Las Noticias de hoy 20 Junio 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 20 de junio de 2019   

Indice:

ROME REPORTS

Pentecostés: “En el fuego, Dios da su palabra viva y enérgica” – Catequesis completa

Hechos de los apóstoles: “Los seguidores de Jesús son los que viven según el Espíritu”

Tercer encuentro entre Francisco y Tawadros II, jefe de la Iglesia Ortodoxa Copta

San Luis Gonzaga, “admirable ejemplo de austeridad y pureza evangélica”

ORACIONES VOCALES: Francisco Fernandez Carbajal

“Fiesta del Corpus Christi”: San Josemaria

El amor del beato Josemaría Escrivá a la Eucaristía

Tema 11. Resurrección, Ascensión y Segunda venida de Jesucristo: Antonio Ducay

¿Cómo le explico a mi hijo pequeño quién es Dios?: Gabriel González Nares

Matrimonio como Sacramento: Jesús Burgaleta

La participación de los clérigos en la actividad política: encuentra.com

La doblez del Doctor Jekyll: Ángel Cabrero Ugarte

Mujeres en la Iglesia: Ana Teresa López de Llergo

¿Será Sánchez capaz de pensar en España?: Jorge Hernández Mollar

La Iglesia, frente al drama de la trata

Papa Francisco: «Que los hijos de separados vean a sus padres tratarse bien; difícil, pero puede hacerse»

"Guadalupe poliédrica": Jesús Domingo Martínez

Los Verdes en Europa: Domingo Martínez Madrid

¿Caridad? ¿Solidaridad?: Xus D Madrid

HOMENAJE A CERBANTES EN EL DÍA DE SU MUERTE: Antonio García  Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Pentecostés: “En el fuego, Dios da su palabra viva y enérgica” – Catequesis completa

Ciclo de los Hechos de los Apóstoles

junio 19, 2019 14:19RedacciónAudiencia General

La audiencia general ha tenido lugar esta mañana en la Plaza de San Pedro. El Santo Padre ha proseguido la catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles. El pasaje bíblico leído ha sido Lenguas como de fuego (Hechos de los Apóstoles 2, 3).

Después de la catequesis y tras resumir su discurso en diversas lenguas el Papa  ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo. La audiencia general ha terminado con el canto del Pater Noster y la bendición apostólica.

A continuación, reproducimos la catequesis completa del Papa Francisco:

***

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

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Cincuenta días después de la Pascua, en ese cenáculo que ya es su hogar y donde la presencia de María, madre del Señor, es el elemento de cohesión, los Apóstoles viven un evento que supera sus expectativas. Reunidos en oración – la oración es el “pulmón” que  hace respirar a los discípulos de todos los tiempos; sin oración no se puede ser discípulo de Jesús; sin oración no podemos ser cristianos.

Es el aire, es el pulmón de la vida cristiana – son sorprendidos por la irrupción de Dios. Es una irrupción que no tolera lo cerrado: abre de par en par las puertas a través de la fuerza de un viento que recuerda el ruah, el aliento primordial, y cumple la promesa de la “fuerza” hecha por el Resucitado antes de su despedida (ver Hechos 1,8). De repente, viene desde el cielo, “un ruido, como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde se encontraban” (Hechos 2,2).

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Al viento, después, se agrega el fuego que recuerda a la zarza ardiente y al Sinaí con el don de las diez palabras (ver Ex.19,16-19). En la tradición bíblica, el fuego acompaña a la manifestación de Dios. En el fuego, Dios da su palabra viva y enérgica (ver Hebreos 4:12) que se abre al futuro; el fuego expresa simbólicamente su obra de calentar, iluminar y probar los corazones, su cuidado en probar la resistencia de los trabajos humanos, en purificarlos y revitalizarlos.

Mientras que en el Sinaí se escucha la voz de Dios, en Jerusalén, en la fiesta de Pentecostés, es Pedro quien habla, la roca sobre la cual Cristo ha elegido edificar su Iglesia. Su palabra, débil e incluso capaz de negar al Señor, atravesada por el fuego del Espíritu toma fuerza, se vuelve capaz de atravesar los corazones y moverlos hacia la conversión. En efecto, Dios elige lo que en el mundo es débil para confundir a los fuertes (ver 1 Corintios 1:27).

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La Iglesia nace, pues, del fuego del amor y de un “incendio” que se propaga en Pentecostés y que manifiesta la fuerza de la Palabra del Resucitado imbuida del Espíritu Santo. La Alianza nueva y definitiva ya no se funda en una ley escrita en tablas de piedra, sino en la acción del Espíritu de Dios que hace nuevas todas las cosas y se graba en corazones de carne.

La palabra de los Apóstoles se impregna del Espíritu del Resucitado y se convierte en una palabra nueva, diferente que, sin embargo, puede entenderse como si se tradujera simultáneamente en todos los idiomas: de hecho, “cada uno los escuchó hablar en su propia lengua ” (Hechos 2: 6). Es el lenguaje de la verdad y del amor, que es la lengua universal: incluso los analfabetos pueden entenderla. Todos entienden el lenguaje de la verdad y del amor. Si vas con la verdad en el corazón, con la sinceridad, y vas con amor, te entenderán todos. Aunque no puedas hablar, pero con una caricia, que sea verdadera y amable.

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El Espíritu Santo no solo se manifiesta a través de una sinfonía de sonidos que une y compone armónicamente las diferencias, sino que se presenta como el director de orquesta que interpreta la partitura de las alabanzas de las “grandes obras” de Dios. El Espíritu Santo es el artífice de la comunión, es el artista de la reconciliación que sabe eliminar las barreras entre los judíos y los griegos, entre los esclavos y los libres, para formar un solo cuerpo. Él edifica  la comunidad de los creyentes armonizando la unidad del cuerpo y la multiplicidad de los miembros. Hace que la Iglesia crezca  ayudándola a ir más allá de los límites humanos, de los pecados y de cualquier escándalo.

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La maravilla es muy grande, y algunos se preguntan si aquellos hombres están borrachos. Entonces, Pedro interviene en nombre de todos los apóstoles y relee ese evento a la luz de Joel, 3, donde se anuncia un nuevo derramamiento del Espíritu Santo. Los seguidores de Jesús no están borrachos, sino que viven lo que San Ambrosio llama “la sobria ebriedad del Espíritu”, que enciende entre el pueblo de Dios la profecía a través de sueños y visiones. Este don profético no está reservado solo a algunos, sino a todos aquellos que invocan el nombre del Señor.

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A partir de entonces, desde aquel momento, el Espíritu de Dios mueve los corazones para recibir la salvación que pasa por una persona, Jesucristo, aquel a quien los hombres clavaron en el madero de la cruz y a quien Dios resucitó de entre los muertos “librándolo de los dolores de la muerte” (Hechos 2, 24). Es Él quien derramó ese Espíritu que orquesta la polifonía de alabanza y que todos pueden escuchar. Como decía Benedicto XVI, “Pentecostés es esto: Jesús, y mediante él Dios mismo, viene a nosotros y nos atrae dentro de sí”. (Homilía, 3 de junio de 2006). El Espíritu actúa la atracción divina: Dios nos seduce con su Amor y así nos involucra para mover la historia e iniciar procesos a través de los cuales se filtra la vida nueva. En efecto, solo el Espíritu de Dios tiene el poder de humanizar y fraternizar todo contexto, a partir de aquellos que lo reciben.

Pidámosle al Señor que nos permita experimentar un nuevo Pentecostés, que ensanche nuestros corazones y armonice nuestros sentimientos con los de Cristo, de modo que anunciemos sin vergüenza alguna su palabra transformadora y seamos testigos del poder del amor que devuelve la vida a todo lo que encuentra.

© Librería Editorial Vaticano

 

 

Hechos de los apóstoles: “Los seguidores de Jesús son los que viven según el Espíritu”

Palabras del Papa en español

junio 19, 2019 11:11Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 19 junio 2019).- “La Iglesia nace del fuego del amor –ha expuesto el Papa en la audiencia general– de un ‘incendio’ que arde en Pentecostés y que manifiesta la fuerza de la Palabra del Resucitado, llena de Espíritu Santo”.

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Esta mañana, en la plaza de San Pedro, ante miles de visitantes y peregrinos, el Santo Padre ha celebrado la audiencia general, centrándose en el tema “Lenguas como el fuego” Pentecostés y la dinámica del Espíritu que inflama la palabra humana y la convierte en el Evangelio.

De este modo, el Pontífice ha continuado este miércoles, 19 de junio de 2019, el ciclo de catequesis sobre el libro bíblico de los Hechos de los Apóstoles.

Espíritu, artífice de comunión

El Espíritu Santo es el “artífice de la comunión” y “de la reconciliación que sabe derribar las barreras que dividen y hace crecer a la Iglesia más allá de los límites humanos”, ha señalado el Papa, diez días después de la solemnidad de Pentecostés.

“Los seguidores de Jesús son los que viven según el Espíritu, porque Él es quien mueve los corazones para acoger la salvación que viene a través de Jesucristo”, ha asegurado.

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En el fuego, Dios da su palabra

“Al viento del Espíritu”, ha anunciado Francisco, “se une el fuego que recuerda la zarza ardiente en el Sinaí, donde Dios habló y dio los diez mandamientos”. Y ha enseñado que “En el fuego, Dios da su palabra viva y eficaz, que anima, ilumina y prueba los corazones”.

Esto se da en el contexto de los 50 días después de la Pascua –ha aclarado el Papa–, cuando los Apóstoles “vivieron un evento que superaba sus expectativas”. Ellos estaban reunidos en oración y fueron sorprendidos por la irrupción de Dios, “que no tolera las puertas cerradas”; las abrió con un viento impetuoso que llenó toda la casa, ha relatado.

Idioma universal

En este sentido, Francisco ha ilustrado la novedad que este acontecimiento supuso para los Apóstoles: “La palabra de los Apóstoles se llena del Espíritu del Señor y es palabra nueva, como si fuera traducida en todas las lenguas posibles; es el lenguaje de la verdad y del amor, que es el idioma universal, que todos pueden comprender”.

 

Tercer encuentro entre Francisco y Tawadros II, jefe de la Iglesia Ortodoxa Copta

En el Vaticano

junio 19, 2019 17:27Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 19 junio 2019).- El líder de la Iglesia Ortodoxa Copta, Tawadros II, ha participado hoy en la audiencia general, 19 de junio de 2019, en la plaza de San Pedro, y ha saludado de manera afectiva al Papa Francisco al término del evento.

Teodoro II (o Tawadros II) es el 118º Patriarca de Alejandría y el Patriarca de África sobre la Santa Sede apostólica de San Marcos.

Con motivo de la jornada de amistad entre coptos ortodoxos y católicos, el Santo Padre Francisco envió un mensaje a su santidad, Tawadros II, el pasado 11 de mayo de 2017. La jornada de amistad es una fiesta del amor fraterno entre ambas Iglesias, una idea propuesta por Teodoro II (nombre en español) al papa católico, con el deseo de que esa fecha fuera la primera de una larga serie de encuentros.

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Acogida en El Cairo

“Después de mi visita a Egipto y del bendito encuentro con Su Santidad en El Cairo, con motivo del cuarto aniversario de nuestro fraternal encuentro en Roma el 10 de mayo de 2013, aprovecho esta oportunidad para expresarle mis mejores deseos de paz y salud, juntos con la alegría y la gratitud por los lazos espirituales que unen a la Sede de Pedro con la Sede de Marcos”, expresó Francisco.

Del mismo modo, el 10 de mayo de 2013, Tawadros II hizo su primer viaje como patriarca al visitar al Papa Francisco en la Ciudad del Vaticano. La reunión fue un intento de acercamiento recíproco “hacia la unidad plena” del cristianismo.

Encuentro histórico 

Se trata de la segunda ocasión en la que un papa católico y otro copto se reúnen desde la separación de ambas iglesias en el Concilio de Calcedonia, y tras la reunión de los papas Shenouda III y Pablo VI.

La reunión entre Francisco y Tawadros II marcó así un hito histórico, tuvo lugar 40 años después del de Pablo VI y Shenouda III, que unió a uno y otro, dijo Francisco, “en un abrazo de paz y fraternidad después de siglos de alejamiento recíproco”.

 

 

San Luis Gonzaga, “admirable ejemplo de austeridad y pureza evangélica”

Palabras del Papa a jóvenes, enfermos, ancianos y matrimonios

junio 19, 2019 12:20Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 19 junio 2019).- En italiano, el Papa Francisco ha dirigido un saludo a los jóvenes, enfermos, ancianos y recién casados, especialmente a las parejas de Tívoli (Italia), presentes en la audiencia general, celebrada en San Pedro, Vaticano, este miércoles, 19 de junio de 2019.

“Pasado mañana celebraremos la memoria litúrgica de San Luis Gonzaga, admirable ejemplo de austeridad y pureza evangélica”, ha anunciado. “Invocadlo para que os ayude a construir una amistad con Jesús que os permita afrontar vuestra vida con serenidad”.

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Francisco ha pronunciado esta mañana la tercera catequesis del ciclo sobre los Hechos de los Apóstoles, centrándose hoy en la venida del Espíritu Santo, en Pentecostés, celebrada hace diez días.

Asimismo, el Santo Padre ha dado la cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana, y ha saludado, en particular, a los fieles de Ostuni, a los niños de Primera Comunión de Martinsicuro, a los padres activos en la zona contaminada del Veneto, y a los militares de la escuadra naval de Santa Rosa.

 

 

ORACIONES VOCALES

— Necesidad.

— Oraciones vocales habituales.

— Atención al rezarlas. Luchar contra la rutina y las distracciones.

I. Y al orar no empleéis muchas palabras, como los gentiles, que se figuran que por su locuacidad van a ser escuchados, nos dice el Señor en el Evangelio de la Misa1. Quiere apartar a sus discípulos de la visión equivocada de muchos judíos de su tiempo, quienes pensaban que son necesarias largas oraciones vocales para que Dios las escuche; y les enseña a tratar a Dios con la sencillez con que un hijo habla con su padre. La oración vocal es muy agradable a Dios, pero ha de ser verdadera oración: las palabras han de expresar el sentir del corazón. No basta recitar meras fórmulas, pues Dios no quiere un culto solo externo, quiere nuestra intimidad2.

La oración vocal es un medio sencillo y eficaz, imprescindible, adecuado a nuestro modo de ser, para mantener la presencia de Dios durante el día, para manifestar nuestro amor y nuestras necesidades. Como leemos en el mismo Evangelio de la Misa, Nuestro Señor quiso dejarnos la oración vocal por excelencia, el Padrenuestro, en la que, en pocas palabras, compendia todo lo que el hombre puede pedir a Dios3. A lo largo de los siglos ha subido hasta Dios esta oración, llenando de esperanza y de consuelo a innumerables almas, en las situaciones y momentos más dispares.

Descuidar la oración vocal significaría un gran empobrecimiento de la vida espiritual. Por el contrario, cuando se aprecian estas oraciones, a veces muy cortas pero llenas de amor, se facilita mucho el camino de la contemplación de Dios en medio del trabajo o en la calle. «Empezamos con oraciones vocales, que muchos hemos repetido de niños: son frases ardientes y sencillas, enderezadas a Dios y a su Madre, que es Madre nuestra. Todavía, por las mañanas y por las tardes, no un día, habitualmente, renuevo aquel ofrecimiento que me enseñaron mis padres: ¡oh Señora mía, oh Madre mía!, yo me ofrezco enteramente a Vos. Y, en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón... ¿No es esto –de alguna manera– un principio de contemplación, demostración evidente de confiado abandono? (...).

»Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra..., hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres...: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio»4. Y Santa Teresa, como todos los santos, sabía bien de este camino asequible a todos para llegar hasta el Señor: «Sé –afirmaba la Santa– que muchas personas, rezando vocalmente (...), las levanta Dios, sin saber ellas cómo, a subida contemplación»5.

Pensemos hoy nosotros en el interés que ponemos en nuestras oraciones vocales, en su frecuencia a lo largo del día, en las pausas necesarias para que aquello que decimos al Señor no sean «meras palabras que vienen unas en pos de otras»6. Meditemos en la necesidad del pequeño esfuerzo que hemos de poner para alejar de nuestras oraciones la rutina, que bien pronto significaría la muerte de la verdadera devoción, del verdadero amor. Procuremos que cada jaculatoria, cada oración vocal sea un acto de amor.

II. El secreto de la fecundidad de los buenos cristianos está en su oración, en que rezan mucho y bien. De la oración –mental y vocal– sacamos fuerzas para la abnegación y el sacrificio, y para superar y ofrecer a Dios el cansancio en el trabajo, para ser fieles en los pequeños actos heroicos de cada día... Se ha dicho que la oración es como el alimento y la respiración del alma, porque nos pone en relación íntima con Dios y nos empuja a conocerle mejor y amarle más. La piedad auténtica es esa actitud estable que permite al cristiano valorar desde Dios el trajín diario, donde encuentra ocasión para el ejercicio de las virtudes, el ofrecimiento de la obra acabada, la pequeña mortificación... Sin darnos apenas cuenta estamos «metidos en Dios», y entonces estamos orando también con el ejercicio de nuestro trabajo sin chapuzas, aunque en esos momentos no realicemos actos expresos de oración. Una mirada al crucifijo o a una imagen de Nuestra Señora, una jaculatoria, una breve oración vocal, ayudan entonces a mantener «ese modo estable de ser del alma», y así nos es posible orar sin interrupción7, el orar siempre que nos pide el Señor8. Hay muchos momentos en los que debemos concentrarnos en el trabajo y la cabeza no nos permite pensar a la vez en Dios y en lo que hacemos. Sin embargo, si mantenemos esa disposición habitual del alma, esa unión con Dios, al menos ese ánimo de hacerlo todo por el Señor, estamos orando sin interrupción...

Lo mismo que el cuerpo necesita ser alimentado y los pulmones respirar aire puro, así necesita dirigirse el alma hacia el Señor. «El corazón se desahogará habitualmente con palabras, en esas oraciones vocales que nos ha enseñado el mismo Dios, Padre nuestro, o sus ángeles, Ave María. Otras veces utilizaremos oraciones acrisoladas por el tiempo, en las que se ha vertido la piedad de millones de hermanos en la fe: las de la liturgia –lex orandi–, las que han nacido de la pasión de un corazón enamorado, como tantas antífonas marianas: Sub tuum praesidium..., Memorare..., Salve Regina...»9. Muchas de estas oraciones vocales (el Bendita sea tu pureza, el Adoro te devote, que podemos rezar los jueves, adorando al Señor en la Eucaristía...) fueron compuestas por hombres y mujeres –conocidos o no– con mucho amor a Dios y fueron guardadas en el seno de la Iglesia como piedras preciosas para que las utilicemos nosotros. Quizá tienen para muchos el candor de aquellas enseñanzas fundamentales para la vida que aprendieron de sus madres. Son una parte muy importante del bagaje espiritual que poseemos para enfrentarnos con todo tipo de dificultades.

La oración vocal es sobreabundancia de amor, y por eso es lógico que sea muy frecuente desde que iniciamos la jornada hasta que dedicamos a Dios nuestro último pensamiento antes del descanso diario. Y saldrá a nuestros labios –quizá «sin ruido de palabras»– en los momentos más inesperados. «Acostúmbrate a rezar oraciones vocales, por la mañana, al vestirte, como los niños pequeños. —Y tendrás más presencia de Dios luego, durante la jornada»10.

III. Del Patriarca Enoc nos dice la Sagrada Escritura que anduvo siempre en la presencia de Dios11, que le tuvo presente en sus alegrías, en sus fatigas y en sus trabajos. «¡Ojalá nos ocurriera a nosotros algo parecido! ¡Ojalá pudiéramos andar por esos mundos con Dios a nuestro lado! Tan junto a Él, sintiendo tan vivamente su presencia, que compartiéramos todo con Él. Recibiríamos entonces todo de su mano, cada rayo de sol, cada sombra de incertidumbre que pasara por nuestra vida; aceptaríamos con gratitud consciente todo lo que nos mandase, obedeciendo así al más ligero soplo de su llamada»12. Pero, con frecuencia, el verdadero centro de referencia no es, por desgracia, el Señor, sino nosotros mismos. De ahí la necesidad de ese empeño continuo por estar metidos en Dios, «atentos» a sus más leves insinuaciones, evitando estar ensimismados en nuestras cosas; en todo caso, teniéndolas presentes en la medida en que hacen referencia a Dios: porque hacemos el bien con ellas, porque las hemos ofrecido...

Las oraciones vocales son un gran medio para tener a Dios presente en nuestros quehaceres a lo largo del día. Para eso es necesario poner atención en lo que le decimos al Señor. Y tendremos que luchar a veces en detalles muy pequeños pero necesarios: en pronunciar claramente, con pausa, en huir de la rutina. Ha de haber tiempo también para la consideración, de modo que llegue, en cierta manera, a ser una verdadera oración mental, aunque no podamos evitar del todo las distracciones.

Sin una gracia especial de Dios no es posible mantener una atención continua y perfecta al sentido y significado de las palabras. A veces, la atención estará referida particularmente al modo como se pronuncia; en otros momentos se mira a la persona a quien se habla. Pero hay ocasiones en que, por circunstancias personales o de ambiente, no se puede prestar de modo conveniente ninguna de estas tres formas de atención. Es entonces necesario poner al menos un cuidado externo, que consiste en rechazar cualquier actividad exterior que por su misma naturaleza impida la atención interior. Algunos trabajos manuales, por ejemplo, no impiden tener la cabeza en otra cosa; como la madre de familia, que reza el Rosario en casa mientras limpia o mientras está más o menos pendiente de los hijos pequeños, aunque se distraiga en algún instante, mantiene al menos esa atención interior, cosa que no sería posible si quisiera a la vez ver la televisión. De todos modos, hemos de organizar nuestro plan de vida de modo que, siempre que sea posible, el tiempo que dedicamos a algunas oraciones vocales como el Ángelus o el Rosario sea un rato en que podamos concentrarnos bien. Por otra parte, las simples distracciones involuntarias son imperfecciones que el Señor disculpa cuando nos ve poner empeño en rezar.

Junto a las oraciones vocales, el alma necesita el alimento diario de la oración mental. «Gracias a esos ratos de meditación, a las oraciones vocales, a las jaculatorias, sabremos convertir nuestra jornada, con naturalidad y sin espectáculo, en una alabanza continua a Dios. Nos mantendremos en su presencia, como los enamorados dirigen continuamente su pensamiento a la persona que aman, y todas nuestras acciones –aun las más pequeñas– se llenarán de eficacia espiritual»13. El Señor las mirará con complacencia y las bendecirá.

1 Mt 6, 7-15. — 2 San Cipriano, Tratado sobre el Padrenuestro. Liturgia de las Horas, Domingo XI ordinario, Segunda lectura. — 3 Cfr. San Agustín, Sermón 56. — 4 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 296. — 5 Santa Teresa, Camino de perfección, 30, 7. — 6 R. Garrigou-Lagrange, Las tres edades de la vida interior, vol. I, p. 506. — 7 1 Tes 5, 17. — 8 Lc 18, 1. 9 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 119. — 10 ídem, Camino, n. 553. — 11 Cfr. Gen 5, 21. — 12 R. A. Knox, Ejercicios para seglares, Rialp, Madrid 1956, p. 41. — 13 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 119.

 

 

 

“Fiesta del Corpus Christi”

"Este es mi Cuerpo...", y Jesús se inmoló, ocultándose bajo las especies de pan. Ahora está allí, con su Carne y con su Sangre, con su Alma y con su Divinidad: lo mismo que el día en el que Tomás metió los dedos en sus Llagas gloriosas. Sin embargo, en tantas ocasiones, tú cruzas de largo, sin esbozar ni un breve saludo de simple cortesía, como haces con cualquier persona conocida que encuentras al paso. –¡Tienes bastante menos fe que Tomás! (Surco, 684)

Hoy, fiesta del Corpus Christi, meditamos juntos la profundidad del amor del Señor, que le ha llevado a quedarse oculto bajo las especies sacramentales (...)
Ante todo, hemos de amar la Santa Misa que debe ser el centro de nuestro día. Si vivimos bien la Misa, ¿cómo no continuar luego el resto de la jornada con el pensamiento en el Señor, con la comezón de no apartarnos de su presencia, para trabajar como El trabajaba y amar como El amaba? Aprendemos entonces a agradecer al Señor esa otra delicadeza suya: que no haya querido limitar su presencia al momento del Sacrificio del Altar, sino que haya decidido permanecer en la Hostia Santa que se reserva en el Tabernáculo, en el Sagrario.
La procesión del Corpus hace presente a Cristo por los pueblos y las ciudades del mundo. Pero esa presencia, repito, no debe ser cosa de un día, ruido que se escucha y se olvida. Ese pasar de Jesús nos trae a la memoria que debemos descubrirlo también en nuestro quehacer ordinario. Junto a esa procesión solemne de este jueves, debe estar la procesión callada y sencilla, de la vida corriente de cada cristiano, hombre entre los hombres, pero con la dicha de haber recibido la fe y la misión divina de conducirse de tal modo que renueve el mensaje del Señor en la tierra. No nos faltan errores, miserias, pecados. Pero Dios está con los hombres, y hemos de disponernos para que se sirva de nosotros y se haga continuo su tránsito entre las criaturas.
Vamos, pues, a pedir al Señor que nos conceda ser almas de Eucaristía, que nuestro trato personal con El se exprese en alegría, en serenidad, en afán de justicia. Y facilitaremos a los demás la tarea de reconocer a Cristo, contribuiremos a ponerlo en la cumbre de todas las actividades humanas. (Es Cristo que pasa, nn. 150-156)

 

El amor del beato Josemaría Escrivá a la Eucaristía

Maestro de espiritualidad, con las palabras que dejó escritas y con su ejemplo, san Josemaría sigue enseñando en los diversos aspectos de la vida espiritual, y, cómo no, en el amor a la Eucaristía.

Relatos biográficos11/09/2016

Opus Dei - El amor del beato Josemaría Escrivá a la Eucaristía

El sagrario de la Santa Capilla del Pilar y el de la iglesia del Seminario de San Carlos son testigos de tantas horas del que fué seminarista, y después sacerdote -Josemaría Escrivá-, rezando, contemplando a Jesús Sacramentado, diciéndole cosas dulces y encendidas. Recordando el punto número 537 de Camino, se entiende por qué acudía tantas veces allí: "Cuando te acercas al Sagrario piensa que ¡Él!... te espera desde hace veinte siglos".

¿Cómo era su oración, qué le decía a Jesús en la Eucaristía? Es muy difícil resumir en una página tantos detalles de amor y tantos ratos de oración durante decenas de años, pero por algunos detalles podemos intuir cómo era. En Camino, en Surco y en Forja habla en ocasiones en tercera persona, pero era su oración personal, oración que nos puede servir hoy a nosotros. Recojo algunos aspectos.

Hablando de la comunión sacramental, aconsejaba: "Cuando le recibas, dile: Señor, espero en Ti; te adoro, te amo, auméntame la fe. Sé el apoyo de mi debilidad, Tú, que te has quedado en la Eucaristía, inerme, para remediar la flaqueza de las criaturas" (Forja, 832). "Cuando contempléis la Sagrada Hostia expuesta en la custodia sobre el altar, mirad qué amor, qué ternura la de Cristo. Yo me lo explico, por el amor que os tengo; si pudiera estar lejos trabajando, y a la vez junto a cada uno de vosotros, ¡con qué gusto lo haría! Cristo, en cambio, ¡sí puede! Y Él, que nos ama con un amor infinitamente superior al que puedan albergar todos los corazones de la tierra, se ha quedado para que podamos unirnos siempre a su Humanidad Santísima, y para ayudarnos, para consolarnos, para fortalecernos, para que seamos fieles" (Forja, 838).

Refiere Monseñor Álvaro del Portillo que el beato Josemaría "cuando se trasladó a Zaragoza en 1920, una vez que pasaba delante de un bar llamado "Gambrinus", vio que desde dentro del local

Estaba un famoso torero. Algunos niños se acercaron a aquel personaje popular, y uno de ellos exclamó exultante: "¡lo he tocado! Al beato Josemaría le impresionó aquella escena, y la evocó con frecuencia para exhortarnos a reflexionar cada día tocamos a Jesús en la Eucaristía" (A. del Portillo, Entrevista sobre el Fundador del Opus Dei, Ríalp).

Nos hace mucho bien imitar a estos hombres de fe, como el beato Josemaría, que sabían manifestar en detalles sencillos su honda piedad. Desde el modo de poner unas flores, al modo de hacer una genuflexión. "Cuando pongáis una flor junto al Sagrario -decía en una ocasión-, dadle un beso y decidle al Señor que queréis que ese beso se consuma, como se consumirá la flor, como se consume la lamparilla del Sagrario, alumbrando, señalando dónde está el Señor" (Ibídem).

Monseñor Javier Echevarría recoge en un libro que el Fundador del Opus Dei, refiriéndose a la costumbre que él tenía de visitar al Señor, le aconsejó: "Escápate cuando puedas a hacer compañía a Jesús Sacramentado, aunque sólo sea durante unos segundos, y dile -con toda el alma- que le quieres, que quieres quererle más, y que le quieres por todas las personas de la tierra, también por aquellos que dicen que no le quieren".

Otra vez, hablando a algunos que vivían con él, les indicó: "Que no le dejemos nunca solo en esa cárcel voluntaria del Sagrario, cárcel de amor, donde se ha querido quedar oculto en la Hostia, inerme, por ti y por mi".

Y en 1962 les confiaba: "desde hace muchísimo tiempo, cuando hago la genuflexión ante el Sagrario, después de adorar al Señor Sacramentado, doy también gracias a los Ángeles, porque continuamente hacen la corte a Dios. Hacer la corte: de ahí viene la palabra cortejar, que es seguir con amor a la persona de la que se está enamorado" (J. Echevarría, Memoria del beato Josemaría Escrivá. Rialp).

¿Son pequeñas cosas? Son pequeñas en cuanto que suponen poco tiempo pero denotan un amor fuera de lo común. El amor es inventivo, no se olvída del amado y, a la vez, no se cansa de repetir una y otra vez lo mismo. No son cosas extraordinarias, llamativas; pero un día y otro, un año y otro, sin dejar de saludar al Señor cuando iba por la carretera y veía la torre de una iglesia, y tantos y tantos otros detalles, explican la fuerza de sus palabras y el empuje de su ejemplo. De ahí sacaba su fuerza. Y es que lo que aconsejaba a los demás, procuraba vivirlo él antes. Termino con un consejo suyo:

"¡Sé alma de Eucaristía! ?Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado!" (Forja, 835).

Artículo publicado originalmente en el año 2001.

 

Tema 11. Resurrección, Ascensión y Segunda venida de Jesucristo

La Resurrección de Cristo es verdad fundamental de nuestra fe como dice San Pablo (cfr. 1 Co 15, 13-14). Con este hecho, Dios inauguró la vida del mundo futuro y la puso a disposición de los hombres.

Resúmenes de fe cristiana21/12/2016

Opus Dei - Tema 11. Resurrección, Ascensión y Segunda venida de Jesucristo

Los beneficios de la salvación no derivan sólo de la Cruz sino también de la Resurrección de Cristo.

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1. Cristo fue sepultado y descendió a los infiernos

Tras padecer y morir, el cuerpo de Cristo fue sepultado en un sepulcro nuevo, no lejos del lugar donde le habían crucificado. Su alma, en cambio, descendió a los infiernos. La sepultura de Cristo manifiesta que verdaderamente murió. Dios dispuso que Cristo sufriera el estado de muerte, es decir, de separación entre el alma y el cuerpo (cfr. Catecismo, 624). Durante el tiempo que Cristo permaneció en el sepulcro tanto su alma como su cuerpo, separados entre sí por causa de la muerte, continuaron unidos a su Persona di­vina (cfr. Catecismo, 626).

Porque continuaba perteneciendo a la Persona divina, el cuerpo muerto de Cristo no sufrió la corrupción del sepulcro (cfr. Catecismo, 627; Hch 13, 37). El alma de Cristo bajó a los infiernos. «Los ‘infiernos’ –distintos del ‘infierno’ de la condenación– constituían el estado de todos aquellos, justos e injustos, que habían muerto antes de Cristo» ( Compendio, 125). Los justos se encontraban en un estado de felicidad (se dice que reposaban en el “seno de Abraham”) aunque no tenían aún la visión de Dios. Diciendo que Jesús bajó a los infiernos, entendemos su presencia en el “seno de Abraham” para abrir las puertas del cielo a los justos que le habían precedido. «Con el alma unida a su Persona divina, Jesús tomó en los infiernos a los justos que aguardaban a su Redentor para poder acceder finalmente a la visión de Dios» (Compendio, 125).

Cristo, con el descenso a los infiernos, mostró su dominio sobre el demonio y la muerte, liberando a las almas santas que estaban retenidas para llevarlas a la gloria eter­na. De este modo, la Redención –que debía alcanzar a los hombres de todas las épocas– se aplicó a los que habían precedido a Cristo (cfr. Catecismo, 634).

2. Sentido general de la glorificación de Cristo

La glorificación de Cristo consiste en su Resurrección y su Exaltación a los cielos, donde Cristo está sentado a la derecha del Padre. El sentido general de la glorificación de Cristo está en relación con su muerte en la Cruz. Como por la pasión y muerte de Cristo, Dios eliminó el pecado y reconcilió consigo el mundo, de modo semejante, por la resurrección de Cristo, Dios inauguró la vida del mundo futuro y la puso a disposición de los hombres.

Los beneficios de la salvación no derivan sólo de la Cruz sino también de la Resurrección de Cristo. Esos frutos se aplican a los hombres por la mediación de la Iglesia y por los sacramentos. Concretamente, por el Bautismo recibimos el perdón de los pecados (del pecado original y de los personales) y el hombre se reviste por la gracia con la nueva vida del Resucitado.

3. La Resurrección de Jesucristo

“Al tercer día” (de su muerte), Jesús resucitó a una vida nueva. Su alma y su cuerpo, plenamente transfigurados con la gloria de su Persona divina, volvieron a unirse. El alma asumió de nuevo el cuerpo y la gloria del alma se comunicó en totalidad al cuerpo. Por este motivo, «la Resurrección de Cristo no es un retorno a la vida terrena. Su cuerpo resucitado es el mismo que fue crucificado, y lleva las huellas de su Pasión, pero ahora participa ya de la vida divina, con las propiedades de un cuerpo glorioso» (Compendio, 129).

La Resurrección del Señor es fundamento de nuestra fe, puesto que atesta en modo incontestable que Dios ha intervenido en la historia humana para salvar a los hombres. Y garantiza la verdad de lo que predica la Iglesia sobre Dios, sobre la divinidad de Cristo y la salvación de los hombres. Por el contrario, como dice S. Pablo, «si Cristo no resucitó, es vana nuestra fe» (1Co 15, 17).

Los Apóstoles no pudieron engañarse o inventar la resurrección. En primer lugar si el sepulcro de Cristo no hubiera estado vacío no habrían podido hablar de la resurrección de Jesús; además si el Señor no se les hubiera aparecido en varias ocasiones y a numerosos grupos de personas, hombres y mujeres, muchos discípulos de Cristo no habrían podido aceptarla, como ocurrió inicialmente con el apóstol Tomás. Mucho menos habrían podido ellos dar su vida por una mentira. Come dice San Pablo: «Y si no resucitó Cristo (...) somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó» (1Co 15, 14.15). Y, cuando las autoridades judías querían silenciar la predicación del evangelio, San Pedro respondió: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien vosotros disteis muerte colgándole de un madero. (...) Nosotros somos testigos de estas cosas» (Hch 5, 29-30.32).

Además de ser un evento histórico, verificado y atestiguado mediante signos y testimonios, la Resurrección de Cristo es un acontecimiento trascendente porque «sobrepasa la historia como misterio de la fe, en cuanto implica la entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios» (Compendio, 128). Por este motivo Jesús Resucitado, aun poseyendo una verdadera identidad físico-corpórea, no está sometido a las leyes físicas terrenas, y se sujeta a ellas sólo en cuanto lo desea: «Jesús resucitado es soberanamente libre de aparecer a sus discípulos donde quiere y bajo diversas apariencias» (Compendio, 129).

La Resurrección de Cristo es un misterio de salvación. Muestra la bondad y el amor de Dios que recompensa la humillación de su Hijo, y que emplea su omnipotencia para llenar de vida a los hombres. Jesús Resucitado posee en su humanidad la plenitud de vida divina para comunicarla a los hombres. «El Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte, es el principio de nuestra justificación y de nuestra resurrección: ya desde ahora nos procura la gracia de la adopción filial, que es real participación de su vida de Hijo unigénito; más tarde, al final de los tiempos, Él resucitará nuestro cuerpo» ( Compendio , 131). Cristo es el primogénito entre los muertos y todos resucitaremos por Él y en Él.

De la Resurrección de Nuestro Señor, debemos sacar para nosotros:

a) Fe viva: «Enciende tu fe. -No es Cristo una figura que pasó. No es un recuerdo que se pierde en la historia ¡Vive!: “Jesus Christus heri et hodie: ipse et in saecula!” -dice San Pablo- ¡Jesucristo ayer y hoy y siempre!» [1];

b) Esperanza: «Nunca te desesperes. Muerto y corrompido estaba Lázaro: “iam foetet, quatriduanus est enim”: hiede, porque hace cuatro días que está enterrado, dice Marta a Jesús. Si oyes la inspiración de Dios y la sigues -“Lazare, veni foras!”: ¡Lázaro, sal afuera!-, volverás a la Vida» [2];

c) Deseo de que la gracia y la caridad nos transformen, llevándonos a vivir vida sobrenatural, que es la vida de Cristo: buscando ser realmente santos (cfr. Col 3, 1 y ss). Deseo de limpiar nuestros pecados en el sacramento de la Penitencia, que nos hace resucitar a la vida sobrenatural -si la habíamos perdido por el pecado mortal- y recomenzar de nuevo: nunc coepi (Sal 76, 11).

4. La exaltación gloriosa de Cristo: "Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso".

La Exaltación gloriosa de Cristo comprende su Ascensión a los cielos, acaecida cuarenta días después de su Resurrección (cfr. Hch1, 9-10), y su entronización gloriosa en ellos, para compartir, también como hombre, la gloria y el poder del Padre y para ser Señor y Rey de la creación.

Cuando confesamos en este artículo del Credo que Cristo «está sentado a la derecha del Padre», nos referimos con esta expresión a «la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos, como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada» [3].

Con la Ascensión termina la misión de Cristo, su envío entre nosotros en carne humana para obrar la salvación. Era necesario que, tras su Resurrección, Cristo continuase su presencia entre nosotros, para manifestar su vida nueva y completar la formación de los discípulos. Pero esta presencia terminará el día de la Ascensión. Sin embargo, aunque Jesús vuelve al cielo con el Padre, se queda entre nosotros de varios modos, y principalmente en modo sacramental, por la Sagrada Eucaristía.

La Ascensión es signo de la nueva situación de Jesús. Sube al trono del Padre para compartirlo, no sólo como Hijo eterno de Dios, sino también en cuanto verdadero hombre, vencedor del pecado y de la muerte. La gloria que había recibido físicamente con la Resurrección se completa ahora con su pública entronización en los cielos como Soberano de la creación, junto al Padre. Jesús recibe el homenaje y la alabanza de los habitantes del cielo.

Puesto que Cristo vino al mundo para redimirnos del pecado y conducirnos a la perfecta comunión con Dios, la Ascensión de Jesús inaugura la entrada en el cielo de la humanidad. Jesús es la Cabeza sobrenatural de los hombres, como Adán lo fue en el orden de la naturaleza. Puesto que la Cabeza está en el cielo, también nosotros, sus miembros, tenemos la posibilidad real de alcanzarlo. Más aún, Él ha ido para prepararnos un lugar en la casa del Padre (cfr. Jn 14, 3).

Sentado a la derecha del Padre, Jesús continúa su ministerio de Mediador universal de la salvación. «El Señor reina con su humanidad en la gloria eterna de Hijo de Dios, intercede incesantemente ante el Padre en favor nuestro, nos envía su Espíritu y nos da la esperanza de llegar un día junto a Él, al lugar que nos tiene preparado» (Compendio, 132).

En efecto, diez días después de su Ascensión al cielo, Jesús envió el Espíritu Santo a los discípulos conforme a su promesa. Desde entonces Jesús manda incesantemente a los hombres el Espíritu Santo, para comunicarles la potencia vivificadora que Él posee, y reunirles por medio de su Iglesia para formar el único pueblo de Dios.

Después de la Ascensión del Señor y de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, la Santísima Virgen María fue llevada en cuerpo y alma a los cielos, pues convenía que la Ma­dre de Dios, que había llevado a Dios en su seno, no sufriera la corrupción del sepulcro, a imitación de su Hijo [4].

La Iglesia celebra la fiesta de la Asunción de la Virgen el día 15 de agosto. «La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos» (Catecismo, 966).

La Exaltación gloriosa de Cristo:

a) Nos alienta a vivir con la mirada puesta en la gloria del Cielo: quae sursum sunt, quaerite (Col 3, 1); recordando que no tenemos aquí ciudad permanente (Hb 13, 14), y con el deseo de san­tificar las realidades humanas;

b) Nos impulsa a vivir de fe, pues nos sabemos acompañados por Jesucristo, que nos conoce y ama desde el cielo, y que nos da sin cesar la gracia de su Espíritu. Con la fuerza de Dios podemos realizar la labor apostólica que nos ha encomendado: llevarle a todas las almas (cfr. Mt28, 19) y ponerle en la cumbre de todas las actividades humanas (cfr. Jn12, 32), para que su Reino sea una realidad (cfr. 1Co15, 25). Además Él nos acompaña siempre desde el Sagrario.

5. La segunda venida del Señor: "Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos".

Cristo Señor es Rey del universo, pero todavía no le están sometidas todas las cosas de este mundo (cfr. Hb2, 7; 1Co15, 28). Concede tiempo a los hombres para probar su amor y su fidelidad. Sin embargo, al final de los tiempos tendrá lugar su triunfo definitivo, cuando el Señor aparecerá con “gran poder y majestad” (cfr. Lc21, 27).

Cristo no ha revelado el tiempo de su segunda venida (cfr. Hch1, 7), pero nos anima a estar siempre vigilantes y nos advierte que antes de esta segunda venida o parusía, habrá un último asalto del diablo con grandes calamidades y otras señales (cfr. Mt 24, 20-30; Catecismo, 674-675).

El Señor vendrá entonces como Supremo Juez Misericordioso para juzgar a vivos y muertos: es el juicio universal, en el que los secretos de los corazones serán desvelados, así como la conducta de cada uno con Dios y con respecto al prójimo. Este juicio sancionará la sentencia que cada uno recibió después de su muerte. Todo hombre será colmado de vida o condenado para la eternidad, según sus obras. Así se consumará el Reino de Dios, pues «Dios será todo en todos» (1Co 15, 28).

En el juicio final los santos recibirán, públicamente, el premio merecido por el bien que hicieron. De este modo se restablecerá la justicia ya que en esta vida, muchas ve­ces los que obran mal son alabados y los que obran bien son despreciados u olvidados.

El Juicio final nos empuja a la conversión: «Dios da a los hombres to­davía “el tiempo favorable, el tiempo de salvación” (2Co 6, 2). Inspira el santo temor de Dios. Compromete con la justicia del Reino de Dios. Anuncia la “bienaventurada es­peranza” (Tt 2,13) de la vuelta del Señor que “vendrá para ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que hayan creído” (2Ts 1, 10)» (Catecismo, 1041).

Antonio Ducay

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012

Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia Católica, 638-679; 1038-1041.

Lecturas recomendadas

Juan Pablo II , La Resurrección de Jesucristo, Catequesis: 25-I-1989, 1-II-1989, 22-II-1989, 1-III-1989, 8-III-1989, 15-III-1989.

Juan Pablo II, La Ascensión de Jesucristo, Catequesis: 5-IV-1989, 12-IV-1989, 19-IV-89.

San Josemaría, Homilía La Ascensión del Señor a los Cielos, en Es Cristo que pasa, 117-126.

[1] San Josemaría, Camino, 584.

[2] Ibidem, 719.

[3] San Juan Damasceno, De fide ortodoxa, 4, 2: PG 94, 1104; cfr. Catecismo, 663.

[4] Cfr. Pío XII, Const. Munificentissimus Deus, 15-VIII-50: DS 3903.

 

¿Cómo le explico a mi hijo pequeño quién es Dios?

Gabriel González Nares

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Los niños están en un proceso constante de conocimiento del mundo. Es durante la infancia cuando surgen las primeras dudas acerca de la existencia de Dios. Casi siempre el primer contacto que los niños tienen con el tema de Dios es a través de sus padres, por ello los padres deben saber responder a sus preguntas de un modo claro y edificante.

Uno de los teólogos medievales más importantes, Santo Tomás de Aquino comenzó a preguntarse por Dios desde muy temprana edad. Con alguna frecuencia se hablaba del tema en su casa. Él, al escuchar las charlas de los adultos se fue formulando esta pregunta: ¿Qué cosa es Dios? Al final de su vida, Tomás de Aquino se había acercado de múltiples maneras a la solución de esta pregunta, que se planteó siendo apenas un niño.

De manera muy semejante los niños actuales se plantean dudas sobre Dios: ¿Qué es Dios?, ¿Cómo es?, ¿Es un señor barbudo que vive entre las nubes? Los padres de familia son los primeros en enseñar a los niños quién es Dios. Muchas veces el niño escucha a sus padres hablar de Dios. También puede comenzar el acercamiento a las realidades divinas cuando el niño acompaña a sus padres a la iglesia.

Es importante saber que cuando los niños preguntas esperan una respuesta clara y sencilla. En una palabra: que puedan entender. Ante la pregunta sobre Dios, su existencia y características hay que explicar a los niños lo que nos preguntan, pero también lo que es apropiado que sepan a su edad.

Independientemente de las preguntas particulares que puedan hacer los niños, debemos tener en cuenta que deben saber que Dios existe como ser superior a todas las cosas, que es bondadoso, amoroso y cuida de sus creaturas como un Padre.

Dios es un Padre bueno que cuida de sus hijos

Una pregunta común que los niños desean aclarar es: ¿Quién es Dios? Podríamos hacer muchas especulaciones sobre la esencia de Dios como Ser necesario, perfecto y eterno, pero con estas respuestas sólo le daríamos más oscuridad al niño en vez de claridad.

Ante esta pregunta podemos responder, sin miedo a errar, que Dios es un Padre bueno que cuida a sus hijos. Podemos explicar a los niños que Dios es el Padre de todas las cosas. Es decir, Él ha originado las cosas que existen porque ha querido que así fuera. Podemos decir al niño que se imagine cómo nacen las flores, las plantas, los animales, etc. De esta forma le haremos pensar que es necesario un origen, porque si todas las cosas vienen de todas las cosas,de manera indefinida, no tiene sentido el orden que vemos.

Podemos decirle al niño que Dios ama las cosas que ha hecho y que no era necesario que estas cosas existieran. A Dios le podemos decir Padre porque, además de habernos dado origen, nos ha hecho semejantes a Él. Dios es un Padre bueno, el mejor que existe. Y es por esta bondad perfecta que cuida de nosotros.

Dios existe y es superior a todas las cosas

Los niños pueden preguntarnos: ¿existe Dios? y para responder que sí podemos proponerle al niño lo siguiente: que piense en las cosas que lo rodean. Una vez que se haya imaginado estas cosas le diremos que imagine que no existen. Es entonces que le podemos preguntar: ¿pudieron no haber existido estas cosas? El niño responderá según su juicio. Lo que se pretende es llegar al punto en que se debe aceptar que alguna cosa debe existir siempre porque si no existe algo de modo originario, supremo y fuerte, la débil existencia de las otras cosas no tendría sentido.

 

 

Matrimonio como Sacramento

Jesús Burgaleta

Comprender las implicaciones del matrimonio como sacramento puede ayudarnos a estar más preparados para él y vivirlo más plenamente como católicos.

Horizonte y potenciación de la vida conyugal

 

La relación entre la vida conyugal, sus conflictos y dificultades, y el sacramento del matrimonio me lleva a hacer una llamada sobre la responsabilidad pastoral. En la práctica del sacramento del matrimonio existe una contradicción pastoral muy llamativa: se tiene una actitud amplia y comprensiva para admitir a la celebración del sacramento, y se mantiene un comportamiento rigorista y rígido para encontrar una solución cuando no funciona. Es ancha la entrada, estrecha la salida. Lo que se trata inicialmente con tanta ligereza y banalidad, ¿puede tomarse luego tan en serio? ¿Por qué?

 

Se amarra a una institución de amor a quienes quizá no han tenido ni un principio de amor humano maduro. Se ata a la realidad del amor conyugal cristiano —al sacramento— a quienes no tienen ni un principio de fe personal auténtica. Se pretende que signifiquen de por vida la fidelidad de Cristo y de la Iglesia quienes no tienen ni una mínima experiencia de vida comunitaria.

 

En estas circunstancias, más comunes de lo que se tiende a reconocer, ¿dónde está la realidad sacramental que luego con tanto ardor se quiere defender? Por ello, hay mucha gente que —medio en broma, medio en serio— habla del matrimonio —del sacramento— como «encerrona», «ratonera», «atadura», «callejón sin salida»…

 

1. Para que el sacramento del matrimonio pueda llegar a ser un cauce de potenciación de la vida conyugal es necesario contar, al menos, con tres elementos previos:

 

1.1. EL SUSTRATO ANTROPOLÓGICO DEL AMOR

 

—El amor verdadero, o el amor, no es sólo «entrar en celo»

 

El sacramento del matrimonio supone la realidad humana del amor adulto entre dos personas. El amor como experiencia libre y decidida de formación personal, como proyecto duradero de relación compartida, como ejercicio de diálogo existencial constructivo y crítico, como opción en favor del otro y búsqueda del bien ajeno por encima del propio, como atracción mutua —química, apasionamiento, placer espiritual y corporal—, como preocupación, tarea y ocupación, como conjunción y diversidad… El amor como proyecto de vida compartida, en el que se realiza el «en-amoramiento», es decir, el vivir-en-el-amor el estado de amor duradero. El amor duradero no es «entrar en celo». No es un ciclo en el que se entra necesariamente, de un modo ciego y determinista. No es algo intermitente, que aparece y desaparece, que viene y se va. Uno no se casa porque «le toca» casarse, sino porque «elige» libremente hacerlo.

 

—El casarse no es «aparearse»

 

Aunque hay una etapa de la vida que abre el camino al casamiento, ya que supone un principio de madurez personal, no se puede confundir el «casarse» con el «aparearse». Se aparean, por el impulso del instinto, los animales irracionales. Casarse es elegir un estado de vida para «con-vivir», «com-partir», participar juntos de una misma realidad y proyecto, poner en común el mismo pan de relación para comerlo en la misma mesa. Los casados, más que nadie, son «cum-panis»: compañeros.. Casarse es una decisión libre que supera el impulso del instinto irracional y lleva a elegir a la persona con la que convivir en el amor, por encima de la tendencia a perpetuar la especie. No se puede olvidar que uno se puede casar como también podría quedarse soltero. Para uno y otro estado es preciso una libre elección. En el amor humano, «encontrar pareja» no supone una lucha ni se plantea como una conquista, sino que es un encuentro en el que se reconoce al otro y se le acepta en el propio ambiente vital.

 

—Ser padres por elección

 

PADRES/VOCACION: En el mundo animal irracional, el celo empuja al apareamiento, y esto provoca, con sorpresa, de la noche a la mañana, la reproducción de la especie. En la especie humana adulta, el celo es superado por el amor, que lleva a entablar una relación estable. Y en este hogar de amor las personas adultas se pueden sentir llamadas a engendrar generosamente otra vida humana. «Engendrar generosamente»: buscando antes el bien del engendrado y no el propio bien o la satisfacción de haber engendrado «un parecido» en el que mirarse como en un espejo y contemplarse con una complacencia narcisista.

 

También el «ser padres» debe ser una decisión libre de la pareja: hay que elegirlo. Y para hacerlo con responsabilidad es necesario tener las cualidades necesarias para realizar la paternidad. Hay que tener «vocación» de padres y madres. No se debe ser «padres» por causalidad, como tontos que se sorprenden engendrando y pariendo, aun antes de darse cuenta de lo que hacen, de la responsabilidad que contraen y de la tarea que están llamados a realizar.

 

Tener hijos no es sólo engendrarlos. El ser humano es más que un simple ordenamiento de huesos, músculos y procesos biológicos. Para ser padres no basta con ser esposos; hace falta «vocación»: tener cualidades y querer realizar la tarea de ayudar al hijo a construir su proceso de personalización. La paternidad responsable no empieza cuando ya se encuentran dos o tres hijos en el haber de la pareja. La paternidad responsable comienza con la decisión primera de tener o no tener hijos y, en caso afirmativo, de «cuándo tenerlos» —respetando el desarrollo de los esposos— y de «cuántos tener». Un mal planteamiento de la paternidad puede dar al traste con la pareja, como una pareja no capacitada puede dar origen a una paternidad desastrosa. Toda pareja tendría que preguntarse: «¿tenemos vocación de padres?». Se puede ser un matrimonio esplendoroso aunque no se desarrolle la paternidad. «Ser padres» debe ser una elección libre de la pareja que vive en el amor.

 

1.2. SER CREYENTES

 

¿Cómo va a ayudar el sacramento del matrimonio a quienes no creen —no viven— la realidad básica de lo que el sacramento significa y supone en los contrayentes? Sólo los agentes de pastoral podrían dar testimonio de la desolación y tristeza que experimentan ante tantas parejas que se acercan a la Iglesia para «pedir» el sacramento del matrimonio sin haber sido iniciados en la fe, o con indiferencia total, o con actitudes explícitas de no fe.

 

Son muchos los motivos que les llevan a «pedir» este sacramento. Ante estos motivos hay que tener una enorme comprensión y sentirse críticamente solidarios. Pero la pastoral tiene que tener muy claro que sin fe no hay sacramento y que, por lo tanto, hay que ayudar a todas estas parejas a que se planteen el acceder a la fe —si quieren— o decidan libremente desistir de celebrar el sacramento del matrimonio. Nunca, al que no tiene fe, un sacramento fallido le podrá ayudar a vivir lo que no tiene. Me gustaría recordar, para la potenciación de la acción pastoral, algunos principios y sugerencias que ofrece el Ritual del Matrimonio:

 

«El sacramento del matrimonio supone y exige la fe» (RM 1, n ° 7)

«Presupone la madurez de la fe y de la vida cristiana» (RM 11, n.° 6)

«Casarse por la Iglesia… es una auténtica confesión de fe ante la comunidad cristiana reunida, que exige de los novios una madurez en la misma fe» (RM 11, n.° 21).

«El rito del matrimonio está concebido para los creyentes que de verdad entienden y viven la significación y realidad de las nupcias cristianas» (RM 11, n.° 8).

«… en casos de extrema rebeldía o alarde de falta de fe, se procurará hacerles comprender que el sacramento del matrimonio supone la fe, y que sin ella no es lícito celebrarlo» (RM 11, n.° 12).

 

1.3. PERTENECER A LA COMUNIDAD CRISTIANA

 

Todos conocemos ese peregrinaje, al menos imaginario, de los novios buscando «dónde se van a casar». Ni se preguntan con qué «comunidad» van a celebrar; sólo piensan en «invitar» a familiares y amigos. Muchos contrayentes tienen tal falta de experiencia comunitaria que no conocen ni al ministro que va a ser testigo de su alianza. Cuando se van a casar es la ocasión para acercarse por primera vez a «su parroquia»; después de la celebración ya no volverán más por allí, salvo en algún bautizo o en la primera comunión. Hay novios que aceptan a regañadientes y hasta rechazan la oferta de un inicio de relación comunitaria en el cursillo prematrimonial.

 

¿Dónde está la comunidad «real y concreta», sustrato de toda expresión sacramental? ¿Cómo van a expresar con su alianza conyugal la unión de Cristo y de la Iglesia quienes no tienen experiencia comunitaria? ¿Cómo va a acompañar y fortalecer la comunidad a la pareja en medio de sus crisis y dificultades? El Ritual del Matrimonio pide que se ayude a los novios para que «alcancen una clara conciencia y convicción de que casarse por la Iglesia es poner a Cristo como fundamento y sentido de la vida conyugal; descubran que en su nueva vida matrimonial deben realizar el misterio de amor y entrega de Cristo a su esposa la Iglesia, significado en el sacramento del matrimonio…; instauren un régimen de comunidad familiar (conforme)… con las exigencias del evangelio» (RM II, n.° 25).

 

Si se quiere tomar en serio el matrimonio como sacramento y se desea que ayude a los esposos en medio de las dificultades de su vida, habrá que plantear una pastoral previa al sacramento, distinta de la iniciación en la fe. El Ritual habla de un acompañamiento para ayudar a la maduración durante el noviazgo, en el que la comunidad debería ofrecer una pedagogía adecuada, distribuida en etapas, que culminara en la celebración última y solemne de su amor.

 

«El noviazgo ha de ser para los fieles no sólo el tiempo de preparación psicológica para el matrimonio, sino también de iniciación al sacramento y de desarrollo progresivo de las exigencias de la fe en orden al sacramento. Por consiguiente, es necesaria una catequesis orientada» (RM II, no. 22-23). Es «una preparación remota que afecta a toda la pastoral del noviazgo» (RM II, n.° 30). Y ofrecer las pautas de esta catequesis (RM II, n.° 24).

 

2. La comunidad, sacramento fundamental del amor entre Cristo y la Iglesia

 

Este «amor» expresado en términos «nupciales» —Cristo-esposo y la Iglesia-esposa— es el fundamento del significado del matrimonio cristiano. Los esposos se aman desde la fuente de todo amor que es Cristo entregado a la humanidad, y su unión conyugal, en medio de la comunidad, se constituye en símbolo del amor con que Cristo y la Iglesia se aman. Desde la participación en el dinamismo de la comunidad, esposa de Cristo esposada, los matrimonios cristianos reciben la posibilidad de profundizar en su amor y superar las dificultades, por graves que sean. La experiencia comunitaria es el espejo en el que los esposos se miran para contrastar su amor, para expresarlo, revisarlo, corregirlo, celebrarlo. La alianza entre la comunidad y Cristo es una interpelación constante, una llamada, una invitación a aproximarse al misterio del amor.

 

Además, si se vive comunitariamente la unión de Cristo y de la Iglesia, el matrimonio cristiano se erige en la comunidad en un «sacramento permanente» de ese amor de Jesús y la comunidad. Cuando se toma conciencia de esta realidad, y se vive, las parejas se cargan de dignidad y responsabilidad. Esta sacramentalidad permanente es un aliciente para vivir con más profundidad la unión y para esforzarse en la superación de las dificultades. En concreto, la experiencia sacramental del matrimonio puede aportar una ayuda inestimable desde estas perspectivas.

 

2. 1. PARA VIVIR EL AMOR COMO COMUNIÓN Y ENTREGA MUTUA

 

El sacramento del matrimonio se entronca en la dinámica de la vida de Jesús, según la cual el amor, buscando hacer el bien al otro, ha de llegar hasta el final, que consiste en arriesgar hasta la vida por aquellos a los que se ama. Las parejas, en la comunidad, se encuentran constantemente con este movimiento de Cristo comunicando vida mediante su Palabra y dando vida mediante la entrega de su vida. Él es una realidad existencial entregada —cuerpo entregado— desde la raíz de su ser —sangre derramada. La comunidad, por su parte, se muestra ante los esposos tomando la iniciativa de la apertura al don de Cristo, apresurándose al diálogo y la respuesta, entrando en una profunda comunión de amor, formando con Cristo un solo cuerpo. El sacramento por excelencia de la Iglesia es el de la comunión, en la que aparece el misterio de ser dos en una sola carne: la Eucaristía es el sacramento del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. En ella se realiza el banquete de bodas, donde los casados encuentran qué es con-vivir, com-partir, com-padecer, com-unión, vivir entregados.

 

2.2. PARA VIVIR EL AMOR COMO EXPERIENCIA GRATUITA

 

En el sacramento de la comunidad los esposos se encuentran con Jesús: el entregado. el olvidado de sí, el vaciado, el que no busca nada en provecho propio, el que ha nacido para hacer el bien y se ha realizado buscando sólo el bien del otro. Jesús, en la relación con Dios y con los demás, nunca busca su propio interés, el premio o la recompensa. En esta dinámica del amor gratuito es mecida la Iglesia gracias al influjo de Cristo: ella ha descubierto que su ser consiste en amar al otro, en entregarse hasta perderse, en servir al que lo necesita, en buscar sólo el bien de Dios y el de los hombres, sin pensar en la compensación, en los méritos, en el premio o en lo que le pueda corresponder en justicia. Ha aprendido que hay que dar gratuitamente lo que tan graciosamente se ha recibido. La relación de Cristo y la Iglesia narra el amor como don de sí, el amor sin llevar cuentas, el amor sin debe ni haber, sin calcular, sin pensar «quién puso más y qué se recibe a cambio», sin esperar «el pago que se me debe dar». La gratuidad, la generosidad, la esplendidez, la extralimitación, el «perder la cabeza», es lo que da valor al amor. Lo demás es comercio, intercambio, mercantilismo, interés, utilidad, racanería…; la carcoma del amor. En el amor amante, el mismo amor que ama queda saciado amando. De esto, la vida comunitaria ofrece a los esposos muestras continuas.

 

2.3. PARA VIVIR EL AMOR COMO FUENTE DE LA PROPIA IDENTIDAD Y REALIZACIÓN PERSONAL

 

El amor verdadero no lleva a diluirse en el otro, perdiéndose en un océano impersonal. El amor es de tal manera realización propia que, en la medida en que se ama al otro, en esa misma medida se es uno mismo. J/H-PARA-LOS-DEMAS: Jesús es quien es en tanto en cuanto realiza su existencia histórica entregándose a los demás: cuanto más se entrega, más realiza el designio de Dios sobre él, más aparece «el Cristo» que está llamado a ser. Cuanto más unido y volcado a los demás, más construye su singularidad de «ser-para-los-demás». Lo mismo ocurre con la comunidad y sus miembros: en la medida en que se entregan a Jesús y entre sí, realizan el proyecto de ser comunidad y personas en comunión. El amor mutuo no disuelve la identidad, sino que la acentúa; pues el amor busca el bien del otro, que consiste en que «sea él mismo».

 

En esa tensión del amor humano por amar sin perderse, por no dejarse dominar ni comer por el ser amado; en medio de la tentación del amor realizado como apropiación del otro, como anulación o recorte de la personalidad y la libertad…, la experiencia cristiana del amor ayuda a potenciar el «tú», a querer que el otro desarrolle su singularidad, a crear ámbitos de libertad, a expandir la personalidad del otro, a no domeñarlo y domesticarlo haciéndolo «a mi imagen y semejanza» —dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición. El amor libera, singulariza, afinca y desarrolla la propia identidad. El amor quiere «al otro» y se desarrolla potenciando «al otro». Nunca el amor verdadero se quiere a sí mismo, ni quiere al otro para sí.

 

2.4. PARA VIVIR EL AMOR COMO ALIANZA

 

La alianza se configura por la conciencia explícita de vivir el encuentro, el reconocimiento mutuo, la connivencia, el pacto de convivencia. El amor, como donación mutua, hace crecer la experiencia de la pertenencia mutua: yo te me doy – tú te me das – nosotros nos pertenecemos. Esta alianza es un juego existencial en el que se entra y gracias al cual se mantiene la connivencia de que «yo soy tuyo, aunque permanezco irreductible en mí», y «tú eres mía, aunque seas irrenunciablemente tuya». Este «como si nos perteneciéramos» indica, desde el punto de vista del lenguaje, aunque sea torpemente, esa experiencia inenarrable de que en la fuente misma del ser se ha sellado un encuentro tal que «sin ti, yo ya no sería yo mismo, y sin mí tú ya no serías tú misma». Hasta tal punto, que esto constituye la raíz misma de la vida, «de mi vida, de tu vida y de nuestras vidas». De tal manera que «sin ti —sin tu amor, sin el amor— yo ya no podría vivir, yo ya habría perdido la fuente misma de la vida». «Faltarme tú», romper el amor, es morir. Renunciar al amor, «abandonar», es muerte. Matar el amor voluntariamente es un suicidio.

 

Esta experiencia antropológica del amor como «raíz de mi proyecto personal» y del optimismo de la fidelidad al amor hasta la muerte está maravillosamente expresada en los símbolos cristianos, que constantemente salen al paso de los esposos en el seno de la comunidad. Así, Dios aparece como amor que ama con alianza eterna, que sella un pacto de pertenencia mutua con la humanidad y el pueblo. Jesús es presentado como el esposo que viene al encuentro de la humanidad perdida, que le echa los tejos del amor y la liga y le ofrece una alianza indisoluble, nueva y eterna. En este evangelio del amor se narra el designio de Dios sobre las personas que son llamadas a construirse en el amor y se les da la confianza de que, si quieren, pueden caminar sin desfallecer por el camino del amor. Dios mismo está en la base de la vida provocando el optimismo de que el amor acrecienta el amor, crece, se profundiza y arraiga, y es capaz de superar y vencer, en circunstancias normales, cualquier riesgo que se le presente.

 

3. Ante la fragilidad del amor, o cuando el amor se quiebra

 

El amor conyugal, vivido desde la dinámica del sacramento, encuentra en éste muchos recursos para poder crecer y madurar a lo largo de las diversas etapas de la vida de la pareja. Pero en el matrimonio cristiano hay que contar también con las rupturas responsables y con los imponderables de la vida, que puedan llevar a los esposos a situaciones de extrema gravedad o a situaciones irremediables. ¿Qué hacer en la comunidad cristiana cuando esto ocurre?

 

—El principio de la misericordia

 

La misericordia es realista. Sabe que una cosa es el ideal, y otra la realidad; la realidad debe tender hacia el ideal. Una cosa son los principios, inamovibles, y otra el hombre histórico, que camina con limitaciones y a trompicones a la luz de los principios. Ante la «inhumanidad» de los principios que ponen al hombre «al servicio del sábado» o reducen el «espíritu» a su institucionalización, es necesario apelar al principio de la misericordia.

 

La realidad es terca, terrible. En el caso de los matrimonios es, a veces, dramática. «De hecho, se quiera o no, el amor, en no pocos, por lo que sea, se quiebra». Esto no se puede tomar a broma: está en juego el proyecto de la realización de las personas, su logro o su destrucción. Y lo toman a broma tanto los que tienen «manga ancha» como quienes extreman «un rigor trágico e inhumano». Al ser humano concreto habrá que mirarlo, si se puede, con los ojos de Dios y de Cristo. Habrá que recordar que Dios es Amor, que ama aun al pecador y al que no es digno de amor, que sigue amando aunque sea abandonado, que ofrece de nuevo y siempre otra oportunidad. Un Dios y un Cristo que se conmueven ante la miseria y que pierden la cabeza por ayudar a salir de ella, haciendo por el hombre lo que no está ni escrito. Un Dios que quiere la misericordia del hombre con el hombre; que, sobre todo, quiere esto, no principios bruñidos como espadas de hielo o principios escamoteados. Dios quiere el ejercicio del principio de la misericordia que recorre la acción respecto de la pecadora, la adúltera, el hijo pródigo, el herido en el camino; dar el vaso de agua al más pequeño y la oportunidad al último. ¿Qué querrá decir en la Iglesia «ser misericordioso» en relación con los matrimonios rotos?

 

—La pastoral de la misericordia

 

La comunidad fraternal, cuando el amor de los esposos se ha quebrado, se tiene que comportar con las mismas actitudes que desarrolla en el sistema penitencial. Debe preocuparse por la situación, ha de tomar contacto con ellos, volverles a anunciar el evangelio del amor, acogerlos cuando quieran volver a replantearse su vida. Pero, sobre todo, se ha de poner cuidado en estos tres elementos:

 

* Discernir

 

Es necesario ofrecer el cauce, atendido por personas capacitadas, para poder esclarecer la situación en que se encuentran los matrimonios rotos. Tratando de ayudar a que expresen todo lo que llevan dentro, a que analicen su situación y descubran las causas, a que esclarezcan los sentimientos, a que vean con realismo dónde están. . . Interesa que vean lo que desean y lo que buscan, para ver si se puede reemprender el camino hacia el amor. En caso positivo, habría que seguir analizando las resistencias, verificando si se quiere de verdad y ayudando a conformar la decisión de volver. El mismo proceso habría que desarrollar en el caso de que fuera «imposible volver». Puede haber quienes «podrían volver a restaurar el amor», pero «no quieren». Si esta situación se diera, aquí puede haber «una ruptura de lo fundamental cristiano».

 

* Reiniciar

 

La comunidad que ha ayudado a discernir no debe dejar de ofrecer la posibilidad de acompañar en el proceso de recuperación de la relación rota. Por mucho que uno quiera, y aunque se confíe que por el don de Dios se puede regenerar la vida, sin embargo, el camino de la restauración de las relaciones de una pareja no es fácil; encuentra muchos escollos, tiene altibajos. Es necesaria la ayuda de los demás. Para acompañar en este camino es conveniente formar grupos de matrimonios que estén en la misma o parecida situación y que puedan servir periódicamente para comunicarse la vida, acompañarse, corregirse, ayudarse a esclarecer actitudes, intercambiar experiencias, escuchar la Palabra, orar juntos y celebrar los avances que se van logrando.

 

* Perdonarse

 

La recuperación del amor se realiza perdonándose por amor. El perdón mutuo es la clave de la regeneración: amar aunque la persona a la que amo me haya hecho daño. Seguir amando a quien ha hecho daño es el perdón: realiza el amor que no pide nada a cambio; «aunque me hayas hecho mal, yo te amo». El perdón es un competente esencial de todo amor y el «salvavidas» del amor; gracias al perdón, el amor acepta al otro con sus limitaciones y fragilidades y hasta como «malo generador de mal». La recomposición del amor roto sólo es posible gracias al perdón generoso y gratuito, sin contraprestaciones, con franqueza, generador de nueva confianza. El «perdón» es un imperativo absoluto, necesario, aunque este amor concreto no tuviera «posibilidad de restauración». * ** 

 

N.B. Cuando la ruptura de la pareja no tiene posibilidad real alguna de recomposición —por los motivos discernidos y contrastados—, es necesario escuchar el clamor que hay en la Iglesia actual: aplicar el principio de la misericordia «aquí-ahora-con-éstos». Ello no quiere decir que haya que renunciar al anuncio del ideal-posible-del-amor, que, en circunstancias normales, está llamando a crecer sin fin «hasta que la muerte nos separe».

 

La participación de los clérigos en la actividad política

17 junio 2019

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Es deber del sacerdote fomentar el respeto de los derechos humanos, y no debe permanecer indiferente ante las situaciones de injusticia que se presentan en la sociedad o en su ámbito.

El clérigo adquiere, desde que forma parte del estado clerical, un conjunto de derechos y obligaciones; las obligaciones pueden ser negativas o positivas: se consideran negativas las que consisten en un deber de abstenerse. Entre ellas se encuentran las que aquí se verán.

Se debe considerar que las prohibiciones que se señalan para los clérigos no se refieren a actividades en sí mismas indecorosas o indignas: tales actividades se prohíben para todos los fieles, no sólo para los clérigos, sin perjuicio de que si un clérigo desarrolla una actividad en sí misma indigna, quizá tenga mayor gravedad que si la hace un laico, y a veces el Código así lo entiende y las tipifica sólo para los clérigos.

Las actividades que aquí se enumeran son legítimas en sí mismas y decorosas. Sin embargo, el Código de Derecho Canónico considera que los clérigos no deben realizar estas actividades. Detrás de esta prohibición descansa, además, la eclesiología nacida en el Concilio Vaticano II. Se verá a continuación.

El Código de Derecho Canónico señala lo siguiente:

Canon 285 § 3: Les está prohibido a los clérigos aceptar aquellos cargos públicos que llevan consigo una participación en el ejercicio de la potestad civil.

Por su parte, el canon 287 § 2 dice lo siguiente

Canon 287 § 2: No han de participar [los clérigos] activamente en los partidos políticos ni en la dirección de asociaciones sindicales, a no ser que según el juicio de la autoridad eclesiástica competente, lo exijan la defensa de los derechos de la Iglesia o la promoción del bien común.

El Directorio para el Ministerio y la Vida de los Presbíteros, para mayor abundancia, afirma que “las actividades políticas y sindicales son cosas en sí mismas buenas, pero son ajenas al estado clerical, ya que pueden constituir un grave peligro de ruptura de la comunión eclesial” (Congregación para el Clero, Directorio para el Ministerio y la Vida de los Presbíteros, n. 23). Por eso, el Código de Derecho Canónico indica, en el canon 289 § 2, que “los clérigos han de valerse igualmente de las exenciones que, para no ejercer cargos y oficios civiles públicos extraños al estado clerical, les conceden las leyes y convenciones o costumbres, a no ser que el Ordinario propio determine otra cosa en casos particulares”.

De modo similar, para los religiosos existe una norma similar. El canon 671 señala la necesidad de autorización: “Un religioso no debe aceptar sin licencia del Superior legítimo cargos u oficios fuera de su propio instituto”.

Fundamento de esta prohibición

Este conjunto de prohibiciones se debe poner en relación con el canon 225 § 2, que establece el “deber peculiar [de los fieles laicos] de impregnar y perfeccionar el orden temporal con el espíritu evangélico, y dar así testimonio de Cristo, especialmente en la realización de esas mismas cosas temporales y en el ejercicio de las tareas seculares”. En efecto, es una tarea importante la de santificar las realidades temporales, e impregnarlas de sentido cristiano. Pero el Código de Derecho Canónico confía esta tarea de modo propio a los laicos, los cuales, además, lo habrán de hacer con responsabilidad propia, y con modos laicales y seculares, que les son propios.

Como se apuntaba anteriormente, esta concepción es una de las consecuencias del Concilio Vaticano II. En efecto, la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, en su número 43, afirma que “a la conciencia bien formada del laico corresponde lograr que la ley divina quede grabada en la ciudad terrena. De los sacerdotes, los laicos pueden esperar orientación e impulso espiritual. Pero no piensen que sus pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente solución concreta en todas las cuestiones, aun graves, que surjan. No es ésta su misión”.

Es deber del sacerdote fomentar el respeto de los derechos humanos, y no debe permanecer indiferente ante las situaciones de injusticia que se presentan en la sociedad o en su ámbito. Pero sería un error que el sacerdote se presentara ante los demás proponiendo una solución concreta a los problemas temporales. Si lo hiciera, estaría entrometiéndose en un terreno que no le es propio. Los fieles laicos le podrían reprochar con justicia su intromisión. Y defraudaría a la confianza que ponen en él, como sacerdote, los fieles que busquen la solución al mismo problema desde otra postura.

No puede olvidar el sacerdote que la sociedad le ve como representante de la Iglesia: y en cierto modo, muchos sacerdotes representan legítimamente a entidades eclesiásticas. Y confundiría gravemente a los feligreses, pongamos por caso, el párroco que se presentara a unas elecciones locales en la lista de un partido político.

La Iglesia misma no permanece indiferente ante los problemas de la sociedad o ante las injusticias: la labor de la Iglesia, y de los pastores, será la de fomentar entre los fieles laicos bien formados algunos que, desde su propia responsabilidad, y como una faceta más del espíritu de servicio a la sociedad que debe impregnar la vida de todo cristiano, busquen soluciones a esos problemas, pero el sacerdote nunca ha de sugerir la solución concreta. Las excepciones a estas indicaciones han de contar con la autorización de la autoridad eclesiástica competente, como indica el canon 287 § 2.

Por lo demás, todo lo indicado aquí se refiere a la legislación canónica. Las leyes civiles, como es natural, no pueden restringir de ningún modo a los sacerdotes su participación en la vida pública. Sería una intolerable discriminación. Es la Iglesia quien tiene competencia para prohibir estas actividades a los clérigos.

Sanción canónica

La conducta de participar de modo acivo en el ejercicio del poder civil no está tipificada expresamente en el Código de Derecho Canónico. Por lo tanto, si se hiciera necesario sancionar una conducta de las que aquí se describen, será posible hacerlo de acuerdo con el canon 1399: «aparte de los casos establecidos en ésta u otras leyes, la infracción externa de una ley divina o canónica sólo puede ser castigada con una pena ciertamente justa cuando así lo requiere la especial gravedad de la infracción y urge la necesidad de prevenir o de reparar escándalos.»

En estos casos la equidad canónica exige amonestar antes al reo de acuerdo con el canon 1347 §1, y dar al interesado un tiempo conveniente para su enmienda. En la amonestación se debe indicar la pena que se pretende imponer. Si el caso se ha difundido y hay escándalo entre los fieles, puede ser conveniente hacer pública la amonestación.

 

 

La doblez del Doctor Jekyll

Ángel Cabrero Ugarte

El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

photo_camera El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Hablamos de clásicos, concretamente en literatura, cuando un libro admite varias lecturas, lecturas a veces distanciadas en el tiempo. No es lo mismo leer el Quijote a los 16 años que a los 40 o a los 60. Y eso le pasa a la famosa y breve novela de Stevenson, célebre como pocas: “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”. Solo por el hecho de haberla leído una vez, la segunda es mucho más sustanciosa, precisamente porque ya está desecho el misterio y, dejando a un lado la intriga, nos centramos en el fondo, en el mensaje que el autor nos transmite.

 

El Dr. Jekyll es un hombre bueno, o al menos se lo cree él así. Pero tiene un lado malo, un amigo malo, puede uno pensar al principio, una sombra que le persigue. La imagen captada en ese relato es lo que llamaríamos doble vida, relatada en esta historia llena de misterio con una profundidad psicológica y moral magistral. Lo más trágico de ese binomio de personalidades, que es interesante conocer, es descubrir hasta qué punto la personalidad malvada va
arrastrando a la buena, en gran medida por la ingenuidad de esta, que considera que es posible ese juego de doblez.

Es una imagen muy acertada, imagen que Stevenson habría observado en muchas ocasiones, pues el autor literario, que nos cuenta historias humanas, es una persona observadora, conocedora de la vida de las personas. Y la doble vida se ha dado siempre, desde Adán y Eva hasta nuestros días. Nos es demasiado fácil descubrirla en los demás, y en ese caso estaríamos juzgando a otros. No es fácil admitirla en uno mismo, porque nos cuesta ver nuestros defectos
y valoramos mucho nuestras buenas obras.

Pero puede ocurrir que un hombre, que se considera cristiano, vaya a misa todos los domingos, muy consciente de la importancia que tiene y de que es obligatorio, y luego en sus negocios esté defraudando, o engañando al cliente para enriquecerse, o mal pagando a sus trabajadores para sacar mayor rendimiento. ¿Puede darse? ¿Tiene importancia? ¿Cómo influye en su vida personal? Creo que en la vida pueden darse muchos casos, especialmente si una persona, aunque se considere católico y cumpla con lo esencial, realmente tiene poca formación, o apenas examina su conducta.

Creo que es ahí donde Stevenson se fija, en esa debilidad de vida religiosa, en esa incoherencia vital, en la facilidad que tenemos para engañarnos. Ejemplos podríamos poner muchos, porque la vida es rica en debilidades, pero lo que el autor de esta novelita quiere manifestar es que eso nunca termina bien. Si no eres consciente de tu doble vida, vas cayendo, cada vez más, por la pendiente del mal.

Podemos encontrarnos con un buen padre de familia, fiel a su mujer y cuidadoso con sus hijos, que dedica un cierto tiempo a ver pornografía. ¡Es tan fácil dejarse arrastrar por esas bazofias, están tan al alcance de la mano! Y ese buen padre, si no hace una reflexión a tiempo, va perdiendo fuerza.

La doble vida del Dr. Jekyll no se aguanta mucho, porque la incoherencia arrastra a lo peor. Parece mentira que una novela escrita hace tantos años pueda acertar con tanta exactitud en lo que ocurre con tanta frecuencia. Y qué pocos autores actuales serían capaces de afrontar un tema tan interesante.

 

 

Mujeres en la Iglesia

Ana Teresa López de Llergo

El cardenal Osoro dijo: “Nos encomendamos a la nueva beata para que nos ayude a ser fieles como ella con alegría al querer de Dios y que nos enseñe a confiar, como ella, en la intercesión de la Santísima Virgen María”.

Imagen de mujeres en la Iglesia

Pienso que las mujeres que se sienten vejadas, despreciadas, explotadas, desgraciadamente no saben que, desde el primer siglo de la nueva era, esas circunstancias cambiaron radicalmente. Jesucristo, Hijo de Dios, fundó la Iglesia, sociedad mundial, donde no existe discriminación. Esto es así. Para no distorsionar el querer de Dios, en el tránsito de la Iglesia por el tiempo, es necesario que los miembros sean muy fieles. Hecho que, desgraciadamente, en algunos casos no se ha vivido.

Un suceso que siempre me ha parecido una prueba de la divinidad de la Iglesia es la elección del primer testigo de la Resurrección, fue una mujer: María Magdalena. Si la fundación de la Iglesia fuera humana, a ningún hombre se le hubiera ocurrido pensar en una emisaria para dar a conocer el acontecimiento que fundamente la fe cristiana. Todavía menos pensable en aquel tiempo, cuando nadie vislumbraba los logros que alcanzarían las mujeres.

Como esto no trata de la historia de las mujeres en la Iglesia, me remito a ejemplos del alto nivel de consideración de la mujer desde la Iglesia: el documento del santo Papa Juan Pablo II: “Mullieris dignitatem” y a dos beatificaciones, en el mes de mayo de este año 20l9.

Cerca del final del n. 22 de la citada Carta del Papa, encontramos: “La Biblia nos persuade del hecho de que no se puede lograr una auténtica hermenéutica del hombre, es decir, de lo que es <<humano>> sin una adecuada referencia a lo que es <<femenino>>.” También, antes de terminar el n. 29, dice: “la mujer representa un valor particular como persona humana y, al mismo tiempo, como aquella persona concreta, por el hecho de su femineidad. Esto se refiere a todas y cada una de las mujeres, independientemente del contexto cultural en el que vive cada una y de sus características espirituales, psíquicas y corporales, como, por ejemplo, la edad, la instrucción, la salud, el trabajo, la condición de casada o soltera.”

Todas estas ideas son una manera de expresar que Dios no hace acepción de personas y a quienes han llevado una vida de bien, por amor a Él, les ayuda a estar en los altares, concediéndoles la gracia de realizar los milagros que confirman su santidad. Recientemente Dios les ha concedido este don a Conchita y a Guadalupe, que la Iglesia propone como modelos de vida.

El milagro con el que el Papa Francisco autorizó la beatificación de la laica María de la Concepción Cabrera de Armida Arias, fue a Jorge Treviño, enfermo de esclerosis múltiple, en Monterrey, Nuevo León. Unos amigos le regalaron una reliquia y le hablaron de ella. Jorge iba a ser operado, cuando lo sedaron vio en sueños a Conchita Cabrera; en ese momento se empezó a mover y desapareció la enfermedad. La sanación fue comprobada por médicos y por teólogos.

El milagro de Guadalupe Ortiz de Landázuri, aprobado el 8 de junio de 2018 por el Papa Francisco, es la curación de un carcinoma basocelular, en la noche entre el 28 y el 29 de noviembre de 2002. Antonio Jesús Sedano Madrid, sufría este cáncer en el ojo derecho. Invocó a Guadalupe antes de acostarse, al levantarse al día siguiente, descubrió que estaba curado: la lesión desapareció completamente y sin dejar señal. Los peritos médicos juzgaron que el hecho no tiene explicación científica. Los consultores teólogos, cardenales y obispos señalaron que puede atribuirse a la intercesión ante Dios de Guadalupe.

Concepción Cabrera de Armida, casada, madre de familia y Fundadora de las Obras de la Cruz. Nació en San Luis Potosí en 1862, sus padres fueron Octaviano Cabrera y Clara Arias. Fue la séptima entre 12 hermanos. Falleció el 3 de marzo de 1937, a los 74 años de edad. El 15 de mayo de 1974 sus restos fueron trasladados a la Casa de los Misioneros del Espíritu Santo. Su proceso de beatificación inició el 15 de febrero de 1974. Contrajo nupcias el 8 de noviembre de 1884 con Francisco Armida, tuvieron nueve hijos. En 1895, la familia se trasladó a Coyoacán en la Ciudad de México. El 17 de septiembre de 1901 se quedó viuda. Murieron sus hijos Pedro, Pablo y Conchita. Manuel ingresó con los jesuitas.

Tuvo por directores espirituales al padre Alberto Mir SJ, a Félix de Jesús Rougier –su cofundador de los Misioneros del Espíritu Santo-; al Obispo de Chiapas Maximino Ruiz, al Arzobispo de Puebla Ramón Ibarra, al Arzobispo de México Luis María Martínez.

El 13 de noviembre de 1913 la recibió el Papa San Pío X, quien otorgó su permiso para que ella fundara la Congregación Sacerdotes de la Cruz con el nombre de Misioneros del Espíritu Santo.

El cardenal Giovanni Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos presidió el sábado 4 de mayo, en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la Ciudad de México, la santa misa de beatificación de María Concepción Cabrera, popularmente conocida como “Conchita”. En su homilía, entre otras muchas observaciones señaló la necesidad y la actualidad de la misión de “Conchita” en estos tiempos en que la Iglesia ha atravesado momentos turbulentos y lacerantes y la definió “una mujer de oración y de celo apostólico que, anticipando los tiempos, encuentra en sí la fuerza moral para imponerse como líder en el campo social y en el ámbito eclesial. Ella se nos presenta hoy (…) como un modelo de vida apostólica: oraba y actuaba”.

También enfatizó: “La beata María Concepción Cabrera, caso único en la historia de las fundaciones religiosas, inspiró y promovió cinco Institutos, denominados las “Obras de la Cruz”: dos congregaciones religiosas y tres obras apostólicas, sin asumir ni el papel de fundadora ni, mucho menos, la carga y los poderes de superiora general. Éstas son: el Apostolado de la Cruz, las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús, la Alianza de Amor con el Sagrado Corazón de Jesús, la Liga Apostólica y los Misioneros del Espíritu Santo. A estas obras hay que añadir la Cruzada de almas víctimas.”

Terminó con lo siguiente: “Que la Iglesia que está en México sepa imitar la mirada profética y el corazón abierto a los hermanos, con una generosa labor apostólica que encuentre su raíz en la fe cristiana, sublime patrimonio moral y cultural de esta nación. Que con su intercesión, nos ayude a escuchar las actuales voces suplicantes de cuántos experimentan una pobreza espiritual o material y responder a ella con esa fantasía de la caridad que distingue a los fieles discípulos del Evangelio. Por eso le imploramos: Beata María Concepción Cabrera, ¡ruega por nosotros!”.

Guadalupe Ortiz de Landázuri nació en Madrid el 12 de diciembre de 1916, sus padres Manuel Ortiz de Landázuri y Eulogia Fernández de Heredia. Fue la hermana pequeña de tres hermanos: Manuel, Eduardo y Francisco, a éste último no lo conoció porque murió a los tres meses de nacido. Murió en Pamplona el 16 de julio de 1975, a los 59 años de edad. Este año trasladaron sus restos de Pamplona al Real Oratorio de Caballero de Gracia, en Madrid.

En enero de 1944 conoce a San Josemaría Escrivá de Balaguer –Fundador del Opus Dei- e inicia dirección espiritual con él. Acababa de terminar sus estudios de Ciencias Químicas. Su búsqueda espiritual la lleva a pedir la admisión como Numeraria el 19 de marzo de este año. El 18 de mayo, Guadalupe se va a vivir al único Centro de mujeres que había entonces. Hasta 1949 trabaja en Madrid y Bilbao. En marzo de 1950, Escrivá de Balaguer, le preguntó si estaba dispuesta a ir a México para implantar la Obra, aceptó con alegría. Impulso la labor de formación con personas de muy distintos estratos sociales en Ciudad de México, Culiacán, Monterrey, Morelos y Tacámbaro. En 1956 forma parte del gobierno en Roma. Su salud se deteriora y regresa a España para retomar tareas de enseñanza y de formación de las jóvenes de la Obra. Se dedicó a la investigación científica, también a la docencia de su carrera, y obtuvo el Doctorado en Química.

La beatificación es en el Palacio Vistalegre Arena, en Madrid, el 18 de mayo. Es la primera persona laica del Opus Dei en ser beatificada. El delegado del Santo Padre fue el cardenal Angelo Becciu, y concelebraron con él el cardenal arzobispo de Madrid Carlos Osoro, el prelado del Opus Dei Fernando Ocáriz, así como seis cardenales, nueve arzobispos, diecisiete obispos y unos 150 sacerdotes.

El cardenal Becciu en su homilía destacó que "nos enseña qué bello y atrayente es poseer la capacidad de escuchar y una actitud siempre alegre incluso en las situaciones más dolorosas". Además, "su corazón estuvo siempre abierto a las necesidades del prójimo, traduciéndose esto en una actitud de acogida y comprensión". "Nos encontramos –añadió– ante una mujer cuya vida ha sido iluminada solo por la fidelidad al Evangelio. Poliédrica y perspicaz, ha sido luz para aquellos que ha encontrado a lo largo de su existencia". También enseña “que es posible armonizar la oración y la acción, la contemplación y el trabajo”. Terminó diciendo: “Sí, invoquémosla: ¡Beata Guadalupe, ruega por nosotros!”.

El cardenal Osoro dijo: “Nos encomendamos a la nueva beata para que nos ayude a ser fieles como ella con alegría al querer de Dios y que nos enseñe a confiar, como ella, en la intercesión de la Santísima Virgen María”.

 

 

¿Será Sánchez capaz de pensar en España?

“Es evidente que el espíritu de consenso que inspiró la transición democrática está definitivamente enterrado”

Me prometí arrinconar por un tiempo la política y elegir un abanico de reflexiones más abierto a temas de sociedad como son la educación, la sanidad, la religión, la emigración, la cultura o los apasionantes horizontes que hoy nos ofrecen las nuevas tecnologías que han roto barreras idiomáticas, económicas o geopolíticas y que han hecho del mundo en el que vivimos una gran aldea global.

Pero la convulsión o terremoto nacional que han producido las últimas elecciones municipales, autonómicas y europeas  y el disparatado caos negociador que ha sobrevenido después entre los partidos para cuadrar “•numéricamente” las mayorías necesarias con el objeto de configurar los gobiernos locales, me llevan casi obligatoriamente a hacer unas reflexiones desde la privilegiada atalaya de quien, como es mi caso, fui protagonista también de escenarios similares pero sin alcanzar el nivel de perplejidad, sorpresa y en muchos casos decepción que han provocado los resultados finales de algunos acuerdos alcanzados.

Es evidente que el espíritu de consenso que inspiró la transición democrática está definitivamente enterrado. Ni son las mismas generaciones ni la sociedad responde a los mismos parámetros. Las generaciones que han nacido desde los dramas y tragedias de guerras mundiales, nacionales o regionales acontecidas en el siglo pasado, estaban supeditadas a la superación de las graves consecuencias que tan brutales enfrentamientos provocaron.

Se hizo urgente la recuperación de la natalidad y el equilibrio demográfico de unas sociedades gravemente diezmadas; se hizo urgente también la reconstrucción de poblaciones, ciudades e incluso Estados destruidos por la mano del hombre, y la necesidad de garantizar un largo período de paz y desarrollo basado en el entendimiento, la cooperación y el arbitraje de instituciones nacionales o supranacionales, asentadas en principios democráticos y de respeto de los derechos humanos y libertades.

Superadas estas graves dificultades las generaciones de españoles que han nacido a partir de la década de los sesenta han conocido la época de paz y prosperidad más larga de la historia de Europa  que les ha proporcionado el esfuerzo y la firme voluntad de entendimiento de sus antecesores. La Constitución del 78 y la pertenencia a la Unión Europea, han sido los pilares fundamentales que han servido para afrontar una nueva era dominada por la solidaridad, la cooperación y la superación de fronteras que tantos conflictos y destrucciones materiales y humanas originaron.

La nítida separación entre los dos bloques ideológicos comunismo/socialismo y capitalismo/liberalismo marcaron el binomio en el que tradicionalmente se instauraron los partidos políticos durante la transición y que quedaron bien representados en un Partido Socialista que evolucionó inteligentemente hacia una socialdemocracia europea y un Partido Popular que hizo bascular la derecha más conservadora hacia una posición más  centrista y democristiana. Partidos que además tenían fiel reflejo en los dos grupos mayoritarios que gobernaban o dirigían las instituciones europeas, pero precisamente fué el socialista Rodríguez Zapatero, nacido en Agosto de 1960, quien después de acceder a la presidencia del Gobierno al socaire del 11M y la guerra de Irak, inició todo un proceso de desmantelamiento del espíritu de consenso que inspiró la Constitución, reivindicando la legitimidad de la II República y la memoria histórica de la izquierda,  atacando con agresividad los valores humanistas y cristianos sobre los que se asentaba buena parte de la sociedad española con medidas como la implantación de un aborto más ampliado, el matrimonio de los homosexuales o la extensión de la ideología de género al ámbito de la educación y el lenguaje, además de elevar el independentismo catalán a un alto grado de confusión constitucional con sus elucubraciones pseudointelectuales sobre los conceptos de nación y nacionalidad y que tanto han contribuido a la actual situación de posible quiebra de la unidad territorial y política de España.

Sánchez es heredero fiel de ese espíritu y desde que inició su alocada y obsesiva carrera hacia la Moncloa ha terminado por desequilibrar todos los espacios electorales en los que se movía el votante y ciudadano español. Sus alianzas con la izquierda ultramontana de Podemos  y los independentistas catalanes y vascos, han descolocado a un centroderecha desnortado por la debilidad política de Rajoy y que termina fracturándose y refugiándose su parte más conservadora en un partido como Vox y  alimentando al mismo tiempo la base electoral de un desconcertante Ciudadanos.

Todo este batiburrillo de partidos y líderes han recogido los millones de votos que de una forma u otra han ido desperdigándose por el suelo patrio en estas últimas elecciones municipales, autonómicas y europeas. Esta primera fase de acuerdos para alcanzar gobiernos municipales ha sido delirante, como una especie del famoso juego infantil de la silla que iba moviéndose entre los participantes hasta que el ganador se quedaba sobre la única que restaba. Si infantil era aquel juego, más pueril y penoso ha sido el espectáculo que los partidos han dado hasta el último minuto en la composición de algunos Ayuntamientos.

Es sintomático que solo en ocho  municipios de los 63 más grandes de España se han podido constituir las alcaldías con mayoría absoluta, entre los que destacan Vigo o Marbella, en las 55 restantes se han “sufrido” los pactos que han supuesto recuperar Madrid o Zaragoza para el centro derecha o la continuidad de las izquierdas radicales en Barcelona o Valencia por citar algunas capitales de las más relevantes. En Andalucía las dos grandes ciudades, Sevilla y Málaga, han continuado después de los acuerdos, con sus alcaldes socialista y popular respectivamente.

Así se ha ido fraguando un mapa municipal que influirá indudablemente en la próxima ronda que nos espera para abordar el gobierno de las comunidades autónomas y el de España. La consecuencia es que Sánchez queda muy debilitado después de perder el partido socialista o no conquistar más poder territorial y después de ver también cómo sus aliados podemitas se han desmoronado y  que sólo le restan los enemigos de España, independentistas y batasunos, como compañeros de un viaje muy arriesgado y peligroso.

¿Será Sánchez capaz de pensar alguna vez en España,? continuará…

Jorge Hernández Mollar

 

La Iglesia, frente al drama de la trata

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El Ministerio del Interior publica cada año los datos relativos a la trata de seres humanos en España. Y su último informe no ha podido ser más demoledor: existen en nuestro país 10.111 personas abocadas a la prostitución, así como más de 12 mil forzadas laboralmente. La mayoría de ellas son mujeres, y llegaron a España escapando de situaciones límite o engañadas por las mafias. Acciones que reeditan en nuestros días prácticas esclavistas que creíamos ya superadas.

Son miles de historias con un final más que incierto, testimonios del lado más degradante de la condición humana. Relatos casi anónimos abocados al drama, si no fuera por el ejemplo y la dedicación de instituciones y personas que hacen suyo el sufrimiento de estas mujeres. Ahí también está la Iglesia. El Centro Al Alba de las religiosas Oblatas, el hogar Villa Teresitao el proyecto ONNA Adoratrices son algunas de las iniciativas surgidas los últimos años en el seno de la Iglesia en Sevilla para salir al paso de unas vidas marcadas por el maltrato.

La casa de acogida de ONNA cuenta con doce plazas en las que se atiende a mujeres procedentes en su mayoría del continente africano (Nigeria o Costa de Marfil), así como de América (Venezuela y Paraguay). La permanencia en este hogar no tiene límite temporal; en la actualidad oscila entre uno y dos años, y depende del grado de formación de la mujer y de sus posibilidades de inserción laboral. Algo que se consigue con la participación en foros de sensibilización social, la recuperación de la autoestima y la confianza de la persona atendida, así como su preparación de cara a la búsqueda de un empleo digno. Unas tareas que ocupan buena parte del tiempo de las ocho personas tres de ellas miembros de la congregación de las Religiosas Adoratrices- que hacen posible esta respuesta eclesial al drama de la trata de mujeres.

“Es posible salir del túnel. Realmente hay salida”. Es el mensaje que las Adoratrices han grabado en el frontispicio de un proyecto implicado de lleno en las problemáticas de unas mujeres, “supervivientes natas”, que gracias a la Iglesia consiguen mirar al futuro con esperanza.

 

 

Papa Francisco: «Que los hijos de separados vean a sus padres tratarse bien; difícil, pero puede hacerse»

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El Papa Francisco está realizando una intensa catequesis sobre la familia. En la audiencia papal del pasado miércoles 20 de mayo, ha reflexionado sobre la educación de los hijos como vocación natural de la familia. A continuación, apartes de la catequesis.

“Y continuamos reflexionando sobre la familia y hoy de una característica esencial de la familia, o sea, de su vocación natural a educar a los hijos para que crezcan en la responsabilidad de sí y de los otros. Lo que hemos escuchado del apóstol Pablo al inicio es muy bonito, muy bonito. Vosotros hijos obedeced a los padres en todo, eso agrada al Señor. Y vosotros padres, no exasperéis a los hijos, para que no se desanimen. Esto es una regla sabia, el hijo que es educado en escuchar a los padres, obedecer a los padres que buscan no mandar de una forma fea para no desanimar a los hijos.

Y por eso, esta relación entre padres e hijos es de una sabiduría, debe ser de una sabiduría, de un equilibrio grande. Hijos, obedeced a los padres, eso gusta a Dios. Y vosotros padres, no exasperéis a los hijos pidiendo cosas que no puede hacer. ¿Entendido?

Y eso se hace para que los hijos crezcan en la responsabilidad de los otros, parecería una constatación obvia, incluso también en nuestros tiempos no faltan las dificultades. Es difícil educar para los padres que ven a los hijos solo por la noche, cuando vuelven a casa cansados. Los que tienen la suerte de tener trabajo.

Y más difícil aún para los padres separados, con la carga de esta condición. Es muy difícil educar pero... pobres, han tenido dificultades, se han separado y muchas veces el hijo es tomado como rehén, el padre le habla mal de la madre, la madre le habla mal del padre. Y se hace mucho mal.

Yo os digo, matrimonios separados, nunca, nunca, nunca, tomar al hijo como rehén. Vosotros os habéis separado por muchas dificultades y motivos, la vida os ha dado esta prueba, pero que los hijos no sean los que lleven el peso de esta separación. Que los hijos no sean usados como rehén contra el otro cónyuge. Que los hijos crezcan escuchando que la madre habla bien del padre, aunque no estén juntos. Y que el padre habla bien de la madre. Para los matrimonios separados esto es muy importante, es muy difícil pero podéis hacerlo.

Pero, sobre todo, esta es la pregunta, ¿cómo educar? ¿Qué tradición tenemos hoy para transmitir a nuestros hijos?

Intelectuales “críticos” de todo tipo han acallado a los padres de mil manera, para defender a las jóvenes generaciones de los daños -reales o presuntos- de la educación familiar. La familia ha sido acusada, entre otras cosas, de autoritarismo, de favoritismo, de conformismo, de represión afectiva que genera conflictos.

De hecho, se ha abierto una fractura entre la familia y la sociedad. Entre familia y escuela. El pacto educativo hoy se ha roto. Y así, la alianza educativa de la sociedad con la familia ha entrado en crisis porque ha sido socavada la confianza recíproca.

Los síntomas son muchos. Por ejemplo, en la escuela se han erosionado las relaciones entre padres y los profesores. A veces hay tensiones y desconfianza recíproca; y las consecuencias naturalmente recaen en los hijos.

Por otro lado, se han multiplicado los llamados “expertos” que han ocupado el rol de los padres también en los aspectos más íntimos de la educación. Sobre la vida afectiva, la personalidad y el desarrollo, sobre los derechos y los deberes, los “expertos” saben todo; objetivos, motivaciones, técnicas.

Y los padres deben solo escuchar, aprender y adecuarse. Privados de su rol, se convierten a menudo en excesivamente cargantes y posesivos en lo relacionado con los hijos, hasta no corregirles nunca.

¡Pero tú no puedes corregir al hijo! Tienden a confiar cada vez más a los ‘expertos’, también para los aspectos más delicados y personales de su vida, dejándoles en la esquina solos; y así los padres corren el riesgo de autoexcluirse de la vida de sus hijos. ¡Y esto es gravísimo!

Hoy... no, pensemos... hay casos... no digo que sucede siempre... pero hay casos. La maestra en la escuela, regaña al niño y hace un escrito a los padres.

Yo recuerdo una anécdota personal, yo una vez cuando estaba en cuarto de primaria dije una palabra fea a la profesora. Y la profesora, buena mujer, hizo llamar a mi madre. Mi madre vino al día siguiente, han hablado entre ellas y luego me llamaron. Y mi madre, delante de la profesora me explicó que lo que había hecho era algo feo, que no se debe hacer, pero con mucha dulzura lo hizo mamá. Y me dijo que pidiera perdón a la maestra.

Yo lo hice y después me quedé contento porque pensé, ha terminado bien la historia. Pero ese era el primer capítulo. Cuando volví a casa, comenzó el segundo capítulo. Imaginadlo vosotros.

Hoy, la maestra, hace una cosa como esta y el día siguiente, uno de los padres o los dos van a regañar a la profesora porque los técnicos dicen que a los niños no hay que regañarles así. ¡Han cambiado las cosas! Los padres no deben autoexcluirse de la educación de los hijos.

Es evidente que este enfoque no es bueno: no es armónico, no es dialógico, y en vez de favorecer la colaboración entre la familia y las otras agencias educativas, las escuelas, los gimnasios, tantas agencias educativas, las contrapone.

¿Cómo hemos llegado a este punto? No hay duda de que los padres, o mejor, ciertos modelos educativos del pasado, tenían algunos límites. ¡No hay duda! Pero es verdad que hay errores que solo los padres están autorizados a hacer, porque pueden compensarles de una forma que es imposible para otros.

Por otro lado, lo sabemos bien, la vida nos ha dejado poco tiempo para hablar, reflexionar, debatir. Muchos padres están “secuestrados” por el trabajo, papá y mamá deben trabajar, y por otras preocupaciones, avergonzados por las nuevas exigencias de los hijos y de la complejidad de la vida actual, que es así, debemos aceptarla como es, y se encuentran como paralizados por el miedo a equivocarse.

El problema no es solo hablar. Es más, un “dialogismo” superficial no lleva a un verdadero encuentro de la mente y del corazón. Preguntémonos más bien: ¿tratamos de entender ‘donde’ los hijos están realmente en su camino? ¿Dónde está realmente su alma, lo sabemos? Y sobre todo ¿lo queremos saber? ¿Estamos convencidos que ellos, en realidad, no esperan otra cosa?

Las comunidades cristianas están llamadas a ofrecer apoyo a la misión educativa de las familias, y lo hacen sobre todo a la luz de la Palabra de Dios. El apóstol Pablo recuerda la reciprocidad de los deberes entre padres e hijos: “Vosotros, hijos, obedeced a los padres en todos; eso agrada al Señor. Vosotros, padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desanimen”.
En la base de todo está el amor, lo que Dios nos dona, que “no falta el respeto, no falta el propio interés, no se enfada, no tiene en cuenta el mal recibido… todo lo perdona, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. ¡También en las mejores familias es necesario aguantarse y es necesaria mucha paciencia! El mismo Jesús ha pasado a través de la educación familiar.

Deseo que el Señor done a las familias cristianos la fe, la libertad y la valentía necesarias para su misión. Si la educación familiar encuentra el orgullo de su protagonismo, muchas cosas cambiarán a mejor, para los padres inciertos y los hijos desilusionados.

Es hora de que los padres y las madres vuelvan de su exilio, porque se han autoexiliados de la educación de sus hijos, que vuelvan de su exilio y asuman plenamente su rol educativo. Esperemos que el Señor nos dé esta gracia de no autoexiliarse en la educación de los hijos. Y esto solamente pueda hacerlo el amor, la ternura y la paciencia.”

 

 

"Guadalupe poliédrica"

El Papa Francisco pedía “¡Un aplauso para la nueva beata! ¡Todos juntos!”. Un aplauso para Guadalupe Ortiz de Landázuri beatificada el 18 de mayo en Madrid. Y añadía: “Sirvió con alegría a sus hermanos y hermanas compaginando la enseñanza y el anuncio del Evangelio. Su testimonio es un ejemplo para las mujeres cristianas comprometidas en actividades sociales y en la investigación científica”.

Recuerdo, estaba presenta, en la beatificación de Guadalupe Ortiz de Landázuri el Cardenal Becciu aplicó a la nueva beata la imagen de ser una mujer “poliédrica”. Con esta expresión podía destacar las múltiples facetas de su atractiva personalidad: como química, como mujer cristiana, como fiel del Opus Dei, como mujer apostólica, como enferma, y otras muchas.

Como profesional destacó en el mundo de la química, siempre apasionada por la investigación y la enseñanza, hasta los últimos días en la Clínica Universitaria de Navarra. Como mujer cristiana ha sido una mujer más apasionada aún con Jesucristo, buscándole cada día en la Eucaristía, en la oración, en el Rosario, en la familia y en la calle. En verdad Él ha sido el centro de su vida enamorada, pues procuraba hacer todo por Cristo, con Él y en Él, como una buena hija de Dios. Como fiel del Opus Dei se entregó a su vocación con una creciente fidelidad, estando disponible para las tareas apostólicas y el servicio generoso a los demás. Fue directora de la Residencia Universitaria Zurbarán desviviéndose día y noche por las residentes siempre con una sonrisa, el sello de Guadalupe.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Los Verdes en Europa

El avance de los partidos “Verdes” en las elecciones europeas, especialmente en Alemania y Francia, es un reflejo de la intensa preocupación por los problemas ecológicos, pero también de la crisis de los grandes partidos tradicionales. En algunos lugares Los Verdes ya tienen experiencia de gobierno y han mostrado pragmatismo y capacidad de pacto, por lo que pueden atraer votos del centro izquierda y del centro-derecha, un fenómeno que no según parece ha aflorado aún en España. Pero en otros siguen presa de un pensamiento utópico

Precisamente en vísperas las elecciones, el Dicasterio vaticano para el Desarrollo Humano Integral dirigió un mensaje a la comunidad científica con motivo del cuarto aniversario de la encíclica Laudato Si, dedicada al cuidado de la “casa común” como le gusta decir al Papa Francisco. En el mensaje, me ha parecido entender, la Iglesia urge a tomar ya medidas concretas para afrontar con decisión los acuerdos climáticos y “responde con valentía” a los gritos cada vez más angustioso de la Tierra y de los pobres.

Domingo Martínez Madrid

 

 

¿Caridad? ¿Solidaridad?

La batalla del lenguaje se está dando a todos los niveles. Ante algunas nuevas realidades, que suelen ser tan antiguas como el mundo, se pretende introducir un diverso significado a palabras bien enraizadas en la cultura de un pueblo. Y a la vez, se pretende sustituir unas palabras por otras, en el intento de hacer desaparecer algunos vocablos del lenguaje común. Recordemos, entre otros muchos casos, el cambio en el registro civil de las palabras “padre/madre”, por “progenitores a/b”. Y si no se consigue que desaparezcan, al menos, que se reduzca su significado. Manipulación ridícula.

Las dos palabras del título de estas líneas son otro buen ejemplo, aunque muy diferente a Dios gracias, de lo que acabo de escribir. Todos habremos oído hablar de “solidaridad”, también en homilías, sermones, etc.; y en cambio, la palabra “caridad” apenas si la oímos mencionar, salvo cuando se refieren a la organización católica denominada “Caritas”.

Benedicto XVI tituló una de sus Encíclicas con estas palabras “Deus caritas est”. En castellano traducimos, “Dios es Amor” quizá por pensar que si dijéramos “Dios es Caridad” rebajaríamos el sentido más profundo de la palabra Amor; cuando lo que haríamos sería enriquecerlo. Lo que nunca se nos ocurriría sería decir: “Dios es solidaridad”. ¿Por qué? Sencillamente porque la “caridad” incluye y enriquece la “solidaridad”.

 “Solidaridad” es una palabra cultural y social que manifiesta relación horizontal con los demás componentes de una sociedad. La “caridad”, palabra cristiana por excelencia, lleva consigo en primer lugar un amor profundo a Dio; y en el corazón de Dios, un amor profundo y sincero a todos los seres humanos criaturas de Dios. El Diccionario de la Lengua Española define así la palabra solidaridad. “Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”.

Xus D Madrid

 

 

HOMENAJE A CERBANTES EN EL DÍA DE SU MUERTE

MIGUEL DE CERBANTES SA AVEDRA UNA VIDA DE FRACASOS Y PENURIAS COMENTADA HOY: 403 AÑOS DE SU MUERTE EN 1616

Del tan famoso (hoy) “príncipe de las letras españolas”, poco se supo hasta cien años después de su muerte y gracias a un miembro de la familia real inglesa, historia resumida que les ofrezco, como una prueba más de lo que España hizo y hace por la intelectualidad española; lean y si les parece comenten, merece la pena; ya que el libro EL QUIJOTE, ES DE LOS MÁS TRADUCIDOS DE TODO EL MUNDO Y “EL IDIOMA ES EL VERDADERO TESORO DEL SER HUMANO”, ya que sin un idioma no seríamos nada, y “EL ESPAÑOL” (que no castellano) es el segundo idioma más hablado en este planeta: AGF abril 2018

NOTA: Ver al final del relato reproducción de la firma y apreciar los detalles: Firmaba con b y separando las dos a del segundo apellido; las firmas están en el archivo de la catedral de Jaén, en documentos que firmara el autor en su paso por la ciudad como agente del rey comprando vituallas para su ejército.

Quijote EL INGENIOSO HIDALGO LIBRO DE 1916

 

            Los párrafos de más abajo se insertan, corresponden al libro: “EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA: de Miguel de Cervantes Saavedra: Editado en 1916  por Ramón Sopena (Editor) Provenza, 93 a 97: BARCELONA.

            Edición especial dedicada al tercer centenario de la muerte del autor:

            Se inicia el libro con un amplio prólogo firmado por A. Herrero Miguel, del que extraigo lo siguiente:

**********************

            “Edición revisada del Quijote” – “En el tercer centenario de su muerte, al más alto representante de la mentalidad hispana”.

            “Inició las investigaciones en torno a la vida de Cervantes un loable capricho de lord Carteret  quien, deseoso de obsequiar a Carolina, mujer del rey Jorge II de Inglaterra, con la biografía del escritor español, dio el encargo de hacerla a Gregorio Mayáns y Siscar (1697-1781) “uno de los eruditos mejor informados del siglo XVIII” en sentir de Esnest Mérimée. Hasta entonces más de cien años de silencio habían gravitado sobre su nombre; pero a partir de Mayáns, aparecieron muchos continuadores –P. Sarmiento, Juan Antonio Pellicer, José Miguel Flores, Juan de Iriarte, Vicente de los Ríos, Martín Fernández de Navarrete…- que si bien lograron importantes descubrimientos, no consiguieron dar cima a su difícil y complicada empresa.[1] En la actualidad[2] y a pesar de que los continuadores modernos son infinitos, quedan en pie las palabras de Fors: “Antes del mes de octubre de 1568 en que Cervantes contaba 21 años y algunos días, nada absolutamente puede afirmarse de modo indubitable sobre los actos de su vida. Esta fecha es la que se constituye  el punto inicial desde donde puede  empezarse a seguir  con datos  concretos y comprobados la existencia de nuestro personaje.”

            Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares el año 1547. Ignorándose el día y el mes – fue bautizado en la iglesia de Santa María la Mayor de dicha ciudad el 9 de octubre del mismo  año. La tradición ha venido señalando hasta hoy, la casa donde se dice que vino al mundo[3]; quedan de ella una pared y una puerta tapiadas sitas en la huerta  de los capuchinos, reveladoras de la modestísima vivienda y de la pobreza de sus moradores. Se desconocen los motivos que llevaron a Alcalá a la familia de Cervantes. – Está probado que estudió en la Universidad de Alcalá y Sevilla; sin embargo, es de presumir que la falta de recursos de sus padres no le permitieron completar los estudios de aquel tiempo, puesto que se queja en sus obras repetidas veces   de su poca cultura y erudición[4]. “Los datos fidedignos que poseemos sobre la infancia, niñez y adolescencia de Cervantes –dice Clemente Cortejón- se reducen a dos: que siendo muchacho había oído en el teatro a Lope de Rueda, y que López de Hoyos le llamaba mi caro y amado discípulo”.  En 1566-1569 y en la escuela de Juan López de Hoyos, a la que asiste: Hace sus primeras armas literarias: escribió un soneto, cinco redondillas y una elegía a la muerte de Isabel de Valois, esposa de Felipe II, contaba a la sazón 21 años.  A los veintidós y al finalizar diciembre de 1569 marcha a Roma donde al principio fue, camarero del cardenal Julio Aquaviva .  En 1570 deja el palacio del cardenal y se alista en la compañía que manda Diego de Urbina capitán del regimiento de infantería de Miguel de Moncada, a las órdenes de Marco Antonio Colonna.  El 7 de octubre de 1571, memorable para la Europa cristiana, postrado en la galera Marquesa por unas calenturas que le hubieran dispensado el batirse, tomó parte en la batalla naval del Golfo de  Lepanto. – Dos arcabuzazos en el pecho y  uno en la mano izquierda que se la destrozó –por haberla perdido-  se le llama: “el manco de Lepanto”. Estuvo en Corfú, y en las jornadas de Levante y Navarino. Asistió –según testimonio de su padre-  a la toma de La Goleta y de Túnez. En 1574 y parte de 1575 recorre Cerdeña, Génova, Nápoles y Sicilia.[5]. Como a pesar de  sus meritorios servicios durante cinco años de vida militar no mejoraba de condición, seguía siendo simple soldado, solicitó licencia y se embarcó en la galera Sol con rumbo a España, pensando que en la península obtendría algún premio, y en una vida tranquila que  reparase sus cansadas energías. El 26 de septiembre de 1575, tres “galeotas” corsarias, abordan la nave y es hecho prisionero y llevado a Argel (sigue un relato pormenorizado). Cinco  años duró el cautiverio de Miguel. Su aspecto distinguido y las cartas de recomendación que llevaba para el monarca español, de don Juan de Austria y del duque de Sesa, le perjudicaron, porque su dueño (fue esclavo) el arraez  Dalí Mamí, suponiéndole persona principal, dióle durísimo trato con la esperanza de que el ansia de verse libre aumentaría el precio de su libertad (rescate)… (Sigue un relato pormenorizado de sus intentos de fugas y negociaciones). El 19 de septiembre de 1580, le rescata el trinitario Fr. Juan  Gil entregando al rey Azán quinientos escudos de oro (unas 5000 ptas: de 1916, calcula el autor). Dos cédulas existentes en el Archivo de Simancas atestiguan que en el mes de junio de 1581 se hallaba en Cartagena, y el de agosto en Lisboa; en esta ciudad debió conocer a la dama portuguesa Ana Franca de quien tuvo una hija natural. Isabel de Saavedra. Con la preocupación de ascender y obtener honores sirve en las tres campañas de 1581-1582; probablemente se batió en aguas de la isla de San Miguel, y  en las islas Terceras (Las Azores). Nada se sabe de sus hechos en estas expediciones, ni de cómo  desempeñó en Mostagán la  misión que le fue confiada, ni de su residencia en Orán. Desvanecidos los sueños que le impulsaron a seguir la carrera de las armas, fijó su morada en Esquivias  y “desde aquella época – afirma un escritor- pertenece a la literatura”. (publica diferentes obras, se pormenorizan en el relato).

            Desde 1587 principia para Cervantes un largo y ondulante período de sinsabores y disgustos. Abandona el teatro donde no consiguió triunfar, y empujado por la necesidad, sin orientación definitiva de ninguna especie, se dedica a las ocupaciones más distanciadas de su temperamento. Acepta en Andalucía el cargo de Comisario Real para proveer de víveres a la “Flota Invencible”  y al Ejército[6], su rectitud le acarrea una censura eclesiástica (1588-1589). Solicita del  rey, sin conseguirla, una plaza de las que estaban vacantes en Indias (1590). Continúa su vida errante y miserable de pueblo en pueblo, retribuido con diez reales diarios (1591-1592). En septiembre de 1592 “por ajena culpa –asegura Clemente Castejón- y motivo no deshonroso es reducido a prisión en Castro del Río.[7] Vuelve a Madrid (1594) y consigue que el consejo de Contaduría Mayor le nombre recaudador de contribuciones en Granada; a los tres años (1597) aparece contra él un descubierto de 2.641 reales, y un juez de Sevilla ordena su encarcelamiento. Cervantes le sufrió hasta que bajo fianza se traslada a Madrid a rendir cuentas; el verdadero culpable fue un tal Simón Freise de Lima que había sustraído dichos fondos. Sábese que una vez libre, pero separado de la Hacienda Pública, vivió en Sevilla y tuvo a su cargo varias comisiones particulares de importancia (1598). Mientras desempeñó los empleos apuntados, sobreponiéndose a la agobiadora inquietud de su vivir andariego, y aun su abatimiento y desesperación acrecentados por hallarse cada vez más menesteroso, escribe poesías diversas, sonetos, y un romance que figura en  la “Flor de varios y nuevos romances de Andrés de Villalva”.

            Nada sabemos positivamente de Cervantes, desde fines de 1598 a principios de 1603. El 24 de enero de 1603 recibe una orden y marcha a Valladolid para asistir a la depuración definitiva y favorable de las irregularidades que motivaron su proceso. Al trasladarse a la precitada ciudad trae consigo –Ernest Mérimeé, Fitzmaurice-Kelly…- el manuscrito de la primera parte del Quijote. Esta obra que nadie sabe cuándo, ni  dónde se escribió- todo lo dicho acerca del particular ha sido cimentado en conjeturas y leyendas, -imprímese en Madrid (1604)[8] y es lanzado al mercado literario en 1605. El pueblo la acogió con entusiasmo delirante[9].  En el mismo año alcanza seis ediciones: se repite en Madrid, dos en Lisboa y  otras dos en Valencia. Comienza Cervantes a tener enemigos en la república de las letras: Lope de Vega no es el más recatado. Las extraordinarias aventuras de don Quijote y Sancho Panza, traducidas a las principales lenguas europeas, recorren triunfantes el mundo entero.[10]  El 27 de Junio de 1605, meses después de la publicación del “Quijote”, la desgracia que fue siempre su compañera inseparable (continua un relato que omito, porque lo creo conocido).

            En 1606 vuelve a Madrid, pues sigue a la Corte que vuelve. Apuros económicos impídenle escribir. Dedícase, como en otro tiempo, a desempeñar las comisiones particulares que le encomendaban. Las mujeres de su casa ayudan al sostenimiento de todos, protegidas por los marqueses de Villafranca.[11]Sale otra edición del Quijote, de la imprenta de Juan de la Cuesta (1608) (omito un espacio grande y termino con su muerte y enterramiento). Su cadáver fue amortajado con el sayal de San Francisco, y colocada en su diestra una sencilla cruz de madera. Cuatro hermanos de la Orden Tercera llevárosle seguido de dos poetas fieles amigos suyos, a la iglesia de las monjas Trinitarias, donde al día siguiente recibió cristiana sepultura. Cuando la inmortalidad gravaba su nombre en todas las frentes, la acción lenta, inexorable, de un siglo en olvido, habíale borrado de su tumba. El lugar que guarda los restos del príncipe de los ingenios españoles sigue ignorándose hasta hoy.

 

*******************

     El libro que cito al principio, tiene muchos más datos, entre ellos una relación bastante grande de sus obras y ediciones en España y el extranjero, pero para ver todo ello, mejor ir a la Biblioteca Nacional, donde seguro, se encontrará el original de este interesante libro, conmemorativo del tercer centenario de la muerte de CERBANTES (CON “B”,  que es como firmaba: verlo al final de esta recopilación: efectuada en la ciudad de Jaén, en los primeros días de diciembre del 2005)

 

Antonio García  Fuentes

(Escritor y Filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí muchos temas más)

 

CERBANTES:  

 

FIRMA HOLÓGRAFA DEL MISMO Y QUE CONSTA EN EL ARCHIVO PROVINCIAL SITUADO EN LA CATEDRAL DE JAÉN:

 

   Miguel de Cerbantes (firmaba con B y hay testimonio de ello en los archivos PROVINCIALES, hoy situados y cuidados en la Catedral de Jaén; pues estuvo en Jaén y firmó aquí en su época de avituallador del imperio: la firma la reprodujo la revista “Senda de los Huertos”; nº 11 – Julio / septiembre 1988: Pág. 76/77: Obsérvese igualmente que reproduce su nombre y apellidos de esta curiosa forma: “Miguel de Cervantes (minúscula la inicial) Sa avedra (separa en dos partes su segundo apellido).

 

(VER FIRMAS REPRODUCIDAS AL FINAL EN PÁGINA 5)

 

 

 

REPRODUCCIÓN REPETIDA: MÁS APAISADA:

 

 

 

 


[1] Está claro que la noticia de aquel encargo regio, se correría como un reguero de pólvora encendida, entre “los eruditos o paniaguados, de la siempre hostil república de las letras españolas”… los que vieron con asombro infinito, que aquel olvidado “compatriota”, era requerido por el interés de nada menos que la reina de Inglaterra, la que indudablemente atraída por las lecturas que pudiera haber reunido de nuestro “ilustre manco”, comentaría ello y el “halagador”, lord inglés… y vete a saber el dinero que gastaría en ello; quiso facilitar la biografía a su reina. No olvidemos que son épocas en que el idioma erudito es el latín y que cualquier obra podía circular por toda Europa y ser leída, al menos por  las élites y bien preparados en el “idioma de La Iglesia”. Por todo ello, creo que y haciendo justicia, es a la “corona inglesa” a la que debemos el rescate de la obra de Cervantes, la  que como veremos, “dormía el sueño de los justos”: A.G.F.  03-12-2005.

[2] Recordemos que estamos entre 1915-1916.

[3] Está claro que no se sabe ni el lugar ni la fecha, algunos aventuran que por la costumbre de imponer el nombre del santo del día, debió nacer el 29 de septiembre, día de San Miguel (viene indicado en el libro).

[4] O sea, que como yo mismo, es un autodidacta más, “de los muchos que marcan historia en este mundo”.

 

[5] No olvidemos que ya está manco.

[6] O sea que tiene que hacer “de lo que hoy llamaríamos agente comercial” y tiene que volver “a las comisiones,” tras publicar la primera parte de “su Quijote” y aguantar todo lo que sabemos y lo que no sabemos. Ciertamente, pues estuvo en Jaén y en los archivos provinciales, dejó su firma de “tratante en víveres”. La reproduzco con un comentario al final de éste texto. AGF.

[7] Para mi está claro que en todos estos largos períodos  de tiempo, “su Quijote” va escribiéndolo  en papel o amontonando datos y vivencias en su ser, ya que otra cosa no es “el gran libro”…  por aquello de que quién no vive y experimenta, no puede escribir apenas de nada, las buenas obras  las han realizado seres experimentados, siempre… al menos es mi juicio. AGF

[8] Curiosamente estamos celebrando el centenario en el 2005, cuando correspondería en el 2004…¿…?.AGF.

[9] Me extraña ese entusiasmo delirante, de un pueblo en inmensa mayoría analfabeto y ajeno a “las letras” AGF,

 

[10] Sorprende, por tanto, la noticia que dan por cierta y la miseria que arrastró hasta su muerte.  AGF

[11] O sea que “tanta edición de libro nacional e internacionalmente”, no le han dado ni par vivir un año. AGF.