Las Noticias de hoy 06 Junio 2019

Ideas Claras

DE INTERES PARA HOY    jueves, 06 de junio de 2019       

Indice:

ROME REPORTS

“La unión entre todos los cristianos se basa en el único bautismo” – Catequesis del Papa

El Papa a los hispanohablantes: Que el Espíritu Santo nos impulse a “caminar juntos”

CHARIS, nuevo Servicio Internacional para la Renovación Carismática

El Papa invita a dedicar ‘un minuto a la paz’ el próximo sábado, 8 de junio

EL DON DE TEMOR DE DIOS: Francisco Fernandez Carbajal

“¿No estarás achicado, porque tu amor es corto?”: San Josemaria

Tema 2. La Revelación: Giuseppe Tanzella-Nitti

La acción del Espíritu Santo: Enrique Cases

Tres propuestas del Papa Francisco a los jóvenes: Lucas Buch

Pentecostés: la fiesta de la renovación: Moisés Matamoros

¿Cómo ser más eficaz en el trabajo cotidiano?: Raúl Espinoza Aguilera

Fracasos o éxitos: Antonio de Pedro Marquina

DIGNIDAD: María de los Ángeles Albornoz

En defensa del secreto de Confesión: Acción Familia

La destrucción del orden por excelencia: Plinio Corrêa de Oliveira

ROMERÍA AL SANTUARIO NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ: César Orrego Calderón

No hay dos tipos de envidia: Jesús Domingo Martínez

Esa mala hierba: Domingo Martínez Madrid

La auténtica alegría: José Morales Martín

Pensiones y los que nos explotan y explotaron: Antonio García Fuentes

Te  pido que reces por el PAPA FRANCISCO que el Señor le ilumine y por tu Obispo, si te queda un poco acuérdate de mí. Si estimas que vale la pena el “Boletín” difúndelo entre familiares y amigos. ¡¡¡Gracias!!!

Con el mayor afecto. Félix Fernández

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ROME REPORTS

 

 

 

“La unión entre todos los cristianos se basa en el único bautismo” – Catequesis del Papa

Francisco recuerda su viaje a Rumanía

junio 05, 2019 14:43Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 5 junio 2019).-El Santo Padre ha dedicado la catequesis de la audiencia general, esta mañana, 5 de junio de 2019, a su reciente viaje apostólico a Rumanía, realizado del 31 de mayo al 2 de junio. El pasaje bíblico leído era de la Carta a los Hebreos (12, 1-2 a).

Como anunciaba el lema del viaje, “he exhortado a ‘caminar juntos'”, ha aclarado el Papa, “y me alegró poder hacerlo no desde lejos, o desde arriba, sino caminando entre el pueblo rumano, como peregrino en su tierra”.

Como cristianos, ha anunciado, “tenemos la gracia de vivir una estación de relaciones fraternales entre las diferentes Iglesias”. En Rumanía, la mayoría de los fieles pertenecen a la Iglesia Ortodoxa, actualmente guiada por el Patriarca Daniel, “a quien va mi pensamiento fraternal y agradecido”, ha señalado.

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Comunidad católica “viva”

En este contexto, ha indicado que la comunidad católica, tanto “griega” como “latina”, está “viva y activa”, y ha mencionado que hay otra comunidad luterana que “profesa la fe en Jesucristo y tiene buenas relaciones con los ortodoxos y con los católicos”.

El Papa ha expresado también en la plaza de San Pedro que los diversos encuentros en el país europeo “resaltaron el valor y la necesidad de caminar juntos sea entre los cristianos, en el ámbito de la fe y de la caridad, sea entre los ciudadanos, en el ámbito del compromiso civil”.

Sufrimiento para la conversión

Asimismo, ha contado que celebró la Eucaristía con la comunidad católica en tres ocasiones. La última, en concreto, fue en rito bizantino, la Misa de beatificación de 7 obispos greco-católicos, roturados en los años del régimen comunista.

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“Uno de estos nuevos beatos, Mons. Iuliu Hossu, durante su encarcelamiento escribió: ‘Dios nos envió a estas tinieblas de sufrimiento para dar el perdón y orar por la conversión de todos'”, y añadió: “Pensando en las terribles torturas a las que fueron sometidos, estas palabras son un testimonio de misericordia”.

“Queridos hermanos y hermanas”, –ha exhortado a los presentes– “demos gracias a Dios por este viaje apostólico y pidámosle, a través de la intercesión de la Virgen María, que dé frutos abundantes para Rumanía y para la Iglesia en esas tierras”.

RD

Sigue el texto de la catequesis completa, pronunciada esta mañana en la audiencia general.

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Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El fin de semana pasado hice un viaje apostólico a Rumanía, invitado por el Presidente y la Primera Ministra. Les renuevo mi agradecimiento que extiendo a las otras Autoridades civiles y eclesiásticas, así como a todos aquellos que han colaborado en la realización de esta visita. Sobre todo, le doy gracias a Dios que ha permitido que el Sucesor de Pedro regresara a ese país, veinte años después de la visita de San Juan Pablo II.

En resumen, como anunciaba el lema del viaje, he exhortado a “caminar juntos”. Y me alegró poder hacerlo no desde lejos, o desde arriba, sino caminando entre el pueblo rumano, como peregrino en su tierra.

Los diversos encuentros resaltaron el valor y la necesidad de caminar juntos sea entre los cristianos, en el ámbito de la fe y de la caridad, sea entre los ciudadanos, en el ámbito del compromiso civil.

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Como cristianos, tenemos la gracia de vivir una estación de relaciones fraternales entre las diferentes Iglesias. En Rumanía, la mayoría de los fieles pertenecen a la Iglesia Ortodoxa, actualmente guiada por el Patriarca Daniel, a quien va mi pensamiento fraternal y agradecido. La comunidad católica, tanto “griega” como “latina”, está viva y activa. La unión entre todos los cristianos, aunque incompleta, se basa en el único bautismo y está sellada con la sangre y el sufrimiento sufrido en los tiempos oscuros de la persecución, particularmente en el último siglo bajo el régimen ateo. También hay otra comunidad luterana que profesa la fe en Jesucristo y tiene buenas relaciones con los ortodoxos y con los católicos.

Con el Patriarca y el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rumana tuvimos un encuentro muy cordial, en el cual reiteré el deseo de la Iglesia Católica de caminar juntos con la memoria reconciliada y hacia una unidad más completa, que el pueblo rumano invocó proféticamente durante la visita de San Juan Pablo II. Esta importante dimensión ecuménica del viaje culminó en la solemne oración del Padre Nuestro, dentro de la nueva e imponente catedral ortodoxa de Bucarest.

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Este fue un momento de fuerte valor simbólico, porque el Padre Nuestro es la oración cristiana por excelencia, patrimonio común de todos los bautizados. Nadie puede decir “Padre mío” y “Padre vuestro”; no, “Padre Nuestro”, patrimonio común de todos los bautizados. Manifestamos que la unidad no merma la diversidad legítima. ¡Qué el Espíritu Santo nos guíe a vivir cada vez más como hijos de Dios y hermanos entre nosotros!

Como comunidad católica celebramos tres Liturgias eucarísticas. La primera en la catedral de Bucarest, el 31 de mayo, en la fiesta de la Visitación de la Virgen María, icono de la Iglesia en el camino de fe y de caridad. La segunda eucaristía en el santuario de Sumuleu Ciuc, meta de muchos peregrinos. Allí, la Santa Madre de Dios reúne al pueblo fiel en la variedad de lenguas, culturas y tradiciones. Y la tercera celebración fue la Divina Liturgia en Blaj, centro de la Iglesia greco-católica en Rumania, con la beatificación de siete obispos greco-católicos, testigos de la libertad y de  la misericordia que vienen del Evangelio. Uno de estos nuevos beatos, Mons. Iuliu Hossu, durante su encarcelamiento escribió: “Dios nos envió a estas tinieblas de sufrimiento para dar el perdón y orar por la conversión de todos”.

Pensando en las terribles torturas a las que fueron sometidos, estas palabras son un testimonio de misericordia.

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Particularmente intenso y festivo fue el encuentro con los jóvenes y las familias, celebrado en Iaşi,  antigua ciudad e importante centro cultural, encrucijada entre Occidente y Oriente. Un lugar que invita a abrir caminos por los que caminar juntos, en la riqueza de la diversidad, en una libertad que no corta las raíces sino que ahonda en ellas de una manera creativa. También este encuentro tuvo un carácter mariano y terminó encomendando a los jóvenes y a las familias a la Santa Madre de Dios.

La última parada del viaje fue una visita a la comunidad rom de Blaj. En esa ciudad, los rom son muy numerosos, por eso quise saludarlos y renovar el llamamiento contra toda discriminación y por el respeto de las personas de cualquier etnia, idioma y religión.

Queridos hermanos y hermanas, demos gracias a Dios por este viaje apostólico y pidámosle, a través de la intercesión de la Virgen María, que dé frutos abundantes para Rumanía y para la Iglesia en esas tierras.

 

 

El Papa a los hispanohablantes: Que el Espíritu Santo nos impulse a “caminar juntos”

Ante la fiesta de Pentecostés

junio 05, 2019 16:12Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 5 junio 2019).- Ante la proximidad de la fiesta de Pentecostés, el Papa Francisco ha pedido a Dios el don del Espíritu Santo “para que sea Él quien nos impulse a ‘caminar juntos’ como hermanos” en la construcción de una “sociedad más fraterna” y en la “búsqueda de la unidad plena de todos los cristianos”.

Así lo ha dicho el Santo Padre al final de sus palabras en español, al dirigir un saludo a los peregrinos de lengua española, llegados de España y Latinoamérica, para participar en la audiencia general, este miércoles, 2 de junio de 2019.

“Tenemos la gracia de vivir un tiempo de relación fraterna entre las diferentes iglesias cristianas”, ha compartido el Papa esta mañana con los miles de visitantes su reciente viaje a Rumanía, en el que se encontró con el Patriarca y el Sínodo Permanente de la Iglesia Ortodoxa Rumana, beatificó a 7 obispos mártires de la Iglesia Greco-Católica y se reunió con un grupo de la comunidad gitana del país, en Blaj. “Que Dios los bendiga”, los ha saludado el Papa.

 

 

CHARIS, nuevo Servicio Internacional para la Renovación Carismática

El 6 y 7 de junio celebra su Conferencia Internacional

junio 05, 2019 11:59RedacciónMovimientos eclesiales

(ZENIT – 5 mayo 2019).- El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida estableció en diciembre de 2018 un nuevo servicio único para la corriente de gracia de Renovación Carismática Católica, dándole el nombre de CHARIS, Catholic Charismatic Renewal International Service, Servicio Internacional para la Renovación Carismática Católica.

Con motivo de su inicio, CHARIS organiza en Roma, del 6 al 7 de junio, una Conferencia Internacional para los líderes de la Renovación Carismática Católica en la que participan más de 550 personas.

Así informó la Oficina de la Santa Sede el pasado lunes, 3 de junio de 2019.

Conferencia Internacional

A continuación destacamos algunas de las actividades previstas en esta Conferencia Internacional de CHARIS.

El jueves 6 de junio, contará en su programa con diversas ponencias en torno a este nuevo servicio y a la Evangelización y con una adoración eucarística.

El viernes, 7 de junio, está previsto el encuentro con representantes de otras religiones cristianas y un momento de oración por la unidad de los cristianos. La Santa Misa de ese día será presidida por el Padre Alexander Awi Mello, Secretario del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Por la tarde habrá una mesa redonda que atenderá a las preguntas de los participantes en la sesión previa, “Caridad, Compasión y Servicio a los pobres”, a cargo del hermano James Sang Hyun Shin.

8 y 9 de junio

El 8 de junio tendrá lugar una mañana de testimonios y oraciones abierta a todos. Además, el Papa Francisco se encontrará con ellos en el Aula Pablo VI y dirigirá su mensaje a los carismáticos del mundo entero.

El domingo 9, todos los responsables de la Renovación Carismática asistirán en la Plaza de San Pedro a la Misa de Pentecostés.

CHARIS

CHARIS inicia su singladura el próximo 9 de junio, domingo de Pentecostés.  Ese mismo día dejan de existir ICCRS (International Catholic Charismatic Renewal Services) y Catholic Fraternity.

Servicio de comunión

CHARIS, un proyecto muy deseado por el Papa Francisco, es ante todo un servicio de comunión entre todas las realidades de la Renovación Carismática Católica, que cuenta actualmente con más de 120 millones de católicos en el mundo que viven la experiencia del bautismo en el espíritu a través de tres expresiones diferentes: grupos de oración, comunidades y escuelas de evangelización, redes de comunicaciones y diversos ministerios.

Finalidad

Su objetivo es despertar la comunión entre todas estas realidades a nivel nacional, continental y global y el estatuto destaca la importancia de difundir la gracia del bautismo en el espíritu, el trabajo por la unidad de los cristianos, el servicio a los pobres y la participación en la misión evangelizadora de toda la Iglesia.

 

 

El Papa invita a dedicar ‘un minuto a la paz’ el próximo sábado, 8 de junio

A los 5 años del encuentro con los presidentes de Israel y Palestina

junio 05, 2019 13:23Rosa Die AlcoleaAudiencia General

(ZENIT – 5 junio 2019).- Antes de concluir la audiencia general, el Papa ha hecho un llamamiento a orar por la paz en el mundo el próximo sábado, 8 de junio de 2019, con motivo del 5º aniversario del encuentro que celebró en el Vaticano con los Presidentes de Israel y de Palestina, junto al Patriarca Bartolomé, líder de la Iglesia Ortodoxia Rusa.

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Así, el Santo Padre ha hecho esta invitación: “A las 13 horas estamos invitados a dedicar ‘un minuto a la paz’ – de oración, a los creyentes; de reflexión, para quienes no creen: todos juntos por un mundo más fraterno. Gracias a la Acción Católica Internacional que promueve esta iniciativa”.

El pasado 8 de junio de 2014, el Papa reunió al presidente de Israel, Shimon Peres, y al presidente de Palestina, Mahmud Abbas, en su casa, en el Vaticano, para rezar por la paz. Fue en los Jardines Vaticanos donde se celebró este histórico encuentro de oración por la paz, con la participación de Bartolomé I.

 

 

EL DON DE TEMOR DE DIOS

— El temor servil y el santo temor de Dios. Consecuencias de este don en el alma.

— El santo temor de Dios y el empeño por rechazar todo pecado.

— Relaciones de este don con las virtudes de la humildad y de la templanza. Delicadeza de alma y sentido del pecado.

I. Dice Santa Teresa que ante tantas tentaciones y pruebas que hemos de padecer, el Señor nos otorga dos remedios: «amor y temor». «El amor nos hará apresurar los pasos, y el temor nos hará ir mirando adónde ponemos los pies para no caer»1.

Pero no todo temor es bueno. Existe el temor mundano2, propio de quienes temen sobre todo el mal físico o las desventajas sociales que pueden afectarles en esta vida. Huyen de las incomodidades de aquí abajo, mostrándose dispuestos a abandonar a Cristo y a su Iglesia en cuanto prevén que la fidelidad a la vida cristiana puede causarles alguna contrariedad. De ese temor se originan los «respetos humanos», y es fuente de incontables capitulaciones y el origen de la misma infidelidad.

Es muy diferente el llamado temor servil, que aparta del pecado por miedo a las penas del infierno o por cualquier otro motivo interesado de orden sobrenatural. Es un temor bueno, pues para muchos que están alejados de Dios puede ser el primer paso hacia su conversión y el comienzo del amor3. No debe ser este el motivo principal del cristiano, pero en muchos casos será una gran defensa contra la tentación y los atractivos con que se reviste el mal.

El que teme no es perfecto en la caridad4 –nos dejó escrito el Apóstol San Juan–, porque el cristiano verdadero se mueve por amor y está hecho para amar. El santo temor de Dios, don del Espíritu Santo, es el que reposó, con los demás dones, en el Alma santísima de Cristo, el que llenó también a la Santísima Virgen; el que tuvieron las almas santas, el que permanece para siempre en el Cielo y lleva a los bienaventurados, junto a los ángeles, a dar una alabanza continua a la Santísima Trinidad. Santo Tomás enseña que este don es consecuencia del don de sabiduría y como su manifestación externa5.

Este temor filial, propio de hijos que se sienten amparados por su Padre, a quien no desean ofender, tiene dos efectos principales. El más importante, puesto que es el único que se dio en Cristo y en la Santísima Virgen, es un respeto inmenso por la majestad de Dios, un hondo sentido de lo sagrado y una complacencia sin límites en su bondad de Padre. En virtud de este don las almas santas han reconocido su nada delante de Dios. También nosotros podemos repetir con frecuencia, reconociendo nuestra nulidad, y quizá a modo de jaculatoria, aquello que con tanta frecuencia repetía San Josemaría Escrivá: no valgo nada, no tengo nada, no puedo nada, no sé nada, no soy nada, ¡nada!6, a la vez que reconocía la grandeza inconmensurable de sentirse y de ser hijo de Dios.

Durante la vida terrena, se da otro efecto de este don: un gran horror al pecado y, si se tiene la desgracia de cometerlo, una vivísima contrición. Con la luz de la fe, esclarecida por los resplandores de los demás dones, el alma comprende algo de la trascendencia de Dios, de la distancia infinita y del abismo que abre el pecado entre el hombre y Dios.

El don de temor nos ilumina para entender que «en la raíz de los males morales que dividen y desgarran la sociedad está el pecado»7. Y el don de temor nos lleva a aborrecer también el pecado venial deliberado, a reaccionar con energía contra los primeros síntomas de la tibieza, la dejadez o el aburguesamiento. En determinadas ocasiones de nuestra vida quizá nos veamos necesitados de repetir con energía, como una oración urgente: «¡No quiero tibieza!: “confige timore tuo carnes meas!” —¡dame, Dios mío, un temor filial, que me haga reaccionar!»8.

II. Amor y temor. Con este bagaje hemos de hacer el camino. «Cuando el amor llega a eliminar del todo el temor, el mismo temor se transforma en amor»9. Es el temor del hijo que ama a su Padre con todo su ser y que no quiere separarse de Él por nada del mundo. Entonces, el alma comprende mejor la distancia infinita que la separa de Dios, y a la vez su condición de hijo. Nunca como hasta ese momento ha tratado a Dios con más confianza, nunca tampoco le ha tratado con más respeto y veneración. Cuando se pierde el temor santo de Dios, se diluye o se pierde el sentido del pecado y entra con facilidad la tibieza en las almas. Se pierde el sentido del poder, de la Majestad de Dios y del honor que se le debe.

Nuestro acercamiento al mundo sobrenatural no lo podemos llevar a cabo intentando inútilmente eliminar la trascendencia de Dios, sino a través de esa divinización que produce la gracia en nosotros, mediante la humildad y el amor, que se expresa en la lucha por desterrar todo pecado de nuestra vida.

«El primer requisito para desterrar ese mal (...), es procurar conducirse con la disposición clara, habitual y actual, de aversión al pecado. Reciamente, con sinceridad, hemos de sentir –en el corazón y en la cabeza– horror al pecado grave. Y también ha de ser nuestra actitud, hondamente arraigada, de abominar del pecado venial deliberado, de esas claudicaciones que no nos privan de la gracia divina, pero debilitan los cauces por los que nos llega»10. Muchos parecen hoy haber perdido el santo temor de Dios. Olvidan quién es Dios y quiénes somos nosotros, olvidan la Justicia divina y así se animan a seguir adelante en sus desvaríos11. La meditación del fin último, de los Novísimos, de aquella realidad que veremos dentro quizá de no mucho tiempo: el encuentro definitivo con Dios, nos dispone para que el Espíritu Santo nos conceda con más amplitud ese don que tan cerca está del amor.

III. De muchas formas nos dice el Señor que a nada debemos tener miedo, excepto al pecado, que nos quita la amistad con Dios. Ante cualquier dificultad, ante el ambiente, ante un futuro incierto... no debemos temer, debemos ser fuertes y valerosos, como corresponde a hijos de Dios. Un cristiano no puede vivir atemorizado, pero sí debe llevar en el corazón un santo temor de Dios, al que por otra parte ama con locura.

A lo largo del Evangelio, «Cristo repite varias veces: No tengáis miedo... no temáis. Y a la vez, junto a estas llamadas a la fortaleza, resuena la exhortación: Temed, temed más bien al que puede enviar el cuerpo y el alma al infierno (Mt 10, 28). Somos llamados a la fortaleza y, a la vez, al temor de Dios, y este debe ser temor de amor, temor filial. Y solamente cuando este temor penetre en nuestros corazones, podremos ser realmente fuertes con la fortaleza de los Apóstoles, de los mártires, de los confesores»12.

Entre los efectos principales que causa en el alma el temor de Dios está el desprendimiento de las cosas creadas y una actitud interior de vigilia para evitar las menores ocasiones de pecado. Deja en el alma una particular sensibilidad para detectar todo aquello que puede contristar al Espíritu Santo13.

El don de temor se halla en la raíz de la humildad, en cuanto da al alma la conciencia de su fragilidad y la necesidad de tener la voluntad en fiel y amorosa sumisión a la infinita Majestad de Dios, situándonos siempre en nuestro lugar, sin querer ocupar el lugar de Dios, sin recibir honores que son para la gloria de Dios. Una de las manifestaciones de la soberbia es el desconocimiento del temor de Dios.

Junto a la humildad, tiene el don de temor de Dios una singular afinidad con la virtud de la templanza, que lleva a usar con moderación de las cosas humanas subordinándolas al fin sobrenatural. La raíz más frecuente del pecado se encuentra precisamente en la búsqueda desordenada de los placeres sensibles o de las cosas materiales, y ahí actúa este don, purificando el corazón y conservándolo entero para Dios.

El don de temor es por excelencia el de la lucha contra el pecado. Todos los demás dones le ayudan en esta misión particular: las luces de los dones de entendimiento y de sabiduría le descubren la grandeza de Dios y la verdadera significación del pecado; las directrices prácticas del don de consejo le mantienen en la admiración de Dios; el don de fortaleza le sostiene en una lucha sin desfallecimientos contra el mal14.

Este don, que fue infundido con los demás en el Bautismo, aumenta en la medida en que somos fieles a las gracias que nos otorga el Espíritu Santo; y de modo específico, cuando consideramos la grandeza y majestad de Dios, cuando hacemos con profundidad el examen de conciencia, descubriendo y dando la importancia que tiene a nuestras faltas y pecados. El santo temor de Dios nos llevará con facilidad a la contrición, al arrepentimiento por amor filial: «amor y temor de Dios. Son dos castillos fuertes, desde donde se da guerra al mundo y a los demonios»15.

El santo temor de Dios nos conducirá con suavidad a una prudente desconfianza de nosotros mismos, a huir con rapidez de las ocasiones de pecado; y nos inclinará a una mayor delicadeza con Dios y con todo lo que a Él se refiere. Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude mediante este don a reconocer sinceramente nuestras faltas y a dolernos verdaderamente de ellas. Que nos haga reaccionar como el salmista: ríos de lágrimas derramaron mis ojos, porque no observaron tu ley16. Pidámosle que, con delicadeza de alma, tengamos muy a flor de piel el sentido del pecado.

1 Santa Teresa, Camino de perfección, 40, 1. — 2 Cfr. M. M. Philipon, Los dones del Espíritu Santo, Palabra, Madrid 1983, p. 325. — 3 Eclo 25, 16. — 4 Jn 4, 18. — 5 Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2, q. 45, a. 1, ad 3. — 6 Citado por A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid 1933, p. 383. — 7 Juan Pablo II, Carta de presentación del «Instrumentum laboris» para el VI Back to topSínodo de Obispos, 25-I-1983. — 8 Cfr. San Josemaría Escrivá, Camino, n. 326. — 9 San Gregorio de Nisa, Homilía 15. 10 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 243. — 11 Cfr. ídem, Camino, n. 747. — 12 Juan Pablo II, Discurso a los nuevos cardenales, 30-VI-1979. — 13 Ef 4, 30. — 14 Cfr. M. M. Philipon, o. c., p. 332. — 15 Santa Teresa, o. c., 40, 2. — 16 Sal 118, 136.

 

 

“¿No estarás achicado, porque tu amor es corto?”

La gracia de Dios no te falta. Por lo tanto, si correspondes, debes estar seguro. El triunfo depende de ti: tu fortaleza y tu empuje –unidos a esa gracia– son razón más que suficiente para darte el optimismo de quien tiene segura la victoria. (Surco, 80)

No seáis almas de vía estrecha, hombres o mujeres menores de edad, cortos de vista, incapaces de abarcar nuestro horizonte sobrenatural cristiano de hijos de Dios. ¡Dios y audacia! (Surco, 96)
Audacia no es imprudencia, ni osadía irreflexiva, ni simple atrevimiento.
La audacia es fortaleza, virtud cardinal, necesaria para la vida del alma. (Surco, 97)
He leído un proverbio muy popular en algunos países: "el mundo es de Dios, pero Dios lo alquila a los valientes", y me ha hecho reflexionar.
–¿A qué esperas? (Surco, 99)
No soy el apóstol que debiera ser. Soy... el tímido.
–¿No estarás achicado, porque tu amor es corto? –¡Reacciona! (Surco, 100)

 

Tema 2. La Revelación

Dios se ha revelado como Ser personal, a través de una historia de salvación, creando y educando a un pueblo para que fuese custodio de su Palabra y para preparar en él la Encarnación de Jesucristo.

Resúmenes de fe cristiana30/12/2016

Opus Dei - Tema 2. La RevelaciónLa Revelación divina se realiza con palabras y obras.

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1. Dios se revela a los hombres

«Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» [1] (cfr. Catecismo, 51).

La revelación de Dios tiene como su primer paso la creación, donde Él ofrece un perenne testimonio de sí mismo [2] (cfr. Catecismo, 288). A través de las criaturas Dios se ha manifestado y se manifiesta a los hombres de todos los tiempos, haciéndoles conocer su bondad y sus perfecciones. Entre estas, el ser humano, imagen y semejanza de Dios, es la criatura que en mayor grado revela a Dios. Sin embargo, Dios ha querido revelarse como Ser personal, a través de una historia de salvación, creando y educando a un pueblo para que fuese custodio de su Palabra dirigida a los hombres y para preparar en él la Encarnación de su Verbo, Jesucristo [3] (cfr. Catecismo, 54-64). En Él, Dios revela el misterio de su vida trinitaria: el proyecto del Padre de recapitular en su Hijo todas las cosas y de elegir y adoptar a todos los hombres como hijos en Su Hijo (cfr. Ef 1,3-10; Col 1,13-20), reuniéndolos para participar de Su eterna vida divina por medio del Espíritu Santo. Dios se revela y cumple su plan de salvación mediante las misiones del Hijo y del Espíritu Santo en la historia [4].

Son contenido de la Revelación tanto las verdades naturales, que el ser humano podría conocer también mediante la sola razón, como las verdades que exceden la razón humana y que pueden ser conocidas solamente por la libre y gratuita bondad con que Dios se revela. Objeto principal de la Revelación divina no son verdades abstractas sobre el mundo y el hombre: su núcleo substancial es el ofrecimiento por parte de Dios del misterio de su vida personal y la invitación a tomar parte en ella.

La Revelación divina se realiza con palabras y obras; es de modo inseparable misterio y evento; manifiesta al mismo tiempo una dimensión objetiva (palabra que revela verdad y enseñanzas) y subjetiva (palabra personal que ofrece testimonio de sí e invita al diálogo). Esta Revelación, por tanto, se comprende y se transmite como verdad y como vida [5] (cfr. Catecismo, 52-53).

Además de las obras y los signos externos con los que se revela, Dios concede el impulso interior de su gracia para que los hombres puedan adherirse con el corazón a las verdades reveladas (cfr. Mt 16,17; Jn 6,44). Esta íntima revelación de Dios en los corazones de los fieles no debe confundirse con las llamadas “revelaciones privadas”, las cuales, aunque son acogidas por la tradición de santidad de la Iglesia, no transmiten ningún contenido nuevo y original sino que recuerdan a los hombres la única Revelación de Dios realizada en Jesucristo, y exhortan a ponerla en práctica (cfr. Catecismo, 67).

2. La Sagrada Escritura, testimonio de la Revelación

El pueblo de Israel, bajo inspiración y mandato de Dios, a lo largo de los siglos ha puesto por escrito el testimonio de la Revelación de Dios en su historia, relacionándola directamente con la revelación del único y verdadero Dios hecha a nuestros Padres. A través de la Sagrada Escritura, las palabras de Dios se manifiestan con palabras humanas, hasta asumir, en el Verbo Encarnado, la misma naturaleza humana. Además de las Escrituras de Israel, acogidas por la Iglesia, y conocidas como Antiguo o Primer Testamento, los apóstoles y los primeros discípulos pusieron también ellos por escrito el testimonio de la Revelación de Dios tal y como se ha realizado plenamente en Su Verbo, de cuyo pasar terreno fueron testigos, de modo particular del misterio pascual de su muerte y resurrección, dando así origen a los libros del Nuevo Testamento.

La verdad de que el Dios, del cual las Escrituras de Israel dan testimonio, es el único y verdadero Dios, creador del cielo y de la tierra, se pone en evidencia, en particular, en los “libros sapienciales”. Su contenido supera los confines del pueblo de Israel para suscitar el interés por la experiencia común del género humano ante los grandes temas de la existencia, desde el sentido del cosmos hasta el sentido de la vida del hombre (Sabiduría); desde los interrogantes sobre la muerte y lo que viene tras ella hasta el significado de la actividad humana sobre la tierra (Qoelet); desde las relaciones familiares y sociales hasta la virtud que debe regularlas para vivir según los planes de Dios creador y alcanzar así la plenitud de la propia humanidad (Proverbios, Sirácide, etc.).

Dios es el autor de la Sagrada Escritura, que los autores sagrados (hagiógrafos), también ellos autores del texto, han redactado con la inspiración del Espíritu Santo. Para su composición, Él «eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias facultades y medios, de forma que obrando Él en ellos y por ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo lo que Él quería» [6] (cfr. Catecismo, 106). Todo lo que los escritores sagrados afirman puede considerarse afirmado por el Espíritu Santo: «hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras» [7].

Para comprender correctamente la Sagrada Escritura hay que tener presente los sentidos de la Escritura —literal y espiritual; este último reconocible también en alegórico, moral y anagógico— y los diversos géneros literarios en los que han sido redactados los diferentes libros o partes de los mismos (cfr. Catecismo, 110, 115-117). En particular, la Sagrada Escritura debe ser leída en la Iglesia, o sea, a la luz de su tradición viva y de la analogía de la fe (cfr. Catecismo, 111-114): la Escritura debe ser leída y comprendida en el mismo Espíritu en el cual ha sido escrita.

Los diversos estudiosos que se esfuerzan para interpretar y profundizar el contenido de la Escritura proponen sus resultados a partir de su personal autoridad científica. Al Magisterio de la Iglesia le corresponde la función de formular una interpretación auténtica, vinculante para los fieles, basada sobre la autoridad del Espíritu que asiste al ministerio docente del Romano Pontífice y de los Obispos en comunión con él. Gracias a esta asistencia divina, la Iglesia, ya desde los primeros siglos, reconoció qué libros contenían el testimonio de la Revelación, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, formulando así el “canon” de la Sagrada Escritura (cfr. Catecismo, 120-127).

Una recta interpretación de la Sagrada Escritura, reconociendo los diferentes sentidos y géneros literarios presentes en ella, es necesaria cuando los autores sagrados describen aspectos del mundo que pertenecen también al ámbito de las ciencias naturales: la formación de los elementos del cosmos, la aparición de las diversas formas de vida sobre la tierra, el origen del género humano, los fenómenos naturales en general. Debe evitarse el error del fundamentalismo, que no se separa del sentido literal y del género histórico, cuando sería lícito hacerlo. También debe evitarse el error de quien considera las narraciones bíblicas como formas puramente mitológicas, sin ningún contenido de verdad que transmitir sobre la historia de los acontecimientos y su radical dependencia de la voluntad de Dios [8].

3. La Revelación como historia de la salvación culminada en Cristo

Como diálogo entre Dios y los hombres, a través del cual Él les invita a participar de Su vida personal, la Revelación se manifiesta desde el inicio con un carácter de “alianza” que da origen a una “historia de la salvación”. «Queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural, se manifestó, además, personalmente a nuestros primeros padres ya desde el principio. Después de su caída alentó en ellos la esperanza de la salvación, con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras. En su tiempo llamó a Abraham para hacerlo padre de un gran pueblo, al que luego instruyó por los Patriarcas, por Moisés y por los Profetas para que lo reconocieran Dios único, vivo y verdadero, Padre providente y justo juez, y para que esperaran al Salvador prometido, y de esta forma, a través de los siglos, fue preparando el camino del Evangelio» [9].

Iniciada ya con la creación de nuestros primeros padres y la elevación a la vida de la gracia, que les permitía participar de la intimidad divina, y luego prefigurada en el pacto cósmico con Noé, la alianza de Dios con el hombre se revela de modo explícito con Abraham y después, de manera particular, con Moisés, al cual Dios entrega las Tablas de la Alianza. Tanto la numerosa descendencia prometida a Abraham, en la cual serían bendecidas todas las naciones de la tierra, como la ley entregada a Moisés, con los sacrificios y el sacerdocio que acompañan al culto divino, son preparaciones y figura de la nueva y eterna alianza sellada en Jesucristo, Hijo de Dios, realizada y revelada en su Encarnación y en su sacrificio pascual. La alianza en Cristo redime del pecado de los primeros padres, que rompieron con su desobediencia el primer ofrecimiento de alianza por parte de Dios creador.

La historia de la salvación se manifiesta como una grandiosa pedagogía divina que apunta hacia Cristo. Los profetas, cuya función era recordar la alianza y sus exigencias morales, hablan especialmente de Él, el Mesías prometido. Ellos anuncian la economía de una nueva alianza, espiritual y eterna, escrita en los corazones; será Cristo el que la revelará con las Bienaventuranzas y las enseñanzas del evangelio, promulgando el mandamiento de la caridad, realización y cumplimiento de toda la Ley.

Jesucristo es simultáneamente mediador y plenitud de la Revelación; Él es el Revelador, la Revelación y el contenido de la misma, en cuanto Verbo de Dios hecho carne: «Dios, que había ya hablado en los tiempos antiguos muchas veces y de diversos modos a nuestros padres por medio de los profetas, últimamente, en nuestros días, nos ha hablado por medio de su Hijo, que ha sido constituido heredero de todas las cosas y por medio del cual ha sido hecho también el mundo» (Hb 1,1-2). Dios, en Su Verbo, ha dicho todo y de modo concluyente: «La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo» [10] (cfr. Catecismo, 65-66). De modo particular, la realización y plenitud de la Revelación divina se manifiestan en el misterio pascual de Jesucristo, es decir, en su pasión, muerte y resurrección, como Palabra definitiva en la cual Dios ha manifestado la totalidad de su amor de condescendencia y ha renovado el mundo. Solamente en Jesucristo, Dios revela el hombre a sí mismo, y le hace comprender cuál es su dignidad y altísima vocación [11].

La fe, en cuanto virtud es la respuesta del hombre a la revelación divina, una adhesión personal a Dios en Cristo, motivada por sus palabras y por las obras que Él realiza. La credibilidad de la revelación se apoya sobre todo en la credibilidad de la persona de Jesucristo, en toda su vida. Su posición de mediador, plenitud y fundamento de la credibilidad de la Revelación, diferencian la persona de Jesucristo de cualquier otro fundador de una religión, que no solicita de sus seguidores que tengan fe en él, ni pretende ser la plenitud y realización de lo que Dios quiere revelar, sino solamente se propone como mediador para hacer que los hombres conozcan tal revelación.

4. La transmisión de la Revelación divina

La Revelación divina está contenida en las Sagradas Escrituras y en la Tradición, que constituyen un único depósito donde se custodia la palabra de Dios [12]. Éstas son interdependientes entre sí: la Tradición transmite e interpreta la Escritura, y ésta, a su vez, verifica y convalida cuanto se vive en la Tradición [13] (cfr. Catecismo, 80-82).

La Tradición, fundada sobre la predicación apostólica, testimonia y transmite de modo vivo y dinámico cuanto la Escritura ha recogido a través de un texto fijado. «Esta Tradición, que deriva de los Apóstoles, progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo: puesto que va creciendo en la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, ya por la contemplación y el estudio de los creyentes, que las meditan en su corazón y, ya por la percepción íntima que experimentan de las cosas espirituales, ya por el anuncio de aquellos que con la sucesión del episcopado recibieron el carisma cierto de la verdad» [14].

Las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, las de los Padres de la Iglesia, la oración de la Liturgia, el sentir común de los fieles que viven en gracia de Dios, y también realidades cotidianas como la educación en la fe transmitida por parte de los padres a sus hijos o el apostolado cristiano, contribuyen a la transmisión de la Revelación divina. De hecho, lo que fue recibido por los apóstoles y transmitido a sus sucesores, los Obispos, comprende «todo lo necesario para que el Pueblo de Dios viva santamente y aumente su fe, y de esta forma la Iglesia, en su doctrina, en su vida y en su culto perpetúa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que cree» [15]. La gran Tradición apostólica debe distinguirse de las diversas tradiciones, teológicas, litúrgicas, disciplinares, etc. cuyo valor puede ser limitado e incluso provisional (cfr. Catecismo, 83).

La realidad conjunta de la Revelación divina como verdad y como vida implica que el objeto de la transmisión no sea solamente una enseñanza, sino también un estilo de vida: doctrina y ejemplo son inseparables. Lo que se transmite es, efectivamente, una experiencia viva, la del encuentro con Cristo resucitado y lo que este evento ha significado y sigue significando para la vida de cada uno. Por este motivo, al hablar de la transmisión de la Revelación, la Iglesia habla de fides et mores, fe y costumbres, doctrina y conducta.

5. El Magisterio de la Iglesia, custodio e intérprete autorizado de la Revelación

«El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado exclusivamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejercita en nombre de Jesucristo» [16], es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma. Este oficio del Magisterio de la Iglesia es un servicio a la palabra divina y tiene como fin la salvación de las almas. Por tanto «este Magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer» [17]. Las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia representan el lugar más importante donde está contenida la Tradición apostólica: el Magisterio es, respecto a esta tradición, como su dimensión sacramental.

La Sagrada Escritura, la Sagrada Tradición y el Magisterio de la Iglesia constituyen, por tanto, una cierta unidad, de modo que ninguna de estas realidades puede subsistir sin las otras [18]. El fundamento de esta unidad es el Espíritu Santo, Autor de la Escritura, protagonista de la Tradición viva de la Iglesia, guía del Magisterio, al que asiste con sus carismas. En su origen, las iglesias de la Reforma protestante quisieron seguir la sola Scriptura, dejando su interpretación a los fieles individualmente: tal posición ha dado lugar a la gran dispersión de las confesiones protestantes y se ha revelado poco sostenible, ya que todo texto tiene necesidad de un contexto, concretamente una Tradición, en cuyo seno ha nacido, se lea e interprete. También el fundamentalismo separa la Escritura de la Tradición y del Magisterio, buscando erróneamente mantener la unidad de interpretación anclándose de modo exclusivo en el sentido literal (cfr. Catecismo, 108).

Al enseñar el contenido del depósito revelado, la Iglesia es sujeto de una infalibilidad in docendo , fundada sobre las promesas de Jesucristo acerca de su indefectibilidad; es decir, que se realizará sin fallar la misión de salvación a ella confiada (cfr. Mt 16,18; Mt 28,18-20; Jn 14,17.26). Este magisterio infalible se ejercita: a) cuando los Obispos se reúnen en Concilio ecuménico en unión con el sucesor de Pedro, cabeza del colegio apostólico; b) cuando el Romano Pontífice promulga alguna verdad ex cathedra, o empleando un tenor en las expresiones y un género de documento que hacen referencia explícita a su mandato petrino universal, promulga una específica enseñanza que considera necesaria para el bien del pueblo de Dios; c) cuando los Obispos de la Iglesia, en unión con el sucesor de Pedro, son unánimes al profesar la misma doctrina o enseñanza, aunque no se encuentren reunidos en el mismo lugar. Si bien la predicación de un Obispo que propone aisladamente una específica enseñanza no goza del carisma de infalibilidad, los fieles están igualmente obligados a una respetuosa obediencia, así como deben observar las enseñanzas provenientes del Colegio episcopal o del Romano Pontífice, aunque no sean formulados de modo definitivo e irreformable [19].

6. La inmutabilidad del depósito de la Revelación

La enseñanza dogmática de la Iglesia (dogma quiere decir doctrina, enseñanza) está presente desde los primeros siglos. Los principales contenidos de la predicación apostólica fueron puestos por escrito, dando origen a las profesiones de fe exigidas a todos aquellos que recibían el bautismo, contribuyendo así a definir la identidad de la fe cristiana. Los dogmas crecen en número con el desarrollo histórico de la Iglesia: no porque cambie o aumente la doctrina, aquello en lo que hay que creer, sino porque hay frecuentemente la necesidad de dilucidar algún error o de ayudar a la fe del pueblo de Dios con oportunas profundizaciones definiendo aspectos de modo claro y preciso. Cuando el Magisterio de la Iglesia propone un nuevo dogma no está creando nada nuevo, sino solamente explicitando cuanto ya está contenido en el depósito revelado. «El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que tiene de Cristo cuando define dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe, verdades contenidas en la Revelación divina o también cuando propone de manera definitiva verdades que tienen con ellas un vínculo necesario» (Catecismo, 88).

La enseñanza dogmática de la Iglesia, como por ejemplo los artículos del Credo, es inmutable, puesto que manifiesta el contenido de una Revelación recibida de Dios y no hecha por los hombres. Los dogmas, sin embargo, admitieron y admiten un desarrollo homogéneo, ya sea porque el conocimiento de la fe se va profundizando con el tiempo, ya sea porque en culturas y épocas diversas surgen problemas nuevos, a los cuales el Magisterio de la Iglesia debe aportar respuestas que estén de acuerdo con la palabra de Dios, explicitando cuanto está implícitamente contenido en ella [20].

Fidelidad y progreso, verdad e historia, no son realidades en conflicto en relación a la Revelación [21]: Jesucristo, siendo la Verdad increada es también el centro y cumplimiento de la historia; el Espíritu Santo, Autor del depósito de la revelación es garante de su fidelidad, y también Aquel que hace profundizar en su sentido a lo largo de la historia, conduciendo «a la verdad completa» (cfr. Jn 16,13). «Aunque la Revelación está establecida, no está completamente explicitada. Toca a la fe cristiana captar gradualmente todo su alcance a lo largo de los siglos» (cfr. Catecismo, 66).

Los factores de desarrollo del dogma son los mismos que hacen progresar la Tradición viva de la Iglesia: la predicación de los Obispos, el estudio de los fieles, la oración y meditación de la palabra de Dios, la experiencia de las cosas espirituales, el ejemplo de los santos. Frecuentemente el Magisterio recoge y enseña de modo autorizado cosas que precedentemente han sido estudiadas por los teólogos, creídas por los fieles, predicadas y vividas por los santos.

Giuseppe Tanzella-Nitti

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2012


Bibliografía básica

Catecismo de la Iglesia Católica, 50-133.

Concilio Vaticano II, Const. Dei Verbum, 1-20.

Juan Pablo II, Enc. Fides et ratio , 14-IX-1988, 7-15.


[1] Concilio Vaticano II, Const. Dei Verbum, 2.

[2] Cfr. Concilio Vaticano II , Const. Dei Verbum, 3; Juan Pablo II, Enc. Fides et ratio, 14-IX-1988, 19.

[3] Cfr. Concilio Vaticano I, Const. Dei Filius, 24-IV-1870, DH 3004.

[4] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Lumen gentium, 2-4; Decr. Ad gentes, 2-4.

[5] Cfr. Concilio Vaticano II , Const. Dei Verbum, 2.

[6] Concilio Vaticano II , Const. Dei Verbum, 11.

[7] Ibidem.

[8] Se pueden encontrar elementos interesantes para una correcta interpretación de la relación con las ciencias en León XIII, Enc. Providentissimus Deu , 18-XI-1893; Benedicto XV, Enc. Spiritus Paraclitus, 15-IX-1920 y Pío XII, Enc. Humani generis, 12-VII-1950.

[9] Concilio Vaticano II , Const. Dei Verbum, 3.

[10] Concilio Vaticano II , Const. Dei Verbum, 4.

[11] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 22.

[12] «Permitidme esta insistencia machacona, las verdades de fe y de moral no se determinan por mayoría de votos: componen el depósito –depositum fidei– entregado por Cristo a todos los fieles y confiado, en su exposición y enseñanza autorizada, al Magisterio de la Iglesia», san Josemaría, Homilía El fin sobrenatural de la Iglesia, en Amar a la Iglesia, 15.

[13] Cfr. Concilio Vaticano II , Const. Dei Verbum, 9.

[14] Concilio Vaticano II , Const . Dei Verbum, 8.

[15] Ibidem . Cfr. Concilio de Trento, Decr. Sacrosancta, 8-IV-1546, DH 1501.

[16] Concilio Vaticano II , Const. Dei Verbum, 10.

[17] Ibidem.

[18] Cfr. Ibidem.

[19] Cfr. Concilio Vaticano II, Const. Lumen gentium , 25; Concilio Vaticano I, Const. Pastor aeternus, 18-VII-1870, DH 3074.

[20] «Es conveniente, por tanto, que, a través de todos los tiempos y de todas las edades, crezca y progrese la inteligencia, la ciencia y la sabiduría de cada una de las personas y del conjunto de los hombres, tanto por parte de la Iglesia entera, como por parte de cada uno de sus miembros. Pero este crecimiento debe seguir su propia naturaleza, es decir, debe estar de acuerdo con las líneas del dogma y debe seguir el dinamismo de una única e idéntica doctrina», san Vicente de Lerins , Commonitorium, 23.

 

La acción del Espíritu Santo

Enrique Cases

El Espíritu Santo es el gran don, la presencia del amor vivo actuando en cada hombre en todos los lugares, en toda la tierra.

Las palabras de Jesús son un fluir de lo que está en su alma, surgen a borbotones, se juntan y se agrupan espontáneamente. La raíz es un amor tan verdadero que no se puede contener. Es un desbordarse de lo que lleva dentro. Jesús quiere que tengan paz y fuerza para vencer en la lucha del día siguiente y de toda su vida. "Os he dicho estas cosas para que no os escandalicéis. Seréis expulsados de las sinagogas; aún más, llega la hora en que todo el que os dé muerte pensará que hace un servicio a Dios. Y esto os lo harán porque no han conocido a mi Padre, ni a mí. Pero os he dicho estas cosas para que cuando llegue la hora os acordéis de que ya os las había anunciado. No os las dije al principio porque estaba con vosotros. Ahora voy a quien me envió y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas?"(Jn)

"Pero porque os he dicho esto, vuestro corazón se ha llenado de tristeza; mas yo os digo la verdad: os conviene que me vaya, pues si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros. En cambio, si yo me voy os lo enviaré" (Jn). El Espíritu Santo es el gran don, la presencia del amor vivo actuando en cada hombre en todos los lugares, en toda la tierra. El dador de vida nueva que renovará la faz de la tierra. "Y cuando venga El, argüirá al mundo de pecado, de justicia y de juicio: de pecado, porque no creen en mí; de justicia, porque me voy al Padre y ya no me veréis; de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está juzgado"(Jn). El mundo es aquí los que no han querido creer y han rechazado a Cristo. A éstos el Espíritu Santo les acusará de pecado por su incredulidad. Mostrará que Jesús es el justo que jamás cometió pecado, y, por eso, será glorificado por el Padre. El demonio será juzgado y será vencido por la inmolación de Jesús que rescata a los hombres de sus garras de muerte.

"Todavía tengo que deciros muchas cosas, pero no podéis sobrellevarlas ahora. Cuando venga Aquel, el Espíritu de la verdad, os guiará hacia toda la verdad, pues no hablará por sí mismo, sino que dirá todo lo que oiga y os anunciará lo que ha de venir. El me glorificará porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por esto dije que recibe de lo mío y os lo anunciará"(Jn). A través de lo siglos la acción del Espíritu de verdad se prolongará en la memoria, en el intelecto y en el corazón de sus fieles. Así dará gloria al Hijo y al Padre. La Iglesia gozará de infalibilidad en las cuestiones más importantes por esa acción oculta y manifiesta.

 

 

Tres propuestas del Papa Francisco a los jóvenes

Escrito por Lucas Buch

Publicado: 02 Junio 2019

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La apuesta por los jóvenes es un elemento de continuidad, desde Juan Pablo II hasta Francisco, pasando por Benedicto XVI

Intervención de Lucas Buch, el pasado día 9 de mayo, en el Aula Magna de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer, de Valencia, con motivo de la 21ª Edición de “Diálogos de Teología Almudí”, bajo el título “El Papa: principio visible de unidad y fe en la Iglesia”.

El tres es un número especial. No solo para los cristianos; también para los compositores, para los bailarines, para los jugadores de baloncesto… Es fácil de memorizar y crea ritmo. Dos puede ser demasiado simple, y cuatro es excesivo. Con todo, tengo que reconocer que si presento aquí «Tres propuestas», y no dos ni cuatro, no hay en ello ningún intento o motivación particular. Simplemente, al estudiar con cierto detenimiento los mensajes del Papa Francisco a los jóvenes, me pareció que estas eran las propuestas que se repetían con mayor frecuencia. En realidad, tienen algo más de historia, pues la apuesta por los jóvenes es un elemento de continuidad, desde Juan Pablo II hasta Francisco, pasando por Benedicto XVI.

En estas páginas voy a intentar una reflexión teológico-pastoral, recogiendo algunas propuestas que lanza el Papa en sus distintas intervenciones (mensajes, discursos y escritos) dirigidas a los jóvenes. Me centraré en sus mensajes en las Jornadas Mundiales de la Juventud y en la reciente Ex. Ap. Christus Vivit (CV), que escribió después del Sínodo de los Obispos dedicado a «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional».

El presente texto tiene cuatro partes. La primera presenta el marco teórico de los mensajes de Francisco a los jóvenes; las tres siguientes exponen las tres propuestas que le dan título, con un breve interludio que servirá para pasar de la segunda a la tercera. Así pues, comencemos por el Marco teórico.

1. Marco Teórico

Al afrontar este aspecto previo, voy a hacer una distinción. Primero me fijaré en algunos elementos de la antropología de fondo, que tienen, en mi opinión, un claro inspirador; después repasaré las líneas maestras, en el plano teológico, de los mensajes del Papa.

a) Antropología inspirada en Guardini

Romano Guardini es uno de los pocos autores —fuera del Magisterio precedente y de algunos santos— que Francisco cita en sus documentos magisteriales. Lo hizo en Laudato si’ y lo hace en varias ocasiones en CV. No es de extrañar, pues durante algún tiempo trabajó en una tesis doctoral sobre el pensador alemán[1].

La antropología de Guardini es marcadamente personalista, es decir, está centrada en la persona, como un ser específicamente distinto del resto de la creación, en cuanto ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. A continuación, señalaré algunas características propias de la concepción de la persona en este pensador alemán —presentes también en CV—, indicando, sin ánimo de ser exhaustivo, algunas de sus obras en que se pueden apreciar esas características.

En primer lugar, la persona es única, es decir, irrepetible e insustituible. Su vida responde a un don divino, que la hace infinitamente valiosa. Hay en esto una afirmación del carácter creatural de la persona humana, que pone de relieve el valor de actitudes cristianas fundamentales, como son la acogida (del don de la existencia) y el agradecimiento. Guardini desarrolló este punto con particular viveza en el breve escrito La aceptación de sí mismo, agotado en lengua castellana desde hace muchos años[2].

Las actitudes de acogida y agradecimiento están muy lejos de algunas corrientes actuales, que pretenden poder modificar ilimitadamente al ser humano, a las que Francisco hace referencia en distintas ocasiones[3]. Por otra parte, aquellas actitudes constituyen la mejor defensa del sentido y el valor de la propia valía —la autoestima— que tanto echa de menos buena parte de la juventud actual. En ese sentido se mueve la invitación del Papa a ser uno mismo, y no una fotocopia de otro (incluso aunque sea un santo)[4]. De hecho, el discernimiento que propone se mueve en esta misma dirección, pues se presenta como «un camino de libertad que hace aflorar eso único de cada persona, eso que es tan suyo, tan personal, que sólo Dios lo conoce»[5].

En segundo lugar, la persona es dia-lógica, y lo es en dos sentidos. Por una parte, en cuanto su existencia es respuesta a una llamada de Dios por el propio nombre. De hecho, la vida entera de una criatura personal puede presentarse como vocación, o como llamada[6]. Pero la persona es dia-lógica también en cuanto su existencia constituye un mensaje para el mundo. Un mensaje único, que cada uno está llamado a desarrollar hasta llevarlo a plenitud. Así es como Francisco presenta la existencia de los santos en el seno de la Iglesia y como propone, en definitiva, que se puede encarar la propia vida[7]. Por su parte, el desarrollo más amplio de la existencia personal en este sentido es el que hace Guardini en Mundo y Persona[8], tal vez uno de sus libros más difíciles, aunque aparece también en el breve ensayo Quien sabe de Dios conoce al hombre[9].

Otra característica de la persona es su historicidad, pues a lo largo de su existencia crece, se desarrolla. Esta es una idea central en CV, citando en varias ocasiones cita una obra de Guardini: Las etapas de la vida[10]. De este escrito toma también la idea de que cada una de esas etapas es mucho más que un simple momento: «es una gracia permanente, encierra un valor que no debe pasar»[11]. Así pues, cada etapa abre una característica de la existencia, que se vive especialmente en un tiempo, pero que es posible integrar y mantener a lo largo de la vida. En este sentido, afirma Francisco que «ser joven, más que una edad es un estado del corazón», que consiste en el deseo de «lo infinito del comienzo aún no puesto a prueba»[12]. Así se entiende que Juan Pablo II, en su última reunión con los jóvenes en España, en Cuatro Vientos, exclamara: «¿Cuántos años tiene el Papa? ¡Casi 83! ¡Un joven de 83 años!»[13]. Se puede ser joven cuando la edad no acompaña.

Aunque lleguemos ahora a esta característica, tal vez deberíamos haber comenzado por ella, pues la principal diferencia entre la persona y el resto de seres creados es la libertad, esto es, que la persona se posee a sí misma. Y, en la historia, crece libremente y crece según la libertad. Este es un punto fundamental de la propuesta pastoral del Papa. En CV repite el ejemplo de Emaús, donde dos discípulos van en dirección opuesta a donde deberían estar. El Señor se pone a su lado, los acompaña, les enseña, les alimenta, pero deja en sus manos la decisión de volver a Jerusalén; son ellos quienes vuelven corriendo[14]. Desde esta perspectiva se entiende también la idea de que «el tiempo es superior al espacio» y la importancia que da Francisco a «iniciar procesos», que sorprendió a algunos lectores de Evangelii Gaudium (EG) y que en CV aparece también en el ámbito del acompañamiento[15]. Sobre la libertad de la persona trata Guardini en muchos de sus escritos. Tal vez podría citarse aquí un libro recientemente reeditado en España, que tal vez no haya recibido la atención que merece: Libertad, gracia, destino[16].

Finalmente, la persona tiene una irrenunciable dimensión relacional-comunitaria y, por eso, no se entiende aislada[17]. De ahí la idea que plantea Francisco de que la relacional es la primera expresión del desarrollo espiritual de los jóvenes, y la primera condición para su crecimiento[18]. De ahí también algunas de sus propuestas para la pastoral de los jóvenes, en particular la que hace referencia a la necesidad de crear «ambientes adecuados»[19]. En este punto, la antropología enlaza con la teología en la figura de la Iglesia. Guardini le dedicó su primer escrito, aquel que comenzaba con la conocida frase: «Un acontecimiento de gran importancia ha comenzado: la Iglesia despierta en las almas»[20]. No es casual, por otra parte, que el pensador y sacerdote alemán gastara sus mejores energías en los grupos de jóvenes católicos, en los que veía la esperanza de una Alemania distinta[21].

b) Magisterio en clave trinitaria

Como lo fue ya el de Juan Pablo II, en una manera programática en sus primeras encíclicas, el Magisterio de Francisco se mueve en una clave trinitaria.

La primera expresión de esta clave es, tal vez, el cristocentrismo de sus propuestas, que se manifiesta en dos modos distintos. Primero, en cuanto presenta a Cristo como modelo. CV, por ejemplo, dedica un capítulo a Cristo joven, y al modo en que su juventud se prolonga de algún modo en la juventud de la Iglesia y de los santos. En segundo lugar, y tal vez más decisivo, el cristocentrismo se manifiesta en la centralidad que ocupa en los textos de Francisco el encuentro con Cristo vivo. En esos términos se había expresado ya en EG; pero en CV el tema ocupa, desde el mismo título, un lugar central, como veremos después[22].

La figura del Padre es igualmente importante en el Magisterio del Papa. Un Padre que ama, que recuerda siempre a sus hijos el valor que tienen a sus ojos y que, al mismo tiempo, los empuja adelante. En realidad, estas dos actitudes son también características del modo en que él, Francisco, se dirige a los jóvenes, y en el que propone que todo aquel que «ha sido llamado a ser padre, pastor o guía de los jóvenes»[23] debería mirarles. Por una parte, hay en sus mensajes siempre una honda confianza, que descansa en la seguridad del Amor de Dios. Por otra, hay también un tono de desafío. No basta recordar que Dios nos ama como somos, que somos valiosos para Él; es preciso también tener presente que ha querido contar con nosotros para cumplir su designio de salvación. El mismo Cristo, que revela a los creyentes el Amor del Padre, les dice también: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (Jn 20,21). Así, frente a la tentación de cerrarse ante el crecimiento y la maduración, propone el Papa:

«Mejor déjate amar por Dios, que te ama así como eres, que te valora y respeta, pero también te ofrece más y más: más de su amistad, más fervor en la oración, más hambre de su Palabra, más deseos de recibir a Cristo en la Eucaristía, más ganas de vivir su Evangelio, más fortaleza interior, más paz y alegría espiritual»[24].

Finalmente, es muy llamativa la importancia que tiene el Espíritu Santo en los textos magisteriales de Francisco. Recuerdo la sorpresa que supuso para mí la lectura de EG. Acababa de publicar la tesis doctoral, centrada en la Tercera Persona de la Trinidad y en la obra de Yves Congar, siempre crítico con el papel secundario que la Teología latina le había dado, y por eso me llamó la atención que el quinto capítulo de aquel documento se titulara «Evangelizadores con Espíritu». Era una respuesta a aquellas indicaciones, que significaron, ya desde el Concilio Vaticano II, una recuperación del papel que corresponde al Paráclito en la realización del misterio cristiano. En CV, se insiste en que es Él quien hace posible el encuentro con Cristo.

Por otra parte, en el Magisterio del Papa, el Espíritu Santo va muy ligado a María, restaurando el orden más propiamente teológico sin dejar de lado el papel que tiene la Madre de Dios en la vida espiritual de todos los cristianos.

2. Primera propuesta: Déjate encontrar por Cristo

La pastoral juvenil se enfrenta hoy al desafío de contestar a decisiva pregunta, que en ocasiones se ha pasado por alto, pero que no puede ser postergada en un mundo secularizado: «¿Existe Dios?». Hay fundamentalmente dos modos de dar respuesta a esta cuestión. El primero consiste en dar razones para creer. Razones como las que daba el autor de este conocido texto:

«Todo aquel que se dedica seriamente a la ciencia termina convencido de que algún espíritu se manifiesta en las leyes del universo, un espíritu muy superior al del hombre»[25].

Para muchas personas sigue resultando sorprendente que esto no lo escribiera un filósofo, un teólogo, y ni siquiera un pastor de la Iglesia, sino un científico, y precisamente uno de los más importantes del siglo XX: Albert Einstein. El mismo que alabó la teoría del sacerdote y físico belga G. Lemaître, popularmente conocida como el Big Bang. Sin querer sacar más consecuencias que las que el ejemplo permite, se puede afirmar que, en definitiva, razón y fe no son instancias necesariamente opuestas o contrarias. Existen casos actuales de científicos que han encontrado a Dios a través de su investigación. Francis Collins, quien dirigió el proyecto Genoma humano, o Anthony Flew son solo dos ejemplos.

Con todo, hay otro modo de responder a la pregunta por la existencia de Dios: la experiencia vivida. Una experiencia como la de aquel intelectual francés que narró su conversión en el libro Dios existe, yo me lo encontré. Ese mismo es el caso del Papa. Es conocida la historia del descubrimiento de su vocación, que coincide con su encuentro personal con Jesucristo, en una confesión. Él mismo la ha narrado en numerosas ocasiones. Aparece con cierto detalle en la entrevista que concedió siendo aún cardenal de Buenos Aires. Aunque es un texto un poco largo, pienso que vale la pena recogerlo con cierta extensión:

«Era 21 de septiembre y, al igual que muchos jóvenes, Jorge Bergoglio —que rondaba los 17 años— se preparaba para salir a festejar el Día del Estudiante con sus compañeros. Pero decidió arrancar la jornada visitando su parroquia. Era un católico practicante que frecuentaba la iglesia porteña de San José de Flores.

Cuando llegó, se encontró con un sacerdote que no conocía y que le transmitió una gran espiritualidad, por lo que decidió confesarse con él. Grande fue su sorpresa al comprobar que no había sido una confesión más, sino una confesión que despabiló su fe. Que le permitió descubrir su vocación religiosa, al punto que resolvió no ir a la estación de tren a encontrarse con sus amigos y volver a su casa con una firme convicción: quería… tenía que ser sacerdote.

“En esa confesión me pasó algo raro, no sé qué fue, pero me cambió la vida; yo diría que me sorprendieron con la guardia baja”, evoca más de medio siglo después. En verdad, Bergoglio tiene hoy su interpretación de aquella perplejidad: “Fue la sorpresa, el estupor de un encuentro; me di cuenta —dice— de que me estaban esperando. Eso es la experiencia religiosa: el estupor de encontrarse con alguien que te está esperando. Desde ese momento para mí, Dios es el que te ‘primerea’. Uno lo está buscando, pero Él te busca primero. Uno quiere encontrarlo, pero Él nos encuentra primero”»[26].

Eso, que él ha vivido en su vida, es lo primero que propone a los jóvenes. Lo hizo ya en la Introducción de EG, donde invitaba «a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso»[27]. Lo hace de nuevo en CV. Al lanzar esta invitación, cita siempre el texto de Deus Caritas Est en que Benedicto XVI señalaba: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[28]. En definitiva, la primera propuesta del Papa Francisco a los jóvenes descansa en la convicción, personalmente experimentada, de que el cristianismo nace del encuentro con Cristo vivo: vivo en el Evangelio; en la Eucaristía, en la Penitencia y en todos los sacramentos; en la Iglesia, en la comunidad eclesial; en los pobres, en las periferias[29].

En CV, Francisco hace girar la entera pastoral juvenil sobre ese encuentro. Con una elocuente formulación, lo presenta como la experiencia fundamental:

«Si alcanzas a valorar con el corazón la belleza de este anuncio y te dejas encontrar por el Señor; si te dejas amar y salvar por Él; si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana. Esa es también la experiencia que podrás comunicar a otros jóvenes»[30].

Así pues, esta experiencia es fundamental en dos sentidos. Primero, en cuanto es la experiencia en la que se apoya la entera vida cristiana. En este sentido, es fundamental hasta tal punto, que vivir la juventud a fondo es posible solo si se hace en amistad con Jesús[31]. De hecho, ese es el tema al que dedica más espacio en CV: todo el planteamiento vocacional que se desarrolla en el documento gira en torno a este punto, pues, como repite en diversas ocasiones, la vocación es, primero, a la amistad con Cristo; la misión concreta viene después[32].

En segundo lugar, es una experiencia fundamental en cuanto sostiene y da contenido al testimonio que los cristianos están llamados a dar. En EG se proponía ya en estos términos el primer contenido de la evangelización: «Tu corazón sabe que no es lo mismo la vida sin Él, entonces eso que has descubierto, eso que te ayuda a vivir y que te da una esperanza, eso es lo que necesitas comunicar a los otros»[33]. En CV se subraya que el testimonio va unido al anuncio, y que es en primer lugar una invitación a encontrar a Jesucristo[34].

En realidad, así es como el mismo Francisco procura anunciar la buena noticia de Cristo. En uno de sus primeros viajes pastorales en Italia, en setiembre de 2013, en el marco de un encuentro con los jóvenes de la isla, ofreció a los jóvenes su propio testimonio. El día anterior se habían cumplido sesenta años de aquella confesión que cambió su vida; al recordarlo, proponía:

«El Señor me hizo sentir con fuerza que debía ir por ese camino. Tenía diecisiete años. Pasaron algunos años antes de que esta decisión, esta invitación, llegase a ser concreta y definitiva. Después pasaron muchos años con algunos acontecimientos, de alegría, pero muchos años de fracasos, de fragilidad, de pecado... sesenta años por el camino del Señor, siguiéndole a Él, junto a Él, siempre con Él. Sólo os digo esto: ¡no me he arrepentido! ¡No me he arrepentido! ¿Por qué? ¿Porque me siento Tarzán y soy fuerte para seguir adelante? No, no me he arrepentido porque siempre, incluso en los momentos más oscuros, en los momentos del pecado, en los momentos de la fragilidad, en los momentos del fracaso, he mirado a Jesús y me fié de Él, y Él no me ha dejado solo. Fiaos de Jesús: Él siempre va adelante, Él va con nosotros. Pero, escuchad, Él no desilusiona nunca. Él es fiel, es un compañero fiel. Pensad, este es mi testimonio: estoy feliz por estos sesenta años con el Señor»[35].

Como se ve, de un modo muy cercano y vivencial, Francisco propone a los jóvenes que estén dispuestos a encontrar a Jesucristo —a dejarse encontrar por Él— y a fiarse de Él. No les ofrece largos razonamientos, sino que parte en primer lugar de su experiencia personal. Una experiencia que han vivido también muchos otros jóvenes, como los «jóvenes santos» que CV presenta como modelo, o como aquellos otros «jóvenes testigos» que propuso el Sínodo de los Obispos.

3. Segunda propuesta: ¡Sueña!

Esta segunda propuesta corresponde de manera más específica a los jóvenes, pues, como la juventud, es una propuesta que mira al futuro. En este sentido, el Documento Final del Sínodo señalaba que la juventud es un «tiempo de sueños y elecciones»[36]. Por eso, parece que no debería ser necesario proponer a un joven que sueñe. Sin embargo, hoy aparecen dos tentaciones —o dos riesgos— que pueden cercenar esta capacidad. Dos tentaciones, a las que corresponde también una doble actitud. Veámoslas, aunque sea solo brevemente.

a) Dos tentaciones actuales

La primera tentación es aquella en la que caen los «jóvenes jubilados»[37]. Jubilarse es fatal para una persona joven, pues conlleva renunciar al futuro. Un joven jubilado no deja de trabajar porque lo haya hecho ya durante muchos años, sino porque considera que, en realidad, “no hay nada que hacer”. El trabajo carece de sentido, porque nada puede —o nada debe— cambiar.

Paradójicamente, este riesgo se presenta a veces ligado a un cierto culto a la juventud. Desde distintas instancias llega a los jóvenes este mensaje: “no pienses en el futuro, pues lo mejor que puedes hacer es no pasar de la juventud”. En su mejor versión, el futuro se contempla como un “seguir como estás”: seguir siendo siempre joven, atractivo, despreocupado. Basta contemplar a personas de cierta edad intentando aparentar una juventud que no tienen ya, o ver los anuncios en que personas ya maduras se presentan al mismo nivel que jóvenes que están empezando su vida profesional. Si ese es el caso, si el futuro en su mejor versión consiste en no cambiar nada, en seguir siendo jóvenes, no tiene sentido luchar por un mundo mejor. Porque no hay mejor mundo que aquel que vivo en mi juventud. Lo que con esto se consigue, naturalmente, es amputar la capacidad de soñar.

Frente a esta tentación, el Papa Francisco subraya la necesidad de ser «jóvenes con raíces». No deja de ser sorprendente que haya querido dedicar a esta cuestión un capítulo entero de su última Exhortación Apostólica. Si lo hace, es porque ve en el culto a la juventud una ideología, un intento de manipulación y de colonización ideológica[38]. Al mismo tiempo, es consciente de que hablar de raíces puede sugerir un cierto inmovilismo, un permanecer que iría precisamente en contra de la capacidad de soñar. Por eso, señala que «las raíces no son anclas que nos atan a otras épocas y nos impiden encarnarnos en el mundo actual para hacer nacer algo nuevo. Son, por el contrario, un punto de arraigo que nos permite desarrollarnos y responder a los nuevos desafíos»[39]. Unos años atrás, en conexión simultánea con jóvenes de distintas partes del mundo, había hablado de la necesidad de ser «jóvenes con raíces y jóvenes con alas»[40]. Con sus sueños, los jóvenes introducen novedad, pero lo hacen en una historia que tiene ya unas raíces.

Sobre la segunda tentación habló el Papa en la JMJ de Cracovia, haciendo referencia a una “parálisis”. Había hablado antes de otra parálisis, muy presente en algunos países, que es la que resulta del miedo y que lleva a encerrarnos en nosotros mismos. Aunque esto pudiera parecer lo más grave, añadió:

«en la vida hay otra parálisis todavía más peligrosa y muchas veces difícil de identificar; y que nos cuesta mucho descubrir. Me gusta llamarla la parálisis que nace cuando se confunde “felicidad” con un “sofá”. Sí, creer que para ser feliz necesitamos un buen sofá. Un sofá que nos ayude a estar cómodos, tranquilos, bien seguros. Un sofá —como los que hay ahora, modernos, con masajes adormecedores incluidos— que nos garantiza horas de tranquilidad para trasladarnos al mundo de los videojuegos y pasar horas frente a la computadora. Un sofá contra todo tipo de dolores y temores. Un sofá que nos haga quedarnos cerrados en casa, sin fatigarnos ni preocuparnos. El “sofá-felicidad” es probablemente la parálisis silenciosa que más nos puede perjudicar, que más puede arruinar a la juventud»[41].

La imagen del “sofá-felicidad” trae a la imaginación aquellos personajes de una película de Pixar que pasó un poco desapercibida: WALL-E. En la historia, la humanidad ha abandonado la tierra (que ha quedado sepultada en basura y se ha convertido en un lugar invivible) y se ha trasladado a unas naves espaciales donde goza de todo tipo de comodidades. Los hombres pasan el día sentados en unos sofás inmensos, donde tienen todo lo que necesitan. En distintas escenas se les ve con una especie de tablet que les da acceso a todo tipo de entretenimientos, siempre con alguna bebida o comida entre las manos. Los humanos se han convertido en unos obesos consumidores de comodidad, incapaces incluso de caminar. En eso mismo consiste la tentación del “sofá-felicidad”. Por eso, en aquella Vigilia de oración en Cracovia, el Papa Francisco añadió: «la verdad es otra: queridos jóvenes, no vinimos a este mundo a “vegetar”, a pasarla cómodamente, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca; al contrario, hemos venido a otra cosa, a dejar una huella»[42]. En estas palabras se manifiestan dos actitudes con las que se dirige a los jóvenes para sacarles de todo encerramiento y lanzarles a soñar —y a hacer— un mundo mejor.

b) Dos actitudes para una propuesta

Antes las dos tentaciones que acabamos de repasar, ¿cuál es la respuesta del Papa Francisco? En cierto sentido, la respuesta es igualmente doble: recordar el sentido profundo de la juventud —y en definitiva, de la vida humana—, y confiar en la pasión que late en un corazón joven. No es artificial descubrir aquí las dos actitudes, propias del corazón del Padre, que hemos señalado más arriba; como no es tampoco forzado ver en ellas la doble dimensión temporal que complementa la insistencia previa en la necesidad de raíces: la confianza, que tiene que ver con en el presente, y el desafío, que corresponde al futuro. Pero vayamos por partes.

En primer lugar, confianza en los jóvenes, en su presente. Es una de las expresiones llamativas de CV: los jóvenes no son solo el futuro del mundo y de la Iglesia, sino que son también «el ahora de Dios»[43]. La actitud de confianza ha sido constante en la relación del Papa con la gente joven. En la ceremonia de acogida de la JMJ de Cracovia, expresó de modo muy hermoso y paternal esta confianza:

«En los años que llevo como Obispo, he aprendido una cosa —he aprendido muchas, pero una quiero decirla ahora—: no hay nada más hermoso que contemplar las ganas, la entrega, la pasión y la energía con que muchos jóvenes viven la vida. Esto es hermoso, y, ¿de dónde viene esta belleza? Cuando Jesús toca el corazón de un joven, de una joven, este es capaz de actos verdaderamente grandiosos. Es estimulante escucharlos, compartir sus sueños, sus interrogantes y sus ganas de rebelarse contra todos aquellos que dicen que las cosas no pueden cambiar»[44].

En aquella misma JMJ, dedicaría toda la homilía de la Misa de envío a subrayar la confianza que Dios tiene en sus hijos, la seguridad que debe darnos, en relación con nuestra valía, la conciencia de ser hijos de Dios. En estas palabras, en cambio, el valor del corazón joven tiene que ver con el encuentro con Cristo. De ahí nace la seguridad de que las cosas sí pueden cambiar, de que no es forzoso —ni tampoco deseable— jubilarse, pues hay mucho por hacer en este mundo.

Este punto enlaza perfectamente con la segunda actitud: el desafío, que proyecta la vida de los jóvenes hacia el futuro y hacia las personas que les rodean. Es propio de los padres no solamente recordar a los hijos su valía, sino también desafiarles, lanzarles hacia delante para que crezcan. Ya en su primera Jornada Mundial de la Juventud, en Brasil, Francisco utilizó expresiones diversas para animar a quienes se habían reunido en Río a afrontar el futuro con esperanza. Ante los jóvenes argentinos, exclamó: «¡Hagan lío!»[45]; y más tarde, en la Vigilia de oración, utilizó algunas expresiones que se grabaron en la mente de todos: «No se metan en la cola de la historia. Sean protagonistas. Jueguen para adelante. Pateen adelante»; les animó a ser «protagonistas del cambio», «constructores del futuro»; y añadió una petición: «no balconeen la vida, métanse en ella, como hizo Jesús»[46].

Tres años más tarde, en Cracovia, transmitió un mensaje muy similar, acudiendo al lenguaje de los sueños, enraizado en el encuentro con Jesucristo, para romper toda parálisis y todo encerramiento:

«Ese es el secreto, queridos amigos, que todos estamos llamados a experimentar. Dios espera algo de ti. ¿Lo habéis entendido? Dios quiere algo de ti, Dios te espera a ti. Dios viene a romper nuestras clausuras, viene a abrir las puertas de nuestras vidas, de nuestras visiones, de nuestras miradas. Dios viene a abrir todo aquello que te encierra. Te está invitando a soñar, te quiere hacer ver que el mundo contigo puede ser distinto. Eso sí, si tú no pones lo mejor de ti, el mundo no será distinto. Es un reto»[47].

La invitación a soñar y, por el camino que abren los sueños, a mejorar el mundo, está también muy presente en CV. Ahí se sirve repetidamente de los sueños al repasar a tantas figuras jóvenes del Antiguo y del Nuevo Testamento. Después, caracteriza la juventud como un «tiempo de sueños y decisiones»[48]. En ese contexto, sale al paso de la crítica vitalista, muy difundida en los últimos siglos, contra el cristianismo:

«El amor de Dios y nuestra relación con Cristo vivo no nos privan de soñar, no nos exigen que achiquemos nuestros horizontes. Al contrario, ese amor nos promueve, nos estimula, nos lanza hacia una vida mejor y más bella. La palabra “inquietud” resume muchas de las búsquedas de los corazones de los jóvenes»[49].

Así pues, Cristo no es un enemigo de la vida, como pretendía Nietzsche, sino precisamente quien tiene un empeño mayor en llevarla a plenitud.

En su Exhortación Apostólica, el Papa llama a los jóvenes a mejorar el mundo. Se trata, en primer lugar, de vivir a fondo la vocación laical, que «es ante todo la caridad en la familia, la caridad social y la caridad política»[50]. Como se ve, es una propuesta de gran amplitud, que incluye distintas dimensiones:

«es un compromiso concreto desde la fe para la construcción de una sociedad nueva, es vivir en medio del mundo y de la sociedad para evangelizar sus diversas instancias, para hacer crecer la paz, la convivencia, la justicia, los derechos humanos, la misericordia, y así extender el Reino de Dios en el mundo»[51].

Mejorar el mundo pasa también por fomentar la amistad social y por llegar a quienes más lo necesitan, a las periferias, cada uno en el modo que le sea más congenial y adecuado: algunos, en trabajos directamente asistenciales o de servicio; otros de manera más organizada e interdisciplinar, como corresponde a los universitarios; todos, en la caridad[52]. Igualmente, Francisco invita a los jóvenes a ser «misioneros valientes», que sepan dar testimonio de su fe con su vida y con su palabra[53]. En todo caso, el mensaje de Cristo, y aún más el encuentro con Cristo vivo, es siempre una invitación a soñar, a implicarse en la construcción de un mundo mejor, el mundo que puede crecer «desde la fuente viva de la Eucaristía»[54].

En este mismo sentido se mueve todo el esfuerzo del Papa Francisco —que no hace en este punto sino continuar el empeño de sus predecesores— por recordar a los jóvenes que el futuro está en sus manos. Al mismo tiempo, el lenguaje de los sueños tiene que ver con el enraizamiento en una tradición y con la confianza en la propia valía, que descansa, en último término, en que la vida de los hombres es un sueño de Dios[55]. Así, los sueños de los jóvenes están llamados a entrar en diálogo con los sueños de los viejos[56].

La importancia de los sueños se pone de relieve, finalmente, en cuanto sirve de marco para presentar la vida como vocación, entendida en sentido específico, esto es, como «llamado al servicio misionero de los demás»[57]. Francisco concreta esos sueños —los sueños de los jóvenes que son también los sueños de Dios— en tres campos fundamentales: el amor y la familia, el trabajo que transforma el mundo, y la misión, esto es, la dedicación exclusiva al servicio misionero[58].

c) Sueños para jóvenes muy despiertos

Al repasar esta segunda propuesta del Papa a los jóvenes, hemos visto cómo el lenguaje de los sueños ha ido tomando el protagonismo en los mensajes de Francisco. En realidad, ese lenguaje —que tiene tanto que ver con la confianza como con el desafío— venía de antes incluso de la JMJ de Cracovia. Fue para mí emocionante descubrir que lo había utilizado ya en una ocasión particularmente comprometida, en su viaje a Cuba. En el encuentro con los jóvenes, en La Habana, al escuchar a un muchacho que exponía las preocupaciones de sus coetáneos, el Papa pidió papel y lápiz y comenzó a tomar nota. Cuando le llegó el turno de hablar, dejó de parte los discursos que traía preparados y habló de lo que aquel joven había expuesto. Y lo primero había sido, precisamente, soñar:

«Una palabra que cayó fuerte: soñar. Un escritor latinoamericano decía que las personas tenemos dos ojos, uno de carne y otro de vidrio. Con el ojo de carne vemos lo que miramos. Con el ojo de vidrio vemos lo que soñamos. Está lindo, ¿eh?

En la objetividad de la vida tiene que entrar la capacidad de soñar. Y un joven que no es capaz de soñar, está clausurado en sí mismo, está cerrado en sí mismo. Cada uno a veces sueña cosas que nunca van a suceder, pero soñalas, desealas, busca horizontes, abrite, abrite a cosas grandes. No sé si en Cuba se usa la palabra, pero los argentinos decimos “no te arrugues”, ¿eh? No te arrugues, abrite. Abrite y soñá. Soñá que el mundo con vos puede ser distinto. Soñá que si vos ponés lo mejor de vos, vas a ayudar a que ese mundo sea distinto. No se olviden, sueñen. Por ahí se les va la mano y sueñan demasiado, y la vida les corta el camino. No importa, sueñen. Y cuenten sus sueños. Cuenten, hablen de las cosas grandes que desean, porque cuanto más grande es la capacidad de soñar, y la vida te deja a mitad camino, más camino has recorrido. Así que, primero, soñar»[59].

A nadie se le escapa que hablar de “sueños” en Cuba, insistir en que el mundo “puede ser distinto”, animar a los jóvenes a “contar”, a “compartir” sus sueños en un régimen como el cubano, tiene mucho de audaz. Por eso, contemplar la reacción de aquellos jóvenes, los aplausos y los gritos entusiastas, pone los pelos de punta.

Por otra parte, al oír aquellas palabras por primera vez, podía parecer que se trataba de una imagen más, como las que había utilizado en Río, o como las que utiliza con una notable creatividad en su predicación diaria. Sin embargo, la de los sueños no es una imagen más: al insistir una y otra vez, en intervenciones posteriores, se descubre que se trata de algo más profundo. ¿Por qué esa insistencia en la necesidad de soñar? Sencillamente, porque los sueños tienen que ver con la libertad humana; en palabras de un escritor italiano: «la libertad nos permite soñar, y los sueños son la sangre de nuestra vida»[60]. Sin sueños, no hay auténtica libertad, pues le faltaría a esta el líquido vital con el que mover la existencia entera.

Se puede decir que los sueños son el modo en que llegamos a ser nosotros mismos, el modo en que desarrollamos nuestro propio ser, único, personal. A menudo, los sueños son el modo en que se presenta en nuestra vida la misión que, una vez abrazada y continuada a lo largo de los años, le da una forma plena[61]. Los santos son personas que han desarrollado su unicidad personal cultivando precisamente los sueños que Dios había sembrado en su corazón. Basta pensar en Madre Teresa o en Juan Pablo II: al perseverar en los sueños grandes que Dios puso en su corazón, llegaron a ser dos personas inconfundibles. Así, en los sueños se ponen en juego las dimensiones más hondas de la libertad humana, aquellas que se pueden denominar libertad de adhesión y libertad interior (frente al autodominio fundamental y la libertad de elección, que serían sus dos primeras dimensiones)[62].

Surge en este punto una objeción no pequeña. He intentado expresarla en el título de esta sección: el lenguaje de los sueños podría entenderse como una invitación a dormir, a pensar en un futuro maravilloso, pero tan espléndido como irreal. Algo así como Moses, aquel cuervo de Rebelión en la granja que habla de un país maravilloso, el “Monte-azúcar”, con lo que no hace sino adormecer a los animales para que no se rebelen, sino que acepten su situación.

En realidad, la propuesta del Papa Francisco está muy lejos de esa caricatura. Los sueños de los que él habla son mucho más que tranquilizantes ensoñaciones. Quizá el modo en que esto se manifiesta mejor es en el carácter presente de esos sueños, una idea que aparece repetidamente en CV:

«Amigos, no esperen a mañana para colaborar en la transformación del mundo con su energía, su audacia y su creatividad. La vida de ustedes no es un “mientras tanto”. Ustedes son el ahora de Dios, que los quiere fecundos. Porque “es dando como se recibe” [oración de San Francisco de Asís], y la mejor manera de preparar un buen futuro es vivir bien el presente con entrega y generosidad»[63].

La segunda propuesta es, pues, una llamada a tomar las riendas de la propia vida, de la Iglesia y de la historia, y de hacerlo ya, en el momento presente. Una invitación a tomar en serio la propia libertad y la propia unicidad soñando, y poniendo lo mejor de uno mismo, desde el instante presente, al servicio de esos sueños. Francisco ha insistido en esa invitación, de palabra y con mil gestos. Es ciertamente una llamada urgente, en un mundo que tantas veces corre el riesgo de dormirse, y otras tantas sufre la tentación de la desesperanza. Este punto nos permite afrontar una situación particular, antes de la tercera propuesta del Papa a los jóvenes.

4. Interludio: ¿Y si fracaso?

La pregunta no es banal, pues el fracaso es una experiencia universal, que en muchos casos se presenta, por primera vez de modo consciente, en la adolescencia[64]. En efecto, la adolescencia (que los romanos prolongaban hasta los 23 años) es un momento de cambios. Es interesante la etimología de la palabra. A veces se dice que proviene de ‘adolecer’, como si al adolescente “le faltara algo”. En realidad, esa es una falsa etimología. La palabra proviene del verbo latino adolescor, que significa crecer. Es su participio presente: el adolescens es el que está creciendo, de igual modo que el adultus —participio pasado del mismo verbo— es el que ya ha crecido. Así pues, la adolescencia es, por antonomasia, el tiempo del crecimiento. Y no solo en lo físico, sino sobre todo en lo profundamente personal. Por eso, es el tiempo en que se plantean con urgencia y cierto dramatismo algunas preguntas fundamentales: «¿Quién soy?», «¿Quién (se supone que) debo ser?». Preguntas que pueden generar cierta angustia.

Norman Rockwell lo inmortalizó en un conocido retrato de una niña, una pre-adolescente, que está sentada frente a un espejo. En el suelo, una muñeca, el peine con el que solía peinarla y unas ceras de colores. Todo eso no le interesa ya: ha dejado de ser una niña. Su cara, frente al espejo, indica una cierta ansiedad: ha dejado de ser una niña, pero no sabe quién es, y eso le intranquiliza. Sobre sus piernas tiene una revista con un gran retrato de una que parece una actriz: «¿Se supone que debería ser así…?», parece preguntarse, «porque estoy muy lejos de ser como ella…». Con magistral talento, Rockwell traza los rasgos propios de la adolescencia.

Ahora bien, esa angustia no es un mal del que haya que huir, sino que puede convertirse en una oportunidad. En efecto, esta situación de cambio, de transición, es un tiempo oportuno para descubrir algunas de las dimensiones más hondas de nuestra vida. Así, la pregunta por el mandato externo —«quién debo ser»— puede servir para descubrir la propia libertad —que se concreta en la pregunta «¿quién quiero ser?»— y la propia vocación —«¿quién estoy llamado a ser?». Estas preguntas, y las dimensiones que abren, hacen posible que la persona descubra y desarrolle su propia unicidad. Como señala el Papa Francisco, «para cumplir la propia vocación es necesario desarrollarse, hacer brotar y crecer todo lo que uno es. No se trata de inventarse, de crearse a sí mismo de la nada, sino de descubrirse a uno mismo a la luz de Dios y hacer florecer el propio ser»[65]. De este modo, lo que era causa de angustia puede dar paso a una aventura, la más grande de la que es capaz un ser humano.

Junto a la incertidumbre sobre la propia identidad, se presentan para el adolescente otros motivos de preocupación. Tras la infancia, en que el propio valor se da por descontado, pues los padres lo hacen patente a cada paso (o a cada beso), la adolescencia marca la ruptura de los lazos paternos y la salida al mundo interpersonal. En ese ámbito surgen nuevas preguntas inquietantes: «¿Soy valioso?» y, por otra parte, «¿Qué me hace valioso?». No basta ya que lo digan los padres o, en general, la familia.

Actualmente, la cuestión se ha agudizado, debido en parte a la omnipresencia de las redes sociales, con sus continuas exigencias de perfección y de aceptación, y en parte también a la descomposición de la familia, del papel del padre y de la madre, donde el adolescente encontraba un apoyo seguro. La situación ha llevado a un creciente número de problemas de falta de autoestima o de madurez emocional, así como a otros fenómenos como trastornos de ansiedad, enfermedades psicológicas, etc.[66]. Entre los jóvenes surge la tentación —tantas veces hecha realidad— de la desesperanza y, junto a ella, la «amenaza del lamento»[67]. Ambas son cuestiones a las que el Papa Francisco hace a menudo referencia cuando se dirige a ellos. La adolescencia, que es la explosión de la vida, es también, paradójicamente, la edad de la melancolía. ¿Y frente a eso?

5. Tercera propuesta: ¡Levántate siempre!

Frente a la situación que hemos descrito brevemente, Francisco propone: ¡Levántate siempre! Se trata de aceptar, en definitiva, que las caídas forman parte del camino de la vida. Desde luego, el tropiezo es muy distinto si se trata de un niño pequeño o de una persona mayor, de alguien que se sabe dependiente y vulnerable, o de alguien que se considera autosuficiente. Por eso, esta tercera propuesta va unida a la primera: descubrir el Amor de Dios, el Dios que me ama antes, el Dios que primerea, el Padre que me mira con cariño desde antes que yo pueda merecer ese amor. En este sentido, cobran particular relieve algunas figuras bíblicas que el Francisco quiso recordar con frecuencia durante el Jubileo de la Misericordia: el hijo pródigo, María Magdalena o Zaqueo, en quien se centró ese año la homilía de la Misa de envío durante la JMJ.

Esta tercera propuesta se puede resumir en dos puntos. El primero de ellos nos es ya conocido, pues consiste en el encuentro con el Amor incondicional de Dios. Si en algunas ocasiones el Papa ha expuesto ese descubrimiento en el marco de la filiación divina de los cristianos, en muchas otras lo ha resumido en el encuentro personal con Jesucristo, que en la Cruz revela de modo pleno el Amor divino. Es particularmente denso el texto que escribió Francisco en preparación de la JMJ de Cracovia. Tras recordar aquella confesión que le cambió la vida, lanzaba la siguiente pregunta:

«Y tú, querido joven, querida joven, ¿has sentido alguna vez en ti esta mirada de amor infinito que, más allá de todos tus pecados, limitaciones y fracasos, continúa fiándose de ti y mirando tu existencia con esperanza? ¿Eres consciente del valor que tienes ante Dios que por amor te ha dado todo? Como nos enseña San Pablo, “la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores” (Rm 5,8). ¿Pero entendemos de verdad la fuerza de estas palabras?»[68].

Se trata de «comprender en profundidad» la idea de que Jesús dio su vida por nosotros conociéndonos, esto es, sabiendo que éramos —e íbamos a seguir siendo— pecadores. Incluso teniendo eso ante los ojos, y no engañándose en absoluto, consideró que realmente valía la pena dar su vida para darnos la Vida. De ahí la invitación a mirar a Cristo y, sobre todo, dejarnos mirar por Él. Ese es sin duda un camino para descubrir lo que significa el Amor de Dios. La tercera propuesta del Papa a los jóvenes es, pues, inseparable de la primera.

El segundo punto tiene que ver con la imagen, tradicional en la Iglesia, de la vida cristiana como un ascenso. Un ascenso hacia Dios en el que contamos con toda su ayuda y, sin embargo, seguimos experimentando el peso del pecado, que nos arrastra de nuevo hacia abajo. Es algo que Ovidio supo expresar, muchos siglos atrás: «Video meliora proboque; deteriora sequor». La historia de la doctrina de la gracia tiene mucho que ver con el escándalo de que la Salvación traída por Cristo no nos libere —no, al menos, completamente— de ese peso. Y sin embargo, la gran rebelión del ser humano consiste en no conformarse con el pecado, sino seguir aspirando a lo mejor. Algo que solo será posible si descansamos en el Amor infinito de Dios, pues solo partiendo de esa base tendremos motivos (y fuerza) para levantarnos cada vez que estemos caídos. Ni siquiera la experiencia cotidiana de la debilidad, de las caídas, nos robará la esperanza.

En distintos encuentros con jóvenes, el Papa Francisco ha recordado un canto de montaña: «Los alpinistas tienen una canción muy linda, que a mí me gusta repetírsela a los jóvenes —mientras suben van cantando—: “En el arte de ascender el triunfo no está en no caer sino en no permanecer caído”»[69]. En Morelia, trajo a colación ese canto al escuchar a los jóvenes que le pedían una palabra de esperanza. Una vez más, esta propuesta va íntimamente unida al encuentro y a la relación con Jesucristo, pues, seguía:

«Ese es el arte, y, ¿quién es el único que te puede agarrar de la mano para que no permanezcas caído?: Jesucristo, el único. Jesucristo que, a veces, te manda un hermano para que te hable y te ayude. No escondas tu mano cuando estás caído, no le digas: “No me mires que estoy embarrado o embarrada. No me mires que ya no tengo remedio”. Solamente, dejate agarrar la mano y agarrate a esa mano, y la riqueza que tenés adentro, sucia, embarrada, dada por perdida, va a empezar, a través de la esperanza, a dar su fruto. Pero siempre agarrado de la mano de Jesucristo. Ese es el camino, no se olviden: “En el arte de ascender el triunfo no está en no caer sino en no permanecer caído”. No se permitan permanecer caídos ¡Nunca!»[70].

En el encuentro con Cristo, Él recuerda a cada uno el valor inmenso que tiene, la belleza y la riqueza que esconde en su interior y que su mirada divina sabe descubrir.

Por lo demás, en un camino de ascenso, por un terreno que tantas veces se presenta resbaladizo, ningún montañero se sorprende si, subiendo una ladera llena de nieve, por cada tres pasos hacia arriba, cae hacia abajo otros dos. Como tampoco se sorprende por un resbalón mayor. Más bien, «la verdadera caída, la que es capaz de arruinarnos la vida es la de permanecer en el piso y no dejarse ayudar»[71]. Y al contrario, el verdadero triunfo no está en no resbalar, sino en continuar cuesta arriba, a pesar de los tropiezos y resbalones, con la vista puesta en la cima. En eso se resume, en definitiva, esta tercera propuesta del Papa: en sabernos amados y, justamente por eso, levantarnos siempre en las distintas caídas que jalonarán nuestra vida.

* * *

He intentado resumir en estas páginas tres propuestas que el Papa Francisco ha lanzado a los jóvenes en los años de su pontificado. Tres propuestas que suenan a sendas invitaciones: Déjate encontrar por Cristo — ¡Sueña! — …y levántate siempre. Quisiera cerrar estas reflexiones con unas palabras del Papa que resonaron con fuerza en mi corazón cuando las oí en el Campus Misericordiae, durante la JMJ de Cracovia. Resumen a la perfección lo que he intentado transmitir en estas páginas, poniendo además el acento final, como un colofón, en la alegría que supone para Dios ver que sus hijos sueñan:

«Hoy Jesús, que es el camino, te llama a ti, a ti, a ti [señala a cada uno] a dejar tu huella en la historia. Él, que es la vida, te invita a dejar una huella que llene de vida tu historia y la de tantos otros. Él, que es la verdad, te invita a abandonar los caminos del desencuentro, la división y el sinsentido. ¿Te animas? —“Sí” [contestan los jóvenes].

¿Qué responden —lo quiero ver— tus manos y tus pies al Señor, que es camino, verdad y vida? ¿Estás dispuesto? —“Sí” [contestan de nuevo los jóvenes]. Que el Señor bendiga vuestros sueños»[72].

Lucas Buch
Facultad de Teología. Universidad de Navarra

Diálogos de Teología Almudí. Valencia, 9 de mayo de 2019

 

[1] Otra conocida fuente de inspiración, que aparece también en sus escritos magisteriales, es la teología del Pueblo, desarrollada en América. Sobre estas cuestiones puede consultarse la biografía de A. Ivereigh, El gran reformador (Barcelona: Grupo Zeta, 2015) y sobre todo la de M. Borghesi, Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual (Madrid: Encuentro, 2018).

[2] R. Guardini, La aceptación de sí mismo. Las edades de la vida (Madrid: Guadarrama 1962).

[3] Por ejemplo, cfr. Francisco, Ex. Ap. Christus Vivit, 25-III-2019, 82 (en adelante, CV), y Enc. Laudato si’, 24-V-2015, 106.

[4] CV, 104s., y 162. La expresión está tomada de Carlo Acutis, uno de los «jóvenes testigos» que el Sínodo ofreció a los jóvenes.

[5] CV, 295.

[6] Sobre la vida como vocación, cfr. Ex. Ap. Gaudete et Exsultate, 19-III-2018, así como CV 248, 255-257, y la sección «El llamado del Amigo», 287-290.

[7] Cfr. Gaudete et Exsultate, 21-24; CV, 161 y también, a su modo, 109.

[8] R. Guardini, Mundo y Persona (Madrid: Encuentro, 2014).

[9] Id., El fin de la modernidad. Quien sabe de Dios conoce al hombre (Madrid: PPC, 1995).

[10] Id. Las etapas de la vida (Madrid: Palabra, 2019).

[11] CV, 160.

[12] CV, 34 y 290, respectivamente. La segunda es una cita de Las etapas de la vida, a la que se hace referencia también en el n. 160.

[13] Juan Pablo II, Discurso, 3-V-2003.

[14] Cfr. CV, 236-237, 292, 296.

[15] Francisco, Ex. Ap. Evangelii Gaudium, 24-XI-2013, 222-225 (en adelante, EG), cfr. CV 297.

[16] R. Guardini, Libertad, Gracia y Destino (Madrid: Palabra 2018).

[17] Joseph Ratzinger desarrolló, en un conocido artículo, la fundamentación teológica de esta idea propuesta por Guardini, cfr. J. Ratzinger, “Sobre el concepto de persona en la Teología”, en Palabra en la Iglesia (Salamanca: Sígueme, 1973), 165-180.

[18] CV, 163 y 110, respectivamente.

[19] Cfr. CV, la sección «Sendas de fraternidad» del cap. 5, así como las distintas referencias que se encuentran en el cap. 7, sobre «La pastoral de los jóvenes».

[20] R. Guardini, El sentido de la Iglesia. La Iglesia del Señor (Madrid: EDIBESA, 2011).

[21] Cfr. E. Reinhardt, “Romano Guardini, amigo y maestro de la juventud”, Scripta Theologica, 50/3 (2018): 591-610.

[22] La entera pastoral gira en torno a ese encuentro, que Francisco parece identificar prácticamente con el kerygma, cfr. CV, cap.7, especialmente los nn. 204, 211, 213-4.

[23] CV, 67. Sobre la paternidad de Dios, cfr. 112-117.

[24] CV, 161; cfr. 153.

[25] Carta recogida en S. Usher, Cartas memorables (Barcelona: Salamandra, 2014), Carta n. 116.

[26] S. Rubin, F. Ambrogetti, El Papa Francisco. Conversaciones con Jorge Bergoglio (Barcelona: Ediciones B, 2013), 47-48.

[27] EG, 3.

[28] Benedicto XVI, Enc. Deus Caritas Est, n. 1.

[29] Cfr. CV, 224-229.

[30] CV, 129.

[31] CV, 150.

[32] Cfr. CV, la sección «Su llamado a la amistad con Él» en el cap. 8 y la sección «El llamado del Amigo» en el cap. 9.

[33] EG, 121.

[34] Cfr. CV, 176.

[35] Francisco, Discurso, 22-IX-2013.

[36] Este es el título de una de las secciones del cap. 5 de CV.

[37] Francisco, Discurso, 28-VII-2016.

[38] Cfr. CV, 180-186.

[39] CV, 200.

[40] «El futuro lo tienen los jóvenes. Pero cuidado, jóvenes con dos cualidades: jóvenes con alas y jóvenes con raíces. Jóvenes que tengan alas para volar, para soñar, para crear, y que tengan raíces para recibir de los mayores la sabiduría que nos dan los mayores. Por eso el futuro está en las manos de ustedes si tienen alas y raíces», Francisco, Videoconferencia, 4-IX-2014.

[41] Francisco, Discurso, 30-VII-2016.

[42] Ibíd.

[43] Esta expresión da título al cap. 3 de CV.

[44] Francisco, Discurso, 28-VII-2016.

[45] Francisco, Discurso, 25-VII-2013. Retomado en CV, 143.

[46] Francisco, Discurso, 27-VII-2013. Retomado en CV, 143 y, citado literalmente en 174.

[47] Francisco, Discurso, 30-VII-2016.

[48] Es el título de una de las secciones del cap. 5 de CV.

[49] CV, 138. La crítica de Nietzsche contra lo que él consideraba el antivitalismo cristiano, está presente también, de modo indirecto, en la idea de una presencia, la de Cristo en nuestra vida, que nos hace bailar (cfr. CV, 157, retomando un discurso de la JMJ de Panamá, el 24-I-2019).

[50] CV, 168.

[51] Ibíd.

[52] Cfr. la sección «Jóvenes comprometidos», en el cap. 5 de CV.

[53] Cfr. también en ese capítulo, la sección «Misioneros valientes». Retoma la idea más adelante, al tratar de la pastoral juvenil, nn. 239-241.

[54] CV, 173.

[55] «El sueño primero, el sueño creador de nuestro Padre Dios, precede y acompaña la vida de todos sus hijos. Hacer memoria de esta bendición, que se extiende de generación en generación, es una herencia preciosa que hay que saber conservar viva para poder transmitirla también nosotros», CV, 194.

[56] Cfr. Jl 3,1, un texto al que el Papa ha hecho referencia en múltiples ocasiones, y que comenta con cierto detalle en CV, 192-197.

[57] CV, 253.

[58] Cfr. cap. 8 de CV, «La vocación», especialmente nn. 253-277.

[59] Francisco, Discurso, 20-IX-2015.

[60] A. D’Avenia, Bianca come il latte, rossa come il sangue (Milano: Mondadori, 2010), 20.

[61] Cfr. EG, 273 y CV, 259.

[62] De libertad de elección y libertad de adhesión habló E. Mounier, El personalismo (1950) (Buenos Aires: Editorial universitaria de Buenos Aires, 19707), 39. En realidad, el estudio de las dimensiones de la libertad es tradicional en el pensamiento filosófico.

[63] CV, 178; cfr. 147-8, donde habla de «vivir el presente a lo grande» y de vivir «plenamente el hoy».

[64] Sobre la experiencia del fracaso ha hablado Francisco a los jóvenes desde el inicio de su pontificado, por ejemplo, en su visita a Cerdeña, cfr. Discurso, 22-IX-2013.

[65] CV, 257.

[66] Puede encontrarse una interesante visión de conjunto en G. Lukianoff, J. Haidt, The Coddling of the American Mind. How good intentions and bad ideas are setting up a generation for failure (New York: Penguin Books, 2018).

[67] CV, 141.

[68] Francisco, Mensaje de preparación para la JMJ de Cracovia, 15-VIII-2015.

[69] Francisco, Discurso 16-II-2016.

[70] Ibíd.

[71] Francisco, Discurso, 26-I-2019. En cursiva en el original. Recogido en CV, 120.

[72] Francisco, Discurso, 30-VII-2016.

 

Pentecostés: la fiesta de la renovación

Moisés Matamoros

Dios en su infinito amor nos llama para estar con Él, ¿por qué tanta división y descalificación aun en medio de las comunidades creyentes?, ¿quién posee la verdad?

Personas en la iglesia

El próximo domingo 9 de junio se celebrará la fiesta de “los 50 días después de la Pascua”.

El Espíritu Santo desciende a la tierra y se posa en la cabeza de los apóstoles en forma de lenguas de fuego. Se pueden hablar y entender diferentes lenguas. Todos son una comunidad, enviada a predicar la Buena Nueva.

Hoy la Iglesia, ¿cómo vive este Pentecostés? En medio de un siglo XXI agilizado por la tecnología y rebasado en ocasiones por la misma.

Sin duda, es un llamado, a la renovación. Porque, si continúan las estructuras de estancamiento, clericalismo, dogmatismo y adoctrinamiento; el escenario es poco abierto y visible para nuevas formas de evangelización.

Hoy la gente está más ávida de Fe que de religión. Y muchas veces nuestra comunidades siguen obtusas en querer transmitir teorías arcaicas que no tienen nada de fortaleza para una persona que necesita rumbo, dirección, sentido.

El Espíritu habla y se manifiesta de muchas maneras. Es cierto, que se necesitan columnas que sostengan la Fe sólida, pero también es cierto que esas columnas por no ser flexibles pueden derrumbarse. Hoy la Iglesia requiere mayor capacidad de adaptación, de sinergia, de reingeniería que permita comprender y mirar con compasión al prójimo.

Aun existe la falsa idea de que “fuera de la Iglesia no hay salvación” sabemos bien que Dios es mucho más que una religión o un concepto dogmático o teológico de salvación. Dios es amor, es infinito, es todo, es eterno. El Espíritu Santo nos ha dejado ver a lo largo de la historia la valentía de muchos para encarar las muy estancadas ideologías que no permiten avanzar en un plano de paz, conciencia y esperanza.

Cuánta falta hace un nuevo Pentecostés cada día. Hace falta comprender otro tipo de “lenguas” que se pueden entender a La Luz del amor. Entender que Dios se sigue revelando en los hechos, la cultura, en los nuevos despertares de quien decide aceptar ser guiado para guiar a otros.

Dios en su infinito amor nos llama para estar con Él, ¿por qué tanta división y descalificación aún en medio de las comunidades creyentes?, ¿quién posee la verdad? He ahí el pecado de Adán, “querer ser como Dios”; decirse y saberse poseedor de la verdad.

Sin duda, hay mucho por trabajar en el día a día. Mucha necesidad de permitirse salir de la estructura. Dios no es un Dios exclusivo de algunos. El sol sale para todos y sus rayos alcanzan a quien incluso cruza sus brazos para no aceptar nada. Porque así es Dios, así es su naturaleza, da, se da en el día a día. En el Amor, en el momento a momento.

Por eso la urgencia de que siempre tengamos ese soplo divino, ese aliento, esa inspiración que representa la tercera persona de la Trinidad.

¡Oh Espíritu Santo! ¡Llena los corazones y enciende en ellos el fuego de tu Divino Amor!

 

¿Cómo ser más eficaz en el trabajo cotidiano?

Raúl Espinoza Aguilera

Alguna vez te has preguntado las razones por las que no eres eficiente en el trabajo o no terminas a tiempo tus pendientes, Raúl Espinoza en esta ocasión escribe sobre como organizar de mejor manera para darle una calidad de tiempo significante a cada aspecto de tu vida, todo se trata de planeación.

Muchos profesionales se quejan de que, en cuanto llegan a sus lugares de sus respectivos trabajos sus “talones de Aquiles” son el perder miserablemente el tiempo contestando a las diversas redes sociales o dedicarle un tiempo excesivo al celular.

Imagen de empleados con el celular

Hay muchas personas a las que admiramos porque en su actividad diaria tienen prestigio profesional; a la vez estudian maestrías o doctorados; atienden bien a su familia y cuidan de la formación humana y académica de sus hijos; están aprendiendo un nuevo idioma; cuidan de practicar algún deporte para mantenerse en buena condición física; son amigueros, los frecuentan y asisten a algunas reuniones sociales…

Además, no dan la impresión de estar agobiados, angustiados o estresados. Conservan la serenidad, el equilibrio mental, la alegría y el buen humor.

¿Cuál es la raíz de esa eficacia en el trabajo? En primer lugar, es fundamental aprender a darle prioridad a los asuntos urgentes e importantes y saber colocar en otro lugar los que son secundarios.

Pero para ello se requiere elaborar una agenda de trabajo semanal para lograr que lo secundario no invada el área de lo importante y viceversa.

Muchos profesionales se quejan de que, en cuanto llegan a sus lugares de sus respectivos trabajos sus “talones de Aquiles” son el perder miserablemente el tiempo contestando a las diversas redes sociales o dedicarle un tiempo excesivo al celular. Y cuando menos se esperan… ¡ya dieron las doce y les espera “una montaña” de cosas!

Considero que la primera pregunta que todo ejecutivo debe hacerse al llegar a su oficina al inicio de su semana laboral es: ¿qué asuntos necesariamente tienen que ser resueltos hoy? ¿mañana? ¿pasado mañana?... o bien, ¿esta semana?

Luego vienen los pendientes que no son tan importantes, pero que hay que atenderlos sin mayor dilación, y fijar en la agenda: ¿qué día de la próxima semana puedo atenderlos?

Y otro capítulo no menos destacado es el delegar trabajo a los subordinados, que les queden claras y concretas las indicaciones y la fecha precisa para reportarlos. Es clave comprender que “delegar no significa olvidar” sino encuadrarlos en un tiempo razonable para darles el debido seguimiento y aprender a exigir, de forma amable y cordial, cuando sea necesario.

Ya cubierta de manera jerarquizada nuestra actividad laboral, podemos hacer uso del celular en temas prioritarios, de manera moderada, porque el tiempo no nos sobra.

Finalmente se encuentra la atención a la esposa y a los hijos que tiene el carácter de otro trabajo por la trascendencia que tiene el hecho de formar en los hijos valores y virtudes humanas y espirituales, haciendo equipo con la esposa.

Y los otros tiempos, para los estudios de postgrado, el deporte, practicar algún idioma, abordar lecturas interesantes y formativas… depende en buena parte del uso inteligente que hagamos de la agenda semanal, quincenal o mensual.

 

 

Fracasos o éxitos

    CON QUÉ CRITERIOS JUZGAMOS NUESTROS FRACASOS, O ÉXITOS

    Yo creo que, tanto de unos, como de los otros, soy el único responsable, porque, no son solo míos, repercuten en los demás de una u otra forma.

    Por la misma razón todos somos igualmente responsables, porque Dios nos ha hecho libres, aunque muchos no lo entiendan, o no lo valoren, y cada uno, será más o menos responsable, en la medida de sus circunstancias.

    Somos personas racionales, espirituales e inmortales porque Dios nos ha hecho “a su imagen y semejanza” (Génesis).

    Una cosa es, la sola capacidad de razonar por la que todo se ve a ras de tierra, y otra, la capacidad espiritual que lo ve con sentido trascendente, con sentido de eternidad.

    Estas capacidades, entre otras, son la medida de nuestra dignidad, así como de la desigualdad de responsabilidades de cada uno, porque, como dice el Señor Jesús “a quien mucho se ha dado, mucho se le pedirá”

    En la realidad de nuestras vidas, unos se comportan como animalitos, apegados a lo que el cuerpo les pide. Otros, con espíritu de superación, pero, centrados en lograr dinero, poder, influencias etc. que son bienes de este mundo, perecederos. Los más, concierto sentido religioso, como les manda la propia conciencia, es decir, con respeto y temor de Dios. Otros, creo que los menos, se declaran ateos o agnósticos, y se comportan como tales. Y por último los elegidos, que han recibido el bautismo católico: los cristianos.

    Vemos que los enemigos de Jesucristo vieron en el Calvario, en la Cruz de Cristo, el fracaso de su reino. Los cristianos ven en el sacrificio de Cristo, la Redención del género humano. Es decir, la conquista definitiva del reino de los cielos, para quien quiera imitarle siguiendo su ejemplo. Con espíritu de amor a Dios y al prójimo.

    Cuantos sinsabores, cuantos disgustos, cuantos sufrimientos por causas superficiales, intrascendentes, causadas por defectos de nuestro carácter, por malos hábitos o vicios propios de nuestra condición de pecadores podrían ser evitados con una educación adecuada a nuestra dignidad de personas.

     Todos, somos igualmente pecadores, porque todos hemos heredado en nuestra naturaleza, la soberbia y el desorden del Pecado Original que cometieron nuestros primeros padres Adán y Eva en el Paraíso. La Redención, por el sacrificio de Cristo, liberó a todos, del pecado original, pero quedan los pecados personales de cada uno, ya que la naturaleza humana quedó dañada, es decir, inclinada al desorden y al pecado.

     Todos, especialmente los cristianos, si caen en pecado mortal, necesitan, el perdón de Dios, previo un sincero arrepentimiento, si quieren seguir viviendo como amigos de Dios.

    Por supuesto que solo Dios conoce el estado interior de cada uno, por lo que solo Él puede ofrecer al género humano un amoroso y justo juicio. Y solo hay un Juez: Cristo, que dará a cada uno lo suyo.    La vocación cristiana es, por su propia naturaleza, vocación al apostolado que actúa en tres direcciones: procurando aumentar la santidad de los que ya la tienen; intentar recuperarlos, si la han perdido; y atraer a los demás, que todavía no se han incorporado a Cristo, para que Él actúe. (Concilio Vaticano II)

    Los fracasos, o éxitos son personales de cada uno, nunca achacables ni a las circunstancias, ni a los demás. ¿Qué negocio es más importante que la vida eterna? por eso, nadie debería regirse por sus sentimientos o gustos, sino por la voluntad, que nos hace libres. La voluntad es la que irá configurando el mapa que, al final de nuestra existencia mostrará el grado de santidad, o de soledad y alejamiento de Dios que logre cada uno.

    El “temor de Dios” es el principio de la sabiduría, nos lo dice la Escritura, confirmando una verdad racional.    El demonio nos conoce. Conoce nuestras debilidades, nuestros puntos flacos, y hace lo posible por cooperar con nuestros desvaríos y lo imposible, por apartarnos de Dios.

    En la elección libre de cado uno, se juega el destino eterno del hombre.    Nada más y nada menos.

Antonio de Pedro Marquina

 

 

DIGNIDAD

En los tiempos que vivimos, hay una palabra que me desvela, DIGNIDAD.  Busqué su definición  en  la Enciclopedia Ilustrada de la Lengua Castellana- Editorial SOPENA,  encontré   que deriva del latín dignitas,--atis , y  definida como  CALIDAD  DE DIGNO // Realce, excelencia // Gravedad  y decoro de las personas en el modo de comportarse // Empleo o cargo honorífico y de autoridad, etc.

Mi curiosidad  me lleva a preguntarme ¿Qué significa DIGNO, encuentro que deriva del latín  dignus, una cualidad  que se le otorga a una persona, que  merece algo, sea en sentido adverso o favorable.

Mi búsqueda continúa para saciar esta necesidad de enriquecer mis conocimientos, y convertirlo en tema de conversación con alguna de mis amistades. Imitando a un  gran amigo-escritor el profesor  Elías Galati, de Buenos Aires.

Retomando el concepto sobre DIGNIDAD  la definiría como una cualidad o valor inherente al ser humano por el simple hecho de serlo, en cuanto ser racional, dotado de libertad. No le es otorgada por nadie, es consustancial al ser humano. Según la distinción introducida por Millán-Puelles, esta es la dignidad ontológica, diferente a la dignidad adquirida, la  que se otorga como un concepto similar al del  honor.

Si bien la idea de dignidad, nace en el origen  del cristianismo, que considera al hombre creado a imagen y semejanza de Dios, es decir  un sujeto libre y por lo tanto responsable de sus actos, donde los conceptos de libertad y  responsabilidad aparecen  indisolublemente unidos al de dignidad.

Analizando lo expresado  anteriormente, veo la coincidencia con los  conceptos vertidos  antes  del cristianismo, sobre  la idea de libertad y honor,  en este caso ligados a condiciones sociales particulares, no a todo ser humano.

El reconocimiento jurídico de la dignidad personal se produjo pasada la Segunda Guerra Mundial, con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada en 1948, teniendo presente el despojo sufrido por numerosos grupos de población durante la guerra y en  años anteriores. En su Preámbulo invoca la dignidad intrínseca de todos los miembros de la familia humana, es decir de una manera íntima, esencial, para luego afirmar que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, enunciados en su artículo 1º.

Con  posterioridad,  el concepto de dignidad humana fue retomado por los dos pactos internacionales de derechos humanos de 1966 y por la mayoría de los instrumentos condenatorios de una serie de prácticas    contrarias al valor esencial de la persona como: la tortura, la esclavitud, las penas degradantes, las condiciones inhumanas de trabajo, las discriminaciones de todo tipo, etc. En la actualidad, la noción de dignidad  humana tiene particular  relevancia en las cuestiones de bioética.

Durante siglos la dignidad se explicó en buena por la autonomía propia del ser humano, como vieran  ya Platón, Pico della  Mirandola y Kant, que consideraban que solo el que sabe y puede gobernarse a sí mismo, según un principio racional, resulta un sujeto libre, regulando su comportamiento a normas propias, según el significado etimológico de la voz griega auto-nomía, ya no es un mero súbdito, ya no está bajo el dictado de otro, sino que es un ciudadano.

El auténtico ejercicio de la libertad, más allá del comportamiento extremo, exige la formación de la inteligencia y de la voluntad, facultades específicas del espíritu humano, que solo pueden lograrse a través de la EDUCACIÓN.

La dignidad se basa en el reconocimiento de la persona de ser merecedora de respeto, cualquiera sea su condición: varón o mujer, niño o anciano, enfermo o sano, religioso o ateo, malvado o benevolente, blanco o negro, porque es considerado digno de decidir qué ser, porque no es solo lo que es, sino también sus aspiraciones y proyectos personales, incluso los más abyectos, como ser vil, indigno, bajo, humillado o abatido.

Sintetizando, la DIGNIDAD es reconocida por los seres humanos sobre sí mismos, como un producto de la racionalidad, la autonomía de la voluntad  y el libre albedrío.

Los conceptos vertidos me llevan a pensar que  el ser humano que no ha recibido una educación  basada en principios y valores,  no logra ejercer su DERECHO a la DIGNIDAD, lo que puede llevarlo por caminos equivocados, sujeto a  una serie de conductas que lo envilecerán.

Pido disculpas,  si por mi manera  de interpretar la DIGNIDAD HUMANA ,  puedo  lastimar  a mi prójimo ,  esa NO ES  es NI HA SIDO mi intención.-

María de los Ángeles Albornoz

Monteros-Tucumán-Argentina

 

 

En defensa del secreto de Confesión

Acción Familia le invita a firmar la carta de rechazo a la obligación legal de violar el secreto de Confesión para los sacerdotes .

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San Juan Bosco confesando a sus alumnos

El combate a los abusos sexuales está sirviendo de pretexto para aprobar este proyecto de ley inicuo. Se trata de un atentado a la libertad religiosa de los católicos en nuestro País. Decimos pretexto, porque es evidente que quienes cometan estos delitos, ante la posibilidad de ser denunciados, no se confesarán.

Este atentado legal contra la libertad religiosa de los católicos se está propagando rápidamente, dando la impresión de un plan mundial. La iniciativa más reciente es del Senado francés que es casi idéntica a la chilena.


Sr. Senador

Felipe Harboe B.

Presidente de la Comisión de Constitución, Legislación, Justicia y Reglamento del Senado

Honorable Senador:

Por la presente me dirijo a Ud. para expresarle mi total rechazo al proyecto de ley que se tramita actualmente en la Comisión que preside y en virtud del cual se pretende obligar a los sacerdotes católicos a violar el secreto de la confesión sacramental.

La obligación que tiene un sacerdote católico de guardar absoluto secreto de lo que le es confiado durante la confesión sacramental está basada en el derecho natural, en el derecho divino positivo y en la ley eclesiástica. El secreto de la confesión obliga siempre y en relación a todas las personas, inclusive en relación al propio penitente, al cual no se puede hablar, fuera de la confesión, de las faltas acusadas.

La violación directa del secreto de la confesión, además de ser un pecado gravísimo, es castigada con la pena de excomunión latae sententiae (o sea, automática), la cual sólo puede ser levantada por la Santa Sede.

El proyecto de ley en trámite es, por lo tanto, inicuo. En caso de ser aprobado, todo sacerdote católico estará obligado a violar una ley que será privada de cualquier validez jurídica, por pretender regular comportamientos que están fuera de la competencia del Estado y de sus órganos legislativos y, peor aún, por pretender imponer la comisión de una ofensa gravísima a los derechos de Dios, de la Iglesia Católica y de los propios penitentes.

La Historia registra el ejemplo admirable de numerosos sacerdotes que fueron martirizados por negarse a revelar el secreto de la confesión. No dudamos que el clero chileno sabrá estar a la altura del desafío y que seguirá sin vacilaciones el precepto de San Pedro: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech 5, 29).

Imponiendo a los sacerdotes católicos la disyuntiva de tener que incurrir en un delito civil – caso no violen el secreto de la confesión – o en un pecado gravísimo y una excomunión automática, caso lo violen, el proyecto de ley abre las puertas a la mayor violación de las conciencias y a la mayor persecución religiosa que nuestro país haya conocido.

Por todo lo anterior solicitamos a Ud. que la Comisión de Constitución informe negativamente de la iniciativa en cuestión.

Firme aquí la carta de rechazo a este proyecto de ley

 

 

La destrucción del orden por excelencia

Entonces el Sacerdocio y el Imperio estaban ligados entre sí por una feliz concordia y por la permuta amistosa de buenos oficios

Coronación del Emperador Carlomagno

En efecto, el orden de cosas que viene siendo destruido es la Cristiandad medieval. Ahora bien, esa Cristiandad no fue un orden cualquiera, posible como serían posibles muchos otros órdenes. Fue la realización, en las circunstancias inherentes a los tiempos y lugares, del único orden verdadero entre los hombres, o sea, la civilización cristiana.

El Papa León XIII describe la Cristiandad medieval

Contenidos

 

En la Encíclica “Inmortale Dei”, León XIII describió en estos términos la Cristiandad medieval:

“Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En esa época la influencia de la sabiduría cristiana y su virtud divina penetraban las leyes, las instituciones, las costumbres de los pueblos, todas las categorías y todas las relaciones de la sociedad civil.

«Entonces la religión instituida por Jesucristo, sólidamente establecida en el grado de dignidad que le es debido, era floreciente en todas partes gracias al favor de los príncipes y a la protección legítima de los magistrados. Entonces el Sacerdocio y el Imperio estaban ligados entre sí por una feliz concordia y por la permuta amistosa de buenos oficios.

«Organizada así, la sociedad civil dio frutos superiores a toda expectativa, cuya memoria subsiste y subsistirá, consignada como está en innumerables documentos que ningún artificio de los adversarios podrá corromper u obscurecer.” (Encíclica Inmortale Dei, 1.XI.1885 – Bonne Presse , París, vol. II, p. 39).

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Organizada así, la sociedad civil dio frutos superiores a toda expectativa

Así, lo que ha sido destruido, desde el siglo XV hasta ahora, aquello cuya destrucción ya está casi enteramente consumada en nuestros días, es la disposición de los hombres y de las cosas según la doctrina de la Iglesia, Maestra de la Revelación y de la Ley Natural. Esta disposición es el orden por excelencia. Lo que se quiere implantar es, per diametrum, lo contrario de esto. Por tanto, la Revolución por excelencia.

Los precursores de la Revolución

Sin duda, la presente Revolución tuvo precursores, y también prefiguras. Arrio, Mahoma, fueron, por ejemplo, prefiguras de Lutero. Hubo también utopistas en diferentes épocas, que concibieron, en sueños, días muy parecidos a los de la Revolución. Hubo por fin, en diversas ocasiones, pueblos o grupos humanos que intentaron realizar un estado de cosas análogo a las quimeras de la Revolución.

Pero todos estos sueños, todas estas prefiguras poco o nada son en comparación con la Revolución en cuyo proceso vivimos.

Esta, por su radicalidad, por su universalidad, por su pujanza, fue tan profundamente y está llegando tan lejos que constituye algo sin par en la Historia, y hace que muchos espíritus ponderados se pregunten si realmente no llegamos a los tiempos del Anticristo. De hecho, parece que no estamos distantes, a juzgar por las palabras del Santo Padre Juan XXIII, gloriosamente reinante:

Defender el Reino de Dios

“Nos os decimos, además, que en esta hora terrible en que el espíritu del mal busca todos los medios para destruir el Reino de Dios, debéis poner en acción todas las energías para defenderlo, si queréis evitar a vuestra ciudad ruinas inmensamente mayores que las acumuladas por el terremoto de cincuenta años atrás.

«¡Cuánto más difícil sería entonces el resurgimiento de las almas, una vez que hubiesen sido separadas de la Iglesia o sometidas como esclavas a las falsas ideologías de nuestro tiempo!” (Radiomensaje del 28.XII.1958, a la población de Messina, en el 50º aniversario del terremoto que destruyó esa ciudad – in “L’Osservatore Romano”, edición semanal en lengua francesa del 23.I.1959).

Plinio Corrêa de Oliveira

 

 

ROMERÍA AL SANTUARIO NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ

No hay un corazón más dulce que el de nuestra Madre la Virgen María. Acido éste mes de mayo, el mes dedicado a la Virgen Santísima con romerías a santuarios marianos, para visitarla y honrarla a nuestra Madre. Chiclayo, la tierra de la Amistad, cuenta con un hermoso santuario dedicado a la Virgen Nuestra Señora de la Paz que se encuentra a escasos kilómetros del centro de la ciudad, y todos los días de éste mes de mayo, que culmina hoy, se ha podido observar a diferentes grupos de fieles que aman y quieren a nuestra Madre la Virgen María, desfilar en romería, al indicado santuario.

El GRUPO SCOUT CHICLAYO 38 “JUAN TOMIS STACK”, consagrado a la Virgen María, también se unió en peregrinación, éste último domingo de mayo, partiendo de la Casa Comunal de la Juventud-Guillermo Baca Aguinaga, y caminando por sus calles de Chiclayo, con pancartas, banderola, ramos de flores, cantándole a la Virgen y rezando el Santo Rosario, se llegó al santuario Nuestra Señora de la Paz. En el santuario, luego de haber llegado, se escuchó la Santa Misa pidiéndole al Señor que cuide y bendiga al Grupo Scout Chiclayo 38 “Juan Tomis Stack”, y en especial, a la Virgen María, y que siempre nos siga protegiendo y apoyando con nuestro servicio a los hermanos que menos tienen.

Nuestra romería a la Virgen María lo venimos realizando todos los años desde que el Grupo Scout Chiclayo 38 “Juan Tomis Stack” se fundara un doce de junio de mil novecientos ochenta y cuatro, y lo seguiremos haciendo el resto de su existencia, porque estamos convencidos que nuestra Madre la Santísima Virgen María, no nos abandona, al contrario, nos protege y nos bendice todos los días de nuestra existencia, por eso con ese amor profundo de hijos que aman a su Madre, acudimos en romería a pedirle que de salud a todos los que integran la Familia 38, a pedirle, también, que proteja a todos los niños del Perú y del Mundo, y en especial, que cuide a todas las familias que se encuentran atravesando por serios problemas.

“Una manifestación particular de la maternidad de María –decía Juan Pablo II en Fátima- la constituyen los sitios donde Ella se encuentra con los hombres, las casas donde habita; lugares donde se nota una particular presencia de la Madre. En todos estos lugares se cumple de modo admirable el singular testamento del Señor crucificado. Allí, el hombre es confiado a María, allí acude con presteza a encontrarse con Ella como la propia Madre; le abre su corazón, le habla de todo; la recibe en su propia casa, es decir, le hace partícipe de todos sus problemas”.

La cita para realizar la presente peregrinación al santuario Nuestra Señora de la Paz, era a las ocho de la mañana para partir de la Casa Comunal de la Juventud-Guillermo Baca Aguinaga; al lugar de la cita llegué a las siete con treintaiocho de la mañana y ya encontré a un scout, pensé que íbamos a tener una buena representación de la Familia 38, en la presente actividad, pero, como iban pasando los minutos, iban llegando uno a uno, y a las ocho de la mañana, hora de la partida, éramos pocos, pregunté qué pasaba y en eso un scout me dice “César ¿no será por el movimiento sísmico que hubo en la madrugada, que los demás no vengan? Y al hacer unas llamadas pude darme cuenta que eso era la dificultad, y a las ocho con treinta minutos de la mañana con todos los presentes iniciábamos nuestro peregrinaje recorriendo las calles de la ciudad, cantándole a la Virgen y rezando el Santo Rosario que tanto lo pidió la Virgen de Fátima cuando se apareció a los Tres Pastorcitos en Coba de Iría – Portugal.

Con aprecio un bello resumen de nuestro amor a la Santísima Madre la Virgen María, por sus hijos que lo quieren y lo aman del Grupo Scout Chiclayo 38 “Juan Tomis Stack”.

 

 

No hay dos tipos de envidia

Últimamente está de moda hablar, de forma coloquial, de “envidia sana”. En principio esa expresión nos resulta chocante, por contener dos términos antagónicos y contradictorios. Con ese eufemismo se expresa el deseo de adquirir alguna buena cualidad o mérito que admiramos en otra persona, pero sin entristecernos por el hecho de que lo posea. No origina pensamientos ni sentimientos negativos hacia el otro; se actúa con un motivo constructivo: tratar de conseguir algo valioso de lo que uno carece sin dificultar la relación entre los dos. Un ejemplo: “mi amigo ha conseguido un empleo tan bueno que siento envidia sana. Me alegro mucho por él y confío en que yo también lo consiga con esfuerzo al cabo de algún tiempo”. Por tanto, la envidia sana nos mueve a aprender y mejorar.

La “envidia sana” es admiración por alguna cualidad ajena ante la que reaccionamos de forma asertiva y proactiva. El admirado es un modelo y un estímulo para la autosuperación personal. En cambio, la envidia insana o maligna nos induce a reaccionar de forma destructiva. Para el doctor Alberto Cano “es un sentimiento de admiración distorsionado que se asocia al deseo de poseer algo que pertenece al otro, y también al deseo de que el otro deje de tener o disfrutar de ese algo”.

No hay dos tipos de envidia. Hay envidia y admiración. O, si se prefiere, hay admiración positiva y admiración negativa o distorsionada.

En la labor preventiva de la envidia es muy importante que los padres eviten las comparaciones entre los hermanos. El  menos capaz y alabado suele sentir envidia hacia el más brillante y festejado de por vida.

Jesús Domingo Martínez

 

 

Esa mala hierba

Si dejamos que los malos pensamientos y sentimientos hacia otra persona crezcan, causarán mucho daño, sobre todo el de dividir a las personas y causar discordias. Esto explica por qué la envidia es uno de los siete pecados capitales. El término “capital” (del latín caput, capitis, cabeza), no se refiere a la magnitud del pecado, sino a que da origen a otros muchos pecados.

 Una de las situaciones en las que suele brotar esa mala hierba que es la envidia es en la relación  entre colegas del mismo oficio, pero de muy diferente nivel profesional. Es el caso de los compositores musicales Wolfgang  Mozart y Antonio Salieri. Los dos fueron inicialmente amigos, pero cayeron en la enemistad por culpa de la envidia de Salieri hacia Mozart.

Domingo Martínez Madrid

 

 

La auténtica alegría

La sonrisa es contagiosa, pandémica, por muy gris que sea el día. Se propaga de rostro en rostro como un fuego blanco. Creo en el ser humano. Aunque el mundo parezca injusto. Una sonrisa basta para devolverme la confianza.

Nos hace pensar en si nuestra alegría es influyente. En este mundo con tantas preocupaciones, prisas y angustias, donde siempre hay gente que solo ve problemas en casi todo, nuestra alegría puede ser medicinal. Así que es bueno hacer esa reflexión. Como Sancho le animaba a hacerla a D. Quijote: “Sancho es quien aconseja ahora al caballero andante, mientras éste cabalga ensimismado por las desdichas del encantamiento de su Dulcinea, transformada en aldeana: -Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias: vuestra merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas de Rocinante, y avive y despierte, y muestre aquella gallardía que conviene que tengan los caballeros andantes. ¿Qué diablos es esto? ¿Qué decaimiento es este? ¿Estamos aquí o en Francia? (II parte, cap 11).

Pues eso, dónde estamos, que ven los demás en nuestra vida de cristianos, tenemos que preguntarnos con frecuencia.

José Morales Martín

 

 

Pensiones y los que nos explotan y explotaron

 

            Lo primero que hay que analizar es que la mayoría de los que hoy cobramos pensiones, trabajamos toda la vida (algunos desde niños “muy niños”) y que llegados a  los sesenta y cinco años (muchos antes murieron y sus cotizaciones al tesoro público quedaron sin compensación alguna) a la mayoría, nos dejaron pensiones de miseria y que no nos llegan para vivir ni miserablemente; a mí y en concreto y tras quince años jubilado, aún no cobro setecientos euros mensuales.

            Lo que la mayoría ignoran es que lo ingresado a pensiones por el futuro pensionista (llegase a cobrar o no); no fue capitalizado como debiera haberlo sido; menos administrado como conviniera a esos monstruosos capitales, si no y más bien, derrochado o tirado de múltiples maneras, cuando no abiertamente saqueado, para fines que en nada importaban a los que pagamos a la fuerza, lo que nos exigieron los  gobernantes de turno; por tanto, es el Estado el que debe mantenernos como es su obligación, puesto que no pedimos limosna, simplemente exigimos unos derechos adquiridos; y al igual que ese Estado mantiene, “lo que mantiene”; nosotros, tenemos incluso más derechos que muchos que están cobrando por leyes infamantes, o incluso como parásitos que nunca hicieron nada, pero que por “enchufe”, los metieron en el fondo común, que el resto amasamos, con sumo esfuerzo e incluso… con sangre, sudor y lágrimas; cosas estas que, los inútiles que nos gobiernan, no quieren saber y menos valorar con la justicia lógica que corresponde.

            Por todo ello; en mi intervención en un espacio abierto en la red de Internet, he escrito lo que sigue y que aquí ratifico, aumentando lo que me parece: “Para cualquiera que piense supongo lo entenderá: Para tocar a la baja las pensiones ridículas que la mayoría de jubilados cobran, hay que primero bajar a la mitad lo que se destina al rey y familia; y a todos los políticos que cobren más de tres veces el mínimo interprofesional; y luego, considerar que los viejos que trabajamos (no entro en los parásitos que cobran pensión por cosas que habría que estudiar y eliminar) fuimos los creadores de las riquezas con que hoy cuenta la nación; y que esta, CON TODOS SUS RECURSOS TIENE QUE MANTENERNOS DECENTEMENTE, SIMPLEMENTE ELIMINANDO PARÁSITOS Y GASTOS PRESCINDIBLES, TODO LO DEMÁS ES MENTIRA”.

            MÁS CLARO: Que si las pensiones tienen que entrar en los Presupuestos Generales del Estado; tienen que entrar y por derecho propio, como entran desde los cuerpos militares o armados y demás estamentos gubernativos, hasta “cosas y casos muy discutibles”; puesto que con muchos más derechos adquiridos, debemos entrar, los que de verdad trabajamos por España, “sea cavando en la tierra sacando papas, o atendiendo a un enfermo en cualquier mesa de operaciones”.

            Lo que hay que revisar y anular, son las pensiones que se han impuesto los políticos, algunas escandalosas, como la que por ejemplo, se impuso a sí mismo y abusando de un poder transitorio; el sinvergüenza de Felipe González Márquez, cuando fue presidente del gobierno y la que se ha hecho hereditaria para todos los que por allí pasaron, aumentado ello, por vete a saber cuántos cientos o miles, de “altos políticos”, que están cobrando o piensan cobrar, lo que indudablemente no merecen, simplemente esgrimiendo los agravios comparativos que expongo y que incluso la tan manoseada constitución consagra, sobre la igualdad de cada español; ya que al final, aquí, se han impuesto derechos de hace milenios y apenas si ya falta, “el de Pernada, que vete a saber si solapadamente, ya disfrutaron o disfrutan algunos ya demasiado indeseables”.

            Así es que a no dormirse pensionistas y a hacer lo que ya hacen en Bilbao; salir cada semana a “cantarle las cuarenta” a los inútiles que nos dicen gobernar. Nosotros el único partido que nos une es la supervivencia digna de ser considerada así; el resto de partidos nos importan, “dos cojones”.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y filósofo)

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