Las Noticias de hoy 12 Junio 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    miércoles, 12 de junio de 2019     

Indice:

ROME REPORTS

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta

Jóvenes: La educación católica ‘hace la diferencia’ al cultivar valores espirituales

LAS GRACIAS ACTUALES: Francisco Fernandez Carbajal

“Ahora es Cristo quien vive en ti”: San Josemaria

Algo grande y que sea amor (IX): ¡Somos apóstoles!: José Manuel Antuña

Tema 6. La Creación: Santiago Sanz

La valentía de un Obispo: Ernesto Juliá 

La buena muerte:  Jesús Ortiz López 

El Islam habla de diálogo, pero practica la violencia: Salvador Bernal

Mens sana in corpore sano: Jorge Hernández Mollar

Educación Católica sobre gender: distinguir entre ideología y estudios

La figura del padre: más vigente que nunca: LaFamilia.info

Viajeros, cada vez más humanos.: José Manuel Belmonte

Retrato de un portavoz amigo: Antonio R. Rubio Plo

Sagrado Corazón: un perdón misericordioso y amplio: Plinio Corrêa de Oliveira

El envidioso: Jesús Domingo Martínez

Lo primero, la eutanasia: Juan García.

Eligen la asignatura de Religión: Jesús Martínez Madrid

Más de 3.300.000 alumnos: Suso do Madrid

¿Qué políticos queremos o... necesitamos?: Antonio García Fuentes 

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta


Martes, 11 de junio de 2019

El Evangelio de hoy (Mt 10,7-13), fiesta de San Bernabé, recoge la misión de los apóstoles, la misión de todo cristiano. Un cristiano no puede quedarse quieto, la vida cristiana es salir, siempre, como nos dice Jesús: “Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios”. Esa es la misión, y se trata de una vida de servicio. La vida cristiana es para servir. Es muy triste ver cristianos que al principio de su conversión o de ser conscientes de que son cristianos, sirven, están abiertos a servir, sirven al pueblo de Dios, pero después acaban por servirse del pueblo de Dios. Y eso hace mucho daño al pueblo de Dios. Porque la vocación es para “servir”, no para “servirse de”.

La vida cristiana es además una vida de gratuidad. También en el Evangelio de hoy el Señor va al núcleo de la salvación: “Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis”. La salvación no se compra, se nos da gratuitamente: Dios nos salva gratis, no nos hace pagar. Y como Dios hace con nosotros, lo mismo debemos hacer nosotros con los demás. Y precisamente esa gratuidad de Dios es una de las cosas más hermosas. Saber que el Señor está lleno de dones para darnos. Solo nos pide una cosa: que nuestro corazón se abra. Cuando decimos “Padre nuestro” y rezamos, abrimos el corazón, para que venga esa gratuidad. No hay trato con Dios fuera de la gratuidad. A veces, cuando necesitamos algo espiritual o una gracia, decimos: “Pues ahora ayunaré, haré penitencia, rezaré una novena…”. Y está bien, pero estad atentos: eso no es para “pagar” la gracia, para “conseguir” la gracia; eso es para ensanchar tu corazón y que venga la gracia. La gracia es gratuita. Todos los bienes de Dios son gratuitos. El problema es que el corazón se encoge, se cierra, y no es capaz de recibir tanto amor gratuito. No debemos negociar con Dios: ¡con Dios no se regatea!

Y luego, dar gratuitamente: “Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis”. Y esto va especialmente dirigido a los pastores de la Iglesia, para no vender la gracia. Causa mucho daño encontrar pastores que hacen negocios con la gracia de Dios: “Sí, lo haré, pero cuesta tanto…”. La gracia del Señor es gratuita y debes darla gratuitamente. En nuestra vida espiritual siempre tenemos el peligro de “resbalarnos” en el pago, siempre, incluso hablando con el Señor, como si quisiéramos sobornarle. ¡No! ¡Así no! No va por ahí: “Señor si tú me haces esto, yo te daré esto otro”; ¡no! Yo hago esta promesa, pero eso me agranda el corazón para recibir lo que está allí, gratuito para nosotros. Ese trato de gratuidad con Dios es lo que nos ayudará luego a tenerlo con los demás, en el testimonio cristiano, en el servicio cristiano y en la vida pastoral de los que son pastores del pueblo de Dios.

“Salid a los caminos”. La vida cristiana es andar. Predicar, servir, no “servirse de”. Servid y dad gratis lo que gratis habéis recibido. Que nuestra vida de santidad sea ensanchar el corazón, para que la gratuidad de Dios, las gracias de Dios que están ahí, gratuitas, y que Él nos quiere dar, puedan llegar a nuestro corazón. Así sea.

 

 

Jóvenes: La educación católica ‘hace la diferencia’ al cultivar valores espirituales

Video mensaje del Papa a la Oficina Internacional de Educación Católica

JUNIO 11, 2019 13:45HÉLÈNE GINABATPAPA Y SANTA SEDE

(ZENIT – 11 junio 2019).- Las instituciones educativas católicas están llamadas a construir “humanismo capaz de infundir un alma al mismo progreso económico, para ‘promover a todos los hombres y a todo el hombre'”, declaró el Papa Francisco, recordando las palabras de san Juan Pablo II.

Deplorando “la tendencia generalizada a la deconstrucción del humanismo” y la “cultura de la indiferencia”, les recordó su “misión de ofrecer horizontes abiertos a la trascendencia, porque la educación católica ‘hace la diferencia’ al cultivar valores espirituales en los jóvenes.

El Papa Francisco envió un mensaje de video a los participantes en el Congreso Mundial de la Oficina Internacional de Educación Católica (OIEC) que se realizó del 5 al 8 de junio de 2019 en la Universidad de Fordham – Campus de Nueva York (Estados Unidos), sobre el tema “Educar el humanismo de la fraternidad para construir una civilización del amor”.

El Papa los invitó a “liberar la educación de un horizonte relativista” y “abrirla a la formación integral de todos”.

Ante el “torbellino de la velocidad” que “aprisiona la existencia”, “cambiando constantemente los puntos de referencia”, dijo el Papa, hay que responder “devolviendo al tiempo su factor principal, especialmente en la edad evolutiva desde la infancia hasta la adolescencia. De hecho, la persona necesita su propio camino en el tiempo para aprender, consolidar y transformar el conocimiento”.

“Redescubrir el tiempo también significa apreciar el silencio y detenerse para contemplar la belleza de la creación”: una educación ecológica que contribuye a una visión humanista.

 

LAS GRACIAS ACTUALES

— Necesidad de la gracia para realizar el bien.

— Las gracias actuales.

— Correspondencia.

I. La naturaleza humana perdió, por el pecado original, el estado de santidad al que había sido elevada por Dios y, en consecuencia, también quedó privada de la integridad y del orden interior que poseía. Desde entonces el hombre carece de la suficiente fortaleza en la voluntad para cumplir todos los preceptos morales que conoce. Obrar el bien se hizo difícil después de la aparición del pecado sobre la tierra. Y «esto es lo que explica la íntima división del hombre –enseña el Concilio Vaticano II–. Toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas»1.

La ayuda de Dios nos es absolutamente necesaria para realizar actos encaminados a la vida sobrenatural. No es que nosotros seamos capaces de pensar algo como propio, sino que nuestra capacidad viene de Dios2. Además, tras el pecado de origen esa ayuda se hace más necesaria. «Nadie por sí y por sus propias fuerzas se libera del pecado y se eleva sobre sí mismo; nadie queda completamente libre de su debilidad, o de su soledad, o de su esclavitud»3; todos tenemos necesidad de Cristo modelo, maestro, médico, liberador, salvador, vivificador4. Sin Él nada podemos; con Él, lo podemos todo.

Aunque la naturaleza humana no está corrompida por el pecado de origen, experimentamos –incluso después del Bautismo– una tendencia al mal y una dificultad para hacer el bien: es el llamado fomes peccati o concupiscencia, que –sin ser en sí mismo pecado– procede del pecado y al pecado se inclina5. La misma libertad, aunque no ha sido suprimida, está debilitada.

Entendemos así, a la luz de esta doctrina, que nuestras buenas obras, los frutos de santidad y apostolado, son en primer lugar de Dios; en segundo término –muy en segundo término–, resultado de haber correspondido como instrumentos, siempre flojos y desproporcionados, de la gracia. El Señor nos pide que tengamos en cuenta siempre la pobreza de nuestra condición, evitando el peligro de una fatua vanidad. Porque a menudo –afirma San Alfonso María de Ligorio–, «el hombre dominado por la soberbia es un ladrón peor que los demás, porque roba no bienes terrenos, sino la gloria de Dios (...). En efecto, según el Apóstol, por nosotros mismos no podemos hacer obra buena, ni siquiera tener un buen pensamiento (cfr. 2 Cor 3, 5) (...). Y ya que esto es así, cuando hagamos algún bien, digamos al Señor: Te devolvemos, Señor, lo que de tu mano recibimos (1 Cron 29, 14)»6. Esto hemos de hacer con cualquier fruto que nos encontremos en las manos: ofrecerlo de nuevo a Dios, pues bien sabemos que lo malo, la deficiencia, es nuestra; la belleza y la bondad son de Él.

II. Como observamos en las páginas del Evangelio, los encuentros de aquellos hombres y mujeres con Cristo fueron únicos e irrepetibles: Nicodemo, Zaqueo, la mujer adúltera, el buen ladrón, los Apóstoles... La acción de Dios ya había preparado lentamente aquellas almas para que se abrieran al Señor en el momento oportuno; así mismo, tras ese encuentro singular y determinante, la gracia de Dios les acompañará, buscando y realizando en sus almas nuevas conversiones, nuevos progresos. Otros personajes no correspondieron, total o parcialmente, a la luz de Dios. Nuestros encuentros con Cristo también han sido irrepetibles y únicos, como los de estas gentes que le hallaron en tierras de Galilea, junto al lago de Genesaret, en Jerusalén o en un pueblo cualquiera a su paso por Samaria. Jesús está igualmente presente en nuestro vivir, y también recibimos, por la bondad de Dios, mociones y ayudas para acercarnos a Él, para acabar con perfección un trabajo, para hacer una mortificación o un acto de fe, para vencernos por amor de Dios en algo que nos cuesta...: son las gracias actuales, dones gratuitos y transitorios de Dios que en cada alma desarrollan sus efectos de una manera particular. ¡Cuántas hemos recibido nosotros cada jornada! ¡Cuántas más recibiremos si no cerramos la puerta del alma a esa acción callada y eficacísima del Santificador!

Con la gracia, Dios otorga a cada hombre, a cada mujer, no solo la facilidad para realizar el bien, sino incluso la misma posibilidad de realizarlo, porque las criaturas no somos capaces de cumplir –con nuestras solas fuerzas– los mandamientos y hacer otras obras sobrenaturalmente buenas. Sin Mí, nada podéis hacer7, dijo terminantemente el Señor. Y San Pablo enseña que la salvación no es obra del que quiere, ni del que corre, sino de Dios, que usa de misericordia8, de una constante e infinita misericordia. ¡Bien experimentado lo tenemos!

El Espíritu Santo nos ilumina para que conozcamos la verdad, nos inspira y nos mueve, antecediendo, acompañando y perfeccionando las buenas acciones. Dios es el que obra en vosotros, por efecto de su buena voluntad, no solo el querer, sino el ejecutar9. Sin embargo, la gracia no suprime la libertad, pues somos nosotros quienes queremos y actuamos.

Hemos de pedir al Señor la sabiduría práctica de apoyarnos siempre en Él y no en nosotros, de buscar en Él la fortaleza y no en la habilidad de nuestra inteligencia o en otros recursos personales; hemos de escuchar a menudo, en la vida práctica, la amorosa advertencia del Maestro: sin Mí, nada podéis hacer. En la vida sobrenatural seremos siempre principiantes, empeñándonos con la docilidad y aplicación de un niño que en todo necesita de sus mayores. San Francisco de Sales ilustra con este ejemplo la delicadeza del amor de Dios por los hombres: «Cuando una madre enseña a andar a su hijito, le ayuda y le sostiene cuanto es necesario, dejándole dar algunos pasos por los sitios menos peligrosos y más llanos, asiéndole de la mano y sujetándole, o tomándole en sus brazos y llevándole en ellos. De la misma manera Nuestro Señor tiene cuidado continuo de los pasos de sus hijos»10. Así somos nosotros delante de Dios: como niños pequeños que no acaban de aprender a andar.

A nosotros nos toca corresponder, manifestar nuestra buena voluntad, comenzar y recomenzar, siendo sinceros en la dirección espiritual, teniendo el examen particular (ese punto en el que luchamos de una manera especial) bien concreto. Nuestras jornadas se resumirán frecuentemente en: pedir ayuda, corresponder y agradecer.

III. Dios trata a cada alma con infinito respeto y, por eso, porque Él no fuerza nuestra voluntad, el hombre puede resistir a la gracia y hacer estéril el deseo divino. De hecho, a lo largo del día, quizá en cosas pequeñas, decimos que no a Dios. Y hemos de procurar decir muchas veces  a lo que el Señor nos pide, y no al egoísmo, a los impulsos de la soberbia, a la pereza.

La respuesta libre a la gracia de Dios debe hacerse en el pensamiento, con las palabras y los hechos11. No basta la sola fe para cooperar adecuadamente: Dios pide el esfuerzo personal, las obras, las iniciativas, los deseos eficaces... Aunque Nuestro Señor, con su Muerte en la Cruz, nos mereció un tesoro infinito de bienes, sin embargo estas gracias no se nos conceden todas de una vez; y su mayor o menor abundancia depende de cómo correspondemos. Cuando estamos dispuestos a decir  al Señor en todo, atraemos una verdadera lluvia de dones12. La gracia, el amor a Dios, nos inunda cuando somos fieles a las pequeñas insinuaciones de cada jornada: cuando vivimos el «minuto heroico» por la mañana y procuramos que nuestro primer pensamiento sea para el Señor, cuando preparamos la Santa Misa y rechazamos las distracciones que pretenden alejarnos de lo que importa, cuando ofrecemos el trabajo...

Nadie podrá decir que ha sido olvidado o desamparado por Dios, si hace cuanto está a su alcance, porque el Señor concede su auxilio a todos, también a quienes están fuera de la Iglesia sin culpa propia13. Es más, el Señor, infinitamente misericordioso y paciente, ha procurado una y otra vez, de mil maneras distintas, la vuelta de quien se marchó con la herencia y ahora se encuentra en una lamentable situación. Cada día sale a esperarle y mueve su corazón para que reemprenda el camino que conduce a la casa paterna. Y cuando encuentra correspondencia a sus gracias se vuelca en ayudas y bienes, y le anima a subir más y más.

Si, en esta oración personal, encontramos que nos cuesta corresponder, sigamos este consejo: «Ponte en coloquio con Santa María, y confíale: ¡oh Señora!, para vivir el ideal que Dios ha metido en mi corazón, necesito volar... muy alto, ¡muy alto! (...)»14. Y cerca de María siempre encontramos a José, su esposo fidelísimo, que tan bien y con tanta prontitud supo realizar lo que Dios, a través del Ángel, le iba manifestando. A él podemos acudir a lo largo del día, para que nos ayude a oír con claridad la voz del Espíritu Santo en tantos detalles y en ocasiones tan pequeñas, y seamos fuertes para llevarla a la práctica.

1 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Gaudium et spes, 13. — 2 Primera lectura de la Misa, Año I, 2 Cor 3, 5. — 3 San Ireneo, Contra las herejías, 3, 15, 3. — 4 Cfr. Conc. Vat. II, Decr. Ad gentes, 8. — 5 Conc. de Trento, Decr. Sobre el pecado original, 5. — 6 San Alfonso Mª de Ligorio, Selva de materias predicables, 2, 6. — 7 Jn 15, 5. — 8 Rom 9, 16. — 9 Flp 2, 13. — 10 San Francisco de Sales, Tratado del amor a Dios, 3, 4. — 11 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 14. — 12 Cfr. Pío XII, Enc. Mystici Corporis, 29-VI-1943. — 13 Cfr. Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 16. — 14 Cfr. San Josemaría Escrivá, Forja, n. 994.

 

 

“Ahora es Cristo quien vive en ti”

 

Tus parientes, tus colegas, tus amistades, van notando el cambio, y se dan cuenta de que lo tuyo no es una transición momentánea, de que ya no eres el mismo. –No te preocupes, ¡sigue adelante!: se cumple el “vivit vero in me Christus” –ahora es Cristo quien vive en ti. (Surco, 424)

 

Qui habitat in adiutorio Altissimi, in protectione Dei coeli commorabitur, habitar bajo la protección de Dios, vivir con Dios: ésta es la arriesgada seguridad del cristiano. Hay que estar persuadidos de que Dios nos oye, de que está pendiente de nosotros: así se llenará de paz nuestro corazón. Pero vivir con Dios es indudablemente correr un riesgo, porque el Señor no se contenta compartiendo: lo quiere todo. Y acercarse un poco más a El quiere decir estar dispuesto a una nueva conversión, a una nueva rectificación, a escuchar más atentamente sus inspiraciones, los santos deseos que hace brotar en nuestra alma, y a ponerlos por obra.

Desde nuestra primera decisión consciente de vivir con integridad la doctrina de Cristo, es seguro que hemos avanzado mucho por el camino de la fidelidad a su Palabra. Sin embargo, ¿no es verdad que quedan aún tantas cosas por hacer?, ¿no es verdad que queda, sobre todo, tanta soberbia? (Es Cristo que pasa, 58)

 

 

 

Algo grande y que sea amor (IX): ¡Somos apóstoles!

Para un cristiano el apostolado no es simplemente un encargo que supone ciertas horas; ni siquiera un trabajo importante: es una necesidad que brota de un corazón que se ha hecho «un solo cuerpo y un solo espíritu» con el Señor.

VOCACIÓN10/06/2019

Opus Dei - Algo grande y que sea amor (IX): ¡Somos apóstoles!

Cafarnaúm es el lugar donde comienza la aventura apostólica que Jesús inauguró en el mundo. Sabemos que al menos cuatro de los doce Apóstoles eran pescadores en esa ciudad. «Estaban junto a la barca vieja y junto a las redes rotas, remendándolas. El Señor les dijo que le siguieran; y ellos, “statim” —inmediatamente, “relictis omnibus” —abandonando todas las cosas, ¡todo!, le siguieron...»[1].

Jesús llama a aquellos primeros con unas palabras en las que delinea un plan que cambiará para siempre el curso de la historia: «Seguidme, y haré que vengáis a ser pescadores de hombres» (Mc 1,16-17). No les detalla más. Seguirán siendo pescadores, pero a partir de ahora pescarán otro tipo de «peces». Conocerán otros «mares», pero no han de perder lo que han aprendido con su trabajo. Vendrán días con viento favorable y pesca abundante, pero habrá también jornadas poco vistosas, sin pesca alguna, o con una pesca tan escasa que tendrán la sensación de volver a la orilla con las manos vacías. Pero lo decisivo no será el volumen de la pesca, o lo que los hombres juzguen como un éxito o como un fracaso; lo que importa es lo que van a ser. Desde el principio, Jesús quiere que caigan en la cuenta de su nueva identidad, porque no les convoca solo para hacer algo —una tarea bonita, algo extraordinario— sino para ser alguien que cumple una misión: ser «pescadores de hombres».

«Todo lo hago por el Evangelio»

Responder a la llamada de Dios reconfigura nuestra identidad: «Es una visión nueva de la vida», decía san Josemaría. Saber que el mismo Jesús nos invita a participar en su misión enciende en cada uno el deseo de «dedicar sus más nobles energías a una actividad que, con la práctica, llega a tomar cuerpo de oficio». De ese modo, poco a poco, «la vocación nos lleva —sin darnos cuenta— a tomar una posición en la vida, que mantendremos con ilusión y alegría hasta en el trance de la muerte. Es un fenómeno que comunica al trabajo un sentido de misión»[2]. Y esa tarea, que nos hace felices, va modelando nuestro modo de ser, de actuar, de ver el mundo.

Mons. Ocáriz lo ha recordado con palabras expresivas: «no hacemos apostolado, ¡somos apóstoles!»[3]. La misión apostólica no ocupa un tiempo o unos aspectos determinados de nuestra vida personal, sino que afecta a todo: tiene un alcance de 360 grados. San Josemaría lo recordaba desde el inicio a las personas de la Obra: «No olvidéis hijos míos, que no somos almas que se unen a otras almas, para hacer una cosa buena. Esto es mucho... pero es poco. Somos apóstoles que cumplimos un mandato imperativo de Cristo»[4].

LA VOCACIÓN ES UNA LLAMADA DEL SEÑOR PARA 'SER ALGUIEN'

«¡Ay de mí si no evangelizara!», escribe san Pablo (cfr. 1 Co 9,16-23): es algo que le sale de lo más hondo del alma. Para él, ese impulso de amor es una invitación y un deber: «Si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, pues es un deber que me incumbe»Por eso, la única recompensa que busca consiste en «predicar el Evangelio entregándolo gratuitamente», porque se siente «siervo de todos para ganar a cuantos más pueda». A menudo abre su corazón: él es el último entre los apóstoles; indigno y sin méritos, pero es apóstol. Por eso, no hay para él circunstancia que no sea apostólica, hasta poder afirmar: «todo lo hago por el Evangelio». Esa es su carta de presentación, y así quiere ser considerado: «Pablo, siervo de Jesucristo, apóstol por vocación, designado para el Evangelio» (Rm 1,1).

De modo análogo, para un cristiano el apostolado no es simplemente «un encargo», o una actividad que supone ciertas horas diarias; ni siquiera «un trabajo importante»: es una necesidad que brota de un corazón que se ha hecho «un solo cuerpo y un solo espíritu»[5] en Jesús, con toda su Iglesia. Ser apóstol «no es y no puede ser un título honorífico, sino que empeña concretamente y también dramáticamente toda la existencia del sujeto interesado»[6]. Algunas veces necesitaremos que nos alienten; otras buscaremos consejo para acertar en nuestro esfuerzo por evangelizar; pero, en todo caso, sabemos que nuestra llamada es un don de Dios, y por eso le pedimos que el apostolado mane de nuestro corazón como salta el agua de la fuente (cfr. Jn 4,14).

Sal, luz y fermento del mundo

Para explicar a sus discípulos el papel que iban a desarrollar en el mundo, el Señor se servía a menudo de parábolas. «Vosotros sois la sal de la tierra… vosotros sois la luz del mundo», les dice en una ocasión (cfr. Mt5,13-14). Otra vez, les habla de la levadura: de cómo siendo poca hace fermentar toda la masa (cfr. Mt 5,33). Porque así han de ser los apóstoles de Jesús: sal que alegra, luz que orienta, levadura que hace crecer la masa. Y así es como vio san Josemaría el apostolado de sus hijas y de sus hijos: «Tienes la llamada de Dios a un camino concreto: meterte en todas las encrucijadas del mundo, estando tú metido en Dios. Y ser levadura, ser sal, ser luz del mundo. Para iluminar, para dar sabor, para fermentar, para acrecentar»[7].

Los fieles del Opus Dei, como tantos otros cristianos corrientes, desarrollan su apostolado en medio del mundo, con naturalidad y discreción. Aunque a veces eso se haya prestado a incomprensiones, de hecho simplemente procuran hacer realidad en su vida estas parábolas del Señor. La sal, en efecto, no se ve, si se mezcla bien con la comida, sin hacer grumos; da gracia a los alimentos, que sin ella pueden quedar insípidos, aunque sean de buena calidad. Lo mismo sucede con la levadura: da volumen al pan, sin hacerse notar. La luz, a su vez, se coloca «en alto para que alumbre a todos», siempre «delante de la gente» (Mt5,15-16); pero no centra la atención en sí misma, sino en aquello que ilumina. Un cristiano está a gusto con los demás, compartiendo ilusiones y proyectos. Más aún, «debemos sentirnos incómodos, cuando no estamos —sal y luz de Cristo— en medio de la gente»[8]. Esa apertura, además, supone relacionarse también con quienes no piensan como nosotros, con la disposición serena de dejar en los corazones la garra de Dios[9], del modo que Él mismo nos sugiera: a veces rezando por ellos una sencilla oración, otras con una palabra, o un gesto amable…

La eficacia apostólica de una vida no se puede contabilizar. Muchos frutos quedan en la sombra, y no llegaremos a conocerlos en esta vida. Lo que podemos poner de nuestra parte es un deseo, siempre renovado, de vivir muy unidos al Señor. «Andar por la vida como apóstoles: con luz de Dios, con sal de Dios. Sin miedo, con naturalidad, pero con tal vida interior, con tal unión con el Señor, que alumbremos, que evitemos la corrupción y las sombras»[10]. Dios mismo hará fecundas nuestras fatigas y no nos perderemos pensando en nuestra fragilidad o en las dificultades externas: que si el lago es demasiado grande, que si las multitudes apenas nos entienden, que si han empezado a criticarnos, que si el camino es pesado, que si no puedo remar contra esta tormenta...

Con motor propio

Repasando la lista de los doce Apóstoles, llama la atención lo distintos que son, a veces con personalidades muy marcadas. Lo mismo sucede al pensar en los santos y santas canonizados por la Iglesia. Y lo mismo, cuando repasamos las vidas de mucha gente corriente que sigue al Señor con una entrega discreta pero constante. Todos distintos, y al mismo tiempo, todos apóstoles, fieles, enamorados del Señor.

Al entregarnos a Dios no echamos a perder nuestra propia riqueza; al contrario, porque «cuando el Señor piensa en cada uno, en lo que desearía regalarle, piensa en él como su amigo personal. Y si tiene planeado regalarte una gracia (...) será seguramente algo que te alegrará en lo más íntimo y te entusiasmará más que ninguna otra cosa en este mundo. No porque lo que te vaya a dar sea un carisma extraordinario o raro, sino porque será justo a tu medida, a la medida de tu vida entera»[11]. Por eso quien se decide a seguir al Señor percibe, a la vuelta de los años, cómo la gracia, acompañada del trabajo personal, transforma incluso su carácter, de modo que le resulta más fácil amar y servir a todos. Esto no es fruto de la imposición voluntarista de un ideal de perfección. Más bien, es el influjo y la pasión que produce Jesucristo en la vida del apóstol.

Al poco de su elección como Prelado, preguntaron a D. Javier Echevarría si había tenido una vida propia: «¿Usted ha podido ser usted?». Su respuesta conmueve: son las palabras de alguien que mira atrás, sobre la propia vida, y ve lo que Dios ha hecho en ella. «Sí que he tenido mi propia vida. Yo nunca hubiera soñado realizar mi vida de un modo tan ambicioso. Viviendo a mi aire, yo hubiese tenido unos horizontes muchísimo más estrechos, unos vuelos más cortos (…). Yo, como hombre de mi tiempo, como cristiano y como sacerdote, soy una persona ambiciosamente realizada. Y tengo el corazón mundializado, gracias a haber vivido con dos hombres [San Josemaría y el beato Álvaro] de espíritu grandioso, cristianamente grandioso »[12].

Quien es enviado por Cristo y deja que sea Él quien lleve el timón de su vida no puede olvidar que Él espera una respuesta profundamente libre. Libre, en primer lugar, de egoísmos, de nuestra soberbia y de nuestro afán de brillar. Pero libre también para poner a su servicio todos nuestros talentos, nuestra iniciativa, nuestra creatividad. Por eso, decía san Josemaría que «una de las más evidentes características del espíritu del Opus Dei es su amor a la libertad y a la comprensión»[13].

A la vez, esa libertad de espíritu no consiste en «actuar conforme a los propios caprichos y en resistencia a cualquier norma»[14], como si todo lo que no viene de nosotros fuera una imposición de la que liberarse. Más bien, se trata de obrar con el mismo Espíritu que movía a Jesús: «he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado» (Jn 6,38). Si el apostolado se considerase una «actividad» más, se correría el riesgo de sentirse cohibido por las indicaciones de quienes coordinan las iniciativas apostólicas. En cambio, quien se siente enviado por Cristo disfruta con la ayuda y el impulso que Dios transmite a través de sus múltiples instrumentos. Vivir con libertad de espíritu es dejar que sea el Espíritu Santo quien nos conforme y nos guíe, sirviéndose también de quienes Él ha puesto a nuestro lado.

La libertad de espíritu lleva a actuar «con motor propio» ante una u otra necesidad de la misión apostólica; con motor propio, es decir, no con una aceptación pasiva, sino con la convicción de que eso es lo que el Señor nos pide en ese momento, porque eso es lo que corresponde al apóstol que somos. Así continuamente, en las pequeñas circunstancias de nuestro día a día, podemos notar la fresca brisa del Espíritu, que nos empuja «mar adentro» (Lc 5,4), para continuar con Él la encantadora historia del Amor de Dios por nosotros.

Si nuestra misión fuera «hacer apostolado» podríamos dejarla de lado a causa de un trabajo absorbente o de una enfermedad, o cabría tener «vacaciones» apostólicas. Sin embargo, «¡somos apóstoles!»: ¡es nuestra vida! Por eso, sería un contrasentido salir a la calle y dejar en la habitación el afán evangelizador. Ciertamente, la misión supondrá a menudo esfuerzo, y exigirá de nuestra parte valentía para vencer nuestros miedos. Sin embargo, esas resistencias interiores no deben inquietarnos, porque el Espíritu Santo hace que crezca, en el corazón de quienes le son dóciles, una auténtica espontaneidad y creatividad apostólica: a medida que uno se identifica con nuestra misión, todo se vuelve ocasión de apostolado.

Se adquiere la «conciencia de estar en un puesto avanzado, de centinela»[15], que lleva a permanecer «en vigilia de amor, tenso, sin dormir, trabajando con empeño»[16]. Una vigilia que es de amor, y que por tanto no significa ansiedad o nerviosismo. Tenemos en nuestras manos una labor que nos ilusiona, que nos hace felices y que comunica a nuestro alrededor felicidad. Trabajamos en la viña del Señor y estamos seguros de que la labor es suya. Si alguna vez se filtrara en el alma una cierta falta de paz, una tensión excesiva, será el momento de acercarse a Él para decirle: lo hago por Ti, ayúdame a trabajar con calma y con la certeza de que todo lo haces Tú.

Luz divina que da calor

Cuando, en la parábola de los invitados a las bodas, el padre de familia se entera de que algunos de los convidados se han excusado, ordena a su criado que traiga «a los pobres, a los tullidos, a los ciegos y a los cojos» (Lc14,21). La sala queda bastante concurrida, pero quedan aún sitios libres. Entonces, dice a su criado: «Sal a los caminos y a los cercados y obliga a entrar, para que se llene mi casa (Lc 14,23). «Obliga a entrar», compelle intrare: hasta ese punto llega la intensidad de su deseo.

La orden es tajante, porque la llamada a la salvación es universal. San Josemaría lo entendía así: «No es como un empujón material, sino la abundancia de luz, de doctrina; el estímulo espiritual de vuestra oración y de vuestro trabajo, que es testimonio auténtico de la doctrina; el cúmulo de sacrificios, que sabéis ofrecer; la sonrisa, que os viene a la boca, porque sois hijos de Dios: filiación, que os llena de una serena felicidad —aunque en vuestra vida, a veces, no falten contradicciones—, que los demás ven y envidian. Añadid, a todo esto, vuestro garbo y vuestra simpatía humana, y tendremos el contenido del compelle intrare»[17]. No se trata, pues, de coaccionar a nadie: es una combinación, inédita cada vez, de oración y amistad, de testimonio y sacrificio generoso… una alegría que se comparte, una simpatía que invita con libertad.

Dios actúa «por atracción»[18], espoleando a las almas con la alegría y el encanto de la vida de los cristianos. Por eso el apostolado es amor que se desborda. Un corazón que sabe amar sabe atraer: «nosotros atraemos a todos con el corazón —decía san Josemaría—. Por eso, para todos pido un corazón muy grande: si amamos a las almas, las atraeremos»[19]. En efecto, nada atrae tanto como el amor auténtico, especialmente en un tiempo en que muchas personas no han conocido el calor del Amor de Dios. La amistad verdadera es de hecho el «modo de hacer apostolado que San Josemaría encontró en los relatos evangélicos»[20]: Felipe atrajo a Bartolomé; Andrés a Pedro; y debían ser buenos amigos los que llevaron hasta Jesús a aquel paralítico que no podía moverse de su camilla.

«En un cristiano, en un hijo de Dios, amistad y caridad forman una sola cosa: luz divina que da calor»[21]. Tener amigos exige asiduidad, contacto personal; ejemplo y lealtad sincera; disposición a ayudar, a sostenerse mutuamente; escucha y empatía: capacidad de hacerse cargo de las necesidades del otro. La amistad no es un instrumento para el apostolado, sino que el apostolado mismo es, en su entraña, amistad: gratuidad, ganas de vivir la vida con los demás. Por supuesto, deseamos que nuestros amigos se acerquen al Señor, pero dispuestos a que eso suceda como y cuando Dios quiera. Aunque es lógico que un apóstol busque buenos resultados en su labor, y que valore la relación entre sus esfuerzos y la influencia que tiene en los demás, nunca puede olvidar que los apóstoles siguieron con Jesús incluso cuando casi todos se fueron (cfr. Jn 6,66-69); ya vendrían, con el tiempo, los frutos (cfr. Hch 2,37-41) .

En una ocasión, un joven preguntó a San Josemaría: «Padre ¿qué debemos hacer para que piten[22] muchos?». San Josemaría le contestó enseguida: «Mucha oración, amistad leal y respeto a la libertad». Al joven la respuesta le supo a poco. Añadió: «Y eso ¿no es ir demasiado despacio, Padre?». «No, porque la vocación es sobrenatural», respondió san Josemaría, alargando cada sílaba. «Bastó un segundo para pasar de Saulo a Pablo. Después, tres días de oración, y se convirtió en un apasionado apóstol de Jesucristo»[23].

Es Dios quien llama y el Espíritu Santo quien mueve el corazón. El apóstol acompaña a sus amigos con oración y sacrificio, sin impacientarse al recibir un «no» a sus sugerencias, ni enfadarse cuando alguien no se deja ayudar. Un verdadero amigo se apoya en las fortalezas para ayudar a crecer, y evita muchas veces los reproches sobre las decisiones ajenas; sabe cuándo es necesario callar, y cuando es necesario «volver a la carga» de un modo distinto, sin hacerse cargante, sin reprochar: desde la confianza y el compromiso con lo mejor de cada uno, de cada una. Así hace Dios, y así quiere que hagan sus hijos.

Sin hacernos pesados, manteniendo la sonrisa en el rostro, podremos insinuar unas palabras al oído, como hacía el Señor. Y, continuamente, mantendremos vivo el deseo de que muchas personas le conozcan: «Tú y yo, hijos de Dios, cuando vemos a la gente, tenemos que pensar en las almas: he aquí un alma —hemos de decirnos— que hay que ayudar; un alma que hay que comprender; un alma con la que hay que convivir; un alma que hay que salvar»[24].

José Manuel Antuña


[1] San Josemaría, Forja, n. 356.

[2] San Josemaría, Carta 9-I-1932, n. 9.

[3] F. Ocáriz, Carta, 14-II-2017, n. 9.

[4] Instrucción 19-III-1934, n. 27 (la cursiva es del original), citado en Camino, edición crítico-histórica, nota al n. 942.

[5] Misal Romano, Plegaria eucarística III.

[6] Benedicto XVI, Audiencia, 10-IX-2008.

[7] San Josemaría, Notas de una meditación de abril de 1955, en Obras1956, XI, p. 9 (AGP, biblioteca, P03).

[8] San Josemaría, A solas con Dios, n. 273 (AGP, Biblioteca, P10).

[9] Cfr. D. Javier, Homilía, 5-IX-2010 (Romana, n. 51, Julio-Diciembre 2010, p. 339).

[10] Forja, n. 969.

[11] Francisco, Ex. ap. Christus vivit (25-III-2019), n. 287.

[12] Entrevista de P. Urbano a D. Javier, Época, 20-IV-1994, citada en A. Sánchez León, En la tierra como en el cielo, Madrid, Rialp 2019, pp. 349-350.

[13] San Josemaría, Carta 31-V-1954, n. 22.

[14] F. Ocáriz, Carta, 9-I-2018, n. 5.

[15] San Josemaría, Carta 31-V-1954, n. 16.

[16] Ibidem.

[17] San Josemaría, Carta 24-X-1942, n. 9; cfr. Amigos de Dios, n. 37.

[18] Benedicto XVI, Homilía, 13-V-2007; Francisco, Homilía, 3-V-2018.

[19] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 10-V-1967 en Crónica 1967, p. 605 (AGP, biblioteca, P01).

[20] F. Ocáriz,, Carta, 14-II-17, n. 9.

[21] Forja, n. 565.

[22] En el lenguaje coloquial del Madrid de mediados de siglo pasado, “pitar” significaba funcionar bien. San Josemaría usaba el término para referirse al hecho de que una persona pidiera la Admisión en el Opus Dei. Desde entonces ha quedado en la Obra como un modo familiar de hablar.

[23] San Josemaría, Notas de una reunión familiar, 24-IV-1967, en Crónica1967, p. 506 (AGP, biblioteca, P01).

[24] San Josemaría, Meditación del 25-II-1963, en Crónica 1964, IX, p. 69 (AGP, biblioteca, P01).

 

Tema 6. La Creación

La doctrina de la Creación constituye la primera respuesta a los interrogantes fundamentales sobre nuestro origen y nuestro fin.

RESÚMENES DE FE CRISTIANA26/12/2016

Opus Dei - Tema 6. La Creación

La Revelación presenta la acción creadora de Dios como fruto de su omnipotencia, de su sabiduría y de su amor.

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Introducción

La importancia de la verdad de la creación estriba en que es «el fundamento de todos los designios salvíficos de Dios; [...] el comienzo de la historia de la salvación, que culmina en Cristo» (Compendio, 51). Tanto la Biblia (Gn 1,1) como el Credo inician con la confesión de fe en el Dios Creador.

A diferencia de los otros grandes misterios de nuestra fe (la Trinidad y la Encarnación), la creación es «la primera respuesta a los interrogantes fundamentales sobre nuestro origen y nuestro fin» (Compendio, 51), que el espíritu humano ya se plantea y, en parte, puede también responder, como muestra la reflexión filosófica; y los relatos de los orígenes pertenecientes a la cultura religiosa de tantos pueblos (cfr. Catecismo, 285), no obstante, la especificidad de la noción de creación sólo se captó de hecho con la revelación judeocristiana.

La creación es, pues, un misterio de fe y, a la vez, una verdad accesible a la razón natural (cfr. Catecismo, 286). Esta peculiar posición entre fe y razón, hace de la creación un buen punto de partida en la tarea de evangelización y de diálogo que los cristianos están siempre –particularmente en nuestros días [1] – llamados a realizar, como ya hiciera San Pablo en el Areópago de Atenas (Hch 17,16-34).

Se suele distinguir entre el acto creador de Dios (la creación active sumpta), y la realidad creada, que es efecto de tal acción divina (la creación passive sumpta[2]. Siguiendo este esquema se exponen a continuación los principales aspectos dogmáticos de la creación.

1. El acto creador

1.1. «La creación es obra común de la Santísima Trinidad» (Catecismo, 292)

La Revelación presenta la acción creadora de Dios como fruto de su omnipotencia, de su sabiduría y de su amor. Se suele atribuir especialmente la creación al Padre (cfr. Compendio, 52), así como la redención al Hijo y la santificación al Espíritu Santo. Al mismo tiempo, las obras ad extra de la Trinidad (la primera de ellas, la creación) son comunes a todas las Personas, y por eso cabe preguntarse por el papel específico de cada Persona en la creación, pues «cada persona divina realiza la obra común según su propiedad personal» (Catecismo, 258). Este es el sentido de la igualmente tradicional apropiación de los atributos esenciales (omnipotencia, sabiduría, amor) respectivamente al obrar creador del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

En el Símbolo nicenoconstantinopolitano confesamos nuestra fe «en un solo Dios, Padre omnipotente, creador del cielo y de la tierra»; «en un solo Señor Jesucristo [...] por quien todo fue hecho»; y en el Espíritu Santo «Señor y dador de vida» (DH 150). La fe cristiana habla, por tanto, no solamente de una creación ex nihilo, de la nada, que indica la omnipotencia de Dios Padre; sino también de una creación hecha con inteligencia, con la sabiduría de Dios –el Logos por medio del cual todo fue hecho (Jn 1,3)–; y de una creación ex amore (GS 19), fruto de la libertad y del amor que es Dios mismo, el Espíritu que procede del Padre y del Hijo. En consecuencia, las procesiones eternas de las Personas están en la base de su obrar creador [3].

Así como no hay contradicción entre la unicidad de Dios y su ser tres personas, de modo análogo no se contrapone la unicidad del principio creador con la diversidad de los modos de obrar de cada una de las Personas.

«Creador del cielo y de la tierra»

«“En el principio, Dios creó el cielo y la tierra”: tres cosas se afirman en estas primeras palabras de la Escritura: el Dios eterno ha dado principio a todo lo que existe fuera de él. Él solo es creador (el verbo “crear” –en hebreo bara – tiene siempre por sujeto a Dios). La totalidad de lo que existe (expresada por la fórmula “el cielo y la tierra”) depende de aquel que le da el ser» (Catecismo, 290).

Sólo Dios puede crear en sentido propio [4], lo cual implica originar las cosas de la nada ( ex nihilo) y no a partir de algo preexistente; para ello se requiere una potencia activa infinita, que sólo a Dios corresponde (cfr.Catecismo, 296-298). Es congruente, por tanto, apropiar la omnipotencia creadora al Padre, ya que él es en la Trinidad –según una clásica expresión– fons et origo, es decir, la Persona de quien proceden las otras dos, principio sin principio.

La fe cristiana afirma que la distinción fundamental en la realidad es la que se da entre Dios y sus criaturas. Esto supuso una novedad en los primeros siglos, en los que la polaridad entre materia y espíritu daba pie a visiones inconciliables entre sí (materialismo y espiritualismo, dualismo y monismo). El cristianismo rompió estos moldes, sobre todo con su afirmación de que también la materia (al igual que el espíritu) es creación del único Dios trascendente. Más adelante, Santo Tomás desarrolló una metafísica de la creación que describe a Dios como el mismo Ser subsistente (Ipsum Esse Subsistens). Como causa primera, es absolutamente trascendente al mundo; y, a la vez, en virtud de la participación de su ser en las criaturas, está presente íntimamente en ellas, las cuales dependen en todo de quien es la fuente del ser. Dios essuperior summo meo y al mismo tiempo, intimior intimo meo (San Agustín,Confesiones, 3,6,11; cfr. Catecismo, 300).

«Por quien todo fue hecho»

La literatura sapiencial del AT presenta el mundo como fruto de la sabiduría de Dios (cfr. Sb 9,9). «Este no es producto de una necesidad cualquiera, de un destino ciego o del azar» (Catecismo, 295), sino que tiene una inteligibilidad que la razón humana, participando en la luz del Entendimiento divino, puede captar, no sin esfuerzo y en un espíritu de humildad y de respeto ante el Creador y su obra (cfr. Jb 42,3; cfr.Catecismo, 299). Este desarrollo llega a su expresión plena en el NT: al identificar al Hijo, Jesucristo, con el Logos (cfr. Jn 1,1ss), afirma que la sabiduría de Dios es una Persona, el Verbo encarnado, por quien todo fue hecho (Jn 1,3). San Pablo formula esta relación de lo creado con Cristo, aclarando que todas las cosas han sido creadas en él, por medio de él y en vista de él ( Col 1,16-17).

Hay, pues, una razón creadora en el origen del cosmos (cfr. Catecismo, 284) [5]. El cristianismo tiene desde el comienzo una confianza grande en la capacidad de la razón humana de conocer; y una enorme seguridad en que jamás la razón (científica, filosófica, etc.) podrá llegar a conclusiones contrarias a la fe, pues ambas provienen de un mismo origen.

No es infrecuente encontrarse con algunos que plantean falsas disyuntivas, como por ejemplo, entre creación y evolución. En realidad, una adecuada epistemología no sólo distingue los ámbitos propios de las ciencias naturales y de la fe, sino que además reconoce en la filosofía un necesario elemento de mediación, pues las ciencias, con su método y objeto propios, no cubren todo el ámbito de la razón humana; y la fe, que se refiere al mismo mundo del que hablan las ciencias, necesita para formularse y entrar en diálogo con la racionalidad humana de categorías filosóficas [6].

Es lógico, pues, que la Iglesia desde el inicio buscara el diálogo con la razón: una razón consciente de su carácter creado, pues no se ha dado a sí misma la existencia, ni dispone completamente de su futuro; una razón abierta a lo que la trasciende, en definitiva, a la Razón originaria. Paradójicamente, una razón cerrada sobre sí, que cree poder hallar dentro de sí la respuesta a sus interrogantes más profundos, acaba por afirmar el sinsentido de la existencia, y por no reconocer la inteligibilidad de lo real (nihilismo, irracionalismo, etc.).

«Señor y dador de vida»

«Creemos que [el mundo] procede de la voluntad libre de Dios que ha querido hacer participar a las criaturas de su ser, de su sabiduría y de su bondad: “Porque tú has creado todas las cosas; por tu voluntad lo que no existía fue creado” ( Ap 4,11). [...] “Bueno es el Señor para con todos, y sus ternuras sobre todas sus obras” (Sal 145,9)» (Catecismo, 295). En consecuencia, «salida de la bondad divina, la creación participa en esa bondad (“Y vio Dios que era bueno [...] muy bueno”: Gn1,4.10.12.18.21.31). Porque la creación es querida por Dios como un don» (Catecismo, 299).

Este carácter de bondad y de don libre permite descubrir en la creación la actuación del Espíritu –que «aleteaba sobre las aguas» (Gn 1,2)–, la Persona Don en la Trinidad, Amor subsistente entre el Padre y el Hijo. La Iglesia confiesa su fe en la obra creadora del Espíritu Santo, dador de vida y fuente de todo bien [7].

La afirmación cristiana de la libertad divina creadora permite superar las estrecheces de otras visiones que, poniendo una necesidad en Dios, acaban por sostener un fatalismo o determinismo. No hay nada, ni “dentro” ni “fuera” de Dios, que le obligue a crear. ¿Cuál es entonces el fin que le mueve? ¿Qué se ha propuesto al crearnos?

1.2. «El mundo ha sido creado para la gloria de Dios» (Concilio Vaticano I)

Dios ha creado todo «no para aumentar su gloria sino para manifestarla y comunicarla» (San Buenaventura, Sent., 2,1,2,2,1). El Concilio Vaticano I (1870) enseña que «en su bondad y por su fuerza todopoderosa, no para aumentar su bienaventuranza, ni para adquirir su perfección, sino para manifestarla por los bienes que otorga a sus criaturas, el solo verdadero Dios, en su libérrimo designio, en el comienzo del tiempo, creó de la nada a la vez una y otra criatura, la espiritual y la corporal» (DS 3002; cfr.Catecismo, 293).

«La gloria de Dios consiste en que se realice esta manifestación y esta comunicación de su bondad para las cuales el mundo ha sido creado. Hacer de nosotros “hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia” (Ef1,5-6): “Porque la gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre es la visión de Dios” (San Ireneo, Adversus haereses , 4,20,7)» (Catecismo, 294).

Lejos de una dialéctica de principios contrapuestos (como ocurre en el dualismo de corte maniqueo, y también en el idealismo monista hegeliano), afirmar la gloria de Dios como fin de la creación no comporta una negación del hombre, sino un presupuesto indispensable para su realización. El optimismo cristiano hunde sus raíces en la exaltación conjunta de Dios y del hombre: «el hombre es grande sólo si Dios es grande» [8]. Se trata de un optimismo y una lógica que afirman la absoluta prioridad del bien, pero que no por ello son ciegos ante la presencia del mal en el mundo y en la historia.

1.3. Conservación y providencia. El mal

La creación no se reduce a los comienzos; una vez «realizada la creación, Dios no abandona su criatura a ella misma. No sólo le da el ser y el existir, sino que la mantiene a cada instante en el ser, le da el obrar y la lleva a su término» (Catecismo, 301). La Sagrada Escritura compara esta actuación de Dios en la historia con la acción creadora (cfr. Is 44,24; 45,8; 51,13). La literatura sapiencial explicita la acción de Dios que mantiene en la existencia a sus criaturas. «Y ¿cómo habría permanecido algo si no hubieses querido? ¿Cómo se habría conservado lo que no hubieses llamado?» ( Sb 11,25). San Pablo va más lejos y atribuye esta acción conservadora a Cristo: «él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia» (Col 1,17).

El Dios cristiano no es un relojero o arquitecto que, tras haber realizado su obra, se desentiende de ella. Estas imágenes son propias de una concepción deísta, según la cual Dios no se inmiscuye en los asuntos de este mundo. Pero esto supone una distorsión del auténtico Dios creador, pues separan drásticamente la creación de la conservación y gobierno divino del mundo [9].

La noción de conservación “hace de puente” entre la acción creadora y el gobierno divino del mundo (providencia). Dios no sólo crea el mundo y lo mantiene en la existencia, sino que además «conduce a sus criaturas a la perfección última, a la que Él mismo las ha llamado» (Compendio, 55). La Sagrada Escritura presenta la soberanía absoluta de Dios, y testimonia constantemente su cuidado paterno, tanto en las cosas más pequeñas como en los grandes acontecimientos de la historia (cfr. Catecismo, 303). En este contexto, Jesús se revela como la providencia “encarnada” de Dios, que atiende como Buen Pastor las necesidades materiales y espirituales de los hombres (Jn 10,11.14-15; Mt 14,13-14, etc.) y nos enseña a abandonarnos a su cuidado (Mt 6,31-33).

Si Dios crea, sostiene y dirige todo con bondad, ¿de dónde proviene el mal? «A esta pregunta tan apremiante como inevitable, tan dolorosa como misteriosa no se puede dar una respuesta simple. El conjunto de la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta [...]. No hay un rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal» (Catecismo, 309).

La creación no está acabada desde el principio, sino que Dios la hizo in statu viae, es decir, hacia una meta última todavía por alcanzar. Para la realización de sus designios, Dios se sirve del concurso de sus criaturas, y concede a los hombres una participación en su providencia, respetando su libertad aun cuando obran mal (cfr. Catecismo, 302, 307, 311). Lo realmente sorprendente es que Dios «en su providencia todopoderosa puede sacar un bien de las consecuencias de un mal» (Catecismo, 312). Es una misteriosa pero grandísima verdad que «todo coopera al bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28) [10].

La experiencia del mal parece manifestar una tensión entre la omnipotencia y la bondad divinas en su actuación en la historia. Aquélla recibe respuesta, ciertamente misteriosa, en el evento de la Cruz de Cristo, que revela el “modo de ser” de Dios, y es por tanto fuente de sabiduría para el hombre (sapientia crucis).

1.4. Creación y salvación

La creación es «el primer paso hacia la Alianza del Dios único con su pueblo» (Compendio, 51). En la Biblia la creación está abierta a la actuación salvífica de Dios en la historia, que tiene su plenitud en el misterio pascual de Cristo, y que alcanzará su perfección final al final de los tiempos. La creación está hecha con miras al sábado, el séptimo día en que el Señor descansó, día en que culmina la primera creación y que se abre al octavo día en que comienza una obra todavía más maravillosa: la Redención, la nueva creación en Cristo (2 Co 5,7; cfr. Catecismo, 345-349).

Se muestra así la continuidad y unidad del designio divino de creación y redención. Entre ambas no hay ningún hiato, pues el pecado de los hombres no ha corrompido totalmente la obra divina, sino un vínculo. La relación entre ambas –creación y salvación- puede expresarse diciendo que, por una parte, la creación es el primer acontecimiento salvífico; y por otra que, la salvación redentora tiene las características de una nueva creación. Esta relación ilumina importantes aspectos de la fe cristiana, como la ordenación de la naturaleza a la gracia o la existencia de un único fin sobrenatural del hombre.

2. La realidad creada

El efecto de la acción creadora de Dios es la totalidad del mundo creado, “cielos y tierra” ( Gn 1,1). Dios es «Creador de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles, espirituales y corporales; que por su omnipotente virtud a la vez desde el principio del tiempo creó de la nada a una y otra criatura, la espiritual y la corporal, es decir, la angélica y la mundana, y después la humana, como común, compuesta de espíritu y de cuerpo» [11].

El cristianismo supera tanto el monismo (que afirma que la materia y el espíritu se confunden, que la realidad de Dios y del mundo se identifican), como el dualismo (según el cual materia y espíritu son principios originarios opuestos).

La acción creadora pertenece a la eternidad de Dios, pero el efecto de tal acción está marcado por la temporalidad. La Revelación afirma que el mundo ha sido creado como mundo con un inicio temporal [12], es decir, que el mundo ha sido creado junto con el tiempo, lo cual se muestra muy congruente con la unidad del designio divino de revelarse en la historia de la salvación.

2.1. El mundo espiritual: los ángeles

«La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición» (Catecismo, 328). Ambos los muestran en su doble función de alabar a Dios y ser mensajeros de su designio salvador. El NT presenta a los ángeles en relación con Cristo: creados por medio de él y en vista de él (Col 1,16), rodean la vida de Jesús desde su nacimiento hasta la Ascensión, siendo los anunciadores de su segunda venida gloriosa (cfr. Catecismo, 333).

Asimismo, también están presentes desde el inicio de la vida de la Iglesia, la cual se beneficia de su ayuda poderosa, y en su liturgia se une a ellos en la adoración a Dios. La vida de cada hombre está acompañada desde su nacimiento por un ángel que lo protege y conduce a la Vida (cfr.Catecismo, 334-336).

La teología (especialmente Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico) y el magisterio de la Iglesia han profundizado en la naturaleza de estos seres puramente espirituales, dotados de inteligencia y voluntad, afirmando que son criaturas personales e inmortales, que superan en perfección a todas las criaturas visibles (cfr. Catecismo, 330).

Los ángeles fueron creados en un estado de prueba. Algunos se rebelaron irrevocablemente contra Dios. Caídos en el pecado, Satán y los otros demonios –que habían sido creados buenos, pero por sí mismos se hicieron malos– instigaron a nuestros primeros padres para que pecaran (cfr. Catecismo, 391-395).

2.2. El mundo material

Dios «ha creado el mundo visible en toda su riqueza, su diversidad y su orden. La Escritura presenta la obra del Creador simbólicamente como una secuencia de seis días “de trabajo divino” que terminan en el reposo del día séptimo ( Gn 1,1-2,4)» (Catecismo , 337). «La Iglesia ha debido, en repetidas ocasiones, defender la bondad de la creación, comprendida la del mundo material (cfr. DS 286; 455-463; 800; 1333; 3002)» (Catecismo , 299).

«Por la condición misma de la creación, todas las cosas están dotadas de firmeza, verdad y bondad propias y de un orden» (GS 36,2). La verdad y bondad de lo creado proceden del único Dios Creador que es a la vez Trino. Así, el mundo creado es un cierto reflejo de la actuación de las Personas divinas: «en todas las criaturas se encuentra una representación de la Trinidad a modo de vestigio» [13].

El cosmos tiene una belleza y una dignidad en cuanto que es obra de Dios. Hay una solidaridad y una jerarquía entre los seres, lo cual ha de llevar a una actitud contemplativa de respeto hacia lo creado y las leyes naturales que lo rigen (cfr. Catecismo, 339, 340, 342, 354). Ciertamente el cosmos ha sido creado para el hombre, que ha recibido de Dios el mandato de dominar la tierra (cfr. Gn 1,28). Tal mandato no es una invitación a la explotación despótica de la naturaleza, sino a participar en el poder creador de Dios: mediante su trabajo el hombre colabora en el perfeccionamiento de la creación.

El cristiano comparte las justas exigencias que la sensibilidad ecológica ha puesto de manifiesto en las últimas décadas, sin caer en una vaga divinización del mundo, y afirmando la superioridad del hombre sobre el resto de los seres como «cumbre de la obra de la creación» (Catecismo, 343).

2.3. El hombre

Las personas humanas gozan de una peculiar posición en la obra creadora de Dios, al participar a la vez de la realidad material y espiritual. Sólo de él nos dice la Escritura que Dios lo creó «a su imagen y semejanza» (Gn 1,26). Ha sido puesto por Dios a la cabeza de la realidad visible, y goza de una dignidad especial, pues «de todas las criaturas visibles, sólo el hombre es capaz de conocer y amar a su Creador; es la única criatura en la tierra que Dios ama por sí misma; sólo el hombre está llamado a participar por el conocimiento y el amor en la vida de Dios. Para este fin ha sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad» (Catecismo, 356; cfr. ibidem, 1701-1703).

Hombre y mujer, en su diversidad y complementariedad, queridas por Dios, gozan de la misma dignidad de personas (cfr. Catecismo, 357, 369, 372). En ambos, se da una unión sustancial de cuerpo y alma, siendo ésta la forma del cuerpo. Al ser espiritual, el alma humana es creada inmediatamente por Dios (no es “producida” por los padres, ni tampoco es preexistente), y es inmortal (cfr. Catecismo , 366). Ambos puntos (espiritualidad e inmortalidad) pueden ser mostrados filosóficamente. Por tanto, es un reduccionismo afirmar que el hombre procede exclusivamente de la evolución biológica (evolucionismo absoluto). En la realidad hay saltos ontológicos que no puede explicarse sólo con la evolución. La conciencia moral y la libertad del hombre, por ejemplo, manifiestan su superioridad sobre el mundo material, y son muestra de su especial dignidad.

La verdad de la creación ayuda a superar tanto la negación de la libertad (determinismo) como el extremo contrario de una exaltación indebida de la misma: la libertad humana es creada, no absoluta, y existe en mutua dependencia con la verdad y el bien. El sueño de una libertad como puro poder y arbitrariedad responde a una imagen deformada no sólo del hombre sino también de Dios.

Mediante su actividad y su trabajo, el hombre participa del poder creador de Dios [14]. Además, su inteligencia y voluntad son una participación, una chispa, de la sabiduría y amor divinos. Mientras el resto del mundo visible es mero vestigio de la Trinidad, el ser humano constituye una auténtica imago Trinitatis.

3. Algunas consecuencias prácticas de la verdad sobre la creación

La radicalidad de la acción creadora y salvadora divina exige del hombre una respuesta que tenga ese mismo carácter de totalidad: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas” (Dt 6,5; cfr. Mt 22,37; Mc 12,30; Lc 10,27). En esta correspondencia se encuentra la verdadera felicidad, lo único que plenifica su libertad.

A la vez, la universalidad de la acción divina tiene un sentido tanto intensivo como extensivo: Dios crea y salva a todo el hombre y a todos los hombres. Corresponder a la llamada de Dios a amarle con todo nuestro ser está intrínsecamente unido a llevar su amor a todo el mundo [15].

El conocimiento y admiración del poder, sabiduría y amor divinos conduce al hombre a una actitud de reverencia, adoración y humildad, a vivir en la presencia de Dios sabiéndose hijo suyo. Al mismo tiempo, la fe en la providencia lleva al cristiano a una actitud de confianza filial en Dios en todas las circunstancias: con agradecimiento ante los bienes recibidos, y con sencillo abandono ante lo que pueda parecer malo, pues Dios saca de los males mayores bienes.

Consciente de que todo ha sido creado para la gloria de Dios, el cristiano procura conducirse en todas sus acciones buscando el fin verdadero que llena su vida de felicidad: la gloria de Dios, no la propia vanagloria. Se esfuerza por rectificar la intención en sus acciones, de modo que pueda decirse que el único fin de su vida es éste: Deo omnis gloria[16]

Dios ha querido poner al hombre al frente de su creación otorgándole el dominio sobre el mundo, de manera que la perfeccione con su trabajo. La actividad humana, puede ser por tanto considerada como una participación en la obra divina creadora.

La grandeza y belleza de las criaturas suscita en las personas admiración y despierta en ellas la pregunta por el origen y destino del mundo y del hombre, haciéndoles entrever la realidad de su Creador. El cristiano, en su diálogo con los no creyentes, puede suscitar estas preguntas para que las inteligencias y los corazones se abran a la luz del Creador. Asimismo, en su diálogo con los creyentes de las diversas religiones, el cristiano encuentra en la verdad de la creación un excelente punto de partida, pues se trata de una verdad en parte compartida, y que constituye la base para la afirmación de algunos valores morales fundamentales de la persona.

Santiago Sanz

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia Católica, 279-374.

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 51-72.

DH, nn. 125, 150, 800, 806, 1333, 3000-3007, 3021-3026, 4319, 4336, 4341.

Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 10-18, 19-21, 36-39.

Juan Pablo II, Creo en Dios Padre. Catequesis sobre el Credo (I), Palabra, Madrid 1996, 181-218.

Lecturas recomendadas

San Agustín, Confesiones, libro XII.

Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, qq. 44-46.

San Josemaría, Homilía Amar al mundo apasionadamente, en Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 113-123.

Joseph Ratzinger, Creación y pecado, Eunsa, Pamplona 1992.

Juan Pablo II, Memoria e identidad, La esfera de los libros, Madrid 2005.


[1] Entre otras muchas intervenciones, cfr. Benedicto XVI, Discurso a los miembros de la Curia romana, 22-XII-2005; Fe, razón y universidad(Discurso en Regensburg), 12-IX-2006; Ángelus , 28-I-2007.

[2] Cfr. Santo Tomás, De Potentia, q. 3, a. 3, co.; el Catecismo sigue este mismo esquema.

[3] Cfr. Santo Tomás, Super Sent., lib. 1, d. 14, q. 1, a. 1, co.: «son la causa y la razón de la procesión de las criaturas».

[4] Por eso se dice que Dios no necesita instrumentos para crear, ya que ningún instrumento posee la potencia infinita necesaria para crear. De ahí también que, cuando se habla por ejemplo del hombre como creador o incluso como capaz de participar en el poder creador de Dios, el empleo del adjetivo “creador” no es analógico sino metafórico.

[5] Este punto aparece con frecuencia en las enseñanzas de Benedicto XVI, por ejemplo, Homilía en Regensburg, 12-IX-2006; Discurso en Verona, 19-X-2006; Encuentro con el clero de la diócesis de Roma, 22-II-2007; etc.

[6] Tanto el racionalismo cientificista como el fideísmo acientífico necesitan una corrección desde la filosofía. Además, se ha de evitar asimismo la falsa apologética de quien ve forzadas concordancias, buscando en los datos que aporta la ciencia una verificación empírica o una demostración de las verdades de fe, cuando, en realidad, como hemos dicho, se trata de datos que pertenecen a métodos y disciplinas distintas.

[7] Cfr. Juan Pablo II, Carta Encíclica Dominum et vivificantem, 18-V-1986, 10.

[8] Benedicto XVI, Homilía, 15-VIII-2005.

[9] El deísmo implica un error en la noción metafísica de creación, pues ésta, en cuanto donación de ser, lleva consigo una dependencia ontológica por parte de la criatura, que no es separable de su continuación en el tiempo. Ambas constituyen un mismo acto, aun cuando podamos distinguirlas conceptualmente: «la conservación de las cosas por Dios no se da por alguna acción nueva, sino por la continuación de la acción que da el ser, que es ciertamente una acción sin movimiento y sin tiempo» (Santo Tomás, Summa Theologiae, I, q. 104, a. 1, ad 3).

[10] En continuidad con la experiencia de tantos santos de la historia de la Iglesia, esta expresión paulina se encontraba frecuentemente en los labios de San Josemaría, que vivía y animaba así a vivir en una gozosa aceptación de la voluntad divina (cfr. San Josemaría, Surco , 127; Via Crucis , IX, 4; Amigos de Dios , 119). Por otra parte, el último libro de Juan Pablo II, Memoria e identidad , constituye una profunda reflexión sobre la actuación de la providencia divina en la historia de los hombres, según aquella otra aserción de San Pablo: «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien» (Rm 12, 21).

[11] Concilio Lateranense IV (1215), DH 800.

[12] Así lo enseña el Concilio Lateranense IV y, refiriéndose a él, el Concilio Vaticano I (cfr. respectivamente DH 800 y 3002). Se trata de una verdad revelada, que la razón no puede demostrar, como enseñó Santo Tomás en la famosa disputa medieval sobre la eternidad del mundo: cfr.Contra Gentiles , lib. 2, cap. 31-38; y su opúsculo filosófico De aeternitate mundi.

[13] Santo Tomás, Summa Theologiae, I, q. 45, a. 7, co.; cfr. Catecismo, 237.

[14] Cfr. San Josemaría, Amigos de Dios, 57.

[15] Que el apostolado es la superabundancia de la vida interior (cfr. San Josemaría, Camino, 961), se manifiesta como el correlato de la dinámica ad intra – ad extra del obrar divino, es decir, de la intensidad del ser, de la sabiduría y del amor trinitario que se desborda hacia sus criaturas.

[16] Cfr. San Josemaría, Camino, 780; Surco, 647; Forja, 611, 639, 1051.

 

La valentía de un Obispo

 Ernesto Juliá 

Mons. Thomas Paprocki, obispo de Springfield

photo_cameraMons. Thomas Paprocki, obispo de Springfield

Es bien sabido que fundaciones americanas, y una serie de gobiernos USA, han promovido el aborto y la ideología de género en todas sus variedades, con un especial realce hacia la homosexualidad practicada, en todas las naciones en las que le ha sido posible, y de maneras claramente dictatoriales.

Las reacciones de una buena parte de la sociedad americana en defensa de la vida, y para frenar la imposición de las lgtbi, están siendo muy fuertes y valientes. Al lado de un par de estados que han hecho leyes para permitir el aborto desde la concepción hasta los movimientos de la criatura queriendo salir del vientre materno, y en Nueva York hasta después en algunos supuestos; ha habido otros que han cerrado la posibilidad del aborto indiscriminado en cualquier momento del embarazo: si late el corazón de la criatura no se le puede descuartizar.

Dos hechos valientes y decididos de dos autoridades, una eclesiástica y otra civil, me han llamado la atención dentro de estas reacciones.

El primero, el de un juez de Kentucky que ha negado a parejas de homosexuales el derecho a adoptar a un niño. Sus palabras han sido claras. Nadie tiene derecho a adoptar. Solo el niño tiene derecho a ser adoptado; y adoptado por un padre y una madre. Sus palabras no dejan lugar a ninguna duda:

“El niño tiene el derecho superior de recuperar lo que ha perdido en lo natural: un padre y una madre. El niño no es un producto para satisfacer un anhelo emocional, ideológico o político, el niño es el fin supremo de la sociedad y del estado”.

El autor de otro hecho valiente y decidido es el obispo de Springfield, en el estado de Illinois, uno de los estados que ha dado vía libre al aborto.

En el decreto que ha enviado a todos los sacerdotes de la diócesis, entre otras cosas les dice que: “Todos los legisladores católicos de Illinois que votaron a favor de la nueva Ley de salud reproductiva del estado, e incluso a favor de un proyecto de ley anterior, del año 2017 que legalizaba la financiación de los abortos con dinero de los contribuyentes, no pueden presentarse para recibir la Sagrada Comunión en la diócesis, sin reconciliarse primero con Cristo y con la Iglesia”.

El obispo da un paso más. Nombra al presidente de la Cámara de Representantes y al presidente del Senado de ese estado, que se declaran católicos, y les recuerda que no pueden recibir la Sagrada Comunión porque han votado a favor de esas leyes, y “han persistido obstinadamente en promover el crimen abominable y el grave pecado del aborto”.

El obispo es muy consciente del daño que causa a la fe católica a nivel nacional esta actuación de políticos que se dicen católicos y después aprueban leyes contra la Ley de Dios, contra la ley natural. En definitiva, leyes que llevan al suicidio de cualquier sociedad humana, además de la grave ofensa a Dios y a los hombres.

Un obispo valiente, que quiere defender la fe de todos sus fieles; defender la Verdad de Cristo para el bien de quienes Le conocen y de aquellos que algún día le conocerán. Un obispo que no admite componendas “pastorales”, que pisotean la doctrina, la Verdad y la ley moral; y no teme las reacciones que esos políticos, falsamente católicos, puedan tener contra él.

Un obispo, en definitiva, que sabe que tiene que dar cuenta a Dios -y sólo a él y no al gobernante civil o eclesiástico de turno-, de la misión que el Señor le ha encomendado. Transmitir íntegras las verdades de la Fe y de la Moral, tal como la Iglesia los ha manifestado a lo largo de su historia, no obstante, las miserias de tantos eclesiásticos; y sin dejar lugar alguno a “discernimientos” que permitan a los hombres, y las mujeres, descargar sobre Dios las miserias de los pecados más abominables.

ernesto.julia@gmail.com

 

La buena muerte

 Jesús Ortiz López 

De nuevo un caso extremo se utiliza para remover los cimientos de la milenaria cultura de la vida. La muchacha holandesa Noa y sus padres merecen todo el respeto, aunque nadie aclara si ha sido suicidio, ayuda al suicidio, o quizá eutanasia. Son misterios opacos porque se quiere legislar desde los sentimientos inducidos y sin un verdadero debate. No ha sido una buena muerte ni modelo para la sociedad. En Holanda la ley índice a la eutanasia, pero es necesario recordar que no todo lo legal es moral.

Levantar la mirada

El germen holandés se extiende por Europa implantando la cultura de muerte. Razón de más para recordar lo obvio: la vida humana es sagrada y no se debe jugar con la dignidad de la persona que siempre es hija de Dios, Señor de la vida y de la muerte con misericordia paternal, que siempre ofrece gracias abundantes para sobrellevar todos los dolores, por insoportables que puedan parecer. Ante esos sufrimientos muchos miran al cielo aun sin comprender, y los creyentes, con más razón, miramos a la Cruz donde se vislumbra una misteriosa sinfonía de unión con Jesucristo el Redentor de todos los hombres.

C.S.Lewis trataba de explicarlo en una conferencia a partir de su propio dolor al perder a Hellen (Joy) después de una intensa lucha contra el cáncer: «Vivimos en tierras de penumbra, el sol siempre brilla más allá de una curva, más allá de una colina. Sí, Dios nos habla cada día en los sucesos ordinarios, además nos susurra en nuestras alegrías, pero también nos grita en nuestro dolor. Es como el altavoz para unos oídos sordos como diciéndonos “calla, que no entiendes nada y tienes que madurar”. Por eso –añadía- rezo no para que Dios cambie sino para que cambie yo. Y concluía su confidencia: “Señor, he tenido la fortuna de vivir dos vidas, la de Hellen  y la mía; perdóname si la he querido demasiado y ten misericordia de los dos”».

Morir en paz

Hay que recuperar el sentido de la realidad y de las palabras. Natural es nacer a tiempo, aunque sea con síndrome Down, natural es morir a tiempo con asistencia médica, familiar y espiritual. La buena muerte está en las antípodas de la supuesta «eutanasia», cuando una persona no ha encontrado el sentido de su dolor ni le han ayudado quizá a experimentar el consuelo de Dios. Y sobre todo la sociedad se engaña cuando acepta cómodamente la cultura de muerte, propiciada por quienes juegan a ser Dios.

 

El Islam habla de diálogo, pero practica la violencia

 Salvador Bernal

No pretendo con estas líneas suscitar ninguna animadversión; sólo manifestar mi perplejidad, tras leer la noticia de la reunión de la Organización de Cooperación Islámica, celebrada en La Meca: representantes de 139 países de mayoría musulmana refrendaron al término de la sesión, el pasado 31 de mayo, la nueva “Declaración de la Meca”, elaborada en los últimos días bajo la dirección del muftí de Arabia Saudita.

De acuerdo con el documento, los países firmantes se comprometen a mantenerse unidos contra la propagación de la islamofobia, aunque se condena la injerencia de los estados en los asuntos internos de otros países. Esto no es obstáculo para distanciarse de las políticas que utilizan la religión para fomentar el conflicto, afirmar el respeto por las diferencias culturales y religiosas y señalar el diálogo interreligioso como medio para combatir discursos y comportamientos islamófobos.

Pero subraya la importancia de "apoyar a los musulmanes que sufren persecución, injusticia, coerción y agresión en los países no islámicos", así como la urgencia de "hacerse cargo de su causa en los foros internacionales, para proteger su pleno ejercicio de los derechos políticos y sociales en sus países, y desarrollar programas y mecanismos que garanticen su plena integración en sus sociedades, lejos de cualquier discriminación".

No voy a entrar en los conflictos actuales protagonizados –hasta interminables guerras civiles- por distintos grupos musulmanes: en Yemen, Siria, Libia o Irán. Por mucho que se acuse a Israel o a Estados Unidos, hay muchas causas internas en la grave inestabilidad de Oriente Medio. En cambio, los cristianos de esa región son víctimas inocentes de persecuciones impropias del siglo XXI, hasta el punto de provocar una diáspora sin precedentes.

Existe una auténtica cristianofobia, con duras muestras de violencia física: nada que ver con los casos de islamofobia en Europa, con tanta frecuencia reflejo de reacciones viscerales tras atentados terroristas perpetrados en nombre de Alá. Pero el respeto religioso es la regla general, con excepciones contadas. Basta pensar en el exiguo respaldo popular que acaba de obtener en Dinamarca el partido ultranacionalista y xenófobo Stram Kurs (Línea Dura), que abogaba por prohibir el Islam y expulsar a los musulmanes: con sólo un 1,8%, queda fuera del parlamento, donde tendrá mayoría el bloque de izquierdas en torno a la socialdemocracia.

Más delicada es la situación en Sri Lanka, donde los musulmanes que estaban en el gobierno se han visto forzados a dimitir de sus cargos: cuatro ministros, un viceministro y cuatro secretarios de Estado, más dos gobernadores provinciales. Son víctimas de la tremenda presión de los budistas ultranacionalistas tras los terribles atentados yihadistas del pasado mes de abril, perpetrados en dos iglesias y cuatro hoteles.

Pero en la República islámica de Pakistán, a pesar de tantos esfuerzos, y de la liberación excepcional de Asia Bibi, la libertad religiosa brilla por su ausencia, a pesar de estar reconocida formalmente en la Constitución. Rara es la semana en que no se difunden noticias de violencias contra miembros de las minorías religiosas, considerados de hecho ciudadanos de segunda. En mayo, se profanaron cruces en las tumbas en un pueblo cristiano cerca de la ciudad de Okara; un cristiano de 36 años, Javed Masih, fue asesinado por su empleador musulmán en una aldea cerca de Faisalabad, por el simple hecho de haber decidido cambiar de trabajo. Se produjo también la clásica acusación de presunta blasfemia contra un médico hindú, porque alguien afirmó que había suministrado medicamentos envueltos en un papel que en el que “había impreso versos del Corán” (fue detenido por la policía para evitar su linchamiento).

La gravedad de la situación justifica la declaración de la Comisión Nacional Justicia y Paz de la conferencia episcopal de Pakistán: “En las últimas semanas ha habido un aumento alarmante de los episodios de violencia dirigidos contra las minorías religiosas. Condenamos enérgicamente la agresión contra las minorías por su fe. Estos ataques son intolerables: el Estado debe brindar protección y seguridad a todos los ciudadanos”.

Sin olvidar que la gran religión del perdón –personal y colectivo- es el cristianismo. 

 

 

Mens sana in corpore sano

“Entra en la historia como lo hicieron los míticos Hércules, Aquiles o Teseo, héroes de la mitología griega.”

Ver a Rafa Nadal competir en la final de un prestigioso torneo como es el Rolland Garros y disfrutar con la inteligencia, el dominio de sí mismo y la fuerza física que le adornan, es uno de los espectáculos más estimulantes, divertido y admirable que se pueden disfrutar no solo en el mundo del deporte sino en cualquier competición donde brillan las insuperables cualidades y virtudes de un ser humano que, como él, las practica asiduamente: el espíritu de lucha, la disciplina, la obediencia, el esfuerzo, la humildad y la  estudiada estrategia para conseguir la victoria final.

No hay en la creación un ser viviente más perfecto que el ser humano. Para los que somos creyentes, Dios se “recreó” en la vida y moldeó al hombre y a la mujer dotándoles de inteligencia, voluntad y de un cuerpo con todos los resortes físicos y biológicos que le eran necesarios para su desarrollo vital; acompasar el motor cerebral con las articulaciones y el fluido sanguíneo que alimenta un organismo vivo como el nuestro,  depende exclusivamente del equilibrio mental y físico que desarrollemos a lo largo de nuestra existencia: Orandum est ut sit mens sāna in corpore sāno ( Orar para tener una mente sana en un cuerpo sano) una máxima que procede de las Sátiras del  cómico Juvenal del siglo II)

Si Rafa Nadal reza o se encomienda como los toreros antes de salir a la plaza corresponde a su ámbito exclusivamente privado, pero que está imbuido de un espíritu y fortaleza superior al resto de muchos mortales es un hecho tan evidente y comprobado que le hace entrar en la historia como lo hicieron los míticos Hércules, Aquiles o Teseo, héroes de la mitología griega, que se mostraban imbatibles ante el enemigo.

El mérito de Rafa Nadal no es solo la heroicidad de ser pluricampeón y figurar en el ranking de uno de los mejores tenistas del mundo de todos los tiempos, sino que su mérito es, además, saber despertar entre los españoles un sentimiento de orgullo patrio y ser al mismo tiempo la manifestación más clara de que el sacrificio personal, la constancia y el espíritu de ganador son valores que se consolidan desde la infancia: “yo no pensaba cuando tenía 13 o 14 años en ganar el Rolland Garros sino en prepararme, competir y ganar el trofeo que para entonces tenía que conseguir…”, sabia respuesta a una pregunta del también excampeón y entrevistador Alex Corretja, recién conquistado su prestigioso y doceavo trofeo en Francia.

Gracias Rafa.

Jorge Hernández Mollar

 

Educación Católica sobre gender: distinguir entre ideología y estudios

 

Varón y mujer los creó, para una vía de diálogo sobre la cuestión del gender en la educación, es el título del documento de la Congregación para la Educación Católica, publicado la mañana de este lunes, 10 de junio de 2019.

“La Congregación para la Educación Católica, dentro de sus competencias, tiene la intención de ofrecer algunas reflexiones que puedan orientar y apoyar a cuantos están comprometidos con la educación de las nuevas generaciones a abordar metódicamente las cuestiones más debatidas sobre la sexualidad humana, a la luz de la vocación al amor a la cual toda persona es llamada”, este es el objetivo del Documento presentado por este Dicasterio Vaticano sobre la cuestión del gender en la educación.

Una antropología contraria a la fe y a la justa razón

El Documento firmado por el Cardenal Giuseppe Versaldi, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, y el Arzobispo Vincenzo Zani, Secretario del mismo Dicasterio busca afrontar “una verdadera y propia emergencia educativa, en particular por lo que concierne a los temas de afectividad y sexualidad”. En muchos casos, evidencia el Documento, han sido estructurados y propuestos caminos educativos que «transmiten una concepción de la persona y de la vida pretendidamente neutra, pero que en realidad reflejan una antropología contraria a la fe y a la justa razón». La desorientación antropológica, que caracteriza ampliamente el clima cultural de nuestro tiempo – precisa el Documento – ha ciertamente contribuido a desestructurar la familia, con la tendencia a cancelar las diferencias entre el hombre y la mujer, consideradas como simples efectos de un condicionamiento histórico-cultural.

Una sociedad sin diferencias de sexo

En este contexto, citando Amoris Laetitia se evidencia que, la misión educativa enfrenta el desafío que «surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que “niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta – ideología – presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo”».

Una positiva y prudente educación sexual

Ante esta situación, la Congregación para la Educación Católica señala que, es evidente que la cuestión no puede ser aislada del horizonte más amplio de la educación al amor, la cual tiene que ofrecer, como lo señaló el Concilio Vaticano II, «una positiva y prudente educación sexual» dentro del derecho inalienable de todos de recibir «una educación, que responda al propio fin, al propio carácter; al diferente sexo, y  que  sea conforme a la cultura y a las tradiciones patrias, y, al mismo tiempo, esté abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos a fin de fomentar en la tierra la verdadera unidad y la paz. En este sentido, la Congregación para la Educación Católica ha ofrecido ulteriores profundizaciones en el documento: Orientaciones educativas sobre el amor humano. Pautas de educación sexual.

La sexualidad un elemento básico de la personalidad

Por ello, el Documento recuerda que, la visión antropológica cristiana ve en la sexualidad un elemento básico de la personalidad, un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los demás, de sentir, de expresar y de vivir el amor humano. Por eso, es parte integrante del desarrollo de la personalidad y de su proceso educativo. «Verdaderamente, en el sexo radican las notas características que constituyen a las personas como hombres y mujeres en el plano biológico, psicológico y espiritual, teniendo así mucha parte en su evolución individual y en su inserción en la sociedad». En el proceso de crecimiento «esta diversidad – se lee en el Documento – aneja a la complementariedad de los dos sexos, responde cumplidamente al diseño de Dios en la vocación enderezada a cada uno». «La educación afectivo-sexual considera la totalidad de la persona y exige, por tanto, la integración de los elementos biológicos, psico-afectivos, sociales y espirituales».

Metodología en tres actitudes: escuchar, razonar y proponer

La Congregación para la Educación Católica, tiene la intención de ofrecer algunas reflexiones que puedan orientar y apoyar a cuantos están comprometidos con la educación de las nuevas generaciones a abordar metódicamente las cuestiones más debatidas sobre la sexualidad humana, a la luz de la vocación al amor a la cual toda persona es llamada. “De esta manera – se precisa en el Documento – se quiere promover una metodología articulada en las tres actitudes de escuchar, razonar y proponer, que favorezcan el encuentro con las necesidades de las personas y las comunidades. De hecho, escuchar las necesidades del otro, así  como  la comprensión de las diferentes condiciones lleva a compartir elementos racionales y a prepararse para una educación cristiana arraigada en la fe que «todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre».

Distinguir entre “ideología” y “estudios”

Al emprender el camino del diálogo sobre la cuestión del gender en la educación, la Congregación para la Educación Católica señala que es necesario tener presente la diferencia entre la ideología del gender y las diferentes investigaciones sobre el gender llevadas a cabo por las ciencias humanas. Mientras que la ideología pretende, como señala Papa Francisco, «responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles» pero busca «imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños» y, por lo tanto, excluye el encuentro, no faltan las investigaciones sobre el gender que buscan de profundizar adecuadamente el modo en el cual se vive en diferentes culturas la diferencia sexual entre hombre y mujer. Es en relación con estas investigaciones que es posible abrirse a escuchar, razonar y proponer.

Un texto para quienes se preocupan de la educación

Finalmente, la Congregación para la Educación Católica encomienda este texto a quienes se preocupan de corazón por la educación, en particular a las comunidades educativas de las escuelas católicas y a cuantos, animados por la visión cristiana de la vida, trabajan en otras escuelas, a los padres, alumnos, directivos y personal, así como a los Obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos, movimientos eclesiales, asociaciones de fieles y otras organizaciones del sector.

 

 

La figura del padre: más vigente que nunca

Alianza LaFamilia.info y el Instituto de la Familia

20151506padre

 

Es un hecho: a los niños se les está negando cada vez más la oportunidad de conocer un modelo masculino y un estilo de conducta paterna. Hoy, por lo menos 40% de ellos, crece en familias sin papá, por causa del divorcio, la maternidad en solitario y los cambios de pareja.


La falta del padre supone para los niños perder protección física, compañía y afecto, además de recursos económicos. La psicología recalca que el padre no es un elemento pasivo en su desarrollo sino que desempeña un papel específico, esencial en su proceso educativo.


Esta ausencia marca la tendencia demográfica del momento y es la principal causa del retroceso en el bienestar de los niños. Es un factor que influye en los problemas sociales más urgentes que comprenden el embarazo de adolescentes, la violencia intrafamiliar, la delincuencia, el consumo de drogas entre los jóvenes o muchos casos de fracaso escolar (Universidad de Newcastle). A pesar de sus importantes consecuencias sociales, la carencia de padre es frecuentemente ignorada o negada.


En este contexto se está perdiendo algo más complejo: el concepto de paternidad. En otros momentos de la historia, como los tiempos de guerra por ejemplo, también se vieron padres ausentes pero con otra perspectiva; ahora nos enfrentamos a algo más que una simple pérdida física. El niño de los años 40 podía decir: “Mi padre tuvo que dejarme para hacer algo importante”. El niño de hoy tiene que decir: “Mi padre me abandonó porque quiso”.


El principal resultado de este fracaso es la propagación de un egoísmo que reacciona a todo lo que no sea el modo más pueril de entender la felicidad personal. Para la sociedad, la principal consecuencia es la continua fragmentación de esta en individuos aislados unos de otros y ajenos a las aspiraciones y realidades propias de la pertenencia a una familia, a una comunidad o a una nación. (David Blakenhorn Fatherless America Basic Books, New York, 1995).


Hacia el rescate de la figura paterna


Es importante, entonces, que la sociedad actual y las nuevas generaciones reflexionen acerca del rol de los padres y su verdadero compromiso en la formación de sus hijos:


1. Padre es aquel que participa activamente en todos los acontecimientos importantes de sus hijos.

 

2. Es aquel que organiza sus horarios para llegar temprano a casa.

 

3. Es un individuo equilibrado y maduro, que ve y acepta el embarazo como una oportunidad para amar más a la mujer que tiene a su lado.

 

4. Quiere disfrutar de sus hijos desde que nacen, sin sentirse relegado o atrapado por su nueva condición.

 

5. El padre de hoy debe ser tolerante, comprensivo, amoroso y razonable en todos sus actos.

 

6. Debe estar dispuesto a compartir las responsabilidades de crianza: alimentarlos, cambiar pañales, bañarlos, jugar con sus hijos.

 

7. Sabe identificar las actividades que tienen más importancia en su vida; reconoce que el aspecto financiero es indispensable pero no lo es todo; defiende los mejores momentos del día para estar con los hijos, con la esposa y no olvida ser amigo de sus amigos.

 

8. Es consciente de que las relaciones se deben cultivar (pareja, hijos, amigos, compañeros de trabajo) para hacerlas duraderas y positivas.


Una invitación a reflexionar


Si hiciéramos una encuesta sobre la figura del padre a personas mayores de 30 años, podríamos encontrar respuestas como estas: “Mi padre era extremadamente trabajador y lo admiraba, pero nunca pude tener confianza en él, siempre estaba ausente”. “Cuando llegaba a casa, mi madre nos pedía que no le diéramos problemas, pues venía cansado y por eso nunca le conté mis preocupaciones”. “A mi padre le molestaban los niños menores de 3 años, no les tenía paciencia”. “Mi madre siempre me amenazó con mi padre”…
¿Cuál sería tu respuesta? Si eres padre, no debes olvidar que la paternidad y los valores se transmiten solo con la convivencia, la cual implica establecer relaciones abiertas y cordiales con los hijos. Así, cuando ellos crezcan, habrán creado un vínculo basado en la confianza. De lo contrario, se sentirán incómodos los dos cuando estén juntos, y menos deseos tendrán de compartir el tiempo.
Para cultivar la confianza entre padre e hijo, es importante el refuerzo positivo; compartir situaciones que ocupan y preocupan, y evitar el empleo equivocado de "nunca haces nada bien". (Aaron Hass).
Los modelos masculinos se reconocen y se aprende de ellos si el padre está presente.
Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 12-06/11. Autor: Instituto de La Familia. Universidad de La Sabana

Alianza LaFamilia.info y el Instituto de la Familia

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Es un hecho: a los niños se les está negando cada vez más la oportunidad de conocer un modelo masculino y un estilo de conducta paterna. Hoy, por lo menos 40% de ellos, crece en familias sin papá, por causa del divorcio, la maternidad en solitario y los cambios de pareja.


La falta del padre supone para los niños perder protección física, compañía y afecto, además de recursos económicos. La psicología recalca que el padre no es un elemento pasivo en su desarrollo sino que desempeña un papel específico, esencial en su proceso educativo.


Esta ausencia marca la tendencia demográfica del momento y es la principal causa del retroceso en el bienestar de los niños. Es un factor que influye en los problemas sociales más urgentes que comprenden el embarazo de adolescentes, la violencia intrafamiliar, la delincuencia, el consumo de drogas entre los jóvenes o muchos casos de fracaso escolar (Universidad de Newcastle). A pesar de sus importantes consecuencias sociales, la carencia de padre es frecuentemente ignorada o negada.


En este contexto se está perdiendo algo más complejo: el concepto de paternidad. En otros momentos de la historia, como los tiempos de guerra por ejemplo, también se vieron padres ausentes pero con otra perspectiva; ahora nos enfrentamos a algo más que una simple pérdida física. El niño de los años 40 podía decir: “Mi padre tuvo que dejarme para hacer algo importante”. El niño de hoy tiene que decir: “Mi padre me abandonó porque quiso”.


El principal resultado de este fracaso es la propagación de un egoísmo que reacciona a todo lo que no sea el modo más pueril de entender la felicidad personal. Para la sociedad, la principal consecuencia es la continua fragmentación de esta en individuos aislados unos de otros y ajenos a las aspiraciones y realidades propias de la pertenencia a una familia, a una comunidad o a una nación. (David Blakenhorn Fatherless America Basic Books, New York, 1995).


Hacia el rescate de la figura paterna


Es importante, entonces, que la sociedad actual y las nuevas generaciones reflexionen acerca del rol de los padres y su verdadero compromiso en la formación de sus hijos:


1. Padre es aquel que participa activamente en todos los acontecimientos importantes de sus hijos.

 

2. Es aquel que organiza sus horarios para llegar temprano a casa.

 

3. Es un individuo equilibrado y maduro, que ve y acepta el embarazo como una oportunidad para amar más a la mujer que tiene a su lado.

 

4. Quiere disfrutar de sus hijos desde que nacen, sin sentirse relegado o atrapado por su nueva condición.

 

5. El padre de hoy debe ser tolerante, comprensivo, amoroso y razonable en todos sus actos.

 

6. Debe estar dispuesto a compartir las responsabilidades de crianza: alimentarlos, cambiar pañales, bañarlos, jugar con sus hijos.

 

7. Sabe identificar las actividades que tienen más importancia en su vida; reconoce que el aspecto financiero es indispensable pero no lo es todo; defiende los mejores momentos del día para estar con los hijos, con la esposa y no olvida ser amigo de sus amigos.

 

8. Es consciente de que las relaciones se deben cultivar (pareja, hijos, amigos, compañeros de trabajo) para hacerlas duraderas y positivas.


Una invitación a reflexionar


Si hiciéramos una encuesta sobre la figura del padre a personas mayores de 30 años, podríamos encontrar respuestas como estas: “Mi padre era extremadamente trabajador y lo admiraba, pero nunca pude tener confianza en él, siempre estaba ausente”. “Cuando llegaba a casa, mi madre nos pedía que no le diéramos problemas, pues venía cansado y por eso nunca le conté mis preocupaciones”. “A mi padre le molestaban los niños menores de 3 años, no les tenía paciencia”. “Mi madre siempre me amenazó con mi padre”…
¿Cuál sería tu respuesta? Si eres padre, no debes olvidar que la paternidad y los valores se transmiten solo con la convivencia, la cual implica establecer relaciones abiertas y cordiales con los hijos. Así, cuando ellos crezcan, habrán creado un vínculo basado en la confianza. De lo contrario, se sentirán incómodos los dos cuando estén juntos, y menos deseos tendrán de compartir el tiempo.
Para cultivar la confianza entre padre e hijo, es importante el refuerzo positivo; compartir situaciones que ocupan y preocupan, y evitar el empleo equivocado de "nunca haces nada bien". (Aaron Hass).
Los modelos masculinos se reconocen y se aprende de ellos si el padre está presente.
Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 12-06/11. Autor: Instituto de La Familia. Universidad de La Sabana

 

 

Viajeros, cada vez más humanos.

           Sin quererlo, sin buscarlo, sin saberlo, el universo, el planeta, la sociedad, las empresas y los seres humanos se están humanizando. No es una utopía, ni un deseo, ni siquiera la intuición de una mente privilegiada o el susurro del alma de algún místico; es, una realidad constatable.

          La búsqueda íntima y personal de la verdad y de la perfección no se puede encontrar en las noticias ni en las imágenes que los medios nos sirven. Nos quieren hacer creer que lo que "escuchamos o nos hacen ver" es lo que hay. Habrá quien lo crea y concluya que este mundo está loco y esta sociedad va a la deriva o de mal en peor. rruinan

          No es exactamente que sean mentira los telediarios, es que son una ínfima parte de la realidad. Una mínima mota girando en el espacio, en un universo de millones de soles y miles de millones de planetas, uno de ellos la Tierra, en el que hay 8,7 millones de especies, una de ellas, la humana, con 7.500 millones de personas, de las que en este país hay cerca de 50 millones. Ellos "ven" según quienes pagan su trabajo, personas y hechos puntuales, -cuanto más impactantes mejor- y, piensan  que la foto, el video o la transmisión de lo que "ven"  interesa a la sociedad, a nosotros.

http://belmontajo.blogspot.com.es/2017/02/una-mota-en-un-rayo-de-sol-nos... (04-02.2017)

          Si uno "se traga o acepta -sin más-" lo que le dicen los medios, o ellos quieren que veamos, no terminaremos "informados" sino que terminaremos aturdidos, trastornados, perturbados o desquiciados. Poco a poco, gota a gota, se machaca. En dos palabras: manipulados y enfermos. Y además, desconociendo el 99, 98% de la realidad. Solo dicen lo que les interesa.

http://www.outono.net/elentir/2019/06/09/dos-lesbianas-castran-y-descuartizan-a-un-nino-en-brasil-silencio-mediatico-en-europa/?fbclid=IwAR22R0eYIaqWPeS2M3NVx5XeuJIshBCzv0tRea7w-ThM0J-Is-XnUT0-bM0

         Lo dicho en este último párrafo se refiere a ti y a mí, a la familia, a quien llegan las noticias y tiene "la llave o el mando" para dejar o no dejar "entrar hasta la cocina" las noticias o telediarios, varias veces al día. Quiero decir que nosotros, -que "tenemos el mando"-, somos parte responsable por dejar pasar lo que nos golpea, desquicia o pone enfermos a nosotros y a la familia. Y es verdad, independientemente del medio o la cadena que, libremente cada persona o familia, haya escogido o permitido llegar, por sintonizar o por sintonía.

        Pero, ¿cuantos se plantean  apagar, se plantan, o seleccionan o buscan alternativas?  No sé  ni me interesa saber si son muchos o pocos. Lo que percibo es que en la medida que uno se hace más consciente, trata de encontrar lo que tranquiliza y humaniza; valora más la ética y la solidaridad; el respeto y la calidad de vida; la justicia y el derecho a ser uno mismo, sabiendo que uno mismo es sólo lo que  él elige ser en libertad.

        Es imprescindible que aprendamos a "ser" que es la  única realidad que está absolutamente por encima del aparentar y del tener. No importa "estar informado", ni siquiera "saber", importa "ser" que es el manantial de la vida y conecta con "toda vida" y con "todos los seres".

        Todo lo que nos ayuda a ser, nos hace más humanos. Ser y existir no es nada pasivo. Es un abismo de dimensiones inimaginables, donde todo es posible. Descubrirlas es mucho más que un reto; es la tarea de todo la vida. Pero en contra de lo que se suele pensar, la tarea no consiste en "hacer" algo, sino en "recordar" lo que somos. No hay casualidades. Todo está bien. Solo hay causalidades. Cuanto más conscientes de ello seamos, más felices.

         Eso invita a vivir confiados y con esperanza. Los deseos y los sueños llegan a cumplirse cuando llega el momento, cuando surgen de lo más intimo y en ellos se ha puesto el corazón. A eso invitaban los filósofos y sabios desde la antigüedad. El aforismo "conócete a ti mismo", estaba "puesto delante del templo" de Apolo, en Delfos, para que todos lo vieran y recordaran siempre allá donde viviera cada uno.

           Y toda la historia de la evolución y del progreso humano no son más que manifestaciones de lo que, con aciertos y fracasos, hemos descubierto hasta el momento, a través de muchas vidas.

          Hay quien entiende esa evolución como un anhelo de justicia e igualdad. Hoy, estamos más cerca, aunque parezca imposible o desconcierte a muchos. "No debemos hacer conjeturas o juzgar antes de escuchar y disfrutar".

https://youtu.be/pDPdRYF7hTQ

           El amor, encuentra siempre al ser amado, y la razón de su existencia. Pero no siempre lo descubrimos cuando quisiéramos, sino cuando estamos preparados. Puede desconcertar o causar cierta tristeza, incluso rabia, al creerse víctimas de una injusticia, y sin embargo son etapas que ayudan al progreso humano. Cambiar de rumbo no es una tragedia, para eso están los cruces de caminos. También el dolor es un crisol, que a veces, convierte en héroes a quienes se ven obligados a aceptar lo inevitable.

         Descubrir lo que somos en la sociedad que nos ha tocado vivir, no es un progreso lineal, porque tenemos un motor, pero no vamos por un mono raíl. El paraje que vamos atravesando es variado y pintoresco, con días serenos y llenos de luz, con momentos tormentosos, que producen inquietud y otros por el contrario alegrías. Hayamos viajado al mar o la montaña, estemos en le comodidad de casa o en las cuatro paredes de un hospital, cualquier lugar es bueno para descubrirnos o encontrarnos. Lo que nos falta puede ser una ganancia. Los maestros no siempre están en las aulas. Quien nos valora o nos aman siempre enseña y deja huella.

https://youtu.be/YpRr3218ssQ

       Puede verse más de, Albert Espinosa, en su libro: "El mundo amarillo".

       COMPARTIR NOS HACE HUMANOS.

       Hace unos días celebrábamos el día del cáncer infantil. El cáncer siempre es una enfermedad inesperada, que asusta. Los amos del mundo no son siempre los que triunfan ni los que más tienen. A veces son simplemente los  que luchan, están ahí, han vivido momentos importantes y, echan una mano, dan un consejo o ponen en pie un proyecto de esperanza. Tras haber descubierto su camino, no de forma sencilla, se afanan en descubrir el sentido de cada nacimiento y de cada partida de un ser querido, por temprana que sea.  La vida no se acaba.

        Comparten su vivencia con lo que puede hacer más humana la travesía de quienes se encuentran hoy donde ellos se encontraron hace poco. A veces tienen que revivir, pero  el sentimiento y las emociones también tienen niveles, momentos para manifestarse y energías renovadas, cuando se ha vivido intensamente. El cáncer se convirtió para ellos en la oportunidad de descubrir otro mundo, el del hijo/a que ha decidido partir antes que ellos. ¡No estaban preparados para dejarles ir, y lucharon hasta el final!. Descubrieron que la sociedad, la investigación, la medicina, tampoco estaba preparada para ayudarles.

         El amor hizo que sus hijos fueran felices siempre, tanto en el hospital como sobre todo en familia. Y el hijo o la hija se fue en paz. Pero a los papás les quedó la duda, de si un medicamento hubiera existido, o alguien les hubiera preparado para afrontar lo inesperado, todo hubiera sido distinto.

http://belmontajo.blogspot.com/2018/07/cronica-de-el-sueno-de-vicky-y-3.... (28/7/18).

         Hoy forman parte maravillosa, de fundaciones que ayudan a niños y a  padres. Los niños necesitan ambiente de cariño para sentirse uno más de la familia y ser capaces de jugar. La "Fundación más humano", ayuda a los padres a superar lo desconocido. La fundación "El sueño de Vicky", ayuda a recaudar fondos para la investigación del cáncer infantil y encontrar medicamentos que puedan vencer el cáncer. ¡Hay muchas vivencias en quienes han pasado por tener un hijo o una hija con cáncer y comunicar, compartir, en hospital o en centros, en la radio o en las Tv! ¡ Para quienes hoy están pasando por un trance así, conocer a esas personas es no estar solos y abrir la puerta humana para ser ayudados!

       Belén y Gonzalo, Laura y José María, y otros más, nos permiten escuchar el latido de la vida. Ese latido, demuestra que son gente maravillosa. Ellos y otros muchos, que luchan desde el amanecer, "son más numerosos" que la gente de la que suelen hablar los telediarios. Son auténticos héroes, con una fuerza y una autenticidad capaz de contagiar. ¡No viven en otro planeta! Somos coetáneos. Vivimos a un paso. Con ellos, sus retos y sus logros, y con sus fundaciones, la vida merece la pena porque es más sencilla y humana. Ayudan a descubrir prestaciones para mejor cuidar a los hijos. De alguna manera, iluminan el camino y "dejan su huella humana".

https://www.facebook.com/fundacionmashumano/videos/1603311333017362/

       No son siempre asociaciones, sino personas humanas concretas o familias enteras, que se implican, como Stephanie y Donnie Culley, del estado da Virginia, en Estados Unidos.  Ella dice que no podía negarse a la petición de su amiga Bath Laitkep, quien aquejada de un cáncer terminal, le pidió adoptar a sus 6 hijos (de 2 a 15 años), cuando ella muriese. Stephanie le respondió que "no sería nunca capaz de amarlos como ella, pero lo haría lo mejor que pudiese".

       Cuando su amiga falleció, se los llevó y los acogió y está tramitando el proceso de adopción. Aunque han tenido que crear una página de ayuda GoFundMe para financiar los gastos de la crianza de los niños, ellos ya se sienten como en casa, según dice Selena, la mayor.

       En todo caso, algo muy humano y digno de mención y de apoyo.

       POR CONTRASTE...algo distinto.  Con motivo del día del cáncer, aparece en los medios y abre los telediarios, una supuesta asociación contra el cáncer infantil, (en Aragón, España) que ha estafado y recaudado varios millones de euros y no han entregado ni un euro para ese fin.  

       Dos hechos relacionados con el cáncer, pero más opuestos que la noche y el día. ¿Cuál ha sido noticia? Pues, así la mayoría de los días. Que cada cual haga de "su mando" lo que quiera.

José Manuel Belmonte

 

 

Retrato de un portavoz amigo

Escrito por Antonio R. Rubio Plo

Publicado: 04 Mayo 2019

https://www.almudi.org/images/NavarroValls10N.jpg

El amor a la Verdad le llevó a no tener miedo a exponer la fe y la moral cristianas, y además a tomar iniciativa para salir al encuentro de sus contemporáneos, tal y como demostraron los viajes de Juan Pablo II a 133 países

Cuando unos amigos escriben un libro homenaje a otro amigo, afloran el cariño y los recuerdos inolvidables. En el caso de Joaquín Navarro-Valls estos recuerdos siempre serán inseparables de una vida junto a un Pontífice que le convirtió, para sorpresa suya, en su portavoz. Un portavoz caracterizado por la transparencia, la firmeza y la benevolencia, y que ejerció un oficio que antes nadie había desempeñado.

Para conocer un poco más su figura, se ha publicado Navarro Valls. El portavoz, una obra salpicada de anécdotas, en las que son coprotagonistas dos personas que llegaron a ser amigos: un médico periodista y san Juan Pablo II, contradiciendo a Platón cuando afirmaba que la amistad solo es posible entre iguales.

Mi recomendación es no leer el libro como si fuera una crónica vaticanista o un recuerdo nostálgico, ni tampoco como una relación de afectuosos testimonios sobre un hombre de amplias virtudes humanas e inquietudes intelectuales. No sería suficiente. Joaquín Navarro-Valls era, ante todo, un cristiano corriente en medio del mundo, que vivía su fe, y su devoción por el sucesor de Pedro, con plena naturalidad. Era un gran comunicador, como el jefe para el que trabajaba, aunque no confundía, como el viejo clericalismo, la comunicación con la evangelización, porque solo se puede anunciar la Verdad, que es Cristo, desde una institución legítima y creíble. Precisamente el amor a la Verdad le llevó a no tener miedo a exponer la fe y la moral cristianas, y además a tomar iniciativa para salir al encuentro de sus contemporáneos, tal y como demostraron los viajes de Juan Pablo II a 133 países.

Sin dejar de ser periodista, se comportó como un médico humanista, sobre todo en el período al frente del Campus Biomédico de Roma. Era de los que tratan a las personas como personas, no como meras historias clínicas.

Los testimonios de este libro resultan una sugerente invitación a relacionarse con los demás en un clima de amistad, sinceridad y confidencialidad. En ellos vemos a Joaquín Navarro-Valls como un amigo para todas las horas, tal y como decía Erasmo de Tomás Moro: un ser humano caracterizado por la espontaneidad y la sencillez. Descubrimos además al hombre de la benevolencia, de la que tanto habló en sus últimos años de su vida. Pero no se trata de buenas intenciones ni de filantropía. Es más bien el amor, el te voglio bene italiano del que da sin esperar nada a cambio.

Antonio R. Rubio Plo, en alfayomega.es.

 

 

Sagrado Corazón: un perdón misericordioso y amplio

El amor insondable de Jesús

Consideraciones para el Mes del Sagrado Corazón de Jesús

El simple enunciado del Nombre Santísimo de Jesús recuerda la idea del amor. ¡El amor insondable e infinito que llevó a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad a encarnarse!

El amor expresado a través de esa humillación incomprensible de un Dios que se manifiesta a los hombres como un niño pobre, que acaba de nacer en una gruta.

El amor que se manifiesta a través de aquellos treinta años de vida recogida, en la humildad de la más estricta pobreza, y en las fatigas incesantes de aquellos tres años de evangelización, en que el Hijo del Hombre recorrió caminos y atajos, transpuso montes, ríos y lagos, visitó ciudades y aldeas, atravesó desiertos y poblados, habló a ricos y pobres, esparciendo amor y recogiendo en la mayor parte del tiempo principalmente ingratitud.

¡El amor demostrado en aquella Cena suprema, precedida por la generosidad del lavado de los pies y coronada por la institución de la Eucaristía!

El amor de aquel ultimo beso dado a Judas, de aquella mirada suprema dirigida a San Pedro, de aquellas afrentas sufridas en la paciencia y en la mansedumbre, de aquellos sufrimientos soportados hasta la total consumación de las últimas fuerzas, de aquel perdón mediante el cual el Buen Ladrón robó el Cielo, de aquel don extremo de una Madre celestial a la humanidad miserable.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús

Altar barroco del Sagrado Corazón, en la iglesia de St Märgen, Austria

Cada uno de estos episodios fue meticulosamente estudiado por los sabios, piadosamente meditado por los Santos, maravillosamente reproducido por los artistas, y sobre todo inigualablemente celebrado por la liturgia de la Iglesia.

Para hablar sobre el Sagrado Corazón de Jesús, sólo hay un medio: es recapitular debidamente sobre cada uno de los episodios.

Realmente, venerando al Sagrado Corazón, la Santa Iglesia no quiere otra cosa sino prestar una especial alabanza al amor infinito que Nuestro Señor Jesucristo dispensó a los hombres. El corazón simboliza el amor, y dando culto al Corazón, la Iglesia celebra el Amor

La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús es por excelencia, la fiesta del amor de Dios.

En ella, la Iglesia nos propone como tema de meditación y como blanco de nuestras plegarias el amor tiernísimo e invariable de Dios, que hecho hombre, murió por nosotros.

Mostrándonos el Corazón de Jesús ardiendo de amor a despecho de las espinas con que lo circundamos por nuestras ofensas, la Iglesia abre para nosotros la perspectiva de un perdón misericordioso y amplio, de un amor infinito y perfecto, de una alegría completa e inmaculada, que deben constituir el encanto perenne de la vida espiritual de todos los verdaderos católicos.

Amemos al Sagrado Corazón de Jesús. Esforcémonos porque esa devoción triunfe auténticamente (no apenas a través de algunos simbolismos) en todos los hogares, en todos los ambientes y sobre todo en todos los corazones. Sólo así conseguiremos reformar al hombre contemporáneo.

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

El envidioso

El envidioso no aspira a emerger de su inferioridad; solo le interesa que al otro le vaya peor. No se considera capaz de conseguir por sí mismo, con esfuerzo, lo que envidia; sólo ansía que el otro no lo consiga. “La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.” (Francisco de Quevedo).

Dante Alighieri define la envidia como “amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos”. En el purgatorio de Dante, el castigo para los envidiosos era el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer.

La envidia es un sentimiento de frustración por alguna carencia propia  que el envidiado no padece. Como consecuencia, el envidioso sufre rencor y resentimiento. En vez de aceptar sus carencias y luchar por eliminarlas, el envidioso se limita a odiar a la persona que le recuerda su privación. Esto hace que, como afirma Bertrand Russell, la envidia sea una de las más fuertes causas de infelicidad, tanto en el envidioso como en el envidiado.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Lo primero, la eutanasia

Vayamos a las consecuencias prácticas de un posible pacto de investidura de izquierdas. Ya lo dijo Pedro Sánchez, lo primero, la eutanasia. Lo segundo intensificar la agenda de propuestas morales laicistas, que pasan por las leyes y programas de ideología de género, principalmente en las escuelas, ingeniería ética para una sociedad que está virando malamente haca un relativismo mezclado con un hedonismo.  Ojo con el cambio que se está produciendo en la identidad moral de la sociedad española.

Feminismo a ultranza. Eliminación de símbolos religiosos y servicios en lo público. Potenciar otras religiones para acabar con la hegemonía católica en la sociedad. Permisividad ante ataques, ofensas, vulneraciones de principios de convivencia social sobre lo religioso. La educación será un campo de batalla claro. Quizá en la única cuestión que se darán convergencias es en la de los vientres de alquiler y en las sociales, para una parte de los católicos. Lo cristiano ahí será fácilmente instrumentalizado.

El tema de los Acuerdos entre la Iglesia y el Estado, que es clave por lo que conlleva de forma de articular pactos va a estar pronto encima de la mesa. La apuesta del PSOE y Podemos es una nueva Ley de libertad religiosa en la que la Iglesia católica se equipare con el resto de las confesiones. Aquí se van a topar con la Constitución. De nuevo, vuelve la histórica cuestión religiosa a escena.

Juan García.

 

 

Eligen la asignatura de Religión

La enseñanza religiosa escolar no es catequesis ni debe quedar relegada al ámbito privado, como repiten algunos desde el desconocimiento o los anteojos ideológicos. Forma parte del derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones religiosas, derecho que es atendido subsidiariamente por la Escuela y el Estado, según prevé la Constitución Española.

Las importantes cifras dan la ocasión para agradecer el trabajo de los profesores de religión que, no siempre en situaciones sencillas, facilitan a los jóvenes el conocimiento de las raíces cristianas de nuestra sociedad y la propuesta de significado de la realidad y de la propia existencia que conllevan.

Es también una oportunidad para recordar a los poderes públicos que estos datos son una expresión libre y voluntaria de una parte muy importante de la población española, y que un Gobierno que se precie de promover y de atender lo que la gente demanda debería atender esta demanda adecuadamente.

Jesús Martínez Madrid

 

 

Más de 3.300.000 alumnos

La Comisión Episcopal de Enseñanza ha hecho públicos los datos anuales de los alumnos que eligen la opción de la enseñanza de religión católica en la escuela. Durante el curso 2018-2019 son más de tres millones trescientos mil, sumando los alumnos de las cuatro etapas en centros escolares públicos, privados y concertados. A pesar de las dificultades que a nadie se le escapan, de la marginación que sufre la asignatura, los datos vuelven a constatar una realidad que se repite cada año en un verdadero referéndum anual que padres y alumnos realizan. Recordemos que la enseñanza religiosa escolar no es catequesis ni debe quedar relegada al ámbito privado.

Suso do Madrid

 

 

¿Qué políticos queremos o... necesitamos?

Visto la situación política en general y en mayoría de países; necesario es preguntarse y plantearse lo que sintetiza mi titular de hoy.

Aún cuando sea “escribir al viento”; no me arredra ello puesto que lo vengo haciendo pasa ya de cuarenta años. Pero como se dice que la esperanza es lo último que se pierde yo (iluso) aún no la perdí... y no están los tiempos para esperanzas visto la caterva de inútiles que han arribado como plaga a la política en general y en particular a la de esta pobre España en la que vine a nacer.

Lo escribiré por enésima vez... “La política es el arte de gobernar bien a los pueblos”, todo lo demás no es política; por tanto todos estos arribistas fracasados, serán lo que sea pero de políticos no tienen nada y de estadistas mucho menos.

Queremos o mejor dicho necesitamos... políticos que sean de vocación, que no sean mercenarios de la política y que van a la misma, simplemente a conseguir todo lo que pueden y más, para sí mismos y para todos los de su cuerda, nepotes familiares incluidos. El pueblo no les importa nada, salvo las riquezas que de él extraen.
Necesitamos políticos honrados, trabajadores, austeros, buenos administradores del dinero público. Y no, no los necesitamos que sean “muy listos” (de esos ya hemos padecido y padecemos mucho); simplemente que tengan la suficiente inteligencia para calibrar lo que es un bien común y lo que es partidista y por tanto perjudicial para el conjunto que van a administrar; puesto que no olvidemos y recordémoselo siempre... ¡Son meros y simples administradores de un dinero que no es suyo y del que tienen que responder siempre! Es claro que para ello debieran existir leyes y un aparato judicial, que hoy no existe y a la vista están los abusos de todo tipo y que se hacen con el dinero del contribuyente, al que de paso lo han arruinado de forma miserable por la indefensión en que nos han situado y en la que seguimos estando.

Un político no tiene por qué saber de todo; como estos insensatos y en mayoría pretenden; un político tiene que recurrir a asesores, pero no esos asesores “de cabecera y cama”; que no son otra cosa que parásitos a mantener por el contribuyente. Un asesor se busca cuando se necesita y se busca entre los mejores que existan y oído y examinado la solución que aporten, entonces es cuando el político debe actuar y en caso de error, siempre podrá decir que lo asesoró el mejor o uno de los mejores y dará nombres y apellidos; puesto que un político no es un “dios”, ni falta que nos hace.

Queremos ver sus obras, sus buenas obras realizadas; puesto que nos importa un rábano si son altos o bajos, sus apellidos son vulgares o selectos, si son guapos o feos, si visten normalmente o a la última moda... No necesitamos verlos apenas para nada, por tanto que no salgan tanto a las primeras filas, para lucir su “jeta” y que dediquen el tiempo al menester por el que se les paga y ahora mucho más de lo que merecen; o sea a rendir el beneficio que por ello le deben a sus jefes verdaderos, que no son otros que los que les votamos y les entregamos (EN PRECARIO) un mandato del que tienen que rendir cuantas exhaustivas. Y si no valen, que se vayan cuanto antes, otros entrarán a relevarles, nadie somos insustituibles y un político también “es un nadie”.

No olvidemos la vieja sentencia de... “a rey muerto, rey puesto”.

Las leyes no deben ser para ser burladas por los que son los primeros en que debieran responder ante ellas y como dijera nada menos que Pitágoras, hace dos milenios y medio... “El que conoce las leyes debe ser castigado con mucha más severidad que el que las desconoce”.

Y esta sabia sentencia del considerado sabio de los sabios, sigue estando vigente, pero sigue imperando no la ley de la razón, si no la ley de la fuerza. Y los sistemas regidos de esta forma terminan mal, algunas veces muy mal y con los ríos de sangre que provocan. Nosotros tenemos no muy lejana aquella guerra civil, que tanta sangre derramó y mucha de ella inocente y ello ocurrió en los dos bandos; pese a lo que quieran decir los que les interesa hacer verdades de mentiras horribles. Y el motivo de la misma no fue otro que el resultado de unos nefastos políticos que no supieron gobernar de forma equitativa.
NOTA: Lo escribí en 2010… “Lo podía haber escrito esta mañana”.


Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (allí mucho más)