Uruguay llegaron sus primeros miembros en 1956- y los abundantes frutos apostólicos que la acompañaron, hicieron necesario que el Santo Padre Juan Pablo II le diera una configuración jurídica que respondiera convenientemente a su naturaleza, para el mayor bien, tanto de la Iglesia como de la misma institución.

San Josemaría siempre quiso "servir a la Iglesia como ella quiere ser servida"

El 28 de noviembre de 1982, el Papa erigió el Opus Dei como la primera Prelatura personal, dentro de la estructura jerárquica de la Iglesia, otorgándole asimismo sus estatutos. El propio Juan Pablo II subrayaba que esta fórmula jurídica, auspiciada por el Concilio Vaticano II y hecha eficaz con ese acto profundamente estudiado, pone de relieve sin privilegios, como siempre lo quiso San Josemaría Escrivá, "la pertenencia de los fieles laicos tanto a su Iglesia particular como a la Prelatura, a la que están incorporados" y, por ello, "hace que la misión peculiar de la Prelatura confluya en el compromiso evangelizador de toda la Iglesia particular, tal como previó el Concilio Vaticano al plantear la figura de las prelaturas personales" (Discurso, 17-III-2001).

El centenario del Fundador del Opus Dei coincide providencialmente con su canonización. En cada uno de estos actos magisteriales, con los que el Santo Padre nos alegra y a los que no podemos acostumbrarnos, todos los hijos de la Iglesia somos invitados a dar gracias a Dios por el don de su gracia, a la vez que honramos a esos hermanos nuestros por su correspondencia heroica al don recibido, y los recibimos como intercesores y como ejemplo de la santidad a la que todos estamos llamados.           

Es evidente que "los caminos de la santidad son múltiples -enseña el Papa en la Carta Apostólica Novo Millenio Ineunte- y adecuados a la vocación de cada uno" (n. 31). La canonización de Josemaría Escrivá supone en la Iglesia un punto de inflexión en el plan de "proponer de nuevo a todos, con convicción, este 'alto grado' de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección" (ib.)

La canonización de Josemaría Escrivá supone en la Iglesia u punto de inflexión

En los años 1961-1962 fui estudiante en la Universidad Católica de Lublin (Polonia) y asistí algunas veces, junto a otros sacerdotes, a las conferencias “ideológicas”, en la que un miembro del partido comunista trataba “asuntos de la religión” en el marco de la concientización de los estudiantes de la Universidad María Curie-Sklodwska (de Estado) en la misma ciudad de Lublin. Recuerdo que el conferenciante habló una vez del Opus Dei, presentándolo como una poderosa organización de la Iglesia Católica, que estaba penetrando en todos los sectores de la sociedad civil, imbuyéndolos de la doctrina cristiana, por supuesto, contraria y hostil hacia la dialéctica marxista-leninista. Afortunadamente -decía aquel ideólogo del partido- no existe ninguna célula del Opus Dei en Polonia, aunque es posible que haya polacos que adhirieron a esa institución en el extranjero. Hemos de cuidar, pues, de que no penetren en nuestra sociedad, concluyó el conferenciante... Como quiera que sea, pienso que antes de la caída oficial del régimen totalitario de mi patria, ya estaban obrando miembros de esa “organización poderosa” tan temible para el comunismo, en algunas ciudades polacas.

Nacida de la Iglesia y en la Iglesia, esta Obra de Dios refleja la realidad de quienes forman la inmensa mayoría del Pueblo de Dios

Hoy también en Polonia la labor apostólica del Opus Dei es una gozosa realidad de servicio. Ruego a su santo Fundador que ayude a la Iglesia entera a cumplir su misión con renovado vigor: “Vosotros sois la sal de la tierra” (Mt 5,13), “vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,14).

 

 

San José María Escrivá de Balaguer y su importancia hoy.

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San Josemaria en una famosa fotografía dirigiéndose a los fieles

La importancia del mensaje, el carisma y las aportaciones de San José María Escrivá de Balaguer para nuestra santa madre Iglesia son indudables e innegables. Y lo siguen siendo en el día de hoy. 

Por supuesto, quedan patentes en el Opus Dei, y todo lo que ha significado para la Iglesia española y universal en el último siglo, aportando una fuerza en la fidelidad al Evangelio que ha sido vital en muchos momentos de la historia de nuestra iglesia.

Pero la trascendencia del mensaje de San Josemaria va más allá de la importante labor que el Opus Dei desarrolla en el mundo.

Pero la trascendencia del mensaje de San Josemaria va más allá de la importante labor que el Opus Dei desarrolla en el mundo.

Hoy existen ideas que pareciera que toda la vida han sido trabajadas; pero que sin la aportación de San Josemaria no formarían parte del bagaje y del acervo pastoral de la Iglesia Catolica; y de ahí la evidente llamada que nuestro Señor ha realizado al fundador del Opus Dei para explorar y profundizar en ese carisma. 

Me refiero a la visión de una Iglesia que se abre al mundo, llevando su misión redentora a todos los ámbitos de la sociedad. Una misión redentora llevada adelante desde la vida ordinaria de todos y cada uno de los bautizados en Cristo, que a través de su trabajo y de su actuación cotidiana, pretenden renovar el mundo a imagen y semejanza de Nuestro Señor.

San Josemaria, muy joven, allá por el año 1928, se encuentra con el arraigo en nuestra fe de que la salvación está guardada para aquel que se retira del mundo, reza y contempla todo el día, sin contacto con la sociedad, y sin por tanto mancha alguna. De esta forma, quienes no son clérigos, monjes, o eremitas, pasarán por el purgatorio, para limpiar sus máculas que el contacto con el mundo les produjo.

Pero Escrivá guiado por el espíritu Santo, luchará por el valiente mensaje de manifestar que todos los cristianos sin excepción están llamados a la santidad, y a la máxima intimidad con Cristo, que deben alcanzar en la oración y la contemplación diarias, en medio de sus trabajos, tareas y labores cotidianas, y entendiendo a la perfeccion aquel «en el mundo pero sin ser del mundo». 

Pero Escrivá guiado por el espíritu Santo, luchará por el valiente mensaje de manifestar que todos los cristianos sin excepción están llamados a la santidad, y a la máxima intimidad con Cristo

En el trabajo, en el matrimonio, en la familia, en la sociedad, en la política, en la empresa, en el taller, en el barrio… A Dios se le encuentra en todas partes, y en todos y cada uno de esos lugares y momentos hemos de ser testigos fieles de su amor para los demás.

Es en la perspectiva de este cambiante considerar de la misión del fiel cristiano, donde entendemos las incomprensiones y rechazos a las que tuvo que enfrentarse San José María; y que, en muchas ocasiones ha tenido que sufrir también su obra. Y es que San José María sufrió porque se le vió demasiado moderno,  y su obra porque se le ha tachado, injustamente, de demasiado conservadora.  Todo un conjunto de injustas descalificaciones mundanas, apartadas de la relevante misión que para el Santo y su obra tenía reservada Nuestro Señor. 

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San Josemaria junto a su primer sucesor, el Beato Álvaro del Portillo

Nos encontramos por tanto, ante un redescubrimiento de la vida ordinaria, perfectamente reflejado en estas palabras de Escrivá de Balaguer en 1967: “el mundo no es malo, porque ha salido de las manos de Dios, porque es criatura suya, porque Yaveh lo miró y vio que era bueno. Somos los hombres los que lo hacemos malo y feo, con nuestros pecados y nuestras infidelidades. No lo dudéis, hijos míos: cualquier modo de evasión de las honestas realidades diarias es para vosotros, hombres y mujeres del mundo, cosa opuesta a la voluntad de Dios. Por el contrario, debéis comprender ahora –con una nueva claridad- que Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fábrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir”. 

Ya no se trata por lo tanto simplemente de salvarse de un mundo que ha caído en el pecado, sino de descubrir en ese mundo lo santo, lo bueno y lo divino. E importante en ese descubrimiento será el trabajo, querido por Dios para el hombre, y que colabora por tanto en la redención  y la santificación de la criatura humana, como parte del plan salvífico de Dios.

Ello nos lleva a una consecuencia revolucionaria: la salvación del hombre y la salvación del mundo van unidas. La santificación del mundo, por medio del trabajo, está entrelazada con la santificación de la persona. Así, la participación en las cosas del mundo, especialmente por medio del trabajo, no deben verse como un obstáculo para la unión con Dios, sino precisamente como un medio para llegar a dicha unión y santidad. 

La asunción de este mensaje, la práctica diaria del mismo, la vida en oración perpetua, en cada minuto y en cada hora de estudio, de trabajo, de apostolado en la vida cotidiana; es un mensaje que ha enaltecido la fe y acercado cientos de miles de almas a Dios, en un carisma que Dios ha regalado a su Iglesia, y que en San Josemaria ha tenido su máximo exponente.

San José María sigue siendo hoy un modelo y referente para todos aquellos que deseamos santificarnos en la vida diaria, y llevar a todos los rincones del mundo y a cada aspecto de la sociedad lo mejor que tenemos: nuestra fe, nuestro compromiso, y nuestra fidelidad a Dios Todopoderoso, en su hijo Jesucristo, y en la unidad del Espíritu Santo.

Gracias, Dios mío, por haber estado tan grande con nosotros.
                                        Vicente Montesinos

 

Vida de san Josemaría (1902-1975)

Breve biografía de san Josemaría Escrivá de Balaguer, por José Luis Illanes

En su predicación, san Josemaría Escrivá de Balaguer –son palabras, pronunciadas por Juan Pablo II el 6 de octubre de 2002, durante la solemne Misa de canonización– no cesaba de “invitar a que la vida interior, es decir, la vida de relación con Dios, y la vida familiar, profesional y social, hecha de pequeñas realidades terrenas, no estuvieran separadas, sino que constituyeran una única existencia ‘santa y llena de Dios’”. Estas afirmaciones constituyen un buen resumen del mensaje de san Josemaría y, a la vez, de su figura, ya que mensaje, actividad sacerdotal y figura humana estuvieron en él fundidas en unidad. Más información en www.josemaríaescrivá.info

 

ÉPOCA DE BARBASTRO Y LOGROÑO

Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás nació en Barbastro (Huesca, España) el 9 de enero de 1902. Su familia entronca, por ambas ramas, con la tradición cultural y cristiana de España, así como con la personalidad y las tradiciones de Aragón. Recibió de sus padres –José Escrivá y Corzán y María de los Dolores Albás y Blanc– un claro ejemplo de fe y de piedad recias y sinceras. En Barbastro fue bautizado y allí completó su iniciación cristiana. Fue alumno del Colegio de los PP. Escolapios de Barbastro, donde cursó la enseñanza primaria y comenzó los estudios de Bachillerato, que terminó en el Instituto Nacional de Logroño, donde se había trasladado la familia en 1915.

José Escrivá y Dolores Albás tuvieron una primera hija, Carmen, nacida en 1899, a la que siguió Josemaría y luego otras tres hermanas. Los inicios de la década de 1910 constituyeron un periodo de prueba para la familia, marcado por el fallecimiento de las tres hijas menores y un fuerte revés económico que provocó la marcha desde Aragón a la cercana Rioja. Todo esto dejó huella en Josemaría, pero no agrió su carácter. Siguió siendo un joven espontáneo y abierto, que proseguía con aplicación sus estudios. A la edad de 16 años, al contemplar, en un día de crudo invierno, las huellas dejadas por un carmelita descalzo al caminar por las calles nevadas de Logroño, sintió como un aldabonazo en lo más profundo de su alma.

san Josemaría Escrivá con sus hermanos

Josemaría Escrivá con sus hermanos, Santiago y Carmen.

Comenzó entonces a sentir que Dios quería algo de él, pero no sabía lo que era. En esa tesitura decidió abandonar los proyectos profesionales que había venido considerando –estudiar Arquitectura–, para hacerse sacerdote, persuadido de que así podría ser instrumento plenamente disponible para el cumplimiento del querer de Dios. Siguió un largo periodo de fe y de oración intensas, pidiendo a Dios que le manifestara ese querer que había barruntado, pero sin alcanzar todavía a percibirlo del todo. Domine, ut videam! (¡Señor, que vea!) Domine ut sit!, Domina, ut sit! (¡Señor, que sea! ¡Señora, que sea!) fueron durante años jaculatorias, repetidas de continuo, bien expresivas de su vida de oración y de su firme determinación de poner por obra lo que Dios quisiera.

ZARAGOZA: ORDENACIÓN SACERDOTAL

En 1918 inició los estudios eclesiásticos, como alumno externo, en el Seminario de Logroño, y los prosiguió a partir de 1920 –ya como alumno interno– en Zaragoza, residiendo en el Seminario de San Francisco de Paula y acudiendo a las aulas del seminario conciliar, que tenía en aquel momento rango de Universidad Pontificia. En 1922 el Cardenal Arzobispo de Zaragoza, don Juan Soldevila, que apreció pronto sus cualidades espirituales y humanas, le confirió el cargo de Inspector en el Seminario de San Francisco de Paula, en el que vino por tanto a ejercer durante años funciones de Superior. Junto a su formación teológica, se cimentó su formación espiritual, con la frecuente lectura de clásicos de la literatura espiritual y sobre todo con su personal oración: más de una noche pasó largas horas ante el Sagrario de la iglesia del Seminario, en diálogo íntimo y confiado con el Señor, y sus visitas a la Virgen del Pilar, tan unida a la piedad zaragozana, fueron prácticamente diarias.

San Josemaría Escrivá, en el seminario de Zaragoza.

Josemaría Escrivá, en el seminario de Zaragoza.

Ya avanzados los estudios teológicos y obtenida la oportuna autorización de sus superiores, comenzó en 1923 los estudios de Derecho Civil en la Universidad de Zaragoza, que cursó aprovechando, primero, los periodos de vacaciones estivales y, después, el tiempo del que le permitieron disponer sus ocupaciones pastorales. La realización de los estudios de Derecho obedecía a un deseo manifestado por su padre, años atrás, cuando le dio a conocer la decisión de hacerse sacerdote. Su presencia en las aulas de la Facultad de Derecho y el trato con profesores y alumnos de ese centro docente, constituyeron, sin duda, una experiencia que contribuyó a enriquecer su personalidad y a prepararle para la orientación que posteriormente debería dar a su vida y a su actividad.

Ordenado diácono el 20 de diciembre de 1924, recibió el presbiterado el 28 de marzo de 1925. Poco antes de la consagración sacerdotal, en noviembre de 1924, falleció su padre. La familia –su madre, su hermana Carmen y un hermano pequeño, Santiago, nacido en 1919– dejó Logroño para trasladarse a Zaragoza, quedando en gran parte a su cargo. Josemaría inició su ministerio sacerdotal en la parroquia de Perdiguera (de la diócesis de Zaragoza), y lo continuó luego en Zaragoza.

MADRID: LA FUNDACIÓN DEL OPUS DEI

Completada la Licenciatura en Derecho, el deseo de proseguir esos estudios hasta la obtención del Doctorado –reservado entonces a la Universidad de Madrid, que tenía la condición de Universidad Central– le llevaron, unido a otros factores, a trasladarse, junto con su familia, a la capital de España. En la primavera de 1927 se instaló en Madrid, en donde desarrolló una incansable labor sacerdotal de atención a pobres y desvalidos de los barrios extremos, y en especial a los incurables y moribundos de los hospitales de Madrid. Se hizo cargo de la capellanía del Patronato de Enfermos, labor asistencial de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón. La preparación de miles de niños para la primera Confesión y la primera Comunión y los recorridos por las barriadas populares de un Madrid en plena expansión, con los problemas sociales consiguientes, le ocuparon muchas horas en una intensa dedicación al ejercicio del ministerio. La necesidad de allegar fondos para sostener a su familia –en situación económica muy precaria–, le llevó a ser profesor en una academia universitaria, especializada en los estudios jurídicos. Todo esto, unido a una oración, mortificación y penitencia perseverantes, hizo que aquellos años constituyeran una verdadera “prehistoria” del Opus Dei, es decir, un periodo de profundización espiritual que le preparaba para acoger lo que Dios se disponía a manifestarle.

El 2 de octubre de 1928, durante unos ejercicios espirituales, el Señor le mostró con claridad lo que hasta ese momento había solo barruntado. Nació así el Opus Dei, como realidad marcada a fuego en el alma de un joven sacerdote que dedicó desde entonces a ese fin todas sus energías. En un primer momento, la natural humildad y una cierta prevención ante el proliferar de fundaciones, le llevó a preguntarse si no existiría ya una institución que realizara los ideales que Dios le había mostrado. No obstante, desde el mismo 2 de octubre, comenzó a buscar quienes pudieran entenderlo. Pronto percibió sin embargo que no había nada que correspondiera a lo que Dios deseaba de él. Movido siempre por el Señor, el 14 de febrero de 1930 comprendió que debía extender el apostolado del Opus Dei también entre las mujeres.

Se abría así en la Iglesia un nuevo camino, dirigido a promover, entre personas de todas las clases sociales, la búsqueda de la santidad y el ejercicio del apostolado, mediante la santificación del trabajo ordinario, en medio del mundo y sin cambiar de estado. Fue también en 1930 cuando, el comentario incidental de una de las personas con las que hablaba (“¿cómo va esa obra de Dios?”) le llevó a pensar que ese podría ser el nombre de la empresa apostólica que estaba llamado a promover. La expresión “Obra de Dios” ponía de manifiesto, de una parte, su profunda convicción de estar cumpliendo un querer divino, a la par que expresaba muy bien su contenido: vida ordinaria, trabajo profesional, convertido, por la oración y la entrega personales, en obra de Dios, en Opus Dei, trabajo hecho cara a Dios y en servicio de todos los hombres.

El núcleo del mensaje transmitido por el fundador del Opus Dei fue, sin duda, el anuncio de la llamada universal a la santidad en el ejercicio del trabajo profesional ordinario. Treinta años antes del Concilio Vaticano II, hablando de la plenitud de la vida cristiana, formulaba con sobrenatural audacia este juicio: “Tienes obligación de santificarte. —Tú también. —¿Quién piensa que ésta es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos, sin excepción, dijo el Señor: ‘Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto’” (Camino, n. 291). La llamada universal a la santidad en el propio trabajo no supone –lo repitió muchas veces– una disminución de las exigencias y de los horizontes que evoca, en la conciencia cristiana, el vocablo “santidad”. Al contrario, implica recordar a todos y a cada uno de los hijos e hijas de la Iglesia que a todos ellos, estén donde estén, sea cuales sean sus cualidades, les están dirigidas las palabras del Evangelio, la invitación a seguir a Cristo que deriva del Bautismo. La plenitud de vida cristiana habrá de alcanzarla, por tanto, el fiel corriente en el lugar y condición que tiene en la sociedad terrena, haciendo de su trabajo ordinario –a imitación de la vida oculta de Cristo– ocasión de santidad y de servicio a Dios y a sus hermanos.

Ese fue el mensaje que, desde el 2 de octubre de 1928, difundió el fundador del Opus Dei y el que fue atrayendo a su alrededor un grupo de personas, pequeño en los primeros momentos, pero destinado a crecer. Mientras tanto el contexto social en que se desarrollaba la vida de san Josemaría experimentaba cambios y tensiones. La situación económica familiar siguió siendo difícil. También cambiaron sus encargos pastorales. En 1931 dejó el Patronato de Enfermos y asumió la función, primero de capellán y después, en 1934, de rector del Patronato de Santa Isabel. Allí, en la sacristía de Santa Isabel, después de un oración personal especialmente viva, puso por escrito lo que fue una de sus primeras obras: unos comentarios a los misterios del Rosario, que, con algunos retoques, fueron publicados, en 1934, con el título de Santo Rosario. Desde muy pronto (1930) recogió en algunos cuadernos conclusiones o retazos de su oración personal, con experiencias surgidas de su labor apostólica. Reuniendo algunos de esos apuntes íntimos, compuso en 1932 un colección de pensamientos o puntos de meditación a los que puso por título Consideraciones espirituales; publicados a multicopista y posteriormente (1934) a imprenta, constituyeron un apoyo eficaz para su apostolado y el de quienes le seguían. Revisados y completados con otros, esos puntos de meditación dieron lugar a una de sus obras más conocidas: Camino, que, publicada por primera vez en 1939, ha sido traducida a numerosos idiomas, alcanzado una tirada que supera los cuatro millones y medio de ejemplares.

Vida de san Josemaría (1936-1946)

Breve biografía de san Josemaría Escrivá de Balaguer, por José Luis Illanes

En su predicación, san Josemaría Escrivá de Balaguer –son palabras, pronunciadas por Juan Pablo II el 6 de octubre de 2002, durante la solemne Misa de canonización– no cesaba de “invitar a que la vida interior, es decir, la vida de relación con Dios, y la vida familiar, profesional y social, hecha de pequeñas realidades terrenas, no estuvieran separadas, sino que constituyeran una única existencia ‘santa y llena de Dios’”. Estas afirmaciones constituyen un buen resumen del mensaje de san Josemaría y, a la vez, de su figura, ya que mensaje, actividad sacerdotal y figura humana estuvieron en él fundidas en unidad.

 

LA GUERRA CIVIL Y LA ÉPOCA DE BURGOS

Ya en 1935, aunque los miembros del Opus Dei eran todavía muy pocos (superaban apenas la docena), san Josemaría piensa en la expansión desde Madrid a otras ciudades. El comienzo de la Guerra Civil española hizo imposible la realización de esos planes. Durante el tiempo que duró la contienda, ejerció su ministerio sacerdotal primero en Madrid –incluso con grave riesgo para su vida–, y más tarde, en Burgos, tras cruzar, a pie y no sin peligros –era tiempo de guerra–, el Pirineo catalán. Ya en esta ciudad castellana, se prodigó en esfuerzos para reanudar el contacto con quienes integraban el Opus Dei y desempeñar otras actividades sacerdotales.

Aprovechando las posibilidades de tiempo de que en ese momento disponía, decidió retomar el proyecto de la tesis doctoral en Derecho, pero centrándola no el tema antes previsto –la documentación quedaba en Madrid prácticamente perdida–, sino sobre una interesante realidad eclesial referida precisamente a Burgos: la jurisdicción cuasi episcopal de la abadesa del monasterio de las Huelgas. En 1939 presentó y defendió la tesis doctoral. Cinco años más tarde, completando y ampliando su investigación, publicó una extensa monografía con el título de La abadesa de las Huelgas, que es así la tercera de sus obras publicadas.

 

EL DESARROLLO DEL OPUS DEI EN ESPAÑA

San Josemaria con un grupo de estudiantes, en 1940.

San Josemaria con un grupo de estudiantes, en 1940.

La dura situación bélica había supuesto un freno al desarrollo apostólico, pero había contribuido a que se consolidara la vocación de sus primeros seguidores. La década de 1940 presencia una fuerte expansión del Opus Dei que, en poco tiempo, está implantado en varias de las más importantes ciudades españolas. San Josemaría dedica parte principal de sus energías y de su tiempo a impulsar esa expansión y a cuidar la formación de las personas que se incorporan al Opus Dei, haciendo compatible con esa labor la predicación de numerosas tandas de ejercicios espirituales a sacerdotes: en esos momentos de reconstrucción del tejido eclesial, restañando las heridas que trajo consigo la guerra, diversos obispos, conocedores de su hondura sacerdotal, acudieron en efecto a él pidiendo su colaboración.

No escasearon, sin embargo, desde entonces, duras contradicciones, que san Josemaría sobrellevó con serenidad y acendrado espíritu sobrenatural. Nunca le faltó, en aquellas difíciles circunstancias, el aliento y la bendición del Ordinario diocesano, el Obispo de Madrid-Alcalá don Leopoldo Eijo y Garay, que había seguido el desarrollo del Opus Dei desde sus inicios. Para mostrar públicamente ese apoyo, don Leopoldo otorgó al Opus Dei una primera aprobación escrita en 1941. El 14 de febrero de 1943, san Josemaría alcanzó la solución de una de las cuestiones que más le preocupaban: el modo de concretar la presencia de sacerdotes en el Opus Dei. En esa fecha, durante la Misa, recibió la inspiración para crear la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, asociación sacerdotal intrínsecamente unida al Opus Dei en la que podrían incardinarse los fieles que recibieran el sacerdocio. Poco después, en el mismo año de 1943, previa conformidad de la Santa Sede, el Obispo de Madrid procedió a la erección canónica. En 1944, recibieron la ordenación los tres primeros laicos que se habían preparado para el sacerdocio.

Vida de san Josemaría (1946-1975)

Breve biografía de san Josemaría Escrivá de Balaguer, por José Luis Illanes

En su predicación, san Josemaría Escrivá de Balaguer –son palabras, pronunciadas por Juan Pablo II el 6 de octubre de 2002, durante la solemne Misa de canonización– no cesaba de “invitar a que la vida interior, es decir, la vida de relación con Dios, y la vida familiar, profesional y social, hecha de pequeñas realidades terrenas, no estuvieran separadas, sino que constituyeran una única existencia ‘santa y llena de Dios’”. Estas afirmaciones constituyen un buen resumen del mensaje de san Josemaría y, a la vez, de su figura, ya que mensaje, actividad sacerdotal y figura humana estuvieron en él fundidas en unidad.

 

LA EXPANSIÓN INTERNACIONAL Y LA APROBACIÓN PONTIFICIA

La conclusión en 1945 de la Segunda Guerra Mundial hizo posible pensar en la expansión del Opus Dei a otros países, iniciada ya, aunque limitadamente (Portugal e Italia), durante el conflicto. Esa expansión requería pasar del régimen diocesano al pontificio, que se ajustaba más al carácter universal del Opus Dei. Y así, en 1946 san Josemaría se trasladó a Roma, fijando allí, desde ese momento y hasta el final de sus días, su residencia. En 1947 y 1950 Pío XII otorgó al Opus Dei las oportunas aprobaciones canónicas, que permitieron no sólo su difusión universal, sino también que personas casadas pudieran pertenecer al Opus Dei, y que sacerdotes incardinados en diócesis pudieran formar parte, con pleno respeto de la dependencia del propio obispo, de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. En 1982, ya fallecido el fundador, pero siguiendo un camino jurídico preparado y acariciado por él durante muchos años, el Opus Dei fue erigido por el Romano Pontífice como prelatura personal, alcanzando así una configuración jurídica plenamente acomodada a la realidad de su espíritu y de su actividad.

San Josemaria con don Pedro Casciaro y Alberto Martínez

San Josemaría con don Pedro Casciaro y Alberto Martínez en Roma: 1947.

A lo largo de sus prolongados años romanos –desde 1946 a 1975–, san Josemaría estimuló y guió la difusión del Opus Dei en todo el mundo, prodigando todas sus energías para dar a los fieles del Opus Dei, hombres y mujeres, una sólida formación doctrinal, ascética y apostólica, que les permitiera santificar sus diversas profesiones y difundir, desde dentro de los más variados ambientes, el mensaje cristiano. La expansión fue de hecho muy rápida. En 1946 se extiende a Gran Bretaña, Irlanda y Francia, y, en años sucesivos, a la mayoría de los países de Europa Occidental. En 1948 comienza la labor apostólica en México y en Estados Unidos, y poco después en gran parte del resto de las naciones americanas. A finales de la década de 1950 y comienzos de la de 1960 se inicia la presencia estable en Asia, en Oceanía y en África: Japón, Kenia, Australia, Filipinas. A la muerte de su fundador, el Opus Dei contaba con más de 60.000 miembros de 80 nacionalidades y de las más variadas profesiones y condiciones sociales. Como fruto de su actividad, numerosas personas se habían acercado a la fe católica o progresado en su vida cristiana y habían surgido diversas iniciativas apostólicas docentes, benéficas o asistenciales, entre las que se cuenta la Universidad de Navarra (España), de la que san Josemaría fue el primer Gran Canciller.

LA FORMACIÓN DE LOS FIELES DEL OPUS DEI

La creación en 1948 y 1953 de dos centros internacionales de formación con sede en Roma, uno para hombres y otro para mujeres –los Colegios Romanos de la Santa Cruz y de Santa María– había hecho posible la llegada a Roma, para periodos más intensos de formación, de fieles de la Prelatura de todos los países. Ambos Colegios Romanos facilitaron que muchos fieles del Opus Dei pudieran conocer de modo directo e inmediato al fundador. Nombrado Prelado de Honor de Su Santidad, en 1947 san Josemaría Escrivá de Balaguer fue Consultor de la Comisión Pontificia para la interpretación auténtica del Código de Derecho Canónico y de la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades, así como Académico “ad honorem” de la Pontificia Academia Romana de Teología.

LOS AÑOS DEL CONCILIO VATICANO II

En 1959, Juan XXIII, que había sido elegido Romano Pontífice unos meses antes, anunció la convocatoria del Concilio Ecuménico Vaticano II, cuya celebración se inició en 1962 para concluir en 1965. San Josemaría acompañó con intensidad, con ilusión en los momentos florecientes y con preocupación en los momentos de tensión, que tampoco faltaron, tanto el desarrollo de las sesiones conciliares, como la posterior puesta en práctica de los diversos documentos aprobados y los procesos de renovación y de cambio que los acompañaron.
La difusión del Opus Dei atrajo la atención hacia su fundador por parte no sólo en los ambientes cristianos, sino también por parte del conjunto de la sociedad y en consecuencia por parte de los medios de comunicación. En los años 1966 y siguientes diversos periodistas de Francia, Estados Unidos, España e Italia, acudieron a san Josemaría solicitando entrevistas. Se trató en todos los casos de entrevistas amplias, que el fundador del Opus Dei contestó con detenimiento. Recogiendo esas entrevistas, junto con una homilía pronunciada en 1967, se publicó, en 1968, otra de sus obras: Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer. Por esos mismos años, san Josemaría consideró oportuno seleccionar algunas de entre las meditaciones y homilías que había predicado, y de las que se conservaban los textos orales, para revisarlas y darlas a la publicación; ese es el origen de dos nuevos libros: Es Cristo que pasa, aparecido en 1973, y Amigos de Dios, publicado póstumo (1977) pero con textos ya preparados por el autor. Un origen análogo tienen otras obras publicadas también poco después de su fallecimiento: Via Crucis (1981), Surco (1986) y Forja (1987).

LAS CATEQUESIS POR DIVERSOS PAISES

San Josemaría vivió hondamente unido a los Romanos Pontífices que ocuparon la sede romana durante esos años –Juan XXIII y Pablo VI–, y compartió su aspiración de que el Concilio recién celebrado contribuyera a proclamar la vitalidad y la riqueza de la palabra de Dios. Aunque siempre había concebido su actividad como una continua catequesis, durante el último periodo de su vida realizó una intensa labor en esa línea. No sólo recibiendo en Roma numerosas visitas, sino durante largos viajes de catequesis por Europa y América (1970, 1972, 1974, 1975), que le permitieron reunirse con millares de personas, a las que, con palabra vibrante, procuraba trasmitir el amor a Dios, a Cristo, a la Virgen y a la Iglesia que llenaban su propio corazón. Todo esto le supuso un esfuerzo considerable –su cuerpo llevaba las huellas de una vida larga y muy trabajada–, pero no vaciló en ofrecer todas sus energías, y su vida misma si fuera necesario, por la Iglesia y por las almas.

MUERTE Y CANONIZACIÓN

La beatificación de san Josemaría.

La beatificación de Josemaría Escrivá, el 17 mayo de 1992.

El 26 de junio de 1975 entregó santamente su alma a Dios, desplomándose, como consecuencia de un ataque cardiaco repentino, al entrar en la habitación donde habitualmente trabajaba, después de una visita realizada al Colegio Romano de Santa María. Moría así con la misma sencillez que había caracterizado toda su existencia. La fama de las virtudes heroicas del fundador del Opus Dei se extendió pronto por todo el mundo, e innumerables personas acudieron a su intercesión en petición de favores tanto materiales como espirituales. El 12 de mayo de 1981 se inició en Roma su Causa de Beatificación y Canonización. Después del estudio riguroso de su vida y sus escritos, y de la prueba de un milagro obrado por su intercesión, Juan Pablo II lo beatificó el 17 de mayo de 1992 en Roma, ante una muchedumbre que llenaba la plaza de San Pedro. Después de la aprobación de un nuevo milagro, fue canonizado solemnemente por el Papa Juan Pablo II, el 6 de octubre de 2002, ante una multitud que superaba a la anterior, lo que venía a rubricar la amplitud de la devoción a san Josemaría Escrivá de Balaguer. Y, realidad aún más importante, el eco alcanzado por la predicación de la llamada universal a la santidad en todos los ambientes y en todas las latitudes a la que el fundador del Opus Dei dedicó la totalidad de su vida.

 

¿Por qué ir a misa? -¿Qué sentido tienen la misa y los sacramentos? 

¿Por qué ir a misa?

¿No está Dios en todas partes? ¿Qué sentido tienen la misa y los sacramentos? En uno de sus textos escrito en vísperas del Concilio Vaticano II, y que ahora se publica revisado, Joseph Ratzinger profundiza y esclarece estas y otras cuestiones de modo instructivo (cf. Obras completas, VII/1, Sobre la enseñanza del Concilio Vaticano II, pp. 3-13).

Durante los últimos siglos, en las iglesias católicas el altar se situaba al fondo del templo, como presidiendo la sala donde está el trono de Dios. Como consecuencia de que los protestantes lo negaran, se acentuaba la presencia real de Jesús en la sagrada hostia. No existía, hasta san Pío X, la posibilidad de la comunión frecuente y se tenía la idea de que cada vez que se recibía la comunión había que confesarse (hoy hemos pasado al polo opuesto: acudir con demasiada ligereza a la comunión, quizá sin examinar nuestra conciencia por si encontramos algún pecado grave del que es necesario confesarse).

Qué es la Eucaristía

1. Para comprender qué es la Eucaristía, señala el ahora Papa emérito que, siendo importante la presencia real de Dios en la sagrada hostia y la adoración, sin embargo, lo que Jesús deseaba primero es ser recibido por nosotros en la comunión. Él quiere ser para nosotros sobre todo un alimento.

“El pan santo no es en primer término para contemplar, sino para comer. Es decir: Él se quedó allí no solo para ser adorado, sino sobre todo para ser recibido”.

Y añade, más que los sagrarios de piedra a Cristo le importaban los sagrarios vivos que hemos de ser los cristianos, que Dios necesita en medio del mundo, para que le llevemos con valentía su Espíritu de verdad y de justicia. Por eso el altar –donde se actualiza el sacrificio de la cruz y Cristo se nos ofrece como alimento– tiene preeminencia respecto del sagrario, que es consecuencia de la misa.

San Agustín interpretó que la comunión eucarística no es un alimento que se convierte en nosotros sino al revés. Es alimento que nos transforma en el cuerpo de Cristo.En consecuencia: “El sentido primario de la comunión no es el encuentro del individuo con su Dios –para lo cual habría también otras vías–, sino que su sentido es, justamente, la fusión de los individuos entre sí a través de Cristo. La comunión es, según su esencia, el sacramento de la fraternidad cristiana”. De ahí que comulgar nos exige vivir la fraternidad y la caridad.

Consecuencias para la piedad eucarística

2. ¿Qué consecuencias tiene esto para la piedad eucarística? La facilidad que hoy tenemos para comulgar con frecuencia debe llevarnos a una piedad eucarística en relación con lo que realmente es la Eucaristía: la unión con Cristo y, en Él, con todos nuestros hermanos. De ahí deduce Ratzinger algunos puntos concretos:

a) El sentido de la misa es en primer lugar el encuentro personal con el tú de Dios(Padre); pero también el encuentro con la comunidad de los cristianos con los que podemos rezar “Padre nuestro” porque somos hermanos de Cristo y como consecuencia entre nosotros.

b) Por eso no hay misas “privadas” en sentido estricto, pues en toda misa celebra la Iglesia entera, también la que está en el cielo y en el purgatorio.

c) También por eso la comunión es más que un encuentro “privado” con Dios: es la unión común con Cristo y con nuestros hermanos. Por ese motivo la comunión (excepto para los enfermos ausentes, a los que se les puede llevar la comunión) tiene pleno sentido dentro de la misa, que es celebración de la comunidad cristiana.

d) “La comunión no es un premio para los especialmente virtuosos (¿cómo podría recibírsela, sin ser un fariseo?), sino el pan de los peregrinos”. Esto nos evoca la insistencia del papa Francisco actualmente: “La Eucaristía no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles” (Evangelii gaudium, n. 47). Lo cual no quita que haya que confesarse ante la conciencia de pecado grave, pero no es necesario hacerlo en los demás casos: pecado venial, negligencias, faltas, etc.

La Eucaristía, afirma Ratzinger, es nuestro sí a la Iglesia como cuerpo de Cristo, que nos permite salir de lo meramente terreno para unirnos a lo divino y eterno. De ahí que, en último término ser cristiano es poder comulgar. Por eso lo normalsería que comulgásemos al menos los domingos, y eso nos daría una luz para nuestra vida cotidiana.

La necesidad de los sacramentos

3. Finalmente, de aquí surge una mejor comprensión sobre el sentido de los sacramentos en general. Dice Ratzinger que el hombre de hoy “a menudo no comprende bien por qué tiene que acudir a misa en la iglesia”. Si no quiere ser arreligioso, cree que tiene relación con Dios y no necesita para la nada de los sacramentos y de la Iglesia. ¿Acaso no está Dios en todas partes? ¿No será mejor encontrar al Creador en su naturaleza –en la magnífica catedral del bosque con su regia libertad– que en el aburrido recinto de la Iglesia, en la multitud cansada y sentimental que va a la iglesia?

He aquí la respuesta lúcida de Joseph Ratzinger: “”Realmente, quien solo vea en la eucaristía la presencia de Dios no podrá dar una verdadera respuesta a esas preguntas. (…) En la eucaristía no está presente solamente Dios, sino el hombre Jesucristo, es decir, el Dios que se hizo hermano nuestro, de los hombres. Y, por eso, la eucaristía como conjunto no sirve solamente para un encuentro con Dios, sino para la unión de los hombres desde Dios en la fe única y en la comunidad única del cuerpo de Cristo”.

De ahí deduce que los sacramentos tienen tres dimensiones:

Primero, son garantía de la auténtica respuesta de Dios a la religión; pues ésta no es un soliloquio del hombre con Dios sino el encuentro con Dios que enCristo ha entrado en nuestra historia, haciéndose hermano nuestro. Con ello, “la religión adquiere su seriedad vinculante, su dignidad y grandeza, sin las cuales seguiría siendo un entusiasmo sin compromiso”.

Segundo, los sacramentos son garantía de que la religión responde a la dimensión corporal del hombre. Una religión del sentimiento privado, puramente espiritual, no responde a la vida del ser humano. En los sacramentos se recurre a los elementos de la tierra, pan y vino, fruto de la tierra y del trabajo humanos, que son elevados de modo que nos hacen vislumbrar un mundo nuevo y vivir participando de la vida divina.

Tercero, los sacramentos son remedio contra el individualismo, porque nos reúnen en la comunidad que da gloria a Dios, y que se abre a la paz del reino eterno. “Este es realmente –sostiene Ratzinger– el sentido más profundo de la eucaristía: que la humanidad dispersa y herida sea reunida en la unidad del único Señor Jesucristo, el único que es su vida verdadera”.

En definitiva, podríamos concluir nosotros: ¿por qué y para qué ir a la iglesia, ir a la misa del domingo? Pues porque allí nos encontramos no solamente con Dios en un sentido genérico, sino concretamente con Jesús, nuestro salvador y redentor, que nos une a los cristianos en su familia, para hacernos capaces de ser mejores, de ser más felices, de llevar la vida verdadera a nuestras familias, a nuestros amigos, al mundo: la vida que procede del Dios uno y trino que en Cristo se nos da.

Iglesia y Nueva Evangelización

 

La celebración de la Eucaristía en la Iglesia primitiva

“SIN EL DOMINGO NO PODEMOS VIVIR”

Así vivían los primeros cristianos la Eucaristía

Testimonio de los Apologistas y de los Padres de la Iglesia.

San Justino  (165 d.C.)

Mártir de la fe cristiana hacia el año 165, es considerado el mayor apologeta del Siglo II. En uno de los primeros textos cristianos, San Justino explica cómo se celebraba la Eucaristía en los primeros tiempos.

“El día que se llama día del sol tiene lugar la reunión en un mismo sitio de todos los que habitan en la ciudad o en el campo. Se leen las memorias de los Apóstoles y los escritos de los Profetas. Cuando el lector ha terminado, el que preside toma la palabra para incitar y exhortar a la imitación de tan bellas cosas. Luego nos levantamos y oramos por nosotros… y por todos los demás dondequiera que estén, a fin de que seamos hallados justos en nuestra vida y nuestras acciones y seamos fieles a los mandamientos para alcanzar la salvación eterna.

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Luego se lleva al que preside el pan y una copa con vino y agua mezclados. El que preside los toma y eleva alabanzas y gloria al Padre del universo, por el nombre del Hijo y del Espíritu Santo, y da gracias largamente porque hayamos sido juzgados dignos de estos dones. Cuando el que preside ha hecho la acción de gracias y el pueblo ha respondido “amén”, los que entre nosotros se llaman diáconos distribuyen a todos los que están presentes el pan y el vino “eucaristizados”.

En otro momento, dice:

“A nadie le es lícito participar en la Eucaristía, si no cree que son verdad las cosas que enseñamos y no se ha purificado en aquel baño que da la remisión de los pecados y la regeneración, y no vive como Cristo nos enseñó. Porque no tomamos estos alimentos como si fueran un pan común o una bebida ordinaria, sino que así como Cristo, nuestro salvador, se hizo carne y sangre a causa de nuestra salvación, de la misma manera hemos aprendido que el alimento sobre el que fue recitada la acción de gracias, que contiene las palabras de Jesús y con que se alimenta y transforma nuestra sangre y nuestra carne, es precisamente la carne y la sangre de aquel mismo Jesús que se encarnó.

Los apóstoles, en efecto, en sus tratados llamados Evangelios, nos cuentan que así les fue mandado, cuando Jesús, tomando pan y dando gracias dijo: “Haced esto en conmemoración mía. Esto es mi cuerpo”. Y luego, tomando del mismo modo en sus manos el cáliz, dio gracias y dijo: “Esta es mi sangre”, dándoselo a ellos solos. Desde entonces seguimos recordándonos unos a otros estas cosas. Y los que tenemos bienes acudimos en ayuda de otros que no los tienen y permanecemos unidos. Y siempre que presentamos nuestras ofrendas alabamos al Creador de todo por medio de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo”. (SAN JUSTINO, Carta a Antonino Pío, Emperador, año 155)

 

San Cirilo de Alejandría  (444 d.C.)

Padre de la Iglesia, quien entregó su vida para mostrar que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, ante las herejías de su época. En el Comentario al Evangelio de San Juan dice:

El Cuerpo de Cristo vivifica a los que de el participan: aleja la muerte al hacerse presente en nosotros, sujetos a la muerte, y aparta la corrupcion, ya que contiene en sí mismo la virtualidad necesaria para anularla totalmente” (SAN CIRILO DE ALEJANDRIA, Coment. Evang. S. Juan, 5).

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San Cirilo emplea el símil de la cera para explicar la unión de nuestro cuerpo al de Cristo en la Eucaristía:

“Así; como cuando uno junta dos trozos de cera y los derrite por medio del fuego, de los dos se forma una sola cosa, así también, por la participación del Cuerpo de Cristo y de su preciosa Sangre, Él se une a nosotros y nosotros nos unimos a Él” (SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, Coment. Evang. S. Juan, 10).

 

San Ambrosio de Milán

San Ambrosio, obispo de Milán (nacido en Tréveris hacia el año 340 y fallecido en Milán en el 397), quien introdujo en occidente la lectura meditada de las Escrituras, para hacer que penetre en el corazón, algo que hoy se conoce con el nombre de «lectio divina».

“No se nos ofrece (en la Comunión) el Cuerpo de Cristo como premio, sino como comunicacion de la gracia y de la vida celestial” (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, volt VI, p. 447).

 

San Agustín

“Nadie alimenta a los convidados con su misma persona; pero esto es lo que hace Cristo el Señor: Él mismo es a la vez anfitrión, comida y bebida” (SAN AGUSTÍN, Sermón sobre el natalicio de los mártires, 1-2).

 

Otros testimonios:

Plinio

Plinio no tardó en aplicar la prohibición de las eterías a un caso particular que se le presentó en el otoño del 112. Bitinia estaba llena de cristianos. “Es una muchedumbre de todas las edades, de todas las condiciones, esparcida en las ciudades, en la aldeas y en el campo», escribe al emperador.

Continúa diciendo haber recibido denuncias por parte de los fabricantes de amuletos religiosos, estorbados por los Cristianosque predicaban la inutilidad de semejantes baratijas. Había instituido una especie de proceso para conocer bien los hechos, y había descubierto que ellos tenían:

“la costumbre de reunirse en un día fijado, antes de la salida del sol, de cantar un himno a Cristo como a un dios, de comprometerse con juramento a no perpetrar crímenes, a no cometer ni latrocinios ni pillajes ni adulterios, a no faltar a la palabra dada. Ellos tienen también la costumbre de reunirse para tomar su comida que, no obstante las habladurías, es comida ordinaria e inocua“.

Los cristianos no habían dejado estas reuniones ni siquiera después del edicto del gobernador que recalcaba la interdicción de las eterías.

 

Santo Cura de Ars

“Más dichosos que los santos del Antiguo Testamento, no solamente poseemos a Dios por la grandeza de su inmensidad, en virtud de la cual se halla en todas partes, sino que le tenemos con nosotros como estuvo en el seno de Maria durante nueve meses, como estuvo en la cruz. Más afortunados aun que los primeros cristianos, quienes hacían cincuenta o sesenta leguas de camino para tener la dicha de verle; nosotros le poseemos en cada parroquia, cada parroquia puede gozar a su gusto de tan dulce compañía. ¡Oh, pueblo feliz!“(SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el Corpus Christi).

 

Benedicto XVI

Sin el domingo no podemos vivir: es lo que profesaban los primeros cristianos, incluso a costa de su vida, y lo mismo estamos llamados a repetir nosotros hoy” (BENEDICTO XVI, Ángelus 22 de mayo de 2005).

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San Josemaría Escrivá

“Perseveraban todos en la doctrina de los Apóstoles, en la comunicación de la fracción del pan, y en las oraciones. Así nos describen las Escrituras la conducta de los primeros cristianos: congregados por la fe de los Apóstoles en perfecta unidad, al participar de la Eucaristía, unánimes en la oración. Fe, Pan, Palabra.

Jesús, en la Eucaristía, es prenda segura de su presencia en nuestras almas; de su poder, que sostiene el mundo; de sus promesas de salvación, que ayudarán a que la familia humana, cuando llegue el fin de los tiempos, habite perpetuamente en la casa del Cielo, en torno a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo: Trinidad Beatísima, Dios Único. Es toda nuestra fe la que se pone en acto cuando creemos en Jesús, en su presencia real bajo los accidentes del pan y del vino” (Es Cristo que pasa, n. 153).

 

Catecismo de la Iglesia

“Fracción del pan porque este rito, propio del banquete judío, fue utilizado por Jesús cuando bendecía y distribuía el pan como cabeza de familia (cf Mt 14,19; 15,36; Mc 8,6.19), sobre todo en la última Cena (cf Mt 26,26; 1 Co 11,24). En este gesto los discípulos lo reconocerán después de su resurrección (Lc 24,13-35), y con esta expresión los primeros cristianos designaron sus asambleas eucarísticas (cf Hch 2,42.46; 20,7.11). Con él se quiere significar que todos los que comen de este único pan, partido, que es Cristo, entran en comunión con él y forman un solo cuerpo en él (cf 1 Co 10,16-17)“.

 

 

7 tipos de padres tóxicos: así afectan al desarrollo sano de los niños

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Foto: Freepik

Los padres son el pilar para un niño, sobre todo en los primeros años de vida. La influencia de los padres y la familia en la salud psicológica del menor es decisiva. Algunas de las maneras en que esta relación se convierte en tóxica o perjudicial para el niño, están relacionadas con características del sistema familiar y del rol que ocupan en la familia, así como con el estilo de crianza y las conductas de los padres. 

A continuación, Úrsula Perona, en la web Sapos y Princesas, describe 7 tipos de padres que se caracterizan por un estilo de crianza tóxico para sus hijos, pues afectan negativamente su sano desarrollo.

1. Padres con problemas psicológicos no tratados

Una de las circunstancias que podemos mencionar, es cuando los progenitores tienen problemas psicológicos no tratados. Los padres con depresión, ansiedad, trastornos de personalidad u otros problemas psicológicos que no están diagnosticados o no están recibiendo tratamiento, pueden presentar carencias y dificultades para cuidar adecuadamente a sus hijos. Para poder desempeñar adecuadamente la tarea de criar, primero debemos cuidar de nosotros mismos. Solucionar nuestros problemas psicológicos nos ayudará a encontrarnos equilibrados, fuertes y capaces de educar a nuestros hijos.

2. Padres maltratadores

Por supuesto los padres maltratadores, que utilizan con frecuencia la violencia física o verbal con sus hijos, crean un ambiente tóxico en casa, y minan la seguridad y la autoestima de los menores. Aprender otras maneras de poner límites es necesario. También observar si esa violencia tiene relación con una dificultad para gestionar la ira o la frustración.

3. Padres indiferentes

En el otro extremo estarían los padres indiferentes, aquellos tan permisivos y laxos en la educación de sus hijos que parece que éstos no les importen. La crianza implica una serie de sacrificios y renuncias que no todos los progenitores están dispuestos o preparados para asumir. Si ‘pasamos’ de nuestros hijos, si no les guiamos y educamos adecuadamente, el mensaje que les enviamos es que no nos importan. Que no vale la pena molestarse en educarles.

4. Padres manipuladores o extorsionistas

Hay otro tipo de padres, los manipuladores y extorsionistas. En este grupo podemos encontrar personas que instrumentalizan a los hijos: los usan sibilinamente para ‘solucionar’ los problemas de la pareja, para conseguir sus deseos o en general porque piensan que los niños están a su servicio. Puede haber más o menos consciencia en estos actos, pero desde luego, aunque no sean intencionados, perjudican gravemente a los niños.

5. Padres que se alían con los hijos para ir en contra de la pareja

Cuando los padres se alían con los hijos para ir en contra de la pareja, cuando se crean coaliciones entre uno o varios miembros de la familia, se producen alteraciones en el sistema familiar. Aquí el niño también está instrumentalizado, es utilizado para algo. Para que la madre o el padre tengan más fuerza frente a su pareja, para dejarle fuera del sistema familiar o para lograr cualquier objetivo. El niño es usado como paño de lágrimas, se convierte en confesor de alguno de los progenitores, ocupando un lugar en la familia que no le corresponde.

6. Roles cambiados: niños que cuidan de sus padres

Los roles cambiados es otra de las formas en que identificamos a las familias tóxicas. Niños que desde bien pequeños tiene que ‘cuidar’ de sus padres, bien porque tengan problemas físicos o mentales, o bien porque son explotadores. Niños que asumen responsabilidades que no les pertenecen. Niños forzados a madurar antes de tiempo y que se quedan sin infancia. De mayores puede que sean dependientes emocionalmente, inseguros, ansiosos… Niños a los que no se les ha permitido ser niños.

7. Padres que proyectan sus frustraciones en sus hijos

Y por último, los padres que proyectan sus frustraciones en sus hijos. Padres que no están satisfechos con su vida, que se sienten fracasados o infelices, y pretenden que sus hijos realicen aquello que ellos no han realizado. Que consigan éxito, sean famosos, bailen o canten o destaquen en el fútbol. Cualquier expectativa que los padres ponen sobre los hombros de sus hijos, y que no tienen que ver con los niños sino con ellos mismos, se convierten en una pesada carga para el niño y una fuente de insatisfacción y frustración.

Como vemos existen muchas conductas y situaciones que pueden convertir a la familia en un entorno tóxico. La familia es el sistema principal de interacción del niño, y debe ser un entorno cálido, equilibrado, que proporcione estabilidad y bienestar, y donde los problemas de los padres los resuelvan los padres, no los hijos.

 

 

Cáritas Venezuela alerta sobre la crítica situación de los derechos humanos en el país

En una comunicación pública dirigida a Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, con motivo de su visita, entre el 19 y el 21 de junio pasados, al país, Cáritas Venezuela se hace eco de “un clamor que ya excede el llamado de socorro que hemos pedido durante varios años y de la voz de nuestra gente, vulnerada y disminuida en su dignidad”.

Desafíos humanitarios urgentes

En la nota, Cáritas Venezuela detalla a Bachelet los desafíos humanitarios urgentes a los que se enfrenta el país en la actualidad.

El primero se refiere al retraso en el crecimiento infantil a causa de la desnutrición crónica. “Después de evaluar a más de 30 mil niños en estos últimos 3 años –señala el comunicado—, Cáritas puede hablar con pesar de todos estos niños pequeños que están entrando a su edad escolar con retardo de su crecimiento físico y el rezago cognitivo, afectivo y social que eso significa para ellos y para el capital humano con el que nos tocará en los años venideros restaurar nuestra nación. Más de un tercio de los niños que estamos atendiendo están ya en esta situación”.

La segunda cuestión se refiere a la diáspora masiva de venezolanos y “la fisura extensa e irreparable que está dejando en nuestro tejido la emigración”. Como denuncia Cáritas Venezuela, “uno de cada 13 venezolanos se ha ido ya, buscando un lugar donde la vida sea posible. Estamos perdiendo el alma de nuestro pueblo: se nos están yendo madres, padres, maestros, médicos, investigadores, hermanos, personal humanitario, nuestros ancianos. Estamos perdiendo capacidades, cuidado, memoria y todos los vínculos sociales y afectivos que sostienen la institución familiar”.

Las nuevas formas de esclavitud es el tercer aspecto en el que incide Cáritas ante Bachelet, al alertar sobre las lacras “del trabajo precario, la trata de personas y la prostitución que hoy merman la integridad física, espiritual y moral”. Como se afirma en el escrito, “son miles los venezolanos a los que se le agotaron los medios y están transando su vida con lo único que les queda, su propia integridad. La situación nos está asfixiando hasta llevarnos a tasas sin precedente de suicidios, de prostitución y de hermanos atrapados en redes de trata de personas, en el tráfico ilegal, en trabajos forzados, en situación de esclavitud”.

La crisis del sistema educativo es otro de los problemas citados por Cáritas Venezuela. “La deserción de nuestro sistema educativo, tanto de alumnos, como de maestros y profesores, está desmantelando el futuro del país. Venezuela tiene, ahora mismo, más de la mitad de sus aulas en escuelas y universidades, vacías”, se señala.

Otro punto en que también incide Cáritas Venezuela es el de “la violencia como forma de intercambio social, que atraviesa todas las esferas ya de nuestra sociedad y de nuestras familias”. “Nos compromete, especialmente, la violencia alimentaria, porque la hemos seguido y registrado –indica la nota—. Ésta no es solo la violencia con la que han destruido nuestra agricultura, o la de la escasez y la corrupción. Es también la violencia alimentaria simbólica con la que nos han quitado la memoria, la tradición, el derecho a comer por preferencia y la comensalía como espacio sagrado de creación y vínculo social”.

Junto a los aspectos relacionados con el aumento de la precariedad social, el comunicado muestra también su inquietud ante “la pérdida del Estado de Derecho como recurso, como referencia y valor”. “No hay a quien acudir, es el sentimiento de orfandad de las víctimas de la violencia del Estado. Esta pérdida afecta nuestra cultura de derechos y nuestra civilidad al erosionar el respeto por la institucionalidad, por el orden, por la justicia y la verdad”, afirma Cáritas Venezuela.

Asimismo, la nota hace referencia explícita a un serio problema que está pasando desapercibido para la opinión pública internacional, como es “la depredación del medio ambiente por el extractivismo de la riqueza mineral y sobre todo humana. Poblaciones indígenas diezmadas por las epidemias y por una cultura de explotación asociada a la minería ilegal están acabando con una selva que es de toda América”.

Reclamaciones a la Alta Comisionada

“¿Ante toda esta destitución, qué nos quedará para restaurarnos a nosotros mismos?”, se preguntan los responsables de Cáritas en la nota, que reclaman detener ya este proceso de intenso deterioro “para poder reparar las profundas heridas causadas durante tantos años”. Con ese objetivo, en el comunicado solicitan a la Alta Comisionada de la ONU Para los Derechos Humanos:

– Que en su próximo Informe de julio, continúe reflejando la grave situación de derechos humanos que se vive en Venezuela.

– Que exija al Gobierno abrir una oficina de DD.HH. de la ONU en Venezuela que monitoree el cumplimiento de las recomendaciones para restituir los derechos vulnerados.

– Que intervenga para que se logre la restitución de los derechos electorales, políticos y económicos de los venezolanos, que permita a todos los ciudadanos vivir en Venezuela con libertad, dignidad y progreso.

– Que solicite el desmonte del FAES y de los grupos irregulares que actúan como cuerpos de control, coacción y violencia contra los ciudadanos.

– Que se reconozca las organizaciones de la sociedad civil como actores importantes en la actuación frente a la crisis humanitaria. Y que el Estado otorgue las facilidades para su operación y logística.

– Que se haga público la data oficial sobre los temas importantes de la vida del venezolano, que permitan tomar medidas correctivas a través de políticas públicas.

– Que se flexibilice para las ONG los requerimientos para recibir donaciones, con miras al escalamiento de la asistencia humanitaria en acción coordinada con el Plan de asistencia de Naciones Unidas.

Anexos con la dimensión de los daños

La nota pública dirigida a Bachelet incluye cuatro anexos con datos muy elocuentes sobre el alcance de los daños ocasionados por desnutrición aguda, retraso en el crecimiento infantil, supervivencia familiar y acceso a los alimentos básicos.

Desnutrición aguda

Ahora mismo, 52 de cada 100 niños que están llegando a Caritas tienen algún tipo de déficit nutricional reciente.

10% de ellos necesitan ayuda humanitaria inmediata, unos 130.000 niños pequeños. Nosotros hemos podido salvar solo a 11 mil. Queremos salvarles a todos.

24% de las mujeres embarazadas que recibimos cursa su embarazado con desnutrición. La tercera parte de ellas no tiene todavía 18 años.

Fuente: Cáritas Venezuela. Monitoreo Centinela de la Seguridad Alimentaria y la Desnutrición Aguda. S.A.M.A.N.R

Retraso en el crecimiento infantil por desnutrición crónica

Ahora mismo, más de un tercio de los niños y niñas que están llegando a Caritas (35%) ya viene con retardo irreparable de su crecimiento físico. Son niños que están viviendo en privación nutricional al menos hace 5 años.

En el 2017 era el 27% .esto es evidencia suficiente que han vivido bajo múltiples carencias, al menos, desde el

El retardo de crecimiento se detecta incluso en niños menores de 1 mes

Fuente: Cáritas Venezuela. Monitoreo Centinela de la Seguridad Alimentaria y la Desnutrición Aguda. S.A.M.A.N

Supervivencia familiar

6 de cada 10 familias que escuchamos están viviendo de la mendicidad y rebuscando comida en los vertederos de basura.

7 están comiendo cosas que preferirían no tener que comer.

4 han tenido que vender sus enseres, destituirse para comprar alimentos.

5 se han ido a dormir sin comer.

4 han tenido que separarse como familia para poder vivir.

Fuente: Cáritas Venezuela. Monitoreo Centinela de la Seguridad Alimentaria y la Desnutrición Aguda. S.A.M.A.N

Acceso a alimentos básicos

Han desaparecido del patrón alimentario de la gente más empobrecida la leche, los vegetales, la carne, el pescado, los huevos, el pescado.

7 de cada 10 de nosotros depende absolutamente de comprar la caja de alimentos que el Estado les vende.

Fuente: Cáritas Venezuela. Monitoreo Centinela de la Seguridad Alimentaria y la Desnutrición Aguda. S.A.M.A.N

Aportación de Cáritas Española

Desde el inicio de la crisis en Venezuela, Cáritas Española ha venido apoyando el trabajo de la red Cáritas tanto en Venezuela como en los países vecinos que están acogiendo importantes contingentes de venezolanos que salen del país a causa del deterior de la situación humanitaria.

En lo que va de año, Cáritas Española ha dado respuesta al llamamiento de emergencia de Cáritas Venezuela del pasado mes de marzo por importe de 735.000 euros para recabar apoyo financiero a un nuevo programa de seguridad alimentaria, nutrición infantil y atención sanitaria para 17.000 personas. La aportación de Cáritas Española ha sido de 100.000 euros.

En Colombia, Cáritas Española ha apoyado con otros 100,000 euros a la petición de emergencia lanzado por la Cáritas Colombiana en enero pasado por valor de 600.000 euros para financiar sus programas de ayuda humanitaria a 8.863 refugiados venezolanos en los departamentos de La Guajira y Nariño.

Asimismo, se han aportado 40.000 euros a la petición de ayuda de Cáritas Ecuador para financiar sus programas de asistencia humanitaria a 1.090 refugiados venezolanos en las provincias de Imbaura y Pichinca.

Estos fondos movilizados en los últimos meses para dar respuesta fraterna a la crisis venezolana se engloban en el monto total de 530.000 euros que desde 2017 Cáritas Española ha venido destinando a los proyectos de ayuda desarrollados en la región por las Cáritas de Venezuela, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú.

Galardón a Janeth Márquez, directora de Cáritas Venezuela

La directora de Cáritas Venezuela, Janeth Márquez de Soler, ha sido reconocida con el Premio Humanitario 2019 otorgado por InterAction, una red integrada por 180 organizaciones no gubernamentales de todo el mundo dedicadas al trabajo contra la pobreza extrema, el desarrollo sostenible y la promoción de la dignidad humana.

Su labor fue reconocida entre la de otros cientos de líderes sociales por “su liderazgo y esfuerzo al llevar adelante la labor humanitaria con valor, iniciativa, coraje creatividad, actuando con acierto bajo condiciones de presión, con integridad y sacrificio”, según se señala en el acuerdo del jurado, quien valoró no sólo el alcance de las actividades de Caritas Venezuela sino la compleja situación económica y política en las que se llevan a cabo.

Janeth Márquez, que es socióloga, politóloga y educadora comunitaria, señaló que este reconocimiento no sería posible sin el ejemplo y testimonio de amor cristiano de obispos, sacerdotes, religiosas, laicos y más de 20.000 voluntarios que sin esperar nada a cambio dan una mano a sus hermanos. “Este premio ilumina un camino de fe, esperanza y de trabajo para una Venezuela que no se rinde ante tantas adversidades”, afirmó.

 

 

No es necesario ni quizá aconsejable confesionalizar la bioética

Salvador Bernal

Vientres del alquiler.

photo_camera Vientres del alquiler.

Detecto una fuerte presión en Italia para legalizar la maternidad subrogada, tras las últimas sentencias en contra del equivalente a nuestro Tribunal Supremo, en medio de una crisis política y económica de entidad. Tal vez no sea casual plantear en ese contexto los temas bioéticos, que tanta pasión suelen suscitar en la opinión pública.

Lógicamente, la reacción está siendo fuerte, pues esa faceta de la maternidad es quizá la menos compartida en ambientes feministas o en formaciones políticas de izquierda, por lo que tiene de explotación del cuerpo de la mujer. No es preciso aducir argumentos doctrinales de fondo, ni tampoco derivados de criterios teológicos clásicos. No es necesario reiterar la amplitud del movimiento que trata de abrir el camino a una convención internacional en línea de la que en su momento prohibió todo tipo de tortura. La presencia de tantos y tan grandes intereses económicos debería evitar caer en posibles trampas, incluso a personas de buena voluntad no necesariamente expertas en las dinámicas de la comunicación.

También la bioética está de plena actualidad en Francia, caracterizada desde siempre a mi entender por un gran rigor científico y social en cuestiones relacionadas con la vida humana. Como se comprobó en el primer semestre de 2018, también la sociedad civil está muy implicada en los debates, que no dejan indiferente a nadie. De hecho, el ejecutivo no cumplió el plazo para presentar a las cámaras legislativas la prevista actualización de las leyes sobre bioética. Se anuncia ahora, con un tema especialmente discutido: la apertura a todos –no sólo a matrimonios con problemas de infertilidad- de la asistencia médica para la procreación.

Avanzan estos días nuevas diligencias en el caso Lambert, el más emblemático de los últimos años sobre el final de la vida. Ha llegado al Tribunal de Casación francés y, de momento, parece que el informe del ministerio fiscal acepta la debatida legalidad de suspender la alimentación y la hidratación a una persona que, a juicio de sus padres, no está en peligro de muerte, aunque sus condiciones vitales son mínimas tras un grave accidente de coche. Para ellos, esa alimentación artificial no es encarnizamiento terapéutico, pues no pretende curar, sino sólo mantener con vida.

En el caso de la apertura a todos de la procreación médica asistida se refleja también una cuestión conceptual decisiva, en cierto modo semejante, pues el deseo de convertirse en madre cuando no es posible conseguirlo por medios naturales, difuminaría la condición de tratamiento médico ante situaciones de infertilidad. Al concepto en sí, se añade la repercusión económica, en momentos en que las arcas de los servicios públicos de sanidad padecen incrementos continuos de recortes. Por esto, incluso entre quienes aceptarían la legalidad de la PMA ‑hoy excluida del ordenamiento, con las correspondientes consecuencias en materia de filiación-, la mayoría rechaza de plano su financiación pública.

Se trata de cuestiones humanas, sociales, médicas, con muchos matices. No cabe la mera apelación a la conciencia, por mucho respeto y estima que merezca: el Concilio Vaticano II la describió en Gaudium et Spes 16 como “el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (GS 16).

Pero no soy muy partidario de la objeción de conciencia. Sobre todo, cuando –como acuñó hace tantos años la asociación italiana Scienza & Vita- resulta más congruente hablar de objeción de ciencia. Por eso, me hace gracia ver cómo en el paraíso de la inteligencia artificial –en Silicon Valley- crece la repulsa ética de los empleados de las grandes plataformas ante muchas decisiones de los equipos directivos: los técnicos no quieren que su trabajo sirva a objetivos políticos, al control de las personas o a las guerras abiertas entre las grandes potencias.

Ciertamente, toda conducta humana está sometida al veredicto del tribunal de la propia conciencia. Pero a esa decisión se llega muchas veces tras sendas intrincadas que discurren por vericuetos que pueden difuminar los senderos, y a veces exigen dar marcha atrás para recuperar un camino perdido.

 

 

 

Dos “lunas de miel”

Ernesto Juliá

Pastoral familiar

photo_camera Pastoral familiar

Le temblaba un poco la voz, pero consiguió transmitir íntegro su testimonio. Por la voz, aquel hombre debía rondar los 90 años, si no los había sobrepasado ya. Recordó con emoción, profundo agradecimiento a Dios, su matrimonio, y la luna de miel vivida con su esposa, ya difunta.

Mantuvo después unos instantes de silencio que el locutor no osó interrumpir. Al recobrar la voz, comenzó a hablar de la segunda luna de miel. Su esposa, fallecida tres años atrás, había sufrido una enfermedad degenerativa durante quince años. Ella ya no le reconocía; pero él no olvidó jamás quien era ella, y la atendió con todo el amor y el cariño del que era capaz su corazón.

Esos años finales fueron su “segunda luna” de miel, por la que daba tantas gracias a Dios como por la primera.

Los que estaban presentes en el programa guardaron un profundo silencio. ¿Conmovidos? ¿Sorprendidos? Al final, estallaron en un sentido aplauso.

Como era natural, sus siete hijos le ayudaron en la atención de su esposa enferma. Pero él no dejó siquiera un día de pasar buenos ratos a su lado, acariciándole la mano, dejando un beso en su frente, en su cara, recolocándola en el lecho cuando era necesario. Manifestó a la enferma todo el amor y cariño que le había expresado cuando estaba en plenitud de salud y de vida.

Al oír este testimonio vino a mi memoria las palabras de otro hombre bien entrado en años que viajaba todos los días, entre ida y vuelta, unos 20 km en autobús, para pasar unas horas con su mujer, enferma de alzheimer que solo podía estar bien atendida en un hospital.

Una enfermera se compadeció un día del trabajo y el esfuerzo que esos viajes suponían para el buen hombre, y le comentó que quizá no era necesario que fuera todos los días porque su mujer no le reconocía, y él poco podía hacer para consolarla. Ellas, las enfermeras, le atendían con todo cariño.

El hombre, sonriendo, le dijo que pensaba seguir yendo todos los días que pudiera, y que solo la enfermedad le impediría hacer los viajes. “Ella no me reconoce, es verdad; le dijo a la enfermera; pero yo sí la reconozco: sé quién es: mi esposa, la madre de nuestros ocho hijos, y la abuela de nuestros 27 nietos.

Y recordé también aquella mujer, profesional de la comunicación que, en sus primeros cincuenta, sufrió en lo más hondo de su espíritu y de su cuerpo, al descubrir que su marido estaba cayendo en el alcoholismo. Con una profunda Fe que le llevó a redescubrir la adoración de Cristo en la Eucaristía, y con la fortaleza de volver a la batalla cada día, vio con gozo y paz como su esposo se sometía a los tratamientos adecuados para ir saliendo de ese estado. No fue fácil; se sucedieron algunas recaídas; pero al fin la Fe de aquella mujer alcanzó la gracia de ver curado a su marido.

Hoy, el hombre no deja de dar gracias a Dios por la esposa y las cinco hijas que le ha dado; y por el cariño y compañía de sus seres queridos que le alejaron de la perspectiva del suicidio que ya estaba comenzando a echar raíces en su corazón.

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Al terminar de escribir estas líneas leo, con una cierta pena, la noticia del fuerte descenso de la natalidad en España durante los últimos diez años. Y a la vez, trato de convertir la pena en profunda esperanza al ver la realidad de familias como éstas que viven de Fe, y que tienen la gran Caridad de transmitir la Fe a sus hijos, a sus nietos viviendo un matrimonio, “en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad”, bien conscientes de que su unión es indisoluble, y la han vivido abiertos generosamente a la vida.

ernesto.julia@gmail.com

 

Jueves del Corpus Christi

 

 

Nuestro Señor Jesucristo,

permanente en el Sagrario,

espera que reparemos

los delitos y pecados.

 

Allí está constantemente

en soledad encerrado

anhelando nuestra entrega,

el mejor de los regalos.

 

Con lágrimas más ardientes

y deseos espontáneos,

démosle el culto debido

para entrar en su regazo.

 

Dios tiene entrañas de Padre

y el mundo, flor de sus manos,

nos lo dio como heredad

y a Dios Hijo por hermano.

 

Del Padre e Hijo procede

el Espíritu Paráclito,

siendo Personas las Tres

que, en Unidad, veneramos.

 

Distintas operaciones

se atribuye a sus mandatos

y de ahí que, a cada Uno,

distintamente tratamos.

 

  Mas como, donde está Uno,

están los Tres engarzados,

al Señor Dios, Uno y Trino,

en el sagrario adoramos.

 

Hoy, si cabe, más lo hacemos

por ser un jueves del año

de los tres esplendorosos:

Corpus, Ascensión y Santo.

 

Y aunque el Cuerpo, por la calle,

va en la custodia guardado,

con más besos y te quieros

el viril lo penetramos.

 

Bendito sea el Corpus Christi,

bendito tres veces Santo

que, por su misericordia,

indulgencias alcanzamos.   

José María López Ferrera

 

 

Corpus Christi 2019. Día de la Caridad

Un año más, desde 1264, la Iglesia ha celebrado la Solemnidad del Corpus Christi, en cuya procesión participan los niños de Primera Comunión y sale el Santísimo Sacramento en custodia bajo palio. Esta Fiesta del Cuerpo y de la Sangre del Señor la instituyó el Papa Urbano IV al año siguiente del milagro eucarístico ocurrido en Bolsena (Italia), cuando el sacerdote Pedro de Praga, mientras celebraba la Santa Misa, vio que la Santa Hostia manaba sangre abundante sobre el corporal,  milagro que contempló, estupefacto, el pueblo ( son 142 los milagros eucarísticos aprobados por la Iglesia). El  corporal fue llevado a la catedral de Orvieto, en donde se conserva. Allí, San Juan Pablo II dijo: “En el Cenáculo de Jerusalén, Jesucristo cumplió lo que había predicho: “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre”. Sobre cómo se debe recibir la Comunión, subrayó, recientemente, el Arzobispo emérito argentino Monseñor Héctor Aguer:  lo primero es “estar en gracia de Dios, tener conciencia de no tener pecado grave y si no ir a confesarse”. El Día del Corpus es también el Día de la Caridad. San Juan Pablo II dijo en Orvieto: “Cristo se ha convertido en nuestro alimento espiritual para proclamar la soberana dignidad del hombre, para reivindicar sus derechos y sus justas exigencias (…). Cristo está en el pobre, en el que sufre e implora ayuda, en todo ser humano, incluso en el más pequeño e indefenso”.

Josefa  Romo

 

El gran milagro de Guadalupe

Pero el gran milagro de Guadalupe Ortiz de Landázuri fue el testimonio que ofreció a lo largo de su vida de amor a Dios y a cuantos se acercaron a ella en sus diversas labores apostólicas como miembro del Opus Dei, especialmente en México, donde inició la labor apostólica de esta institución de la Iglesia. Guadalupe es una buena imagen de la “santidad de la puerta de al lado” a la que se refería el Papa Francisco en su reciente exhortación apostólica “Alegraos y regocijaos”. Su vida muestra que los caminos hacia santidad son muchos y siguen abiertos de par en par a quienes ponen su confianza en Dios permitiendo que Él haga florecer su humanidad.

Jesús Martínez Madrid

 

Más familia para una buena convivencia

El 15 de mayo se celebró el Día Internacional de la Familia, una jornada instituida por Naciones Unidas con el objetivo de vincular y destacar la relación entre familia y desarrollo, que se celebra anualmente desde 1993. El Foro de la Familia quiso, en esta ocasión,  resaltar y dar protagonismo a la celebración mediante un comunicado en el que reclamaba recuperar la dimensión pública de la familia como institución que vertebra la sociedad y educa el sentido de pertenencia, en un momento en que ciertos poderes extienden sobre ella el silencio o los prejuicios más burdos.

Por el contrario, la familia es la realidad en mejores condiciones para responder a problemas como la pobreza, la violencia social, el cuidado de los más vulnerables y la educación e inserción de las nuevas generaciones, evitando el aislamiento y la pérdida de vínculos que son causa de deshumanización.

JD Mez Madrid

 

 

En Andalucía y al lado del Mediterráneo

                                             

                                Es el día catorce de abril de 2019; son las seis de la mañana cuando salgo de la cama; es mi hora habitual. Tras largo y concienzudo aseo mañanero y ya mis tripas limpias de desechos humanos; son más de las siete; ya ha amanecido y salgo al balcón de mi terraza y veo frente a mí, al testigo mudo de siempre; es “el faro de Torre del Mar”; majestuoso, alto, recio y firme, y bien pintado de blanco y azul; lo que le da un aspecto muy agradable y atrayente. Miro a sus pies y “el Mare Nostrum”, permanece tan tranquilo que parece dormido; salvo que como siempre está “vivo”;  sus tenues movimientos producen un lamido espumoso en la muy cercana arena de la playa; ya ha amanecido y por Levante, aparece el aún “dormilón” Sol, que debe venir acompañado de los dioses griegos, Helios y Febo, pero que aún no muestran las grandezas del “Dios Sol”, puesto que en su casi horizontalidad de esta hora, no calienta apenas, a su hija la Tierra… Veo volar a las muy madrugadoras gaviotas, que ya se ciernen sobre estas orillas y el mar cercano, buscando y como siempre su sustento, que no debe faltarles por cuanto de abundancia y fortaleza, tienen estas aves aquí.

                                Entro en mi cocina y tomo “mi habitual” ración de zumo de naranja y la que después de un vaso de agua, “del grifo”; y que ya he tomado, es el complemento que en ayunas recibe mi cuerpo; estas dos bebidas me caen divinamente, me limpian “las chimeneas estomacales y anexas” y como resultado, me producirán tras mi paseo cotidiano, un hambre notable y la que también notablemente satisfago.

                                Mi perro (Aníbal); un ya viejo (tiene trece años) Yorkshire, que ya está afectado en la vista; no así en su agilidad; y el que lleva dando vueltas a mi alrededor, desde que me levanté de la cama, me apremia como cada día, puesto que lo que quiere es su paseo matutino, aparte de realizar sus necesidades caninas, que las hace siempre una vez llegados a la calle; por ello, diligentemente me siento en la habitual silla y él viene presto a que le ponga su cadena; cosa que siempre hago, puesto que así, “ambos marchamos mucho más seguros”; yo incluso con mi ya habitual bastón de la ancianidad.

                                Ya paseamos por el muy amplio y largo (más de cuatro kilómetros) .paseo marítimo, considerado como el mejor logrado de todas las costas andaluzas, voy caminando hacia el Poniente. El Sol “acaricia mis espaldas y también el cuerpo de mi acompañante”, que feliz, sigue husmeando todo lo que el iluso cree, es “su territorio”; donde antes ha defecado y ahora va levantando su patita y mea en cada trecho, como diciendo a la por otra parte, enorme población perruna; que aquí hay ya un nuevo propietario. El clima es muy agradable y corre una brisa “que alimenta el organismo”; el mar hoy parece un tranquilo lago de montaña; veo por el cielo y en la misma dirección que llevo en mi paseo, “volar una bandada de lo que me parecen gansos o ánsares, que en forma de uve, los veo alejarse hacia el oeste, por lo que deduzco que no van en dirección de África, sino más bien, van a ese otro paraíso andaluz, cual es el “Parque natural de Doñana” y donde cada año, vienen este y otros muchos tipos de aves migratorias, a cumplir en ese ambiente natural, sus ciclos de vida y procreación continua y que les marca la Madre Naturaleza. Todo este ambiente, me crea una gran paz y sus efluvios nutren mi cuerpo y en especial a mi cansado corazón, que aquí funciona plenamente.

                                Transcurrido nuestro paseo de dos kilómetros aproximadamente, terminamos ambos, yo sentado y Aníbal a mis pies; en  el “Venecia”, café restaurante que en la primera calle ya en el interior del pueblo, es el lugar donde desayuno hace ya muchos años. En el mismo hoy tomaré chocolate y tres largos “churros”; amén de un gran vaso de agua, tomando con la misma, los cuatro comprimidos que según el médico, necesitan mis “mecanismos humanos”; al medio día, tomaré en la comida otro más y por la noche tras la cena, otras cuatro “píldoras más”; todo ello porque según los médicos, los necesito, para controlar la marcha de mi sistema cardiológico, la arritmia que padezco, la retención de líquidos, el colesterol, la glucosa, el ácido úrico y no sé qué más; pero en realidad nada tengo en estado grave, pero “por si acaso”, me hacen tomar todos estos medicamentos que según dicen los galenos, “los necesito”; y yo lo cumplo fielmente, puesto que creo que quizá por ello, ya en agosto pasado, cumplí los ochenta años y como vivo bien; no tengo prisa por pasar “al otro lado de la vida”.

                                Tras lo relatado, paso a la tienda de enfrente y donde hay una frutería muy bien surtida y que atiende un matrimonio muy agradable; y es donde siempre, compro mis frutas para la merienda de media mañana y media tarde, puesto que son recomendaciones también de los médicos, el comer fruta en esos intervalos de las comidas habituales y a mí me encanta la fruta; después, vuelvo a mi vivienda  y salgo a la terraza de nuevo, veo el faro y me fijo en el mar, bellísimo como siempre y paso a mi ordenador a escribir si “me surge algo”, o me siento a leer alguna de las lecturas que siempre me acompañan, o siempre las tengo a mano; mi perro busca su lugar y se acuesta a descansar, o viene de vez en cuando a que lo acaricie.

                                Sobre la una y media bajo a un restaurante de los que tengo varios muy cercanos; hoy iré a “La Sirena”, donde habitualmente, comeré un espeto de riquísimas sardinas “malagueñas”, unas gambas cocidas y un “doble” de rica cerveza al grifo; y volveré totalmente satisfecho a sentarme en mi sillón, dormir una agradable siesta, acompañado de la “nana” de la televisión y cuyos ruidos me sirven como sedante.

                                A las cinco de la tarde y tras tomar la fruta ya mentada, marcharé a la pérgola que entre el mar y el faro, hay y allí, mirando al mar; en un estado feliz y tranquilo, me fumaré un cigarro puro, mientras Aníbal también disfruta de esta paz; la que acompaño, echándoles el pan que yo no como, a los gorriones, cacatúas y a las indeseables palomas, que como plaga que son aquí, no conviene alimentar, para que no lo sigan siendo. Tras ello otro paseo igual al de la mañana; y vuelta a mi casa, donde cenaré frugalmente comida fiambre, veré algo de televisión; y a las diez de la noche, paso a mi dormitorio, y  así leyendo en la cama hasta que el sueño viene… antes de las once, paso a ese estado feliz que es el sueño tranquilo, hasta que muy temprano la cama “me echa al suelo” y empiezo a vivir otro día más… soy conforme con mi estado de viudo y no pido más.

 

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Antonio García Fuentes

                                                       (Escritor y filósofo)                      

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