Las Noticias de hoy 13 Junio 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 13 de junio de 2019  

Indice:

ROME REPORTS

El Papa en la catequesis: La comunión supera las divisiones

Papa a capellanes de aviación civil: hagan presente a Cristo en los aeropuertos

EEUU: Obispos luchan contra los abusos en comunión con el Papa

JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE: Francisco Fernandez Carbajal

“Has de ir al paso de Dios; no al tuyo”: San Josemaria

Tema 7. La elevación sobrenatural y el pecado original: Santiago Sanz

Transmitir la fe (1): A. Aguiló

La Fe mueve montañas: Rosario Prieto

Todo sobre el Corazón de Jesús: junio, mes del Corazón de Jesús: Jesús de las Heras Muela

¿Y si la ciencia demostrara que Dios no existe?: André Frossard

«Compartiendo el Viaje», cuando migrar no es como esperabas: Sofía Lobos

El Informe FOESSA-Cáritas señala que hay más pobres en España que hace diez años

El factor padre-hija: más influyente de lo que muchos hombres imaginan: LaFamilia.info

ESCUELA PARA PADRES. La soberbia en la familia.: Francisco Gras

Ha despertado el interés: JD Mez Madrid

Otra Pascua sangrienta: Pedro García

La laicidad o laicismo: Jaume Catalán Díaz

Pensamientos y reflexiones 222: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

ALTA EN EL BOLETIN: boletin-help@ideasclaras.org

BAJA BOLETÍN: boletin-unsubscribe@ideasclaras.org

 

 

ROME REPORTS

 

 

 

El Papa en la catequesis: La comunión supera las divisiones

Redescubrir la belleza de dar testimonio del Resucitado y dejar atrás las actitudes autorreferenciales, renunciando a retener los dones de Dios y no cediendo a la mediocridad: fue la indicación del Papa Francisco en su segunda catequesis basada en los Hechos de los Apóstoles, en el miércoles 12 de junio

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

En una plaza de san Pedro acariciada en las primeras horas de la mañana por el sol primaveral, el Papa Francisco continuó con su nuevo ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, interrumpido la semana pasada  por su catequesis sobre su reciente viaje apostólico en Rumanía. El pasaje evangélico del cual tomó el punto de partida de su reflexión fue el capítulo 1 de los Hechos, versículos 21-22.26. 

Aferrados a María

«Hemos comenzado un nuevo ciclo de catequesis que seguirá el «viaje» del Evangelio que narra el libro de los Hechos de los Apóstoles. Todo tiene origen en la Resurrección de Cristo, que es la fuente de vida nueva. Por eso los discípulos permanecen unidos y perseverantes en la oración, junto a María, la Madre de Jesús y de la nueva comunidad, en espera de recibir el Espíritu Santo».

Uno de los dolorosos acontecimientos de la Pasión que muestra este libro, dijo el Papa, es que los Apóstoles del Señor ya no son los doce elegidos por Él, sino once. Esto sucede porque Judas se quitó la vida aplastado por el remordimiento:

«Esa primera comunidad estaba formada por ciento veinte hermanos y hermanas, un número que contiene el doce, emblemático para Israel, por las doce tribus, y también para la Iglesia, por los doce Apóstoles elegidos por Jesús, que después de los acontecimientos dolorosos de la pasión, con la traición de Judas, se redujeron a once».

El virus del orgullo infectó el corazón del Apóstol

Judas, explicó Francisco, “había empezado a separarse de la comunión con el Señor y con los demás, a hacer a solas, a aislarse, a apegarse al dinero hasta explotar a los pobres, a perder de vista el horizonte de la gratuidad y de la entrega, hasta que permitió que el virus del orgullo infectara su mente y su corazón”:

«Judas, que había recibido la gracia de formar parte del grupo inseparable de Jesús, perdió de vista el horizonte de la gratuidad del don recibido y dejó entrar en su corazón el virus del orgullo; y de amigo se volvió enemigo de Jesús, traicionándolo».

Así, Judas, que había recibido esta gracia «prefirió la muerte a la vida, un camino de oscuridad y ruina. Los otros once, en cambio, escogieron la vida y la bendición, convirtiéndose en responsables de trasmitirlas de generación en generación, del Pueblo de Israel a la Iglesia».

Se inaugura el discernimiento comunitario

Se hizo necesario entonces “reconstituir el grupo de los doce”, y así “se inaugura la práctica del discernimiento comunitario”, que consiste en ver la realidad a través de los ojos de Dios, desde el punto de vista de la unidad y la comunión:

«El evangelista Lucas nos dice cómo el abandono de Judas causó una herida al cuerpo comunitario. Era necesario que su misión pasara a otro. Pedro indicó el requisito indispensable: haber sido discípulo de Jesús desde el principio hasta el fin, desde el bautismo en el Jordán hasta la Ascensión».

He aquí que la comunidad ora de la siguiente manera – siguió diciendo Francisco: «Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muestra cuál de estos dos has elegido para ocupar el lugar que Judas ha abandonado». Y el Señor indica a Matías:

«De los dos candidatos propuestos, el escogido fue Matías, que es asociado a los once, reconstituyendo el colegio apostólico, signo de que la comunión es el primer testimonio de una comunidad viva y que sigue el estilo del Señor».

La comunión supera las divisiones

Lea también

 

Audiencia General del 12 de junio de 2019

12/06/2019

AddThis Sharing Buttons

Share to Facebook

Share to TwitterShare to WhatsApp

Audiencia General del 12 de junio de 2019

De esta manera - prosiguió el Santo Padre - se reconstituye el cuerpo de los Doce, signo de comunión, y esa comunión supera las divisiones, el aislamiento, la mentalidad que absolutiza el espacio privado, signo de que la comunión es el primer testimonio que ofrecen los Apóstoles.

Redescubrir la belleza de dar testimonio del Resucitado

El Romano Pontífice señaló entonces también nuestra necesidad de “redescubrir la belleza de dar testimonio del Resucitado", "dejando atrás las actitudes autorreferenciales, renunciando a retener los dones de Dios y no cediendo a la mediocridad”. Puesto que la reconstitución del colegio apostólico "muestra cómo en el ADN de la comunidad cristiana hay unidad y libertad de sí mismo, que nos permite no temer la diversidad, no apegarnos a las cosas y a los dones y ser mártires, es decir, testigos luminosos del Dios vivo y operante en la historia”.

Pedir el don de vivir bajo la Señoría de Cristo

Al saludar a los fieles, el Santo Padre Francisco dirigió un mensaje especial, como suele hacerlo, a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados. Haciendo presente la memoria litúrgica en el día de mañana de San Antonio de Padua, patrono de los pobres y los sufrientes, oró para que su intercesión los ayude a experimentar el auxilio de la misericordia divina. A los fieles peregrinos de lengua española, animó a pedir al Señor «el don de vivir bajo la señoría de Cristo, en unidad y libertad, como testigos de su Resurrección, para manifestar al mundo el amor y la misericordia de Dios que está presente y actúa en la historia de la humanidad», y les impartió su bendición.

 

 

Papa a capellanes de aviación civil: hagan presente a Cristo en los aeropuertos

El Papa Francisco recibió a mediodía a los participantes en el Seminario Mundial sobre el tema: “Los capellanes católicos y los agentes de pastoral de la Aviación Civil al servicio del desarrollo humano integral” y los exhortó a llevar a los aeropuertos, “grandes periferias humanas”, “la presencia del Único que conoce lo que hay en el corazón de cada hombre”

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

“En los aeropuertos ustedes son en primer lugar una presencia de gratuidad: representan la gratuidad del amor de Dios en un ambiente donde todos se encuentran por trabajo o viajan por los más variados intereses”: lo afirmó el Papa al recibir en audiencia este mediodía en la Sala Clementina a los capellanes y agentes pastorales participantes en el Seminario Mundial dedicado al tema: “Los capellanes católicos y los agentes pastorales de la Aviación Civil al servicio del desarrollo humano integral”.

La fuerza de la gratuidad

Dirigiéndose a los 100 presentes entre capellanes y agentes pastorales, el Papa constata que la cultura de los aeropuertos no es, lamentablemente, una cultura de gratuidad. Es siempre lo contrario”. Y les dice:

“Ustedes ofrecen  la posibilidad de cruzar el ‘ahora de Dios’. Vuestro testimonio y el mensaje que dan aquí y ahora puede dejar una marca que dura para toda la vida, precisamente por la fuerza de la gratuidad”. Francisco constata asimismo que en los aeropuertos, el ritmo frenético del trabajo y el continuo tránsito de gente favorecen una atmósfera de anonimato e indiferencia, volviéndolos “grandes periferias humanas”. “En estos lugares – les dice el Papa – ustedes están llamados a llevar la palabra y la presencia de Cristo, el Único que conoce lo que hay en el corazón de cada hombre; llevar a todos, fieles y gentiles, el Evangelio de la ternura, de la esperanza y de la paz”.

Hacer sentir la cercanía de Dios

 “Los exhorto a desarrollar vuestro ministerio con dedicación y pasión, mirando a los miles de rostros que les pasan por delante con el corazón de Cristo, para que cada uno pueda sentir la cercanía de Dios”, les dice a continuación el Pontífice, porque “con esta mirada los aeropuertos se transforman en ‘puertas’ y ‘puentes’ de encuentro con Dios y con los hermanos, hijos del único Padre. Pueden incluso convertirse en lugares privilegiados donde la oveja perdida puede volver a encontrarse con su verdadero Pastor”. De hecho, en estos “lugares de partida y llegada” – continúa el Santo Padre – “a menudo se crea una zona neutral donde la persona en el anonimato logra abrir su corazón, iniciando un proceso de curación y de regreso a la casa del Padre, quizás abandonada desde hace tiempo por las diversas circunstancias de la vida”.

Una comunidad de creyentes

El Santo Padre dedica también palabras para la tripulación, los pilotos y asistentes de vuelo a quienes no resulta fácil administrar la propia vida personal: “también para ellos es importante vuestra presencia”,  asegura el Papa.

Francisco releva además cuánto capellanes y agentes pastorales que trabajan en los aeropuertos desean crear oportunidades de encuentro con Dios en la oración y en los Sacramentos. Un “sueño pastoral” que el Papa dice que comparte con ellos: “que en el aeropuerto pueda formarse una comunidad de creyentes que pueda ser levadura, sal y luz en aquel ambiente humano particular”.

Tutelar derechos y dignidad de los migrantes y refugiados

En este contexto Francisco no olvida a los migrantes y refugiados que llegan a los principales aeropuertos con la esperanza de poder pedir asilo o encontrar un refugio”. De ahí su invitación a las iglesias locales “a la debida acogida y solicitud de ellos, aunque se trata de una responsabilidad directa de la autoridades civiles”. Y dirigiéndose a los capellanes y agentes pastorales les recuerda que es parte de su cuidado pastoral “vigilar que sea siempre tutelada su dignidad humana y que sean salvaguardados sus derechos, en el respeto de la dignidad y de las creencias de cada uno”.

Laicos, misioneros con pleno derecho

Recordando que muchos de los capellanes y agentes pastorales realizan varios servicios en la realidad eclesial, comportando “fatiga física y espiritual, y tal vez incluso desaliento”, el Santo Padre considera importante involucrar en esta misión a laicos, como así también a religiosos para compartir con ellos “pesos y sobre todo la alegría de evangelizar”.

“Y esto quisiera subrayarlo. Me gusta que haya tantos laicos involucrados en esto. Y, por favor, no caigamos en la tentación de "clericalizar" a los laicos. Los laicos son mensajeros, son misioneros con pleno derecho”.

De la mano de María, llevar la salvación a los confines de la tierra

Finalmente, tras recordar la reciente celebración de la fiesta de Pentecostés, Francisco confía en que el Espíritu Santo los ilumine y llene de sus dones para que puedan retomar su ministerio con “nuevo ímpetu y vigor”. “Los encomiendo a María, Madre de la Iglesia, cuya fiesta celebramos hoy. En particular, la invocamos como Virgen de Loreto, patrona de la aviación, para que los ayude a ofrecer la llama de la fe a cada persona que encuentren en sus lugares de trabajo, para que la salvación llegue verdaderamente a los confines de la tierra”.

 

 

EEUU: Obispos luchan contra los abusos en comunión con el Papa

Avanzar en la prevención, curación y denuncia de los abusos. Es uno de los temas centrales de la Asamblea de primavera de los Obispos de EEUU, que se inauguró el 11 de junio en Baltimore. En un mensaje dirigido al Pontífice, estos Prelados subrayan que quieren combatir el crimen de los abusos en comunión con el Papa y con la Iglesia

Amedeo Lomonaco – Ciudad del Vaticano

"En la lucha contra el pecado y el crimen de los abusos sexuales, lo hacemos en comunión con Usted, Santo Padre, en la unidad episcopal y en el servicio generoso a todos”. Lo escriben los Obispos estadounidenses en el mensaje dirigido al Papa Francisco con ocasión de su Asamblea general. Los Prelados, "guiados por la sabiduría adquirida en el encuentro sobre la protección de los menores en la Iglesia", que se celebró en febrero en la Ciudad del Vaticano, añaden que se sienten enriquecidos por el testimonio de los supervivientes de los abusos.

Y precisamente el tema de la protección de los menores ha estado en el centro de la primera jornada, alentada de modo especial por la implementación del Motu Proprio del Papa "Vos estis lux mundi" dedicado al tema de los abusos, principalmente en la parte que concierne a las Iglesias locales. También se ha subrayado que se debe dar espacio a los laicos en las comisiones llamadas a juzgar el fracaso de los Obispos sobre los diversos casos; mientras, además, debe mejorarse "Carta de Dallas", un documento para la protección de los niños y de los jóvenes adoptado precisamente en esa ciudad en el año 2002.

Al servicio de los jóvenes

Con el Papa – observan también los Obispos – "compartimos la esperanza por el futuro de la Iglesia que vemos nacer entre los jóvenes de hoy”. "Compartimos también la preocupación pastoral por los jóvenes y nuestra llamada a dedicarnos con integridad y entrega al servicio de los jóvenes”.

Los Obispos llamados a vigilar

La Asamblea Plenaria, recuerda la agencia Sir, fue inaugurada con un mensaje del Nuncio Apostólico en los Estados Unidos, Monseñor Christophe Pierre, quien llegó a Roma hace unos días para participar en el encuentro – previsto el 13 de junio – del Papa Francisco con los Nuncios Apostólicos. En su mensaje, Monseñor Christophe Pierre exhorta a los Obispos a ser responsables, sobre todo en el tema de los abusos, porque están llamados a "velar por el rebaño y ser su guía". El Nuncio también recuerda que hay miles de católicos que siguen sirviendo a la Iglesia en las escuelas, las parroquias, los hospitales y demás actividades caritativas. Y ésta es la prueba – afirma – de que "la Iglesia está viva".

Reconocer los compromisos eclesiales

El último día de la Asamblea – el próximo 14 de junio – los Obispos estadounidenses serán llamados a votar la aprobación de un documento titulado "Reconocer nuestros compromisos eclesiales". En el texto también se ha incluido una norma según la cual cualquier código de conducta del clero debe ser aprobado en las diócesis y debe ser aplicable a los Prelados.

Algunos Obispos han fracasado en su misión

El Arzobispo de Baltimore, Monseñor William Lori, ha afirmado que "algunos Obispos han fracasado en el cumplimiento de las promesas hechas durante su ordenación episcopal y han cometido actos de abuso o han manifestado una mala conducta sexual”. Otros – prosigue – "han fracasado al no responder moral, pastoral y eficazmente a las acusaciones de abuso o malas conductas perpetradas por otros obispos, sacerdotes y diáconos”. "Son estos fracasos – afirma – los que han dejado a los fieles indignados, horrorizados y desanimados".

Suicidio asistido

Por último, en los Estados Unidos, la Asociación médica estadounidense reiteró ayer, mediante una votación, su oposición al suicidio asistido con la ayuda de un médico. Al comentar el resultado de la votación, Monseñor Joseph F. Neumann, Presidente de la Comisión pro-vida de la Conferencia Episcopal estadounidense, ha señalado que "el suicidio asistido tiene graves consecuencias para la sociedad en su conjunto”. “El suicidio asistido por el médico – concluyó el Prelado – es incompatible con su papel de médico”.

 

 

JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE*

Memoria

— Jesús supremo Sacerdote para siempre.

— Alma sacerdotal de todos los cristianos. La dignidad del sacerdocio.

— El sacerdote, instrumento de unidad.

I. El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec1.

La Epístola a los Hebreos define con exactitud al sacerdote cuando dice que es un hombre escogido entre los hombres, y está constituido en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados2. Por eso, el sacerdote, mediador entre Dios y los hombres, está íntimamente ligado al Sacrificio que ofrece, pues este es el principal acto de culto en el que se expresa la adoración que la criatura tributa a su Creador.

En el Antiguo Testamento, los sacrificios eran ofrendas que se hacían a Dios en reconocimiento de su soberanía y en agradecimiento por los dones recibidos, mediante la destrucción total o parcial de la víctima sobre un altar. Eran símbolo e imagen del auténtico sacrificio que Jesucristo, llegada la plenitud de los tiempos, habría de ofrecer en el Calvario. Allí, constituido Sumo Sacerdote para siempre, Jesús se ofreció a Sí mismo como Víctima gratísima a Dios, de valor infinito: quiso ser al mismo tiempo sacerdote, víctima y altar3. En el Calvario, Jesús, Sumo Sacerdote, hizo la ofrenda de alabanza y acción de gracias más grata a Dios que puede concebirse. Fue tan perfecto este Sacrificio de Cristo que no puede pensarse otro mayor4. A la vez, fue una ofrenda de carácter expiatorio y propiciatorio por nuestros pecados. Una gota de la Sangre derramada por Cristo hubiera bastado para redimir todos los pecados de la humanidad de todos los tiempos. En la Cruz, la petición de Cristo por sus hermanos los hombres fue escuchada con sumo agrado por el Padre, y ahora continúa en el Cielo siempre vivo para interceder por nosotros5. «Jesucristo en verdad es sacerdote, pero sacerdote para nosotros, no para sí, al ofre»6. Este es hoy nuestro propósito.

II. De la misión redentora de Cristo Sacerdote participa toda la Iglesia, «y su cumplimiento se encomienda a todos los miembros del Pueblo de Dios que, por los sacramentos de iniciación, se hacen partícipes del sacerdocio de Cristo para ofrecer a Dios un sacrificio espiritual y dar testimonio de Jesucristo ante los hombres»7. Todos los fieles laicos participan de este sacerdocio de Cristo, aunque de un modo esencialmente diferente, y no solo de grado, que los presbíteros. Con alma verdaderamente sacerdotal, santifican el mundo a través de sus tareas seculares, realizadas con perfección humana, y buscan en todo la gloria de Dios: la madre de familia sacando adelante sus tareas del hogar, el militar dando ejemplo de amor a la patria a través principalmente de las virtudes castrenses, el empresario haciendo progresar la empresa y viviendo la justicia social... Todos, reparando por los pecados que cada día se cometen en el mundo, ofreciendo en la Santa Misa sus vidas y sus trabajos diarios.

Los sacerdotes –Obispos y presbíteros– han sido llamados expresamente por Dios, «no para estar separados ni del pueblo mismo ni de hombre alguno, sino para consagrarse totalmente a la obra para la que el Señor los llama. No podrían ser ministros de Cristo si no fueran testigos y dispensadores de una vida distinta de la terrena, ni podrían servir si permanecieran ajenos a la vida y condiciones de los mismos»8. El sacerdote ha sido entresacado de entre los hombres para ser investido de una dignidad que causa asombro a los mismos ángeles, y nuevamente devuelto a los hombres para servirles especialmente en lo que mira a Dios, con una misión peculiar y única de salvación. El sacerdote hace en muchas circunstancias las veces de Cristo en la tierra: tiene los poderes de Cristo para perdonar los pecados, enseña el camino del Cielo..., y sobre todo presta su voz y sus manos a Cristo en el momento sublime de la Santa Misa: en el Sacrificio del Altar consagra in persona Christi, haciendo las veces de Cristo. No hay dignidad comparable a la del sacerdote. «Solo la divina maternidad de María supera este divino ministerio»9.

El sacerdocio es un don inmenso que Jesucristo ha dado a su Iglesia. El sacerdote es «instrumento inmediato y diario de esa gracia salvadora que Cristo nos ha ganado. Si se comprende esto, si se ha meditado en el activo silencio de la oración, ¿cómo considerar el sacerdocio una renuncia? Es una ganancia que no es posible calcular. Nuestra Madre Santa María, la más santa de las criaturas –más que Ella solo Dios– trajo una vez al mundo a Jesús; los sacerdotes lo traen a nuestra tierra, a nuestro cuerpo y a nuestra alma, todos los días: viene Cristo para alimentarnos, para vivificarnos, para ser, ya desde ahora, prenda de la vida futura»10.

Hoy es un día para agradecer a Jesús un don tan grande. ¡Gracias, Señor, por las llamadas al sacerdocio que cada día diriges a los hombres! Y hacemos el propósito de tratarlos con más amor, con más reverencia, viendo en ellos a Cristo que pasa, que nos trae los dones más preciados que un hombre puede desear. Nos trae la vida eterna.

III. San Juan Crisóstomo, bien consciente de la dignidad y de la responsabilidad de los sacerdotes, se resistió al principio a ser ordenado, y se justificaba con estas palabras: «Si el capitán de un gran navío, lleno de remeros y cargado de preciosas mercancías, me hiciera sentar junto al timón y me mandara atravesar el mar Egeo o el Tirreno, yo me resistiría a la primera indicación. Y si alguien me preguntara por qué, respondería inmediatamente: porque no quiero echar a pique el navío»11. Pero, como comprendió bien el Santo, Cristo está siempre muy cerca del sacerdote, cerca de la nave. Además, Él ha querido que los sacerdotes se vean amparados continuamente por el aprecio y la oración de todos los fieles de la Iglesia: «Ámenlos con filial cariño, como a sus pastores y padres –insiste el Concilio Vaticano II–; participando de sus solicitudes, ayuden en lo posible, por la oración y de obra, a sus presbíteros, a fin de que estos puedan superar mejor sus dificultades y cumplir más fructuosamente sus deberes»12: para que sean siempre ejemplares y basen su eficacia en la oración, para que celebren la Santa Misa con mucho amor y cuiden de las cosas santas de Dios con el esmero y respeto que merecen, para que visiten a los enfermos y cuiden con empeño de la catequesis, para que conserven siempre esa alegría que nace de la entrega y que tanto ayuda incluso a los más alejados del Señor...

Hoy es un día en el que podemos pedir más especialmente para que los sacerdotes estén siempre abiertos a todos y desprendidos de sí mismos, «pues el sacerdote no se pertenece a sí mismo, como no pertenece a sus parientes y amigos, ni siquiera a una determinada patria: la caridad universal es lo que ha de respirar. Los mismos pensamientos, voluntad, sentimientos, no son suyos, sino de Cristo, su vida»13.

El sacerdote es instrumento de unidad. El deseo del Señor es ut omnes unum sint14, que todos sean uno. Él mismo señaló que todo reino dividido contra sí será desolado y que no hay ciudad ni hogar que subsista si se pierde la unidad. Los sacerdotes deben ser solícitos en conservar la unidad15, y esta exhortación de San Pablo «se refiere, sobre todo, a los que han sido investidos del Orden sagrado para continuar la misión de Cristo»16. Es el sacerdote el que principalmente debe velar por la concordia entre los hermanos, el que vigila para que la unidad en la fe sea más fuerte que los antagonismos provocados por diferencias de ideas en cosas accidentales y terrenas17. Al sacerdote corresponde, con su ejemplo y su palabra, mantener entre sus hermanos la conciencia de que ninguna cosa humana es tan importante como para destruir la maravillosa realidad del cor unum et anima una18 que vivieron los primeros cristianos y que hemos de vivir nosotros. Esta misión de unidad la podrá lograr con más facilidad si está abierto a todos, si es apreciado por sus hermanos. «Pide para los sacerdotes, los de ahora y los que vendrán, que amen de verdad, cada día más y sin discriminaciones, a sus hermanos los hombres, y que sepan hacerse querer de ellos»19.

El Papa Juan Pablo II, dirigiéndose a todos los sacerdotes del mundo, les exhortaba con estas palabras: «Al celebrar la Eucaristía en tantos altares del mundo, agradecemos al eterno Sacerdote el don que nos ha dado en el sacramento del Sacerdocio. Y que en esta acción de gracias se puedan escuchar las palabras puestas por el evangelista en boca de María con ocasión de la visita a su prima Isabel: Ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre (Lc 1, 49). Demos también gracias a María por el inefable don del Sacerdocio por el cual podemos servir en la Iglesia a cada hombre. ¡Que el agradecimiento despierte también nuestro celo (...)!

»Demos gracias incesantemente por esto; con toda nuestra vida; con todo aquello de que somos capaces. Juntos demos gracias a María, Madre de los sacerdotes. ¿Cómo podré pagar al Señor todo el bien que me ha hecho? La copa de salvación levantaré e invocaré el nombre del Señor (Sal 115, 12-13)»20.

1 Antífona de entrada. Sal 109, 4. — 2 Heb 5, 1. — 3 Misal Romano, Prefacio pascual V. — 4 Cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, 3, q. 48, a. 3. — 5 Heb 7, 25. — 6 Pío XII, Enc. Mediator Dei, 20-II-1947, 22. — 7 A. del Portillo, Escritos sobre el sacerdocio, p. 39. — 8 Conc. Vat. II, Decr. Presbyterorum ordinis, 3. — 9 R. Garrigou-Lagrange, La unión del sacerdote con Cristo, Sacerdote y Víctima, Rialp, 2ª ed., Madrid 1962, p. 173. — 10 San Josemaría Escrivá, Amar a la Iglesia, pp. 71-72. — 11 San Juan Crisóstomo, Tratado sobre el sacerdocio, III, 7. — 12 Conc. Vat. II, loc. cit., 9. — 13 Pío XII, Discurso póstumo, cit. por Juan XXIII en Sacerdotii Nostri primordia, 4-VIII-1959. — 14 Jn 17, 21. — 15 Ef 4, 3. — 16 Conc. Vat. II, Decr. Unitatis redintegratio, 7. — 17 Cfr. F. Suárez, El sacerdote y su ministerio, Rialp, Madrid 1969, pp. 24-25. — 18 Hech 4, 32. — 19 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 964. — 20 Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes, 25-III-1988.

De la misión redentora de Cristo Sacerdote participa toda la Iglesia. A través de los sacramentos de la iniciación cristiana los fieles laicos participan de este sacerdocio de Cristo y quedan capacitados para santificar el mundo a través de sus tareas seculares. Los presbíteros, de un modo esencialmente diferente y no solo de grado, participan del sacerdocio de Cristo y son constituidos mediadores entre Dios y los hombres, especialmente a través del Sacrificio de la Misa, que realizan in Persona Christi. Hoy es un día en el que de modo particular debemos pedir por todos los sacerdotes.

 

 

“Has de ir al paso de Dios; no al tuyo”

Me dices que sí, que estás firmemente decidido a seguir a Cristo. –¡Pues has de ir al paso de Dios; no al tuyo! (Forja, 531)

13 de junio

¿Que cuál es el fundamento de nuestra fidelidad?

–Te diría, a grandes rasgos, que se basa en el amor de Dios, que hace vencer todos los obstáculos: el egoísmo, la soberbia, el cansancio, la impaciencia...

–Un hombre que ama se pisotea a sí mismo; le consta que, aun amando con toda su alma, todavía no sabe amar bastante. (Forja, 532)

En la vida interior, como en el amor humano, es preciso ser perseverante.

Sí, has de meditar muchas veces los mismos argumentos, insistiendo hasta descubrir un nuevo Mediterráneo.

–¿Y cómo no habré visto antes esto así de claro?, te preguntarás sorprendido. –Sencillamente, porque a veces somos como las piedras, que dejan resbalar el agua, sin absorber ni una gota.

–Por eso, es necesario volver a discurrir sobre lo mismo, ¡que no es lo mismo!, para empaparnos de las bendiciones de Dios. (Forja, 540)

Dios no se deja ganar en generosidad, y –¡tenlo por bien cierto!– concede la fidelidad a quien se le rinde. (Forja, 623)

 

Tema 7. La elevación sobrenatural y el pecado original

Al crear al hombre, Dios lo constituyó en un estado de santidad y justicia; pero nuestros primeros padres se rebelaron contra el Creador y perdieron gran parte de los dones recibidos, transmitiendo a las generaciones posteriores una naturaleza caída y alejada de Dios, que Cristo ha redimido.

Resúmenes de fe cristiana25/12/2016

Opus Dei - Tema 7. La elevación sobrenatural y el pecado originalNuestros primeros padres se rebelaron contra Dios, desobedeciéndole y sucumbiendo a la tentación de querer ser como dioses.

PDF► La elevación sobrenatural y el pecado original

RTF► La elevación sobrenatural y el pecado original

Serie completa► “Resúmenes de fe cristiana”, libro electrónico gratuito en formato PDF, Mobi y ePub

*****

1. La elevación sobrenatural

Al crear al hombre, Dios lo constituyó en un estado de santidad y justicia, ofreciéndole la gracia de una auténtica participación en su vida divina (cfr. Catecismo, 374, 375). Así han interpretado la Tradición y el Magisterio a lo largo de los siglos la descripción del paraíso contenida en el Génesis. Este estado se denomina teológicamente elevación sobrenatural, pues indica un don gratuito, inalcanzable con las solas fuerzas naturales, no exigido aunque congruente con la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios. Para la recta comprensión de este punto hay que tener en cuenta algunos aspectos:

a) No conviene separar la creación de la elevación al orden sobrenatural. La creación no es “neutra” respecto a la comunión con Dios, sino que está orientada a ella. La Iglesia siempre ha enseñado que el fin del hombre es sobrenatural (cfr. DH 3005), pues hemos sido «elegidos en Cristo antes de la creación del mundo para ser santos» (Ef 1,4). Es decir, nunca ha existido un estado de “naturaleza pura”, pues Dios desde el principio ofrece al hombre su alianza de amor.

b) Aunque de hecho el fin del hombre es la amistad con Dios, la Revelación nos enseña que al comienzo de la historia el hombre se rebeló y rechazó la comunión con su Creador: es el pecado original, llamado también caída, precisamente porque antes había sido elevado a la cercanía divina. No obstante, al perder la amistad con Dios el hombre no queda reducido a la nada, sino que continúa siendo hombre, criatura.

c) Esto nos enseña que, aunque no conviene concebir el designio divino en compartimentos estancos (como si Dios primero creara un hombre “completo” y luego “además” lo elevara), se ha de distinguir, dentro del único proyecto divino, diversos órdenes [1]. Basada en el hecho de que con el pecado el hombre perdió algunos dones pero conservó otros, la tradición cristiana ha distinguido el orden sobrenatural (la llamada a la amistad divina, cuyos dones se pierden con el pecado) del orden natural (lo que Dios ha concedido al hombre al crearlo y que permanece también a pesar de su pecado). No son dos órdenes yuxtapuestos o independientes, pues de hecho lo natural está desde el principio insertado y orientado a lo sobrenatural; y lo sobrenatural perfecciona lo natural sin anularlo. Al mismo tiempo, se distinguen, pues la historia de la salvación muestra que la gratuidad del don divino de la gracia y de la redención es distinta de la gratuidad del don divino de la creación, siendo aquélla una manifestación inmensamente mayor de la misericordia y el amor de Dios [2].

d) Es difícil describir el estado de inocencia perdida de Adán y Eva [3], sobre el que hay pocas afirmaciones en el Génesis (cfr. Gn 1,26-31; 2,7-8.15-25). Por eso, la tradición suele caracterizar tal estado indirectamente, infiriendo, a partir de las consecuencias del pecado narrado en Gn 3, cuáles eran los dones de que gozaban nuestros primeros padres y que debían trasmitir a sus descendientes. Así, se afirma que recibieron los dones naturales, que corresponden a su condición normal de criaturas y forman su ser creatural. Recibieron asimismo los dones sobrenaturales, es decir, la gracia santificante, la divinización que esa gracia comporta, y la llamada última a la visión de Dios. Junto a éstos, la tradición cristiana reconoce la existencia en el Paraíso de los “dones preternaturales”, es decir, dones que no eran exigidos por la naturaleza pero congruentes con ella, la perfeccionaban en línea natural y constituían, en definitiva, una manifestación de la gracia. Tales dones eran la inmortalidad, la exención del dolor (impasibilidad) y el dominio de la concupiscencia (integridad) (cfr. Catecismo, 376) [4].

2. El pecado original

Con el relato de la transgresión humana del mandato divino de no comer del fruto del árbol prohibido, por instigación de la serpiente ( Gn 3,1-13), la Sagrada Escritura enseña que en el comienzo de la historia nuestros primeros padres se rebelaron contra Dios, desobedeciéndole y sucumbiendo a la tentación de querer ser como dioses. Como consecuencia, recibieron el castigo divino, perdiendo gran parte de los dones que les habían sido concedidos (vv. 16-19), y fueron expulsados del paraíso (v. 23). Esto ha sido interpretado por la tradición cristiana como la pérdida de los dones sobrenaturales y preternaturales, así como un daño en la misma naturaleza humana, si bien no quede esencialmente corrompida. Fruto de la desobediencia, de preferirse a sí mismo en lugar de Dios, el hombre pierde la gracia (cfr. Catecismo, 398-399), y también la armonía con la creación y consigo mismo: el sufrimiento y la muerte hacen su entrada en la historia (cfr. Catecismo, 399-400).

El primer pecado tuvo el carácter de una tentación aceptada, pues tras la desobediencia humana está la voz de la serpiente, que representa a Satanás, el ángel caído. La Revelación habla de un pecado anterior suyo y de otros ángeles, los cuales –habiendo sido creados buenos– rechazaron irrevocablemente a Dios. Tras el pecado humano, la creación y la historia quedan bajo el influjo maléfico del «padre de la mentira y homicida desde el principio» (Jn 8,44). Aunque su poder no es infinito, sino muy inferior al divino, causa realmente muy graves daños en cada persona y en la sociedad, de modo que el hecho de la permisión divina de la actividad diabólica no deja de constituir un misterio (cfr. Catecismo, 391-395).

El relato contiene también la promesa divina de un redentor (Gn 3,15). La redención ilumina así el alcance y gravedad de la caída humana, mostrando la maravilla del amor de un Dios que no abandona a su criatura sino que viene a su encuentro con la obra salvadora de Jesús. «Es preciso conocer a Cristo como fuente de gracia para conocer a Adán como fuente de pecado» (Catecismo, 388). «“El misterio de la iniquidad” (2 Ts 2,7) sólo se esclarece a la luz del “Misterio de la piedad” (1 Tm 3,16)» (Catecismo, 385).

La Iglesia ha entendido siempre este episodio como un hecho histórico –aun cuando se nos haya trasmitido con un lenguaje ciertamente simbólico (cfr. Catecismo, 390)– que ha sido denominado tradicionalmente (a partir de San Agustín) como “pecado original”, por haber ocurrido en los orígenes. Pero el pecado no es “originario” –aunque sí “originante” de los pecados personales realizados en la historia–, sino que ha entrado en el mundo como fruto del mal uso de la libertad por parte de las criaturas (primero los ángeles, después el hombre). El mal moral no pertenece, pues, a la estructura humana, no proviene ni de la naturaleza social del hombre ni de su materialidad, ni obviamente tampoco de Dios o de un destino inamovible. El realismo cristiano pone al hombre delante de su propia responsabilidad: puede hacer el mal como fruto de su libertad, y el responsable de ello no es otro que uno mismo (cfr. Catecismo, 387).

A lo largo de la historia, la Iglesia ha formulado el dogma del pecado original en contraste con el optimismo exagerado y el pesimismo existencial (cfr. Catecismo, 406). Frente a Pelagio, que afirmaba que el hombre puede realizar el bien sólo con sus fuerzas naturales, y que la gracia es una mera ayuda externa, minimizando así tanto el alcance del pecado de Adán como la redención de Cristo –reducidos a un mero mal o buen ejemplo, respectivamente– el Concilio de Cartago (418), siguiendo a San Agustín, enseñó la prioridad absoluta de la gracia, pues el hombre tras el pecado ha quedado dañado (cfr. DH 223.227; cfr. también el Concilio II de Orange, en el año 529: DH 371-372). Frente a Lutero, que sostenía que tras el pecado el hombre está esencialmente corrompido en su naturaleza, que su libertad queda anulada y que en todo lo que hace hay pecado, el Concilio de Trento (1546) afirmó la relevancia ontológica del bautismo, que borra el pecado original; aunque permanecen sus secuelas –entre ellas, la concupiscencia, que no se ha de identificar, como hacía Lutero, con el pecado mismo–, el hombre es libre en sus actos y puede merecer con obras buenas, sostenidas por la gracia (cfr. DH 1511-1515).

En el fondo de la posición luterana, y también de algunas interpretaciones recientes de Gn 3, está en juego una adecuada comprensión de la relación entre 1) naturaleza e historia, 2) el plano psicológico-existencial y el plano ontológico, 3) lo individual y lo colectivo.

1) Aunque hay algunos elementos de carácter mítico en el Génesis (entendiendo el concepto de “mito” en su mejor sentido, es decir, como palabra-narración que da origen y que por lo tanto está en el fundamento de la historia posterior), sería un error interpretar el relato de la caída como una explicación simbólica de la original condición pecadora humana. Esta interpretación convierte en naturaleza un hecho histórico, mitificándolo y haciéndolo inevitable: paradójicamente, el sentido de culpa que lleva a reconocerse “naturalmente” pecador, conduciría a mitigar o eliminar la responsabilidad personal en el pecado, pues el hombre no podría evitar aquello a lo que tiende espontáneamente. Lo correcto, más bien, es afirmar que la condición pecadora pertenece a la historicidad del hombre, y no a su naturaleza originaria.

2) Al haber quedado después del bautismo algunas secuelas del pecado, el cristiano puede experimentar con fuerza la tendencia hacia el mal, sintiéndose profundamente pecador, como ocurre en la vida de los santos. Sin embargo, esta perspectiva existencial no es la única, ni tampoco la más fundamental, pues el bautismo ha borrado realmente el pecado original y nos ha hecho hijos de Dios (cfr. Catecismo, 405). Ontológicamente, el cristiano en gracia es justo ante Dios. Lutero radicalizó la perspectiva existencial, entendiendo toda la realidad desde ella, que quedaba así marcada ontológicamente por el pecado.

3) El tercer punto lleva a la cuestión de la transmisión del pecado original, «un misterio que no podemos comprender plenamente» (Catecismo, 404). La Biblia enseña que nuestros primeros padres trasmitieron el pecado a toda la humanidad. Los siguientes capítulos del Génesis (cfr. Gn 4-11; cfr. Catecismo, 401) narran la progresiva corrupción del género humano; estableciendo un paralelismo entre Adán y Cristo, San Pablo afirma: «como por la desobediencia de un solo hombre todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo [Cristo] todos quedarán constituidos justos» (Rm 5,19). Este paralelismo ayuda a entender correctamente la interpretación que suele darse del término adamáh como de un singular colectivo: como Cristo es uno solo y a la vez cabeza de la Iglesia, así Adán es uno solo y a la vez cabeza de la humanidad [5]. «Por esta “unidad del género humano”, todos los hombres están implicados en el pecado de Adán, como todos están implicados en la justicia de Cristo» (Catecismo, 404).

La Iglesia entiende de modo analógico el pecado original de los primeros padres y el pecado heredado por la humanidad. «Adán y Eva cometen un pecado personal, pero este pecado [...] será transmitido por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales. Por eso, el pecado original es llamado “pecado” de manera análoga: es un pecado “contraído”, “no cometido”, un estado y no un acto» (Catecismo, 404). Así, «aunque propio de cada uno, el pecado original no tiene, en ningún descendiente de Adán, un carácter de falta personal» (Catecismo, 405) [6].

Para algunas personas es difícil aceptar la idea de un pecado heredado [7], sobre todo si se tiene una visión individualista de la persona y de la libertad. ¿Qué tuve yo que ver con el pecado de Adán? ¿Por qué he de pagar las consecuencias del pecado de otros? Estas preguntas reflejan una ausencia del sentido de la solidaridad real que existe entre todos los hombres en cuanto creados por Dios. Paradójicamente, esta ausencia puede entenderse como una manifestación del pecado trasmitido a cada uno. Es decir, el pecado original ofusca la comprensión de aquella profunda fraternidad del género humano que hace posible su trasmisión.

Ante las lamentables consecuencias del pecado y su difusión universal cabe preguntarse: «Pero, ¿por qué Dios no impidió que el primer hombre pecara? S. León Magno responde: “La gracia inefable de Cristo nos ha dado bienes mejores que los que nos quitó la envidia del demonio” (serm. 73,4). Y S. Tomás de Aquino: “Nada se opone a que la naturaleza humana haya sido destinada a un fin más alto después del pecado. Dios, en efecto, permite que los males se hagan para sacar de ellos un mayor bien. De ahí las palabras de S. Pablo: ‘Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia’ (Rm 5,20). Y el canto del Exultet: ‘¡Oh feliz culpa que mereció tal y tan grande Redentor!’” (Summa Theologiae, III, 1, 3, ad 3)» (Catecismo, 412).

3. Algunas consecuencias prácticas

La principal consecuencia práctica de la doctrina de la elevación y del pecado original es el realismo que guía la vida del cristiano, consciente tanto de la grandeza de su ser hijo de Dios como de la miseria de su condición de pecador. Este realismo:

a) Previene tanto de un optimismo ingenuo como de un pesimismo desesperanzado y «proporciona una mirada de discernimiento lúcido sobre la situación del hombre y de su obrar en el mundo [...]. Ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educación, de la política, de la acción social y de las costumbres» (Catecismo, 407).

b) Da una serena confianza en Dios, Creador y Padre misericordioso, que no abandona a su criatura, perdona siempre, y conduce todo hacia el bien, aun en medio de adversidades. «Repite: “omnia in bonum!”, todo lo que sucede, “todo lo que me sucede”, es para mi bien... Por tanto –ésta es la conclusión acertada–: acepta eso, que te parece tan costoso, como una dulce realidad» [8].

c) Suscita una actitud de profunda humildad, que lleva a reconocer sin extrañezas los propios pecados, y a dolerse de ellos por ser una ofensa a Dios y no tanto por lo que suponen de defecto personal.

d) Ayuda a distinguir lo que es propio de la naturaleza humana en cuanto tal de lo que es consecuencia de la herida del pecado en la naturaleza humana. Después del pecado, no todo lo que se experimenta como espontáneo es bueno. La vida humana tiene, pues, el carácter de un combate: es preciso combatir por comportarse de modo humano y cristiano (cfr. Catecismo, 409). «Toda la tradición de la Iglesia ha hablado de los cristianos como de milites Christi, soldados de Cristo. Soldados que llevan la serenidad a los demás, mientras combaten continuamente contra las personales malas inclinaciones» [9]. El cristiano que se esfuerza por evitar el pecado no se pierde nada de lo que hace la vida buena y bella. Frente a la idea de que es necesario que el hombre haga el mal para experimentar su libertad autónoma, pues en el fondo una vida sin pecado sería aburrida, se alza la figura de María, concebida inmaculada, que muestra que una vida completamente entregada a Dios, lejos de producir hastío, se convierte en una aventura llena de luz y de infinitas sorpresas [10].

Santiago Sanz

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia Católica, 374-421.

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 72-78.

Juan Pablo II, Creo en Dios Padre. Catequesis sobre el Credo (I), Palabra, Madrid 1996, 219 ss.

DH, nn. 222-231; 370-395; 1510-1516; 4313.

Lecturas recomendadas

Juan Pablo II, Memoria e identidad, La esfera de los libros, Madrid 2005.

Benedicto XVI, Homilía, 8-XII-2005.

Joseph Ratzinger, Creación y pecado, Eunsa, Pamplona 1992.


[1] El Concilio de Trento no dice que el hombre fue creado en la gracia, sino constituido, precisamente para evitar la confusión de naturaleza y gracia (cfr. DH 1511).

[2] Precisamente por esto se acuñó la hipótesis teológica de la “naturaleza pura”, para subrayar la ulterior gratuidad del don de la gracia respecto a la creación. No porque tal estado se haya dado históricamente, sino porque en teoría podía haberse dado, aunque de hecho no sea así. Esta doctrina fue establecida frente a Bayo, una de cuyas tesis condenadas decía: «la integridad de la primera creación no fue exaltación indebida de la naturaleza humana, sino condición natural suya» (DH 1926).

[3] Esta dificultad se acrecienta hoy en día por la influencia de una visión en clave evolucionista de la totalidad del ser humano. En una visión de ese tipo, la realidad evoluciona siempre de menos a más, mientras que la Revelación nos enseña que hubo al comienzo de la historia una caída de un estado superior a otro inferior. Esto no quiere decir que no haya existido un proceso de “hominización”, que hay que distingir de la “humanización”.

[4] Sobre la inmortalidad, que se ha de entender con San Agustín no como un no poder morir (non posse mori), sino un poder no morir (posse non mori), es lícito interpretarla como una situación en la que el tránsito a un estado definitivo no fuera experimentado con el dramatismo propio de la muerte que el hombre padece tras el pecado. El sufrimiento es signo y anticipación de la muerte, por ello la inmortalidad conllevaba de alguna manera la ausencia de dolor. Asimismo, esto suponía un estado de integridad, en el que el hombre dominaba sin dificultad sus pasiones. Se suele añadir tradicionalmente un cuarto don, el de la ciencia, proporcionada al estado en que se encontraban.

[5] Esta es la principal razón de que la Iglesia haya siempre leído el relato de la caída en una óptica de monogenismo (proveniencia del género humano a partir de una sola pareja). La hipótesis contraria, el poligenismo, pareció imponerse como dato científico (e incluso exegético) durante unos años, pero hoy en día a nivel científico se considera más plausible la descendencia biológica de una sola pareja (monofiletismo). Desde el punto de vista de la fe, el poligenismo es problemático, pues no se ve cómo pueda conciliarse con la Revelación sobre el pecado original (cfr. Pío XII, Enc. Humani Generis, DH 3897), aunque se trata de una cuestión sobre la que todavía cabe investigar y reflexionar.

[6] En este sentido, se ha distinguido tradicionalmente entre el pecado original originante (el pecado personal cometido por nuestros primeros padres) y el pecado original originado (el estado de pecado en el que nacemos sus descendientes).

[7] Cfr. Juan Pablo II, Audiencia general, 24-IX-1986, 1.

[8] San Josemaría, Surco , 127; cfr. Rm 8,28.

[9] San Josemaría, Es Cristo que pasa, 74.

[10] Cfr. Benedicto XVI, Homilía, 8-XII-2005.

 

Transmitir la fe (1)

En la propia familia se forja el carácter, la personalidad, las costumbres... y también se aprende a tratar a Dios. Una tarea que cada día resulta más necesaria, como se señala en este artículo.

Familia16/09/2011

Opus Dei - Transmitir la fe (1)

Foto: Mhonpoo (cc).

Cada hijo es una muestra de confianza de Dios con los padres, que les encomienda el cuidado y la guía de una criatura llamada a la felicidad eterna. La fe es el mejor legado que se les puede transmitir; más aún: es lo único verdaderamente importante, pues es lo que da sentido último a la existencia. Dios, por lo demás, nunca encarga una misión sin dar los medios imprescindibles para llevarla a cabo; y así, ninguna comunidad humana está tan bien dotada como la familia para facilitar que la fe arraigue en los corazones.

El testimonio personal

La educación de la fe no es una mera enseñanza, sino la transmisión de un mensaje de vida. Aunque la palabra de Dios es eficaz en sí misma, para difundirla el Señor ha querido servirse del testimonio y de la mediación de los hombres: el Evangelio resulta convincente cuando se ve encarnado.

Esto vale de manera particular cuando nos referimos a los niños, que distinguen con dificultad entre lo que se dice y quién lo dice; y adquiere aún más fuerza cuando pensamos en los propios hijos, pues no diferencian claramente entre la madre o el padre que reza y la oración misma: más aún, la oración tiene valor especial, es amable y significativa, porque quien reza es su madre o su padre.

Esto hace que los padres tengan todo a su favor para comunicar la fe a sus hijos: lo que Dios espera de ellos, más que palabras, es que sean piadosos, coherentes. Su testimonio personal debe estar presente ante los hijos en todo momento, con naturalidad, sin pretender dar lecciones constantemente.

A veces, basta con que los hijos vean la alegría de sus padres al confesarse, para que la fe se haga fuerte en sus corazones. No cabe minusvalorar la perspicacia de los niños, aunque parezcan ingenuos: en realidad, conocen a sus padres, en lo bueno y en lo menos bueno, y todo lo que éstos hacen –u omiten– es para ellos un mensaje que ayuda a formarlos o los deforma.

 

Foto: celesteh (cc).Foto: celesteh (cc).

Benedicto XVI ha explicado muchas veces que los cambios profundos en las instituciones y en las personas suelen promoverlos los santos, no quienes son más sabios o poderosos: «En las vicisitudes de la historia, [los santos] han sido los verdaderos reformadores que tantas veces han remontado a la humanidad de los valles oscuros en los cuales está siempre en peligro de precipitar; la han iluminado siempre de nuevo» [1].

En la familia sucede algo parecido. Sin duda, hay que pensar en cuál es el modo más pedagógico de transmitir la fe, y formarse para ser buenos educadores; pero lo decisivo es el empeño de los padres por querer ser santos. Es la santidad personal la que permitirá acertar con la mejor pedagogía.

"En todos los ambientes cristianos se sabe, por experiencia, qué buenos resultados da esa natural y sobrenatural iniciación a la vida de piedad, hecha en el calor del hogar. El niño aprende a colocar al Señor en la línea de los primeros y más fundamentales afectos; aprende a tratar a Dios como Padre y a la Virgen como Madre; aprende a rezar, siguiendo el ejemplo de sus padres. Cuando se comprende eso, se ve la gran tarea apostólica que pueden realizar los padres, y cómo están obligados a ser sinceramente piadosos, para poder transmitir –más que enseñar– esa piedad a los hijos" [2].

Ambiente de confianza y amistad

Por otra parte, vemos que muchos chicos y chicas –sobre todo, en la juventud y adolescencia– acaban flaqueando en la fe que han recibido cuando sufren algún tipo de prueba. El origen de estas crisis puede ser muy diverso –la presión de un ambiente paganizado, unos amigos que ridiculizan las convicciones religiosas, un profesor que da sus lecciones desde una perspectiva atea o que pone a Dios entre paréntesis–, pero estas crisis cobran fuerza sólo cuando quienes las sufren no aciertan a plantear a las personas adecuadas lo que les pasa.

Es importante facilitar la confianza con los hijos, y que éstos encuentren siempre disponibles a sus padres para dedicarles tiempo. Los chicos –aun los que parecen más díscolos y despegados– desean siempre ese acercamiento, esa fraternidad con sus padres. La clave suele estar en la confianza: que los padres sepan educar en un clima de familiaridad, que no den jamás la impresión de que desconfían, que den libertad y que enseñen a administrarla con responsabilidad personal. Es preferible que se dejen engañar alguna vez: la confianza, que se pone en los hijos, hace que ellos mismos se avergüencen de haber abusado, y se corrijan; en cambio, si no tienen libertad, si ven que no se confía en ellos, se sentirán movidos a engañar [3]. No hay que esperar a la adolescencia para poner en práctica estos consejos: se puede propiciar desde edades muy tempranas.

Hablar con los hijos es de las cosas más gratas que existen, y la puerta más directa para entablar una profunda amistad con ellos. Cuando una persona adquiere confianza con otra, se establece un puente de mutua satisfacción, y pocas veces desaprovechará la oportunidad de conversar sobre sus inquietudes y sus sentimientos; que es, por otra parte, una manera de conocerse mejor a uno mismo. Aunque hay edades más difíciles que otras para lograr esa cercanía, los padres no deben cejar en su ilusión por llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable [4].

En ese ambiente de amistad, los hijos oyen hablar de Dios de un modo grato y atrayente. Todo esto requiere que los padres encuentren tiempo para estar con sus hijos, y un tiempo que sea “de calidad": el hijo debe percibir que sus cosas nos interesan más que el resto de nuestras ocupaciones. Esto implica acciones concretas, que las circunstancias no pueden llevar a omitir o retrasar una y otra vez: apagar la televisión o el ordenador –o dejar, claramente, de prestarle atención– cuando la chica o el chico pregunta por nosotros y se nota que quiere hablar; recortar la dedicación al trabajo; buscar formas de recreo y entretenimiento que faciliten la conversación y vida familiar, etc.

El misterio de la libertad

Cuando está por medio la libertad personal, no siempre las personas hacen lo que más les conviene, o lo que parecería previsible en virtud de los medios que hemos puesto. A veces las cosas se hacen bien pero salen mal –al menos, aparentemente–, y sirve de poco culpabilizarse –o echar la culpa a otros– de esos resultados.

Lo más sensato es pensar cómo educar cada vez mejor, y cómo ayudar a otros a hacer lo mismo; no hay, en este ámbito, fórmulas mágicas. Cada uno tiene un modo propio de ser, que le lleva a explicar y plantear las cosas de un modo diverso; y lo mismo puede decirse de los educandos que, aunque vivan en un ambiente semejante, poseen intereses y sensibilidades diversas.

 

Foto: More Good Foundation (cc).Foto: More Good Foundation (cc).

Tal variedad no es, sin embargo, un obstáculo. Más aún, amplia los horizontes educativos: por una parte, posibilita que la educación se encuadre, realmente, dentro de una relación única, ajena a estereotipos; por otra, la relación con los temperamentos y caracteres de los diversos hijos favorece la pluralidad de situaciones educativas.

Por eso, si bien el camino de la fe de es el más personal que existe –pues hace referencia a lo más íntimo de la persona, su relación con Dios–, podemos ayudar a recorrerlo: eso es la educación. Si consideramos despacio en nuestra oración personal el modo de ser de cada persona, Dios nos dará luces para acertar.

Transmitir la fe no es tanto una cuestión de estrategia o de programación, como de facilitar que cada uno descubra el designio de Dios para su vida. Ayudarle a que vea por sí mismo que debe mejorar, y en qué, porque nosotros propiamente no cambiamos a nadie: cambian ellos porque quieren.

Diversos ámbitos de atención

Podrían señalarse diversos aspectos que tienen gran importancia para transmitir la fe. Uno primero es quizá la vida de piedad en la familia, la cercanía a Dios en la oración y los sacramentos. Cuando los padres no la “esconden" –a veces involuntariamente– ese trato con Dios se manifiesta en acciones que lo hacen presente en la familia, de un modo natural y que respeta la autonomía de los hijos. Bendecir la mesa, o rezar con los hijos pequeños las oraciones de la mañana o la noche, o enseñarles a recurrir a los Ángeles Custodios o a tener detalles de cariño con la Virgen, son modos concretos de favorecer la virtud de la piedad en los niños, tantas veces dándoles recursos que les acompañarán toda la vida.

Otro medio es la doctrina: una piedad sin doctrina es muy vulnerable ante el acoso intelectual que sufren o sufrirán los hijos a lo largo de su vida; necesitan una formación apologética profunda y, al mismo tiempo, práctica.

Lógicamente, también en este campo es importante saber respetar las peculiaridades propias de cada edad. Muchas veces, hablar sobre un tema de actualidad o un libro podrá ser una ocasión de enseñar la doctrina a los hijos mayores (esto, cuando no sean ellos mismos los que se dirijan a nosotros para preguntarnos).

Con los pequeños, la formación catequética que pueden recibir en la parroquia o en la escuela es una ocasión ideal. Repasar con ellos las lecciones que han recibido o enseñarles de un modo sugerente aspectos del catecismo que tal vez se han omitido, hacen que los niños entiendan la importancia del estudio de la doctrina de Jesús, gracias al cariño que muestran los padres por ella.

Otro aspecto relevante es la educación en las virtudes, porque si hay piedad y hay doctrina, pero poca virtud, esos chicos o chicas acabarán pensando y sintiendo como viven, no como les dicte la razón iluminada por la fe, o la fe asumida porque pensada. Formar las virtudes requiere resaltar la importancia de la exigencia personal, del empeño en el trabajo, de la generosidad y de la templanza.

Educar en esos bienes impulsa al hombre por encima de las apetencias materiales; le hace más lúcido, más apto para entender las realidades del espíritu. Quienes educan a sus hijos con poca exigencia –nunca les dicen que “no" a nada y buscan satisfacer todos sus deseos–, ciegan con eso las puertas del espíritu.

Es una condescendencia que puede nacer del cariño, pero también del querer ahorrarse el esfuerzo que supone educar mejor, poner límites a los apetitos, enseñar a obedecer o a esperar. Y como la dinámica del consumismo es de por sí insaciable, caer en ese error lleva a las personas a estilos de vida caprichosos y antojadizos, y les introducen en una espiral de búsqueda de comodidad que supone siempre un déficit de virtudes humanas y de interés por los asuntos de los demás.

Crecer en un mundo en el que todos los caprichos se cumplen es un pesado lastre para la vida espiritual, que incapacita al alma –casi en la raíz– para la donación y el compromiso.

Otro aspecto que conviene considerar es el ambiente, pues tiene una gran fuerza de persuasión. Todos conocemos chicos educados en la piedad que se han visto arrastrados por un ambiente que no estaban preparados para superar. Por eso, es preciso estar pendientes de dónde se educan los hijos, y crear o buscar entornos que faciliten el crecimiento de la fe y de la virtud. Es algo parecido a lo que sucede en un jardín: nosotros no hacemos crecer a las plantas, pero sí podemos proporcionar los medios –abono, agua, etc.– y el clima adecuados para que crezcan.

Como aconsejaba san Josemaría a unos padres: " procurad darles buen ejemplo, procurad no esconder vuestra piedad, procurad ser limpios en vuestra conducta: entonces aprenderán, y serán la corona de vuestra madurez y de vuestra vejez" [5] .

A. Aguiló


[1] Benedicto XVI, Discurso en la Vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud de Colonia, 20-VIII-2005.

[2] San Josemaría Escrivá de Balaguer, Conversaciones, n. 103.

[3] San Josemaría Escrivá de Balaguer, Conversaciones, n. 100.

[4] San Josemaría Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, n. 27.

[5] San Josemaría Escrivá de Balaguer, Tertulia, 12-XI-1972, en http://www.es.josemariaescriva.info/articulo/la-educacion-de-los-hijos

 

 

La Fe mueve montañas

Rosario Prieto

http://encuentra.com/revista/wp-content/uploads/2019/06/Lafemuevemontanas.encuentra.com_.int_.jpg

Hace unos días, semanas he de decir, una persona a la que quiero con todo mi corazón se sometió a una operación muy sencilla, de hecho, fue por laparoscopia, para minimizar riesgos, tan solo unas pequeñas incisiones para realizar un trabajo al interior de su cuerpo y poder así tener mayor calidad de vida y prevenir situaciones peligrosas a futuro.

Ella, la paciente, una mujer, hermosa, por dentro y por fuera, joven, fuerte, sana; casada con un buen hombre y madre de tres preciosos niños.

Nos quedamos sin aliento

Todo un éxito la operación, decían los médicos… Ella, al poco tiempo ya en casa, empezó con fiebre y malestares que hicieron que volviera al hospital. La noticia al revisarla fue una peritonits y septicemia… Grave, muy grave fue sometida a una operación de urgencia para limpiarla y tratar de salvar su vida.  Todo cambió, de algo sencillo, programado y controlado a un escenario lleno de incertidumbre y mal pronóstico…

Un sufrimiento indecible

Los días interminables y las oraciones también; el apoyo amoroso de los demás mantenían los ánimos para seguir… sobrevivió la segunda operación, después de un tiempo en terapia intensiva, ya en terapia intermedia, estando muy delicada todavía… con gran riesgo y muchos estudios, punciones, drenajes por realizarle… La fui a ver, apenas y podía abrir sus ojos y decir algunas palabras… pero en medio de su miedo, angustia y dolor esbozaba una hermosa sonrisa y decía: “Tengo Fe”…

Gracias por tan bello testimonio 

Porque nos has enseñado el valor del amor silencioso que abraza la Cruz de Jesús, con toda paz, no con resignación sino con una aceptación voluntaria, delicada y discreta al designio de Jesús en tu vida.

Has sido para quienes estamos cerca de ti una luz que ilumina, tu rostro sin decir palabra es muestra de un gran sacrificio asumido con toda dignidad y docilidad al Plan de Dios.

Gracias por que nos has demostrado que el dolor físico es un camino de santidad al abrazar con tanta elegancia este sufrimiento y ofrecerlo por tu familia, tus hermosos hijos y tu buen esposo que te ha acompañado y ha sido una roca dónde has podido sostenerte para continuar con este arduo e impensado camino rocoso.

Estamos enormemente agradecidos por tu actitud, tu lucha, tu valentía y coraje para no sólo sobrevivir sino para vivir con toda reciedumbre y amor esta dura, durísima prueba.

Todavía falta 

¡Sigue luchando! ¡No estás sola! Todos pensamos en ti y ofrecemos nuestro día, nuestra noche, el trabajo, el descanso… Todo por ti.

¡Cuántas conversiones, cuántas oraciones, cuánta piedad! Gracias Señor por tu Amor Misericordioso, te pedimos por ella y por nosotros! Y ayúdanos a decir siempre, sea cual sea la prueba: “Tengo Fe”

MTF Rosario Prieto
Psicología Clínica

 

 

Todo sobre el Corazón de Jesús: junio, mes del Corazón de Jesús

Todo sobre el Corazón de Jesús: junio, mes del Corazón de Jesús

Corazón de Jesús: Corazón que mana, palpita, perdona y ama

Todo el mes de junio, con fiesta y solemnidad especial el  viernes 28 de junio, está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, un culto cristiano capital

Jesús de las Heras Muela

Hay un corazón que mana,
que palpita en el Sagrario,
el corazón solitario,
que se alimenta de amor.

Es un corazón paciente,
es un corazón amigo,
el que habita en el olvido,
el corazón de tu Dios.

Es un corazón que ama,
un corazón que perdona,
que te conoce y que toma,
de tu vida lo peor.

Que comenzó esta tarea
una tarde en el Calvario,
y que ahora desde el Sagrario
tan sólo quiere tu amor.

Decidle a todos que vengan
a la fuente de la vida.
Hay una historia escondida
dentro de este corazón.

Decidles que hay esperanza,
que todo tiene un sentido.
Que Jesucristo está vivo,
decidles que existe Dios.

Es el corazón que llora
en la casa de Betania.
El corazón que acompaña
a los dos de Emaús.

Es el corazón que al joven
rico amó con la mirada.
El que a Pedro perdonaba
después de su negación.

Es el corazón en lucha
del huerto de los Olivos,
que amando a sus enemigos
hizo creer al ladrón.

Es el corazón que salva
por su fe a quien se le acerca.
Que mostró su herida abierta
al apóstol que dudó.

Decidle a todos que vengan
a la fuente de la vida.
Que hay una historia escondida
dentro de este corazón.

Decidles que hay esperanza,
que todo tiene un sentido.
Que Jesucristo está vivo,
decidles que existe Dios

 

El mes de junio es el mes del Sagrado Corazón de Jesús, cuya solemnidad litúrgica será el viernes 28 de junio.

El Corazón de Cristo es el Corazón de la Misericordia del Padre. Un corazón de misericordia es el corazón de Cristo. El corazón de Cristo es un corazón que mana, que palpita, un corazón paciente, un corazón que ama, que perdona, que te conoce y te acoge siempre. Es un corazón que llora, que acompaña, que mira, que lucha, que salva, que muestra su herida, un corazón siempre solidario con las heridas de los demás. Un corazón que sana y en cuyas cicatrices están todas nuestras cicatrices del cuerpo y del alma. Es el corazón de Cristo, corazón del Evangelio, corazón de misericordia. “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso”.

Pero, ¿qué es esta devoción? ¿Cuáles son sus raíces y sentidos bíblico y teológico? ¿Cuál es su actualidad? ¿Es una praxis desfasada, meramente piadosa, anticuada?

Orígenes históricos de este culto

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús surge en Francia, en Paray Le Monial, tras una serie de visiones que tiene Santa Margarita María Alacoque, en las que Cristo le pidió que trabajase para la institución de una fiesta en honor del Sagrado Corazón. Estas apariciones tuvieron lugar entre los años 1673 y 1675.

Por esas mismas fechas de la segunda mitad del siglo XVII, el también santo francés San Juan Eudes  había escrito el primer oficio litúrgico de esta fiesta, que se estableció como propia de la Iglesia francesa en 1672.

Un siglo después, en 1765, la Santa Sede autorizó a los Obispos polacos y a la archicofradía romana del Sagrado Corazón la celebración de dicha fiesta. Pero no sería hasta el año 1856 cuando el Papa Pío IX estableció el culto universal de esta fiesta, extendiéndola a toda la Iglesia Católica e incrementándose de manera notable su arraigo y popularidad.

El culto y devoción al Sagrado Corazón de Jesús se convertiría así en la segunda parte del siglo XIX y en la primera parte del siglo XX en una de las características más acusadas y fecundas de la religiosidad y piedad de todos los miembros de la Iglesia, pastores y fieles. Si repasamos las biografías de los santos, beatos y fundadores de la época citada y el arte y la literatura de entonces encontraremos pruebas evidentes y hermosas de ello.

Sentido y naturaleza

¿Cuál es el sentido de esta devoción? La devoción al Corazón de Jesús no es el culto a una parte de su organismo y anatomía humana, es el culto y la devoción al mismo Jesús, a la persona entera de Jesucristo. De hecho, en la iconografía de esta devoción no se permitió jamás mostrar sólo el corazón. Había y hay que representar a Cristo en su humanidad completa, porque Él es el objeto de nuestra adoración y a Él se dirige nuestra oración al decir «Venid, adoremos al corazón de Jesús, herido por nuestro amor».

De ahí, pues, que la devoción al Corazón de Jesús sea entraña misma del culto a Jesucristo como expresión del amor de Dios y siga siempre hoy y siempre un espléndido camino de vida y piedad cristiana.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús es quintaescencia del evangelio y del plan de salvación de Dios. Hablar del corazón de Jesús es hablar de su humanidad, de quien nos «amó con corazón de hombre». Hablar del corazón del corazón de Jesús es hablar del amor de Dios a los hombres. «Te amé con amor eterno». «Tanto amó Dios al mundo que entregó por él a su Hijo único».

El corazón es el símbolo del amor

El corazón representa el ser humano en su totalidad, es el centro original de la persona humana, el que le da la unidad. El corazón es el centro de nuestro ser, la fuente de nuestra personalidad, el motivo principal de nuestras actitudes y elecciones, el lugar de la misteriosa acción de Dios, escribió Karl Rahner.

El corazón es el símbolo del amor. Y puesto que Cristo tuvo un amor perfecto, su corazón es para nosotros el perfecto símbolo del amor. Su corazón fue saturado de amor perfecto al Padre y a los hombres. Nosotros aprendemos lo que es amor tratando de comprender y de vivir algo del amor de Cristo.

Juan Pablo II

El Papa Juan Pablo II, en 1979, en su primera encíclica, «Redemptor hominis», escribía: «La redención del mundo -este tremendo misterio de amor en el cual la creación se renueva- es en su raíz más profunda la plenitud de la justicia en un corazón humano, el corazón del Hijo Primogénito, para que pueda ser justicia en el corazón de muchos seres humanos, predestinados desde la eternidad Jesucristo a ser Hijos de Dios».

Celebrar el Corazón Jesús es, pues, celebrar la redención. Es celebrar el amor y responder al amor amando, a ese Amor que tantas veces no es amado. «El corazón habla al corazón», afirma a este respecto el  beato Juan Pablo II, en referencia a la devoción al Corazón de Jesús como expresión y coloquio de amor. Celebrar el corazón de Jesús es celebrar el sacramento del amor salvífico del Padre. Y es que como se reza en el prefacio de la Misa del Sagrado Corazón, Jesús, «elevado sobre la cruz, hizo que de la herida de su costado brotaran, con el agua y la sangre, los sacramentos de la Iglesia: para que así, acercándose al corazón abierto del Salvador, todos puedan beber con gozo de las fuentes de la salvación».

Benedicto XVI

El Corazón de Cristo es símbolo de la fe cristiana; el Corazón de Jesús es la síntesis de la Encarnación y de la Redención; el Sagrado Corazón es el manantial de bondad y de verdad; el Corazón de Jesús es expresión de la buena nueva del amor; el Sagrado Corazón es palpitación de una presencia en la que se puede confiar.

Son estas algunas de frases con la que el Papa Benedicto XVI  habló del  Corazón de Jesús, en los primeros días de junio de 2008. He aquí, desarrolladas estas hermosas ideas sobre el Corazón de Cristo según Benedicto XVI:

1.- El Corazón de Cristo es símbolo de la fe cristiana, particularmente amado tanto por el pueblo como por los místicos y los teólogos, pues expresa de una manera sencilla y auténtica la «buena noticia» del amor, resumiendo en sí el misterio de la encarnación y de la redención.

3.- Desde el horizonte infinito de su amor, de hecho, Dios ha querido entrar en los límites de la historia y de la condición humana, ha tomado un cuerpo y un corazón, para que podamos contemplar y encontrar el infinito en el finito, el misterio invisible e inefable en  el Corazón humano de Jesús.

3.- Toda persona necesita un «centro» para su propia vida, un manantial de verdad y de bondad al que recurrir ante la sucesión de las diferentes situaciones y en el cansancio de la vida cotidiana.

4.- Cada uno de nosotros, cuando se detiene en silencio, necesita sentir no sólo el palpitar de su corazón, sino, de manera más profunda, el palpitar de una presencia confiable, que se puede percibir con los sentidos de la fe y que, sin embargo, es mucho más real: la presencia de Cristo, corazón del mundo.

Por todo ello, Benedicto XVI nos invitaba a todos y cada uno de nosotros a renovar en el mes de junio y siempre nuestra propia devoción al Corazón de Cristo. Y recomienda como uno de sus caminos más privilegiados  para revitalizar esta devoción al Corazón de Cristo  valorar y practicar también la tradicional oración de ofrecimiento del día y teniendo presentes las intenciones que él mismo propone a toda la Iglesia. Asimismo nos llamaba a venerar el Corazón Inmaculado de María (su fiesta es al día siguiente del Corazón de Jesús, esto es, mañana sábado 4 de junio), encomendándonos siempre a Ella con gran confianza. Es la madre que nunca falta.

Papa Francisco

“El mes de junio –afirmó el Papa Francisco en el ángelus del 9 de junio de 2013- está tradicionalmente dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, máxima expresión humana del amor divino. El pasado viernes hemos celebrado precisamente la solemnidad del Corazón de Cristo, y esta fiesta da la pauta a todo el mes. La piedad popular valoriza mucho los símbolos, y el Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios; pero no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que representa el centro, la fuente de la que ha brotado la salvación para la entera humanidad.

En los Evangelios encontramos diversas referencias al Corazón de Jesús, por ejemplo en el pasaje en el que el mismo Cristo dice: «Venid a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad mi yugo y aprended de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontraréis vuestro alivio» (Mt 11,28-29). El relato de la muerte de Cristo según Juan es fundamental. Este evangelista testimonia de hecho aquello que vio en el Calvario, o sea que un soldado, cuando Jesús ya estaba muerto, le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua (cfr Jn 19,33-34). Juan reconoció en aquel signo, aparentemente casual, el cumplimiento de las profecías: del corazón de Jesús, Cordero inmolado sobre la cruz, brota el perdón y la vida para todos los hombres… Dirijámonos a la Virgen María: su corazón inmaculado, corazón de madre, ha compartido al máximo la «compasión» de Dios, especialmente a la hora de la pasión y de la muerte de Jesús. Que María nos ayude a ser mansos, humildes y misericordiosos con nuestros hermanos”.

Y estas fueron las palabras del Papa Francisco sobre el corazón de Jesús tras el ángelus del domingo 7 de junio de 2015: “El próximo viernes, es la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Pensemos en el amor de Dios… ¡cómo nos ha amado! En el corazón de Jesús está todo este amor”.

En la primera audiencia general del mes de junio de 2017, miércoles 7 de junio, Francisco realizó el siguiente llamamiento: “Quiero dirigir un pensamiento a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. El mes de junio, recién comenzado, nos recuerda la devoción al Sagrado Corazón de Jesús: queridos jóvenes, en la escuela del Divino Corazón, creced en el servicio al prójimo; queridos hermanos,  en vuestros sufrimientos, unid vuestros corazón al del Hijo de Dios; y  vosotros, queridos nuevos esposos, mirad al Corazón de Jesús para aprender el amor sin condiciones”.

También en la primera audiencia general del mes de junio de 2018, miércoles 6 de junio, Francisco realizó el siguiente llamamiento: «El viernes es la solemnidad del sacratísimo Corazón de Jesús. Para todo el mes de junio, os invito a rezar al corazón de Jesús y a sostener con vuestra cercanía y afecto a vuestros sacerdotes a fin de que sean imagen de aquel Corazón lleno de amor misericordioso».

El culto al Sagrado Corazón de Jesús tiene sus propias letanías, que son una de las praxis más fecundas en las que se ha alimentado esta devoción. Las letanías del Sagrado Corazón de Jesús fueron establecidas de manera oficial para toda la Iglesia en el año 1891 por disposición del Papa León XIII.Su fuente de inspiración y de creación se atribuye a Santa Margarita María de Alacoque. Son 33 invocaciones en evocación a los supuestos y tradicionales 33 años de la vida del Señor.

Su enunciado es ya una definición y descripción de la devoción al Sagrado Corazón y de su misma identidad y esencia. Escuchemos y oremos con algunas de ellas:

Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre.

Corazón de Jesús, formado en el seno de la Virgen Madre por el Espíritu Santo.

Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios.

Corazón de Jesús, templo santo de Dios.

Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo.

Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad.

Corazón de Jesús, santuario de la justicia y del amor.

Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor.

Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes.

Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones.

Corazón de Jesús, en quien se hallan todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia.

Corazón de Jesús, en quien reside toda la plenitud de la  divinidad.

Corazón de Jesús, en quien el Padre se complace.

Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido.

Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia.

Corazón de Jesús, generoso para todos los que te invocan.

Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad.

Corazón de Jesús, triturado por nuestros pecados.

Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte.

Corazón de Jesús, traspasado por una lanza.

Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo.

Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra.

Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra.

Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan.

Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren.

Corazón de Jesús, delicia de todos los santos.

Por todo esto, al igual que ayer, también hoy y mañana tiene sentido este culto. Tiene sentido orar diciendo: Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío. Sagrado Corazón de Jesús, sé nuestra salvación.

Jesús de las Heras Muela

 

¿Y si la ciencia demostrara que Dios no existe?

André Frossard

http://encuentra.com/images/upload/1109143_landscape.jpg

 Para demostrar que Dios no existe, sería menester que la ciencia descubriera un primer elemento que no tuviera causa, que existiera por él mismo, y cuya presencia explicara todo lo demás sin dejar nada fuera. Y justamente ese elemento es lo que nosotros llamamos Dios.

«Esta pregunta se hace eco de un temor, muy habitual entre los creyentes, ante el auge de las ciencias naturales que contradicen en no pocos puntos su credo religioso, al tiempo que manifiesta una esperanza avivada periódicamente por el ateísmo militante.

Ese temor fue el que indujo a los rectores de la Iglesia a condenara Galileo, no a la hoguera, ciertamente, sino a una especie de «arresto domiciliario», castigo que no deja de tener su ironía referido á un hombre que se mostraba seguro de estar dando vueltas alrededor del sol. Para aquellos eclesiásticos, la tierra debía ocupar el centro del mundo universo, y pretender lo contrario suponía infligir a la Escritura santa un agravio lindante con la blasfemia.

Tuvo que pasar un siglo para que se reconociera el error y para que se cayera en la cuenta de que la importancia de la tierra no dependía de su localización en el espacio. Los creyentes sufrieron mucho en el siglo XIX ante las declaraciones de Marcelin Berthelot en el sentido de que «en adelante, el universo no guardará secreto alguno para los sabios». En esa línea, es razonable pensar que llegue el día en, que se prescinda de «la hipótesis de Dios» forjada en los siglos oscuros de la ignorancia.»

El argumento, buscar un principio

Sin embargo, el objeto de la ciencia no es más que lo observable y lo medible, y Dios no es ni lo uno ni lo otro. Para demostrar que Dios no existe, sería menester que lo que vosotros llamáis «la ciencia» descubriera un primer elemento que no tuviera causa, que existiera por él mismo, y cuya presencia explicara todo lo demás sin dejar nada fuera. Y justamente ese elemento es lo que nosotros llamamos Dios.


El autor, André Frossard

André Frossard nació en Francia en 1915. Como su padre, Ludovic-Oscar Frossard, fue diputado y ministro durante la III República y primer secretario general del Partido Comunista Francés, Frossard fue educado en un ateísmo total. Encontró la fe a los veinte años, de un modo sorprendente, en una capilla del Barrio Latino, en la que entró ateo y salió minutos más tarde «católico, apostólico y romano».

Ateo perfecto, ni se planteaba el problema de Dios

El ateísmo en André Frossard y su posterior y repentina conversión se entienden un poco más contemplando su propia familia, como nos lo cuenta él mismo: «Eramos ateos perfectos, de esos que ni se preguntan por su ateísmo. Los últimos militantes anticlericales que todavía predicaban contra la religión en las reuniones públicas nos parecían patéticos y un poco ridículos, exactamente igual que lo serían unos historiadores esforzándose por refutar la fábula de Caperucita roja. Su celo no hacia más que prolongar en vano un debate cerrado mucho tiempo atrás por la razón. Pues el ateísmo perfecto no era ya el que negaba la existencia de Dios, sino aquel que ni siquiera se planteaba el problema. (…)

El mundo: material y explicable

Dios no existía. Su imagen o las que evocan su existencia no figuraban en parte alguna de nuestra casa. Nadie nos hablaba de Él. (…) No había Dios. El cielo estaba vacío; la tierra era una combinación de elementos químicos reunidos en formas caprichosas por el juego de las atracciones y de las repulsiones naturales. Pronto nos entregaría sus últimos secretos, entre los que no había en absoluto Dios.

¿Necesito decir que no estaba bautizado? Según el uso de los medios avanzados, mis padres habían decidido, de común acuerdo, que yo escogería mi religión a los veinte años, si contra toda espera razonable consideraba bueno tener una. Era una decisión sin cálculo que presentaba todas las apariencias de imparcialidad. ¿A los veinte años quiere creer? Que crea. De hecho, es una edad impaciente y tumultuosa en la que los que han sido educados en la fe acaban corrientemente por perderla antes de volverla a encontrar, treinta o cuarenta años más tarde, como una amiga de la infancia… Los que no la han recibido en la cuna tienen pocas oportunidades de encontrarla al entrar en el cuartel…

Mi padre era el secretario general del partido socialista. Yo dormía en la habitación que, durante el día, servía a mi padre de despacho, frente a un retrato de Karl Marx, bajo un retrato a pluma de Jules Guesde (socialista que colaboró en la redacción del programa colectivista revolucionario) y una fotografía de Jaurès.

Fascinado por Marx

Karl Marx me fascinaba. Era un león, una esfinge, una erupción solar. Karl Marx escapaba al tiempo. Había en él algo de indestructible que era, transformada en piedra, la certidumbre de que tenía razón. Ese bloque de dialéctica compacta velaba mi sueño de niño. (…)

El domingo

El domingo era el día del Señor para los luteranos, que a veces iban al templo, y para los pietistas, que se reunían en pequeños grupos bajo la mirada falta de comprensión de otros. Para nosotros era el día del aseo general, en el agua corriente del arroyo truchero, después del cual mi abuelo mi friccionaba la cabeza con un cocimiento de manzanilla…»

Navidad sin sentido

En Navidad, las campanas de los pueblos cercanos, que no encontraban eco entre nosotros, extendían como un manto de ceremonia sobre la campiña muerta. Nosotros también nos poníamos nuestros trajes domingueros para ir a ninguna parte (…) Almorzábamos en la mejor habitación, sobre el blanco mantel de los días señalados.

Sus padres unidos por el socialismo

Entre las izquierdas la política se consideraba como la más alta actividad del espíritu, el más hermoso de los oficios, después del de médico, sin embargo. A ella debían mis padres, por otra parte, el haberse encontrado. Mi madre de espíritu curioso, había escuchado a mi padre hablar del socialismo ante un auditorio obrero, con la fogosidad de sus veinticinco años, una inteligencia combativa, una voz admirable. Desde aquel día, ella le siguió de reunión en reunión, por amor al socialismo, hasta la alcaldía. Cuando me contaba esa historia, yo no comprendía gran cosa. Para mí, mis padres eran mis padres desde siempre y no imaginaba que hubiesen podido no serlo en un momento dado de su existencia. La honestidad, la natural decencia de su vida en común, me habían dado del matrimonio la idea de una cosa que no podía deshacerse y que, al no tener fin, no había tenido comienzo.

La política llenaba la vida familiar

Mi madre vendía al pregón el periódico de la Federación Socialista, completamente redactado por mi padre, entonces maestro destituido por amaños revolucionarios y reducido a la miseria. Pero la política llenaba la vida de mi padre. (…)

Jesucristo hubiera sido de los suyos

Rechazábamos todo lo que venía del catolicismo, con una señalada excepción para la persona -humana- de Jesucristo, hacia quien los antiguos del partido mantenían (con bastante parquedad, a decir verdad) una especie de sentimiento de origen moral y de destino poético. No éramos de los suyos, pero él habría podido ser de los nuestros por su amor a los pobres, su severidad con respeto a los poderosos, y sobre todo por el hecho de que había sido la víctima de los sacerdotes, en todo caso de los situados más alto, el ajusticiado por el poder y por su aparato de represión».

Encontró a Dios sin buscarlo

Pero sin tener mérito alguno Frossard, porque Dios quiso y no por otra razón, fue el afortunado en recibir el regalo de la conversión. El no buscaba a Dios. Se lo encontró: «Sobrenaturalmente, sé la verdad sobre la más disputada de las causas y el más antiguo de los procesos: Dios existe. Yo me lo encontré.

Me lo encontré fortuitamente -diría que por casualidad si el azar cupiese en esta especie de aventura-, con el asombro de paseante que, al doblar una calle de París, viese, en vez de la plaza o de la encrucijada habituales, una mar que batiese los pies de los edificios y se extendiese ante él hasta el infinito.

Fue un momento de estupor que dura todavía. Nunca me he acostumbrado a la existencia de Dios. Habiendo entrado, a las cinco y diez de la tarde, en una capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra. Habiendo entrado allí escéptico y ateo de extrema izquierda, y aún más que escéptico y todavía más que ateo, indiferente y ocupado en cosas muy distintas a un Dios que ni siquiera tenía intención de negar -hasta tal punto me parecía pasado, desde hacía mucho tiempo, a la cuenta de pérdidas y ganancias de la inquietud y de la ignorancia humanas-, volví a salir, algunos minutos más tarde, «católico, apostólico, romano», llevado, alzado, recogido y arrollado por la ola de una alegría inagotable.

Al entrar tenía veinte años. Al salir, era un niño, listo para el bautismo, y que miraba entorno a sí, con los ojos desorbitados, ese cielo habitado, esa ciudad que no se sabía suspendida en los aires, esos seres a pleno sol que parecían caminar en la oscuridad, sin ver el inmenso desgarrón que acababa de hacerse en el toldo del mundo. Mis sentimientos, mis paisajes interiores, las construcciones intelectuales en las que me había repantingado, ya no existían; mis propias costumbres habían desaparecido y mis gustos estaban cambiados.

Cómo lo encontró

No me oculto lo que una conversión de esta clase, por su carácter improvisado, puede tener de chocante, e incluso de inadmisible, para los espíritus contemporáneos que prefieren los encaminamientos intelectuales a los flechazos místicos y que aprecian cada vez menos las intervenciones de lo divino en la vida cotidiana. Sin embargo, por deseoso que esté de alinearme con el espíritu de mi tiempo, no puedo sugerir los hitos de una elaboración lenta donde ha habido una brusca transformación; no puedo dar las razones psicológicas, inmediatas o lejanas, de esa mutación, porque esas razones no existen; me es imposible describir la senda que me ha conducido a la fe, porque me encontraba en cualquier otro camino y pensaba en cualquier otra cosa cuando caí en una especie de emboscada: no cuento cómo he llegado al catolicismo, sino como no iba a él y me lo encontré. (…)

Nada me preparaba a lo que me ha sucedido: también la caridad divina tiene sus actos gratuitos. Y si, a menudo, me resigno a hablar en primera persona, es porque está claro para mí, como quisiera que estuviese enseguida para vosotros, que no he desempeñado papel alguno en mi propia conversión. (…)

Una revolución extraordinaria

Ese acontecimiento iba a operar en mí una revolución tan extraordinaria, cambiando en un instante mi manera de ser, de ver, de sentir, transformando tan radicalmente mi carácter y haciéndome hablar un lenguaje tan insólito que mi familia se alarmó. Se creyó oportuno, suponiéndome hechizado, hacerme examinar por un médico amigo, ateo y buen socialista. Después de conversar conmigo sosegadamente y de interrogarme indirectamente, pudo comunicar a mi padre sus conclusiones: era la «gracia», dijo, un efecto de la «gracia» y nada más. No había por qué inquietarse.

Hablaba de la gracia como de una enfermedad extraña, que presentaba tales y cuales síntomas fácilmente reconocibles. ¿Era una enfermedad grave? No. La fe no atacaba a la razón. ¿Había un remedio? No; la enfermedad evolucionaba por sí misma hacia la curación; esas crisis de misticismo, a la edad en que yo había sido atacado, duraban generalmente dos años y no dejaban ni lesión, ni huellas. No había más que tener paciencia.

Se me toleraría mi capricho religioso a condición de que fuese discreto, como lo serían conmigo. Se me rogó que me abstuviese de todo proselitismo en relación con mi hermana menor. Ella se convertiría a pesar de todo al catolicismo, y mi madre también, bastantes años después de ella».

Best-seller mundial. Frossard escribió el libro de su conversión, Dios existe. Yo me lo encontré, que mereció el Gran Premio de la literatura Católica en Francia en 1969, y que se convertiría en un best-seller mundial.

En 1985 fue elegido miembro de la Academia y trabajó en la Comisión del Diccionario. Muere en París en 1995 a los 80 años de edad, tras haber sido uno de los intelectuales católicos franceses más influyentes de su país en el presente siglo.

De André Frossard

 

 

«Compartiendo el Viaje», cuando migrar no es como esperabas

https://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2019/06/190612_Vaticano_Migraciones_CompartiendoViaje-e1560327140506-678x381.jpeg

¿Cuáles son las razones que impulsan a millones de personas a migrar de manera forzada? ¿Qué situaciones viven durante el viaje?… son dos preguntas que la campaña Share the Journey organizada por Caritas Internationalis e impulsada por el Papa Francisco, intenta contestar promoviendo la cultura del encuentro entre los migrantes que dejan sus tierras y las sociedades que los reciben.

Cuando la opción de dejar la tierra natal se convierte en la única salida para poder construir un futuro mejor, el migrante experimenta a menudo sentimientos encontrados: una mezcla de tristeza por dejar atrás a la familia y al mismo tiempo de esperanza por alcanzar un bienestar económico que permita ayudar a sus seres queridos.

El camino del migrante y los obstáculos

Millones de personas migran de manera forzada cada año llevando a cuestas auténticas historias de vida y superación.

Asimismo, la realidad práctica refleja que el camino del migrante no es nada fácil y en la mayoría de los casos, los obstáculos con los que se encuentra dificultan la realización de sus sueños, especialmente cuando sus expectativas- frecuentemente idealizadas- no llegan a alcanzarse… cuando migrar “no es como esperaban”.

Pero… ¿cuáles son las experiencias que viven quienes se marchan de su país? ¿Qué encuentran estas personas por el camino?… son dos preguntas que la campaña Share the Journey, en español Compartiendo el Viaje, intenta contestar promoviendo la cultura del encuentro entre los migrantes que llegan y las sociedades que los reciben. Una idea promovida por Caritas Internationalis e impulsada por el Papa Francisco.

Madre e hijos separados por un océano

En esta ocasión, compartimos la historia de Ninfa Alexandra, de 45 años, nacida en Ecuador, quien migró a España en el año 1999 para poder trabajar y sacar adelante a su familia.

“Mi viaje a España fue imprevisto. Tuve que dejar a mis dos hijos, el menor de ellos con tres años, y esa decisión fue para mí como si un médico me dijera en 15 días te vas a morir”, explica Ninfa emocionada describiendo el dolor que supuso para ella dar ese paso, mientras pensaba, por un lado, que trabajar en tierras españolas serviría para mejorar la calidad de vida de sus pequeños; pero por otro, sabía que se perdería parte de sus vidas, de su crecimiento, pues la distancia hace mella en el corazón de quienes sufren la migración de un ser querido, y más aún cuando aquello que los separa es la inmensidad de un océano.

Una nueva vida y muchas oportunidades

“Hasta el día de hoy me pregunto si valió la pena”, añade la ecuatoriana, explicando el lado positivo y negativo de este enorme sacrificio:

“Gracias a Dios, con este viaje he ayudado mucho a mi familia. He logrado hacer muchas cosas que hubieran sido imposibles de conseguir estando en Ecuador. Aunque también he perdido momentos y vivencias con mis hijos. El pequeño de 3 años que dejé aquel día tiene ya 22 años. Me he perdido tantas cosas de él”, lamenta Ninfa.

Tras llegar a España y con mucho esfuerzo, encontró trabajo y empezó a progresar: un sueldo español equivalía a seis veces el sueldo mínimo ecuatoriano por lo que verdaderamente pudo hacer una gran diferencia económica. Con el tiempo consiguió regularizar su situación migratoria, obtener los papeles y traer a su marido. Años más tarde también traería a sus dos hijos de Ecuador.

La pequeña Lesly

El destino los llevaría hasta Huesca, provincia donde residen actualmente. Gracias a los cursos de formación que recibieron han podido tener más oportunidades laborales. Incluso ampliaron su familia con la pequeña Lesly, de 9 años, nacida en España, la cual vemos en la imagen de este artículo y cuyo sueño es ser profesora de artes plásticas, “para enseñar a los demás a dibujar y pintar”.

“Estas oportunidades nos han ayudado a integrarnos, a sentir que valemos y que es posible salir adelante”, concluye Ninfa agradeciendo a todas las personas que a lo largo de esta aventura han “compartido con ella el viaje” y la han ayudado a llegar hasta donde actualmente está.

Sofía Lobos

 

 

El Informe FOESSA-Cáritas señala que hay más pobres en España que hace diez años

https://www.revistaecclesia.com/wp-content/uploads/2019/06/FOESSA-2019.jpg

El Informe FOESSA-Cáritas señala que hay más pobres en España que hace diez años

El VIII INFORME FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España que se ha presentado hoy en Madrid es, en palabras de Guillermo Fernández, coordinador de la investigación, “un relato del momento de incertidumbre en el que nos encontramos y una mirada a nuestra cohesión social para analizar cómo vivimos y reaccionamos ante la gran recesión, cómo estamos enfocando la salida y cuáles son las consecuencias de la crisis en la poscrisis”.

Los resultados del Informe confirman –como señala Raúl Flores, secretario técnico de la Fundación de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada (FOESSA)— “una situación que aunque mejora claramente respecto al 2013, que no alcanza los estándares de 2007 y que, si bien nos sitúa en una época nueva, sigue anclado en un modelo de desarrollo económico, social y antropológico caracterizado por una debilidad distributiva, por sus dificultades para no dejar a nadie atrás y con serias dificultades para afrontar y mejorar la vida de aquellos que viven la precariedad, de las personas excluidas, de los expulsados que no consiguen salir del pozo de la exclusión”.

Este VIII Informe ha sido puesto a punto un equipo de investigación formado por 125 investigadores de 30 universidades y 13 organizaciones de acción e investigación. El trabajo de campo se ha desarrollado con el apoyo de más de 350 encuestadores profesionales, que han llamado a más de 139.000 puertas de 17 Comunidades Autónomas, recogiendo la información de 29.000 personas de 11.600 hogares, donde se han sentado durante más de una hora para conocer a fondo su situación.

¿Qué está sucediendo en nuestro país?

La primera constatación que recoge el VIII Informe FOESSA es que la exclusión social se enquista en la estructura social de nuestro país.

Hoy en día, el número de personas en exclusión social en España es de 8,5 millones, el 18,4% de la población, lo que supone 1,2 de millones más que en 2007 (antes de la crisis). Son el rostro de la sociedad estancada, un nutrido grupo de personas para quienes “el ascensor de la movilidad social no funciona y no es capaz de subir siquiera a la primera planta”.

Dentro de este sector social, existe un grupo especialmente vulnerable que acumulan tantos problemas cotidianos que les impide tener un proyecto vital mínimamente estructurado: son 4,1 millones de personas en situación de exclusión social severa. Son los ciudadanos sobre los que se ceba la desigualdad y la precariedad en sus diferentes formas: vivienda insegura e inadecuada, desempleo persistente, precariedad laboral extrema e invisibilidad para los partidos políticos.

Dentro de este grupo en exclusión social severa existe un grupo de expulsados, que suman 1,8 millones de personas (600.000 en 2007), que acumulan tal cantidad de dificultades y de tal gravedad que exigirían de una intervención urgente, profunda e intensa en recursos para garantizarles su acceso a una vida mínimamente digna.

La investigación trae, sin embargo, una buena noticia, que está protagonizada por esa sociedad integrada que representan aquellas personas que no tienen dificultades para su supervivencia, que llevan una vida digna en términos materiales y que se ha recuperado a los mismos niveles de antes de la Gran Recesión. Son el 48,4% de la población.

Se detecta, sin embargo, una novedad. Dentro de esta sociedad integrada se está produciendo una reconfiguración en dos grandes sectores: un primer grupo, que es el mayoritario, denominado la sociedad de las oportunidades, que integra a dos tercios de la población de España; y un segundo grupo, que conforma lo que hemos llamado la sociedad insegura y en la que estarían unos 6 millones de personas.

Este grupo de la sociedad insegura se mueve en el filo de la navaja. Está en la antesala de la exclusión. E intuye que ante una eventual acudida, en una nueva crisis, su sostén económico se quebrará. Le indigna que la sociedad segura se desentienda del resto y coja más impulso hasta desconectarse. Son los que votan salir, los que quieren sentir que aún tienen el poder de interrumpir la dinámica de la sociedad de los seguros y de impedir la entrada de foráneos.

Los que se encuentran en la sociedad de las oportunidades, en cambio, están en una situación acomodada, creen tener la razón en sus ideas y en sus prácticas cotidianas. Consumen en exceso, apenas sin conciencia y tienen capacidad para que se pongan sus necesidades en la agenda política. Muestran cierta fatiga de la solidaridad. En realidad, los acomodados no practican la empatía, pues suelen echar en cara, a los excluidos, su desafección y su responsabilidad por estar en esa situación y, a los inseguros, que manifiesten su malestar de forma airada.

Tres bloques de riesgos sociales

En el VIII Informe FOESSA se identifican tres bloques principales de riesgos sociales, que afectan con más fuerza a la sociedad insegura y a la sociedad estancada.

  1. La pérdida de calidad de nuestra democracia.

Estamos arriesgándonos a que se vacíe de contenido ético y redistributivo, y se reduzca a un mero expediente político donde se enfatizan las formas y se guardan las apariencias. Estamos sustituyendo los vínculos por las conexiones. Las personas con bajos ingresos y en exclusión social participan menos en los procesos electorales: se registran tasas de hasta el 75% de abstención en los barrios más desfavorecidos, que constituyen un precariado político que no participa en los canales tradicionales de representación.

Esto provoca que su voz desaparezca de los procesos electorales. Si las personas excluidas no votan, no entrarán en la agenda política, y si a la agenda política no le interesa fomentar su voto, esto ahondará más en su situación de exclusión social.

  1. La desigualdad en sus diferentes dimensiones.

En primer lugar, la vivienda es un motor elemental de la desigualdad y un factor clave en las dinámicas de exclusión social. El acceso a una vivienda digna se ha convertido en un derecho inaccesible para muchas familias, que sufren la inseguridad y la inadecuación de su hogar, y tiene una influencia notable sobre los recursos económicos, sobre el estado de salud y sobre los proyectos vitales de los más jóvenes.

– En los últimos dos años el alquiler ha subido un 30%.

– Dos millones de personas viven con la incertidumbre de quedarse sin vivienda.

– El 11% de la población vive bajo el umbral de la pobreza severa, una vez descontados los gastos o deudas relacionadas con el pago de la vivienda y los suministros de la misma.

En segundo lugar, el desempleo. A pesar de su reducción progresiva, es una realidad persistente y ahora menos protegida, lo que, junto con la precariedad, manifestada en temporalidad, parcialidad e itinerarios cíclicos que alternan períodos cortos de empleo con otros de desempleo, generan trabajadores pobres y excluidos, y limitan las posibilidades de integración de muchos colectivos.

La desigualdad en el mercado de trabajo está imponiendo el discurso de que el éxito final reside en la consideración del empleo como un privilegio y no como un derecho. Es, además, un privilegio con respecto a los demás. La precariedad laboral se ha convertido ya en una forma de vida de forma estructural en nuestra sociedad.

– El 14% de las personas que trabajan están en exclusión social.

– Uno de cada tres contratos temporales dura menos de siete días.

– El 15,1% de los hogares sufre inestabilidad laboral grave (son hogares en los que la persona principal ha pasado por 6 o más contratos, o por 3 o más empresas, o ha estado 3 o más meses en desempleo durante el último año).

– Aunque se ha conseguido reducir la exclusión por el empleo en un 42%, sin embargo 1 de cada 4 personas activas del conjunto de la población se encuentran en situación de exclusión del empleo. Si miramos solamente a las personas en exclusión social, serían 1 de cada 2.

– El 20% de las personas en hogares con al menos una persona desempleada no ha realizado ninguna formación ocupacional en el último año.

Una característica que nos diferencia de otros países de nuestro entorno y de un tamaño y desarrollo similar es que en la exclusión social en España va de la mano la mezcla de baja calidad en el empleo y costes elevados de la vivienda. El 37% de los excluidos del empleo lo están también en la vivienda.

En tercer lugar, las familias con niños y la juventud están más expuestos a la exclusión social.

– El 33% de las familias numerosas y el 28% de las familias monoparentales se encuentran en exclusión social.

– El 21% de todos los hogares con menores se encuentran en exclusión social.

– La Encuesta FOESSA constata que cuando uno nace y se cría en un hogar con escasos bienes materiales y con ingresos reducidos aumentan las probabilidades de instalarse en el pantano de la vulnerabilidad. Los que se criaron entre dificultades duplican a los que no crecieron entre penurias: esta es la marca de la transmisión intergeneracional de la pobreza. Y esa marca no para de crecer.

En cuarto lugar, las desventajas de las mujeres para vivir de forma integrada afectan a todas las dimensiones de la exclusión social. Destaca la brecha de ingresos en el empleo y en las prestaciones, su mayor riesgo de empobrecimiento, su acceso más precario a la vivienda, las diferencias en el estado de salud y la mayor exposición a situaciones de aislamiento social.

– Una mujer necesita trabajar 1,5 horas más al día para ganar lo mismo que un hombre. Si esa mujer es inmigrante, 2 horas más.

– Cuando una mujer es la sustentadora principal del hogar tiene más problemas económicos para acudir a ciertos servicios médicos (odontología, tratamiento psicológico, podología).

– Los hogares sustentados por mujeres tienen que reducir con más intensidad los gastos de suministros de la casa y los gastos en comunicaciones. Y tienen más retrasos en los pagos de recibos o en los pagos de alquiler de la vivienda.

– Soportan, además, mayor volumen de amenazas de pérdida de vivienda, mayores cambios de residencia, mayores estrategias de tener que compartir casa con gente que no conocen, o tener que alquilar una habitación a otros, o mayores retornos a la casa paterna.

Por último, están los riesgos frente a la salud.

– La exclusión social y no la pobreza monetaria tiende a duplicarse en las personas con discapacidad. El 30% de ellas se encuentran en situación de exclusión social y un 16% en exclusión social severa, el doble que las personas sin discapacidad.

– El 8,8% de la población ha dejado de comprar medicinas, seguir tratamientos o dietas por problemas económicos.

– El 15% de la población no puede acceder a un tratamiento bucodental porque no se lo puede permitir.

  1. Los riesgos sociales derivados de los fenómenos demográficos

Estos fenómenos, que se producen en el largo plazo y que no han sido abordados de forma adecuada en nuestros sistemas de protección social, originan un incremento progresivo de la necesidad de cuidados. En España, a fecha de hoy, la familia, y especialmente las mujeres, es el eje del que se sostienen los cuidados y la sostenibilidad de la vida.

El aumento de la esperanza de vida y de la longevidad, los cambios en las pautas reproductivas y las modificaciones en las estructuras de los hogares y en la organización de las familias han conllevado cambios significativos en el modelo de sociedad.

– 1 de cada 3 hogares necesita cuidados bien por crianza, por edad avanzada, por dependencia o por enfermedad.

– En el caso de edad avanzada, enfermedad crónica o discapacidad, el 27% de los cuidadores principales son hombres de la familia, el 64% son mujeres de la familia, el 7,8 son personas remuneradas o contratadas y el 1,2 es la Administración.

– El familismo está encontrando nuevas formas de expresión a través de la mercantilización de los cuidados. Si esta es la respuesta a los cuidados, aquellos que no se los puedan pagar caerán en la exclusión social.

Cambios en la distribución territorial de la exclusión

Sobre el impacto geográfico de los riesgos sociales señalados, quizá uno de los datos más relevantes que presenta el VIII Informe FOESSA sea el de la distribución territorial de la exclusión social en España.

Si tradicionalmente España se ha explicado en términos de norte-sur, un norte rico y un sur pobre, esa fotografía sigue siendo cierta solo si pensamos en términos monetarios. Sin embargo la fotografía de la exclusión ofrece otra visión. Los datos de FOESSA permiten afirmar que se consolida el eje sur-mediterráneo en la exclusión social.

Este mapa demuestra los diferentes modelos de integración que coexisten en nuestro país, así como la fuerte diversidad territorial en lo que respecta a las distintas capacidades existentes en el territorio del Estado, tanto de desarrollo económico como social y de relaciones de ayuda mutua.

La evolución de las políticas sociales

El Informe analiza también los recortes que han sufrido los servicios públicos fundamentales en los últimos años (educación, sanidad, dependencia), que han afectado a la accesibilidad, disponibilidad, asequibilidad y adaptabilidad de los mismos a las situaciones de mayor precariedad.

Las desigualdades han ido en aumento en el caso de la sanidad, donde, por ejemplo, en 2019 no se ha recuperado todavía el nivel de gasto sanitario de los recortes iniciados hace diez años. Y, particularmente, en el sistema de dependencia. No obstante, la crisis ha sido también una oportunidad para acometer mejoras en coordinación y eficiencia.

Destaca el retroceso registrado en el impacto del efecto sustitución que se ha dado, por ejemplo, en la extensión del seguro privado de salud como compensación a las deficiencias del sector público sanitario: el número de personas con cobertura sanitaria privada aumenta del 13,3% en 2012 al 16,3% en 2017.

En el caso de la educación, cabe destacar también el aumento de la ratio de alumnado y la carga electiva para el profesorado o las dificultades para la obtención de una beca.

Asimismo, la rama de los servicios sociales ha sufrido la presión de una creciente demanda social con recursos menguantes, deficiencias críticas y amplias desigualdades territoriales en su oferta. Y las políticas de vivienda durante la crisis no han podido sentar las bases de un sistema residencial que garantice a las personas más necesitadas el acceso a una vivienda digna.

Las prestaciones familiares y por hijo a cargo han seguido, también, una evolución declinante que les ha incapacitado para hacer frente con eficacia al reto de la pobreza de los hogares con niños, En doce años, la cuantía por prestación por hijo cargo solo ha subido 5 céntimos mensuales (de 24,25 a 24,30 euros mensuales).

Finalmente, los esquemas de garantía de ingresos mínimos en España, con sus diversos subsistemas, han sufrido reformas permanentes o desarrollos con muy diferentes efectos en cobertura e intensidad protectora. Su característica definitoria es su limitada cobertura y su baja intensidad protectora, que reduce su capacidad para paliar la pobreza relativa, aunque sí la severa.

¿Cómo estamos reaccionando los ciudadanos?

El VIII Informe FOESSA indica que la ciudadanía sigue apoyando el Estado de bienestar como mecanismo de protección social. Más que antes, se pide al Estado que intervenga para conseguir una sociedad más igualitaria, para garantizar el derecho a la salud o a la educación y para protegernos de la pérdida de ingresos derivada de situaciones de vejez, enfermedad o desempleo. Los ciudadanos no consideran creíble el discurso sobre el «excesivo» gasto social.

Junto a ello, sin embargo, vivimos un cuestionamiento del sistema fiscal, tanto desde el ámbito político como ciudadano, y cierta fatiga de la compasión en nuestra sociedad. Disminuye la disposición a pagar los impuestos necesarios para financiar las políticas de bienestar y la sociedad española siente desconfianza ante el sistema fiscal y la clase política encargada de gestionarlo.

Esta fatiga de la compasión está generando perfiles críticos con las ayudas sociales. Más del 50% de la población expresa que ahora ayudaría menos que hace diez años, aunque seguimos siendo uno de los países donde existe un grupo mayoritario de ciudadanos que piensa que las ayudas sociales no vuelven perezosas a las personas.

Aunque las personas más afectadas por la crisis y que menos se han recuperado en la salida de la misma son las que están en las capas más humildes de la sociedad y quienes necesitarían más esas ayudas, el sentimiento de las clases medias es el de grandes perdedoras, lo que provoca que miren hacia el futuro con gran incertidumbre y pesimismo.

Muchas personas están instaladas en el miedo ante una sociedad del descenso y de pérdida de estatus, que es estimulado desde algunas instancias políticas y mediáticas en un irresponsable juego que genera tensiones y problemas allí donde no los había, como es, por ejemplo, el de la xenofobia. Dos datos:

– Las personas inmigrantes aportan el 10% de los ingresos de la Seguridad Social y sin embargo, el 50% de la población española piensa que reciben más de lo que tributan.

– En el espacio de la exclusión social, el 80% de las personas son españolas, sólo el 20% son inmigrantes.

– Solo aproximadamente el 4% de la población piensa que la inmigración es el primer problema de este país. España es uno de los países donde en menor medida se expresan opiniones abiertamente xenófobas y se producen menos fenómenos de rechazo.

Revertir la sociedad desvinculada

Para poder enfrentarnos al futuro, perder el miedo y fortalecer los mecanismos de inclusión de la ciudadanía en nuestra sociedad, los autores del Informe plantean un conjunto de grandes conversaciones cívicas que adecuen definitivamente nuestra forma de convivencia ante este proceso de mutación social que en el Informe se denomina la sociedad desvinculada.

Destacan tres retos.

  1. Crear un nuevo escenario con responsabilidades compartidas, de dialogar en torno a la creación de un sector público compuesto por el espacio de trabajo conjunto de las Administraciones públicas, las entidades no lucrativas y las empresas sociales, con las iniciativas ciudadanas y profesionales.
  2. Reflexionar sobre si queremos garantizar el acceso a la supervivencia de las personas a través de mecanismos de prestaciones y rentas condicionadas o mediante fórmulas de rentas garantizadas. Es decir, responder al reto de cuánta es la carga que queremos poner sobre los hombros de los pobres para poder ayudarles. Y respondernos, incluso, si a veces ser pobre es un delito.
  3. Conseguir que las personas, inmersas en un mundo que promueve el individualismo, accedan a convertirse en una comunidad para facilitar el acceso de terceros. La pregunta está en cómo hacer que la ciudadanía colabore, lo que no se consigue ni a golpe de decreto ni por presión.

Las organizaciones cívicas y solidarias se mueven en un terreno de falta de recursos y de un cierto descenso de confianza. La diferenciación entre quienes merecen o no ayuda pública o protección social se está convirtiendo en un elemento clave para el soporte de estas entidades.

En el VIII Informe FOESSA se apunta que es imprescindible un liderazgo social, que, aunque a pequeña escala, puede generar movilización ciudadana y aportar proyectos que pueden ser replicados o repensados en otros lugares. Se trata de una construcción de abajo a arriba, que pueda revertir la senda de desconfianza y aislamiento que las estructuras están promoviendo.

Como se ha señalado en la rueda de prensa, “hoy, que se están negociando los pactos que determinarán quién dirigirá el Gobierno, las CC.AA o los Ayuntamientos, tenemos que preguntarnos si queremos afrontar cómo recuperamos para la sociedad a ese 1,8 millones de personas expulsadas, cómo podemos llegar a un acuerdo para evitar la exclusión social grave de 4,1 millones de personas, cuál es nuestra voluntad de construir sociedad o de seguir permitiendo que cada cual, en función de dónde ha nacido, la familia que ha tenido o el patrimonio heredado, resuelva cómo estar integrado”.

En palabras de Guillermo Fernández, “el reto está en saber —y poder— construir consensos, y la herramienta que parece clave en estos momentos es la construcción de un tejido social capaz de pensar en común los diversos aspectos para que nuestra vida sea realmente social”.

“Vivimos en una sociedad desvinculada, en la que cada vez es más difícil hacernos cargo de los que se quedan atrás y, por ello, necesitamos re-vincularnos, un objetivo en el que la construcción de comunidad tendrá un papel esencial. Esta es la tesis que defiende el conjunto de este proyecto del VIII Informe FOESSA”, añadió.

Cierre de ciclo

El VIII Informe FOESSA supone el cierre de un ciclo de análisis que se iniciaba en los momentos previos a la crisis económica. Como explica Raúl Flores, supone el capítulo final de una trilogía dedicada a tres momentos esenciales en nuestra historia reciente.

– 2007-2008 El momento de máximo crecimiento económico previo a la crisis, analizado en el VI Informe FOESSA.

– 2013-2014 El momento de máxima exposición de la población a los efectos de la crisis económica, analizado en el VII Informe FOESSA

– 2018-2019 El momento posterior a una recuperación económica constante de 4 años, que analizamos en este VIII Informe FOESSA.

 

La Fundación FOESSA se constituyó en 1965, con el impulso de Cáritas Española, ante la necesidad de conocer, la situación social de España de forma objetiva y persistente como alternativa y complemento a las iniciadas políticas de desarrollo creadas en nuestro país en esos momentos.

Desde su origen, tal y como subrayó en la presentación Natalia Peiro, secretaria general de Cáritas y directora ejecutiva de la Fundación, los Informes FOESSA (1967, 1970, 1975, 1980-83, 1994, 2008 y 2014) “han marcado hitos en el conocimiento de la situación social de España a través del análisis de los procesos en que se manifiesta la evolución social, así como las estructuras y tendencias que se corresponden con esos procesos”.

“La vocación permanente de servicio de la Fundación –añadió— al conocimiento de la realidad social de nuestro país es un compromiso impulsado por Cáritas, desde el convencimiento de que no es posible actuar en la realidad social de la pobreza y la exclusión si no contamos previamente con un conocimiento profundo y exhaustivo de la misma que nos permita afinar las respuestas y acompañar de manera eficaz a los destinatarios de nuestra acción”.

Para la secretaria general de Cáritas, “nuestro mayor interés es lograr que esta tarea investigadora de FOESSA se realice desde la mirada de las personas perdedoras, de todos esos descartados a los que se refiere el papa Francisco y a los que la Confederación Cáritas sitúa siempre en el centro de sus actuaciones”.

ANEXO explicativo

Exclusión social es la pérdida de integración y de participación del individuo en la sociedad. Es la falta de participación en la vida social, económica y cultural de sus respectivas sociedades debido a la carencia de derechos, recursos y capacidades básicas que hacen imposible una participación social plena.

Es imposible medir la exclusión social con una simple tasa de pobreza ni tampoco con la denominada tasa AROPE, que mira 3 indicadores (pobreza, privación material y baja intensidad laboral). Sin cuestionar su utilidad, estos medidores no son suficientes para los objetivos marcados en la investigación.

Por esa razón, FOESSA utiliza 35 indicadores que miden la participación en el empleo, en la capacidad de renta y en el acceso a derechos básicos (como la vivienda, la salud, la educación o la participación política), así como la ausencia de lazos sociales (soledad) y las relaciones sociales conflictivas.

Cada uno de los 35 indicadores identifica situaciones de exclusión social, la mayoría de los cuales tienen un carácter extremo que afecta a proporciones pequeñas de hogares. La cantidad de indicadores afectados y el peso que tiene cada uno de ellos genera una suma de puntos de exclusión social que permite dividir a la sociedad en 4 espacios: el de la integración plena, la integración precaria, la exclusión moderada y la exclusión severa.

 

 

El factor padre-hija: más influyente de lo que muchos hombres imaginan

LaFamilia.info

 

 

factorpadrehija2015

 

La Dra. Meg Meeker, autora del libro "Padres fuertes, hijas felices", asegura que hay pocos factores más importantes para el desarrollo mental, físico y social de una chica que la relación con el padre.

 

En una época en la que cada vez se insiste más en “difuminar” la distinción natural entre el papel del padre y de la madre, la Dra. Meg Meeker demuestra que el rol de padre es bastante más influyente de lo que muchos hombres imaginan. Además de la relación maternal, las hijas necesitan del apoyo que sólo un padre puede dar. Así lo explica en una entrevista realizada por Emily Stimpson para Our Sunday Visitor.

 

Más allá de que a los padres les guste o no, ¿qué esperan de ellos sus hijas?


Dra. Meg Meeker: Naturalmente, las hijas quieren ver en su padre a un líder. Lo ven como protector, como proveedor. Quieren admirarlo. Los padres tienen un poder tremendo sobre las hijas. Esto no es sólo el ideal; es la realidad. El padre, de hecho, es el primer amor de su hija. Es el hombre más importante de su vida. Sus interacciones con ella la preparan para relacionarse con todos los demás hombres. Es una carga pesada, pero una verdad maravillosa. Si ella aprende a querer al padre y puede confiar en él, le será mucho más fácil confiar en su esposo.

 

¿Cuál cree que es el error más común, aunque quizás sin intención, de los padres?


Los padres subestiman demasiado la importancia que tienen en la vida de sus hijas. Se alejan demasiado rápido, dudan de su importancia e influencia, y no comprenden para nada cuánto los necesitan las hijas y cuánto quieren llevarse bien con ellos.

 

¿Qué consecuencias puede tener ese alejamiento?


Cuando el padre se aleja de la vida de la hija, ella se debilita. Se debilita su autoestima. Se debilita su capacidad para tener relaciones sanas con otros hombres. Se debilita su percepción de lo que es capaz de lograr. En particular las chicas de entre 10 y 17 años necesitan mucho la atención, el respeto, el afecto y el contacto masculino. Si el padre se aleja, la chica busca lo que necesita en las amistades masculinas o en relaciones sexuales románticas. El factor de mayor influencia sobre la autoestima de las chicas es el afecto del padre. Para mejorar la imagen que tiene de sí misma una chica, el padre tiene que expresarle afecto de manera física.

 

Para ser buen padre es muy importante ser buen esposo, ¿no?


Sin duda. Las hijas vigilan al padre como halcones. No sólo miran cómo las trata a ellas, sino también cómo trata a la madre. Si ven que el padre le abre la puerta a la madre, la ayuda a limpiar la cocina y tiene paciencia, llevarán todo eso a su propio matrimonio y, les guste o no, de manera conciente o inconciente, lo reproducirán. Las hijas aprenden cómo deben ser tratadas al mirar cómo el padre trata a la madre.

 

¿Por qué los padres no deben subestimar la importancia de imponer normas y expectativas para las hijas?


Muchos padres piensan que, si imponen límites, establecen horarios de regreso a casa y hasta obligan a las hijas a hacer tareas del hogar, las van a alejar. ¡Pero en realidad sucede justo lo contrario! Las chicas que terminan en problemas no son las que tienen padres que imponen límites. Son las chicas cuyos padres no lo hacen. La clave, desde luego, es que en la relación padre-hija las normas estén en equilibrio con la diversión y el placer.

 

Esto es de especial importancia en los años de la adolescencia. Si cada vez que el padre le habla a la hija es para imponer la ley, la hija no va a querer hablar más con él. Cada conversación acerca de una norma o del comportamiento de la hija debe estar equilibrada con cinco veces más de placer y diversión: ir al cine, andar en canoa, hablar de cosas que no sean normas.

 

Pero muchos padres se sienten perdidos cuando tienen que hablar con las hijas. ¿Cómo pueden lograr que las hijas se abran para contarles qué pasa en sus vidas?


Deben comenzar por decirles a las hijas que quieren escuchar de verdad lo que tienen que decir. Una de las mejores maneras es escuchar sus respuestas sin interrumpirlas. Preguntar y después quedarse escuchando la respuesta. Más allá de que estén de acuerdo o no, no deben responder la primera vez. Hay que retomar la conversación más tarde, de ser necesario.

 

También es importante recordar que no hace falta que cada conversación se convierta en una enseñanza. Ése es un gran error que cometen muchos padres. Siempre hay que encarar estas conversaciones pensando en el largo plazo. No se puede esperar que la hija se abra en un instante, pero si el padre logra comunicarle que valora lo que dice y piensa, después de un par de meses la convencerá.

 

En su libro, usted destaca la importancia de que los padres les hablen a las hijas sobre sexo y sobre Dios: dos de los temas más difíciles para hablar con una hija. ¿Tiene algún consejo para esas conversaciones?


No hay que complicarse con cuestiones profundas ni complejas. Lo mejor es que la charla sea sencilla. Cuando el padre habla de religión o sexo, no es necesario que vaya a fondo. La hija quiere saber qué piensa el padre acerca de Dios y qué cree que debería hacer ella.

 

Esos mensajes se pueden comunicar de manera sencilla compartiendo lo que se piensa que es bueno diciendo cosas como "es muy importante que no tengas sexo antes de casarte" o "qué hermoso cuando la mujer espera el momento apropiado.” Eso es lo que las hijas quieren oír. Hay que usar un lenguaje sencillo y hacer preguntas muy abiertas que no busquen un sí o un no.

 

Si el padre no se siente cómodo preguntándole a la hija qué piensa del sexo o la religión o cualquier otra cosa, debería preguntarle qué piensan o qué hacen los amigos. Eso le dará una idea de lo que tiene pensado la hija.

 

ESCUELA PARA PADRES. La soberbia en la familia.

  • 31 Graves consecuencias de la soberbia en la familia
  • 10 Principales manifestaciones de la soberbia
  • 11 Sentencias sobre la soberbia

3,234 Palabras Tiempo de lectura 12:00 minutos

Algunos artículos relacionados:

Este artículo está enfocado en los maridos soberbios, pero lo pueden adaptar a las esposas e incluso a los hijos soberbios.

¿Qué se puede hacer para cambiar a un marido soberbio? Cuando la soberbia se ha consolidado como una adicción en el marido, para eliminarla tiene que: Primero querer reconocerla, segundo poner los medios necesarios para eliminarla y tercero pedir ayuda a su esposa e hijos para que le ayuden a expulsarla de su vida cotidiana. Es todo un proceso como el de eliminar cualquier otra adicción, que hay que empezar a trabajar desde el noviazgo, después será mucho más difícil, por no decir imposible.

Para intentar eliminar la soberbia, el marido y toda la familia, tienen que trabajar mucho con potenciar las virtudes y valores humanos, que son contrarios a la soberbia, principalmente: La humildad, la paciencia, el sosiego, la calma, la disciplina, la reflexión, el respeto, la serenidad, la tolerancia, la autodisciplina, la honestidad, etc.

La esposa de un soberbio no puede ceder ante las conductas impropias. Tiene que poner por delante el beneficio de su familia, pues ceder, podría ser la causa de muchos problemas futuros. Debe aprender a no tener miedo a pararle los pies. Es preferible que se enfrente verbalmente al cónyuge o hijo soberbio.

Es muy difícil, por no decir imposible, convivir con un cónyuge o un hijo que ejerza de soberbio. No se puede dialogar con ellos, pues explotan violentamente, ante cualquier situación contradictoria o llamada de atención en su comportamiento. Suelen expresarse de forma colérica e iracunda, con acciones impropias o palabras altivas e injuriosas. Siempre quieren tener toda la razón y salir a flote de cualquier situación o tema.

Los maridos soberbios son desmesuradamente altivos y tienen un apetito desordenado de ser preferidos a otros. Con malsana satisfacción y envanecimiento, contemplan sus propios actos personales y desprecian los de los demás. Nunca se rebajan a pedir dispensa, colaboración o ayuda.

La soberbia es el principio de la violencia física y emocional en la familia, cuando el cónyuge no acepta que los dos tienen que convivir, dentro de unas normas familiares, donde nadie es más que el otro.

Los maridos soberbios tienen detrás su chulería y altanería, que incluso les lleva a meterse en problemas de convivencia y mucho más, cuando se encuentran con otra persona más soberbia. También es cierto que el vicio de la soberbia se cura rápidamente, en un minuto, cuando están en inferioridad de condiciones, frente a un policía, un juez, un jefe u otra persona de categoría, aspecto físico o actitud superior.

Los maridos soberbios, jamás se humillan a pedir perdón a su cónyuge o hijos. Siempre creen que ellos son los ofendidos y que por eso, pueden decir las cosas como las piensan, sin darse cuenta del daño que hacen.

Los hijos soberbios, autoritarios, violentos o irresponsables, que no son capaces de respetar a los demás, deben ser corregidos adecuadamente, para canalizar y orientar esa actitud, a través de una educación que les ayude a conocer los límites, entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, es decir que aprendan a formar un juicio moral. Un ambiente demasiado tolerante y permisivo con los hijos soberbios, tiene efectos muy negativos en su educación posterior y en sus relaciones familiares y sociales, presentes y futuras. Estos hijos son los que tienen muchas probabilidades de ser los organizadores de la violencia del bullying.

Los hijos de padres soberbios se acostumbran a imitar las actitudes de sus padres y al no tener quien les corrija se meten en un laberinto de malas, irresponsables y peligrosas actuaciones frente a sus otros hermanos, familiares, compañeros de estudios y amigos. Ese pernicioso vicio de la soberbia es muy difícil que lo supriman hasta que algunas veces es lo hagan quitar radicalmente otros mas soberbios que él. 

Los padres soberbios confunden su autoridad con el autoritarismo, siendo ésta muy mala estrategia de educación. Ejercen su autoridad y atribuciones, de forma prepotente, arbitraria, incongruente y caprichosa, asumiendo una falsa interpretación de sus privilegios y obligaciones de padre. También suele ir acompañada de violencia física o emocional, con castigos físicos y palabras humillantes, despertando profundos sentimientos de agresividad, frustración, impotencia, odio e ira. Cuanto más ganarían con una llamada de atención inteligente, breve, clara, a tiempo y con soluciones.

Los padres soberbios no son persuasivos, solamente producen en los hijos sustos y posterior indiferencia, acostumbrándose a los estallidos de soberbia de los padres. Los soberbios nunca se dan plena cuenta de los gestos y gritos ridículos que realizan.

Los soberbios se jactan, vanaglorian y alardean de si mismo, al tener una propia obsesión exagerada, que le lleva a una excesiva valoración de su comportamiento.

Los soberbios creen, que todo lo que poseen es lo mejor y que son capaces, de superar todo lo que digan o hagan los demás.

Los soberbios se concentran en el continuo hablar de ellos mismos, en las actitudes prepotentes y engreídas, en su vanidad,  en su afectación en los gestos y el modo de hablar y en el decaimiento profundo al percibir la propia debilidad.

 Los soberbios se consideran superiores a los demás, pues piensan que valen más o que tienen mayor dignidad, poder, fama, dinero, prestigio, títulos, estudios, etc. Incluso reaccionan airadamente, desafiándoles, si sienten que alguien que ellos creen que es inferior, lo pone en duda.

Los soberbios se manifiestan con el constante deseo de ser preferidos a otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del Yo o ego y en que nunca se rebajan a pedir perdón o ayuda. Es el puro egocentrismo y susceptibilidad malsana.

Los soberbios tienen una desmedida opinión de ellos mismos, presentándose con una superioridad y un aire de grandeza extraordinario, que solamente en algunas ocasiones de merito propio, puede ser positivo y hasta justo, pues proviene de causas nobles y puede servir como ejemplo a la sociedad.

Los soberbios se caracterizan, por una actitud prepotente y despreciativa hacia los demás. No suelen aceptar sus errores y siempre, tienen argumentos para justificarse. Suelen culpar a los demás de sus propios fallos, no aceptan ser corregidos y cuando se encuentran acorralados, optan por una salida fácil pero infantil, se enfadan, se ponen agresivos, dejan de hablar, gritan, lloran, patalean y se marchan.

Los soberbios suelen ser inmaduros y su comportamiento es igual al de los niños pequeños, que han recibido una mala educación y han sido muy consentidos y demasiado valorados por los padres. Suelen tener una gran intolerancia a cometer errores y sobre todo, con un nivel muy bajo de tolerancia a la frustración.

31 Graves consecuencias de la soberbia en la familia:

1.      La soberbia conlleva un aire de suficiencia, que hace aparecer a las personas como sabiondas, ridículas, molestas, antipáticas e intratables.

2.      La soberbia, cuando está anidada en el interior de los hombres, impide aceptar una corrección fraterna, recibir un buen consejo, o simplemente una opinión de otros.

3.      La soberbia empuja a hablar con protagonismo, a opinar siempre y de todo, aunque nadie lo haya pedido.

4.      La soberbia es concéntrica y la vanidad es excéntrica.

5.      La soberbia es contraria a la humildad y a la obediencia, siendo una de las principales puertas de la violencia.

6.      La soberbia es el apetito desordenado de la propia persona, que descansa sobre la hipertrofia del propio individuo.

7.      La soberbia es el valor antidemocrático por excelencia, en la familia, en la política y en la sociedad.

8.      La soberbia es incompatible con el amor al prójimo.

9.      La soberbia es la fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo, una actitud que consiste en adorarse a uno mismo y humillar a los demás.

10.   La soberbia es la pasión desenfrenada sobre uno mismo.

11.   La soberbia es la que infla el “ego” que algunos llevan dentro.

12.   La soberbia es la trampa del amor propio, de la falta de humildad, de la lucidez y de la propia estimación sincera.

13.   La soberbia es mala compañera, para prosperar en los campos de la vida. Si se creen que “Son la mamá de Tarzán” o “La última Coca-Cola del desierto”, es que están totalmente equivocados.  La misma vida les pasará la factura por su soberbia.

14.   La soberbia es uno de los siete pecados capitales más graves (lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia) y que más males trae al alma del hombre.  En cada religión, se llama de distinta forma al concepto “pecado”, pero en todas es el mismo concepto.

15.   La soberbia está muy relacionada con la ignorancia.

16.   La soberbia genera los vicios de vanidad, vanagloria, falsa autoestima, ostentación, hipocresía, jactancia, celos, violencia, rencores, prepotencia, etc.

17.   La soberbia hace concederse más méritos de los que se tienen y sentirse, muy por encima de lo que cada uno vale. (Una cosa es lo que cada uno vale y otra cosa es lo que cada uno, dice que vale)

18.   La soberbia hace esperar la aceptación total de los demás, sin que haya opiniones contrarias.

19.   La soberbia hace perder la paciencia a los demás.

20.   La soberbia hace que algunas personas, se apunten éxitos que no son suyos.

21.   La soberbia lleva al apasionamiento y a la violencia, incluso en las discusiones más triviales.

22.   La soberbia reflejada incluso en un desafortunado instante, puede echar a perder la vida familiar, profesional o social, por lo que hay que cuidarse mucho de los impulsos que la produce.

23.   La soberbia suele producir entre los interlocutores, más risas que aplausos.

24.   La soberbia tiene otros brazos: orgullo y vanidad.

25.   La soberbia, cuando la emplean para epatar o deslumbrar a los demás, suele suponer el dar opiniones, algunas veces no pedidas, aunque no sean adecuadas ni relacionadas con lo que se está hablando.

26.   La soberbia, cuna de la ignorancia, hace a algunos creerse mejores y mejor preparados que los demás, en todas las tareas y capacidades.

27.   Los soberbios dejan de ver sus propios defectos, quedando éstos diluidos en su imagen de personas superiores, lo que les impide ver, nada a su altura, todo les queda pequeño.

28.   Los soberbios llegan a forzar a su inteligencia, hasta crearse un juicio deformado de sí mismos, lo que les arrastra a sentirse el centro de todo, como una idolatría personal.

29.   Los soberbios no se dan cuenta o se les olvida, que para otros no son nada. Solamente son soberbios, con ellos mismos.

30.   Los soberbios nunca llegan a aceptar una opinión diferente a la suya, no admite que alguien sepa más que ellos, les lleven la contraria o les digan lo que tienen que hacer, por muy bueno que sea el consejo.

31.   Los soberbios para situarse por encima de todos lo que les rodean, están llenos de prepotencia, presunción, jactancia y vanagloria.

La soberbia conlleva los vicios de la vanidad, la altivez, la arrogancia, la altanería, el tono despectivo, el desprecio, la desconsideración, la frialdad en el trato, la distancia gélida, la impertinencia, la humillación, la insolencia cínica o mordaz, el engreimiento, la magnificencia, etc.

La soberbia conlleva orgullo, lo que incita a la persona a valorarse demasiado, creyéndose capaz de hacer cualquier cosa, por encima de los demás e incluso de sus propias capacidades, de las circunstancias y de los contratiempos que se presenten.

La soberbia entorpece y debilita las relaciones entre los cónyuges, pues si uno de ellos tiene un amor desordenado sobre si mismo, es muy difícil amar incondicionalmente al otro cónyuge, con todos los sentimientos, lo que hace casi imposible o insufrible la convivencia, con alguien que obliga a practicar, la sumisión, la pleitesía, el acatamiento y hasta el servilismo.

La soberbia es compañera del orgullo mal entendido, de la vanidad y del interés desmedido por la propia imagen, lo que fomenta el narcisismo y el que le reconozcan su complejo de superioridad. Pero el orgullo sano, tiene una connotación positiva que es muy apreciada, cuando surge de causas nobles o virtudes. También la calificación de algo como soberbio u orgulloso, puede significar muy provechosa en los casos que se refiera a la práctica de virtudes o valores humanos.

La soberbia es el apetito desordenado de la propia valía y superioridad. Es una tendencia a demostrar la superioridad, la categoría y la preminencia que creen  tener, frente a los de su entorno.

La soberbia también sale a flote, cuando ha sido inculcada o imbuida a través de falsos mensajes de aprecio, desprecio, menosprecio o falsas diferencias o supremacías radicales dirigidas a otros, porque son de diferente sexo, aplicando el feminismo o machismo, color de la piel, superioridad o inferioridad de raza, posición social, económica, profesional, estudios, edad, o nacimiento en otros países, regiones, ciudades, etc.

La soberbia tiene como comportamiento opuesto, entre otras las virtudes de la humildad, la modestia, la sencillez y el orgullo sano, que no están reñidas con reconocer los defectos propios e intentar combatirlos, con seguridad y confianza en las propias posibilidades personales.

La soberbia está unida a la vanidad y al orgullo, representando una lacra para la sociedad. Para ejercer esos vicios, necesitan que haya gente a su alrededor, no los pueden ejercer en soledad, necesitan auditorio, a poder ser de gente sumisa, que no pueda rechistar y solamente pueda alabarles. Ahí es donde se sienten importantes, aunque sean el blanco preferido, para que otros les desmonten esa escenografía que montan, para impresionar a los humildes o tímidos.

El orgullo sano es una virtud elevada, propia de hombres mental y moralmente superiores, que sin ocultarlo ante nadie, tienen una ambición moral de vivir en plena consistencia con las virtudes y valores humanos. Lo que les conduce a una honestidad absoluta consigo mismo, sin trampas y con una valentía y superación constante.

10 Principales manifestaciones de la soberbia:

1.      Cuando existe una malsana selectividad en el entorno, con tendencia a tener pocos amigos y a someterlos a la voluntad propia.

2.      Cuando hay autoritarismo al mandar.

3.      Cuando hay rebeldía ante la obediencia.

4.      Cuando por soberbia y mal orgullo, se menosprecia todo lo que es el prójimo, creyendo estar por encima de todo y de todos, incluso no reconociéndolo como semejante.

5.      Cuando se crítica de los envidiados.

6.      Cuando se demuestra mucha agresividad en las relaciones y actividades sociales.

7.      Cuando se envidia y critica los valores de otros.

8.      Cuando se razona al revés, creyendo que todo está, al servicio temporal y material del soberbio.

9.      En la mayoría de los enfados, incluyendo los contrarios a uno mismo.

10.   En la mayoría de los momentos del malhumor, durante la convivencia familiar.

Los soberbios no pueden tener armonía y convivencia con otras personas, pues se creen superiores a los demás y desprecian las frustraciones, ilusiones y alegrías de los otros.

La soberbia religiosa nace cuando la criatura desafía a Dios, no admitiendo su condición de criatura y tratando de imponer sus deseos frente a la divinidad y como todos los pecados, tiene distintos grados.

La soberbia racial se da en los colectivos de personas, que miran por encima del hombro a otras comunidades o grupos, considerándoles inferiores, descartables o incivilizados, sin haberse molestado nunca, en intentar entenderlas, ni comprender en qué difieren de ellos, en darse cuenta de que también hay otras costumbres y diferentes sociedades.

La soberbia social se da cuando el soberbio, creyendo falsamente en su superioridad o estrato superior, siempre tiene el deseo de ponerse por encima de los demás, no admitiendo que nadie, en ningún campo o grupo, se le encarame.  No es malo que un individuo tenga una buena opinión de sí mismo, lo malo es cuando no le deja paso a nadie, ni tolera que alguien pueda estar delante de él.

La soberbia emocional se produce, cuando el soberbio se siente incomprendido y sufre mucho, pues no le consideran el mejor, imaginándose que todos los demás, le hacen agravios y nadie le da la representación de grandeza que requiere.

La soberbia absurda, grotesca y risible se da, cuando el soberbio pierde los papeles delante de todos y queda en ridículo, saliendo a relucir su inmadurez y las debilidades de sus actuaciones violentas.

La soberbia y el servilismo se suelen juntar, cuando el soberbio con prepotencia, sabe dominar a otros que se dejan avasallar o maltratar, porque no les queda más remedio que aguantar “carros y carretas”.  Es la antonomasia de la desconsideración. Es decir: “Primero yo, luego yo y después también yo.”

La soberbia y la soledad suelen coincidir, pues a los soberbios nadie los quiere tener al lado y suelen estar completamente solos, la mayoría del tiempo, aunque algunas veces, no quede más remedio que soportarlos por obligaciones familiares, profesionales o sociales.

El soberbio no es realista, pues los que son un poco inteligentes, se creen que son sabios. Los que son ingenuos, se creen que son astutos. Los que son soberbios y viles, les hace mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes, en la adversidad. Incluso no sabe valorar los bienes que tiene, pues está cegado por su soberbia.

La soberbia es debilidad y la humildad es fuerza. Porque al humilde le apoya todo el mundo, mientras que al soberbio nadie, pues la sociedad lo considera como un necio.

11 Sentencias sobre la soberbia:

1.      Donde hay soberbia hay ignorancia y donde hay humildad hay sabiduría

2.      El soberbio consigue que la gente lo vaya dejando de hablar, si no corrige su actitud, hasta que el mismo se autoexpulsa de los grupos familiares, profesionales y sociales.

3.      El soberbio después de las ridiculeces y las derrotas, se vuelven más humilde.

4.      El soberbio produce compasión y angustia en su familia.

5.      La soberbia es el vicio más frecuentemente castigado, y sin embargo, el más difícil de curar.

6.      La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano.

7.      La soberbia nunca baja de donde sube, porque siempre cae de donde subió.

8.      Más fácil es escribir contra la soberbia, que vencerla.

9.      Ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos.

10.   Ser soberbio con los superiores es muy difícil y peligroso. Serlo con los indefensos o humildes, es una vergüenza y una mezquindad.

11.   Ser soberbio descalifica para dirigir.

Si tiene algún comentario, por favor escriba a francisco@micumbre.com

 

 

Ha despertado el interés

El dramático incendio en la catedral de Notre Dame despertó el interés informativo sobre la seguridad de las catedrales e iglesias en España. Un interés que también debiera centrarse en el ingente esfuerzo que la Iglesia en España está haciendo de preservación del rico patrimonio que la historia de la presencia de la comunidad cristiana nos ha legado. Como ha reconocido el Ministro de Cultura, José Guirao, las catedrales españolas están suficientemente protegidas y cuentan con protocolos adecuados de intervención.

Frente a la tentación desamortizadora de algunos laicistas, que tan nefastas consecuencias trajo en el pasado, es oportuno recordar algunos datos del cuidado que las iglesias diocesanas tienen con el rico legado arquitectónico y artístico, expresión de la fe y de la vida de la comunidad cristiana. Éste es un servicio a la sociedad española de difícil retorno, en el que también hay que agradecer las aportaciones de instituciones y empresas privadas, y de las Comunidades Autónomas.

JD Mez Madrid

 

 

Otra Pascua sangrienta

Desde que en 2009 terminara una cruenta guerra civil, Sri Lanka no sufría algo similar, esta vez ha sido en una cadena de atentados, otra vez preparados minuciosamente, tanto por la fecha como por los lugares elegidos, aunque lo cierto es que los ataques contra las minorías religiosas se han continuado produciendo. La población cristiana, muy activa en el país, supone tan solo un 7,4% de la población, en un contexto complejo de etnias y religiones donde los budistas son el 70%, los hindúes el 15% y los musulmanes el 11%.

Como ha señalado el Papa Francisco, la Pascua nos debe llevar a dirigir la mirada especialmente a tantos lugares en el mundo donde los extremismos violentos siembran destrucción y muerte, a denunciar la sinrazón cada vez que se produzca y a acompañar en la oración, en esta ocasión particularmente a los hermanos de Sri Lanka que hace tan sólo unos días han sido golpeados por la barbarie.

Pedro García

 

 

La laicidad o laicismo

Según las últimas encuestas el 70 por ciento de los españoles se confiesan católicos. La presencia de la Iglesia no solo ha contribuido de forma decisiva a nuestra cultura sino que es un factor clave para entender la sociedad española actual. Sectores como la educación o la asistencia social no se entenderían sin el esfuerzo y los recursos de la Iglesia.

Por esto sorprende que, durante las campañas electorales, tanto en las actuaciones públicas de los candidatos como en los debates, no se haya hecho más explícita la necesidad de profundizar un marco adecuado de las relaciones entre la Iglesia y el Estado dentro de la senda constitucional. Una laicidad abierta y positiva que tenga en cuenta los principios de libertad de la Iglesia, autonomía y cooperación con el Estado en el contexto de una sociedad plural.

Sorprenden actitudes atávicas como la de Unidas Podemos que insiste en denunciar los Acuerdos entre la Iglesia y el Estado, cantinela a la que se suma siempre en campaña un PSOE cada vez más escorado al laicismo sectario.

Jaume Catalán Díaz

 

 

Pensamientos y reflexiones 222

 

Los “huesos” de Franco y un lugar de reposo

            “Como la imaginación es libre y riquísima… Yo imagino a Franco “muerto de risa y viendo desde el otro mundo”, el afán de todos los gobernantes de “su España conquistada a sangre y fuego”, que tras su muerte, han querido hacerlo desaparecer de la historia, cosa imposible puesto que aquel general y antes de ser caudillo de aquella época, ya estaba en la Historia, simplemente por sus hechos o hazañas, como militar en el protectorado marroquí y sus guerras, que tanta sangre y dinero costaron a España.

            Como no han podido realizar el hecho, arremetieron con su tumba en Cuaelgamuros (dónde él no dijo que lo enterrasen); y si logran sacar “sus huesos” de ella, ahora viene o mejor dicho sigue, la propaganda (“que como el boomerang a quien se la hacen es a Franco”) para ver donde los van a depositar.

            Así las cosas, el actual inquilino de la Moncloa, en un rapto de “suma inteligencia”, manda a su “subalterna y vicepresidenta de su gobierno” (“legítimamente ganado ofreciendo el oro y el moro a los que necesitaba como votantes, puesto que no ha sido elegido en elecciones por el pueblo”), la ínclita e inteligente ministra Carmen Calvo Poyato (la que en memorable fecha parlamentaria aseguró que el dinero público no era de nadie) para que viaje al Vaticano y exponga allí sus pretensiones, para que los restos de Franco, cuando puedan sacarlos, no los acojan en determinado templo capitalino, puesto que ello, “no lo consideran conveniente no sé por qué”; ya que a la inmensa mayoría de Españoles, la situación de esos restos, nos son de total indiferencia, puesto que los mismos, simplemente son Historia; “y esa señora no la puede borrar nadie y a ella me refiero con toda la capacidad intelectual que pueda poseer”.

            Y mientras escribo esto sobre España, me viene a mi faz una sonrisa, “de oreja a oreja”, acordándome de una visita realizada a Portugal y tras cruzar aquel famoso puente “Salazar” e ir recorriendo ese país vecino, llego al también famoso monasterio de Batalha[i] o Batalla, donde visito el mismo y dentro de tan gran monumento, unas salas dedicadas a la Historia de Portugal, donde no aparece aquel “otro Franco” (Antonio  Oliveira  Salazar[ii]) el que también los nuevos gobernantes portugueses, han querido borrar de su historia, pese al casi medio siglo en que este dictador, rigiera los destinos de Portugal y de sus aún muy importantes colonias. Inexplicablemente los portugueses han borrado “en su museo”, nada menos que medio siglo de su historia, que por descontado está en los archivos del planeta, como tantos otros…  “deseables o indeseables”; puesto que la historia no recoge nada más que los hechos, sean los que sean, sino no es HISTORIA y se convierte en “mentiras panfletarias”.         

                                ¿Qué va a ocurrir con los “huesos” de Franco: La iglesia (o iglesias) son maestras en sacar buen negocio a los "muertos" (santos o no) y por tanto ya procurarán recoger los huesos de Franco y situarlos en lugar céntrico y bien comunicado, para adoración de los que tienen a Franco, como santo o cuasi santo, aparte de sus méritos como "reconstructor" de una España arrasada...

Pero como se ha publicado (diario La Razón), si la familia Franco, es propietaria de un panteón en la catedral de Madrid y allí quieren (si es que finalmente desentierran sus huesos) enterrarlos o sepultarlos… ¿Quién puede atentar contra una propiedad privada y lo que sus propietarios dispongan sobre ella?... “En fin la cosa va para largo y se seguirá hablando de Franco, sus huesos y lo que es mucho más importante, su biografía, sus hechos, pero al completo de “su larga historia”, no “lo que a cada cual interesa que se sepa”, eso de tan mezquino como es… es engañar a la Historia y a los españoles”.

(De mi artículo de igual titular: 31-10-2018)

 

Arte y música

 

                                ¿Qué es arte y qué es música? Para mí es todo lo que te conmueve y te lleva a estados súper humanos de paz y concordia con todo, incluido tú mismo y tu más profundo yo, o sea tu alma. Por tanto nada que no sea esto yo lo considero arte, sino todo lo contrario; conviene pues, no dejarse influir por necios y tontos de los que el mundo sigue estando lleno a rebosar.

                                No hay que valorar como positivo todo cuanto nos presentan como “moderno”, puesto que la mayoría no es otra cosa que modernas aberraciones de algo cuya escasez, ha sido notoria a lo largo de toda la historia del “mono humano”; y que hoy con tanta tecnología, está llegando a grados de locura incalificable ya.

                                Aún no habíanse iniciado los absurdos posteriores, cuando ya el propio “Cerbantes[iii]”, es el que escribe lo que sigue: “El buen artista imita a la Naturaleza, el malo… la vomita”; lo que en tan corta oración, es un tratado de inteligencia máxima y humana por demás.

                                Muchos de los considerados “monstruos modernos”, cuyas creaciones son muy discutibles para el individuo que piensa y define por sí mismo, se han hecho famosos por cuanto su comercialización en base a propagandas absurdas, ha situado sus obras en precios astronómicos e incomprensibles; y como el negocio del dinero es así, tienen que mantener el mercado; por lo demás, muchas de esas obras “no pintarían nada en absoluto en el más triste de los retretes o urinarios públicos y humanos, donde los pobres diablos escriben sus repelentes ripios que no poemas”.

                                Ocurre con mucho de “lo moderno”, como en el cuento de aquel rey idiota, que se dejó convencer de que su sastre lo vistió con un traje invisible; y el que sometido a la admiración de sus más que idiotas súbditos, fue felicitado y vitoreado en público por tal vestimenta; hasta que un niño le gritó a la multitud la verdad latente, al decir… ¡¡Está desnudo!! Por ello, “desnudemos lo absurdo y que resalte la verdad lógica y que nos convenza a nosotros mismos de la realidad que vemos y no la que nos quieren hacer ver, los que siempre por interés, impusieron e imponen las infinitas mentiras que hacen al hombre más bruto que inteligente.

                                En la música ocurre ya algo espantoso, puesto que gritos y ruidos infernales, chirridos o crujidos absurdos, nos los quieren meter como músicas, e incluso en emisoras que se firman “de música clásica”;  nos ofrecen, obras que no las aceptarían ni los hotentotes más brutos, si es que quedan algunos en la profunda África negra. En cuanto al canto o cantantes modernos, digo igual, parece increíble que con el mejor de los instrumentos con que ha contado siempre el ser humano (su voz) se martiricen y se

“droguen” a las masas, en esos recitales, muchos de ellos en nocturnidad y con alevosía, a las idiotas masas que dicen seguirlos y que los siguen, buscando no se sabe qué, salvo el eterno “huir” de su miserable realidad; que es lo que en la mayoría de “escapes”; es lo que hace o busca, el ser humano siempre que le dan ocasión, puesto que en grupo humano no sabe entenderse y en la soledad; simplemente se aterroriza puesto que no se encuentra a sí mismo; “con la maravilla que es el encontrarse uno mismo y su real realidad, que aunque sin importancia alguna, pero sí que tiene la grandeza de lo mínimo y casi inexistente, en esta maravilla cual es el denominado “ tiempo y espacio”; donde fuimos creados no en masas, sino, uno a uno y de ahí la importancia y el valor del individuo como tal y motor de todas las cosas”. (De mi artículo de igual titular 15-06-2018)

 

Antonio García Fuentes

 (Escritor y filósofo)

www.jaen-ciudad.es (aquí más)

 


[i] El Convento de Santa Maria da Vitória (también conocido como Monasterio de Batalha) se sitúa en BatalhaPortugal, y fue mandado edificar por el rey Juan I como agradecimiento del auxilio divino y celebración de la victoria en la Batalla de Aljubarrota. Es uno de los mejores y más originales ejemplos de la arquitectura gótica tardía en Portugal, mezclado con el estilo manuelino. Se sorprende al espectador con su profusión de frontoneschapitelespináculos y contrafuertes. Se ha convertido en un símbolo de orgullo nacional.

 

[ii] Datos históricos: Con un gobierno transformado en el régimen más longevo de Europa Occidental, Salazar dejó varias obras públicas tales como el puente Salazar (ahora puente 25 de Abril), el mirador-monumento a Cristo-Rei, que demuestra su alianza con el catolicismo conservador de Portugal, el Estadio Nacional de Portugal, el Aeropuerto de Lisboa, el Instituto Nacional de Estadística de Portugal, autopistas y otras. Sin embargo, su obstinación en mantener las colonias aisló a Portugal y retrasó su crecimiento durante décadas debido al alto costo económico y social que significaba para una economía débil y precaria como la de Portugal el sostener la guerra colonial tanto en África como en Asia y sus respectivos gobiernos coloniales.

 

[iii] Miguel de Cerbantes Sa avedra, firmaba tal y como yo he escrito y hay firmas para comprobarlo en el archivo catedralicio, en la catedral de Jaén capital.